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 Conceptos de Educación

El ser humano está en un constante proceso de crecimiento y


perfeccionamiento. También la idea sobre educación se halla bajo una
constante presión de cambio. Ocurre esta situación porque el hombre
modifica constantemente sus objetivos educacionales.

En la Educación Cristiana, los objetivos fueron claramente trazados por


nuestro Señor Jesucristo antes de ascender a su Trono Celestial, en la
Gran Comisión: “Id y haced discípulos… bautizándolos… enseñándoles que
guarden todas las cosas…” (Mateo 28:19-20)

 El concepto antiguo de educación


Antiguamente se esperaba que el hijo siguiera la misma profesión u
oficio del padre. Por eso se instruía al niño en su casa, en familia, por
el proceso de aprender haciendo.

Dicho proceso era simple, primero se le daba ciertas tareas fáciles


para después agregarles dificultad.

Poco a poco se comenzó a dar mayor valor a la instrucción


formal y el maestro empezó no sólo a suplir el rol de los
padres sino a ser el auténtico transmisor de la cultura.
 El concepto tradicional de educación
El método tradicional que empleaba el maestro con sus sufrientes
alumnos era el de la transmisión. El maestro hablaba o dictaba y el
alumno prestaba atención y tomaba notas que debía memorizar
inmediatamente.

Se esperaba que este tipo de educación formara a todos los alumnos


casi por igual. De esta manera se obligaba al ser humano a perder su
identidad y transformarse en lo que el maestro quisiera.

En el Reino de Dios esto no debe suceder. Él nos toma, nos hace de


nuevo, aprendemos a ser como Cristo, y así seremos llamados
Cristianos. Todo esto ocurre sin perder nuestra propia identidad, dada
por Dios desde nuestro nacimiento.

Es un milagro: ser educados, formados como Cristo, sin dejar las


particularidades especiales que el Señor nos dio.

 El concepto actual de educación


Actualmente la instrucción y el entrenamiento son muy importantes,
pero no cumplen con toda la tarea de educar.

Siempre recibimos influencia de otras personas: buena o mala. La


asimilamos por lo que vemos, oímos o experimentamos, provocando
cambios en nosotros.

Resumiendo esta idea, no sólo aprendemos por lo que leemos o recibimos


en la clase, en la escuela, en el instituto o donde sea, sino por todo lo
que nos rodea.

Podemos afirmar que la educación es un proceso de continuo desarrollo


y perfeccionamiento de la vida.

Esta misma definición es aplicable a la educación cristiana: la educación


o formación del cristiano es un proceso de continuo desarrollo y
perfeccionamiento para alcanzar la meta dispuesta por Dios.
La educación cristiana nos prepara para vivir bien sobre la tierra y a
través de la con versión y la santificación, para la eternidad con Dios.

 Los objetivos de la Educación Cristiana


Vivimos en un mundo que permanentemente corre, el tiempo se ha
transformado en uno de los grandes enemigos del hombre. Hoy vivimos
días apocalípticos. Debemos esforzarnos para que en nuestra vida o en
nuestra iglesia no se desperdicie algo que nunca se recuperará… el
tiempo.

Por lo tanto todo lo que hagamos debe tener metas claras, bien
definidas. Objetivos precisos, de tal manera que no podamos apartarnos
del camino trazado.

El propósito definido de la Iglesia en estos últimos tiempos es


“extender el Evangelio de Cristo y facilitar la santidad en los
creyentes”.

 La necesidad de ubicar objetivos


Un buen maestro de la Palabra, temeroso de Dios y conciente de la
enorme responsabilidad que tiene, nunca debe presentarse ante sus
alumnos sin haber definido claramente a dónde quiere llegar. Tiene que
preparar la lección siempre antes. Debe familiarizarse bien con los
objetivos de su enseñanza.

Cada paso o acción que realizaba Jesús demostraba que todo lo


efectuaba según un plan antes elaborado. En Juan 10:10 expuso
claramente su meta sobre la tierra: “darnos una hermosa vida eterna y
abundante”.

A continuación veremos tres razones por las qué debemos establecer


metas al enseñar:

Le dá sentido a la enseñanza:
Todo maestro no sólo debe saber “por qué” está enseñando, sino
también “qué” va a enseñar.

Saber lo que enseñaremos, nos obliga a tomar decisiones para alcanzar


la meta.

Así, el que enseña tiene más motivación para que sus alumnos alcancen
los objetivos deseados.

Protege de desviaciones temáticas:

El maestro necesita primero decidir cuál será la mete, para luego


establecer el camino a seguir para alcanzarla.

A esto se le debe sumar el esfuerzo para alcanzar ese objetivo.


Muchos maestros divagan en sus clases, como si nada sucediera.

Quién enseña de esta manera está destinado al fracaso.

Economiza el tiempo de enseñanza:

Cuando el maestro no sabe lo que quiere, seguramente va a malgastar el


tiempo exponiendo cosas de menos importancia. Por lo tanto no
alcanzará el propósito principal de su enseñanza.

El apóstol Pablo dice en 1Corintios 9:26: “Así que, yo de esta manera


corro, no como a la aventura; de esta manera peleo, no como quien
golpea al aire.”

Antes de presentarse ante su clase para enseñar, el maestro debe


pedir a Dios el objetivo que Él tiene para cada ocasión. Debe planificar
su enseñanza alrededor de ese objetivo y podrá ver lo que Dios hará a
través suyo.

 El deber de dar a conocer a Dios


Fundamentalmente son cuatro los objetivos de la educación cristiana en
relación al conocimiento que los alumnos deben tener de Dios:

Conocer a Dios como el creador:

Es deber de todo maestro presentar siempre a Dios como el creador de


todas las cosas que nos rodean, inclusive de nosotros mismos.

Los alumnos deben ver y vivir la gloria de Dios en la naturaleza, en su


iglesia, en su vida. Debemos enseñarles ese camino.

Conocer a Dios como nuestro Padre:

Cada uno de los alumnos debe sabe que Dios no es solamente un Dios
muy poderoso, creador de todas las cosas y de nosotros mismos. Ellos
deben comprender que ese Dios también es su Padre Celestial que los
ama y los protege.

Conocer el camino para establecer una buena comunión


con Dios:

Como creador, es un ser realmente grande, poderoso y excelso. Como


Padre, es un ser accesible, comunicativo y cercano a cada uno de sus
hijos.

Así como podemos dialogar con nuestros padres terrenales, esperando


que ellos nos ayuden, aliente, corrijan u orienten; así debe ser nuestra
comunión con Él.

Esta es la relación que Dios quiere tener con sus hijos: totalmente
familiar, cercana, íntima-

Hay una verdad que debe grabarse en nuestra vidas y el maestro debe
transmitir a sus alumnos: cuánto más cerca estemos de nuestro Padre,
más le conoceremos. Cuánto más le conozcamos, menos posibilidades
existen que nos apartemos de Él.

Conocer la plenitud de Dios revelada:


Es deber del maestro el dar a conocer al Trino Dios. Jesús es la
revelación del Padre a nosotros. Sólo a través de Jesucristo podemos
conocer al Padre.

Es importante conocer a Jesús de una manera real, concreta y


personal. Debe ser el modelo para nuestra vida en todos los aspectos.

También debe dar a conocer la Obra y a la Persona del Espíritu Santo.


Al conocerlo los alumnos le darán la oportunidad de que Él se manifieste
a sus vidas.

 La obligación de presentar la Biblia

El desafío más grande del maestro es comunicar las verdades de Dios


reveladas en su Palabra. Jesús nos comisionó esta enorme tarea.

Para aceptar verdaderamente este desafío, el maestro debe conocer


profundamente la Biblia, a sus alumnos y a las herramientas con las que
cuenta para alcanzar la meta.

El educador cristiano debe esforzarse para que sus alumnos alcancen


estos objetivos en relación con la Biblia:

Conocer la Biblia.
Conocer y experimentar las enseñanzas bíblicas.
I. Pedagogía
 Su significado
 Su Etimología
 Al servicio del maestro
 Una herramienta necesaria
II. El Niño
 El Niño puede convertirse a Cristo
 El Niño: blanco de ataque del enemigo
 El Niño debe aprender como lo que es
III. El Niño como Alumno
 Conociendo a los Alumnos
 Características de los Niños
IV. La persona del Maestro
 El Maestro y su personalidad
 El Maestro y su preparación
 El Maestro y su visión
 El Maestro y su integración al Cuerpo
V. El Arte de Comunicar
 Por qué nos comunicamos
 Cómo nos comunicamos
 Formas en que se comunica el Maestro
 Fracasos en la comunicación
VI. Comunicación efectiva entre el Niño y el Maestro
 Los elementos de la comunicación en clase
 Ruidos en la comunicación
 Concepto de empatía
VII. Métodos y Auxiliares
 Cuál es el mejor método?
 Enseñando con palabras
 Enseñando por medio de las artes
 Enseñando con juegos
 Los auxiliares
VIII. Motivación y Disciplina
 Tipos de motivación
 Cinco consejos para mantener el interés
 Problemas de disciplina
 Cinco consejos para combatir la indisciplina
IX. El Mensaje: ¿Qué vamos a enseñar?
 Elección del material de estudio
 Preparación del material
 La redacción del material
I. PEDAGOGÍA
 Su significado
Según el diccionario secular el significado de la palabra “Pedagogía” es
el siguiente: “Ciencia que trata de la educación y la enseñanza”.

 Su Etimología

Este vocablo surge de dos voces griegas: “paidos”: niño y “agein”:


conducir. De la combinación de ambas se derivan las palabras
“pedagogía” y “pedagogo”, que usamos en la actualidad. Si unimos los
significados tendremos la definición buscada, que es:

Pedagogía: Arte de instruir o educar al niño.

Por extensión decimos que “pedagogos” son aquellos que instruyen y


educan a los niños (en la antigüedad se utilizaba el término “ayo”, ver
1Corintios 4:15 y Gálatas 3:24-25, dónde el apóstol Pablo usa la figura
del ayo para referirse a los medios que condujeron a los creyentes a
Cristo).

Tradicionalmente se usó la palabra “pedagogía” para definir el fenómeno


de la educación en general, pero en la actualidad se está volviendo a su
significado más preciso, diferenciándola de la “andragogía” que trata
específicamente de la enseñanza a los adultos.

 Al servicio del maestro


Si decidimos enfrentar la responsabilidad como formadores de una niñez
que nos ha sido encomendada, necesitamos perfeccionarnos en la tarea.

La pedagogía es una herramienta que ayuda a conocer maneras de


revelar las verdades eternas de modo que un niño las pueda entender.

La pedagogía nos capacita parta alcanzar a los pequeños con


nuestras enseñanzas. Ella puede convertirse en un arma
espiritual, si sabemos ponerla al servicio del Maestro.

 Una herramienta necesaria


Si aceptamos que la pedagogía es una herramienta necesaria para
educar a nuestros niños, tenemos que preocuparnos por usarla
debidamente. No hay mejor forma de arruinar una herramienta que
utilizarla mal. Es conocido el ejemplo del que pretende martillar un
clavo con un destornillador: muy pronto no tendrá con qué ajustar
tornillos. Por lo tanto conozcamos el instrumento que vamos a manejar
para hacer más efectiva nuestra tarea.

La educación (hablando en forma general) contempla cuatro elementos,


como mínimo:

1. El Alumno
2. El Maestro
3. El Medio
4. La Materia

De ellos, el más importante, es el alumno, porque sin él no puede haber


enseñanza. Todos los demás elementos deben orientarse hacia el
alumno. La pedagogía, como rama de la educación, considera cada uno
de ellos partiendo de la base de que el alumno es esa criatura especial
a quien llamamos “niño”.

II. El Niño

 El Niño puede convertirse a Cristo


Distintas razones pueden distraernos de la responsabilidad de enseñarle
a un niño cómo ser salvo. muchas veces surge la pregunta, ¿a qué edad
una criatura puede comprender lo que significa la salvación? O bien,
¿necesitan los niños ser salvos?

Hay un momento en la vida de toda persona en que comienza a


distinguir entre lo bueno y lo malo, lo que se debe y lo que no se debe
hacer.
En el instante en que un niño es capaz de sentir culpa por haber hecho
lo que no debía, comienza a ser capaz de arrepentirse por ello. Este es
el tiempo en que también puede entender la historia de la Cruz, y su
necesidad del Salvador.

