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Educ Med. 2015;16(1):3-8

Educación Médica
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Los valores éticos de la profesión sanitaria

Victoria Camps

Catedrática emérita de Filosofía Moral y Política, Universidad Autónoma de Barcelona, Barcelona, España

Recibido el 12 de febrero de 2015; aceptado el 10 de marzo de 2015

PALABRAS CLAVE Resumen /DSURIHVLRQDOLGDGWLHQHKR\XQVLJQLÀFDGRPX\UHVWULQJLGR6HUHODFLRQDFRQHOp[L-


Profesionalidad; WRPiVYLQFXODGRDODIDPD\HOGLQHURTXHDXQVHQWLGRGHODH[FHOHQFLDTXHVHLGHQWLÀFDFRQOD
Excelencia; buena práctica. Esta es la razón por la que la ética aplicada ha incidido en el campo de la me-
Virtudes; GLFLQDFRQHOÀQGHGLJQLÀFDU\KXPDQL]DUXQDSURIHVLyQWDQYLQFXODGDDOVXIULPLHQWRKXPDQR
Valores éticos /DpWLFDGHODVYLUWXGHVHVODPiVDSURSLDGDSDUDSRQHUGHPDQLÀHVWRODQHFHVLGDGGHSUR\HFWDU
una serie de valores éticos que orienten realmente la manera de actuar del profesional de la
salud. El aprendizaje de las virtudes es un saber práctico, que se adquiere ejerciéndolo y crean-
do un ambiente adecuado que sirva para formar la personalidad del profesional.
‹(OVHYLHU(VSDxD6/8(VWHHVXQDUWtFXORGHDFFHVRDELHUWRGLVWULEXLGREDMRORVWpUPLQRVGH
la Licencia Creative Commons CC BY-NC-ND (http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/).

KEYWORDS Ethical values of the healthcare profession


Professionality;
Excelence; Abstract Professionality has today a very restricted meaning. It is connected with success
Virtues; linked to reputation and wealthness instead to a sense of excellence linked to good practice.
Ethical values This is the reason why ethics is being applied to medical practice in order to dignify and human-
ize a profession that is rooted in human suffering. The ethics of virtue is the most suitable to
set up the ethical values that should guide the behaviour of professionals, in the fields of
medicine and nursering. Virtues are overall a practical knowledge that is learned in practice
DQGUHTXLUHVWKHFUHDWLRQRIDVXLWDEOHHQYLURQPHQWLQRUGHUWRFRQÀJXUDWHWKHSHUVRQDOLW\RI
professionals.
‹(OVHYLHU(VSDxD6/87KLVLVDQRSHQDFFHVVLWHPGLVWULEXWHGXQGHUWKH&UHDWLYH&RPPRQV
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4 V. Camps

En busca de la excelencia profesional tal ideal si queremos hablar de una excelencia profesional
no reducida a sus consecuencias materiales, sino con una
/OHJDUDVHUXQEXHQSURIHVLRQDOGHEHUtDVHUXQRGHORVSUR- clara dimensión moral. Más allá de las idealizaciones retó-
pósitos no solo del médico, sino de cualquier persona que ULFDVODYRFDFLyQFRQFRPLWDQWHDODSURIHVLyQVLJQLÀFDUtD
entiende que su trabajo tiene una dimensión ineludible de tener siempre presente la conclusión con que Weber rubri-
servicio a los demás. En el caso de la medicina o de la enfer- FDVXHVSOpQGLGDFRQIHUHQFLD´/DSROtWLFDFRPRYRFDFLyQµ
PHUtDGHFXDOTXLHUDGHODVSURIHVLRQHVVDQLWDULDVHVDFRQ- GRQGHOHH[LJHDOSROtWLFR³\SRUH[WHQVLyQDFXDOTXLHUD
dición se da por supuesta. No en vano suele decirse que que se sienta llamado a hacer algo interesante en este
TXLHQHVFRJHGHGLFDUVHDODPHGLFLQDRDODHQIHUPHUtD PXQGR³TXHVHSD\WHQJDHOYDORUGHDXWROLPLWDUVHFXDQGR
como un elemento de su forma de vida lo hace por voca- las circunstancias le impiden mantener en pie los princi-
FLyQ6HGDDHQWHQGHUFRQHOORTXHVLXQEXHQSURIHVLRQDO pios éticos.
