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Historia de la

Divina Pastora de SantaRosa


Milagrosa Imagen de la Divina Pastora

(Según fotografía tomada en Santa Rosa)

En acatamiento a varias disposiciones emanadas de la Santa Sede declaramos no dar a los hechos
extraordinarios narrados en esta obrita, sino un valor histórico puramente humano.
Sometemos todos nuestros escritos, impresos e inéditos, en todo y por todo, al juicio infalible de la
Sede Apostólica y a su altísima y sublime Autoridad.

Barquisimeto. 14 de enero de 1926.

HISTORIA

DE LA

DIVINA PASTORA
DE SANTA ROSA

(BARQUISIMETO — VENEZUELA)

POR

H. NECTARIO MARIA

Quien la ama, ama la vida.


Donde Ella entrare, allí echará Dios su bendición.

(Ecles. Cap. iv, v. 13, 14)

SEGUNDA EDICION

BARQUISIMETO

14 de enero de 1926.

IMPRIMI POTEST.
Fr. Apollinaris Paulus
Sch. Ch. V. P.

IMPRIMATUR
Barquisimeto: 8ª decembris a 1925.
Josephus a Jesu Crespo M.
Vic. Gral.
Queda reservado el
DERECHO DE NUEVAS EDICIONES
(La segunda edición de esta obra es propiedad de la Sociedad de la Divina Pastora).
TIPOGRAFÍA CATÓLICA CASALS, Caspe, 108 – BARCELONA
Excelentísimo y Rdmo. Señor Dr. Agüedo Felipe Alvarado,
Obispo de Barquisimeto

DIÓCESIS DE BARQUISIMETO
GOBIERNO SUPERIOR ECLESIÁSTICO

R. Hermano Nectario María, de la Congregación» de Hermanos de las Escuelas Cristianas. —


Ciudad.

Amado hijo:

Hemos hecho leer y examinar cuidadosamente la obrita titulada: Historia de la Divina Pastora
de Santa Rosa, que pensáis editar, como un homenaje en el Año Jubilar del SS. Sacramento en
Venezuela; y se nos informa que no solamente tiene dicha obrita el mérito histórico de dilucidar
cuidadosamente los orígenes de la venerada Imagen de la Divina Pastora de Santa Rosa y de la
devoción a la Sma. Virgen bajo esta ternísima advocación, sino que respiran sus páginas tanta unción
y tanto afecto hacia nuestra Soberana Madre y Señora, que no podrá menos que fomentar más y más
el amor y la acendrada devoción de nuestro pueblo hacia la excelsa Reina del empíreo y Pastora
amantísima de la Grey Barquisimetana.

En tal virtud alabamos vuestra piedad y aprobamos gustosamente vuestro opúsculo y lo


recomendamos encarecidamente a los fieles de nuestra Diócesis.

+ AGÜEDO FELIPE
Obispo de Barquisimeto.
A

JESUCRISTO

REDENTOR DEL MUNDO

EN LA CELEBRACION
DEL SEGUNDO CONGRESO EUCARISTICO NACIONAL

CON RESPETUOSA HUMILDAD

EL AUTOR.
PREFACIO

Si la devoción a la Madre de Dios es para los particulares señal cierta de predestinación, para las
sociedades es fuente de gracias y bendiciones.

Entre nosotros el culto a la Virgen María, en su advocación de Divina Pastora, está hondamente
arraigado en todos los corazones. Bajo el maternal cuidado de esta tierna Madre la fe cristiana, jamás
se extinguirá en nuestra sociedad; por María el lobo voraz de la herejía presto será amordazado, y la
infame serpiente del vicio y pecado nuevamente hollada por la virginal planta de la más pura de todas
las criaturas.

Por María alcanzaremos todos los bienes y seremos preservados de todos los males.

Para gloria de nuestra excelsa Patrona, y afianzamiento de su culto entre nosotros, emprendimos la
grata labor de escribir la historia de su milagrosa Imagen de Santa Rosa. A este fin, hurgamos
numerosos archivos y tomamos declaraciones de venerables ancianos que fueron testigos oculares
de los acontecimientos del año de 1856.

Ahora, con motivo de la celebración del Segundo Congreso Eucarístico Nacional, damos este trabajo
a la publicidad; deseamos que su lectura acreciente la fe popular en la protección de la Virgen
Santísima y que contribuya a enaltecer la noble figura del esclarecido varón y eminente levita que fue
el Pbro. Maestro José Macario Yépez.

Ñola. — Cuando la primera publicación de esta obra contaba apenas dos meses de haber salido a
luz, la «Sociedad de la Divina Pastora», aceptando la oferta de esta segunda edición, resolvió
reeditarla a todo lujo, con el fin de contribuir, con la propagación de esta historia, al afianzamiento y
extensión del culto que tributamos a nuestra excelsa Patrona la Divina Pastora.
CAPÍTULO I

Orígenes del Pueblo de Santa Rosa

ANTECEDENTES.

El 2 de junio de 1668 el Rdo. Padre Fray Pedro de Berja fue nombrado superior de todas las
misiones de indios que la benemérita Orden capuchina dirigía en la extensa Provincia de Venezuela.

Este celoso y abnegado religioso, convencido de que su dignidad le obligaba 110 sólo a
desempeñar la alta inspección de las misiones, sino también a ser el primero en alentar, por su
conducta y buen ejemplo, a los demás misioneros en las ímprobas labores apostólicas, salió, cual
pastor celoso, en busca de los indios Guamos ( 1), que vagaban dispersos en los llanos, y consiguió
reducir a buen número de ellos, con los cuales fundó el pueblo de San Francisco de Tirgua (2), en
1669. (Estado Cojedes).

En este mismo año, Pedro de Berja recibió en Tirgua una comisión del Ayuntamiento de la
Nueva Segovia de Barquisimeto, dándole cuenta del alzamiento de los indios Gayones y suplicándole
se dignara enviar unos misioneros con el fin de reducirlos a poblado y de civilizarlos.

Pedro de Berja atendió gustoso a los enviados y luego despachó a Fray Diego de Marchena
para dar principio a la misión de los Gayones. Unos meses después los Padres Miguel de Madrid y
Agustín de Villabáñez, nuevos obreros evangélicos, se consagraron también a la ruda labor de
civilizar a los indios del territorio de la ciudad de Barquisimeto.

PRIMERA FUNDACIÓN. — Con muchos trabajos y grandes sacrificios, Fray Agustín de


Villabáñez logró reunir 138 familias de indios Gayones que sacó de las montañas del Bucaral y Río
Claro, situadas al Sur de Barquisimeto. Previas las licencias del Presbítero Rodrigo Navarro, Visitador
General del Obispado, y obtenidas las autorizaciones de don Fernando de Villegas, Gobernador de la
Provincia, y las de su teniente, Juan de Bela; el Misionero, con los indios reunidos, fundó el pueblo de
Santo Tomás de la Galera, en la hermosa sábana de Auro, inmediata al río del mismo nombre, en los
territorios que ahora pertenecen al distrito de Araure, en el vecino Estado de Portuguesa.

TRASLADO DEL PUEBLO DE SANTO TOMÁS A LAS INMEDIACIONES DE


BARQUISIMETO. —En 1672 llegó a Venezuela el Ilustrísimo Sr. Doctor Antonio González de Acuña,
que era muy devoto de Santa Rosa de Lima, cuya reciente glorificación se debía en parte a sus
desvelos y trabajos, por haber desempeñado con acierto el cargo de postulador de la causa de
canonización de la gran santa peruana.

En 1673, Agustín de Villabáñez, por las razones que alegó, obtuvo del nuevo Obispo, del
Gobernador Francisco Orejón Catón y del Cabildo de Barquisimeto, consentimiento para trasladar el
pueblo de Santo Tomás a un sitio inmediato a la ciudad de Barquisimeto.

Para celebrar la reciente exaltación de la primera santa americana y con el fin de complacer
al Obispo, cambió el nombre del pueblo y dio a su nuevo asiento el nombre de Santa Rosa de los
Cerritos. Tal es el verdadero y comprobado origen de este simpático y pintoresco pueblito, situado a 5
kilómetros al Este de esta ciudad, que es, hoy día, conocido de todos los habitantes de esta región

1Guamos: tribu vagabunda procedente del alto Apure.


2Este pueblo estaba situado cerca de San Carlos, en un sitio que hoy se llama La
Misión; se acabó por los años de 1748 a 1750, sus habitantes se trasladaron al
pueblo de San José.
occidental de Venezuela, por la milagrosa Imagen de la Divina Pastora que, cual preciada e
inestimable joya, guarda en el recinto sagrado de su augusto santuario.

Fray Agustín de Villabáñez fue cura doctrinero de Santa Rosa hasta el año de 1682, fecha
en que pasó a Caracas para abogar, ante el Gobernador y el Obispo, en favor de sus indios, objeto
de la codicia de ciertos individuos de la Nueva Segovia, quienes pretendían someterlos a tributos o
contribuciones onerosas.

En la Capital de la Provincia, entrado ya el año de 1683, pasó a mejor vida este benemérito
apóstol de la civilización, llevando a la tumba el afecto de los suyos y el cariño de sus indios, que
lloraron la pérdida de su amigo y bienhechor.

Iglesia y pueblo de Santa Rosa.

EL FUNDADOR DE SAN LA ROSA, FRAY AGUSTÍN DE VILLABAÑEZ. —RASGOS


BIOGRÁFICOS. — Este abnegado Capuchino era natural de la Provincia de Castilla (España). En los
días de su infancia se distinguió siempre por su candor y por su pureza de costumbres. Sus virtudes,
tanto como su afabilidad de carácter y sus modales cultos, le granjearon las simpatías de la
honorable y rica matrona Doña María de Escobar, que le eligió por su paje de honor.

Deseoso de servir a Dios en la benemérita Orden capuchina, dejó la casa de la señora


Escobar para entrar al servicio de la gran Reina de Cielos y Tierras, en las falanges del seráfico
Patriarca de Asís.

Fue dechado de todas las virtudes religiosas en el noviciado de Salamanca. Terminados sus
estudios, fue dedicado al santo ministerio de la predicación, donde brilló por su talento, su verbo vivo
y elocuente; se cuenta que días hubo en que le fue menester predicar en las calles de Madrid poíno
caber en las iglesias las muchedumbres deseosas de oír de este nuevo Crisóstomo las suaves
palabras que fluían de su inspirada y convincente elocuencia.

Desempeñó durante algún tiempo el honroso cargo de maestro de novicios; y, en 1659, deja
el continente europeo y sobre Primeros Sucesores de Agustín de Villabañez. — Curas doctrineros de
Santa Rosa. — Muerto. Villabáñez, Fray Ignacio de las Canarias se encargó de la misión de los
Cerritos de Santa Rosa, que estuvo auxiliando hasta el mes de febrero de 1692, siendo ayudado en
los dos últimos años de su ministerio parroquial por Fray Antonio de Baza.

Sucesivamente desempeñaron el cargo de doctrineros de la misión de los Cerritos los


siguientes religiosos: en 1693, Fray Francisco de Puente de Cantos; desde T694 hasta 1696, Fray
Diego de Echeverría, con el ayudante Pbro., Blas Pérez Leal.
En 1696 era cura del pueblo Fray Bartolomé José Salazar y Ruiz, quien, salvo un corto
interinato de dos años, de 1723 hasta 1725 y otro en 1728, prodigó sus cuidados a los indios de
Santa Rosa hasta el año de 1735.

Los franciscanos Manuel Angulo de Tobar y Antonio Escalona Guerrero (3) regentaron la
parroquia durante el primer interinato y el Pbro. Br. Francisco González Yépez, en tiempo del
segundo. Mencionamos también aquí a los franciscanos Ambrosio Díaz, Bernardo Ortega y Juan de
Salcedo (4), quienes en distintas fechas y ocasiones auxiliaron al cura propio de Santa Rosa.

En 1735 el Licenciado Juan Ignacio López de Salazar es cura del pueblo, y el 5 de julio de
1736 recibió el curato en propiedad el Pbro. Licenciado Don Sebastián Bernal.
CAPÍTULO II

Principios del culto que se tributa a la Virgen María en su advocación de Divina Pastora, en la
iglesia de Santa Rosa

EL LICENCIADO SEBASTIÁN BERNAL.

A este eminente levita es a quien Santa Rosa y Barquisimeto son deudoras de una eterna
gratitud, por haber sido él quien implantó entre nosotros el culto a la Virgen Madre de Dios en su
tierna advocación de Divina Pastora, culto que al correr de los tiempos se ha arraigado hondamente
en el corazón de los barquisimetanos y es, en cierto modo, bien patrimonial de esta dichosa porción
del territorio venezolano.

Nació el Licenciado Bernal el primero de noviembre de 1712 en la risueña Maracaibo,


bañada por las apacibles aguas del Coquibacoa.

Inclinado por disposición natural a la carrera eclesiástica, ingresó desde joven en la


Universidad (5) de Caracas donde obtuvo el grado de Licenciado y, después de terminados sus
estudios, a principios de 1736, recibió las sagradas órdenes de manos del limo. Señor Obispo, Don
Félix Valverde.

En este mismo año obtuvo por oposición, el curato de Santa Rosa, cargo que desempeñó
con celo y abnegación desde el 5 de julio de 1736 hasta el mes de agosto de 1794 fecha en que,
después de 58 años pasados en el ejercicio de su santo ministerio en la misma parroquia, salió de
este mundo, dejando a la posteridad el feliz recuerdo de su vida y la luminosa estela de los más
bellos ejemplos de virtud; y sobre todo después de haber implantado entre sus feligreses un culto
ardiente para con la Virgen Madre de Dios, en su título de Divina Pastora.

ORIGEN DE LA IMAGEN DE LA DIVINA PASTORA. — Su providencial adquisición. —No


hemos podido averiguar la fecha exacta en que el Padre Pernal enriqueció a su humilde parroquial
con la veneranda Imagen de la Divina Pastora, que con tanta veneración guarda ahora Santa Rosa,
cual reliquia sagrada, en su célebre santuario; sin embargo, las muchas pesquisas que, para
esclarecer sus principios, hemos hecho en los archivos de Santa Rosa, Barquisimeto y Caracas, nos
permiten consignar aquí algunos interesantes detalles sobre este particular.

