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~ Li­

Gilbert M.Joseph y Daniel Nugent


(compiladores)

...... . .

Aspectos cotidianos de la formación


del estado
La revolución y la negociación del m;ndo
en el México moderno

fLACSO . Biblioteca
...

Colección Problemas
de México

o
Ediciones Era

lIl..
320. c¡:r ;¿
A 63 v..
Traducción de Rafael Vargas, salvo para el prólogo, traducción de Paloma ÍNDICE
Villegas, y el ensayo de Cilbert M.josepll (pp. 143-74), que tradujo Ramón
Vera.

Prólogo a esta edición 11

1 7 , 4~l .
• Cilbcrl Nl.jmepll
ft[G. 1, -.~ Pró!cwo
o
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cur, .1 S 1 '1- Z .; , • JlIlI es C. Scot t
La Io nuacióu elel estado '."; ~> 23
1" PlllU~~~ - f1-,??" 1 • Ph ilip Corriga'l] ..... : ..
l. PROLECÓMENOS TEÓRICOS

fIBLC".'[C¡\-=-FLAtSQ· [' el Cultura popular y formación del estado CII el México


rcvo luriounrio
• Gilbcrl i'l'l.jusepll y Daniel :\lIg('nl
31

r~cbª~_~.t.c~¿.LhJ¿":;_Q. 6. Armas y arcos en el p~lisaic rcvo lur ion.uio mexicano


• Alan Klligllt
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Il. ESTUDIOS E~IPÍRIC()S
• I ~ V~ ~d'i: l.\·'t.0t!~ú-d.e._. Reflexiones sobre las ruinas: formas cOlidiallas~le formación lO:")
~ 11,..,
,... t 'O¡,\'":>y.- . \-tt"'..-'\.A"J.....CI".I~, del estado en el México decimonónico
(J1:<t:-Yt'(;::"3) CO--Vr- 4:-b • Florencia E. Mallon
u .[j o.: '1 Para repensar la movilización revolucionaria en :\léxico: H3
~~ \ 1, e.Kt.G!?Q r f\A... t1.
Las temporadas ele turbulencia en Yuc.u.in, ] ~)()q-1D 15
• Gilbert M.josepll
Edici61l 01 igilla\: ¡';ltf'tyd{/~\' F01I11S (!/ SI(/!/' Fonnation. Tradic io ncs selectivas en la reforma agr~lIi:1 v la lucha 17:")
Rnolutior. «u d thr :\'egolirlliou ofRu!« in i\.[or!el'/l i\lex/m agraria: Cultura popular y íormución del cstudo
Duk« Un ivc-rsity Prl'''. Durh.un y l.oudrex, 1~)().J en el tejido de ]'\;ulliquipa, Chihuahua
• Daniel I\:'llgenl~' .vna \IMí:\ .\1011'<1
Pri nicru <'dicióll (rcducid») en Probknl.'l' de \l('xico: 2()()~

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l)cl"n... iros rcsc-rv.ulox en lellgll:l t:sp~\I-lula

1II. RECAPITGI.ACIÓ:,\ TI·:(nUC\


<D 2002, Ediciones Eru, S..\. de C. V.
Hcgcmo n ía y ICllguaie co n u-ucioso 2U
C:llk (kl Tr.'lhajo :\1, H2G9 \léxico, D. F.
• Willi.uu Ros<~b('lr)'
Impreso )' hecho en M('xi«, F()nl¡~IS
cotidi;lIIas ele formación del estado: algullos ni
j.Jri"ü'r/ and inade in ,,\lf'x¡((J
comen t.uios disiden tes acerca ele l.i "hcgcmou L¡"
E'll' libro IlO p"<'(k ser ¡útocopi;¡tiu, ni reprodllcido tolal () p.uc iulme nu-, • Dcrck .'1;\\'('1'
por Ilillglín medio o métoclo, sin la .uuori zar.ióu por escrito del editor.
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7
HEGEMONÍA Y LENGUi\JE COT'\TEJ\'CIOSO
• William Rosebcrry

Al solicitar los ensayos escritos para este volumen, los compiladores


señalaron dos obras paradigmáticas que deberían iluminar nuestra
ielea ele las "formas cotidianas de la formación del estado": el traba­
jo de James Scolt sobre la amplia variedad de formas, actos y "artes"
de resistencia popular ante los órdenes dominantes (véanse especial­
mente 1976; 1985; 1990), Y el estudio ele Philip Corrigun y De rek
Sayer (1985) sobre un orelen dominan te específico -la formación
del estado inglés, visto como un proceso multisecular de transfor­
mación económica, extensión y construcción políticas, y revolución
cultural, que conformaron tanto el "estado" como los tipos específi­
cos de sujetos sociales y políticos. La tarea ele los autores era consi­
derar la relevancia ele estos proyectos, desarrollados y aplicados a
otras úreas del munelo (el sudeste de Asia e Inglaterra), para com­
prender la formación del estado y la cultura popular ele México.
lo Aunque es claro que los compiladórcs ele este volumen querían
que considerásemos los trabajos de Scott y de Corrigan y Sayer
desde la perspectiva de la relación que guardan el u no con el otro,
y que pensáramos cómo podríamos examinar de manera simului­
nea la formación de órdenes de dominación y ele formas ele resis­
tencia, también es evidente que muchos ele los colaboradores han
seguido la pauta de Alan Knight al colocar esos trabajos y esas pers­
pectivas en oposición parcial uno con otro -la "economía moral"
elel campesinado y otros grupos subordinados en oposición al
"gran arco" del estado triunfal.
Si bien podría ser útil examinar las diversas maneras en que
cada uno ele los dos trabajos alude al otro, yo sólo quiero señalar
que sus metáforas fundacionales provienen ele la obra de E. P.
Thornpson. Scott tomó las referencias de Thompson a la "e cono­
m ía moral" ele los pobres en la Inglaterra ele los siglos XVIII y XIX
(1963; 1971) como imagen central y punto de partida de su propio
modelo teórico de la conciencia campesina ante la expansión capi­
talista y la formación' de los estados coloniales (SCOlt 1976). Co­
rrigan y Sayer, por su parte, tomaron la crítica de Thompson a las
interpretaciones marxistas ortodoxas de "la revolución burguesa"

