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LA INDEROGABILIDAD SINGULAR DE

LAS NORMAS REGLAMENTARIAS

1. PRINCIPIO DE INDEROGABILIDAD SINGULAR DE LOS REGLAMENTOS

El principio de inderogabilidad singular impide que la autoridad que dictó un


reglamento, o bien otra superior, pueda derogar el reglamento para un caso
concreto, esto es, establecer excepciones privilegiadas en favor de una persona
determinada.

1.1. ARTÍCULO 52.2 DE LA LEY DE RÉGIMEN JURÍDICO DE LAS


ADMINISTRACIONES PÚBLICAS Y PROCEDIMIENTO ADMINISTRATIVO
COMÚN

Esta regla está prevista en el artículo 52.2 de la Ley de Régimen Jurídico de las
Administraciones Públicas y Procedimiento Administrativo Común: “Las
resoluciones administrativas de carácter particular no podrán vulnerar lo
establecido en una disposición de carácter general, aunque aquéllas
tengan igual o superior rango a éstas”. De dictarse serían nulas.

Quiere esto decir que las decisiones administrativas (los actos administrativos)
no pueden contradecir un Reglamento aunque tengan igual o superior rango (v.
gr., un acto administrativo que proceda del Gobierno no puede contradecir un
reglamento de un Ministro).

1.2. PRINCIPIOS CONSTITUCIONALES DE IGUALDAD, SEGURIDAD JURÍDICA


E INTERDICCIÓN DE LA ARBITRARIEDAD DE LOS PODERES PÚBLICOS

La prohibición de dispensas singulares injustificadas se fundamenta en el


principio constitucional de igualdad (artículo 14 de la Constitución), pero está
también vinculada con los principios constitucionales de seguridad jurídica e
interdicción de la arbitrariedad de los poderes públicos.

La justificación a este principio podemos encontrarla en otros dos principios


consagrados en la Constitución: por una parte, el principio de igualdad recogido
en el artículo 14 implica que no pueda derogar una norma para un caso concreto;
por otra, el principio de legalidad enunciado en el artículo 9.3 va a suponer que
la Administración esté sometida al ordenamiento jurídico, también por tanto, a
sus propios reglamentos, aunque los dicte un órgano superior al que dictó el acto
singular.

Principio de Inderogabilidad singular de los reglamentos. El principio de


derecho administrativo de inderogabilidad singular de los reglamentos y demás
disposiciones administrativas de carácter general contenido en el artículo 13 de
la Ley General de la Administración Pública impide que se pueda considerar que
existe un derecho adquirido o una situación jurídica consolidada en favor del
gestionante para continuar incumpliendo con los requisitos establecidos de
manera general para todos los funcionarios públicos a los que se le aplica el
Reglamento Autónomo del Registro Nacional. Sentencias: 2009-95, 1709-04.

La aplicación del principio general de la inderogabilidad singular de la norma;


principio general de rango constitucional, es aplicable a la totalidad del
ordenamiento jurídico, como derivación y a la vez condición del Estado de
Derecho en su integridad. Todo lo cual significa, que para la creación de un
nuevo ente territorial municipal la Asamblea Legislativa debe observar la ley que
ha dictado con tal propósito, desde luego, sin perjuicio de su potestad de
derogarla o reformarla previamente a su ejercicio. Sentencias: 2009-95, 1709-
04.

En virtud del principio de inderogabilidad singular de los reglamentos tampoco


puede la Administración brincarse a su sola discreción, la existencia del artículo
25 del Reglamento, y producir una lectura del artículo 62 de la Ley, haciendo
incoherente el texto de la norma reglamentaria y provocando una situación
jurídica a todas luces ilegal y es una derogación tácita de esta norma
reglamentaria por ser contraria a la resolución Sentencia 14020-09

