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LA REINA

DE LA
MODA
María Antonieta no solo fue reina de
Francia: también lo fue de la moda de su
tiempo. Sus gustos dictaminaron las
tendencias tanto en la corte de Versalles
como en el resto de Europa.
MARÍA PILAR QUERALT, HISTORIADORA Y ESCRITORA

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MARÍA ANTONIETA

MARÍA ANTONIETA en traje de corte. Lienzo de


Jean-Baptiste André Gautier-Dagoty, c. 1775-77.

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© MET. Adquisición, legado de Irene Lewisohn, 1965.

E
n 1787, el emperador José II de Tampoco se había equivocado su madre, cogía cuidadosamente su atavío de acuer­
Austria comentó que el complica­ la emperatriz María Teresa de Austria, do con la ocasión. Luego se presentaba
dísimo tocado que lucía su her­ cuando, muchos años antes, tras recibir ante la corte luciendo un look cada vez
mana, María Antonieta de Francia, una miniatura en la que María Antonieta más sofisticado que jamás repetía. Si ex­
era “demasiado ligero para soste­ aparecía vestida de pastora, le escribió en cepcionalmente lo hacía, era después de
ner una corona”. No se equivocaba. Pocos una de sus frecuentes misivas: “Recuerda haber ordenado algún retoque que modi­
años después, la monarquía francesa su­ que eres una reina, no una comediante”. ficara el modelo original.
cumbía al ímpetu de la revolución, y la Lo cierto es que cada aparición de María
soberana, convertida en “la viuda Capeto”, Antonieta en la corte tenía algo de mise en Un vestidor bien surtido
hubo de cambiar las plumas y cintas de su scène. La soberana dedicaba más de tres En su vestidor se recibían a la semana die­
tocado por la sencilla cofia que, camino de horas a su aseo personal, y, siempre de ciocho pares de guantes perfumados con
la guillotina, cubría su pelo cano. acuerdo con su modista Rose Bertin, es­ violetas y cuatro pares de zapatos, mientras

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© MET. Adquisición, legado de Irene Lewisohn, 1954.
MARÍA ANTONIETA

© MET. Hoeschst Fiber Industries Fund, 1981.

© MET. Donación de Mrs. Frederick Street Hoppin, 1963.

TRAJES de la época de María Antonieta. A la izqda., vestido de corte, c. 1750.


ARRIBA, traje à la française, con pliegues desde el escote de la espalda, c. 1750-
75; y zapatos, década de 1780. A LA DCHA., vestido à la polonaise, c. 1775.

que para cada temporada encargaba a polonaise, algo más cortos, de cuerpo ce­ como los propios para los embarazos o
madame Bertin la confección de doce ves­ ñido y falda abullonada, ya que podía para practicar la caza. También los lla­
tidos de corte destinados a las grandes fruncirse mediante un cordón. Ambos mados à l’anglaise, o en chemise, menos
ocasiones, otros doce de mañana y una resultaban más cómodos de llevar que los voluminosos, elaborados con tejidos li­
docena más adecuados a las veladas de trajes de corte, por cuanto estos, con sus geros y vaporosos, que se abrochaban en
tarde o las cenas íntimas. Estos últimos exagerados paniers –unos armazones ata­ la espalda con cintas y estaban confeccio­
eran, por lo general, los denominados ba- dos a la cintura que desplazaban el vo­ nados de una sola pieza. María Antonie­
ta, con una sobrefalda abierta por delante lumen de la falda hacia las caderas–, re­ ta solía llevarlos para sus juegos pastori­
y unos amplios pliegues sujetos al escote sultaban extremadamente pesados y les en el Petit Trianon mientras cubría su
de la espalda que se abrían a modo de ca­ dificultaban cualquier movimiento. cabeza con una pamela de paja.
pa y formaban una pequeña cola. También A tan nutrido vestuario se añadían aque­ La ligereza de tal vestimenta en compara­
reservaba para la tarde los llamados à la llos trajes para situaciones determinadas, ción con los ostentosos trajes de corte es­

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MARÍA ANTONIETA con un vestido à l’anglaise.
Óleo sobre lienzo de Élisabeth Vigée Le Brun, 1783.