213
I

L
como un reto p~lra SIl estudio de la formación del estado inglés
tura popular o plebeya, Thompsou sugiere qne su "coherencia se
(Thornpson [1965] 197I3a). En vez de situar "la" revolución en una
debe menos a un a estructura cognitiva inherente qne al peculiar
rebelión específica a mediados del siglo XVII, Thornpso n escribió
campo de fuerza y las oposiciones sociológicas propias de la socie­
sobre una larga y detallada historia de construcción del estado y
dad del siglo X\'III; para ser contundente, los discretos y fragmenta­
transformación capitalista, y desafió a los marxistas a abandonar es­
dos elementos de antiguos ruoclclos de pcnsaiuicnto pasan a inte­
quemas históricos y políticos prefabricados y explorar la formación grarse por clase" (ibid.: 156).
histórica de las distintas civilizaciones capitalistas. Para Thompson ,
Esta metáfora conlleva algunos problemas obvios pero importan­
la imagen de un "gran arco" es tanto arquitectónica (una alta y só­
tes. Primero, el campo magnético es bipolar, y la mayoría de las si­
lida estructura de ladrillos) como temporal (un arco de tiempo du­
tuaciones sociales con las que estamos familiarizados son infinita­
r.uuc el cual se construye la estructura y a lo largo del cual toma su mente más complejas, con múl tiplcs instancias de clouiiuacióu o
forma y dimensiones). Ambos sentidos importan para Corrigan y múltiples formas y elementos de la experiencia popular. Debido a
Saycr: para escribir la historia de la revolución burguesa en In­ que el campo es bipolar, los diseños que trazan las limaduras ele
glaterra es necesario ocuparse de un gran arco que abarca nueve hierro son simétricos, ele una manera -otra vez- en que "lo domi­
siglos. nante" )' "lo popular" nunca pueden serlo. Finul mciuc, la imagen
Prosiguiendo con el intento de relacionar las obras de Scott y de es csuitira, pues las nuevas limaduras se ncouioclan r.ipida )' fácil­
Corrigan y Saycr en nuestra interpretación de la formación del es­ mente dentro de un diseño y un campo de fuerza preexistentes, sin
tado y la cultura popular de México, consideremos una tercera me­ alterar necesariamente el d iscúo y sin ningún electo sobre el cam­
uifora thompsoniana: el "campo de fuerza". Thompson propone po mismo. Cada lino ele estos proble-mas cst.i relacionado con una
esta imagen en el ensayo "La sociedad inglesa del siglo XVIII: ¿lucha u otra ele las potencias de la mct.ilora: la illlagell llama nuestra
de clases sin clases?" (1978b), en el q ue aborda espccíficameu te el atención hacia un campo ele tensión y fuerza m.is vasto, hacia la im­
problema ele la cul tura popular den tro ele relaciones de domin a­ portauciu de colocar elementos de "lo cloiuiuantc" ~ "lo popular"
ción, y afirma: "Lo que debe preocuparnos es la polarización de elentro ele ese campo, pero su claridad misma se convierte en un
intereses antagónicos y la corresponeliente dialéctica de cultura" problema cuando pasamos ele un modelo bicluucnsiona! al mundo
(ibid.:150). Al describir un campo de fuerza, ofrece una imagen su­ m ultidimcnsional ele lo social, lo político)' lo cultural.
g'erente, Pasemos, entonces, a ese mundo multielimensiunal, e intente­
mos comprender los campos de fuerza sociales en términos m.is
en 1~1 que una corriente eléctrica magnetizaba un plato cubierto complejos), procesualcs. ¿Existen conceptos adicionales o re lacio­
con limaduras ele hierro. Las limaduras, que estaban distribuidas nades que puedan servir como guías sugerentes? Un concepto quC'
ele manera un iforme, se jun taban en un polo o en el otro, mien­ aparece eu IlIUcllOS ensayos de este volumen es la idea gr.unsciana
tras que, entre ambos, aquellas limaduras que se quedaban en su de hcgcuiou¡a. Es interesante <¡ue, dado el intento ele los compilado­
sitio se alineaban aproximadamente como dirigidas hacia polos res de confrontar las obras ele Scolt y de Corrigun )' Saycr, ninguno
ele atracción opuestus. Esto se parece a la ielea que me hago de ele esos autores sea especialmente Iavo rable hacia ese concepto.
la sociedad del siglo XVIII con la multitud, por muchas razones, SCOlt, en particular, ha enunciado las críticas más vigorosas, espe­
en un polo, la aristocracia y la alta burguesía en el otro y, hasta cialmcn te cu \ \'l>rIJiOIl.5 of l/le \ \'1'(/1< ( 1985) )' Los dominados J I'i (/1'/1' dI' la
finales elel siglu, los grupos de profesionales y comerciantes resistciuut (2()()O). Dcsafia udo a aquellos teóricos que entienden la
orientados pUl' líneas de dependencia magnética hacia los go­ hcgcuiouía como "couscuso ideológico", Scott subraya la falta de
bernantes, o a veces ocultando el rostro en acciones conjuntas COUSCIISO en situaciones sociales de d ounnuciciu. Los douriuados
de la multitud (ibid.:151). saben. que sou dominados, saben cómo y por quiénes; k:jos de COII­
sentir esa dominación, dan iuicio ,1 toelo tipo de sutiles uro dos de
Cuando enfoca su visión ele ese campo hacia el análisis ele la cul­ soportarla, hablar de ella, resistir, socavar)' confrontar los ruu ndos

