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Introducción

El idealismo constituye una fuerza conservadora, reaccionaria, y su influencia


reaccionaria se demuestra en la práctica, supone que todo lo material depende de
algo espiritual y está determinado por ello.

En el fondo el idealismo es religión, teología. "Idealismo es clerisismo" escribió


Lenin. Todo idealismo es una continuación del enfoque religioso de los problemas,
aunque ciertas teorías idealistas hayan tirado su cubierta religiosa.

Muy características del idealismo son ciertas antítesis tales como: alma y cuerpo,
Dios y hombre, el reino celestial y el reino terrenal; las formas e ideas de las cosas,
comprendidas por el intelecto y el mundo de la realidad material, perceptible por los
sentidos.

El idealismo en el fondo siempre cree en dos mundos el espiritual y el material y


que coloca al mundo ideal por encima del material. Algunas de las afirmaciones
principales del idealismo son:

• El mundo material depende del espiritual.

• Afirma que el espíritu la mente o la idea, puede existir de hecho existe,


independientemente de la materia.

• Afirma la existencia de un reino misterioso y o incognoscible, "por encima" y


"más allá" o detrás de lo que puede ser afirmado o conocido por la percepción, la
experiencia o la ciencia.

Los idealistas afirman que no hay que depender demasiado de la ciencia, ya que
hay verdades más importantes que están más allá de su alcance, por lo que incitan
a no creer en cosas con base a pruebas evidentes, la experiencia, la práctica, sino
a aceptarlas de quienes pretenden saberlo todo y tener una fuente superior de
información y afirman también en que lo más importante para todos es la vida
interna del alma.
Marco Teórico

1. Idealismo

a. Definición

Es la tendencia de idealizar la realidad y por otro lado, es la posición filosófica que


afirma que el mundo exterior es una idea procedente de la mente del hombre o de
un ser sobrenatural. En otras palabras se refiere a todas las teorías que afirman que
el mundo externo no existe independientemente de la mente humana, afirma que
existen ideas, o sea, abstracciones mentales, que se descubren con ayuda de la
razón, por encima de lo material, capaz de percibirse a través de los sentidos, y que
esas ideas que el sujeto posee influyen en el objeto que se presenta para ser
aprehendido.

Cuando hablamos de idealismo hacemos mención a la propensión a presentar a las


cosas como perfectas o mejores de los que son en realidad. Responde a un proceso
psíquico que tiende a investigar a algo o a alguien, de cualidades que en cierto
modo no posee. No obstante, de una forma habitual, el idealista reconoce por
completo el mundo externo o natural, y evita afirmar que éste puede reducirse al
mero hecho de pensar.
Existen dos variedades principales del idealismo: el objetivo y el subjetivo. El
idealismo objetivo sostiene que las ideas existen por sí mismas y que sólo podemos
aprenderlas o descubrirlas. Teorías que figuran en esta variedad se encuentran la
de Platón, Leibniz, Hegel, Bolzano, Dilthey y Frege.
El idealismo subjetivo sostiene que las ideas solo existen en la mente del sujeto;
que no existen un mundo externo autónomo (en la realidad). Están las teorías de
Berkeley, Kant, Fichte, Mach, Cassirer y Collingwood.

b. Diferencias con el realismo

En general, los términos idealismo y realismo suelen confundirse, pero existen


muchas diferencias entre ambos que resulta necesario señalar.

El realismo plantea la existencia de las cosas independientemente de nuestro


razonamiento o de nuestros procesos intelectuales. Por otro lado, el idealismo
defiende la participación de la mente para la concepción, por ejemplo, de las leyes,
las matemáticas o el arte, las cuales no tendrían lugar sin nuestra intervención.

De esta forma, se entiende que el idealismo se centra en el ser humano como sujeto
necesario para dar lugar a la realidad, mientras que el realismo parte de ella y va en
su búsqueda. Depende del grado de conocimiento de ambos conceptos, algunos
afirman que están muy cerca de ser opuestos, mientras que otros los conciben como
complementarios.

c. Las características principales del idealismo:

- No conocemos las cosas tal y como son en sí (noúmeno), sino lo que aparece
(percibimos) aquí y ahora (fenómeno).
- El sujeto construye, al menos en parte, el objeto: para Kant el sujeto es activo
en el sentido de que influye en lo conocido a partir de sus estructuras
aprióricas y de los procesos que en ellas descansan.
- El conocimiento es independiente de la experiencia, porque los objetos del
conocimiento son los juicios a priori. Pero al conocimiento sólo se puede
llegar a través de la experiencia porque el objeto del conocimiento son los
juicios sintéticos.

d. Características del pensamiento idealista

Para juzgar el pensamiento idealista, pueden destacarse, tomando como base su


punto de partida, los siguientes rasgos característicos.

1. El principio de la «ideación» permite preguntar en todo lo que de algún modo


es por su esencia como su «idea»; no sólo por la idea de las cosas en su orden
objetivo y en sus referencias entre sí, sino también por la idea que ordena en
cada caso las relaciones y la conducta del hombre (idea del derecho, del amor,
del estado, del matrimonio, etc.), por la idea del hombre y de lo que en el tiempo
acontece en él, con él y por él (la idea directriz de la historia), por la idea
finalmente del todo y de lo sumo, del ser y de Dios mismo.
2. Si las ideas son las formas y relaciones fundamentales ordenadoras de los
ámbitos de la realidad, ellas por su parte están en una mutua limitación y
ordenación esclarecedoras, en un sistema «ontológico». A la sistemática
ontológica corresponde, como su reproducción refleja, la sistemática lógica del
pensamiento idealista; sistemática que se muestra como acción constructiva
de la conciencia que comprende de hecho, que ha de conocer y regirse en su
obrar y, por este conocimiento, construirse a sí misma y regirse en su obrar.
3. En la percepción de la diferencia entre la forma perfecta y la configuración finita,
entre la medida y lo medido, entre el orden y lo ordenado, entre la idea
absolutamente pura y su realidad imperfecta, se enciende el ethos idealista,
que reconoce la idea conocida como el ideal que obliga, como «lo que debe
ser», como el «valor», y se entrega a éste con todas sus fuerzas para realizarlo.
En cuanto la idea pura es desde luego la medida y el principio de ordenación,
el cual señala a lo real su lugar en el todo, pero ella mismo no puede hallarse
en ningún lugar accesible a la experiencia inmediata, sino que «carece de
lugar» en el tiempo y el espacio (y puede, por tanto, ser negada por
desconocerse su modo de ser); en consecuencia el pensamiento idealista es
en este sentido esencialmente «utópico»; y el hombre, que, saliéndose de la
realidad inmediatamente experimentable (mundus sensibilis), asciende al
mundo de sus fundamentos ideales (mundus intelligibilis), aparece para este
pensamiento como «ser» necesariamente «utópico».

