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EUROPA ATLÁNTICA EN LA EDAD DE BRONCE (comentario a los

estudios de la profesora Ruiz-Gálvez Priego) -Capítulo 116 de:


"Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo"-.
PUBLICADO POR ANGEL GÓMEZ-MORÁN SANTAFÉ
EN: “Tartessos y lo invisible en el arte” (15/01/2017)
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Los capítulos se desarrollan en un texto escrito en negro y se acompañan de imágenes
con un amplio comentario explicativo (recogido en rojo y cuya finalidad es razonar ideas).
Si desea leer el artículo entre líneas, bastará con seguir la negrilla y las letras rojas
destacadas.
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IMAGEN, ARRIBA: Portada del libro La Europa Atlántica en la Edad del Bronce, de
Marisa Ruiz-Gálvez Priego. En el artículo de hoy analizaremos esta obra de una autora
que ha publicado diversos estudios sobre el mundo atlántico
protohistórico. Investigaciones que han impulsado nuevas teorías, generando una
visión más plena y realista acerca de lo que sucedió en el litoral Oeste europeo,
desde el quinto al primer milenio a.C.. Agradecemos a la prof. Ruiz-Gálvez nos permita
divulgar en el presente artículo algunas de las figuras que recoge en este libro que hoy
estudiaremos (principalmente mapas mineros y marineros; tanto como dibujos de ídolos y
embarcaciones, correspondientes a la Edad de Bronce atlántica europea).
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A) CLIMATOLOGÍA Y VARIACIONES DURANTE LOS DOCE ÚLTIMOS MILENIOS
(repercusión de sus cambios en los acontecimientos históricos):
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Previamente al estudio del la obra -antes referida-, analizaremos algunos puntos
sobre las alteraciones del clima en los últimos doce mil años. Concluyendo las
posibles consecuencias que sus variaciones pudieron tener a lo largo de la
Historia. Para ello, nos serviremos de dos gráficos que he realizado (conforme a las
más recientes investigaciones) donde se muestran los cambios en las temperaturas
terrestres; entre su sucesión, he añadido algunos de los acontecimientos más
notables que fueron sucediendo.
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SOBRE Y BAJO ESTAS LINEAS: Dos diagramas realizados por mí, donde se
muestran las temperaturas -aproximadas- durante los últimos doce milenios. En el
de arriba vemos como entorno al diez mil a.C., el Planeta comenzó a “templarse”;
superando la Edad de Hielo y sufriendo una mejora gradual. En ambos gráficos
hemos señalado la temperatura de nuestros días, con una linea roja trazada de un
lado a otro. Sobre ella hay otras dos marcas (también horizontales; en verde y azul
respectivamente) que nos indican hasta dos grados centígrados por encima de los
que actualmente tenemos de media.
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Podemos observar en la imagen superior como entre el 10.000 al 8.000 a.C., el
clima (en periodo Atlántico) pasa desde una fase glaciar a la de hoy. Tras ello, hacia el
7000 a.C. llega a subir un grado más y unos mil quinientos años después se eleva
hasta dos grados sobre los que vivimos en nuestros días (tras diversas
variaciones). Desde el 6500 hasta el 4000 a.C., nuevamente sufre algunos
desequilibrios; aunque al final de este quinto milenio vuelve a una graduación
prácticamente igual a la actual. El 4000 a.C. marca la entrada de una nueva fase
denominada Sub-Boreal, que llega hasta el 2000 a.C.. En esta etapa de nuevo hay
diversas irregularidades; llegando a ascender un grado y medio, aunque a final de esa
fase la climatología vuelve a situarse en el nivel de nuestros días (tal como estuvo en
el 4000, en el 6000 y en 8000 a.C.). Tras ello, en el periodo que comprende desde el siglo
XX, hasta el I a.C.; el tiempo de nuevo sufre desequilibrios y variaciones (calentándose y
enfriándose), pero regresa a un mismo punto al comienzo de nuestra Era -marcando
unos grados similares a los de hoy-. Finalmente, desde el año 1 d.C., hasta nuestros
días; vemos dos caídas de temperaturas: Una primera bajada que comienza en el
siglo V d.C. y que se recupera lentamente; para volver a enfriar el Planeta tras el año
1500 (cuando comienza la llamada Pequeña Edad del Hielo). Como es sabido, después
de 1830, el clima vuelve a mejorar para no dejar de calentarse hasta hoy -tal como
marca la linea roja en el diagrama-.
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ABAJO: Otro diagrama, en el que ya he marcado las diferentes etapas históricas,
junto a la evolución de las temperaturas (descritas). A continuación, y en el párrafo
siguiente, expongo el modo en que a mi juicio influyeron los cambios climáticos, en
los acontecimientos históricos:
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1) ANÁLISIS DEL GRÁFICO ANTERIOR (en base a las anotaciones que hemos incluido sobre las variaciones
de temperaturas):
.- Del 8000 al 7000 a.C. el clima entró en una fase de gran bonanza, comenzando por
entonces el Neolítico.
.- Hacia el 5500 a.C. la temperatura subió dos grados más sobre las actuales, momento en el que
podremos considerar nace el megaltismo (en el Occidente Atlántico y más concretamente en el Algarve).
.- Desde el 5500 al 4500 a.C. (una etapa de gran calor -superando uno y dos grados al de hoy-), se difunde el
megalitismo por todo el litoral atlántico: Bretaña, Irlanda, Gran Bretaña o el Báltico. Durante esa misma
etapa se desarrollan las construcciones ciclópeas en lugares tan remotos como la Isla de Malta -cuyos
templos con seis mil años de antigüedad son los más antiguos de Europa; un enigma histórico aún sin
resolver-.
.- Desde el 4500 al 3500 a.C. y en un momento de ciertas fluctuaciones climatológicas, (aunque sin bajar de
las actuales), se produce el Calcolítico. Edad del Cobre que se inicia en Anatolia y en el Danubio hacia el
siglo XXXVIII a.C.; para expanderse tras el 3300 a.C. por el Mediterráneo Oriental, Noroeste de África, Sur de
Iberia y la actual Italia.
.- Del 3500 al 2600 a.C., los metales se difunden por toda Europa. Hacia el 3200 a.C. la temperatura bajó,
acercándose a la actual; durante un tiempo en el que llegaría la metalurgia a zonas como el Sur de Iberia,
Italia o el Norte de África. Antes del 2600 a.C. llega la Edad de los metales al litoral Atlántico y el resto
Europa. Un momento en el que sabemos que ya las Minas de Rio Tinto (en Huelva) eran explotadas y cuando
la climatología vuelve a ser muy benigna -superando casi en dos grados la media de hoy-.
.- Entre el 2600 y el 1600 a.C. se producen las grandes civilizaciones de la
Antigüedad. De tal modo, sobre el 2600 a.C. podemos fechar algunas principales etapas
de los imperios antiguos: El Egipto de las Pirámides y la posterior Mesopotamia de
Akad, Sumer o Gudea. Asimismo, a mediados del tercer milenio a.C. florecen otras
civilizaciones, como la Minóica o la Egea (Cicládica); dedicadas al mar o al comercio y
que progresarán durante los siguientes mil años. Hacia el año 1650 a.C. revienta la
caldera del volcán Tera-Satorino (a unos cien kilómetros al norte de
Creta); provocando una hecatombe en el Egeo y su entorno. Esta erupción acabaría
con la civilización chipro-minóica hasta entonces floreciente; provocando -a mi
juicio- la destrucción de Ebla, junto al mundo anatólico de la época, obligando a los
habitantes de Oriente Medio a migrar sobre Egipto. Este desastre y las nuevas
invasiones al Norte del Nilo harían huir a los súbditos del Faraón hacia el Sur,
estableciendo su capital en Luxor (Tebas); comenzando así el periodo Hicso en el
Delta.
.- Desde el 1650 a.C. y tras la explosión del Tera-Santorino debió vivirse un invierno de varios años, al
permanecer parte del Planeta oculto bajo las cenizas volcánicas. Debido a ello -a mi juicio- bajaron las
temperaturas durante siglos, llegando a situarse entre uno y dos grados más frías que las actuales
-desde el año 1000 a.C.-. Ello provocaría el cambio en varias etapas históricas del Mediterráneo y del
Atlántico, desapareciendo por entonces las culturas del Bronce, migrando gentes desde el Norte al Sur
y avanzando algunos pueblos sobre Europa central. De tal modo, a mi entender, el volcán Tera-Santorino
provocaría una nueva “pequeña” Edad de Hielo; lo que creemos obligó a usar el carbón y potentes hornos
como medio de calentarse para sobrevivir los duros inviernos. De aquellas circunstancias pudo surgir hacia el
siglo XIV a.C. el procedimiento para fundir el hierro, que precisaba fraguas que superasen los mil grados
-alimentadas principalmente por carbón-.
.- Desde el 1000 al 500 a.C., aparecen las civilizaciones de El Hierro y claudican las
de El Bronce. En el Atlántico comienzan nuevas colonizaciones y se suceden
sucesivos “visitantes”. Que finalmente culminarían con la llegada de los fenicios (a las
costas ibéricas, entorno al siglo VIII a.C.); quienes hacia e 450 a.C. llegan a las islas
Británicas y al Cantábrico, en búsqueda de las Cassitérides. En el Mediterráneo;
comenzaría Roma; y en El Egeo, Anatolia y Grecia, florecerá la gran cultura helena.
.- Desde el 500 al año 300 a.C. continuaron bajando las temperaturas, motivo por el que quizás Alejandro
decidió expanderse hacia Asia y Egipto. Seguramente también debido a este frío, Aníbal y los cartagineses
fueron derrotados cuando avanzaron sobre Roma. Aunque entorno al año primero, de nuevo se regula y
equilibra el clima, subiendo varios grados durante unos dos siglos. Es esta una nueva época de progreso
para la Humanidad, tras la creación del Imperio por Augusto.
.- Desde el siglo I, al IV (d.C.) se observa como van bajando las temperaturas hasta el tiempo en que cae
el Imperio romano. Un final de Roma que posiblemente se produjo debido al frío; ya que las bajas
temperaturas eran soportadas mucho mejor por los bárbaros. De tal modo, si las hordas godas llegaban
hasta el Mediterráneo; no temerían luchar durante los meses de invierno.
.- Desde el siglo IV al XIV; como vemos en el gráfico, la Edad Media fue una etapa de duras temperaturas,
durante la cual las civilizaciones del Sur se expanden y progresan más que las del Norte. De este modo
se explicaría el dominio de los árabes, llegados en el 711 a España, que en unos decenios se hicieron con
toda la Península. Aunque hacia el 1300 la climatología se templa y llega a ser igual a la actual,
comenzando por entonces el gótico, la época de las catedrales y la última fase de la Reconquista. Todo
cuanto culmina en el siglo XIV, que de nuevo es una gran etapa de esplendor para Europa, surgiendo en
estos años el Renacimiento y produciéndose hechos como la llegada a América o la entrada en la Etapa
Moderna.
.- Desde el año 1500 vuelven a caer las temperaturas, comenzando la llamada “pequeña Edad de Hielo”.
Un hecho que explica las hambrunas europeas, la migraciones masivas hacia América, la búsqueda de
nuevos recursos y la necesidad de inventar técnicas de calefacción. Procedimientos para calentarse y
sobrevivir que comienzan a surgir en el siglo XVI y que culminan en el XVII con los primeros sistemas de vapor
y la aparición de ingenios a movidos por calor.
.- Entorno al año 1750 se produce la mayor bajada de temperaturas de los últimos
doce mil años, llegando a un enfriamiento de tres a cuatro grados -de promedio-. Esta
situación provoca la necesidad de nueva tecnología; naciendo a mi juicio de todo
ello la máquina a vapor (surgida desde las calderas cerradas). Asimismo la obligación
del estudio y observación de la naturaleza (para generar inventos) produciría la
Ilustración. Aunque esta terrible climatología provoca a su vez hambrunas y fríos
horribles, siendo sin duda alguna el fenómeno que motivó hechos como la
Revolución Francesa y la huida masiva hacia América.
.- Desde 1830 el clima vuelve a templarse y gradualmente se regula hasta la situación que
vivimos. Donde ya parece que la subida se ha producido de forma excesivamente rápida, al menos desde los
años setenta; llegando a elevarse algunos grados en solo unas décadas.
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SOBRE Y BAJO ESTOS PÁRRAFOS: Otros dos dibujos explicativos realizados por
mí, donde podemos ver la altura del Atlántico durante diferentes etapas
históricas. El cálculo del nivel de mar lo hemos determinado conforme indican los últimos
análisis científicos y siguiendo el estudio de los profesores Salas, Remondo y
Martínez (1) . De tal manera, se estima que durante el periodo climático denominado
Atlántico (del 10.000 al 4000 a.C.) el nivel del mar subió unos 15 centímetros por
siglo. Posteriormente durante el Sub-Boreal y el Sub-Atlántico (del 4000 al 2000 a.C. y
desde entonces al año primero) el aumento de la cota marina sería de unos 10
centímetros por centuria. Ello nos lleva a deducir que:
- En el 6000 a.C. el Océano Atlántico estaba unos 5 metros más bajo.
- En el 5000 a.C. (cuando se inicia el megalitismo) su cota era 3,5 metros menor.
- En el 4500 a.C. (cuando se difunde esta arquitectura ciclópea), la altura del mar era
unos 2,75 menor.
- Desde el 4000 a.C. ya había recuperado bastante altura y se situaba tan solo 2 metros
por debajo a la linea actual
- Desde el 4000 a.C. pierde 10 centímetros por siglo y en el 1500 a.C. ya el Atlántico
tan solo estaba medio metro más bajo.
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En el gráfico inferior he marcado con mayor detenimiento las etapas del megalitismo y
la Edad del Bronce, para poder comprender la linea de costa durante esas
épocas históricas (en nuestra Península y el Atlántico). La valuación del nivel del mar
nos ayuda a entender la situación en que vivieron y navegaron durante estos
ciclos. Pues no solo manifiesta la proximidad de muchos puntos costeros (hoy
alejados o hundidos bajo las aguas); sino que además hace suponer la abundancia de
carámbanos y glaciares de la Edad del Hielo, flotando o rodeando los mares. Ello
facilitaría la navegación, principalmente entre el Continente y las Islas
Británicas (mucho más próximas y en ocasiones casi unidas por puentes helados).
Asimismo, todo esto hace evidente la existencia de fauna marina muy distinta a la
actual; estando poblado de ballenas y focas el litoral atlántico peninsular, el
Cantábrico y el Canal de la Mancha -especies que aún habitan en zonas como el Mar
del Norte, Escocia o Irlanda-. La abundancia de fócidos y de distintos mamíferos marinos
-tan fáciles de apresar- supondría un aporte vitamínico inigualable, convirtiendo la
zona en un paraíso alimenticio, donde apenas con un arpón y una canoa podrían
sobrevivir. Asimismo, una dieta basada en focas y cetáceos, concede un aporte
calórico que les permitiría soportar bajísimas temperaturas. Además, los aceites
procedentes de esta fauna marina untados sobre el cuerpo, son magníficos protectores
contra el frío. Finalmente, sabemos gracias al estudio de las tribus esquimales o
fueguinas, que los habitantes de zonas gélidas subsisten cubiertos con pieles
embadurnadas en estas grasas (evitando así que sus ropajes se congelen). Todo ello lo
hemos explicado detenidamente en nuestros artículos anteriores, donde se comprende
que el megalitismo pudo surgir -en gran parte- impulsado por la riqueza ballenera y de
fócidos existente entonces en el litoral atlántico europeo (2) .
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2) CONCLUSIÓN A ETAPAS CLIMATOLÓGICAS Y A LA ALTURA DEL MAR (los ciclos
históricos y los cambios de temperatura; las Eras astronómicas y los distintos vestigios
bajo el océano):
Los gráficos mostrando los cambios de clima -analizados en el epígrafe anterior-, primeramente señalan
que la última etapa Glaciar toca a su fin de forma acelerada hacia el 10.000 a.C. (momento en el cual las
temperaturas comienzan a subir sobremanera). Acerca del origen de esa última Era de Hielo hay diversas
teorías y aunque se inicia hace más de cien mil años, su momento álgido (de mayor frío) se cifra entorno
al 20.000 a.C.. Un máximo gélido que a mi juicio pudo deberse a lo sucedido en el 37.000 a.C., con la
explosión del Ignimbrita Campana. Famoso volcán situado en las cercanías de la actual Nápoles y
que entró en acción hace unos treinta y nueve milenios, asolando Europa y al resto del
Mundo. Actualmente se supone que el estallido de la caldera del Ignimbrita hizo desaparecer a los
Neanderthales; arrasados bajo el fuego o su acción volcánica. Acabando esta catástrofe con los habitantes de
la antigua Europa, que serían devastados por la ceniza y los gases del gigantesco cráter que provocó años sin
luz solar ni veranos -cubriendo la mayor parte del Continente bajo un manto con metros de espesor, formado
por arenas y restos de la erupción-. Tras esta explosión acontecida hacia el 37.000 a.C., las temperaturas
debieron caer en picado; después de que la atmósfera se viera cubierta durante lustros de polvo y nubes
tóxicas. Debido fundamentalmente a ello, creemos que hacia el 20.000 a.C. se produjo la etapa de mayor
frío en ese periodo último glaciar. Aunque poco después (en el 10.000) las temperaturas vuelven a
subir, seguramente tras haberse limpiado el Planeta de aquellos restos. Floreciendo de nuevo la
vegetación, naciendo cultivos y poblándose la Tierra de animales; templándose así definitivamente el clima.
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Sería este el momento que señalan los gráficos estudiados en el epígrafe anterior, donde
vemos que el calentamiento es imparable; ya que hay más de cinco grados de
diferencia entre el 10.000 y el 8000 a.C. -lo que supone el aumento de un grado, cada
cuatro siglos-. Continúa desde entonces el templado del clima, con algunas variaciones y
altibajos, aunque determinándose hacia el alza. Así, en el 5500 a.C. se llegaría a unas
temperaturas dos grados superiores a las actuales. En lo que se refiere a las
consecuencias de todo ello; a mi juicio no podemos considerar una casualidad que en
el 8000 se inicie el Neolítico y en el 5500 a.C. el megalitismo -dos fechas en las que
más rápidamente había aumentado el calor-. Hechos históricos que en mi opinión
estarían plenamente relacionados con las épocas de bonanza climatológica que hemos
descrito. Pudiendo haber provocado el calentamiento del octavo milenio un clima benigno
que propiciase las condiciones óptimas para que las personas comenzaran a realizar
labores agrícolas y a organizarse en grupos sociales. De igual manera, que el calor de
los años cercanos al 5500 a.C. seguramente lograría que las tribus canoeras del
Mediterráneo y las gentes asentadas en el litoral atlántico, se lanzasen a navegar en
sus balsas. Cruzando el Canal de la Mancha, subiendo desde la costa portuguesa a
las del Cantábrico y llegando hasta el mar Báltico. Produciéndose de ese modo un
continuo transitar de gentes que viajaban de Norte a Sur por las costas atlánticas de
Europa. Nómadas del mar que sobrevivirían de la pesca y de la captura de focas o
cetáceos; viajando mientras buscaban pepitas de oro, plata o ámbar y que podrían
intercambiar con objetos procedentes de los más diversos lugares (sal marina, pescados
en salazón, piedras semipreciosas, hachas votivas neolíticas, enseres de esparto,
cerámicas campaniformes etc.etc.).
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Para finalizar diremos que existe una teoría que demuestra como hacia el 8000, o bien
entorno al 5500 a.C.; se produjo una lluvia de meteoritos sobre la corteza solar.
Cayendo antes de que comenzase el IX milenio un gran asteroide en el Sol (que se
considera de unos 3 kilómetros de diámetro), o bien una serie de ellos entre esta fecha
y mediados del VI milenio. Ello provocaría un aumento de las temperaturas, que
durante estos dos mil quinientos años -entre el 8000 y el 5500 a.C.- dieron pie a una
etapa diluvial, durante la que las precipitaciones aumentaron cincuenta veces (a las
comunes hasta entonces). Unas lluvias que unidas al calentamiento del Planeta, provocó
una rápida subida de las aguas; aumento de los océanos de tal magnitud, que el Mar
Negro (hasta entonces un lago de agua dulce) fue inundado por el Mediterráneo. Por
cuanto expresamos, esta posibilidad de que la subida de temperaturas se debiera a
diferentes asteroides caídos sobre la corteza del Sol, explicaría por qué entre el
10.000 y el 5500 a.C. el clima cambia radicalmente. Una bonanza que a mi juicio fue
la que inició el Neolítico y posteriormente el megalitismo (dos etapas que
comienzan desde el 8000 y después del 5500 a.C.).
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SOBRE Y BAJO ESTAS LINEAS: Dos imágenes relacionadas con el mundo ballenero
del Cantábrico. Arriba una fotografía de la isla y ermita de San Juan de Gaztelugatxe,
lugar estratégico y sagrado para los marineros vascos desde tiempos inmemoriales. A
su paso por el islote, los navegantes realizaban varios virajes en señal de saludo al santo,
con el fin de obtener suerte en sus singladuras y capturas. Gaztelugatxe, está
situado junto al Machichaco y es uno de los puntos más septentrionales del
Cantábrico, solo superado en latitud Norte por el famoso cabo de Peñas (en
Asturias). Las poblaciones cercanas a estas puntas marinas norteñas (Machichaco y
Peñas: Bermeo y Luanco) fueron siglos atrás importantes puertos dedicados a la
captura de ballenas, valiéndose para el avistamiento de cetáceos de atalayas como
Gaztelugatxe. Lo que les permitía ver antes que otros a estos mamíferos marinos, cuya
caza precisaba salir en traineras a toda prisa para seguirlas y hacer sangre al cetáceo
(pues la barca que primero arponeaba la ballena, era dueño legal de la presa).
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Abajo podemos ver aparejos de pesca antiguos, pertenecientes al Museo del Mar de
Bayona, en Pontevedra (al que agradecemos nos permita divulgar la imagen). La Bayona
de Galicia y la Baiona vasca deben su nombre al avistamiento y captura de ballenas
que se llevaba a cabo desde estos puertos, situados junto a altos puntos de vigía. Una
pesca que principalmente necesitaba de enormes sogas y de una organización bien
estructurada, para arrastrar a la pieza gigante hasta la playa y sacarla del mar. La
caza de algunas piezas como ballena franca (que abundaba en el Norte de España), era
muy sencilla; pues tenía un comportamiento tan manso como dócil y se acercaba
tranquila hasta las naves. Además, al ver herida a una sus crías, no se separaba de ella
aunque al permanecer a su lado fueran arponeadas repetidamente. En la fotografía de
abajo vemos redes y aparejos marineros con unos cincuenta años de antigüedad, donde
se hace evidente que las técnicas de pesca apenas habían evolucionado en miles de
años: Desde el neolítico hasta hace un par de siglos.
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Los hechos descritos previamente a las imágenes, a mi juicio hicieron surgir y expanderse el Neolítico
(desde el 8000 a.C.) y posteriormente el megalitismo (tras el 5500 a.C.). Naciendo las construcciones
ciclópeas gracias a la gran bonanza climatológica; como un sistema de referencia, religión y
observación de los astros (común entre los habitantes de las costas del Atlántico Oeste europeo). Pues
hemos de deducir que el megalitismo fue un modo de identificarse, perpetuarse y una forma de
cohesión; para esas gentes que habitaban, viajaban e intercambiaban sus mercancías y conocimientos por
todo litoral atlántico de Europa. Una civilización común, surgida paulatinamente entorno al 5500 y que
finalizó hacia el 1500 a.C.. Forma de cultura que elevaba grandes bloques de piedra como método de
identificarse, para hacer con ellos observatorios astronómicos, monolitos sagrados o para construir
enormes tumbas. Todo, a mi entender, probablemente inspirado desde las técnicas de caza y arrastre de
ballenas. Ya que para capturar y llevar a tierra un cetáceo de decenas de toneladas, hay que organizar a
centenares de hombres; que con cuerdas e ingenios, sepan sacar del mar al gigante marino. Unos enormes
“monstruos” que se capturaban con enorme facilidad en el Cantábrico hasta hace apenas unos siglos y cuya
docilidad y mansedumbre les llevó a ser exterminados (tal como sucedió con la ballena franca, cuyo último
ejemplar se pescó en las playas vascas, en 1912).
