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Historia de España VOL.1 - Prehistoria y culturas antiguas

Historia de España

VOL.1 - Prehistoria y culturas antiguas

HISTORIA DE ESPAÑA

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HISTORIA DE ESPAÑA - ÍNDICE

Época:

Inicio: Año 1 A. C. Fin: Año 1 D.C.

1. PREHISTORIA Y CULTURAS ANTIGUAS

2. HISPANIA ROMANA

3. VISIGODOS Y MUSULMANES

4. LA ESPAÑA DE LA RECONQUISTA

5. EXPANSIÓN DE CASTILLA Y ARAGÓN

6. LOS AUSTRIAS MAYORES

7. EL SIGLO DE ORO

8. LA ESPAÑA DE LOS BORBONES

9. LA ESPAÑA DE LAS REVOLUCIONES

10. RESTAURACIÓN Y FIN DE LA MONARQUÍA

11. II REPÚBLICA Y GUERRA CIVIL

12. DICTADURA FRANQUISTA Y TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA

Comentario Con esta colección mostramos un recorrido desde la prehistoria hasta la época actual de la Historia de España. Cada capítulo consta de un resumen histórico de la época tratada, vídeos temáticos histórico-artísticos, mapas históricos animados y galerías de fotografías.

1. PREHISTORIA Y CULTURAS ANTIGUAS

Época:

Inicio: Año 1 A. C.

Fin: Año 1 D.C.

1.1. ¿Qué es la Prehistoria?

1.1.1. El desarrollo de la Prehistoria.

es la Prehistoria? 1.1.1. El desarrollo de la Prehistoria . 1.1.2. La Arqueología prehistórica . 1.1.3.

1.1.2. La Arqueología prehistórica.

1.1.3. Las divisiones de la Prehistoria.

1.2. El Cuaternario.

1.2.1. Paleocología cuaternaria.

1.3.Origen y evolución del hombre.

1.3.1. La hominización.

1.3.2. La evolución de los primates.

La hominización . 1.3.2. La evolución de los primates . 1.3.3. El género australopithecus . 1.3.4.

1.3.3. El género australopithecus.

1.3.4. El género Homo.

.
.

1.3.5. El Homo sapiens

1.3.6. Los hombres fósiles de la Península Ibérica.

1.4. El Paleolítico.

1.4.1. Los instrumentos paleolíticos.

1.4.2. El Paleolítico Inferior.

Paleolítico . 1.4.1. Los instrumentos paleolíticos . 1.4.2. El Paleolítico Inferior . 1.4.3. El Paleolítico Medio

1.4.3. El Paleolítico Medio.

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1.4.4. El Paleolítico Superior.

1.5. Formas de vida durante el Pleistoceno.

1.5.1. Los homínidos del Paleolítico Inferior.

1.5.2. El mundo de los neandertales.

1.5.3. La vida durante el Paleolítico Superior.

1.5.4. El Arte Paleolítico.

1.6. Epipaleolítico y Mesolítico.

1.6.1. Las industrias europeas.

1.6.2. El Epipaleolítico de la Península Ibérica.

1.7. Neolítico: las primeras sociedades agrarias.

.
.

1.7.1. Posibles causas de este proceso.

1.7.2. El Neolítico en el Próximo Oriente.

Cataluña.

1.7.3. El Neolítico en la Península Ibérica

1.7.4.

1.7.5. El País Valenciano.

1.7.6. Andalucía.

1.7.7. El Arte Levantino.

. 1.7.6. Andalucía . 1.7.7. El Arte Levantino . 1.7.8. El Megalitismo . 1.8. El Calcolítico:

1.7.8. El Megalitismo.

1.8. El Calcolítico: los inicios de la metalurgia.

1.8.1. Los datos más antiguos.

1.8.2. El calcolítico en la Península Ibérica.

. 1.8.2. El calcolítico en la Península Ibérica . 1.8.3. El fenómeno del Vaso Campaniforme .

1.8.3. El fenómeno del Vaso Campaniforme.

1.9.La Edad del Bronce.

1.9.1. La P. Ibérica durante el Bronce Antiguo y Medio.

1.9.2. El Bronce Final.

1.9.3. Los Campos de Urnas en la Península.

1.10. Primera Edad del Hierro.

1.11. Bibliografía sobre Prehistoria en la Península Ibérica.

1.12. La cultura tartésica.

1.12.1. El valor de las fuentes literarias.

tartésica . 1.12.1. El valor de las fuentes literarias . 1.12.2. Las fuentes arqueológicas . 1.12.3.

1.12.2. Las fuentes arqueológicas.

1.12.3. Proceso histórico de Tartessos.

1.12.4. El final del mundo tartésico.

1.12.5. El problema de la escritura tartésica.

1.12.6. Bibliografía sobre Tartessos.

1.13. Las colonizaciones fenicia, griega y púnica en la P. Ibérica.

1.13.1. La colonización fenicia.

1.13.2. Los asentamientos fenicios.

1.13.3. La colonización griega.

1.13.4. Establecimientos griegos y sus problemas.

1.13.5. Etapas de la colonización griega.

1.13.6. La colonización cartaginesa.

1.13.7. Asentamientos púnicos en la Península.

1.13.8. Bibliografía sobre las colonizaciones fenicia, griega y púnica.

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1.14. Áreas histórico-culturales de la P. Ibérica en época prerromana.

1.14.1. Historia de las investigaciones.

prerromana . 1.14.1. Historia de las investigaciones . 1.14.2. El problema de las fuentes . 1.14.3.

1.14.2. El problema de las fuentes.

1.14.3. Delimitación actual de las áreas.

1.14.4. Área ibera.

1.14.5. Área indoeuropea.

1.14.6. Bibliografía sobre las áreas culturales de la P. Ibérica prerromana.

1.15. Área ibera. Pueblos del sur y este de España.

1.15.1. El proceso de formación histórica del mundo ibérico.

1.15.2. El desarrollo urbano en el área ibera.

1.15.3. Organización social.

urbano en el área ibera . 1.15.3. Organización social . 1.15.4. Organización política . 1.15.5. Actividad

1.15.4. Organización política.

1.15.5. Actividad económica de los pueblos iberos.

1.15.6. Agricultura y minería de los pueblos iberos

1.15.7. Ganadería, caza, pesca y otras actividades.

1.15.8. El comercio ibérico

.
.

1.15.9. La moneda ibérica.

1.15.10. El arte de los iberos.

1.15.11. La arquitectura ibérica.

1.15.12. La escultura ibérica.

1.15.13. El relieve ibérico.

1.15.14. La cerámica pintada.

1.15.15. El traje ibérico.

1.15.16. La escritura ibérica.

1.15.17. La religiosidad entre los iberos.

1.15.18. Bibliografía sobre los pueblos iberos.

1.16 Área indoeuropea. Pueblos del centro, oeste y norte de la P. Ibérica.

Pueblos del centro, oeste y norte de la P. Ibérica . 1.16.1 . Formación histórica de

1.16.1. Formación histórica de los pueblos del área indoeuropea.

1.16.2. La cerámica excisa.

1.16.3. El origen de la explotación del hierro y su difusión.

1.16.4. Organización socio-política.

1.16.5. Unidades organizativas indígenas fuera de Gallaecia.

1.16.6. La organización social.

1.16.7. Jerarquías.

1.16.8. El pretendido matriarcado de los pueblos del Norte.

1.16.9. El hospitium céltico.

1.16.10. La actividad económica del área indoeuropea.

1.16.11. La religiosidad de los pueblos del área indoeuropea.

1.16.12. Bibliografía sobre los pueblos del área indoeuropea.

17.Las lenguas prerromanas de la península ibérica.

1.17.1. Bibliografía sobre las lenguas peninsulares prerromanas.

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1.1. ¿Qué es la Prehistoria?

DE ESPAÑA Pag. 5 / 252 1.1. ¿Qué es la Prehistoria? Época: Prehistoria Inicio: Año 3000000

Época: Prehistoria Inicio: Año 3000000 A. C. Fin: Año 3300 D.C.

Siguientes:

El desarrollo de la Prehistoria

La Arqueología prehistórica Las divisiones de la Prehistoria

(C) ARTEHISTORIA

Comentario

A nivel popular, tal y como se refleja en algunas películas y cómics, prehistórico

es todo aquello anterior a la aparición de la escritura, ya sea un dinosaurio o un hombre de Cro-Magnon. Esta idea, justificable desde un punto de vista cronológico, es no obstante incorrecta desde el punto de vista de la Ciencia, porque la Prehistoria sólo trata de aquella parte de la trayectoria humana anterior a la invención de la escritura. Por tanto, Prehistoria e Historia tienen en el hombre su mismo objeto de estudio y son, en este sentido, una única disciplina. Sin embargo, las profundas divergencias que existen entre ambas, referidas tanto a técnicas de investigación como a problemas y enfoques, son de tal magnitud que, en la práctica, se consideran como materias radicalmente distintas.

Desde el punto de vista científico, la utilización de la aparición de la escritura como evento separador entre una y otra es también problemática, porque su aparición no fue sincrónica en todo el planeta, ni siquiera universal. Esto da lugar a la convivencia, incluso en nuestros días, de sociedades ágrafas con otras capaces de producir documentos escritos, lo que significaría que, en cierto sentido, habría pueblos prehistóricos contemporáneos de estados históricos. Para el caso del mundo mediterráneo, en el que la Península Ibérica juega un papel relevante, estas sociedades que carecen de escritura pero son citadas, y a veces hasta descritas con cierta precisión, en las fuentes históricas contemporáneas de la Antigüedad

(literarias, gráficas

se consideran protohistóricas y su estudio forma una

verdadera interfase entre Historia y Prehistoria, correspondiente en general a

),

la Edad de los Metales europea.

Si, por tanto, la Prehistoria ocupa desde la aparición del hombre sobre el planeta, hace unos 2,7 millones de años en África oriental, hasta el inicio de la escritura en

el 3300 a. C. en Mesopotamia, constatamos que su duración supone el 99,9 % de

la evolución humana, mientras que la Historia sólo se ocupa del 0,1 % restante. Aunque en el caso de la Península Ibérica dicho lapso sea menor -desde hace tal vez un millón de años, aproximadamente, hasta las Guerras Púnicas- no deja por ello de ser una duración enorme. Sin embargo, no resulta tan impresionante si lo comparamos con los 4.550 millones de años de la Historia de la Tierra, que es estudiada por otras disciplinas también históricas, aunque desprovistas de contenidos sociales, como son la Paleogeografía, la Paleontología, la Geodinámica

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1.1.1. El desarrollo de la Prehistoria

Pag. 6 / 252 1.1.1. El desarrollo de la Prehistoria Época: Prehistoria Inicio: Año 3000000 A.

Época: Prehistoria Inicio: Año 3000000 A. C. Fin: Año 3300 D.C.

Antecedente:

¿Qué es la Prehistoria?

(C) ARTEHISTORIA

Comentario

Como la aparición del hombre se considera un acontecimiento trascendente dentro de la Historia del Planeta, puede añadirse que otra característica fundamental de la Prehistoria es que actúa de puente entre las Ciencias de la Tierra y las Ciencias Sociales, o entre los tiempos geológicos y los tiempos históricos, dado que tiene que explicar los procesos que sacaron a nuestra especie de su posición ancestral entre los demás primates y la transformó en los habitantes de las primeras civilizaciones estatales. Esto implica que dentro de la Prehistoria hay diferencias radicales entre sus primeras etapas, cuando el protagonista no es todavía el hombre anatómicamente moderno, y las fases finales, cuando asistimos a la evolución cultural, exponencialmente acelerada, de un hombre semejante, tanto física como intelectual y socialmente, a las poblaciones históricas. Esta dualidad interna se reflejará, inevitablemente, en el contenido de las páginas siguientes. En la Europa medieval se consideraba que la Historia de la Tierra y la del hombre arcaico estaban explicadas con detalle en la Biblia. Esta creencia pervivió en los siglos siguientes, hasta el punto de que, en el siglo XVII, James Ussher, arzobispo de Armagh, pudo calcular, siguiendo las cronologías contenidas en el Antiguo Testamento, que la Tierra había sido creada en el año 4004 a. C. Unos años después, el doctor John Lightfoot refinó estos cálculos y pudo precisar que la creación del hombre tuvo lugar el 23 de octubre de ese año, a las nueve en punto de la mañana. Numerosos naturalistas de ese mismo siglo y del siguiente, que estaban poniendo entonces los cimientos de la Ciencia occidental, empezaron a aportar considerables evidencias a favor de cronologías algo mayores que las que proponía el Génesis. A comienzos del siglo XIX, los trabajos de J. Hutton, J. Cuvier y, sobre todo, Charles Lyell, habían creado ya la Geología Histórica, con sus eras, sus pisos y sus sucesiones faunísticas. Este envejecimiento en la edad de la Tierra no fue acompañado en un primer momento por un proceso similar en lo que atañe al hombre. Aunque ya desde el mundo clásico algunos autores habían conjeturado que nuestros más lejanos antepasados debían haber vivido en un estado natural de salvajismo extremadamente primitivo, lo cierto es que a comienzos del siglo pasado sólo se aceptaba la existencia de una humanidad antehistórica que se identificaba, en Europa occidental, con aquellos primeros agricultores y ganaderos que, como mucho, eran algo anteriores a la dominación romana y cuyos hábitats y sepulturas habían sido ya objeto de rebuscas por parte de los coleccionistas y arqueólogos de la época. La existencia de un verdadero hombre fósil, contemporáneo de la fauna

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extinguida del Pleistoceno, no fue aceptada por la comunidad científica hasta

mediados de siglo, cuando, tras arduos debates, se reconocieron los trabajos de J. Boucher de Perthes en las terrazas del Somme (Francia), considerado universalmente a partir de entonces el padre de la Prehistoria.

A pesar de que la parte más antigua de la Historia Humana había nacido en el seno

de la Geología, su crecimiento hasta el siglo XX iba a estar marcado por el auge de

las ideas de Ch. Darwin acerca de la evolución o, más exactamente, por su

adaptación al desarrollo cultural bajo lo que se ha denominado Evolucionismo

Unilineal, teoría antropológica que guió el pensamiento de los primeros prehistoriadores como J. Lubbock, G. de Mortillet o E. Cartailhac. El reconocimiento de la autenticidad del Arte Paleolítico, en 1902, y las posteriores sistematizaciones de H. Breuil, D. Peyrony o H. Obermaier, junto a los trabajos del gran teórico V. Gordon Childe, marcaron el panorama de la Prehistoria en la primera mitad de este siglo, en lo que podría considerarse su definitivo afianzamiento como ciencia independiente. Tras la Segunda Guerra Mundial, la aparición de los métodos de datación radiométrica y la incorporación de las nuevas tecnologías a los trabajos de campo y de laboratorio han completado su imagen actual, altamente especializada.

A nivel teórico, en esta última fase han destacado las aportaciones

neoevolucionistas de F. Bordes y A. Leroi-Gourhan como creadores de grandes

líneas de investigación en el Paleolítico. En la Prehistoria reciente la situación ha sido más compleja y se ha caracterizado en los últimos años por un cierto debate entre diferentes concepciones de la arqueología prehistórica, debate iniciado en los años sesenta por la denominada New Archaeology y de cuyas secuelas aún se nutre. La contribución española a este panorama ha sido desigual, pasando de épocas caracterizadas por la tradicional aceptación acrítica y acomplejada de las diferentes teorías generadas fuera de nuestras fronteras, a periodos en que las aportaciones hispanas fueron importantes, cuando no decisivas, en el panorama internacional. Estas irregularidades, desgraciadamente, están en proporción directa con los avatares económicos y sociales del país en el último siglo y medio.

El gran pionero de la Prehistoria española fue el geólogo Casiano de Prado (1797-

1866), uno de los científicos más notables de nuestro país, cuyas ideas fueron tan revolucionarias que llegó incluso a ser encarcelado por la Inquisición. En 1864

publicó su Descripción física y geológica de la provincia de Madrid, en la que se cita por primera vez la existencia de instrumentos prehistóricos asociados a fauna pleistocena en el yacimiento de San Isidro (terrazas del río Manzanares, Madrid) e identificados como similares a los hallados por su contemporáneo Boucher de Perthes.

La segunda mitad del siglo XIX va a asistir a la aparición de un grupo de

prehistoriadores muy comprometidos con los postulados evolucionistas de sus

colegas extranjeros, entre los que cabe citar a J. Vilanova y los hermanos Siret. Es

a

partir de esta época cuando Marcelino Sanz de Sautuol a va a descubrir, en 1879,

la

cueva de Altamira, aportación fundamental de la incipiente investigación

española al panorama internacional. Apoyado por Vilanova, Sautuola va a iniciar un

debate que concluiría, ya en el nuevo siglo, con la aceptación del arte paleolítico el derrumbamiento del mito evolucionista que impedía considerar a los hombres del Pleistoceno capaces de concebir obras maestras de la pintura universal.

A raíz de los trabajos de H. Breuil, H. Obermaier, el Marqués de Cerralbo, H.

Alcalde del Río, E. Hernández Pacheco, P. Wernert, el Conde de la Vega del Sella, I. Barandiarán, P. Alsius o J. Pérez de Barradas, la Prehistoria española alcanza su madurez en el primer tercio del siglo XX con una fuerte influencia de las teorías difusionistas de la época. Tras el corte traumático impuesto por la Guerra Civil, una nueva generación, en la que destacan nombres como J. Cabré, L. Pericot, F. Jordá, M. Almagro Basch, J. Maluquer, A. Arribas o P. Bosch Gimpera, entre otros, trabajando en condiciones extremas de falta de medios y aislamiento internacional, va a conseguir mantener la continuidad hasta que, ya en la década de los sesenta, excavaciones como las de Cueva Morín o las de Ambrona, llevadas a cabo por

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grandes equipos internacionales, van a suponer una renovación disciplinar, ayudando a la formación de las actuales generaciones de prehistoriadores, plenamente integrados de nuevo en el panorama internacional. El último salto adelante de los estudios sobre la Prehistoria en España estará protagonizado por el equipo de investigadores que trabaja en la sierra de Atapuerca (Burgos) -Carbonell, Arsuaga y Bernaldo de Quirós- quienes, continuando con el excelente trabajo iniciado por Emiliano Aguirre, habrán aportado datos fundamentales y de relevancia internacional para conocer la evolución del ser humano en Europa.

HISTORIA DE ESPAÑA

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1.1.2. La Arqueología prehistórica

ESPAÑA Pag. 9 / 252 1.1.2. La Arqueología prehistórica Época: Prehistoria Inicio: Año 3000000 A. C.

Época: Prehistoria Inicio: Año 3000000 A. C. Fin: Año 3300 D.C.

Antecedente:

¿Qué es la Prehistoria?

(C) ARTEHISTORIA

Comentario

Época: Prehistoria Inicio: Año 3000000 A. C. Fin: Año 3300 D.C.

Prácticamente todas las diferencias que existen entre la Historia tradicional y la

Prehistoria radican en sus distintos sistemas de obtener información acerca de las sociedades pretéritas. Durante mucho tiempo se ha sostenido que, a falta de documentos escritos, el prehistoriador ha tenido que recurrir a los restos arqueológicos como fuente exclusiva de documentación, mientras que el historiador sólo se sirve de la Arqueología, mal llamada ciencia auxiliar, para completar algún punto conflictivo de sus investigaciones o para sacar a la luz fragmentos materiales del pasado. En la actualidad esto es sólo una simplificación por varios motivos. El primero, porque la Arqueología es casi la única fuente de la que dispone la Historia para documentar el aspecto más desconocido de nuestro pasado: la vida cotidiana, cuyos vestigios son el principal componente de los yacimientos arqueológicos. El segundo, porque la Prehistoria obtiene información de otras fuentes, aunque es cierto que la Arqueología prehistórica tiene un notable peso específico en sus reconstrucciones culturales, hasta el punto de que, en la práctica, la mayor parte de los prehistoriadores son también arqueólogos, cosa que no sucede con los historiadores. La Arqueología contemporánea es una actividad altamente tecnificada que exige un poderoso despliegue de medios. Como los yacimientos arqueológicos son bienes relativamente escasos y muy valiosos a nivel cultural, porque se destruyen al excavarlos, su investigación exige una cuidadosa documentación de todas las evidencias encontradas y cuya omisión causaría una pérdida irrecuperable. Hay que tener en cuenta, además, que el arqueólogo hoy en día no sólo encuentra vestigios culturales (la denominada cultura material), sino también descubre huesos humanos o de animales, sedimentos, carbones, restos de origen vegetal, a veces microscópicos (pólenes) y estructuras de tipos diversos. Son los análisis de laboratorio sobre cada uno de estos elementos los que permiten reconstruir no sólo los distintos procesos que han formado el yacimiento, sean de origen antrópico o natural, sino también el entorno del mismo (tipo de vegetación,

clima de la época, asociaciones faunísticas

pobladores primitivos. Esto sólo es posible gracias a los estudios paleontológicos,

y su explotación por parte de los

)

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geomorfológicos, geoquímicos, sedimentológicos y paleoecológicos efectuados

sobre los materiales y muestras recuperados durante la excavación, que proporcionan en estos momentos una cantidad de información cada vez mayor al prehistoriador. A cambio, las excavaciones arqueológicas son cada vez más lentas puesto que la minuciosidad que exigen las nuevas técnicas de muestreo y registro son incompatibles con los métodos expeditivos del pasado. El establecimiento de cronologías precisas, labor que resulta básica para interpretar cualquier proceso histórico, se ha visto facilitado en los últimos años gracias a la incorporación de las técnicas radiométricas, que permiten precisar, con un cierto error estadístico, los años transcurridos desde determinados eventos (la muerte de un ser vivo, el calentamiento de un material, la cristalización de determinados

Estas técnicas de datación, derivadas de los espectaculares avances

de la física atómica en la posguerra, son muy variadas y continuamente están siendo sometidas a refinamientos y calibraciones para hacerlas más precisas. La más conocida, sin duda, es el carbono-14 (C, 4), puesta a punto por Libby hace treinta años, que mide la cantidad de ese isótopo presente en cualquier sustancia de origen orgánico, pero que tiene el inconveniente de no tener resolución más allá de los 50-70.000 años, límite en el que los periodos de semidesintegración del C, 4 hacen que la cantidad residual sea inapreciable. Además, es relativamente susceptible a las contaminaciones, lo que falsea la cifra obtenida en el laboratorio. Otros métodos como la termoluminiscencia (TL), el Potasio-Argón (K/Ar) o el Uranio-Thorio (U/Th), entre otros varios, cubren lapsos de tiempo mayores, aunque sólo pueden ser utilizados sobre ciertos materiales que no siempre están presentes en los yacimientos arqueológicos. Las fechas radiométricas suelen expresarse, por convención, en años antes del presente o B.P. (del inglés before present), aunque pueden convertirse en años antes de Cristo restándoles 1950 años. Por último, no puede olvidarse que uno de los sistemas más fructíferos en la reconstrucción cultural de las sociedades prehistóricas es lo que en otras ciencias se denomina método actualista, que parte de la idea de que los procesos vigentes en la actualidad son válidos, dentro de ciertos límites, para explicar los acontecimientos del pasado. En el caso de la Prehistoria, interesada especialmente en los procesos de tipo social, el actualismo se lleva a cabo mediante el examen de las evidencias que aportan los pueblos primitivos actuales, cuyas respuestas

minerales

).

culturales son en definitiva los modelos con los que se compara la evidencia arqueológica.

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1.1.3. Las divisiones de la Prehistoria

Pag. 11 / 252 1.1.3. Las divisiones de la Prehistoria Época: Prehistoria Inicio: Año 3000000 A.

Época: Prehistoria Inicio: Año 3000000 A. C. Fin: Año 3300 D.C.

Antecedente:

¿Qué es la Prehistoria?

(C) ARTEHISTORIA

Comentario

A comienzos del siglo XIX, Christian Jurgensen Thomsen fue encargado de realizar

una clasificación de los materiales que componían las colecciones del Museo Nacional de Antigüedades de Dinamarca. Basándose en una cierta idea de progreso tecnológico a lo largo de la historia humana, Thomsen creó lo que se ha

denominado Sistema de las Tres Edades, que después se ha visto más o menos confirmado por los hallazgos de la mayor parte del Viejo Mundo. Esta periodización divide la Prehistoria en tres partes: Edad de la Piedra, Edad del Bronce y Edad del Hierro. En 1865, John Lubbock dividió la primera Edad en dos términos distintos,

el Paleolítico (Edad de la Piedra Antigua o de la piedra tallada) y Neolítico (Edad de

la Piedra Nueva o de la piedra pulimentada). A estas divisiones se añadieron en épocas posteriores el Epipaleolítico/Mesolítico, que hace referencia a los cazadores- recolectores postglaciales, en vías o no de neolitización, y el Calcolítico o Edad del Cobre, que cubre la etapa postneolítica en la que comienza la metalurgia. En principio, esta periodización es esencialmente válida para Eurasia, y por tanto es la más usada en la Península Ibérica, y tal vez también para África, pero carece de aplicación completa en América, donde no llegó a desarrollarse una verdadera metalurgia hasta la llegada de los europeos, o en Australia, continente en el que los modos de vida paleolíticos han pervivido hasta la actualidad. Hay que tener en cuenta además que incluso en el Viejo Mundo muchas de estas etapas no son

realmente prehistóricas, ni mucho menos consecutivas, puesto que las primeras civilizaciones orientales, como Mesopotamia o Egipto, estaban ya plenamente formadas en una fase tecnológica equivalente a la Edad del Bronce, mientras que en el África Subsahariana no hay utilización de los metales anterior al 500 a. C. Estos problemas de ajuste cronológico, sin embargo, no restan utilidad al Sistema de las Tres Edades a la hora de concretar el continuo cronológico que es la Prehistoria peninsular, puesto que, en definitiva, cada una de las etapas arriba citadas posee los suficientes contenidos culturales como para poder ser utilizadas en un sentido convencional más o menos amplio.

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1.2. El Cuaternario

HISTORIA DE ESPAÑA Pag. 12 / 252 1.2. El Cuaternario Época: Prehistoria Inicio: Año 1640000 A.