Un error muy común, es creer que por haber nacido en un hogar


cristiano la criatura tiene la salvación garantizada. Los pequeños
también pueden gustar la salvación; esto nos compromete a presentarles
el plan de Dios de modo que deseen aceptarlo.

 El niño: blanco de ataque del enemigo


Proverbios 22:6; dice: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando
fuere viejo, no se apartará de él.” Este sabio principio se puede
comprobar sin mucho esfuerzo en la vida de cualquier persona.

El trato entre los miembros de una familia marca tanto en los pequeños
que en su futuro, como adultos, repetirán los modelos de
comportamiento que “mamaron” en sus primeros años de vida.

Satanás no ignora este principio, y, lamentablemente, en la actualidad


está usándolo de manera más eficaz en muchas de nuestras
congregaciones. El diablo parece apreciar mucho mejor que muchos de
nosotros el enorme potencial de aprendizaje de un niño. Si prestamos
atención a lo que está sucediendo a nuestro alrededor veremos que las
estrategias satánicas cada vez están más y más orientadas a la niñez.
Desde violencia hasta prácticas ocultistas es lo que conforma el libreto
de la mayoría de los programas televisivos para niños.

Los héroes de los pequeños ya no son los que conocimos en nuestra


infancia, sino seres superdotados que reciben su poder de quien sabe
qué fuentes “extraterrestres”, o personajes venidos de “otros mundos”
que aparecen como mágicos duendes protectores.

Muchas escuelas están cambiando su metodología de enseñanza para


adoptar nuevos sistemas que muy poco tienen de “pedagógicos”. Se
practica la meditación, control mental, “aislamiento” y demás derivados,
se está poniendo muy de moda en los centros de educación; y lo
curioso es que su mayor frecuencia de uso se da en los grados
inferiores, es decir, con los niños más pequeños.

Estas prácticas encierran graves peligros. No sólo exaltan el “yo”


diciendo que el hombre puede dominar cualquier circunstancia con sólo
saber explotar el potencial de su mente, sino que además abren la
puerta a los poderes de las tinieblas al incursionar en planos que van
más allá de lo físico.

Como maestros debemos disponernos a mejorar nuestra función. Sin


menospreciar la tradicional manera de enseñar, ya que nosotros somos
producto de ella, sino haciendo todo lo que esté a nuestro alcance para
perfeccionar la tarea que el Señor nos encomendó.

Eduquemos a los niños antes de que los alcancen los dardos del maligno.

 El Niño debe aprender como lo que es

Es posible que alguna vez hayamos observado a un buen maestro de


adultos fracasar ante una clase de niños. El hecho es que no se puede
enseñar a un niño como si fuera una persona mayor.

Entre las características que los hacen especiales, nombraremos las


siguientes, aunque en forma particular lo trataremos más adelante:

Tienen un vocabulario limitado


Su capacidad de concentración es mucho menor que la
de un adulto
Les falta experiencia (aún no han vivido mucho)
Tienen gran capacidad imaginativa
Mucha memoria
Son crédulos
Son espontáneos
Tienden a ser optimistas
Expresan sin reservas sus sentimientos
Tienen inquietudes propias a su edad:
 Temores
 Problemas familiares
 Inseguridades
 Sed de afecto y protección
 Necesidad de ejemplos a imitar

Estas características varían en mayor o en menor grado, dependiendo


de la edad del niño, y es necesario que el maestro conozca
particularmente aquellas que son propias a su clase. Ignorar estas
diferencias entre el niño y el adulto es lo que lleva a que la enseñanza
no sea efectiva.

Dios quiera que el deseo de enseñar a los niños provenga de una


verdadera carga por su desarrollo espiritual. El que tenga esa carga se
perfeccionará para instruir a sus alumnos de la manera más adecuada,
preocupándose por sus características y los métodos que mejor se
adaptan a ellas.

III. El Niño como Alumno

 Conociendo a los Alumnos


Cuando el Señor Jesús caminó entre los hombres, se preocupó por la
salvación de todos pero centró su atención y dedicación en un pequeño
grupo, quienes más tarde continuaron la tarea del Maestro.
Si deseamos que nuestra enseñanza sea efectiva tendremos que dar
especial importancia a nuestra relación con los alumnos. Alguien que se
siente comprendido y amado está dispuesto a ser enseñado. Pero para
comprender y amar necesitamos conocer al individuo.

Saber cómo piensan, sienten y viven nuestros alumnos no es una tarea


fácil, pero es imprescindible. Sólo a través de conocerlos lograremos
llegar en forma directa a sus corazones para suplir sus necesidades.

Una vez entendida la necesidad de conocer al alumno, la pregunta es


cómo lo logramos. Cada maestro cuenta con la ayuda del Espíritu Santo
para descubrir las mejores maneras de hacerlo. Comentaremos también
aquí algunas ideas que pueden serle útiles.

Algo simple de confeccionar es una ficha personal para cada niño. En


ella deberán anotarse la mayor cantidad de datos que sea posible
obtener, desde los más directos, como el nombre, edad, fechas
trascendentales en su vida (nacimiento, conversión, bautismo, etc.),
hasta información secundaria que sirva de complemento. A continuación
transcribimos una lista de asuntos sobre los cuales puede tomar
registro:

 Dónde y con quiénes vive.


 Cómo se compone su grupo familiar.
 A qué escuela asiste y en qué año está.
 Qué le gustaría ser en el futuro.
 Qué cosas le agradan o le molestan, (en el hogar, en el colegio,
etc.).
 Qué cosas le causan temor.
 Qué desea o espera de sus padres, amigos y líderes.
 Con qué persona de la iglesia siente mayor afinidad.
 Qué es lo que más le gusta hacer para el Señor.
 Qué es el Señor para él.
 Cuánto tiempo dedica a la oración.
 Cómo y cuándo lee la Biblia.
 Qué deporte le entusiasma.
 Quienes son sus amigos.
 Qué es lo que más le preocupa.
 Tiene alguna limitación física.

La lista podría ampliarse. Anímese a pedirle al Señor que le indique las


cosas que usted no debe ignorar de sus alumnos.

Otros medios excelentes para llegar a conocer al niño son las visitas a
su hogar. El niño sentirá gran placer al ver que su maestro se ocupa de
él no sólo durante el tiempo de la clase, sino también fuera de ella.
Una charla con los padres puede revelar información que de otro modo
jamás alcanzaríamos a saber. Visitar a nuestros alumnos les da la
oportunidad de incluirnos en su mundo íntimo y puede creare profundos
lazos de unidad.

Los tiempos informales que pasemos con los niños también son de gran
valor en el acercamiento personal. Paseos, juegos y conversaciones
“fuera de programas” hacen sentir al alumno que el maestro es
accesible y que puede confiar en él. Cosas que el niño nunca revelaría
en una clase pueden ser compartidas en tiempos como éstos.

Por último, no olvide que toda relación interpersonal requiere entrega de


ambas partes. Deje que también sus alumnos le conozcan a usted.
Comparta con ellos su vida, en la medida en que le sea posible. Ellos
apreciarán este gesto de confianza y estarán dispuestos a abrirle las
puertas de sus corazones para que los guíe en la aventura de aprender.

 Características de los Niños

 Entre 2 y 3 años:
Dependen casi absolutamente de sus padres y por
extensión, de sus maestros. Las bases que se coloquen
durante este período formarán el cimiento sobre el cual el
niño edificará el resto de su vida.
Son crédulos.
Entienden las cosas literalmente, no comprende el lenguaje
simbólico.
Sus vivencias giran alrededor de sí mismos, se suele decir
que son egoístas; para ellos todo se resume en una palabra:
“mío”.
Les cuesta ser sociables.
Manejan poco vocabulario y tienen poca memoria. Su
período de atención es de tres y cuatro minutos.
Les agradan las historias, por su escasa memoria es
necesario utilizar la repetición.
Son imitadores.
Son inquietos, pero se cansan con facilidad.
Son dependientes, muy se4nsibles e impresionables.
Responden al amor de Dios y no al castigo de Dios.

 Entre 4 y 5 años:
Son muy activos, aunque se cansan con facilidad.
Tienen mucha imaginación, pero sin noción de tiempo y
espacio.
Les gusta imitar a las demás personas.
Pueden prestar atención de tres a cinco minutos en forma
continua.
No comprenden los símbolos. Las palabras tienen sentido
literal.
Son muy emotivos y temerosos, se enojan con facilidad.
Creen todo lo que se les dice.
Desean ser queridos y están listos para aprender las
verdades espirituales.

 Necesitan:

Actividades alternadas (una actividad con


movimientos, otra con quietud, otra con cánticos
y otra pasiva).
Respuestas sencillas y sinceras.
Audiovisuales, para que ellos cuenten la historia,
representando los personajes. Se debe aclarar
cuando la historia es verdadera o imaginaria.
Explicaciones del significado de los versículos que
memorizan.
Actividades para aprender a dar y a recibir, a
dirigir y a obedecer.
Disciplina cuando se equivocan y elogios cuando
hacen lo bueno.
Que se los conduzca a Cristo como su Salvador.
Que se les demuestre amor. Dé un buen ejemplo.

 Entre los 6 y 8 años:

Les gusta más hacer cosas, que prestar atención. Su tiempo


máximo de atención es de 7 y 8 minutos.
Ya saben leer y les gusta escribir.
Tienen una gran imaginación y pueden utilizar su
razonamiento.
Tienen buena memoria.
Les gusta jugar en grupo.
Son cooperadores, comunicativos y obedientes. A veces son
egoístas. Quieren todo inmediatamente.
Son amorosos y muy capaces, confían rápidamente.
Son muy curiosos y les gusta competir.

 Necesitan:

Mucha actividad alternada de períodos de


descanso.
Actividades de acción y de participación en
grupo.
Estímulo para estudiar versículos de la Biblia y
copiarlos.
Que se les incite a imitar los buenos personajes
de la Biblia.
Que se les ayude a pensar en los demás y a no
ser impacientes.
Guía para aceptar a Cristo como su Salvador
personal.

 Entre los 9 y 11 años:

Su crecimiento es importante y se desarrollan sus


fuerzas.
Son ruidosos y les gusta luchar y competir.
Su período máximo de atención constante es de 10 a 12
minutos.
Son curiosos, tienen buena memoria y les gusta
coleccionar objetos.
Les gusta leer y se interesan por héroes reales.
Les gustan las actividades en grupo, pero con los de su
mismo sexo.
Quieren tener responsabilidades pero no ser forzados a
nada.
Procuran esconder sus emociones, pero pueden explotar
fácilmente. Les gustan las bromas.
Pueden reconocer el pecado y sienten necesidad de Dios.
Su fe es sencilla y tienen mucha curiosidad por las cosas
espirituales.

 Necesitan:
Mucha paciencia, comprensión e identificación de
parte de los maestros y los padres. El educador
debe intentar hacerse amigo.
Mucha ayuda y orientación espiritual en este
tiempo.
Lecciones con aplicación a sus vidas diarias.
Explicaciones tomadas directamente de la Biblia.
No aceptan las verdades bíblicas sólo porque el
pastor o el maestro se lo digan.
Estudios bíblicos, particularmente les gustan si
los dirige su maestro o pastor. Satisfaga la
necesidad de héroes con los grandes hombres y
mujeres de la Biblia.
Orientación para aceptar a Cristo. Es uno de los
períodos más favorables para la conversión.

IV. La persona del Maestro


En la educación tradicional, el maestro fue durante largo tiempo el
personaje fundamental en la clase. Sin embargo en la actualidad la
enseñanza se ha renovado, a fin de responder mejor a las necesidades
de un mundo en proceso continuo de cambio, y teniendo en cuenta que
las demandas de la época no son las mismas que las de años atrás.

Hoy se comprende que la persona más importante en la clase es el


alumno, y no el maestro. Esto no quita que el que orienta y dirige la
enseñanza sigue siendo, por supuesto, el educador, pero siempre
teniendo en mente al discípulo como centro de todos sus esfuerzos.

Entendido esto, veremos ahora cuatro aspectos de la función del


maestro, que deben ser seriamente considerados a fin de que el
producto de su trabajo sea un mejor aprendizaje, objetivo final de todo
educador.

Enfocaremos los temas sin olvidar que hablamos de personas que


enseñan a niños.

