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Universidad Mesoamericana

Lic. Psicología
Filosofía de la Ciencia

Ensayo Final

16 de junio de 2017
Alumno: Diana Karina Barrita Ortiz
Catedrático: Edgar José Hernández Cruz

Introducción:
El objetivo del presente trabajo es presentar de manera ordenada y sistemática el análisis hecho por
Foucault de la práctica psiquiátrica a partir del siglo XIX, centrándome en la verdadera función de
la intervención psiquiátrica . Analizar cómo el poder médico encuentra garantías y justificaciones
en los privilegios del conocimiento, el médico es competente, conoce a los enfermos y las
enfermedades, obtiene un saber científico que le da el fundamento para sus intervenciones y de sus
decisiones. Así el poder del médico le permite producir la realidad de una enfermedad mental cuya
característica es reproducir fenómenos por completo accesibles al conocimiento.
Resulta evidente que debido al sistema capitalista en el que nos desarrollamos, las necesidades de
producción por parte del Estado, requieren de una rápida recuperación por parte del paciente
“mental” debido a lo cual, cada vez hay menos lugar para una atención psicoterapéutica que
implique mucho tiempo de recuperación por parte del paciente, es por estas razones que no vemos
clínicas públicas o de gobierno de atención psicológica. En cambio lo que se observa es una
prevalecía de un discurso o una visión psiquiátrica en torno a la atención en salud mental.
Finalmente, en el área de la psicología, como parte del área de la salud se considera que debe
brindarse atención integral a todo individuo; por lo que, es necesario cambiar de
pensamiento en donde el estudio de la enfermedad mental se realice desde la integralidad
de la realidad del individuo y no sólo de la parte de readaptación al trabajo .

Desarrollo:

La intervención de la psiquiatría en el ámbito de lo penal tuvo lugar a principios del siglo XIX tras
una serie de casos que tenían más o menos la misma forma y que acontecieron entre 1800 y 1835.
Tras la revisión de algunos casos que se consideraban importantes y constituyentes de las
discusiones entre médicos y juristas, se señaló que presentan un marco muy diferente de lo que
había constituido hasta entonces la jurisprudencia de la locura criminal. Hasta finales del siglo
XVIII, el derecho penal sólo planteaba la cuestión de la locura en los casos en los que el código
civil y el derecho canónico también la planteaban.
Lo importante es que el desarrollo de la psiquiatría criminal no ha tenido lugar perfilando el
problema tradicional de la demencia o analizando de cerca la sintomatología del furor. Todos estos
problemas, con las discusiones a las que dieron lugar durante años, fueron sustituidos por el nuevo
problema de los crímenes que no van precedidos, acompañados o seguidos de alguno de los
síntomas tradicionales, reconocidos, visibles, de la locura. En cada caso se insiste en el hecho de
que no había antecedente, ni conflicto anterior del pensamiento o de la conducta, ni delirio;
tampoco había agitación ni desorden como en el furor; el crimen surgía de eso que se llamó el grado
cero de la locura.
“Lo que la psiquiatría del siglo XIX ha inventado es la entidad absolutamente ficticia
de un crimen-locura, de un crimen que es enteramente locura, de una locura que no es
otra cosa que crimen. Los psiquiatras, han tratado de hacerse sitio en los mecanismos
penales, han reivindicado su derecho de intervención, más que buscando en los
crímenes cotidianos los miles de pequeños signos visibles de locura que pueden
acompañarlos, pretendiendo que había locuras que no se manifestaban más que en
crímenes enormes. ”1
Así el crimen se convirtió en un reto importante para los psiquiatras porque se trataba más de una
modalidad de poder garantizar y justificar, que de un campo de conocimiento que conquistar. La
psiquiatría se hizo importante en el siglo XIX, no simplemente porque aplicaba una nueva
racionalidad médica a los desórdenes del espíritu o de la conducta, sino porque funcionaba como
una forma de higiene pública. La intervención de la medicina mental en la institución penal a partir
del siglo XIX no es consecuencia o simple desarrollo de la teoría tradicional de la irresponsabilidad
de los dementes y de los coléricos.
Se debe al ajuste de dos necesidades que dependían, una del funcionamiento de la medicina como

