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DEL ESCRITORIO AL PÚLPITO

COMO MANTENER FRESCURA EN EL PÚLPITO


por Guillermo Green
Vol.2, No.2

¿Sospechas de vez en cuando que muchos de tus mensajes se parecen en contenido? ¿Has recibido
solicitudes que prediques otros temas? ¿Te has sentido un poco estancado y sientes poca creatividad? Para
los predicadores hay una tentación fuerte a predicar sólo los temas que más le interesan, de evitar otros
temas posiblemente conflictivos, y de confiar en los años de experiencia en lugar de seguir investigando y
estudiando. Otro peligro muy fuerte de nuestros tiempos es el llamado por “mensajes prácticos” en lugar de
“doctrina”. Ya que la predicación es uno de los medios más importantes para la edificación de la Iglesia de
Jesucristo, todo predicador debe seguir haciendo el mayor esfuerzo posible por ser un fiel comunicador de
las palabras de Dios - desde el día que comienza su predicación hasta su último sermón. Hace poco un
pastor retirado, que tiene la edad de ochenta y un años, me pidió información sobre un tema doctrinal que
su denominación está discutiendo, y me preguntó (¡a mi, que tengo sólo 42 años!) si yo tenía tiempo para
explicarle algunas cosas. Este pastor ahora predica poco, pero su deseo de saber más de la Palabra de Dios
proviene de un compromiso de toda una vida de conocer y comunicar “todo el consejo de Dios.” ¡Que
ejemplo más admirable!
Pablo, en su despedida de los ancianos de Efeso, pone como testimonio de su limpia consciencia el
hecho que les había declarado “todo el consejo de Dios” (Hechos 20:27). Y esto no era simplemente algo
bueno o deseable. Era algo de vida o muerte. Pablo relaciona su ministerio de proclamación de todo el
consejo de Dios con el Día de juicio, en el cual él estaría “limpio de la sangre de todos” (Hechos 20:26).
Lejos de promover su propia campaña, lejos de repetir sus propias ideas para levantar la iglesia, lejos de
estar probando una técnica y otra, Pablo con diligencia enseñaba todo el consejo de Dios. Una vez escuché
a un predicador confesar desde el púlpito que luchó toda la semana y no podía encontrar un tema para
predicar. Por fin, el sábado por la noche, Dios “puso en su corazón” lo que llevó al púlpito ese día. Pues, a
Pablo nunca le pasó ese problema. Más bien, le faltaba tiempo para comunicar todo lo que debía dejar a la
iglesia en Efeso, de tal modo que tenía que predicar “públicamente y en las casas” ¡para poder terminar la
tarea! (Hechos 20:20). ¿Cuál es tu problema, estimado pastor que lees esto? ¿Repetición de mensajes, falta
de ideas frescas, tiene síndrome de ‘disco rayado’? ¿O tiene el problema que tenía Pablo - falta de tiempo
porque hay tanto que enseñar? Los que trabajan en la enseñanza de la Palabra de Dios son dignos de doble
honor (1 Timoteo 5:17) porque tienen una responsabilidad ante Dios mucho mayor. Por eso Santiago
aconseja que no se hagan muchos maestros porque “recibirán mayor condenación” (Santiago 3:1). Como en
todo, el que tiene un llamado a la predicación debe calcular el costo y estar dispuesto a llevar su yugo. Este
yugo es la proclamación de “todo el consejo de Dios” - y se debe hacer “a tiempo y fuera de tiempo.” Esto
no es una tarea fácil, y a veces costará sueño, dinero, y hasta la reputación. Pero si hemos puesto la mano al
arado, amado hermano, ¡adelante! Tu Capitán te llama aún a mensajes más penetrantes, más pastorales, más
doctrinales, más fieles. Queremos dar aquí algunas ideas sobre cómo asegurar que estamos predicando
“todo el consejo de Dios.”

