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Otros logros significativos de esta época son el cultivo del maíz, la construcción de grandes

acueductos, el desarrollo de la textilería y de la orfebrería. En el aspecto político surgen las


jefaturas o señoríos que concentran el poder.

Sin embargo, la principal característica de este periodo es la aparición de la arquitectura


monumental y de gran envergadura. Los centros ceremoniales suelen abarcar áreas más extensas
que las de sus antecesoras del periodo arcaico. Los planos de sus templos o santuarios suelen
tener la forma de la letra “U” invertida: una construcción central y dos construcciones en los lados
laterales, alrededor de plazas circulares o rectangulares.

Las mayores expresiones monumentales que destacaron durante los inicios del Formativo, algunos
de los cuales se mantuvieron vigentes en la siguiente fase, fueron:

Huaca La Florida, situada en el valle del Rímac (Lima).

Cardal, que se ubica en el valle de Lurín (Lima).

Las Haldas, cerca de Casma (Áncash), al borde del Océano Pacífico.

Pampa de las Llamas-Moxeke, en el valle de Casma. Lo conforman dos monumentos o pirámides:


Moxeke y Huaca A (o Huaca de las Llamas).

Sechín Alto, en Casma, es un complejo enorme, tal vez el más grande del Formativo, con un
templo piramidal de plataformas superpuestas como monumento principal.

Cerro Sechín, entre los ríos Sechín y Casma, cerca del anterior, célebre por sus monolitos de sus
fachadas, con representaciones en relieve de sacerdotes-guerreros y cuerpos mutilados (hacia
1500 a. C.).

Huacaloma, situado en la cuenca del Crisnejo (Cajamarca).

Monolito hallado en una de las plataformas ceremoniales de Kuntur Wasi.

En el Formativo Medio, surge la cultura Cupisnique, en la costa norte, que lleva a la cerámica
andina a sus primeras cimas artísticas. De la misma área de influencia es el complejo de Caballo
Muerto, en el valle del Moche (La Libertad), siendo su principal monumento la Huaca de los Reyes.
También destacan Punkurí y Cerro Blanco, en el valle de Nepeña (Áncash).
Empieza a construirse el santuario de Chavín de Huántar, en la sierra de Áncash, colindando co n la
ceja de selva (hacia 1200-1000 a. C.). Destacan también los sitios de la costa central, siendo el más
importante Garagay (Lima). En Cajamarca se construye el canal de Cumbemayo y surgen los
centros ceremoniales de Pacopampa y Kuntur Wasi. En la cuenca de Titicaca se desarrolla la
Cultura Chiripa.

A partir del 900-800 a. C. se observa en el mundo andino integraciones religiosas y políticas sin
precedentes. Los templos locales fueron abandonados y se impuso Chavín de Huántar como
centro de culto de prestigio suprarregional. El llamado Templo o Castil lo de Chavín se convirtió en
centro de peregrinación de todas las culturas andinas (hacia el 800 a. C.). Ha dado su nombre a
todo un horizonte cultural (Cultura Chavín) que es bien conocido por sus representaciones
artísticas de seres que mezclan atributos de jaguar, serpiente y ave en forma humanizada,
comúnmente conocido como el “dios felino”. Representaciones de dicho dios y sus variantes se
hallan en diversas esculturas o monolitos chavines: el Lanzón monolítico, la Estela de Raimondi, el
Obelisco Tello, la Estela de Yauya y las Cabezas clavas. La influencia de dicho santuario fue tan
acentuada a tal punto que el cronista español Vásquez de Espinoza (1630), dos milenios después,
escuchó que había sido este un antiguo "santuario de los más famosos de los gentiles".

Hacia el Formativo Superior, se desarrollan diversas expresiones culturales regionales, con fuerte
influencia de Chavín. En la costa sur surge el pueblo agricultor y pescador de Paracas, cuyos
bordados multicolores son algunos de los objetos de arte más preciados del antiguo Perú. En el
altiplano del Titicaca, la Cultura Pucará implementa exitosamente un sistema de cultivo de campos
elevados rodeados de agua (camellones o waru waru) que permitía la agricultura en las frías
planicies alto andinas.

En el final de este período, hacia el 400 y 200 a. C., la presión de las poblaciones vecinas, que se
filtraron desde la periferia, provocó el abandono de los templos y de varios centros regionales
menores.