Sunteți pe pagina 1din 188

Editorial

Editorial
Editorial
Editorial
Editorial 1 / Septiembre 2001

1

Editorial

2

Editorial 2 / Septiembre 2001

Observatorio Social de América Latina

Observatorio Social de América Latina 3 / Septiembre 2001

3

Análisis

Análisis La protesta social en Argentina Claudio Lozano Contexto económico y político en la protesta social
Análisis La protesta social en Argentina Claudio Lozano Contexto económico y político en la protesta social
Análisis La protesta social en Argentina Claudio Lozano Contexto económico y político en la protesta social
Análisis La protesta social en Argentina Claudio Lozano Contexto económico y político en la protesta social

La protesta social en Argentina

Análisis La protesta social en Argentina Claudio Lozano Contexto económico y político en la protesta social

Claudio Lozano Contexto económico y político en la protesta social de la Argentina contemporánea

Ana C. Dinerstein El poder de lo irrealizado. El corte de ruta en Argentina y el potencial subversivo de la mundialización

Adrián Scribano y Federico Schuster Protesta social en la Argentina de 2001:

entre la normalidad y la ruptura

Ricardo Spalteberg y Verónica Maceira Una aproximación al movimiento de desocupados en el marco de las transformaciones de la clase obrera en Argentina

Gloria Rodríguez Un “Rosario” de conflictos. La conflictividad social en clave local

Contexto económico y político en la protesta social de la Argentina contemporánea Por Claudio Lozano*

Contexto económico y político en la protesta social de la Argentina contemporánea

Por Claudio Lozano*

E s objeto de estas notas presentar elementos que permitan dimensionar las condiciones que exhibe la crisis actual de la Argentina con el fin de situar adecuadamente el ca- rácter, los contenidos y perspectivas que se

le plantean a la protesta social en este país. Es imprescindi- ble para esto situar algunas definiciones en torno al proce- so estructural, ubicar en ese marco las políticas que imple- menta hoy el oficialismo gobernante y observar el conteni- do que adoptan las luchas de confrontación con el rumbo hoy dominante. Esto permitirá a su vez observar las diferen- cias sustantivas que distinguen al momento actual respecto de la última crisis profunda vivida en 1989.

respecto de la última crisis profunda vivida en 1989. Es imposible pensar la Argentina sin definir

Es imposible pensar la Argentina sin definir la crisis ac- tual como una crisis de régimen, cuyos cimientos fueron plasmados en 1976 y cuyos rasgos se consolidaron durante la década menemista y se perpetúan hasta el gobierno ac- tual. Régimen instituido por vía del ejercicio de la violencia que los sectores dominantes ejercieran sobre los cuerpos en el marco dictatorial (genocidio), que mantuvieran por vía del ejercicio del poder que detentan sobre la economía a tra- vés de la violencia de la moneda (hiperinflación), y del dis- ciplinamiento social que supone la vigencia de elevadas ta- sas de desocupación. El cuadro de violencia descrito, acom- pañado por el importante papel que cumpliera la corrupción como mecanismo capaz de cooptar a parte sustantiva de la dirigencia política y social, así como el retroceso generali- zado que a nivel internacional y local tuvieron las concep- ciones sostenidas en estrategias emancipatorias y revolucio- narias, permitió que el régimen de dominación lograra a co- mienzos de 1990 un razonable nivel de consolidación ex- presado en la vigencia hegemónica del discurso y las prác- ticas dominantes. Sin embargo, la crisis actual exhibe al or- den dominante en la más absoluta incapacidad de reprodu- cirse bajo condiciones elementales de consenso.

de reprodu- cirse bajo condiciones elementales de consenso. El marco estructural de la crisis actual La
de reprodu- cirse bajo condiciones elementales de consenso. El marco estructural de la crisis actual La

El marco estructural de la crisis actual

La puesta en marcha de la estrategia neoliberal en nues- tro país, que data de 1976, supuso el abandono del modelo de acumulación centrado en la sustitución de importacio- nes, fundado en el desarrollo industrial y cuyo destino prin- cipal era el abastecimiento del mercado interno. En su reemplazo se afirmó en la Argentina un nuevo régimen cu-

ya característica principal es la valorización financiera y la transferencia de recursos al exterior. Dicho régimen supuso un cambio en la función que cumplía el endeudamiento (fundamentalmente externo) que se transformó en una op- ción para tomar fondos en el mercado internacional y reco- locarlos, en términos financieros, en el mercado local obte- niendo altos rendimientos y, consecuentemente, subordi- nando a esta lógica el conjunto de las actividades económi- cas. Por otra parte este predominio de la inversión financie-

ra en detrimento de la productiva, en tanto se dio en un mar-

co de apertura al ingreso de importados, indujo al extremo la destrucción del aparato productivo y consumó la desin-

dustrialización con la consecuente expansión del desempleo

y la reducción de los ingresos. Para dimensionar la magni-

tud de la crisis provocada por los efectos del ciclo largo de vigencia neoliberal en la Argentina, baste con señalar que este país tenía en 1975 unos 22 millones de habitantes y 2 millones de pobres, mientras que hoy con 37 millones de habitantes se cuentan 14 millones de pobres. Es decir, que

5

Análisis

de los 15 millones que explican el incremento poblacional del último cuarto de siglo, 12 millones cayeron bajo la línea de la pobreza, dato que permite mensurar el carácter de la involución y regresividad social vigente.

Este planteamiento no estaría completo si no se desta- caran, además, el papel que cumplió el estado y la diferen- cia que se opera en la década del noventa. Respecto a lo pri- mero, el estado funcionó viabilizando esta lógica de valori- zación financiera, particularmente a través de tres tareas: a) estatizó la deuda privada de los grandes grupos empresarios que realizaban la valorización financiera; b) mantuvo un déficit que al reclamar financiamiento elevaba la tasa de in- terés local por sobre la internacional y viabilizaba las con- diciones para la obtención de una renta extraordinaria; c) se endeudó para garantizar los dólares necesarios que permi- tieran el mantenimiento de un comportamiento de los gran- des grupos empresarios caracterizado por sacar fuera del país más divisas que las que ingresaban. Por lo expuesto, el proceso de valorización financiera y transferencia de recur- sos al exterior sólo fue posible en tanto se sostuvo por una permanente apoyatura fiscal. Es más, al transcurrir dos dé- cadas y media de este funcionamiento, lo que se observa es un estado casi absolutamente condicionado por los intereses y restricciones que esta lógica impuso.

6

Respecto a la diferencia que se observa en la década de los noventa, corresponde destacar la incorporación del des- guace estatal (privatizaciones) como un mecanismo que acompañó al régimen de valorización financiera permitién- dole tanto al gran capital local como al externo avanzar so- bre parcelas de la economía vigente obteniendo nuevas al- ternativas de valorización sostenidas en un proceso que trastocaba la otrora vigencia de determinados derechos de carácter público en un objeto más del proceso de acumula- ción de capital. Este hecho permitió nuevas condiciones de asociación entre las distintas fracciones del capital, garanti- zó el ingreso de importantes niveles de inversión extranje-

el ingreso de importantes niveles de inversión extranje- ra, y –acompañado por el cambio en las

ra, y –acompañado por el cambio en las condiciones inter- nacionales y el replanteo de la deuda en el marco del Brady– posibilitó la contención del proceso inflacionario, indujo el aumento en los niveles de actividad económica respecto a la absoluta caída que se observara en la década del ‘80, y permitió la obtención de nuevo endeudamiento externo. No obstante, la profundización de la apertura co- mercial y financiera, la desregulación y el proceso privati- zador terminaron de consolidar un esquema que exhibe tres características básicas:

• Un nivel de regresividad distributiva de tal magnitud

que ha terminado pulverizando el mercado interno de demanda masiva y que adopta una mayor relevancia en un contexto internacional recesivo. Recordemos que de acuerdo al Instituto Nacional de Estadísticas y Censos el 10% de la población más rico se apropia de, aproxi- madamente, un 39% del ingreso nacional, y que las es- timaciones privadas que toman en cuenta la subdecla- ración propia de los sectores de mayores ingresos lle- van este porcentaje a un 48% del ingreso total.

• Una estructura de precios que determina altas ganan-

cias en los sectores de los servicios públicos privatiza- dos y en el financiero, en detrimento del sector produc- tivo. Este, con la sola excepción de algunos contados casos asociados a la explotación de ciertos recursos na- turales, vive un claro proceso de discriminación frente al valor de la producción importada.

• Una lógica de funcionamiento económico donde las

posibilidades de crecimiento de la Argentina son deu - da-dependiente. Esto se verifica en tanto el crecimien- to implica una mayor compra de productos en el exte- rior en relación a la que se vende; una elevación sustan- cial de la transferencia de utilidades (dado el peso que tiene el capital extranjero); un aumento de los pagos en fletes y seguros; un incremento de la pérdida de divisas debido al gasto de turismo en el exterior y la multipli- cación de los montos asociados a la fuga de capitales que, de manera sistemática, realizan los agentes más importantes de la economía local. Lo expuesto, que ni siquiera computa los dólares necesarios para afrontar el stock de deuda externa que ya tiene el país, sirve para indicar la abultada insuficiencia de dólares que exhibe la economía local.

Es fácil percibir que el desarrollo de este proceso no só- lo profundizó la crisis social y la injusticia en términos dis- tributivos sino que a su vez llevó al extremo las condicio- nes de fragilidad fiscal y de deterioro del país en términos de su balance externo (disponibilidad de divisas). No obs- tante, lo más importante a precisar es que durante todo este tiempo el endeudamiento público en la Argentina posibilitó

Contexto económico y político en la protesta social

la realización de ganancias extraordinarias en moneda dura

(dólares) por parte de la cúpula empresarial exitosa de este tiempo. Nos referimos a los principales grupos empresarios

locales, a las empresas trasnacionales, a los grandes bancos

y (agregándose en la década del noventa) a los dueños de las empresas privatizadas.

En este sentido, cada vez que por razones externas-in-

ternas o la conjunción de ambas el acceso al crédito se inte- rrumpe, el mencionado orden es puesto en crisis y la Argen- tina afronta momentos de ruptura o de colapso. Así ocurrió en 1982 (cambio en la situación internacional), en 1989 (por razones internas que se expresaron como quiebra fiscal e hiperinflación), en 1995 (por el denominado efecto Tequi- la), y vuelve a darse desde mediados de 1998 como efecto de la crisis mundial para agudizarse durante el año 2001 en

el marco de un cuadro expreso de insolvencia externa (las

divisas que el país genera no alcanzan para afrontar los compromisos existentes). Es decir, nuestro país se encuen- tra una vez más en una situación de agotamiento del régi- men de valorización financiera y, en esta perspectiva, en un momento de ruptura similar (desde el punto de vista econó- mico) a los que se dieron en los años que se mencionaron precedentemente.

se dieron en los años que se mencionaron precedentemente. La política del déficit cero En el

La política del déficit cero

En el marco expuesto, el gobierno ha puesto en marcha un dispositivo de política económica que ha sido bautizado como déficit cero. Esta propuesta tiene como objetivo ex- preso mantener a la Argentina en un cuadro de hiper-rece-

sión a la espera de obtener algún tipo de oxígeno financie-

ro externo en el marco de un proceso de reprogramación de

la deuda. El cuadro hiper-recesivo es el único capaz de compatibilizar la situación vigente con el respeto estricto de las condiciones de la política económica actual y el mante- nimiento taxativo de las reformas estructurales realizadas que, como ya describiéramos, han conformado el carácter deuda-dependiente del esquema económico local.

Al reducir salarios y jubilaciones que dependen del es- tado nacional, esta política deprime aún más los ya magros niveles de demanda doméstica y profundiza la caída en los niveles de precios internos y consecuentemente en la activi- dad económica, lo que agudiza el desempleo y obliga a la rebaja salarial en el sector privado. Es una estrategia que su- pone un proceso de recesión-deflación-caída salarial pro- moviendo una devaluación inversa, es decir, que precios y salarios caigan respecto al nivel actual del dólar vigente.

A su vez, como lo expuesto provoca un descenso en la recaudación fiscal (asociada en los niveles de actividad), la estrategia se ve alimentada una y otra vez. Este cuadro, ade-

más de permitir el mencionado proceso de devaluación in- versa, deprime al extremo los niveles de consumo importa- do y el volumen de excedentes a ser dolarizados por distin- tos conceptos (utilidades, fuga, etc.) permitiendo la mejora de la balanza en cuenta corriente a través de la expansión del saldo comercial y la obtención de dólares genuinos que reduzcan la necesidad de nuevo endeudamiento externo.

que reduzcan la necesidad de nuevo endeudamiento externo. 7 Por otra parte, al presionar una y

7

Por otra parte, al presionar una y otra vez hacia la reba- ja del gasto público en razón de la caída en la recaudación, la propuesta de déficit cero induce la necesidad de pasar de reducciones transitorias (bajas salariales o de jubilaciones) hacia transformaciones estructurales que se consuman de hecho (desarticulación de organismos por desfinanciamien- to, replanteo de la relación Nación-Provincias, supresión de contratos, despidos, privatización sanitaria y educativa).

Esta concepción se articula, de esta manera, con los in- tereses de los dueños de los bonos de la deuda pública ar- gentina, de los grandes bancos y de los dueños de las em- presas privatizadas, incluso en tanto toma un rumbo que ha- ce mínimas eventuales pérdidas ante la posibilidad de una alteración cambiaria (devaluación). No obstante, correspon- de observar que al mismo tiempo esta alternativa no logra asociar al conjunto del bloque dominante. Los cambios en términos de las relaciones monetarias en el mundo y las de- valuaciones en Brasil han recortado la rentabilidad de los grupos empresarios con inserción exportadora al tiempo que la depresión del mercado interno, la ausencia de merca- do asociado al gasto público y la recesión mundial definen un panorama poco alentador. Si bien la propuesta en curso pretende contener a estos sectores a través del proceso de devaluación inversa y por vía de la reducción del aparato del estado, lo cual supone la necesidad final de una menor

Análisis

8

presión tributaria, este proceso es demasiado lento o es rá- pidamente absorbido por las devaluaciones que viven los países vecinos, y amenaza con dejar a algunos de los gru- pos empresarios en el camino.

Como último aspecto a señalar, debe destacarse el pro- fundo impacto que en términos de conflictividad social tie-

ne la política en curso. En este sentido, el proceso de desle- gitimación del discurso oficial y del gobierno es sumamente importante, al

punto que la implementa- ción de la estrategia en vi- gencia ha obligado a un deliberado cierre del fun- cionamiento del estado de

derecho por vía de un pro- ceso de delegación de las principales facultades par- lamentarias en el Poder Ejecutivo, del supino desconoci- miento de aquellos fallos judiciales que pudieran afectar la continuidad de la política vigente, y de la detención y expre- so procesamiento de aquellos dirigentes sociales que preten- dan canalizar el descontento social. Debe consignarse tam- bién que en el contexto mencionado se ha operado un proce- so significativo de movilización social en cuestionamiento

al rumbo descrito que se ha expresado en todo el país y con niveles de adhesión sumamente significativos. En algún sen- tido, puede afirmarse que el tipo de conducción de la crisis económica que se adopta traslada la situación de colapso o ruptura que podría darse en los términos de la actual políti- ca económica al campo social e institucional.

políti- ca económica al campo social e institucional. El carácter de la crisis y la protesta

El carácter de la crisis y la protesta social Las diferencias con la situación de 1989

Retomamos lo expuesto en los puntos anteriores a efec- tos de caracterizar la particularidad que en términos políti- cos observa la crisis actual. Esta muestra:

a. Al igual que en 1982-1989 y 1995, el régimen de acu- mulación financiera implantado en 1976 se encuentra al bor- de del colapso o la ruptura. Como ya se explicara, el punto en común supone la imposibilidad de seguir financiando por medio de la expansión del endeudamiento, y puntualmente de la deuda pública, la realización de ganancias extraordina- rias en moneda dura. Como es lógico, todo punto de ruptura supone la emergencia de conflictos al interior del bloque do- minante cuyas características y formas de resolución pueden variar. Por cierto, estas formas (que determinan cuáles son los intereses que terminan primando al interior de los pode- rosos) no son neutrales respecto a su impacto en términos de mayor regresividad distributiva.

b. A diferencia de lo ocurrido en 1989, donde el agota- miento del régimen económico y las contradicciones que esto suponía se resolvieron en el marco de la contienda hi-

perinflacionaria, con la apertura de un nuevo contexto inter- nacional que replanteó las condiciones y permitió la expan- sión del endeudamiento y con la posibilidad de la nueva oleada de negocios que expresara el proceso privatizador, hoy, la presente crisis pretende ser conducida por vía del sostenimiento de una es- trategia hiper-recesiva. En este sentido, corres-

ponde enfatizar que la re- cesión no es una conse- cuencia no deseada ni un equívoco de la política en vigencia. Es el objetivo de la intervención en marcha.

en vigencia. Es el objetivo de la intervención en marcha. c. En tanto la característica del

c. En tanto la característica del régimen de acumulación financiera consiste en permitir la realización de ganancias extraordinarias por parte de la cúpula empresarial, el agota- miento de este esquema supone en principio que no toda la cúpula podrá mantener la realización de las mencionadas ganancias extraordinarias. En este sentido, debe entenderse lo expuesto como la emergencia de una contradicción al in- terior del bloque dominante. Contradicción que no es re- suelta por la vía de la aplicación de la política en vigencia (déficit cero) ya que son significativos los sectores empre- sariales (no nos referimos a los pequeños sino a los gran- des) que exhiben situaciones de crisis en el presente contex- to. A diferencia de la crisis del ‘89, donde también había una contradicción en el bloque dominante que oponía los intereses de los acreedores extranjeros con los de la cúpula empresarial local, hoy la fractura es más compleja y se evi- dencia al interior de los propios integrantes de la cúpula lo- cal (ésta se expresa en el lugar que ocupan hoy dentro de la misma los consorcios que controlan las áreas privatizadas y en la menor presencia que tienen hoy los grupos integrantes de la cúpula histórica de la Argentina en el sistema financie- ro). Asimismo, si bien los organismos internacionales y el propio tesoro norteamericano acompañan la experiencia del déficit cero, la situación externa revela modificaciones que diferencian seriamente el momento actual del vigente en 1989. Por un lado, al observarse un cuadro recesivo que afecta a los tres polos del mundo desarrollado (EE.UU., Unión Europea y Japón) puede presumirse que ingresamos en una etapa de mayor racionamiento crediticio. En este marco es que deben entenderse las definiciones del Tesoro Norteamericano señalando la importancia de asociar las asistencias financieras a los países emergentes con condi- ciones de verdadera sustentabilidad (las supuestas propues- tas de reprogramación). Por lo tanto, de lo que estamos ha- blando es de un mayor racionamiento crediticio asociado a

Contexto económico y político en la protesta social

mayores condicionalidades (por ejemplo: ALCA) que ade- más, dado el nuevo contexto bélico, seguramente incorpo- rarán elementos de carácter político y no sólo económico.

d. A diferencia de lo que ocurría en 1989, se observa una crisis importante en el sistema político tradicional. No hay hoy una opción que aparezca recuperando legitimidad plena y concitando las expectativas y la movilización del conjunto de los sectores populares como en aquel momen- to ocurriera con el justicialismo. Lejos de ello se observa (y las recientes elecciones lo demostraron) la ya mencionada crisis de representación política. En este sentido la coyuntu- ra exhibe los siguientes aspectos:

• Profunda ilegitimidad de las políticas económicas vi-

gentes que se expresaron en el terreno electoral en la catastrófica performance oficial (la Alianza gobernante perdió 5.405.022 votos en sólo dos años).

• Crisis del sistema de representación que se expresa

por un lado en la dificultad del principal partido de opo- sición (el justicialismo) para absorber la pérdida de vo- tos del oficialismo quedando incluso por debajo de su performance en las últimas dos elecciones. Obtuvo 1.119.587 votos menos que en 1999, y 440.631 menos que en 1997.

• Crisis que se manifiesta a su vez en la sistemática ex-

pansión que desde 1989 en adelante se observa en la su- matoria de quienes dejan de votar (nuevos ausentes), quienes anulan su voto y quienes votan en blanco. Para el caso del comicio reciente, el total de nuevos votos ausentes (3.652.872), de voto nulo (2.358.291) y de vo- tos en blanco (1.512.920), asciende a 7.524.083. Agre- gado éste que representa el principal a nivel nacional, mayor incluso que el obtenido por el partido triunfante en las elecciones (justicialismo).

• Crisis de representación que no habla de una partici-

pación escasa de la sociedad, ya que se da en un con- texto de fuerte movilización social en repudio a las es- trategias de ajuste vigentes. Debe destacarse que a dife- rencia de lo que ocurría a comienzos de 1990 cuando el paradigma neoliberal aparecía como incuestionable, hoy los criterios de bien y de verdad que socialmente lo sustentaron están puestos en crisis.

• Crisis de representación que se agudiza al observarse

que incluso las estructuras políticas tradicionales (radi- calismo y justicialismo) tienden a articular su discurso con los objetivos de las facciones del bloque dominan- te que resultan postergadas en el presente contexto. Cuestión que amerita y justifica el embate y la impor- tancia que ha adoptado el discurso de aquellos sectores

mas ligados al proyecto actual sobre la necesidad de ba- jar el costo de la política y reformarla en profundidad.

e. A diferencia de lo que ocurría en 1989, la moviliza- ción social se expresa por vía de organizaciones que exhiben autonomía respecto a las estructuras políticas tradicionales y que adoptan formas novedosas y de mayor radicalidad. En este aspecto, merece destacarse especialmente la emergencia de fenómenos sociales en el Gran Buenos Aires (distrito de- cisivo para la gobernabilidad del presente régimen de domi- nación) que se canalizan claramente por fuera de las estruc- turas políticas tradicionales y particularmente del Partido Justicialista y la CGT afín al mismo. Diferencia central res- pecto al contexto del ’89, donde el peronismo en su renova- do accionar privatista y desregulador mantenía una elevada capacidad de control sobre el conflicto social. El fenómeno de los piquetes de trabajadores desocupados articulado con la resistencia de actores sindicales y sociales que expresan el

desocupados articulado con la resistencia de actores sindicales y sociales que expresan el 9 / Septiembre

9

Análisis

fenómeno de involución de las capas medias (docentes, es- tatales, estudiantes, profesores universitarios, pequeños y medianos empresarios, etc.) y que discuten nuevas formas orgánicas (una nueva Central de Trabajadores, nuevos mo- dos de organización gremial y empresarial), así como la creación de nuevas experiencias de construcción política co- mo las impulsadas por el denominado Frente Nacional Con- tra la Pobreza 1 , son expresión de lo expuesto.

En suma, las contradicciones vigentes al interior de los sectores dominantes y la evidencia de una mayor capacidad de resistencia (aún sectorial y defensiva pero en autonomía) por parte de los sectores populares, configuran un cuadro (novedoso respecto a la crisis del ‘89) donde lo que se des- pliega es una crisis de hegemonía de los sectores dominantes. La conclusión que surge de los elementos considerados es que las condiciones que le permitieron a estos sectores el ejercicio hegemónico del poder sobre la sociedad argentina están agotadas (se usa aquí la noción de hegemonía remitien- do a la idea básica de poder presentar como natural para el destino del conjunto el interés proyectado de unos pocos).

Estas condiciones, que como ya se expresara, se afir- maran durante la primera mitad de los noventa, son las que han desaparecido. En este nuevo contexto y en un marco de hiper-recesión que potencia la conflictividad es que debe

10 pensarse la situación y la perspectiva de la protesta social en

la Argentina. Contexto que define, una vez más, que el ci-

clo largo de reestructuración política, social y económica abierto en 1976 no ha logrado consolidarse.

Los recientes resultados electorales están lejos de dar solución a esta circunstancia. Más aún, la primera conclu-

sión a sacar es que la derrota estrepitosa del partido oficial

y la manifiesta crisis de representación que las urnas evi-

denciaran, no hacen más que profundizar la crisis de los sectores dominantes. En primer lugar, por que ilegitiman el mantenimiento del rumbo actual. En segundo término, por- que el partido de oposición triunfante revela notorias dis- funcionalidades en su discurso y en sus prácticas respecto a las facciones que en el campo dominante conducen hoy el camino de salida. Lejos de ello, las posturas que enarbola se inscriben en el planteo que vienen efectuando desde hace algunos años los grupos exportadores integrantes de la cú- pula histórica local. En tercer lugar, porque la fuerza políti- ca de la derecha que hasta la elección pasada había logrado ubicarse como tercera fuerza nacional, concentrando su caudal de votos detrás del actual Ministro Cavallo, se en- cuentra diezmada, dispersa y ha sido desplazada en térmi- nos institucionales de dicha posición.

En inverso sentido respecto a lo que los datos electora- les suponen para el bloque dominante, la ilegitimación del rumbo oficial y el cuestionamiento por vía del ausentismo,

el voto nulo y el blanco, de prácticas políticas que han he- cho una rutina del fenómeno del desconocimiento del man- dato, abren un terreno de mayor potencialidad para la afir- mación de nuevas estrategias políticas que pongan en deba- te el modelo vigente. No obstante, y del mismo modo que en el campo de la protesta social emerge como límite el ca- rácter defensivo y sectorializado del cuestionamiento al ré- gimen, en el terreno electoral se percibe un elevado nivel de fragmentación en las estrategias que cuestionan el rumbo actual y una evidente dificultad para poder encarnar prácti- cas nuevas de construcción capaces de conmover y despla- zar el efecto desaliento que la experiencia Alfonsinista-Pe- ronista-Aliancista impone sobre la conciencia colectiva.

Por último, los signos manifiestos de ruptura en la hege- monía dominante determinan que cualquier intento de avan- zar en el rumbo vigente sin incluir, por lo menos en parte, la demanda social, obligará a profundizar las restricciones ya existentes en el estado de derecho y a ilegalizar en mayor medida aún el conflicto social. Asimismo, dada la ausencia de consenso con eventuales salidas represivas, si la protesta social logra superar su carácter sectorial y defensivo para poder presentarse de manera conjunta y como estrategia co- lectiva, la crisis de hegemonía puede abrir paso a una crisis mayor del bloque dominante (orgánica) que permita alum- brar la afirmación de una nueva perspectiva en la Argentina.

la afirmación de una nueva perspectiva en la Argentina. Notas 1 El Frente Nacional Contra la

Notas

1 El Frente Nacional Contra la Pobreza se presenta como un espacio de confluencia de organizaciones de diverso tipo (so- ciales, sindicales, de derechos humanos, partidarias, eclesia- les, culturales, etc.) articuladas en torno a una propuesta que ubica como clave principal de la sociedad argentina la proble- mática de la desocupación y la pobreza. La confluencia en tor- no a una propuesta de resolución de la crisis que pone en el centro de la escena la problemática de la distribución justa del ingreso, que organiza de manera conjunta a sectores sociales y partidarios y que promueve para el próximo 13 de diciembre una consulta popular con el objeto de organizar a la sociedad en torno a dicho objetivo, es una de las características novedo- sas que esta experiencia plantea en el contexto actual.

