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Educación públicas = ,~:'ÍQr,

hegemonía cultural y crisis de represent ;~,<?~

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Miguel Ángel Herre'° Zg•ib Investigador

Marco Aurelio Herrera Zgaib

Coinvcsl igador invitado

Grupo Presklmciíllisrno y Partkipoci6n

Semill<ro de h,•estigaci6n

Historia Social y Política de las CI•~• Subalttmns.

Proyec to Hegcmon íu )' Controbtgerrn>nlas tn 11 Subrtgión Andina Amaronlu

3.

4.

Educación superior y revoludón pasiva 1961- 1967

El proyecto hí brido de Un cambio de rumbo

. El Plan A1con r la resislencia a la Hegemonla

La proletarizac16n de la clase

El nacimientodela FUN La rebelión en las artes y lelr3S El periplo del Plan Atcoo en Aménca

El tiempo de la cris is

la universidad privada

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media

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Latina

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Ensa)'llndo la refo r n1t en Colombia, 1968 -1 984 El mayo francés y las luchas i111emacionaliS1as.

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Un desenlace ambivalente

 

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La universidad rebelde

 

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Un cogobiemo

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Conclusiones

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Glosar io de siglas

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Introducción

E l examen del proceso educativo colombiano desde la perspec1iva de la educac ión superior como vértice de la pirámide socio-cultural implica de suyo determinar

ciertos elemeolOS conceptuales que tienen su origen en la obra de Antonio Gramsci. La referencia nuclear de iodo es 1anto la categoría como la praxis misma de la hege- mo,1/a, porque nos permite integrar et análisis espacio 1emporal de un sis tema hege-

mónico cultural. en alguna medida anacrónico. como lo es el colombiano. asumiéndo- lo de un modo especifico a partir de la relación prob lemática entre la mtele¡:tualidad y

la

organización de la cultura nacional de " los muchos", de "la masa de los simples"'.

Un excurso teórico concreto

Implementar la hegemon ía como noción ordenadora y an alítica pnncipal impl ica re- visar una trad1c16n teórica y práctica de cuño marxista. que empieza con los primeros estudios del célebre marxista ruso Yuri Plejanov. quien intercambió discusiono!S con los padres fundadores de esta teoría social y política revolucionaria en sus tiempos de exilio. Entonces, empc-zó a unlizar él. sin un rigo r específico, la hegemonía para tratar de caraclerizar las luchas de la socialdemocracia y las corrieoles que rivalizaban con

ella, en 1<:ontra de la autocracia zarista.

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Es Anton io Gramsci qu ien afirma que la hegemonía es 10,Jwla in nuce por Vladimir Ilich Uliano•, Lenio, y aplicada en la resolución exitosa del contradiciorio proceso de la Revolución Rusa, al que se refirió como un proceso de revolución ininterrumpida, en el cual el proletariado, eo minoría numérica manifies1a en relación con el campesi- nado recién liberado, era el dirigente, el conductor de los grupos y clases suballernas

poder que la sostenía. tanto en

para derrocar a la autocracia zaris ta y el bloque en el lo interno como lo extemo.

Al respecto, el propio Antonio Gramm desde los t iempos en

sayo agitacional. lo Revolución Conlrú El Capital, empezó a recuperar y profundizar en el enrendirruento y en la acción política revolucionaria la significación para la praxis

de tal vocab lo. El resultado de tales reflexiones tiene una primera prueba analítica en su ensayo Algunos iemas ~bre la cuestión meridional', pero Se profundizara en las

diversas, profusas y diSpareS nofllS que Antonio Gramsci produjo durante su estadía en las cárceles italianas. y que se conocen como los Cuadernos de la cúrcel, cuya más cuidada edición se·realizó por parre de una comisión de estudiosos intcmacioaa.les presidida por Valentino Gerratana, y que apare<:ió en lengoa italiana en el afto de 1975.

que escribió su corto en-

Tomado de una de aquellas notas -la que Gramsci riruló A1tá/isi;· de situaciones. Re- lociones de fuer:a.,, y en la que entra eo polémica, entre otros, con Gaetano Mos- ca- su escrito Elemenri di sci,oea político, -uno de los primeros libros publtcados con pretensiones cientlficas- , aparece el tratamiento de l problema de la hegemonía

acampa/lado de una cita pre,ia de la l11trodr11Xi6" <1 lo Critica de la eco,wmia política

de Carlos Mane. En aquel ensayo, en la parre correspondiente a las relaciones de las li.o:,-zas políticas, dice Grarnsc, lo siguiente:

Un tercer momenro es aquel en el cual ,e llego a la concie11cia de 91,e los m,s, mos intereses ccrporarim propios, tn su ~arrollo oc11,oly futuro, sicperan el

ómbiente corporariw,. de g1llpo meronwnre eccnóm,ca

mricurmeme polirica, lo cual inJ,ca el paso claro de la esrrn<:tura a la esfera de los s~-esrructura., cmnpk]os: es la fase ei, la cual los idrologia., mlll/$

germinadas se hacen ''ponido

de tllos, o. pOf lo 1/li!IIOS. una sola combinación de ellos, tiende a pm'tlkce,:

a impon,rse, a difundirse por ,oda el m-ea social

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gr11po dominante se c.oordi"'1 c,,ncrttomtn~ con los /Jirereses geltt/ralts de los grupos s11bordu1ador.