214
215
desiguales y cargados de poder en que viven. Corrigan y Sayer tam­ ocurre en el Estado, y la historia de aquéllas es esencialmente la
poco aceptan la noción de "consenso ideológico", pero enfocan su historia de los Estados y de los grupos de Estados. Pero no hay
crítica desde el otro polo del campo de fuerza. Desde su punto de que creer que tal unidad sea puramente jurídica y política, si
vista, el poder del estado descansa no tanto en el consenso de sus bien también esta forma de unidad tiene su importancia y no so­
dominados, sino en las formas y órganos normativos y coercitivos lamente formal: la unidad histórica fundamental, por su concre­
del estado, que definen y crean ciertos tipos de sujetos e identida­ ción, es el resultado de las relaciones orgánicas entre Estado o
des mientras niegan y excluyen otros. Además, el estado lo logra no sociedad política y "sociedad civil".*
sólo a través de su policía y sus ejércitos, sino a través de sus funcio­
narios y sus rutinas, sus procedimientos y formularios de impuestos. Por otro lado, las clases subalternas
licencias y registros. FlACSO . LiLJIJOl~

Éstas son dos críticas muy fuertes, de las que la idea de "consenso por definición, no están unificadas y no pueden unificarse mien­
ideológico" no se puede recuperar fácilmente. Sin embargo, Gram­ tras no puedan convertirse en "Estado": su historia, por lo tanto,
sci y su uso de la idea de hegemonía no se agotan con el concepto está entrelazada con la de la sociedad civil, es una función "dis­
de consenso que se han apropiado algunos politólogos y que es cri­ gregada" y discontinua de la historia de la sociedad civil y, por
ticado (vigorosa y correctamente) por Scott, Corrigan y Sayer. En este medio, ele la historia de los Estados o grupos de Estados.
primer lugar, Gramsci comprendió y subrayó, de manera más clara Por lo tanto, es preciso estudiar: 1] la formación objetiva de los
que sus intérpretes, la compleja unidad entre coerción y consenso grupos sociales subalternos a través del desarrollo y las transfor­
en situaciones de dominación. Gramsci empleaba el de hegemonía maciones que tienen lugar en el mundo de la producción eco­
como un concepto más material y político que sus acepciones actua­ nómica, su difusión cuantitativa y su origen en grupos sociales
les. En segundo lugar, Gramsci comprendía bien la fragilidad de la preexistentes, de los que conservan durante cierto tiempo la
hegemonía. Ot:.' hecho, una de las secciones más interesantes de Se­ mentalidad. la ideología y los fines; 2] su adhesión activa o pasi­
lections[rom tite Prison Notebooks ([ 1929-35] 1971) * es la de sus "Notas va a las formaciones políticas dominantes, los intentos de influir
sobre historia italiana", un análisis e interpretación del fracaso de en los programas de estas formaciones para imponer reivindica­
la burguesía piamontesa para formar una nación-estado, su fracaso ciones propias y las consecuencias que tales intentos tienen en la
para formar un bloque que pudiera gobernar mediante la fuerza y determinación ele procesos de descomposición y de renovación
el consenso. o de neoformación; 3] el nacimiento de partidos nuevos de los
Volvamos al campo de fuerza e indaguemos si un concepto de grupos dominantes para mantener el consenso y el control de
hegemonía más material, político y problemático nos ayuda a com­ los grupos subalternos; 4] las formaciones propias de los grupos
prender las complejas y dinámicas relaciones entre lo dominante y subalternos para reivindicaciones de carácter restringido y par­
lo popular, o entre la formación del estado y las formas cotidianas cial; 5] las nuevas formaciones que afirman la autonomía de los
ele acción. Exploremos la hegemonía no como una formación ideo­ grupos subalternos pero en los viejos cuadros; 6] las formaciones
lógica acabada y monolítica, sino como un proceso político de do­ que afirman la autonomía integral, etcétera.**
minación y lucha problemático y debatido.
Gramsci comienza sus notas sobre la historia italiana con algu­ Veamos algunos rasgos de los comentarios introductorios de
nas observaciones concernientes a la historia (y al estudio de la his­ Gramsci que se cargan ele significación cuando consideramos los
toria) de las clases "dirigentes" y "subalternas". "La unidad histórica procesos hegemónicos.
de las clases dirigentes", escribe, I Primero, Gramsci denota pluralidad o diversidad tanto para las
~ clases dirigentes como para las subalternas; para ellas la unidad es
* Véase Antonio Gramsci, Cuadernos tle la cárrrl, tomo 6, Era, México, 2001, pp.
* Ibid., p. 182 [E.'].
lR2ss [E.]. I!
I
** Loe. cit. lE.].