es siempre un experto en su materia, en el caso de la profe- Además del materialismo o el economicismo reinantes, el
VLyQVDQLWDULDODFRPSHWHQFLDFLHQWtÀFD\WpFQLFDYDDFRP- otro aspecto que viene a distorsionar, en nuestro tiempo,
pañada de un compromiso ineludible de carácter moral. No el sentido de la excelencia profesional que queremos man-
es una casualidad que uno de los primeros códigos éticos de WHQHUVLTXLHUDDWtWXORGHLGHDUHJXODGRUDHVORTXH2UWHJD\
la historia fuera el Juramento Hipocrático que, al consagrar *DVVHWGHQXQFLyFRPR´HVSHFLDOLVPRµUHÀULpQGRVHDODXQL-
ORVSULQFLSLRVGHQRPDOHÀFHQFLD\EHQHÀFHQFLDSXVRORV GLPHQVLRQDOLGDGGHOFRQRFLPLHQWRFLHQWtILFR\WpFQLFR
pilares de lo que seguimos entendiendo como buena prácti- 2FXUUHHQHVWHFDVRTXHQRVHQFRQWUDPRVFRQXQREVWiFXOR
ca médica. que no solo es inevitable sino necesario para el desarrollo
No obstante, en la actividad real, la supuesta excelencia GHOFRQRFLPLHQWR6RORODHVSHFLDOL]DFLyQ\ODGLYLVLyQGHO
profesional no siempre va acompañada de la excelencia éti- saber permiten el desarrollo de este. Por otra parte, sin em-
ca porque, en el orden de las prioridades, el interés par- EDUJRODGLPHQVLyQPRUDOTXHGHEHUtDLUXQLGDDODH[FHOHQ-
ticular priva sobre el general o sobre el interés del otro. cia profesional se acerca más al saber del humanista que al
A medida que la profesión se mercantiliza y el conocimien- GHOFLHQWtÀFRSXUR\GXUR(QHOFDVRGHODVSURIHVLRQHVVDQL-
WRVHHVSHFLDOL]D\WHFQLÀFDPD\RUHVODWHQWDFLyQGHUHGX- tarias, su objetivo trasciende el simple “diagnosticar y tra-
cir la excelencia profesional a lo que, en términos vulgares, WDUµFRPRH[SOLFDHOÀOyVRIR+DQV*HRUJH*DGDPHU1RVROR
se llama “ser una eminencia”, es decir, estar en posesión HOVDQLWDULRSUHFLVDGHFRQRFLPLHQWRVFLHQWtILFRVVyOLGRV
GHORVFRQRFLPLHQWRVQHFHVDULRVSDUDQRIUDFDVDUFLHQWtÀFD- VLQRTXHKDGHVDEHU´UHVWDXUDUµXQDDUPRQtD´WUDWDUµDXQ
PHQWH\REWHQHUHOUHFRQRFLPLHQWRFUHPDWtVWLFRGHELGR(O ser humano, “ayudarle” a vivir de otra manera y “aconse-
gran sociólogo que fue Max Weber alertaba hace más de un MDUOHµ2WURVRFLyORJRODUJDPHQWHOHtGRHQQXHVWURWLHPSR
siglo de la pérdida experimentada por muchas profesiones Zygmunt Bauman, se lamenta de que vivimos en una socie-
al verse desprendidas del carácter vocacional. Para expli- dad de expertos, inadecuada como tal para habérselas con
carlo, se basaba en el término alemán Beruf, que tiene la un mundo complejo. En dicha sociedad, pocas veces merece
doble acepción de “llamamiento divino” (vocación) y “pro- atención la “persona total”: son sus órganos, sus funciones,
IHVLyQKXPDQDµ6XWHVLVVHLQVSLUDEDHQ/XWHURTXLHQFRQ- los que son objeto de atención.
WUDSRQtDODYLGDFRQWHPSODWLYDPRQiVWLFDSRFRYDORUDGD (OHVSHFLDOLVPRTXHGHQXQFLD2UWHJDODREVHVLyQFLHQWL-
por él, a la vida profesional, para destacar la importancia ÀVWDGHULYDGDGHXQSRVLWLYLVPRTXHGHPDQGDSUXHEDV ODV
de esta última como manifestación expresa del amor al OODPDGDV´HYLGHQFLDVµ \FLIUDVOOHYyD&36QRZDUHFOD-
prójimo. La separación entre profesión y vocación la recoge mar, hace más de cincuenta años, la fusión de las dos cultu-
Weber para lamentar la pérdida del sentido vocacional de UDVODKXPDQLVWD\ODFLHQWtÀFD'RVFXOWXUDVTXHQDFLHURQ\
los quehaceres humanos que quedan reducidos a meras VHGHVDUUROODURQDOXQtVRQRSDUDVHSDUDUVHGHÀQLWLYDPHQWH
profesiones en las que la burocracia y el afán de lucro inhi- hasta el punto de hacer casi imposible la comunicación en-
ben cualquier otra razón de ser. Es un aspecto más del des- tre una y otra. De algún modo, el nacimiento de la bioética
HQFDQWRGHOPXQGRDOTXHVHUHÀHUHDORODUJRGHVXREUD responde precisamente a esa necesidad de recuperar la uni-
8QLGDDODLGHDGHYRFDFLyQHVWRHVDODLGHDGHHQWUHJDR GDGSHUGLGDHQWUHODFLHQFLD\ODVKXPDQLGDGHV8QDXQLGDG
PLVLyQODSURIHVLyQH[LJLUtDXQDGHGLFDFLyQDORVÀQHVGHOD VLQODFXDOFRPRGHFtD/XGZLJ:LWWJHQVWHLQODVSUHJXQWDV
PLVPDTXHGHEHUtDWUDVFHQGHUODVDPELFLRQHVSULYDGDV1R más vitales quedan sin plantear.
