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J. B. HARLEY

LA NUEVA NATURALEZA DE LOS MAPAS

Ensayos sobre la historia de la cartografía

Compilación

Paul Laxton

Introducción

J. H. A ndrews

FONDO DE CULTURA ECONÓMICA

Primera edición, 2005

Harlev, J. B. La nueva naturaleza de los mapas. Ensayos sobre la historia de la cartografía / J. B. Harlev; cornp. de Paul Lax- ton; introd. de J. H. Andrews; trad. de Leticia García Cor­ tés, Juan Carlos Rodríguez.— México: fce, 2005 398 pp.: ilus.; 23 x 17 cm — (Colee. Tezontle) Título original The New Nature of Maps. Essays in the History of Cartographv ISBN 968-16-7531-2

1. Cartografía — Historia 2. Mapas I. Laxton, Paul, comp. II. Andrews, J. H., introd. III. García Cortés, Leticia, tr. IV. Rodríguez. Juan Carlos, tr. Y. Ser VI. t

LC GA201.H37

Dewey 526 H734n

Título original:

The Netz Nature ofMaps. Essays in the History of Cartographv

D. R. O 2001, The Johns Hopkins University Press

2715 North Charles Street Baltimore, Marvland 21218-4363 www.press.jhu.edu

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D. R. © 2005, F ondo de C ultura E conómica

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ISBN 968-16-7531-2

Impreso en México • Printed in México

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Textos y contextos en la interpretación de los primeros mapas *

Los mapas antiguos son testigos escurridizos. Sin em­ bargo, ¿dónde estarían los historiadores sin ellos?

J. H. P a r r y , 1976

H/ntre los numerosos tipos de documentos que por lo general utilizan los historiadores, los mapas son muy conocidos; sin embargo, no son tan bien comprendidos. Podríamos hacer una antología de afirmaciones que clasifi­ can a los mapas no sólo como “escurridizos” (adjetivo empleado por el dis­ tinguido historiador J. H. Parry), sino también como “peligrosos” o “no confiables” .uLos historiadores tienden a relegar los mapas, junto con cua­ dros, fotografías y otras fuentes no verbales, a un tipo de evidencia de menor categoría que la palabra escritaJ Gran parte de la investigación y de los textos históricos se realiza sin recurrir sistemáticamente a los ma­ pas contemporáneos. Aún más, incluso cuando se admite que los mapas son documentos, se les considera útiles principalmente en pocas cuestio­ nes históricas determinadas. Por ejemplo, se reconoce ampliamente que los mapas son valiosos para estudiar algunos temas dentro de la historia de los Estados Unidos, como los descubrimientos, las exploraciones, la

* Este capítulo apareció originalmente como “Introducción: textos y contextos en la interpre­ tación de los primeros mapas", en David Buisseret (ed.), From Sea Charts to Satellite Images:

Interpreting Korth American Hiscory through Maps (Chicago, Universitv of Chicago Press), 1990, pp. 3-15. Presenta un grupo de 12 ensayos sobre tipos específicos de mapas norteamericanos.

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expansión territorial y la planeación de ciudades. Con mucha menor fre­

cuencia se considera que ofrezcan conocimiento crucial para el proceso de

la historia social. Cuando un historiador toma un mapa, por lo general lo

hace para responder a alguna pregunta relativamente limitada acerca de

la ubicación o la topografía y, con menor frecuencia, para aclarar la historia

cultural o los valores sociales de algún periodo o lugar especial. ¿Por qué

han recibido este desprecio los mapas? Parte de la respuesta, como ya se dijo, radica en las actitudes de los

historiadores. Escribir acerca de la historia de los mapas per se ha sido, en

el mejor de los casos, un interés marginal de los principales historiadores;

podemos preguntar: ¿cuándo fue la última vez que The American Histori- cal Review publicó un artículo sobre cartografía? No obstante, parte del problema también radica en quienes se hacen llamar historiadores de la

cartografía. Al describir la complejidad bibliográfica y técnica de los ma­ pas, no han logrado comunicar el conocimiento de su naturaleza social.

A la luz de estas tendencias, la respuesta a la pregunta ¿qué es un mapa?

es el antecedente del cuestionamiento fundamental de los mapas como

documentos históricos.

¿Imagen o texto?

La percepción común de la naturaleza de los mapas es que son una ima­ gen, una representación gráfica de algún aspecto del mundo real. Las defi­ niciones que se pueden encontrar en diccionarios y glosarios de cartogra­ fía lo confirman.2 El papel del mapa es presentar una manifestación

concreta de una realidad geográfica dentro de los límites de las técnicas de

la topografía, de la habilidad del cartógrafo y del código de signos conven­

cionales. Aunque los cartógrafos escriben acerca del arte lo mismo que de

la ciencia del trazado de mapas, la ciencia ha ganado la competencia entre

estas dos opciones) El resultado es que cuando los historiadores hacen una valoración de los mapas, sus estrategias interpretativas son determinadas por esta idea de lo que se dice que son los mapas. En nuestra cultura occi­ dental, por lo menos desde la Ilustración, se ha definido a la cartografía

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como una ciencia concreta. La premisa es que un mapa debe ofrecer una ventana transparente al mundo. Un buen mapa debe ser preciso. Cuando un mapa no representa la realidad de una manera adecuada sobre una escala concreta, se hace acreedor a una calificación negativa. Los mapas se clasifican según su correspondencia con la verdad topográfica. Se nos ha dicho que la imprecisión es un delito cartográfico. Este juicio de valor a menudo se traslada a la manera en que leemos los mapas antiguos. Promueve un tipo de interpretación en la que se sub­ rayan las manifestaciones de hechos o literales que hacen los mapas acer­ ca de una realidad empírica. Ya sea que se describa la ruta costera caribe­ ña de un navegador del siglo xix o los vestigios de alguna ciudad fantasma después de la explotación de una mina en el siglo xix, se juzga al mapa en términos de la ubicación de sus coordenadas, la forma de sus líneas o la confiabilidad de los accidentes del terreno medidos. Se usa única y exclu­ sivamente como un conjunto de hechos en la reconstrucción del pasado. De ninguna manera estoy degradando la aplicación histórica de los mapas. Gomo un índice de la ubicación de cosas, procesos y hechos del pasado, los mapas son la única forma de documentación.-JJbicar acciones humanas en el espacio sigue siendo el mayor logro intelectual de los mapas como formas de conocimiento^ Sin embargo, hay una respuesta alternativa a la pregunta de qué es un mapa. Para los historiadores, una definición igualmente adecuada de un mapa es: “Una construcción social del mundo expresada a través del medio de la cartografía” . Lejos de fungir como una simple imagen de la naturaleza que puede ser verdadera o falsa, los mapas redescriben el mun­ do, al igual que cualquier otro documento, en términos de relaciones y prácticas de poder, preferencias y prioridades culturales. Lo que leemos en un mapa está tan relacionado con un mundo social invisible y con la ideo­ logía como con los fenómenos vistos y medidos en el paisaje. Los mapas siempre muestran más que la suma inalterada de un conjunto de técnicas. La aparente multiplicidad de los mapas, su cualidad de ser “escurridizos” , no es una desviación idiosincrásica de un perfecto mapa ilusorio. Más bien yace en el corazón de las representaciones cartográficas. Aquí se encuen­ tra una oportunidad histórica. La fascinación que ejercen los mapas como documentos creados por el ser humano radica no únicamente en la medi­

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da en que son objetivos o exactos, sino también en su ambivalencia inhe­ rente y en nuestra habilidad para encontrar nuevos significados, agendas ocultas y visiones del mundo opuestas de entre las líneas de la imagen. Al introducir las formas de interpretación de los mapas de Norteaméri­ ca, propongo una metáfora interpretativa distinta. Serán discutidas como un texto más que como una imagen de la naturaleza. Los mapas son textos en el mismo sentido en que lo son otros sistemas de signos no verbales co­ mo los cuadros, las impresiones, el teatro, el cine, la televisión y la música. Los mapas también comparten muchos intereses comunes con el estudio del libro al exhibir su función textual en el mundo y ser “sujetos de control bibliográfico, interpretación y análisis histórico” .3 Los mapas son un len­ guaje gráfico que se debe decodificar. Son una construcción de la realidad, imágenes cargadas de intenciones y consecuencias que se pueden estudiar en las sociedades de su tiempo^ Al igual que los libros, son también pro­ ducto tanto de las mentes individuales como de los valores culturales más amplios en sociedades específicas.

Signos, símbolos y retórica

Al igual que otros textos, los mapas usan signos para representar al mun­ do. Guando éstos son fijos en un género de mapas, los definimos como sig­ nos convencionales. ^Los mapas no tienen una gramática como el lenguaje escrito, pero igualmente son textos diseñados de manera deliberada y crea­ dos bajo la aplicación de principios y técnicas, y desarrollados como siste­ mas formales de comunicación. En la cartografía moderna se ha trabajado arduamente para estandarizar estas reglas de composición de los mapas. Los libros de texto y los modelos nos dicen cuál es la “mejor” manera de representar gráficamente al mundo en términos de líneas, colores, símbo­ los y topografía.4 En cuanto a algunos de los mapas más antiguos, que se describen más adelante, también existían libros de normas para su cons­ trucción y diseño, así como vocabularios o signos diferentes. Tales obras pueden fungir como una gramática o un diccionario para aprender a leer o a traducir el texto del mapa.

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La dimensión simbólica de los mapas también los relaciona con otros textos. Los cartógrafos modernos por lo general consideran que sus mapas son manifestaciones escritas concretas en el lenguaje de las matemáticas; no obstante, siempre son metáforas o símbolos del mundo. Más adelante se discutirá una forma de interpretar estas capas simbólicas de significado mediante el empleo de principios iconográficos.

Los mapas también son imágenes inherentemente retóricas. Es un lugar común decir que la cartografía es un arte de persuasión. Lo que va contra el conocimiento moderno es sugerir que todos los mapas son retó­ ricos. Los cartógrafos actuales distinguen entre los mapas imparciales u objetivos y otros mapas usados con fines propagandísticos o publicitarios que se vuelven “retóricos” en sentido peyorativo. Los cartógrafos también aceptan que emplean recursos retóricos como una forma de embellecer o adornar; sin embargo, sostienen que debajo de esta apariencia cosmética siempre está la base rígida de una ciencia verdadera. Lo que sugiero es que la retórica cubre todas las capas del mapa. Gomo imágenes del mundo, los mapas nunca son neutrales o sin valor, ni siquiera completamente científi­ cos. Cada mapa es un caso distinto. Los mapas temáticos discutidos por Karrow y Grim,5 por ejemplo, son especialmente retóricos. Son parte de un discurso persuasivo y pretenden convencer. La suya no es una realidad inocente dictada por la verdad intrínseca de los datos; están penetrando al antiguo arte de la retórica. En su mayoría, los mapas hablan ante un públi­ co específico y emplean invocaciones de autoridad, especialmente los pro­ ducidos por el gobierno, y apelan a los lectores de diferentes maneras. El estudio de la historia de la representación cartográfica, cuando se usa como apoyo para la interpretación de los mapas como documentos históri­ cos, también es una historia del uso de los distintos códigos retóricos empleados por quienes los trazan.6

El contexto del cartógrafo

La regla básica del método histórico es que sólo se pueden interpretar los documentos en su contexto. Esta norma se aplica igualmente a los mapas,

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que deben llevarse de regreso al pasado y situarse estrictamente en su pro­ pio periodo y lugar. Los lectores de este libro pueden terminar decepciona­ dos al enterarse de la escasez de contextualizaciones de mapas en la histo­ riografía de la cartografía. Los libros de expertos sobre mapas, por ejemplo, pasan por alto la realidad social que se encuentra detrás de la decorativa etiqueta de precio. Los especialistas técnicos en historia de los mapas, los preparados como cartógrafos, casi nunca van más allá de la puerta del taller para conocer el mundo exterior. El contexto se describe de una manera simplista como “antecedentes históricos generales” . Es necesario entender que el contexto es un conjunto complejo de fuerzas interactivas, un diálogo con el texto, dentro del cual resulta fundamental para la estra­ tegia interpretativa. Tendemos a relegar al contexto como “allá afuera” y a los mapas que estudiamos como “adentro”. No es sino hasta que logremos derribar esta barrera, esta falsa dicotomía entre un enfoque exteriorista y uno interiorista de la interpretación histórica, que se podrá estudiar el mapa y el contexto en el mismo terreno. Para lograrlo, es necesario dife­ renciar tres aspectos del contexto que influyen en la lectura de los mapas como textos.7 Estos aspectos del contexto en mi argumentación son: 1) el contexto del cartógrafo, 2) los contextos de otros mapas, y 3) el contexto de la sociedad. El contexto del cartógrafo está representado en las primeras interpre­ taciones de los mapas. Ya hace varios años el historiador J. A. Williamson escribió: “ Es imposible ser dogmático en cuanto a la evidencia de los mapas, a menos que sepamos más de lo que por lo general sabemos acerca de la intención y de las circunstancias de quienes los trazaron” .8 Esta sim­ ple afirmación, que da un lugar primordial al por qué, al quién y al cómo de los mapas, es un buen punto de partida. No obstante, la relación entre el cartógrafo y el mapa está lejos de ser directa. No es una simple cuestión de establecer una autoría, como con los libros y los documentos, ni de deter­ minar la intención del cartógrafo. Respecto de la autoría, si excluimos los mapas manuscritos que son identificados sin ambigüedad y tienen una procedencia conocida, el histo­ riador con frecuencia se ve ante una intrincada autoría múltiple. En su ma­ yoría, los mapas son producto de una división de labores. Cuando entra­ mos en la larga transición de la era del manuscrito a la de la impresión, la

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división del trabajo cartográfico se acentúa, el autor se convierte en una figura sombría y la traducción de la realidad que se registra en el mapa es más compleja. Entonces surgen las preguntas: ¿hasta dónde un mapa par­ ticular fue obra de un topógrafo, un editor, un dibujante o un grabador?, ¿quién determinó su forma y contenido? Guando nos acercamos a distin­ tos artesanos, la pregunta de Williamson sobre las circunstancias se hace más difícil. La relación entre los hechos de la vida de los cartógrafos y lo que aparece en el mapa es igualmente fragmentaria. Dentro del marco de un mapa puede haber varios textos — una intertextualidad:— que tienen que ser descubiertos en el proceso interpretativo. Más que muchos otros textos, los mapas se ven afectados por una serie de actividades técnicas, cada una realizada por un autor diferente. R. A. Skelton escribió alguna vez: “El análisis técnico de los primeros mapas es al estudio de los mapas lo que la bibliografía a la crítica literaria o la diplo­ macia a la interpretación de los documentos medievales” .9 Este requisito, la reconstrucción de los contextos técnicos del trazado de los mapas, implica una enorme exigencia de habilidades auxiliares del historiador. El estudiante de los primeros mapas quizá tenga que volverse experto en las historias de distintos tipos de mapas,10 saber acerca de las técnicas de navegación y topografía,11 estar familiarizado con los procesos mediante los cuales se compilaban, dibujaban, grababan, imprimían o coloreaban los mapas, y saber algo acerca de las prácticas comerciales de los libros y los mapas. Cada mapa es producto de varios procesos que involucran a diferentes individuos, técnicas e instrumentos.12 Para entenderlos, necesi­ tamos desplegar un conocimiento especializado de temas tan diversos como la bibliografía, la paleografía, la historia de la geometría y las declina­ ciones magnéticas, el desarrollo de las convenciones artísticas, emblemas y heráldica, así como las propiedades físicas del papel y los sellos de agua. La literatura correspondiente está igualmente dispersa en un gran número de disciplinas y lenguas modernas13 que forman parte de la historia de la ciencia, de la tecnología, las humanidades y las ciencias sociales. Sin embargo, el primer paso en la interpretación es la manera en que el o los autores de un mapa lograron hacerlo desde un punto de vista técnico. Establecer la intención del cartógrafo es igualmente menos directo de lo que parece a primera vista. Cada mapa codifica más de una perspectiva

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del mundo. Gomo expresión de una intención, la función sigue siendo la clave para leer mapas históricos; sin embargo, tales propósitos a menudo estaban definidos de una manera muy general o el mapa iba dirigido a más de un tipo de usuario. Mientras podemos aceptar, por ejemplo, que los ma­ pas de los seguros contra incendios tienen un solo uso, muchos otros grupos de mapas estaban diseñados con múltiples fines. Estos diversos objetivos complican la evaluación de los mapas como documentos históri­ cos. Los mapas topográficos o de ciudad y los planos se hicieron para satis­ facer varias necesidades al mismo tiempo. Se diseñaron como registros administrativos o jurisdiccionales; para defensa, desarrollo económico o, quizá, como obras generales de referencia topográfica. La simple relación entre función y contenido se viene abajo. No es adecuado, por ejemplo, pensar que la finalidad de un levantamiento topográfico sea sólo producir “un mapa que muestra aspectos detallados del paisaje” . Las series de mapas topográficos con frecuencia tenían un origen militar y subrayaban características de importancia estratégica. En los Estados Unidos, incluso después de que el Geological Survey tomó el control de las actividades topográficas nacionales en 1879, aún se esperaba que los mapas cumplie­ ran funciones militares logísticas, así como otras geológicas y guberna­ mentales. Incluso en la actualidad podemos detectar rasgos de la mentali­ dad militar en las categorías de densidad de los bosques de los mapas de los uses (United States Geological Survey [Estudios Geológicos de los Es­ tados Unidos]) que todavía están clasificados en relación con la facilidad con que la infantería se mueve en el campo.14 En muchos mapas topográ­ ficos del siglo xix, con las necesidades militares en mente, también se enfa­ tizaba la facilidad gracias a detalles culturales. Por lo tanto, la intención no se puede reconstruir totalmente a través de las acciones de cartógrafos individuales. Todavía es posible encontrar una intención simple en mapas manuscritos individuales; además, tam­ bién hay aspectos más amplios de actividad humana que dificultan la in­ terpretación. La intención cartográfica casi nunca fue cuestión de capaci­ tación, habilidad o disponibilidad de instrumentos de un individuo, o del momento y el dinero necesario para completar un trabajo adecuadamente. Los cartógrafos casi nunca podían tomar decisiones de manera indepen­ diente, ni estaban libres de limitaciones financieras, militares o políticas.

