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Universiteit Gent

Faculteit Letteren en Wijsbegeerte


Academiejaar 2011-2012

SIMÓN BOLÍVAR REINVENTADO POR GARCÍA


MÁRQUEZ Y CRUZ KRONFLY:
NOVELAS SITUADAS EN EL CRUCE ENTRE
HISTORIA Y FICCIÓN.

Masterproef voorgedragen tot het behalen van de graad van


Master in de Taal- en Letterkunde: Iberorromaanse Talen

Lien Martin

onder leiding van

Prof. Dr. E. Houvenaghel


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Universiteit Gent
Faculteit Letteren en Wijsbegeerte
Academiejaar 2011-2012

SIMÓN BOLÍVAR REINVENTADO POR GARCÍA


MÁRQUEZ Y CRUZ KRONFLY:
NOVELAS SITUADAS EN EL CRUCE ENTRE
HISTORIA Y FICCIÓN.

Masterproef voorgedragen tot het behalen van de graad van


Master in de Taal- en Letterkunde: Iberorromaanse Talen

Lien Martin

onder leiding van

Prof. Dr. E. Houvenaghel

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PRÓLOGO
Una tesina es un trabajo muy personal, no obstante, esta investigación no se podría realizar
sin la ayuda de algunas personas. Por lo tanto, me gustaría decir algunas palabras de
agradecimiento antes de abrir el tema de nuestro trabajo.

En primer lugar, quiero agradecer a mis padres, que me hayan dado la oportunidad de
hacer este estudio y siempre me han apoyado en los momentos más difíciles. Además, mis
hermanos merecen ser mencionados, ya que ellos siempre han estado dispuestos a
hacerme reír para aliviar mis frustraciones. Me gustaría también dar las gracias a mi novio,
que siempre me dio ánimo para seguir con el trabajo y calmarme en los momentos más
estresantes. Además él me ofreció en algunas ocasiones su visión de los hechos, lo que me
dio inspiración y energía.

Aunque ellos me han apoyado mucho, esta tesina no hubiera sido posible sin la ayuda de la
profesora Dr. Eugenia Houvenaghel. Le agradezco su cooperación y las sesiones de
“brainstorming” sobre el contenido de mi tesina y la presentación del tema seleccionado.

Por último, es conveniente dirigir unas palabras de agradecimiento a la señora Azahara


Bellido Jiménez, que me ayudó mucho con la revisión de mis textos y sobre todo con los
asuntos de la gramática española.

De este modo, me gustaría comunicar que aprecio el trabajo y el esfuerzo que todas estas
personas, antes mencionadas, me han brindado. Gracias a cada uno de ellos por haber
hecho posible llevar esta tesina a cabo.

4
ÍNDICE DE CONTENIDOS
PRÓLOGO ................................................................................................................................................................. 4

1. INTRODUCCIÓN.............................................................................................................................................. 6

1.1. TEMA DE LA INVESTIGACIÓN: SIMÓN BOLÍVAR 6


1.2. JUSTIFICACIÓN DEL CORPUS Y PRESENTACIÓN DE LOS AUTORES 10
1.3. PROPÓSITO DEL TRABAJO 14

2. PARTE TEÓRICA: LA (NUEVA) NOVELA HISTÓRICA........................................................................ 16

2.1. HISTORIA DEL GÉNERO 16


2.2. ¿QUÉ ES UNA NOVELA HISTÓRICA? 18
2.3. LOS RASGOS PRINCIPALES DE LA NOVELA HISTÓRICA TRADICIONAL 22
2.4. LAS CARACTERÍSTICAS DE LA NUEVA NOVELA HISTÓRICA 24
2.5. LA POLÉMICA SOBRE LA (NUEVA) NOVELA HISTÓRICA 27
2.6. CONCLUSIÓN DEL CAPÍTULO: HERRAMIENTAS DE ANÁLISIS PARA EL TRABAJO 29

3. PARTE ANALÍTICA: HISTORIA Y FICCIÓN ........................................................................................... 31

3.1. HISTORIA Y FICCIÓN EN EL GENERAL EN SU LABERINTO DE GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ 32


3.2. HISTORIA Y FICCIÓN EN LA CENIZA DEL LIBERTADOR DE FERNANDO CRUZ KRONFLY 45

4. CONCLUSIÓN: LA CONSTRUCCIÓN DE DOS IMÁGENES DIFERENTES DE SIMÓN BOLÍVAR 57

4.1. COINCIDENCIAS Y DIFERENCIAS CON LOS RASGOS GENÉRICOS DE LA (NUEVA) NOVELA


HISTÓRICA 57
4.2. TRATAMIENTO DE LA FIGURA DE BOLÍVAR 60
4.3. CONCLUSIÓN FINAL DEL TRABAJO 62

5. ANEXO ............................................................................................................................................................. 64

5.1. CRONOLOGÍA DE LA VIDA DE SIMÓN BOLÍVAR 64


5.2. LA HISTORIA DE SIMÓN BOLÍVAR 66

6. BIBLIOGRAFÍA .............................................................................................................................................. 69

6.1. LA IMPORTANCIA DE SIMÓN BOLÍVAR EN LA HISTORIA 69


6.2. PARTE TEÓRICA 70
6.3. ANÁLISIS TEXTUAL 72

5
1. INTRODUCCIÓN

1.1. TEMA DE LA INVESTIGACIÓN: SIMÓN BOLÍVAR1


Político, militar, héroe, orador y poeta.
Y en todo grande. Como las tierras libertadas por él,
que no nació hijo de patria alguna
sino que muchas patrias nacieron hijas dél.
Tenía la valentía del que lleva una espada.
tenía la cortesía del que lleva una flor,
y entrando en los salones arrojaba la espada,
y entrando en los combates arrojaba la flor.
Los picos del Ande no eran más a sus ojos,
que signos admirativos de sus arrojos.
Fué un soldado poeta. Fué un poeta soldado.
Y cada pueblo libertado, era una hazaña del poeta
y era un poema del soldado.
y fué crucificado!

(Luiz Llorens Torres2)

Simón Bolívar3 era una figura principal en el proceso de la independización de América


Latina (que empezó al inicio del siglo XIX). Después de algunas expediciones fracasadas,
Bolívar logra en 1819 que las naciones de Venezuela, Colombia, Panamá y Ecuador se unen
en la llamada ‘República de la Gran Colombia’. Con el título de ‘Libertador’ el general siguió
luchando y dos años más tarde la corona española (encarnado en esta época por Fernando
VII) fue obligada a reconocer la independencia de Venezuela. Los esfuerzos del Libertador
son admirados por todos y Bolívar continuó apoyar a la gente en su revolución para
obtener la independencia de su país.

1 En anexo (infra página 65) se encuentra una lista con los datos históricos más importantes de la vida de
Simón Bolívar.
2 Torres. L. L. Bolívar, [en línea]. Sin lugar: sin editorial, sin fecha. URL:
<http://www.arrakis.es/~joldan/bolivar.htm#llorens.> [Consulta: 21 de mayo de 2012].
3 El resumen de los hechos fundamentales de la vida del General Bolívar se basa en los libros de J. Campos,

Bolívar (1963) y A. H. Ruigómez, Bolívar Simón (2004).


Referimos al anexo (infra página 65) para una historia más elaborada de la vida de Simón Bolívar.

6
De esta manera, podemos ver a Simón Bolívar como el iniciador del proceso de la
independización, pero él no solo se preocupaba por el acto militar y las luchas, sino que le
interesaban también las reformas sociales y políticas. En Venezuela, después de la
declaración de la independencia en 1821, fue Bolívar que abrió el debate sobre las
reorganizaciones políticas y sociales. Gracias a él, se estableció una monarquía estable en
Venezuela en el año 1829. El Libertador mismo no quiso ser presidente de este gobierno y
propuso que seleccionan a Páez para encabezar la monarquía. No en tanto, Bolívar nunca
dejó de preocuparse por el estado y por los asuntos del gobierno. El generalísimo murió
solitario el día 17 de diciembre de 1830.

En la literatura Simón Bolívar ha sido a menudo el protagonista, tanto en la literatura


histórica como en la ficticia. Primero destacamos algunas obras con base científica, que
demuestran varios temas recurrentes, respecto a la descripción de la figura de Simón
Bolívar. Luis José Acosta Rodríguez describió en su libro Bolívar para todos (1979) la vida
del General Bolívar en relación con la independización de Hispanoamérica. Como indica el
subtítulo, Visión didáctica del Libertador, la novela adopta un estilo sencillo para que sea
accesible para cualquier lector4. El escritor contemporáneo Salvador de Madariaga toma
otro punto de salida y pone énfasis en la fuerza psicológica del Libertador en su obra
Bolívar (1975). Otro tema nos presenta Armando Rojas con su libro Ideas educativas de
Simón Bolívar (1996), en el que narra el origen de los principios educativos y el esfuerzo de
mantenerse en la joven sociedad de Colombia (Rojas, 1996).

Indalecio Liévano Aguirre, un autor colombiano, describió en su obra Bolívar (1983) no


solamente la figura del General Bolívar, sino intentó además captar las circunstancias
contemporáneas que dirigieron su vida (la situación en España, el monarquismo peruano-
argentino, el proceso de la independencia etc.) (Aguirre, 1983).

Simón Bolívar sigue siendo una figura muy tratada y recreada en la literatura más reciente.
Así vemos por ejemplo la obra El divino Bolívar: ensayo sobre una religión republicana
(2003) de Elías Pino Iturrieta, uno de los historiadores más importantes de Venezuela. Otra
obra recién editada es la de Manuel Caballero, Por qué no soy bolivariano. Una reflexión
antipatriótica (2006). En el prólogo Caballero informa al lector que no es su objetivo
presentar una obra histórica, sino lanzar un tema que merece ser reflexionado (2006: 11).

4Sin autor. Bolívar para todos, visión didáctica del Libertador [en línea]. Sin lugar, sin editorial, sin fecha. URL:
< http://www.venelibros.com/bolivar.htm.> [Consulta: 6 de abril del 2011].

7
El punto de partida del libro de Caballero es: “no soy bolivariano por la misma razón que
no soy antibolivariano” (Caballero, 2006: 12). A partir de esta afirmación, el autor describe
el papel de la figura de Simón Bolívar como símbolo nacionalista, más adelante compara el
bolivarianismo con el fascismo y finalmente trata la desacralización del Libertador en el
siglo XX (Caballero, 2006: 13-14).

Un historiador venezolano muy importante es Vicente Lecuna Salboch, que dedicó su vida a
la investigación de la historia venezolana y en particular a la figura de Simón Bolívar.
Organizó el Archivo de Simón Bolívar en 1915 y le nombraron conservador de este Archivo.
En el año 1916, emprendió la restauración de la casa natal de Bolívar, sobre la que escribió
un libro en 1977 (La casa natal del Libertador). Salboch editó varias obras sobre Simón
Bolívar, que fueron de gran importancia para los historiadores posteriores5. La sociedad de
Caracas le agradeció mucho por sus esfuerzos y le atribuyeron el título de “Primer
Historiador Bolivariano de América” 6.

A los escritores norteamericanos igualmente les fascinó la figura del Libertador.


Encontramos muchas biografías, pero a menudo no provienen de la investigación científica
por los historiadores profesionales (Bushnell, 2003: sin página). Un tema recurrente es la
relación histórica entre Venezuela y los Estados Unidos. Podemos referir por ejemplo al
libro de Benjamin Frankel, Venezuela y los Estados Unidos (1810-1888) (1977) o a la obra
más reciente de Judith Ewell, Venezuela and the United States: from Monroe’s doctrine to
petroleum’s empire (1996). El autor William R. Shepherd utilizó el relato de Bolívar, en
Bolívar and the United States (1918), para dar una respuesta al antinorteamericanismo de
su propia época. El libro además es muy interesante porque no solo intensifica la
personalidad de Bolívar, pero concede un análisis global de la actitud del Libertador
respecto a su nación (Bushnell, 2003: sin página). Otros escritores se dedicaron a un
análisis de la política social y económica de Bolívar. Encontramos este tema, por ejemplo,
en The Latin American Republics: a history (1942) de Dana Munro y en Colombia and the
United States 1765-1934 (1935) de E. Taylor Parks.

5Salboch publicó, entre otras, Proclamas y discursos del Libertador (1939), Relaciones diplomáticas de Bolívar
con Chile y Argentina (1954), La entrevista de Guayaquil (1962) y La campaña del Libertador en 1818 (1939).
6 Sin autor. Vicente Lecuna Salboch, [en línea]. Sin lugar, sin editorial, sin fecha. URL:
<http://www.mipunto.com/venezuelavirtual/000/000/004/023.html.> [Consulta: 6 de abril del 2011].

8
A parte de estos libros que se centran en un tema particular, muchos autores
norteamericanos sentían la necesidad de contar la historia de la independización de la
América del Sur en palabras simples; de tal manera que sea accesible para los jóvenes y
para otros lectores que no estén introducidos en la investigación histórica. Bolívar (1977)
de Donald Worcester (un historiador universitario) y Birth of a world: Bolívar in terms of
his peoples (1951) de Waldo Frank, ejemplifican esta tendencia.

Una obra más detallada pero con estilo sencillo, es la de Daniel del Río, titulada Simón
Bolívar (1965), que nos ofrece un resumen extenso de la vida de Bolívar. Para profundizar
nuestro conocimiento de la figura del General Bolívar y la historia venezolana podemos
consultar Bolívar: una interpretación de su política económica en la teoría y la práctica
(1968) de J. León Helguera. Otra obra que completa esta serie de libros más extensos, es la
de John Lynch, Simón Bolívar: A life (2006).

Simón Bolívar está igualmente presente en la poesía, referimos particularmente al poema


de Pablo Neruda, Un canto para Bolívar (1941). El poema comienza como un rezo (“Padre
nuestro que estás en la tierra”) y se desarrolla como un elogio a Bolívar, en el que Neruda
enfatiza que Bolívar está presente en muchos elementos de la vida cotidiana de sus
descendientes. Conforme el poeta, el Libertador ha creado “un mundo de paz” y Neruda
insiste en que es la tarea de los jóvenes (los nietos de Simón Bolívar) seguir el camino del
Libertador y mantener esta paz.

Por último, nos referimos a algunas novelas en las que Bolívar desempeña el papel
principal. En Venezuela hay dos escritores que podemos mencionar: Caupolicán Olivalles
con su libro Yo, Bolívar Rey (1983) y La esposa del Dr. Thorne (1988) de Denzil Romero.
Merece ser mencionado también R.J. Lovera De-Sola, que escribió la novela El gran
majadero (1984), en la que adopta una intensión desmitificadora (Palencia-Roth, 1990: sin
página). El escritor colombiano Germán Arciniegas publicó Bolívar y la revolución (1984) y
Bolívar, de San Jacinto a Santa Marta (1988). Este último libro retoma el viaje final del
Libertador por el río Magdalena en 1830, igualmente como lo hacen García Márquez (en El
general en su laberinto [1989]) y Cruz Kronfly (en su novela La ceniza del Libertador
[1987]).

9
Es lógico que en Venezuela y Colombia la historia de Bolívar y de la independencia afecten
más a los lectores: una nueva visión puede ofrecer otras interpretaciones y contribuir a un
mejor entendimiento de la propia historia. En el norte de América (incluso en otros países)
una obra más sobre Bolívar y los hechos históricos puede ser interpretada como una obra
sobrante entre tantos libros históricos que abordan el mismo tema. No obstante, la historia
de Simón Bolívar todavía atrae a la gente, no solamente del mundo hispánico. Nos
referimos en particular a la película reciente de Jorge Alí Triana, Bolívar soy yo (2002), que
tuvo gran éxito y que demuestra que los hechos históricos del período de la independencia
todavía son una fuente inspiradora para las obras ficcionales.

En síntesis, Simón Bolívar ya fue tratado tanto en el arte (más específica, en la literatura),
que poco a poco la figura del Libertador se mitificaba. Los autores trataban al General
Bolívar como un héroe, de tal manera que, con el paso del tiempo, la figura auténtica del
Libertador fue sustituida por una imagen heroica y mitificada. La mitificación se observa
tanto en los retratos como en los textos de los siglos XIX y XX. Hasta mediados del siglo XX,
cuando algunos historiadores y autores decidieron desmitificar a Simón Bolívar y
devolverle su personalidad, basándose en los documentos históricos. Este proceso se está
cumpliendo, aunque los bolivarianos resisten a matizar la imagen heroica del Libertador.
Además el presidente Hugo Chávez parece contribuir a la mitificación de Simón Bolívar.
Hace una decena de años que Chávez propuso “rebautizar al país con el nombre de
República Bolivariana de Venezuela” (Peregil, 2007). Como lo critica Elías Pino Iturrieta, “lo
que hizo Chávez fue resumir toda nuestra historia en un solo personaje y en una sola etapa
del país” (Peregil, 2007).

1.2. JUSTIFICACIÓN DEL CORPUS Y PRESENTACIÓN DE LOS AUTORES

Como acabamos de ver, Simón Bolívar es un personaje histórico que ya fue el personaje
principal de muchas novelas. De ahí que no era fácil seleccionar dos libros para la parte
analítica de esta tesina. Al leer algunas obras de G. García Márquez, me interesé por este
escritor colombiano y sentí curiosidad por descubrir lo que él hacía con el personaje
histórico de Simón Bolívar en su novela. De esta forma, El general en su laberinto (1989) fue
elegido de manera rápida para formar parte del corpus.

Buscando otros libros que podrían formar parte de mi corpus, encontré algunos libros
menos conocidos y comencé a leer la novela de Fernando Cruz Kronfly, La ceniza del

10
Libertador (1987). Había encontrado el nombre de este autor en algunas obras sobre la
(nueva) novela histórica, y además Seymour Menton (1993) contrasta esta novela con la de
García Márquez en su obra La nueva novela histórica de la América Latina. Descubrí que la
novela de Cruz Kronfly se desarrolla de manera totalmente distinta que la novela de García
Márquez. Los autores se aproximan a la figura de Bolívar de otra forma y toman otro punto
de partida lo que lleva a una perspectiva diferente (como veremos en la parte analítica).
Según Menton (1993) ambas novelas pertenecen a la categoría de la novela histórica
tradicional. Sin embargo, Magdalena Perkowska opina que El general en su laberinto no
pertenece a la serie de novelas históricas tradicionales, sino que es una novela histórica
‘distinta’ (2008: 27). Rivera (2008) reacciona de manera directa contra la afirmación de
Menton, diciendo que La ceniza del Libertador sí posee todos los rasgos para ser
caracterizada como una nueva novela histórica (2008: 23). Señala incluso que Menton no
da suficientes argumentos y que es por su propio gusto que no califique positivamente la
novela de Cruz Kronfly.

En consecuencia, tenemos dos puntos de vista en cuanto a la clasificación de las novelas.


Según Aínsa (1997) esta polémica es posible, ya que “no existe un modelo estético único de
la (nueva) novela histórica; hay una polifonía de estilos y modalidades narrativas” (1997:
13). Es precisamente por esta razón por la que hemos seleccionado estos dos libros, para
poder comprobar en qué medida cada una de estas novelas se asemeja más a una novela
histórica tradicional o a una nueva novela histórica.

