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La Universalidad del Quijote: la Resiliencia del Héroe o la Perseverancia

de las Utopías

Por:

DANIELA CEBALLOS GARCÉS

Código: 1526294

Presentado a

JUANA SAÑUDO CAICEDO

LICENCIATURA EN LITERATURA
ESCUELA DE ESTUDIOS LITERARIOS
FACULTAD DE HUMANIDADES
Palmira, diciembre 18 de 2017
La Universalidad del Quijote: la Resiliencia del Héroe o la Perseverancia

de las Utopías

Introducción
En este trabajo se propone una lectura de la obra emblema de la literatura de la

lengua española, El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, con relación al estado

de resiliencia y construcción de utopías que definen, en cierta medida, el carácter del héroe

cervantino y que lo consagran en la universalidad al reflejar un estado anímico que

podemos considerar inherente al ser humano.

Se repasa, en este sentido, el episodio que acaece en Sierra Morena y se sincretiza

con aspectos sociales a fin de demostrar el carácter atemporal y siempre oportuno que se

inauguró desde el Quijote y al que es siempre necesario regresar para comprender la

significación que esta obra ha suscitado durante más de 400 años, más allá de lo que

implica su lugar en la historia (oficial) como la primera manifestación de la Literatura

Moderna: la novela.

Palabras Clave: Obra Universal, Resiliencia, Utopía.


1. El Héroe Cervantino: el Estado Natural del Sujeto Social:

Para empezar este ensayo, haré referencia a dos personalidades, quizá una primera

impresión pueda provocar una sensación en la que una es muy distante de la otra (e incluso

que las dos son muy diferentes al Quijote), y eso es bueno, puesto que lo que se propone

trabajar desde esta lectura de la novela de Cervantes es la universalidad de la obra

conforme al rol del héroe cervantino como un estado natural de todos los sujetos sociales,

independientemente de los lugares en los que la humanidad nos ubica.

De este modo, la persona inicial que me gustaría traer a colación, es al polifacético

artista británico Charles Chaplin, y hacerlo a través de una de sus más famosas piezas

cinematográficas, Tiempos Modernos, pues en ella, además de hacerse critica al sistema

capitalista de ese entonces (de ese entonces, digo, porque hoy, ya incluso hablamos de un

neocapitalismo), tal cual Quijote a la noción idealista de ese proyecto de indias que en su

época inauguraba este sistema; se nos contextualiza sobre la intensa supervivencia,

exhibida en el papel protagónico en la que Chaplin es un obrero derrotado por el extenuante

ritmo de producción y montaje de la empresa en la que trabaja, es decir, un sujeto atrapado

por el ideal de “desarrollo”, que logra la recuperación aceptando este panorama y

resistiendo a él en toda su capacidad humana, lo que desde el punto de vista de este escrito,

es lo que deseo llamar un acto de resiliencia.

En El Tiempo del “Quijote” (1964), Pierre Vilar ya nos insinuaba que, en la lectura

de la sociedad, tanto Cervantes, con su creación literaria, como Chaplin con su vida

artística, comprenden la necesidad de reírnos a fin de tolerar las crisis.


La tinta de quienes dan consejo corrió en España de 1600 como correrá en los

Estados Unidos de 1930. En total, un fárrago enorme con algunas páginas

luminosas. Y en fin de cuentas, el verdadero intérprete es en un caso Cervantes, en

el otro Charlie Chaplin. El arbitrista corto de vista percibe la crisis a corto plazo,

pero del naufragio de un mundo y de sus valores surge una genial tragicomedia. (p.

19)

Por otra parte, como segunda personalidad, rememoro la figura del auto convertido

en crítico político, periodista y humorista colombiano Jaime Garzón, y lo hago desde una

imagen que llevo grabada en la memoria, y hasta en los afectos, como una gran recreación

de una escena quijotesca. Aquella, es una de sus últimas entrevistas presentadas en un

popular programa de aquel tiempo de finales de los 90´s, Yo Soy José Gabriel (esto que

aquí se menciona puede encontrarse en el portal de YouTube, bajo el título: Jaime Garzón

en Yo José Gabriel) en la que Garzón habla de su muerte, una que le han destinado

violentamente, de la que está al tanto, de la que reconoce y deja dicho que se debe a su

convicción de lograr un Estado más trasparente, pues lo que él hizo fue patentar el humor

para criticar al poder a fin de visibilizar los problemas sociales de su país.

