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SONETO XII: Quiere la transformación

La vida en la tierra es movimiento, cambio, fluir constante. En este soneto se enfatiza la


necesidad del cambio a lo largo de la vida efímera, finita, que vivimos en figuras. Todo en la
naturaleza fluye y cambia: y nosotros también tenemos que cambiar. Pero a diferencia de cómo
sucede en la naturaleza, de forma inconsciente o pasiva; nosotros somos los únicos que
podemos “desear” la metamorfosis, los únicos conscientes que anhelamos el cambio: los que
más cambian o transforman. Los más arriesgados (Heidegger).

La primera Elegía todavía no revindica la transformación.

1. Quiere la transformación.

La vida es cambio, movimiento, inquietud. Todo cambia y el hombre no puede vivir sin
inquietud.

El único que se mantiene sereno es el Ángel: y su serenidad nos produce terror, porque se
asemeja a la muerte. ¿Pero el ángel cambia? Retorno a sí mismo: ¿no se le añade algo de lo
nuestro, de eso que se nos escapa cuando sentimos? El ángel está en todo, se desborda pero
retorna: entonces es individuo y es todo: pero al mismo tiempo es ángel, es uno. ¿O somos
nosotros los que vemos al Ángel como “uno” por nuestra tendencia a ver en figuras? ¿Puede
que el Ángel sea lo Abierto, el todo, que no desea nada, porque es Todo? Entonces nosotros
también somos parte del Ángel, pero tenemos que dejar espacio dentro para que el todo, el
Ángel nazca en nuestro interior. Lo terrible: el ángel: el fondo (fundamento: fondo sin fondo-
“Dios es un fondo sin fondo”- Eckartt.

Tenemos que acoger el todo, dejar que algo nos nazca dentro: dar nacimiento (mística: Dios en
el interior)  empobrecerse, desnudarse, desposeerse de uno para que todo nazca en el interior.
Para nosotros el Ángel es terrible porque no hemos completado nuestro proceso de conciencia.
Por eso percibimos todo también de forma separada: lo visible y lo invisible, la vida y la
muerte….

Los Ángeles son terribles pero desdeñan destruirnos porque no pueden querer, no quieren: les
falta voluntad. Heidegger: antes llegan al abismo los mortales.

La vida es angustia e inquietud, solo la muerte es sosiego o serenidad. Pero incluso tras la
muerte nuestro cuerpo cambia hasta desaparecer. Las cosas, los animales y las plantas también
cambian, aunque sin ser conscientes de ello. Todo madura en Rilke, pero el ser humano es el
único que puede querer la transformación.

En la naturaleza todo se transforma, pero el ser humano se distingue del resto de lo seres por ser
el único que tiene voluntad de transformarse, de cambiar. Y por eso, no solo debe transformarse
en la vida terrena, sino que debe llevar a cabo la transformación de lo visible en invisible (que
se cumplirá infinitamente en la mirada del Ángel). Todo se transforma solo, pero de forma
inconsciente: y por eso todas las cosas necesitan al hombre para ir más allá de la existencia
efímera. Y sin embargo dice: (…) la voluntad de las cosas consiste en ser transformadas por el
hombre. Todo el mundo tuvo que ser devuelto al infinito e invisible desde lo configurado y
visible. Esta es la tarea del ser: transformar todo lo visible en invisible.

*En Rilke siempre parece darse está contradicción o cierta confusión: ¿las cosas nos necesitan o
somos nosotros los que las necesitamos?¿Los muertos nos necesitan, o los necesitamos
nosotros? Esta duda parece mecerse en el complicado ámbito de la misión humana, en esa
respuesta al por qué de nuestra finitud y por qué estamos vueltos del revés. Rilke duda, no está
seguro.

La transmutación en lo invisible supone “tomar la mayor conciencia posible de nuestra


existencia”, pero a esa conciencia debe ser conciencia del corazón, de nuestra intimidad más
profunda e invisible. En el “yo” no solo está la dimensión de la razón sino también la del
corazón.

2. Oh, sé exaltado por la llama / en la que algo se te hurta que proclama la


metamorfosis; / el Espíritu proyectador que señorea las cosas terrestres / en la curva
de la figura estima sobre todo la inflexión.

La pérdida, las muertes… todo aquello que te pertenece y te es arrebatado proclama la


necesidad de cambio, de metamorfosis: de hacerse invisible en tu interior. La pérdida (ese algo
que se te hurta) es la prueba de la presencia de las cosas, de las personas en el corazón humano;
y cuando estas no son arrebatadas como presencia material, solo permanecen en nuestro interior.
Su desaparición nos exige la metamorfosis: hacerlas invisibles para salvarlas en la mirada del
ángel. Cuando contemplamos con intensidad una cosa, nos unimos a ella tan íntimamente que
su imagen arraiga en nosotros invisible.