Época: Prehistoria Inicio: Año 1640000 A. C. Fin: Año 2002

Siguientes:

Paleocología cuaternaria

(C) ARTEHISTORIA

Comentario

El Cuaternario, denominado a mediados del siglo pasado Diluvial, es la última partición en la que se dividen los tiempos geológicos. En la actualidad esta unidad tiene rango de Periodo, dentro de la Era Cenozoica o de los mamíferos, y se subdivide en dos Épocas desiguales: Pleistoceno y Holoceno. El primero ocupa desde el final del Plioceno, hace 1,64 millones de años, hasta la remisión absoluta de la última glaciación, hace unos 10.000 años. El Holoceno sólo cubre desde esa fecha hasta la actualidad. Casi a la misma vez que aparecía el concepto de Pleistoceno en el siglo pasado, se demostraba que los fenómenos glaciales -enfriamientos generalizados del clima respecto a la temperatura actual- habían sido un rasgo relevante de la época, hasta el punto de que durante mucho tiempo se la conoció como la Era Glacial. Hoy en día, sin embargo, se sabe que si bien las oscilaciones térmicas y el enfriamiento general son determinantes en el Cuaternario, en otras eras ha habido también épocas glaciales. Incluso se da por probada la existencia de al menos una glaciación precámbrica, hace más de 600 millones de años, lo que demuestra que la estabilidad climática a lo largo de la Historia de la Tierra es un espejismo. Ello no obsta para que se haya centrado una parte importante de la investigación del Pleistoceno precisamente en el origen de sus marcadas oscilaciones térmicas. La causa más aceptada en estos momentos para dicho fenómeno suele consistir en la coincidencia de varios factores como son la concentración de continentes en latitudes altas del hemisferio norte, la existencia de uno de ellos, la Antártida, en situación polar y la acción de las modificaciones cíclicas del clima debida a las variaciones orbitales (precesión, excentricidad y oblicuidad) estudiadas por Milankovitch. Si el primer problema fundamental en el estudio del Cuaternario es la identificación de las causas de su especificidad climática, el segundo es la situación del límite Plioceno-Pleistoceno, parámetro fundamental en Geocronología puesto que determina la separación entre Terciario y Cuaternario y la duración temporal de cada uno. Como el problema es, esencialmente, cronológico y convencional -se trata de establecer rupturas en una dimensión continua como es el tiempo- la principal dificultad reside en utilizar eventos que tengan un alcance universal. Desde hace mucho se considera que, junto al glaciarismo, el fenómeno más relevante del Cuaternario es la aparición del hombre, hasta el punto de que alguna vez se ha propuesto denominarlo Antropozoico. Utilizar este criterio para establecer un límite entre el Neógeno y el Pleistoceno es, sin embargo, poco acertado porque la fecha de aparición del hombre sobre el planeta es un suceso objeto de investigación constante y sujeto por lo tanto a cambios también constantes. Además, no se trata

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de un suceso simultáneo en todo el planeta, sino escalonado en el tiempo conforme nuestra especie ha ido colonizando todos los continentes. Desechado desde hace tiempo el criterio antropológico, se han ensayado otros de índole paleontológica, basados en la aparición de las primeras faunas frías en latitudes medias (Europa occidental esencialmente), pero esto ha llevado a la propuesta de diferentes fechas, según las asociaciones faunísticas utilizadas. Las más conocidas son el denominado Calabriense, piso identificado en Cala Calabria y caracterizado por la sustitución de nanofósiles planctónicos cálidos (pliocenos) por representantes de faunas frías, y el piso Villafranquiense continental, basado en la supuesta aparición de los primeros representantes de los géneros Equus (caballos) y Bos (bóvidos), junto a ciertos proboscídeos. Como ya se ha indicado anteriormente, también se ha querido hacer coincidir el inicio del Cuaternario con la aparición de los primeros glaciares continentales, pero este criterio es también poco válido porque se escalona claramente en el tiempo:

en la Antártida aparecieron hace 20 m.a., en Alaska hace 10 m.a., en Islandia tal vez 4 m.a. Las últimas propuestas (1985-1989) reivindican un límite convencional en el que coincidan un número considerable de eventos significativos. Aunque sigue sin haber unanimidad total, especialmente entre los paleontólogos, puede considerarse que la fecha de 1,64 m.a., propuesta por un comité internacional de cuaternaristas, es la más consistente porque cumple con ese requisito. En primer lugar, coincide con la base del Calabriense, consistente en un estrato-tipo de la denominada sección de Vrica. El caso del Villafranquiense es bien distinto porque investigaciones posteriores demostraron que la localidad-tipo no había sido bien interpretada y comenzó una enorme confusión respecto a la utilización de dicho término. En la actualidad sólo tiene validez para los paleontólogos de macromamíferos y su inicio se sitúa en 3,5-3,3 m.a. En contraste con esta situación, la fecha de 1,64 m.a. también supone la aparición de algunas especies de micromamíferos (roedores) fríos en nuestro continente, acompañadas por las primeras floras frías en Europa continental (criterio botánico). Sin embargo, la ventaja principal de esta fecha es que puede situarse con facilidad en una escala de carácter planetario, como es la paleomagnética, en la que coincide con el final del evento (subcron) Olduvai, dentro de la época de Matuyama (cron). Desde que se demostró la existencia en el Cuaternario de una alternancia de periodos fríos (glaciaciones) y periodos templados (interglaciales), se consideró que la determinación de estas oscilaciones podía servir como guía para establecer una escala cronológica. A principios de siglo, en el ámbito alpino, se habían reconocido cuatro glaciaciones (Gunz, Mindel, Riss y Würm, que pronto fueron precedidas por otras dos, Biber y Donau). En otros

ámbitos geográficos (Norte de Europa, Norteamérica, Rusia

criterios diferentes, se obtuvieron distintas secuencias paleoclimáticas, cuya

equivalencia siempre fue problemática. Además, se descubrió que para las zonas más templadas de la Tierra los periodos glaciales e interglaciales correspondían a fases pluviales e interpluviales, lo que complicaba aún más su correlación.

A partir de los años cincuenta la obtención de curvas climáticas detalladas en

registros sedimentarios continuos, sobre todo las obtenidas en fondos marinos o en los hielos de Groenlandia, han permitido trazar registros climáticos completos. Las curvas más importantes son las diseñadas sobre la variación O16/O18, Ambos isótopos están presentes siempre en el agua del mar, pero en el más ligero de ambos (el O16) se evapora con más facilidad. Cuando el clima es más frío, hay mucho hielo acumulado en los continentes y el O18 es más abundante en el mar, ya que una parte del isótopo ligero evaporado se precipita en forma de nieve y queda atrapado en los glaciares, disminuyendo por tanto su porcentaje en el medio marino. Sondeos marinos en todo el mundo han permitido observar que el clima de la Tierra

a lo largo del Cuaternario revela una tendencia general hacia el enfriamiento a

partir del Mioceno, aunque la curva muestra oscilaciones claramente periódicas de intensidad variable. Estas fases isotópicas también han permitido demostrar que las

)

y basadas en

HISTORIA DE ESPAÑA

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antiguas glaciaciones clásicas son sólo retazos de una realidad bastante más compleja.

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1.2.1. Paleocología cuaternaria

DE ESPAÑA Pag. 15 / 252 1.2.1. Paleocología cuaternaria Época: Prehistoria Inicio: Año 1640000 A. C.

Época: Prehistoria Inicio: Año 1640000 A. C. Fin: Año 2002

Antecedente:

El Cuaternario

(C) ARTEHISTORIA

Comentario

Las oscilaciones climáticas sufridas por el hemisferio norte causaron fuertes modificaciones en los paisajes de Europa durante el Cuaternario. Si pensamos que el Holoceno sólo es un Interglacial, podemos utilizarlo como ejemplo de mosaico de ecosistemas en una fase templada. Pero durante una glaciación el medio ambiente cambiaba radicalmente. Enormes inlandsis se instalaban en el norte de Europa y en las montañas más altas, enfriando la temperatura global del planeta y originando fuertes descensos del nivel del mar debido a la cantidad de agua inmovilizada en los glaciares. En el máximo de la última glaciación, hace unos 20.000 años, se estima que el mar descendió más de 100 metros, modificando por completo las costas europeas y creando extensos puentes de tierra hoy en día sumergidos por la subida del nivel marino que siguió a la última deglaciación. Cuando los glaciares ocupaban las zonas altas, se generaban a su alrededor amplias zonas de tundra y enormes estepas loéssicas. Los bosques templados y los restantes biotopos actuales se redujeron de tamaño o quedaron relegados a zonas meridionales. La posición de la Península Ibérica, aunque modulada por su enérgico relieve, pudo servir de refugio en este sentido tanto a las especies animales como vegetales, que de este modo respondían a las crisis climáticas. Esta presión selectiva fue provocando una evolución de las faunas pleistocenas que, junto a otras escalas como el paleomagnetismo, permiten distinguir entre Pleistoceno Inferior (hasta hace 700.000 años), Medio (hasta el 128.000 B.P.) y Superior (hasta el Holoceno). En este mundo cambiante tuvo que subsistir el hombre una vez que abandonó África. Según los datos obtenidos de los análisis faunísticos, polínicos y sedimentológicos, la Europa de las glaciaciones estaba poblada por grandes conjuntos de animales dependientes de los distintos ecosistemas. En las llanuras herbáceas pastaban rebaños de grandes herbívoros como caballos, uros, rinocerontes o bisontes; en las zonas boscosas templadas abundaban los cérvidos; en los roquedos se encontraban cabras salvajes y rebecos; en las zonas frías, que apenas aparecen en la Península Ibérica, habitaban los mamuts, los rinocerontes lanudos y los renos. A estos conjuntos hay que añadir un considerable grupo de predadores, compuesto por leones, leopardos, hienas, lobos y osos. Las diferentes formas de explotar todos estos biotopos y sus diferentes recursos es uno de los mejores reflejos de la evolución cultural a lo largo de la Prehistoria.

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1.3. Origen y evolución del hombre

ESPAÑA Pag. 16 / 252 1.3. Origen y evolución del hombre Época: Prehistoria Inicio: Año 4000000

Época: Prehistoria Inicio: Año 4000000 A. C. Fin: Año 10000 D.C.

Siguientes:

La hominización La evolución de los primates El género australopithecus El género Homo El Homo sapiens Los hombres fósiles de la Península Ibérica

(C) ARTEHISTORIA

Comentario

Tal y como predijo Darwin la cuna de la Humanidad se encuentra en África. Allí,

allí

continuaron su evolución durante casi 4 millones de años más. Sin embargo, alcanzado cierto grado de transformación, en el que la capacidad instrumental y los modos de comportamiento tuvieron que ser decisivos, un antiguo representante de nuestro género salió de África y pobló Asia y Europa. Esta migración, cuyos detalles son todavía objeto de fuertes debates, significó el comienzo de la expansión humana sobre el planeta, proceso que culminó mucho más tarde con el hombre anatómicamente moderno. El papel desempeñado por la Península Ibérica en todo

hace

unos

5

millones

de

años,

aparecieron

los

primeros

homínidos

y

este proceso es periódicamente objeto de atención preferente por parte de los especialistas, ya que no debe olvidarse que si Europa fue colonizada desde África, tuvo que serlo necesariamente a través de Gibraltar. Comprender toda esta dinámica es el único camino para entender la discusión que se plantea sobre los más antiguos restos humanos de la Península.

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1.3.1. La hominización

HISTORIA DE ESPAÑA Pag. 17 / 252 1.3.1. La hominización Época: Prehistoria Inicio: Año 4000000 A.

Época: Prehistoria Inicio: Año 4000000 A. C. Fin: Año 10000 D.C.

Antecedente:

Origen y evolución del hombre

(C) ARTEHISTORIA

Comentario

En general se entiende por hominización el proceso evolutivo mediante el cual cierto grupo de taxones (unidades de clasificación biológica) va adquiriendo

progresivamente los rasgos anatómicos que son exclusivos de nuestra especie. Aunque en origen el concepto es bastante metafísico y antropocentrista, ya que incide en aquellos aspectos que suponen la diferenciación progresiva del hombre desde la masa de los restantes mamíferos, hoy en día se sigue empleando porque permite incluir en nuestra línea evolutiva a aquellos taxones (fósiles normalmente) que presentan algunos de esos rasgos distintivos. Además, la determinación de los criterios de hominización (caracteres exclusivos de nuestro género) es la base sobre la que se establece la discusión, siempre inacabada, sobre el mayor o menor parentesco que existe entre unos taxones y otros. Por otra parte, no hay que olvidar que a las cuestiones de evolución biológica es preciso unir la cuestión de la evolución cultural, ya que la capacidad de crear cultura es el elemento que tradicionalmente se ha considerado como más típicamente humano. Esto es fuente asimismo de debates puesto que ambos aspectos no siempre coinciden o, dicho de otro modo, no hay una relación mecánica e infalible entre industrias y homínidos. El verdadero debate en los últimos años, sin embargo, se centra sobre los mismos orígenes de las pautas culturales y su supuesta exclusividad del género Homo. Argumento de peso en este debate es la capacidad instrumental existente también en los chimpancés y otros animales, que obliga a considerarlos, según la moderna Etología, portadores y creadores de cultura. Si pensamos además en la posible utilización mayoritaria por parte de nuestros antepasados más lejanos de útiles fabricados en materias

perecederas (madera, pieles

casi imposibles de detectar en el registro fósil, se

comprende lo difícil que resulta identificar la primera utilización de instrumentos en las fases más remotas de nuestro pasado. Dejando a un lado estas consideraciones, es preciso dividir las claves evolutivas

que nos diferencian de los demás mamíferos, desde un punto de vista anatómico, en dos grandes grupos según su posición:

(a) Esqueleto postcraneal: todas las particularidades que presenta el género Homo

en el esqueleto postcraneal, especialmente las que le separan de los demás primates, son una adaptación específica a su sistema de locomoción, o sea, todas están en función del bipedismo. Los principales rasgos anatómicos asociados a dicha forma de desplazamiento son el pie en arco, la rodilla plana, el fémur recto, la

pelvis corta y ancha, en vez de alargada y estrecha como en los demás primates, la columna vertebral con doble curvatura (forma general en S) para crear una marcha elástica y otras adaptaciones menores (forma del tórax, reducción de la longitud de los brazos, pulgares oponibles en las manos pero no en los pies).

),

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(b) Esqueleto craneal: no existe un mecanismo único que explique todos los rasgos típicos de nuestra especie a nivel craneal. Algunas están en función del bipedismo, como es el caso de la posición del foramen magnum -orificio en el que se inserta la columna vertebral en la base del cráneo-, otras son resultado de cambios en la dieta y el comportamiento (aparato masticador). El factor más importante sin duda es la encefalización neoténica -la neotenia es un paidomorfismo que se produce cuando un organismo mantiene en estado adulto caracteres propios de su fase embrionaria o juvenil mediante retrasos en su ontogenia-. Las modificaciones más importantes en este sentido son el cambio en la arquitectura general del cráneo -la parte facial se sitúa justo debajo del neurocráneo, en vez de estar adelantada respecto a él como en la mayor parte de los mamíferos-, la cara aplanada (ortognata) y reducida, la dentición de 32 piezas en parábola, sin diastemas (espacios), con caninos reducidos y fuerte molarización. El neurocráneo adquiere una morfología abombada, con fuerte aumento del volumen encefálico, aunque este factor es muy variable. En general, tamaño y peso de la cabeza con relación al cuerpo mayor que en los otros primates.

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1.3.2. La evolución de los primates

ESPAÑA Pag. 19 / 252 1.3.2. La evolución de los primates Época: Prehistoria Inicio: Año 4000000

Época: Prehistoria Inicio: Año 4000000 A. C. Fin: Año 10000 D.C.

Antecedente:

Origen y evolución del hombre

(C) ARTEHISTORIA

Comentario

No existe unanimidad en la taxonomía (clasificación biológica con criterios jerarquizados) de los primates entre todos los investigadores, aunque las discrepancias mayores proceden de la posición de los especímenes fósiles. Ambos

criterios, clasificación y significado evolutivo, están relacionados ya que colocar un grupo de fósiles en casilleros diferentes implica, al menos, la separación en el pasado de una población ancestral en varias distintas (proceso de especiación). Estos mecanismos evolutivos, aunque siguen siendo objeto de discusión, están implícitos en cualquier clasificación taxonómica. Así, por ejemplo, si se acepta que la superfamilia de los Hominoideos se subdivide en dos familias (Hominidae e Hilobatidae) en vez de en tres, como era convencional hasta hace poco (Hominidae, Hilobatidae y Pongidae) es porque se considera relevante la temprana separación genética de los gibones, descubierta en el registro fósil, respecto a los demás hominoideos (hombres y póngidos) cuya diferenciación fue más tardía. Igualmente, diferenciar los grandes monos africanos (gorila y chimpancé) sólo a nivel de tribu, mientras el orangután se hace a nivel de subfamilia, implica una aceptación tácita de las modernas posturas acerca del significado evolutivo del tándem Sivapithecus- Ramapithecus, tal y como se verá a continuación. Debido a este estado de perpetua discusión, existen numerosos cuadros taxonómicos alternativos que reflejan diferentes posturas teóricas respecto a los diferentes problemas evolutivos que la cada vez más numerosa documentación va planteando. Independientemente de este debate, el Orden de los Primates, en el que se incluye el género Homo, reúne a una serie de animales que presentan unas características generales bien marcadas, aunque siempre hay excepciones:

(a) Buen desarrollo de la visión, fruto de una vida arborícola presente o pasada.

Ojos en posición frontal, que proporcionan una visión en relieve y sensibilidad a una amplia gama de colores.

(b) Manos y (la mayoría) pies prensiles, con pulgares oponibles y almohadillado en

las plantas.

(c)

Uñas planas y normalmente cortas.

(d)

Sólo dos mamas en las hembras.

(e)

Dieta omnívora.

(f) Alta sociabilidad.

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El orden de los primates se dividía tradicionalmente en antropoides (o monos

verdaderos) y prosimios -arborícolas adaptados especialmente a la actividad nocturna-, entre los que se incluía el problemático Tarsio. Hoy en día se tiende a clasificar los primates en dos grandes grupos: Haplorrinos (con placa ósea tras las órbitas oculares), donde se incluyen todos los monos y los tarsiiformes, y Strepsirrinos (sin placa ósea), que corresponden a los antiguos prosimios. Dentro de los simios, la diferenciación principal se hace en función de la morfología nasal: Catarrinos (monos del Viejo Mundo) y Platirrinos (monos americanos). Los catarrinos siguen dividiéndose en dos superfamilias: Hominoidea (sin cola) y Cercopitecoidea (con cola, incluye a la mayor parte de los monos). Dentro de los hominoideos, las mayores novedades residen en la necesidad de señalar la mayor o menor proximidad genética (evolutiva) entre los cinco grupos principales (gibones, orangutanes, gorilas, chimpancés y hombres) determinada mediante pruebas bioquímicas (el denominado reloj bioquímico) que miden la cantidad de material genético común entre distintas especies; diferencias menores señalan fechas de divergencia específica más reciente. Este factor, junto a la paleontología, es el mayor determinante a la hora de reconstruir la historia de nuestro orden. Como se sabe, los mamíferos existieron bajo formas poco diversificadas durante todo el Mesozoico. Un fósil de estos mamíferos primitivos, denominado Purgatorius

y datado a finales del Cretácico (c. 70 m.a.), se considera el primer representante

del orden de los primates. Su morfología dentaria y su pequeño tamaño indican que se trataba de un insectívoro parecido a las musarañas actuales. A comienzos del Cenozoico los primates están representados por un nutrido grupo de animales arborícolas de pequeño tamaño (los plesiadápidos) de los que por especialización en los hábitos nocturnos se separaron los primeros strepsirrinos (Adápidos; c. 50 m. a.), antepasados de los lemures actuales. La evolución de los haplorrinos durante el Paleoceno y comienzos del Eoceno no es demasiado conocida, salvo en lo que hacía referencia al grupo de los Omomyiformes, antepasados comunes tanto de los tarsios como de los simios. A finales del Eoceno, con la apertura del Atlántico, se produce la definitiva separación de Catarrinos y Platirrinos, que quedan aislados geográficamente. La mejor documentación acerca de la diversificación de los catarrinos procede sobre todo de las asociaciones faunísticas de El Fayum (Egipto). Según las sucesiones de fósiles

del Oligoceno, a partir del Oligopithecus y gracias a la expansión de los bosques se produce la separación de los cercopithecos (Paropithecus es su primer representante), mientras la línea evolutiva Propliopithecus-Aegiptopithecus se considera hoy en día el mejor candidato para el posterior desarrollo de los hominoideos.

A lo largo del Mioceno se produce la radiación de los hominoideos en tres grupos

principales: los protogibones (Pliopithecus), los Proconsulidae, considerados hoy en

día antepasados de los homínidos, y otros grupos extinguidos, como el famoso Oreopithecus bambolii, que también desarrollaron la braquiación como rasgo adaptativo a la vida arborícola. Entre los 15 y 10 m.a. se conoce una serie de hominoideos, descendiente de Proconsul, repartidos por Europa meridional, Asia y África oriental, en los que se han centrado numerosas controversias en los últimos años. Para algunos formaban un grupo homogéneo, los driopithecinos -cuyos restos también han aparecido en la Península-, mientras para otros se podían dividir en dos conjuntos: los driopithecinos s.s. y los ramapithecinos - grupo que englobaba a los fósiles de Ramapithecus, Sivapithecus y Kenyapithecus-, justificándose las diferencias de tamaño como dimorfismo sexual. Hoy en día, tras las oportunas rectificaciones de D. Pilbeam, se considera que Driopithecus y Ramapithecus son especies septentrionales, de Europa y Asia, sin descendencia evolutiva, mientras que Sivapithecus, simio de mayor tamaño circunscrito a Asia central y meridional, es el antepasado tanto de los orangutanes como del mayor primate que ha existido hasta ahora, el Gigantopithecus, que se extinguió al parecer ya en el Pleistoceno Medio. Por último, Kenvapithecus, descubierto por L. Leakey en Fort Ternan, es el

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mejor candidato para ser el antecesor común tanto de los homínidos como del gorila y el chimpancé. Entre los 10 y los 5 m.a. (Mioceno final) existe un enorme vacío de fósiles, achacable a los problemas de fosilización que presentan los primates por su tipo de vida, que impide precisar cómo se da el paso definitivo en la aparición de los homínidos. Los escasos restos datados a finales de este intervalo -un molar de Lukeino, el fragmento de mandíbula de Lothagam, el temporal de Chemeron y el húmero de Kanapoi, todos ellos procedentes de África Oriental-, son ya de homínido, aunque se discute sobre si alguno pertenece al género Homo o si todos son de Australopithecus arcaicos.

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1.3.3. El género australopithecus

ESPAÑA Pag. 22 / 252 1.3.3. El género australopithecus Época: Prehistoria Inicio: Año 4000000 Fin: Año

Época: Prehistoria Inicio: Año 4000000 Fin: Año 1 D.C.

Antecedente:

Origen y evolución del hombre

(C) ARTEHISTORIA

Comentario

El primer homínido conocido con relativo detalle en estos momentos es el Australopithecus ramidus, especie definida en 1994 por T. White, G. Suwa y B. Asfaw, según una serie de fósiles procedentes del río Aramis, en Etiopía, y datados en 4,5-4,3 millones de años. Se trata de un homínido muy similar al chimpancé, adaptado a un hábitat relativamente arbolado, pero cuya morfología dental presenta ya el inicio de unos rasgos que se desarrollarán en los homínidos posteriores. La aparición de esta especie ha supuesto una buena confirmación de la fecha, en torno a 5 millones de años, en la que se estimaba, desde un punto de vista bioquímico, que se había producido la separación entre homínidos y chimpancés. El siguiente representante de esta línea es Australopithecus afarensis. Descubierto y dado a conocer hace relativamente poco tiempo por Johanson, White y Coppens, se conoce bastante bien gracias a los numerosos restos encontrados en Hadar (Etiopía) y Laetoli (Tanzania), que incluyen esqueletos bastante completos, como la famosa Lucy, y huellas de sus pisadas en ceniza volcánica. Está datado entre 3,8 y 3 m.a. Se trata de individuos de pequeña talla, 1,10-1,30 m. de altura, con fuerte dimorfismo sexual: los machos son mucho más grandes que las hembras, hasta el punto de que algunos investigadores piensan que tal vez sean especies distintas. Tanto las pisadas de Laetoli como la articulación de la rodilla, el pie en arco y la pelvis ancha demuestran que ya era completamente bípedo. Su esqueleto postcraneal es, salvo pequeños detalles, similar al del hombre moderno. Su capacidad encefálica es de 350-400 cm, inferior incluso a la del chimpancé, y tiene una morfología craneal con aspecto en general muy tosco. La dentición, sin embargo, presenta ya los caninos reducidos, fuerte molarización y sólo vestigios de diastema entre caninos e incisivos. Este rasgo y el bipedismo revelan componentes conductuales importantes en la aparición de los homínidos, sin duda derivados de cambios ecológicos (desecación de África oriental, sustitución de los bosques tropicales por la sabana). Entre los 3 y los 0,8 m.a. los australopitecinos sufren una clara evolución restringida espacialmente a África oriental y conocida, desde el hallazgo en 1924 del niño de Taung, en una serie de yacimientos escalonados a lo largo del Rift Valley, desde Etiopía hasta Sudáfrica. En todo este sector parecen coexistir dos formas distintas: una grácil y otra robusta. Los australopithecos gráciles, denominados normalmente Australopithecus africanus (equivalente al antiguo Plesionthropus transvaalensis), proceden sobre todo de los yacimientos kársticos de Sudáfrica (Taung, Sterkfontein, Makapansgaat), cuyas fechas oscilan entre 2,5 y 1 m.a., aunque también han sido citados algunos especímenes en los depósitos del lago Turkana y del río Omo. Sus características principales son similares a los

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afarensis en el esqueleto postcraneal, de tipo moderno a grandes rasgos, mientras que el cráneo presenta un aspecto claramente más evolucionado: capacidad craneana de 500 cm3, ausencia total de diastemas, caninos pequeños y bóveda craneal redondeada. Las formas robustas son las más complejas y las que han planteado últimamente más interrogantes a los antropólogos. En Sudáfrica se las ha querido denominar Australopithecus robustus, englobando a los clásicos Paranthropus robustus y P. crassidens de los yacimientos de Kromdraii y Swartkrans, datados en 1,7 m.a. Se

trata de individuos más grandes que los gráciles y, al menos los machos, notablemente más robustos, sobre todo en sus características craneales: tienen la frente plana, fuerte estrechamiento postorbital, grandes arcos superciliares, cresta sagital, cara alta y muy ancha, aunque son menos prognatos que los gráciles. Su morfología dental es moderna, pero tienen una fuerte molarización. El aspecto general es el de un imponente aparato masticador. En África Oriental esta variedad adquiere mucha mayor importancia, sobre todo a raíz del descubrimiento del célebre Zinjanthropus boisei en Olduvai (Tanzania),

Tiene una

cronología comprendida entre 2,2 y 1,2 m.a. Su aspecto es aún más robusto que la

variedad surafricana, con la cara ancha y claramente cóncava. El reciente

descubrimiento del cráneo KNM-WT 17000, para el que se ha propuesto la denominación de Paranthropus aethiopicus, con una fecha de 2,5 m.a. y parecido a otros restos fragmentarios del Awash, ha supuesto una importante renovación en la consideración taxonómica de este grupo aethiopicus/robustus/boisei. Para la mayor parte de los investigadores, el hecho de que exista una línea evolutiva independiente de estos australopitecinos robustos desde fechas tan tempranas justifica su clasificación como un género distinto del Australopithecus: el Paranthropus. A nivel evolutivo, estas formas robustas se consideran morfotipos especializados en la obtención de ciertos alimentos vegetales (semillas, raíces,

tubérculos

En cualquier caso, la línea de los australopitecinos, que parece formada hace ya 5

m.a., representa una clara adaptación africana a los entornos de borde de sabana,

siendo el bipedismo y no la encefalización el verdadero motor de todo el proceso de

corroborado con restos similares en Chesowanja, Omo, Turkana

)

que necesitan un potente aparato masticatorio.

una

hiperespecialización en esta línea que separará claramente a dicho género de los primeros representantes de los Homo.

hominización. El

papel

de

los

tipos robustos parece hablar a

favor

de

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1.3.4. El género Homo

HISTORIA DE ESPAÑA Pag. 24 / 252 1.3.4. El género Homo Época: Prehistoria Inicio: Año 2300000

Época: Prehistoria Inicio: Año 2300000 A. C. Fin: Año 1 D.C.