3 Ídem.
4 Del Convento franciscano de Barquisimeto.
5 El Seminario de Caracas fue organizado en 1673 por el Excelentísimo Señor Fray

Antonio González de Acuña y elevado a la categoría de Universidad por una Real


Urden de Felipe V, fechada en Lerma, el 22 de diciembre 1721. Quedó
definitivamente organizada el 11 de agosto de 1725.
Por la lectura de los libros parroquiales de Santa Rosa sabemos que, en el siglo XVIII, se
veneraba en uno de los altares de la iglesia de este pueblo una imagen de la Virgen Dolorosa; pero
no aparece en ningún dato antiguo, ni en los inventarios anteriores al año de 1780, ninguna imagen
de la Divina Pastora. Tampoco la menciona el inventario detallado y pormenorizado que el Obispo
Mariano Martí nos dejó en el acta de su visita pastoral, practicada en el pueblo de Santa Rosa, del 20
al 27 de febrero del año de 1779. El Obispo especifica todos los altares de la iglesia y todas las
imágenes de la misma; de suerte que, basados sobre los anteriores datos, podemos asegurar que
antes de esta fecha la imagen de la Divina Pastora no estaba en la parroquial de Santa Rosa.

Fue en uno de los años comprendidos entre 1779 y 1792 ( 6) cuando el Padre Bernal bendijo
y colocó en su iglesia la Imagen de la Divina Pastora, cuya extraordinaria adquisición fue singular
merced de la Divina Providencia, que, solícita por el bien espiritual de los hombres, plantó a corta
distancia de esta ciudad esa graciosa Palma de Cadés, esa mística Oliva del Monte, e hizo correr
este perenne Arroyo de Agua viva, para que en los siglos futuros los peregrinos viajeros de este Valle
del Destierro fuesen a descansar a su benéfica sombra, sanar sus heridas con el místico óleo de su
consuelo y fortaleza y a templar su devoradora sed en las saludables aguas de la gracia divina, que
manan sin cesar de su purísimo Corazón.

Los Reverendos Padres Capuchinos, Fray Cristóbal de Alcalá y Fray Gabriel de la Hionera
dieron, en aquellos tiempos, una misión a los fieles de esta región que «causó maravillosos
efectos(7)». Sabido, como es, que la devoción a la Madre de Dios en su título de Divina Pastora es
particular de la Orden capuchina, podemos suponer que los misioneros, como fruto especial de los
ejercicios espirituales que predicaron, implantaron en esta comarca el culto a la Virgen María en su
tierna advocación de Pastora de las almas.

Aconteció algún tiempo después (8) que el Cura Rector de la iglesia de la Inmaculada
Concepción de esta ciudad, que lo era el Dr. D. Felipe de Prado o el Dr. D. José Bernabé Espinosa,
deseando enriquecer a su iglesia con una Imagen de la «Divina Pastora», encargó su escultura a
cierto artífice extranjero, al mismo tiempo que el Padre Sebastián Bernal, bajo el mismo pliego, pedía
una imagen de la Inmaculada Concepción, con la cual quería dotar a su feligresía, para la celebración
de las fiestas anuales del 8 de diciembre.

Por providencial equivocación el cajón que contenía la Imagen de la Divina Pastora fue
dirigido al Padre Bernal y el de la Inmaculada Concepción, al Vicario de esta ciudad.

Cuando el Cura doctrinero de Santa Rosa abrió el cajón que venía con sus señas, halló en él
la Imagen de la Divina Pastora, y por ser la que había pedido el Vicario de Barquisimeto, volvió a
clavarlo y ordenó que se le llevara cuanto antes.

Cuando el indio, a quien estaba cometido el encargo de devolver la Imagen, trató de


levantarlo del suelo y cargarlo, para cumplir con lo mandado por su amo, notó que se había vuelto
muy pesado y por más esfuerzos que hizo no lo pudo mover del sitio donde estaba, de lo que,

6 El culto a la Divina Pastora era conocido en Santa Rosa, pues el 9 de julio de 1767
doña María Josefa Lovera, fundó una capellanía de 200 pesos de capital con el cargo
de 7 misas rezadas, una de las cuales era en honor de la Virgen, en su título de
Divina Pastora.
7 Palabras del Dr. Don Felipe de Prado.
8 Según referencia del Pbro. Maestro José Macario Yépez, que probablemente la tuvo

de algún sacerdote contemporáneo del Vicario de Barquisimeto de aquel tiempo.


cerciorado el Padre Bernal, dio aviso al Vicario de Barquisimeto, para que en su calidad de Superior,
dictara lo que se debía hacer en este caso.

El Vicario, enterado del hecho, dijo que, por él, la Divina Pastora manifestaba a las claras su
voluntad de que su Imagen permaneciera en Santa Rosa; y que, por lo tanto, mandaba que la dicha
Imagen de la Madre de Dios, en su peregrina presentación de Divina Pastora, quedara en propiedad
de la iglesia de Santa Rosa; y que allí se le rindiera culto y devoción como con venía a la Madre de
Dios y a la Pastora de las almas.

Al Padre Sebastián Bernal cupo la feliz suerte y la singular honra de «bendecir y colocar en
el templo de esta parroquia la Imagen de la Divina Pastora» (9). Para la nueva efigie de María, se
destinó el altar de una de las pequeñas naves laterales, que ya para 1792 era designada con el
nombre de Nave de la Divina Pastora (10).

EXTENSIÓN DEL CULTO A LA DIVINA PASTORA. — TESTAMENTO DEL PBRO.


SEBASTIÁN BERNAL. — El Padre Bernal tomó a pechos el nuevo culto, que insensiblemente fue
tomando mucho incremento entre los indios de Santa Rosa.

La fiesta de la Divina Pastora se celebró con gran solemnidad, desde el primer año de su
entronización en la iglesia de Santa Rosa, el día 8 de septiembre; y cuando la Imagen contó con
algunas rentas para los gastos de su culto, seguía al día de su festividad un octavario de misas
cantadas.

Este culto a la Madre del Buen Pastor cundió no solamente entre los fieles de la parroquia de
Santa Rosa, a la cual pertenecían entonces el pueblo y campos de Cabudare ( 11), sino también en
Barquisimeto, pues, en las fiestas anuales, un grupo considerable de habitantes de esta ciudad,
solían acudir el 8 de septiembre al vecino caserío, donde la elocuente voz de uno de los religiosos del
convento de San Francisco o la de un sacerdote de Barquisimeto, exaltaba las excelsas glorias de la
sin par Madre de Dios.

Después de más de medio siglo de un fecundo ministerio parroquial, el Pbro. Licenciado


Sebastián Bernal enfermó gravemente, y sintiendo que ya para él había llegado la hora de la suprema
remuneración hizo testamento de todos sus bienes a favor de los Franciscanos de Barquisimeto y de
la Imagen de la Divina Pastora de Santa Rosa.

Al convento de San Francisco legó una hacienda de Cacao (12) ya la Imagen de la Divina
Pastora donaba la suma de dos mil pesos, cantidad que estaba en manos de Don Juan José de
Alvarado y de su hermano.

9 «Noticia histórica sobre la parroquia eclesiástica de Santa Rosa», por el Pbro. Jacobo
Perdomo 1883.
10 Es en este año de 1792 cuando los archivos parroquiales de Santa Rosa

mencionan por primera vez la Divina Pastora al hablar de unos remiendos hechos a
la nave donde estaba su Imagen.
11 La creación de la Parroquia de Cabudare fue decretada el 10 de abril de 1818.
12 Esta hacienda estaba situada en Caranya, fué comprada por Don José María

Arteaga por la suma de 4283 pesos.


Según la misma testamentaría, los réditos de un capital de cinco mil pesos, del cual eran
deudores al Padre Bernal nueve individuos, fueron destinados a vanas obras piadosas; pero el
sobrante, que constituía una suma de consideración, debía emplearse en «adorno y aseo de la Divina
Pastora, para atraer más la devoción de los fieles y fomentar su culto y veneración» (13).

CAPÍTULO III

La Imagen de la Divina Pastora después de la muerte del Licenciado Sebastián Bernal

Fallecido el Pbro. Bernal, el culto a la Divina Pastora fue siempre en aumento en tiempo de
sus sucesores inmediatos los sacerdotes: Juan José Perera, 1794, y Dr. Juan de Mújica, cura en
propiedad desde 1794 hasta 1820.

Durante el curato de este último sacerdote aconteció el gran cataclismo del terremoto del 26
de marzo de 1812, que causó grandes y terribles estragos en muchas ciudades de Venezuela.

Debido a este fuerte movimiento sísmico la iglesia de Santa Rosa se desplomó y quedó
convertida en un montón de ruinas; sin embargo, la implacable naturaleza respetó el altar de la Divina
Pastora, sus paredes laterales y el pedazo de techo que la cubría.

Aquel Dios humanado, que, con el imperio de su palabra, aquietaba las embravecidas olas
del rugiente mar y sosegaba el enfurecido aquilón, mandó a la naturaleza respetar la humildísima
Efigie de su Inmaculada Madre.

En medio de los escombros de la derruida iglesia destacábase incólume, sobre la peana de


su altar, la estatua de la Divina Pastora. Allí, parecía invitar a los fieles a buscar en ELLA alivio a su
formidable desgracia, esperanza y consuelo a su aflicción, pues el cielo patrio aparecía cubierto por
densos nubarrones que presagiaban próximas desventuras (14).

Los santarroseños vieron en el anterior suceso una manifestación del poder de la Virgen y
siguieron honrando su Imagen con mayor Veneración, en la capilla provisional que inmediatamente
levantaron al Oriente del templo caído.

Allí estuvo la Santa Imagen hasta el año de 1850, fecha en que el Pbro. Macario Yépez la
trasladó a otra capilla provisional arreglada sobre las ruinas de la antigua iglesia.

Terminado el actual templo de Santa Rosa, la Imagen de la Divina Pastora fue


definitivamente colocada en la capilla de la nueva construcción el 30 de agosto de 1864. Allí, Madre
pía y clemente, recibe los agasajos que le tributan sus devotos y desde este su trono de amor y
misericordia apacienta, en las espirituales dehesas de la gracia, a su mística grey barquisimetana.

CAPÍTULO IV.
Primera visita de la Divina Pastora a la ciudad de Barquisimeto

EL CÓLERA EN BARQUISIMETO.

Finalizaba la segunda mitad del año 1855, el miedo y pavor reina-.1 en muchas provincias de
Venezuela por la inminente propagación de la terrible epidemia del cólera morbus, cuya aparición se
anunciaba en algunos puertos costaneros.

13 Dr. Andrés Manzanares, Caracas, 12 de agosto de 1798.—Disposición para dar


cumplimiento al testamento de Sebastián Bernal.
14 Se alude a la invasión de Monteverde. Capítulo IV
A pesar de algunas medidas preventivas que, para detener la epidemia, tomaron las
autoridades, fue imposible impedir que el mal cundiera y se propagara hasta esta ciudad de
Barquisimeto, donde a la sazón, mandaba en calidad de gobernador de la provincia el Sr. Don
Zabulón Valverde y ejercía las funciones de jefe político, Don David G. Ramos.

El primer caso de defunción atribuido al cólera fue, según parece, el de una mujer de apellido
Fonseca Suárez, que murió el 6 de diciembre de 1855.

Por orden del Gobierno fue enterrada fuera de la población, en un sitio denominado «El
Dividive» que se encuentra en la sabana al Norte de la extremidad oriental del actual cementerio.
Este lugar fue destinado, por disposición de la Autoridad, para la sepultura de todos los que murieran
del cólera. No se permitió el entierro de ningún colérico en el cementerio ordinario, que lo era
entonces el de San Juan.

Los últimos días de diciembre y los iniciales de enero de 1856, fueron en los que se
generalizó la epidemia y se registraron más defunciones causadas por el flagelo, siendo entonces las
más de ellas de carácter fulminante (15).

Con el fin de poner trabas a la propagación de la epidemia, el Gobierno se vió en la


imperiosa necesidad de tomar algunas medidas enérgicas; así, todo aquel que, según declaración de
los médicos había muerto del cólera era inmediatamente llevado al Dividive y sepultado en zanjas
abiertas para recibir los cadáveres ( 16) .

Como el oro se purifica en el crisol y adquiere su mayor brillo al pasar por el fuego, así
también en el crisol del infortunio y en el fuego del dolor, la caridad, esta perla divina emanada de lo
alto, esta virtud sublime que siempre ha caracterizado a los barquisimetanos, se purificó de la escoria
del egoísmo y brilló entonces con todo su esplendor.

Los ricos auxiliaban a los pobres, en cuyos rangos, sin embargo, el cólera hizo numerosas
víctimas. Los sacerdotes de la ciudad, ángeles de la caridad cristiana, llevaban a los enfermos, junto
con la absolución de sus culpas y la unción postrera que fortalece el alma en los últimos embates de
la vida, la palabra que dulcifica el dolor y reconforta el ánimo. Por las calles de la ciudad deslizábanse

15 Entre muchos casos fulminantes, acaecidos en aquellos días, citáremos el del


Comandante caraqueño, León Vivas, de guarnición en esta ciudad, quien: apenas
transcurrida una hora después de su enlace matrimonial con la señorita Adelaida
F., se ve repentinamente acometido por el cólera y muere cuando Himeneo contaba
apenas una hora de haberle abierto las puertas de un risueño porvenir, —12 de
enero de 1856.
16 Un grupo de cuadrilleros por orden del Gobierno estaban encargados de este triste

oficio; apenas acaecía una defunción, se llevaban al punto el cadáver, que


enterraban sin pasarlo por la iglesia.
No hemos podido averiguar el número exacto de las víctimas del cólera en
Barquisimeto. La leyenda las ha aumentado considerablemente. Sabemos de cierto,
por los archivos, que solamente 58 personas notables murieron de este mal.
Suponemos que el número total de defunciones causadas por el cólera haya sido de
200 a 300, cuando más. Hablando de este asunto el honorable Sr. Don Leopoldo
Torres, dice: «Me parece exagerado el número de 500 muertos, si se tiene en
consideración la población de aquel tiempo y el pequeño número de defunciones
notables». (Carta).
las bellas figuras de los ministros del Señor Pbros.: José Macario Yépez, José María Raldíriz,
Ildefonso Escalona, Nicolás Vázquez, Andrés Domínguez y Elías Matheus, sacerdotes de servicio en
esta capital.