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Por encima del taller siempre hay una persona que encarga el mapa y, como consecuencia, el mapa está imbuido en dimensiones sociales además de técnicas. Podemos adaptar a la cartografía las palabras de Michael Baxan- dall sobre la pintura italiana del siglo xv. Ese arte siempre era

depósito de una relación social. Por un lado estaba el pintor que pintaba el cuadro o, por lo menos, lo supervisaba. Por otro lado estaba alguien que le pedía que lo hiciera, proporcionaba los fondos necesarios y, una vez termi­ nado, decidía usarlo de una u otra manera. Ambas partes trabajaban den­ tro de instituciones y convenciones (comerciales, religiosas, preceptúales, en el sentido social más amplio) diferentes a las nuestras, e influían sobre

la formas de lo que habían hecho juntos.15

A lo largo de una gran parte de la historia, el cartógrafo fue un títere ves­

tido con un lenguaje técnico, cuyos hilos eran manejados por otras personas.

El papel de la acción de mandar hacer mapas varía considerablemente en los mapas de Norteamérica. Con los primeros mapas manuscritos, co­ mo los de la época de las exploraciones europeas, los mapas eran solicita­ dos por individuos poderosos, reyes o reinas, príncipes o papas. Sin em­ bargo, para el siglo xix los cartógrafos norteamericanos estaban cada vez más sometidos a las órdenes de instituciones más grandes como la General Land Office y los uses. Las habilidades personales del trazado de mapas estaban subordinadas no sólo a conjuntos de instrucciones diseñadas para uniformar clases enteras de mapas, sino también a políticas estatales y federales. Sin perder de vista la influencia política, debemos tener mucho cuidado de no interpretar los levantamientos topográficos oficiales de los Estados Unidos como documentos históricos comunes. Se ha dicho que "los levantamientos geodésicos y topográficos realizados por el gobierno federal durante el siglo xix se convirtieron en subproductos ad hoc de la legislación del Congreso y la intervención personal de funcionarios públi­ cos, y no en el resultado de una política nacional de cartografía” .16 Tanto el orden geográfico en que se realizaron los levantamientos como el conte­ nido de los mapas estuvieron influidos por la necesidad de registrar primero áreas con depósitos minerales valiosos. Los intereses de la política, así como las habilidades de topógrafos individuales, dieron lugar a diversas

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imágenes del paisaje norteamericano preservadas en la serie nacional de mapas topográficos. Al calificar los límites de la influencia de un cartógrafo individual, no niego que los “cartógrafos son seres humanos” .17Aún aparece alguna habi­ lidad personal poco común, así como la idiosincrasia, en los intersticios de la práctica institucional. En los mapas de las ciudades y las sierras “abundaban las posibilidades de error, omisiones, tendencias personales e incluso repre­ sentaciones erróneas”.18 Incluso en los mapas producidos por máquinas de

la actualidad, y en las imágenes aéreas, los historiadores deben estar alerta en cuanto a las formas equivocadas en que los técnicos pueden haber inscrito sus tareas de rutina. Esto puede ser todavía más difícil de detectar detrás de la retórica directa de la tecnología de las computadoras; sin embargo, de nuevo nos encontramos frente a la ausencia de un registro histórico común. Se pueden hacer observaciones similares acerca de los mapas comer­ ciales. Esto es una parte importante del registro cartográfico histórico de los Estados Unidos;19 no obstante, también se perciben conflictos de inte­ reses. El mercado por lo general limita la libertad de los parámetros carto­ gráficos. Un texto que siempre leemos en estos mapas es la hoja de balance financiero. “Donde el detective busca huellas digitales — se ha señalado— debemos buscar algún beneficio si deseamos entender el mecanismo bási­

co de la publicación de los primeros mapas [

] Ningún vendedor nos dice

toda la verdad y sólo un historiador incauto tomaría los mapas que están a la venta como un registro cartográfico verdadero” .20 Más aún, en la medida en que aumenta el tamaño de los negocios de mapas y crecen las im­

prentas la cartografía adquiere una imagen corporativa. Ahora quien soli­ cita los mapas es un público más grande o, quizá, un grupo de interés espe­ cial, como los consumidores de mapas de carreteras, que vigilan al cartógrafo para influir sobre lo que se está registrando en el mapa.

El contexto de otros mapas

Una pregunta interpretativa fundamental acerca de cualquier mapa se re­ fiere a su relación con otros mapas. Este cuestionamiento tiene que enío-

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carse de distintas .maneras. Por ejemplo, podríamos preguntar: 1) ¿cuál es la relación del contenido de un mapa en particular (o alguna caracterís­ tica dentro de él) con otros mapas contemporáneos de la misma zona?; 2) ¿cuál es la relación de ese mapa con otros del mismo cartógrafo o de la misma compañía productora?; 3) ¿cuál es la relación con otros mapas del mismo género (de una visión aérea, por ejemplo, con otras visiones aé­ reas de Norteamérica)?, y 4) ¿cuál es la relación de un mapa con la pro­ ducción cartográfica general de un periodo? Las preguntas varían pero su importancia es universal. Ningún mapa está herméticamente cerrado en sí mismo, ni puede responder a todas las preguntas que despierta. Tarde o temprano la interpretación de los mapas anteriores se convierte en un ejercicio de cartografía comparativa.21 Las características cartográficas de toda la familia pueden permitir que se identifiquen mapas anónimos, se interpreten signos o convenciones poco comunes, o se hagan deducciones acerca de parámetros de precisión. Nuestra confianza en un mapa como documento puede aumentar (o disminuir) cuando muestra las característi­ cas conocidas de un grupo más grande. Esta parte del estudio contextual de un corpus de mapas relacionados entre sí se construye en torno a uno solo. Así como en el análisis de textos literarios tiene que construirse la unidad o identidad de un corpus de tex­ tos,22 en la interpretación de los primeros mapas podemos seguir procedi­ mientos definidos. Éstos pueden aplicarse a un grupo de mapas del mismo periodo; sin embargo, de la misma manera, la descripción de una zona o de una característica se puede rastrear en una serie de mapas a través del tiempo. A continuación se mencionarán tres métodos que pueden usarse por separado o combinados para evaluar un solo mapa dentro de un grupo. El estudio comparativo de características topográficas lineales en los mapas (como costas, redes de ríos o un sistema de caminos o carreteras) es una técnica bastante probada. Los contornos se reducen a una escala común y se comparan visualmente. En los estudios clásicos del siglo xix de los primeros mapas aparecen ejemplos;23 el método puede también adap­ tarse al análisis digital de características lineales por computadora.24 Una reciente aplicación del método antiguo es la realizada con los mapas espa­ ñoles y franceses del Golfo de México de los siglos xvi y xvii.25 Después de “fotocopiar, ensamblar y examinar una gran cantidad de mapas” fue posi­

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ble,26 con base en las principales características de las líneas costeras, identificar cinco etapas principales del trazado de mapas. A través del uso de esta clasificación comparativa, los mapas individuales fueron entonces asignados a diferentes etapas de desarrollo y se estudió su origen, sus fuen­ tes y su confiabilidad topográfica a partir de las características de todo el conjunto. Sin embargo, si bien cada uno tiene una huella genética que el método ayuda a identificar, también se debe ser muy cauteloso. El estudio de los contornos puede quedarse corto al ofrecer evidencias conclusivas de pro­ cedencia. Hay muchas carencias. R. A. Skelton escribió que “las impresio­ nes visuales que sugieren afinidad o desarrollo del contorno en dos mapas pueden ocasionar una confusión si no tomamos en cuenta las licencias de dibujo o de interpretación que pudiera haberse dado el cartógrafo” .27 Por otra parte, también puede haber variaciones técnicas que influyen sobre la forma de los contornos de los mapas o sus gradaciones de latitud o longi­ tud. Los mapas son fácilmente corruptibles en el proceso de copiado, o pueden surgir de técnicas de levantamiento o de navegación que quizá hayan sido afectadas en el proceso de compilación. Antes del siglo xix, a menudo los mapas se alineaban según el norte magnético y no hacia el norte real. La declinación magnética variaba localmente y cambiaba con el paso del tiempo, de manera que sin una observación sistemática los car­ tógrafos no podían corregir este factor. Sigue siendo una fuente importante de error en la comparación de contornos.28 Un segundo aspecto del análisis comparativo de los primeros mapas implica el estudio de los nombres de lugares o toponimia. Al igual que los contornos, los nombres de lugares ofrecen una forma de construir genealo­ gías y perfiles de origen para mapas que antes se encontraban dispersos. De hecho, los dos métodos a menudo se usan en conjunto, como en los estudios clásicos de los principios de la cartografía de la costa atlántica de Canadá.29 Aun así, la tabulación cruzada de los nombres de una serie de mapas como medio de clasificación o establecimiento de interrelacio­ nes del grupo también debe usarse con precaución.30 En los periodos ini­ ciales de la exploración, los europeos de distintas nacionalidades segura­ mente escuchaban nombres de boca de hablantes nativos norteamericanos de una variedad de lenguas y, también deben de haber tratado de registrar­

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los de acuerdo con su propio sistema de sonidos, además de una ortografía estandarizada. Incluso en los casos en que se aplicaron nombres europeos

a la geografía norteamericana el proceso de traducirlos y editarlos estuvo viciado; resulta entonces que los nombres son producto del descuido, de una mala lectura o de un mal entendimiento de generaciones sucesivas

de cartógrafos que no tenían conocimiento de primera mano de los lugares

o las lenguas en cuestión. Acerca de los nombres en los mapas de la escue­

la Dieppe de cartógrafos del siglo xvi,31 por ejemplo, se dice que “no hay dos cartógrafos en Dieppe que coincidan completamente en el número de nombres que registran, mientras que la ortografía varía notablemente e in­ cluso la colocación de los nombres no siempre es consistente” .32 No es una sorpresa que los nombres de los lugares en ocasiones hayan sido usados incorrectamente con fines de comparar mapas.33 La práctica de sonido tiene como objeto limitar el análisis sólo a aquellos nombres inconfundi­ blemente comunes a una cantidad considerable de mapas. El tercer método de cartografía comparativa, la cartobibliografía, tiene la mayor cantidad de publicaciones. No sólo se han discutido ampliamen­

te la definición y los detalles del método,34 sino que su práctica también se encuentra totalmente representada en una serie de obras fundamentales que tratan sobre los inicios de la cartografía norteamericana.35 El objetivo de la cartobibliografía es reunir una serie de mapas impresos sobre la mis­ ma superficie. Se aplica igualmente a la corteza de árbol, las placas de cobre, la litografía y otros procesos de impresión de mapas.36 Mediante este método se puede reconstruir una secuencia de cambios geográficos y de otros tipos en mapas relacionados entre sí. Esto a su vez permite seguir

la historia de la publicación de mapas de un área específica. Por otra parte,

también permite la ubicación cronológica de un mapa y su inserción en la secuencia correspondiente, así como la detección del alcance de una re­ visión geográfica entre estados o ediciones de mapas. A menudo los mapas son representaciones tanto de tiempo como de espacio. Gomo dice Skelton, descubrimos cómo “material de distintos horizontes temporales o descu­ brimientos intelectuales” se incorpora a sus imágenes. Y aprendemos que “la búsqueda de la fuente principal puede llevamos de regreso a través de muchas etapas de revisión o adaptación, derivación o transcripción, com­ pilación”.37 La cartobibliografía, por lo tanto, es una herramienta funda­

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mental para el historiador de mapas. Ya sea como una técnica o como un medio para medir los canales y el índice de difusión o de conocimiento geográfico (por lo tanto, la vinculación de los mapas al contexto de la sociedad), su conocimiento es indispensable.

El contexto de la sociedad

El tercer contexto de la cartografía es el de la sociedad. Si el cartógrafo es un agente individual, entonces la sociedad es la estructura más amplia. La interpretación, la lectura del texto cartográfico, implica un diálogo entre estos dos contextos. El marco de las circunstancias y las condiciones his­ tóricas definidas produce un mapa que es, indiscutiblemente, un docu­ mento social y cultural. Todos los mapas están relacionados con el orden social de un periodo y un lugar específicos. Todos los mapas son culturales porque manifiestan procesos intelectuales definidos como artísticos o cien­ tíficos en la medida en que trabajan para producir un tipo característico de conocimiento. No existe una flecha causal clara que vaya de la sociedad al mapa, sino flechas causales que viajan en ambas direcciones. Los mapas no son la sociedad exterior, son parte de ella, son elementos constitutivos den­ tro del mundo en general. El historiador pretende leer toda esa red de inte­ rrelaciones que van hacia adentro y hacia afuera del documento del mapa. Al explorar este fenómeno de reflexión pueden emplearse dos estrategias para reconocer el contexto de la sociedad en los mapas de América.

Las reglas de la cartografía

La primera estrategia es tratar de identificar “las reglas del orden social” dentro del mapa.38 Cada mapa manifiesta dos conjuntos de reglas. En pri­ mer término se encuentran las reglas del cartógrafo, y hemos visto cómo operan en las prácticas técnicas del trazado de mapas.\E1 segundo grupo de reglas se puede encontrar en la sociedad inmersa en el mapa, donde influ­

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yen sobre las categorías de conocimiento. El mapa se convierte entonces en un sistema de significados a través del cual “se comunica, reproduce, ex­ perimenta y explora un orden social” .39,Los mapas no sólo reproducen una realidad topográfica, sino que también la interpretan.! Las reglas del orden social en algunas ocasiones son visibles, e incluso evidentes, dentro de un grupo de mapas. En otras, se encuentran escondi­ das dentro del modo de representación. Entre la categoría de sociedad visi­ ble podemos ubicar las visiones aéreas norteamericanas de ciudades, los mapas y los planos de ciudades y los mapas de condado y atlas. Todos son textos culturales que toman posesión de la tierra.40 Todos proclaman un evangelio social y sirven para reforzarlo. Las visiones aéreas de ciudades, por ejemplo, “cantan el himno nacional de la paz y la prosperidad, del mo­ vimiento y la apertura, de la calma y el orden, de los destinos que se van a alcanzar” .41 El mapa tiene guardado el corazón para el momento en que lo necesite y éste cobra vida en el contexto de la ética de la frontera y el patriotismo cuando se decodifica la topografía a partir de un estilo empáti­ camente retórico de la imagen. Guando las reglas sociales de la cartografía no están a la vista se tiene que probar una agenda oculta entre las líneas del mapa. Este mapa es en­ gañoso y se necesita una estrategia distinta. En lugar de recoger los mensa­ jes sociales que enfatiza el mapa, debemos buscar a qué le quita énfasis; no tanto lo que muestra el mapa, como lo que omite. La interpretación se convierte en una búsqueda de silencios,42 o quizá resulte de utilidad “deconstruir” el mapa para revelar cómo el orden social crea conflictos dentro de su propio contenido.43 Entre los mapas que podrían entenderse mejor de esta manera se encuentran algunos del siglo XVIII de gran escala, los levantamientos topográficos de los Estados Unidos y las imágenes aéreas. Aquí la tecnología ha suprimido las relaciones sociales. Como parecen ser precisos y objetivos, estos mapas a menudo se ven como documentos que no presentan problemas. Una imagen satelital o un mapa topográfico he­ cho mediante algún método “científico” — por lo menos eso se piensa— es neutral moral y éticamente. Es un documento concreto y directo. En la medida en que reconocemos las limitaciones técnicas, el camino de la in­ terpretación se vuelve más seguro. Estas suposiciones son falsas. La representación nunca es neutral y la

TEXTOS Y CONTEXTOS EN LA INTERPRETACIÓN DE LOS PRIMEROS MAPAS

ciencia sigue siendo una realidad construida por el ser humano. Los mapas de gran escala de la parte este de Norteamérica de mediados del siglo xvm son un ejemplo de esta limitación. A primera vista cumplen los objetivos de la cartografía de la Ilustración. Están construidos sobre medidas geodé­ sicas; empiezan a mostrar cierto dominio cartográfico sobre los paisajes de esta zona y omiten algunos de los elementos más abiertamente imaginati­ vos, míticos y pictóricos de los mapas anteriores. Sin embargo, si los vemos más de cerca, nos damos cuenta de que también señalan los im­ perativos territoriales de una agresiva expansión inglesa en este conti­ nente.44 El colonialismo se señala en los mapas desde los márgenes. Con frecuencia los títulos hacen referencia al imperio y a la posesión y delimi­ tación de territorio; las dedicatorias definen el rango social de los gober­ nantes coloniales; y las tarjetas, con todo un desfile de banderas naciona­ les, escudos de armas o coronas dispuestas por encima de los indios sirvientes, definen las relaciones de poder en la vida colonial.45 Sin embar­ go, los contornos de la sociedad colonial también pueden ser leídos entre las líneas de los mapas. La cartografía se ha convertido principalmente en un registro de los intereses coloniales. Es un retrato inconsciente de qué tan exitosamente se había reproducido una sociedad colonial europea en el Nuevo Mundo y los mapas otorgan seguridad a los conquistadores al repro­ ducir la autoridad y los nombres de los lugares simbólicos del Viejo Mundo. Aún más, en la medida en que la frontera se movió hacia el occidente, los vestigios del pasado indio fueron eliminados de la imagen. Muchos cartó­ grafos del siglo xvm prefirieron los espacios vacíos al registro de la geogra­ fía india.46 No estoy diciendo que las omisiones, las “reglas de ausencia”, fueran deliberadamente reforzadas a manera de especificaciones técnicas. Sin embargo, incluso cuando eran dadas por un hecho, o aplicadas incons­ cientemente, percibirlas nos ayuda a cuestionar los mapas antiguos.