La significación e importancia del pensamiento idealista radica en que: frente a todo


-irracionalismo-, mantiene la inteligibilidad de la esencia de lo real; frente a todo –
relativismo-, defiende la absoluta necesidad de un orden claramente cognoscible
(en este sentido, todo pensamiento que reconoce normas y ordenaciones de
derecho natural para la sociedad tiene su origen en la historia del idealismo); frente
a todo positivismo analítico, conserva la fuerza para la visión sintética del todo, para
el sentido del mundo y de la existencia humana; y, sobre todo, frente a cualquier –
pragmatismo-, mantiene firme la conciencia de que la verdad del todo, el
conocimiento de la esencia, la idea y el valor, no se reducen a puro medio para el
dominio práctico de la existencia, en la lucha con lo real, sino que, más bien, es
misión del hombre transcender lo particular y transcenderse a sí mismo hacia lo
absoluto, pues sólo en esta transcendencia conserva él su dignidad y puede tener
esperanza de hallar su propia consumación. La tentación del pensamiento idealista
consiste en querer comprender también, en forma idealizante, lo que no puede en
absoluto ser idea: el misterio absoluto e incomprensible del fundamento al que el
hombre está esencialmente referido por su origen y destino, referencia en que él
mismo permanece misterio y, como tal, incomprensible. Su tentación es además
presuponer el orden entero de la esencia, que abarca y mide todo lo particular, y
presuponerlo como comprensible en cuanto totalidad envolvente, y así, mirando
sólo a ese orden, pero «ciego» a menudo para la realidad, querer concluir a la fuerza
un «sistema cerrado» de lo que, de suyo, no puede concluirse ni forzarse.

Pero el verdadero límite del pensamiento idealista se percibe al tomar en serio la


