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Psicología Social UNIDAD 4

Kenneth J. Gergen

EL YO SATURADO
Capitulo I. El asedio del yo

Lo que quiero investigar es el impacto de la saturación social en la manera como


conceptualizamos nuestro yo y las pautas de vida social que le son anexas.

EL YO: DE LA CONCEPCIÓN ROMÁNTICA A LA POSMODERNA

La tesis de este libro es que el proceso de saturación está produciendo un cambio


profundo en nuestro modo de comprender el yo. Hemos heredado, principalmente del siglo
XIX, una visión romántica del yo que atribuye a cada individuo rasgos de personalidad: pasión,
alma, creatividad, temple moral. Este vocabulario es esencial para el establecimiento de
relaciones comprometidas, amistades fieles y objetivos vitales. Para los modernistas, las
principales características del yo no son una cuestión de intensidad sino más bien una
capacidad de raciocinio para desarrollar nuestros conceptos, opiniones e intenciones
concientes. Para el idioma modernista, las personas normales son previsibles, honestas y
sinceras. Los modernistas creen en el sistema educativo, la vida familiar estable, la formación
moral y la elección racional de determinada estructura matrimonial.
Al ingresar en la era posmoderna, todas las concepciones anteriores sobre el yo corren
peligro, y con ellas, las pautas de acción que alientan. El posmodernismo no ha traído consigo
un nuevo vocabulario para comprendernos, ni rasgos de relevo por descubrir o explorar. Su
efecto es más apocalíptico: ha sido puesto en tela de juicio el concepto mismo de la esencia
personal. Se ha desmantelado el yo como poseedor de características reales identificables
como la racionalidad, la emoción, la inspiración y la voluntad.
En líneas generales, el posmodernismo está signado por una pluralidad de voces que
rivalizan por el derecho a la existencia, que compiten entre sí para ser aceptadas como
expresión legítima de lo verdadero y de lo bueno.
En las condiciones vigentes en el posmodernismo, las personas existen en un estado
de construcción y reconstrucción constante.

Capitulo II. De la visión romántica a la visión modernista del yo

El vocabulario de los sentimientos morales, la solidaridad y el goce interior deriva, en


buena medida, de una concepción romántica del yo, que si bien alcanzó su apogeo en el siglo
XIX, sigue vigente ahora. Esta perspectiva pone el acento en lo que no se ve y aun en ciertas
fuerzas sacras que moran en las honduras de cada ser, confiriendo a la vida y a las relaciones
humanas la importancia que tiene. Pero esta valoración de la persona se ha deteriorado en
nuestro siglo y ha sido en gran parte reemplazada por una concepción modernista de la
personalidad, según la cual los elementos clave del funcionamiento humano son la razón y la
observación.

EL ROMANTICISMO Y LA VIVENCIA INTERIOR OCULTA

La visión del yo no se limitaba al discurso: era un apremio a la acción. Provocaba


adhesiones, cambiaba la vida, precipitaba la muerte.
Gran parte de nuestro vocabulario contemporáneo de la persona y de sus formas de
vida asociadas tiene su origen en el período romántico. Es un vocabulario de la pasión, de la
finalidad, de la profundidad y de la importancia del individuo: un vocabulario que genera la
admiración respetuosa de los héroes, los genios y las obras inspiradas. Sitúa al amor en el
proscenio de los empeños humanos y alaba a quienes renuncia a lo “útil” y lo “funcional” en
aras de sus semejantes. Promueve la adhesión a la dinámica profunda de la personalidad: el
matrimonio como “comunión de almas”, la familia unida por el lazo del amor, la amistad como
compromiso fiel para toda la vida. Por obra del romanticismo podemos depositar nuestra
confianza en los valores morales y en la suprema significación de la aventura del hombre. Para
muchos, la pérdida de este vocabulario implicaría el colapso de todo lo que tiene sentido en la
vida. No obstante, como veremos, es justamente este lenguaje el que fue amenazado por la
concepción modernista que le siguió.

SURGIMIENTO DEL MODERNISMO

A medida que la cultura de Occidente irrumpía en el siglo XX, iba surgiendo una nueva
forma de conciencia colectiva a la que suele llamarse “modernista”.

