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El análisis sociológico contemporáneo tiende, con demasiada ligereza, a suponer que existe algo

semejante al sentido y la significancia como motivación de la acción humana y como telón de


fondo contra el cual se hace evidente la crisis de sentido en la época moderna.

El sentido se constituye en la conciencia humana: en la conciencia del individuo, que está


individuado en un cuerpo y ha sido socializadora como persona. Yo y el otro

La conciencia en sí misma no es nada, es siempre conciencia de algo.

Existe sólo en la medida en que dirija su atención hacia un objeto, hacia un propósito.

Este objeto intencional está constituido por los múltiples logros sintéticos de la conciencia y
aparece en su estructura general, ya sea en la percepción, la memoria o la imaginación; alrededor
del núcleo, del “tema” del objeto intencional, se extiende un campo temático delimitado por un
horizonte abierto.

El sentido no es más que una forma algo más compleja de conciencia: no existe en forma
independiente. Tiene siempre un punto de referencia. El sentido es conciencia del hecho de que
existe una relación entre las varias experiencias.

La acción es guiada por una perspectiva determinada hacia un fin preconcebido. Este diseño es
una utopía en la que el actor anticipa una condición futura, evalúa su deseabilidad y su urgencia y
considera los pasos que habrán de hacerla posible

El sentido de las acciones, “en el acto”, se configura por su relación con el propósito.

Desde luego que la acción social comparte esa estructura del sentido, pero asume también otras
dimensiones: puede ser indirecta o directa, puede ser mutua o unilateral.

El complejo sentido de la acción social y de las relaciones sociales se construye en estas diferentes
dimensiones del sentido.

Al referirnos a la manera en que se constituye el sentido en la conciencia del individuo quedó caro
desde ya que esto no podía aludir al sujeto aislado, a la mónada incomunicada.

La vida diaria está llena de secuencias de acción social y la identidad del individuo se forma tan
sólo en dicha acción. Las aprehensiones (asimilación de ideas o conocimientos) puramente
subjetivas son el fundamento de la constitución de sentido: los estratos más simples del sentido
pueden crearse en la experiencia subjetiva de una persona.

Por cierto que la constitución subjetiva del sentido es el origen de todas las reservas sociales de
conocimiento, los depósitos históricos de sentido en que pueden apoyarse las personas nacidas en
una sociedad y en épocas particulares.

Las objetivaciones: es la precondición para que las acciones sean transformadas en instituciones
sociales. La aparición de depósitos de sentido y de instituciones históricas libera al individuo de la
pesada carga de solucionar los problemas de la experiencia y la acción que afloran, como por
primera vez, en situaciones particulares. Tales procesos son en buena medida determinados por
las relaciones sociales dominantes