El significado de los mapas

Otra estrategia interpretativa aplica los métodos iconográficos de la histo­ ria del arte a los mapas. Se define a la iconografía como “esa rama de la

TEXTOS Y CONTEXTOS EN LA INTERPRETACIÓN DE LOS PRIMEROS MAPAS

cuadro i.l. Paralelismos iconográficos en el arte y la cartografía

Arte

(Se usan los términos de Panofskv)

1. Tema primario o natural: motivos artísticos 2. Tema secundario o convencional

3. Significado o contenido intrínseco

Cartografía

(Paralelismo cartográfico sugerido)

1. Signos convencionales indiv iduales

2. Identidad topográfica en los mapas:

el lugar específico

3. Significado simbólico en los mapas:

ideologías de espacio

historia del arte que se interesa en el tema o el significado de las obras de arte” .47 La pregunta: ¿qué significaba el mapa para la sociedad que lo hizo y lo usó por primera vez? es de una importancia interpretativa crucial. Los mapas se han vuelto una fuente para revelar las características filosóficas, políticas y religiosas de un periodo, o lo que en ocasiones se conoce como el espíritu de la época. Puede usarse una interpretación iconográfica para complementar el método de las reglas de la sociedad. Mientras que este último revela las tendencias del conocimiento en los mapas, sus jerar­ quías, inclusiones y exclusiones, el primero examina de qué forma se tra­ dujeron las reglas sociales al idioma cartográfico en términos de signos, estilos y vocabularios expresivos de la cartografía. La esencia del análisis iconográfico es que pretende descubrir los dife­ rentes significados de una imagen. Panofskv sugiere que en un cuadro encon­ tramos: 1) un tema primario o natural, que consiste en motivos artísticos individuales; 2) un tema secundario o convencional, definido en términos de la identidad de todo el cuadro como representación de una alegoría o un acontecimiento específico (da el ejemplo de La última cena), y 3) un estrato simbólico de significado que a menudo tiene connotaciones ideoló­ gicas. Esto no ofrece una fórmula clara para la interpretación de los prime­ ros mapas; sin embargo, se puede decir que los niveles de significado de un mapa son similares a los de un cuadro.48 Estos niveles paralelos de las dos formas de representación se resumen en el cuadro i.l. En primer lugar, en el primer nivel los signos, símbolos o emblemas decorativos individuales de un mapa se equiparan con los motivos artísti-

TEXTOS Y CONTEXTOS EN LA INTERPRETACIÓN DE LOS PRIMEROS MAPAS

eos individuales. Mientras que el significado completo de cualquier signo particular puede volverse aparente sólo cuando se le ve en el mosaico de otros signos en el mapa completo, para algunos fines interpretativos puede resultar necesario evaluar el contenido y el significado de los signos indivi­ duales (por ejemplo, al mismo tiempo que establecen su significado cultu­ ral, podemos necesitar saber qué tan confiable es el signo usado para des­ cribir una iglesia o una casa en un mapa antiguo, desde un punto de vista arquitectónico). En segundo lugar, la identidad del lugar real representado en un mapa se supone que sea equivalente al segundo nivel de Panofsky o a un segundo nivel de interpretación. Su percepción implica el reconocimiento de que un mapa particular es el de una plantación en Carolina del Sur, de Boston o California. Éste es el nivel, el del lugar real, en que los historiadores han usado más los mapas. Es más, para evaluar los lugares reales de los mapas se ha desarrollado la mayoría de las técnicas interpretativas, enfocadas ya sea a la precisión planimétrica, o bien al contenido. Existen numerosos ejemplares de este tipo de estudios topográficos.49 El tercer nivel interpretativo de un mapa es el estrato simbólico. Hasta hace pocos años, además de la aportación de unos cuantos historiadores del arte,50 se había dado muy poca importancia a esta dimensión herme­ néutica de los principios de la cartografía. Recientemente, la interpreta­ ción ha cambiado y ha comenzado a abarcar la lectura simbólica e ideoló­ gica de los primeros mapas. Aquí aceptamos que los mapas actúan como una metáfora visual de los valores más importantes de los lugares que representan. Los mapas de Norteamérica siempre están cargados de esos valores culturales e importancia y representan una topología social con un dominio propio culturalmente reafirmado. Los mapas siempre representan más que una imagen física de un lugar. El plano de una ciudad o una visión aérea es un emblema o un icono legible de la comunidad. Inscribe valores en un espacio cívico y subraya los sitios de creencias religiosas, ceremo­ nias, rituales y autoridad. En los mapas de los atlas históricos y de conda­ do del siglo xix hay mucho más que un registro inerte de una topografía extinta. Lo que leemos es un discurso metafórico, tan grueso como un libro, acerca del orgullo rural inmigrante, de las utopías que se vislumbran, del orden y la prosperidad del paisaje. Estos mapas elogian la posesión de

TEXTOS Y CONTEXTOS EN LA INTERPRETACIÓN DE LOS PRIMEROS MAPAS

la tierra, privilegian las demarcaciones de las propiedades y hacen memo­ rables las haciendas y los nombres de dueños de propiedades. Por medio de la palabra y de la imagen recurren a la industria y al patriotismo de los nuevos norteamericanos. Y mientras más lejos vemos, la cartografía se vuelve más simbólica. Luego entonces, un mapa de carreteras de Rand McNally hace del enamoramiento estadunidense del automóvil un objeto de adoración, e incluso los mapas aparentemente terrenales de los uses son una confirmación simbólica de las percepciones y las prioridades cam­ biantes de la sociedad, más que sólo mapas de objetos del paisaje. Así es como “los mapas hablan, aunque suavemente, de sutiles juicios de va­ lor” .51 Para leer un mapa de manera adecuada, el historiador siempre debe excavar debajo de su geografía superficial.

Conclusión

Al aceptar que los mapas son documentos fundamentales para el estudio del pasado norteamericano, comenzamos a apreciar con qué frecuencia los mapas atraviesan los principales procesos históricos. Desde los tratados territoriales hasta los planos de las ciudades, desde las vías de los trenes hasta las coordenadas rectangulares, subyacen en la construcción de los Estados Unidos modernos.52 Sin embargo, si bien ésta es una inmensa aportación práctica, no debemos ignorar la influencia histórica de los ma­ pas reales sobre los más elusivos mapas cognitivos de generaciones de estadunidenses desde el siglo xvi. Además de considerar al mapa como una fuente topográfica, nos estamos dando cuenta del poder cartográfico inser­ to en este discurso.53 El poder del mapa, un acto de control de la imagen del mundo, es como el de la imprenta en general.54 Desde la época de Co­ lón, los mapas han contribuido a crear algunos de los estereotipos más dominantes de nuestro mundo. El uso que los historiadores dan a un mapa depende también del con­ texto del investigador en cuestión. Las reflexiones que se hagan están deter­ minadas no sólo por las cualidades intrínsecas de un mapa particular, sino también por la investigación histórica de la que se trate, por sus objetivos,

TEXTOS Y CONTEXTOS EX LA INTERPRETACIÓN DE LOS PRIMEROS MAPAS

sus métodos de investigación y por todas las pruebas que pueda aportar. Al igual que existen innumerables mapas de Norteamérica que el historiador puede consultar, hay infinidad de temas de investigación para los cuales los mapas pueden ser adecuados. No ha sido mi intención minimizar los aspectos técnicos de la interpretación de los primeros mapas; sin embargo, ante el hecho de que ya disponen de bastante literatura, me pareció im­ portante tomar esta oportunidad para trabajar en un marco más amplio dentro del cual pueden mostrarse. Los tres contextos de la cartografía que se han señalado nunca son mutuamente exclusivos, sino que se encuen­ tran entretejidos de manera sutil y con frecuencia inseparable. Una vez que aprendemos a leer mapas, pueden convertirse en textos de una utili­ dad indispensable para el historiador.

II

Mapas, conocimiento y poder*1

Dadme un mapa; entonces permítaseme ver qué tanto

se me ha dejado para conquistar todo el mundo

comencé a marchar hacia Persia, pasé por Armenia y por el Mar Caspio; después hacia Bitinia, donde tomé prisioneros a los turcos y a sus grandes empresas. Después marché hacia Egipto y Arabia, y aquí, no muy lejos de Alejandría, donde se juntan el Mar Tirreno y el Mar Muerto, con menos de cien leguas de distancia en­ tre ellos, pretendo cortar un canal para que los hom­ bres puedan llegar rápidamente a la India. De allí a Nubia, cerca del lago Borno, y entonces por el Mar de Etiopía, cortando la línea del Trópico de Capricornio, lo conquisté todo llegando hasta Zanzíbar.

Aquí

C h risto ph e r

M a r lo w e ,

Tamburlaine, segunda parte (V. m, pp. 123-139)

U n libro acerca de las imágenes geográficas que no aborde el mapa sería como Hamlet sin el príncipe.2No obstante, aunque durante mucho tiempo los mapas han sido fundamentales en el discurso de la geografía, casi nunca se leen como “ladrillos” de texto o como una forma de conocimiento cons­ truida socialmente. “La interpretación de los mapas” por lo general implica buscar “accidentes geográficos” sin expresar de qué manera, como forma manipulada de conocimiento, han ayudado a conformar esos accidentes.3 Es cierto que en la geografía política y en la historia del pensamiento geo­ gráfico los mapas se relacionan cada vez más con el poder (especialmente

’ Este capítulo apareció originalmente en Denis Cosgrove y Stephen Daniels (eds.), The Icono- graphy o f Landscape: Essays on the Symbolic Representación, Design and Use ofpast Environ- ment, Cambridge Studies in Ilistorical Geography, 9 (Cambridge, Cambridge University Press, 198S), pp. 277-312.

MAPAS, CONOCIMIENTO Y PODER

en los periodos de historia colonial).4 Sin embargo, el papel específico de los mapas, como imágenes con códigos históricamente específicos, sigue siendo identificado con todo el discurso geográfico del que con frecuencia se encuentran imbuidos. Lo que falta es un sentido de lo que Cari Sauer entendía como la elocuencia de los mapas.5 De esta suerte, ¿cómo pode­ mos hacer “hablar” a los mapas acerca de los mundos sociales del pasado?

Perspectivas teóricas

Aquí pretendo explorar el discurso de los mapas en el contexto del poder político y mi enfoque es ampliamente iconográfico. Considero que los ma­ pas son una parte de la familia más amplia de imágenes cargadas de valor.6 De este modo, he renunciado a entender los mapas como registros inertes de paisajes morfológicos o como reflexiones pasivas del mundo de los objetos; más bien los considero imágenes reflejadas que contribuyen a un diálogo en un mundo construido socialmente Por lo tanto, alejo la lectura de los mapas de los cánones de la crítica cartográfica tradicional con su lista de oposiciones binarias entre los mapas “ciertos y los falsos”, “precisos e imprecisos”, “obje­ tivos y subjetivos” , “literales y simbólicos”, o los basados en una “integridad científica” opuesta a la “distorsión ideológica”. Los mapas nunca son imá­ genes carentes de valor; excepto en el sentido euclidiano más estricto, por sí mismos no son ciertos o falsos. Tanto en la selectividad de su contenido como en sus signos y estilos de representación, los mapas son una manera de concebir, articular y estructurar el mundo humano que se inclina hacia, es promovido por y ejerce una influencia sobre grupos particulares de rela­ ciones sociales.7 Al aceptar tales premisas se puede ver mejor lo suscepti­ bles que son de manipulación por parte de los poderosos de la sociedad. En este amplio paisaje conceptual debo destacar tres puntos funda­ mentales a partir de los cuales se pueden trazar algunos de los contornos ideológicos más específicos de los mapas. En el primero, los mapas son un tipo de lenguaje8 (si esto se toma de manera literal o metafórica no es vital para la argumentación).9 La idea de un lenguaje cartográfico es también conveniente para un acercamiento derivado directamente de la semiótica

MAPAS, CONOCIMIENTO Y PODER

que, mientras ha resultado atractivo para algunos cartógrafos,10 es una herra­ mienta demasiado pesada para una investigación histórica específica. La idea de lenguaje se traduce más fácilmente a la práctica histórica. No sólo nos ayuda a ver los mapas como imágenes recíprocas usadas como mediadoras de diferentes visiones del mundo, sino que también estimula la búsqueda de evidencias de aspectos como los códigos y el contexto de la cartografía, así como su contenido en un sentido tradicional. Un lenguaje — quizá sería más adecuado hablar de una “literatura” de mapas— también nos anima a buscar cuestiones como el cambio de lectores de los mapas, los niveles de carto- alfabetismo, las condiciones de autoría, aspectos como secretos y censura y también la naturaleza de las manifestaciones políticas hechas por los mapas. Además, la crítica literaria puede ayudarnos a identificar la forma par­ ticular del “discurso” cartográfico que yace en el corazón de este ensayo. El discurso ha sido definido como lo relacionado con “aquellos aspectos retó­ ricos que evalúan, miden o convencen de un texto, en contraposición con los que simplemente nombran, ubican y cuentan” .11 El “simple” hecho de nombrar o ubicar un accidente en un mapa a menudo tiene un significado político; no obstante, se acepta que existenma división similar en los mapas. Son un tipo de imágenes retóricas y están determinados por reglas que gobiernan sus códigos y modos de producción, intercambio y uso social, al igual que cualquier otra forma discursiva. Esto, a su vez, puede llevarnos a una mejor apreciación de los mecanismos mediante los cuales los mapas, como los libros, se convirtieron en una fuerza política en la sociedad.12

Un segundo punto de vista teórico se deriva de la formulación de la iconografía de Panofsky.13 Se ha tratado de equiparar los niveles de inter­ pretación de la pintura de Panofsky con niveles similares que se pueden distinguir en los mapas.14 La iconografía puede usarse para identificar no sólo un nivel literal o “superficial” de significado, sino también uno “más profundo” , por lo general asociado con la dimensión simbólica del acto de enviar o recibir un mensaje^Ün mapa puede llevar en su imagen un simbo-* lismo asociado con el área, el aspecto geográfico, la ciudad o el lugar espe- * cífico que representa.15¡A menudo en este nivel simbólico el poder político •

se reproduce, comunica y experimenta mejor a través de los La tercera perspectiva se obtiene de la sociología del conocimiento^ Ya se ha planteado la propuesta de que el conocimiento de los mapas es un

4

MAPAS, CONOCIMIENTO Y PODER

producto social16, y para hacerla más clara se han dispuesto dos grupos de ideas relacionadas con los ejemplos empíricos de este ensayo. El primer grupo se deriva de Michel Foucault, quien, a pesar de que sus observacio­ nes en el campo de la geografía y los mapas fueron superficiales,17 ofrece un modelo útil para la historia del conocimiento de los mapas en su crítica de la historiografía:

La búsqueda de la verdad no era una actividad objetiva y neutral, sino que estaba relacionada íntimamente con el “anhelo de poder” de quien buscaba la verdad. Por lo tanto, el conocimiento era una forma de poder, una forma de presentar los valores propios disfrazados de un desinterés científico.16

Asimismo, la cartografía puede ser “una forma de conocimiento y de poder”. Así como “el historiador pinta el paisaje del pasado con los colores del presente” ,19 el topógrafo, de manera consciente o no, duplica no sólo el “ambiente” en un sentido abstracto, sino también los imperativos territo­ riales de un sistema político particular. Si se produce un mapa bajo la eti­ queta de la ciencia cartográfica (éTcaso de la mayoría de los mapas oficia­ les) o si se trata de un ejercicio propagandístico abierto, no puede dejar de involucrarse en el proceso mediante el cual se ostenta el poder. Algunas de las implicaciones prácticas de los mapas pueden caer también en la categoría de lo que Foucault ha definido como actos de “vigilancia” ,20 especialmente los relacionados con la guerra, la propaganda política, la definición de las fronteras o la preservación de la ley y el orden. —* Foucault no es el único que estudia la relación entre poder y conoci­ miento. También Anthony Giddens, al teorizar acerca de cómo los sis­ temas sociales han estado “insertos” en el tiempo y el espacio (aunque no menciona específicamente los mapas), hace referencia a “recursos de au­ toridad” (los diferencia de los recursos materiales) controlados por el Esta­ do: “La acumulación de recursos de autoridad implica sobre todo la reten­

ción y el control de información o conocimiento. No cabe duda de que

aquí el desarrollo decisivo es la invención de la escritura y la anotación” .21 iLos mapas fueron un invento similar para el control del espacio y facilita­ ron la expansión geográfica de los sistemas sociales, “una forma de apunta­ lar empleada por el poder del Estado”; Gomo medio de vigilancia, implican

MAPAS. CONOCIMIENTO Y PODER

tanto “el cotejo de información relevante para el control estatal de la con­ ducta de la población sometida”, como la “supervisión directa de esa con­ ducta” .22 En los tiempos modernos, mientras mayor es la complejidad administrativa del Estado, y más penetrantes sus ambiciones territoriales y sociales, también es mayor su apetito de mapas. Lo útil de estas ideas es que nos ayudan a prever imágenes cartográfi­ cas en términos de su influencia política en la sociedad. El simple hecho de que durante siglos se ha visto a los mapas como imágenes “científicas” , y siguen siendo consideradas así por filósofos y semióticos,23 dificulta esta tarea. Las relaciones dialécticas entre imagen y poder no pueden ser encontradas con los procedimientos empleados para recuperar el conoci­ miento topográfico concreto de los mapas y no existe una prueba química para evaluar sus tendencias ideológicas.24 Los mapas como forma de “conocimiento que implica poder” son explorados en este capítulo bajo tres rubros: la universalidad de los contextos políticos en la historia de los mapas, cómo el ejercicio del poder estructura el contenido de los mapas, y cómo la comunicación cartográfica, en un nivel simbólico, puede reforzar ese ejercicio a través del conocimiento de los mapas.

