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Según el informe técnico del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) del

último trimestre del 2010 -octubre, noviembre y diciembre-, las mujeres son las más
afectadas por el desempleo en la mayoría de los niveles de edad. Así, mientras las
mujeres cuyas edades comprenden entre 25 a 44 años presentan desempleo de 3,2%,
en el mismo rango de edad la desocupación masculina alcanza 2.7%, es decir una
diferencia de 0.5 puntos porcentuales.

En el grupo de 45 y más años la tasa de desempleo femenina es de 3,4% mientras


que la masculina alcanza 1,7%. No obstante, el desempleo masculino supera al
femenino en el rango de edades entre 14 a 24 años, 11.9% (desempleo varones)
frente a 8.5% (mujeres).

También en ingresos
Respecto a los ingresos por género, el ingreso promedio mensual de la Población
Económicamente Activa (PEA) ocupada masculina, alcanzó los S/. 1307.1 mensual,
en el tercer trimestre del pasado año, mientras que la PEA femenina S/. 810.6
mensual. Es decir, los hombres ganan mensualmente en promedio S/. 496.5 más que
las mujeres.

Al comparar los ingresos de hombres y mujeres en el último trimestre de 2010, con


similar periodo del año anterior , se evidencia que el ingreso en promedio mensual de
los hombres aumenta en 3.0%, (S/. 38.3) mientras que los ingresos de las mujeres
disminuyen en 5.8% (S/. 48.4).

Pero esta desigualdad de los ingresos promedios entre hombres y mujeres se acentúa
en todos los niveles de edad, principalmente en el grupo de 25 a 44 años, donde el
ingreso de las mujeres, en promedio, alcanza S/. 845,4, cifra que representa el 57,9%
del ingreso de los hombres, cuyos ingresos son de S/. 1,460.9. Es decir, los varones
perciben ingresos de hasta S/. 615.5 más que las féminas en dicho rango de edades.

Si bien entre los jóvenes de 14 a 24 años la brecha salarial se acorta, no obstante


estas continúan. Así, la PEA joven masculina obtiene un ingreso de S/. 733,5 mensual
y las mujeres de este grupo de edad un ingreso de S/. 572,6, mostrando una diferencia
de S/.161 a favor de los varones.

En el grupo de edad de 45 a más años de edad, el ingreso promedio de los hombres


alcanza a S/. 1,382.6 mensual y el de las mujeres a S/. 902.1, una diferencia de S/.
480.5.

El ingreso promedio mensual en el grupo de edad de 25 a 44 años en los varones


suma S/. 1,460.9 mensual, siendo S/.615.5 más que el ingreso promedio de las
mujeres que fue S/. 845.4.

Subempleo
Las diferencias entre hombres y mujeres no solo se evidencian en la cantidad de
ingresos, sino que también en los niveles de empleo. Así – según el reporte del INEI-
de cada 100 hombres 94 se encuentran ocupados, mientras que de cada 100 mujeres
91 están ocupadas.
Del total de hombres ocupados 66 se encuentras adecuadamente empleados -es decir
estos laboran 35 o más horas a la semana y reciben ingresos por encima del ingreso
mínimo o trabajan menos de 35 horas semanales y no desean trabajar más horas-,
mientras en el caso de las mujeres solo 36 mujeres de cada 91 ocupadas, se
encuentran adecuadamente empleadas, y 55 féminas están subempleadas (de las
cuales 17 trabajan menos de 35 horas a la semana por causas involuntarias o
subempleadas por horas y 38 trabajan 35 ó más horas a la semana pero sus ingresos
son inferiores al valor de la canasta mínima).

Desigualdad de género es un problema


estructural de América Latina
Diario Uchile | Lunes 16 de diciembre 2013 18:13 hrs.

Pese a la masiva incorporación femenina a la fuerza de trabajo en las


últimas décadas en la región, las brechas de género persisten.
Desigualdades de género son consecuencia directa de las
perspectivas tradicionales sobre el lugar y el papel que deben ocupar
las mujeres en la sociedad, basadas en prejuicios y discriminaciones.
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género
Diagnósticos sobre la participación laboral femenina y una serie de
recomendaciones y propuestas para generar políticas que promuevan la
equidad de género en el empleo en pos del desarrollo sostenible y
equitativo, realizaron cinco organismos internacionales que elaboraron de
manera conjunta el “Informe sobre Trabajo Decente e Igualdad de
Género. Políticas para mejorar el acceso y calidad del empleo de las
mujeres en América Latina y El Caribe”.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT), ONU Mujeres, el
Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la
Comisión Económica para América Latina y El Caribe (CEPAL) y la
Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la
Agricultura (FAO) sostienen que la superación de las brechas entre
hombres y mujeres -potenciadas por las desigualdades raciales y
étnicas- requiere el desarrollo de políticas que permitan avanzar hacia la
autonomía económica y la igualdad de género.