historia. En efecto, si la historia no puede entenderse ni como la realización
meramente accidental, jamás acabada, de lo que permanece siempre lo mismo, del
eterno orden ideal, ni como el movimiento real y necesario por el que una idea
absoluta se desarrolla y comprende a sí misma, sino que ha de entenderse como el
acontecer, oscuro en su principio y abierto e indeterminado en su futuro, de la
libertad humana en su mundo; en tal caso la historia es el constante cambio y la
configuración siempre nueva del hombre y de su mundo, e incluso del orden mismo
de los entes en un todo, que presenta en cada caso una faz distinta. Ahora bien,
ese proceso nunca puede encerrarse en un concepto. Y, por eso, aquí se plantea
la cuestión de cómo sea posible pensar esta historia del hombre y de su mundo sin
disolver en la relatividad histórica la obligatoriedad de un orden que cambia en cada
época (-a historicismo); la cuestión de cómo la exigencia incondicional de lo
esencial, de la idea, del orden, de la medida para cada tiempo pueda conciliarse
con la visión del cambio del orden esencial mismo (tanto de las cosas como del
hombre) en lo relativo al mundo y a la historia.
2. Historia del Idealismo
La historia del idealismo comienza con el idealismo ontológico de Platón que
remonta a los años 427 Ac. Según éste, los verdaderos entes no son las cosas
sensibles, variables, del mundo de lo perceptible, que sólo representan
imperfectamente sus ideas, sino, en completa separación de ellas, las ideas
mismas; (realismo platónico o extremo), que a la vez reciben su esencia y realidad
de la idea suprema del bien y que, en su totalidad, forman el mundo perenne de la
claridad y visibilidad espiritual, reino de la oúsía (sustancia). En la luz del ágathon
(bien) y según el modelo de estas ideas a partir del espacio caótico se formó el
mundo corpóreo. Sólo en esta luz y como recuerdo de las formas o ideas puras
primigeniamente contempladas en la preexistencia del alma, es posible el
conocimiento. Conocimiento es, consiguientemente, purificación (catharsis) de los
lazos y de la disipación (desaparición) sensible para remontarse a la teoría pura,
único lugar donde el alma puede hallar su felicidad. Partiendo de este fin último se
define también todo obrar, señaladamente en la forma social del Estado; éste, en
su ordenación jerárquica (gobernante, guardianes y trabajadores), que responde
exactamente a la estructura del alma (razón, apetito irascible y concupiscible), tiene
por objeto el bien común de la totalidad por la educación de los ciudadanos, que los
llevará a la felicidad. Con el esquema de la república platónica y su constante
orientación a un orden ideal, se puso el fundamento de las utopías filosófico-
políticas de occidente.
El idealismo teológico de la patrística griega (Orígenes) y luego de Agustín, al
enlazarse en parte con la doctrina neoplatónica y en parte con la estoica (Cicerón
106 aC), transformadas partiendo de la experiencia cristiana de Dios y de la
revelación, interpreta las ideas como los eternos pensamientos originarios (rationes
aeternae) del Dios transcendente (idea de las ideas), en que se fundan las cosas
temporales y por razón de los cuales éstas son verdaderamente cognoscibles en
aquella luz de la verdad con que Dios mismo ilumina al hombre. Tomás de Aquino
une este idealismo teológico con el realismo aristotélico o moderado: El universale
está ante rem en el pensamiento ejemplar de Dios (cf. ii Sent. 3, 3, 2 ad 1; ST i q.
44, 3 c), in re como en la singularidad del ente, post rem como concepto universal
logrado por abstracción en el espíritu humano. En su totalidad, las ideas forman el
plan creador y salvador de Dios (entendido ahora como «providencia»), que creó el
mundo y quiere conducir a los hombres desde el principio de la historia hasta su fin,
que consiste en contemplar a él «cara a cara» como la verdad.
La metafísica moderna aparece en gran parte como secularización del
pensamiento teológico del cristianismo sobre las ideas y la historia. El idealismo
psicológico, al separar radicalmente el «mundo de la conciencia» y el «mundo real»
allende la conciencia, entiende ahora las ideas como «representaciones subjetivas»
innatas (R. Descartes) o adquiridas por la experiencia (idealismo empírico de J.
Locke y D. Hume). Por primera vez ahora se hace posible desarrollar la cuestión
acerca de los criterios de certeza, sobre si la idea corresponde y cuándo
corresponde rectamente a su objeto «externo» (idealismo epistemológico), o si hay
que negar de plano el llamado «mundo exterior» (idealismo acósmíco de G.
Berkeley). Ahora es también por vez primera posible en la historia de la filosofía ver
la historia del pensamiento y de la acción humanas, no como ordenada a la
realización del plan divino de salvación, sino como storia delle idee umane (la
historia de las ideas humanas) (G. B. Vico).
El idealismo transcendental o crítico de Kant trasciende la esfera de la
conciencia del sujeto empírico, no hacia el orden ideal de un «mundo externo» (del
ente mismo) previamente dado a la conciencia humana, ni hacia un mundo superior
(las ideas de Dios), sino hacia la estructura de la subjetividad finita de cada sujeto
humano, hacia las condiciones subjetivas preconscientes de la posibilidad del
conocer y obrar humano. El conocimiento no alcanza el ente en sí como lo que es
en sí mismo, según su esencia e idea, sino que lo alcanza solamente según se
presenta como objeto en la unidad de su forma «categorial» condicionada por el
entendimiento. En cambio, la «idea» significa en Kant aquellas totalidades no
objetivas (p. ej., «el mundo») que como tales no son experimentables y, por tanto,
tampoco pueden conocerse teóricamente, pero que, por su función regulativa, como
esquemas ordenadores de la razón teórica, son condiciones necesarias de la
posibilidad de un progresivo conocimiento racional. Pero en el campo del obrar
práctico las ideas son «postulados» de la razón práctica, que, para fundar el sentido
de la acción moral, exige la fe en la libertad, en la inmortalidad y en Dios como
garante del «sumo bien», de la unidad entre la moralidad y la felicidad en el «reino
de Dios» merecida por uno mismo. La historia es el progreso infinito hacia ese fin
«ideal».
Continuando las tesis kantianas, el i. alemán entiende la subjetividad como el
fondo infinito de unidad, del que brotan el sujeto y el objeto empíricos, el orden ideal
y el real, el espíritu y la naturaleza, el pensar y el ser. Según el i. subjetivo de J. G.
Fichte, el «yo», en una primigenia acción anterior a la dimensión histórica, se pone
a sí mismo y a la vez pone su «no-yo», el ser o el mundo, que es el material hecho
sensible del deber, en el cual el obrar moral ha de acreditarse histórica y libremente.
Por este dominio de la esfera sensible el yo ha de volver hacia sí mismo en la acción,
una vez que él, de manera puramente reflexiva, se ha comprendido ya a sí mismo
en su propia intuición intelectual como lo que necesariamente es. El objeto de F.W.J.
v. Schelling, a partir de la absoluta indiferencia de sujeto y objeto, hace brotar ambas
cosas: la libertad y la necesidad, la conciencia y lo inconsciente, el espíritu y la
naturaleza. Del mismo modo que la naturaleza en sus formas es la
automanifestación del absoluto, así también el espíritu es el medio de la propia
contemplación intelectual del absoluto como identidad universal; en esa
contemplación se superan todas las formas finitas. El i. absoluto de G.W.F. Hegel
interpreta este fondo de unidad como la idea que se realiza en su ser-otro, en la
naturaleza, y que desde lo otro retorna a sí misma como espíritu. El modo supremo
de este retorno espiritual es el saber absoluto de la lógica filosófica, donde la idea
absoluta, a través de su manifestación histórica (es decir, a través de la
«fenomenología del espíritu»), se ha comprendido como tal, en su absoluto «estar
en sí», redimida de toda enajenación y de todo esfuerzo histórico de retorno, o sea,
como logos.

El neoidealismo de fines del siglo xix y primer cuarto del xx buscó una
renovación que superara el positivismo y empirismo, inspirándose en Fichte (la
filosofía de la vida absoluta del espíritu como unidad de conciencia y acción, de R.
Eucken), en Hegel (entre otros, en Italia B. Croce, en Inglaterra F.H. Bradley, B.
Bosanquet, E. McTaggart; en Alemania hay que citar especialmente el
universalismo de O. Spann, influido por la doctrina transcendental de Kant, aunque
se desatendiera adrede su fondo y horizonte metafísico y sólo se viera en él al
destructor y superador de la metafísica. La escuela neokantiana de Marburgo,
fundada por H. Cohen y P. Natorp y orientada por el modelo de las ciencias exactas
matemáticas, buscó las condiciones lógicas del verdadero (o, mejor dicho, recto)
conocer y obrar, las cuales preexisten en la estructura de la «pura conciencia» y
son norma de toda experiencia. Si la «razón teórica» ocupaba el centro del interés,
esta mirada fue también decisiva para tratar problemas estéticos, religiosos y
morales. Ya Cohen puso de relieve en la doctrina de Kant la importancia de ciertos
elementos sociales. Partiendo de aquí, K. Vorländer intentó una síntesis entre la
ética kantiana y el socialismo marxista. Fundándose en la doctrina de las
condiciones lógicas transcendentales, R. Stammler desarrolló su teoría filosófica
sobre el «recto derecho». La escuela de Baden, bajo la dirección de W. Windelband
y H. Rickert, se planteó más inmediatamente los problemas que giran en torno a la
«razón práctica». Los factores que verdaderamente guían la vida real del hombre
no son condiciones lógicas, sino obligaciones axiológicas. La conciencia se siente
llamada a valores absolutos e invitada a realizarlos; por tanto esos valores no
pueden fundarse en esta conciencia misma (sólo «subjetivamente»); y si bien, como
no reales, tampoco «son» objetivos, sin embargo tienen validez absoluta. La
distinción entre ciencia natural, ajena al valor, y ciencia de la cultura, determinada
por el valor, entre método nomotético (Windelband) o generalizador (Rickert), por
una parte, e ideográfico o individualizador, por otra, tuvo importancia para la teoría
de las ciencias, particularmente para las ciencias del espíritu. Influjos esenciales de
la escuela filosófica de Baden se hicieron sentir en E. Troeltsch y M. Weber.
3. Enfoque según Platón
El idealismo es una posición filosófica que afirma que el mundo exterior es una idea
procedente de la mente del hombre.