Con total naturalidad, y el carácter por el que se lo conoció, en ese mismo programa

televisivo, el humorista pide al encargado de la orquesta de esa noche que toque una

canción llamada Canela, una composición que se distingue por referirse a la muerte como

una vicisitud que hay que asumir con gozo. Tan solo unos días más tarde, Garzón es

asesinado.

Tal vez mi simple descripción aleje de lo impactante que es dicho momento, pero

quisiera recalcar que lo que me interesa que se comprenda de esta situación, es el hecho de
ver a una persona amenazada de morir como destino que le ha sido impuesto por una

hegemonía que no permite ser cuestionada, y sobre todo verlo en televisión, riéndose,

“resiliendo” y deviniendo en la melancolía que trae consigo ser un hombre de valores en un

entorno en el que los propósitos obedecen a intereses de consumo, de poder, de pasar por

encima del otro y de los Otros. Algo que es totalmente equiparable al Quijote, puesto que

los anhelos del hidalgo son retornar a los valores caballerescos, esos que en toda la obra se

nos exponen a forma de heroísmo moral, un llamado de atención a la transformación

interna para mejorar:

… (en el Quijote) lo que contemplamos es la problemática transformación del

hombre interior, y ese problema es manifestación de que estamos ante un

reformismo de carácter ético. Don Quijote soporta las adversidades no para

conmover y excitar a los otros, sino como ascesis para su propio y personal

mejoramiento. (Maravall, 2005, p. 118)

Todo esto puede tildarse de ser demasiado subjetivo, y lo es, pues las celebridades

que aquí destaco son justamente eso, celebridades, son de mi gusto, y son dignas de hallar

quijotadas por donde se les mire, pero, no por eso dejan de ser una cuota humana en una

sociedad que les exige, les reclama y les cobra un modo de vida para ser parte de ella. En

esta dirección, hace falta fijarnos en cualquier persona impulsada por los estatutos del

sistema, por ejemplo, quienes trabajan y deben preocuparse por ascender, por rendir y

cumplir con lo políticamente correcto, esas somos personas que de igual forma libramos

nuestras batallas para darle sentido a nuestra existencia y para lidiar con lo que no nos gusta

de ella.
Se ha demostrado, que Alonso Quijano, más allá de tomar la hidalguía como una

evasión a la realidad que lo comprende, lo hace también como un esfuerzo de triunfar sobre

lo que impone el mundo, o sino pensemos en cada uno de nosotros luchando con el peso de

la publicidad, las apariencias, y de todo lo que se le relacione. Por tal, no es descabellado,

sino más bien apropiado asumirnos como Quijotes victoriosos en la medida que podemos

aceptar la tragedia y el sacrificio que es estar en el sistema en que estamos inmersos,

resistiendo por medio de las artes, de las ciencias, y en general de los sueños, de los ideales,

que en mejores palabras se define como utopía.

No es que (Don Quijote) al salir de una aventura con el cuerpo molido a palos se

sienta dichoso de ello, porque sacrificarse sea su propósito, que bien le oímos

quejarse del dolor físico y lamentarse de sus tristes percances; lo que le hace

soportar sus adversidades es el sentimiento de que algo en él, de todas formas, ha

salido triunfante: su ánimo, su esforzado ánimo. Los palos que caen sobre sus flacas

carnes son un método ascético para su propia perfección, como el martirio lo es para

el santo. (Maravall, 2005, p. 118)

En definitiva, desde los tiempos en los que nació el Ingenioso Hidalgo, donde hubo

gran algidez por el paso de un sistema económico a otro, ya se instauraba un sentimiento de

época resiliente que sobrevive en el capitalismo de nuestros días. Es decir, el imperialismo

introduce una crisis que ha sido permanente y es por eso que la novela de Cervantes

trasciende a los años y a todo tipo de generación humana, pues, de cualquier forma, la vida

es un acto de resistencia:

Así, el imperialismo español ha sido en realidad “la etapa suprema” de la sociedad

que él mismo ha contribuido a destruir. Pero, en su propio solar, en Castilla y hacia


1600, el feudalismo entra en agonía sin que exista nada a punto para reemplazarle.