Antecedente:

Origen y evolución del hombre

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Comentario

Al igual que los australopitecos, el género Homo es completamente bípedo y carece de colmillos desarrollados, pero en cambio presenta una serie de caracteres propios que se van acrecentando con el tiempo: mayor encefalización, reducción en el tamaño de la cara, aumento de estatura y verdaderas capacidades simbólicas y culturales. Además, sus representantes forman poblaciones extremadamente variables a nivel fósil, tal vez preconfigurando una variedad racial que se mantiene hasta nuestros días. A causa de esta variabilidad, el género Homo está siendo objeto de una fuerte revisión en los últimos años, sin que haya una absoluta unanimidad por parte de todos los antropólogos. Los restos más antiguos que pueden atribuirse sin discusión a nuestro género han sido agrupados hasta hace poco bajo la denominación de Homo habilis. Sus fósiles proceden de Olduvai, del valle del río Omo y sobre todo de Koobi Fora -incluyendo los famosos cráneos KNM ER 1470 y 1813-, con una cronología comprendida entre 2,3 y 1,6 m.a. Hay que tener en cuenta sin embargo que, si se considera que este homínido es el primero que fabricó útiles líticos, se le debería considerar algo más antiguo, ya que en el río Awash hay instrumentos datados hasta en 2,7 m.a., aunque no haya restos indiscutiblemente humanos de cronología comparable. El aspecto físico es parecido al de los australopitecos, sobre todo en el esqueleto postcraneal, pero su cabeza es bastante diferente: tiene una capacidad muy variable, entre 580 y 700 cm3, los molares están muy reducidos y, en cambio, los incisivos son proporcionalmente mayores. Estas modificaciones en el tamaño cerebral y en el aparato masticador conllevan un mayor elevamiento de la bóveda craneana, que además tiene forma redondeada, y una fuerte reducción de la cara. A pesar de ello, todavía es bastante arcaico en algunos aspectos: tiene una estatura de sólo 1,5 m. y sus brazos son demasiado largos en relación al cuerpo, tal y como ocurría con los primeros australopitecos. Para algunos investigadores, las morfologías más arcaizantes deberían formar una especie aparte, Homo rudolfensis. Los representantes de la especie siguiente a nivel cronológico se agrupan normalmente bajo el nombre de Homo erectus. Este grupo está ya ampliamente representado a lo ancho del Viejo Mundo, en niveles datados entre 1,8 m. a. y 250.000 años, aproximadamente. Desde hace algún tiempo se considera que los restos africanos más antiguos forman una especie diferente (Homo ergaster: 1,8- 1,5 m. a.), lo que significaría que, entre 1,8 y 1,6 m. a. en África convivirían hasta cuatro tipos humanos diferentes (rudolfensis, habilis, ergaster e incluso los primeros erectus), por no hablar de los parántropos. La extensión de este grupo, continuamente ampliada desde su descubrimiento por E. Dubois en Java

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(Pithecanthropus) a finales del siglo pasado, permite distinguir, además, numerosas variedades regionales:

(a)

Homo erectus esteafricanos: Nariokotome, Koobi Fora, lleret, Olduvai.

(b)

Atlanthropus norteafricanos: Ternifine, Salé.

(c)

Anteneandertales europeos, también llamados Homo heidelbergensis en sus

formas más arcaicas: Mauer, Atapuerca, Aragó, Ehringsdorf, Fontechevade,

Swanscombe, Steinheim, Petralona

(d)

Sinanthropus en China: Zukudian, Yuanmou, Lantian, Yianku

(e)

Pithecanthropus y (con dudas) Meganthropus de Java: Sangiran, Modjokerto,

Las últimas dataciones de algunos de estos fósiles entre 1,8 y 1,6 m.a.

suponen un problema que se comentará más adelante. Físicamente, los erectus presentan por tanto una fuerte variabilidad tanto cronológica (estadios evolutivos) como regional (posible diversificación racial), pero se trata de características tan solapadas que muchos antropólogos actuales tienden a considerarlos, sobre todo a los especímenes más recientes, como una especie de Homo sapiens arcaicos. Esto determina que el género Homo sólo estaría representado por una especie única en realidad con diferentes estadios evolutivos. La postura ortodoxa, sobre todo por lo que respecta a las variedades de Homo que se verán a continuación, implica aceptar el estadio erectus, aunque únicamente se considere a nivel de crono especie. Los rasgos genéricos de erectus son: esqueleto postcraneal prácticamente moderno, aunque notablemente robusto, capacidad craneana muy variable (entre 800 y 1.300 cm3), con 1.100 de media, cráneo alargado y aplanado, con la frente huidiza, depresión postorbital marcada, fuertes arcos superciliares, cara proyectada hacia delante, mandíbula ancha, robusta y sin mentón. Las paredes del cráneo, además, son notablemente espesas y no es raro encontrar individuos con una mezcla de caracteres arcaicos y evolucionados (denominados en mosaico).

Trinil

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1.3.5. El Homo sapiens

HISTORIA DE ESPAÑA Pag. 26 / 252 1.3.5. El Homo sapiens Época: Prehistoria Inicio: Año 100000

Época: Prehistoria Inicio: Año 100000 A. C. Fin: Año 1 D.C.

Antecedente:

Origen y evolución del hombre

(C) ARTEHISTORIA

Comentario

Tradicionalmente se considera que nuestra propia especie ha estado representada por dos variedades con rango de subespecie: Homo sapiens y Homo sapiens neandertalensis. Estos últimos, los populares hombres de Neandertal, son los primeros hombres fósiles aceptados por la comunidad científica del siglo XIX.

Aunque las diferencias entre ambas formas puede que no pasen de las meramente raciales, su significado cronológico y evolutivo es tan distinto que suele justificar su distinción antropológica. El hombre de Neandertal es una variedad típicamente europea que apareció hace unos 100.000 años a partir de los erectus locales y llegó a expandirse hasta Próximo Oriente y Asia Central. A partir del 35.000 B.P. desaparece de todos estos territorios y es suplantado por los hombres anatómicamente modernos. Sus yacimientos, por tanto, sólo aparecen en Europa (Neandertal, La Ferrassie, La Quina, La Chapelle-aux-Saints, Gibraltar, Carihuela, Atapuerca, Zafarraya, Monte

Próximo Oriente (Shanidar, Tabun, Kebara,

y Asia Central (Teshik-Tash). Sus rasgos más característicos, aparte de

algunos detalles en la pelvis, el omóplato y el fémur, se localizan en el cráneo:

enorme volumen encefálico (media de 1.500 cm3, ligeramente superior a la actual), con morfología alargada (en balón de rugby) y huesos notablemente espesos, algo platicéfalos (frente presente pero inclinada), fuertes arcadas supraorbitales y senos nasales muy desarrollados. El occipital presenta un saliente que se considera diagnóstico. La cara es ancha, con pómulos altos y redondeados (ausencia de fosa canina), saliente (prognatismo moderado), con las órbitas oculares grandes y redondeadas, al igual que la abertura nasal. La mandíbula sigue siendo ancha y robusta, sin mentón y con un característico diastema retromolar. Las evidencias bioquímicas, basadas en diferencias genéticas entre las poblaciones actuales, parecen demostrar que el hombre moderno apareció en África hace 200.000 o 150.000 años, fecha que no todos los antropólogos aprueban a causa de la evidencia fósil. Según ellos, justo en el intervalo que cubre el paso entre el Pleistoceno Medio final ( a partir del 300.000 B.P.) y los inicios del Pleistoceno Superior, en África se asiste a un proceso que llevará primero a la aparición de formas más o menos transicionales entre erectus y sapiens (Djebel Irhoud, Mugaret-el-Aliya, Haua Fteah, Bodo, Broken Hill), junto a otros claramente modernos (Klasies River Mouth, Border Cave, Omo 1, Dar-es-Soltan, Taforalt), aunque todos ellos presentan, en mayor o menor medida, rasgos arcaicos. En Próximo Oriente también hay restos similares (Qafzeh, Skuhl), mientras que los hallazgos equivalentes del resto de Asia son tal vez más tardíos o de datación imprecisa (Ma'pa, Niah, Ngandong).

Circeo, L'Hortus, Krapina, Kulna

Amud

),

)

HISTORIA DE ESPAÑA

Pag. 27 / 252

En Europa la aparición de los primeros hombres modernos no resulta anterior al 40.000 B.P. y parecen haber seguido una línea de avance clara en dirección Este- Oeste, tal y como se verá en capítulos posteriores, puesto que los últimos neandertales parecen haber vivido en el sur de España hasta hace unos 27.000 años o menos. Los primeros hombres modernos europeos se agrupaban hasta hace poco en dos variedades: la raza de Cro-Magnon, más robusta, y la variedad de Combe Capel, Brno o Predmost, más grácil. En realidad, esta dicotomía pretendía justificar el binomio cultural Auriñaciense-Perigordiense y hoy en día se ha abandonado, estando sólo generalizado el uso del término cromañones para los hombres modernos paleolíticos. Variedades más tardías (hombre de Grimaldi o de Chancelade) tampoco parecen tener diferencias somáticas que justifiquen una completa diferenciación poblacional de tipo racial. Tanto estos europeos del Paleolítico Superior como sus contemporáneos de otros continentes -no hay que olvidar que el Homo sapiens colonizó en esta época Australia y América- presentan todos los caracteres comunes a la humanidad actual: volumen encefálico en torno a 1.400 cm3, cráneo redondeado de huesos finos, frente alta y abombada, cara pequeña y situada bajo el cráneo, dientes pequeños y mandíbula fina y provista de mentón. En lo que respecta al problema de los neandertales y su relación con los hombres modernos, la opinión más generalizada tiende a considerarlos una raza desarrollada en Europa a causa del aislamiento genético de las poblaciones de este continente durante las etapas frías del Cuaternario y consiguientemente adaptada a un medio muy específico. Esta rama especializada sólo sería un callejón sin salida a nivel evolutivo y no participaría en el origen de los hombres modernos. Existen investigadores que no comparten esta idea totalmente y suponen que aunque sea a través de mestizajes e hibridaciones (absorción genética), los neandertales se fundieron con las razas primitivas de sapiens para dar su configuración definitiva al Cro-Magnon. Una baza importante en esta discusión es el factor cultural, que se verá en capítulos posteriores.

HISTORIA DE ESPAÑA

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1.3.6. Los hombres fósiles de la Península Ibérica

/ 252 1.3.6. Los hombres fósiles de la Península Ibérica Época: Prehistoria Inicio: Año 1000000 A.

Época: Prehistoria Inicio: Año 1000000 A. C. Fin: Año 1 D.C.

Antecedente:

Origen y evolución del hombre

(C) ARTEHISTORIA

Comentario

El registro fósil peninsular es en estos momentos de los más numerosos de Europa, aunque se encuentra muy desigualmente repartido ya que un solo yacimiento, la Sima de los Huesos en la Cueva Mayor de la Sierra de Atapuerca(Burgos), supone cuantitativamente la mayor parte. En este yacimiento, que está siendo investigado desde 1976 por un equipo de paleoantropólogos dirigido primero por el E. Aguirre y luego por J. L. Arsuaga y J. M. Bermúdez de Castro, se han descubierto restos correspondientes a más de una veintena de individuos, asociación que define a la población de homínidos mejor conocida de Europa. Datada en más de 300.000 años, sus características se consideran típicas de los homínidos europeos del Pleistoceno Medio en vías de transformación en los futuros neandertales. Anteriores a este conjunto se conocen restos del mismo yacimiento que se han datado en una antigüedad cercana e incluso superior a los 800.000 años. Otros, poco elocuentes o de cronología conflictiva, son el fragmento craneal de Venta Micena (Orce, Granada), datada por bioestratigráfía en el Pleistoceno Inferior avanzado, o una falange de Cueva Victoria (Murcia). Mucho más interesante, aunque sólo se conocen resultados preliminares, parecen ser los hallazgos de Cabezo Gordo (Murcia), dado que se escalonan en una estratigrafía comprendida entre 500.000 y 50.000 años. A una cronología posterior a Atapuerca corresponden también los restos encontrados en Villafamés (Castellón). La mayor parte de los yacimientos ibéricos que han proporcionado restos humanos fósiles corresponden al inicio del Pleistoceno Superior y se pueden atribuir al hombre de Neandertal, aunque la mayoría son pequeños fragmentos, a veces incluso sólo alguna pieza dental, como ocurre con La Pinilla del Valle (Madrid), Lezetxiki, Axlor (País Vasco), el Abrí Agut (Barcelona) o la Cueva de los Casares (Guadalajara). Los yacimientos con hallazgos neandertalenses más importantes son la cantera Forbes y Devil's Tower (Gibraltar), ambos con cráneos completos, la cuenca lacustre de Bañolas (Gerona), donde apareció una mandíbula completa, la cueva del Boquete de Zafarraya (Málaga) y los restos aparecidos en las estratigrafías de Cova Negra (Valencia) y la Cueva de la Carihuela (Píñar, Granada). Por lo que respecta al hombre moderno, los restos son mucho más escasos. Los principales son los procedentes de la Cueva de El Parpalló, de Barranc Blanc (Valencia) y los de la Cueva de El Castillo (Puente Viesgo, Cantabria), todos ellos de aspecto cromañoide. Ya en el Epipaleolítico destaca la sepultura de la Cueva de los Azules (Cangas de Onís, Asturias) y los cráneos de Urtiaga, en ambos casos asociados a industrias azilienses.

HISTORIA DE ESPAÑA

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1.4. El Paleolítico

HISTORIA DE ESPAÑA Pag. 29 / 252 1.4. El Paleolítico Época: Prehistoria Inicio: Año 2500000 A.

Época: Prehistoria Inicio: Año 2500000 A. C. Fin: Año 10000 D.C.

Siguientes:

Los instrumentos paleolíticos El Paleolítico Inferior El Paleolítico Medio El Paleolítico Superior

(C) ARTEHISTORIA

Comentario

El Paleolítico o Edad de la Piedra antigua, es el periodo más largo de la historia

humana,

Cronológicamente corresponde al estudio de las culturas que hubo en el planeta

desde la aparición del género Homo, hace unos 2,5 m.a., hasta

Holoceno en el 10.000 B.P., aproximadamente. Tradicionalmente este periodo se identifica con la larga etapa depredadora del hombre, aquella parte de su pasado en la que vivió de la explotación de los recursos naturales, sin llegar a producir alimentos mediante la domesticación de animales y plantas. En tan dilatado tiempo nuestra especie alcanzó sus rasgos físicos actuales, colonizó casi todo el planeta y desarrolló sus capacidades intelectuales, tal y como las conocemos hoy en día. El hombre paleolítico no sólo fabricó instrumentos más o menos sofisticados, sino que también dominó el fuego, inventó la navegación, construyó las primeras viviendas, practicó ritos religiosos, creó algunas de las obras maestras del arte universal y dominó el lenguaje hablado. En definitiva, todas las constantes de la humanidad aparecieron durante el Paleolítico mediante un lento proceso evolutivo, cuyas circunstancias sólo pueden ser descubiertas y explicadas tras sofisticadas investigaciones en las que es preciso ayudarse de todos los recursos de la ciencia contemporánea. Si se tienen en cuenta todas las profundas transformaciones por las que han pasado las sociedades humanas en esta larga etapa, no es exagerado considerar que se trata, sin duda, de la fase más crucial de la Historia y que en ella hay que buscar las explicaciones últimas sobre lo que somos como especie. Desgraciadamente, debido a la característica parquedad de restos que se poseen para la reconstrucción de las sociedades del Paleolítico, el rasgo que puede ser mejor controlado acerca de ellas es sin duda la evolución tecnológica. No es de extrañar, por tanto, que los instrumentos recuperados en las excavaciones arqueológicas sean la base de las sistematizaciones que se han ensayado para esta etapa. En la actualidad este criterio arqueográfico se ha visto complementado con consideraciones cronológicas y antropológicas para elaborar el esquema tripartito más aceptado para su periodización en el Viejo Mundo:

- Paleolítico Inferior: corresponde en general a las primeras culturas, que normalmente están comprendidas entre la aparición de los primeros instrumentos

ya

que

ocupa

el

99,7

%

del

desarrollo de nuestra especie.

el

inicio del

HISTORIA DE ESPAÑA

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hasta el inicio de las diversificaciones regionales en su manufactura. Es la etapa

más larga del Paleolítico, y de la evolución humana por tanto, ya que dura en África desde finales del Plioceno hasta el Pleistoceno Medio avanzado. A nivel antropológico se caracteriza, a gran escala, por la convivencia de diferentes tipos

de

homínidos

y

termina

con

la

aparición

de

los

primeros

Homo

sapiens,

generalmente de tipo arcaico.

- Paleolítico Medio: es la fase en la que se desarrollan las primeras tradiciones culturales sincrónicas, normalmente detectadas sobre la base de diferentes

complejos industriales compuestos por los primeros instrumentos estandarizados y por técnicas especiales de manufactura que implican estrategias mentales bien definidas. En Europa occidental se considera actualmente que ocupa desde finales del Pleistoceno Medio hasta la mitad de la última glaciación (250.000-35.000 B.P.). Durante el Paleolítico Medio coexisten diferentes tipos de Homo sapiens, pero a nivel europeo sólo parece existir el tipo Neandertal. En esta etapa se manifiestan las primeras inquietudes religiosas bajo la forma de prácticas funerarias.

- Paleolítico Superior: se corresponde con el desarrollo de las últimas sociedades

del Pleistoceno (aproximadamente 35.000-10.000 BP), todas ellas compuestas ya por hombres anatómicamente modernos. Aunque la variabilidad cultural de estos grupos es enorme, todos suelen compartir un buen número de rasgos comunes:

creencias religiosas elaboradas, manifestaciones artísticas de todo tipo, adornos personales, instrumentos líticos y óseos altamente especializados, proliferación de herramientas compuestas y nuevas técnicas de manufactura cada vez más efectivas, así como una tendencia acelerada a especializarse en la explotación intensiva de los recursos de todo tipo de entornos geográficos. No hay que olvidar que es durante esta fase cuando el hombre coloniza América y Oceanía.

HISTORIA DE ESPAÑA

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1.4.1. Los instrumentos paleolíticos

Pag. 31 / 252 1.4.1. Los instrumentos paleolíticos Época: Prehistoria Inicio: Año 2500000 A. C. Fin:

Época: Prehistoria Inicio: Año 2500000 A. C. Fin: Año 10000 D.C.

Antecedente:

El Paleolítico

(C) ARTEHISTORIA

Comentario

Cada una de las etapas en las que se subdivide el Paleolítico está compuesta por un número variable de industrias o complejos industriales que son las verdaderas unidades sobre las que se efectúan las reconstrucciones culturales. Estas industrias son asociaciones recurrentes de instrumentos que tienen un significado espacial y cronológico lo suficientemente definido como para poder identificarlos con grandes tradiciones culturales. El estudio del utillaje de las poblaciones paleolíticas tiene por tanto un valor especial, puesto que la tecnología es en definitiva el sistema a través del cual el hombre se relaciona con el medio y frecuentemente estos artefactos son los únicos testimonios que atestiguan sus pasadas actividades. Los materiales que el hombre paleolítico utilizó para manufacturar sus herramientas de piedra son relativamente variados y pertenecen a un conjunto de rocas y minerales que presentan ciertas propiedades ventajosas: son duros, tenaces, relativamente frágiles y presentan fractura concoidea. Normalmente se trata de variedades silíceas (sílex o pedernal, calcedonias, jaspes, cuarzo, cuarcita, basalto,

que resultan muy abundantes en todas las regiones del planeta, sobre

obsidiana

todo bajo la forma de cantos rodados en los aluviones de los ríos, pero en zonas donde estas rocas no eran accesibles se talló incluso la caliza. Una vez obtenidos los nódulos de materias primas, eran trabajados posteriormente mediante talla por percusión directa, por percusión indirecta (con un cincel) o por presión, obteniéndose de este modo una serie de productos de talla (lascas u hojas, según sus dimensiones) que podían utilizarse en bruto, gracias a sus filos

cortantes, o bien podían ser transformados, mediante retoques en los bordes, en instrumentos más elaborados. El nódulo así explotado se denomina núcleo y se caracteriza a nivel morfológico por los negativos de las extracciones que ha sufrido.

)

A

la estrategia que los artesanos prehistóricos siguieron en la talla de los núcleos se

la

denomina cadena tecnológica y es uno de los criterios que tiene mayor contenido

cultural dentro del estudio del Paleolítico, puesto que se trata de una serie de pautas que necesitan ser aprendidas mediante una enseñanza especializada. La transformación de estos elementos tecnológicos en utensilios de morfologías distintas proporciona otro criterio de diferenciación cultural. Estas variedades formales (tipos líticos) se estudian a nivel descriptivo mediante Tipologías, que son las que permiten comparar las frecuencias con las que aparece cada instrumento en las diferentes industrias. Un aspecto más complejo es determinar la función de cada tipo, ya que muchos de ellos, sobre todo en las fases más arcaicas del Paleolítico, servían para varios propósitos a la vez. Sólo en el Paleolítico Superior parece existir

HISTORIA DE ESPAÑA

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una progresiva especialización en las tareas a las que se destina cada útil, lo que lleva aparejada una amplia diversificación en su tipología.

HISTORIA DE ESPAÑA

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1.4.2. El Paleolítico Inferior

DE ESPAÑA Pag. 33 / 252 1.4.2. El Paleolítico Inferior Época: Prehistoria Inicio: Año 2500000 A.

Época: Prehistoria Inicio: Año 2500000 A. C. Fin: Año 250000 D.C.

Antecedente:

El Paleolítico

(C) ARTEHISTORIA

Comentario

Tal y como se ha dicho en páginas anteriores, es muy probable que algunos antepasados del hombre hayan utilizado piedras o palos como actualmente lo hacen los chimpancés. Una capacidad instrumental de este tipo ya fue sugerida por L. Leakey en el caso del yacimiento mioceno de Fort Ternan, donde no sería extraño que un antepasado de los homínidos hubiera utilizado piedras para partir frutos. La capacidad, sin embargo, de manipular materiales para darles una forma que se adecue mejor a una función específica y, sobre todo, de conseguir morfologías estandarizadas mediante esas transformaciones, es típicamente humana y ni siquiera los australopitecos, autores de una supuesta industria sobre hueso según R. Dart, la han mostrado. Las primeras industrias, por tanto, son también los indicios culturales de la existencia de un representante del género Homo, aunque no haya dejado restos de sí mismo, y al igual que los homínidos más primitivos sólo aparecen en el continente africano. Hasta ahora los instrumentos más arcaicos que se han encontrado proceden de Hadar, en Etiopía, de la formación Shungura en el río Omo y de otras localidades del Este africano. Tienen una edad comprendida entre 2,5 y 1,8 m. a. y, por tanto, resultan más antiguos que los primeros restos de H. habilis. A partir de esta fecha, según la evidencia aportada por los yacimientos de la garganta de Olduvai y coincidiendo casi con la aparición de los erectus, el Paleolítico Inferior africano se sistematiza tradicionalmente en torno a dos grandes complejos industriales: el Olduvaiense o Pebble culture y el Achelense. El primero de dichos complejos, según las definiciones clásicas de Clark y Movius, está compuesto casi exclusivamente por cantos rodados con filos cortantes obtenidos mediante algunas extracciones sumarias unifaciales o bifaciales (choppers y chopping-tools). Las lascas casi sin retoques que acompañan a estos cantos proceden con toda probabilidad de su talla. Esta industria parece enriquecerse posteriormente con otros tipos líticos (poliedros, discos, bolas, lascas

retocadas en lo que M. Leakey ha denominado Olduvaiense Evolucionado. Este

)

complejo industrial está presente en África hasta el Pleistoceno Medio. Sin embargo, desde hace 1,4 m.a. (Bed II de Olduvai) en las secuencias africanas comienza a aparecer otra industria distinta: el Achelense. Se trata siempre de industrias que presentan la trilogía bifaces, hendedores y triedros. Su esquema evolutivo teórico, claramente importado de Europa, es tripartito (Achelense Inferior, Medio y Superior, según el grado de supuesta evolución industrial), pero está

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actualmente en revisión, porque las supuestas fases arcaicas faltan y, sin embargo,

el Achelense Superior existe desde hace más de 500.000 años. Parece llegar hasta

hace 200.000, para ser sustituido posteriormente por la Middle Stone Age (Paleolítico Medio africano). Geográficamente su extensión es mayor que la del Olduvaiense, aunque en África occidental sigue siendo escaso. Al sur del Sahara sólo hay localizaciones esporádicas o bifaces recogidos en superficie. La mayor concentración de yacimientos bien excavados se da en África Oriental y en varias zonas del Magreb.

En algún momento de esta evolución, el hombre salió de África y colonizó Asia y

Europa. El origen del poblamiento de este continente es periódicamente objeto de debates. Para algunos investigadores existen yacimientos desperdigados (Sandalja

I, Chilhac, Saint-Vallier, terrazas del Rosellón

del hombre entre 2,5 y 1,5 m.a., pero se trata de evidencias que no resisten un examen crítico riguroso. De hecho, la mayor parte de los especialistas está de acuerdo en que la aparición del hombre en Europa se produjo tal vez hace más de 1

m.a., o sea, a finales del Pleistoceno Inferior, pero que sólo los yacimientos datados

a partir de 650.000 años comienzan a ser fiables, aunque en el yacimiento de la

sierra de Atapuerca se han datado restos alrededor de los 800.000 años. En cualquier caso, las fechas anteriores a 400.000 años son muy escasas y presentan límites cronológicos demasiado amplios como para poder utilizarlos en una secuencia. Únicamente entre 350.000 y 250.000 parece haber un grupo consistente de yacimientos del Paleolítico Inferior, asimilados en este caso al Achelense pleno. Se ha sugerido que este retraso en la colonización europea tal vez tenga una explicación ecológica, ya que el clima de nuestro continente es notablemente más frío que el de África, especialmente durante las glaciaciones cuaternarias. El hombre, por tanto, sólo podría haberse asentado en estas latitudes después de que hubiese alcanzado cierto nivel cultural, sobre todo en lo que respecta al dominio del fuego, nivel que puede que no tuvieran los primeros homínidos que salieron de África. Otra explicación posible es que, como parecen demostrar los estudios geológicos, Europa realmente nunca estuvo accesible para estas sociedades, que carecían de embarcaciones, más que a través de Asia Menor o incluso de las llanuras de Ucrania, ya que el estrecho de Gibraltar nunca estuvo emergido durante el

Cuaternario. Si esto es cierto, todo parece indicar que Europa quedaría aislada del resto del mundo durante las máximas pulsaciones glaciales, puesto que al sur de Rusia se instalarían condiciones periglaciales que impedirían el paso a cualquier grupo humano no adaptado a vivir en semejante ambiente. Una prueba a favor de esta hipótesis es que las sociedades del Paleolítico Inferior jamás llegaron a colonizar el norte de Europa y sus asentamientos rara vez superan los 52°- de latitud. Desde un punto de vista arqueológico, el Paleolítico Inferior europeo parece responder a pautas semejantes a las africanas en un comienzo para ir lentamente adquiriendo rasgos específicos. Su evolución parece responder a un gran tronco achelense, a veces sin bifaces a causa de condicionantes de la materia prima, que pasa hacia una diversificación clara a finales del Pleistoceno Medio. Es de señalar que esta idea coincide con lo que sabemos hoy en día de la diáspora de erectus fuera de África. Así, el poblamiento asiático tuvo lugar hace casi 1,8 m.a., antes de que se desarrollara el Achelense africano, y por eso esta industria no existe entre los primeros homínidos del Lejano Oriente. Sin embargo, tuvo que haber otra oleada más tardía de emigrantes, porque el Achelense se expandió por Oriente Próximo y Europa en fechas posteriores, curiosamente cuando en África ya parece existir un Achelense Superior. Así, aunque las supuestas industrias más arcaicas de Europa hayan sido bastante parecidas al Olduvaiense africano, siempre se evitó utilizar este término para referirse a ellas, prefiriendo los autores clasificarlas en un Complejo de Cantos Trabajados o, de modo mucho más provisional, en un indefinido Paleolítico Inferior Arcaico (Preachelense). Esta indecisión era debida al escrúpulo implícito de

)

que podrían probar la presencia

HISTORIA DE ESPAÑA

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considerar esta nomenclatura como equivalente a reconocer una colonización africana de nuestro continente vía Gibraltar o el istmo Sículo-Tunecino en épocas regresivas, toda vez que estos hipotéticos puentes de tierra nunca han estado realmente abiertos, tal y como se ha comprobado por estudios geológicos del fondo del Mediterráneo. A pesar de eso el argumento anterior se ve puesto en duda, aunque con reservas, en los países meridionales (España e Italia), sobre todo al

haberse detectado algunas faunas africanas en esta parte de la Península (jerbo en

Andalucía, puercoespín en ambos países

algunos grupos achelenses ricos en hendedores y triedros, instrumentos raros en el resto de Europa. La evidencia peninsular es del máximo interés para colaborar en esta discusión. En principio, el Paleolítico Inferior, entendido como Achelense más o menos pleno, está bien representado en todos los rincones de la Península bajo la forma de instrumentos líticos esparcidos por las terrazas fluviales y otras formaciones cuaternarias. Estos hallazgos permiten insertar nuestra dinámica industrial con la conocida en el resto de Europa, aunque aquí haya elementos claramente individualizables. Las supuestas industrias más arcaicas que se han citado en numerosas ocasiones, o no superan los 700.000 años, caso de Cúllar-Baza 1 (Granada), o son mucho más jóvenes aún, caso de El Aculadero (Puerto de Santa María, Cádiz), o son poco fiables todavía, como es el caso de Venta Micena (Granada) y cueva Victoria (Murcia). Los conjuntos mejor conocidos de la Península pertenecen al Pleistoceno Medio en todas sus fases. Un grupo importante de ellos procede de depósitos fluviales estudiados en conjunto, como los del Manzanares, Jarama, Tajo, Duero, Tormes, Guadalete o Guadalquivir. Dentro de ellos hay yacimientos bien controlados atribuibles a diferentes estados evolutivos del Achelense, como es el caso de Pinedo (Toledo), La Maya (Salamanca), San Quirce (Palencia),Aridos I y II o Arriaga II. Otros proceden de cuencas sedimentarias en vías de estudio, como Cúllar-Baza 1 o La Solana del Zamborino (Depresión de Guadix-Baza, Granada), Las Gándaras de Budiño (Pontevedra), Cuesta de la Bajada (Teruel) y Torralba-Ambrona (Soria). A finales del Pleistoceno Medio, y ya clasificables en el Paleolítico Medio, se producirían un grupo de ocupaciones, clasificables como Achelense Superior o Premusteriense, que se darían ya en cueva como Bolomor (Valencia), la base de El Castillo (Cantabria) o de Cueva Horá (Granada) y la cueva de las Grajas (Málaga). También habría que incluir en este capítulo a las ocupaciones superiores del complejo kárstico de Atapuerca, aunque aquí las hay también anteriores al Paleolítico Medio. Es de señalar que, al igual que sucede en el sur de Francia, las ocupaciones detectadas en cuevas y abrigos presentan diferencias instrumentales respecto a las localizaciones al aire libre que sin duda reflejan las distintas actividades realizadas en cada tipo de hábitat y la distinta actitud frente a la materia prima de cada clase de ocupación. Por último, es necesario señalar que los nuevos trabajos realizados en la Península confirman las interpretaciones más modernas, procedentes de A. Tuffreau y G. Bosinski, al reconocer la aparición del Paleolítico Medio como una tendencia evolutiva que cristaliza en toda Europa en el Pleistoceno Medio avanzado. Sus características básicas son la aparición de técnicas de talla especializadas (Levallois y afines), y la diferenciación industrial de base regional cómo adaptación cultural a diferentes entornos. Sólo así puede explicarse que al final del Pleistoceno Medio e inicios del Superior coexistan en el Occidente europeo un número tan grande de industrias distintas (Achelense Superior bajo diversas formas, Epiachelense, varios tipos de Musteriense, complejos de tipo Biache-St. Vaast y otras industrias aún mal definidas, algunas de ellas con técnicas de talla laminar que parecen no perdurar en el Würm).

a causa del indudable africanismo de

)

HISTORIA DE ESPAÑA

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1.4.3. El Paleolítico Medio

DE ESPAÑA Pag. 36 / 252 1.4.3. El Paleolítico Medio Época: Prehistoria Inicio: Año 250000 A.