El poder de lo irrealizado. El en Argentina y el potencial subversivo de la mundialización

El poder de lo irrealizado. El en Argentina y el potencial subversivo de la mundialización

Por Ana C. Dinerstein*

E l conflicto social en Argentina ha sufrido, en los últimos diez años, una tremenda transformación cualitativa. Lo que comen- zó siendo manifestaciones de protesta es- paciadas, localizadas y muchas veces es-

pontáneas frente a la injusticia de la reestructuración neoli- beral a comienzos de los años ‘90, se convirtió, a fines de esa década, en una nueva forma de resistencia: el corte de ruta (Iñigo Carrera y Cotarelo, 2001). Particularmente des- de julio de 2001, la expansión y organización de los cortes

a nivel nacional se ha desarrollado de forma inversamente

proporcional a la crisis y decadencia del gobierno de de la Rúa. Nacido en el seno de las políticas de estabilización y de ajuste económico en el contexto de la mundialización, el corte se yergue contra la violencia que subyace a la lucha por la “estabilidad”, cuestionando ya no la viabilidad de di- chas políticas sino la de la sociedad Argentina. El corte comparte el significado político de las luchas antimundiali- zación: la reinvención de la política como lucha contra la desaparición virtual.

de la política como lucha contra la desaparición virtual. Reificación y Anarquía y la producción de

Reificación y Anarquía y la producción de formas de resistencia

El capitalismo no constituye un orden establecido sino un conjunto de relaciones sociales anárquicas relativamente organizadas. La anarquía del capitalismo se debe a su vio- lencia fundante: la explotación de los humanos en pos de la reproducción del capital. La relativa organización coadyuva

a negar esta violencia esencial y a reificar a un “sujeto cie- go”: el capital (Postone, 1996). La valorización del capital no es un proceso económico racional sino un circuito políti- co de dominación (Cleaver, 1992) que implica una perma-

co de dominación (Cleaver, 1992) que implica una perma- nente lucha por la subsunción real de
co de dominación (Cleaver, 1992) que implica una perma- nente lucha por la subsunción real de

nente lucha por la subsunción real de la sociedad en el capi- tal (Negri, 1989) y la desmaterialización (desensualización) de nuestra capacidad de actuar y crear en una sustancia ho- mogénea llamada trabajo abstracto, que constituye la sustan- cia del valor. La producción de valor es mediada por formas sociales objetivas (políticas, económicas y sociales) y subje- tivas. El estado, las formas del dinero, las leyes, así como las identidades, las organizaciones y estrategias de resistencia, son permanentemente renegociadas en el marco de la lucha por lograr cierto orden que organice la dinámica expansiva del capital. La producción de formas de la subjetividad so- cial no debe considerarse como externa a la producción del capital, sino inherente a dicho proceso. La valorización del capital y sus transformaciones no “afectan” a las personas si- no que las constituyen en sujetos sociales. Un ejemplo de es- to es la creación social de los “desocupados” en Argentina en los ‘90, que constituyen un gran componente cualitativo del corte de ruta (c.f. Iñigo Carrera y Cotarelo, 2001).

Desde esta óptica, la lucha de clases no es simplemen- te una lucha del capital por explotar al trabajo a nivel de la

11

Análisis

12

producción, o sobre la distribución de la riqueza social, si- no una lucha alrededor de la constitución de las formas de existencia y resistencia social . Esta lucha es indirecta, me- diada, y aparece bajo la forma de crisis de las mediaciones:

de las identidades sociales, de la ideología, del estado, de la economía, de mercado, del poder sindical. Este es el proble- ma político fundamental del capitalismo: las relaciones de explotación y la dominación son mediadas. Las transforma- ciones de las formas políticas, sociales, económicas y sub- jetivas que median la producción y expansión del capital se expresan a través de una multiplicidad de (de)reconstruc- ciones incapaces de ser resueltas por medio de políticas uni- dimensionales. Un conflicto social es el lugar de conjun - ción de estas múltiples dimensiones de la lucha por y con- tra determinadas formas de subjetividad social. Un conflic- to social constituye la “puerta de acceso” (Seoane y Taddei, 2000: 61) a un jeroglífico que bien leído permite captar si- multáneamente la dinámica del todo y cada una de las di- mensiones que lo constituyen, para explorar la lógica que subyace a la organización precaria de la violencia capitalis- ta, en determinado momento histórico.

violencia capitalis- ta, en determinado momento histórico. De la desaparición física a la desaparición virtual: la

De la desaparición física a la desaparición virtual: la violencia de la estabilidad

La novedosa arma del terrorismo de estado fue la desa - parición física, utilizada para liberar al capital del peso y costo de las utopías revolucionarias latinoamericanas de los años ’70. Esta forma directa de “desmaterializar” al opo- nente, facilitó la transformación del capital también en las formas más abstractas de todos los tiempos: la fuga de ca- pitales, la destrucción de la capacidad productiva de la in- dustria nacional, la creación de la deuda externa, la especu- lación financiera, la toma de crédito ilimitado. Así, la invi- sibilidad de los oponentes dio lugar a una ruptura funda- mental hacia la era del abismo, de la intensificación de las abstracciones: liquidez, financiarización, déficit fiscal, riesgo país, desempleo encubierto. Dicho proceso de inten- sificación de los aspectos abstractos del capital fue susten- tado por procesos concretos de explotación, regresión en la distribución del ingreso, traspaso de recursos económico- sociales a nuevos grupos económicos transnacionalizados, la consecuente generación de niveles de pobreza, precarie- dad y desempleo inusitados en Argentina.

la consecuente generación de niveles de pobreza, precarie- dad y desempleo inusitados en Argentina. / Septiembre

El poder de lo irrealizado

La democracia posibilitó la materialización y visibili- dad de la desaparición. La acción política de los movimien- tos sociales, sindicales y de derechos humanos, como el de las Madres de Plaza de Mayo, ayudó a la recuperación de la concretez de aquello que había sido forzado a sumergir- se en un mundo de abstracción e irrealidad, es decir, la de-

saparición física, la represión y la pobreza oculta de miles. Sin embargo, la transición a la democracia desencadenó una multiplicidad de ba- tallas por y contra la cen-

tralidad de la praxis fren- te a la del dinero que ad- quirió la forma político- discursivo-ideológica (mundialmente expandi- da) de política versus mercado. Los episodios

hiperinflacionarios del ‘89 cristalizaron el punto culminante de la otra transición: del terrorismo de estado al terrorismo del dinero (Marazzi, 1996) y la paulatina le- gitimación y rutinización de este último bajo el curioso nombre de la estabilidad.

El poder político del corte reside en conjurar y exorci- zar cuatro de los mitos más importantes de la religión Me- nemista (y De la Ruista).

Primero, el corte muestra que la estabilidad es inestable,

violenta, incierta, destructiva. La inestabilidad de la estabili- dad no yace en las crisis económicas sino en la creación de un presente insoportable y un futuro impensable, por medio de la recreación constante de la incertidumbre acer-

ca de la realización mate- rial y espiritual concreta de nuestra propia vida. La imposibilidad potencial de realización no es un efecto “no deseado” de la estabilidad, sino su com-

ponente más importante (no olvidemos que la anarquía es el paraíso del capital). Las nuevas formas de la resistencia nacidas en el seno de la estabilidad constituyen un límite a la violencia de la estabilidad basada en la desa- parición virtual. El corte frena, bloquea, visualiza, materia- liza, limita la inseguridad y la incertidumbre.

materia- liza, limita la inseguridad y la incertidumbre. En los ‘90, en un contexto mundial ya

En los ‘90, en un contexto mundial ya disutópico, el Mememismo se constituyó en una nueva forma de organi- zación de la violencia depredadora del capitalismo, esta vez vía incertidumbre e inestabilidad. El control de la hiperin- flación en 1991, como requisito fundamental para generar previsibilidad y estabilidad ante las nuevas reglas del mun- do globalizado, fue considerado un milagro. La estabilidad se impuso como metaexplicación basada en un mito: que el control del movimiento del dinero global y el capital nacio- nal constituiría el punto de partida para el mejoramiento del presente con miras a planear el futuro. El plan de converti- bilidad fue el alfiler de seguridad del ajuste salvaje basado en la privatización, descentralización, desregulación, libe- ralización, mercantilización, flexibilización, precarización. La lucha institucional por mantener la estabilidad devino parámetro de regulación de la vida social (Dinerstein, 2001a, 1997).

de regulación de la vida social (Dinerstein, 2001a, 1997). El poder político del corte de ruta

El poder político del corte de ruta

Como se sabe, los planes de ajuste y estabilización ge- neraron irónicamente formas de inestabilidad, inseguridad e incertidumbre individual y social antes inimaginables en Argentina. El Menemismo legalizó dichas formas, endiosó al capital y celebró las ideas del fin de la política para dedi- carse a administrar la miseria social inherente a su consoli- dación. La desaparición física de las personas fue reempla- zada por procesos conducentes a su desaparición virtual.

Segundo, la forma física y directa del corte cuestiona la noción de consolidación de la democracia con exclusión so- cial (Acuña, 1994). El fin de los golpes de estado en los ‘80 y ‘90 en América Latina ha sido logrado por medio de la le- gitimación del terrorismo del dinero. La democracia es aho- ra un conjunto de reglas que se mantienen no aunque con sino gracias a la exclusión social. El corte reinventa las for- mas de la política, y recoloca la importancia de esta última en el seno de las infinitas abstracciones de la economía y las también infinitas conceptualizaciones de la sociología.

Tercero, el corte cuestiona la noción sociológica de ex - clusión social. El mundo de la subsunción real, donde “el capital ha devenido la fuerza dominante capaz de determi- nar la forma de la sociedad como un todo” (Marx: 1023) ya no permite externalidades: la producción de determinadas formas de existencia humana social ha sido colocada aho - ra en el centro de producción del capital mismo. La subje- tividad es un aspecto integrado al capital (Aragues, 1995; Dinerstein, 2000). El corte es prueba fehaciente de que el capitalismo no se ha vuelto simplemente excluyente, sino que ésta es una metáfora desafortunada que describe nuevas formas de subjetividad social producidas al interior del ca- pitalismo actual, como por ejemplo el desempleo, pero que se han vuelto invisibles para las ciencias sociales en general que padecen de tremendas dificultades teóricas y metodoló- gicas para leer la importancia política de estas nuevas for- mas que conforman una crítica viviente al capitalismo ac- tual en Argentina.

13

Análisis

Análisis 14 Finalmente, el corte nos permite cuestionar la distin- ción tradicional entre resistencia global y

14

Finalmente, el corte nos permite cuestionar la distin- ción tradicional entre resistencia global y local. Una de las características fundamentales de las formas actuales de acu- mulación del capital a nivel mundial es la intensificación del desarrollo desparejo de diferentes regiones del mundo cuya demarcación no siempre coincide con los espacios na- cionales. Esta fragmentación (Houtart, 2001) se combina con la creciente dificultad de los estados nacionales de im- plementar políticas regionales que homogeneicen dicho de- sarrollo desparejo. La importancia de las luchas diversas se debe a su capacidad de síntesis de una dinámica mundial que articula aspectos concretos y abstractos en una forma social. Este último punto es importante para ubicar al corte de ruta en Argentina como parte del movimiento de resis- tencia mundial.

como parte del movimiento de resis- tencia mundial. El corte y el movimiento de resistencia contra

El corte y el movimiento de resistencia contra la mundialización: el poder de lo irrealizado

Las políticas de estabilización y ajuste económico en Argentina forman parte de una reestructuración mundial ca- racterizada por la intensificación de los aspectos abstractos de las relaciones sociales capitalistas por sobre los concre- tos. En este sentido, el corte de ruta comparte algunos ele- mentos con las luchas anti-mundialización.

El capitalismo articula aspectos concretos y abstractos de las relaciones sociales fundamentados en la existencia concreta y abstracta del trabajo. A partir de los años ‘70, ha habido un cambio cualitativo en el mundo capitalista: la in -

tensificación de la subsunción real de la sociedad mundial a la lógica autoexpansiva y anárquica del dinero global don- de nadie está realmente en control.

Esta intensificación de los aspectos abstractos sobre los concretos es un proceso real que ha sido descrito como “he- gemonía de la dimensión financiera” (Ferrer, 1999: 94), “creciente inmaterialidad, donde lo abstracto es más verdad que lo concreto” (Negri, 1992: 73), un mundo donde “la li- quidez… ha producido un movimiento en espiral fuera de control” (Harvey, 1999: 163), un nuevo “imperio” expansi- vo donde la producción de valor es inmensurable (Hardt y Negri, 2000), etc.

Si bien la llamada financiarización del capital sólo pue- de sostenerse con la explotación de millones con miras a la obtención de plusvalía absoluta reproduciendo así la socie- dad de clase, la globalización no puede ser comprendida so- lamente en términos de su concretez, es decir, como una “estrategia política poderosa” (Meiksins Wood, 2000: 112). El reconocimiento de la preeminencia de los aspectos abs- tractos del capital sobre los concretos resulta crucial a la ho- ra de analizar los procesos políticos y económicos, y sobre todo las nuevas formas de la resistencia mundial (Diners- tein y Neary, 2001). Esta nueva forma del capital mundial ha tocado el nivel de la subjetividad. Se ha convertido en un imaginario social que articula el nivel subjetivo con el polí- tico de manera tal que el capital parece fluir, escapar, saltar al futuro sin el trabajo, y en donde se ha abierto un abismo entre los sujetos y las fuerzas “económicas”. Este imagina- rio real (repito real) tiene fundamento en relaciones socia-

El poder de lo irrealizado

les concretas y condiciona enormemente nuestra capacidad de resistencia. ¿Tiene sentido entonces seguir afirmando que el capitalismo siempre ha sido global, negando así la importancia de estas características novedosas en la consti- tución de la subjetividad social?

novedosas en la consti- tución de la subjetividad social? Lo que debemos destacar es, en cambio,

Lo que debemos destacar es, en cambio, la debilidad de la mundialización, es decir el potencial subversivo de la au- toexpansión del capital en su forma más abstracta (deuda externa, crédito, déficit, desempleo). Dicho potencial sub- versivo no proviene de la generación de un ejército de ex- cluidos que, según los argumentos de la derecha y la iz- quierda reaccionarias, constituyen la fuente potencial de re- clutamiento de la subversión. El poder subversivo de la mundialización reside en el hecho de que la intensificación de los aspectos abstractos del capital por sobre los concre - tos no significa ni inmaterialidad ni exclusión sino materia - lidad vital invisible no realizada.

El elemento común presente tanto en Seattle como en Chiapas y General Mosconi, todas ellas luchas ruidosas, dramáticas, físicas, congregantes, es que, en tanto (de)re- construyen subjetividad y atentan contra la expansión ilimi- tada del “sujeto ciego”, abren la posibilidad para reinventar- nos. Cada lucha glocal constituye una pieza importante en el movimiento de resistencia mundial contra la desaparición virtual de los humanos en un mundo cada vez más subordi- nado a los caprichos del dinero global: cada una de estas formas de protesta brindan la posibilidad de realizar, o al menos discutir, las posibilidades de realización de lo irrea- lizado.

Bibliografía

Acuña, Carlos 1994 “Politics and economics in the Ar- gentina in the Nineties (Or Why the Future No Longer Is What It Used to Be)” en Smith, William et al (comps.) Democracy, Markets, and Structural Reform in Latin America (Miami: North-South Center, Univer- sity of Miami).

Aragues, Juan Manuel 1995 “Tiempos de subsunción real. Implicaciones políticas y teóricas del capítulo VI inédito de El Capital, de Marx”, en Papeles de la FIM (Madrid) Nº 3, 2da época.

Cleaver, Harry 1992 “The Inversion of Class Perspecti- ve in Marxian Theory: From Valorisation to Selfvalori- sation” en Bonefeld Wener et al. (comp.) Open Mar - xism (Londres: Pluto Press) Volume II.

Dinerstein, Ana Cecilia y Neary, Michael 2001 (comp.) The Labour Debate: An Investigation into the Theory and Reality of Capitalist Work (Aldershot, Inglaterra y Brookfield, EUA: Ashgate).

Dinerstein, Ana Cecilia 2001a “The Violence of Stabi- lity. The transformation of the Subjectivity of Labour in Argentina” (Coventry: Universidad de Warwick) Tesis doctoral sin publicar.

Dinerstein, Ana Cecilia 2001b “Roadblocks in Argenti- na” en Capital & Class (Londres: CSE) Nº 74.

Dinerstein, Ana Cecilia 2000 “Sujeto y globalización:

la experiencia de la abstracción” en Doxa (Buenos Ai- res) Nº 20.

15

“Sujeto y globalización: la experiencia de la abstracción” en Doxa (Buenos Ai- res) Nº 20. 15

Análisis

16

Dinerstein, Ana Cecilia 1997 “¿Desestabilizando la es- tabilidad? Conflicto laboral y la violencia del dinero en Argentina” en Realidad Económica (Buenos Aires: IA- DE) Nº 152.

Ferrer, Aldo 1999 “La Globalización, la crisis financie- ra y América Latina” en Boron, Atilio et al 1999 (comp.) Tiempos Violentos. Neoliberalismo, globaliza - ción y desigualdad en América Latina (Buenos Aires:

CLACSO – EUDEBA).

Hardt, Michael y Negri, Antonio 2000 Empire (Cam- bridge, Massachusetts y London, England: Harvard University Press).

Harvey, D 1999 (1990) The Condition of Postmoder - nity (Oxford: Basil Blackwell).

Houtart, François 2001 “La mundialización de las resis- tencias y de las luchas contra el neoliberalismo” en Seoa- ne, José y Taddei, Emilio (comp.) Resistencias Mundia - les. De Seattle a Porto Alegre (Buenos Aires: CLACSO).

Iñigo Carrera, Nicolás y Cotarelo, María Celia 2001 “La protesta en Argentina (enero-abril de 2001)” en OSAL (Buenos Aires) Nº 4, Junio.

Marazzi, Christian 1996 “Money in the World Crisis:

The New Basis of Capitalist Power” en Bonefeld, Wer- ner y Holloway, John (comp.) Global capital, national state and the politics of money (London: Macmillan).

Marx, Karl 1990 (1867) Capital (London: Penguin) Vol. 1.

Meiksins Wood, Ellen 2000 “Trabajo, clase y estado en el capitalismo global” en OSAL (Buenos Aires) Nº 1, Junio.

Negri, Antonio 1992 “Interpretation of the Class Situa- tion Today: Methodological Aspects” en Bonefeld Wer- ner et al (comps.) Open Marxism (Londres: Pluto Press) Vol. II.

Negri, Antonio 1989 The Politics of Subversion (Cam- bridge: Polity Press).

Postone, Moishe 1996 Time, labour and social domina - ción. A reinterpretation of Marx’s critical theory (New York: Cambridge University Press).

Seoane, José y Taddei, Emilio 2000 “La conflictividad Social en América Latina” en OSAL (Buenos Aires) Nº 2, Septiembre.

2000 “La conflictividad Social en América Latina” en OSAL (Buenos Aires) Nº 2, Septiembre. / Septiembre
Protesta social en la Argentina de 2001: entre la normalidad y la ruptura Por Adrián

Protesta social en la Argentina de 2001:

entre la normalidad y la ruptura

Por Adrián Scribano* y Federico L. Schuster**

la ruptura Por Adrián Scribano* y Federico L. Schuster** ¿Qué protesta social? L a protesta social

¿Qué protesta social?

L a protesta social se ha convertido en este úl- timo tiempo en una referencia constante de la vida política argentina. Sin embargo, uno puede encontrar abundante protesta social a lo largo de todo el período democrático que

se inicia en 1983 y, contra lo que a veces suele decirse, de modo creciente en los años ‘90. Varios estudios recientes 1 parecen mostrar que en ese período se halló una abundante movilización de recursos colectivos que contrasta con la opi- nión generalizada en el tema. Sin embargo, se halló un alto grado de fragmentación y escasa durabilidad en las protes- tas, lo que parece dar cuenta de la impresión de apoliticidad, escasa participación y disgregación de las demandas socia- les, que habitualmente sostienen muchos estudios. La con- centración del reclamo sindicalizado en los gremios de ser- vicios y estatales, su ligazón estrecha con situaciones espe- cíficas de desguace del estado y su progresivo debilitamien- to, mostraron como contrapartida un crecimiento de la pro- testa de matriz cívica, con un carácter marcadamente diver- sificado y con rasgos claros de localización y singularidad. Por ende, con alta fragmentación y escasas probabilidades de construir sujetos unificados de acción de cierta perma- nencia en el tiempo y extensión en el espacio. ¿Esto está cambiando? Consideremos muy brevemente, por mor del espacio disponible, cómo llegamos a la protesta actual.

Durante la década del ‘90 pueden observarse importan- tes transformaciones en la protesta social en Argentina 2 . Es- pecialmente en lo que se refiere a la mutación de identida- des clásicas asociadas a la movilización social como el sin-

clásicas asociadas a la movilización social como el sin- dicalismo y también –de manera más importante–

dicalismo y también –de manera más importante– la apari- ción de nuevas formas de lucha, nuevos actores y temas in- volucrados en esta forma particular de acción política.

Si se comparan las movilizaciones características de los años previos e inmediatamente posteriores a la democrati- zación en Argentina con las protestas actuales, es sumamen- te difícil negar al menos una serie de características nove- dosas 3 : a. en primer lugar, han aumentado y se han diversi- ficado las acciones de protesta en el país; b. se han multipli- cado las organizaciones de protesta; c. se han modificado los temas y demandas que sostienen las organizaciones y las acciones de protesta; d. han aparecido nuevos formatos de protesta para soportar dichas acciones.

nuevos formatos de protesta para soportar dichas acciones. Si hasta comienzos de los años ‘90 los

Si hasta comienzos de los años ‘90 los sindicatos eran para los gobiernos democráticos la referencia política de la lucha social, desde esa fecha surgieron en la escena argen- tina nuevos actores colectivos que desafiaron de modo cre- ciente las políticas del estado.

17

Análisis

18

Siempre ha habido transformaciones respecto de los ac- tores de la protesta social en la Argentina. Pero, como regla general, los sindicatos han sido el centro de la protesta social desde principios del siglo XX. Es cierto que muchas veces como eje de formaciones más amplias (las masas populares del 17 de octubre de 1945, la resistencia peronista post ‘55, las movilizaciones populares en las principales ciudades ar- gentinas de fines de los ‘60 y comienzos de los ‘70, como el Cordobazo, el Tucumanazo, etc.). En un menor nivel de ac- ciones sistemáticas, y muchas veces acompañando a los sin- dicatos, los estudiantes han sido también sujetos de acción política de protesta en varios pasajes del último siglo.

Quizás una auténtica novedad, realmente diversa del resto de la historia de la protesta social en la Argentina, la constituyan los movimientos de derechos humanos, con las Madres de Plaza de Mayo a la cabeza, en los reclamos con- tra el genocidio de la dictadura militar iniciada en 1976. No cabe duda de que estos movimientos (y particularmente las Madres) han constituido una impresionante fuente simbóli- ca para el desarrollo de los movimientos de protesta poste- riores en la Argentina.

Pero, aun así, puede decirse que en el primer sexenio democrático de este último período post dictadura (1983–1989) los sindicatos constituyeron el eje de la pro-

testa social y la aglutinaron, seguidos por los reclamos aún existentes de los movimientos de derechos humanos. Ya en aquel momento, y ligado a la restauración democrática des- pués de un período de tan violenta represión y cercenamien- to de los derechos civiles por parte de la dictadura

más sangrienta que sufrió el pueblo argentino, el gobierno democrático de- sarrolló una política tole- rante hacia la protesta, la que, salvo deshonrosas excepciones, pudo crecer

como una forma de ex- presión de demandas re- lativamente normalizada y tolerada. El período culminó con una crisis hiperinflacionaria que llevó al presidente Alfon- sín a adelantar la entrega del poder a su sucesor democráti- camente electo, y con saqueos a varios supermercados 4 . Sus protagonistas constituyen la manifestación embrionaria de un actor social y político de nuestros días, los sectores más perjudicados de la Argentina neoliberal: los desafiliados 5 .

Los años ‘90 (la década del presidente Menem) conti- nuaron y profundizaron la crisis. Una primavera económica producida por el dinero de las privatizaciones de empresas públicas ocultó parcialmente el enorme efecto de desocupa- ción que se iba produciendo. Si bien varios sindicatos de

trabajadores del estado manifestaron fuertemente su oposi- ción al modelo en los tempranos ‘90 y fueron sujetos acti-

vos de la protesta social durante la primera mitad de esa dé- cada, no pudieron poner en jaque a la política privatizadora

y fueron vistos por amplios sectores de la opinión pública

como protagonistas melancólicos de una Argentina del pa- sado. Sin embargo, no hizo falta mucho tiempo para que la crisis mostrara sus nuevos rostros: la altísima concentración de la riqueza y la desocupación. Los índices de esta última

treparon a cifras inéditas para el país. Superaron los dos dí- gitos largamente y, hasta hoy, se mantuvieron siempre muy altos. Millones de argentinos sufrieron la precarización la- boral y el empobrecimiento sistemático. Con ello, también

la pérdida de la contención sindical que la situación laboral

regular supone. Desafiliados de las redes sociales y políti- cas sistemáticas, de a poco fueron emergiendo como un ac- tor de potencialidad política. Primero no tuvieron rostro, ra- cionalidad ni capacidad intencional en la ficción de muchos

políticos y analistas. Se habló del riesgo de un estallido so - cial. Pero apenas promediaba la década cuando la protesta social de los desafiliados adquirió rostros y subjetividad. Lugar desde donde apareció con fuerza la problemática de

la visibilidad social de los actores que emergía en relación

con el de la constitución identitaria de los actores colectivos de las aludidas protestas. La lucha por la definición del sen- tido es una de las características de los cortes de ruta o, pa- ra ser precisos, existe en la constitución de dichas acciones colectivas el interés por la definición del sentido socialmen- te válido 6 . Rara vez aislada, en general apareció ligada a protestas de trabajadores ocupados (estatales, docentes, mu- chas veces). Desde el in- terior de la provincia del

mu- chas veces). Desde el in- terior de la provincia del Neuquén (Cutral-Có, Pla- za Huincul)

Neuquén (Cutral-Có, Pla- za Huincul) alcanzó im- pacto regional y trascen- dencia nacional. Fue, ahora sí, duramente repri- mida, y una mujer (Tere- sa Rodríguez) murió al-

canzada por las balas. Pe- ro la semilla prendió. Es- tatales y desocupados del norte argentino (Salta y Jujuy) se irían sumando, siempre con la misma modalidad de acción:

el corte de ruta. Bajo el modelo de los piquetes de huelga, muchos desocupados y estatales de diversas regiones de la Argentina impedían el paso de vehículos en las rutas. Ya no llevaban el nombre de ninguna rama industrial o de servi- cios. Eran las huellas trágicas de una Argentina inédita: con altísima desocupación y desigualdad social. Se llamaron pi - queteros y fogoneros 7 y constituirían una expresión central de la protesta social en la Argentina de la segunda mitad de los ‘90 8 .

Protesta social en la Argentina de 2001

Protesta social en la Argentina de 2001 ¿Cómo estamos hoy? A nadie se le escapa que
Protesta social en la Argentina de 2001 ¿Cómo estamos hoy? A nadie se le escapa que

¿Cómo estamos hoy?

A nadie se le escapa que desde finales de 1999 hasta la fecha se han constatado varios fenómenos convergentes en relación con la protesta social en nuestro país. Entre los más sobresalientes se puede mencionar: a. existe un aumento progresivo y constante del número de protestas sociales; b. los actores que participaban en los cortes de ruta han cons- tituido una organización nacional de piqueteros; c. se visua- lizan algunas convergencias tácticas de diversos grupos en movilizaciones y demandas comunes; d. se puede observar una línea de parcial convergencia discursiva entre los que protestan en Argentina, la acción colectiva global y sectores de la opinión publica respecto de la mundialización, el glo- balismo neoliberal como ideología planetarizada, y el rol de los organismos internacionales de crédito.

El ciclo de protesta 9 que vive la Argentina actualmente es el más importante de todos los acontecidos desde 1983, por la cantidad de protestas, la expansión territorial de las mismas y la cantidad y variedad de sujetos involucrados. Asimismo, resulta de interés notar que quizás este ciclo marca una nueva etapa de las protestas en el país. En efec- to, por primera vez aparecen dos factores que permiten ava- lar esta hipótesis:

a. Los sectores ligados a la desocupación, la subocupa- ción, el trabajo precario, que surgieron como actores de la protesta hacia mediados de la década anterior, muestran por

primera vez formas de organización sistemática y consoli- dación como movimiento social.

b. Los sectores sindicales (fragmentados, es cierto) han recuperado su protagonismo en la protesta social.