Y este drama durará. Dura todavía, y por eso Don Quijote sigue siendo un símbolo.

(Riley, p. 24)

2. Resiliencia y Utopía: los Tópicos del Quijote Universal:

Entendiendo que el ser humano es un Quijote por antonomasia, o que el Quijote es

la perfecta representación de lo humano, y que de ello parte su declarada importancia en la

histórica conquista de lectores por más de cuatrocientos años, ahora dediquémonos a

descubrir por qué son la la Resiliencia y la Utopía los motivos que hacen que ello sea así.

Según la RAE, la palabra universal, hace referencia a “Que pertenece o se refiere a

todos los países, a todos los tiempos, a todas las personas o a todas las cosas.” O sea, la

novela de Cervantes es una obra universal en todo sentido, pues, ha sido traducida y

publicada numerables de veces, incluso en estos últimos años, permitiendo

maravillosamente que sigan existiendo en el mundo lectores asiduos.

Eso en parte se relaciona con el hecho de descubrir y fundar la novela moderna

como un retrato social real, demostrando que el verdadero heroísmo del mundo consiste en

resistir, sacrificarse y sobrevivir al difícil ritmo de las cosas. El Quijote propone un

heroísmo que ya se ha desligado de la perfección y la seguridad que se recoge en el

protagonista del poema, para concebir al hombre dual, el hombre con virtudes y defectos

que debe aceptar que las adversidades a veces son más grandes que su misma integridad y

que aun estando firme ante ellas, estas simplemente resultan más grandes de lo que

podemos ser nosotros.


El poema no podía vivir ya en Europa porque faltaban las condiciones humanas que

le habían dado origen.

El poema y el héroe viven en Europa lo que viven la unidad de fe vital y la

conciencia de una comunidad de destino. El poema y su héroe mueren cuando Dios

abre su mano y parece abandonar a la humanidad (…). Es el comienzo de nuestros

tiempos de aflicción (De Riquer, 1970, p.16)

Entonces, Cervantes lleno de una humanidad que ha vivido el desengaño, produce la

obra a la que se le ha adjudicado la primacía ante una temática en la que la condición

humana es derrotada, en el sentido que debe aceptar lo verdaderamente difícil que es

constituir un orden mental ante las tensiones religiosas y económicas que miraron la luz en

aquel siglo, y que al día de hoy siguen representando un enigma con el que los seres

humanos estamos obsesionados por descifrar, y de allí, es decir, de reconocer ese estado

constante de insatisfacción, es que devienen tantas búsquedas e intentos por darle

significación a lo que hacemos, pero eso, debido a su naturaleza misteriosa, es un propósito

inacabado que nos condena o bien sea a la melancolía y a la resiliencia, o a la promulgación

de utopías.

“Todos ellos (libros de literatura de finales de siglo XVI y del XVII) son, en cierto

modo, un intento de comprender la naturaleza y la conducta humana, de responder a

la pregunta ¿qué es el hombre y qué marcha mal en él?”. Parece innegable que una

respuesta de alcance general a esa cuestión se encierra en la obra cervantina y de ahí

su universalidad. (Maravall, 2005, p. 175)


De esta manera, nuestro caballero de la triste figura, da significación a sus aventuras

al tratar de resolver este interrogante en medio de una España en crisis, y a través de una

vía de escape en la que necesita desconectarse de la racionalidad que se instauraba en ese

entonces, para dar rienda suelta a su mejor estrategia de sobrevivencia: una supuesta locura.

