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Energía de ionización

No sólo hay una relación entre la configuración electrónica y las propiedades físicas;
también
existe una relación estrecha entre la configuración electrónica (una propiedad
microscópica)
y el comportamiento químico (una propiedad macroscópica). Como hemos visto a lo
largo de
este libro, las propiedades químicas de cualquier átomo se determinan a partir de la
configuración
de los electrones de valencia de sus átomos. La estabilidad de estos electrones
externos se
refleja de manera directa en la energía de ionización de los átomos. La energía de
ionización
es la energía mínima (en kJ/mol) necesaria para remover un electrón de un átomo en
estado
gaseoso, en su estado fundamental. En otras palabras, la energía de ionización es la
cantidad
de energía en kilojoules necesaria para desprender un mol de electrones de 1 mol de
átomos en
estado gaseoso. En dicha definición se especifica el estado gaseoso de los átomos
porque en un
átomo en estado gaseoso no hay influencia de los átomos vecinos y no existen fuerzas
intermoleculares
(es decir, fuerzas entre las moléculas) que deban tomarse en cuenta al realizar
la medición de la energía de ionización.

La magnitud de la energía de ionización es una medida de qué tan “fuertemente” se


encuentra
unido el electrón al átomo. Cuanto mayor sea la energía de ionización, más difícil será
desprender el electrón. Para los átomos polielectrónicos, la cantidad de energía
requerida
para desprender el primer electrón del átomo en su estado fundamental,
energía + X(g) h X+(g) + e– (8.3)
se denomina primera energía de ionización (I1). En la ecuación (8.3), X representa un
átomo
de cualquier elemento y e– es un electrón. La segunda energía de ionización (I2) y la
tercera
energía de ionización (I3) se muestran en las siguientes ecuaciones:
energía + X+(g) h X2+(g) + e– segunda ionización
energía + X2+(g) h X3+(g) + e– tercera ionización
El patrón continúa para desprender los electrones subsecuentes.
Cuando se desprende un electrón de un átomo neutro, disminuye la repulsión entre los
electrones restantes. Debido a que la carga nuclear permanece constante, se necesita
más
energía para desprender otro electrón del ion cargado positivamente. Así, las energías
de ionización
siempre aumentan en el siguiente orden:
I1  I2  I3  …

En la tabla 8.2 se enumeran las energías de ionización de los primeros 20 elementos.


La ionización
siempre es un proceso endotérmico. Por convenio, la energía absorbida por los átomos
(o iones) durante el proceso de ionización tiene un valor positivo. Así, todas las
energías de
ionización son cantidades positivas.

Se denomina afinidad electrónica porque mide la atracción, o afinidad, del átomo por el electrón
añadido. En casi todos los casos, se libera energía cuando se agrega un electrón. Por ejemplo, la
adición de un electrón a un átomo de cloro va acompañada por un cambio de energía de -349
kJ/mol, donde el signo negativo indica que se libera energía durante el proceso. Por tanto, decimos
que la afinidad electrónica de Cl es -349 kJ/mol:*

Afinidad electrónica Cl(g) + e- → Cl- (g) ∆E = -349KJ/mol [7.7]

[Ne]3s23p5 [Ne] 3s 23p6

Es importante entender las diferencias entre la energía de ionización y la afinidad electrónica: la


energía de ionización mide la facilidad con que un átomo pierde un electrón, mientras que la
afinidad electrónica mide la facilidad con que un átomo gana un electrón.

Cuanto mayor sea la atracción entre un átomo dado y un electrón añadido, más negativa será la
afinidad electrónica del átomo. Para algunos elementos, como los gases nobles, la afinidad
electrónica tiene un valor positivo, lo que implica que el anión tiene más alta energía que el átomo
y el electrón separados:

Ar(g) + e- → Ar- (g) ∆E > 0

[Ne]3s23p6 [Ne]3s23p64s1

Puesto que ∆E > 0, el ion Ar- es inestable y no se forma.


En la siguiente tabla se muestran las afinidades electrónicas de los elementos representativos de
las cinco primeras filas de la tabla periódica. En general, la afinidad electrónica se vuelve más
negativa conforme avanzamos por cada fila hacia los halógenos. Los halógenos, a los que sólo les
falta un electrón para tener una subcapa p llena, tienen las afinidades electrónicas más negativas.
Al ganar un electrón, un átomo de halógeno forma un ion negativo estable que tiene la
configuración de un gas noble (Ecuación 7.6). La adición de un electrón a un gas noble, en cambio,
requeriría que el electrón residiera en una nueva subcapa de mayor energía (Ecuación 7.7). La
ocupación de una subcapa de más alta energía no es favorable desde el punto de vista energético,
así que la afinidad electrónica es muy positiva. Las afinidades electrónicas del Be y del Mg son

positivas por la misma razón; el electrón adicional residiría en una subcapa p que antes estaba
vacía y que tiene mayor energía.