A continuación, es conveniente presentar a los dos autores. Gabriel José García Márquez
nació el día 6 de marzo del año 1928 en Aracataca (una ciudad en el norte de Colombia) 7.
Los primeros años de vida estaban relacionados con sus abuelos maternos, ya que éstos lo
criaron. Cuando cumplió ocho años, su abuelo murió y Gabriel García Márquez se trasladó a
Sucre para vivir con sus padres. Comenzó los estudios de Derecho en la Universidad
Nacional de Bogotá, pero pronto descubrió que le gustaba más la literatura y empezó a leer
muchos libros con gran influencia y libros de la mitología clásica. En 1946 salió su primer
cuento de una serie de diez, La tercera resignación, editado por El Espectador. Continuó con
sus estudios de Derecho en la Universidad de Cartagena, aunque su trabajo como escritor
para el periódico cartagenero El jornal fue más importante. En 1950 se mudó a

7La información biográfica está basada en los sitios web del Premio Nobel y The Modern World (en la
bibliografía, infra página 70 , se encuentran los enlaces).

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Barranquilla para dedicarse definitivamente a la escritura. Allí acabó la novela La hojarasca
después de una visita a la casa de sus abuelos, donde fue criado. Desafortunadamente, la
editorial no quiso editar el libro en 1952. Tres años más tarde La hojarasca fue recuperada
por sus amigos y publicada en Bogotá. Después de algunos años agitados, trabajó de nuevo
para El Espectador y en 1953 García Márquez y Mercedes Barcha Pardo hacen público su
compromiso para casarse cinco años más tarde. En 1955 publicó La verdad sobre mi
aventura, por Luis Alejandro Velasco, una publicación que le causó el exilio, visto que fue la
confesión de un acto de corrupción por parte de Luis Alejandro Velasco. Durante su
estancia en Europa, viajó mucho y escribió gran parte de las novelas El coronel no tiene
quien le escriba (1961) y La mala hora (1962). En 1959 nació su hijo Rodrigo y toda la
familia se trasladó a Nueva York. Más tarde se fueron a México, donde fueron publicadas las
novelas El coronel no tiene quien le escriba (1961), Los funerales de la Mamá Grande (1962)
y La mala hora (1962). Con esta última novela García Márquez ganó el premio de la Novela
ESSO, después de adaptar el título provisional Esta ciudad de mierda y revisar la historia.
García Márquez tuvo que esperar hasta la publicación de Cien años de soledad (1967), con
la que ganó el Premio Rómulo Gallegos en 1972, para disfrutar de su verdadero éxito.
Asimismo, en 1972, se publicó La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su
abuela desalmada. En 1974 su novela Ojos de perro azul fue editada y un año más tarde
apareció El otoño del patriarca (1975), una colección de sus textos como periodista Cuando
era feliz e indocumentado (1975) y una recopilación de sus cuentos en Todos los cuentos
(1975). En 1981 Crónica de una muerte anunciada fue publicado y en el año siguiente
García Márquez recibió el Premio Nobel de Literatura, aunque en el año anterior tuvo
problemas por su influencia política en el gobierno presente. Igualmente en 1982 escribió
Viva Sandino, un escenario sobre la revolución en Nicaragua. Tres años después apareció
otra novela de gran éxito, El amor en los tiempos de cólera (1985), que según algunos
investigadores sería una representación de la relación entre sus padres. En 1989 García
Márquez publicó El general en su laberinto y unos años más tarde Doce cuentos peregrinos
(1992). De amor y otros demonios se publicó en 1994, seguido por Noticia de un secuestro
(1996), una novela que está marcado por la influencia del periodismo. Aunque el escritor
sufre de un cáncer linfático, García Márquez escribió últimamente Vivir para contarla
(2002), una autobiografía que narra su vida hasta el año 1955; Memoria de mis putas tristes
(2004), Yo no vengo a decir un discurso (2010) y, además, sigue activo en la dirección del
periódico colombiano Cambio.

12
Fernando Cruz Kronfly nació en Buga el 8 de abril de 19438. Pocos años después de su
nacimiento, su familia se trasladó a Cali, donde hizo el bachillerato en la comunidad de los
jesuitas. En 1968, un año después de graduarse en los estudios de Derecho y Ciencias
políticas en la universidad de la Gran Colombia, fue nombrado juez en la ciudad de Cartago.
Poco después volvió a Cali, donde sus primeros relatos Por estos tiempos santos y El café
amanecido de los funerales de Candelario Rosas fueron premiados en el Festival de Arte en
el año de 1969. En 1971 Fernando Cruz Kronfly se casó con Amparo Ángel y comenzó a
escribir su primera novela con el título provisional Zaguanes adentro, aunque todavía
siguió trabajando activamente como abogado. Tres años después le fue entregado el
Premio Nacional de Libro de Relatos por la universidad de Nariño. Asimismo, Cruz Kronfly
fue finalista del Concurso Latinoamericano de Cuento de México con el cuento Las
enmiendas como curaciones en el prójimo. En el año 1980 recopiló sus cuentos en un libro
con el título Las alabanza y los acechos y apareció la novela Falleba, con la cual obtuvo el
Premio Internacional de Novela Villa de Bilbao de España. Algunos años después, en 1984,
la editorial Oveja Negra publicó la primera novela que escribió con el título La obra del
sueño. Su tercera novela La ceniza del Libertador fue publicada en 1987 y la segunda
publicación apareció en 1995. La ceremonia de la soledad, la cuarta novela de Cruz Kronfly,
se publicó en 1992. Dos años más tarde fue editado el primer libro de pensamiento, que
colecciona textos escritos entre 1988 y 1993, con el título La sombrilla planetaria, ensayos
sobre modernidad y postmodernidad en la cultura. Pronto se presentó otro libro de ensayos
Amapolas al vapor (1996), esta vez con tema de la crítica literaria. En el mismo año le fue
entregado el Doctorado “Honoris Causa” en Literatura por parte de la Universidad del Valle.
Recibió la Medalla “Proartes” en Letras de la Fundación para la Promoción de las Artes en
el año 1997. Asimismo en este año Fernando Cruz Kronfly escribió La última noche de
Antonio Ricaurte, un cuento largo de temática histórica. En 1998 se publicaron las novelas
El embarcadero de los incurables, La caravana de Gardel e igualmente el tercer libro de
ensayos La tierra que atardece, ensayos sobre la modernidad y la contemporaneidad. Cruz
Kronfly escribió un poemario Abendland que se publicó en 2002, el mismo año en que
reescribió la novela Falleba para una segunda publicación. En 2007 apareció el cuarto libro
de ensayos bajo el título La derrota de la luz, ensayos sobre modernidad, contemporaneidad
y cultura. La última publicación de Fernando Cruz Kronfly fue la tercera edición de La

8La biografía de F. Cruz Kronfly está basada en la introducción de O. Mejía Rivera en La ceniza del Libertador
(2008: 49-52).

13
ceniza del Libertador (2008), publicada por la Universidad de Caldas como parte de la
colección ‘El otro canon de la literatura colombiana’.

1.3. PROPÓSITO DEL TRABAJO

Con esta tesina se pretende investigar en qué medida cada uno de los libros se inscribe en
el género de la novela histórica. Además queremos procurar en qué medida los rasgos
principales de la novela histórica tradicional y la nueva novela histórica, tienen influencia
en la representación de la figura de Simón Bolívar. Para poder responder adecuadamente a
esta primera pregunta de investigación, es imprescindible tratar primero ampliamente el
género de la novela histórica. En principio recorremos la historia del género, y luego vemos
las características fundamentales de la novela histórica tradicional. Además, habrá un
apartado que trata la novela neohistórica e intentaremos establecer una serie de rasgos
principales de este subgénero (tomando en cuenta la polémica que existe en torno a este
asunto). Al final de este primer capítulo intentamos proponer unas herramientas
adecuadas para la realización del análisis de una (nueva) novela histórica.

Mediante el esquema obtenido, podemos concretar esta teoría en la segunda parte de este
trabajo, mediante la investigación de dos libros: El general en su laberinto (1989) de G.
García Márquez por un lado y La ceniza del Libertador (1987) de F. Cruz Kronfly por otro.
En este capítulo analizaremos cada libro por separado, comprobando cuáles de las
características fundamentales de la novela histórica y la novela neohistórica se reconocen,
mediante el uso que se hace del narrador en el relato, la representación de los personajes y
el uso del tiempo. Por consiguiente, el objetivo de este apartado es el de averiguar si los
libros de García Márquez y Kronfly se inclinan más hacia la novela histórica tradicional o
más bien hacia la nueva novela histórica. Después de la lectura de los libros de nuestro
corpus, surgió la hipótesis de que el libro de García Márquez es más tradicional, porque el
uso del tiempo es bastante lineal, sin muchas sorpresas. Kronfly por otro lado, toma como
base, igualmente, el curso del tiempo de manera lineal. Pero él prefiere experimentar más
con las distorsiones en su novela y, por lo tanto, parece inclinarse más hacia la nueva
novela histórica. Sin embargo, ambos autores optan por un protagonista muy popular, lo
que es una característica importante en la novela neohistórica.

14
Esta comparación de los dos libros, nos ayudará para encuadrar la representación de la
figura principal de Simón Bolívar; puesto que la investigación del corpus nos sirve para
responder a la segunda pregunta de investigación: ¿cómo tratan los autores a la figura de
Bolívar, de qué manera representan al Libertador? En cuanto a esta segunda pregunta,
podemos igualmente ofrecer una hipótesis. Durante la lectura de El general en su laberinto
(1989) teníamos la impresión de que García Márquez intenta matizar la figura heroica e
idealizada del Libertador. El autor nos introduce directamente a la mente laberíntica del
General, así que al final podemos llegar a pensar que conocemos a Simón Bolívar
íntimamente. En La ceniza del Libertador (1987) de Cruz Kronfly, por otra parte,
encontramos a un protagonista que se está volviendo loco, en un ambiente que se puede
interpretar como surrealista. Por consiguiente, la representación del protagonista es
ambigua: por un lado se manifiesta constantemente la locura, pero por otro lado se
muestran las escenas íntimas que revelan los sentimientos y las emociones de Bolívar.

Para sintetizar, en esta investigación se pretende, en primer lugar, investigar si El general


en su laberinto (1989) y La ceniza del Libertador (1987) manifiestan características de la
novela histórica tradicional o la nueva novela histórica. Por ello, intentamos establecer un
esquema de rasgos característicos manejables para el análisis de los libros de nuestro
corpus. En segundo lugar, queremos investigar cómo ambos autores integran la ficción en
sus novelas y además cómo retratan al Libertador.

15
2. PARTE TEÓRICA: LA (NUEVA) NOVELA HISTÓRICA

2.1. HISTORIA DEL GÉNERO9

Walter Scott (1771-1823) creó los fundamentos básicos de la novela histórica moderna al
publicar su primera novela Waverly (1814). “Con la Revolución francesa y las posteriores
guerras napoleónicas, el pueblo comienza a tomar conciencia de su importancia histórica”
(Induráin, 1995: 17). Según Carlos Mata Induráin (1995: 18) podemos distinguir tres fases
en la evolución de la novela histórica: “los antecedentes más o menos cercanos antes de
Scott forman un primer grupo, después tenemos el fundador Walter Scott y una multitud
de imitadores en el siglo XIX y en el siglo XX podemos distinguir algunas novelas históricas
post-scottianas que son más diversificadas en sus técnicas y estructuras”.

La novela histórica scottiana es el producto de un amplio proceso de fusión de distintos


géneros literarios. De este modo, podemos ver la epopeya como precursora de la novela
histórica (Induráin, 1995: 21). Ambos géneros se interesan por la comunicación entre el
narrador y el receptor, describen vivamente las batallas y los combates y pueden enfocar la
lucha fronteriza o el enfrentamiento popular. De manera diferente, la épica mitifica
intensamente al héroe, mientras que los héroes de la novela histórica descienden de sus
pedestales para mostrar su cara humana y sensible. Con respecto a su parte histórica, la
novela histórica puede basarse en las obras historiográficas medievales como las crónicas y
las genealogías (Induráin, 1995: 23). La parte novelística, por lo contrario, encuentra
algunos de sus principios básicos en la novela de caballería y en los “romances noticiosos”
(Induráin, 1995: 26). Recoge de la novela de caballería algunas de sus técnicas (entre otros
el recurso de aumentar el grado de verosimilitud) y utiliza de vez en cuando las leyendas
en las que se basan los “romances noticiosos” (Induráin, 1995: 26).

Sin embargo, ninguna de estas obras tuvo suficientes posibilidades para originar el género
de la novela histórica. No fue antes de 1814, cuando el género de la novela histórica alcanzó
su éxito, con la publicación de Waverly, la primera novela de Walter Scott. Curiosamente
algunos años más tarde se publicó una novela anónima, Xicoténcatl (1826), que se puede
clasificar igualmente en la categoría de la novela histórica, pero se distancia del modelo de

9Este apartado sobre el género de la novela histórica está basada en La novela histórica: teoría y comentarios
de K. Spang (1995) y Reescribir el pasado: historia y ficción en América Latina de F. Aínsa (2003).

16
Scott (Rodríguez, 1991: 36). Esta novela anónima sigue más bien el esquema de Vigny: los
personajes y los acontecimientos históricos están en el plano primario y son verosímiles.
Según Alexis Márquez Rodríguez (1991: 36), resulta bastante difícil destacar los elementos
ficticios sin conocer muy en detalle la historia de los Xicoténcatl. Sin embargo, el carácter
novelístico se percibe fácilmente por “una serie de elementos de estilo, construcción del
relato y lenguaje”. De esta manera se puede justificar la fecha de 1826, que Seymour
Menton pone como fecha iniciadora de la novela histórica tradicional.

Inicialmente la novela histórica fue llamada la ‘novela romántica’ por las fuertes influencias
del espíritu romántico (Menton, 1993: 35). Este tipo de novela se inspira además en las
novelas de Walter Scott, las crónicas coloniales y en algunos casos también en el teatro del
siglo de Oro. A mediados del siglo XIX, surgió la novela realista en muchos países, aunque
todavía se publicaban algunas novelas históricas románticas (Menton, 1993: 36). Entre
1882 y 1915 la novela sufrió el impacto del modernismo y con el predominio del período
criollo se escribieron muy pocas novelas históricas.

En realidad, no fue antes de 1979, con la publicación de El arpa y la sombra de Alejo


Carpentier, cuando tenemos un nuevo auge en el campo de la novela histórica (Menton,
1993: 38). De hecho se trata del desarrollo de la llamada ‘nueva novela histórica’. Este
proceso se inicia en 1949 con la novela El reino de este mundo de Carpentier, que
demuestra claramente los rasgos de la nueva novela histórica (Menton, 1993: 39). Sin
embargo este subgénero de la novela histórica no florece antes de 1980 en los países no
latinoamericanos.

Este interés especial por la historia en la literatura hispanoamericana puede explicarse por
la búsqueda de identidad después del proceso de la independización (que además de
producir un impacto político, causó un efecto psicológico que surgió algunos años después
de la independencia). Como lo explica Fernando Aínsa (1991: 13) los novelistas tenían la
necesidad de “incorporar el pasado colectivo al imaginario individual”. En el período de la
independización se cuestiona la historia oficial y de esta manera surge el método de releer
críticamente la historia. Aínsa afirma que “buena parte de la ficción actual propone una
relectura desmitificadora del pasado a través de su reescritura” (1991:13). Dicho de otro
modo, los escritores hispanoamericanos reescriben la historia (en busca de su identidad),
admitiendo una visión crítica y una variedad de versiones e interpretaciones de los hechos.

17
2.2. ¿QUÉ ES UNA NOVELA HISTÓRICA?

Después de una breve introducción sobre el origen de este género novelesco, trataremos de
llegar a una definición unívoca del término ‘novela histórica’. Para obtener este propósito
es necesario, primero, trazar los límites del género. Recurrimos a la enumeración de los
géneros limítrofes, que propone Kurt Spang (1995: 25). Por un lado tenemos las memorias,
el diario, la (auto)biografía, la crónica y la leyenda, que son géneros no exclusivamente
literarios. Por otro lado se encuentran los géneros exclusivamente literarios como la
epopeya y la canción de gesta, el romance, la novela de sociedad, la novela de actualidad y
la de aprendizaje, entre otros.

Segundo, investigamos los términos que consta el nombre del género (novela histórica), es
decir, analizamos por separado el significado de las palabras ‘novela’ e ‘histórica’ para
poder identificar lo que es exactamente una novela histórica. En el pasado la novela y la
historia fueron vistas como antónimas y para aclarar la antigua distinción entre literatura e
historia, recurrimos a un fragmento de Cervantes en El ingenioso hidalgo Don Quijote de la
Mancha (1987: 61)10:

Uno es escribir como poeta y otro como historiador;


El poeta puede contar o cantar las cosas, no como fueron,
Sino como debían ser; el historiador las ha de escribir,
No como debían ser, sino como fueron,
Sin añadir ni quitar a la verdad cosa alguna.11

Como lo explica Cervantes, el novelista cuenta las cosas “como debían ser”, mientras que el
historiador escribe las cosas “como fueron”12. Allí surge la noción de ‘la verdad’: la historia
no cuenta otra cosa más que la verdad y la realidad, la literatura, en contra, cantaba hechos
inventados y tenía la imagen de no ser verídico. Sin embargo, la literatura puede basarse
en la historia y en la realidad e, incluso, en algunas situaciones puede llegar a ser una
fuente para el conocimiento histórico. En las palabras de Fernando Aínsa (1997: 111): “la

10 Fragmento citado en Induráin (1995, 11).


11 Cervantes, M. 1987. “Don Quijote, II, Capítulo 3: Del ridículo razonamiento que pasó entre don Quijote,
Sancho Panza y el bachiller Sansón Carrasco.” El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. Madrid: Editorial
Castalia, 58-66.
12 En el poema hemos subrayado algunas palabras para indicar la importancia para el análisis que sigue a

continuación.

18
poesía puede cumplir una misión, puede ser un complemento posible del acontecimiento
histórico”.

En este caso, podemos hablar de la novela histórica cuyo objetivo es el de juntar la


literatura y la historia. La novela histórica recoge elementos importantes de ambos
géneros. Así por ejemplo la novela histórica exige del novelista un trabajo de
documentación más o menos minucioso, igualmente debe ser cuidadoso como el
historiador que procura sus fuentes y datos (Induráin, 1995: 39). Otro enlace fuerte entre
la literatura y la historia consta en el hecho de que “ambos intentan comprender la
condición del hombre a través de sus posibilidades concretas de vida” (Aínsa, 1991: 31). No
obstante, la literatura se centra en los hechos individuales y los detalles para mostrar en su
obra “el gran panorama de la condición humana” (Hoyos, 1997: 122), mientras que la
historia asume una perspectiva política y social, nacional, regional o universal hacia los
relatos colectivos (Aínsa, 2003: 58).

Aunque tanto la historia como la ficción intentan “reconstruir y organizar la realidad a


partir de componentes pre-textuales” (como lo son los acontecimientos) (Aínsa, 1997:
112); resulta muy diferente la finalidad que se muestra en sus discursos. El discurso
historiográfico se caracteriza por la convención de la veracidad. En otras palabras, un
historiador aspira a la búsqueda de la verdad, que implica “una separación del sujeto que
relata y el objeto relatado” (Aínsa, 2003: 53). De este modo, podemos definir este discurso
como unisémico e inequívoco (Aínsa, 2003: 53). Contrariamente, el discurso ficcional se
caracteriza más bien como un discurso plurisémico y equívoco (Aínsa, 2003: 53). Además
es un diálogo cerrado que evoca la ilusión referencial, es decir, lo cotidiano se incorpora a
la ficción para aumentar la veracidad (Aínsa, 2003: 53). Los novelistas que toman esta
convención de ficcionalidad como principio, se caracterizan por tener dos tipos de
intenciones (Aínsa, 2003: 54). La intención introspectiva o intimista incorpora la historia
en la ficción como ‘un proceso interno’. En estos relatos el elemento histórico se
personaliza y se destaca “la intimidad de los acontecimientos” (Aínsa, 2003: 55), de esta
manera la historia se vive desde dentro (como lo dice Amado Alonso [Aínsa, 2003: 51]). El
segundo tipo de intención es la forma testimonial o realista de la historia. Cuando un
narrador tiene esta intención objetiva-realista, el resultado debe ser una “conciencia aguda
de la temporalidad y un reflejo de la época que se describe y también del período que
determina el presente del autor” (Aínsa, 2003: 56).