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Queda claro que la hegemonla es construida por 1m grupo social fundamental . En la moderna sociedad burguesa, antagónica en su constitución objetiva, son dos los grupos fundamentales, burguesía y proletariado. De ahí se desprende la lucha, cuando menos. entre dos hegemonías: una que es dominante y dirigen te de un bloque histónco, que en este caso es la que articula y expresa los loteo-eses de la burguesía, y la clase con la que rival iza y ancigoniza conslruyendo una contra•hegemonfa. Es decir, hablamos del proletariado. que, corno sujeto histórico cole<:civo, configura una hegemonía revolucio- naria Todo ello aparece primero ejemplificado en el proceso de la revolución rusa, y la hegemonía creada por el parttdo socialdemócrata y su mayoría, los bolclteviques, bajo la conducción de Lenin. Despu~ vino la experiencia del rracaso de la expansión de la revolución socialista en la oleada que le sigue, y en particular lo que ocurriría e11 Italia. Allí Gramsci y el grupo del Ordíne Nuovo inlenlan una revolución como en Rusia.

Después del fracaso revolucionario. Gramsc , es1JUctura un principio de explicación para distingu ir lo que él llama Oriente y Occide nte. Él encuentra una causa en el desa- rrollo desigual de sus respeclivas sociedades civiles. La primera, primitiva y gclalino- sa, no consol idada en Rusia, eo oposición a las sociedades civiles occiden tales, donde éstas obran como las trincheras y casamatas de la sociedad burguesa. Ellas tienen que ser "conquistadas", an1cs de confronta!' al Estado en su sentido estrecho, a la sociedad

política como tal con su fundamenla l función represiva

y coercitiva.

En un nuevo ftorl:cimiento de un periodo revoluc ionario en Europa y el mundo, duran- te los años sesenta, la llamada por el politólogo Samuel P. Huntington como la fe,tera ola demoo'árico, la cuestión de la ltegemonía vuelve a ser central en la discusión

política de refonrus tas y revolucionarios. Quedan bien expresadas tales discusiones y su significac ión práctica en los textos pol6micos de No rberto Hobbio. Ernesto Ladau, Perry Andcrson y, en fecha mucho más recieme, lo escrito por Slavoj Z,zek, Judith

Butler y Ernesto Laclau en el libro Contmgency. Hegemony, Uni

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Los últimos eslán preocupados por la pérdida de centralidad del sujeto proletario clá- sico. resultado de la emergencia de un sinnúmero de nuevos mo,1m1entos sociales: de las mujeres a los estudiantes, los migran1es, las minorías étnicas; que tienen evidentes potenciales revolucionarios y cuyo activismo cuestionó las burocracias sindicales y partidistas, denlrO y fuera de las experiencias soc ialistas. La base del nuevo diMogo partió del texto Hegemonía y estrategia soc,a/1sta, escrito por Lac\au y Moulfe en 1985. Así lo consignaron los nuevos interloculorcs en la inlrOducción de su lexto, señalando que dicho trabajo · representó un giro a la teoría postestrucmralista dentro del marxismo. uno que tomó el problema del lenguaje ser esencial a la fonnu lacióo de un proyecto antitotalitario, democrático radical'''

Hoy tenemos en lo fundamental dos bandos teóricos con efectos políticos, que discu- ten sobre el estatuto teórico de la hegemonía y sus significación para la praxis. habida consideración de su can\cter siempre incompleto. aunque la negatividad de lo SQCial, su pluralidad, se operac1onaliza en el corazó n de la identidad que hace posible la exis- tencia de un detenninado suJetO social. Uno es el bando liderado por Laclau, quien la refiere en términos de 'ºdislocación'" y que teorizó como posición de sujeto apoyándo- se de modo principal en lo dicho por Derrida y Wittgenstein De Olra parte tenemos la posición que deriva la problemática de la '"incompletel°' eo términos materiales, recurriendo a lo real lacaniano. como es el caso de Slavoj Zizek. quien incluso reloma

a Hegel p:ll'& esquivar el enfoque derrideano.

Dicho lo anterior, conviene también destaca, una suerte de tercería en discord ia que da cuenta <le la diíerencia inesolub lc entre identidad e iden1ificaci6n como definitoria para la constitución <le los sujetos. ~ un lado está Judith Butle~ quien acude a otro enfoque de lo negativo en Hegel, articulado con aspee los tomados de Michel Foucault

y el mismo Offnda. Está también el caso atípico de Negn, quien no tiene una raigam-

bre teórica gramsciana parn disc:ut,r el tópico de la hegemonía. pero quien -en lugar

referencia a un nuevo

su;eto potencialmente revoluciorwio, el obrero social. el proletariado social que es resu ltado de un hallazgo teórico de Mario Tronti . fruto de su estudio de la industrial i-

del proletariado clásico como universal idad nuclear- propone la

zación italia na de los a~os cincuenta y sesenta.

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Negri, a parlir de esta contribución, reelabora posteriormente la categoría de

un suJetO de alcance universal, clasista, para lo cual se vale de los apones de Pablo

mu ltitud,

Virno y Maurizio Lauarato, con quienes igualmente hay aproxunaciooes pol~micas.

~ vuelta a\ meollo de la pregunta que se busca ~ponderen es te libro, a propósito de la hegemoma cultural y la crisis de la represen1aci6n polltica. tomamos por centro las transformaciones de la educación superior. Entonces, el análisis se construye a part ir del enfoque sistémico de la complejidad sociopolitica implicada por el término hege- moola. Como se sabe, ella nos refiere el complejo de las superestructu ras. la sociedad

civil y la sociedad política modernas.