El Informe sobre “Trabajo Decente e Igualdad de Género” busca apoyar


el diseño y la puesta en marcha de políticas de empleo para la igualdad
de género, que contribuyan a los esfuerzos colectivos que se realizan en
pos del desarrollo sostenible y equitativo, con trabajo decente y calidad
de vida en los países de América Latina y el Caribe.
Los organismos internacionales que generaron el informe aseguran que
las desigualdades de género son consecuencia directa de las
perspectivas tradicionales sobre el lugar y el papel que deben ocupar las
mujeres en la sociedad, basadas en prejuicios y discriminaciones, que no
sopesan los avances que ha experimentado la región y sus efectos en
las sociedades.

Por ello, el informe sostiene que si América Latina y el Caribe quiere


abordar eficazmente sus enormes desigualdades sociales, necesita
concentrar esfuerzos, recursos y espacios en las políticas públicas
orientadas hacia las mujeres, pues son ellas las más vulnerables a la
pobreza, quienes reciben los salarios más bajos, a la vez que los
destinan en mayor medida al bienestar familiar.

Asegura el informe que la situación que enfrentan las mujeres en el


empleo requiere afectar los sistemas estructurales en los que se funda la
desigualdad y que las políticas públicas hacia el trabajo deben concurrir a
la construcción de sociedades más inclusivas e igualitarias, fortaleciendo
la inserción, la permanencia y el ascenso de las mujeres en el mercado
laboral, en condiciones de igualdad.

Persistencia de las brechas de género


Durante las últimas décadas en la región se produjo una masiva
incorporación femenina a la fuerza de trabajo, especialmente de mujeres
urbanas y con mayores niveles educativos, debido a los avances en su
nivel de escolaridad. Sin embargo, la participación de la mujer es muy
heterogénea en la región y cerca de la cuarta parte de la población
económicamente activa –masculina y femenina– tiene bajos niveles de
calificación.

A pesar de que la tasa de participación laboral femenina regional


aumentó cerca de tres puntos porcentuales en la última década (de
49,2% en 2000 a 52,6% en 2010), la brecha de género en la participación
en el mercado laboral continúa siendo relevante y las mujeres tienen
mayores tasas de desempleo (9,1% las mujeres y 6,3% los hombres),
constituyendo más de la mitad del total de personas desocupadas en la
región.

Las mujeres enfrentan mayores niveles de precariedad laboral: tienen


menos probabilidades de trabajar como asalariadas que los hombres
(60,7% y 68,5%, respectivamente); una proporción alta sólo encuentra
empleo en el servicio doméstico (15,3% en contraste con 0,8% de los
hombres), que en su gran mayoría es informal o desprotegido; y duplican
el porcentaje de quienes son trabajadores familiares no remunerados
(2,7% de las mujeres versus 1,1% de los hombres).

Lo anterior incide en las diferencias en las remuneraciones de hombres y


mujeres: en 2000 ellas ganaban en promedio 66% de lo percibido por los
hombres, mientras que en 2010 ese porcentaje había aumentado a 68%.
Asimismo, la actividad principal de un tercio de las mujeres mayores de
15 años en la región no es remunerada, concentrándose en las tareas
domésticas y el cuidado de la familia.

Si bien la pobreza en América Latina presenta una tendencia a la baja,


las brechas de pobreza entre hombres y mujeres se han incrementado,
generando una “feminización de la pobreza”. Y más de la mitad de
quienes emigran de la región son mujeres.

Desigualdad de género como problema estructural


El informe sostiene que la desigualdad social y de género en la región es
un problema estructural que exige de la intervención de políticas
públicas, con medidas de corto, mediano y largo plazo para que la
desigualdad sea efectivamente erradicada de la región.
Agrega que la región todavía carece de políticas públicas bien
estructuradas y con una perspectiva estratégica en relación al trabajo,
donde se incluya la generación de empleos de calidad y la no
discriminación en todas sus dimensiones.
Para avanzar hacia la autonomía económica y la igualdad de género, los
cinco organismos internacionales proponen un conjunto de
recomendaciones para el desarrollo de políticas, que buscan apoyar a los
gobiernos, organizaciones de trabajadores y de empleadores, además de
los movimientos de mujeres en la construcción de políticas para mejorar
el acceso y la calidad del empleo en sus países.