19
A pesar de las distinciones claras que se presentan entre historia y ficción, la novela
histórica consigue unir elementos de ambos géneros. Más en concreto, las novelas
históricas toman como base los acontecimientos históricos y desempeñan sobre estos
hechos un proceso de ficcionalización (Rodríguez, 1991: 41). La historia se presta
fácilmente como base de la literatura, porque en la historia “ya está inscrito el drama
humano y no hace falta la invención de situaciones y personajes” (Larios, 1997: 130). En
cuanto a este uso de la historia, Carlos Mata Induráin (1995: 36) recurre a una cita de
Butterfield (1924: 7): “la novela histórica puede ser fiel a la historia, sin ser fiel a los
hechos”, para explicar que “la novela puede no ser cierta en los detalles, pero sí en el
espíritu, respetando el marco y alterando el cuadro” (Induráin, 1995: 36). Como la novela
histórica combina elementos ficticios con los históricos, es importante que el autor
establezca un equilibrio entre la historia y la ficción. Alexis Márquez Rodríguez (1991: 33)
declara que el relato tiene que ser “un entrecruce de sucesos y personajes históricos con
otros ficticios, inventados por el novelista”. En consecuencia surge el problema de
introducir personajes históricos en el relato primario o bien como telón de fondo. Walter
Scott insistió en que el autor tenía que situar los personajes históricos en un segundo plano
y construir de este modo un telón de fondo con carácter histórico sobre el que se
reproduce la historia de los personajes principales ficticios (Rodríguez, 1991: 34). Algunos
años después, Alfred Vigny (1797-1863) defendió la opinión contraria: un autor debía
poner los sucesos y los personajes histórico-reales en primer plano y lo ficticio en el
segundo plano (Rodríguez, 1991: 34). Esta idea contrastó con la lógica de inventar los
personajes principales para poder jugar de este modo con los sentimientos y las pasiones
que se presentan en el relato (Rodríguez, 1991: 34). Algunas décadas más tarde, Arturo
Uslar Pietri, como primer novelista, se atrevió a combinar los personajes históricos y los
ficticios en el plano principal del relato en su novela Las lanzas coloradas (1931)
(Rodríguez, 1991: 44).

La novela histórica se distingue de las demás novelas por reconstruir la época en la que se
sitúa su acción. Por lo tanto, Seymour Menton (1993: 31) define la novela histórica como
una novela cuya acción se ubica totalmente, o por lo menos principalmente, en el pasado.
Por consiguiente surgen las preguntas ¿qué período podemos denotar como ‘pasado’? y
¿dónde exactamente hay que trazar el límite entre ‘el pasado reciente’ y ‘el pasado’? Kurt
Spang (1995) y Seymour Menton (1993) insisten ambos en el hecho de que, el autor no

20
puede haber experimentado personalmente este pasado que describe en su obra. Así que
tenemos una distancia entre el narrador y los hechos históricos de al menos una
generación. Otro rasgo importante para distinguir entre una novela y una novela histórica,
es la intención que tiene el autor de presentar una determinada época (Induráin, 1995: 14)
y el proceso de ficcionamiento que sufren los personajes y los acontecimientos históricos
(Rodríguez, 1991: 41).

Ahora podemos preguntarnos: ¿por qué opta la novela histórica por este enfoque histórico?
O mirando desde una perspectiva más amplia: ¿por qué se escriben novelas históricas?
Para contestar a esta pregunta, conviene destacar el “carácter ejemplar” (Induráin, 1995:
30) de las novelas históricas. Por un lado, reconocemos en estas novelas los grandes
valores y sentimientos, que se presentan de manera universal. Por otro lado, la novela
histórica sirve para llamar nuestra atención sobre el pasado. “Cuanto mejor conozcamos
nuestro pasado, mejor entenderemos nuestro presente; y cuanto mejor comprendamos
nuestro presente, en mejores condiciones estaremos para afrontar felizmente nuestro
futuro”, como lo explica claramente Carlos Mata Induráin (1995: 30). Así que la novela
histórica está vista como un ejemplo de nuestro modo de vida y nos ayuda a adquirir
conocimientos importantes sobre el ser humano (Induráin, 1995: 29). Además Fernando
Aínsa (1997: 113) expone que la literatura, es capaz de reflejar mejor la ‘complejidad
histórica’, hasta tal punto que “los datos estadísticos y las informaciones objetivas han
resultado secundarios frente al poder evocador de las imágenes y las sugerencias de una
metáfora”.

No obstante, la visión que la novela histórica nos ofrece, puede ser afectada por los
pensamientos y el punto de vista del autor mismo (Induráin, 1995: 30). En grado extremo,
la novela puede sufrir un “proceso de politización” (Induráin, 1995: 31) y convertirse en un
instrumento para expresar la crítica por parte del autor o incluso puede ser utilizada para
fines político-ideológicos y se transforma, por lo tanto, en una manifestación de
propaganda.

En conclusión, la novela histórica contribuye a “la reflexión sobre el género humano”


(Induráin, 1995: 47). Así pues, u ofrece una visión bastante objetiva del pasado o bien el
relato queda afectado por la política o la ideología de la época. De todas formas, la novela
histórica sigue siendo fruto de su época y nos muestra una cara del pasado (puesto que la

21
literatura a menudo es considerada como fuente de información sobre la “mentalidad y
sensibilidad de una época” [Aínsa, 1997: 113]).

2.3. LOS RASGOS PRINCIPALES DE LA NOVELA HISTÓRICA TRADICIONAL

A continuación trataremos los seis rasgos fundamentales de la novela histórica, los que
describe Kurt Spang en su artículo Apuntes para una definición de la novela histórica (1995:
73-85).

Un primer elemento importante en las novelas históricas es el narrador, visto que él es el


punto de partida por la historia que se cuenta. El narrador puede quedarse anónimo o, al
contrario, puede identificarse claramente como narrador o editor de un texto dictado. Dos
conceptos que están relacionados con el narrador, son el momento de la enunciación y la
implicación del narrador. El momento de la enunciación es de gran importancia para el
lector. Es imprescindible identificar bien este momento ficticio para que el lector sepa
dónde se coloca el narrador en el tiempo y en el relato. El narrador puede encontrarse en el
primer nivel de narración o en un segundo nivel (intradiegético o extradiegético), puede
ser un personaje en el relato o quedarse fuera del relato (homodiegético o heterodiegético)
(Genette, 1989). El segundo concepto trata de la implicación del narrador. Con este
concepto Spang (1995: 76) quiere enfatizar que el autor debe “tomar partido y
comprometerse con las figuras y los acontecimientos”. La implicación no necesariamente
ha de formularse explícitamente, no obstante en “bastantes casos el partidismo del autor es
evidente y quizá incluso demasiado visible” (Spang, 1995: 77), hasta tal punto que no
queda ningún espacio para que el lector pueda formar una opinión personal. Esta
implicación puede mostrarse en las alteraciones de focalización que maneja el autor. De
esta forma puede alejarse o acercarse a los hechos y los personajes. De todos modos,
conviene estar prudente con esta implicación sugerida por Spang, puesto que la
implicación del autor en el relato indica una relación entre el pasado narrado y el presente
del autor. Esta relación íntima y compleja entre el autor, el pasado y el presente,
posiblemente lleve el lector a pensar que el autor expresa alguna crítica (sobre el pasado o
el presente). A pesar de todo, no sabemos nunca con seguridad si el autor en realidad tuvo
la intención de expresar una crítica sobre su propia época o si esta idea de crítica ha sido
impuesta en el texto por otros. Spang (1995: 77) indica bien la dualidad que debemos ver
en una novela histórica: “una cosa es juzgar los acontecimientos y situaciones narrados y
otra la crítica implícita que pueda contener la evocación de épocas remotas”.

22
El segundo elemento constructivo de la novela histórica es la caracterización de los
personajes. Por un lado, hay “figuras significadoras”, es decir, personajes ficticios o
anónimos; por otro, aparecen “figuras representadoras”, estas son los personajes históricos
y reales. Los personajes de ambos tipos (significadores y representadores) están bajo el
dominio del autor: él está libre de atribuir características o añadir anécdotas “siempre y
cuando respondan al en torno y el ambiente de la novela” (Spang, 1995: 78). Aquí conviene
recordar el carácter bivalente de la novela histórica: este tipo de novela recoge elementos
tanto de la historiografía como de la ficción. Como hemos indicado anteriormente,
hablando de la definición de una novela histórica, insistimos en el hecho importante de que
el autor debe buscar un equilibrio entre la ficción y la historia. Este equilibrio se muestra ya
en el tratamiento de los personajes. Debe haber un equilibrio entre los personajes
significadores y los representadores para establecer una base equilibrada en la que se
funde la novela en su totalidad.

La utilización del tiempo es un tercer elemento fundamental. La novela histórica se


caracteriza por enfocar en un período histórico particular y manejar los acontecimientos
históricos y los personajes auténticos. El componente temporal resulta muy importante
para la percepción de la novela histórica por parte del lector, dado que el tiempo suele ser
interpretado como representativo de la época que se describe. Aunque el tiempo está
determinado mucho por la historia y apenas admite modificaciones que no influyen en la
historia auténtica, el autor sí tiene las posibilidades de jugar con el tiempo mediante saltos
cronológicos, sumarios, elipsis o analepsis (retrospección). Este aspecto temporal de la
novela histórica rige del lector una mayor complicidad que los otros elementos básicos. Así
que “cuanto más conocimientos históricos tenga el lector, mejor podrá apreciar el
entramado tejido” (Induráin, 1995: 38) y es posible hacer juegos temporales más flexibles
(Spang, 1995: 80).

Un componente muy ligado al tiempo es el espacio que se representa en la novela histórica.


El elemento espacial puede sufrir aun menos modificación o ficcionalización, porque los
lectores conocen bastante bien el espacio de un período histórico determinado. Por
consecuencia, el autor tiene que ser fiel a la representación de los espacios exteriores, pero
tiene más libertad en cuanto a los espacios interiores. Para crear una perspectiva espacial
más amplia, el autor puede añadir desplazamientos físicos y, de este modo, describir varios
espacios. Este método de “espacios múltiples” parece ser muy productivo en las novelas

23
históricas (según nos informa Kurt Spang, 1995: 81), porque el autor puede asumir de tal
forma el poliperspectivismo y la verosimilitud de los acontecimientos.

Los últimos dos rasgos son menos importantes para la construcción de la base de la novela
histórica, pero no son insignificantes y pueden tener un impacto en la interpretación de la
novela. Uno de estos dos elementos es el lenguaje. Los autores de las novelas históricas no
suelen escribir sus novelas por completo en el lenguaje de la época o del país, visto que esto
sería un trabajo muy exhaustivo y además no agradable para el lector. Una solución puede
ser que el relato se escribe en la lengua materna del autor y de vez en cuando se integran
unas formas arcaizantes o dialectales. Según Kurt Spang (1995: 83) “la fidelidad al idioma
original solo se exige en los intertextos, en documentos o testimonios de la época y del país
en cuestión”.

El último elemento constructivo de la novela histórica es la representación de la totalidad.


Según Kurt Spang (1995), existen dos tipos de novelas que representan de modo opuesto el
relato histórico. Por un lado, hay la novela histórica ilusionista, que presenta la historia
como una totalidad continua. En estas novelas el autor da la impresión de que los
acontecimientos forman un conjunto coherente y crea de tal forma “la ilusión de un mundo
total y autárquico en el que el lector puede entrar olvidándose del suyo” (Spang, 1995: 69).
Además el narrador se caracteriza por su actitud de negación de las consecuencias de los
hechos narrados. Por otro lado, se escriben novelas históricas antiilusionistas, que
reaccionan contra las ilusionistas. En las novelas antiilusionistas se enfatiza la falta de
coherencia en la historia. Por consiguiente, el trabajo del autor consta de seleccionar y
ordenar los hechos y además dar sentido a la historia. Este sentido es “provisional,
falsificable o por lo menos modificable” (Spang, 1995: 70). El autor quiere evitar la ilusión
de totalidad y justamente despertar al lector. Por eso, no tiene miedo de advertir al lector
las incongruencias que él no sabe explicar.

2.4. LAS CARACTERÍSTICAS DE LA NUEVA NOVELA HISTÓRICA

Con El arpa y la sombra (1979) de Alejo Carpentier, se realiza un nuevo auge de la novela
histórica. Este tipo de novela es una evolución de la novela histórica tradicional y se
caracteriza por “un nuevo uso y una nueva percepción del discurso histórico en la
literatura latinoamericana: ya no una reconstrucción de los hechos pasados, sino una
construcción e interpretación de macroestructuras en las que se encierra una visión global

24
del destino continental” (Perkowska, 2008: 21). Por lo tanto se llama la ‘nueva’ novela
histórica, porque posee nuevos rasgos que no se encuentran en la novela histórica
tradicional. Este nuevo tipo de novela histórica está bajo la influencia de “dos convenciones
distintas y contradictorias” (Grützmacher, 2006: 152): por un lado toma algunas
características de la novela histórica tradicional, por otro lado se remonta a la literatura del
‘boom’. Sin embargo, todavía se publican novelas históricas tradicionales. En lo que sigue
trataremos de describir los rasgos de la nueva novela histórica tal como lo hicimos para la
novela histórica tradicional. Estos rasgos están descritos por dos autores contemporáneos.
Por un lado, nos informa Seymour Menton sobre este subgénero, destacando seis
características en su obra La nueva novela histórica de la América-Latina (1993). Por otro
lado, Fernando Aínsa establece en Reescribir el pasado (2003) una serie de nueve
características.

Según opina Seymour Menton (1993: 42), una nueva novela histórica se caracteriza por la
“subordinación en distintos grados de la reproducción mimética a la presentación de
algunas ideas filosóficas”. Algunos temas filosóficos que se pueden representar son el
carácter cíclico de la historia y la imprevisibilidad de esta historia o la cuestión de poder
conocer profundamente o no la realidad. Segundo, es importante interrumpir
conscientemente el relato histórico por medio de recursos literarios (tal como la omisión,
la exageración, el anacronismo). Según Menton, es además importante “la ficcionalización
de personajes históricos a diferencia de personajes ficticios” (Víu, 2007: 172). El cuarto
rasgo característico es la presencia de la metaficción, así que el pasado representado
incluye algunos comentarios sobre el presente y sobre la construcción del relato. Menton
aporta también importancia a la intertextualidad y finalmente señala que el último rasgo es
el uso de los conceptos bajtinianos (lo dialógico, lo carnavalesco y la parodia) en las nuevas
novelas históricas. El elemento dialógico puede presentarse en la oferta de dos visiones
distintas sobre los sucesos narrados. Lo carnavalesco se reconoce en las exageraciones
humorísticas. Igualmente, la parodia es un elemento importante en las nuevas novelas
históricas, tal como la heteroglosia (el uso de una multiplicidad de textos).

Fernando Aínsa establece un conjunto de nueve características, de las cuales algunas


coinciden con los rasgos mencionado por Menton. Un primer rasgo que indica Aínsa (2003:
84) es “la relectura y el cuestionamiento del discurso histórico-gráfico oficial” y cuestionar
la legitimidad de esta historia. La relectura puede ser el historicismo-crítico, que relee el

25
pasado en función del presente, o sea, una lectura que intenta dar sentido al presente
actual a partir de una “visión crítica del pasado” (Aínsa, 1997: 114). Otro tipo es la
relectura para “recuperar un origen o justificar la identidad”. En otras palabras, según
Aínsa (1997: 115) la relectura sirve para “asaltar la historia o para humanizar a los
‘hombres de mármol’”. Segundo, Aínsa (2003: 86) informa sobre “la abolición de la
‘distancia épica’ de la novela histórica tradicional”. Esta distancia épica se elimina gracias a
algunos recursos literarios y provoca la humanización de los héroes. Este proceso lleva a
otro elemento básico de la nueva novela histórica: la deconstrucción de los mitos
fundamentales de una nación. El cuarto elemento retoma la discusión sobre el equilibrio
entre historia y ficción que las novelas históricas deben establecer. Por un lado, el relato se
basa en la historia, por eso el autor debe considerar el valor histórico de los
acontecimientos y comportarse como historiador en la búsqueda de información. Por otro
lado, tenemos la influencia de la ficción, que en algunas novelas (que carecen de fuente
documental) forma la mayor parte del relato. Como quinta característica Aínsa (2003: 96)
pone la superposición de los tiempos: según él una nueva novela histórica consta de un
tiempo básico (el presente de la narración) sobre el cual coinciden otros tiempos (por
ejemplo el pasado o el futuro). Otro rasgo al que Aínsa (2003: 100) atribuye mucha
importancia es la multiplicidad de puntos de vista. De esta manera no se construye una
verdad histórica, sino se cuestiona la historia y se ofrecen varias interpretaciones posibles.
Este poliperspectivismo puede manifestarse por ejemplo en la reescritura de la historia
vista desde los ojos de un personaje en particular que ofrece su punto de vista. El séptimo
rasgo que Aínsa (2003: 102) atribuye a la nueva novela histórica corresponde con el
problema del lenguaje, que pone Menton como característica de la novela histórica
tradicional. Las nuevas novelas históricas igualmente pueden manejar la “glosa del texto
auténtico” en un texto escrito en un lenguaje moderno. Mediante la penúltima
característica, Aínsa (2003: 105) señala las formas que puede adoptar una reescritura.
Distingue tres posibilidades: el arcaísmo, el pastiche y la parodia. Por medio de un
arcaísmo el autor quiere establecer un “retorno literal a lo que era la escritura del pasado”.
Un pastiche, en contra, se basa en los modelos arcaicos pero forma algo suyo con esta base
literaria. La parodia va aun más lejos, haciendo “evidente la imposibilidad del ‘mimetismo’
integral” (Aínsa, 2003: 107). Por lo tanto, la parodia intenta establecer una relación con su
modelo que puede describirse como ‘crítica y homenaje’. En fin, una reescritura paródica

26
no siempre debe llegar a una imitación burlesca. El último elemento que propone Aínsa
(2003: 110) es la posibilidad de la reescritura de otra novela histórica.

Resumiendo, ofrecemos una enumeración esquemática de los rasgos principales que nos
proponen Seymour Menton y Fernando Aínsa, para poder mostrar, a continuación, los
rasgos coincidentes. Menton (1993) destaca los seis rasgos siguientes: la subordinación de
la reproducción mimética, la distorsión de la historia, la ficcionalización de los personajes,
la metaficción, la intertextualidad y los conceptos bajtinianos (lo dialógico, lo carnavalesco
y la parodia).

Aínsa (2003) por su parte, pone énfasis en estos nueve rasgos: la relectura de la historia, la
abolición de la distancia épica, la deconstrucción de los mitos fundamentales, el equilibrio
entre elementos históricos y ficticios, la superposición de los tiempos, la multiplicidad de
puntos de vista, el lenguaje, las formas de una reescritura (el arcaísmo, el pastiche y la
parodia) y la reescritura de otra novela histórica.