“…nuestra tarea es inculcar en nosotros esta tierra pasajera y caduca de modo tan penoso y
apasionado que su esencia resucite invisible en nosotros nuevamente”.

La llama (el fuego) es un elemento de la naturaleza que se encuentra en constante cambio y


movimiento. Nosotros tenemos que cambiar, seguir su ejemplo.

3. Lo que se encierra en la permanencia está ya petrificado, / ¿se juzga acaso el abrigo


del gris inaparente? / Espera. Lo durísimo anuncia desde lejos la dureza.

Aquello que se resiste a cambiar no existe, está petrificado y es gris: niega la existencia 
porque la existencia es cambio. Todo aquello que no se arriesga al cambio se siente seguro, pero
no está seguro. Incluso aquello que trata de resistirse a la metamorfosis acabará cambiando.
Solo que este cambio, por la resistencia le causará más dolor: como en el caso de aquellos que
no viven porque están obsesionados con la muerte. Dolor estéril. El apego excesivo a lo
mundano, a lo terrenal, ocasiona la imposibilidad de ver lo invisible que le trasciende y se liita a
existir solo en lo temporal y en lo efímero. La ley de lo terreno es cambiar hasta el momento de
la muerte: e incluso lo muerto sigue transformándose hasta desaparecer.

Dolor: el martillo ausente se suspende.

Por eso, el martillo que traerá el cambio, que quebrará la rigidez e impasibilidad de la roca se
suspende. Incluso aquello que se resiste a cambiar se transformará a la fuerza. Para el cambio es
preciso el lamento o el dolor, es la pérdida, con el dolor que ocasiona la que fomenta el cambio:
el dolor productivo.

4. Quien como fuente mana es conocido por el conocimiento / y guiado y fascinado a


través de la creación serena / que a menudo concluye en el principio y en el fin
comienza.

El cambio es vida, y quien como el fuego, y el agua fluye, mana, podrá tener una existencia
plena. Quien no se resiste al cambio podrá fluir y conocer las cosas, hacerlas suyas y con ellas
aproximarse a lo invisible, donde está la salvación.
Concluye en el principio y en el fin comienza: la creación, lo Abierto como una esfera
(Heidegger).

5. Todo venturoso espacio es hijo o nieto de la separación / que asombrados transponen.

Así, esos que fluyen podrán acceder al espacio feliz, a lo Abierto, que nace precisamente de la
separación, del no permanecer en lo sólido, en lo cerrado.
Transponen: transcienden, sobrepasan.

6. Y Dafne metamorfoseada, /sensitivo laurel, te quiere convertido en viento.

Dafne: ejemplo de metamorfosis clásica. Te quiere convertido en viento, es decir: en canto


(respiración, hálito…). Transformación sucesiva, elementos cada vez más livianos,
transparentes.

SONETO XIII: Transformación última

Así como en el Soneto XII se promovía la necesidad de transformación constante durante la


existencia finita, aquí se presenta la necesidad de la transformación última, la muerte, que
llevará a los humanos a unirse al acervo total de la naturaleza, a la suma indecible, a lo Abierto,
al no ser, o al ser todo.

1. Adelántate a toda despedida, como si detrás estuviese / de ti, como el invierno que
parte.

El ser humano es el único ser viviente que vive siempre como en despedida, porque es el único
que es consciente de la muerte: que ve la muerte. El animal tiene la muerte tras de si y adelante
lo abierto. Por eso el ser humano tiene que adelantarse, sobrepasar la despedida para poder
acercarse a lo Abierto. Adelantarse a las despedidas mediante la renuncia a lo efímero/ material:
no querer más; solo querer el canto, lo invisible. Renuncia: estado parecido al de la muerte.

2. Porque entre todos los inviernos hay un invierno tan sin fin / al que tu corazón
sobrevivirá si lo tramonta.

Invierno sin fin: invierno infinito: muerte infinita, que engloba todas las despedidas. Hay que
tramontar el invierno sin fin, hay que sobrepasar la muerte para que el corazón sobreviva.

3. Se muerte en Eurídice.

Se: vive. Arriésgate (Riesgo- Heidegger). Pero en este caso este “se” engloba tanto la vida como
la muerte  se vida una única vez, pero se también muerte. Porque la muerte es el lado de la
vida que no está iluminado para nosotros. No hay dos lados o dos mundos (el de los vivos y el
de los muertos), sino dos percepciones : nuestra percepción y la otra percepción. Somos
nosotros los que no podemos ver el otro lado, el lado de la muerte.