216 217

l
un problema político y cultural. A lo largo de sus análisis, Gramsci de la fallida formación del estado y la fallida hegemonía en la pe­
hace hincapié en lo plural, en clases y grupos. nínsula italiana comienza con las dificultades impuestas por los
Segundo, aunque el pasaje parece implicar que la unidad de las campos de fuerza regionalmente distintos.
clases dirigentes no es problemática gracias a su control del estado, Cuarto, necesitamos plantearnos las mismas preguntas acerca de
después Gramsci procede en sus "Notas" a examinar el fracaso de las clases subalternas, en sus relaciones con los grupos e institucio­
la burguesia piamontesa para unirse con otros grupos dominantes nes políticas cloiui nan tes.
con base regional o para forjar un bloque gobernante unificado Quinto, es importante señalar que Gramsci no suponC' que los
que pudiera controlar (crear) un estado. Está señalando, entonces, grupos subalternos están capturados o inmovilizados por uua espe­
una relación problemática. La unidad r-equiere el con trol del estado cie de consenso ideológico. En un momento duelo plantea la cues­
("por definición", las clases subalternas no están unificadas porque tión de sus orígenes "en grupos sociales preexistentes, de los que
110 son el estado), pero el control del estado por las clases gober­ conservan durante cieno tiempo la mentalidad, la ideología)' los
nantes no se presupone. Ese control es al mismo tiempo jurídico y fines", y también considera la posibilidad de "su adhesie~n activa o
poi ítico (corno en tenderíamos ordinariamen te "la historia de los pasiva a las forinacioucs políticas dominantes"; pero la observación
Estados y de los grupos de Estados"), y moral y cultural (cuando de Cramsci no es en ningún caso estática o de-finitiva. ;\lás bien, esa
consideramos las complejas tensiones entre grupos dirigentes yen­ adhesión activa o pasiva)' la conservación de mentalidades se xiuiau
nc grupos d irige ntcs y grupos subalternos en las relaciones entre cle n tro de una gama cliu.uuicu ele acciones, posiciones y posibilida­
estado y sociedad civil). Todo estudio de la formación del estado des, quc incluye la Joruiación ele nuevas orgallizaciolles e instiurcio­
debería, st'gún esta formulación, ser también un estudio de la revo­ ncs, el planteamiento ele exigencias, la afiruiacióu ele la auiouoiuía.
lución cultural (véase Corrigan y Sayer 1985). Esa gama C'S comprensible solamente en té n ni nos ele 1) UII campo
Tercero, si presentamos la historia de los grupos dirigentes y de ele fuerza que vincula a elirigellles )' suba ltcruos en "las relaciones
los estados y los grupos de estados como una historia problemática, org.iuicas entre Estado o sociedad política y 'sociedad civil'", )' 2)
será necesario considerar una serie de preguntas como las plan tea­ un [noceso hegemónico (vcausc Mallo n, en este voll~lIell, y Rose­
d,{s por Cramsci acerca de las clases subalternas. Es decir, necesita­ bcrry y O 'Brien 1991). Los cri terios y las prcgun tas ele Crumsci im­
remos considerar su formación "objetiva" en la esfera económica plican claramente una dime-nsión temporal sin conducir necesaria­
-los movimientos, cambios y transformaciones en la producción y mente a una teleología.
la distribución, )' su distribución social)' demográfica en el espacio Sexto, las relaciones e u tre los grupos gobernantes y los subaltcr­
y el tiempo. Necesitamos estudiar también (no entonces) sus relacio­ 1I0S se caracterizan por la disputa, la lucha)' la discusión. Lejos ele
nes sociales y culturales con otros grupos -otros grupos "dirigentes" dar por sentado que el grupo subalterno acepta pasivamente su
dentro y más allá de la región o esfera de influencia; grupos subal­ destino, Cr.unsci prevé COII clariclad uua población subalterna UlU­
ternos dentro )' m.is allá de su región. ¿Qué asociaciones u orga­ cho más activa y capaz de cufrcnuunicuto que la que muchos de los
nizaciones de parentesco, etnicidad, religión, región o nación los intérpretes ele Gramsci han supuesto. No obstante, sitúa la acción )'
unen o los dividen? Necesitamos investigar también (no entonces) la confio uuuión den uo ele las formaciones. instituciones), organi­
sus asociaciones)' organizaciones políticas y las instituciones, leyes, zaciones elel estado y de la sociedad civil en las que viven las pobla­
rutinas y reglas políticas que enfrentan, crean e intentan controlar. ciones subordinadas. Los grupos y clases subalternos llevan consigo
Cuando consideramos esas cuestiones, la complejidad del campo "la mentalidad, la ideología y los fines" de grupos sociales prccxis­
de fuerza se aclara. Además de la diferenciación sectorial entre las te ntcs; en sus dcuiaudas se "afilian" a organizaciones políticas pree­
distintas fracciones de clase, basadas en papeles y posiciones dife­ xistentes; crean nuevas orguuizacioncs dentro ele UII "marco" social
rentes dentro de los procesos de acumulación, Cramsci llama nues­ y político preexistente, etcétera. Así, aunque Cr.uusci no considera
tra atención sobre la diferenciación espacial, el disparejo y desigual a los subalternos como cngaúaclos )' pasivos cautivos del estado,
desarrollo de poderes sociales en espacios regionales. Su examen tampoco considera sus actividades )' organizaciones como cxpresio­