Cuando revisamos las dos series de características de Menton y Aínsa, podemos sacar
algunos elementos que ambos mencionan y que, consiguientemente, forman la base
fundamental para una nueva novela histórica. En concreto, se trata de la importancia de la
intertextualidad (que el autor utiliza para establecer un conjunto de “conocimientos
previos” [Larios, 1997: 134]), la presencia de la metaficción o ‘autorreferencialidad’, la
distorsión del relato, el distanciamiento paródico y el poliperspectivismo.

2.5. LA POLÉMICA SOBRE LA (NUEVA) NOVELA HISTÓRICA

Como acabamos de ver, los críticos literarios no siempre están de acuerdo sobre los rasgos
que definen exactamente una novela histórica tradicional o una novela neohistórica.
Además, V. Grinberg Pla (2000) plantea la cuestión si la llamada nueva novela histórica se
puede considerar en realidad como un nuevo género o si debemos caracterizarla más bien
como una renovación del género existente de la novela histórica tradicional. L.
Grützmacher (2006: 146) afirma que la frontera entre la novela histórica tradicional y la
nueva novela histórica es borrosa. Según él, esto es debido a que, en las últimas décadas,
muchos autores pertenecientes al género de la novela histórica, “juegan con las
convenciones”, de modo que a base de este criterio ya no se puede distinguir entre una
novela histórica tradicional y una neohistórica (2006: 146). Los rasgos que ofrece Seymour
Menton (1993) no limitan claramente los dos tipos de novelas históricas, según L.

27
Grützmacher, puesto que “en la mayoría de los novelas históricas ‘tradicionales’ podemos
encontrar algunos de los seis rasgos de la ‘nueva novela histórica’ [...] y, en segundo lugar,
las ‘nuevas’ novelas históricas de la lista de Menton ejemplifican los seis rasgos en muy
diferente medida [...]” (2006: 147).

En relación con esta preocupación sobre la distinción entre género y subgénero, se


desarrolló una polémica sobre el nombre de este nuevo tipo de novela histórica. G. Lukács
(1969) llama “nuevas” las novelas históricas contemporáneas de los humanistas. Sin
embargo, Menton (2003) categoriza estas novelas en la lista de novelas históricas
“tradicionales” y aplica el título de “nueva” novela histórica a una serie determinada de
libros recién editados. Aínsa (2003), por su parte, utiliza el término de “nueva” novela
histórica por todas las novelas escritas desde fines de los años ’70 (Grützmacher, 2006:
147). L. Grützmacher (2006: 149) propone suprimir los adjetivos “tradicional” y “nueva” y
sugiere “hablar de dos polos entre los que se sitúa cada texto” (2006: 149). En este aspecto
sigue la teoría de E. Sklodowska, que plantea que la fuerza centrípeta “dirige el discurso
novelesco hacia la construcción de una visión fidedigna y coherente del pasado”
(Grützmacher, 2006: 149), mientras que la fuerza centrífuga deconstruye “cada discurso
que tenga pretensiones de ser una reconstrucción verdadera del pasado” (Grützmacher,
2006: 149). De esta forma, cuando predomina la fuerza centrípeta la novela corresponderá
más bien a la forma “tradicional” de la novela histórica; mientras que la fuerza centrífuga
dirige la novela más bien hacia la “narrativa postmoderna” (2006: 149).

En el presente trabajo optamos por la interpretación de Menton (1993) la de Aínsa (1997)


respecto a la distinción novela histórica tradicional y la neohistórica. Siguiendo la opinión
de Menton, postulamos que la distinción entre la novela histórica tradicional y la nueva
novela histórica no coincide con una tendencia literaria. Conforme Aínsa (1997), la novela
histórica consta de “una polifonía de estilos y modalidades narrativas” (1997: 11) (véase
también supra en la página 11). Por consiguiente, opinamos que se debe investigar cada
libro por separado, comprobando cuáles y cuántos rasgos están presentes, para poder
decir si es una novela histórica tradicional o nueva. Esta decisión se toma en función de
nuestro corpus: siguiendo la opinión de Menton, podemos comprobar los rasgos
anteriormente expuestos para definir más detalladamente las correspondencias y las
divergencias entre las novelas de nuestro corpus.

28
Además queremos incorporar la idea de Grützmacher, de las dos fuerzas que dirigen una
novela más hacia un lado o más hacia otro. Acreditamos que la novela histórica se
encuentra en un eje horizontal que resulta por un lado (la izquierda) en la novela histórica
tradicional y por otro lado (la derecha) en la nueva novela histórica. De esta manera, las
novelas que pertenecen al género de la novela histórica, se pueden mover más hacia la
izquierda y son por tanto más tradicionales, o pueden ser más innovadoras y entonces se
colocan más hacia la derecha. Esta imagen de la novela histórica como una escala de
grados, puede resultar útil en el capítulo siguiente que pretende analizar formalmente los
libros del corpus e indicar si un libro se encuentra más hacia el lado izquierdo o hacia la
derecha.

2.6. CONCLUSIÓN DEL CAPÍTULO: HERRAMIENTAS DE ANÁLISIS PARA EL TRABAJO

Antes de pasar al análisis concreto de las novelas de nuestro corpus, conviene seleccionar
los elementos más pertinentes para formar la base este análisis, visto que, por razones de
extensión de nuestro trabajo, no podemos tratar todos los rasgos detalladamente. No
obstante, referiremos a otros rasgos no seleccionados cuando es conveniente para ofrecer
una imagen más clara de la novela en su totalidad.

De los seis rasgos que propone Kurt Spang (1995), retenemos tres elementos para el
análisis que sigue a continuación: la función del narrador, la caracterización de los
personajes y el uso del tiempo. En cuanto al uso espacial, hablaremos en análisis de El
general en su laberinto sobre el espacio en los momentos adecuados, ya que el espacio se
liga fácilmente con otros factores importantes. En el análisis de La ceniza del Libertador
dedicaremos un apartado pequeño a la función del espacio en esta novela, puesto que es un
elemento distintivo en la comparación de ambas novelas. Aunque el lenguaje es un rasgo
interesante para examinar, no vamos a dedicar nuestro análisis a este rasgo. Puesto que
por un lado, el uso del lenguaje superficial no difiere: es decir, ambos autores escriben en
un español estándar, pero de vez en cuando introducen algunos regionalismos. Por otro
lado, observamos que García Márquez utiliza un lenguaje más sencillo, mientras que Cruz
Kronfly emplea una “prosa poética” (Rivera, 2008: 15). A consecuencia, sería un trabajo
difícil comparar el lenguaje de las dos novelas. Sin embargo, señalamos brevemente
algunas características de la “prosa poética” de Cruz Kronfly en el análisis (infra página 47).
El último rasgo que propone Spang, la dualidad entre novelas ilusionistas y antiilusionistas,
no parece ser una herramienta útil para el análisis de nuestro corpus.

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Los rasgos seleccionados de la enumeración de Seymour Menton (1993) por un lado y
Fernando Aínsa (2003) por otro, son los siguientes: la multiplicidad de los puntos de vista,
la ficcionalización de los personajes y la distorsión del relato. Negamos la propuesta de
Menton de investigar las ideas filosóficas presentes en la obra, porque este rasgo no es
pertinente para un análisis que pretende investigar formalmente las obras del corpus.
Tampoco es pertinente la parodia, dado que no está presente en los libros de nuestro
corpus. Aunque en la novela de Cruz Kronfly está presente la metaficción (como veremos
más adelante), no tomamos este rasgo como elemento básico de nuestro análisis, visto que
no es pertinente para el análisis contrastivo de nuestro corpus. De los rasgos propuestos
por Aínsa (2003) eliminamos el uso del lenguaje, por las mismas razones expresadas
anteriormente (supra en la página 29). Aunque se reconocen vestigios de intertextualidad
en las obras de nuestro corpus (por ejemplo la novela de Kronfly hace pensar en la técnica
narrativa de Cortázar, más en específico pensamos en la obra Casa tomada13), preferimos
no utilizar este rasgo en el análisis. La investigación de las referencias intertextuales es un
trabajo muy amplio y además tenemos en cuenta la constatación hecha por Grützmacher
(2006), que postula que en realidad toda novela histórica es intertextual. La relectura del
discurso oficial, la deconstrucción de los mitos y el equilibrio entre historia y ficción serán
tratados más adelante, cuando hablaremos sobre la representación de la figura del
protagonista en los dos libros de nuestro corpus (infra a partir de la página 57).

En realidad los rasgos seleccionados de la serie de características de la nueva novela


histórica descritas por Menton (1993) y Aínsa (2003) equivalen a los elementos retenidos
de los rasgos propuestos por Spang (1995). De este modo tenemos tres herramientas de
análisis: el punto de vista del narrador (un narrador único o poliperspectivismo), la
caracterización de los personajes y el uso del tiempo (la historia es lineal o está
distorsionada). Estas herramientas nos van a ayudar para indicar si las obras de nuestro
corpus se acercan más al extremo de la novela histórica tradicional, o inclinan más hacia la
nueva novela histórica.

13La semejanza se establece sobre todo por el uso de los ruidos en ambas obras: tanto en La ceniza del
Libertador como en La casa tomada surgen ruidos que dirigen el curso del relato. Estos ruidos dan miedo a
los protagonistas, aunque no intensifiquen. Además en ambas obras el problema se resuelve de repente, lo
que provoca un fin un poco extraño. A nuestro modo de ver, esta línea de intertextualidad nos parece
interesante; no obstante, en esta tesina no hay lugar para elaborar los vestigios intertexuales de manera
profunda.

30
3. PARTE ANALÍTICA: HISTORIA Y FICCIÓN
Antes de empezar con el análisis hemos seleccionado algunos artículos (que se encuentran
en la lista bibliográfica al final del trabajo), para fundamentar nuestra exposición.
Observamos que el libro de García Márquez está aparentemente más investigado que el
libro de Kronfly. Este hecho confirma que la novela La ceniza del Libertador no es tan
conocida como El general en su laberinto y esto refuerza nuestra decisión de oponer en
nuestro corpus un libro muy popular con otro menos conocido.

El capítulo anterior nos ha dirigido hacia la selección de tres elementos de gran


importancia para indicar si las novelas de nuestro corpus son más tradicionales o si se
inclinan más hacia el tipo de la nueva novela histórica. Antes de pasar al análisis de nuestro
corpus, repasamos brevemente las características de cada rasgo en una novela histórica
tradicional y en una nueva novela histórica. El primer rasgo es el punto de vista del
narrador. Las novelas históricas más tradicionales suelen optar por un único narrador,
muchas veces omnisciente, que puede dirigir el relato. Por lo contrario, en las novelas
neohistóricas los autores prefieren el poliperspectivismo. De esta forma, introducen varias
voces en el relato para ofrecer una gama de interpretaciones de los hechos y cuestionan la
historia oficial.

Otra herramienta de análisis es la caracterización de los personajes. Nos focalizamos


particularmente en el protagonista Simón Bolívar: ¿mediante qué recursos representan los
autores a Bolívar? Ambos libros de nuestro corpus seleccionan como sujeto a un personaje
archiconocido, lo que parece ser una característica de la nueva novela histórica, puesto que
este tipo de novela histórica prefiere focalizar al individuo, sobre todo eligen una persona
de gran relevancia histórica para ofrecer una nueva visión sobre él. Mientras que la novela
histórica tradicional intenta más bien representar la sociedad a partir de personajes
comunes.

El último elemento que destacamos para nuestro análisis es el uso del tiempo. Es bien
sabido que la novela histórica tradicional prefiere el uso del tiempo lineal, mientras que la
novela neohistórica es más innovadora y recurre a elementos literarios para interrumpir el
discurso (por ejemplo mediante saltos cronológicos).

31
3.1. HISTORIA Y FICCIÓN EN EL GENERAL EN SU LABERINTO DE GABRIEL GARCÍA
MÁRQUEZ

El narrador

El general en su laberinto (1989) nos revela los acontecimientos de Simón Bolívar en sus
últimos meses de vida. El general Bolívar parte el día ocho de mayo de 1830 desde Santa Fé
de Bogotá para hacer su último viaje, flotando por el río Magdalena y deteniéndose en
algunos pueblos, para finalmente llegar a Santa Marta donde falleció el día diecisiete de
diciembre de 1830. La novela está dividida en ocho partes, sin embargo la narración forma
un conjunto coherente porque los capítulos no llevan ni números ni subtítulos. Además hay
una sola voz narradora, que proviene de un narrador omnisciente que está fuera del relato
(heterodiegético). Es decir, es un narrador que puede narrar lo que observa (la naturaleza,
el ambiente etc.) (1), pero además es capaz de revelar los pensamientos de los personajes
(2).

(1) Eran casi las seis. La llovizna milenaria había hecho una pausa, pero el mundo seguía
turbio y frío, y la casa tomada por la tropa empezaba a exhalar un tufo de cuartel.
(García Márquez, 1989: 37)

(2) José Palacios sabía cuán sensible era el general al semejante reproche. Nada le dolía
tanto, ni lo ofuscaba tanto como que alguien pusiera en duda sus afectos, y era capaz de
apartar océanos y derribar montañas con su terrible poder de seducción, hasta
convencerlo de su error. (García Márquez, 1989: 206)

Al parte de ofrecer descripciones, el narrador interviene de vez en cuando para dar una
explicación más clara (3) o para informar al lector sobre las costumbres de la época (“Era
normal en esa época que se enrevesaran los recados [...]” [García Márquez, 1989: 224]) o
acerca de los conocimientos de este periodo (“Era sabido que el general hacía acompañar
de otros a sus amantes clandestinas para embrollar las verdades” [García Márquez, 1989:
154]).

(3) “Mosquera es un pendejo y Caycedo es un pastelero, y ambos están acoquinados por los
niños del San Bartolomé.” Lo que quería decir, en jerga caribe, que el presidente era un
débil, y el vicepresidente un oportunista capaz de cambiar de partido según los rumbos
del viento. (García Márquez, 1989: 137)

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Según nos informa Carlos Mata Induráin (1995: 39), el autor de una novela (neo)histórica
debe documentarse de manera minuciosa para poder profundizar su relato mediante
informaciones específicas sobre la época y para situar al lector en el ambiente histórico que
sirve como telón de fondo. García Márquez admite en las gratitudes, al final del libro, que
“desde el primer capítulo tuve que hacer alguna consulta ocasional sobre su [Bolívar] modo
de vida, y esa consulta me remitió a otra, y luego a otra más y a otra más, hasta más no
poder” (García Márquez, 1989: 254). Podemos observar este proceso de documentación
por ejemplo en la frase siguiente: “se conservaron poco más de tres mil cartas y unos ocho
mil documentos firmados por él” (García Márquez, 1989: 213). De este modo, García
Márquez deja traslucir de vez en cuando las fuentes consultadas. Esto se nota por ejemplo
con las referencias a las cartas escritas por Bolívar. Ya en la primera página de la novela
podemos leer una cita de una carta a Santander del año 1823: “Parece que el demonio
dirige las cosas de mi vida” (García Márquez, 1989: 10). Además García Márquez retoma
algunas frases de la famosa ‘Carta de Jamaica’ (4).

(4) Habló sin reposo, con un estilo docto y declamatorio, soltando sentencias proféticas
todavía sin cocinar, muchas de las cuales estarían en una proclama épica publicada días
después en un periódico de Kingston, y que la historia había de consagrar como La carta
de Jamaica. “No son los españoles, sino nuestra propia desunión lo que nos ha llevado de
nuevo a la esclavitud”, dijo. (García Márquez, 1989: 78)

Además el narrador se refiere a dos cartas dirigidas a Bolívar: una carta de María Antonia
(García Márquez, 1989: 185) (una hermana de Bolívar), y otra del general Mariano Montilla
(“Montilla pensó, y lo escribió años después en una carta privada” [García Márquez, 1989:
150]). No obstante, no todas las cartas mencionadas en la novela pueden ser reales e
históricas, visto que García Márquez afirma al final de la novela que en su último año Simón
Bolívar “solo escribió tres o cuatro cartas” (García Márquez, 1989: 254). Teniendo en
cuenta esta observación, el lector puede dudar de si la carta críptica dirigida a Manuela
(García Márquez, 1989: 60) es auténtica o podemos preguntarnos si el Libertador
realmente escribió dos cartas al general Urdaneta, una íntima y otra oficial (García
Márquez, 1989: 193), o si solamente fue una estrategia de revelar el lado íntimo de Bolívar.

Además de las cartas, el narrador indica otras fuentes posibles. Menciona por ejemplo que,
después de la muerte de Simón Bolívar, O’Leary escribió “el testimonio colosal de su vida
junto al general de las Américas” (García Márquez, 1989: 243) e incluso se refiere a este

33
testimonio como fuente: “O’Leary observó en sus memorias que el general no había sido
nunca tan espontáneo para evocar sus amores furtivos como aquella tarde de domingo en
Turbaco” (García Márquez, 1989: 150). Habla igualmente de “la leyenda de que [Bolívar]
durmió cabalgando” (García Márquez, 1989: 46) y de un retrato de Bolívar hecho por José
María Espinosa (García Márquez, 1989: 173). Otro “fuente histórico” (Palencia-Roth, 1990:
sin página) que el narrador revela, es el diario del coronel polaco Miecieslaw Napiersky (5).
Aparentemente este coronel Napiersky encontró a Simón Bolívar y su diario sirve para
narrar los últimos días del general Bolívar en El último rostro (1978) de Álvaro Mutis. Por
consecuencia, Napiersky es “un personaje no histórico a quién se otorga el estatuto de
testigo de la muerte del libertador” (Joset, 2009: 42). No obstante, este hecho no
necesariamente afecta la credibilidad del narrador: podemos argumentar que García
Márquez se refiere al libro de Mutis por amistad, puesto que gracias a él, García Márquez
recibe la idea de redactar El general en su laberinto (García Márquez, 1989: 253). Por
razones de extensión no vamos a investigar más en detalle los rasgos intertextuales, pero
podemos afirmar que “el novelista aprovechará del relato [de Mutis] algunas anécdotas, los
rasgos caracterizadores del personaje, su fatalismo, su capacidad para los sueños
proféticos, su desengaño y su soledad [...]” (Ariza, 2009: 54). Consiguientemente, podemos
afirmar que el momento de enunciación por parte del narrador es posterior al momento
histórico en el que vivió Simón Bolívar, visto que el narrador está al corriente de la
documentación histórica publicada después de la muerte del General.

(5) Después de la muerte de Sucre quedaba menos que nada. Así se lo dio a entender a
Napiersky, y así lo dio a entender éste en su diario de viaje, que un gran poeta granadino
había de rescatar para la historia ciento ochenta años después. (García Márquez, 1989:
183)

A pesar de todos los indicios de la investigación y la documentación histórica, el autor no se


preocupa por admitir que no sabe ciertas cosas y rompe de esta forma con la ilusión de
conocer por completo a Simón Bolívar. La falta de conocimiento puede marcar un hueco en
la documentación histórica (por ejemplo el desacuerdo de los doctores Reverend y Night
en cuanto a la enfermedad de la que sufre el General [García Márquez, 1989: 234]) o puede
indicar un pasaje de invención ficticia que el autor no quiere socavar demasiado. Para
ejemplificar esto, nos referimos al pasaje siguiente (6), donde observamos que el narrador
toca brevemente un recuerdo. Sin embargo, no utiliza este momento para desviarse de la

34
infancia del general Bolívar, sino que el narrador deja al Generalísimo ensimismado y de
este modo, crea una oportunidad para distanciarse un momento del protagonista.