Supuesta porque es lo que nos permite sospechar la integridad misma del hidalgo,

pues, de todas las formas en las que se pudo haber sido loco en la Edad Media, no debe ser

casualidad que la de Alonso Quijano fuera una locura de caballería, en la que intervienen

tantos propósitos por las buenas costumbres, la critica a lo ilícito y a lo injusto.

A mi modo de ver, Don Quijote nace intencionalmente y es trabajado

estratégicamente para decir e impulsar lo que la sociedad de aquel tiempo debía escuchar y

comprender, sin que ese intento recibiera censura, ni marginalización por parte de quienes

instituían el poder, o si no pensemos en que una de las inquietudes que nos genera esta obra

es aquella dualidad entre la sensatez y lo descabellado, donde lo uno no parece estar muy

lejos de lo otro, sino indistintamente trabajado.

En palabras de Maravall (2005), es lo que podríamos llamar una trasmutación de

todo lo real, o sea, un esfuerzo y una cuota intelectual dentro de esta novela, en la que se

nos enfrenta a una incertidumbre de lo real para camuflar el activismo moderno que ejerció

Cervantes:

Hay una doble transformación de la realidad en el Quijote. Aquella que le hace a su

protagonista sufrir el efecto de que las cosas no se le aparezcan como real y

verdaderamente son. Y aquella otra, mucho más profunda, que él lleva a cabo para
crear las condiciones de realidad necesarias al objeto de llevar a término su acción

heroica. (p. 177)

Uno de los episodios en los que se hace vivencial este binomio, es el que acaece

Don Quijote en Sierra Morena, particularmente en la escena en la que decide enviar a

Sancho con una carta a Dulcinea, en la que se contrapone la percepción del caballero a la de

su escudero cuando se revela que la dama de los pensamientos es la hija de Lorenzo

Corchuelo y Aldonza Nogales. Gran sorpresa para Sancho quien sabe muy bien quién es y

de la que nunca se pudo imaginar que se trataba.

Esta conversación es importante porque Don Quijote con aires de cordura, o más

bien con revelación de esta, explica que tiene muy bien concebido a quien tiene por dama

de sus afectos, y que la tiene en razón de su idealizada imaginación “Yo imagino que todo

lo que digo es así, sin que sobre ni falte nada, y píntola en mi imaginación como la deseo,

así en la belleza como en la principalidad” (Cervantes, p. 35), es decir, tenemos de esta

confesión una declaración no incitada, al tiempo que la afirmación de que Alonso Quijano

es el artífice de un mundo y una realidad necesaria para llevar a cabo su proyecto

caballeresco sin que ello sea consumido o desechado por las costumbres emergentes de la

Europa definitiva que se consolidaba en los nuevos sistemas económicos y reformistas.

Por otra parte, teniendo en cuenta que la resiliencia es la resistencia, la aceptación y

la recuperación de un suceso traumático, vale la pena concentrarse desde otra perspectiva

en el capítulo concerniente al Quijote en la Sierra Morena:


La resiliencia (…) incluye dos aspectos relevantes: resistir el suceso y rehacerse del

mismo (Bonanno,Wortman et al, 2002; Bonanno y Kaltman, 2001). Ante un suceso

traumático, las personas resilientes consiguen mantener un equilibrio estable sin que

afecte a su rendimiento y a su vida cotidiana. A diferencia de aquellos que se

recuperan de forma natural tras un período de disfuncionalidad, los individuos

resilientes no pasan por este período, sino que permanecen en niveles funcionales a

pesar de la experiencia traumática. (Poseck, Baquero y Jiménez, 2006, p. 42)

Es decir, que el hecho de que Don Quijote decida suspender transitoriamente sus

aventuras y opte por la soledad, justificada en la penitencia que dice cumplir, puede

interpretarse como un acto de resistencia de quien entiende y comprende su propósito como

fracaso asegurado. Indudablemente de esto también podríamos aseverar que ser resiliente

pasa por un proceso melancólico digno de quien se resigna a luchar por causas perdidas,

mas, debe comprenderse que eso finalmente es el enriquecimiento del sentido de vida