REVWDQWH\SHVHDORTXHGLFHODWHRUtD:HEHUSLHQVDTXH +R\ODVSURIHVLRQHVVRQHQGHÀQLWLYD´FDUUHUDVµPHMRUR
ODUHPXQHUDFLyQHFRQyPLFDVHKDFRQYHUWLGRHQHOÀQGHODV peor ejecutadas. Hacer una buena carrera profesional es si-
profesiones, que la ética de las profesiones parece imposi- nónimo de triunfar en la profesión, sinónimo a su vez de
ble de recuperar por causa del capitalismo y de la subordi- haber alcanzado la excelencia que, en muchas ocasiones,
nación de cualquier actividad a los intereses materiales. equivale solo a haber sabido enriquecerse. El triunfo hoy
Todo acaba siendo negocio. tiene que ver más con el dinero, la fama y el éxito material,
En un sentido similar al de Weber, el sociólogo estadou- que con esa excelencia que aporta la buena práctica y que
nidense, Talcott Parsons, aludiendo concretamente a la no siempre recibe el reconocimiento de la sociedad o de la
profesión médica, insiste en que esta debe ser entendida misma profesión.
FRPR´XQDLGHRORJtDGHVHUYLFLRµ\QRXQPHURQHJRFLR En suma, la mercantilización de la profesión, que impide
dado que responde a un problema social que es el proble- ver más allá del mero interés material privado, y el reduc-
PDGHODVDOXG6LQGXGDHQDPERVFDVRVVHHVWiSRVWX- cionismo técnico derivado de la especialización del conoci-
lando una profesionalidad idealizada, motivada más por el miento son dos grandes escollos para que las profesiones
DOWUXLVPRTXHSRUHOiQLPRGHOXFUR8QDLGHDOL]DFLyQTXH VDQLWDULDVDGTXLHUDQ\GHVSOLHJXHQXQLQWHUpVPRUDO6LHO
dista de ser real, pero que quizá deba mantenerse como DVSHFWRPRUDOQRH[LVWHVHUiGLItFLOTXHVHPDQWHQJDQORV
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Los valores éticos de la profesión sanitaria 5

dos objetivos marcados por los clásicos antiguos y moder- ignoradas. Contribuyó a cambiar el sentido de la profesio-
QRVGHODGHRQWRORJtDPpGLFDHOELHQGHORVSDFLHQWHV\HO nalidad sanitaria y a tener en cuenta uno de los derechos
empeño en construir una buena imagen de la propia profe- sociales más básicos.
sión. El ethos profesional reducido a un ethos mercantilis- 2WUDYtDSRUODTXHODGLPHQVLyQpWLFDVHSRQHGHPDQL-
ta y burocrático no atiende al cultivo de los valores o ÀHVWRHVODTXHOHGHEHPRVD$ULVWyWHOHVDVXpWLFDGHODV
YLUWXGHVTXHGHEHUtDH[KLELUODSUiFWLFDVDQLWDULD0DUDxyQ virtudes y, en especial, la virtud de la phrónesis, mal tradu-
HVFULELyTXHQRKDFtDIDOWDIRUPDUHQpWLFDDORVPpGLFRV cida al castellano por “prudencia”. Brevemente, la phróne-
SRUTXHVXYRFDFLyQOHVLQGXFtDDFRPSRUWDUVHYLUWXRVDPHQ- sis es una virtud intelectual (es decir, la regla de la razón)
te desde el punto de vista moral. Me temo que, en este gracias a la cual la persona que la ha adquirido es capaz de
punto, se equivocaba porque, al igual que ha ocurrido con actuar bien porque sabe escoger el término medio entre el
otras profesiones, también las más consagradas (entre las H[FHVR\HOGHIHFWRTXHHVODUHJODTXHGHÀQHHQJHQHUDOD
TXHDQWDxRVHHQFRQWUDEDODPHGLFLQD³MXQWRDOVDFHUGR- todas las virtudes. Aristóteles considera que el hombre pru-
cio y la judicatura), corren el riesgo de perder su dimen- dente es aquel que ha adquirido el “saber práctico” que
sión vocacional o, por lo menos, de que dicha dimensión GLFWDFyPRVHGHEHDFWXDUHQFDGDPRPHQWR8QVDEHU
quede inhibida por otras necesidades e intereses más pe- ³HVWRHVEiVLFR³TXHQRSXHGHVHUUHGXFLGRDIyUPXODV
UHQWRULRV\DWUDFWLYRV2WURVLQWHUHVHVGLJiPRVORWDPELpQ códigos o recetas de ningún tipo, dado que cada situación es
VRFLDOPHQWHPiVUHFRQRFLGRV\DSODXGLGRV6HDFRPRVHD VLQJXODU\UHTXHULUiXQDGHFLVLyQ~QLFD6yFUDWHVSRUHMHP-
QRGHELHUDVHUOtFLWRKDEODUGHH[FHOHQFLDVLQGRWDUODGHXQ plo, cuando es acusado de pervertir a la juventud y conde-