Los facultativos: José de Jesús Freites, Juan Tamayo, Vicente Cabrales, José María Pérez,
Jesús María Fernández, Candelario Varela y Bujanda, en coordinación con practicantes voluntarios,
prestaron apreciados servicios a los enfermos, prodigando desinteresadamente sus servicios a los
necesitados.

Pero la muerte sigue adelante en su obra destructora, aletea victoriosa sobre la enlutada
ciudad y extiende su manto sombrío de un extremo a otro de la población.

EL PBRO. MAESTRO MACARIO YÉPEZ. — Como Dios en tiempos de la esclavitud de los hijos de
Israel en Egipto, la Virgen María oyó los ayes de los barquisimetanos y desde Santa Rosa vino, en
esos días de llanto y amargura, a traer a su grey dolorida el bálsamo que dulcifica el dolor y el
consuelo que refrigera el corazón.

La Divina Pastora se interpuso entre la Justicia divina y sus hijos de Barquisimeto, y por Ella
el azote de la pestilencia que Dios mostró a esta ciudad fue sólo, en cierto modo, un amago de su
enojo, porque de no haber intervenido la Virgen y el haber el Señor descargado el azote con todo el
rigor de su justicia ¿qué hubiera sido de esta ciudad?

Era en aquellos días cura rector de la iglesia de la Inmaculada Concepción de esta ciudad el
eminente levita Pbro. Macario Yépez, sacerdote de grandes talentos y méritos que brillaba tanto por
su saber, como por sus virtudes y la firmeza de su carácter, que, no pocas veces, puso de manifiesto
en defensa de los sacros fueros de los derechos de la Iglesia y de las nobles causas.

Su influencia en la sociedad fue tan profunda y eficaz que, hoy día, después de casi 7 o años
de haber desaparecido de este mundo, su memoria es aun viva en Barquisimeto, donde su grato
recuerdo perdurará para siempre por hallarse su nombre estrechamente vinculado al de nuestra
celestial Protectora: La Divina Pastora.

Monumento de “Tierrita Blanca"


Erigido por el Pbro. José Macario Yépez, en 1856.
(Altura: 11’50 metros)

En 1906, con motivo de la solemne celebración del quincuagésimo aniversario de la primera,


venida de la Divina Pastora, la Sociedad de Jesús, que dignamente presidía el Dr. Ramón E.
Gualdrón; hizo tallar a cincel, en la ancha base ele esté monumento, un marco en el cual fue
incrustado el retrato del Pbro. José Macario Yépez.
En esta ocasión el Dr. P. D. Rodríguez Rivero, en brillantes términos, y ante selecta y
numerosa concurrencia, enalteció la memoria del excelso levita que es gloria de esta ciudad.
ERECCIÓN DE UN MONUMENTO A CRISTO REDENTOR EN EL SITIO DE TIERRITA BLANCA. —
LLEGA LA DIVINA PASTORA. — Con el fin de atraer la bendición del Dios de las misericordias sobre
la lacerada ciudad, el Padre Macario Yépez promovió la erección de una cruz, en el célebre sitio de
Tierrita Blanca, donde un día se había momentáneamente eclipsado la victoriosa estrella del
Libertador. Sobre esta tierra regada con la sangre de los mártires de la Independencia tuvo el Padre
Yépez la inspirada idea de levantar un monumento al Mártir de los mártires, a Cristo Redentor, como
público desagravió por las culpas de la ciudad y para atraer sobre ella su piedad y clemencia.

Este monumento, cuya construcción dirigieron los señores Mariano J. Raldíriz y José Manuel
Otero, fue principiado a fines de diciembre de 1855 y cuando estuvo para terminarse, el Padre
Macario fijó el día 14 de enero para su solemne bendición e inauguración. Pero sabiendo el venerable
Sacerdote que lo que Dios niega al hombre en su justicia, lo concede a los ruegos de María y que,
por la intercesión de su Madre, abre de par en par las puertas de la Misericordia, quiso que la Imagen
de la Divina Pastora de Santa Rosa fuese traída (17) al sitio de 1a. erección de la cruz y de allí,
llevada procesionalmente por las calles de la ciudad hasta la iglesia de la Concepción, para que la
poderosa mediación de la Virgen Santísima alcanzara de Dios la pronta cesación del terrible flagelo
que azotaba la ciudad.

Para realce y mayor solemnidad de este acto de público desagravio, la imagen de Jesús
Nazareno fue llevada procesionalmente al sitio de Tierrita Blanca, tras de ella seguía la agrupación
compacta y recogida de los fieles, quienes con alegría y placentero agrado habían recibido la noticia
de la llegada de la Divina Pastora de Santa Rosa, y manifestaban confianza en su poderosa
protección, pues, obedientes a la voz de su pastor, habían acudido en masa a la recepción de su
imagen y ya parecía disiparse la negra tristeza que abatía los espíritus y agobiaba los corazones. En
todos renacía la perdida esperanza y se consideraba esta visita de la imagen de María, como presa-
gio de ventura y bendición.

Expresión de los sentimientos que animaban a los barquisimetanos en este memorable día
14 de enero de 1856, fue la hoja suelta que circuló en aquella misma tarde y cuyo contenido
trascribimos aquí textualmente:
HIMNO A MARÍA

Ya del calvario divisamos todos,


La cariñosa Divinal Pastora;
Único consuelo a nuestros males.
Bálsamo aplacador de la congoja.
Corred Madre de Dios, volad, volad,
tu radiante aparición destierre
La bruma emponzoñada que nos mata,
La asoladora y aterrante peste. .
Venid, Pastora, del mortal consuelo
alienta nuestra fe y nuestra esperanza
Sustenta la "salud de nuestros cuerpos:
Despéjanos el alma atribulada.
Los que no han encontrado acá en la tierra
Consuelo a sus dolores, a ti Madre
Han recurrido en la aflicción extrema,
sus familias se conservan salvas.
Nosotros apelamos a tu amparo
Por eso de tropel os encontramos;

17 Fue el señor Antonio J. Peraza, entusiasta devoto de la Divina Pastora, quien


solicitó de la autoridad civil el permiso para traer la Imagen de Santa Rosa.
Entrad, que sentimos desparece
El triste estupor de nuestros ánimos.
Ved que las nubes a los palos caen,
Dejando despejado el firmamento;
Ved ese vapor, que, en el espacio,
Por los rayos del sol queda disuelto.
Alzad la voz y que las gentes oigan,
Hijos agradecidos de esta tierra,
Sin la Virgen Divina nuestros males.
Serían sin cuento, por la peste fiera.

Sabed que sin fe y sin esperanza,


No hay salud en la tierra ni en el cielo,
Sabed que el que invocare a la Pastora
En sus dolores hallará consuelo.

¡Virgen Divina! millares de cristianos,


En la fe de sus padres se conservan;
Aliéntanos en ella, y como Madre
Prodíganos la gracia y el consuelo.

Barquisimeto, enero 14 de 1856.


(Firmado) P. GIMENEZ.

Serían las 4 ó 4 1/2 de la tarde, cuando llegó por primera vez la veneranda Imagen de la
Divina Pastora a la Tierrita Blanca y se inauguró en este sitio el sacro emblema de nuestra redención.

Un grupo de piadosas señoritas, preparadas por el Padre Yépez, entonaron los con-
movedores acentos del canto del perdón, el Popule Meus, según la música del inmortal compositor
venezolano José Ángel Lamas, y celebraron con armoniosos cánticos las glorias y el poder de la
Madre de Dios, que, cual tierna y amorosa Pastora venía a traer a las ovejas de su grey
barquisimetana la leche de la misericordia para excitarlas a la confianza y la lana de su protección
para abrigarlas contra la ira de la justicia divina.

UN HECHO PRODIGIOSO. —De la Tierrita Blanca, o sitio de la Cruz Verde como decimos ahora, la
imagen de María fue llevada en triunfo hasta la iglesia parroquial de la ciudad. Al decir de muchos,
hubo a la entrada de la Divina Pastora algunos hechos reputados por extraordinarios; pero tan sólo
hemos podido averiguar la autenticidad del que a continuación trascribimos:

En una de las casitas de bahareque de la entrada de la ciudad, inmediata a la plazuela que


ahora llamamos de La Pastora, vivía un pobre hombre, llamado Pedro Valdés, el cual, debido a su
empleo y profesión, era generalmente conocido de todos con el nombre de «No Pedro El Correo».

Su mujer, Ceferina Cristina, víctima del cólera yacía exánime; los ojos apagados, las mejillas
hundidas, la cara demacrada y el cuerpo frío, todo parecía indicar que la implacable guadaña de la
segadora humana había, una vez más, cumplido con su obra destructora. Considerándola muerta, los
enterradores se disponían a llevarla para el Dividive.

Pero quiso la Excelsa Reina del Empíreo que al entrar en Barquisimeto, su ciudad dilecta,
fuera el primer acto de su poder el romper las terribles cadenas con las cuales el cólera maniataba a
esta hija de la triste descendencia de Adán, y arrancar de las garras de la muerte a esta pobre víctima
humana que ya contaba, como presa segura.
Al pasar la imagen por delante del sitio donde se hallaba a la vista la desgraciada Ceferina,
he aquí que... ¡oh prodigio!... la mujer se mueve... se incorpora y pide agua.
Cristina mejoró rápidamente y publicó la gloria y la gran merced de su celestial Bienhechora
( 18) .

Este hecho prodigioso fue conocido de toda la ciudad y su resonancia afianzó y acrecentó la
confianza de todos en el poder de la bondadosísima María, en su graciosa advocación de Divina
Pastora.

HEROICO OFRECIMIENTO DEL PADRE MACARIO YÉPEZ. — Al caer la tarde, la Imagen llegó a la
Concepción, en medio de un gran concurso de fieles que había ido en aumento por todo el trayecto
de las calles de la ciudad.

La elocuente y vibrante voz del Padre Yépez clamó suplicante en vehementes términos,
pidiendo al cielo y a Cristo Redentor, por intercesión de su Santísima Madre, la cesación de la
epidemia, y exhortó a los fieles a que acudiesen confiadamente a la Divina Pastora, implorando su
amparo y protección.

Al finalizar la plática el Padre José Macario Yépez, movido por un celestial impulso de
caridad cristiana, exhaló su alma en sublimes términos de abnegación y heroísmo; cayó de hinojos,
puestos los brazos en cruz y vuelto hacia la Imagen, con voz fuerte y trémula, entrecortada por sollo-
zos, exclamó: «Virgen Santísima, Divina Pastora, en aras de la Justicia Divina, por el bien y salvación
de este pueblo, te ofrezco mi vida. Madre mía, Divina Pastora, pollos dolores que experimentó tu
Divino Corazón, cuando recibiste en tus brazos a tu Santísimo Hijo en la bajada de la Cruz, te suplico
Madre mía, que salves a este pueblo, ¡«fue sea yo la última víctima del cólera!»

Acompañaban a estos conmovedores acentos tal efusión de amor y cierta indescriptible


unción, que toda la concurrencia se enterneció y en los silenciosos instantes que siguieron se oían los
sollozos de las niñas y señoras y se veían los hombres y señores enjugar las lágrimas que no podían
contener.

Leemos en cierto párrafo de los libros sagrados que Dios percibió una fragancia suavísima.
«Odoratus que est Dominus odoren suavitatis». Dios, en aquella tarde del 14 de enero, percibió el
suave perfume del holocausto del Padre Yépez, quien semejante a Isaac, se ofrecía a la inescrutable
Justicia divina sobre el altar inmaculado de las purísimas manos de su Madre, la Divina Pastora.

Por María y en María la Justicia y la Misericordia se dieron el ósculo de paz.


Es creencia general, basada sobre la tradición popular que corrobora y confirma el
testimonio de los contados supervivientes, testigos oculares de aquellos aciagos días, que la llegada
de la Divina Pastora marca el fin de la propagación de la epidemia del cólera en Barquisimeto.

18 La memoria de este hecho prodigioso ha perdurado hasta nuestros días, casi


todas las personas ancianas a quienes hemos consultado sobre este particular están
contestes sobre la autenticidad de este acontecimiento, aunque no concuerden sus
testimonios sobre las circunstancias que lo acompañaron.
No aseguramos aquí que Ceferina estuviese muerta, pues era tanta la prisa que
tenían para enterrar a los difuntos del cólera, que (según tenemos de fuente segura),
sucedió una vez que llevaron hasta el Dividive a un hombre que decían muerto,
cuando solamente, por consecuencias de la mortífera dolencia, estaba sumido en un
estado comatoso. No dudamos, sin embargo, que Ceferina no haya sido favorecida
con una especial merced de la Virgen Santísima.
DIOS ACEPTA EL HOLOCAUSTO DEL PADRE YÉPEZ.—SU MUERTE.—La Imagen de la Divina
Pastora permaneció algún tiempo en la iglesia de la Concepción, de donde fue llevada a los demás
templos y finalmente devuelta a su capilla de Santa Rosa ( 19) , después de haber derramado
abundantes bendiciones sobre esta ciudad.
Contáronse aún algunas defunciones atribuidas al cólera hasta que, a principios de junio, el
Padre Macario cayó enfermo del mismo mal, que parecía no querer abandonar esta comarca sin
antes descargar su último golpe sobre el más inocente de sus moradores.

Sin embargo, el Padre Yépez no murió directamente del cólera; como sucedía en algunos
casos, el venerable sacerdote sanó de este m a l : pero inmediatamente enfermó de fiebre tifoidea,
que, a los pocos días, segó la vida de este incansable apóstol de la verdad cristiana.