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Cuanto antes hemos expuesto, nos atrevemos a afirmarlo ante la evidencia de que los
dólmenes y menhires se extienden por las costas del Atlántico europeo (y sus
proximidades), desde fines del sexto milenio a mediados del segundo a.C.. Pudiendo
deducirse que nacieron para expresar y crear una religión basada en el sistema de
observación del cielo; lo que precisa de monolitos inalterables en su orientación.
Pero asimismo, los megalitos se elevarán como referencia de un sistema social,
común a todos los pueblos en contacto -en estas costas atlánticas-. Quienes entre los
siglos LX y el XV a.C. se organizarían de manera similar, generando formas de poder
que adoraban a esos enormes pedernales, donde también enterrarían a sus
principales hombres (creando así, cenotafios de grandes bloques). Todo un modo
común de religión, sociedad y forma de vida que se expandió desde el Sur de Portugal y
de Iberia; hacia Extremadura, Zamora, Galicia, Asturias, Cantabria, Vasconia y Pirineo;
pasando a la costa francesa, Bretaña e islas Británicas. Subiendo por el litoral de Países
Bajos y llegando al Báltico, extendiéndose por las playas del Norte. Internándose
finalmente hacia Europa central, bajando desde Jutlandia hasta el Danubio, y desde la
costa de Francia sobre tierras medias de la Galia. Todo ello durante más de tres
milenios y medio, en una cultura común a todo el Oeste europeo; lo que -en
verdad- es la civilización más longeva y misteriosa de nuestro Planeta.
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SOBRE ESTAS LINEAS: Dos mapas míos -unidos- en los que vemos los principales
yacimientos de oro y ámbar en la antigüedad, junto a la expansión y difusión del
megalitismo. Observándolos se hace evidente que las construcciones ciclópeas se
inician a fines del VI milenio y comienzos del V a.C., en El Algarve, Galicia costera,
Bretaña y Sur de Irlanda. Pareciendo muy probable que pudo tratarse de marineros
en busca de oro y de ámbar. Extendiéndose primero por las zonas atlánticas muy
ricas en este metal (donde aparece en las arenas de ríos o en superficie) para
difundirse posteriormente por tierras con yacimientos auríferos de menor
importancia y hacia zonas de ámbar. Áreas donde aparece el megalitismo durante
todo el IV milenio a.C.; ya que a excepción de Malta y el Norte de África Magrebí
(Marruecos, Argelia Túnez), veremos arquitectura ciclópea en toda zona costera del
Atlántico, rica en ámbar y oro. Finalmente, durante el III milenio, el dolmenismo
caminará hacia el centro de Europa y por otras tierras; esta vez buscando cobre y
estaño. Dos metales imprescindibles desde el 2700 a.C., fecha tras la que se
difunde paulatinamente la Edad del Bronce en nuestro Continente.
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BAJO ESTAS LINEAS: Precioso grabado de Abraham Ortelius, editado en Burgos en
1572 y perteneciente al apéndice de su atlas enciclopédico, publicado en seis volúmenes
y llamado “Civitatis Orbis Terrarum” (como complemento del Theatrum Orbis Terrarum
-1570-). En esta magnífica obra, Ortelius recoge láminas de todas las zonas de Europa
y en la imagen vemos una de los corrales de Cádiz. Concretamente de playa de la
Caleta, junto a la ermita de San Antonio. En la parte central del grabado se observa
perfectamente a los pescadores recogiendo la captura en el corral, mientras baja la
marea. Estos métodos de pesca de origen ancestral, sabemos que fueron utilizados
en el Neolítico; preferentemente en las costas atlánticas ibéricas, donde el paso de
bancos de atunes y de ballenas debió ser una de las mayores fuentes de riqueza
imaginable. El proceso de captura con “corral”, se basa en realizar muretes junto a la
costa, formando pequeñas piscinas de poca altura y con un rebosadero abajo, tapado por
piedras (que impide salir todo aquello que no sea líquido). Estos “corrales” se llenan de
agua y pescado vivo al subir la marea; pero al bajar la mar, tan solo el agua escapa de los
diques, quedando allí atrapados cientos de peces.
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Volviendo al clima y a sus ciclos, vimos a su vez en los gráficos expuestos en imágenes primeras, como las
temperaturas regresan a unas mismas variantes cada dos mil años (aproximadamente). Ello no
creemos sea una casualidad. Sin conocer la existencia de estudios que demuestren los motivos por los
cuales cada veinte siglos, la temperatura retorna a unos parámetros similares; considero que su explicación
puede encontrarse en las Eras astronómicas. Estas Eras o Ciclos de unos 2148 años, tienen su
fundamento mecánico celeste en la rotación imperfecta de la Tierra. Debido a que nuestro planeta no da
vueltas sobre sí, de un modo equilibrado; sino describiendo ciertos trompos -por efecto de atracción
gravitatoria y desigualdades en su traslación-. Todo lo que convierte al Globo terráqueo en una especie de
peonza, que al girar sobre sí misma, decae, describiendo elipses. Unos defectos de rotación que llevan a que
el eje de la tierra se oriente cada 2150 años (aproximadamente) hacia una constelación distinta. Todo lo
que se llama Era Astronómica y que se completa cuando nuestro Planeta ya se ha situado mirando a las
doce Constelaciones; es decir tras 2148 años multiplicados por 12. Un ciclo de 25.776 años que se
denomina Año Platónico y que finaliza cuando la Tierra se ha orientado hacia esos doce puntos, para
retornar al inicial.
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Estos hechos, fueron ya conocidos por los astrónomos mesopotamios y debemos considerar que
también los de Egipto, pues los describe perfectamente Hiparco de Nicea (tras estudiarlo al parecer en el
Nilo). A través de ellos pueden fecharse los megalitos y monumentos antiguos, habida cuenta que
provoca la Precesión de Equinoccios. Haciendo que el Sol salga unos grados más al Norte o al Sur, al
observarlo desde un mismo lugar. Pudiendo ser quizás este también el motivo por el cual, cada dos mil
años (aprox.), el clima se equilibra y regula en unas mismas temperaturas; retornando a parámetros
semejantes a los de nuestro tiempo. Ya que en hacia el año 2150 entraríamos en una nueva Era -la de
Aquarios-; tras salir de la de Piscis, que se inició aproximadamente con nuestro calendario (al finalizar el siglo I
a.C.).
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Finalmente y para concluir este epígrafe, añadiremos que tras conocer cómo la linea de
costa era muy inferior milenios atrás. Se hace evidente que muchos de los restos
Neolíticos -o megalíticos- que se observan bajo el mar, pueden tratarse de
construcciones anteriores al 2000 a.C.. Cuando la altura de los océanos estaba muy
por debajo de la actual; de lo que no se habrían hundido solo por efecto de una
falla (tras un terremoto). De esta manera, los restos que desde hace unos años se
estudian el las proximidades de Cádiz y que algunos han llegado a identificar con la
Atlántida; quizá sean construcciones neolíticas o megalíticas hundidas bajo los
mares, tras la subida de nivel de las aguas y no tanto por el geosinclinal que allí se
partió. Pues se considera -comúnmente- que su situación el en fondo de las aguas
se debe solo a la falla del terreno, lo que al parecer se produjo en Huelva-Cadiz tras
diversos terremotos sucedidos entre el siglo IV y el II a.C.. Movimientos sísmicos que
hicieron perecer bajo el océano parte de la costa atlántica andaluza y desaparecer al Lago
Ligustino. Aunque al hecho anterior hemos de sumar los cinco metros menos de
profundidad que el océano tenía en sexto milenio a.C. y que gradualmente fue
aumentando. Un tiempo en el que seguramente realizaron corrales de pesca, para
aprovechar las mareas oceánicas del Suroeste peninsular. Sistema de captura de peces
que se considera de origen neolítico en nuestras tierras y que tiene hoy entre sus
ejemplos los de Chipiona o Rota; pero que se sabe fue uno de los métodos más comunes
de hacer pescar en el Atlántico andaluz. Todo lo que quizás pudiera relacionarse con
las famosas ruinas de la Atlántida, que dicen haber encontrado recientemente bajo
las aguas de aquel litoral.
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IMAGEN, ARRIBA: Dos mapas míos superpuestos. En el lado izquierdo, las
principales minas de oro, plata, estaño, cobre y cinabrio en la Antigüedad. A la
derecha, las áreas y etapas de difusión de los metales en Europa y el
Mediterráneo (marcados con un círculo las zonas con las fechas de expansión del
metal).
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IMAGEN, ABAJO: Dos mapas míos en los que señalé las diferentes rutas, a lo largo
de los tiempos: Las del ámbar y el oro (del V y IV milenio). La del cobre y estaño del
III y II milenio a.C.. La del estaño del II milenio a.C. (hitita hacia el Cáucaso, y ruta
del Oeste, hacia el estaño Atlántico)
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3) FASES CLIMATOLÓGICAS EN DIFERENTES AUTORES (nuestra división de
etapas y la hipotética lluvia de asteroides sobre la corteza solar):
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Terminaremos esta primera parte de nuestro artículo de hoy recogiendo lo que actualmente se enseña
acerca de los cambios de temperaturas terrestres (durante los últimos doce milenios), incluyendo el
modo en el que diferentes vertientes separan las etapas de variación. Finalmente expondremos el
modo en que hemos separado estas fases nosotros, explicando además la nueva teoría que defiende
cómo desde el 8000 a.C. una lluvia de asteroides sobre el Sol, provocaría el cambio de clima.
De tal manera, comúnmente se enseña hoy que estas facetas se separan en:
-Período Boreal (11.500 al 8.900 a.C.) en el que se considera que el clima era fresco,
seco y su incremento de la temperatura (0,5 a 2ºC)
-Período Atlántico (8.900 al 5.700 a.C.) Cálido y húmedo. Durante esta etapa se
desarrolló el optimo climático
-Período Sub-boreal (5.700 al 2.600 a.C.) Con clima seco y frío; desarrollándose en esta
etapa la continentalización.
-Período Sub-atlántico (2600 al año 1). Con incremento de la humedad y temperatura; en
esta etapa aparece el clima mediterráneo.
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Por su parte Huetz de Lemps (3) , diferencia en:
-PERIODO ATLÁTICO 7000 al 5000 aC. Temperaturas más cálidas a las actuales de 2º a
3º y más humedas; Europa ocupada por enorme bosque de tilos, fresnos, alisos y robles
-PERIODO SUB-BOREAL (5000 al 2500) primeras roturaciones o incendios humanos
comienzan a trastornar el clima. MUcho más duro y seco que el anterior. El haya se
convierte en dominante y los abetos.
-PERIODO SUB-ATLÁNTICO (desde el 2500 al 300 a.C.) Más fresco pero más húmedo
que el anterior. Sigue dominando las hayas, anque ya abundan los robles.
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Jesús Jiménez-Guijarro (4) , distingue principalmente en:
-Clima Atlántico del 9000 al 6000; temperaturas por encima de las actuales en unos 2º
grados.
-Sub Boreal del 6000 al 3500; con severas etapas de sequía y descensos de
temperaturas en al menos un punto; lo que supone un grado más que las temperaturas
actuales. Intesas sequias seguidas de lluvias monzónicas.
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Siendo la clasificación de Blytt-Sernander (5) :
-SUB ATLÁNTICA 2000 a.C. al presente.
-SUB BOREAL 4500 al 2000 a.C.
-ATLÁNTICA 7400 al 4500 a.C.
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IMAGEN, ARRIBA: Dos mapas de la Península Ibérica. A la izquierda: La distribución
de los dólmenes, menhires y cromlechs en un gráfico trazado por mí, siguiendo al
profesor Kalb. A la derecha: Las minas y minerales de la Península según Marisa
Ruiz-Gálvez Priego; dibujo tomado de su libro Europa atlántica en Edad del Bronce (6) .
Observando los dos mapas, veremos que son casi paralelos; pues aparecen megalitos en
todos los puntos donde hay metales, en nuestra Península. Todo lo que hace evidente
que esta civilización se establecía junto a las minas (de oro, plata al comienzo y más
tarde, en las cercanías de las de estaño y cobre). Comparando ambas imágenes,
parece indiscutible que la arquitectura ciclópea se levanta cerca de yacimientos
metalúrgicos, lo que induce pensar que era buscadora de minas, aun en una época
anterior al calcolítico. Ello lleva a concluir que intercambiaban pepitas de oro y
plata -en un principio- y más tarde (tras el 3000 a.C.), estaño y cobre. Siendo esa
segunda etapa ya presidida por la Edad del Bronce, que desarrollaría la cultura del Vaso
Campaniforme, expandiéndola desde el Sur de España por todo el litoral atlántico.
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IMAGEN, ABAJO: De nuevo dos mapas, en este caso -de nuevo- el antes recogido de
la profesora Ruiz-Gálvez (a la que agradecemos nos permita divulgarlo) y a su lado
uno que he realizado sobreponiendo los principales hallazgos de la Edad del
Bronce en la Península, marcando a su vez las zonas de bateo de oro más
importantes. Podemos observar comparativamente en las imágenes (anterior y esta)
la importancia del oro y los metales para la civilización de los megalitos, tal como lo
fue durante toda la Edad del Bronce.
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Por nuestra parte, hemos distinguido las siguientes fases en los gráficos que
recogimos al comienzo de este artículo:
- 10.000 al 4000 a.C. FASE CLIMA ATLÁNTICO: Entre el 10.000 y el 8000 suben las
temperaturas unos cinco grados. Entre el 8000 y el 5500 aumentan otros dos
grados, después tienden a bajar, situándose en el 4000 a.C. en el mismo nivel a las
de hoy.
- 4000 al año 2000 a.C. FASE CLIMA SUB-BOREAL: Las temperaturas que se inician
similares a las de hoy, suben en el 4500, 3500 y el 3000 (aprox) un grado más;
aunque al final terminan siendo iguales a las actuales (desde el 2000 a.C.).
- 2000 a.C. al 2000 d.C. FASE CLIMA SUB-ATLÁNTICO: Hacia el 1800 a.C. suben las temperaturas un
grado, pero desde el 1650, a mi juicio por efecto del volcán Tera-Santorino, bajan rápidamente; cayendo
muy por debajo de las actuales durante el siglo III a.C.. Después se recuperan y hacia el año 1 d.C.
vuelven a estar al nivel de hoy. Se mantienen así hasta el siglo III d.C. que entran de nuevo en una caída libre
que llega a bajarlas un grado. Hacia el siglo V d.C. se recuperan y en el XIV llegan a igualarse a las actuales.
Pese a ello, entorno al año 1500 vuelven a caer, provocando lo que se denomina la “pequeña Edad de Hielo”
que tiene su punto álgido hacia el 1750. Después vuelve a templarse el Planeta, desde 1830, hasta llegar a
nuestros días (en que están variando aceleradamente).
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No disponemos de datos ni menos de conocimientos para determinar qué causas astronómicas pudieron
determinar los cambios de clima después del 10.000 a.C.. Aunque sí me atrevo a afirmar que este aumento
de temperaturas desde el 8000 al 5500 a.C., promovieron el Neolítico y después el
megalitismo. Una etapa neolítica donde la agricultura quizás se extendió y se hizo posible gracias a las
enormes lluvias habidas; lo que seguramente propició un ambiente de bonanza y humedad en el que se
podrían sembrar y cultivar los campos. Asimismo, después del 5500 a.C., cuando las temperaturas
alcanzan el máximo histórico conocido (ver gráficos en primeras imágenes) a mi juicio, un grupo de
humanos pudieron establecerse en tierras europeas, casi deshabitadas hasta entonces. Llegando al
litoral atlántico y sobreviviendo en palafitos y canoas; pudiendo moverse de un lugar a otro en estas
costas Oeste europeas -escapando en ellas de depredadores, animales o humanos-. Creyendo personalmente
que sobrevivieron en la Europa Atlántica como nómadas, sobre sus pequeños barcos, cazando focas y
ballenas. Todo lo que iniciaría una civilización común desarrollada desde el litoral Sur hasta el Norte de
esta zona de nuestro continente; comenzando así el megalitismo que se inicia hacia el 5500 a.C. en el
Algarve y Alentejo (como veremos en los conjuntos ciclópeos de estas épocas).
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La cultura de las grandes piedras -como repetimos-, se expande desde el Sur de Portugal hacia Galicia,
Bretaña y las Islas Británicas antes del 5000 a.C.. Y durante el siguiente milenio se difundiría por las
costas del Norte de Europa, llegando al Báltico. A mi juicio, estas primeras migraciones de pequeños
navegantes atlánticos, se llevarían a cabo en busca de alimentos y de refugio; para evitar depredadores
llegados del Mediterráneo o de tierra, y para cazar ballenas o focas. Aunque desde el 4500 a.C., esos
nómadas canoeros pasarían a crear una “civilización” común, en la que todos construirían enormes
cenotafios y grandes observatorios astronómicos pétreos. Generando un contacto continuado entre las Islas
Británicas, el litoral continental, el Sur de Portugal, las costas de Francia, las de Holanda, Alemania o las del
Báltico. Comunicación continua, a través de la que intercambiarían pepitas de oro, plata y ámbar -en un
principio-; trocando tras la Edad del Bronce, estaño y cobre (después del 2700 a.C.). A más cambiar
productos comunes de unos y otros lados de procedencia y que transportarían en sus pequeños barcos, en
sus idas y venidas por las costas atlánticas.
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IMAGEN, ARRIBA: Dos mapas comparativos. A la izquierda, las rutas del ámbar y de
los metales, seguidas desde el V milenio a.C.; pasando por diferentes épocas y
hasta llegar al camino de Heracles (singladuras de los griegos), o al fenicio de las
Kassitérides. A la derecha, de nuevo los principales puntos de la Edad del Bronce,
junto a las minas de oro antiguas. Recordando otros mapas anteriores y comparando
los dos que tenemos en la imagen superior; todo ello muestra que son paralelos -
plenamente coincidentes- esos hallazgos del Bronce, los yacimientos metalúrgicos y
las rutas de los colonos o visitantes en busca de riquezas.
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IMAGEN, ABAJO: De nuevo, a la derecha el mapa trazado por mí siguiendo a Kalb,
con la distribución de los megalitos en la Península. Al lado -izquierdo- la difusión
del Vaso Campaniforme por Europa, desde el 3000 al 1800 a.C. (aprox). Si los
comparamos, se hace evidente que el Vaso Campaniforme no se expande siguiendo
el ámbar o las minas de oro y plata (tal como hizo el megalitismo) sino a través de
puntos que unían caminos para encontrar estaño y cobre. Hemos de anotar además
que para el transporte de cobre se precisa de una gran organización, pues no se
trata ya de trasladar pequeños lingotes o pepitas (tal como sucede con los metales
preciosos). Sino que deben cargarse centenares de kilos en forma de grandes
placas (llamadas comúnmente Talentos o Minas), algo que exige un comercio
marítimo medianamente organizado o un transporte terrestre con etapas fluviales,
bien vigilado y mejor señalizado. Ya que mientras por mar es fácil guiarse y viajar
pasando desapercibido; por tierra se hace difícil atravesar territorios sin ser asaltados o
sin pagar peajes y portazgos -además, tiene una mayor dificultad orientación o de
traslado, si los caminos no están bien mantenidos y señalizados-.
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Finalmente añadimos la teoría -ya comentada- acerca del calentamiento del clima; que considera como esta
alteración se produjo debido a una lluvia de meteoritos sobre la corteza solar, sucedida entre el 8000 y
el 5500 a.C. (aproximadamente). A mi juicio debiéramos pensar que la caída de un gran asteroide en el
Sol (de unos 3 kilómetros de diámetro), debiera fecharse más bien entorno al 10.000 a.C.; momento en el
que las temperaturas suben radicalmente. Aunque también habríamos de considerar como
posibilidad, que una serie de ellos chocasen contra la corteza del astro mayor, entre el décimo y el sexto
milenio. Ello provocaría que entorno a estos años -entre el 10.000 y el 5500 a.C.- se produjera una etapa
diluvial; durante la cual, las precipitaciones se multiplicaron por cincuenta. Sucesos que pueden leerse
en las estalagmitas y estalagtitas de las cuevas, en cuya graduación de humedad interior, demarcan cincuenta
veces más lluvias durante estos milenios. Un hecho, que unido al calentamiento de las temperaturas,
provocó una rápida subida de las aguas; aumento de los océanos de tal magnitud, que el Mar Negro fue
inundado por el Mediterráneo -como ya hemos mencionado- . Accediendo sus aguas hacia aquel “lago
negro” antes del 5500 a.C. y a través del Estrecho del Bósforo, que actuó como un rebosadero, dando
entrada al Mediterráneo. Por efecto de estas lluvias y deshielos, que terminaron por unir ambos
mares; se convirtió en salado el enorme lago dulce que fue el hoy “Negro” mar, elevando su nivel de superficie
en decenas de metros.
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Todo lo expuesto, nos hace deducir que después de esta inundación pudo producirse una enorme
migración hacia Europa de los pueblos ribereños del antiguo “lago negro” (tragado por el
Mediterráneo). Un enorme embalse, que convertido en agua de mar, obligaría a huir a quienes vieron
hundidos sus territorios bajo metros del nuevo cauce. Hechos que -creemos- llevaron a marchar hacia
tierras continentales o al Egeo, a estas gentes que hasta entonces habitaban junto a aquel gigantesco
embalse de agua potable. Quienes, hemos de pensar, serían pueblos neolíticos, con conocimientos de
navegación y del cultivo. Unos habitantes del antiguo Mar Negro, que hubieron de escapar hacia Anatolia,
Europa y sobre las costas de la actual Grecia. De los que muchos llegarían al Occidente lejano; arribando
al litoral atlántico y llevando hasta nuestras tierras las grandes revoluciones neolíticas que existían en
el Oriente próximo. Pudiendo haber sido estos hechos relatados, el detonador que hizo florecer
civilizaciones como la megalítica atlántica (y posteriormente, otras como la de Malta). Nacidas de culturas
marineras, tan antiguas como extrañas; seguramente influidas por movimientos religiosos y sociales
que ya existían en Anatolia antes del 5500 a.C.. Bastando para entender la idea que expresamos recordar
yacimientos de la actual Turquía, como Catal Hüyück; cuyo final se fecha en el 6600 y el 5600 a.C., y que
desaparece en tiempo coetáneo a la inundación del Mar Negro . Tal como sucede en otros tantos, entre los
que destaca Göbekli Tepe; cuyo comienzo es anterior al 10.000 a.C. y que fue abandonado igualmente hacia el
6000 a.C..
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IMÁGENES, ARRIBA Y ABAJO: Varias fotografías con embarcaciones de diferentes
épocas, en las que se aprecia su prácticamente igual estructura y forma de
fabricación. Sobre estas lineas, naves con unos cuatro o cinco siglos: En primer lugar,
réplica de La Pinta guardada y expuesta en el puerto Bayona (Galicia); donde se
recuerda la llegada de esta carabela a su regreso en el primer Viaje colombino, en
1493. Bajo ella, detalle de un cuadro de Simón Vliegel, pintado hacia
1630 (perteneciente a la colección Museo Thyssen de Madrid, al que agradecemos nos
permita divulgar la imagen). Bajo este párrafo, un mosaico con una trirreme
romana, propiedad del Museo del Bardo, en Túnez (al que agradecemos nos permita
divulgar la fotografía). Al final, dibujo mío con un bajorrelieve egipcio cercano al
2.400 a.C.; hallado en la mostaba de Ipy. Representa un velero fluvial del Antiguo
Imperio egipcio, arbolado con el clásico palo abatible.

Como podremos ver las técnicas de construcción en astilleros apenas variaron


desde la Edad del Bronce, hasta la aparición de los barcos a vapor (en el siglo XIX).