 El Maestro y su Personalidad

Existen tres puntos importantes en cuanto a la personalidad del


maestro, a saber:

1. El Maestro debe ser consecuente:

Unos de los rasgos distintivos de un buen maestro es su capacidad de


ser consecuente con lo que enseña. Si vamos a enseñar al niño que dios
nos ha dado dominio propio por Su Espíritu, tenemos que demostrar esa
cualidad en los hechos. Si queremos hablar de honrar al Señor con
nuestros bienes, debemos ser ejemplo de fidelidad en los diezmos y
ofrendas. Si damos una lección excelente sobre cómo adorar a Dios en
espíritu y verdad, no podemos estar charlando durante el tiempo de
adoración en el culto.

La falta de consecuencia entre lo que enseñamos y lo que demostramos


en la práctica hace que se pierda el respeto de los alumnos y por
consiguiente, toda autoridad. Hay que cuidarse para no ser como los
que proclaman: “haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago”.

2. El Maestro debe ser auténtico:

Otra cualidad deseable en un maestro es su autenticidad. ¿Qué


significa auténtico? Simplemente es aquello que no es fingido ni falso.

El maestro no debe fingir ante sus alumnos. Que ellos sepan que su
líder es tal y como se comporta en el aula. Cuando un maestro cambia
de personalidad frecuentemente, el niño comienza a perder su confianza
en él y se crea un sentimiento de inseguridad que afecta el
aprendizaje.
3. El Maestro debe ser ejemplo:

El testimonio irreprensible del que enseña es uno de lo agentes


motivadores más efectivos. Los alumnos quieren ser como su maestro, y
esto es especialmente importante cuando se trata de formar vidas que
están en pleno desarrollo, cavando los cimientos de lo que construirán
en el futuro.

No se debe olvidar que los niños son muy observadores, y siempre están
“estudiando” a sus mayores para imitar sus maneras de conducirse.
Ellos andan en la búsqueda de modelos de conducta, y suelen ser muy
críticos cuando perciben fallas en las personas a quienes admiran. El
maestro puede llegar a ser entre el grupo de adultos, uno de los que
más influencia ejerza en la formación del carácter de la criatura.

Esto es una enorme responsabilidad.

 El Maestro y su preparación
Enseñabilidad es la capacidad de una persona para ser enseñada. No es
la capacidad de enseñar a otros, sino de recibir de otros la enseñanza
para la vida propia.

Hay personas que gustan de enseñar, pero no están dispuestas a ocupar


jamás el asiento como alumnos.

Si usted quiere ser un buen maestro de niños, debe tratar de superarse


en dos áreas, como mínimo: “bíblica” y “pedagógica”.

1. El Maestro y su preparación bíblica:

El maestro cristiano podrá usar buenos escritos para preparar su clase,


pero el Manual por excelencia es la Palabra de Dios. El que pretende
enseñar debe estar dispuesto a someterse a un proceso continuo de
aprendizaje de las Escrituras. Si deseamos enseñar la Biblia, debemos
“estudiar” la Biblia.
2. El Maestro y su preparación técnica:

Como pedagogo, el maestro deberá ocuparse de dominar técnicas que


faciliten su tarea con los niños. La enseñanza (como ciencia) no es algo
estático sino dinámico. Nuevas técnicas pueden ser aprendidas y
utilizadas para lograr un mayor grado de respuesta en los alumnos.

Existen algunos factores que afectan el proceso enseñanza-aprendizaje,


como ser el medio en que se desarrolla la clase, el lenguaje utilizado,
métodos y otros.

 El Maestro y su visión
El maestro con visión espiritual tiene delante suyo un grupo de personas
(pequeñas en edad, p ero grandes en potencialidad), a quienes puede
formar en más de un aspecto.

El objetivo principal del educador cristiano es dar a conocer a Dios por


su Palabra. Sin embargo pocos aprecian la posibilidad de educar al niño
en otras áreas.

Una faceta de la personalidad humana es la creatividad. Podemos guiar


el aprendizaje de los niños a través de las artes creativas, por ejemplo:

 Eduque a través de la Música: la música ocupa un lugar


importante en el Culto a Dios. Guíe a su clase proveyendo
oportunidades de expresarse a través del canto (forme pequeños
coros, descubra potenciales solistas, no exija perfección) o
enséñeles a ejecutar algún instrumento (válgase de personas
capacitadas si es que usted no sabe hacerlo).
 Enseñe a amar el “Arte de la Pluma”: tal vez Dios tenga grandes
escritores entre sus alumnos. Comience a crear en los niños el
amor por la expresión escrita. Organice concursos de poesías,
cuentos, libretos de dramas (siempre dirigidas al Señor, y con
base en Su Palabra). Incluya en sus clases actividades que les
demande redactar aunque sea brevemente.

Si Usted es un maestro con visión, no sólo reconocerá la necesidad de


preparar al niño para que conozca la Biblia, o para que se exprese a
través de su creatividad. También verá que su alumno puede y debe
servir a Dios.

Tres maneras en que podemos enseñar servicio cristiano son, entre


otras:

 Evangelismo: Eduque a los niños sobre la manera de compartir con


otros el mensaje de la Cruz. Los niños son mejores evangelistas
que muchos adultos.
 Participación en los cultos: Provea oportunidades para que sus
alumnos tomen parte activa en los cultos de adoración a Dios.
Que presenten algún trabajo escrito en una ocasión especial o
compartan alguna canción o algún testimonio. Que no sientan que
el tiempo público con Dios es privativo de los “grandes”.
 Misiones: los países con mayor conciencia misionera son los que
comienzan a enseñar a sus niños sobre la responsabilidad de
traspasar barreras culturales con el Evangelio. Nunca es
demasiado temprano para hablar al alumno de Misiones.

Amplíe su visión. Su alumno no es sólo un recipiente en quien volcar


conocimientos. También es capaz de expresarse y servir a Dios.
¡Edúquelo para ello!

 El Maestro y su Integración al Cuerpo


El maestro es uno más en el grupo de obreros que trabajan juntos para
lograr los objetivos que la congregación persigue y por los cuales se
esfuerza.

E3s de vital importancia que el maestro conozca los objetivos y las


metas de la Iglesia en la que sirve, porque eso lo ayudará a programar
la enseñanza de manera que rinda mayores frutos. Es lo que se llama
trabajar en Integración al Cuerpo (Iglesia).

Mencionaremos tres pasos para lograr una enseñanza integrada:

1. Conocer la Visión de la Iglesia: una Iglesia que crece es una que


se propone constantes desafíos que no se conforma con lo que ya
tiene sino que busca alcanzar nuevas victorias. Cada congregación
debe recibir del Señor las directivas sobre cómo va a realizar su
tarea. El maestro responsable sabe que él es parte fundamental
en el desarrollo de la visión, y se preocupa por conocerla. Para
ello hay que mantener un contacto estrecho con los líderes de la
Iglesia. Dios habla a la “cabeza” y ellos son los encargados de
comunicar al Cuerpo las indicaciones recibidas. El maestro debe
estar de acuerdo con sus líderes para que su trabajo sea
efectivo. Cuando la visión se encarne en su corazón, le será más
fácil guiar a los alumnos para que sean miembros útiles dentro del
Cuerpo de Cristo. Usted puede conocer muchas técnicas de
enseñanzas y ser excelente en su exposición, pero recuerde que
lo que pretendemos es no sólo llegar a la mente del niño, sino
lograr que de corazón desee servir a Dios, y con voluntad se
ponga en marcha para ser un cristiano activo.
2. Planificar la enseñanza con anticipación: es muy importante
entender la necesidad de pensar con tiempo cómo vamos a
“alimentar” a los alumnos para lograr un buen desarrollo. El
maestro debe planificar con tiempo y esfuerzo, aquello que
pretende trasmitir a sus alumnos. La educación improvisada
desaprovecha las energías del maestro y de los alumnos.
3. Hacer que el niño participe en las actividades de la Iglesia: el
maestro debe crear situaciones en que el alumno sea movido a
aplicar lo que aprendió en el aula. Si planifica con tiempo sus
clases, se preocupará no sólo por el tema de la lección, sino por
el aspecto práctico de la misma: “¿cómo haré para que el niño
lleve a su vida personal lo que enseñé?”. Debemos poner en
actividad a nuestros alumnos, haciéndoles sentir miembros útiles
en la congregación.
V. El Arte de comunicar
Comunicarse es un arte. El diccionario define “arte” como: “conjunto de
reglas para hacer bien una cosa”. La comunicación se basa en un
conjunto de reglas que nos permiten relacionarnos entre personas. Hay
diferentes maneras de comunicarnos, y no siempre resulta sencillo, pero
es necesario si deseamos vivir en sociedad.

Mucho más importante si tenemos en cuenta que nuestra misión es


comunicar a los hombres las Buenas Nuevas de Salvación.

Decimos que la enseñanza es el proceso de comunicación entre el


maestro y sus alumnos, y viceversa.

Es nuestro deber como maestros comprender cómo funciona ese proceso


y trabajar para mejorarlo. En la medida que lo logremos, la enseñanza
resultará beneficiada.

 ¿Por qué nos comunicamos?:

Se dice que nos comunicamos para influir y para afectar


intencionalmente; y que toda comunicación tiene su objetivo, su meta, o
sea, producir una respuesta.

En educación no nos conformamos con volcar sobre el alumno, una


cantidad de información. Debemos influir en su pensamiento para que
afecte a su conducta.

El maestro cristiano, como comunicador de las verdades divinas, debe


buscar una respuesta triple en sus discípulos:

 A nivel intelectual (Conocimiento)


 A nivel afectivo (Actitudes)
 A nivel volitivo (Voluntad-Habilidades)

Aprendizaje es sinónimo de cambio. Se dice que el alumno aprendió


cuando demuestra cambios en su vida práctica. Veamos los tres niveles
en que la comunicación de la verdad bíblica enseñada debe afectar al
alumno:
1. El Nivel Intelectual:
Significa que la lección debe proporcionar información que el
alumno no poseía. Podemos decir que es la parte de la educación
que afecta a la mente del discípulo, a sus conocimientos. El
alumno debe sentir que luego de la clase ha adquirido algo nuevo,
algo que no sabía y que le fue informado a través de la lección.
Ha superado los límites de sus propios conocimientos.

2. El Nivel Afectivo: esos datos nuevos, para ser provechosos deben


influir sobre las emociones del alumno. Ahora sabe algo que antes
ignoraba, y ese conocimiento le provoca actitudes especiales.
Hemos alcanzado no sólo la mente del niño, sino también su
corazón. El niño aprender que Jesús es el único camino para llegar
a Dios y que sólo en Él hay salvación, entonces piensa en sus
amigos del colegio y siente pena porque ellos no conocen a Cristo.
El próximo paso es la acción.

3. El Nivel Volitivo: Ahora que conoce una nueva verdad, y siente


algo diferente en su corazón, el niño de be recibir del maestro el
impulso para actuar en consecuencia. No basta con la intención.
La enseñanza se considera completa cuando logra que el alumno
obre de acuerdo con lo que aprendió. El niño sabe que Cristo es el
único Salvador, siente pena por sus amigos, entonces aprovecha la
próxima oportunidad que se le presente para contarles sobre el
amor de Dios al enviar a su Hijo, y los invita a aceptar a
Jesucristo. El proceso está completo.
Cuando el maestro comprueba que el discípulo llevó a la práctica
los conceptos enseñados en el aula, puede estar satisfecho de
haberse comunicado eficazmente. Ha logrado la triple respuesta,
ha afectado al niño al punto de motivarlo a cambiar su conducta.
 ¿Cómo nos comunicamos?

Para que se produzca la comunicación es necesario que existan cuatro


elementos básicos:

 Un Emisor
 Un Receptor
 Un Mensaje
 Un Canal

Analicemos cada uno de los elementos por separado para comprender su


función, y cómo trabajan juntos para lograr la comunicación:

1. El Emisor:

Es la persona que inicia el proceso, teniendo una razón para ponerse en


contacto con otra. También se le llama “fuente”, porque de él parte el
mensaje que se va a comunicar.

Imaginemos estar en un culto el día domingo. El predicador se prepara


para dar su sermón. Está por iniciar el proceso por el cual tratará de
atrapar la atención del auditorio. El predicador es, en este caso, el
“emisor o fuente”.

