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UASD SAN PEDRO DE MACORIS

TITULO
ANÁLISIS DEL CONTROL DIFUSO

ASIGNATURA:
DERECHOS FUNDAMENTALES LL

SUSTENTANTE:
KELVING CASTILLO DE JESÚS

DOCENTE
ROBINSON PUELLO

SAN PEDRO, REPUBLICA DOMINICANA


2018
El significado de Control Difuso es el de una facultad constitucional concedida a
los órganos revestidos de potestad jurisdiccional para revisar la constitucionalidad
de las normas, haciendo prevalecer la Constitución sobre la ley y ésta sobre
cualquier otra norma de rango inferior.

Es ejercido por todos los tribunales ordinarios, al cual puede recurrir de modo
incidental cualquier persona envuelta en un litigio, a la cual se le este vulnerando
una norma de rango constitucional, el efecto de este control es inter partes. todo
juez o Tribunal del poder Judicial apoderado del fondo de asunto ante el cual se
alegue como medio de defensa la inconstitucionalidad de una Ley, de decreto,
reglamento o acto, tiene competencia y esta en el deber de examinar, ponderar y
decidir la excepción planteada como cuestión previa al resto del caso. Ley 13711
del Tribunal Constitucional Y Procedimiento Constitucional Pág. 19

El artículo 188 constitucional, bajo el epígrafe de “Control difuso”, establece que


“los tribunales de la República conocerán la excepción de constitucionalidad en los
asuntos sometidos a su conocimiento.” De ello se deprenden un conjunto de
consideraciones que paso a desarrollar de inmediato.

La primera cuestión a considerar es la relativa al hecho de que el constituyente de


2010, si bien especializa un órgano de justicia constitucional para el ejercicio del
control concentrado de constitucionalidad, hace una opción expresa por mantener
el modelo de control difuso, toda vez que asigna competencia a “los tribunales de
la República” para conocer de la excepción de inconstitucionalidad.

Con esta decisión se da continuidad, aunque con considerables matices y


diferencias, al sistema combinado de control de constitucionalidad que incorporó a
nuestra vida institucional la reforma de 1994. La principal ventaja de este modelo
es que reúne, actualizándolas, las grandes tradiciones euroatlánticas de justicia
constitucional: el viejo modelo de control difuso, que nace en EE. UU. con la
sentencia del juez Marshall en 1803, y el modelo continental europeo, de
inspiración kelseniana pero considerablemente robustecido con la evolución del
constitucionalismo la postsegunda guerra en el viejo continente.

Ello potencia las posibilidades del sistema de justicia constitucional, en su


modalidad control de constitucionalidad, de actuar a gran escala en la consecución
de la misión de garantizar la supremacía de la constitución y el sistema de
derechos y libertades fundamentales.

Tal y como se desprende del contenido material del texto constitucional


comentado, la primera característica del modelo difuso de control consiste en que
el alegato de inconstitucionalidad se plantea como una excepción en el marco de
una contestación judicial principal. Se trata de un juicio de constitucionalidad a la
luz del caso concreto, a diferencia del control concentrado en que lo que el tribunal
lleva a cabo es una labor abstracta de contrastación de normas generales. Como
la excepción de inconstitucionalidad se puede plantear ante cualquier tribunal,
todos los jueces quedan convertidos, automáticamente y en primer lugar, en
jueces de garantía de la constitucionalidad de las normas que aplican.

Lo anterior supone que la primera y más importante herramienta de trabajo de que


debe disponer todo juez es la constitución, entendida en el más amplio sentido de
la palabra, debiendo determinar, incluso de oficio, el apego de las normas que
aplica en cada caso a las disposiciones de la Ley fundamental.

Con el modelo combinado de control, la diferencia entre juez constitucional


ordinario y juez constitucional especializado tienen que ver con la intensidad del
control y con el alcance de la decisión que se adopte.