Contexto político de los mapas

T sar: Hijo mío, ¿qué escribes?, ¿qué es esto?

Fyodor: Un mapa de Moscovia; nuestro reino real de principio a fin. Vea, padre, aquí está Moscú. Aquí Novgorod, allá Astrakán. Allá se encuentra el mar, aquí está el bosque virgen de Perm, y más allá Si- beria.

T sar: ¿Y qué puede ser esto? ¿Estos trazos serpentinos?

Fyodor: Es el Volga.

T sar: ¡Espléndido! ¡El delicioso fruto del aprendizaje! En una sola imagen, como visto desde una nube todo

nuestro dominio: sus fronteras, ciudades y ríos.

A lexander Pushkin, Boris Godunov

MAPAS, CONOCIMIENTO Y POD1

En cualquier estudio iconográfico, sólo a través del contexto se puede de cubrir adecuadamente el significado y la importancia del objeto de anal •sis. Tales contextos pueden ser definidos como las circunstancias en qu se hicieron y usaron los mapas. Son análogos a la situación del discurso e

los estudios lingüísticos25 e implican la reconstrucción de los ambiente físico y social de la producción y el consumo de los mapas, los hechos qu condujeron a su trazado, la identidad de los cartógrafos y los usuarios di los mapas y sus percepciones del acto de trazar y usar un mapa en ui mundo construido socialmente. Estos detalles hablan no sólo de los moti vos que hubo detrás de los acontecimientos cartográficos, sino también di los efectos que los mapas pudieron haber tenido y de la importancia de k información que comunican en términos humanos. Incluso una inspección superficial de la historia cartográfica revela en qué medida el poder político, religioso o social produce el contexto de la car­ tografía. Lo anterior ha quedado claro, por ejemplo, en un estudio detallado de la cartografía en la Europa mediterránea prehistórica, antigua y medieval. A lo largo de este periodo, “el trazado de los mapas fue una de las armas in­ telectuales especializadas mediante la cual se podía obtener, administrar,

legitimar y codificar el poder” .26 Más aún, este conocimiento

se concentraba

en relativamente pocas manos y “se asociaba a los mapas con la élite re­ ligiosa del Egipto dinástico y de la Europa cristiana medieval; con la élite intelectual de Grecia y Roma y con la élite mercantil de las ciudades-Esta-

do del mundo mediterráneo durante la etapa final de la Edad Media” .27 El mundo de la Europa antigua y medieval tampoco fue la excepción a este respecto. La cartografía, con cualquier otra importancia cultural que se le pueda atribuir, fue siempre una “ciencia de príncipes” . Se sabe que en el mundo islámico los califas del periodo clásico de la geografía árabe, los sultanes del imperio otomano y los emperadores mongoles de la India encargaban el trazado de los mapas y los usaron con fines militares, políti­ cos, religiosos y propagandísticos.28 En la antigua China, los mapas terres­ tres detallados también se hacían expresamente de acuerdo con las herra­ mientas militares y los emblemas espaciales del destino imperial.29 En los inicios de la Europa moderna, desde Italia hasta los Países Bajos, desde Escandinavia hasta Portugal, en todos lados los monarcas absolutos y los hombres de Estado conocían el valor de los mapas para la defensa y la

MAPAS, CONOCIMIENTO Y PODER

guerra, para la administración interna relacionada con el crecimiento del gobierno centralizado y como propaganda territorial en la legitimación de

las identidades nacionales. Escritores como Castiglione, Elyot y Maquiavelo # ^ apoyaron el uso de mapas por parte de generales y hombres de Estado.30 Con los deslindes topográficos nacionales en Europa a partir del siglo xvm, el papel de la cartografía en las transacciones de las relaciones de poder, j- por lo general favoreció a las élites sociales. Las funciones específicas de los mapas en el ejercicio del poder confir­ man también la ubicuidad de estos contextos políticos en un rango con­ tinuo de escalas geográficas^ Éstas van de la estructura del imperio global,

y la conservación del Estado-nación, a la confirmación local de los de­

rechos individuales de propiedad. En cada uno de estos contextos, las dimensiones de la política y el territorio se fundieron en imágenes que, al igual que los títulos de propiedad, fueron parte del aparato intelectual del poder.

Los mapas y el imperio

Al igual que las armas de fuego y los barcos de guerra, los mapas han sido armas del imperialismo. En la medida en que los mapas se usaron en la promoción colonial y se adueñaron de las tierras en papel, antes de ocu­ parlas efectivamente, los mapas anticiparon el imperio. Al principio, los topógrafos marchaban al lado de los soldados para trazar mapas con fines de reconocimiento, después como información general y, con el paso del A, tiempo, como una herramienta de pacificación, civilización y explotación en las colonias ya definidas. Sin embargo, hay algo más allá deí trazado de fronteras para la contención práctica política y militar de las poblaciones

sometidas. Los mapas se usaron para legitimar la realidad de la conquista y /

el imperio. Contribuyeron a la creación de mitos que ayudarían a conser­

var el statu quo militar. Como comunicadores de un mensaje imperial, se han usado como complemento agresivo de la retórica de los discursos, periódicos y textos escritos, o de las historias y canciones populares que

elogian las virtudes del imperio •31

á ?

MAPAS, CONOCIMIENTO Y PODER

Figura ii.I. Federación imperial. Mapamundi que muestra la extensión del Imperio británico en 1886fue publicado por primera vez como un suplemento del perió­

Graphic, el 24 de julio de 1886. Se usaron la proyección de Mercator, tinta

rosa para el territorio del imperio y emblemas decorativos que muestran a Bri-

tania sentada en el mundo para articular el mensaje del “Nuevo imperialismo”. Con permiso de la British Library.

dico

En estos contextos imperiales, los mapas por lo general apoyaban el ejercicio directo del poder territorial. Las cuadrículas dispuestas por los agrimensores romanos, puestas en funcionamiento en la centuriación, eran una expresión de poder “extendido descuidadamente en todas direc­

homogeneizando todo en su camino” ,32 al igual que el deslinde

ciones [

de tierra rectangular de los Estados Unidos creó “orden sobre la tierra” en más sentidos que sólo el de repetir un diseño clásico.33 El redescubrimien­

to del sistema tolomeico de jáeometría de coordenadas en el siglo xv fue un hecho cartográfico importante que favorecía una “sintaxis euclidiana” que estructuró el control territorial europeo.34 De hecho, la naturaleza

]

MAPAS, CONOCIMIENTO Y PODER

gráfica del mapa dio a sus usuarios imperiales un poder arbitrario que era fácilmente separable de las responsabilidades sociales y consecuencias de su ejercicio. El mundo podía ser grabado sobre papel. El papa Alejandro VI demarcó las posesiones españolas y portuguesas en el Nuevo Mundo.35 En la división de Norteamérica, ella misma “parte de un vasto proceso y experimento europeo, un desarrollo actual del imperialismo interna­ cional” , las “propias líneas del mapa exhibían este poder y proceso impe­ rial porque habían sido impuestos sobre el continente con poca referencia a los pueblos indígenas y en muchos lugares con poca referencia a la pro­ pia tierra. Los invasores se repartieron el continente entre ellos con dise­ ños que reflejaban sus complejas rivalidades y su poder relativo” .36 En el siglo xix, cuando los mapas se institucionalizaron más y se vincularon al crecimiento de la geografía como disciplina, los efectos de su poder se manifestaron nuevamente en la ola continua de imperialismo europeo. La lucha por Africa, en que los poderes europeos fragmentaron la identidad de la organización territorial indígena, se ha vuelto casi un texto ejem­ plar de estos efectos.37 En nuestro propio siglo, en la división británica de la India en 1947, vemos cómo el trazo de una pluma a través de un mapa podía determinar las vidas y las muertes de millones de personas.38 Hay innumerables contextos en los que los mapas se convirtieron en la moneda de “tratos” políticos, contratos, subdivisiones, ventas y tratados realizados con motivo del territorio colonial y, una vez vueltos permanentes en la imagen, estos mapas con mucha frecuencia adquirieron fuerza de ley en^ el paisaje.

Los mapas y el Estado-nación

I La historia de los mapas se encuentra inextricablemente vinculada al sur­ gimiento del Estado-nación en el mundo moderno^ Muchos de los mapas impresos de Europa subrayaban los estados, las corrientes de agua y las fron­ teras políticas que constituían las dimensiones político-económicas de la geografía europea.39 Los primeros teóricos políticos encargaban mapas a los hombres de Estado, quienes, a su vez, estaban entre los primeros colee-

MAPAS, CONOCIMIENTO Y PODER

cionistas sistemáticos.40 En muchos países, la actividad cartográfica esta­ ba en gran medida bajo el mando del Estado.41 No obstante, mientras el Estado estaba preparado para financiar esta actividad, de manera directa a través del erario público, o indirecta gracias a prerrogativas comerciales, a menudo se insiste en que se trataba de conocimientos que gozaban de privilegios gubernamentales. En Europa occidental, la historia de los secretos cartográficos, aunque a menudo no surtían efecto, se puede rastrear hasta el siglo xvi con la política de siglio española y portuguesa.42 Era una práctica para monopolizar el conoci­ miento, para “usar documentos geográficos como un recurso económico, de la misma manera que se guardaban en secreto y se utilizaban los miste­

rios de oficio” .43 Un ejemplo importante de la interacción entre los mapas y la política de Estado se encuentra en la historia de la tecnología militar. Ante la mirada de los militares, los mapas siempre han sido considerados un tipo delicado de conocimiento y las políticas de secreto y censura abundan tanto en la ac­ tualidad, en las especificaciones “escondidas” de defensa y de las agencias cartográficas, como en los cuarteles de campaña del pasado.44 En un nivel práctico, los mapas militares son elementos pequeños pero fundamentales de la infraestructura técnica del ejército en el campo de batalla. Así como se transformaron las técnicas de guerra que pasaron de ser tácticas de sitio a estrategias de mayor movimiento, especialmente a partir del siglo xvm, también los mapas que se utilizaron para la guerra fueron transformados.45 Sin embargo, incluso en estos contextos activos se dieron procesos históri­ cos más sutiles. El conocimiento de los mapas fomenta la conducta bélica f~ mediante un control remoto, de manera que, consideramos, el acto de ase­ sinar se contempla con mayor facilidad.46 Los mapas militares no sólo faci-

p litan la conducta técnica de la guerra, sino que también aminoran eTsen- tido de culpa que surgea partir de esta conducta. Las líneas silenciosas del

¡ paisaje de papel fomentan la idea de un espacio socialmente vacío. No todos los mapas militares son silenciosos; muchos de ellos procla­ man a gritos la victoria militar. De la misma forma que existen desfiles, canciones y poemas militares, también, por lo menos a partir del siglo xv en Europa, ha habido planes de batalla diseñados para conmemorar los lugares sagrados de gloria nacional.47

MAPAS, CONOCIMIENTO Y PODER

Los mapas y los derechos de propiedad

Los mapas catastrales o estatales que muestran los derechos de propiedad revelan el papel de los mapas en la historia de las relaciones de clase agra­ rias. Aquí los mapas pueden ser considerados un medio a través del cual los señores estatales o individuales podían controlar de manera más efec­ tiva una población campesina que ocupaba la tierra.48 En la sociedad romana, las prácticas codificadas de los agrimensores pueden interpre-

Figura ii .2. Los mapas estatales de gran escala y los catastros que los acompa­ ñan se convirtieron en una herramienta en el surgimiento del capitalismo agrario en Inglaterra a partir del siglo xvi. En este fragmento del mapa de Samuel Walker del estado de Gametts, Essex (1622), los detalles de propiedad (dn = tierras de Edward Naylor, dl = tierras de Richard Lavender), la delincación precisa y las me­ didas correctas (en acres, roods o perches) traducen los derechos de propiedad a una imagen tangible y de compromiso legal. El original está en una escala de 50 cm por 1 609 m. Esta reproducción mide aproximadamente 1.6 x 1.1 m. Con permiso de la British Library (Manuscritos Adicionales 41848).

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MAPAS, CONOCIMIENTO Y PODER

tarse no sólo como manuales técnicos de división en un sentido teórico, sino también como una estructura social para regular legalmente las tie­ rras expropiadas y para calcular los gravámenes.49 Los mismos mapas for­ jados en bronce o tallados en piedra estaban diseñados para hacer más permanente un orden social en el que había hombres libres y esclavos, y para el cual la división térritorial era la base del estatus.50 También en los inicios de la Europa moderna estaban en funcionamiento algunas de estas fuerzas, a pesar de que el contexto sociológico de los mapas era distinto. El grado hasta el cual el mapeo de las zonas rurales locales estaba encerrado en un proceso de litigio no nos deja duda en cuanto a su contexto sociole- gal y a su efectividad como medio para resolver conflictos entre señores y campesinos por derechos de propiedad de la tierra.51 Los mapas cabían tan bien en la cultura de la sociedad de las tierras como lo habían hecho en las diplomacias de la corte y en las maniobras militares de los Estados- nación del Renacimiento en Europa. En términos similares, los mapas se pueden ver insertos en algunos de

I los cambios estructurales a largo plazo en la transición del feudalismo al

V capitalismo. La economía del mundo y su nueva división geográfjcadel tra- bajo se producía con la ayuda de documentos geográficos, entre ellos los mapas.52 Los planos precisos y de gran escala eran un medio para explotar más eficientemente la tierra, para aumentar los costos de renta y para reforzar las obligaciones legales o modificar los documentos de tenencia de la tierra. Al sustituir topografías escritas más antiguas, los mapas sirvieron, f a manera de inventario gráfico, como una codificación de información -^acerca de la propiedad, la tenencia, los valores rentables, las prácticas de cosecha y el potencial agricultor que permitía a los dueños capitalistas de la tierra contemplar sus bienes como un todo y tener un mejor control de '¿ellos.53 Ver era creer en relación con las jerarquías territoriales expresadas en los mapas. Ya sea en la historia general del desarrollo de la agricultura, de la demarcación, del secado o de la construcción de diques en pantanos y ciénegas, o en la reclamación de colinas y páramos, eliojtógrafo cada vez con mayor frecuencia cantina al lado del señor para difundir formas capi­ talistas de agricultura.54 Los mapas dificultaron de manera invisible la vida cotidiana de la gente común. Así como un reloj, como símbolo gráfico de la autoridad política

90

MAPAS, CONOCIMIENTO Y PODER

centralizada, trajo consigo la “disciplina del tiempo” al ritmo de los trabad, ¡adores industriales,55 las líneas de los mapas, dictadoras de una nueva topografía agraria, introdujeron una dimensión de “disciplina del espacio” . j En las sociedades campesinas europeas, las antiguas tierras comunes eran subdivididas y asignadas con ayuda de los mapas, y en la “selva” de las an­ tiguas tierras indias de Norteamérica las líneas fronterizas del mapa fueron un medio de apropiación que, quienes desconocían los métodos topográfi­ cos geométricos, no lograron nunca cuestionar. Los mapas ingresaron en el sistema legal, se colocaron en la artillería militar, adquirieron una aureola de ciencia y contribuyeron a la creación de una ética y una virtud de defi­ nición cada vez más precisa. El trazado de mapas excluía tanto como^" incluía. Fijaban la relatividad territorial de acuerdo con los días de naci­ miento, accidentes de descubrimiento o, con mayor frecuencia, el meca­ nismo del mercado mundial.

Contenido de los mapas en las negociaciones de poder

“¿Ése es el mismo mapa?”, preguntó Jincey. Ella seña­ ló el gran mapamundi que colgaba, enrollado durante el verano, por encima del pizarrón que estaba detrás de la señorita Dove. “¿China todavía es anaranjada?” “Es un mapa nuevo — dijo la señorita Dove— . China ahora es morada.” “Prefiero el mapa viejo —dijo Jin­ cey— . Me gusta el viejo mundo.” “La cartografía es un arte en movimiento”, dijo la señorita Dove.