En esta articulación asimétrica, en la cual se despliega la lucha de cl~s. buscamos examinar, de una parte, el tránsito a la es talización de la educación, que en Co lombia como en Italia estuvo confiada primero al monopolio de un organismo privado. En Colombia, la Iglesia catóhca tuvo ese papel protagónico antes y después del Concor- dato fim1ado enlrc el bloque histórico de la Regeneración y el Vaticano, con la inte- rrupción producida por el inlerregno del radicalismo que expulsó a las comunidades religiosas y les confiscó sus bienes matenales: y d io pasó al laicismo en la educación que tuvo comienzos ambivalentes desde los inicios de la independencia de España

A partir del siglo XIX, ambas formaciones sociales. Colombia e Italia, experimenta- ron t al variació n que qb r a en provecho de la e d ucación pública. prov i sra ahora por ca- pas intelectuales medias, laicas que de~11lazan la hegemonía religiosa sobre los cuer- pos y meu1es de los muchos. según el caso. ~n Colombia. el cambio de hegemonía se derrumbó al triunfar el proyecto capi1ahsta regenerado r reaoctona rio, que, por ot ra parte, en Italia condujo a la hegemonía de los moderados cooduc1dos por el prínci pe Cavour. y donde la forma republicana plena queda reprobada. Ame ello. Gramsci afirma que las condiciones de su pais respondían a la "necesidad de un control por parte del Estado para elevar el nivel técnico-<:ultural de la población respondiendo

su;eto a una lógica de

dependencia entre la periferia nacional y los centros del capilahsmo mundial durante

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asi a las e~igencias del desarrollo de las fuerzas productivas'

los siglos XIX y XX.

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de tejer e l bloque his-

tórico oligárquico, primero que todo apoyándose en la func ión cumplida por determi-

nadas capas intelecruales especializadas en la educación de los simples, abajo, y en los grupos intennedios, como parte y dirección del siStema hegemónico. Tal estrate- gia permitió que el incipiente bloque de poder urbano centralizado coneclara lo rural atrasado, pero definitivo en materia de acumulación primitiva, durante los tiempos interrumpidos de bonanza moooexportadora.

En Colombia, la hegemonía cultural obraría, en cuanto fonna

De ese modo se encauza ba el fütio de las mercancfas en los espacios regionales, a través de incipientes burocracias privadas y pübli= vinculadas a los negocios de agroexporiación y explotac16n mmera. Asi empieza a configura~• et mercado nacio- nal de modo paulanno, en lo general, con predominios diferenciados en lo regional de burguesías comerciales que se alían con los poderes bacendatarios; casi todos alin- derados políticamente como libtrales, radicales y conservadores, quienes al final de la segunda mirad del siglo XIX dirimen su primacía en los campos de batalla de la Guerra de los Mil Días.

Precavemos que en el análisis de la hegemonla cultural y la contra-tendencia de los

grupos que se le oponen desde abajo, como ocurrió con el caso de la rebelión e in- surrección de las denominadas "sociedades democráticas•·, no se incorporen pseudo rupturas en el análisis materialista del proyecto educalivo superior. y que tampoco se ignore en el análisis del en1ramado instuucional que lo conforma desde la indepen-

dencia nacional Tampoco es posible permi tir la reasunción de e1apas ya pericli tadas,

movidas por la tentación anacrónica que nos oscurece la compre11$ión de la apari- ción de lo nuevo en la construcción de las superes1ructuras complejas y porque nos 1mp1de el en1endi1niento de la fonruici6n de la moderna sociedad c1v1l en Colombia, el lug¡ir privilegiado del eJereicio efectivo de la hegemonía cultural que posibilita la configuración de un nuevo bloque de poder que modem,za el compromiso trad icional oligárquico mcorporando a capas medias a las tareas de la dominación y del consenso ejercido sobre las multitudes

Aquí queremos explorar y explicar el lugar que para la dominación ocupa la conso- lidaciún de una de1em1inada hegemonía cultural como un componente necesario del desarrollo cap11alista, donde elan1agon1smoentre gobtman1es y gobernados nos reve- la las inagotables luchas de res1s1encia. así como contesiaciones contra-hegemónicas

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1 ~

y anu-hegemónicas que dieron existencia y constitucion al campo de la cultura. así como el asentamiento, la efectiva personería de deternunadas capas intelectuales que

pasloral liderada por figuras tanto renovadoras como reac-

cionarias, en procura de la igualdad social, o en defensá de la organización eslratiflca-

cumplieron con la func ión

da, y la salvaguarda de pnvileg1os ancestrales combinados con la estrucrura de castas y linajes ibéricos sobreimpucs1os a las comunidades nattvas.

Reconocida la complejidad de la lucha por la igualdad social, el libro se concenlra en descnb1r y explicar el proceso de la educación superior estt1diando de modo preferen- te la io1electualidad y la organización de la culrura colombiana. El acen10 está en el proceso educativo que se extiende durante la mayor parte del siglo XIX y XX. Exige la crítica de la diversa y concreta experiencia de las luchas reales de las comunidades ed11ca1ivas en las escuelas y colegios, que corona la movilización y la protcs1a de la universidad pública y privaila. como un subsiste,n.1 del SIStema hegemón,('() cultural que se caracteri7,a por sus tensiones y conflictividad siempre latentes.

Todo ocurre en el seno de una soc1ed.,d cuyas fonnas de asociación experimentan el trance de la modernizac ión capitalista. no neutral. conflictiva. Es una d1nám1ca huérfana'. marcada por las tensiones entre autorilllfismo y democracia, las cuales le fijan una dirección y un senhdo siempre precario al rumbo de la dominación sobre los grupos y clases subalternas que la resisten de múlt iples fonnas.

Esta sociedad es atravesada por contradicciones y a111ago11isnvns específicos que la constituyen. los que se descubren durante el periodo de vdn tiún años que explora la transición de la educación superior en Colombia, a partir del reformismo ensayado en la Universidad Naciona l de Colombia. Este es el punto nuclear de la ,nvesti¡¡a- ción que se retrotrae a las condiciones de posibilidad y las luchas que la configuran y cons uruyen, cuando los grupos y las clases que sufren un ¡,roceso de revolución pasiva capitalista res isten los dictados de disciplina y control que despl iega el blo- que en el poder mediante el proyeclo político del Frente 1'ac1onal y su desmonte

lragicómico.