VLJQLÀFDGRPRUDO(OWpUPLQR´H[FHOHQFLDµFRPRH[SOLFDUp nado a muerte, acepta la condena porque considera que su
en seguida, remite a la palabra griega areté, que se tradu- obligación como ciudadano es cumplir la ley. Por el contra-
ce como la “virtud” o “excelencia de una cosa”. Por ello, rio, Aristóteles, acusado y perseguido por razones similares,
si queremos recuperar la idea de la excelencia profesional, huye de la ciudad con la excusa de que no quiere ofrecer a
tenemos que analizar qué virtudes, qué cualidades deter- sus oponentes la oportunidad de perpetrar otro crimen con-
minan dicha excelencia. WUDODÀORVRItD¢4XLpQDFW~DPHMRU6yFUDWHVR$ULVWyWHOHV"
¢&XiOGHODVGRVFRQGXFWDVVHDMXVWDPiVDODphrónesis"/D
respuesta es que las dos, todo depende de las razones de
XQD\RWUDSDUDMXVWLÀFDUODV
La ética aplicada como ética de las virtudes /DSUXGHQFLDHQHOVHQWLGRDULVWRWpOLFRFRPRVtQWHVLVGHO
concepto de virtud, es la actitud ética imprescindible para
En el campo de la bioética, hace tiempo que existe uno de las llamadas “éticas aplicadas”, de las que la ética médica
esos debates interminables entre dos perspectivas: la de los es la más desarrollada. Podremos estar de acuerdo o discre-
partidarios de una ética de principios y los que creen que la par a la hora de nombrar cuáles son las virtudes concretas
mejor forma de aplicar la ética a la actividad sanitaria es a TXHHOVDQLWDULRGHEHGHVDUUROODUKR\6HDQODVTXHVHDQ
SDUWLUGHODQiOLVLVGHFDVRV3ULQFLSLDOLVPRFRQWUDFDVXtVWLFD las que acordemos, todas se ajustarán, para ser virtudes, a
5HFRQR]FRTXHQRPHLGHQWLÀFRWRWDOPHQWHFRQQLQJXQRGH ODUHJODGHOWpUPLQRPHGLR¢(VSUHIHULEOHKDEODUGHYLUWXGHV
los dos bandos, pues, a mi juicio, la ética más adecuada TXHGHYDORUHV"$PLHQWHQGHUVt(OYDORUQRPEUDXQSULQFL-
SDUDDERUGDUORVSUREOHPDVFOtQLFRVQRHVQLODpWLFDGHSULQ- SLRDEVWUDFWRTXHFRPRQRWy6DUWUHGDFXHQWDGHDOJRTXH
FLSLRVQLODFDVXtVWLFDVLQR´ODpWLFDGHODVYLUWXGHVµ([SOL- no es real. Es un desideratumGHVHDUtDPRVTXHHOPXQGR
co por qué. fuera más justo, que las libertades fueran más sólidas, que
/DUHÁH[LyQpWLFDVHLQWURGXFHHQODDFWLYLGDGKXPDQD hubiera más respeto, solidaridad y tolerancia. Esos son los
SRUGRVYtDV(QSULPHUOXJDUFXDQGRFRQVWDWDPRVTXHVH JUDQGHVYDORUHVTXHGHEHUtDQJXLDUODFRQGXFWD9DORUHVTXH
están vulnerando principios o derechos fundamentales y hemos ido acordando como básicos a lo largo de la historia y
formalmente reconocidos. En tales casos, se produce algo que están recogidos en las declaraciones de derechos, en las
DVtFRPRXQFDPELRGHSDUDGLJPDTXHQRVIXHU]DDYHUODV FRQVWLWXFLRQHVSROtWLFDV\HQHOGHVDUUROOROHJLVODWLYRGHORV
FRVDVGHRWUDIRUPDDFRPRODVYHtDPRVKDVWDHOPRPHQWR SDtVHVGHPRFUiWLFRV/RVYDORUHVRJUDQGHVSULQFLSLRVpWLFRV
8QHMHPSORGHORTXHGLJRRFXUUHFXDQGRVHUHGDFWDHO,Q- GHEHUtDQRULHQWDUHQ~OWLPRWpUPLQRODFRQGXFWDKXPDQD
forme Belmont, que en seguida se constituye en el docu- pero no siempre lo hacen. No lo hacen porque los comporta-
mento fundacional de la bioética y que introduce la mientos humanos no son virtuosos. El concepto de virtud
QRYHGDGGHDxDGLUDORVYDORUHVDQFHVWUDOHVGHODQRPDOHÀ- alude a algo que no está incluido en la noción de valor y
FHQFLD\EHQHÀFHQFLDORVYDORUHVPRGHUQRVGHODDXWRQR- que, a mi juicio, es fundamental para explicar qué debe
PtD\ODMXVWLFLD(OSULPHURGHDPERVREOLJDDWRPDUHQ hacer la persona para adecuar su conducta a los principios o
consideración el punto de vista del paciente, a darle toda valores que dice reconocer como básicos. A la virtud se re-
la información que necesita para recabar su consentimien- ÀHUH$ULVWyWHOHVFRPRXQD´GLVSRVLFLyQDGTXLULGDYROXQWD-
WR(OUHVSHWRDODDXWRQRPtDGHOSDFLHQWHVLJQLÀFDXQFDP- ria”, esto es, una cualidad, una tendencia a actuar, una