Francés G ran Patton, Goocl Morning, Miss

Dove

Durante mucho tiempo los cartógrafos y los historiadores cartográficos han estado conscientes de las tendencias del contenido de sus mapas y se refieren a ellas como “inclinación” , “desviación” , “distorsión” o “abuso” vj de los sólidos principios cartográficos. Sin embargo, se ha dedicado muy poco espacio en la literatura cartográfica a las implicaciones políticas de estos términos y a lo que ellos representan y, todavía menos, a sus conse-

91

MAPAS, CONOCIMIENTO Y PODER

cuencias sociales. Tal “inclinación” o “distorsión” por lo general se mide

con una regla de “objetividad” que se deriva, a su vez, de un procedimien­

to cartográfico. Sólo en los mapas que se distorsionan de manera deli­

berada con fines, por ejemplo, propagandísticos o publicitarios, se discu­

ten las consecuencias.56 La cartografía “profesional” del Servicio Estatal de

Cartografía del usos, Bartholomew o Rand McNally o sus antecesores serían

C~.rV 'C'V

© considerados absolutamente libres de estas imágenes políticamente conta­

minadas. Que los mapas pueden producir una imagen verdaderamente cien­

tífica del mundo, en la que la información concreta se representa de manera

objetiva, es una idea muy arraigada en nuestra cultura mítica. Reconocer

que toda la cartografía es una “ficción intrincada y controlad^”57 no nos im­

pide conservar una diferencia entre las presentaciones del contenido del

mapa deliberadamente inducidas por el artificio cartográfico y aquéllas en

las que no se examina el contenido estructural de la imagen.

Distorsiones deliberadas del contenido del mapa

En toda la historia de los mapas se pueden encontrar distorsiones delibera­

das del contenido de un mapa con fines políticos y el cartógrafo nunca ha

sido un artista, dibujante o técnico independiente. Detrás del cartógrafo

está un conjunto de relaciones de poder que crean sus propias especifica­

ciones. Ya sea impuestas por una persona individual, por la burocracia del

Estado o por el mercado, estas normas pueden ser reconstruidas tanto a

partir del contenido de los mapas como del modo de representación carto­

gráfica. Mediante la adaptación de proyecciones individuales, la manipula­

ción de la escala, la magnificación o el cambio de signos o.de tipografía, o el

uso de colores emotivos, quienes trazan los mapas de propaganda por lo ge­

neral han apoyado la visión unilateral de las relaciones geopolíticas. Estos

mapas han formado parte de la vigencia de las estrategias internacionales

psicológicas de guerra mucho antes de ser usadas por los geopolíticos

nazis. Las guerras religiosas de la Europa del siglo xvn y la Guerra Fría del

siglo xx expresaron sus batallas en los contenidos de los mapas propagan­

dísticos tanto como a través de otros medios.58

92

MAPAS, CONOCIMIENTO Y PODER

Mapas aparentemente objetivos también se caracterizan por la mani­ pulación constante de su contenido. La “censura cartográfica” implica la representación incorrecta y deliberada, diseñada para confundir a los usuarios potenciales del mapa, quienes, por lo general, eran opositores del <tatu quo territorial. No debemos confundir lo anterior con las supresiones o las adiciones producto de errores técnicos, de incompetencia o forzados por la escala o la función. La censura cartográfica quita de los mapas aspectos que, como otras cosas que permanecen iguales, esperaríamos encontrar. Naturalmente, esto es menos notorio que una distorsión evi­

dente. Se justifica en terrenos de “seguridad nacional” , “eficiencia políti­

ca” o “necesidad comercial” , y su práctica aún está

difundida. La imagen censurada marca los límites del discurso permisible y las omisiones deliberadas desalientan la “aclaración de alternativas so­

ciales [

considerablemente

]

dificultando que el desposeído ubique la fuente de su inconfor­

midad, ya no se diga la remedie”.59 La justificación más común de la censura cartográfica quizá siempre haya sido militar. En su forma más generalizada ha implicado la prohibi­ ción de la publicación de deslindes.60 Por otro lado, los detalles de las con­ quistas en los mapas del siglo xvm no fueron corregidos por Federico el Grande para engañar al enemigo potencial, de la misma manera que se ha deducido que las ciudades de algunos mapas rusos fueron reubicadas deli­ beradamente en posiciones incorrectas en la década de los sesenta para evitar que las fuerzas enemigas tomaran medidas estratégicas.61 Asimis­

mo, desde el siglo XIX ha sido una práctica casi universal “limpiar” sistemá­ ticamente evidencias de instalaciones militares clave de las series oficiales de mapas topográficos.62 Ahora la práctica se extiende a otras característi­ cas cuando su inclusión es potencialmente vergonzosa para el gobierno en cuestión; por ejemplo, los tiraderos de desperdicios nucleares se omiten en los mapas topográficos oficiales de los uses A La falsificación deliberada del contenido de los mapas se ha relaciona- ¡ do con consideraciones políticas ajenas a las exclusivamente militares. Se ¡ han tergiversado las fronteras dedos mapas, por una parte, para justificar^ reclamos históricos de territorio nacional,63 y por otra, como producto del arte de la predicción, que consiste en usar los mapas para proyectar y le­ gitimar ambiciones territoriales futuras.64 Por ejemplo, las fronteras en

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MAPAS, CONOCIMIENTO Y PODER

disputa, mostradas en los mapas y atlas oficiales, o en imágenes más efí­ meras como estampillas postales, han sido incluidas o suprimidas de acuerdo con la preferencia política del momento.63 Estas prácticas tampo­ co se aplican únicamente a las fronteras políticas de los mapas. Está sufi­ cientemente documentado el hecho de que las geografías de lengua, “raza” y religión han sido reflejadas de acuerdo con las creencias dominantes.66

Figura ii.J. Incluso los simples mapas temáticos pueden transmitir sutiles men­ sajes propagandísticos. Este mapa de atlas escolar, del Geschichtsatlas für die deutsch Jungen (Julius Belz, 3acd., 1935), representa los elementos germánicos en Europa y (en un mapa inserto) del otro lado del océano; sin embargo, no ofre­ ce una leyenda para los valores de los tres tamaños de símbolos. Mientras que la pauta de distribución es realista, las minorías germanas en los países europeos por lo general eran mucho más pequeñas (menos de 4% de la población total) de lo que el símbolo sugiere. Con permiso de la British Library (Mapas 30.b.25).

94

MAPAS, CONOCIMIENTO Y PODER

Hay numerosos casos en que los nombres indígenas de lugares de los gru­ pos minoritarios se suprimen en los mapas topográficos en favor de una

toponimia estándar del grupo que

tiene el control.67

*—

Distorsiones “inconscientes” del contenido de los mapas

Para el estudiante de la iconografía cartográfica debe resultar interesante también el sutil proceso mediante el cual el contenido de los mapas recibe la influencia de los valores de la sociedad que produce el mapa. Cualquier historia social de los mapas debe ocuparse de estas reglas ocultas de las imágenes cartográficas y de sus consecuencias accidentales.68 Se aborda­ rán tres aspectos de estas estructuras ocultas: el relacionado con la geome­ tría de los mapas, con los “silencios” en el contenido y con las tendencias jerárquicas en la representación cartográfica!

Geometría subliminal

La estructura geométrica de los mapas, su diseño gráfico en relación con la ubicación en la que se centran o con la proyección que determina su rela­ ción de transformación respecto de la tierra69 es un elemento que puede magnificar el impacto político de una imagen incluso cuando no se preten­ da distorsionarla conscientemente. Un aspecto universal de los primeros mapamundis, por ejemplo, es cómo han estado constantemente centrados en “el ombligo del mundo” , según ha sido percibido por distintas socie­ dades. Este “síndrome del ombligo” ,70 en el que un pueblo piensa que ha sido designado por la divinidad para ser el centro del universo, puede encontrarse en mapas muy lejanos en tiempo y en espacio, como los de la antigua Mesopotamia, con Babilonia en el centro; los mapas del universo chino con China en el centro; los griegos centrados en Delfos; los islámicos centrados en la Meca y los mapamundis cristianos que ubican a Jerusalén como el “verdadero” centro del mundo.71 El efecto de esta geometría de

95

MAPAS, CONOCIMIENTO Y PODER

“perfeccionamiento de posición” 72 sobre la conciencia social del espacio es muy difícil de valorar y sería incorrecto sugerir que algunas característi­ cas de diseño usuales contribuyeron necesariamente a visiones idénticas del mundo. Sin embargo, por último, estos mapas tienden a enfocar la atención del que los observa en el centro; por lo tanto, promueven el des­ arrollo de “visiones del mundo dirigidas hacia el interior, cada una de ellas con un centro de culto separado, aseguradas dentro de territorios poblados sólo por verdaderos creyentes”.73 Otra visión también etnocéntrica puede haber sido ocasionada por algunas de las proyecciones formales de mapas del Renacimiento europeo. También en ese caso, un mapa “estructura la geografía que describe de acuerdo con una serie de creencias en cuanto a cómo debería ser el mun­ do y presenta esta construcción como verdadera” .74 En el conocido ejem­ plo de la proyección de Mercator no se sabe si él mismo, quien diseñó el mapa pensando en los navegadores para mostrar instrucciones reales de brújula, era consciente del grado hasta el cual su mapa llegaría a proyectar una imagen que reforzara con tanta fuerza la visión europea de su propia hegemonía del mundo. Aún así, el simple hecho de que en su proyección Europa quede en el centro del mundo, y de que el área de las masas de tie­ rra está tan distorsionada que dos terceras partes de la superficie de la tierra parecen estar en una latitud alta, debe de haber contribuido notablemente al sentido europeo de superioridad. De hecho, en la medida en que los “es­ tados colonialistas blancos” aparecen en el mapa relativamente más gran­ des de lo que son, mientras que “las colonias” habitadas por pueblos de color se muestran “demasiado pequeñas” , sugiere cómo se puede leer y entender como una profecía geopolítica.75

El silencio en los mapas

El concepto de “silencios” en los mapas es fundamental para cualquier argumentación en torno a la influencia de sus mensajes políticos ocultos. Aquí se afirma que los mapas, al igual que los ejemplos del campo de la literatura o del mundo hablado, ejercen una influencia social tanto a tra­

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MAPAS, CONOCIMIENTO Y PODER

vés de sus omisiones como por medio de las características que describen y enfatizan. Las corrientes políticas escondidas bajo estos silencios son tan podero­ sas que en ocasiones resulta difícil explicarlas únicamente recurriendo a otros factores históricos o técnicos. En la Irlanda del siglo xvn, por ejem­ plo, el hecho de que los topógrafos que trabajaban para los propietarios ingleses a veces excluyeran las viviendas de los irlandeses nativos de sus mapas que, por demás, eran “precisos” , no es sólo cuestión de escala y Je prominencia topográfica de las casas, sino de los conflictos religiosos y de las relaciones de clase del campo irlandés.76 Se puede decir lo mismo de las omisiones de los levantamientos de condado impresos de la Inglaterra Jel siglo XVIII; la exclusión de las pequeñas viviendas rurales puede res­ ponder tanto al mundo ideal de los clientes dueños de tierras que encarga­ ban los mapas como a los dictados de la escala cartográfica.77 En muchos Je los primeros mapas de ciudades, el cartógrafo puede haber ignorado inconscientemente las calles y los jardines de los pobres para preferir los caminos principales, los edificios públicos y las residencias de la clase comercial a manera de promoción consciente de orgullo cívico o con el fin Je jactarse de algún éxito comercial.7/ Este filtro ideológico es un proceso universal. En el trazado colonial de los mapas, al igual que en Norteaméri- 4- ca en el siglo xvm, los silencios también se consideran una manifestación de discriminación contra los pueblos nativos/Un mapa como el de Virgi­ nia de Frv y Jefferson (1751) sugiere que los europeos habían vivido ahí desde siempre; la parte en la que se representan las “naciones indias” se dibuja como señal de la futura expansión colonial y no como un reconoci­ miento de su integridad étnica. 7/T)e esta manera, durante el largo periodo de las exploraciones, los mapas europeos dieron una visión parcial de los encuentros étnicos y apoyaron el derecho divino de apropiación territorial de los europeos. También los atlas europeos, mientras codificaron un ran­ go mucho mayor de conocimiento geográfico, promovieron una visión eurocéntrica imperialista que efectivamente reflejaba una inclinación al espacio doméstico que reforzaba la percepción europea de la superioridad cultural en el sistema del mundo.Los silencios de los mapas, a menudo parte de estereotipos culturales más amplios, llegaron, por lo tanto, a poner en alto las profecías cumplidas acerca de la geografía del poder.

97

MAPAS, CONOCIMIENTO Y PODER

Jerarquías de representación

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El papel del mapa como forma de proclamación social es aún más reforza­ do por los sistemas de clasificación y por las formas de representación (los signos supuestamente convencionales o cartográficos)81 que han sido adoptados para las características del paisaje. Durante mucho tiempo, una de las reglas de los cartógrafos ha sido que los signos para las ciudades y los poblados, descritos ya sea mediante iconos u otros recursos abstractos, se muestran de manera proporcional al rango de los lugares en cuestión. No obstante, la jerarquía visual de los signos resultante en los primeros

legales^Juudales

y eclesiásticos. De hecho, los cartógrafos contemporáneos no han perdido el concepto de una sociedad territorial dispuesta en hileras. Mercator, por ejemplo, esperaba en su atlas de 1595 mostrar “una enumeración y asigna­ ción exacta de las sedes de príncipes y nobles”.82 Al igual que otros cartó­ grafos anteriores, diseñó un conjunto de signos de la colonización que, con la misma fidelidad que las cuadrículas ya mencionadas, conforman un ordenamiento del espacio representado en el mapa con el solo hecho de hacerlo visible. En otros mapas las ciudades ocupan espacios, incluso cumpliendo con las convenciones cartográficas, excesivamente alejados de su tamaño real.83 También los signos de los castillos, ya que implican un rango feudal y militar, en ocasiones son más grandes que los correspon­ dientes a los poblados, a pesar de que ocupan en la tierra un tamaño menor^Los escudos de armas, símbolo dejposesiómlerxitorial, se emplea­ ban para localizar la cabeza de un señorío, mientras que a los asentamien­ tos cuya tenencia dependía del orden feudal se les asignaban signos infe­ riores sin importar su población o el tamaño del área que ocupaban. Esto fue particularmente común en los mapas del territorio germano que ante­ riormente se encontraban dentro del Sacro Imperio Romano. Estos mapas prestan una atención considerable a la geografía del poder de la Iglesia. Con frecuencia el principal mensaje era el de la ubicuidad de la Iglesia. Se tra­ tara de territorio “impío” en manos de los turcos, de tierras bajo el gobier­ no del papado, de áreas dominadas por protestantes en general o por sec­ tas específicas como los husitas, los mapas comunicaban la extensión del estado temporal dentro del paisaje espiritual. Como mensaje secundario,

mapas modernos a menudo es una Réplica de los estratos

98

Figura ii.4. Los silencios en los mapas. Detalle de A Plan of the Gities of London and Westminster (1775) que muestra el área occidental construida de la ciudad de Londres y los prestigiosos nuevos desarrollos de los campos verdes de Bloomsbury. Mientras que los distritos del norte de Covent Carden y alrededor deBroad Street y St. Giles rápidamente se convertían en barrios pobres, el cartó­ grafo produjo una visión idealizada de la ciudad que subraya la graciosa rustici­ dad de las principales manzanas, pero no enseña la pobreza urbana. Con permiso de la British Library (Colección Cruce, port. 3:107).

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MAPAS, CONOCIMIENTO Y PODER

estos mapas no sólo resaltan la percepción del poder de la Iglesia como una institución dentro de la sociedad, sino que también registran las jerar­ quías espaciales y las denominaciones en conflicto dentro de la Iglesia. En el punto anterior notamos que en el mapa de Irlanda (1599) de Boazio se coloca un signo pictórico exagerado para la “ciudad del obispo” en la parte superior de la leyenda,84 de la misma manera que en los mapas regionales de Inglaterra en la Reforma los signos de las torres y de los capiteles de las iglesias a menudo estaban muy por encima de los requerimientos de una escala vertical conceptual. Respecto de las jerarquías, los signos individua­ les de obispados y arzobispados, en filas de cruces dobles o sencillas, bácu­ los, mitras y variaciones de tocados eclesiásticos, son prueba de la organi­ zación social de la religión.85 De nuevo las magnificaciones selectivas de los signos cartográficos estaban estrechamente vinculadas a las alianzas cambiantes de creencias contrarias. Sobreviven como expresiones de las batallas religiosas de los principios de la Europa moderna. Sin embargo, si bien los mapas en ocasiones reaccionaban a circuns­ tancias religiosas cambiantes, también tendían a favorecer el statu quo

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Figura ii.5. Jerarquías sociales confirmadas en signos cartográficos: Placa 14 de M. Buchote, Les Regles du Dessein et du Lavis (1721). Con permiso de la British Library (Libros Impresos, 57. c. 21).

100

MAPAS, CONOCIMIENTO Y PODER

legitimando las jerarquías establecidas por mapas previos. Constituían un vocabulario socialmente conservador. En Francia, por ejemplo, los cartógra­ fos, como senadores de la Corona, inscribían imágenes a manera de propa­ ganda estatal, acentuando los mecanismos administrativos de su burocracia centralizada y describiendo aspectos del código legal del anden régime.86 En 1721, cuando Bouchotte codifica los signos que usaría en los mapas regio­ nales (canes paniculiéres) de los territorios que daban título a sus due­

ños, se mencionan por lo menos siete (Duché Pairie, Principauté, Duché, Marquisat, Comté, Vicomté, Baronnie), así como cinco rangos eclesiásticos

¡arzobispado, obispado, abadía, priorato y commanderie) 87

El simbolismo cartográfico del poder

La tierra es un lugar donde se encuentra Inglaterra, se encuentra al girar el globo terráqueo en cualquier dirección; las manchas son todas rojas y el resto es gris, ése es el significado del Día del Imperio.