~JH 219
ncs autón omns de la cultura y la política subalternas. Al igual que la para etiquetar. El estado no puede (necesariamente) obligar a los
cultura plebeya de la Inglaterra del siglo XVIII, esos grupos subalter­ pobladores a aceptar o utilizar esos nombres. Los namiquipe nos re­
nos existen dentro del campo de fuerza y son moldeados por éste. chazan el marbete ejido y con ello invocan una historia anterior de
Ésa es la manera en que opera la hegemonía. Propongo que uti­ orgullosa autonomía. Los pobladores de los que habla Koreck si­
licemos ese concepto 110 para en tender el consenso sino para en­ guen refiriéndose a Cuchillo Parado y con ello tratan de rechazar
tender la lucha; las maneras en que el propio proceso de domina­ cierto tipo de relación con el estado. Desde el punto de vista de
ción moldea las palabras, las imágenes, los símbolos, las formas, las James Scott, ambos emplean un "discurso oculto" con el cual ha­
organizaciones, las instituciones y los movimientos utilizados por blan acerca de su dominación. Pero los discursos públicos y ocultos
las poblaciones subalternas para hablar de la dominación, confron­ están íntimamente entrelazados. Existen dentro de un marco dis­
tarla, entenderla, acomodarse o resistir a ella. Lo que la hegemonía cursivo común que le da sentido tanto a Cuchillo Parado como a
construye no es, entonces, una ideología compartida, sino un mar­ Veinticinco de Marzo.
co común material y significativo para vivir a través de los órdenes Es claro que algunas palabras e instituciones impuestas conlle­
sociales caracterizados por la dominación, hablar de ellos y actuar van más poder, y una disputa sobre ellas amenaza más significativa­
sobre ellos. mente que otras al orden dominante. Podemos suponer, por ejem­
Ese marco común material y significativo es, en parte, discursivo: plo, que el rechazo de una comunidad a la institución central del
un lenguaje común o manera de hablar sobre las relaciones socia­ lluevo orden agrario estatal es un desafío mayor que seguir usando
les que establece los términos centrales en torno de los cuales (yen el nombre de Cuchillo Parado. Podemos imaginar que ni el estado
los cuales) pueden tener lugar la controversia y la lucha. Conside­ central ni el estado local tendrán mayor razón para preocuparse
remos, por ejemplo, el examen que hacen Daniel Nugent y Ana por la manera en que los pobladores decidan llamarse, mientras
Alonso en su capítulo en este volumen de la negativa de los nami­ "Veinticinco de Marzo" sea el nombre asentado de manera unifor­
quipeii.os a que se les dotara un ejido porque la institución del me en los registros y relaciones estatales, y mientras los mapas ubi­
ejido implicaba cierto conjunto de relaciones subordinadas con el quen con "exactitud" el pueblo en relación con otros en un espacio
estado central, y negaba un conjunto anterior de relaciones entre configurado de manera homogénea. No obstante, en la medida en
ellos y el estado central y entre ellos y la tierra. Consideremos asi­ que los diferentes nombres evocan diferentes historias (como ocu­
mismo el conflicto que Tcrri Korcck analiza en un ensayo reciente rre en este caso), pueden surgir puntos de conflicto e impug­
acerca de los nombres de la comunidad donde realizó su trabajo nación.
(1991). Cada nombre -Cuchillo Parado, Veinticinco de Marzo y Sin embargo, ni los pobladores de Namiquipa ni los de Cuchillo
Nuestra Señora de las Begonias- expresa diferentes intereses e his­ Parado han elegido de manera autónoma la cuestión panicular por
torias, diferentes visiones de la comunidad y de la nación. El estado la cual habrán de luchar; tanto ésta como el debate sobre los nom­
se arroga el poder de dar nombre, de crear e imprimir mapas con bres y las formas institucionales fueron resultado de los proyectos
marbetes sancionados por el estado. Los residentes de la comuni­ del estado homogeneizante. Y para el caso, "el estado" tampoco eli­
dad pueden recouocer ese derecho pero rechazar ese nombre entre gió ese terreno particular de disputa. Nugent y Alonso captan con
ellos. En ambos casos, los pobladores resisten ante palabras; pero las precisión la sorpresa de los representantes de la Comisión Nacional
palabras señalan y expresan relaciones y poderes materiales socia­ Agraria ante la negativa de los namiquipeños al generoso ofreci­
les, económicos y políticos. La lucha y la resistencia están relaciona­ miento del estado de dotarlos de tierra y protección. Los puntos en
das con esos poderes (los narniquipeúos rechazan un cierto tipo de disputa, las "palabras" -y toda la historia material de poderes, fuer­
relación con el estado en lo que toca a su acceso a la tierra). El esta­ zas y contradicciones que las palabras expresan de manera insu­
do puede imponer ciertas palabras -para afirmar,* para nombrar, ficiente- por las que un estado centralizador y un poblado local
pueden pelear están determinadas por el proceso hegemónico
* Statr [T.]. mismo. Una vez que surgen, independientemente ele la intención
i
I 220 221
I