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MARÍA ANTONIETA

candalizó a las almas biempensantes de la


corte, que no consideraron oportuno que
la reina se mostrara tan sencilla y, a su cri­
La “ministra de la moda”
terio, ligera de ropa como aparece en el EN VERSALLES SE ERIGIÓ EN LA DISEÑADORA DE LA
óleo que Élisabeth Vigée Le Brun pintó en
1783 (a la izqda.). Sin embargo, una vez
REINA, PERO SU TRABAJO TRASCENDIÓ FRANCIA
más, Versalles optó por la hipocresía, y las
mismas damas que criticaban a la reina por A ROSE BERTIN (en la imagen, en TRAS EL ESTALLIDO revoluciona-
mostrarse de tal forma se hicieron de in­ un grabado de Jean-François Janinet ba- rio, temiendo por su vida a causa de sus
mediato con atuendos parecidos. sado en un cuadro de Jean-Honoré Fra- vínculos con la corte, Bertin viajó a Lon-
En cualquier caso, con robe à la polonaise gonard) se la calificaría hoy de “estilista dres, donde siguió trabajando. En 1795
o à l’anglaise, la reina y su modista, Rose de la reina”. Sus creaciones, realizadas regresó a Francia. Cosió para Josefina y
Bertin, como las influencers actuales, mar­ a mayor honor y gloria de la soberana, otras damas del Imperio hasta que, en
caron la moda cortesana. Tras cada apa­ marcaron tendencia y le conceden la con- 1802, cedió su negocio a una sobrina y se
sideración de predecesora de los grandes retiró a su casa de campo en Epinay-sur-
rición pública de María Antonieta, las
couturiers que han hecho de París la capi- Seine. Allí murió en 1813.
damas de la corte, con mayor o menor tal internacional de la moda.
disimulo, se aprestaban a copiar el estilo
de la reina, porque, como bien dice su SU NOMBRE REAL era Marie-
biógrafa Hélène Delalex, “la reina no se­ Jeanne Bertin, y había nacido en la re-
guía la moda, ‘era’ la moda”. gión de Picardía en 1747. Se trasladó a
La dictadura estilística del tándem forma­ París muy joven a trabajar en un taller
do por la soberana y su modista fue indis­ de costura que frecuentaban las gran-
cutible. Rose Bertin creó unas muñecas des damas de la aristocracia. En 1769
ataviadas con modelos de su creación que, abrió su propia tienda de modas, Le
Grand Mogol, una de cuyas clientas era
bien se coleccionaban, bien servían para
la duquesa de Chartres. Esta, en mayo
enviarlas a otras cortes europeas, donde, de 1774, le presentó a la reina.
a modo de figurines, permitían a las damas
DESDE ENTONCES, Bertin se con-
ROSE BERTIN CREÓ UNAS virtió en la factótum de la moda feme-

© MET. Donación anónima, 1924.


nina no solo en Versalles, sino en toda
MUÑECAS ATAVIADAS Europa. Porque otras soberanas, como
Sofía Magdalena de Suecia, María Luisa
CON SUS MODELOS QUE de Parma en España o la emperatriz con-
SE ENVIABAN A OTRAS sorte de Rusia María Fiódorovna, tam-
bién vistieron sus creaciones.
CORTES EUROPEAS
estar al corriente de la moda francesa y tamente, se convirtieron en una auténtica pequeños objetos manufacturados con
vestir prendas similares. Eso sí, siempre obsesión para la reina. Prohibió que las metales preciosos. Una afición, la de las
debían enviarse al menos unas semanas damas de la corte llevaran mayor número joyas, que la hizo presa fácil de quienes
después de que la reina hubiera lucido el de plumas que ella y estipuló que podrían pretendían lograr su favor. Ese podía haber
modelo original, puesto que solo ella podía adornarse con un máximo de diez. sido el caso del cardenal de Rohan, prota­
estrenar las creaciones de madame Bertin. Los poufs, como se denominaban tan arti­ gonista involuntario del “caso del collar”.
ficiosas pelucas, se elaboraban sobre un La trama, orquestada por una aventurera
La moda de los poufs armazón con rellenos de crin u otros ma­ llamada Jeanne Valois de la Motte, preten­
El presupuesto de gastos de vestuario de teriales, y se ornamentaban con las mayo­ dió involucrar a la reina en la compra de
María Antonieta alcanzaba la desorbitan­ res extravagancias. Se denominaban en­ un carísimo collar de brillantes por el que
te cifra de 1.250 livres anuales. Sin embar­ tonces coiffure au sentiment, puesto que la nunca se había interesado y que, por otra
go, frecuentemente se duplicaba tal canti­ decoración debía tener un significado es­ parte, jamás llegó a su poder.
dad. Buena parte del presupuesto se lo pecial para su portadora, lo que implicaba En favor de la reina hay que decir que
llevaban las artificiosas pelucas que le que podían llegar a coronarse con dispa­ tanto lujo y ostentación no eran patrimo­
confeccionaba su peluquero, monsieur rates como una jaula con un pájaro o la nio exclusivo suyo. En primer lugar, por­
Léonard: algunas de ellas llegaron a alcan­ reproducción de una casa de campo. María que, con su carísima indumentaria, María
zar el metro de altura, y se adornaban con Antonieta fue una abanderada de la moda Antonieta pretendía refrendar el papel
múltiples plumas, lazos, piedras preciosas de los poufs, si bien lo hizo empleando pa­ institucional de la Corona, marcando
e incluso miniaturas. Las plumas, concre­ ra su ornato perlas, piedras preciosas o distancias con la siempre díscola aristo­