Como he indicado más arriba, la primera característica del modelo difuso de


control consiste en que el alegato de inconstitucionalidad se plantea como una
excepción, en el marco de un proceso principal. De ello deriva que la legitimación
para plantear la inconstitucionalidad está reservada estrictamente a las partes
envueltas en la contestación principal, toda vez que sólo ellas tienen interés en
que el derecho aplicable al caso sea conforme a la constitución.
Otra de las características del modelo difuso de control de constitucionalidad es
que los efectos de la decisión judicial se circunscriben al caso particular y, por
tanto, a los intereses de las partes en él envueltas. Como es de conocimiento
general, la Ley aplicable al caso en que se presenta la excepción de
inconstitucionalidad sigue vigente como parte del ordenamiento jurídico, aun en el
supuesto de que el tribunal haya declarado su inconstitucionalidad. Esto lleva a la
cuestión de que, lo que el juez declara inconstitucional no es la disposición
normativa materialmente contenida en la Ley, sino la norma concreta que por vía
de interpretación el juez extrae de la disposición. En otras palabras, lo que deviene
inconstitucional es la interpretación que de la Ley hace el juez, la cual, al operar
como norma tallada a la medida del caso concreto, no puede surtir efectos
generales.

El control constitucional es un mecanismo procesal que persigue hacer funcional


la jerarquía de la Constitución como norma suprema.

El control de la constitucionalidad es "El medio que permite regular y controlar la


norma jurídica por parte de los tribunales, para toda ley, decreto, reglamento o
acto de los poderes públicos, sea que dimanen del legislativo, del ejecutivo o del
judicial o que provengan de particulares." Definición esta de donde se infiere que
la interpretación de la Constitución permite que podamos someter cualquier acto
que emane de los poderes públicos al escrutinio de la Constitución y establecer si
se ajusta o no a la norma suprema.

El control de la constitucionalidad dominicano esta compuesto por un sistema


mixto, que instituye el control concentrado y difuso, los cuales provienen de los
modelos Norteamericano y Europeo. El primero, pretende que los jueces al
momento de la aplicación de una norma, en un caso concreto, verifiquen si esta se
ajusta o no a la Constitución, en cuanto al segundo, este se refiere a la posibilidad
de que cualquier persona pueda interponer la acción directa en
inconstitucionalidad respecto de una ley, decreto, resolución o acto emanado de
poderes públicos, que sean contrarios a la norma sustantiva.
De la aplicación del principio de la supremacía constitucional frente a los actos
legislativos y administrativos se deriva el hecho de que las constituciones
contemporáneas hayan previsto mecanismos tendentes a garantizar que el Pacto
Constitucional no sea vulnerado por disposiciones de menor jerarquía. A tales
fines, se ha previsto –en algunos casos de manera expresa y en otros de forma
implícita– el establecimiento de medios de defensa de la constitución que se
enmarcan dentro del concepto “control de la constitucionalidad”.

Fuertes debates ha habido en torno al carácter político o jurídico del control de la


constitucionalidad, que tiene implicaciones posteriores en torno al tema de qué
órgano del Estado debe encargarse de administrar el sistema de control
constitucional. La discusión doctrinaria no es sencilla, ya que algunos estudiosos
afirman que supervigilar la expedición de las leyes y anularlas cuando coliden con
la Constitución constituye un desconocimiento de la facultad del congreso o
parlamento como representante de la soberanía popular. Es decir, que otorgar a
otro órgano del Estado la capacidad de abolir las leyes que no sean compatibles
con el texto constitucional equivale a vulnerar la porción de la soberanía popular
que descansa mediante representación en ese otro Poder del Estado que
llamamos legislativo.

Los que se adhieren a la tesis de que el control de la constitucionalidad es de


carácter esencialmente político argumentan que el que examina la
correspondencia de una ley con la Carta Magna se sitúa por encima de aquella, y
en tal virtud dicha tarea no debería confiarse a los jueces, quienes están llamados
a aplicar las leyes.

No obstante, es nuestra opinión que, sin negar los matices políticos posee el
control de la constitucionalidad, el aspecto fundamental del ejercicio de control es
eminentemente jurídico.