LA PRODUCCIÓN DEL HOMBRE MODERNO


El yo auténtico y accesible

Para el modernista el “interior oculto” ya no es determinante: la persona está allí, puede


ser observada (“Se obtiene lo que se ve”), y si se le aplican los poderes sistemáticos de la
razón y la observación, se puede saber cuál es su carácter.
Fue la psicología la que emprendió la tarea de esclarecer la naturaleza del yo básico.
Se aplicaron de manera sistemática la razón y la observación para que la “naturaleza” del
hombre pudiera ser “conocida por él mismo”, o sea, para generar un saber fundamenta acerca
de los fundamentos del generador del saber.
La enorme atención que se presta hoy a los “procesos cognitivos” resalta otra
dimensión del punto de vista modernista: la esencia del hombre es racional.

Construcción del individuo

Si el hombre moderno posee una esencia ¿cómo han de entenderse sus orígenes?
Para los románticos, atributos como la pasión, el genio, la inspiración, etcétera, eran en gran
medida innatos, inherentes a los instintos naturales del individuo, pero a medida que el
romanticismo se fue disipando sus argumentaciones cayeron en el descrédito. La imagen
modernista del progreso científico ofreció una solución alternativa: si el conocimiento del
mundo se construye a parte de la observación, como descubre la ciencia, ¿no será el
comportamiento humano el resultado de propuestas externas? Si somos seres racionales,
prestamos atención al mundo y adaptamos nuestro proceder a consecuencia; así pues, las
acciones humanas deben de provenir de los sucesos del mundo circundante. En suma, no es
en virtud de la herencia que seamos como somos, sino en virtud de la observación del medio.

La personalidad del individuo autónomo

Una máquina bien diseñada resiste el deterioro y funciona ajustadamente; del mismo
modo, una persona madura apropiadamente modelada por la familia y la sociedad seria
“autosuficiente”, “sólida”, “digna de confianza”, “congruente” consigo misma a lo largo del
tiempo. Conocer a alguien es saber qué se puede esperar de él: sus palabras serán la
expresión auténtica de lo que verdaderamente es, ahora y en el futuro. El hombre modernista
es genuino, en lugar de ser falso; actúa de acuerdo con ciertos principios en vez de ser un
pusilánime; es estable y no indeciso.

Muchas personas deploran que se haya perdido el lenguaje romántico. Sin embargo,
se detecta la atracción del sucedáneo modernista. En muchos sentidos, el modernismo es más
optimista y más democrático. El individuo romántico era por siempre un misterio; su esencia
vital, una quijotada inalcanzable. En contraste, el yo modernista es reconocible, está presente
en el aquí y ahora, apenas envuelto en la superficie de sus acciones. No es probable que se
deje transportar por una aspiración súbita, que caiga presa de alguna pasión formidable o ceda
al arrebato suicida; es, más bien, solvente y digno de confianza. La palabra que empeña hoy
seguirá en pie mañana y al día siguiente. No encontraremos al yo modernista con su razón
nublada por intensos dramas emocionales: sus razones guían acciones, y su voz es clara y
sincera.

Capitulo III. La saturación social y la colonización del yo

La inmersión en nuevas tecnologías nos va empujando hacia una nueva conciencia de


nosotros mismos: la posmoderna. Los nuevos lugares comunes de la comunicación
desempeñan un papel crítico para comprender el decurso tanto de la concepción romántica
como de la concepción moderna del yo. Lo que llamaré las tecnologías de la saturación social.
Son centrales en la supresión contemporánea del yo individual. Hay una colonización del ser
propio que refleja la fusión de las identidades parciales por obra de la saturación social. Y está
apareciendo un estado multifrénico en el que comienza a experimentarse el vértigo de la
multiplicidad ilimitada.

LAS TECNOLOGÍAS DE LA SATURACIÓN SOCIAL.

Vida con la tecnología de bajo nivel.

Quizá lo más espectacular de la fase de tecnología de bajo nivel haya sido la


simultaneidad de sus múltiples avances. Nos referimos a por lo menos siete procesos
superpuestos y arrasadores que ocurrieron en el curso del siglo, cada uno de los cuales nos
fue arrojando cada vez más al mundo social. Considérese su impacto en la vida social:
1. El ferrocarril
2. Los servicios postales públicos
3. El automóvil
4. El télefono
5. La radiodifusión
6. El cinematógrafo
7. El libro impreso
Vemos, pues, que una septena de tecnologías de saturación social se expandieron
rápidamente en el curso del siglo XX. Cada uno de estos avances vincula más estrechamente
a las personas, las expone a sus semejantes y fomenta una gama de relaciones que nunca
podrían haberse dado en el pasado.

Vida de alto nivel con tecnologia de alto nivel

Rumbos aéreos
Crece paulatinamente el número de personas para las cuales viajar en avión significa
un asunto de rutina.