(6) Su pensamiento debió escapársele de veras para los trapiches de la infancia, pues hizo
un hondo silencio mirando el fuego agonizante. Cuando habló de nuevo había vuelto a
pisar tierra firme. (García Márquez, 1989: 177)

A pesar de todo, no siempre podemos saber si un hecho es realmente verdadero (por


ejemplo: el narrador dice que “nunca se supo una palabra de lo que hablaron” [García
Márquez, 1989: 250] Simón Bolívar y el obispo Estévez), visto que “el último viaje por el río
es el tiempo menos documentado de la vida de Bolívar” (García Márquez, 1989: 253).

En conclusión, podemos confirmar que en El general en su laberinto se presenta una única


voz, la del narrador. Por consiguiente, las otras voces que surgen en el relato (las cartas),
están bajo el control de este narrador único. De esta manera, se impone la visión del
narrador y no pueden surgir otras interpretaciones. El autor deja de vez en cuando
traslucir sus fuentes y es además capaz de enfocarse en cada uno de los personajes e
incluso revela sus pensamientos. Sin embargo, no le molesta al autor admitir en algunos
casos que no lo sabe todo.

Los personajes

En la novela la focalización principal cae sobre Simón Bolívar, aunque también se describen
detalladamente otros personajes que están cerca de él. Primero nos centramos en el
personaje principal. Al final del primer capítulo ya se señala que Simón Bolívar se
encuentra en la fase final de su vida (7).

(7) Era el fin. El general Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios se
iba para siempre. (García Márquez, 1989: 42)

Por consiguiente, el lector está confrontado desde el inicio con el aspecto trágico de la
novela, o en las palabras de Jeanine Potelet: “el relato ya aparece concluido al empezar”
(1997: 294). Sin embargo, García Márquez consigue mantener el interés del lector por la
propia descripción del protagonista. El narrador maneja dos estrategias diferentes para
describir a Simón Bolívar: por un lado ofrece descripciones desde fuera, por otro lado el
mismo personaje principal es consciente de su estado y se formula cómo se ve a sí mismo.
Las frases iniciales de El general en su laberinto ejemplifican la primera estrategia (8).

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(8) José Palacios, su servidor más antiguo, lo encontró flotando en las aguas depurativas de
la bañera, desnudo y con los ojos abiertos, y creyó que se había ahogado. Sabía que ése
era uno de sus muchos modos de meditar, pero el estado de éxtasis en que yacía a la
deriva parecía a alguien que ya no era de este mundo. (García Márquez, 1989: 11)

El narrador describe a Bolívar a través de los ojos de José Palacios, de este modo el relato
enfoca al Generalísimo, partiendo no de la visión de éste, sino desde el punto de vista del
observador. Este primer tipo de descripciones hechas por un personaje que está
observando al protagonista, concede, en la mayoría de los casos, una impresión del estado
mental del protagonista. A consecuencia, el narrador nos ofrece una mirada hacia la
intimidad del general Bolívar, desde las observaciones de las otras personas que le
acompañan en su último viaje. Lo vemos por ejemplo en la frase recurrente de José Palacios
(“Lo que mi señor piensa, sólo mi señor sabe.” [García Márquez, 1989: 21]) o en la
observación de José Laurencio Silva, que oye la discusión entre el General y un francés
sobre el absolutismo europeo (9).

(9) Su paciencia de aquel día sorprendió a José Laurencio Silva, que sabía cuanto lo
exasperaba el absolutismo de los europeos. (García Márquez, 1989: 120)

Cuando el narrador describe la relación entre Bolívar y Manuela Sáenz no confía en la


opinión del Libertador, sino que apela a O’Leary, que parece estar informado sobre este
asunto (10). Además observamos esta técnica en el pensamiento de Lorenzo Cárcamo
cuando visita a Bolívar (11) o en las palabras de Miranda Lyndsay, que caracterizan muy
bien a Bolívar: “He feels he is Bonaparte” (García Márquez, 1989: 78). Las palabras de
Manuela Sáenz también son importantes para trazar la imagen de Bolívar (12). Estas
narraciones procuradas por los personajes del relato, no solamente nos informan sobre
Simón Bolívar, igualmente pueden describir el ambiente (13).

(10) O’Leary, amigo íntimo de Manuela Sáenz, sabía que el general tenía razón. Pues era
verdad que ella se quedaba siempre, pero no por su gusto, sino porque el general la
dejaba con cualquier excusa, en un esfuerzo temerario por escapar a la servidumbre de
los amores formales. (García Márquez, 1989: 146)

(11) Lorenzo Cárcamo lo vio levantarse, triste y desguarnecido, y se dio cuenta de que los
recuerdos le pesaban más que los años, igual que a él. (García Márquez, 1989: 116)

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(12) Sólo Manuela sabía que su desinterés no era inconsciencia ni fatalismo, sino
certidumbre melancólica de que había de morir en su cama, pobre y desnudo, y sin el
consuelo de la gratitud pública. (García Márquez, 1989: 16)

(13) José Palacios había visto en el puerto muchos rostros atigrados por las pintas de violeta
de genciana en las brasas de la viruela. Ésta era endemia obstinada en las poblaciones
del bajo Magdalena, y los patriotas habían terminado por temerle más que a los
españoles desde la mortandad que causó en las tropas libertadoras durante la campaña
del río. (García Márquez, 1989: 104)

Por otra parte se presentan observaciones como si fueran hechas por el narrador mismo.
Este segundo tipo de descripciones narradas desde fuera, demuestran sobre todo una
representación del estado físico de Simón Bolívar (14-15)14. De este modo, el narrador se
inscribe en la historia y da la impresión de que él mismo está dentro del relato. De esta
forma parece ser un reflejo de sus propias observaciones. Las descripciones revelan que
Bolívar se encontraba muy débil y enfermo en su último año, sin embargo el Libertador
parece conservar todavía su autoridad (16). A pesar de todo, García Márquez recuerda que
el general Bolívar fue un dictador con poder absoluto (Palencia-Roth, 1991: 56).

(14) Tenía el cuerpo pálido y la cabeza y las manos como achicharradas por el abuso de la
intemperie. Había cumplido cuarenta y seis años el pasado mes de julio, pero ya sus
ásperos rizos caribes se habían vuelto de ceniza y tenía los huesos desordenados por la
decrepitud prematura, y todo él se veía tan desmerecido que no parecía capaz de
perdurar hasta el julio siguiente. (García Márquez, 1989: 12)

(15) [...] el vientre escuálido, las costillas a flor de piel, las piernas y los brazos en la
osamenta pura, y todo él envuelto en un pellejo lampiño de una palidez de muerto, con
una cabeza que parecía de otro por la curtimbre de la intemperie. (García Márquez,
1989: 174)

(16) Las bogas reaccionaron ante la voz descascarada pero todavía plena de una autoridad
irresistible [...]. (García Márquez, 1989: 88)

14 Podemos ofrecer otra cita más que describe el estado físico del general Bolívar:
Pesaba ochenta y ocho libras, y había de tener diez menos la víspera de su muerte. Su estatura oficial
era de un metro con sesenta y cinco, aunque sus fichas médicas no coincidían siempre con las
militares, y en la mesa de autopsias tendría cuatro centímetros menos. (García Márquez, 1989: 136)

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Conviene observar que en ninguna parte de la novela, se describe la cara del Libertador
(Ortega, 1992: 169). Aunque es una buena observación, no conviene darle demasiada
importancia. A nuestro modo de ver, el autor toma esta decisión de no describir
detalladamente la cara del Libertador, porque probablemente todos los lectores hayan
visto en una revista, en un libro o en algún cuadro una imagen del Libertador. Otra
interpretación posible, es que García Márquez no quiere determinar completamente la
figura de Simón Bolívar. Si el autor parte del principio de ofrecer una nueva visión de este
personaje archiconocido, puede ser que opte por dejar abierta la descripción de la cara,
para que cada lector pueda llenarla como quiera. De tal forma, obliga al lector a reflexionar.

La segunda estrategia de acercarse al protagonista, tiene el objetivo de presentar la visión


que tiene Simón Bolívar de sí mismo. De esta manera el narrador logra presentar la
conciencia del protagonista, de que “la agonía del cuerpo es una agonía del alma
atormentada” (Llorca, 2002: 157) (17-18)15.

(17) El mismo general no sabría decir al día siguiente si estaba hablando dormido o
desvariando despierto, ni podría recordarlo. Era lo que él llamaba “mis crisis de
demencia”. (García Márquez, 1989: 17)

(18) “Ya lo único que me falta es morirme”, dijo él. (García Márquez, 1989: 174)

Además el narrador intenta mediante esta estrategia invadir el mundo interior de Simón
Bolívar, describiendo, por ejemplo, sus sueños. A modo de ilustración podemos referir al
instante en el que se cuentan los tres sueños que tuvo Simón Bolívar con el general
Santander (García Márquez, 1989: 58). El narrador intenta además penetrar en el
pensamiento del general Bolívar, que parece ser muy caprichoso. Este capricho del General
parece deducirse de los escritos de Simón Bolívar (Llorca, 2002: 154) y se ejemplifica en las
escenas, cuando el General expresa su opinión sobre las memorias: al inicio de la novela
Simón Bolívar ordena a José Palacios que le da papel para escribir sus memorias (19); más
adelante el fray Sebastián “le preguntó si no pensaba escribir sus memorias. Jamás, dijo él,
ésas son vainas de los muertos.” (García Márquez, 1989: 190). En esta escena es notable
15Referimos además a una escena en la novela en la que ni José Palacios ni el general Bolívar están seguros de
su memoria:
Ni él ni José Palacios estaban seguros de que el sancocho costeño fuera lo mismo que el hervido de
carne gorda de Venezuela. Sin embargo, el general Carreño creía que era lo mismo [...] El general,
cada vez más inquieto con las goteras de su memoria, aceptó el testimonio con humildad. (García
Márquez, 1989: 118)

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que Simón Bolívar quiera empezar sus memorias con el primer sueño que tuvo. Una
posible interpretación metaficcional es que el narrador mismo sugiere que una biografía
tiene que ir más allá de los hechos históricos y tiene que incluir además los sentimientos y
el pensamiento del biografiado, hasta los sueños.

(19) Según le dijo muchas veces al sobrino, quería empezar por su recuerdo más antiguo,
que era un sueño que tuvo en la hacienda de San Mateo, en Venezuela, poco después de
cumplir los tres años. (García Márquez, 1989: 29)

Al lado de las muchas descripciones que se presentan en la novela, Bolívar está


representado también por citas cortas, lo que parece ser una recopilación de sus frases
famosas pero que, en realidad, la mayoría de las frases son ficticias (20-23).

(20) “Vámonos”, dijo. “Volando, que aquí no nos quiere nadie.” (García Márquez, 1989: 11)

(21) “En suma”, concluyó el general, “todo lo que hemos hecho con las manos lo están
desbaratando los otros con los pies.” (García Márquez, 1989: 24)

(22) “Estoy condenado a un destino de teatro”. (García Márquez, 1989: 82)

(23) “¡Por favor, carajos, déjennos hacer tranquilos nuestra Edad Media!”. (García Márquez,
1989: 123)

De esta forma, el narrador caracteriza a Simón Bolívar mediante frases pequeñas y apenas
le deja pronunciar un diálogo largo para mostrar su personalidad o su grandeza como
libertador. Una posible explicación puede ser que García Márquez no quiere poner palabras
en la boca del Generalísimo, sino que prefiere quedar lo más cerca posible de la historia. De
todos modos, solamente hay una escena en toda la novela que revela un monólogo bastante
largo de Bolívar, que está discutiendo con el doctor Gastelbondo (García Márquez, 1989:
208). Sin embargo, aquí también el narrador resume de vez en cuando las palabras de
Bolívar (24).

(24) “Claro que todos son unos santos al lado del truchimán de Santander”, prosiguió. “Sus
amigos se robaban el dinero de los empréstitos ingleses comprando papeles del estado
por la décima parte de su valor real, y el propio estado se los aceptaba después al ciento
por ciento.” Aclaró que en todo caso él no se había opuesto a los empréstitos por el
riesgo de la corrupción, sino porque previó a tiempo que amenazaban la independencia

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que tanta sangre había costado. “Aborrezco a las deudas más que a los españoles”, dijo.
[...] (García Márquez, 1989: 208-209)

Si aceptamos que García Márquez quería acercarse más hacia la figura histórica de Bolívar,
podemos explicar el uso de los detalles por la misma razón. Es decir, es mediante estas
pequeñas peculiaridades del protagonista que el narrador logra establecer un ambiente
más real y confidencial y un protagonista casi familiar. Dicho de otro modo, por el uso de
los detalles “nos ofrece una perspectiva humana de Bolívar” (Cowie, 2004: 37-38). Por
razones de extensión de este trabajo, no podemos investigar cuáles de los detalles tienen
una base histórica y cuáles son completamente ficcionales. Basándonos en lo expuesto
anteriormente sobre la caracterización del protagonista, postulamos que García Márquez
procura ser fiel a la historia y se basa, por consecuencia, en la documentación histórica
para sacar estos detalles de la personalidad del general Bolívar. El autor mismo confiesa
que tomó como principio no engañar a sus lectores (Llorca, 2002: 152). No obstante,
recordando la cita de Butterfield (“la novela histórica puede ser fiel a la historia, sin ser fiel
a los hechos” [Induráin, 1995: 36]), podemos matizar la postulación anterior: creemos que
García Márquez intenta reflejar un protagonista lo más fiel posible a la historia, sin
embargo, como es un novelista, introduce de vez en cuando algunos elementos ficticios
para completar la imagen del Libertador. De todos modos, estos elementos ficticios encajan
en la información histórica y por eso, no se reconocen fácilmente. Algunos de estos detalles
son: el gusto por la natación (García Márquez, 1989: 75) y por el vals (1989: 76), la
preferencia por el agua de colonia (1989: 153), su actitud opuesta a lo sobrenatural (1989:
94), su fama de haber tenido 35 amantes (1989: 150), su conocimiento de la lengua
francesa (1989: 152), el uso de un “tuteo calculado” (1989: 160) y el amor por los perros
(1989: 166). El narrador intenta además proponer un conocimiento más profundo del
protagonista, mediante descripciones de sus costumbres (25), o por medio del énfasis en
una característica personal de Bolívar (por ejemplo el orgullo del General) (26).

(25) En sus viajes, el general solía hacer paradas casuales para indagar por los problemas de
la gente que encontraba en el camino. (García Márquez, 1989: 161)

(26) El médico le limpiaba el ojo con su pañuelo, sorprendido de que no lo hiciera él mismo,
siendo tan celoso de su pulcritud personal. (García Márquez, 1989: 219)

40
El tiempo

A pesar de todo, García Márquez no quiere escribir una obra biográfica tradicional sobre
Simón Bolívar. En la obra, los datos biográficos más importantes de la vida de Bolívar están
presentes, pero el autor prefiere darlos de manera desordenada. Es decir, una biografía
tradicional comienza con la fecha de nacimiento de la persona biografiada y desarrolla a
partir de esta fecha, toda su vida de manera cronológica. En El general en su laberinto, en
contra, la fecha de nacimiento de Bolívar sólo se encuentra en la página 186, se narra su
juventud y la importancia de su maestro Simón Rodríguez en la mitad de la novela (García
Márquez, 1989: 128) y el narrador habla del matrimonio de Simón Bolívar con María
Teresa (García Márquez, 1989: 237) sólo al final del relato; aunque ya antes (en la página
146) había expuesto la historia de la relación entre Manuela y Bolívar. Una posible
interpretación de esta ordenación de los datos biográficos, puede ser que García Márquez
ve a Bolívar “recogiendo sus pasos” (García Márquez, 1989: 96) en su último viaje por el río
Magdalena. El protagonista dirige al lector hacia tal interpretación (27).

(27) Era la cuarta vez que viajaba por el Magdalena y no pudo eludir la impresión de estar
recogiendo los pasos de su vida. (García Márquez, 1989: 96)

Consiguientemente, los datos biográficos aparentemente desordenados demuestran un


orden cronológico invertido: se cuenta la vida de Bolívar desde su estado actual, pasando
por sus años gloriosos, su juventud, hacia su niñez. De manera que su muerte coincide con
su nacimiento. Sin embargo, la idea expuesta es solamente una interpretación y vale
únicamente para los datos biográficos observados por el narrador. El mismo protagonista
cuenta algunos episodios de su vida mediante recuerdos y retrospecciones. En la novela los
recuerdos que vienen a la memoria de Simón Bolívar provocan saltos cronológicos que
distorsionan el relato primario (la historia de los últimos meses de Simón Bolívar). Jeanine
Potelet (1997: 296) afirma que “sobre la línea del viaje de Bogotá a Santa Marta se injerta el
viaje de la memoria”, de esta manera hay “la historia del viaje presente y la historia de la
vida pasada rememorada”. Además Potelet (1997:296) expone que “el espacio recorrido a
lo largo del río despierta el recuerdo de viajes anteriores” y que también los “olores y
sabores mezclados” (1997:296) juegan un papel importante en la evocación de los
recuerdos. Por consiguiente, no se puede deducir un orden lógico en los recuerdos, porque
un lugar o las percepciones visuales, auditivas u olfativas parecen evocar un recuerdo o un
espacio (Naves, 1995: 196). De esta manera se presenta “un orden subjetivo de la

41
memoria” (Potelet, 1997: 297) y este orden subjetivo sugiere que el tiempo está
organizado en torno al protagonista Simón Bolívar. De modo que la representación del
tiempo en esta novela no cumple la característica propuesta por Kurt Spang (1995), que
indica que el tiempo suele ser interpretado como representativo de la época (1995: 80).

Al lado de estas retrospecciones, hemos encontrado además algunas frases en las que el
narrador mira hacia el futuro. En otras palabras, el narrador se refiere a algunos hechos
que se han desarrollado después de 1830. Consiguientemente, se habla del futuro visto
desde el año 1830, pero este ‘futuro’ parece ser el pasado para el narrador (visto que ya
sabe cómo las cosas se han desarrollado). Algunos ejemplos pueden aclarar esta
interpretación (28-29).

(28) [...] la antigua Barranca de San Nicolás, que en pocos años había de convertirse en la
ciudad más próspera y hospitalaria del país. (García Márquez, 1989: 200)

(29) Al general José María Carreño, de cuyo buen corazón solía hacer elogios merecidos, lo
puso en el camino que había de llevarlo con los años a ser presidente encargado de
Venezuela. (García Márquez, 1989: 235)

Merece la pena destacar dos de estos anacronismos: primero, García Márquez se refiere a
un cuento de Álvaro Mutis El último rostro (1978) (véase supra en la página 34). En
segundo lugar, el general Bolívar recibe una “visita memorable del novelista Herman
Melville, que andaba por las aguas del mundo documentándose para Moby Dick” (García
Márquez, 1989: 245). Conviene mencionar que Melville nació en 1819, entonces tuvo once
años en 1830. Un encuentro con el Libertador a esta edad temprana, nos parece poco
probable. Este juego de anacronismos en la novela, refuerza la idea anteriormente
expuesta, que el narrador se encuentra en un momento de enunciación posterior a 1830
(muy probablemente el narrador cuenta la historia a partir del punto de vista del autor
García Márquez).

