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DISEÑO SISMICO DE

ESTRUCTURAS

Profesor: José Luis Quilodrán Aranda


Ingeniero Civil

UNIVERSIDAD TECNICA FEDERICO SANTA MARIA


CLASE 1: Lunes 19 de Abril de 2010.

Materia: EL FENOMENO SISMICO.


Objetivos:
Introducir al estudiante en algunos conceptos fundamentales de sismología,
permitiéndole obtener una visión mucho mas completa y comprensiva acerca de la
naturaleza de las acciones sísmicas. Reconocer las causas de los movimientos
sísmicos y sus propiedades relevantes para el Diseño de Estructuras.

Generalidades:
Se presentan las bases y conceptos que permiten entender el complejo fenómeno
sísmico. En una primera etapa se estudian: conceptos generales sobre sismos; sus
causas y orígenes; la tectónica de placas; corrientes de convección; tipos de ondas
sísmicas; instrumentos de medición; la intensidad y magnitud sísmica, con sus
respectivas escalas; el concepto de momento sísmico; y la regionalización sísmica,
como temas principales. Finalmente se entregan las bases acerca de los
mecanismos de generación de Tsunami´s y sus efectos sobre las áreas costeras
producto de los movimientos tectónicos.
1.1.- ORÍGENES DE LA SISMOLOGÍA. (Sauter, 1989)
El origen de los terremotos ha sido atribuido a causas muy diferentes a lo largo de
la historia. En muchos casos estas explicaciones han estado estrechamente
vinculadas a las costumbres y creencias religiosas de los diferentes pueblos, siendo
atribuidas a la acción de los dioses, como Poseidón en la antigua Grecia, o a la
lucha entre deidades maléficas y protectoras. Tampoco han faltado intentos por
una explicación más científica como el de Aristóteles quien consideraba que los
terremotos eran producidos por masas de aire caliente que intentaban escapar del
interior de la Tierra.

Se puede considerar que el planteamiento moderno de las causas y origen de los


terremotos se inicia a principios del siglo XIX, cuando los terremotos comienzan a
vincularse con fallas geológicas observadas en el terreno. Esta idea fue abriéndose
camino con los años, de manera que a finales del siglo XIX era comúnmente
aceptado que los sismos se originaban por el movimiento relativo entre dos partes
de una fractura de la corteza terrestre. El primer modelo mecánico creado para
explicar este proceso fue establecido por Reid en 1911 a partir del estudio de los
movimientos de la falla de San Andrés (California), ocurridos durante el terremoto
de San Francisco en Mayo de 1906.
Sin embargo, su desarrollo formal es alcanzado sólo hasta principios del siglo XX, gracias al
advenimiento del desarrollo tecnológico. Mediante la implementación de instrumentos
sensibles, se inicia el registro instrumental de ondas sísmicas generadas por terremotos
lejanos, permitiendo determinar con cierta precisión su localización y profundidad. Desde
entonces, la sismología ha demostrado ser una herramienta sumamente eficaz en el estudio
y conocimiento del interior de la tierra.

La sismología, como todas las ciencias ha avanzado gracias a la interrelación y unión de


diferentes personas e instituciones, y a los conocimientos otorgados por la geología, la
física y las matemáticas, por lo que es considerada como una ciencia abierta y
multidisciplinaria.

Dentro de los movimientos del suelo estudiados por la sismología, y que se estudian con
mayor detalle en este capítulo, los más importantes son los denominados terremotos o
sismos fuertes, debido a la gran liberación de energía y los efectos devastadores que estos
producen. A pesar de la gran devastación y pánico generados por los terremotos, las
principales civilizaciones antiguas, tales como China, India, Grecia y Roma, se han
desarrollando en zonas con un alto potencial sísmico.
1.2.- TERREMOTOS, CONCEPTOS GENERALES. (Sauter, 1989 )
En general, se entiende por terremoto o sismo a una sacudida violenta de la tierra. Más
exactamente, como la ruptura súbita del equilibrio elástico de una región en el interior de la
tierra, generando vibraciones elásticas que se propagan en todas direcciones. De esto
último, se desprende que la generación de un sismo consta de dos etapas: primero de una
acumulación lenta de energía elástica; y segundo de una liberación súbita de la energía
almacenada.
La región de la tierra en donde se produce el terremoto o la liberación de energía recibe el
nombre de foco o hipocentro. La proyección del foco desde su centro sobre la superficie de
la tierra se conoce como epicentro. El instante en el cual se produce el terremoto se conoce
como su tiempo u hora de origen, ver figura (1.).