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I. No caiga en la rutina

Casi todo predicador, sin estímulo externo, caerá en la trampa de predicar un número limitado de
temas. Nuestras experiencias del pasado y presente son limitados, y requiere mucho más esfuerzo movernos
más allá de nuestra experiencia que quedarnos así como estamos. Y requiere más energía todavía llevar a
toda una congregación a nuevos conocimientos y nuevas experiencias. Por tanto, no debemos minimizar lo
difícil que es “predicar todo el consejo de Dios.” No es fácil - es muy difícil. Estamos tratando nada menos
que una constante ampliación de entendimiento, de experiencias y de aplicación. Y la naturaleza humana
resiste esto por lo general. En primer lugar, el pecado dentro de nosotros resiste cambiar para el bien. En
segundo lugar, como seres humanos nos sentimos cómodos así como estamos, y el cambio muchas veces no
es atractivo. Pregúntele a algún pastor que ha tomado una congregación con una larga tradición qué tan
difícil es introducir cambios, aunque esos cambios sean reconocidos por todos como buenos. Por todas
estas razones, el predicador de la Biblia tendrá que librar una pelea - ¡consigo mismo! - de no caer en la
rutina. ¿Cómo se puede ganar esta pelea?
Las iglesias Reformadas del siglo 17 tenían como uno de sus artículos de fe el Catecismo de
Heidelberg. Para asegurar que los pastores predicara una amplia gama de doctrina cristiana, dividieron el
Catecismo en 52 domingos (una sección para cada domingo del año), y exigieron que uno de los sermones
el domingo tratara de estos temas. De esta manera las iglesias Reformadas levantaron generaciones bien
fundamentadas en una base amplia de conocimiento bíblico. Es interesante observar a través de la historia,
que uno de los elementos que desaparecía cuando una denominación Reformada comenzaba a liberalizarse
era la predicación del Catecismo. Cuando el interés en “todo el consejo de Dios” menguaba, dejaban la
predicación del Catecismo. Y dentro de algunos años las ideas humanas se apoderaron de estas
denominaciones - que hoy todavía llevan el nombre “Reformado” pero cuya vida espiritual peligra
extinción. No estamos diciendo aquí que los catecismos son inspirados, ni que esta es la única forma de
predicar todo el consejo de Dios. Lo que queremos señalar es el esfuerzo que hicieron nuestros antepasados
por asegurar que se hiciera. Muchas veces necesitamos una ayuda externa, una regla de disciplina. Esto lo
podemos obtener por buenos libros, por predicar los puntos principales de las varias confesiones históricas,
o bien por seguir la secuencia de nuestros Catecismos! Por supuesto estas ayudas no tocan todo punto de la
Biblia - y esto era una de las razones que los Reformadores tenían dos servicios con predicación en los dos.
Muchas veces el segundo servicio de la tarde se trataba de una reunión de enseñanza, utilizando alguna
ayuda tal como el Catecismo. En primer lugar, busque ayuda para no caer en la rutina.

II. Deseche los dilemas falsos

Hay una presión fuerte hoy en día de predicar “algo práctico”, y sobreabundan mensajes que parecen
más una sesión de sicología o consejería que un sermón. Los sermones fervientes sobre puntos doctrinales
han llegado a ser tan escasos, que es una verdadera delicia cuando por fin se oyen. Hace poco escuché un
mensaje sobre la justificación por la fe, y fue una experiencia tan grande escuchar la presentación de esta
doctrina. El pastor lentamente expuso las varias facetas de este gran dogma de la fe, y llevó a los que
escuchábamos a que nos maravilláranos de la gracia de Dios, y a un mayor compromiso de servicio y
consagración. Al reflexionar sobre el mensaje me pregunté - ¿en cuántas iglesias se oye este mensaje?
¿Cuántos pastores protestantes serían capaces de poder explicar este fundamento de la fe de modo que la
congregación deseé entregar la vida en gratitud espontánea? El dilema de los predicadores no es entre
“doctrina” y “lo práctico”. Eso es un falso dilema. La doctrina es sumamente práctico - ¡es la verdad de