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El desarrollo de la educación superior y las cnsis que lo atravtesan soo analizadas en este texto. básicamente, al enfrenw la tranSición de la educación superior en Colombia, en

lérminos de hegemonía y crisis de

~ntacióo enmarcada por el periodo 1961-1985.

Tiene como ya se anunció una referencia bmóñca que es n~o estudiar, en relación con el desarrollo dependienie de la fonnación social C3pitalista colombiana en el plano

de las superestructt1ras. en la inttracc1ón entre sociedad política y sociedad civil

Nuestra SOCtedad está cntroni2ada, ruticulada a Wl sisiema de relaciones internacionales que, en ténninos de dependencia, begemonizan los EEUU. y sos gobiernos en la macro- región lat inoamericana, con la excepción de Cuba. Es una era sign3da por la bipolaridad iotcmocional, con la existencia de varios grandes bloques relativamente aniagónicos en to- dos los niveles, pero coexistentes. y en disputa por la conducción y el control hegemónico mundial y el afianzamiento de sus zooas de influencia en lOdos los campos.

De hecho, la realidad de la escuela en su nivel superior experimentó tales condicio- namientos, no eniend,dos como una camisa de fuerza. ni como la repetición al pie de la letra de un li b reto de antemano ensayado. La educación superior. con sus act ores colectivos, sm embargo, no se apartó en sus grandes lineas de lo acaecido en otras latitudes, con el agravante de no ser Colombia, en ténninos burgueses. una formación social autóooma, sioo que, por el contrario, surgimos a la modernidad en la peri feria capitalista y en un cuadrilátero de fuerzas suficientemente definido. en donde los pa- peles protagóntcos se encontraban claramente repartidos; y a los que la República se plegó, al fin de cuenras, sin muchas aheruativas eficaces.

El acento de este trabajo, sin embargo, se produce en lo que liene que ver con e l de· nominado proceso de la hegemonía. cal y como fue pensada por Antonio Gramsc1 en los Cuadernos de la cárcel. Un proceso ejercido por Wl determinado bloque hist órico dominante y la cnsis de rep resentación que lo afecta; y cómo deterrninado(s) grupo{s) y clase(s) social(es), que acompañaron el surgimiento y desarrollo actual del capita· lismo como una formación social concreta. y en el caso colombiano que se examina, construyen este proceso hegemónico en el plano de la moderna sociedad civil, de las

supeiestr11cturas complejas.

La educación es aquí es tudiada desde la

pe rspectiva de una sociología críuca de la

cultura. más punrualmentc, introducimos un enfoque materialista de los intelectuales

16

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y la organ1zaci6n de la cultura en una forroac ión social capitalista dependiente, pero con una definida unpronta política que no rehúye ver cualquier iniciativa cultural des- de el horizonte de afianzamiento o quiebra de tal poder de clase.

En e l análisis no se escatima la importan<:ia de la 1nfraestruclura, ni se afinna con ceguera la predominancia de ésta, sino que se aborda el problema de modo integ¡al

enía tizando metod ológicamente el

midad con la indicación m,todo lógica yamsc,ana para el estudio de la fonna Estado burguesa en una vía no revolucionaria, como en efecto ocurrió tanto en la halia de Ri- sorgimenlo que coronó el fa.seismo, y el pacto bist6rico entre la democracia cristiana y el partido comwi1Sta, como ea Colombia, donde el proceso de configuración infra- estrucrural del capitalismo se tramitó a través de tres periodos politicos espccificos, la Regeneración, la Violencia y el Frente Nacional, sin que la hegemonía se haya podido

ll amado 'momenlO de la hegemonía", de confor-

normalizar hasta nuestros días.

En el análisis

perior, estriba la singularidad de este enfoque. Por qué no deci rlo, aquí se afinca la originalidad de esta pesquisa sociológica y política centrada en la problemática de la constnicción de la hegemonía en el plano de la sociedad civil colombiana del siglo XX, después de cincuenta al\os de disputa entre radicales y conservadores, que se resuelve en el híbrido de un republicanismo capitalista bajo tutela religiosa de las

mentes de los sünp les, todo lo cual hace eclosión el 9 de abnl de 1948.

de la cultura nac ional desde el borizonl< de la educación formal su-

El análisis prueba. a la vez, tanto la comprensión como el poder heurístico de la f,losofia de lopraxis Rescatando un mattrialismo histórico no deterrn inistico, que proviene de la contribución de An tonio Gramsci y sus con ti nuadores, quienes criticaron el paradigma positivisia sin concesiones. Pero, éste es también un diálogo contemporáneo con loo saberes sociales modernos hegemonizados hasta hace muy poco por la 11tvolucio11 bt· haviorista que afioca primero , n la Psicología, la Sociología y la Ciencia Política. y sus variantes m{IS acruales, donde el posittvismo encama nuevas traosfonnaciones.

Un poco de historia universitaria

Esta revolución conductisia tuvo expresión y manifestaciones concretas en la acade- mia de la Universidad Nacional, a partir de la segunda mitad de los ai\(JS cincuenta,

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en los estudios sociales. y acompañó en parte el proyecto refonnista en la educación univemtar,a y la disputa de los s~bercs que ella trajo consigo.

Pero la realidad presente de la educación supeñor en Colombia. y de la escuela en panicular, con el despliegue de una nueva refonna. la propuesta por el rector Pati- ílo. hasta lo acon1ecido después de 1985. sigue comportando visos de tragedia y de comedia. En cieno modo, lo que ocurre se relaciona con lo que ha locado nueslras vidas en ténninos de luchas personales y colectivas, del modo que las experimenta- mos juntos en el ámbi10 de una universidad privada y confesional, la Universidad de Santo Tomás, donde los au1ores de esle 1ex10 estudiábamos las carreras de Derecho y Sociología, y luego su secuela en otros espacios universirarios.