Figura 1. Posición del Foco y Epicentro (Sauter, 1989).


Tal como se han definido aquí el foco y la hora de origen de un terremoto, dan la sensación
de referirse a un punto único en el espacio y en el tiempo, siendo aceptable solamente en el
caso de terremotos pequeños en donde las dimensiones del foco pueden despreciarse, ya
que es bien sabido que en terremotos grandes las dimensiones de la fractura pueden llegar
a tener longitudes del orden de 1000 (Km.). Sin embargo, aún en estos casos se sigue
refiriendo al foco como el punto en donde comienza la fractura y se propagan las primeras
ondas sísmicas.
Con el fin de obtener una completa clasificación de los sismos, se ha basado en tres puntos
de vista (Sauter, 1989):
– El primero es referente a la distancia desde el epicentro a la zona en donde se
observan las ondas sísmicas, dividiéndose en: sismos locales, si la distancia es menor
a 1000 (Km.); y telesismos, si es mayor.
– El segundo, considerado un parámetro importante, está asociado a la profundidad o la
distancia desde el epicentro al foco sísmico, dividiéndose en: sismos superficiales o de
profundidad normal, sí la profundidad es menor a 60 (Km.); sismos intermedios, si la
profundidad varia entre 60 (Km.) y 300 (Km.); y sismos profundos, si la profundidad
varia entre 300 (Km.) y 700 (Km.). Cabe destacar, que la profundidad de 700 (Km.) es
la mayor a la que se han observado sismos, esto se debe que para profundidades
mayores el material de la tierra no tiene la suficiente rigidez para producir una
relajación súbita de los esfuerzos acumulados durante el proceso de deformación.
– Por último, el tercer punto esta ligado al origen del sismo, dividiéndose en: sismos de
origen volcánico; tectónico; y sismos originados por otros fenómenos tales como
derrumbes de cavernas, deslizamientos, explosiones, etc.

De los tres puntos el de mayor interés en sismología esta referida al origen del sismo, y se
estudia con mayor detalle a continuación.
1.3.- CAUSAS Y ORIGEN DE LOS SISMOS. (Sauter, 1989)

Casi todo lo que se sabe o se cree saber acerca de los fenómenos sísmicos, proviene del
estudio del movimiento del suelo, el cual es sentido como una vibración durante la
ocurrencia del sismo. Para entender como se producen estas vibraciones al interior de la
Tierra, primero se debe entender como esta compuesto el planeta.
Observaciones geofísicas acompañadas del análisis de las vibraciones del suelo (Sauter,
1989), han permitido estimar que la composición interna de la tierra esta formada por tres
capas fundamentales: Corteza – Manto y Núcleo, ver figura (2.).

Figura 2. Estructura interior de la Tierra (Sauter, 1989).


LA CORTEZA O LITOSFERA
Esta formada por una cáscara delgada y frágil, con un espesor que varia entre 20 (Km.) y
70 (Km.), constituida por rocas basálticas en los fondos oceánicos y por rocas graníticas en
los continentes. Algunos investigadores consideran que los siguientes 60 (Km.) a partir de la
corteza terrestre también le pertenecen. Esta capa, formada por rocas cristalinas en estado
visco plástico, es una zona de fluencia que une la corteza con el manto superior, y es en
ella donde se producen las corrientes de convección encargadas de mantener el equilibrio
global de las masas, tal como se muestra más adelante. La superficie que separa la corteza
terrestre de esta capa es conocida con el nombre de discontinuidad de Mohorovicic o
discontinuidad de Moho. La corteza terrestre, junto con la discontinuidad de Moho, se ilustra
en la figura (1.3).

Figura 3. Discontinuidad de Mohorovicic (Barbat, 1994).


EL MANTO
Es el material sobre el cual se apoya la corteza terrestre, se extiende hasta una
profundidad de 2900 (Km.), está dividido en: un manto superior, que alcanza un
espesor de 400 (Km.), formado por olivina y piroxenos; una zona de transición, con
un espesor de 237 (Km.), compuesto de olivina; y un manto inferior, compuesto
por una mezcla homogénea de magnesio, óxidos de hierro y cuarzo. Cabe señalar
que, las dos últimas zonas son las más rígidas, debido a la densa estructura de los
minerales que la componen.

