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Alfred Schütz

La construcción significativa
del mundo social
Introducción a la sociología comprensiva

Prólogo de Joan-CarIes Melich para la presente edición

~
ediciones
PAIDOS
Barcelona
Buenos Aires
México
Título original: Der sinnhafte AuJbau der sozialen Welt
PuhUcado en alemán' por Springer Verlag, Viena
Traducción de Eduardo J. Prieto
Cuhierta de Mário Eskenazi

La anterior edici6n de esta obra apareci6


en Editorial Paid6s con el título "Fenome­
nología del mundo social"

1.a reimpresión en España, 1993

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y Editorial Paidós, SAICF,
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SUMARIO

Prólogo a la edición española de Joan-Carles Melich .................. I-XI

Agradecimientos ................................................................................ 9

Introducción a la edición inglesa .................................................... 11

Prefacio del autor ........................... :......................................... , .. ,.... , 27

Prefacio a la segunda edición alemana .......................................... 29

Glosario .............................................................................................. 31

r. LA FORMULACIÓN DE NUESTRO PROBLEMA: Los CONCEPTOS METODO­


LÓGICOS DE MAX WEBER .........................................................'....... 33

1. Examen preliminar del problema ........................................ 33

2. El concepto de acción significativa de Max Weber ........... ' 45

3. El carácter pte-dado del yo del otro y el postulado de la com­


prensión del significado subjetivo ....................................... 50

4. Crítica de los conceptos de comprensión «observacional» y

«motivacional» de Max Web.er ............................................. 55

5. Significado subjetivo y objetivo ................................... ,., ... ,. 61

6. Transición al análisis del proceso constituyente. Clarifica­


ción del concepto de «atribuir significado a un acto» ...... 68

Observación .................................................................................. 73

Ir. LA CONSTITUCIÓN DE LA VIVENCIA SIGNIFICATIVA EN LA CORRIENl'E pE

LA CONCIENCIA DE QUIEN LA CONSTlTUYE ........................................ 75

7. El fenómeno de la duración interna. Retención y reproduc­


ción ........................................................................................... 75

8. Las vivencias de asignación de significado de Husserl y

el concepto de conducta ................... ................................. 83

9. El concepto de acción. Proyecto y pretensión ................ 87

10. La acción consciente y su evidencia ................................ 92

11. La acción voluntaria y el problema de la elección .,. ..... 95

12. Sumario: La esencia del significado en su sentido primor­


dial ........................................................................................ 98

13. La amplificación del primer concepto de significado: la

modificación atencional del significado .......................... 101

14. Una mayor amplificación: las configuraciones de viven­

cias. El contexto de significado y el contexto de experien­


cia .......................................................................................... 104

15. La construcción del mundo de la experiencia y su orde­


namiento en esquemas ....................................................... 108

16. Los esquemas de la experiencia como esquemas interpre­

tativos. La autoexplicación y la interpretación. Problema

e interés ................................................................................ 112

17. El contexto motivacional como contexto de significado.

A) El «motivo-para» ............................................................ 115

18. El contexto motivacional como contexto de significado.

B) El auténtico «motivo-porque» ...................................... 120

lII. FUNDAMENTOS DE UNA TEORÍA DE LA COMPRENSIÓN INTERSUB­

JETIVA 127

19. La tesis general del yo del otro en la percepción natural 127

20. La corriente de la conciencia de otro como simultánea con

la mía .................................................................................... 132

21. Las ambigüedades en la noción ordinaria de comprensión

de la otra persona ............................................................... 137

22. La naturaleza de la comprensión intersubjetiva auténtica 142

23. Movimiento expresivo y acto expresivo ........................... 145

24. El signo y el sistema de signos ......................................... 147

25. Establecimiento de significado e interpretación de signi­


ficado .................................................................................... 155

26. El contexto significativo de la comunicación. Recapitula­


ción ....................................................................................... 158

27. El significado subjetivo y objetivo. Producto y evidencia 161

28. Excursus: Algunas aplicaciones de la teoría del significa­

do objetivo y subjetivo en el campo de las ciencias de la

cultura .................................................................................. 165

IV. LA ESTRUCTURA DEL MUNDO SOCIAL: EL DOMINIO DE LA REALIDAD SO­

CIAL DIRECTAMENTE VIVENCIADA, EL DE LOS CONTEMPORÁNEOS Y EL

DE LOS PREDECESORES ................................................................... 169

[Al INTRODUCCIÓN .................................................................... 169

29. Examen preliminar del problema ..................................... 169

[B] CONDUCTA SOCIAL, ACCIÓN SOCIAL, RELACIÓN SOCIAL. 174

30. El concepto .de «aCClOn social" de Max Weber. La

orientación-otro y el actuar-sobre-el-otro ........................ 174

31. El concepto de relación social de Weber. Relación de

orientación e interacción social........................................ 180

32. El contexto motivacional de la interacción social......... 189

[C] EL MUNDO DE LA REALIDAD SOCIAL DIRECTAMENTE VI­


VENCIADA ............................................................................. 192

33. La situación cara a cara y la relación-nosotros ............. 192

34. Análisis de la relación cara a cara ........... ................. ....... . 196

35. La observación social directa ............................................ 201

[D] EL MUNDO DE LOS CONTEMPORÁNEOS COMO UNA ESTRUC­


TURA DE TIPOS IDEALES ..................................................... 205

36. La transición de la experiencia social directa a la indirec­


ta. Las relaciones sociales continuas ............................... 205

37. El contemporáneo como tipo ideal. La naturaleza de la

relación-ellos .......................... ........ .......... .... ...... ........ .......... 209

38. La constitución del esquema interpretativo típico-ideal 215

39. Grados de anonimidad en el mundo de los contemporá­


neos. La concretez del tipo ideal......... ............................. 222

40. Relaciones sociales entre contemporáneos y observación

social indirecta ............... ..................................................... . 230

[E] EL MUNDO DE LOS PREDECESORES Y EL PROBLEMA DE LA

HISTORIA .............................................................................. 235

41. El pasado como una dimensión del mundo social......... 235

V. ALGUNOS PROBLEMAS BÁSICOS DE LA SOCIOLOGfA COMPRENSIVA .... 243

42. Resumen de nuestras conclusiones hasta este punto .... 243

43. La observación social indirecta y el problema del COriOci­


, miento en las ciencias sociales .... ................ ............ ......... 248

44. La función del tipo ideal en la sociología de Weber ..... 252

45. Adecuación causal ............................................................... 257

46..La adecuación de significado ......... ~.................................. 261

47. Probabilidad objetiva y subjetiva ..................................... 264

48. La preferencia de la sociología comprensiva por los tipos

de acción racional.... .................. ............................... ........... 266

49. El significado objetivo y subjetivo de las ciencias sociales 268

50. Conclusión: Una ojeada a otros problemas conexos ...... 275

BIBLIOGRAFÍA SELECTA .......................................................................... 278

ALFRED SCHÜTZ: UNA FENOMENOLOGÍA DE LA

INTERSUBJETIVIDAD EN EL MUNDO DE LA VIDA

COTIDIANA

LA CUESTIÓN de la intersubjetividad ha sido considerada básica en la fi­


losofía contemporánea. Desde el capítulo IV de la Fenomenología del
Espíritu de Hegel, el pensamiento de los dos últimos siglos l no ha aban­
donado la reflexión acerca de las condiciones de posibilidqd de la interac­
ción sujeto-sujeto. De ahí que la intersubjetividad, y con ella el problema
del «solipsismo», alcance ahora uno de sus puntos más controvertidos.
Sin embargo, es obvio que la preocupación acerca de una temática no
conlleva su solución. La filosofía contemporánea, y más concretamente
la filosofía fenomenológica, ha encontrado enormes dificultades para
explicar y comprender los modos y las formas de acceso a la subjetivi­
dad del otro, del «alter-ego», Husserl, sin ir más lejos, realiza enormes
piruetas intelectuales en sus Meditaciones Cartesianas 2 para descubrir
una salida a su «solipsismo trascendental». A Heidegger le sucede lo mis­
mo en Ser y Tiempo, y noacqba más que superficialmente de compren­
der al «Dasein» como «Mitsein»3. Sartre, en El ser y la nada, sostiene
que toda relación de alteridad es cosificadora, porque el '<para-sÍ» no
puede contemplar más que un «en-sÍ», y nunca es capaz de reconocer.
a otro «para-sÍ»4. No deja de resultar curioso que fuera precisamente

I <:iJmo veremos este interés por el problema de la relación intersubjetiva en la


filosofía contemporánea se agudiza con los pensadores de tendencia fenomenológica
(Husserl, Heidegger, Sartre, Merleau-Ponty, Levinas ... y, por supuesto, Alfred Schütz).
2 Véase Husserl, Cartesíanische Meditationen. Eine Einleitung in die Phiino­
menologie (traducción castellana en Ediciones Paulinas yen FCE), concretamente la
«V Meditación»: «Descubrimiento de la esfera del ser trascendental éomointersub­
jetividad monadológica». Husserl volverá insistentemente sobre el tema en su obra
Zur Phiinomenologie der lntersubjektivitiit; 3 vols. publicados en la 'serie Husserlia­
na núms. XIII, XIV Y XV.
3 Véase el capítulo IV de la primera sección (primera parte) de Sein und Zeit
titulad,o «El "ser en el mundo" como "ser con" y "ser sí mismo". El "uno" ». A mi
juicio el análisis del Mitsein (<<ser-con») por parte de Heidegger es uno de los más
flojos de la tradición fenomenológica:.
4 Escribe Sartre: «Esa mujer que veo venir hacia mí, ese hombre que pasa por
la calle, ese mendigo que oigo cantar desde mi ventana, son para mí objetos, no cabe
duda.» (L 'etre et le néant, París, Gallimard, 1988, pág. ~98).(Hay traducción castella­
na en Alianza Editorial).
11

Merleau-Ponty el filósofo que mejor llegara a interpretar este dramáti­


co análisis sartriano de la relación de alteridad. 5 En los últimos años
la fenomenología más fructífera y original respecto a la intersubjetivi­
dad ha sido, sin duda, la del pensador lituano Emmanuel Levinas6 •
La obra de Alfred Schütz (1899-1959) debe inscribirse en este con­
texto de preocupación por la intersubjetividad. En una época como la
actual en la que la cuestión de la comunicación se ha convertido en bá­
sica en ciencias humanas, la obra de Schütz se nos antoja un manantial
casi inagotable de ideas y sugerencias, de riqueza filosófiea, antropológi­
ca y sociológica7• Los escritos de Schütz poseen un transfondo común,
una reflexión fundamental: ¿cómo llegamos a conocer el yo del otro?8
y ¿qué máscaras adopta la interacción social en la vida cotidiana?
Para responder a este interrogante, Schütz utilizará el método fe­
nomenológico, hasta el punto de que su obra se puede calificar como una
«filOSOFía fenomenológica de la acción social» o, si se quiere, como
una «sociología fenomenológica», aunque él subtitule el libro que el lec­
tor tiene en sus manos «Introducción a la sociología comprensiva», sin
duda haciendo referencia a Max Weber 9 • Husserl, Weber y Bergson lO
son los tres grandes puntos de referencia de Schütz. Así lo expresa él
mismo:
Tengo hacia estos grandes filósofos (Bergson y Husserl) la más profun­
dá admiración, y por ello estoy consciente de que en gran medida el pre­

5 "Para una filosofía que se instala en la visión pura, en la visión panorámica,


no puede haber encuentro con los demás: porque la mirada domina, sólo puede do­
minar cosas y si tropieza con hombres, los transfonna en muñecos que se mueven
mecánicamente. (...) Si realmente el otro es otro, es decir si es un para sí en el sentido
pleno en que yo lo soy para mi, nunca ha de serlo a mis ojos, ese otro para-sí nunca
ha de caer bajo mi mirada, nunca ha de haber percepción del otro, el otro ha de ser
mi negación o mi destrucción.» (Merleau-Ponty, Lo visible y lo invisible, Barcelona,
Seix Barral, 1966, págs. 104-105).
6 La obra más importante de Levinas es Totalidad e Infinito. Ensayo sobre la
exterioridad, Sígueme, Salamanca, 1977. Me pennito recomendar al lector no inicia­
do. en la difícil obra del pensador lituano. un par de lecturas más asequibles: El tiem­
po y el otro, Barcelona, Paidós, 1933 y Ética e infinito, Madrid, Visor, 1991.
7 La obra de Jürgen Habermas es hoy por hoy un claro ejemplo de esta preo­
cupación común a las distintas filosofías y ciencias sociales. No estaría de más re­
cordar que uno de los autores más citados por el pensador de Francfort en su Teoría
de la acción comunicativa es precisamente Alfred Schütz. Volveremos sobre esta cues­
tión al final de esta introducción.
8 Schütz, La construcción significativa del mundo social, pág. 49: "Con todo,
debe plantearse la cuestión referente a cómo logramos conocer el yo del otro, tan
pronto como nos ponemos a estudiar el significado subjetivo de la conducta de otros.»
9 Véase Weber, M., Econom{a y sociedad. Esbozo de sociología comprensiva,
México, FCE, 1987.
10 Sobre la influencia de Bergson con Schütz véase: Theorie der Lebensformen.
(Frühe Manuskripte aus der Bergson-Periode), Francfort, Suhrkamp, 1981. Sin embargo
creo que se puede sostener en general que, a excepción de las referencias relativas
a la temporalidad, el influjo de Bergson en las obras de Schütz es mucho menor que
la de Max Weber o Edmund Husserl.
111

sente estudio y toda mi meditación dependen de la obra por ellos reali­


zada y de la de Max Weber.H

Pero ¿ qué toma concretamente Schütz de cada uno de ellos? De Max


Weber, en primer lugar, un aspecto metodológico muy importante que,
además coincide con la fenomenología; a saber: las ciencias sociales
(Geisteswissenschaften) deben abstenerse de formular juicios de valor l2 •
La sociología, entonces, deja de ser especulación metafísica para con­
vertirse en descripción/comprensión de la acción social.13 Junto a la
neutralidad científica, Schütz toma de Weber su categoría de «acción
social,,14 que parcialmente modificará, los «tipos ideales,,15, su «reduc­
ción» de todas las clases de relaciones y estructuras sociales a las for­
mas más simples y elementales de conducta individuaP6, y su concep­
to de «comprensión» (verstehen)17. La «comprensión» debe entenderse
en un doble sentido: la que tiene lugar entre los partícipes de la acción
sociaps, y la propia del sociólogo: Así:

Todas estas estructuras de significado son comprendidas por el actor


social, lo cual sólo puede significar que éste basa su acción en la compren­
sión que tiene de la conducta de otros. Y según el punto de vista de Weber,
la comprensión de esta conducta social, es decir, su «interpretación», es
a su vez la tarea propia de la sociología. 19

La fenomenología de Edmund Husserl es la segunda gran influen­


cia que Schütz reconoce en su obra. 20 No es exagerado sostener que la

11Schütz, La construcción significativa del mundo social, pág. 28.


12 En su libro El problema de la realidad social, Amorrortu, Buenos Aires, pág.
62, Schütz afirma al respecto: "Esa actitud del especialista en ciencias sociales es
la de un mero observador neutral del mundo social. No toma parte en la situación
observada, que no tiene para él interés práctico, sino solamente cognoscitivo. Aqué­
lla no es el teatro de sus actividades, sino sólo el objeto de su contemplación.»
13 Véase Schütz, La construcción significativa del mundo social, pág. 35.
14 Recordemos la definición weberiana de «acción social»: "Por "acción" debe
entenderse una conducta humana (bien consista en un hacer externo o interno, ya
en un omitir o permitir) siempre que el sujeto o los sujetos de la acción enlacen a
ella un sentido subjetivo. La "acción social", por tanto, es una acción en donde el sen­
tido mentado por su sujeto o sujetos está referido a la conducta de otros, orientándo­
se por ésta en su desarrollo.» (Economia y sociedad, pág. 5).
15 Véase Schütz, La construcción significativa del mundo social, págs. 213-215.
16 Ibíd, pág. 36.
17 Véase El problema de la realidad social, págs. 36-37, y La construcción sigo
nificativa del mundo social, págs. 245-246.
18 Para Max Weber, como bien advertirá Schütz, la «sociología comprensiva»
debe ocuparse de interpretar la acción social y, por lo tanto, de las vivencias cons­
cientes del actor. (Véase: Schütz, La construcción significativa del mundo social, pág.
254). .
19 . Schütz, La construcción significativa del mundo social, pág. 47.
20 Schütz reconoce las dificultades de los sociólogos frente al método y la fi·
losofía fenomenológica. Véase El problema de la realidad social, pág. 111.
IV

obra de nuestro autores, sin lugar a dudas, una de las aportaciones más
ricas y originales que ha conocido la fenomenología en su dimensión
social, así como una de las más interesantes y estimulantes respecto a
la cuestión de la intersubjetividad. Pero ¿ cuál es el objeto de estudio
de la «fenomenología de la acción socia!»? El propio Schütz lo aclara:
.•.el objetivo que estudiaremos es el ser humano CJue mira el mundo desde
. una actitud natural. Nacido en un mundo social, se encuentra con sus con­
géneres y da por sentada la existencia de éstos sin cuestionarla, así como
da por sentada la existencia de los objetos naturales que encuentra. 21

El lector observará que, pese a no manifestarlo explícitamente, se


encuentra ya aquí el interés de nuestro· autor por comprender el mun­
do de la vida (Lebenswelt) que Husserl desarrollará en una obra publi­
cada póstumamente: La crisis de las ciencias europeas y la fenomenolo­
gía trascendental. 22 En el libro que presentamos no aparecen
evidentemente referencias a la Crisis de Huss.erl dado que Schütz no tuvo
oportunidad de acceder a este texto cuando escribió La construcción
significativa del mundo social, así como tampoco a las Meditaciones car­
tesianas que vieron la luz en 1931.23 Esta última obra posee gran inte­
rés para abordar el problema de la intersubjetividad desde el punto de
vista fenomenológico, especialmente la «V Meditación»24 En trabajos
posteriores, concretamente en los recogidos bajo el título de Collected
Papers25 , y en su obra póstuma culminada por Thomas Luckmann26,
Schütz se referirá al «mundo de la vida,}, hasta el punto de poder uno
sostener que toda su obra no es más que un intento obsesivo por com­
prender las relaciones intersubjetivas en este «mundo de la vida». Apo­
yándose en Husserl, entenderá Schütz por Lebenswelt:
...esa realidad que la persona alerta, normal y madura encuentra dada de
manera directa en la actitud natural. 27

21 Schütz, La constrz,tcción significativa del mundo social, pág. 128.


22 Husserl, E.: La crisis de las ciencias europeas y la fenomenología trascenden­
tal, Barcelona, Crítica, 1991.
23 "Sólo me resultaron accesibles las Meditaciones cartesianas de Husserl (Pa­
rís, 1931) después de haber completado la presente obra, y por lo tanto no puedo apo­
yarme en esa obra al presentar los puntos de vista de Husserl." (La construcción sig­
nificativa del mundo social, pág. 73). .
24 Después han aparecido en la colección Husserliana los tres volúmenes de­
dicados a la «fenomenología de la intersubjetividad» que recogen textos husserlia­
nos comprendidos entre 1905 y 1935. (Véase: Husserl, Zur Phiinomenologie der Inter­
subjektivitiit, Den Haag, Nijhoff, 1973; Husserliana vols. XIll, XIV y XV).
25 Schütz, Collected Papers 1: The problem of social reality, Nijhoff. (Trad. cast.:
El problema de la realidad social, Buenos Aires, Amorrortu); y Collected Papers JI:
Studies in social theory, Nijhoff. (Trad. cast.: Estudios sobre teona social, Buenos Aires,
Amorrortu).
26 SchützlLuckmann, Strukturen der Lebenswelt, Francfort, Suhrkamp, (Trae!..
cast.: Las estructuras del mundo de la vida, Buenos Aires, Amorrortu).
27 Schütz/Luckmann, Las estructuras del mundo de la vida, pág. 41.
v
Subrayamos aquí la «actitud natural» (natürliche Einstellung) de
los miembros que interaccionan en el mundo de la vida, «actitud» que,
por otro lado, es un concepLo esencial en fenomenología. Pero además
Schütz insistirá en otra ca, acterística del Lebenswelt todavía más im­
portante, si cabe, que la ar _~rior: la intersubjetividad. Si ésta es condi­
ción de posibilidad del mundo de la vida, parece que el solipsismo que­
da, definitivamente, fuera de combate. Veamos a título de ejemplo
algunos párrafos de distintas obras de Schütz en las que nuestro autor
muestra esta condición intersubjetiva del mundo de la vida:

...el mundo de mi vida cotidiana no es en modo alguno mi mundo privado,


sino desde el comienzo un mundo intersubjetivo, compartido con mis se­
mejantes, experimentado e interpretado por otros; en síntesis, es un mun­
do común a todos nosotros. 28

o también:
El mundo de la vida cotidiana no es un mundo privado, sino comparti­
do con mis semejantes. 29

La intersubjetividad del mundo de la vida no se demuestra; es un


presupuesto que se convierte en la condición de posibilidad del mismo
Lebenswelt:
... presupongo simplemente, que otros hombres también existen en este mun­
do mío, y, en verdad, no sólo de manera corporal y entre otros objetos, sino
más 'bien como dotados de una conciencia que es esencialmente igual a la
mía. Así, desde el ,comienzo, mi mundo cotidiano es no mi mundo privado,
sino más bien un mundo intersubjetivo. 3o

La preocupación de Schütz a partir de ahora consistirá en clasifi­


car, organizar y comprender las formas de relación.intersubjetiva en
el mundo de la vida. Esta es la parte más original de su pensamiento
y la que convierte a Alfred Schütz en un clásico de la filosofía social.
Para desvelar la interacción en el Lebenswelt Schütz parte del con­
cepto weberiano de «acción social». Más arriba ya hemos recordado qué
entendió Max Weber en su obra Economía y sociedad por «acción so­
cial»: la «acción social» es una «acción signific~tiva». Schütz advierte
que según Weber no es suficiente el mero contacto físico entre dos per­
sonas para que una acción pueda ser calificada de «social». Un ejemplo
weberiano nos acIar~ esta diferencia importante:

No toda clase de contacto entre los hombres tiene carácter social; sino
sólo una acción con sentido propio dirigida a la acción de otros. Un choque

28 Schütz, El problema de la realidad social, pág. 280.

29 Schütz, 'Estudios sobre teoría social, pág. 33.

30 SchützlLuckmann, Las estructuras del mundo de la vida, pág. 26.

VI

de dos ciclistas, por ejemplo, es un simple suceso de igual carácter que un


fenómeno natural. En cambio, aparecería ya una acción social en el intlm­
to de evitar el encuentro, o bien en la riña o consideraciones amistosas sub­
siguientes al encontronazo. 31 .

En definitiva: una acción es social si entre los miembros que inte­


raccionan tiene lugar una interpretación. Así lo manifiesta Schütz:

Weber requiere entonces que la persona que realiza una acción social
esté consciente de mucho más que de la pura existenda del otro. Debe dar­
se cuenta del significado de la conducta del otro e interpretarlo. 32

A partir de aquí, Schütz establece una interesante diferencia entre


«acción» (Handeln), «acto» (Handlung) y «conducta« (Verhalten). La «ac­
ción» se caracteriza, frente al «acto» y la «conducta», por estar ligada
al «proyecto».33 La «acción» es inseparable del «proyecto preconcebi­
do», mientras que el «acto» es la «acción cumplida».34 Un texto de
Schütz muestra con claridad esta relación:

...un acto es siempre algo realizado y puede considerárselo independiente­


mente del sujeto que actúa y de sus vivencias (...) En contraste con el acto,
la acción está ligada al suceso. Mientras el acto se cumple, por así decirlo,
de forma anónima, la acción constituye una serie de vivencias que se for­
man en la conciencia concreta e individual de algún actor, sea yo mismo
u otro. 35

En La construcción significativa del mundo social Schütz explica


también la diferencia entre «acto», «acción» y «conducta» a partir del
tiempo.36 El «ek-stasis» propio de la acción es el futuro, mientras que
la conducta y el acto carecen de esta dimensión. 37 Llegados a este pun­
to Schütz debe enfrentarse finalmente al objeto último de su trabajo:
la caracterización de las formas de interacción en la vida cotidiana.

31 Weber, Economía y sociedad, pág. 19.

32 Schütz, La construcción significativa del mundo social, pág. 46.

33 Al lector estudioso de la obra de Martin Heidegger le puede resultar de in­

terés la relación que el propio Schütz establece entre el concepto de «acción» (Han­
deln) y el «proyecto» (Entwurf) de Heidegger. Véase La construcción significativa del
mundo social, pág. 89.
34 Véase Schütz, El problema de la realidad social, pág. 49.

35 Schütz, La construcción significativa del mundo social, pág. 69.

36 «Toda acción ocurre en el tiempo, o más precisamente en la conciencia tem­

poral interna, en la durée. Es una realización inmanente a la duración. El acto, en


cambio, es lo cumplido transcendente a la duración.» (Schütz, La construcción signi­
ficativa del mundo social, pág. 69).
37 « ... toda acción es una actividad espontánea orientada hacia el futuro. Esta
orientación hacia el futuro no es de ninguna manera peculiar de la conducta.» (Schütz,
La construcción significativa del mundo social, pág. 87). De nuevo se puede observar
aquí el influjo fenomenológico, concretamente de Husserl, que el propio Schütz re­
conoce unos párrafos después.
VII

Ha quedado ya establecido que la realidad del otro es incuestiona­


ble, dado que no es posible experimentarme a mí mismo sin ép8 Pero
¿ cómo percibo al otro? Mi experiencia inmediata y pre-predicativa
de la «actitud natural»} del otro no es, como en la fenomenología de Sar­
tre, la de un simple objeto u organismo, sino la de un «semejante».39
Evidentemente, no es fácil acceder al yo del otro, a sus vivencias, pero
esto no niega la posibilidad de la sociología comprensiva sino todo lo
contrario. Sobre estas dificultades escribe Schütz:

... yo tendría que ser capaz de recordar todas las vivencias del otro y, por
lo tanto, de haber vivenciado esas vivencias en el mismo orden en que él
lo hizo; y finalmente debería haberle otorgado exactamente el mismo gra­
do de atención que él les acordó. En síntesis, mi corriente de conciencia
tendría que coincidir con la del otro, lo cual equivale a decir que yo tendría
que ser la otra persona (...).
Parecería que estas conclusiones llevaran a la negación de la posibili­
dad de una sociología comprensiva y, más aún, a negar que alguien pueda
llegar a comprender la experiencia de otra persona. Pero éste no es de nin­
guna manera el caso. No estamos afirmando que las vivencias de otro per­
manezcan inaccesibles en principio para mí ni que carezcan para mí de sig­
• nificado.Más bien, la cuestión reside en que el significado que doy a las
vivencias de otro no puede ser exactamente el mismo que el significaado
que les da el otro cuando procede a interpretarlas. 40 .

Para Schütz, entonces, será posible acceder al otro, sin inferencia,


sin analogía. Pero para ello andamos necesitados de una clasificación
de las relaciones de alteridad. En primer lugar, Schütz distingue «tres
mundos»: el de los antepasados o predecesores (Vorwelt), el de los con­
temporáneos (Mitwelt) y el de los sucesores (Folgewelt). Respecto al pri­
mero, sólo puedo ser un observador y no un actor; con los sucesores,
en cambio, es posible establecer influjos, pero ellos no pueden hacer
lo propio conmigo. 41 Sin embargo, y como el lector tendrá ocasión de
comprobar, Schütz centra la mayor parte de sus esfuerzos en caracte­
rizar el mundo presente, el de los contemporán.eos, dado que, a su jui­
cio, es el más interesante a nivel social. Aquí es donde nuestro autor
establece la importante distinción entre «congéneres» o «asociados» (Mit­
menschen) y los «meros contemporáneos» (Nebenmenschen). Los prime­
ros viven «conmigo», los segundos, en cambio, «a través mío»:

38 "Yo me experimento a mí mismo a través de usted, y usted se experimenta


a sí mismo a través de mÍ.» (Schütz, Estudios sobre teoría social, pág. 41).
39 «No se experimenta al cuerpo del Otro como un organismo, sino como un
semejante; su conducta manifiesta no es experimentada como un suceso en el espacio­
tiempo del mundo exterior, sino como la acción de nuestro semejante.» (Schütz, El
problema de la realidad social, pág. 77).
40 Schütz, La construcci6n significativa del mundo social, pág. 129.
41 Ibid., pág. 173.
VIII
El mundo social de los contemporáneos coexiste conmigo yes simultá­
neo con mi duración. No obstante, aun viviendo cQn él, no vivo a través de
él como cuestiÓn de experiencia directa. Llamemos «congéneres>, (Mitmens­
chen) a los otros yoes del mundo de la realidad social directamente viven~
ciada, y «contemporáneos (Nebenmenschen) a los otros yoes del mundo de
los contemporáneos. Puedo decir entonces que al vivir con mis congéneres,
los vivencio directamente a ell<?s y a sus vivencias. Pero de mis contempo-­
ráneos diremos que, aunque viva entre ellos, no capto en forma directa e
inmediata sus vivencias sino que, en cambio, infiero sobre la base de evi­
dencia directa las vivencias típicas que deben tener~42

La diferencia entre «congéneres» y «contemporán<::os» permite a


Schütz alcanzar el clímax de su descripción fenomenológica. La ,expe­
riencia del otro como "contemporáneo».es predicativa. Quiere esto de­
cir que él no es visto nunca como alguien personal. Sé que existe, pero
no puedo vivenciarlo en persona, sino solamente de modo indirecto. El
otro, en relación de meros «contemporáneos» no es un «tÚ».43 El otro
es anónimo. 44 Schütz señala que en la acción entre «contemporáneos»
interviene un "elemento de duda»; a saber: supongo que el otro respon­
derá de algún modo a mi interacción, pero poco más. Este modo de re­
lación entre «contemporáneos» queda bautizado por Schütz como
"Orientación-Ellos»45 Las características del otro en la "Orientación­
Ellos» son las de los "tipos-ideales;,. Pero la "Orientación-Ellos» puede
mutarse en "Orientación-Tú». Aparece entonces la «relación cara a cara».
Aqüí el otro se me aparece de modo directo, como persona46, como túY
Envejecemos juntos. El otro, aquí, no se me da predicativamente, sino
pre-predicativamente, y sus características no se obtienen por inferencia:

Cuando dos personas se encuentran de esta manera una al alcance de


la experiencia directa de la otra, digo que están en la situación «cara a cara,) .
. La situación cara a cara presupone una simultaneidad real que dos corrien.­
tes de conciencia separadas tienen una con otra. 48 . .

42 Schütz, La construcción significativa del mundo sOciai, pág. 172.

43 Ibid, págs. 209-211.

44 Véase Schütz, Estudios sobre teoría social, pág. 52. Creo que podría ser in­

teresanteponer en relación la descripción de los «contemporáneos» de Schütz con


la llamada «acción dramática» de Erving Goffman. (Véase Goffman, E.: La presenta­
ción de la persona en la vida cotidiana, Madrid, Amorrortu-Murguía, 1981.)
45 «El término "Orientación·Ellos~' sirve para llamar la atención hacía la ma­
nera peculiar en que aprehendo las experiencias conscientes de mis contemporáneos.
En efecto, las aprehendo como procesos anónimos.» (Schütz, La construcción·signifi­
cativa del mundo social, pág. 212). .
46 El concepto de persona no posee en Schütz ninguna connotación moral.
47 « ...el tú .es esa conciencia cuyos actos intencionales puedo ver mientras ocu­
rrén como distintos de los mios propios y, sin embargo, simultáneos con ellos.» (Schütz,
La construcci6n significativa del mundo social, pág. 133). .
48 Schüti; La construcci6n significativa del mundo social, pág. 192.
IX

A diferencia de la «Orientación-Ellos» ahora tengo una experiencia


inmediata de mi semejante.49 El difícil escollo del solipsismo con el que
tropezaba la fenomenología (pienso básicamente en Husserl y Heideg­
ger) que impedía explicar el modo de acceso a las vivencias del otro que­
da aquí solventado. La situación «cara a cara» me permite experimen­
tar directamente a mi semejante, compartir con él un sector de tiempo
y espacio, simultanear nuestros flujos de conciencia y descubrirlo como
único. 50 Sintetizaremos a continuación en cinco puntos lascaracterís­
ticas de la relación «cara a cara»:51

1. Para que se dé la situación «cara a cara» debe darse la


«Orientación-Tú».
2. La «Orientación-Tú» tiene lugar desde el momento ~n que el otro
se me aparece como persona, es experimentado como persona.
3. La «Orientación-Tú» no es un juicio por analogía.
4. El semejante siempre es particular.
5. La «Orientación-Tú» puede ser unilateral o recíproca. Es unila­
teral si el otro ignora mi presencia; Es recíproca si toma en cuenta mi
existencia. En este caso nos encontramos en una situación sociaI.S2

Respecto a este último punto, hay que tener en cuenta que la


«Orientación-Tú» recíproca es c;alificada por Schütz de «relación noso­
tros pura" (reine Wirbeziehung):

Llamaremos «relaciÓn nosotros pura" a la relación cara a cara en la


cual los partícipes están conscientes uno de otro y participan simpática­
mente uno en la vida del otro, por más breve que sea esta relación. 53

Las posibles aplicaciones de este análisis fenomenológico son enor­


mes. Por nuestra parte, se nos antoja abierto todo el ámbito filosófico
y sociológico de la educación en la vida cotidiana54; esto es, los proce­
sos de construcción de la mismidad, la enculturación, los grados de so­
cialización, la interacción en el aula... Pero también se puede dirigir ha­
cia terrenos próximos a la sociología de la religión, la ética, la política,
etcétera.

49 Véase Schütz, Estudios sobre teoría social, pág. 40.


so Véase Schütz, El problema de la realidad social, pág. 46.
SI Me apoyo en la obra de Schütz, Estudios sobre teoría social, págs. 35-36.
52 «Las relaciones sociales en la situación cara a cara se caracterizan por la
reciprocidad de las «Orientaciones-Tú" de los dos copartícipes.» (Schütz, Estudios
sobre teoría social, pág. 43).
53 Schütz, La construcción significativa del mundo sociál, pág. 193.
54 Para comprobar' cómo es posible aplicar el modelo de Alfred Schütz al es­
tudio de la educación en la vida cotidiana, véase Melich, J. C., Del extrañp al cómpli·
ce. La educación en la vida cotidiana, Barcelona, Anthropos, 1994.
x
Sin duda podríamos referirnos a muchos otros matices y aspectos
de la situación cara a cara y de la «relación nosotros» que Schütz reali­
za tanto en este libro que presentamos como en los otros que escribió
a lo largo de su vida, pero las limitaciones de una introducción no lo
hacen posible. No obstante, no me gustaría terminar sin mostrar -aun­
. q ue sea brevemente- algunas de las derivaciones que las tesis de nues­
tro autor han producido en otras teorías filosóficas y sociológicas; es
el caso, por ejemplo, de la llamada «sociología del conocimiento» o in­
cluso de la «teoría crítica».
El análisis de la relación cara a cara que Alfred Schütz realiza en
La construcción significativa del mundo social y en Las estructuras del
mundo de la vida reaparece con fuerza en uno de los textos más impor­
tantes de la literatura sociológica de los últimos años. Me refiero a La
construcción social de la realidad de Peter Berger y Thomas Luck­
mann. 5S Todo el primer capítulo de este libro (<<Los fundamentos del co­
nocimiento en la vida cotidiana») está basado en los escritos de Schütz.
Cuestiones como la intersubjetividad, la temporalidad y, sobre todo, los
análisis de la relación cara a cara están fundadas en las investigaciones
de nuestro autor. En uno de los apartados más interesantes de este ca­
pítulo titulado «La interacción social en la vida cotidiana», Berger y
Luckmann escriben:

La experiencia básica que tengo de los otros es la que se produce en


la situación cara a cara (fa ce to face) que es el prototipo de la interacción
social de la que derivan todos los otros modos de relación.
En la situación cara a cara, el otro se me presenta de forma vivida, en
un presente que ambos compartimos. Y sé que a lo largo de este presente
vivido yo estoy presente ante éL Mientras dure esta situación, mí «aquí y
ahora» y el suyo estarán estrechamente y contínuamente entrelazados. De
tal forma que tendrá lugar un contínuo intercambio entre mi expresividad
y la suya (... )
En la situación cara a cara el otro es completamente rea1. 56

Tanto Berger como Luckmann han aplicado cada uno por su cuen­
ta las tesis de Schütz básicamente al estudio del fenómeno religiosoS 7
dando lugar a obras de notable interés, aunque, evidentemente, su pro­

55 Véase Berger y Luckmann, The social construction oi reality. A treatise in


the sociology of knowledge, publicado por primera vez en el año 1966. (Hay traduc­
ción castellana en Amorrortu con el título La construcción social de la realídacl).
S6 Berger/Luckmann, The social construction 01 reality, pág. 43.
57 El lector podrá comprobarlo en libros tales como: de Peter Berger, Para una
teoria sociológica de la religión, Barcelona, Kairós, 1971; Y de Thomas Luckmann, La
religión invisible. El problema de la religión en la sociedad moderna, Salamanca, S1­
gueme, 1973.
XI

ducción no se ha reducido al ámbito de la sociología de la religión, sino


que abarca la teoría sociológica en general.58
También la teoría crítica y, más concretamente, Jürgen Habermas,
se ha referido a los estudios del Lebenswelt realizados por Alfred Schütz.
En su Teoría de la acción comunicativa, Habermas intenta una propuesta
sociológica que consiste, como es sabido, en una síntesis entre «siste­
ma" y «mundo de la vida». Para caracterizar este último, el pensador
de Francfort no duda en citar repetidamente a Schütz,59 y sobre la obra
que presentamos -La construcción significativa del mundo social-, Ha­
bermas escribe:

En el contexto de la sociología alemana de los años veinte fue Alfred


Schütz quien más a fondo y concienzudamente desarrolló las implicacio­
nes del acceso en términos de comprensión a la realidad simbólicamente
preestructurada. 60

Frente a todo ello únicamente le queda al lector que todavía desco­


noce la magnífica obra de Alfred Schütz tener el placer de acceder a
ella. Probablemente, en lenguaje de Schütz, solamente podríamos esta­
blecer con él una relación de «antepasados». Pero, quizás, también sea
posible, por una vez, y gracias a la vivencia y actualidad de sus escri­
tos, interaccionar con él «cara a cara".

Joan-CarIes Melich
Universidad Autónoma de Barcelona.
Otoño de 1993

58 Véase, por ejemplo, de Peter Berger. La reinterpretación de la sociología. En­


sayo sobre el método y la vocación sociológicos, Madrid, Espasa-Calpe, 1985. De Tho­
mas Luckmann recomendamos su obra más reciente, todavía no traducida al caste­
llano: Theorie des sozialen Handelns, BerlínfNueva York, Walter de Gruyter, 1992,
en la ~ue el influjo de Alfred Schütz resulta evidente. . ..
5 Véase Habermas, Teoría de la acción comunicativa, Vol. 1, Madrid, Taurus,
1988; rág. 119.
6 Ibid., pág. 170.
AGRADECIMIENTOS

ESTE libro es una traducción de la obra de Alfred Schiitz, titulada Der


sinnhafte Aufbau der 80zialen Welt, que publicó por primera vez en
Viena Julius Springer en 1932, y luego reimprimió sin alteraciones la
SpriÍ1ger~Verlag en 1960. Es la obra sistemática más importante de
Schütz, y presenta su tentativa de proporcionar un fundamento feno­
menológico a Jos conceptos básicos de las ciencias sociales.
El desarrollo del pensamiento posterior de Schütz puede· encon­
trarse en sus Collected Papera, publicados en tres volúmenes por Mar­
tinus Nijhoff, La Haya, en 1962, 1964 Y 1966, edición que estuvo a
cargo de Maurice Natanson, Arvid Brodersen e Use Schütz, l'espectiva­
mente. Thomas Luckmann realizó una adaptación en inglés del capí­
tulo 4 de la presente obra, que apareció en el segundo volumen de
Collected Papera. .
En el momento de su muerte, acaecida en 1959, Schütz estaba pre­
parando una formUlación sistemática final de su posición. Este manus­
crito, editado por Thomas Luckmann, se publicará en alemán COn el
título Die Strukturen der Lebenswelt e irá seguido por una traducción
inglesa.
Los b'aductores han tratado en todo momento de seguir la termi­
nología t"stablecida por Schütz en sus publicaciones en inglés, o de 10
contrario, Ja que se usa en Collected Papera. Donde Schütz utiliza
términos alternativos, nos hemos sentido autorizados para proceder a
discreción. Ya que muchos lectores desearán seguir la argumentación
de Schütz más detenidamente leyendo las muchas citas que incluye
en el contexto, hemos utilizado estas últimas traducciones inglesas fá­
clles de obtener, tomándonos la libertad de corregirlas sólo en los casos·
en que juzgamos que de otro modo no se advertiría lo· que Schiitz
quel"Ía decir. A este respecto, nuestra decisión se basó en lo que creí.
mos que sel'Ía una ventaja importante para el lector. al poner a su al­
cance algunos d~ Jos escritos de Husserl o Weber que quizá sólo llegue
a conocür a través de esta obra.
Deseamos expresar nuestro agradecimiento, ante todo, a I1se Schütz.
que nos alentó amablcmentt) y nos ayud6 en forma concreta en cada
etapa de nucsh'o trabajo. Tenemos una deuda especial con e1profesor
HeJmut Wagner, nuestro colega en el Hobnrt College y en el WUliam
10

ex alumno de Sc.:hütz, que leyó el primer capítulo, formuló


una cantidad de sugerencias que hemos adoptado y IlOS prestó su eru­
dita ayuda en muchos otros puntos. El profesor Thomas Luckmllnn, ex
colega nuestro en los mismos establecimientos, nos dio también muy
útiles consejos, tanto gencrales como t'i;pedficos. También recibimos
detallado y prolijo ascsoramiento del profesor Fred Kersten de la Uni­
versidad de Montana. Otros estudiosos quc nos ayudúron en determi­
nados puntos () que tuvieron la bondad de Imeernos conocer sus suge­
rencias fucron nuestros colegas, los profesores Daniel Petrizzi y John
S. Klein, y Eugelle 1'lillcr y PerreIJ Payne; también el profesor Kurt
H. Wolff, de- Ya Universidad de Brandeis, Cathy Wa1511, OIga y Hans
Frank y Robin Trail. Por supuesto, ninguna de estas personas es res­
ponsable de los crrores que pueda haber en el producto final. Nucstro
colega, el prof<'sor Donald SChCfCl', 110S dio una ayuda muy valiosa de
naturaleza indirecta. Y no podcmos olvidar la concienznda asistencia
que nos prC'staron, por un período de dos años y medio, MurieI Hodge,
Ednu Farnsworth y otros miembros de las bibliotecas de los colleges
Hobart y Wil1iam Smith, y tambi(~n el l)Crsonal de la biblioteca de la
Universidad de Corndl. Agradecemos a Jane Coreoran y a Rosemary
Curdc por la extraordinaria competC'ncia y paciencia con que nos aten­
dieron como secrdnrias v
Ddwmos a Jos coUéges Hobart y \Vi1liam Smítl1 nuestro recono­
cimiento por la hC'ca quc nos acordaron, que facilitó grandemente
nuestro trabajo.
Deseamos finalmente dar gracias muy especiales al profesor James
M. Edie, ex colega nuestro y actual editor de los Estudios de Fenome­
nología y Filosofía Existencial c1l' la Universidad Northwestern y al pro­
fesor L"wis \Vhite Bcck, de la Universidad de Hoehester. El amable
estímulo que nos brindaron nos decidió a emprender la traducción
del presente libro.

Gl".oRGE W ALSH
Fml:DElu(".J( LEH1'."EHT
Geneva, Nue,'a York
Septiembre de 1966
INTHODUCCION *

SE VA reconociendo gradualmente a Alfred Schütz como UllO de los más


importantcs filósofos <.le la ciencia social del siglo x.'{. El reconocimien­
to de su importancia coincide con una conciencia -que se extiende
mucho más allá del mundo universitario- del carácter fundamental de
los problemas que él examinó. Dos de estos problemas son el papel
que desempeña la objetividad respecto de la subjetividad en las cien­
cias sociales, y la naturaleza de la acción humana. Este libro contiene
un análisis exhaustivo de las dos cuestiones desde el punto de vista
fenomenológico. Pero va mucho más lejos. Presenta un análisis filo­
sófico de la llaturalCZ<l de la ciencia social cama tal, y suscita una
cuestión fundamental, a la vez que la contesta: la referente a si las
ciencias sociales pueden proporcionarnos una auténtica comprensión de
los seres humanos, y .en qué medida.
El problema de la objetividad respecto de la st!bjetividad va sur­
giendo coÍl dramática importancia en nuestra culhua contempor{mca.
Si el conocimiento objetivo de los seres humanos sólo puede lograrse
considerándolos como "tipos" que uno no debe "plegar, estirar o muti­
lar" ¿no es entonces precisamente la objetividad, por definición, una
actitud y enfoque que no logra aferrar la realidad humana? ¿No debe
lograrse la verdadera comprensión de los seres humanos. más bien en
un encuentro cara a cara, en la relación intcrpcrsonal, en el "diálogo",
en el "compromiso"? Alfred Schütz examina este problema, que es
hoy tan urgente, pero no 10 hace de la manera profética con que se ]0
expresó con tanta frecuencia, como en el caso de Buber -por más
valioso que pueda resultar tal enfoque--, sino de una manera qqe es
sistemática, exhaustiva y analítica. El problema de la naturnléza de
la acción humana, que está por supuesto vinculado con el de la liber­
tad, recibe hoy especial atención de m{ls dc una escuda filosófica.
Forma parte de la cuestión más general respecto de qué es lo que
distingue al ser humano como tal, y en ese sentido pertenece a la
antropología filosófica. Scbütz, en un an6.lisis original y amplio, vincula
la aeción con el resto de nuestra experiencia, con el significado y con
nuestra conciencia del tiempo. Su contribución en este sector, incluida
.,. Esb.l introducci6n pertenC'cc a ln VCI'SlOn en ingI¿.s, publicadn por North­
westem University Press, 1967, que hemos creído de interés: incluir en esta edi­
ción. rE.]
12

su distinci6n, ya clásica, entre "motivos-para" y "motivos-porque", esti­


muló una considerable discusión filosófica.:!.
Der sinnhafte Aufbau der sozialen Welt ("La construcción signi­
ficativa del mundo social") consiste en sustancia en un estudio feno~
menológico de los conceptos básicos de las ciencias sociales. Pero la
forma en que está moldeado es la de un "prefacio" fenomenológico "a
la sociología comprensiva", es decir, la sociología de Max Weber. Esa
forma es lo que hace que el libro resulte algo difícil para el lector
angloamericano, cuya familiaridad con Weber puede limitarse a sus
estudios históricos monumentales y concretos. De manera parecida, el
lector que ignora la fenomenología experimentará, a su vez, dificulta~
des. Sería imposible, dentro del alcance de una introducción de esta
naturaleza, exponer los conceptos básicos de Husse1'l o de Weber, y
mucho menos presentar los de ambos. Por suerte Schi,itz es un expo­
sitor magistral, y si se sigue cuidadosamente su argumentación dará
hasta al lector menos informado, si tiene la tenacidad necesaria, una
comprensión elemental de las dos posiciones de que se trata. Como
a lo largo del libro hemos utilizado traducciones inglesas de Husserl y
de Weber que pl,eden conseguirse con facilidad, es posible encontrar
todas las citas, leerlas en su contexto y utilizarlas Como punto de par­
tida para estudios posteriores.
Puesto que el prop6sito de esta Introducción es prestar toda la
ayuda posible al lector que se aproxinla por primera' vez a Schütz,
la dividií:emos en tres partes, de desigual longitud. La' primera tratará
brevemente de la vida de Schütz y de su carrera intelecÍ!lal, la segunda
esbozará,. aunque en breves trazos, los antecedentes del problema que
implica la distinción entre llis Geisteswissenschaften [ciencias del espí­
ritu] y las Naturwi.ssenschaften [ciencias de la naturaleza], tal como
las conciben Dilthey y la ~scuela Alemana del Sudoeste,' y la tercera
proporcionará. una sinopsis analítica. de los primeros cuatro' capítulos
de Schütz. El material de la segunda parte está destinado a orientar
al lector respecto de la manera en que Schi-itz plantea el problema en
el capítulo 1. La tercera parte servirá como guía para ayudar al lector
a abrirse camino a través de una argumentación extremadamente com­
plicada pero progresiva. Esta sinopsis carece, por supuesto, de signi­
ficada sin .el texto, pero creo que resultará valiosa para el . lector como
medio de refercnci~ entre partes del libro e instrumento que le per­
mitirá controlar su progreso. Una vez captados los conceptos del capí­
tulo IV, se comprenderá la posición metodológica fundamental de
Schütz, y se desarrollará sin dificultades la argumentación contenida
en el impoltante capítulo final.
El enfoque expositivo de esta Introducci6n resulta necesario por
el hecho de que el libro presupone un conocimiento previo del cual no

1 CE. Lewi.s W. Beck, "Agent, Actor, Spectator llnd Critic", The Monist,
XLIX, n Q 2.
13

puede disponer el lector angloamericano de hoy. Esto ocurre mucho


menos con los escritos posteriores de Schütz. La Introducción es, enton­
ces, una mera herramienta que el lector puede utilizar o dejar de lado,
según sus necesidades.

1. Vida Y carrera de Schütz


Alfred Schütz nació en Viena en 1899. Estudi6 leyes y ciencias socia­
les en la Universidad de Viena. Entre sus maestros se contaban eru­
ditos de fama, como Hans Kelsen, el filósofo del Derecho, y Ludwig
von Mises, el economista dé la escuela marginalista austríaca, que luego
llegaron a ser bien conocidos en Estados Unidos. Estudió también
bajo la dirección de eminentes sociólogos como Friedrich von Wieser
y Othmar Spann..schiitz se interesó desde muy temprano en la obra
del más grandc de los sociólogos alemanes, Max, ·Wéber. especialmente
en el intento que éste realizó de establecer un fundarileIlto metodoló­
gico coherente para las ciencias sociales. La primera formulación que
Weber hizo de su posición al respecto 2 suscitó una crítiCá agudamente
polémica por parte del maestw_ de Schütz, Ludwig van Mises. 3 Schütz
consideró que esta crítica se justificaba en palie, pero que también
señalaba el camino hacia un concepto más defendible de los "tipos
idealcs", en pos del cual 'Vcber mismo parecía estar trabajando. La
percepción de los problemas lógicos impliC:'ldos en el concepto de tipos
ideales y en otras ideas claves de Weber impulsó a Séhütz a realizar
un análisis filosófico exhaustivo de toda la posición metodológica de
este autor. 'Comenzó a ver que su posición tenía serias ambigüe­
dades. El enfoque deWebcr se basaba en su· concepto fundamental de
significado (Sinn), que se suponla caraCterístico de la acción humana,
por oposición a la mera conducta reactiva, y que también se suponía
abierto a la comprensión interpretativa (Vel'stellen) por parte del soció­
logo. Schützencontl'ó que este concepto, y todas las ideas que' depen­
dían de él, eran ambivalentes. Al buscar Ulu": teoría coherente del
significado, la encontró en Husserl. Aplicando a la acción el concepto
de' significado dc Husserl, pudo reformular los fundamentos de la
sociologÍil comprensiva, o sea en otras palabras, darle un fundamenta
fenomenológico. El presentc libro expone el resultado de esta tarea.
Aunque recibió de Husserl el apOlie principal, SchUtz aprovechó tam­
bién a fondo el análisis que hace Bergson acerca de la manera en que la
corriente de la conciencia es modificada por el fenómeno de la aten­
ción. En este punto Schütz estaba atraído por el dualismo de Bergson
entre vida y pensamiento, quc él compartía en cierta medida. Sin
, 2 ,Cf. «'Objeetivity' in Social Seienee and Social' Poliey", en Max Weber on
the Methoclology 01 file Social Sciences, trod. y comp. por Edward A. Shils y Henry
A. Fineh (Glencoe; 111., 1949). '
:1 Dlla idea de la posición de Mises puede darL'l su obra Human Action (New
Haven, 1963), p¡ígs. 30-32, 59-64, y'cspecialmente p(tgs, 61-62, 251·55 y 126.
14
embargo, era básicamente un fenomenólogo y de ninguna manera se
sentía orientado hacia la metafísica bergsoniana. Cuando Schütz ter­
minó la' obra, dedicó un ejemplar de ella a Husserl, que le contestó
. el 3 de mayo de 1932: "Estoy ansioso por conocer a un fenomenólogo
tan serio y completo, uno de los pocos que han penetrado el núcleo
de la significación de la obra de toda mi vida, cuyo acceso es infortu­
nadamente tan difícil, y que promete continuarla como representativa
de la auténtica philosophia pe/'ennÍ8, único futuro posible para la filo­
sofía." Aunque Schiitz visitó frecuentemente desde entonces a Husserl
en Friburgo y participó en muchas discusiones del círculo fenomeno­
lógico de esa ciudad, y aunque mantuvo cOITespondencia con Husserl
hasta la muerte de éste, no pudo aceptar, por razones personales, d
ofrecimiento de un cargo como ayudante suyo. Schütz dejó Austria
antes de la ocupación nazi y permaneció en París un año antes de emi­
grar a Estados Unidos. Llegó allí en julio de 1939 y poco después
ocupó un cargo en la Facultad de Graduados de la Nueva Escuela de
Investigación Social de Nueva York. Fue también designado miembro
del consejo de redacción de Philosophy and Phenomenological Re­
sea/'ch. En su nueva vida en Estados Unidos no s610 tuvo el placer de
mantener un contacto constante con colegas que habían estudiado con
Husserl, tales como Aran Gurwitsch y Dorion Cairns, sino que también
encontró otras fuentes. de inspiración. Una de ellas fue el pensamiento
del eminente pragmatista George Herbert Mead, cuyo interés por el
análisis del significado en la interacción social corría parejo con el de
Schütz, aunque había llegado a él por un camino completamente dife­
rente. Schütz amplió su espíritu en el ambiente norteamericano, y
pudo sintetizar. hasta un grado único el rigor y la disciplina de su
pasado europeo con la mayor informalidad y apertura a la experiencia
tIue caracterizaban a su nuevo ambiente. Esto, combinado con una
personalidad cálida y encantadora, hizo de él un objeto de admiraci6n
y afecto para sus discípulos y colegas. La carrera de Schütz se vio
interrumpida por su prematura muerte, en 1959, cuando estaba prepa.
randa una formulación final dc su posición tal como se había desarro­
llado en los muchos años transcurridos desde la. publicación de este
libro.

11. La distinción entre las ciencias del espí/'itu

y las ciencias de la naturaleza

El siglo XIX había asistido a un gran florecimiento en Alemania de la


erudición histórica, la economía y el estudio de las lenguas y las insti­
tuciones. No es sorprendente que comenZaran a suscitarse problemas
básicos acerca de la "falta de certeza" y, por lo tanto, del carácter
supuestamente no científico de estos estudios, en contraste con las
ciencias naturales. Se formularon también otras cuestiones igualmente
"15

básicas acerca de las relaciones recíprocas de tales disciplinas y las


que tenían con la filosofía. ¿Se ocupaba alguna de ellas, o todas, por
ejemplo, de leyes generales? ¿Podían ser realmente objetivas y estar
libres de supuestos de valor (wertfrei)? Algunos se sintieron atraídos
hacia la respuesta de los positiv~stas y de sus aliados, tal como la
expresa John Stuart Mill en la rotunda declaración que estampó al
conúenzo del libro VI de su System 01 Logic: "El estado de atraso en
que se encuentran las ciencias morales sólo puede remediarse aplicán­
doles los métódos de la ciencia física, debidamente ampliados y gene­
ralizados."
Aunque la "lógica de las ciencias morales" de MilI y toda la ideo­
logía que la rodea resultaba, como hemos dicho, atractiva para algunos
espíritus, encontraba sin cmbargooposición de una naturaleza real­
mente básica y fundamental. Los líderes de esta oposición fueron
WilhcIm Dilthey, Wilhclm Windelband y Heinrich Rickert. El primero
era un pensador esencialmente solitario, que combinaba en su perspec­
tiva elementos del humanismo romántico de Lessing, Novalis y Goethe
con elementos del neokantismo. Los otros dos eran líderes de la así
llamada "Escuela Alemana del Sudoeste (o de Baden) ", que debido al
extremo énfasis que ponía sobre la actividad de la mente en el cono­
cimiento y sobre la prioridad del valor, se llama a veces neofichteana.
Las primeras obras en que hicieron conocer sus puntos de vista carac­
terísticos fueron: Dilthey, Einleitung in die Geisteswissenschaften, 1883;
Windelband, Geschichte mul Naturwissenschaften, 1894; y Rickert, Die
Cremen der naturwissenschaftlicllen Begriffsbildung, 1902.
Estos tres pensadores estaban de acuerdo en que existe una dife­
rencia fundamental entre las ciencias naturales, por una parte, y dis­
ciplinas tales como la historiá, la jurisprudencia y la economía, por
la oh'a. Pero disentían rcspecto de la naturaleza de la diferencia. Dilthey
y Rickert son los más importantes de los tres, y a ellos limitaremos
nuestra atención.
Dilthey sostenía quc la distinción era de contenido. Por esta razón,
insistía en utilizar el término Geisteswissenschaften. La historia, la
economía y la jurisprudencia estudian el espíritu del hombre (Geist)
en contraste con la física y la química, que estudian procesos externos.
Por supuesto, el objeto de estas «ciencias del espíritu" es el espíritu '
del honibre como algo objetivo (objektiver Geist) , o sea, como un
sistema de productos culturales e instituciones, junto con los signifi­
cados que ambos tienen. Pero lo importante desde el punto de vista
de Dilthey, es que el espíritu es fundamental. A su vez, lo más impor~
tante en el espíritu es la E1'lelmis: la experiencia vivida o inmediata, la
vivencia. Esta vida interna e íntima alcanza una exprcsión, exterior
(Ausdruck ), como ocurre en el arte. Interpretando esta expresión exte­
rior en función de lo que yace detrás de clla, llegamos a comprender
(verstehen) a los otros. Lo hacemos reconstituyendo nuestra propia
interna <ten" la otra persona al «interpretarla". La com~
16
prensión es entonces. un "redescubrimiento del .yo en el tú" (das
Verstehen ist ein Wiederfinden des ich im DU).4 Esta comprensión de
los otros es, entonces, el PfLradigma, por decÍrlo así, del conocimiento
que cal'a,cteriza. a las ciencias sociales.
Aunque es posible que Dilthey ejerciera cierta influencia sobre
Schütz, parece haberse tratado más bien de sugeren~ias aisladas, puesto
que Schütz. estaba de acuerdo con vVeber en que el enfoque básico
de Dilthey no era científico.
Sin embargo, Rickert illfluyó en medida considerable sobre Weber.
Debemos tratar ahora de esbozar (aunque Sea en forma inadecuada,
como es forzoso tratándose de UllOS pocos párrafos) la posición funda­
mental de Rickert. ú Rickert rechazaba el término Geisteswissenschaften
y lo sustituía por Kulturwissenschaften. El objeto de los estudios cul­
turales no es el espíritu como tal, señalaba, pues el espiritu puede
estudiarse igualmente mediante los procedimientos de la psicología
experimental. Ese objeto lo constituyen más bien los productos cultu­
rales y las instituciones. Son estas dos cosas y sus significados lo que
tratan de comprender las ciencias culturales, y no procesos psicológicos
internos. En realidad, las ciencias naturales y las culturales son mera­
mente dos modos distintos de imponer la trama del conocimiento con­
. ceptual auna "multiplicidad inconmensurable" en su origen.. Cuando
se organizan los datos .en función de leyes generales abstractas, tene­
mos las ciencias naturales. Cuando se los organiza en función de la
comprensión de datos individuales concretos que están imbuidos de
significado, el resultado son las ciencias culturales.
Pero tales significados no· pueden comprenderse .sino en función
de valores .. Las ciencias culturales deben, por lo tanto, ocuparse de
valores. Mas sólo pueden hacerlo adecuadamente en función de una
ciencia objetiva de los va,lores. Esta, a su vez, sólo puede provenir· de
una filosofía de la historia. Los valores no son reales, sino que .tienen
meramente validez (Geltung). En cierto sentido, el valor puede con­
siderarse como el opuesto polar de la actualidad. .En función del valor
enfocamos la actualidad y la. organizamos. Nuestros valores determinan
nuestro punto de vista.
La influencia de Rickert sobre Weber reside fundamentalmente
en el Concepto de la actualidad considerada como una multiplicidad na
organizada, que se enfoca luego desde el punto de vista de ciertos
intereses o valores y se organiza .así en un .sistema conceptual. Sin
embargo, 'Weber insistía -como muestra claramente Schi.itz-;-- en el
hecho de que en un sentido to.talmente distinto la ciencia es perfec­
tamente objetiva y libre. de valores (wertfrei). Una . cosa es formular
4 Wilhelm Dilthey, Gesa1ll1l1clte Schrlften (Stuttgart y Cotinga, 1958).vn,
191. [Hay versi6n cnstellnna: Obras. México, Fondo de Cultura Económica, 1944
y siguientes.]
. r, Cf, Hcinrich Rlcke1't, Science alld History, trad. de George Reisman, comp.
por ArtllUl' Goodard .(I>¡inceton, Van Nostrand, 1962).
17
preguntas en términos de un v~lor o interés, y otra completamente dis­
tinta es contestarlas en tales términos.
La estructura general, del marcó intelectual en el que plantea
Schütz sus problemas básicos debcría resultar ahora clara hasta cierto
punto. Podemos pasar ya a nuestro estudio sinóptico de las tesis prin­
cipales que Schüt~ presenta en sus, primeros cuatro capítulos.

III. Síntesis de las tesis fundamentales de Schiitz 6


El libro de Schütz se divide en cinco cápítulós. El capítulo 1 se ocupa
de los antecedentes sociológicos de los problemas básicos que él se
propone enfrentar. La primera cuestión planteada es la referente a
la naturaleza de la sociología y a la metodología apropiada para esa
ciencia. Schütz esboza brevemente Jas maneras de plantear la cuestión
y las diversas respuestas ofrecidas en la sociología alemana hasta la
época de Max Weber. Analiza luego críticamente los conceptos fun­
damentales que se encuentran en la inb'oducción metodológica a la
obra Wirtschaft und Gesellschaft de Weber. Acepta el axioma de Weber
de que las ciencias sociales deben estar libres del valor. También
acepta el individualismo metodológico de Weber y su afirmación de
que los fenómenos sociales deben entenderse propiamente en función
de tipos ideales. Y no sólo acepta sino que acentúa el punto de vista do
Weber, según el cual las ciencias sociales se ocupan esencialmente
de la acción social, definiendo el concepto "social'" en función de una
relación entre la conducta de dos o más personas, y el concepto de
"acción" como conducta a la cual se adjudica un significado subjetivo.
Una acción social es, entonces, una acción que se orienta hacia la con­
ducta pasada, presente o futura de otra persona o personas~ El modo
específico de orientación es su significado subjetivo; la venganza cons­
tituye un ejemplo. Pero la coincidencia de Schütz con el punto de vista
fundamental de Weber hace tanto más profundo su disentimiento con
lo que él considera como ambigüedades sistemátic~s de los conceptos
básicos de este último. No nos proponemos da~ aquí un esbozo deta­
llado de la crítica que Schütz hace de Weber. Es necesario, más bien,
leer todo el libro, y analizar con detención las partes de él que se
ocupan directa:tllente de Weber, antes de poder apreciar la plena fuerza
de la argumentación. Baste decir que si bien coincide con Weber en
que la función esencial de la cicncia social es ser comprensiva, es decir,
comprender el significado subjetivo de la acción social, "Veber no ha
logrado formular claramente, según Schütz, las características esencia-

GEsta secci6n debe mucho, tanto en inspiración como en detalle, al' resumen
justamente famoso de Alfred Stonier :Y Karl Bode, titulado: hA New Approach to the
Methodology of tlle Social Sciences", ¡';conomica, JV (19:37), plÍgs. 406-2:1. Sin elll­
bargo, difiere de éste en el enfoque y S\,\ aparta radicalmente d(( él enal¡!ullos ¡lIlutos
de terminología.
18

les de la comprensión (Verstehen), del significado subjetivo (gemeinter


Sinn), ni de la acción (Handeln). Opina Schütz que esta imprecisión
cs tan considcrable que debilita seriamente los fundamentos de la
sociología comprensiva. En efecto, el concepto de significado subjetivo
está formulado cn forma tan ambigua que no resulta en absoluto claro
si el punto de vista que se busca es el del acto]' mismo o el del obser­
vador sociológico anónimo. En la medida en que el sello de calidad
de la ciencia es la objetividad ¿cómo puede buscar la ciencia social
el significado subjetivo? ¿Siendo objetiva. acerca de 10 que es por natu­
raleza subjetivo? 1'ero la tentativa misma de hacerlo implica una mul­
titud de problemas. En primer lugar está la insistencia de 'Veber en
que la objetividad en las ciencias socialcs sólo es posiblc mediantc
el uso de tipos ideales. ¿Pero cómo pueden penetrar los conceptos típi­
cos ideales en cl significado subjetivo de los individuos? ¿Cómo puede
llcvarnos el concepto de "cmpresario" a comprender lo quc'tenía en
su mente un mercader bostoniano del siglo XVIll cuando compraba un
barco? ¿Y mejora en algo la situación agregar el adjetivo ~'caIvinista"
dctrás del sustantivo "empresario"? Y luego está la cuestión de la uni­
dad que hay que entender, es decir, la acción. ¿Cuándo comIenza la
acción y cuándo tennina? En suma, ¿en qué lapso se ubica? ¿Podemos
descubrirlo limitándonos a observar los movimientos físicos de una per­
sona, cuando gira la perilla de una puerta, pOI' ejemplo? ¿Está "abrien­
do la puerta"? Pero podría ser un cerrajero que "prueba el cerrojo". O
un actor que ensaya su parte en una obra. O un hombre que ejercita
simplemcnte su muñcca. ¿Cuánto tiempo tenemos que esperar hasta
poder decir que bemos "observado su acción"? Quizá sería mejor pre­
guntar al hombre qué está haciendo con la celTadura. Hasta podría
contcstar que no sabía que estaba baciéndola girar. Y así, si no le
hubiésemos preguntado, nunca habríamos sabido que no se trataba en
absoluto do una verdadera acción sino de un segmento de conducta de
alguicn cuya mcnte estaba cn otra partc. ¿Es posible que ni siquiera
podamos definir un espécimen dc objeto unitario de una ciencia de
la acci6n, sin abandonar con cIlo el papel de obscrvadores y transfor­
marnos en participantes en una relación social? ¿Qué se gana y qué
se pierde con tal cambio de papel? _ Si nos transformamos enpartici­
pantes ¿perdemos nuestra objetividad? Si nos mantenemos como meros
observadores ¿pcrdemos el objeto mismo de nucstra ciencia, es decir,
el significado subjetivo de la acción? ¿Hay alguna manera de escapar
de este dilema? ¿Cuál es el status epistemológico de la interview? Para
comprender el significado subjetivo de una acción, ¿debemos compren­
der su motivo? ¿Pero con la palabra «motivo" queremos significar el
equiliblio de fnctores ambientales hercditarios que hay detrás de la
aeci6u, o el plan que el agt'ntc tenía en su mente en el momento
de la acci{¡n? ¿En qué sentido es '1ibrc" un individuo? ¿Está su acción
en cierto modo determinada por su tipo ideal, o hay un sentido en el
puedn ser "trans(:endente al tipo"?
19

Touas éstas son preguntas que Schütz formula a los conceptos


de la sociología comprensiva, y encuentra que talesconcep­
tos no logran proporcionar una. explicación coherente de sí mismos.
Constituye obviamentc una explicaci{)n extern..'1. y mecánica de la acción
decir que ésta es un mero "curso de conducta" al cual, de alguna ma­
nera, "se adjudica significado subjetivo". Puesto que ni siquiera pode­
mos trazar el esquema temporal de la condueta extema sin presuponer
ya su significado, resulta elato que es esencial realizar una investiga­
ción filoscífica exluLUstiva de la naturaleza de la acción para poder for­
de modo coherente la materia. p1'opia de las ciencias sociales y
Sil metodología.
Ahora bien, puesto que Schiítz coínciue con Weber en que la acción
se define mediante el .'iigníficado, el primer paso positivo de su teoría
consiste cn establecer un concepto de significado. En esta etapa confía
en gran medida en Husserl. Su originalidad se hace visiblc en la etapa
siguiente, cuando procede a definir el concepto mús específico de "el
significado de una acc¡{m".
Con demcntos tomados de Husserl, pero también en gran Inedida
Bergson, Schütz se oeupa en el capítulo II de la "corriente de la
conciencia", en su búsqueda del origen del significado. "Aquí y s610
-dic(.'-, en el estrato más profundo de la experiencia que es
accesible a la reflexión, debe buscarse la fuente última de los fenó­
menos del significado [Sinn] y ]a ,comprensión [Verstehen]." Lo que
sc da primonlialmcnte el la conciencia es una corriente inintel'lumpida
de vivcncias (E1'lebnisse), de cualidades heterogéneas sin límites o
contornos que creccn, disminuyen y se h'ansforman gradualmente unas
en otras. Los contenidos dc esta corriente de la conciencia no tienen
significado en sí mismos. Sin embargo, pueden dividirse en pasivos y
activos. Un ejemplo dc vivencia pasiva se~'ía una sensación de rojo.
Un ejcmplo de vivencia activa sería el dirigir la atención a la sensación
de rojo, o quizás el reconocimiento de ella como algo experimcntado
antes. Sehiitz, siguicndo a Husserl, utiliza el término "conducta"
(Verlwlten) para designar a tales vivencias "espontáneas". También
se refiere constantemente a ellas como "Actos" (Akte), palabra que en
este sentido escribiremos siempre con mayúscula.
Todas esas vivcneüls, sean pasivas o activas, carecen de significado
e identidad discrcta. En el momento en que realmente se las vivencia,
no nos son dadas C01110 entidades separadas y distintas. Sin embargo,
una vez que han retrocedido un poco hacia el pasado, es decir, que
han "transcurrido", podemos darnos vuelta y aplicar sobre ellas uno
de los actos dc ref]exü'm, reconocimiento, identificación, ctcétera, men­
cionados anteriormente. Una vcz que In vivencia ha sido captada en el
"cono de luz" que' emana del yo, "se destaca" de la corriente de la
duración y so vuelve clara y distinta, es decir, una entidad discreta. En
ese momento y en virtud del acto dc dirigirse-hacia (Zuwellclung) la
adquiere significado (Sínn). El proceso de dotar de sig­
20

nificado puede compararse a la preparación de un objeto para verlo


en el microscopio. Así como el espéc!men pierde algo cuándo sepre­
para el portaobjetos, es decir, la vida misma, también en la asunción
de significado la experiencia pierde algo de su concretez viviente,
inmersa en la duración. Y es importante comprender que no sólo las
vivencias pasivas sino también las activas pueden enfocarse· así y con­
gelarse bajo el rayo 'de la atención. Por lo tanto, de una original duali­
dad dentro de la corriente de la conciencia, es decir, la existente entre
vivencias pasivas y activas, Schütz ve surgir otra dualidad, entre viven­
ciasquc son significativas o portadoras de significado y las qne care­
cen de él.
El yo no puede adscribir significado a ninguna de sus vivencias
mientras están ocurriendo realmente. Existen, en verdad, algunas viven­
cias, las más cercanas al núcleo de la propia .personalidad, a las cuales
uno puede no adscribir nunca. significado. Pero es posible atribuirlo
a la mayoría de las vivencias en forma retrospectiva. Sin embargo,
también podemos felizmente asignar significado en forma prospectiva
a vivencias futuras. No podemos l:eproducir aquí el tratamiento extre­
madamcnte complejo que hace Schütz del problema referente a cómo
anticipamos las vivencias futuras. Sin embargo, la'. visión del futuro
resulta esencial para el concepto de acción (Handeln). La acción es
conducta dirigida hacia la realización de un detel'1ninado fin futuro.
Pero, C01110 hemos 'visto, lo que se representa como determinado, es
decir, como completo y bien definido, debe poseer un elemento de
pl'etericidad. El fin de la acción debe· poseer entonces un elemento
de futuridad y'un elemento de pretericidad. Schütz toma un término de
la gramática para expresar esta situación compleja. Dice que represen­
tamos el fin de la acción "en el, tiempo futuro perfecto" (modo fut1lri
exacti). Esto significa que el fin, o acción completada, se representa
como pasada y terminada pese a que sólo la estamos anticipando. Un
ejemplo sería el de salir de casa para visitar a un amigo.. La visita
al amigo se representa como pasada y terminada aunque s610 estemos
en camino hacia su casa. Schütz llama a la visita así representada el
"acto" (Handlung), palabra que en estc sentido escribiremos sIempre
con minúscula. Aparece así oh'a dualidad: la existente entre la acción
cn curso y el acto. cumplido. Tomando un término de Heidegger,
Schütz llama al acto completado, representado así en el tiempo futuro
perfecto, "proyecto (EnttVu1j) de la acción", "Lo proyectado -dice
Schütz- es el acto que constituye el fin de la acción y qqe llega a
ser por obra de la acci6n."
El proyecto es' entonces un complejo o contexto de significación
<

(Sinnzusammenhang) dentro del cual cualquiera de las fases de la


acción en curso encuentra su significado. Es conveniente considerar
el propósito de toda la acción, dejando de lado cualquiera de sus fases.
Al primcro se le lIama el "motivo-para" (Um-zu.Motiv) de la acción.
Schütz lo distingue netamente, a su vez, del "motivo-porque" (Weil­
21

M otiv ), Q sea un hecho que yace en mi p~ado y me llevó a pl'oyectar


este acto particular. El motivo-p0l'que sólo se capta retrospectivamente;
mientras que mi acto completado yace ahora realmente en el pasado,
su motivo-porque se ve como' ubicado aun más atrás en el pasado o,
como dice Schütz, se lo repl'esenta en el tiempo pluscuamperfecto
(modo plusquampe1jecti). Por ejemplo, si yo abro mi paraguas .cuan­
do comienza a llover, mi motivo-porque es la percepción de la lluvia
agregada a .mí conocimiento acel'ca del efecto que ésta produce sobre
la ropa, etcétera .. El motivo-para, por otro lado, es "mantenerme seco".
Todo el tratamiento que hace Schütz de la distinción entre las dos
cIases, de motivos resulta particularmente inten~saute en vista de la
discusión actual acerca de la naturaleza de la acción humana '1 en vincu­
lación con el problema del determinismo y el libre albedrío.
En el capítulo III Schütz trata el problema de la . comprensión
intersubjetiva. Acentúa que él no se propone. dar una solución a la
cruciaJ cuestión filosófica referente· a cómo sabemos que existen otras
mentes, que es el problema transcendental de la intersubjetividad. A
Schiitz lc interesa más bien la manera en que nos enteramos de las
vivencias de los demás una vez que hemos postulado y dado por sen­
tada la tesis general del yo del otro. Nos interesa aquí el modo de
comprensión de lo que es otro o ajeno a nosotros (Fremil:verstehen).
Ahora bien, es importante notal' aquí que Schütz traza una distinción
tajante .entre la genuina comprensión de la otra persona y la concep­
túalización abstracta de sus. acciones o pensamientos, como de tal o
cual tipo. Esta distinción conespOnde seguramente a una que todos
hacemos en la vida diada.. La caricatura del trabajador social en la
famosa canción incluida en la película "Amor sin baneras" (West Si.cle
Story) constituye una expresiva descripción de la compl'ensión de los
seres humanos que se limita a este segundo tipo de enfoque. Com­
prender meramente la clase general de acción que otro está realizando
sólo equivale a ordenar las propi.:'ls expel'Í~neias en categorías, o sea
a lo que Schütz llama "autoelucidaci6n" (Selbstauslegung). Por otro
lado, la comprensión auténtica. de la otra persona es una cosa más
concreta. Es un tipo de percepción. Esto no significa que podamos
intuir directamente las vivencias de otra persona. Lo que quiere decir
es que podemos captar intencionalmente esas vivencias porque supo­
nemos que las expresiones faciales y los gestos del otro son un «campo
de expresión" de su vida interna. Esto es lo que Schütz llama la <~pre­
sencia corporal" o «carácter corporalmente dado" del partícipe. El
factor crucial es, en este caso, l~ simultaneidad. Sentimos que la
. corriente de la conciencia de la otra persona está fluyendo a lo largo
dc una trayectoria que es temporalmente paralela a la nuestra. Los
dos flujos de duración estqn sincronizados y en la interacción social

7 el. Lewis ,V. Beck, 'op. cit. Para UD tratall1iento general desde el plmto de
vista delu filosofía amllítica, véase Stllart H:!lnpsmre, Thought álld Aation (Nueva
York, 1960).
22
pueden engranarse. Esta. es la esencia de In. relación intcrpersonal, y
resulta búsica para nuesh'o conocimiento de las demás personas. Por
supuesto, estamos en cierta. desventaja cn nuestro conocimiento de la
interna de los demás. En cierto senticlo, este conocimiento es
indirecto y discontinuo. Pero Schiitz hace la interesante observación
de que existe oh'o sentido on el elml podemos conocer mejor a los'
d('más que a nosotros mismos. En efecto, podemos «observar" las viven­
das de los demás cuando ocurren realmente, mientras que tenemos
que esperar, en el caso dc las nuestras, a que transcurran para escu­
driñarlas cuando se retiran hacia el pasado. Nadie puede verse en
acción, así como tampoco puede conocer el "cstilo" de su prop:L:'l per­
sonalidad.
El Fl'enuz.¡;el'stehen es, entonces, la verdadera comprensión del sig­
nificado stlb¡etívo. Segllll hemos visto, debemos distinguirlo cuidaclo­
samente de In. comprensión del significado objetivo. Todos los objetos
"productos" pueden intel})rctarse objetiva o subjetivamente.
Si uno formula, por ejemplo, el juicio 2+ 2 = 4, este juicio intercsa
tanto desde el punto de vista de su «contenido" lógico, que cs una
proposición' matemática intempora], como dcsde el punto de vista de
por qué, esta determinada persona formula esta particular afirmación
en estc momento dado del tiempo. Sólo comprendiendo los motivos
del hablante captamos su significadO' subjetivo.
La distinción entro significado objctivo y subjetivo tienc impli­
cndoncs definidas para la metodología de Ins ciencias culturales. E]
contenido significativo de un producto cultura] es indcpendicnte de su
Se 10 considera como algo que puede crearse o actualizarse
por obra dc cualquiera o de todos. Esto es lo que
siguiendo a Husserl, llama «'a idealidad del 'p!ledo-hacerlo­
de-llIle¡;O'''. El creador dc tal producto cs concebido como "uno" anóni­
mo. Los conceptos y leyes de la cconomía pura tienen cstecatáctcr
anónimo. En cambio, Jos conceptos (1<, la historia económica, talos
C01110 "capitalismo occidcntal" o "sistcma- (h' castas", sólo
prenderse en función de los motivos dl' illdividuos o gmpos partien
reS. Los primeros conceptos mencionados tienen validcz universal; Jos
{l]timos no. Al presentar esta tesis, Schütz trata de tomar una posición
intermedia entre las perspectivas po]émicamente opuestas ele :Max
\Yebel' y Ludwig von Mises. Lo que surge hasta ahora es que todas
las ciencias cu]tura]cs sc ocupan de productos significativos y quc algu­
nas de e11as comprenden cstos productos de una manera más objetiva
y anónima que las otras. Es cuestión diferente saber si alguna de las
ciencias cultl1ra1cs capta realmente el significado subjetivo en sí mismo.
Esto nos lleva al cuarto capítulo, de fundamental importancia, quc
110S da una fenomenología del mundo social en su verdadero sentido.
Sólo se la formula ('11 esbozo, por supuesto, ya que Schiítz no estaba
poniendo ('11 este libro más que Jos fundamentos de invcstigaciones
ddalle 'lIW esperaha que {~l 11 otros rcalizaran con posterioridad.
23

Como había mostrado 'Veber, el mundo social se comprende pro­


piamente en función del concepto de "acción social", que Schütz define
ahora como una acción cuyo motivo-para contiene alguna referencia
a la corriente de la conciencia de otro. El motivo de la acción puede
consistir simplemente en observar y comprender al otro, o en actnar
sobre el otro. La comunicación es un ejemplo de este último tipo de
acción social. Si la situación es tal que existe una probabilidad obje­
tiva de una transacciórl' intencional recíproca o "referencia cruzada",
en ese caso existe una relación social. Hay tres tipos b{lsicos de rela­
ción social: una en la cual los dos partícipes se observan meramente
uno a otro, una segunda en la cual el primer partícipe actúa sobre el
segundo mientras este último observa simplemente al primero, y una
tercera en la cual los dos partícipes actúan uno sobre otro. Sin em­
bargo, hay un cuarto caso, en el cual una persona observa a la otra
sin tratar de actuar sobre ella de ninguna manera, y esta segunda
persona no percibe la presencia de la primera. En tal caso no se trata
de una relación social sino de observación social en sentido estricto.
Llegamos ahora al punto más complejo de la contribución teórica
de Schütz. El cree que nuestra experiencia social integra un vasto
mundo (soziale \Velt) que constituye una trama inmensamente com­
plicada de dimensiones, relaciones y modos de conocimiento. Ante
todo, distingue entre realidad social directamente vivenciada y reali­
dad social que se encuentra más allá del horizonte de la experiencia
directa. La realidad social directamente vivenciada (Umwelt) con­
siste en mis consociados inmediatos, que yo estoy percibiendo directa­
mente en el sentido ya observado. Aquellos a quienes no percibo
directamente se dividen en tres clases. Primero está el mundo de mis
contemporáneos (Mitwelt), luego el mundo de mis predecesores (VOI'­
welt), y finalmente el mundo de mis sucesores (Folgewelt). Mis con­
temporáneos se distinguen de los otros dos por el hecho de que es
en principio posible que lleguen a ser mis consociados.
Los modos de nuestra relación con los demás difieren, grande­
mente según los reinos sociales en que estos últimos "habitan". Por
ejemplo, hacia un consociado tengo lo que Schütz llama una "orienta­
ción-tú" (DlIeinstellung). Si existe reciprocidad, resulta una situación
cara-aocara, y tenemos una "relación-nosotros" (\Virbeziehtmg). Den­
tro del mundo de la realidad social directamente vivenciada existe
una vinculación única entre observación y relaciones sociales. Ante
todo, puedo observar por supuesto a mis consociados en simultaneidad,
y esto me da una ventaja sobre cualquiera que esté realizando obser­
vaciones nleramente indirectas sobre ellos. Por ejemplo, estar presente
mientras un amigo habla es muy distinto de leer su carta. No sólo
puedo captar el significado objetivo de sus palabras, sino que me es
posible oír el tono de su voz y observar sus' gestos y otros movimientos
corporales. Pero la diferencia no consiste puramente en que tenga
ante mí estos síntomas concretos. Existe una ventaja adicional: puedo
24
mirarlo a los ojos y preguntarle qué quiere decir. En otras palabras,
puedo transfomlar la observación social directa en una relación social
directa.
Mi conocimiento de mis contemporáneos, predecesores· y sucesores
es, por otro lado, indirecto. En cuanto a mis contemporáneos, c,oexisten
conmigo en el tiempo objetivo, sin duda, pero debo representármelos
en una casi-simultaneidad más bien que percibirlos en una simulta­
neidad real. No veo sus movimientos corporales reales sino sólo sus
productos, tales como cartas, ~tcétera. No puedo comprenderlos con
una captación directa (in Selbsthabe) sino a distancia y mediante un
proceso inferencial peculiar. Interpretarnos los productos como resul­
tado de tal o cual proceso interno, de tal o cual emoción, de tal o
cual motivo-para, e interpretamos a· los contemporáneos en cuestión
como personas de talo cual tipo. En síntesis, al interpretar la conducta
de nuestros contemporáneos, recurrimos a tipos ideales, sean tipos de
curso-de-acción o tipos personales. El uso de tipos ideales. no entra,
~ntol1ces, en escena cuando pasamos de la observación precientífica
a la científica, sino más bien cuando pasamos de la experiencia social
directa a la indirecta.
Mis contemporáneos no son, por lo tanto; personas totalmente con­
cretas para .mÍ. Su grado de .concretez puede variar, Mi amigo, a
quien yo vi. la semana pasada y que acaba de enviarme una carta, es
casi tan concreto para mí como si estuviera presente en persona. Pero
el empleado de COIT.eos que sellará mi carta y cuya existencia solamente
supongo cuando la (:~cho en el buzón, es casi completamente <'anónimo".
Con .un contemporáneo tenemos sólo una relación a distancia, una
¡'elación-ellos, s basada en una cotrespondiente orientación-ellos. relati­
vamente absb'acta, que a su vez resulta posible por el uso de tipos
ideales.
Los tipos ideales pueden ordenarse en una escala de anonimidad
creciente. Existe, por ejemplo, mi amigo ausente, su hermano, que él
me ha descripto, el profesor cuyos libros he leído, el emple.:1.do de
correos, el parlamento canadiense, entidades abstractas como Canadá
°
mismo, las reglas de la gramática inglesa, los principios básicos de
la jurisprudencia. A meoida que los tipos se hacen más abstractos,
nos vamos alejando, por supuesto, cada vez más de los complejos sig­
subjetivos re.:1.1es o de los contextos de individuos reales.
Hacemos cada vez más uso de contextos objetivos de significado. Pero
éstos se refieren, por su naturaleza misma, a contextos significativos
subjetivos de mayor o menor anonimidad. Llegamos al final a la res­
puesta a esta pregunta crucial: "¿,Qué es la ciencia social?" La ciencia
social, responde Schütz, es un contexto objetivo de significado cons­
8 El término que utiljza eS lhrbeziehung; 111r es pronombre ceremo­
nial de segunda persona en por oposición a Du, .SiguÍendo a LlIckm.'mn he­
mos expresado el "dismnci qnt:' ese uso implica vuliéndonos de la tercera
25
a
truido partir de los contextos subjetivos de significado y referido a
ellos. La herramienta fundamental de la ciencia social, como afirmaba
Weber, es el tipo ideal. Aunque el tipo ideal está presente en todos
los· casos de comprensión indirecta de otra persona, tiene una función
especial en la ciencia social. Debe adaptarse a toda una jerarquía
de otros conceptos objetivos que constituyen el complejo total del conO­
cimiento científico.
El lector tiene ya a su disposición un esbozo del aparato concep­
tual que Schütz aplica, en su capítulo final, al tratamiento de "los
problemas básicos de la sociología comprensiva". El esbozo sólo cons­
tituye, por supuesto, una guía y para comprenderlo se requiere una
lectura cuidadosa del texto. Sin embargo, una vez captado el aparato
conceptual en sí mismo, se verá que las propuestas realizadas por
Schütz para aclarar las ambivalencias que yacen en la raíz de los con-:
ceptos de Max 'i'leber se deducen muy fácilmente y son bien dignas
del exhaustivo análisis fenomenológico que las ha precedido. El lector
tendrá entonces a su disposición un verdadero prolegómeno fenome­
nológico a las oiencias sociales.