“…Sobre el principio de inderogabilidad singular de las normas. La Sala en una


consulta legislativa facultativa sobre el proyecto de ley endiente a la creación de
un nuevo cantón en la Provincia de Guanacaste, dispuso que el legislador tenía
que observar para tal efecto, las reglas establecidas en la Ley sobre División
Territorial Administrativa: “A juicio de la Sala, el principio general de Derecho que
establece que las normas jurídicas obligan incluso a la autoridad que las ha
dictado y, dentro de su competencia, a su superior, implica que la ley que
disciplina el funcionamiento de la Asamblea Legislativa para el ejercicio de una
competencia también constitucional, la vincula en los casos concretos en que
haya de ejercerla, lo cual no es más que la aplicación del principio general de la
inderogabilidad singular de la norma para el caso concreto; principio general de
rango constitucional, como que es aplicable a la totalidad del ordenamiento
jurídico, como derivación y a la vez condición del Estado de Derecho en su
integridad. Todo lo cual significa, en relación con el presente asunto, que para la
creación de un nuevo ente territorial municipal la Asamblea Legislativa debe
observar la ley que ha dictado con tal propósito, desde luego, sin perjuicio de su
potestad de derogarla o reformarla previamente a su ejercicio." (Sentencia de la
Sala Constitucional Nº 2009-95)…Este principio es una conquista del Estado de
Derecho surgido de la Revolución francesa, toda vez que era característico del
antiguo régimen absolutista que el rey cambiara de criterio según sus intereses.
Así que si el legislador desarrollando las garantías constitucionales a favor del
ambiente, establece como requisito y garantía del derecho, que para la reducción
de las áreas protegidas se requiere de ley y de un estudio técnico suficiente y
completo que la justifique, tal disposición vincula, en virtud del principio, al propio
órgano legislativo que la dictó. ..” Sentencia 13367-12
EL PROCEDIMIENTO PARA LA FORMACIÓN DE POTESTAD
REGLAMENTARIA

2. LA POTESTAD REGLAMENTARIA.

2.1 CONCEPTO.
Se llama potestad reglamentaria al poder en virtud del cual las Administraciones
públicas dictan reglamentos. Es por tanto la potestad (o poder), más grave y
necesitada de mayor profundidad al ser ejercida, pues implica la participación
en la formación del ordenamiento legal.

Como señala Cosculluela Montaner, la potestad “es un poder otorgado por el


ordenamiento jurídico de alcance limitado o medido, para una finalidad
predeterminada por la propia norma que la atribuye, y susceptible de control
por los Tribunales”

La potestad es un poder de acción limitado y controlable, otorgado para ser


ejercido siempre con fines específicos y en beneficio de terceros. En el caso de
las potestades atribuidas a la Administración pública, las potestades
administrativas, son otorgadas para la satisfacción del interés general y el
beneficio de los administrados; son, así, potestades-función, cuya nota esencial
es que deben ser ejercidas en interés de otro, es decir, no en interés de quien
las ejerce, sino del interés general o bien común. El artículo III del Título
Preliminar de la Ley del Procedimiento Administrativo General peruana (en
adelante, LPAG) sigue esta perspectiva, pues declara: “La presente Ley tiene
por finalidad establecer el régimen jurídico aplicable para que la actuación
de la Administración Pública sirva a la protección del interés general,
garantizando los derechos e intereses de los administrados y con
sujeción al ordenamiento constitucional y jurídico en general”

En el contexto peruano, la atribución de la potestad reglamentaria se desarrolla


por dos vías: una constitucional y otra legal. A nivel constitucional, los
artículos 118.8, 125.2, 191, 192, 194 y 195 de nuestra Carta Magna,
atribuyen la potestad reglamentaria al Presidente de la República, al
Consejo de Ministros, así como a las Regiones y Municipalidades. A nivel
legal, la LOPE, como se vio supra, otorga la potestad reglamentaria a los
Ministros de Estado en las materias de su sector. Por su parte, la Ley
Orgánica de Municipalidades y la Ley Orgánica de Gobiernos Regionales
atribuyen también la potestad reglamentaria a los alcaldes y presidentes
regionales, respectivamente. Cabe resaltar, también, que diversos
organismos constitucional y legalmente autónomos poseen potestad
reglamentaria otorgada por sus leyes de creación y de organización, por
ejemplo, el Tribunal Constitucional, el Consejo Nacional de la Magistratura, el
Jurado Nacional de Elecciones, la Defensoría del Pueblo, el INDECOPI, entre
otros.
2.2 FUNDAMENTO DE LA POTESTAD REGLAMENTARIA.

Como justificación de esta potestad, Garrido Falla señala las siguientes


razones:

 La Cámaras legislativas son órganos políticos y no técnicos, lo que les


dificulta la tarea de confeccionar reglamentos, dado que estos tienen que
regular actividades concretas y especializadas.

 La gran movilidad de las normas administrativas exige que éstas no tengan


rango de ley, para su derogación o sustitución de forma rápida.

 La amplia esfera discrecional del Poder ejecutivo, que hace aconsejable


que la propia Administración se autolimite dictando reglamentos.

 La oportunidad de atribuir determinadas materias al Poder ejecutivo, puesto


que el legislativo no puede preverlo todo.