2. El Receptor:

Es el que recibe el mensaje, el destinatario de los esfuerzos que realiza


el emisor para comunicarse, aquel a quien va dirigida la comunicación.

Volvamos al ejemplo del culto. En este caso no tendríamos un solo


receptor, sino muchos, tanto como personas haya en el auditorio. La
congregación es el receptor.

3. El Mensaje:

Es el conjunto de ideas que el emisor desea comunicar, expresadas de


manera que puedan ser entendidas por el receptor.

En el caso que nos ocupa, el mensaje es la prédica en sí, el sermón.

4. El Canal:

Es el medio a través del cual el mensaje llega del emisor al receptor;


es el “vehículo” del mensaje.

En nuestro ejemplo, v arios factores se combinan para formar lo que


llamamos canal. Entre estos factores podríamos mencionar: la voz del
predicador, es decir, las ondas sonoras que llevan el mensaje; el aire a
través del cual se desplazan; los mecanismos del habla y del oído que
intervienen en la producción y la recepción del mensaje.

El ambiente que rodea al predicador y la congregación también puede


definirse como canal. Las condiciones físicas en que se produce el
mensaje son parte del “vehículo” en el que viaja.

 Formas en que se comunica el Maestro


Generalmente cuando se habla de comunicación se piensa en una sola de
sus formas: la verbal. Sin embargo hay múltiples maneras de
relacionarse interpersonalmente, y de hecho, el maestro cristiano
utiliza muchas. Tal vez podríamos añadir que el maestro de niños
necesita dominar más formas de comunicación que aquel que trabaja con
adultos.

Entre las diversas variantes que se usan vamos a mencionar las


siguientes:

Comunicación Verbal
Comunicación Escrita
Comunicación por medio de gestos (no verbal)
Comunicación a través de acciones (testimonio)
Comunicación Visual (símbolos)

1. Comunicación Verbal:

Tal vez sea la manera más usada, al punto que a veces abusamos de
ella. La palabra hablada es la herramienta que siempre está disponible,
aunque a veces se desperdicia su potencial por no saber usarla.

Siendo el medio de comunicación al que más se recurre, el maestro


deberá preocuparse por conocer algunos secretos que harán más
efectiva su disertación.

2. Comunicación Escrita:
Si es necesario que el alumno aprenda a expresarse a través de la
palabra escrita, con más razón lo es para el maestro.

El maestro debe “entrenarse” haciendo de la escritura un hábito. Debe


acostumbrarse a plasmar las ideas sobre el papel, donde luego pueda
volver para analizarlas y si fuese necesario, mejorarlas.

El alumno aprende a valorar el material escrito que recibe en la clase,


y que es fruto de la investigación, inspiración y trabajo de su maestro.

3. Comunicación por medio de gestos (no verbal):

Un gesto dice más que cien palabras. Si usted es una persona muy
expresiva, tenga cuidado, ya que el mensaje secundario que trasmiten
sus gestos puede captar mayor atención en sus alumnos que el que
comunica con palabras.

El niño es muy susceptible a las expresiones de su maestro. Podemos


usar esta forma de comunicación para ahorrar palabras que a veces son
innecesarias y hasta inoportunas. Con gestos se consigue mostrar
aprobación o desaprobación, aliento, afecto, orientación; se puede
provocar o frenar la acción del alumno; y aún enviar menajes directos,
los que no se desea que reciban todos sino alguien en particular.

4. Comunicación a través de acciones (testimonio):

Si un gesto dice más que cien palabras, una acción dice más que cien
gestos.

El testimonio del maestro cristiano es de vital importancia. El maestro


es ejemplo, se lo proponga o no. Lo crucial es que sea “buen” ejemplo.

No olvidemos que la autoridad de nuestras palabras descansa sobre


nuestro testimonio. Si éste es débil o inconsistente, la autoridad corre
peligro de desmoronarse.

5. Comunicación Visual (símbolos):

El alumno recuerda hasta un 30% de lo que ve, y un 50% de lo que ve y


oye. Vale la pena el esfuerzo del maestro por comunicarse a través de
imágenes que permanezcan por más tiempo en la mente de los niños.
Recordemos que cuanto mayor sea el número de sentidos afectados
mayor será el grado de aprendizaje. En nuestras clases incluyamos
varias.

 Fracasos en la Comunicación

Existen algunos factores que pueden provocar el fracaso en nuestro


intento de comunicación.

A continuación veremos algunos:

Falta de propósito definido:


Cuando el emisor no tiene en claro el objeto que desea alcanzar
con su mensaje, la comunicación resulta ineficaz. Es como
disparar al aire, sin tener un blanco al que apuntar.
No conocer el auditorio:
Cuando el emisor ignora las características del receptor, la
comunicación se ve afectada. En lo que hace a la enseñanza, la
importancia de que el maestro conozca a sus alumnos ha sido ya
aclarada.
No valorar la oportunidad:
La actitud de la fuente hacia el mensaje que quiere comunicar es
vital. Si el emisor no aprecia el valor de lo que se va a compartir,
difícilmente logrará afectar al auditorio.
El maestro debe ser el primero en reconocer la necesidad de lo
que enseña, de manera que aproveche la oportunidad de
comunicarlo, de la forma más efectiva.
Falta de aplicación (abstracción):
Abstracto es lo opuesto de concreto. En la enseñanza significa
quedarse en la “teoría” y no llevar lo expuesto a la práctica. La
lección útil es la que se aplica a la necesidad del alumno, de modo
que pueda vivirla.
Falta de interés en el tema por parte del receptor:
Si el destinatario del mensaje no desea recibirlo, los intentos del
emisor serán vanos.
Cuando se planifica una clase hay que pensar en la manera de
provocar el interés del alumno hacia el tema que deseamos enseñar
Interpretación errónea:
Más de un problema surge de la mala interpretación de las
comunicaciones.
El emisor debe cuidar muy bien que la forma de expresar su
mensaje sea clara para el receptor, a fin de que la idea que éste
reciba sea la misma que se tuvo en mente en el momento de iniciar
la comunicación.

VI. Comunicación Efectiva entre el


Niño y el Maestro

Para la comunicación entre el maestro y el niño sea realmente efectiva,


hace falta tener en cuenta determinados factores:

Podemos aprender a comunicarnos con niños si observamos algunas


reglas: conocer la personalidad del niño y los métodos de trabajo
que surten mejores resultados.
Vamos a comunicarnos mejor si cambiamos nuestra manera de
“considerar al niño”. Valorarlo, invertir tiempo y atención cuando
todavía se puede influir sobre su formación.
Desearemos comunicarnos con el niño cuando entendamos la
necesidad: si nosotros no lo hacemos, el diablo se encargará de
“adoctrinarlos”.

Existe un movimiento liderado por el enemigo del hombre,


denominado “La Nueva Era”, que está invadiendo la sociedad, sin que
ésta se dé cuenta. Una de sus más prolíferas escritoras y
fundadoras es Alice A. Bailey, quien ha escrito muchos libros, entre
ellos: “·Cartas sobre meditación ocultista”, “Tratado sobre magia
blanca”, “Psicología esotérica”, (esotérico, según el diccionario,
significa “oculto”) y muchos otros que han invadido el mercado.

En uno de sus libros titulados “La Educación en la Nueva Era”, revela


planes para renovar los métodos de enseñanza para preparar a la
humanidad para entrar al Nuevo Orden Mundial que controlará al
mundo, (el gobierno del anticristo).

Dice que esta nueva educación debe comenzar a implantarse en los


niños. Entre los métodos que propone, tiene fundamental importancia
el uso de la meditación a través del cual se logra el contacto con las
“mentes superiores” que son los que en definitiva, deben enseñar;
esto según lo que asevera y enseña la escritora.

Para ampliar la información, transcribiremos a continuación un


párrafo editado en el referido libro: “Hemos preparado ya el terreno
para considerar las tres ciencias que predominarán en los
pensamientos de los educadores de la era futura. La construcción y
el desarrollo de “antakarana”, el desarrollo del poder para controlar
la vida y trabajar con magia blanca a través de la ciencia de la
meditación, y también la ciencia del servicio, mediante la cual se
fomenta y desarrolla el control y la relación grupales, son las tres
ciencias fundamentales que guiarán al psicólogo y al educador del
futuro. Producirán además, un cambio radical en la actitud de los
padres hacia los hijos, en los métodos que ellos emplean para
entrenarlos y educarlos desde muy pequeños y durante los años
formativos de su conciencia”. (“La educación de la nueva era, Alice
Bailey, publicada por editorial Fundación Lucis, distribuidor Editorial
Kier S.R.L., Bs.As., Argentina. Pág. 109,110).

Estas “mentes” están trabajando desde hace años para manejar a la


humanidad a través de la educación. ¿Qué estamos haciendo
nosotros para educar mejor a nuestros niños?

Asumamos la responsabilidad de cubrir a los pequeños con la coraza


del Espíritu para que el enemigo no pueda tocarlos; esforcémonos
para ser buenos comunicadores de la Verdad que libera.
 Los elementos de la comunicación en clase

Ya hemos visto que para que se produzca la comunicación deben existir


por lo menos cuatro elementos básicos:

El emisor
El receptor
El mensaje
El canal

Dimos como ejemplo del modelo de comunicación en una prédica. Veamos


cómo se adapta a la enseñanza:

1. El Emisor:

El que tiene la idea en mente y la desea comunicar es el maestro. El


educador cristiano es la fuente que tiene la responsabilidad de
transmitir el mensaje con fidelidad.

2. El Receptor:

El destinatario del mensaje que emite el maestro es, lógicamente, el


alumno. En pedagogía cuando hablamos de alumnos pensamos en niños.

3. El Mensaje:

Si en la predicación el mensaje es el sermón en la enseñanza será la


lección. Sin embargo no olvidemos que no sólo transmitimos mensajes
verbales, sino también por medio de gestos, acciones y símbolos.

Por lo tanto podríamos decir que hay un mensaje principal (la lección
hablada), y varios mensajes secundarios.

En relación al lenguaje que usamos en la clase necesitamos tener en


cuenta:

La edad de los alumnos: A veces hablamos a los niños como si


fueran adultos. “Una maestra enseñaba a la clase de 3 a 5 años
acerca del libro de Ester. Cuando les dijo que la reina organizó
un “banquete”, uno de sus pensantes alumnos le preguntó si un
banquete era un “banco grande”…”
Debemos además adaptar nuestro vocabulario al de los
receptores. Nada mejor para aprender el lenguaje de los niños,
que pasar tiempo escuchándolos.
El nivel social de los alumnos: Muchos niños en nuestras iglesias
provienen de hogares humildes. Probablemente no entiendan al
maestro cuando les explica que “la mente es como una
computadora”, porque es un término que jamás han oído en su
hogar. Eso no significa que no podamos enseñarles qué es una
computadora, pero no esperemos que capten sin aclaración
ejemplos que no están relacionados con el ambiente en que viven.
Nivel cultural de los alumnos: Es importante que el maestro
conozca el grado de preparación intelectual de sus alumnos. Hay
que motivar al discípulo para que supere culturalmente, pero
debemos adaptar nuestro lenguaje al nivel en que se encuentra.

Tener en cuenta estos aspectos mejora la claridad del lenguaje. Cuando


tenemos una clase con alumnos con particularidades muy diferentes:
edades variadas, distintos niveles socioeconómicos, diferente grado de
preparación; es conveniente separar sí las edades, cuidando de no hacer
divisiones por nivel social o cultural, ya que esto puede afectar las
emociones de los alumnos.

En caso de clases demasiado heterogéneas, busque apuntar al nivel


medio, es decir, ni muy alto ni demasiado bajo. Con la dirección del
Espíritu Santo, tendremos la forma correcta de transmitir la
enseñanza.

En comunicación se dice que el mensaje se transmite a través de un


código. Código es el conjunto de formas usadas para emitir un mensaje:
palabra, gestos, actitudes, ayudas visuales, etc.

Para que la comunicación sea efectiva, el emisor y el receptor deben


manejar un mismo código. Usted no puede dar una lección en japonés si
sus alumnos no dominan ese idioma; tampoco usar letreros si sus
discípulos aún no aprendieron a leer. Debemos adaptar el “código”
teniendo en mente las capacidades y necesidades de nuestros alumnos.

4. El Canal:
Es el medio por el que el mensaje llega al receptor. Existen dos
aspectos importantes que hacen el canal de transmisión en la clase.