GEORGE WALSH
Geneva, Nueva York
Enero ele 1967
PREFACIO DEL AUTOR

ESTE estudio se basa en el acentuado interés que durante muchos afias


dediqué a los escritos teóricos de Max Weber. En ese lapso llegué a
convencerme de que si bien el enfoque de "Veber era correcto y éste
había determinado en forma concluyente el punto de partida ade­
cuado de la filosofía de las ciencias sociales, sin embargo sus
na profundizaban bastante como para establecer los únicos fundamen­
tos sobre los cuales deben resolverse muchos problemas
de las ciencias humanas. Sobre todo, requiere análisis exhaustivo el
concepto central de 'Veber refen'I1tí' a la significación subjetiva. Cuan­
do él 10 dejó, era poco más que el tíhdo de una cantidad de impor­
tantes problemas que no examillú ('11 detalle, aunque es difícil que
no le fueran familiares. Casi todos esos problemas están estrechamente
vinculados con el fenómeno de la vivencia de tiempo (o sentido interno
del tiempo), que sólo puede estudiarse mediante la más rigurosa refle­
xión filosófica. Sólo después de haber captado la naturaleza de la con­
ciencia interna del tiempo podemos abordar la complicada estructura
de los conceptos de las ciencias humanas. Entre esos conceptos están
los de la interpretación de las vivencias de uno mismo y de los demás,
el establecimiento y la interpretación del significado, el símbolo y el
síntoma, el motivo y el proyecto, la adecuación del significado y la
adecuación causal y, sobre todo, la naturaleza de la formación de con­
ceptos de tipos ideales, sobre la cual se basa la actitud misma de las
ciencias sociales hacia su objeto propio. Todo eso debe acompañarse
can investigaciones muy detalladas y laboriosas que, sin embargo, son
inevitables para poder aclarar el teina básico de la metodología de las
ciencias sociales. Sólo tal clarificación de la naturaleza hasta ahora
Oscura del fenómeno en que se enraíza el ser social puede garantizar
una captación precisa dcl método científico de las cienCias sociales.
Sólo una teoría filosóficamente fundada del método puede exorcizar
los psclldoproblemrui que achmlJl1mk obstaculizan la investigación
011 las ciencias y ~ especialmente C11 la sociología.
En esta obra he tratado de rastrear las raíces de los problemas
de las ciencias sociales llaciéndolos remontar a los hechos fl1ndamen­
taI(,s de la vida conscicnt{~. De importancia fundamental para esta
investigación son los estudios do Bergson y Husserl sobre el sentido
28
interno del tiempo. Sólo en la obra de estos dos pensadores, especial­
mente en la fenomenología transcendental de Husserl, se ha estable­
cido un fundamento suficientemente profundo sobre cuya base puede
aspirarse a resolver el problema del significado .
. Tengo hacia estos grandes filósofos la más profunda admiración,
y por ello estoy consciente de que en gran medida el presente estudio y
toda mi meditación dependen de la obra por ellos realizada y de la
de Max Weber.
Deseo cxpresar mi profunda gratitud al profesor Tomoo Otaka
de la Universidad de Keijo, en Japón, por la profunda comprensión
que ha mostrado hacia mi pensamiento y por su activu ayuda, sin la
cual hubiera sido en verdad problemática la aparición de este libro,
en tiempos tan difíciles. También deseo agradecer a Félix Kaufmann,
profesor de la Universidad de Viena, que compartió y promovió estos
estudios en sus etapas iniciales, siempre con el interés más infatigable,
me prestó el laborioso servicio de leer las pruebas y, finalmente, cons­
tituyópara mí una fuente constante de estímulo.

ALFRED SCHÜTZ
Viena
Marzo de 1932
PREFACIO A LA SEGUNDA EDICION ALEMANA

VEINTISIETE años después de aparecida la primera edición, que entre­


tanto se hallaba agotada desde hacía mucho tiempo, el autor decidió
publicar una segunda edición. El factor determinante de esta decisión
fue el reconocimiento del hecho de que después de casi tres décadas
el libro aún tenía una significación que trascendía la puramente his­
tórica. Más bien, resultaba claro que sus métodos e ideas podían enri­
quecer aun más la investigación contemporánea en las ciencias sociales.
El autor se proponía actualizar el libro mediante una presentación
de conjunto de los desarrollos ocurridos desde la primera edición. Su
muerte inesperada le impidió realizar este propósito. El editor, por
lo tanto, somete al público una. segunda edición no alterada, pues está
convencido de que arrojará importante luz sobre los problemas básicos
que· enfrenta en la actualidad la sociología.

ILSE ScatiTz

Nueva York
Octubre de 1959
GLOSARIO

Akt Acto
Anzeiehen indicaCión
Aufbau construcción
Chance probabilidad
Ego yo
Einstellungsbeziehung relación de orientación
Entwurf proyecto
Erfahrung experiencia
Erfahrungsvorrat repositorio de conocimientos (disponibles)
Erfahrungszusammenhang contexto de experiencia
Erlebnis vivencia
Erzeugnis producto
Folgewelt mundo de los sucesores
Fremdeinstellung orientación-otro
Fremdverstehen comprensión intersubjetiva
Fremdwirken actuar-sobre-el-otro
Gegenstand objeto (y derivativos)
Gegenstiindliehkeit objetividad
Geisteswissensehaften ciencias culturales
Gleiehzeitigkeit simultaneidad
Handeln acción
Handlung acto
Ieh yo
Ihrbeziehung relación-ellos (lit., relación-usted)
Je-M einigkeit autopertenencia
Kausaladiiquanz adecuación causal
Kundgeben comunicación
Mitwelt mundo de (meros) contemporáneos
natürliehe Ansehauung intuición natural o percepción
N aturwissensehaften ciencias naturales
Obiekt objeto
Obiektivation objetivación
Sehema esquema
Selbstauslegung autoexplicación
Selbsthabe captación inmediata o aprehensión de la
cosa misma
Sinn significado (en la terminología de Hus­
=
serl, estrictamente sentido)
Sinnadiiquanz adecuación de significado
Sínndeutung interpretación de significado
Sinngebend dotación de significado
Sinnhaft significativo
Sinnsetzung establecimiento de significado
Sinnzusammenhang ,coptexto de significado
sozlale Beziehung relación social
32
soziale Umwelt mundo de la realidad social directamente
vivenciado o mundo de los consociados
Sozialwelt mundo social ­
Um-zu-Motiv motivo-para
Ilmweltliche Beobachtung observación social directa
umweltliche Situation situación cara a cara
t/111tveltliche soziale Beziehung relación cara a cara
Verhalten (en los escritos posteriores de Schütz en
inglés: conduct) conducta
Verstehen
comprensión
verstehen
comprender
- verstehende Soziologie sociología comprensiva
V orgegebenheit carácter pre-dado
Vorwelt mlmdo de los predecesores
Weil-Afotiv motivo-porque
1Virbeziehung relación~nosotros
Wirkensbeziehllng interacción social
Zeichen signo
Zeugllis evidencia
1
LA FORMULACJON DE NUESTRO PROBLEMA:
LOS CONCEPTOS METODOLOGICOS DE MAX WEBER

1. Examen weliminal' del problema

UNO DE los fenómenos más notables de los pasados cincuenta años en


la historia intelectual de Alemania fue la controversia acerca del carác­
ter científico de la sociología. El estudio sistemático de la relación del
individuo con la sociedad estuvo caracterizado, desde el comienzo mis­
mo, por una acerba discusión tanto respecto de su procedimiento propio
como de sus fines. El debatc no se limitó, como. en otros campos, á
las cuestiones de la verdad de una u otra teoría o de la corrección de
cste o aquel método. Lo que se cuestionaba era más bien toda la
materia de las ciencias sociales como algo único por derecho propio
y que hubiera tenido existcncia antcrior en la experiencia precientífica.
En un sector, por ejemplo, encontramos que los fenómenos sociales
son tratados exactamente como .si fueran fenómenos naturales, es decir,
causalmente determinados por hechos físicos. En otro sector, sin em­
bargo, encontramos cl más agudo contraste entre las dos elascs de
fenómenos. Los fenómenos sociales se tratan en este caso como perte­
nccientes .a un mundo de espíritu objetivo,l mundo que es eón segu­
inteligible, pero no bajo la forma de leyes científicas. Muy a
la actitud del científico social hacia su tema está detcrminada
por sus propios presupuQstos metafísicos, éticos o políticos, o por jui­
cios de valor de cualquier clase. Estos presupuestos pueden tcner una
existencia tácita o SCr formulados abiertamente. A medida que (,1 cien­
tífico prosigue su investigación, se encuentra embrollado en problemas
cuya solución pareec necesaria para que su obra tenga algún .sentido.
¿Interesa a la ciencia social el ser mismo del hombre, o sólo lepreocu­
pan sus diferentes modos de conducta social? ¿Es la sociedad ¡interior
[El concepto de espíritu ohjetivo (objektiver Geist) a que nos referimos aqui
f\S el de Dilthey. Significa la totalidad del medio cultural, dotado de Sil propia
forma y estrllctnnl ¡ntertlll. Es d ohjeto específico de las Geisteswissemc1/{/ftell, es
decir,. de lallciencias humanas o culturales. Véase en la Introducción un ex."Imen de
{'ste concepto.]
34

al individuo, de modó que aparte del.todo social el individuo no existe


en absoluto? ¿O debemos expresarlo de otra manera y decir que
existe el individuo y que las organizaciones sociales, incluida la socie­
dad misma, son meras abstracciones, es decir, "funciones" de la con­
ducta de individuos aislados? ¿El ser social del· hombre determina su
conciencia, o la conciencia de éste determina su ser social? ¿Puede
reducirse la historia del hombre y su cultura a leyes, tales como las
de la economía? ¿O, por lo contrario, podemos decir que las así lla­
madas "leyes" económicas y sociológicas expresan meramente las pers­
pectivas históricas de la época en la cual se las formuló? No resulta
sorprendente que muchos científicos sociales, enfrentados con todos estos
dilemas, traten de enfrentarlos prematuramente mediante pseudosoIu­
ciones ingenuas nacidas de distorsiones subjetivas que pueden ser tem­
peramentales, políticas, o a lo sumo metafísicas.
Ahora bien, las soluciones a priori de esta naturaleza difícilmente
concuerden con el principio básico de la investigación científica que
nos requiere simplemente comprender y describir los hechos que tene­
mos ante nosotros. El propósito por el cual debe guiarse toda investi­
gación sodal digna del nonibrc de ciencia, es el de ver el mundo de
los hechos sociales con u na mirada no prejuiciada, clasificar esos hechos
bajó conceptos de una manera honesta y lógica y someter a análisis
exacto el material así obtenido. .
La aceptación de este propósito conduce a plantear un requeri­
miento que debe satisfacer cualquier teoría acerca del origen de la
sociedad humana. Fue incontestable mérito de Simmel haber visto
este problema e intentado su solución. La metodología de Simmcl es
sin duda, en muchos aspectos, confusa y no sistemática. Como
tado, proyecta continuamente en los fenómenos específicos que inves­
tiga sus propios preconccptos teóricos acerca de In naturaleza de ]a
sociedad. En sus estudios especializados, Simmcl realizó contrihucio­
nes duraderas y valiosas, aunque muy pocos de sus cOrlceptos básicos
sobrevivieron al escrutinio crítico, ni siquiera su concepto clave de
efecto recíproco (Wechselwil'1í:.ung).2 Sin embargo, la idea básiea
de Simmel ha resultado fructífera y se la utiliza aún. Es la noción de
que todos los fenómenos sociales concretos deberían remontarse a. los
modos de conducta individual, y que la forma social particular de
tales modos debería comprenderse me~iante descripción detallada.:!
2 [Simmel concibe los impulsos de los indivi.duos -tales como el hambre y el
amo\'- como el contellido de la vida social. Por otro lado, efectos reciprocos como
la COllll)etición, la dominación, la cooperación y la solidaridad, son las formas actull­
lizantell de la vida social. Véase nota 3.J
:1 "Designo como cOlltenido, como material, por así decirlo, de la sociación
(Vergesellsc1ll1ftllllg), todo lo que está presente en los individuos (que son los datos
concrt'tos inlllt'dintos de toda realidad histórica) en forma de impulso, interés, propó­
sito, inclinación, estado psíquico, movimiento, todo lo que estú presente en ellos
de tal modo que engendra efedos mediatos sobre otros o recibe tales efectos. . .. La
socíación (:'5 entonces la forma (realizada en innumembles maneras diferentes) en
que los individuos llegan juntos a constituir unidades que satisfacen sus intereses."
35

La ."sociología comprensiva" (verstehellde Soziologie) de Max


'Veber parte de la misma idea básica. Esto no implica cuestionar la
originalidad de la cnormc contribución de 'Veber, ni siquicra afirmar
su dcpendencia de Simmel. Por lo contrari.o, la obra de 'Veber, al
reunir como lo hace, muchas de las corrientes de su época, es en todo
sentido el producto único de un gcnio asombroso. Es él quien dio
a la sociología alemana actual su direcci6n, en la medida en quc cons­
tituye una ciencia y 110 una ideología, y quicn facilitó a csa cicncia
las hen-amientns que necesitaba para cumplir su tarea. Las obras más
impol'tantcs ele la sociología alemana contemporánea, por cjemplo, las
de Scheler, 'Viese, Freycr y Sander, serían inconcebiblcs si 'Veber no
hubiera puesto antes los fundamentos.
Ahora bien ¿en qué consiste la gran realización de Max Weher?
En primer lugar, fue uno de los primeros en proclamar que las ciencias
sociales deben abstenerse de formular juicios de valor. Emprendió la
batalla contra las ideologías políticas y moralcs que con dcmasiada
facilidad influycn sobre el juicio del científico socio,l, sca esta influencia
consciente o no. Con el mismo temperamcnto, definió la tarea de la
sociología no como especulación metafísica sino como dcscripción sim­
ple y cuidadosa de la vida social. "Para él la sociología ya no es la
fisolofía de la existencia bumana. Es la ciencia particular de la con·
ducta bumana y sus consecuencias." 4 .
La estructura lógica de su sociología 5 corresponde a esa posición
básica. A partir de los conceptos de acdón social y de relación social
(soziale Beziehung), deriva por medio de descripciones y tipificacio­
nes sicmpre nuevas las dos categorías de "relación comuna]" (Vel'ge­
meinsclwftung) y "relación asociativa" (V ergesellschaftung). 6 Luego,
(Simmel, Soziologie, 2[\ ed., l\chmich, 1922). [Traducción inglesa de Kurt H. Wolff,
The Sociolugy of Georg Simmel (Glencoe, m., 1950). Otl'OS dos capítulos de la
obra de Simmel, traducidos por Albion \V. Small, t\pnrecieron en el American ¡our­
na! of SOcio!ogy, xv (1909), 289-320; XVI (1910), 872-91. Respecto al punto a que
nos referimos aquí, d. Simme! (trad. Snmll) , "The Pl'Oblem of Socíology", Ameri­
Call ¡ouma! of Sociology, xv (1909),296-97. Una traducción más literal, pero iclio­
máticamcnte menos elel.rante, de Vergesellschaftung es "societalización". Cf. Theo­
dore Abd, Systematic Sociology in GermallY, Nuevtt York, 1929.]
4 Karl Jaspei's, Die geistige Sittlation der Zeit (Berlín y Leipzig, 1931), pá­
gina 137. (Trad. ingL Mcm ill the Modem Age, por Eden y Cedar Paul (Londres,
1951), pág. 151.]
ü De las obras de Mal( 'Weber, las más importantes para nuestras finalidades
son su libro principal, 1,Vírtschaft tllld Gesellschaft, 1'-' ed. (Tubinga, 1922). (Hay
versión castellana: Economía y sociedad. México, Fondo de Cultura Económica,
H)57.] Infortunadamente quedó inconcluso, y los trabajos incluidos en el volumen
Gesammelte Aufsiitze zur Wissenschaftslehre (Tubinga, 1922). [La palte I de
Wirtsclwft tlne! Gescllsclwft, vol. I hasta la pág. 180, fue traducida por A. M. IIen­
derson y Talcott Parsons con el título de Tlle Theory of Social (/Tlc[ EcotlOmic Orga­
lliz(/tioll (Glel1coe, m., 1957). Utilizaremos esta traducción (mencionándola sim­
pl ..mente con las letras "T.I.") pam transcribir las citas que Schütz hace de 'Veber.]
(¡ ("Una relación social se llamarÍl 'comunal' si -yen la medida en que- la
orientación de la acción social . se base en un sentimiento subjetivo de las p¡utes,
sea afectual o tradicional, por cual se perciban como vinculndas. Una relación so­
36

mediante la introduccion del concepto de. orden, deduce los tipos par­
ticulares de grupos de asociamiento y asociaciones compulsivas.'1 La
manera en que Weber utiliza. este aparato lógico para aplicarlo al
estudio de la economía, el gobierno, la ley y la religión como fen6me­
nos sociales, no puede describirse aquí en detalle. Lo que nos interesa
es el hecho de que \;Yeber reduce todas las clases de relaciones y
estructuras sociales, todas las obbjctivaciones culturales" todos los domi­
nios del espíritu objetivo, a las formas m,ís elementales de conducta
individual. Todos los complejos fenómenos del mundo social retienen
sin duda su significado, pero éste cs precisamente el que los individuos
implicados atribuyen. a sus propios actos. La acción del individuo y
el significado a que ésta apunta son lo, único sujeto a la comprensión.
Además, sólo mediante tal comprensión de la acción individual puede
la ciencia social acceder al significado de cada relación y estructura
social, puesto que éstas están, en último an{tlisis, constituidas por la
acción del individuo en el mundo social.
El proyecto de reducir el "mundo del espíritu objetivo"~ a la con­
ducta dc los individuos nunc:1, se habíallcvado a cabo tan radicalmente
como 10 hizo Max Weber en su fonnulación inicial del fin de la socio­
logía comprensiva. Esta ciencia dcbe estudiar la conducta social inter­
pretando su significado subjctivo tal como se lo encuentra en las inten­
ciones de los individuos. El propósito, entonces, es el de interpretar
acciones de los individuos en el mundo social y la manera en que
éstos dan. significado a los fenómenos sociales. Pero para lograr este
,propósito, no basta observar la conducta de un solo individuo o reunir
estadísticas acerca de .la dc grupos de individuos, como nos lo haría
creer un tosco empirismb~ Más bien, el propósito espeCífico de la socio­
logía requiere un método especial para seleccionar los materiales per­
tinentes para las cuestioncs peculiares que ésta suscita.. Esta selección
resulta posible mediante In, formulación de ciertas frases gramaticales
cial, en cambio, se llumarú 'asociatiw' si -yen la medida en que la orientación de
la acción social que cn ella $C produce se basa ('n una adaptación racionrumente
motivada de intereses ..• , sea que el fundamento del juicio racional lo constituyan
valores absolutos o razoncs de conveniencia, Es sobremanera común, aunque de: nin­
gún moclo inevitable, que el tipo asociativo de relación se base en un acuerdo l'llcio­
1lal por mutuo consentimiento... , Ejemplos de relaciones asociativas son: 4) el
intercambio racional del mercado libre; b) la asociación voluntaria basada en el pro­
pio interés, y c) la asociac¡{m voluntaria motivada por una adhesión a un conjunto
de valores absolutos comunes, por ejemplo· In secta racional. Ejemplos de relaciones
cOlllunales son: una hermündml religiosa, mia relación erótica, una relación de leal­
tad personal, una comunidad nacional, el espíritu de cuerpo de una unidad militar"
(\Veber, Wirf,ychaft uncl Gesellschaft, 1, 21-22; T. 1" P¡lgs. 136-37),J . . '.
7 ["Una 'as()ciación voluntaria' (Vereín) es un grupo de asociamiento (Ver­
lJand) originado en un acuerdo voluntario, y en el cual el orden establecido sólo
pretende tener autoridad .sobre los miembros en virtnd de un acto personal de
adhesión.
"Una 'uwciaci6n compulsiva' (Anstalt) <>s un grupo de' asociamiento cuyo or­
den establecido ha sido exítosam@!ll ImplH.'sto, .dentro de una esfera específica de
actividad, sohre todos los individuos que Se adapten a ciertos criterios específicos ...
el caso típico de una asociación c<lll1plllsivn es <>1 Estado .•. " (ibid.; T. l., pág. 151
37

teóricas conocidas como "tipos ideales".' Estos tipos ideales no equi­


valen, de ninguna mancra, a promedios estadísticos, porque se los
selecciona de acuerdo con la clase de pregunta que se formula en cada
oportunidad, y se losconstl11yede acuerdo con los requerimientos
metodológicos de estas preguntas. Tampoco son, sin embargo, fantas­
mas vacíos o meros productos de la fantasía, pues deben ser verificados
mediante el material histórico concreto que comprende los datos del
científico social. Mcdiante cste método' de construcción y verificación
de los tipos ideales, puede interpretarse estrato por estrato el signifi­
cado de los fcnómcnos sociales particulares como significado al que
tienden subjctivamente los actos humanos. Dc esta manera puede
develarse la estl11ctl1l'a del mundo social como una estl11ctura de sig­
nificados intencionales e inteligibles.
Pero pese a la impresión que produce el concepto de "sociología
comprensiva'" de Weber,se basa en una serie de supuestos tácitos. Es
cuesti<'m de urgente necesidad identificar estos supuestos y formularlos
claramente, pues sólo un análisis radical de los elementos auténticos
y básicos de la acción social puede proporcionar un fundamento con­
fiable para los fuhuos progresos de las ciencias sociales. Sólo cuando
se le hizo chua esta necesidad, y aun entonces con evidente resistencia,
Max 'Weber se ocupó de los fundamentos teóricos de la sociología,
puesto que prefcría mucho más trabajar en problemas concretos. Sólo
le interesahan los problcmas epistemológicos en la medida en que
repercutían directamente sobre la investigación especializada o propor­
cionaban hcrramientas adecuadas para realizarla. Una vez que tenía
a su disposición estas herramientas, perdía intcrés cn los problemas
más fundamentales. 8 A pesar de las signifimtivas contribuciones que
realizó Weber a la metodología, de su incorruptible visión de la tarea
de formación dc conceptos cn las ciencias sociales, y de su admirable
instinto filosófico que le permitía estableccr la posición crítica correcta
en cuestiones epistemológicas, se preocupó muy poco por consolidar
sistemáticamente sus resultados mediante un punto de vista filosófico
seguro y de alcance general. Tenía de hecho muy escaso interés en
esclarecer los supucstos filosóficos incluso de sus conceptos principa1es.
Es en este punto donde resultan evidentes las limitaciones teóricas
de 'Veber. Interrumpe su análisis del mundo social cuando llega a 10
que él supone que son los elementos b~í.sicos e irreductibles de los fenó­
menos sociales. Pero se equivoca cn este supuesto. Su concepto del
acto significativo del individuo -idea clave de la sociología compren­
siva- de ninguna manera define un e1emento primitivo, como él cree
que lo hace. Es, por lo contrario, una simple etiqueta para designar
una zona muy compleja y ramificada que requiere mucho más estudio.
Weber no establece dist.inción entre la acción considerada como algo
en curso y el acto completado, entre el significado del productor de un
8 Cf. Mariaulle Weber, ]'fax Weber,. ein Lebensbild (Tubinga, 1926), por
l'jel11plo la pág. 322. [2'" ed., Heidelberg, 1950.]
38

objeto cultural y el significado del objeto producido, entre el significado


de mi propia acción y el significado de la acción de oh'o, entre mi
propia vivencia y la de otro, entre mi coniprcnsión de mí mismo y la
que tengo de otra pcrsona. No se pregunta cómo se constituye· el sig­
nificado de un actor o qué modificaciones sufre ese significado para
los que pmticipimcon él en el mundo social o para un observador no
participante.. No trata de identificar la relación única. y fundamental
que existe entre el mí mismo y el yo de otro, relación cuyo esclareci­
miento resulta csencial para comprender con exactitud en qué consiste
conocer a oh'a persona. 'Weber distingue, sin duda, entre el significado
de una acción al que se apunta subjetivamente y su significado objeti­
vamente cognoscible. Pero no reconoce más distincioncs en este sen­
tido y prcsta tan poca atención a las maneras en que un intérprete
modifica el significado comO a las perspectivas conceptuales en que se
nos dan nuestros congéncres humanos. Pero, de hecho, existen dife­
rencias radicales en la estructura significativa dc mi propia conducta,
la conducta dc mis consociados,9 que yo vivencio inmediatamente, y la
de aquellos qlH; son meramente mis contempouíneos o aun mis 1JI'ede­
cesol'es, cuyo conocimiento es para mí totalmente indirecto. lO Lejos de
ser homogéneo, el mundo social se nos da en un complejo sistema
de perspectiva: mi partícipe y yo, por ejemplo, tenemos una experien­
cia recíproca Íntima y rica cuando conversamos, mientras que a un
observador distante ]e aparecemos rodeados por un aura de "chatura"
y "anonimidad". El individuo toma en cuenta estos escorzos de la pers­
pectiva cuando realiza los actos de establecer e interpretar el signifi­
cado,H y tales fenómcnos de perspcctiva son, por lo tanto, de intcr{~s
directo para las ciencias sociales. No nos referimos aquí a las diferen­
cias existentes entre los puntos de vista personales desde los cuales
diferentes personas miran el mundo, sino a la diferencia fundamental
que hay cntre mi interpretación de mis propias vivencias (autointer­
pretación) y mi interpretación de las vivencias de oh'u persona. Lo
que se ofrece a ambos, al yo actuante y al observador que interprcta,
no es sólo el simple acto significativo yel contexto o configuración de
significado al que éste pertcnece, sino todo el mundo social ('n pers­
pectivas plenamente diferenciadas .. Sólo mediante esta introVÍsión podc­
mos comprendcr cómo se capta el yo del otro como Ull tipo ideal, en
el sentido quc acabamos de examinar.
No hay duda de que Wcber vio todos estos problemas, pero sólo
los analizó en la medida en que le parecía necesario para sus propias
finalidades. Dio ingenuamente por sentados los fenómenos significati­

!) rUml/;elt (mis t:ongéneres directamente vívenciados por mi, con los cuales
tengo una reladón cara a cara). Schütz, cuando escribía en inglés, utilizaba tanto
"associates" (asociados) como "coTISoeiates" (co!lSodados).]
10 IEl Mltwelt (mundo de;! mis contemporáneos) yel VorlCelt (mundo de mis
predecesm"es) se COl1ot:en indircctamente, en t:ontmste con el Umtcelt. Estos con­
ceptos están desllrroJlados sistemátit:lll1lente en el cap[hllo IV.]
11 LVéase la nota 26, t'n 1a pág. 42.J .
39

vos del mundo social como una cuestión de acuerdo intersub;etivo,


l'xactamente de la misma manera e11 que todos nosotros suponemos, en
la vida diaria, la existencia de un mundo externo sometido a leyes, que
se adecua n los conceptos de nuestra comprensi6n. En efecto, en el
proceso de vivir vívenciamos directamente nuestros actos como
significativos, y damos por sentado, como parte de nuestra perspectiva
natural del mundo, que los dem{fs vivencian también directamente sus
acciones como significativas exactamcnte de la misma manera en que
lo haríamos nosotros si estuviéramos en su lugar. Creemos también
quc nuestras interpretaciones de los signifimdos de . las nccioncs de
otros son, en conjunto, correctas. Pero cuando se admiten en el apa­
rato de UIla ciencia, en forma no crítica, supuestos del sentido común,
éstos encuentran la manera de tOlmlTse la revancha. Tal cosa puede
ocurrir cuando se introducen subrepticiamente equívocos dentro de
los conceptos básicos de esa ciencia, que producen un efecto adverso
sobre la investigaci<Ín. O puede suceder cuando no se logra ver que
fenómenos aparente'mente diversos son en realidad del mismo tipo, falla
producida porque no se ha penetrado más allá de las apariencias, hasta
llegar a las raíces de los fen<Ímenos en cuestión. Si bien este peligro
sobre cualquier ciencia,· su amenaza se vuelve especialmente
grave en d caso de la sociología. En efecto, la tarca del sociólogo con­
siste en rcalizdr un estudio ekntífico de los fen<Ímenos sociales. Ahora
si los fenómenos sociales están constituidos en parte por conceptos
dd sentido común, resulta claro que no beneficiará a la sociología el
que ésta se abstenga de un examen científico de tales ideas "evidentes
por sí mismas".
Es en este punto donde resulta visible la complicada relaeUm que
existe entre las ciencia~ sociales y su objeto propio. La cstructma del
mundo soeial es significativa no s()lo para quienes viven en ese mundo,
sino también para sus intérpretes científicos. Al vivir en el mundo,
vivimos COn otros y para otros, y orientamos nuestras vidas hacia
ellos. Al vivenciarlos como otros, como contemporáneos y congéneres,
como predecesol'('s y sucesores, al unirnos con ellos en la actividad y
el trabajo común, influyendo sobre ellos y recibiendo a nuestra vez su
influencia, al hacer todas estas cosas, comprendemos la conduela de
los otros y suponemos que ellos cOl1lpr('nden la nuestra. En estos actos
('stuhlecimknto e interpretación de significados se construye para
llosotros, en grados variados de anonimidad, en una mayor o méllor
intimidad de vivencia, en múltiples pcrst)ectivas (1110 se entrecruzan, él
estructural del mundo social, que es tanto lllH'stro mundo
('strietmncntc hablando, mi mundo) como el mundo de los otros.
Ahora hien, ('ste mismo mundo social quc vivenciamos inmediata­
nwnte como significativo, lo es tamhién desdo 01 punto de vista del
social. Pero el contexto de significado en el cual ('sto inter­
preta ('se mundo ('S cf de 011 escrutinio sistematizador más hien que
el de la vivencia viva. Sin embargo, sus datos son los significados ya
40
constituidos de los participantes activos en el mundo social. A estos
datos ya significativos deben referirse, en última instancia, sus concep·
tos científicos: a los actos significativos de llombres y mujeres, indi­
viduales, a la experiencia cotidiana que tienen unos de otros¡ a su
comprensión de los significados del otro, a su iniciación de nueva con­
ducta significativa por su propia. cuenta. Le interesarán, además, los
conceptos que la gent4? tiene acerca del significado de su propia con­
ducta y de la conducta de los demás, y los que tiene acerca del signi­
ficado de las producciones humanas de todas clases. Vemos así que
los datos de las ciencias sociales poseen,. cuando aún se encuentran
en el· estadio precien tífico, aquellos elementos de significado y estruc­
tura inteligible que aparecen más tarde en forma más o menos explí­
cita, con pretensiones de validez categorial, en la ciencia interpreta­
tiva misma.
La conducta humana ya es entonces significativa cuando ocurre, y
es inteligible en el nivel de la vida diaria, aunque, sin duda, en una
forma vaga y confusa. La vaguedad se aclara en varias etapas. en
cada una de las cuales ocurre un reordenamiento de la estructura
nificativa. Esto se produce tomando el contenido significativo ya
fica,do y reinterpretándolo en función de su sush'ato en la vivencia. Dos
ejemplos de los muchos niveles de interpretación del significado son,
en un 'extremo de la escala, el simple hecho de «tener significado" que
comprobamos en la vida diaria y, en el otro, la comprensión extrema­
damente refinada del significado que observamos en los tipos ideales
de la sociología comprensiva. .
Es cuestión de urgente necesidad en este momento que la filosofía
de las ciencias sociales esclarezca las complejas relaciones existentes
entre las diferentes dimensiones del mundo social, las someta a un
análisis tan radical como para 1legar a sus fundamentos mismos, y fije
los límites entre sus diferentes estratos. En verdad, la controversia
acerca del objeto propio y de la metodología de . las ciencias' sociales
es precisamente el resultado de la confusión acerca de estas cuestiones.
En efecto, lo que ocurre en la actualidad en sociología es que· cada
una de las diferentes escuelas de pensamiento elige Ull0 de estos nive­
les de intcrpretación como punto de pmtida, desarrolla Juego una me­
todología adecuada para ese nivel e inicia toda una nueva línea de
investigación. El nivel o estructura de significado que constituía el
punto de partida se define en seguida como el contenido exclusivo, o
por lo menos esencial, de la sociología.
Si damos un vistazo a los grandes sistemas de la sociología ale­
malla contemporánea ( siguiendo, por ejemplo, la adecuada exposición
de Freyer) ,12 encontramos que el mundo del espíritu objetivo (Dil­
they),13 o el todo ¡¡ocial como contenido de la mente (Spann) 14 o, de
12 Soziologie ols Wirkllchkeitswissenschaft (Leipzig, 1930).
13 "Einleihmg in die CeMeswissensc11aften: J;)er Aufhau der geschichtIichen
Welt", Gesa1l111lelte Si;/¡riften, vols. 1 y IX (Leipzig, 1923).
He Gesellsclwftslehre, 1" ed. (Berlín, 1914); KategoTienlehre (Jena,
41

lo contrario, el concepto formal de efecto recíproco (Simmel) U¡ se


definen en cada caso como el tema propio de la sociología. Uno parte
. del concepto fundamental de la unidad total de la cultura y procede
a estudiar la. formación de las culturas históricamente .dadas (Alfred
Weber},l!l otro parte de las relaciones sociales entre individuos y pro­
cede a describir la naturaleza del grupo y del sistema social que en
él se basa (Wiese),17 Y un tercero considera todo el proceso sOf)ial
como un movimiento de masa y desarrolla. a partir de allí la id~'1 de
progreso (Franz Oppenheimer}.18 Hay además quien toma como tema
de la sociología· el desa.rrollo de las ideologías durante el curso de la
historia y la consolidación de esas ideologías como modos de vida
(Mannheim) .19 . Contra todas estas especulaciones~ la sociología del
conocimiento de Max Scheler 20 ocupa un lugar especial porque sólo
representa una zona pequeña de un sistema de sociología material y
cultural planeada en gran escala por su autor.
En todos estos (Jasos se convierten en objeto de observación ciertas
estructuras significativas dentro del mundo social. Son, sin duda, esen­
cialmente inteligibles y, como tales, accesibles a la interpretación cien­
tífica. Pero el hecho es que cada una de estas estructuras significativas
puede reducirse además a ciertos elementos a partir de los cuales se
ha constituido. Esos elementos no son sino procesos de establecimiento
y de comprensión de significado que ocurren dentro de los individuos,
procesos de interpretación de la conducta de otras personas y procesos
de autointerpretaci6n. Pero esos procesos no han recibido aún la aten­
ción que merecen. Además de ello, prácticamente no se ha percibido
el problema consistente en hacer remontar todas las estruchuas signi­
ficativas en cuestión a un solo elemento básico.
Algunos autores han visto sin duda este último problema. Trata­
ron de definir el tema propio de la sociología a partir, precisamente,
de una solución de estos problemas fundamentales. Este es el caso de
Litt,21 que comienza COn las vivencias conscientes del individuo y luego
procede a través de la relación-tú (Du-Beziehung) hasta llegar al
círculo cultural cerrado (Kulturkreis). Lo mismo puede decirse de
Freyer,22 cuando b'ata de derivar el mundo del espíritu objetivo a
partir de la acción del individuo. Sobre todo, debemos mencionar
respecto de esto a Sander, que en un profundo y muy importante estu­

15 Soziologie.

16 Ideen zm Staats- und Knltursozlologie (Karlsruhe, 1917).

17 Soziologie, vols. 1 y JI (M.nnich, 1924). [Adaptación inglesa Systematic

Sociology, por Howard Beckef (Nuev-.t York, 1932).]


18 System der Soziologie, vol. J (Jena, 1922-23).
19 ldeologie tlnd Utopie (Bonn, 1929). [T,I., Ideology and Utopía, por Lewis
WiJ:th y Edward A. ShiJs (Nueva York, 1936).1 [Hay versi6n castellana: Ideología
y utopÍa. Madrid, AguiJar, 1958.]

!lO Die Wissensformcn nnd eUe Gesellschaft (Leipzig, 1926).

2t Indivíd!wm und Gemei1l8c1wft, 31¡l ed. (Leipzig, 1926).

22 Theurie des ob¡ekttven Geistes (Leipzig, 1923).

42

dio 23 toma como punto de partida la filosQfía de Rehmke,24 que postula


la conciencia momentánea del yo solitario y luego trata. primero de
relaciones comunales y asociativas y, finalmcnte, el Estado, la
economía y la ley, deducción que se cumple a partir de un análisis
de la tendencia y la volición.
Es evidente que las obras de estos estudiosos dejan sin resolver el
problema del significado, concepto que parece abarcar muchas cosas
diferentes, sea que ocurra en la 1iteratura filosófica o en la de las cien­
cias sociales.2ú Este concepto rcquiere un análisis radical. Sin embur­
go, la realizaci6n de tal análisis exigc una preparación filosófica amplia.
La materia a abarcar incluye todo el ámbito de las vivencias propias
y de las ajcuas. Además, aun un examen superficial muestra clara­
mente que el problema del significado es un problema temporal: no
un problema de tiempo físico, que es divisible y mensurable, sino un
prohlcma de tiempo hist6rico. Este ílltimo consistc siempre en un fluir
de tiempo, lleno, sin duda, con hechos físicos, pcro dotado de la natu­
raleza de una "concicncia temporal interna", una conciencia de la propia
dnraeión. Es dentro dc esta duración dondc el significado de las viven­
cias de una pcrsona se constituye para clla a medida
vellciando. Aquí, y sólo aquí, cn el estrato __
q1le es aecesiblea la reflexión, dcbe buscarse la fucnte última elc los
fenú!11e!10S de "significado" (Sinn) y «comprensión" (Vel'stehen). Este
estrato vivcncial s610 puede devclarse en la autoconciencia estricta­
mente filosófica. Por 10 tanto, quien quiera analizar los conccptos
Msicos de las ciencias soc.iaIcs debe estar dispuesto a cmbarcarse en
un laborioso viaje fílosMico, pues la estructura significativa del mundo
social sólo puede deducirse a partir de las características más primiti­
vas y generales de la conciencia. La investigación de esos cstratos
fundos se ha abierto felizmente ahora merced a los grandes
miento!> filosMicos de Bergson y IIllsser1. La filosofía ele la
<l(' Bergson y la fenomenología transcendental de Husserl hicieron por
fin posible la solución de los enigmas del establecimiento y la inter­
pretación
23 Allgemeine Soziologie (Jena, 1930).
!!4 [Cf. Jolmnll Rehmke, Philosophie als Grwulwissenschaft, 2~ eel. (Leipzig,
1929).]
!!¡¡ Cf. los nueve significados difer('ntes de la palahra "si!(nificndo" que ha esta­
bh·dd<l JI. Gmnpel'z sobre la base de ejemplos tomados (l<l la literatura más redente.
Confróntese con esto el !.:oncepto mclienlnwnte diferente de "significado" en Heideg­
gel' (Saín lIIUZ Zeit [Halle, 1927], especialmente págs. 144 ysigs., 147, 151 y sigs:
lTJ., Bcillg a/ul Time, por J. Macqmmie y E. Rohinson (Ntwva York, 1962), pági­
nas 188-·1, 187-8, 193]), o en las muy importantes obras de PauI Hofmann ("Das
Vt'l'~tr!hün von Sinn llnd scine AllgemeingiiltigkeU", Jahrbllch fUr Charakterologie,
vol. VI; "!vfetaphysik ode!' vC?l'stehende Sinn-'Visst~nscbnft", suplemento n Kant Stu­
el/ell, 1929).
2fl rSln11Sclzullg, "~'stahlecimiellto de significado" es el Acto por el cual ún
individuo da sig-nificndo a un cierto trozo de conducta, un signo o un objeto cultUl't11.
Silll/(leutllllg "inrerllrctación de significado" es la comprel1Si6n de lo que quiere
decir el individuo que ~~stablec~; tal significado.]
43
Este libro, que parte de los problemas suscitados por Max Weber,
se apoya, sin reservas, en las conclusiones firmes a ,que llegaron· los
dos filósofos antes mencionados, Trata de determinar la naturaleza
precisa del fenómeno dei significado, y de hacerlo mediante un análisis
de .la función constitutiva. Sólo después de haber captado consegu­
ridad el concepto del significado como tal, podremos analizar paso a
paso la estructura significativa del mundo social. Siguiendo este pro­
c'cdimiento estm'cmos en condiciones de fondear el aparato metodoló­
gico de la sociología comprensiva en un punto mucho más profundo
que aquel al que había llegado Max Weber.
Hemos podido, pues, delimitar nuestro propósito y la manera en
que esperamos lograrlo, El propósito es el esclarecimiento del con­
cepto básico de sociología compi'ensiva de :1vlax \Veber. Comenzaremos
mostrando la nccesidad de realizar un análisis más amplio de conceptos
tales como "comprensión directa y comprensión motivacional",27 "sig­
nificado subjetivo y objetivo", y "acción significativa y conducta signi­
ficativa". A partir de este último par de conceptos, trataremos, en el
capítulo n, la mancra cn quc sc constituye el significado en la vivencia
individual del yo solitario. Al hacerlo así, rastrearemos el significado
hasta su punto mismo de origen, en la conciencia temporal íntima, en
la duración del yo (lue vive la vivencia. Apoyados firmemente en el
concepto de la duración de Bcrgson, y aun más en el análisis que hace
Husserl de la constitución de la vivencia subjetiva -a partir de los
fenómenos de retención y reproducción- describiremos la naturaleza
las vivencias discretas, dc las conductas que surgen de la actividad
espontánea, y de la acción de acucrdo con un proyecto preconcebido.
Así, estableceremos un concepto inicial de significado sobrc el ~ual se
basarán nuestros posteriores argumentos. El próximo paso consistirá
en llamar la atención hacia el fenómcno de modificación atcncional y
analizar el "contexto significativo" (Sinnzusammenhang) en el proceso
temporal de ejecutar sintéticamente un acto complejo. Mostraremos de
esta manera eómo el yo consh'uye, a partir de su corriente de la con­
ciencia ya vivenciada, un mundo complejo de vivencias. Al mismo
tiempo, explicaremos los esquemas interpretativos dentro de los cuales
el yo organiza sus vivencias' en el proceso de autointerprctación.23 La
última parte del capitulo II se dedicará a la consideración del contexto
motivacional, el complicado y peculiar contexto de significado quc está
implicado en la <lcción. .
En el capítulo IU pasaremos de la autocomprensión a la compren­
27 ["AktueItes uncl motivationsm¡issiges Verstehen", Wirtschajt tmd Gesell­
sclla!t, págs. 3-4 (T. l., págs, 94-95). Si vemos que un homhre apunta un fusil
hacia otro, tenemos una comprensión directa de lo que está haciendo; si luego nos
dicen que es miembro de un pelotón de fusilamiento, hemos adquirido una com­
prensl6n motivacional de ¡JOI' qllé lo está haciendo.]
28 [Sich sel1Jst interpl'etierend. Schütz utiliza los términos "autointerprctn­
ción" y "autocomprensión" para significar la interpretación o comprensión de la pr{¡­
pía experiencia de uno.]
44
sión de los otros. Al hacerlo así,estableceremos la distinción funda­
mental entre comprender .nuestras propias vivencias de la otra persona
y comprender las vivenoias de la otra persona. Trataremos de rastrear
las relaciones existentes entré estos dos tipos de comprensión, aten~
diendo sobre todo al hacerlo a la teoría del signo (Zeichen) y la indi­
cación (Anzeiclúm), del producto (Erzeugnis) y de la prueba (Zeug­
nis). Luego daremos una definición precisa de los conceptos de signi­
ficado subjetivo y objetivo, que según demostramos en el capíhllo 1
constituyen los conceptos básicos de la sociología comprensiva. Con
este propósito realizaremos un análisis del establecimiento y la inter­
pretación del significado. Mosh'aremos después, en una breve digre­
sión, que el doble papel que cumplen entonces las ciencias culturales
como ciencias del significado subjetivo y objetivo, tiene sus raíces en la
naturaleza fundamental del pensamiento humano mismo. Por último,
en el capítulo IV, analizaremos nuestro conocimiento de las demás
personas y, sobre esa base, presentaremos una teoría general de la
estructura del mundo social y, por lo tanto, del objeto propio de las
ciencias sociales. Volviendo una vez más a Weber, someteremos a
examen exhaustivo los conceptos de acci6n social y relaci6n social
y determinaremos el complejo total de hechos. denotado por esos dos
términos. Resultará entonces claro que estos fenómenos· varíaJi de
naturaleza según ocurran en los mundos de los asociados, los contem­
poráneos, los predecesores o los sucesores. El resto del capítulo IV
tratará en su mayor parte de los cambios sufrido!il por el establecimiento
del significado, la interpretación del significado, el contexto motiva­
cional y la perspectiva de comprensión en los mundos o sectores recién
mencionados. Esto constituye el núcleo central del libro. El contraste .
radical que allí estableceremos entre la comprensión de los asociado!>
y contemporáneos de una persona, por una parte, y la construcción de
tipos ideales a partir de ella, por la otra, esclarecerá la diferencia exis­
tcnte entre vida significativa en el mundo social e interpretaci6n sig­
nificativa de esa vida mediante las ciencias sociales. Mostraremos
también en el c..'lpítulo IV la diferencia que existe entre sociología e
historia, definida la primera como la ciencia del mundo de los contem­
poráneos, y la segunda como la ciencia del mundo de los predet:esores.
S610 después de lograr una comprensión de la estructura peculiar
del mundo de los contemporáneos, que es el solo objeto de las ciencias
sociales, podemos abordar los problemas metodológicos del segundo.
Esto result~ especialmente cierto en lo que respecta a los problemas
metodológicos de la sociología comprensiva. En el capítulo. V se anali~
zan los conceptos básicos de la sociología comprensiva, especialmente
los de adecuación significativa y adecuaci6n causal, .de proba:bilidad
subjetiva y objetiva y de lo racional, sobre la base de la comprensión
precisa del método de los tipos ideales ya logrado. De esta manera
se demuestra el ca¡'áqter mutuamente confirmatorio de las categorías de
Weber. Luego, al final, podremos pronunciar el veredicto definitivo
45

acerca del objetó y la metodología propios de la sociología compren­


siva, que era el problema con el cual comenzamos.
Habremps completado así el círculo, y difícilmente sea accidental,
sino que más bien corresponderá a la naturaleza de las cosas, el hecho
de que hayamos tenido que terminar 'por donde comenzamos, con la'
obra del hombre cuyo pensamiento penetró más profundamente en
la estructura del mundo social: Max vVeber.

2. El concepto de acción significativa de Max Weber

Según Weber, la tarea de la sociología comprensiva consiste en com­


prender e interpretar la 'acción social. La acción social es aquella que
en virtud del significado subjetivo que le ntribuye el individuo (o individuos) actuan­
tes, toma cuenta de la conducta de los otros y de acuerdo con eUo orienta su propio
curso ..• En el concepto de "acci6n:" se incluye toda conducta humana a la que el
individuo actuante at;'ibuya un significado subjetivo, y en la medida en que lo hace.
La acción, en este sentido,. puede ser manifiesta o puramente interna o subjetiva;
puede consistir en intervenir positivamente en una situación, o en abstenerse deli­
heradamente de hacedo, o prestar aquiescencia pasiva a esa sítuaci6n. 29

Estas definiciones básicas de Weber merecen un examen muy detenido.


Comencemos nuestra crítica con la definición que da Weber del
concepto de acción. La acción es significativa para el que actúa; eso
es 10 que distingue la acción de la mera conducta. ,Hasta aquí, nO
hay una referencia social necesaria. Toda acción' dhigid1;l hacia. un
objeto es ipso facto significativa. Cuando mojo mi pluma en la tinta
o acerco la lámpara de mi escrItorio, actúo en forma significativa.
Podemos trasladar ahora este concepto inicial de significado a la esfera
social y aplicarlo a la acción social que, como hemos visto, es acción
basada en la conducta de otros.
Consideremos brevemente la diferencia específica de la acción
social. Ante todo, esta última, por su significado subjetivo mismo, debe
basarse en la conducta de otro ser humano. Pero esto significa que
nos encontramos ahora frente a un nivel diferente de significado, El
individuo puede ya actuar en forma significativa, aparte de cualquier
implicación social. Pero en el momento en que entre en relaciones
sociales, sus acciones asumen un significado más. Están entonces enfo~
cadas sobre otro: un "tú". En este nuevo estadio, la acción sólo puede
comprenderse presuponiendo la existencia de. ese "tú". Sin embargo,
según el punto de vista de Weber, no es suficiente que una acción
establezca el contacto cOn otra persona para que se la califique dc
accf6n social.
211 Weber, lVirlsdwft fmcZ Cesellscllflft, pAgo 1 [T.I., pág. 88].
46

No todo tipo de contacto entre seres humanos tiene un carácter social; este
carácter se limita, mús bien, u los casos en que la couducta lId aetor está oriL'ntada
significativamente hacia la de otros. Por ejemplo, un mero choque de do~ ciclistas
puede compararse COI1 un evento natural. Por otro lado, sus tentativas para evitar
el choqnc, o los insultos, golpt:'s o discusión amistosa que pucd('n seguir a éste,
t'ollstit)lirían "acci{¡n" socia1.=w

,,'cher requicre entollees que la persona que realiza Ulla acción social
esté consciente de mucho mús que de la pura existencia del otro. Debe
darse cuenta del significado de la conducta del otro e interpretarlo.
Pero aquí llegamos a un tercer nivel de significado. Una cosa es tener
la vivencia '~cso es un congénere", y otra totalmente distinta tener la
vivencia «csa persona se está compoltando de tal o cual manera, y
voy a actuar en consecuencia". Estas dos vivencias pert('ne('C'n, ek
a dos dominios diferentes de s.ignificado. 'Veber 10 expresa
claramente cuando al ('xplicar el concepto de "el otro", observa:

Los otros pueden ser pt'rsonns imlividn,¡les y ser conocidas pam t'l actor como
tal, o constituir unll plur'llidad inddinída y ser totalmente descOllocidos como indi­
viduos. As!, la "moneda" es el medio de intercambio que el actor at'epta en pago,
l10rqllc orit'nta su acción según In e:<;pectatiV¡l. dc que un n úmt'ro m11y grandl' pl'ro
desconocido de imlivillnos con los que l·1 no tiene rdacibn personal estarúll disPUl'stos
a acentmh en el intercambio, en alguna ocasión futura.'ll

En estl;~ caso la proposición "eso es uneongénei'e" no es captada temiÍ­


ticamente ::~ sino que se da por sentada :13 por parte del actor, sobre
la base de su t'xperiencia social. En cambio, el significado que se
desarrolla tell1úlicnmente en esta situación es la referencia a la «con­
ducta" de otros, que resultan ser aquí seres "anónimos.
Un cuarto nivel de significado se agn'ga con el postulado de que
la nceión social debe orientarse hacia la conducta de otro. D(,l)etnos
posponer para más adelante~! el esclarecimiento del significado de
ese concepto muy poco e1aro, el de "orientarse", que un critico ;l~, intcr­

~IJ lMet., pág. 11 [1'.1., pág. 113].


31 Ibíd., pág. 11 [T.I., pág. 112].
H!! ["Cnptar algu temúticamcnte" es 11umteneTlo en el centro ele la ¡¡tt"l1cióu.
En este caso Schütz e]u a la expresíún el mismo sentido que Husserl. Véase lIussl'rl,
Ideas, § 122 c, pág. 344, En el curso del libro indicul't:'mos la obm de HUSSl'rl, Ideen
zu einer reinan P(¡iillomel101ogie Il1ld p"¡hlOwenologísc/¡en l>hilosoJl/Ji(~, 3\1 ell. (Halk,
1928), simplemente con "ldeell". La traducción inglli'sa dl' 'V. R. 130yct' Gibsul)
(Nllt'vl1 York y Londres, 1931) sc inelic.:nrú t'on '"Ielpas".j
:;:: Este término (fraglos gcgcbell), q1le ddiniremos con mayor prccisil)JJ llIÍLs
ml¡>lmlte, f1lL' lltili'l.mlo por Scheler cn ,incuJación con el desaiTollo de la "cosmo­
visUm relatinllllcnte natuml"; d. su ohm \Víssen8jormclllllld Gesd/.w:fI(lft,
/:<,p}jx Ka11fmann l1ti!izú a su yez ese concepto en ~Il Ul1lílisis dd "alor, ,'11 Sl1
Día /1/liloSII/I/lisc/WII Gn/lld¡¡rllh/elllc der Lelu'e t:lJ1I du SÚafrecbtsschulc1 (Lt'ipzig
)' Vi"lHl, 1f)2H) ,
;;, V¡"ase más adC'lante, cap. n, apartado 17.
:¡;, Sandl'l" quien llil'llsa <lU{! 'Veber (lllit're significar (:un "orienlueión" que d

w
47
prctó en parte equivocadamente. Todascstas estl11cturas de significado
son comprendidas por el actor social, lo cual sólo pued~ significar que
éste basa su acción en la comprcnsión que tiene de la conducta clt,
otros. Y ~eg{¡n el punto de vista de \Veber, la comprensión de esta
conducta social, es decir, su "interpretación", es a su vez la tarea pro­
pia de la sociología. Sin embargo, este trabajo de interpretaci<ín ocurre
en otro nivel de significado, que es el quinto.
El análisis realizado hasta aquí deja aún tres. amplios sectores de
problemas no resueltos quc corresponden al concepto de acción social.
Estos son:
L ¿Q~~ significa decir qllÓ el actor atribuye un significado a su
acclOnP
2. ¿De qué manera se da el yo del otro al yo, como algo significativo?
:3. ¿,Dc qué manera comprende el yo la conducta dc los otros, a) en
general, b) en función del significado subjetivo de los otros?

Estas cuestiones no pertenecen como tales a las ciencias sociales. Se


ese sustrato de objetos de las ciencias sociales
con anterioridad, es decir, al· nivel en el cual
en actos de In vicia diaria con los otros
(esto es, actos en Jos cuule"s se estableeeil e interpretan los significa­
dos). 1\0 estamos aún preparados para realizar un anltlisís exhaus­
tivo de estos problemas, sino que tendremos que contentarnos con unos
pocos resultados imprecisos dc validl"z meram(:'nte provisional.
"'cber retoma reiteradamente (,1 problema de cómo debe definirse
la conducta signjficativa y cómo proceder para distinguirlit de la carcn­
te de significado. Habla de los límites flllduantcs de la conducta
significativa y menciona como caso límite el de la conducta afectual:

La coodnda pUn\me.ntc afcehml se encuentra tamhién en el límite de la que


pudelllos con~iderar "signíficativamentc" oriC'ntada, y !l menndo rebasa la líOt'l1.
P\1cdt' cUllsi~til', pOI' ejemplo, 'en mm reacción incontrolada ante algún ('.stímulo excep­
dona!. Es 1111 caso de sublimación cuando la acción af(,etllalmente determinada
OCII!TC cn furlllu de descurga conscÍt"nte de tensión emocional. Cüando esto
la COll<lllcta se encamina por )0 COl1l1\n, tlll11qUC llO ~ipll1p\'e, lmcia la raeionalizal'itÍll
f'l1 11110 u otro de los sentidos mencionados antel'iormE'ntt" o en mnhos.:ill

Debemos distinguir la condueta afectual, (lue carece por lo tanto


de significado -puesto qnc se encucntra más allá de los límites dc ]a
. t"
con(1nc t a ..conse1Cll e ( ¡no'tese 1"
11 en. 1 1a aeClOn
(e .. a f.ect na1. La aCClOn

ohJeto de todo lldo sucial consist(·.' ell blCC\' (lile alguien se Qomportc cll' UIla cierta
IIIallera l1wdiaute la propia conduela fiska (acto I'xpl'C'sh·o). Y,'ase su artíclllo
"(;('~(,l1st<llld tI<.'!' l'l'illl'l1 C;cscllscht1ft.~lehrc", ¿\rcni¡: ¡iir Sozialu:is.w.'IIsdwftcll, Ll\',
:320-42:3, eS],ll'cinl11wl1te $1.'5.
::0 W¡rtsc1wft mul (;e.~('ll.dlaft, pág. 12 ['1'.1., p:t~. 116].
48

afcctual tiene en común con la· acmon basada racionalmente. en un


valor elegido, el hecho .de que su significado

no ~'eside en el logro de un resultado ulterior a él, sino en I~ ejecución del tipo espe­
cífico de acción por sí mismo. Ejemplos de acción afectuaI son la satisfacción de
un impulso directo de venganza, de gratificación sensual, tle devoción a una persona
o itleal, de arrobamiento contemplativo o, por último, de abteacei6n de tensiones
emocionales. Tales impulsos pertenecen a esta categoría, cúalquiera que sea el grado
de sordidez o sublimidad quc posean.37

La. conducta afcctual y, en cierta medida, la que se basa en la


elección raCiorial de valores están cercanas a los límites exteriores de
lo significativo. Pero no son los únicos tipos de conducta que se encuen­
tran: en este caso. Existen también "ciertas uniformidades empíricas ...
es decir, ciert()s. tipos de acción, que corresponden a un significado
subjetivo típicamente apropiado, atribuible a algunos actores .•. que
se repiten con frc~uencia en el mismo individuo o las realizan simul­
táneamente muchos individuos distintos",as tales como la costumbre,
el uso, etcétera, e igualmente la "conducta tradicional", que Weber
considera como

múy cercanas al Ifmite de 10 que puede llamarse justificadamente aCCIOIl orientada


en forma significativa, y ubicadas incluso a menudo, más allá dc csa línea. En efec­
to, se trata ·l'o[J mucha frecuencia de reacciones casi automáticas a los estímulos
habituales que guían la conducta en una trayectoria que se ha seguido repetida­
mente. 39

Las afirmaciones citadas revelan cuán vagamente define vVeber el


cOllceptodc acción como conducta significativa. Son evidentes los
motivos en que se basa la formulación del concepto tal como él la
realizó. En primer lugar, cuando '''eber habla de conducta signifi­
cativa, está pensando en conducta racional y, lo que es más, en "con­
ducta orientada hacia un sistema de fines individuales discretos" (zwec­
kl'atíollal). El piensa quc ese tipo de conducta es el arquetipo de la
acción. En verdad, esta orientación teleológica de la acción es en
todos los casos en 'Veber el modelo de construcción significativa, y
con bucn motivo, desde el punto de vista de la sociología comprensiva.4ft
En scgundo lugar, la clasificación de la conducta en tipos dife­
rentes, tales como la oricntada racionalmente por fines, la orientada
I':l<'i()llalmcntt~ por val()n~s, la crnndonal y la tnulicitJllal, prl'supone en

:17 Loc. cit.


as ¡{¡íd., púg. 14 [T.l.,pig. 120).
::u lbícl., pág. 12 I.T.I., púg. UG l.
111 "l'ase d capit\llo V, apartado 48, mús ahajo; ('omp{lri:;Se a este respecto
\ValtlH'r, .. Xlax \Veher als Sllúo!oge", ja/¡r/Jllch ¡iil' Soziulogíe, Il (KarIsrllhc, 1926),
l-G3. ('s¡ll'dallllcntc 3.5 y sigs.; lalllbién Grab, Del' Begriff de.~ Ratíolla[enin der
S(1;:;i"[,,git· :\fax \\'el}('r.~ (Karlsrll!I(·. HJ2í), ('sl)('dalrn('lItC' pá.t!s. 25-3.5.
49

sí misma que el significado de una acción es idéntico al motivo de la


acción. Eso, como veremos, lleva a .Weber a muchas contradicciones.
Sin duda, las experiencias de la vida cotidiana parecen apoyar la tesis
de Weber. Al examinar mi trabajo diario, las acciones que realizo du­
rante. todo el día, sea solo o en compañía de otros, y al preguntarme
cuál es el significado de todas estas acciones, llegaré sin duda a la
conclusión de que la mayoría de ellas son automáticas. Esta conclu
sión parece bastante convincente porque yo encuentro que muchas de
estas acciones no tienen en absoluto significado o, a lo sumo, lo tienen
muy vago. Sin embargo, una cosa es el significado de una acción
y otra muy distinta, el grado de claridad con que captamos ese signi­
ficado. Hay algo que mueshoa que la mayoría de mis acciones tienen
en verdad significado, y es que, cuando las aÍslo del flujo de la expe­
riencia y las considero atentamente, encuentro que tienen significado
en el sentido de que soy capaz de hallar en ellas un significado sub­
yacente. Es entonces erróneo utilizar el criterio de significatividad para
distinguir la acción de la conducta simplemente reactiva,si se atribuye
a la palabra signifícatividad su amplio sentido ordinario. Aun mi con·
ducta tradicional o afectttal tieile alguna cIase de significado. En ver­
dad, cuando observo con atcnciÓn, descubro que ninguna de mis viven­
cias está enteramente desprovista de significado. Y vemos así que es
inútil decir que lo que distingue la acción de la conducta es el hecho
de que la primera es significativa desde el punto de vista subjetivo
y la segunda no lo es. Por el contrario, cada una es significativa a su
manera. Esto nos enfrenta de inmediato con la difícil cuestión de la
diferencia existente entre el significado de la acción y el de la mera
conducta. Y, por supuesto, se añade a éste otro problema, el de la
naturaleza de la acción como tal. Hemos de ocuparnos de· todás estas
cuestiones e11 una serie de aspectos. Sin embargo, la simple menci6n
de ellos bastará para mostrar cuán profundamente debemos llegar para
poder realizar un análisis adecuado del concepto de significado.
El segundo problema que hemos mencionado manera en que
el yo del otro se nos da .en forma significativa- no lo trata en absoluto
Weber. El presupone la cxistencia significativa del yo del otro como
algo simplemente dado en todos los casos en que habla de la interpre­
taci6n de la conducta de otros. Para su manera de concebir el pro­
blema, difícilmente sea necesario un análisis exacto del modo en que
se construye en mi conciencia el yo del otro. Con todo, debe plan­
tearse la cuestión referente a c6mo logramos conocer el yo del oh'o, tan
pronto como nos ponemos a· esttldiar el significado subjetivo de la cOÍl­
ducta de otrOS. . .
50

.3, El carácter pre-dado del yo del otro y el postulado


de la C01nl11'enswn del significado subjetivo
postulado de la investigación del significado que se oculta detrás
de las acciones del otro, y al que éste apunta subjetivamente, presu­
pone una teoría de la cognoscibilidad del yo del otro y, junto C011
ella, una teoría del carácter pre-dado de este último, Sólo se justifica
que pregunte qué quiere significar otra persona cuando supongo a) que
realmente quiere significar algo, y b) que yo puedo averiguar lo que es,
tal como pucdo averiguar el significado de mi propia conducta. Pero
debemos acentuar, aun antes de comenzar con nuestro proyecto, que
el significado subjetivo de la conducía de otra persoJ1a no tiene por
qué ser idr?11tico al significado que su conducta extel'l1a percibida tiene
para mí como observador. Pcro este punto requiere pruebas, Si las
vivencias de ob'a persona me fueran tan 'accesibles como me son las mías
-sea nwdiante empatía o, como pensaba Scheler, mediante alguna
clase dc "intuición intcrna"- H entonces su vivencia, es decir, el signi­
ficado a que apunta su conducta, resultaría directamente evidente 42
para mí al observarlo. Más aún, Sil conducta sólo podría tener pa:r:a
mí el significado que él le atribuÍ<l subjetivamente; resulta cIarament<>
absurdo quc pueda tener otro, dc carácter objetivo. Ahora hien, es
cvidentc -y lo demostraremos mús adclante- <la que este supuesto de
una penctración empática total en las vivencias de otra persona, im­
plica una teoría contradictoria con los caracteres legales esenciales de
la conciencia. De una naturaleza totalmente distinta es la teoría que
110S dice que "al comienzo nos son dados el cuerpo de la otra persona
y sus cambios y movimientos o, más estrictamente, las apariencias de
¿'stas, y que sobre la base de tales datos llegamos a postular su inte­
rioridad y su existencia como un ob'o yo".H Esta línea de pensamiento
-u Scheler, Wesen Ilncl Formen der Syl/1)Jathie, 2\\ ed. (Bonn, 1923), pág. 288
[TJ., Tlle Nature of Sympathy, por Peter Heath (New Huven, 1954), pág. 249]:
",Así, la percepción interna representa una poladdad entre actos, yesos actos son
capaces de reÍt'ril'se a nosotros mismos y a otros. Esta )JOlaridlld es intrímeca­
monte capaz de abarcar la t:.idrt interna de otros 11 la mía propia, tal como mt~ abarca
a mí mismo y a mi propia experiencia en. general . .• " Ibíd., págs. 296 y sigs. fT.I.,
púgs. 256 y sigs.]: "Lo qüe afirmamos es ... qlle en In medida en que concierne al
acto y u su naturnleza y al ámbito de hechos qne aparecen dentro de él, tuda uno
puede aprehender la experiencia de sus congéneres tal! directamente (o indirecta­
mente) como In suya propia." Véase también Litt, IlIdicitluum lI1uZ GemeinsdUlft,
p(lgS. 100 y sigs. '
42 [Erfas.sbar in Selbst11abe, literalmente, "comprensihle en la posesi(ín inme­
diata de la COSl\ l11ismn". Cf. el llSO del término ScllJstlwbc pOI' Husserl, (~n "Klarhl,it
det Selbsthabe". Z;orlllole mul Tranol'zendentale Logik (Halle, 192!:J) , § 16 c.]
,la Cf. cap. IIl, apartado ID, más abajo.
H Las objeciones de Scheler a est"l teoría ('Ve.~ell wul Formen der S!lmpáthie,
p{lgS, 281 :v sigs. ¡T.I., púgs, 243 y sigs . .I) son ('ntenU11t'nh' justificadas. Es sin duda
totalmellte imposible inferir la '€ xistellcia clel yo del Qtw sólo a partir de la upa\'Íc'll­
cía de Sll cuerpo y sin Sil poner que se <la en sí misma toda }a llníJad pSÍCofísica.
Véase mús abaja, cap. 111, apartado 19.
51

lleva, en última instancia, a la conclusión de que nunca vivenciamos


la mente de otro, sino sólo objetos físicos; que el concepto de la "mente
de otro" es opistemológicamente superfluo desde el punto 'de vista de la
ciencia; y que las afirmaciones acerca de la mente de otro no tienen
científicamente sentido, puesto que carecen de contenido empirico. Esta
posición fue defendida por Carnap en algunos de sus escritos:!l5 Parece
hacer justicia al hechó de que mis propias acciones y conducta se me
dan como mis vivencias, mientras que las acciones y conducta de otro
no se me dan como sus vivencias. Más bien, la conducta y acciones de
otra persona se me dan como secuencias de hechos' que ocurren en
el mundo físico, comQ cambios percibidos en el objeto físico que yo
llamo su cuerpo. Sin embargo, para comprender ese objeto como el
cuerpo de alguien, debo ya haber presupuesto la existencia del otro
yo que anima el cuerpo en cuestión. La referencia implícita al cuerpo
de otro sólo ocurre generalmente en la medida en que observo en for­
ma directa su acción y conducta y las miro como una secuencia de
hechos físicos que ocurren ante mí. Sin embargo, la conducta y acción
de los otros se me revelan no sólo a través de sus movimientos corpo­
rales, sino también por los resultados de esos movimientos, por ejem­
plo, ondas sonoras, cambios que ocurren en otros objetos, etcétera. Y
puedo planteal:me la cuestión referente a qué es lo que produjo esos
cambios y mediante qué proceso ocurrieron .. Ahora bien, encuentro
que todos estos hechos externos son inteligibles. Tienen significado
para mÍ. Pero el significado que descubro en ellos no tiene por qué
ser en absoluto idéntico al que tenía en su mente la persona que los
produjo. En efecto, estas objetivaciones de significado que hallo en
el mundo externo spn meras "indicaciones" (Anzeichen) del significado
a que apunta el actor ó el productor del objeto en cuestión. Hemos
adoptado el uso del término "indicación" en' el sentido técnico que le
da Husserl en las Investigaciones lógicas: 411 decimos que t€?nemos una
illdicación en todos los casos en que

cualquier clase de objetos o estados ele cosas cuya existencia es conocida para al­
guien, indica a esa persona la existencia de otros objetos o estados de cosas, en el
~entid(¡ de que su creencia en la existencia de los primeros es el motivo de una

45 Rudolf Camap, Log/sclter Allfbau der Welt (Berlín, 1928), especialmente


págs. 185 y sigs., y Scheinprobleme in der P/¡ilosopllie (Berlín, 1928), especialmente
págs. 18 y sigs. Es pOSible críticar el concepto de Camap dentro de su propio sis­
tema. El apela a la evidencia de la lógica formal sin comprender que la validez
int<:>rsubjetiva misma de esta última presupone la existencia de. otras mentes.
46 Husserl, Logische Untersucllungen, 4" cd. (Halle, 1928), JI, 1,25.
el examen que h..'lce Schiitz del concepto de indicación en su artículo
and Society", Colléhcd Paper:s of Alfred Schütz, ed. Maurice
1962), r, 310. Cf. también el análisis de Farher, The Foun-
Pllenomcllology, 2", ed. (Nueva York, 1962). Farber utiliza el término
lificur lo mismo que Schiitz con "indicación". Schütz
(marca) en nn sentido 1111 poco distinto. Cf. Collected
52
cl'eencia o sospecha respecto de la existencia de los segundos. La clase de motivo
aque nos referimos aqul no es la de una introvisión racional en la vinculación exis­
tente entre cosas.47

En la exposición siguiente descartaremos, en bien de la simplici­


dad, aquellos productos de acción que se remontan a la acción misma
y se limitan a la consideración de los cambios ocurridos en el cuerpo
de la otra persona que hacen, visible la acción de ésta para el observa­
dor. Esos cambios funcionan como indicaciones de la vida interna de
la otra persona, pues su cuerpo no es un mero objeto físico, como un
palo o una piedra, sino un campo de expreswn de las vivencias de esa
unidad psicofísica que llamamos el yo del otro.
Pero el término "campo de expresión" aplicado al cuerpo no es
bastante preciso. Husserl mismo ha señalado, en sus Investigaciones
l6gicas, las ambigüedades del término "expresión".4s Basta para nues­
tro propósito indicar que en la .literatura sociológíca 49 toda acción de
otra persona es interpretada a veces como una expresión de su viven­
cia. Sin embargo, cuando se lo utiliza de esa ·manera, el término «expre­
sión" oculta una ambigüedad. Puede significar: 1) que' la conducta
externa de la otra persona funciona como una indicaci6n de su viven­
cia Íntima, o 2) que ésta "trata deliberadamente de expresar algo"
actuando de cierta manera. Muchas cosas que son expresiones en el
primer sentido enrojecimiento de cólera,- por 'ejemplo-, difícil­
mente lo sean en el segundo. Por el mismo motivo, una persona puede
tratar de expresar deliberadamente algo y no lograr "darle salida", de
modo que el observador no tiene ninguna indicación verdadera de su
estado subjetivo.M .
Esta distinción es de' gran importancia. Es posible referirse al
cuerpo como campo de expresión en la medida en que los cambios
corporales puedan ser interpretados regularmente como la conciencia
intema del sujeto que "llega a expresarse" en el primer sentido indi­
47 (Es un motivo "opaco" (Schütz, 071. cit., J, 311). La relaci6n entre la
indicación y lo que es indicado consiste en li "referencia" (Hintveís), no en la "im­
plicaci6n". Tiene su origen en la asociación. Cf. Husserl, Logische Untersuchungen,
Il, 1, págs. 25-30.)
48 (Logische Unter8Uchtmgen, IJ, 23-105, passim. Cf. también Farber, Foun·
dation of Phenomenology, o,'1p. VIII.)
49 Véase, por ejemplo, Freyer, Theorle des oblektiven Geistes, págs. 14 y sigs.;
Litt, 011. cit., págs. 97 y slgs., 141 y slgs., 182 y slgs.; y, con anterioridad, Sander,
"Gegenstand der reinen GeseIlschaftslehre", págs. 338, 354. Por otro lado, en su
AUgemeine Soziologíe, Sander distingui6, en un agudo estudio, las m{¡ltiples facetas
del significado Implicito en el concepto "e,¡presi6n".
60 Reservamos para un tratamiento posterior otro sentido más ,del término
"expresión", que es el deexpresi6n simb6lica, como ocurre por ejemplo en el caso
del lenguaje. No lo hacemos aqui en parte por el deseo de evitar complicaciones iri­
necesarias, y en parte porque todo símbolo tal presupone un acto ~imbWco, y los
actos simb6licos sólo son ob:os casos más de conducta exterior. Lo qua aqíIÍ nos inte­
resa es el problema generil de cómo lInO infiere las vivencias de olrá persona, dada
su conducta exterior.
53
cado más arriba.lIt Pero esto implica tan s610 decir que los cambios
corporales percibidos en él son indicaciones de su estado subjetivo. No
implica de ninguna manera que esos cambios sean ~<expresiones" en
cualquier sentido voluntario o que el individuo esté "expresando una
intención". Sería totalmente incorrecto decir que mediante el acto de
aserrar la madera, el leñador expresa su deseo de voltear árboles. En
efecto, toda intención expresada es un mensaje, y esto presupone un
receptor del mensaje. Por lo tanto, sólo podemos hablar de "expresión"
en nuestro segundo sentido, si lo que se expresaba se entendía como
alguna clase· de comunicación. (;2
¿Qué es lo que de hecho se expresa en el campo de expresión de
la otra persona? ¿Es la vivencia del otro? ¿Es quizás el significado a
que apunta subjetivamente? .
Scheler se explica muy claramente resllecto de este punto:
Creemos con certeza que conocemos directamente la alegría de otra persona
por su risa, su pesar y dolor por sus lágrimas, ~u vergüenza por su rubor, sus súplicas
pOl'qlle extiende las manos, su amor por su mirada de afecto, su c6leraporque rechi­
na los dientes, sus amenazas porque cierra el puño, y el contenido de sus pensa­
mientos por el sonido de sus palabras.m!

Supongamos' que Scheler t,iene -razón, y que ciertos contenidos de la


conciencia dc la. otra p~rsona, tales como la alegría, el pesar, el do­
lor, la vergüenza, la suplic..'l, el amor, la cólera y las amenazas se nos
dan directamente a través de actos de percepción interna y sin ninguna
clase de proceso inferencial. ¿Se· deduce de ello que el significado
subjetiVO de la otra persona se nos ,da también de esta simple manera?
¿Quiere decir que nosotros percibimos directamente la intenci6n que
yace detrás de esos actos de ruego o amenaza? Seguramente se requie­
re aqui una distinción. Si "significado subjetivo" (gemeinter Sinn) es
un término que denota simplemente la actitud manifiesta exhibida
por la otra persona· -ruego o amenaza, por ejemplo-, es perfecta­
mente posible decir que percibo en forma directa esa actitud. Hasta
puedo afirmar, si se quiere, que la intuyo en un simple acto de "per­
cepción interna". Pero si el término "significado subjetivo" denota por
qué la otra persona exhibe esa actitud -su intención,por ejemplo, de
provocarme a acciones irracionales mediante sus amenazas-, es sim­
plemente falso que se me revele en forma directa ningánsignificado
subjetivo de esa clase. Más bien, ese movimiento corporal que he
1i1 Sólo en un sentido limitado podemos referimos a un cambio patológico que
ocurre en el cuerpo de otro, como indicación de su vivencia: ~ dolor físico, por
ejemplo, o sú. estado de ánimo. La formulación que hicimos en el texto es necesaria­
mente imprecisa y provisional.
52 Ignoramos aquí el caso trivial y excepcional en que uno "se comunica con­
sigo mismo" tomando notas. .
liS We,~en fltld Formen der Sympathie,págs. 301 y, sigs. [T.l•• Heath, pági­
nas 260 y sigs.]. ..
54

aprehendido .como una amenaza, sólo se me da directa.mente como


. un· estado objetivo de cosas, como algo a interpretár. Ahora bien, cuan­
do interpreto la agitación de un puño como una amenaza, introduzco,
sin darme cuenta, un contexto muy estructurado de significado. 54 Pero
aunque la conciencia· de la amenaza fuera todo ·10 directa e inmediata
que se quisiera, estaría aún muy lejos de constituir un conocimiento
intuitivo del significado subjetivo de la otra persona.
Cuando Scheler, en el pasaje citado antes, habla de intuir la expe­
riencia de la otra persona, limita sus ejemplos a los así llamados «mo­
mentos expresivos". ¿.Pero qué ocurre con otras acciones o clases de
conducta? Cuando observo a un leñador mientras trabaja ¿percibo
directamente sus vivencias? Si es así, ¿qué vivencias? ¿Sus vivencias
de esfuerzo al manejar el hacha? ¿O el motivo, quizá, por el cual la
maneja? Estas cuestiones encierran profundos problemas que encara­
remos en su momcnto. Procederemos ahora, sin embargo, a realizar
un reconocimiento preliminar de la zona en que se encuentran, exami- .
los conceptos de Weber acerca de la comprensión observacio-·
na1 y. motivacional.
Weber distingue entre dos tipos de comprensión:

La primera es la comprensión observacional directa (aktuelles Verstehen) del


significado subjetivo (gemeinter Síllll) 55 del acto dado como tal, incluidas las expre­
siones verbales. Comprendemos así por observación directa, en este sC'11tido, el sig­
=
nificado de la proposición 2 X 2 4 cuando la oímos o la leemos. Este es un caso
de comprensión racional directa de ideas. Comprendemos también una c:\presión de
nibia que se manifiesta mediante la expresión facial, exclamaciones o movimientos
irracionales. Esto es comprensión observacionaldirecta de l'eacciones emocionales irra­
. cionales. Podemos comprender, de una· manera 9bservacional similar, la acción de
un leñador o de alguien que afelTa 1111 picaporte para cemlr una puel"ta o apunta un
arma hacia un animal. Esto es comprensión observacional racional de a"C'Íones. Sin
embargo, la comprensión puede ser ele otra clase, a saber, comprensión explicati­
va (erkliirendes Ver.stehen). Así, comprendemos en términos de motivo (motiva­
tionsmassig) el significado que un actor atribuye a la proposición dos por dos igual
a cuatro, cl.1ando la formltla o la escribe, porque comprendemos 10 que le hace
hacer. eso en ese preciso momento y en esas circunstancias. La comprensión se al­
canza, en este sentido, si sabemos que la persona está .efectuando un balance en un

54 [Sinnzusammenhang es un término 11tilizado por Weber y por Schütz para


referirse a "una pluralidad de elementos que forman un todo coherente en el nivel
de signific.'1do. Existen vados modos posibles de l'elaci6nsignificativa entre tales
elementos, tales como la coherencia lógica, la armonía estétka de un estilo o la
adecuación de los medios a un fin" (Henderson y Parsons, op. cit., pág, 95 n.). "COll­
texto" y "complejo" de significado son traducciones adecuadas; "configuración" y
"matriz", que utiliza Luckmann, quizá sean el mejor equivalente euaudo Schiitz
habla m¡í.s técnicamente. Véase Lllckmann en Schütz, Collectecl Papers, II, 63.J
Il:; [Henderson y Parsons traducen gemeinter Sillfi de dos modos diferentes al
verter este pasaje: 1) como subiecti1;e meaning (significado subjetivo), y 2) como
intended meaning (significado a que se apunta). Esto se adecua perfectamente
a 10 ([ne Schütz señala al comienzo del apartado 4.1
55

libro mayor haciendo una demostración científic~,· o está realizando alguna otra tarea
de la cual este acto en· particular sería una parte apropiada. Esto es comprensión
racional de la motivación, que consiste en ubicar 'el acto en un contexto de signifi­
cado ( Sinnzusammenhang) inteligible y más inclusivo. Así, comprendemos la ac­
ción de cortar la madera o de apuntar un revólver en función del motivo que se
añade a la observación directa, si sabemos que el leñador trabaja por un salario
o está cortando leña para su propia chimenea o, quizá, lo hace por divertirse. Pero
también podría estar "abreaccionando" un acceso de rabia, y así la situación sería
ú-racional . .. En todos los casos mencionados anteriormente el acto particular ha
sido colocado en una secuencia de motivación (Sinnzusammenhang) comprensible,
cuya comprensión puede tratarse como una explicación del curso real de la con­
ducta. Así, para una ciencia que se ocupa del significado subjetivo de la acción, la
explicación requiere que se capte el complejo de significado (Sinnzusammenhang)
al cual pertenece un curso real de acción comprensible así interpretado. En todos
esos casos, aunque los procesos sean en gran medida afectuales, el significado sub­
jetivo (sub¡ektiver Sinn) de la acción, incluido tambiún el de los complejos
cativos pertinentes, recibiJ:á el nombre de signi:l:icado "a que Se apunta" (gemeinter
Sinn). Esto implica apartarse del uso ordinario, que sólo habla de intención, en este
sentido, en el caso de acción que persigue racionalmente un propósito. 5U '

Esta tesis, muy ilustrativa, merece un examen más detenido.

4. Crítica de los conceptos de comprensi6n "observacional"


y "motivacional" de Max Weber

Por el pasaje precedente debería resultar claro que Weber utiliza la


expresión "significndo a que se apunta" en dos sentidos diferentes. En
el primer caso, se refiere al significado subjetivo que la acción tiene
para el actor. Según Weber, este significado subjetivo puede compren­
derse "observacionalmente", es decir, puede ser captado por observa­
ción directa. Pero en el segundo, se refiere a la trama más amplia de
significado a la cual pertenece una acción "así interpretada" (es decir,
interpretada de acuerdo. con su significado subjetivo). Este contexto
más amplio de significado es develado por la comprensión motivacio­
nal o esclarecedora.
Consideremos la comprensi6n observacional y, bajo ese rubro,
comencemos por la comprensión observacional de "estados afectivos"
y "pensamientos". ¿Cómo podemos llegar a comprender el significado
subjetivo de esas vivencias mediante observación directa?· Es muy
difícil detenninar, como acentúa Weber mismo,51 si una acción afec­
tual dada constituye conducta significativa y, por lo tanto, acción genui­
56 Weber, Wirtschaft und Gesellschaft, pág. 3 [T. 1., págs. 96-98]; cf. tam­
bién el punto 3, ibíd., así como el ensayo de Weber, "Uber einige KategOlien der
Verstehenden SozioJogie", Gesammelte Attfsiitze zur W¡ssenschaftslehre, especial­
mente págs. 408 y sigs.
51 Weber. Wirl.vchaft und Gesellschaft, pág. 12 [T.l., pág. 116J.
56

na. Supongamos que yo «percibo internamente" la explosi6n de c6lera


de A, como diría Scheler. 0, para utilizar la terminología de Weber,
supongamos que en un acto de comprensi6n observacional capto el
aspecto del rostro dé A y sus gestos como una explosión de c6lera.
¿Pero he determinado con. ello si A está simplemente reaccionando,y
su conducta "sobrepasa la line!! de lo que puede considerarse signifi­
-cativamente orientado", si «consiste en una reacción incontrolada ante
un estímulo excepcional",o si A sufre tan s610 un acceso de mal humor
y el único significado que la explosión .tiene para él. es .la abreacción
de sus sentimientos reprimidos? La observación directa .no me da la
respuesta a estacuesti6n.Si bien sé que A está enojado, sigue siendo
oscuro para mí lo que ese enojo significa para él subjetivamente.
Ahora bien, esto vale también para la "comprensión observacional"·
de pensamientos, como ocurre en e1 caso del juicio 2 X 2 = 4. Husserl
ha distinguido recientemente dos sentidos diferentes· del significado de
un juicio.¡¡S Primero está el contenido del· juicio (Urteilsinhalt): "'que
2 X 2 = 4", En segundo lugar, está la actitud epistémica (subiektiv
doxisch SetzungsnlOdus) que la persona que utiliza o profiere el juicio
tiene respecto del contenido de éste. Puede, por ejemplo, sostener que
es en verdad cierto o s610 lo es probablemente; puede s610 sospechar
que es cierto; o suponerlo simplemente cierto a los fines del razona­
miento. 0, por último, puede negarlo. Debe notarse que el contenido
del juicio sigue siendo el mismo a través de todos estos cambios de
actitud epistéril,ica. Ahora bien, es esta misma-actitud epistémica la
que, según Weber, determina lo que "quiere significar" el que emite
el juicio. En otras palabras, lo que él significa cuando lo emite consiste
en si realmente lo cree, O s610sospecha que es cierto, y todo lo demás.
Y, sin embargo, esa .actitud epistémica es precisamente lo que no se
puede· determinar mediante la observaci6n directa. .
Encontramos una dificultad paralela cuando encaramos la com­
prensión observacional de un acto . .Weber diría. que comprendo me~
diante observación directa el signifiCado de la conducta de Un hombre
cuando lo veo realizar actos tales como cortar madera, tomar la perilla
de unapuerta para (¡obsérvese bienl) cerrarla, o apuntar un rifle a
un animal. Weber menciona estos movimientos observados del cuerpo
de la otra persona como el substrato de la comprensión observacional.
Sin embargo, es obvio que ya han sido comprendidos e interpretados
tan pronto como se les llama "corte de madera", "toma de la perilla", o
«apuntar el arma". ¿Qué ocurre si el hombre que maneja el hacha no
está realmente cortando madera sino que tan sólo parece hacerlo? .¿Qué
sucede si el hombre que toma la p,.erilla de la puerta no ló ha hecho
par~cerrarlasino que la sujeta para reparada? ¿Qué sucede si el
cazad,ot no está apuntando en absoluto, sino que solamente observa
al animal a través de la mira telesc6pica de su rifle? Es bien evidente
58 FOfmale und trmMzendentC!le Logik, pngs. 192 y sigs. [El resto de este
pnrrafo (~S tma paráfra:rl,~.] .
57

que la .comprensión observacional de la conduCta exterior de la otra


persona no' basta para contestar estas preguntas. Son cuestiones de
significado subjetivo que' no pueden contestarse observando simple­
mente la conducta de alguien, como Weber parece pensar. Por lo
contrario, observamos primero la conducta corporal y luego la ubicamos
en un contexto más amplio de significado. Una manera en que pode­
mos haccrlo es dando a la conducta en cuestión un nombre. Pero ese
contexto de significado no tiene por qué ser, y de hecho no puede ser,
idéntico al contexto de significado que reside en la mente del actor
mismo. Llamémosle contextoobje#vo de significado, por oposición al
contexto sub;etívo de significado -del actor.
Examinemos ahora la comprensión motivacional. Weber dice que
ésta consiste en comprender el contexto significativo a que pertenece
una acción, una vez comprendido el significado subjetjvo de la acción
en sí mismo. Pero en -el mi<;mo pasaje afirma que este contexto signi­
ficativo es aquél dentro del cual la acción constituiría una palte apro­
piada desde nuestro puntó de vista. Esto es confuso, si no directamente
contradictorio, pues no tenemos ninguna manera de saber si el con­
texto significativo que consideramos apropiado es el mismo que el actor
tiene en su mente. Esta es una cuestión sobre la cual volveremos más
adelante. Baste decir por el momento que hemos probado la imposi­
bilidad de la comprensión motivacional sobre la única base de la obser­
vación. Es' imprescindible disponel' de. datos derivados de alguna otra
fuente. Para comprender los motivos de una persona no bastará «eva~
luar" sus acciones sobre la base de una "instantánea" separada del
contexto. La comprensión motivacional requiere, en cambio, un dcrto
monto de conocimiento del pasado y futuro del actor. Veamos el caso
de los dos honlbres del ejemplo de Weber. Uno de ellos trabaja en
una ecuación matemática, el otro está cortando madera. La informa­
ción que resultaría esencial acerca del pasado de los dos,' hombreS
podría ser que el primero se ha propuesto demostrar algo denh'o de
la ciencia y que el segundo ha sido empleado como leñador. La infor­
mación que resultaría esencial acerca del ftttu1'O de los dos hombres
podría· ser que el científico considera que esta determinada ecuación
es importante para su demostración y que el empleador está dispuesto
a pagar por esta determinada parte de la tarea del leñador. El cono"
cimiento del pasado de los dos hombres es necesario para. que yo
pueda encontrar un contexto significativo inteligible en el cual ubicar
sus acciones. El conocimiento del futuro de los dos hombres es esencial
para determinar si sus ac~iones' en el sentido subjetivo que éstas tie­
nen para ellos resultan adecuadas al contexto significativo que ya he
reconocido.
En estos dos casos estoy buscando el "motivo". Por motivo entiende
,\7cb0r "U11 complejo de ... significado 50 que al actor mismo o al obser­
ro!) (Omitimos aqu¡ la palabm "suhjective" (subjetivo) que s610 aparece en
la versión ínglt'sa. J
58
vadol' .le parece fundamento adecuado (o significatiVo) para la con­
ducta en cuestión".60 \Veber aplica aquí con mucha lógica al contexto
significativo, que sin mayor elaboración llama el "motivo", la distin­
ción que ya trazó entre el significado subjetivo y objetivo de una
acción. Ahora bien ¿qué significa decir que el motivo es "un complejo
que al actor le parece fundamento significativo para su conducta"? Es
obvio que significa oi:ra vez dos cosas. Primero, a mí se me presenta,
.como fundamento significativo de mi conducta, una serie de eventos
futuros cuya ocurrencia me propongo producir. Estoy orientando mi
conducta hacia ese fin. Pero hay un segundo sentido en el cual hablo
a veces de fundamento significativo de mi conducta. En este caso
me refiero a mis experiencias pasadas que me llevaron a comportarme
como lo hago. En el primer caso considero mi conducta como el medio
de cumplir cierto fin deseado. Si estoy tratando de enqontrar un mo­
tivo en este sentido, me planteo la siguiente pregunta: "¿Cuáles de
todos los hechos futuros que espero que ocurran, se distinguen del
resto por el hecho de que mi expectativa de que ocurran constituye,
o constituye conjuntamente, el significado de mi conducta?" En el
segundo caso, considero mi conducta presente como el resultado de
experiencias pasadas, como el efecto de "causas" precedentes. Si estoy
buscando mi motivo en este sentido, me formulo la siguiente pre­
gunta: "¿Cuáles de todas mis experiencias pasadas se distinguen del
resto por el hecho de que constituyen, o constituyen conjuntamente, el
significado de mi conducta?" Nótese que en ambos casos el motivo
que se busca se encuentra fuera del lapso temporal de la conducta real.
Weber no logra distinguir entre estas dos cuestiones del todo
diferentes, y los resultados de esa falla, según veremos, son de vasto
alcance. Además, no contesta a la pregunta referente a si el significado
que. la acción tiene para un actor, es idéntico al que se le aparece
a éste como su motivo, es decir, al complejo de significación que éste
considera como fundamento significativo de su conducta. En otras
palabras, cuando hemos descubierto un motivo de un hombre ¿hemos
descubierto el signifícado a que apunta su acción? El uso ordinario
parecería indicar que sí. Cuando he descubierto lo que un hombre
trata de hacer y lo que en su pasado lo ha llevado a tratar de hacerlo,
¿no he descubierto el significado de su acción? Por cierto, si le pre­
gunto qué se propone al actuar de talo cual manera, contestará común­
mente de uno o dos modos. Dirá "estoy haciéndolo para . .." o "estoy
haciéndolo porque .. :'. Sin embargo, debemos aclarar que. estas for­
mulaciones son meras abreviaciones de "experiencias de significado"
muy complejas del actor, y que la formulación del "motivo" de ninguna
manera da una explicación exhaustiva de la estructura total del "signi­
ficado a que se apunta". Por lo contrario, el· actor da por sentado el
significado de su acción: es auto evidente para él en el sentido propio
del término. Si se pregunta a sí mismo cuáles eran sus motivos, toma
60 Weber, Wirtschaft und Gesellsc1/aft, pág. 5 [T.I., págs, 98-99].
59

como punto de partida ese. significado autoevidetlte y luego busca


experiencias pasadas que sean pertinentes para su acción o aconteci~
mientos futuros hacia los cuales ésta pueda conduéiI. Por lo tanto, cabe
decir que el actor debe conocer ya el significado a que apunta su
acción antes de que pueda preguntarse por el motivo de ésta. Obsér­
vese cómo se aplica esto a los ejemplos de Weber. Cuando un hombre
embarcado en la formulación de una demostración científica utiliza
para ese fin la proposición 2 X 2 4, esa proposición puede ser ya
significativa antes de que la seleccione como uno de los pasos que 10
llevan a su conclusión.. De la misma manera, el hombre que busca
empleo como leñador debe saber de antemano qué clase de tarea es
ésta antes de llegar a la conclusión de que puede ganarse la vida
con ella.
Este es el estado del problema referente a la persona que busca
el contexto subjetivo de significado al cual pertenece su acción desde
su punto de vista. ¿Pero qué ocurre con el contexto de significado que
al obse¡'vador se le aparece como base significativa de la conducta
de la persona observada? La comprensión motivacional de Weber tiene
como objeto el descubrimiento de motivos. Ahora bien, ya hemos
demostrado que el motivo de una acción no puede comprenderse a
menos que se conozca primero el significado de esa acción. Pero es el
actor quien tiene ese conocimiento, no el observador. Al observador
le falta el punto de partida autoevidente de que dispone el actor. Todo
lo que puede hacer es partir del significado objetivo del acto tal
como lo ve, tratando este significado objetivo como si fuera, en forma
incuestionable, el significado a que apunta el actor. Weber ve esto
con bastante claridad cuando dice que la comprensión motivacional
debe buscar el contexto de significado que es apropiado desde nues­
tro punto de vista (o que tielle sentido para nosotros), dentro del
cual encaja la acción, interpretada de acuerdo con el significado a
quc apunta el actor. Sin emh:'1rgo, este así llamado significado "a que
se apunta" nos da tan poca información en el caso de la comprensión
motivacional como en el de la obs(·rvacional. En ninguno de los dos
avanzamos más allá de la interpretación del significado objetivo.
La distinción que establece ",(·I)('r entre comprensión observacio­
nal y motivacional es por cierto arhitraria y no encucntra ninguna base
lógica en su propia teoría. Ambos tipos de comprcnsión parten de un
contexto objetivo de significado. La comprensión del significado sub­
jetivo no tiene cabida en ninguno de los dos. Podemos tratar a la com~
prensión observacional, cuando se ocupa de la significación subjetiva,
como si fuera una investigación de los motivos. En tal caso, debemos
estar dispuestos a aceptar la respuesta que obtenemos en un punto
conveniente' de .corte, puesto que la investigación del motivo lleva
siempre a un regreso al infinito. Por ejemplo, el leñador está mane­
jando el hacha para cortar la madera en trozos. Inversamente, podemos
tratar la comprensión motivacional como si fuera observacional. Esto
60

se hace .considerando todas las formulaciones acerCa del motivo comO


si fueran una fOl:mulación de· las. vivencias del observador resp:ectode
las circunstancias que rodean el acto. Estas experiencias deben orde­
narse, por supuesto, en una serie continua y abarca,r un lapso suficiente .
.ral serie podría consistir .en la observación de la firma del contrato
de trabajo, del mancjo del hacha, del corte de la madera y del cobro
del sueldo. Todas estas observaciones se agruparían luego como un
acto unificado del sujeto sometido a, observación: "trabajar para una
compafiía maderera". . .
Sin embargo, hay un aspecto epistemológico yálido en el fondo
dc la. discusión cntre comprensión .observacional· y motivacional. En
la vida díaria vivencíamos. directamente los actos de otro. Interpreta­
mos los hcchos externos que llamamos "acto de otro" como indicaciones
de una corriente de conciencia ubicada fuera de.Ia nuestra. En la
medida en que hacemos csas cosas, podemos "comprender" los hechos
en cuestión, int~rpretando las indi(!ncioncs a medida que ocurren, y
presenciar así directamente la acción tal como se desarrolla, presen­
ciarla "en el modo dc la actualidad". La comprcnsión observacional
se m,foca cntonces sobrc la acción. micntras ésta ocurre, y nosotros,
C01110 sercs quc vivcn al mismo tiempo que el actor y comparten su
presente, participamos vivcncialmcntc en el curso mismo de su· acción.
Por lo tanto, la comprensión obscrvacional o directa consiste simple­
mente, en esencia, en. la comprensión que ejercitamos en la vida diaria
ell nuestras relaciones direCt~s con las demás personas. Sin embargo, y
precisamcntc pol'· csá razón, la inferencia que va de la conducta mani­
fiesta al significado a que sc apunta, ubicado detrás de ella, no resulta
en absoluto una cosa neta y clara.tl1 .
La comprensión motivacional, por otra parte, no está vinculada
con el mundo de la realidad social directari1ente viveneiada (Umwelt) •
Puede tomar corno objeto cualquier acción de los mundos más d~stantes
de los contemporáneos (Mitwelt) , o los predecesores (Vorwelt) , o
aun, cn cicrta medida, de los sucesores (Folgewelt).62 En efecto, esta
elnsc de comprensión no toma corno punto de. partida una acción en
curso. Más bien, como demostraremos más adelante, su objeto es el
acto cumpliclo. Este puede considerarse como algo realmente comple­
tado en el pasado o Co1110 algo cuya forma fuhu'u completada se entrevé
en un momel1to dado. Puede considclÍtrse16 como motivo en función
del origen o motivo en función del fin, según dijimos más alTiba. Ade­
más, debe llotarse que la comprensión motivacÍonal parte de la base
dc un significado objetivo establecido, que constituye simplemente una
indicación de la existencia de un significado subjetivo. Esta es una razón
más para que se pueda obtcner un grado tanto mayor de claridad y
exactitud científica en la comprensión motivacional. De esto debemos
a su vcz concluirquc la "coDlprcnsión interpretativa", que define a
Gl I1nsserl, Logische Unfer.Sl/chtmgclJ., JI, 25.