Del mismo modo anacrónico, el narrador describe varias veces la muerte del Libertador. En
las últimas veinte páginas, las referencias son directas, probablemente para crear cierta
tensión y para suscitar el lector (30). El autor se refiere además a la muerte del Libertador
de manera más sutil: durante el relato aparece tres veces un reloj parado en la una y siete
minutos. El protagonista y el reloj se entrelazan de manera peculiar: siempre que el general
Bolívar reconoce este reloj, tiene la sensación de que él estuvo antes en esta habitación

42
(31). De esta forma el lector se pregunta por qué el General se identifica con esta hora
específica, hasta llegar a la última página de la novela que revela la muerte de Simón
Bolívar a la una y siete minutos de la tarde (32).

(30) Allí estaba también el basto mesón de caoba labrada, sobre el cual, dieciséis días
después, sería expuesto en cámara ardiente su cuerpo embalsamado, con la casaca azul
de su rango sin los ocho botones de oro puro que alguien iba a arrancarle en la
confusión de la muerte. (García Márquez, 1989: 232)

(31) En la pared junto a la ventana había un reloj octogonal de números romanos parado en
la una y siete minutos. “¡Por fin, algo que sigue igual!”, dijo el general. (García Márquez,
1989: 107)

(32) [...] La prisa sin corazón del reloj octogonal desbocado hacia la cita ineluctable del 17 de
diciembre a la una y siete minutos de su tarde final. (García Márquez, 1989: 251)

El laberinto

En conclusión, podemos interpretar los juegos temporales (provocados por los desvíos de
la memoria del protagonista) como el ‘laberinto’ al que refiere el título de la novela.
Además no siempre se delimita bien el recuerdo, de manera que el lector duda a veces en
qué tiempo se sitúa lo narrado (García Márquez, 1989: 151), lo que refuerza aún más la
idea de un laberinto.

Sin embargo, podemos ver el ‘laberinto’ también como un laberinto geográfico (puesto que
los lugares donde pasa Simón Bolívar en su último viaje de Bolívar evocan recuerdos de su
“tiempo de la Gloria” [Ariza, 2009: 54]) o como un laberinto político (visto que el proceso
de la independización de los países latinoamericanos es un tiempo políticamente agitado).
Otra interpretación posible es que Simón Bolívar se encuentra en un ‘laberinto personal’.
Este laberinto se establece por un lado a base de su estado físico. Es decir, el protagonista
tiene una salud inestable y por consiguiente tiene momentos buenos y malos que dirigen
los últimos meses de su vida. Por otro lado, se establece un laberinto en cuanto a los
sentimientos del Generalísimo. Durante su último viaje, Simón Bolívar piensa en su vida
pasada, sus relaciones amorosas, las amistades y las enemistades que tuvo y revive muchos
pasajes de su vida (en sus sueños o en los recuerdos). De este modo, el propio Bolívar está
en un laberinto mental y no sabe cómo puede salir (“Carajos”, suspiró. “¡Cómo voy a salir de
este laberinto!” [García Márquez, 1989: 250]).

43
Con todo esto, podemos concluir que este laberinto que creó García Márquez no forma “una
metáfora del heroísmo, sino es una metáfora de la tragedia de la condición humana”
(Palencia-Roth, 1990: sin página). En otras palabras, el general Bolívar nunca será capaz de
salir del laberinto, a no ser que llegue al centro del laberinto, donde le espera la muerte. De
ahí el “sentido de fatalidad” (Palencia-Roth, 1990: sin página), que está constantemente
presente en la novela y que nos recuerda que nuestro destino final es el de la muerte.

Estas diferentes interpretaciones del ‘laberinto’ (temporal, geográfico, político y mental)


refuerzan el grado de complicidad del lector. Como lo indica Kurt Spang (1995), la
complicidad del lector es un elemento importante para las novelas (neo)históricas que
permiten al autor hacer “juegos más flexibles con el tiempo” (1995: 80). En otras palabras,
cuanto más conozca el lector los hechos históricos, más fácil será apreciar los juegos
temporales. En El general en su laberinto el grado de complicidad del lector es, por un lado,
bastante alto porque (como acabamos de ilustrar) la estructura temporal exige del lector
un conocimiento bastante profundo de la vida de Simón Bolívar para poder ordenar todos
los hechos narrados en una línea temporal. Según Ortega (1992) “el laberinto es así, lo no
escrito donde la novela calla y habla el lector” (1992: 166). Dicho de otro modo, la tarea del
lector consiste en llenar el hueco que deja la novela, para completar la historia. De este
modo, la complicidad del lector es un esfuerzo muy personal, ya que cada lector rellenará
“lo no escrito” de su propia manera. Por otro lado, el autor restringe la sensación de un
laberinto porque define bien los personajes que aparecen en la historia, de manera que el
lector no, necesariamente, debe tener conocimientos profundos de estos personajes
secundarios (33).

(33) [Casandro] Era el nombre con que llamaba en secreto al general granadino Francisco de
Paula Santander, su grande amigo de otro tiempo y su más grande contradictor de
todos los tiempos, jefe de su estado mayor desde los principios de la guerra, y
presidente encargado de Colombia durante las duras campañas de liberación de Quito y
el Perú y la fundación de Bolivia. Más por las urgencias históricas que por vocación, era
un militar eficaz y valiente, con una rara afición por la crueldad, pero fueron sus
virtudes civiles y su excelente formación académica las que sustentaros su gloria. [...]
(García Márquez, 1989: 55)

44
Por tanto, la novela es únicamente complicada por su estructura temporal y no por los
muchos personajes que aparecen en el relato. Para aligerar el esfuerzo del lector por situar
los recuerdos en la vida del protagonista, García Márquez ofrece al final del libro un
esquema con las fechas y los datos importantes de la vida del Libertador. De esta forma, un
lector que no tiene muchos conocimientos históricos sobre el Libertador también podrá
apreciar la novela de García Márquez.

3.2. HISTORIA Y FICCIÓN EN LA CENIZA DEL LIBERTADOR DE FERNANDO CRUZ


KRONFLY

El narrador

El relato de La ceniza del Libertador se desarrolla en 51 capítulos, extendidos sobre 450


páginas, y cuenta cómo Simón Bolívar pasa la última etapa de su vida (desde el mes de
mayo hasta diciembre) en un barco de vapor, rodeado de José Palacios, Fernando y
Santana. Hay un narrador omnisciente y externo a la historia que predomina en la
narración (1). Aparentemente, el narrador mantiene cierta distancia entre él y Simón
Bolívar, dado que siempre se dirige al General mediante el título ‘Su Excelencia’ (2).

(1) Desde las sombras exteriores surge de pronto una figura confusa, rápida, que nadie ve.
(Cruz Kronfly, 2008: 275)
(2) Su Excelencia ha decidido partir para siempre. (Cruz Kronfly, 2008: 57)

Sin embargo, el narrador no es la única voz que surge del relato. Por un lado, el autor
incluye algunas cartas en la novela para completar la voz narrativa. Vemos, por ejemplo,
una carta a Manuela (Cruz Kronfly, 2008: 79) (que aparece, igualmente, en El general en su
laberinto) y otras cartas que probablemente pertenecen a la trama ficcional de la novela.
Ejemplos de estas cartas imaginadas son la carta del Capitán (Cruz Kronfly, 2008: 282) y las
cartas de Uldarico Clavel (Cruz Kronfly, 2008: 225, 320, 394), de quien incluso se menciona
el modo de escribir (3).

(3) Está escrita en letra tendida de oes redondas y eses completas. Los palos de las tées
ligeramente ascendentes, anticipados al cuerpo principal del signo. Es una letra clara
aunque tal vez un poco menuda y apretada. (Cruz Kronfly, 2008: 273)

Uldarico Clavel parece ser el “álter ego ficcional de Kronfly” (Rivera, 2008: 13) y así surge
otra voz al lado de la del narrador. De esta manera, la obra obtiene una función

45
metaficcional y nos revela cómo el autor se introduce en el relato y obtiene su información
junto al sujeto de su obra, Simón Bolívar (Palencia-Roth, 1990: sin página). Según Menton
(1993: 43) la metaficción es una característica propia a la nueva novela histórica, porque el
narrador interrumpe el relato y ofrece un comentario sobre el proceso de creación.

Por otro lado, el narrador está tan cerca al protagonista, que “a veces se confunden”
(Franco, 2004: 181). Es decir, hay una línea borrosa entre la narración del narrador y el
pensamiento de Simón Bolívar. Esto se nota por ejemplo en la presencia del “yo” (Cruz
Kronfly, 2008: 235), en la puntuación y también cuando se cuenta lo que está pensando el
Libertador y de repente él expresa su pensamiento en voz alta (4).

(4) Más allá de cualquier visión imaginable en la popa, suspendida en las sombras más
negras
aquella luz vuele a titilar. Mientras unos mueren la vida continúa encendiendo otros
fósforos:
- ¿Otros fósforos?
- Qué, Excelencia, ¿qué dijo Usted?
- No, olvídalo, vamos al comedor.
- ¿Cuáles fósforos, tío?
- Cómetelos, hombre, vamos ya al comedor [...] (Cruz Kronfly, 2008: 257)

Además se utiliza el estilo indirecto libre, así que el límite entre el narrador y el personaje
se borra más fácilmente. De esta forma, el narrador parece estar muy cerca al protagonista.
La voz de Simón Bolívar está aun más presente en los pequeños pasajes intermedios, que
representan el pensamiento del Libertador. Estos ‘poemas’ breves, que nos presentan la
intimidad del protagonista y que sirven para humanizar al general Bolívar, surgen a partir
del capítulo diez y al final de la novela estas expresiones íntimas se alargan más (5-6).

(5) Sombras, negrura en los bordes de encajes de hilos plomizos


Negrura en el centro del corazón oscuro
Silencio
Viento
Agua y viento
Tinieblas tibias, vientos y agua
Lo oculto
La caída sin retorno
Morir mismo (Cruz Kronfly, 2008: 166)

46
(6) ¿Eso que llaman historia qué podría ser sino lo imaginario mismo
Lo soñado andando por los caminos, derramado como la leche en los hogares del fuego
Una, dos, tres obsesiones juntas en el espejo
Y un poco de polvo de realidad encima?
Aquí estoy después de todo
Río abajo
Enfermo como el último de todos los cuerpos
Los bolsillos limpios
Separado de toda comunicación y cubierto de hojas secas
De insectos
¿Qué clase de documento es esta vida que llevo?
Otros vendrán a buscar papeles entre el polvo (Cruz Kronfly, 2008: 330)

En esta novela, al igual como en la novela de García Márquez, se pone énfasis en la etapa
final de la vida de Simón Bolívar. Cruz Kronfly concluye el primer capítulo con las palabras
“Era el comienzo del fin” (Cruz Kronfly, 2008: 66) para indicar ya desde el inicio, que la
novela trata de los últimos meses de Simón Bolívar. Más adelante se pone énfasis en la
semejanza entre el viaje al mar y el viaje a la muerte (7).

(7) - ¿Cuánto tiempo tarda el agua que estamos viendo en mezclarse con el océano infinito?
- No lo sé, mi general.
- ¡Cómo no lo sabes, cabrón! – dijo–. El mismo que el hombre al morir, en mezclarse con
la tierra de donde procede. Algunas partes se evaporan como la gloria humana. [...]
(Cruz Kronfly, 2008: 70)

Por consiguiente, se caracteriza al protagonista como un moribundo que se encuentra a la


espera de la muerte. Para mantener el interés del lector, el narrador está obligado a
recurrir a elementos secundarios para avanzar en el relato. Se observa que el autor, con el
fin de suscitar el interés del lector, procura refinar el lenguaje del relato: Kronfly altera un
lenguaje informal (grosero y despreciativo16) en los diálogos con “una prosa poética”
(Rivera, 2008: 15) en la narración. Este lenguaje prosaico se caracteriza, entre otros, por el
uso frecuente de metáforas para describir más en detalle un objeto, un paisaje o un
personaje (8). Por razones de extensión de nuestro trabajo, no podemos investigar a fondo
las metáforas. Sí podemos afirmar que las metáforas casi siempre refieren a situaciones

16Nos sirven de ejemplo las expresiones siguientes de Simón Bolívar: “Pues cagar, mijo, [...]” (281), “negro
imbécil” (91), “no sirves para nada” (242), “¡Cabrón de mierda!” (242).

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muy banales y reconocibles; como la naturaleza [los perros dormitan como hojas atentas
(Cruz Kronfly, 2008: 183)], el hogar, los alimentos [la tristeza sube como masa de pan (Cruz
Kronfly, 2008: 364)], el tiempo etc. Según Alfonso Vargas Franco (2004), este uso
particular del lenguaje fue la única manera para “describir el dolor físico, y sobre todo el
más cruel de todos: el dolor del alma de Bolívar” (2004: 182).

(8) Arriba los chillidos de las mujeres son como las notas sostenidas de una canción pagana
que alguien interpreta detrás de las cortinas. (Cruz Kronfly, 2008: 183-184)

Otro elemento añadido para avanzar el relato y crear cierta tensión, es la presencia de ‘los
ruidos que vienen de arriba’ a partir del cuarto capítulo. Estos “movimientos extraños”
(Cruz Kronfly, 2008: 79) preocupan a Bolívar y provocan su ansiedad por una trampa,
aunque ya al inicio el cocinero Bernardino informa que “arriba sólo existen dos o tres
salones abandonados donde se guardan algunos archivos, desperdicios y, por supuesto,
grandes ratas de mar” (Cruz Kronfly, 2008: 86). Estos ruidos desempeñan un papel
importante en la construcción de la novela, visto que es el elemento que aumenta el grado
de ficcionalidad en el relato. Este elemento de tensión evoca algunas preguntas durante la
lectura: ¿es únicamente Simón Bolívar el que oye los ruidos?, ¿es el resultado de su
imaginación? o ¿los otros viajeros lo oyen también o solamente fingen para agradar al
General? Parece que los acompañantes del general Bolívar perciben igualmente los ruidos y
además son ellos los que avisan al Libertador de que había ocurrido un asalto (9). No
obstante, como el narrador está muy cerca al protagonista, puede ser que solamente
veamos la interpretación subjetiva de Simón Bolívar. A consecuencia, podemos lanzar la
pregunta ¿cómo tenemos que interpretar esta novela? Por un lado el autor intenta ofrecer
un tema histórico, pero por otro, la ficción está muy presente y enturbia el contenido
histórico del relato.

(9) - Un asalto, señor, venga conmigo, rápido.


- ¿Un asalto?
- Contra su vida, ya han huido, pero venga ya mismo conmigo, vamos. (Cruz Kronfly,
2008: 399)

48
Los personajes

Si investigamos más en detalle la representación del general Bolívar, observamos que en la


novela no se ofrece casi ninguna descripción física del protagonista17. En algunos casos el
narrador menciona algún aspecto corporal, pero lo envuelve con una descripción vaga o
mística (10).

(10)Todos callan ante el brillo de tantas flores negras en los ojos, también en los labios.
(Cruz Kronfly, 2008: 238)

Tampoco en las descripciones de la enfermedad del Generalísimo, el narrador revela


mucha información sobre el estado físico de Simón Bolívar. Encontramos algunas
descripciones de la tos de la que sufre el general Bolívar, pero es significante que el grado
de enfermedad del Libertador sigue igual durante todo el viaje (11), sólo en los últimos
capítulos llega de repente a un punto final (12).

(11)Tose entonces, arqueando su cuerpo. Tose sin poder contenerse, descontrolado de todo
sobre los flujos del aire, hasta que su rostro queda del color de la púrpura abierta. (Cruz
Kronfly, 2008: 71)

(12)Pulso febril, tos, expectoración, calor en la cabeza, hielo en los extremos. Sopor casi
continuo, respiración estertorosa, palabras balbuceantes. (Cruz Kronfly, 2008: 446)

Se puede decir que el narrador presta más atención al estado mental del protagonista,
como afirma Orlando Mejía Rivera: “el viaje no sólo es un desplazamiento geográfico, sino,
sobre todo, una transformación interior del viajero” (Cruz Kronfly, 2008: 43). De esta
manera leemos, por ejemplo, que “[Manuela] lo observó alejarse doblado sobre un manto
de dudas” (Cruz Kronfly, 2008: 78) y que “[Fernando] Lo ve herido de verdad en el alma”
(Cruz Kronfly, 2008: 106). El enfoque se encuentra sobre todo en la ‘locura’ que está
tomando posesión del general Bolívar. Por un lado, la ‘locura’ se muestra en las escenas en
las que el Libertador conversa a solas (13). Por otro, la ‘locura’ está presente en las visiones
que tiene el general (14). El propio Simón Bolívar indica que “lo recordado no es lo mismo
que lo sucedido” (Cruz Kronfly, 2008: 161) y es exactamente lo que se representa en la
novela de Kronfly: los sueños del General demuestran la aparición de algunos personajes

17El autor sí presta mucha atención a la percecpión por los sentidos, sobre todo el olfato, la vista y el sentido.
Ligado con esta característica, podemos mencionar las muchas referencias a la comida de a bordo, que está
descrita de manera detallada (Cruz Kronfly, 2008: 371).

49
históricos pero éstos están dominados por la ficción. De este modo, los recuerdos no
coinciden con la historia del pasado.

(13)- Te ves pálido, mírate bien, ¡fíjate en esas ojeras de bruja! Hey, hey, ¿cuánto tiempo
hace que no te miras en el espejo?
Su Excelencia conversa con el espejo. (Cruz Kronfly, 2008: 175)

(14) Su Excelencia levanta su cabeza, respira hondo, observa distraído la oscuridad.


Delante de sus ojos está Jorge Washington, quien ha venido hasta las costas del Perú
para traerle de obsequio una medalla.
- ¿Jorge Washington?
- Sí, míralo, míralo al pobre picado por los mosquitos, mírale el pellejo.
- No es él, él jamás vino al Perú, ¿cómo podría ser él? (Cruz Kronfly, 2008: 143)

Una visión remarcable es el encuentro entre el Generalísimo y Lord Byron 18 (en el capítulo
diez). Lord Byron viaja rumbo al mar para “morir por la libertad” (Cruz Kronfly, 2008: 151)
en este momento Simón Bolívar reconoce que el poeta está enloquecido por la idea de
libertad (15), mientras que él mismo lo estuvo tanto tiempo. De esta forma, la visión de
Lord Byron podría funcionar como un espejo para el general Bolívar para que reconozca su
obsesión por la libertad.

(15)- ¿Vas a luchar por la libertad o a morir por la libertad? ¡Dilo, dilo fuerte que casi no
oigo!
- ¡A morir!
- Estás loco, vete, vete rápido a tu muerte, pero borra de tu barco mi nombre, sólo te
pido eso.
- ¿Cómo? ¿Tu nombre? No me hagas reír, mira tus ropas, eres un pordiosero, eso es lo
que eres, no me hagas reír.
- Dime tu nombre, olvídalo, era una broma, pero dime por favor tu nombre.
- ¿Mi nombre? Lord Byron, señor. (Cruz Kronfly, 2008: 152)

Simón Bolívar es consciente de su estado mental e incluso acepta esta “fuerza misteriosa”
(70). Al principio, ‘esta fuerza’ se demuestra durante la noche (“Noche misteriosa, sin
barrón, sin límite entre lo verdadero y lo soñado” [Cruz Kronfly, 2008: 137]) pero más
adelante el General percibe más frecuentemente estas visiones (16).

18Conviene indicar que Simón Bolívar no puede haber encontrado a Lord Byron en el año 1830, visto que
Georde Gordon Byron murió el día 19 de Abril de 1824.