Era la d~cada de los wios se1en1a y participábamos del último co!L1aw de un nuevo ciclo de luchas por la au1onomia universitaria, que cueslionaba y enfrentaba la inJe- 1encia del Plan Alcon en la universidad colombiana 1oda, como expresión de colo- nialismo intelectual, para reco rdar un ensayo del sociólogo Orlando Fals Borda; y levantáb<lmos como bandera la consigna de la escuela nacional, laica y única.

F.ntonces yo era un joven mlli1an1e de la Umón Revolucionaria 5-0cinlisla. Fui expul- sado de la Universidad Sw1to Tomás, después de una prolongada jornada de paros con ocupación de la sede principal, de donde fuimos sacados con una escolla policial a la madrugada del úl!imo d1a de aquella ocupación. Todas las manifes1aciones de i,quierda estaban allí represemadas y desocupamos las instalaciones pacificamenle, hennanados en la derrota.

Dcspu.:s vino el proceso de Juicios disc,plmanos a los ,encidos. Esa vez me declaré

en pública conuunacia. con

Aureiio•. con quien hemos escrito este texto que ahora presentamos, qmen sí acudió a aquel lribunal const1u11do por el Consejo Universi1ario en pleno, le fue anw1ciado por carta, que no podía continuar en el clauslrO de los dominicos du rante el siguiente año de 1976

algo así como 32 cstudiunlcs más A mi hennano, Marco

Marco Aurelio concluyó sus es1ud1os universttanos como sociólogo en la Universidad lndesco de la pnmera tpoca. Yo fui aceptado en el programa de Derecho de la Univer- sidad Ubn!. despué; de habe, recoirido ,arias univer>idades, incluida la Nacional. En

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la Umversidad libre no solo me gradué en el año de l 978. sino que animamos. con varios estudiantes de Derecho de las Umversidades Libre y Santo Tomás, un doble proyec10 co lectivo inspirado en la obra de Gramsci.

Tal fue el Circu lo de Crírica Juridica Antonio Grarnsc i acompañado por un eJercicio profesional de ribe1es sociahs1as utópicos. La Sociedad Jurídica, lo denominamos, y con el correr de los años se disolvió dando paso a nuevas aventuras profesionales y acadtmicas de sus integran tes, individualmente desag!'egados por dife rentes expecta- tivas, no sin ao1es haber ensayado una experiencia po!ílica regional que denominamos Avan,.ada DenlOcnllica Cívica y Cultural; que nutrimos por cuatro aftos, has1a que la disolvimos en mano de 1986, después de una segunda participación elec1or•I con una lista para el Concejo de Girardol, donde cc,1tramos nuestro ejercicio político y juridico alternativo.

Aquella expulsión de la Unh·ersidad Sanlo Tomás en 1975 la volvieron a recordar

los grupos opuestos a los cambios ción académica. ética y financiera

cuando tuve el honor académico de ser rec1or in1erventor de la Universidad Libre de Colombia, en la que mi padre había esuidiado y se había gradW1do como abogado en la p1omoción de 1938. Era el tiempo cuando dirigía sus deslinos Jorge Eliécer Gai- tán, florecía la nueva escuela de Derecho penal y los pro)'CCIOS revolucionarios de la UNIR habían sido abandonados, para regresar el líder de aquel proyecto reíonnador

en lo agrario y sindical al Panido Liberal.

en L, Un iversidad Libre,

afectada por la corrup-

mós severa experimentada Era el año de l 993.

En un desplegado pagado en la prensa nac ional, cuando fue confinnado mi nombra- miento como rector in1erven1or por la Concilial\J111 de inte"~nción, me seftalaron de modo confuso por mis coov,cciones de izqu ierda, aquellos, entre docen1es y eswd1an1es que se preciaban de sus convicciones dizque demoaálicas y liberales. Buena parle de quienes no he vucho a ver desde entonces.

Era esta la reed,ción personalizada de una lucha cenienaria y una puesta a prueba de nuevo de la liberlad de expresión y de investigación en Coloinbia. Ahora, esto es, a inicios de la década de los novenla, cuando la nueva constilueión hablaba de tolerancia y participación. en uo espacio que se preciaba de su laicismo y libertad de pensamienlo. esta universidad se convenía en ba[l(.'IJ de pruebe de las refonnas posibles

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en la educación superior privada, cuando Antanas Mockus se hada célebre en la re· fomia de la Universidad Nacional, acudiendo a las herram ientas de la sociedad del e;pectáculo para contener a los radicales, encarándolos a campo traviesa.

Pero la Universidad Libre fue wl ~IO forjado por la masoneóa tiberal y socialista, en 1a que durante 10$ años veinte couflu)'ttO!l los esfuerzos pioneros de un general liberal, Benjamín Herrera, ilustre militsr derrotado en la &''•""-civil contra la Regeneración, y con ti el educador y cultísimo maestro de Sociologla, César Julio Rodrlguez. El primero se b\ZOcélebre en la arena nacional al presidir la Cooveocióo Liberal de !bagué, a la que lo- gró integr•r uo dcstacadisuno grupo de socialistas colombianos a cambiode la promesa de un programa social y político que aún no se cwnple eo su.i enunciados más fundamen1llles.