L.
de los Iuucioriarios estatales o los habitantes del pueblo que las sociales diferenciales en Nauriquip.Lv hacia "afuera", para la explo­
usan primero, puede parecer que cuestionan la estructura de domi­ ración de los espacios políticos regionales y centrales- conforme
nación entera. Por ejemplo, Nugent y Alonso analizan provechosa­ traza el mapa de las estructuras y los procesos de dominación super­
mente las intenciones aparentes de los agraristas en la ciudad de puestos. En síntesis, puede tornar un objeto contencioso panicu­
México en la década ele los veinte. lar u un punto de falla en el establecimiento de un marco discursivo
común, para examinar cada uno de los niveles que seúala Florencia
en punto clave acerca elel proceso ele reforma agraria [oo.] es Mallen en su modelo de prucesos hegemónicos.
que estaba profundamente distante de las comunidades y de la Conceptualizar tales procesos en té ruuu os de la necesidad de
gel1t(' cuyas vidas intentaba reordenar. Esa distancia era física, corisuuir un marco discursivo común nos permite examinar tanto
social y retórica. Las reuniones ele la CNA tenían lugar en la el poder como la fragilidad de un orden ele doiuiuac ióu particular.
Ciudad de México, lejos de las comunidades afectadas. A ellas Consideremos primero el poeler. "Los estados", sosticucn Corrigan
no asistían campesinos, sino los miembros de la CNA: abogados, )' Saycr,
burócratas, maestros y políticos, de los cuales sólo unos pocos
provenían de los movimientos populares. Ellos articularon las ajiI'llUlJl;* son afirJl/aciones los arcanos rituales ele los tribunales,
normas de la reforma agraria en edictos, proclamas y resolucio­ las Ió nuulas ele aceptación del m ouarca de u u Acta del Parla­
nes indagatorias expedidos en publicaciones cuntroladas por el mento, las visitas de los inspectores escolares. Definen, con gran
estado y en uu sinfín de memorándums internos que circularon ele talle, las formas e inuigcucs aceptables ele actividad social)' de
en la Cl':.\ y en las eL.A. El lenguaje de la reforma agraria estaba idc n ticlacl individual )' colectiva: regnlan [ ... ] gran parte de [. oo]
cargado de sutilezas y tecnicismos legales e invocaciones a una la "ida social. En este sentido, "el Estado" nunca dej;l de hablar.
patria nacional con la que pocos campesinos podían identificar­ Entre la vasta gama de capacidades sociales luuu.mus -posi­
se (F. Katz 1988d; Andcrson 1983). El lenguaje que emplearon blcs maneras de vivir la vida soci,d- las actividades del estado "es­
estaba despojado de tuda referencia local que pudiesen recono­ ti nrulau " alg'u nas de 1l1,U icra uuis o urcnos coerci ti'\:a, micn tras
cer los beneficiarios del reparto agrario; sus respectivas comuni­ suprimen, marginan, desgastan), socavan otras. Es~olarización,
dades, sus patrias chicas -pais,~es impregnados de trabajo, la por ejemplo, viene a querer decir la educación; la vigilancia,
lucha y los significados de gencraciunes- quedaban reducidas o urden; voto, participación política. Las clasificaciones sociales
refundidas como tantas)' tantas hectáreas de tal y tal categoría Iundamcutalcs, como las de edad y sexo, csuin sacralizadas por
de tierra para tal y tal tipo de uso (véanse en este volumen las la le)', arraigadas en las i nst itucioncs, vueltas rutina en los proce­
pp. E):1-94). diuricutos admiu istr.uivos )' simbolizadas en rituales de estadu.
Algunas formas de actividad reciben el sello de la aprobaci611 011­
Esos procesos v proyectos políticos)' discursivos pueden ilumi­ cial, en uuuo que otras se conxidcr.ui reprensibles. Ello tien«
nar muchos aspectus de ese campo de fuerza estructurado de ma­ cousecucucias culturales aClllllnlativas )' cuormcs, sobre la mane­
nera compleja. En lo que toca al estado central, esos aspectos in­ ra en que la gCllte se idc-n tifica [ ... ] a sí misuia v su "lug.u" cu el
cluirían las intenciones y luchas ele los agraristas que trataron de umuclo (1985; :), 4).
rcIo rumr "la" estructura agraria, y sus intentos de construir e incor­
porar a sus partidarios en el campo; en distintos medios locales (di­ Obscrv.unos todo esto en uucsuos ejcmplos de Chih uahu.i, en
galllos en Yuc.uán, Morclos y Chihuahua) un aspecto relevante po­ los cuales cl esuido central, a través ele sus rcgistros, iust.uicias y oli­
dría ser la recepción diferenciada), (para los agraristas) inesperada ciuas administrativas, reclama p;lra sí el poder de hacer nlapas c iin­
de sus reformas )' estructuras centrales. A partir del rechazo del poner instituciones uniformes y cciuralizndas sobre un medio rura!
ejido en :\'all1iquipa en 1926, el análisis puede desarrollarse en va­
ri.is direcciones -Iiacia "adentro", para un examen de las relaciones * SIIIII'.I .11r/1r' ['1'.J,