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cracia. En segundo, porque, aunque vivió
de espaldas a la realidad social que la
rodeaba, consagrando muchas horas del
día a su complicadísima indumentaria o
a entretenerse con juegos y diversiones,
lo hizo en un Versalles que era el para­
digma de la superficialidad, un hermoso
artificio tras el que se escondían intrigas
políticas y vicios privados. La corte en
pleno vivía atrincherada tras los muros y
fastos palaciegos en un intento suicida de

LA CORTE EN PLENO
VIVÍA ATRINCHERADA EN
UN INTENTO SUICIDA DE
IGNORAR LA EVOLUCIÓN SALÓN DE LOS ESPEJOS, Versalles. A la izqda.,
DE LOS TIEMPOS el conde de Artois, por Henri-Pierre Danloux.

ignorar la evolución de los tiempos. Sedas, En el ojo del huracán una adolescente educada en los estrictos
terciopelos y damascos competían en los A ojos del pueblo, la cabeza visible del des­ principios de la opulenta pero sobria cor­
salones con vistosas joyas de valor incal­ pilfarro cortesano era la soberana, de ahí te austríaca de sus padres, María Teresa
culable, diseñando una hermosa esceno­ que acabara por ser calificada de “Madame de Austria y Francisco de Lorena. La todo­
grafía cuya tramoya estaba definitiva­ Déficit”. Los panfletos que en 1789 forraban poderosa emperatriz había impuesto en
mente roída por la carcoma. las fachadas parisinas no dudaban en pre­ su numerosa familia un ritmo de vida que
No obstante, las manufacturas reales dieron sentarla como una gallina presumida y tenía mucho de burgués y poco de frívolo.
lugar a una pujante industria sedera en estúpida, “la poule autrichienne” (la gallina María Antonieta creció en un ambiente en
Lyon, mientras los avances técnicos y los austríaca), al tiempo que la responsabili­ el que la defensa de la fe, la implantación
progresos en el ámbito de los tintes favo­ zaban de la bancarrota del erario público de la justicia y el fomento de la cultura
recieron la iniciativa privada y la consi­ y de la miseria que reinaba más allá de eran prioritarios. Dada su juventud, no es
guiente creación de numerosas fábricas de Versalles. La última reina de la Francia del de extrañar que, a su llegada a Versalles,
medias, sombreros y lencería. Una industria Antiguo Régimen fue para su pueblo una se sintiera fascinada por la espiral de en­
que acabaría por hacer de Francia, y con­ mujer ególatra y superficial. tretenimiento que reinaba en los salones
cretamente de París, el corazón de la moda No siempre había sido así. Cuando María de palacio. A ello, posiblemente, contri­
europea a lo largo de los siglos xix y xx. Antonieta llegó a Francia no era más que buyó la escasa conexión emocional con su

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MARÍA ANTONIETA

esposo, un joven que desde el principio soberana, cuando dejó que se filtrara su so nueve meses después, tras soportar un
se mostró tímido y retraído. supuesta relación con un atractivo militar simulacro de juicio en el que no se le aho­
En tales circunstancias, María Antonieta sueco llamado Axel de Fersen. rraron insultos ni vejaciones y donde se
optó por llenar sus días de juegos y diver­ Lo que sucedió después es de todos cono­ exageró hasta el paroxismo su vida disi­
siones que compartía con sus damas, ami­ cido. En apenas dos años se reestructuró pada y su presunta prodigalidad.
gos y cuñados, especialmente con el joven el sistema político y legislativo y surgió
conde de Artois, tan mundano y superficial una nueva Francia. El reconocimiento de
como ella, que cada día le preparaba mas­ la libertad de prensa derribó todas las PARA SABER MÁS
caradas, conciertos, bailes o distracciones barreras que pudieran proteger el buen MONOGRAFÍA
que, invariablemente, tenían lugar en el nombre de la soberana, y cobraron fuerza DELALEX, Hélène. Un jour avec Marie-An-
Petit Trianon, el cenáculo privado de la las denuncias por su afición al lujo y sus toinette. París: Flammarion, 2015. En francés.
reina. Una espiral de trivialidad que acabó enormes dispendios en ropa y alhajas. BIOGRAFÍA
por engullirla. Con el paso de los años, las Tras la proclamación de la república y el FRASER, Antonia. María Antonieta, la últi-
ma reina. Barcelona: Edhasa, 2006.
críticas hacia ella fueron en aumento en encarcelamiento de la familia real en el
ZWEIG, Stefan. María Antonieta. Barcelona:
el pueblo, pero también la corte contribu­ Temple, Luis XVI fue ejecutado en enero Acantilado, 2012.
yó a incentivar la animadversión hacia la de 1793. María Antonieta subió al cadal­

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