Existen Variantes del Idealismo: El subjetivo (Las ideas solo existen en la mente del
sujeto) y el Objetivo (Las ideas existen por sí misma y que solo podemos
aprenderlas o descubrirlas mediante la experiencia); uno de los defensores de esta
última variante era Platón.
Platón

Fue un filósofo griego (Atenas 427 – 347 a.C.) Nacido en el seno de una familia
aristocrática, abandonó su vocación política por la filosofía, atraído por Sócrates.
Siguió a este durante 20 años y se enfrentó abiertamente a los sofistas.
Tras la muerte de Sócrates (399 a.C.), se apartó completamente de la política; no
obstante, los temas políticos ocuparon siempre un lugar central en su pensamiento,
y llegó a concebir un modelo ideal de estado. Viajó por Oriente y el sur de Italia,
donde entró en contacto con los discípulos de Pitágoras.

Su influencia como autor y sistematizador ha sido incalculable en toda la historia de


la filosofía, de la que se ha dicho con frecuencia que alcanzó identidad como
disciplina gracias a sus trabajos.
La Teoría de las Ideas

La teoría de las Ideas representa el núcleo de la filosofía platónica, el eje a través


del cual se articula todo su pensamiento. No se encuentra formulada como tal en
ninguna de sus obras, sino tratada, desde diferentes aspectos, en varias de sus
obras de madurez como "La República", "Fedón" y "Fedro".
EN LO FUNDAMENTAL CONSISTE EN DEFENDER LA EXISTENCIA DE LO
ABSOLUTO (LAS IDEAS O FORMAS), FRENTE AL QUE SE SITÚA EL MUNDO
CORPÓREO, MORTAL Y RELATIVO.

A diferencia del pensamiento cristiano (que también acepta lo absoluto


identificándolo con Dios) el absoluto al que se refiere Platón no tiene carácter
personal.
Platón consideró que la realidad se divide en dos grandes géneros

El Mundo Sensible El Mundo Inteligible o Mundo de las


Ideas.
Es el conjunto de objetos que se Las Formas o las Ideas.
ofrecen a los sentidos, realidades Platón cree que las Ideas son el modelo
particulares, cambiantes, múltiples, que de las cosas sensibles, y que estas
nacen, duran y mueren y se captan con cosas son copias imperfectas de la
los sentidos. Idea.
Lo que tiene extensión y cuerpo y que
cambian con el tiempo (objetos físicos)

Características de las Ideas

1. Inextensas e incorpóreas: No ocupan espacio y no tiene cuerpo


2. Eternas e invariables: Perfectas y no cambian
3. Universales e Independientes del mundo de los fenómenos: Aunque no la
pensemos ni sepamos de su existencia están ahí.
4. Estas ideas solo pueden ser conocidas a través del pensamiento
Es importante no confundir Ideas Platónicas (Las ideas a la que se refiere Platón
no necesitan ser pensadas para existir) con una Idea (Cuando espontáneamente
hacemos representación de una cosa)
La jerarquización de las Ideas

El mundo de las Ideas posee un orden jerárquico; la idea que se encuentra en el


nivel más alto es la del Bien, que ilumina a todas las demás, comunicándoles su
perfección y realidad. Le siguen en esta jerarquía, las ideas de Justicia, de Belleza,
de Ser y de Uno. A continuación, las que expresan elementos polares, como
Idéntico-Diverso o Movimiento-Reposo; luego las ideas de los Números o
matemáticas, y finalmente las de los seres que integran el mundo material.

La tarea de la filosofía consiste en ascender desde el Mundo Sensible al Mundo de


las Ideas y en éste contemplar la Idea de Bien (por eso Platón define la filosofía
como “una ascensión al ser”). Esta teoría es fundamentalmente una teoría
ontológica pero tiene claras repercusiones en otros ámbitos como la antropología,
la teoría del conocimiento, la ética y la política.
¿Cuál es la relación entre las ideas y las cosas del mundo sensible?
Platón recurre a un personaje mítico denominado Demiurgo para explicarlo.

