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HISTORIA DE LA NEUROPSICOLOGÍA

La neuropsicología es una ciencia moderna que se desarrolló a partir de mediados del


siglo XX. El término “Neuropsicología” se recogió por primera vez en los diccionarios en
1893. Se definió como una disciplina que busca integrar las observaciones psicológicas
de la conducta con las observaciones neurológicas del sistema nervioso.

Aun así, el término neuropsicología se utilizó con moderación. Comenzó a extenderse


en 1930 cuando Hebb lo utilizó en su libro “Los determinantes de la conducta. Un
análisis neuropsicológico”.

Pero el término se consolidó más intensamente cuando Hans L. Teuber presentó su


trabajo “Neuropsychology” en el Congreso de la American Psychological
Association (APA) sobre diagnósticos y test psicológicos en 1948.

Entre 1950 y 1965 la neuropsicología humana adquirió un gran desarrollo. Se hizo firme
con la aparición de dos revistas internacionales especializadas: “Neuropsychologia”
fundada en Francia en 1963 por Henry Hecaen, y “Cortex”, fundada por Ennio de Renzi
en 1964 en Italia.

Después se crearon diversas sociedades como The International Neuropsychological


Society (INS) y la división de Neuropsicología de la APA en Estados Unidos.

Según Ardila y Roselli (2007) podemos dividir la historia de la neuropsicología en cuatro


periodos:

Periodo preclásico hasta 1861

Este periodo comienza con primeras referencias de alteraciones cognitivas unidas a


daño cerebral observadas en Egipto hacia el año 3500 a.C. Finalizando con las
influyentes teorías de Franz Gall, el padre de la frenología. Este autor planteó que el
cerebro humano posee divisiones que alojan distintas cualidades intelectuales y
morales. La forma del cráneo, cabeza y rostro se consideraban indicadores de la
personalidad, inteligencia o tendencias criminales.
Este es uno de los intentos más importantes de vincular la conducta con las
características del sistema nervioso.

Periodo clásico (1861-1945)

En 1861 se presentó en la Sociedad Antropológica de París un cráneo primitivo. Se


argumentó que existía una relación directa entre la capacidad intelectual y el volumen
del cerebro. En ese mismo año murió el famoso paciente “Tan” estudiado por Paul
Broca. Este científico, en el examen postmortem, demostró que una lesión en la zona
frontal posterior podía afectar a la capacidad de hablar. Broca llamó la atención de sus
compañeros al señalar que sólo el hemisferio izquierdo se alteraba cuando se perdía el
lenguaje.
En este periodo, ocurrió otro avance fundamental: la publicación de la tesis doctoral
de Karl Wernicke en 1874. Este autor propuso la existencia de una zona del cerebro que
nos ayudaba a comprender el lenguaje. Además, observó que se conectaba con el área
de Broca. Si esas zonas se dañaban o las conexiones se interrumpían, podían surgir
diferentes problemas del lenguaje denominados afasia. Wernicke también definió varios
tipos de afasia que podáis separarse clínicamente según la localización de la lesión
cerebral.

Los trabajos de Wernicke propiciaron el surgimiento de una serie de esquemas y


clasificaciones para los diferentes síndromes neuropsicológicos. Los llamados
“localizacionistas” afirmaban que existían zonas específicas del cerebro que se
relacionaban con ciertas actividades psicológicas. Esto hizo que se propusiera un
“centro de la escritura”, un “centro del lenguaje”, un “centro glosoquinético”, etc.
Numerosos autores siguieron este enfoque; como Lichtheim, Charcot, Bastian, Kleist o
Nielson.

Periodo moderno (1945-1975)

Este periodo se inicia después de la Segunda Guerra Mundial. Debido al gran número
de pacientes heridos de guerra con lesiones cerebrales, se necesitaron más
profesionales para realizar procedimientos diagnósticos y de rehabilitación. En esta
etapa, apareció el libro de A. R. Luria, “La afasia traumática”, publicado en 1947. En él
propuso varias teorías acerca de la organización cerebral del lenguaje y sus patologías,
teniendo como base las observaciones obtenidas de los pacientes heridos en la guerra.
Luria adoptó una perspectiva intermedia entre el localizacionismo y el
antilocalizacionismo. Según Luria, los procesos psicológicos como la atención o
la memoria, son sistemas funcionales complejos que necesitan varios eslabones
diferentes para su normal realización. Luria no pensaba que una parte concreta del
cerebro se encargara de una función específica. Más bien consideraba que se da una
participación simultánea de varias áreas de la corteza cerebral para una misma función.

Lo que ocurre es que cada área se especializa en una forma de procesar la información.
Sin embargo, este procesamiento puede ocurrir en varios sistemas funcionales.