G. I\. C h e s t e r to n , “Canciones de la educación: n

Geografía” , Poemas reunidos de G. K. Chesterton

En la articulación del poder, el nivel simbólico con frecuencia es el más importante en la comunicación cartográfica y es así como los mapas resul­ tan más retóricos y convincentes. Tomentos, por ejemplo, la importancia simbólica del grupo de mapas que se encuentra dentro de los cuadros,

donde están insertos en el discurso de la pintura. De manera alternativa

podemos evaluar cómo los emblemas artísticos — que quizá no sean de carácter cartográfico, pero cuyo significado puede ser iconográficamente identificado en un repertorio más amplio de imágenes dentro de una cultu­ ra— funcionan como signos en los mapas decorativos en que aparecen

insertos en el discurso del propio mapa. Una vez relacionado el significa­

do de emblemas específicos con el territorio representado en el mapa, pode­ mos preguntarnos por qué los mapas no decorativos pueden igualmente simbolizar valores culturales y políticos.

101

Los mapas en la pintura

MAPAS, CONOCIMIENTO Y PODER

■pl uso que hacen los artistas de globos y mapas como emblemas con un sim­ bolismo específico se puede encontrar desde el mundo clásico. Como signo con carga política, el globo u orbe con frecuencia ha simbolizado la sobera- nía sobre el mundqj*8 A partir de los tiempos romanos (en monedas y manuscritos) un globo u orbe era sostenido por las manos del rey o empe­ rador. En la era cristiana, ahora con una cruz encima, el orbe se convirtió en insignia de los sagrados emperadores romanos, y en la pintura religiosa a menudo se mostraba sostenido por Cristo como Salvator Mundi o por el Padre Dios como Creator Mundi.89 Estos significados fueron trasladados a las artes del Renacimiento. Para el siglo xvi, los globos que, al igual que los mapas, se habían vuelto un lugar común en la cultura impresa,90 ahora se mostraban como una parte de las insignias reales de autoridad en los retra­ tos de reyes, embajadores, hombres de Estado y nobles. Sin embargo, ahora su principal intención era transmitir la magnitud del poder, la ambición y las empresas territoriales de quienes los llevaban. Estos cuadros proclama­ ban el derecho divino al control político; fel_emblema del globo indicaba la escala mundial en que se podía ejercer y para la que se deseaba/ Los mapas en la pintura han funcionado como símbolos territoriales. Los ciclos murales del mapa del Renacimiento italiano, por ejemplo, se pueden interpretar como la suma visual del conocimiento, el poder y el prestigio contemporáneos, parte de ellos religiosos, pero sobre todo segla­ res.92 En los retratos de emperadores, monarcas, hombres de Estado, generales y papas, los mapas también aparecen como un resumen gráfico del poder social y territorial que se esperaba que ejercieran. Es correcto que Isabel I esté de pie en un mapa de la Inglaterra del siglo xvi; que Cassi- ni pinte a Luis XIV con un mapa de su reino;93 que el papa Pío IV supervi­ se el levantamiento y el secado de las ciénagas pónticas,94 y que frecuente­ mente se represente a Napoleón con mapas, ya sea a caballo, cuando está acampando, o sentado, discutiendo conquistas propuestas o logradas.95 Incluso cuando el medio cambia de la pintura a la fotografía o al cine se conserva el potente simbolismo de los mapas, como lo percibieron los ci­ neastas de Napoleón o de Hitler.96 En los periódicos o en las pantallas de televisión, así como en numerosas caricaturas políticas, frecuentemente se

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MAPAS, CONOCIMIENTO Y PODER

Figura ii.6. El mapa como símbolo territorial. En esta pintura de Thomas, deci­ mocuarto conde de Arundel, y su esposa Aletea (hecho por o después de Van Dyck, ca. 1635). el conde señala un viaje coloidal a la isla de Madagascar que él estaba promoviendo. Reproducido gracias a la gentil autorización de Su Alteza el Duque de Norfolk (Fotografía del Courtauld Institute of'Art).

muestra a los líderes militares con un mapa enfrente para confirmar o ase­ gurar a quienes los ven la obra del poder sobre el territorio del mapa. Los mapas como motivo siguen siendo aceptados como signos geopolíticos en la sociedad contemporánea.

La ideología de la decoración cartográfica

Desde el Renacimiento, las imágenes de los mapas rara vez se encuentran solas como discretas manifestaciones geográficas; más bien están acompa­ ñadas por una amplia gama de emblemas decorativos.97 A partir de Jona- than Swift, estos elementos se han ido descartando por incidentales para los fines de la comunicación cartográfica.98 Las portadas decorativas, las

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MAPAS, CONOCIMIENTO V PODER

letras, las tarjetas, las viñetas, las dedicatorias, las rosas de los vientos y los márgenes que pueden incorporar motivos del vocabulario de la expresión artística contribuyeron a reforzar los significados políticos y a enfocarse en ellos. Visto de esta manera, el concepto de la decoración cartográfica como un ejercicio estético marginal resulta anticuado. Este papel simbólico de la decoración se puede encontrar en gran parte de la historia de la cartografía europea. Los frontispicios y las portadas de muchos atlas, por ejemplo, definen explícitamente, mediante emblemas generalmente claros, tanto la importancia ideológica como el alcance prác­ tico de los mapas que contienen." Los arcos monumentales son expresión de poder; el globo y la esfera armilar se asocian con dedicatorias reales; los retratos de reyes y reinas, así como las imágenes de escudos reales de armas se incorporan al diseño; otros emblemas reales como la flor de lis o el águila imperial también tienen una carga política, así como ideas geográ­ ficas más mundanas acerca del espacio que se registra en el mapa. Las figuras personificadas con mayor frecuencia son las de nobles, obispos, comerciantes acaudalados y aristócratas. En los mapas estatales ingleses se incluyen símbolos microcósmicos de la riqueza de tierras: escudos de armas, casas de campo y la actividad de cacería de los dueños que se re­ presentan.100 Ser dueño del mapa era ser dueño de la tierra.^ En los atlas y mapas de pared, la decoración sirve para simbolizar la adquisición de territorios de ultramar. Los navegadores europeos, repre­ sentados con el símbolo cartográfico de su oficio: brújulas o compases de puntas,101 reflexionaban seriamente sobre las terrcie incognitae como si tomaran posesión de ellas antes de haber comenzado sus actos de “descu­ brimiento” , conquista, exploración y explotación. De hecho, en los mapas de estos imperios de ultramar encontramos algunos de los ejemplos más impresionantes de reforzamiento ideológico a través de la decoración. Si vemos los mapas de Sudamérica de los exploradores franceses del si­ glo xvi,102 o los mapas británicos de territorios africanos del siglo xix, en todos ellos la decoración desempeña un papel importante pues incluyen una serie de estereotipos y prejuicios raciales en las áreas representadas. Esto es evidente también en Africa. La decoración de los mapas produ­ cidos en Europa difundió la imagen del Continente Negro. Algunos de los motivos empleados sugieren la idea de que fue difícil para los europeos

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Figura ii.7. La portada del atlas corno una afirmación geográfica. En la edición de 1573 del Theatrum Orbis Terrarum de Abraham Ortelius, Europa es personi­ ficada como gobernadora del mundo v está sentada en un trono por encima de los otros tres continentes. De la Colección de la Sociedad Geográfica Americana. Biblioteca de la Universidad de Wisconsin-Milwaukee.

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MAPAS, CONOCIMIENTO Y PODER

Figura ii .S. Las religiones y el conflicto territorial se muestran en la tarjeta del mapa del Danubio en Mayor o Geographia Blaviana, tomo 3, Alemania (Amster- dam, 1662). Aquí, el santo emperador romano (izquierda), investido con los emblemas del poder y de la fe cristiana, confronta al infiel sultán, enemigo de la cristiandad y destructor de la cruz. De la Colección de la Sociedad Geográfica Americana. Biblioteca de la Universidad de Wisconsin-Milwaukee.

aceptar que la humanidad africana era diferente. Luego entonces, en los már­ genes de muchos mapas africanos aparecen caras con rasgos europeos. A los hombres africanos se les daban apariencias físicas “ideales” y poses propias de la iconografía de la Grecia y la Roma clásicas; los gobernantes africanos, obedeciendo a la suposición de que los sistemas políticos europeos eran universales, por lo general eran representados en los mapas como reyes. En otros casos, los símbolos de otredad asumían la forma de un racis­ mo bizarro. Se muestra a los nativos sobre un avestruz o un cocodrilo rea­ lizando prácticas caníbales; se les agrupa y se les pone el título de “hom­ bres salvajes” , o, como en un mapa francés del siglo xvill, se incluye “una raza de hombres y mujeres con cola”. En las representaciones de las muje­ res africanas, la sexualidad femenina y las alegorías de América y los otros

106

MAPAS, CONOCIMIENTO Y PODER

continentes con frecuencia son bastante explícitas respecto de las socie­ dades europeas dominadas por los hombres.103 Los símbolos del poder europeo no se alejan del espacio africano. Los barcos, los castillos, los fuer­ tes europeos y las figuras de soldados con uniformes europeos se desplie­ gan en los mapas de las regiones costeras; los “reyes” africanos se mues­ tran sometidos a la autoridad europea; y los ángeles alegóricos, la Biblia o la cruz otorgan a los africanos “bárbaros” los beneficios de la cristiandad como parte del paquete colonial de la Ilustración. En ocasiones también las tarjetas y las viñetas simbolizan la autoridad colonial de las naciones individuales; por ejemplo, en un mapa francés de 1708 se muestra a los africanos negros con un león debajo de las armas de Francia.104

El “hecho” cartográfico como símbolo

Retrocedamos un poco respecto de estos ejemplos de expresión artística para observar otro aspecto de los mapas “reales” . Después de ver mapas representados en contextos metafóricos resulta más fácil darse cuenta de que un mapa que carece de decoración o de títulos y explicaciones puede, no obstante, seguir siendo un símbob^-á^gutoridad política. Tales mapas

se caracterizan por

mera vista parece ser un “hecho” cartográfico puede ser también un sím­ bolo cartográfico. Esta dualidad del mapa abarca gran parte del discurso cartográfico y es una de las principaTes"razones por las que con tanta fre­ cuencia los mapas constituyen un acto o una manifestación políticos. Una vez que se reconoce la ubicuidad del simbolismo y que los histo­ riadores cartográficos aceptan la tradicional discontinuidad entre la fase "decorativa” y la “científica” de la actividad cartográfica, este simbolismo puede ser reconocido como un mito.105 Lejos de ser incompatibles con el poder simbólico, las mediciones más exactas lo refuerzan. La precisión se convirtió en el nuevo talismán de la autoridad. Por ejemplo, un mapa que muestra el contorno preciso de una nación, como el que Cassini propor­ cionó a Luis XIV, era una alegoría patriótica y al mismo tiempo un mapa

impreciso, mientras que los “sobrios” de la Tierra Santa incluidos en las

un ‘4reahsmo-sünbiÁlico”J de manera que

lo que a pri­

MAPAS, CONOCIMIENTO Y PODER

Biblias protestantes del siglo xvi, en parte para validar la verdad literal del texto, eran tanto un ensayo sobre simbolismo sagrado como representa­ ciones más pictóricas de la región.106 Éstos no son ejemplos excepcionales del papel histórico de los mapas con medidas en la conformación del mito y la tradición.107 Los mapas de Estado, aunque derivados de un levantamiento instrumental, simbolizaban una estructura social basada en la propiedad de la tierra; los mapas de con­ dado y regionales, aunque fundamentados en la triangulación, articulaban los valores y los derechos locales; los mapas de los Estados-nación, aunque construidos sobre la base de los meridianos, eran una síntesis simbólica de un complejo de ideas nacionalistas; los mapamundis, aunque con mayor frecuencia trazados sobre proyecciones matemáticamente definidas, die­ ron un giro total al destino manifiesto de la conquista y la colonización europeas en el Nuevo Mundo. Incluso los mapas celestiales, aunque obser­ vados con telescopios cada vez más poderosos, contenían imágenes de las constelaciones que percibían las guerras religiosas y las dinastías políticas del mundo territorial.108 Sería prematuro decir que dentro de casi todos los mapas hay un símbolo político; sin embargo, por lo menos parece haber un primer fundamento para esta generalización.

Conclusión: el discurso cartográfico y la ideología

He pretendido demostrar de qué forma una historia de los mapas, junto con la de otros símbolos culturales, puede ser interpretada como una for­ ma de discurso. Mientras que se pueden derivar algunas reflexiones teóri­ cas, aún tenemos que luchar cuerpo a cuerpo con los mapas como siste­ mas únicos de signos cuyos códigos pueden ser al mismo tiempo icónicos, lingüísticos, numéricos y temporales, y una forma espacial de conocimien­ to. Se ha visto que no es difícil generalizar el papel mediador de los mapas en el pensamiento y en la acción políticos ni vislumbrar los efectos de su poder. Tanto a través de su contenido como de sus formas de representa­ ción, el trazado y el uso de los mapas han sido influidos por la ideología. No obstante, estos mecanismos sólo pueden comprenderse en situaciones

108

Figura ii.9. Los mapas llegaron a servir como imágenes representativas del pro­ pio Estado-nación. En este grabado de The Polish Campaign (tomo 1, Londres, 1863), la división de Polonia en 1772 se representa rompiendo el mapa. Quienes se encuentran ahí presencian el acto con preocupación (de izquierda a derecha:

Catalina la Grande, la emperatriz María Teresa, José II de Austria y Federico II de Prusia), mientras que un ángel que representa a la Iglesia católica se voltea ho­ rrorizado y toca una trompeta en señal de alarma. De la Colección de la Sociedad Geográfica Americana. Biblioteca de la Universidad de Wisconsin-Milwaukee.

109

MAPAS, CONOCIMIENTO Y PODER

históricas específicas. Las conclusiones deben igualmente leerse como ideas preliminares para una investigación más profunda. ) La forma en que los mapas se han vuelto parte de un sistema más am­ plio de signos políticos ha sido en gran medida determinada por sus asocia­ ciones con grupos e individuos de élite o poderosos, y esto ha promovido un diálogo desigual a través de los mapas. Las flechas ideológicas han ten­ dido a viajar definitivamente hacia una misma dirección: del poderoso al más débil en la sociedad. A diferencia de la literatura, el arte o la música, la historia social de los mapas parece haber tenido pocas formas genuinas de expresión popular, alternativa o subversiva. Los mapas son, principal­ mente, un lenguaje de poder, no de protesta. Aunque hemos ingresado en la era de la comunicación masiva a través de los mapas, los medios de pro­ ducción cartográfica, ya sea comercial u oficial, aún están controlados en gran medida por grupos dominantes. De hecho, la tecnología de la compu­ tación ha aumentado esta concentración del poder de los medios. La car­ tografía sigue siendo un discurso teleológico que personifica al poder, refuerza el statu quo y congela la interacción social dentro de las líneas de las cartas.109J' Los procesos cartográficos mediante los cuales se refuerza, reproduce, motiva y estereotipa el poder consisten tanto en actos deliberados como “prácticos” de deslinde y de ajustes cognitivos menos conscientes de los cartógrafos y de los usuarios de los mapas; las guerras, el trazado de fron­ teras, la propaganda o la preservación de la ley y el orden se encuentran documentados a través de la historia de los mapas. Por otro lado, los pro­ cesos no declarados de dominación a través de los mapas son más sutiles y elusivos. Estos proporcionan las “reglas ocultas” del discurso cartográfico, cuyos contornos pueden trazarse mediante las geometrías subliminales, los silencios y las jerarquías de representación. La influencia del mapa se canaliza por medio de su fuerza de representación y de sus representacio­ nes explícitas. La iconografía del mapa en el tratamiento simbólico del poder es un aspecto poco atendido en la historia cartográfica. Al compren­ der su importancia nos alejamos de una historia cartográfica concebida como un registro de las intenciones del cartógrafo y de las acciones técni­ cas para dirigirnos a una que ubique a la imagen cartográfica como un mundo social.

110

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Figura ii.IO. Portada de Zambesia, England’s El Dorado in Africa (Londres, 1891). La escena se establece en un mapa del contorno de Africa. Britania, mostrando un mapa de Zambesia, trata de convencer a los colonizadores blancos de apro­ vechar la riqueza económica del país mientras que se excluye a la población indígena africana de la escena. De la Colección de la Sociedad Geográfica Ame­ ricana. Biblioteca de la Universidad de Wisconsin-Milwaukee.

111

MAPAS, CONOCIMIENTO Y PODER

Los mapas como tipo impersonal de conocimiento tienden a “desocia­ lizar” el territorio que representan. Fomentan el concepto de un espacio socialmente vacío. La cualidad abstracta del mapa, representada tanto en las líneas de una proyección tolomeica del siglo xv como en las imágenes contemporáneas de la cartografía por computadora, aligera el cargo de conciencia respecto de la gente del paisaje. Las decisiones tomadas en el ejercicio del poder se retiran del terreno de los contactos inmediatos fren­

te a frente. Estas ideas aún tienen que ser exploradas en contextos históricos específicos. Al igual que el historiador, el cartógrafo siempre ha desempe­ ñado un papel retórico en la definición de las configuraciones de poder en la sociedad, así como en el registro de sus manifestaciones en un paisaje visible. Cualquier historia cartográfica que ignore la importancia política de la representación se relega a una historia “ahistórica”.