Época: Prehistoria Inicio: Año 250000 A. C. Fin: Año 35000 D.C.

Antecedente:

El Paleolítico

(C) ARTEHISTORIA

Comentario

En Europa occidental ha sido habitual hasta hace poco mantener una amplia identificación del Paleolítico Medio con el Complejo Musteriense. Hoy en día este paralelismo está en crisis, porque, como hemos visto, se piensa que el primero es un concepto tecnológico esencialmente. En Europa comienza a partir del Achelense Medio avanzado (situado a finales del Pleistoceno Medio, desde hace unos 250.000

años), mientras que el denominado Complejo Musteriense es una industria europea del Pleistoceno Superior, para algunos autores incluso sólo del Würm inicial (inicios en el 90.000; finales hacia el 35-30.000). El Musteriense fue originalmente definido por G. de Mortillet en el abrigo superior de Le Moustier (Dordoña, Francia) como época de la punta de mano. Tras el hallazgo de los enterramientos (?) de Spy (Bélgica), el Musteriense se identifica como la industria del hombre de Neandertal. A principios de siglo los trabajos de Commont, Peyrony, Breuil y otros determinan la existencia de diferentes tipos de musterienses (de tradición Achelense o MTA, de tipos pequeños, cálido ), nomenclaturas hoy en día en desuso en su mayor parte. Para Breuil sería un complejo cultural paralelo al Levalloisiense, industria definida en los depósitos de loess del norte de Francia en los años 30, con VII estadios. El hallazgo fundamental de esta etapa es el realizado por D. Peyrony en el abrigo inferior de Le Moustier -el superior había sido ya excavado en su totalidad-, al encontrar dos tipos de Musteriense distintos interestratificados. Esto determinó que los distintos Musterienses no se considerasen etapas industriales, sino facies (industrias más o menos contemporáneas). En la posguerra se produce la adopción generalizada del llamado método Bordes en sus tres parámetros fundamentales: tipología y aparato estadístico, esquema cronológico del Pleistoceno Superior, refrendado posteriormente por los trabajos de H. Laville en los abrigos del Perigord, y valoración teórica de las unidades industriales. Hoy en día el paradigma bordesiano puede considerarse en crisis a causa de la revolución causada por las nuevas fechas TL para el Musteriense francés y del Próximo Oriente y los últimos hallazgos paleoantropológicos (St. Césaire) y la consiguiente reevaluación de las asociaciones culturales de los neandertales.

A pesar de todo, la definición del Complejo Musteriense es inseparable del método

Bordes ya que está condicionada por su utilización. En efecto, el porcentaje de raederas fue el criterio que en 1953 permitió a F. Bordes organizar los distintos

Musterienses en los siguientes grupos:

HISTORIA DE ESPAÑA

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I) Grupo Charentiense. Caracterizado por tener muchas raederas. Contiene dos

facies tecnológicas: Musteriense de tipo Quina, sin técnica Levallois, y Musteriense de tipo Ferrassie, con técnica Levallois. II) Índice de raederas medio. En este grupo se incluyen dos tipos de Musteriense de distinción tipológica: Musteriense típico, con un reparto instrumental equilibrado y prácticamente sin bifaces y Musteriense de Tradición Achelense (MTA), que tiene dos variedades importantes (tipo A, con numerosos bifaces, y tipo B, con un número discreto de bifaces, pero abundantes cuchillos de dorso típicos). III) Bajo porcentaje de raederas, lo que equivale a decir, según el método Bordes, que tiene abundantes denticulados y muescas. Es el denominado Musteriense de denticulados. Cada uno de estos tipos puede presentar en teoría facies tecnológicas levalloisiense o no, pero en la práctica sólo la distinción entre los tipos Quina y Ferrassie tiene alguna relevancia a nivel clasificatorio. Existen otras industrias incluidas en este Complejo, como el Vasconiense, que según Bordes es un Musteriense que presenta hendedores. Restringido a la región cantábrica española (El Castillo, Morín, El

y a la región vasca francesa (Abri Olha), hay muchos autores que niegan

su distinción formal. La aplicación del método Bordes al Musteriense francés permite considerar que se

trata globalmente de un Complejo que se caracteriza a nivel industrial por ser un repertorio monótono, mayoritariamente elaborado sobre lasca, aunque los hay con fuertes porcentajes de soportes laminares, que puede emplear o no la técnica Levallois y que consta de porcentajes variables de puntas, raederas, denticulados y muescas. En algún caso puede presentar bifaces cordiformes y triangulares (el MTA de tipo A) o atípicos (el resto). A nivel cronológico este Complejo es estrictamente würmiense, aunque existen dos problemas básicos en la aplicación de este criterio:

hay otras industrias contemporáneas en Europa (los Micoquienses, el Achelense

y existen industrias iguales en el Pleistoceno Medio final (los

Premusterienses para F. Bordes). En el plano antropológico está asociado a Homo sapiens neandertalensis, pero hay que tener en cuenta que hay facies que no presentan tipos fósiles asociados hasta ahora (el MTA -sobre todo), que también existen niveles musterienses con restos de Homo sapiens, sobre todo en Próximo Oriente (Qafzeh) y ya han aparecido neandertales asociados a industrias del Paleolítico Superior (St. Césaire). La característica más notable del Complejo Musteriense es que la mayor parte de las industrias que lo forman han aparecido interestratificadas, lo que equivale a decir que son contemporáneas en las mismas regiones durante el Würm inicial (Pleniglacial Inferior). Los yacimientos paradigmáticos en los que se ha comprobado este fenómeno se agrupan en dos regiones diferentes de Francia: la cuenca de París, cuyos yacimientos loéssicos fueron revisados por Bordes, lo que le permitió demostrar la inexistencia del Levalloisiense de Breuil, y los abrigos clásicos de la Dordoña, sistematizados por Bourgon en un primer momento y luego completados por Bordes con excavaciones nuevas. Los principales son Combe Grenal, Pech-de- l'Azé I, II y IV y el abrigo inferior de Le Moustier. Dejando a un lado que los yacimientos datados en el Pleistoceno Medio hayan sido atribuidos al Achelense Superior o a algún tipo de Premusteriense, ya comentados anteriormente por conveniencia cronológica, la dinámica del Paleolítico Medio español está en gran parte vinculada a los problemas interpretativos del Complejo Musteriense europeo, actualmente en revisión. Desde hace unos años se están publicando un gran número de yacimientos, con análisis ambientales y dataciones, que convierten a este periodo en uno de los mejor documentados del Paleolítico Ibérico. En la cornisa cantábrica, el Musteriense está documentado sobre todo en las estratigrafías de las cuevas de El Castillo, El Pendo, Morín, Amalda y, tal vez, el tramo superior de Lezetxiki, donde han aparecido interestratificados los tipos Quina, Denticulados, Típico y Vasconiense, repitiendo de algún modo el modelo definido en Aquitania. Más al sur, en la Meseta Central, los únicos tipos

Superior

Pendo

)

)

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representados con certidumbre son el Musteriense Típico de la Cueva de los Casares (Guadalajara) y el Quina casi idéntico de La Ermita, Millán y, tal vez, Valdegoba (Burgos). En Cataluña los yacimientos más conocidos pueden clasificarse también dentro de la variedad Quina (Els Ermitons), Típico (L'Arbreda) o de Denticulados (Abrí Romaní), aquí asociado a fragmentos de útiles de madera. También en el valle del Ebro se ha encontrado el tipo Quina en el Covacho de Eudoviges (Teruel), y en Peña Miel (Rioja), mientras que en la cueva de los Moros de Gabasa I (Huesca) el tipo Quina encontrado era poco típico. Los nuevos trabajos llevados a cabo en Levante han permitido clasificar varios niveles pertenecientes a las variedades Ferrassie (Pechina) y Típico (Cova Negra), mientras el Quina y el MTA de este último yacimiento son discutibles. También en Portugal se han comenzado a conocer datos modernos sobre su Complejo Musteriense, gracias a los trabajos recientes de L. Raposo y J. Zilhao, pero la mayor parte de las industrias están en fase de estudio y sólo han citado Musteriense de tipo Ferrassie en la Gruta de Figueira (Almonda). Muy interesantes son las dataciones de algunos de estos yacimientos y las estructuras de Vilas Ruivas (Vila Velha de Ródao). Por lo que respecta a la evidencia de Andalucía y el Sureste, baste decir que es una de las más numerosas de la Península, porque presenta estratigrafías como las gibraltareñas (Devil's Tower y Gorham's Cave), la de cueva Horá (Darro, Granada), la de Zájara I (Almería), la de Cueva Perneras (Murcia) y, sobre todo, la de Carihuela (Píñar, Granada), con más de 40 niveles musterienses, que permiten trazar una secuencia detallada de la primera parte del Pleistoceno Superior y definir un Musteriense Típico muy similar al europeo, bastante homogéneo y muy persistente en el tiempo. Una aportación decisiva de los últimos trabajos sobre Musteriense ibérico, de cara a la discusión sobre la sustitución del Paleolítico Medio por el Superior, y el consiguiente reemplazamiento del Neandertal por el hombre moderno, ha sido la obtención de cronologías muy tardías para el primero, cuya trascendencia se verá con más detalle en el punto siguiente.

HISTORIA DE ESPAÑA

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1.4.4. El Paleolítico Superior

DE ESPAÑA Pag. 39 / 252 1.4.4. El Paleolítico Superior Época: Prehistoria Inicio: Año 35000 A.

Época: Prehistoria Inicio: Año 35000 A. C. Fin: Año 10000 D.C.

Antecedente:

El Paleolítico

(C) ARTEHISTORIA

Comentario

Aspecto en esencia convencional, ya que se trata de establecer rupturas en un continuo poblacional, pero cargado de significado en este caso, la transición del Paleolítico Medio al Superior supone una serie de importantes cambios y renovaciones:

-Tecnológicos: leptolización en el instrumental lítico -sustitución de la talla de lascas por la de hojas- y aparición de manufacturas realizadas en nuevas materias primas: hueso/cuerna y marfil (desarrollo de una industria ósea estandarizada),

y barro cocido (figurillas de

Dolní Vestonice).

- Instrumentales: industrias con tipologías muy estandarizadas, aunque abunden

los útiles inventados desde el Achelense (raspadores y buriles sobre todo). Los repertorios se enriquecen enormemente (industria ósea además de lítica), se diversifican, con fuertes variaciones cronoespaciales, y aparecen incluso útiles compuestos (raspador-buril, buril-perforador

- Económicos: la explotación del entorno se hace cada vez más intensiva, con

aprovechamiento de recursos no utilizados, y más especializada. Se colonizan territorios anteriormente despoblados (la tundra ártica, la selva ecuatorial - Sociales: fuerte estructuración en los hábitats, aparecen los poblados semipermanentes o estacionales, se desarrollan las estructuras de habitación y las cabañas, y se incrementan los intercambios e interacciones entre grupos.

rocas blandas pulimentadas (lámparas, colgantes

)

Además, los aspectos nuevos en el caso europeo incluyen un decisivo cambio étnico, ya que los neandertales son sustituidos más o menos bruscamente por los hombres anatómicamente modernos (CroMagnon). Tampoco se debe olvidar que en la nueva etapa se desarrollan completamente las capacidades simbólicas (arte,

comenzando el grafismo (inicios del

almacenamiento de información codificada en soportes externos al propio organismo). Aunque el problema de la transición es hoy en día una de las fronteras de nuestro conocimiento histórico -límite de resolución en las cronologías que se manejan en los procesos de este tipo-, existen dificultades para ofrecer un panorama totalmente convincente debido al caos de las secuencias locales, muchas veces formadas con yacimientos mal estudiados o sin posición cronoestratigráfica clara. Ante esta situación, la investigación ha sufrido una periódica oscilación entre dos modelos radicales:

religión, lenguajes, adornos personales

),

a) Continuistas: prácticamente hegemónicos en el Coloquio UNESCO sobre L'origine de I'homme moderne (París, 1969), fueron posteriormente desbancados. Son partidarios de una cierta continuidad entre el Paleolítico Medio y el Superior, sobre todo a nivel cultural, basados, esencialmente, en la posible filiación Musteriense de

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Tipo Quina-Auriñaciense, todavía no probada, y en la continuidad MTA tipo B-

Chatelperroniense. Hoy en día se acepta este proceso, pero se duda de la evolución del Chatelperroniense hacia otras formas culturales del Paleolítico Superior. Antes esta hipótesis contaba con mucho peso porque se consideraba al Chatelperroniense antecesor del Perigordiense-Gravetiense. b) Rupturistas: emparentados con los monogenetistas en Antropología. Son partidarios de una sustitución abrupta tanto en el plano cultural como en el físico y suponen que el Paleolítico Superior se forma fuera de Europa y es traído a ella por los hombres modernos. Hoy en día existen evidencias nuevas (el neandertal de St. Césaire, asociado a Chatelperroniense, las secuencias de Europa Central y Oriental, los neandertales

tardíos de la Península

que refutan los continuismos casi en su totalidad, aunque

la teoría rupturista clásica presenta también muchos puntos discutibles. El proceso parece haberse iniciado por impulsos externos en Europa occidental, aunque fue más progresivo de lo que se suponía y hubo tal vez muchas interacciones entre los

distintos grupos neandertales y sapiens. Desde el punto de vista cronológico, el Paleolítico Superior se desarrolla a partir del Complejo Interpleniglacial würmiense (40.000-28.000 B.P.), hasta el Holoceno (10.000 B.P.), ocupando esencialmente el Pleniglacial Superior. La base de su cronología, hasta hace poco, era más paleoclimática que bioestratigráfica, obtenida

a base de secuencias loéssicas, en las que se marcaban pequeños interestadios del

Pleniglacial Superior detectados como paleosuelos, paleontológicas, polínicas, continentales y marinas. Desgraciadamente, siempre existe alguna dificultad a la hora de correlacionarlas. Durante el gran interestadio würmiense la situación en Centroeuropa es muy distinta a la que presenta Europa occidental. Los complejos industriales detectados

aquí, según Desbrosse y Kozlowski, son los siguientes:

- El Szeletiense: industria no muy definida durante mucho tiempo, hoy en día parece restringirse a Hungría y Moravia (yacimientos de Szeleta, Bukk,

Vedrovice

Evoluciona en el tiempo entre el 42.000 y el 32.000 B.P., haciéndose

cada vez más laminar. Aunque no tiene muchos útiles retocados, lo característico de este complejo son las puntas bifaciales de tipo Blattspitzen, por lo que se supone que deriva del Micoquiense oriental de Cueva Kulna.

- Complejos de puntos bifaciales del Norte de Europa: diferentes al Szeletiense en

algunos aspectos. Engloban al Lincombiense (Inglaterra, Bélgica), el Ranisiense (Alemania) y el Jerzmanowiciense de la cueva Nietoperzowa (Sur de Polonia). Hacia la antigua Checoeslovaquia existen otras industrias parecidas cuya posición se discute todavía (Bohuniciense, Jankovichiense). Aunque no presentan mucha homogeneidad industrial, tienen en mayor o menor medida una técnica Levallois que se hace también cada vez más laminar.

- El Auriñaciense balcánico: datado en 42-40.000 B.P. en las cuevas de Istallöskö y

Bacho-Kiro. Es ya una industria laminar, con predominio de raspadores y buriles, y tiene industria ósea. A partir del 35.000 B.P. esta industria del Paleolítico Superior está presente en toda Europa Central, desplazando a los complejos de puntas

bifaciales o influyendo en sus fases tardías. En Europa occidental, en cambio, el Musteriense parece permanecer sin cambios hasta el 35.000 B.P., salvo en lo que respecta a las últimas evidencias contradictorias de la Península Ibérica. A partir de esta fecha comienzan a aparecer ocupaciones atribuibles al Auriñaciense inicial, que conviven con otros complejos industriales hasta el 28.000 B.P.:

(1) El Chatelperroniense (o Perigordiense Inferior): restringido a la fachada atlántica francesa y la región cantábrica española, aunque tiene una variedad italiana (el Uluzziense). Se caracteriza por las puntas de dorso curvo (de

) ya muy

Chatelperron), junto a un substrato musteriense (raederas, denticulados

cargado de elementos del Paleolítico Superior (raspadores, buriles, perforadores).

Aparecen los primeros adornos (colgantes de Arcysur-Cure) y los balbuceos del arte. El hecho de que haya aparecido interestratificado con el Auriñaciense

)

).

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inicial en muchos sitios (Le Piage, Roc de Combe, El Pendo), testimoniando su

contemporaneidad, y el hecho de que se considere obra de neandertales el hallazgo de St. Césaire, parece indicar que sería una aculturación de éstos por parte de los recién llegados cro-magnones, autores a su vez del Auriñaciense. Desaparece hacia el 28.000 B.P. (2) Los últimos musterienses, que van siendo desplazados progresivamente por los complejos anteriores. Como ya se ha dicho, en el sur de España (Carihuela, Zafarraya), parecen haber pervivido hasta bien entrado el Pleniglacial Superior. Aunque identificado desde el 42.000 B.P. en el área balcánica, el Auriñaciense sólo se difunde por toda Europa a partir del 35.000 B.P. y, pese a su gran dispersión geográfica, parece presentar una cierta homogeneidad industrial. Ya desde los tiempos de Peyrony se aceptaba su amplia convivencia con el Perigordiense. En Europa Occidental se aceptaba, con alguna modificación posterior, una secuencia de 6 estadios (del 0 al V) basada en las ideas de Breuil y en los fósiles-guía, sobre todo de hueso. Hoy en día este aspecto tiende a simplificarse en un esquema más o menos tripartito, dependiendo de las regiones: Auriñaciense Inicial, normalmente con azagayas de base hendida y hojitas Dufour (con finos retoques), Auriñaciense Típico y Auriñacienses evolucionados o finales, con muchas variaciones. Sus útiles característicos en industria ósea son las azagayas (de base hendida, de sección aplanada o losángicas) y en el material lítico los raspadores espesos (carenados) y en hocico, así como las hojas auriñacienses (a veces estranguladas)

y los buriles (con predominio de los diedros). En Europa occidental parece perdurar

algo más que en el resto del continente, como lo demostraría el problemático Auriñaciense V francés. Lo curioso es que en Alemania se caracteriza por el excelente arte mueble animalista, mientras que en Francia y España parece corresponder a las primeras pinturas rupestres, todavía muy poco afortunadas.

Después del Auriñaciense, la mayor parte del continente asiste a la expansión del Gravetiense. Es un complejo industrial que tiene una enorme extensión cronológica

y espacial, dependiendo de las zonas (entre el 28.000 y el 20.000 B.P. aprox.). Las

fechas más antiguas proceden de Alemania (Weinberghöhle, Brillenhöhle), mientras que en Francia y España aparece realmente a partir del 25.000 B.P. Su característica básica son las piezas de dorso (hojas, puntas de La Gravette), junto a raspadores sobre hoja, buriles (sobre todo sobre truncatura) y perforadores. La

industria ósea es menos importante que en el Auriñaciense. Aunque hay facies

regionales muy importantes (Pavloviense moravo, Kostienkiense ruso

pertenencia a un gran tronco común parece hoy en día fuera de duda. En la región cantábrica española y en el Suroeste francés se le denomina

Perigordiense (tradicionalmente Perigordiense IV, según la secuencia de Peyrony). Sus fases evolucionadas (El Perigordiense V o Noaillense) tienen buriles de Noailles, puntas de la Font-Robert y numerosas truncaturas (yacimientos de Le Flageolet,

Roc de Combe

En Corbiac y Laugerie-Haute, F. Bordes confirmó la presencia de

un Perigordiense VI y de un Perigordiense VII (protomagdaleniense), pero esta secuencia sólo tiene valor en el Perigord. En el plano cultural, el Gravetiense es conocido sobre todo por el arte mueble (las venus), los enterramientos (Pavlov, Dolnï Vestonice) y las cabañas rusas y moravas de cazadores de mamuts. Haciendo balance del Paleolítico Superior inicial, es evidente que, desde hace años, se viene produciendo un importante debate en torno al significado de los distintos complejos industriales implicados. Así, para algunos investigadores, los grupos de puntas foliáceas son industrias que evolucionan desde un substrato nativo y resultan claramente transicionales hacia el Paleolítico Superior, mientras para otros son culturas del Paleolítico Medio contaminadas por rasgos culturales de sus vecinos auriñacienses, tal vez llegados de Próximo Oriente. Este problema está claramente imbricado con el final de los neandertales. Para algunos autores es posible que manifestaran aculturaciones (Chatelperroniense) y sufrieran, tarde o temprano, una absorción, genética y cultural, por parte de la masa de sapiens recién llegados. Otros opinan que fueron sustituidos bruscamente (¿aniquilación?). Además, la cohabitación entre ambas etnias es un hecho probado durante varios milenios en

)

su

).

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Próximo Oriente y Europa, y se revela como uno de los problemas más interesantes de la actualidad. Posiblemente el modelo de cambio no sea único para toda Europa, sino que haya que distinguir circunstancias particulares y respuestas diferentes por regiones. Si tenemos en cuenta la evidencia actual, existen importantes anomalías que afectan a las dos posturas teóricas anteriormente reseñadas. Por ejemplo, para los rupturistas son incómodas las fechas publicadas hace poco del inicio del Auriñaciense en El Castillo y L'Arbreda (España), que lo sitúan en torno al 40- 38.000 B.P., casi en la misma época que en los Balcanes. También es una anomalía para este tipo de ideas el hecho de que el Auriñaciense en Próximo Oriente no sea más antiguo del 38.000-35.000 B.P. Sólo el yacimiento de Staroselje (Crimea) se cita como posible origen oriental de esta industria, pero no tiene una cronología convincente. También las hipótesis continuistas tienen elementos en contra. Así, si la mayor parte de los musterienses europeos no parecen presentar ningún proceso evolutivo hacia el Paleolítico Superior hasta que no aparece el tándem Auriñaciense-sapiens, como es el caso del Chatelperroniense, que además tiene una delimitación espacial muy clara, parece difícil no aceptar la alternativa contraria. Además, existe una amplia base documental para afirmar que los neandertales autóctonos tuvieron muchas respuestas adaptativas ante la aparición de nuevos elementos culturales que ellos mismos no generaron, y con los que en gran medida resultaron incompatibles a la larga. En cualquier caso, a partir-del 22.00020.000 B.P., tal vez a causa de problemas ecológicos, como es el avance del glaciar continental por el norte y, por el sur, formación de una posible barrera de hielo en los Alpes, Europa se va a fraccionar en dos dinámicas culturales diferentes, que sólo con el Magdaleniense, a causa del retroceso glaciar en el Tardiglacial, volverán a presentar numerosos rasgos comunes. Mientras en la parte oriental se desarrollan complejos de tipo Epigravetiense, en una parte importante de Europa occidental aparece el Solutrense, que se caracteriza por la fabricación de puntas foliáceas mediante una cuidada talla bifacial. La evolución en la silueta de estas puntas de proyectil, aunque tiene rasgos regionales, ha sido la base sobre la que se ha sistematizado la evolución interna del complejo, hasta el punto de que la distribución temporal de

algunos tipos está fijada con notable precisión. Junto a estas piezas características, el Solutrense presenta otros instrumentos relativamente mediocres, con la excepción de los raspadores, e incluso supone un cierto renacimiento de algunos útiles musterienses como raederas y discos. Su industria ósea no es tampoco muy original, con la notable excepción de las agujas en asta de cérvido, cuya función parece obvia al presentar incluso ojo para enhebrar. Los yacimientos clásicos del Solutrense se encuentran en Francia occidental

(Laugerie-Haute, Laussel, Badegoule, Le Placard, Montaud

sin rebasar el valle

del Ródano, y en la Península Ibérica, tal y como se verá a continuación. Sus límites temporales están bastante bien fijados entre el 19.000 y el 16.000 a. C., aproximadamente, siendo tal vez algo más tardío, para fases equivalentes, en el

norte de España.