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Dios! Y la verdad transforma, cambia, y sacude. Espero no ofender a nadie, pero sospecho que el problema
es la mala presentación de doctrinas bíblicas que aburre a la gente. Cualquier cosa presentada de manera
aburrida es terrible - aunque fuera “Diez consejos para el éxito en la vida”. Y puede ser que algunos
predicadores repiten sermones doctrinales aprendidos en el instituto bíblico o seminario sin haber asimilado
su verdad transformadora. La “ortodoxia muerta” puede ser una realidad.
Predicar mensajes “prácticos” (en lugar de doctrina) no es la solución para aquellas pobres
congregaciones hastiadas de mensajes irrelevantes. La solución es la de Pablo - “todo el consejo de Dios” -
consejo que fluye del corazón de Dios y rescata al pecador, transformando a la persona a la imagen de
Cristo. Teniendo su origen en Dios, este consejo no puede ser “aburrido” - es vida, es glorioso, es veraz, es
poder. Toda parte del mensaje bíblico comparte estas cualidades. Dios mismo es revelado en la exposición
de su Palabra - ¡el Dios Todopoderoso, Rey y Salvador! Un sermón puede ser muchas cosas, pero nunca
debe ser aburrido. Y siendo el medio principal que Dios usa para salvar y transformar vidas - por esta razón
tampoco puede ser “aburrido”. Eso sería como llamar “aburrido” el nacimiento de un bebé, o ver los
primeros pasos del niño, o ver sanado a un enfermo - y llamarlo “aburrido”. Estas cosas en la vida natural
nos conmueven - ¡cuánto más nos deben emocionar cuando suceden en la vida espiritual! Y esto es lo que
sucede cuando Dios opera por su Palabra. La fiel predicación y aplicación de todo el consejo de Dios revela
a Dios, y produce nuevas vidas - y esto no es aburrido.

III. Trabajo duro

He escuchado a algunos pastores que aconsejan trabajar duro los primeros años para acumular un
buen “barril” de sermones, para que durante los años siguientes no se tiene que esforzar tanto. Esta es una
actitud que lleva precisamente al estancamiento. El predicador que no sigue haciendo un esfuerzo por
estudiar, por ampliar su conocimiento, por tratar nuevos temas - ese predicador está destinado a atrofiarse.
El domingo pasado escuché a un pastor decir que iba a asistir a una conferencia con un médico cristiano
sobre la fertilización de óvulos humanos en vitrio. Este pastor está retirado, tiene más de setenta años, y aún
está interesado en aprender algo nuevo porque podría afectar el pueblo de Dios y nuestra respuesta cristiana
en los días en que vivimos.
Tratar temas nuevos es una cosa. Pero más triste aún es perder la capacidad de explicar bien los
viejos fundamentos del evangelio. ¿Qué ha pasado con los grandes mensajes sobre la justificación por la fe,
la muerte vicaria de Cristo, la adopción de Dios, la predestinación, la obra de Cristo, etc? Es cierto que
debemos entrar al reino como niños, pero debemos proceder hacia la madurez y la carne del evangelio. Es
tarea del pastor llevar la congregación de la leche a la carne, y esto requiere esfuerzo, requiere trabajo,
requiere de estudio y preparación. Este es tu trabajo, querido pastor - no se desvíe.
En la iglesia Dios llama a todo tipo de persona a servirle - ¡por su gracia! Y cada siervo de la
Palabra es llamado a ser fiel en predicar todo el consejo de Dios, dentro de las posibilidades o limitaciones
que tiene. Pero a veces nosotros hacemos distinciones donde no debemos. Esperamos mucho más estudio
del que tiene preparación en un seminario, que del pastor que no tiene mucha preparación. ¿Pero por qué?
Probablemente el nivel de profundidad y sofisticación teológica variará, pero el mismo esfuerzo debe ser
invertido. Por la gracia de Dios he tenido la oportunidad de trabajar con siervos del Señor con escasos
recursos y poca preparación formal. Y ha sido una bendición ver a muchos hermanos humildes, con pocos
recursos, predicando fielmente la Palabra de Dios. También me ha pasado, en mi capacidad de profesor, que
algún hermano ha tratado de excusar su poco esfuerzo por motivo de su poca preparación formal. Creo que
Dios no pide los mismos resultados de todos, pero sí pide el mismo esfuerzo - “...esfuérzate en la gracia que

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es en Cristo Jesús...sufre trabajos como fiel soldado de Jesucristo...Procura con diligencia presentarte a Dios
aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad” (2 Timoteo
2:1,3,15). Por otro lado, los que gozan de una alta preparación pueden ser tentados a apoyarse en esta
preparación para no seguir el esfuerzo por aplicar mejor la Palabra cada día. Todos somos llamados al
esfuerzo - como buenos soldados del Señor.