ELRGHSDUDGLJPDUDGLFDOHQODUHODFLyQFOtQLFD&RPRORHV actitud, que el individuo debe adquirir porque la virtud no
también la consideración de la justicia como uno de los re- es innata. La virtud hay que adquirirla para que acabe for-
querimientos de la investigación biomédica y, por exten- mando parte de la personalidad de cada uno, de su manera
sión, del sistema público de salud, que garantiza el derecho de ser, de su carácter o ethos (ese es el origen del término
de las personas a la protección de la salud. El Informe Bel- “ética”). Las virtudes se adquieren con la práctica, a partir
PRQWWXYRHODFLHUWRGHSRQHUGHPDQLÀHVWRGRVYDFtRVpWL- GHKiELWRV3RUTXHKD\TXHDGTXLULUODV\FXOWLYDUODVH[SOtFL-
cos fundamentales y estableció la exigencia de extender la tamente, están muy vinculadas a la educación, pero no a la
YDORUDFLyQpWLFDD]RQDVTXHKDVWDHQWRQFHVSHUPDQHFtDQ educación teórica, sino a la práctica. El ejemplo, la imita-
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6 V. Camps

ción de los modelos éticos, son los instrumentos más idó- do, la sinceridad, la amabilidad y la justicia. Pelegrino y
neos para adquirir virtudes. 7KRPDVPDSRUVXSDUWHVHUHÀHUHQDODVLQFHULGDGHOUHV-
6LHPSUHPHKDSDUHFLGRTXHODpWLFDGHODVYLUWXGHVHVHO SHWRODFRPSDVLyQODMXVWLFLD\HOROYLGRGHVtPLVPR self-
complemento adecuado para que la ética de principios o los effacement). 3DUDDFDEDUFRQHVWDFRUWDOLVWD6LHJOHU
grandes valores funcionen adecuadamente. Al vincular la destaca también el respeto a las personas, que incluye la
ética no tanto a normas, valores o principios abstractos, FRPSDVLyQODVLQFHULGDG\ODFRQÀDQ]D(VWRVWUHV~OWLPRV
sino a la formación de la persona, la ética de las virtudes autores mencionan también la phrónesis, en el sentido al
aparece como aquello que hace falta para dos propósitos: TXHPHKHYHQLGRUHÀULHQGRFRPRODVtQWHVLVGHOFRQMXQWR
1) ampliar el contenido y extender el ámbito de los princi- de las virtudes o el criterio que rige en todas ellas.
pios y valores fundamentales y 2) aplicar esos valores y prin- La persona que puede hacer gala de poseer un elenco de
cipios adecuadamente. El primer punto lo hemos visto al virtudes como las mencionadas muestra al actuar su com-
UHIHULUQRVDO,QIRUPH%HOPRQW8QDVHULHGHPDODVSUiFWLFDV SURPLVRFRQORVSULQFLSLRVGHODELRpWLFD$VtHOUHVSHWROD
HQHOFDPSRGHORVHQVD\RVFOtQLFRVKDEtDQSXHVWRGHUHOLHYH VLQFHULGDGODDPDELOLGDGRHOROYLGRGHVtPLVPRH[LJHQGHO
ODQHFHVLGDGGHLQWURGXFLUH[SOtFLWDPHQWHHQODQRUPDWLYD profesional un talante modesto que le predispone a escu-
pWLFDDSOLFDGDDODUHODFLyQFOtQLFD\DODLQYHVWLJDFLyQELR- char al paciente, tener en cuenta sus valores y puntos de
médica ciertos valores preteridos o ignorados. Pero no es vista, no verlo exclusivamente como un órgano que está en-
VXÀFLHQWHUHFRQRFHUHVRVYDORUHVHQXQGRFXPHQWRIXQGD- fermo y requiere un tratamiento. El respeto, la amabilidad
cional, ni siquiera tenerlos bien grabados en la mente de \HOROYLGRGHVtVRQPDQHUDVGHUHFRQRFHUTXHHOSDFLHQWH
cada uno. Hay que llevarlos a la práctica adecuadamente. Y ha de poder tomar parte en las decisiones sobre sus dolen-
DKtHVGRQGHGHQXHYRODVYLUWXGHVDFW~DQ(OEXHQSURIHVLR- cias y debe ser tratado de forma que pueda hacer valer sus
nal, de la sanidad o de lo que sea, es el que se preocupa de deseos y opiniones. El testamento vital resume esa actitud,
TXHHVDVJUDQGHVSDODEUDVUHFRQRFLGDVFRPRODVJXtDV~OWL- y hay que verlo como un proceso a lo largo de la relación
mas de la acción humana funcionen de verdad y funcionen FOtQLFDQRFRPRXQGRFXPHQWRTXHVLJXHXQDVSDXWDVSUH-
ELHQVHUHÁHMHQHQHOFRPSRUWDPLHQWRFRWLGLDQR\HVSHFLDO- determinadas presuntamente válidas para cualquier caso.