El NÚCLEO
Corresponde a la región interior de la tierra, tiene un radio de 3470 (Km.), esta
compuesto por hierro fundido mezclado con pequeñas cantidades de otros
elementos tales como: níquel, sulfuro y silicio. A su vez está formado por: un
núcleo interior, de radio 1370 (Km.); y un núcleo exterior, con un radio que varia
entre 1370 (Km.) y 3470 (Km.).
1.3.1 Tipos de Sismos
i.-
SISMOS DE ORIGEN VOLCÁNICO. (Barbat, 1994)
Los sismos de origen volcánicos son en general de poca intensidad y están directamente relacionados con la
actividad de los volcanes. Dentro de éstos se distinguen dos tipos: el primero tiene por origen las explosiones
de los gases durante las erupciones, ya sea en la chimenea o en el cráter mismo; y el segundo lo constituyen
los pequeños terremotos de poca profundidad asociados con los movimientos del magma, o bien con otros
procesos volcánicos ocurridos en el tiempo en donde no hay una actividad visible. Ahora bien, el incremento
de la frecuencia de estos terremotos, así como la migración de los focos hacia la superficie, pueden ser
indicios de una inminente erupción. La observación y estudio de este tipo de actividad sísmica, en los volcanes
activos, sirve para predecir las erupciones previniendo así mayores catástrofes.

ii.- SISMOS DE ORIGEN TECTÓNICO. (Barbat, 1994)


A este tipo de sismos pertenecen todos los terremotos importantes detectados hasta la fecha, y su gran
mayoría han tenido su origen en profundidades no mayores a 60 (Km.). Su origen está vinculado a las
deformaciones de la corteza terrestre, la que se encuentra en un permanente estado de deformación como
consecuencia de las corrientes de convección desarrolladas en las zonas plásticas del manto y de las
contracciones provenientes del enfriamiento de la tierra. Ahora bien, la acumulación de dichas deformaciones
en la corteza terrestre, es la fuente de energía de los sismos de origen tectónico, específicamente cuando las
tensiones asociadas a estas deformaciones alcanzan el límite de resistencia de la roca, se produce su fractura
con una liberación brusca de la energía acumulada en el proceso de deformación. La fractura se produce en
zonas en donde la resistencia de la roca está debilitada por la presencia de fallas geológicas y que queda en
evidencia al medir estas deformaciones en el terreno, tal como es el caso de la falla de San Andrés, producto
del terremoto de San Francisco en 1906, la que atraviesa de norte a sur el estado de California, en donde los
desplazamientos relativos a ambos lados de esta falla abarcaron visiblemente una extensión de 300 (Km.).
Cabe señalar que, estas fallas presentan un alto peligro potencial, determinando zonas de gran actividad
sísmica que se van desarrollando a través de lentos procesos tectónicos. Sin embargo, la perturbación en
estas zonas no es aislada, si no general, existiendo puntos en donde se produce una mayor o menor
liberación de la energía acumulada.
iii.- SISMOS ORIGINADOS POR OTROS FENÓMENOS. (Barbat, 1994)
Otras causas de terremotos, de menor importancia, son:
• El derrumbamiento de cavernas.
• La caída de meteoritos, por ejemplo, el ocurrido en Siberia en 1908 y que fue detectado
por las estaciones sismológicas de Europa Central.
• Los corrimientos de tierra, estos son causados por terremotos tectónicos y por lo tanto son
fenómenos secundarios y no son causa directa de los terremotos. Por ejemplo, el
corrimiento de tierras producido por el terremoto del Perú en 1970, que sepulto cerca de
50.000 personas en el valle del Río Santa.
• Explosiones en zonas de actividad minera. Estas explosiones son causadas directamente
por el hombre y producen vibraciones en el terreno que pueden notarse a una cierta
distancia, en algunas ocasiones estos terremotos pueden tener la suficiente intensidad para
causar movimientos en las estructuras vecinas.

En base a la cantidad de energía liberada por los distintos tipos de sismos,


se concluye que los más importantes, debido a su alto potencial
destructivo, son los de origen tectónico, y cuando en lo sucesivo se hable
de terremotos, se estará haciendo referencia a ellos. Paradojalmente estos
terremotos se originan en los mismos procesos tectónicos que han
participado en la formación de montañas, valles, cordilleras y otros
accidentes naturales que contribuyen a la belleza de nuestro planeta.
1.4.- LA TECTÓNICA DE PLACAS. (Sauter, 1989)