Algo que comprobaremos en las imágenes, o al visitar museos navales (como el de La
Pinta en Bayona); principalmente los que estudian las embarcaciones de Roma, Fenicia y
del Egipto más antiguo. Del mismo modo, la tecnología y modos de navegar tampoco
sufrieron grandes avances desde los tiempos más remotos, al menos hasta la
aparición de la brújula. Pese a todo, en el siglo XVII se continuaba marcando el rumbo a
través de astrolabios y cuadrantes, prácticamente iguales a los que usaban en Grecia
(dos mil quinientos años atrás). Por lo demás, antes de la Edad de los Metales, la forma
de fabricar barcos se basaba en embrear, encajar y atar las cuadernas (con cuerdas
y ramas trenzadas de árboles como la acacia o el tejo). Un método que puede parecer
rudimentario, aunque se ha comprobado, que una vez ensambladas las cuadernas y bien
sujetas; tras calafatearse con brea, la embarcación era tan segura como las construidas
con herramientas de metal.
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B) LA EUROPA ATLÁNTICA EN LA EDAD DEL BRONCE (análisis de los estudios de
Marisa Ruiz-Gálvez).
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1) INTRODUCCIÓN Y CONCEPTOS GENERALES:
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Comienza la profesora Ruiz-Gálvez el libro que analizamos (7) exponiendo una serie de
importantes ideas; introduciendo primeramente algunos conceptos etnográficos de
gran valor para la comprensión del Mundo Antiguo. Pues etnografía y arqueología,
son algo así como disección y medicina; consistiendo el mundo étnico el mejor modo de
descubrir y estudiar “el esqueleto” de cuanto deseamos conocer. De tal manera, expone
la autora cuya obra estudiamos, como la vida apenas había cambiado en Europa
hasta hace apenas unos siglos. Tanto que siquiera unos decenios atrás, aquellos
puntos que ella denomina “la España Incomunicada” seguía manteniendo
costumbres y formas de vivir muy similares a los de la Prehistoria (8) -una “España
sin comunicaciones” sobre la que añadimos, que en su gran mayoría fue despoblándose o
desapareciendo debido a su aislamiento y a la emigración de sus gentes-.
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Los hechos que menciona Ruiz-Gálvez, los podemos ratificar por haberlos vivido de
primera mano; ya que de niño (hace unos cincuenta años) compartí mi tiempo de
vacaciones con los pastores trashumantes de Extremadura. Quienes, en su largo camino
con el ganado, montaban cada tarde una cabaña de retama; un chozo hecho en apenas
unas horas, para pasar la noche. Allí, antes de descansar y a la luz de la lumbre -donde
asaban la cena, tal como pudo hacerse en el Neolítico-; narraban infinidad de historias,
entre las cuales pude oír leyendas de Viriato. Comentando los ganaderos que aquel
general y pastor lusitano, estaba enterrado junto al Pico de San Gregorio, en Puerto de
Santa Cruz (no lejos de Trujillo y en las cercanías de Santa Cruz de la Sierra). Así
recuerdo, como quienes manejaban los rebaños, me señalaban esa montaña desde las
cercanías de Madroñera (mientras convivía feliz, entre ellos); enseñándome dónde decían
que estaba enterrado Viriato. Una leyenda que tenía base histórica, tal como pude
comprobar decenios más tarde. Cuando con alegría leí que algunos investigadores
determinaban que pudo estar allí mismo la tumba del famoso héroe ibero lusitano -tal
como indicó en 1977 Ramón Hurtado de San Antonio- (9) . Entorno a todo ello y en
referencia a la tradición oral; Ruiz-Gálvez inteligentemente nos sugiere leer a los
medievalistas y estudiar las sagas o leyendas europeas, ya que estas hunden sus
raíces en el pasado más remoto (10) .
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Muy importante es su capítulo dedicado a la “lenguas y comercio” (11) ; donde nos
explica varias opciones usadas históricamente para el trueque y el intercambio de
mercancías, entre pueblos totalmente ajenos. Primeramente menciona la que
denomina fórmula “española de Cortés”; consistente en aliarse con enemigos del
poder establecido en la zona, comprometiéndose a una lucha unida a ellos y usándolos
como intérpretes o “socios”. La segunda que llama “portuguesa”, fue muy utilizada
en África, y consistía en secuestrar jóvenes para luego devolverlos al lugar de
origen. En nuestro artículo anterior relatábamos la historia de los adolescentes
fueguinos, que los barcos ingleses recogieron en el Cabo de Hornos hacia
1830, para llevarlos durante más de un año a Londres. Los británicos lograron que se
subieran a sus embarcaciones voluntariamente (unos entregados por sus familias, pero
sobre todo al verse atraídos por los botones y los abalorios de los europeos). Los
intentaron educar en la capital del Imperio durante meses y en las mejores
condiciones; para devolverlos luego a su lugar de origen (pretendiendo así entablar una
unión de amistad y cooperación entre los habitantes de Tierra de Fuego y la corona
Inglesa).
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Añade la profesora otro modo de establecer lazos comerciales, muy común entre los
portugueses; como era dejar hombres en tierras lejanas o si colonizar, para que
tuvieran hijos mestizos con mujeres indígenas. De ello nacería hasta el llamado
idioma “portugués criollo”, que cree pudo ser usado durante la Antigüedad en
áreas coloniales helenas -como Magna Grecia-. Otra modalidad de esos idiomas de
colonización sería el habla “franca” que se articulaba como una mezcla nacida de
varias lenguas y se utilizaba principalmente para el comercio. Este es el caso de la
lengua de los cruzados, que contenía palabras francesas, itialianas y árabes; con las
que se comunicaban los cristianos, entre sí y con el enemigo. Exitiendo una última forma
de comunicarse para mantener el mercado, llamado idioma “de Cultura” o
“Vehicular”. Es la tercera opción que solían adoptar los colonos y los colonizados; este
es el caso del latín durante la Edad Media, usado como segunda lengua para
entenderse los diferentes pueblos (una función que cumpliría hoy el inglés). Asimismo
comenta Marisa Ruiz-Gálvez, que según De Hoz, el ibero y del celtíbero, también fueron
idiomas "de Cultura" o "Vehiculares" -una opinión que no compartimos plenamente-.
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SOBRE ESTAS LINEAS: Instrumentos de navegación auténticos, tal como los expone
el Museo de la Marina de Bayona (al que agradecemos nos permita divulgar las
imágenes). A la izquierda, una ballestilla, también conocida como báculo de Jacob; se
trata de una alidada con las que se lograba calcular la hora y situación de la nave
con bastante precisión. Su método de uso es muy sencillo, ya que se busca a través del
travesaño principal una estrella (en el de la cruz mayor). Tras ello, se intenta que
concuerde el mismo astro con el siguiente punto de mira, sito sobre el segundo
travesaño. Finalmente se posiciona el tercer palo, para que a través de las tres traviesas,
veamos arriba la estrella elegida. Bastará conocer la altura que aquel astro guarda, para
saber dónde estamos; ya que la vara central marca con centímetros los grados de
variación. A la derecha tenemos la “Corredera de barquilla”. El funcionamiento de
esta Corredera para calcular la velocidad es más que sencillo; ya que consiste en
atarla a un cabo largo en el que habremos marcado cada una de las brazas (haciendo
nudos sobre la cuerda). Así atada, se lanzará por popa a la vez que se voltea el reloj
de arena, mientras soltamos libremente cabo. Al terminar el tiempo, se para; se
recogerá el cordel, contando los nudos que hay hasta la corredera. De este
modo sabremos cuantos “nudos” hemos recorrido en un determinado tiempo, lo
que nos permite calcular más o menos las millas-hora (nuestra velocidad náutica, llamada
por ello “nudos”). En cuanto a las millas que recorrían diariamente en el Atlántico,
tenemos el dato de Rufo Festo Avieno que en su Oda Marítima narra que desde el Cabo
del Arvio (Bayona) hasta el de Céspiro (desembocaduras del Sado-Tajo) había algo más
de dos días de ruta. Sabiendo que ambos puntos están separados por unos 450
kilómetros y teniendo en cuenta los pormenores del cabotaje, podemos calcular que la
velocidad media era de 100 milas al día (unos 185 kmts. diarios a un promedio de 4
nudos).
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Al LADO: Otros instrumentos de navegación expuestos en el museo de Bayona (en
este caso de la colección privada de Avelino Sierra, al que agradecemos nos permita
divulgar la imagen). A la izquierda, un cuadrante marinero; equilibrado simplemente
con una bola atada a un cordel. Bastaría tomar como referencia a un astro cuya
situación conociéramos (como la Estrella Polar); apuntar hacia él con el lateral del
cuadrante, equilibrarlo sobre la vertical (ayudados de la cuerda con la bola) y ver qué
grados marcaba con referencia al Horizonte. En el centro, un compás de puntas;
comúnmente usado para trasladar distancias desde el mapa a la realidad, o entre
diferentes puntos de las cartas marinas; aunque también se utilizaba para medir nuestra
latitud (como cuadrante, si sabíamos equilibrarlo). A la derecha, el reloj de arena que
supuestamente se podría sustituir en la antigüedad más remota por los latidos del
corazón (tomándose el pulso mientras lanzaba la corredera -por ejemplo-). Debiendo
conocer cada patrón más o menos la velocidad de sus pulsaciones en reposo; algo que
podrían estudiar detenidamente en tierra, valiéndose de un buen reloj de Sol, con el que
contabilizase cada marino su ritmo cardíaco (en unos pocos minutos de observación de
las sombras).
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SOBRE Y BAJO ESTAS LINEAS: Las técnicas de navegación apenas debieron
modificarse desde el Eneolítico hasta la llegada de la brújula (que aparece en
Europa hacia el siglo XIII). Tan solo mejorarían en la rapidez y trabajo del astillero, con
la llegada de metales más duros. Como ejemplo de un modo de navegar y guiarse,
igual a las técnicas más antiguas; podemos ver en la imagen superior la
Ballestilla. Explicada en un grabado publicado por Jacob Koebel en 1598, lo que dió
nombre a este artilugio como báculo de Jacob (de su obra Geometrie-Vermessung-
Messtab y Jakobstab). En este caso expone el modo de medir a través de esta alidada;
pudiéndose entender que les servía entonces hasta para conocer la altura de las
ventanas, simplemente proporcionando “X2 y X1” con referencia a “A2 y A1” -sabiendo
que (X1:A1) = (X2:A2); de lo que (X1:A1)· X2 = A2 (altura de la ventana)-.
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Tal como vemos en la imagen de abajo, más sencillo era aún calcular la latitud,
simplemente con un compás (que luego pondremos sobre un transportador de grados
-o bien al que añadiremos esta regla angular-). Podremos pensar que en la remota
Antigüedad desconocían la esfericidad de la Tierra; pero lo que no dejarían de
saber y de observar, era la diferencia de situación de los astros o de las
sombras. Teniendo capacidad de guiarse a través de ellos, solo conociendo la posición
de las estrellas y del Sol -en cada fecha-; sin necesitar plantearse si el Planeta era una
esfera o una planicie. Por lo demás, parece imposible pensar que quienes fueron
capaces de cruzar el desierto, no sabían orientarse por la cúpula celeste. Además
de resultar inverosímil plantearse que quienes supieron levantar dólmenes,
menhires y cromlechs (de la categoría de Stonehenge); o quienes sabían
construir pirámides de centenares de metros de altura y tallar monumentos colosales
en roca. Fueran incapaces de realizar una embarcación de treinta metros de
longitud. Una eslora con la puede navegarse sobre cualquier mar; si construimos un
barco marinero, tal como aparentan los representados en los más antiguos bajorrelieves y
pinturas (desde el Eneolítico).
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2) VÍAS, MÉTODOS Y MEDIOS DE TRANSPORTE:
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a) Transporte por caminos y transporte marítimo:
Desarrolla la profesora Ruiz-Gálvez estos temas a partir de su capítulo
tercero (12) donde explica que el profesor Peacock calcula como durante el Imperio
romano, la diferencia de coste de un envío en una misma mercancía, por mar (en
barco) y por tierra (en carros); superaba algo más de multiplicarlo por veinte. Siendo
unas 22,5 veces más caro el transporte terrestre que el marítimo; y a la vez unas cinco
veces mayor el coste del porte fluvial, que el cabotaje marino (todo calculado sobre
igual peso y en unas mismas distancias). A ello, hemos de añadir -por nuestra parte- que
en época romana ya existían las calzadas, donde los viajeros estaban guardados,
teniendo miliarios y existiendo planos o carteles para guiarse. De cuando decimos, si
imaginamos lo que costaría un envío por tierra en tiempos anteriores a Roma; en
los que no había una red de caminos (bien vigilada y marcada) y además no
existía una paz común, que permitiera el paso de un territorio a otro. Se nos hace
imposible calcular la diferencia; tanto como para pensar que no hubiera otro medio
seguro de mandar transportes, que no fuera el barco. Donde pueden llevarse decenas
de toneladas, que al menos resultan difíciles robar (ya que habría que abordarlo); siendo
además inverosímil que el patrón no acierte en el destino -si conoce el rumbo y sabe guiar
una embarcación-. Por lo demás, el tráfico fluvial tiene la desventaja de poder ser
abordado con enorme facilidad, estar obligado a pagar peajes o portazgos y -
además- sometido a las condiciones orográficas del terreno (que solo posibilita la
navegación en tramos llanos y sin grandes saltos de agua).
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Las ideas anteriormente expuestas, demuestran unos conceptos que tengo claros desde que comencé a
interesarme por la arqueología (apenas con veinte años): Consistentes en que durante el megalitismo, la
Edad del Bronce y en tiempos anteriores a Roma; todo aquel territorio alejado del mar,
permanecía tan aislado como hoy lo están los lugares lejanos a un aeropuerto. Pues tal como actualmente el
“cielo” comunica los países, a través del tráfico aéreo; antaño el mar aunaba territorios por medio de la
navegación. Un único medio de trasporte seguro hasta la llegada de la paz romana, que pobló el
Imperio de calzadas. Debido a lo que expresamos, Fenicia estaba más cerca de Cádiz, que Marsella de
París; aunque entre París y Marsella haya solo unos 750 kmts. y desde las costas fenicias a la antigua Gadir,
unos 3700. Todo debido a que en carros, tan solo avanzaban unos 30 kilómetros diarios -dependiendo de
la orografía y otros factores-; mientras que por mar, navegaban unas 100 ó 120 millas por jornada (aprx.
entre 180 a 220 kilómetros). Lo que suponía que de París a Marsella había unos veinticinco días en
transporte por tierra; mientras de Fenicia a Gadir, menos de veinte jornadas de navegación -a lo antes
expuesto hemos de incluir los problemas de viajar en un carro, como eran los peajes y portazgos a pagar, la
necesidad de abastecimiento para las bestias (comida y agua); junto a la inseguridad de una travesía por
tierra-.
.
Las mismas ideas expresa la profesora Ruiz-Gálvez, quien explica que en zonas
montañosas o de clima muy lluvioso (como las Islas Británicas o el Norte de
España), el único medio de transporte eficaz sería el barco; pues los carros se
hundirían en el barro o tendrían que subir y bajar puertos de montaña en algunos
casos infranqueables para vehículos con ruedas de madera y tirados por bueyes. Ante
ello, añade la autora, que es absolutamente falsa la idea que transmitieron los
romanos sobre los habitantes de la cornisa atlántica, afirmando que carecían de
medios para navegar y que desconocían los mas rudimentarios métodos de
atravesar el mar. Afirmando la investigadora como esta idea que repiten los latinos, era
tan solo propaganda antibárbara; comúnmente creada por los escritores romanos para
desacreditar a los extranjeros -que invadían-. Añade asimismo, que Plinio el Viejo y
Estrabón mencionan a los fenicios como los inventores de la navegación de altura,
guiados por la Estrella Polar (13) . Una idea que nos gustaría matizar; pues es
posible que sea cierto el hecho de que fueron los primeros en guiarse por la Polaris, ya
que hasta el siglo VIII a.C. esta estrella no se sitúa en el Norte de la Tierra. Estando
hasta entonces en el eje polar del Planeta otro astro: La Draganis (concretamente la
“cabeza” del Dragón, conformada por las tres estrellas finales de esta constelación). Ello
explicaría que hasta los fenicios nadie navegase guiado por la Polar, lo que para
nada significa que antes no se orientasen por los astros. Pues como sabemos,
todas las civilizaciones antiguas se guiaban, navegando por el desierto y en alta
mar; habida cuenta que por entonces lo más peligroso eran los depredadores
humanos -existiendo hasta canibalismo-. De ello, el modo más sencillo de huir de los
piratas y de ataques, sería inventar un método para guiarse por el Sol y las Estrellas;
con el fin de poder realizar navegaciones alejados de las gentes o de tierra firme y
para nos ser abordados o interceptados por extraños (algo que debemos reconocer
común entre las culturas inteligentes del Bronce; gentes que se aislaban en el
desierto o en el mar -como hicieron los minóicos, los mesopotámios, los egipcios,
los habitantes de Malta o los megalitistas-).
.

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SOBRE ESTAS LINEAS: Arriba uno de los monolitos del espectacular cromlech de
Los Almendros, en las cercanías de Évora. Su parte más antigua data de finales del
sexto milenio a.C. y consta de veinticuatro menhires. Alrededor su zona
exterior, comprende una ampliación realizada hacia el 4500 a.C. con unos noventa y
cinco cipos más. Finalmente, en el centro se colocaron otros tantos (como el que
vemos) en los que hicieron grabados y marcas y que se datan hacia el 3000 a.C.. Se
trata de uno de los monumentos más antiguos de Europa y uno de los observatorios
astronómicos con más siglos del Planeta. Fechado en su primera fase hacia el 5200
a.C.; dataría de poco después de la inundación del Mar Negro y del gran cambio
climático que hizo subir las temperaturas hasta dos grados (a comienzos del Sub-
Boreal, entorno al 5500 a.C.). Es una de las primeras construcciones megaíticas de
Europa, y no es absurdo unir el cambio climático producido a mediados del sexto
milenio a.C., con el inicio de la civilización ciclópea atlántica. A la vez que tampoco
resulta absurdo pensar que pudieron llegar hasta nuestras tierras gentes huidas de
la gran inundación del Mar Negro (acontecida hacia el 5600 a.C.), dando paso y origen
a esta cultura de las grandes piedras -junto a la costumbre de colectar y cambiar piezas
de ámbar o pepitas de metales preciosos-.
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BAJO ESTAS LINEAS: Un carro común para las labores del campo, usado aún hace
unos cincuenta años; ahora expuesto en el Museo Provincial de Ávila (al que
agradecemos nos permita divulgar la imagen). Este medio de transporte y carga, era
prácticamente igual al que utilizaban los romanos; y antes de ellos los iberos, junto
a todas las culturas que nos precedieron -casi idéntico a los carruajes fabricados
desde el comienzo de la Edad de los Metales, cuando se inventó el eje, tan necesario
para la rueda-. Quienes tenemos más de cincuenta años, hemos podido conocer
esos carros en pleno uso y marchando llenos de heno por las carreteras (tal como
hemos visto a labriegos trabajar con arado romano y mulas; hasta no hace tanto...).
Observando su peso, sus ruedas de madera, su estructura y etcétera; comprendemos
cómo un transporte así no podría superar los treinta kilómetros día de promedio.
Ello, si los caminos estaban en condiciones y no había grandes puertos de
montaña. Además, en cuanto cayeran fuertes lluvias o algunas nieves, se haría
imposible el tránsito con unas ruedas de esas características. Siendo casi imposible
y hasta peligroso, subir cualquier cuesta pronunciada con un carro de este tipo, cargado y
en plena lluvia (menos con nieve o hielos).
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b) Las embarcaciones de los habitantes del atlántico en la Antigüedad:
Continúa la profesora Ruiz-Gálvez exponiendo que dentro de esa “propaganda” antibárbara, resultan
totalmente inciertos los comentarios de otros autores que ignoraban y menospreciaban la calidad o
tamaño de las naves de los celtas que navegaban por el océano. De tal modo César y Estrabón
afirmaban que utilizaban barcos de cuero, olvidando las embarcaciones que de veras tenían (15) . Ante
lo que añadiremos -como personalmente recuerdo-, que al leer La Guerra de las Galias me llamó la atención
cuando el mismo César habla de estas “moles” de gran tamaño con las que navegaban las gentes de
las costas francoinglesas. Especialmente de las construidas con roble por los vénetos; quienes con sus
enormes barcos lograron hacer frente a Julio César en las inmediaciones del actual Mont San Michel (llegando
a tener allí grandes problemas los romanos). Sabiéndose que estos habitantes de la Armórica -a los que se
denomina “vaneses” la Guerra de las Galias- (16) usaban pesadas naves, de alta proa y cuyas velas eran
sostenidas y reforzadas, con piezas de cuero. Unas embarcaciones con las que podían embestir y abordar
a las bajas y frágiles galeras romanas. Todo lo que demostró la superioridad y fortaleza de esta escuadra de
los celtas armoricanos; a quienes logra vencer César, tras largas penalidades y usando tres o cuatro trirremes
por cada barco véneto (vanés); a los que embestían repetidamente desde diferentes galeras romanas, hasta
lograr abordarles tan solo gracias a una enorme superioridad numérica de barcos y hombres -ver cita
completa (16) -.
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Pese a todo, los latinos hablan de celtas navegando por el Atlántico en
embarcaciones de cuero, a las que los gaélicos llamaban “curraghs” (al menos en
las leyendas irlandesas -como la de San Brandán-). Palabra que en mi opinión, haría
mención al valor (courage); o más bien al correaje de piel vacuna que sostenía el
velamen de estas naves de madera. Asimismo, el denominar “curraghs” a las
embarcaciones gaélicas quizás se refiera también al comercio y al transporte de
mercancías. Pues el valor económico ya hemos visto repetidamente que se expresaba
en “cueros”, lo que simbolizaba la “cabeza de ganado” o la pecunia. Todo ello, explicaría
de algún modo por qué afirmaban los latinos que estos celtas de las costas francesas
o británicas solo tenían barcos de cuero. Algo, que tal como la profesora Ruiz-
Gálvez expresa, es totalmente absurdo. No solo porque el cuero utilizado como
recubrimiento de un casco, se pudre en poco tiempo; sino porque además sería carísimo,
ya que se necesitarían cientos de vacas para construir una nave de un tamaño medio
(fabricado en piel, cuya estabilidad y flotación sería más que dudosa). Es así como añade
la autora que este dato de las embarcaciones de cuero, es tan solo propaganda
antibárbara. Lo que se corrobora por los múltiples hallazgos de naves de madera
fechadas en la Edad del Bronce y del Hierro, encontradas en los lagos y turberas de
las Islas Británicas. Siendo lo lógico considerar que si cuatro o cinco milenios atrás,
estas gentes ya navegaban en barcos de madera y muy bien construidos; parece
imposible pensar que los britanos se hicieran a la mar en el siglo I a.C., montados en
frágiles canoas de cuero... . Para argumentar estos hechos, cita Ruiz-Gálvez al
profesor Mc. Grail; quien recoge embarcaciones con cuadernas en la más temprana la
Edad de Bronce inglesa -aparecidas en Severn (Gales) o en Dover- (17) .