 Decía que al principio existían 4 cosas: El espacio, La materia sin forma, Las
ideas y Demiurgo.
En el Timeo, Platón explicó el origen del mundo sensible a través de la figura de un
poderoso hacedor, el Demiurgo, una divinidad superior que, feliz en la perenne
contemplación de las Ideas, quiso, por su misma bondad, difundir en lo posible el
bien en la materia. El Demiurgo, disponiendo del espacio vacío y partiendo de la
materia caótica y eterna, modeló poliedros regulares de los cuatros elementos
(tierra, fuego, aire y agua), y, combinándolos, formó los distintos seres del mundo
sensible tomando las Ideas como modelos; tales seres, obviamente, no podían ser
perfectos por las mismas limitaciones de la naturaleza de la materia. Hay que
subrayar que el Demiurgo, partiendo de la materia, formó cosas materiales; el alma
humana, que es inmaterial, no es obra suya
Alegoría o Mito de la Caverna

Imaginemos, dice Platón, una serie de hombres que desde su nacimiento se hallan
encadenados en una cueva, y que desde pequeños nunca han visto nada más que
las sombras, proyectadas por un fuego en una pared, de las estatuas y de los
distintos objetos que llevan unos porteadores que pasan a sus espaldas. Para esos
hombres encadenados, las sombras (los seres del mundo sensible) son la única
realidad; pero, si los liberásemos, se darían cuenta de que lo que creían real eran
meras sombras de las cosas verdaderas (las Ideas del mundo inteligible).
Sólo el mundo inteligible es el verdadero ser, la verdadera realidad; el mundo
sensible es mera apariencia de ser. Dado que el mundo físico, que se percibe
mediante los sentidos, está sometido a continuo cambio y degeneración, el
conocimiento derivado de él es restringido e inconstante; es un mundo de
apariencias que solamente puede engendrar opinión (doxa) mejor o peor
fundamentada, pero siempre carente de valor. El verdadero conocimiento
(epistéme) es el conocimiento de las Ideas.
4. Principales exponentes

a) Platón:

Filósofo griego (Atenas, 427 - 347 a. C.). Nacido en el seno de una familia
aristocrática, abandonó su vocación política por la Filosofía, atraído por Sócrates.
Siguió a éste durante veinte años y se enfrentó abiertamente a los sofistas
(Protágoras, Gorgias…). Tras la muerte de Sócrates (399 a. C.), se apartó
completamente de la política; no obstante, los temas políticos ocuparon siempre un
lugar central en su pensamiento, y llegó a concebir un modelo ideal de Estado. Viajó
por Oriente y el sur de Italia, donde entró en contacto con los discípulos de
Pitágoras; luego pasó algún tiempo prisionero de unos piratas, hasta que fue
rescatado y pudo regresar a Atenas.

Platón uso el término 'idea' para designar la forma de una realidad 'eterna' e
'inmutable'. Y en este sentido, la idea es el 'espectáculo' ideal de una cosa. Así,
concebirá con frecuencia que las ideas son modelos de las cosas o también las
cosas mismas en su estado de perfección. Platón iba traduciendo las ideas a objetos
matemáticos y a ciertas cualidades como la bondad y la belleza. Más tarde,
Aristóteles negará que las ideas pudieran tener una existencia independiente de la
realidad sensible.

b) Nicolás Malebranche

Es cartesiano en el orden expositivo del sistema. Para él tampoco las ideas


proceden de los objetos, ni son producidas por el sujeto. Un espíritu finito jamás
pude ser sujeto de ideas infinitas: "todas nuestras ideas claras están en Dios, en
cuanto su realidad inteligible". El único que goza de una perfección no inferior a la
inmutabilidad, necesidad, eternidad e infinitud de las ideas es Dios. Para él, Dios es
quien hace que la persona conozca las cosas inaccesibles.

c) Godofredo Guillermo Leibniz

Define la sustancia como todo centro de fuerza, de energía y de actividad. Para él


las sustancias son infinitas y conforman la estructura metafísica de los seres, las
cuales él llama " Mónadas": "La mónada no tiene partes, no posee extensión, figura
ni divisibilidad. Una cosa no posee figura a menos que sea extensa, ni puede ser
divisible a menos que posea extensión. Pero una cosa simple no puede ser extensa,
puesto que simplicidad y extensión son incompatibles".

d) Emmanuel Kant.

Dice que "nuestro conocimiento deriva en el espíritu de dos fuentes fundamentales:


la primera es la receptividad de las impresiones; la segunda, la facultad de
reconocer un objeto por medio de estas representaciones".

El pensamiento, entonces, resulta de la conjunción de ambas facultades. Intuición


y concepto conforman todos los elementos de nuestro conocimiento. La idea
kantiana es la posibilidad de la existencia que determina el uso del entendimiento
en el conjunto de la experiencia completa.
e) Juan Teófilo Fichte

Para Fichte el idealismo es toda filosofía que parte de una reflexión sobre la
realidad, aunque estrictamente hablando, idealismo es el sistema que niega la
existencia de las cosas fuera del pensamiento. Es con él con quien irrumpe el
idealismo en la filosofía alemana, al exaltar el yo humano rompe las barreras del
racionalismo crítico.

"Sostiene que el principio de la realidad es el yo, el cual construye la parte formal y


material de conocimiento. Todo lo que se le ponga al yo es creado por el yo. La
realidad es deducible del yo".

f) Federico Guillermo José Schelling

Schelling es quien da el paso del idealismo subjetivo al objetivo, acentúa ya la idea


del absoluto. Para él "el sistema completo de la ciencia parte del yo absoluto".
Propiamente, la inteligencia sólo capta lo inteligible.

Para él, no caben más que dos filosofías: dogmatismo, que admite las cosas en sí;
y el idealismo, que sólo admite contenidos de conciencia.

g) Jorge Guillermo Federico Hegel


Nació en Stuttgart, actual Alemania, 1770 - Berlín, (1831) Filósofo alemán.

Hegel estudió primero en el instituto de su ciudad natal, y entre 1788 y 1793 siguió
estudios de teología en Tubinga, donde fue compañero del poeta Hölderlin y del
filósofo Schelling, gracias al cual se incorporó en 1801 como docente a la
Universidad de Jena, que sería clausurada a la entrada de Napoléon en la ciudad
(1806). Al tiempo que se introducía en la obra de pensadores como Schiller, Herder,
Lessing y Kant, Hegel compartió con sus compañeros el entusiasmo por la
Revolución Francesa. Aunque al principio se hallaba muy próximo al idealismo de
Fichte y Schelling, a medida que fue elaborando su propio sistema filosófico, ya
profesor en la Universidad de Heidelberg (1816-1818) y luego en Berlín (1818-
1831), se alejó progresivamente de ellos.