El debate clásico en torno al Solutrense se centra en su origen, ya que en algunas

zonas parece intrusivo en una secuencia de tipo gravetiense o auriñaciense, mientras que en otras (Périgord, Valencia) pueden encontrarse elementos

evolutivos que anuncian su aparición. Hoy en día tiende a minimizarse el aspecto invasionista de sus estudios teóricos, para enfatizar las evidentes relaciones que presenta con algunos gravetienses septentrionales y con las industrias anteriores y contemporáneas del valle del Ródano e Italia (el Salpetriense

A finales del Würm, coincidiendo con su última pulsación fría (el Tardiglacial),

aparece el último gran complejo industrial del Paleolítico europeo, el Magdaleniense, cuyos orígenes algunos autores sitúan en Francia basándose en algunas industrias que se consideran transicionales (Badegouliense o Protomagdaleniense), aunque las últimas investigaciones parecen considerarlas

),

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paralelas al verdadero Magdaleniense Inicial, que las absorbería con relativa

rapidez. Su cronología iría desde finales del Solutrense (16.00015.000 a. C.) hasta el 8.000 a. C., aunque en algún punto puede haber perdurado hasta los inicios del Holoceno. El Magdaleniense, tal y como se conoce en Europa occidental (España, Francia, Países Bajos, sur de Alemania), se caracteriza por una verdadera eclosión de instrumentos sobre hueso, muchas veces decorados con grabados, bastones perforados, propulsores con esculturas, varillas semicilíndricas, varios tipos de azagayas, arpones de una o de dos filas de dientes, discos, pendeloques,

espátulas

bastantes tradiciones gravetoides. Se caracteriza por el predominio de grandes buriles, vinculados, sin duda, con la profusión de materiales grabados que aparecen en este momento, la sencillez de los raspadores y la presencia en cantidades

variables de perforadores, hojitas con retoques abruptos y los primeros

geométricos, piezas líticas diminutas de morfología muy estandarizada (triángulos,

trapecios, medias lunas

un soporte de madera o asta. En esta fase es cuando se produce la mayor cantidad de obras de arte de todo el Paleolítico. La densidad de yacimientos magdalenienses, su buen grado de conservación y el gran número de elementos culturales que han dejado, desde el arte mobiliar hasta las cabañas, ha favorecido el estudio en detalle de sus grupos regionales, que se extienden desde el valle del Rin (Gönnersdorf, Andernach, Petersfels) hasta el sur de Francia (La Madeleine, Mas-d'Azil) y la Península Ibérica. Tanto en lo que respecta a la transición entre el Paleolítico Medio y el Superior, como en lo que atañe a la evolución cultural del final del Paleolítico, la Península presenta una clara diferenciación geográfica en dos tramos casi independientes: la cornisa cantábrica y la fachada mediterránea. La amplia zona central, representada por la meseta castellana y sus comarcas adyacentes, son casi dos vacíos en la investigación, en donde sólo se conocen instrumentos solutrenses (El Sotillo) y magdalenienses (Verdelpino, Jarama II), aunque la presencia de arte paleolítico permite sospechar que al menos el Paleolítico Superior Final tiene que tener una representación más importante que la que esta pobreza de hallazgos permite sospechar. Por lo que respecta a la región cantábrica, el modelo de evolución cultural existente

en el sector comprendido entre el País Vasco y Galicia parece responder con relativa fidelidad al modelo aquitano, aunque siempre con algún retraso cronológico respecto a los yacimientos franceses. Según se desprende de las estratigrafías de El Pendo y Morín(Cantabria), el Paleolítico Superior se inicia en el norte de España algo antes del 30.000 B.P. con la dicotomía Chatelperroniense-Auriñaciense Arcaico. Sin embargo, las nuevas fechas de El Castillo han subido la cronología del Auriñaciense inicial hasta el 39.000 B.P., con raíces al parecer en el Musteriense local. Pasada esta primera etapa, el Auriñaciense es la única industria que permanece en la región, comenzando una evolución similar a la del Perigord. Sólo en un momento tardío aparecen elementos industriales típicos del Gravetiense, que, según F. Bernaldo de Quirós, son más bien una aculturación de la población auriñaciense y no la llegada de una tradición cultural foránea. El Paleolítico Superior Final también se inicia con un nuevo influjo del suroeste francés, esta vez bajo la forma del Solutrense medio, datado en torno al 19.500 B.P. en la cueva de Las Caldas. A partir de este momento, esta industria sufre una evolución tipológica ligeramente distinta a la de Francia (cuevas de Chufin y La Riera). Con el Magdaleniense sucede algo similar, ya que llega como una variedad ya formada y luego sigue una evolución especial que parece indicar una adaptación al entorno por parte de esos nuevos grupos (cuevas de Altamira, Rascaño, La

Viña, Tito Bustillo, El Juyo, Abauntz

El Magdaleniense final, ya en el Holoceno,

evoluciona hacia el Aziliense, industria epipaleolítica con la que no presenta grandes diferencias.

Por lo que respecta a la fachada mediterránea, según los últimos trabajos efectuados en la zona, la aparición del Paleolítico Superior no ha sido simultánea en

que sólo pueden haber sido utilizados enmangadas en

La industria lítica, en cambio, es relativamente monótona y exhibe

)

).

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todas sus regiones. En Cataluña, según las fechas de l'Arbreda, el Auriñaciense aparece, de modo intrusivo, a la misma vez que en El Castillo. A éste le sigue un Auriñaciense arcaico similar al del valle del Ródano, documentado en los yacimientos de Reclau Viver, l'Arbreda y Abrí Romaní. En otros yacimientos catalanes pueden verse etapas más evolucionadas de esta misma industria (Can Crispin, Cal Coix). En la región valenciana, el Auriñaciense es raro y se presenta bajo una facies evolucionada en Mallaetes y Beneito. En Andalucía y el Sureste los vestigios atribuidos al Auriñaciense son muy discutibles y no cuentan con buenas dataciones. El Gravetiense, por el contrario, está bastante mejor representado tanto en Cataluña (Reclau Viver, l'Arbreda, Roc de Melca, Castel Sala) como en Levante (Parpalló, Mallaetes, Maravelles, Barranc Blanc), aunque siempre con dataciones ligeramente anteriores al 20.000 B.P. En Andalucía está representado por evidencias poco claras en esas mismas fechas. Según los trabajos de L. G. Vega, el Musteriense ha perdurado en Andalucía hasta fechas equivalentes a las de la mayor parte del Auriñaciense europeo, lo que explica que la aparición de los hombres modernos en las latitudes más meridionales de la Península sea bajo la forma de un Auriñaciense o un Gravetiense terminales. La industria más característica del mediterráneo español es, sin duda, el Solutrense, que además tiene fechas muy tempranas en la región valenciana (anteriores al 20.000 B.P.), por lo que se ha sugerido que aquí podría existir un origen independiente del franco-cantábrico. Además de presentar una evolución original, en la que aparecen las famosas puntas de aletas y pedúnculo, que sugieren la existencia del arco y la flecha, es una industria que aparece tanto en Cataluña (Reclau Viver, Cau des Goges, l'Arbreda), como en Valencia (Parpalló, Mallaetes, Barranc Blanc) y Andalucía (Cueva Ambrosio), llegando su influencia hasta Portugal. Tras un Solutreo-Gravetiense en el que desaparecen las características puntas de retoque bifacial, el panorama mediterráneo parece presentar un Magdaleniense con fuerte carácter autóctono y relativamente pobre en industria ósea y arte mobiliar (yacimientos de Parpalló, Volcán del Faro, Cendres, Bora Gran, Nerja, Matutano ), lo que recuerda a las industrias contemporáneas del sureste francés e Italia, aunque en el caso español existen arpones y bastones perforados característicos. Al igual que en el norte, las industrias epipaleolíticas de este sector derivarán claramente del Magdaleniense Final.

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1.5. Formas de vida durante el Pleistoceno

Pag. 45 / 252 1.5. Formas de vida durante el Pleistoceno Época: Prehistoria Inicio: Año 1640000

Época: Prehistoria Inicio: Año 1640000 A. C. Fin: Año 10000 D.C.

Siguientes:

Los homínidos del Paleolítico Inferior El mundo de los neandertales La vida durante el Paleolítico Superior El Arte Paleolítico

(C) ARTEHISTORIA

Comentario

La reconstrucción de los patrones de conducta desarrollados por los hombres del Pleistoceno Inferior y Medio es extremadamente difícil debido tanto a la parquedad de restos conservados como a los problemas que conlleva su interpretación. Aunque esto es igualmente aplicable a cualquier momento de la Prehistoria, en el caso del Paleolítico Inferior su incidencia es bastante mayor porque la ausencia de evidencias que denoten una capacidad simbólica compleja - durante esta fase no hay enterramientos ni manifestaciones artísticas o religiosas claras- aleja a estas poblaciones de los parámetros conocidos en la humanidad actual y dificulta aún más su comprensión al no poderse recurrir a la comparación etnográfica sin grandes precauciones.

HISTORIA DE ESPAÑA

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1.5.1. Los homínidos del Paleolítico Inferior

46 / 252 1.5.1. Los homínidos del Paleolítico Inferior Época: Prehistoria Inicio: Año 2500000 A. C.

Época: Prehistoria Inicio: Año 2500000 A. C. Fin: Año 250000 D.C.

Antecedente:

Formas de vida durante el Pleistoceno

(C) ARTEHISTORIA

Comentario

La característica mejor conocida de los homínidos del Paleolítico Inferior es su capacidad de desarrollar una tecnología progresivamente más compleja. Aunque

este despegue cultural está representado sobre todo por la talla de instrumentos de

piedra,

permitido constatar que estaban acompañados de útiles de madera (lanzas endurecidas al fuego de Torralba, similares a las encontradas en Clacton-on-Sea, Bilzingsleben o Kärlích) y por fragmentos de huesos de animales que podrían haber servido como espátulas, cuchillos o punzones ocasionales sin necesidad de una

transformación sistemática. Además, es preciso recordar que prácticamente todos los instrumentos líticos que caracterizarán a las culturas del Paleolítico Medio y Superior fueron ideados durante el Achelense (raederas, raspadores, buriles,

perforadores

Paleolítico Inferior tuvo que ser el control del fuego, sin el cual no sería posible su supervivencia en los climas rigurosos de Europa.

Los asentamientos conocidos en la Península Ibérica, al igual que los investigados en el resto del Viejo Mundo, reflejan hábitos muy variables durante esta fase. Se trata casi siempre de sitios al aire libre, generalmente cerca de los cursos de agua, que revelan ocupaciones de poca duración, a veces repetidas en varias ocasiones. Sólo a comienzos ya del Paleolítico Medio parece que empieza de un modo sistemático el hábitat en cueva, aunque posiblemente ello no implique que las ocupaciones sean más permanentes dado que los sistemas económicos basados en la explotación de los recursos naturales de una región obligan a la movilidad de los grupos humanos para mantener la rentabilidad. Hay que señalar, sin embargo, que durante el Paleolítico Inferior algunos investigadores opinan que se han encontrado vestigios de las primeras cabañas o paravientos (Olduvai, Lazaret), pequeñas construcciones circulares con las paredes hechas posiblemente de ramas y reforzadas con algunas piedras en la base. En la Península no hay estructuras comparables, pero se han documentado hogares, de los cuales el mejor ejemplo es el de San Quirce del Río Pisuerga (Palencia). La evidencia arqueológica es especialmente susceptible de ser utilizada en las reconstrucciones paleoeconómicas y por eso es en este tema en el que han surgido los mayores debates durante los últimos años. Estos se han centrado sobre todo en la interpretación de un tipo de yacimiento muy característico del Achelense: los denominados kill sites o cazaderos. Aunque son sitios originalmente localizados en

y que la invención más importante que hicieron los homínidos del

algunos

yacimientos

con

condiciones

especialmente

favorables

han

)

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África oriental, algunos de sus mejores ejemplos se encuentran en la Península

Ibérica (Aridos I y II, Arriaga II, Torralba, Ambrona, La Solana del Zamborino, La

Se trata de depósitos fluviales o lacustres en los que

aparecen restos de algún animal grande, especialmente proboscídeos, junto a

grandes instrumentos cortantes (bifaces, hendedores

acompañados a veces de huesos sueltos de otros animales de menor talla. En los yacimientos sorianos de Torralba y Ambrona, excavados primero por el Marqués de Cerralbo, luego por F. C. Howell y últimamente investigados por M. Santonja, la situación es mucho más compleja, porque en ellos existen restos de muchos elefantes, caballos, bóvidos, ciervos y rinocerontes en depósitos de un antiguo lago que deben interpretarse como una acumulación formada en diferentes etapas. En los kill sítes típicos, en cambio, todo parece indicar que un grupo no excesivamente numeroso de homínidos descuartizó el cadáver del animal, probablemente para llevarse la carne residual y otros tejidos aprovechables hacia un campamento-base, en una breve ocupación que sólo supone una actividad especializada de aprovechamiento. El debate se plantea acerca de la muerte del animal descuartizado, puesto que algunos investigadores, basándose sobre todo en la interpretación clásica de Torralba, han supuesto que los homínidos eran los causantes de la misma, puede que asustando a su presa y empujándola, mediante el uso del fuego, hacia zonas húmedas, donde al quedar atrapada en un medio cenagoso sería más fácil de abatir con lanzas y grandes piedras. Otros investigadores, como el mismo L. Binford, tras un examen crítico de las evidencias conocidas, consideran improbable que los hombres del Paleolítico Inferior, dotados de tecnologías y sistemas de organización social muy rudimentarios, se especializasen precisamente en la captura de grandes mamíferos, potencialmente peligrosos y cuya masa podía abastecer de proteínas a un grupo extremadamente numeroso, dato también incompatible con el pequeño tamaño que se estima debían tener las bandas durante el Paleolítico Inferior. Para estos investigadores, los cazaderos debían ser denominados más bien butchering sites, sitios de despedazado, y revelarían posiblemente los hábitos carroñeros de los primeros homínidos, que aprovecharían los tejidos marginales, sobre todo el tuétano de los huesos, de animales muertos por causas naturales o cazados por carnívoros. Es posible que ambas interpretaciones no sean incompatibles, ya que los grandes

no muy numerosos,

Cuesta de la Bajada

)

)

depredadores son también carroñeros en mayor o menor medida y que exista un componente evolutivo en el énfasis de la caza por parte de los hombres del Paleolítico Inferior en detrimento del aprovechamiento de las carcasas abandonadas por causas naturales en las proximidades de los cursos de agua. Por último, no hay que olvidar que a lo largo de esta etapa el hombre colonizó las latitudes cálidas y templadas del Viejo Mundo, lo que puede indicar que sus grupos se podrían haber diversificado hasta el punto de que no todos se mantuviesen de los mismos recursos animales a lo largo de tan dilatado intervalo de tiempo. Aparte de este debate, lo cierto es que los alimentos de origen vegetal deben haber representado un papel importantísimo en la dieta de estos homínidos, tal y como ocurre en la actualidad con la mayor parte de los cazadores-recolectores.

HISTORIA DE ESPAÑA

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1.5.2. El mundo de los neandertales

ESPAÑA Pag. 48 / 252 1.5.2. El mundo de los neandertales Época: Prehistoria Inicio: Año 250000

Época: Prehistoria Inicio: Año 250000 A. C. Fin: Año 35000 D.C.

Antecedente:

Formas de vida durante el Pleistoceno

(C) ARTEHISTORIA

Comentario

La amplia variación de las industrias atribuidas al Paleolítico Medio, su reparto

desigual a lo largo del Viejo Mundo y la evidente regionalización que las caracteriza dificulta notablemente establecer pautas culturales que tengan validez universal para todas las sociedades de esa época, aunque posiblemente a nivel peninsular el problema sea menor. La mayor documentación disponible y la alta representatividad de sus yacimientos hacen que los rasgos culturales más significativos del Paleolítico Medio sean en realidad los que atañen a la cultura de los neandertales en la última glaciación, que serán los que se expondrán a continuación. El tema clásico en este sentido es, sin duda, la interpretación de las facies musterienses, porque además es una discusión en la que la evidencia de la región cantábrica española participó en épocas tempranas. La coexistencia en territorios restringidos de las diferentes industrias que componen el Complejo Musteriense a lo largo de más de 70.000 años, sin cambios aparentes que denoten algún tipo de interacción entre ellas, suponía hasta hace poco uno de los mayores problemas del Paleolítico Medio europeo. Ello era así porque para algunos investigadores como F. Bordes cada industria era obra de grupos con diferentes tradiciones culturales, cuyos contactos e intercambios todavía desconocemos. Esta interpretación es exagerada por otros prehistoriadores como H. de Lumley, que ven una estrecha vinculación entre industrias y etnias musterienses, cada una de ellas dotadas de potenciales evolutivos diferentes. En cambio, para L. Binford y L. G. Freeman las distintas facies musterienses son simplemente conjuntos de instrumentos especializados en tareas específicas (trabajar la madera, acondicionar pieles,

tal vez realizadas estacionalmente, lo que implica que una

despedazar animales

sola tradición cultural puede ser la responsable de todas las industrias del Complejo Musteriense al utilizar distintos emplazamientos para ejecutar cada actividad.

Aunque muy atractiva durante algunos años, esta hipótesis fue duramente criticada por Bordes y Mellars con diferentes argumentos, como, por ejemplo, que los yacimientos al aire libre y los que se encuentran en cuevas y abrigos presentan los mismos instrumentos, aunque es difícil de admitir que en ambos casos se desarrollasen las mismas tareas en ellos o que, según esta hipótesis, debería haber una cierta variabilidad intrasite (áreas especializadas en diferentes actividades dentro de un mismo hábitat estructurado), cosa que empíricamente no sucede. Además, los análisis faunísticos no proporcionan evidencias a favor de una ocupación estacional de los hábitats. La crítica más contundente a las hipótesis funcionales ha venido de los análisis de huellas de uso en los instrumentos líticos,

),

HISTORIA DE ESPAÑA

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que han demostrado que útiles distintos (por ejemplo, raederas y denticulados) han servido para la misma función. Este argumento es definitivo y hoy en día la hipótesis funcional está prácticamente abandonada. Una alternativa interesante en este debate ha sido la defendida por P. A. Mellars. Aunque conocida esencialmente por su vertiente cronológica, dicha hipótesis en realidad es bastante más compleja, puesto que parte de la base de que no todos los tipos de Musteriense presentan un potencial interpretativo semejante, ni que su variabilidad responde a una causa única. Así, el análisis de los principales yacimientos musterienses del Perigord llevó a este investigador a descubrir una seriación cronológica a lo largo del Würm central entre el Musteriense de tipo Ferrassie, el tipo Quina, el MTA de tipo A y el de tipo B. Por lo que respecta a los otros tipos de Musteriense, la situación es distinta. El Musteriense Típico resulta ser para Mellars una especie de cajón de sastre donde se clasifican aquellos conjuntos mal caracterizables o pobres, mientras que el de Denticulados parece ocupar una posición marginal dentro de este esquema, al aparecer siempre antes o después de niveles Charentienses. La refutación de las tesis de Mellars pareció producirse a raíz de los trabajos de H. Laville en el Perigord, dado que el geólogo francés propuso un marco cronológico del Würm que invalidaba toda la secuencia. Recientemente, las fechas TL de Le Moustier y otros yacimientos del sur de Francia han dado la razón a la hipótesis de Mellars, que había permanecido abandonada desde inicios de los años 70. El problema del significado de las facies Musterienses sigue produciendo algún que otro trabajo periódicamente, aunque los más recientes parecen enfocarse más hacia aspectos económicos (explotación de los recursos ambientales) y menos hacia hipótesis unidireccionales. Así, de acuerdo con los resultados alcanzados por los análisis de Callow & Webb, la mayor parte de la variabilidad intrínseca de los conjuntos musterienses en Europa Occidental parece que debería restringirse a tres grandes grupos industriales: el Musteriense de tipo Quina, el MTA y un híbrido Típico-Ferrassie, con porcentajes variables de raederas. El hecho de que el Musteriense de Denticulados no presente ninguna estabilidad tecnotipológica, ni una posición cronológica fija parece abogar por su caracterización como una variedad de cualquiera de los anteriores. Recientemente se ha propuesto que algunos tipos de denticulados son sólo raederas reavivadas, lo que apoya esta hipótesis. La aparición de facies Musterienses distintas de las clásicas en diferentes partes de Europa durante el Pleniglacial Inferior, alternando a veces con ellas, permite suponer que existen componentes cronoespaciales en la variación industrial que todavía no pueden comprenderse bien a causa de la falta de estudios geocronológicos precisos. Las más importantes de estas variedades son el Vasconiense, ya citado, los Musterienses con Blattspitzen o los complejos industriales con puntas foliáceas de Europa Central y Oriental, o el pontiniense italiano, industria en la que las raederas están fabricadas sobre cantos de pequeño tamaño en vez de sobre lascas, y que presenta convergencias con los Musterienses de otros sitios tan alejados como España (Cueva de El Castillo) o Hungría (Musteriense de tipo Tata). Este nuevo panorama por tanto, en el que prima la regionalización y el componente cronológico ha sido confirmado para la Península, con la salvedad de que el MTA debe ser sustituido por el Vasconiense en la región cantábrica. En lo que respecta a la economía del Paleolítico, es preciso tener en cuenta que los neandertales europeos colonizaron una amplia gama de entornos geográficos, en los que desarrollaron modos de subsistencia que les permitieron sobrevivir hasta la aparición de los primeros hombres modernos. Estos entornos iban desde las costas mediterráneas, en las que el clima nunca fue mucho más frío que en la actualidad, hasta el borde de las regiones esteparias septentrionales. En todas las zonas parece demostrado que su comportamiento era muy semejante al de los grandes

depredadores con los que convivía (león de las cavernas, pantera, lobo

), cazando

presas muy diversas o carroñeando ocasionalmente algún animal muerto por causas naturales. En la mayor parte de los yacimientos musterienses las

HISTORIA DE ESPAÑA

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acumulaciones de huesos fracturados son enormes, con algunos casos fuera de lo común como Carihuela o Le Moustier, lo que revela que las proteínas de origen animal debían ser una parte muy importante de su dieta, probablemente como una adaptación a los fríos inviernos europeos, en los que escasearían los productos vegetales. Parece además que los diferentes grupos se especializaban en el aprovechamiento de animales distintos: el caballo, por ejemplo, es la especie más común en yacimientos situados cerca de estepas herbáceas, como se ha documentado en muchos yacimientos peninsulares y extrapeninsulares, mientras

que el bisonte es frecuente en las praderas de Europa continental, el ciervo es típico de los entornos arbolados y el reno de las regiones más frías. En ocasiones aparecen también en abundancia restos de animales grandes como mamuts o rinocerontes lanudos, pero suele ser en hábitats septentrionales, ya que el peligro de su captura los excluye de una caza sistemática si hay otros recursos. En cambio, en algunos yacimientos españoles como Cova Negra o Carihuela, las especies más consumidas durante algunas ocupaciones han sido tortugas y conejos, mientras que en otros parecen haber consumido más cabra montesa (Zafarraya, Los Casares), lo que señala la adaptabilidad de los grupos neandertales al entorno de cada región. Antes de hablar, sin embargo, de que la caza haya sido la actividad subsistencial prioritaria de todos los grupos musterieses ibéricos, es necesario recordar que el hábitat en cueva, que es el más documentado en la Península, implica necesariamente que los restos dejados por el hombre se superponen a los

abandonados por hienas, lobos, osos

hombre no está. Los registros arqueológicos de esta época son, por tanto, palimpsestos de diferentes causas, como los análisis tafonómicos más recientes demuestran y cabe la posibilidad de que los restos óseos de un yacimiento determinado no sean el testimonio de la actividad cinegética humana, sino de cualquier otro depredador, incógnita que sólo se puede despejar tras análisis complejos. Siguiendo con el tema de los hábitats de esta época, es evidente que la citada ocupación de las cuevas y abrigos es una diferencia importante con respecto al Paleolítico Inferior. Además estas ocupaciones tuvieron que ser intensas por fuerza, ya que los neandertales dejaron en ellas grandes acumulaciones de huesos, artefactos y cenizas de sus hogueras. Normalmente no existe una disposición especial de los restos dentro del recinto que permita deducir algún tipo de organización doméstica, pero algunos análisis detallados permiten suponer que alrededor de los hogares se producía la mayor parte de las tareas de los campamentos, tales como fabricar y reparar utensilios, consumir alimentos o descansar, mientras que otras actividades como despedazar animales o curtir pieles se llevarían a cabo aparte, incluso en sitios distantes del hábitat. La desaparición de los kilt sites como yacimientos característicos a partir de los inicios del Würm impide precisar este extremo. Respecto al tamaño y organización social de las bandas de cazadores del Paleolítico Medio se sabe muy poco. Debido a su tipo de subsistencia, parece que debían llevar una vida nómada, especialmente los grupos que se especializasen en la caza de herbívoros migradores, cuyas manadas tendrían que seguir en sus movimientos estacionales. Algunos yacimientos en cambio parece que fueron ocupados durante todo el año, tal vez incluso durante bastantes temporadas seguidas y que se abandonaron al agotarse los recursos próximos. Además, los ocupantes de la Meseta, donde no hay cuevas o abrigos disponibles, tuvieron que adoptar respuestas adaptativas muy distintas a los habitantes de los bosques mediterráneos, tal vez llegando incluso a construir algún tipo de cabaña cuyo modelo podría ser el campamento de Vilas Ruivas (Portugal). Otro aspecto nuevo de los neandertales respecto a la fase anterior es el nacimiento del pensamiento simbólico, aunque resulta difícil establecer el grado de desarrollo de sus capacidades intelectuales. Sus elementos tecnológicos y el tipo de subsistencia, al igual que los estudios anatómicos, parecen indicar que poseían un lenguaje hablado, aunque fuera rudimentario y fonéticamente más limitado que el

que

ocupan las mismas cavidades cuando el

HISTORIA DE ESPAÑA

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nuestro, capaz de permitirles una comunicación de ideas cifradas, pero aparte de esta conjetura no hay muchos elementos que permitan precisar algo sobre su estructura simbólica. Aunque los neandertales europeos no han dejado representaciones artísticas, existen algunos elementos que apuntan hacia lo que podría considerarse el inicio de esta faceta humana: presencia abundante de colorantes en muchos de sus hábitats, tal vez para teñir pieles o hacer pinturas corporales, recogida de objetos extraños como minerales, conchas o fósiles, algún hueso con posibles grabados como los encontrados en Cueva Morín y otras evidencias semejantes. Lo que sí puede afirmarse es que los hombres del Paleolítico Medio desarrollaron las primeras inquietudes religiosas, atestiguadas por la existencia de prácticas especiales con los muertos. Estas prácticas se han interpretado en tres aspectos

distintos: los enterramientos, el culto a los cráneos y el canibalismo. Respecto a la primera faceta no existe ninguna duda en la actualidad, aunque el reparto geográfico de las inhumaciones durante el Paleolítico Medio es muy irregular ya que existen posibles sepulturas en el Oeste francés (La Ferrassie, La Quina, La

en el sur de Alemania (Neandertal) y sobre todo en

Próximo Oriente, en este caso tanto de neandertales (Shanidar, Kebara) como de sapiens arcaicos (Qafzeh, Tabun, Skuhl). También se han citado en Asia Central (Teshik-Tash), pero faltan, en cambio, en todo el ámbito mediterráneo. Las sepulturas, realizadas todas en cuevas, son bastante variadas: las hay tanto simples como múltiples, a veces presentan alguna estructura (los túmulos de La Ferrassie) y otras veces son simples hoyos con el cadáver en su interior. En la cueva de Shanidar (Irán) los análisis de polen han descubierto que el muerto estaba cubierto de ramos de flores de colores que tenían valor medicinal, lo que tal vez esté vinculado con el rango del individuo dentro del grupo al que pertenecía. La cuestión del culto al cráneo ha sido propuesta en más de una ocasión respecto a los neandertales basándose sobre todo en la evidencia proporcionada por el hallazgo de Monte Circeo (Italia), donde se encontró un cráneo aislado, al fondo de una cueva y depositado en medio de un círculo de piedras. Estudios recientes han demostrado que este hallazgo era obra de carroñeros y no un rito humano. El foramen magnum había sido agrandado con la intención de extraer el cerebro. El otorgar un valor espiritual a los cráneos también se ha querido ver bajo un

Chapelle-aux Saints

),

supuesto culto al oso en algunas cuevas alpinas, pero las evidencias aportadas en este caso eran muy poco convincentes y han sido refutadas también. Por último, las prácticas antropofágicas han sido interpretadas para todos los yacimientos en los que se han encontrado restos humanos mezclados con restos de fauna. Su evidencia más fuerte procede de un yacimiento yugoslavo, la cueva de Krapina, donde aparecieron, rotos y quemados, restos humanos pertenecientes a unos 20 individuos. Aunque puede tratarse de una práctica religiosa cuyo significado aún se nos escapa, todos los casos investigados hasta ahora de supuesto canibalismo en la Península parecen tratarse más bien de restos devorados por hienas u otros depredadores.