IV. “Todo el consejo de Dios” vs. “ Sólo la Cruz”

Tal vez alguna persona, al leer este artículo, ha pensado en las palabras de Pablo en 1 Corintios 2:2,
donde Pablo dice, “Porque no me propuse saber otra cosa entre vosotros sino a Jesucristo, y a éste
crucificado.” Pareciera que la predicación debe ser muy sencilla, y que nuestro mensaje central debe ser
Jesucristo y su obra en la cruz. Respondemos de la siguiente manera.
En primer lugar, Pablo no está diciendo que sólo tenía un sermón que repetía vez tras vez. Todos
recordamos la vez que Pablo habló mucho durante toda la noche, hasta que un muchacho cayó dormido y
¡se cayó de la ventana! Su misma carta a los Corintios demuestra la variedad de asuntos que trataba. Lo
que Pablo quería recordarle a los Corintios es que su mensaje no era un mensaje que provenía de filosofías
humanas, sino de Dios. En un sentido, todo el mensaje bíblico termina en la cruz de Cristo. Todo sermón
debe ser “Cristocéntrico”. En el mismo contexto Pablo traza una diferencia entre lo que otros buscan y
ofrecen, y lo que él predicaba. Lo que Pablo predicaba era de Dios - y el punto central era el evangelio de
Cristo. Este mensaje era repugnante y rechazado por muchos, pero era poder de salvación para los que lo
recibían.
Así que, el punto de Pablo es doble - en primer lugar el mensaje de la cruz es un mensaje divino, es
un mensaje de Dios. Esto se contrasta con otros mensajes humanos. Y esto concuerda con lo que Pablo
aconseja en Hechos 20 - predicaba todo el consejo de Dios. No predicaba sus propios consejos, sino
solamente el mensaje divino. Hechos 20 y 1 Corintios 2 están en armonía en este punto.
En segundo lugar, Pablo dice que su predicación en Efeso tenía el propósito de llevar a las personas
al “arrepentimiento para con Dios, y la fe en nuestro Señor Jesucristo” (Hechos 20:21). Para Pablo “todo el
consejo de Dios” es “la cruz de Jesucristo”. Las facetas de la obra de Cristo, y los resultados de la cruz de
Cristo para el cristiano y para la iglesia son múltiples. Pero todo proviene de la obra de Dios en Cristo. En
este sentido todos nuestros sermones tendrán un denominador común - el lugar central de Cristo. Pero esto
no quita la necesidad de ahondar en la Biblia, descubriendo todo el consejo de Dios sobre su obra en este
mundo. En esta forma Hechos 20 y 1 Corintios 2 están en armonía también - los dos nos llevan a Cristo
como el punto central de la obra de Dios. Pero ambos pasajes nos impulsan hacia una exploración más
profunda de estos misterios, y nos obligan a no parar de predicar hasta sacar a la luz del día todas las joyas
de la cruz. Esta exploración comienza en Génesis, y no termina hasta recorrer los 66 libros de la Biblia
hasta terminar en Apocalipsis.

Conclusiones

Recordemos que sembramos semilla divina cuando predicamos la Palabra de Dios. Dios quiere que
sembremos semillas completas, no semillas cortadas por la mitad. La semilla que dará fruto en el reino de
Dios es todo el consejo de Dios, centrado en Jesucristo y ampliado por toda la Biblia. Quitemos las
distracciones que nos desvíen, levantemos manos caídas y rodillas paralizadas si es el caso, y puestos los
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ojos en Jesucristo - ¡sigamos corriendo nuestra buena carrera de la fe! Sin necesidad de pensar en un futuro
galardón, bástenos la tarea sublime de estar encargados con comunicar todo el consejo de Dios - la
autorrevelación de Dios en Cristo y la Biblia. ¡A Dios toda la gloria!