Del rector, César Julio ll.odriguez, rescaté su memoria histórica -a partir de un testi- monio fiumliar directo de un egresado de la misma univemdad. el abogado Eduardo Mej ía, durante mi brevísimo paso como rector de la institución. Le dimos su nombre al nuevo edificio ane~o eo la remodelada sede principal, se ordenó un busto conme- morativo y escribí un breve ensayo biográfico. Era el tnbuto colectivo a un proyecto intelectual incluyente que hizo posible que un joven ávido de ciencia e ideales se

su

hijo. cuarenla ados más tarde, también lo lograra después de hab<.-r sido e~ulsado de la carrera de Derecho que cumba en la Universidad Santo TomM, sede de Bogotá.

graduara como abogado al servicio de la causa de los humi ldes, en 1938; y que

Después renuncié como rector interventor de la Umversidad Libre, nombrado duran- te el gobierno que sancionó la Consti tución de 1991. porque me esperaba un pleito desigual de caráclcr jurídico contencioso admmistratho que venia prosperando silen- ciosamente, m1emras yo adelantaba acciones de refomia. Había alcanzado en tres me-

~ a enfrentar el ftagelo del clientelismo más hirsuto y vergoovinte, que había promo- vido un rector convenido en senador, y cuyo legado sus opositores no habían querido finiquitar, en panicular, la descomposición culrural y moral de los dire<.1.ivos de la sede de Barranqullla, quienc., pennitieron la compra de cadáv~-res de mdigentes y N.N.

Estos cadáveres "anónimos" eran provistos a los estudiantes practicanteS de Medici- na. y los procesos habían que<lado refundidos en lo, anaqueles de los juzgados basta el día de hoy. En espera de que se pronuncie la comisión que trabaja hoy por reconstruir la verdad de tantas besualidades e indemnizar a los herederos de las víctunas.

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Reinicié mi tarea docen te en la Universidad de los Andes, donde ingresé como pro- fesor ocasiooal en el Depanamento de Cien<:1a Política, y permanecl por un periodo de cuatro al\os en los programas del pregrado y la maeslria, hasta cuando no me fue renovado el contrato de trabajo, luego de que resu ltara escogido por los esrudiantes de Ciencia Política como el mejor docente en los dos semtStres de aquel ai\o de 1998.

Fue la oportunidad para conocer de modo directo el devenir de un proyecto educati- vo modemi-lador animado en sus orígenes por Mario Lasema y Albcno Ll eras. Una propuesta privada que rivalizaba con la universidad pública, la Nacional que dirigió el maestro Gerardo Molina, cuya labor se interrucnpió después del desastre histórico de 1948, cuando fue mtcrvenida y puesta al cuidado de una autoridad castrense.

De la Universidad de los Andes salí cuando se coronaba una nue,-a reforma en su interior, dictada por los aires neohberales que impulsó la rectoría de un ex ministro de Hacienda. RudolfHommes, primero, y después la de un ingeniero. El episodio mismo es una le<.·dón en término del gobierno de las univemdades. El decano era quien hoy

~denuncia" los desmanes autontarios del acrual presidente.

Antes. aquel sociólogo de la polilica aparecía en mi visión académica con el sopone de ser un reconocido esrudioso de los temas de la democracia y el clien tehsmo, par- ticipe destaeado de la fundación del lepri en la Universidad Nacional de Colombia. Pero en los affos noventa él estaba plegado a los aires de la contrarreforma. Sus impli- caciones, las de esa contrarrefomia. senln objeto de un esrudio posterior.

universi tarias. Entre ellas la de la

Universidad Javeriana, cuya Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internaciona- les hizo posib l e la pubhcación de m1 pnmer lib ro. La participoclón y represe111ación política en Occidente (2()0()). Alli rne he desempeñado como docente catedrát ico en

Después conocí de modo directo otras experiencias

los programas de p0sgrado en vanas materias hasta el d ia de hoy.

Luego de mi salida de

de Ciencia Política, en el último semestre de mi enseñanza trabajé en paralelo en los progmmas de posgmdo en las materias de gobierno municipal en la Universidad Extemado de Colombia, debido a una generosa in,i1ación de Luis Villar Borda. con quien compai tía desde mis estudios de pregrado el interés iotelec1ual pemianente por

los Andes , donde resulté premiado como el

mejor docente

la vida y obra de Hans J<.elsen y sus crincos.

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Allí fui coautor del libro Régi111e11 de las emidades teiritoriales. tomo 11; y tam- bién vi vi de modo directo la expansión de este proyecto un ivers itario capitalista. que empezó proclamándose como Universidad Republicana, en los tiempos de otro joven ¡unsta y educador, supérstite del desangre de la Guerra de los Mi l Dias y opues to a la Regeneración, quien fue un Hde r mtelecrual de es te proyecto uni- versitario liberal, Nicolás Pinzón Walrosten, a partir de 1886.

Mi experiencia en e l Ex ternado, una ins tituc

con

diversas univers idades públicas europeas y norteamericanas. duró varios años. Era el mismo establecimiento que paradójicamente no aceptó mi solic itud de cul- minar mis estudios de pregrado después de mi expu ls ión de la Facultad de Derecho. Estuve allí hasta que el profeso, Vi llar Borda se alejó de la dirección de la maestría de gobierno y asw11os municipales y llegó a reemplazarlo un constitucionalista de nuevo tipo. un institucionalista con la vocación de juridicizar toda reftc.,ión polillca. Entendí que cn1 el tiempo de marchanne, empezaba el triunfo de una Regeneración

al revés en este ámbito que había nacido bajo el cobijo del radicalismo liberal, cien al'tos después.

ión con fuertes lazos internacionales

la nue,·a aven tura era mi regreso a la Universidad Nacional, de la que había sido pane fugazmente dun.nre los primeros meses de 1971 y que habia vimado de manera breve para pedir solidaridad de sus estudiantes cuando eStibamos en riesgo de perder el paro en la Umversidad Santo Tomás. Hice parte de una delegación estudiantil de denuncia y peroramos aquella mailana en una improvisada tarima en la vecindad del edificio de Sociología. Nos recibió un piquete entre solidario y curioso que escuchó nues tras dolamas en este 10sólito desceotrado mitin mananero en 1975.

la mía fue una encendida intervención a capela. y los efectos prácticos de esta visna fueron mínimos. 0 Qué podía pasarle a eso.s jóvenes pequeño burgueses, que aquellos cunidos y probados jóvenes revolucionarios no conocieran ya. después de haber pa- decido las ínclemenc,as y arbitrariedades de los llamados ''rectores polícias"? Estas dudas nunca las pude aclarar, pero sí quedaron grabados sus rostros escépticos y su

raquítico enrusiasmo.