112

III

Silencios y secretos *

LA AGENDA OCULTA DE LA CARTOGRAFÍA EX LOS ALBORES DE LA EUROPA MODERNA1

Hace algunos años, en una visita a Leningrado consulté un mapa para saber dónde me encontraba, pero no lo logré. Desde donde estaba se veían iglesias enormes que no estaban señaladas en mi mapa. Cuando finalmente se me acercó un intérprete para ayudarme, me dijo: “No incluimos las iglesias en nuestros mapas”. Lo contradije señalando una que estaba claramente marcada. “Es un museo —me dijo- •, no es lo que llamamos una ‘iglesia viva’. Las ‘iglesias vivas’ son las que no incluimos.” Entonces me di cuenta de que no era la primera vez que estaba frente a un mapa que no mostraba muchas cosas que tenía frente a mí. Todo el tiempo que pasé en la escuela y en la universidad había consultado mapas de la vida y el conocimiento en los que casi no había señales de muchas de las cosas que más me preocupa­ ban y que me parecía que tenían la mayor importancia posible para conducir mi vida. Recordé que durante muchos años mi perplejidad había sido total; ningún in­ térprete se había acercado a mí para ayudarme. Esto siguió así hasta que dejé de sospechar de la cordura de mis percepciones y comencé a sospechar de la credibi­

lidad de los mapas.

'

E . F. SCHUMACHER,

“Sobre los mapas filosóficos”, Una guía para los perplejos

~ Este capítulo apareció originalm ente en Im ago M undi. The International Journal fo r the History q f Cartography 40 (1988), pp. 57-76.

113

SILENCIOS Y SECRETOS

Üiste ensayo recoge un tema explorado con m ayor profundidad en el con­

texto de las dimensiones ideológicas de la cartografía.2 Su interés principal es el diálogo que surge de la supresión, intencional o no, de información en los mapas. Se basa en una teoría del silencio cartográfico. Mi lectura del

m apa no es técnica (ésta cuenta ya con bastante literatura), sino política.

El objetivo de este ensayo es m ostrar esos silencios que surgen de las polí­

ticas deliberadas de secreto y censura, y examinar, al mismo tiempo, los si­ lencios más indirectos arraigados en procedim ientos y reglas a menudo ocultos. Se puede decir que estas reglas son una especie de m entalité sub­ consciente que m edia el conocim iento contenido en los mapas con el fin de sustentar el sta tu quo y el poder del Estado. Aunque gran parte de lo

dicho en este ensayo se aplica a todos los periodos, incluso el presente,2 éste se enfoca principalm ente en los albores de la Europa m oderna. A par­ tir del siglo xvi los m apas ofrecen oportunidades particularm ente claras para explorar una nueva perspectiva en las relaciones cam biantes y recí­ procas entre el surgim iento del Estado-nación y la expansión de la carto­ grafía.4 El origen de este ensayo se encuentra en el establecim iento de la estabilidad y la durabilidad, tareas principales de todos y cada uno de los Es­ tados-nación5 en los albores de la Europa m oderna, así como en otras épo­ cas. Al establecer el m arco teórico, se discutirá que la cartografía fue, prin­ cipalm ente, una forma de discurso político6 relacionada con la adquisición

y la conservación del poder. Por lo tanto, para apoyar este argum ento se utilizarán ejemplos tomados de los mapas.

Teorías acerca de los silencios de los mapas

Europa

m oderna ofrece ejemplos de diversos tipos de silencio cartográfico. Al igual

que en la historia de la cartografía en general, se podría construir una ti­

pología más amplia de los silencios. Existen varios agentes que contribu­ yen a los silencios en el proceso de realización de un m apa d urante sus

diferentes etapas, desde la recolección de datos hasta su compilación, edi­

ción, dibujo, im presión

y publicación.7 Al evaluar los silencios debemos

El trazo de m apas de los Estados-nación de los principios de la

114

SILENCIOS Y SECRETOS

estar conscientes no sólo de los límites geográficos del conocim iento, sino también de las limitaciones tecnológicas de la representación, así como de los silencios en el registro de la historia debidos a la destrucción de prue­ bas. Sin embargo, en este ensayo no me interesan esos silencios surgidos de ignorancia geográfica, carencia de datos, errores, lim itaciones de las mediciones, diseño deliberado ni otros aspectos de las carencias de especi­ ficación y técnicas.8 Aquí abordo los silencios políticos. De modo que resulta fundam ental plantear una teoría adecuada respecto de los silen­ cios políticos en los mapas, tanto para mi interpretación de la naturaleza de la cartografía del Estado como para las diversas m aneras en que los m a­ pas se utilizaron para conservar y legitim ar el poder del Estado. Mi posi­ ción teórica se deriva de dos vertientes. La prim era está relacionada con una percepción filosófica y, m ás específicam ente, fenom enológica de los silencios.9 La segunda, con la sociología del poder y la idea de que el cono­ cimiento es poder. Sabemos por los filósofos que el silencio es un fenóm eno “encontrado en todos y cada uno de los segmentos de la experiencia hum ana en los que se da alguna expresión”.10 Conocem os tam bién la definición de la expre­ sión: “cualquier actuación que em plea signos, sonidos, gestos o m arcas relacionados sistem áticam ente y que tienen significados reconocibles para manifestar pensam ientos, sentim ientos y estados de cosas” y que el “des­

pliegue de cualquier tipo de lenguaje se considera [

una expresión”.11

Esto significa que, aunque los silencios más obvios son los que ocurren en el discurso y en la m úsica, tam bién se dan en las artes que no se actúan,

esta m anera, el concepto de silencios

como la pintura

se aplica tam bién a los mapas. Ignorar o desacreditar estos silencios, como lo han hecho la cartografía y la historia de la cartografía, es cerrar un

camino im portante de la exploración histórica, camino en el

que se puede

observar que los m apas com prenden tanto la im aginación como las pre­ concepciones sociales de sus lectores.13 De tal suerte, sabemos que aquello que no está presente en los mapas es tanto un campo de investigación como lo que sí está. Una segunda refle­ xión derivada de la vertiente filosófica es que se puede considerar a los silencios como declaraciones positivas y no sólo brechas en el flujo del len­ guaje. Por lo tanto, tom ando en cu enta estos huecos en los m apas que

]

y la escultura.12 De

115

SILENCIOS Y SECRETOS

hacen de la pauta de líneas y puntos una imagen com prensible, debemos

estar preparados para considerar a los silencios como algo más que la mera ausencia de otra cosa. Insisto deliberadamente en el uso del térm ino silen­ cios en el contexto de los mapas, más que en la expresión un tanto negati­

antigua litera tu ra ,14 porque se

puede ver el silencio com o una “actuación hum ana activa”.15 El silen­ cio puede revelar tanto como lo que oculta y, de actuar como pronuncia­

m ientos independientes e intencionales, los silencios en ocasiones pueden

volverse una parte determ in an te del m ensaje cartográfico. Entonces, al igual que en la com unicación verbal, el silencio es más que la contraparte de lo que suena; en el caso de un mapa, el silencio no es sólo lo opuesto de lo que se describe. Los espacios en blanco que abundan en los mapas de la

Europa m oderna, por ejemplo, no se pueden explicar sim plem ente con

planteam iento del “hecho” contra el “no hecho”. El silencio y la expresión no son partes alternativas sino constitutivas del lenguaje de los mapas; cada una es necesaria para entender la otra. Una interpretación cartográ­ fica de los silencios en un m apa parte, entonces, de la prem isa de que el silencio aclarp y tiende a ser tan culturalm ente específico como cualquier otro aspecto del lenguaje cartográfico.16

el

va de espacios en blanco utilizada en la

Mi segunda reflexión viene de la sociología. Esto nos ayuda a obtener

una com prensión histórica del ¡silencio cartográfico

grafía como una forma de conocim iento, y a ese conocim iento como dis­ curso. Bajo esta luz, los mapas se interpretan como perspectivas construi­ das socialm ente en el m undo más que como representaciones “neutrales”

o “im parciales” que, insisten algunos historiadores, definen el surgimiento de la cartografía del Estado en los albores de la Europa m oderna. Este

mito de la “objetividad” basada en las medidas de los mapas todavía se tie­ ne que analizar; la aplicación del concepto sociológico de “poder-conoci­

m iento” en la historia de la cartografía es otro paso de ese proceso.17

En este ensayo he partido de la literatura sociológica sobre la naturale­ za del conocim iento a las ideas de Michel Foucault18 para in terpretar las categorías del silencio cartográfico, intencional. y no intencional./ identi­ ficadas mas adelante. Especialm ente dos grupos de ideas parecen tener una im portancia directa: la idea de poder-conocim iento (pouvoir savoir)

y el concepto de epistem e.

Implica ver a la carto­

116

SILENCIOS Y SECRETOS

1. Foucault acentúa co n stan tem en te la relación en tre el poder y el

conocimiento. Según él, esta relación sirve para enm arcar los ejemplos de

secreto deliberado y censura. Y escribe que:

Debemos admitir [

al motivarlo porque sirve al poder o al aplicarlo porque es útil); que el po­

der y el conocimiento se involucran directam ente uno con otro; que no hay una relación de poder sin la constitución correspondiente de un cam­ po de conocimiento, y tampoco hay conocimiento que no presuponga y constituya al mismo tiempo relaciones de poder.19

que el poder produce conocimiento (y no solamente

]

M ientras se puede rechazar la universalidad de estas afirm aciones resulta más fácil aceptar la implicación de que el m apa era un instrum ento de poder y que gran parte de la instrum entalidad de los m apas a princi­ pios de la Europa m oderna estaba relacionada de alguna m anera con el poder. Foucault parece haber aceptado que el mapa es una herram ienta de

medición, investigación, exam en

de vista, los cartógrafos ofrecían al Estado una m asa de inform ación que éste, desde su posición estratégica, podía explotar. Más aún, con frecuencia el Estado tam bién podía im poner sus propias reglas sobre el conocim iento

cartográfico, dando lugar así a los silencios inducidos por esas ocasiones de secreto deliberado y censura tan recurrentes en la historia del registro en m apas de los Estados europeos. En otros puntos, Foucault continúa señalando que la producción del discurso en todas las sociedades “es al mismo tiempo controlado, seleccionado, organizado y redistribuido según cierto núm ero de procedim ientos”.21 En el caso de la cartografía, estos procedimientos incluyen controles externos, reglas internas y la reglamen­

tación del acceso al conocim iento. Por lo tanto, tan i-— Estado obtiene poder a través del conocimiento, j

2. El segundo grupcTde ideas de Foucault, la epistem e, nos ayuda a

interrogar los silencios no intencionales de los m apas (los “espacios en blanco” residuales de la antigua literatura cartográfica). Gomo ya se dijo, estos silencios son “actuaciones activas” en térm inos de su impacto social y político y de sus efectos sobre la conciencia. Más aún, son un aspecto de todo el discurso,22 parte de los códigos culturales que subvacen a todas las

y coerción del Estado.20 Desde su punto

117

SILENCIOS Y SECRETOS

formas de conocim iento y que estructuran “su lenguaje, sus esquemas, sus

técnicas, sus valores, la jerarquía de sus prácticas”.23 Desde los primeros mapas europeos encontram os que estos silencios se com prenden m ejor en térm inos “a priori históricos” que “en un periodo determ inado delimitan

conocim iento”.24 Estos

“a priori históricos”

tem e;25 al igual que el resto del conocim iento, el conocim iento cartográ­ fico está delim itado de tal m anera que m ientras en los m apas se incluye cierta información, otros aspectos de la vida y del paisaje son excluidos de acuerdo con la epistem e. Equipados con estas reflexiones filosóficas y sociológicas de los signifi­ cados com unicados por los “espacios en blanco” de los mapas, me parece que estamos en una m ejor posición para tratar de descubrir la historia de esos significados. Quizá tam bién estem os m ejor equipados para desci­

[

]

la totalidad de la experiencia de un campo del

form an lo

que alguna vez Foucault llamó una epis-

frar

esos sistemas del conocim iento “no formal” que abundaba en la prác­

tica

cartográfica cotidiana de los principios de la Europa

m oderna, y que lo

sigue haciendo.

El secreto y la censura:

los silencios intencionales de los mapas

En el siglo xvi, la censura literaria de diversos tipos era un aspecto común en la cultura europea, cuando las naciones que empezaban a surgir luchaban tanto por su definición como por un territorio físico.26 Aquí se m ostrará cómo la producción del conocim iento cartográfico estaba igualmente con­ trolada, seleccionada, organizada y redistribuida de acuerdo con procedi­ mientos definidos. Incluso en muchas sociedades antiguas y tradicionales, a m enudo se consideraba a los mapas como un conocim iento privilegiado al que sólo tenían acceso quienes estaban autorizados por el Estado o por su gobernante.27 A principios del periodo m oderno, el secreto cartográfico (conservado por lo que se puede definir como reglas de exclusión y prohi­ bición) estaba claram ente difundido y la cartografía “oficial” de este pe­ riodo ofrece un caso clásico de relación “poder-conocim iento”.28 En el

118

MLENCIOS V SECRETOS

mismo m om ento en que los m apas eran transform ados por las técnicas

matemáticas, tam bién estaban siendo apropiados como una arm a intelec­ tual del sistem a del Estado. Si bien para el siglo XVI su estudio se había convertido en la “ciencia de los príncipes”, era porque para entonces los

lenguaje visual que com unicaba derechos

mapas se reconocían como un

territoriales o de propiedad en un sentido práctico así como sim bólico.29 Sin embargo, en térm inos cartográficos, el ejercicio de ese poder podría resultar negativo y restrictivo. La propia imagen del mapa se estaba vol­ viendo sujeto de ocultam iento, censura, en ocasiones de abstracción o fal­ sificación. Son estas m anipulaciones deliberadas, producto de la voluntad de individuos, grupos o instituciones,30 las que dan origen a nuestra cate­ goría de silencios intencionales. Por supuesto que tenem os que reconciliar, mapa por mapa, el estudio Je estos silencios cartográficos intencionales con la complejidad de distin­

tos acontecim ientos históricos. Las circunstancias inm ediatas que lleva­ ron a los príncipes, tanto seglares como eclesiásticos, y a sus consejeros, a controlar la cartografía m ediante la censura y el secreto, abarcaban un amplio rango de sus intereses fundam entales. Podían ser militares, com er­ ciales o religiosas. Por ejemplo, en el m apa del m undo del jesuíta Matteo Ricci, publicado en Pekín en 1602, los lugares sagrados de la cristiandad están correctam ente anotados, m ientras que los del Islam aparecen sin ningún com entario y la razón del silencio de Ricci es que sabía que “los chinos no se acercarían a la religión que él predicaba al saber que había enormes grietas de la creencia en el m undo occidental del que provenía esa religión”.31 Tam bién variaba la m anera en que se ejercía el control sobre los m apas y su contenido, reflejando siem pre diversas form as de compartir el poder dentro de los Estados-nación de los siglos xvi y xvn. En algunos Estados, el control se centraba en la Corona y en un grupo de con­ sejeros cercanos. En otros, se delegaba a una institución burocrática. En cualquier caso, los efectos eran complejos, incluso paradójicos, m ientras que en otros lados las políticas de secreto se aplicaban de m anera inconsis­ tente. En los m apas de Europa de los siglos xvi y xvn, estos aspectos de

diversas formas. Aquí tom arem os sólo

Jos: en prim er térm ino, ejem plos de secreto estratégico y, en segundo,

secreto nacional se m anifiestan

de

casos de secreto comercial.