Esto marca la apertura de una etapa cuyo desenvolvi- miento es por ahora difícil de prever. Lo dicho no significa que haya un actor único homogéneo. Por el contrario, si ana- lizamos la protesta actual, veremos una gran diversidad de actores con demandas heterogéneas: los desocupados con su desafiliación, los empleados públicos con sus ajustes en cier- nes (entre ellos, los docentes con sus especificidades), los tra- bajadores de empresas privatizadas con sus crisis abiertas (entre las que resalta el conflicto de Aerolíneas Argentinas), los pequeños propietarios urbanos y rurales con sus deudas e hipotecas. Aellos se suman diariamente otros sujetos con re- clamos puntuales, quienes conforman las series de protestas continuas en las grandes ciudades argentinas, más allá de los ciclos de protesta mencionados. Esta diversidad es normal en toda protesta y se la puede reconocer incluso en grandes mo- vimientos revolucionarios de la historia universal. De modo tal, que la diversidad no es necesariamente un obstáculo pa- ra la conformación de un movimiento. Como se dijo, la cues- tión a determinar es el grado de articulación que alcancen las redes de protestas 10 actualmente en curso.

es el grado de articulación que alcancen las redes de protestas 1 0 actualmente en curso.

19

Análisis

20

Los fenómenos que estamos describiendo y caracteri- zando adquieren mayor sentido si se repara en la trama de redes de conflictos que ellos implican. Los conflictos alcan- zan tanto a las esferas política y económica como a la so- cial. Sólo para mencionar los más relevantes se pueden con- signar los siguientes:

En lo político: a. disolución creciente de las mediacio- nes políticas institucionales que se apoyaban en los partidos tradicionales; b. pérdida de legitimidad discursiva del go- bierno del presidente de la Rúa; c. crisis de la Alianza de gobierno; d. la fragmentación y disputa en la oposición, sea en el Justicialismo como en otros partidos; e. el aumento de la visibilidad pública de la corrupción evidenciada desde el arresto del ex Presidente Carlos Menem hasta las denuncias de la diputada oficialista disidente Elisa Carrió.

En lo económico: a. la persistencia y aumento del im- pacto de la recesión; b. incremento del desempleo; c. profun- dización de la precariedad laboral; d. disminución del con- sumo; e. desconfianza generalizada en la capacidad del go- bierno de manejar los problemas económicos; f. una serie de fenómenos micro y macro, financieros y productivos desen- cadenados por los fracasos de las iniciativas del Ministerio de Economía, desde el blindaje hasta el plan de déficit cero 11 .

En lo social: a. aumento de la inseguridad y la delin- cuencia; b. cambios en las redes informales de solidaridad que se habían tejido bajo la aplicación de las políticas socia- les del gobierno anterior; c. profundización de la percepción respecto del aumento de la pobreza y procesos de empobre- cimiento; d. deterioro progresivo de obras y servicios socia- les; e. aparición de modos de auto-percepción social e indi- vidual que conducen a una “precariedad social” caracteri- zada por estar y no estar en la sociedad; es decir, ser ciuda- dano por un tiempo, pero no saber si eso continuará.

ciuda- dano por un tiempo, pero no saber si eso continuará. Luego de esta rápida visión

Luego de esta rápida visión del presente emerge una se- rie de preguntas obvias:

¿Cambiará algo en el escenario actual? ¿Se mantendrá el actual nivel de protestas (alto pero limitado en efec- tos)? ¿Las protestas conducirán a una salida? ¿Pueden convivir tanto conflicto y tan poco orden?

salida? ¿Pueden convivir tanto conflicto y tan poco orden? De síntomas, mensajes y ausencias Como resulta

De síntomas, mensajes y ausencias

Como resulta obvio, no es posible contestar una a una las preguntas formuladas en el espacio del que disponemos, por lo que nos ocuparemos de forma general en la propues- ta de algunas líneas de interpretación al respecto.

Las protestas como síntomas de los conflictos nos con- ducen a pensar en, al menos, las siguientes interpretaciones:

a. Se está consolidando una grieta en la estructuración

social por donde se constata que la legitimación política procesual ya no puede metamorfosear lo que hay de intere- ses económicos en la política de los partidos.

b. Se percibe el afianzamiento de la disolución de los

modos de representación social, gremial y corporativa.

c. Se ha vuelto cada vez más evidente que los planes de

estabilización aplicados desde la política del ministro de la última dictadura, José Alfredo Martínez de Hoz, hasta la ac- tual versión aliancista del ministro Domingo F. Cavallo 12 , han generado la identificación por parte de la gente del neo- liberalismo como ideología de la legitimación.

En tanto mensajes, las protestas permiten centrar la mi- rada en los siguientes puntos problemáticos, como formas que marcan los límites de compatibilidad sistémica:

a. Se han vuelto ineficientes los mecanismos institucio-

nalizados de resolución de conflictos, dejando paso a la po- sibilidad de mayor violencia y represión social.

b. Existe un proceso prolongado de cambios en las re-

glas de inclusión social que generan nuevas y fugaces iden- tidades sociales.

c. Se ha abierto y expandido la constitución de espacios

públicos de encuentro que involucran cambios en la consi- deración social de la definición de la política.

Las protestas sociales también permiten identificar au- sencias que señalan los momentos en los cuales el sistema no se sutura, donde no alcanza el cemento que ligaba hasta hoy a la sociedad:

Protesta social en la Argentina de 2001

a. En el marco de lo ya expuesto las protestas sociales

indican la ausencia de un mecanismo de síntesis social que puede devenir en fragmentación y feudalización de la polis.

acuerdo, diseñen estrategias de acción conjunta hay un pa- so, y por cierto no pequeño. Cuando ello ocurre, cuando los múltiples movimientos de protesta se articulan y forman un gran movimiento, recién entonces conforman un desafío político de gran alcance.

Ahora bien, ¿qué significa todo lo afirmado hasta aquí en

relación con el futuro de la sociedad argentina? ¿Puede espe- rarse algún cambio? ¿Acaso nada pasará? Creemos que esta- mos en presencia del desarrollo de importantes cambios. Para percibirlos como tales hay que desplazar la mirada más allá de lo meramente

coyuntural, epifenoméni- co y superestructural.

b. Del mismo modo, permiten advertir sobre la incapa-

cidad de los grupos y/o alianzas de grupos de establecer un discurso hegemónico.

c. Por otro lado, las protestas dejan ver que los antago-

nistas, los centros de poder y los recursos por los cuales se entra en contienda se han multiplicado y traspasan el territorio nacional.

se han multiplicado y traspasan el territorio nacional. La protesta social es un fenómeno planetario, hay

La protesta social es un fenómeno planetario, hay protestas sociales en casi todos los países del

mundo. Esto se debe a que ningún sistema políti- co agota en su representa- ción todos los intereses sociales, los que, por otra parte, tampoco están dados de una vez y para siempre como un conjunto completo, sino que se construyen y amplían todo el tiempo. Así se ve incluso en sociedades opulentas (las eu- ropeas o la norteamericana), donde muchos suponen que no hay protestas, porque la mayoría de la población logra sa- tisfacer sus necesidades básicas ampliamente.

Lo fundamental que señalan las protestas socia-

les es que cada vez más in- dividuos y grupos sociales se percatan de que la emancipación es una meta y que puede alcanzarse si se lucha por “ausentar ausencias”, esto es, por refundar los espacios po- líticos hoy rotos en una nueva construcción de subjetividad. Esta construcción es posible, en la medida en que los espacios de la protesta fortalezcan las redes de acción y produzcan en su interior la demanda de una nueva representatividad política.

Esto es, siempre hubo, hay y habrá intereses, necesida- des y concepciones distintas y confrontadas respecto de la vida social entre miembros diversos de una sociedad. Dicho de otro modo, el mundo social no habrá de ser nunca un to- do homogéneo, armónico y de suyo completo.

Pero resultará claro que cuando las necesidades básicas de amplios sectores sociales están puestas en cuestión, la desigualdad social aumenta a niveles inéditos, el sistema político se vuelve incapaz de dar respuestas mínimas a los reclamos sociales y, como sucede en nuestro medio, la pro- testa se intensifica. Esto se da particularmente en socieda- des que han conocido un grado de desarrollo capitalista re- lativo y donde los sujetos han pasado de una condición obrera estable a una inmensa precarización laboral y social.

Al respecto, sin embargo, es interesante resaltar que la protesta no supone un sujeto único y homogéneo. Esto es, cuando en un momento en una sociedad (como hoy en la nuestra) se producen muchas protestas al mismo tiempo, ello no significa necesariamente que exista un gran movi- miento social uniforme detrás de todas ellas. Más bien lo usual es que haya diversos movimientos de protesta alenta- dos, cada uno de ellos, por el desarrollo de los demás. De allí a que esos movimientos se articulen, se pongan de

La protesta social es un modo de ruptura del orden so- cial regular, pero al mismo tiempo puede convertirse en un modo cuasi normal de la práctica política en los márgenes del sistema político. En esa cornisa entre la normalidad y la ruptura camina hoy la protesta social. En su propia apari- ción hay algo que cambia. ¿Cuánto de nuestra sociedad cambiará a partir de la protesta? El aumento de los mecanis- mos de control, a partir de la actual coyuntura internacional, puede ser un factor que aumente las condiciones para la re- presión de las protestas, sumado esto a la preocupación que cada tanto afecta a la clase dominante respecto del desarro- llo creciente de la protesta. En estas condiciones, ¿prevale- cerán los aspectos de normalidad de la protesta social o, por el contrario, su potencialidad de ruptura encaminará a la Ar- gentina hacia un nuevo escenario social y/o político?

Sólo la historia futura, en su contingencia, nos permiti- rá conocer la respuesta a estas preguntas.

nos permiti- rá conocer la respuesta a estas preguntas. Bibliografía Melucci, Alberto 1996 Challenging Codes.

Bibliografía

Melucci, Alberto 1996 Challenging Codes. Collective Action in the Information Age (Cambridge: Cambridge University Press).

OSAL 2001a Observatorio Social de América Latina (Buenos Aires) Nº 4, Junio.

21

Análisis

OSAL 2001b Observatorio Social de América Latina

Tarrow,

Sydney

1997

Poder

en

movimiento

(Madrid:

(Buenos Aires) Nº 3, Enero.

Alianza).

22

OSAL 2000a Observatorio Social de América Latina (Buenos Aires) Nº 2, Septiembre.

OSAL 2000b Observatorio Social de América Latina (Buenos Aires) Nº 1, Junio.

Pelacoff, Javier y Pereyra, Sebastián 1999 “Transformaciones en las formas de acción colectiva: protestas sociales y espacio público”, ponencia presentada en IV Jornadas Nacionales de Investigadores en Comunicación (San Salvador de Jujuy, Universidad Nacional de Jujuy, FHyCS).

PIMSA2000 Documentos y Comunicaciones (Buenos Aires:

PIMSA).

PIMSA1999 Documentos y Comunicaciones (Buenos Aires:

PIMSA).

PIMSA1998 Documentos y Comunicaciones (Buenos Aires:

PIMSA).

PIMSA1997 Documentos y Comunicaciones (Buenos Aires:

PIMSA).

Schuster, Federico L. y Pereyra, Sebastián 2001 “Las transformaciones de la protesta social en la Argentina democrática. Balance y perspectivas de una forma de acción política”, en Giarracca, Norma y Bidaseca, Karina (editoras) La protesta social en Argentina. Transformaciones económicas y crisis social en el interior del país (Buenos Aires: Alianza Editorial).

Schuster, Federico L. 1999 “Social protest in Argentina today: is there anything new?”, en Josep Muñoz, Jordi Riba (Editores) Treball i Vida en una economia global (Barcelona:

Edicions Llibreria Universitaria).

Schuster, Federico L. 1997 “Protestas sociales y represión a la oposición política”, en Informe anual de la situación de los derechos humanos en la Argentina (Buenos Aires: CELS).

Scribano, Adrián 2000 “Política, Protesta y Movimientos Sociales en la Argentina”. Comunicación presentada en el Taller ‘Movimientos Sociales y Representación Política’/IV Jornadas de Sociología, Universidad de Buenos Aires, Facultad de Ciencias Sociales, Preparatorias del III Encuentro por un Nuevo Pensamiento de CTA; Instituto Gino Germani, Lunes 6 de Noviembre 2000.

Scribano, Adrián 1999 “Argentina cortada: ‘cortes de ruta’ y visibilidad social en el contexto del ajuste”, en López Maya, M. (editora) Lucha popular, democracia, neoliberalismo:

protesta popular en América popular en los años del ajuste. (Caracas: Nueva Visión).

Scribano, Adrián 1998 “De La Voz Al Espacio: Los Cortes de Ruta y Derechos Humanos”, en Red de Filosofía y Teoría Social, Cuarto Encuentro (Secretaría de Ciencia y Tecnología de la Universidad Nacional de Catamarca).

y Tecnología de la Universidad Nacional de Catamarca). Notas 1 Véase por ejemplo Scribano, 1999; Schuster,

Notas

1 Véase por ejemplo Scribano, 1999; Schuster, 1997, 1999;

Schuster y Pereyra, 2001; PIMSA 1997, 1998, 1999 y 2000; OSAL, 2000a, 2000b, 2001a, 2001b.

2 Seguimos en esta caracterización a Schuster y Pereyra, 2001.

3 Si bien se reconoce alguna dificultad para la caracterización de

“novedosas” de las prácticas a las que se aluden, el espacio del que se dispone impide una discusión adecuada de la temática.

4 Más allá de la posible discusión teórica si a los saqueos se los pueda considerar o no protestas.

5 Intentamos jugar aquí con la expresión político partidaria

argentina de los que no pertenecen más, de los que no están más en padrón, aquellos que son puestos fuera.

6 Para la relación entre identidad personal e identidad colec- tiva véase Melucci 1996.

7 Los piqueteros sostienen el corte de ruta, los fogoneros la participación popular.

8 Sobre cortes de ruta véase Scribano 1998,1999, 2000.

9 El concepto de ciclo de protesta remite a una modalidad que

suele tener la protesta social, la que suele incluir períodos de creciente en el número e intensidad de las protestas y otros de bajante. Véase al respecto, Tarrow, 1997.

10 El concepto de redes de protesta indica una función que

permite vincular acontecimientos de protesta diversos en vir- tud de sus parecidos de familia. Dicho vínculo se sitúa tanto en una dimensión sincrónica, en la medida en que pueda de- tectarse una confluencia significativa de acontecimientos, co- mo en una diacrónica en virtud de la correspondencia entre distintas protestas situadas en un eje histórico. Al respecto véase Pelacoff, J. y Pereyra, S., 1999.

11 Desde comienzos del año 2001, y a través de la gestión de

tres ministros de Economía sucesivos, el gobierno argentino desarrolló diversas estrategias financieras para intentar hacer frente a una crisis monumental. El blindaje fue un intento por garantizar la solvencia del Estado, a través de fondos de ga- rantía otorgados por organismos internacionales. Más tarde se intentaría un canje de bonos de deuda a corto plazo por otros a más largo plazo (megacanje) y finalmente una política de recorte de gastos en el Estado (déficit cero).

12 El actual Ministro de Economía del gobierno de la Alian-

za fue también Ministro del anterior Presidente, el justicialis- ta Carlos Menem, durante varios años y es el autor del Plan de Convertibilidad del Peso argentino con el Dólar america- no, aún en vigencia.

Una aproximación al movimiento de desocupados en el marco de las transformaciones de la clase

Una aproximación al movimiento de desocupados en el marco de las transformaciones de la clase obrera en Argentina

Por Verónica Maceira* y Ricardo Spaltenberg**

E n las últimas décadas hemos presenciado

cambios importantes en las formas que

asume la protesta social en la Argentina en

correspondencia con las transformaciones

que tuvieron lugar en las condiciones de

estructuración de las clases subalternas.

En la historia de las luchas sociales en el país, fue el conflicto laboral el que desempeñó tradicionalmente un pa- pel destacado. Recordemos que, a diferencia de la gran ma- yoría de los países de América Latina, el mercado de traba- jo en la Argentina se caracterizó por sus bajas tasas de de- sempleo. Este fue sin duda uno de los factores estructurales decisivos para que se constituyera, durante la primera mitad del siglo pasado, un movimiento obrero con organizaciones poderosas que pudieron encontrar en la huelga un instru- mento altamente eficaz a la hora de luchar por sus intereses. En correspondencia con la composición del actor colectivo que la instrumentaba, el conflicto laboral se localizaba así en forma dominante en las provincias del polo industrial tradi- cional, en el sector privado, y en particular en la industria.

En tales circunstancias, y a pesar de los sucesivos im- pedimentos, las organizaciones de la clase obrera se consti- tuían una y otra vez como un factor político decisivo. A la eliminación de este “obstáculo” apuntó de manera casi ex- plícita la última dictadura militar, cuya política hizo explo- tar este mecanismo a través de la desindustrialización, aun- que ello no significó un aumento significativo e inmediato de la tasa de desocupación. Así, durante el gobierno consti-

la tasa de desocupación. Así, durante el gobierno consti- tucional que siguió a la dictadura y
la tasa de desocupación. Así, durante el gobierno consti- tucional que siguió a la dictadura y

tucional que siguió a la dictadura y ante la crisis interna del Partido Justicialista, el sindicalismo volvió a constituirse como un actor político relevante. Hasta fines de la década del ochenta los niveles de conflictividad laboral se mantu- vieron relativamente altos con la utilización de la huelga, nuevamente, como el instrumento de lucha sustantivo (Palomino, 1987; Mcguire, 1991).

Durante el primer tramo de la gestión menemista se producen dos marcas significativas en relación a los niveles de conflictividad laboral de la década anterior: si en el pri- mer año se alcanza un pico que los supera ampliamente, en- tre 1991 y 1993 los registros se ubican sistemáticamente por debajo de aquellos. Al margen de los factores más co- yunturales que pudieron contribuir a esta caída (tales como los episodios hiperinflacionarios de 1989 y 1990, o el im- pacto de las radicales políticas de reforma implementadas

23

Análisis

24

por el gobierno justicialista), la retracción del conflicto la- boral expresó entonces transformaciones de más largo pla- zo, que a su vez configuraron los rasgos que asume el con- flicto laboral hasta el presente (Spaltenberg, 1996).

partir de entonces, las sucesivas protestas de los desocupa- dos se extienden por todo el interior del país, vinculándose en términos generales a la demanda de continuidad o expan- sión de dichos planes.

Al respecto, es necesario apuntar algunos elementos. En primer lugar, como decantación del proceso de desin-

dustrialización que se inicia durante la dictadura, se venía verificando ya una soste- nida disminución del pe-

so relativo de los conflic- tos sindicales de la indus- tria en particular y del sector privado en general. En segundo lugar, la caí- da del nivel del conflicto laboral se relaciona es-

trictamente y en forma inversa con el aumento de la desocupación, cuya tasa ya duplicaba en ese entonces las tasas imperantes hasta la década del setenta. Por último, el cambio sectorial de los conflictos, sumado a la crisis de los estados provinciales, tuvo su correlato en el mayor pro- tagonismo que fueron tomando los trabajadores estatales y en el consecuente desplazamiento de la mayor intensidad del conflicto hacia el interior del país.

Junto con los sujetos también se fueron transformando las formas de lucha. En efecto, a partir de 1991 y hasta el presente se evidencia un paulatino avance en la utilización de instrumentos de lucha demostrativos, ya sea acompañan- do a la huelga o con independencia de ella. Ante las crecien- tes restricciones para apelar a medidas de fuerza con inte- rrupción del vínculo de trabajo, la expresión del conflicto tiende a salirse del ámbito laboral para realizarse en territo- rios más favorables.

El año 1994 significó un punto de inflexión en el proce- so de las luchas sociales. Pero este ascenso no estuvo ligado exclusivamente al conflicto estrictamente laboral, que no volvió a alcanzar la intensidad característica de las décadas anteriores (Spaltenberg, 1996; Iñigo Carrera y Cotarelo, 2000; Iacona y Pérez, 1999-2002). En el marco de los nive- les inéditos alcanzados por la desocupación abierta y la su- bocupación, el rasgo novedoso del período que se inicia es la incorporación de aquí en más de otro protagonista, los de- socupados, utilizando centralmente el corte de ruta como forma de lucha. Ciertamente el corte de ruta no ha sido de uso exclusivo de los desocupados, pero la particularidad en este caso es que se trata de la única medida de fuerza a su disposición, y del instrumento de lucha que les permite ins- talarse en la escena nacional. La recurrencia de este tipo de protesta, en un inicio geográficamente acotada, estuvo sin duda en la base del desarrollo de programas de empleo. A

En el último año observamos un nuevo hito en el plano

del conflicto social: a través de la realización de dos asam- bleas y planes de acción de alcance nacional, el movimien- to de desocupados logra instalarse como un actor

colectivo en ese plano. Y lo hace de la mano de la fuerte activación de la protesta en el conurbano bonaerense. En ese senti- do, la maduración de las experiencias de organiza-

ción y de lucha en esa re- gión parecen haber signi- ficado un impulso político decisivo para la conformación del movimiento como actor nacional.

La protesta vuelve entonces a instalarse con fuerza tam- bién en el otrora centro productivo sin abandonar la perife- ria, hacia la que se había desplazado en los noventa. Pero ya no es a través de aquel movimiento obrero que tenía en los metalúrgicos su punta de lanza. Su imagen es ahora la de una multitud marchando desde los barrios más humildes del conurbano hacia la Capital Federal. Pero ¿qué es, social- mente, esta multitud?

Federal. Pero ¿qué es, social- mente, esta multitud? Elementos para una caracterización social Los medios

Elementos para una caracterización social

Los medios masivos de comunicación los presentaron como los pobres y excluidos. Esta representación plana de la “exclusión” es alimentada no sólo en los medios sino también en parte de la producción académica local, espe- cialmente en aquélla que se ha centrado en el estudio foca- lizado de la pobreza, dejando de lado el carácter social de quienes la padecen y de quienes la producen. Nuestra hipó- tesis es que esta presentación de “la pobreza” deja en pe- numbras a las líneas de continuidad entre las experiencias de clase de quienes actualmente son presentados como mar- ginales y el conjunto de los trabajadores del país, contribu- yendo en esa dirección, a fortalecer una imagen de frag- mentación creciente al interior de las clases subalternas.

Se torna así relevante conocer si los participantes del movimiento de desocupados y en general, los asistidos por planes gubernamentales de empleo, pueden ser caracteriza- dos como población marginal o si, por el contrario, sus histo- rias laborales personales y/o familiares permiten indicar su pertenencia a fracciones obreras anteriormente incorporadas

y/o familiares permiten indicar su pertenencia a fracciones obreras anteriormente incorporadas / Septiembre 2001

Una aproximación al movimiento de desoculpados

a la producción. La importancia de un acercamiento de rigor

a la caracterización del movimiento de desocupados no se

funda sin embargo en un interés exclusivamente académico. Por el contrario, entendemos que la misma puede fortalecer a los actores directamente involucrados a la hora de la cons- trucción y la reflexión sobre su acción corporativa y política.

Avanzaremos en algunas respuestas a estas preguntas a partir de los resultados preliminares de un estudio realizado específicamente en el partido de La Matanza 1 .

En base a este trabajo podemos concluir que una parte im- portante de los varones participantes y beneficiarios de planes de empleo, en particular los mayores de treinta años 2 , son tra- bajadores que han sido asalariados, y si bien no han estado ocupados en los sectores más dinámicos ni en puestos de altas calificaciones, no pueden ser considerados marginales. Por el contrario, muestran trayectorias laborales anteriores estables, con rasgos compartidos ampliamente por la clase obrera de la región. Asimismo, el conjunto presentaba, cuando ocupados, una alta tasa de sindicalización como tendencia firme a lo lar- go de sus vidas laborales, aunque mayormente sin participa- ción gremial activa. Estos elementos, que también caracterizan la cultura sindical dominante, revelan en principio una expe- riencia previa que los predispondría a encuadrarse en organi- zaciones que representen sus intereses económicos inmediatos. Junto a ellos se encuentran jóvenes 3 con escasa inserción esta- ble anterior, mayormente sin experiencias significativas como trabajadores fabriles y sin tradición de encuadre sindical.

Entre los desocupados jefes de hogar encontramos pre- dominantemente ex-obreros fabriles, y se hacen presentes, complementariamente, trabajadores de la limpieza no do- méstica y algunos empleados del comercio de alimentos. No forman parte de este universo los trabajadores de cuello blanco. Los desocupados fabriles han estado empleados en

mayor medida en las ramas consideradas típicamente de la “primera sustitución” (intensivas en mano de obra y pro- ductoras de bienes “salario”, con preeminencia de alimen- tos y textiles) y ocuparon, en menor medida, puestos en la industria metalúrgica, del papel, del cuero y las telecomuni- caciones, ramas que tuvieron su momento de expansión en períodos relativamente posteriores a las ya mencionadas. Estos hombres han desarrollado la mayor parte de su vida laboral en condiciones que suponían la experiencia de coo- peración prolongada entre muchos trabajadores: las tres cuartas partes del universo han trabajado en establecimien- tos medianos y grandes. Asimismo, en sus ocupaciones an- teriores la mayoría ha alcanzado como máximo un nivel de calificación operativa, mientras que una cuarta parte ha rea- lizado, en lo sustantivo, tareas no calificadas.

Sin embargo, y éste es un elemento relevante, incluso entre los mayores de treinta años con trayectorias laborales estables, el lapso de tiempo que media desde el quiebre de sus trayectorias hasta el presente es relativamente prolonga- do. Podemos estimar que en casi la totalidad de los jefes de hogar, este punto de inflexión ha sido hace más de dos años, con un promedio de cuatro años y llegando hasta ocho y diez años en trabajadores de más edad. En esa dirección, ca- be entonces la pregunta de qué significa esta extensión tem- poral, tanto en términos de sus trayectorias como, en otro nivel, en términos de la formación de la clase obrera.

En términos de las trayectorias laborales entendemos que, para los mayores de treinta años, esta extensión tempo- ral es indicativa de que la discontinuidad de su inserción co- mo ocupados estables tiende a asumir un carácter irreversi- ble. Por lo menos para una parte de los menores de treinta años, esto significa que difícilmente compartan las experien- cias de clase que, en generaciones anteriores, fueron consti- tutivas de la fracción social de la que ellos mismos proceden.

25

anteriores, fueron consti- tutivas de la fracción social de la que ellos mismos proceden. 25 /

Análisis

26

En términos de la formación de la clase, no podemos adelantar conclusiones que merecerían una investigación de mayor aliento. Sin embargo, en tanto la información con- textual sobre el mercado de trabajo no señala otra cosa, los elementos apuntados son indicativos no sólo de cambios biográficos sino de la transformación histórica de los espa- cios sociales que estos hombres personificaban. Lo obser- vado supone, en primer lugar, la destrucción del conjunto de relaciones sociales en que estos trabajadores estaban in- volucrados: relaciones de explotación de las que eran obje- to por parte del capital y relaciones sociales de cooperación con otros trabajadores en la que entraban forzosamente co- mo consecuencia de su relación con el capital. Esto signifi- ca la destrucción de fuerzas productivas y la transformación social de parte de una clase.

En este marco, cabe también preguntarse cómo ha ope- rado este proceso en términos de la constitución subjetiva de este sector. No podemos avanzar aquí en forma conclu- siva en esta compleja pregunta pero quisiéramos adelantar algunos elementos en estrecha vinculación con el orden de problemas ya planteados.