HISTORIA DE ESPAÑA

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1.5.3. La vida durante el Paleolítico Superior

52 / 252 1.5.3. La vida durante el Paleolítico Superior Época: Prehistoria Inicio: Año 35000 A.

Época: Prehistoria Inicio: Año 35000 A. C. Fin: Año 10000 D.C.

Antecedente:

Formas de vida durante el Pleistoceno

(C) ARTEHISTORIA

Comentario

A finales del Pleistoceno el hombre moderno había colonizado prácticamente todo el

planeta, desplazando o absorbiendo en su expansión a sus predecesores de tipos más primitivos. Desde la tundra hasta las selvas tropicales, se había adaptado a todos los climas del planeta y había conseguido desarrollar pautas de conducta tan elaboradas que le permitían explotar con éxito los recursos disponibles en cada uno de esos entornos. La diversificación cultural que presenta la parte final del Paleolítico, precursora en muchos casos de algunos pueblos primitivos actuales, es por tanto enorme y va a generar una amplísima variedad de comportamientos.

Incluso a nivel peninsular resulta difícil coordinar las evidencias conocidas del Auriñaciense cantábrico con las del Solutrense levantino a nivel conductual.

A nivel económico, los hombres de finales del Cuaternario dominaron la fabricación

de una gran variedad de instrumentos. La talla de la piedra, por ejemplo, alcanza

un grado de maestría extraordinario en algunas puntas bifaciales, típicas del Solutrense, cuyas formas equilibradas sólo pudieron obtenerse mediante retoque por presión tras haber calentado previamente muchas veces ocupaciones de corta duración que se repiten durante varias temporadas. Respecto a la demografía de este momento, si se tienen en cuenta las concentraciones de yacimientos de esta época, parece claro que hubo un importante aumento demográfico, sobre todo en el Solutrense y el Magdaleniense, aunque siempre dentro de unos límites muy

inferiores a los normales en las sociedades productoras de alimentos. Ambos rasgos parecen confirmados por el significativo aumento de los asentamientos al aire libre

y por la colonización de los territorios del norte euroasiático, que hasta entonces habían estado despoblados. Del Paleolítico Superior proceden un número muy

elevado de cabañas, sobre todo gravetienses y magdalenienses, repartidas desde

Francia hasta el lago Baikal (Pincevent, Gönnersdorf, Etiolles, Dolnï Vestonice,

Kostienki, Mal'ta

dimensiones muy variadas, llegando en algún caso a formar verdaderos campamentos. En las zonas de tundra, donde escaseaba la madera, las paredes, recubiertas sin duda de pieles, estaban apuntaladas con grandes huesos de mamut, muchas veces decorados (Mehzirich). Como este tipo de yacimientos suele darse en depósitos asociados a estepas loéssicas, en la Península desgraciadamente no se ha encontrado ninguno. El hábitat preferente, como en el resto del Suroeste europeo, son las cuevas, en cuyo interior se compartimentó el espacio a veces con pieles y paravientos. Respecto al mundo simbólico, hoy en día se acepta que prácticamente desde sus inicios los hombres del Paleolítico Superior demuestran tener las mismas inquietudes intelectuales que las sociedades históricas. Un aspecto importante a la hora de hacerse una idea de esta faceta es sin duda el Arte Paleolítico, que será

Estas primitivas construcciones presentan formas y

).

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objeto de atención especial en el siguiente epígrafe, porque en algunas de sus manifestaciones, como por ejemplo las famosas representaciones femeninas denominadas venus paleolíticas, podemos ver el soporte material de mitos y creencias cuya transmisión debía ser oral. El otro aspecto relevante de las

religiones de finales del Pleistoceno procede de las numerosísimas sepulturas, tanto en las cuevas como al aire libre, que aparecen en este momento (Combe Capelle,

Paglicci, Grimaldi, Predmosti, Dolnï Vestonice, Brno, Sungir

los ritos más variados. En muchos casos los cadáveres estaban adornados con

cientos de colgantes perforados, formando tocados o adornos en las ropas. En otros, como sucede en algunas sepulturas pavlovienses, estaban tapados por omóplatos de mamuts. Casi todos presentan ofrendas de algún tipo (armas,

instrumentos, adornos, alimentos

Las modalidades funerarias son también muy variables puesto que aunque la mayoría son tumbas aisladas, individuales o colectivas, también existen necrópolis con varias sepulturas distintas. La sistematización de este segmento cultural, junto con las tradiciones instrumentales, es uno de los mejores sistemas para reconstruir las áreas culturales del Paleolítico Superior.

)

y que representan

)

y suelen estar rociados de colorantes rojos.

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1.5.4. El Arte Paleolítico

DE ESPAÑA Pag. 54 / 252 1.5.4. El Arte Paleolítico Época: Prehistoria Inicio: Año 2500000 A.

Época: Prehistoria Inicio: Año 2500000 A. C. Fin: Año 10000 D.C.

Antecedente:

Formas de vida durante el Pleistoceno

(C) ARTEHISTORIA

Comentario

Resulta extremadamente difícil resumir en unas pocas líneas un tema tan complejo

y sobre el que tanto se ha escrito como es el Arte Paleolítico. Como decía E. Ripoll,

se trata del ciclo artístico más largo de la humanidad, ya que empezó en el 35.000 a. C. y concluyó en el 10.000 a. C. Este intervalo es tan considerable que el pintor

de Altamira está más cerca temporalmente de nosotros (unos 15.000 años) que de las primeras manifestaciones artísticas paleolíticas (realizadas unos 20.000 años antes). Esto indica la extrema diversidad de contextos culturales en los que dicha forma de expresión ha tenido justificación, aunque desgraciadamente su significado siga siendo tan impenetrable después de un siglo de investigaciones.

A la hora de sistematizar este amplio tema, todos los autores están de acuerdo en

distinguir entre arte mueble, que son aquellas manifestaciones plásticas sobre piezas de pequeño formato, fácilmente transportables, y arte parietal o rupestre, que es el que tiene como soporte paredes y techos de cuevas o grandes bloques de piedra, estén en cuevas o al aire libre, que no han podido desplazarse de su entorno. Es de suponer que una parte considerable de estas primeras manifestaciones gráficas, realizadas sobre materiales perecederos como cuero, madera, corteza o cestos, no han conseguido llegar hasta nuestros días. Incluso muchas pinturas rupestres tienen que haber sufrido la misma suerte, tal es la fragilidad de sus condiciones de conservación.

El arte mueble consiste tanto en esculturillas de marfil o cerámica rudimentaria (Dolnï Vestonice) como la decoración, mediante grabado, de plaquetas de piedra,

huesos planos (omóplatos

útiles (las famosas lámparas de piedra) y armas (bastones, arpones, azagayas,

propulsores

simétricos y evidente vocación decorativa o representaciones de animales, signos y antropomorfos. Los primeros son los más abundantes y significativos e incluyen mamuts, renos, ciervos, caballos, bisontes, uros, leones, osos, peces, pájaros y hasta reptiles. Entre las figuras antropomorfas, las más interesantes son las estatuillas femeninas típicas del Gravetiense desde Francia hasta Siberia. Esas mujeres, siempre desnudas salvo por la presencia de tocados complicados en la cabeza, son obesas y sólo se representa con detalle la morfología más indicadora de la femineidad, mientras que las caras, los brazos y los pies o están ausentes o son simples volúmenes auxiliares. Esa figuración acabará dando lugar a un signo

Los motivos figurados suelen ser o bien trazos más o menos

piezas de adorno corporal (rodetes y colgantes),

),

).

HISTORIA DE ESPAÑA

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esquematizado, que aparecerá más tarde grabado frecuentemente en toda Europa. La interpretación más manejada para explicar estas representaciones femeninas pasa por el recurso a una diosa madre, antecesora de las diosas de la fertilidad propias de los pueblos agricultores. Aunque el arte mueble está presente, en mayor o menor medida, en todas las ocupaciones del Paleolítico Superior europeo, presenta notables coincidencias tanto formales como temáticas a todo lo ancho de Europa. En sus comienzos, en el Auriñaciense de la Geissenklösterle o de Vogelherd, hace 35.000 años, ya es capaz de hacer obras maestras de la escultura animal en marfil, aunque el tratamiento de la figura humana es esquemático o sujeto a formalismos mal explicados (híbridos hombre-animal). A continuación, durante el Gravetiense, la situación se invierte y son los animales los representados esquemáticamente, mientras la figura humana, bajo la forma de las venus (Willendorf, Lespugue, Brassempouy, Vestonice ), adquiere un tratamiento más cuidado. Si bien estas tendencias parecen no haber afectado mucho a la Península Ibérica, ni siquiera en la región cantábrica, las siguientes fases del Paleolítico Superior sí van a contar con manifestaciones artísticas bien definidas. El Solutrense, por ejemplo, asiste otra vez a la desaparición de la figura humana naturalista y a un nuevo desarrollo del arte zoomorfo. En la Península son muy importantes las placas grabadas y pintadas de la cueva de El Parpalló (Gandía, Valencia). A continuación, con el Magdaleniense el arte mueble sufre una increíble eclosión, sobre todo en la región cantábrica. Se comienza con los omóplatos de cérvidos con grabados múltiples muy finos de El Castillo, también atribuidos al Solutrense en Altamira. En el Magdaleniense medio son características las cabezas de animales esculpidas en cuerna de cérvido (los contornos recortados de La Viña y Tito Bustillo) y en el Magdaleniense Superior reaparecen los grabados femeninos estilizados junto a representaciones animales características. El arte mueble presenta ventajas inapreciables respecto al arte parietal, aunque sea menos espectacular. Estas ventajas proceden del hecho de que aparece normalmente en medio del ajuar de los hábitats y esto quiere decir que, al estar estratificado, tiene un contexto cultural claro y una cronología. Gracias a esto y mediante el análisis de estilos y representaciones es factible enfrentarse al espinoso problema de la datación del arte parietal con mejores argumentos. Por lo que respecta a este último, lo primero que llama la atención es su irregular distribución, ya que si bien ocupa desde la Península Ibérica hasta los Urales, sólo en la región franco-cantábrica y en la pirenaica se encuentran más del 90 de los yacimientos decorados y todos los años se siguen descubriendo yacimientos en estas zonas, lo que dificulta su cuantificación. También es de señalar que la gran mayoría son cuevas de todos los tamaños con pocas representaciones, a veces un simple grabado, mientras que las cuevas con gran número de paneles y figuraciones son relativamente escasas. Centrándonos únicamente en la Península, se distinguen los siguientes grupos:

- Región cantábrica: Desde Asturias -la cueva de San Román de Candamo es la

más occidental de este grupo- hasta Navarra hay unos 90 sitios descubiertos, entre

los que destacan piezas fundamentales como Altamira, Tito Bustillo, El Castillo, La Pasiega, Monedas, Las Chimeneas, Covalanas, El Pindal, La Clotilde, Santimamiñe o Ekain. - Zona centro: Aquí los yacimientos se encuentran mucho más dispersos y escasean las representaciones pictóricas, por eso son importantes los grabados de la Cueva de los Casares (Guadalajara). En los últimos años se está descubriendo en esta zona un número importante de estaciones al aire libre, con grabados zoomorfos de inconfundible estilo paleolítico, de los que los más importantes son Siega Verde (Salamanca) y Domingo García (Segovia).

- Zona nororiental: Incluye 4 localizaciones dispersas por Aragón y Cataluña, de las que la más importante es Fuente del Trucho.

- Zona andaluza: Es la segunda en importancia de la Península, con una docena de yacimientos descubiertos hasta ahora. Una parte fundamental se concentra en la

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región costera de Málaga y Cádiz, donde se encuentran La Pileta y Nerja como puntos de referencia obligada.

- Portugal: Sólo cuenta con tres referencias conocidas: Escoural, Mazouco y Foz

Coa. La temática representada en estos santuarios es similar a la del arte mueble, aunque las técnicas son, lógicamente, más complejas. Las representaciones zoomorfas, con mucho las más abundantes, están dominadas por el caballo y, en menor cantidad, el bisonte. En la Península también son importantes el venado, las

ciervas, las cabras y los bóvidos, mientras que las especies de clima frío son escasas en nuestra latitud: el mamut (El Pindal y El Castillo), el reno (Tito Bustillo, Monedas), el rinoceronte lanudo y algunos carnívoros como el glotón, citados a veces. Los signos, muy frecuentes solos o en asociación en los mismos paneles con las figuras animales, son de morfologías estandarizadas, pero de significado enigmático. A. Leroi-Gourhan los dividió en dos grupos: los de aspecto cerrado

y los delgados (bastones,

claviformes

La representación humana es también muy desigual en el arte parietal. En su gran

mayoría se hace mediante grabado, con resultados poco naturalistas y muy

caricaturescos. La gran excepción son las venus esculpidas en altorrelieve, como la de Laussel, en las que nuevamente la representación es anónima, carece de cabeza

y lo único interesante es el torso, las caderas y los muslos. Es necesario hacer una mención especial para el tema de las manos, tanto en negativo como en positivo,

que aparecen en algunas cuevas en grandes cantidades (Maltravieso, Fuente del

Salín

rituales de falanges, hoy en día se considera más bien la composición de signos de caza flexionando los dedos. Las técnicas de representación son también una fuente importante de información cultural. Normalmente los grabados se hacían con buriles que, en algún caso, se han conservado en el yacimiento al pie de los paneles. Si el soporte lo permite, en vez de grabado se llega a efectuar un altorrelieve completo, como es el caso de Cap Blanc. Sobre los grabados, generalmente de trazo fino, muchas veces se procedía a pintar las figuras. Para ello se utilizaban colorantes naturales (carbón, óxidos de

hierro, manganesos

representarse monocromas, a base de su silueta, con un trazo fluido, pero existen casos muy famosos de uso del tamponado (Covalanas). Únicamente en algunos yacimientos llegan a aparecer figuras bícromas, formadas normalmente por una

silueta en negro y un relleno en rojo, que mediante la utilización de diferentes tonos puede conseguir la policromía (los bisontes de Altamira). Además, no es raro que el artista utilice los volúmenes de la roca soporte o sus irregularidades, grietas

y oquedades para realzar la forma del objeto representado. Esta manera de ver la

cueva estaba en función del tipo de iluminación empleado, normalmente lámparas de roca que se han encontrado en algunos sitios como La Mouthe o Lascaux, en las cuales se encenderían mechas vegetales empapadas en grasa. Los problemas básicos que representa el arte paleolítico desde su descubrimiento en 1879 son su cronología y su ininteligibilidad. Respecto al primer problema es preciso reconocer que todavía resulta difícil autentificar una pintura sin lentos análisis. A veces las pinturas han sido tapadas por sedimentos, o en ellos se encuentran bloques pintados caídos del techo, pero estos accidentes son infrecuentes. La solución más viable normalmente es la comparación estilística con lo que se sabe del arte mueble, o su inserción en alguna escala estilística ya establecida. De éstas la más usada en la actualidad es la de A. Leroi-Gourhan, que divide este ciclo en cuatro estilos, tras una fase Prefigurativa reservada para las manifestaciones gráficas del Musteriense o del Chatelperroniense. Los estilos son los siguientes:

solos o mezclados con agua o grasa. Las figuras suelen

La ausencia de dedos, que antiguamente se explicaba como mutilaciones

(círculos, triángulos, tectiformes, vulvas

)

).

En su mayoría suelen estar pintados.

).

)

HISTORIA DE ESPAÑA

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- Estilo I: corresponde al Auriñaciense. En él se realizaron grabados enigmáticos, en los que se mezclan partes de animales inidentificables y alusiones repetitivas a órganos sexuales. - Estilo II: que evoluciona a lo largo del Perigordiense Superior y el Solutrense antiguo. Los animales se caracterizan por una curva cervicodorsal muy sinuosa, rematada en una cabeza más bien pequeña. Esta proporción de cuerpo grande- cabeza y extremidades pequeñas es la misma que aparece en las contemporáneas venus.

- Estilo III: corresponde al Solutrense avanzado. Las representaciones animales son

parecidas a las del periodo anterior, pero con evidente maestría y calidad plástica. - Estilo IV: subdividido en dos tramos, IV antiguo y IV reciente, que se corresponden respectivamente con el Magdaleniense Inferior-Medio y con el Superior. La primera parte se caracteriza por los despieces anatómicos de los animales basándose en líneas y la policromía. La segunda, que supone el final del ciclo, busca el movimiento y la individualización de las figuras, evolucionando hacia un cierto manierismo en las representaciones. Por lo que respecta al otro problema fundamental del arte paleolítico, el de su significado, es probable que se trate del tema más investigado de toda la Prehistoria y el más enigmático aún. La primera hipótesis que se manejó, y que aún tiene partidarios, es la denominada el arte por el arte, que equipara la mentalidad de los artistas primitivos con la mentalidad infantil, considerando por tanto que no hay una función específica de estas manifestaciones, sino que se trata de un simple medio de expresión por necesidad psicológica, sin otra trascendencia. La teoría más popular es la defendida por S. Reinach y H. Breuil y que consiste en considerar que este arte tiene connotaciones mágicas para sus autores, de modo que la representación de un animal propiciaría su caza posterior y su abundancia en general. Los signos, las asociaciones, su localización en el interior profundo de las cuevas, todo ello indicaría que ante ellas se desarrollarían ritos mágicos que favorecerían esta función. El mejor argumento a favor de esta teoría lo proporciona el buen número de representaciones de animales supuestamente heridos por arpones y azagayas. Las hipótesis aparecidas después de la II Guerra Mundial niegan en principio la teoría anterior porque la proporción de especies representadas no tiene nada que

ver con la proporción de especies sobre las que se basaba la economía de los últimos cazadores pleistocenos. Los representantes de estas teorías, A. Laming- Emperaire y A. Leroi-Gourhan, parten del análisis pormenorizado de la posición de cada tema en las cuevas, las frecuencias de asociaciones y la localización de los signos, para llegar a la conclusión de que se trata de santuarios fuertemente estructurados donde los primitivos artistas exponían una visión dual del cosmos, basado en la asociación-antagonismo de dos principios: femenino (bisontes- mujeres) y masculino (hombres-caballos). En los últimos años estas teorías se han querido completar con criterios de índole social y geográfica, para explicar cuestiones como el desigual reparto geográfico y los santuarios casi monotemáticos. Esta tendencia, que es la que guía a la investigación que se está desarrollando en la actualidad, tiende a considerar las cuevas decoradas como marcadores de los territorios ocupados por diferentes grupos culturales, cuya utilización tenía por finalidad colaborar en mantener la cohesión social entre tribus.

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1.6. Epipaleolítico y Mesolítico

ESPAÑA Pag. 58 / 252 1.6. Epipaleolítico y Mesolítico Época: Prehistoria Inicio: Año 10000 A. C.

Época: Prehistoria Inicio: Año 10000 A. C. Fin: Año 5000 D.C.

Siguientes:

Las industrias europeas El Epipaleolítico de la Península Ibérica

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Comentario

Cuando acabó la última glaciación, toda Europa sufrió cambios profundos y, a escala geológica, repentinos. En primer lugar, se fundieron los glaciares que habían atenazado al continente durante miles de años, lo que dio lugar a que el nivel del mar subiera hasta 100 metros respecto a su posición en el Würm. La desaparición de los glaciares motivó un ascenso de latitud del frente polar, lo que acarreó asimismo un fuerte aumento de la pluviosidad y de la temperatura sobre gran parte de Europa. A nivel geográfico estos factores supusieron dos consecuencias de notable magnitud: primera, que las costas cambiaron hasta adquirir su morfología actual, y segunda, que grandes superficies se cubrieron de bosques. La primera consecuencia aportó una ampliación de la plataforma continental y un enriquecimiento en las faunas de moluscos y crustáceos litorales, y la segunda supuso un cambio drástico y casi repentino de las faunas pleistocénicas. Las especies frías como el reno, el buey almizclero o la saiga emigraron hacia latitudes más septentrionales siguiendo a la tundra en su retroceso. Muchas especies, sin embargo, no sobrevivieron, como fue el caso del mamut, el rinoceronte lanudo y los grandes depredadores. Que la presión cinegética de los últimos cazadores paleolíticos haya tenido que ver en esta extinción masiva, es algo que muchos investigadores consideran probado. El intervalo comprendido entre el 10.000 P. y la llegada del Neolítico está ocupado en Europa y zonas limítrofes por las industrias Epipaleolíticas/Mesolíticas. En principio, el término Mesolítico se creó en el siglo pasado, dentro del mundo anglosajón, para denominar esta etapa intermedia. Los investigadores franceses, sin embargo, prefirieron utilizar el concepto de Epipaleolítico, para hacer referencia a la inevitable continuidad cultural de un periodo en otro. En la actualidad no hay unanimidad en la terminología a utilizar y existen autores que usan cualquiera de ellos indistintamente. En Europa occidental es frecuente, sin embargo, que se considere mesolíticas a aquellas sociedades que, de algún modo, están en vías de neolitización, mientras que epipaleolíticos son aquellos grupos que mantienen una clara continuidad cultural con los últimos cazadores-recolectores paleolíticos. Se use un criterio u otro, lo importante es que se trataba de sociedades que debían hacer frente a los cambios anteriormente citados. Esta adaptación supuso una fuerte regionalización, ya que el proceso más normal a la hora de plantear modos de subsistencia en la Europa holocena fue la diversificación en la adquisición de recursos, explotándose algunos anteriormente desconocidos. Este mismo proceso llevado a cabo por las culturas de algunas zonas limítrofes (Próximo Oriente, Norte

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de África) que se estaban desecando durante el postglacial, dieron lugar al nacimiento de la domesticación de animales y plantas.

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1.6.1. Las industrias europeas

DE ESPAÑA Pag. 60 / 252 1.6.1. Las industrias europeas Época: Prehistoria Inicio: Año 10000 A.

Época: Prehistoria Inicio: Año 10000 A. C. Fin: Año 5000 D.C.

Antecedente:

Epipaleolítico y Mesolítico

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Comentario

Los

microlitismo y, la mayor parte, por la utilización de microlitos geométricos. La microlitización es un proceso, comenzado ya a finales del Paleolítico, que tiende a reducir cada vez más el tamaño de los instrumentos líticos. Esto es rentable por varios motivos. Primero, porque, como cada vez las herramientas son más complejas y, por tanto, difíciles de fabricar, resulta ventajoso hacerlas de madera con piezas líticas enmangadas sólo en las partes activas, de modo que en caso de rotura o embotamiento es más cómodo sustituir la pieza gastada que fabricar una herramienta nueva. Segundo, porque estas piezas pequeñas permiten mayor flexibilidad en la fabricación de útiles adaptados a las cada vez más especializadas necesidades de los hombres del Epipaleolítico. Y tercero, porque ahora, con las técnicas de talla tan estandarizadas de la época, producir piezas pequeñas aumenta la eficacia en la explotación de la materia prima, al permitir obtener más metros de filo útil por kg. de peso de material en bruto. Los microlitos geométricos cumplen, por supuesto, con estas ventajas, y además resultan fáciles de fabricar y tienen morfologías altamente estandarizadas que facilitan su combinación para crear útiles diversos en armaduras de madera, desde puntas de flecha de formas muy diversas hasta cuchillos. No es sencillo sintetizar este panorama tan fragmentado regionalmente. En Europa occidental, y más concretamente en la zona franco-cantábrica, la primera industria del Postglacial es el Aziliense. Se trata de una industria muy continuista, prácticamente indistinguible en un primer momento del Magdaleniense Final, que se caracteriza por una reducción en el tamaño del utillaje lítico, la desaparición del arte mueble -salvo cantos rodados pintados con líneas y puntos- y del parietal. La pieza más característica es el arpón de cuerna o hueso, de una o dos filas de dientes, que ahora se fabrica con sección aplanada y perforación en forma de ojal. El Aziliense evoluciona hacia el Tardenoisiense, industria totalmente microlítica que, al menos en Francia, ha contado con un número considerable de facies. Hoy en día se circunscribe a una tipología de puntas de flecha y a una dispersión geográfica en la cuenca de París. El hecho de que sus hábitats sean en zonas arenosas, al aire libre, ha llevado a que los restos de fauna se conserven mal. Aunque las relaciones entre las diferentes industrias microlíticas sea objeto de discusión, en la actualidad se piensa que el Sauveterriense, parcialmente contemporáneo del anterior y muy similar de bagaje cultural, aunque de distribución más meridional, llega a unificar toda Europa occidental justo cuando comienza la neolitización.

grupos epipaleolíticos europeos

se

caracterizan

a

nivel

industrial

por

el

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1.6.2. El Epipaleolítico de la Península Ibérica

61 / 252 1.6.2. El Epipaleolítico de la Península Ibérica Época: Prehistoria Inicio: Año 10000 A.

Época: Prehistoria Inicio: Año 10000 A. C. Fin: Año 5000 D.C.

Antecedente:

Epipaleolítico y Mesolítico

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Comentario

Al igual que sucediera con el Paleolítico Superior, el Epipaleolítico peninsular cuenta

con mejores evidencias en la periferia que en el centro, zona vacía de yacimientos con la excepción de algún taller al aire libre de cronología y atribución dudosa. Al igual que sucediera en el resto de Europa, también aquí se va a asistir a una

compartimentación cultural marcada, de clara base regional. En la región cantábrica la secuencia epipaleolítica comienza con la industria Aziliense, claramente derivada del Magdaleniense Final, tal y como puede verse en algunos yacimientos como la cueva de la Pila (Cuchía, Cantabria), donde se dan

numerosas ocupaciones intermedias entre uno y otro. Este Aziliense retiene las características ya vistas en el caso francés, incluyendo la adaptación al microlitismo

y la evolución en la morfología de los arpones. Económicamente, estos grupos

continúan con la caza-recolección, capturando ciervos y jabalíes sobre todo y completando su dieta con recursos vegetales, pesca de salmónidos en los ríos y marisqueo costero. En uno de los principales yacimientos de esta zona, la cueva de los Azules (Cangas de Onís, Asturias), J. Fernández-Tresguerres localizó y estudió el único enterramiento conocido de esta cultura. El rito funerario documentado parece ser semejante a los ya reseñados en el Paleolítico Superior. En esta zona el Aziliense desemboca, al menos en parte, en la cultura Asturiense, de marcado cariz costero. En esta nueva etapa las ocupaciones se centran cada vez

más en el exterior de las cuevas que, como mucho, son utilizadas como basureros. Las sociedades de esta época continúan con los hábitos cinegéticos azilienses, pero ahora incrementan la explotación de los recursos marinos hasta el punto que sus

principales yacimientos (Penicial, Balmori, La Riera, Liencres, La Franca

acaban

casi colmatadas por las conchas de las lapas consumidas (concheros). Como adaptación a este tipo de subsistencia, el Asturiense presenta como instrumento característico un pico, realizado sobre un canto rodado con técnicas que recuerdan

a las del Paleolítico Inferior, cuya utilidad es precisamente permitir despegar las

lapas. De esta cultura se conoce un enterramiento que presenta el cráneo trepanado. En el litoral atlántico los investigadores portugueses distinguen dos fases en este intervalo cronológico: una primera, denominada Epipaleolítico micro y macrolaminar, y una segunda considerada Mesolítica. La primera tiene muchos puntos en común con el Magdaleniense y con las industrias similares que se ven en la región mediterránea española, demostrando un cierto continuismo pese a

)

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tratarse de grupos humanos con una economía de amplio espectro. La segunda

fase está compuesta por los conocidos concheros de Muge (Moita do Sebastiao,

Cabeço da Arruda, Cabeço da Amoreira

localizado cabañas y fosas de almacenamiento de alimentos, así como un buen número de enterramientos. La industria lítica está compuesta ya por geométricos, mientras que apenas hay manufactura de piezas de hueso. Para acabar, en la franja mediterránea peninsular J. Fortea definió, hace ya algunos años, dos complejos epipaleolíticos parcialmente sincrónicos: el microlaminar y el geométrico. El primero no es nada más que un equivalente local del Aziliense, una evolución del Paleolítico Final caracterizado por la disminución en el tamaño de los raspadores y las hojitas, con dos facies diferentes (Mallaetes y San Gregori). Los complejos geométricos, más tardíos, parecen llegar por influencia francesa a partir del VIII milenio y dan lugar a variedades preneolíticas (Filador, Cocina ) contemporáneas de un tipo de arte lineal anterior al macroesquemático.