Uno tiene que ver directamente con el maestro: el uso de la voz.


El segundo es externo: el ambiente donde se desarrolla la
enseñanza.

Uso adecuado de la voz: Hay que cuidar cuatro factores


relacionados con la voz:
 El tono: es el nivel de la voz. Cada persona tiene su propio
tono y es aquel que se produce con el menor esfuerzo. El
tono varía según las emociones, por lo tanto debemos cuidar
que coincida con el mensaje que deseamos comunicar.
 La velocidad: es la cantidad de palabras por minuto. Se
entiende que debemos controlarla para lograr claridad.
 La fuerza: es el volumen y la intensidad con que hablamos.
 La claridad: es lo que se denomina el “timbre” de la voz; lo
que distingue una voz de otra.

El secreto para mantener la atención del oyente consiste en variar


estos factores según la importancia de lo que queremos expresar. Si
hablamos siempre en un mismo tono, a la misma velocidad, sin modificar
el volumen ni la claridad de la voz, caemos en la monotonía y perdemos
contacto con el alumno.

Una lección dicha en voz clara, audible, bien articulada, es un mensaje


que atrapa al oyente.

El ambiente de la clase: Dijimos que las condiciones físicas en las


que se produce el mensaje afectan al mismo. Algunos detalles que
hacen al ambiente son:
 El tamaño del aula: debe ser adecuada al número de
alumnos. Si el aula es demasiado grande, sentirán que “se
pierden” dentro. Si es muy pequeña estarán sofocados y se
estorbarán unos a otros.
 La ubicación del aula: trate de ubicar a los niños en lugares
aislados del paso de otras personas. Los ruidos y el ir y
venir de la gente distraen a los pequeños.
 La ventilación del aula: la falta de renovación del aire en
una clase, perturba el ánimo de los alumnos y perjudica la
salud.
 La iluminación del aula: poca luz provoca cansancio ocular y
desgaste. El exceso de iluminación también es dañino para
la vista. Este es un detalle muy importante que influye en
el ánimo de la clase.
 La decoración y el mobiliario del aula: debe adecuarse a la
edad del alumno. Las paredes oscuras, con manchas de
humedad o revoque caído, no son el mejor estímulo para el
niño, y a veces se podrían arreglar con muy poco gasto.

Para los más pequeños, un aula decorada con figuras en los muros es
motivadora, para los más grandes, se puede utilizar carteles, mapas,
láminas. Lo importante es la sensación que el alumno experimenta al
entrar al aula. Si se encuentra a gusto aprovechará mejor la clase.

 Ruidos en la comunicación
En la relación entre el maestro y el alumno suelen existir factores que
entorpecen la comunicación. A esto se le llama “ruidos”, y en el
lenguaje técnico se usa para definir todo aquello que resta fidelidad al
mensaje.

Hay muchos factores que pueden transformarse en ruidos para la


educación. A continuación, mencionaremos algunos:

 Falta de una buena presentación en el maestro: se refiere a


su aspecto exterior. Si llega a la clase con la corbata
inclinada hacia un costado, o un botón de su camisa,
desabrochado, o su ropa manchada; es muy probable que lo
único que recuerde el niño de la lección sea ese detalle. La
prolijidad e higiene son factores que no se deben pasar por
alto.
 Estado de ánimo, tanto del que enseña como del que
aprende: si uno llega a la clase con el alma angustiada por
un problema, eso provoca estorbos. Si sucede con el
maestro puede hacerlo fracasar en el intento der transmitir
la verdad divina. Si le ocurre al alumno, probablemente le
ocupe sus pensamientos y no le permita atender a la lección.
Por ello es tan importante iniciar la clase con un período de
oración en el cual se pueda dejar a los pies del Señor toda
preocupación que nos aflija. El maestro debe estar atento al
estado de ánimo de sus alumnos para evitar que se
transforme en un ruido.
 Condiciones ambientales inadecuadas: ya mencionamos lo
perjudicial que puede resultar un lugar mal iluminado o con
deficiencias de ventilación. Hay que eliminar del aula todo lo
que pueda ser causa de distracción. Si las ventanas hacen
que el niño “viaje” fuera de la sala, unas cortinas alegres
pueden hacerlo “regresar”. Si la clase se da en el templo, lo
mejor es buscar un horario que no se superponga con otras
actividades, a fin de que el tránsito de los hermanos no
robe la atención de los pequeños.
 Grupos demasiado grandes: cuando el número de alumnos es
excesivo surgen problemas. Es mejor dividir el grupo en
varias clases para poder dar una atención más
individualizada.
 Oposición espiritual: debemos ser concientes de que nuestra
tarea molesta al maligno. Muchos problemas que se
atribuyen a la falta de disciplina de los alumnos serían
solucionados con un poco más de discernimiento espiritual del
maestro. Tomar autoridad sobre la astucia del enemigo es
trabajo previo que evitará la aparición de ruidos en el aula.
A continuación, veamos un esquema del proceso de la
comunicación y sus elementos:
 Concepto de empatía
Empatía suele definirse, en términos caseros, como “ponerse en los
zapatos del otro”. Con esto se desea expresar la capacidad de una
persona para comprender a la otra, colocarse en su lugar, tratar de
sentir como el otro sienta.

Esto es muy importante para mejorar la comunicación entre el maestro


y el alumno.

Veamos algunas situaciones en que la empatía disminuye:

 Cuando la comunicación anterior con la persona es mínima.


 Cuando somos insensibles a la conducta de los demás.
 Cuando no estamos motivados.
 Cuando aumenta el tamaño del grupo.

Es decir, para poder ponernos en el lugar del alumno debemos procurar:

 Pasar tiempo juntos fuera de la clase.


 Ser sensibles a sus cambios de conducta.
 Mantener nuestro deseo de educarlos, bien en alto.
 Tener un trato personal, individualizado.

Además de las características básicas de la edad de cada niño, que ya


vimos, cabe señalar tres necesidades que toda criatura tiene, y que no
siempre son debidamente suplidas:

Necesidad de respeto: por todo lo expuesto, podemos entender


que cada niño merece ser respetado como persona, cuando
logremos esto, sus opiniones, sus inquietudes y sus intereses
aparecerán ante nosotros, los adultos, en otra dimensión. Dejarán
de ser “tonterías de chicos” y les prestaremos la debida
atención.
Necesidad de respuestas: muchas veces cortamos la con versación
de los niños con un “no”, sin darle mayor explicación. Ellos son
capaces de entender si nos preocupamos por ofrecer respuestas
claras, adecuadas a su nivel de comprensión.
Necesidad de afecto: pocas cosas logran mejores resultados en la
comunicación con los pequeños, que el brindarles afecto. Una
demostración de cariño puede ser más efectiva que diez
reprensiones. Si los adultos necesitamos muestras de afecto para
sentirnos aceptados, ¿cuánto más las necesitará un niño? Suplir
estas necesidades es comprenderlos, es ponernos en lugar de
ellos. Esto es empatía, tratar de sentir como ellos sienten, para
enseñarles mejor.

VII. Métodos y Auxiliares


A continuación vamos a ocuparnos de los medios que facilitan al maestro
la exposición de su materia.

En didáctica, (término que se refiere a una ciencia hermana de la


pedagogía; según el diccionario: “arte de enseñar”) se dice que la
enseñanza se compone de tres momentos:

La Planificación.
La Ejecución.
La Verificación.
 La Planificación es la etapa previa a la clase, el momento en
que el maestro decide “cómo” va a desarrollar su tema y
“qué” van a realizar sus alumnos.
 La Ejecución es la etapa del dictado de la clase, es decir,
el tiempo en que el maestro guía el aprendizaje del alumno
tratando de lograr su participación.
 La Verificación es el momento en que evaluamos los
resultados. Medimos el grado de aprendizaje y la
efectividad de la enseñanza impartida.

Para que nuestras clases sean más variadas, ágiles y productivas


debemos preguntarnos lo siguiente:

¿Cuáles son las técnicas o métodos más apropiados?


(Procedimiento Didáctico)
¿Qué material puedo usar para esta clase? (Material Didáctico)

A continuación desarrollaremos las respuestas a estas preguntas.


 ¿Cuál es el mejor método?

Decimos que el método es la organización de los recursos con que


cuenta el maestro y los procedimientos que realiza para dirigir el
aprendizaje de los alumnos hacia la meta que se trazó en la
planificación.

Cuando pensamos en la clase, es importante elegir buenos métodos o


técnicas. Para poder decidir cuál es el mejor, habrá que considerar
algunos factores:

¿Cuáles son mis objetivos?

La Planificación incluye determinar los objetivos a alcanzar: “qué deseo


que sepan, hagan y sientan mis alumnos, luego de la clase?”. Esto es
como decidir hacia dónde apuntamos con la lección. Una vez
determinados, estamos en condiciones de penar cuáles técnicas
ayudarán mejor a lograrlos.

¿Quiénes son mis alumnos?

La edad, nivel cultural, limitaciones físicas y demás características de


los discípulos son factores que pesan en la elección de una técnica. Por
ejemplo, si el grupo se compone de niños entre 3 y 5 años, no con viene
elegir un método como el simposio (en el que varias personas dan
pequeñas conferencias sobre el tema, mientras que la clase escucha),
ya que sabemos que la atención de los mismos es muy breve.

¿Cuántos alumnos tengo en clase?

Esto es muy importante al escoger un método. Suponiendo que deseemos


usar la técnica de trabajos en grupo, tendremos que asegurarnos de
contar con el número suficiente para formar equipos.

¿Con qué recursos cuento?

Hay técnicas que demandan mayores recursos que otras (hablamos de


recursos materiales como de habilidades de los alumnos y del maestro,
tema que desarrollaremos mas adelante).
Encargar tareas de investigación requiere que el maestro provea al
alumno material de dónde obtener la información, o por lo menos que le
indique fuentes de consulta.

¿De cuánto tiempo dispongo?

Algunos métodos son especiales para dar más información en menos


tiempo (como la conferencia); otros son mejores para provocar la
participación de los alumnos (como la técnica de preguntas y
respuestas), pero demandan mayor cantidad de tiempo.

Debemos prever los minutos que tenemos antes de decidir cuál método
utilizar.

Dijo un profesor de vasta experiencia: “Bien sabe el maestro que la


peor técnica es la que siempre se usa”. Con esto quería resaltar la
necesidad de variación a fin de evitar la monotonía.

Otra variedad es que no todos los alumnos responden de la misma forma


a una determinada técnica. Algunos aprovechan más trabajando en
grupo, otros investigan do por su cuenta. Hay quienes gustan de
participar en dramas, mientras que otros prefieren las manualidades. En
la variación se logra explotar las habilidades y preferencias de cada
uno.

Es cierto que innovar no siempre resulta fácil para el maestro, por los
riesgos que implica probar algo nuevo. Hay que considerar que a mayor
edad, el alumno se resiste más a los cambios.

 Enseñando con Palabras

Entre los diversos métodos a elegir, están los que hacen gran uso del
lenguaje. Entre ellos mencionaremos:

La Narración:

Consiste en el relato de historias, ya sean éstas bíblicas o no. A los


niños les encanta que les narren. Algunas reglas para observar con eta
técnica son:

 Conocer bien la historia para poder contarla con naturalidad.


 No repetirla de memoria, ni leyendo directamente del material,
sino usando nuestras propias palabras.
 No importa si la historia es bíblica o no, siempre usemos la
Palaba de Dios para basar el tema de la enseñanza. Tengamos la
Biblia en la mano mientras narramos.
 Usar material ilustrativo. Las figuras ayudan a “vivir” el relato.
 No quedarse demasiado quieto durante la narración. La narración
despierta el interés de los niños. Es bueno dramatizar la historia
para que puedan “verla mejor”. Con cambios de voz se puede
incluir el diálogo entre personajes.
 Variar el ritmo de la narración, más lento o más rápido, según lo
requiera la escena.
 Cuidar que la historia incluya acción y algún conflicto, es decir,
que provoque interés.
 Sea breve. No forzar el tiempo de atención del grupo.
 Aplicar. Que el niño sepa qué relación tiene la historia con su
propia vida.