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heterogéneo. También podemos observar cómo las formas y los len­ tralizaclo y eficaz. También eso ha sido poco frecuen te en México. a
guajes de protesta o de resistencia deben adoptar las formas y los pesar de las intenciones, proyectos y declaraciones del estado y de
le-nguajes de la dominación para poder ser registrados o escucha­ sus funcionarios en diversos periodos. Tomemos, por ejcruplo. 1<1
dos. "Yvcnimos a contradecir" es un enunciado enérgico de solida­ evaluación que hace Romana Falcón (joseph y :-:ugent 199'1) del
ridad y oposición comunitarias, pero para ser en verdad dicaz se gobierno local a través de los jefes políticos del porIiriato. Una
dirige a las autoridades coloniales adecuadas, adopta (ritualmente) breve referencia a otros dos ensayos de este volumen refuerza este
los apelativos correctos)" el orden de presentación debidos para argumento: el análisis de Rockwell (joseph y l\ugent ImH) sobre la
dirig'irse a ellas, y es registrado en las oficinas coloniales correspon­ cnscúauza rural en Tlaxcala, con sus complejas tensiones en ue las
dientes. El enunciado reconoce e interpela al poder a la vez que pro­ metas del centro y las directivas y los esfuerzos de las élitcs y maes­
testa contra él, o bien censura el abuso o mal uso del poder, reco­ tros locales para atender y satisfacer las necesidades y demandas de
nociendo implícitamente un uso legítimo de ese mismo poder. En la los pueblos; y el examen que hace Mallen de los conf1ictos entre el
medida en que un orden dominante establece semejantes formas le­ estado central y los políticos locales en la Sierra de Puebla y en
gítimas de procedimiento, en la medida en que establece, no un con­ otras panes, subrayando cómo el lenguaje, los propósitos y los pro­
senso, sino formas prescritas para expresar tanto la aceptación como yectos del liberalismo van sufriendo inflexiones específicas a medi­
el rlcscoruemo, ha establecido un marco discursivo común. da que se insertan en las relaciones de clase y en las alianzas políti­
Sin embargo, hav que subrayar el carácter problemático y frágil cas regionales y locales.
de tales marcos. Empezando con el nivel lingüístico, los marcos dis­ Cada caso revela maneras en las que el estado, que nunca deja
cursivos comunes -"un lenguaje o manera de hablar común acerca de hablar, carece de auditorio o, más bien, tiene diversos audito­
de las re luciones sociales"- his tóricamente son muy rarosy n un<:a_.s~ rios que oyen cosas diferentes y que, al repetir a otrus auclitorios lo
liau logrado en l\kxico. De hecho, los sociolingüistas se orientan que el estado dice, alteran palabras, tonos, modulaciones y sig­
cada vez m.is a analizar situaciones bilingües en las que interactúan nificaclos, lo que difícilmente se puede considerar un marco dis­
los grupos sl'bordinados y dominan tes. Así, examinan los diversos ,I cursivo común.
contextos en que los "lengu,Des de la solidaridad" pueden ser em­ Pero entonces, ¿qué utilidad tienen los análisis de la hegemonía
picados por grupos subordinados (véansc, por ejemplo, Cal 1987;J. II o, como me parece preferible decirlo, del "proceso hegemónico"?
Hill 1985; Woolard 1985). Ya en ese nivel, los procesos hegemónicos I Recordemos que el arquitecto original del concepto lo utilizó cu
pueden romperse. (Eso brinda, también, un importante punto de parte para comprender por qué la burguesía piamontesa no logró
. entrada para el análisis de los procesos hegemónicos, ,para un exa­
men de las políticas lingüísticas del estado: sus intentos de pI=-omo­
j encabezar y formar un estado-nación unificado. Para Gr.uusci, el
valor del concepto en ese particular acontecimiento residía en que
ver o imponer la asimilación cultural y lingüística a través de una iluminaba las líneas de debilidad y división, de las alianzas .uu or ías
lengua "nacional" común o, alternativamente, la promoción o protec­ I Iy de las fracciones de clase incapaces de hacer que sus intereses
ción de institutos, prácticas y literaturas bilingües o multilingúes. En 'ipaniculares se presentaran como los intereses de una colectividad
cada caso, el examen de las razones estatales de fondo o enunciadas ¡,más amplia. Al utilizar en México el concepto de hegemonía, no
por el estado para tales políticas, y de las tensiones y luchas a las cua­ 'pretendo que vamos a descubrir de repente UIl fracaso similar. No
les están dirigidas esas políticas, pueden sacar a la luz tensiones polí­ obstan te, si concebimos un proceso hegcmónico y un marco dis­
ticas y culturales mucho más vastas.) cursivo común como jJroyectos del estado (inarticulados pero nece­
Sin embargo, también podemos explorar la fragilidad de los sarios) más que como logros del estado, podemos avanzar en nues­
marcos discursivos en otros niveles. Volvamos, por ejemplo, al aná­ tra comprensión de la "cultura popular" y de la "formación del
lisis de Corrigan y Saver sobre las maneras en que "los estados... estado" en Sil mutua relación.
afirman". Las formas de regulación y rutina a las que Corrigan y Para comenzar, podemos comprender esa relación de maue ra
Sayer aluden dependen de un estado extremadamente denso, ce n­ muy obvia en aquellos puntos en los que el marco discursivo co­