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Acerca del modo y velocidad de viajar, dice textualmente la investigadora, que "Las
distancias medias de navegación altura son entre 120 y 150 millas día, de acuerdo
con Naviero, e implicarían la existencia de puertos" (18) . En mi opinión, esta velocidad
media resulta demasiado alta; sobre todo hablando de barcos de gran tonelaje, hechos
en roble y con quilla profunda. Por cuanto considero que debemos seguir lo que nos
dice Avieno en Ora Marítima y calcular que la media podía estar entorno a los 4-5
nudos; lo que multiplicado por 24 horas implicaría entre 96 y 120 millas jornada (de 180
a 220 kilómetros, tal como Rufo Festo Avieno suele indicar). Lo que supone unas cuatro
horas para atravesar el Canal de la Mancha por el punto más estrecho, entre Calais y
Dover; donde tan solo tiene 33 kilómetros de anchura actualmente. Aunque en el
cuarto, tercer y segundo milenio a.C.; la distancia sería mucho menor y entre el
Continente e Inglaterra pudo haber grandes icebergs o restos de glaciares (puentes
de hielo que actuasen como pasos). Por lo demás, a esta velocidad de 4-5 nudos (96-120
millas jornada) se tardaría un día desde Cornualles a la Bretaña francesa,
simplemente siguiendo una ruta Norte a Sur puro -ya que Plymouth y Saint-Pol-de-
Leon están separadas por unas 110 millas-. Todo lo que explicaría por qué se da la
misma civilización megalítica en ambos lados del Canal de la Mancha; ya que se
tardaba mucho menos en llegar desde Inglaterra a Francia, que de Madrid a
Toledo (19) . Pudiendo además realizarse el viaje en barco; transportando toneladas
de mercancías o decenas de personas, capaces de intercambiar una cultura y de luchar
para conquistar nuevas tierras.
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ARRIBA: Ilustración del libro de la profesora Ruiz-Gálvez, donde vemos una de las
embarcaciones de la Edad del bronce halladas en Dover (según Parry, publicada en la
pag. 76). Observándose la minuciosa construcción hecha en cuadernas ensambladas,
sobre una manga de más de metro y medio de ancho y una eslora de unos siete. Se
trata de una barca de río; hallada en esta zona de Inglaterra, situada a unos treinta
kilómetros de las costas de Francia. El aspecto y características de esta nave fluvial
nos puede hacer suponer cómo serían aquellas con las que se harían a la mar los
habitantes del litoral atlántico durante el megalitismo (al menos, cuatro o cinco veces
mayores).
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BAJO ESTAS LINEAS: Fotografía compuesta: En la parte baja vemos un odre hecho
en piel de caprino; usados antaño para guardar y transportar vino (u otros
líquidos). Sobre esta imagen, un grabado de 1903 (de Faucher-Gudin); que recoge un
relieve mesopotámico (de Koyunjik Kufa Gufa), donde se representa la pesca sobre
pellejos de piel. En este bajorrelieve -con más de cuatro mil años-, podemos
comprobar el modo en que se utilizaban estos odres como flotadores o pequeños
asientos, desde los que se debían realizar determinadas labores en el mar (ayudar a la
pesca, recoger aparejos, mejorar o reparar naves, etc). Entre estos usos que se darían
al odre, sin lugar a dudas estaría el de “salvavidas”; siendo muy fácil que cada
tripulante pudiera transportar varios pellejos, que usarían para rellenar de agua o vino y
aprovisionarse en el camino; aunque guardarían algunos vacíos por si naufragaban y
necesitaban escapar del barco (bastando con hincharlo y atarlo bien, para que
sirviera de balsa).

Ello sí puede explicarnos la extraña historia de los “curregh” o barcos de los


britanos, que los romanos decían eran de cuero. Al ser de este el material de los
correajes navales, de lo aparejos náuticos y también el de los salvavidas. Unos odres,
que quizás llevaban colgados al cuello los antiguos ribereños de las costas
británicas y francesas, cuando se embarcaban (para sobrevivir en caso de
naufragio). Por lo demás, dada la pequeña distancia en algunas zonas del Canal de
la Mancha, tanto como la proximidad entre Irlanda de Gran Bretaña en otros
puntos; se podría cruzar de un lado a otro, montado sobre uno de estos odres
(valiéndose de remos). Pudiendo ser este el origen del nombre de los Fir-Bolg, de
quienes los ciclos legendarios britanos dicen que navegaban sobre barcos de
cuero (quizás en recuerdo de estos primeros, que pasaron “cabalgando” odres” -un modo
en el que se cruzarían ríos y estrechos, durante la Edad de Bronce y del Hierro-).
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c) Navegación y modo de orientarse en la Antiguedad atlántica:
Continúa la autora expresando que no conocemos el modo en que se guiaban en el
mar durante la Edad de Bronce. Aunque -a mi juicio y como hemos dicho- dada la
proximidad entre las dos Islas Británicas y el tamaño del Canal de la Mancha, en algunos
puntos. Todo hace pensar que pudieron navegar comúnmente de “cabotaje”,
observando los cabos y sin perder de vista nunca la tierra. Por su parte, Ruiz-Gálvez.
cree que se basaron en la observación de astros; algo que a mi juicio no se haría
imprescindible; al menos para ir desde El Algarve a Galicia y de Finisterre a Bretaña,
pasando luego a tierras británicas. Pero menciona la investigadora un dato curioso,
escribiendo: "Todavía, en épocas recientes, los navegantes suecos se orientaban
en esas aguas usando los túmulos prehistóricos como marcas fijas de navegación,
y esta misma función pudieron tener los costeros -al menos- durante la Edad del Bronce"
(...) "otros atribuyen esa función a los túmulos situados en ambos lados del Canal
de La Mancha, visibles desde la costa" (20) . Un interesante dato al que habríamos
de añadir el hecho de que seguramente encendieran antorchas en los cabos
importantes o junto a los megalitos que menciona (para iluminarlos durante las
noches). Ello ayudaría a sacralizar estas enormes construcciones y a convertirlas en
faros. Pero además, podría incluso servir para embalsamar los cadáveres inhumados en
los dólmenes. Ya que si tras la caída del Sol encendían un gran fuego en las puertas de
aquellos túmulos, el humo que entrase hacia la cámara, actuaría como conservante de los
cuerpos guardados en esos “panteones” (ahumando los cadáveres).
.
Como decimos, a mi juicio no necesitarían grandes conocimientos de astronomía para guiarse en las
“rutas del megalitismo” o del ámbar. Que podrían seguirse simplemente bordeando las costas de Portugal,
del Cantábrico, las de Francia, Islas Británicas, Países Bajos y el litoral germano o el escandinavo. Entre otros
motivos, me lleva a pensar así, el hecho de que apenas algunos días pueden verse y observarse bien
los astros en estas zonas del Norte (Bretaña, Inglaterra, Irlanda, Jutlandia o Suecia); unas tierras con muy
pocas horas de Sol y apenas cielos abiertos. Ello además, explicaría la profusión de cromlechs en
Portugal, donde probablemente vendrían a estudiar los chamanes y magos de todo el megalitismo,
para luego poder enseñar o mostrar los movimientos solares y astrales, en sus tierras de origen (sobre
conjuntos, como Stonehenge). Consecuentemente -a mi juicio- para orientarse, lo más importante sería
conocer las sombras y fechas; circunstancias que los iniciados, o los guías de caravanas y barcos
aprenderían sobre un menhir, usado como gnomon. Donde se mostraría cómo cada 365 días, la sombra
máxima y mínima era igual; a la vez que cada cuatro años esta adelantaba una fecha (hechos que de seguir
midiéndose, haría comprobar que -además- cada siglo, la sombra atrasa otra jornada). Por lo que
decimos; sería fácil enseñar que el ciclo anual era de 365,2422 días y con ello, conociendo la fecha,
guiarse de Este a Oeste manteniéndose siempre sobre la linea de una sombra igual (o una igual altura de
la estrella del Norte -en estos años la Thuban, de Draganis-). Para todo lo que es necesario siempre que el
cielo esté abierto.
.
Sobre este punto escribe Ruiz-Gálvez en la obra que analizamos: "Hay también
descripciones recientes sobre cómo los navegantes polinesios se orientaban a inicios del
siglo XX navegando mar abierto y sin punto de referenciaen la costa, en relación con los
cambios de altura y azimut del sol por el día y por referencia de las constelaciones
circumpolares por la noche" (idem cita anterior). Hablando más tarde sobre la
orientacion de los megalitos del Norte en Europa, que ella considera servían
posiblemente como puntos de mira para navegantes. Mencionando la autora otros
métodos de guiarse, como aquellos que reflejan las sagas vikingas; donde le vemos
navegar valiéndose del sol, o de otros ingenios si estaba nublado (como espejos o
cristales, con el fin de descubrir la altura del astro rey, escondido por las nubes). Pese a
ello, creo personalmente que la Historia olvida el más importante de todos los métodos
de orientarse en alta mar; especialmente en rutas como las del ámbar o el megalitismo.
Siendo este lo que denominé hace años como “ornitonáutia”: La navegación
valiéndose de aves. Un sistema de guiarse utilizando principalmente pájaros
amaestrados (como los cuervos y las palomas mensajeras); o los pichones que el barco
llevase para aprovisionamiento. Bastando que el patrón tuviese en la nave palomas
mensajeras (enseñadas para retornar o ir al destino) y varias aves, que servirían como
alimento para la tripulación. Ya que en caso de perder el horizonte y no saber hacia
dónde guiarse, bastaría soltar un pichón y seguirlo, sabiendo así dónde estaba la
tierra. De lo contrario, si regresaba al barco por no conseguir divisar el horizonte al
elevarse; la otra opción era liberar a una paloma mensajera (con su correspondiente
mensaje) para observar el rumbo que tomaba -ya que en unos pocos metros se
orientan hacia destino-.
.
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SOBRE ESTAS LINEAS: Dos imágenes del libro de Marisa Ruiz-Gálvez que estamos
analizando (a la que agradecemos nos permita divulgarlas). Comparando ambos mapas
podremos ver que coinciden plenamente con el viaje a las Cassitérides.
A la izquierda: Navegaciones fluviales y costeras de Portugal, conforme Oliveira
Marques. Hemos de añadir que el mapa es solo de zonas lusitanas y tristemente no
recoge el Sil o de las Rías gallegas. Pese a ello, es fácil comprobar la relación entre
megalitos y navegación, tal como en unas imágenes más abajo estudiaremos.
A la derecha: Camino de Santiago, desde las Islas Británicas, Bretaña y Francia.
Podemos considerar que estas singladuras y recorridos fueron muy parecidos a los
que realizaban durante la Edad del Bronce y en la primera del Hierro; en busca del
estaño y el cobre del Norte de España y de Europa. La famosa ruta de las Cassitérides
que buscaron los fenicios en el siglo V a.C. de la que halló Himilkón su localización
viajando hacia el Norte de Gadir.
.
BAJO ESTAS LINEAS: Hemos trazado un mapa de las rutas fenicias hasta Gadir y
hacia las Cassitérides. Podemos ver que en unas dos semanas se llegaría desde Tiro
o Sidón, a Gibraltar (al puerto antes llamado Herakleia), y en otras dos semanas de
Gadir a las Islas Británicas (cuya distancia es menor, aunque se tardaría más debido a
la dificultad de las costas y de navegación por el Atlántico). Por su parte, pasar de la
Bretaña francesa a Gran Bretaña es una jornada, y otro día desde Cornualles hasta
Irlanda (separados respectivamente por unas 120 millas). Sobre el mapa hemos
señalado en morado los puntos que por su peligrosidad tenían una alternativa
terrestre; existiendo modos para ir por tierra desde Málaka-Sexi (ó Mainake) hasta
Tartessos y de allí al Cantábrico y al Sado, tal como algunos autores describen. A la
vez he marcado un camino existente entre las Rías Bajas y el Cantábrico, para evitar
la Estaca de Vares y Finisterre (zonas de enorme peligro). Podemos ver cómo era
posible cruzar la Península por la actual Ruta de la Plata, partiendo desde Málaga;
todo lo que supondría algo más de un mes de camino. A su vez, desde El Sado a
tierras de Tartessos, Avieno señala que había una alternativa terrestre de cuatro días,
para así evitar el Cabo de San Vicente y el litoral después del de Roca (igualmente muy
peligrosos). También sabemos por autores antiguos, la existencia de una ruta, de dos o
tres días de duración, entre la zona de Málaga y las de Tartessos (que utilizaban los
griegos asentados en Mainake) -marcados en el mapa con líneas moradas-.
.
Decíamos en uno de nuestros artículos que: “el periplo que seguirían estos
buscadores de estaño (viniendo de Oriente Medio, para cruzar el Estrecho y
navegar por el Océano); es prácticamente igual al que realizaron los generales
cartagineses Himilcón y Hannon, entre el 450 y el 425 a.C. -tras conquistar los púnicos
nuestras tierras-. Un viaje documentado, en el que los navegantes de Cartago intentaron
redescubrir la ruta de los metales atlánticos; que se sabía ocultada durante siglos y que
denominaban "el camino hacia las Cassitérides" (21) . Singladura que llevaba hasta las
“fuentes del estaño”, de las que los fenicios conocían su existencia, tras años de comercio
con Tartessos; aunque desconocían su situación real. Por todo lo que Himilkón se dirigió
desde Gadir hacia el Norte; mientras que Hannon, después de cruzar el Estrecho, viajó
por tierras africanas (poniendo rumbo el Sur, buscando también aquellos misteriosos
yacimientos). A mi juicio, tras haber hallado los cartagineses esas minas de casiterita, oro,
plata y estaño (en Galicia y las Islas Británicas); se apresuraron a firmar el famoso tratado
de Plus Ultra con Roma. Para proteger estas rutas que conducían hasta las fuentes de los
metales. Un acuerdo marítimo de fronteras que evitaba conflictos entre ambas potencias
militares, con el que se reparten las áreas de comercio y de dominio; dejando el Océano
(con Tartessos, o lo que quedaba de este), bajo la zona de influencia púnica. Por lo que
en el año 509 a.C., el senado de Roma y Cartago sellan ese pacto denominado Plus
Ultra; a través del que se impedía a los del Lacio navegar más allá del Estrecho de
Gibraltar, salvo en caso de naufragio (permitiendo permanecer tan solo cinco días en
tierras "al Oeste del Bello Promontorio", a todo barco accidentado o perdido, romano) (22)
.
A continuación recogemos las palabras de Rufo Festo Avieno sobre el viaje a las
Cassitérides, tal como las contiene las páginas de Qarthadasht (leyenda, arqueología e
historia de Cartago) (23) :
“Y aquí surge la cumbre de un cabo prominente -la Antigüedad más remota lo llamó
Estrimnis-, y la mole excelsa de su pedregosa cima se dirige toda entera hacia el cálido
Noto. Pero, al pie del vértice de se cabo, se abre a sus habitantes el golfo Estrímnico, en
el que surgieron las islas Estrímnidas, extendidas en una vasta amplitud y ricas en metal
de estaño y plomo. Aquí está el gran poder de un pueblo, un espíritu altivo, una deztreza
eficaz; a todos les posee un constante afán por negociar. Y, en esquifes, surcan, a
grandes distancias, el mar zarandeado por los vientos Noto y el abismo del Océano,
poblado por monstruos...Desde aquí, sin embargo, hasta la isla Sagrada -así la llamaron
los antiguos-, una nave emplea una singladura de dos soles. La isla, en medio del oleaje,
se extiende con una gran superficie de tierra, y el pueblode los hiernos la habita
ampliamente. Cercana aparece, a la vuelta, la isla de los albiones. También los tartesios
acostumbraban a comerciar hasta los límites de las Estrímnidas. También colonos de
Cartago y el pueblo establecido alrededor de las Columnas de Hércules llegaba hasta
estos mares. El cartaginés Himilcón asegura que estos mares apenas se pueden
atravesar en cuatro meses, tal como el mismo contó que lo había comprobado navegando
personalmente. Así, ningún viento empuja la nave a una gran distancia; asimismo el agua
del mar perezoso no se mueve en sus dominios. Se añadirá a esto el hecho de que
sobresale, en medio de las aguas marinas, gran cantidad de algas, y de que, la mayoría
de las veces, retiene la popa al formar grandes malezas. Dice él, nada menos, que aquí
las espaldas del mar no se hunden en la profundidad y que el fondo apenas queda
cubierto por un palmo de agua, que las fieras marinas circulan de una lado a otro, que
unos monstruos nadan por entre las naves mientras avanzan lentas y sin fuerza”. (Ora
Marítima , 90 ss; traducción de Villalba y Varneda).
.

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ABAJO: Detalle de un mapa que publica Marisa Ruiz-Gálvez -Europa atlántica en la
Edad del Bronce (fig 108)- sobre el que hemos marcado La Ruta de la Plata y los
Caminos de Santiago más antiguos (El Francés y el del Norte). Observando la
trashumancia de origen neolítico en nuestro país, vemos que las calzadas y
comunicaciones por caminos españoles tienen este origen claro (principalmente La
Ruta de la Plata). Sin nada en común con los de Santiago antiguos, que claramente se
dirigen desde el Oeste y el Norte, hacia La Coruña; pudiendo tener mucha más conexión
con las rutas que debían de hacer quienes deseaban ir hasta las Cies, desde Bretaña o
desde las Islas Británicas (en la Edad del Bronce). Por su parte, hay que destacar que en
toda la zona “galáica” de nuestra Península (Portugal y Galicia) no existe apenas
trashumancia; al igual que sucede prácticamente en el resto de Europa (a excepción
de algunas zonas de Tarento, en Italia; el Norte de Grecia y los Balcanes). En este mapa
de la trashumancia se expresa el modo en que estaba comunicada toda la Península ya
desde el neolítico. Por unos trazados muy semejantes a los que más tarde usaron los
hombres del Bronce o del Hierro y que se convertirían en calzadas los romanos.
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Siguiendo con el libro que analizamos de Ruiz-Gálvez; publica un interesante mapa y un estudio de
vientos del litoral atlántico europeo (entre sus página 81 a la 83); donde se observa y describe de manera
detallada las diferentes corrientes puntuales. Aunque en verdad, todo ello pudiera resumirse en que lo alisios
tienen las siguientes tendencias -entre la Islas Británicas, el Norte y la costa Oeste de Europa-: La vía
principal, que procede de la Corriente del Golfo y de las Azores, empujando hacia al Nordeste; desde las
costas de Portugal, al Cantábrico y enfocando hacia las de Francia, Holanda y Alemania. Una secundaria,
que impulsa vientos desde el Báltico y Escandinavia, hacia el Suroeste (en sentido contrario). Y una
última, que nace del Norte de los archipiélagos británicos, bajando entre ambas islas, por el Canal de
San Jorge hasta desembocar el de la Mancha.
Unos hechos que explicados de manera simplista indicarían que:
-Si se pierde un barco (o tiramos una botella encorchada) en el Cantábrico, tenderá a aparecer en el Canal de
la Mancha.
-Si lanzamos esa botella -o dejamos una nave a la deriva- en Jutlandia, lo más posible es que también vaya
hacia estas costas, entre Francia e Inglaterra.
-Lo mismo que podría suceder con un barco sin rumbo, o un corcho dejando entre Escocia e Irlanda (que
tendería a dirigirse hacia el Canal de la Mancha).
-Por su parte, en el litoral portugués y el atlántico gallego; la deriva empuja hacia las Azores y el Sur, durante
los veranos; pero en invierno va hacia Galicia o al Altlántico Norte.
.
d) Transporte fluvial y condicionamientos físicos:
Continúa la autora recogiendo algunas rutas romanas, entre la que destaca la llamada 3
de las Galias, que iba de Bretaña a Cornualles (un paso, que en barco ya dijimos se
tardaría un día -aproximadamente-). Comparándolo y comentando las jornadas o los
puertos que igualmente relata el periplo marselles Ora Marítima. La obra de Rufo
Festo Avieno donde este autor del siglo IV a.C. describe un viaje; navegando desde
tierras más allá del Cantábrico, circundando la Península, hasta llegar a la Marsella
en su época (Massilia). Periplo marinero que redactó en verso, tomando datos de
escritores dos siglos anteriores y recogiendo detalles sobre las singladuras a las
Cassitérides o a las tierras de los britanos, en época de los fenicios (mencionando
en su “Orae Marítimae” cabos y tierras correspondientes a Irlanda, Gran Bretaña y la
Bretaña francesa). Tras hablar esta autora sobre la obra de Rufo Festo Avieno, donde
podemos comprender que aquellas singladuras hasta el Atlántico Norte, se llevaban
a cabo desde los mas remotos tiempos; fundamentalmente durante la Edad de
Bronce (cuando eran imprescindibles el estaño y el cobre de las Islas Británicas, de
Galicia, Portugal o Huelva). Nos habla Ruiz-Gálvez de los Viajes de San Pablo,
mostrando que en aquellas épocas realizar largos viajes en barco era -de algún
modo- tan común como en nuestros días resulta trasladare por Europa en
avión (24) .
.
Pasa más tarde a tratar sobre la navegación fluvial, comentando la investigadora que donde
realmente tenemos diversos hallazgos y profusión de datos acerca de los barcos durante la Edad del
Bronce, es en la zona de Alemania y el Danubio. Debido a que en esta parte de Europa, el único medio
de transporte y comunicación fueron los ríos (25) . Una idea a la que hemos de añadir que los castillos
establecidos en la zona del Rin, tenían como misión defender y vigilar el buen funcionamiento del tráfico fluvial;
a la vez que cobrar peajes de paso a cuantos pasaban por su parte acotada de orilla. De ello, los que hemos
vivido tiempo en Alemania sabemos que la referencia de localización de distintas áreas en este país sigue
siendo su río próximo; añadiéndose tras el nombre de cada población, el de esos afluentes que rodean la
ciudad o el pueblo. Siguiendo con el texto de la autora, esta anota que en España tan solo existió este
problema de incomunicación y necesidad imperante de tráfico fluvial, en la zona central. Así hubo
repetidos intentos por hacer navegable el Tajo o el Duero, para llegar hasta Lisboa u Oporto; ante lo que
incluyo que el caso más destacado de cuanto comenta, estaría en el Canal de Castilla (con el que se pretendió
comunicar Valladolid y el Cantábrico). Sea como fuere -a mi juicio- la relación entre navegación y megalitos
es tal, que solo aparecen dólmenes o menhires alejados de las costas (en zonas muy del interior)
cuando en estas hay un río navegable próximo y minas importantes -principalmente de oro-. Para
terminar diremos como afirma Ruiz-Gálvez que la velocidad media en tráfico fluvial es de 70 millas día
(en sentido natural del río) y de unas 30 (a contracorriente). Todo lo cual supone mucho menor rapidez
que la navegación marina, que -como vimos- normalmente recorría entorno a las cien millas por jornada. Sea
como fuere, ambas (la singladura fluvial y la marítima) son muy superiores a la velocidad y comodidad
del transporte por tierra, que como dijimos se estima en unos 30 kilómetros al día (siempre, según la
orografía y el clima).
.
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SOBRE Y BAJO ESTAS LINEAS: Arriba, otro grabado de Abraham Ortelius; obra
publicada en Amberes, por Balthasar Moretus en 1592. En la lámina se recoge los viajes
de San Pablo -rutas que podemos consultar en nuestra cita (24) -.
Abajo: Foto compuesta. A la derecha, mapa anteriormente mostrado, con el tráfico
fluvial y marítimo de Portugal según describe Oliveira Marques (publicado en la pag.
106 del libro de Ruiz-Gálvez). A su izquierda hemos superpuesto el de los megalitos
en la Península, realizado por mí (siguiendo a Kalb). Si los comparamos, podremos
ver que las zonas de ríos navegables son las que expanden el megalitismo desde el
mar haca el interior. En una civilización que se sitúa comúnmente en áreas
próximas a minas (primero de oro, más tarde de plata y estaño; finalmente de cobre). En
el mapa mío, con líneas rojas y moradas, he marcado la navegación fluvial y
marítima portuguesa, en la Antigüedad (según Oliveira Marques). Hemos añadido
las zonas navegables y con yacimientos de oro, de Galicia (en lineas azul oscuro) y
del Sudeste peninsular (en azul celeste) y por último las rutas por mar del litoral
hispano (en negro). Los ríos que he “remarcado”, arrastraban hasta el tiempo romano
grandes cantidades de oro y plata; en especial el Sil, el Duero, el Tajo, el Guadalquivir y el
Darro.