Por otro lado, cabe destacar los trabajos de Geschwind. Éste propuso una explicación
de los síndromes corticales basado en anomalías de la transmisión de información entre
distintos centros de la corteza cerebral.

En este periodo también es fundamental el desarrollo de la investigación en varios


países. En Francia resalta el trabajo de Henri Hécaen, mientras que en Alemania Poeck
realiza aportes en sobre afasias y las apraxias.

En Italia, también se centran en trastornos afásicos De Renzi, Vignolo y Gainitti, además


de habilidades espaciales y construccionales. En 1958 se crea el Instituto de Neurología
de Montevideo. En Inglaterra, son importantes los estudios de Weigl, Warrington y
Newcombe sobre problemas del lenguaje y alteraciones perceptivas. En España se crea
un grupo de trabajo especializado en neuropsicología dirigido por Barraquer-Bordas.
Mientras que en todos los países europeos crean grupos de trabajo en torno a la
neuropsicología, estableciéndose como área científica y funcional.

Periodo contemporáneo (desde 1975)

Este periodo está marcado por el surgimiento de las imágenes cerebrales como la
tomografía axial computarizada (TAC), que supuso una revolución en las neurociencias.

Esto ha permitido que se obtengan correlaciones clínico-anatómicas más precisas y que


muchos conceptos sean redefinidos y aclarados. Con los avances se ha podido
comprobar que existen otras áreas que no son “clásicas” en la neuropsicología y que
participan en procesos cognitivos. En la década de 1990 la investigación avanza de la
mano de imágenes no ya anatómicas, sino funcionales.
Por ejemplo, las que se obtienen a través de la resonancia magnética funcional (RMf) y
la tomografía por emisión de positrones (TEP). Estas técnicas permiten observar la
actividad cerebral durante la realización de actividades cognitivas como hablar, leer,
pensar en palabras, etc.

También se incluyen instrumentos estandarizados de evaluación, con el objetivo de fijar


un lenguaje común en la neuropsicología. Algunos de ellos son: la Batería
Neuropsicológica de Halstead-Reitan, la Batería Neuropsicológica de Luria-Nebraska,
el Neuropsi, la Escala de Memoria de Wechsler, la Prueba de Boston para el Diagnóstico
de las Afasias, la Prueba de Clasificación de Wisconsin, la Figura Compleja de Rey-
Osterrieth.
Actualmente hay un gran interés por la rehabilitación de las secuelas cognitivas fruto de
lesiones cerebrales. Como consecuencia, ha surgido una nueva disciplina de trabajo
conocida como Rehabilitación Neuropsicológica.

Ésta parte de la idea de la plasticidad cerebral, señalando que nuestro cerebro cambia
con nuestras experiencias. Por ello, ejercita mediante distintas tareas a pacientes con
daño cerebral para revertir sus repercusiones o mejorar la calidad de vida de éstos. El
avance es mayor día a día, pudiendo observarse en el gran incremento de publicaciones
científicas internacionales. Así como en el mayor número de profesionales dedicados a
su estudio.

El campo de acción de la neuropsicología se ha ampliado notablemente. Hoy también


se estudian problemas infantiles del desarrollo, fenómenos relacionados con el
envejecimiento, demencias, etc
ONTOGENIA DEL SISTEMA NERVIOSO

Las neuronas parecen determinarse cuando completan su última división celular. Otras
propiedades se regulan por las interacciones subsecuentes con el ambiente que las
rodea. No se conocen con exactitud las señales químicas que controlan la diferenciación
glial y neuronal que determinan, en gran medida, la regionalización del SN y, por ende,
las manifestaciones de la plasticidad sináptica en las distintas regiones del sistema, ya
sea como consecuencia de una lesión o por procesos como la potenciación a largo plazo
(LTP), en los que intervienen cambios morfológicos de las sinapsis implicadas (28), y
que se ha propuesto como el sustrato fisiológico del aprendizaje y la memoria espacial.

Se ha demostrado que los impulsos pre sinápticos desempeñan un papel crucial en la


diferenciación de las neuronas post sinápticas (6). En los cultivos de células nerviosas,
la estimulación pre sináptica puede reemplazarse por la despolarización de las células
con alto K+, lo que induce la diferenciación de muchas clases de neuronas
(3,13,21,22,32,36,52). En particular, se ha demostrado (3,4,5,13) que la despolarización
crónica promueve la maduración de las células granulares del cerebelo en cultivo,
acompañada del aumento de la actividad de la glutaminasa (enzima encargada de la
síntesis del glutamato que funcionar· como neurotransmisor) la cual depende de la edad
y de la concentración de K+ (32). Este efecto parece estar mediado por la entrada de
calcio a la célula debido a la activación de receptores glutamatergicos de tipo NMDA
(3,13,32,33)