Spinoza vendría a decir que la melancolía no era tan sólo una pasión, sino “una

pasión triste”, depotenciadora por tanto de nuestras energías ontológicas, esto es, de

nuestro mismo ser que no consiste en otra cosa que el conatus o “esfuerzo por la

autoconservación” (Murgueza, 2010, p. 77)

Y de este estado parte la necesidad de las utopías, o sea, de ser Quijotes mismos. No

queda otra alternativa. El ser humano necesita aferrarse a los ideales para subsistir y resilir

el mundo. Ver, aun en lo inalcanzable, toda posibilidad de vida y de superarse. El sistema

nos ha obligado a competir y las utopías nos funcionan para solventar ese complejo. Por

supuesto, no hay que negar que existen utopías buenas y malas, pero al equipararnos al
Quijote, las motivaciones tenidas en cuenta solo pueden ser las que alimenten el espíritu

humano en favor del mejoramiento, de la búsqueda de ascesis.

Por tratarse de una realidad mejor que la existente, la utopía no es, pero debe ser, y

por tanto no solo critica lo que hay, sino que supone una alternativa imaginaria a los

males del presente. Precisamente porque debe ser, lleva implícita la aspiración a

realizarse aquí y ahora. Lleva esa llamada a la acción, a la praxis, tan necesaria

(Sánchez Vázquez 2007: 22). (Madorran, 2015, p. 88)

Si bien Don Quijote muere, no podemos olvidar al Sancho “quijotizado”, así como

no podemos omitir que ese final es el destino más heroico posible para quien busca un

mundo más justo, puesto que, al no ser una tarea sencilla, lo menos posible es que se

realice, de ser así, a mi juicio, este notable ideal hubiera quedado reducido a otro apunte

humorístico y satírico de Cervantes, cuando la pretensión es que cale en las emociones del

lector, a fin de que quienes lo aborden, se asuman como los siguientes caballeros dispuestos

a retornar los buenos valores a cualquiera que fuese de las generaciones, como se cita en

Madorran (2015):

(…) pero la utopía de construir una sociedad más justa que la actual (…) no es por

principio irrealizable, por más que raramente nos acerquemos a su realización y en

cualquier caso nunca la hayamos visto realizada en toda su plenitud imaginable.

Que es la razón por la que su incompleta e insuficiente realización nos deja

invariablemente insatisfechos y hasta acaso no tengamos otro remedio que vivirla

como una permanente frustración… insatisfacciones y frustraciones éstas que


generan inevitablemente esa contrapartida de la utopía en que vendría a consistir a

fin decuentas la melancolía. (Muguerza 2010: 74, cursiva del original)

La melancolía, la resiliencia y la utopía no mataron al Quijote, más bien son esos

aspectos el motor de la sobrevivencia de la obra, y en tal sentido de su universalidad.

Referencias

De Riquer, M. (1970) Aproximación al Quijote. España: Salva Editores, S.A.

Murgueza, J. (2010, 10 diciembre). Utopía y Melancolía en el Quijote. LOGOS.

Recuperado de http://revistas.ucm.es/index.php/ASEM/article/view/ASEM1010110063A

Maravall, J. (2005) Utopía y Contrautopía en el “Quijote”. Barcelona, España:

Centro de Estudios Políticos y Constitucionales.

Vilar, P. (1964) El Tiempo del Quijote su Crecimiento y desarrollo: Economía e

historia: Reflexiones sobre el caso español. Barcelona, España: Ariel.

Madorran, C. (2015). El Quijote como utopía necesaria: La Mirada de Adolfo

Sánchez Vázquez Edad de Oro, XXXIV. Recuperado de

http://dx.doi.org/10.15366/edadoro2015.34.005

Poseck, B., Baquero, C., Jiménez, V. (2006, 1 abril) La Experiencia Traumática

desde la Psicología Positiva: Resiliencia y Crecimiento Postraumático. Papeles del

Psicólogo. Recuperado de http://www.redalyc.org/html/778/77827106/