G:! Estos témlinos se d<>fíl1irún con precisión en el cap. IV,

61

la sociología comprensiva, no puede ser comprensión observacional.


Más bien, el método científico para establecer el significado subjetivo
es la comprensión motivacional, mientras la clase de comprensión pro­
pia de ]a vida diaria es de carácter. observácionaJ. .
Pero con esto no terminan, de ninguna manera, nuestros probie­
mas. Hemos visto que el significado a que se apunta es inaferrable na
sólo por el simple acto cotidiano de "captar el significado", sinolam­
bién por las dos clases de comprensión. Hemos visto, además, que la
conducta externa es meramente una "indicación" de la existencia del
significado subjetivo, y que todos los contextos de. significado sólo se
nos dan en forma objetiva. En la medida en que hemos trazado una
neta distinción entre Significado subjetivo y objetivo, debemos analizar
más detenidamente estos dos conceptos para poder seguir adelante.

5. Significado subietivo y objetivo


Hasta ahora hemos estado utilizando el término "significado objetivo"
en un sentido puramente negativo,. es decir, para referirnos a un signi­
ficado di&tinto del subjetivo que reside en la mente del actor. Es el
momento de formular en detalle el significado positivo que asignamos
al térnlino. .. .
Supongamos que MI sea el significado que una determinada acción
A tiene para un determinado actor X, y que la acción A se mallifiesta
mediante algún movimiento corporal de X. Digamos que A es obser­
vado por su amigo F y por e] sociólogo $. Supongamos, además, que
la acción: A tiene sentido para ambos observadores. Los dos vincularán
entonces el curso externo de la acción A, que toman como una indi­
cación de las vivencias subjetivas de X, con un significado. Sin em­
bargo, ya hemos demostrado que el significado M1 a que apunta X
con su acción, no puede descubrirse ni mediante la comprensión obser­
vacional ni mediante la motivacional. Lo que ocurrirá entonces es que
F interpretará, sobre la base de su experiencia práctica, la acción exter­
na A como dotada del significado M2, y S asignará además a ]a acción,
sobre la base de los constructos típicos ideales de la sociología com­
prensiva, un tercer significado, W. Mientras en la terminología de
Weber, Ml sería el significado subjetivo o aquel al que A apuntaba
.con su propio acto, M2 y M!I constituirían el significado objetivo de
este acto. Pero después de todo, M2 sólq es el significado objetivo relativo
a F, y MlI sólo es el significado objetivo relativo a S. Por ]0 tanto, la
ca]ificaci6n de M2 y M3 como contenidos significativos objetivos equi­
vale meramente a decir que son disl ¡níos de MI. De hecho, puesto
que MI sólo puede inferirse a partir de la evidencia de la conducta
exterior de X, el significado a que apuhta puede ser considerado como
un concepto límite con e] cual M2 y M3 nunca coincidirían, aun en
condiciones 6ptimas de interpretación. .
Tratemos de aclarar el concepto de significado objetivo tal como
62

se ejemplifica en M2 y W. Debe "eliminarse de inmediato una inter­


pretación, según la cual M2 es el significado subjetivo que F da al acto
A de X, y que M3 es el significado subjetivo que le da S. Tal interpre­
tación se apartaría enteramente d~ lo que piensa Weber cuando utiliza
la expresión "significado subjetivo o al cual se apunta". En efecto, es
obvio que una acción sólo tiene un significado subjetivo: .el del actor
mismo. Es X quien da significado subjetivo a su acción, y los únicos
significados subjetivos que le dan. F y S en esta situación, son los sigc
nificados subjetivos que dan a sus propias acciones, es decir, sus accio­
nes consistentes en observar a X. Es obvio que existen tantos enigmas
en tomo del problema del significado" subjetivo que es muy difícil
esperar, en csta etapa inicial de la discusión, que logremos una com­
prensión cIara de su naturaleza.
F y S ven, por supuesto, la acción A como un hecho del mundo
exterior. Como viven en ese mundo, tratan de comprenderlo. No sólo
viven en sus vivencias subjetivas, sino que reflexionan sobre ellas. No
sólo tienen una vivencia directa del mundo, sino que piensan y hablan
de sus vivencias, utilizando conceptos y juicios. De este modo, expli­
can ellos sus vivencias del mundo, comprendiéndolas mediante esque­
mas interpretativos. El mundo y la manera en que lo vivencian tienen
sentido para ellos tal como lo tienen para usted, para mí y para
cualquier ser racional. Este uso de los términos "sentido" o "'signifi­
cado" sólo quiere decir que un ser racional asume una cierta actitud
hacia un objeto cualquiera con el que se enfrenta. Puesto que F y S
vivencian el curso de la acción como un hecho de su mundo, la expe­
rimentan pre-predicativamente, y proceden a explicarla, es decir, a
"interpretar" esta experiencia suya; y el significado que tal vivencia
tiene para ellos es meramente una explicación de un aspecto de su
propia experiencia. .
Pero los fenómenos del mundo externo no sólo tienen significado
para usted y pam mí, para F y para S, sino para cualquiem que viva
en él. Sólo hay un mundo externo, el mundo público, y se da igual­
mente a todos nosoh'os. Por lo tanto, todo acto mío mediante el cual
doto al mundo de significado se remonta a algún acto de dotación de
significado (Sinngebung) 03 de parte de usted con respecto al mismo
mundo. El significado se constituye, por lo tanto, como un fenómeno
intersubjetiva. El problema de cómo puede deducirse transcendental­
mente la intersubjetivid.:'ld de todo conocimiento y pensamiento excede
el ámbito del presente estudio, aunque su análisis esclarecería por
completo el concepto de significado subjetivo. Este problema de toda
fenomenología del conocimiento, que es el más difícil y fundamental,
lo formuló Husserl en su L6gioa formal y' transoendental, ()<l pero de
ninguna manera lo resolvió.
63 [Husserl, Logische Untef'.~uclltlngen, JI, 37. Cf. tamhién Farber, The Foun­
dation of Phenomenology, págs. 227 y 232-36.1
64 Especialmente § 96, págs. 210 y sigs. Cf. también Husserl, Méditations
63

Cuando hablamos de significado objetivo,' no s610 nos referimos


a los contextos amplios de significado que acabamos de examinar. Nos
proponemos también atribuir significado objetiv,o a ciertas objetivida­
des ideales (idealen Gegenstandlichkeiten), tales como los signos y las
expresiones. Al hacerlo así, queremos decir que esas objetividades idea­
les son significativas e inteligibles por. sí mismas -por así decirlo, en
su naturaleza anónima-, prescindiendo del hecho de que alguien las
piense, de que alguien las utilice. Por ejemplo, la expresión 2 X 2 = 4
tiene un significado objetivo aparte de lo que pase en la mente de
cualquiera o de todos los que la usan. Una expresión lingüística puede
ser entendida como un complejo objetivo de significado sin referencia
a Jos fu'1blantes de ese lengqaje. Un tema de la Novena Sinfonía tiene
significación en sí mismo, dejando totalmente de lado la. cuestión de
10 que Beethoven trató de expresar con él. En este caso el tél'Inino
"significado objetivo" significa una unidad de significado considerada
como objeto ideal. Pero en la medida en que una expresión puede ser
considerada en función de lo que significa (Bedeutung), se la puede
tener por verdaderamente objetiva. En sus Investigaciones L6gicas
Husserl nos enseñó a distinguir entre el "significador" ( Bedeuten)
como acto, y "lo que es significado" (Bedeutung) , el último de los
cuales constituye una unidad ideal en contraste con la multiplicidad
de todos los actos posibles de significar. La distinci6n establecida por
Husserl entre expresiones "esencialmente subjetivas y ocasionales",
por una parte, y expresiones "objetivas", por la otra, es sólo un caso
especial de esta introvisión general y fundamental/15 "Una expresión
es ob;etiva si impone su significado por la m('J'a acción de] contenido
manifestado en sonidos, y puede comprenderse sin tener en cuenta
la persona que la pronuncia o las circunstancias en que se la pronun­
cia:" Por otro lado, una expresión es esencialmente sub1etiva y ocasio­
nal cuando es "tal que su significado ocasional y real debe orientarse
con respecto a L'1 persona que habla y a su situación".oo
Ahora bien, la cuestión reside en saber si este sentido del término
"significado objetivo" es el mismo en que pensábamos al identificar
el significado objetivo de la acción A con las dos interpretaciones de
significado, M2 y MS, que F y S daban de esa acci6n. Este no es evi­
dentemente el caso, ni lo sería aunque la acción de X fuera la mani­
fcstaci,ón de una expresión dotada de significado objetivo, tal como
una frase. En efecto, en último análisis F y S no están interesados en
lo que X tiene que decir, o sea, en· el contenido de su formulación
considerada como una objetividad ideal. Más bien, cualquier obser­
cartésiennes, Medítaci6n V [T.I. del texto alemán, Carlqsian MedltatlonS, por Donon
Caims (La Haya, 1960)] . .
61; [Remitimos al lector al conciso resumen de los puntos de vIsta de Husserl
sobre estas cuestiones, que se enc\1enh'a en Fnrber, Tlle Foundatlon af Pllenomeno­
logy, págs, 237 Y si¡.,ts.; d. también págs, 231-32.J
66 Logische Untersuc1wngen, n, 80. [Véase la trad. ingl. de las palabras de
Husserl, en Farber, op. cit., pág. 237.]
64

vador del mundosociaI se interesa en la interpretación del fenómeno


por el cual X manifír3sta.esta fommlación aquí, ahora, y de tal o cual
manera. (Por manifestación queremos significar los movimientos de
los labios, las ondas sonoras, los significados lé,¡;icos y los significados
de las oraciones.) Esta interpretación consiste en tomar la manifesta':'
ción como un signo de que X está experimentando ciertas vivencias cons­
cientes, de las cuales sería un ejemplo el hecho de tener una intención.
Desde este punto de vista, el contenido preciso de la manifestación es
sólo de interés indirecto. Lo que F y S' desean saber es si X lo dijo y
por qué. En la terminología que hemos establecido hasta ahora, sería
más adecuado decir que la manifestación de la formulación realizada
aquí y ahora por X es objetivamente significativa.
Ahora bien, las. objetividades ideales (idealen Gegenstanálich­
keitell) que constituyen el contenido significativo de laS expresiones y
de los grandes sistemas del lenguaje, el arte, la ciencia, el mito, etcé­
tera, de los que SOn parte inseparable, desempeñan sin duda un papel
propio y específico en la intel'pretaciónque cada uno hace de la con­
ducta de las demás personas. Todas esas interpretaciones presuponen
el uso de esquernás interpretativos. Esto vale también para el caso en
que se explica el significado objetivo observable por parte de F y S
cuando ocurre la acción A. La interpretación de tales cursos de acción
se produce regularmente según esquemas disponibles de antt-'lllano,
aunque sean seleccionados por F y S y, por lo tanto, relativos a ellos.
Nuestro análisis, hasta aquí sumario y superficial, debe dirigirse
ahora hacia un nivel más profundo. Los dos conceptos de significado
subjetivo y objetivo 67 sufrirán durante este proceso una modificación
de gran alcance, y sólo al final del capítulo 111 estaremos en condicio­
nes de dar una definición satisfactoria de cada uno de ellos. En este
punto nos contentaremos con agregar unas pocas observaciones preli­
minares acerca de la orientación de nuestras investigaciones.
Nuestro tratamiento de los diferentes sentidos del término "signi­
ficado objetivo" ha dejado en claro que llamamos "significativas" a las
objetivaciones reales e ideales del mundo que nos rodea, tan pronto
como enfocamos nuestra atención sobre ellas. cs Sabemos desde que
67 Para que no haya ninguna confusión con un concepto que se puede encon­
trar en 1ma cantidad de autores contemporáneos, debe Dotarse que nuestro uso del
término "significado objetivo" carece de implicancias axioI6gic<'1.s. El hecho de que
el significado objetivo pueda presuponer ocasionalmente valores objetivos (ob;ektice
Werre), y de que las obje.tividac;les (Gegenstandlichkeiten) ideales estén constitui­
das a partir de valores ohjetivos, son cuestiones que exceden el ámbito dé e~1e
estudio.
os ["Sobakl roir sie in spezifischen Zuwendungen umeres Bewusstseim auffas­
sen." Husserl emplea el término Zuwendung para sit,,'lmic<ll' un "vo]verse hacia" o
"dirigir la mirada hacia" el objeto intencional; que con ello es "conocido de una
manera general". Está presente en todo acto de aprehensión, evaluación, fantasía,
etcétera, pero "no es en si mismo un acto propiamente dicho'~. Es "lo perceptivo en
la percepción, lo fantasioso en la fantasía, ]0 aprobatorio en ]n aprobación, lo volitivo
en la voluntad, etcétera" (Ideas, §37; T. l., págs. 121-22).]
,

~
65
Husserl escribió Ideas 69 que la dotación de significado es el acto por
el cual se "animan" las viwncias puramente sensoriales ("datos hilé­
ticos") .Lo que ante una m rada sumaria se presenta como significativo
¡

ya se ha constituido com., tal a raíz de una operación intencional


previa de nuestra conciencia~ El tratamiento más profundo que da
Husserl a esta cuestión se encuentra en.su Lógica formal y transcenden­
tal, aunque en esa obra se ocupa de la esfera de las objetividades lógi­
cas. Explica Husserl el proceso por el cual se origina el significado y
observa que la intencionalidad es en realidad una síntesis de diferentes
operaciones,

que están incluidas en la unidad intencional existente en un momento dado, y en la


manera en que se dan en cada ocasión, como una serie sedimentada de estratos [sedi­
mentierté Geschichte], una serie de estratos que, sin embargo, en cada caso puede
d8f)clarse mediante un riguroso método de investigación. 70
Cada estructura de significado puede analizarse en función de la estratificaci6n
de significado que le es esencial. ... Todas las unidades intencionales tienen un
origen intencional, son unidades "constituidas" y en cada caso uno puede sometel
las unidades "completadas" a un análisis en función de su origen total y, por supues­
to, de su forma esencial, que debe captarse eidéticamente.71
Mientras el "análisis estáticó' está gobernado por la unidad del objeto [Gegen­
stand] a que se apunta y de esa manera, por el modo no claro en que se da, siguien­
do su referencia. como modificación intencional, resiste·· la clarificación, el análisis
intencional genético se dirige, en cambio, a todo el contexto 90ncrato en que se
ubica cada conciencia y su objeto intencional como táI.72

Este fenómeno de constitución. puede estudiarse en el análisis de la


intencionalida.d .genética y, a partir de una comprensión de esa inten­
cionalidad, es posible rastrear la génesis del significado. Inversamente,
toda· objetividad que pueda considerarse como un contenido signifi­
cativo ya dado y constituido, es susceptible de análisis en función de
su estratificación significativa. El yo solitario puede adoptar uno
de estos dos puntos de vista. Por un lado, puedo considerar al mundo
que se me presenta como completo, constituido y que debe darse por
sentado. Cuando lo hago, excluyo de mi percepción las operaciones
intencionales de mi conciencia, dentro de las cuales ya se han consti­
tuido sus significados. En tales oportunidades, tengo ante mí un mund~
de objetos reales e ideales, y puedo afirmar que ese mundo es signi­
ficativo no sólo para mi sino también para usted, para· nosotros y para
cualquiera. Esto ocurre precisamente porque yo no presto atención
a los actos de conciencia que una vez les dieron significado, sino por­
que ya presupongo, como dada sin cuestión, una serie de contenidos
69 Ideen, págs. 172 y sigs. [T.L, págs. 241 y sigs.].
10 Formale ulUl Traf'/nendentale L()gik, pág. 211.
n Ibid., págs. 184-85.
72 lbíd., pág. 271.
66

significativos muy complejos. La estnxcturasignificativa abstraída de


esta manera de su génesis es algo que puedo considerar como dotado
de un significado objetivo, como significativo en sí mismo, del mismo
=
modo que la proposición 2 X2 4 es significativa independientemen­
te del lugar, la oportunidad o la persona que la afirma. Por otro lado,
puedo dirigir mi mirada hacia las operaciones intencionales de mi con­
ciencia que confirieron originariamenté los significados. Entonces ya
no tengo ante mí un mundo completo y constituido, sino un mundo
que sólo se está constituyendo ahora y que se va constituyendo siempre
de nuevo en la con'iente de duración de mi yo: no un mundo de ser,
sino un mundo que está deviniendo y muriendo, o, mejor dicho, un
mundo en surgimiento. Como tal, es significativo para mí en virtud
de esos actos intencionales de asignación de significado de los cuales
me vuelvo consciente al contemplarlos en forma reflexiva. Y como
mundo que se está constituyendo, nunca completado, sino siempre en
proceso de fonnación, señala el hecho más básico de mi vida cons­
ciente, mi percepción dél curso o pasaje real de mi vida, mi duración;
para utilizar la palabra de Bergsqn, mi durée,13 o, según la tenninolo­
gía de Husserl, mi conciencia temporal interna. 74 En la vida diaria, al
tomar como tomo la posición de la actitud (o punto de vista) natural,75
vivo dentro de los actos mismos dé asignación de significado y sólo
soy consciente de la objetividad constituida en ellos, es decir, el sig­
nificado objetivo. Sólo después que yo, "mediante un esfuerzo peno­
so", como dice Bergson, me aparto del mundo de los objetos (Gegen­
mande) y dirijo mi mirada a mi corriente interna de conciencia, sólo
después que "pongo entre paréntesis" 76 el mundo natural y no atiendo
más que a mis experiencias conscientes dentro de la reducción feno­
menológica, me vuelvo consciente de este proceso de constitución. El
problema del significado objetivo y subjetivo es completamente desco­
nocido para el yo solitario que toma la actitud natural. Sólo llega a
luz después de realizada la reducción fenomenológica; y en la medida
en que concierne al dominio de los aspectos lógicos y a la antítesis
correspondiente de lógica "formal" y "transcendental", ha sido formu­
lado con incomparable maestría por Husserl.
73 Essalsur les données Immédiates de la conscience (París, 1889) [T.I., Time
andFree Will, por F. L, Pogson (Nueva York, 1912; también 1960)]; Matlere et
mémoire (París, 1896) [T.l., Matter and Memory, por N. M. Paul y W. Scott Pal­
mer (Nueva York, 1959)]; L'Ev{)lution créatrice (París. 1907), [T.I., Creative EV(J·
lution, por Arthur Mitchell (Nueva York, 1911)]; L'Energle spirituelle (París, 1920)
[TJ., Mind Energy, por H. Wildon Carr (Nueva York, 1920)]; Introduction ti la
métaphy8ique (París, 1903) fT.I., Introduction fo Metaphy8ics, por T. E, Hulme
(1955)]; y finalmente, Durée et 8imultanétté (París, 1922). .
'14 Vorlesungen zur Phanomenologie des ínneren Zeitbewusstseins (oo. Heideg.·
ger), Suppl. VIII, Jahrbuch fUr Phílosophie und phiinmnenologische Forschung, volu··
men IX (Halle, 1928) [T.I., The Phenomenology (Jf Internol Time Consciousness,.
por James S. Churchill (Bloomington, Ind., 1964]. Este tema será tratado en detalle
en el capitulo siguiente.
76 [Cf. Husserl, Ideas, § 1; T, l., pág. 51.]
'16 [Ibíd., §§ 31-32; T.I., págs. 107-11.)
t~ 67

La distinción entre las dos maneras de enfocar lo significativo,


··que acabo de señalar, no es sin embargo idéntica a la que establecemos
entre significado objetivo y subjetivo. Hemos encontrado este último
problema en el curso de un análisis de la interpretación significativa
del mundo social. El "significado" no era para nosotros el "predicado"
genérico de mi conciencia intencional, sino que tenía una connotación
social específica. Cuando pasamos a la esfera social, se agrega, dc
hecho, al par dc conceptos "significado objetivo y subjetivo" una llUeva
significación, sociológicamente importante. Por un lado, puedo aten­
der a los fenómenos del mundo externo, que se me presentan como
indicaciones de la conciencia de otras personas, e interpretarlos por
sí mismos. Cuando lo hago, digo de ellos que tienen significado obje­
tivo. Pero por otro lado, puedo mirar más allá y a través de estas
indicaciones externas, para penetrar en el proceso constituyente que
ocurre dentro de la conciencia viva de otro ser racional. Lo que me
interesa entonces es el significado subjetivo. Lo que llamamos el mun­
do del significado objetivo se abstrae, por lo tanto, en la esfera social,
de los procesos constituyentes de una conciencia que asigna significado,
sea la de uno mismo o la de ob'o. Esto da por resultado el carácter
anónimo del contenido significativo que se predica de él, y también
su invariancia respecto de toda conciencia que le ha dado significado
mediante su propia intencionalidad. En contraste con esto, cuando
hablamos de significado subjetivo en el mundo social, nos referimos
a los procesos. constituyentes que ocurren en la conciencia de la per­
sona que produjo lo que es objetivamente significativo. Aludimos
entonces al "significado a que apunta" esa persona, sea que dé cuenta
de estos procesos constituyentes o no.· El mundo del significado sub­
jetivo nunca es, por lo tanto, anónimo, pues sólo constituye en esencia
algo que depende de la intencionalidad operante de una conciencia-yo
-la mía o la de algún otro~ y aun se encuentra dentro de ella. Aho­
ra bien, en el mundo social puede plantearse en principio la cuestión
-y esto mediante una técnica especial que aún debemos describir­
referente a cuál es el significado subjetivo de un dato cualquiera de
contenido significativo objetivo que atribuimos a la mente de otro.
Además, puede afirmarse que es posible comprender el contenido sig­
nificativo con un grado máximo de claridad, Podemos satisfacer este
requerimiento si, con la expresión "significado subjetivo", sólo quere­
mos significar la referencia de objetividades constituidas (Gegenstiind­
lichkeiten) a la conciencia de otros.7'l' Por ob'a· parte, no tendremos
éxito si con la expresión "significado subjetivo" queremos indicar el
"significado a que apuntan" otras personas. Este último concepto sigue
siendo limitativo, aun en· condiciones óptimas de interpretación. Lo
demostraremos más adelante. 78 Todo esto requiere un es.tudio exhaus­
'l7 0, en la esfem del yo solitario; al "sÍbmificado a que se apunta",que se
constituye cada vez en la propia conciencia,

78 Véase el capítlillQ IIJ, apartado 19, más abajo.

68

tivo que realizaremos en el capítulo III, .Baste decir aquí, enfática~


mente, que la captación máxima posible ae significado subjetivo en
el mundo' sOcial no puede esperarse en el nivel Ut' sentido común. En la'
vida ordinaria detenemos el proceso por el cual interpretamos los sig~
nificados de Qtras personas. cuando lo ya descubierto basta para con­
testar a nuestras preguntas básicas; en síntesis, nos detenemos en el
punto que tiene pertinencia directa con la respuesta que' nosotros mis~
mos daremos. La investigación del significado subjetivo de otra per­
sona se abandonará, muy probablemente, si su acción se nos vuelve
evidente como contenido objetivo, de una manera que nos exime de
tomarnos otras molestias. Esto es, quizá, más obviamente cierto en lo
que respecta a la así llamada acción estrictamente "racional",'l9 por
parte de la persona que observamos. En tales casos el significado mani­
fiesto nos es suficiente para responder en forma apropiada; por lo
tanto, no tratamos de interpretar la conducta de la otra persona más allá
de un nivel relativamente superficial. En los demás casos, si abrigamos
alguna duda acerca del significado objetivo de la .conducta de una
.
persona, nos preguntamos: "Q ¿ ue, se propone est ? ", et ce'tera.
a persona.
En esa medida, podemos decir que toda interpretación de significado
del mundo social está "pragmáticamente determinada".

6.. Transici6n al análisis del p"oceso constituye,zte. Clarifical,,'iÓn


del concepto de "atribuir sigilificado a un odO"

Para esclarecer la esencia de la sociología comprensiva, hemos tomado


como punto de partida la definición que da Weber acerca de la acción
social. En nuestra primera etapa hemos analizado la afirmación: "El
actor atribuye un significado a su acción". Realizamos parte .de ese
análisis en el apartado 2, pt'TO nos resultó necesario hacer una disgresión
para esclarecer los conceptos de significado objetivo y subjetivo. Pode­
mos retomar ahora el hilo principal.de nuestra argumentación.
Ante todo, debemos señalar una ambigüedad que encierra el tér­
mino "acción". Esta palabra puede significar, ante todo, el acto. ya
constituido (Handlung), considerado como una unidad completada,
un pro~ucto terminado, una Objetividad. Pero en segundo lugar puede
significar la acción en' el curso mi<¡mo en que se constituye, y, como
tal, un flujo, una secuencia en curso de hechos, un proceso de produc­
ción de algo, una realización. Toda acción, sea mía o de otra persona,
puede presentárseme bajo estos dos aspectos. Mi acci6n fal como ocu­
rrese me presenta como una serie de vivencias existentes y presentes,
vivencias que nacen y mueren. La accwn a que tiendo (intendiertes)
se me presenta como una serie de vivencias futuras. Mi acto terminado,
completado (<;lue es mi acción luego de expirada) se me presenta
como una serie de vivencias terminadas que contemplo en mi memo­
79 [Cf. Weber, Wirtachaft und Geaell$chaft, T. l., pág. 92.]
69

ría. El significado de mi acción no consiste sólo en las vivencias de


conciencia que· tengo mientras la acción ~stá en. curso, sinó también
en aquellas vivencias futuras que constituyen la acción a que tiendo,
y en aquellas pasadas que cOllstituyen mi acción completada. Podemos
utilizar en este punto la distinción que hicimos al final del parágrafo
precedente, entrt') contenidos significativos que ya están constittúdos y
contenidos significativos aún en proceso de constitución. La distincióll
puede ampliarse ahora específicamente para abarcar la acción, de
manera de diferenciar entre la acción en progreso (actEo) y el acto ya
terminado y constituido (actum), que la primera ha producido.
En forma similar, deberíamos distinguir entre la acción de otra
persona y. su acto. Las vivencias conscientes de otra persona, cnlas
cuales se constituye su acción, se nos presentan como hechos del mun­
do exterior. Estos pueden consistir en sus movimientos corporales o en
los cambios producidos en el mundo exterior por tales movimientos.
En todo caso, interpretamos esos movimientos o cambios como indi­
caciones de las vivencias conscientes de otra persona. Ahora bien,
podemos considerar esas indicaciones sea como la actio de la otra per­
sona o como su actum, según que nl.lcstra atención se enfoque sobre su
conducta, mientras sucede ante nuestros ojos, o sobre la objetividad
del acto (Handlungsgegenstiindlichkeit) producido y constituido por esa
conducta.
Por lo tanto, un acto es siempre algo realizado (einGehandeltwor­
den-sein) y puede considerárselo independientemente del sujeto que
actúa y de sus vivencias. Todo acto presupone una acción, pero esto
no significa,' de ninguna manera, que la referencia a la acción deba
entrar' en el examen del acto. En contraste con el acto, la acción está
ligada al suceso. Mientras el acto se cumple, por así decirlo, en forma
anónima, la acción constituye una serie de vivencias que se forman
en la conciencia concreta e individual· de algún actor, sea yo 'mismo
u otro.
Ya hemos visto que sólo estudiando la estructura de la configura~
ción significativa en la corriente de una conciencia-yo podemos llegar
a comprender la profunda'diferencia que existe cntre el significado
objetivo y el subjetivo. El significado se remite a la conciencia tempo­
ral interna, a la durée en la cual se constituyó originariamente y en su
sentido más genérico .. Esta afirmación queda confirmada en nuestro
análisis de los conceptos de acción y acto. Toda. acción ocurre en el
tiempo, o más precisamente en la conciencia temporal interna, en la
durée. Es una.realización inmanente a la duración. El acto, en cam­
bio, es 10 cumplido transcendente a la duración.
Aclarado este punh), podemos volver a la cuestión referente a qué
quiere decir Weber cuando afirma que el actor atribuye significado
a su acción.. ¿Atribuye el actor significado a su acción o a su acto
en el sentido en que hemos definido esos términós?' En otras pl11abras7
70
¿son los proc«;lsos conscientes que se constituy~n en su durée aquello
a lo cual él atribuye significado,. .o-es el hecho completado y constituido?
Antes de responder a esta cuestión, debemos señalar que hablamos'
metafóricamente cuando decimos que un significado se «atribuye" a
un acto. Esto también es cierto respecto de Max Weber. En efecto,
aUllque el concepto de acción de Weber, como el de Sander,80 contiene
una cantidad de ambigüedades, hay algo en, él que' es seguro, y es el
hecho de que para Weber «acción" no significaba el evento típico o·
el movimiento corporal por parte del acto. Ni creía él que el significado
fuera algo que el individuo en cuestión "aplicaba" a su movimiellto
corporal, ell el sentido de colocarlo en una trayectoria paralela, en una
especie de annonía preestablecida. La definición que da Weber de la
acción incluye tambiéll, en realidad, la conducta o actividad interna 81
de una persona, ell la medida en que ésta pueda ser considerada apro­
piadamente como significativa. Según hemos demostrado, no debe
entenderse que de acuerdo con esa tesis toda conducta que no sea
acción carezca por lo tallto dE) significado. Weber quiere decir obvia­
mente que la acciém, a diferencia de la conducta en general, tiene una
clase específica de significado.
La plimel,'a earacterÍstica que se nos presenta como manera posible
de diferenciar entre acción y conducta es la naturaleza voluntaria de
la acción, en contraste con la naturaleza automática de la conducta. Si
esto hubiera sido lo que Weber pensaba cuando definió la acción como
conducta significativa, el significado consistiría en elección, en deci­
sión, en la libertad para comportarse de una cierta, manera mientras
no se está forzado a proceder de otra. Sih embargo, sólo atenderíamos
COn esto a uno de los dos significados del ténnino '1ibre elección". Ese
término abarca hechos conscientes muy complejos, y tales hechos re­
quieren estudio' sistemático. El fenómeno de la "voluntad" no debe­
ría quedar de ninguna manera sin analizar, como una vaga etiqueta
que se utiliza para describir una posición metafísica. Más bien, el
análisis de la conducta voluntaria debe realizarse sin referencias a
problemas metafísicos.
Una segunda diferencia superficial distingue la acción como con­
ducta que es consciente, de la conducta inconsciente o reactiva. En
este caso, el significado "atribuido" a la conducta consistiría precisa­
mente en la conciencia de esa conducta. Sin embargo, lo que "se
cOlloce" en esa conciencia es evidentemente la verdad acerca de la
80 Sandcl', "1),,1' Gcgenstand der reinen Gesellschaftslehré', págs. 867 y sigs.
Sl [Illnerliclws \!erhalten. En sus escritos posteriores Schütz distingue entre
"behavior" (comportamiento) y "conduct" (conducta). Hace notar que el primer
término "incluye en el uso actual también las manifestaciones subjetivamente no
sih'l1ifícativas de espontaneidad, tales como los reflejos" (Collected Papers, 1, 211).
Cuando está presente el significado subjetivo, Schützprefiere el ténnino "conducta".
Sin embargo, como Schiitz en la presente obra analiza el concepto de Verhalten de
'''eber, hemos preferido traducir con "bebavior", aun en los casos en que tengamos
que referimos a "inner behavior" (cOllducta intema), sobre todo porque resultarfa
aun 'más chocante la expresión "inner conduct";]
71

conducta tal como se revela a aquel cuya conductá. constituye. Hus­


sed ha mostrado en su Lógica formal y transcendental cuán difícil
resulta develar esa verdad. Por ejemplo, constituye un problema com­
plicado averiguar si la conducta de;; una persona le es simplemente
conocida en una manera particular de darse, o si existen más bien
diferentes modos o tiempos en que se da la conducta pasada, presente
y futura (es decir, a que se tiende). Este problema debe esclarecerlo
ineludiblemente quien se proponga analizar la conducta significativa:
El breve examen que dejamos expuesto debería bastar para mos­
trar que se requiere un análisis del proceso constituyente (Konstitutíons­
analyse) , para poder comprender el concepto de acción significativa.
En una palabra, debemos examinar la formación y estructura de aquellas
vivencias· que dan significado a una acción. Sin embargo, esta investi­
gación debe proceder en un nivel aun más profundo. En efecto, incluso
10 que llamamos conducta cs ya significativo en un sentido más pri­
mitivo del término. La conducta como vivencia difiere de todas las
otras vivencias por el hecho de que presupone una actividad del yo.
Por 10 tanto, su significado se establece en Actos dentro de los cuales
el yo asume una actitud o posición después de otra. Sin embargo,
puedo atribuir también significado a aquellas de mis vivencias que
no implican actividad (Aktivitiit). Aun el hecho de que me vuelva cons­
ciente del significado de una vivencia presupone que la percibo y la
«selecciono" de entre todas mis otras vivencias. En cada momento
de su duración el yo está consciente de su estado corporal, sus sensa­
ciones, sus percepciones, sus Actos de toma de actitud y su estado
emocional. Todos esos componentes constituyen el "así" (So) de cada
Ahora (Jetzt) de la vida consciente del yo. Si digo que una de esas
vivencias es significativa, sólo lo hago porque al prest':!rle atenci6n la
he "seleccionado" y distinguido de la plenitud de vivencias que coexis­
ten con ella, la preceden y la siguen. Llamaremos experiencias "dis­
cretas" (wohlumgrenztes) a las que han sido "seleccionadas" de esta
manera, y diremos que les "atribuimos un significado". Acabamos de
definir el sentido primero y más primitivo de la palabra "significado".
Nótese, sin embargo, que nosotros mismos utilizamos la expresión
"atribuir un significado a'~, metáfora que antes habíamos objetado. El
curso posterior de nuestras investigaciones justificará plenamente nues­
tra actitud negativa respecto de esa metáfora. El significado de una
vivencia no es de ninguna manera una nueva vivencia adicional y
secundaria que "se adjudique" de algún modo a la primera. Tampoco
es en absoluto un predicado de una vivencia individual, conclusión que
sugerirían usos tales como "tener significado", "transmitir significado"
y "significativo", Anticipándon@s a la exposición, diremos que el signi­
ficado es una cierta manera de dirigir la mirada hacia un aspecto de
-una vivencia que nos pertenece. Se "selecciona" así cse aspecto, que
se vuelve discreto mediante un Acto reflexivo. El significado indica,
por lo. tanto, una actitud peculiar por parte del yo hacia el flujo de
72

su propia duración. Esto sigue si~ndo cierto en todos los estadios y


niveles de sigIÚficado. Por lo tanto, es completamente enónea la teoría
que sostiene que la conducta de alguien se· distingue de su vivencia
consciente de esa conducta, y que el significado sólo pertenece a esta
última. La dificultad reside fundamentalmente en el lenguaje que, por
ciertas razones profundas, hipostasía como conducta determinadas
vivencias d~ las· cuales nos volvemos c'Onscientes y luego predica de
esta conducta, como sigIÚficado, la manera misma de dirigir la mirada
hacia las vivencias, que las transformó justamente en conducta. Exac­
tamente de la misma manera, ·la acción es sólo· una hipóstasis lingüís­
tica de vivencias a las cuales hemos prestado atención y cuyo significado
(sUpuestamente aplicado a ellas) no es niás que la manera particular
o "cómo" (Wie) de este acto de atención (Zuwendung).
Nuestro análisis de la acción significativa nOs ha remitido así al
problema de cómo se constituye el sigIÚficado de una experiencia en
la conciencia temporal interna. Ninguna ciencia que aspire a propor­
cionar una descripción radical del fenómeno del significado, incluida
unaexplica:ción de s1.1 origen, puede dejar de estudiar este difícil pro­
blema. Las investigaciones que emprenderemos ahora nos proporcio­
narán las respuestas a una serie de cuestiones no resueltas hasta aquí:
la cuestión referente a qué es genéricamente el significado; qué clase
específica de significado corresponde a la conducta y á la acci6n; si
el significado corresponde a la acción en curso o al acto cumplido;
cómo se constituye el significado objetivo a partir del "significado a
que se apunta", etcétera. Estas investigaciones servirán como estudios
preparatorios para una comprensión exacta del concepto de Weber
referente al "significado subjetivo de la conducta del yo del otro", Al
mismo ticmpo, mostraremos cuán fundamentalmente importante es este
concepto para los Actos interpretativos de la vida cotidiana, así como
para los métodos de las ciencias sociales. La realiZación de Weber
muestra una inspiración tanto mayor pOr el hecho de que él, que durante
muchos años fue el heredero en filosofía de las enseñanzas de la Escuela
Alemana del Sudoeste, reconoció sin embargo, en forma totalmente
independiente, la sigIÚficación del problema del significado a que se
apunta, como principio fundamental y básico de conocimiento del
mundo social. Nos proponemos además, en las consideraciones que
siguen, dar a la sociología comprensiva el fundamento filosófico de
que ha carecido hasta ahora y establecer con firmeza su posición básica
sobre las conclusiones seguras de la filosofía moderna.
En este proceso nos referiremos a la obra de dos filósofos cuyos
estudios se centraron en el problema del significado mterno del tiempo.
El primero es Bergson, cuyo Essai sur les données inmédiates de la
cotlscience, aparecido ya en 1888, constituyó -con una argumentación
muy convincente- en puúto focal de todo un sistema filosófico, el fenó­
meno de la duración interna. El segundo es Husserl, quien ya en sus
Vorlesungen iiber die Phiinomenologie des inneren Zeitbewusstseins,
".'

73

obra pr.esentada en parte en una serie de conferencias en 1904 y publi­


cada finalmente por Heidegger en 1928, y también en trabajos poste­
riores,82 dio descripciones fenomenológicas sistemáticas de la génesis
del significado.

Observación

Para dejar en claro la índole de las investigaciones que siguen desde


el punto de vista de la fenomenología, c1C'he notarse que: .
Nuestros estudios del proceso constituyente en la conciencia tem­
poral interna se llevarán a cabo dentro de ]a "reducción fenomenoló­
gica". Por lo tanto, presuponen encerrar entre paréntesis (desvincu­
lar)83 el mundo natural y, junto con c11o, la adopción de un cambio
completo de actitud (la epokhé) respecto de la tesis del "mundo que­
me-es-dado-como-estando ahí (wie sie sich mir als daseiende gibt)".
La descripción que hace Husserl de estc cambio de actitud se encuen­
tra en el primer capítulo de la segunda parte de sus Ideas. 84 Sin
embargo, nuestro análisis sólo se realizará dentro de la reducción feno­
menológica en la medida en que esto resu]te. necesario para poder
comprender claramente la conciencia temporal interna.
El propósito de esta obra, que consiste eh .analizar el fenómeno
del significado en la vida social ordinaria (mundanen), no requiere
que se alcance un conocimiento transcendental que vaya más allá de
esa esfera, .o que sigamos manteniéndonos dentro de la zona de la
reducción fenomenológica transcendental. En la vida social ordinaria
ya no nos interesan los fenómenos constituyentes tal como se estudian
dentro de la esfera de ]a reducción fenomenológica. Sólo nos interesan
los fenómenos correspondientes a éstos dentro de la actitud natural.
Una vez que hayamos comprendido mediante la descripción eidética
el "problema del desarrollo interno (Zeitiguug) de la esfera temporal
inmanente",Sú podremos aplicar nuestras conclusiones, sin riesgo de
error, a los fenómenos de la actitud natro·al. Con una condición, sin
embargo: que nos mantengamos, como "psicólogos fenomenológicos",
"en el terreno de la apariencia interna como manifestación de lo que
es peculiar a lo psíquico".86 Aun entonces no nOs proponemos como
fin una ciencia de los hechos de esta esfera interna de la apariencia,
sino una ciencia de la esencia CWesenswissenschaft). 87 Lo que busca­
82 S610 me resnltaron accesibles las Méditations cartésiennes de Husserl (Pa­
rís, 1981) después de haber completado la presente obra, y pOI' lo tanto no puedo
apoynrme en esa obra al presentar los puntos de vista de Husserl.
&1 Véase más ardba, apartado 5.
84 Págs. 48-5.7 [T.l., págs. 101-11].
85 Hnsserl, "Nachwort zu meinen 'Ideen''', lahrbuch ¡ür Philosophie tlnd
phiinomenologische ForschulI{!., XI (Halle, 1980), págs. 549-70, especialmente 558.
80 ¡bíd., p¡í¡!. 554.
87 [Un estudio dt'scdptivode las apariencias como tales, no como ejemplifi­
caciones de leyes psicológicas.)
74
mos de esta manera es la estructura invariable, única, a priori de la
mente, en particular de una sociedad compuesta por mentes vivientes. ss
Sin embargo, puesto que todos los análisis realizados dentro de la reduc­
ción fenomenológica mantienen también esencialmente su valor en la
introspección psicológica, y por lo tanto dentro de la esfera de la acti­
tud natural, no tendremos que hacer ninguna clase de revisión en nues­
tras conclusiones respecto de la conciencia temporal interna, cuando
las apliquemos al dominio de la vida social ordinaria. Procederemos
entonces -sobre todo en los capítulos III y IV- en el entendimient0
de que estamos dejando deliberadamente de lado todos los proble­
mas de la subjetividad transcendental y la intersubjetividad, que, de
hecho, nunca salen a luz antes de haberse realizado la reducción feno­
menológica. Dejaremos entonces fuera de nuestra explicación esa psi­
cología fenomenológica que, según Husserl, es en último análisis una
psicología de la intersubjetividad pura y nada menos que "una feno­
menología constitutiva del punto de vista natural".89

s~ lMd., pág. 55.5.


I!!J lbíd., l)á~. 567.
LA CONSTITUCION DE LA VIVENCIA SIGNIFICATIVA

EN LA CORRIENTE DE LA CONCIENCIA

DE QUIEN LA CONSTITUYE

7. El fenómeno de la duración interna. Retención y reproducción

COMENCEMOS por considerar la distinción que establece Bergson entre


vivir dentro de la corriente de la vivencia y vivir dentro del mundo del
espacio y del tiempo. Bergson opone la corriente interna de la dura­
.ción, la durée -un continuo nacer y morir de cualidades heterogé­
neas-, al tiempo homogéneo, que ha sido espacializado, cuantificado
y se ha vuelto discontinuo. En la "pura duración" no hay "coexisten­
cialidad", no existe externalidad mutua de parte, ni divisibilidad, sino
sólo un flujo continuo, una corriente de estados conscientes. Sin em­
bargo, la expresión "estados de conciencia" es equívoca, pues nos hace
recordar los fenómenos del mundo espacial con sus entidades fijas,
tales como imágenes, perceptos y objetos físicos. Lo que en verdad
vivenciamos en la duración no es un ser que sea discreto y bien defi­
nido, sino una transición constante del ahora-así a un nuevo ahora-así.
La corriente de la conciencia, por Su naturaleza misma, no ha sido aún
captada en la red de la reflexión. La reflexión, al s.er una función del
intelecto,pertenece esencialmente al mundo espacio-temporal de la
vida cotidiana. La estructura de nuestras vivencias variará según que
nos entreguemos' al flujo de la duración o nos detengamos a reflexionar
sobre él, tratando de clasificarlo dentro de conceptos espacio-tempora­
les. Pod('l1los, por ejemplo, vivenciar el movimiento como una multi­
plicidad continuamente cambiante -en otras palabras, cómo mi fenó­
meno de nuestra vida interna-; podemos, por otro lado, concebir ese
.mismo movimiento como un hecho divisible en el espacio homogéneo.
Sin embargo, en este último caso no hemos aferrado re.'l.Imente la
esencia de ese 'movimiento, que está siempre naciendo y muriendo.
Más bien, lo que hemos captado es el movimiento que ya no lo es,
movimiento que ha recorrido su curso, en síntesis, no el movimiento
mismo,- sino tan sólo el espacio atravesado. Ahora bien, podemos con­
siderar los actos humanos desde este mismo punto de vista doble, vién­
76

dolos como procesos conscientes que duran, .o como. actos congeladós,


espacializados, ya completados. Este doble aspecto no aparece tan
s610 en los "objetos temporales" transcendentes, l sino en todas las viven-,
cías en general. Su base más profunda fue establecida y expresada
por Husserl en su estudio acerca de la conciencia temporal interna.
Husserl se refiere explícitamente a la: doble intencionalidad de la
corriente de la conciencia:
. O consideramos el contenido. del flujo con su forma fluida, es decir, la serie
de vivencias originarias, que es una Serie de vivencias intencionales, conciencia de ... ;
o dirigimos nuestra miráda hacia las unidades intencionales, a aquello de lo que esta­
mos intencionalmente" conscientes como algo homogéneo en lacon'iente del flujo: en
este caso tenemos ante nosotros una Objetividad en el tiempo ObjetiVO, el campo
temporal auténtico 'por oposición al campo temporal de la corriente de vivencias. 2

En otro pasaje Husserl llama a estos dos tipos de intencionalidad, res­


pectivamente, "intencionalidad longitudinal" (Liings-intentionalitat) e
"intencionalidad b'ansvcrsal" (Quer-intentiowitiit):
Mediante una de ellas [la intencionalídad transversal] se constituye el tiempo
inmanente, es decil', un tiempo Objetivo, un tiempo auténtico en el cual existe dura­
ción 3 y alteración de 10 que dura. En la otra [la intencionalidad longitudinal] se
constituye la disposición cuasitemporaI de las fases del flujo que siempre y necesaria­
mente tiene' el punto-abora fluyente, la fase de actualidad y la serie de fases pre­
actuales y posactuales (las que ya no son actuales). Esta temporalidad prefenomé­
niea, preinmanente, se constituye intencionalmente como la forma de condencia
temporalmente constitutiva y en esta conciencia misma. 4

Ahora bien, ¿c6mo se constituyen las vivencias individuales en


unidades intencionales, dentro de la corriente de la conciencia? Si
tomamos como punto de partida el concepto de dUl'ée de BCl'gson,
resulta claro que la diferencia existente entre las vivencias fluyentes
1 [Un objeto temporal trascendente es una cosa o evento,. con un comienzo,
medio y fin temporales, que reside fuera de la conciencia del individuo, pero que
éste puede percibir, pensar, etcétera. Un objeto temporal inmanente es un contenido
consciente (tal como un sonido en el sentido de dato del sentido auditivo) cuya
dUl'ación está enteramente dentro de la corriente de la conciencia del individuo.
Véase Husserl, Vorles!tngen zur Phiinomenologie des inneren Zeitbewusstsetns (que
citaremos en 10 suc;esÍvo como "ZeitbewIIsstsein"), passim (T.I., The Phenomeno­
logy 01 Infernal Time Consciousness, por James S. ChurcllllI; citado en lo sucesivo
simplemente .como "T.I."). Para el examen general que hace Husserl de los con­
ceptosde trascendencia e inmanencia, véase Husserl, Ideas, §§ 39-46 (Ia traducci6n
inglesa de Ideen de Husserl, realizada .por W. R. Boyce Gibson, se mencionará en
Jo sucesivo como " T . I . " ) . J . .
2 Husserl, Zeitbewusstsein, pág. 469 [T.I., pág. 157].
:) Husserl está utilizando aquí el término "duraci6n" (Dauer) en el sentido
de la lengua conversacional alemana. Entiende con ese ténnlno la constancia de un
objeto en el espacio-tiempo. Este \IS0 es el opuesto del de Bergsoll; sin embargo, el
traductor alemán de aergsou vierte dl/roe por Dauer.
4 Zeitbewu.sstsein, pág. 436 [T.I., pág. 109).
77

en 1a pura duraci6n y las imágenes discontinuas y disGretas en el mundo


espacio-temporal, es una diferencia entre dos niveles de conciencia. En
la vida cotidiana el yo, cuando actúa y piensa, vive en el nivel de .
conciencia del mundo espacio-temporal. Su "atención a la vida" (atten­
tion a la vie)íl le impidc sumergirse en la intuición de la duración pura.
Sin embargo, si por algulla ra:zón se relaja la "tensión psíquica", el yo
descubrirá que aquello que antes parecía consistir en elementos sepa­
rados y netamente definidos, se disuelve ahora en transiciones conti­
nuas y que las imágenes fijas han sido suplantadas por un nacer y morir
que no tiene contornos, límites ni diferenciaciones: Y así Betgson
concluye que todas las distinciones, todas las tentativas de "aislar"
vivencias individuales de 'la unidad de la duración, son artificiales, es
decir, ajenas a la durée pura, y todos los intentos de analizar procesos
constituyen tan sólo casos de transferencias de los modos de repre­
sentación espacio-temporal a la dW'ée, de naturaleza radicalmente
diferente.
En verdad, cuando me hundo en la COITiente de mi conciencia, en
mi duración, no encuentro en absoluto ninguna vivencia Claramente
diferenciada. En un momento' una vivencia cobra vida y luego se des­
vanece. Entretanto, crece algo nuevo de lo que era viejo y luego da
lugar a algo aun más nuevo. No puedo distinguir entre el Ahora y
el Antes, entre el Ahora posterior y el Ahora que acaba de existir,
excepto por el hecho de que sé que 10 que acaba de existir es diferente
de 10 que ahora existc. En efecto, yo vivencio mi dllración como una
corriente unidireccional, irreversible, y encuentro que entre un momento
pasado y el de ahora he envejecido. Pero no puedo darme cuenta de
esto mientras estoy aún inmerso en la corriente. En la ,medida en que
toda mi conciencia sigue siendo temporalmente unidireccional e irre­
versible, no me doy cuenta de mi propio envejecimiento o de ninguna
otra diferencia entre presente y pasado. La conciencia misma de la
corriente. de duración presupone un volverse contra la corriente, una
clase especial de actitud dirigida contra esa corriente; una "reflexión",
como le llamaremos. En efecto, sólo el hecho de que una fase anterior
haya precedido a este Ahora y Así, hace que el Ahora sea Así, y que
la fase anterior que constituye el Ahora se me dé en este Ahora en el
modo de la rememoración (El'inllerul1g). La captación de la vivencia
en la .corriente pura de la duración se cambia, en cada momento, en el
habcr-sido-justarnente-así recordado; es recuerdo lo que aísla. la
vivencia de la corriente irreversible de la duración y, así, modifica
la captación, transformándola en rememoración.
Husserl nos ha dado tina descripción precisa de este proceso. 6
Distingue entre rememoración primaria, o retenci6n, que es la con-
Bel'gson. Matter and Memory, b'nd, de N. M. Paul y W. Seott PaI­
mer (Nueva York, lD59), PI'lgs. 220~'32.]
Zeitl'(J1.lllMst,scin, págs. 382-427 [T.1., P¡~gs. 40-97]; Ideen. págs. 77 y sigs.,
pá~s. 144 y sigs. .
78

ciencia posterior de la impresión originaria, y rememoración secunda­


ria, evocación o reproducción. ."A la 'impresión' -dice Husserl- se
une la 'rememoración primaria' [primare Erinnerung], o, como decimos
nosotros, la retención •.."
En el caso de la percepción de un Objeto te¡n.poral (sin que importe para
la presente observación si tomamos un objeto inm~ente o trascendente), la percep­
ción termina siempre en una aprehensión-ahora, en una percepción en el sentido de
un poner-corno-ahora. Durante la percepción del movimiento ocurre momento a mo­
mento una "comprensión-corno-ahora"; dentro de ella se constituye la fase actual
ahora del movimiento mismo. Pero esta aprehensión-ahora es, por así decirlo, el
núcleo de una cola de cometa de retenciones, que se refiere a los puntos· ahora ante­
riores del movimiento. Si ya no ocun·e· la percepción . .. ninguna fase nueva se
agrega a la última; tenemos más bien una mera fase de recuerdo fresco, a istl'\ se
agrega nuevamente otra, etcétera. Con ellos ocurre continuamente un empuje hacia
atrás (Zuriickschiebung], hacia el pasado. El mísmocomplejo sufre continuamente
una modificación hasta que desaparece, pues junto con la modificaciÓn se pro­
duce una disminución qüe termina en la imperceptibilidad.7
La rememoración' o. et;ocac;ión secundaria difiere completamente de la anterior.
Luego de ocurrida la rememoración primaria, puede surgir un nuevo recuerdo de
este movimiento. 8
La rila/izamos aprehendiendo simplemente. lo rememorado... o si no, en un
reéuerdo real, reproductivo, recapitulativo, en el cual el objeto temporal se cons­
truye de nuevo por completo en un continuum de presentificaciones, de modo que
nos parece percibirlo de nuevo, pero sólo aparentemente, como-si. 9

La modificp.ción retencional se adapta directamente a una impre­


sión originaria,. en el sentido de que es un continuum que retiene en
toda su extensión el mismo lineamiento básico: por lo tanto, comienza
en perfecta claridad y se va desvaneciendo gradualmente, al fluir hacia
el pasado. 10 Su grado de "evidencia es el de la certeza absoluta, pues la
intencionalidad de la impresión originaria se mantiene en la modifi­
cación retencional, aunque con seguridad en forma alterada. El rasgo
del lineamiento básico idéntico que se traslada de la impresi6n a la
. retención, falta en la rememoración o reproducci6n secundaria. Por
el contrario, hay una neta discontinuidad entre reproducción eimpre­
s.Íón. La presentificaci6n es un libre fluir-a-través:. "Podemos llevar a
cabo la presentificaci6n 'más velozmente' o 'más lentamente', en forma
clara y explícita o de una manera confusa, de un golpe y con la velo­
cidad del relámpago o en pasos articulados, etcétera".l1 La repreduc­
ción, a diferencia de la retención, no es conciencia originaria y, por
7 Zeitbewusstsein, pág. 391 [T.I., págs. 51-52:1.
8 Ibúl., pág. 395 [In hastan:lma es nuestra; TJ., pág. 571.
11 lbúl., pág. 397 (T.I., pág.59].
1Q [ef. ibfd., (T.I., págs. 44-50) para una detallada descripción del "fen6meno
de flnencia hacia el pasado".]
11 lbíd., pág. 406 [T.I., J:lág. 71].
79'

lo tanto, carece siempre de claridad en comparación con ésta. De


ninguna manera es absolutamente indudable en su grado de evidencia.
La retención hace sin duda posible que la mirada (Blick) ilumine
el carácter duradero, fluyente y siempre cambiante de la vivencia, pero
la retención no es esa mirada misma:
La retención misma no es un acto [en nuestra terminología: Acto] de mirada
retrospectiva que constituye en objeto In fase que ha expirado. Puesto que tengo
en mi poder la fase que ba expirado, vivo a través [durclllebe] de la actualmente
presente, la tomo-gracias a la retenci6n- "como agregado a", y me dirijo hacia
lo que viene, .•. Pero porque tengo en mi poder esta fase, puedo dirigir mi mira­
da bacia ella en un nuevo acto que nosotros Hamamos -según que la vivencia
que ha expirado se esté generando en un nuevo dato originario (por lo tanto, .cons­
tituya una impresión), o que, ya completada, se mueva como un conjunto "hacia el
pasndd'- refleAión (percepción inmanente) o evocación. Esos actos se encuentran,
respecto de la retención, en la relación de completamiento. 12

La multiplicidad de la fluencia hacia el pasado de la duración se cons­


tituye, por lo tanto, en virtud de la retención: el Ahora presente difiere
por lo menos del Ahora anterior debido a que la retención, como el
ser-aún-consciente de lo que ha-sido-inmediatamente-antes, se cumple
en un Ahora de cuya constitución participa. Por otro lado, la identidad
del objeto y el' tiempo objetivo mismo se constituye en la evocación
(reproducción) :
Sólo en la· evocación puedo tener repetido un objeto temporal idéntico. Tam­
bién me es posible verificar en la evocación que lo que es percibido es lo mismo
que lo evocado a continuación. Esto ocurre en la rememoración simple, "he perci­
bido eso", y en la evocación de segundo rllvel, "tengo un recuerdo de eso",lS

La reproducción de un objeto ,temporal-y hasta la vivencia en su


fluencia hacia el pasado constituye un objeto temporal inmanente­
puede realizarse, como hemos observado antes, sea como un ordena­
miento recapitulativo, en el cual se reconstruye completamente el objeto
temporal, o en una simple captación, "como ocurre cuando 'emerge'
una evocación y miramos hacia lo que es recordado con un rayo visual
[Blick-strahl] dentro del cual lo recordado es indeterminado, quizás una
fase momentáneamente favorecida que llegó a la luz en forma intuitiva,
pero no un recuerdo recapitulativo".14 Esta forma de reproducción
muestra todas las características de la reflexión en el sentido que hemos
descripto más arriba. La' simple mirada o aprehensión
es un .acto que, desarrollado en etapas sucesivas, también en etapas de espontaneidad,
por ejemplo, la espontaneidad del pensamiento, puede realiz,u cualqtúera ... Por

12 lbíd" pág. 472 [T.I., pág. 16IJ.


18 lbíd., pág. 459 rT.I., pág. 143].
14 lbíd., pág. 397 rT.I., pág. 59].
so

lo tanto, parece' posible decir que las objetividades que se constituyen originaria­
mente. en procesos temporales, miembro por miembro o fase por fase (como correla­
tos de actos continuos, multiformes, cohesivos y homogéneos), pueden ser aprehen­
didas en una mirada retrospectiva como si se tratara de objetos completos en un
punto temporal. Pero luego este modo dé· darse se remite con seguridad a otro
"primordial".l"

Todo esto implica una distinción dentro. del concepto de "viven­


cia" (Erlebnis) que es de fundamental' importancia para nuestro tema:
Ni siqtticra tum vivcncia es percibida nunca en Su completez, no puedo S('f
captada adecuadamente en su plena unidad. Es en esencia algo que flllye, y par­
tietJdo del mómento presente podemos nadar tras eJJh con nuestra mirada reflexiva­
mente vueltII hacia ella, il1ientras los tramos que dejamos en nuestra estela están
perdidos para la perfección. Sólo en la forma de la retención o de la [evocación]
retrospectiva. •. tenemos alguna conciencia de lo que acaba de flllir detrás de
nosotros.IB
Debemos distinguir entonces entre' el' ser preempírico de las vivencias, su ser
anteriOl' a la mintda reflexiva de atención que dirigimos hacia ellas, y su ser como
fen6meno. Al dhigir la atención fijándola. en las vivencias y al ap¡'ehenderlas, ad­
qnieren un nuevo modo de ser. Llegan a "diferenciarse", "cobran relieve", y este
acto de diferenciación no es sino el acto de aprehensión; y la diferenciación no es
nada distinto de ser aprehendido, ser el objeto del enfoque de la atención. Sin em­
bargo, no debe pensarse esta cuestión como si' la diferencia consistiera meramente
en que la misma vivencia, unida precisamente con el enfoque. de la atención, consti­
tuyera una nueva vivencia, la de dirigirse-hacia-ahí, como si ocul1iera entont'tls una
!llera complicación. Sin duda que cuando ocurre un enfoque de atención, es evidente
que distinguimos'entre el.objeto dql. enfoque (la experiencia A) y el enfoque de la
atenci6n en si mismo. Y sin duda tenemos razón al decir que nuestro enfoque de
atención se dirigía previamente hacia otra cosa, que luego ocurri6 el enfoque hacia A,
y que A "ya estaba allí" antes de ese acto.17

Esta introvisión es fundamental para el problema que hemos planteado


previamente, acerca de la nnturaleza de las vivencias discretas y ade­
más acerca del primero y más primitivo sentido de la expresi6n "signi­
ficado de una vivencia". Señalaremos los estadios críticos, siguiendo
él Husserl.
Si. vivimos simplementeinll1ersos en el· flujo de la duración, s6lo
encontramos vivencias no diferenciadas que se funden unas con otras .
en un contimmln. fluyente. Cada Ahora difiere eseneialmente de su
predecesor por el hccho de que dentro del Ahora está contenido el pre­
decesor en la modificación retencionaI. Sin embargo, no sé nada de
esto mientras estoy simplemente viviendo en el flujo de la duraci6n p
lü Ibíd., pág. 3~J7 lT.I., págs. 59-60].
J6 Ideel/, p{¡g, 82 IT.!., p¡íg. 140J,
11 ZeitlJell:ll8~1.~e¡n, p;íJ.{. 484 fT.!., págs, 17R-7HJ,
81

porque sólo mediante un Acto de atenci6n reflexiva llego a ver la modi­


ficación retencional y, con ello, la primera fase: Dentro del flujo de
la duración sólo existe un vivir de momcntQ a· momento, que aveces
también contiene en sí mismo las modificaciones retencionales de la
fase previa. Luego, como dice Husserl, yo vivo en mis Actos, cuya
intencionalidad vivicnte nle lleva de tID Ahora al próximo. Pero este
Ahora no debería ser concebido como un instantepuntiforme, como
una ruptura en la corriente de la duración, como una división en dos
de esta última. En efecto, para realizar tal división artificial dentro de
la duración. yo debería poder salir del flujo mismo. Desde el punto
dc vista de un ser inmerso en la duración, el "Ahora" es una fase más
bien que un puntd, y, por lo tanto, las diferentes fascs se mezclan una
con otra a lo largo de un continuum. La simple experiencia de vivir
en el flujo de la duraci6n aVanza en un movimiento unidireccional f!
irreversible, que procede de la multiplicidad a la multiplicidad en un
proccso de constante fluencia hacia el pasado. Cada fase de la vivencia
se mezcla con la próxima sin que haya límites netos, a medida que eS'
vivenciad¡.t; pero cada fase se distingue en su ser así, o cualidad, de la
siguiente, en la medida en que es asida. bajo el foco de la atención.
Sin embargo,· cuando mediante mi acto de reflexión dirijo mi aten·
ción hacia mi vivencia, ya. no estoy tomando mi posición dentro de la
corriente dc la duración pura, ya no estoy simplemente viviendo den­
tro de esa corriente. Las vivencias son aprehendidas, .distinguidas,
puestas de relieve, destacadas una de otra; las vivencias que se cons­
tituyeron como fases dentro del flujo de la duración sc·vue]ven entonces
objeto de atención como vivencias constituidas. Lo que se había cons­
tituido al comienzo como una fase, se destaca ahora como una vivencia
completamente terminada, sin que importe si el Acto de atención es de
reflexión o de reproducción (en la simple aprehensión). En efecto, el
Acto de atenci6n -.-y esto es de fundamental importancia para el estu­
dio del signific.'1do- presupone una vivencia. transcurrida, que ya ha
pasado, en una pahibra, una vivencia que YI.'I. cstá en el pasado, inde­
pendientemente de si la atención en cuestión es reflexiva .o repro­
ductiva. lB . .

Por lo tanto, debemos confrontl,1f las vivencias que en su fluencia


hacia el pasado son indiferenciudas y se esfuman unas en. otras, por
una parte, con las que SOn discretas, ya pasadas y transcurl'idas, por la
otra. Estnsúltimas no las aprehendemos vivenciándolas sino mediante

18 "La reflexión tiene la notable peclllimidad de que lo aprehendido así me­


diante la percepción se caracteriza, en principio, como algo que no sólo es y dura
dt:'ntro de la mil1l.da de la percepción, sino que ya em antes de qJ1e esta mirada se
dirigiera a ello" (Husserl, Ideen, pág._ 83 ['1'.1., p{lg. 141]). Además: "Podemos
plantear ahora la siguiente cuestión: ¿qué ocurre con la fase· inicial de una viven·
eia autocollstitutiva? ... Cabe decir que la fase inicial sólo puede transformarse'
el1 Ull objeto por obra de la. retención: y la reflexión (o reproducción), después
de habei' fluido hacia el pasado de la manera indicada" (Husserl, Zeitbewu88tsein,
pág. 472 ! b bastardilla es d(' Husserl; '1'.1:, pág. 162]). .

82

un acto de atención: Esto es fundamental Vara el tema que estamos


tratando: puesto que el concepto de vivencia significativa presupone
siempre que la vivencia de la cual se predica significado, sea discreta,
resulta entonces perfectamente claro que sólo puede llamarse signifi­
cativa a una vivencia pasada, es decir, que está presente a la mirada
retrospectiva como ya terminada y sustraída al devenir.
Sólo desde el punto de vista de la mirada retrospectiva existen
realmente vivencias discretas. Sólo lo ya vivenciado es significativo,
no lo que está siendo vivenciado. En efecto, el significado es mera­
mente una operación de intencionalidad que, no obstante, sólo se vuelve
visible a la mirada reflexiva. Desde el punto de vista de la vivencia
que transcurre, la predicación de significado es necesariame,nte trivial,
puesto que el significado sólo puede entenderse en este caso como la
mirada atenta dirigida no a una vivencia que transcurre, sino que ya
ha pasado.
No obstante, ¿se justifica realmente la distinción que acabamos
de hacer, entre vivencia discreta y no discreta? ¿No es posible, al fin de
cuentas, que la mirada atenta pueda iluminar cada aspecto de la viven­
cia que ya ha pasado, pueda "ponerlo de relieve" y "distinguirlo" de
los otros aspectos? Creemos que la respuesta debe ser negativa. Exis­
ten de hecho vivencias que lo son cuando están presentes, pero sobre
las cuales no se puede reflexionar en absoluto o sólo es posible hacerlo
mediante una aprehensión extremadamente vaga y cuya reproducción,
aparte del concepto puramente vacío de "haber vivenciado algo" -en
otras palabras, de una manera clara- es totalmente imposible,19 Lla­
maremos a este grupo vivencias "esencialmente actuaies", porque se
limitan por su }latural<:za misma a una posición temporal definida den­
tro de la corriente interna de la conciencia. Se las conoce por su adhe­
sión o cercanía a ese núcleo íntimo del yo que Scheler, con un giro
lingüístico feliz, llamó la "privacía personal absoluta" (absolut intime
Person) de un individuo. 20 Acerca de la privacía personal absoluta de
una persona sabemos que debe estar ahí necesariamente y que perma­
nece absolutamente cerrada a toda con-vivencia posible. Pero también
en el conocimiento del propio yo hay una esfera de absoluta intimiuad
cuyo "estar ahí" (Dllsein)21 es tan indudable como es imposible some­
terlo a inspección. Las vivencias peculiares de esta esfera son simple­
mente inaccesibles a la memoria, y este hecho. se extiende a su modo
de ser: la memoria capta solamente el "que" de esas vivencias. Una
observación que puede realizarse inmediatamente apoya la confirma­
ción de esta tesis (que sólo podemos formular aquí sin fundamentarla

JI) Cf. apartado 16, más abajO.


20 Sympathiegefühle, pág. 77 [T. l., Heath, pág. 66. Schiitz Se refiere aquí
a la primera edición de Wesen und Formen der Sympathie de Scheler. Véase la
Bibliografía].
21. rComo Schütz explica en un punto posterior, su uso de este ténnino de
Heidegger no implica necesariamente todo el ámbito de significado que este último
le atribuye. Cf. apartado 9, más abajO.]
83
plenamente), a saber, que la reproducción resulta tanto menos ade­
cuada a la vivencia cuanto más se acerca al núcleo Íntimo de la persona.
Esta adecuación menguante tiene como consecuencia. un grado cada
vez mayor de vaguedad del contenido reproducido. En forma conco­
mitante, disminuye la capacidad de reproducción recapitulativa, es
decir, de reconstruir por completo el curso de la vivencia. En la medida
en que es posible la reproducción, sólo puede realizarse mediante un
simple acto de aprehensión. El "Cómo" de la vivencia sólo puede
reproducirse, sin embargo, en la reconstlUcci6n recapitulativa. La evo­
cación de una vivencia del mundo exterior es relativamente clara; un
curso exterior de hechos, un movimiento por ejemplo, puede ser evo­
cado en la reproducción libre, es decir, en puntos arbitr.uios de la
duración. Incomparablemen~e más difícil es la reproducción de viven­
cias de percepción interna; las percepciones internas que están cerca
del núcleo privado absoluto de la persona son irrecuperables en la me­
dida en que entra en cuestión su Cómo, y sólo es posible aferrar su
Qué en un simple acto de aprehensión. Con-esponden a este grupo,
ante todo, no sólo las experiencias de la corporidad del yo, en otras
palabras, el yo vital (tensiones y relajaciones musculares que se encuen­
tran en con-elación con los movimientos del cuerpo, dolor "físico", sen­
saciones sexuales, etcétera) , sino también los fenómenos psíquicos
agrupados bajo el vago título de "estados de ánimo", asi como los "sen­
timientos" y "estados afectivos" (alegrías, pesar, disgusto, etcétera).
Los límites del recuerdo coinciden exactamente con los límites de la
"racionalizabilidad", siempre que usemos esta palabra equívoca -como
lo hRce Max Weber a veces- en su sentido más amplio, es decir, en el
sentido de "capaz de dar un significado". La recuperabilidad para
la memoria es, de hecho, el primer prerrequisito de toda construcción
racional. Lo que es irrecuperable -'-y esto es siempre, en principio,
algo inefable- sólo puede ser vivido, pero nunca "pensado": es, en
principio, imposible de verbal izar.

8. Las vivencias de asignaci6n de significado de Husserl


y el concepto de conducta
Debemos contestar ahora a la pregunta: "¿Cómo puedo distinguir mi
conducta del resto de mis experienci,as?" La respuesta la proporciona
el uso ordinario. Un dolor, por ejemplo, no se llama generalmente
conducta. Tampoco diría que estoy actuando si alguien levantara mi
brazo y luego lo dejara caer. Pero las actitudes que asumo en cada
uno de esos dos casos se llaman conducta. Puedo luchar contra el
dolor, suprimirlo o abandonarme a él. Puedo someterme o resistir cuan­
do alguien manipula mi brazo. De manera que lo que tengo aquí son
dos tipos diferentes de vivencias, fundamentalmente relacionadas. Las
vivencias del primer tipo sólo se "soportan" o "sufren", Se caracterizan
por una pasividad básica. Las vivencias del segundo tipo consisten
en actitudes que se toman hacia vivencias del primer tipo. Para expre­
84
sarlo ccmpf.\lri;bras. de Husserl, la conducta es tina "vivencia. de asig­
nación de significado de hi conciencia", Al estudiar el "importanté y
difícil pi'oblema dé las características definitorias del pi:)nsamiento";
Husserl mostró que no todas las vivencias S011 por naturalei~ vivencias
de asignación de significado. "Las vivencias de· pasividad primordial,
las ·asociaciones, -las experiencias en las. cuales ocurre la conciencia
temporal original, o sea la constitución de la temporalidad ,inmanent.e,
y otras vivencias de esta clase, son todas incapaces de ello". (es decir,
de conferir significado). Una vivencia de asignación de significado
debe ser un "Acto del yo (Acto actitudinal) o alguna modificación de
Un Acto semejante (pasividad secundaria, o quizás un juicio que surge
pasivamente y 'se me ocurre' de repente)".2!1
Podemos definir, si qucl'cmos, los Actos de toma de actitudes como
Actos de actividad engendradora primaria,2:1 siempre que incluyamos
aquí, con Husserl,24 los sentimicntos y la constitución de valores me­
diante sentimientos, sea que esOs valores se consideren como fines o
como medios, Husserl utiliza la expresión "vivencias conscientes de
asignación de significado" (sinngebende. Bewusstseinserlebnisse) para
abarcar todas las vivencias dadas en la intencionalidad, en forma de
. actividad espont4nea o en una de las modificaciones secundarias de ésta.
AhOl'a bien, ¿étiáles son esas modificaciones? Las dos principales son
la retención y la reproducción. Husserl las describe de la siguiente
manera:
Con cada Acto de espontaneid.'\d surge algo nuevo. Este Acto funciona, por
así decirlo, en cada momento de su flujo como una sensación originaria que se va
borrando de acuerdo con la ley fundamental de la conciencia. La espontaneidad
que COmienza a actuar en etapas en el flujo de la conciencia, constituye un Objeto
temporal, es decir, un Objeto del devenir, un proceso, esencialmente todo un pro­
ceso, y no un Objeto duradero.· Y este proceso se va hundiendo en el pasado.2il
Siempre que existe una constitución original de una objetividad de la concien­
cia mediante una Actividad, la Acción original se cambia, en la constancia retencio­
naI, en una fprma secundaria que ya no es Actividad, sino que constituye una forma
pasiva, la forma de una "sensibilidad secundaria.", según Ja llamamos. En virtud de
la síntesis constante de identidád, la conciepcÍc'\ pasiva es exactamente conciencia
de la misma cosa que se constituyó un momento antes en la originalidad activa.2 t/.

22 Husserl, Formale tmd Tmnszendenfale Logik, pág. 22 [citada en lo suce­


sivo como "Logik"], Con respecto al tema de pasividad· y actividad, d. también el
excelente estudio de detalle de Reiner, Freiheit, Wollen tll1d Aktieitiit (Halle, 1927) r
que no leí hasta después de terminado el presente libro. Estoy de acuerdo con
Reiner en todos los puntos esenciales.. . . .
23 O, como se formula en forma característica en Ieleen, "El Acto cumplida,
o (puesto que son] •.. procesos, los Actos en- proceso de cumplimiento componen
lo que en el sentido mds (Ú1l1Jlio lIarrm.mos 'actUl1des'" (Ideell, 1, pág. 236 [T.I..
pág. 3231). .
!B Logfk, pág. 281.

!!;¡ Z(.'Ítbe!l)fl8~tsein, púg. 487 [T.I., pág. 184].

2,1 Logik, pág. 281. ­


85
Todo esto es cierto respecto del j~icio, que constituye un tipo de acción,
pero tina acción que "desde el comienzo ya través de todas las formas
que toma en cada etapa, se refiere exclusivamj3nte á. lo irreal".ll7 Aun
las objetividades ideales
son metas, fines y medios concebibles; sólo son lo que son porque fueron engendrn­
das por la conciencia. Pero esto no significa que sólo sean lo que son en y durante
la producción primaria que las originó. Están "en" la producci6n primaria que las
engendra, en el sentido de ser conocidas eIl ella como una cierta intencionalídad
de la forma de Actfoidad espontánea, y en·el modo del yo original. Este modo de
darse a partir de tal Actividad primordial no es sino su modo propio y peculiar
de percepci6n.!!!

Tratemos ahora de refonnular estos conceptos de Husserl de una


manera que nos· pemlita aplicarlos a nnestros problemas. Definimos
hi "conducta'" como. una vivencia de la conciencia que confiere sigrii­
ficado mediante Actividad espontánea. La acción y la conducta [en
el sentido más limitado de la palabm conducta >1- 1 constituyen una sub­
clase dentrade la conducta así concebida; luego las. examinaremos
con mayor detenimiento. Lo que distipgue la objetividad de la con­
dencia, que se constituye en una Actividad origilw.l y es, por lo
hil1to, un caso de conducta, de todas llls otras vivencias' dt, la cóhcÍen­
cia:, y hace que sea "asignadora de significado" en el sentido de Hus­
serl, sólo resulta inteligible bajo una condición,. la de que apliquemos
tambien a la esfera de la Actividad, espontánea las distinciones entre
01 Acto ponstituyente y la objetividad copstit1.lida, explicadas más arri­
ba. Si lo hacemos as~, distinguiremos entre el Acto espontáneo mismo
y el objeto constituipo dentro de él. En la dirección de la ocurrencia o
de la fluencia hacia el pasa90 de la conducta, el Acta espontáneo no es
nada más que el modo de la intencion:alidad .en que se da la objetividad

21 Logik, pág. 149.


28 Logik,pág. 150. Cf. los puntos de vista de Husserl sobre la tesis como
Acto de libr€' espontaneidad y actividad, Ideen, pág. 253 [T.I., pág, 342]. Husserl
trazó recientemente en. sus 'Aleditttciones carte.sianas (Medítación IV) una distinción
radica! entre génesis a<.,tiva y pasiva como dos formas fundamentales de la vida cons·
ciente. Dice (págs. 65 y sigs., § 38): '''Preguntémonos cuáles son los principios 11Oi­
versales de la génesis constitutiva, que son importantes desde el punto de vista de
la relación del sujeto con el mundo. Estos principios son de dos' tipos básicos: prin­
dpios de génesis activa y principios de génesis pasiva. En el primer caso el )10 en­
gendra activamente, crea y constituye. ... Eil. este caso lo esencial t'4~ que tos actos
deJyo, ya relacionados interpamente entre si, se reúnen en 5Ílltesis complejas y sobre
lit base de objetos ya dados proceden a constituir nüevos objetos ele una manera
original. Estos objetos aparecen entonces a la conciencia como productos. .•• Pero
todos esos casos de construcción activa ·presuponen, en un nivel lTh"Í..¡bajó, una base
de conciencia pa~iva. Nunca dejamos de encontrar esa base de con¡¡titución pasiv.j
cuando analizamos un objeto activamente cODBtituido." [Este' pasaje ha sido tradll­
cidci libremente d~ la edición francesa citada por Schü!:z; cf. también C(/fte.~ian ,Me­
dUatio1ls, traducción del alemán por Dorion Cairns (La Haya, 1960), págs. 77-78.j
lO Aclaración inte.rcalada por el traductor de la edición en inglés,
86
constituyente. En otras palabras, la conducta tal como ocurre es "per~
cibida" de una única manera, como actividad primordial. .
Esta percepción funciona como impresi6n primaria, y sufre por
supuesto el habitual "oscurecimiento" en el proceso retencional, tal
como ocurre con todas las otras impresiones. La actividad es una viven­
cia que se constituye en fases en la transición de un Ahora al próximo.
El rayo de la reflexión sólo puede dirigirse a ella a partir de un punto
de mira posterior. Esto implica necesariamente la retención o la evo~
caci6n. Esta última puede consistir en un simple Acto de aprehensión
o puede implicar la reconstrucción en fases. En todo' caso, la inten­
cionalidad original de la Actividad espontánea se conserva en la modi­
ficación intencional.
. Aplicado a la teoría de la conducta, esto significa que la propia
conducta, mientras está ocurriendo efectivamente,. es 'una vivencia pre­
fenoménica. Sólo cuando ya ha tenido lugar (o si ocurre en fases suce~
sivas, sólo cuando han tenido lugar las fases iniciales) se destaca como
una entidad discreta sobre el fondo de las demás vivencias. La viven­
cia fenoménica nunca es, por lo tanto, de la conducta que uno tiene,
sino de la conducta que uno ha tenido. Sin embargo, la vivencia ori­
ginal en otro sentido sigue siendo la misma en la memoria que lo que
era cuando ocurrió. Mi conducta pasada es, después de todo, mi con­
ducta; consiste en mi Acto, dentro del cual yo asumo una u otra acti­
tud, .aunque sólo la vea "de perfil" COmo algo pasado. Y es precisa~
mente este carácteractitudinal lo que la distingue del resto de mis
vivencias. Mi vivencia transcurrida es aún mía, puesto que soy yo
quien la vivenció una vez; ésta es simplemente otra manera de afirmar
que el transcurrir de la duración o "'fluencia hacia el pasado" es algo
continuo, que existe uria fundamental unidad en la corriente constitu­
yente temporal de la conciencia. Aun en el caso de las vivencias de
pasividad primordial, las capto retrospectivamente como mis vivencias.
Mi conducta se distingue de ellas por el hecho de que se remite a mi
impresión primaria de la Actividad espontánea.
La conducta consiste, entonces, en una serie de viv~ncias que se
distinguen de todas las otras por una intencionalidad primordial de
la Actividad espontánea que sigue siendo la misma en todas las modi~
ficaciones intencionales. Ahora bien, resulta .claro lo que queremos
decir al afirmar que la conducta es meramente vivencias observadas
bajo una cierta luz, es decir, referidas a la Actividad que las produjo
originariamente. El "significado" de las vivencias no es entonces nada
más que ese marco de interpretación que las ve como conducta. Así,
también en el caso de la conducta resulta que sólo lo que ya ha pasado
y transcurrido tiene significado. La vivencia prefenoménica de la acti~
vidad no es, por lo tanto, significativa. S610 tiene significado la viven­
cia que es percibida reflexivamente en forma de Actividad espontánea.
Demos ahora un paso más y tratemos de definir el concepto de
acción dentro de la categoría de conducta.
87

9. El concepto de acci6n. Proyecto y protensi6n


En el uso común tendemos a distinguir la acción de la conducta diciendo
simplemente que la primera es "consciente" o "voluntaria" mientras la
última es de carácter "reactivo" e incluye cosas tales como reflejos.
Debemos examinar las razones más profundas de esta distinción, apa­
rentemente superficial,2°
En primer lugar, toda acción es una actividad espontánea. orien­
tada hacia el futuro. Esta orientación hacia el futuro no es de ninguna
manera peculiar de la conducta. Es, por 10 conh'ario, una propiedad
dc todos los procesos constitUyentes primarios, sea que surjan de la
actividad espontánea o no. Cada uno de tales procesos contiene den­
tro de sí mismo intencionalidades de vivencia que están dirigidas hacia
el futuro. Debemos a Husserl el esclarecimiento de este punto.so
La "reflexión" en el sentido más amplio no se limita a la retención
y reproducción, según Husserl. Las protensiones hacia el futuro cons­
tituyen una parte de todo recuerdo, y en el punto de vista natural están
mezcladas con retenciones. "Todo proceso primordialmente constitutivo
está animado por protensiones, que... constituyen e interceptan lo
que está viniendo, como tal, para nevarlo a su completami~nto" (Zeit­
bewtlsstsein, pág. 410 [T.I., pág. 76]). De la protcnsión inmediata debe
distinguirse la anticipación (Vorerinnertmg) o expectativa pre-visora.
Esta "representa", mientras la protcnsión sólo "presenta"'. Es de natu­
raleza reproductiva, y constituye la contraparte de la evocación diri­
gida hacia el futuro.
En este cuso lo intuitivamente esperado, de lo cual -grncias a la reflexi6n
posible "en' la anticipación-- estamos conscientes mediante la previsión como. de
algo que "está por venÍl", tiene al mismo tiempo el significado de lo que será per­
cibido, tal como lo recordado tiene el significado de lo que ha sido percibido. Así,
podemos reflexionar también en la anticipaci6n, y traer a la conciencia vivencias
nuestras -para cuyo usufructo la anticipación misma no ofrecía el punto de partida
adecuado---- como si pertenecieran, sin embargo, a lo anticipado como tal: como
hacemos cadil vez que decÍlnos que veremos lo que está por Ilegal', cuando al decirlo
la mirada reflexiva se ha vuelto hacia la vivencia perceptual "que se aproxima".81

El hecho de que cada acción implique necesariamente la anticipaci6n


del futuro, en el sentido de que está "dirigida hacia el futuro", ha sido
formulado con gran claridad por Husserl:
En cada acción conocemos la meta por anticipado en la forma de una a.ntici·
pación que es "vacía", en el sentido de vaga, y care<'-tJ de su adecuado "llenado",

.29 Confiamos en haber demostrado con lo dicbo hasta ahora que es inadecuada
la distinción de Weber entre acción y conducta.
80 Ideen, págs. 145, 149, 164 [T.I., págs. 216, 220, 288]; Zeitbewllsb'tseín,
págs. 396, 410 [T.I., págs. 58, 76].
:11 Meen, 1, pág. 145 [T.l., p{¡gs. 216·17].

l
88
que vendrá con el completamiento. Sin embargo, nos esforzamos bacia tal meta
y buscamos, mediante nuestra acción, llevarla paso a paso a la realización concreta.3 l!