PHQWHFXDQGRKD\TXHWRPDUGHFLVLRQHVGLItFLOHV6RORXQD De hecho, el escepticismo que acompaña a la idoneidad del
HVSHFLDO´GLVSRVLFLyQµDDFWXDUFRUUHFWDPHQWHFRPRGHFtD consentimiento informado procede de haberlo convertido,
Aristóteles, llevará a cabo ese cometido. ODPD\RUtDGHODVYHFHVHQXQUHTXLVLWRPHUDPHQWHEXUR-
Las éticas aplicadas han aparecido precisamente por crático, que no promueve el conocimiento real del paciente
la necesidad de proporcionar pautas que ayuden a llevar a por parte del médico.
la práctica los grandes valores y principios. No consisten en Volviendo a la lista de virtudes, está claro que el consen-
JXtDVTXHSXHGDQVHJXLUVHDODKRUDGHWRPDUGHFLVLRQHV timiento del paciente está supeditado al deber por parte
complejas e incluso trágicas dándonos la respuesta correc- del médico de informarle adecuadamente. La virtud de la
ta. Recuperar el sentido de la phrónesis es darse cuenta de sinceridad es inherente a ese deber. Pero quizá no haya otra
que la educación ética consiste no en conocer de memoria virtud que muestre con mayor evidencia la complejidad in-
XQDUHWDKtODGHFRQFHSWRVQRUPDWLYRVVLQRHQVDEHU\TXH- WUtQVHFDDOGHEHUGHVHUVLQFHUR¢+D\TXHVHUORFRQWRGRV\
UHUOOHYDUORVDODSUiFWLFDFRQSUXGHQFLD6DEHUHVFRJHU\ SRULJXDO"¢4XpKDFHUFXDQGRHOSDFLHQWHQRTXLHUHVDEHU"
tomar la decisión más correcta en cada situación es algo ¢&yPRDFWXDUFXDQGRODIDPLOLDVHRSRQHDTXHHOHQIHUPR
TXHQRYLHQHGHWHUPLQDGRSRUORVFyGLJRV/DDXWRQRPtDGH VHDLQIRUPDGR"'HQXHYRQRKD\IyUPXODVTXHGHQUHVSXHV-
cada decisión ética es una prerrogativa de la conciencia in- tas correctas y universalmente válidas. Lo que se requiere
GLYLGXDO/RFXDOVLJQLÀFDQRVRORTXHXQDpWLFDSDUDXQD es phrónesis, adecuar el valor de la sinceridad a las peculia-
sociedad plural y diversa debe rehuir cualquier doctrina ridades de cada caso. En cuanto a la virtud de la compasión,
dogmática, sino que tenemos que contentarnos con una éti- una virtud controvertida en muchos casos, no cabe duda de
ca que no nos garantiza de antemano que la decisión toma- TXHVLQHOODGLItFLOPHQWHVHDFWXDUiFRQHTXLGDGVLELHQKD\
da es la mejor, una ética que nos exige sobre todo activar la que precaver del peligro de sustituir a la equidad por una
responsabilidad, y que nos enseña a razonar, a acompañar FRPSDVLyQEREDTXHSXHGHLQFLWDUFRPSRUWDPLHQWRVEHQpÀ-
ODVGHFLVLRQHVGHORVDUJXPHQWRVTXHODVMXVWLÀFDQ cos o caritativos, pero no siempre equitativos.