En primer lugar, podemos decir que nuestros entrevista- dos consideran que comparten su suerte con el resto de los desocupados y en ese sentido orientan su acción. No sólo más de dos tercios están organizados territorialmente, participan de las reuniones de desocupados aunque sea pocas veces, y reivindican el papel de las organizaciones de desocupados en la distribución de los planes de empleo, sino que un porcen- taje aún mayor estaría de acuerdo con que se forme un sindi- cato de desocupados y se afiliaría al mismo, y el 100% parti- cipa de las acciones de lucha llevadas a cabo, en especial de los sucesivos cortes de ruta (contrastando con sus pobres ni- veles de participación gremial activa anteriores).

de los trabajadores, las posiciones actualmente distintas en el mundo del trabajo no parecen obstaculizar en principio,

y para los desocupados, la construcción de solidaridades al

interior del proletariado. Por el contrario, el 80% considera que su lucha cuenta con el apoyo de los trabajadores ocupa- dos y se solidariza a su vez con los reclamos de los trabaja- dores ocupados en lucha.

con los reclamos de los trabaja- dores ocupados en lucha. Consideraciones finales La clase obrera mantiene

Consideraciones finales

La clase obrera mantiene su lugar central en las luchas sociales del período, pero se trata ahora de una formación muy distinta a la de años atrás. Como puede apreciarse,

nuestra perspectiva al abordar el ejercicio presentado ha si- do la de considerar que las clases y las fracciones de clase no se definen solamente por su actualidad y coyuntura, sino también por su historicidad. A partir de ella hemos observa- do, por un lado, que muchos trabajadores desocupados son los mismos que compartieron con otros las experiencias que hacen a la estructuración inmediata de una clase obrera es- table. Por otro lado, entendemos que la magnitud de los cambios ocurridos en las últimas décadas parece negar pa-

ra parte de estos trabajadores la continuidad de dichas expe-

riencias. Esto es especialmente inquietante, en perspectiva, para las nuevas generaciones que muestran trayectorias la- borales tan tempranamente frustradas.

Son estos trabajadores quienes aparecen en el nuevo si- glo como la imagen del proletariado, aquellos que no sólo han sido ya separados de sus condiciones materiales de vi- da sino que efectivamente no tienen nada que perder. Es de esta condición social de donde deriva su radicalidad, y no del haber asumido tal radicalidad como determinación polí- tica a partir del conocimiento de las causas del proceso que conlleva su aniquilamiento social.

Se ha argumentado reiteradamente que los procesos de heterogeneización de los trabajadores suponen una diferen-

ciación de sus intereses inmediatos con la consiguiente di- ficultad para estructurar actores colectivos que sostengan sus demandas tanto cor- porativamente como a

través de la intervención plenamente política. Des- de la perspectiva subjeti- va de parte de los desocu- pados de La Matanza, las distintas relaciones en las que están involucrados

comienzan a suponer también una diferencia- ción de intereses con respecto a los trabajadores ocupados. Sin embargo, y ésta es una observación que estimamos re- levante en términos de la construcción de una organización

Las relaciones de importantes sectores de la población con el ámbito de lo político se reducen crecientemente a su

participación en las redes clientelísticas de los aparatos parti- darios que buscan asegu- rar su voto. Esto a su vez

puede anclarse en las con- diciones estructurales a las que estos sectores son re- ducidos. Desplazados de su posición en el sistema productivo, sólo les resta demandar directamente al

estado. Carentes de recur- sos mínimos a partir de los cuales asegurar su propia existencia, toda participación políti- ca que no conduzca a algún alivio a su situación carecería de sentido desde la perspectiva de estos sectores.

conduzca a algún alivio a su situación carecería de sentido desde la perspectiva de estos sectores.

Una aproximación al movimiento de desoculpados

Una aproximación al movimiento de desoculpados Es en este marco que las organizaciones de desocupa- dos

Es en este marco que las organizaciones de desocupa- dos comenzaron a ensayar formas alternativas de distribu- ción de los planes de empleo, forzando la lógica clientelar supuesta en la existencia misma de los planes de asistencia social. Estas formas involucran un primer intento de cons- trucción de criterios de justicia más autónomos basados en relaciones de solidaridad entre iguales y en la valorización de la participación activa en la lucha común. En qué medi- da estas organizaciones llegarán a significar un punto de in- flexión en la relación que estos sectores de la población mantienen con el ámbito de lo político es todavía un inte- rrogante abierto.

De lo que no quedan dudas es del avance que supone su constitución como actor colectivo nacional. Y resulta signi- ficativo que este paso se haya dado simultáneamente con una fuerte determinación para romper el aislamiento social impuesto a los desocupados. Esta determinación se observó no sólo en el plano de la acción, en tanto su primer plan de lucha nacional involucró ya la articulación con otras frac- ciones sociales, sino también en el salto reivindicativo que supuso pasar de la demanda de planes de empleo a la lucha contra el ajuste y la política de déficit cero. En el mismo sentido, si bien no cuentan con la solidaridad activa del con- junto del movimiento obrero, han logrado multiplicar las re- laciones interorganizacionales al interior del movimiento de desocupados como también con otras organizaciones de la clase obrera. Esto plantea nuevos desafíos y dilemas tanto para las organizaciones de desocupados como para el movi- miento obrero en su conjunto.

Para las organizaciones de desocupados, estos dilemas se reflejan en un cambio del sentido de su instrumento cen- tral de lucha, el corte de ruta. De una parte, la necesidad de quebrar su aislamiento articulando sus planes de lucha con otras fracciones ha derivado en el hecho de que el corte de ruta vaya adquiriendo un carácter simbólico dejando de la- do su utilización como medida de fuerza. Ello conlleva a su vez el peligro de reproducir, al interior del movimiento, el aislamiento hacia aquellas fracciones que se rehúsan a re- signar el carácter de medida de fueza de los cortes. Por otra parte, es innegable que capitalizar los efectos políticos de un corte de ruta como medida de fuerza a nivel nacional su- pondría una fuerza social que las organizaciones de desocu- pados difícilmente constituyan en forma aislada.

27

Para el movimiento obrero, el avance en la lucha de los desocupados significó un claro aporte de vitalidad. En ese sentido, la oportuna decisión de una parte de las organiza- ciones obreras de impulsar el desarrollo de la organización territorial fue un buen reflejo de una política que intenta for- mularse asumiendo las profundas transformaciones sufridas por la clase. Dicha atención de lo territorial no debería des- plazar la importancia de la organización y la lucha en los lu- gares de trabajo. Si se dejase de lado la formulación de una política específicamente gremial que sepa hacer uso del po- der social que se deriva de las posiciones que los trabajado- res ocupan, la presencia sindical en los lugares de trabajo pasaría a ser meramente testimonial.

Análisis

BibliografíaAnálisis Iacona, Juan y Pérez, Sandra 1999-2002 “Informe estadístico de conflictividad laboral”, Ministerio de

Iacona, Juan y Pérez, Sandra 1999-2002 “Informe estadístico de conflictividad laboral”, Ministerio de Trabajo, Empleo y Formación de Recursos Humanos, (Buenos Aires) varios números.

Iñigo Carrera, Nicolás y Cotarelo, María Celia 2000 “La protesta social en los ‘90. Aproximación a una periodización” en Documento de Trabajo (Buenos Aires: PIMSA) N° 27.

Mcguire, James 1991 Strikes in Argentina, 1983-89: a Research Note (Middletown, Connecticut-USA: Wesleyan University).

Palomino, Héctor 1987 Los conflictos laborales bajo el gobierno constitucional (Buenos Aires: Fundación F. Ebert).

Spaltenberg, Ricardo 1996 Conflictos laborales en Argentina: 1984-1994 (Buenos Aires: Instituto Gino Germani de Investigaciones de la Facultad de Ciencias Sociales. UBA) inédito.

28

Notasde la Facultad de Ciencias Sociales. UBA) inédito. 28 1 Se entrevistaron un total de veinticinco

1 Se entrevistaron un total de veinticinco varones participan- tes de los programas de empleo, que cumpliesen con el requi- sito de ser jefes de hogar (atributo este último que los benefi- ciarios comparten mayoritariamente) y, complementariamen- te, cinco entrevistados no jefes de hogar (de ambos sexos) co- mo información contextual. En la realización del muestreo se

procedió en forma sucesiva, circunscribiendo primero el mar- co al segundo cordón del partido y seleccionando al azar y a partir de los registros de los planes de trabajo, un conjunto de proyectos y luego, dentro de los mismos, a los entrevistados.

2 En relación a las trayectorias de los diecinueve entrevista-

dos mayores de treinta años, podemos sintetizar que: un total de trece entrevistados fueron trabajadores estables, desarro- llando en una sola rama de actividad prácticamente toda su vida laboral adulta anterior a la caída en el desempleo prolon- gado. Diez de ellos, en un mismo lugar de trabajo (durante períodos que varían de ocho a treinta y cinco años según los casos y la edad del entrevistado) y otros tres en más de un es- tablecimiento (por períodos que van de siete a doce años y sin desempleo prolongado intermedio). Por su parte, seis entre- vistados presentan una mayor movilidad entre distintas ocu- paciones, establecimientos y ramas de actividad, en tres ca- sos, con períodos de permanencia en un solo puesto de más

de ocho años. Tres de estos entrevistados habían tenido un de- sempleo de más de seis meses en otro tramo anterior de sus trayectorias.

3 Diferentes son las trayectorias de los seis jefes de hogar me-

nores de treinta años: sólo dos han tenido empleos con una continuidad de tres años o más en su vida adulta, en ocupa- ciones no fabriles. Tres han tenido sólo inserciones efímeras. Sus trayectorias contrastan abiertamente con las que, a esa misma edad, tenían los jefes de hogar mayores ya analizados. Las trayectorias de estos jóvenes son, en términos generales, similares a las de aquellos beneficiarios no jefes de hogar en- trevistados, quienes a su vez pertenecen a este grupo etario.

beneficiarios no jefes de hogar en- trevistados, quienes a su vez pertenecen a este grupo etario.
Un “Rosario” de conflictos. La conflictividad social en clave local Por Gloria Beatriz Rodríguez* Raza

Un “Rosario” de conflictos. La conflictividad social en clave local

Por Gloria Beatriz Rodríguez*

Raza de Abel, duerme, bebe y come; Dios te sonríe complaciente. Raza de Caín, en el fango Arrástrate y muere miserablemente

Abel y Caín, de Rebelión, Baudelaire 1

L as características de la protesta social actual expresan las profundas conmociones pro- vocadas por la última reestructuración capi- talista que –buscando la recomposición de la tasa de ganancia a través de la aplicación

de políticas neoliberales– redefine las relaciones capital-tra- bajo. Estas transformaciones han sido acompasadas por cambios culturales sustentados en nuevos contenidos del sentido común, generando un “estilo” donde el mercado se naturalizó como deux ex machina de la vida cotidiana (Bo- ron, 2000; Rodríguez, 2001). Si la sociedad fue bombardea-

da con la insistencia en los beneficios del respeto a la natu - raleza de los mercados –los cuales tenderían a buscar su pi- so y punto de equilibrio– desde el poder no se reconocieron como naturales las respuestas sociales esgrimidas ante la ofensiva neoconservadora. Saqueos, huelgas, cortes de ruta

y otras manifestaciones han sido consideradas acciones ‘ex-

temporáneas’ y hasta declaradas ilegales. En otras palabras,

el discurso y las acciones han querido ocultar que el partido

tiene al menos dos grandes equipos, y que en el campo de juego 2 las fuerzas rivales intentan desempatar 3 .

Si el sistema capitalista se ha reestructurado para man- tenerse en pie, es esperable que las masas desposeídas tam- bién lo intenten. Para eso ensayan nuevas formas de pelea, buscan nuevas formas de organización, pero también otor- gan nuevos significados a viejas estructuras organizativas recuperando aquellas hebras del tejido aún vigorosas y componiendo una textura que permita resistir y cambiar la relación de fuerzas. En la medida en que el estado ha sido una pieza fundamental en el proceso de reestructuración ca-

una pieza fundamental en el proceso de reestructuración ca- pitalista, las luchas populares se han dirigido
una pieza fundamental en el proceso de reestructuración ca- pitalista, las luchas populares se han dirigido

pitalista, las luchas populares se han dirigido fundamental- mente contra él.

La protesta social en Rosario se vincula estrechamente

con las crisis generales; sin embargo, guarda las particula- ridades propias de lo concreto, remitiendo a la peculiar combinación de la multiplicidad causal que se presenta en los fenómenos sociales. Para ello, tomando palabras de Marx (1985), “nos pareció mejor estudiar aquellos que fa-

]estudiar

acerca de la forma de fa-

brican sombreros, que [ bricar sombreros”.

Los casos que presentaremos manifiestan ánimo de composición y recomposición de tramas basadas en la par- ticipación activa y protagonismo en la toma de decisiones. Trabajadores mercantiles que buscan mantener su fuente de trabajo apoyándose en una comisión de acción gremial que se desarrolla y se sostiene no en oposición sino en el seno de un sindicato de tradición delegativa; estudiantes univer- sitarios que generan una nueva instancia de organización independiente de los aparatos burocráticos, y “piqueteros” que desarrollan acciones centrífugas y centrípetas enfren- tando al estado al mismo tiempo en que garantizan su sub-

29

Análisis

30

sistencia inmediata. Los tres casos presentan “estilos” no- vedosos de protesta y organización, recuperan –en distinta medida– experiencias fértiles de sus tradiciones y dirigen sus demandas al estado, mostrando el carácter contradicto- rio y dialéctico de la historia.

Analizando el caso argentino, Eduardo Basualdo (2000) se plantea si la reestructuración capitalista y la re- vancha clasista que conlleva pueden actuar como un impe- dimento insalvable para el desarrollo y el crecimiento eco- nómico en el mediano plazo. En la misma línea –atendien- do la relación íntima, aunque no exclusiva, entre las trans- formaciones económicas y las sociopolíticas– nos pregunta- mos si será posible superar la situación en que se encuen-

capacidad de convocatoria no significa, sin embargo, partici- pación acrítica ni incondicional, lo que induce a estas organi- zaciones a un reposicionamiento respecto de las confrontacio- nes que provoca el modelo emergente proponiendo alternati- vas que intentan constituirse en otro polo representacional, susceptible de alcanzar diferentes niveles de adhesión social.

de alcanzar diferentes niveles de adhesión social. Tomando el “pulso” local Rosario es uno de los

Tomando el “pulso” local

Rosario es uno de los aglomerados más importantes de la Argentina. Hasta mediados de los ‘70 se desarrolló allí una intensa actividad industrial, comercial y portuaria al- bergando a una poderosa clase trabajadora protagonista de

bergando a una poderosa clase trabajadora protagonista de tran la clase trabajadora y los sectores populares,

tran la clase trabajadora y los sectores populares, ya sea por el debilitamiento o por la crisis de las organizaciones polí- ticas y gremiales que otrora los contenían 4 . El sindicalismo argentino conservó durante un largo período la legitimidad que le otorgó la capacidad de negociación, confrontación y control sobre las políticas laborales.

Hoy, aún debilitado por los cambios estructurales y el desprestigio, es todavía el vehículo de resistencia de la mayo- ría del pueblo, como lo demuestra el poder de convocatoria que han tenido los llamamientos a las huelgas generales. Esa

importantes acciones colectivas. La “Resistencia” a la Re- volución Libertadora en 1955; el “Rosariazo” en 1969 y el “Rosariazo del hambre” –nombre con el que denomina a los acontecimientos signados por los saqueos de 1989– repre- sentan mojones de la irrupción popular en la escena social que han cuestionado, hecho tambalear o desplazado a los gobiernos de turno. La fisonomía del cordón industrial del Gran Rosario acusó los golpes del proceso de desindustria- lización iniciado durante el gobierno militar de 1976, mos- trando el rostro del desempleo, el subempleo, la precariza- ción y la marginalidad.

Un “Rosario” de conflictos

Actualmente, el escenario urbano presenta diferentes sectores en conflicto –trabajadores estatales y privados, es- tudiantes, jubilados, piqueteros, mujeres en lucha por la de- fensa de la vivienda única, etc.– jaqueados por la presión de un índice de desocupación del 20%.

Si bien la confianza, la representación y la participa- ción son preocupaciones centrales de los sectores en lucha,

casi todas las últimas huelgas generales convocadas por las centrales obreras 5 han te - nido la característica de

paro activo, con movili- zación y protagonismo de los trabajadores. La exis- tencia en el plano local de una Multisectorial que reúne a las centrales de trabajadores, junto con

gremios independientes y otros sectores populares, permite la organización de acciones conjuntas que tienden

a fortalecer las demandas 6 , independientemente de los ali- neamientos existentes a nivel nacional.

las repeticiones, las variantes, las simetrías: diez años des- pués, muchos de esos trabajadores vuelven a protagonizar la misma historia, y no como farsa, sino otra vez como tragedia.

Se ha desarrollado un comportamiento gremial que otor- ga centralidad a la recuperación de los puestos de trabajo ge-

nerando estrategias que vehiculizan la unificación de las pro- testas con distintos sectores gremiales y sociales, y generan lazos de reciprocidad entre distintos sectores que garantizan la presencia constante en la “toma” y la permanen-

cia del apoyo solidario. En este sentido se reactivó –por miembros de la co- munidad universitaria– un Centro Cultural que exis- tía en tiempos de El Hogar Obrero, y se estudia la po-

sibilidad de instalar un co- medor universitario en acuerdo con la Universidad Nacional de Rosario. La recupe- ración de los puestos simbolizaría un gol para la clase traba- jadora y para quienes comienzan a indicar un sendero de có- mo organizar democráticamente una lucha.

un sendero de có- mo organizar democráticamente una lucha. Tomaremos tres experiencias que muestran la comple-

Tomaremos tres experiencias que muestran la comple- jidad de la conflictividad social local.

muestran la comple- jidad de la conflictividad social local. Trabajadores en lucha por sus puestos de

Trabajadores en lucha por sus puestos de trabajo: el “Proyecto Alternativo de Reactivación” de los trabajadores del ex Hipermercado El Tigre S.A.

En este caso, el conflicto se acelera con la convocatoria

a concurso preventivo y posterior quiebra de la firma, preci-

pitando la pérdida de los puestos de trabajo. Frente a esta si- tuación, un importante local céntrico de la empresa fue ocu- pado por los empleados para impedir el vaciamiento de la misma. Luego de sostener la protesta con reclamos forma- les, manifestaciones y cortes de calles que acompañaron la ocupación, los trabajadores generaron la propuesta de cons- tituir un Mercado Comunitario (Sociedad del Estado) admi- nistrado por un ente compuesto por representantes de los go- biernos provincial y municipal y que cuenta con el respaldo de amplios sectores sindicales, políticos, religiosos, corrien- tes universitarias, el Honorable Concejo Deliberante 7 de la ciudad y, fundamentalmente, la simpatía de la población.

El predio ‘tomado’había pertenecido a la cadena de su- permercados de la Cooperativa El Hogar Obrero, desapareci-

da en 1990, cuando los trabajadores ocuparon el local duran-

te meses, y en una lucha memorable sostuvieron el conflicto

hasta lograr el traspaso empresarial y la conservación de los puestos de trabajo. Afirma Borges que al destino le agradan

Las autoridades aún no se han definido. En tanto, el con-

flicto se desarrolla en un “tire y afloje” donde no está ausente la novedosa “criminalización de la protesta social”, citándose

a declarar a varios trabajadores bajo el cargo de usurpación.

Una aspecto gravitante en esta experiencia es que parte de estos trabajadores venían participando en la constitución de una Comisión de Acción Gremial en el seno de la Aso- ciación Empleados de Comercio de Rosario 8 . Esta Comi- sión de activistas surge cuando los conflictos con los super- mercados se sucedían ininterrumpidamente 9 y se fue fra- guando en la lucha por la vigencia de la Ley de Descanso Dominical. En ese transcurso comienza un proceso de pro- tagonismo gremial de los empleados, que anteriormente de- legaban sus demandas en las distintas oficinas del sindica- to, iniciándose una “apropiación” de las experiencias y la resolución protagónica de las problemáticas gremiales.

La Comisión se ha desarrollado promoviendo la movili-

zación, la difusión de sus demandas, llevando su solidaridad

a otros sectores en lucha e incorporando cada vez más miem-

bros en la discusión y decisión de las actividades 10 . Lo distin- tivo no es sólo su funcionamiento, participativo y democráti- co, sino que se constituye como un lugar de encuentro y transmisión de experiencias provenientes de culturas obreras diferentes, ya sea por proceder de distintos gremios o por per- tenecer a franjas etarias distantes. Una herramienta de traba- jo del grupo es la publicación La hoja mercantil, cuyo conte- nido se discute en las reuniones y cuya distribución se reali-

31

Análisis

32

za mano en mano, garantizando un estrecho contacto con el conjunto del gremio 11 . Esta publicación difunde los proble- mas de los trabajadores mercantiles, llama a la solidaridad con otros gremios en lucha y relata alguna anécdota cotidia- na que remite a la apropiación de las experiencias. Es en la difusión de estas ‘anécdotas’ donde se revitalizan hebras de la experiencia social que no están totalmente destruidas, que demandan la atención de los críticos sociales y que muestran, como decía Santiago Wallace, que “en algún nivel se están gestando espacios posibles de resistencia.” (Wallace, 1997).

espacios posibles de resistencia.” (Wallace, 1997). Estudiantes universitarios: entre el rechazo a los

Estudiantes universitarios: entre el rechazo a los ‘aparatos’ y el temor a la dispersión

Aprobada en el mes de julio la Ley Déficit Cero, el ajuste cae principalmente sobre los jubilados y empleados estatales 12 . Con un descuento inicial del 13% en sus sala- rios, los docentes universitarios inician un proceso de lucha que aún se extiende, en contra del ajuste presupuestario y por la defensa de la universidad pública.

Si bien se trata del más importante conflicto de alcance nacional, nos interesa tratar el surgimiento de las Coordina- doras de Lucha en la Universidad Nacional de Rosario (UNR) por el carácter masivo de la participación y movili- zación –fundamentalmente estudiantil– y por el cuestiona- miento furibundo hacia los aparatos burocráticos.

Con la determinación de generar espacios autónomos de deliberación para la defensa de la universidad pública y gratuita se forma La Coordinadora de Lucha Interclaustro en la Facultad de Humanidades y Artes, iniciándose un pro- ceso de participación masiva que se hace extensivo a otras facultades. “Paremos el ajuste cambiando el sistema” es la consigna de una bandera gigante que cuelga en la entrada de la facultad, pintada por estudiantes que comenzaron a sen- tirse protagonistas de las asambleas, clases públicas, peñas, marchas, batucadas e incontables actividades, entre las que sobresalieron el abrazo al Monumento Nacional a la Bande- ra –con miles de personas repudiando la política guberna- mental– y la creativa puesta en escena “UNR Liquida” 13 .

La característica sobresaliente de las Coordinadoras –ya en plural al propagarse la modalidad organizativa a otras fa- cultades– fue el rechazo al burocratismo de los Centros de Estudiantes, pero extensivo a cualquier encuadramiento par- tidario o representación que subsumiera o redujera la diná- mica colectiva del proceso. “Ni un partido político, ni una institución estatal podrían haber llevado a cabo esta expe- riencia. Quienes hicieron esto son aquellos que no llevan adentro la rutinaria militancia de la mesita y el panfleto; los que se dan el lujo de pensar la realidad de mil formas distin-

tas y eso no les impide hacer [

antes y un después en el movimiento estudiantil.”, señala un estudiante en el Boletín de Las Coordinadoras.

Sin duda todo esto fija un

]

Ciertamente, una constelación de heterogeneidades her- manadas bajo el común rechazo a las formas tradicionales de hacer política encuentra su lugar en las Coordinadoras. El arco iris va desde la resistencia a todo tipo de representación a la pretensión de conformarse como lista alternativa que dispute la conducción de los centros estudiantiles. Abruma- dos por la participación directa en innumerables tareas vota- das en las asambleas y angustiados por la inexperiencia, los estudiantes reflexionan sobre la dinámica de sus propias prácticas repasando esta experiencia en donde asoman dis- tintas proyecciones alternativas o superpuestas: la Coordina- dora como locus de democracia directa; la Coordinadora co- mo espacio efervescente desde donde se derraman la creati- vidad y la autodeterminación; la Coordinadora como lista para las próximas elecciones de centros estudiantiles.

La complejidad de los procesos sociales muestra que al tiempo de constituirse como el lugar de encuentro de las he- terogeneidades anti-burocráticas, las Coordinadoras han si- do también un espacio de organización y de poder incipien- tes. Se han organizado para protestar, para proponer nuevas formas de producción académica, para hacer banderas, afi- ches y volantes, para editar un boletín, para recaudar fon- dos, para manejar esos fondos, para solidarizarse con los

para editar un boletín, para recaudar fon- dos, para manejar esos fondos, para solidarizarse con los

Un “Rosario” de conflictos

trabajadores que luchan, para aportar fondos a los trabaja- dores que luchan. Han mostrado su capacidad de convoca- toria frente al oficialismo y, sin embargo, persiste un terri- ble temor a proponerse y reconocerse como lo que en los hechos son: una alternativa política, inexperta, débil, en for- mación, pero altamente saludable.

débil, en for- mación, pero altamente saludable. El movimiento piquetero local Un conjunto de

El movimiento piquetero local

Un conjunto de particularidades que se observan a ni- vel local respecto de los piqueteros, previene sobre el uso de categorías acabadas. Es decir, no queremos realizar defi- niciones que eviten la ‘fatiga de la investigación empírica’, la que siempre nos muestra y nos demuestra que los proce- sos sociales son dinámicos y no existen las formas puras. En ese sentido, nos referiremos por el momento y proviso- riamente, a los piqueteros en la ciudad de Rosario.

No es poco frecuente que se los considere como nuevos sujetos sociales colectivos que desarrollan actividades de re- sistencia. Pero el término piqueteros alude a conjuntos que se sustancian histórica y locativamente en formas diferentes. No son lo mismo los trabajadores de la General Motors que con un piquete en día de huelga impiden el ingreso a la fábrica, o los que cortan la ruta demandando la reincorporación de des- pedidos, que los piquetes barriales cortando rutas o calles en demanda de planes de trabajo, o los que se realizan en las puertas de los supermercados pidiendo alimentos, etc.

Todos son, sin embargo, un modo de protesta que se ha generalizado al ritmo de la presión del desempleo.

El movimiento de piqueteros en Rosario está coordina- do por Federación de Tierra y Vivienda (FTV) de la que par- ticipan la rama Barrios de la Central de Trabajadores Argen- tinos (CTA), la Corriente Clasista y Combativa (CCC), y co- munidades eclesiásticas. Se organizan a través de Centros Comunitarios, desde donde dirigen sus demandas al estado.

La Federación de Tierra y Vivienda se afirma en Rosa - rio durante el año 2000 con la Marcha Grande, y el Seguro de Empleo y Formación. Nació alrededor del problema de los asentamientos irregulares, pero actualmente “mantener, sostener y conseguir los planes de empleo” 14 constituye el motor fundamental de todas las peleas y el punto de en- cuentro de todos los sectores que conforman la Federación.

No se trata de un nucleamiento homogéneo: la composi- ción de los grupos varía en virtud de las tradiciones que por- tan. En los barrios donde la mayoría de la población es es- tructuralmente pobre, salir a pedir comida para la olla del Centro Comunitario es una actitud natural, pero en aquellos otros que están habitados por trabajadores –activos o desocu-

que están habitados por trabajadores –activos o desocu- pados– con tradiciones de clase, el orgullo y

pados– con tradiciones de clase, el orgullo y la vergüenza de- legan la demanda en manos de las mujeres, quienes salen a la calle a resolver la inmediatez del problema del alimento 15 .

33

Se organizan en reuniones abiertas donde participan re- presentantes de distintos barrios, siendo más numerosas aquellas en que se discute la obtención de planes de empleo. En su demanda, se han realizado movilizaciones conjuntas de todos los sectores de la Federación a través de marchas, cortes e instalaciones de carpas.