En las últimas décadas, geólogos y geofísicos han tratado de explicar los fenómenos
tectónicos que dan origen a los terremotos, recurriendo para ello a la teoría la deriva de
continentes o tectónica de placas. Estas ideas se fundamentan en la hipótesis que la
corteza terrestre esta compuesta por un conjunto de placas rígidas (17 placas principales),
que se mantienen en constante movimiento sobre un manto líquido. Estos movimientos han
llegado a tal grado de medir desplazamientos relativos de hasta diez metros, como el
ocurrido después del terremoto de Alaska en 1964.

i. LA DERIVA DE LOS CONTINENTES. (Sauter, 1989)


En 1912 el alemán Alfred Wegener, geólogo y meteorólogo de profesión, dio a conocer la
teoría la Deriva de los Continentes, en ella argumentaba que los continentes se
desplazaban como gigantescos bloques de corteza sobre un manto líquido. Para defender
su teoría, indicó que las formaciones rocosas de ambos lados del océano Atlántico, en
Brasil y en África occidental, coinciden tanto en edad, tipo y estructura. Además, existe una
evidencia paleontológica que demuestra esta teoría, basado en el descubrimiento de fósiles
de criaturas terrestres de una misma especie ubicados en distintos continentes, que no
podrían haber nadado desde un continente al otro, ver figura (4.), como también la similitud
de las costas orientales de Sudamérica y occidentales de África que encajan casi
perfectamente a la manera de piezas de rompecabezas. Wegener interpretó que estos
hechos demostraban que en tiempos remotos ambos continentes formaban una sola
unidad.
Figura 4. Evidencia paleontológica que confirma la teoría de Wegener (Sauter, 1989).

Según la teoría de Wegener, hace doscientos millones de años, todos los continentes
estuvieron unidos y formaron una sola masa continental que llamo Pangea, palabra griega
que significa todas las tierras, ver figura (5.).
Figura 5. Disposición de los continentes en el supercontinente denominado Pangea, hace doscientos millones de años (Sauter, 1989).

De algún modo este supercontinente comenzó a fracturarse y dividirse al inicio de la era del
Mesozoico, y sus fragmentos, los actuales continentes, comenzaron a desplazarse
lentamente, sobre el supuesto manto liquido. Hasta que hace unos ciento ochenta millones
de años, Laurasia que comprendía Euro-Asia y América del Norte, se separa del grupo de
continentes conocido como Gondwana y la India comienza su lento camino hacia el norte,
ver figura (6.).
Figura 6. Separación del supercontinente en Laurasia y Gondwana, hace ciento ochenta millones de años (Sauter, 1989).

Hace ciento treinta y cinco millones de años, al final del periodo Jurásico, Sudamérica inicia
el proceso de separación de África con la formación de una sutura oceánica entre ambos
continentes, dando origen al océano Atlántico, ver figura (7.).
Figura 7. Separación de los continentes Sudamericano y Africanos, hace ciento treinta y cinco millones de años (Sauter, 1989).

Hace sesenta y cinco millones de años, América del Norte permanecía unida a Europa y
aún no existía el Istmo Centroamericano, ver figura ( 8.).
Figura 8. América del Norte permanece unida a Europa y aún no existe Centro América, hace sesenta y cinco millones de años
(Sauter, 1989).

Las placas de la corteza terrestre, en su desplazamiento y deriva, llegaron a formar los actuales
continentes, que ocupan la posición por todos conocida. El Atlántico y la mayor parte de los
océanos se formaron durante los últimos sesenta y cinco millones de años, esta etapa
corresponde a la última era geológica, conocida como el Cenozoico. Por varias décadas la teoría
de Wegener fue desechada y sólo citada en los libros de geología y sismología como una
hipótesis curiosa e interesante. Sin embargo, esta teoría que se adelanto a varias décadas, hoy
es fundamental para la concepción del planeta y para el conocimiento de los procesos que se
desarrollan en su interior. Considerando la teoría de Wegener y teniendo presente que la corteza
terrestre se compone de varias placas en constante movimiento, es fácil de comprender los
diferentes mecanismos tectónicos que dan origen a los principales eventos sísmicos del planeta.
ii.- HALLAZGZGOS QUE CONFIRMAN LA TEORÍA DE WEGENER. (Sauter, 1989)
Hoy en día se ha demostrado la teoría de Weneger al fotografiar el nacimiento de las
principales placas que conforman la corteza terrestre, y al estudiar la cantidad de Carbono
12 existente en las rocas cercanas a la costa, confirmando que dicha formación se remonta
hace mucho tiempo atrás. Además, si superponemos los focos de los principales terremotos
ocurridos en el planeta, es evidente que estos se distribuyen, en franjas angostas, a lo largo
de los bordes de las placas de la corteza terrestre, ver figura (9).

