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Trastorno por Déficit de Atención sin Hiperactividad (6 años)

El Trastorno por Déficit de Atención sin Hiperactividad (TDA) se caracteriza por una
marcada desatención, pero sin presencia de síntomas hiperactivos. Suele tener una
incidencia muy baja en los niños ya que solo el 30% de los pequeños que padecen
TDAH presentan déficit de atención sin llegar a desarrollar una conducta hiperactiva.
No obstante, es más común en las niñas.

¿Cuáles son las causas del TDA?


En la actualidad los investigadores
coinciden en que el TDA es una alteración
del desarrollo que evoluciona a partir de la
conjugación de varios factores. Uno de
ellos es la predisposición genética. Al
respecto, un estudio publicado en la revista
Genes, Brain and Behavior ha descubierto
una estrecha relación entre el gen LPHN3
y el desarrollo de los síntomas del TDA y el
TDAH en los niños, aunque
investigaciones anteriores ya habían
encontrado otros genes relacionados, como el gen GMR5.
También se ha encontrado que la herencia juega un papel esencial en el desarrollo
del TDA. Según algunos estudios, los niños con padres, hermanos o tíos con el
trastorno tienen mayores probabilidades de desarrollarlo.
Por otra parte, estudios realizados en la Facultad de Medicina de la Universidad de
Michigan han comprobado que algunas alteraciones funcionales del cerebro, como
una conexión neural más lenta o algunas lesiones frontales, también pueden
desencadenar el trastorno. Asimismo, se conoce que el consumo de sustancias
tóxicas durante el embarazo, así como vivir en un entorno familiar violento o
disfuncional puede desencadenar o acentuar los síntomas del TDA.
Los síntomas del TDA
Los niños con TDA se distraen con
facilidad ya que cualquier estímulo
externo los saca de su actividad. De
hecho, suelen tener problemas para
mantenerse concentrados en una
misma actividad durante largos
periodos de tiempo, por lo que cambian
de tarea con frecuencia, e incluso
muchas veces dejan inconclusas las
actividades.
Estos niños suelen tener una inteligencia normal o incluso superior a la media, pero
a pesar de ello presentan un bajo rendimiento escolar ya que les cuesta mucho
concentrarse en las clases y seguir las orientaciones del profesor. Sin embargo, a
diferencia de los pequeños con TDAH, no suelen mostrarse inquietos ni tienen una
actividad motora intensa.
TDA Causas, síntomas y tratamiento
En sentido general, los niños que padecen TDA se caracterizan por:
Presentar una gran dispersión mental y distraerse con facilidad.
Ser desorganizados y tener problemas para concentrarse en una sola tarea.
Ser muy distraídos y olvidar rápidamente las cosas, sobre todo si no las han
entendido bien.
Dejar inconclusas sus tareas y cometer errores imprudentes.
Tener problemas para mantenerse centrado en tareas, juegos o conversaciones
largas.
Mostrarse absortos cuando se le habla directamente.
Evitar las tareas que requieren un esfuerzo mental sostenido, como los trabajos
escolares o domésticos.
Perder sus objetos con facilidad, como el material escolar, llaves, libros, gafas o
móviles.
Cuando el niño con TDA no recibe tratamiento, los síntomas pueden empeorar y el
pequeño puede ser tildado de perezoso e irresponsable. El hecho de que no pueda
enfrascarse en una tarea y que se distraiga con facilidad también puede provocar
problemas en su rendimiento académico e incluso ser causa del fracaso escolar.
¿Cuál es el tratamiento del TDA?
Existen diferentes tratamientos para el TDA que
contribuyen a mantener bajo control los síntomas.
Lo más habitual es recurrir a la terapia
conductista, aunque en algunos casos también
puede ser necesario echar mano a los
medicamentos.
El tratamiento farmacológico se basa en el uso de
dos tipos de fármacos: los estimulantes como el
metilfenidato y los no estimulantes como la
atomoxetina y la guanfacina. El medicamento y la
dosis de variarán según el caso.
Por otra parte, la terapia conductista se dirige a potenciar la concentración del niño
y a enseñarlo a regular su conducta, aunque también puede incluir sesiones de
entrenamiento para los padres. La terapia con el pequeño se enfocará
fundamentalmente en ayudarle a resolver problemas, distinguir los estímulos que lo
distraen y mejorar su concentración en clases y en el resto de las actividades de la
vida cotidiana.
Recomendaciones para padres de niños con déficit de atención
e hiperactividad (TDAH)

 Uso de agenda
Planificar las acciones que a diario desempeñará el niño resulta fundamental, pues
le demuestra cómo planificar su día, cuánto tiempo tiene para ejecutar ciertas
acciones y le muestra un escenario seguro donde desenvolverse.

 Limitar el tiempo de televisión y otras pantallas


Entre los cambios necesarios está el comenzar a decir adiós a la televisión, sobre
todo antes de dormir. Esto se sugiere para que el cerebro poco a poco vaya logrando
desconectarse para entrar en un sueño reparador.

 Límites claros
Las órdenes deben darse con claridad, con voz firme y sin titubear. No por esto los
padres dejarán de ser amorosos, sino que dará paso a una figura de autoridad y
seguridad.
Lee: Habla sobre las emociones con tus hijos usando estos cuentos.

 Acercamiento a la actividad física


El primero fortalece el autocontrol y la concentración, mientras que la Yoga permite
que pueda "bajar las revoluciones" y entrar en un estado de concentración mayor.

 Apoyo con especialistas


Una vez por semana deberán visitar a alguna educadora diferencial que pueda
guiarlos, por un periodo corto, con técnicas de estudio y concentración.
Recomendaciones para docentes con niños con déficit de
atención e hiperactividad (TDAH)

 Hacer las modificaciones oportunas en el aula, según las dificultadas


detectadas en el niño.
 Profundizar en el conocimiento del niño, más allá de las dificultades,
intentando acceder también a sus habilidades, para potenciarlas dentro del
entorno escolar.
 Compartir las dificultades detectadas con el resto de equipo educativo, para
dar una respuesta uniforme desde el colegio
 Derivar al niño para evaluar, si se considera necesario, por parte de los
equipos psicopedagógicos; básicamente si las medidas habituales que se
pueden poner en marcha dentro del aula no son suficientes para mejorar la
adaptación y rendimiento del niño.
 Determinar, de una manera individualizada, si el niño necesita apoyo
especial, y qué tipo de apoyo es éste. No intentar ajustar al niño a los apoyos
disponibles, sino ajustar los apoyos a las necesidades del niño.
 Determinar si, a pesar de todas la medidas ordinarias que se pueden poner
en marcha con el personal educativo habitual, el niño persiste en sus
dificultades y puede necesitar un apoyo más específico. Esto justificaría que
el colegio pidiera.
Escuela Normal Intercultural
ENI

Cátedra:
Práctica Docente.

Catedrática:
Patricia Villela.

Trastorno por Déficit de Atención sin

Hiperactividad (6 años).

Alumna:
Carolay Estefany Rosales.

Grado:
6to. MEI
Sección:
“C”

Chiquimula, Abril 2018.