Parecería por lo que se ha dicho que la acci6n podría definirse


como un tipo de conducta que anticipa el futuro en forma de una pro­
tensión vacía. .El futuro sería, en este caso, lo que va a realizarse
mediante la acción; en una palabra, el acto (Handlung). Pero esta
definición sería incompleta. No es s610 en el caso de. la .acci6n don­
de encontramos la anticipación del futuro en forma de una proten­
sión vacía. También encontramos pro tensión vacía en todos los Ac­
tos (Akten ) en que asumimos actitudes. Pero entonces las proten­
siones s610 aparecen como vacías y no cumplidas en el proceso cons­
titutivo de la acción sobre la que no se reflexiona, en .el desarrollo
gradual de vivencias que nacen de la Actividad espontánea. Mas tan
prontq como la mirada intencional ilumina la acción, la situación cam­
bia. Entonces se contempla la· acción como si ya hubiera transcurrido
y terminado, totalmente constituida. Si sólo .se ha fijado de esta ma­
nera una fase de la acción mediante la mirada reflexiva, es esa fase
la que aparece como completada. Pero en tal atención reflexiva (sobre
todo, en la rememoración), las protensiones nunca son expectaciones
que estén aún vacías, determinables, y que aún haya que llenar. Más
bien, llevan la p:¡,arca delcompletamiento. En el Ahora primordial
a que pertenecían al comienzo estaban, sin duda, vacías. Pero luego,
debido a la transformación de este Ahora en, un Ha Sido, este Ha Sido
se ve ahora retrospectivam~nte desde un nuevo punto de mira. Así. la
función peculiar de la protensión s610 se vuelve clara en el recuerdo.
Todo acto de memoria contiene intenciones de expectación cuyo cumplimiento
lleva al presente. •.. El proceso evocativo no sólo renueva estas protensiones de un
modo apropiado a la memoria. Estas protensiones no sólo estaban presentes como
interceptadorus, también han interceptado, han sido completadas, y estamos cons­
cientes de ellas· en la evocación. El completamiento en la conciencia evocativa es
recompletamiento (precisamente en la modificación de l~ posici6ndel recuerdo), y si
la protensión pri:nordial de la percepción del evento era indeterminada, y la cuestión
de ser-otro o no-ser quedaba abierta, tenemos en la evocación. una expectaciónpre­
dirigida que no deja todo eso abierto, salvo que sea en la forma de una evoca('¡ón
incompleta cuya estructura es distinta de la que tiene la protensión primordial inde­
terminada. Y sin embargo también ésta está incluida en la evocaci6n.lI3

Por lo tanto, lo que era expectación vacía para el actor, es expectación


completada. o no completada para el que recuerda. Lo que apunta,
para el actor, desde el prese:nte hacia el futuro, apunta para el que
recuerda del pasado hacia el momento presente, mienb'as que aún
conserva ~l carácter temporal del futuro/H La mirada intencional s610
·82 Logik, págs~ 149 )' sigs.
33 Zeitbelf)fl$,~tsein,
pág, 410 rT.I., pág, 76].
n.¡ [El horizonte de la evocaci6n está "orientado hacia el futuro, es ·declr,
hacia el futlu-o de Jo evocado" (Ibíd,.).]
89

se interesa, por lo tanto, en el Acto (Handlung), no en la acción (Han­


deln); y los actos son siempre protensiones completadas,· nunca vacías.
Consideremos ahora la "anticipación", esa mirada-hada-adelante
reflexiva que corresponde a la reproducción, y preguntemos qué sig­
nifica decir que los fines de una acción son· sIempre conocidos de
antemano mediante esta facultad. El análisis de la acción muestra que
siempre se la realiza de acuerdo con un plan más o mcnos implícita­
·mente preconcebido. 0, para útilizar un término de Hcidegger, una
acci6n~ tiene siempre '1a naturaleza de un proyecto" (Entwul'fcharak­
ter) .ao Pero el proyecto de una acción se realiza, en principio, inde­
pendientemente de toda acción real. Todo proyecto de acción es más
bien una fantasía de la acción,3G es decir, Una fantasía de la actividad
espontánea, pero no la actividad misma. Es un cuadro· previo de carác­
ter intuitivo que puedc incluir la creencia o no, y si la incluyc, pued\:!
tratarse dc una crcencia· positiva o nogativa, o dotada de cualquier
grado de certeza.37 Estas fantasías difieren de las protensiones por el
hecho de que las protensionés (a menos que intercepten realmente
la experiencia fuhll'a) son representacioncs vacías, mientras que las
fantasías son representaciones intuitivas. Esto no significa que estén
llenas o sean muy específicas; en verdad, toda anticipaci6n de una
acción futura es muy vaga c indeterminada en comparación con la cosa
real cuando ésta finalmcnte ocurre, y esto es cierto tanto respecto de
la acción racional como de cualquier otra.
Hemos hablado, en el párrafo anterior, de una fantasía de la
acci6n. Sin embargo, cabe cuestionar la posibilidad de mantener esta
manera de decir, vista nuestra distinción entre.la acción y el acto. La
dificultad es la siguiente. ¿Es la acción o. el acto lo que se proyecta
y fantasea de esta manera? .
La respuesta no es difícil de encontrar. Lo que se proyecta es el
acto, que constifuye la meta de la acción y que cobra vida mediante
ésta. En verdad, esto se deduce de la naturaleza del proyecto. La
acción misma podría ser difícilmente proyectada,si no se proyectara
junto con ella el acto completado. En realidad, sólo el acto completado
puede ser representado en la fantasía. En efecto, si el acto es la meta
de la· acción, y si no se ·10 proyectara, la representación de la acción
resultada necesariamente abstracta. Sel'Ía una protensión vacía sin
ningún contenido específico, sin ningún "llenado" intuitivo. Es sin duda
adecuado hablar, en la lengua común, de que yo imagino mi propia
acción. Pero ¿qué es lo realmente imaginado en este caso? Suponga-.
Sil Sein llnd Zeit, pág. 245 [T.I., Being and Time, por Macquarrie y Robín­
son (Nueva York, 1962), pág. 185]. Tomamos aqtú prestado el término de Heideg­
ger sin comprometernos con el significado explíCito que él le da. La palabra la uti­
liza también Pfíinder en su excelente estudio, "Motiv und Motivation", Festschrlft
fUr Liws (Leipzig, 1 9 3 0 ) . . . .
30 Estamos utUizando, contra el uso de Husserl, el término "fantasfa" cori in~
dllsi6n de la anticipaci6n. Cf. más abajO, apartado 11.
31 Zeitbewuslltsein, pág. 453 [T.I., pág. 134].
90
mos que me imagino levanhlndome de mi silla y cruzando la habitación
hasta Ilegal' a la ventana. Lo que realmente me repl'esento no es una
serie de contraccioncs y relajaciones musculares, ni una serie de p..'1.S0S
específicos -uno, dos, tres- desde la silla hasta la ventana. No, la
representación que tcngo en mi merite es la del acto completado de
haber cluzado la habitación hasta la ventana. Contra esto podría for­
mularse la objeción de que es una ilúsión y que si nosotros nos rcpre­
sentáramos nuestro recorrido hasta la ventana con un grado ele atención
adecuado, contaríamos los pasos y los reprcsentaríamos, Pero a esta
objcción hay una respuesta fácil. Si nos concentramos en cada paso o
en cada avance de .la pierna, resultará luego que lo que nos cstamos
reprcsentando en cada caso cs un acto cumplido: el acto de haber
dado el paso uno, el acto de haber elado el paso dos, etcétera. Y lo
mismo valdrá respecto de las partes de esos pasos, en el caso de que
llevemos nuestras inclinaciones analíticas más
Los movimientos separados que constituyen la cjecución de· una
acción no pueden representarse, por lo tanto, aparte del acto a que se
tiende, que es constituido en la acción. Lo que es cierto en el caso
de la memoria lo es también en el caso de la anticipación. En ambos
casos lo visible para la mente es el acto completado, no el proceso en
curso que lo constituye. Es por lo tanto el acto lo proyectado, no la
acción.
Debemos acentuar que la pi'oyección sólo se da al pensamiento
reflexivo, no a la experiencia inmediata o a la Actividad espontánea.
La experiencia inmediata está rodeada, sin duda, por un ama de expec­
tativas, pero éstas son protensioncs vacías. A veces estas protensiones
pucden parecer "llenas": por ejemplo, alllcvar 1) cabo un acto podemos
experimentar expcctaciones inmediatas muy definidas. Pero esas expec­
taciones han sido en realidad influidas por el plan o proyecto que tene­
mos en mente. El proyecto se va realizando ele momento a momento
y hace que cada expectación momentánea resulte totalmente concrcta.
aunque la concrctez sea derivada y provenga de In "alimentación" del
proyecto, por la cual se lo incorpora u cse momento particular.
Ahora estamos en condiciones de formular que lo distintivo entre
acción y conducta es que la acción es la efecuci6n de un .acto proyec­
tado. Y podemos proceder de inmediato a nuestropr6ximo paso: el
significado de cualquier acción es su correspondiente acto proyectado.
Al decir esto estamos dando claridad al vago concepto de "orientación.
de una acción" de Max Weber. Una acción, podemos decir, orien­
tada hacia su correspondiente acto proyectado.
Exuminemos ahora ·la acción t'aciollol o telética, es decir, la acción
que tiene un fin de claridad óptima. ¿Cómo procede una persona que
actt'm radonnlmcnte? El plan o proyección de su acción comienza con.
la elección de un fin. Luego imagina que para lograr ese fin debe
adoptar ciertos medios. Esto constituye tan sólo un reconocimiento
por su parte de que existe una cierta reguluridad causal entre los he­
91

chos que él llama sus medios y el hecho-fin que él Uama su meta.


Ahora bien, por supuesto, si él elige M1, M 2 , y,Ma como medios, los
está también proyectando como metas intermedias. La acción racional
puede entonces definirse como una acción con metas intermedias cono­
cidas. Al mismo tiempo, es esencial que la persona que actúa racional­
mente formule un juicio de este tipo: "ELfin F debe alcanzJ;1.l'se utili­
zando los medios MI, M 2 Y M3' Por 10 tanto, dados M¡, M2 Y Mil,
resultará F." Podemos ver, por lo tanto, aun en esta etapa de la acci6n
racional, que el proyecto está dirigido hacia el acto como si éste estu­
viera cumplido en el futuro, pues sólo si se supone o postula de esta
manera el cumplimiento del acto futuro, pueden seleccionarse los me­
dios. Para decirlo con otras palabras: el actor proyecta su acción como
si ya hubiera ocurrido, estuviera terminada y residiera en el pasado. Es
un evento pleno, actualizado, que el acto representa y asigna a su lugar
en el orden de las experiencias que se le dan en el momento de la pro­
yección. Resulta bastante extraño, por lo tanto, puesto que se lo repre­
senta como completado, que el acto planeado tenga el caráCter temporal
de pretericidad. Por supuesto, una vez que la acci6n comienza, se
desea el fin y se pro-tiende hacia él. Podemos hacernos cargo del hecho
que se representa así como si fuera simultáneamente pasado y futuro,
diciendo que se lo piensa en el tiempo futuro perfecto (modo fnturi
exacti). En verdad, no sólo la proyecci6n sino cualquier expectaci6n
puede considerarse como representativa de su objeto en el tiempo futu­
ro perfecto, siempre que la representaci6n sea clara y bien definida.
Para ilustrar la afirmación que acabamos de hacer recordemos que
Tiresias en el Edipo Rey fue capaz de· ver como ya cumplidas sus
horrendas predicciones, con toda la vivacidad de los hechos recorda­
dos. No olvidemos, sin embargo, que también las vio como eventos
futuros. Si no hubiera sido capaz de preverlos hechos como comple­
tados, habría estado meramente prediciendo d futuro a partir de ten­
dencias conocidas y entonces no hubiera sido un verdadero profeta.
Pero si no los hubiera visto como estando aún en el futuro, no habría
sido un profeta sino un mero historiador.a8
Nuestra· definici6n de la acci6n c011).O conducta proyectada tiene
una ventaja adicional. Resuelve el problema de la uni&ul de una
acción. Este problema es de fundamental importancia para la sociolo­
gía comprensiva, aunque hasta el presente ha quedado sin resolver.
Cuando un sociólogo de la comprensi6n examina una acci6n, supone
que ésta tiene unidad y que esa unidad puede definirse.. Sin embargo,
en la práctica, cuando llega a relacionar la comprensi6n observacional
y la motivacional, define la acción concreta en forma arbitraria, sin
referencia al sentido a que apunta el actor. El análisis de la acción
racional lleva al mismo resultado. Si se da el fin, siguen lbs medios, y
cada medio se welve entonces un fin intermedio que debe cumplirse
a su vez por otros medios. El acto total se divide por Jo tanto en aetos
88 Zeitbewusstsein. pág, 413 [T.I., pág. 79].
92
componentes, y un observador .externo que . esté mirando ":objetiva­
mente" tal serie· de actos "componentes", no está en condiciones de
decir si ya se ha alcanzado el fin o si seguirán otras· acciones. Cada
. etapa componente puede considerarse como una nueva unidad~ Corres­
ponde al observador, sea el copartícipe del actor o un sociólogo, decidir
arbio'ariamente dónde comienza y termina el acto total. La páradoja
es insoluble. ¿De qué sirve haHar acerca del significado a qu~ apunta
una acción si ignoramos la fase de la acción que es importante para
el actor y la sustituiJllos, a modo· de interpretación, por un segmento
arbitrariamente elegido del curso observ~do, que constituye '10s hechos"?
Cuando observamos a un leñador, será muy distinto que tratemos de
analizar "objetivamente" los golpes individuales del hacha o que pre­
guntemos simplemente al hombre qué está haciendo, y descubramos
que trabaja para. una compañía maderera.
Hemos hecho remontar. el análisis de la acción hasta la proyec­
ción del acto en el tiempo futuro perfecto. De esto puede deducirse con
completa necesidad el concepto de la unidad de la acción. La unidad
dc la acción se constituye por el hecho de que el acto ya existe "en
proyecto", que será realizado paso a paso mediante la acción. La. uni­
dad del acto es una función .de la envergadura o aliento del proyecto.
La unidad de la acción es entonces subfetiva, y el problema de insertar
el significado subjetivo en un fragmento de conducta que tiene ya
supuestamente unidad objetiva resulta ser .un pseudoproblema.3o Debe
estar ahora en claro que una acción carece de significado como tal
si se la separa del proyecto que la define. Esta es solamente la prueba
dc lo que hemos afirmado en el apartado 6: un significado no se adfudi­
ca realmente a una acción. Si decimos que eso ocu;rre, deberíamos cdm­
prender esa afirmación como una manera metafórica de decir que diri­
gimos nuestra atención a nuestras vivencias, para constituir, a partir
de ellas, una acción unificada.

10. La acción consciente y su evidencia

Debemos preguntamos ahora qué significa llamar "consciente" a una


acción, en contraste con la conducta "inconsciente».4o Nuestra tesis es
ésta: una acción es consciente en el sentido de que antes de que la
realicemos, tenemos en nuestra mente una imagen de lo que vamos a
hacer. Este es .el "acto proyectado". Luego, a medida que procedemos
a la acción, vamos manteniendo continuamente la imagen ante nuestro
ojo interno (retención), o la vamos evocando de tiempo en tiempo en
80 No podemos entrar· aquí en las obvias consecuencias que tiene para la ética
y la jurisprudencia, especialmente para el Derecho penal.
40 Remitimos al lector al excelente estudio de Moritz Geigersobre este· tema,
"Fragment liber das UnbewIIsste", Jahrbuch fUr Phiinomenologfe, IV (192l), 1-136.
Nuestra terminología difiere, por supuesto, de la de Geiger. [Este primer párrafo del
apartado 10 es una paráfrasis más bien que una traducci6n del ori1,rinal de Schlitz.1
93

nuestra mente (reproducción). La experiencia ,totál de la acción· es


de carácter muy complejo, y consiste en experiencias de la actividad
a medida que ocurre, varios tipos de atención a esa actividad, retención
del acto proyectado, reproducción del acto proyectado, etcétera. Esta
"consulta' del mapa" es aquello a lo que nos referimos cuando llama­
mos consciente a la acción. La conducta sin mapa drepresentación es
inconsciente. Para prevenir la confusión, diremos que existen otros
sentidos en los cuales las vivencias se distinguen como "conscientes",
oponiendo este término a "inconsciente". Algunos son legítimos y otros
no. Por ejemplo, existe la teoría que sostiene la existencia de vivencias
totalmente ajenas a la conciencia y que no tienen ning(m efecto sobre
ella. Nosotros rechazamos este concepto como autocontradictorio, pues­
to que según nuestro punto de vista vivencia implica conciencia. Ade­
más está, por supuesto, el sentido muy diferente en que podríamos
Hamar "inconscientes" a las experiencias sobre las cuales aún no hemos
reflexionado. Dejando de lado los problemas que implica tal USO,41 la
dicotomía que estamos tratando es totalmente diferlmte. Nuestras
acciones son conscientes si las hemos diagramadopreviamente "en el
tiempo futuro perfecto". .
Nuestra próxima cuestión se refiere al' modo de nuestro conoci­
miento de la acción consciente. ¿Cuál es la "evidencia" 42 co~ la que
se presenta a sí misma, es decir, cómo "encontramos" la acción en
nuestra experiencia? La respuesta es que la evidencia o modo de pre­
sentación difiere según si 1) el acto está aún en la etapa de "puro
proyecto"; 2) la acción como tal ha comenzado y el acto está en vías
de realización, o 3) .el acto ya ha sido ejecutado y se lo ve retrospec­
tivamerite como un fait accompli. .
Examinemos la primera situación. ¿Qué clase de conocimiento
podemos tener de nuesb'o proyecto? De hecho, puede ser de cualquier
grado de claridad, desde la total vaguedad hasta el máXimo detalle.
Sin embargo, debe recordarse que nuestro conocimiento es en este caso
conocimiento del proyecto del acto, no del acto mismo. Naturalmente,
lo primero es 10 que su nombre implica, un mero esbozo que incluye
muchos lugares vacíos y muchas variables. Se llenan estos lugares
vacíos y se asignan valores a las variables a medida que la acción
progresa paso a paso. En cualquier momento podemos comparar nues­
tro plano con lo que estamos realmente haciendo. Ahora bien, conoce­
mos en forma diferente cada uno de estos dos ítems. Recordamos:
nuestro plano o proyecto, pero en cambio vivenciamos directamente lo
que estamos haciendo. Naturalmente, la evidencia, de la memoria es
más débil y tiene menos ascendiente sobre nosotros. que la vivencia
directa y presente. Y cuanto más cercana está esta última, tanto más
41 ZeitbetDUS$fsein, pág. 473 [T.I., págs. 161-63].
42 Utilizamos aquí "evidencia" (Evidenz) en el sentido de Husserl, como la.
experiencia específica de este "estar consciente de", Cf. Logik, págs. 437 y sigs.,
especialmente pág, 144. '.'. .
94

fuertees.43 Los diversos grados de evidencia en que se nos pr~sentan


las vivencias en relaci6n con sus posiciones temporales han sido des- .
arrollados in extenso por Husserl. S610 necesitamos ocuparnos aquí de
esta diversidad para notar que existe y que es muy compleja. .Para
citar un ejemplo frecuente: podemos partir de un plari claro de acción,
caer luego en cierta confusión mientras la estamos ejecutando, y al
final. no ser capaces de explicar lo que hemos hecho.
El número de variaciones posibles es ilimitado. Sin embargo, sólo
estamos conscientes de una acción si la contemplamos como ya trans­
currida y acabada, es decir, como un acto. Esto es cierto inclusive en
lo que respecta a los proyectos, pues proyectamos la acci6n que nos
proponemos como un acto en el tiempo futuro perfecto. .
Al considerar anteriormente la tesis de que la conducta consciente
es conducta con significado adjudicado a. ella,44 dijimos que "el signi­
ficado 'adjudicado' a la conducta consistiría precisamente en la C011­
ciencia de la conducta". Vemos ahora de cuántas maneras diferentes
p:uede interpretarse esa afirmaci6n. Pero sigue en· pie el argumento
principal: que el significado de una acción es el acto correspondiente.
Esto dcriva estrictamente de nuestra definición de la acción como
conducta orientada hacia un plan o proyecto hecho con anterioridad.
- Además de esto, nuestro análisis en función del tiempo ha ilumi.
nado la diferencia radical que existe entre la acci6n antes de su ejecu­
ción, por una parte, y el acto completado, por la otra. De esto se sigue
que la cuestión referente a cuál es el significado a que apunta un acto
ya cumplido requiere una respuesta, mientras la cuestión del signifi­
cado de la acción concreta a la que sólo se tiende, requiere otra.
¿Cuál es esa importante diferencia? Consiste en que mientras la
acción tiene aún que suceder, se la fantasea como aquello que habrá
ocurrido, es decir, en el tiempo futuro perfecto, como algo ya cumplido.
Así, lo que ocurre es 1.10 Acto reflexivo de atención· dirigido a una
acción fantaseada como transcurrida y cumplida. Ese Acto de atención
precede temporalmente, por supuesto, a la acción misma. Luego, a
medida que ocurre la acción y avanza hacia su término, se amplía la
experiencia del actor, es decir, éste "se bace más viejo". Lo que estaba
adentro del círculo iluminado .de la concienCia durante el momento
de la proyección retrocede ahora hacia la oscuridad y es reemplazado
por vivencias postcdoresque habían sido meramente esperadas o hacia
las cuales se había pro-tendido. Imaginemos a una persona que pro­
yecta una acción racional planeada largo tiempo antes y cuyas metas,
tanto final como intermedia, habían sido por lo tanto claramente anti­
cipadas. No cabe duda de que la actitud de esa persona hacia su plan
diferirá necesariamente de la Que tiene hacia el hecho terminado. Esto
seguirá siendo cierto aunque li acción proceda de acuerdo con el plan.
"Las cosas parecen diferentes a la mafiana siguiente.» Este ha sido un
43 Ideen, págs. 298-94 [T.I., págs. 392-93).

44 En el apartado 6, págs. 70-71, más arriba.

95

problema de las ciencias sociales. Se ha insistido sobre él en todas las


interpretaciones históricas que señalaron las discrepancias' existentes
entre aquello a lo que se apuntaba y lo que realmente resultó•.Dentro
de la sociología comprensiva 'el problema se presenta al tratar de dis­
tinguir entre verosimilitud o probahilidad subjetiva y objetivll, entre
adecuación comprensiva a nivel causal y adecuación comprensiva ,a
nivel de significado.45 Nos ocuparcmos en detalle de estas cuestiones
más adelantc:HI Estos ejemplos podrían ampliarse considerablemente.
Sirven todos para ilustrar la afirmación de que el significado de una
acción difiere según cl punto del tiempo desde el cual se la observa.
Por lo tanto, no podemos hablar simplemente del significado a que
se apunta adjudicado a una acción. El concepto de "significado a que se
apunta" es una función incompleta; para que llegue a ser plenamente
significativo, requiere un índice cronológico que especifique el mo­
mento de la interpretación del significado. Esta cuestión nunca se le
ha ocmrido a Weber. Cuando él habla del significado a que apunta
una acción, piensa simultáneamente en la razón-por-qué del proyecto,
por una parte, y en los determinantes causales del acto ejecutado, por
la otra. También incluye dentro del concepto de "significado a que se
apunta" una referencia al actor en el pl'Oceso de la acción y una refe­
rencia al actor después del completamiento del acto. Ainbas se con­
funden en su interpretación del proyecto del actor.

n. La acción voluntaria y el problema de la elección

Una vez eliminadas del concepto de voluntad las especulaciones y anti­


nomias metafísicas que lo rodearOn históricamente, nos queda la simple
expcriencia de la Actividad espontánea basada en un proyecto pre­
viamente formulado. Esta experiencia se presta fácilmente a una escue­
ta descripción. En los últimos párrafos hemos aclarado cuál es esa
experiencia: qué es en detalle un proyecto y cuál es la "evidencia"
con la cual conocemos el proyecto y la actividad espontánea que en
él se basa. Examinaremos cómo se constituye el proyecto mismo cuando
nos ocupemos del concepto de motivo. Un análisis de la vivencia
fenoménica de voluntad, el peculiar "fiat", como le llama James, me­
diante el cual se pone en acción el proyecto, no resulta esencial para
nuestros propósitos y, por 10 tanto, 10 pasaremos por alto. Sin embargo,
debemos hacer notar al pasar que en cualquier fenomenología de la
voluntad 47 es de fundamental importancia la distinción que establece
Husserl entre vivencias reflexivas y no reflexivas.
Examinemos entonces la segunda clase de temas incluidos bajo el
!'Ubro "acción voluntaria": los problemas de elección, decisión y liber­
41$ Weber, Wirtschaft und GeseUschaft (T.I., Henderson y Parsons, pág. 99).

40 Cf. más abajo, cap. V, apmtado 47.

47 Cf. bs obras anres citadas de Geiger, PElinder y Reiner.

96

tad. Si se sostiene que la acción voluntaria es el criterio de la conducta


significativa, el "significado" de esa conducta s610 consiste en la elec­
ción: en la libertad para comportarse de una, manera y no de otra. Esto
significaría no sólo que la acción es '1ibre" sino que los fines del acto
se conocen en el momcnto de la decisión; en síntesis, que' existe una
libre. elección entre por lo menos dos fines. Es indiscutible mérito de
Bergson el hecho de que en su Essai,48 publicado ya en 1888, lograra
aclarar el problema básico del determinismo.. Resumiremos brevemente
a continuación sus argumentos.
¿Qué significa una elección entre dos actos posibles, X e Y? Tanto
los deterministas como los no deterministas tienden a concebir a X y a
Y como puntos en el espacio: el yo que decide se encuentra en la.
encrucijada O y puede decidir libremente si irá hacia X o hacia Y.
Pero esta misma manera de pensar es falaz. El probleiná no debería
concebirsc en témnnos de fines espaciales, o senderos pre-dados, de
la coexistencia de los actos X e Y antes de que uno de ellos se cumpla.
Estos fines no existen en absoluto antes de la elección, ni tampoco los
caminos que llevan hacia ellos existen hasta que, y a menos que, sean
recorridos. Sin embargo, si se ha cumplido el acto -digamos X-, la
afirmación de que estando en el punto O se podría haber elegido igual­
mente Y, carece forzosamente de significado. Igualmente carente de
significado es la afirmación de que, puesto que la causa determinante
de X ya existía al estar en O, sólo podía haber sido elegida X. Tanto el
dcterminismo como el indeterminismo hacen remontar "el hecho ya
realizado" (l'action accompli) al punto O, tratando de atribuir todas
sus características a la acción que se está cumpliendo (raction saccom­
plissante). Por detrás de estas dos doctrinas acecha el faiaz supuesto
de que los modos espaciales del pensamiento pueden aplicarse a la
duración, que la duración puede explicarse por medio del espacio, y
la sucesión mediante la simultaneidad. Pero la manera rcal en que
ocurre la elección es la siguiente: el yo recorre imaginativmnente una
serie de estados psíquicos en cada uno de los cuales se expande, se
enriquece y cambia (gl'ossit, senrichit et change), hasta que "el acto
libre se desprende por sí mismo de él como un fruto que cae de ma­
duro". Las dos "posibilidades", "direcciones" o "tendencias" que hace­
mos remontar a los sucesivos estados conscÍcntes en realidad no existen
en absoluto allí antes de que se baya cumplido el acto; lo que sí exis­
te es sólo un yo que, junto con sus motivos, abarca un devenir ininte­
rrumpido. Tanto el determinismo como el no determinismo b'atan esta
oscilación como si fucra el movimicnto espacial de un columpio. Los
argumentos del determinismo se basan todos sobrc la fórmula: "Una
vez realizado el hecho, está realizado" (l'acte une foís accompli, est
accompli). Los argumentos del indeterminismo, en cambio, se basan
en la fórmula: "El acto 110 estaba hecho antes de que se lo realizara"
48 ef, esppdalmente el cap. III, "The Organizntion of Conscious States; Free
Wilf'. [Nos referimos a la traducción inglesa de F. L. Pogsoll (Nueva York, 1912).]

J
97
(racte avant á étre accompli, M létait pas encare). Esto en lo que
respecta a Bel'gson.
¿Qué conduimos de todo esto en lo que resp~cta a nuestra argu­
mentación? Juntemos la tesis de Bergson con las afirmaciones que
hemos realizado anteriormente. Vimos que el proyecto anticipa no la
acción misma sino el acto, y éste está en el tiempo futuro perfecto.
Hemos estudiado además el peculiar ,vínculo estructural existente entre
el proyecto, la acción en curso y el acto que ante la reflexión aparece
curripliendo o no' logrando cumplir el proyecto. El proyecto mismo
es una fantasía; es sólo la sombra de una acción, una. reproducción
anticipativa, o, siguiendo la terminología de Husserl, una «represen­
tación neutralizantc".40
Por otro lado, la fantasía es una vivencia real que puede reflejarse
a su vez en todas sus modificaciones. ¿Cómo ocurre entonces la "elec­
ción"? Aparentemente de esta manera: ante todo, se proyecta un acto
X en el tiempo futuro perfecto. 4. continuacwn el actor se da cuenta
en forma autoconsciente de que está fantaseando el Acto intencional
y su conterudo. Luego ·se proyecta el acto Y; después el proceso de la
proyección de Y se transforma en un objeto de la atención reflexiva
del actor. Estos actos son retenidos, reproducidos, comparados reflexi­
vamente en innumerables Actos intencionales que Ocurren a continua­
ción y se superponen en una trama enormemente complicada de rela­
Ciones. Hasta aquí, son todas sombras de acciones, neutralizantes, no
comprometidas, no efectivas. Pero no equivalen meramente a los "esta­
dos psíquicos" de Bergson, pues estos últimos están inmersos en la
duración y no son de naturaleza reflexiva. 50 En verdad, éste es el punto
crítico de la argumentación de Bergson, pues si tales estados psíquicos
fueran de carácter reflexivo, deberían tener que ver con el hecho ya
realizado y no con el hecho en curso' de realización.
Nuestro, análisis, con la ayuda de Husserl, sobrepasa eh medida
considerable la tesis de Bergson. Según nuestro punto de vista, el
proceso de elección entre proyectos sucesivamente representados, más
la acción misma hasta su cumplimiento, incluye un Acto (Akt) inten­
cional sintético de orden superior, Acto que se diferencia internamente
en otros Actos. A ese tipo de Acto, Husserl le llama politéticO.51
Husserl distingue entre Actos intencionales que constituyen sínte­
sis continuas, y Actos intencionales que forman síntesis discontinuas.
Por ejemplo, un Acto dc conciencia que constituyera la "cosidad" de
una cosa en el espacio, es una síntesis continua. Las síntesis disconti­
nuas, por otra parte, son vinculaciones de otros Actos ,discretos. La
unidad formada e,<; una unidad articulada y de orden superior. Este
49 Ideen, págs. 223 y 234. [T.I., págs. 307 y 321. El párrafo precedente
:fue abreviado en la traduccit'lIl.] .
,1l0Para el yo inmerso en la duración no hay elecci{m, sino s610 impulso, como
demostr6 Reiner (áp. cit., pág. 22). . . .
lit fLos tres párrafos siguientes son una adt\ptación, más bien que una tra.
ducci6n .directa.]
98

Acto superior (que él llama Acto politético) es a la vez politético y


sintético. Es politético porque dentro de él están ubicad~.s diferentes
"tesis". Es sintético porque están puestas juntas. Así como todo Acto
constituyente dentro del Acto total tiene su objeto, el Acto total tiene
su objeto total. Pero ocurre algo distintivo en la constitución de este
objeto .total. Podría explicársel() más o menos así: el objeto de cada
Acto constituyente tiene tina sola flecha de atención o rayo (Strahl)
de conciencia dirigida hacia él. El Acto sintético que sigue es nece­
sariamente de rayos múltiples, puesto que debe empezar con una colec­
ción sintética. Pero no se satisfacc con ser una conciencia plural, se
tral1sforma en una conciencia singular, puesto que su colección com­
pleta de objetos se transforma en el objeto de un rayo, en un "objeto
unirradiado".
Apliquemos ahora esto al Acto (Akt) de elección. OriginaJmente
se proyectaban las alternativas X e Y. Cada uno de estos Actos pro­
yectivos dirigía un solo rayo de atención sobre un objeto (la alternativa
en cuestión) . Sin embargo, una vez que se resuelve la oscilación' entre
las alternativas, una vez que se hace la elección, esta elección aparecí'
a la mirada reflexiva como un Acto unificado de proyección o fantasía.
Los Actos o proyecciones de la fantasía individual van saliendo entre­
tanto del campo de visión. Sin embargo, el objeto total del nuevo
Acto sintético tiene aún un status proyectado, un merO casi-sCl'; es,
según la terminología de Husserl, "neutral" más bien que "posicional";
tiene que ver no con 10 que es, sino con lo que el actor ha decidido
que será. Por otro lado, una vez completado el hecho (Handlung),
toda la cosa puede ser vista "posicionalmente" c9,mo algo .realmente
existente. En todo caso, el hecho se capta ahora en un Acto monotético
intencional y se lo refiere al momento de la elección, cuandó sólo había
originalmente Actos politéticos. Esto es una ilusión, como señalaba
Bergson, pero tanto caen en ella los deterministas como los no deter­
ministas. El error consiste en suponer que. el estado consciente (étal
psychique), que sólo existe después de realizado el hecho, f(~side atrás,
en algún "punto de la duración" anterior a la elección efectiva.
Pero esta transformación de la multipliCidad en unidad es de gran
importancia desde nuestro punto de Vista. En efecto, s~gnifica que la
acción, una vez completada, constituye una unidad a partir del pro­
yecto original de ejecución, sin tener en cuenta la multiplicidad y com­
plejidad de sus fases componentes. Esta es la manera en que la acción
se presenta al yo en la medida en que este último permanece en actitud
natural o ingenua.

12. Sumario: la esencia del significado en su sentido primordial


Hemos avanzado bastante en nuestra investigación como para definir
el concepto de significado en su sentido primero y primordial. No
ob!;tante, al hacerlo nos limitaremos -como hicimos a ]0 largo del


~

99

presente capítulo- al significado que cada uno de nosotros da a su


propia acción. Dejaremos para más tarde el problcma de la. intersub­
jetividad.
Recordemos la tensión que hemos señalado entre pensamiento y
vida. El pensamiento está enfocado sobre los objetos del mundo espa­
cio-temporal; la vid.:'1. pertenece a la duración. La tensión existente
cntre los dos se vincula con la esencia de la "significatividad" de la
vivencia. Es equívoco decir que las vivencias tienen significado. El
significado no reside en la vivencia. Antes bien, son significativas las
vivencias que se captan reflexivamente. El significado es la mane1'a
en que el yo considera su vivencia, reside en la actitud del yo hacia
csa parte de su corriente de la conciencia que ya ha fluido, hacia su
"duración transcurrida". Tratemos de ser más precisos. Dijimos que
el yo mira su vivencia y por lo tanto la hace significativa. ¿Queremos
decir con ello que se trata de una vivencia discreta y bien definida?
Si es así, las dos fornmlaciones: "la vivencia V es significativa" y "la
vivencia Ves contemplada" son convertibles. ¿Son entonces significa­
tivas todas mis vivencias? En absoluto. Hay muchas vivencias sobre
las cuales nunca rcflexiono y que siguen siendo prefenoménicas. En
la medida en que tengo dmée, en la medida en que tengo éonciencia
temporal interna, tendré vivencias, lleguen éstas a ser alguna vez obje­
tos de reflexión o no. Esas vivencias son las esencialmente reales y
prefenoménicas y constituyen la suma total de mis vivencias, aunque
nunca reflcxione sobre ellas. Para constituir la "auto pertenencia" (le­
MeinigkeitF'2 de todas mis vivencias, basta meramente la forma tem­
poral interna del yo, la durée, o, como la llama Husserl, la conciencia
temporal interna, expresiones todas que sólo traducen la constitución
del yo duradero y la constitución de la autopertenencia de todas mis
vivencias. Es entonces incorrecto decir que mis vivencias s610 son sig­
nificativas en virtud de que son vivenciadas o de que se las vive. Tal
punto de vista eliminaría la tensión cxistcnte enh'e vivencia denh'o del
flujo de la duraci6n y reflexión sobre la vivencia así experimentada;
en otras palabras, la tensión entre vida y pensamiento. Pero ésta es la
misma tensión que se presupone siempre que s~ habla de significado.
Rechacemos entonces la posición que sostiene que la significatividad
corresponde a la esh'uctura noemática 53 (es decir, la vivencia misma)
o al mero hecho de pertenecer a la corriente de la duración. Diremos
más bien que todo Acto de atención dirigido hacia la propia corriente
de la duración puede compararse con un cono de luz. Ese conoilu­
mina las fases individuales ya transcurridas de la corriente, haciéndolas
brillantes y netamente definidas [y, como tales, significativas].
Concluimos entonces que el concepto de significado y su proble­
mática no tienen aplicación a la vida considerada como duración. Sería
por lo menos trivial decir que el Aquí y Ahora no reilexionado es
r,2 [Cf. Heidegger, Sein tlnd Zeit, l?úg. 42; TJ., pág. 68.]

53 [Cf. Husserl, Ideas, § 8, cap. 8.J

100

significativo. Los Actos del cogito en el cual vive el yo, el presente


<

viviente en que el yo pasa de largo alejándose de cada Aquí y Ahora


hacia el próximo, nunca pueden ser captados en el cono de luz. Por
16 tanto, caen fuera de la eSfera de lo significativo. Por el contx:ario
(y esto también surge de nuestra argumentación): el Aquí y -Abara
real del yo viviente es la fuente. misma d~ la luz, el ápice del, cual
emanan los rayos que se difunden en forma de cono sobre las fases ya
transcurridas y en retirada de la corriente ge la duración, iluminándo­
las y destacándolas del resto de la corriente.
Hemos logrado ahora un conc~pto preliminar de la vivencia sig­
nificativa. La mirada reflexiva ~isla una vivencia transcurrida y la
constituye como significativa. Si luego ocurre una referencia retros­
pectiva ilitencional a la Actividad espontánea que engendr6 la vivencia
como unidad discreta, es por y media,nte este Acto de atención como
se constituye la conducta' significativa. Si la mirada reflexiva va más
allá de esto, .además, e ilumina el. proyecto, entonces constituye tam­
bién la acción significativa. Es evidente que el dirigir la atención a
la conducta y a la acción son formas de dirigir la atención a la vivencia
en general, que se vuelve con ello, por supuesto, discreta. 54 De aquí
resulta que la conducta y la acción están siempre constituidas por
series politéticamente -organizadas de vivencias que pueden verse de
dos maneras: como, un recorrido de las etapas en que se cumplió la
acción, o como una visión totalmente unificada' de lo que lIf~gó así a
la realización esperada; en síntesis, como conducta o como hecho.
Hasta aquí hemos hablado del, significado en general. Pero tam­
bién debemos recordar que cada acción tiene su propio significado
específico, que la distingue de toda otra acción. Es este significa­
do específico el que interesaba a Max Weber cuando formuló el con­
cepto de "significado a que se apunta". ¿C6mo se constituye· el signi..
ficado específico dentro de "la corriente de la conciencia, y cómo se
deriva .el concepto de significado eSpecífico a partir del concepto gene­
ral de significado-que acabamos de formular? Y, sobre todo, ¿cómo
sucede que el significado de una y la misma vivencia pueda cambiár
a medida que ésta se retira hacia el pasado?
Hemos, hablado del Acto de atención, que expone a la mirada
intencional las vivencias que de otro modo serían simplemente viven­
ciadas. Este Acto de atención admite a su vez varias modificacioneS
que SOIl difíciles de separar y distinguir una de otra. Les llamaremos,'
siguiendo a Husserl, "transformaciones de la atención" o "modificacio­
nes atencionales". Estas constituyen los diferentes' modos de atención
y, por lo tanto, el significado especifico de las vivencias.

M Cf. Reiner, 01'. elt., págs. M y sigs., donde se encuentra un estudio de la


correlaci6n fundamental entre actividad y pasividad. , '
101

13. La amplificación del primer concepto de significado:

'úJ. modificación atencional del significado

Husserl define las modificaciones atencionales de la manera siguiente:


Nuestro interés en este caso se centra sobre una sene de transformaciones •.•
que ya presuponen un núcleo noético 55 y ciertas fases caractensticas de un oro en
diferente, que necesariamente pertenece a él, trans(ormaciones que no. .. [alteran
el aspecto noemático de las vivencias] y sin embargo muestran modifiClaciones del
conjunto de la vivencia, .tanto en su aspecto nooticocomo en el noemático. 56
Fijemos en la idea y respecto de su contenido noemático alguna cosa de la cual
estemos perceptivamente conscientes o algún evento vinculado con ella. ••• Enton­
ces también la fijación del rayo de la atenci6n en su propio circuito apuntada perte­
nece a esta idea, pues el rayo también es una fase de la vivencia. Es entonces evi­
dente que son posibles modos de alteraci6n de la vivencia fijada, que indicamos bajo
el rubro "alteraciones en la distribución de la atenci6n y sus modos",57
. Es evidente que estas modificaciones son no s610 las de la vivencia misma en
su aspecto noético, sino que también abarcan sus noémata, que, en el aspecto noemá­
tico -sin que obste al núcleo noemático idéntico-- muestran una nueva clase de
caracterizaciones. .•• Es obvio, además, que las modificaciones que oCurren en el
ooema no son de una clase que simplemente se agregue a algo que pemlanece idén­
tico ~ lo largo de alguna adición meramente exteOla¡ por el contrario, los noémata

55 La distinción crucial entre 'nóesls y nóema la formula Husserl ~ón las si­
guientes palabras: "Tenemos que distinguir las partes y fases que encontramos a tra­
. vés de una análisis real de la vivencia, en el cual tratamos la vivencia como un

objeto semejante a cualquier otro. .•. Pero por otra parte la vivencia intencional

es la conciencia de algo, y es así en In foona que su esencia prescribe: como memo­

ria, por ejemplo, o como jnicio, o como voluntad, etcétera, y entonces cabe pregun­

tarse qué podemos decir esencialmente con respecto a este 'de algo'" (Ideen, I,

pág. 181 [T.I., pág. 257]). .


La primera clase de inquisición es noética, la segunda es noemática. Las fases
nooticas son, por ejemplo, "la dirección de la mirada del puro yo .hacia el objeto
a que éste. tiende en virtud de su asignación de si¡''llificado, hacia aquello que éste
'tiene in mente como algo slbrnificad¿, además la aprehensión de este objeto, l~l fir­
me captación de él mientras la mira<U. se desvía hacia otros objetos que entraron
en el círculo de 'conjeturá; igualmente los efectos de la explicitacíón, la relación, la
aprehensión sinóptica y el asumir las diversas actitudes de creepcia, presunción, eva­
luación, etcétenl" (ibíd.; pág. 181 [T.L, págs. 257-58]). "En completa correspon­
dencia con los múltiples datos del contenido real, noético, hay tmavariedad de datos
desplegable s en la intuición realmente pura, y en un 'contenidtJ noemútlc¿ correla­
tivo, o, más brevemente, en' un 'nóema'. .•• La percepción, por ejemplo, tiene su
Mema, y en la base de éste su significado perceptual, que es lo perdbldo como
tal. En foona semejante, la evocación ..• tiene como su [nóema] lo recordado'como
tal, tal como es precisamente 'signifi~ado' y 'conocido conscientemente' en la evoca­
ción: el juicio tiene como su [nóemu] lo:ftlzgado como tal: ~l placer lo gozado como
tal, ekétera" (ibíd., pág. 181 [T.I., pág. 258]).
1111 Ideen, P!lg. 190 [TJ., pág. 267]. Respecto al probleinade la aten~'ión,
cf. también Logillche Untersnchungen, JI, 1, pdgs. 160 y sigs., Zeitbewussiliein, pági­
nas 484 y sigs. [T.I., pácgs. 178.79 y sigs.].
. 57 Ideen; loe. cit. .
102
concretos cambian filndamentalmente, lo cual es de primordial .importancia en este
caso, porque:' son los modos neces8:!'ios en que se da lo que es idéntico a sí mismo. lls

Todos los tipos de vivencias admiten modificaciones' atencionales: las


vivencias del mundo perceptual, del mundo de la memoria, del de la
pura fantasía y, por consiguiente, de los proyectos. 50 Como sabemos
desdc quc lo scñaló Husserl, los cambios de atención pueden influir, si
asumimos una actitud neutral o posicional hacia algún contenido de
la concicl1cia.OO Las modificaciones atencionales mismas muestran una
vez m¡í.s toda clase de matices: la comprensión real, la mera observa­
ción, el notar apenas o el pasar completamente por alto;Ol
Las formaciones atenciol1ales, en sus modos de actualidad, poseen en un sentido
muy especial el carácter de subjetividad, y todas las .funciones que son modalizadas
mediante esos modos, o los l)resuponen, como las especies a sus géneros, obtienen
con ello también ese cun\cter. El rayo de la atención. .. no está separado del yo,
sino que es en si mismo y sigue sie¡.do personal. G2

El hccho de quc el dardo de la atención siga siendo personal, es


decir, un "rayo del yo", significa que acompaña los cambios del yo
dentro de la corriente de la duración, es decir, en otras palabras, que
participa en la constituci6n del Aquí-Ahora-y-Así real, porque el Aquí
y Ahora no sedan "Así", es decir, faltaría la cualidad determinada por
sí misma, si el yo no dirigiera su atención hacia ella. Inversamente,
podemos decir que el Aquí-Ahora-y-Así real es la base de la modifi­
cación atencional, porque desde el punto de vista del' momento pre­
sente el dardo de la atención se ditige hacia atrás, hacia las fases
transcurrid~s.
Esta cucstión requicre algún esclarecimiento. De un momento a
otro el yo mucstra, hacia los objetos do su atención, actitudes que
varían en grado y clase. Su concÍ(>ncia manifiesta,. por ejemplo, dife­
rentes grados dc tensión según si se dirigo cn nctividad animada hacia
el mundo dcl cspacio y cl tiempo o si se sumerge en su corriente interna.
de concicncia. Y cn síntesis, hay muchas actitudes fundamentales dife­
rcntes quc el yo pucde asumir hacia la vida, actitudes similares a los
"estados dc ánimo" de los quc habla Hcidegger bajo el título de "los exis­
tentialia del Dasein".63 Ahora bien, la: actitud del yo hacia la vida -su
attel1tion el la vie- determina a su vez su actitud hacia el pasado.
Gil Ideen, pág. 191 fT.L, pág. 269. Nos hemos apartado hasta cierto punto
de la traducción de Boyce Gibson].
5!J Véase más arriba, pág. 89, n. 36.
GO Ideen, págs. 228 y sigs. fT.I., págs. 314 y sigs.].
di Ideen, pág. 192 ¡T.I., p¡íg. 270].
02 Ideen, pág. 192 [T.l., pág. 270].
I',:¡ ¡Los existentialia son "caracteres del Ser del Dasein", los elementos de la:
!'structUrll del Da.sein. La preocupación (Sorge) es uno de tales elementos estruc­
tundes (cf. Sein flnd Zeit, pág. 44; T.I., pág. 70). Los estadas (le ánimo son cxis~
h'ntialia fundamentales (Sein flnd Zeit, pág. 134; T.I., págs. -172-73.]
103

El último punto es equivalente a la formulación de que el signi­


ficado de una vivencia sufre modificaciones según la clase particu]ar
de atención que el yo acuerda a esa vivencia, Esto también lmplica
que el significado de una vivencia varía según el momento· desde el
cual el yo la observa. Por ejemplo, su significado es distinto según la
distancia temporal desde la cual se la recuerda· y mira retrospectiva~
mente. En forma similar, la mirada reflexiva penetrará más .0 menos
profundamente en la vivencia, según su, punto de vista. Por ejemplo,
algunos puntos de vista pueden no requerir una penetración muy pro­
funda. Hemos observado esto al examinar el concepto de significado
a que se apunta, de Weber. Vimos que existen muchos casos de inter­
pretación de significado en la vida diaria, en los cuales no vale la pena
ponerse a averiguar el significado más profundo que. alguien quiso
transmitir, porque el conocimiento de su sentido superficial es total­
mente suficiente para orientarnos respecto de su conducta. Así, el
establecimiento y la interpretación del significado están pragmática­
mi¡\nte determinados en la esfera intersubjetiva. Pero aquí no termina
el asunto. "Aun el nivel más profundo de la corriente de la ,conciencia
del yo solitario al cual pueda llegar la mirada reflexiva, está pragmá­
ticamente determinado.
Hasta este punto· hemos utilizado 'repetidamente el concepto de
lo dado-por-sentado. Ahora bien, gracias a nuestro análisis de la modi­
ficación atencional, podemos darle un significado muy preciso. Lo
dado-por-sentado (das Fraglos-gegeben) es siempre ese nivel particu­
lar de experiencia que no parece necesitar más análisis. El hecho de
que un nivel se dé así por sentado depende del interés pragmático
de la mirada reflexiva que se dirige hacia él y. por lo tanto, hacia el
particular Aquí y'Ahora desde el cual opera esa mirada. Al decir que
,algún contenido de la con9icncia se da ,así por sentado queda aún
abierta la cuestión respecto de si se acredita a ese contenido alguna
clase de existencia o realidad. es. decir, si se da en actos de conciencia
posicional o neutral. No obstante, un cambió de atención puede trans.­
formar algo que se da por sentado en algo problemático.
La presente sección se ha limitado a sugerir el punto de partida
para un análisis fenomenológico de la atención, pues una ejecución
detallada de tal análisis no se requiere. dentro de los límites de este
ensayo. Basta con que hayamos descubierto en la modificación aten­
cional un punto de partida para una teoría de la constitución del sig­
nificado específico de vivencias particulares. Pero la comprensión de
la naturaleza de la modificación atencional nos proporciona sólo un
punto de partida, y debeUlos ahora proceder a ~xaminar otra clase
de problema.
104

14, Una mayor amplificación: las configuraciones de vivencias.


',El contexto de significado, y el contexto de experiencia

Tratemos de llegar a la raíz del' problema del significado' a que se


apunta~ Al hacerlo, el paso importante consiste en reconocer la exis­
tencia de configuraciones dentro de nuestra vida consciente. Ya hemos
expuesto la falacia según la cual el significado a que se apunta es una
vivencia (Erlebnís)64 aislada. En la medida 'en que la conciencia sigue
siendo una corriente pura 'de duración, no hay vivencias discretas. Estas
últimas sólo aparecen cuando comienza a operar la mirada reflexiva
de la atención. Dentro de la corriente, entonces; en lugar de experien­
cias discretas tenemos por todos lados continuidad, con horizontes que
se abren, igualmente hada el pasado y el futuro. Por más diversas
que sean las vivencias, están vincul~das por el hecho de que son mías.
A esta unidad primaria se agrega otra unidad en un nivel más alto. Es
la unidad conferida por la mirada reflexiva, la unidad de significado. La
mirada reflexiva es el Acto (Akt)65 que eleva al contenido .dela con­
ciencia desde el status prefenoménico hasta el fenoménico~: '.
Perb hay todavía un estadio más aIto de unidad dentro de la
vivencia. Ese estadio' consiste en la 'reunión de Actos 'separ!cldos dentro
de una síntesis más alta. Esa síntesis se transforma entonces' en un
"objeto" dentro de la conciencia. Lo que era politético y multirradiado
se ha vuelto ahora monotético y unirradiado. Tenemos entonces una
configuración de significado o contexto de significado. Definamos for­
malmente el conte~o 'de significado:' decimos que nuestras vivencias
Vl, Vl!, "', V" están en un contexto de significado s6lo si -una vez
que han sido vivenciadas en etapas separadas-'se constituyen en una
síntesis de orden superior, tJ:ansformándosecon ello en objetos unifi­
cados de la atención monotética. '
Entretanto, mantendremos muy 9laramente presente la distinci6n
entre cOnfiguraciones de significado y configuraciones de orden infe­
rior, tales como la de la simple atención a vivencias y la de la duración
misma, la configuración que hace que mis vivencias sean "mÍas",66 Las

64 rErlebnis tiene, especialmente para Husserl, la connotaci6n de un estado


consciente que se está viviendo. Hemos traducido esta palabra con el giro "lived
experience" (experiencia vivida). Por otro lado, Erfahrung significa esencialmente
un encuentro cognitivo con alguna clase de dato. La hemos traducido simplemente
como "experience" (experiencia). En los casos en que el significado resulta claro
por el contexto y donde de otro modo resultaría una expresi6n dura también verti­
mos simplemente Ef"lebnis por experienCia.] [En la versi6n 'Castellana traducimos
Erlebnis por vivencia. T.] ,
1\5 [Hemos traducido Akt como "Act" (Acto). Se opone a Handlung, que
hemos traducido como "act" (acto) y tiene el sentido de hecho cumplido, y a
Handeln, que hemos traducido como "action" (acción), de acuerdo con el uso pos~
terior de Schütz en sus escritos en inglés (cf. CoUected PapeTs, 1. págs. 19 y sigs.•
y passim).] ,
66 Ideen, plig. 246 [T.I., págs. 334-35].
105

configuraciones de significado; recordémoslo, consisten en' significados


ya creados en actos más elementales de atención.
Primero se esboza un proyecto en un Acto intencional. Luego se
lleva el proyecto a realizaci6n mediante la acción. El resultado !')s un
acto o hecho completado. Este acto es en sí mismo un contexto de sig­
nificado, pues da unidad a todos los Actos intencionales y a todas las
acciones implicadas en su realización.. Pueden construirse luego con­
textos de significado más elevados y complejos, a partir de actos indi­
viduales.
. Esto puede aplicarse en la escala más general. Toda nuestra expe­
riencia' (E1jahrung) 6; del mundo como tal está constituida en Actos
politéticos. Podemos sintetizar estos Actos y luego pensar la síntesis
resultante como lo experienciado (das Erfah1'ene), que se transforma
en el objeto unificado de la atención monotéticá. Esto vale tanto res­
pecto de los Actos de la experiencia externa como de la interna. Junto
con la constitución de "lo experienciado" a partir de experiencia sepa­
rada, se constituye el objeto de experiencia (Erfahrungsgegenstand).
El objeto de experielléia se constituye ante nuestros ojos, por su naturaleza mis­
ma, en· síntesis continuas y discretas de múltiples experiencias yen la aparición
cambiante de aspectos y fases siempre nuevos que le son peculiares' como individuo.
A partir de este proceso de construcción, que consiste siempre' en esbozar de ante­
mano ~l objeto e insinuar cómo será cualldo esté terminado, derivan su significado
tanto las apariciones separadas como el ,,"(<'fn mismo. Sin embargo, el significado del
objeto es siempre el de un objeto que está cambiando de esta manera, como la uni­
dad idéntica de las automanifestaciones posibles que pueden actualizarse una y
otra vez. 6S

Es evidente por sí mismo que tales síntesis pueden ser aprehendi­


das junto con ,otras síntesis y, mediante Actos politéticos, trasladadas
a alguna clase de orden más elevado junto con éstas. Husserl ha ela­
borado este proceso hasta sus últimos detalles en sus Ideas. Teniendo
presente esto, podemos definir el contexto de experiencia (Erfahrungs­
zusammenhang) como: a) el contenido de la totalidad de las configu­
raciones de significado reunidas dentro de un momento, o b) como un
contexto de significado de orden superior. En efecto, cuando miro
retrospectivamente hacia mi experiencia transcurrida, la veo monoté­
ticamente, aunque haya llegado a existir en fases y mediantfi muchos
Actos intencionales. 60 El contenido total de toda mi experiencia, o de

67 Nuestro concepto de experiencia (Erfahrung) debería distinguirse del con­


cepto poco claro que se encuentra en el naturalismo empirista (sensualismo). Por
el contrario, utilizamos el término en' el sentido más amplio que le. dio Husserl en
la Lógica formal y trascendental, es decir, la aprehensión y posesión de la cosa miso.
ma (Selbsterfl/ssung und. Selbsthabe), cosa que es un dato individual, aun de un:
objeto inexistente (eines ¡rrel/len Gegenstandes).
(¡¡j Logik, pág. 147.
09 Debería comprenderse claramente que una ell:periencia (Erfahrung), aun
106

todas mis percepciones del mundo en el sentido más ámplio es reunido


y coordinado, entonces, en ,el contexto total de mi experiencia. Este
contexto total se amplía con cada nueva vivencia. En, cada momento
hay entonces un núcleo creciente de experiencia acumulada. Este nú­
cleo creciente consiste tanto en olJfetos reales como ideales de expe­
riencia (Erfahrungsgegenstandlichkeiten), ql,le han sido producidos por
supuesto una vez en Actos intencionales 'polísiQtéticos. Pero los objetos
que ,se encuentran en este repositorio' de reserva se dan siempre por
sentados; No prestamos atención al hecho de que son productos de
una ac~ividad consciente previa, que han pasado por un proceso com­
plejo de constitución. (Podemos, por supuesto, prestar tal atención si
,preferimos hacerlo.) Esta constitución se realiz~, estrato por estrato, en,
niveles inferiores de conciencia ya no penetrados por el rayo de la
atención. El coritexto total de experiencia en un momento dado con­
siste así, en sí mismo, en objetos de U11 orden superior que son aprehen­
didos monotéticamente y dados por sentados sin volver a la cuestión
de CÓ!l10 y en qué Actos poJitéticos fueron constntidos.
Este almacenamiento de reserva de conocimiento se conserva en
forma de mero contenido pasivo. Sin embargo, parte de ese contenido
que tiene ahora forma pasiva fu~ producido una vez mediante Actividad
intencional. Cualquier contenido tal, que sea ahora un objeto de ate'rí­
ción monotética, puede ser reactivado, retrotraído al modo activo, por
así decirlo, y luego re-establecido paso a paso, como demostró Husserl
extensamente en su L6gica formal y transcendental. Los juicios com­
pletados están por 10 tanto presentes dentro de nuestra conciencia no
como juicios en curso sino como objetividades ideales, como esencias,70
susceptibles siempre, sin embargo, de ser "deshelados" y retrotraídos
a su estado activo original. "Siempre que iluminamos los contenidos
pasivos de ,la conciencia, el lado 'esencial' del significado, ocurre un
proceso de libre creatividad en el cual brotan en nuestra mente nuevas
eStÍ'Ucturi,ls categoriales de significado, de acuerdó con los signos o
palabras correspondientes." 71 Esto es cierto respecto de todos los jui­
cios, pero también lo es en general respecto de todos los productos,
de la Actividad categorial,72 incluidas la conducta y la acción, ya que
el juicio mismo es Una clase de acción. En verdad, una característica
de todos los productos de la Actividad espontánea consiste en que
en su estado final coherente, carece completamente de oualquier indicio respecto
a c6mo se constituyó en la conciencia. La experiencia puede constituirse en una
serie de Actos de posición que juntos pueden transformarse en un objeto unificado
de atención monotética. Pero dentro del contexto total de la experiencia pueden
encontrarse no sólo tales Actos posicionales sino también" todos los contenidos de la
conciencia neutralizante, sea que permanezcan siempre tales o que en algún mo­
mento lleguen a la posicionalidnd. "
• 'lO Husserl habla también, a este respecto, de la "naturaleza repetible y re­
vivlficable" de las estructuras categoriales que se desarrollan en el juicio (LagO.,
pág. 104).
'1'1 Logik, p&g. 285.

'l'.2 Lagik, pág; 282.

107

pueden ser reconstituidos como Actos que son en principio repetibles


(in einer Idealitiit des Immer Wieder).73 Sin embargQ, si puedo iden­
tificar el producto de mi Acto reiterado con uno proveniente de un
anterior Aquí y Ahora, esta identificación es en sí misma un nuevo
contexto de significado; en la terminología de Husserl, es una Síntesis
de Reconocimiento.74 Este es de nuevo un caso de Acto experiencial
y ya no una experiencia disponible, por lo menos no disponible en el
Aquí y Ahora de la reactivación".
Limitemos por lo tanto el término "repositorio de conocimiento
disponible" al almacenamiento de objetividades de experiencias ya cons­
tituidas en el efectivo Aquí y Ahora,es decir, en otras palabras, a la
"posesión" pasiva de experiencias, excluyendo su reconstitución.
Lo que reemerge en la conciencia apcrceptiva, o inclusive se
reconstituye, depende del Acto de atención del yo a su propio repo­
sitorio de conocimiento. Está por lo tanto pragmáticamente determi­
nado en el sentido que hemos examinado antes. Podemos definir ahora
el contexto total de la experiencia como el contenido de todos los
Actos de atención que el yo como ser libre puede dirigir, en cualquier
momento dado de su vida consciente, hacia aquellas de sus vivencias
transcurridas que se han constituido en síntesis realizadas paso a paso.
Esto incluiría, por supuesto, todas . las modificaciones atencionales de
tales Actos. El significado específico de una vivencia, y por 10 tanto
el modo particular del Acto de atención hacia ella, consiste en el orde­
namiento de esa vivencia dentro del contexto de la experiencia que
está disponible. P()demos también expresar esto de una manera un
poco distinta, pero. que nos dará una definición precisa del "significado
a que se apunta": el significado a que apunta una vivell~.ia no es nada
más ni menos que una autointerpretación de esa vivencia desde el
punto de vista de una nueva vivencia.
Nuestro próximo paso consiste en descubrir qué es esa autointer­
pretación y cómo ocurre. Al hacerlo, nos conformaremos con un con­
cepto aproximado, puesto que estamos buscando la introvisión feno­
menológica no como un fin en sí mismo sino como un medio para
formular adecuadamente un problema sociológico.

78 Esto es espeCialmente cierto respecto de los juicios. ,Puesto que su forma


básica es del tipo infinitamente repetible "Puedo hacerlo de nuevo"," es posible
hacerles readquirir, siemllre que se los encuentra, su forma de juicios activos. Hay
aquí un problema no resuelto, y la introducci6n del concepto de "conocer" s610 con­
tl'ibuye a oscurecer más .la situación, por lo cual lo hemos evitado hasta ahora. En
efecto, "conocer" (cf. Scheler y Sander) puede significar dos cosas totalmente dis­
tintas: a) la "posesión» meramente pasiva ilel conocimiento, es decir, la presencia
-en la mente de juicios prefabricados como objetividades ideales, y b) la reiteración
o. rejuzgamiento e:l:plícitos de esos juicios.
*' [HEI supuesto da que en circunstancias típicamente similares puedo actuar de 1.. mil.'
nera típiclImente similar en que lo hice antoR, paTa producir un estado de cosas tfpicamonte simi­
¡ar" (Schüt., OQ!lect.d Pu,pers, l, 20; el. también 111s observIleiones de Natanson en su Intro­
<.!lI'''¡ó" ni miRmo volumen, !>á~. XXXVII).}
74 Logik, pág. 143.
108

15. La construcción del mundo de la experiencia

y su ordenamiento en esqué'l'1U1$

Tratemos de desenmarañar los compUéados· contextos estructurales que


están implícitos en la constitución de un objeto externo. El objeto se
. constituye a partir de apariencias a medida· que las encontramos en
nuestra corriente de conciencia. Tales apariencias se reúnen en un
contexto de significado" A medida que se siguen una a otra en UIU'l
secuencia regular, se constituye nuestra vivencia del. objeto. Podemos
por medio de una mirada monoll'tica contemplar la secuencia entera
como una unidad en sí misma: el objeto de la experiencia externa, la
cosá del· mundo externo. El hecho de que las vivencias individuales
de las apariciones individuales estén vinculadas en la experiencia del
objeto, es a su vez experienciado (erfahren).75 Experienciamos así
dentro del presente viviente la constitución efectiva de los objetos.
Este estadio de análisis es bastante complicado,· pero si observamos
con mayor profundidad, encontraremos una complejidad aun mayor.
Toda vivencia que entra en la constitución de la vivencia del objeto
total está rodeada por un halo de retenciones y protensiones. Perte­
nece a la esencia de la síntesis el que las diferentes fases estén .vi,ncu­
ladas de esta manera. La vineulación' ocurre del modo siguiente: Ja
vivencia posterior se produce dentro de un Aquí y Ahora cuya cualidad
intrínseca está parcialmente determinada por la retención de las viven­
cias anteriores. Y por debajo de este nivel yace, por supuesto, la con­
figuraci6n aun más básica que constituye la "autopertenencia" 76 de
todas mis vivencias.
Si partiendo de un objeto de experiencia, por ejemplo una mesa,
podemos ahondar para llegar a niveles cada vez más profundos del
proceso por el cual se constituyó, también podemos ir en la dirección
opuesta: partir de la mesa misma y proced.er hacia arri~ remontán­
donos a los niveles del simbolismo, es decir, a partir de esta mesa llegar
a hablar de "la mesa". Aquí, si quisiéramos, podríamos internarnos en
los problemas básicos de la relación existente entre una palabra y una
cosa. Sin duda el juicio "esto es una mesa" (yen todo acto de asig­
nación de nombre está implicado un juicio) se remonta a la vivencia
que hemos tenido previamente de/otras mesas.'l7
111 En un sentido· "subjetivo .a priori" anterior a toda experIencia en sentido
empírico. Este último se basa en e] primero y lo presupone. .
16 [Cf. Heidegger, Sein flnd Zeit, pág. 42; T.I., pág. 67.]
77 El dominio eidético, es decir, el mundo puro de las eSElnClaS, puede no con­
siderarse al trutar de la constitucIón del mundo de la experiencia. En efecto, el
develamiento de una esencia es en si mismo experiencia, en el sentido en que nosotros:
utilizamos el término experiencia. Debemos recordar que estamos usando los térmi­
nos "experiencia" y "configuración de experiencia" no en el estrecho sentido em­
pirista de estas palabras, sino en el sentido fenomenológico. La fenomenología con­
cede a la fantasía un papel en In constitución de la configuración de experiencia del
YI> en el Aquí, Ahora y Así, además del que desempeña e] encuentro con objeto!!
109

Dc::bería recordarse que este concepto es el nivel más bajo de la


."sintaxis" según la cual el mundo del lenguaje y la 16gica'deben inter­
prehir todas las fases de formalizaci6n y generalización en función de
la historia de éstas, lo cual significa en ·funci6n de las vivencias del ego
cogitans. Llamamos a esto "los fenómel10s del proceso constituyente"
o simplemente "fen6menos constituyentes". En efecto -lo acentuamos
una vez más- las ocurrencias reales de procesos tales como la forma­
lización y la generalización forman parte de la experiencia del yo, en
el sentido en que estamos utilizando la palabra "experiencia".
. Sólo hemos utilizado la construcción de una experiencia de un
objeto como ejemplo de las implicaciones del concepto de experiencia
disponible. Sin embargo, nuestro análisis puede aplicarse a cualquier
zona de vivencias, y en especial a todas las síntesis d6xicas que'tienen
una "función colectiva",78 en el sentido puramente lógico -en otras
palabras, .a la constitución de un juicio a partir de otro-, y por lo
tanto también a todas las síntesis prácticas y axiológíCas de cualquier
cIase,79 pues éstas se basan en las síntesis anteriores, de carácter pura­
mente lógico. Pero éstas también son experienciás en el sentido de
que forman parte de un almacenamiento presente de experiencia ya
disponible como la más elevada configuración de significado en el Aquí
y Ahora del ego cogitans. . ' ..
En vista de la estructura extremadamente compleja de. las .confi­
guraciones de significado disponibles para el ordenamiento de la expe­
riencia, es. necesario definir qué sígnifica la interpretación de la propia
vivencia de uno, es decir, en otras palabras, el significado específico
a que se apunta. Ya hemos indicado nuestra respuesta cuando: exami­
namos cómo está pragmáticamente determinado el nivel 'a que penetra
la mirada reflexiva. Podemos desarrollar ahora un poco más este punto.
Supongamos que alguna vivencia nuestra atrae nuestra atención.
. Podemos preguntarnos cómo llegó a existir esa vivencia, y extender
nuestro análisis de su origen hacia abajo, hasta llegar al nivel más
profundo de su constitución en la forma temporal interna de la dura­
ción pura. Sin embargo, nuestro repositorio de conocimiento (Erfah­
'l'ung) no se remonta de ninguna manera directamente a la forina tem­
poral interna como su fuente y origen. Más bien, la configuración de
significado de la experiencia pasada es una configuración de nivel más
alto que tiene como elementos otras configuraciones, y éstas a su vez
se constituyeron a partir de complejos de significado de nivel aun más
externos. De acuerdo con la terminología de Husserl. nos OCupamos de estados de
cosas intenciona1es entre esencias dentro del dominio de la expericll('ia, pero no
de hechos empiricos (Logik, pág. 279). .
'18 [Un ejemplo de "síntesis d6xica colectiva" sería la fonnaci6n de un juicio
conjuntivo a partir de otros dos, mediante la inserci6n de una "y" entre ellos. ef.
Ideas (TJ., págs. 8S5 y 839).J
711 ["'Por ejemplo, la madre que mira amorosamente a su pequeña prole, y
abraza a cada uno de sus hijos y. a todos juntos en un aeto de amor" (ibid., pági.
na 340).]
110

bajo. No obstante; los estratos más bajos de lo que ya ha sido expe­


rienciado s(? dan por sentado, es decir, yacen en un nivel tan profundo
qae la mirada reflexiva no los alcanza. Todo esto es cierto en relaci6n
con el Aquí y Ahora efectivo: la demarcación del estrato de lo que
se da por sentado depende de las modificaciones del Acto de atención
dirigido hacia ello, y éste depende a su vez de la attention eL la víe que
existe realmente en el Aquí y Ahora del individuo. Por cierto, dado
un acto adecuado de atención, todas las síntesis politéticas pueden
J;'emontarse a la constitución original de la vivencia en la duración pura.
Acabarnos de ver cómo era posible esto en el caso de un objeto expe-.
riencial del mundo externo. Sin embargo, tal cosa requiere un Acto
de reflexión estrictamente filosófica, que presupone también,a su vez,
una clase particular de attention el la vie.
Nuestra próxima tarea consiste en llevar a cabo un análisis de
significado del yo en la actitud natural. "11 El hombre común, en cada
momento de su vivencia, ilumina experiencias pasadas que están alma­
cenadas en su conciencia. Sabe respecto del mundo y sabe qué esperar.
En cada momento de la vida consciente se está archivando un nuevo
ítem en este vasto almacén. Como mínimo esto se debe al hecho de
que, con la' llegada de un nuevo momento, las cosas se ven bajo una
luz levemente distinta. Todo esto está implícito en la concepción de
una duración que es múltiple, continua y de dirección irreversible. Sin
embargo, esto puede demostrarse no s610deductivamente sino mediante
el examen de la propia conciencia a medida que uno vive desde el
punto de vista natural, envejece' y acumula conocimiento. Ahora bien,
para el hombre natuml todas sus experiencias pasadas están presentes
como ordenadas, como conocimiento o como conciencia de lo que se
puede esperar, tal como el conjunto del mundo externo está presente
para él como ordenado. Por lo común, y a menos que se lo obligue
a resolver una clase especial de problema, ese h()lllbre no formula
preguntas acerca de c6mo se constituyó ese mundo ordenado. Las
pautas particulares de orden que estamos considerando ahora son con­
figuraciones significativas sintéticas de vivencias ya encontradas.
Demos unos pocos ejemplos de esas pautas de síntesis de viven­
cias. Ante todo, hay experiencias del mundo externo y sus objetos,
animados e inanimados. El hombre en actitud natural "tiene", por lo
tanto, un repositorio de conocimiento de cosas físicas y de congéneres,
de colectivos sociales y de artefactos, incluidos los objetos culturales.
"Tiene" igualmente síntesis de la experiencia interna. Entre éstas se
encuentran contenidos de juicio (o contenidos proposicionales) que
son el resultado de sus actos previos de juicio. Se hallan también aquí
todos los productos de la actividad de la mente y la voluntad. Todas
estas experiencias, sean internas o externas, entran en contextos de
significado de un orden más elevado para el hombre ubicado en el
punto de vista natural, que también ti~ne experiencia de éstos. Por
RO Cf. la Observación al capitulo 1, pág. 73, más arriba.
111

lo tanto, a su Aquí y Ahora pertenece toda su experiencia de los pro­


cedimientos ordenadores tanto de la ciencia teórica como aplicada, y
las reglas mismas por las que éstos se rigen, tales como las de la lógica
formal. A estas experiencias debemos agregar su experiencia de todos
los tipos de reglas prácticas y éticas.
Llamemos a estas pautas esquemas de nuestra experiencia (Sche­
mata unserel' Erfah1'Ung).Sl Un esquema de nuestra experiencia es un
contexto de significado que constituye una configuración de riuesh'as
experiencias pasadas que abarca conceptualmente los objetos experien­
ciales que se encuentran en estas últimas, pero no los procesos me­
diante los cuales se han constituido. El proceso constituyente en sí
mismo queda enteramente ignorado, mientras que se da por sentada
la objetividad constituida.S:!
Al definir los esquemas de la experiencia como contextos de sig­
nificado, hemos dado de ellos una definición formal y material a la
vez: formal, al identificar el modo de su constitución como una síntesis
de un estadio superior a partir del Acto politético de experiencias
vividas-una-vez; material, al referirlos al objeto total que llega a la
visi6n cuando se contemplan monotéticamente tales síntesis. Decimos
que todas las experiencias componentes vividas-una-vez tienen cohe­
rencia (EinstimmigTí:eit) una con otra. Con esto queremos significar
a) el condicionamiento mutuo de uno por otro, b) su construcción
sintética· para fon11ar estructuras de nivel superior, y, finalmente, e)
l~, configuración de significado de estas estructuras mismas, es decir, la
"configuración total de nuestra experiencia en el Aquí y: Ahora efec­
tivo". Nos hemos referido anteriormente a esto diciendo que era "la
configuración más alta de significado de nuestras experi<:mcias vividas­
una-vez". Por lo tanto, en cada Aquí y Ahora existe una coherencia
total de nuestra experiencia. Esto significa meramente quc la confi­
guración total de nuestra experiencia es una síntesis de nuestras expe­
riencias ya-vividas, producida por una construcción paso a paso. A
esta síntesis corresponde un objeto total, a saber, el contenido de nues­
h'o conocimiento en el Aquí y Ahora. Por supuesto, dentro ge esta
coherencia total de la experiencia, pueden ocurrir experiencias contra­
dictorias sin que se deteriore la unidad total.

81 Es evidente que nuestro concepto del "esquema" no tiene nada que ver con
el schema kantiano, que es "una síntesis de la imaginación" (cf. Crítica de la m:wn
pUTa, B 185). [Debido a esta diferencia de significado y de acuerdo con el uso de
Schiitz en inglés, traducimos "schema" y "schemata" por "esquema" y "esquemas"
vuando se refieren al concepto del autor.]
82 eL como ejemplo de esto lo que Husserl tiene que decir acerca de la cien­
cia. La"dencia" sólo es posible cuando los resultados del pensamiento pueden con­
servarse en forma de conocimiento y permanecen disponibles para seguir pensando.
como sistema de proposidones formuladas en forma neta y distinta de acuerdo COIl:
los requerimientos lógicos, pero que carecen del claro apoyo de las presentaciones,
y por consiguiente son comprendidas sin introvisi6n, o si nD actualizadas a la manera.
dI' tUl ,iuicio (Ideen. pág. 124 [T.I., pág. 192]).
112
Anteriormente a todos los juicios, existe un fundamento universal de .1a expe­
riencia. Se lo .presupone continuamente como la' tJnidad coherente de la experiencia
posible. Dentro de esa unidád coherente todos los hechos están. vinculados y son
congruentes unos con otros. Sin embargo, puede haber discordancia en esta unidad,
en el sentido de que dos elementos discordantes tengan ,u~ comunidad esencial,
y la comunidad esencial no se deteriore pese a sus elementos opuestos, o aun a causa
de elIo¡;. Y así todo juzgamíento primordial im su contenido, y todo juicio que pro­
grese en correlación con él, tiene configUración según la configuración de objetos
que se produce en la unidad sintética de la experienciá sobre la. cual se fuuda­
menta;83 . . .

La unidad de la experiencia dentro de la cual entran todos estos


esquemas como objetos constituidos no debe, sin embargo, iJ;naginarse
como si su disponibilidad presentaeional ..en el Aquí y Ahora fuera
estructuralmente homogénea; como si de alguna manera todos estos
esquemas existentes fueran igualmente claros y distintos, como si todos
los objetos dentro de la conciencia estuvieran "en un plano igual con
respecto a nuestra conciencia de ellos".84 Más bien, los esquemas tienen
sus horizontes y perspectivas, sus luces y sus sombras, según el grado
de. atención que .el yo les presta.

16. Los esquemas .de la experiencia como esquemas interpretativos.


lA. autoexplicáción y la: interpretación.. Problema e interés

Los esquemas de la experiencia tienen una función especial que se


vincula con la· constitución del significado específico de una vivencia,
una vez que esta última cae bajo la mirada de la atención. Por lo tanto
son esenciales para el yo cuando explica lo que ya ha vivenciado desde
el punto de vista de un posterior Aquí y Ahora. Hemos definido el
acto de dotar de significado específico como autoexplicación, es decir,
como el ordenamiento de una vivencia dentro de la configuración total
de la experiencia. Este ordenamiento se cumple en· una síntesis de
reconocimiento. La síntesis de .reconocimiento toma la vivencia que
hay que clasificar, la refiere a los esquema:¡ disponibles, y fija su esencia
específica. La vivencia se remonta así a una objetivación ya disponible
dentro de] repositorio de la experiencia, e identificada con esta obje­
tivación. Esto no implica de ninguna manera que el acto de subsumir
la vivencia bajo esta objetivación sea un Acto ~ntencional separado
de ]a mirada de la atención. Lo que tenemos aquí es más bien Ull:
Acto cuya referencia intencional se. orienta en dos direcciones opuestas.
Esta doble intencionalidadpuede demostrarse por medio de un análisi...
de cualquier Acto intencional que encuentra un datum; por ejemplo,
una percepCión. Por otro lado, cuando miramos hacia atrás, la atención
83 Husserl, Logik, pág. 194.

84 lbid.. pág. 254.

113

y la inclusión, la percepción y el reconocimiento parecen. ocurrir en


un solo paso. . .
Es obvio, por lo que hemos dicho anteriormente, que el ordena­
miento del que estamos hablando puede realizarse de muchasmanel'as
diferentes: en uno cualquiera de los diferentes estadios de formulación
lógica~ incluso hasta .en la simple aprehensión que ocurre dentro del
Aquí y Ahora; en las actividades ele la razón, las emociones o la volun­
tad; en un instante o dentro de las operaciones de resolución de pro- .
blemas que proced~n paso a paso; en vagos Actos de reconocimiento
habitual o, por otro lado, con completa claridad. Existen diferentes
tipos de esquema para cada uno de. estos. diferentes tipos dé ordena­
miento, y cada uno de los difercntes tipos de esqucma puede cono<;erse
con diferentes grados de claridad.
Llamaremos "interpretación de la vivencia", al proceso de ordena­
miento de ésta según esquemas mediante el reconocimiellto sintético, e
incluiremos bajo esa denominación la vinculación de un signo con lo
que éste significa. Por lo tanto, la interpretación es la referencia de
lo desconocido a lo conocido, de lo que es aprehendido en la mirada
de.la atención a los esquemas de la experiencia. Estos esquemas desem­
peñan entonces una función especial en· el proceso de interpretación
de las prOpk"lS vivencias. Son las configuraciones de significado com­
pletadas que están presentes y disponibles en cada momento en forma
de '10 que uno sabe" o de "lo que uno ya sabía". Consisten en material
que ya fue organizado según categorías. A estos esquemas se r.efieren
las vivencias para su interpretación a medida que ocurren. En este
sentido los esquemas de la experiencia son esquemas interpretativos, y
a partir de Mora los llamaremos así. La interpretación· de un signo
mediante la referencia a un sistema de ellos constituye. sólo un caso
especial del fenómeno que acabamos de caracterizar; utilizamos por
10 tanto el término para designar el género, en lugar de la especie.
El cuadro de la autoexplicación que acabanlos de presentar parece
diferir del hecho de que existen vivencias que son únicas y roí generiS.
Ya hemos señalado S5 que existen vivencias que debido a su grado de
intimidad no pueden ser abarcadas por la mirada de la atención, .por
lo menos en lo que concierne a su cualidad intrínseca. Debemos agre­
gar Mora que es imposible ordenar estas vivencias y, por lo tanto,
dotarlas de significado específico. Esto se debe a su intimidad y a su
esencial confinamiento a un solo instante de la corriente de la concien­
cia, que nos impide identificar en cualquiera de ellas una.esenCÍa o
"núcleo" y reconocerla así como perteneciente a una clase. Por otro
lado, reconocemos efe.ctivamente, a veces, que una vivencia es nove­
dosa, que es la "primera" vez que la experimentamos. Esto presupone
una referencia a los esquemas de que· disponemos, seguida por una
"falla de conexión", con lo que se pone a su ve7;en duda la validez

~iS En el apartado 1, más arriba.


114
del esquema. Cuando un fenómeno resulta inexplicable, significa que
algún sector de nuestro esquema está equivocado.
Nuesb'u próxima tarea consiste en explicar el critcrio mediante el
cual se elige un esquema interpretativo dc cntre los muchos que están
disponibles, cuando llega el momento de explicar una determinada
vivencia. En efecto, la elección no está pi'escripta de ninguna mQ,nera
desde el comienzo como obvia o exclusiva; en verdad, ninguna vivencia
puede agotatse mediante un solo esquema interpretativo. Más bien,
cada vivencia está abierta a múltiples interpretaciones (noeseis ), sin
que ello deteriore de ningún modo la identidad de su núeleo noemá­
tico. Los esquemas que se adoptan para tales interpretaciones llevan
siempre la marca de un particular AqUÍ y Ahora, ya que esto es cierto
en lo referente a las síntesis de reconocimiento y a los actos de con­
ciencia reflexiva en los que éstas se basan. El esclarecimiento de este
proceso complejo requeriría un estudio muy detallado. Para nuestros
propósitos basta decir que la selección de los esquemas pertinentes
depende de la particular modificación atencional que resulte ser ope­
rativa en cse momento. El yo sufrirá siempre, por supuesto, diferentes
modificaciones de la atención dirigida tanto hacia la vivencia que se
presenta para su ordenamiento, como hacia todo el repositorio de su
experiencia pasada. Podría decirse, paradójicamente, que la vivencia
misma decide el esquema <1('l1tro del cual se la ordenará y, por lo
tanto, el problema elegido propone su propia solución.
Pero ¿no equivale esto solamente a reb'otráer más la cuestión? ¿De
qué modo ayuda a la solución de nuestro problema? ¿Cómo se selec­
ciona para ocupar cl primer lugar la vivencia hacia la cual se dirige
el foco de la atención? A esto sólo podemos responder que. el Acto de
atención mismo es un Acto libre del yo que singulariza a la vivencia
y la elige como problema suyo. Por supuesto, una vez realizada la
elección del problema, podemos preguntar las razones de ella, espe­
cíficamente, qué "interés" la impulsó. Trataremos est.'l cuestión más
adelante. 86
Pero ¿no es esto una fatal petición de principio? ¿Cómo puede
constituirse en parte el esquema interpretativo mediante lo que hay que
interpretar? El círculo vicioso es sólo aparente. Tal apariencia la pro­
voca el hecho de que se confunden dos modos de observación funda­
mentalmente diferentes, y de que el modo en que se plantea el proble­
ma en una esfera, se confronta con su imagen especular en la otra.
Las dos esferas a las que nos rcferimos son la lógica formal y la
transcendental. Cuando pensamos que el esquema interpretativo es algo
que está listo para ser aplicado a algún datum de vivencia, lo concebi­
mos como una «objetivación lógica" ya constituida, un objeto ideal de
la lógica formal. En cambio, cuando pensamos que el esquema inter­
pretativo es algo que depende de un particular Aquí y Ahora, 10 conce­
himos en función de su génesis, de su constitución y, por lo tanto, lo
80 En el apartado 18, más abajo.
115

b;atarnos en términos de; lógica transcendental. Si mantenemos .clara y


rigurosamente presente esta distinción, resulta innocuo el equívoco con­
tenido en la expresión "esquema de interpretacIón". Sin embargo, el
equívoco mismo es un cj<"l11plo más de la fundamental oposición, que
ya hemos señalado, entre la constitución de la vivencia en la pura dura­
ción, por una parte, y el ser de la objetivación .constituiua uel mundo
espaciotemporal, por la otra, entre los modos de la conckncia del deve­
nir y. el ser, la vida y el pensamiento.
Hasta aquí hemos dado sólo un esbozo general de una teoría acerca
de cómo el yo interpreta sus vivencias. Más tarde podremos ampliar
esa teoría y darle mayor exactitud. Esto sólo puede lograrse mediante
un análisis de los procesos de establecimiento e interpretaci6n de signi­
ficado en el mundo intersubjetivo. Sin embargo, antes de proceder a
esta tarea, prestemos atención a un importante aspecto preliminar. Se
trata del análisis del contexto de significado propio de los proyectos, es
decir, del contexto motivacional.