1
.- Foucault, Michel. Estética, ética y hermenéutica, Buenos Aires. Ed. Paidós, 1999, pp .
higiene pública, otra del funcionamiento del castigo legal como técnica de transformación
individual. Estas dos nuevas exigencias se ligan una y otra con la transformación del mecanismo del
poder por el cual, se trata de controlar el cuerpo social en las sociedades de tipo industrial. Pero, a
pesar de este origen común, las razones de la medicina para intervenir en el campo de lo criminal y
las razones de la justicia penal para acudir a la psiquiatría son esencialmente distintas.
El crimen monstruoso, al mismo tiempo contra natura y sin razón, es la forma bajo la cual coinciden
la demostración médica de que la locura es, siempre peligrosa, y la impotencia judicial para
determinar el castigo de un crimen sin haber determinado los motivos del mismo. Así se inscribe
tanto en la institución psiquiátrica como en la institución judicial el tema del hombre peligroso. La
práctica y después la teoría penal, tendieron en el siglo XIX y después en el siglo XX a hacer del
individuo peligroso el principal blanco de la intervención punitiva.
Cada vez más, la psiquiatría del siglo XIX tendió a buscar los estigmas patológicos que pudieran
marcar a los individuos peligrosos: locura moral, locura instintiva, degeneración. Pero otra
consecuencia importante es que se va a transformar considerablemente la vieja noción de
responsabilidad penal. Ésta, estaba próxima todavía al derecho civil, fuera de toda crisis de furor.
Ahora, la responsabilidad ya no está solamente ligada a esa forma de la conciencia, sino también a
la inteligibilidad del acto en relación con la conducta, el carácter, los antecedentes del individuo.
“Cuanto más psicológicamente determinado se encuentra un acto, más podrá ser su autor
considerado penalmente responsable. Cuanto más sea el acto de algún modo gratuito e
indeterminado, más se tenderá a excusarse.” 2
La época de la antropología criminal, con sus ingenuidades radicales, parece haberse esfumado con
el siglo XIX; una psicosociología de la delincuencia, mucho más sutil y mucho más aceptable por el
derecho penal parece haber tomado el relevo. La penalidad moderna da derecho a la sociedad sobre
los individuos únicamente por lo que hacen: sólo un acto definido por la ley como infracción puede
dar lugar a una sanción, modificable sin duda según las circunstancias o las intenciones.
Ciertamente ya no a partir de lo que es por su estatus, sino de lo que es por naturaleza, según su
constitución, según sus rasgos de carácter o sus variables patológicas.

Sin duda la práctica del internamiento a comienzos del siglo XIX coincide con el momento en que
la locura era percibida menos en su relación al error que en relación a la conducta regularizada y

2
- Foucault, Michel. Estética, ética y hermenéutica, Buenos Aires. Ed. Paidós, 1999, pp . 49
normal. Entonces, ¿cuál sería la función del manicomio en el movimiento de querer regresar a las
conductas regularizadas? Por supuesto, la función encomendada a los hospitales a finales del siglo
XVIII era permitir descubrir la verdad en la enfermedad mental, alejar todo el medio en el que vivía
el enfermo y que pudiera enmascarar la enfermedad, confundirla, y también potenciarla. Sin
embargo, el hospital, se volvía en un lugar de confrontación; la locura, debía de encontrar la manera
de regresar a la conducta de voluntad recta.

Así la función del hospital psiquiátrico del siglo XIX se instituye como un lugar de diagnóstico y de
clasificación, en el que las especies de las enfermedades son distribuidas en pabellones; pero
también un espacio cerrado para un enfrentamiento. Todas las técnicas o los procedimientos puestos
en práctica en los manicomios del siglo XIX , tales como aislamiento, interrogatorio público o
privado, tratamientos-castigo como la ducha, los coloquios morales (para estimular o amonestar), la
disciplina rigurosa, el trabajo obligatorio, las recompensas, las relaciones preferentes entre el
médico y determinados enfermos, las relaciones de posesión, de domesticación, y a veces de
servidumbre que ligan al enfermo con el médico, todo esto tenía como función convertir a la figura
del médico en el dueño de la locura, de esta manera el médico es quien la hace mostrarse en su
verdad y quien la domina, la calma y la disuelve, tras haberla desencadenado sabiamente.

