Sunteți pe pagina 1din 2

“Las palabras que Yo os digo, no las digo de Mí mismo; sino que el Padre, que mora en Mí, hace Él

mismo sus obras. Creedme: Yo soy en el Padre, y el Padre en Mí; al menos, creed a causa de las obras
mismas. En verdad, en verdad, os digo, quien cree en Mí, hará él también las obras que Yo hago, y aún
mayores…” (Jn 10, 12)

Dice santo Tomás que estas palabras no solo muestran el poder de la divinidad de Cristo (virtutem
divinitatem), sino también la fuerza, la virtud y el poder de la fe y de la unión de Cristo con aquellos
que creen en Él: “En verdad, en verdad, os digo, quien cree en Mí, hará él también las obras que Yo
hago, y aún mayores…”. Porque así como Cristo realiza las obras de Dios porque está unido al Padre,
así también los fieles realizan las obras de Cristo porque ellos permanecen unidos a Cristo por la fe.
Pues dice san Pablo: “Cristo habita por la fe en vuestros corazones” (Ef. 3,17)

Sed mirabile, dice Santo Tomás, todavía más maravilloso es lo que dice a continuación al señalar que
las obras de sus fieles serán aún mayores: “En verdad, en verdad, os digo, quien cree en Mí, hará él
también las obras que Yo hago, y aún mayores…”. Conviene preguntarnos aquí sí es verdad que los
discípulos de Cristo, mejor dicho los que creen en Él, realizan obras aún mayores que las de Jesús.
Santo Tomás no duda en afirmar que sí. Pues basta observar que entre los milagros de Cristo, el mayor
fue aquel por el cual al tacto con los flecos de sus mantos se sanaba a los enfermos (Mt. 9,20). En
cambio de Pedro leemos que de él era su sombra la que sanaba a los enfermos. De modo que es mayor
milagro el que alguien quede curado de su enfermedad por la sombra de uno que al tocar los flecos de
otro. Lo mismo observamos si consideramos el evangelio del Joven rico. Este no fue inducido por las
palabras del señor a vender todo lo que tenía y a seguirlo. Pues leemos que cuando el señor le dijo al
joven: “ve, vende todo lo que tiene y dalo a los pobres… el joven se retiro triste” (Mt. 19, 22). En
cambio, de Pedro y de los demás apóstoles leemos que: “con gran, fortaleza los apóstoles daban
testimonio de la resurrección del Señor Jesús y gracia abundante era sobre todos ellos 1259 . 34 Porque
no había entre ellos persona pobre, pues todos cuantos poseían campos o casas, los vendían, traían el
precio de las cosas vendidas, 35 y lo ponían a los pies de los apóstoles” (Hech 4, 33-35)

Pero, santo Tomás, a fin de instruirnos y aumentar nuestra fe dice: “notemos que el señor no dice
que “los Apóstoles harán obras mayores, sino el que cree en mi”. De lo cual podríamos pensar que si
alguien no realiza estas obras no puede ser contado entre el número de las personas que creen en
Cristo… duro es esto de pensar que si no realizamos estas obras no tenemos fe en Cristo.

Pero santo Tomás, señala que Cristo realiza dos obras:

1. Una obra es la que realiza sin nosotros. A saber: crear el cielo, la tierra, resucitar a los
muertos, y cosas semejantes.
2. Otra obra es la que realiza en nosotros, pero no sin nosotros: que es la obra de la fe (quod
est opus fidei), mediante la cual vivifica a los impíos.

Y precisamente de esta última obra de la obra que habla el Señor, una obra que es común a todos los
creyentes.

Y esta es la obra que Cristo realiza en nosotros, pero no sin nosotros, es una obra común a las
personas que creen: porque lo que se hace en mi por Dios, se hizo por mí mismo, es decir: según mi
libre arbitrio. Por eso dice San Pablo: “no yo, sino la gracia de Dios conmigo” (1Cor 15,10). Porque
Dios no solo infunde en nosotros la gracia que hace que nuestras obras sean gratas y meritorias ante
Dios, sino que, también, nos mueve para que usemos bien la gracia infusa y esto es lo que llamamos
gracia cooperante.
Entonces, en este sentido debemos entender aquellas palabras de que: “En verdad, en verdad, os
digo, quien cree en Mí, hará él también las obras que Yo hago, y aún mayores…”

Porque mucho mayor es justificar a un impio que creer los cielos y la tierra. Porque la justificación de
un impío permanece eternamente: “Puesto que la justicia es perpetua e inmortal.” (Sab 1,15). En
camnio el cielo y la tierra pasaran, dice el evangelio de Lucas (21,33). Más un el menor grado de
gracia es mayor que todo el conjunto de bienes naturales.