Preguntas y Respuestas:

Es un método que no debe faltar en ninguna clase, ya que permite la


participación del alumno y se adapta a cualquier grupo. Hay que tener
en cuenta:

 Elaborar la preguntar a nivel del alumno, que sea fácil de


entender.
 Que no incluya la respuesta. El conocido ejemplo que ilustra este
punto es: “¿De qué color era el caballo blanco d San Martín?”.
 Que no se conteste con un “sí” o un “no”, sino que provoque al
alumno a elaborar una respuesta.
 Que sea breve. En lugar de preguntar tres cosas a la vez, es
mejor hacer tres preguntas por separado.
 Repetir la pregunta en otras palabras, si el niño no comprendió.
 Hacer que respondan de a uno por vez.
 No permitir que siempre contesten los mismos alumnos. Animar a
los tímidos.
 No avergonzar al niño si responde mal.
 Permitir que los alumnos también pregunten.

Memorización:

El valor de la Palabra de Dios justifica los esfuerzos que el niño deba


hacer para memorizarla. Algunos detalles para aprovechar mejor esos
esfuerzos son:

 Enseñar al niño a ubicar el pasaje bíblico. Enseñarle a manejar la


Biblia.
 Que logre repetirlo. Repetirlo de memoria es el primer paso.
 Que pueda entenderlo. Si no lo hace es probable que lo olvide tan
pronto como lo aprendió. La comprensión de lo que memoriza es el
segundo paso.
 Que pueda explicarlo. Si logra reproducir el pasaje en sus propias
palabras, podremos compro bar que lo entendió.
 Que lo aplique. El último paso que demuestra que hubo
aprendizaje es que el niño practique lo que grabó en su memoria.

Equipo de oyentes:

Consiste en dividir la clase en grupos y asignarle a cada uno la tarea de


escuchar un aspecto particular de lo que el maestro va a exponer.

Por ejemplo, relatando el nacimiento de Jesús, un grupo prestará


atención especial al anuncio, otro grupo, a la actitud de María, etc.

Luego cada grupo deberá presentar un informe de lo escuchado y a


compartir sus impresiones con el resto de la clase, haciéndola
participar.

Lluvia de ideas:

En esta técnica el maestro lanza un problema a los alumnos


(generalmente por medio de una pregunta) y luego recibe todas las
respuestas posibles en forma rápida. Estas se anotan en el pizarrón, sin
detenerse a analizarlas. Cuando se agotan las ideas, se procede a elegir
la mejor solución o las que resulten más prácticas.

Estas son algunas de las muchas técnicas que hacen uso de la


Comunicación Verbal.

 Enseñando por medio de las Artes


Hablar de arte es pensar en talentos en acción. Cuando se dice que
alguien hizo tal o cual cosa con arte se quiere significar que demostró
habilidad y destreza. Es que el Supremo Creador, le dio a su criatura
favorita el don de la creatividad.

Los niños son creativos, están llenos de talentos que hay que descubrir
y desarrollar. Las siguientes actividades permiten que utilicen su ingenio
y desplieguen sus dones mientras aprenden:

Música:

Todo ser humano disfruta de la música. Los niños participan con gran
entusiasmo en las actividades que les permiten expresarse a través del
canto. Ellos no tienen complejos por no poseer un buen timbre de voz o
por no saber entonar, a menos que algún adulto quiera imponerles
criterios perfeccionistas que los inhiban.

Algunas maneras de enseñar por medio de la música son:

 Canto en grupo, en el que tome parte toda la clase.


 Canciones ilustradas, donde los niños pueden expresar con
dibujos o figuras la verdad relatada en la canción.
 Ejecución de instrumentos, por parte del maestro o de los
alumnos.
 Canciones dramatizadas, donde tanto el maestro como los niños
pueden representar la letra de una canción.

Lo importante de este método es que permite la expresión libre de cada


alumno, aún de los más tímidos. Además, el mensaje cantado se graba
con mayor facilidad en la memoria, y permite ser recordado y meditado
durante más tiempo.

Hay que cuidar que las canciones tengan relación con el tema que se va
a estudiar en la clase, y que serán entendibles para los niños. Algo que
ayuda, es que sean fáciles de interpretar, es decir, que no tengan
demasiadas variaciones en la melodía.

Dramatización:

Consiste en representar una historia o situación a través de personajes.


Luego se procede al análisis con la clase.

A veces cuesta que todos los alumnos participen en la dramatización,


pero puede utilizarse a los más extrovertidos, los que están dispuestos.

Este método permite que el niño ponga en marcha su imaginación.


Deberá vivir el personaje que interprete, por lo cual deberá
identificarse con él; sus emociones, sus vivencias, etc. Esto aumentará
en gran manera el aprendizaje.

Algunas posibilidades en esta técnica son:

 Representar historias bíblicas.


 Representar historias o conflictos de la vida real, con personajes
actuales.
 Hacer pantomimas (dramas sin palabras). Consiste en representar
una situación sólo con mímica.
 Representaciones espontáneas (dramas elaborados en el momento,
improvisados).
 Representaciones preparadas (con libreto, disfraces, ensayos
previos, y todo lo que desee incluir).
 Títeres manejados por los alumnos.

El valor de la dramatización radica en tener un tiempo de análisis con la


clase, acerca de lo que se ha representado. Es importante que se
charle y se discuta sobre las actitudes de los personajes, las soluciones
presentadas y la aplicación a la vida práctica de los alumnos.
Dibujo:

Para que esta técnica no se convierta en un simple entretenimiento, es


necesario que el maestro tenga bien en claro el propósito que desea
cumplir. La actividad deberá centrarse en el tema de estudio,
cualquiera sea la variante que se utilice. Algunas de estas variantes
son:

 Dibujos individuales, en los que cada niño exprese sus ideas


acerca de la lección.
 Dibujos en grupo, como por ejemplo crear láminas o murales con
escenas, en los que pueden trabajar varios alumnos.
 Diapositivas.

Dos cosas para observar con este método son:

Necesidad de investigar antes de comenzar el trabajo. Si bien el


niño desplegará su imaginación al dibujar, ésta debe alimentarse a
través de datos o aun mirando otros dibujos sobre el tema.
Recordar la importancia de no imponer criterios adultos al trabajo
de los niños. No se busca perfección en el dibujo, sino
aprendizaje a través de la expresión literaria, de la que ya
hablamos en lecciones anteriores.

Estas técnicas pueden utilizarse por separado o en forma combinada


(por ejemplo, canciones dramatizadas). La habilidad del maestro para
sacar provecho de su propia capacidad creativa es lo que determinará
cuánto se puede hacer con estas herramientas, para el mejor
aprendizaje de los alumnos.

 Enseñando con Juegos


El niño ama el mundo de los juegos. El maestro puede jugar con sus
alumnos mientras enseña, siempre que no pierda de vista su propósito
educativo.

Los juegos en la enseñanza pueden usarse para repasar lecciones dadas


o para dar información nueva para el alumno. Ya sea con uno u otro fin,
lo importante es limitar el sentimiento de competencia entre los niños,
ya que el objetivo es aprender, no ganar.

Por ello es necesario lograr la participación de todos, y elogiar el


desempeño de cada uno, aunque no sean los ganadores. De todas
formas, si el juego logró el aprendizaje, no tendremos perdedores.

Algunos juegos educativos, cuyos fines son transmitir conocimiento a los


alumnos, pueden ser:

Espadeo Bíblico:

En este juego una persona menciona un versículo o pasaje bíblico y el


resto se lanza en su búsqueda. El primero en encontrarlo es el ganador.
Para que sea productivo, se debe leer el pasaje y comentarlo
brevemente.

Es una actividad útil para enseñar el manejo de la Biblia, no es muy útil


con los más pequeños.

Descubriendo el personaje:

Cada participante lleva prendido en su espalda un papel con el nombre


de un personaje bíblico. Debe descubrir quién es ese personaje a través
de preguntas, pero el que responde sólo puede contestar “sí”· o “no”.
Por ejemplo: a un niño se le colocó un cartel con el nombre “Saulo de
Tarso”. Él puede consultar a cualquiera de sus compañeros con
preguntas como ésta: “¿soy del Antiguo Testamento?”. El encuestado
mirará el cartel en la espalda de su compañero y responderá: “No”. Por
lo tanto, el niño ya sabe que su personaje es del Nuevo Testamento.
Ahora puede preguntar: “¿soy hombre?”, y su compañero responderá:
“sí”. Der esta manera sigue su averiguación, con preguntas cada vez
más complejas, hasta que se sienta seguro de arriesgar un nombre. El
juego termina cuando pregunta: “¿Soy Saulo de Tarso?”.

El ganador es el primero que descubre su identidad, haciendo la menor


cantidad de preguntas.

Las reglas aquí son estrictas para que el juego no se arruine:

 No se poder responder más que “sí” o “no”.


 Cada participante debe cuidarse para no revelar el nombre de su
compañero.
 Requiere cierta madurez, por lo que es útil con los más
grandecitos.

¿Quién dijo?:

Consiste en mencionar palabras de algún personaje bíblico y dejar que


descubran quién las dijo. Por ejemplo: el maestro escribirá en el
pizarrón, “Dejad a los niños venir a mí…”, y la clase descubrirá a quién
pertenece la frase, (Jesús).

Pueden permitirse respuestas individuales, o dividirse la clase en


grupos, se puede responder en forma oral o escrita. Las variantes
dependen del ingenio del maestro. Puede adaptarse a los más pequeños
si se usan frases cortas y conocidas.

Rompecabezas bíblico:

Se copian versículos cortos (o parte de un versículo), sobre trozos de


papel de diferentes colores. Luego se corta cada papel en dos partes y
se mezclan. Los niños deben encontrar los pedazos que se corresponden
(ubicándolos por el color) y entregarlos al maestro, quien les leerá el
versículo que contiene y se los explicará. Este juego es útil con los más
pequeños.

Las posibilidades con este método son innumerables. Lo importante es


cuidar que el juego se adapte al nivel del alumno.

 Los auxiliares
Llamamos auxiliares a todo tipo de material que puede ayudar al
maestro en el dictado de la clase. Otro nombre que reciben es
“Recursos audiovisuales”.
Los auxiliares hacen más vívida la enseñanza porque permiten al alumno
tener experiencias más directas con la verdad que están aprendiendo.
No es igual hablarles del tabernáculo que encargarles la tarea de
fabricar una maqueta del tabernáculo.

Entre las ventajas que brindan estos “ayudantes” podemos citar:

 Permiten que el alumno use más de su sentido al captar el


mensaje (sabemos que se recuerda un 10% de lo que se oye, un
50% de lo que se ve y oye, y un 90% de lo que se hace).
 Refuerzan el aprendizaje, ya que el niño recibe la enseñanza por
más de un medio.
 Ahorran palabras. Una figura o un gráfico pueden acortar el
tiempo que el maestro necesita para explicar su tema.
 Atrapan y mantienen el interés de los alumnos.
 Hacen que las impresiones queden grabadas con mayor
profundidad. Imagine una canasta con un muñeco dentro, más la
grabación del llanto de un bebé, ilustrando el momento en que la
hija del faraón encontró a Moisés en el río…
 Ayudan a comprender los conceptos abstractos.
 Pueden conservarse por mucho tiempo, lo que permite usarlos más
de una vez, aún para repasar.

Entre los muchos auxiliares con que podemos contar están:

El pizarrón.
Los videos.
Las películas.
Las diapositivas.
Cualquier objeto que ilustre el punto clave de la lección.
Los libros.
Las fotografías y figuras.
Y todo tipo de material que ayude a visualizar los
conceptos.

Algunos recursos son más fáciles de conseguir que otros, están los que
se adaptan mejor a los más pequeños y los que son aprovechados por los
más grandes, en su mayoría.
El uso frecuente hará que el maestro evalúe las conveniencias.

Cinco consejos para el buen uso de los audiovisuales:

 Practique antes de la clase:

Hay pocas cosas que afecten tanto a una clase como la presentación
defectuosa de un auxiliar. Si va a usar carteles, asegúrese que las
letras sean legibles para todos los alumnos. Especialmente los que están
lejos. Piense cómo va a sujetarlos, lleve los materiales necesarios. Los
detalles más pequeños suelen arruinar el uso de un auxiliar.

 No los exhiba hasta el momento de usarlos:

En lo posible trate de ocultar el auxiliar, porque suele suceder que toda


la clase está pensando qué va a hacer usted con ese martillo que tiene
sobre la mesa, en lugar de escuchar lo que está diciendo.