La venerable anciana Doña Palmada Yépez de Barrios, sobrina directa del Padre Macario y
que vivió en la casa y compañía de su tío los 18 primeros años de su existencia, se dignó darnos la
siguiente declaración escrita:
«Certifico que mi tío, el Pbro. Maestro José Macario Yépez, enfermó del cólera en junio
de 1856; y que en él, esta enfermedad- degeneró en tifus, muriendo de este último mal el 16 de
junio de 1856; de lo cual doy fe, por haber sido testigo ocular de su enfermedad y haberme
hallado a su lado en tiempo de su enfermedad y unos instantes antes de su muerte.
En testimonio de verdad firmo esta declaración, hoy a 7 de abril de 1925 y a los 87
años de edad.

(Firmado)
PALMACIA YÉPEZ DE BARRIOS»

El Padre José María Raldíriz, que lo asistió en las últimas horas de su vida, refiere que, una
o dos horas antes de morir, este varón, que era todo caridad, recobrando las pocas fuerzas que aún
le quedaban, se levantó del lecho y estando delante de la Imagen de la Inmaculada Concepción, que
habían llevado a su cuarto, exclamó con voz apagada y moribunda: «Virgen María, Madre de Dios,
por el Misterio de tu Concepción Inmaculada, te pido ruegues a tu Santísimo Hijo Jesús, me otorgue
la gracia de que yo sea la última víctima del cólera en esta ciudad»; y volviendo a su lecho, entregó,
poco después, su alma en manos de su Creador, cuando el reloj marcaba las 7 de la mañana del día
16 de junio de 1856 ( 20) y cuando el Padre Domínguez ofrecía a su intención el santo sacrificio de la
Misa.

Se apagó la Estrella de Occidente, Barquisimeto perdió el hombre que la honraba; pero


adquirió un protector en el cielo, desde donde vela por el bien de esta región que tanto amó.

19 La Divina Pastora permaneció alrededor de unos veinte días en Barquisimeto; a


su regreso fué llevada a Cabudare y después a Yaritagua. Los habitantes de estos
pueblos, azotados también por el cólera, imploraron a la Virgen Santísima pidién-
dola su amparo y protección.
20 Partida de defunción del Pbro. José Macario Yépez.—Copiada de los folios 378 y

379 del «Libro de Entierros» de la iglesia de la Inmaculada Concepción.—En esta


parroquial de la Inmaculada Concepción de la ciudad de Barquisimeto, a diez y seis
de junio de mil ochocientos cincuenta y sois, el Pbro. Elías Malheus con licencia que
yo el Cura Rector semanero le conferí, dió sepultura eclesiástica con oficio cantado
por mayor, al cadáver del Pbro. Maestro José. Macario Yépez, Cura Rector que fué
de esta iglesia parroquial, recibió los Santos Sacramentos de Penitencia, Eucaristía
y Extremaunción, de que certifico (firmado): María Raldiriz.
Cuando en regio triunfo, todos los años viene a visitarnos la Divina Pastora, parécenos que
el Espíritu de este ilustre Apóstol barquisimetano, acompaña a la veneranda Imagen de la Virgen y
que, por boca de sus dignos sucesores, habla aún a su pueblo aquellas palabras de verdad que sin
cesar fluían de su inspirada mente.

Su cuñada, la señora Ana Meló Navarrete de Yépez, que lo asistió durante todo el curso de
su enfermedad, hizo cavar inmediatamente en el cementerio de San Juan la fosa para recibir sus
restos, donde todavía reposan.

Ana de Yépez, mujer de inteligencia viva, de noble y firme carácter, objetó a los encargados
de la sanidad que el Padre había muerto del tifus y no del cólera y que, por lo tanto, no consentiría
por ninguna razón, que se llevaran su cuerpo al Dividive, como pretendían.

Cuando el lúgubre tañido de las campanas de la Concepción anunció su muerte,


Barquisimeto entera se conmovió.

Su entierro, que se efectuó por la mañana de aquel mismo día ( 21) , fue un triunfo; a pesar
de la natural repulsión que inspiraba la idea de haber estado enfermo del cólera; toda la población
acompañó al héroe que por ella, generosa y espontáneamente, había ofrecido su vida en el
memorable día del 14 de enero.

La ciudad toda asistió a sus exequias y acompañó a su cadáver hasta el cementerio de San
Juan. Los hombres y las mujeres, los niños y los ancianos, los ricos y los pobres, todos seguían al
féretro derramando lágrimas como si llorasen la pérdida de un padre querido o de algún miembro de
su propia familia.

Jamás en Barquisimeto se había visto entierro semejante.

CAPÍTULO V

El Presbítero José Macario Yépez.


Noticia biográfica

Barquisimeto 1799-1856

Excelso por su virtud;


Sublime por su talento;
Esclarecido por su mérito;
Mereció la gratitud del pueblo
Por su consagración al bien público.
—Andrés G. Alvizu. — 1857.

Corría el año de 1799 cuando el niño que más tarde, había de ser lumbrera y «Apóstol de
Occidente» (22), abrió los ojos a la luz del mundo.

21 Este entierro tuvo lugar a las 11, unas 4 horas después de su muerte, pues
debido a la enfermedad que motivara su defunción — el cólera degenerado en tifus
— no se podía esperar más tiempo.
22 Título que un esclarecido escritor dio al Pbro. José Macario Yépez.
Fueron sus legítimos padres (23), Don Francisco de Paula Yépez y Doña María Josefa
Ramona Tovar de Yépez; ambos, hijos de la hermosa ciudad de Carvajal, que bañan las plácidas
aguas del Tocuyo.

Dueño el Sr. Yépez de la hacienda de Santa Cruz ( 24), por donación que de ella le hizo su tío
el Sr. Don Vicente Yépez Dávila, se dedicaba al cultivo de sus tierras rodeado de sus hijos: Dionisio,
José Macario, Isabel, Rufina y Policarpo, que educaba en los firmes y sanos principios de la religión
católica, iniciando a los varones en la ruda labor del campo, haciéndoles trabajar como simples
obreros.

El joven José Macario, con la abigarrada blusita de peón, trabajaba al igual del más humilde
jornalero de la casa de su padre: pero dotado de una inteligencia excepcional y de un gusto
pronunciado por las letras, alma grande, profundamente religiosa, sintió que estaba llamado no a
labrar la tierra de este mundo, sino a la nobilísima misión de cultivar la viña del Señor, en el vasto
campo de la Iglesia católica venezolana.

Cierto día desaparece José Macario de Santa Cruz y, venciendo serias dificultades, fue a dar
al Seminario de Mérida. Su padre, apenado por su inesperada separación, conoce pronto el paradero
de su hijo y para mayor facilidad lo manda a cursar estudios en la Universidad Central de Caracas,
donde principia su carrera eclesiástica en 1 8 1 9 .

Allí aprendió las ciencias filosóficas y teológicas, recibió las ínfulas académicas de las
primeras; y en las segundas brilló por la sublimidad de su saber e inteligencia.

Coronó sus estudios con la unción sacerdotal que recibió a título de beneficio simple, por
pertenecerle la congrua de 3500 pesos de capellanía ( 25) .

23 Fé de bautismo de José Macario Yépez.


En la ciudad de la Nueva Segovia de Barquisimeto y veintitrés días del mes de abril
de mil sete cientos y noventa y nueve años. Yo el Cura Rector Semanero baptisé
solemnemente y puse santo óleo y chrisma e hice lo más que ordena el Ritual Romano
a José Macario, párvulo, hijo legítimo de Don Francisco de Paula Yépez y de Doña
María Josefa Tovar. Abuelos paternos Don José Manuel Yépez y Doña María
Chiquinquirá Mendoza: Maternos Don Juan Francisco Tovar y Doña Marcela Yépez,
vecinos de la ciudad del Tocuyo, y fueron padrinos Don Vicente Yépez Dávila y Doña
Isabel Yépez, a quien examiné en los Misterios de la fe y advertí el parentesco
espiritual y su obligación, testigos Don Juan Pacheco y Don Ramón Núñez, y para que
conste lo firmo, (firmado): Dr. José Bernabé Espinosa.
24 Ahora es propiedad del Sr. Gral. Lino Díaz.
25 La hacienda de San Judas era propiedad del Padre José Macario Yépez, en ella se

ve aún un buco trazado por este inteligente sacerdote.


Pbro. Maestro José Macario Yépez

(De un cuadro al óleo del Pbro.


Juan Andrés Domínguez)

El joven sacerdote llega a Barquisimeto, donde abre, en su propia casa, una escuela gratuita
(26) para dar la instrucción primaria a sus tiernos conciudadanos; al lado de esta escuela estableció
también una clase gratuita de latín, que dictó hasta el día en que se organizaron los cursos en las
aulas del Colegio Nacional.

En 1835 recibe el nombramiento de Vicario foráneo del partido de Barquisimeto y en 1837 el


Sr. Dr. Pablo Antonio Romero, Provisor y Vicario General del Arzobispado, le nombra Cura interino de
la iglesia Parroquial de la Inmaculada Concepción, beneficio que obtuvo en propiedad en el primer
concurso.

Apenas entra en el ejercicio de sus funciones parroquiales cuando le vemos en la Cátedra de


la verdad, combatiendo el error bajo todas sus formas, enseñando sin cesar las santas máximas del
Evangelio y las verdades de la fe. En esta sagrada misión era incansable (27).

Si consuelos prodiga al afligido y fomenta con ahínco toda idea piadosa y buena, su vigorosa
voz, como aterrante trueno, conmueve al endurecido corazón de los culpables y excita de tal suerte
los resortes de la conciencia, que hace correr las lágrimas.

Su elocuente palabra resonó también en los Congresos Nacionales, donde defendió la


Religión y la causa de los afligidos ( 28) . De su bien cortada pluma salen sabias producciones que
ponen de manifiesto su dignidad, su profunda erudición y su clarísimo criterio y causan ahora la
admiración de cuantos tienen la dicha de leerlas.

El hombre honrado encontró siempre en Yépez un saludable apoyo y las intrigas del
malvado encallaron ante su carácter recto; era sacerdote que, sabiendo lo que es el deber, jamás
sacrificaba su cumplimiento a ninguna consideración humana.

La dulzura de su carácter y la amabilidad de su trato, hacían de este Ministro del Señor uno
de esos seres privilegiados que inspiran respeto y atraen la estimación y el cariño de cuantos le
conocen. «Fue un sol benéfico y esplendoroso, colocado en el cénit de estas comarcas, que todo lo
vivificaba y hermoseaba».

26 Con el nombre de «Escuela Yépez», y a la grata memoria del Pbro. José Macario
Yépez, funciona en esta ciudad una escuela municipal, que con acierto y abnegado
celo regenta el Sr. Francisco de Paula Briceño.
27 En los días de semana santa llegó hasta pronunciar tres sermones diarios.
28 Después de la capitulación ele Macapo (1849). Páez fue encarcelado en el castillo

de San Antonio de Cumaná.


El Padre Yépez, diputado por Barquisimeto, tomó su defensa cuando el Congreso
trataba de su enjuiciamiento o de su expulsión.
Contestando al diputado Ramón Agüero pronunció brillantísimo discurso y
«demostró la conveniencia y la necesidad de acordar una amnistía, y nunca se
expresó mejor la idea cristiana que envolvía la política de la magnanimidad». —
Marzo de 1850. González Guinán.—Historia Contemporánea de Venezuela.—Tomo V,
pág. I I I .
En su calidad de Vicario foráneo, organizó las rentas de la vicaría, destruidas en gran parte
por el terremoto y la guerra; pero contrajo su principal atención en la reconstrucción del templo
parroquial ( 29) , que yacía derruido por el terremoto del año de 1 8 1 2 y en donde había sido rege-
nerado en las purificadoras aguas bautismales.

En esta obra de reedificación, el Padre Macario Yépez invirtió la suma de 83 mil pesos, de
los cuales se tomaron 30 mil de las rentas de fábrica y limosnas de los fieles; lo restante fue cubierto
por los esfuerzos de la piedad del venerable sacerdote, que no solamente gastó en esta construcción
cuanto poseía, sino que contrajo también una deuda personal de 6 mil pesos, suma que tomó a
interés de 9 personas (30) de esta provincia.

Iglesia de la Inmaculada Concepción de Barquisimeto

Terminado el trabajo y previas las licencias necesarias, el Pbro. José Macario Yépez bendijo
la nueva iglesia, en medio de un inmenso concurso de fieles, el 26 de marzo de 1853, a las...4 y 5
minutos, cuando se cumplían exactamente 41 años de la destrucción del antiguo templo.

Al siguiente día se trasladó en solemnísima procesión el augustísimo y divino Sacramento


del Altar, desde la Capilla provisional hasta el altar mayor del nuevo santuario.

Las fiestas de esta colocación duraron por espacio de 17 días, se cantaron en la nueva
iglesia 16 misas solemnes y se predicaron 19 sermones.

El último día por la noche, salió la Imagen de la Inmaculada Concepción, llevada


procesionalmente por las calles de la ciudad. En esta noche tres diferentes oradores predicaron en
tres diversos lugares al gran concurso de fieles que 110 bajaba de 6000 personas. En el templo
centelleaban centenares de luces durante el día y resplandecían los fulgores de innumerables lámpa-
ras y velas en las primeras horas de la noche y su recinto estuvo lleno, de adoradores, durante los
días que duró esta suntuosa dedicatoria.

29 La antigua iglesia de la Inmaculada Concepción, construida a principios del siglo


XVII, constaba de tres naves, cuyos techos cargaban sobre pilares de ladrillos.
Poseía una elevada y famosa torre de cuatro cuerpos o pisos: en el primero estaba
una capilla dedicada a Santa Gertrudis. El terremoto de 1736 derribó la torre, que
fue reconstruida en el tiempo de seis meses. Se trataba de mejorar esta iglesia y de
recomponer su techo cuando el terremoto de 1812 la destruyó completamente. Bajo
sus ruinas fueron sepultados los presbíteros: Dr. José Bernabé Espinosa y Pedro
Francisco Anzola.
30 El señor José María Duran merece aquí especial mención, por la franca y decidida

ayuda que generosamente prestó al Padre Yépez para la construcción del templo
parroquial.
El Gobierno de la Provincia (31) secundó los esfuerzos del Vicario y puso en movimiento
todos los resortes que estaban a su alcance para que las fiestas religiosas, y las cívicas que
acompañaron a las primeras resultaran espléndidas

Concurrieron a estas solemnidades muchas personas procedentes de apartadas regiones,


que vinieron a participar de estos festejos que jamás Barquisimeto había visto.