),

grupo cultural en el que se han

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1.7. Neolítico: las primeras sociedades agrarias

63 / 252 1.7. Neolítico: las primeras sociedades agrarias Época: Prehistoria Inicio: Año 5000 A. C.

Época: Prehistoria Inicio: Año 5000 A. C. Fin: Año 3200 D.C.

Siguientes:

Posibles causas de este proceso El Neolítico en el Próximo Oriente El Neolítico en la Península Ibérica El Arte Levantino El Megalitismo

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Comentario

denominado

tradicionalmente Neolítico y representa una de las etapas históricas más interesantes por las transformaciones de toda índole que experimentaron las sociedades de aquellos momentos. Al intentar dar una definición precisa de esta etapa ya surgen los primeros problemas, desde su propia denominación, puesto que Neolítico -término utilizado por primera vez en la obra de Lubbock en 1865- significa piedra nueva (neos = nuevo; litos = piedra) en clara alusión a las características técnicas de los utensilios de piedra, ahora pulimentados frente a los fabricados mediante la técnica de la talla durante los tiempos paleolíticos. Sin ser esta apreciación inexacta, sí es incompleta puesto que hoy día sabemos que los cambios operados en el campo socioeconómico fueron más importantes que los acaecidos en el campo tecnológico y presumiblemente causa de ellos. Sabemos también que dichas transformaciones no se produjeron de una manera súbita, sino que todas ellas fueron la culminación de un lento proceso de adaptación durante el cual el hombre fue estableciendo una nueva relación con el medio que le rodeaba; desde esta perspectiva, el término revolución neolítica empleado por Childe debe ser matizado en su sentido de súbita innovación o alteración. Las nuevas formas de vida se fueron adoptando en distintos lugares a la vez y con matices diferenciadores, dependiendo de las tradiciones culturales preexistentes y desde determinadas zonas preferentes se fueron extendiendo hacia otras áreas marginales. No puede hablarse, pues, de un proceso cultural único sino de una gran variedad de grupos neolíticos diferentes. Para obtener una visión de conjunto de este proceso cultural, podemos resumir sus características fundamentales en tres apartados distintos:

El

último

período

cultural

de

la Edad

de

la

Piedra se

ha

1) Ambientales: La influencia que el medio ambiente ejerce sobre el hombre fue durante mucho tiempo sobrevalorada y, en el caso del Neolítico, se adujo como causa fundamental de todos los cambios culturales acaecidos. Es cierto que, tras la retirada de los últimos hielos pleistocénicos, las condiciones climáticas cambiaron al elevarse las temperaturas e influyeron decisivamente en el medio, que lentamente se fue transformando pues la fauna y la flora tuvieron que adaptarse; igual le ocurrió al hombre, que tuvo que buscar nuevas bases de subsistencia cuando le empezaron a fallar sus tradicionales recursos. Pero todo ello había sucedido tiempo atrás, a comienzos del Holoceno, que es cuando se

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empezaron a desarrollar las primeras comunidades epipaleolíticas, aunque ese lento proceso de adaptación entonces iniciado siguió su curso y acabó desembocando en nuevas formas culturales. 2) Económicas y sociales: Es en este terreno donde se pueden observar los cambios más significativos, ya que las antiguas formas de subsistencia basadas en la caza y la recolección fueron sustituidas de forma progresiva por estrategias productivas basadas en la agricultura y en la cría de animales domésticos. Ambos procesos debieron ser paralelos y los datos disponibles, procedentes de algunos yacimientos del Próximo Oriente, permiten saber que en el octavo milenio antes de la era fueron los cereales las primeras especies cultivadas: el trigo, en sus primitivas variantes Triticum monococcum, T. dicoccum y T. aestiuium, la cebada y el centeno, seguidos tiempo después por la avena, el mijo y las leguminosas, todos ellos productos de gran valor energético. Estas especies pudieron ser controladas por el hombre porque ya existían en aquellas zonas en estado silvestre y venían siendo objeto de recolección sistemática. La utilización de animales domésticos, a los que podemos definir como aquellos cuya reproducción está controlada por el hombre, fue la segunda de las actividades económicas que se empezaron a practicar. De la misma manera que ocurrió con las plantas, los primeros animales domésticos se consiguieron a partir de los que ya existían en el entorno en su variante salvaje. Los datos disponibles apuntan a que fue el perro, procedente del lobo, la primera especie doméstica, aunque todavía existe polémica sobre el momento y el lugar en que apareció. Hallazgos en la cultura epipaleolítica de Maglemose del norte de Europa, en el Natufiense palestino y entre alguno de los grupos epipaleolíticos del SE de los Estados Unidos parecen confirmar la existencia del perro en fechas cercanas al 11.000 a. C., si bien esta especie parece que acompañaba al hombre pero no debía servirle como animal comestible. La oveja y la cabra, difíciles de distinguir entre sí, están documentadas en el IX milenio antes de la era en numerosos yacimientos del Próximo Oriente, seguidas poco tiempo después por la vaca, todos ellos de alto potencial dietético. En los primeros momentos de su domesticación, todos estos animales fueron aprovechados por sus productos primarios, fundamentalmente la carne, las pieles y la grasa y sólo tras la intensificación de las prácticas ganaderas se comenzaron a utilizar los productos secundarios, como lana, leche, y a usarse como medio de transporte y ayuda en las tareas agrícolas, arrastrando los arados. Como consecuencia de las variaciones en las bases del sistema económico, se produjeron algunos cambios sociales evidentes, tales como la progresiva sedentarización de las comunidades, aunque en algunos lugares del Viejo Mundo ya venía observándose el agrupamiento en aldeas debido sin duda a la intensificación de la recolección de los vegetales silvestres allí existentes, más de mil años antes de la domesticación de las primeras plantas y animales. La vida en comunidades fijas cada vez mayores hizo que necesariamente cambiasen también las relaciones entre los individuos, surgiendo fórmulas nuevas de organización social, dando lugar al reparto de las tareas cada vez más diversificadas, a relaciones de tipo jerárquico, a la organización de las actividades colectivas, etcétera. 3) Técnicas: A pesar de que los adelantos técnicos no fueron la causa de todos los cambios operados durante el Neolítico sino más bien una consecuencia de los arriba mencionados, es cierto que pueden observarse algunas novedades en el equipo material de aquellas poblaciones. El invento más significativo es sin duda la cerámica, cuya fabricación consiste en elaborar recipientes de arcilla cocidos en un horno a más de 450° y que fue el elemento que acabó convirtiéndose en el fósil-guía más característico de todas las comunidades neolíticas. Al tratarse de una actividad artesanal, las formas de los recipientes, su decoración y las propias técnicas de fabricación variaban de unos grupos a otros, siendo estas variaciones muy valiosas al arqueólogo ya que le sirven para identificar los diferentes grupos culturales.

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La existencia de excedentes alimenticios y la necesidad de conservar mayor número de productos propició la búsqueda de recipientes más sólidos e impermeables que los ya conocidos de cestería utilizados por los pueblos recolectores. En un principio, los hornos para cerámica eran simples hoyos en el suelo cubiertos por piedras y tierra, para alcanzar la temperatura necesaria, pero poco a poco se fueron construyendo más cerrados para poder lograr mejor calidad en las pastas cerámicas. La fabricación de utensilios de piedra continuó siendo importante y aunque algunos objetos se trabajaban con la tradicional técnica de la talla por presión o percusión fueron los instrumentos pulimentados los que se generalizaron cada vez más, destacando entre todos ellos las típicas hachas y azuelas, presumiblemente empleados en las tareas agrícolas y que durante mucho tiempo sirvieron como identificadores del nuevo período cultural. Las pequeñas hojas dentadas de sílex se enmangaban formando los dientes de una hoz, instrumento decisivo a la hora de la recolección intensiva de plantas. También proliferaron los molinos de piedra y los morteros necesarios para machacar y triturar el grano. Igualmente siguieron realizándose instrumentos sobre hueso, aunque la mayoría de los viejos modelos se abandonaron y aparecieron otros utensilios en función de las nuevas actividades económicas y domésticas, siendo ejemplos característicos las espátulas y las cucharas.

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1.7.1. Posibles causas de este proceso

Pag. 66 / 252 1.7.1. Posibles causas de este proceso Época: Prehistoria Inicio: Año 5000 A.

Época: Prehistoria Inicio: Año 5000 A. C. Fin: Año 3200 D.C.

Antecedente:

Neolítico: las primeras sociedades agrarias

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Comentario

Uno de los aspectos más interesantes del proceso de transición de una economía depredadora a una productora es intentar averiguar por qué se realizó dicho cambio. Tras años de investigación, hoy día sabemos que la vida de los

pueblos cazadores y recolectores del Paleolítico no fue tan

popularmente se concebía, antes por el contrario, aquellos grupos llegaron a establecer un buen equilibrio con el medio, que les proporcionaba un nivel de vida aceptable hasta el punto de que algunos autores, como Shalins, han llegado a hablar de sociedades opulentas. Los estudios sobre sociedades cazadoras contemporáneas han demostrado que con pocas horas de trabajo al día pueden conseguirse los alimentos necesarios para mantener una dieta rica en proteínas, y ello contrasta con las numerosas horas que debe emplear en las tareas del campo un agricultor o un ganadero. La conclusión parece ser que la agricultura no se adoptó porque proporcionase una mejor y más cómoda alimentación, sino porque permite alimentar a mayor número de personas en la misma unidad de espacio. Buscar explicaciones al porqué del cambio operado en un período de tiempo relativamente breve por la mayoría de los grupos humanos han sido objeto de numerosas investigaciones y han sido muchas las hipótesis que se ha formulado al respecto. Resumimos ahora las más significativas, pensando que indudablemente se trató de un proceso con causas múltiples. Una de las interpretaciones más aceptadas durante décadas ha sido la denominada teoría del oasis, mantenida y popularizada por Gordon Childe, quien defendió las causas ambientales como las impulsoras del cambio. La supuesta desecación progresiva que sufrieron algunas zonas del planeta tras la retirada de los últimos hielos obligó a hombres, animales y plantas a agruparse en torno a los puntos de agua, donde la estrecha convivencia permitiría a los grupos humanos tener un profundo conocimiento de las posibilidades alimenticias que éstos le brindaban. Esta teoría fue desmentida por los posteriores estudios paleoclimáticos realizados en los yacimientos del Próximo Oriente, que no demostraban que la mencionada desecación se hubiera producido en los momentos que Childe apuntaba. Fue el profesor Braidwood quien en los años 50 aportó nuevas evidencias al problema, tras la gran expedición organizada a la zona de los montes Zagros, al norte del Iraq; pudo demostrar que los primeros asentamientos neolíticos no se encontraban junto a los puntos de agua sino, precisamente, en laderas de mediana

penosa como

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altura, en lugares favorecidos naturalmente a los que denominó zonas nucleares, donde crecían en estado silvestre numerosas especies vegetales que poco a poco fueron siendo objeto de una recogida intensiva. Otros autores como Binford, Flannery o Cohen consideraron insuficientes las propuestas de Braidwood e intentaron explicar de forma más satisfactoria porqué se abandonó el viejo sistema, precisamente en las zonas más favorecidas donde presumiblemente no faltarían los alimentos, aunque parece claro que el perfecto equilibrio que mantenían los grupos cazadores-recolectores con su medio se rompió y fue necesario buscar medidas alternativas. Estos autores creen que la causa de la ruptura fue la presión demográfica, es decir, el crecimiento progresivo e imparable de la población que obligó a modificar sus costumbres para aumentar los recursos per capita mediante la producción controlada de determinadas plantas y especies animales. Constataron que muchas comunidades mesolíticas del Viejo Mundo comenzaron a hacerse sedentarias, lo que favoreció que la población empezase a crecer, dado que en un asentamiento permanente o casi permanente no existen las mismas limitaciones poblacionales que entre los grupos nómadas que deben velar permanentemente porque su población no crezca.

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1.7.2. El Neolítico en el Próximo Oriente

Pag. 68 / 252 1.7.2. El Neolítico en el Próximo Oriente Época: Prehistoria Inicio: Año 5000

Época: Prehistoria Inicio: Año 5000 A. C. Fin: Año 3200 D.C.

Antecedente:

Neolítico: las primeras sociedades agrarias

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Comentario

Hemos comentado al principio de este capítulo que no puede hablarse de un solo Neolítico sino de varios centros independientes donde se fue imponiendo el nuevo sistema. Sin embargo, es en el Próximo Oriente donde se pueden documentar las fechas más antiguas para el inicio del proceso y el foco que directamente influyó en muchas de las regiones de Europa. Por estas razones, así como porque ha sido uno de los lugares más investigados desde hace ya casi un siglo y la documentación procedente de sus yacimientos es muy completa, el Próximo Oriente se ha convertido en el ejemplo clásico para el estudio de la neolitización. En estas regiones del mundo se ha podido observar, a través del abundante registro arqueológico, el progresivo cambio desde una economía basada principalmente en la caza mayor, hacia una base de subsistencia denominada de amplio espectro, a la que se iban incorporando la selección de ciertas especies animales y la recolección intensiva de determinadas plantas silvestres. Las regiones con mayor número de yacimientos y en las que mejor se ha documentado la evolución del proceso han sido la franja costera mediterránea en los actuales territorios de Siria e Israel, la zona de los montes Zagros al norte del Iraq y el sur de la península de Anatolia. En el foco del Levante se pueden observar cambios desde la etapa mesolítica Natufiense, que algunos autores definieron como una fase experimental de la agricultura, entre los años 10.000 y 8.000 a. C., donde se han documentado asentamientos prácticamente sedentarios, más un aumento de la recogida de cereales silvestres, precedentes de los domésticos, y la selección de alguna de las especies cazadas, como por ejemplo la gacela. Estas comunidades pudieron ir estableciendo enclaves algo más permanentes porque las condiciones climáticas y ambientales ofrecían posibilidades y recursos y ello hizo que aumentase la población con mucha mayor rapidez que en las comunidades itinerantes, entre las que resulta más complicado transportar niños de un lado para otro. Esta tendencia a utilizar en la alimentación un gran número de recursos culmina en la etapa siguiente denominada Neolítico Precerámico. Muchos yacimientos son una clara continuación de los anteriores, aumentando ligeramente su tamaño, y en ellos ya se conservan claros testimonios de la utilización de plantas cultivadas y de animales domésticos. Entre los numerosos yacimientos conocidos cabe destacar Jericó, importante "tell" con 18 niveles arqueológicos que muestra dos fases sucesivas del Neolítico Precerámico. En dichos niveles y con fechas comprendidas entre los años 8.000 y 6.000 a. C. se ha documentado una agricultura intensiva del trigo (Triticum monococcum y dicoccum), la cebada, lentejas, guisantes y pistachos y la ganadería con restos abundantes de ovicápridos.

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Este yacimiento destacó, además, por su gran tamaño ya que se calculó que podía albergar una población de más de 3.000 personas, algo inusual en los restantes asentamientos de la época y que mereció que los antiguos investigadores la denominaran la primera ciudad del mundo. Llamaba también la atención la gran muralla que rodeaba el poblado, cuya finalidad ha sido muy discutida ya que algunos autores han sugerido que no tendría un objetivo bélico, de defensa contra posibles ataques de comunidades vecinas, sino que más bien se habría construido para contener posibles riadas de agua y preservar de ellas al poblado. Tras los primeros momentos de economía claramente neolítica puede hablarse ya de una etapa de Neolítico Cerámico en la que, además de los recursos económicos mencionados, destaca la presencia de una novedad técnica, los recipientes cerámicos, aparecidos para solucionar los problemas de las nuevas necesidades de almacenamiento y que fueron considerados por los arqueólogos como interesantes documentos de la evolución de aquellas gentes.

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1.7.3. El Neolítico en la Península Ibérica

Pag. 70 / 252 1.7.3. El Neolítico en la Península Ibérica Época: Prehistoria Inicio: Año 5000

Época: Prehistoria Inicio: Año 5000 A. C. Fin: Año 3200 D.C.

Antecedente:

Neolítico: las primeras sociedades agrarias Siguientes:

Cataluña El País Valenciano Andalucía

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Comentario

Al abordar el estudió del Neolítico en la Península Ibérica es necesario enmarcarlo en la problemática general de la neolitización de Europa y más concretamente del Mediterráneo Occidental, puesto que es imprescindible conocer el marco geográfico en que se desarrolló esta cultura para entender correctamente sus posibles relaciones externas, las influencias que pudo recibir y las vías por la que pudieron efectuarse dichos contactos. Tradicionalmente se ha distinguido una Europa continental, a la que llegaban las influencias culturales desde el Este por la vía de los Balcanes y del Danubio, y una Europa mediterránea cuyos principales contactos se establecían por vía costera. La cuenca mediterránea tiene unas particularidades comunes especiales, por encima de las múltiples variaciones locales, tanto climáticas como topográficas, con cierta tendencia a la aridez y con suelos no demasiado ricos, a pesar de lo cual siempre ha sido un territorio habitado y una ruta transitada por la que han circulado influencias, ideas y personas entre sus extremos oriental y occidental. Tradicionalmente se había defendido la idea de que los nuevos inventos neolíticos se difundieron rápidamente desde sus centros originarios orientales hacia los distintos territorios europeos mediante diferentes rutas y mecanismos de colonización, nunca demasiado bien explicados. La exageración y el abuso de los presupuestos difusionistas hizo que, a partir de los años 60-70, se empezaran a rechazar semejantes interpretaciones y se comenzase a valorar, quizás a sobrevalorar, el protagonismo que los grupos locales habían tenido en el proceso de cambio y se empezó a defender, en definitiva, la evolución autóctona como resultado de la adaptación de los grupos epipaleolíticos a su medio natural. Hoy día, sin exagerar ninguno de los dos modelos interpretativos, parece claro que el fenómeno neolítico producido en el Próximo Oriente se efectuó mediante una evolución lenta y continuada, diferente a lo que ocurrió en Europa. Por la documentación existente, no puede mantenerse que en los territorios europeos occidentales existieran los precedentes salvajes de los primeros animales domesticados, ni de los cereales que se cultivaron por primera vez, descartado lo cual, los estudios se han dirigido a averiguar por qué y cómo se expandió el nuevo sistema económico y en qué medida fue asimilado por los grupos indígenas de cada región occidental. Por otra parte, el estudio detallado de los grupos epipaleolíticos europeos ha demostrado que esas sociedades estaban perfectamente adaptadas a su medio,

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incluso muchas regiones del norte de Europa, antes despobladas, se habían ido ocupando durante los últimos deshielos al seguir el hombre a las especies animales que se iban asentando en dichos territorios. En general, estas poblaciones intentaron, como apuntan algunos autores, aumentar la productividad de su entorno como respuesta a sus crecientes necesidades, alcanzando un cierto nivel de complejidad socioeconómica. En los últimos años, para explicar la forma en que pudo producirse la expansión neolítica, se ha aceptado de manera generalizada el modelo denominado oleada de avance, propuesto por los investigadores Ammerman y Cavalli-Sforza. Este modelo teórico, que ofrece distorsiones y variaciones locales, presupone que el nuevo sistema económico se fue extendiendo lenta pero ininterrumpidamente hacia Occidente a partir de los centros próximo-orientales, a razón de 1 km. por año, teniendo en cuenta el crecimiento progresivo de la población y los movimientos que puede realizar tanto a larga como a corta distancia. Esta forma paulatina de contacto se refleja en la existencia de dos tipos de asentamientos diferentes en los momentos iniciales del Neolítico occidental: los correspondientes a los grupos locales allí asentados y los pertenecientes a los colonizadores llegados por el Mediterráneo. El proceso de interacción entre ellos es lo que algunos autores como Bernabeu han llamado modelo dual o modelo mixto, que explica cómo la adopción del Neolítico en Europa se produjo por la llegada de poblaciones conocedoras de la agricultura y la ganadería que entraron en contacto con las poblaciones indígenas, las cuales fueron modificando sus tradicionales formas de subsistencia. La Península Ibérica participó de este proceso mediterráneo occidental, aunque no puede hablarse de homogeneidad cultural en todo el territorio. La primera neolitización se produjo lógicamente en la franja costera mediterránea, desde Cataluña hasta Andalucía y Portugal meridional, pero los yacimientos mejor conocidos se ubican en las sierras costeras interiores; en las restantes áreas peninsulares las transformaciones culturales fueron más tardías y con particularidades diferentes y se incorporaron a la economía neolítica con mayor lentitud, dependiendo de las posibilidades de contacto que tuvieran con las regiones litorales. En toda la cuenca occidental y asimismo en la Península Ibérica, se detecta un factor importante para la identificación de la primera cultura neolítica: la presencia de cerámica que, independientemente de algunas variaciones regionales, ofrece la característica común de una decoración impresa que acabó constituyéndose en el auténtico fósil-guía de esta fase cultural. Dentro de la variedad de la decoración impresa, destaca la realizada con el borde de la concha de un molusco llamado cardium edule, que le ha valido la denominación de cerámica cardial y, por extensión, de Neolítico Cardial. La presencia de la cerámica en unión de las primeras especies domésticas de animales y plantas, pueden considerarse factores intrusivos que llegaron del exterior y acabaron siendo adoptados por la población indígena preexistente. Las regiones mediterráneas de la Península son las que mejor pueden documentar la presencia de este Neolítico Antiguo o de cerámicas impresas, conservándose un buen registro arqueológico en Cataluña, País Valenciano y Andalucía oriental.

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1.7.4. Cataluña

HISTORIA DE ESPAÑA Pag. 72 / 252 1.7.4. Cataluña Época: Prehistoria Inicio: Año 5000 A. C.

Época: Prehistoria Inicio: Año 5000 A. C. Fin: Año 3200 D.C.

Antecedente:

El Neolítico en la Península Ibérica

(C) ARTEHISTORIA

Comentario

Esta zona ofrece un gran número de yacimientos, mayoritariamente en cuevas (Toll, Balma de l'Espluga, L'Espluga de Francolí, etcétera) pero también al aire libre (Los Guixeres, Cambrils, etcétera) que merecieron la atención de los investigadores desde principios de siglo. Durante muchas décadas, los estudios se enfocaron principalmente hacia la cultura material y, así, a raíz de la publicación de los trabajos realizados en las cuevas de Monserrat, en 1925, se identificó una industria lítica y una cerámica cardial tan característica que mereció por parte de aquellos autores la denominación de cerámica monserratina. Estos materiales eran paralelizables a los encontrados en yacimientos del sur de Francia, el norte de Italia y otros puntos del Mediterráneo Occidental, conformando la relativa uniformidad de esta primera fase del Neolítico Antiguo. La cerámica cardial presenta formas globulares con cuello generalmente marcado, que en los casos más pronunciados se denominan botellas, con pequeñas asas macizas o mamelones perforados y con la decoración distribuida en bandas horizontales o verticales que ocupan casi tres cuartas partes de la superficie del recipiente. Las investigaciones de los últimos años han aportado mayor número de datos sobre el poblamiento y el modelo de ocupación del territorio, conociéndose mayor número de yacimientos al aire libre en las tierras bajas más fértiles y vislumbrándose también, como apunta Bernabeu, una combinación entre los poblados al aire libre y las cuevas de sus alrededores que podían haber estado destinadas a funciones ganaderas, de almacenamiento o incluso sepulcrales. También se está conociendo la propia estructura de los poblados y, por ejemplo, los trabajos realizados en el Barranc de Fabra (Tarragona) muestran una aldea rodeada de un muro de piedra, en cuyo interior se extienden nueve viviendas circulares u ovaladas construidas con un posible zócalo de piedra y paredes de arcilla. Tras esta primera fase del Neolítico Antiguo, tan bien caracterizada, se identificó en la mayoría de las cuevas un nivel de ocupación, denominado Epicardial, en el que progresivamente se iba abandonando el uso de cerámicas con decoración cardial y se fabricaban mayoritariamente cerámicas lisas o con una decoración menos cuidada a base de incisiones o cordones. Algunos autores, como Guilaine, identificaron a principios del IV milenio una fase de Neolítico Medio, intermedia entre el Epicardial y las culturas del Neolítico Final, que se habría desarrollado en la región de los Pirineos mediterráneos con ramificaciones

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hasta el sur de Cataluña y norte de Levante, encontrándose representada, entre otros lugares, en la cueva del Toll, en Balma de L'Espluga e incluso en la cueva de L'Or. Esta fase intermedia recibió el nombre de Montboló debido a que fue en el yacimiento epónimo, situado en los Pirineos franceses, donde aparecía un nivel estratigráfico, posteriormente muy discutido, caracterizado por la ausencia de cerámica cardial y la presencia de unos nuevos recipientes cerámicos sin decoración, de formas simples globulares con unas típicas asas tubulares dispuestas verticalmente. La industria lítica que la acompañaba era escasa mientras que eran más abundantes los útiles de hueso, tipo punzones y alisadores. Los testimonios directos de actividad agrícola están mal documentados conservándose, en cambio, numerosos restos de fauna doméstica (oveja, cabra, cerdo, vaca) que parecen indicar una mayor importancia de la ganadería junto a la que seguiría practicándose, en menor proporción, la caza de roedores, liebres y aves. La etapa más reciente del Neolítico catalán está ocupada por la cultura de los Sepulcros de Fosa, identificada arqueológicamente a principios de siglo y objeto de sucesivos estudios, que toma su nombre del tipo de yacimientos conocidos, casi exclusivamente enterramientos individuales de inhumación en fosa, siendo los lugares de habitación prácticamente desconocidos. Las sepulturas están cavadas en el suelo, con el cadáver en el fondo en posición encogida, y protegidas por lajas de piedra de diferente forma, encontrándose aisladas o en grupos, formando pequeñas necrópolis como en Bóvila Madurell (San Quirze del Vallés); aunque mayoritariamente los yacimientos se han encontrado en las tierras bajas de los valles fluviales, algunos enterramientos hallados en cuevas, como la de Toll, pueden adscribirse a este grupo cultural. Muchos de los huesos procedentes de las inhumaciones se perdieron en el momento de su hallazgo, pero los que han podido ser estudiados (Bóvila Madurell, San Juliá de Ramis, Puig d'en Roca, Toll, etcétera) muestran que los individuos de aquel momento eran de baja estatura, cráneo dólico-mesocéfalo, cara plana y mentón poco prominente, incluibles en el tipo mediterráneo grácil. El equipo material conocido procede de los ajuares que acompañaban el enterramiento y aunque tienen particularidades propias, pueden paralelizarse en muchas ocasiones con los objetos típicos de los grupos neolíticos tardíos de la Europa templada occidental. La cerámica es uno de los elementos materiales más característicos, destacando los recipientes lisos de variada forma, desde las grandes vasijas ovoides o cilíndricas a los cuencos carenados, ollas o tazas de fina factura, destacando por su originalidad los vasos de boca cuadrada. Entre los útiles líticos destacan los microlitos geométricos, los cuchillos triangulares, las puntas de flecha y, sobre todo, las hachas pulimentadas fabricadas sobre distintos materiales como la obsidiana o la serpentina. Los objetos de adorno están bien representados en las numerosas cuentas de collar encontradas, destacando las fabricadas en piedra color verde que en un principio se identificó como calaíta y se suponía que había sido importada de lejanos lugares porque no existían minas de esa piedra en los alrededores; sin embargo, hoy día se cree son de variscita, puesto que se ha descubierto una mina de esta piedra cerca de la localidad de Gavá, junto al curso del río Llobregat. En este lugar se han identificado una serie de pozos excavados en la roca que dan paso a varias galerías subterráneas conectadas entre sí, en las que se han encontrados numerosos materiales arqueológicos: cerámicas de tipología variada, utensilios de hueso, así como picos y otros útiles de piedra, empleados presumiblemente por los mineros para extraer la materia buscada. La explotación de estas minas implica que esa sociedad de finales del Neolítico tenía ya una compleja organización, puesto que no se trataba solamente del trabajo técnico sino, posteriormente, de la transformación del material extraído y de su distribución por un amplio territorio.