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En el capítulo cuarto de la obra que estudiamos, Ruiz-Gálvez habla sobre los “condicionamientos físicos”
de nuestro territorio (tal como intitula esta parte de su libro). Exponiendo la navegabilidad de los diversos
ríos atlánticos importantes, comenzando por el Guadalquivir; que tenía en su desembocadura el
famoso Lago Ligur, de aguas “agridulces” llegaban hasta la actual Sevilla -como podemos ver en imagen
superior-. La ciudad fenicia de Spal, cuyas orillas circundaban este delta del estuario y que actualmente
son marismas. Desde allí, a su vez se adentraba el lago Ligustino a modo de Ría hacia la actual
Carmona; donde comenzaba el cauce normal del Guadalquivir, pudiendo remontarse perfectamente en
barco hasta la capital cordobesa. Por su parte, el Guadiana era navegable hasta más allá de Mérida; y
desde este punto, con algunos “sobrealtos”, también se podía acceder a la actual Medellín (la antigua
Metilium romana, que asimismo fue yacimiento tartessio). El Duero -afluente del oro en la antigüedad- era
remontable unos ciento cincuenta kilómetros tierra adentro. Siendo su navegavilidad semejante a la de
nuestros días; encontrándonos sus aguas mansas y embalsadas hasta donde hoy se sitúa Peso da Regúa
(recogida en las imágenes inferiores); pero pudiendo remontarse hasta la actual frontera con España . Hemos
de añadir, que la situación de estas tierras del Duero, con fácil acceso al Altántico en barco y protegida
por más de cien kilómetros hasta llegar al mar. Haría de esas zonas (hasta Viseo), un área de inmejorable
comunicación y refugio. Debido a ello, desde los más antiguos tiempos, se establecieron allí gentes para
habitar el bajo Duero; promoviendo asentamientos como el famosísimo Valle del Coa (que mostramos en fotos
inferiores).
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Finalmente nos quedaría unicamente el Tajo como río difícil atlántico, pudiendo solo navegarse hasta
Abrantes; aunque con un estuario inigualable en cuanto a tamaño, luz, orientación y riqueza. Por su parte el
Sado era perfectamente accesible desde el mar con grandes embarcaciones y otro enorme
estuario. Este río que muere cerca y en paralelo al Tajo, tiene una desembocadura que se abre en un
“lago” de enorme belleza, con unas marismas comparables a las del Guadalquivir (bonitas hasta en el
nombre, pues se denominan Troia). Por lo que -a mi juicio- el modo de vida que se desarrolló en tiempos
lejanos en esta zona del Sado, pudo ser muy semejante al que tuvo el área de Doñana durante la
Antigüedad. Por su parte, la ciudad prerromana de su estuario se llamó Cetóbriga (hoy Setubal);
denominación que a mi juicio procede de la enorme cantidad de cetáceos que se avistaban y cazaban
allí. Habiéndose convertido en tiempos de fenicios y romanos en una próspera industria de sal y de salazones,
situada en uno de los lugares más paradisíacos que aún conserva la Península Ibérica (todo lo que del mismo
modo mostramos en imágenes, a continuación). Sigue la autora tratando de otros ríos, como el Miño, que
igualmente era navegable; lo mismo que sucedía con el gran Ebro (en el Mediterráneo) en el que se
podía ir en barco desde Tortosa (Dertosa) hasta la actual Logroño (Varea). Cuanto explica la profesora
Ruiz-Gálvez, nos lleva a concluir que desde los tiempos más antiguos, la Península estaba ya
comunicada por una enorme trama de vías marítimas y fluviales. Algo que a mi juicio nos permitiría
transportar mercancías desde Zamora a Logroño, navegando. Un procedimiento mucho más seguro, barato y
eficaz que hacerlo por las redes de caminos; pues para llegar de Zamora a Logroño con varias toneladas de
lana, bastaría bajar el Duero (en dos días), marchando de Oporto a Tortosa por mar (en una semana) y
remontando el Ebro (en dos días). Ello supone mejores condiciones de transporte y menos tiempo del que
precisaríamos para ir en carro desde Zamora a Logroño; separadas por más de 360 kilómetros, una distancia
que nos llevaría doce días recorrer a unos treinta de media por jornada.
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Para terminar este capítulo cuarto, apunta la investigadora los numerosos textos y datos que hablan de
rutas desde Irlanda e Inglaterra hasta Galicia y el Cantábrico. Destacando el famoso camino de
Santiago por el mar Cantábrico, que parte de las Islas Británicas y que tiene dos vertientes: Una con puerto
de llegada en Galicia y otra arribando a Burdeos, para desde allí tomar la linea jacobea francesa. Acerca del
mapa que presenta Ruiz-Gálvez y del que hemos recogido unas imágenes más arriba, hemos de decir que
creemos erróneos los puertos de llegada en España que nos indica. Puesto que la profesora marca como lugar
de destino (y posterior embarque de regreso) la bahía de Pontevedra. Un hecho que se hace difícilmente
aceptable, ya que girar (o virar) “La Marola” (el Cabo Finisterre) es de una enorme peligrosidad, en cualquier
época del año. Tanto es así, que existe un refrán que nos dice -“aquel que cruza La Marola, pasa la mar toda”-;
al considerarse uno de los puntos más difíciles para navegar del Planeta. De tal manera, quienes debían llegar
desde el Cantábrico a las Rías Bajas, solían arribar a las cercanías de Mondoñedo; a menos que
transportasen ejércitos o grandes mercancías en embarcaciones de gran cabotaje. Encaminándose a pié
desde esos puertos cantábricos (como Ribadeo o Vivero), para llegar a Santiago, Vigo o Pontevedra; antes de
arriesgarse pasar la famosa Estaca de Vares (punta que marca el inicio de Fin del Mundo -el peligroso
Finisterre-). Por lo demás, en mi opinión y hasta donde pude estudiar los promenores del Camino de Santiago;
esta ruta en sus tiempos más antiguos discurría en paralelo con el Cantábrico. Todo lo que significaba que
pasaba desde Santillana del Mar hasta Oviedo y de allí a Galicia; teniendo un tramo de bajada hacia la zona
de Palencia y otro en Asturias. Ello permitía que los peregrinos de las Islas Británicas pudieran llegar a
cualquier puerto importante del Norte de España (Laredo, Gijón etc) y desde allí encaminarse en los diferentes
tramos que en cada época se usaban -atendiendo a la seguridad en cada tiempo y a la importancia de los
templos y ciudades durante las distintas épocas-.
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A las invesitigaciones de Ruiz-Gálvez añadiremos que -a mi juicio- las rutas más antiguas del estaño y las
singladuras atlánticas que hubieron de realizar quienes divulgan el megalitismo; fueron recorridos muy
semejantes. También parecidos a lo que más tarde se conoció como Caminos de Santiago desde las
Islas Británicas. Ello hace suponer que durante todas las épocas de las que hablamos (pre y
protohistóricas); fueron las inmediaciones de las Cies, el primer “centro” de comercio o intercambio de
oro, plata, cobre y estaño. Pues para quienes venían del Sur en barco, seguir navegando hacia el Cantábrico
después de las Rías Bajas, e intentar pasar Finisterre, se haría casi imposible (al menos entre marineros no
experimentados). Por cuanto, lo más sencillo para unos y otros, era parar frente a la actual Vigo; una
bahía muy protegida y rodeada de cordilleras. Donde los indígenas y visitantes venidos de lejos para
cambiar metales, nada tenían que temer; habida cuenta la orografía de sus playas. Ya que en caso de
desembarco de enemigos, podrían huir hacia las altas colinas que las rodean. Todo lo que haría de la zona
Vigo-Pontevedra el lugar idóneo para cambiar oro, la plata o estaño. Llegando hasta allí gentes venidas
en barco desde el Sur (de Tartessos, Gadir o el Meditérraneo) y acudiendo a ellas por tierra los habitantes
de áreas cercanas a Galicia, ricas en minas (como Orense o Astúrias). Aunque también sería el centro al
cual arribarían muchos otros, que obtenían metales preciosos en la Bretaña francesa o las Islas
Bitánicas -siguiendo la antes referida vía del Cantábrico: Costeando el litoral hispano y luego el de Francia; un
camino muy semejante a la actual Ruta Jacobea (marina o por tierra)-.
A continuación recogemos una secuencia amplia de imágenes explicativas de cuanto hemos ido exponiendo:
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AL LADO Y BAJO ESTAS LINEAS: Dos imágenes del rio Duero en Portugal; arriba a
su paso por Peso da Regua (uno de los puntos hasta donde es perfectamente
navegable). Más tarde vuelve a poderse remontar en barco hasta la frontera con España
(en las cercanías de los Arribes). Abajo, el Duero a su paso por las cercanías de
Coa, en las proximidades de la frontera con España y donde actualmente es igualmente
accesible. Muchos otros pequeños cauces desembocan en este gran río y son a su vez
navegables, todo lo que facilita la comunicación de estas zonas a través de sus afluentes
(desde las fácilmente se accede al mar en barcos).
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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Imágenes superpuestas. Arriba, el famoso río Coa en
su zona plena de grabados y bajorrelieves prehistóricos -a un lado, quien suscribe
estas lineas-. Este Valle del Coa se halla en una inmejorable situación; ya que
siguiendo el Duero se puede llegar en dos días hasta el mar y a su vez resulta un
emplazamiento perfectamente defendido, a unos ciento cincuenta kilómetros del
Atlántico. Su temperatura es agradable todo el año (calurosa en verano, pero si hielos
durante el invierno) y es tierra de grandes cultivos -en nuestros días principalmente uva y
aceituna; vinos y aceites que desde hace años exporto al Japón-. Todo ello hizo que
estuviera profusamente habitada desde el Paleolítico (aunque por entonces el clima fuera
diferente) y que sus rocas se eligieran como santuario -o lugar ritual-, donde grabar
infinidad de animales. Estos bajorrelieves de Foz de Coa, descubiertos hace apenas
un par de décadas, se fechan principalmente entre el 20.000 y el 10.000 a.C.;
aunque existen evidencias de que algunas son neolíticos, e incluso de la Edad de
los Metales (26) . Pues aquella zona del Duero debió ser un refugio inigualable para
quienes vivieron a orillas del Atlántico.
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AL LADO Y BAJO ESTAS LINEAS: Fotografías del Sil y del Guadiana. Arriba, el
famoso Sil, riquísimo en oro durante la época romana. Hasta hace un siglo y antes de
que realizasen los embalses, se podían ver bateadores de oro en sus orillas (la imagen
está tomada en las cercanías de Orense, la ciudad áurea). Abajo, el Guadiana visto
desde el Castillo de Medellín; una fortaleza que antes fue el teatro romano la antigua
Metilium, emplazamiento cuyas raíces al menos se extienden hasta tiempos de Tartessos
y la Edad de Bronce. Observamos la navegabilidad de su cauce, en una bella imagen en
que aparece mi mujer.
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SOBRE Y BAJO ESTAS LINEAS: Fotografías de la desembocadura del Sado, en
Portugal. Arriba, una imagen compuesta en la que podemos ver a la izquierda el
enorme Estuario con la ciudad de Setubal, la antigüa Cetóbriga (urbe de los
cetáceos). Al lado, la fabrica de Salazón y restos de factorías púnico-romanas, sitas
al lado opuesto del estuario, frente al Atlántico y en la Playa de Troia (la “Troya” de
Portugal). Es aquí donde se supone estuvo la más antigua Cetóbriga, un lugar en
que las capturas de ballenas pudieron hacerse fáciles debido al estuario, que se
extiende durante kilómetros entre arenas; lo que permitiría conducir hasta allí a los
cetáceos para vararlos. Abajo, las marismas del Sado (Troia) en su desembocadura;
donde el río antes de morir en el Atlántico recorre dividido centenares de
hectáreas. Las altas mareas oceánicas ayudan a crear diques y muros de retención, por
lo que construyendo canales y acequias se logran campos profusamente regados,
donde se expanden los limos del río. Su aspecto debió ser muy similar al que tuvo
hace mil quinientos años la desembocadura del Guadalquivir, antes de que un
seísmo rompiera la plataforma sobre un geosinclinal (en esta zona del litoral atlántico).
Provocando esa falla un desnivel que vació el estuario del delta del Guadalquivir, que
conformaba el Lago Ligur. Una famosa y gigantesca ría que se adentraba cientos de
kilómetros, llegando hasta Sevilla-Carmona (extendiéndose sobre miles de hectáreas,
en lo que hoy son Las Marismas).
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Acerca del Sado, nos dice Rufo Festo Avieno en su Oda Marítima que existía un
camino terrestre desde esta zona de Troia, hasta las tierras de Tartessos, con una
duración de cuatro días; y si se quería continuar por mar se tardaban cinco
jornadas a Málaga navegando:
“se abre desde allí se extiende en lontananza, siendo difícil navegar en su totalidad con
un solo viento; pues llegarás al centro si te arrastra el céfiro; el tramo que queda reclama
al noto.Si a partir de allí alguien se dirige de nuevo a pie hacia la costa de los tartesios,
realizará el trayecto en apenas cuatro días; si uno dirige sus pasos hacia Nuestro Mar y
al puerto de Malaca, tendrá por delante una ruta de cinco soles” .
Continúa Avieno hablando de la desembocadura del Sado en estos términos:
“Luego se alza la mole del cabo Ceprésico. Por debajo se extiende más lejos la isla
llamada Acale por sus habitantes. Cuesta aceptar la leyenda que corre sobre esta isla por
lo sorprendente del hecho, pero, son tantos los testimonios, que bastan para confirmarlo.
Dicen que en los aledaños de esta isla el abismo marino no presenta nunca el mismo
cariz que el resto del mar; de hecho, por doquier las olas poseen un resplandor semejante
a la transparencia del cristal y, por las profundidades de la marmórea mar, es verdad que
las olas tienen un reflejo azulado. En cambio, allá, la superficie del mar está mezclada con
un fango repugnante, según recuerdan los antiguos, y siempre se halla apelmazada como
en torbellinos turbios de inmundicias”. Todo lo que narra quizás el denaje continuo de este
estuario cercano a Setúbal y la vida agrícola en su desembocadura, provocando
movimiento contínuo de limos y fangos.
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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Hasta hace algunos decenios, las formas de vida y
el aspecto de la desembocadura del Sado, debieron ser muy semejantes a las que
habría en el Lago Ligur en tiempos de Tartessos. Su medio de subsistencia y
construcciones serían muy parecidas y también similares a las que tuvo hasta hace un
siglo la albufera valenciana; donde los habitantes eran a su vez agricultores y
pescadores. Siendo un arte en estos deltas (como el del Ebro), saber dividir y guiar las
aguas para que no lleguen a perderse sobre el mar; a la vez que constituía un enorme
esfuerzo ir drenando el cauce, abriendo canales nuevos y aprovechando los limos
como abono, para construir bancadas de cultivo. Todo ello se siguió haciendo a
golpe de azadón en el estuario del Sado y en la Albufera valenciana, hasta hace
pocos decenios; tal como se aún realizan en muchos pueblos que habitan sobre
lagos de poca profundidad. Este es el caso de Sirinagar (la capital de Cachemira, al
Norte de la India). Un lugar que pude conocer hace cuarenta años y donde vi formas de
vida con las que deduje cómo podrían subsistir los egipcios -en el delta del Nilo- o
los tartessios -en el del Guadalquivir-. Al observar que la mayoría de los habitantes
que trabajaban la tierra, habitaban en barcos o en barracas, teniendo pequeñas
canoas como medio de transporte. Allí pescaban y sobre el lago construían sus
huertos, donde plantaban vegetales que debido al buen clima y a los fangos,
alcanzaba un enorme rendimiento. Por su parte, la casta guerrera y dominante (los
llamados “mogoles” en Sirinagar); vivían en tierra firme, fuera del lago y sobre palacios
de piedra, teniendo una cultura muy diferente al pueblo. En las imágenes podemos
ver estas formas de vida a las que me refiero: Arriba, una foto de la barracas del
estuario del Sado; pequeñas chozas que antaño eran las viviendas de quienes vivían en
esa desembocadura y que hoy se utilizan de hotel. Abajo, los hoteles y casas de
Sirinagar (hace cuarenta años); sobre barcos anclados a zonas con bancos de
tierra, donde las gentes cultivaban sus huertos . Todos ellos, se comunicaban y
trasladaban en pequeñas canoas, como las que aparecen al lado izquierdo de la
imagen (usadas de continuo a modo de coche o como animal de carga, para ir de un
barco a otro, visitar y trabajar las diferentes bancadas o para trasladarse a tierra firme).
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JUNNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: El conjunto de las Islas Cíes y Estelas, visto desde
Gondomar (cerca de Bayona). Como decíamos, franquear Finisterre y doblar este
cabo es de una dificultad enorme. Por ello, antiguamente los barcos procedentes
del Sur solían atracar en las inmediaciones de Vigo y desde allí conectar o acceder al
Cantábrico (para comerciar con quienes venían del Norte). Asimismo, para los que
bajaban hacia el litoral portugués desde el Cantábrico, era más seguro
desembarcar antes de la Estaca de Vares (en las inmediaciones de Mondoñedo) y
cruzar por caminos hasta las Rías Bajas, donde en dos días se tomaba otro barco
hacia el Sur. La peligrosidad de Finisterre -a mi juicio- motivó que zonas como
Bayona, Vigo o Las Cies; fueran los puntos de encuentro de navegantes y
comerciantes durante milenios. En las imágenes, arriba vemos las Cies; en primer
término las islas Estelas y tras ellas, la de San Martiño (al fondo el famoso piélago, donde
se dice que comerciaban los fenicios el estaño). Acerca de ello, Rufo Festo Avieno
escribió: “Después, en plena mar, hay una isla, de abundante vegetación y consagrada a
Saturno. Pero el vigor de su naturaleza es tal que, si alguien se acerca navegando
hasta ella, al punto se encrespara la mar colindante con esta isla; ella misma tiembla y
salta toda su superficie, estremeciéndose profundamente” (texto que probablemente se
refiere a las Estelas). Sobre las islas Cies y su entorno (Bayona-Silleiro) también
expresa Ora Marítima: “El Arvio (¿Bayona-Silleiro?) se yergue luego imponente,
destacándose hacia el desapacible septentrión; por otro lado, desde aquí hasta las
Columnas del poderoso Hércules (Gibraltar) hay una travesía para las naves de cinco
días”. Como la distancia entre ambos puntos costeando es de unos mil kilómetros, todo
nos lleva de nuevo al promedio estimado por nosotros (entre 100 y 120 millas día, con
velocidad media de 4 a 5 nudos).
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Imagen abajo: la iglesia de Cervatos en Palencia, románico del Camino de
Santiago. Tal como decimos, la Ruta Jacobea que llegaba de las Islas Británicas,
desembarcaba en los puertos del Cantábrico para incorporarse a cualquiera de las vías
hacia Compostela. Una de la más antiguas era la de Santillana-Cangas-Oviedo; aunque
otras bajaban hacia Palencia o León, desde Cantabria y Asturias. Este era el caso de la
que cruzaba Cervatos; donde su iglesia románica tiene “una influencia irlandesa” -a
mi juicio debido al paso de peregrinos británicos-. Mostrando esculturas de
románico erótico (tan común en las Islas Británicas) entre cuyas figuras destaca la de
una mujer enseñando la vulva, que se llamó en Irlanda Julia la prostituta (Shelah-na-
Gig) y se esculpía como símbolo contra el aojo y en favor de la fertilidad –que hemos
destacado en la fotografía, en un lateral-.
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e) : Relaciones atlánticas de la Península:
Desde el capítulo quinto (27) la profesora Ruiz-Gálvez recoge la unión de nuestras tierras, con otras
áreas de la Europa Oeste durante El Bronce; comenzando por sus primeros contactos. Narrando como en lo
que ella denomina periodo climático Sub-Boreal y que fecha entre el 3050 y el 950 a.C. vivían en unas
temperaturas de bonanza. Pese a la afirmación de la investigadora acerca de que aquella época era una etapa
climatológicamente similar a la nuestra; ya hemos visto que no fue así y que conforme marcan los gráficos que
presentábamos al inicio, hubo bastantes oscilaciones. Sobre todo tras el 1650 a.C., cuando estalla el volcán
Tera-Santorino, provocando años sin veranos sus gases y nubes de polvo magmático. Acerca de los
habitantes de la Edad de Bronce atlántica, los describe como raquíticos y bajos; propensos a diversas
enfermedades. Considerando que hacia el 1500 a.C. la talla de los peninsulares había disminuido en unos tres
centímetros, sobre lo que medían sus antecesores neolíticos (quienes en hombre alcanzaban la media de 170
ctms. y 1,56, en mujer). Ello le hace suponer que entorno a esta época debieron pasar hambrunas, todo lo que
yo -personalmente- justificaría por la catástrofe antes mencionada, del Tera-Santonio.
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En cuanto al modo de enterramiento en la Península durante el Bronce, comenta que se alternarían los
tres tipos de tumbas en todo el territorio: En túmulo (dolmen), en cistas bajo túmulo y -finalmente- en
cistas simples y alejado de megalitos (la más tardía). Destacando la llamada “cultura de las cistas del
Suroeste” que se produce en El Algarve, Huelva y Sevilla, desde el Bronce Antiguo (mediados del III
milenio a.C.); en la que ya se enterraban en “fosas cubiertas” individuales, manteniendo este rito hasta
la llegada del Hierro. Algunas de estas cistas tenían losas sobre los cenotafios, en las que se grabaron
símbolos de poder (como hachas, lanzas o puñales). Siendo estas las llamadas “estelas alentejanas”,
fechadas en el Bronce Final I (hacia el 1300 a.C.) y antecedente directo de lo que más tarde serían las
estelas del Sudoeste -losas de periodo pretartéssico del siglo XI a.C. (aprox.), con figuras talladas
toscamente; representando soldados, armamento, utensilios, animales y hasta carros-.
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Sobre la pureza de los metales que manejaban nuestros antepasados, escribe Ruiz-Gálvez que hasta el
Bronce Medio (1800 a 1300 a.C.) no se alea este metal con una calidad buena. Debido a que los análisis
muestran como la mezcla de estaño y cobre fabricada con anterioridad a esa fecha, tenía grandes fallos (muy
arsenicados y de baja nobleza en sus patrones). A mi entender, esta mejora en la aleación desde el 1800
a.C., pudo producirse tras la llegada de gentes venidas desde Extremo Oriente (o de Cerdeña), buscando
precisamente en nuestras tierras las materias primas. Pues en las fechas que tratamos, algunas de las
grandes civilizaciones marineras del Este mediterráneo (como la Minóica) llegan a una etapa de gran
eclosión y prosperidad. Navegantes y metalurgios de áreas como Creta, El Egeo o Chipre; que verían
agotadas en este tiempo sus minas de cobre, a la vez que se acababan las del estaño en Cerdeña (único
lugar del Mediterráneo que tiene yacimientos de ese metal). Momento en que tendrían que aventurarse
hacia el Oeste con sus naves, para lograr nueva casiterirta y mineral cúpreo. Pues de lo contrario les
sería imposible fabricar objetos de bronce; un hecho que les impediría sobrevivir durante un momento histórico
en el que sin armas broncíneas cualquier lugar sería atacado por las grandes civilizaciones, en busca de
territorios y esclavos -como Egipto, los Hititas o las de Mesopotamia-. Por lo que decimos, en aquel entonces
el viaje hacia la Península y el Atlántico no era un capricho, sino una necesidad de subsistencia. Ya que
vivían en plena Edad del Bronce, con las minas cúpreas de Chipre o Grecia casi agotadas, al igual que
sucedía con los yacimientos de estaño sardo (que proporcionaba material muy plúmbeo, insuficiente y de
muy mala calidad).
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SOBRE Y BAJO ESTAS LINEAS: Arriba, fotografía de un depósito de hachas del
Bronce Medio hallado en Posada de Llanes y a su lado un ejemplar anterior (del
Bronce Antiguo) -propiedad del Museo Arqueológico de Oviedo, al que agradecemos nos
permita divulgar la imagen-. Observándolas bien, puede apreciarse la diferencia de
color entre la más antigua y las del Bronce Medio que parecen más claras y de
apariencia “plateada”. Ello, seguramente debido a que la aleación pasa a mejorarse
desde el 1800 a.C.; mezclando bien cobre y estaño en proporción al 92 y 8 %, ya sin
grandes impurezas de arsénico, ni plomos. Abajo: dibujo mío con algunas de las
espirales del famoso templo de Tarxien, en Malta. A continuación hablaremos de los
petroglifos del Atlántico, que a mi juicio tienen relación con estos templos malteses
(también ciclópeos y de igual época).