17. El contexto motivacional como contexto de significado.


A) El "motivo-para"
En nuesh:a introducción al capítulo 1 hemos examinado la teoría de la
motivación de 'Veber. Según este autor, el motivo es una configuración
o contexto de significado que a un actor o a un observador se le apare­
ce COlllO fundamento significativo de una determinada conducta. Re­
sumamos nuestras críticas acerca de este punto de vista. .
1. Bajo el concepto de "motivo" 'Vebor reúne dos cosas por com­
pleto difercntes. Estas son: a) el contexto de significado que el actor
siente subjetivamente que es el fundamento de su conducta, ylJ) el con­
texto de significado que el observador supone que es el fundaml'nto de
la conducta del actor. Este es un error peculiar de 'iVeber, puesto que
desde el punto de vista de una teoría del significado a que se apunta,
ambas cosas son totahüente inconmensurables. Como ya hemos notado,
las consecuencias que esta confusión tiene para la teoría de \Vebor acer­
ca de nuestro conocimiento de la conciencia ajena, son desastrosas. Más
adelantc examinaremos en detalle esta cuestión. Por ahora, sólo nos
ocuparemos del motivo que al actor 1nisrno le parece el "fundamento
significativo de su condueta". El siguiente análisis, como el conjunto
de este capítulo, se liniitará a la esfera del yo solitario.
2. La "conducta" o la "acci6n" es para Weber un daturn discreto
y unificado con el cual podemos operar en forma inmediata, sin más
investigación respecto al principio de su unidad. Nuestro estudio de la
concicncia temporal intema nos mostró cómo la acción se constituye
a partir del proyecto precedente del con-espondiente acto, y cómo deri­
vaba su unidad del ámbito o alcance de ese proyecto. Establec.imos
así que la unidad de acción es subjetiva en su fundamento mismo y de­
pendiente del Aquí y Ahora en que se formula el proyecto. Por lo tanto,
116

el "fundamento significativo" de una acción que es apreh~ndido comO


una unidad, resulta siempre mer;;imente. relativo respecto de un par­
ticular. Aquí y Ahora del actor y por lo tanto requiere necesariamente
suplementación.
3. ·Weber omite examinar la naturaleza del contexto de significado
o su dependencia respecto del significado de un actor concreto en par­
ticular.· Por esta razón, asimila la así llamada comprensión "esclarece­
dora" o "motivacional" a la comprensión ooservacional, y deja sin acla­
rar si el significado "a que apunta" una· acción es idéntico a su motivo
o no. Ya hemos aclarado el concepto de contexto de significado. Nues­
tras dos próximas cuestiones serán las referentes a si el contexto moti­
vacional es de hecho un contexto significativo para el actor ( a la cual
responderemos afirmativamente), y qué estructura particular implica.
4. Cuando Weber utiliza el término "motivo" quiere significar a ve­
ces a) el "para" de la acción -en otras palabras, la orientación de la
acción hacia un hecho futuro-, pero otras veces b) el "porqué" de
la acción, es decir, su relación con una vivencia pasada. No parece justi­
ficar de ninguna manera esta forma ambigua de expresarse. Examine­
mos ahora detenidamente estos dos sentidos diferentes de la palabra
motivo.
Hemos explicado el sentido primero, o "dirigido al futuro" de la
palabra motivo, cuando analizábamos la acción significativa en función
de la conciencia temporal interna. Vimos que cada acción se realiza
según un proyecto y se orienta hacia un acto fantaseado en el tiempo
futuro·perfecto como ya ejecutado. La unidad de la acción se consti­
tuye exclusivamente mediante ese proyecto, cuya amplitud puede ser
muy diferente según la manera en que explícitamente se lo planea,
como hemos mostrado en el ejemplo de la acción racional con fines
intermedios conocidos. Supongamos, por ejemplo, que deseo hablar
a un amigo mío que vive a la vuelta de la esquina. Para hacerlo debo
levantarme de mi silla, proceso que implica toda clase de tensiones y
relajaciones musculares,. marchar a través de la próxima habitación has­
ta el vestíbulo de mi departamento, luego bajar las escaleras y.dar vuelta
a la esquina, hasta llegar a casa de mi amigo. Ahora bien, si alguien a
quien yo encuentro por el camino me preguntara acerca de la ''base
racional" o "significado" de mi salida de casa, contestaré que voy a pasar
por lo de A, que vive a la vuelta de la esquina, para ver si está en su
casa. El "motivo" de todos los actos sucesivos recién descriptos es el
proyecto de mi visita a A, porque el propósito final de mi acción es
conversar con él; todos los otros actos son fines intermedios orientados
al fin último. Sin embargo, puesto que he ideado el plan de visitar a A,
es· decir, puesto que he fantaseado en el tiempo futuro perfecto que
estábamos conversando juntos, la acción que lleva a este. fin existe para
mí dentro de un contexto de significado.
Al interpretar el "motivo" del actor considerándolo como sus expec­
tativas, podemOS decir que el contexto motivaciónal es, por definición,
117

el contexto de sjgnificado dentro del cual se cncuontra una detimni­


nada acción cn vittud de .su status como proyecto o acto de un de­
terminado actor. En otras palabras, el acto así proyectado en el tiempo
futuro perfecto y (1U función del cual la acción recibe su orientación,
es el "motivo-para" (Um-zu-Motiv) para el actor.
Esta definición mantiene su valor aunque ( y no era el caso en el
ejemplo recién utilizado) se incluyan en el proyecto otros elementos
aparte de la actividad del agente. Un ejemplo de tales elementos serían
los hechos físicos. Supongamos, por ejemplo, que yo !Jamo a mi amigo
por teléfono. En ($te caso supongo que al marcar el número desenca­
deno una serio de hechos electrónicos que me llevan directamente a mi
propósito. Las leyes de la física y su aplicación a la situación se dan,
por supuesto, por sentadas. Sin duda es correcto decir, en un sentido,
que estoy esilerando que todo este proceso entre en acción. Pero el
proceso es algo que sólo tomo en cuenta por implicaci6n: es decir, si
realmente 10 pienso, vería que todo esto está implicado en el hecho de
llamar por teléfono a mi amigo. Para planear la llamada .telefó,ruca,
no tengo que planear procesos electrónicos ni siquiera dedicarles un
pensamiento. Todo lo que debo hacer es proyectar un cuadro del lla­
mado como "algo que habré hecho en unos pocos minutos'~ :.-en sínte­
sis proyectarlo en el tiempo futuro perfect0---' y proceder luego'a discar.
Sólo unas pocas personas entre, las que utilizan el teléfono saBen algo
acerca de los procesos físicos que implica "marcar un número". El re·
sultado es lo único que preocupa a la persona común que habla por
teléfono, y que da por sentado todo el resto. Recuerda que el discado
provoca el llamado de unO. campanilla en' el departamento de' alguna
otra persona. "Conoce" este vínculo causal, que es parte del bagaje de
experiencia que lleva consigo. Sin embargo, es él quien pone en movi·
miento este "curso" particular de la serie causal encuesfi6n., Ahora
bien, toda esta situación variará, por supuesto, de acuerdo con el uso
particular que Se haga del teléfono y con quien lo use. Por ejemplo, un
operario de reparaciOlws telefónicas tendrá como su "motivo-para", su
meta final, no es llamar n. 11n amigo sino la restauraci6n del estado regular
de los hechos electrónicos cama algo en 10 que pueda confiarse. Para
restaw'ar la regularidad de esos hechos debe encontrar sus propios me:­
dios, por ejemplo, el uso de ciertas herrámientas. Una vez que él alcan­
za su meta final, luego yo utilizo su meta -el teléfono reparad0---' como
medio mío.
. TodoIo que se ha dicho en el párrafo precedente respecto del uso
de procesos físicos como medio puede aplicarse también a la esfera
social. En eSte caso utilizamos como medio para nuestros fines las ac­
ciones de otra gente. Este punto será de especial interés para nosotros
más adelante.
Por 10 tanto, si doy como motivo de· mi acción el que la realiza
para-tal-o-cual-cosa, lo que realmente quiero decir es lo siguiente: la ae­
ci6l} misma cs sólo un medio dentro del contexto do significado de un
118

proyecto, en el cualcl acto completado se representa como algo que


mi acción debé llevar' a cumplimiento. Por lo tar..to, cuand9 se me
pregunta por mi motivo, contestaré siempre en función de "para" si el·
acto completado está aún en el futuro. Lo que se presupone en tal caso
es ,que el actosQlo está siendo fantaseado (o imaginado) S1 ~n el modo
de la anticipacióü. Puesto que la acCión concreta y sus vivencias acom­
pañantesaún no han ocurrido, de modo que podamos decir que han
tenido éxito o han fracasado en la realización del acto, lo que tenemos
müre mallOS es un proyecto aún no actualizado y concretado. Se carac­
teriza todavía por "proyecciones V'lcÍas" que esperan para el futuro, La
meta de una acci.ón sólo puede elegirla como tal el actor mismo, y éste
debe estar por actual' de una manera racional. Además, tiene que su­
pervisar la acción total de una sola mirada. Esta es, por supuesto, una
operación reproductiva. Pero el actor debe supervisar, al mismo tiem­
po, las· acciones componentes, sin que interese en qué estado de com­
pletud puedan encontrarse. Esta última supervisión puede ser de carác­
ter reproductivo o retentivo.·
Cuando decimos. que la meta final de la acción tiene siempre el
carácter temporal de futuridad, esto no significa que deba estar literal­
mente en el futuro. Supongamos que acabo de volver de visitar a mi
-amigo y me preguntan por qué salí. Aunque mi visita a mi amigo esté
ahora literalmente en el. pasado, aún puedo responder: "Salí para ver
a A", El tiempo contc'nido dentro de la frase "para ver a A" o expresado
por ella es futuro., Sin embargo, desde el punto de vista del mOlnento.
en que lo profiero, la visión l'eal de A es pasada, de modo que aque­
llo a· que me refiero realmente en la expresión "para" es el proyecto
con sus protensiones aún vacías. Ahora bien, la lengua común corrom­
pe esta distinción y permite que toda formulación "para" se transforme
en una formulación "porque". "Porque deseaba conversar con A, salí",
o "Vaya salir porque deseo conversar con .A". Llamaremos a toda for­
mulación-porque que sea lógicamente equivalente a una formulación­
para, "pseudoformulación-porque", El rasgo interesante de este doble
modo de expresión es que la formulación-para representa la meta como
fuhua, mienh'as la pseudoformulación-porque la representa como un
proyecto que ocurrió en el pasado. Este es s610 un ejemplo más del
doble sentido relacional de la acción, que comprende tanto una referen­
cia retrospectiva hacia el pasado como una orientación hacia el futuro.
Necesitamos explicar con mayor detalle la configuración de s¡gnifi~
cado dentro de la cual están mutuamente relacionados nI acto proyectado
y las acciones necesarias para llevarlo a cabo. Para q'le podamos dis­
poner de alguna conHgur::lción de significado, debe ocurrir una aprehen­
sión monotéticr. de acciones, en sí mismas, consistente en etapas pero
representada como completamente constituida, es 0(;;,'(:11', como pasada
y terminada. Pero ¿cómo puede hacerse esto en el proyecto, cuando las

117. ["Fancied" (im!lginado) es la traducci6n inglesa que Schiitz prefelia para


"phantasie:t", y la utilizaremos como alternativa de "phuntasied" (fantaseado).)

L
119.

acciones que si,rven como medio aún no cstán establecidas? La expli­


cación es que el proyecto mismo se refiere necesariamente, en forina
retrospcctiva, a actos' pasados análogos 8il al proyectado. Esos actos pa­
sados se reproduccn entonces en la conciencia de la persona que for­
mula el nuevo proyecto. '
Para proyectar 1I11 acto, debe saber cómo se han realizado en el
pasado actos de la misma dase. Cuantos 111ús actos de tal índole haya
y cuanto mejor se comprendan. sus principios racionales, tanto más "se'
darún por sentados". Esto explica por qué la práctic::: y el ejercicio
aumentan ht 'eficiencia. ClULnto más S(l ejercita una dcte¡:minada accién
-una cjccuci6n técnica por ejemplo, tanto menos noto, el actor sus
etapas separadas, aunque al comienzo tuviera que proceder a distin­
guirlas una por una.
Por eso resulta fácil comprender que la amplitud, del proyecto de­
pende precisamente del grado de "perfección" de la experiencia del
actor. Por lo tallto, podemos decir en general que cuanto más común
sea el proyecto mayor será su amplitud, puesto que es más probable
que tengamos un "conocimiento" automático de cómo recorrer las eta­
pas que lo componen. Aquí vemos un ejemplo más del carácter prag­
máticamente condicionado de la autointerpretaci6n de las, propias vi­
vencias. En efecto, todo proyecto "interpreta" el ,significado que se
constituye en la acción proyectada, refiriéndolo retrospectivamente a
actos análogos. Esto se hace por medio de una síntesis de reconoci­
miento que raramente es algo explícito. La motivaci6n-para es, por lo
tanto, un contexto de significado que se ,construye sobre el contexto de
experiencia disponible en el momento de la proyección. Incluso la se­
cuencia medio-fin es, en realidad, un contexto de experiencias pasadas,
que implican la realización exitosa de ciertos fines mediante el uso de
ciertos medios. Toda motivación-para presupone un repositorio tal
de experiencia, que se ha elevado a un status «puedo-hacerlo-de-nuevo".
La medida en que puede perseguirse en el pasado esta estructura
de significado eshí determinada por el alcance del proyecto y, por lo
tanto, se halla praglllCtticamente condicionada. 80 Y así, tanto el proyecto
como la meta de la acción pueden darse por sentados y, como tales, ser
ignorados hasta que alguna circunstancia. especial, como por ejemplo
las preguritas de otra persona, puedan forzarnos a explicarnos. En tal
ocasión el actor responderá siempre a la pregunta "¿Por qué?", sea con
una formulación~para o con una formulación-porque, todo lo cual de­
penderá de si está pcullando en su meta o en que previamente proyectó
esa meta.

88 Lo que queremos decir es que existe U11 núcleo idéntico de significado (en
el sentido fenomenológico) entre los dos actos que se están comparando. '
80 La así llamada "acción tradicional" de Weber es un caso especial en que
la referencia al pasado es vaga y confusa y en que no sólo se dan por sentados los
"precedentes" a que St' recurre, sino también los fines de la acci6n.
,120

18. El oontexto motivacional como é(intexto de significado.


, B) El (JutfÍntico "rrwtivo-pol'que'~ .
En el apartádo anterior heinos tratado ]0 que llamábamos Jas"pseudo­
formu]aciones,-porque". Deseamos ahora confrontárlas con auténticas
fOl'mul!).ciones-porque. La diferencia entre ambas reside en el hepho
dc que cstas .ultimus no pueden transformarsc en fÓTI1mlaciones-para.
T0111c:qios un ejemplo. Supongamos que yo digo que un asesino perpe­
tró su crimen por dinoro. Esta es una formulación-para. Pm'o supon~
gal110s que yo digo que el hombre se tr~msfOlnló 011 un asesino debido
a la influencia de las malas cOnlpañías. EstaJoInmlación es de un tipo
por completo diferente de la primera. 'Toda la complicada estrucfura
de la proyección en el tiempo fuful'O perfecto cs inaplicabJc aquí. Lo
que nuestra formulación hace es tomar un hecho pasado -a saber, el
crimen-y. VinCU4'lrlo con un hecho aun más renloto en el pasado, es
decir, la influencia de las malas compañías. Ahora bien, esta es u'Oa
clase diferente de contexto de significado•. Es muy probable que lla­
memos a esto "explicación del hecho". Pero obviamente lo que se. dice
en tal explicación es sólo que ciertas expeliencias pasadas del asesino
. han creado una disposición por parte de este a lograr sus metas por
medio de la violencia, más bien que por el trabajo honesto. La dife­
rencia que existe, entonces, entre las dos clases de motivos tal como
la expresan nuestras dos fOInlulacioncs,cs la de que el motivo-para
explica el acto en télminos del proyecto, mÍéntms que el .auténtico
motivo-porque explica el proyecto en funci6n de las vivencias pasadas
del actor.
Tomemos otro ejemplo. Supongamos que yo digo: "Abro mi para­
guas porque está lloviendo". Ante todo, notemos que mi forrnulación
expresa un pseudomotivo-porque. Este, trasladado allenguaje de "para",
nos da lo siguiente: "Abro mi paraguas para nO mojarme". El pro~
yecto .expresado aquí da por sentado que ser1:1. desagradable tener las
ropas empapadas, Pero esta consideración por sí misma 110 pertenece
a la ser;e para. La serie para comienza con el proyecto, que a ;su vez
ha dado por sentado que no es agradable estar mojado. Por lo tanto,
yo proyecto un acto para prevenir una sifuación desagradable. La
acción consiguiente se odent.::l hacia el proyecto· que ha sido puesto
en el tiempo futuro perfecto, en un juicio de este tipo: "Si abro mi
paraguas, evitaré el desagrado de tener mis. ropas mojadas". Por lo
tanto, la ac.ción, con su cstlUct1.1ra paso a paso, debe entenderse dentro
del contexto de significado del proyecto, que ve todo el acto monoté­
ticamente como una unidad. Como acabo de mostrar,este proyecto
mismo se basa en un. contexto de significado del tipo: "Abrir el para­
guas 10 mantiene a uno secO mientras está lloviendo". Ya he experi­
mentado la verdad dc. esta formulación, y ahora la doy por sentada
al realizar la acción. Esto en lo que :i'especta al motivo-para y a su
correspondiente psc"lldomotivo-porque.
121

Sin embargo, en la formulación: "Abro mi paraguas porque está


Uoviendo", reside oculto un genuino motivo-porque. Puede describirse
alternativamente como sigue: primero,. veo que eStá lloviendo, luego
recuerdo que podría mojarme a causa de la lluvia y que eso sería
desagradable. Estoy luego lísto para planear un paso prewntivo aso­
ciado, sea el de con-er a refugiarme en algún lugár o abrir mi para­
guas. Esto explica, entonces1 la constitución del proyecto de abrir mi
paraguas, Este proyecto está motivado por el genuio() motivo-porque.
Una vez que se ha realizado, el motivo-¡::ara motiva .el acto que se está
constituyendo a su vez en esa ocasión, uti1izando el pr0yecto como
base. En la relación-para, .el proyecto ya existente es el factor moti­
vante; motiva la acción y es la razón por la cual se la cumple, Pero
en la genuina relación-porque, el factor motivante es una vivencia tem­
poralmente anterior al proyecto; motiva el proyecto que se está cons­
tituyendo en ese momento. Esta es, entonces, la diferencia esencial
que existe enh'e las dos relaciones. .
Expliquemos este punto con mayor detalle. En la relación-para; la
vivencia .mctivada (es decir, la acción) es anticipada en la vivencia
motivante( es decir, el proyecto), y se la representa en ella en el tiempo
futuro perfecto. No se encuentra una relación similar de anticipación
en la genuina relación-porque, La diferencia es la siguiente: el pro­
yecto de abrir el paraguas no es la causa de esa acción, sino s610 una
anticipación fantaseada. Inversamente, la accÍ<Sn "cumple" o "no. logra
cumplir" el proyecto. En contraste con esta situación, la percepción
de la lluvia no es en sí misma un proyecto de ninguna clase~ No tiene
ninguna "vinculación" con el juicio: "Si me expongo ala lluvia, mís
ropas se mojarán; esO' no es deseable; por 10 tanto, debo hacer algo
para impedirlo". La vinculación o nexo se establece por medio de un
acto intencional mío por el cual me vuelvo hacia el· complejo totaJ
de mi experiencia pasada. Dentro de ese complejo total, por supuesto,
se encontrará el juicio en cuestión .como un objeto lógico abstracto.
Pero aunque este juicio sea parte del repositorio de mi experiencia,
puede no "vincularse" nunca con lapel'cepción de la lluvia. Así, si
percibo la lluvia desde mi ventana, puedo no reactivar .en absoluto
el juicio ni proceder a ningún proyecto. En ese caso, el juicio conser­
varápara mí su status de máxima puramente hipotética.
Ahora bien, podemos describir con una generalidad algo mayor
el contexto de significado de la auténtica motivación-porque: en toda
auténtica motivación-porque tanto lf,l. vivencia motivante coreo la mo­
tivada tienen el carácter temporal de pretericídad. La fOlmulación
de una auténtica pregunta-par-qué sólo es posible por 10 general des­
pués que ha ocurrido la vivencia motivada y cuando miramos retros.
pectivamente hacia ella como algo entero y ~omp!eto en sí mismo. La
vivencia motivante, a su vez, es una vez más pasada, en relación con
la motivada, y podemos. por lo tanto designar nuestra referencia inten­
cional a ella como pensar en el tiempo pluscuamperfecto. S610 utili­
122
zando el tiempo pluscuamperfecto puedo decir algo. acerca del verda­
dero "porque" de una vivencia. En decto, para hacerlo, debo referirme
a la vivencia motivada, ('n nuestro caso al proyecto, y éste debe estar
ya cumplido y terminado, sea ('11 la rculidad o cn la fantasía, en el tiempo
futuro perfecto.· El contexto de significado del verdadero motivo-por­
que es siempre, por lo bllltO, una explicación posterior al hecho.
Aplicado a nuestro ejemplo, todo el proceso ocuniría de la manera
siguiente. La p~'rcepción de la lluvia, en la medida en que sigue siendo
.. una mera ohservación, no se vincula con la apertura del paraguas. Pero
la percepción de la lluvia provoca un acto de atenci6n al complejo
total de mi experiencia pa.sada, y esta última, puesto que está prag­
máticamente condiciona.da, ilumina el juicio: "Si me expongo sin pro­
tección a la lluvia me mojaré y eso se transformará pronto en una cosa
desagradable. La manera de impedirlo es abrir mi paraguas, y es justa­
mente lo que haré", Hasta aquí no está dado ningún eonteJito signifi­
cativo dentro del cual ia percepción de la lluvia y la apertura de un
paraguas sean elementos vinculados. Sin embargo, si he proyectado
la acción de abrir el paraguas de esta manera, 'o si ya la he realizado,
y me pregunto entonces cómo se constiblyó ese proyecto, captaré en
una sola mirada el proceso íntegro, desde la percepción de la lluvia
hasta la apertura del paraguas, como una unidad. Si un compañero
me preguntara por qué estoy abriendo el paraguas, yo contestaría:
"Porque llueve". Al haced o así, expresaría un auténtico motivo-porque
del cual estoy consciente. Si yo contestara en función de la relación­
para, diría: "Para no mojarme". Es evidente que el contexto de signi­
ficado en el cual el auténtico motivo-porque está respecto de mí acción,
sólo se constituye en una ojeada l'drospectiva. Esa ojeada retrospectiva
ve a la vez la acción motivad¡¡ " <;11 vivencia motivadora, esta última
en el tiempo pluscuamperfecto. l'recisamente pOI' esta razón el con­
texto de significado mismo es también diferente en cada momento en
que miro retrospectivamente las dos vivencias desde un nuevo Aquí
y Ahora.
Podemos ver ahora el significado de la distinción que hemos tra­
tado en el capítulo 1, entre el motivo y el significado subjetivo de una
acción. Localizábamos el significado de una acción en la atención
enfocada sobre el proyecto precedente. Este proyecto anticipa la acción
en el tiempo futuro perfecto y la convierte en la clase particular de
acción que es. Si la "acción" se refiere a una unidad· constituida den­
tro dd ámbito del proyecto, entonces el proyecto es el motivo-para
de la acción y también el significado de ésta a l!ledida que se realiza.
Sin embargo, si por "acción" sólo queremos significar una acción com­
ponente dentro del contexto más amplio de un acto -como hacemos
a menudo-, entonces el significado y el motivo-para de la acción ya
no coinciden. En estc caso, la meta representada .en el proyecto es
separable del "significado" de la acción componente, que puede ser
tratada como algo por completo distinto. Esto es cierto tanto si la
123

acotan en cuestión es algo a Jo que meramente se tiende, aún en pro­


gl'('SO, como si se trata dl~ ulIa acción yá realizada. Pero el caso es.
diferente cuando se trata del (/lIténtíco motivo-porque. Este último con­
sist(\ C11 aqucllas vivencias pasadas del actor a las cuales él presta
att'neión después de haber sido realizado el acto (o, por lo menos, en
sus fas(\s inicialcs). El aetor representa ciltonees esas vivencias en el
tiempo pluscuamperfecto y en un contexto de significado que él puede
contemplar monotéticamente. Dentro de este contexto de significado
puede visualizar on una síntesis de fases componentes tanto las viven­
cias motivadoras como las motivadas. Nuestra equiparación de la
vivencia motivada con la acción completo,da, o con sus fases comple­
tadas, requiere una corrección. Podemos, en verdad, contemplar el
auténtico motivo-porque inc1usodcsde el punto de vista del proyecto.
Pero pertenece a la naturaleza de un proyecto unticipar su acción pro­
yectada en el tiempo futuro perfecto como algo ya realizado. Una
acción meramente proyectada aparece siempre a la mirada monotética
solaménte como una, fantasía de un acto ejecutado. Es por cierto
úna fantasía, una sombra causalmente ineficaz, pero es necesariamente
la sombra de un acto que lleva dentro de sí mismo el carácter temporal
intrínseco del pasado.
Estas consideraciones proporcionan un fundamento más amplio
para los puntos tratados en el capítulo LOO Decíamos que el significado
de una acción -cs decir, su relación con el proyccto- lo da por sen­
tado el actor y es por completo inclependiente del auténtico motivo­
porque. Lo que aparece al actor como significado de su acción es su
relación con el proyecto, y no el proceso mediante el cual se constituía
el acto a partir de los auténticos motivos-porque. Para aprehender los
auténticos motivos-porque de su acción el actor debe llevar a cabo un
nuevo Acto de atención ele una clase especial, es decir, debe investigar
el origen de este proyecto que, considerado simplemente como un
producto, es "el si6'1lificado de su acción". La investigación del autén­
tico motivo-porquc ocune, por lo tanto, cuando el yo ha emprendido
un cierto tipo de autoexplicación. Para este tipo de autoexplicaCión c~
esencial que uno comience por el motivo-para; en otras palabms, que
parta del proyecto de la acción concrcta. Este proyecto es un contexto
de significado constituido y concreto en vinculación con el cual se
contcmplan todos los auténticos motivos-porque en el tiempo pluscuam­
perfecto. Por lo ta~lto, el proyecto nunca se vincula con el auténtico
motivo-porque como algo que cumple o deja de cumplir este último:
puesto que los motivos-porque se representan en el tiempo pluscuam­
perfecto, estún libres de todu5 las protensiones y anticipaciones; son
simplemente recuerdos y _han recibido sus horizontes de perspectiva,
sus relieves y sombras de un Aquí y Ahora siempre postérior a aquel
en que se constituyó el proyecto.
Ya nos hemos familiarizado con un caso típico de la interpretación
\lO Véase elllpartado 4, pág. 58.
124

de tales motivos-porque en nuestro análisis del proceso de elección que

precede a una acción. Vimos que de ninguna. manera podía ocurrir

el caso de quc dos O más posibilidades Se presentaran al actor dentro

de su corriente de cqnciencia, entre las cuales tuviel"a que elegir. Vimos

además que 10 quc parecen ser posibilidades coexistentes son en reali­

dad Actos sucesivos de pasara través de diferentes proyectos. Después

de echada la suert~, párece. en verdad que hubieran coexistido esas

posibi1idades entre l~s cuales la elección fue libre, como si hubiera

estado prcs(mte una causa detj3rminante del resultado. Vimos que esta

manera de pensar llevapa a 'un nudo de pseudoproblemas pero nO

proseguimos más alIa. Estamos ahora ensltuación de explicar también

cse fenómeno. Todas esas posibilidades entre las cuales se hace una

elección, y todos esos fundamentos determinantes que parecen haber

llevado a la selecdón de un cierto proyecto, se revelan a la mirada

retrospectiva como auténticos rríotivos~porque. No tuvieron existencia

como vivencias discretas mientras el yo vivía elÍ ellos, es decir, prefe­


. noménicamente. Son sólo interpretaciones realizadas por la mirada
retrospectiva cuando ésta se dirige a las vivencías conscientes que pre­
ceden (en el tiempo pluscuamperfecto) al proyecto real. Y puesto
que toda interpretacíón en el tiempo pluscuamperfecto esta determi­
nada por' el Aquí y Ahora desde el cual se la hace, la elección de cuáles
vivencias pasadas deben. considerarse como el auténtico motivo-porque
del proyecto depende del cono de luz que el yo arroja sobre sus viven-
Gias anteriOres al proyecto. . .' .
En un sector por' completo diferente tropezamos con un problema
similar, cuando cstudiamos la cuestión de. la elección del problema y
la cpüstituCÍón de los esquemas interpretativos pertinentes, que hemos
explicado en cl apartado 16. La correlación en cuestión puede compren­
derse como 011 con~ílxto motivacional. Si pregunto cual es el significado
a que apunta ~na de mis vivencías, mi ,propósito es colocarla dentro
del cOntexto total dI? mi experiencia. Por lo tanto, preyecto la estmc­
tura de un «pm'a", y la elección de los esquemas intcI1,retativos está
en sí misll'k"lcóndicionada por el modo de atención que presto a mi
vivencia recién completada, y con ello, al mismo tiempo, al contexto
total de mi experiencia. Una vez quo ha ocurrido la elección del pro­
blema -que como vimos, es un Acto libre del yo-, tomándola como
punto de mira podemos preguntar por el "porqué" de la elección par­
ticular, l'epl'esentando ese fundamento en el tiempo pluscuamperfecto.
En verdad, todo 10 que hemOS dicho rcspecto de la relaci6n del motivo­
para con el auténtico motivo-porque mantiene su validez en un nivel
más clevado para todo el complejo de temas que implica la elección
del problema y la elección del esquema interpretativo. Quien trate de
ordenar una vivencia concreta dentro del contexto total de su expe­
riencia, orientru:á su procedimiento de acuerdo con un motivo-para de
interpretación. Lo hace eligiendo de entre todos !os ésquemas inter­
pretativos almacenados en su experiencia pasada. el único que es per- ¡

1
125

tinente para la soluci6n de su problema. Pero la constitución del·


motivo-para de la autointerpretaci6n, o sea, la tornwlación del proble­
ma mi8mo, ocurre como resultado de un auténtico ·motivo-porque que
sólo podemos representarnos en el tiempo pluscuamperfecto. Esta com­
plicada situación se llama «interés" en la vida cotidiana, y Weber
adopta esa palabra de sentido laxo en su Sociología, Por supuesto, el
término «interés" es ambiguo y abarca tanto los motivos-para como los
auténticos motivos~porque, Quien pregunte cuál es el significado a
que apunta una de sus vivencias, se «interesará" en ella primero desqe
el punto de vista de un problema ya formulado. Este es un interés­
«para", Pero también se interesará en el problema mismo, y éste es
un interés-"porque", Sin embargo, éste es un caso en que la conclusión
se pone antes que las premisas, porque el problema que se da por
sentado, y la selección misma de él como interesante o pertinente, sólo
pueden resultar de una interpretación ex post tacto.
Con esto cerramos nuesh'o estudio del contexto del significado del
motivo y de la estructura de lo significativo dentro de la conciencia
del yo solitario. Pasamos ahora a la esfera del significado social y de
la interpretación del yo del otro.
111
FUNDAMENTOS DE UNA TEORIA

DE LA COMPRENSION INTERSUBJETIVA

19, L(l. tesis general del yo del ot1'O en la percepci6n natural

CUAN;DO procedemos a nucsh'o' estudio del mundo social, abandonamos


el método estrictamente fenomenológico) ComenzarC;)mos aceptando
simplemente la existcncia del mundo social tal como se la acepta siem­
pre en la actitud del punto de vista natural, sea en la vida cotidiana
o en la observación sociológica, Al hacerlo así, evitaremos toda ten­
tativa de ocuparnos del problema desde el punto de vista de la feno­
menología h'anscclldcnta1. Por lo tanto, dejaremos de lado todo un
conjunto de problemas cuya significación y dificultad fueron señaladas
por Husserl en su l...ógica fOI'11Ull y transcendental, aunque él no trató
específicamente esos problcmas.2 El problema del "significado" del
"tú" sólo puede resolverse realizando el análisis que él planteó en esa
obra. Sin embargo, ya se puede afirmar desde ahora con certeza que'
el concepto del mundo en general debe basarse en el concepto de
"cada uno" y por 10 tanto también del "otro",3 Max Scheler expresó
In misma idG.'t en "Erkenntnis und ,Al:beit":
IH'l realidad del mundo de 108 contemporáneos y h1 comunidad se dan por sen­
tadas como esfefall-clel-tú y esferas-del-nosotros, ante, todo respecto del conjunto de
la naturaleza, tanto viviente como inorgánica .. , Además, la realidad del "tú" y
de una cOllllmidad se da por sentada antes que la realidad del "yo" en el sentido del
propio yo y de sus vivencias personales privad\Ls,4

Debemos entonces dejar sin resolver los problemas notoriamente


difíciles que l'odean a la constitución del tú dentro de la subjetividad
1 Véase nuestm, nota agregada al final del capítulo 1, pág. 73, más arriba.
2 En las 'Meditaciones cartellionos, especialmente ,en la Meditaéi6n V, Husserl
nos ha dado un profundo análisis de la significación general de estas cuestiones, y
también ha fijado el punto esencial Il partir del cual deben resolverse. '
, :\ Esto se deduce del método con que Husserl tratn el problema. Cf. Laglk,
pág. 212.
4 Die Wissensformen nnd die Gesellschaft (Leip:Zig, 1926), 11, págs. 475 y
sigtúentes.
128

de la experiencia privada. No vamos a preguntar, por 10 tanto, cómo


se constituye el tú en un yo, si el concepto de "ser humano" presu­
pone un yo transcendental en el cual ya está constituido el otro yo
transcendental. o en qué medida es posible el conocimiento intersub­
jetivo uQiversalmente válido. Por más importantes que estas cuestiones
puedan ser para la epistemología y, por 10 tanto, para las ciencias
sociales, podemos dejarlas tranquilamente de lado en la presente obra.:;
Por lo tanto. el objeto que estudiaremos es el ser humano que
mira al mundo desde una actitud natural. Nacido en un mundo social,
se encuentra con sus congéneres y da por sentada la existencia de éstos
sin cuestionarla, así como da por sentada la existencia de los objetos
naturales que encuentra. La esencia de su supuesto acerca de sus
congéneres puede cxpresarse en esta breve fórmula: el tú (o la otra
persona) (lS consciente, y su corriente de conciencia es de parácter
temporal y muestra la misma forma básica que la mía. Pero' esto, por
supuesto, tiene sus implicaciones. Significa que el tú sólo conoce sus
vivencias por medio de Actos reflexivos de atención. ,y significa que
los Actos de atención misma variarán de carácter de un momento a
dtro y sufrirán cambios a medida que pasa el tiempo. En síntesis, sig­
nifica que la otra persona también experimenta su propio envejeci­
miento. "
Por lo truito, todo lo que dijimos en el capítulo II acerca de la
conciencia se aplicará exactamente al tú. Puesto que el tú realiza
también Actos intencionales, confiere también significado. El tú selec­
ciona también ciertos ítems, de su corriente de conciencia y 'los inter­
preta ubicándolos dentro de algún contexto de significado. Representa
también como unidades completas los Actos intencionales que ocu­
rrieron paso a paso. Va colocando los contextos de significado en estra­
tos, y construye su propio mundo de experiencias que, como el mío,
siempre lleva la marca del momento particular desde el cual se lo
contempla. Por último, puesto que el tú interpreta sus vivencias, les
da significado, y ese significado es significado a que se apunta.
En el capítulo 1 hemos visto ya las dificultades que obstaculizan
la comprensión del significado a que apunta el yo del otro. o Encon­
trábaIl'los, en efecto, que tal comprensión nunca puede lograrse y que
el concepto del significado a que apunta la otra persona sigue siendo,
a lo sumo, un' concepto límite. Nuestro análisis temporal ha aclarado
por primera vez la verdadera razón por la cual no podría vedficarse
nunca el' postulado de la comprensión del significado a que apunta la
otra persona. En efecto, el postulado significa que tengo que explicar
las vivencias de la otra persona de la misma, manera en que ella lo hace.
Ahora bien, hemos visto que la autoexplicación se realiza en una serie
de Actos extremadamente complejos de conciencia. Estos Actos inten­
cionales se estructuran en estratos y son, a su vez, los objetos de Actos
Ii [Este párrafo es una adaptaci6n.1

(1 Véanse las págs. 67 y sigs., y la Observaci6n, en las págs. 73 y sigs.

129

adicionales dé atención por parte del yo. Naturalmente, estos ,últimos


dependen del Aquí y Ahora particular dentro del cual ocurren; Por lo
tanto, el postulado de que puedo, observar las vivencias de otra persona ,
.,exactament~ de la misma uaneraeri que esa persona lo hace, es absur­
do, pues presupone que JO misrr.o he vivenciado todos los estados
conscientes y los Actos intencionales dentro de los cuales se ha cons­
tituidoesa experiencia. Pero esto sólo podría suceder dentro de mi
propio vivenciar y en mis propios Actos de atención a mi vivenciar. Y
eSas vivencias mías tendrían entonces que duplicar las del otro hasta
sus mín~mos detalles, incluidas las impresiones, sus zonas circundantes
de protensión y retención, los Actos reflexivos, las fantasías, etcétera.
Pero aún hay más: yo tendría que ser capaz de recordar todas las
vivencias del otro y, por lo tanto, de haber vivenciado esas vivencias
en el mismo orden en que él lo hizo; y finahnente debeda haberle
otorgado exactamente el mismo grado de ,atención que él les acordó.
En síntesis, mi corriente de conciencialendda que coincidir con la del
otro, lo cual equivale a decir que yo tendría que ser la otra persona.
Esto lo ha señalado Bergson en su obra Essai sur les données immédia­
tes de la conscience.' El "significado a que se apunta" es, por lo tanto,
esencialmente subjetivo y se limita en principio a la autointerpretación
de la persona que experimenta la vivencia a interpretar. Al estar cons­
tituido dentro de la corriente única de conciencia de cada individuo,
es esencialmente inaccesible a todos .los demás individuos.
Parecería que estas conclusiones llevaran a la negación de la posi­

bilidad de una sociología comprensiva y, más aún, a negar que alguien

pueda llegar a comprender la experiencia de otra persona. Pero éste

no es de ninguna manera el caso. No estamos afirmando que las viven­

cias de otro permanezcan inaccesibles en principio para mí ni que

carezcan para mí de significado. Más bien, la cuestión reside en que el

significado que doy a las vivencias de otro no puede ser exactamente

el mismo que el significado que les da el otro cuando procede a inter.

pretarlas. ,

Para aclarar la distinción entre los dos tipos de significado impli­

cados, es decir, entre la autoexplicación y la interpretación de la expe­

riencia de la otra persona, pidamos ayuda a una conocida distinción

de Husserl:

Por actos inmanentemente dirigidos o, para expresarlo de un modo 'más gene­

ral, por vivencias intencionales inmanente71lente relacionadas, entendemos aquellos

actos que est6.n esencialmente constituidos de modo que sus ob¡etos intencionales,

'i' Cf. ,también Husserl, Ideen, pág. 167 [T,I., pág. 241]: "Un examen más
detenido mostrarla además que dos comentes de vivencias (esferas de conciencia
para dos yoes puros) no pueden concebirse como dotadas de un contenido esencial
que sea idénticamente el mf8mo; además ..• ninguna vivencia plenamente-determi­
nada de alguien podría nunca pertenecer a otro; sólo las vivencias que tengan idén­
ticamente la misma especificación pueden ser comunes a ambos (aunque no comu­
nes en el sentido de que sean individualmente idénticas), pero nunca dos vivencias
que por añadid\lra tengan absolutamente el mismo 'ámbito·...
130
·cuando existen, pertenecen a la misma corriente de vivencias que pilos mismos, , .
Las vivencias intencionales l'ur,.·las cUll[es esto no ,'ale son hlS frtl.w·cmlelllemelllc
dirigidas, como por ejemplo todos los aétos dirigidos". hada Ilts vin'IlL'illS inl"n­
clonales de otros yoes con SlIS cortientes de vivencia,."

No hace falta decir que 110 sólo son transcendentes los ad()s intencio­
nales dirigidos a la corriente de cdncicncia dc otJ'~ persona, sino que
entran en la misma clase mis vivendas del cuerpo de otra persona, de
mi propio cuerpo o de mí mismo como una unidad psieufísica. Nos
enfrentamos así inmediutamentccon la cuestión dd carúctcJ' ('spccíHco
de esa subclase de Actos tmnsgendentC's que' se dirigen hacia las viven­
cias de otra persona. Podríamos dccir que "p('l'{'ibimos" las vivcnci!is
del otro siempre que na sobrecntendamos que las intuimos dh;('ctamente
en sentido estricto, sino quc signifiquemos más bieu que l:ls aprehen­
demos can la misma intención perceptual (allschauliches Vermeinen)
con qué ·captamos una cosa o hecho presente a nosotros. Es éste el
sentido en que Husserl utiliza. la palabra "percepción" para significar
"tomar nota de": "el oyente toma nota dé que el hublanfe expresa
ciertas vivencias suyas y, en ese sentido, puede decirse que las nota,
pero él mismo no vive esas· vivencias -su percepción es· 'externa' más
bien que 'interna"'.u La clase de percepción que es de carácter sigl1i~
tivo 10 no. debería confundirse con aquélla (:'n. la cual un objeto nos
aparece direetamente. Sólo aprehendo las vivencias de otro mediante
la representación signitivo-simbóliea, y considero su cuerpo o cualquier
artefacto cultural que él haya p1'Oducido como un "campo de expr0­
sión" 11 .de csas vivencias.
Expliquemos un poco más ese concepto de aprehensión signitiva
del eonocimiento subjetivo de otro. Todo el repositorio de mi expe­
riencia (Et'fahrungsvo/'l'Ot) de otro, desde una actitud natural, consiste
en mis propias vivencias (E1'lebllisse) de su cuerpo, de su conducta, del
curso de sus acciones y de los artefactos que há producido. Por cI
momento hablemos simplemente de la interpretación del curso de acci6n
de la otra persona, sin mayores precisiones. Mis vivencias de los actos de
otros consisten en mis percepciones de su cuerpo en movimiento. Sin
embargo, puesto que yo interpreto siempre esas percepciones como
el "cuerpo de oh'O", las estoy interpretando siempre como algo que
tiene una referencia implícita a la "conciencia dc otro", Asi, los movi­
mientos corporalcs se· percibcn no s610 como hedlOs físicos sino tam­
bién como un signo de que la otra persona tiene ciertas vivencias que

B leleen, pág. 68 [T.I., pág. 124].


1) Lugische Untersltchungen, n, 1,34.
. lO ["El término 'significación' (sígllilication) es lo mismo que 'significado'
(meaning) para Husserl. Similarmente, éste habla a menudo de actos significaticos
o signitivos, ·en lugar de actos de intc'nciÓn significativ:l, ° de $ignificado, etcét<.~ra.
Signitivo es también adecuado porque expresa lo contrario de intuitivo. Un sinónimo.
de .signitivo es simb(Ílico" (Farber, Foundation 01 l'hellolJlellology, pág. 402, 11,).]
11 [ef. más arriba, apartado 3.J
131

expresa por medio de esos movimientos. Mi mirada intencional se


dirige a través de mis percepciones de sus movimientos corporales
hasta llegar a sus vivencias que están por detrás de ellos y son signi­
ficadas por ellos. La relación signitiva resulta esencial para este J)u)(lo
de aprehensión de las vivencias de otro. Por supuesto, él mismo puede
estar consciente de esas vivencias, seleccionarlas y darles el significado
al que él apunta. Sus movimientos corporales observados se transfor­
man entonces para mí no sólo en un signo de sus vivencias como tales,
sino de aqueI1as a las cuales él adjudica un significado al que apunta.
Más adelante estudiaremos en detaI1e c6mo se realiza una interpr<:>ta­
ción de esta clase. Baste decir aquí que la experiencia signitiva (Erfah­
rung) del mundo, como toda otra experiencia en el Aquí y AhOi"'l, está
organizada en forma cohercnte y, por lo tanto, se halla "disponible".!:!
Aquí podría objetarse que el concepto de vivencia excluye por
definición todo lo que no sea mi propia vivencia, puesto que el tér­
mino mismo "vivencia" es equivalente a "objeto de conocimiento inma­
nente". Una aprehensi6n transcendente de la vivencia de otro quedaría
eliminada entonces como absurda. En efecto, prosigue el argumento,
sólo aprehendo transcendentalmente las indicaciones de la vivencia de
otro; luego de aprehenderlas, infiero de ellas la existencia y carácter
de las vivencias de las cuales son indicaciones. Contra este punto de
vista debemos sostener enfáticamente que la aprehensión signitiva del
cuerpo de otro como campo expresivo no implica inferencia o juicio
en el sentido habitual. Lo· que está implicado es más bien un cierto
Acto intencional que utiliza un código ya establecido de interpretación
que nos dirige, a través del movimiento corporal, hasta las vivencias
subyacentes,13 .
En el mundo cotidiano, en el cual tanto yo como tú aparecemos
no como sujetos transcedentales sino psicofísicos, corresponde a cada
corriente de vivencias del yo una corriente de vivencias del tú. Esta
última se refiere, con seguridad, a mi propia corriente de vivencia, tal
como el cuerpo de la otra persona sc refiere al mío. Durante este
proceso, se mantiene vigente la peculiar referencia de mi propio yo al
yo del otro, en el sentido de que mi corriente de vivencias es para
ti la de otra persona, tal como mi cuerpo es para ti el cuerpo de otro. H

12 el. apartado 15. .. . . '.


13 Cl. Husserl, Méditations cartésienlles, pág. 91: "El organismo de otra pf'l'­
sona sólo demuestra permanentemente que es un o]'gani~mo viviente mediante Sil con­
ducta cambiante pero siempre coherente. Y lo hace de la sig~Jiente manera: el lado
físico de la conducta es el índice del IRdo psíquico. Sobre esta 'conducta' que apa­
rece en nuestra experiencia y se verifica y confirma a sí misma en la sucesión orr!p­
nada de sus fases. .• en esta accesibiliuacl indirecta pero gf'nuina de Jo que no ('S
en sí mismo accesible, se funda para nosotros la existencia del otro." [Cí. la trad nL'­
ción de Cairns (de la edición alemana), Cartesiar¡ Meditatiolls, pág. 114.]
14 Cf. también Husserl, Logik, pág. 210.
132

20. La corriente de la conciencia de otro como simultánea. con la mía


. .
Si deseo observar una de mis propias ViWJDcias, debo realizar un Acto
reflexivo de atención•. Pero en este caso lo que contemplo es, una
experiencia pasada, no una experienciaq)le .. ocurra en la actualidad.
Puesto que esto sigue. valiendo para todos· mis Actos de atención diri­
gidos hacia mis propias Vivencias, sé que vale también para la otra
persona. Tú estás en la misma posición que yo: sólo puedes observar
tu pasado, Vivencias yE).. vividas. Ahora bien, cuando tengo una Viven­
cia de tí, ésta es todavía mi propiavivencia. 111 Sin embargo, aunque
esta vivencia esúniqamente mía, tiene también, ,como un objeto inten­
cional captado significtivamente, una vlvencia de ti que tú estás holnien"7
do en este mismo momento. Para observar una vivencia mía, debo
'lltender a ella. reflexivamente. 'Sin embargo, no necesito. de ningún
mooo atender reflexivamente a mi vivencia de ti,· para observar tu
vivencia. Por el contrario, limitándome a "mirar", puedo captar incluso
aquellas vivencias tuyas que tú no has observado todavía y que son aún
para ti prefenoménicas e indiferenciadas. Esto significa que mientrall
yo sólo puedo observar mis propias. vivencias después de pasadas' y
transClurridas, puedo. observar las tuyas cuando están efectivamente
ocurriendo! ' Ello implica, a su vez, que tú y yo somos, en un sentido
específico; "simultáneos", que "coexistimos", que nuestras respectivas
cprrientes de conciencia se intersectan. Estas son con seguridad meras
imágenes, y. resultan inadecuadas puesto que son espaciales. Sinem­
bargo, es costumbre profundamente.arraigada recurrir a imágenes espa­
ciales en este punto. Nos interesa en este caso el sincronis,mo ~e dos
corrientes de conciencia, la mía y la tuya. Al tratar de comprender
este sincronismo, es' difícil que podamós· ignorar el hecho de que cuando
tú y yo estamos en actitud natural, nos percibimos a nosotros mismos
y uno a otro como unidades psicoñsicas. '
Este sincronismo o "simultaneidad» se entiende aquí Eln el sentido
de Bergson: .
Llamo simultáneas a dos comentes que desde el punto de vista de mi con­
ciencia son indiferentemente una o dos. Mi conciencia percibe esas comentes como
una sola cuando accede a acordarles un acto indiviso de atención; en cambio, las
distingue cuando prefiere dividir su atención entre ellas. Además, puede hacer de
ellas una, distinguiéndolas sin embargo una de otra, si decide dividir su atenci6n,
nunque no dividiéndolas en dos entidades separadas.10

Veo entonces mi propia corriente de conciencia y la tuya en un


solo Acto intencional que abraza a ambas. La simultaneidad implicada
111 [(). literalmente, "todas mis vivencias de las vivencias del yo del otro son
aún mis propias vivencias" ("111m sind auch .meine ErIebnisse von Fremden Erlebnis­
St'n noch Ílnmer je-meinige Erlebnisse")']
16 Durée et simultllnéite: el prop08 de la théorie d'Elnstein, 2' ed. (París,
1923). pág. 66.
133

en este caso no es la del tiempo físico, que es cuantificable, divisible


y espacial. Para nosotros el término "siQ.lUltaneidrid"es más bien una
expresión del supuesto básico y necesalio del que. parto, que es el de
que tu corriente de conciencia tiene una estructura análoga a la. mía.
Dura en un sentido en que no dura una COsa Hsica: vivencia su propio
envejecimiento, y esta vivencia es determinante de todas las otras que
tiene. Mientras, la duración de los objetos físicos no es en absoluto
durée, sino exactamente lo contrario, pues persiste en un pcrÍodo de
tiempo objetivo,17 tú y yo, en cambio, tenemos una auténtica durée
que se vivencia a sí misma,que es continua, múltiple e irreversible.
No sól6 cada uno de nosotros vivcncia subjetivamente su propia durée
como una unidad absoluta en el sentido bergsoniano, sino que la
durée de cada uno de nosotros es dada al otro como una realidad abso­
luta. Lo que queremos decir, entonces, con la palabra simultaneidad
de dos duraciones o corrientes de conciencia es simplemente esto: el
fenómeno de envejecer juntos. . Cualquier otro criterio de simultanei­
dad presupone la transformación de ambas duraciones en un com­
plejo espacio-temporal y la transformación de la dur¿e real en un
tiempo meramente . construido. Esto es 10 que .Bergson quiere decir
al referirse al tiempo que' no es vivenciado .por ti. ni por mí, rii por
nadie. 18 Pero en realidad ttl y yo podemos experimentar subjetiva­
mente y vivenciar cada uno su propia y respectiva duración, cada
uno la duración del otro y la de todos. 10 ,
Puedo decir entonces sin vacilar que el tú es esa conciencia cuyos
Actos intencionales puedo ver mientras ocurren como distintos de los
míos propios y, sin embargo, simultáneos con el1os. Puedo también
decir que me es posible cobrar conciencia de vivencias del tú que éste
nunca llega a notar: sus vivencias prefenoménicas. Si por ejemplo
alguien eStá hablándome, estoy consciente no sólo de sus palabras sino
también de su voz. Las interpreto, con seguridad, de la misma manera
en que siempre interpreto mis propias vivencias. Pero mi mirada se
dirige directamente, a través de estos síntomas exteriores, al hombre
interno de la persona que está hablándome. Cualquiera sea el con­
texto de significado que enfoco cuando estoy vivenciando estas indi­
caciones exteriores, ese contexto adquiere su validez de un contexto
de significado correspondiente que está en la mente de la otra persona.
Este último contexto debe ser el mismo dentro del cual las actuales
vivencias del otro se van construyendo paso a paso. 21l
17 [" ••• eill Beharren ¡m Ablauf der objektiven Zeit!' Estas palabras hacen
recordar un pastlje de Kant. Cf. In Crítica de la razón pura, B 183: "El scherna de
la substancia es la permanencia de ]0 real en. el tiempo" ("'die Beharrlicbkeit des
Realen in der Zeit").]
18 Bergson, op. cit., pág. 88 y passim.
l.9 Cf. Husserl, Méditatior!s cClrtésiennes,. pllg. 97: "Desde el punto de vista
feno':llenológico, la otra persona es una modificación· de 'mi' yo."
. 20 Husserl llega a la misma conclusión desde un punto de partida enteramente·
distinto: "Ella (la experiencia de la otraperso»a) establece una conexión entre la
experiencia viviente no interru;mpida ni trabada que el yo cQncreto tiene de sí mismo,
134

Lo que acabamos de describir es la .comprensión, en el momento


mismo en qlie ocurre, de los Actos intencionales de la otra persona'
que proceden paso a paso y que dan por· resultad0 síntesis .de un orden
superior. Ahora bien,esto es, precisamcnte 10 que Weber quiere decir
al hablar de comprensión observacional por oposición a la motivacio~
nal. Pero lo esencial en 10 que respecta a la simultaneidad implicada
aquí no es la coexistencia corporal. No se trata de que yo s610 pueda
comprender observacionalmente a aquellos que vivencia directamente.
En absoluto. Puedo ubicar imaginativamente las mentes dp personas
de épocas pretéritas en una casi simultaneidad con. la mía, compren­
diéndolas observacionalmente a través de sus escritos, su música, su
arte. Tenemos aún que referirnos a las diferentes formas que. asume
esta comprensión en las diferentes esferas del mundo social.
Sin embargo, la simultaneidad de nuestras dos corrientes de con­
ciencia no significa que a cada una de nosotros se le den las mismas
experiencias. Mi vivencia de ti, así como el ambiente que te adscribo,
llevan la marca de mi propio Aquí y Ahora subjetivo y no la marca
del tuyo. También yo te adscribo un ambiente que ya ha sido inter­
pretado desde mi punto de vista subjetivo. Presupongo entonces que
en cualquier momento dado ambos nos estamos refiriendo a los mismos
objetos, que trascienden la experiencia subjetiva de cada uno de nos­
ot1'OS.21 Esto ocurre así por lo menos en el mundo de la actitud natural,
el mundo de ,la vida cotidiana en el cual uno tiene experiencia directa
de sus congéneres, el mundo en el cual supongo que tú estás viendo la
misma mesa que yo veo. Veremos también, en un punto posterior, las
es decir, su esfera primordial, y la esfera ajena que aparece apresentada dentro de
esta última. Esa e~:periencla establece tal vinculación mediante una síntesis que iden­
tifica el cuerpo animado primordialmente dado de la otra persona con su cuerpo tal
como es aprcsentado bajo otro modo de aparición. De ahí se extiende a una síntesis
de la misma Naturaleza, dada y verificada a la vez primordialmente (con originalidad
sensoria pura) y en el modo de la apresentación. Así se instituye definitivamente
por primera vez la coexistencia de mi '!Jo' (y también mi !JO concreto en general) y
el '!Jo' de la otra 11ersooo, la coexistt'ncia de ml vida intencional y de la suya, de mis
'realidades' y las suyas; en una palabra, lo que tenemos aqui es la creación de una
forma temporal común (Méclitations carlésiennes, § 55, pág. 108). [Véase también
T.I., Caims, pág. 128. Cf. la próxima nota para una explicación de lo que Husserl
quiere decir con "una síntesis de la misma Natnraleza".]
21 Husserl llega a conclusiones similares. Formula el concepto de "Nahlraleza
intersubjetiva" correspondiente al concepto ordinario de nmbiente, y traza la pro­
funda distinción entre apercepción en el modo del "híc" y del "iUlc". "Este (el
cuerpo del otro tal como se me aparece) apresenta, ante todo, la actividad de la
otrn personú controlando su cuerpo (illíe) tal como éste se me aparece. .Pero tam­
bién, como resultado de esto, aprtlsenta su acción por medio de ese cuerpo sobre la
Naturale::tt que él percibe. Esh\ Naturaleza es la misma Naturaleza a la que ese
cuerpo (illie) pertenece, mi 11'oll/a Naturaleza primordial. Es la misma Naturaleza
pero se me da en el modo de 'Si yo estuviera allí mirando a través de sus
ojos'. .•• Además, el conjunto de m. Naturaleia es el mismo que el del otro. Se
<l:oustituye en mi esfera primordial como una unidad idéntica de mis m(¡Jtjple.s mo­
dos de presentaci6n, idéntÍl'a en todas sus orientaciones cambiantes desde el punto
de vista de mi cuerpo, que es el punto L'ero,el absoluto aquí (hic)" (MédftalioPls
cartésiennB¡;, pág. 104). [Cf. también T.I., Caims, pág. 128.]
135

modificaciones que este supuesto sufre en las diferentes regiones del


mundo social, es decir, el mundo de los contemporáneos; el de los pre­
decesores y el de los sucesores. 22
En lo que sigue buscaremos confirmación de esta tesis general del
otró yo en los problemas concretos de la comprensión de la otra gente,
Sin embargo, aun en esta etapa temprana podemos extraer unas pocas
conclusiolles .fundamentales.
La autoexplicación de mis propias vivencias ocurre dentro de la
pauta de mi experiencia. Esta pauta total está constituida por con­
textos de significado desarrollados a partir de mis vivencias anteriores.
En todos estos contextos de significado están presentes para mí todas
mis vivencias pasadas, por lo menos en forma potencial. Se encuen­
h'an, en cierta medida, a mi disposición, sea que las vea una vez más
en el rec()nocimiento o la reproducción, o sea que, desde el punto de
vista del contexto de significado ya constituido, pueda observar poten­
ck'llmente las vivencias que ellas han constituido. Además, puedo repe­
tir mis vivencias en la reproducci6n libre (por lo menos en la medida
en qU¡;l se han originado en actividade~ espontáneas) .23 Decimos
la reproducción libre" porque puedo pasar por alto cualquier fase y
dil'igir mi atención a cualesquiera otras que previamente no observé.
Sin embargo, el continuum que es mi corriente total de vivencias per­
manece en principio abierto en su abundancia, en todos los momentos,
a mi autoexplicación.
No obstante, toda tu corriente de vivencias no está abierta para
mL Sin duda, tu corriente de vivencias es también un continuum
pero s610 puedo percibir segmentos inconexos de ella. Ya hemos hecho
esta observaci6n. Si yo pudiera estar consciente de toda su experien­
cia, tú y yo seríamos la misma persona. Pero debemos ir más allá. Tú
y yo diferimos uno de otro no meramente con respecto a la cantidad
de vivencias del otro que podcmos observar, sino también cnesto:
cuando yo percibe un segmento de tus vivencias, ordeno lo quc veo
dentro de mi propio contexto de significado. Pero entretanto· tú lo has
ordcnado en el tuyo. Así, yo estoy siempre interpretando tus vivencias
desde mi propio punto de vista. Aunque tuviera un conocimiento ideal
de todos tus contextos dc significado en un momento dado, y fuera
por lo tanto capaz dc ordenar todo el repositorio de tu experiencia, no
podría sin embargo determinar si tus contextos particulares de signi­
ficado, en los cuales yo ordené tus vivencias, son los mismos que tú
estabas utilizando. Esto ocurre porque tu manera de atender a tus
vivencias sería distinta de mi manera de atender a ellas. No obstante,
si yo observo todo mi repositorio de reconocimiento de tus vivencias y
pregunto por la estructura de ese cono~imiento, resulta clara una cosa:
todo lo que sé acerca de tu vida consciente se basa realmente en mi
:12 Véase el cap, IV, apartados 33-41.
23 Por razones de simplicidud dejamos aquí de lado las vivencias esenciahnente'
actuales.
136

conocimiento'de mis propias vivencias. Mis vivencias de ti están cons­


tituidas eil simultaneidad o casi simultuneidad con tus vivencias, con
las cuales se hallan intencionalmente vinculadas. Sólo debido a esto
ocurre que, cuando miro hacia atrás, soy capaz de sincronizar mis viven­
ciaspasadas de ti COn tus vivencias ·pasadas. '.
Cabría objctar que la corricnte de concicncia de otra persona podría
aún constmirse, sin contradicciones, como algo tan sincronizado con
la mía que seeorrcsponc1ieran momento a .momento; Además,scría
posible construir, tul moc1,elo idenl en el cual, en cada momento, el yo
tenga vivencia, del otro yo y vaya por dIo experimentando simultánea­
mente lus vivencias del otro. En otras palabnls, ,yo pbdría no perder
de vista tus vivencias en su continuidad a lo largo ,de toda tu vida. ~í,
pero sólo en su continuidad, no en su completud. En efecto, 10 que
llamo la serie dI.' tus vivencias es meramente un posible contexto de
significado qlW he construido a partir de algun<"l de tus vivencias. Nun­
ctl logro captar la totalidad de tus vivencias, que en este mismo mo­
mento se va transformando en un momento presente único para ti. Y,
por supuesto, lo que vale respecto de la serie vale respecto del mo­
mento único: la aprehensión no logra captar la pléiútuc1, ni aun en
la simultaneidad. En síntesis, puede decll'se que· mi propia corriente
de conciencia se me da continuamente y en tod.a ,su plenitud, pero
que la tuya se me da e11 scgmentos discontinuos, nunca en su plenitud,
y sólo en <~perspectivas interpretativas". '
Pero esto también significa que nuestro conocimiento de la con­
cicncia de otra gente está siempre, en principio, cxpuesto a la duda,
mientras nuestro conocimiento de nuesb'a propia conciencia, basado
como está en Actos inmancntes, es siempre, en principio, indudable.:!i
Las consideraciones que acabamos de formular resultarán de gran
importancia para ·la teoría dc la acción del otro yo,' que nos ocupará
en forma predominante en las páginas que siguen. Es en principio
dudoso que tus experiencias, tal como yo las aprehendo, sean captadas:
por ~u mirada reflexiva, que surjan de tus Actos espontáneos y cons­
tituyan realmentc, por lo tanto, «conductas" en el sentido que hemos
definido, y, por consiguiente, que sean realmente acción, puesto que
esta última es conducta orientada a un fin. Y así, en el concepto de
la acción del otro yo, tropezamos con un profundo problema teórico.
El postulado mismo de la comprcnsión del significado a que apuntan
las vivencias de la otr<l. persona, I"e vuelve imposible de satisfacer. No
s610 eso, sino quc resulta en principio dudoso !ii la otra persona atiende
a aquellas de sus vivencias que yo aprehendo y les confiere si~ificadn.

!!.¡ ÜUSSt'l'í, Meen, p&,C('. 85 [T.I" pAgo 143],


137

21. La3. ambigüedades en la lloción ordinaria. de compre1Í~ión


de la otra persona
Antes de seguir adelante, sería bueno observar que existen ambigüe­
dades en la noción ordinaria de la comprensión de otra persona. A
veces lo que se quiere significar son los Actos intencionales dirigidos
lu~cia el ouo yo; en otras palabras, mis vivencias de. ti. En otras oca- .
siones, lo que está en cuestión son tus vivendas. Luego, los ordena­
mientos de todas . esas viveocias en contC'xtos de significado (la com­
prensión del sjgnificado a que sc apunta (]p \\:eber) se llama a veces
"comprensión del otro yo", como OCUlTe con la clasificación de la .con­
ducta de los otros en contextos motivacionales. EJ número de ambi­
güedades vinculado con la noción de '«comprerisión de. otra persona"
resulta aun mayor cuando agregamos al problema la comprensión de
los signos que esa persona utUiza. Por otro lado, lo comprendido es el
signo mismo, luego también lo que la otra· persona quiere significar
al utilizado, y, finalmente, el significado del hecho de que ella utilice
el signo aquí, ahora, y en este contexto particular. .
Para deslindar estos diferentes niveles de significado del término,
demos primero una .definición genérica de éste. Decíamos que com­
prender (Verstehen) corno tal es correlativo de significar, pues toda
comprensión se dirige hacia lo que tiene significado (auf ein Sinnhaftes)
y sólo algo comprendido es significativo (sJnnvoll). En el capitulo JI
vimos las implicaciones que tiene para la esfera del yo solitario este
concepto de lo que posee significado (des Sinnhaften). En este sen­
tido, todos los Actos intencionales que son interpretaciones de las pro­
pias vivencias de alguien, se llamanan Actos de comprensión (vers.
tehende Akte). Deberíamos designar también como "comprensión"
todos los estratos inferiores de captación de significado en los cuales
se basa tal autoexplicación.
Por lo tanto, el hombre en actitud natural comprende el. mundo
interpretando sus propias vivencias de é1, se trate de vivencias de cosas
inanimadas, de animales o de sus congéneres humanos. Y así, nuestro
concepto inicial de la comprensión del yo del otro es simplemente
el concepto: "nuestra explicación de nuestras vivencias de nuestros con­
géneres humanos como tales", El hecho de que el tú que me enfrenta
sea un congénere y no una sombra proyectada en Una pantalla cinema­
tográfica -en otras palabras, que tenga duración y conciencia-, es
algo que descubro explicando mis propias vivencias de él.
Además, el hombre en actitud natural percibe cambios en ese
objeto externo que le es conocido como el cuerpo de otro. Interpreta
estos cambios tal como interpreta los cambios que ocurren en los objetos
inanimados, es decir, mediante la interpretación de sus propias viven­
cias de los hechos y procesos en cuestión. Tampoco está segunda parte
va más allá de la adjudicación de significado dentro de la: esfera de la
conciencia solitaria. .
138

Trascender esta esfera s6lo se hace posible cuando los procesos


percibidos llegan a ser considerados como vivencias que pertenecen
a laconciéncia de otro que, de acuerdo con la tesis general del yo del
otro, muestra la misma estructura que la mía. Los movimientos coro
porales del otro que yo percibo serán entonces captados no meramente
como mi vivencia dcesos movimientos dentro de mi corl'iente de con­
ciencia. Más bien, se entendcl'á que simultáneamente con mi vivcncia
de ti, existé t'u vivencia que te pertencce y forma parte de su corrien­
te . de conciencia. Entretanto, la naturaleza específica de tu vivencia
me es por completo desconocida, es decir, no conozco los contextos de
significado que tú utilizas para clasificnr esas vivencias tuyas, siempre, ,
naturalmente, que estés consciente de los mOvimientos de tu cuerpo.
Sin embargo, puedo conOcer el contexto de significado dentro del
cual clasificq mis propias vivencias de ti. Ya hemos visto que éste no
cs el significado a que apuntas en el verdadero sentido del término. Lo
que puede captarse sólo es siempre un "valor aproximado" del concepto
límite: "el significado al que otro apunta".
No obstante, hablar de contexto de significado dentro del cual el
tú ordena sus vivencias es también muy vago. La cuestión misma de
si un movimiento corporal se propone un fih o constituye meramente
una rcacción, es una cuestión que s610 puede contestarse· en fúnción
del propio contexto de significado de la, otra persona. Y luego, si con­
sideramos las demás preguntas que pueden formularse acerca de los
esquemas de experiencia de la otra persona, por ejemplo, acerca de
sus contextos motivncionales, es posible obtener una buena idea de la
complejidad de la. teoría de la comprensión del yo del otro. Es de gran
importancia pcnetrar en la estructura de esta comprensión en bastante
profundidad como para mostrar que sólo podemos interpretar vivencias
que pertenecen a los demás en función de nuestras propias viven­
cias de ellos.
En el examen quepl'ecede hemos limitado exclusivamente nuestro
análisis a los Gasos en que otras personas están corporalmente presen­
tes a nosotros en el dominio de la realidad social directamente viven­
ciada. Al hacerlo así, procedimos como si la comprensión del yo del
otro se basara en la interpretación de los movimientos· de su cuerpo.
No obstante, un poco de reflexión muestra que esta clase de interpre­
tación sólo sirve para una de las múltiples regiones del mundo social; en
efecto, aun ubicado en el punto de vista natural, un hombre vivencia
a sus vecinos aunque estos últimos no estén en absoluto presentes en el
sentido corporal. Tiene conocimiento no sólo de sus consociados 25
directamente cxperienciados, sino también de sus contemporáneos más
distantes. Posee, por añadidura, información empírica acerca de sus
2ú [Schütz utilizaba el vocablo inglés "consociates" (consociados) (entre
otros) pam designar a aquellos que vivellciamos directamente. Lo usaremos en este
sentido técnico pal'll. traducir las referencias a la gente de nuestro Umwelt (dominio
de la realidad social directamente vivenciada).]
. 139

.predecesores históricos; Se cncuentra rodeado por objetos que le dicen


abiertamcnte que j\l('ron l)roducidos por otras personas; éstos 11() son
sólo objetos materiales sino toda clase de sistcmas de signos lingiiístieós
y de otro tipo, en síntesis, .artefactos en el sentido m'í.s amplio. Los
interpreta, ante todo, oru('núndo)os tkntro de sus propios coritextos de
experiencia. Sin embargo, pucde formular en cualquier momento pre­
guntas aceren de las vivencias y contcxtos de significado de sus crea­
dores, cs decir, ncercn de por qué fueron construidos.
Dehemos ana1izar ahora G'Uidadosamcnte. todos estos complejos
procesos. Sin embargo, sólo lo l1aremos en la medida requerida por
nuestro tcma, es decir, "la comptcnsióll elc In otra persona dentro del
mundo social". Para cste prop6sito debemos comenzar con el nivel
1m1s bajo y clarificar aquellos Actos de autoexplicaeión que cstán pre­
sentes y disponibles para el uso cn la intcrprctaeión de la conducta
de Ins dcmt1s pcrsonas. En hien de la simplicidad, supongamos que la
, , otra persona está presente córpomlnwnte. Sc1ct'cionuremos nuestros
ejemplos de diversas regiones dc la conducta humana, anulizando pri­
mero una acción sin intencilÍn comunicativa y lucgo una cuyo signifi­
cado se manifiesta mediante signos.
Como ejemplo de la "comprensión de un acto humano" sin ninguna
intenci<Ín comunicativa, observamos la actividad dc un leíladür.
Comprcndcr que se está cortando madera puedo significar:
1. Que estamos percibiendo sólo el "hecho externo", el hacha que
corta el árbol y luego la madera quc se fracciona en trozos. Si eso es
todo lo que vemos, difícilmente nos ocupemos de lo que estA ocurriendo
en la mente de otra persona. En realidad, casi no es nceesario que
introduzcamos en absoluto a la otra persona, pues el corte de madera
es corte de madera, sea que lo haga un hombre, una máquina o aun
una fuerza natural, Por supuesto, el sigúifiendo es conferido por el
observador al hecho observado, en el sentido dc que éste lo comprende
como "corte de madera". En otras palabras, lo inserta dentro de su
propio contexto de cxpel'Íl:llcia, Sin embargo, esta "comprensión" es
meramente la explieaci{m de sus propiusvivcneias, que hemos exami­
nado en el capítulo Il, El observado!' percibe el h('c11o y ordena sus'
pcrcepciones cn síntesis polítt',ticas, sobre las cuaks mira luego retros­
pectivamente eon una ojeada monotéticn, y ordena esas síntesis dentro
del contexto total de su experiencia, dándoles al mismo tiempo un
nombrc. No obstante, el observador no pC1'cibon{1U en nuestro caso
al cortador cht madera, sino sólo el hecho de que están cortando ma­
dera, y "col11prmde" la secuencia percibida de hechos como "corte de
madera". Es (;st'llt'Íal ohserva}' que mm ('sta interprehl('i(m del hbcho
está determinada por el contexto total de conocimiento disponible para
1'1 ohservador t'n el momento de la o]¡s('rvacÍón. Quien no sepa cómo
S(' manufactura el papd, no ('star{1 {'n condiciones de dasificar los pro-
componentes porque CUl'('C'C (1<-1 (,sfJlwma int<'rpl'dativo l'eque­
Ni po(Jní formular el júicio: "Este es U11 lugar donde se manu­
140

factura papel". Y esto mantiene su vaJidez, según hemos establecido,


para todos los ordenamientos de' vivendas dentro del contexto dé
conocimiento.
Pero la comprensión de que se corta madera también puedc sig­
llificar: .
·2. Que se perciben cambios en el cuerpo de otra persona, c!\.mbios
que se interpretan como indicaciones de que ésta está viva y consciente.
Entretanto, no se hace ninguna otra suposición de que se trate de una
acción. Pero esto también es meramente una explicación de las propias
experiencias perceptuales del observador. Todo lo que él hace es iden~
tificar el cuerpo como' el de un 'ser humano viviente, y luego observar
el hecho y la manera de su cambio.
La comprensión de que alguien está cortando madera puede, sin
embargo, significar:
3. Que el centro de atención lo constituyen las vivenCias propias
del lei'íaq,or como actor. La cuestión no sé refiere a los hechos externOs
sino a vivencias: «¿Está este hombre actuando espontáneamente de
acuerdo con un proyecto que formuló con anterioridad? Si es así, ¿cuál
es ese proyecto?' ¿Cuál es su motivo-para? ¿En qué contexto de sig­
. nificado se encuentra la acción para él?" Y así sucesivamente. Estas
preguntas' no se refieren a la facticidad de la situación como tal ni a,
los movimientos corporales. Más bien, los hechos exteriores y los mo­
vimientos corporales se entienden como indicaciones (Anzeichen) de
las vivencias. de la persona a la que estamos observando. La atención
del observador no se enfoca sobre las indicaciones, sino sobre lo que
se encuentra detrás de ellas. Esta es la auténtica comprensi6n de la
otmpersona,.
Dirijamos ahora nuestra atención a un caso en que se utüizan sig~
nos, y usemos como ejemplo el de una.persona que hable alemán.
. El observador puede dirigir su atención:
1. A los movimientos corporales del hablante. En este caso, inter­
preta su propia vivencia sobre la base del contexto de experiencia del
momento presente. Primero, el observador se asegura de que está
viendo a una persona real y no una imagen, como en una película cine­
matográfica. Determina. luego si los movimientos de la persona son
acciones. Todo esto es, por supuesto, autointerpretación.
2. A la percepción del sonido por separado. El observador puede
proseguir tratando de descubrir si está oyendo a una persona real o
una cinta registradora. Esto también es sólo una interpretación de su
propia vivencia.
3. Ala pauta específica de los sonidos que se producen. Es decir,
identifica los sonidos primero como palabras, no como silbidos, y luego
como palabras alemanas. Estas se otdenán así dentro, de un cierto
esquema, en el cual constituyen signos con significados definidos. Este
ordenamiento dentro del esquema de un lenguaje particular puede
ocurrir incluso, sin conocimiento de. las palabras, siempre que el oyente
141

tenga algún criterio definidoeÍl su mente. Si yo estoy realizando un .


viaje por un país extranjero, sé cuando dos personas hablan entre' sí, y
sé también que están hablando la lengua del país en cuestión, sin
tener la más mínima idea del tema de su conversación.
. . Al hacer cualquiera de estas inferencias me limito a interpretar
mis propias vivencias, y esto no implica nada respecto a una vivencia
en particular de cualquiera de' las personas que observo.
El observador "comprende" por añadidura:
, 4. La palabra como el signo de su propio significado verbáI. Aun
entonces se limita a interpretar sus propias viVencias coordinando el
signo con un sistema de signos o un esquema 'interpretativo previa­
mente vivenciado, por ejetnplo, la lengua alemana. Como resultado
de su conocimiento de esa lengua, el observador vincula con la palabra
Tisch la· idea de un determinado mueble, que él puede representar
con una precisión aproximada. No interesa en absoluto si la palabra
ha sido proferida por otra persona, un fonógrafo,' o aun por un papa­
gayo. Ni interesa si la palabra es hablada o escrita, o en este último
. caso si está 'escrita con letras de madera o de hien-o.28 No importa
cuándo y dónde se la profiere o. en qué contexto. Por lo tanto, en la
medida en que el, observador prescinde de todas las cU€lstiones respecto
a por qué y cómo se utiliza la palabra en el momento de la observa·
ción, su interpretación sigue siendo autointerpretaci6n. Le interesa el
significado de la palabra, no el significado de quien usa la palabra.
Cuando identificamos estas interpretaciones como autointerpretaciones,
no debemos descuidar el hecho de que todo conocimiento previo de
la otra' persona pertenece a la configuración total de experiencias del
intérprete, que es el contexto desde cuyo punto de vista se hace la
interpretación.
Sin embargo, el observador puede proceder· a la auténtica com­

prensión de la otra persona si:

5. Considera el significado de la palabra como una indicación

(Anzeichen) de las vivencias del hablante, en una palabra, como lo

qu~ el hablante quiere decir. Por ejemplo,· puede tratar de descubrir

lo que ,el hablante intentaba decir y lo que quiso significar dicién(\olo

en esa ocasión. Estas cuestiones apuntan obviamente a vivencias cons­

cientes. La primera cuestión trata de establecer el contexto de signi­

ficado dentro del cual el hablante comprende la palabra que está pro­

nunciando, mientras la segunda trata de establecer el motivo de que

la pronuncie. Es obvio que la comprensión auténtica de. la otra per~

sona implicada en la respuesta a tales cuestiones sólo puede lograrse

si se establece primero el significado objetivo de las palabras, por

medio de la eA"Plicación de sus propias vivencias por parte del obser­

vador.

Por supuesto, todos estos son sólo ejemplos. Más adelante tendre­

mos repetida oportunidad de referimos al pllntoesencial que esos ejem­


26 el. Husserl, Logische Untersucl¡ungim (3" ed.), II, 2, 89.
142

plos ilustran. Formulemos ahora de manera sumaria cuáles de nuestros.

actos interpretativos referentes al yo de otro son interpretaciones de

nuestra propia experiencia. Estú primero la interpretación de que la

persona observada es realmente un ser humano y no una imagen de

alguna clase. El observador sólo establece esto mediante interpretación

de sus propias percepciones del cuerpo del otro. En segundo lugar,

está la interpretación de todas las fases externas de la acción, es decir,

de todos los movimientos corporales y de sus efectos. En este caso el

observador también está interpretando sus propias percepciones, exac­

tamente como cuando observa el vuelo de un pájaro o la agitación de

tina rama sacudida por el viento. Para entender lo que ocmre, apela

solamente a su experiencia pasada, no a lo que sucede en la mente

de la persona observada. 27 Por último, lo mismo puede decirse de la

percepción de todos los movimientos expresivos .·clela otra persona y

dc todos los- signos quc ésta utiliza, siempre quenas refiramos aquí al

significado general y objetivo de tal('s manifestaciones y no a su sig­


nificado ocasional y. subjetivo. .

Pero pOl' supucsto con la expresión "comprensión de la otra per­


. sana" sc. quiere decir, por lo general, mueho más. _Este algo adicional,
que es realmente el único significado cstricto del término, implica la
captación de lo que cstá ocurriendo realmente en la 111cntc de la otra
persona, la aprchensión de las cosas de las cuales las manifestaciones
externas son mcras indicaciones. La int('rpl'etación de tales indicacio­
lles y signos externos C11 función de 1n interpretación de las propias
vivencias ocupa, sin duda, 01 primor lugar. Pero el intérprete no se
satisfará con eso. Sabe perfectamente bien, a partir del contexto total
de su propia experiencia, que en correspondencia con el significado
externo objetivó y público que acaba de descifrar, existe ese otro sjgni~
ficado interno y subjetivo. Pregunta entonces: «¿Qué está pensando
realmente. el leñador? ¿Qué se propone? ¿Qué significa para él todo
este corte?" 0, en otro caso: "¿Qué quiere decir esta persona habl{ll1~
dome de esta maneru en este momento en particular? ¿Con qué pro­
pósito haco. esto (cuál es su motivo-para)? ¿Qué circunstancia da como
razón de ello (es decir, cuál es su auténtico motivo-porque)? ¿Qué
indica la elección de estas palabras?" Cuestiones C01110 éstas apuntan
,t los contenidos de significado pl'Opiosde la otra persona, a las maneras
complejas en que se han constituido politéticamente sus propias viven­
cias, y tmnbién a la ojeada monotética can la cual atiende a

22, La naturaleza de la COIlllJl'el1siól/ inte/'slIlJietiva allténtica


Luego oehaber estahlC'cido ({Ut· toda ('omprcnsión auténtica do
In otra pprsona dcl:w partir ()(, Actos (h- ('xplicación realizados por el

27 Tales interpretadoues suponen, l1ütumlmclltC', la aC(J11tación de In Tesis Ge~


dd Altci- Ego, d(' HL'II<'rdll cou la ClIll} el nlljeh) extt'fnO se condb~: como alli­
es d('cll', COlIJO PI CUt'fl)o) dd yo dl·1 otro.

.J
143

observador en su propia vivencia, debemos proceder ahora a realizar


un análisis preciso de esta auténtica comprensión en sí 'misma. De los
ejemplos que ya hemos dado, resulta claro que nuestra investigación
debe tomar dos' direcciones diferentes. En primer lugar tenemos que
estudiar la auténtica comprensión de acciones que se realizan sin nin­
gún intento comunicativo. La acción del leñador sería un buen ejem­
plo. En segundo lugar, examinaríamos casos en que estuvo presente
tal intento comunicativo. El último tipo de acción implica una nueva
dimensión, el uso 28 y la interpretación de signos.
Tomemos primero las acciones realizadas sin ningún intento comu,
nicativo. Estamos observando a un hombre en el acto de cortar madera
y preguntándonos qué ocurre en su mente. Se excluye que se lo pregun­
tamos, puesto' que eso requeriría entrar en una relación social 29 con él,
que a su vez implicaría el uso de signos. ,
Supongamos además que no sabemos nada acerca de nuestro .leña­
dor, excepto lo que vemos ante nuestros ojos. Sometiendo a interpre­
tación nuestras propias percepciones, sabemos que estamos en presencia
de un congénere humano y que sus movimientos corporales indican que
'está ocupado en una acción que reconocemos como la de cortar madera.
Ahora bien, ¿cómo sabemos lo que ocurre en la mente del leñador?
, Tomando como punto de partida esta interpretación de nuestros propios
datos perceptuales, podemos planear exactamente en nuestra imagina­
ción cómo realizaríamos nosotros la acción en cuestión. Luego, podemos
imaginarnos realmente haciéndola. En casos como éste proyectamos
entonces la meta de la otra persona como si fuera ·la nuestra y nos fan­
taseamos realizándola. Obsérvese también que proyectamos en este caso
la acción en el tiempo futuro perfecto como completada y que nuestra
ejecución imaginada de la acción va acompañada por las retenciones y
reproducciones habituales del proyecto, aunque, por supuesto, sólo en
la fantasía. Además notemos que la ejecución imaginada puede cum­
plir O no lograr cumplir el proyecto imaginado.
O en lugar de imaginar para nosotros una acción dentro de la cual
realizamos la meta de la otra persona, podemos recordar en sus deta­
lles concretos cómo hemos realizado nosotros mismos, en una oportu­
nidad, una. acción similar. Tal procedimiento sería meramente una
variación del mismo principio.
, En estos dos casos, nos ponemos en lugar del actor e identificamos
nuestras vivencias con las suyas. Podría parecer que estamos aquí repi­
tiendo el error de la bien conocida teoría "proyectiva" de la empatía. En
efecto, interpretamos en este caso nuestras propias experiencias adju­
dicándolas a la mente de la otra per50na y, por lo tanto, sólo descu­
brimos nuestras propias vivencias. Pero si observamos con mayor dete­
nimiento, veremos que nuestra teoría no tiene nada en común con la
28[Setzung: literalmente "posición" O "establecimiento",]
El término "relación social" se utiliza aquí en el vago sentido coloquial de
:2D
Weber, Pensamos someterlo a un anúlisis detalladó más adelante, en el apartado 31.
144

de la empatía, excepto en ·un punto. Ese punto es la tesis general del


tú como el. "otro yo", la persona cuyas experiencias se constituyen de la
misma manera que las mías. Pel'O aun. esta similitud es sólo aparente,
pues nosotros partimos de la tesis general del flujo de duración de la
otra persona, en tanto que la teoría proyectiva de la empatía salta del
mero hecho de la empatía a la creencia en otras mentes por un acto de
fe ciega. Nuestra teoría sólo explicita las implicaciones de lo que ya está
presente en el juicio autoexplicativo: "Estoyvivenciando a un congénere
hunlano", Sabemos con certeza que la vivencia que la otra persona tiene
de su propia acción es en principio diferente de nuestra propia repre­
sentacIón imaginada de lo que haríamos en la misma situación. La
razón, como .ya hemos señalado, consiste en que el significado a que
apunta una acción es siempre en ,principio subjetivo y sólo accesible al
actor, El error de que padece, la teoría de la: empatía es doble. En pri­
merlugar, trata ingenuamente de rastrear la constitución del yo del otro
dentro de la conciencia del yo haciéndola remontara la empatía, de
modo que esta última se transforma en la fuente directa deconoci­
miento del otro.80 En realidad, tal tarea de descubrimiento de la
coristitución del yo del otro s610 puede realizarse de, una manera tras­
cendentalmente fenomenológica. En segundo lugar, pretende un conoci­
miento de la mente de la otra persona que va mucho más allá del esta­
blecimiento de un paralelismo estructural entre esa mente y la mía. No
obstante, cuando nos referimos a acciones que no tienen intención co­
municativa, todo lo que de hecho podemos afirmar acerca del signifi­
cado de éstas está ya contenido en la tesis general del yo del otro.
Resulta claro, entonces, que proyectamos imaginativamente el mo­
tivo-para de lª .otra persona como si fuera nuestro, y luego utilizamos
la realización fantaseada de tal acción como un' esquema que nos per­
mite interpretar sus vivencias. Sin embargo, para impedir un error de
interpretación; .debería agregarse que sólo se trata aquí de un análisis
reflexivo del acto completado de otra persona. Es una interpretación
realizada después del hecho. Cuando alguien observa directamente a
otra persona con la cual concuerda en la simultaneidad, la situación es
diferente. En este caso, la intencionalidad viviente del observador lo
lleva consigo sin que tenga que recurrir constantemente a su propio
pasado oa experiencias imaginarias. La acción .de la otra ,persona se
desarrolla paso a paso ante sus ojos, .En tal situación, la identificación
del observador con la persona observada no se realiza partiendo de la
meta del acto como ya.dada 'Y procediendo luego a reconstruir las viven­
cias que deben haberlo acompañado. En cambio, el observador va si­
guiendo paso a pasol por así decirlo, la acción de la persona observada,
idcntificándose con las. vivencias de ésta dentro de .una "relación-noso­
tros" común. Más adelante nos referiremos extensamente a ello.Sl
so Para una crítica de ]a teoría de ]a empatía, véase Scheler, Wesen flnd
Formen der Sumpatltie, págs. 277 y sigs. [T.I., Heath, pág, 241).
31 Véase más abajO, cap. IV, apart-ado 33.
145

Hasta aquí hemos supuesto los movimientos corporales .de la otra


persona como el único dato proporcionado al observador. Debemos
acentuar que, si se toma por sí mismo de esta manera el movimiento cor··
pora], está necesariamente aislado de su lugar dentro de la corriente ele
las vivencias de la persona observada. y este contexto' resulta impor­
tante no sólo parp. la persona observada, sino también para el observa­
dor. Este puede, por supuesto, si carece de oh'os datos, tomar una ins­
tantánea mental del movimiento corporal observado y "tratar luego de
adecuarla a Ul1c1. película fantaseada, de acuerdo con el modo en que
él cree que actuaría y sentiría en una situación similar. Sin embargo, el
observador puede extraer conclusiones mucho más confiables acerca de
su. sujeto si sabe algo sobre el pasado de éste y algo sobre el plan ge­
neral al que se ajusta esta acción. Para volver ~l ejemplo de Max Weber,
sería importante que el observador supiera si
el leñador estaba reali­
zando su h'abajo habitual o sólo cortaba madera para hacer ejercicio
físico. Un modelo adecuado de las vivencias de la persona observada
requiere justamente este contexto más amplio. En verdad, ya hemos
visto que la unidad de la acción es Ul1c1. función de la amplitud del pro~
yecto, Del movimiento corporal observado, todo lo que el observador
puede inferir es el simple curso de acción que ha conducido directa­
mente a él. Sin embargo, si yo como observador deseo evitar una inter­
pretación inadecuada de lo que veo que está haciendo otra persona, debo
"hacer míos" todos los contextos de significado que constituyen el sen­
tido de esta acción, sobre la base de mi conocimiento pasado de eSa
persona en particular. Volveremos más adelante a este concepto de
"inadecuación" y mostraremos el significado que tiene para la teoría de
la comprensión de la otra persona. ... .