Para Hegel, lo único existente es el Ente-lógico, al que también denomina idea-


concepto, y toda la llamada realidad, es el desenvolvimiento de esta idea. Este
desenvolvimiento dialéctico se realiza en tres momentos: tesis, antítesis y síntesis,
es decir, por posición, negación superación de esa negación en una nueva posición.

También, para Hegel la filosofía es ciencia del hombre sobre el absoluto mismo.
"Pensar es distinto de conocer. Conocer es conocer lo que las cosas son; tiene un
momento esencial que se refiere a las cosas... ". Hegel distingue la mera
información (historia) y el conocimiento conceptual, en el cual yo tengo los
conceptos de las cosas (esto serían las ciencias en las que hay un efectivo saber).
Pero hace falta un saber absoluto.

h) Gottlob Frege
Nació el 8 de noviembre de 1848 en Wismar.

Cursó estudios en las universidades de Jena y Gotinga. Fundador de la moderna


lógica matemática y la filosofía analítica.
Trabajó intentando deducir los principios de la aritmética de los principios de la
lógica. Inventó muchas notaciones simbólicas, como cuantificadores y variables,
estableciendo así las bases de la lógica matemática moderna. Defensor del
logicismo, la tesis de que las matemáticas son reducibles a la lógica, en el sentido
que las verdades de la matemática son deducibles de las verdades de la lógica.

Frege fue también un importante filósofo del lenguaje. La distinción entre sentido y
referencia y entre concepto y objeto se deben a él. Su obra influyó en el filósofo
británico Bertrand Russell. Su escrito Notación conceptual (1879) es la más
importante de sus publicaciones, también escribió Fundaciones de la aritmética
(1884) y Leyes básicas de la aritmética (1893-1903).
5. Críticas
Lo que le critica al idealismo es la especulación que lleva a crear entidades
metafísicas cuya existencia es incomprobable. Por ejemplo, Platón, que era un
filósofo idealista, llegó a despreciar las cosas que podemos percibir por nuestros
sentidos, es decir, las cosas sensibles, por decir que éstas eran aparentes ya que,
según él, los sentidos nos engañaban y, ante esto, especuló que existían unas
supuestas ideas fuera de la mente humana que hacían que las cosas sensibles
sean lo que son en cuánto participen de estas ideas: por ejemplo, las cosas bellas,
según él, eran bellas porque participaban de una supuesta idea de la belleza que
no se la podía percibir, pero que existía. Kant dice, en cambio, que el conocimiento
comienza con la experiencia empírica, es decir, con el encuentro del sujeto y el
objeto material, es decir, el objeto que podemos aprehender por nuestras
capacidades cognoscitivas y no por especulación.
Aristóteles hace cuatro críticas fundamentales a la teoría de las ideas de Platón

• Critica a los dos mundos, para Aristóteles es uno solo; al tener dos mundos
se complica la explicación innecesariamente, explicando dos veces lo mismo.

• Platón no da una explicación racional, utiliza mitos y metáforas, en vez de


aclarar conceptualmente.

• No hay una relación clara de causalidad. No explica como las ideas son
causa de las cosas sensibles y mutables. No infiere que de una idea se derive un
objeto.

• Argumento del tercer hombre; según Platón, la semejanza entre dos cosas
se explica porque ambas participan de la misma idea. Según Aristóteles, se precisa
un tercero para explicar la semejanza entre dos cosas, y un cuarto para explicar las
tres, y así sucesivamente. Es una regresión al infinito, por lo tanto nada se explica.

La alternativa histórica se presenta a los ojos de Ortega bajo el nombre de «ciencias


del espíritu». En efecto, contra la razón físico-matemática, como el medio y el modo
de conocimiento único y privilegiado de investigar lo humano, arremeten los
espiritualistas o idealistas, contraponiendo el espíritu a la naturaleza. Pero esto es
otro error, que comienza en la interpretación eleática del ser, y consiste en tratar las
realidades (cuerpos o no) como si fuesen ideas, conceptos.

El idealismo o espiritualismo cae en la misma equivocación que el realismo: tratar


las cosas o las ideas como identidades, es decir, como naturalezas determinadas,
perennemente constituidas.

Ortega se pregunta (en la lección XIV de Unas lecciones de metafísica) cómo el


idealismo –concretado en la figura de Descartes– ha podido cometer esa
inconsecuencia con su propio punto de partida, que lo instaba a no reconocer como
realidad radical sino lo inmediato.

La respuesta es que el idealismo conserva dentro de sí, de forma inconsciente, la


tendencia realista, que consiste, como se ha dicho, en creer que lo real, lo
verdaderamente existente, es lo que existe fuera de mí.
La Crítica del idealismo en humano, demasiado humano

En Humano, demasiado humano la religión, la metafísica y el arte son condenados;


no se los considera ya como los modos fundamentales de la verdad, sino que
aparecen como una ilusión que hay que destruir. Nietzsche hace desfilar por la
mesa de disección psicológica los más bellos sentimientos de la humanidad,
mostrando sin escrúpulos el carácter humano, demasiado humano de todo cuanto
hasta entonces se venía considerando como sagrado, eterno y de origen
sobrehumano. El mundo ideal que la metafísica nos presenta es tan sólo una
inmensa ficción que proviene de nuestras necesidades y aflicciones humanas. Un
sueño que el hombre se inventa para escapar a la caducidad y dar a su existencia
un significado infinito. Nietzsche se alza así contra toda forma de desdoblamiento
idealista del mundo, contra la «manía de los trasmundos», centrando su crítica de
modo especial en la escisión schopenhaueriana, de origen kantiano, entre la «cosa
en sí» y la apariencia fenoménica. En su Eco Homo dice de él: «Donde vosotros
veis cosas ideales, veo yo ¡cosas humanas, ¡ay!, sólo demasiado humanas!».