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Aparte de esta importante actividad minera y comercial, las gentes de los sepulcros de fosa practicaron intensamente la agricultura, según parecen indicar los hallazgos de molinos de mano y, sobre todo, la ubicación de los yacimientos en las tierras bajas y fértiles de los valles. Ello no excluye la existencia de actividad ganadera, puesto que han aparecido utensilios fabricados sobre metacarpianos de ovicápridos y de bóvidos, ni de la caza, como demuestran los numerosos huesos de ciervo encontrados en las sepulturas.

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1.7.5. El País Valenciano

DE ESPAÑA Pag. 75 / 252 1.7.5. El País Valenciano Época: Prehistoria Inicio: Año 5000 A.

Época: Prehistoria Inicio: Año 5000 A. C. Fin: Año 3200 D.C.

Antecedente:

El Neolítico en la Península Ibérica

(C) ARTEHISTORIA

Comentario

Es la región peninsular donde más se ha desarrollado la investigación sobre el Neolítico, dando como resultado el conocimiento de numerosos lugares arqueológicos y un importante volumen de datos, tanto a nivel material como a nivel económico y territorial. Quizás sea en el sur de la provincia de Valencia y norte de Alicante donde se concentran algunos de los yacimientos más importantes de todo el Mediterráneo occidental. Estos yacimientos han confirmado la existencia de dos tipos de ocupación diferentes, que responden a un patrón de asentamiento y de subsistencia dual que sería el resultado del contacto entre las influencias llegadas desde el exterior y las sociedades epipaleolíticas locales, según el modelo propuesto por el profesor Bernabeu comentado líneas atrás. Yacimientos tan bien conocidos como la cueva de la Sarsa (Bocairente, Valencia), la de L'Or (Beniarrés, Alicante) o la de Cendres (Moraira, Valencia) muestran un primer nivel de ocupación con todos los elementos típicamente neolíticos ya presentes. La cerámica cardial es abundantísima y ofrece una rica decoración, la presencia de útiles líticos como hoces o hachas pulimentadas, la identificación de varias especies de trigo y cebada y la deforestación del paisaje circundante indican una presencia humana activa practicando la agricultura intensiva y, asimismo, la presencia de restos de ovicápridos, cerdos y bóvidos muestran el conocimiento y explotación de los animales domésticos. Por el contrario, otros yacimientos como la cueva de La Cocina (Dos Aguas, Valencia), la de Mallaetes (Valencia) o la de Llatas (Andilla, Valencia) ofrecen niveles estratigráficos correspondientes al Epipaleolítico demostrativos de una progresiva evolución de este substrato local sobre el que se van asimilando las nuevas aportaciones representadas, sobre todo, por la cerámica cardial. El Neolítico Inicial, tan bien identificado en muchos yacimientos, va evolucionando lentamente en los mismos lugares, perdiendo poco a poco sus señas de identidad características; la cerámica cardial fue reduciendo sus porcentajes y se fueron adoptando otras técnicas decorativas o fabricando cerámicas lisas que algunos autores han querido identificar con una fase de Neolítico Medio no tan bien independizada como en Cataluña. En cambio, se habla de un Neolítico Final desde mediados del IV milenio, 3500- 2500 a. C., representado tanto en las cuevas conocidas, como en yacimientos al aire libre entre los que destacan La Ereta del Pedregal (Navarrés, Valencia) o El Arenal de la Virgen (Villena, Alicante). Lo más significativo de la cultura material es la presencia de cerámicas lisas con formas de recipientes nuevas, mientras en el

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poblamiento se nota el aumento de asentamientos al aire libre que parecen indicar la generalización de este nuevo tipo de hábitat, cada vez de mayor tamaño a pesar de que los datos sobre la estructura de estas aldeas no son muy abundantes.

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1.7.6. Andalucía

HISTORIA DE ESPAÑA Pag. 77 / 252 1.7.6. Andalucía Época: Prehistoria Inicio: Año 5000 A. C.

Época: Prehistoria Inicio: Año 5000 A. C. Fin: Año 3200 D.C.

Antecedente:

El Neolítico en la Península Ibérica

(C) ARTEHISTORIA

Comentario

Es la última de las regiones mediterráneas peninsulares donde pueden identificarse las fases iniciales del Neolítico. Los yacimientos más característicos, algunos conocidos desde finales del pasado siglo, son cuevas, lo que ha merecido que algunos autores, como Navarrete, hayan hablado de la cultura de las cuevas. Los sitios mejor estudiados se sitúan en las provincias costeras de Almería, Granada y Málaga, o inmediatamente interiores como Jaén, con evidentes afinidades geográficas con el sur de la zona levantina. Uno de los yacimientos más representativos es la cueva de la Carihuela (Píñar, Granada), situada en las montañas interiores de la provincia, cuya amplia estratigrafía muestra la evolución del Neolítico en la zona. Los niveles inferiores ofrecen una buena representación de la fase antigua, con abundante cerámica cardial de formas globulares y semiesféricas que convive con otras decoraciones impresas y de cordones, destacando una vasija con decoración cardial y a la almagra, estilo este último que pervivirá hasta el comienzo de la Edad de los Metales. Los niveles superiores representan las fases del Neolítico Medio y Final, caracterizados por la casi total desaparición de la cerámica cardial, de la decoración impresa en general y la difusión de los tipos decorados a la almagra o los típicos vasos con asas pitorro. Otro de los yacimientos más característicos de Andalucía Oriental es la cueva de Nerja (Málaga), cuyos primeros niveles de ocupación corresponden al Epipaleolítico, representado por restos de hogares y por numerosos útiles líticos de las facies microlaminar y geométrica. Sobre ellos se superpone otra ocupación fechable en el Neolítico Inicial, identificada por una industria lítica evolucionada sobre hojas, escasas piezas pulimentadas y, sobre todo, por la presencia de cerámica de formas globulares con decoración impresa no cardial, incisa y a la almagra. El momento de ocupación más significativo de esta cueva quizás sea el correspondiente al Neolítico Medio-Final, pues se obtuvo información no sólo sobre la cultura material, representada por una cerámica con decoración incisa o de cordones, una industria lítica de tradición geométrica y una serie de punzones de hueso; fue interesante el hallazgo de un silo para almacenar alimentos y que contenía diversos tipos de cereal, exponentes de una agricultura intensiva y selectiva como corresponde a esta fase cultural avanzada. En otro orden de cosas, se encontró un enterramiento doble rodeado de numerosos restos vegetales de cereal, bellotas y piñones, así como de cerámica y útiles de hueso y de sílex que serían las ofrendas y el ajuar con que se honró al difunto. El yacimiento al aire libre de Las Majólicas (Alfacar, Granada), la cueva de La Mujer (Granada), la del Higuerón y La Pileta, en Málaga, la de Zuheros (Córdoba) o la del Nacimiento (Jaén), entre otros muchos lugares, son algunos de los ejemplos

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significativos del abundante poblamiento de la zona y de la evolución cultural que aquí sufrió el Neolítico. Aparte de esta cultura neolítica representada en las cuevas, debemos destacar la existencia de una fase final del Neolítico en el Sudeste, bien localizada en poblados al aire libre que preludian el posterior esplendor de las primeras culturas calcolíticas allí desarrolladas; este período final es conocido por el discutido término de cultura de Almería o período almeriense. Los hábitats en altura de El Garcel, La Gerundia y Tres Cabezos en la provincia de Almería, con deficiente información, o la Peña de los Gitanos, en Montefrío (Granada), con una buena estratigrafía, son buen ejemplo de esta fase con una cultura material ejemplificada en la cerámica lisa de formas variadas, una industria de sílex de tradición geométrica y una gran abundancia de útiles pulimentados. Por otra parte, conviene resaltar la existencia de fosas de enterramiento (Loma de la Atalaya, Loma de las Eras, etcétera) de forma circular, rodeadas de piedras, con dos o más cuerpos inhumados, acompañados de industria lítica de tradición geométrica, útiles de piedra pulimentada y brazaletes de concha, cuya cronología no puede precisarse con absoluta seguridad pero que podrían ser el nexo de unión que enlazase con los posteriores momentos calcolíticos.

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1.7.7. El Arte Levantino

HISTORIA DE ESPAÑA Pag. 79 / 252 1.7.7. El Arte Levantino Época: Prehistoria Inicio: Año 5000

Época: Prehistoria Inicio: Año 5000 A. C. Fin: Año 3200 D.C.

Antecedente:

Neolítico: las primeras sociedades agrarias

(C) ARTEHISTORIA

Comentario

Es

el

segundo

de

los

estilos

o

ciclos

artísticos identificados en

la

Prehistoria española, de una gran originalidad que le hace prácticamente único

en Europa, cuyo desarrollo puede situarse a comienzos del Neolítico o incluso en momentos inmediatamente anteriores. Su denominación hace evidente referencia al territorio por el que se extiende, ya que la mayoría de los yacimientos se concentran en las provincias costeras mediterráneas, llegando hasta Cádiz, y en las inmediatamente interiores como Huesca, Lérida, Teruel, Albacete y Jaén; sin embargo, la ubicación de los lugares rupestres no se localiza en la propia costa sino en abrigos rocosos situados en las

serranías interiores o prelitorales, en paisajes abruptos entre los 400 y los 1.000 m. de altitud sobre el nivel del mar.

El conocimiento de este nuevo estilo artístico se remonta a finales del pasado siglo

cuando fueron descubiertas las primeras pinturas que, en un principio, pasaron casi desapercibidas. Hasta el descubrimiento por parte de Cabré, en 1903, de los

ciervos pintados del abrigo de Calapatá (Teruel), no se le prestó la debida atención

y

tras los primeros estudios pasaron a ser interpretados como pertenecientes

al

ciclo rupestre del Paleolítico, recientemente reconocido en los círculos científicos

de la época. Muchos han sido los autores dedicados a la búsqueda de yacimientos rupestres, a su estudio y a su valoración y por tanto es mucha la bibliografía producida sobre el tema. Incluso en la actualidad se sigue discutiendo sobre su

origen y su cronología.

Al intentar describir sus principales características, parece inevitable la comparación

con el Arte Paleolítico, aunque se aprecian evidentes diferencias que muestran un pensamiento y una concepción del mundo divergentes. En primer término, las representaciones levantinas se realizan siempre en abrigos a la luz del día y no en profundos lugares oscuros; se aprecian más matices y vivacidad debido al movimiento de las figuras, lo que requiere mayor quietud en el espectador, y ofrecen una cierta composición y un orden más preciso. La técnica empleada es casi exclusivamente la pintura, aplicada con pinceles o plumas. Se conservan los perfiles de las figuras, que suelen ser monócromas, utilizándose la gama del rojo, el negro o en algunos casos, como en Albarracín, el blanco. En cuanto a la temática, hay que resaltar que generalmente aparecen escenas y no sólo figuras aisladas, parece que se intenta plasmar un hecho determinado y que, por tanto, se presta más atención al argumento. Las principales representaciones son figuras humanas ejecutadas de una forma esquemática, poco realista, sin

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ofrecer detalles y siempre en movimiento. Mayoritariamente aparece el hombre en actitudes de caza o de guerra (La Gasulla, Morella, El Cingle) personificado de diferentes maneras que podrían responder a la existencia de distintos tipos físicos o simplemente a determinados convencionalismos artísticos; en ocasiones suelen portar gorros o plumas en la cabeza y adornos en la cintura, en los brazos o en las piernas. En menor proporción aparece la mujer, identificada porque suele llevar los pechos al descubierto y una especie de faldas largas desde la cintura; las actitudes que presenta son domésticas, de recolección o siega (La Araña, Pajarejo) y de danza o rituales (Cogul, Alpera), donde algunos autores las han identificado como posibles divinidades o sacerdotisas. En segundo lugar, destacan las representaciones de animales, ejecutados de forma naturalista y en posiciones más estáticas, formando parte de las mencionadas escenas de caza. Como ha señalado el profesor Criado, la fauna representada (ciervo, cabra, toro, jabalí) coincide básicamente con la fauna cazada, lo que también indica una diferencia de concepción respecto al Arte Paleolítico, donde solía ocurrir lo contrario. La interpretación de todo este conjunto pictórico se ha polarizado básicamente en dos ideas: bien otorgarle un carácter historicista pensando que simplemente relata hechos de la vida cotidiana que se querían recordar o bien creer que las pinturas tiene un sentido mágico o religioso. Esta última idea quedaría avalada, según el profesor Beltrán, por los lugares inaccesibles en que se ubican los abrigos, su no coincidencia con los lugares de habitación y la agrupación de pinturas en un solo covacho así como la existencia de muchos de ellos en un mismo lugar (Albarracín, el barranco de Valltorta o Alpera). Otro de los aspectos más debatidos del Arte Levantino ha sido el de su cronología. Los primeros autores lo incluyeron en el ciclo paleolítico argumentando que los animales representados pertenecían a especies cuaternarias ya extinguidas pero, años después, estas ideas fueron rebatidas y se aceptó unánimemente que se trataba de un arte postglaciar, obra de los cazadores residuales que continuaban habitando en las serranías prelitorales. El profesor Beltrán cree que se produjo una progresiva evolución a lo largo de distintas fases, situando el momento de origen en época todavía epipaleolítica, llegando a su máximo desarrollo y apogeo en pleno Neolítico y extendiéndose con formas más estilizadas y rígidas hasta el Calcolítico. En los últimos años se han realizado algunos descubrimientos que parecen variar un poco este esquema. En la provincia de Alicante han aparecido algunos abrigos con un nuevo tipo de representaciones denominadas macroesquemáticas, porque sus principales figuras son humanos de gran tamaño, sobre los que se superponen en algunos casos figuraciones típicas del Arte Levantino, lo que indica que este último fue claramente posterior, desarrollándose en época totalmente neolítica.

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1.7.8. El Megalitismo

HISTORIA DE ESPAÑA Pag. 81 / 252 1.7.8. El Megalitismo Época: Prehistoria Inicio: Año 5000 A.

Época: Prehistoria Inicio: Año 5000 A. C. Fin: Año 3200 D.C.

Antecedente:

Neolítico: las primeras sociedades agrarias

(C) ARTEHISTORIA

Comentario

Podemos definir el fenómeno megalítico como la corriente cultural que se caracteriza por la construcción de enterramientos colectivos bajo grandes y variados monumentos de piedra, que tuvo una amplia dispersión geográfica por toda Europa durante el Neolítico y los primeros momentos de la Edad de los Metales. Por la espectacularidad de los restos conservados, estos monumentos son conocidos desde hace siglos y ya en 1850 fueron denominados megalitos (megas = grande, litos = piedra) en clara alusión a la materia en que estaban construidos. Las primeras sociedades que adoptaron la costumbre de realizar enterramientos colectivos protegidos por un túmulo de piedras y tierra fueron las asentadas en las costas atlánticas europeas y desde las primeras cistas y cámaras circulares sencillas, se fue pasando a formas más variadas entre las que destaca el dolmen y, posteriormente, los sepulcros de corredor y las galerías cubiertas. Existen también otros tipos de monumentos megalíticos no representados en la Península Ibérica pero sí, por ejemplo, en Bretaña donde los menhires, los cromlech y algunos recintos ceremoniales más complejos están bien documentados. Las nuevas interpretaciones las inició hace años el arqueólogo británico Renfrew, que pensaba que estas sociedades formadas por grupos dispersos utilizaban los monumentos como punto central, definidor de su territorio; en caso de rivalidad entre grupos, estas tumbas de los antepasados eran un argumento para demostrar la posesión de las tierras en litigio. Aparte de la importancia que llegó a tener el dominio de la tierra por parte de quien los construía, también debieron utilizarse para señalizar ciertos espacios como lugares comunes de encuentro o de culto. En el mismo sentido, otros autores tienden a considerar que todos estos monumentos son indicativos de la progresiva evolución de aquellas sociedades, desde estadios más igualitarios hasta formas sociales más complejas, puesto que la inversión de más horas de trabajo en estas construcciones implica una participación colectiva, un plan previo y un control centralizado para canalizar los esfuerzos de la población. Estos enfoques interpretativos, que entienden el fenómeno megalítico como parte y resultado de unas determinadas formas sociales propias, han conducido al abandono de las antiguas teorías que consideraban dichas manifestaciones como producto de una corriente religiosa o espiritual propagada por un grupo o raza megalítica que iba recorriendo Europa predicando sus creencias. Por la gran distribución que los megalitos tuvieron en Occidente y su supuesto parecido con otras construcciones del Mediterráneo Oriental, desde principios de

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siglo surgió la polémica sobre su origen y su cronología, defendiéndose las distintas hipótesis desde las llamadas escuelas orientalista y occidentalista. La primera de ellas defendía un modelo difusionista de relación cultural, pensando que el foco originario de todo este proceso estaba en Oriente, desde donde poco a poco habría llegado hasta Occidente en fechas lógicamente más recientes. Entre los investigadores que defendían esta postura cabe destacar a Childe y en España a Almagro Basch. La Península Ibérica habría sido uno de los primeros territorios europeos en recibir estas influencias sobre sus costas mediterráneas, donde se habrían desarrollado los monumentos más complejos, mientras que en zonas más alejadas del interior el proceso habría llegado más diluido y las formas constructivas resultantes habrían sido más simples. Los occidentalistas defendían, por el contrario, el modelo denominado evolucionista, según el cual el fenómeno megalítico había surgido en Occidente, en los territorios más próximos al Atlántico y posteriormente se habría difundido hacia Oriente. A finales de los años 70 esta idea volvió a tomar fuerza a raíz de la revisión que hizo Renfrew sobre la cronología de todos los monumentos, al obtener numerosas dataciones de C-14 que ponían de manifiesto la mayor antigüedad de los monumentos europeos en casi mil años siendo imposible, por tanto, seguir defendiendo su procedencia del Mediterráneo. Hoy en día se interpreta el megalitismo como un fenómeno plural, poligenista, que surgió en diferentes sitios a la vez sin que necesariamente tuviera que existir entre ellos una relación directa, siendo las cronologías más antiguas las de Bretaña, Inglaterra y Portugal, que se remontan al V y IV milenios antes de la era. En la Península Ibérica los dos focos más antiguos y representativos de este fenómeno cultural se sitúan en el Suroeste de Portugal, donde están documentados dólmenes sin corredor desde el IV milenio, y en el Sureste, en la zona de Almería, donde se observa una evolución continuada desde el final de la cultura neolítica de Almería hasta la fase calcolítica de Los Millares de la que son característicos los sepulcros de corredor y falsa cúpula denominados tholos. Muchas de estas sepulturas están asociadas a poblados fortificados con grandes murallas y aunque el modelo explicativo difusionista oriental se ha abandonado porque no proporcionaba una explicación satisfactoria, también es difícil pensar que todo este complejo cultural se produjera como resultado de un autoctonismo absoluto, sin ninguna forma de relación externa.

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1.8. El Calcolítico: los inicios de la metalurgia

83 / 252 1.8. El Calcolítico: los inicios de la metalurgia Época: Prehistoria Inicio: Año 3200

Época: Prehistoria Inicio: Año 3200 A. C. Fin: Año 2500 D.C.

Siguientes:

Los datos más antiguos El calcolítico en la Península Ibérica El fenómeno del Vaso Campaniforme

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Comentario

La Edad de la Piedra termina con el periodo Neolítico y a continuación se inicia la Edad de los Metales, llamada así porque el hombre inventó la metalurgia, a la que se consideró el avance tecnológico decisivo y definitorio de la nueva etapa cultural. La primera fase se denomina Calcolítico (calcós = cobre; litos = piedra) durante la que el hombre descubrió el cobre y comenzó a trabajarlo; la segunda etapa es la Edad del Bronce, momento en que empezaron a realizar aleaciones de cobre y estaño y, por último, se desarrolló la Edad del Hierro en la que ya se fabricaron objetos de dicho metal. Aunque la invención de la metalurgia supuso, sin duda, un avance tecnológico importante, debemos recordar que no se trató de un hecho repentino, ya que aquellas sociedades antiguas conocían desde siempre la existencia y la manera de extraer todo tipo de piedras -se conocen minas de sílex- usadas para fabricar no sólo objetos utilitarios sino también otros elementos destinados al comercio y al intercambio. No es raro, pues, que empleasen rocas y arcilla o piedras semipreciosas como la malaquita y la azurita, que contuvieran en su composición minerales de cobre y que con el tiempo llegasen a descubrir sus propiedades para la fundición y la transformación. El acceso al conocimiento de la metalurgia no fue idéntico en todas partes y muchos autores se inclinan a pensar que en gran número de ocasiones se debió tratar de procesos locales que, al principio, no tuvieron demasiada trascendencia y no jugaron un papel importante como industria que alterase la vida de aquellos grupos. Las primeras piezas metálicas conocidas son pequeños alambres o punzones de cobre nativo fabricados por martilleo en frío, así como pequeños hilos de oro, el otro metal utilizado tempranamente porque también se encuentra en la naturaleza en estado nativo, generalmente en forma de pepitas. Sólo tiempo después se llegó al conocimiento de la fusión del mineral a altas temperaturas, técnica que requiere el uso de hornos herméticos y el empleo de moldes que permiten fabricar objetos más grandes, variados y resistentes. Al principio, los hornos empleados eran sencillos, seguramente simples fosas recubiertas de arcilla en las que se colocaban capas sucesivas de carbón y de mineral que por el calor producido se iba fundiendo y cayendo al fondo de la fosa, del que se recogía una vez retirados los restos del carbón; como apunta Rovira, se ha demostrado que en un principio pudo usarse la simple lumbre del hogar donde se alcanzarían 600 o 700°, suficientes para transformar el carbonato de cobre en cobre metálico a partir de piedras como la malaquita, o incluso se han descubierto

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vasijas de cerámica con escoriaciones dentro, que podían haber desempeñado el papel de pequeños hornos domésticos. Siendo importante el descubrimiento de la metalurgia, no es la única característica cultural que permite definir la etapa calcolítica, puesto que dicho invento se produjo en el seno de unas comunidades que seguían evolucionando y transformando sus formas económicas y sociales. Muchos autores, como Chapman, insisten en que la progresiva complejidad de aquellos grupos fue la que permitió el desarrollo de determinadas tecnologías y que esa progresión se apoyaba en la intensificación de los recursos que ya se conocían en el Neolítico. Fue importante la mejora en la producción agrícola y los cultivos se vieron incrementados al introducirse sistemas de regadío, abonado de los campos y utilización del arado, primero tirado por el hombre y después por animales usados como fuerza de trabajo en el campo. El mayor aprovechamiento de los animales domésticos, no sólo en las mencionadas tareas agrícolas sino en la explotación de la leche o de la lana, también supuso un adelanto importante, hasta el punto de que Sherrat y otros autores han hablado de la revolución de los productos secundarios. El uso de algunos animales para el transporte, unido a la invención de la rueda, permitió los desplazamientos a larga distancia tanto de personas como de productos y mercancías, lo que favoreció el intercambio entre comunidades distantes, la progresiva actividad comercial y la propia expansión de los nuevos inventos. Igualmente se pueden observar cambios en el plano social, sobre todo en el paulatino aumento de la población o en la variación de los lugares de asentamiento, que amplían su tamaño y cambian de lugar, ocupándose ahora nuevas tierras que en las fases anteriores no habían resultado rentables. Las aglomeraciones mayores y la progresiva especialización en el trabajo fueron elementos determinantes para la aparición de estructuras sociales más complejas, con la consecuente aparición de mayores desigualdades y una autoridad o jerarquía más estable.

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1.8.1. Los datos más antiguos

DE ESPAÑA Pag. 85 / 252 1.8.1. Los datos más antiguos Época: Prehistoria Inicio: Año 3200

Época: Prehistoria Inicio: Año 3200 A. C. Fin: Año 2500 D.C.

Antecedente:

El Calcolítico: los inicios de la metalurgia

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Comentario

La primera metalurgia del cobre se desarrolló en distintos lugares a la vez y de manera independiente, aunque las fechas más antiguas están documentadas en el Próximo Oriente durante el VI milenio a. C., e incluso antes. En estas regiones del mundo la evolución cultural producida a partir del proceso de neolitización fue muy rápida, llegando a configurarse unas sociedades urbanas de gran complejidad que Childe consideró como el mejor ejemplo de su revolución urbana, el segundo gran momento de prosperidad, después del Neolítico, por los que él creía que había pasado la Humanidad. En los últimos niveles de la mayoría de los yacimientos neolíticos, durante las fechas indicadas, se detecta la presencia de pequeños objetos de adorno fabricados en cobre y, aunque su mera presencia no implica un cambio brusco de todo el conjunto cultural, poco a poco va aumentando su presencia en el contexto de transformación general que antes hemos mencionado. Los ejemplos más antiguos proceden de la península de Anatolia, donde el yacimiento de Cayou Utepesi ha proporcionado finos alambres de cobre nativo, fabricados por martilleo en frío, en los niveles neolíticos del VII milenio a. C., en un ambiente todavía no claramente metalúrgico. Otro de los ejemplos anatólicos más significativos es el yacimiento de Çatal Hüyük, en el que se observa la evolución desde las etapas neolíticas hasta su conversión en un gran asentamiento en el que ya están presentes objetos de adorno de cobre en unión de restos de escorias, prueba ya de auténtica metalurgia, en el sexto milenio a. C. Las costas sirias ofrecen yacimientos clásicos de ocupación continuada desde las fases neolíticas y, así, Ugarit o Biblos muestran una estructura constructiva prácticamente urbana en la que se documenta el uso de piezas de cobre y el comercio de objetos de oro y plata en el VI milenio. En la zona de Palestina, a pesar de que existen variaciones regionales, se observa un proceso parecido, caracterizado por su velocidad de evolución, aunque más de un milenio después; el último nivel neolítico de Jericó puede considerarse de contacto con el Calcolítico, por la presencia de objetos fabricados de cobre. En Mesopotamia también son numerosos los ejemplos de yacimientos tardíos neolíticos que con rapidez van introduciéndose en un mundo urbano donde poco tiempo después aparece ya la escritura y entra en la Historia.

HISTORIA DE ESPAÑA

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1.8.2. El calcolítico en la Península Ibérica

86 / 252 1.8.2. El calcolítico en la Península Ibérica Época: Prehistoria Inicio: Año 3200 A.

Época: Prehistoria Inicio: Año 3200 A. C. Fin: Año 2500 D.C.

Antecedente:

El Calcolítico: los inicios de la metalurgia