2.'3~ Movimiento expresivo y acto expresivo


Hasta· ahora sólo hemos estudiado casos en que el actor busca mera­
mente producir cambios e11 el mundo extemo~ No trata de "expresar"
sus vivencias. Cuando hablamos de acCión "expresiva" queremos sig­
nificar aquella en que el actor trata de proyectar hacia afuera (nach
aussen zu pl'ofizieren) 32 los contenidos de su conciencia, sea con el fin
de conservar a estos últimos para su propio uso posterior (como en el
caso de un asiento en un libro diario) ode comunicarlos a otro. En
cada uno de estos dos ejemplos tenemos una acción auténticamente
planeada o proyectada (Handeln nach Entwul'f) cuyo motivo-para· es
que alguien tome conocimiento de algo. En el primer caso este alguien
cs la otra persona en el mundo social. En el segundo, es uno mismo en
el mundo del yo solitario. Estos dos son actos expresivos. Debemos dis~

32 [Quizá sea innecesario precaver al lector contra cualquier confusión de este


concepto con el dtl "proyectar" Centwerfen) de Schütz, que significa "planear" o "di­
.~eÚal''' lln acto;]
146

tinguir claramente el "acto expresivo" (Ausdruckshandlung) de 10 que


los psicólogos llaman el "movimiento expresivo" (Ausdrucksbewegung).
Este último no tiende a ninguna clase de comunicación o a la expresión
de ningún pensamiento para el uso de uno mismo o de los demás.:l3 En
cste caso no hay auténtica acción en el sentido que nosotros le damos,
sino sólo conducta: no existe proyecto ni motivo-para. Ejemplos de tales
movimientos expresivos son los gestos y las expresiones faciales que, sin
ninguna intención explícita, entran en cualquier conversación.:!4
Desde mi punto de vista como observador, tu cuerpo se me presenta
como un campo de expresión en el cual puedo "observar" el flujo de
tus vivencias. Realizo esta "observación" tratando simplemente tus mo­
vimientos expresivos y tus actos expresivos como indicaciones de tus
vivencias.ll5 Pero debemos analizar este punto con mayor detalle.
Si yo comprendo, como dice 'Veber, ciertas expresiones faciales,
interjecciones verbales y movimientos irracionales como una explosión
de cólerá, esta comprensión misma puede interpretarse de varias mane­
ras difcrentes. Puede no significar, por ejemplo, nada más que auto­
elucidación, es decir, mi ordenamiento y clasificación de .mis .propias
vivencias de tu cuerpo. Sólo cuando realizo un Acto suplementario de
atención uniéndome Íntimamente contigo, considerando que tus "iven­
eÍas fluyen simultáneamente con mis vivencias de ti, capto realmente o
"consigo aprehender" tu cólera. Este giro hacia la comprensión autén­
tica de la otra persona sólo me es posible porque he tenido previamente
experiencias similares a las tuyas, aunque sólo fuera en la fantasía, o por
haberlas encontrado antes en manifestaciones extemas.36 El movimiento
expresivo entra entonces en un contexto de significado, pero sólo para
el observador, para quien constituye una indicación de las vivencias de
la persona que él está observando. Esta última está impedida de dar
significado a sus propios movimientos expresivos en el momento en que
ocurren, por el mero hecho de que aún no los ha notado; son, en nuestra
terminología, prefenoménicos.
Los movimientos expresivos sólo tienen entonces significado para
el observador, no para la persona observada. Es precisamente esto lo
que los distingue de los netos expresivos. Estos últimos tienen sk:mpre
significado para el actor. Los actos expresivos son siempre auténticos
actos comunicativos (Kundgabehandlungen), que tienen como meta su
propia interpretación.
Por ]0 tanto, la mera ocurrencia de una forma de conducta externa
no da al intérprete la basc necesaria para saber si se trata de un movi­
miento expresivo o de un acto expresivo. S610 podrá determinarlo ape­
lando a un contexto distinto de experiencia. Por ejemplo, el juego de
los rasgos y gestos de un hombre en la vida diaria puede no ser dIfe-
Sil Hnsserl, Logisclle Untersuchungen, II, 31.
34.lMel.
Ilr. Cf. apartado 3, mhs ltTTjha.
¡lll Pura 1m adecuudo examen de este punto, debemos esperar nuestro análisis
del "mundo de los éontemporáneos", en el apartado 37.
147

rente a los de un actor en el escenario. Ahora bien, observamos las


expresiones y gestos faciales de este último como signos establecidos
que el actor escénico está utilizando para expresar ciertas vivencias.
En la vida diark'1, por otra perite, nunca sabemos exactamente .si la otra
persona. está "actuando" en ese sentido o no, a menos que prestemos
atención a factores distintos de sus movimientos inmediatos. Por ejem­
plo, puede estar imitando a alguien para divertirnos, estar haciéndonos
una broma o fingiendo hipócritamente ciertos sentimientos para obtener
ventaja de nosotros. .
Es por completo indiferente para la comprensión de los actos ex­
presivos que éstos consistan cn gestos, palabras o artefactos. Cada acto
tal implica el uso de signos. Debemos entonces tnitar.ahora el problema
de la naturaleza de los signos.

24. El signo y el sistema de signos


Debemos distinguir primero el concepto de "signo" o "símbolo" del con·
cepto general de "indicación" o "síntoma". Al hacerlo así seguiremos la
primera Investigación Lógica de Hussed. 37 "Indicación" significa para
Husserl un objeto o estado de cosas cuya existencia indica la existcn­
cia de otro determinado objeto o estado de cosas, en el sentido de que la
creencia en la existencia del primero es un motivo no racional (u "opa­
co") para la creencia en la existencia del segundo. Para nuestros pro­
pósitos, lo importante en este caso es que la relación entre los dos s610
existe en la mente del intérprete.
Ahora bi~n, es obvio que el "motivo de creencia" de Husserl no
tiene nada que ver con nuesh'o "mo.tivo de acción". El así llamado "mo­
tivo" de Husserl, como el nuestro, es un complejo de significado o con­
texto significativo. Pero es un complejo que consiste, por lo menos, en
dos esquemas interpretativos. No obstante, cuando interpretamos una
indicación, no atendemos a esta relación causal, puesto que el motivo
no es "raciona}". La vinculación existente entré ]a indicación y ]0 que
f~J1a indica es, por ]0 tanto, de carácter puramente formal y general; no
contiene nada de lógico. No hay duda de que Husserl coincidiría con
nosotros 011 este punto. Tanto los objetos animados como los inanimados
pueden servir como indicaciones. Para el geólogo, una cierta formación
en la supClficic de la tierra constituye una indicación de ]a presencia de
determinados minerales. Para el matemático, el hecho de que una (~cua­
eión algebraica sea de grado impar constituye una indicación de que
tiene por 10 menos una raíz real. Todas éstas son relaciones --o COl'rt'­
laciones- dentro de la mente del intérprete, y como tales pUNlell lla­
marse para él contextos de significado. En este sentido, los movimientos
percibidos del euerpo de la otra persona constituyen para el ob~)(,l'vador
indicaciones de 10 que está ocurriendo en la mente de la pCrSOJ1¡l que
él observa.
37 Logische Ullter.~llchflnge". II, 1, 25-1L
148

Los "signos significantes", las "expresiones" o "simbolos" deben con­


traponerse a las "indicaciones". .
Ante todo, veainos cómo se constituye un signo en la mente del
intérprcte. Decimos que. existe entre el signo y lo que éste· significa, la
relación de reprcsentación. as Cuando observamos un símbolo, que es
siempre en sentido amplio un objeto externo, no. lo miramos como ob­
ieto sino' como ·mpresentativo de algo más. Cuando '~cbmprendemos"
un signo, nuestra atención no $e enfoca sobre el signo mismo sino sobre
aquello en 1t.1gar de lo cual é!?te está.. Husserl señala repetidamcnte que
pertenece a la esencia de la relación signitiva que· "el signo y aquello
en lugar de lo cual éste está no tengan nada que ver uno con otro",39
Por lo tanto, la relación signitiva es obviamente .una relación particular
entre los esquemas interpretativos que se aplican a esas objetos externos
llamados aquí "signos". Cuando comprendemos un signo, no 10 interpre­
tamós por medio del esquema adecuado a él como objeto externo, sino
mediante csquemas que son adecuados a 10 que él significa. Decimos
que un esquema interpretativo es adecuado a un objeto experimentado
si el esquema se ha constituido a partir de vivencias experienciadas poli­
téticamente de este mismo objeto como una cosa autoexistente. Por
ejemplo, las siguientes tres líneas negras, A,pueden interpretarse: 1) ade­
cu({damente como el diagrama de una cierta Gestalt visual negra yblan­
ca, O 2) no adecuadamente, como un signo del correspondiente sonido
vocálico. El esquema interpretativo adecuado para el sonido vocálico
no se constituye, por supuesto, a partir de vivencias visuales sino au­
ditivas.
No obstante, es probable que surja la confusión a raÍ.z del hecho
de que la interpretación de signos en función de lo que éstos significan
se basa enla experiencia previa y es en sí mismo, por lo tanto, función
de un esquema.40 . .
Lo que hemos dicho mantiene su validez respecto de toda inter­
pretación de signos, sea que el. individuo interprete sus propios sigrios
o los de otro. Sin embargo, existe una ambigüedad en el dicho común
de qllC "un signo es siempre signo de algo". El signo es por cierto el
"signo de" ]0 quc él quiere decir o significa, el asÍ. llamado "significado
del signo" o "función del signo", Pero el signo es también el "signo de"
lo que él expresa, es decir, las vivencias de la personn que lo utiliza.
En el mUÍ1do de la naturaleza na existen signos (Zeichen) sino sólo
indicaciones (AnzeicTlen). Un signo es, por su naturaleza misma, algo
utilizado por Ulla person<'l· para cxpresar una. vivencia. Por lo tanto,
pucsto que el signo siemprc se l;cmonta a un .acto de elección por parte
de un ser mcional -una elección de este signo en particular-, el signo
38 Cf. la sexta Investigación l6gícá de HU$sel'1.
30 Ibíd., 11, 2, 55 [olI, 527 en la edición de 1901].
40 En efecto, 10 que tenernos aquí es una especie de metaesquema que vineuln
a otros dos. Este correspo11de al así llamado "esquema· de cool'dinaciún" de Fclix
Kaufmrmu (Das Uncndliclie m der MlItluwü¡tik 1/tut seille Awrsehaltllng [Lcipzig
y Vien't, 1930]. pág. 42). .
149

es también una indicación de un hecho que está en la mente de quien


usa el signo. Llamaremos a esto "función expresiva" del signo:u
Por lo tanto, un signo es siempre un artefacto o un objeto-acto cons­
tituido. 42 El límite entre ambos eS absolutamente fluido. Cada objeto­
acto que funciona como objeto-signo (por ejemplo, mi dedo que apnnta
en una determinada dirección) es el resultado final de una acci6n. Pero
yo podría muy bien haber construido una señal indicadora que, por su­
puesto, se clasificaría como un artefacto. No existe en principio ningu­
na diferencia en que la acción culmine en un objeto-acto o en un ar­
tefacto:~s
Debería observarse que al interpretar un signo no es necesario
referir~e al hecho de que alguien lo haya construido o utilizado. El
intérprete s610 necesita "conocer el. significado" del signo. En otras pa­
labras, s610 se requiere que se establezca en su mente una conexión
éntre el esquema interpretativo propio del objeto que es el signo y el
e$quem~ interpretativo propio del objeto que ese signo significa. Así,
cuando el intérprete ve una señal caminará, y se dirá a sÍmismo: "¡Ca­
mino a la izquierdal", y no "¡Miren el signQ de madera!", o: '¡¿Quién
puso. ese signo ahí?" .
. Por lo tanto podemos definir los signos de la ~;iguiente manera: ·los
signos son artefáctos u objetos-acto que se interpretan no de acuerdo con
los esquemas· interpretativos que· les son adecuados. como objetos del
mundo externo sino de acuerdo con esquemas que no son adecuados para
ellos y pertenecen más bien a otros objetos. Además; debe decirse que
la conexión entre el signo y sU: correspondiente esquema no-adecuado
depende de la experiencia pasada del intérprete. Como ya hemos dicho,
la aplicabilidad al signo del esquema. de lo que es significadp, es a su
vez un esquema interpretativo basado en la experiencia. Llamemos
"sistema de signos" a este último esquema. Un sistema de signos es un
contexto significativo que constituye una configuración forinada por es­
quemas interpretativos; quien utiliza o interpreta el signo lo ubica den­
tro de este context() d~significádo. .
Ahora bien, hayálgo ambiguo en esta idea de un contexto de sig­
nos. Con seguridad nadif'lsostendrá que la conexi6n en cuestión existe
in(iependientemente d~l establecimiento, uso o interpretación reales de
los signos. En efecto, l~ conexión. es a su vez un ejemplo de signifi­
cadoy, por lo tanto, un~ cuesti6n de prescripción o interpretación. En
sentido estriCto, entonces, las conexiones de significado valen no entre
.... 41 Nuestrousoqifiere aquí del que hace Husserl en Logical lnvmigationa,
1 y VI. . . . . ..... . . .
4:¡ [LaspaIabras que ú'aducimos aqu{ como "objeto-acto" (act-obiect) y "ob­
jeto-signó' (~ign-Qbiect) son, respectivamente, llandlungsgegenstlindllchkeit y Zei­
chengegemstiindlíchkeit. Se refieren al acto y al Sl.'gnO considerados como objetos
repetibles y no como eventos {micos.]
43 Por lo tanto, no puedo admitir como fundamental la distinción de Hnns
Freyer entre el lado fislogn6mico de una acción y su objetivaci6n en el mimd o ma­
terial. (Véase su '1'heorie des ob¡ekUt'Jen GeistEla [Leípzíg, 1923], págs. 29 Y sigll.)
150

. signos como tales, sino entre sus. significados, que es 8610 una manera
dc decir cntre las vivencias del yo cognoscente que estahlc'ce, usá o in­
terpreta .los signos. Sin embargo, puesto <pIe ('stos "significados" sólo
se c:omprenden en los signos y por medio de ellos; vakl entre estos últi­
mos la conexión que llamamos' "el sistema de signos".
El sistema de signos está presente para (luiel1 lo comprendc como
un contexto significativo de un orden superior cntre signos prcviamente
experimentados. Para él la lengua alemana ('S el contexto significativo
de cada, una de sus palabras componentes; el sistema de signos do un
mapa es el contexto significativo de cada sÍmholo que fié,rura en ese ma­
pa; el sistema de notación musical es el contexto significativo de cada
not.a escrita; y así sucesivamente. '
Saber que un signo pertenece a un cierto sistema de signos, no es
lo mismo que saber lo que ese signo significa y cuál os la vivencia d('
quien lo usa, a la cual sirve de vehículo expresivo. Aunque yo no sepa
taquigrafía, con todo conozco la taquigrafía cuando la veo. Aunque
puedo .no saber jugar un partido de naipes, reconozco sjn embargo las
cartas como cartas de ;uego, etcétera. La ubicación de un signo dentro
de .su sistema de signos es algo que hago colocándolo en el contexto
total de mi existencia. Al hacerlo así sólo se requiere que encuentre
dentro .de mi repositorio de experiencia un esquema tal de signos junto
con las reglas que rigen su constitución. No tengo que comprende¡' el
significado de los signos individuales o estar por completo familiarizado
con el sistema.de signos. Por ejemplo, puedo ver que ciertos caracteres
son chinos sin comprender su significado.
Como signo establecido cada signo es significativo y, por 10 tanto,
en principio inteligible. En general, es absurdo hablar de un signo ca­
rente de significado. Sólo podemos decir con propiedad que un signo
carece de significado, con respecto a uno O más sistemas establecidos
de signos. Sin embargo, deCir que un signo es ajeno a un sistema tal,
sólo significa que pertenece a otro. Por ejemplo, la carencia de signi­
ficado per se de un símbolo definido auditivo-visual nunca puede de­
terminarse, sino que sólo es posible establecer su falta de significado
dentro de un "lenguaje" definido, en el sentido más amplio de ese tér­
mino. Una combinación de letras que sea totalmente impronunciable
puede tener un significado en código. Una persona puede armarla de
acuerdo con las reglas del código y luego otra puede interpretarla si co­
noce esas mismas reglas. Más aún, el símbolo audiovisual "Bamalip"
parece al principio totalmente carente de significado, al menos en lo
que respecta a las lenguas europeas. Pero la persona que sepa que "Ba­
malip" es el término escolástico que designa una entidad de la lógica
formal, a saber, el primer modo deJa cuarta figura del silogismo, podrá
ubicarlo con gran precisión dentro de la esh'uctura de su propia lengua
nativa.
De esto se sigue que el significado de un signo dentro de un cierto
sistema de signos debe haber sido experimentado previamente. La eues­
151

tión sólo reside en saber qué significa esa frase: "haber sido experimen­
tado". Si nos preguntamos en qué circunstancias hemos experImentado
la conexión entre el término "Bámalip" y el primer modo de la cuarta
figura, encontraremos que lo hemos aprendido de un profesor o de un.
libro. Sin embargo, haber experimentado la éonexión significa que de­
bemos haber establecido en esa ocasión en nuestra mente que el término
"Bamalip" es el signo del primer modo de la cuarta figura. Por lo tanto,
la comprensión de un signo (para ser más preciso, la posibilidad de su
interpretación dentro de un sistema dado) se remonta a una decisión
previa de nuestra parte, por la cual aceptamos y utilizamos este signo
eouio expresión de un cierto contenido de nuestra conciencia.
Todo sistema de signos es; por lo tanto, un esquema de nuestra ex­
periencia. Esto es cierto en dos sentidos diferentes. Primero, es un es­
quema expresivo; en .otras palabras, he utilizado por lo menos una vez
el signo para designar lo que éste designa, y lo he hecho sea en la adi..
vidad espontánea o en mi imaginaciém. En segundo lugar, es un esque­
l1W illterpretativo; en ot~s palabras, ya he interpretado en el pasado
el signo como signo de IO~l1c él designa. Esta distinción es importante
puesto que, como ya hemos demostrado, puedo reconocer el sistema de
signos como un esquema interpretativo, pero saber solamente que otros
lo hacen. En el mundo del yo solitario el esquema expresivo de un signo
y su correspondiente esquema interpretativo coinciden necesariamerite.
Por ejemplo; si yo invento una escritura privada, los caracteres de ese
c{¡digo los establezco micnh'as estoy inventando la escritura o utilizún­
dola para redactar notas. En esos momentos es para mí un esquema
expresivo. Pero el mismo esquema funciona para mí como interpretativo
cuando leo luego lo que he cse1'Íto o cuando lo utilizo para redactar
más notas.
Para dominar en forma cabal un sistema de signos tal como un len­
guaje, es necesario tener un claro conocimiento del significado de los
signos individuales que integran el sistema. Esto sólo es posible si el
sujeto cognoscente conoce el sistema de signos y sus signos individuales:
eomponentes como esquemas expresivos y como esquemas interpretati-·
vos que utilizó en experiencias previas. En ambas funciones, como es­
quema interpretativo y como esquema expresivo, cada signo se remonta.
a las experiencias que precedieron su constitución. Como esquema ex­
presivo y como esquema interpretativo un signo sólo es inteligible en
función de las vivencias que lo constituyen y' que él designa. Su signi­
ficado consiste en su capacidad de transposición; es decir, su posibilidad
de retrotraernos a algo conocido de un modo diferente. Esto puede ser
el esquema de experiencia en el cual se comprende la cosa designada
tI otro sistema de signos. El fil61ogo ~Jei11et explica claramente este
punto en lo que respecta u las lenguas:
No podemos aprehender on forina intuitiva el sentido de una lengua descono­
cida. Para lograr comprender el texto de una lengua cuya tradici6n se ha perdido,
dl'hemos dispolll'j" de lIIla traducción fidedigna a una lengua conocida, es decir, di s­
152

poner de textos bilingües confiables, o la lengua en cuestión debe estar estrl?cha­


mente· vinculada con una o más que nos sean familiares. En otras palabras, debe
sernas yá conoCida. 44

Esta propiedad de "ser ya conocida" implica lo siguiente: el significado


del signo debe ser localizable en algún punto de la: experiencia pasada
de' la persona que utiliza el signo, La plena familiaridad con una len­
gua, o en verdad con cualquier sistema de signos, implica familiaridad
con esquemas interpretativos dados, sobre la base de la experiencia pre­
cedente que tengamos -aunque esta familiaridad puede resultar algo
confusa ('1110 que respecta a las implicaciones de los esquemas. Supone
tamhié-n la capacidad de transformar estos objetos constituidos en ex­
periencia activa que nos pertenece,45 esdeclr, la posibilidad de utilizar
en forma expresiva un sistema de signos que sabemos c6mo interpretar.
, Nos acercamos ahora a una respuesta a la pregunta referente a qué
significa "conectar un significado con un signo", Con seguridad· esto
implica algo más que vincular palabras con conducta, lo cual,como
hemos señalado en nuestra Introducci6n,46 es una mera metáfora, Un
significado se conecta con un signo en la medida en que la significaciÓn
de este último dentro de un sistema dado de signos la comprende tanto
la persona que utiliza el signo como la que 10 interpreta, Ahora bien,
debemos estar totalmente en claro respecto a lo que queremos decir al
hablar de la pertenencia establecida de un signo a un sistema. dado de
signos. Un signo tiene un "significado objetivo" dentro de su sistema
de signos cuando puede ser coordinado en forma inteligible con lo que
designa dentro de ese sistema, independientemente de quién lo esté uti­
lizando o interpretando. Esto equivale meramente a decir que quien
"domina" el sistema de signos interpretará que el signo en su función
significativa se refiere a lo. quedesig~, independientemente de quién lo
utilice o en quévinculaci6n. La referéJ:tcia indispensable del signo a la
experiencia previa hace posible que el iñtérprete repita las síntesis que
han constituido este esquema interpretativo o expresivo. Por lo tanto,
dentro del sistema de signos el signo tiene la idealidad de 10 que "pue­
do hacer de nuevo",47
No obstante, esl0 no equivale a decir que los signos ubicados den­
tro del sistema de signos conocido con anterioridad no puedan compren­
derse sin un Acto de atención dirigido a las vivencias a partir de las
cuales se constituyó el conocimiento del signo. Por el contrario: como
esquema interpretativo auténtico de vivencias previa's, es invariante con
respecto a las vivencias del yo en que se constituy6.

44 Citado por Vossler, Geist tlnd Kultllr in der Sprache (Heidelberg 1925), pági­
na 115. [T.I., Osear Oeser, The Spirit of Language in Cívilization (Londres, 1932),
pág. 104. La referencia es aA. Meillet, Aper~u d'urlIJ histoire de la langue grecqt/é
(París, 1913), pág. 48.]
45 Véase más arriba, apartado 14.
46 Véase más arriba, apartado 6.
47 Cf. Husserl, Logik,pág. 167; véase también más arriba, apartado 14.
153

Lo que hemos estado considerando es el significado objetivo del


signo. El significado objetivo lo capta el intérprete del signo como parte
de su interpretación que hace de su propia experiencia para sí mismo~
A este significado objetivo del signo debemos oponer su función expre­
siva. Esta última es su función como indicación de lo que oCllrrió en
verdad en la mente del comunicador, de la persona que utilizó el signo.
En otras palabras, de cuál fue el contexto significativo propio del comu­
nicador. '.
Si deseo comprender el significado de una palabra en una lengua
extranjera, utilizo un diccionario, que consiste simplemente en un índice
en el cual puedo ver los signos ordenados de acuerdo con su significado
objetivo en dos sistemas de signos o lenguajes diferentes. Sin embargo,
el total de todas las palabras que se encuentran en el diccionario difícil­
. mente constituya la lengua. El dieG~nario se ocupa sólo del significado
objetivo de las palabras, es decir, dé, los significados que no dependen
de quienes las usan o de las circunstancias en que lo hacen. Al referir­
nos a los significados subjetivos, no· pensamos en este caso en las "expre­
siones esencialmente subjetivas y ocasionales" de Husserl; que hemos
mencionado con anterioridad.48 Tales expresiones esencialmente subje­
tivas, como "izquierda", "derecha", "aquí", "esto", y "yo", pueden encon­
Úarse por supuesto en el diccionario y son enprincipio traducibles; sin
embargo, tienen también un significado objetivo en la medida en que
designan una cierta relación con la persona que las utiliza. Una vez
que he ubicado espacialmente a esta persona, puedo decir que esas ex­
presiones subjetivas ocasionales tienen significado objetivo. Sin embar­
go, todas las expresiones, sean esencialmente subjetivas en el sentido de
Husserl o no, tienen tanto para quien las usa como para el intérprete,
más allá y por encima de su significado objetivo, un significado que es
a la vez subjetivo y ocasional. Consideremos primero el componente
súbjetivo. Cualquiera que utiliza o interpreta un signo vincula con él
un cierto significado que tiene su origen en la cualidad única de las
experiencias en las cuales aprendió una vez. a utilizar el signo. Este
significado agregado es una especie de aura que ,rodea el núcleo del sig­
nificado objetivo. 4o Lo que Goethe quiere decir exactamente con el ad­
jetivo "demónico" 50 sólo puede deducirse de un estudio del conjunto de
sus obras. Sin realizar un cuidadoso estudio de la historia de la cultura
francesa, con la ayuda de instrumentos lingüísticos, no lograremos com~
prender el significado subjetivo que tiene ~a palabra "civilización" en

48 Apartado 5, pág. 6S.


49 En verdad, hnsta podemos decir qUt:) la comprensi6n del significado es un
ideal ineaJizable, que significa meramente que el componente subjetivo y ocasional
del significado del signo debería explicarse con la mayor claridad pOSible mediante
conceptos racionales. Es "preciso" el lenguaje en el cual todos los significados sub­
jetivos ocasionales se explican adecuadamente de acuerdo con sus circunstancias.
110 Fue Jaspers el primero en llamar la atenci6n acerca de la importancia fun­
damental.de este concepto de la imagen del mundo. de Goethe. Véase su Psycho­
logie der Weltanschallung, 3" oo. (Berlín, 1925).
154

boca de un francés/'l VossIer aplica esta tesis a toda la historia del len­
guaje de la siguiente manera: "Estudiamos el desarrollo de una palabra
y eneontralnos que la vida. mental de todos los que la utilizaron se pre­
cipitó y cristalizó en ella".ú2 Sin emhargo, para poder "estudiar la pa­
labra", debemos ser capaces de utilizar un conocimiento de la estruc­
tura mental de todos los que la han usado, tomado de nuestra experiencia
previa. La calidad particular de las experiencias .de guien emplea el
signo en el momento en que lo vin~uló con lo signatwn es algo que
el intérprete debe tomar en cuenta más allá y por encima del significado
objetivo, si desea alcanzar una verdadera eom¡mmsión.
Hemos dicho que el sigllificado agregado es no sólo subjetivo sino
ocasional. En otras palaln'ús, el significado agregado tiene siempre en
sí algo del contexto cn que se lo utiliza. Al comprender a alguien que
está hablando, interpreto no sólo sus palabras individuales sino su se­
cucncia total articulada de palabra:s sintácticamente vinculadas: ell
síntcsis, "lo que cstá diciendo". En esa sccuencia, cada palúbra r('­
tienc su propio significado individual en medio de las palabras circun­
dantes y a través de todo el contexto de lo que se está. diciendo. Con
todo, no puedo decir realmente que comprendo la palabra hasta haber
captado el significado de toda la formulación. En síntesis, lo que ncee­
sito cn el momcnto de la interpretación es el contexto total de mi ex­
periencia. A mcdida quc avanza la formulación, se eonshuye una sín­
tesis paso a paso, desde el punto de vista de la cual uho puede ver
Jos actos individuales de interpretación y establecimiento de significado.
El discurso es en sí mismo, por lo tanto, una .espccie de contexto de
sigllificado. Tanto para el hablante como para el intérprete, la estruc­
tura d('l discurso emerge gradualmente. La lengua alemana expresa
pn'cisamentc el aspecto que scñalamos en su distinción entre "Vürter
("palahras desvinculadas") y "Vorte ("discurso"). Podemos decir, en
('[('do, que cuando palabras desvinculadas reciben un significado oca­
sional, constituyen un todo significativo y se transforman en discurso.
Pero ¿qué es esa síntesis, qué es ese contexto significativo sobre­
impuesto que sirve como esquema interpretativo para la comprcnsión
del significado ocasional de un signo? La respuesta cs ésta: el discurso
('S un acto de utilización de signos. Lalunidad del discurso de un deter­
minado hablante es simplemente, -desde su punto de vista, la unidad
que pcrtencce esenciahnente a todo acto. Ya hemos visto en qué con­
siste esa unidad. ú3 Surge del proyccto o plan de acción propio de quien
Iltiliza el signo. De ello se sigue' que el intérprete no puede captar esa
111lidad hasta que se ha completado el acto mismo. Todo lo que puede
hacer es Ilegal' a una aproximación basada cn su conocimiento previo.
Esta limitación se aplica; en efecto, a la interpretación tanto del signi­
ficado objetivo como del ocasional. Siempre tenemos que aguardar hasta
nl. Ctu'tius, Frankreich (Stuttgart, 1930), 1, 2 Y sigs.

ú!! Vosslcr, Geist und Kultur in der SJlrache, pág. 117 [T. l., p,íg. 106].

ó:! Véase d apartado 9, púgs. 91 y sigs.

155

que se haya dicho la t'llthna palahra, si ('spc'ramos hac('r una illtcrpl'C'ta­


ción efectiva. Y siempre subsistc una clH'sl i<'lll de hecho ncerca de ClICíl
es la unidad cuyo fin hay que esperar: si ('S tina fms<" un libro, lns
obras completas de un autor () todo ('1 conjunto de un movimiento
literario. .
El problcma del significado subjetivo y oC¡lsional de los signos es
sólo un aspecto del prob1c'ma lmis amplio referente a la distincióll ('Iltr¡'
significado objl'tivo y signifieajlrr snbjdivo. A esta dicotumía deb('mus
dirigir ahora ntU'stra atenciónl

25. Establecimiento de significado e í¡ite/'jJ/'etación de sigllificado


Acabamos de ver que el signo tic'll(' dos funciolles diferentes. En primer
lugar, tiene tina fl/licián sigllificatica. Con esto quert'1l10s decir que
puede ser ordenado por un int{>rprde dentro de un sistema de signos
que le es propio, aprendido con anterioridad. Lo que hace en este caso
es interpretar el signo como un ítC'fl] de su propia experiencia. Su acto es
sólo un ejemplo más c1b Jo que llumamos autointcrprctación. Pero existe
una segunda clase d<.! intC'rprctación que puede emprender,· si pregunta
por el signiHeado suhjetivo y ocasional del signo, es decir, por la fun­
ción expresiva fIlIe éste adquiere dentro del contexto de discurso. Este
significado subjetivo puede scr propio del intérprete, en cuyo caso debe
remontarse en la memoria a las vivencias que tuvo en e1 momento de
utilizar ~l signo y establecer su significado. O puede tratarse del signi­
ficado subjetivo de otra persona, en cuyo caso el intérprete debe tratar
de establecer las vivencias de la otra persona cuando ésta utilizó el signo.
Pero en todo caso, cuando se interpretan signos utilizados por otros, en"
contrarcmos "implicados dos componcntes, el subjetivo y el objetivo, El
significado objetivo es el del significado como tal, el núcleo, por así
decirlo; mientras que el significado subjetivo es la franja o aura que
emana del contexto suhjetivo en la mente de quien usa el signo.
Tomemos como ejemplo tma conversación entre dos personas. Cuan­
do una persona habla, los pensamientos se construyen en su mente, y SIl
oyente lo sigue a cada paso del camino a medida que los pensamientos
ocurren. En otras palabras, ninguno de los pensamientos surge como
una unidad prefabricada. Se los construye gradualmente y se los inter­
preta gradualmente. Tanto el hablante como el oyente vivcncian la
cOllversacicín de manera que por cada parte los Actos de establecimiento
o interpretación de significado se Bcnan y matizan con recuerdos de lo
que sc ha dieho y anticipaciones de lo que aún se dirá. Cada uno de
('I:;os Actos puede a su vez eruocUl'se en forma retrospectiva y ser anali­
zado como una unidad en sí mismo. El significado del discurso del
bablante consiste pml1 él y pam su oyente en sus frases individuales,
y éstas, a su vez, en sus palabras componentes a medida que surgen
Hnas después de otras. Las frases sirven para ambos como contextos
156

significativos de las palabras; y todo el discurso como contexto signifi­


cativo de las frases separadas.
La comprensión delos.Actos conscientes de otra persona que está
comuriiCándose por medio de signos no. difiere, en principio, de la com­
prensión de sus otros Actos (apartado 22). Tal como ocurre con estos
últimos, la comprensión de los sign.os se produce en el modo de la
simultaneidad o casi-simultaneidad. El intérprete se .pone en el lugar
de la otra persona e imagina que él mismo selecciona y utUiza los sig­
nos. Interpreta el significado subjeti.vo de la otra persona como si le
perteneciera. En ese proceso extrae elementos de todo su conocimiento
personal del hablante, especialmente de las maneras y hábitos con que
este último se expresa. Tal conocimiento personal continúa construyén­
dose en el curso de una conversación. .
El mismo proceso ocurre en la mente del hablante. Sus palabras
serán seleccionadas COn vistas a que las entienda su oyente. Y el sig~
nificado que el hablante trata de hacer comprender no será sólo signifi­
cado objetivo, pues él intenta también. comunicar su actitud personal.
Esbozará su propósito comunicativo en el tiempo futuro perfecto, tal
como lo hace con el proyecto de cualquier otro acto. Su elección de
las palabras dependerá de los hábitos que ha construido al interpretar las
palabras de otros, pero también estará influida, por supuesto, por su
conocimiento del oyente.
Sin embargo, si el hablante está enfocando su atención en lo que
ocurre en la mente del oyente, su conocimiento de este último es aún
totalmente incierto. Sólo puede estimar cuánto está realmente compren­
diendo aquél. Tal estimación es necesariamente vaga, en especial si se
considera el hecho de que la interpretación dE:Jl oyente es siempre sub­
siguiente a la elección de las palabras y cumple o deja de cumplir el
proyecto del hablante al establecer su elección.
El oyente está en una posición distinta. Para él el establecimiento
efectivo del significado de las palabras ya ha ocurrido. Puede comen­
zar,con el. significado objetivo de las palabras que ha oído y, a partir
de allí, b'atar de descubrir el significado subjetivo del hablante. Para
llegar a este significado subjetivo, imagina el proyecto que el hablante
debe tener en su mente. Sin embargo, esta representación del proyecto
parte de las palabras ya pronunciadas por el hablante. Al revés de 10
que ocurre en el caso del hablante que está representándose algo futurO
sobre la base de algo presente, el oyente se representa algo pluscuam­
perfecto sobre la base de algo pasado. Otra diferencia consiste en que
éste parte de palabras que ya han sucedido o que no lograron cumplir
el proyecto del hablante, y trata de dpscubrir ese proyecto. El hablante,
por otro lado, parte de su propio p,JiÓyecto como datum y trata de esti­
mar si va a ser cumplido por la interpretación futura del oyente.
Ahora bien, puesto que las palabras elegidas por el hablante pue­
den expresar su significado o no, el oyente puede dudar siempre si
está comprendiendo de manera adecuada al hablante .. El proyecto del
157

hablante es siempre una cuestión de reconstrucción imaginativa para


su intérprete y, por lo tanto, va acompañ~do de una cierta vaguedad
e incertidumbre. ,- - ,
Para ilustrar lo que quiero ~ir, consideremos ~l hecho de que, en
una conversación, puedan pasar por la cabeza de los participantes -pen­
samientos como los siguientes. La l)ersona a punto de hablar se dirá
a sí misma: "Suponiendo que éste bable mi propia lengua, debo utilizar
tales o cuales palabras." Un momento más tarde, su oyente se dirá a sí
mismo: "Si éste está utilizando las palabras en el modo en que yo las
comprendo, debe estar diciéndome tal o cual cosa," La primera afirma­
ción muestra cómo el hablante elige siempre sus palabras teniendo en
cuenta la interpretación del oyente. La segunda muestra cómo el oyente
interpreta siempre teniendo en cuenta el significado subjetivo del ha­
blante. En ambos casos) está implicada una referencia intencional al
esquema de la otra persona, prescindiendo de si éste es interpretativo
o expresivo. .
Así como el hablánte elige sus palabras, utiliza, por supuesto, su
propio esquema interpretativo. Esto depende en parte de la manera en
que él mismo interpreta babitúalmente las palabras y en parte de 10s
hábitos interpretativos de su oyente. Cuando leo una -carta _que he es­
crito a: alguien, tiendo a interpretarla tal C01110 si yo fuera el destina­
tario y no el remitente. Ahora bien, mi propósito al escribir la -carta no
era meramente comunicar un significado objetivo al lector, sino también
mi significado subjetivo. Para decirlo de otra manera, quiero que él
repiense mis pensamientos. Por lo tanto, puede muy bien ocurrir que
cuando leo' mi carta decida que no logra este propósito. Conociendo
a la persona a la cual escribo y sus reacciones habituales ante ciertas
palabras y frases, puedo decidir que una determinada expresión está
expuesta a un error de interpretación o que el destinatario no estará
realmente en situación de comprender este o aquel pensamiento mío.
O puedo temer que él, cuando lea, no capte 10 que trato de decir debi­
do a alguna distorsión subjetiva o a una falla de atención de su palie.
Por otro lado, el destinatario de la carta puede realizar el proceso
opuesto, es decir, tomar una frase e imaginar que él mismo la escribió.
Puede tratar de reconstruir la intención del remitente conjeturando al­
gUIk'lS intenciones posibles y comparándolas luego con el contenido pro­
posicional real de la frase. Puede coúeluir: "Veo 10 que él trataba de
decir, pero realmente no acertó y. dijo otra cosa. Si yo hubiera estado
en su lugar, lo habría expresado de tal o cual manera." O el lector
puede decirse en cnmbio a sí mismo: "Mi amigo siempre utiliza ese
término de una manera extraña, pero entiendo lo que quiere decir, pues~
to que sé como piensa. Es una suerte que yo sea el destinatario de
carta. Un tercero se hubiera extraviado totalmente en este punto." En
el último caso, el lector realiza en verdad una interpretación triple.
Primero, interpreta la frase objetivamente sobre la base de sus hábitos
ordinarios de interpi;etación. Segundo, a partir de su conocimiento del
158

remitente reconstruye cuál debe ser el significado real de este último.

Tercero, imagina cómo entendería el Ieotor ordinario la frase en cuestión.

Estas consideraciones mantienen upa validez -completamente gene-'


ral para todos los casos en que se utilizan o interpretan signos. Siendo
éste el caso, debería resultar claro que al interpretar el significado s~b- ,
jetivo de los signos que alguien utiliza, o al allticipar la interpretación .
que alguien hace del significado subjetivo de nuestros propios signos,
debemos guiarnos por nuestro conocimiento de esa persona. Por lo tan­
°
to, el grado de intimidad anonimidad en que está la persona respecto
de nosotros, teIJ.drá naturalmente mucho que ver con el asunto. Los
ejemplos que acabamos de utilizar eral}" todos casos en que el conoci­
miento de la otra persona derivaba del contacto dh'ecto; pertenecen
a lo que ]]mnamos el dominio de la realidad social directamente viven­
ciada. Sin ('¡,lhargo, el uso e interpretación de signos pueden encon­
trarse también en otras zonas de la vida social, tales como el mundo de
los contemporáneos y el de los predecesores, donde el ..conocimiento
directo de la gente con que tratamos es mínimo o aun nulo. Nuestra
,teoría d,el establecimiento y]a interpretación del significado de los sig­
nos sufrirá naturalmente diversas modificaciones cuando se la aplica
a estas zonas. Veremos cuáles son estas modificaciones cuando llegu.e­
mas al capítulo IV. Aun en las relaciones sociales directas que hemos
utilizado como ejemplo, era obviamente imposible que los participantes
"realizaran el postulado de captar cada uno el significado al que apun­
taba el otro", aspecto que hemos examinado en el apartado 19. El signi­
ficado subjetivo que el intérprete sí. capta es a 10 sumo una aproximación
del significado al que apunta quien usa el signo, pero'nunca ese signi­
ficado mismo,pues el conocimiento que uno tiene de la 'perspectiva de
otra persona es siempre nccesariamente limitado. Exactamente por la
misma razón, la persona que se expresa por medio de signos, nunca está
totalmente segura de la manera en que se la entiende.
Lo que hemos estado examinando es el contenido de la comunica­
ción. Pero debemos recordar que la comunicaéi6n real es a su vez un
. acto significativo, y que debemos interpretar ese acto en sí mismo y la
manera en que se lo realiza.

26. El contexto significativo de la comunicaci6n. Recapitulación


Una vez que el intérprete ha determinado el significado objetivo y el
significado subjetivo del contenido de una comunicación, puede proce­
der a preguntar, en primer lugar, por qué se hizo la comunicación. Está
buscando entonces el motivo-para de la persona que se comunica. En
efecto, es esencial para todo acto de comunicaci6n que tenga una meta
üxtrínseca. Cuando yo te digo algo, lo hago por' una razón, sea pura
suscitar una actitud particular de tu parte o simplemente para expli­
carte algo. Todo acto de comunicación tiene, entonces, como motivo­
159

pal'ael fin de que la persona a laque unO se dirige tome conocimiento


de ella de una 11 otra manera.
La persona que es el objeto o el destinatario de la comunicación, es
con frecuencia quien hace esta clase de interpretación. Luego de esta­
blecer cmíl es el significado objetivo y el subjetivo del contenido de la
comunicación hallando los correspondientes esquemas interpretativos o
expresivos, procede a inquirir, en primer lugar, el motivo por el cual la
otra persona dijo esto. En una palabra busca el "plan" que existe por
detrás de la comunicación.
No obstante, el que busca el motivo-para no tiene en absoluto por
qué ser la persona a la que uno se dirige. Un observador no partici­
pante puede proceder a la misma clase de interpretación. Puedo, y en
verdad debo, buscar el rilOtivo-para de la comunicación, si deseo cono­
cer la meta hacia la cual lleva la comunicación. Además, es evidente por
sí mismo que uno puede buscar los motivos-para aun de aquellos actos
de otras personas que no tienen intención comunicativa. Ya hemos visto
esto en el apartado 22. Sólo podemos captar cuál es la vivencia de un
autor si encontramos su motivo-para. Debemos primero escIarec.er su
proyecto y seguir luegq en una fantasía, movimiento por .movimiento~
la sección que podrÍlYcfectuarlo. En el caso de la acción su intento
de comunicación, el acto completado mismo se interpreta en forma ade­
cuada como el cumplimiento del motivo-para. Sin embargo, si ocurre
que yo sé que el acto completado es sólo un eslabón dentro de una
cadena de medios que llevan a un fin ulterior, entonces lo que debo
hacer es interpretar las vivencias que tiene la otra persona de este fin
ulterior mismo.
Ahora bien, ya hemos visto que podemos ir más allá del motivo-para
y buscar el motivo-porque. Por supuesto, el conocimiento de este últi­
mo presupone en cualquier caso el conocimiento del primero. El con­
texto subjetivo de significado que es el motivo-para debe verse primero
y darse por sentado como un objeto ya constituido en sí mismo, antes
de aventurarse a niveles más profundos. Hablar de tales niveles más
l)rofundos como existentes no significa de ninguna manera que el actor
los vivencie realmente como contextos significativos de su acción. Tam­
poco" significa que pueda cobrar conciencia, aun en forma retrospecti­
va, de los Actos politéticos que, de acuerdo con mi interpretación, han
constihúdo el motivo-para. Por el contrario, existe toda clase de evi­
dencias contra el punto de vista de que el actor tiene siempre alguna
conciencia del motivo-porque de su acción. Esto se aplica tanto a quien
está estableciclldo un significa.do como a cuálquier otro actor. Con se­
guridad, éste experimenta las vivencias y Actos. intencionales que he
interpretado como su motivo~para. Sin embargo, no está consciente de
ellos, y cuando lo está, ya no es un actor. Tal conciencia., cuando se
produce, es un Acto intencional separado, independiente de la acción
que está interpretando y desligado de ella. Es entonces cuando puede
decirse que un hombre se comprende a si mismo. Tal autocomprensión
160

es esencialmente lo mismo que la. comprensión' de los otros, con esta


diferencia, que por lo común, pero no siempre, tenemos a nuestra dis·
posición un repertorio de información mucho más rico acerca de nosotros
mismos y de nuestro pasado que el que tienen los otros. .
Más adelante describiremos la relación del motivo-para con los mo­
tivos-porque en los diversos sectores del mundo social. En este punto,
trata~:emos meramente de recapitular las estructuras complejas impli­
cadas en la comprensión de otra persona, en la medida en que éstas
repercutan en la comunicación y el uso de signos. En efecto, decir,
como hacemos nosotros, que para quien usa el signo éste se encuentra
en un contexto significativo, implica una cantidad de hechos separados
que deben desel1trañarse.
Ante todo, cuando utilizo un signo, las vivencias significadas por él
están para mí en un contexto significativo, pues ya se han constituido
en una síntesis, y las, veo como una unidad.
En segundo lugar, para mí el signo debe ser ya parte de un siste­
ma de signos, pues de otro modo no podría utilizarlo. Un signo debe
haber sido ya interpretado antes que pueda ser usado. Pero la com-'
prensión de un signo es una síntes.is complicada de vivencias que da
por resultado una clase especial de contexto de significado. Este con~
texto de significado es una configuración, que implica dos elementos: el
signo como objeto en sí mismo, ylo signatum,cada uno de los cuales
~implica, por supuesto, contextos significativos, que le son propios. He­
mos llamado "esquenm coordinante" ¡ji del signo al nuevo contexto sig.
nificativo total que abarca a ambos.
En tercer lugar, el acto, de seleccioúar y utilizar el signo constituye
un contexto significativo especial para quien lo usa, en la medida en
que cada uso de un signo sea una acción expresiva. Puesto que cada
acci6n .comprende un contexto de significado en virhld del hecho de .
que el actor visualiza todas las vivencias sucesivas de esa acción como
. un- acto unificado, se sigue que toda acción expresiva es por lo tanto
un contexto de significado. Esto no significa que todo caso de uso de
signos sea ipso facto un caso de comunicación. Una persona puede uti­
lizar, por ejemplo hablando consigo misma~n signo como un acto de
autoexpresi6n sin ninguna intención comw cativa.
En cuarto lugar, 01 contexto de significa o "utilizar un signo como
acto" puede servir como base para un contexto de significado sobre­
impuesto "utilizar un signo como acto comunicativo", sin tomar en cuen­
ta de ninguna manera a la pcrsona particular' a la cual se dirige la.
comunicación. '
En quinto lugar, empero, este contexto significativo sobre,impuestO'
puede entrar en un contcxto de significado aun más elevado y amplío,.
en el cual se tome en cucnta al destinatario. En este caso, el acto comu­
nimtivo tiene como meta no meramente que alguien tome conocimiento
5,1, [eL las págs. 148 y sigs.l
I de él, sino que su mensaje motive a la persona que toma conocimiento
a asumir una actitud particular o desplegar algún tipo de conducta.
161

En sexto lugar; el .hecho de que se establezca comunicación co11


este destinatario en particular aquí, ahora, y de esta tllanera puede ubi­
carse dentro de un contexto de significado aun más amplio; ·hallando
el motivo-prtra de ese acto comunicativo.
Todos estos contextos de significado están en principio abiertos al
intérprete y pueden ser descubiertos sistemáticamente por él. Cuáles
serán exactamente los que tmtará de investigar, dependerá de la clase
de interés que tenga en el ~gno. 55 .
Sin embargo, la formujÁCión de que todos estos contextos de signi­
ficado están en principio abiertos a la interpretación, requiere algunas
modificaciones. Como hemos dicho repetidamente, la estructura del
mundo social no es de ninguna manera homogénea. Nuestros congéne­
res y los signos que utilizan pueden ofrecérsenos de manei:as diferentes.
Existen diferentes enfoques del signo y de la vive~cia que éste expre­
sa. En verdad, ni siquiera necesitamos un signo para tener acceso a la
mente de otra persona. Una mera indicación puede ofrecernos la aper­
tura. Esto es lo que ocurre, por ejemplo, cuando exh'aemos inferencias
de artefactos concernientes a las' vivencias de personas que vivieron en
el pasado.

21. El significado subjetivo y objetioo. Producto y evidencia

Acabamos de ver los diferentes enfoques de la auténtica comprenslOn


d!31 yo del otro. El intérprete parte de su propia experiencia del cuerpo
animado de la otra persona o de los artefactos que esta última ha pro­
ducido, En ambos casos está interpretando Objetivaciones en la cuales
se manifiestan las vivencias del otro, Si lo que está en cuestión es el
cuerpo del otro, el intérprete se ocupa de objetivaciones-acto, es decir,
movimientos, gestos o resultados de una acción. Si se trata de artefac­
tos, éstos pueden ser signasen el sentido más estricto u objetos ext('rnos
manufacturados, tales como herramientas, instrumentos, etcétera. Todo
lo que estas Objetivaciones tienen dp común es el hecho de que sólo
existen como resultado de la accÍón de seres racionales. Como son pro­
ductos de la acción, constituyen ipso facto evidencia de lo que ocurrió
en la mente de los actores que las construyeron; Debe notarse Cllwno
toda.y l'18 evidencias son signos, pero todos los signos son evi(hmcias.
Para que una evidencia sea un signo, debe ser capaz de transformarse
en un elemento dentro de un sistema de signos, con el status de esque­
ma coordinador. Esta calificación está ausente en el caso de algunas
evidencias. Una herramienta, por ejemplo, aunque constituye una evi­
¡¡r¡ HelMs notado previamente cómo se produce realmente, en taJes casos, la
selt'cci(m de cuestiones a responder, Véase más arriba, apartado 16, pág, 114, Y npar­
tado 18, pág. 124,
162

dencia de lo que ocurrió en la. mente de quien la fabricó,. no es con


seguridád un signo. Sin embargo, bajo el término "evidencias" enten~
demos incluir no sólo el equipo 56 que ha ~ido producido por un proceso
de manufactura, sino· el juicio qqe ha sido producido por el pensa­
miento, o el contenido de me~ajenacido de un acto de comunicación.
La problemática del significado subjetivo y objetivo incluye eviden­
cias de toda clase. Es depir, cualquiera que encuentre un determinado
producto puede proceder a interpretarlo de dos m"lDeras diferentes. Pri­
mero, puede enfocar su atención sobre su :status como objeto, sea real
o ideal, pero en todo caso independiente de su constructor. Segundo,
puede considerarlo como evidencia de lo que ocurrió en la mente de
sus fabricantes en el momento en que lo hicieron. En el primer caso, el
intérprete subsume sus propias experiencias (erfahrende Akte) del ob­
jeto bajo los esquemas interpretativos que tiene disponibles. En el .úl­
timo caso, en cambio, su atención se dirige a los Actos constituyen­
tes de conciencia del productor (éstos podrían ser los suyos propios
o también los de otra persona).
Examinaremos con mayor detalle más adelante esta relacióp entre
siguificado subjetivo y o'\:ljetivo. Hablamos, entonces, de significado sub­
ietivo del producto, si tenemos en vista el contexto· de significado dentro
del cUal está o estuvo el producto en la mente de su productor. Cono­
cer el significado subietioo del producto significa que somos capaces de
recapitular en nuestra mente en simultaneidad o casi simultaneidad, los
Actos politéticos que constituyeron la vivencia del productor.
Aprehendemos, entonces, las vivencias de la ob'a persona a medida
que ocurren; las observamos constituyéndose paso a paso. Para nosotros,
los productos de la otra persona son indicaciones de estas vivencias. Las
vivencias están a su vez para esa persona dentro de un contexto de !
significado. Sabemos esto por medio de una particular evidencia, y t
podemos estar conscientes, en un acto de auténtica comprensión, del 1
proceso constituyente, que ocurrió en la mente del otro.
El significadoobietivo, en cambio, s61opodem08 predicarlo del
producto como tal, es decir, del contexto de significado ya constituido
de la cosa 1J1'oducida, cuya l'roducci6n real dejamos entretanto. de
tener en cuenta. El producto es entonces, en el sentido más pleno, el
resultado final del proceso de producción, algo que está terminado y
completo. Ya no es parte del proceso, sino que señala meramente en
forma retrospectiva a él, como un hecho en el pasado. Sin C'mbal'go,
el producto mismo no es un hecho s~o una entidad (ein Seiendes) que
es el sedimento de hechos pasados ~entro de la mente del productor.
Sin duda, aun la interpretaci6n del significado objetivo del producto
ocurre en Actos politéticos que se producen paso a paso. Sin embargo,
se agota en el ordenamiento de las vivencias que tiene el intérprete del
líe Zeug. Este es el ténnino utilizado por Heideggel' para designar los objetos
del mundo externo que están "disponibltls". Cf. Sejn und Zeit, pág. 102 [T.I., Beíng
Qntl Time, Macqual'rie y Robinson, pág, 135].

l
163

produCto, dentro del cQntexto significativo total de: ao1:o interpretativo.


y como hemos dicho, el intérprete deja por completo do lado la crea­
ción original paso a· pasodcl producto. No se trata de que 110 esté
consciente de que ha ocurrido; lo que pasa es que 110 lc presta atención ..
Por Jo tanto, el significado objetivo sólo consiste' ('1"1 un contexto de sig­
nificado dentro de la l11cntcd('¡ intérprete, mientras que el significado
subjetivo se refiere, más allá d<' éste, a un contexto de significado den-
h'o de la mente del productor. .
Un contexto subje~i'J>de significado cstá presente entonces silo
dado en un contexto .Jl9jetivo de significado fue creado, por· su parte,
por un tú. Sin embargo, nada implica esto acerca de la dase particu­
lar de COi1texto de significado sobre el cual el tú ordena sus vivencias
o acerca de la calidad de esas vivencias mismas.
Ya hemos observado que el intérprete capta las experiencias cons­
cientes de la otra persona en el modo de la simultaneidad o casi simul­
taneidad. La auténtica simultaneidad es más frecuente, aunque consti­
tuye un caso especial del proceso. Está vinculada con el mundo de la
realidad social dircctamcntc vivcnciada y presupone que el intérprete
es testigo de la creación real del producto. Un ejemplo sería una con­
yersación, en que el oyente está realmente presente mientras el. hablante
realiza Actos que producen discurso significativo, y en que el oyente
realiza esos Actos con el hablante y después de él. Un ejemplo de inter­
pretación casi simultánea sería la lectura de un libro. En este caso, el
lector revive la elección de palabras del autor como si ocurriera ante
sus propios ojos. Lo mismo podría decirse en el caso de una persona
que ob.serva ciertos artefactos tales como herramientas, e imagina cómo
se los construyó. Sin embargo, al decir que podemos observar tales
vivencias del productor s6lo qucremos significar quc podemos captar el
hecho de que ocurren. No hemos dicho nada acerca de cómo compren­
demo,> qué experiencias ocurren, ni cómo comprcndcmos la numera en
que se constituyen. Trataremos estos probleri1as cuando analicemos el
mundo de los contemporáneos, c1-nl1ll1do de la experiencia social directa
y el de la auténtica rclación-nosotros. Con todo, puedc decirse ya en
este punto que 10 escncial para ese conocimiento suplementario es tener
un conocimiento dc la persona quc cstamos interpretando. Cuando pre­
guntamos cuál es el significado subjetivo de un producto, y por 10 tanto
qué experiencias conscientes tienc otra persona, cstamos preguntan­
do qué vivencias particulares politéticamentc construidas oeUl1'C'n o han
ocunido en otra persona en particular. Esta otra persona, este tú, tiene
sus propias experiencias y contextos de significado únicos. Ninguna
otra persona, ni siqüiera esta misma en otro momento, puede ocupar
su lugar en ('stc momento.
significado objetivo de un producto que tenemos ante nosotros
se interpreta, por otro lado, C01110 evidencia de la cxpcrit'l1cüt particular
de un dcJcnnillado tú. l\lás bien, se lo interpreta C01110 ya constituido
y establecido, haciendo abstracción de todo flujo subjetivo de cxperien­
164

cía' y de todo contexto subjetivo de significado que pudiera existir en


tal flujo. Se lo capta como una objetivación dotada de "significado uni­
versal". Aunque nos refcrimos implícitanlente a su autor cuando llama"
mos a esto un '~producto", no obstante dejamos de lado a este autor y a
todos los factores pcrsonalcs relacionados con él cuando interpretamos
el significado objetivo. El autor está oculto detrás del "uno" (alguien,
alguna otra persona). Este '\1110" anónimo, es meramente el término
lingüístico que responde al hecho de que' existe o ha existido alguna
vez un tú cuya particularidad no tomamos en cuenta. Yo mismo, o t{l,
o algún tipo ideulo Cualquiera podría ponerse en su, lugar sin alterar
de ninguna..manera el significado objetivo del producto. No podemos
decir nada acerca de los procesos subjetivos de este "uno" anónimo, pues
no tiene duración, y la dimensión temporal que le atribuimos, como es
una ficción lógica, no resulta en principio susceptible de ,vivenciaci6n.
Pero precisamente por este motivo el significado objetivo sigue siendo,
desde el punto de vista del intérprete, invariante para todos los posibles
cr~adores del objeto significativo. En la medida en que ese objeto con­
tiene dentro de su significado mismo la idealidad del "etcétera" y del
"puedo hacerlo de nuevo", ese significado resulta independiente de su
creador y de las circunstancias en que se originó. El producto es abs­
traído de toda conciencia individual y, en realidad, de toda' conciencia
como tal. El significado objetivo es meramente el ordenamiento que el
intérprete hace de sus vivencias de un .producto del1tro del contexto
total de su experiencia.
De todo lo, que hemos dicho .se sigue que cualquier interpretación
de significado subjetivo implica. una referencia a una persona en par­
tícular. Además, debe ser una persona de la' cual el intérprete tenga
alguna clase de experiE¡ncia (Et'fahl'ung) y cuyos estados subjetivos pue­
da recorrer en simultaneidad o casi simultaneidad, mientras que el sig­
nificado objetivo está desvinculado de personas particulares, y es indo­
pendiente de ellas. Más adelante estudiaremos esta antítesis con mayor
detalle, tratánd01a como un caso de oposición polar. Entre la comlmm­
si6n del significado subjetivo y ]a del significado objetivo puro hay toda
una serie de etapas intermedias basadas en el l1echo de que el mundo
social tiene su propia estructura única, puesto que deriva, del mundo de
la vivencia social' directa, 'del de los contemporáneos,. de los predece­
sores y de los sucesores.. Dedicaremos el capítulo IV al estudio de estos
diferentes mundos, prestando entretanto especie),l atención a los proce­
sos de anonimización que ocurren en cada uno. Explkaremos la oposi­
ción polar entre significado subjetivo y obj~r'0 como una formulación
típico-ideal de principios heurísticos de la in~erpretación del significado.
165

28. Excursus: algunas aplicaciones de la teoría del significado ol,¡etivo


. y subietivo en el campo de las ciencias de la cultura .

La teoría de los -dos tipos diferlntes· de int~rpretaci6~ del sig~ficado


de productos, que acabamos d;desarrollar, tIene gran ImportancIa para·
las ciencias del espíritu. ( GeisteswÍ8senschaften) y no s610 para éstas.
Ante todo, consideremos lo que se Uama "objetos culturales", es decir,
las objetividades ideales tales como "Estado","arte", "lenguaje", etcé­
tera. Todos estos, de acuerdo con nuestra teoría, SOn productos, pues
]levan sobre sí la marca de su producción por parte de nuestros congé­
neres· y constituyen manifestaciones de lo que oCUlTi6 en la mente de
éstos. Todas las objetivaciones culturales pueden ser interpretadas, por
lo tanto, de una manera doble. Una interpretación las trata como obje~
tivaciones completamente constituidas tal como existen para nosotros,
que somos los intérpretes, sea ahora como contemporáneos en el pre­
sente, o como personas que ocupan un lugar posterior en el tiempo
histórico. Estas objetivaciones pueden describirse enforma muy simple
o estar sujetas a elaboración teórica como objetos de conocimiento esen­
cial; es decir, podemos estudiar el Estado como tal, el arte como tal
y el lenguaje como tal.
No obstante, es posible tratar todos estos productos como evidencia
de lo que ocurrió en la mente de quienes los crearon. En este caso,
objetos· culturales extremadaníente complejos se prestan a la investiga­
ción más detallada. El Estado puede ser interpretado como la totalidad
de los actos de qtiienes están orientados hacia el orden. político, es de­
cir, de los ciudadanos que lo integran; o se lo puede interpretar como
el resultado final de ciertos actos históricos y considerarlo, por lb tanto,
en sí mismo, como un objeto histórico; o tratarlo COmo la concretiza­
ción de cieltas disposiciones mentales públicas por parte de quienes lo
gobiernan, etcétera. El arte de una época en particular puede interpre­
tarse como expresión de una tendencia artística determinada de la épo­
ca o como manifestaci6n de una interpretación particular del mundo
que precede y determina a toda expresión artística, es decir, como una
manifestación de una manera particular de "ver". Sin embargo, también
se lo puede interpretar como un desarrollo histórico que se produce en
forma de una variación sobre el estilo conocido de una época anterior,
sea debida a la sucesión de escuelas o simplemente de generaciones.
Estos son meros ejemplos de las muchas posibilidades de interpre­
tación, y a cada una de ellas corresponde un esquema interpretativo
especial y una manera particular de dar significado al objeto de la
interpretación.
Ya: hemos observado que el contexto de significado de un producto
es más o menos independiente de lo que ocurrió en la mente de la
persona que lo creó, según que esta última sea comprendida por su
intérprete con mayor o menor anonimidad. Para captar una cierta obje­
166

tivaeión en la idealidad del "puedo hacerlo dc nuevo", debcmos conce­


bir alaut(jr de esa objf:'t~~acióll simplementc como "i.ll10". Veamos cómo
funciona csto en el campo de la tcoría ceon6mica. Los así l1amados
"principios dG la catahíetiea" 57 tiencn poi' cierto como .tema actos hu­
manos considerados como productos tcrminados, no acdones .en curso~
El contexto de significado de estos principios se agottl. al subswnÍ1' tales
actos hajo los ('S(lucnuts intcrpretativos de la tcoría económica, Sin
duda, no es concebible ningún: acto ccontSmico sin alguna referericiá
a un actor cconómico, pero este lHtimo es absoluhlJ1l<.'ntc anónimo; no
eres tít, ni yo, ni un empresario, ni siquiera un "hombre económico"
C01110 tal, sino un "uno" puro lJl1jv('rsa~,¡¡8 Esta ('S la razón por la cual
proposiciones de la cconomía teórica tiem'n justamente esa "validez
universal" que les da la idealidad dd "etcétcrn" y ,d(~l "puedo hacerlo
de nuevo". Sin embargo, podemos estudiar al actor económico como tal
y tratar de establecer qué cs 10 qm' oeurre en su mente; por supuesto,
ilO estamos entonces <.'11 el terrellO de la t>conomín teórica sino en el de
la historia económil'a o <.'n el d(' la sot'iología económiCa, de las cuales
\"eber nos ha proporcionado un ('jclllplo sin pro'alelo en el primer libro
de su obra 'l'i1'tsclwft /lile! Gesellsclwft. Sin embargo, las formulacio­
ncs de estas ciencias no pueden pretendcr ninguna validez universal,
pues tratan de Tos sentimientos ccontÍmicos de individuos históricos par­
ticülares, o de tipos' de actividad cconómica respecto de los cuales
constituyen evidencia los netos económicos en cuestión. ,
Para dar ejemplos tomados de oh'os campos acerca del significado
de esta' cut:'i¡tión, basta señalar la importancia que tiene trazar mm dis­
tincióo neta entre significado suhjetivo y ohjetivo cn las ciencias que
son interpretativas en sentido estricto, a saber, la filología y la juris­
pmdencia. En filología ha sido siempre una cuesti(ín básica la de esta­
blecer si lo qnc se cshldia es el significado objetivo de una palahra e11
un momento dcterminudo dentro de una zona liúgiiística definida o,
en segundo lugar, 01 significado suhjetivo que la palabra aSUIlle en cl
curso de un particular autor o de un dcterminado eÍl'culo de habHmtes
o, en ¡-ercer lugar, el significado ocasional quo tienc en el contexto del
discurso. A su -vez, todo eshtdiaute de Derecho estÍ! familiarizado con
la distincit'm cxistente entre considerar un punto de ,la ley como propo­
sicicíll dCllh'o del sistema legal de acuerdo con los cánones de la inter­
pretación fi]o]{¡gicn y jurídica, por una parte, y preguntarse, por otra
lli La tC'orÍa del intercambio. Este término, que proviene de \Vhately, desem­
l)Piia un papel importnl1te el1 el pensamiPnto económico 'de Ludwig van Mises, al
cual Schiitz se n'fíen~ a Hlenudo. Véase j\lises, Hllman Action (New Haven, 1906),
especialmentt' la parte IV. La catalácticn t'S para :l\fises parte de una tt~oría pum
a priori de la acción considemda en forma lIhstmcta, aislad~\ dt, SllS circunstal1cias
psicológicas e lJist{n;,t'Us: el ('OLlceptlJ de Mises resulta por 10 tanto espedalmente
útil t'011l0 ejemplo ('Il ('ste plinto. Un trutado C'conómico importante, mlly redt'nte,
hnsado ('n d mismo t'oncc"plo, es el d<, :\lurra)' N. Rothhard, MI/I!, EcO/wmy l/mi tlle
Stlltc (Princeton, 1O(i2L
¡¡S El exalllen de la anollimidml del mundo de los contemporáneos, apartado 39,
mús ahajO, ofrece un anlÍlisis míls detallado de este concepto de "Urto'~

(
167

parte, cuál fue '1a intención del legislador". Todas estas diferencias se
remontan a la distinción entre significado objetivo y subjetivo del pro­
ducto que acabamos de tratar.
Otra cuestión más antes de concluir este capítulo. La tendencia
a buscar un significado subjetivo para todo en la existencia está tan
profundamente enraizada en la mente humana, la búsqueda del signifi­
cado de todos los objetos está tan vinculada con la idea de que éstos
recibieron una vez su significado de alguna mente, que todas las cosas
del mundo pueden interpretarse como productos y, por lo tanto, como
evidencia de lo que ocurrió en la mente de Dios. En verdad, todo el
universo puede considerarse como el producto de Dios, de cuyos actos
creadores da testimonio. Esto es s6lo una referencia al pasar, por su:
puesto, a todo el sector de problemas que están más allá de las ciencias
en sentido estricto. En todo caso, el problema del significado subjetivo
a
y objetivo es la puerta abierta toda teología y metafísica.
IV
LA ESTRUCTURA DEL lVIUNDO SOCIAL: EL DOMINIO

DE LA REALIDAD SOCIAL IHHECTAMENTE

VIVENCIADA, EL DE LOS CON'fE MPORANEOS

y EL DE LOS PREDECESORES

[Al INTRODUCCION

29. EXQ'I'iU)n preliminar del problema

'EN EL capítulo III hemos delineado los rasgos principales de. Ufl¡l teoda
de nuestro co~ocimiento del yo de los otros. Hemos considc;'ado la
comprensión general que tenemos de las vivencias de la otra persona,
y en()ontramosque esta compr('nsión se basa en nuestras propias "i­
vencias de ella. Una vez SUillU'sta la existencia del tú, ya hemos entrado
en el dominio de la intersubj(,tividad. El individuo vivencia entonces
el mundo como algo compartido por sus congéneres, es decir, como
un mundo social. Y como h('mos dicho repetidamente, este mundo
social no es de ninguna IHallen¡ homogéneo sino que muestra una
estructura multiforme. Cada una de sus esferas o regiones es a la vez
una manera de percibir y de comprender las vivencias de otros.
El presente capítulo se dedicará a un estudio de esta estructura
multiforme, Trataremos de responder a estas cuestiones: primero,
cómo es posible una diferenciación interna de esta clase; segundo, que.
fundamentos tenemos para suponer que el mundo social tiene unidad
y diferenciación interna; y terceto; cuáles de esas diferenciaciones pue­
den resultarnos útiles como base para nuestro análisis de la comprensión
del yo del otro.. S610 después de haber respondido ae.<¡tas preguntas
seremos capaces. de describir las diferentes maneras' de comprensión
del yo del otro,' peculiares a las diferentes regiones.
Sin embargo, aun después de haber satisfecho cstos puntos, estare·
mos lejos todavía de nuestrofin principal. Como ya ht>mos visto, la cues­
tión del enfoque científico adecuado de la comprensión del yo' del otro
--'-problema que es crucial para cada una de las ciencias sociales.. -- de·
pünde de una cuestión previa. Es la cuestión de la naturaleza del signifi­
cado a que se apunta. En efecto, existe una diferencia de c1as(~ entre el
tipo de comprensión ingenua de los demás que ejercitamos en la vida dia­
170

ria, y el tipo de comprensión que usamos en las ciencias sociales. Nuestra


tarea c01isiste en establecer qué es lo que distingue a estos dos conjuntos
de categorías cntrc sí: 1) las categorías cn función de lus cuales el
hombre ubicado en el punto de vista natural comprende el m:undo
social y que, de becho, ks son dadas a las ciencias sociales como material
con el cual deben empezar y 2) las categoría!.) que utilizan las ciencias
sociales mismas para clasificar este material ya preformado.
Sin embargo, las dos csferas se recubrell. En c{ecto, en cicrto sen­
tido soy un científico social en la vida cotidiana cuando reflexiono sobre
mis· congéneres y su conducta, en lugtU de limitarme a vin'nciarlos.
Vivo con ellos como un hombre entre hombres, los ('l1ClJ('ntro continua­
mente en mi éxpeIicncia directa. :Mis vivendas <1(' la pn'st'llcia de cllos
y de sus características personales 1 son .inmediatas. N'o cs menos inme­
diata, y pOI' cierto no menos integral pam mi conciencia, que mi capta­
ción del mundo físico que lIle rodea, en la medida en que este mundo es
espacial; inc1uyt~ tanto mi propio cucrpo ('01110 el de los otros, junto con
mis movimicntos. Tu cuerpo, por ejcmplo, ('5 espacial, no meramente en
el sentido de que sea un objeto físico o aUll uno fisiológico, sino en el
sentina de que es un objeto psicofísico, es dedr, un campo de expresión
de tllS vivencias. Y de acuerdo con la tesis genera! del yo del otro, no
sólo 'te vivencia conscientemente, sino que vivo contigo y envejezco
'contigo. Puedo atender a tu corriente de conciencia, tal como puedo
atender a la mía propia, y me es posible, por lo tanto, devenir consciente
de 10 que ocurre en tu mente. En la intencionalidad viviente de esta
experiencia te "comprendo" sin prcstar necesariamente atención alguna
a los actos de comprensión mismos. Esto ocurre porque vivo en el
mismo mundo, que tú, vivo en los actos de comprenderte. Tú y tus
vivencias no s610· me son "accesibles", es decir, están abiertas a mi
intcrpretación, silla que las doy por sentadas junto con tu existencia
y tus caractedsticas personales. Y esto, cn el sentido estricto de nuestra
definición: mientras te estoy vivenciando directamente y bablando con­
tigo, toda la complicada subestructura de mi propia interpretación de
ti escapa a mi atención. No estoy interesado en tales cuestiones; mi
intencionalidad viviente, mi aUention II la vie, tiene en ese momento
otros fines. Sin embargo, puedo cambiar en cualquier momento dado
todo esto y ubicar esos actos bajo el foco de mi atención. POI' ejem­
plo, puedo preguntar: "¿Te he comprendido correctamente?" "¿No
quieres decir oh"a cosa?" «¿Qué quieres significar con tal o cual acción?"
. Estas son preguntas típicas que me veo forZ<'tdo a formular cotidiana­
mente en mis l'Claciones con los demás. En el momento de suscitar
tales cuestiones, he abandonado mi conciencia simple y directa de la
otra persona, mi captación de ésta en toda su particularidad subjetiva.
He abandonado la intencionalidad viviente de nuestra confrontaoión.
La luz ba.jo la cual la miro es ahora difcrcnte: mi atención 'se ha
desviado hacia los. estratos más profundos que hasta ese momento no
1 ["Meine E:debnisse van ihrem Dasein tilld Sosein...• "]
171

habíal) sido observados y se daban por sentados. Ya no vivencio a mi


congénere en el sentido de compartir su vida con él; en cambio, "picnso
acerca de él". Pero abora actúo como un científico social. En efecto,
este {tltimo (cuando actúa como científico social y no simplemente
como un ser humano común) obtiene acceso a las vivencias de los otros
b'atándolas como objctos del pensamiento, más bien que captándolas
inmediatamente a medida que ocuuen. Vemos entonces que todo el
problema de las ciencias s0ciales y sus categorías ya ha sido tratado
en la esfera precientífica, esto es, en el medio de la vida en el mundo
social. Con seguridad, se presenta en esa esfera en una forma muy
primitiva. El científico social, como veremos, utiliza métodos y con­
ceptos que son por completo diferentes de los de la persona común
que está simplemente observando· a otro.
Sin embargo, haciendo abstracción de los refinamientos que se' dan
cuando se ha alcanzado el estadio científico, resulta totalmente claro
que el punto· de pmtída de la ciencia social debe encontrarse en la vida
social ordinaria. Nuestros congéneres no son sólo objetos de experien­
cia en la vida cotidiana, sino también objetos de pensamiento. Ahora
biel1, esta clase de pensamiento cotidiano acerca de nuestros congéneres
puede. ser un fin en sí mismo o servir como medio para otros fines,
entrando con ello en un contexto de significado más amplio. Por ejem­
plo, puede ocuuir que deseemos adaptar nuestra propia conducta a
la de oh'os, o que querrunas influir en sus pensamientos o su conducta.
En tales casos, formulamos' nuestro proyecto en el tiempo futuro per­
fecto, utilizando nuestro conocimiento de lo que está en la mente de
la otra persona como medio para nuestro fin.
No obstante, esto no equivale a decir que toda acción orientada
bacia otro, o aun toda acción destinada a cambiar necesariamente (o
incluso habitualmente) su conducta, presuponga una diwcción prcvÍl"!
de la atención hacia los niveles más profundos de la conciencia de
éstos. Por el contrario: aunque actúe sobre mis congénercs y trate
de influir sobre su conducta, con todo, en la medida. en qu(' estoy
viviendo con ellos y captando sus vivencias en forma directa, difícil­
mente pueda prestar atención al mismo tiempo a los niveles más pro­
fundos de la conciencia de éstos.
Puesto que tenemos el propósito de esclarecer justamente esos pro­
cesos constitutivos de la comprensión de los otros, nuestra tarea con­
sistirá, en c,lda caso, en describir y clarificar esos estratos más profun­
dos. Para comenzar, dejaremos de lado todo esfuerzo tendiente a
describir aquellos actos (Handlungen) del yo en cuyo proyecto están
incluidas las vivencias del tú. Trataremos sobre todo de esta bJecer
nuestras condiciones de coincidencia con el concepto de acción social
de ~vlax Weber, y de proceder luego a analizar críticamente Sil con­
cepto de relación social. En este punto podremos I'caliznr UIl prolijo
estudio de la referencia retrospectiva peculiar que las vivencias de la
otra persona incluidas en el proyecto de mi acción tienen para mis
172

propias vivencias. Sin embargo, todos estos análísisserán meramente


preparatorios para un estudio posterior del.problema general de la vida
en el ,mundo social. Para comenzar, consideremos el hecho de que
enfrento a mis congéneres en una fqrma por completo distinta yen
modos sutilmente diferenciados. Por ejemplo, los comprendo en dife­
rentes perspectivas conceptUales. A su vez, vivencio sus vivencias con
diversos grados de ~ntimidad~ Estas nO son meramente diferencias que
se refieran a la manera en que capto intencionalmente las vivencias
de la otra persona. Se extienden incluso a todo contenido de mi acto de
captación, al objeto intencional mismo; y, por supuesto, también otros
pueden vivcnciar como yo estas diferencias. En efecto, tenemos en
común el mismo mundo de realidad social directamente vivenciada: el
mundo que me rodea en mi AquÍ y Ahora corresponde al que te .rodea
a ti en tu Aquí y' Ahora. Mi Aquí y Ahora te incluye junto con tu
conCiencia de mi mundo, tal como yo y mi contenido consciente perte­
necen a tu mundo en tu Aquí y Ahora. Sin embargo, este dominio (o
reino) de la realidad social directamente f>ivenciada (como nos propo-,
nemos llamarle) es s610 uno entre muchos dominios sociales. Tal como
el mundo de mi percepción actual, es sólo un frl:1gmento de todo el
mundo de mi experiencia, y éste es s610, a su vez, un fragmento del mun­
do de mi experiencia po~ible, del mismo, modo el mundo social (que
('S a su vez una porción de este "mundo total") s610 es vivenciado
dirc(:tamentc por mí en fragmentos, a medida que vivo de momento
a momento. Este mundo social directamente vivcnciado está a su vez,
por su parte, segmentado de acuerdo. con perspectivas conceptuales.
Más a}J{t de este dominio de la realidad social directamente vivencia da
a la cunl ('stoy anclado por la comunidad espacio-temporal, existen aún
otros dominios sociales. Algunos de éstos los he vivenciado una vez
directamente y puedo, en principio, revivenciarlos en forma repetida
de la misma manera directa. Puedo vivenciar también otros en forma
directa, si lo prefiero, pero aún no lo he hecho. Consideraremos a .estos
dominios como uno, y le llamaremos el mundo social de los contempo­
ráneos (soziale Mitu.:clt). El mundo social de los contemporáneos
coexiste conmigo y es sinmltún60 COn mi duración. No obstante, aun
viviendo con él, no vivo a través de él como cuestión de experiencia
directa. Llamemos "congéneres" (Mitmenschen) a los otros yoes del
mundo de la realidad social directamente vivenciada, y "contemporá­
neos" (Nebenmenschen) a los otros yoes del mundo de los contem­
poráneos. Puedo decir entonces que ¡;U vivir COn mis congéneres, los
vivencio directamente a ellos y a sus vivencias. Pero. de mis contem~
poráneos diremos que, aunque viva entre ellos, no capto en forma
directa e inmediata sus vivencias sino que, en cambio, infiero sobre l¡:t
base de evidencia directa las vivencias' típicas que deben tener. Pue­
den fundamentarse perfectamente, por supuesto, inferencias de esta
clase. Ahora bien, ya hemos visto que en el dominio de ]a realidad
social directamente vivenciada puedo ser a la vez observador y actor.
173

Esto también es cierto. respecto del mundo de los contemporáneos. En


este caso, además, puedo no sólo observar sino también actuar, hacer
que la conducta y las vivencias de mis contemporáneos· sean motivos-
para de mi acción. .
Pero además de estos dos mundos, puedo. también conocer un
mundo social que existió antes que yo y que en ningún punto se recubre
con parte alguna de mi propia vida. Con respecto a éste ·dofi1hiio, el
Tnwu:lo social de los predecesores (Vol'welt), o historia, sólo puedo ser
un observador y no un actor. Por último, sé que hay aún. otro mundo,
habitado también por otros, que existb'ú cuando yo ya no exista; un mun­
do social de sucesores (Folgewelt),2 hombres de los cuales no sé nada
como individuos y con cuyas vivencias no puedo tener contacto per­
sonal. De hecho, sólo conozco sus vivencias típicas suponiendo que
estas {dí:imas serán las mismas· que las de mis contemporáneos y las
de mis predecesores. Este es un mundo que s610 puedo captar vaga­
mente pero nunca vivenciar en forma directa. . .
Al utilizar el término "mundo" para designar estos dominios o .
reinos, queremos significar sólo que diferentes personas son consocia- .
das, contemporáneas, predecesoras o suceSOl'as una respecto de otra' y
que se vivencia n por consiguiente una a otra y acttÍán entre sí de ma­
nerarecíproca en los diferentes modos en cuestión. .
Todas estas consideraciones sirven meramente para delinear el vas­
to campo teórico del mundo social, cuya exploración metódica es tarea
de las ciencias sociales. A lo largo de todo este libro nos limitaremos
a la teoría de la. comprensión de las demás personas, en el sentido más
amplio de tal comprensión, teoría qué también abarca el uso y la inter­
pretación de signos, así como la creación de otros productos y su interpre­
tación. Núestro camino está claramente trazado ante nosotros. Tenemos
que verificar cómo nuestro conocimiento de cada llnu de esas regiones
extrae su derecho original de la tesis general del yo del otro,.es decir,
de la simultaneidad o casi simultaneidad de la conciencia del yo del
otro con la mía propia. Tendremos también que descubrir, el enfoque
adecuado del significado subjetivo de los productos de cada uno de
esos mundos. .Deberemos establecer cómo se llevan a cabo los fenó­
menos de determinación e interpr~tación de significado en las esferas
en cuestión, Tendremos que descubrir los principios de continuidad
entre las esferas. Deberemos determinar cuáles son las {micas esferas
accesibles a los métodos de las ciencias sociales. Pór último, tendremos
que aclarar qué métodos de las Ciencias soCiales dehen emplearse para
llevar a cabo una investigación adecuada a sus objetos.

_ 2 La Ilanmtivá éx!}reSUm F'olgewelt, qllé éS muy J.)t'eferible a Nachwelt (mun l

do por venir), ha sido tomada de la clase inaúguralde Schillcr, titulada Was heisst
und ZIl tOelchem Ende studiert rnan Ullive'rsalgeschichter [Obras de ScbilIer, ed.
alero. Lndwig BelJerm::l1ln y Benno van Wiese (Lt'ipzig, 1936-37), vai. IX,]
174

(B] CONDUCTA SOCIAL, ACCION SOCIAL, RELACIQN SOCIAL

:10. El concepto de "accwn social:' de Max Weber. La orientaci6n-otro


y el actuar-sobre-el-otro .