Cintas de video
Con el desarrollo de la radio y el cine, las opiniones, emociones, expresiones faciales,
gestos, modalidades de relación, etc., de un sujeto ya no quedaron confinadas a su público
inmediato sino que se multiplicaron varias veces.

Las innovaciones electrónicas y la proliferación de las relaciones


Computadoras que permiten almacenar grandes cantidades de información y
transmitirlos rápidamente, cables de fibra óptica, equipos de impresión de bajo costo, correo
electrónicos, teleconferencia, entre muchos otros.

EL PROCESO DE SATURACIÓN SOCIAL

Lo más probable era que las relaciones de un individuo terminaran donde terminaba su
comunidad. Desde el nacimiento hasta la tumba uno podía confiar en un entorno social cuya
trama era relativamente pareja. Las palabras, rostros, gestos, ademanes y posibilidades con
que se topaba eran casi siempre las mismas, congruentes entre sí y sólo cambiaban con
lentitud.
Por obra de las tecnologías de este siglo, aumentan continuamente la cantidad y
variedad de las relaciones que entablamos, la frecuencia potencial de nuestros contactos
humanos, la intensidad expresada en dichas relaciones y su duración. Y cuando este aumento
se torna extremo, llegamos a un estado de saturación social.

Multiplicación de las relaciones


Merecen destacarse dos aspectos de esta expansión. El primero lo que podría llamarse
la perseverancia del pasado. Antes, el alejamiento de una persona implicaba casi siempre una
pérdida. Hoy, ni la distancia ni el tiempo constituyen un serio inconveniente para una relación.
En la práctica, a medida que avanzamos en la vida, el elenco de personajes
significativos se vuelve mayor.
Pero a la vez que se preserva el pasado, que permanece continuamente atento y listo
para incorporarse al presente, hay una aceleración del futuro. El ritmo de las relaciones se
incrementa y quizá se concreten en pocos días o semanas procesos cuyos desarrollo antes
necesitaba meses o años.

La sujeción a nuevas formas de vida


Aparecen también nuevas pautas de relación.
La televisión es desde luego la que más ha incrementado la variedad de relaciones en
que participamos, por más que sea sustitutiva.
La tecnología de la época actual, además de ampliar la gama de las relaciones
humanas, modifica las preexistentes: al desplazarse del vínculo cara a cara al vínculo
electrónico, las relaciones con frecuencia se alteran.

Nuevas claves de relación


Dos de las nuevas formas de relación que el proceso de saturación ha contribuido a
gestar revisten particular interés. En primer lugar, la relación de amantes amigables. Para el
romántico fundamentalista, el objeto de su amor consumía todo su ser.
Una segunda pauta interesante que se observa en los hogares es la relación
microondas. La familia ideal incluía tradicionalmente al “núcleo” íntimo e interdependiente
compuesto por el padre proveedor, la madre solícita y los hijos, cuyas vidas giraban en torno al
hogar. La saturación social ha interferido profundamente en esta concepción tradicional de la
familia.

Intensificación de los intercambios


Curiosamente, la tecnología también incrementa el nivel emocional de muchas
relaciones.

LA COLONIZACIÓN DEL YO

Un individuo dueño de la sensación de poseer una identidad coherente se encuentra


impulsado de repente por motivaciones contrarías. Puede considerarse que estas experiencias
de variación y de contradicción consigo mismo son efectos preliminares de la saturación social,
señales quizá de una colonización del yo, de la adquisición de múltiples y dispares
posibilidades de ser. Este proceso de colonización del yo ha comenzado a socavar la adhesión
tradicional a las modalidades romántica y modernista de ser, y tiene una importancia primordial
porque ha preparado la escena para el advenimiento de lo posmoderno.
A medida que avanza la saturación social, acabamos por convertirnos en pastiches, en
imitaciones baratas de los demás. Llevamos en la memoria las pautas de ser ajenas. Y si las
condiciones se vuelven favorables las pondremos en acción. Cada uno de nosotros se vuelve
otro, sólo representante o sucedáneo. Dicho en términos más generales, a medida que pasan
los años el yo de cada cual se embebe cada vez más del carácter de todos los otros, se
coloniza. Nos presentamos a los demás como identidades singulares, unitarias, íntegras; pero
con la saturación social, cada uno alberga una vasta población de posibilidades ocultas.

MULTIFRENIA

Término con el que se designa la escisión del individuo en una multiplicidad de


investiduras de su yo. Este estado es resultado de la colonización del yo y de los afanes de
éste por sacar partido de las posibilidades que le ofrecen las tecnologías de la relación.