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Masacre de Barrios Altos

La noche del 3 de noviembre de 1991 se llevaba a cabo una fiesta popular,


una pollada en el primer piso del inmueble ubicado en el Jirón Huanta Nº 840 para
conseguir fondos para reparar el servicio de desagüe de la quinta.1 Aproximadamente
a las 23:30, seis individuos armados y encapuchados entraron al edificio luego de
bajar de dos vehículos, dispararon con sus fusiles a los asistentes sin mediar
explicación.
Los atacantes,2 todos tenían el rostro cubierto con pasamontañas, al entrar ordenaron
a los asistentes de la reunión a tenderse en el piso, donde les dispararon
indiscriminadamente por cerca de dos minutos, matando a 15 de ellos incluyendo a
Javier Ríos Rojas, un menor de 8 años de edad, e hiriendo seriamente a otras cuatro
personas, uno de los cuales quedó permanentemente paralítico. Luego, los atacantes
salieron en dos vehículos. Durante la investigación, la policía encontró 111 casquillos y
33 balas del mismo calibre en la escena del crimen.Esta masacre es vista como un
símbolo de las violaciones a los derechos humanos perpetradas durante el gobierno
del por entonces presidente Alberto Fujimori y fue uno de los crímenes citados por el
gobierno peruano en su solicitud de extradición presentada a Japón en el 2003. El
hecho perpetrado en Barrios Altos fue realizado por órdenes directas de Vladimiro
Montesinos, por encargo del presidente Alberto Fujimori, quien al año 2000 y ante la
posibilidad que fuera juzgado por hechos comprobados de corrupción y genocidio,
huyó del Perú hacia Japón, renunciando vía fax ante el congreso peruano, sin plan de
retorno.

Reacciones al hecho
Las investigaciones judiciales y los reportajes de la prensa revelaron que los involucrados en el
crimen trabajaban para la inteligencia militar; habían sido miembros del Grupo Colina que era
ya conocido por perpetrar un programa antiterrorista por órdenes del gobierno de Alberto
Fujimori. Se verificó luego que los atacantes buscaban atacar una reunión de
subversivos senderistas que en realidad tuvo lugar en el segundo piso del inmueble (mientras
que la pollada y el ataque se llevaba a cabo en el primer piso). Se constantó que los asistentes
a la pollada no tenían vinculación con SL o el MRTA,34 según consta en el artículo 827 del fallo
impuesto por el tribunal el 7 de abril 2009 a Fujimori por el caso Barrios Altos.
Varias semanas después, el Congreso de la República designó una comisión investigadora para
averiguar sobre la masacre. En diciembre, la comisión inspeccionó el edificio donde sucedieron
los hechos, entrevistó a los heridos y realizó otras investigaciones. Sin embargo, no pudo
completar su tarea debido al autogolpe que ejecutó Fujimori el 5 de abril de 1992 en el que
disolvió el Congreso. El Congreso Constituyente Democrático elegido en su lugar en noviembre
de 1992 no continuó la investigación ni publicó las conclusiones preliminares que se habían
logrado.
Masacre de La Cantuta
tuvo lugar en el Perú el 18 de julio de 1992 durante la presidencia de Alberto Fujimori. Un
profesor universitario y nueve estudiantes de la limeña Universidad Nacional de Educación
Enrique Guzmán y Valle (conocida [1]. como La Cantutadebido al nombre de la zona donde se
encuentra) fueron secuestrados y desaparecidos por el destacamento Grupo Colina,
pertenecientes al Ejército Peruano.

La Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle fue fundada como un centro de
preparación de docentes en 1822, logrando el estatuto de universidad en 1965. Fue cerrada
por el Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas del Perú en 1977 debido a las
actividades políticas de los radicales de izquierda [2] y reabierto en 1980.
Debido a los problemas económicos ocasionados por la intervención del gobierno militar
en la economía y al Maoísmo que captaba a numerosos estudiantes y educadores, La
Cantuta se ganó la reputación de ser un centro de adoctrinamiento para ejecutar acciones
radicales desde los años 1950 [3]. Fue justamente una serie de protestas estudiantiles en
el campus; incluyendo el bloqueo de la línea ferroviaria que une Lima con el interior del
país – lo que llevó a la suspensión de sus actividades en 1977.
Con el retorno a la democracia en 1980, el presidente Fernando Belaúnde Terry reabrió la
universidad. Los elementos radicales multiplicaron sus actividades de reclutamiento y
adoctrinamiento en las universidades y se inició el ataque a la población por parte de las
bandas terroristas Sendero Luminoso y el MRTA, quienes tuvieron una fuerte presencia en
dicho campus. A inicios de los años 1990, después de la fuga de la cárcel de una gran
cantidad de terroristas del MRTA, se observó la fragmentación de grupos de izquierda en
el campus ante las amenazas de los integrantes de Sendero Luminoso para alcanzar una
influencia por medio del terror al estilo maoísta-leninista. En 1991, estudiantes senderistas
de la universidad asesinaron a la Sra. Rosa Pretell, encargada y supervisora de las
residencias universitarias, y luego del crimen, tomaron por la fuerza las residencias,
alojando a sus militantes y desalojando a los estudiantes que ahí vivían por razones
económicas. Luego asesinaron al Profesor de Historia Franklin Távara, que estaba
postulando a la alcaldía de Chaclacayo. Este largo historial delictivo de la banda senderista
no pudo ser controlada debido a la falta de una legislación adecuada y un servicio de
inteligencia fragmentado. El 13 de febrero de 1987, durante el estado de emergencia y en
medio del toque de queda impuesto en Lima, alrededor de cuatro mil policías ingresaron
en horas de la madrugada a las residencias universitarias de tres universidades estatales
de Lima: San Marcos, Ingeniería y La Cantuta. En la madrugada del 20 de abril de 1989,
fuerzas conjuntas de la Policía Nacional del Perú y el Ejército del Perú arrestaron a más de
500 estudiantes bajo cargos de subversión luego de ingresar a la Universidad La Cantuta y
a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

Secuestro de julio de 1992[editar]


En la madrugada del 18 de julio de 1992, 2 días luego de la explosión del coche bomba en
la céntrica calle miraflorina de Tarata, miembros del Servicio de Inteligencia del Ejército así
como de la Dirección de Inteligencia del Ejército, recibieron la orden de intervenir la
residencia universitaria de la Universidad Enrique Guzmán y Valle. El Grupo Colina ingresó
al campus y seleccionó a los sospechosos de acuerdo a la información de agentes
infiltrados como alumnos.