El Padre Macario Yépez sobrevivió poco tiempo a la inauguración de su obra predilecta: sin
embargo, en los tres años de vida que aún disfrutó, dotó a su iglesia de ricos y hermosos
ornamentos; y, con motivo del proyecto de ley sobre «Reducción de Censos», publicó eruditos
artículos con los cuales con términos corteses, pero con razones contundentes, censuraba la
conducta de altos dignatarios y dictaba, la verdadera enseñanza de la Iglesia sobre este particular.

¡Cayó el frondoso Cedro que daba sombra a Barquisimeto! La ilustre víctima de la caridad
subió a las moradas eternas a recibir allí el premio de sus virtudes, de sus sacrificios y abnegaciones.

La religión católica venezolana perdió en él uno de sus más ilustres defensores; la Patria,
uno de sus más egregios servidores, y Barquisimeto el más pulcro, el más sabio y el más santo de
todos sus hijos.

Su muerte fue llorada por todos los hijos de Barquisimeto y sentida en las demás provincias
de la República; sus adversarios rindieron justo y merecido homenaje a su ciencia, a su talento y a
sus nobles virtudes. Sobre su tumba se vertieron copiosas lágrimas, se deshojaron fragantes rosas y
se colocaron vistosas coronas. De las muchas flores que la gratitud, el cariño o la admiración
esparcieron al recuerdo de sus nobles acciones y de su grata memoria, séanos permitido presentar
aquí «EL DOLOR», salida del inspirado numen de uno de nuestros grandes poetas nacionales.

+ Columna que señala el sitio donde yacen los


RESTOS DEL PBRO. JOSÉ MACARIO YÉPEZ.
(San Juan, cementerio abandonado)

Es de esperar que pronto se erigirá a la memoria de este héroe barquisimetano algún


monumento público, digno del agradecimiento de la ciudad, que se gloría de ser cuna de este
incomparable Sacerdote que se sacrificó por ella.

31 El Gobernador de la provincia era para entonces el Sr. Don Martín Aguinagalde.


DOLOR
El Pbro, Maestro José Macario Yépez
por Abigail Lozano. —Junio 27 de 1856

No sabemos qué pueda escribir


el odio sobre la piedra de un sepulcro.
—Víctor Hugo.

¡Cayó!... La Iglesia viste


Crespones funerarios;
Los áureos incensarios
Dan lúgubre fulgor...
Solima está de duelo...
Mirad sus tristes calles
Mirad sus tristes valles
Sin flores ni verdor.

El Ángel del Calvario,


Cuando la noche llega,
Sobre esa tumba riega
Sus lágrimas de luz
Y al desplegar sus alas
De grana y de zafiro,
Con tétrico suspiro
Se aleja de esa Cruz.

¡Sí, sí, llorad! ... Su sombra


Reclama ese tributo,
Reclama eterno luto
eterna gratitud...
Sed y hambre de justicia
Le atormentó en el suelo
Más hoy corona el cielo
Su angélica virtud.

Su voz amedrentaba
La torpe tiranía,
Su voz estremecía
Los hijos de Luzbel:
en esa altiva frente
Brotaba el pensamiento
Cual cedro corpulento
Del Monte de Israel.

¡Sultana del Ocaso


Rellena de amarguras!...
Tus regias vestiduras
Desgarra en tu dolor.

¡Paloma del Santuario,


Tu negra suerte llora!...
¡Paloma gemidora...
Consuélete el Señor!

El son de esas campanas


Que con dolor se pierde,
Al corazón recuerde
La historia del que fue.
Vivió la bella vida
Que sólo el justo vive;
Coronas hoy recibe
Su triunfadora fe.

¡Matronas y vestales
De la ciudad llorosa!...
Sobre su yerta losa
Perfumes derramad;
Y al rayo postrimero
Del moribundo día, Vuestra plegaria pía,
Por él a Dios enviad
Abigail Lozano.
CAPÍTULO VI

La Imagen de la Divina Pastora

Descripción

A impresión del peregrino que contempla por primera vez la Imagen de la Divina Pastora no
está del todo satisfecha, pues quisiera que el retrato material de la Virgen correspondiese a su
excelsa hermosura, que enamoró a su Creador y que deleita a los elegidos, Pero como el culto y los
honores que le rendimos no son para la Imagen, sino van directamente a ELLA, que tiene su asiento
en el cielo empíreo, a la diestra de su santísimo Hijo, no ponemos miramiento al arte de la escultura
de su Imagen ni a la finura de sus detalles, y sólo consideramos la excelsa calidad de Aquella a quien
imperfectamente representa.

Imagen de la Divina Pastora de Santa Rosa


(Según fotografía tomada en Barquisimeto)

Un pequeño grupo de honorables caballeros, pertenecientes al comercio de esta ciudad, y a


solicitud de uno de ellos, Sr. Don Federico Ramos, donaron a la Imagen de la Divina Pastora una
preciosa imagen del Niño Jesús, que es la que colocan en brazos de la Virgen solamente durante los
meses que permanece en Barquisimeto.

La milagrosa Imagen de la Divina Pastora de Santa Rosa es de madera y representa a la


Virgen en traje de pastora, sentada sobre un hermoso solio dorado.

Viste la Imagen túnica hermosa (32) y manto pluvial que, unido por delante del cuello,
desciende por detrás cubriendo completamente el respaldo del solio donde está sentada.

32Posee la Imagen de la Divina Pastora varias y ricas túnicas con sus respectivos
mantos y velos, agasajos de sus devotos, que lleva en sus diversas festividades
anuales.
La cabeza, ligeramente 'inclinada hacia la izquierda, los ojos son de mirar humilde y
compasivo; los cabellos, naturales y caen con simétrica armonía sobre los hombros. Un sombrero de
paja, adornado con sencillos atavíos (33), cubre su augusta cabeza, y un finísimo tul blanco baja a
ambos lados, velando las espaldas, el manto y los brazos.

La imagen del Niño y los anteriores objetos, así como también otros hermosos vestidos de la
Imagen, están confiados al cuidado de las honorables matronas, Señoras Enriqueta de Insausti e
Isabel ele Rodríguez.

La mano derecha, afirmada sobre el brazo del sillón, sostiene en sus reales dedos un
emblemático cayado de plata, que simboliza el maternal cuidado con que, como Pastora del rebaño
de Cristo, vigila sus ovejas místicas que son las almas.

Sentado sobre las rodillas y descansando en su maternal regazo, suavemente sostenido por
la mano izquierda, está el Niño Jesús. En los dedos de la derecha ostenta algunos exvotos, que el
pueblo llama Milagros, por recordar favores extraordinarios alcanzados de Dios por mediación de la
Virgen María. Siendo las glorias de la Madre el honor del Hijo, el Niño parece complacerse en
ostentar estos modestos trofeos de las victorias que su purísima Madre obtiene sin cesar sobre los
enemigos de nuestra raza dolorida.

EL CAMARÍN. —La Imagen de la Divina Pastora se guarda con veneración en su capilla ( 34),
situada en una nave lateral de la iglesia de Santa Rosa.

Altar y camarín de la Imagen de la Divina Pastora

El altar de esta capilla mide 3,45 metros de largo; sobre él, hacia atrás, está el Camarín de la
Divina Pastora, que tiene forma de nicho profundo de 3 metros de alto. Consta su interior de seis
gradas ascendentes sobre las cuales están colocados candelabros y floreros con ramos artificiales,
que, con las pinturas de sus paredes laterales forman sencillo adorno de la venerada Imagen, que

33 El Ilmo, y Rdmo. Sr. Dr. Víctor José Diez, (primer Obispo de Barquisimeto, fué
consagrado el 8 de noviembre de 1863 y falleció el 13 de octubre de 1893), obsequió
a la imagen de la Divina Pastora con un rico y pesado sombrero de plata maciza, que
a la vista semeja a los que ordinariamente usa, con un báculo del mismo metal y
con valiosas zapatillas de brocado de oro.
34 Una preciosa barandilla de mármol, que a su costo encargó a Italia el Pbro. José

Fortucci ha sido recientemente colocada para cerrar la entrada de la Capilla de la


Virgen.
descansa sobre su solio, y está situada en la parte superior-de este gracioso trono, que cierra un
vidrio de 3 metros de alto por 1,50 de ancho ( 35). Hermosea su frontis un artesonado y bien dispuesto
conjunto de molduras, capiteles y adornos esculturales, tallados sobre madera.

Esta obra de arte fue brillantemente ejecutada por el hábil maestro Juan B. Díaz; y el
escultor Don Eduardo Vázquez se hizo cargo de su dorado; en este trabajo se utilizaron láminas de
oro, por valor de 1600 bs.

El arreglo y construcción del abovedado techo de la capilla, en la cual se encuentra el altar y


camarín de la Divina Pastora, se debe al abnegado celo del actual Cura párroco de Santa Rosa,
Pbro. José Fortucci, quien, hace unos 16 años, recogió personalmente en la sabana que circunda
esta ciudad, la cantidad de yeso que se utilizó para este trabajo que, bajo su inmediata dirección,
ejecutó el maestro Pancho Rojas.
CAPÍTULO VII

Iglesia parroquial de Santa Rosa. Apuntes históricos

DESDE junio de 1835, fecha de la visita del limo. Señor Ramón Ignacio Méndez al pueblo de
Santa Rosa, hasta el año de 1850, esta parroquia quedó auxiliada por los sacerdotes de la iglesia de
Barquisimeto. El Prelado, en su auto de visita, encareció a los Curas que excitasen a los fieles para
que todos se esforzaran en la reconstrucción de la iglesia parroquial.

Poco después, accediendo al deseo de su superior, el Padre José M. Yépez, reunió algunos
fondos para este trabajo y luego bendijo y colocó la primera piedra del nuevo edificio de la casa del
Señor, cuyos trabajos iniciales fueron confiados al señor José María Urbina.

En octubre de 1844, el limo. Señor Ignacio Fernández Peña, en su visita pastoral, aplaudió el
celo y laboriosidad de los curas y vecinos por el notable adelanto que observó en los trabajos de la
reconstrucción del nuevo templo.

Sin embargo, como estos trabajos iban de acuerdo con los pocos recursos de que disponían,
quedaron casi estacionarios desde 1850 hasta 1856, cuando era Cura de esta parroquia el Pbro.
Macario Bracho.

Pero, el verdadero Nehemías del actual templo de Santa Rosa fue el virtuoso sacerdote
Ignacio María Montesdeoca, que sirvió este curato desde 1850 hasta 1875.

Este sacerdote encontró a su llegada sólo las paredes del nuevo templo y, deseoso de
terminarlo cuanto antes, acudió a la caridad cristiana, recolectando fondos en Santa Rosa ( 36),
Barquisimeto, Cabudare y Yaritagua. Pronto pudo reanudar los trabajos, cuya dirección confió al
Señor D. Mariano Raldíriz. Para agosto de 1864 el templo (37) estaba ya concluido, y el Padre
Montesdeoca celebró su solemne bendición el 30 del mismo mes. La Imagen de la Divina Pastora,
que había adquirido fama por los sucesos del año de 1856, y cuyo culto se extendía y aumentaba el
número de sus devotos, tenía ya un santuario espacioso. A este aprisco espiritual, pronto acudirán,
en devotas romerías, los pueblos occidentales de Venezuela, para congregarse en torno de su
cayado protector e impetrar de su benigna misericordia sus celestiales bendiciones.

35 Su coste fué de Bs. 824.


36 El señor José Francisco Tovar merece aquí especial mención por haber donado
para este trabajo una regular cantidad de dinero.
37 Mide 40 metros de largo por 17 de ancho (dimensiones exteriores).
Desde el año de 1864 hasta el presente se han hecho algunas refecciones al templo de
Santa Rosa, siendo la más notable la recomposición completa del techo de la nave central que se
hizo en el año de 1919. En este trabajo se gastaron grandes sumas, que dió el Gobierno del Estado y
la inagotable caridad pública.

Ahora, el actual Párroco de Santa Rosa, se ha visto en la imperiosa necesidad de renovar


también los techos de las dos naves laterales que amenazaban desplomarse, debido al mal estado
de las maderas.

Este plausible trabajo de renovación está ya muy adelantado, gracias a la noble abnegación
del venerable anciano, Cura Párroco de Santa Rosa, y a las dádivas que recibe de la piedad de los
devotos de la Divina Pastora.

Este templo, tan conocido de los barquisimetanos, mide 33,44 metros de largo, sin incluir el
presbiterio, por 16,60 metros de ancho. Su torre, con 25 metros de altura, domina las vegas del
Turbio, del Río Claro y los campos de Cabudare.

El viajero que, siguiendo la Carretera Nacional del Llano o la vía de la Costa, viene a esta
ciudad, bien sea del Centro, de los Llanos o del Yaracuy, distingue, desde lejos, este místico y blanco
redil de la Divina Pastora de las Almas, que se yergue imponente sobre los calizos cerritos de Santa
Rosa, inspirando con su vista, a cuantos transitan por sus contornos, el grato recuerdo de LA que es:
«Vía segura de eterna salvación».

CAPÍTULO VIII

Manifestaciones del culto que se tributa a la Divina Pastora

Como quien acumula tesoros,


así es el que tributa honores a su madre.—
Eclesiástico. Cap. IV.

El 14 DE ENERO DE CADA AÑO la Divina Pastora visita la ciudad de Barquisimeto.


MUERTO el Padre Yépez, el Presbítero José María Raldíriz, que, desde tres años antes,
desempeñaba el cargo de Vicario del partido, por injusta destitución del Padre Yépez, exigida por el
Gobierno, tomó la dirección del curato de la Inmaculada Concepción.

Este ilustre sacerdote, atendiendo al hecho providencial de haber sido el Presbítero Macario
la última víctima del cólera en Barquisimeto, cumpliéndose en él la petición que hiciera a la Virgen
María, habiendo aceptado el Dios infinito el espontáneo y generoso ofrecimiento del abnegado
sacerdote (38); considerando también la protección dispensada a la población por la Virgen Santísima,
en los aciagos días del cólera, dispuso, en testimonio de perenne gratitud a la Madre de Dios, que
todos los años, el 14 de enero, la Imagen de la Divina Pastora de Santa Rosa volviera en solemne
procesión a esta ciudad, práctica que nunca se ha omitido hasta ahora; y que ha llegado a ser ley
sagrada, cuyo cumplimiento es una de las más bellas manifestaciones del culto que nuestra sociedad
profesa a la excelsa Madre de Dios, en su advocación de Divina Pastora.