8QDYLUWXGHVSHFLDOPHQWHGHVWDFDGDSRUORTXHHVWiVLJQL-
ÀFDQGRHQHOGHYHQLUGHODELRpWLFDHVODGHOFXLGDGRDOD
TXHVHUHÀHUHQH[SOtFLWDPHQWH'UDQH\6LHJOHU'HVGHTXH
Las virtudes de la profesión sanitaria Carol Gilligan escribió In a Different VoiceGRQGHGHIHQGtDOD
atrevida tesis de que el cuidado era tan importante
$XQTXHHOFRQRFLPLHQWRWHyULFRVHDLQVXÀFLHQWH\ODHQVH- como la justicia, la ética del cuidado se ha convertido en uno
ñanza de la virtud sea básicamente una empresa práctica, GHORVFDStWXORVLPSUHVFLQGLEOHVGHODpWLFDVDQLWDULD6HJXUD-
QRHVWiGHPiVVHxDODUODVYLUWXGHVHVSHFtÀFDVPiVUHODFLR- mente, más que una virtud, el cuidado ha pasado a ser otro
nadas con la práctica sanitaria. De hecho, ha habido exper- de los principios de la bioética, tal vez una extensión del
tos en bioética que han hecho ya el esfuerzo de indicar principio de justicia, pues está claro que las personas enfer-
FXiOHVGHEHUtDQVHUODVYLUWXGHVIXQGDPHQWDOHVGHOPpGLFR PDVQRGHPDQGDQVRORSROtWLFDVHTXLWDWLYDVTXHVLQGXGDODV
+D\TXHPHQFLRQDUDOUHVSHFWRDÀOyVRIRVWDQUHFRQRFLGRV QHFHVLWDQVLQRFXLGDGRVFRQFUHWRV³DIHFWRDPRUFRPSD-
en bioética como James F. Drane, Edmundo Pellegrino, Da- xtD³QRUHGXFLEOHVDODVPHGLGDVSROtWLFDVQLVLTXLHUDDOR
YLG&7KRPDVPDR0DUF6LHJOHU'HWRGRVHOORV'UDQHHVHO que puede ofrecer el cuidado profesionalizado. Hume se re-
PiVSUROtÀFR\SURSRQHFRPRYLUWXGHVIXQGDPHQWDOHVGHO ÀULyDODMXVWLFLDFRPR´XQDYLUWXGIUtDµ\FLHUWDPHQWHORHV
médico las siguientes: la benevolencia, el respeto, el cuida- Las instituciones públicas son las responsables de hacer jus-
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Los valores éticos de la profesión sanitaria 7

WLFLDDWUDYpVGHXQDVSROtWLFDVTXHQXQFDWHQGUiQODFDOLGH] los comportamientos que conducen al éxito material y a la


que tiene el trato personal. La calidez es lo que el cuidado acumulación de riqueza, y no a los que destacan por
añade a la anonimidad e imparcialidad de la justicia. En el la ejemplaridad moral. Dado que la ética no se enseña
PDJQtÀFRWUDEDMRGHVDUUROODGRSRU7KH+DVWLQJV&HQWUH´/RV solo con conocimientos teóricos, sino sobre todo con la
ÀQHVGHODPHGLFLQDµVHHVWDEOHFHTXHXQRGHORVÀQHVGHOD SUiFWLFDKD\TXHUHFRQRFHUODGLÀFXOWDGGHKDFHUORFXDQ-
medicina de nuestro tiempo es cuidar a los que no tienen do el entorno en el que vivimos no destaca especialmente
curación, un objetivo cada vez más importante si sigue au- la importancia de las virtudes éticas. No obstante, y en el
mentando la esperanza de vida y el envejecimiento hace que terreno de la sanidad, es justo reconocer que el estableci-
proliferen las enfermedades crónicas. miento en España de un sistema sanitario público de alto
6LQiQLPRHQDERVOXWRGHFRUUHJLUDORVÀOyVRIRVUHFLpQ nivel y calidad ha sido capaz de crear unas estructuras
mencionados, solo con la intención de evitar repeticiones, que coadyuvan a la expansión de la virtud moral y de las
me parece acertado reducir las virtudes del profesional buenas prácticas. No en vano, la medicina es la profesión
sanitario a las siguientes: respeto, sinceridad, compasión, TXHKR\SRUKR\PHUHFHPiVFRQÀDQ]DGHODFLXGDGDQtD
olvido de sí. La adquisición de dichas virtudes hará que los según indican los barómetros del Centro de Investigacio-
SULQFLSLRVGHEHQHÀFHQFLDDXWRQRPtDMXVWLFLD\FXLGDGR QHV6RFLROyJLFDV3RUHVRHVWDQLPSRUWDQWHVRVWHQHUHO
no sean solo bellas palabras escritas en algún documento y sistema sanitario que tenemos, luchar para evitar que
UHFRJLGDVHQORVFyGLJRV\JXtDVGHEXHQDVSUiFWLFDVVLQR GHVIDOOH]FD\VHDGHVPDQWHODGR$ÀQGHFXHQWDVVRQORV
prácticas reales incorporadas a la actividad profesional. profesionales sanitarios los que, con su manera de hacer,
4XLHQSURFXUHFXOWLYDUODVYLUWXGHVPHQFLRQDGDVVHUiXQ contribuyen más a formar a los más jóvenes en un autén-
buen profesional en el sentido más pleno del término, tico sentido de la profesionalidad y en un comportamiento
un profesional que ha adquirido no solo las competencias tQWHJUR
FLHQWtÀFDV\WpFQLFDVGHVXGLVFLSOLQDVLQRODVDFWLWXGHV $KRUDTXHHVWiGHPRGDODÀOyVRID+DQQD$UHQGWHVRSRU-