Los centros comunitarios y la participación crecen cuan- titativamente, y al reclamo de planes de empleo se suman de- mandas de bolsones de comida en supermercados o en orga-

nizaciones gremiales dispuestas a distribuirlas. El encuentro diario para comer se fue dando naturalmente, encaminándo-

para nosotros es bueno,

aunque ese

se como espacio de contención. “

porque de hecho la gente no come en sus casas

, no sea nuestro objetivo final”, señala un dirigente.

Si el problema fundamental es el aseguro del alimento, esto sería un indicador de que se trata de una lucha de con - sumidores que plantea expectativas diferenciales respecto de su dinámica política. El tipo de reclamo cita a los saqueos producidos en la ciudad de Rosario en 1989, donde –en me- dio de una crisis inflacionaria sin precedentes– una marea humana se volcó a los supermercados en procura de alimen-

Análisis

tos. Para entonces, el cordón industrial de Rosario y Gran Rosario estaba profundamente afectado por el proceso de desindustrialización, y los índices de desocupación ascendían al 14%.

lamiento y desarrollar la participación, pero aún son insufi- cientes. Rosario es una constelación de conflictos que apa- recen como manchones en la geografía local. Do- centes universitarios, do -

centes provinciales, tra- bajadores del estado, de la industria láctea, de la carne, automotrices, por- tuarios, mercantiles, estu-

diantes, piqueteros, mu- jeres en defensa de la vi- vienda única, gays, jubi- lados, relampaguean alternativamente. En ocasiones, la po- tencia de algunos de estos sectores ilumina suficientemente el panorama y convoca a la unidad, pero aún no llegan a de- sencadenar la tormenta.

la unidad, pero aún no llegan a de- sencadenar la tormenta. Actualmente el cor- dón industrial

Actualmente el cor- dón industrial es un lejano recuerdo, y la ciudad ocu- pa el segundo lugar nacio-

nal en número de desocu- pados, llegando los gua- rismos al 20%. “Las auto- ridades no toman conciencia de que el estallido que se vie- ne es mucho peor que el del ‘89”, afirmó el padre Joaquín Núñez. “Mientras que en aquel momento había una situa-

ción política especial que dio marco a los saqueos, ahora la

la sociedad está paralizada y

gente sólo pide comida (

existe una gran alarma por el futuro que se viene”, declara en el marco del Primer Encuentro de Capellanes Hospitala- rios del Cono Sur 16 .

),

de Capellanes Hospitala- rios del Cono Sur 1 6 . ), Bibliografía Azpiazu, D. y Nochteff,

Bibliografía

Azpiazu, D. y Nochteff, H. 1995 El desarrollo ausente. Restricciones al desarrollo, neoconservadorismo y eli - te económica en la Argentina. Ensayos de Economía Política (Buenos Aires: Flacso –Tesis/Norma).

Basualdo, Eduardo 2000 Concentración y centraliza - ción del capital en la Argentina durante la década del noventa (Buenos Aires: UNQuilmes, Flacso, Idep.).

Boron, Atilio 2000 Tras el búho de Minerva. Mercado contra democracia en el capitalismo de fin de siglo (Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica).

Bourdieu, Pierre 1995 Respuestas. Por una antropolo - gía reflexiva (México: Grijalbo).

Chomsky, Noam 1995 Política y cultura a finales del Siglo XX (Barcelona: Ariel).

Marx, K. y Engels, F. 1985 (1932) La ideología alema - na (Buenos Aires: Pueblos Unidos).

Rodríguez, Gloria 2001 “Notas para pensar el ordena - miento natural de la economía y la naturaleza de las respuestas sociales. La ley natural de la oferta y la de- manda, reserva de mercados y privatizaciones en la Ar- gentina”, en Revista de la Escuela de Antropología N° V, en prensa.

Vakaloulis, Michel 2000 “Antagonismo social y acción colectiva” en OSAL (Buenos Aires) N° 2, Septiembre.

Wallace, Santiago 1997 “ Trabajo y subjetividad. Las transformaciones en la significación del trabajo”. Actas de las Jornadas de Antropología de la Cuenca del Pla - ta (Rosario: Escuela de Antropología-UNR).

¿Por qué no se han producido revueltas al estilo del ‘89? La situación objetiva se presenta como un escenario propi- cio, y el tema de los saqueos es constante en los barrios, don- de ya resultan insuficientes las políticas asistencialistas que

Un aspecto a estudiar –entre otros– es el encauce que ofrecen las organizaciones como la FTV, que sin la intención de actuar como elemento de contención “(canalizan) la cosa

por el lado de la organización. En el ‘89 no había organizacio-

nes de este tipo en los barrios

vienen los saqueos. No hay una instancia más intermedia” 17 .

“si no hacemos los piquetes,

”,

intermedia” 1 7 . “si no hacemos los piquetes, ”, Poder saber, saber hacer Atendiendo los

Poder saber, saber hacer

Atendiendo los profundos procesos de cambio social, es necesario más que nunca investigar los contenidos cuali- tativos de las acciones que permitan establecer regularida- des explicativas. La discusión es crucial y puede progresar dentro de los contextos donde se producen los conflictos. Quedan muchos interrogantes a trabajar. Entre ellos, cuál es el contenido y el límite político de estas demandas dirigidas principalmente al estado.

Ya se ha planteado el problema de la fragmentación de las protestas como un rasgo característico de los movimien- tos sociales que obstaculiza la unidad (Vakaloulis, 2000). No se trata de una cuestión menor, ya que “Si se consigue aislar a la gente lo suficiente, no importa en realidad lo que piense” (Chomsky, 1995) La experiencia local muestra el desarrollo de comportamientos que intentan superar el ais-

34 el estado implementó a partir de los sucesos de 1989.

Un “Rosario” de conflictos

Un “Rosario” de conflictos Notas 1 Baudelaire reconoce en Caín, desde su comprensión li- bre de

Notas

1 Baudelaire reconoce en Caín, desde su comprensión li-

bre de los desheredados, al fundador de la raza proletaria.

2 También para P. Bourdieu (1995) los sistemas de cla-

sificación constituyen la postura de luchas que oponen “a los individuos y los grupos en las interacciones ruti- narias de la vida cotidiana, lo mismo que en las con- tiendas individuales y colectivas que se verifican en los campos de la política y de la producción cultural”. Un campo es un espacio de conflictos y competición, don- de se busca imponer un tipo específico de autoridad, de manera de poder decretar jerarquías y “tasas de conver- sión” entre las diversas autoridades del campo.

3 Azpiazu y Nochteff (1995) sostienen que durante la

etapa de la industrialización sustitutiva de importacio- nes lideradas por empresas transnacionales (ISIET) se asistió a un empate social que acotó el comportamien- to de la élite en el marco de un proceso industrial rela- tivamente dinámico.

4 Planteamos el término ‘contención’en el doble senti-

do de inclusión morigeradora de asimetrías y de sofre- no de comportamientos explosivos.

5 Confederación General del Trabajo (CGT); CGT Re-

belde, ambas en proceso de unificación y Central de Trabajadores Argentinos (CTA).

6 La Multisectorial está integrada por la Confederación

General del Trabajo (CGT), la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), gremios independientes, organis-

mos de derechos humanos, Federación Universitaria de Rosario (FUR), Federación Agraria, Asociación de Pe- queños y Medianos Empresarios (APyME) y partidos políticos.

7 “El Honorable Concejo Municipal expresa su respal-

do a las gestiones que llevan adelante los trabajadores

del Supermercado Tigre (Tucumán 1349) con el objeti- vo de sostener sus puestos de trabajo y concretar un emprendimiento económico que dé respuesta a sus ne- cesidades. Antesalas, 24 de septiembre del 2001”.

8 Un dato de importancia cuantitativa y cualitativa es

que la Asociación Empleados de Comercio es la enti- dad sindical numéricamente más importante de la ciu- dad, agrupando alrededor de 26.000 afiliados activos.

9 Ver “Los constructores de estrategias sindicales. La es-

tructuración de la experiencia social de trabajadores en si- tuación de conflicto en la ciudad de Rosario a fin de mi-

lenio”, ponencia presentada por Julián Gindin, Gloria B. Rodríguez y Julia Soul, en la III Reunión de Antropolo- gía del Mercosur (RAM)-Misiones, noviembre de 1999.

10 Estas actividades consisten en actos; movilizaciones convocando a todos los sectores gremiales y populares; charlas sobre salud y legislación laboral; cine-debate; cursos sobre historia de movimiento obrero argentino; convocatorias a la participación de intelectuales y profe- sionales; participación solidaria en los conflictos de otros gremios o sectores populares; participación en las convocatorias realizadas desde instituciones académicas de la universidad o agrupaciones universitarias. El tipo

35

realizadas desde instituciones académicas de la universidad o agrupaciones universitarias. El tipo 35 / Septiembre 2001

Análisis

36

de funcionamiento recuerda las modalidades y conduc- tas de los inicios del movimiento obrero. A los cursos asisten los trabajadores, pero con la difusión previa de la bibliografía, de manera que la participación es suma- mente activa, lo que les permite reflexionar fértilmente sobre sus propios procesos. Un hecho significativo es la conmemoración del 1 de mayo, donde anualmente se entona La Internacional y las palabras del Secretario General insisten en que se trata de un día de lucha, con- quistado con la sangre obrera.

11 El sindicato, por su parte, edita el periódico Unión

desde hace varias décadas.

12 La Ley de Déficit Cero implica una reducción del

déficit fiscal que afecta el salario de los trabajadores es- tatales y los haberes jubilatorios. Como el gasto del es- tado depende directamente de la evolución de los ingre-

sos públicos, que como consecuencia de la caída del consumo que provoca el ajuste se ven mermados, la cri- sis se retroalimenta permanentemente.

13 Refiere a una instalación urbana que, al modo de super-

mercado callejero, entre otras cosas, ofrecía el “Shampoo Ideal”, con dogma incluido, que “protege tu cabeza contra la realidad social, dejándolo dócil y fácil de manejar”, o tí- tulos inéditos como “Más allá del arancel” o “Lo que el FMI se llevó”. En la carpa de la Federación Universitaria de Rosario (FUR) “se montó el ‘Despelotero’, donde el

juego era ‘tirarse la pelota entre sí y no hacerse cargo’ Boletín de la Coordinadora, septiembre/octubre.

14 Palabras de un dirigente de la CTA Barrios. Entre -

vista 11-9-01.

15 En una entrevista reciente un dirigente de la CTA Ba-

rrios, plantea que “son diferentes las realidades de los

barrios y las distintas culturas que hay en los distintos barrios. Hay barrios donde son pobres estructurales, años de vivir en la villa, y que tienen una forma de re-

busque ya

muchachos que sale con el carrito a las cinco de la ma-

ñana, llega a eso de las once del mediodía y tiene pollo, carne, y lo cambia con el que fue a manguear al merca- do verdura o lo vende por un peso, y con ese peso él se

compra otras cosas (

donde la mayoría eran laburantes hasta hace seis o siete años atrás, del frigorífico, talleres, eran obreros califica- dos y que se quedaron sin trabajo. Entonces ahí no está armado el tema de salir a bancar el sustento diario con

no de

este tipo de cosas y donde hay una cuestión de

Digamos: pasa un carrito y viene uno de los

)

y en otros barrios como el mío,

orgullo ¡bah!, es de orgullo, también, de decir: no voy a pedir. Y hay que rearmar todo eso porque la realidad te muestra que si no pedís no comés”.

16 Diario El Ciudadano, Rosario, 11 de septiembre de

2001.

17 Dirigente de la FTV, entrevista 17-10-01.

Diario El Ciudadano, Rosario, 11 de septiembre de 2001. 17 Dirigente de la FTV, entrevista 17-10-01.
Documentos del Conflicto P RIMERA A SAMBLEA N ACIONAL DE O RGANIZACIONES P OPULARES ,

Documentos del Conflicto

PRIMERA ASAMBLEA NACIONAL DE ORGANIZACIONES POPULARES, TERRITORIALES Y DE DESOCUPADOS

El 24 de julio de 2001 se realiza la Primera Asamblea Nacional de Organizaciones Popu- lares, Territoriales y de Desocupados en el galpón de la parroquia del Sagrado Corazón, perte- neciente a una congregación salesiana, en el partido de La Matanza, Pcia. de Buenos Aires. Es- te encuentro, que tuvo lugar a casi dos semanas del anuncio gubernamental del paquete de me- didas bautizado “Déficit Cero”, constituyó, por primera vez, un espacio de coordinación a ni- vel nacional, de las organizaciones y colectivos de trabajadores desocupados que en el pasado habían protagonizado intensas protestas, pero de carácter local.

Impulsada por la Federación de Tierra, Vivienda y Hábitat, de la Central de Trabajadores Argentinos (FTV-CTA), el Movimiento de Desocupados de la Corriente Clasista y Combativa (CCC), el Polo Obrero, entre otras organizaciones, la asamblea convocó la participación de re- presentantes de grupos de trabajadores desocupados de casi todo el país, así como también de desalojados del Bajo Flores, encargados de comedores escolares, jubilados, docentes bonae- renses, de la Universidad de Buenos Aires y vecinos autoconvocados.

A continuación presentamos el plan de lucha surgido de la misma.

RESOLUCIONES DE LA PRIMERA ASAMBLEA NACIONAL DE ORGANIZACIONES POPULARES, TERRITORIALES Y DE DESOCUPADOS

37

• Realizar cortes progresivos en las principales 50 rutas del país a partir del martes próximo, 31 de agosto y de 48 y 72 horas para los martes siguientes.

• Reclamar la liberación de los presos sociales.

• Rechazar el plan de ajuste del gobierno nacional, adoptado para lograr el déficit cero.

• La conservación de todos los planes “Trabajar”, y la adjudicación de nuevos planes para los jefes y jefas de familia desocupados.

La Matanza (Pcia. de Buenos Aires) 24 de julio de 2001

Documentos

SEGUNDA ASAMBLEA NACIONAL DE ORGANIZACIONES POPULARES, TERRITORIALES Y DE DESOCUPADOS

El martes 4 de septiembre se realiza la Segunda Asamblea Nacional de Organizaciones Populares, Territoriales y de Desocupados convocada por las principales organizaciones de desocupados, nuevamente en las instalaciones de la parroquia del Sagrado Corazón, en el Partido de La Matanza, Pcia. de Buenos Aires.

En la misma estuvieron presentes más de 2000 personas integrantes de la Federación de Tierra, Vivienda y Hábitat (FTV-CTA), del Movimiento de Desocupados (CCC), del Polo Obrero, del Movimiento Territorial Liberación (MTL), del Movimiento “Teresa vive”, del Movimiento Teresa Rodríguez, organizaciones de General Mosconi (Pcia. de Salta), de La Quiaca (Pcia. de Jujuy), de Río Cuarto y Cruz del Eje (Pcia. de Córdoba), de Catamarca, de Chaco -entre otras-, así como representantes de distintos movimientos de desocupados de diferentes regiones y localidades del país.

A continuación presentamos las resoluciones adoptadas en esta asamblea.

RESOLUCIONES DE LA SEGUNDA ASAMBLEA NACIONAL DE ORGANIZACIONES POPULARES, TERRITORIALES Y DE DESOCUPADOS

38

Los trabajadores aquí reunidos planteamos como objetivos inmediatos de nuestra lucha:

Los reclamos de nuestro plan de lucha, que están hoy más vigentes que nunca: la de-

rogación del ajuste expuesto en la ley del déficit cero y la libertad y el desprocesamiento de los luchadores.

El retiro del proyecto de presupuesto que consagra la profundización de la masacre so-

cial de nuestras familias y nuestros hijos.

La defensa y la extensión de los planes de empleo y comida a cada trabajador desocupado

mayor de 16 años, estableciendo el reempadronamiento masivo bajo el control de las organizacio- nes de esta Asamblea nacional, rechazando la disminución de las asignaciones y el pago en bonos.

Cien pesos por hectárea para los pequeños y medianos chacareros para poder sembrar.

Prohibición de despidos y suspensiones.

Retiro inmediato de la Gendarmería de General Mosconi.

Convocamos, como continuidad de nuestro plan de lucha, a:

1) Cortes de ruta a lo largo y ancho de todo el país por 24 horas, desde las 12 hs. del jueves 6 de septiembre hasta las 12 hs. del día siguiente, con cortes de acceso a las plantas industriales, por puestos genuinos de trabajo, confluyendo el viernes 7 con el paro nacional y movilización de los trabajadores estatales.

2) Asambleas piqueteras en cada provincia, municipio o distrito para unirnos con todo el movimiento obrero y popular en lucha o enfrentado al régimen, y deliberar juntos para actuar por nuestras reivindicaciones y plantear una salida nuestra frente a la crisis, desde ahora mismo.

3) Corte de ruta por 36 hs., desde las 12 hs. del jueves 20 hasta el día siguiente, para con- fluir en la Plaza de Mayo y en las plazas de cada provincia y localidad, en una gran tribuna

Organizaciones Populares, Territoriales y de Desocupados

de lucha por la derogación del ajuste, del presupuesto del hambre y por la libertad y despro- cesamiento de los luchadores.

4) Convocar a una tercera Asamblea Nacional abierta a todas las organizaciones de tra- bajadores en el mes de octubre, con el método planteado aquí de un representante cada 20 compañeros organizados, ocupados o no, para resolver la continuidad de nuestro plan de lu- cha y un programa de salida a la crisis. Para este programa, esta Asamblea enarbola cinco ideas fundamentales:

• No al pago de la deuda externa ilegítima y fraudulenta.

• Reestatización de las AFJP 1 .

• Renacionalización de los bancos y empresas estratégicas.

• Condonación de la deuda usuraria a los chacareros pequeños y precio sostén en origen para ellos.

• Fuera el régimen hambreador; no al gobierno de salvación nacional, que es sólo un re- cambio en las propias filas de los ajustadores.

5) Reclamar y organizar un paro activo nacional de 36 horas y la huelga general.

6) Constituir en esta misma Asamblea una Mesa de coordinación nacional. De su seno surgirá una Mesa de Enlace con las centrales de trabajadores. La primera tarea de esta Mesa será, con la mejor disposición posible, buscar puntos de coordinación con las iniciativas ela- boradas y puestas en marcha por la Central de Trabajadores Argentinos.

1 Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones.

La Matanza (Pcia. de Buenos Aires) 4 de septiembre de 2001

39

de Fondos de Jubilaciones y Pensiones. La Matanza (Pcia. de Buenos Aires) 4 de septiembre de
F RAGMENTOS DE ENTREVISTAS A L UIS D’E LÍA (FTV-CTA) Y J UAN C ARLOS

FRAGMENTOS DE ENTREVISTAS A LUIS D’ELÍA (FTV-CTA) Y JUAN CARLOS ALDERETE (CCC)

Apartir de mediados del año 2000 comienzan a realizarse los primeros cortes masivos de la ruta nacional N° 3, en el populoso partido de La Matanza, en el conurbano de la Pcia. de Buenos Aires. Protagonizados por trabajadores desocupados de la zona en reclamo de “planes Trabajar”, partidas alimentarias, puestos sanitarios –entre otras demandas–, los mismos fueron organizados conjuntamente por la Federación de Tierra y Vivienda (FTV) de la Central de Trabajadores Argen- tinos (CTA) y por el Movimiento de Desocupados de la Corriente Clasista y Combativa (CCC).

La experiencia de este movimiento en La Matanza –que protagonizó, en los primeros me- ses de 2001, dos importantes movilizaciones a la Ciudad de Buenos Aires y realizó en mayo un extendido corte de ruta de diecisiete días– jugó un papel significativo en la convocatoria y organización de las asambleas nacionales de desocupados, cuyas resoluciones presentamos an- teriormente.

Durante los actos y asambleas que se suceden en los piquetes, los dirigentes de estas dos organizaciones, Luis D’Elía (FTV-CTA) y Juan Carlos Alderete (CCC), realizan sus discursos “a dúo”, compartiendo de a fragmentos el hilo expositivo. La significación de esta novedosa práctica los ha llevado incluso a adoptarla en algunos actos en la Plaza de Mayo de la Ciudad de Buenos Aires.

Intentando reflejar este espíritu, presentamos a continuación fragmentos de las declaracio- nes que realizaran Juan Carlos Alderete –ante medios periodísticos el 21 de junio de 2001– y Luis D’Elía –extraídas de un comunicado de prensa de la CTA de la primera semana de agos - to del presente año.

40

Juan Carlos Alderete (21 de junio de 2001):

“Nos venimos organizando desde hace 3 años. Tenemos 16 barrios unidos que funciona- mos en asambleas, con delegados con mandato revocable. En el día de hoy salimos a cortar la ruta para asegurar que sea un paro total, para repudiar el terrible ajuste que está sufriendo el pueblo y en particular nuestro reclamo es mayor presupuesto para todos, los planes sociales, por los Planes Trabajar, por los Planes Bonaerenses y también por un subsidio para todos los desocupados del país.”

“Tratamos de confluir con los compañeros obreros que están activos, en la práctica. En- tendemos que hoy los gremios le hacen tener miedo, nosotros confluimos en la práctica cuan- do se cierra alguna fábrica o se quiere echar. Lo venimos haciendo con los pequeños comer- ciantes, acá en La Matanza, los martes con los comerciantes de Isidro Casanova y eso ha he- cho que no puedan poner el Supermercado Coto. A nivel nacional, tenemos que ir a un gran movimiento de todos los desocupados que hoy son más de 2.500.000 y 2 millones de subocu- pados. Debemos dejar atrás los intereses sectoriales y sectarios para poder confluir con este movimiento.”

“Nosotros somos conscientes de que el movimiento de desocupados es transitorio, para in- sertarnos nuevamente en el mercado laboral. La única manera que los desocupados vuelvan a las fábricas es cambiando esta política, porque es la misma aplicada desde la dictadura que hi- zo desaparecer 30.000 personas, la siguió Menem y ahora la sigue de la Rúa. Sabemos que si sigue esta política y este gobierno, van a seguir estos planes. Pero nosotros tenemos que co- mer salteado, los Planes Trabajar nos sirven para ir paleando la difícil situación que tenemos, pero también para ir organizándonos, porque muchas veces se habla de dignidad pero la dig- nidad comienza en si uno tiene para comer o no.”

Fragmentos de entrevistas

Luis D’Elía (6 de agosto de 2001):

“Hay algo que sabemos: grandes sectores de la clase obrera ahora están en los barrios:

son los desocupados. Una de las trampas de este gobierno es pretender que las organizacio- nes barriales sean “espontáneas”. No. No lo son. No se podrían organizar cortes el mismo día y al mismo tiempo en todo el país, tal como lo venimos haciendo, de manera espontánea. Es- tamos organizados”.

“Y esta organización tiene muchos esfuerzos, muchos años de construcción. Cuando co- menzamos hace más de una década, el problema fundamental de la gente era la vivienda, era

tener la tierra para construir su casa y ponerse al amparo de las vicisitudes: era la época de la

ése era el problema fundamental. Ahora es peor, ahora es la falta de trabajo.

Se produce durante el menemismo y se acelera con este gobierno: es lo que dije al principio, la fábrica está en el barrio, ya que la mayoría de las fábricas han bajado sus puertas. Es en- tonces cuando aquellas organizaciones barriales, provinciales, comienzan con los piquetes, los pedidos de trabajo. Quiero decir, existe una sincronía entre las fábricas vacías y los pique- teros. Es hacia donde los gobiernos nos vienen empujando: ellos están para defender sólo a los grandes grupos económicos, a las ganancias de estos grupos –y en esto no se equivocan nunca– siempre contra la gente, siempre contra los trabajadores, contra los niños, contra los ancianos”.

toma de tierras

“Hay que entender que, con estos cortes, no sólo pedimos trabajo, sino que estamos cues- tionando, por perverso, este modelo económico social. Por eso, no sólo estamos luchando por lo inmediato, como son los planes Trabajar, estamos luchando por cambiar este modelo, porque haya trabajo y vida digna para todos los argentinos. A ver si somos claros: nadie se conforma con un plan de 120 pesos. No lo despreciamos pero no es eso. Repito, los millones de desocupados no están pidiendo miserias, están luchando por una sociedad digna”.

“Por eso este martes lanzamos un plan de lucha a nivel nacional de 48 horas de corte de ruta y el miércoles marcharemos acoplándonos a la huelga general propuesta por nuestra cen- tral. Es una lucha dura y lo seguirá siendo mientras no logremos con fuerza propia, torcer es- te destino de hambre, de sin futuro, al que nos vienen sometiendo estos desdichados gober- nantes que tenemos”.

41

hambre, de sin futuro, al que nos vienen sometiendo estos desdichados gober- nantes que tenemos”. 41

Documentos

MOVIMIENTO POR LA CONSULTA POPULAR FRENTE NACIONAL CONTRA LA POBREZA

El 14 de julio de 2001, con la participación de más de 70 organizaciones de todo el país y más de 400 delegados, sesionó en el local de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) en la Ciudad de Buenos Aires, la Primera Asamblea Nacional de Juntas Promotoras por la Consulta Popular bajo el lema “Ningún hogar pobre en la Argentina”. La misma fue coordinada por el secretario general de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), Víctor De Gennaro, y contó con la presencia de representantes de la Asociación de Pequeños y Medianos Empresarios (APyME), de la Federación Agraria Argentina, de la Federación Universitaria Argentina, del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos (IMFC), de Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora, del Centro de Estudios Legales y Sociales y algunos diputados nacionales, entre otras organizaciones.

La iniciativa de la Consulta Popular y del llamado Frente Nacional Contra la Pobreza es resultante de un largo proceso que tiene entre sus hitos iniciales el lanzamiento, en mayo de 2000, de una campaña para recolectar un millón de firmas con el fin de que el Parlamento –en el marco del derecho a Consulta Popular establecido en la reforma constitucional de 1994 y aún no reglamentado– resolviera la convocatoria a la misma para decidir sobre la propuesta de un Seguro Universal de Empleo y Formación para jefes y jefas de familia desocupados de $ 380, entre otras cuestiones. Estos objetivos inspiraron la denominada Marcha Grande que, impulsada por la CTA, unió a pie la ciudad de Rosario (Santa Fe) con la Ciudad de Buenos Aires, a través de 15 días y más de 300 km. de caminata. En el acto de cierre de la misma, el 9 de agosto de 2001, se presentaron ante el Parlamento las firmas recolectadas para avalar la Iniciativa Legislativa.

42

A lo largo de 2001, la propuesta de Consulta Popular se consolidó como un objetivo a realizar por el propio movimiento y se conformaron más de 60 Juntas Promotoras en todo el país, con el sentido de organizarla hacia fines de año. Estas Juntas confluyeron en la Primera Asamblea de Juntas Promotoras, cuyas resoluciones publicamos en el presente número del OSAL.

En esa oportunidad, Víctor De Gennaro resumió dicha iniciativa, afirmando: “Ante la propuesta del Gobierno de convocar a la unidad nacional a favor del ajuste, nosotros proponemos desde aquí la construcción de un Frente Nacional Contra la Pobreza, con tres consignas principales: frenar el ajuste, recuperar la democracia y generar las condiciones para una distribución del ingreso que obedezca a las verdaderas necesidades de nuestro pueblo” (el resaltado es del autor).

A continuación presentamos fragmentos de las resoluciones adoptadas por la asamblea y de uno de los documentos base constitutivo del Movimiento por la Consulta Popular.

Movimiento por la Consulta Popular

FRAGMENTO DE LAS RESOLUCIONES ADOPTADAS POR LA ASAMBLEA NACIONAL DE JUNTAS PROMOTORAS POR LA CONSULTA POPULAR

Cronograma de actividades resueltas por la Asamblea:

Paro y movilización de ATE. Se convoca a todas las organizaciones integrantes del

Frente Nacional Contra la Pobreza para participar activamente el miércoles 18 de julio en el Paro Nacional con movilizaciones, decretado por la Asociación Trabajadores del Estado.