El, 14 DE ENERO EN BARQUISIMETO. — No hay en la vida social Barquisimetana, día de


mayor animación que el 14 de enero de cada año ni hay festividad religiosa o cívica que atraiga tanta

38Hay quien opine que fué el mismo Padre José Macario Yépez quien dispuso que
anualmente volviera la Divina Pastora a la ciudad de Barquisimeto.
concurrencia como la que en este día de enero, se reúne para ser escolta y guardia de honor de la
Imagen de la Divina Pastora que viene a visitar a su amada ciudad.

Se cuentan por centenares el número de personas que, cumpliendo promesas o siguiendo el


afecto de su devoción acompañan a - la Sagrada Imagen que traen cubierta desde Santa Rosa hasta
las primeras casas de la ciudad.

Entrando por las calles de la ciudad

Muchos barquisimetanos suelen ir hasta el monumento de la Cruz de tierrita Blanca en


espera de la Augusta Visitadora, donde alcanzan, cuando menos, a dos o tres mil el número de
personas que allí se congregan. Por todas las calles y todos los senderos de las afueras de la ciudad
llegan compactos grupos de gente que engruesan el ya inmenso séquito que acompaña a la Imagen.

Poco más o menos a las 4 de la tarde la Imagen llega a la entrada de la ciudad, donde se
detiene en la plazuela que llaman «La Pastora». Allí es descubierta e inmediatamente principia su
entrada triunfal por las calles de la alegre ciudad (39).

39 La recepción que en 1906, hizo la ciudad de Barquisimeto a la Imagen de la


Divina Pastora, para conmemorar el quincuagésimo aniversario de su primera visita,
fué solemnísima. Vivo es aún el recuerdo de esta festividad en la cual todas las
sociedades y gremios de esta capital rivalizaron de ardor para manifestar a la Madre
de Dios su afecto y devoción.
Sr. General Agustín Alvarado

La Imagen, colocada sobre andas, es cargada por 10 hombres, quienes, con pasos
acompasados y cadenciosos, van adelantando poco a poco, bajo la dirección de un maestro de
movimientos. Este honroso cargo lo viene desempeñando con gusto y competencia, desde hace unos
18 ó 20 años, el Sr. Gral. Agustín Alvarado. Los conductores se cambian de cuadra en cuadra; y son
tantos los hombres del pueblo y los señores de todos los gremios de la sociedad que quieren tener el
honor de cargar unos instantes sobre sus hombros a la Imagen de Aquella que llevó en sus virginales
entrañas al Creador del mundo, que el Señor Agustín Alvarado, no pocas veces, se ve en aprieto
para satisfacer a los muchos que le piden este favor.

Delante de la Imagen, en respetuoso tropel, van los hombres, a veces alguna piadosa
corporación y siempre un representante del clero, revestido de la capa pluvial.

Detrás de la Imagen sigue el inmenso concurso de mujeres, que van esparciendo las
místicas rosas del Ave María, llenando casi dos cuadras enteras. Todo este inmenso y variado
concurso de gente forma una verdadera ola humana, tan densa y compacta, que no hay donde echar
un alfiler.

Domina esta numerosa muchedumbre, de unas 8 a 10 mil personas (40), la Imagen de la


Divina Pastora, que, seguida de su inmenso y místico rebaño y al compás ele los bellos acordes de la
orquesta Mavare y de la Banda del Estado, que simultáneamente lanzan al aire sus armoniosos y
vibrantes acordes, avanza pausadamente.

El oleaje humano se detiene para oír el saludo de bienvenida que, a nombre de la ciudad,
dirige a la Virgen uno de los oradores sagrados de la capital.

De trecho en trecho, simbólicos arcos de triunfo lucen vistosas inscripciones que enaltecen
las glorias de María. Casi nunca faltan graciosos saludos que algún candoroso niño o alguna
encantadora niña dejan brotar de sus enardecidos corazones, ensalzando con sus sencillas vocecitas
a la Virgen de las Vírgenes.

40 A esta manifestación en honor de la Madre de Dios concurre casi toda la ciudad;


los almacenes, las casas de comercio y los diversos ramos de la industria
barquisimetana cierran sus oficinas y talleres para dar libertad a sus empleados.
Muchas casas adornan sus frontispicios con banderas, palmas o flores; y en las ventanas
asoman los pequeñuelos, las señoras y ancianos, cuyas ocupaciones o edad retienen en sus casas;
pero que ahora, en ademán piadoso, saludan a la Virgen que pasa y contemplan el desfile de su
acompañamiento.

En esta lenta pero majestuosa y triunfal carrera de unas dos o tres horas de duración, sigue
la veneranda Imagen hacia la Catedral, en donde entra, cuando ya el lucero de la tarde centellea en
el azul del 85
Cielo, y el alegre y continuo repiqueteo de las campanas de San Francisco anuncia a toda la
ciudad, con sus sonoras ondulaciones, la feliz llegada de la Reina de Barquisimeto.

Suele cerrarse esta sin par manifestación de la lozana fe barquisimetana con la solemne
bendición del Santísimo Sacramento y con una corta, pero entusiasta arenga con que algún
aventajado predicador enaltece las glorías de la Madre de Dios y atiza la ya encendida antorcha de
su amor y devoción.

Cuando los privilegiados que tuvieron cabida en la Catedral salen del Lugar Santo, ya es de
noche y el reloj de la ciudad marca las 7. La luna sube en el horizonte, plateando ligeramente las
nubecillas que vagan por el espacio, pareciendo alegrarse, en esta diamantina noche de enero, de
ser mística mensajera de aquella celestial Criatura de quien dijo el autor de la Sabiduría que «avanza
como naciente aurora, hermosa como la luna, escogida como el sol».

A esta radiante Aurora del cielo espiritual; a este Trono de la eterna Sabiduría, que siempre
esplende como luna llena—«Sicut luna perfecta in eternum» ; a esta Madre de Jesús, Sol de Justicia
que brilla como luz deslumbradora—«Luce splendibus ful gebis» — (Tobías XIII, 13). Barquisimeto
entero, por su pueblo, sus sociedades, sus diversos gremios y corporaciones, rendirá solemnes
homenajes de amor y veneración, en los dos meses que su Imagen permanecerá en su ciudad; y de
Ella recibirá los purísimos efluvios de la gracia, la abundancia de luz espiritual que reconforta el
espíritu y el calor de su ilimitada misericordia, que vivifica el alma y reconforta la fe; dones éstos
apetecidos por el alma deseosa de su salvación y que constituyen el manjar sobrenatural con el cual
esta Divina Pastora apacienta sus ovejas en los místicos predios de la Iglesia Católica.

La Divina Pastora en Barquisimeto. — Festividades en su honor.—Toca al cabildo y clero de


esta ciudad celebrar, el primer domingo después de su llegada, la primera de esta serie de
solemnidades con las cuales Barquisimeto celebra todos los años, las glorias de su celestial
Protectora.

Una semana o semana y media permanece la Santa Imagen en la Catedral, donde a


ninguna hora le faltan devotos que la honren, ni luminarias que brillen ante ella.
Catedral de Barquisimeto

De la Catedral es llevada, el domingo por la tarde, en medio de otra gran concurso de fieles,
a la iglesia de la Concepción; allí permanece durante 8 días consecutivos, salvo unas cuantas horas
de un día de la semana, cuando sale al Hospital a visitar a los afligidos del cuerpo, para llevarles el
ánimo que Ella, «Salud de los enfermos», sabe copiosamente derramar sobre los doloridos y
desterrados hijos de Eva.

El traslado de la Santa Imagen para la iglesia Eucarística de la Paz reviste un carácter


imponente y atractivo mediante la cooperación de la fuerza nacional, pues la procesión desfila por
delante del cuartel.

Hospital de Barquisimeto. (Fachada)

Repetidas y atronadoras salvas de artillería, que repercuten en las hondonadas y quebradas


del Manzano, anuncian la salida de la Imagen de la Concepción. Los militares, en correcta formación,
presentan las armas a la que invocaron ínclitos guerreros en la hora del combate, y cuyo solo nombre
es más terrible a los enemigos de nuestra salvación que el más poderoso ejército en orden de batalla.

Dos arcos triunfales, levantados por los soldados con verdes ramas y grandes palmas,
adornan el trayecto por donde ha de pasar la Imagen, la cual, escoltada por la tropa, sigue hacia La
Paz al compás de la música del batallón y mientras asorda el espacio el estruendo del cañón.

Al pasar la Imagen por debajo de uno de los arcos, un cofre, hábilmente disimulado en el
cópele del mismo, se abre automáticamente y dos blancas palomas, allí encerradas, emprenden
raudo vuelo en el inmenso firmamento, gracioso simbolismo de la libertad que la Virgen alcanza al
alma que, presa por el pecado en las garras del dragón infernal, llama a María, a cuyo sólo nombre
tiembla el averno y por cuya mediación el alma consigue su completa libertad.

Dirigiéndose hacia iglesia de La Paz

A corta distancia de La Paz está la cárcel pública, más conocida con el nombre de «Las Tres
Torres». Los allí recluidos por sus delitos, son también objeto de la misericordia de la clemente María,
que se complace en ser llamada con el dulce nombre de Refugio de los Pecadores. En la tarde del
día señalado para esta visita, sale la Imagen de La Paz y entra en «Las Tres Torres», donde se oyen
los tiernos y a veces conmovedores acentos con que los presos saludan e invocan a la Divina
Pastora. Este día es para la cárcel día de gracia y de perdón, pues, para este acto suelen confesarse
casi la totalidad de los detenidos.

Los niños y jóvenes de Lara que en el Colegio La Salle beben con profusión de las sagradas
fuentes de Minerva, la ciencia y la virtud, hacen oír las armoniosas notas de bien nutrido coro de
cantores el jueves de la misma semana, en una misa y comunión general, y aclaman a María por
Reina y protectora de su lozana juventud.

La suntuosa fiesta (41) que se celebra el domingo que está la Divina Pastora en La Paz la
costea, desde hace unos seis años, el honorable caballero Juan Bautista Barrios Yépez, sobrino
directo del esclarecido varón Pbro. José Macario Yépez y heredero de la devoción a la Virgen que su
egregio tío infundió a la sociedad barquisimetana, devoción que, a nuestro parecer, es el legado más
precioso que puede haber recibido de su ilustre prosapia.

41Esta fiesta la hace celebrar el señor Juan Bautista Barrios Yépez en cumplimiento
de una promesa que hizo a la Divina Pastora por haberle obtenido ésta señalado
favor en cierta circunstancia excepcional de su vida.
Santuario Eucarístico de La Paz

Iglesia de San José

Muy lucida resulta siempre esta solemnidad de La Paz, y este año más que antes, pues por
primera vez lució la Sagrada Imagen riquísimo traje de brocado de plata, que le costeó el señor
Barrios Yépez y que hábilmente confeccionaron las Místicas Abejas de este lindo santuario, que el
celo de su joven Capellán y la piedad de un benemérito hijo de esta ciudad acaban de convertir en
artístico relicario, donde perennemente está de manifiesto el Augustísimo Sacramento de nuestros
Altares.

De La Paz la Divina Pastora, acompañada siempre de un gran concurso de fieles, es llevada


(42) para Altagracia, donde le celebra pomposa y muy concurrida fiesta la «Sociedad de la Divina
Pastora».

Vuelve, por fin, la Divina Pastora a la Catedral, y allí, en los domingos subsiguientes, la
Sociedad de las «Amantes de la Virgen», El Comercio de la Ciudad, el Gremio de los Agricultores de

42Habiéndose solemnemente bendecido la nueva y hermosa iglesia de San José, el


18 de octubre de 1925, la Divina Pastora permanecerá también una semana en este
templo.
la región y el Gremio de Choferes (43), la honran con sus respectivas festividades, que rivalizan en
pompa y magnificencia, tanto por lo lucido de los cantos y de sus acompañamientos, que ejecutan
maestros del arte, como por la selecta concurrencia que llena de bote en bote las espaciosas naves
de la Catedral.

La Imagen de la Divina Pastora es llevada procesionalmente


por las calles de Barquisimeto

En estas festividades es cuando los mejores oradores sagrados hacen derroche de


elocuencia y poesía, en obsequio a la Madre de Dios y enseñanza de sus servidores. ¿Quién no
habrá leído aquella hermosísima pieza oratoria con la cual cantó, el verbo elocuente del Pbro. Carlos
Borges, las glorias de nuestra Divina Pastora? y ¿cuántas veces no nos deleitaríamos con la lectura
de otras no menos hermosas y doctrinarias, pronunciadas en estas solemnidades por eruditos
sacerdotes de esta ciudad, si sus autores las dieran a la estampa ?

Terminadas las fiestas de las sociedades y las muchas particulares, que la piedad personal
le ofrece casi diariamente, en las diferentes iglesias donde está continuamente expuesta su Imagen a
la veneración de los fieles: la Divina Pastora vuelve a Santa Rosa, sin faltar para su regreso un
regular grupo de personas que la acompañen, y las armonías de la banda para solemnizar su
despedida.

Nota. Para cortar de raíz el celo indiscreto de algunos fieles que deseaban llevar la imagen
de la Divina Pastora a otras poblaciones circunvecinas, la autoridad eclesiástica, siempre solícita por
los intereses religiosos de la diócesis, dictó la siguiente resolución:

Diócesis de Barquisimeto. Gobierno Superior Eclesiástico. Barquisimeto, 27 de julio de 1925.

En nombre del limo, y Rvmo. Señor Agüedo Felipe Alvarado, Obispo de la Diócesis,
hacemos saber a todos nuestros amados diocesanos que consultado el Venerable Capítulo, y
tomando en cuenta razones por demás justas y prudentes, se resuelve:

43 Este Gremio principió este año la celebración de su fiesta a la Divina Pastora; y se


nos dice que para el venidero el Gremio de los Industriales del ramo de alpargatería,
le dedicará otra fiesta.
Que la imagen de la Divina Pastora, venerada en su Santuario del vecino pueblo de Santa
Rosa, no sea trasladada de ahí a ninguna otra población en visita o romería, a excepción ele la
antigua y tradicional que hace a esta Sede episcopal.