De manera crítica y desconfiada, y lleno de sospechas, Nietzsche «analiza los


grandes sentimientos de la humanidad y los desenmascara como un “embuste
superior”, en una palabra: como “idealismo”». Vemos, pues, un repudio seco,
cortante, de toda forma de idealismo. Para Nietzsche, lo llamado «sobrehumano»
es, en verdad, sólo una ilusión demasiado humana. El hombre no penetra con su
mirada, como cree el metafísico, en el corazón del mundo, no puede conocer la
cosa en sí, porque la fe en una cosa en sí situada más allá del fenómeno, que por
el momento nos está oculta, pero que se desvela en la filosofía, es tan sólo una
superstición de los metafísicos. «Vemos todas las cosas a través de la cabeza
humana, y no podemos cortar esta cabeza; pero todo lo que hasta ahora ha hecho
considerar (a los hombres) las hipótesis metafísicas como valiosas, terribles,
placenteras, todo lo que las ha creado, es pasión, error y engaño en sí mismo; los
peores métodos del conocimiento, y no los mejores, son los que han enseñado a
creer en ellas. Tan pronto como se ha puesto al descubierto que estos métodos son
el fundamento de todas las religiones y metafísicas existentes, se las ha refutado».
A la metafísica, dice Nietzsche, se la puede definir «como la ciencia que trata de los
errores fundamentales del hombre, pero lo hace como si éstos fueran verdades
fundamentales». Nietzsche nos ofrece una gran número de sutiles elucidaciones
psicológicas del deseo metafísico de consuelo; quiere mostrar como detrás de todos
los conceptos de la metafísica —ya sea el concepto de cosa, o el de substancia, o
el de libertad de la voluntad― hay necesidades y anhelos del hombre. Al ilustrar
psicológicamente la religión, el arte, la moral, Nietzsche cree que en el futuro la
metafísica se volverá banal, más aún, carecerá de interés. Pues la metafísica sólo
tiene, en efecto, importancia para la vida cuando se encuentra vinculada a
propósitos fundamentales del corazón humano, cuando ofrece a éstos el armazón
conceptual. Lo que Nietzsche exige aquí es una filosofía del desengaño
consecuente, «una recuperación del hombre del inexistente país del ideal».
6. Posición actual
Hoy el idealismo está muy desvirtuado, porque con el avance de las ciencias y de
la técnica en general, gana mucho más terreno lo que pueda demostrarse, lo
tangible y matemático, incluso se utiliza el término idealista de manera peyorativa,
dándole una connotación de lo que es ilógico, e imposible de realizarse.

El idealismo como un método científico es muy cuestionado en la actualidad, porque


éste admite que lo que no puede verse puede ser comprendido; pero para el hombre
de hoy lo que rige es "ver para creer", "ver para entender".
La idea sigue siendo una parte muy importante dentro de todas las ciencias, que es
aceptada y colocada como importante, incluso fundamental, el problema radica en
cómo pasar esas ideas a sustancias tangibles, cómo objetivarlas sin pasar al
materialismo.

El idealismo contempla que el materialismo reduce el conocimiento, negando la


parte espiritual, intangible; para el materialismo el idealismo es un conocimiento
etéreo, abstracto, difícil o imposible de objetivar.
Siguen existiendo disciplinas filosóficas, científicas, sociales y religiosas que fundan
su conocimiento en el idealismo, el mundo teórico de estadísticas, consultas y
especulaciones, estas disciplinas son cada vez menos válidas y más cuestionadas
e ignoradas.

Podría decirse que el idealismo es sólo un referente, una meta proyectiva, pero no
un medio concreto de conocimiento y verdad. Hacia el idealismo apunta el hombre
de hoy, pero sabiendo la imposibilidad de llegar hasta éste, cifra su verdad en el
realismo u otros métodos empiristas o materialistas.

Ciertamente nuestro mundo no es idealista, si bien no se desconoce en absoluto,


hay que admitir que no es la vía de conocimiento que satisface las expectativas y
búsquedas del hombre actual.
Idealismo en la Vida Cotidiana

El idealismo en la vida es la característica de aquellos que consideran las ideas de


la verdad y el derecho, la bondad y la belleza, como las normas y las fuerzas de la
directiva. Esta significación revela la influencia de Platón, quien hizo la idea de un
término técnico en la filosofía. Según él el mundo visible no es más que una copia
de un suprasensible, el mundo inteligible, ideal, y por lo tanto "las cosas" no son
más que el sello estampado en la realidad por lo que es de un superior, la naturaleza
espiritual. Platonismo es la más antigua forma de idealismo, y el propio Platón el
progenitor de los idealistas. Es habitual el lugar en el idealismo de contraste de
Platón y el realismo de Aristóteles, esta última, de hecho, niega que las ideas son
originales y que las cosas son meras copias, que sostiene que la esencia es
inteligible, sino que es inmanente a las cosas de la naturaleza, mientras que se pone
en los productos del arte. Es más correcto, por lo tanto, para llamar a su enseñanza
un idealismo inmanente en contraste con el idealismo trascendental de Platón.
Ambos pensadores revelan la influencia decisiva de que el idealismo moral y
estético que impregnaba la vida griega, el pensamiento y la acción, pero para
ambos, lo que está más profundo en su filosofía es la convicción de que el primer
principio y más alta de todas las cosas es el perfecto Ser espiritual que ellos llaman
Dios, y que llevará de nuevo, por medio de principios intermedios - esencia y forma,
la finalidad y la ley - la múltiples seres individuales del mundo visible. En este
sentido, el idealismo es el dualismo, es decir, la doctrina de un principio espiritual
superior en contra de lo que es más baja y material, y de nuevo esta doctrina se
opone claramente al monismo que surgiría la superior y la inferior por igual de un
mismo Todo el bienestar. Este idealismo mayor enseña, no que no es de un todo,
sino que es un alfa y omega, es decir, una causa supermundana y el fin, del mundo.
Por medio de sus principios, el idealismo mantiene la distinción de Dios y el mundo,
de lo absoluto y lo finito, pero los mantiene juntos en unidad, sino que ajusta las
relaciones entre la realidad y el conocimiento, por atribuir a la dimensión de las
cosas, la forma, el valor, la ley, al mismo tiempo garantizar la seguridad necesaria
reflexión previa y la validez, sino que establece la verdad objetiva en las cosas que
se conocen y la verdad subjetiva en la mente que los conoce. En este sentido, los
escolásticos enseñan que forma dat esse et distingui, es decir, el principio de que
formalmente constituye el objeto, del mismo modo, en el acto de la cognición,
informa a la mente. La medida en que sus principios expresar la causa y el fin de
las cosas, determinar su naturaleza y valor, el idealismo une a la especulación y la
ética, la verdad y la buena filosofía, moral y la filosofía de la naturaleza.
Ejemplos del Idealismo en la Actualidad

