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Pavel Angello Cisneros Ríos// LELIT// 2do Sem// Composición// Marco Ángel//

Blade Runner
Un alma sin un cuerpo es considerada divinidad, un cuerpo sin un alma es la cúspide de la
creación humana.
El film, estrenado en el año 1982, Blade Runner, del director Ridley Scott, cinta precursora
de la tendencia post- modernista en el arte cinematográfico1. En su vetusto, pero bien logrado
trabajo de producción, Michael Deelev y su equipo generan una atmósfera futurista y
sobrecogedora, en escenarios que perfilan la super población, los mega-monopolios post
industriales y la calidad social alienada por el estricto control sistemático al que está referido
la situación política que retrata el film, aludiendo esto al género catalogado como:
CyberPunk, siendo esta película uno de los precursores principales.
En la distópica ciudad de Los Ángeles se desarrolla principalmente la historia, figura el año
2019 donde la producción en masa de inteligencia bio-artificial antropomórfica
(denominados Replicantes) seriada por parte de la compañía: Tyrell Corporation, se vería
prohibida por la tenacidad, suscitada en un incidente pasado, con la que, sujetos a la
probabilidad, podían convertirse en armas de destrucción imparables.
Sitúa así en este contexto a Rick Deckard (Harrison Ford), ex afiliado a una unidad especial
de fuerza anti-androides: Blade Runner. Es nuevamente encargado de la inteligencia:
búsqueda y destrucción de dichos prototipos rebeldes aún en operación, denominados por su
serie: Nexus- 6; estos androides superan físicamente a la capacidad del hombre, pero carecen
de una programación anímica, lo que los diferencia en sustancia del ser humano, sin embargo,
el implantar recuerdos programados en estos para que generen una similitud en consciencia
invierte las cosas. Esta situación empecinará al protagonista junto al espectador a constantes
dubitaciones sobre lo que entiende por humanidad, sentir, la infructífera secuencia de vida y
su talante efímero, dejando entrever la frágil óptica moral del héroe y sus motivaciones.
Así como la narrativa el trabajo visual es una joya, al trasladar al espectador a los parajes
super urbanizados, cobijados siempre bajo la inagotable tempestad (el elemento de la lluvia
se utilizó para difuminar los cables utilizados en los efectos especiales) juegos de luces y
sombras tiñen el ambiente; hay una pesadez en la conducta social, sitios en decadencia
(símbolos de la modernidad desplomada) y la constante paranoia de persecución en la que
se sumerge al espectador, siempre en tensión, intrigado, tomándose el tiempo necesario para
la abstracción de escenas.
El manejo de significantes impregna de cuestionamiento e incomodidad irónica, los recursos
retóricos en contraste con la representación visual de estos le permiten la revaluación de las
premisas que se tienen como inamovibles y ciertas, paradigmas religiosos, filosóficos,
inclusive existenciales se profieren en el transcurso de la narrativa, en diálogos y situaciones
que hacen de Blade Runner, en suma, una compleja obra del séptimo arte digna de ovacionar.

1
El cine post moderno se caracteriza por: la fragmentación, la multiplicidad de referentes (intertextualidad)
y la hibridación de formas y contenidos.
Pavel Angello Cisneros Ríos// LELIT// 2do Sem// Composición// Marco Ángel//

Motivos para no ser feliz


A lo largo de la vida, el aprendizaje es tan ineludible como el envejecer, y justo en este
proceso, aprendemos de la vida que el concepto de felicidad como acto es un soplo, un
restallo de luz momentáneo de emoción en el abismo negro de la perpetua insatisfacción, que
sólo nos permite apreciar cuan más largo el abismo aún se extiende y se prolonga. El solo
anhelo de felicidad es motor para no aceptar la propia miseria de ser, el inconveniente de
estar vivo. Desde nacer sin previo consentimiento, hasta morir pensando en la muerte. Las
diversas razones por las cuales convenimos que, de no ser así, motivos para ser felices
sobrarían, helas aquí:
El límite es la base de la identidad social de una institución, sin este todo prototipo social es
meramente teórico, el orden propio de nuestra conducta se reduce a límites, en el lenguaje,
en el acto, en el querer, en el tener, incluso en el pensar. El único lugar donde la prohibición
se adecua en otras intensiones es el lugar de El Deseo: una extensión personal de los
complejos individuales de casa sujeto y el medio por el cual cree puede sanarlos. Es este
apareamiento entre la realidad y el deseo gesta una de nuestras mayores fuentes de futilidad:
La Frustración que se produce en nuestra química anímica (verso sin esfuerzo) al ver la
realidad y nuestra fantasía irrealizables como un lazo homogéneo, contrario a, siempre
desiguales, es un motivo por el cual no se nos presenta la perpetua satisfacción, el conocido
síndrome de abstinencia, abstenernos a nuestra realidad.
Visto desde la significación, el lenguaje es una serie de signos vacíos, sustentados por una
imagen y una construcción de significantes que les antecede un concepto, esto es en términos
reduccionistas es la mecánica del entendimiento, sin embargo, tiene un vicio pusilánime que
hace de nuestra única herramienta de interacción psico-somática (considerando que la
interacción del lenguaje es una relación unívoca entre el emisor y el receptor) con el otro una
constante cadena conflictiva: La Subjetividad, fuera de la polisemia, que puede ser un grado
más complejo de subjetividad lingüística, la palabra tiene un grado próximo para uno, lejano
para el otro, esto nos hace irrefutablemente inaprehensibles para nuestros contemporáneos
en su totalidad, puesto que no nos damos a entender del todo, sino, aludidos a la comprensión
de quien recibe nuestro mensaje, siempre está en falta una parte de lo que queremos decir.
Quizá, la mayor problemática en la concepción de la felicidad sea precedida por estos
anteriores factores descritos, por un lado, el deseo de tener en uno la felicidad perturba el
orden de la espontaneidad con la que esta puede presentarse, anhelando un presente utópico
falto de amarguras, y al contrastar esta falsedad con la realidad imponiéndose uno puede
apreciar que en efecto no se tiene más que el concepto pre-interpretado de la felicidad, de
otra forma, la expectativa que genera nuestro imaginario no sería tan ajena a la felicidad
esporádica, siendo esto pues, razón de no conocer qué es la felicidad, malinterpretarla y luego
desearla tergiversada. Lastimarse por una ilusión es beber del oasis y sus causes arenosos.
Estas son las razones por las cuales la felicidad no se presenta, sino, sólo el anhelo de su
presencia falsa. La felicidad, como quiera tomarse, está encajonada por un nombre que no
abstrae todas sus posibilidades ni vertientes, quizá la calma que la acompaña, o la calidez de
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una risa, quizá solo la gratitud del momento valga más que la idea de felicidad extendiéndose
sin control por nuestros días. En este caso, aquello que compone los momentos de felicidad
sólo perdería el valor que le da ser tan escasos, sin el incontrolable vértigo al caer, la vida
sería absurda, mediocre, pues ser perpetuamente felices sólo nos haría anhelar nuestra falta:
el dolor. En lugar de buscar felicidad, disfrutarla en su escasez cuanto más sería lo mejor, de
otra forma, sólo encontraremos más motivos para no ser felices.