Ya hemos considcrado, en nuestro estudio preliminar del capítulo 1, la


definición que da Weber de la acción social: 3 «La acción es social
en la medida en que, en virtud del significado subjetivo que se le
adjudica por parte del individuo (o individuos) actuantes, toma en
cuenta la fonducta de otros, y es oriéntada por ella en su curso". Debe­
mos .tencr presente que, cuando \Veber habla de acción social, no
quiere significar esa acción que hemos distinguido (en el capítulo II)
de la "conducta .en el sentido más amplio". En cambio, para él la
acción de cualquier clase significa "conducta" interna o externa en un
sentido aún no claro, siempre que se pueda atribuir "significado" a
la persona que actúa, Por consiguiente, entran dentro de este concepto
nO sólo todos los Actos intencionales que derivan de actividad espon­
tánea, sean o,no proyectados de antemano y calificados entonces C01110
acción, sino también todas las vivencias que emergen en forma pasiva
y s610 están intencionalmente relacionadas, en un sentido general, con
otra persona .
. Siguiendo la lógica de nuestra terminología, preferimos tomar c:;omo
punto de partida no la acci6n social. ni la conducta social, sino las
viven;;ids intencionales conscientes dirigidas hacia el yo del otro. Sin
embargo, sólo incluimos aquí las vivencias intencionales que están rela­
cionádas con el ctro como otro, es decir, como un ser vivo consciente .
. Dejamos de lado los Actos intencionales que sólo se dirigen al cuerpo
.de la otra persona como objcto físico, más bien que como campo de
expresión de sus vivencias. Llamaremos conducta social a las vivencias
conscientes intencionalmente relacionadas con otro yo, que emergen
en forma de actividad espontánea. Si tales vivencias tienen el carácter
de haber sido proyectadas previamente, las llamaremos acción soCial.
La conducta social así definida abarcará todos los Actos-del-yo espe­
cífico (Ich-Akte) que están intencionalmente dirigidos hacia ti como
otro yo (Iue tiene conciencia y duración. Incluimos aquí vivencias tales
como los sentimientos de simpatía y antipatía, las actitudes eróticas y
las actividades del sentimiento de todas clases. Weber llamaría sin
duda acción social a todas estas vivencias de la conciencia, a juzgar
por los ejemplos que ofrece. Por otra parte, esta acción social se limi­
taría a la conducta p/'et;;i.amente proyectada, según su definición de cna
como acción oricntada hacía la conducta de la otra persona. En efecto,
sólo la conducta pr('viamellte proyectada puede ser orientada, puesto
que la orientación presupOlle 11t'('esariamcnt.e un proyecto. No obstante,
atm entonces, no toda m:l'ión previamentc proyectada "hacia otro" sería
¡¡ Véase el apartado 2, pá~. 45.
175

acción sociaL Supongamos, por ejemplo, que actúo hacia la otra per­
sona como si ésta fuera meramente una cosa física, sin prestar atención
a sus . vivencias C01110 otro yo. Mis propias vivencias conscientes que
acompañan a mi acción no están en este caso, según la definici6n dada
más arriba, intencionalmente dirigidas hacia el otro yo. Mi acción, por
lo tanto, no es en este caso acción social. Weber coincidiría aparente­
mente con este punto de vista. Recuérdese que él dijo que la colisión
de dos bicicletas no tiene el status de una acción social, pero que la
conversación que siguc sí 10 es. El médico que realiza una operación
sobre un paciente anestesiado actúa en realidad "sobre el cuerpo" de
ese paciente, pero esto no es acción social en el sentido de \Veber. El
. soldado que n~arca el paso siguiendo al hombre que tiene delante de
sí no está realizando tampoco una acción social, pues por regla general
orienta en este caso su conducta no según la conciencia del otro hom­
hre sino seg(m su CUCl'P0 y además sólo seg(ll1 sus movimientos corpo­
rah's como tales y no como claves de las vivencias del otro.
Sin embargo, nuestra interpretación de las vivencias de conciencia
intenc~onalmente relacionadas con el otro yo no llena por completo los
requerimientos de la definición de "Weber. En efecto, según esta defi­
rlición la acción social debe relacionarse con la conducta del otro y no
meramente con su estar ahí o tener las características que tiene. Y aquí
('IlCoIltramos más dificultades. Una de ellas reside en el hecho de que
d concepto de conducta de "Veber es en sí mismo absolutamente oscuro.
])0 hecho, de acuerdo con él, la conducta ni siquiera tiene por qué ser
.¡.¡jgnifieativa. Ahora bien, en verdad es posible interpretarlo de tal
manera que su "orientaciÓn según la conducta del otro" sea equivalente
a nuestra "tesis general del otro yo". En otras palabras, sería orienta­
ción según el hecho de que el tú tiene duración, que tiene ciertas
vivencias y está consciente de ellas. Si aceptamos esta interpretación,
podríamos proseguir diciendo que la conducta social debe orientarse
segtm la conducta de la otra persona, en el sentido de que se orif'n­
ta según su conciencia y las .VÍvencias que se constituyen dentro de
ésta. Cai'ecería entonces por completo de importancia si el tú estaba
realmente «comportándose" en nuestro sentido, es decir, produciendo
vivencias a partir de la actividad espontánea.
Fritz Sander 4 ha sometido el concepto de conducta social de Max
'Vebcr a una crítica que es ingeniosa y, en muchos aspectos, decisiva.
Seilala que, seg(lll la definición de Weber, toda percepción del cuerpo
de otro es ya acción social y que este concepto resulta, por lo tanto,
demasiado amplio e impreciso para determinar el objeto de la ciencia.
social:' El ejemplo de Sandcr es muy instructivo. Sin duda, aun la
pNcepción interpretativa de las vivencias de otra persona constituy('
4 Sander, "Der Gegenstand der reinen Gesellschaftslehre", Archif) fiir S(Jzl{/l­
ld~se/l.sc1lOften,
LIV (11)25), págs. 329 !' sigs., especialmente pág. 3:35.
¡¡ Lamentablemente la falta de espacio impide dar una explicación detallad"
de la argumentación de Sllnder, con In cual de ninguna manE'ra coincido l'11 lodos
.sus puntos.. El especialista podrá marcar fácilmente los aspectos de disidencia.
176.

una acción significativa .vinculada con la conducta del otro y por lo


tanto orientada hacia. ella. Es entonces lo que ·'Weber define como
acción social. Además, de acuerdo· con nuestra t\:lrminología, es una
vivencia consciente intencionalmente vinculada con el otro yo, siempre
a condición de que se trate de auténtica interpretación del otro. (Los
ac.tos de interpretación de las vivencias de uno respecto del otro· yo
no se calificarían, como tales, dé Actos intencionalmente vinculados con
el· otro yo.) Las· vivenCias conscientes que surgen de actividad espon- ,
tánea y dirigidas hacia ·otro yo son, segón nuestra definición, conducta
social. Siesta conducta social ha sido proyectada previamente, cons­
tituye una acción social. Un ejemplo de esta óltima sería el hecho de
que yo dirigiera mi atención hada la conciencia de otro· para notar
lo quc ocurrió dentro de ella. En este caso eUin del acto (Handlungs­
ziel) consiste meramente en comprender las vivencias de otra persona,
y el motivo-para (con sus correspondientes modificaciones atenciona­
les) se agota por entero en ese fin. No voy más allá de ese fin para
tratar de modificar las vivencias de la otra persona.; .
Hemos empréildic;lo este análisis de la percepción del otro yo para
esclarecer la naturaleza básica de todas las vivencias intencionalmente
dhigidas hacia el otro yo, sean estas vivencias conducta o no. Se dis­
tinguen todas ena~ por una cierta actitud del yo hacia la duración de
otra personá. Esta actitud se n;mda en la tesis general de· que el otro
yo es a la vez consciente. y vivenciante. Llamaremos a esta actitud
"orientación-otro", La orientación-otro sólo puede llegar a existir en la
esfera social si S(3 funda no meramente en la posición del otro yo trans­
cendental, sino en la del otro yo mundano. Sin embargo, se basa en. la
posición de la éxistencia de este óltimo (Daseinssetzttng) , no en la posi­
ciónde sus características particulares (Soseinssetzung). Postula que
un tó vive, dúra y tiene vivencias conscientemente vividas; sólo queda
indeterminado· cuáles son esas vivencias y qué implicaciones tienen.
Además, la orientación-otro puede ser en principio unilateral: aunque
pertenece a su esencia guese relacione con otro, puede.existir y conti­
nuar sin ninguna reciprocidad por parte del otro ...Por lo tanto, la
orientación-otro no. tiene. un efecto externo en el sentido habitual de
la palabra. Puede existir sin ningún acto comunicativo y sin ningun..1.
función expresiva. Puede no hacerse ningÍln uso de signos, ni ninguna
interpretación de ellos. La orientaci6n-otroincluye en principio ni
más ni menos quc todos los actos actitudinaJes del yo vinculados con
un tÍl y, por lo tanto, también todas las actividades del selltimiento,
tales como el amor y. el odio. Podemos preguntarnos, por. supuesto, si
es realmente apropiado llamar "actos socialcs" a todos los actos de
orientaci6n-otro.
Shl embargo, cuando Weber habla ae la relación significativa de
la acci6n social coü la conducta de los otros, difícilmente piense en la
orientación-otro cn el sentido amplio definido más arriba, No obstante,.
parece rondar por su mente un tipo especifico de vinculación entre la,
177

acción social· y una conducta por parte de la .otra persona. La acción


social existe sin duda para él sólo en. dos tiposde'situación: a) cuando
el actor social trata por medio. de su acción de comportarse de una
determinada manera --'-es decir, si el fin de su acción consiste en pro­
ducir un cierto efecto sobre la, conciencia de. la otra persona-; o b) si
esta misma acción social fue inducida por la conducta de la otra per­
sona -en otras palabras, si la percepción y la interpretación de la
cOnducta ya cumplidlf de la oh'a persona es el auténtico motivo-porque
del actor social-o El concepto de acción social de Weber abarca estos
dos casos, La acción social, según él dice, puede "estar orientada hacia
la conduct~ pasada,' presente o esperada en el futuro por parte de
otros". 6 Vemos salir a luz una vez más esa arobigüedad conceptual
que hemos ~otado con anterioridad varias veces: Weber no logra dis­
tinguir entre. orientación hacia la acción pasada y orientación hacia la
acción futura de la otra persona. No puede distinguir entre los autén­
ticos motivos-porque; y los motivos-para, y como resultado incluye
situaciones totalmente disímiles una de otra bajo el mismo concepto
básico. Pero volvamos al punto principal de nuesh'o análisis,.
Los Actos (Akte) intencionales dirigidos hacia otro, en la medida
en que son actos proyectados (lÍandlungen), es decir, conducta espon­
tánea de acuerdo con un proyecto antecedente, pueden tener como su
motivo-para la producción de una cierta vivencia consciente e.n la otra
persona. Llamaremos a una acci6h social de esta clase "actuar-sobre­
el-'otro" (Fremdwirken). Cada un\! de ellas se realiza aentro de una
orientación~otro y es de hecho uriá acción so'cial~ pero no toda orien­
tación-otro o toda acción social ip1plica actuar-spbre-el-otro. Es fácil
ver que el actuar-sobre-el-otro se limita a los Actos (Akte) sociales
proyectados. de antemano, que surgen de la actividad espontánea, es
decir, a la acción social auténtica (Handeln) en el sentido de nuestra
definición dada más arriba. Para actuar socialmente. sobre la concien­
ciade otro debO. prestar. atención al flujo de' su· conciencia a medida
que ocurre. Además, tengo que haber anticipado en la fantasia, en el
proyecto de mi acto (en el tiempo futuro perfecto), las vivencias cons­
cientes a producir en el otro, sea como mi meta final o como una de
mis metas .intermediarias. Si mi motivo-para' consiste meramente en
conseguir que la otra persona me entienda, entonces, por supuesto, lo
que procuro producir en su conciencia es mi meta final. Pero lo que
puedo hacer que piense. o sienta es sólo un medio si aquello en lo
que estoy realmente interesado ,es influir sobre su conducta. Una con­
ducta social en el sentido significativo carece del carácter de haber sido
proyectada y, por esa j:nisma razón, no es un caso de actnar-sobre-el­
otro. El famoso verso de Goethe: "y si yo te quiero, ¿qué te importa
a ti?", es un buen ejempl() de sentimiento orientado-hacía-el.otro, .pero
que no busca en absoluto actuar sobre la otra. persona. .
Obviamente es el actuar sobre la otra persona o, como lo lhmla­
6 Wirtschaft und Gesellschaft, pág. 11 [T.l., pág. 112].
178

remos dc ahora cn adelante, el "actuar social" (soziales Wirken) lo que


ha servido 'como modelo para el concepto de acción social de Weber.
Una vez que comprendemos esto, podemos traducir sin ninguna difi­
cultad su definición a nuesl'ra terminología. El hecho de que la acci6n
social esté significativamente vinculada con la conducta de otro implica
que el actor (puesto que está orientado-hacia-el-otro en su acción)
dirigc su atención a las vivencias del ob'o en su estructura constitutiva.
El hecho de que el actor oriente significativamente su acci6n hacia la
conducta del ob'o a medida quc ésta ocurre, implica que la atcnción
así dirigida se produce en un contexto motivacional especial, dentro
. del cual las vivencias de la otra persona se antiCipan en el tiempo
futuro perfecto como parte del proyecto del actor.
'. Sin embargo, sólo estamos hablando aquí de la expectación de las
vivencias futuras de otro, mediante la cual se da un motivo-para a
la propia acción. Ahora bien, 'Wcber insiste enfáticamente en que la
acción social puede también orientarse hacia la conducta pasada de
otros; Si esto fuera correcto, deberíamos tener un caso de acción social
cuando la atención que uno dirige hacia las vivencias de otra persona
funcionara como el auténtico motivo-porque dc la acción de uno. 7 ·No
obstantc, nuestro estudio del auténtico motivo-porque ha mostrado que
el contexto significativo de este último sólo puede constituirse a partir
de vivencias ya motitladas en el pasado. A este respecto, es siempre
posiblc que la coordinación de una acción con un auténtico motivo­
porque esté en sí misma disponible en forma de una "máxima" de
experiencia. Esto es universalmcnte cierto y no depende de ninguna
manera de si la vivencia motivante está vinculada con otro o no. En
todo caso, podc;mos preguntar con sentido cuál fue el auténtico motivo­
porque después de haber ocurrido la acción o, por lo menos, después
de haberse formado el proyecto. Supongamos, para utilizar un ejem­
plo de \Veber,que deseo vengarme por un ataque sufrido en el pasado.
En tal caso, mi propósito se proyecta antes de que alguien pueda decir
con sentido que fue motivado· por el ataque, es decir,antes de que
alguien pueda decir que fue una venganza por el ata(lue. Podría dudar,
de hecho, entre vengar ese ataque. o pasarlo por alto. En verdad, hasta
podría someterme al ataque sin contemplar ninguna clase de venganza.
Ahora bien, lo que seguramente hace que mi acción sea social no
es el hecho de quc su estímulo activante fuera la conducta de algún
otro por oposición a un hecho natural. Lo que hace que mi conducta
sea social es en realidad el hecho de que su objeto intencional es la
conducta esperada de otra persona..
Por lo tanto, no deberíamos ubictU' las acciones que actúan sobre
ob'os en el mismo plano que aquellas sobre las cuales otros actúan. Este
término "acción sobre la cual ob'o ncttlH" (fremdbewirktes Handeln)
es el término que aplicaremos a una acci()n motivada de una "manera­
7 Cf. la distindón de Sander t'ntre Actos dirigidos a la conducta futura de
ulros y Actos dirigidos a la conducta pasada de otros, op. cit" pág. 861.

~
179

porque" auténtica por la atención del autor a las vivencias ya pasadas


de otro. Esto no significa que tal acción pueda oci.mir sin la orienta­
ción-otro. Más bien, mientras atiendo a las vivencias de la otra persona
en el momento de la producción del contexto-porque sintético, estoy
realizando por supuesto Actos intencionales dirigidos hacia otra per­
sona. Además, el contexto-porque depende en sí mismo de las. modi­
ficaciones atencionales de mis vivencias del otro, que contemplo ahora
en el tiempo pluscuamperfecto. Sin embargo, si busco el motivo-porque,
mi acción ya estaba proyectada antes de que realizara un Acto (Akt)
de orientación hacia otra persona. Pero esta acción no es, justamente
por esa razón, un Acto (Akt) orit'ntado-hacia-el-otro y, por 10 tanto, no
es conducta' social. La acción proyt'ctada es una cosa; pero es O1:ra
por completo diferente aquella atención específica al proyecto consti­
tuido o al acto terminado (Halldll1ng) en la cual se constituye el con­
texto significativo de la verdadera motivación-porque. En el caso de
una acción sobre la cual actúa otra persona, no es la. acción misma
sino el contexto significativo de su motivaci6n-poi"que 10. que ocurre
dentro de la orientación-otro. Profundizaremos esto al' referirnos a la
relación
, social.
Es claro que podríamos constituir una serie continua comenzando
por las vivencias conscientes intencionalmente vinculadas con otra per­
sona, siguiendo con la conducta y la acción social, y terminando con
el actuar social. No sin razón hemos trazado un contraste ent,re este
último y todos los otros miembros de la serie, á. saber, los que abarca
el . término orientación-otro. Tratemos de aclarar 1.1n poco más esta
distinción observando nuevamente el establecimiento del significado y
la interpretación del significado.
En el párrafo final del capítulo III hemos hablado del significado
subjetivo que adjudico a cada producto que tomo como evidencia de
lo que ocurre en la mente de otro. Vemos ahora que mi atención al
significado subjetivo de algún otro ocurre siempre en un Acto de orien­
tación-otro y extrae su validez de ese Acto. Todo producto, y por lo
tanto todo signo que veo tiene para mí, aparte de cualquier orientación­
afro, un significado subjetivo; pero interpretándolo como un signo de
las vivencias conscientes de oh'o, puedo introducirlo en una orienta­
ción-otro. Nótese que decimos «dentro de un Acto de orientación-otro",
no "dentro de un Acto de actuar-sobre-el-otro", En efecto, cuando leo
un libro, repaso el curso del pensamiento de otro o trato de descubrir
el origen de una herramienta, estoy meramente orientado hacia otros; no
estoy de ninguna manera actuando sobre ellos .
. Pero si emito un signo para que alguien 10 interprete, la situa­
ción es diferente. En ese caso estoy orientado-hacia-otro, sin duda,
pero es Ulla clase específica de orientación-otro, Ahora estoy actuando
sobre el otro, Si sólo hubiera originado el signo para mi propio uso,
sin ninguna orientación-otro, no me vería implicado en una acción sobre
otro. Pero la producción de un signo denh'o de una actitud de orien­
180
tación-otro es un acto de comunicación. El motivo-para de este acto
es la producción de ciertas vivellcias conscientes en la mente de la
persona a la cual se dirige. Podemos decir entonces que toda comul1i­
caciónes un actuar social y que toda atenci6n a una comunicación p1'e­
supone la orientación-otro. Lo mismo vale para todos los otros prodüc­
tos. Si fabrico una herramienta para que otros la usen, entonces
"anticipo" en el tiempo futuro perfecto que ellos saben para qué sirve
la herramienta.
Nuestro próximo paso cotisistirá en mostrar que dentro de cada
una de las esferas sociales, la orientaéión-otro y el actuar-s obre-el-otro
ocurren en formas correlativamente diferentes. La diferencia más nota­
ble reside en el grado de anonimidad del objeto; Nuestros puntos de
vista en este caso están en contraste con los de. Max Weber, para quien
es inQiferente si Jos "otros" que constituyen el objeto de la acción social
son "personas individuales y . .. conocidas para el actor como tal... o
cons!ituyen una pluralidad indefinida y [son] enteramente desconocidos
como individuos".c' Tampoco nos dice Weber cómo la cualidad de mi
familiaridad con la otra p{'r~ona modifica mi "orientación" (Orientíe­
rung) hacia ella, si es que 1<.1. modifica. Nosotros trataremos, por otra
part<" de elaborar en dctall¡. las diferentes formas de orientación-otro
y de acción-sobre-el-otro que se encuentran en el mundo de la realidad
social directamente vivenciada y e11 el mundo de los· meros contem­
poráneos. .

31. El concepto de relación social de Weber'. RelaciÓn

de orientación e interaccí6n social

Hubo dos omisiones notables en el apartado precedente. No se dijo nada


acerca de las vivencias conscientes de la otra persona mientras estoy
orientado hacia ella. Y no se habló de las vivencias que. trato de pro­
. ducir en ella cuando actúo sobre ella. En efecto, lo que es esencial
para la orientación-otro· es el hecho de que la otra persona existe, na
de que tenga características de una u otra clase. De hecho, tanto .1a
orientación-otro como la acción-sobre-el-otro pueden ser, en principio,
unilaterales. Ni en el concepto de acción-sobrc-el-otro ni en el de
orientación-otro est<Í¡ implícito que el partícipe deba responder por
una orientación-otro que le sea propia. Esto es también cierto en lo
que respecta al concepto de acción social de Weber. Pero por supuesto
tal respuesta puede siempre ocurrir: esto se deduce en verdad de la
tesis general del otro yo y del hecho de que los partícipes son contem­
poráneos. En realidad, cuando emprendo una conducta social, tOIno
en cuenta la posibilidad de tal respuesta.
. Cuando dos persones se vuelven recíprocamente orientadas entre
sí, tenemos lo que V,Tcber llama una "rcIación social". Con esto quiere
s Wirtschaft und Gesellsc7wft, pago 11 [T.I., pág. 112].
181

significar <1a conducta de una pluralidad de actores en la medida en


que L'\ acción de cada uno, en su. contenido significativo, toma .en cuenta
la de los otros, y es orientada en estos términos", Continúa W cber:
, La relaci6n sodal consiste entonces entera y exclusivamente en la existencia
de 1.111a probabilidad [1n der Cllance] de que haya, en algún sentido significativa­
mente comprensibl~, \1n curso de acción social. A los fines de la definición no hay
ninguna tentativa de especificar la base de esta proh<1bilidad.D

El punto dé vista de Weber, de que una relación social sólo existe


cuando hay acción social en un sentido significativo, contiene en sí
mi~mo una ambigüedad, como hemos visto en el capítulo 1. La ambi­
güedad se difunde desde este punto a casi todos los conceptos funda­
mentales de su sociología. Se basa en que él no logra establecer una
clara distinción entre la comprensión subjetiva de las demás personas,
que ocurre en. la vida diaria, y la interpretacióll objetiva de ellas y de
sus vivencias, que ocurre en las ciencias sociales. Veamos de nuevo su
a.firmaci6n de que una "relación social consiste entera y exclusivamente
en la existencia de una probabilidad de que haya... acción social".
¿Para quién exi,ste esta probabilidad, para el actor, o para el científico
social que lo observa? Al intentar responder a esta preglinta, Weber
presenta dos puntos de vista contradictorios en la misma página. Pri­
mero dice que las dos partes están socialmente relacionadas entre sí
"incluso en la medida eil que, de un modo parcial o totalmente erróneo,
una parte presume una actitud particular hacia eIla por parte de la
otra y orienta su acción según esta expectativa. Esto puede tener, y
tendrá habitualmente, consecuencias para el curso de la acción y la for­
ma de la relación".10 \Veber se ~efiere aquí a 10 que se ha Ilamado a
veces «probabilidad subjetiva", a saber, la expectación subjetiva por
partc de uno de los actuantes, de que el otro manifestará una orien­
tación recíproca. Pero a continuaei6ndice:
S610 la probalJilidad de que ocurra un cierto tipo de acción, es lo que consti­
tuye la "existencia" de la relación social. Así, el hecho de que exista o haya existido
una "amistad" o un "estadó', sólo significa esto: que nosotros, los observaoores, juz­
gamos que hayo ha Ilabido una probabilidad de que sobre la base de ciertas clases
de actitudes subjetivas conocidas por paIte de ciertos individuos, resulte en el senUdo
promedio un cierto tipo de acción específica.

Esta segunda clase de probabilidad no tiene naturalmente nada que


ver con la primera, que consiste en. un: contexto de significado resi·
dente en la mente de una o de. ambas partes de la relación social. Es
más bien parte del contexto de ]0 que juzga un observador externo,
es decir, un científico social. En otras palabras, 10' que tenemos en este
s~gundo caso es la probabilidad objetiva. Ahora bien, todo eSto equi­

o lbfd., pág. lS~ apartado S [T.I., pág. 118].

10 lbíd., pág. 14, plmto 3 [T.I., pág. 119].

182

vale a decir que el concepto .mismo de relación social de Weber se


vuelve ambiguo. El se rc::fiere en verdad a dos tipos diferentes de
situación y llama a ambas "relación social". En el primer caso, la
expectación subjetiva del actor .establece la probabilidad de una orien­
tación recíproca; que por definición significa que· existe una relación
social. En el segundo caso, es el juicio "objetivo" del observador exter­
no lo que establece esta probabilidad y, eo ipso, la relación.
Estas dos situaciones no son de ninguna manera idénticas. En
efecto, difícilmente pueda dec4-se que justamente porque un observa­
dor es. capaz de percibir la existencia de una relación social también
la perciba el párticipante en la misma relación. Tampoco se da el
caso opuesto: lo que el participante ve o piensa que ve puede perma­
necer por completo ~oculto para el observador. Por lo tanto, debemos
buscar el criterio sobre cuya base el participante, por una parte, o el
observador, por la otra, pueden concluir que tal relación existe.
Comencemos con la situación que enfrenta el observador externo,
la situaci(m que nosotros, siguiendo a Weber, hemos llamado la pro­
babilidad obfetiva de la existencia de una relación social. El observador
ve varias indicaciones de la existencia de tales o cuales vivencias de la
persona observada. El cuerpo de esta última es, desde el punto de
vista del observador, el campo de expresión de esas vivencias. Sus
movimientos corporales constituyen indicaciones de aqueIJas vivencias
que surgen de la actividad espontánea. Los productos culturales que
la persona observada presenta son signos de los procesos constitutivos
que 'ocurren en su mente. Ahora bien, ¿qué significa la afirmación
,de que las vivencias conscientes de dos o más personas sometidas a
observación están mutuamente relacionadas? Aparentemente nada más
que el hecho de que para el observador las indicaciones externas que
ve ante sí están en una relación de correspondencia con ciertos pro­
cesos conscientes. Quizás el observador note que las dos personas que
él observa están unidas en una tarea común o ejerciendo una influencia
común sobre el mundo externo. O quizá vea que cuando A actúa de
una cierta manera, B actúa a continuación de otra determinada manera.
Sin embargo, estas series de actos constituyen meras indicaciones para
el observador de lo que está ocurriendo en la mente de los actores. El
interpreta sus propius vivencias de ellos, y lo hace de manera de esta­
blecer los contextos de significado en los cuales deben existir estas
vivencias conscientes en la mente de las personas observadas. Trata
de interpretar los motivos-para y los motivos-porque de sus acciones
y de establecer cuáles son los fines primarios y cuáles los intermedios,
etcétera. Al hacerlo así, reestablece' imaginativamente la estruchlra.
constitutiva de estos contextos de significado, llegando a interpretacio­
nes que son coherentes, pl'imero,. con su experiencia total del mundo
social y, segundo, con su conocimiento del carácter de la persona obser­
vada, Y todo esto mantendrá una validez absolutamente general, sea
que se h'ate. de observJ.r los procesos conscientes individuales de una
~~
183

ti más, personas o de observar procesos conscientes promedio o típicos.


Seguirá siendo cierto con prescingencia de si las personas observadas
'pertenecen al mundo de la realidad social directamente vivenciada del
observador, a su mundo de meros contemporáneos, o a su mundo de
predecesores. En todos los casos, el observador asume una orientación­
otro con respecto al observado, y es esa orientación-otro, por supuesto,
lo único que hace posible la comprensión del significado subjetivo.
El observador trata, por 10 tanto, de descubrir las vivencias cons­
cientes de las cuales hay indicaciones, y a partir de la correspondencia
que encuentra, extrae sus conclusiones en lo que respecta a la relación
social. Pero la correspondencia ya no sigue siendo entonces para él
una probabilidad obietiva de que los procesos conscientes de la gente
observada estén realmente vinculados uno con otro. En efecto, cons­
tituye una parte del concepto mismo de la correspondencia de las indi­
caciones, el que estas últimas sólo puedan establecerse entre eventos
que ya yacen en el pasado. Sólo tomando la reacción como ya dada
puede el observador establecer que ésta corresponde a la Acción (Aktion)
que la precede. La formulación que afirma la existencia de la corres­
pondencia es por lo tanto, en principio, una formulación en el tiempo
pluscuamperfecto acerca de sucesos en el pasado. Por supuesto, esto
no impide el establecimiento de una correspondencia en simultaneidad
entre los hechos en cuestión. En efecto, la existencia de tal corres­
,pondencia como un máximo repetible de experiencia, como un esquema
.interpretativo ya constituido en la conciencia del observador, puede
ser parte de su repositorio de conocimiento "disponible" U para él.
Sin embargo, hay diferentes grados de certeza con los cuales un
observador puede concluir que existe una relación social. Esto se basa
en el hecho de que la seguridad con la cual pueden vincularse las indi­
caciones externas con los estíldos subjetivos internos depende a su vez
de la medida en que el observador conozca a la persona que está obser­
vando. Y por supuesto, la relación misma de correspondencia depende
de esta seguridad. Y así tenemos, de hecho, grados de interpretabilidad.
Cuando observo a mis congéneres mientras realizan sus actividades
ordinarias, no constituye un gran problema para mí decidir si están
o no implicados en relaciones sociales. Veo esas relaciones en la secuen­
cia de sus acciones y reacciones, en la coordinación del motivo-porque
de uno con el motivo-para del otro. Lo mismo vale si observo actos
comunicativos tales como el uso de signos, aunque yo no sea la persona
a la que se dirigen. Siempre que conozca los esquemas interpretativos
de los signos, puedo tratar los actos comunicativos en cuestión como
indicaciones de la existencia de una relación de correspondencia. Pode­
mos decir en forma más general que cualquier relación social dentro
de la cual ocurre un caso de acción-sobre-el-ob'o puede identificarse
como tal con mayor. confianza que una relación social en la cual nO
OCUlTe nada más que Actos intencionales de orientaci<Íu-otro. Llama­

11 Cf. apartado 27, pág, 162.


184

remos desde' ahora al primer tipo de relación social "interacción social"


(Wirkensbeziehung) /2 y al segundo, «relación de orientación" (Einstel­
lungsbeziehung), .Es más fácil observar el·efecto que la acción de una
persona tiene sobre otra, que observar las actitudes que puedan tener
Una respecto de otra, por ejemplo, simpatía o antipatia.. En otras pala­
bras, me resulta más fácil establee.er con probabilidad objetiva: que dos
personas están interactuando socialmente que decir que están mera­
mente orientadas una respecto de otra de una ~ierta manera. Cualquier
conclusión .de .esta clase debe depender respecto de su confiabilidad,
de la medida en que la persona observada es conocida por el obser­
vador. Existen entre ellos infinitos grados de interpretabHidad. Supon­
gamos, por ejemplo," que una relaciém social no se basa. en Actos de
acción recíproca (Akte wechselseitigen h'rerndwirkens) , sino en el hecho
de que jos partícipes realizan meramente la misma clase de acción. Al
decir "la misma clase de acción" queremos significar acciones orien­
tadas hacia un esquema interpretativo común (tales como un lenguaje,
un sistema legal, una concepción común del arte, una moda compartida,
hábitos comunes de vida). En un caso como éste, si el observador debe
cstimar la probabilidad objetiva de la existencia de la relación social,
entonces su argumentación tiene que. tomar en cuenta más factores. Tal
argumentación debe proceder, por supuesto, de acuerdo con el método
de la "correspondencia de indicaciones" examinado más arriba. Pero
también se basará en el. conocimiento previo del observador acerca
del esquema interpretativo común en cues.tión. Además debe incluir el
esquema interpretativo que se encuentra en el proyecto de los actores
sometidos a observación.
Ahora hien, ¿cómo ocurre que ese presupuesto -pues a ello equi­
vale la probabilidad objetiva- de la existencia de una relación social
se transforma en certeza? Supongamos que la acción y la reacción han
12 [Literalmente, "relación de afectación". Nuestro punto de vista, coincidente
con el de Luckmann (cf, Schütz, Collected Papers, JI, 2S), es que el término "inter"
acción social"', tal como lo utilízó más tarde Schüt:z;, es una traducción aproximada
aceptable de. WiTkensbezjehung. Cf. el ensayo de Schütz, "Making Music Toge­
ther", ibíd., pág. 160: "Cuando los sociólogos hablan de interacción social, piensan
habitualmflnte en un conjunto de acciones interdependientes de varios seres huma­
nos, mutuamente vinculados por el significado que el actor confiere a su acción y
que él supone que su partícipe entiende", como en el caso de dos jugadores de
ajedrez. Sin embargo, aunque la extensión de la 'palabra WiTken.sheziehung coinci­
da habitualmente con la de "interacción social", Schütz parece pensar en un concepto
más genérico que no tiene equivalente en inglés. El explica esto en la pág. 181,
donde dice que en cada Wirkensheziehung s¡e actúa sobre otro con el prop6/Jito dc
llevarlo a tener vivencias conscientes de undetcrminndo tipo. No es en absúll1to
necesario que el otro actúe, y mucho menos que Teaocim,e solJTe el autor, en d sen­
tido que da el diccionario a la palabra·"intemcdón". En otn1S palabras, el I.'OllCepto
de Wirken.~beziehung de Schütz parece ser aquí ml'is amplio que el de "interacción
social" que utilizó después, y mucho más amplio que cualquier forma de "acción
recíproca" (WecllsclwiTkung). No obstante, Schi1tz parece a veces implicar que
los actos recípl'ocos de' achmr-sobrc-eI-otro( Akta fOechsel.seitigen l'Temdu;1Tkens)
están incluidos t~n el conl'epto de ll-'írkensbezielumg. Véase este puuto unas líneas
tmís abajo.1
185

ocurrido como se esperaba; por ejemplo, A ha formulado a B una ,pre­


gunta y B ha contestado. En este punto sc ha. vuelto probable lo que
era previamente una cuestión de conjetura. Pero observemos que aún
no es totalmente cierto. Sólo A y B pueden decir si se comprenden
realmente entre sí. Lo que se neccsita es 'una afirmación de A donde
diga que cuando habló estaba rcahncnte formulando una pregunta
a n, y lucgo una afirnulCión de B en el sentido de que cuando él habló
estaba contestando a A. Ambos tcndrían, en una palabra, que testi­
moniar que sus acciones estaban odentadas-hacia-el-otro. Por 10 tanto,
s610 fonllulanc1o preguntas a las personas, observadas puede asegurarse
el observador la' existencia de una relación social entre ellas. Sin em­
bargo, no comienza a preguntarles antes dc entrar él mismo en una
relación social con uno o ambos. Más aún, cualquiera sea el juicio
quc c1 observador pueda formular respecto de la probabilidad, posibi­
lidad o caráctcr concebible dc la existencia de alguna relación social,
dcl"iva, cualquiera sea la validez que tenga, de la posibilidad de iute­
nogal' de esta manera a la pGrsona o personas que pueden estar impli­
cadas en esa relación. Esta misma "posibilidad dc scr interrogado"
(Befmgbarkeit) es una característica cspecifica del objeto de la ohser­
vación social directa.
. Habiendo resuelto la cuestión referente a euál cs el criterio del
observador respecto de la ,existencia de una relación social, tenemos que
tratar de determinar ahora el criterio del participante.
Ya' hemos visto que una relación social existe mí si yo, nuin­
teniendo una orientación-otro hacia mi partícipe, que éste cstá,
por su parte, vivenciando una orientación-otro hacia ,Por lo tanto,
sólo puedo verificar quc mi partícipe cstú orientado hacia mí si yo
estoy antes orientado hacia él.
La orientación-otro de mi partícipe hacia mí es algo que puedo
llegar a cOllocerde varias lnaneras diferentes. Por cjemplo, él puede
actuar sobre mí, y yo pucdo lucgo cobrar concicncia de cse hecho. O
puedo ami ·vezdirigirme a él y encontrar que su atención ya está
dirigida hacia mÍ. En arribos casos, la relación social se constituyc a
través de mi Acto de atención. Por otra parte, puedo tratar de actuar
sobre l11i partícipc de tal manera que se requiera su propia atención
hacia mí para que se Ileve a cabo el proyecto o propósito que está
detrás del acto de accioiles sobrc el otro. Pero todo esto no es tanto
una c1escriL:>ción de cómo una persona sabe que está en una relación
social, como Ullll descripción de cómo se engendra una relación social.
Pura utilizar una huclla: expresión de \Viese, eil una dcscripción dc la
(lcciónde contacto y de la sitúacÍtÍn de contacto (des Kontakthandelns
!mil del' KontaTds#uation).
Existen uos maneras en que una persona que vive en el mundo
darse cuenta d0 que son retribtlidos sus Actos intenciona­
do' concl('ncia, dirigklos hacia otra persona. Pucdé víVÍ1' en estas
vivencias COl1sCÍ<:'ntcs mutuamente relacionadas o, saliendo por así decir­
186

lo, de la relación social, contemplarlas como objetos dé observación. en


ejemplo del primer caso sería el siguiente: asumo una orientación-otro
hacia mi partícipe, que está a su vez orientado hacia. mí; inmediata­
mente, y al mismo tiempo, capto' d hecho de qtIe él, por' su parte, está
consciente de mi.atención hacia él. En tales casos yo, tú, nosotros, vivi­
mos .en la relación social misma, y esto ,es. cierto' en virtud de la inten­
cionálidad de los Actos vivientes dirigidos hacia el partícipe. Yo,. tú,
nosotros, somos llevados de esta manera dc un momento al siguiente
en una modificación atencional particular del estado de hallarse mu­
tuamente orientado uno hacia otro. La relación social en que vivimos
se constituye, por lo tanto, por medio de la plodificación atencional
sufrida por mi orientación-otro, cuando yo capto en forma inmediata
y directa dentro de esta última la realidad vérdaderamente viviente del
partícipe como alguien que está a su vez orientado hacia mÍ. Llama­
remos «relación social vivie:nte" a tal relación social.
La relación social viviente puede ocun'Íl' de varias maneras distin­
tas. En su pureza y plenitud, como mostraremos más adelante en
detalle, está vinculada con el carácter corpoi'almente .dado del t{l en la
situación cara a cara. Como tal, es una relación viviente cara a cara
o una relación-nosotros pura. De ella derivan su validez todos los Actos
intencionales de orientación-otro que no pertenecen al dominio de la
realidad social directamente vivenciada, todas las maneras de inter­
pretar el significado subjetivo, y todas las posibilidades de atender a
los mundos de los meros contemporáneos y de los predecesores. Una
de nuestras principales tareas en este capítulo será esclarecer las rela­
ciones sociales que tenemos con los mundos de los meros contempo­
ráneos y de IospredecesOl'es sobl'e la base de la relación-nosotros
pura, y demostrar CÓmo las primeras se deducen de la segunda. Pero
yo, que estoy viviendo dentro del mundo social, puedo también dirigir
mi atención hacia él ubicándome fuera de él y transformándolo en un
objeto de observación o pensamiento. Lo que ocurre entonces es que
atiendo en el tiempo pluscuampeIfecto a los Actos intencionales que ya
he realizado mientras estaba orientado hacia-el-otro y hacia lo que he
captado en esos Actos, a saber, la orientación del otro hacia mí. Sobre
la base de esta atención, puedo proceder luego a juzgar la probabilidad
objetiva de la orientación' mutua. Cuando lo hago estoy en cierto sen­
tido realizando autoobservación. Si por ejemplo trato de actuar sobre
otro, sólo puedo saber si esa persona se ha orientado hacia mí después
de que mi acción está cumplida y terminada, y por lo tanto' es ya un
é~to o un fracaso. Por supuesto, el proyecto de mi actuar social estuvo
acompañado por protensiones que anticipaban tal reciprocidad. Sin em­
bargo, s6lo en el caso de que esas protensiones se hayan cumplido
puedo yo, como observador, hacer una «conjetura racional" respecto
de que existe realmente en ese caso una relación social. Mi actitud
es la misma, en este caSQ, que la de un observador externo. También,
desde mi punto de vista como observador, la presencia y disponibilidad

1
187

de una orientación-otro por parte de mi partícipe -en una palabra, de


una relación social.:....... eS una probabilidad puramente objetiva. Por 10
tanto, la relación se me aparece con grados diferentes de evidencia e
interpretabilidad. Por· supuesto, hay una diferencia muy significativa
enh'e la autoobservaci6n en tal situación y la observaci6n por parte
de una tercera persona exterior a la relacIón, En efecto, cuando obser­
vo retrospeetivamente mi proyecto, conozco con certeza el motivo-para
de mi acción. Por lo tanto, puedo aclarar para mi mismo, en una espe­
cie de reaetuulización imaginativa, el contexto de significado de la
motivación, aunque sólo tenga una coricienda vaga y confusa de éste.
y puedo verificar, observando el curso de mi acción, si mi proyecto
se ha cumplido. Además, me es posible rememorar el fin más amplio
con respecto al cual mi acción sobre la otra persona era sólo una meta
intermedia. Por último, puedo recordar las modificaciones atencionales
sufridas durante la acción por mis Actos intencionales cuando se diri­
gían hacia la otra persona. En el caso de estos complejos procesos de
autoobservación, se aplican los mismos principios interpretativos que
en el caso de la observación por parte de una tercera persona. La cons­
titución de una. interacci6n social es incomparablemente más fácil de
discernir que la de una simple relación de orientación. Y debe notarse
que existen muchos estadios diferentes entre estas últimas. En los
pán'afos precedentes hemos buscado el criterio por medio del cual una
persona que vive en el mundo social sabe que está en una relación
social. Tenemos aún que tratar el segundo estado de cosas que Weber
incluye en su concepto de relación social, a saber, el caso en que el
actor orienta su acción hacia la probabilidad subjetiva de la existencia
de la relación social. Ahora bien, no es de ninguna manera cierto que
toda conducta dentro de una relación social se oriente hacia la existen­
cia de esa relaci6n~ Por ese motivo debemos distinguir entre 1) aque­
llos Actos (Akte) que han sido intencionalmente dirigidos hacia el
partícipe y que tienen como presupuesto esencial una orientación-otro
por parte de éste, y 2) todos los otros Actos (Akte) realizados en la
orientación-otro dentro de una relaci6n social. Sólo haciendo esto sere­
mos capaces de verificar en qué sentido puede decirse que un actor
supone que su partícipe está ori_entado hacia él y orienta su propia
conducta hacia esa suposición.
Con respecto a este punto, es de gran importancia nuestra distin­
ción previa entre relación de orientaci6n e interacción. Tomemos como
ekmplo de la primera el caso de un amor acerca de cuya retribuci6n
el amante está seguro. Para que yo tenga una orientación de amor
hacia mi partícipe,no es de ningún modo necesario que sepa si ella
está orientada hacia mí y cómo lo está. Mi conocimiento de la actitud
de mi partícipe es puramente secundario. Sin duda deseo, en ciertas
circunstancias, que la otra persona me preste atención, sepa de mi
amor y me lo retribuya; pero puede haber otras circunstancias en las
cuales no deseo tal cOl/a. Como muestra el ejemplo, no es esencial para,
188

los Actos (A~te) de la relación de orientaCión que se basen en el


conociiniento de la existericia o no cxistencia de lUla actitud recíproca.
Con seguridad, mi propqsito puede scr ,. producir precisamentc csta
actitud recíproca en 1<1 qtra persona, y puedcintcresarnie el éxito o
frac[lso de esta. empresa .. Eil. tal caso, la pura relación de orientación
se transforma en intcraceión, lo cual nOs, da ,una situación por com­
plctoelifcrcnte. Existc entonces una interacción cuando una pcrsona
úctúa sobre otra con la <'xpectativ<l de que esta última responda, o al
menos se dé cuenta. No es necesario quc el partícipc actúe sobre el
actor en forma recíproca, ni siquiera que actúe él mismo. Todo lo. que
se requiere es que el partícipe se dé' cucnta del ,1Otor o interprete lo
que éste haec o dice como cvideücia de lo que ocurre en su mcnte.
Todas las vivencias del partícipe se modificarán, naturalmentc, a raíz de
la atenciém que presta al actor.
Por lo tanto, toda interacción se basa en una acción que consiste
en actuar sobrc otro dcntro dc una situación social. El objeto de la
acción consiste en llcvar al partícipe a que tongll, vivencias conscientes
de una dcterminada clasc. La cOlUlicícÍn necesaria de la acción cs que
el partícipe prcste atención al adoro Pero no todo acto de actual'­
sobre-el-otro se llcva a eabo dentro de una relaci6n de interucciém, ni
siquicra dentro dc alguna relación social; no todo ado dc actuar-s obre­
el-otro presuponc que el otro esté orientado hacia mí. Por el contra­
rio, hay casos en que actuar sobre otro prcsuponc precisamen~e la falta
de concicncia de cste t¡ltimo respecto dc mí, presupone que yo no soy
percibido y me mantengo cn el anonimato, entre bambalinas, por así
decirlo. Pero casos como éste son una forma. dcrivativa de la situación
plll'a de aetuar-sobrc-el-otro. En esta forma derivativa s610 trato de
realizar un acto qnc induce cicrtas vivencias conscientes en mi partí­
cipe, acto quc sin cmbargo podría muy bicn ser realizado por algún
otro y cndifcrcntl's circunstancias.
Pero cuando al actuar sobrc otro trato de que éste sepa que lo
estoy hacicndo,l:t tencmos la rclaciém de interacción. Su actihld aten-,
cional hacia mí ha cntrado ahora en el proyecto mismo dc mi aeto. Se
transformó en mi motivo-para, y llegó a constituir el "a causa de lo
cual" de mi acción sobre él, cn el scntido dc quc es mi meta final o
mi mcta' intermedia. Por ID tanto, cada. vez quc establezco un signi­
ficado estaré a la cxpectl~tiva de la illtcrpretaciém que Ic dé mi partí­
cipc. Esta expectativa mía entrará dentro del contcxto final m4s amplio
en el cual ocurre el establecimiento ele significado. La interacción
social es, IJar. consiglliente, /In contexto motivacional y, de hecho, un
contexto motivacional intersubjetiva. Es csencial paní 111 constitución
de la interacción que cada acto de actuar sobre el partícipe se em­
13 El (lile en tal situacj{jn yo sea vivencitll]o por mi copartfeillt' como física­
mente presente o ínerameutc eoml) un tipo ideal, dept'ntlc de si b interacción de
experiencia social es directa o imlirecta ["ob es sichum dne umwdtlicheoder mit­
wdtliche '\VirkensbeziellUng handdt"].
189

prenda para suscitar una cierta orientación-otro recíproca de su pll1'te.


Examinemos ahora la estructura ÍmÍt'a de <'stC' ('ontf'xto nlOtivaeionül.

32. El confe;¡."to motivacional de la interacción soCial

Puedo proyectar mi acción de modo que te represente como movido


hacia una cierta c1ase de conducta tan pronto como hayas captado 10
que ~stoy haciendo. Estoy representando entonces tu jnterpr(~tación
de mi acción como el motivo-porque de tu conducta. Supongamos,por
ejemplo, que te .formulo una pregunta. Mi motivo-para no es mera­
mente que tú comprendas la pregunta, sino obtcncruna respuesta de
ti. Tu respuesta es la razón por la cual (el "a causa de 10 cual") de mi
pregunta. Ya en mi proyecto ha representado la pregunta comohabien­
do sido formulada y a ti como habiéndola comprendido y estando
persuadido, . por esa comprensión, a responder. Lo que se representó
de antemano es lo que tú contestarD.s. Por supuesto, lo que contestarás
sigue siendo indeterminado dentro de este contexto particular de sig­
nificado (formular mm pregunta y esperar una respuesta). Toda fan­
tasía de esta clase y toda expectativa tal van acompailadas, sin duda,
por un· deseo; una tendencia de sentimiento que se dirige hacia la
consumación del proyecto ya esbozado. Pero es por completo seguro
que realizo un juicio en la f¡l11tnsía en el sentido de que mi pregunta
evocará una reacción definida de tu parte. Este juicio es separable del
deseo que en él se basa, y puede estudiarse en forma aislada. Por lo
tanto, ignoremos la actividad de sentimiento y preguntemos qué sig­
nifica decir que una aeción que yo realizo dentro de una relación social
(que es, por lo tanto, interaccional) inducirá a la persona hada la
cual está dirigida la acciém a comportarse de una cierta manera.
Sigamos con el ejemplo ~1e la pregunta y la respuesta. El interro­
gador fantasea en el tiempo futuro perf(~eto que la persona intÜl'1'ogada
le habrá respondido. Por 10 tanto, fantasea <lue su pregllnta so trans­
formará en un auténtico motivo-ponIlle para la n'spucsta de la otra
persona, y mantiene eso presente cuando formula la pregunta. Ahora
bien, esto parece contradecir nuestra afirmación· anterior '-1 cIt, que un
motivo-porque sólo puede sel' captado en el tiempo pluscuamp('rfecto
y dentro de un Acto de atendóll!luo. toma como dado tlll acto moti­
vado ya cumplido. Se podría wplicur que la persona que estú fanta­
seando representa, dentro de 'su proyecto el1 d tiempo flltUro lwrfecto,
que ya ba sido dada una respuesta (no especificada). El acto de n's­
pondcr aparece así como pasado para el inh:rrog¡~dor, y d motivo de
quien contesta aparece en el tiempo pluscuumperFecto. Sin embargo,
esto. no satisface las demandas del unálisis ('xacto. En efecto, dcómo
sabe el interrogador que su propia pregunta {'s el allténtÍC'o rnotivo-POwllIc
de quien responde? Este es UD presupuesto suyo, y el1 v(~nhtd pareN'
14 Cf. apartado 18, pág. 1.2.3.,
190

constituir un presupuesto de toda pregunta. El juicio de que la pre­


gunta motivará probablemente la respuesta es, en verdad, el motivo­
para del interrogador. Este "sabe" que probablemente ocurra así, tal.
como sabe las demás cosas por experiencia. Sabe que cuando él mismo
contestó una pregunta en el pasado, ésta constituía el auténtico motivo­
porque de su respuesta. El contestó porque le preguntaron. Y sabe
que 10 mismo es cierto en 10 que respecta a sus .amigos y allegados.
De todo el contexto de su experiencia pasada deriva entonces la má­
general de que la pregunta es un auténtico motivo-porque de la
respuesta. .
Por supuesto, el interrogador no' sabe realmente que su pregunta
entrará en forma efectiva en la conciencia de la otra persona cuando
éstil conteste, si 10 hace. Ni siquiera· está seguro de que haya entrado
una vez dada la respuesta. La respuesta completa sin duda el pro­
yecto del interrogador junto con las protensiones y anticipaciones vacías
de este último, pero es con todo incierto si la persona preguntada ha
enfocado la pregunta como el auténtico motivo-porque de su respuesta.
Sigue siendo incierto si las palabras proferidas que el interrogador
interpreta como una respuesta están "basadas" en la pregunta u ocurren
"independientemente" de ella, es decir, sin que esté vinculado con ella
ningún significado. En otras palabras, no se sabe si significa rcalmente
una respuesta. Más aún: cuando la persona preguntada replica, lo
hace de acuerdo con su interpretación de la pregunta y con el propó­
sito de comunicar algo al interrogador. Este proyecto de respuesta
ocurre con libre espontaneidad en un puro contexto-para. Pero el que
responde debe comprender primero la pregunta y, por 10 tanto, orien­
t.'use hacia el interrogador. Y su respuesta debe ser tal que el interro­
gador la acepte como una réplica' real a su pregunta. La orientación
de quien responde refleja por lo tanto la del interrogador. Pero el
que responde sólo puede ver que la pregunta fue su auténtico motivo­
porque si presta especial atención a su proyecto de réplica que ya es­
pasado, y a su interpretación de la pregunta,' que 10 precedi6. Esta
atención puede prestarla si lo hace,' no como actor, sino como una
persona que revisa su propia conducta y la interpreta de nuevo. Esto
resulta por completo claro si completamos el cuadro introduciendo los
elementos de sentimiento que hemos dejado de lado con anterioridad.
Observamos el)tonces que el interrogador desea una respuesta y que
la persona interrogada está dispuesta a responder. Pero esta última
no se da cuenta de su disposición; la realiza meramente contestando.
Sólo después percibe que su propia disposición a contt'stnr sirvió como
motivo-porque de la respuesta real. No puede ver esto más que obser­
vando el proyecto de la respuesta o la respuesta misma. Sólo entonces
puede detectar el deseo de su interrogador como el auténtico· motivo­
porque que puso en acción su propia disposición a contestar.
Sin embargo, en este punto hay que tener gran cuidado. El con­
cepto mismo de respuesta presupone que se ha formulado una pregun-

Al
191

tao Y presupone también que el interrogador interpretará la conducta


de su partícipe, subsiguiente a su pregunta, como la respuesta a ella.
La situación completada en la cual encontramos frente a frente la pre­
gunta y la respuesta sólo es, por lo tanto, una abreviación de un estado
de cosas extremadamente complcjo dentro del cual los procesos implí­
citos de establecimiento e interpretación de significado se entretejen
entre sí en fomla muy elaborada. Ya hemos elaborado ejemplos más
simples de tales procesos. Sin embargo, podemos estar absolutamente
en Claro accrca del sentido en que la pregunta es el motivo-porque de
la respuesta y la respuesta es el motivo-para de la pregunta. Lo esen­
cial 'es que la pcrsona que está' interactuando COn otra anticipe los
motivos-para de su propia acción como los genuinos motivos-porque
de la conducta esperada de su partícipe e, inversamente, esté prepa­
rada a considerar los motivos-para de su partícipe como los genuinos
motivos-porque de su propia conducta. Esta introvisi6n es de gran
importancia, pues indica los métodos que se utilizan tanto en la vida
cotidiana como en la sociología comprensiva para develar los motivos
de la otra persona, Cualquier acción sobre el partícipe dentro de una
relación social presupone, por lo tanto, que éste esté orientado hacia
el actor de una manera especial. Esta orientación es tal que los motivos­
para d.;ll actor se transforman en los motivos-porque del partícipe. Aho­
ra bien, no es 'necesario que el actor esté consciente de esta situación.
,Todo lo que se requiere es que en cualquier momento pueda traerla
al foco de su atención concentrándose sobre ella. Pero un Acto de
atención de esta naturaleza requiere que el actor se ponga afuera de la
relación social e interprete su propia acción denb'o de esa relación. En
todos estos casos puede descubrir dentro de su experiencia pasada
el contexto de motivación que constituye la reacción del partícipe. Esta
puede ser experiencia específica de este partícipe en particular, o puede
consistir en conocimiento de las reacciones típicas que uno espel'a cuan­
do actúa sobre otra persona de una, manera típica, Llevamos siempre
con nosotros el conocimiento de reglas de esta clase. Simplemente las
damos por sentadas y, puesto que no tenemos razón para cuestionarlas,
nunca nos preocupamos ni siquiera de preguntar dónde la.s hemos apren­
dido, El monto de experiencia que uno tiene de otra persona depende,
por supuesto, del dominio social al que ésta pertenece en relación con
nosotros: si es un congénere en experiencia directa, un mero contem­
ponineo nuestro, uno de nuestros predecesores o una de nuestros suce­
sores. El grado de precisión con que podemos estimar su reacción,
dependerá de cuál de estos dominios habite esa persona. El contexto
motivacional de hi interacción misma deriva su validez de la relación
social directa, de la cual todas las otras interacciones son meras modi­
ficaciones. En la intencionalidad viviente de la relación social directa
los dos partícipes están Cflra a mua, sus corrientcs de conciencia están
sincronizadas y engranádas una en otra, cada una de ellas actóa en
forma inmediata sobre la otra y el motivo-para de una se transforma
192

en el motivo-porque de la' otra, mientras los dos motivos se compk­


mentan y convalidan entre sí como objetos de atención reciproca.
Está abierto ahora el Carnino lu'1cia la comprensión' de la estructura
del mundo social. Comenzaremos por el dominio de la realidad social
directmnentevivenciada y de la pura relación-nosotros que la constituye.

[e] EL MUNDO DE LA REALIDAD SOCIAL


mHECTAMENTE VIVENCIADA

33. La situación cara a cara II la ,·elaCión--flosotros


Hablo de otra persona como ubicada dentro del alcance de mi expe­
riencia directa cuando ésta comparte conmigo una comunidad· de espa­
cio y una comunidad de tiempo. Comparte una comunidad de espacio
conmigo cuando está presente en persona y yo tengo conciencia de ella
.como tal, y, además, cuando la perciho ('Omo esta persona misma, este
individuo en particular, y percibo SUCllcrpo como el campo sobre el
cual se manifíestan los síntomas de su concicncia íntima. Comparte üna
comunidad de tiempo 15. conmigo cuando su experiencia fluye paralela­
, mente a la mía, cuando puedo en cualquier momento mirar hacia esa
persona y captar sus pensamientos 'a medida que se producen, es decir,
cuando estamos envejeciendo juntos. Cuando dos personas se encuen­
tran <;le esta manera una al alcance de la. experiencia directa de la
. otra, digo que están en la situación "cara a cara". La situación cara
a cara presupone una simultaneidad real que dos corrientcs de con­
ciencia separadas tienen una con otra. Ya hemos aclarado este punto
en el apartado 20 del capítuloIII, cuando tratamos la tcsis gcncral del
yo del otro. Agregamos ahora a ello la inmediatez espacial del otro, en
virtud de la cual su cucrpo está presente para mí como un campo de
expresión de sus vivencias.
Esta inmediatez cspacial y temporal es esencial pata la situaci(m
cara a cara. Todos los actos de oi"ientación-otro y dc actuar~sobre-el­
otro, y por lo tanto todas las orientaciones y relaciones que ocurren
dcntro de la situación cara a cara, derivan su propio sabor y estilo
específico de csta inmediatez.
Consideremos primcro la manera en que se constituye la situación
cara a cara desde el punto de vista de un participante en esa situa­
ción. Para cobrar conciencia de esa sihmción, el participante debe
volverse intencionalmente consciente de la persona frente a la cual está,
y asumir una orientación-otro cara a cara hacia el partícipe. Llama~
remos a esta actitud "orientación-tú", y procederemos ahora a describir
sus rasgos principales.
Ante todo, la orientación-tú es el modo puro en que estoy cons­
111 Cf; apartado 20, pig. 132.
193

('lento de otro ser humano .como· persona.lO Estoy ya orientado hacia el


desde el momento en que reconozco una entidad que vivencia direc­
tamente como un cOl1génerl (como un tú) atribuyéndole vida y con·
c.icncia. Sin embargo, debe .nos tener bien en claro que no se trata de
un juicio consciente, sIno (' _ una experiencia prepredicativa en la cual
cobl'O concicncia de un congénere humano como una persona. La orien­
tación-tú puede entonces definirse como la intencionalidad de los Actos
por medio de los cuales el yo capta la existencia de la otra persona
en el modo del sí-mismo original,l7 Toda experiencia externa de esta
clase, en el modo del sí-mismo original, presupone la presencia real
de la otra persona y mi. percepción de que está allí.
Ahora bien, deseamos aéentuar que el estar allí (Dasein) del otro
es precisamente aquello hacia lo cual se dirige la orientación-tú, na
necesariamente las características del otro. El concepto de la orienta.
ción-tú no implica conciencia de lo que está ocurriendo en la mente del
otro. En su fornla "pura" la orientación-tú consiste meramente en estar
dirigido en forma intencional hacia el pmo ser aquí de otro ser humano
vivo y con.sciente. Con seguridad la orientación-tú "pura" es un con­
cepto formal, un constructo intelectual o, según la terminología de
Husserl, un "límite ideal",ls En la vida real nunca. vivenciamos la
"existencia pura" de otros; en cambio, encontramos gente real con sus
. propias características y rasgos personales. La orientación-tú no es
entonces, tal como ocurre en la vida diaria, la ('pura" orientación-tú,
sino esta última cuando se ha realizado, y vuelto determinada en alguna
medida,
. Ahora bien, el hecho de que yo te contemple como un congénere
no significa que yo sea también un congénere para ti, a menos que
estés consciente de mí. Y por supuesto, es perfectamente posible que
tú 110 me estés prestando en absoluto ninguna atención. La orienta­
ción-tú puede ser, por 10 tanto, unilateral o recíproca. Es unilateral
si sólo uno de nosotros nota la presencia del otro. Es recíproca si
estamos mutuamente cónscientes uno del otro, es decir, si cada unO de
nosotros tiene la orientación-tú hacia el otro. De esta manera se cons­
tituye u partir de la orientación-tú la relación cara a· cara (o relación
social directamente vivenciada). Ya hemos formulado, en el apartado 31,
los criterios por los cuales se Jlama a una persona participe en tal
relación. Llamaremos "relación-nosotros pura" a la relaci6n cara a cara
cn la cual los partícipes están conscientes uno de otro y participan sim­
páticamente uno en la vida del otro, por más breve que sea esarela­
ción. Pero también la "relación-nosotros pura" es. s610 un concepto
16 [Literalmente, "la pura forma en que él se me aparece" (reine Ef8cheinungg.
form).l .
17 Esta originalidad no es, por supuesto, "primaria", puesto que la vida cons­
ciente de la otra persona me es en principio inacc.:esible en percepci6n directa. Es,
según In terminología de Husserl, una originalidad "secundllrit{' (Husserl, Logik,
.Pág. 206).
18 Ideen, pág. 138 [T.I., pág. 208].
194

límite. La relación social dircctam(\ntc vivenciáda de la vida real es·


la relación-nosotros pura concrdizlltla y realizada en mnyor o. menor
grado y llena de contenido.
Ilustremos esto con un cjeniplo. Supongamos que tú y yó estamos
mirando un pájaro en vuelo. El pl 'nsamiento "pájuro-en-vuelo" está
en cada una de nuestras mentes y l'S (,1 medio por el cual uno de nos­
otros interpreta sus propias obsernH'iones. Sin embargo, ninguno de
los. dos podría decir si las vivene.ias en esa ocasión fueron idénticas.
De hecho, ninguno de nosotros trataría siquiera de contestar a esa
pregunta, puesto que el significado suhjptivo propio de uno no puede
ponerse nunca junto al del otro y compamrsC' con él'!!'
Sin embargo, durante el vuelo del pájaro, tú y yo hemos "enveje­
cido juntos"; nuestras vivencias han sido simultáneas. Quizá mientras
yo seguía el vuelo del pájaro noté por el rabillo del ojo que tu cabeza
se movía en la misma dirección que la mía. Podría decir entonces que
los dos, que nosotros, mirábamos el vuelo del pájaro. Lo que hice en
este caso es coordinar temporalmente una serie de mis propias vivencias
con una serie de las tuyas. Pero al hacerlo así no voy .másallá de una
mera correspondencia general entre mi "pájaro-en-vuelo" percibido y
tus vivencias. No pretendo poseer ningún conocimiento del contenido
de tus vivencias o de la manera particular en que estaban estructuradas.
Me basta saber que tú eres un congénere humano que estaba mirando
la misma cosa que yo. y si. tú has coordinado de una manera similar
mis experiencias con las tuyas, ambos podemos decir entonces que nos­
otros hemos visto un pájaro en vuelo.
La relación-nosotros básica ya está dada para mí por el mero
hecho de que he nacido dentro del mundo de la realidad social direc­
tamente vivenciada. A partir de esta relación básica se deriva la vali­
dez original de todas mis vivencias directas de determinados congé­
neres, y también mi conocimiento de que existe un mundo más amplio
de mis contemporáneos que yo estoy ahora vivenciando directamente.
En este sentido, tiene razón Scheler cuando dice que la experiencia
del nosotros (die Erfahrung vom Wir) en el mundo de la realidad social
inmediata es la base de la experiencia del yo (die Erfahrung des leh)
del mundo en generaI.l!O Por supuesto, no tenemos aquí lugar para
tratar las difíciles cuestiones fenomenológicas referentes a cómo este
nosotros se constituye a partir del Sujeto transcendental o cómo el tú
psicofísico se remonta al yo psicofísico. 21 Sin embargo, para nuestras
finalidades podemos dejar de lado estas cuestiones y comenzar supo­
niendo la existencia mundana de las otras personas, para proceder
luego a describir cómo se constituyen nuestras vivencias de ellas a
partir de la relación-nosotros pura.
19 . Cf. más
arriba, apartádo 19, pág. 129.
20 Scheler,"Erkenntnis llnd Arbeit", Die Wissensform tlnd die Ge.~ellschaft
(Leipzig, 1926). JI, págs. 475 y sigs.
.21 Pum un tratamiento de estas cuestiones d. Husserl, Meditaciones cartesia~
nas, IV y V.
19.::J

Para explicar cómo nuestras vivencias del tú están enraizadas en


la relación-nosotros, tomemos como ejemplo una conVL'rsación. Supon­
gamos que tú me estás hablando y yo comprendo lo (lue dices. Como
hemos visto, hay dos sentidos de esta comprensión. Ante todo, ('apto
el "significado objetivo" de tus palabras, el .';ignltieado que habrían
tenido si hubieran' sido pronunciadas por ti o por cualc]uier otro. Pero,
en segundo lugar, está por supuesto el significado subjetivo, a saber, lo
que ocurre en tu mente a medida que hablas. Para captar su signifi­
cado subjetivo debo representarme tu corriente de conciencia como
fluyendo junto con la mía. Dentro de esta representación debo inter­
pretar y construir tus Actos intencionales a medida que eliges tus pala­
bras. En la medida en que tú y yo podamos vivenciar mutuamente
esta simultaneidad, envejeciendo juntos por un tiempo, en la medida
en que podamos vivir en ella, en esa medida, cada uno de nosotros
puede vivir en los contextos subjetivos de significado del otro. Sin
embargo, nuestra capacidad para aprehender los contextos subjetivos
de significado del otro no debe confundirse con la relación-nosotros
misma. En efecto, sólo capto tu significado subjetivo, en primer lugar,
partiendo de tus palabras como dadas y preguntando luego cómo lle­
gaste a utilizarlas. Pero esta cuestión mía no tendría sentido si yo no
supusiera ya la existencia de una relación-nosotros real o por lo menos
potencial entre tú y yo. En efecto, sólo dentro de la relación-nosotros
puedo vivenciarte concretamente en un momento particular de tu vida.
Para expresarlo con una fórmula, sólo puedo vivir ·en tus contextos
subjetivos de significado en la medida en que te vivencio directamente
dentro de una relación-nosotros realizada y llena de contenido.22
Esto es cierto respecto de todas las etapas de comprensión de
otra persona, en la cual está implicada la atención a su significado
subjetivo. En efecto, todas mis vivencias de la otra persona (sobre
todo la otra persona aprehendida directamente), sea que manifiesten
acuerdo o discrepancia, tienen su origen en la esfera de la relación­
nosotros. La atención a la relación-nosotros amplía a su vez el cono­
cimiento objetivo de las demás personas, que he obtenido de mis
propias vivencias de ellas. Acrecienta igualmente mi conocimiento
objetivo de la persona en particular implicada conmigo en esta deter­
minada relación-nosotros. Así, los contenidos de la corriente del nos­
otros, que es una e indivisa, están siempre ensanchándose y contrayén­
dose. En este sentido, el nosotros se parece a mi corriente de la
conciencia en el flujo de su duración. Pero esta similitud está com­
pensada por una diferencia. La relación-nosotros es tanto espacial como
temporal. Abarca también el cuerpo de la otra persona, además de
su conciencia. Y puesto que sólo capto lo que está sucediendo en su
mente mediante los movhnientos corporales que ésta realiza y yo per­
cibo, este Ac:;to de captación es para mí una vivencia que trasciende
mi propia corriente de conciencia. Sin embargo, debe acentuarse que
22 [Este párrafo es una paráfrasis del original.l
196

entre todas las vivencias autob'ascendentes la experiencia-nosotros sigue


siendo la más cercana a la corriente de concienGia misma.
Además, mientras estoy viviendo cn la relación-nosotros estoy real­
mente vivicndoen nuestra GorrÍente comím de conciencia, Y tal como
debo ponerme, en cierto sentido, fuera de mi propia corriente decon~
ciencia y "congelar" mis vivencias para poder reflexionar sobre ellas,
mismo requcrimiento vale para la relación-nosotros. Cuando tú y. yo
estamos implicados de manera inmediata .uno con otro, toda experien­
cia se halla coloreada por esa implicación. En la medida en que vamos
a pensar acerca de las vivencias q1).C tenemos juntos, debemos apar­
tarnos en cierto grado uno de ob'o. -Para poder traer la relaci6n-nos­
otros. al foco de nuestra atenci6n debemos dejar de enfocarnos uno
a otro. Pcro esto significa ponerse fuera de la relación cara a cara,
puesto que sólo en esta última vivimos en el nosotros. Y aquí podemos
aplicar, .(;1n un nivel más alto, todo lo que dijimos acerca del tiempo
fenoménico en nuestro análisis del yo solitario. La atención hacia las
. vivencias. de la relación-nosotros presupone igualmente que esas viven. .
cias han llegado a ·plena maduración y son cosa b'anscurrida. Y nuestra
captación retrospectiva de las vivencias-nosotros puede ubicarse en
cualquier lugar dentro del continuum que va desde el máiimo de. ela~
ridad hasta la completa confusión, y caracterizarse por todos los grados
de conciencia, tal como ocurre con la autoconciencia. En ¡X'1.l'ticulal',
cuanto más grande es mi conciencia de la relación-nosotros, tanto menor
es mi implicación en ella, y tanto menos estoy auténticamente vinculado
con mi partícipe. Cuanto más reflexiono, más se transforina mi partí­
cipe en un mero objet() de pensamiento.
Habiendo definido el concepto de la relación-nosotros, describimos
. ahora las características específicas que la distinguen de todas las otras
relaciones sociales.

34.. Análisis de la relaci6n cara a carq


En la sección precedente hemos descripto la forma especial que asume
la orientación-otro y la relación social en presencia directa de la otra
persona. Esta descripción definía, en efecto, los nuevos conceptos de
orientaci6n-tú y de relación-nosotros,scparándolos de los conceptos más
generales de orientación-otro y de relación social como tales. Estos
conceptos nos. dan la base para nuestro análisis de la orientación-otro
directamente vivenciada y de la situación cara a cara.
Si la relación~nosotros pura era meramente una modificación de
la relación social engeneral, podía identificarse igualmente con la
orientación social directa y con la interacción social. Pero estrictamén~
te hablando, la relación-nosotros pura se da con prioridad a cualquiera
de estas dos. La relación-nosotros pura es nleramente la forIna recí­
proca dc la relación-tú pura, es dccir, la conciericia pura de la pl'esencia
de otra persona. Debemos acentuar su presencia, no sus rasgos espe­
197

cíficos. La relación-nosotros pura implica nuesh'u conciencia mutua


de presencirl. y también el conocimiento de cada uno dc que el otro
está conscicnte de él . Pcro p,lra poder tener una relación social ·dcbe­
mas ir más allá, Lo que se requierc es que la orientación-otro dc cada
partícipe se coloree con un conocimiento específico de la manera espe-'
cÍaca en que éste es considcrado por el otro partícipe. Esto séllo. es
posible, a su vez, denh'o de la realidad social directamente vivonciada.
Sólo allí 30 encuentran directamente nuestras miradas; sólo allí puede
uno notar rea.1mente cómo el oh'o lo está mirando.
Pel'O uno no puede cobrar conciencia. de esta conexión básica
existente entre la relación-nosotros pur.a y la relación cara a cara mien­
tras es todavía un participante en la relación-nosotros. Es necesario
ponerse fuera de ella y exarnirutl'la. La persona que aún participa en
la relación-nosotros no la vivencia en su forma pura, a saber, como una
conciencia de que la otra persona cstá allí. En cambio, vive simple­
n1ente dentro de la relación-nosotros en la plenitud de su contenido
concreto. En otras palabras, la relación-nosotros pura es un concepto
meramente limitantc que uno utiliza en el intento de lograr una cap­
tación teórica de la situación cara a cara. Pero no existen vivencias
especificas concretas que le correspondan. En efecto, las vivencias con­
cretas que ocurren dentro de la relación-nosotros captan su objeto
nosotros- como algo único e irrepetible. Y lo bacen en un solo Acto
intencional indiviso.
Las relaciones-nosotros concretas mucsh'an muchas diferencia.'l entre
sí. El partícipe, por ejemplo, pucde ser vivenciado con diferentes gra­
dos de inmediatez, difercntes grados de intensidad o diferentes grados
de intimidad, o desde difcrentes puntos dc vista. Puede aparecer den­
tro del ccntro· de la atcnción o en su periferia. Estas distinciones se
aplicaniguaJmcntc a las relacioncs de orientación y a las interrelacio­
nes socialcs, detcrminando C11 cada una de cllas el carácter directo en
que los partícipes "se c011occn" uno a otro. Comparemos, por ejemplo,
el conocimiento que dos personas ticnen una de otra en. la conversación
con el que tienen cn la rdncitlll sexual. ¡Qué diferentes grados de
intimidad ocurrcn allí, qué diferentes niveles de conciencia están im­
plicadosl No sólo Jos ¡Jarticipes vivcncian el nosotros m{ls profunda­
mcntc en un caso que cn el otro, sino que cada 11110 sc vivencia a sí
mismo y vivcncia u. su partícipe mis profundamente. No es sólo el
ob¡eto, por 10 tanto, 10 que es Vivcllciado cn forma más o menos directa;
es la relación misma, el estar vuelto hacia el objeto, la relacionalidad.
Estos S011 s610 dos tipos "de relación. ¡Pero considcremos ahora
las diferentes. maneras en quc pueden realmente ocurrir! La conver­
sación, por ejemplo, puede ser animada o trivial, vehemente o casual,
seria· o frívola, superficial o muy pC'J'sonal
Es muy importante el hecho do que podamos viv0nciar a los otros
en una relación cuyo caráctcr directo pueda variar de tal manera ('n
grado. Constituye en verdad la clave paracomprcnder la transición
198

deJa experiencia directa de otros a la. indirecta, que es caracterÍstic:H


del mundo ile los meros contemporáneOs: Nos referiremos en seguida
a .esta transición,28 pero entretanto continuemos nuestro examen de la
vivencia social directa describiendo los diferentes tipos 'de relación
social cara a cara.
Ante todo, recordemos que en la situación cara a cara yo veo lite­
ralmente a mi partícipe frente a mÍ. Cuando miro su cara y sus gestos
y oigo el tono de su voz, me doy cuenta de mucho más que del hecho
de que está tratando deliberadamente de comunicarse conmigo. Mis
observaciones van paralelas con cada moment,:) de su corriente de con­
ciencia tal como ésta se trasluce. El resultado es que estoy incompara­
blemente mejor coordinado con él que conmigo mismo. Puedo en
verdad estar más consciente de .mi propio pasado (en la medida en que
este último pueda ser captado en forma retrospectiva) que del pasado
de mi partícipe. Sin embargo, nunca he estado cara a cara conmigo
mismo como estoy ahora con él; de aquí que nunca me haya captado
a mí mismo en el acto de vivir realmente una vivencia.
A este encuentro con la otra persona yo traigo todo un repositorio
de conocimiento previamente constituido. Esto incluye tanto el cono­
cimiento general de lo que la otra persona es como tal, como todo
conocimiento específico que pueda tener de la persona .en c1,léstión.
Abarca el conocimiento. de los esquemas interpretativos de 9tras per­
sonas, de sus hábitos, de su lenguaje. Incluye el conocimiento de los
motivos-para y los motivos-porque como tales que se dan por sentádos~
y de los de esta persona en particular. Y cuando estoy cara a cara
con alguien, mi conocimiento de él aumenta de un momento al otro.
Mis ideas acerca de él sufren continua revisión a medida que se des"
arrolla la vivencia concreta. En efecto, ninguna relación social directa
es un Acto intencional aislado.' Consiste más bien en una serie continua
de tales Actos. La relación. de orientación, por ejemplo, consiste en
una serie continua de Actos intencionales de orientación-otro, mientras
que la interacción social consiste en una serie continua de Actos de
establecimiento e interpretación de significado. Todos estos diferentes
encuentros con mis congéneres pueden ordenarse en múltiples contex­
tos de significado: son encuentros con un ser humano como tal, con
este particular ser humano y con este particular ser humano en este
particular momento del tiempo. Y estos contextos de significado míos
.serán "subjetivos" en la medida en que estoy atendiendo a tus viven.
cias conscientes reales mismas y no meramente a mis propias vivencias
de .ti. Además, cuando te observo, veo que estás orientado hacia mí l
que buscas el significado subjetivo de mis palabras, de mis acciones, y
lo que yo tengo en mi ,mente en lo que a ti respecta. Y 'yo, a mi vez,
tendré en cuenta el hecho de que tú estás orientado de esa manera
hacia mí, y esto influirá tanto sobl'e mis intenciones con respecto a ti~
como sobre, la manera en que actúo respecto de ti. Tú verás a tu vC't
23 Cí. apartado 36, más abajo, págs. 205 y sigs.
199

esto, yo veré que tú lo has visto,· etcétera. Este entrelazamiento de


miradas, este reflejamiento recíproco multifacetado, es uno de los ras­
gos característicos y únicos de la situación cara a cara. Podemos decir
que es una nota constitutiva de esta particular .relación social. Sin
embargo, debemos recordar que la relación-nosotros pura, que es la
forma misma de todo encuentro con otra persona, no se capta reflexi­
vamente dentro de la situación cara a cara. En lugar de ser observada
es vivenciada. Las múltiples imágenes especulares del yo dentro del yo
nQ son por lo tanto captadas una por una, sino vivenciadas como un
continuum dentro de una sola experiencia. Dentro de la unidad de esta
experiencia puedo estar simultáneamente consciente de lo que está suce­
diendo en mi mente y en la tuya, vivenciando las dos series de experien­
cias como una sola serie, que estamos vivenciando juntos.
Este hecho resulta de especial significación para la situación cara
a cara. Dentro de esta situación puedo ser testigo de tus proyectos y
también de su cumplimiento o frustración a medida que procedes a
actuar. Por supuesto, una vez que yo sé lo que planeas hacer; puedo
suspender momentáneamente la relación-nosotros para estimar en for­
ma objetiva tus perspectivas de éxito. Pero sólo dentro de la intimidad
de la relación-nosotros misma uno puede vivenciar realmente un cur­
so de acción desde su nacimiento como proyecto hasta su resultado
final.
Es además esencial para la relación cara a cara que tú y yo ten-·
gamos el mismo ambiente. 24 Ante todo, yo te adscribo un ambiente
correspondiente al mÍo.25 Aquí, en la situación cara a cara, pero sólo
aquÍ, resulta correcto este presupuesto, en la medida en que puedo
suponer con mayor o menor certeza, dentro del dominio social direc­
tamente vivenciado, que la meta que veo es idéntica (e idéntica en
todas sus variaciones de perspectiva) 20 a la que tú ves, y en tanto
puedo suponer esto aunque tú seas sólo mi contemporáneo o mi pre­
decesor. Por consiguiente, cuando estoy en una situación cara. a cara
contigo puedo señalar algo que se encuentra en nuestro ambiente común
pronunciando las palabras "esta mesa que está aquÍ", y por medio de
la identificación de las vivencias en el objeto ambiental puedo supo­
ner la adecuación de mi esquema interpretativo con tu esquema inter­
pretativo. Para la vida social práctica tiene la mayor importancia que
yo me considere justificado al igualar mi propia interpretación de mis
vivencias con tu interpretación ·de las tuyas en aquellas ocasiones en
que estamos vivenciando uno y el mismo objeto .
. Tenemos entonces el mismo ambiente indiviso y común, que pode­
mos llamar "nuestro ambiente". El mundo del nosotros no es privado
para cada uno de nosotros sino que es nuestro mundo, el mundo único,
24 Por "ambiente" quiero significar esa parte del mundo externo que puedo
aprehender directamente. Esto incluiría no sólo al ambiente físico sino también al
social con todos sus artefactos culhuales, lenguajes, etcétera.
25 Véase apartado 20, más arriba, págs. 133 y 134.
26 [Cf. Husserl, Ideas, § 41.]
200
común e intersubjetivo,. que está ahí frente a nosotros. Sólo a partir
de la situación cara a cara, sólo desde la vivencia común del mundo
en· el nosotros, pucde constituirsc el mundo intersubjetivo. Este es el
único puúto a partir del cual puede deducírselo. 27
Me es posible controlar consh~ntemente mis interpretaciones de lo
que está ocurriendo en la mente de las demás personas, debido al
hecho de que en la relacióIHlosotros comparto un ambiente común
COll ellas. En principio, sólo en la situación cara a cara puedo dirigirte
una pregunta. Pero no sólo puedo preguntarte acerca de los esquemas
interpretativos que estás aplicando' a nuestro ambiente común, sino
también cómo estás interpretando tus vivcncias, y puedo corregir, am­
pliar y enriquecer sobre la marcha mi propia comprensión de ti.. Este
volverse consciente de la corrección o incorrección de mi comprensión
de ti es el nivel más elevado de la experiencia-nosotros. En este nivel
no sólo enriquezco mi experiencia de ti sino también, en general, de
demás gellte. .
Si yo sé que tú y yo estamos en una relación cara a cara también
sé algo acerca de la manera en que cada uno de nosotros está sinto­
nizado respecto de sus vivencias conscientes, es decir, conozco las
"modificaciones atel1cionales'~ de cada uno de nosotros. Esto sigúifica
que la manera en que atendemos a nuestras vivencias conscientes se
modifica en rcalidad a raíz de l1uesh-u relación rccíproca. Esto vale
para ambos; En efecto, sólo existe una verdadera relación social si tú
retribuyes mi conciencia de ti de una u otra manera. Tal1pronto como
esto sucede, tan pronto como entramos en la situación cara a cara,
cada UllO dc nosotros comicnz.:'l a atender a sus propias vivencias de
una manera nueva. Esta particular modificación atencional en que
los dospartícipcs de una rclación social directmnente vivenciada están·
mutuamente conscicntes enh'c sÍ, tiene implicaciones especiales para
In interacción social quc ocmrc cn esa situación social. Cuando estoy
interactuando con alguien, doy 1701' sentado como una constante en esa
persona un con;ullto de auténticos motivos-pOI'que o motivos-para. Lo
hago sobrc la base de mi propia expericncia pasada de esa persona
en particular, así como de la gente en general. Mi propia conducta.
hacia esa persona se basa, en primera instancia, en esta constelación
motivos que doy por sentada, independientemente dc si son sus
motivos realcs o nO. Y aquí surgc la pc'Culiuridad de la intcracción
cara a cara. .No consiste 011 una estructura. específica del contexto
mismo de motivación recíproca, sino en una apertura específica de los
motivos dc la Ohll pcrsona. Aun en las interacciones cara a cara sólo
proyecto en la fantasía la conducta dc la otra persona a medida que
veo mi propia acción. Esta fantasía es memmente, por supuesto, la
conducta esperada de! otro, sin que cstén incluidos aún en eUa los:
detalles y sin que tcnga todavía ninguna confirmación, Tengo que
WI' aún lo que mi partícipe hafÚ en la realidad. Pero puesto que él y

2'/' [Cf. Husserl. Meditaciones cartesianas, § 55.]


201

yo sufrimos continuamente modificaciones de atención uno respecto


del otro en la relación-nosotros, puedo realmente vivt'nciar la ('Qnsti­
tUGiól1 de su contexto motivacional y participar en ella. Interpn·to las
vivencias presentes quc te atribuyo como el motivo-para de la conducta
que espero de ti o C01110 hlS consecuencias de tus vivencias pasadas, que
considero entonces como motivos-porque de éstas. "Oriento" mi acción
haeia estos contextos motívacionalcs tuyos, como tú "orientas" la tuya
respecto de los míos. Sin embargo, este "orientarse a uno mismo"
ocurre dentro del dominio social directamente vivenciado en el modo
particular del "conviven ciar". Cuando interactúo contigo dentro de
estc dominio, convivencia e6ulo reaccionas a mi conducta, cómo inter­
pretas mi significado, cómo mis motivos-para desencadenan los corres­
pondientes motivos-porque de tu conducta. Entre mi expectativa de
tu reacción y esa rcacción misma he "envejecido" y adquirido quizá
mayor conocimiento, tomando en cuenta las realídades de la situación
así como mis propias esperanzas de lo que tú harías. Pero en la situa­
ción cara a cara, tú y yo envejecemos juntos, y puedo agregar a mi
expectativa de lo que tll vas a hacer la visión real de ti tomando la
decisión y luego de tu aeci(¡n misma en todas sus fas el)' constituyentes.
Durante ese tiempo cstamos cada l1ll0 consciente de la cOrriente de
conciencia del otro como contemporánea de la propia. Compartimos
tIna relación-nosotros rica y concreta sin ninguna necesidad de refle­
:donar sobre ella. En un instante veo todo tu plan y su ejecución en
acción. Este episodio de mi biografía está 11eno de continuas 'Vivencias
de ti captadas dentro de la relación-nosotros. Entretanto, tú estás
vivenciándome de la misma manera y yo estoy consciente del hecho.

35. La observaci6n social directa


Hasta aquí hemos estado estudiando la relación social directamente
vivenciada para explicitar las características peculiares de. la sihlación
cara a etira en su forma más punto Sin embargo, nuestro análisis sería
incompleto a mCllOS que tratáramos el caso en que cstoyconsciente
de alguien aunque sé quc ese alguien no me percibe. Espcchllmcntc
importante en este caso es la ob,scrvaciÓ"n de la conducta del otro. El
análisis de tal obscrvación constituye en verdad la clave de la com­
prensión de la manera en que se cstablccen los datos de las ciencias
sociales. Ya hemos explicado (~n el capítulo III cómo se lleva real­
mente a cabo la interpretación de la conducta de otro. En este punto
nuestra tarea eonsistiní en esclarecer la clasc cspecial de orientación-tú
que el observador asumo bacia la persona a la cual está observando
directamente. Prestaremos especial atención a las man(~ras en que sus
esquemas intel'prctativos difieren de los utilizados en la relación {'ara
a cara.
En esbl última r{l]acióll la ol'Íentación-tú es t'ecíwoca entre los dos
partícipes. En cambio, en la observación social directa es unilateral,
202

Imaginemos que tenemos {m caso de esta última. Digamos que yo


estoy observando la conducta de' alguien y' que ese alguien no sabe
o no presta atención a ello. Ahora bien, el problema es el siguiente:
¿Cómo sé lo que ocurre en su men,te?- Pues bien, aunque esté mera­
mente observándolo, su cuerpo es aún un campo de expresión de su
vida interna. Mientras lo miro puedo considerar mis' propias l'lercep­
. ciones de su cuerpo como signos de sus vivencias conscientes. .Al
hacerlo así, tomaré en cuenta sus movimientos, palabras, etcétera, como
una prueba. Dirigiré mi atención hacia los contextos de significado
subjetivos de las indicaciones que percibo, más bien que hacia los
objetivos. Como observador directo puedo así captar en una sola mi­
rada no sólo las manifestaciones exteriores --o «productos"- sino tam­
bién los procesos en los cuales se constituyen 'las vivencias corl:scientes
que están detrás de ellas. Esto es posible porque las vivencias del otro
ocurren simultáneamente con mis propias interpretaciones subjetivas
de sus palabras y gestos.
La otra persona está tan presente en el sentido corporal' para el
observador como lo está para alguien que participe con ella en· una
relación social. Sus palabras pueden ser oídas y sus gestos vistos: hay
tantas indicaciones de su vida interna como en el caso de una relación
directa. Toda experiencia adicional que tenga el observador acerca de
la otra persona aumenta su conocimiento de esta última. Los ambientes
de ambos son congruentes y, por lo tanto, sus vivencias conscientes
probablemente se correspondan. Pero esta probabilidad no puede, en
principio, elevarse al nivel de la certeza. En este caso la situación
difiere de la que se presenta en una relación cara a cara. En esta
última puedo verificar a voluntad mi supuesto de que mis vivencias
corresponde:Q a las de la otra persona. Puedo hacerlo apelando direc­
tamente a un objeto del mundo externo que es común para ambos.
Peró e:Q. cualquier observación social directa realizada fuera de una
relación social, mi interpretación de la conducta de otro no puede con­
, trolarse por medio de su propia autointerpretación, a menos, por supues­
to, que cambie mi rol como observador por el de participante. Cuando
comienzo a formular preguntas a la persona observada, ya no soy un
mero observador.28 Con todo, debe acentuarse que la observación social
directa puede convertirse a voluntad en una relación cara a cara, hacien­
do posible con ello tal interrogación, mientras que eso no puede decir­
se de los meros contemporáneos o de los predecesores de uno. '
Puesto que la orie:ntación-tú del observador hacia su sujeto es uni­
lateral, el contexto subjetivo de significado en que aquél interpreta
las vivencias de la otra persona no tiene su correspondiente contra­
punto. Por lo tanto, está ausente el reflejamiento mutuo y multifa­
cetado característico de la .relación cara a cara, en la cual el contenido
de los dos partícipes sé identifica mutuamente. La conducta de la
28 ["Das Du ist für den Beobachter aIs Beobachter wesensmassig unbe­
fragbar."]
203

persona observada, en lugar de orientarse hacia la conducta del obser­


vador, es por completó indepéndiente de esta última. El participante
en la relación cara a cara" sabe con probabilidad o certeza que la con­
ducta de su partícipe está olientada hacia la suya propia, y hasta está
consc;iente de las modificacionéfdtf atención en que se basan las viven­
cias conscientes de su partícipe. Puei3e comparar estas modificaciones
de atención con las suyas, dirigidas dI partícipe. El observador care­
"ce de este acceso a las modificaciones atencionales de la oh'a persona;
por lo menos, 110 puede adquirir ninguna información acerca de estas
modificaciones observando su propia conciencia. Tampoco está en situa­
ción de húluit· sobre la conducta de la persona observada ni de ser
influido por ella. No puede proyectar su propio motivo-para de ma­
nera que se transforme en el motivo-porque de la persona observada.
El observador no puede juzgar, a partir de la mera conducta del oh'o, si
este último está logrando llevar a cabo sus planes o na. En los casos
extremos, como cuando ve un movimiento expresivo, puede incluso
dudar de si está obscrvando alguna cIase de acción. Quizá lo que esté
observando es conducta pura y desprovista de finalidad .
. El observador que' trata de interpretar los motivos de su sujeto
tendrá que contentarse con tres enfoques indh'ectos:
1) Puede buscar en su memoria acciones suyas similares y, si las
encuentra, extraer de allí un principio general concerniente a la relación
existente entre los motivos-para y los motivos-porque de éstas. Puede
supone),", luego que ese principio tiene validez para las acciones de la
otra persona así como para las propias, y proceder a interpretar las
acciones de aquélla "poniéndose él mismo en su lugar". Esta interpre­
tación de la conducta de otro por medio de los propios motivos' hipo­
téticosde uno puede ocurrir de inmediato, en el lugar, o a través de
una consideración posterior de lo que podría haber hecho que la per­
"sona actuara como lo hizo. 29
2) Si careciera de tal guía, p:uede recurrir a su propio conoci­
iniento de la conducta habitual de la persona observada y a partir de
ese conocimiento deducir los motivos-para y los motivos-porque de esta
"última. Si un visitante de Marte entrarl'\ en una sala de conferencias, un
tribunal de justicia o una iglesia, los tres lugares le parecerían exacta­
mente lo mismo en su apariencia exteriór. A partir de los ordenamientos
internos de cualquiera de los tres no podría comprender qué es Jo que
hace la persona que está al frente. Pero si se le dice que uno es un
profesor, otro un juez y el tercero un sacerdote, será entonces capaz
de interpretar sus acciones y de asignarles niotivos. .
Pero puede ser que el observador carezca de información sig­
29 Weber llamaría a la primera comprensi6n "observacional", y a la segunda
comprensión "motivacional'~. Pero desde un punto de vista estructuroI no hay dife­
rencia en que esta atribución a otro de los propios motivos hipotéticos de uno ocurra
en un segundo o a través de una cadena de inferencias. "Vemos de nuevo aquí la
falta de profundidad de la distinción de \Veber entre los dos tipos de comprensión.
204
nificativa acerca de la persona que está observando. Su último H'Curso
consistirá entonces. en !ratar de inferir el motivo-para a partir de!1 acto
preguntando si tal o cual motivo sería promovido por el acto de q lle
se· trata.l!O Mientras observa la acción en curso debe interpretarla
en función del efecto. que realmente tiene y suponer que ese ,efectó es
lo que se buscaba.
Es. obvio que esos tres tipos de c;:omprensión motivacional no son
igualmente confiables. Cuando más lejos se llalla la interpretadón de
la relación-nosotros concreta (y, por lo tanto, cuanto más
es), tanto menores son las posibilidades de. dar en el blanco. El segundo
tipo de comprensión tropezada, por ejemplo, coI} el siguiente riesgo: el
sacerdote que habla desde el púlpito podría no estar pronunciando un
sermón. El tercer, tipo debe enfrentar el azar del salto desde el acto
completado hastasú motivo-para, azar aun mayor, puesto que el
acto puede no haber resultado COmO se lo proponía el actor.
En el caso de tratar de descubrir los auténticos .motivos-porque
de otro, el contraste entre participación y mera observación disminuye
en forma considerable. En este caso el observador no se encuentra en
una situación mucho peor quc el que participa en la relación cara a
cara. Aun este último está forzado a reconstruir los motivos de su
partícipe ex post tacto. La única ventaja que tiene el participante
directo 'es que los d.:'l.tos de los que parte son más vívidos.
La observación directa de las relaciones sociales es, con seguridad,
m~l.s complicada que la observaci6n de la conducta individual. Sin
embargo, no difiere de ella en principio. En este caso el observador
debe rcmontarse también a su expcriencia de las relaciones sociales
en general, deosta particular relación social y de los particularcs par­
tícipes implicados en este caso. Los esquemas interpretativos del obser­
vado!' no pueden ser idénticos a los de ninguno de los partícipes en la
relación, por el simplc motivo dc que sus modificaciones de atención
difieren de las de ellos de una mancra fundamental. Adcmás, (~stá
cOllscientc de ambos, micntras quc cllos s6lo están conscientes UllO
del otro. Puede incluso ocurrir que el observador conozca a una de las
dos persona.s. mcjor que su partícipe y, por lo tanto, se halle más fami.
liarizado con los csquemas interpretativos de ésta. Así, el oyentc no
participante puedc epmprcnder que dos partícipes en una discusión
cstán hablando mcramentc de cosas pasadas, mientras ellos mismos
pueden 110 pcrcibir C~l absoluto este. hecho. Por otra parte, el obser­
vador sc encuentra e11 una situación de desventaja. si se ,lo compara
cOldos participantes: puesto qu~ 110 siempre está seguro de los motivos­
para un participante, difícilmcntc pucda identificarlos con los moti·
vos-porque del otro. .
Par supuesto, todo lo que hemos venido diciendo prestlpone que
el observador tiene alguna manera de lograr acccso n los .esquemas
30 Este es el método en flmci6u del cual la peilo!ogíll prefiere anal¡Z"f una
acción. Cf. Felix Kaufmaun, StrafrecJ¡ts~'chuld, pá~. 86.
205

íntcrpretativos de los participantes en la relación. Si este no es el caso,


debe recurrir a llenar los espacios en blanco a partir de sus propias
experiencias pasadas, de una manera amíloga al procedimiento des­
cripto previamente, por el cual se _negaba a conocer los motivos de
otra persona. ­

[D] EL MUNDO DE LOS CONTEMPORANEOS


COMO UNA ESTRUCTURA DE TIPOS IOEALES

36. La t"lZ11siolcJn de la e:q1el'ielloia sooial dimota a la itÍdirecta.

Las relaciones sociales continuas ­

Ya hemos notado que la relación-nosotros puede ocurrir con diversos

grados de concretcz. Vimos que en la relación expcrimentamos a nucs­


,_ tras congéneres en una forma más o menos directa, Íntima o intensa.