El idealismo dice: "La realidad es causada por las ideas de la mente humana. No
hay realidad independiente de la mente humana".

¿Qué significado puede tener esto para él IS artificial? Constata que todo lo que es
real para él, es decir, que toda su estructura de conceptos y todas sus reglas de
actuación, son el resultado de su sentir y de su pensar. No existen conceptos ni
reglas de actuación fuera de su mente.

Veamos algunos de los principales procesos de sentir y de archivar experiencias


dentro del SI artificial. Mediante impulsos eléctricos recibe comunicaciones desde
su entorno. Dentro de aquella parte del sistema que representa el cerebro,
transforma estos impulsos en números, representados por cargas eléctricas
binarias.

Estos números son la parte más elemental de comunicación. Luego el SI los


conecta, llegando a situaciones parciales, y finalmente a la situación actual
compuesta. Nótese, por favor, que el SI artificial no conoce los "árboles", las
"piedras" y la "comida", que existen en el entorno (Kant lo denomina "la cosa
misma"). El SI recibe información sensorial y basado en estos crea conceptos que
representan esta información sensorial. Estos conceptos son rotulados por números
(son los conceptos, las ideas, las sanscaras, de los que hablan los budistas). Es de
notar que estos números no representan conceptos; ellos son los conceptos. Para
que un número represente algo, ese "algo", que es representado, debe existir. Pero
en el SI no hay nada más que estos números.

Con esto surge la pregunta de cuáles parecen ser los requerimientos mínimos para
que algo pueda ser un "concepto" Para que sea posible trabajar con conceptos,
cada concepto debe diferenciarse claramente de todos los otros conceptos.
También debe ser posible conectar un concepto con otros conceptos. Parecer ser
que estos dos son los requerimientos mínimos. En un SI electrónico, es un número
el que cumple con estos dos requerimientos. Cada número puede ser diferenciado
claramente de cualquier otro número. Cada número también puede servir como
dirección en la cual pueden ser archivados otro números. Es decir, que el número
puede ser conectado a ciertos números, pero no a otros.

Cuando utilizamos un editor de textos en una computadora, y escribimos la palabra


"árbol", esta palabra solamente representa nuestro concepto, porque no hay
conexión alguna dentro de la computadora entre esta palabra y "raíz", "rama" o
"tronco". La conexión únicamente existe en la mente de la persona que la escribió.
Cuando el SI utiliza el concepto "árbol", las conexiones a los demás conceptos están
dentro de la computadora. Es decir, que para el SI el número para "árbol" es un
concepto; no representa un concepto.
Cuando el SI artificial ha combinado las sensaciones elementales, le asigna un
número a la situación parcial que nosotros llamamos, por ejemplo, una piedra.
Solamente al tener la experiencia de muchas situaciones en las que aparece el
número para la piedra, el SI, con el tiempo, sabe qué esperar del número para una
piedra (diríamos, qué propiedades tiene una piedra, qué se puede hacer con una
"piedra"). Es algo similar de lo que pasa en los humanos. Desde el entorno algo
llega a nuestros órganos sensoriales, y éstos transmiten a través de los nervios
impulsos eléctricos binarios al cerebro. Allí, dentro del cerebro, estos impulsos
forman las sensaciones más elementales.

Parece ser, que en los humanos, los conceptos son la salida de campos neuronales.
Ellos son causados por la conectividad del campo neuronal. Esta salida es de origen
binario. Neuronas excitadas e inactivas son comunicaciones binarias, muy similares
a los números en las computadoras, los que, como hemos visto, representan cargas
eléctricas binarias. La mente humana no reconoce inmediatamente árboles, piedras
y alimento, sino que recibe solamente impulsos nerviosos binarios desde distintos
nervios. Y desde éstos se forman conceptos mediante procesos internos.

Como lo dice el idealismo, las realidades, tales como el concepto para "silla" o
"mesa", son partes de la mente. No existen conceptos algunos que sean
independientes de la mente. En el SI artificial son números archivados en su mente.
Tal concepto es mucho más que una representación de la forma exterior o del color.
El concepto para la "silla" incluye que la silla se puede usar para sentarse en ella, o
para que sea quemada para obtener calor. Es una información que no existe en la
"causa de todas las sensaciones" del entorno. Existe únicamente en la mente.

De manera que el idealismo tiene razón, toda realidad de los SI's artificiales es
causada por sus ideas, sus conceptos. No hay realidad fuera de su mente. A pesar
de que hay algo que no es un concepto y no forma parte de su mente, es decir, el
"entorno".
Conclusión

En la historia del transcurso del pensamiento filosófico, el idealismo es una variante

fundamental de esa historia. Es la actitud del filosófico que no se conforma con lo

que en apariencia, “hay”. Postula mejor una realidad superior inexplicablemente

ligada a la estructura intrínseca e la conciencia humana.

No es en modo alguno la actitud espontanea de la existencia individual. Es una

actitud a la que trabajosamente se ha llegado en la historia, y a la que no muchos

hombres pueden acceder, chocando con la dificultad de encontrar en la conciencia,

un mediador, entre objeto y sujeto.