Sín embargo, d esde la segunda mitad de los ai\os sesenta hasta la segunda mítad de los setenta, "la Nacho" fue 11n laboratorio de los nuevos movimientos sociales, que

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adquirieron carla de ciudadanía mundial en 1968, cuando se radicalizó el llamado movimiento revolucionario liberal y el propio presidente desarrollista Carlos lleras Restrepo fue agredido en los predios de la C iudad Blanca y se ocupó L1 Univers i dad militannente. Era una forma de recordar que este espacio no era más un claustro me- diocval y mucho menos que pudiera preservarse mih1am1ente, como. por ejemplo, acontecía en la primigenia experiencia de la Universidad de París según se nos relata en al\e¡os documentos.

Después se le dio paso a la experiencia urbana de l Frente Umdo, que alimentó la mo- vihzación de los estudiantes santandereanos organizados en Audesa, que marcharon a

Bogo tt

"la Nacho" ya hacia carrera la figura carismática de Carmlo Torres, quien ofici3ba al mismo tiempo en las aulas de Sociología y en la moderna capilla dentro del campus. E51o duró hasta que Camilo se marchó a ser parte de la guerrilla del Ejército de l ibe-

ración Nacional IElN), que apareció de modo espectacular en Santander; asi lo reg is- tró el periodista mex icano Renato Meléndez en un reporu,.je gráfico, que conocieron todos los lectores de prensa y los telwidentes. fate testigo aün vive y su relato está por re<:uperarse antes de que cumpla su últ ima ci ta

reed1tnndo de oa-o modo la rnareha comunera de finales de l siglo XVlll . En

De aque l fervo r cris ti ano marxista se desembocó en el populismo tardío anap ista, y de éste a su excrecencia radica l. cuando se perpetró el robo electoral de 1970 que acabó con la fementida empresa desarrollista proclamada por el liberalismo rrentenacionalista. Apareció como respuesta. no querida, la guerrilla urt,ana mas innovadora, heredera del mov imiento del AA, llamada Movimiento 19 de Abril que en la Universidad se expresó como la corriente "Sin Permiso", y se desparramó influyendo en todas las expresiones trad1c1onales de la izquierda que tenían asiento juveni l en la Nacho.

Lo dicho y anun ciado conshruye el humus de lo que aquí se estudia. Es parte de un es- fuerw de más largo aliento. la constructión de la historia social y política de los gru- pos y clases subalternas Una tarea que proponía An tonio Gramsc1 en sus Cuadernos de la cárcel como una contribución militante al estudio verdadero de la hegemon,a y como parte proposniva del entendimiento necesario de la derrota his tórica sufrida por la revo lución proletaria en Italia . En el horizonte teórico marc,-.d~ por la denomrnada filosofia de la pruis. qne él resCJ1taba de su antecesor Antonio 1 -.briola

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Un nuevo derrotero: la hlstoña política y social de los subalternos y las subalternas

A la Univemdad Nacional regresé sin habérmelo imaginado nuoca. Soy parte de ella desde el ailo 1998, cuando empecé con lo que de modo eufemis1ico se define en la escala docenle como profesor ocasiona~ que es la fonna tradicional de iniciar una carrera universi taria desde abajo y con las más leoninas garanuas; y cuando, por su- puesio, no es uno un alwnno de la instirnción que empieza actuando como moni tor.

Entonces exis1ía ya la recién creada carrera de Ciencia Polhica que le parecia a los abogados tradicionales una hibridación inaceptable, o cuando menos incómoda en el seno de la carrera de Derecho. Y se daban en lo interno luchas al respeeto, que encar- naba el ex decano Víctor Manuel Moncayo, quien también sufiió expulsión durante el periodo de los rectores policias. Allí emp1!7.ó mi nuevo peregrinar, y la más clara

definic ión de w1a

vocación de esrudio 1an1as veces aplazada.

Es ta vinculación . que repaso en perspec11va, es la que ahora posibilita reem pren- der y concluir esta investigación, como parte de mis renovadas tareas cientiticas )' formativas a cargo del Grupo Presidencialismo y Partici pación, adscrito al Instituto Unijus Con el concurso de mi hem,ano Marco Aurelio revisamos y cu lminamos un 1rabaJO de pesquisa reflexiva sobn:: la universidad colombiana, que iniciamos en la década de los años ochenta, cuando estuvimos en el ojo de la tonu enta. como parte anacrónica, del último coletazo de una ola de rebeld!a que habia movih:zado a los

estudiantes de Colombia.

La invest igación hace justicia a uuos ideales vitales eo el campo del esrudio de los grupos y clases subalternas y a los intelectuales que han intentado conducirlas; y hon- ra, cómo no, la p1emisa ttica que aprendimos <k la vida intelectual y el ejemplo de un hombre excepcional, An tonio Gramsci. Lo ha~mos en un ti empo en que la mi~ma Universidad Nacional experimenta el desafio de una nueya refonna acadtmica en-

del neohbera li~mo, y cuando despuntan en el

sayada en consonancia con el decl ive

horizonte reno\'lldas alternauvas radicales en todo el continente americano. Las nue- vas expec1aúvas de reformas radicales están catali1.adas en buena parte por el colapso tinanc1ero del capiU!lismo global. pero en la tierra colombiana pareciera, contra toda evidencia, que nosotros fuéramos una de las pocas excepciones en la subregión y el

subcontinentc.