pWLFDV6HUiXQSURIHVLRQDOíntegro, sin dobleces morales, tuno recordar que, para ella, la integridad moral radicaba
otra forma de aludir, quizá en un lenguaje más actual, al en el pensamiento y el juicio, esto es, en la capacidad de
profesional prudente. SHQVDUDQWHVGHDFWXDUFRQHOÀQGHHPLWLUXQMXLFLRFR-
+R\VROHPRVKDEODUGH´YLUWXGHVFtYLFDVµFRPRHOPtQL- UUHFWRVREUHORTXHVHGHEHKDFHU3HQVDU³GHFtD³LPSOLFD
mo exigible al ciudadano de una democracia. Creo que las distanciarse de uno mismo, de los propios intereses y de-
virtudes aludidas a propósito del profesional de la medici- seos, tener en cuenta al otro, un movimiento imprescindi-
na son la expresión del civismo en el contexto de la activi- EOHSDUDTXHODGHFLVLyQWRPDGDSXHGDVHUFDOLÀFDGDGH
dad profesional. La profesionalidad o excelencia FRUUHFWD6HUtQWHJURRVHUSUXGHQWHVLJQLÀFDDGTXLULUHO
profesional debe intentar superar los dos reduccionismos nivel “posconvencional” de la moralidad, el de aquellos
\DDOXGLGRVHQHVWHDUWtFXOR(OSULPHURODWHQGHQFLDD deberes que no están escritos como tales en ninguna par-
HQWHQGHUTXHODSURIHVLRQDOLGDGVHPLGHVRORFRQHOFXUUt- WHSHURTXHJXtDQDOSHQVDPLHQWRFUtWLFR\H[LJHQWHFRQ
culo y el expediente académico. La segunda tentación de- ORVLGHDOHVTXHFRPSDUWLPRV/DVDELGXUtDSUiFWLFDFRQOD
riva del entorno mercantilizado en que vivimos, que invade TXHVHQRPEUDDODpWLFDVHYDHGLÀFDQGRDSDUWLUGHODUH-
todos los ámbitos de la existencia, incluidos los que debe- ÁH[LyQ\HOGLiORJRFXDQGRQRVHQFRQWUDPRVDQWHVLWXDFLR-
UtDQVHUPiVLQPXQHVDODDWUDFFLyQGHOGLQHURSRUTXHVRQ nes que nos inquietan e invitan a reflexionar sobre qué
el escenario del dolor y el sufrimiento, lo que hace más GHEHPRVKDFHU&RPRGLMR.DQW¢TXpGHERKDFHU"HVOD
vulnerables a las personas. En otras ocasiones me he refe- pregunta fundamental de la ética. El peligro de nuestro
rido a la superación del paternalismo en la práctica sanita- tiempo no es tanto dar respuestas erróneas a esa pregunta,
ria por una relación que no acaba de ser de confianza sino dejar planteársela.
porque peca de contractualismo. Los pacientes tienden a
ser tratados más como usuarios o clientes que como perso-
nas que sufren.
6HDFRPRVHDORTXHDPLMXLFLRLPSRUWDQRHVWDQWRGH-
Bibliografía recomendada
terminar cuáles son las virtudes del profesional de la sani-
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denominar “una disponibilidad virtuosa”, una manera de ser
Camps V. La voluntad de vivir. Barcelona: Ariel; 2005.
y de actuar que debe conformar la personalidad del profe-
&DPSV98QDYLGDGHFDOLGDG Barcelona: Ares y Mares; 2000.
sional. Dicha disposición a actuar correctamente es la ma- Camps V. Virtudes públicas. Madrid: Espasa Calpe; 1990.
nera de asumir la responsabilidad profesional y, al mismo Camps V, Cortina A. Profesionalidad. En: Cerezo Galán P, editor. De-
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habla de una de las asignaturas pendientes de las democra- 360-81.
cias actuales y de las sociedades secularizadas, la desorien- Drane JF. Becoming a Good Doctor: The Place of Virtue and Charac-
WDFLyQPRUDOGHODVFXDOHVHVXQDFDUDFWHUtVWLFDHYLGHQWH(V WHULQ0HGLFDO(WKLFV.DQVDV&LW\6KHHGDQG:DUG
un fallo también de la educación y la formación en general Gadamer HG. The Enigma of Health. Londres: Polity Press; 1996.
que, presas del corporativismo, dan prioridad a los conoci- Gilligan C. In a Different Voice. Psychological Theory and Women’s
Development. &DPEULGJH+DUYDUG8QLYHUVLW\3UHVV
mientos instrumentales y técnicos y no valoran la importan-
Marañón G. Vocación y ética y otros ensayos. Madrid: Espasa Calpe;
cia de inculcar actitudes éticas.
1947.
No es fácil orientarse éticamente en un mundo que prio- 2UWHJD\*DVVHW-/DUHEHOLyQGHODVPDVDV(Q2EUDVFRPSOHWDV,9
riza el valor de la libertad individual. Tampoco es fácil 0DGULG5HYLVWDGH2FFLGHQWH
enseñar ética en un contexto que convierte en modélicos Parsons T. Education and the Professions, Ethics. 1937;47:365-9.
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