50
(16)Su Excelencia parece estar viendo de nuevo lo invisible, sabe que desde mucho tiempo
atrás reside en el territorio de la fiebre: [...] (Cruz Kronfly, 2008: 220)

Conviene observar que, aunque las visiones y los recuerdos son tan numerosos, nunca se
menciona un hecho de la gloria pasada de Simón Bolívar, o como lo pone Rivera (2008: 23),
“se omiten todas las épocas gloriosas del Libertador”. Lanzamos la hipótesis que Cruz
Kronfly quiere ofrecer una nueva visión del general Bolívar y por eso no enfatiza la gloria
(puesto que todos conocemos los hechos gloriosos del Libertador), pero sí se centra en las
emociones del General y en la cara humana que está detrás del hombre guerrero. Con el
objetivo de mostrar una nueva visión, se explica igualmente la valorización positiva y
negativa del protagonista que se expresa en la novela. Por un lado, el autor elogia a Simón
Bolívar (17); por otro lado, surge en el relato una voz que grita varias veces desde la orilla:
“¡El hombre que ustedes ven no es un héroe sino un nudo de ambiciones!” (Cruz Kronfly,
2008: 389). Otro elemento innovador en cuanto a la presentación de la figura histórica de
Simón Bolívar en La ceniza del Libertador es la caracterización del protagonista como
alguien que está ansioso de llegar al mar para poder vomitar19 y morir (18).

(17)Sin embargo, en el mejor momento de su gloria, el autor de aquella formidable página


de la historia universal es empujado ahora río abajo, condenado a romper aquellas
aguas de barro disuelto, de ramas destrozadas a causa de la creciente. (Cruz Kronfly,
2008: 332)

(18)Su Excelencia va camino de la mar. Sólo desea la mar, el olvido que el hastío busca, el
brillo del vidrio adentro, la casa en orden y el vómito. Vomitar. Expulsar los humores.
(Cruz Kronfly, 2008: 59)

A causa de la “voz que viene de los tiempos más enigmáticos” (Cruz Kronfly, 2008: 344) y
que provoca las visiones, el lector puede opinar que el general se está volviendo loco. No
obstante, Simón Bolívar percibe cuando queda “ensimismado” (Cruz Kronfly, 2008: 161) y
además es consciente de que las visiones son irreales y no pertinentes al presente (19).

19En La ceniza del Libertador el general Bolívar tiene un gran deseo de vomitar, porque opina que el vómito
(causado por el mareo) le ayudará para sobrepasar la enfermedad. En la novela de Kronfly Simón Bolívar
atribuye tanta importancia a su deseo de vomitar que el vómito se vuele en una obsesión del protagonista. En
la novela de García Márquez aparece igualmente esta valorización positiva del vómito a causa del mareo
(García Márquez, 1989: 220). Aunque en El general en su laberinto se refiere solamente una vez al mareo y el
deseo de vomitar, podemos lanzar la hipótesis que García Márquez puede haber retenido esta característica
del protagonista de la novela de Cruz Kronfly.

51
(19)El rostro aparecido no es en realidad muy fiel, nítido, pero hay algo en él capaz de
despertar aquel sentimiento de confianza que despide todo lo conocido por el
reconocimiento. (Cruz Kronfly, 2008: 145).

Consiguientemente, podemos interpretar estas visiones como las despedidas de las


personas con las que el Libertador estuvo en contacto durante su vida (su madre, Hipólita,
Manuela20, Teresa y Robinson entre otros). Sin embargo, Kronfly no ha intentado escribir
una obra biográfica: en La ceniza del Libertador el narrador no cuenta la historia de la vida
de Simón Bolívar, solamente se mencionan algunos nombres sin explicar su importancia en
la vida del Libertador. Para ejemplificar esto, podemos referirnos a los dos hombres que
acompañan al general Bolívar: Santana y Fernando. De ellos solamente sabemos sus
nombres y, además, que Fernando es el sobrino de Bolívar, porque él siempre se dirige al
general como “tío”. El narrador no ofrece ninguna descripción más detallada de estos
personajes que están tan cerca al protagonista en su último viaje y en quienes el Libertador
aparentemente tiene mucha confianza.

Otro personaje secundario pero importante en la narración, es el abogado de a bordo.


Siempre que el general Bolívar y el abogado se encuentran, este abogado enfatiza que
“estamos en un país de leyes” (Cruz Kronfly, 2008: 158) o “somos hombres de las leyes, los
hombres de una patria en formación” (Cruz Kronfly, 2008: 194). Es de suponer que el
abogado de a bordo representa el país burocrático que se está formando después de la
independencia21. Aunque fue el Libertador mismo el que ha ofrecido la ocasión para que el
país se desarrolle de esta manera, es exactamente este burócrata con sus sellos, sus
formalidades22 y el papeleo el que le molesta al general Bolívar (20).

(20)¿Y estamos aquí plantados a la espera de un papel? ¿Es eso lo que estamos haciendo?
¿En eso consiste la historia? (Cruz Kronfly, 2008: 170)

20 Podemos afirmar que en la novela de Kronfly Manuela Sáenz no es tan importante para Simón Bolívar como
en la novela de García Márquez. En esta última novela, se cuenta la importancia de Manuela en la vida de
Bolívar, todo lo que hizo para el general y además Manuela está muy presente en los recuerdos del
Libertador. En La ceniza del Libertador Manuela está recordada entre muchas otras mujeres y ella no parece
ser una persona muy especial para el Simón Bolívar de Kronfly.
21 El hecho de que ni siquiera tenga nombre este abogado, refuerza la idea de un ‘pars pro toto’. Es decir, el

abogado que representa todos los burócratas.


22 El autor ha caracterizado el abogado muy prototípicamente: el abogado quiere que toda la corespondencia

pase de manera correcta. De modo que insiste incluso en la entrega correcta de los documentos (por ejemplo
después de haber pegado los sellos en el documento, el general Bolívar está obligado a re-entregar los
documentos al abogado, de manera que los documentos pasan de manera correcta a las manso de cada uno
[194]).

52
Además, el abogado convence al Libertador para firmar un documenta diciendo que “las
cosas escritas dejan sus huellas” (Cruz Kronfly, 2008: 131). No obstante, exactamente de
este último viaje no tenemos ninguna documentación histórica ni muchos documentos
escritos por el general Bolívar. Alfonso Vargas Franco (2004) va aún más lejos en su
interpretación de la representación de la burocracia y afirma que la novela en su totalidad
es una “alegoría sobre los poderes que hicieron sucumbir la patria: en el piso superior del
vapor los burócratas se enseñorean con sus papeles, sus sellos y sus leyes, de las victorias
de su Excelencia, lo traicionan a él y a la patria” (2004: 181).

El espacio

Para ofrecer una imagen más completa de la novela, es necesario tratar brevemente el uso
del espacio en la novel de Cruz Kronfly. Observamos que el espacio se caracteriza por
dualidades: se contrastan los acontecimientos en el barco de vapor con las descripciones de
la naturaleza, se oponen los movimientos de la segunda planta del barco (al que no tiene
acceso) con la histeria en la primera planta (la ansiedad por una trampa) y se contrastan
además el espacio del comedor con la del cuarto del General (donde tiene muchas veces las
visiones). En síntesis, se oponen los espacios exteriores con los interiores y los espacios
abiertos con los cerrados. Podemos postular que el espacio determina los personajes, visto
que el general Bolívar y sus compañeros están tranquilos hasta el momento que se dan
cuenta de los movimientos en la segunda planta del barco de vapor y que surge la ansiedad
por una trampa o un asalto. Se puede decir que el lector vive el mismo proceso, porque va
conociendo el espacio del barco poco a poco, tal como Simón Bolívar. Así por ejemplo
llegamos a conocer en el capítulo 38 que hay otro pasillo en la planta baja del barco, donde
está el cuarto del hombre desconocido (Cruz Kronfly, 2008: 374).

El tiempo

A continuación pasamos a la investigación del tiempo en la novela de Cruz Kronfly. De


inmediato observamos que hay pocas descripciones temporales (y geográficas) en esta
novela. La historia ocupa ocho meses: el primer mes está descrito muy detalladamente (los
días están indicados mediante los verbos “amanecer”, “atardecer”). La estructura de la
novela concuerda con la percepción del general Bolívar “¡un día es tanto tiempo!”: el lector
también se pierde con el paso del tiempo por las descripciones largas y detalladas de un
solo día. A modo de ilustración: hasta el capítulo diez sólo han pasado un día y una noche; y

53
hasta el capítulo veintisiete (página 297) han pasado solamente siete días. Más al final se
resume un gran período de tiempo y se salta de repente del mes de mayo al mes de
diciembre (Cruz Kronfly, 2008: 440). Consiguientemente, podemos afirmar que el tiempo
está organizado en torno a la figura de Simón Bolívar y por consecuencia no es
representativo por la época histórica.

Al lado del ritmo lento de la novela, hay dos elementos más que caracterizan el tiempo: por
un lado, tenemos las retrospecciones del Generalísimo; por otro, se encuentran algunos
anacronismos en el relato. Las retrospecciones son representadas por los recuerdos y las
visiones del general Bolívar. Estas visiones son irreales y fantásticas, por consiguiente el
lector puede tener más dificultades para aceptarlas como verdaderas y auténticas. La
mayoría de estos recuerdos forman un vínculo entre el pasado y el presente, por ejemplo
mediante la presencia de un objeto o un personaje del pasado en el presente del general
Bolívar (21-22).

(21)De repente, Juan Vicente entra corriendo al centro del patio, clava en el piso de tierra
destapada, entre las flores que allí crecen, un papel donde al lado de muchas otras
firmas aparece la suya: [...] El aliento del sur sopla de nuevo, la hoja de papel es
removido de su sitio, arrancada, empujada al caldero de los vientos bajos. Rueda entre
las plantas, tropieza en los tallos y finalmente es puesta en el confín del corredor. De
tumbo en tumbo recorre toda la cubierta, se precipita al río exactamente por el mismo
lugar por donde acaba de desaparecer su gorro. (Cruz Kronfly, 2008: 179)

(22)Todavía percibe, borrosa, la imagen de Jean-Baptiste, a quien también decían Lolo por
causa de afecto. Y lo ve entrar de regreso trayendo presuroso el tazón de leche. (Cruz
Kronfly, 2008: 217)

Otro aspecto temporal importante son los anacronismos, que Kronfly aplica según Rivera
como “instrumentos al servicio de la fabulación” (2008: 21). Los anacronismos son el barco
de vapor con dos plantas y la referencia a Cristóbal Colón (Cruz Kronfly, 2008: 235-236,
386), de la cual el propio Bolívar reconoce que “es un enigma más en el viaje” ( Cruz Kronfly,
2008: 386). Además anacrónico es el hombre extraño y desconocido que se encuentra a
bordo y que toma nota de todo lo que observa en el barco con “un novedoso instrumento
de metal” (Cruz Kronfly, 2008: 252) y que bebe cerveza (23). Este hombre parece coincidir
con Uldarico Clavel y el propio Bolívar reconoce al final de la novela que este hombre es un
“testigo mudo” (Cruz Kronfly, 2008: 436) de todo lo que ha ocurrido en el barco de vapor.

54
(23)- ¿Cerveza? ¿Y qué diablos es eso?
- Sí, un invento nuevo, un invento que vendrá en el futuro, no se sabe cuándo. (Cruz
Kronfly, 2008: 215)

Otro elemento acrónico, presente en la novela, es la referencia a la mitificación de la figura


del Libertador durante la historia (24). El narrador toma claramente una posición negativa
frente a la sacralización de Simón Bolívar y esto se puede ligar tal vez a la figura de
Uldarico Clavel. Si aceptamos que Uldarico Clavel es el álter ego de Kronfly, es posible que
el autor procure de esta manera acercarse al protagonista, ofreciendo una nueva mirada
hacia la figura del general Bolívar y criticando de esta forma la mitificación del Libertador
por parte de los historiadores anteriores.

(24)Pero, más allá de ellos, los historiadores sacralizarán el archivo, dirán que es allí donde
está la verdad objetiva, reemplazarán las palabras por el papel rancio. Y lo que algún
día fue voz, sueño, imaginación, pasión desbordada, pasará a ser sólo documento en ese
aterrador frigorífico del archivo: [...] (Cruz Kronfly, 2008: 331)

En síntesis, podemos concluir que esta novela exige una gran complicidad del lector.
Primero por la ‘locura’ reflejada en el relato: por un lado, el lector percibe la locura por la
confusión entre el narrador y el protagonista en la narración (de modo que el lector tiene
dificultades con la distinción objetividad-subjetividad). Por otro lado, el elemento de
tensión (los ruidos) provoca la curiosidad del lector, visto que no hay unanimidad sobre lo
que está pasando arriba en la segunda planta del buque de vapor. El abogado de a bordo
intenta tranquilizar al general Bolívar, diciendo que arriba se prepara “una recepción en su
honor” (Cruz Kronfly, 2008: 129) y en otro momento le asegura que “arriba sólo hay
desperdicios, basura, ratas de mar” (Cruz Kronfly, 2008: 347).

Segundo, la novela cuenta con el lector para descifrar el paso del tiempo. Los recuerdos y
las visiones entrelazan de manera sutil el presente y el pasado, de manera que el tiempo se
distorsiona varias veces. Además los recuerdos sólo ofrecen un nombre, es decir, tocan
brevemente un hecho del pasado, pero no indican su pertinencia en la historia. Por
consiguiente, el lector queda tan confuso como el propio general Bolívar, si no sabe
profundamente la historia de Simón Bolívar. De todos modos, el autor mismo afirma que la
novela exige un “lector culto [...] que esté en condiciones de ir más allá de la anécdota” (Cruz
Kronfly, 2008: 46).

55
Podemos concluir que para Kronfly “la historia está al servicio de la ficción” (Rivera, 2008:
21), visto que se basa en los hechos históricos, pero aplica un proceso de ficcionalización.
Según Franco, “el relato sobre los últimos días del Libertador logra trascender el dato
histórico para convertirse en una pieza literaria cuyas pretensiones tienen el carácter de
universalidad del dolor de existir” (2204: 173). Cruz Kronfly admite que, en realidad, su
obra tiene la capacidad de representar la condición humana a través de la figura de Simón
Bolívar:

“Aunque sea una novela sobre Simón Bolívar, es mucho más una novela a través de Simón
Bolívar. La vida del libertador se convierte en aquello que me permite, atravesándola, poner
en evidencia la paradoja humana donde se juntan, de un modo sobrecogedor, las puntas
más agudas de la gloria y la desgracia.” (Cruz Kronfly, 2008: 45)

56
4. CONCLUSIÓN: LA CONSTRUCCIÓN DE DOS IMÁGENES

DIFERENTES DE SIMÓN BOLÍVAR

Según Lancelot Cowie (2004: 33) “los historiadores, los poetas, los biógrafos, roban la
dimensión humana del héroe mediante un estilo ampuloso neoclásico”. Del análisis
anterior se desprende que tanto Gabriel García Márquez como Fernando Cruz Kronfly
pretenden ofrecer una imagen de Simón Bolívar más allá de la documentación y la
mitificación histórica. No obstante, estas novelas se basan en los documentos
historiográficos, pero mediante su punto de vista peculiar los autores consiguen “ofrecer
una lectura amena y esclarecedora de la vida del héroe” (Cowie, 2004: 41). Podemos
postular que la intención de “crear una imagen más auténtica del Libertador [...] responde
al proceso de creación de una identidad propia, para y entre los hispanoamericanos”
(Llorca, 2002: 151). A modo de conclusión contrastamos las novelas de nuestro corpus
indicando en qué medida se asemejan al tipo de la novela histórica tradicional o la novela
neohistórica y además revisamos brevemente el tratamiento del protagonista en ambos
libros.

4.1. COINCIDENCIAS Y DIFERENCIAS CON LOS RASGOS GENÉRICOS DE LA (NUEVA)

NOVELA HISTÓRICA

Podemos confirmar la pertenencia de los libros del corpus al género de la novela histórica
por dos razones claras: primero, ambas novelas se basan en la historia y ejercen sobre ella
un proceso de ficcionalización; segundo, varios años separan tanto García Márquez como
Cruz Kronfly de los hechos históricos, de manera que no pueden ser vistos como
contemporáneos a los hechos.

A continuación repasamos brevemente los rasgos característicos de ambas novelas, que


permiten clasificarlas como novelas históricas tradicionales o nuevas novelas históricas. En
El general en su laberinto (1989) el relato está contado por un narrador omnisciente que
domina las otras voces que surgen en la novela. Esta característica clasificaría la novela
como una novela histórica tradicional. Sin embargo, la figura principal de la novela es un
personaje histórico archiconocido y García Márquez opta por describirlo de manera íntima
e individual, subrayando el ser humano Bolívar más que el héroe histórico (recordamos los

57
detalles que el autor nos proporciona). De esta forma, el autor procura ofrecer una nueva
visión de Simón Bolívar y la novela cabría más bien en el conjunto de la nueva novela
histórica. Además la novela de García Márquez está caracterizada por algunos críticos como
“una venganza contra los creadores de mitos” (Llorca, 2002: 153) y refuerza de este modo
la deconstrucción de los mitos. En cuanto al aspecto temporal de la novela, podemos
reconocer un hilo más tradicional (construido por el viaje lineal y además por el orden
invertido de la historia de vida del protagonista), sin embargo, este hilo está distorsionado
por la aparición de los recuerdos (que evocan una estructura compleja). Conforme
Seymour Menton (1993) no se presentan “anacronismos exagerados” (1993: 147), de tal
forma que el uso del tiempo se considera más bien tradicional.

Por consecuencia, El general en su laberinto posee rasgos tanto de la novela histórica


tradicional como de la nueva novela histórica. El argumento decisivo para poder
categorizar la novela, es la fidelidad a la historia por parte de García Márquez: la novela de
García Márquez nos presenta una figura principal que demuestra rasgos de la
documentación histórica y el autor complementa esta imagen por medio de algunos hechos
ficcionales, siempre que sean aceptables dentro del marco histórico. Por lo tanto, la
representación de Simón Bolívar construida por García Márquez, se une al retrato que
surge de la documentación histórica y de este modo la novela “nos invita a revivir junto al
protagonista el espíritu de la época y los ideales de la emancipación, y a imaginar a Bolívar
como un ser de carne y hueso en el crepúsculo de su vida” (Cowie, 2004: 38).
Consiguientemente, esta novela de García Márquez se coloca más hacia el lado de la novela
histórica tradicional dentro del eje que propone Grützmacher (2006: 149), por las razones
siguientes: hay una única voz narradora; el aspecto temporal tiene una base tradicional; el
autor procura ser fiel a la historia y ofrece al lector una visión coherente del pasado. De
esta manera, Seymour Menton (1993) caracteriza El general en su laberinto como una
“novela biográfica” (1993: 149).

