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Dios no Quita Cargas, las Recibe

1 Crónicas 4
nos narra, en dos versos, la historia de Jabes. Nos dice que era un hombre ilustre,
aunque su madre lo dio a luz en dolor, y nos dice la oración que hizo, oración que fue
concedida por Dios.
La palabra ilustre, en el original, es la palabra que significa “peso”. Y hay un peso por
el que tenemos que trabajar: el peso de gloria. Pero, de la misma manera, hay pesos
que tenemos que dejar: el peso del pecado, el peso de la culpa, del pasado, del ayer,
para poder entonces movernos hacia adelante, y alcanzar todo lo que Dios tiene para
nosotros.
Jabes llegó a tener peso. En 2 Corintios 4, Pablo dice que mientras el hombre exterior
se va desgastando, el interior se va renovando. Dice que la tribulación es leve y
momentánea, y produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de
gloria. No mirando lo que se ve, sino lo que no se ve, porque lo que se ve es temporal,
mas lo que no se ve es eterno.
Para que la biblia nos describa a Jabes como un hombre de peso, quiere decir que él
logró vencer las circunstancias en las que él había nacido.
La biblia nos dice en el libro de Hebreos 12, que nos despojemos de todo peso que
nos asedia, para que podamos correr la carrera. El problema de muchas personas es
que llevan peso innecesario. Piensan que son las cargas, los problemas que llevan,
los que le dan derecho a tener el éxito, y le reclaman a Dios cuándo será el día que
saldrán de los problemas.
No es el peso de los problemas lo que te da derecho a la victoria, sino que es tu fe en
medio de los problemas lo que trae peso de gloria a tu vida.
Elimina todo peso innecesario. Quizás hoy cargas con condenación innecesaria,
culpas innecesarias, presiones innecesarias, cargas con personas que no deberías
estar cargando. Tiene que llegar el día en que tú te quites el peso de encima, y
entiendas que no tienes que complacer a nadie; solo al Dios todopoderoso.

Eso no quiere decir que vas a ser irresponsable. Tú vas a seguir corriendo la carrera,
pero vas a correr la carrera liviano.
Las líneas aéreas han tenido que comenzar a cobrar por el peso adicional, porque la
gente se va de viaje por tres días, con equipaje para dos semanas. No te prohíben
viajar con peso de más, pero te lo cobran.

De la misma manera, la vida te va a cobrar por todo el peso innecesario que tú lleves.
Tu cuerpo te va a pasar factura, tu mente te va a pasar factura, tus emociones te van a
pasar factura, por estar llevando peso innecesario.

Lo grande es que le decimos a Dios que nos quite las cargas, cuando en ningún
momento Dios quita las cargas, sino que las recibe. Dios dice: Echad vuestras cargas
sobre mí. Él las toma, pero no las quita.

Él las toma, si tú se las das. Si no se las das, tú las cargas. No pienses que Dios te las
va a quitar. No. Dios las toma, si tú se las das. De lo contrario, sigue cargándolas. Tú
decides.