2.3 PROCEDIMIENTO DE APROBACIÓN.

2.3.1. PROCEDIMIENTO DE ELABORACIÓN DE LOS REGLAMENTOS

Reglamento de Organización y Funciones procedimiento de elaboración


de los reglamentos.

i. La elaboración de los reglamentos se ajustará al siguiente


procedimiento:

a) La iniciación del procedimiento de elaboración de un reglamento se


llevará a cabo por el centro directivo competente mediante la elaboración
del correspondiente proyecto, al que se acompañará un informe sobre la
necesidad y oportunidad de aquél, así como una memoria económica
que contenga la estimación del coste a que dará lugar.

b) A lo largo del proceso de elaboración deberán recabarse, además de los


informes, dictámenes y aprobaciones previas preceptivas, cuantos
estudios y consultas se estimen convenientes para garantizar el acierto
y la legalidad del texto.

c) Elaborado el texto de una disposición que afecte a los derechos e


intereses legítimos de los ciudadanos, se les dará audiencia, durante un
plazo razonable y no inferior a quince días hábiles, directamente o a
través de las organizaciones y asociaciones reconocidas por la ley que
los agrupen o los representen y cuyos fines guarden relación directa con
el objeto de la disposición.
La decisión sobre el procedimiento escogido para dar audiencia a los
ciudadanos afectados será debidamente motivada en el expediente por
el órgano que acuerde la apertura del trámite de audiencia. Asimismo, y
cuando la naturaleza de la disposición lo aconseje, será sometida a
información pública durante el plazo indicado.

Este trámite podrá ser abreviado hasta el mínimo de siete días hábiles
cuando razones debidamente motivadas así lo justifiquen. Sólo podrá
omitirse dicho trámite cuando graves razones de interés público, que
asimismo deberán explicitarse, lo exijan.
d) No será necesario el trámite previsto en la letra anterior, si las
organizaciones o asociaciones mencionadas hubieran participado por
medio de informes o consultas en el proceso de elaboración indicado en
el apartado b).

e) El trámite de audiencia a los ciudadanos, en sus diversas formas,


reguladas en la letra c), no se aplicará a las disposiciones que regulan
los órganos, cargos y autoridades de la presente Ley, así como a las
disposiciones orgánicas de la Administración General del Estado o de
las organizaciones dependientes o adscritas a ella.

f) Junto a la memoria o informe sucintos que inician el procedimiento de


elaboración del reglamento se conservarán en el expediente todos los
estudios y consultas evacuados y demás actuaciones practicadas.

ii. En todo caso, los proyectos de reglamentos habrán de ser informados


por la Secretaría General Técnica, sin perjuicio del dictamen del
Consejo de Estado en los casos legalmente previstos.

iii. Será necesario informe previo del Ministerio de Administraciones


Públicas cuando la norma reglamentaria pudiera afectar a la distribución
de las competencias entre el Estado y las Comunidades Autónomas.

iv. La entrada en vigor de los reglamentos aprobados por el Gobierno


requiere su íntegra publicación en el Boletín Oficial del Estado.
CONCLUSIONES

Algunos entienden que propiciar la observancia del principio de inderogabilidad


singular de los reglamentos es fomentar una excesiva ortodoxia jurídica. Se aduce
para ello que si la máxima autoridad administrativa puede designar y remover a un
órgano inferior, y simultáneamente puede dejar sin efecto las normas que emiten sus
subordinados, ello implica que también las puede dejar sin efecto para un caso
concreto. En apoyo de esta postura se alega el principio de jerarquía, que resultaría
desvirtuado por aplicación de este principio, ya que una autoridad superior quedaría a
merced de las decisiones de un inferior.

Tal como lo señalara, en la aplicación del principio de inderogabilidad singular de los


reglamentos no está en juego la jerarquía, puesto que es un principio jurídico de
organización administrativa, a los efectos de lograr la unidad de acción y la eficiencia
que debe primar en la actuación administrativa. En tanto, en el principio de
inderogabilidad singular de los reglamentos sí intervienen el principio de igualdad y
las bases fundamentales del Estado de Derecho, que son el sometimiento de la
Autoridad a la ley y razones de seguridad jurídica.

Con el principio en estudio y su observancia nos atenemos a la legalidad, pues si


cumplimos con la Ley, somos en realidad ciudadanos con plenos poderes para exigir
de nuestros gobernantes, en cambio si permitimos estas excepciones singulares, nos
convertimos en seres que debemos mendigar y pedir asistencia del gobernante y sus
arrestos arbitrarios.

Por último, si admitimos la violación del principio de inderogabilidad singular de los


reglamentos, estaremos permitiendo excepciones injustas, las arbitrarias
discriminaciones. Por un erróneo concepto de jerarquía administrativa, se dejaría en
manos de un gobernante tomar y disponer a voluntad. En suma, el principio de
inderogabilidad singular de los reglamentos seguirá siendo un principio olvidado.