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La poesía sucede...

CULTURA
| 30 de Julio de 2011 - 19:50

En la pasada columna hablaba de que la poesía es un arte que busca revelarnos lo


extraordinario que hay en todo lo ordinario, lo asombroso que es todo lo que en
apariencia es trivial y anodino. Para lograr tal cometido, agrego ahora, los poetas
deben tener una permanente actitud de curiosidad hacia el mundo, prestar una
atención lenta y cuidadosa a cuanto en este habita y sucede.

Sin embargo, esa atención no debe ser consciente hasta un grado tal que el poeta
pueda elegir deliberadamente ante qué asombrarse y, por tanto, elegir con plena
lucidez los temas de sus poemas.

Hemos dicho que todo es asombroso, incluso lo que, por la fuerza de la costumbre, nos
resulta banal, insignificante.

Pero, corrigiendo un tanto esta afirmación, debemos decir más bien que todo tiene
una latente capacidad de suscitar asombro, y que ese asombro se producirá de
manera imprevista cuando lo que es objeto del mismo entre en contacto con la
sensibilidad precisa, con la sensibilidad capaz de establecer (por razones
desconocidas) un diálogo íntimo con el objeto en cuestión y descubrir sus secreta
maravilla.

“Sólo para nosotros viven todas las cosas bajo el sol”, escribió Vicente Huidobro, el
gran poeta chileno fundador del movimiento de vanguardia denominado
creacionismo. Es cierto, pero no por eso cada poeta debe cantar a todas las cosas, sino
sólo a aquéllas que lo elijan a él para que les cante.

En fin, lo que en general quiero decir es que me parece que tienen razón quienes
sostienen que la creación lírica requiere de un estado de pasiva ingenuidad, de
inocencia, de un marco de misterio, de incomprensión acerca del propio trabajo para
ser auténtica y eficaz. La conciencia lúcida y erudita, por el contrario, es una suerte de
‘kryptonita’ para el poeta.

Borges, en una de las seis conferencias que pronunció en la Universidad de Harvard


durante el curso de 1967-1968, bajo el título general de This Craft of verse (Este arte
del verso), dijo lo siguiente: “cuando escribo algo, procuro no comprenderlo. No creo
que la inteligencia tenga demasiado que ver con el trabajo del escritor. Pienso que uno
de los pecados de la literatura moderna es que tiene demasiada conciencia de sí
misma”.

Y en otras ocasiones, para querer significar esta condición misteriosa, inexplicable, de


la creación poética y artística en general, solía citar la frase del poeta germano-polaco
del siglo XVII Angelus Silesius: “La rosa es sin porqué, florece porque florece”. Así,
también como la frase del pintor norteamericano del siglo XIX James Whistler: “Art
happens”, frase que el mismo Borges interpretaba así: “El arte sucede, el arte ocurre,
es decir, el arte... es un pequeño milagro”.

Por su parte, lo cual nos sirve para redondear lo hasta aquí expuesto, el gran George
Steiner ha dicho: “Ah, la inocencia de un gran creador, el misterio de crear…”.

Joaquín Mattos O.
Opinión