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ANTOLOGIA DEL PAN

El Pan, según la Biblia, resulta ser tan antiguo como el hombre mismo. Adán,
vegetariano, al ser echado de su huerta, no sólo fue condenado a ganarlo con el
sudor de su frente, sino que iba en lo sucesivo a alimentarse de carnes –caza y
pesca- para tragar, las cuales necesitaban acompañarse de pan, tal como
nosotros. Las frutas y las legumbres pasan sin él. Más para aquellas constantes
excursiones de nuestros abuelos prehistóricos, como para las nuestras, era bueno
llevar sándwiches. Toda pena es buena con pan. Y el que tiene hambre, piensa en
él. Lo comen las personas que son como él de buenas. Calma el llanto. ¿A quién
le dan pan que llore? Y las personas sinceras le llaman por su nombre, y al vino.
El pan es sagrado. Manhá “¿qué es esto?” “El pan que se cuaje en torno de
nosotros, mejor que en los trigales:” Antes, Lot (Génesis, III) hizo una fiesta “e hizo
pan”. Y Abraham, cuando recibió a los ángeles, ordenó a la diligente Sara
(Génesis XVIII) que preparara panecillos.
El pan no armoniza con ciertos guisos ni con determinados líquidos. Por eso a las
personas inarmónicas se les llama “pan con atole” y es preferible comer tortillas
con los frijoles y piloncillo con el atole. Tal hacían los indios y todavía o aceptan el
pan. Es sagrado, he dicho, y es católico. Conformándolo con diversas maneras se
celebran fechas notables: las roscas de reyes, el pan de muerto, y desde luego las
torrijas y la capirotada y los chongos
El pan es inseparable de la leche. Si incompatible con el atole, es indispensable
con el chocolate o con el café con leche. Niños y viejos lo bendicen porque se
reblandece mojándolo en “sopas”. No es menor su interés literario. ¿En qué
novela con calabozos no aparece, con el jarro de agua, un pan duro? ¿En qué
novela con altruismo no se habla de los mendrugos o de las migajas y no se dice:
“nos arrebatan el pan.”? ¿Y el amargo pan del destierro?
En nuestros pueblos, coloniales aún, el pan se vende en las plazas, en grandes
canastos. Todavía las familias, en las “colonias”, tienen un panadero predilecto,
aquel que constituye en flirt decorativo que llega a las cinco de la tarde, cuando
ellos vuelven del colegio, con su gran bandeja de chilindrinas, hojaldras, violines,
huesos, cocoles, monjas, empanadas, roscas de canela, cuernos, chamucos…

Las teleras –bolillos y virote, según la región- que consumimos usualmente en la


mesa son adecuadamente grandes; parecen encerrar, además, en su forma de
puño cerrado, una sorpresa. El pan rebanado, americano –el pan que usted
comerá- ya se sabe que nada encierra. (¡Oh, razas blondas que procedéis por
partes, por pisos, por años, por capítulos, por tajadas, por estados!)
La telera y el bolillo son aristocráticos, totales e individualistas. Nadie que se
respete comerá delante de la gente una sobra de bolillo como se come una
rebanada de pan. Y decid, francamente, ¿no halláis preferibles las tortas
compuestas a los sándwiches, aun los pambazos compuestos?