 Varíe los recursos:

No hay nada que destruya más la motivación que el hecho de poder


adivinar lo que el maestro hará en la clase. Si el único auxiliar que
usamos son los visuales, pronto perderán interés en él.

 Conserve sus auxiliares en buen estado:

Generalmente la preparación de estos ayudantes demanda tiempo, y eso


es bien preciado ya que a ningún maestro responsable le sobra. Es
prudente tener un lugar seguro, preferentemente con llave, donde
guardar el material para que esté a salvo de usos indebidos.

 Clasifique el material que ya posee:

¿Para qué hacer dos veces el mismo gráfico? Si somos cuidadosos en la


conservación de los recursos, pronto tendremos un cúmulo de material al
que recurrir. Piense en algún sistema para clasificarlo de manera que le
sirva de archivo al que consultar cuando prepara sus lecciones. Puede
hacerlo por temas, o por fichas ordenadas alfabéticamente. Lo
importante es que tenga un panorama rápido de los recursos con que
cuenta en el momento en que planifica su clase.
Por último, recuerde que los auxiliares son un medio para obtener un
fin: mejor aprendizaje. Evite que los alumnos se “enamoren” del auxiliar
y pierdan de vista la verdad espiritual que les está enseñando.

VIII. Motivación y Disciplina


La motivación es la fuerza interior que lleva al individuo a perseverar en
algo que ha logrado captar su interés y despertar su voluntad.

La motivación es ingrediente indispensable para el aprendizaje. El niño


debe desear aprender. Si ese deseo no existe, habrá problemas.

¿En quién comienza la motivación? El proceso comienza en el maestro. El


entusiasmo es contagioso. Si usted piensa que lo que va a dar a los
niños es valioso, lo hará de tal manera que ellos percibirán su
importancia y se sentirán atraídos. Habrá logrado motivarlos.

La motivación es pariente cercano de la disciplina. Un alumno atrapado


por la lección no tiene tiempo ni ganas de portarse mal.

Veamos a continuación algunos detalles que nos pueden ayudar en la


tarea de ganar la batalla contra el desgano y la distracción.

 Tipos de Motivación
Motivar es lograr el interés del alumno sobre aquello que le deseamos
enseñar.

Hay diferentes maneras de provocar ese interés, pero no todas son


recomendables. Hablaremos por lo tanto de dos tipos de motivación. La
Motivación Positiva y la Motivación negativa.

Motivación Positiva

La positiva puede dividirse a su vez en dos tipos: Intrínseca y


extrínseca:

 Motivación Intrínseca: es aquella que el niño “trae” a la clase, lo


que llamamos el alumno auto motivado. Es el caso en que la
persona viene al encuentro con su maestro con deseos de
escuchar lo que tiene para decirle. Esto no es lo más frecuente
pero sí lo más deseable. Puede ser causa de un interés especial
por el tema que se va a tratar, o porque la persona del maestro
es en sí misma fuente de interés del niño. En realidad todo
esfuerzo que se realice por motivar, debe apuntar al logro de una
motivación intrínseca. También se llama atención in voluntaria,
porque la persona no debe hacer nada por obte4nerla, ya está
allí. Es el caso del niño que se pasa horas leyendo su libro de
historias preferidas, mientras su madre lo llama por cuarta vez
para el almuerzo.
 Motivación extrínseca: es aquella que se logra a través de los
esfuerzos que el maestro realiza para lograr que el niño preste
atención. En este caso se busca la atención voluntaria de la
persona. Significa que deberá proponerse atender a la lección, y
para ello debe tener estímulos que lo provoquen a hacerlo,
especialmente si se trata de niños.

Motivación Negativa

La motivación negativa es la que de vemos evitar por todos los medios.


Existen dos tipos: la física y la psicológica.

 Física: esta recurre a castigos o privaciones, como manera de


condenar la distracción. Acciones tales como prohibir al niño salir
al recreo, o colocarlo de “florero” en un rincón del aula
ridiculizándolo ante sus compañeros, y aún llegar al extremo de
golpearlo o tirarle de los cabellos, eran algo común en la
educación de hace algunos años. Gracias a Dios los maestros han
comprobado que el único resultado de tales actos es una rebeldía
abierta que no ayuda para nada al aprendizaje. Sería el colmo de
las contradicciones que en una Iglesia donde se predica el Amor
de Dios se vieran maestros que cometan semejantes errores.
 Psicológico: no menos dolorosa es la motivación que se pretende
lograr por medio de palabras hirientes o irónicas que sólo
consiguen humillar al niño.
 Cinco consejos para mantener el interés
Los factores que llevan a ten4er alumnos auto motivados son diversos.
Entre ellos mencionaremos cinco que nos servirán de ayuda:

Un maestro entusiasta

La persona del maestro es un factor altamente motivador.


Especialmente importante es la imagen que la clase tiene de su maestro.
Si es alguien a quien admiran y desean imitar, estarán interesados en
oir lo que tiene que enseñarles. La relación con los niños marca el grado
de atención que le prestarán. Si se esfuerza por demostrarles afecto,
interesándose por sus vidas en forma personal, llamándolos por sus
nombres, conociendo sus problemas, el clima de la clase será de
compañerismo y la motivación estará presente.

Es necesario que el maestro reconozca el valor de sus alumnos y que no


haga diferencias entre ellos. Si sabe comunicarles confianza, habrá
ganado el ánimo necesario para crear un buen ambiente de aprendizaje.

Variaciones en el ritmo de la clase

Algo que mata el interés es la monotonía, la rutina que no se modifica,


lo previsible. Una clase para niños debe ser ágil. Esto no significa que
todo debe hacerse a alta velocidad, sino que hay que incluir variaciones
en el ritmo. Pasar de un tono de voz normal a un susurro, es un cambio
que generará atención. Intercalar un coro pausado luego de cantar uno
vigoroso, agrega “movimiento” y evita monotonía. Dramatizar en el
relato, haciendo variaciones de voz, según el personaje que habla,
ayuda a que la narración no resulte aburrida.

Ayudas visuales

Estos elementos hacen que el niño se concentre en la exposición del


maestro, si son usados con habilidad. Es necesario que procuremos
adiestrarnos en el manejo de los auxiliares, para que sirvan como
anzuelo de la atención de los pequeños, despertando su curiosidad. Aquí
también cabe repetir la importancia de variar, ya que lo diferente
capta el interés del niño y lo ayuda a concentrarse en el tema de
estudio.
Participación del alumno

El niño quiere estar activo. Si el maestro no provee actividades que


ocupen su energía, él las canalizará por algún medio.

Hacerles preguntas que los obliguen a pensar en el tema de la clase,


darles ejercicios para que resuelvan, planear un tiempo de
manualidades, dibujo u otra actividad creativa, son maneras de lograr
su participación.

Si la enseñanza se transforma en una predicación más, donde el alumno


es sólo oyente, se perderá la motivación.

Prudencia en el uso del tiempo

Recordemos lo dicho cuando hablamos de las características de las


edades, acerca del tiempo de la concentración del alumno. Estirar la
lección más allá del límite de atención del niño provoca distracción, no
porque no le interese aprender, sino porque su capacidad de
concentración ha sido forzada.

¿Quiere una clase auto motivada? Trate de recordar y poner en


práctica estos principios, y verá resultados positivos:

 Contagie entusiasmo a los niños.


 Dele sorpresas a sus alumnos en la clase.
 Use medios visuales.
 Haga que los chic os colaboren con su participación.
 No se demore ni se exceda en el tiempo.

 Problemas de Disciplina
Por mucho tiempo se creyó que un a clase disciplinada era aquella en la
que reinaba un absoluto silencio, y donde el único sonido que se podía
permitir era la voz del maestro diciendo su discurso.

Dice un escritor al respecto: “La disciplina ideal no es la del silencio,


creado para que el profesor pueda hablar con mayor sosiego, sino
aquella en la cual los alumnos se ocupan en la realización del trabajo
escolar orientado por el profesor. La disciplina deseable es la de la
participación en los trabajos de la clase”. (Imideo Nérici, “Hacia una
didáctica general dinámica” Ed.Kapeluz, pág. 176/77)

Así que la verdadera disciplina es activa, en una atmósfera de trabajo


en la que tanto el maestro como los alumnos cooperan para alcanzar los
objetivos. Sin embargo, actividad no significa desorden. Pero
tratándose de niños no es extraño que se produzcan situaciones que
alteren el normal desenvolvimiento de la clase. Ahora bien, los factores
que desencadenan esas situaciones no son sólo responsabilidad de los
chicos.

Cada elemento del proceso de comunicación puede tener parte de culpa


en los problemas de disciplina. De aquí deducimos que hay cuatro
fuentes que pueden ser causa de indisciplina:

El Medio:

Las circunstancias en las que se desarrolla la clase pueden afectar a la


disciplina. Un ambiente inadecuado (ruidoso, con mala aireación, jal
iluminado, con asientos inadecuados, expuesto al paso de mucha gente),
provoca pérdida de atención y genera distracciones que no son culpa de
la falta de interés del niño en la lección.

El Mensaje:

Una lección que no se adapta al nivel del alumno, o expresada en forma


inadecuada (voz monótona, palabras difíciles de comprender, ejemplos
ajenos a la realidad que vive el niño), es suficiente4 motivo para robar
el interés del alumno e incitarlo a ocupar su mente y sus energías en
otra cosa paralela a la clase. Se produce indisciplina.

El Maestro:

¿Podríamos ser nosotros causa de desorden?

La falta de preparación, tanto espiritual como técnica, nos conduce a la


improvisación. La improvisación rara vez sale bien. La falta de amor por
los alumnos, la falta de un ejemplo consistente, las actitudes de
superioridad del maestro son formadores para la indisciplina.
El Niño:

Generalmente el primer culpado, no siempre es el verdadero culpable.

Sin embargo hay muchas razones que pueden explicar la indisciplina en


el niño: problemas familiares que afectan su conducta, problemas
físicos, como dificultad para escuchar o para expresarse, inducción del
grupo, necesidad de sentirse “grande” delante de sus compañeros,
necesidad de un encuentro personal con el Señor.

Antes de decidir cómo vamos a corregir la indisciplina es necesario


descubrir las verdaderas causas para elegir la estrategia correcta.

 Cinco consejos para combatir la indisciplina


Una vez que hemos descubierto las causas de la indisciplina, el próximo
paso es trabajar para eliminarlas. No siempre está en nosotros la
posibilidad de corregir todas las fuentes de problemas, pero debemos
esforzarnos para mejorar lo que esté a nuestro alcance. Si usted se
preocupa con sinceridad por su clase, seguramente el Señor le mostrará
las maneras específicas der controlar los problemas de mal
comportamiento. Igualmente a continuación veremos cinco ideas que
pueden ayudarle en la empresa:

Aísle las causas

Ahora que las descubrió, vea hasta qué punto está en sus manos
erradicarlas. Si el problema empieza en un aula demasiado pública,
donde el niño no cuenta con la suficiente privacidad para concentrarse,
haga lo posible para mejorar las condiciones. Use su “ingenio” para
levantar paredes: utilice cortinas, biombos, paneles, o lo que pueda
conseguir pero aísle a sus niños del resto de las actividades.

Si se dá cuenta que ha estado utilizando un lenguaje o temas que no


atrapan su atención, revea la lección. Las características de su clase y
vea si puede adaptar mejor sus métodos a las ne3cesidades y
capacidades de ellos.
Si descubre que el problema está en usted, analice delante de Dios sus
motivaciones para enseñar, reconozca que ha sido descuidado en su
preparación, esfuércese en buscar la guía y el respaldo divinos que lo
capaciten para tener autoridad en la clase.

Los cuatro consejos que siguen van a ayudarle en el caso de que la


indisciplina se origine en el niño.

Evite los retos:

Uno de los correctivos más usados por los maestros son los retos. Y en
muy pocos casos rinde algún resultado positivo. Si levantamos la voz
para controlar a un grupo bullicioso, lo único que conseguiremos será que
ellos griten más para poder oírse sobre nuestros gritos.

Los niños se dan cuenta cuando el maestro está irritado, y eso los
excita en lugar de tranquilizarlos.

Debemos mantener la calma en toda situación y hablar en voz cada vez


más suave de manera que se vean obligados a callar para poder oírnos.