Así el poder médico encuentra sus garantías y sus justificaciones en los privilegios del
conocimiento: el médico es competente, conoce a los enfermos y las enfermedades, obtiene un
saber científico que le da el fundamento para sus intervenciones y de sus decisiones. El poder del
médico le permite producir la realidad de una enfermedad mental cuya característica es reproducir
fenómenos por completo accesibles al conocimiento.

El poder que el manicomio proporciona al psiquiatra debería producir fenómenos integrables en la


ciencia médica. Se comprende así la razón por la que técnica de la hipnosis y de la sugestión, el
problema de la simulación, el diagnóstico diferencial entre enfermedad orgánica y enfermedad
psicológica, han constituido durante tantos años (al menos desde 1860 a 1890) el centro de la
práctica y de la teoría psiquiátrica

Parece en todo caso que todas las grandes revueltas que han sacudido la psiquiatría desde finales del
siglo XIX han puesto en cuestión el poder del médico, su poder y el efecto que producía sobre el
enfermo más que su saber y la verdad de lo que dice.

Cuando a comienzos del siglo XIX se pusieron en marcha las grandes estructuras manicomiales se
las justificaba mediante la existencia de una maravillosa armonía entre las exigencias del orden
social, que debía ser protegido frente al desorden de los locos, y las necesidades de la terapéutica
,que implicaba el aislamiento de los enfermos.

Según Esquirol, psiquiatra francés, para justificar el aislamiento de los locos daba cinco razones
fundamentales: 1) asegurar su seguridad personal y la de sus familiares; 2) librarlos de las
influencias exteriores; 3) vencer sus resistencias personales; 4) someterlos por la fuerza a un
régimen médico; 5) imponerles nuevos hábitos intelectuales y morales. 3

Pues bien, lo que estaba en juego en esas relaciones de poder era el derecho absoluto de la no locura
sobre la locura. Un derecho traducido en términos de competencia que se ejerce sobre una
ignorancia, de sentido común, de acceso a la realidad capaz de corregir los errores (ilusiones,
alucinaciones, fantasmas), de la normalidad que se impone sobre el desorden y la desviación.

“Nuestra ciencia nos permite calificar tu locura de enfermedad y precisamente por eso nosotros los
médicos poseemos la suficiente cualificación para intervenir y diagnosticar en ti una locura que te
impide ser un enfermo como los demás: tú serás por tanto un enfermo mental” 4

¿Entonces en realidad qué papel juega la psiquiatría? considero pues que la psiquiatría, tal y como
la conocemos hoy en día, es un negocio, un acuerdo para integrar y domesticar a los individuos
para la producción y no para reintegrar su salud mental. Su conglomerado de teorías "a medio
hacer" las transmite una élite arbitraria: autoridades que han conseguido alcanzar esa condición a
través de sus conocidos y engañando al gobierno para que les conceda aún más dinero en
subvenciones. Entonces, esta cuestión de lo productivo económicamente, de la adecuada
“adaptación” social, tiene que ver con las necesidades llamadas neoliberales o capitalistas, ya que lo
más importante en términos económicos y productivos para el Estado, es la generación de capital
monetario.

Las necesidades de producción por parte del Estado, requieren de una rápida recuperación por parte
del paciente “mental” debido a lo cual, cada vez hay menos lugar para una atención
psicoterapéutica que implique mucho tiempo de recuperación por parte del paciente, es por estas

3
Ríos, Andrés . Locura y encierro psiquiátrico en México: el caso del manicomio la castañeda, 1990
Antípoda. Revista de Antropología y Arqueología, núm. 6, 2008, pp. 73-90
4
. Michel Foucault. La vida de los hombres infames, Buenos Aires. Ed. Paidos, 1996 pp 82
razones que no vemos clínicas públicas o de gobierno de atención psicoanalítica, por ejemplo. En
cambio lo que se observa es una prevalecía de un discurso o una visión psiquiátrica en torno a la
atención en salud mental. Berlinguer afirma que el carácter mismo de la psiquiatría “siempre ha
sido una técnica represiva o conformizadora, un instrumento más o menos brutal de segregación
solo que ahora ha dulcificado métodos y objetivos”5.