Esperamos el más exacto cumplimiento de esta determinación, tanto por parte de nuestro
'Venerable Clero, como de los amados fieles de nuestra Diócesis.

Veríamos sí, con mucho agrado, que se hiciesen de las demás poblaciones piadosas
Peregrinaciones al Santuario de Santa Rosa, como se acostumbra en todos los Santuarios célebres
del mundo católico.

Mons. José de Jesús Crespo M.


Vicario General.

Refrendado:

Pbro. Salvador Montes de Oca,


Secretario.

EL 8 DE SEPTIEMBRE. — La festividad que anualmente se celebra el día 8 de septiembre en honor


de la Divina Pastora, es otro testimonio irrecusable del amor profundo que le tributa la sociedad
barquisimetana.

La víspera de este día llegan a Santa Rosa exóticos grupos de peregrinos, procedentes de
apartadas regiones de este Estado y de algunos de los circunvecinos. Los más van a pie, pero otros
suelen ir acompañados de alguna humilde cabalgadura: el manso jumento, montura ordinaria de los
pobres, carga con lo estrictamente necesario para los días ausentes del lar querido, o da descanso al
que, en comitiva, cae rendido a las asperezas del largo camino. Todas estas gentes, sencillas en sus
costumbres, humildes en el vestir y parcas en el vivir, vienen a honrar a María; y a buen seguro que,
con mirar tierno y compasivo, la Virgen contempla a estos pobres de la tierra, que vienen a rendir
homenaje a su grandeza, pagarle una promesa o bus car en Ella algún suave lenitivo a sus penas y
amarguras.

En las primeras horas de la mañana del día 8, aparecen, a la luz de los focos eléctricos de
las esquinas de las calles de esta ciudad, innumerables siluetas humanas, que desfilan presurosas
hacia la avenida que, por el barrio de Paya, sigue hacia Santa Rosa. Cuando, al rayar el alba, se
disipan las tinieblas que envuelven la tierra, el trayecto de 5 kilómetros que separa el pintoresco
pueblito de Santa Rosa de Barquisimeto, aparece" lleno de grupos de personas de todo sexo, edad y
condición, que van en esta temprana hora del día a saludar a la «Estrella de la Mañana» en su
amado Santuario.

Cuando el astro-rey asoma tras los lejanos cerros del Rodeo y del Enjalme, dorando con los
esplendores de su orto las ubérrimas vegas del Turbio y refleja sus nacientes rayos sobre la blanca
iglesia, su interior, el atrio de la misma y la plazuela vecina están repletos de fieles, que asisten a la
primera misa (44), ofrecida en honor de la Divina Pastora, la cual, colocada sobre un altar provisional,
bendice a su pueblo y escucha sus clamores.

Oyen la prisa solemne de las 8 nuevas afluencias de romeros, y durante todo este día el
vaivén de los vehículos, autos, camiones, ciclistas, jinetes y peones es continuo y no interrumpido.

44Siempre un grupo de cristianos honran a la Virgen, con la recepción de la Sagrada


Comunión. ¡Ojalá! cundiera entre los fieles esta provechosa y saludable práctica.
Pocos son los barquisimetanos (45) que en este día de septiembre no van a Santa Rosa a saludar en
su día a la Reina excelsa de esta región: la Divina Pastora.
SOCIEDAD DE LA DIVINA PASTORA. — Con esta designación funciona en esta ciudad una
interesante institución cuyo fin es:
1º «Honrar de una manera especial a su Patrona, tributándole culto digno y esplendoroso en
la visita que anualmente hace a esta ciudad».

2º «Auxiliar a sus miembros caso de enfermedad o muerte» (46).

La fundación de esta Sociedad remonta al 28 de enero de 1887, cuando un núcleo de


hombres que ostentaban en «su frente los laureles de la honradez y del trabajo, tuvieron la brillante
idea de fundar esta Sociedad para honra y gloria del culto de nuestra augusta Patrona» ( 47). Desde
aquella fecha hasta el presente ha seguido cumpliendo el fin particular de su institución.

Todos los años ofrece a su gloriosa Patrona una muy solemne festividad en la iglesia de
Altagracia. Inició y llevó a feliz término la construcción del altar y frontis del camarín de la Divina
Pastora.

Últimamente adquirió un espacioso solar, inmediato a la iglesia de San José, con el fin de
construir en él un edificio para sus reuniones; y ahora se hizo cargo de la reedición de esta pequeña
historia.

Bajo la tutelar égida de la Madre de Dios, la Divina Pastora, auguramos a la simpática Sociedad días
de venturosa prosperidad.

Procesión con la Imagen de la Divina Pastora por la calle principal de Santa Rosa

45 Es verdad que unos van a Santa Rosa como curiosos, atraídos por las fiestas y
corridas de toros que suele haber por la tarde de este día y de los dos siguientes;
pero ni estos individuos no dejan de saludar a la Virgen y de pedirle su protección.
46 Reglamento de la Sociedad de la Divina Pastora.
47 Idem.
Carretera que une Barquisimeto con Santa Rosa

CAPÍTULO IX

Favores atribuidos a la intercesión de la Divina Pastora

MUCHOS son los favores que los fieles alcanzan de Dios por la poderosa mediación de la
Virgen su Madre, en su advocación de Divina Pastora. Este dulce nombre es siempre pronunciado
con respetuosa confianza por todos los fieles de esta región de Venezuela y numerosas son las
gracias con las cuales la Virgen María corresponde complacida al cariño de sus hijos.

Entre los señalados y múltiples beneficios recibidos de la bondadosa mano de nuestra


excelsa Protectora, presentamos (por la brevedad de esta publicación), tan sólo los siguientes:

El general Ferrer mandaba las fuerzas del Gobierno acuarteladas en esta ciudad. Habiendo
salido en campaña contra las tropas revolucionarias de A. y B., fue sorprendido por los contrarios en
la cuesta de La Mocotí (Estado Trujillo), siendo herido en la sorpresa. Los soldados de Ferrer
quedaron estrechados y acorralados y en tan mala situación, que su jefe pensaba capitular y
entregarse; pero reanimándose, puso la suerte de sus soldados y el éxito del combate en manos de
la Divina Pastora y le hizo promesa de celebrarle solemne festividad si le daba la victoria.

Inmediatamente hace ocupar una altura abrupta y de difícil acceso y contraataca a los
enemigos, quienes pronto ceden y se baten en retirada.

A su regreso a esta ciudad, el general Ferrer cumplió la promesa ofrecida en la hora, del
peligro, haciendo celebrar una suntuosa solemnidad a la Divina Pastora, cuyo recuerdo aún perdura
en el espíritu de cuantos la presenciaron.

Un niño de corta edad, después de 20 días de fiebre perniciosa estaba en tal estado de
postración que ya todos creían llegada la hora de su muerte.

Como en este día iba a pasar por delante de la casa la procesión que acompañaba la
Imagen de la Divina Pastora, el padre del niño colocó el enfermo frente a la ventana de la calle, la
cual dejó abierta al llegar la procesión a este punto. A sus ruegos la Imagen se detuvo frente a la
ventana abierta.

Durante el tiempo que duró el canto de una Salve, el padre del enfermo, de pie, los ojos
puestos en la Imagen, con vivas instancias suplicaba a la Virgen curara a su hijo. Este señor me
refirió que tuvo entonces la intuición de que su plegaria había sido favorablemente acogida, pues, en
visión espiritual, le pareció ver a la Virgen levantar la mano y bendecir a su hijo enfermo.

El niño sanó; goza ahora de perfecta salud y ocupa una ventajosa posición social.

Un joven, perteneciente a una muy honorable familia de Puerto Cabello, enfermó con un
tumor en el muslo. La persona que le hizo la operación empleó un hierro infestado y la consecuencia
de este descuido fue la pronta aparición de la gangrena. Los médicos declararon el caso perdido. Los
padres del enfermo, conociendo que eran pocas las horas que su hijo habría de vivir, previnieron por
la vía telegráfica al padrino del joven, respetable caballero de esta ciudad.

El señor A. A., al recibir la triste noticia, entra en su aposento; con el telegrama en una mano,
se postra a los pies de una imagen de la Divina Pastora y con fe suplicante pide a la Madre de Dios la
curación de su ahijado. Al mismo tiempo promete a la Virgen Santísima hacer celebrar en el altar de
su Imagen de Santa Rosa, una misa de acción de gracias, a la cual asistiría en compañía del joven ya
curado.

Después de esta ardiente súplica el señor A. A. se levanta; y, a pesar de ser ya la hora


avanzada, (eran las 8 p.m.), se dirige incontinenti al telégrafo y envía a los padres del enfermo un
telegrama urgente, concebido en los términos siguientes: «Recibí, cuando llegue éste, mal ha de
haber cambiado, tengan fe en la Divina Pastora».

Una hora después los padres del joven recibían el telegrama cuya lectura, como apropiado
lenitivo, virtió sobre sus almas acongojadas el suave refrigerio de dulce esperanza. Acercándose
luego al lecho del paciente le dieron lectura de su contenido; éste dió muestras de satisfacción y
asiendo el papel, lo tuvo toda aquella noche en una mano.

En medio del insomnio y delirio de la agonía, repetía sin cesar: «¡Padrino!... ¡Divina
Pastora!...» En altas horas de la noche durmióse tranquilamente el paciente y cuando en la mañana
del día siguiente volvió a abrir los ojos a la luz del claro día, los síntomas de la gangrena y el peligro
de muerte habían desaparecido y al cabo de cortos días el joven estaba completamente restablecido.

Algún tiempo después veíase en la iglesia de Santa Rosa al señor General A. A., en
compañía de su ahijado; ambos asistían devotos y recogidos al Santo Sacrificio de la Misa para
agradecer a la Divina Pastora la milagrosa curación del joven porteño.

La señora Rosa Hurtado de Falcón, de 30 años de edad, que desempeña ahora el abnegado
y meritorio cargo de maestra de una escuela municipal de esta ciudad, fue objeto, no ha mucho, de
una singular merced de la Madre de Dios.

En marzo de 1924 estando de residencia en Urachiche, donde, a la sazón, el señor


Leonardo Falcón, su esposo, era Secretario de la jefatura civil de aquel distrito, principió a padecer de
un tumor escrofuloso que se le declaró en el cuello, el cual progresivamente aumentó y se extendió
hasta detrás de la oreja derecha.

Muchos remedios fueron aplicados a la doliente con el fin de atajar el mal; pero todo fue en
vano; y habiendo tenido la desgracia de perder a su esposo, en noviembre de 1924, regresó
nuevamente a esta ciudad, donde la vieron y cuidaron sucesivamente varios médicos.

No encontrando ningún alivio con los diversos tratamientos prescritos por los facultativos y
viendo que empeoraba su estado de salud, pues el tumor se arraigaba más y más, Rosa resolvió
emprender un viaje a Puerto Cabello, en busca de una mejora; pero tampoco allí consiguió lo que
buscaba, y a su regreso a esta ciudad estaba en peores condiciones que antes.

Perdidas las esperanzas humanas y agotados los recursos, Rosa resolvió pedir al cielo lo
que le negaba la tierra; la consideración y la vista de sus siete hijos, todos niños de corta edad, era
poderoso estímulo que había de lanzar su alma en el dominio de la Fe, virtud sublime que al decir de
la misma Sabiduría es capaz de obrar maravillas y transportar las montañas.
El 14 de enero de 1925 estaba la enferma en un estado lamentable y consideraba ya
próximo el supremo desenlace; con todo, venciendo su natural debilidad y confiada en el poder de
Aquella de quien dijo el Doctor Melifluo que «Jamás se ha invocado en vano», Rosa se encaminó a la
catedral y allí ante la Imagen de la Divina Pastora, principió una novena para pedirle su curación; pero
después de terminada, no experimentó ninguna mejoría, en vista de lo cual, incontinenti, principió una
segunda al fin de la cual tampoco experimentó alivio en sus dolores.

Ocurriósele entonces a la devota señora comprar un paquete de algodón con el cual hizo
limpiar la cara de la Imagen de la Divina Pastora; y desde entonces utilizó este algodón para limpiarse
las supuraciones del tumor infeccioso, que por espacio de nueve meses no le daba tregua ni reposo,
y que la había reducido a tal estado de postración que ya le era harto difícil el poder alimentarse. Lo
prodigioso e inexplicable del caso fue que, sin utilizar remedio alguno, desde el preciso momento en
que principió Rosa a limpiarse la llaga con el algodón que había limpiado la cara de la Virgen, advirtió
mejoría, la cual fue aumentando de día en día hasta que, al cabo de unos días, se cerró toda la llaga
y desapareció completamente el mal; sólo, como recuerdo de esta terrible dolencia, conservó la
cicatriz en el lugar que ocupaba el tumor escrofuloso.

La referida señora, publica, a quien desea oírla, que es sólo a la intercesión de la Divina
Pastora que debe la curación de la grave enfermedad que no pudieron dominar la ciencia de los
facultativos que la cuidaron ni la fuerza de los remedios que empleó.

CAPÍTULO X

GÉNESIS DEL CULTO A LA MADRE DE DIOS EN SU ADVOCACIÓN DE DIVINA PASTORA

Para ilustración de nuestros amables lectores, nos ha parecido oportuno incluir en esta obrita
el relato del origen y desarrollo del culto que, en la Iglesia de Dios, se rinde a la Virgen María en su
graciosa advocación de Divina Pastora.

A principios del siglo XVIII vivía en el convento capuchino de Santa Justa Rufina, extramuros
de la ciudad de Sevilla, España, el eminente predicador capuchino, Fray Isidoro de Sevilla.

Su celo por la salvación de las almas le movió a ir por las calles y plazas de la ciudad y
adoctrinar públicamente a las gentes, anunciando a todos la palabra de Dios, sus rigurosos castigos
para con los transgresores de la ley y sus misericordias infinitas a los arrepentidos; y a cuantos le
oían proponía, como mediadora para alcanzar el perdón de sus culpas, a la Virgen Santísima porque,
como dice el sagrado texto, los que confían en Ella y la alaban, alcanzarán la vida eterna.