Encuentro en La Matanza. Se adhiere al Encuentro Nacional de Organizaciones de

Desocupados y Piqueteros que tendrá lugar el 24 de julio en el Santuario Sagrado Corazón de Jesús de La Matanza, Provincia de Buenos Aires. La idea de este cónclave es lograr estable- cer los mecanismos de coordinación de las luchas territoriales.

Clases para cambiar la realidad. La Confederación de Trabajadores de la Educación

de la República Argentina (CTERA) abrirá las escuelas el sábado 25 de agosto, con la finali- dad de trasladar y debatir con toda la comunidad educativa, los alcances de la propuesta del Frente Nacional Contra la Pobreza.

Marcha por la Argentina. El 11 de septiembre partirá desde el Congreso de la Nación,

hacia el interior del país, una marcha que a través de 7 columnas recorrerá durante 10 días las ciudades más importantes de la República. Transitará por todas las provincias argentinas para concluir en Puerto Iguazú (Misiones), Clorinda (Formosa), San Miguel de Tucumán, La Quia- ca (Jujuy), Mendoza, Neuquén y Ushuaia (Tierra del Fuego).

Consulta Popular. El 10 de diciembre se desarrollará la Consulta Popular por un Segu-

ro de Empleo y Formación de $ 380 para todos los jefes o jefas de hogar desocupados y una Asignación Universal por Hijo de 0 a 10 años de $ 60 para todos los trabajadores 1 .

• Mientras tanto, se continuará con la conformación de nuevas juntas promotoras en toda

la Argentina, se avanzará en los aspectos organizativos de la herramienta política y se incre- mentará la tarea de difusión de la iniciativa.

Ciudad de Buenos Aires 14 de julio del 2001

1 La Consulta Popular fue convocada, finalmente, para el 13, 14 y 15 de diciembre de 2001.

43

Documentos

44

FRAGMENTO DEL DOCUMENTO BASE CONSTITUTIVO DEL MOVIMIENTO POR LA CONSULTA POPULAR

Democracia por nosotros mismos

Luego de más de treinta y cinco meses de recesión ininterrumpida, que han puesto en si- tuación de colapso el cuadro social de nuestro país y en un contexto donde el endeudamiento externo pone al borde de la cesación de pagos a la economía nacional, resulta por demás evi- dente el fracaso del modelo neoliberal en la tarea de organizar nuestra sociedad.

Las consecuencias de este proceso de crisis quedan a la luz: 14 millones de pobres, 7 mi- llones de personas con problemas de empleo, desindustrialización y quiebra de decenas de mi- les de pequeñas y medianas empresas, urbanas y rurales y la parálisis expresa del mercado in- terno de demanda masiva.

Frente a este cuadro de situación, de creciente concentración de la riqueza, se plantea co- mo prioritario una redistribución progresiva del ingreso. En este sentido el Movimiento por la Consulta Popular propone la instrumentación de un Seguro de Empleo y Formación de 380 pesos para jefes y jefas de familia desocupados y el establecimiento de una asignación universal de 60 pesos por hijo, que garantice que ningún hogar argentino viva en condicio- nes de pobreza.

¿Por qué la Consulta Popular?

En el último tiempo se han puesto de manifiesto el rápido deterioro del gobierno actual y el cuadro de vaciamiento político expresado en la incapacidad de las denominadas institucio- nes públicas para asumir y resolver la situación social imperante, hecho que no hace más que agravar los efectos de la sostenida crisis económica y social.

En este contexto que ratifica como dilema central de la Argentina la opción entre demo- cracia o ajuste, el Movimiento por la Consulta Popular sostiene que la condición para hacer factible un proceso de redistribución más justo de los ingresos y la riqueza es la permanente democratización de la sociedad.

En esta dirección, y con el objeto de ponerle límites a las prácticas de los sectores domi- nantes que han desencadenado el proceso de deterioro y degradación social que atravesamos, creemos indispensable garantizar la manifestación autónoma, expresa y organizada de la pro- pia comunidad. Este es el camino que propone recorrer la Consulta Popular.

¿Qué es la consulta popular?

La consulta popular es la estrategia que hemos optado para que los argentinos podamos resolver la crisis de una manera diferente de la que nos quieren imponer como única alterna- tiva los sectores de poder. Proponemos el ejercicio masivo de la democracia directa garanti- zando la manifestación autónoma y organizada de la propia comunidad a través de la realiza- ción de una consulta popular a nivel nacional.

Sólo profundizando el proceso de democratización es que podremos poner límite a las prácticas de los sectores dominantes.

Marzo de 2001

Cronología Mayo – agosto 2001 Neoliberalismo, crisis y resistencias sociales en América Latina:
Cronología
Mayo – agosto 2001
Neoliberalismo, crisis y
resistencias sociales en
América Latina:

las configuraciones de la protesta 1

Por José Seoane, Emilio Taddei y Clara Algranati

El crecimiento de la protesta social

A lo largo del segundo cuatri- mestre de 2001 las acciones de conflicto se multiplican y cre- cen significativamente en la región latinoamericana. En

términos cuantitativos los registros de protesta contabilizados por el OSAL para dieciocho países latinoamericanos se incrementan en un 64% en relación con los primeros cuatro meses del año, pasando de 1.221 hechos a 2.003. Es- te proceso adopta un carácter general verifi- cándose, en distintas proporciones, en la am- plia mayoría de los casos nacionales conside- rados. En este sentido, vale señalar que sólo dos países (Venezuela y Puerto Rico) muestran registros menores a los del período anterior (enero-mayo). El incremento de las moviliza- ciones, huelgas y bloqueos de rutas impulsadas por distintos colectivos y organizaciones se manifiestan –como ya lo habíamos señalado en el número pasado– en un contexto regional signado por la expansión y agravamiento de la crisis económica. En respuesta al deterioro so- cial que ésta implica y a los intentos, por parte de la mayoría de los gobiernos de la región, de responder a esta situación con políticas de cor- te neoliberal –particularmente de reducción del gasto fiscal–, el aumento de la conflictividad social muestra características particulares. Sus configuraciones dan cuenta tanto del complejo mapa de relaciones de fuerza entre los distintos

complejo mapa de relaciones de fuerza entre los distintos agrupamientos sociales en el orden nacional como

agrupamientos sociales en el orden nacional como de las intensidades y formas que adopta la disputa sobre las consecuencias, la gestión y las alternativas a la crisis del modelo neolibe- ral. Es el propósito de este artículo no sólo in- troducir a la lectura de las cronologías del con- flicto social para el período mayo-agosto de 2001, que se acompañan a continuación 2 , sino también reseñar algunas reflexiones sobre las características destacadas que presenta el au- mento de las acciones de protesta.

Como una primera aproximación a esta cuestión vale señalar que, en términos de su distribución territorial, este incremento ge- neral de las luchas resulta proporcionalmen- te más significativo para el Cono Sur, Cen- troamérica y México. Esto se expresa, en cierto sentido, también en los actores colec- tivos que protagonizan los enfrentamientos. Si bien el movimiento campesino guarda una presencia importante –representa un 8,4% de todos los hechos consignados– son las acciones impulsadas por los asalariados, los estudiantes y los pequeños productores las que se intensifican significativamente en este período. Abarcando más de un tercio de los hechos de lucha, las protestas encabeza- das por las organizaciones de trabajadores crecieron en un 80%, siendo que aquellas realizadas por los empleados del sector pú- blico se duplicaron en relación al primer cuatrimestre del año. En similar proporción –un 88%– se incrementaron las protestas de estudiantes y pequeños productores –parti- cularmente agrarios– aunque su peso en el

45

Cronología

46

conjunto de protestas es sensiblemente me- nor (8% y 9% respectivamente).

La mayoría de estas luchas responden al cuestionamiento de las políticas de ajuste fis- cal y del regresivo impacto social resultado de la aplicación del modelo neoliberal en la región. Del conjunto se destacan, entre otras, la larga serie de cortes de ruta y huelgas im- pulsados por las organizaciones sindicales –fundamentalmente del sector público– y el movimiento de desocupados contra las políti- cas de ajuste en Argentina, las distintas huel- gas del sector público en Brasil, el extendido conflicto docente y los bloqueos de caminos realizados por el movimiento campesino indí- gena del altiplano en Bolivia, las acciones de los estudiantes y del movimiento mapuche en Chile, la cadena de protestas agrarias en Mé- xico y Colombia, y el ciclo de movilizaciones multisectoriales en Guatemala contra el in- cremento del IVA. Sin embargo, a diferencia de cuatrimestres anteriores, la conflictividad del período que analizamos –la más significa- tiva en términos de los registros contabiliza- dos por el OSAL desde mayo de 2000– pare- ce presentar una configuración extendida –en series prolongadas de un mismo conflicto o en diversidad de protestas particulares–, arti- culadas muchas veces en forma de redes y con puntos de condensación de las protestas a nivel nacional significativos pero que parecen no alcanzar el grado de impacto y cuestiona- miento político de otros procesos referidos en los cuatrimestres pasados.

Finalmente, en relación a las formas pre- dominantes que adopta, es válido destacar la relativa importancia que asumen modalidades como los bloqueos de carreteras, las marchas prolongadas y los paros extendidos –aún en su forma de huelga por tiempo indeterminado. Intentaremos a continuación presentar un aná- lisis más detenido de estas características.

un aná- lisis más detenido de estas características. Las políticas de ajuste ante la crisis y

Las políticas de ajuste ante la crisis y las protestas sociales

En el marco de la propagación del ciclo de crisis financieras abierto hacia fines de 1997 en el sudeste asiático, su impacto en los países centrales y su transformación en crisis económica (Chesnais, 2001), las economías

latinoamericanas inspiradas en el recetario neoliberal enfrentan hoy tanto la desacelera- ción del crecimiento o lisa y llanamente la re- cesión prolongada como en el caso de la Ar- gentina, como amplias restricciones en el ac- ceso al crédito internacional, que en el pasa- do alimentó, entre otras cosas, el incremento de la abultada deuda externa de la región. En este contexto el agotamiento del modelo neo- liberal se ha expresado crecientemente, en términos del pensamiento dominante, como crisis de las finanzas públicas. Acorde con las recetas impulsadas por los organismos inter- nacionales de crédito, esta situación se tradu- jo en reiterados intentos de profundización de las políticas de desmantelamiento, privatiza- ción y reducción del sector público, en algu- nos casos acompañadas con propuestas de re- formas impositivas dirigidas a aumentar los tributos sobre el consumo. Estas políticas de- sencadenaron y enfrentaron prolongados e in- tensos conflictos encabezados por los asala- riados del sector estatal. Señalábamos ya el crecimiento que, respecto al primer cuatri- mestre del año, muestran la acciones protago- nizadas por estos colectivos de trabajadores. Su significación, en términos de la conflicti- vidad general del período, queda de manifies- to en tanto éstos representan casi el 23% de los hechos relevados y explican el 70% de las protestas de los asalariados ocupados. Este nuevo ciclo de protestas de los trabajadores públicos reactualiza, en cierto sentido, con una radicalidad e intensidad superior, aquel que signó el último cuatrimestre del año 2000 cifrado fundamentalmente alrededor de la disputa sobre la confección y aprobación de los presupuestos públicos del presente año.

En su amplitud y particularidad vale resal- tar las luchas –en Bolivia y Colombia– contra la aprobación de proyectos legislativos que, bajo diferentes formas, sancionan la descentra- lización educativa y sanitaria; la larga serie de protestas en demanda de recomposiciones sa- lariales en Brasil –protagonizadas por los fun- cionarios públicos federales, los profesores universitarios y distintos cuerpos de las fuerzas policiales; las movilizaciones contra la reduc- ción presupuestaria, salarios y condiciones de trabajo, y contra la privatización de los institu- tos de seguridad social en Centroamérica; el prolongado conflicto educativo en México por aumento salarial, las manifestaciones de cues- tionamiento a la privatización de empresas pú-

Neoliberalismo, crisis y resistencias sociales

blicas (Ecuador, Paraguay, Brasil, Argentina) y la intensa y prolongada cadena de paros, con- centraciones y cortes de ruta en Argentina –a nivel nacional y provincial– contra la aplica- ción de la Ley del Déficit Cero. Para apreciar su significación en el conjunto de los hechos registrados en los diferentes países puede con- sultarse el cuadro Nº 1.

Discriminadas por su pertenencia secto- rial puede decirse que un 34% de las acciones son desarrolladas por maestros y profesores mientras que los empleados administrativos encabezan un tercio de las mismas. En mu- chos casos las formas de la protesta adoptan la modalidad de paros prolongados –incluso por tiempo indeterminado– y se articulan tanto en la forma de huelga nacional convocada por las centrales sindicales (Colombia 7/6, Argentina 19/7) como con procesos de movilización –lo- cales y nacionales– en los que participan dis- tintos actores, particularmente en el sector educativo con la presencia de estudiantes y padres. Estas articulaciones multisectoriales están presentes, desde el inicio, en las protes- tas contra las reformas impositivas, especial- mente en Guatemala en el ciclo de manifesta- ciones en cuestionamiento al alza del IVA (Cuenca Saravia y Páez Montalbán, 2001).

al alza del IVA (Cuenca Saravia y Páez Montalbán, 2001). Trabajadores ocupados y desocupados: las dos

Trabajadores ocupados y desocupados: las dos caras del desempleo

Si consideramos a la región en su conjun- to, la protesta social que involucra a los asala- riados del sector privado ha experimentado también un crecimiento importante (43%), aun- que menor respecto de los colectivos reseñados anteriormente, representando un tercio de las acciones llevadas adelante por los trabajadores ocupados. La distribución por país de estas lu- chas es desigual, apareciendo en general bajo formas localizadas y, en muchos casos, inscri- tas en situaciones defensivas (cierre de los esta- blecimientos, despidos, rebajas salariales, etc.). Estas características son tanto expresión en el sector privado de la crisis económica anterior- mente señalada –que adopta diferentes intensi- dades en cada país– como resultado de una par- ticularmente desfavorable relación de fuerzas que cristalizó, entre otras consideraciones, con la implementación de políticas de precarización

laboral acompañadas, en muchos casos, por al- tos índices de desocupación. De este conjunto se destacan, en el sector industrial, el conflicto de la construcción civil en Perú en demanda de la rehabilitación del convenio colectivo, la huelga de trabajadores de la industria pesquera que se extiende a varias regiones de Chile en reclamo de un alza salarial y mejores condicio- nes de trabajo, así como el paro de los trabaja- dores de Volkswagen en México por aumento salarial. En el mismo sentido, también pueden citarse los diversos conflictos en distintas “ma- quilas” de la región centroamericana ante des- pidos y persecución sindical. En el caso de los trabajadores del sector servicios puede mencio- narse la prolongada lucha de los empleados de AerolíneasArgentinas –que aunque con partici- pación del estado argentino, tiene como accio- nista mayoritario al estado español a través de la entidad SEPI– frente a los despidos y ante la amenaza de la disminución salarial, empeora- miento de sus condiciones laborales y quiebra de la empresa.

Por otra parte las acciones promovidas por trabajadores desocupados casi se dupli- can en el presente período representando el 4% de la conflictividad general y el 11% del conjunto de las acciones impulsadas por los trabajadores con o sin empleo. Sus protestas aparecen, con cierta intensidad, en otros paí- ses (especialmente en Chile, Uruguay y Pana- má) además de en Argentina que, como ya lo habíamos reseñado en el número anterior, concentra más de la mitad de los conflictos protagonizados por estos colectivos registra- dos para la región. En este caso el movimien- to de trabajadores desocupados, bautizado lo- calmente como “piquetero” en relación al uso del corte de ruta como medida de lucha, cons- tituyó, en el período que estudiamos, un espa- cio de coordinación nacional –la Asamblea de Organizaciones Populares, Territoriales y de Desocupados– y jugó un rol significativo en la articulación del conjunto de la protesta contra el ajuste a partir del plan de lucha de cortes de ruta progresivos aprobado en la pri- mera asamblea. Diferentes análisis sobre esta experiencia son reflejados en el dossier cen- tral del presente número y nos eximen de ex- tendernos aquí sobre la cuestión. Vale sí resal- tar la afirmación de movimientos similares en otros países latinoamericanos. En Panamá las luchas del movimiento de desocupados de la ciudad de Colón; en Chile algunos cortes de

47

Cronología

48

ruta aislados que se continúan en la marcha de desocupados –de Temuco hasta Santiago– promovida por la CUT en reclamo a las co- munas y al gobierno nacional de planes espe- ciales para cesantes; y, por último, en Uru- guay distintos movimientos de desocupados constituyen, luego de dos días de convención, la Unión de Trabajadores Desocupados que, junto con la Federación Unificadora de Coo- perativas de Viviendas (FUCVAM), impulsa la manifestación del 10/8 en Montevideo en reclamo de subsidios estatales, empleo a par- tir de obras públicas y exoneración del pago de impuestos al agua y la energía eléctrica a los desocupados.

al agua y la energía eléctrica a los desocupados. Las luchas contra los efectos del modelo

Las luchas contra los efectos del modelo agrario neoliberal

Durante el período analizado, el sector agrario es una vez más un destacado escena- rio de diversas protestas que señalan la im- portancia del mismo como “espacio” y “terri- torio” del conflicto social en la región. Si bien los conflictos de origen campesino-indí- gena se sitúan por debajo de los registros del período precedente (8,4% contra 12,12% res- pectivamente), el significativo aumento de los contenciosos protagonizados por los pe- queños productores agrícolas sitúa al conjun- to de la conflictividad rural (sumados estos dos sectores) en un 11,04% del total de los registros del período. Es preciso también se- ñalar la existencia –al igual que para enero- abril de 2001– de algunas protestas de carác- ter multisectorial contra las políticas de ajus- te protagonizadas por sectores campesinos que, en algunos países, convocan la partici- pación de otros actores urbanos o bien en las cuales los primeros confluyen junto a sindi- catos, movimientos estudiantiles, etc.

Los paros nacionales agrarios de Bolivia y Colombia (a finales de julio) y los cortes de ru- tas protagonizados por diferentes organizacio- nes campesinas del Paraguay contra la política económica y en demanda de créditos constitu- yen algunos de los conflictos más destacados del sector. Asimismo la lucha por la tierra de las comunidades indígenas en Chile, de los tra- bajadores rurales sin tierra de Brasil y las pro- testas de diferentes comunidades indígenas mexicanas (particularmente en Chiapas) con-

tra la aprobación de la Ley sobre Derechos y Cultura Indígena ocupan un lugar preponde- rante en el escenario de los conflictos del pe- ríodo. A estos deben sumarse una multiplici- dad de luchas protagonizadas por pequeños productores agrarios (México, Colombia, Chi- le, Ecuador, Honduras, Guatemala, etc.) vincu- lados a la caída de los precios de numerosos productos agrícolas, el impacto de las importa- ciones facilitadas por los procesos de apertura comercial en la región, la falta de créditos ac- cesibles en este sector, entre otras cuestiones.

Durante el mes de junio el altiplano nor - te boliviano (Los Yungas) fue nuevamente el escenario de numerosos cortes de ruta contra la militarización de esta región impuesta por el gobierno para continuar con la delimita- ción del cordón legal de las zonas de cultivo de coca. Las acciones se intensifican y ex- tienden regionalmente (bloqueos de caminos contemplados en el Plan Pulga) en el mes de julio luego de la muerte de dos campesinos, desembocando en un Paro Nacional Agrope- cuario con el objetivo de derogar la Ley IN- RA, obtener créditos para el desarrollo de la economía campesina, solicitar al gobierno el cese de las importaciones de productos que puedan producirse en el país y la condona- ción de las deudas bancarias.

En Brasil, Paraguay, El Salvador y Chile se suceden diversas protestas por la ocupación de tierras. En el país andino el conflicto mapu- che se caracteriza por una brutal represión de dichas comunidades, la criminalización y el procesamiento de los líderes indígenas y la au- sencia de canales de diálogo para la resolución del conflicto (de la Cuadra, 2001). En diferen- tes estados de México (Chiapas, Guerrero, Hi- dalgo, Querétaro, etc.) se producen diversas manifestaciones indígenas contra la aproba- ción por parte de los parlamentos locales de la Ley sobre Derechos y Cultura Indígena en las que participan amplios sectores sociales (AA.VV. “El zapatismo y los derechos de los pueblos indígenas”, 2001).

Durante quince días (finales de julio has- ta el 10 de agosto) se desarrolló en Ecuador la primera Marcha por la Vida rumbo a la ciudad de Quito en la que participaron indí- genas y campesinos junto a otras organiza- ciones sociales para manifestar el rechazo a la política económica. Esta marcha fue

Neoliberalismo, crisis y resistencias sociales

acompañada por movilizaciones locales en distintas ciudades del país.

El significativo aumento de los conflictos protagonizados por pequeños productores agrarios y sectores campesinos parece resultar de una profundización del impacto recesivo del “modelo agrario neoliberal” en la región. La combinación de una rápida apertura comer- cial, las desventajosas condiciones de acceso y de pago de crédito son reivindicaciones que, de forma recurrente, recorren el conjunto de este tipo de protestas en países con un importante componente agrario de sus economías. En este contexto, la caída de precios internacionales de numerosos productos agrícolas, sumada a las fuertes sequías en algunos países centroameri- canos y a la crisis económica, vienen a agravar las dificultades estructurales del agro genera- das por las políticas para el sector.

El Paro Nacional Agrario por tiempo in- determinado en Colombia contra la política neoliberal del gobierno y sus consecuencias en el campo, convocado por la Asociación Na- cional de Salvación Agropecuaria a finales de julio, es una de las protestas más destacadas de este tipo. Entre las reivindicaciones más significativas cabe señalar el pedido de condo- nación de deudas de los productores y el cese de facilidades a las importaciones de produc- tos agrícolas. La represión del conflicto, que se hizo sentir de manera particular entre los cafetaleros de Huila, dejó un saldo de dos campesinos muertos y varios heridos. Al cabo de más de quince días de bloqueos multitudi- narios de rutas, las organizaciones de agricul- tores y campesinas –con el apoyo de diversas centrales sindicales– obtuvieron algunas de las reivindicaciones más significativas.

Asimismo, México presenta numerosas protestas de campesinos y pequeños producto- res en diferentes estados de la Unión: viticul- tores, productores de piña y de caña, maiceros, productores de trigo, etc. Un análisis detallado de las principales demandas permite observar el vínculo entre éstas y las consecuencias del TLCAN en la agricultura mexicana: venta de energía eléctrica, diesel, insumos agrícolas y fertilizantes a precios similares a los de Esta- dos Unidos, y revisión de los capítulos agro- pecuarios y forestal del TLCAN. A inicios de agosto se conforma el Frente Nacional de De- fensa de la Agricultura Mexicana que, al igual

que en el paro agrario colombiano, rechaza el ALCA, y el 8 del mismo mes tienen lugar en la Ciudad de México y en otras ciudades del país manifestaciones para exigir un cambio en la política agropecuaria nacional. En la capital del país los manifestantes, con el apoyo de re- presentantes de la Coordinadora Latinoameri- cana de Organizaciones del Campo (CLOC), reclaman por una agricultura fuera de la Orga- nización Mundial de Comercio, más presu- puesto para el agro, la expulsión de las multi- nacionales que cultivan transgénicos, que las sociedades mercantiles no tengan el derecho de acceder a la tierra, elevar a rango constitu- cional el derecho a la alimentación, revisar los acuerdos comerciales sobre biodiversidad y que se discuta un acuerdo nacional para el campo mexicano además de rechazar la Ley Indígena y el neoliberalismo.

A los casos señalados se suman las pro- testas con cortes de caminos de los producto- res lecheros de Chile en contra de la reduc- ción del precio de la leche y su importación; el paro por tiempo indeterminado de la Aso- ciación de Bananeros del Ecuador en recha- zo del incumplimiento del pago del precio oficial de la caja de banano por parte de los exportadores y comerciantes de fruta; los re- clamos de un fondo específico para el sector de los caficultores hondureños y las protestas de los productores de arveja en Guatemala en repudio a los precios que ofrecen las empre- sas exportadoras, entre otras.

Es preciso señalar la aparición cada vez más recurrente de conflictos vinculados a la ocupación/expropiación de tierras de comu- nidades indígenas y campesinas con el obje- tivo de una explotación intensiva de recursos naturales y energéticos por parte de grandes empresas transnacionales.

Por último cabe consignar el registro de protestas campesinas en Bolivia y Colombia ligadas a los desplazamientos de poblaciones agrarias resultantes de la política de fumiga- ciones de las plantaciones de coca impulsada por los Estados Unidos en la región. Estos hechos, consecuencia de la intensificación del Plan Colombia (Zuluaga Nieto, 2001), muestran, junto a los primeros registros de campamentos de la guerrilla colombiana en plena selva ecuatoriana y los desplazamien- tos señalados, los efectos desestabilizadores

49

Cronología

50

de la creciente presencia norteamericana en la cuenca andino-amazónica.

En el plano económico-comercial el nue- vo acuerdo alcanzado entre El Salvador, Ni- caragua, Honduras, Guatemala y Costa Rica y Panamá sobre el Tratado de Libre Comercio (TLC) que regiría a partir del año 2002, pare- ce ratificar un cierto fortalecimiento de la po- lítica de desregulación comercial en la región sostenida por el gobierno norteamericano. En este sentido también es preciso señalar la de- claración conjunta firmada a mediados de ju- nio por representantes de los gobiernos de México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Belice y Panamá en la que lanzan oficialmente la consigna de ejecu- tar de inmediato el Plan Puebla Panamá (Al- varez Béjar, 2001) –PPP, acordado por Vicen- te Fox y George Bush– en la que se destacan la interconexión energética, la integración de los servicios de telecomunicación y la crea- ción de un corredor vial, así como fomentar la constitución del TLC en la región.

En los albores de 1994 el surgimiento del movimiento zapatista simbolizaba la aparición del primer movimiento social de envergadura opuesto al TLCAN y sus consecuencias. Las tensiones sociales producidas por los efectos de la liberalización comercial en el agro lati- noamericano nos inducen a pensar que los con- flictos analizados pueden comenzar a desple- garse de forma más regular y duradera en el tiempo. La lucha contra el modelo de libre co- mercio (TLCAN, ALCA, etc.) impulsado por los Estados Unidos y los gobiernos neolibera- les de la región y contra sus efectos sobre la vi- da cotidiana de millones de personas podría así constituirse en un punto de confluencia y arti- culación de un amplio arco social opuesto a la política comercial y geoestratégica de los Esta- dos Unidos en Latinoamérica.

y geoestratégica de los Esta- dos Unidos en Latinoamérica. El movimiento estudiantil y los movimientos urbanos

El movimiento estudiantil y los movimientos urbanos

Como mencionáramos en la presenta- ción de este artículo los conflictos del sector estudiantil presentan (en términos absolutos) un significativo incremento en relación al pe- ríodo anterior. Así, el conjunto de las protestas estudiantiles representan el 9,07%

del total de los conflictos (contra el 8,4% del cuatrimestre anterior).

En un contexto de profundización de las políticas de ajuste y de creciente mercantili- zación de la educación pública, en diversos países se registran conflictos contra los re- cortes en la educación, por aumento de pre- supuesto y en defensa de la enseñanza publi- ca, gratuita y de calidad. En Brasil la UNE (União Nacional de Estudantes – universita- rios) y la UBES (União Brasileira de Estu- dantes Secundaristas) protestan contra la ini- ciativa del Ministro de Educación tendiente a quebrar el monopolio que tienen estas orga- nizaciones en la emisión de tarjetas estudian- tiles. Del mismo modo, las protestas estu- diantiles más significativas se suceden en Chile, Nicaragua y Guatemala.

Durante los meses de mayo y junio los estudiantes universitarios chilenos se movili- zan en rechazo a la privatización del sistema de crédito universitario. A mediados de mayo la Confederación de Estudiantes de Chile (CONFECH) organiza una marcha en la ciu- dad de Santiago en la que participan entre cinco y ocho mil estudiantes, acompañada por tomas de facultades y manifestaciones en varios puntos del país. A finales del mismo mes la CONFECH organizó tres jornadas de protesta exigiendo la designación de 3 mil millones de pesos para el crédito universita- rio, y más de 30 mil estudiantes de siete uni- versidades ubicadas al sur del país inician un paro indefinido acompañado de tomas, huel- gas de hambre y manifestaciones que, en nu- merosos casos, son reprimidas.