Mas, ya aparecen casas americanas que reparten pan en automóvil: tostado y de


pasas -¡poca imaginación nórdica!-, para todos los usos. Aquellos grandes
surtidos de bizcochos para la merienda van desapareciendo. En los cumpleaños
ya se parte el birth-day-cakes. El té substituye al chocolate y se toma con pan
tostado o con pan de pasas. Los bolillos, grandes trigos, ceden su puesto a las
monótonas rebanadas. México se desmejicaniza. “Con su pan se lo coma.”.
Y ya digo que no lo tomo, pero sí frecuento las panaderías, y en los restaurantes
caros me distraigo, ya que está incluido en el precio, eligiendo los panecillos de
fantasía que te ofrecen antes de empezar a comer. La nomenclatura del pan
siempre ha sido ocurrente, en todas las culturas, pero la nueva cocina la ha
llevado muy lejos: pan con pasas y posos de té; pan sin masa, todo él corteza
blanda; pan de teta de monja con un suspiro de trigo líquido en su interior. Pedir
pan integral a secas está considerado hoy una ordinariez en los sitios de cinco
tenedores.
Mi admirado Salvador Novo, uno de los grandes escritores mexicanos del grupo
de los Contemporáneos, tiene un breve artículo llamado Antología del pan, del que
robo fundamentalmente el título. Novo le saca punta al pan todo lo que puede,
pero se nota que lo escribió hace más de sesenta años, antes de la revolución
panificadora. Por ejemplo, él dice que los pambazos, los panes negros, sólo los
comían los esclavos, "y el pan blanco los ricos, como hoy". Hoy la negritud de un
pan se paga cara, sobre todo si viene de Alemania y la Europa nórdica, donde es
un complemento ideal para acompañar el embutido y los arenques.
En las panaderías de delicatessen abiertas para vender el pan de hoy en día
(aunque algunas lleven en su nombre la arcaica palabra horno) me sorprenden
siempre las libertades que el confeccionador (no son en realidad panaderos) se
toma con la baguette, el segundo mayor invento gastronómico francés después
del foie-gras. Como la mayoría de los títulos fílmicos de Hollywood, la baguette no
ha sido traducida en las tiendas (¿quedaría flojo varita?).
Tampoco la chapata se sabe muy bien lo que significa. Las pistolas. Ése sí que es
un buen título. Con lo que llegamos al pan cinematográfico, que ha sido muy
fructífero, sin contar la película de Kazan con Marlon Brando, Viva Zapata. Los
niños de mi colegio de curas íbamos a ver Marcelino pan y vino, y nuestros
hermanos mayores lograban colarse en la serie italiana (picante, para el gusto de
la época) que empezó con Pan, amor y fantasía y siguió con otros panes variados,
hasta llegar como franquicia a nuestro país, donde se rodó Pan, amor... y
Andalucía. Estaba en ella un Vittorio de Sica importado de la serie italiana, pero
acompañado, en lugar de la Lollobrigida y Sofía Loren, del trigo limpio de Carmen
Sevilla.
Para mí el mejor pan del mundo es el de Marruecos, y no hablo metafóricamente
como homenaje al hace poco fallecido Mohamed Choukri. Su novela El pan
desnudo es un libro conmovedor, que parte de una base documental
autobiográfica hasta convertirse en un relato iniciático, del que resuenan sus
palabras finales: "¡Es tarde para aspirar a ser ángel!". En cualquier pueblo remoto
del país de Choukri se hace un pan sabroso y jugoso, alimento de humildes y
delicia de todos.
"El pan nuestro de cada día". La frase es una rogativa y el título de otra película
magistral, Our daily bread, de King Vidor. Cada día. Salvador Novo alude en su
artículo a esos tiempos en que comprar el pan recién hecho cada día era una
bendición vetada en domingo. Y anota dos pesadillas recurrentes: el terror a las
huelgas de panaderos y el pan endurecido de un día para otro. Hoy ya no existe
nada de eso, pues las grandes superficies y también las tiendas 24 horas
anuncian por megafonía que acaba de salir del horno (eléctrico) la nueva remesa
calentita de hogazas, y el sándwich llega a la filigrana con un pan todo él molla
blanca, sin cenefa marrón. También lo previó Novo: "México se desmexicaniza.
Con su pan se lo coma".
Síntesis
Sobre lo que trata este artículo es sobre el pan, es esencial en nuestra
vida diaria y el pan, representa en si un papel muy importante en
nuestra existencia, porque es uno de los alimentos más antiguos. El
pan es una representación muy básica para la religión católica, ya que
representa la vida, porque necesitamos de él.
El pan es tan esencial para todos, que no solo se usa para comer, sino
también para las lecciones diarias de la vida, porque está presente en
los refranes más populares.
También está presente en la conciencia social de las personas, ya que
el pan es uno de los alimento básicos en la alimentación de cualquier
persona (no importa su nivel socioeconómico). A la comunidad le
afecta saber o más bien ver, como a las personas de bajos recursos
no les alcanza para comprar este alimento que es uno de los
alimentos básicos para una buena nutrición en la vida de las personas.