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Pájaros y flores

Por Carmen “Tota” Ramiro de Guede*

"Les voy a contar una triste historia...


Soy una cabecita negra. Vivía en un lejano lugar de este hermoso país Argentina; allí
conocí a un apuesto Hornero; nos casamos y vinimos a su lugar de origen, donde había
construido un confortable nido.
Tuvimos tres hermosos pichones, éramos muy felices...
Pero un día llegó una gran tormenta, con vientos huracanados, que aún se siente.
Aves de rapiña comenzaron a destruir nidos, llevándose a nuestros seres queridos: a los
buenos Pájaros Carpinteros que hacían cunas, mesas de trabajo, bancos para las
escuelas; Horneritos que construían hospitales, escuelitas y casas para el que no la tenía.
Les digo que había algunos de estos pájaros que colaboraron con la destrucción,
haciendo las jaulas-trampa donde encerraban a nuestros pichones.
Así empezó nuestra odisea, yendo a las cuevas de las Alimañas a preguntar dónde
estaban nuestros pichones.
En esos lugares conocí a otros pájaros "Madres" que tenían el mismo dolor que yo.
Palomas, Gorriones, Torcacitas, Canarios, Zorzales, Alondras, Ruiseñores, Colibríes,
Golondrinas y, también, había algunas flores a las que le faltaban sus pimpollos.
Por ejemplo, la Azucena tenía una fuerza tremenda; ella nos dijo que teníamos que ir a
ver al Chacal. Era el que mandaba. Le llevamos una carta. Para esperar una contestación
fuimos a la Plaza de Mayo. Todavía vamos a esa plaza porque no hemos tenido
respuesta. Las Alimañas se pasean por todos los lugares, como si ellos no fueran los
culpables de lo que pasó.
Ahora sabemos que son más de treinta mil hermosos pájaros, alegres y revoltosos, los
que nos faltan.
Hablamos con el Tordo que es muy inteligente, le pedimos que nos haga, mejor dicho
que nos escriba algo para pedir por ellos; lo hizo pero nunca nos contestaron.
Fuimos volando a ver al Cardenal para preguntarle si sabía algo, él está muy cerca del
Azor, que sabe mucho de cetrería. Ellos, juntos con el Cuervo, son amigos de las
asesinas Alimañas.
Un feroz Aspid se infiltró, mejor dicho se puso a la sombra de la Azucena, diciéndole
que le faltaba alguien de su nido, se ganó confianza, y la destruyó, junto a otras.
Nos quedamos muy angustiadas. Fuimos a la Plaza, a pesar de la noticia. Ahora nos
dirigen las Alondras que trinan dulcemente, pero... que gritan también las verdades a los
malvados.
Y así nos juntamos todos los pájaros y flores de este castigado país. Con la ayuda de
todos los pájaros y flores del mundo entero protegeremos nidos y jardines, donde
nacerán y crecerán pichones y pimpollos sanos, valientes, revoltosos y alegres como los
treinta mil que nos quisieron quitar, pero que están en esta Plaza, alegrándonos con sus
trinos y envolviéndonos con sus perfumes".
*Madre de Plaza de Mayo. Escrito el 17/7/1999.
Información sobre Tota Guede
"A mí me llevaron a mi marido y a mi hijo mayor. Desde el año 76 que estoy en la
calle", cuenta. "En el año 1977 se formó Madres pero, para esa época, yo ya estaba en la
calle buscando a otros familiares de desaparecidos de noche, porque como tenía que
mantener a mis hijos, de día tenía que ir a trabajar". Cuando secuestraron al marido de
Tota, Dante, y a su hijo de 19 años, Héctor, ella se quedó sola con sus dos hijos
menores: Ulises, de cinco años, y Mónica, de catorce.
"Tuve que salir a trabajar para mantener a mis hijos y porque mi casa fue allanada y me
robaron todo lo que tenía", relata. La familia y los vecinos se hicieron a un lado.
"Trabajaba de cinco de la mañana a las dos de la tarde en un taller de costura. De ahí,
me venía para Quilmes a limpiar oficinas. Y con el temor de que yo me iba a trabajar y
los chicos quedaban solos. Porque la familia, que vivía al lado, ni se ocupaba de
nosotros. Para el hermano de mi marido era como si fuéramos veneno, ni se acercaba a
mi casa", revive.
Por ese miedo, los chicos empezaron a acompañarla en su lucha por saber qué había
pasado con su hijo y su esposo secuestrados en octubre de 1976. "Cuando había alguna
marcha, íbamos los tres. Cuando fuimos a la cárcel de La Plata -porque decían que ahí
había desaparecidos- fuimos los tres. Nos encerraron a cada uno en distintos calabozos
para hacernos preguntas. También, fuimos a La Tablada; a todos los lugares donde nos
decían".
En medio de esa búsqueda, llegó la primera marcha de la resistencia y, tiempo después,
el fin de la dictadura. Pasaron los gobiernos de Raúl Alfonsín y Carlos Menem. La
justicia no apareció. Sí lo hicieron las leyes de Obediencia Debida y Punto Final.
También, los indultos a los militares. Todavía Tota sigue reclamando su anulación,
como lo demostró siendo el único pañuelo blanco cuando el 21 de marzo de este año
volvía a fracasar la sesión en la Cámara de Diputados.

Para ejercitar la memoria en la lucha contra el olvido

"Me gusta hacer títeres, disfraces, cosas para los chicos. Yo escribo cuentos", confiesa
como al pasar. Muchas de las fábulas que hace están pensadas para sus seis nietos y sus
otros nietos del corazón.
Empezó a escribir en un taller que se hacía en la Asociación Madres de Plaza de Mayo.
En aquel momento nació la fábula, que entre pájaros y flores, Tota cuenta una historia
de lucha.