Sin embargo, en la sihmción cara a cara es esencial el carácter directo

de 'la experiencia, prescindiendo de si nuestra: aprehensión del Otro es

Qcptral y periférica, y del grado de adecuación COn que lo -captamos.

, Estoy aún en la "orientación-ellos" incluso respecto del hombre que


está junto a mí en el subterráneo. Cuando hablamos de orientación­
el10s "pura" o de relación-nosotros "pura", utiHzamos por lo común estas
denominaciones como conceptos delimitadores que se refieren al sim­
ple carácter dado del Otro, haciendo abstracción de cualquier especi­
ficación del grado de concretez in;tplicado. Pero podemos utilizar taril­
bién estos términos para designar los límites inferiores de Jaexperiencia
quc se puede obtener en ]a relación cara a cara, es dE'lcir, para deno­
minar la clase de conciencia más periférica y fugaz que tenemos de la
otra persoria. ­
Hacemos ]a transición de la experiencia social directa a la indirecta
siguiendo simplemente este espectro de vivacidad decreciente. Los
primeros pasos más allá del dominio de lo inmediato se caracterizan
por un decrecimiento en el número de percepciones que tengo de la
otra persona y Un estrechamiento de las perspectivas dentro de las
cuales le considero. En un momento intcl'C.:1.mbio sonrisas con mi amigo,
nos damos ]a mano y nos dccirnos adiós. En el instante siguiente él
se está yendo. Luego; desde lejos, oigo un lejano adiós, y un momento
más _tarde veo que su figura se desvanece con un gesto de 11. mano, y
luego desapatece. Es totalmente imposible fijar el instante exacto en
qUe mi amigo abandon6 el mundo de mi experiencia directa y entró
en el oscuro dominio de los que son meramente mis contemporáneos.
Vetlmos uri ejemplo más: imaginemos una conversación cara a cara,
seguida por un I1amado tCIefónico, luego por un intercambio de cartas
y, finalnlente, de mensajes transmitidos por un tercero. Aquí también
tenemos una progresión ,grridual desde el mundo de la realidad social
inn1édiat:;unente vivenciada, hasta el mundo de Jos contemporáneos.
En ambos ejemplos el n{¡mero total de las reacciones de la otra persona
206

que se háIlan expuestas a mi observación va disminuyendo progresiva­


mente hasta que alcanza <un punto mínimo. Resulta claro, entonces,
que el mundo de los contemporáneos es en sí mismo una función varia­
ble de la situación cara a cara. Hasta podemos hablar dedos polos
,. entre los cuales se extiende una serie continua de experiencias.
Sería tarea de un examen detalIado del mundo social estudiar estas
transformaciones de la experiencia socüil directa en función de sus
contenidos específicos de significado. Los estudios de hs "situaciones
de contacto", especialmente las que se hallan ubicadas en la zona inter­
media entre la experiencia social directa y la indirecta, y los estudios
de la conducta de los hombres unos hacia otros y unos con respecto a
otros -en una palabra, toda la "teoría de las relaciones" de Wiese-,
resultan ahora bien fundados y justificados. Pertenecen a la teoría
especial del mundo social. Fue el gran mérito de Wiese y reciente­
mente también de Sander,:n haber visto estos problemas y realizado
valiosas contribuciones a su solución.
Sin embargo, nuestro propósito en este libro no es formular una
teoría especial de esta clase acerca del mundo social. Tampoco es
nuestra intención ni siquiera exponer lt's principios básicos de tal teo­
ría. Pero resulta bien claro que antes de describir la situación de ser
un contemporáneo, debemos descubrir primero cómo se constituye ésta
a partir de la situación cara a cara.
En la vida diaria no parece haber problema práctico acerca de
.. dónde termina una situación y comienza la otra. Esto ocurre porque
interpretamos tanto nuestra conducta como la de los otros dentro de
contextos de significado que trascienden de lejos el inmediato aquí y
ahora. Por esta razón, la cuestión de si una reláción social en la que
participamos o que observamos es directa o indirecta parece ser de
carácter académico. Pero hay un motivo aun más profundo de nuestra
habitual indiferencia hente a esta cuestión. Incluso después de haber
retrocedido hacia el pasado la situación cara a cara, y cuando sólo
está presente en la memoria, retiene aún sus característieas esenciales,
modificadas únicamente por un hálito de pretericidad. Normalmente
no notamos que nuestro amigo que aC<'l.ba de partir, con el cual hemos
estado interactuando un momento antes, quizá con afecto o quizá con
aburrimiento, se nos aparece ahora en una perspectiva por completo
diferente. Lejos de parecer obvio, resulta en verdad absurdo que
alguien que nos es ccrcano se haya vuelto en cierto modo "diferente"
ahora que no está al alcance de nuestra vista, excepto en el sentido
trillado de que nuestras vivencias de él llevan la marca de la preted­
cidad. Sin embargo, debemos distinguir netamente entre tales recuer­
dos de situaciones cara a cara, por una parte, y el Acto intencional
dirigido hacia un mero contemporáneo, por ]a otra. Las evocaciones
que tenemos de otro llevan todos los signos de la vivencia directa.
Cuando tengo una evocación de ti, por ejemplo, te recuerdo como eras
31 En su obra aÍln poco apreciada, Allgemeine Gesellscltaftslehre (Jena,
207

tm la relación-nosotros concreta conmigo, como una persona ímiea ('11


uria situación concreta, como alguien que interactuó conll1igo en el
modo. del "reflejo especular mutuo" descripto más arriba. Te recuerdo
como una persona vividamente presente para mí con un máximo de
síntomas de vida interior, como alguien cuyas vivencias he presenciado
en el proceso real dé su formación, a quien yo, durante un tiempo, iba
conociendo cada vez. mejor, cuya vida consciente fluía en una sola
corriente junto con la mía y cuya conciencia estaba cambiando conti­
nuamente de contenido. Sin embargo, ahora que estás fuera de mi
experiencia directa, no eres más que mi contemporáneo, alguien que
meramente habita el mismo planeta que yo. Ya no estoy en contacto
con el tú viviente, sino con el tú de ayer. Tú, en verdad, no has cesado
de ser un yo viviente, pero tienes ahora un "nuevo yo"; y aunque soy
contemporáneo de él, mi contacto vital con él se ha interrumpido. Desde
'el último momento en que estuvimos juntos, has tenido nuevas viven­
cias y las has enfocado desde nuevos puntos de vista. Con cada cambio
de vivencia y enfoque te has transformado en una persona levemente
. distinta. Pero en cierto modo yo omito tener presente esto en la praxis
mi
de vida diaria. Llevo tu imagen conmigo, y sigue siendo la misma,
Pero entonces oigo decir, quizá, que tú has cambiado. Y luego comienzo
. a mirarte como a un contemporáneo; no cualquier contemporáneo, sin
'duCJa, sino alguien a quien yo conocí' en un tiempo Íntimamente.
. Ejemplos de esta situación son las situaciones sociales. dentro de
. las cuales, según Weber, 'ñay una probabilidad de ocurrencia repetida
de la conducta que corresponde a su significado subjetivo, conducta
que es una consecuencia comprensible del significado y, por lo tanto,
cosa previsible",32 Tendemos a representarnos el matrimonio o la amis­
tad como relaciones que ocurren sobre todo cara a cara, aunque espe­
cialmente Íntimas. Lo hacemos debido a nuestra tendencia a concebir
las acciones de los partícipes como integradas dentro de la unidad
más amplia de la relación y dirigidas teléticamente hacia esa unidad.
Sin embargo, en la vida real un matrimonio o una amistad se
constituyen de muchos eventos separados que ocurren durante un largo
período de tiempo. Algunos de esos eventos implican situaciones cara
a cal'a, mientras que en otro lo~ partícipes simplemente existen uno
junto a otro como contemporáneos. Es extremadamente erróneo llamar
"continuas" a relaciones sociales de esta cIase,33 puesto que la discon­
tinuidad y la repetibilidad están incluidas en su definición misma. ¿Qué
quieren decir entonces los amigos cuando hablan de su "amistad"? Es

32 Weber, Wirlschaft und Ges~llschaft, pág. 14, punto 4 [T.I., pág. 119J.
38 [Hay una infortunada ambigüedad lingüística en este punto. Una amistad,
por cierto, no es (felizmente.) una serie continua de contactos en el sentido de
Cantor, de que entre dos contactos cualesquiera siefupre hay otro. Es una serie
de contactos continuados o recurrentes. Pero aunque no sea una serie continuo,
puede hablarse de ella como de una r~lación continua, a menos que cada au revuir
sea una "ruptura" temporaria de la amistad.]
208

posible distinguir tres significados diferentes en los que pueden estar


pensando.
1. Cuando A habla de su amistad cOn B, puede pensar en una
serie de relaciones pásadas cara a cara que compartió con B. Deci~
mos "serie" porque A recuerda que durante el curso de su amistad COll
B pasó algún tiempo solo o con otra gente. .
2. Cuando A habla de su, amistad con B, puede querer decir que
por encima y más allá de tales situaciones cara a cara, su conducta está
orientada hacia la conducta esperada de B o h~lcia el hecho de que B
existe, de que es la cIase de hombre que es. En este caso, A está orien­
tado hacia B como un contemporúneo, y la relación existente entre
ellos es de la clase que existe entre contemporáneos. Esta relación
puede ser de orientación o de interacción socia1.34 Por ejemplo, A pue­
de realizar una cierta acción porque piensa que agradará a B tan pronto
como éste se enterco XI'lientms que en la· sittmcióll cara a cara vería
literalmente la reacción de B, en este caso está limitado sólo a imagi­
narla. Dentro de' la "amistad" talesaetos orientados a los contcmpo­
nlncos se insertan entre actos orientados a los consociados. La inter­
acción cara a cara implica l.).na participación mutua en la cual CIó'.da
uno de los actores puede testimoniar el nacimiento literal de las viven­
cias del otro. En cambio, la interacción entre contemporáneos implica
meramente la expectativa por parte de cada partícipe, dc que' el otro
responderá de una manera pertincnte. Pero esta expectativa es siempre
un disparo en la oscuridad comparada con el conocimientO que tmo
tiene de su consociado en la situación cara a cara. Las acciones entre
contemporáneos están sólo mutuamenté telacionadas, mientras. las accio­
nes entre consociados están enttelazadas.35 La relación de los. contem­
poráneos uno con otro ocurre en la imaginación, mientras que la par~
ticipaci6n mutua de entrelazamiento .que ocurre en la relación-nosotros
es una cuestión de expcriencia inmediata. .Entre estas dos situaciones
encontramos muchos grados intermedios. Por ejemplo, pensemos en la
ülmcdiatez gradualmente decreciente de los siguientes casos: a) llevar
a cabo una conversación imaginada con un amigo; b) conjeturar lo
que dÍl'Ía mi amigo si yo procediera de talo cual manera, e) hacer
algo "por él".
. 3. Cuando A habla de su amistad con B, puede referirse al heCho
de que, prescindicndo dc los obstáculos externos, siempre pueden re­
unirse y comenzar donde habían dejado. Esto es paralelo con lo que
ocurre en la esfera del juicio. Hemos mostrado en nuestro análisis del
contexto de "conocimientó" que este último se refiere a una suma de
juicios objetivados ya constituidos [u objetividadcs-juicio: Urteilsge­
genstiindlichkeiten]. El conocimiellto es entonces un repositorio del
cual se pueden tomar elt'l11cntos en cualquier momento mediante la
34 Habrá que describir con exactitud las diferentes formas de las relaciones
de orientación y de interacción social en el mundo de los contl.'mporáneos.
ar. ["Aufeinand(lrbezogen ... aufeinUlldel' eingcstent."]
209
reactivación de los juicios en cuestión. De la misma manera, cuando A
habla de su amistad con B, Se refierc a un almacenamiento de viven­
das pasadas de B. Pero supone, al mismo tiempo, que esas vivcilcias
pueden reactivarse en una relación-nosotros rcvivida y que, sobrc csa
basc, ambas partes pueden proceder conJo antcs. Lo que se revive
en cste caso, por supuesto, no son tanto las vivencias específicas que
ocurrieron previamente denb'o de la l'clación-nosob'os, como la vivencia
de la relación-nosotros misma.
En estas últimas pél-ginas hcmos descripto la zona intermediaentrc
In situación cara a cara y la situación que implica a meros contempo­
rúneos. Continuemos nuestra trayectoria. Cuando nos aproximamos
al mundo distante de los contcmporímeos, nuestra vivencia de los otros
se vuelve cada vcz más remotfl y anónima. Al enh'ar en el mundo de
contemporáneos propiamcnte dicho pasamos a tnwés de una región
b'as atta: 1) la región de nquenos a quienes encontré una vez cara a
cara y podría encontrar de nuevo (por t'jcmplo, mi amigo ausente);
luego 2) viene la región de aquellos que alguna vez encontró la
persona con la que estoy hablandonhora (por ejemplo, tu amigo n
quien tú me estás prometiendo presC::'ntarme); a continuación 3) la región
de aquellos que son todavía P!(1'OS eontemponíneos poro a quienes
conoceré pronto (tales C01110 el colega cuyos libros he leído y a quien
me dirijó ahora a visitar); después 4) los contemporáneos de cuya
existencia sé, 110 como individuos concretos, ~ino como puntos en 1:.,1
espacio social definidos por una cierta función (por ejemplo, el em­
pIcado de correos que despachará mi carta); luego 5) las entidades
colectivas cuya función y organización conozco aunque no sea capaz
de nombrar a ninguno de sus miembros, tal como el Parlamento del
Canadá; después G) .las entidades colectivas que son anónimas pOI' su
naturaleza misma y de las CHales no podría tener nunca, en principio,
c.xperiencia directa, tales como Cl "Estado" y la "nación"; a continua­
ción 7) las configuraciones ohjetivas de significado que hmi sido ins­
tituidas en el mundo de mis eontcmporúneos y que viven una especie
de vida propia anónima, tales como la elúusula de comercio intcrcstntal
y las reglas de la grmnátieafrancesn; y finalmente 8) los artefactos de
eualqúicr clase que testimonian el contexto subjetivo de significado
de alguna persona desconocida.. Cuanto más afuera vamos internándo­
nos en el mundo de los eontcmporáneos, más anónimos se vuelven sus
habitantes, comenzando por ]1.1 n~gión más ¡ntema, donde casi pueden
ser· vistos, y terminando por la regi6n donde, son por ddinici6n inacce­
sibles para siempre 1.1 la. vivencia.

37. El contempol'dlleo como tipo ideal. La naturaleza


de la t'ellldón-ello8
"I' mero cont
1.'·1 '
cmporaneo (<<
o cont cmporanco
. , ") es, en t onces, a ] '
gUlcn
<1<, quiNl yo sé que coexiste conmigo en el tiempo pero .:1 qU¡l'll no
,,¡"cndo en forma innwdiata. Por consiguiente, esta clas(~ de conoci­
210

miento es siempre indirecto e impersonal. No puedo llamar "tú" a ro·


contemporáneo en el rico sentido que este término· tiene dentro dt' la
relación-nosotros. Por supuesto, mi contemporáneo puede haber sidó
una vez lni consociado, o puede ulm llegar a serlo, pero esto no altera
de ninguna manera su status actual.
Examinemos ahora los modos en que se constituye el mundo dI'
los contemporáneos y las modificaciones que sufren en ese ·mundo los
conceptos "Orientación-otro" y "relación social". Estas modificacíon~'s
surgen ncccsariamentt1 del hecho de que el contemporánt'O sólo ('S
indirectamcnte accesihk y de que sus vivencias só10 pueden COl1ocerse
. en forma de tipos generales de vivencia.
Es fácil comprender que d~be ser si consideramos la diferencia
que existe entre los dos modos de experiencia social. Cuando yo te
encuentro cara a cara, te conozco como una persona en un momento
único de experiencia. Mientras esta relación-nosotros permanece inin­
terrumpida, cada uno de nosotros está abierto y accesible a los Actos
intencionales del otro. Por un breve momento envejecemos juntos, cada
uno de nosotros vivencia el flujo de conciencia del otro en una especie
de íntima posesión mutua.
La situaci6n es por completo diferente cuando yo te experimento
com.o mi contemporáneo. Aquí tú no me eres dado de ninguna manera
en forma prepredicativa. Ni siquiera aprehendo en forma directa tu
existencia (Dasein). Todo mi conocimiento de ti es mediato y des­
criptivo. En esta clase de conocimiento establezco tus "características"
por inferencia. De tal conocimiento resulta la relación-nosoh'os indirecta.
Para aclarar este concepto de "mediación", examinemos dos modos
distintos en que llegamos a conocer a un contemporáneo. Ya hemos
mencionado la primera: mi conocimiento deriva de un encuentro pre­
vio cara a cara con la persona en cuestión. Pero este conocimiento
se ha vuelto desde entonces mediato 36 o indirecto porque la persona se
ha desplazado fuera del ámbito de mi observación directa. En efecto,
yo hago inferencias acerca de lo que está ocurriendo en el espíritu de
esa persona, bajo el supuesto de que ésta sigue siendo en gran medida
la misma 37 desde que la vi por última vez, aunque, en otro sentido, sé
muy bien que debe haber cambiado por la absorci6n de nuevas viven­
cias o meramente en virtud del envejecimiento. Pero en lo que respecta
al modo en que ha cambiado, mi conocimiento es indirecto o no existe.
Una segunda manera en que llego a conocer a un contemporáneo
consiste en construir una representación de éste a partir de la expe­
riencia directa pasada de alguien con quien estoy hablando ahora (por
86 Estamos usando aqui el término "inmediatez" de modo que incluya lo que
Musse;l dez.¡omina "experiencia en una originalidad secundarla" (LogiA:, pág. 2(6);
d. mas arriba, apartado 33, pág. 193. . .
37 Sobre este punto, así como sobre el problema de la anonimidnd del tipo
ideal, véase la esquemática pero importante contribuci6n de Felix Kaufmann, "So­
zinle Kollektiva", ZeUschríft für NationaliJkonomle, I, págs. 294-308.
211

eje:tnplo, cuando mi amigo describe a: su hermano, a quien no conozco).


Este caso es una variante del primero. Tambíén aquí aprehendo al
contemporáneo mediante un concepto o tipo fijado, que deriva en
última instancia de la experiencia directa, pero que ahora se mantiene
invariable. Pero existen diferencias entre ambos casos. En primer lugar,
no tengo ningún cuadro vívido y concreto que sea mío y con el cual
pueda comenzar:. debo depender de lo que me dice mi amigo. En
segundo lugar, tengo que depender del supuesto de mi amigo, no del
mío, de que el contemporáneo que está describiendo no ha cambiado.
Estos son los modos de constitución de todo el conocimiento que
tenemos de nuesb'os contemporáneos, derivado de nuestra propia expe­
riencia pasada~ directa o indirecta, y de todo el conocimiento que hemos
adquirido de otros, sea por la lectura o mediante conversación. Resulta
claro, entonces, que las experiencias sociales indirectas derivan su vali­
dez original del modo directo de aprehensión, Pero los ejemplos citados
más arriba no agotan todos los modos por medio de los cuales puedo
llegar a conocer a Iñis contemporáneos. Hay todo un mundo de objetos
culturales, por. ejemplo, que va desde los artefactos hasta las institu­
ciones y las. maneras convencionales de hacer cosas. También estos
objetos contienen dentro de sí mismos referencias implícitas a mis con­
temporáneos.· Puedo "leer" en estos objetos culturales las vivencias de
otros que po conozco. Sin embargo, aun en este caso estoy haciendo
inferencias sobre la base de mi expericncia directa previa de los otros.
Digamos qué el objeto que tengo ante mí es un producto terminado.
Estuve quizá úna vez junto a un hombre que manufacturaba algo
parecido a ésto. Como lo observé mientras trabajaba, supe con exac­
titud lo que ocurría en su mente. Si no fuera por esta experiencia no
sabría qué hacer con el producto terminado de la misma clase, que
veo ahora. Podría incluso no reconocerlo en absoluto como un arte­
facto y tratarlo como cualquier otro objeto natural, como una piedra
o un árbol. En efecto, lo que hemos llamado la tesis general del otro
yo, es decir, el hecho de que el tú coexiste conmigo y envejece con­
migo, sólo puede descubrirse en la relación-nosotros. Por lo tanto, aun
en este caso sólo tengo una experiencia indirecta del otro yo, basada en
experiencias pasadas directas sea de un tú como talo de un tú en par­
ticular. Mis encuentros cara a cara con otros me han proporcionado
un profundo conocimiento prepredicativo dC?1 tú como un yo. Pero el
tú que es meramente mi contemporáneo nunca es experimentado en
forma personal como un yo, y nunca prepredicativamente. Por el con­
trario, toda experiencia (Erfahrung) de ccm.temporáneos es de natu­
raleza predicativa. Se forma por medio de juicios interpretativos que
incluyen todo mi conocimiento del mundo social, aunque con grados
variados de explicitación.
Ahora bien, ésta es una verdadera orientación-otro, por más indi­
recta que pueda ser. Y bajo esta orientación-otro indirecta encontra­
remos las formas usuales de la simple. orientación-otro, la conducta
212

social y la interacción social. LInmemos casos de "orientación-ellos" 38


a todos estos Actos intencionales dirigidos hacia los contemporáneos,
cn contraste con la "orientación-tú" de los Actos intencionales de la
cxperiencia social· directa.
El término "orientación-eIlos" sirve para llamar la atención hacia
la .manera peculiar cn que avrehendo las experiencias conscientes de
mis contempornneos. En efecto, las áprehendo como procesos anóni­
mos.:!o Consideremos el contrastc con la orientación-tú. Cuando estoy
orientado hacia el tú, aprehendo las vivencias de la otra persona dentro
de su ubicación en la corricnte de la concicncia del otro. Las aprehen­
do dentro de un contexto subjetivo de significado, como las vivencias
de Hna pcrsona enparticuJar. Todo esto está ausente en la
cxperiencia social indirecta de la orientación-elJos. En estc caso, no
cstoy cOllsciente del flujq progrcsivo de la conciencia del otro. No estoy
orientado hacia la existencia (Dasein) de un tÍl individual concreto.
Tampoco estoy orientado hada ninguna vivencia subjetiva que se cons­
tituya en ese momento en toda su unicidad en la mente del otro,. ni
hacia la configuración subjt'tiva dc significado en que esas vivencias
van tomando su lugar. J.,[{tS bien, el objeto de mi orientación-dIos es
mi propia experiencia (Erfah1'lmg) dc In realidad social en general,
de los seres llumanos y sus procesos (,OJlseÍ<'ntes como tales, haciendo
abiltnlCei6n de todo mareo .individllal en que puedan ocurrir. Por 10
tanto, mi conocimiento de mis contemporúncos es inferencial y (liscnr­
sivo. Se ellcuentra, por Su naturaleza esencial,11l en un contexto obje­
tivo de -significado y sólo en ese contexto. No contiene cn sí ninguna
referencia intrínseca a p<1rsonas ni a la matriz subjetiva denh'o de la
cual se eOl1stituyl'ron las vivencias en c~lestión. Sin embargo, debido
a esta misma abstracción del contexto subj('tivo dc significado, esas
vivencias exhiben la propiednd que hemosllalllado su carácter "una
y otra vez". So las trata como vivencias COnScil'llÍl's que son típicas de
"alguien", y, como tales, básicamente homogéneas y repetibles. La uni­
dad de un contemporánco no sc constituye Ol'iginalmentc en su propia
coniente deeoncicncia. (En verdad, la cuestión dc si el cOritemporá­
neo tiene alguna corricnte de conciencia es difícil y ]a trataremos más
adelante.) Más bien, la unidad dd eontcmporltnco se constituye en
mi propia corriente de concicnciú, integrada por una síntesis de mis
propias interpretaciones de sus vivencias. Esta s.íntcsis cs una síntesis
de reconocimiento en la ctial reúno monotétieamentc en un enfoque
rnis propias vivencias conscientes de alguien. En verdad, esas vive~l­
('ías mías pueden Jmher sido ele mús de una persona. Y es posible que

:¡l; IIhreínstellung en el original, Adoptnmos la tra~lucdón de Lnckmann


"They-orientatioll" (orientación-ellos) como· la nwjorexprcsión inglesa del "distan­
ciamiento" que Schiit¡¡; deseaba acentuar aqllÍ,l
:m Sobre este punto véas(' milS ahajo, apartado .'3H, p¡'ig. 222.
-JO Sin emhargo, puedo vivem.:iar silllllltiint'ttlllcnte a alguien COll}O UI1 mero
cOlltemporúnoo y dotarlo de un yo duradero· qlle tielw SlIS prüpios cOlltenidos suh­
jt·tivos de significado que esUtn llbit'ltos a mi inspecci{¡l). Vél1Í¡(l más abajo, pM:. 215.
213

correspondan a individuos definidos o a "gente" anónima. En esta. sÍn­


tesis de reconocimiento se constituye el tipo personal ideal. .
Tenemos que ver muy claramente qué es lo que está ocurriendo
aquí. Se ha abandonado el contexto subjetivo de, significado como
instrumento de interpretación, y se lo ha reemplazado por una serie de
contextos objetivos ,de significados ::uuy complejos y sistemáticamente
interrelacionados. El resultado es que el contemporáneo se anonimiza
en proporción directa al número y complejidad de esos contextos de
significado. Además, la síntesis de reconocimiento no aprehende a
la persona' única tal como existe dentro de su presente viviente. En
cambio, la representa como si fuera siempre la misma y homogénea,
dejando de lado todos los cambios y los perfiles netos inherentes a la
individualidad. Por lo tanto, cnalquiera sea la cantidad de gente que
se subsuma bajo el tipo ideal, éste no corresponde a ninguna persona
cn particular. Justamente ese hccho es lo que justifica que Weber lo
llame "ideal".
Demos unOs pocos ejemplos para adarar este punto. Cuando des"
pacho una carta por correo, supongo que ciertos contemporáneos míos,
a saber, los empleados de la oficina de correos, leerán la dirección y
expedirán la carta de manera correcta. 41 No pienso en esos empleados
de corr.eos como individuos. No los conozco personalmente ni espero
conocerlos 'alguna vez. También, como señalaba Max Weber, cuando
acepto dinero 10 hago sin ninguna duda de que los demás, que siguen
siendo por completo anónimos, lo aceptarán a su vez de mÍ. Para
utilizar otro ejemplo de Weber,42 si me comporto de manera de evitar
la llegada repentina de ciertos señores uniformados y con chapas de
identificación, en otras palabras, cn la medida en que me oricnto hacia
las leyes y hacia el aparato que las refuerza, también en este caso me
estoy relacionando socialmente con mis contemporáneos concebidos
bajo tipos idealés.
En ocasiones como éstas espero siempre que los otros sc comporten
de una manera definida, sc trate de empleados de correos, dc alguien
a quicn pago o de la policía. Mi relación social con ellos consiste en
el héchb de que interactúo con ellos, o quizá meramente de que al pla­
near mis acciones los tengo presentes. Pero ellos, por Su parte, nunca
aparecen como personas reales, sino tan sólo como entidades anónimas
definidas en forma exhaustiva por sus acdones. Unicamente en tanto
realizan estas funciones tienen alguna pertinencia para mi conducta
social. No entran nunca en mis cálculos el modo como se sieriten cuando
sellan mi caita, dan curso a mis cheques' ó examinan mi planilla de
réditos. Sólo supongo que hay "algunas personas" que ''hacen esas
cosas". El modo como se comportan al realizar su tarea se define
puramente, desde mi punto de vista, por medio de un contexto objetivo
41 El ejemplo estlí tomado dI' Felix Kaufmann, "Soziale KoJlektiva", pág. 2nO.
~2 Weber, "R;' Stammlcrs Oberwindung del' materialistischen Gcscrnchtsauf.
fassung", Gesammelte Aufsiitze zur \VíssellscTlllftslehre, pág. 825.
214

de significado. En otras palabras, cuando tengo la orientaci6ncellos,


mis partícipes son "tipos".
El uso de tipos ideales no se limita al mundo de los contemporá­
neos, sino que también se lo puede encontrar en nuestra aprehensión
del mundo de los predecesores. Además, puesto que los tipos ideales
son esquemas interpretativo~. del mundo social en general, se vuelven
palte de nuestro repositorio de conocimiento acerca de ese mundo. Como
resultado, estamos tomando siempre elementos de ellos en nuestros tra­
tos caI:a a cara con los demás. Esto significa que los tipos ideales sirven
como esquemas interpretativos aun para el mundo de la experiencia
social directa. Sin embargo, la relación-nosotros los va llevando consigo
a medida que se desarrolla y .los modifica. En ese proceso dejan de ser
meros tipos y "vuelven a la realidad" de nuevo. Demos un ejemplo.
A veces me encuentro cara a cara con varias personas a la vez. Así,
en cierto sentido, tenemos aquí una relación-ellos directa. Pero este
"ellos" puede fragmentarse siempre en un tú y tú y tú, con cada uno
de los cuales puedo entrar en una relación-nosotros. Supongamos, por
ejemplo, que estoy mirando a un grupo de hombres que juegan a las
cartas. Puedo prestar especial atención a cualquiera de ellos. Cuando
.10 hago estoy consciente de él como un tú. Ya no lo veo como "un hom­
bre que juega a las cartas", lo cual sería meramente una interpretación
de mis propias percepciones. Más bien, estoy ahora consciente de la
manera en que él juega. $igo con interés cada uno de sus movimien­
tos, conjeturando acerca de lo que ocurre en su mente en cada jugada
en particular. Y cuando observo a los otros partícipes, descubro que
talll;bién ellos están jugando a partir de sus contextos únicos de sig­
nificado.
Pero supongamos que suspendo por un momento mi participación
en esta vívida relaci6n-nosotros, y que desplazo mi modo de observa­
ción, transportando a los jugadores a mi mundo de contemporáneos.
Puedo entonces formular una afirmación como la siguiente: "Ellos están
jugando una partida de póker." Esta afirmación sólo se aplicará a cada
jugador individual en la medida en que el tipo de curso de acción "par­
tida de póker" corresponda a una serie de vivencias conscientes del espí­
ritu de éste y esté para él en un contexto subjetivo de significado. De
esta manera, la acción de cada jugador estará "orientada" hacia las re­
glas del p6ker. 43 Pero lo que tenemos aquí es realmente un postulado:
"Si A, B, Y e están jugando al p6ker, entonces su conducta se orienta
hacia un cierto modelo de acci6n M." Este postulado no se aplica mera­
mente, por supuesto, a A, B Y C. Define más bien el tipo ideal "jugador
de póker". Y el postulado s610 se aplicará a A, B y e, en la medida en
que éstos ejemplifiquen individualmente ese tipo ideal. Pero en tanto
yo miro a los jugadores como ejemplos de un tipo ideal, debo dejar de
lado su individualidad. Ninguna vivencia concreta de A es jamás idén­
4.'1 Aun el tramposo se orienta por las reglas; de otro modo, no podría real­
mente hacer trampa.
215

Oca Q, conmensurable con una de B. En efecto. al pertenecer esas viven­


cias a diferel¡.tes corrientes de conciencia, son únicas, irrepetibles y no
susceptibl(~s de yuxtaposición. Lo típico y sólo lo típico' es homogéneo,
y siempre es así. En la sínte~is tipificante del reconocimiento realizo un
aC'to de anonimización en el cual abstraigo la vivencia del marco de la
corriente de la conciencia y, por lo 'tanto, la hago impersonal.
Es tambiÉn posible el proceso opuesto. El contexto objetivo de
significado'que define las vivencias de un tipo ideal puede remontarse
a un sighificado subjetivo cuando 10 aplico a un individuo en una situa­
c¡(m concreta. Así, puedo decir: "jOh, él es uno' de éstosl" o "He visto
antes a este tipol" Esta es la explícación del hecho de que yo experi­
nwnte a mi contemporáneo como 'un individuo con una vida consciente
en curso, aunque conozca sus vivencias por inferencia más bien que
por confrontación directa. POl' 10 tanto, aunque 10 piense como un indi­
viduo, es con todo para mí un individuo exhaustivamente definido por
su tipo, un individuo "anónimo".

38. La con9fltuci6n del esquema interpretativo típico.'¡deal

En la sección precedente hemos descripto com() entendemos la con­


ducta de otros en función de tipos ideales. Vimos que el proceso consis­
tía esencialmente en hacer un corte en nuestra' experiencia de otra
persona y, por así decirlo, "congelarlo en un portaobjetos", 10 cual se
logra mediante una síntesis de reconocimiento. Sin embargo, hay algo
ambiguo en este concepto de un tipo ideal de conducta humana. 44
Denota al mismo tiempo tipos ideales que abarcan 1) contextos sub­
jetivos pre-dados de significado, 2) productos, 3) cursos de acción y
4) objetos reales e ideales, cuando cualquiera de estas cosas es resul­
tádo de la conducta humana. Se incluirían también las interpretacio­
nes de los productos de la conducta típico-ideal. Estas últimas son las
interpretaciones a que recurrimos cuando no sabemos nada de las viven­
cias individuales de quienes crearon esos productos. Cuando tropeza­
mos con algún ordenamiento de experiencia pasada bajo esquemas inter­
pretativos, con algún acto de abstracción, generalización, formalización
e itlealizadón, cualquiera sea el objetq implicado, encontraremos allí
ese proceso en el cual un momento de una vivencia sale de su ámbito
y luego, por medio de una síntesis dfl reconocimiento, se congela en
un "tipo ideal" sólido y firme. En la medida en que puede aplicarse el
témlino <'tipo ideal" a cualquier esquema interpretativo bajo el cual
se subsuman experiencias -C01110. en los primeros escritos de Max
\Veber-, no surge ningún problema particular para el especialista en
dendas sociales. Podríamos hablar, exactamente en el mismo sentído,
de series evolutivas en biología, etcétera. No nos corresponde decir
44. (ftlealtwus fremden men$chlicllen 'í'erll(llten.s: literalJñente, "tipo ideal de
la condu<.!t\t humana. de otra persona".)
216

qué grado de utilidad puede tener el concepto de tipos ideales en esoS


campos, puesto que nos interesa aquí un grupo de próblemascorres­
pondientes a las ciencias sociales. . . .
El concepto de "tipo ideal de conducta humana" puede tomarse
en dos sentidos. Puede significar, ante todo, el tipo ideal de otra per­
sona que se está expresando o se ha expresado de una cierta manera. O
puedc significar, en segundo lugar, el tipo ideal del proceso expresivo
mismo, o incluso de los resultados exteriores que interpretamos como
signos del proceso expresivo. Llamemos al primero el "tipo ideal per­
sona!" y al segundo el "tipo material" <;> "de curso de acción".45 Existc
por cierto una íntima relación entre los dos.. No puedo, por ejemplo,
definir el tipo ideal de un empleado de correos sin teher primero en
mi mente una definición de su trabajo. Esta última es un tipo de cursO
de acción, que constituye, por supuesto, un contexto objetivo de signi­
ficado. Una vez que estoy en claro respecto del tipo de curso de acción,
puedo construir el tipo personal ideal, que es "la persona que i'ealiza
este tmbajd'. Y al hacerlo así, imagino los contextos subjetivos corres­
pondientes de significado que estarían en su mente, los contextos sub­
jetivos que serian adecuados a los contextos objetivos ya definidos. El
tipo personal ideal es, por lo tanto, derivativo, y el tipo de curso de
acción puede considerarse en forma por completo independiente como
un contexto puramente objetivo de significado.
Observando el lenguaje podemos ver el tipo personal ideal en el
proceso mismo de construcción. :Me refiero a aquellos nombres que
son meramente verbos. convertidos en sustantivos. Así, todo participio
presente es la tipificación personal de un acto en progreso, y todo par­
ticipio pasado es el tipo ideal de un acto completado. El agente hace
que se produzca el acto. Por consiguiente, cuando trato de comprender
la conducta de otro en la manera típico-ideal, puedo utilizar un mé­
todo doble: es posible comenzar por el acto terminado, establecer luego
el tipo de acción que lo produjo y, por último, determinar el tipo de
persona que debe haber actuado de esta manera. O puedo invertir
el proceso y, conociendo el tipo personal ideal, deducir el correspon­
diente acto. Por lo tanto, nos enfrentamos con dos problemas diferen­
tes: uno de ellos se refiere a qué aspectos de un acto 46 terminado se
seleccionan como típicos y cómo deducimos el tipo personal a partir
del tipo de cursode acciÓn; el otro consiste en cómo deducimos accio­
nes específicas a· partir de un tipo pm"Sonal ideal dado. La primera
cuestión es de carácter general y versa sobre la génesis de lo típico.
Tiene que ver con la constitución de tipos ideales -sea de tipos de'
eursos de acción o personales:- a partir de actos concretos dados. La
segunda cuestión se refiere a la deducción de una acción a partir de

45 [Schi.ib.: llamaba también a éste, el "tipo de pauta de acción".]


46 Por razones de conveniencia I>ólo nos referimos aqd aados, pero nuestras
observaciones pueden aplicarse fJari passu a productos de todas clases y íl Sil ge­
neraci6n.
217

un tipo personal ideal)- y la trataremos en el capítulo "titulado "La liher­


tad del tipo personal idea!". "
Aclaremos primero el punto referente a que la comprensión de los
tipos personales ideales se basuen la de los tipos de cursos de acción.
En el proceso de comprender una determinada rcalización por
vía de un tipo ideal, el intérprete dehe partir de sus propias percep­
ciones delaeto manifiesto de alguien. Su meta consiste en descubrir
el motivo-pam o el motivo-porque (el que sea conveniente) por dctrás
de ese acto. Lo hace por medio de la interpretación del acto dentro de
un contexto objetivo de significado, en el sentido dc que se asigna el
mismo motivo a cualquier acto que produce en forma repetida el mismo
fin mediante los mismos medios. Se postula ese motivo como constante
para el acto, prescindiendo de quién realiza ese acto o cuáles son sus
vivencias en ese momento. Por lo tanto, para un tipo pcrsonal
. existe un sólo motivo típico en lo que respecta a un acto típico. Cuando
pensamos en el tipo personal ideal quedan excluidas de la considera­
ción cosas tales como las vivencias que el individuo tiene de su acto
dentro de su corriente de conciencia, junto con todas las modificacio­
nes de su atención y todas las influencias que provienen del fondo de
su conciencia y pueden modificar tales vivencias. La comprensión típi­
co-ideal deduce entonces en forma camcterística el motivo-para y el
motivo-porque de un acto manifiesto mediante la identificación de la
meta constantemente logmda de ese acto. Puesto que el acto es por
definición repetible y típico, también 10 es el motivo-para. El próximo
paso consiste en postular un agentc por detrás de la acción, una per­
sona que, con una modificación típica de la atención, tienda típica­
mente a este acto típico, en síntesis, un tipo personal ideal.
Los procesos conscientes de los tipos personales ideales son, por
lo tanto, COllstí'ucciolles lógicas. Se deducen del acto manifiesto y se los
representa como temporalmente anteriores a ese acto, es decir, en el
tiempo pluscuamperfecto."" El acto manifiesto se ve, entonccs, como
e1resultado regular y repetible de estos procesos conscientes inferidos.
Debe" notarse que los procesos conscientes mismos se conciben en una
forma simplificada y como cortados según un molde. Carecen de todas
las pretensiones y expectativas vacías que acompañan a las vivencias
conscientes reales. No es" cuestión ~resue1ta la de si la acción típica
llf'gnrá efectivamente a ser un acto" terminado. Tal logro le es inhe­
rente por definición. El actor típico-ideal nunca tiene la experiencia
dc elegir o de preferir una cosa a otra. Nunca vacila ni trata de tomar
partido respecto de si cumplirá una acción típica o atípica. Su motivo
cs siempre totalmente directo y definido: el motivo-para de la acción es
el acto completado en cuya definición se basa toda la tipificación. Este
acto completado es, al mismo tiempo, la meta fundamental del estado
mental típico del actor en" ese momento. En efecto, si el acto fuera
meramente un medio para lograr otro fin, entonces sería ncccsai'Ío
que el intérprete construyera para su actor ideal otro estado mental
218

típico, capaz de planear ese fin más amplio. Esto significaría que el
fin más amplio tendría que transformarse en el contexto objetivo de
sig'nificado de fundainental importancia desde el punto de vista del
~ntérprete. En otras palabras, el fin más amplio sería el único en fun­
ción del cual se definiría el acto. Finalmente, todo esto mantendrá
su validez para la construcción del auténtico motivo-porque. Este debe
postularse en alguna experiencia o pasaje de experiencia que sean típi­
cos y puedan haber dado· origen al motivo-para que ya hemos cons­
truido. .. .
La manera en que se construye un. tipo personal ideal es entonces
la siguiente: se postula la existencia de una persona cuyo motivo viviente
real pueda ser el contexto objetivo de significado ya elegido para defi­
nir una acción típica. Esta persona debe ser alguien en cuya con­
ciencia la acción en cUElstión pueda haberse construido paso a paso en
Actos politéticos, y cuyas propias vivencias provean el contexto subje­
~ivo de significado que corresponde al contexto objetivo, la acción que
corresponde al acto.
y ahora vemos la razón básica por la cual, tanto en las ciencias
sociales como en la comprensión cotidiana de la conducta de otro, pode­
mos ignorar la "acción total" en el sentido en que este último concepto
incluye las raíces esenciales de la acción en la conciencia de la persona.
La técnica de construcción de tipos personales ideales consiste en pos­
tular personas que puedan ser motivadas por el tipo material ideal ya
definido. El acto manifiesto o curso externo de acción que el obser­
vador ve como una unidad se retrotrae a un contexto subjetivo de sig­
nificado y se inserta en la conciencia del tipo personal ideal. Pero
la unidad de este contexto subjetivo deriva por entero del contexto
objetivo original de significado, del contexto de significado que es la
base misma del tipo personal ideal. Y debemos acentuar con insistencia
el hecho de que esta unidad de "la acción de la otra persona" es sólo
un corte transversal que el observador extrae de su contexto fáctico,
total. Lo que se define así en la abstracción como la unidad del acto
de la otra persona dependerá del punto de vista del observador, que
variará a su vez de acuerdo con sus intereses y problemas. Este punto
de vista determinará tanto el significado que da el observador a sus
propias percepciones del acto como el motivo típico que le asigna. Pero
para cada motivo típico, para cada corte transversal congelado de con­
ciencia, existe un tipo personal ideal correspondiente, que podría ser
subjetivamente motivado de la manera en cuestión. Por lo tanto, el
tipo personal ideal está determinado siempre en sí mismo por el punto
de vista del intérprete. Es una función de la pregunta misma que ese
tipo trata de contestar. Depende del contexto objetivo de significado
que ese tipo ideal meramente traduce a términos subjetivos y luego
personifica.
Es precisamente este punto el que la teoría de los tipos ideales
pasa por alto. Omite tomar en cuenta el hecho de que el tipo personal
219

ideal es pOI' definicron alguien que actúa de talo cual manera y tielll'
tales o cuales vivencias. r.,lás bil'l1, invierte la direcciém de la inferencia
y partiendo del tipo personal ideal como una "entidad libre" trata d('
"descubrir" lo que este último quiere signifkar al actuar de tal o cual
manera. Además, esa teoría es bastante ingenua como para suponer
que los límites del acto pueden ser demarcados objetivamente mientras
el actor está al mismo tiempo libre para dar al acto cualquier signi­
ficado que prefiera. Una interpretación de esta clase, sea que se la
realice en la vida cotidiana o en el campo de la sociología, tiene por
lo menos la ventaja de una neta división del trabajo. Mientras deja al
típo personal ideal la función de "adjudicar un significado" a su acción,
se reserva para sí misma el privilegio de decir cuál es ese significado. Se
. evitan las contradicciones asegurándose de que el tipo personal ideal
esté construido de tal manera que deba adjudicar subjetivamente a
sus actos el significado preciso que el intérprete está buscando. La
ilusión consiste en considerar al tipo personal ideal como una persona
real, mientras que en realidad sólo es la sombra de una persona. "Vive"
en una dimensi6n temporal nunca-nunca que nadie puede vivenciar
jamás. Vive a través del número mínimo justo de vivencias que per­
mite calificarlo de autor del acto dado. Sin duda, hay que represen­
tarlo como '1ibre"; de otro modo, difícilmente confiriera "su propio
significado" al curso de acción en cuestión. Sin embargo, su libertad
sólo es aparente, porque el acto original que el científico social o el
observador de sentido común toma como su datum incluye ya dentro
de sí, por clefínici6n, motivos-para y motivos-porque preconstruidos e
inequívocos. El tipo ideal del actor es, entonces, el de la persona que
por definición vivencia politéticamente el acto ya concebido monoté­
ticamente por el científico social. Y así, cualquier cosa que el científico
s(;lCial pennita que su tipo ideal infonne acerca de sus acciones, es
sólo una profecía posterior a los hechos.
La ilusión de la '1ibertad" del tipo personal ideal surge del hecho
de que preguntamos qué clase de actos futuros podemos esperar de
un tipo personal ideal dado. Sigue siendo cuestión de conjetura y
de "espere y vea", cómo se llevará a cabo la conducta adscripta a un
detenninado tipo ideal. Según . todas las apariencias, la acción espe­
rada, ya definida con respecto a sus motivos-para y sus motivos-porque,
puede ocurrir o no ocurrir. Supongamos que namo avaro a A, que es
una persona que conozco, identific~ndolo por ello con un tipo personal
ideal. Queda con todo abierta la cuestión respecto de si dará una
donación con fines benéficos. Sin embargo, estrictamente hablando, la
cuestión real no es en este caso si la acción del tipo ideal es libre y
no determinada. Más bien, consiste en si A es realmente un avaro.
Con seguridad, aun la detenninación de los motivos del tipo ideal debe
estar sujeta al test de la experiencia social indirecta, y en última ins­
tancia directa. E incluso en los encuentros sociales directos, según
hemos visto, los esquemas interpretativos utilizados en la comprensión
220

de la otra persona van cambiando constantemente con la experiencia.


Sin embargo, en la relación cara a cara está presente, en persona, un
ser humano real, libre y duradero, En efecto, como hemos visto, el
n1ero hecho de que podamos formular sólo afirmaciones probables
acerca de un contemporáneo concebido bajo el título de un tipo ideal,
no implica que el tipo ideal sea libre en sí mismo. Es importante
comprender que la persona así cOncebida sólo se comporta como un
tipo idcal en la medidacn que actúa de la manera estipulada. En oh'as
situaciones su conducta no tiene por qué scr, de ninguna manera, típica,
Cuando Moliere enreda a Harpagón en un affaire amoroso, no se
°
deduce que la conducta amorosa de este ·1,Íltimo;sea individual típica,
pueda predecirse con e.xactitud basándose en el hecho de que es un
. tacaño. Más bien, sus relaciones amorosas entrarán en otra categoría
(serán trascendentes-al-tipo). Aun así, una vez que se reconoc~ a
Harpagón como un avaro típico, le son aplicables de inmediato una
cantidad de esquemas interpretativos. Para decirlo de una manera más
general, el tipo personal puede ser, y a menudo es, construido sobre
. la base de otros tipos ideales ya conocidos por el intérprete. Si cam­
bia la situación que está sometida a interpretación, el intéprete puede
siempre remontarse a esos tipos ideales ya hechos que tiene como
antecedentes y sustituir por uno de ellos al tipo ideal del que partió.
Pero hace esto habitualmente sin tener plena conciencia. Y puesto que
utiliza el viejo nombre para el tipo ideal nuevo, tiende ingenuamente
a identificar a éste con el tipo viejo. Y parece de repente como si el
tipo ideal.hubiera asumido una especie de libertad y se hubiera trans­
formad() en una persona más bien que en· un concepto abstracto e
intemporal. Parece de pronto capaz de elegir entre alternativas, y se
próduce la ilusión de que uno casi no sepa qué esperar del tipo ideal.
No obstante, esta ilusión de la conducta típico-ideal que se ejecuta
libremente, no soporta el análisis lógico. Siempre que aparece, es signo
de que el intérprete no ha ejecutado en toda su extensión la altera­
ción dc estructura lógica que requiere su nuevo problema. Por supues­
to, la ilusión misma, al surgir de la confusión del intérprete acerca de
lo que está haciendo, puede inducirlo a cometer verdaderos en'ores
en la acción. El cuento de Pigmalión, cuyas estatuas cobraban vida, es
una parábola que ilustra el punto á que pueden llegar tales aventuras
interpretativas ingenuas.
Pero este problema no se limita, de ninguna manera, a la il1ter~
pretaeión del mundo de los contemporáneos. El observador directo, y
aun más, el participante en una relación social, trae a la situación todo
un arsenal de esquemas interpretativos para eomprcnder a los otros.
Entre ellos estarán los que· derivan de su experiencia social directa, de
la experiencia que tiene de sus contemporáneos y de sus predecesores.
Dispondrá tanto de tipos personales como de tipos de cursO de acción.
Escrutando, barajando y yuxtaponiendo constantemente esOs tipos idea­
les, puede enfrentar los múltiples cambios que ocurren en la otra
221

persona y captarla así en su realidad viviente. (Por supuesto, esta


clasc de comprensión personal sólo es Ik'1.bitualmente posible en la
relación-nosotros dirccta, y como resultado de la intencionalidad vivien­
te peculial' de esa Íntima situación.)
Hay aquí vástos problemas para la investigación sociológica, pero
escapan al ámbito de cste tratado. Esperamos considerarlos en el
futuro, en un estudio detallado de la 1Jel'solla sociológica.
Sin embargo, podemos demostrar brevemente la fOlma peculiar
en que los tipos ideales varían y se desplazan de acuerdo con el punto
de vista del observador, las preguntas que éste formula y el complejo
total de su experiencia. Si observo a un hombrc que ajusta una tuerca,
o incluso oigo decir que lo hace, mi primer esquema interpretativo 10
l;epresentará uniendo dos partes de un aparato con una nave. Si me
entero luego de que el hecho está ocurriendo en una fábrica de auto­
móviles, eso me permite ubicar la operación dentro del contexto total
de "fabricación de automóviles". Si sé además que el hombre es un
mecánico, puedo entonces suponer muchas cosas acerca de él,· por
ejemplo, qúe llega a trabajar todas las mañanas y vuelve a su casa
por las noches, que recibe su cheque todos los días de pago, etcétera.
Puedo iileluirlo luego en un contexto más amplio de significado, apli­
cándole.el tipo ideal "trabajador urhano" o, más específicamente "tra­
bajador de Berlín en el afio H)31". Y una vez que he establecido el
hecho de que el hombre es aIcrmí.n y berlinés, todos los esquemas inter­
pretativos correspondientes le son aplicables. Es cvidente que puedo
ampliar indefinidamente el númcro de esquemas que aplico,' según las
preguntas que elija para contestar y la clase de interés particular que
éstas encierren. Supongamos ahora que mi interés se centra en la posi­
ción política de este trabajador o en su religión. Es difícil que pueda
extraer tal información de los esqucmas interpretativos puramente fác­
ticos y cxternos que he establccido hasta abora. Desde este punto en
adelante; al carecer de datos adicionales, cualquier tipo ideal que esta­
blezca se hallará sobre terreno inseguro. Supongamos que yo digo:
"Los trabajadOres de esta clase votan típicamente por los socialdemó­
cratas." Mi juicio se basaría cn la' información estadística de que en
la {¡ltima elección la mayoría de los trabajadores berlineses. votaron
por el partido en cuestión. Sin embargo, 10 que no sé es si ese traba­
jador en particular pcrtcnece a la mayoría; todo lo que tengo es una
probabilidad. La probabilidad se acrecentaría si yo supiera. que el
trahajaclor es afiliado dc un sindicato o quc tienc un carnet partidario.
Ya hemos obscrvado quc toda intcrpretación basada en una eonstrue­
cibn típico-ideal es sólo probable. Es posible, por ejemplo, que el
hombre quc hacc girar la tuerca frente a mí no sea un trabajador sino
un ing(:>niero o un cstudiante quc ha tomado tUl trabajo de verano. En
pstc' caso, por supuesto, todas las deducciones que hice acerca de 41
utilizando el tipo ideal "b'abajadoI' bcrlinés" son falsas. Pero esto sólo
nnwstra que toda construcción típico-ideal está determinada por los
222
límites del conocimiento que el observador tiene en ese momento. l<~1
ejemplo que hemos dado muestra claramente como el contexto desig­
nificado, el esquema interpretativo y el tipo ideal están corrclaeiona­
dos. Son todos expresiones de un problema .común, el problema de /a
pertenencia. >

Ahora bien, los tipos ideales que se constmyen continuamente en


la vida cotidiana están sometidos a constante ajuste y revisión sobre la
base de la expedéncia del ohs('rvador, sea esta última directa o indi­
recta. En 10 que respecta a la experiencia social directa, el conoci­
miento de los 'contenidos de la conciencia de la otra persona adquirido
en 'la relación-nosotros modifica los esquemas interpretativos típico­
ideales, sean. estos últimos posicionllles o neutralizantes. Todo el cono­
cimiento que tenemos de nuestros congéneres se basa, en último análi­
sis, en experiencia personal. El conocimiento típico-ideal >de nuestros
contemporáneos, por otra parte no se refiere a la otra> persona en su
inmediatez concreta dada sino en lo que ésta es, en las características
que tiene en común con otros. Interpretar la conducta de un contem­
poráneo cOmo típica significa explicarla como la conducta de un "hom­
bre como ése que está ahí", de "uno de ellos", La odentación hacia
el mundo de los contemporáneos es necesariamente y. siempre "oden­
tación-ellos"',

39. Grados de anonimidad en el mundo de los contemporáneos.


Laconcretez, del tipo ideal
La orientación-ellos es la forma pura 47 de la comprensión del ·contem­
'poráneo de un modo predicativo, es decir, en función de sus caracte­
rísticas típicas. Por lo tanto, los actos de orientación-ellos están diri­
gidos intencionalmente hacia otra persona imaginada como existente
al mismo tiempo que unO mismo, pero concebida en función de un
tipo ideal. Y tal como en los casos de la orientación-tú y la relación­
nosotros, también en ]a orientación-ellos podemos hablar de diferentes
estadios de concretización y actualización.
Para distinguir uno de otro los diversos estados de concretización
de la relación-nosotros, establecimos como criterio los grados de cer­
canía a ]a vivencia directa. No podemos utilizar este criterio dentro
de la orieritación-ellos. La razón consiste en que esta última posee
por definición un elevado grado de remoticidad que la aleja de la
vivencia directa, y el yo del otro que es su objeto posee un grado
correlativamente mayor de anonimidad.
Precisamente este grado de anonimidad es lo que ofrecemos ahora
como criterio para distinguir entre los diferentes niveles de concreti­
zación y actualización que ocurren en la orientación-ellos. Cuanto más

47 [Die Leerform, literalmente, "la forma vacla".l


223
anónimo ~ el tipO personal ideal aplicado en la orientación-ellos, tanto
más grande es el uso que se hace de contextos objetivos de significado
en lugar de contextos subjetivos, y encontraremos que tanto más pre­
dados son los tipos personales ideales y los contextos objetivos de sig­
nificado de bajo nivel. .(Estos últimos han derivado, a su vez, de otros
. estadios de concretización de la orientación-ellos.) . .
Aclaremos ahora qué queremos exactamente significar al· referimos·
a la anonimidád del tipo ideal en el mundo de los contemporáneos. La
orientación-tú pura consiste en.Ia mera conciencia de la existencia de
la otra persona, dejando de lado todas las cuestion~ referentes a las
caracteristicas de. esa· persona. Por otra parte, la orientación-ellos pura
se basa en el presupuesto de tales· características en la forma de un
tipo. Puesto que esas características son genuinamente típicas, se las
puede presuponer en principio una y otra vez. Por supuesto, cuando
doy por sentada~ tales características típicas supongo que existen ahora
o existieron alguna vez. Sin embargo, esto no significa 'que esté pen­
sando en ellas como existent~ en una persona en particular y en un
determinado tiempo y lugar. El otro yo contemporáneo es por lo tanto
anónimo en el sentido de que su existencia ~ sólo la individuación
de un tipo, una individuación que se puede meramente suponer o
considei-ar posible. Ahora bien, puesto que la existencia misma de mi
contemporáneo no tiene nunca carácter de absoluta certeza, cualquier
tentativa de mi parte para llegar a él o infhlir sobre él puede no alcan­
zar su objetivo y, por supuesto, me doy cuenta de ~e hecho.
El concepto que hemos estado analizando es el de la anonimidad
del partícipe en el mundo de los contemporáneos. Es crucial para la
comprensión de la naturaleza de la relación social indirecta. Exami­
naremos ahora las importantes consecuencias de ~te concepto para
nuestro problema general. Pero antes debemos tratar acerca de ciertos
significados más que posee el término anonimidad.
La anonimidad puede significar la generalidad del esquema tipi­
ficante. Si el esquema deriva de las características de una persona en
particular decimos de él que es relativamente concreto y rico en conte­
nido especifico. Pero si deriva de laJl características de un tipo personal
previamente construido, decimos que es relativamente más anónimo.
Podemos afirmar entonces que la concretez del tipo ideal es inversa­
mente proporcional al nivel de generalidad de las vivencias pasadas a
partir de las cual~ se lo consh"uyó. El fundamento más profundo de
esto es el hecho de que, a medida que el intérprete d~ciende a tipos
ideales cada vez más bajos, debe dar cada vez más cosas por sentadas.
Difícilmente pueda examinar en detalle todos ~tos tipos ideal~ más
generales, sino que debe abarcarlos de una ojeada, contentándose con
un cuadro vago. Cuanto más dependa de tales tipos ya hechos para
construir su propio tipo ideal, tanto más vaga será su explicación de
este último. Esto resulta inmediatamente obvio cuando tratamos de ana­
lizar objetos cultural~ como el Estado, la economía y el arte, etcétera.
224
El grado de concretez de un tipo ideal varía también directamente
con la convertibilidad de su correspondiente relación-ellos en una rela­
ción-nosotros. En la mcdidá en que concibo los cstados conscientes
de mi tipo ideal como pertenecicntes a uná o más personas reales con
cuales podría tencr una relación-nosotros, mi tipo ideal es más
concreto y menos anónimo. Es el caso, por supuesto, de que los estados
conscientes de mi contcmporánco sean, en.prjÍl('ipio, mcros objctos de
pensamiento panr mí, no objetos de vivcncia. Sin embargo, la concrc­
tez de mi tipo ideal de él scrá mayor según la facilidad con que pueda
convertir la corrcspondicntc orientación indirecta en directa, con que
pueda pasar de una comprensión l1lCra¡)lcntc conceptual y predimtiva
a una captación inmediata de ]a persona misma. El tipo personal
es, por lo tanto, menos anónimo cuanto más cerca cstá del mundo de la
realidad social dircctamente vivcnciada. Los dos ejemplos siguientes
ilustrarán cste aspecto.
Pienso en N, mi amigo ausente, asumiendo hacia él la habitual
oricntación~enos. Sabiendo que él" enfrenta en este momento una (:leei­
sión difícil, construyo a partir dc mis vivencias directas pasadas acerca
de él el tipo personal idcal "mi amigo N", o un tipo de curso-de-acción
actt'la N frentc a dccisiones difíciles". Este tipo ideal tiene
esencialmente la oricntaci6n-elJos: "La gente como N actúa de tal o
cual manera cuando enfrenta ckcisio11es difíciles". Sin embargo, el tipo
ideal "mi' amigo N" es aún extrcmadamente concreto, y mi relaci6n
indirecta con él puede -dcjando de lado las dificultades técnicas­
transformarse cn cualquier momento en relación directa. La validez
misma del tipo ick,al, así como su verificubiHdad, se basa e11 que esto
sea posible.
Nuestro segundo ejemplo: mi amigo A m~ habla de X, una persona
quc él conoció i"ecicntcmcnte pero n la cual yo no conozco. "Mc hace
una dcscripciórl" de X, tomando elementos de su propia vivencia direc­
ta para constmir para mí un tipo ideal. Ahora bien, el cuadro que él
·eshoza estará determinado, por supuesto, por la manera en que ve
retrospectivamcnte su l'IlCm'ntro con X, y éstc, a su vez, dependerá
de sus il1t<.'n'scs y de las modificaciones de su atcnci6n. Pero ahora
tomaré el tipo ideal que A ,ha construido para mí y haré mi propio
tipo ideal a partir dc (·1, sobro la base c1emi propia cxpcriencia pasada.
Pero puesto (lUO lllis intcrt's('s y mis moc1ifjcaeiones do atención senín
radicalnwntc diferentes, también ]0 será mi tipo ideal. Además, mi
amigo A 1m formulado el juicio quc dio por resultado su tipo ideal con
plt'lla claridad, mi('ntras que yo doho formular necesariamente el mío,
sólo de una manera confusa;l>! I)oo(]o incluso euestionar el juicio de
41; Est.l OhSl'l'vnción la lJtlce Hllsserl en Sil Lágica formaly trascendental, pá­
giuas 51 y 52, donde cxmnillll el "comprend!;'r-de~1)1l6s" que caraoteriza nuestra ('ap­
ladón dt, los jllicios dtl otras personas: upar consiguiente, debemos distinguir entre
los jnicios 110 explidtos de otro ill(licados pOI' tma proposición Iingiiística explícihl­
lIl\'ntc tmlllulada, por 111m partl" y l111 (:orrespolldientc 'juicio o esclarecimiento explí­
citos de lo que se qllería siguifiea!', por otra ... " "Si se trata dd juicio de otra
225
A. Sabiendo que él es una persona emocional, puedo no aceptar su
caracterización de X, pensando "es la manera en que A ve siempre a
la gente~'. . .
Estos dos ejemplos deberían bastar para explicar cw\n complicados
son los problemas de la comprensión social indirecta. Ambos implican
tipificaciones relativamente concretas basadas en mi experiencia directa
de mis congéneres. La experiencia directa implicada es la mía propia
o la de un intermediario. Pero en ambos casos los contextos subjetivos
de significado que utilizo para comprender a N y a X mostrarán los
efectos de los contextos subjetivos de significado que estuvieron en la
mente de estos dos individúos reales. '
Llamemos tipo "caracterológico" a un tipo ideal de esta clase.
Debería distinguírselo del tipo "habitual", que define a un contempo­
. ráneo solamente en términos de su función. El conc.epto do un em­
pleado de correos, por ejemplo, es un tipo habitual. El empleado de
correos es por definición "el que remite la correspondenCia", o, en el
ejemplo que hemos utilizado, mi correspondencia. Un tipa habitual
es, por lo tanto, menos concreto que un tipo caracterológico. Se basa
en un tipo de curso-dc~acción que presupone o al cual se refieí'e. El
tipo caractcrológico, por otro lado, presupone una persona real a la
cual puedo enfrentar caru a cara, y se refiere a ella. Además, el tipo
habitual es más anónimo. De hecho, cuando pongo una carta en el
,buz6n, ni siquiera necesito tener presente el tipo personal "empleado
de correos", en el sentido do pensar cn un individuo que tiene en su
mente ciertos oontenidos subjetivos específicos de significado mientras
realiza su trabajo, tales como. pensar en recibir una cierta cantidad de
dinerapor el servicio que presta. La única cosa importante para. mí
en esta situaci6n. es el procesO' de remisión de la correspondencia y
me limito a otorgarle el título abstracto de "empleado de correos", Y ni
siquiera tengo que pensar en un empleado de correos como tal cuando
despacho una carta. Me basta sabel! que de alguna manera ésta llegará
a dcstino:HJ
. En el capítulo de los tipos habituales entran aquellos que se refie­
ren a las "conductas" o al "húbito".úO La fijación en forma conceptual
dc modos externos de conducta o secuencias de acción,»l derivados de
la obscrvación directa o indirecta, lleva a establecer un catálogo de tipos
materiales de curso-de-acción, al c.ual se agregan luego los correspon­
dientes' tipos personales. Pero estos tipos de curso-de-acci6n pueden
ser de grado de generalidad diferente:puedcn ser más o menos "estan­
darizados"', es decir, derivar de conductas que se producen con mayor o
persona, y yo no comparto su creencia, lo que tengo ante mí es una mera represen­
tación de esa creencia como 'la creencia de que la cosa es de tal O cual manera'."
49 Tal como puedo utilizar el teléfono sin saber cómo funciorla. Véase más
anihn, apartado 11, pAgo 111.
60 [Schütz pone t)stas palabras en inglés: be"have y habit.]
. ú1 Para una crítica del conductlsmo como método sociológico, véase Mises.
"Begreifen und Versteheu", Schmollers lahrbuch, LIV, págs. 1139 y mgs.
226

menor frecuencia estadística. La idealidad del tipo personal ideal


basado en tales tipos de frecuencia (en otras palabras, la irreductibi­
lidad de tales clases de conducta a las vivencias conscientes de oh'as
personas reales) es, sin embargo, independiente en principio del grado
de generalidad de la conducta misma.52 Por otra parte, la "estandari­
zación" de la conducta tipificada puede a su vez remontarse a un tipo
personal idcal previamente construido. Tomemos como ejemplo la
"conducta tradicional" de Weber, "'la gran masa de toda la acción coti­
diana a la cual la gente se ha acostumbrado en forma habitual",á3 que
ya se basa en cl tipo personal ideal previamente construido del hombre
que actúa de acuerdo con la costumbre; y, como ejemplo adicional,
tomemos toda conducta orientada a la validez de un orden. Esto
último signíficu, en términos de la constitución de tipos ideales de
contcmporál}(,os, (¡ue el orden válido funciona como un esquema inter­
pretativo para dlllS. Ese orden establece como conducta requerida
·p¡¡.utns definidas de acción y tipos personales ideales definidos, en la
medida en que la p{'rsona que acepta tales tipos estándar y se orienta
segílll ellos PUCdl' estar segura de que su conducta será interpretada
'adecuadanwnt(' por los contemporáneos orientados hacia el mismo
orden. Sin ,'mbargo, toda interpretación de esta clase por los contem­
poráneos

•. , debe tomar en cuenta un hecho fundamentahnente importante. Estos conceptos de


entidades colectivas que se encuentran tanto en el sentido común como en el pen­
samiento jurídiCO y en otI:as formas técnicas de pensamiento, tienen un significado
en la mente de las personas individuales, .. como algo que posee autoridad norma­
tiva. Esto es cierto no s610 en lo que respecta a jueces y funcionarios, sino también
a "individuos privados ordinarios"; tales ideas tienen una influencia podel'Osa, a me­
nudo decisiva, en el curso de acci6n de individuos. reales. 54

Sin embargo, esta observación hecha al pasar no es de ninguna manera


una explicación exhaustiva de la situación que implica un orden válido;
por ejemplo, el aparato coercitivo que acompaña a todo orden regu­
lativo es de la mayor importancia desde el punto de vista de la socio­
logía.55 Lo importante para nosotros aquí es que aun la conducta que
está orientada hacia la validez de un orden es, en el sentido que nos­
otros damos al término, conducta habitual. Nuestro concepto de lo

52 Analizaremos este problema con mayor detalle cuando estudiemos, en el ca­


pítulo V, la relaci6n entre adecuaci6n causal y adecuacl6n de significado. Cf. apar­
tado 46, pág. 261.
53 Wirtschaft und Gesellschaft, pág. 12 [T.I., pág. 116].
tI4 Ibfd., pág. 7 ([TJ., pág. 102]. Pero cf. la crítica que hace Kelsen de esta
posición en su obra Der lIoziologísche und luristische Staatsbegriff (Tubinga, 1922),
págs. 156 y sigs.
¡;¡¡ Sobre este punto véase el excelente estudio de Voegelin titulado "Die Ein­
heit des Rechtes und das soziale Siungebilde Staat", Intemationale Zeítschrift fiir
die Theorie des Rechts, IV (1930), págs. 58-89, especialmente págs. 71 y sigs.
227

habitual es, por lo tanto, más amplio que el que la palabra tiene en
,,1 uso ordinario.
Hay otros .tipos ideales que se caracterizan por un grado aun mayor
do anonimidad que el de los tipos ideales habituales. El primer gru­
po de éstos consiste en los. así llamados "colectivos sociales", todos los
cuales son constructos referentes al mundo de los contemporáneos.5o
Esta amplia clase contiene tipos ideales de grados de anonimidad
muy diferente. La junta directiva de una determinada sociedad o el
Senado de los Estados Unidos son tipos ideales relativamente concre­
tos, y el número de otros tipos ideales que éstos presuponen es muy
limitado. Pero con mucha frecuencia utilizamos frases en las cuales
aparecen como sujetos gramaticales tipos ideales como "el Estado", "la
prensa", 'la economía", "la nación", "'el pueblo", o por ejemplo "la clase
trabajadora" 51. Al hacerlo, tendemos naturalmente a personificar estas
abstracciones como si fueran personas reales conocidas en lá cxperien­
cia social indirecta. Pero estamos cayendo aquí en el antropomorfismo.
En realidad esos tipos ideales son absolutamente anónimos. Cualquier
atribución de conducta que hagamos a los tipos no permite ninguna
inferencia con respecto. a la' existencia de un contexto subjetivo de
significaclo correlativo en la mente de un actor contemporáneo. "Para
la interpretación subjetiva {lB de la acción en el trabajo sociológico"
dice Max Weber,
estas .colectividades deben ser tratadas considerándolas solamente como las resultan­
tes y modos de organización de los actos particulares de personas individuales,
puesto que sólo éstas pueden ser tratadas .como agentes en un curso de acción subje­
tivamente comprensible. .•• Para fines sociológicos... no existe algo semejante
a una personalidad colectiva que "actúa". Cuando se hace referencia en un contexto
sociológico a un "Estado", a una "nación.... a una "sociedad anónima", a una "fami­
lia" o a un "cuerpo de ejército", o a colectividades similares, 10 que se quiere sig­
nificar es, por el contrario, 11610 una cierta clase. de desarrollo de acciones reales
o pOsibles de las personas individuales. 50

De hecho, toda "acción" del Estado puede reducirse a las acciones de


sus funcionarios, a quienes podemos aprehender por medio de tipos
personales ideales y hacia los cuales podemos asumir una orientación­
ellos, considerándolos como contemporáneos. Desde el punto de vista
sociológico, el término "Estado" es meramente una abreviación que
1;;; El becho de que en la noción de lo colectivo social se presupongan concep­
tos de naturaleza metafísica, axiol6gica y epistemológica es algo que excede el alcan­
se de este estudio. Sobre este punto s610 puedo referir al lector a Felix Kaufmann,
"Soziale Kollektiva", en Zeitschrift lür NationaWkono-mie, que ya hemos citado
wpetidumente.
51 Para 1m análisis de tales conceptos recomendamos la crítica que hace Mises
dd concepto de clase (Die Gemeintvírlllchaft [Jena,1922J, págs. 316 y sigs.).
[Remitimos al lector inglés a Mises, Socialism (New Haven, 1951), págs. 328-51,
que es la h1lducci6n de esta obra, y a su Theory and Hístory (New Haven, 1957),
púgs. 112 y sigs. y 142 Y sigs.]
liS [Verstehenile Deutung.)
GI'Wirtscllalt 1tnd Gesellschaft, págs. A y sigs. [T.I., pág. 101J.
228
corresponde aUl1.a trama extre111adamente co:rnpleja de tipos persona
les ideales interdependientes. Cuando hablamos de una cokctividad
diciendo que "actúa", damos por sentado 'este complejo ordenamiento·
estructural. HO .Procedemos luego a atribuir los contextos objetivos de
significado, en función de los cuajes comprendemos los actos ~in6nimos
de los ftíncionarios, al tipo personal ideal del colectivo social. llacemos
esto de una' manera que .está en paralelo con nuesh'a interpretación
de las acciones individuales por medio de vivencias conscientes típicas
en la mente de actores típicos. Pero cuando procedemos de esta ma­
nera, olvidamos que mientras las vivencias conscientes de individuos
típicos son totalmente concebjbles, las vivencias conscientes de un colec­
tivo no lo son. Lo que falta, entonces, en el concepto de la "acción"
,de un colectivo, es precisamente este contexto subjetivo de significado
corno algo que sea igualmente concebible. El hecho de que. la ,gente
haya llegado a tomar tal metáfora de manera literal, sólo puede expli­
carse por m~tivos psicológicos, es decir, atribuyéndolo a que han actua­
do en este caso ciertos sistemas de valor. .
Es innecesario decir que nucstra reducción de las formulaciones
acerca de colectivos sociales a tipificaoiones personales ideales no exclu­
ye un análisis sociológic() de estos constructos. Por. el contrario, tal
análisis constituye una de las tareas más importantes de la sociología,
S610 una teoría sociológica de la formación de constructos puede confe­
rir su completamiento a nuestra teoría, previamente postulada, de las
formas del mundo social. Tal teoría tendrá como tarco. fundamental des­
cÍ'ibir la estratificación de las colectividades sociales en función de su
relativa unonimidad O concretez. En este caso será crucial determinar
si una colectividad social se basa esencialmente en una relación directa
o indirecta, o quizás en una relación de ambas clases, que existe entre
los individuos que la componen.. Será también necesario estudiar el
sentido exacto, si existe, en el cual puede adscribirse un contexto sub­
jetivo de significado a una colectividad social. Esto implicará deter­
minar si al hablar de contextos subjetivos de significado de Ulla colec­
tividad, no queremos significar realmente los de sus funcionarios. Este
es el problema de la responsabilidad de los funcionarios, cuestión de
gran importancia en el campo del Derecho constitucional y del Derecho
intemacionaVl1 Otra cuestión que merece investigarse es si el con­
cepto de colectividad social puede servir, y en qué medida, corno un
esquema de interpretación de las acciones de los contemporáneos,
puesto que es él mismo una función de ciertos cstándares· objetivos
comunes a un cierto grupo. Tales estándares pueden ser cuestión de
conducta babitual, de actitud tradicional, de creencia en la· validez
de algún orden o norma, y pueden 110 sólo darse por sentados sino ser
obedecidos. Este es, en verdad, uno de los sentidos legítimos en que
60 En vinculación con este problema véase la crítica que hace Kelsen de los
lmntos de vista de Weber en su obra Allgemeine Staat81ehre (Berlín, Hl25), p:lgi­
naS 19 y sigs. y (j6~79; Y para el concepto de funcionario véallse págs, 262-70.
61 Cf. Kelsen. 017. cit., págs. 48 y sigs., 65 y sigs. y 310 y sigs.
229
podemos hablar del significado' subjetivo de una colectividad social.
Aun así, hay tantas complejidades ~n esta manera de hablar, que corre­
mos' peligro de confundir un problema con otro y un tipo C011 otro. A
su vez, esto puede nevamos de nuevo a la ilusión de que hemos descu­
hit>rtouna conducta trascendente ai tipo y a revivir la desacreditada
noción de un tipo "libre".fl2
Lo que hemos dicho acerca de las colectividades sociales mantiene
también su validez para los lenguaj,,-s. También en este caso puede
establecerse una correlación entre el producto y lo que 10 produce.
Podemos hipostasiar un "hablante alemán" ideal y anónimo, cori-espon­
diente a la lengua alemana. Pero en este caso, como en el que acaba­
mas de examinar, tenemos que tener cuidado de no tratar a este
hablante típico como un individuo real con sus propios contextos sub·
jetivos' de significado. Es por completo ilegítimo, por ejemplo, hablar
dé un "espíritu objetivo dc lcnguaje', ü:l por lo menos en las ciencias
sociales.a-! No debemos ocuparnos aquí de si tales conceptos son per­
misibles en otras disciplinas. - ,
Estas observaciones se aplican también a todos los objetos cultu­
rales. A la objetividad ideal de un constructo de cultura no corres­
ponde ningún contexto de significado en la mente de un individuo real
con quien podamos enfrentarnos cara a cara. Más bien, en corres­
pondcncia con _el contexto objetivo de significado del objeto cultural
encontramos siempre un tipo pel'sonal ideal abstracto y anónimo de
su productor, ha9ia el cual asumimos, en forma característica, una
orientación-ellos.
Por último, esto se aplica también, a todos los artefactos, tales como
herramientas y utensilios. Pero para comprender una herramienta, no
sólo necesitamos el tipo ideal de su productor sino el tipo ideal de
quien la usa, y ambos seníl1 absolutamente anónimos. Quien usa la
herramienta producirá resultados típicos. Una herramienta es una cosa­
para; sirve a un propósito, y se la produjo para que cumpliera ese
propósito. Por 10 tanto, las herramicntas son el resultado de actos
humanos pasados y constituyen medios para la realización futura de
fines. Podemos concehir entonces el "significado" de la herramienta
en función de la relación medio-fin. Pcro a partir de este contexto
objetivo de significado, es decir de In relación medio-fin en función
de la cual se entiendc la herramicnta, uno puede deducir el tipo ideal de
quien la usa o produce sin pensar en ellos como personas inclividuales
reales. En mi opinión es erróneo hablar, como hace Sander, del signi­

62 En su ensayo sobre el tarta,nlldeo, Max \Veber demostró que en el concepto


"Estados Unidos de Nortenmérieá' hay u,na séxtuple superposición y confusión de
tipos (Gesan¡.melte Aufsiitze zur Wissenschaftslehre, págs. 348 y sigs.).
G:~ Cf. VóssJel', Geist uncZ Kultur in der SI1Tache (Heidelher.~, 1925), págs. 153
y Slgs. [T.J., Osenr Oeser, The S¡Jirit of Langlll1ge in Civilizution (Londres, Hl32),
138.]
(;4 Felix KalÚmann, Straftechtsschlllcl, pág. 39.
230

fieado de 'una herramienta en el mismo sentido en que uno habla del


significado de una acción. u5
El artefacto· es el mienlbro final de la serie de anonimizaciones
progresivas que marcan la construcción tipificante del mundo social.
Hemos partido de la captación inmediata de otra persona que tenemos
en la relación-tú, experiencia sobre la ,cual se basa, en última instancia,
todo tipo ideal. Luego hemos estudiado los tipos ideales caracteroló­
gicos y habituales, la colectividad social y, por último, la helyamienta.
Aunque estos ejemplos no agotan todos los miembros de la serie, sí
ilustran su progresiva anonimización y la correspondiente pérdida gra­
dual de concretez.

40. ' Relaciones sociales entre contemporáneos


. y obsel'vacwn social indirecta
Tal como las relaciones sociales en la situación cara a cara se basan
en la relaci6n-tú pura, así también las relaciones sociales entre con­
temporáneos se basan sobrc la ori('ntación-ellos pura. Pero la situación
ha cambiado ahora. En la situación cara a cara, los partícipes se mira­
ban uno a otro y cada uno era sensible a las respuestas del otro. Este
ho es él caso en las relaciones entre los contemporáneos. Aquí cada
partíCipe tiene que contentarse con la· probabilidad de que el otro,
hacia el cual él está orientado por medio de un tipo anónimo, responda
can la misma clase de orientación. Y así entra un elemento de duda
dentro de toda relación de este tipo.
Cuando subo a un trcn, por ejemplo, me oriento hacia el hecho
de que puedo confiar en que el maquinista a cmgo de éste me lleve
a mi lugar de destino. Mi rdaci6n con él cs una relación-ellos, mera­
mente porque mi tipo ideal ""maquinista de ferrocarril" significa por
definición "uno que lleva a su dcstino a pasajeros como yo". Es por lo
tanto característico de mis relaciones sociales con mis contc'mporáneos
que. la orientación por medio de tipos ideales sea mutua. En corres­
pondencia can mi tipo ideal "maquinista" está el tipo ideal del maqui­
nista: el "pasajero". Asumiendo orientaciones-ellos mutuas, cada uno de
nosob'os piensa en el 'otro como "uno de ellos".66
65 "Gegenstand der reinen GeselIschaftslehre", Archiv für Soz'ialtvissenschaften,
LIV, pág. 370: "Por 'artefactos entiendo todas las cosas físicas que deben su origen
a actos humanos, o dicho de otro modo, que son dignos de un 'significado' que ellas
designan."
66 En situaciones como ésta, la transición gradual del mundo de la experiencia
social directa al mundo de los contemporáneos es muy visible. Como asistente a una
función de teatro, sólo soy importante para el actor como miembro del público. El
autor que publica un libro sólo piensa en su lector como lector típico, y elige sus
esquemas expresivos de acuerdo con lo que él imagina que son las ideas preconcebi­
das y hábitos interpretativos del lector. Sería función de una teoda de las fonnas
del mundo social. describir y elucidar todas estas situaciones con respecto a su
contenido, es decir, 1'1.s proporciones de experiencia social directa e indirecta que
se encuentr'an en ellas. El verdadero precursor de tal estudio fue, sin duda, Wiese
c~m su teoría de la relación.
231

Soy por 10 tanto aprehendido por mi partícipe en la relación-ellos


como una persona viviente rcal. De esto se sigue que sólo puedo esp('·
rar de él -una comprensión típica de mi conducta.
Una relación social entre contemporáneos consiste por lo tanlo
en ésto: cada uno de los partícipes aprehende al otro .por medio de un
tipo ideal; cada uno de los partícipes se da cut'nta de esa apn>hensi- n
mutua; y cada uno espera que el esquema interpretativo del otro S('U
congruente con el suyo~ La relación-ellos se. halla nquÍ en agudo con­
traste con la situación cara a cara. En esta última mi partícipe y yo
percibimos en forma sensible los matices de 1n~ vivencias del otro,
mientras en la relación-ellos esto queda reempluzudo por el supuesto
de un esquema interpretativo compartido. Ahora bien, aunque yo
suponga esto por mi parte, no puedo verific.1.rlo. Sin embargo, tengo
tanta más razón de esperar una respuesta adecuada de mi partícipe,
.cUanto más estandarizado sea el esquema que 1(' atribuyo. Esto es 10
.que ocurre con esquemas derivados de la ley, del Estado, la tradición
-y sistemas de orden de todas clases, y especialmente con los basados
en la relación medio-fin, en síntesis, con lo que Weber llama esquemas
interpretativos "racionales".67
Estas propiedades de las relaciones sociales entre _contemporiÍneos
tienen importantes consecuencias •
. Ante todo, debido al elemento de azar que está siempre presente,
no puedo ni siquiera estar seguro de que la relación exista hasta que
ya la hayá probado, por así decirlo. Sólo en forma retrospectiva puedo
. saber si mi tipo ideal de mi partícipe era adecuado a él, sea en el sen­
tido de la adecuación de significado o de la adecuacion causal. Esto
difiere también de la situación cara a cara, donde yo corrijo constan­
temente mis' propias respuestas a mi partícipe. Otra consecuencia es
que los únicos motivos'-para y motivos-porque de mi participe que
-puedo tomar en cuenta al hacer mis propios planes de acción, son los
motivos que ya he postulado para él al construir mi tipo ideal de él.
Con seguddad,en la orientación-ellos, tal como en la situación cara
a cara, establezco mi proyecto de acción de manera que los motivos­
porque de mi partícipe estén incluidos en mis propios motivos-para; y
procedo con la expectativa de que su esquema interpretativo acerca
de mí como tipo ideal sea adecuado al mío acerca de él como tipo
ideal. Si el partícipe en cuestión es un empleado postal, el mero hecho
de que tenga delante de sí mi carta estampillada, se transformará por
_lo común en un auténtico motivo-porque para que proceda a expedirla.
Sin embargo, no puedo estar seguro de esto. Puede ocurrir que haya
un error y que él dirija equivocadamente la carta que tiene delante
de sí, provocando con ello su pérdida; en esta medida él no logrará
satisfacer, por supuesto, mi tipo personal ideal de un empleado postal.
Por supuesto, esto puede haber ocurrido, a su vez, porque él interpretó
de manera equivocada la dirección que yo puse en la carta~ Todo
67 Sobre este concepto véase más abajo, capítulo V, apartado 48.
232
esto resulta del hecho de que no estamos en contacto directo uno con
otro, como en la situación 'cara a cara.
En la situación cara a cara, 16s partícipes están' revisando y am­
pliando constantemente el conocimiento. que uno tiene del otro. Esto
no es cierto en el mismo sentMo respecto de la relación-ellos. Es por
cierto verdad que mi conocimiento del mundo de mis contemporáneos
está ampliándose y reabasteciéndose constantemente por medio de
todas las nuevas experiencias que provienen de cualquier parte. del
mundo social de donde puedan venir. Además, mis esquemas típico­
ideales estarán siempre canibiando de acuerdo con cada cambio de
mi situación. Pero todas estas modificaciones ocurrirán dentro de un
ámbito muy estrecho mientras la situaCión original y mi in~erés en ella
sigan siendo aproximadamente los mismos.
" En la relación-nosotros supongo que tu ambiente es idéntico al
mío en todas sus variaciones. Si tengo alguna duda acerca "de ello,
puedo controlar mi supuesto limitándome a señalártelo" y preguntarte
si eso es lo que quieres decir. Tal identificación está excluida en la
relación-ellos. Sin embargo, supongo que si eres mi contemporáneo tu
ambiente puede ser comprendido por medio de indicios extraídos del
mío. Pero aun en este caso el supuesto es mucho ménos probable
de 10 que sería si estuviéranlOS cara a cara.
Sin embargo, mi ambiente 08 incluye también sistemas de signos, y
en la relación-ellos utilizo también esos sistemas como esquemas expre­
sivos e" in interpretativos. De nuevo en este caso resulta de fundamen­
tal importancia el grado de anonimidad. Cuanto más anónimo sea mi
partícipe, tanto más "objetivamente" debo utilizar los signos. No puedo
suponer, por ejemplo, que mi partícipe en una relación-ellos captará
necesariamente el significado particular que estoy adjudicando a mis
°
palabras, el contexto más amplio de lo que estoy diciendo, a menos
que yo le dé la clave de una manera explícita. Como resultado, no sé
durante el proceso de elecci6n de mis palabras si me comprenden o
no. Esto explica por qué no se me puede preguntar inmed.iatamente 10
que quiero decir y corregir eventualmente cualquier error de interpre­
tación. En la experiencia: social indirecta existe sólo una manera de
"interroga!' a un partícipe respecto de 10 que quiere decir", y consiste
en utilizar un diccionario, a menos; por supuesto, que decida Ir a ver­
lo o llamarlo por teléfono; pero en este caso he dejado la orienta­
ción-ellos detrás y he iniciado una situación cara a cara. De hecho,
cualquier relación-ellos caracterizada por un grado de anonimidad
relativamente bajo puede transformarse en una situación cara a cara
pasando a través de diversos estadios intermedios.O!)
ros En el sentido que damos nosotros a la palabra. Véase iñás arribn, apartado
34, pág. 199.
09 Un ejemplo de' tal estadio intermooio es ]a correspondencin escrita que Sim­
mf>IIm confrontado tan rrmgistralmente con el habla: "Podemos decir que mientras
el 11al)1a revela el secreto del hablante por medio de todo Jo que In rodea --que es
visible pero no audible, y que incluye también los impondembles del 1mblnnte mis­
.'.
233

En el mundó de la experiencia social directa hay una diferencia


radical entre pm'ticipacíón y observación. Esta diferencia desaparece
cuando entrarnos en el mundo ele los contemporáneos. La razón con­
siste en que en este último nunca encontramos gente viviente real. En
ese mundo, seamos participantes u observadores, siempre tratarnos con
tipos ideales. Toda nuestra experiencia ocurro en el modo del "ellos".
Sin embargo, el tipo ideal de un observador en el mundo de los con­
temporáneos difiere .neecsariamentc del tipo ideal de un participante
en ese mismo mundo. Encfecto, según hemos notado, el tipo. ideal
varía con los intercscs de la pcrsona que lo construye. El propósito
de esta última consiste sicmpre cn visualizar un cierto contexto obje­
tivo de significado, que el1ü skmpre capta corno contexto subjetivo
dc significado de alguien. Ahora bien, el contexto total de experiencia
. con que el observador se acerca a la otra persona difiere del contexto
del participante. Igualmente, sus .intereses son radicahnente d.istintos.
Su tipo ideal puede ser más o menos detallildo, m,ls concreto' o más
formalizado, de un mayor o menor grado de anonimidad., Cualquiera