Esta idea de la represión como característica de la psiquiatría, no es en sentido literal, más bien se
refiere a un medio de control. Y por tanto, implica una relación de poder entre psiquiatras (Estado)
y pacientes (sociedad). Mientras tanto, en cuanto a lo que hacen en realidad, existen solamente tres
métodos primarios de "tratamiento": electrochoque, psicocirugía y fármacos psicotrópicos.

Sin duda la Psiquiatría es una de las profesiones donde en mayor medida los derechos humanos se
violan. Entre ellos ha llegado a la APA (Asociación de Psiquiatras de América) el abuso sexual de
los pacientes. En los últimos diez años, la A.P.A. ha suspendido o expulsado sólo a 113 psiquiatras
por abusar de sus pacientes. También después de setenta años de investigación y praxis psiquiátrica,
todavía no existe una prueba de laboratorio para la esquizofrenia o cualquiera de los otros
trescientos trastornos del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM).. Es
por esto que la Psiquiatría trata con “trastornos” y no enfermedades, ya que no hay pruebas
biológicas ni un análisis de sangre para demostrar la presencia de una enfermedad mental como lo
hay para una corporal. Los “trastorno mentales” son síntomas que padecen en común varios
pacientes pero carecen de una causa conocida o de una fisiología.
La Asociación Mundial Psiquiatría admite que los psiquiatras no conocen las causas ni las curas de
ningún trastorno mental, sólo tienen opiniones y carecen de toda base científicas para ellos.
Esto no significa que esté en contra de la psiquiatría o las instituciones de salud mental. Por
supuesto que deben de existir instituciones de salud mental pero con médicos competentes que
dediquen el tiempo necesario a realizar los exámenes físicos oportunos que permitan detectar con
precisión el origen de las enfermedades y de los comportamientos indeseados o dolorosos en lugar
de tratar de tapar con drogas los síntomas y las posibles repercusiones de las causas reales. Los
centros donde atender a estas personas deberían ser un lugar de tranquilidad, con espacio para
facilitar la movilidad de los pacientes de forma que puedan ser controlados sin ser atados, drogados

5
Torres López, Moisés. La salud mental y el discurso de poder del binomio psiquiatría-Estado, en
México.Humano: funciona y trabaja que te lo ordeno! Revista Sinfín, no. 3, México, 2014, pp. 82-86
y/o maltratados.

CONCLUSIÓN.
El discurso de la psiquiatría ha sido adoptado por los medios, como un discurso de poder, ya que la
salud mental también es algo que está bajo el control del Estado. Es importante realizar propuestas
o críticas para mejor o intervenir en los modelos públicos de atención psicológica, ya que los
objetivos a lograr por parte del Estado, en este sentido se han convertido o imitado bastante al
modelo médico tradicional es decir, la urgencia radica en diagnosticar rápido, atender pronto y
establecer una “cura” pronta a la problemática del paciente. En términos económicos y productivos,
que el paciente, no deje de laborar y que no deje ser productivo. Por supuesto el método más rápido
es el uso de los medicamentos o de técnicas psicoterapéuticas rápidas.
En mi carrera como parte del área de la salud considero que debe brindarse atención integral a
todo individuo; por lo que, es necesario cambiar de pensamiento en donde el estudio de
la enfermedad mental se realice desde la integralidad de la realidad del individuo y no sólo de
la parte de readaptación al trabajo .

REFERENCIAS:

Foucault, Michel. Estética, ética y hermenéutica, Buenos Aires. Ed. Paidós, 1999 .
Michel Foucault. La vida de los hombres infames, Buenos Aires. Ed. Paidós, 1996. Recuperado de:
http://www2.uadec.mx/pub/pdf/vida_infame.pdf

Berlinguer. G. Psiquiatría y Poder. Barcelona. Granica Editor, 1977. Recuperado de:


http://www.granicaeditor.com/pag.asp?f=.html

Torres López, Moisés. La salud mental y el discurso de poder del binomio psiquiatría-Estado, en
México.Humano: funciona y trabaja que te lo ordeno. Revista Sinfín, no. 3,, México, 2014.
Recuperado de: http://www.revistasinfin.com/divagaciones-eruditas/la-salud-mental-y-el-discurso-
de-poder-del-binomio-psiquiatria-estado-en-mexico-humano-funciona-y-trabaja-que-te-lo-ordeno/