Fue el 24 de junio del año de T703 cuando Fray Isidoro de Sevilla inició sus predicaciones
públicas. Salió de la iglesia parroquial de San Gil con un grupo de personas que pudo reunir; y,
cantando la corona de la Virgen, se dirigió a la hermosa plaza de la ciudad que llaman la Alameda.

Es la referida Alameda una hermosa avenida poblada de cuatro filas de árboles de hoja
permanente, con tres artísticas fuentes de cristalinas aguas, las cuales, junto con el arbolado, dan
frescura y amenidad al paseo, siendo numeroso el concurso de los que lo frecuentan para aliviarse
del calor del verano.

Al poco tiempo la plaza estuvo repleta de gente de toda edad y condición, a la cual el
religioso predicó con gran entusiasmo; terminada su plática, dividió la concurrencia en dos coros, y,
cantando la salutación angélica, fueron recorriendo las calles de la ciudad.
El misionero siguió predicando todos los días en la mencionada plaza, y acostumbraba
terminar sus exhortaciones con una marcha procesional por las calles de la ciudad, honrando a la
Virgen con piadosos cánticos, y con el rezo del santo rosario.

Visto el éxito de estas manifestaciones religiosas, determinó el Rdo. Capuchino hacer un


pendón o estandarte especial con una imagen de María Santísima, para ser conducido en regio
triunfo por las calles de Sevilla.

Estuvo 'Fray Isidoro pensando ¿cuál sería la representación de la Virgen que más
impresionaría a los fieles, y qué les inspiraría más confianza y devoción ?; y el venerable religioso,
recordando la parábola de Cristo en que se pinta él mismo bajo el símbolo de Buen Pastor,
fundándose en que, siendo la Virgen perfectísima. imitadora de su Hijo Unigénito y evocando aquellas
palabras de San Antonino de Florencia: «María est Pastor bonus pascens Ecclesiam», resolvió hacer
pintar una imagen de la Virgen María en traje de Pastora, lo que hizo ejecutar en la forma siguiente :
La Virgen estaba sentada sobre una piedra, en medio de un campo sembrado de árboles y flores,
vestía túnica talar de color purpúreo y le cubría los hombros un pellico, imitando el vellón de una
oveja. Todo este conjunto fue artísticamente pintado por un maestro del arte, así es que esta primera
Imagen de la Divina Pastora, con semblante tierno y expresivo, inspiraba devoción y excitaba el
fervor.

El día 8 de septiembre de 1703, por primera vez aparecía, llevada en triunfo por las calles de
Sevilla, esta peregrina Imagen de María Santísima en traje de Pastora.

A esta celebérrima primera fiesta en honor de la Divina Pastora, 110 faltó nada para que
resultase espléndida : el concurso de gente, la música, los fuegos artificiales, el encanto de niñitos
vestidos de ángeles, etcétera, todo contribuyó al éxito de la solemnidad preparada con gran celo, por
los religiosos capuchinos del convento.

Fray Isidoro organizó después, en T709, una cofradía o Hermandad de la Divina Pastora,
para que sus miembros fuesen el místico rebaño que habría de honrar siempre a tan excelsa Patrona.

Las constituciones de esta Hermandad fueron aprobadas por el Ordinario y poco después
por la Santa Sede (48). En ella se inscribió su Majestad el rey Felipe V, en el año 1730.

Cundió de tal manera esta simpática devoción, que luego dedicaron capilla especial en honor
de la Divina Pastora, en una de las principales iglesias de Sevilla y se fundaron otras hermandades
en varias ciudades de España. Los capuchinos propagaron este culto ( 49) en la Península y en las
colonias americanas, donde poseían florecientes misiones; así vemos que ellos fueron los que
implantaron esta devoción no solamente en Barquisimeto, mas también en toda Venezuela y en
Caracas, que tiene una hermosa iglesia que le está dedicada.

48 La Sagrada Congregación de Ritos, por mediación del Cardenal Lassini, expidió


dos rescriptos aprobando el culto y la Hermandad de la Divina Pastora.
49 Los RR. PP. Capuchinos de Sevilla, celebraron desde entonces la fiesta de María,

en su nuevo título de Divina Pastora, el segundo domingo después de Pascua, la


cual, Pío VII concedió, en 10 de junio de 1801, a la Toscana (Italia), de donde se
propagó por casi todo aquel reino.
Hoy día las fechas de su celebración son varias. Pío IX aprobó un oficio en honor de
la Divina Pastora, a fin, decía, de llamar la atención reconocida y suplicante de los
fieles sobre la vigilante custodia con que la Virgen les guarda y el celestial alimento
de que le son deudores.
PENSAMIENTOS

1. María a todos consuela, y basta que apenas sea invocada, para que pronto preste el
auxilio que se le pide. Con su dulzura muchas veces atrae a su devoción, y despierta a los pecadores
más olvidados de Dios y más sumidos en el letargo de sus pecados.

2. María a ninguno desprecia, a ninguno se niega, a todos consuela, a todos abre su


bondadoso Corazón, y apenas es llamada, cuando acude.

3. No es posible que se condene el que fuere solícito y humilde servidor de la gloriosísima


Virgen María.

4. María abre el abismo dé la misericordia de Dios a quien quiere, cuando quiere y como
quiere: de modo que no hay pecador, por grande que sea, que se pierda, si María lo protege.

5. Así como el sol ilumina a todos los cuerpos terrestres, también por la dulzura de María
no hay en el mundo quien por su mediación no participe de la Divina Misericordia.

6. No desconfíes, pecador, aun cuando fuesen innumerables tus pecados, acude


sinceramente a esta Señora, porque la hallarás con las manos llenas de misericordia; pues más
desea María hacerte gracias, que tú apeteces recibirlas.

7. ¡Ojalá! que todos los pecadores recurriesen a esta dulce Madre, pues todos
ciertamente alcanzarían el perdón de Dios.

8. Si nos atemoriza y desanima la vista de nuestros pecados, entendamos que María fue
hecha Reina de Misericordia, a fin de salvar con su protección a los pecadores más grandes y más
perdidos que a Ella se encomiendan.

9. Será desdichado y desdichado para siempre en la otra vida, el que, pudiendo en esta
vida ocurrir a mí que soy tan piadosa con todos, y que tanto deseo socorrer a los pecadores, no
acuda a mi misericordia, y se condene. (Palabras de la Virgen Santísima a Santa Brígida).

10. Servir a María es la mayor honra a que podemos aspirar.

11. El que halla a María, halla todos los bienes.

12. Los que me ensalcen obtendrán la vida eterna. (Ecl. 24, 31).

Yo he hecho resplandecer en el cielo tantos luceros cuantos son mis devotos (Eclesiástico).
A la
Divina Pastora de Santa Rosa.

Urbem, Virgo, serva tuam.

En Santa Rosa donde los Gayones, En pobres ranchos rústicos habitan, Plantaste, Virgen
Santa, los blasones Del culto que favores acreditan.

Barquisimeto contigo hace alianza, Dócil se acoge, Madre, a tu grandeza; Tu protección, con
férvida esperanza, Implora en su amargura y su tristeza;

Y renacen la calma y la bonanza, Desaparece el mal con su braveza, Al recibir de Yépez


digna oferta Tu noble mano la ciudad liberta.
De esta ciudad los píos moradores A visitarte al despuntar la aurora Cada año van, rindiendo
sus loores, 119
Ante tu Imagen, mística Pastora; Reciben de tu mano mil favores,

Al invocar tú nombre, gran Señora;

Y su piedad te ofrenda con ternura De la oración la célica dulzura.

Todos los años cuando torna enero A. vernos vuelves, Virgen pura y pía, En la ciudad tu
noble apriscadero, Repartes con largueza al que la ansia La gracia, que del alma es el lucero, Que
marca del camino la recta vía.

Esta visita es prueba venturosa Que de tu amparo brindas cariñosa.

En Santa Rosa, Reina de Occidente, Eres al peregrino aliento y vida; Cuando te implora
humilde y reverente, Siempre le das tus gracias sin medida. Abres de tus tesoros rica fuente Al alma
fiel ¡oh Virgen muy querida! Con tierno amor disipas sus temores

Y calmas de su vida los dolores.

De hinojos a tus pies sincero pido Tu protección derrames a porfía Sobre las almas todas
que convido A rendirte homenajes, Madre mía.

H. Nectario María
Himno a la Divina Pastora de Santa Rosa

Coro
¡Oh piadosa y amante Pastora!
De las almas dulcísimo amor,

Oye el himno que cantan, Señora,


Los que te aman con santo fervor.

Tú eres, Madre, divino consuelo


Del que lleva en el alma el pesar;
Tú le ofreces las dichas del cielo
Al que siempre te sabe alabar.

Flores puras, lozanas y bellas,


Su exquisita fragancia te dan;
Y alredor de tu trono de estrellas
Los querubes cantándote están,

A tu influjo, Pastora celeste,


Para siempre de aquí se alejó
La horrorosa y mortífera peste
Que este pueblo infeliz desoló.

Dadnos, Virgen, la paz que anhelamos


Y con ella la dicha eternal
[Como siempre nosotros te amamos
Dulce Madre de todo mortal!

Letra de A. DELGADO
Música del Doctor Simón Wohnsiedler
La Divina Pastora
J. Mª Usandizaga.

2
Por montes y valles
Caminas, hermosa,
Con grey venturosa
Delante de Ti.

3
Cayado apacible
Teniendo en la mano,
Del lobo inhumano
Guardándola así.

4
Y Tú la apacientas
En vega florida
Con pastos de vida
Que brotan virtud.

5
Y amante la llevas
A dulces vertientes,
Do corren las fuentes
De eterna salud.

6
De mí cuidadosa
No apartes, no ausentes
Los ojos clementes,
Regalo de Dios.

7
Y yo, Madre mía,
De Ti no me aleje,
Ni pérfido deje
Tu santo redil.

8
Manténgame dentro
Tu silbo y encanto,
Y déme tu manto
Materno favor.

9
Así en las mansiones
Del reino dichoso
Veré cuán hermoso!
Tu rostro de amor.

P. Ramón García
Principales fuentes de información
de la parte histórica de esta publicación

1.— Manuscritos del Archivo Parroquial de Santa Rosa, principalmente el Libro de Gobierno y el
Libro de Fábrica (siglo XVIII).

2.—Actas de las visitas practicadas al pueblo de Santa Rosa por algunos Obispos y visitadores
(archivos de Santa Rosa y del Arzobispado de Caracas).

3.—Relación de la visita Pastoral del llmo. Señor Obispo Mariano Martí al pueblo de Santa Rosa.

4.—Archivos de Cabudare.

5.—Archivos de la iglesia de la Inmaculada Concepción de esta ciudad, particularmente los Libros de


Entierros de los años de 1855 y 1856.

6.—Archivos civiles de Barquisimeto. Indígenas de Santa Rosa. Don Juan de Mujica, administrador y
patrono de la «Obra Pía de la Divina Pastora», (año de 1801). El cura de Santa Rosa contra D. A.
Legón, por un censo y sus réditos, etc.

7.—Instruzion y notizia de la ciudad de Barquisimeto, año de 1745. José L. Ferrer.

8.—Ciudad de la Nueva Segovia de Barquisimeto.—Joseph Luis de Cisneros. 1764.

9.—Apuntes históricos de la ciudad de Barquisimeto—Eliseo Soteldo.

10.—Los Franciscanos de Venezuela.—Fray Baltasar de Lodares.

11.—Noticias Historiales sobre la Parroquia de Santa Rosa.—Pbro. Jacobo Perdomo—1883.

12.—Diccionario del Estado Lara.—Mac Pherson.

13.—Escritos el Pbro. José Macario Yépez reunidos en su obra: «La Defensa de la Iglesia y de su
Patrimonio. Iª y 2ª edición.

14.—La Mejor Pastora.—Fray Isidoro de Sevilla.

15.—Fiesta de María, Madre del Divino Pastor.

16.—Viejas colecciones de antiguos periódicos que se editaban en esta ciudad.

17.—Colecciones de algunos diarios modernos, especialmente «El Eco Industrial» y Notas.

18.— «Plano Histórico de Barquisimeto», por G. Giménez.

19.—Artículos publicados con motivo de la polémica sobre la última enfermedad del Pbro. José
Macario Yépez.

20.—Datos suministrados por las sobrinas y familia del Pbro. José Macario Yépez; y por siete u
ocho venerables personas ancianas, que concurrieron a la primera visita de la Divina Pastora a esta
ciudad, conocieron al Pbro. José Macario Yépez y asistieron a su inhumación. Hagamos especial
mención de la Sra. Palmada Yépez de Barrios, que tenía 18 años cuando murió su tío; y del Sr.
Doctor Don Leopoldo Torres, de grata memoria.
ÍNDICE páginas
Licencias 6
Dedicatoria 9
Prefacio 11
Cap. I.—Orígenes del pueblo de Santa Rosa 13
Cap. II.— Principios del culto que se tributa a la Virgen María en su 22
advocación de Divina Pastora, en la iglesia de Santa Rosa.
Cap. III.—La Imagen de la Divina Pastora después de la muerte del 31
licenciado Sebastián Bernal
Cap. IV.—Primera visita, de la Divina Pastora a la ciudad de Barquisimeto. 34
Cap. V.—El presbítero José Macario Yépez i Noticia biográfica 54
Cap. VI.—La Imagen de la Divina Pastora 68
Cap. VII.—Iglesia parroquial de Santa Rosa. Apuntes históricos 75
Cap. VIII.—Manifestaciones del culto que se tributa a la Divina Pastora. 79
Cap. IX.—Favores atribuidos a la intercesión de la Divina Pastora. 102
Cap. X.—Génesis del culto a la Madre de Dios en su advocación de Divina 110
Pastora.
Pensamientos 115
A la Divina Pastora de Santa Rosa (Poesía) 118
Himno a la Divina Pastora de Santa Rosa 120
La Divina Pastora (Canto) 122
Principales fuentes de información de la parte histórica de esta publicación 124