Practique la “terapia” del estímulo:

Elogie al que se porte bien, hágalo en forma pública. Sin exageraciones,


permita que toda la clase sepa que usted aprecia y reconoce el buen
comportamiento. Haga esto con los más traviesos, ni bien tenga la
oportunidad. No desaproveche los pocos momentos en que están
atentos, y hágalo notar. Provocará en ellos un deseo de responder a su
elogio y se esforzarán por reconocerlo.

Lleve la clase al Señor:

Si el causante del problema aún no ha conocido a Cristo como su


Salvador, nuestro trabajo debe concentrarse en ese logro. La conducta
del niño será transformada cuando el Señor gobierne su vida.

Hágales ver su comportamiento tal como lo ve Dios. Detenga la clase y


ore junto con los niños presentando el problema al Señor, con la
seriedad que merece. Ore por los niños que causan la indisciplina,
pidiendo sobre ellos el toque divino. Que el niño entienda que Dios está
esperando un cambio en su conducta, y que desea ayudarlo para que así
sea.

Demuestre amor sincero:

Persevere delante del Padre hasta que le llene el corazón de amor por
sus pequeños. Esfuércese por amar a los más “difíciles”. El niño
responde a un corazón amoroso. Preocúpese por conocer las mejores
maneras de demostrarles afecto sin incomodarlos. Verá que esto da
resultados increíbles.

Los niños viven en un mundo de juegos. No podemos pretender que una


clase con ellos sea tan reposada como una de adultos. Aprendamos a
reír con ellos siempre que sea oportuno. No estemos en la continua
sospecha de que los alumnos se están burlando de nosotros.
Compartamos su humor y disfrutemos su compañía. Un maestro que sabe
divertirse con sus alumnos, también cuenta con el respeto de ellos en el
momento de aprender.

IX. El Mensaje: ¿Qué vamos a


enseñar?
Cuando hablamos de material de estu8dio nos referimos al contenido de
las lecciones, aquello que vamos a enseñar a la clase. ¿Por qué
preocuparnos por esto, cuando existen tantos materiales pedagógicos a
nuestra disposición? Podríamos sugerir cuatro razones:

Porque los materiales existentes no siempre se adecúan a la


realidad del medio en que se vive.
Porque algunos materiales no reflejan con exactitud nuestras
doctrinas básicas.
Porque los materiales previamente elaborados no enfatizan lo que
nuestro grupo puede necesitar.
Porque la enseñanza debe servir a los objetivos más amplios de la
congregación.
 Elección del material de estudio
Más allá de las técnicas que decidamos utilizar para hacer variadas
nuestras clases, el relato de historias es, por lo general, el método
preferido para comunicar verdades espirituales a los pequeños.

Juegos educativos, dramas, música y manualidades son actividades


alternativas que agregan dinamismo a la lección. Pero cuando se trata
de contar las verdades eternas, hay que disponer de un buen material
que capte la atención del alumno.

Cuando seleccione un material para su clase, asegúrese que tenga las


siguientes características:

Que sea oportuno:

Es decir, busque una historia que interese a los niños y que puedan
entender. Relate situaciones que le puedan suceder a ellos, y proponga
soluciones que estén a su alcance.

Una lección oportuna cuenta la historia de David y Betsabé a los niños


de doce años, pero no enfatiza el pecado del adulterio y sus
consecuencias, sino el peligro de la ociosidad y cómo vencerla
ocupándose en servir a Dios y a su pueblo. Nadie mejor que usted
conoce los intereses de sus alumnos.

Que tenga en cuenta la edad del alumno:

Hay temas que se entienden mejor en determinadas épocas de la v ida.


No hable de noviazgo con niños de seis a ocho años, pero no olvide
tratar el asunto con los adolescentes. Estudie particularmente las
características de la edad que le toca atender. Busque en otros libros,
amplíe su información sobre la manera de ser de sus niños. Conózcalos
más.

Que tenga en cuenta el nivel espiritual del niño:

Esto no es fácil de conseguir, porque raras veces tendremos una clase


que presente el mismo nivel en todos los alumnos. Algunos son capaces
de contarnos la historia ni bien escuchan de qué personaje les vamos a
hablar. Otros apenas han oído acerca de ese personaje. Al elaborar la
lección trataremos de buscar el equilibrio.

Que informe y forme:

Cuando prepare su material recuerde que nuestros objetivos no son sólo


llenar de datos la mente de los chicos, sino provocarlos a cambiar su
manera de vivir. Informar es darles el caudal de conocimientos que
necesitan para evaluar su conducta a la luz de la Palabra de Dios. Pero
la lección debe incluir la motivación para que esa conducta sea
modificada por lo nuevo que acaba de aprender. Eso es formar.

 Preparación del Material


Si aceptamos el desafío de preparar nuestras propias lecciones,
estaremos ante un arduo pero emocionante trabajo que nos
proporcionará muchas gratificaciones. Escribir no es tarea sencilla, sin
embargo es una labor que nos edifica y que tiene un inmenso valor,
como todo lo que demanda esfuerzo.

Veamos algunas indicaciones sobre cómo preparar el material que


deseamos desarrollar:

Planifique una “dieta balanceada”:

Lo mejor es pensar en una serie de lecciones y no en una sola. Eso


hasta que podamos distribuir varios temas sobre una cantidad de
asuntos que nos interese abordar. Trataremos de brindar un panorama
general de la Biblia, como también enseñanza de las doctrinas
fundamentales.

Esto significa que tendremos que planear las lecciones dándoles alguna
forma. Podremos crear nuestro plan de estudios mensual, o bien
agrupar las lecciones por temas, designando un tiempo determinado para
abarcarlos. Puede haber muchas opciones, lo importante es tener un
sistema que nos permita pensar con anticipación cómo incluir los
ingredientes necesarios para que los alumnos reciban un alimento rico en
variedad y contenido.
Reúna Material:

Antes de comenzar a escribir nuestras lecciones tendremos que hacer


acopio de todo el material posible que nos permita crear algo de
interés. Tenga en cuenta el trabajo que otros escritores ya hayan
realizado. No deseche lo que encuentre sobre el tema que va a tratar.
Pero cuídese de copiar lo ajeno, úselo como guía y fuente de
inspiración.

Relacione el estudio con la vida de la Iglesia:

Que sus alumnos no se sientan al margen de los objetivos generales de


la Iglesia. Infórmese sobre el énfasis que los líderes van a dar a las
actividades durante el período que usted está planificando con sus
clases.

No “gaste” todos los temas en un mes:

No podemos volcar toda la doctrina y el conocimiento bíblico en una sola


clase, pero a veces pretendemos hacerlo. Tengamos en cuenta el tiempo
de que disponemos antes de decidir cómo repartir los temas. Y
tengamos también en cuenta cómo progresa el alumno antes de seguir
adelante con una nueva lección.

 La redacción del Material


El género preferido de los niños es el relato. Debemos procurar que las
lecciones tengan esa forma, sobre todo con los más pequeños. De
cualquier manera si lo que queremos enseñar es muy teórico, deberemos
buscar buenas ilustraciones que den vida al material.

Ahora nos encontraremos en el momento de empezar a escribir. Sin


embargo debemos tomar dos recaudos antes de comenzar:

Conocer a fondo la historia que vamos a relatar:

Ya se trate de una historia bíblica o no, tenemos que estudiarla


detenidamente antes de redactarla. Es preciso que dominemos la trama,
los personajes, la verdad central, los conflictos, el desenlace. No hay
nada más frustrante que comenzar un relato y quedarse en la mitad
porque no se recuerda cómo sigue la historia. Esto es una exageración,
pero a todos nos ha pasado tener que inventar algún detalle que no
tomamos en cuenta o consideramos poco importante.

Eso puede permitirse cuando uno se encuentra frente a la clase, sin


posibilidad de volver atrás. Pero es imperdonable cuando estamos
escribiendo, porque se supone que antes de redactar debimos haber
estudiado bien toda la información necesaria.

Frank G. Coleman, en su libro “La dicha de ganar niños para Cristo”


(Ed. Vida, 1990), en el capítulo cuarto detalla cinco pasos en el estudio
de una historia, los que se transcriben a continuación:

 Leer la historia para comprender el significado y ver los distintos


sucesos en su orden y relación correctos.
 Volver a leerla para conocer los personajes involucrados.
 Leerla nuevamente para observar la acción y los conflictos.
 Leerla otra vez, para descubrir las diferentes escenas.
 Leer por quinta vez, tratando de descubrir los gestos de los
personajes.

Luego es necesario buscar toda la información que no se encuentra en la


fuente original. Si se trata de una historia bíblica, podemos investigar
en diccionarios, biografías, libros sobre el trasfondo histórico y
geográfico, y toda obra de consulta que amplíe el panorama que rodea
al relato.

Decidir cuál es la verdad que deseamos resaltar:

Cada historia contiene varias verdades que se pueden enseñar, pero no


es conveniente ni posible hacerlo en una sola lección. Tenemos entonces
que determinar cuál es el tema que va a sobresalir en nuestro relato.
Volviendo al ejemplo de David y Betsabé, vemos que el tema del
adulterio sería oportuno para una clase de adultos, pero el peligro del
ocio es un asunto que se adecúa mejor a la realidad de un niño. Ambas
son verdades extraídas de la misma historia, pero una nos con viene
más que la otra.
Una vez que conocimos bien la historia y decidimos cuál es el tema que
dominará el relato, podemos comenzar a escribir.

No espere que la lección quede lista en el primer intento. Deberá


romper algunos borradores antes de ver el producto terminado. Pero no
se preocupe, esto nos sucede a todos. Un escritor de experiencia dijo:
“El único que pudo escribir directamente en tablas de piedra fue Dios,
porque sabía que no tendría necesidad de borrar.”

El primer paso en la redacción es tomar lápiz y papel y anotar todas las


ideas que le vengan a la mente en relación a lo que desea escribir. No
se detenga en elaborar las frases ni pretenda un orden lógico. Sólo
anote. Luego vendrá la selección y el ordenamiento. Por ahora
confórmese con tener una buena lista de ideas sobre las cuales
trabajar.

 Recordemos los pasos:


Estudie la historia que va a redactar para sus niños.
Decida qué tema (dentro de esa historia), le interesa
enfatizar.
Haga su primer borrador con todas las ideas que se le
ocurran sobre la lección que va a escribir.

 Ahora, ¡¡A TRABAJAR!!


TRABAJO PRÁCTICO

Hemos llegado al final de este Estudio Básico para Educadores


Cristianos. Ha llegado el momento de llevar todo lo aprendido a la
práctica a través de un proyecto educativo.

“Transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento”


Ro.12:2, nos habla de cambios, comenzar a pensar con nueva visión,
nuevas fuerzas, y nuevos planes para llegar al objetivo.

El trabajo práctico consiste en planificar una clase para un grupo de


niños según su elección, (en cuanto a las edades).

La actividad debe presentarse por escrito.

Para preparar y presentar el trabajo debe seguir los siguientes pasos:

 Determinar el grupo (según las edades: 3ª5, 6ª8, 9ª11, 12ª14


años)
 Elegir el tema para la lección: Libro, capítulo y versículo, y el
énfasis específico de la historia bíblica.
 Determinar el método. (Sí el método elegido es la narración,
adjuntar la historia por escrito)
 Determinar lo auxiliares que acompañarán la lección.
 Fijar los objetivos: Conocimiento, habilidad, actitud.
 Indicar las actividades que deberán realizar los alumnos.
 Realizar el “Plan de Clase”, según el modelo indicado más abajo.
P L A N D E C L A S E

 Curso: ……………………………………………………………………………………

 Tema: ……………………………………………………………………………………

 Objetivos: ………………………………………………………………………………………
 Conocimientos:
a) …………………………………………………………………………………………………….
b) …………………………………………………………………………………………………….
 Habilidades:
a) ………………………………………………………………………………………………………
b) ………………………………………………………………………………………………………
 Actitudes:
a) …………………………………………………………………………………………………
b) ……………………………………………………………………………………………………

 Método:………………………………………………………………………………..

 Auxiliares: ……………………………………………………………………………

 Actividad de los alumnos: ……………………………………………….

Para llevar a cabo con éxito esta actividad, primeramente ore al Señor,
ya que Él es quién nos capacita para nuestro servicio en su obra; y
luego hágalo, consultando el presente material, recordando que quien dá
la Gracia para toda tarea es el Espíritu Santo.

¡Ánimo y adelante!

“Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo


Jesús.” 2Timoteo 2:1