Figura 9. Zonas de mayor actividad sísmica en el planeta (Sauter, 1989).


Otro hallazgo, es el descubrimiento del “Listado Magnético” del fondo marino, correspondiente a minerales magnéticos
(magnetita) formados con el enfriamiento del magma proveniente del interior de la tierra. De las exploraciones
petroleras, se han obtenido muestras del fondo marino que dan a conocer la existencia de arrecifes que son más
jóvenes y fosas profundas que son más antiguas, confirmando zonas de distinta edad geológica. Según lo anterior y al
trabajo de los científicos Harry. Hess y Robert. Dietz, se llegó a la conclusión que las zonas más antiguas de la corteza
terrestre se hunden en las fosas y las zonas más jóvenes emergen en los arrecifes, generando de esta forma un
constante reciclaje del fondo marino.
iii.- PROCESOS TECTÓNICOS. (Sauter, 1989)
De acuerdo a la teoría de la tectónica de placas, la corteza terrestre esta dividida, a manera de un mosaico, en 17
placas principales que se desplazan unas respecto a otras sobre un manto líquido, impulsadas por corrientes de
convección generadas en él, ver figura (10).

Figura 10. Placas principales de la corteza terrestre (Sauter, 1989).


En base a los actuales conocimientos geofísicos, la mayor parte de la actividad sísmica del planeta esta
asociada directa o indirectamente con el movimiento relativo entre sus placas y su interacción a lo largo de las
zonas de contacto. Por otro lado, el 90% de los sismos registrados instrumentalmente se generan en los
bordes de estas placas rígidas.
Ahora bien, el origen de estos movimientos tectónicos se deben al hecho que las corrientes convectivas,
generadas en el manto líquido, conducen material basáltico fundido o magma desde el interior de la tierra
hacia la superficie, a lo largo de la cordillera Centro–Atlántica o dorsal oceánica, ver figura (11).

Figura 11. Creación de la cordillera Centro-Atlántica o dorsal oceánica, producto de las corrientes de convección generadas en el manto (Sauter, 1989).
En la figura (11) se observa la creación de la cordillera Centro-Atlántica, esta es una cadena montañosa submarina
que se prolonga y ramifica a través del océano Atlántico, formando un sistema montañoso continuo de 40.000 (Km.)
de longitud.
Investigaciones oceanográficas en las que se incluyen: mediciones magnéticas; expediciones submarinas;
perforaciones; y tomas de muestras realizadas en el centro del océano Atlántico, han demostrado que el fondo marino
es más antiguo cuanto más se aleja de la dorsal oceánica, por lo que se encuentra en un constante ensanchamiento.
iv.- CORRIENTES DE CONVECCIÓN. (Sauter, 1989)
El magma que asciende desde el interior de la tierra aflora en la cima de la dorsal oceánica, empujando a la corteza
terrestre hacia ambos lados, a razón de varios centímetros al año, para luego extenderse sobre el fondo oceánico en
donde se enfría y solidifica. Esta zona se asemeja a una gigantesca fisura en la corteza terrestre, conocida con el
nombre de Rift (en inglés, zona de separación), ver figura (12). El movimiento ascendente del magma está
caracterizado por una intensa actividad volcánica y sísmica.

Figura 1.12. Representación esquemática de los distintos movimientos entre las placas de la corteza terrestre (Sauter, 1989).
Cabe señalar que, a partir de la creación de las dorsales oceánicas es como se inicio, hace
doscientos millones de años, la disgregación del supercontinente Pangea y deriva de los
continentes, tal como lo concibió Wegener en su teoría de la Deriva Continental.
Para mantener el equilibrio global de masas, es necesario que el aporte del nuevo material que
aflora a lo largo de la depresión de Rift sea compensado, requiriendo que en otras zonas de la
corteza terrestre desaparezca material, por lo que debe existir en el manto corrientes convectivas
ascendentes que aporten un nuevo material y corrientes descendentes que consuman el material
de la corteza, ver figura (13). La desaparición del material de la corteza terrestre ocurre a lo largo
de las fosas marinas, en este proceso la placa oceánica se sumerge bajo la placa continental y
gradualmente parte del material litosférico es consumido y convertido en roca líquida o magma,
completándose de esta forma el ciclo iniciado en las dorsales oceánicas.