DESIGUALDAD DE GÉNERO EN LA REGIÓN: EL


APRENDER A VALORAR A LA MUJER
Del seis al nueve de agosto del presente año se llevó a cabo en la ciudad de Quito la Décima
Conferencia Regional sobre la Mujer en América Latina y el Caribe. En dicho evento se
analizaron dos temas cruciales para la igualdad de género. El primero, la contribución de las
mujeres a la economía y la protección social, especialmente en relación con el trabajo no
remunerado. El segundo, la participación política y la paridad de género en los procesos de
adopción de decisiones.

Las reformas en el campo político se iniciaron en la región en la década de los noventa.


Argentina fue el primer país en promulgar una ley de cupos en los partidos políticos, en
nuestro país no fue sino hasta el año 1997. A pesar de que el efecto ha sido el esperado,
debido a que se ha logrado incrementar la participación femenina en las decisiones políticas,
aún quedan temas pendientes sobre el tapete. El principal, la calidad del puesto ocupado.

En cuanto al aspecto económico, la situación no es alentadora. El ingreso promedio de la


mujer en la región representa aproximadamente el 70% del ingreso del hombre. Dicha
desigualdad se refleja en el sistema previsional, en el cual las mujeres, que por lo general
viven más años que los hombres, reciben pensiones inferiores[1].

Por ejemplo, en nuestro país el grupo de trabajadoras del hogar conforma el punto más claro
de la desigualdad de género en el aspecto laboral. Según el INEI y el MTPE[2], en el Perú
hay cerca de cuatrocientos cincuenta mil trabajadores del hogar, las cuales son en su
mayoría mujeres provenientes de provincia. El 40% trabaja más de 60 horas a la semana y
no cuenta con seguro social ni aportes al sistema previsional de pensiones. No se trata de
definir si el aporte de la mujer al desarrollo de la sociedad es mayor, menor o similar al del
hombre, sino de apreciar y valorar la importancia de dicho aporte en su real dimensión.

La desigualdad es el trato desigual o discriminatorio de un individuo hacia otro debido a su


posición social, económica, religiosas, sexo, raza, entre otros. La desigualdad o discriminación
no obtiene relevancia social hasta que no hayan principios o derechos fundamentales a la
igualdad. Las minorías sociales son las que más sufren trato desigual.

Las grandes entidades o grupos usan la discriminación para mantener control de los pequeños
grupos. Esto se ve mayormente en el área de la política y la religión donde éstos aislan a los
grupos minoritarios para así seguir controlando y acaparando ciertas áreas de la sociedad.

Generalmente es admitido que valores como la libertad, la justicia, la paz, el respeto o la


solidaridad tienen un carácter universal; de manera que además de considerarse
indispensables, se constituyen en los pilares básicos de todas las sociedades democráticas1.
No obstante, no todos tienen el mismo protagonismo, y no todos son asimilados o
interiorizados igualmente. Para ilustrarlo baste recordar la virulenta reacción de ciertos grupos
sociales ante la aprobación, por ejemplo, de leyes que regulan la igualdad de derechos de las
personas con diferente orientación sexual o el problema que aparece en los países
desarrollados ante la llegada más o menos masiva de inmigrantes y la reacción de rechazo
que, tarde o temprano, muestran algunos sectores de la sociedad: si bien la solidaridad o el
respeto son aceptados como deseables, la realidad muestra sin duda la doble moral con la que
dichos valores son entendidos, cuando de vivirlos o hacerlos realidad se trata. Otra
interpretación posible de esta situación, sería identificar la evidente diferencia entre la
importancia otorgada a unos valores y otros, con la existencia de una jerarquización entre ellos.
Así, si bien hablamos de grandes valores, universales y atemporales, encontramos diferentes
modos de priorizarlos e, incluso, de interpretarlos, ya sea en función del contexto social,
cultural, político o religioso.

los países con mayores desigualdades económicas tienen mayores problemas de salud mental
y drogas, menores niveles salud física y menor esperanza de vida, peores rendimientos
académicos y mayores índices de embarazos juveniles no deseados