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An tonio Gramsc i afirmaba, sometido a la crueldad de la reclusión ea las cárceles del fascismo, que "la verdad es revoluciona ría", recordando lo sentenciado por el revolucionano al~-mán Karl Liebneckl, asesmado junio con Rosa Luxemburgo en los albo res del nazismo. Es esta unl sentencia que lleva implíci1a una lectura allemativa de la modernidad, que los autores de este libro de vocación inter y transdísciplinar

companimos.

Porque, para recordarlo, no hay una sino cuando menos dos vías de despliegue de la modernidad como espacio tiempo de una nueva civili23Ción. Y América Latina, una vez "descubierta" por los europeos, definió el rumbo de tal cambio de época que condujo al tnunfo de un orden público singular, dirigido po r la burguesía que se hizo hegemónica en diferentes espacios nacionales.

En este espíntu viU!I, que explora las ahemativas a la modermdad, que se ha~ sensi- ble a los hallazgos y polémicas iniciados por los estudioSO-i de la demoderni,ación, y los cultores de los esrudios poscoloniales. y, por sob re todo, en contra de la ética de la muerte, es que hoy entregamos a la consideración de la comunidad intelec1ual de Colombia. de los esrudiosos de la obra de Anionio Gramsci y a la ciudadanía general, este conjunto de reflexiones sobre la hegemonia cultural y el papel que cumple cs1a en el campo de la educación superior, para ayudar con sus luces a iluminar la trayectoria alternativa para unos tiempos oscuros en los que el fantasma del autorítatismo lo per-

mca casi todo en Colombia.

Porque. al mismo tiempo, las renovadas luchas democr6ticas de los es1udian1es y las minorías organizadas en diversos y bererogélleos movimientos autónomos, median- te particulares formas de resistencia. renuevan el ánimo contestatario y proposnivo que nutre una vocación transfonnadora de las condiciones de exclusión, desigual-

dad y miseria.

En estas luchas culturales. científicas y politicas se descubre a una multitud que se perola corno nuevo suje10 colectivo, definida por su heterogeneidad. pluralidad, di- versidad y demanda de au1onomia. Ella es y ha sido capaz de resislir las pniebas pre- sentes y futuras, y, dur.1n1e el aao 2007, en los meses de mayo y junio, ha sido capaz de potencia r las tareas contesta tarias en un proyceto alternativo .en el campo de la

cultura. la ciencia social y la vida misma de millones.

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Esta muttirud ha venido ganando momento, y uno de Sll5 componentes, el estudiantado bogo1ano, se opuso de nuevo con su movilizac ión solidaria al proyecto ren·ógrado que en materia de educación pública. desfinancia y privatiza ta educación nacional, y que busca imponer a toda costa el gobierno de la reelección actual de Colombia. Un tópico sobre to cual aparecuá pronto un libro publicado por nuestro grupo que conmemora los cuarenta a~os del 68, que lo loca y evalúa de modo específico.

Por último, el te.io que aquí se presenta es un in1cn10 invesiigativo del modo como se construye en la lucha un proyecoo contrahcgemóoico por tos grupos y clases suba lternas y los inte lectua les que le han sido orgánicos a tal proyec to político y soc ial a lternativo. y. cómo no, cuáles han sido sus aciertos, desaciertos y sus actuales proyecciones.

t::s un te,to con et cual le damos impulso mic1al a un programa concreto de ta h1stona polilica y social de los grupos y clases subalternas en la subregión andina amazónica y et Caribe, empezando por Colombia. Es un e.~íuer,o que se acompañará simultá- neamente con nuestros colegas del seminano internacional Amonio Gramsc,. en las hermanas repúblicas de Ecuador y Venezuela.

Con ellos cclchran:mos el 11 Seminario, entre l os dias 30 de septiembre y 2 de octubre de 2009. Mic,,tras esto ocurre, aquí está nuestra contnbución a ese evento de signi- ficación estratégica, cultural y científica, no solo mocuhable sino urgente, cuando el capital experimenta una rrneva y profunda crisis y el o-abajo parece desconce rtado y huérfano de iniciativas fundamentales Es nuestra contribución para pensar la función intelectua l, la educación y la cultura de un modo \Jbcrador.

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Los antecedentes: más de un siglo de educación colombiana 1842-1948

N o hay duda de que la segunda mitad del siglo Xl X fue la usina en que se fun -

pri meras propuestas educativas de cufto moderno burgués, utóp icas

las mas. porque et perfil social era aún heredero de lo república señorial que empezó a morir con la refonua libera l del medio siglo XIX. Dicha república rec ibió un lento certificado de defunción en el pnmer tere,o del siglo XX. y muchas reencarnaciones posteriores hasta nuestros días.

dieron las

Algunos estudiosos encontrarán las primeras huellas reformndoras de la educación anacrónicamente burguesas en la obra de Moreno y Escandón, un reflejo en e l tiempo del virreinato de la tardía Ilustración borbónica exportada desde Espafta. Otros ubican ta genealogía del fenómeno en el intento de organización de un sis lcma de educación públ ica, avan.aldisimo para América. proferido mediante Decreto del 6 de octubre de 1820, baJO la vicepresidencia del general Santander, y con la firma del secretario del Interior, Es1anistao Vergru·a.

Este decreto obtuvo nuevo desarrollo en el Congreso de Cúeuta de 1821, que dotó al país de una Dirección General de lns trncción Pública. Este hiato de carácter históri-

co SltVC para remarcar que dichas formulaciones jurídicas golpearon los privt teg,os del cle ro, en cuyo poder exc lusivo se encontraba la escuela desde el periodo colo- nial. Dicho en otras palabras, la organización incipienle de la cultura era potestad de

sotana, bija de l feudahsmo espdol y tr•splantada a

Colombia, donde controló casi todo el aparato educativo, como dir=ión de la clase

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la in1electualiclad tradicional de