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En cuanto a las relaciones del litoral oceánico en la Europa del Bronce, Ruiz-Gálvez toca
el enigmático tema de los petroglifos con círculos (28) . Exponiendo la proliferación
por toda Galicia de estos grabados sobre rocas, describiendo espirales
(principalmente en La Coruña). Explicando como existen iguales o similares dibujos en
las Islas Británicas, donde abundan a excepción de Gales y del condado irlandés de
Kerry (en los que no se encontraron estas marcas sobre piedras). El comienzo histórico
de estas manifestaciones con espirales, las data la autora en el eneolítico o
calcolítico; y afirma que se relacionan siempre con el principio del Bronce
Antiguo (todo lo que a mi entender, nos obliga a pensar que fueron hechas por
quienes viajaron hasta Galicia y a las Islas Británicas, buscando o divulgando los
metales). Además la investigadora une la existencia de aquellas marcas a puntos
estratégicos, como oteros para vigilar, altos en las desembocaduras de los ríos o llanuras
muy fértiles (de lo que podemos deducir que quizás no serían tan solo grabados con fines
mágicos, sino quizás demarcaciones de territorios).
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Por su parte, Peña
Rey cree que los petroglifos no permanecen más que hasta el
Bronce pleno; fechándolos entre el calcolítico y el comienzo del Bronce
Antiguo (29) ; una datación que yo considero más ajustada a la realidad, ya que
pudieran verse “un tanto arcaicos” para considerarlos una manifestación artística del Bajo Bronce. Pero
además, desearíamos añadir que de seguro se relacionan con las espirales grabadas
en los templos de Malta; donde existen paneles plenos de círculos similares y
fechados desde el 4000 a.C.; aunque más perfectos en sus formas y ejecución (pareciendo olas o
imitando órbitas planetarias -ver imagen superior-). Cuanto expresamos habría de completarse con estudios
sobre el uso y significado de los megalitos y petroglifos del Atlántico; utilizados como calendarios,
observatorios, gnomons etc.. Acerca de todo ello le recomendamos la lectura del magnifico
blog de Gustavo Pascual Hermida ; quien en su página MÁS QUE PETROGLIFOS explica
todos los pormenores e ideas entorno a ellos y donde podrán informarse de cuanto últimamente se ha
avanzado en su investigación.
(para llegar, pulsar enlace: http://masquepetroglifos.blogspot.com.es/ )
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Siguiendo con las manifestaciones artísticas de la Edad del Bronce Peninsular, pasa Ruiz-Gálvez a tratar un
importante tema, como es el de las estelas menhir (que a mi modo de ver son otro antecedente directo de
las estelas de guerrero tartessias). Recogidas en un epígrafe que intitula “Estelas de Menhir, ídolos de guijarro
y estelas alentejanas” (30) ; donde comienza por decirnos que las estelas menhir son representaciones
masculinas, mientras los ídolos guijarro serían femeninas (recomendamos ver las imágenes bajo estos
párrafos para comprender el significado de estas representaciones). Por su parte, la autora afirma que al no
contener una cronología posible, lo mejor es identificar tales figuras con el megalitismo; aunque a mí
personalmente me “agradaría” más unirlas a la Edad de Bronce, debido a que el megalitismo se inicia
en el sexto milenio a.C. (una etapa que parece demasiado temprana para estas piedras con bajorrelieves).
Sobre ello, he de añadir que a mi juicio, una mole de piedra con una figura así grabada puede tener
preferentemente tres usos o sentidos: Primeramente como cipo funerario; en segundo, lugar
como demarcador de un lugar sagrado o conmemorativo; y en el tercero, como linde de frontera
territorial, religiosa o de caminos. Habiendo de descartar en el caso de las estelas-menhir y en los ídolos
guijarro, su uso como gnomons (tal como se hacía con los cromlechs y menhires); debido a la falta de altura y
a la poca uniformidad de estas. Existiendo otras losas megalíticas y de El Bronce (semejantes en tamaño,
pero no en sus grabados), donde sí se muestra un uso como señalizador de estrellas o de
caminos. Piedras de igual o mayor porte, pero que principalmente contienen cazoletas y boquetes, donde
incluso pueden verse las constelaciones representadas (tal como sucede en la que hay en la iglesia de
Verín, junto a Monterrey y que más abajo recogemos en imágenes).
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SOBRE Y BAJO ESTAS LINEAS: Imágenes de ídolos guijarro y de estelas-
menhir. Arriba, dos “idolos guijarro”, encontrados en Noceda y en Ciudad Rodrigo; tal
como los muestra el Museo Arqueológico Nacional (al que agrademos nos permita
divulgar nuestra fotografía). Abajo, la famosa estela-menhir de Valdefuentes de
Sangusín, en dos secuencias. Al lado izquierdo, tal como la fotografié en el Museo de
Salamanca (al que agradecemos nos permita su difusión). A la derecha, en el modo que
la recoge dibujada Ma.Ruiz-Gálvez, en el libro que analizamos (agradeciendo nos permita
divulgar la lámina).
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SOBRE Y BAJO ESTAS LINEAS: Imágenes de las interesantes relieves pétreos de la
iglesia de Mixó, en Verín (a las faldas del Palacio de Monterrey). Arriba podemos ver
una losa que se halla en el muro exterior que circunda el cementerio-ermita;
donde el simpático guía que muestra el conjunto, indicaba cómo en ella existían
marcas en las que él veía un “esquema” de la Osa Mayor. Sobre la fotografía he
dibujado “El Carro” ya que los boquetes que presenta se parecen claramente a la Osa
Mayor. Aunque es verdad que por la antigüedad de la pieza hemos de considerar que
en el tiempo en que fue horadada, no era la Polaris la que marcaba el Norte, sino el
Dragón. Concretamente las tres estrellas finales, llamadas Cabeza de Draganis, y de
ellas Thuban, que hace 4800 años era el astro situado al Norte puro -destacada en el
dibujo-. Por lo que narro, mi conclusión es que la losa que vemos señala un punto
Norte medio, entre Tuban y la Polaris. Representando a la vez el Dragón y la Osa
Mayor (debido al parecido entre ambas); lo que nos indicaría es que tras el cuello del
Dragón, justo al comenzar la cabeza hay tres estrellas. Entre estas tres estrellas
(Cabeza del Draganis) y la Polaris, se situaría el Norte puro en el momento en que
fue agujereada la piedra que vemos. Todo lo que la fecharía entorno al 1800 a.C., ya
que el desde el 2800 a.C. Thuban se situaba al Norte y hasta el 800 a.C. no pasó a
ocupar este lugar la estrella Polar. De lo que se deduce que en el intermedio de ambos
(hacia el siglo XIX a.C.) es cuando tallarían esta losa que se encuentra en la
misteriosa ermita de Mixó; en plena Ruta de la Plata y en la unión de caminos de
paso de Castilla a Galicia y desde Portugal a España. En la fotografía de abajo, una de
las estelas romanas que se hallan empotradas en los altares laterales de esta
ermita de Mixo; una pequeña iglesia de aspecto visigodo, pero que debió ser un templo
de origen ancestral (tal como muestran sus restos).
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Continuando con el texto de Ruiz-Gálvez, la autora relaciona los cruces de caminos y las vías más
antiguas, con la aparición de esos menhires-estela o de los ídolos de guijarro. Lo que parece
absolutamente lógico; puesto que la señalización y sacralización de las rutas, debió ser tan importante
como indispensable para el comercio, la trashumancia y la supervivencia (tal como hemos comprobado
en las imágenes anteriores, donde vimos astros marcando la “Ruta de la Plata” y “El Camino de las
Estrellas”). Considerando la investigadora que esos cipos en los que grabaron formas humanóides,
demarcarían principalmente las vías pecuarias; todo en lo que estamos plenamente de acuerdo. Algo que
podríamos ratificar o demostrar con nuestras teorías personales acerca del mal de ojo y del modo de
combatirlo en los campos y caminos. Estudios donde expreso que desde los tiempos más antiguos las
gentes ponían en las lindes (de propiedades o de vías) unas estacas con forma fálica, denominadas
entre los antiguos griegos Xoanas -muy comunes en Creta-. Siendo este el principio de Hermes -el protector
del viaje-, nacidos desde los “herma”, voz cuya primera traducción desde el griego sería la de “cipo”, pero
sobre todo “murete” y “parapeto”. Unas piedras hincadas que servían en el campo de batalla para proteger
de los ataques a caballo (debido a que rasgaban las tripas del equino) y en los de labranza para mostrar que
aquellas tierras tenían unos dueños. De tal manera se marcaban los terrenos con ellos, indicando que tan
solo se podía caminar por la vía que delimitaban las “herma” (el dios Hermes); ya que fuera de ellos
existía derecho de atacar al viandante (como sospechoso de hurtar o de dañar las cosechas y tierras
ajenas). Unos hechos que debieron asociar estos cipos de forma semejante al falo, con la protección y la
buena suerte, resultando finalmente un símbolo de Mercurio-Hermes -como signo apotropáico de riqueza,
fertilidad, del buen comercio y contra el aojo o la mala suerte del viajero- (31) .
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Acerca de ellas, Ruiz-Gálvez nos da como ejemplo de losas que señalizaban las vías pecuarias la encontrada
en Chaves; población portuguesa fronteriza situada en las cercanías de Verín (cuya piedra de Mixó, hemos
analizado anteriormente). Por su parte, añadiremos que existen muchos otros cipos de tipo fálico,
igualmente fechables en la Edad de Bronce -hasta en la celtibérica y romana- aparecidas también en las
proximidades de estas vías que marca Ruiz-Gálvez (junto a la Ruta de la Plata y en la bifurcación de
entradas desde Portugal). Entre ellas, ya hemos publicado una de la más famosas, conservada en el Museo
de Évora; existiendo otras muy interesantes y que carecen de estudio, como las dos del municipio
zamorano de Rabanales de Aliste (abajo las recogemos imágenes). Considera la autora que estos cipos
con los que se demarcaban los caminos durante la Edad del Bronce; más tarde fueron heredados por
los celtas, y posteriormente se convirtieron en los miliarios de las calzadas romanas. A lo que
habríamos de añadir que, a más de señalar rutas pecuarias ancestrales (de trashumancia desde tiempos del
megalitismo), esos caminos debieron servir como vías comerciales y de transporte del metal. Todo lo que
nos obliga a pensar que aquellos viajes que los pastores neolíticos realizaban, llevando sus rebaños de Norte
a Sur y viceversa. Más tarde fueron usados para el transporte del oro o la pata, y finalmente para el del estaño
y cobre, que no podía llevarse en barco (especialmente en zonas alejadas de los ríos y mares).
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SOBRE Y BAJO ESTAS LINEAS: Imágenes de menhires fálicos hallados en zonas
próximas a la Ruta de la Plata. Arriba el del Museo de Évora -al que agradecemos nos
permita divulgar la imagen-; fechado en el tercer milenio a.C. y procedente de
Mosaraz (zona alentejana plena de megalitos y riquísima en oro hace miles de
años). Junto este, uno de los dos menhires fálicos existentes en Rabanales de
Aliste; cipos que se suponen romanos, aunque a mi parecer debieran considerarse muy
anteriores. Abajo, fotografía tomada en el interior del Museo Provincial de
Salamanca, en cuyo patio exponen varios de estos rulos milenarios. En ella
aparecen sonrientes algunos amigos japoneses ante la observación de tales piedras
ancestrales, habida cuenta que en su cultura existen todavía costumbres y ritos similares;
de veneración al falo (en forma de escultura o símbolos) como signo de prosperidad,
fertilidad y alegría.
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Acerca de las estelas alentejanas (que como dijimos, presentaban grabadas toscamente armas o
utensilios) Ruiz-Gálvez ratifica que se trata de losas muy diferentes a las estelas-menhir o a los ídolos
de guijarro -que servían para delimitar áreas- siendo el uso de las alentejanas simplemente funerario.
Utilizadas como cobertura de tumbas y unidas a las cistas individuales. Pese a no tener representaciones
humanas, en ellas aparece un objeto igual al que figura en muchas estelas-menhir; que llevan grabado
algo semejante a un ancla. A mi juicio estas “áncoras” esculpidas en las losas alentejanas y en algunas
esculturas de menhir, serían armas y más concretamente “gujas”. Unas hoces que se utilizaban para
desjarretar y que de igual manera se usaban para luchar, e incluso para rituales donde hacía falta podar o
cortar limpiamente ramas y miembros. Ello podría explicar por qué en el Alentejo se representan junto a
hachas y lanzas (principalmente) y por qué en las estelas-menhir se hallan a la altura media; la del
cinturón, donde se suelen colgar las armas. Por su parte, la investigadora relaciona estas losas
alentejanas con la cultura del Bronce del Sudoeste, que se genera en esa zona peninsular
principalmente desde el siglo XVIII a.C.. Añadiendo que los cambios de aquellos años se deberían a un
periodo de gran hambruna y de pobreza, debido al invierno de varios años provocado por el volcán Tera-
Santorino. Considerando Ruiz-Gálvez que este cambio climático obligó a generar nuevas estructuras de
poder y sociales, por lo que comenzarían a aparecer estas losas, junto a las estelas-menhir y a los
ídolos guijarro (que ella no fecharía antes del siglo XIV a.C.).
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A mi modo de ver, no serían los cambios sociales producidos por la hambruna lo
que generaría esta nueva cultura del Sudoeste; sino la llegada de gentes
procedentes del Oriente Mediterráneo. Pueblos huidos del desastre del Tera-
Santorino que asoló el Egeo, Creta y Chipre, devastando las costas de Anatolia y
parte de las de Oriente Medio. Llegándose a sumir en un caos todo el área nordeste del
mediterráneo y obligando a migrar de allí a millones de personas, de las que muchas
llegaron hasta Egipto. Entrando estos huidos del Tera en el Norte del Nilo, para invadirlo y
subsistir; todo ello en un momento en que gran parte de los egipcios huyeron a tierras del
Sur (al Alto Nilo), debido al terror producido por las consecuencias del volcán. Cuyas
nubes de gases y polvo -junto a los restos de piedra pómez-, llegaron por aire y por mar
hasta el delta; haciendo que muchos de los súbditos del faraón emigrasen al ver tal
catástrofe. Momento en que entrarían nuevos invasores, a los que llamaron Hicsos y
que establecieron su reino en Avaris (en la desembocadura del rio egipcio). Un éxodo
generalizado que igualmente hubo de repercutir en nuestras tierras, que recibirían
por entonces a muchos huidos del Egeo o de Anatolia y de Oriente Medio; quienes
desesperados, viviendo entre campos cubiertos de cenizas y bajo cielos plenos de polvo
volcánico; habrían de migrar donde fuera. Llegando a establecerse de seguro en las
zonas más ricas en oro, plata, estaño y cobre de la Península: El Sudoeste. Dando
así paso a mi juicio a esta “cultura del Bronce del Sudoeste”, que se destaca y
diferencia plenamente de otras etapas anteriores y que terminaría eclosionando en
Tartessos.
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SOBRE Y BAJO ESTAS LINEAS: Imágenes de estatuas menhir. Arriba dos
fotografías del hallado en Villar del Ala, hoy en el Museo Numantino de Soria (Alq ue
agradecemos nos permita divulgarlas). El Museo lo fecha en el siglo X, aunque hemos de
considerarlo del Bronce Final I y II (quizás más cercano al siglo XII a.C.). En su
figura aparece una de estas “áncoras” de las que habla Ruiz-Gálvez, y que hemos
destacado en la segunda imagen -a nuestra izquierda-. Observemos que claramente
semeja un doble gancho o una hoz y que se halla a la altura del medio cuerpo; todo
lo que nos hace creer que se trata de una “guja”, arma de guerra en forma de media
luna (que también serviría para desjarretar y para podar). Abajo, otras dos fotos de una
estela hallada dentro del dolmen de Castellín de Allende, tal como la exhibe el Museo
arqueológico de Oviedo (al que agradecemos nos permita divulgarlas). Este menhir es
muy diferente al anterior y lo debemos considerar mucho más antiguo,
relacionándose con los círculos concéntricos representados en los petroglifos
gallegos, en las Islas Británicas y en Malta. Por ello, a mi juicio habríamos de fecharlo
unos mil quinientos años antes que la estela-menhir anterior; en épocas muy cercanas al
2500 a.C.
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En referencia a cuanto venimos narrando, expone Ruiz-Gálvez, como hacia el 1300 a.C. el tiempo
empeora bruscamente y es entonces cuando se generan nuevas formas de cultura (32) . Considerando
que en este momento y debido a la crisis climática comienzan los campos de urnas. Pese a ello, a mi
entender serían dos motivos los que modificaron esta época: Primeramente las migraciones ya
descritas; pero sobre todo actuaría como empuje y detonador del cambio, la expansión y difusión del
hierro. Un metal que se descubre en el siglo XIV a.C. en Anatolia gracias al uso de hornos de carbón; un
nuevo combustible fósil muy probablemente utilizado entonces debido a las bajas temperaturas que produjo el
desastre del Tera-Santorino. De lo que en mi teoría, es el frío lo que genera la búsqueda de sistemas de
calefacción nuevos y con ello se inventarían los hornos de carbón, donde se logran de miles de grados
caloríficos. Todo lo que permitiría fundir el hierro; aunque más tarde, para templarlo necesitaban
introducirlo en agua a temperatura de la orina (algo que explica se descubriera el acero, en zonas de muy
bajas temperaturas -como el Cáucaso-). Siendo así, tras aparecer el nuevo metal, los hombres del hierro
empujarían a las culturas del bronce; primero expulsándolas de Anatolia y del Egeo, para más tarde
extenderse por toda Europa.
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Movimientos y momentos históricos con los que se explica la aparición de nuevos ritos y formas en la
Península; cuando los pueblos del Bronce del Oriente mediterráneo, fueron aniquilados u obligados al
exilio -desde el siglo XIII a.C.-. Llegando muchos de ellos a nuestras tierras (al igual que lo hicieron en
Cerdeña, Sicilia o Italia) y fomentando otra vez un caldo cultural que promovería formas importadas y
diferentes organizaciones sociales. Entre ellas, las ya mencionadas del Suroeste; desde la que
procedería o nacería Tartessos siglos más tarde, al entrar en contacto directo con colonos del Primer Hierro
(los fenicios y los helenos). Todo lo que asimismo explica Ruiz-Gálvez con otras ideas y palabras; aunque
pensando de un mismo modo, que los cambios desde el siglo XIII a.C. en nuestra Península se debieron
principalmente a migraciones llegadas desde el lado opuesto mediterráneo –y entre otros, a los Pueblos del
Mar- (33) .
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JUNTO, SOBRE Y BAJO ESTAS LINEAS:
Imágenes publicadas por Ruiz-Gálvez en la obra suya que estamos
analizando (agradecemos a la investigadora nos permita divulgarlas).
Al lado la dispersión de los ídolos guijarro.
Abajo, mapa que relaciona las estatuas menhir, con las diferentes vías
portuguesas; caminos de acceso hacia Galicia y la Meseta, entre los que vemos puntos
como el mencionado Chaves (en la parte inferior del plano).
Más abajo, mapa de distribución de las estelas del Sudoeste (según Galán).

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Una de las ideas más curiosas que presenta Ruiz-Gálvez, acerca de este momento histórico; es la
explicación de las jefaturas durante la Edad del Bronce en razón del dominio de la sal (34) . Un poder
sobre las salinas de tierra y de mar, que conferiría el mando sobre amplias zonas de territorio, a las tribus más
importantes de aquella época. Idea brillante e inteligente; aunque no puedo estar de acuerdo con la teoría
al considerar que la sal no sería de tanta importancia para gentes asentadas junto al mar. Pues hemos
de recordar que la gran mayoría de los pueblos que desarrollaron megalitos y que trabajaron el bronce
europeo, se establecieron en zonas cercanas al Atlántico. Donde bastaría con tomar agua marina y cocerla,
para obtener la sal -tan necesaria entonces como conservante; no solo como condimento-. Tanto es así,
que observando un mapa del megalitsmo veremos cómo la gran mayoría de estos monumentos se
hallan a menos de cien kilómetros de las costas; o bien están elevados junto a un río navegable -lo que
les posibilita llegar a la desembocadura en pocas jornadas-.
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Siendo así; tener sal era más que sencillo para los megalitistas y los habitantes del Bronce Peninsular;
bastando cocer agua del mar, o bien comprarla a los pescadores de la zona (quienes la recogerían de los
corrales o piscinas construidos para capturar y almacenar sus peces). Por todo ello creemos que la teoría
que expone Ruiz-Gálvez, aun siendo muy brillante, tan solo se podría aplicar a la Edad del Hierro
europea; una civilización de tierra adentro, cuyos impulsores (los celtas o indoeuropeos) apenas
navegaron. De allí la importancia de la sal para gentes que habitaban áreas alejadas del mar o zonas de
centroeuropa (con frío intenso y muy separadas de la costa; como fue la cultura de los campos de urnas).

Pasa la autora a continuación a hablarnos de las estelas diademadas y de guerrero, comúnmente


denominadas del Sudoeste. Losas que no debemos confundir con sus antecesoras (las estelas
alentejanas) aunque se consideren totalmente relacionadas con ellas y con otras manifestaciones
antes estudiadas -las de menhir o los ídolos de guijarro-. Este segundo tipo de bajorrelieves del
Sudoeste, contienen grabados representando mujeres con diadema y guerreros con armas, carros o
animales; fechándose en un periodo posterior. Siendo datadas por lo común en el último tramo del Bronce
Final, un periodo cercano al Tartessio (entre los siglos XI al VIII a.C.); aunque hay autores que
modernamente las fechan en una época muy anterior. Hablamos de personalidades como Alfredo
Mederos, que en sus estudios perfectamente argumentados considera las alentejanas del Bronce Final I
(posteriores al 1325 a.C.) y a sus sucesoras del Sudoeste, del Bronce Final II y III (anteriores al 1150
a.C.) (35) . Acerca de ellas, el profesor Mederos nos dice claramente como “Las estelas decoradas del
Suroeste peninsular se hacen eco de una serie de novedades que se introducen en el armamento
europeo hacia el 1300 a.C. y que afectan a Grecia, Bohemia, la región Carpática y la propia
PenínsulaIbérica”. Así -en el estudio antes citado- razona comparativamente las lanzas, espadas, puñales,
escudos y cascos que aparecen en las diferentes estelas. Hasta llegar a clasificar las más antiguas,
pertenecientes al Bronce Final I (alentejanas), de las más recientes -del Bronce Final II y III-, llamadas del
“Sudoeste”. Utilizando como primer modo de diferenciarla las técnicas para su labra; observando que las
alentejanas están esculpidas en altorrelieve, mientras las siguientes se hicieron simplemente
golpeando o creando incisiones sobre as piedras. Además nos indica que en las del Alentejo no
existen representaciones de lanza, casco, escudo o personas y animales; todo lo que las distingue por su
simplicidad iconográfica de sus “sucesoras” (las del Sudoeste), en las que veremos espejos, liras, carros y
hasta bestias de tiro.