La ceniza del Libertador (2008) nos cuenta un relato dirigido por un narrador omnisciente,
que admite la inserción de otras voces (por ejemplo la de Uldarico Clavel). Además la
novela puede caracterizarse como experimental por la línea borrosa entre el narrador y
Simón Bolívar y pertenecería, por tanto, a la categoría de la nueva novela histórica. La
novela es además experimental en cuanto al uso del lenguaje: podemos afirmar que Cruz
Kronfly tiene un “estilo más elaborado” (Menton, 1995: 154) que García Márquez, que se

58
caracteriza en El general en su laberinto por su “lenguaje relativamente sencillo” (Menton,
1995: 154). En ambas novelas el protagonista es la misma figura archiconocida y el
narrador se acerca a este personaje histórico para poder representar el lado íntimo de éste
(recordamos los fragmentos insertados que revelan el pensamiento del General Bolívar).
De tal forma, ambas novelas son muy personales y no adquieren un “carácter ejemplar”,
como lo indica Induráin (1995: 30). No obstante, las novelas sí ayudan a conocer mejor el
pasado y constituyen, por eso, una relectura de la versión oficial de la historia. Por lo tanto,
la novela de Cruz Kronfly posee, igualmente como la novela de García Márquez, algunos
rasgos típicos de la novela neohistórica. Además reconocemos en la novela de Fernando
Cruz Kronfly, igualmente, la característica de la deconstrucción de mitos y la novela
provoca también que el héroe descienda de su pedestal (Aínsa, 2003: 17). Sin embargo, en
esta novela la deconstrucción de mitos dirige el lector difícilmente hacia una imagen más
humana del Libertador, puesto que se pone énfasis en la locura y la hipocresía que surgen.
Del análisis anteriormente expuesto, podemos afirmar que el uso del tiempo es ambiguo:
por un lado se presentan cronológicamente los acontecimientos del viaje actual, por otro
lado los recuerdos distorsionan este relato lineal.

De este modo, La ceniza del Libertador posee también características de la novela histórica
tradicional y la nueva novela histórica. No obstante, en la novela de Fernando Cruz Kronfly
los rasgos típicos de la novela neohistórica son más numerosos: la inserción de voces, el
uso del lenguaje, la figura principal archiconocida, la deconstrucción de mitos y el uso del
tiempo. Además podemos postular que esta novela es innovadora, dado que el autor utiliza
la documentación histórica en función de la fabulación. En otras palabras, en la novela de
Kronfly predomina la ficción y el autor no se preocupa, en primer lugar, por presentar un
retrato fiel a la historia.

59
4.2. TRATAMIENTO DE LA FIGURA DE BOLÍVAR

Basándonos en el análisis anterior de los libros de nuestro corpus, podemos postular que
ambos autores procuran ofrecer otra visión de Simón Bolívar que la visión mitificada de los
historiadores. Los autores ponen énfasis en el aspecto moribundo del protagonista, sobre
todo mencionan “los problemas digestivos y pulmonares” (Menton, 1995: 151). Además,
tanto García Márquez como Cruz Kronfly “desmitifican Simón Bolívar con alusiones
frecuentes a sus vómitos, sus flatulencias y sus chorros de lenguaje obsceno” (Menton,
1995: 151). Mediante esta técnica de acercarse al protagonista y mirar hacia su intimidad,
los autores intentan contrastar “el hombre agonizante con el héroe mítico continental”
(Menton, 1995: 152). Según Seymour Menton (1995: 152) García Márquez consigue
representar un Bolívar humano, sincero y en cierta medida más real que el protagonista
que Cruz Kronfly creó, puesto que en La ceniza del Libertador “la figura de Bolívar queda
algo opacada” por el uso del lenguaje y por “las alucinaciones y los delirios" (Menton, 1995:
153). Podemos lanzar una hipótesis que explica la aceptación fácil del Simón Bolívar de
García Márquez y la resistencia al Bolívar de Cruz Kronfly. A nuestro modo de ver, García
Márquez logra representar un personaje principal más confidencial y fiable porque intenta
quedar lo más cerca posible a la documentación histórica. De tal modo, el lector tiene la
impresión de que la novela está muy bien documentada en su totalidad y ni siquiera
observa los elementos imaginados insertados en el relato. Si García Márquez es el ejemplo
sobresaliente de la discreción, Fernando Cruz Kronfly personifica lo contrario con su
novela chocante y su lenguaje directo. Además Cruz Kronfly recurre a un elemento ficcional
(los ruidos que surgen de la segunda planta) que debilita la representación de un Simón
Bolívar fiable y fiel a la documentación histórica. Por medio de estos ruidos, la novela
adquiere un aspecto surrealista y fantástica, dado que los ruidos están presentes en casi
todo el transcurso de la trama sin cambiar ni “intensificar mucho” (Menton, 1995: 151).
Consiguientemente, Menton (1995) concluye que Cruz Kronfly no es capaz de “crear cierto
suspenso” (1995: 151), lo que García Márquez sí obtiene23.

Por supuesto, no todos los lectores pueden apreciar esta imagen innovadora de una figura
histórica tan importante. Los críticos reflexionan principalmente sobre la novela de García
Márquez, dado que Cruz Kronfly no es tan conocido. Así por ejemplo Echevarría (1991)

23No obstante, conviene añadir que podmos deducir del análisis de Seymour Menton, que él no es un
admirador de la obra de Cruz Kronfly (como lo indica Rivera en el prólogo de La ceniza del Libertador [2008:
24]).

60
escribe que El general en su laberinto causó “la ira de los bolivarianos, que denuncian los
errores históricos y el lenguaje grosero del Libertador” (1991: 68). Sin embargo, “García
Márquez asevera haber presentado a un Bolívar más verídico, más cercano a sus raíces
caribeñas, sin excluir los rasgos negroides que habían sido eliminados progresivamente de
bustos, medallas y sellos, donde figura con el afilado perfil aguileño de un senador romano”
(Echevarría, 1991: 68-69). En El general en su laberinto García Márquez habla abiertamente
sobre esta mitificación del protagonista:

A medida que su gloria aumentaba, los pintores iban idealizándolo, lavándole la sangre,
mitificándolo, hasta que lo implantaron en la memoria oficial con el perfil romano de sus
estatuas. (García Márquez, 1989: 173)

Podemos postular que Gabriel García Márquez consigue oponerse a las novelas biográficas
anteriores que tematizan a Simón Bolívar, compartiendo el razonamiento de Ortega
(1992). Él afirma que los historiadores anteriores han creado a un Simón Bolívar “con una
vida condenada al mármol y la iconografía” (1992: 168); mientras que el personaje
principal de El general en su laberinto (y también de la novela de Cruz Kronfly) está muy
vivo en sus últimos meses de vida, debido al relato que se construye en torno a él. En otras
palabras, el general Bolívar “pertenece así al presente porque es salvado de la historia
documental, del pasado” (Ortega, 1992: 169).

Algunos críticos sugieren que El general en su laberinto es un “relato histórico


personalizado” (Llorca, 2002: 160) porque se pueden reconocer semejanzas entre Simón
Bolívar y García Márquez (“ambos son hombres del Caribe, ambos añoran el calor y la vida
de la costa” [Palencia-Roth, 1990: sin página], entre otros). Michael Palencia-Roth (1990)
se atreve incluso a postular que “el retrato de Bolívar es también un auto-retrato de Gabriel
García Márquez” (1990: sin página). El propio García Márquez admite que un novelista
proyecta algunas características de sí mismo en uno de los personajes, para completar la
personalidad de éste (Palencia-Roth, 1991: 57). No obstante, esto no quiere decir que
podemos ver a este personaje como un reflejo total y fiable del autor.

61
4.3. CONCLUSIÓN FINAL DEL TRABAJO

En conclusión, podemos reconocer la afirmación de Menton (1993) de que las novelas de


nuestro corpus son “variantes de la novela histórica” (1993: 147). Del análisis anterior
resulta que dentro del eje propuesto por Grützmacher (2006: 149), El general en su
laberinto se coloca más hacia la izquierda (el lado tradicional de la novela histórica);
mientras que La ceniza del Libertador se posiciona más hacia la derecha, puesto que posee
más rasgos de la nueva novela histórica. Podemos postular que ambas novelas tienen la
libertad para jugar con la versión histórica de los hechos, puesto que el viaje final del
Libertador es el viaje menos documentado. Observamos que ambos autores juegan de
manera distinta con la documentación histórica, para ofrecer una nueva mirada; de tal
forma que las novelas varían y ocupan otra posición dentro del eje de Grützmacher.
Podemos concluir que Gabriel García Márquez juega con las diferentes perspectivas y las
diferentes visiones que ofrece sobre la figura de Simón Bolívar (referimos a las distintas
maneras de describir el estado mental y físico del protagonista); mientras que Fernando
Cruz Kronfly experimenta con el grado y el modo de inserción de la ficción en la novela
(conviene recordar el papel de los ruidos en el relato). Si volvemos a la cita de Butterfield
(“la novela histórica puede ser fiel a la historia, sin ser fiel a los hechos” [Induráin, 1995:
36]), podemos decir que García Márquez procura ser fiel a la historia, aunque en realidad
no está siempre fiel a los hechos (como hemos indicado anteriormente, supra en la página
40), Cruz Kronfly, por su parte, no es fiel a los hechos (por causa del grado de ficción
presente en su obra), pero tampoco parece ser fiel a la historia.

De este modo, el lector opina que El general en su laberinto se acerca más a la figura
histórica de Simón Bolívar, mientras que La ceniza del Libertador puede evocar un
sentimiento de ansiedad (por causa de los ruidos). Además la novela de Cruz Kronfly puede
provocar dudas, es decir, el lector puede preguntarse si la revelación de la intimidad de
Simón Bolívar es honesta o si las confesiones de sus sentimientos se hacen igualmente bajo
la influencia de la locura y la hipocresía. No obstante, hay otros aspectos que posiblemente
influyen en la interpretación de la novela por parte del lector, pero que por razones de
extensión no hemos analizado en este trabajo. Así, sería interesante para un trabajo
posterior analizar la base histórica de las novelas y comprobar dónde se sitúan las escenas
ficcionales y qué importancia le podemos conceder. Otra manera de aproximarnos a
nuestro corpus, sería una investigación de los pasajes intertextuales. Nos referimos a la

62
posible influencia de Álvaro Mutis, Cortázar o Kronfly en la novela de García Márquez, o la
influencia de Margarita Yourcenar y Hermann Broch y tal vez Fernando Pessoa en la obra
de Cruz Kronfly (Cruz Kronfly, 2008: 25). De tal manera, sería posible examinar las
concordancias y las diferencias en cuanto a las fuentes de intertextualidad y
completaríamos nuestra impresión de los libros analizados en este trabajo.

A pesar de todo, tenemos que reconocer que nunca podremos descubrir cómo se realizó
este último viaje del Libertador ni en qué circunstancias murió Simón Bolívar. García
Márquez y Cruz Kronfly intentaron presentar cómo fue Simón Bolívar desde su propia
interpretación e imaginación. Sin embargo, concluimos con las palabras de Ortega (1992),
que afirma que este hueco en la historia no se llenará con las suposiciones de García
Márquez o Cruz Kronfly y, por consecuencia, el tema sigue abierto para otros autores con
otras interpretaciones.

“Escribiendo desde la tradición de lo escrito, registrado y debatido, sobre esta página en


blanco de la muerte del fundador, la novela encontrará que esa página no se puede llenar.”
(1992: 166)

63
5. ANEXO

5.1. CRONOLOGÍA DE LA VIDA DE SIMÓN BOLÍVAR24

1783 Simón Bolívar nace en Caracas el día 24 de julio.

1799 Bolívar embarca por primera vez rumbo a España y Francia.

1802 María Teresa Rodríguez del Toro y Simón Bolívar se casan el día 26 de mayo
en Madrid.

1803 Algunos meses después de su llegada a Caracas, María Teresa muere el día 22
de enero. A finales de este año Simón Bolívar viaje por segunda vez a Europa.

1804 Simón Bolívar está presente en la ceremonia de la coronación de Napoleón.

1805 Después Bolívar pasa a Roma y allí (en el Monte Sacro) jura no descansar
hasta independizar Venezuela.

1807 Bolívar regresa a Venezuela.

1810 Simón Bolívar emprende un viaje diplomático a Londres, donde conoce a


Francisco de Miranda.

1811 El día 5 de mayo Venezuela se declara independiente. En el mes de julio el


General Bolívar empieza una campaña en Valencia dirigido por Francisco
Miranda.

1812 Las autoridades exilian a Simón Bolívar a Curazao. En el mes de diciembre


llega a Cartagena e inicia “la campaña del río Magdalena”.

1813 Simón Bolívar comienza la “Campaña Admirable” y lo atribuyen el nombre de


“jefe de los ejércitos de la Confederación”. En el mes de junio se pronuncia el
decreto de “la Guerra a Muerte”. El día 6 de agosto entra Bolívar en Caracas;
en noviembre vencen a Bolívar en algunos pueblos y en diciembre le aclaman
como “el Libertador”.

24La enumeración cronológica representa los datos fundamentales de la vida de Simón Bolívar y se basa
principalmente en las listas de Ruigómez (2004: 225-236), Márquez (1989: 257-267) y Campos (1963: 131-
134).

64
1814 Un año lleno de derrotas para Simón Bolívar, no obstante lo nombran
“capitán general” para mejorar la situación.

1815 Se publica la famosa “Carta de Jamaica”.

1816 En este año Simón Bolívar se exilia otra vez del país y pasa un tiempo en
Haití.

1817 El general Piar está condenado a muerte el día 16 de octubre.

1819 Eligen al General Bolívar como presidente de Venezuela. Bolívar emprende


“la campaña de Nueva Granada” y establece la república de Colombia, de la
cual lo nombran presidente.

1821 En Santa Fé de Bogotá Simón Bolívar prepara la campaña de Quito junto con
el general Sucre.

1822 El General Bolívar toma la ciudad de Quito, donde conoce a Manuelita Sáenz.

1823 El Congreso de Perú pide a Simón Bolívar que ayude para independizar el
Perú. Un año después lo nombran dictador para que pueda estabilizar la
república.

1825 La independencia de los países hispanoamericanos está aceptada por


Inglaterra.

1826 Simón Bolívar participa en el Congreso de Panamá y la Gran Jornada. Después


vuelve a Colombia.

1828 El día 25 de septiembre intentan asesinar al General Bolívar en Bogotá.

1830 Simón Bolívar renuncia a la presidencia y selecciona a Domingo Caicedo para


gobernar el Congreso de Colombia. Sin embargo, a principios de mayo eligen
a Joaquín Mosquera como presidente. El día 8 de mayo, el Libertador sale de
Bogotá (aunque el pueblo todavía quiere que regrese al poder), pasa por
Turbaco, Soledad, Baranquilla y a princicpios de diciembre llega a Santa
Marta. El Libertador muere el día 17 de diciembre en la finca de San Pedro
Alejandrino a la una y siete minutos de la tarde.

65
5.2. LA HISTORIA DE SIMÓN BOLÍVAR25

El día 24 de julio de 1783, nació Simón Joseph Antonio de la Santísima Trinidad en Caracas.
Murió su padre, don Juan Vicente Bolívar y Ponte, en 1786 y su madre, María Concepción
Palacios, falleció en 1792. Por consecuencia, fue criado por su tío Carlos. A partir de los diez
años fue cuidado por Hipólita, una criada negra que le llamó su “verdadera y cariñosa
madre” (Otero, 2008: 41). Ya en el año 1799 embarcó por primera vez, rumbo a España, en
compañía de sus tíos. Allí conocí a María Teresa Rodríguez del Toro, con quien casó el día
26 de mayo de 1802. Desafortunadamente, María Teresa murió medio año después de su
llegada a Caracas. Después de su muerte, Simón Bolívar decidió volver a Europa y se
estableció en París. En 1805 se encontró en Italia, donde estuvo presente en la ceremonia
de la coronación de Napoleón. Allí juró no descansar hasta que ‘su tierra’ fuera
independiente, lo que más tarde se conocería como ‘el Juramento del Monte Sacro’. En esta
primera etapa, Bolívar demuestra una personalidad inquieta y todavía no ha podido
exponer sus capacidades militares (Ruigómez, 2004: 16).

En 1810, Simón Bolívar (con el grado de coronel) emprendió un viaje diplomático a


Londres. Allí conoció al general Miranda y exclamó ante el gobierno británico su deseo de
obtener una autonomía respecto a España. Un año después, se declaró la independencia en
Venezuela el día 5 de julio. Desgraciadamente, a principios de agosto, fracasó la primera
república venezolana por la capitulación de Miranda ante Monteverde (el líder de los
realistas). Bolívar se autoexilió a Curazao por algunos meses y cuando volvió a Caracas a
finales del año 1812, preparó “la campaña admirable”, que se comenzó a principios de
1813.

De esta manera empezaba la segunda etapa en la vida de Bolívar, en la que se alternaban


luchas y guerras con derrotas y fracasos (Ruigómez, 2004: 17). La desgracia de Bolívar se
dio la vuelta en el año 1813: el capitán general entró glorioso en Caracas tras la toma de
Villa de Cúcuta, con un ejército de más o menos 500 hombres (“los malvados”), que
consistía de negros, mestizos y muchos más que luchaban por su liberación. Con el título de
Libertador confirmó el decreto de “la guerra a muerte” en este mismo año.

25 La historia de la vida de Simón Bolívar se basa principalmente en los libros de J. Campos, Bolívar (1963) y
A. H. Ruigómez, Bolívar Simón (2004).

66
En el año 1814, el infortunio le tocó de nuevo al General Bolívar y él se autoexilió a Nueva
Granada, después de la derrota de su ejército por parte de Boves. Una vez dejado atrás sus
ocupaciones allí, salió a Jamaica, donde escribió su famosa “carta de Jamaica” (1814).
Mientras tanto, Venezuela está conquistada por los españoles. En 1818, Simón Bolívar
encontró al general Páez y decidieron juntos “desplazarse a Guyana para operar en la
región del Orinoco” (Campos, 1963: 132). Con las fuerza unidas lograron liberar Boyacá y
Bogotá.

En Angostura (declarado capital en 1817), se instaló la república de la Gran Colombia, de la


cual Simón Bolívar fue presidente. En la Gran Colombia se unieron las naciones de
Venezuela, Colombia, Panamá y Ecuador. Un año más tarde, la decisión de armisticio puso
fin a “la guerra a muerte”. Después de nuevas turbulencias, lucharon en la batalla decisiva
por la independencia de Venezuela el 24 de junio de 1821. El General Bolívar pidió, como
gratificación, solamente la liberación de sus soldados.

Simón Bolívar siguió luchando por la liberación de otros países hispanoamericanos: junto
con el general Sucre (que se convirtió en la persona de confianza de Bolívar), liberó a
Ecuador (1822). Con el general San Martín realizó el fin del poder español en Perú en 1824
(después de ejercer el mando de dictador para restablecer el orden).

Con la ayuda de Simón Rodríguez, se inició la verdadera revolución en 1826 con el


congreso de Panamá: se declamaban los decretos para reforzar la reorganización social y
política; pero las reformas se siguieron retrasando (por la crisis, los gastos de la guerra
etc.). El día 25 de septiembre de 1828, intentaron asesinar a Simón Bolívar.
Afortunadamente, Manuela Sáenz logró salvarle. En 1829, Bolívar se ocupaba con “la
campaña de la guerra entre Perú y Colombia” (Campos, 1963: 134), que finalizó a finales
del mismo año con un tratado de paz.

En el año 1830, “el general Páez declara la independencia de Venezuela” (Ruigómez, 2004:
236). No obstante, Simón Bolívar renunció a la presidencia. El fracaso de su proyecto, el de
unir todas las naciones hispanoamericanas, se considera como una de las razones por la
cual Bolívar rechazaba la presidencia (otra puede ser el hecho de que ya estaba enfermo en
este período).

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En estos últimos años de su vida siguió defendiendo las reformas sociales y políticas, y
logró obtener una situación estable, liberada en Latino-América. A finales del año 1830,
Simón Bolívar murió solitario el día 17 de diciembre, a la una y siete minutos de la tarde; y
de esta manera se concluyó la tercera etapa de su vida (Ruigómez, 2004: 18).

68
6. BIBLIOGRAFÍA

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