Por eso tenemos que SER: vida y muerte. “Debemos realizar la máxima conciencia de nuestro
existir (…) a través de ambos mundos”.

La muerte en este caso es una muerte transfigurada o una muerta deseable: la muerte que
permitirá el retorno al universo de la pura relación. Ser la muerte supone una renuncia a lo
temporal, no desear los deseos, no amar a Euridice de tal manera que ella se establezca como un
límite para ver lo Abierto (no amor transitivo). El amor intransitivo: el amor sin objeto; el amor
no correspondido es el que lleva a lo Abierto. Búsqueda de un amor no posesivo: el amante
como vía para alcanzar la plenitud, que sin embargo, está más allá del amante.

Transfórmate infinitamente en Eurídice, únete al todo en el que ella participa: como ella
participa invisible de tu interior. Haciéndola invisible en tu interior transfórmate en ese
invisible.

Muerte: transformación última. Desaparece en ella y en el todo. “Se muerte para luego
sobrepasarla”.

4. Sube cantando / y ensalzando remóntate hasta el nexo puro.

¡Canta!: canto es existencia, y el camino hacia lo abierto: la pura relación. El canto hace
invisible lo visible. Hay que cantar, pero ¿Cómo debe ser ese canto para que nos acerque a la
pura relación? El decir no puede ser palabra cerrada o finita.

El decir, el hablar y sobre todo el canto son más invisibles que la palabra cerrada. Por eso en su
poesía más que ver se proclama la necesidad de escucha: la mirada del ser humano está
invertida, pero tal vez pueda oír. Así en su poesía se escuchan muchas voces, y las visiones son
a menudo visiones acústicas.

La Anunciación o Revelación también se da a través de la escucha: la Virgen María escucha las


palabras del arcángel Gabriel anunciándole que va a ser Madre de Dios. Así como los primeros
versos de las Elegías le fueron anunciadas (desde el silencio, invisibles) al mismo Rilke cuando
paseaba por los jardines de Duino: ¿Quién si yo gritara, me oiría desde las jerarquías de los
Ángeles? (Barjau 35)

Cantar debe ser: otro aliento, un soplo en torno a nada. Un vuelo en Dios, un viento (Sonetos
I-III).

Y el verdadero poema es en realidad la respiración: Respiración oh tú, invisible poema,


incesante intercambio de nuestro ser y los espacios (Sonetos II- I).

Ya en la Elegía I se nos presenta

5. Aquí, entre los que perecen, en este reino en pendiente / sé vidrio sonoro que en el
sonido se quiebra.

Ese canto debe ser vidrio sonoro que en el sonido se quiebra, y que al romperse por tanto deja
de ser vidrio, pierde lo material y se vuelve pura vibración. Canto como respiración: un hálito
alrededor de nada, un vuelo en Dios un viento”. Blanchot: palabra jubilosa que una única vez
da voz a la desaparición antes de desaparecer en ella.

6. Sé – al mismo tiempo que conoces la condición de no ser- / el principio infinito de su


vibración interna (…)

Hay que ser, hay que existir, pero siendo de cuál es nuestro fundamento: el no ser finito; es
decir, el no ser figura individual. El no – ser individuo o el ser- todo es nuestro fundamento,
nuestro principio infinito, y tenemos que ser conscientes de ello para cumplirnos, para existir
una única vez. El ser humano tiene que ser, para luego dejar de ser en el TODO. Más allá de la
vida en figuras está el ser todo, que es el verdadero ser. El ser humano tiene que unirse al todo.

7. (..) para que por entero te cumplas una única vez.

Es necesaria la vida para cumplir la labor transfiguradora: vivir una vez para luego poder
acercarse a lo terrible sin peligro. Riesgo (Heidegger).

8. Al empeñado, apagado y mudo acervo total / de la naturaleza, a la suma indecible, /


añádete gozoso y desmiente su número.

Únete a lo Abierto, al acervo total de la naturaleza. Este es el destino o la dirección que da


coherencia a la poética rilkeana: la necesidad del unirse al todo: al espacio interior del mundo:
el cosmos. Destruye el yo y únete a la suma indecible, sin número, infinita. El sumarse a la
totalidad implica la aniquilación del yo, del número: de la posibilidad misma de contar 
desmiente el número. La individuación es aniquilada al unirse a la totalidad.

Gozoso: porque el Abismo, el no ser, o el ser todo, es nuestro principio de íntima oscilación: el
fundamento sin fundamento.