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Más tarde, clasifica Mederos en su trabajo antes mencionado la iconografía y
armamento representado en las diferentes estelas, llegando a la conclusión de la
enorme influencia oriental en muchos de estos objetos (todo lo que demuestra la
llegada de gentes venidas del Egeo o del Este mediterráneo, quienes establecerían las
modas y usos -entre ellos, el de fabricar estas losas-). Aunque concluye que los
escudos allí labrados, a su juicio son de origen y muy similares a los de Irlanda,
fechados en el Bronce Final I (anteriores al 1300 a.C.). Ante lo que hemos de añadir
que todo ello mostraría una vez más “la gran conexión” atlántica. Manifestando la
evidencia de que si en nuestra Península se hallan profusamente grabados escudos
iguales a los de Irlanda; en esta isla debieron aparecer los hombres y cultura
pertenecientes a las tierras en que se labraron y conservaron aquellas
estelas. Losas extendidas principalmente en una zona que comprende: El Valle del Tajo y
Extremadura Oriental con la zona de la zona de las Beiras y Cáceres; la Sierra de
lasVilluercas, Toledo; Valle del Guadiana, el Zújar y comarca de La Serena; Ciudad Real y
Valle del Guadalquivir (36) .
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Todo lo que hemos expuesto, a mi juicio muestra de nuevo aquel viaje a las
Cassitérides, desde los tiempos más remotos; en los que gentes del Alentejo y del
Bajo Guadalquivir, se embarcarían en busca del estaño y los metales del
norte. Comunicando el litoral atlántico y exportando o importando modas, modos y
medios de vida. Entre aquellos, de seguro estuvo la orfebrería y la organización
social, presidida principalmente por mujeres y reinas; como era común en la
Península y en las Islas Británicas. Consecuentemente y volviendo a Ruiz-Gálvez, esta
profesora considera que las estelas del Sudoeste con grabados femeninos y
diademados, pertenecerían a reinas. Creyendo incluso, que bajo estas se pudieron
enterrar a las monarcas y sus tesoros. Una idea que no podemos compartir, puesto
que ocultar un tesoro poniendo una marca así sobre este, creemos sería el mejor método
para que a los pocos días lo profanasen y desenterraran. Otra cosa es pensar que bajo
aquella losas se inhumaran reinas o mujeres de poderosos, un hecho que quizás
debemos admitir como cierto (aunque todavía no se ha encontrado una fosa o un
enterramiento, relacionado con estas estelas del Sudoeste).
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SOBRE Y BAJO ESTAS LINEAS: Dos estelas del Sudoeste: Arriba una hallada en El
Mato, Belalcázar -Córdoba- y actualmente en el Museo arqueológico de Badajoz (al que
agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen). En este caso se trata de una
representación de mujer, diademada, con pechos y portando lo que parecen flechas
y arco (aunque también podrían ser maracas o palillos boomerang). Abajo, la estela de
Magacela (Badajoz) propiedad del Museo Arqueológico Nacional, al que agradecemos
nos permita divulgar nuestra imagen. Observemos en la imagen inferior el guerrero
con casco de cuernos, lanza, cuchillo-hacha y puñal al cinto. Bajo él, un enorme
escudo remata la escena que testifica como estas losas debieron ser funerarias.
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Pese a ello -dijimos- no se ha encontrado ninguna relacionada con enterramientos,
lo que hace suponer que tras ser alzadas sobre un cuerpo inhumado (a modo de
estelas), posteriormente expoliaron la sepultura. Un robo quizás provocando por la
presencia de esas losas que marcarían tumbas; lo que explicaría que nunca se hayan
encontrado restos en las cercanías donde fueron halladas estas losas. Otra posibilidad
es que se utilizaran como señales o demarcaciones, para anunciar las lindes de
territorios dominados por determinados guerreros o reinas. Aunque una última
teoría personal y mía hablaría de que por entonces los cuerpos de los difuntos se
dejasen a los carroñeros; por lo que no existirían tumbas en la época (tal como
sucede desde la entrada del Primer Hierro en nuestra Península). Su datación
corresponde al Bronce Final III (desde el siglo XI al VIII a.C.), pero según otros
autores -como el prof. Mederos- serían anteriores al 1150 a.C.-. En mi opinión
hemos de considerarlas pretartessias; ya que se encuentran en territorios que
posteriormente fueron ocupados por gentes cercanas a esta cultura del Bajo Guadalquivir.
Finalmente añadiremos sobre ellas, que aparecen en territorios muy ricos en minas;
principamente de estaño, mercurio y oro (como las de Almadén, Alentejo o las
Villuercas extremeñas). Además, en las inmediaciones de donde se han hallado,
también se encontraron numerosos tesoros (como los de Berzoana. Sagrajas,
Valdeobispo y otros tantos aparecidos en el Alentejo); aunque no aparecieron junto a
estas estelas, sino en ocultaciones o enterramientos aislados.
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Acerca de cuanto expone Ruiz-Gálvez sobre la orfebrería del Bronce Final, es de
destacar su afirmación de que el tesoro de Villena es prefenicio. No perteneciendo a
la Edad del Hierro, precisamente debido a que el metal férreo de sus piezas está
embutido en oro y por lo tanto tratado como precioso. A lo que añadimos que esta
forma de trabajar el hierro dulce a modo de metal preciado, existía en Egipto en épocas
de Tutankhamon; teniendo los faraones cuchillos ferro-aerolíticos apreciadísimos, debido
a que no se oxidaban. Con gran acierto menciona la autora una posible ruta Sardo-
Chipriota que pasara por Villena; a la que pudiera deberse este tesoro y donde se
hallan repetidamente objetos bronce, de origen británico. Hechos que ya hemos
estudiado repetidamente en artículos nuestros, en los que exponemos la existencia de
diversos recorridos y caminos antiquísimos; que nacían del Levante hispano para llegar
hasta la zona central peninsular, al Atlántico o a las fuentes del Guadalquivir (37) . En
base a todo ello, menciona la investigadora una unión entre Chipre y Cerdeña
durante el Bronce Final; algo que en diferentes artículos también hemos mostrado y
que se produce especialmente entre los siglos XIV al XII a.C.. Un momento en que los
lingotes de cobre Oxhide -de tipo chipriota- se fabricaban profusamente en la isla sarda y
se distribuían por el Egeo (a manos de los cretochipriotas). Hechos que hacen deducir
inteligentemente a la investigadora que el tesoro de Villena pueda ser de origen o
influencia chipriota; lo que se demostraría en los ponderales que utiliza y que son
egeos (estando medido en base a siklos micénicos; describiendo como esa metrología
fue descubierta por Eduardo Galán). Acerca de este punto nos hemos extendido
ampliamente en varios estudios míos (38) , pudiendo llegar a concluir que a mi juicio
estaba fabricado y medido en siclos PYM (o filisteos); un sistema de pesos importado por
los micenios huidos a Israel durante las invasiones dorias (39) .
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Tras la comparación de objetos del Bronce en diferentes zonas atlánticas y los de la
Península, terminará su libro con un capítulo que intitula “La transición; del Bronce
al final del Hierro” (40) . Donde continúa hablando del tesoro de Villena, como un
ajuar de enorme influencia chipriota y que ella fecha entre los siglos XIII al X a.C .;
una datación que no me parece desafortunada, aunque yo personalmente no me
atrevería a llevarlo más atrás del siglo XII a.C. (inclinándome incluso hacia unas
fechas más cercanas al año 900 a.C.). Sigue con una importante reflexión en la que
expone los sistemas de pesos en siclos micénicos, eblita, o hitita; que se suceden en
piezas de bronce halladas en Occidente. Ideas de gran brillantez, aunque tristemente no
podemos admitir la tasación de los valores que aporta, debido a la dificultad de que se
conserven los pesos originales; ya que en los enseres de bronce la oxidación altera
completamente la pieza (algo que no sucede con objetos de de piedra, oro y
plata). Describiendo más tarde los diferentes sistemas premonetarios, acerca de los
que hemos escrito ampliamente. Fundamentando nuestras ideas en que previamente a
la moneda se debió comerciar trocando bifaces de piedra, más tarde hachas
pulimentadas y finalmente las de bronce (muchas de ellas fabricadas directamente como
pesos o moneda). Siendo otros modos premonetales, el intercambio de ámbar, pepitas de
oro y plata (que abrió las rutas del Atlántico); tanto como las pieles de ganado -que
terminarían promoviendo como valor metal pecunia, los lingotes de cobre y estaño
fundidos con la forma del pellejo de ganado-. A cuanto hemos de añadir, que durante la
Edad de Bronce y gran parte de la del Hierro, lo más importante fueron los
metales (imprescindibles para sobrevivir como comunidad); por lo que abrir rutas para
encontrarlos o inventar sistemas para transportarlos y cambiarlos, era por entonces
el secreto de la prosperidad y la subsistencia.
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Finaliza su libro, Ruiz-Galvez, menciona uno de los hechos más extraños que se
producen en la Península durante la entrada del hierro: La desaparición de las
tumbas. Bajo el Epígrafe de "creciente invisibilidad registro funerario" nos habla de esta
extraña circunstancia que sucede por todo el territorio, durante siglos VIII y VII
a.C. (desde el bajo Guadalquivir a las Cogotas, pasando por Galicia, el Cantábrico y
llegando al Sur de las islas Británicas). Todo lo que obliga a pensar que la zona antes
descrita -de Gibraltar a Cornualles- a comienzos del Hierro, fue ocupada de nuevo
por gentes muy parecidas. Visitantes, colonos y nuevos pobladores comunes, que
cambiaron totalmente de costumbres funerarias; habida cuenta que no se
conservan ni sus restos, ni sus huesos en los yacimientos de la época. Existiendo
tan solo “depósitos” o amontonamientos óseos guardados en algunos silos; un hecho
que a mi juicio quizás nos habla de exposición a las aves. Habida cuenta el rito
típicamente indoeuropeo de dejar los difuntos a los carroñeros, como signo de honor y
como muestra de agradecimiento a quienes mueren en batalla (que jamás podían ser
recogidos o enterrados). Siendo así, consideramos como hipótesis más segura esta
de la exposición a las aves y alimañas de los muertos, como solución a la falta de
tumbas en esta época del Primer Hierro. Un rito similar al que seguramente se hacía
sobre las táulas en la cultura talayótica. Lo que indicaría que los pueblos que entraron
por mar en la Península a comienzos del Hierro (hacia el siglo IX a.C..), eran de una
profunda raigambre indoeuropea. Quizás de origen similar al Sardo, de quienes
sabemos procedían de Los Pueblos del Mar y que estarían unidos con aquellos que
instituyen la cultura talayótica, en las Islas Baleares. Relacionados plenamente con
Cerdeña y el megalitismo, ya que elevaban enormes y ciclópeas construcciones (que no
utilizaban como tumbas, suponiéndose que las utilizaban para dejar los cadáveres a las
alimañas).
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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Dos monolitos pertenecientes al Cromlech de los Almendros, en
Évora. Ese enorme observatorio astronómico, del que repetidamente hemos hablado, tiene varias
fases (fechadas entre el 5000 y el 2500 a.C. -aprox-); estas dos enormes rocas talladas con dibujos
pertenecen a su última etapa y por lo tanto al comienzo de la Edad del Bronce. Siendo muy interesante
compararlas con los ídolos-guijarro y las estela-menhir; pues quizás fueron estas marcas de astros que
ponían sobre piedras de los cromlechs, el inicio de las señales que posteriormente situarían en los
caminos -con piedras como la de Mixó en Verín, o con menhires y guijarros tallados
antropomorficamente-.
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AL LADO Y BAJO ESTAS LINEAS: Dos imágenes de las vitrinas del Museo
Arqueológico Nacional (al que agradecemos nos permita divulgarlas). Arriba, el famoso
tesoro de Villena, del que hemos hablado anteriormente. Abajo: Al fondo, el
recipiente de bronce chipriota en el que fue hallado el tesoro de Berzocana,
fechado hacia el siglo XI a.C. (localidad próxima a Solana de Cabañas, donde apareció
la famosa estela de guerrero). A su lado, un disco de oro de la Edad de Brronce y en
primer término un poderal de esta misma época. Cuando estudiábamos el tesoro de
Berzocana (hallado en un plato de bronce de tipo Chipriota), llegué a la conclusión de que
se fundió en base a Shatys egipcios; siclos faraónicos cuyo peso era de 7,5 gramos. Para
conocer más acerca de todo ello recomendamos consultar nuestros artículos recogidos
en la cita (41) .
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CITAS:
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(1): CAMBIOS EN EL NIVEL DEL MAR DURANTE EL HOLOCENO a partir del estudio de una turbera en
Trengandín (Salas, Remondo y Martínez). /// IV reunión de geomorfología LA CORUÑA 1996
Pag 6 explica que hay tres fases; una primera desde la glaciación en que va subiendo el nivel del agua
hasta el 2900 a.C., en que llega a una cota bastante próxima a la linea de costa actual. Hacia el 2800 se ve
que el mar estaba entre medio metro y un metro más bajo que hoy. Más tarde y en fecha indeterminada ya
llega a la alura que tenemos.
En pag 7 indica que entre el 4000 y el 2800 la altura del Cantábrico estaba en unos dos metros menos.
Considerando que la altura actual se alcanza en épocas cercanas al cambio de Era.
Las fechas antes dadas tienen una oscilación aproximada de +/- 100 años.
(2): A quienes no hayan podido leer nuestros anteriores artículos donde exponíamos nuestra teoría acerca
del posible origen ballenero de la civilización megalitista, recomendamos consultarlos pulsando:
http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2016/08/aviso-de-nuevo-articulo-marineros-y.html
TESORO BALLENERO Y RUTAS DEL ÁMBAR: HIPÓTESIS SOBRE LOS ORÍGENES DEL MEGALITISMO
Y SU SECUENCIA EN TARTESSOS (una interpretación de Jonás) -Capítulo 114 de: "Los bueyes de Gerión
en el Tesoro de El Carambolo"-:
http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2016/11/los-primitivos-moradores-del-fin-del.html
LOS PRIMITIVOS MORADORES DEL "FIN DEL MUNDO" -en Chile- COMO HIPÓTESIS ARQUEOLÓGICA
PARA LA COMPRENSIÓN DEL MEGALITISMO EN EUROPA
(3): LA VEGETACIÓN DE LA TIERRA, A. Huetz de Lemps (AKAL, Madrid 2005)
(4): CAZADORES Y CAMPESINOS (LA NEOTILIZACIÓN DEL INTERIOR DE LA PENÍNSULA) Jesús
Jiménez-Guijarro. Real Academia de la Historia 2010 (pags 47 y 48)
(5): “10.000 Years of Climate Change and Human Impact on the Environment in the Area Surrounding
Lejre” /// autores: N. Schröer, L. Hölund Pedersen, R. Juel Bitsch. /// Department of Environment, Technology
and Social Studies, Roskilde University - Denmark.
The Journal of Transdisciplinary Environmental Studies vol. 3, no. 1, 2004
http://journal-tes.dk/vol%203%20no%201/Niels%20Schroeder_lav.pdf?id=00019
(6): Marisa Ruiz-Gálvez Priego
Europa atlántica en Edad del Bronce // Barcelona 1998 (Ed Crítica) // pag 107 (mapa de las zonas
metalúrgicas de la Península Ibérica)
(7): Op. Ver cita anterior.
(8): Op. Cit. (6) Pag. 13
(9): Ramón Hurtado de San Antonio en su "Corpus provincial de inscripciones latinas”; editado por
Diputación Provincial de Cáceres, en 1977.
Leyó en la lápida que cataloga como 463, existente en una pared de una casa de la palza de Santa Cruz del
Puerto: VIRIATVS TANCINI F(ILIVS).HIC.S(ITVS).E(ST) S(IT).T(IBI).T(ERRA).L(EVIS) "Viriato, hijo de
Tancino, aquí yace. Que la tierra te sea leve".
Comentando Hurtado de San Antonio: "Lápida funeraria en que se unen dos nombres eminentemente
célticos que no se catalogan fuera de la Lusitania. Según Hübner” (...) "los habitantes de este pueblo
creyeron que se trataba de la tumba del célebre caudillo lusitano"(...)“Se halla empotrada en la pared de la
casa del médico".
(10): Op. Cit. (6) Pag. 14 . Acerca de esta idea que expone Ruiz-Gálvez considerando que la leyendas
importantes de cada lugar, hunde las raíces en las etapas más antiguas de la Historia, es imporante
destacar que fue ello lo que me impulsó al estudio de la arqueología. Debido a que en el año 1984, mientras
estaba en el tercer curso de Derecho y tras regresar de mi Mili en Sevilla, quise presentar un paper para
preparar una tesina. El estudio trataba acerca del sistema de legislación Protohistórica de Occidente,
constaba de unas 300 páginas y fue presentado en abril de 1984 en la Universidad Complutense (con la
intención de que lo admitieran como principio de tesina, para desarrollarlo en profundidad). Trataba sobre
los mitos celtas y el ciclo legendario irlandés, relacionado con el mundo druídico. A a su vez, unía esta
cultura celta a posibles civilizaciones anteriores de las islas Británicas, emparentadas seguramente con la
península Ibérica. Explicando el origen del modo de legislación Anglosajón, basado en el sistema de los
druidas que no permitían escribir y quienes debían conservar las leyes escritas en verso, de memoria.
Tristemente, el proyecto de tesis no me fue amparado y desanimado dejé esta linea de estudio. Aunque
para mayor tristeza, dos años después me lo encontré publicado (prácticamente calcado en decenas y
decenas de sus hojas). No hubo forma de reclamar, habida cuenta que no pensé que jamás pudiera
pasarme algo así y no lo había dado de alta en registro. Años más tarde, cuando conocí por casualidad al
editor que lo publicó, comenté lo sucedido y me dijo que era “de lo más normal”... . Para colmo, a los pocos
meses de aquello, volvió a sacar una segunda edición del libro que me habían plagiado (como aquel que
dice “no quieres caldo, pues dos tazas”).
(11): Op. Cit. (6) Pag. 64 y ss.
(12): Op. Cit. (6) Pag. 70 y ss
(13): Op. Cit. (6) Pag. 72 y 73
(14): Op. Cit. (6) Pag. 73 y 74
(15): Numerosas menciones a la fortaleza de estas naves y al hábil manejo de ellas, encontramos en el
texto de Julio César. Guerra de las Galías LIBRO 3º.
(16): ALGUNAS DE ESTAS MENCIONES LAS RECOGEMOS A CONTINUACIÓN, COMO MUESTRA DE
LA SUPERIORIDAD DE LAS NAVES DEL ATLÁNTICO SOBRE LAS DEL MEDITERRÁNEO (unas
galeras romanas, que tan solo eran más rápidas y ligeras, pero muy poco marineras en aguas del
océano; debiendo embestir tres o cuatro de ellas a cada barco de los vénetos para llegar a
vencerlos).
De J U L I O C É S A R // LA GUERRA DE LAS GALIAS - LIBRO 3º // (Guerra contra vénetos,
venelos y expedicion a Aquitania)
3º/XII. Estando, como están, aquellas poblaciones fundadas sobre cabos y promontorios, ni por tierra eran
accesibles en la alta marea que allí se experimenta cada doce horas ni tampoco, por la mar en la baja,
quedando entonces las naves encalladas en la arena. Con que así por el flujo, como por el reflujo, era
dificultoso combatirlas; que si tal vez a fuerza de obras, atajado el mar con diques y muelles terraplenados
hasta casi emparejar con las murallas, desconfiaban los sitiados de poder defenderse, a la hora teniendo a
mano gran número de bajeles, embarcábanse con todas sus cosas y se acogían a los lugares vecinos,
donde se hacían fuertes de nuevo, logrando las mismas ventajas en la situación. Esto gran parte del estío lo
podían hacer más a su salvo, porque nuestra escuadra estaba detenida por los vientos contrarios, y era
sumamente peligroso el navegar por mar tan vasto y abierto, siendo tan grandes las mareas y casi ningunos
los puertos.
3º/XIII. La construcción y armadura de las naves enemigas se hacía por esto en la forma siguiente: las
quillas algo más planas que las nuestras, a fin de manejarse más fácilmente en la baja marea; la proa y
popa muy erguidas contra las mayores olas y borrascas; maderamen todo él de roble capaz de resistir a
cualquier golpe de viento; los bancos de vigas tirante de un pie de tabla, y otro de canto, clavadas con
clavos de hierro gruesos como el dedo pulgar. Tenían las áncoras, en vez de cables, amarradas con
cadenas de hierro, y en lugar de velas llevaban pieles y badanas delgadas, o por falta de lino, o por ignorar
su uso, o lo que parece más cierto, por juzgar que las velas no tendrían aguante contra las tempestades
deshechas del Océano y la furia de los vientos en vasos de tanta carga. Nuestra escuadra viniéndose a
encontrar con semejantes naves, sólo les hacía ventaja en la ligereza y manejo de los remos. En todo lo
demás, según la naturaleza del golfo y agitación de sus olas, nos hacían notables ventajas; pues ni los
espolones de nuestras proas podían hacerles daño (tanta era su solidez), ni era fácil alcanzasen a su borde
los tiros por ser tan altas, y por la misma razón estaban menos expuestas a varar. Demás de eso, en
arreciándose el viento, entregadas a él, aguantaban más fácilmente la borrasca, y con mayor seguridad
daban fondo en poca agua; y aun quedando en seco, ningún riesgo temían de las peñas y arrecifes, siendo
así que nuestras naves estaban expuestas a todos estos peligros.
3º/XIV. César, viendo que si bien lograba apoderarse de los lugares, nada adelantaba, pues ni incomodar
podía a los enemigos ni estorbarles la retirada, se resolvió a aguardar a la escuadra. Luego que arribó ésta
y fue avistada de los enemigos, salieron contra ella del puerto casi doscientas veinte naves, bien tripuladas
y provistas de toda suerte de municiones. Pero ni Bruto, director de la escuadra, ni los comandantes y
capitanes de los navíos sabían qué hacerse, o cómo entrar en batalla, porque visto estaba que con los
espolones no podían hacerles mella; y aun erigidas torres encima, las sobrepujaba tanto la popa de los
bajeles bárbaros, que sobre río ser posible disparar bien desde abajo contra ellos, los tiros de los enemigos,
por la razón contraria, nos habían de causar mayor daño. Una sola cosa prevenida de antemano nos hizo
muy al caso, y fueron ciertas hoces bien afiladas, caladas en varapalos a manera de guadañas murales.
Enganchadas éstas una vez en las cuerdas con que ataban las entenas a los mástiles, remando de boga,
hacían pedazos el cordaje; con ello caían de su peso las vergas, por manera que consistiendo toda la
ventaja de la marina galicana en velas y jarcias, perdidas éstas, por lo mismo quedaban inservibles las
naves. Entonces lo restante del combate dependía del valor, en que sin disputa se aventajaban los nuestros,
y más, que peleaban a vista de César y de todo el ejército, sin poder ocultarse hazaña de alguna cuenta,
pues todos los collados y cerros que tenían las vistas al mar estaban ocupados por las tropas.
3º/XV. Derribadas las entenas en la forma dicha, embistiendo a cada navío dos o tres de los nuestros, los
soldados hacían el mayor esfuerzo por abordar y saltar dentro. Los bárbaros, visto el efecto, y muchas de
sus naves apresadas, no teniendo ya otro recurso, tentaron huir por salvarse. Mas apenas enderezaron las
proas hacia donde las conducía el viento, de repente se les echó y calmó tanto, que no podían menearse ni
atrás ni adelante; que fue gran ventura para completar la victoria, porque, siguiendo los nuestros al alcance,
las fueron apresando una por una, a excepción de muy pocas, que sobreviniendo la noche, pudieron arribar
a tierra, con ser que duró el combate desde las cuatro del día hasta ponerse el Sol.
3º/XVI. Con esta batalla se terminó la guerra de los vaneses y de todos los pueblos marítimos; pues no sólo
concurrieron a ella todos los mozos y ancianos de algún crédito en dignidad y gobierno, sino que trajeron
también de todas partes cuantas naves había, perdidas las cuales, no tenían los demás dónde guarecerse,
ni arbitrio para defender los castillos. Por eso se rindieron con todas sus cosas a merced de César, quien
determinó castigarlos severísimamente, a fin de que los bárbaros aprendiesen de allí adelante a respetar
con mayor cuidado el derecho de los embajadores. Así que, condenados a muerte todos los senadores,
vendió a los demás por esclavos.