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mu u se rompe: allí, por ejemplo, donde las celebraciones nacioria­ FORMAS COTIDIANAS DE FOR;vlAClÓN DEL ESTADO:

les son vistas con indiferencia y las fechas o lugares significativos a ALGUNOS CO,,-lENTAR10S DISIDENTES ACERCA

nivel local (el aniversario de un héroe local, el lugar de un entierro DE LA "1 fEGDIONíA"

o de una batalla, los límites de una antigua concesión de tierras) • Derek Sayer
son scúalados o venerados; allí donde, en otras palabras, ellengua­
je v los preceptos del liberalismo adquieren acentos regionales.
Sin embargo, sería erróneo ubicar esos puntos de ruptura -r-O la
problemática relación entre el estado hablador y el auditorio dis­
traído- en un simple modelo de poder que propone una oposición Es muy difícil aúadir algo a una compilación de trubajos ' como és­
cn tre "lo dominante" y "lo subordinado", o "el estado" y "lo popu­ ta, que es extraordinariamente rica, tanto curpírica como histórica­
lar". El campo de fuerza se vuelve mucho más complejo a medida mente, no estando Iamiliurizaclo con su tema, la revolución mexica­
que LIs leyes, preceptos, programas y procedimientos del estado na. y resulta todavía más difícil si, como yo, se tiene un profundo e
ccutrul son aplicados en regiones particulares, cada una de las cua­ inherente horror a la abstracción, horror que proviene de una con­
les se caracteriza por diversos patrones de desigualdad y domina­ ciencia creciente ele su integración a las formas características mo­
ción, que a su vez SOIl los productos sociales, cuyas configuraciones clcruas del poeler. Pues existe cierta afinidael entre las formas del
so n únicas, de procesos históricos que incluyen relaciones y tensio­ poeler y las formas elel conocimiento sobre la que volveré más acle­
nes previas entre centro y localidad. lan te.
Así, e 1 mérito particular de esta manera de en tender el proceso Creo que lo que resalta con la lllayor fuerza en estos ensayos es
hegemónico es que sirve para dibujar un mapa más complejo de un la complejidael misma de los asuntos a que se rcfiercu. Me pareció
campo de fuerza. Al concentrar la atención en los puntos de ruptu­ que sería útil repasarlos y observar cuántas definiciones distintas de
ra, es clccir, en aq uol las áreas donde no puede lograrse un marco hegemonía podía encontrar, pero en un momento darlo desistí.
discursivo común, sirve como punto de entrada en el análisis de Este problema surge con casi tocios los conceptos -elc e~taelo, cultura
\111 proceso de dominación que da forma tanto al "estado" como a popular y revolución- sobre los que se organiza este volumen.
la "cultura popular", Ése es también -vale decirlo- el mérito par­ Muchos ele estos artículos posecll una densidad empírica, una insis­
ticular de los ensayos de este libro. Al tratar de vincular la cultura te ntc es pccificidad so bre elisti ntos lugares y épocas que escapa una
popular con la formación del estado, estos ensayos desafían las no­ y otra vez a las categorías analíticas que tratamos de imponerles.
ciones aceptadas en ambos campos. En estos ensayos, la cultura po­ Tienen muchos cabos sueltos, y éstos me pareccn lo más interesan­
pular 110 es un depósito intemporal de los valores igualitarios tradi­ te. De manera quc no voy a tratar de ciar nada que pudiese unificar
cioriales y auténticos, y el estado no es una máquina de fabricar -en ningún scnticlo- lo que se Ita presentado en los capítulos ante­
consensos. Vinculando a la cultura popular y el estado, y dándoles riores. En lugar ele eso, quisiera ofrecer algunas ideas mías, inspira­
Io n na, hay un campo de fuerza multidirnensional y dinámico. das por esta colección de ensayos.
El iutcrc.un bio ele trabajos cscri tos y discusiones q uc cond IUO a
la elaboración cle este libro inventó categorías como posrevisiouis­
lila y ucopopulism o (¿un pequeño ejemplo de las Iormas cotidia­
n as ele la formación del estado?), a través de las CHales el libro que
l'hilip Corrigan y yo escribimos se vio elevado a la catcgoría ele algo
llamado marco teórico. Ahora bien, nosotros nunca co nsiclcr.unos
que Tite Creat ilnlt [El gran arco j-' ofreciera una teoría del estado.
Es cierto que hay en él algunas ideas sobre cómo puede estudiarse
ese objeto -sea lo quc Iuere-, pero en cuanto a las teorías q ue ofre­

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