El alza en las tarifas de los transportes ur- banos en Nicaragua fue el detonante de un pro- ceso de protestas y movilizaciones encabeza- do, en los meses de mayo y junio, por diferen- tes organizaciones estudiantiles de todo el país. En el marco del “Plan de Protesta para Evitar el Alza” otras organizaciones sociales como el Movimiento Comunal, la Federación de Tra- bajadores de la Salud (FETSALUD), la Coor- dinadora de Asentamientos Humanos Espontá- neos y Mercados (CAHEM), el Centro Nicara- güense de Derechos Humanos (CENIDH), realizaron llamamientos a los trabajadores pa- ra no pagar el aumento de tarifas y confluyeron con las protestas estudiantiles reclamando al gobierno que subsidie el alza del transporte.

Neoliberalismo, crisis y resistencias sociales

Por último, en Guatemala, los estudiantes, en confluencia con maestros y sindicalistas, recla- maron contra el incremento del IVA.

Al igual que los conflictos estudiantiles, las luchas de los movimientos urbanos se acentúan en estos meses. Así, en Chile dichas protestas responden esencialmente a deman- das por vivienda y al rechazo, manifestado a través de cortes de ruta, de la instalación de un vertedero de basura en Rancagua (Sexta Región). En República Dominicana, donde los conflictos urbanos representan el sector con mayor número de registros en este cua- trimestre, la dinámica de la protesta se articu- la en torno al rechazo de aumentos de las ta- rifas en el servicio eléctrico. En Guatemala importantes protestas de vecinos ocurren co- mo consecuencia del incremento del IVA y para cuestionar la aprobación del paquete de medidas fiscales, mientras que en Panamá se registran protestas urbanas contra el aumento del transporte y en demanda de agua potable.

el aumento del transporte y en demanda de agua potable. A modo de conclusión Hemos presentado

A modo de conclusión

Hemos presentado en las líneas preceden- tes las configuraciones que han asumido los principales hechos de protesta acontecidos a lo largo del segundo cuatrimestre del presente año. Alos efectos del análisis general han que- dado fuera de nuestra consideración las especi- ficidades que signan y distinguen algunas ex- periencias nacionales, tales como, por ejem- plo, los conflictos en el marco de la transición política en el Perú o el caso venezolano, por ci- tar dos solamente. Por el contrario, en esta oportunidad, hemos querido dar cuenta de las características que muestra el aumento de la conflictividad social en la región. La misma es expresión, en cierta medida, de una doble cri- sis. Esta nos remite, por un lado, a la profunda deslegitimación que cuestiona a las políticas neoliberales; y por otro lado, a la progresiva instalación de un contexto de crisis económica, que ha significado –para una gran parte de nuestros países aunque con intensidades dife- rentes– tanto el agravamiento de las regresivas consecuencias sociales que estas políticas im- plicaron como los intentos de profundización del rumbo de la ortodoxia fiscalista. Ante esta situación, las luchas que hemos descrito recor- tan el mapa de las resistencias sociales –con

sus puntos de fuerza y sus ausencias y debili- dades– y señalan la capacidad social de cues- tionar las políticas dominantes y de disputar, aún en sus inscripciones particulares y defensi- vas, la constitución de los caminos de salida a

la doble crisis que mencionamos.

En este sentido, es distintivo el creci- miento de las formas de lucha que asumen un carácter más radical. Los bloqueos de cami- nos que ya se habían manifestado en las series de protestas en Argentina, Ecuador y Bolivia; se extienden como modalidad a otros países. Las huelgas, particularmente en los asalaria- dos del sector público, tienden a asumir un carácter prolongado. Estos elementos parecen señalar una relativa declinación de las medi- das “demostrativas”. Asimismo pueden indi- car la constitución o fortalecimiento de las re- des organizacionales indispensables al soste- nimiento de estas formas de lucha. Por otra parte las caravanas o marchas prolongadas –a veces a pie– vuelven a aparecer en diferentes experiencias nacionales. El conjunto de estas modalidades puede ser interpretado también como prácticas de resocialización (reapropia- ción) de lo público privatizado bajo los efec- tos concentradores de la riqueza y el poder que caracteriza al modelo neoliberal. En esta dirección el cuestionamiento al carácter ex- cluyente del modelo, y a éste mismo, se pro- yecta también al régimen político.

Frente a estas protestas la amenaza de la fuerza, la intimidación y la represión –que ya habíamos señalado en números anteriores– parece presentar ahora un carácter sistemáti-

co. A esta situación se suma, en este período,

el asesinato de dirigentes sindicales y sociales,

particularmente en Colombia, que despiertan nuestra más enérgica condena. La denuncia de estos hechos y la exigencia de castigo a los responsables es un compromiso ineludible.

Si bien todavía es difícil mensurar, en to- da su amplitud, el impacto que tendrá sobre América Latina el nuevo contexto interna-

cional abierto tras los atentados en EE.UU. y la intervención militar anglonorteamericana en Afganistán, la contraposición entre ajuste

y democracia –que habíamos ya caracteriza-

do para el período pasado– y las presiones di- plomáticas y comerciales del gobierno nor- teamericano, se han profundizado acentuan-

do la urgencia de los desafíos planteados.

51

Cronología

Cuadro Nº 1

Cantidad de registros* de conflictos en el sector público (I) Relación de (I) con el
Cantidad de registros*
de conflictos en
el sector público (I)
Relación de (I) con
el total de los conflictos
de asalariados ocupados
Relación de (I)
con el total de los
conflictos del período
Argentina
76
60%
26,67%
Bolivia
22
73%
21,15%
Brasil
30
79%
35,29%
Chile
12
32%
6,38%
Colombia
18
82%
9,33%
Ecuador
26
96%
50,98%
El Salvador
11
69%
18,97%
Guatemala
4
66%
4,40%
Honduras
47
92%
55,95%
México
63
85%
32,64%
Nicaragua
11
69%
14,29%
Panamá
15
53%
12,40%
Paraguay
21
95%
28,77%
Perú
31
53%
22,79%
Puerto Rico
6
97%
23,08%
Rep. Dominicana
11
78%
17,46%
Uruguay
24
56%
31,58%
Venezuela
35
78%
35,35%
TOTAL
463
70%
23,12%

* Se consideran únicamente las protestas protagonizadas por los asalariados del sector público y no aquellas en las que

52

éstos participan junto a otros sectores.

en las que 52 éstos participan junto a otros sectores. Bibliografía AA.VV. 2001 “El zapatismo y

Bibliografía

AA.VV. 2001 “El zapatismo y los dere- chos de los pueblos indígenas” en OSAL (Buenos Aires) Nº 4, Junio.

Alvarez Béjar, Alejandro 2001 “El Plan Puebla Panamá: ¿desarrollo regional o enclave transnacional? en OSAL (Bue- nos Aires) Nº 4, Junio.

Cuenca Saravia, Breny y Páez Montalbán, Rodrigo 2001 “Las luchas sociales en Centroamérica, mayo-agosto de 2001” en OSAL (Buenos Aires) Nº 5, Septiembre.

Chesnais, François 2001 “Prólogo a la edición argentina” en La mundialización financiera, génesis, costos y desafíos (Buenos Aires: Losada).

de la Cuadra, Fernando 2001 “Conflicto Mapuche: génesis, actores y perspectivas” en OSAL (Buenos Aires) Nº 5, Septiembre.

Zuluaga Nieto, Jaime 2001 “Colombia:

conflicto social, guerra prolongada, ne- gociación de paz incierta” en OSAL (Buenos Aires) Nº 5, Septiembre.

paz incierta” en OSAL (Buenos Aires) Nº 5, Septiembre. Notas 1 Agradecemos especialmente la colabo- ración

Notas

1 Agradecemos especialmente la colabo-

ración de Ivana Brighenti y de todo el equipo del OSAL.

2 Por las limitaciones propias del espa-

cio disponible en la revista, las cronolo- gías publicadas sólo consideran los prin- cipales hechos de protesta social del pe- ríodo. En base a las versiones completas de las mismas, se elaboran los índices utilizados en esta nota para el análisis de la conflictividad general.

Conflicto Mapuche: génesis, actores y perspectivas Por Fernando Marcelo de la Cuadra* Presentación D esde

Conflicto Mapuche: génesis, actores y perspectivas

Por Fernando Marcelo de la Cuadra*

actores y perspectivas Por Fernando Marcelo de la Cuadra* Presentación D esde el advenimiento de la

Presentación

D esde el advenimiento de la democracia en Chile, los sucesivos gobiernos de la Concertación de partidos han señalado su disposición de mejorar sus- tancialmente las condiciones de vida y abrir el espectro de oportunidades para las naciones originarias que poblaron el país (Mapuches, Aymaras, Rapa-Nui 1 ). Por otra parte, las autoridades también se comprometieron a

colaborar con éstas en la resolución de aquellos conflictos históricos que han mantenido con el estado chileno, o por lo menos ayudar a atenuar los efectos negativos de la usurpa- ción permanente que han enfrentado tales comunidades, lo cual tiene una clara expresión en las precarias condiciones de vida en las que se encuentra actualmente la mayor parte de la población indígena de nuestro país. Sin embargo, después de pasada una década de go- biernos democráticos, los conflictos entre estos pueblos y los emprendimientos del sector privado no han cesado, y más aún, los respectivos gobiernos han demostrado su incapaci- dad para arbitrar con ecuanimidad en torno a ellos.

53

En función de este vacío dejado por las instituciones, las comunidades Mapuches de- cidieron enfrentar tanto a las empresas privadas como a las autoridades o representantes del estado, proclamando que dejarán ingobernables aquellas regiones en donde se asienta el mayor porcentaje de la población Mapuche del país, es decir, la novena región del país y parte de la octava.

En la primera parte del trabajo abordaremos los principales factores que dan base al conflicto o que se encuentran en su origen, con especial énfasis en la trayectoria histórica de la relación estado/Mapuches. En la segunda parte se estudiarán los más importantes con- flictos ambientales en los que se han visto involucradas comunidades Mapuches en los úl- timos años, destacando dos casos emblemáticos: uno es el conflicto suscitado entre las co- munidades indígenas y la Empresa Nacional de Energía S.A. (ENDESA) por la construc- ción de la central hidroeléctrica de Ralco en el Alto Bío-Bío. El otro es el conflicto susci- tado entre diversas comunidades indígenas y las empresas forestales (Mininco, Arauco, Mi- llalemu, etc.). Finalmente se presenta una síntesis del conflicto, esbozando las perspectivas futuras que puede tener éste.

se presenta una síntesis del conflicto, esbozando las perspectivas futuras que puede tener éste. / Septiembre
se presenta una síntesis del conflicto, esbozando las perspectivas futuras que puede tener éste. / Septiembre

Región Sur

Región Sur La génesis del conflicto Mapuche Como señalamos en la introducción, los principales conflictos que

La génesis del conflicto Mapuche

Como señalamos en la introducción, los principales conflictos que se vienen produ- ciendo entre las comunidades Mapuches en contra de las autoridades (nacionales, regiona- les y locales) y de los intereses de la empresa privada, continúan siendo dos. Por una par- te, el que enfrenta a estas comunidades con la empresa española (ENDESA) dedicada a la construcción de la central hidroeléctrica Ralco ubicada en el Alto Bío-Bío, y por otra par- te, los graves altercados entre grupos indígenas y las empresas forestales que explotan los bosques, principalmente en la novena región.

Si bien es cierto que un aspecto importante de estos conflictos se debe a una cuestión que se plantea en torno a la propiedad de la tierra, dicha demanda no excluye la presencia de una constelación de otras reivindicaciones que constituyen la denominada “causa” de los pueblos originarios y que puede ser entendida como una expresión o modalidad de eco- logismo popular 2 . Al momento de abordar la génesis del conflicto Mapuche, muchos polí- ticos y periodistas han colocado los aspectos económicos en el centro del análisis, señalan- do que la extrema pobreza de las comunidades y la escasez de tierras es el detonante del descontento de este pueblo. Sin embargo existen motivos más profundos que deben ser buscados en la historia. En efecto, hay que buscar las bases de esos conflictos en la yuxta- posición de una serie de factores, donde los económicos desempeñan un rol importante pe- ro no exclusivo. Entre esta diversidad de fuentes se puede destacar las siguientes como aquellas que tienen más significación.

a. Deuda histórica: uno de ellos es el vínculo que ha construido el estado chileno con

respecto a las comunidades indígenas ya desde los orígenes de la república. Junto con la formación del Estado-Nación se supuso que todos los individuos que habitaban un deter-

54 minado territorio regido por el estado chileno se transformaban automáticamente en

miembros de este país. Siendo así, la totalidad de los pueblos originarios que habitaban

el territorio chileno se transformaron automáticamente en ciudadanos, teniendo en el pla-

no jurídico-normativo los mismos derechos y deberes que el resto de la población. Por el

contrario, en un plano positivo la historia nacional nos ha demostrado que los pueblos in- dígenas han sufrido la permanente discriminación por parte de las autoridades del estado

y de la población, lo cual se ha venido manifestando casi desde el comienzo de nuestra

vida independiente 3 , en la pérdida de su autonomía político-territorial y en la margina- ción de su cultura, religión e idioma del proceso formador de nuestra identidad nacional 4 .

b. Proceso de colonización agrícola: en el contexto anteriormente señalado, a fines

del siglo XIX se promulga una ley cuyo objetivo central consistirá en radicar a los pue- blos indígenas en territorios delimitados (reducciones) para poder disponer de la ma- yor parte del territorio y llevar a cabo la colonización de las tierras del sur por parte de población chilena y extranjera (alemanes, italianos, croatas, holandeses). Bajo esta po- lítica, que duró hasta mediados del siglo pasado, los pueblos indígenas perdieron 9,5 millones de hectáreas de tierra, lo cual ha hecho de los Mapuches (gente de la tierra) una nación de minifundistas o de asalariados rurales en permanente migración por di- versas zonas agropecuarias.

c. Empobrecimiento de los Mapuches: los procesos de expropiación de tierras y de

desplazamiento de las comunidades hacia zonas de frontera agrícola cada vez más frías

e inhóspitas provocaron la destrucción de las bases productivas de las unidades Mapu- ches, provocando una creciente agudización de la pobreza de dichas comunidades.

d. Fragmentación y dispersión de las comunidades: la conjunción de la pérdida de

las bases materiales de sustento y la profundización de la pobreza en las unidades de

Conflicto Mapuche

minifundio Mapuches causaron una fuerte emigración de su población hacia zonas ur- banas, la cual se viene instalando en la periferia de la capital o de otras ciudades inter- medias, engrosando las filas de los pobres urbanos 5 .

e. Pérdida de espacio para manifestaciones culturales y de identidad Mapuche:

una de las consecuencias de la instalación de la población Mapuche en las grandes y medianas ciudades ha sido la carencia de espacios donde puedan realizar las expresio- nes propias de su cultura, como la subordinación de sus tradiciones, lengua y religión en un medio urbano agresivo, dominante y excluyente. Ello se expresa finalmente en la agudización de un proceso de aculturación en el que se van perdiendo los rasgos de identidad cultural de dichas comunidades.

f. Persistencia de acciones de despojo: en cuanto a la población que sigue habitando

en las zonas de reducción, en el último período debieron enfrentar nuevas situaciones de desplazamiento o usurpación solapada de sus tierras por parte de empresas privadas nacionales o extranjeras. Esto último se ha constituido en una especie de catalizador de los aspectos antes señalados, detonando el conflicto entre los miembros de las comu- nidades afectadas por las diversas formas de despojo de sus tierras y las empresas ins- taladas en sus territorios.

sus tierras y las empresas ins- taladas en sus territorios. Los actores y el contexto de

Los actores y el contexto de los conflictos

Como elemento de contexto, se puede sostener que las acciones desplegadas por las co- munidades Mapuches en torno a la defensa de su tierra y sus recursos forestales se enmarcan dentro de los llamados Conflictos Ambientales Locales (CAL), una dimensión que podría considerarse expresión del ecologismo popular. La emergencia de tales conflictos se produ- ciría, en primer lugar, debido a los variados destinos que le asignan los diversos actores al uso del suelo, los cuales se sustentan en el sistema de valores culturales que una determinada so- ciedad ha elaborado en torno al recurso tierra y las diversas modalidades socioeconómicas enfrentadas entre sí. En segundo lugar, estos conflictos surgen como una contestación a la aplicación de reformas neoliberales orientadas al mercado, lo cual plantea el desafío por un lado de rebelarse a tales reformas, y simultáneamente de ser capaces de elaborar alternativas a sus efectos perversos por medio de la lucha por el establecimiento y la consolidación de re- laciones más simétricas entre el estado, las empresas y la sociedad. Por último, estos conflic- tos se ven estimulados y potenciados por las transformaciones democratizadoras ocurridas en el escenario político del conjunto de la región, permitiendo la manifestación de grupos más activos de la sociedad civil, que se encontraban en estado latente durante la fase autoritaria.

Con todo, la emergencia de conflictos no se restringe únicamente a los últimos años de aplicación del modelo económico. A lo largo de la historia nacional se encuentra bastante evidencia de enfrentamientos entre estas comunidades y el estado, donde los primeros han luchado por la defensa del patrimonio territorial y natural del que vienen siendo despoja- dos. Para circunscribir tales conflictos en el marco del proceso de redemocratización del país y con posterioridad a la promulgación de la Ley Indígena 19.523 6 , el proyecto de la central Hidroeléctrica Ralco surgió, con inusitada resonancia, como una de las últimas arre- metidas del estado chileno en contra de los derechos del pueblo Mapuche. Ya sea por el de- bate que suscitó entre diversos especialistas, o por la amplia cobertura que tuvo en la pren- sa nacional, Ralco constituye, sin lugar a dudas, un caso emblemático de la lucha de los Mapuches (Pehuenches) por su tierra y por la preservación de sus formas de vida.

Se podría decir que las irregularidades del Proyecto Ralco por parte de la Empresa Nacio- nal de Electricidad comenzaron desde la aprobación del convenio para formular la Evaluación de Impacto Ambiental (EIA) del Proyecto Hidroeléctrico ubicado en el Alto Bío-Bío, el 1 de

55

de Impacto Ambiental (EIA) del Proyecto Hidroeléctrico ubicado en el Alto Bío-Bío, el 1 de 55

Región Sur

septiembre de 1995. En esa oportunidad se señaló que el referido estudio no se apegaba a la ley, ya que fue aprobado antes de que se dictara el respectivo Reglamento de la Ley de Medio Ambiente. Posteriormente, el 29 de marzo de 1996, ENDESApresentó los resultados de dicho estudio a la Comisión Nacional de Medio Ambiente (CONAMA), siendo inmediatamente ob- jetado por una serie de servicios públicos, consultores externos y organizaciones ciudadanas. Poco tiempo después la propia CONAMA, a través de su Comité Revisor, recomienda el re- chazo del proyecto. El documento de esta institución sostiene que el estudio es insuficiente,

entre otras razones debido a que: a. no describe adecuadamente el proyecto; b. su línea de ba-

se es insuficiente para evaluar posteriormente los impactos; c. incurre en errores metodológi-

cos en la evaluación que hace de los mismos; d. no presenta un plan claro de relocalización de

la población afectada que pudiera ser objeto de evaluación por parte de los especialistas.

56

Una segunda institución gubernamental comprometida en el conflicto, la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (CONADI), mostró hasta comienzos de 1999 una postu-

ra de rechazo al Proyecto Ralco, tanto en su versión original como en los posteriores Ad -

dendum presentados por ENDESA, aduciendo en sus diversos relatorios que el proyecto no solamente comprometía normativas de la legislación ambiental, sino también disposiciones de la Ley Indígena, concluyendo que el estado chileno no podía comprometerse en un pro-

yecto de esa naturaleza. El resultado directo de esta declaración fue la remoción inmedia-

ta del Director Nacional de CONADI. Sin embargo, a pesar de las presiones ejercidas por

las autoridades centrales para aprobar finalmente el proyecto, una resolución favorable de CONAMA deja explícito que la autorización ambiental es independiente de la cuestión de las permutas de tierras en las que viven las comunidades pehuenches, asunto que debió ser resuelto por la CONADI como único órgano competente. La opinión de dos consejeros nombrados por el gobierno, como la del nuevo Director, fue oponerse a las permutas, si- tuación que determinó nuevamente la remoción de sus cargos 7 . Finalmente, durante los pri- meros meses de 1999, la CONADI llevó a término la aprobación de la mayoría de las so- licitudes de permuta, lo cual se hizo solamente con los votos de representantes del gobier- no y la exclusión de los Consejeros Nacionales Indígenas. Si bien es cierto que en la actua- lidad únicamente siete familias no han aceptado la permuta de sus tierras (entre ellas las fa- milias de Berta y Nincolasa Quintremán), los enfrentamientos y acciones en contra de la central Ralco siguen sucediéndose con fuerza 8 .

Por su parte, el conflicto entre las comunidades Mapuches y las empresas forestales tiene su acta de nacimiento a fines de 1997 (1 de diciembre), fecha en la cual fueron incen- diados tres camiones cargados con madera que salían de un terreno en litigio entre una em- presa forestal (Forestal Arauco) y las comunidades Mapuches de la zona de Lumaco, No- vena Región. Las comunidades Mapuches de ese sector señalaban su pretensión de recupe- rar los terrenos en manos de la forestal alegando sus derechos ancestrales. En dicha oca- sión, la Intendencia de la Región de la Araucanía entró con un requerimiento en la Corte de Apelaciones de Temuco para que se aplicara la Ley de Seguridad Interior del Estado contra todos aquellos que resultasen culpables del hecho. Desde entonces, el gobierno vie- ne advirtiendo que hará acatar el estado de derecho, y algunos de sus funcionarios realiza-

ron fuertes denuncias en contra de las acciones ocurridas a partir del día 1 de diciembre 9 .

A pesar de la campaña de difamación de que ha sido objeto la movilización Mapuche en

contra de las empresas forestales, desde ese día se produjeron innumerables brotes de pro- testa y acciones de descontento en diversas localidades de la novena región, algunas de las cuales adquirieron inusitada violencia por parte de los grupos en conflicto: por un lado, las comunidades Mapuches, grupos ecologistas e indigenistas, y por otro los agentes de segu- ridad de las empresas y las fuerzas del orden del estado. En consecuencia, dado que la es- trategia coercitiva aplicada por el gobierno no trajo buenos resultados, las autoridades de- cidieron negociar la compra de algunas tierras en disputa. Sin embargo, esta práctica de en- tregar un par de fundos a algunas comunidades no ha tenido los efectos que el gobierno es- peraba, manteniéndose las tomas de terreno hasta nuestros días 10 .

Conflicto Mapuche

Conflicto Mapuche Síntesis y conclusiones Una primera constatación que surge del análisis de los enfrentamientos

Síntesis y conclusiones

Una primera constatación que surge del análisis de los enfrentamientos expuestos es que nos encontramos ante un conflicto de legitimidades, y desde esa perspectiva no pare- ce que la resolución de éste vaya a tener un final favorable a corto o mediano plazo. Como sosteníamos, estamos en presencia de una deuda histórica que contrajo el estado chileno para con las naciones originarias, especialmente con el pueblo Mapuche, a la cual se agre- ga una constelación de otros factores, entre los cuales se puede destacar la ausencia total de una política efectiva de apoyo a las comunidades Mapuches más afectadas por las pro- fundas transformaciones socioeconómicas experimentadas por el país en los últimos años. Para algunos, tanto el conflicto Mapuche/ENDESAcomo el Mapuche/forestal resultan ser la expresión de la incapacidad del estado para privilegiar e imponer el bien común por so- bre los intereses de las empresas privadas, que a través de lobbies y diversas formas de pre- sión han llegado a arrinconar a las autoridades, legisladores y jueces, inclinando la balan- za a su favor. El caso Ralco y los conflictos con las empresas forestales han llevado a las organizaciones Mapuches a cuestionar la política seguida por la Concertación y, en este contexto, la mayor parte de los líderes de las organizaciones Mapuches sostienen que la so- lución a sus problemas pasa por el reconocimiento del pueblo Mapuche como una entidad étnico-política, esto es, como un pueblo política y territorialmente autónomo, aunque no necesariamente independiente del estado chileno (Lavanchy, 1999a: 16).

En ese sentido, las diversas organizaciones Mapuches han venido elaborando propues- tas de autonomía en algunas de las cuales se ha manifestado la intención de constituir una República Indígena en la que el “pueblo de Arauco se pueda autogobernar y en donde su cultura y progreso sea creado por él mismo”. La demanda de estos sectores no significa so- lamente resolver la cuestión de la tierra, sino encarar la solución del problema indígena a través de su “territorialidad”, lo cual supone el reconocimiento de los Mapuches como un pueblo y una nación 11 . Así, para quienes apoyan la causa Mapuche, los “actos de violencia” perpetrados en contra de las empresas representan una forma legítima de hacer escuchar su voz, tras una justa reivindicación, no sólo de las tierras que les fueron usurpadas, sino tam- bién de la autonomía a que tienen derecho como etno-nación.

Por su parte, la argumentación reiterada por los representantes de las empresas es difí- cil de despreciar por su apelo a las bases institucionales del estado chileno. Esgrimiendo razones que se apoyan en la legitimidad de la propiedad privada y en su defensa irrestric- ta, el recurso más utilizado por los voceros de estas empresas es que las acciones empren- didas por las comunidades y grupos de agitadores externos representan una clara e inacep- table trasgresión de la institucionalidad vigente, donde al gobierno no le cabe más que aca- tar lo que se encuentra consagrado en la constitución y las leyes 12 .

Una segunda constatación a realizar es que tales conflictos pueden considerarse como un caso ejemplar de los problemas de sustentabilidad que posee el actual modelo de desa- rrollo aplicado en el país. La inequidad se expresa no solamente en la desigual distribución del uso del territorio y de los recursos naturales (suelo y bosques) que poseen los Mapu- ches, sino también por el disímil acceso a los medios de comunicación y al poder político que deja a las comunidades indígenas con canales institucionales muy restringidos para ex- presar sus demandas. Estas limitaciones se dan además en un marco donde la democracia se perfila con un pronunciado sesgo hacia el encapsulamiento de la “cuestión” política den- tro de un ámbito estrictamente técnico y, por lo tanto, competencia exclusiva de los agen- tes del poder público (sociedad política y policy makers) como aquellos profesionales idó- neos para identificar, formular y decidir las políticas públicas.

Por lo mismo, es necesario enfrentar el conflicto y sus posibles soluciones como un problema complejo y multidimensional, en el que se encuentran en oposición diferentes

57

como un problema complejo y multidimensional, en el que se encuentran en oposición diferentes 57 /

Región Sur

culturas, objetivos, necesidades y distintas percepciones del medio ambiente. Es un con- flicto que enfrenta por lo tanto disímiles visiones de mundo (cosmogonías) y de formas de vida, las que van mucho más allá de una simple repartición o devolución de tierras. Como esbozamos, ello implica una dimensión territorial, que incorpora elementos de autonomía, autodeterminación y respeto a la dignidad e identidad de un pueblo. Si los diversos actores involucrados en el conflicto no consideran esta complejidad a la hora de proponer solucio- nes, lo más probable es que solamente consigan perpetuar una confrontación de largo alien- to, que puede asumir nuevas formas de una guerra entre colonizados y colonizadores.

Bibliografíaformas de una guerra entre colonizados y colonizadores. Bengoa, José 1985 Historia del Pueblo Mapuche (Santiago:

Bengoa, José 1985 Historia del Pueblo Mapuche (Santiago: Ediciones Sur).