FUENTE Y TRADUCCIÓN DE:
http://www.imperivm.org/cont/textos/txt/julio-cesar_guerra-de-las-galias_li.html
(17): Op. Cit. (6) Pag. 75, 76 (cita del profesor Mc Grail pag. 77)
(18): Op. Cit. (6) Pag. 77.
(19): Desde Madrid a Toledo hay unos setenta kilómetros, lo que en carro serían aproximadamente dos
jornadas de viaje; en diligencia un día entero y a caballo, unas ocho horas. Ya hemos dicho que se tardaría
una jornada en barco, desde Cornualles hasta Bretaña; cruzando por uno de los puntos más distantes entre
Francia e Inglaterra. En lo que se refiere a pasar el Canal de la Mancha por sus zonas más estrechas
(cercanas a Dover), el trayecto en Barco no superaría nunca la media jornada -entre cuatro y diez horas,
según el puerto de embarque y llegada-. Todo ello deja bien claro que el mar “unía” antaño y que lo único
infranqueable (o difícilmente salvable) era los caminos y las distancias por tierra.
(20): Op. Cit. (6) Pag. 80.
(21): Sobre el tema de los periplos de Hannon y Himilcón. Ver fuentes en: Paléfato y Pomponio Mela. junto a
Plinio el Viejo (consultar al respecto: "La España de hace dos mil años, según P.Mela y P. el Viejo", editado
por Austral, bajo la dirección y comentarios de García y Bellido; MADRID 1987). Hist. Nat Plinio el Viejo, Lib
II 169 y Lib. V, 8 y ss.
(22): Hay recogidas historias del senado Cartaginés, en las que se especifica que algunas naves de esa
ciudad de Cartago, al verse seguidos por barcos romanos -cuando portaban carga procedente de Iberia-
mandaban hundir su propia embarcación, para que los latinos no descubrieran de dónde venían, ni menos
el modo de llegar hasta aquella mercancía. Todo lo que demuestra el secretismo con el que se mantenían
las rutas de los metales (tal como hoy puede hacerse con los yacimientos petrolíferos, que tan solo se dejan
explotar por algunas mutinacionales, impidiendo que los privados participen de ese enorme negocio).
.
Los términos del tratado los recoge Polibio en HISTORIAS (III,22):
"...Habrá alianza entre los romanos y los cartagineses, y los aliados de ambos, con estas condiciones: No
navegarán los romanos ni sus aliados, más allá del Bello Promontorio, a no ser que los empuje alguna
tempestad o ataque enemigo, y, en caso de ser empujadas (sus naves) por estas razones de fuerza, no le
será lícito comprar ni llevarse nada, excepto lo que sea necesario para el mantenimiento del barco o para el
culto de sus dioses (partiendo en un máximo de cinco días)...".
(23): Qarthadasht (leyenda, arqueología e historia de Cartago) .
Continúa diciendo acerca de Himilcón:
“La localización de las Islas del estaño permanece incierta, si bien se ha sugerido identificarlas con las islas
gallegas, así como con la Bretaña francesa y Cornualles. Parece que Himilcón, siguiendo informaciones de
los fenicios de Gadir, realizó un viaje de exploración que le permitió llegar a las costas de Bretaña, sur de
Inglaterra e Irlanda y, desde la zona de las calmas ecuatoriales al Mar de los Zargazos, entonces más cerca
de las costas europeas, donde vería en ocasiones el mar surcado por ballenas”.
Este interesantísimo blog, lo recomendamos consultar pulsando:
http://qarthadast.blogspot.com.es/2008/05/el-periplo-de-himilcn.html
(24): Desde la pág. 84 Ruiz-Gálvez habla de estos viajes, entre los que destaca los de San Pablo. Tres
misiones del apóstol que consistieron en una primera fase en que predicó por las cercanías de Tarso, sur de
la actual Turquía y en Chipre. El segundo viaje, le lleva a cruzar Anatolia de Norte a Sur, llegar a Israel,
navegar hasta Grecia, tras tocar tierra en el Egeo; predicando por casi toda la Hélade. En el tercero repite la
ruta anterior y finalmente se dirige hacia Malta, para terminar en Roma.
(25): Recoge la autora los hallazgos de barcas del neolítico; fechadas hacia el 4000 a.C. en Bercy en
Francia (pag 91) y sobre el Sena. Son tipo piraguas del bronce final. En Inglaterra (Humber) se hallaron
barcas con cuadernas ya del 1300 aC igual en algunos lagos de Suiza (pag 91).
(26): Sobre las fechas de los grabados rupestres del Valle del Coa, recomendamos leer:
LA DATACIÓN DE LOS GRABADOS DE FOZ do COA ... (profesor Antonio Beltrán)
LISBOA 1996 (VVAA Homenaje al profesor Baiirao Oleiro; pags 45 yss)
http://www.arte-coa.pt/Ficheiros/Bibliografia/1262/1262.pt.pdf
(27): Op. Cit. (6) Pag. 121 y ss.
(28): Op. Cit. (6) Pag. 171 y ss.
(29): Por su parte, Peña Rey, considera que habría que fecharlas entre el calcolítico y el comienzo del
Bronce (idem cita anterior).
(30): Op. Cit. (6) Pag. 176 y ss.
(31): El mismo Rufo Festo Avieno en su Oda Marítima define “Herma” del siguiente modo:
“La palabra Herma se refiere a un parapeto del terreno, encarado de frente”
Ello indica que esos pilotes puestos en los lados de los caminos debían entenderse como muretes o
paredes de linde, con el fin de que los taseuntes que viajaban por las vías no traspasaran a tierras ajenas.
Para los interesados en el tema, recomendamos leer mis entradas:
53ª- DE FALOS, JOYAS Y OTRAS... "BOLLAS". (Lo invisible en la mitología: Los bueyes de Gerión en el
tesoro de El Carambolo. Parte XXIV). COMIENZA AQUÍ UN ANÁLISIS SIMBÓLICO DE LAS JOYAS; con
sentido mágico hasta nuestros días. VER: http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2011/09/1-8-9.html
54ª- DE FALOS, JOYAS Y OTRAS... "BOLLAS": CONTINUACIÓN. (Lo invisible en la mitología: Los bueyes
de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte XXV). -SIGNIFICADO APOTROPAICO DE LOS ABALORIOS
Y COLGANTES QUE SE USABAN Y AÚN UTILIZAMOS PARA COMBATIR EL MAL FARIO-
VER: http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2011/09/1-7.html
55ª- DE FALOS, JOYAS Y OTRAS... "BOLLAS". CONTINUACIÓN: Pater Libero (Lo invisible en la mitología:
Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte XXVI). -SENTIDO SEXUAL DE LAS JOYAS
QUE PROTEGEN, SU RELACIÓN CON EL MAL DE OJO-
VER: http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2011/09/1-8.html
56ª- DE FALOS, JOYAS Y OTRAS... "BOLLAS". CONTINUACIÓN: Fascinus (Lo invisible en la mitología:
Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte XXVII). -PROTEGERSE DE LA MIRADA Y DE
LOS MALES SOCIALES A TRAVÉS DE LAS JOYAS CON FORMAS OBSCENAS; LA SUERTE UNIDA A
UN COLGANTE QUE EVITABA LAS MALAS MIRADAS-
VER: http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2011/09/1-7-8.html
57ª- DE FALOS, JOYAS Y OTRAS... "BOLLAS". Continuación: El Ojo "cónico o en bola" -"alcorciles y
bollas"-. (Lo invisible en la mitología: Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte XXVIII).-
VAMOS DESCUBRIENDO EL MUNDO DE LAS JOYAS EN FORMA DE BULLA O ESFERAS,
RELACIONADAS CON EL OJO Y SUS MALES-
VER: http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2011/10/1.html
58ª- DE FALOS, JOYAS Y OTRAS... "BOLLAS". Continuación: Permanencia del arte egipcio en el mundo
ibérico. (Lo invisible en la mitología: Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte XXIX).
-DEMOSTRACIÓN DE LA PERVIVENCIA DE MODELOS Y SIGNIFICADOS DE TALISMANES Y
COLGANTES DURANTE CINCO MIL AÑOS- VER: http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2011/10/1-8-
9.html
59ª- DE FALOS, JOYAS Y OTRAS... "BOLLAS". Continuación: Dioses de la Fertilidad; Min o Minu egipcio.
-RELACIÓN DEL SEXO Y LAS ENFERMEDADES VENÉREAS CON EL MAL DE OJO, SU PLASMACIÓN
EN LAS JOYAS QUE LO EVITAN- (de Lo invisible en la mitología: Los bueyes de Gerión en el tesoro de El
Carambolo. Parte XXX). VER: http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2011/11/1-8.html
60ª- DE FALOS, JOYAS Y OTRAS... "BOLLAS". Continuación: Dioses de la Fecundidad y su posible
significado calendárico -de Egipto a Japón-. -VEMOS LA RELACIÓN PLANETARIA DE LA SEXUALIDAD Y
SU CONEXIÓN DIRECTA SOBRE EL OJO Y SUS MALES, PLASMADO EN LOS DIOSES DE LA LUZ -(de
Lo invisible en la mitología: Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte XXXI).
VER: http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2011/11/1-9.html
61ª- Dioses de la fertilidad, de la luz, del Sol y del oro; diosas del agua, de la Luna y la plata. (de Lo invisible
en la mitología: Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte XXXII). -MÁS SOBRE EL
SIGNIFICADO DE LA SEXUALIDAD Y LA LUZ, TODO ELLO UNIDO A LOS TALISMANES Y JOYAS QUE
ALEJABAN EL MAL DE LAS TINIEBLAS; EL AOJO-
VER: http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2011/12/1-6.html
62ª- Dioses del comercio y la prosperidad, venidos del cielo. (de Lo invisible en la mitología: Los bueyes de
Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte XXXIII). -PROCEDENCIA DIVINA DE LOS METALES Y
SENTIDO SAGRADO DE LAS JOYAS- VER: http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2012/01/1-6.html
63ª- Mercurio dios del comercio y la prosperidad. (de Lo invisible en la mitología: Los bueyes de Gerión en
el tesoro de El Carambolo. Parte XXXIV). -LOS DIOSES QUE ENVÍAN EL ORO Y LA PROSPERIDAD,
RELACIÓN DE LA JOYERÍA CON LOS ASTROS- VER: http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2012/01/1-
9.html
64ª- DE MELKARTE A MERCURIO Y DEL CADUCEO A LA VARA DE OLIVO. (De: Lo invisible en la
mitología: Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte XXXV). -EL DIOS DEL COMERCIO
DEIDAD DEL ACEITE Y DE LA SIERPE QUE CURA; LA MEDICINA RELACIONADA CON LOS METALES-
VER: http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2012/01/1-8.html
(32): Op. Cit. (6) // Capítulo 6º: LAS RELACIONES ATLÁNTICAS DE LA PENÍNSULA IBÉRICA (pag. 192 y
ss)
(33): Op. Cit. (6) Pag. 196-197.
(34): Op. Cit. (6) Pag. 199 y ss.
(35): ANEJOS DE AE SPALXII Merida 2012
Javier Jiménez Ávila(ed.) SIDEREUM ANA IIEl río Guadiana en el Bronce Final (Mérida 2012)
Alfredo MEDEROS MARTÍN
EL ORIGEN DE LAS ESTELAS DECORADAS DEL SUROESTEDE LA PENÍNSULA IBÉRICA EN EL
BRONCE FINAL II(1325-1150 a.C.) (pag 417 y ss)
Expresa acerca de estas estelas los siguientes conceptos generales:
...“Las estelas decoradas del Suroeste peninsular se hacen eco de una serie de novedades que se
introducen en elarmamento europeo hacia el 1300 a.C. y que afectan a Grecia, Bohemia, la región
Carpática y la propia PenínsulaIbérica. Estas modificaciones se refieren a las espadas (Rosnöen y
pistiliformes), a las lanzas y también al armamentodefensivo, principalmente a los escudos. (....) la primera
tipologíaque establece Almagro Basch, que la simplifica en dos grandes grupos, uno primerode estelas
panoplias o tipo IIa,que solo representan armas......
El segundo grupo o subtipo IIb, que unifica los periodos medio y final de Sayáns, ya incluye figuras
antropomorfas (...) Uno de los elementos más característicos que permite diferenciar a grandes rasgos las
estelas del Bronce Final I o Bronce Tardío, de las estelas del Bronce Final II, a partir de ca. 1325 a.C., es la
técnica utilizada”.
(36): Es así como lo describe Alfredo Mederos, siguiendo a Galán (Galan, 6, 2006 y Galán 1993: 47,fig.
10;2000: 1792, fig. 2b):
"Asumida su contemporaneidad, y presupo-niendo que una de sus funciones habría sido ladelimitación
territorial, a partir de un análisis multivariante, ha tratado de identi-ficar 6 territorios políticos: 1) Valle del
Tajo yExtremadura Oriental con la zona de la zona delas Beiras-Cáceres-oeste Badajoz; 2) Sierra de
lasVilluercas-Toledo en el Valle del Tajo, comarcade La Serena del Valle del Guadiana; 3) valles
delGuadiana y Zújar, La Serena, con escudos conescotadura en V y espada al cinto; 4) valles delGuadiana
y Zújar, La Serena, con escudos redon-dos y espada al cinto; 5) Valle del Zújar-CiudadReal y 6) Valle del
Guadalquivir".
(37): Mencionamos como ejemplo el siguiente artículo:
112º- LA VIA HERAKLEIA, CAMINO DEL FRIGIANISMO Y DE LA HELENIZACIÓN -de "El frigianismo en la
Cultura Ibérica", capítulo 12º (Parte LXXXI de: "Los bueyes de Gerión en el tesoro de El
Carambolo")-. TRATA SOBRE LAS COLONIAS GRIEGAS DE LA COSTA Y SU CAMINO HACIA LAS
FUENTES DEL GUADALQUIVIR POR LOS DIVERSOS LUGARES DONDE HUBO MÚLTIPLES
HALLAZGOS. http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2013/06/la-via-herakeia-camino-del-frigianismo.html
(38): Para los interesados en conocer el método de análisis de los ponderales de Villena, pueden consultar
nuestro artículo numerado como 125:
Son cuatro entradas en las que se analiza el Tesoro de Villena y el de Cabezo Redondo, llegando a la
conclusión de que ambos ajuares deben ser juegos de ponderales -seguramente de un taller de orfebre que
los enterraría en una huida o invasión-. Una hipótesis que basamos en su correlación de pesos que están
medidos en relación a siklos (fenicios y babilonios principalmente). Tienen los artículos al final unas tablas
de correlaciones y estos son:
1-EL TESORO DE VILLENA, EL DE CABEZO REDONDO Y EL DE EL CARAMBOLO. SUS PONDERALES:
¿FENICIOS, ANATÓLICOS, BABILÓNICOS O EGIPCIOS...? (parte primera:
Introducción) http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2014/02/el-tesoro-de-villena-el-de-cabezo_5365.html
2-EL TESORO DE VILLENA, EL DE CABEZO REDONDO Y EL DE EL CARAMBOLO. SUS PONDERALES:
¿FENICIOS, ANATÓLICOS, BABILÓNICOS O EGIPCIOS...? (Parte segunda: Pesos y medidas de los
metales en la Antigüedad) http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2014/02/el-tesoro-de-villena-el-de-
cabezo_17.html
3-EL TESORO DE VILLENA, EL DE CABEZO REDONDO Y EL DE EL CARAMBOLO. SUS PONDERALES:
¿FENICIOS, ANATÓLICOS, BABILÓNICOS O EGIPCIOS...? (Parte tercera: Estudio comparativo de los
tesoros de Villena y Cabezo Redondo) http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2014/02/el-tesoro-de-
villena-el-de-cabezo.html
4-EL TESORO DE VILLENA, EL DE CABEZO REDONDO Y EL CARAMBOLO. SUS PONDERALES:
¿FENICIOS, ANATÓLICOS, BABILÓNICOS O EGIPCIOS...? (Parte cuarta: El posible ponderal ibérico y
sobre hipotéticas medidas de peso y longitud en la
época) http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2014/02/carambolo-sus-ponderales-fenicios.html
5-TABLAS CORRELATIVAS de los artículos I, II, III y IV (EL TESORO DE VILLENA, EL DE CABEZO
REDONDO Y EL DE EL CARAMBOLO....). Parte VIIC de: "Los bueyes de Gerión en el tesoro de El
Carambolo". http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2014/02/tablas-correlativas-de-los-articulos-i.html
(39): Decíamos en nuestra conclusión al estudio del tesoro de Villena:
“el tesoro de Villena se hubiera encargado -o hecho- por gentes muy cercanas al mundo micenio-
filisteo. Ello porque puede medirse con bastante certeza en siklos PYM, usados por los filisteos; quienes
como sabemos eran herederos de Micenas asentados en territorio fronterizo, o de
Israel. Pues muchos de estos micenios huidos de las invasiones dorias, no solo se establecen en las
cercanías del pueblo judío a partir los siglos XII al X a.C.; sino, se asocian con ellos logrando refugiarse
dentro de las fronteas israelíes. Llegando aquellos micenios más tarde a conformar algunas de sus tribus,
como las asentadas en Golán. Siendo así, hay que destacar que el tesoro de Villena también se puede
medir en Geras -o fracciones de Shekel israelita-, cuyo valor era 1/20 de siclo judío, pesando unos
0,567 gramos. Bastando para calcular su peso en Geras, Concluyendo que su ponderal es una Gera o un
Siklo micenio-filisteo, se puede pensar que lo más probable es que fuera encargado -o comprado- en
tierras íberas durante los años en que aquellos micenios huyeron de sus territorios cretochipriotas.
Siglos en los que tuvieron que errar por el mar, buscando refugio (en plazas como las de Palestina, a la cual
dieron nombre). Siendo así, su datación pudiera hallarse entre los siglos X al VIII a.C. y no mucho más
tarde pues parece lógico pensar que la ocultación del ajuar pudo realizarse al llegar a la
Península Ibérica "hombres del Hierro" (al verse asediado o visitado el territorio por griegos o púnicos de
las etapas más antiguas). Finalmente y al contener este ajuar tan gradualmente los ponderales
determinados, nos atrevemos a escribir que se trata de una ocultación hecha por un taller de
orfebre. Pareciendo piezas con las que medían los pesos al fabricar las joyas y no propiamente un
tesoro perteneciente a un rey, un templo o familia. Considerando que en este caso se trataría más bien de
un "juego" de ponderales (con la forma de collares, torques y vasijas) para poder realizar copias y
piezas de encargo, para gentes venidas desde lugares muy cercanos a Palestina (o bien para
cretochipriotas de origen igualmente micénico). Pese a todo sin haber en Villena equivalencia alguna con
los ponderales de Egipto (los Shaty de 7,5 gramos aprox); si la hay con el mundo babilónico. Lo que
nos planteamos al observar la coincidencia de muchos de estos pesos con valores de Mesopotamia.
Pues como veremos más arriba (en imágenes), hay gran cantidad de piezas en el tesoro que también
tendrían peso casi exacto en Siklos babilónicos (e incluso en los mesopotámicos relativos al segundo
milenio a.C.)."
(40): Op. Cit. (6) Pags. 290 y ss..
(41): Una serie de cuatro artículos publicada en diferentes entradas:
126º -. METROLOGÍA Y PONDERALES EN EL MUNDO PRE-TARTESSIO -Siguendo a Ruiz-Gálvez-
Consta de cuatro artículos y dos entradas con tablas correlativas en las que se analizan el significado de la
metrología; los ponderales en la antigüedad y los pesos de los tesoros peninsulares.
1.- METROLOGÍA Y PONDERALES EN EL MUNDO PRE-TARTESSIO -Siguendo a Ruiz-Gálvez- (Parte
primera: El significado de la Metrología en la
Antigüedad) http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2014/03/metrologia-y-ponderales-en-el-mundo-
pre_3546.html
2.- METROLOGÍA Y PONDERALES EN EL MUNDO PRE-TARTESSIO: Siguendo a Ruiz-Gálvez (Parte
segunda: El valor de la Metrología en la Antigüedad)
http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2014/03/metrologia-y-ponderales-en-el-mundo-pre_1256.html
3.- METROLOGÍA Y PONDERALES EN EL MUNDO PRE-TARTESSIO: Siguiendo a Ruiz-Gálvez (Parte
tercera: Acerca de los patrones; su corrección y mayor
exactitud) http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2014/04/metrologia-y-ponderales-en-el-mundo-
pre_5.html
4.- METROLOGÍA Y PONDERALES EN EL MUNDO PRE-TARTESSIO: Siguiendo a Ruiz-Gálvez (Parte
cuarta: Tesoros peninsulares) http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2014/04/metrologia-y-ponderales-
en-el-mundo-pre.html
5.- METROLOGÍA Y PONDERALES EN EL MUNDO PRE-TARTESSIO: Siguendo a Ruiz-Gálvez (TABLAS
CORRESPONDIENTES A LOS ARTÍCULOS 3º Y
4º) http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2014/03/metrologia-y-ponderales-en-el-mundo-pre_16.html
6.- METROLOGÍA Y PONDERALES EN EL MUNDO PRE-TARTESSIO: Siguendo a Ruiz-Gálvez. -TABLAS
CORRELATIVAS- http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2014/03/metrologia-y-ponderales-en-el-mundo-
pre.html
128º- CONCLUSIÓN FINAL A LA METROLOGÍA Y PONDERALES; DE LA EDAD DEL BRONCE A LA DEL
HIERRO -su pervivencia en época grecorromana y su perduración hasta nuestros días-. Es la concusión a
los tres artículos anteriores. CONTIENE UNAS TABLAS DE CONCORDANCIA que bajo este
marcamos. http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2014/05/conclusion-final-la-metrologia-
y.html
a) Tablas de concordancia del artículo: CONCLUSIÓN FINAL A LA METROLOGÍA Y PONDERALES; DE LA
EDAD DEL BRONCE A LA DEL HIERRO -su pervivencia en época grecorromana y su perduración hasta
nuestros días-. http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2014/05/tablas-de-concordancia-del-articulo.html
129º- METROLOGÍA Y PONDERALES EN LA IBERIA PRERROMANA (Sobre los estudios de Mora Serrano
y de Ma.Paz García-Bellido) http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2014/06/metrologia-y-ponderales-en-
la-iberia.html
130º- TESOROS PENINSULARES: CONCLUSIONES A LOS ESTUDIOS DE RUIZ-GÁLVEZ Y DE
EDUARDO GALÁN; CONTINUACIÓN DE LOS ESTUDIOS DE LA ENTRADA 126º (ver arriba).
Son Tres artículos (y unas tablas correlativas) en los que finalmente se analizan los pesos de los tesoros
peninsulares del Bajo Bronce y del Hierro; llegando a la conclusión de que el principal ponderal prerromano
en Iberia -al menos hasta el siglo VII a.C. fue el Shaty de 7,5 gramos. Tras esta etapa y con la dominación
púnica del territorio (tanto como por influencia neohitita), los patrones más usados fueron el Siklo Fenicio de
7,27 gramos y la Uncia de 7,74 g. (de origen ugarítico).
1º.- TESOROS PENINSULARES: CONCLUSIONES A LOS ESTUDIOS DE RUIZ-GÁLVEZ Y DE
EDUARDO GALÁN (introducción). http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2014/07/tesoros-peninsulares-
conclusiones-los.html
2º.- TESOROS PENINSULARES: ANÁLISIS A LOS ESTUDIOS DE RUIZ-GÁLVEZ Y DE EDUARDO
GALÁN (primera parte)
http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2014/07/tesoros-peninsulares-analisis-los_5.html
3º.- TESOROS PENINSULARES: ANÁLISIS A LOS ESTUDIOS DE RUIZ-GÁLVEZ Y DE EDUARDO
GALÁN (segunda parte).
http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2014/07/tesoros-peninsulares-analisis-los.html
4º.- TESOROS PENINSULARES (tablas correlativas): ANÁLISIS A LOS ESTUDIOS DE RUIZ-GÁLVEZ Y
DE EDUARDO GALÁN
http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2014/07/tesoros-peninsulares-tablas.html