Figura 1.13. Corrientes de Convección encargadas de mantener el equilibrio global de las masas (Sauter, 1989).
La zona busante, es decir, la zona en donde se produce la sumersión de la placa oceánica bajo la continental, se
denomina zona de subducción, ver figura (14), y se caracteriza por una fosa marina de gran profundidad ubicada
frente a la costa, tal como es el caso de las fosas: Meso-Americana ubicada frente a Guatemala, con una profundidad
de 6 (Km.); y Tonga-Kermadec ubicada en el océano Pacífico occidental, con una profundidad de 10 (Km.).

Figura 14. Corte esquemático donde se muestra la zona de subducción y el intenso volcanismo asociado (Sauter, 1989).
La placa que subduce produce a su vez un levantamiento de la placa continental, con la
consiguiente formación de sistemas montañosos tierra adentro. A lo largo de la zona de
contacto de ambas placas, se generan grandes fuerzas de fricción que hacen aumentar la
temperatura y presión del material litosférico a medida que va descendiendo, produciendo la
fusión parcial del mismo. Parte del material fundido es transportado a la superficie en forma
de magma, y es la causa del intenso volcanismo asociado con la subducción de las placas de
la corteza terrestre.
La cordillera volcánica que se extiende paralelamente a la costa occidental del Istmo de
Centro América y las islas de origen volcánico en los arcos insulares del Caribe y Pacifico,
tienen su origen en este mecanismo tectónico.

v.- TIPOS DE MOVIMIENTO ENTRE PLACAS. (Sauter, 1989)


Como resulta evidente todas las placas se mueven en una determinada dirección y
orientación, dando origen a diferentes tipos de movimiento entre dos placas adyacentes.
Dentro de ellos se encuentran tres tipos:

FRONTERAS DIVERGENTES:
Este tipo de movimiento corresponde a la separación de dos placas, y se observa en la
formación de las dorsales oceánicas. En este proceso se crea un nuevo material litosferico, ya
que el magma al estar sometido a una gran presión en el manto, emerge a la superficie
provocando la separación entre las placas, para luego enfriarse y endurecerse, regenerando
de este modo el fondo oceánico. Cabe señalar que, este mecanismo es el causante de los
terremotos generados a lo largo de la dorsal oceánica. Un esquema de este tipo de
movimiento se muestra en figura (15).
Figura 15. Representación esquemática de las fronteras divergentes, en ella se observa la separación entre dos placas adyacentes (Sauter, 1989).

FRONTERAS TRANSCURRENTES:
Este tipo corresponde a un movimiento paralelo entre dos placas adyacentes, ver figura
(16). Un ejemplo de ello, es la falla de San Andrés, en California, en ella la placa del
Pacifico se mueve a razón de 3 (cm.) por año, con orientación norte, respecto a la placa
Norteamericana a lo largo de esta falla. Este tipo de movimiento se conocen como fallas de
transducción. Cabe señalar que, en este proceso no se crea ni se destruye material de la
corteza terrestre.
Figura 1.16. Representación esquemática de las fronteras transcurrentes, en ella se observa un movimiento paralelo entre dos placas adyacentes (Sauter, 1989).

FRONTERAS CONVERGENTES:
Este tipo de movimiento corresponde a una colisión frontal entre dos placas, obligando a sumergirse
una placa bajo la otra. Generalmente, la placa oceánica (formada por un material basáltico mucho más
denso y pesado) se sumerge bajo la placa continental (formada por rocas más livianas de composición
granítica y sedimentaria), ver figura (17). Este tipo de movimiento da lugar a las regiones de mayor
actividad sísmica del planeta, tal es el caso de la costa de Chile y Perú, en ella la placa de Nazca tiende
a sumergirse bajo la placa continental Sudamericana. Otro ejemplo, sucede a lo largo del arco insular de
las Antillas Menores, ubicado en la Republica Dominicana, en ella la placa del Atlántico se sumerge bajo
la placa del Caribe. Cabe señalar que, en este proceso se destruye material de la corteza.
Figura 17. Representación esquemática de las fronteras convergentes, en ella se observa una convergencia y subducción entre dos
placas (Sauter, 1989).

Otras veces la colisión frontal obliga al levantamiento de ambas placas, tal como sucede con
el continente Indico que empuja hacia el norte el continente Asiático, en donde el choque
entre ambas placas han producido el levantamiento de la majestuosa cadena montañosa del
Himalaya, la más alta del mundo. En esta zona, que abarca parte de Rusia oriental, Asia
central, Tibet, Mongolia y China, presenta una gran actividad sísmica. Otro ejemplo, es la
cordillera de los Alpes en Europa, formada del choque entre las placas continentales de África
y Europa.