Guha, Ramachandra 1994 “El ecologismo de los pobres”, en Revista de Ecología Política (Barcelona: Icaria) Nº 8.

Lavanchy, Javier 1999[a] “Conflicto y propuestas de autonomía mapuche”, en página web de Rehue Foundation, Holanda.

Lavanchy, Javier 1999[b] “Perspectivas para la compresión del conflicto mapuche”, en Página web de Rehue Foundation, Holanda.

Martinez Alier, Joan 1995 De la economía ecológica al ecologismo popular (Montevideo: Nordam-Comunidad).

Marimán, José A. 2001 “Políticas de estado frente a la cuestión nacional mapuche”, en Revista Rocinante (Santiago) N° 35, Septiembre, 4-7.

Namuncura, Domingo 1999 Ralco ¿Represa o pobreza? (Santiago: Ediciones LOM).
58

Sabatini, Francisco 1997 “Chile: conflictos ambientales locales y profundización democrática”, en Revista de Ecología Política (Barcelona: Icaria) Nº 13, 51-69.

Universidad de Artes y Ciencias Sociales (ARCIS) 2000 El Escándalo Ralco, Departamento de Derechos Humanos y Estudios Indígenas, Santiago, inédito.

NotasDerechos Humanos y Estudios Indígenas, Santiago, inédito. 1 Otras etnias reconocidas por el estado chileno son

1 Otras etnias reconocidas por el estado chileno son la Atacameña, Quechua, Colla, Alacalufe y Yámana o Yagán.

2 El ecologismo popular según la concepción de Guha o Martinez Alier representa un

desmentido de la noción más convencional, que ve al ecologismo como un movimiento propio de sociedades prósperas en su etapa post-materialista. Por el contrario, el ecologismo popular es un movimiento en defensa del medio ambiente que surge básicamente entre las poblaciones pobres de los países, especialmente de aquellos ubicados en el Hemisferio Sur (Guha, 1994: 137-151; Martinez Alier, 1995).

3 Como está extensamente documentado, a partir del advenimiento de la República el

pueblo Mapuche fue enaltecido como un conjunto de valerosos luchadores en contra del dominio español. Las imágenes que aluden al indio bravío no sólo llenaron las páginas de algunos escritores de tiempos de la colonia, sino que fueron recuperadas por intelectuales y literatos patriotas, quienes crearon una imagen romántica de estos “nobles salvajes”. Así fue como “el mito del mapuche como padre de la patria y el espíritu liberal de la época requerían que el indígena desapareciese, integrándolo o incorporándolo a la naciente entidad socio-política”. En pocas palabras, a través de este argumento, el Mapuche es transformado en ciudadano de la emergente nación cívica.

Conflicto Mapuche

Sin embargo, a partir de la “Pacificación de la Araucanía” –que implicó concretamente la ocupación de las tierras al sur del río Malleco– los Mapuches pasan a ser considerados enemigos del estado y del proyecto modernizador. Por tanto, la otrora figura de patriotas sufre un rápido proceso de transformación y se revierte a la de seres al borde de la bestialidad (Lavanchy, 1999[a]: 11-12; Bengoa, 1985: 142-145).

4 A diferencia de otros países de la región (Paraguay, México, Perú o Bolivia) las

comunidades indígenas de Chile han sido excluidas del proceso de formación de la identidad nacional, siendo su idioma relegado a un plano muy secundario, lográndose sólo a mediados del siglo pasado que su lengua fuera impartida en escuelas y liceos localizados en las proximidades de los asentamientos indígenas.

5 Se calcula que de los casi 1,5 millones de indígenas que existen en el país, más del 70% vive en poblaciones pobres de los centros urbanos, de los cuales más de medio millón corresponde a Mapuches que habitan en diversas comunas del Gran Santiago.

6 El artículo primero de dicha Ley reconoce la plurietnicidad existente en el territorio chileno cuando se afirma que “El estado reconoce como principales etnias indígenas de Chile a la Mapuche, Aymara, Rapa Nui y las comunidades Atacameñas, Quechuas, Collas, Alacalufe y Yámana o Yagán.” (Artículo 1°, Diario Oficial, 5/10/93).

7 Estos hechos se encuentran ampliamente documentados por el segundo Director

Nacional de CONADI al que se le solicitó la renuncia, Domingo Namuncura, en su libro denuncia titulado “Ralco ¿Represa o pobreza?”.

8 En los momentos en que escribo estas líneas, la prensa informa sobre la acción

cometida por “algunos vándalos” en contra de las instalaciones de ENDESAen Ralco, quemando dos camiones tolva y una retroexcavadora (El Mercurio, 1/10/01).

9 La prensa de derecha, e incluso el propio Ministro del Interior, llegaron a sostener

pocos días después, y sin ninguna prueba fidedigna, que estos hechos constituían los indicios de un rebrote guerrillero en la zona Sur, en la cual participarían activamente grupos de ultra-izquierda como el Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) y el Ejército Guerrillero Popular (EGP) (El Mercurio, 4/12/1997, La Tercera, 6/12/1997).

10 Una cronología pormenorizada de estas ocupaciones y de otro tipo de

manifestaciones (huelgas de hambre, marchas, tomas de caminos, tala de bosques, etc.) se encuentra en los anteriores números y en la presente edición de esta misma revista.

11 En palabras de José Huenchunao, uno de los líderes de la Coordinadora Arauco- Malleco: “En la actualidad tenemos más conciencia que el problema de fondo es la territorialidad de las comunidades mapuches. Aquí hay que reconocer que nosotros seguimos siendo un pueblo y una cultura diferente, que seguimos teniendo en nuestra memoria colectiva la conciencia de que éramos y somos una nación originaria” (La Segunda, 18/3/1999).

12 A pesar de que en términos formales este argumento está amparado en la

legitimidad otorgada por el respeto a la propiedad, no excluye que desde una perspectiva histórica y jurídica se pueda hacer un cuestionamiento sobre las formas en que se fue constituyendo tal propiedad, las que sí podrían ser motivo para su deslegitimación.

59

que se fue constituyendo tal propiedad, las que sí podrían ser motivo para su deslegitimación. 59

60

Argentina MAYO
Argentina
MAYO

Martes 1

• Se realizan diferentes actos en conmemoración del Día Internacional de los Trabaja- dores convocados por distintas organizaciones sindicales y partidos de izquierda.

Lunes 7

• Unos 3 mil trabajadores desocupados de La Matanza nucleados en la Federación de Tierra, Vivienda y Hábitat (FTV) de la Central de los Trabajadores Argentinos (CTA) y en el Movimiento de Desocupados de la Corriente Clasista y Combativa (CCC) cortan la ruta nacional 3 a la altura de la localidad de Isidro Casanova (Pcia. de Buenos Aires) en rechazo a los recortes que el gobierno nacional aplicó en la asignación de los planes Trabajar. Exigen también, entre otras cuestiones, la entrega de medicamentos, herra- mientas y la realización de obras públicas.

Martes 8 • En Jujuy, unas 2 mil personas, entre desocupados, aborígenes y campesinos de
Martes 8
• En Jujuy, unas 2 mil personas, entre desocupados, aborígenes y campesinos de La
Quiaca, cortan el puente internacional con Bolivia en reclamo de 300 planes de empleo
subsidiados por el gobierno nacional.
• Trabajadores de la empresa Cerámica Zanón, en Neuquén, cortan la ruta nacional 22,
a la altura de los puentes que unen esa ciudad con Cipolletti, en reclamo del pago de los
sueldos de los últimos dos meses.
• Trabajadores de Aerolíneas Argentinas (AA) realizan un abrazo simbólico al edificio
de la empresa ubicado en la Ciudad de Bs. As. en protesta por la demora en el pago de
salarios. Por la noche instalan un campamento en el hall del Aeroparque Jorge Newbery
donde realizan ollas populares.
• Trabajadores del Sindicato de Luz y Fuerza de Córdoba inician una serie de protestas
con paro y cortes de calles en rechazo a la privatización de la Empresa Provincial de
Energía de Córdoba (EPEC). Más de 200 empleados quedan detenidos, por orden de la
justicia, que investiga un presunto sabotaje que ocasionó el corte del servicio eléctrico
por más de cinco horas.
Jueves 10
• Cerca de 100 trabajadores de la Asociación del Personal Aeronáutico (APA) cortan la
autopista Ricchieri bloqueando el acceso al Aeropuerto de Ezeiza y se movilizan desde
los hangares hasta el espigón internacional.
Lunes 14
• Cerca de 200 productores de frutas de Cipolletti, Cinco Saltos y otras ciudades de la
provincia de Río Negro cortan la ruta 151 para reclamar al gobierno nacional un precio
sostén, subsidios para el sector y beneficios impositivos.

Miércoles 9

Martes 15 • Más de 400 personas del Movimiento Independiente de Jubilados y Pensionados (MIJP) inician una marcha a la Plaza de Mayo en demanda de planes de empleo, ayu- da social, un nuevo plan económico y la liberación de Emilio Alí.

Miércoles 16

•T rabajadores desocupados de la FTV de la CTA cortan los puentes Alsina, Pueyrredón

y Uriburu (tres accesos a la Ciudad de Bs. As.) exigiendo una respuesta al reclamo for- mulado por los “piqueteros” que mantienen cortada la ruta 3 en La Matanza.

Argentina

Viernes 18

• La marcha organizada por el MIJP llega a la Plaza de Mayo. El gobierno se compro- mete a reiniciar los planes de empleo suspendidos.

Lunes 21

• Las principales rutas de las zonas frutícolas de las provincias de Neuquén y Río Ne- gro fueron cortadas por piquetes de productores de peras y manzanas que reclaman al gobierno nacional, entre otras cuestiones, un precio sostén para la fruta.

Martes 22

• Trabajadores desocupados de distintos puntos de la Pcia. y de la Ciudad de Bs. As., organizados por la CTA y la CCC, realizan cortes de ruta en solidaridad con los “pique- teros” que mantienen cortada la ruta 3 en La Matanza.

La Marcha por la Vida organizada por el Movimiento Nacional de los Chicos del Pue-

blo iniciada el 7 de mayo en La Quiaca (Jujuy) llega a la Plaza de Mayo de la Ciudad de Bs. As (luego de recorrer San Salvador de Jujuy, Salta, Tucumán, Santiago del Estero, Córdoba, Rosario, entre otros) donde realizan un acto con diferentes organizaciones.

Miércoles 23

• Los trabajadores desocupados de La Matanza levantan el corte de la ruta 3 que reali- zaban desde hace más de dos semanas luego de acordar con la ministra de Trabajo y el vicegobernador de la Pcia. de Bs. As. la entrega de 7.500 planes Trabajar, 6.200 bene- ficios adeudados y el compromiso de las autoridades de la provincia de mejorar las con- diciones de detención de Emilio Alí.

Jueves 24

• Trabajadores de APArodean con una bandera argentina un jumbo de la empresa española Iberia en el Aeroparque Jorge Newbery para exigir el pago de los salarios del mes de abril.

Sábado 26

• Los ministros de Economía y Trabajo y el titular de la Asociación del Personal Téc- nico Aeronáutico (APTA) viajan a Madrid para negociar el respaldo financiero del go- bierno español para la empresa aérea.

Martes 29

• Luego de conocerse el fracaso de las negociaciones entre el gobierno y la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) –accionista mayoritaria de AA– en Espa- ña, 300 trabajadores de la empresa realizan un piquete en la pista de despegue del Ae- roparque Jorge Newbery. Empleados nucleados en APA toman la sede empresaria en la Ciudad de Bs. As. En Ezeiza, trabajadores de AA cubren los mostradores de Iberia im- pidiendo el registro de pasajeros.

Alrededor de mil trabajadores desocupados cortan rutas en diferentes lugares del co-

nurbano bonaerense y la ciudad de La Plata (Pcia. de Buenos Aires) en reclamo de pla- nes Trabajar.

Miércoles 30

• En General Mosconi (Pcia. de Salta), trabajadores que intervienen en la construcción del nuevo hospital cortan la ruta nacional 34 en protesta por no obtener respuesta al pe- dido de un básico salarial de 2,50 pesos la hora, entre otras cuestiones.

Alrededor de mil desocupados nucleados en la CCC acampan frente al edificio de la

Gerencia de Empleo Nacional en la Pcia. de Jujuy, en reclamo de 3 mil planes Trabajar y ayuda social.

Jueves 31

• La Confederación General del Trabajo (CGT) disidente realiza una marcha y un acto en la Plaza de Mayo en la Ciudad de Bs. As. en la que participan 100 mil personas, se- gún fuentes sindicales, en rechazo a las políticas económicas del gobierno.

61

Cronología

62

Lunes 4

Viernes 8

JUNIO

• Los productores de yerba mate de la provincia de Misiones cortan la ruta nacional 12 que une Posadas con Iguazú para denunciar la caída generalizada del precio de la yerba, y cues- tionan la legalidad de marcas que se comercializan a menor costo, entre otras cuestiones.

• La CGT disidente, la CTA y la CCC realizan la quinta huelga general contra la polí- tica económica y social del gobierno nacional. El paro tuvo alto acatamiento en los sec- tores estatales y del transporte. Se realizaron manifestaciones en varios puntos del país y cortes de rutas en La Matanza y La Plata en la Pcia. de Buenos Aires, Rosario en San- ta Fe y Mendoza, entre otras.

Martes

12

•T rabajadores de APA impiden por más de 4 hs. el despegue de aviones en el Aeropuer- to Internacional de Ezeiza para protestar contra la decisión de la SEPI de suspender los vuelos a Madrid, última ruta a Europa que le quedaba a la compañía. Las protestas son reprimidas por 250 efectivos de la Policía Aeronáutica Nacional (PAN). Por su parte, APTA realiza un festival gratuito en el Luna Park, al que asisten 8 mil personas.

Domingo 17

• Los trabajadores que se encuentran cortando la ruta nacional 34 en el acceso a Gene- ral Mosconi son desalojados con balas de plomo, goma y gases lacrimógenos por 400 gendarmes, tras la orden efectuada por el juez federal Abel Cornejo. La represión deja un saldo de 2 muertos, 50 heridos y varios detenidos.

Lunes 18

• Continúa durante todo el día la represión a los piqueteros de General Mosconi. Lle- gan al lugar más de 500 gendarmes. La CGT disidente, la CTA, la CCC, organismos de

defensa de los derechos humanos y partidos políticos condenan la represión.

Miércoles 20

• Por la noche, la Gendarmería detiene a 18 pobladores de General Mosconi. Más tar- de, una movilización, en la que participan unas 1.000 personas, obliga a los efectivos a retirarse hacia la ruta 34.

Jueves 21

• Más de 7 mil personas convocadas por la CTA, la CGT disidente y la CCC, junto a organismos de derechos humanos, estudiantiles y partidos políticos de izquierda, mar- chan desde La Matanza hasta la Plaza de Mayo donde realizan un acto para repudiar la brutal represión desatada días atrás en Salta.

Viernes 22

• La empresa AAconcreta su pedido de apertura del concurso preventivo de quiebra.

Sábado 23

• Los productores de yerba mate que hace dos semanas acamparon frente a la Casa de Gobierno en Misiones con más de 200 tractores, levantan la protesta al acordar con el gobierno y los industriales un precio sostén de 13 centavos por kilo de hoja verde.

Jueves 28

• La Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina (CTERA) realiza un paro nacional y una marcha desde el Congreso hasta la Plaza de Mayo en la Ciudad de Bs. As. para exigir el pago del incentivo docente y repudiar el congelamiento de la inversión educativa.

JULIO

Miércoles 11

• El ministro de Economía Domingo Cavallo anuncia un paquete de medidas mediante el cual se intentará llevar a cero el déficit de las cuentas públicas. Estas medidas inclu-

Argentina

yen la reducción del gasto público y, particularmente, de los salarios de los empleados públicos, jubilaciones, pensiones y bienes y servicios del estado nacional que variará cada mes dependiendo de los ingresos tributarios.

• La CGT disidente, la CTA y la CCC condenan las medidas económicas y se declaran

en estado de alerta y movilización. El Fondo Monetario Internacional (FMI) respalda al gobierno argentino frente a los rumores de default (cesación de pagos).

Jueves 12

• Unos 4 mil trabajadores de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) marchan por el centro de la ciudad de La Plata hasta la gobernación de la Provincia de Buenos Aires para manifestar su oposición a la propuesta del pago de salarios con bonos provinciales, entre otros reclamos.

 

Viernes 13

• El presidente Fernando de la Rúa recibe el apoyo de su par norteamericano George W. Bush a las medidas económicas anunciadas por el gobierno para alcanzar el déficit cero. Asimismo diferentes asociaciones empresarias apoyan también el plan gubernamental.

Sábado 14

• Unos 200 trabajadores de AA bloquean la salida de la parroquia Nuestra Señora del Pilar, donde se casa la hija del ministro de Economía, con consignas en defensa de la empresa.

Domingo 15

• El presidente Fernando de la Rúa anuncia por cadena nacional la confirmación del pi- so de 300 pesos para el descuento del 13% en jubilaciones y sueldos de los empleados públicos, con la posibilidad de elevarse a 500 pesos si el Congreso aprueba esta semana tres leyes complementarias. Los gobernadores de la Alianza firman un documento lla- mado “Compromiso por la Independencia” de apoyo a las últimas medidas económicas.

 

63

 

La CGT oficial, la disidente y la CTA convocan para el jueves próximo un paro na- cional de 24 hs. en rechazo al ajuste.

Lunes 16

• Unos 3 mil desocupados de la FTV, de la CT A y del Movimiento de Desocupados de la CCC cortan la ruta 3 para repudiar el ajuste económico impulsado por el gobierno y pedir la liberación de los presos políticos Raúl Castells, Emilio Alí y José Barraza.

Martes 17

• Los gobernadores del Partido Justicialista (PJ) firman el Pacto por la Independencia con el gobierno nacional a través del cual se comprometen a adoptar el principio presupues- tario de déficit cero, reservándose la forma en que lo implementarán, entre otros puntos.

El gobernador de la Pcia. de Bs. As., Carlos Ruckauf, declara el estado de emergen-

cia económica financiera y decreta medidas de ajuste para cumplir con la reducción del déficit fiscal. Establece una rebaja salarial progresiva para empleados y funcionarios de los tres poderes que perciban sueldos superiores a 1.000 pesos brutos, a excepción de jueces y fiscales, y el pago con bonos –llamados Patacones– de los sueldos mayores a 700 pesos, entre otras medidas.

 

Miles de desocupados de La Plata, Lanús, Quilmes, Florencio Varela, Almirante

Brown y Mar del Plata, agrupados en el Movimiento Teresa Rodríguez (MTR), cortan el acceso a la autopista Bs. As.–La Plata en la rotonda de Alpargatas en rechazo al ajus- te económico, entre otras cuestiones.

 

Miércoles 18

•ATE realiza un paro nacional y marcha a Plaza de Mayo en los que participan más de 10 mil personas, según los manifestantes, en contra de las medidas de ajuste. Organis- mos de derechos humanos, centros de estudiantes y partidos políticos de izquierda, en- tre otros, participan de la movilización.

Cronología

• El Sindicato Unificado de Trabajadores de la Educación de Buenos Aires (SUTEBA),

el Sindicato Argentino de Docentes Particulares (SADOP) y la Federación de Educado-

res Bonaerenses (FEB) realizan un paro en la Pcia. de Bs. As. en rechazo al ajuste anun-

ciado por Carlos Ruckauf.

64

 

Los docentes universitarios nucleados en la Confederación Nacional de Docentes Uni- versitarios (CONADU) realizan una huelga nacional en repudio al recorte del 13% en el presupuesto del sector.

Jueves 19

• La CGT oficial, la disidente, la CTA y la CCC realizan un paro nacional por 24 hs. contra el plan de ajuste implementado por el gobierno. Se realizan cortes de ruta en nu- merosas localidades de la Provincia de Buenos Aires (Mar del Plata, La Plata, La Ma- tanza, Florencio Varela, entre otras) y en las provincias de Chaco, Tucumán, Jujuy, San- ta Fe, Mendoza y Catamarca. Partidos políticos de izquierda realizan escraches frente a la quinta presidencial de Olivos, entre otros lugares.

Martes 24

• Se realiza la I° Asamblea Nacional de Organizaciones Populares, Territoriales y de Desocupados impulsada por la FTV de la CTA, el Movimiento de Desocupados de la

CCC

y otras organizaciones, en la que participan más de 2 mil personas en la iglesia del

Sagrado Corazón, en San Justo (Pcia. de Buenos Aires). Allí se aprueba un plan de lu- cha que empezará el martes próximo con cortes de ruta progresivos escalonados en tres semanas (24 hs., 48 hs. y 72 hs.) en las 50 ciudades más importantes del país, exigien- do la derogación del decreto de ajuste fiscal, garantías de que los planes Trabajar no se- rán recortados, y la libertad y desprocesamiento de todos los detenidos sociales.

Miércoles 25

•ATE realiza un paro y una movilización hacia el Congreso en rechazo al recorte a las jubilaciones y salarios del sector público. Por su parte, la Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN) marcha hasta la casa de gobierno de la Pcia. de Bs. As. en La Plata en contra del pago con Patacones decidido por el gobierno provincial.

Viernes 27

• En Misiones, alrededor de 1.500 personas marchan hacia el Palacio Legislativo para repudiar la aprobación del ajuste en la provincia. La protesta es reprimida por la poli- cía dejando como saldo 20 heridos y 15 detenidos.

Domingo 29

• El Senado convierte en ley el proyecto gubernamental llamado de déficit cero sobre las cuentas del estado, el cual establece un ajuste de 2.500 millones de pesos que con- templa un recorte del 13% en los salarios, jubilaciones, etc. mayores de 500 pesos. Asi- mismo, prevé que cuando los recursos no fueran suficientes, se continuará reduciendo los créditos del sector público hasta el equilibrio entre gastos y recursos.

Martes 31

• La Asamblea Nacional de Organizaciones Populares, Territoriales y de Desocupados

realiza la primer jornada nacional de cortes de ruta en la que participan, según los ma- nifestantes, más de 100 mil personas en más de 200 protestas. Adhieren a la medida la

CTA y la CCC. En Bs. As. se realizan 23 piquetes, particularmente en el conurbano, Ba-

hía Blanca, Mar del Plata, Mercedes y San Nicolás. En la Ciudad de Bs. As. se regis- tran 20 cortes y marchas. Las provincias donde se manifiesta con más fuerza son Mi- siones, Neuquén y Tucumán. También hay piquetes en Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos, Jujuy, Mendoza, La Rioja, Chubut, Catamarca, Chaco, Río Negro, Tierra del Fuego y Santiago del Estero.

Argentina

AGOSTO

Jueves 2

• Más de 6 mil manifestantes –convocados por ATE, UPCN, Unión de Docentes de Mi- siones, entre otras organizaciones– se concentran en el centro de la ciudad de Posadas (Pcia. de Misiones) para protestar contra los descuentos salariales en el sector público decididos por el gobierno provincial. En la ciudad de Formosa (Pcia. de Formosa) 2 mil trabajadores estatales realizan una marcha a la sede del gobierno provincial para recha- zar los proyectos de reducción de los salarios de los empleados públicos.

Viernes 3

• Más de 200 desocupados del MTR toman por cinco horas la sede del Ministerio de Trabajo de la Pcia. de Buenos Aires, en La Plata, en reclamo del pago de 180 planes “Barrios Bonaerenses”. Al desalojar las instalaciones oficiales, los manifestantes son reprimidos con balas de goma y bastonazos por la Policía, dejando un saldo de 60 de- tenidos y algunos heridos.

•Trabajadores de ATE y UPCN retienen sus tareas, realizan asambleas, tomas pacíficas

y cortes de calles en las dependencias de la administración pública de la Pcia. de Buenos Aires en rechazo al ajuste provincial.

Lunes 6 • SUTEBA, SADOP, FEB y la Asociación del Magisterio de Enseñanza Técnica (AMET) realizan un paro por 24 hs. en todos los colegios de la Pcia. de Bs. As. en re- chazo al recorte decidido por el gobierno de la provincia.

• La CONADU comienza un paro activo que se extenderá durante toda la semana, con

clases públicas, asambleas y movilizaciones multisectoriales en todas las universidades nacionales del país en rechazo de la Ley de Déficit Cero.

65

Martes

7

• Comienzan las 48 hs. de piquetes en todo el país organizadas por la Asamblea Nacional

 

de Organizaciones Populares, Territoriales y de Desocupados, donde participan más de 150

mil personas en 300 protestas, según los manifestantes. Se registran cortes de rutas, calles, asambleas, tomas de edificios públicos, clases públicas y movilizaciones, organizadas por

la CTA, CCC, ATE, CTERA, MIJP, MTR, organismos de derechos humanos, estudiantes

partidos políticos de izquierda, entre otros, en la Ciudad y Pcia. de Buenos Aires, Córdo- ba, Neuquén, Salta, Río Negro, Tierra del Fuego, Corrientes, Jujuy y Entre Ríos.

y

Miércoles 8

• El segundo día de cortes de ruta culmina con una movilización multisectorial, con la presencia de la CTA y la CCC, hacia la Plaza de Mayo, en la que participan 50 mil per- sonas, según los manifestantes. Se registran cortes, actos y movilizaciones en las prin- cipales ciudades del país.

Jueves 9

• Cerca de 20 mil personas, según los manifestantes, se movilizan por el centro de la ciudad de Córdoba en protesta por los recortes salariales que afectan a docentes y no docentes universitarios. La marcha culmina con un acto en la plaza San Martín.

Lunes 13

• SUTEBA inicia un paro por tiempo indeterminado en todas las escuelas públicas de

la

Pcia. de Buenos Aires en contra del recorte de salarios y del pago en Patacones. La

FEB adhiere a la medida.

Martes 14

• Comienzan las 72 hs. de piquetes organizados por la Asamblea Nacional de Organi- zaciones Populares, Territoriales y de Desocupados en contra del ajuste. Se realizan más de 300 cortes, según los manifestantes, en Bs. As., Chaco, Misiones, Jujuy, Cata-

Cronología

marca, Tucumán, Santa Cruz, Entre Ríos, San Luis, Neuquén, Río Negro, Santa Fe, Mendoza y Córdoba. ATE lanza un paro nacional de 72 hs. en el marco de las jornadas de protesta. En La Plata, más de 10 mil docentes, judiciales, estatales, desocupados y estudiantes se concentran frente a la gobernación para rechazar el ajuste.

66

Miércoles 15

• Se realizan cortes de rutas en todo el país en el segundo día de protestas. La CONA- DU comienza un paro activo con clases públicas por 48 hs. en diferentes universidades nacionales.

Jueves

16

• Más de 20 mil –según los manifestantes– piqueteros, maestros, estatales, estudiantes, entre otros, culminan las 72 hs. de piquetes con una multitudinaria marcha hasta la Plaza de Mayo donde realizan un acto en contra del ajuste y se exige la libertad de todos los presos políticos.

Domingo 19

• Al finalizar el XVI Encuentro Nacional de Mujeres, en La Plata, más de 2 mil muje- res de todo el país marchan por las calles de la ciudad en rechazo al ajuste y reclaman- do los derechos de la mujer.

Martes 21

• CONADU comienza un paro por 48 hs. en protesta por el recorte del 13% al presu- puesto universitario. Se realizan clases públicas en las que participan más de 20 mil es- tudiantes en todo el país.

Miércoles 22

• CTERArealiza un paro nacional en contra del ajuste. Además, convoca conjuntamen - te con la CONADU, CONADU Histórica (CONADUH), la Federación Universitaria Argentina (FUA) y diferentes organizaciones de la comunidad educativa a una movili- zación hacia la Plaza de Mayo, en la que participan más de 40 mil personas, según los manifestantes.

En la Pcia. de Salta se inicia el ejercicio militar Cabañas 2001 donde participan efec- tivos de las fuerzas armadas de EE.UU., Brasil, Chile, Ecuador, Perú, Paraguay, Uru- guay y Argentina.