119

Secreto estratégico

SILENCIOS Y SECRETOS

Algunos de los casos en que de m anera más evidente se manifestaba el cre­ ciente interés del Estado por el control y la restricción del conocimiento

de

los mapas se relacionan con aspectos m ilitares o estratégicos. En Euro­

pa,

durante los siglos xvi y XVII, casi no pasaba un año sin que hubiera una

guerra. Los mapas eran objeto de inteligencia militar; los hom bres de Esta­

do y los príncipes reunían mapas para planear y, después, para

rar batallas; los libros de texto m ilitares prom ovían el uso de los mapas. Las razones estratégicas para conservar la inform ación de los m apas en secreto incluían la necesidad de confidencialidad sobre las operaciones

ofensivas y defensivas de los ejércitos del Estado, el deseo de disfrazar los ataques de colonización externa y la necesidad de acallar a la oposición dentro de las poblaciones domésticas desarrollando sistemas adm inistrati­

vos y judiciales, así como la necesidad más obvia de ocultar la información

detallada acerca de las fortificaciones.32 Sin embargo, además de estas bases com prensibles y prácticas de los secretos m ilitares, un creciente núm ero de Estados adoptó una actitud de m ayor custodia hacia los mapas de sus ciudades y territorios, por lo general independiente de tales consideraciones estratégicas. Por ejemplo, al comer­ ciante alemán Isaac Massa, quien vivía en Moscovia a finales del siglo xvi,

le fue difícil obtener mapas de Moscú y de Siberia sólo porque habría sido

un delito grave proporcionárselos.33 Ese m ism o siglo, el m apa B ol’shoy

Chertyozh (que m uestra el Estado moscovita completo) parece haber sido dibujado en una sola copia y haber sido totalm ente desconocido para los di­ bujantes de m apas de Europa occidental.34 O tras políticas sim ilares han sido com unes en Europa y se pueden encontrar, por ejemplo, en los siglos

xvi y xvn en Prusia;35 a finales del siglo xvi en Italia (el m apa del reino de

Nápoles36); en el siglo xvi en España (el “atlas escorial”37), y en el siglo xvn

en Suiza (el m apa de Hans Gonrad Gvger del cantón de Zurich38). Aquí

yace una de las paradojas de la historia de los m apas. Justo cuando la im prenta facilitaba la m ayor difusión de datos obtenidos de las investiga­

ciones, y cuando por prim era vez se'hacían mapas regionales topográficos, algunos Estados y sus príncipes guardaban definitivam ente sus m apas en secreto prohibiendo su publicación.

conmem o­

120

SILENCIOS Y SECRETOS

¿Por qué algunos Estados insistían en el secreto cartográfico m ientras

que otros perm itían la publicación de sus

prim eras investigaciones nacio­

nales? Una razón puede haber sido que las m onarquías fuertes percibían una m enor necesidad de secretos que las débiles y amenazadas. Es cierto que en la Inglaterra isabelina fuertem ente centralizada los documentos que han sobrevivido dejan ver pocas dudas acerca de la pertinencia de publicar

Saxton.39 A p artir de la década de 1570, los mapas de

Saxton eran vistos, por hom bres de Estado como Burghley, como un apoyo para la adm inistración y la defensa nacionales, aunque algunos pueden haber opinado diferente.40 También en la Francia del siglo xvn se ha obser­ vado cómo “los mapas parecen haber funcionado como un apoyo incondi­ cional de un régimen m onárquico fuertem ente centralizado”.41 Sin em bar­ go, tal argum ento no lo explica todo. Por el contrario, algunos de estos mapas se convirtieron en un arm a de doble filo. Una vez que estuvieron al alcance de toda la gente se usaron para apoyar otros ámbitos de las luchas políticas de poder. En Inglaterra, por ejemplo, los mapas de Saxton no sir­ vieron únicam ente para reforzar el poder de la m onarquía (com o se pre­ tendía). Una vez que se publicaron y salieron a la circulación, sin duda contribuyeron tam bién al crecim iento del fuerte sentido de identidad e independencia provinciales tan exitosam ente articulado en contra de la Corona en la G uerra Civil.42 De m anera similar, se ha subrayado que en los Países Bajos el uso difundido de los mapas iba de la mano del naciente republicanism o burgués del siglo xvii.43 Teniendo en m ente aspectos tan complejos y contradictorios, quizá podamos vislum brar cómo, para la cau­ telosa m onarquía decidida a conservar su poder, el secreto de los mapas llegó a ser considerado una política prudente para un buen gobierno.

la investigación de

Secreto comercial

El aum ento de los secretos en los m apas en los inicios de la Europa m o­ derna tam bién se asociaba con un segundo escenario de actividad geográ­

fica (el del com ercio,

un periodo en que se estaban estableciendo los fundam entos de la econo­

y el crecim iento del capitalism o de m onopolio). En

121

SILENCIOS Y SECRETOS

m ía m undial europea y sus im perios del otro lado del océano,44 los m o­

narcas absolutos con frecuencia eran tam bién “reyes m ercantiles” que perseguían objetivos económicos a través del comercio que los monopolios abrían con sus navegaciones.45 Como en el caso del Estado-nación, la esencia del imperio es el control. Para que sobrevivieran estos monopolios comerciales y se pusieran en m archa las políticas de mare clciusum tenía que haber un monopolio del conocim iento que perm itiera que las nuevas tierras y sus rutas de llegada y partida se plasm aran en los mapas. Quizá el proceso de m onopolización del conocim iento de los m apas fue paralelo

al secreto y al uso de los m isterios del oficio en el control de los gremios

medievales.46

El m ecanism o

por m edio del cual la inform ación cartográfica funda­

m ental acerca de los imperios nacientes de ultram ar se censuraba, regula­

ba y m antenía en secreto variaba considerablem ente. En algunos países era un proceso correspondiente a los viajes individuales. Este parece haber sido el caso de Inglaterra, donde los escritores contem poráneos a las nave­

gaciones estaban conscientes de la práctica de la censura47 y sabían que el conocim iento nuevo era controlado por unas cuantas manos poderosas:

las de la soberanía, un círculo in tern o de m inistros, o los principales

viaje. Por ejemplo, los mapas

trazados y los dibujos traídos por el viaje de Drake alrededor del mundo (1577-1580) se convirtieron en documentos secretos. Drake había dado ór­ denes expresas: “Nadie hará una carta de navegación o descripción de dicho viaje”; esta prohibición de publicación seguiría en vigor hasta 1588 (véase figura iii.I).48 Aún más elaborados eran los sistem as burocráticos establecidos por

com erciantes y navegantes implicados en un

las coronas de Portugal y España para reglam entar el comercio de ultram ar

y el conocim iento del que éste dependía. Los mapas pronto se convirtieron

en docum entos claves para el lanzam iento de los imperios lusohispánicos. Mientras que se ha debatido muy acaloradam ente hasta qué punto existió realm ente una política de secreto portuguesa y cuál fue su efectividad,49 las pruebas sugieren el alcance que una m onarquía poderosa e interesada en sí misma puede llegar a ejercer en el control y la supresión de mapas

sensibles. Se sabe, por ejemplo, que el castigo para los pilotos que dieran o

vendieran cartas de navegación

a los extranjeros era la m uerte.50 A finales

122

'ILENCIOS Y SECRETOS

leí siglo xv, Juan II de Portugal (1481-1495) tomó medidas para desterrar a los extranjeros, especialm ente a genoveses y florentinos, de todo el terri­ torio portugués, m ientras que, se dice, las cortes de 1481, en cuanto a la na­ vegación hacia Africa occidental, “exigieron medidas estrictas para conservar el secreto de las tierras descubiertas. Los docum entos fueron confiscados; estaba prohibido registrar nuevas tierras en los mapas; las obras náuticas se convirtieron en libros secretos; se difundieron cuentos de prohibición; y se obligó a los navegantes a m antener un voto de silencio”.51

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Figura iii.I. Parte del mapamundi de Nicola van Sype que muestra la circunna­ vegación de Drake, grabado y publicado en Amberes, ca. 1583. Quizá sea una copia no autorizada hecha a partir de un original inglés secreto y sacada de con­ trabando del país. Con permiso de la British Library (Mapas C2. a. 7).

123

SILENCIOS v secreto :

A principios del siglo xvi, los controles portugueses sobre el conoci­

m iento cartográfico se habían reforzado con el establecim iento de un “re­ positorio hidrográfico” dentro del “Almacén de Guinea y las Indias” (Arma-

claram ente funciones de censura.

Un decreto real del 13 de noviembre de 1504 prohibió que se hicieran glo­

que las cartas de navegación describieran la cos­

zem da Guiñe e In d ia s).52 Éste ejerció

bos terráqueos y tam bién

ta de África occidental más allá del río Congo. Las cartas que no cumplie­ ran con esta disposición debían llevarse con un oficial del repositorio hidrográfico para que se om itieran esos detalles. Más aún, esta organiza­ ción hizo posible la insistencia de que las cartas de navegación realizadas antes de un viaje se devolvieran al com pletarlo, m ientras que el deber de otro oficial era ocultar los recipientes para que no hubiera objeciones de su m anejo de los docum entos.53 Los contem poráneos alegaron la deli­ berada falsificación de las cartas; es fácil imaginarse cómo sucedió tanto en Portugal como en España.54 Los objetivos del Estado en cuanto al control del conocim iento carto­ gráfico de ultram ar y los m ecanism os reguladores en España eran muy parecidos a los de Portugal. La corte de Castilla había dispuesto una insti­ tución especial d urante la prim era década del siglo xvi llam ada Casa de C ontratación (oficina colonial que controlaba las em barcaciones, el comercio y las finanzas, quizá basada en el modelo portugués), para hacer un seguimiento de las exploraciones y albergar, en secreto, los documentos del descubrim iento.55 En 1508 se había creado un departam ento geográfi­ co y cosmográfico especial dentro de la Casa. Fue aquí donde dibujantes de cartas de navegación especializados llevaban al día el mapa m aestro del m undo, el Padrón Real 56 Las m uchas disposiciones de la Casa incluían las siguientes instrucciones:

A los pilotos no se les permitía usar ningún otro mapa más que éste, y te­ nían instrucciones de que, al encontrar nuevas islas o tierras, puertos o bahías, o cualquier otra cosa (corriente o arroyo, cabo o m ontaña) que pudiera servir para la subsiguiente identificación de las localidades, las ingresaran en la copia del Padrón Real que llevaban y tenían que reportar­ lo; sin embargo, no podían insertar nada de lo que no se hubiera dado fe bajo juram ento.57

124

SILENCIOS Y SECRETOS

La situación en Portugal y España a principios del siglo xvi sugiere que los gobernantes de los Estados-nación europeos, junto con sus crecientes clases com erciantes burguesas, descubrieron rápidam ente el valor del con­ trol centralizado al tratar de asegurar la confidencialidad del conocim iento geográfico acerca del Nuevo Mundo. Los rivales de Portugal y España co­ piaron sus instituciones de navegación. La oficina hidrográfica establecida en A m sterdam , después de la organización de las com pañías m ercantes ilemanas en la Compañía Unida de India Oriental en 1602, fue el equiva­ lente de la Casa cía Contratación de diversas m aneras, incluida la institu- cionalización de una cartografía secreta.58 Cada dibujante de cartas de la Compañía Unida de India Oriental

] obligado a asegurar que las bitácoras de las naves que llegaran

se entregaran en orden y no cayeran en manos equivocadas. Debía guar­ darlas en un cuarto especial en la Casa de India Oriental y también tenía que llevar el registro adecuado. Cada seis meses tenía que dar cuenta de las mejoras que había hecho en las cartas y en las rutas. El dibujante jura­ ba no revelar ninguna información acerca de sus actividades a personas que no fueran empleadas de la compañía. No tenía permiso para publicar, de m anera directa o indirecta, parte alguna del material sin el conoci­ miento ni comentario de la compañía, y todo nuevo dibujante que fuera nombrado tenía que jurar ante el mayor de Amsterdam que obedecería estas instrucciones.59

estaba [

En la realidad, la Compañía de Alemania Oriental se había convertido =n un órgano al servicio del Estado que actuaba como m inisterio, y su res­ ponsabilidad específica eran las colonias orientales. Su política de mapas era especialmente cautelosa cuando se trataba de m anejar las cartas de regiones recientemente exploradas. Su práctica consistía en ofrecer a los pilotos las cartas en m anuscrito en la m edida en que las requirieran y verificar que éstas fueran devueltas al finalizar el viaje. Se supone que oficiales de la compañía, como Plancius y, más adelante, Blaeu, ejercieron tan fuerte con­ trol que incluso llegaron a censurar los mapas que serían publicados. Gomo consecuencia, los mapas relacionados con viajes im portantes, como los de

Tasman a Australia, efectivamente se m antenían

en secreto (figura m.2).60

125

SILENCIOS Y SECRETOS

Figura hi.2. Tierra del Fuego en dos estados del Nova Orbis Terra de Willem Jan- zoon Blaeu (izquierda, 1606-1617; derecha, después de 1618). El conocimiento con que se contaba en 1617 sobre el Estrecho de Magallanes a partir del viaje de Le Maire estuvo censurado por razones comerciales hasta después de 1618 (véa­ se Tony Campbell en la nota 59). Permiso de British Library (Mapas 920 [262] y Mapas 18S.j. l[i]).

Las com pañías del monopolio alem án no estaban solas en cuanto a la adopción de tales prácticas restrictivas cartográficas. En la Inglaterra del si­ glo XVII, después de la Restauración, cuando la estructura de las compañías com erciales se monopolizaba, éstas tendían tam bién a actuar como freno para la publicación de mapas, cuando no para la propia realización de los m ism os.61 Una vez que la Com pañía de la Bahía de Hudson (fundada en 1670) adquirió su monopolio territorial, su sustancioso archivo, incluidos todos los mapas, perm aneció cerrado hasta finales del siglo xvm debido a las políticas restrictivas de la Com pañía.62 Estas políticas pretendían que en la práctica la compañía “no diera detalles de los modelos geográficos del cauce de los ríos, lagos y el terreno que se conociera”, por la sencilla razón de que “tales datos geográficos se consideraban cruciales para la formula­ ción y operación de sus políticas comerciales, por lo cual se consideraban

126

SILENCIOS Y SECRETOS

secretos com erciales”.63 Resulta especialm ente in teresan te la forma en que el Parlam ento inglés reaccionó al enfrentar estas políticas. Incluso

cuando se presentaron oportunidades de legislar contra estas prácticas, no pudo im ponerse como el dueño desinteresado de un conocim iento “cientí­ fico” expresado a través de mapas geográficos.64 Por lo tanto, las fuerzas que tuvieron im pacto sobre la cartografía de los inicios de la Europa m oderna eran m ucho más complejas de lo que en

un principio implica el concepto

sas características. Por ejem plo, m ientras que se puede decir que el se-

poder-conocim iento. Se observan diver­

p j e

autiioas D c m c v ra te a a;

Figura iii.3. Brasil en la Carta de Camino, 1502. La ansiedad por el comercio ita­ liano de especias llevó al duque de Ferrara a obtener, por medio de un soborno,

este mapa de las “islas recién descubiertas en las [

Indias”de un original por­

tugués en Lisboa, del facsímil de Harrisse en Recueil de voyages et de documents pour servir á L'Histoire de la Géographie No. 3 Les Corte-Real et leurs voyages au

]

Nouveau-Monde (París, 1883). Permiso de la British Library (Mapas 7. e. 8).

127

SILENCIOS Y SECRETOS

creto ha sido endémico en la historia de los mapas y su realización, así co­ mo en las actividades del capitalism o monopolizador, no ha habido nada claro o predecible en los tiempos o en los modelos geográficos de su impo­ sición. Vemos que algunos periodos se caracterizan por la “alta seguridad”,

m ientras que en otros se han perm itido ciertos errores. Cuando los límites

m undiales de los imperios español y portugués se estaban constituyendo, aproxim adam ente entre 1515 y 1529, se reforzaba rigurosam ente el con­

trol sobre los secretos; sin embargo, más adelante, durante el mismo siglo, empezó a haber cierta laxitud (figura m.3). Otro punto es la inconsistencia de las políticas de Estado. A pesar de la com ún preocupación de España por los secretos y el control, la cautela cartográfica fue echada por la borda cuando Carlos V de España quiso im presionar a las coronas extranjeras con m apas propagandísticos que m ostraban la extensión territorial dé la influencia española.65 La manipulación de un Estado no siempre fue acep­ tada hum ildem ente por sus rivales. Ellos deseaban obtener mapas por me­ dio del espionaje,66 el robo y la p iratería, y tam bién por la observación directa y su propia investigación. Por lo tanto, la colección de m apas del Nuevo Mundo de Raleigh, que provenía principalm ente de fuentes españo­ las, incluía “un m apa secreto de aquellos rum bos hecho en México [ ] para el rey de E spaña”.67 Más aún, las políticas más estrictas de secreto cartográfico podían verse afectadas por la facilidad con que cosmógrafos y pilotos, junto con su conocim iento cartográfico especializado, se ponían al servicio de coronas rivales. Éstos son casos conocidos de pilotos portu­

gueses a quienes atrajo el servicio

o Inglaterra, m ientras que de cartógrafos como Cabot, Ribeiro y Rotz se

Francia

m ejor rem unerado de España,

sabe que fueron los agentes a través de los cuales se dio m ayor difusión a mapas que una vez fueron confidenciales. Incluso el Padrón de navegación española no perm aneció en secreto para siempre y su contenido fue publi­ cado con el paso del tiempo. Finalmente, y todavía más notable quizá, fue­ ron las ocasiones en que los conflictos ideológicos en torno a los secretos aparecieron en las propias instituciones que habían sido establecidas para conservarlos. Por ejemplo, se ha dem ostrado que hubo un prolongado de­ bate, incluso un litigio, dentro de la Casa da Contratación por el papel del patriotism o en los argum entos científicos y el del secreto en el crecim iento del conocim iento.68 A la luz de todo esto, hem os concluido que el acceso

128

SILENCIOS Y SECRETOS

al conocim iento debe considerarse una de las dim ensiones sociolegales más complejas que estructuraron el desarrollo de la cartografía en los prin­ cipios de la Europa moderna.

Los silencios epistemológicos o no intencionales de los mapas

l'na segunda categoría de silencio en los mapas es el no intencional. Es un silencio que no parece haber sido “explícitam ente ordenado” por los diri­

principio de la Europa m oderna; no obstante, la difusión del poder del Estado.69 Lo que indica­

ba el silencio no intencional era “el papel de las reglas que determ inan, dentro de una cultura, la aparición o desaparición de afirm aciones”70 en los mapas. Aquí lo que nos interesa es la ausencia o la presencia de cate­

gentes cartográficos del resultó fundam ental para

gorías de detalles cartográficos que no se pueden explicar m ediante refe­ rencias a su calidad de secreto o a factores técnicos, sino m ediante “reglas

históricas” que no son

maneras que variaban de acuerdo con la “zona social, económica, geográ­

un m apa.71 Estas “reglas”

ayudan a diseñar dos conjuntos de discurso, el científico y el político-

fica o lingüística” dentro de la cual se originó

m eram ente teóricas, sino observables de diferentes

social, cuya función es e stru c tu rar conocimiento cartográfico.

el m arco dentro del cual se crea el

El discurso científico de los mapas

Va en el Renacim iento había dos características “científicas” im portantes para com prender el contenido de un m apa, a saber: la “ciencia universal Je la m edida y el orden” y el principio de clasificación o tabulación orde­ nada.72 Desde entonces, instrum entos de investigación y técnicas de ma- peo cada vez m ás precisos contribuyeron a la “ciencia de la m edición”, m ientras que la m anera en que los signos cartográficos eran clasificados

129

SILENCIOS Y SECRETOS

y

ordenados (es decir, dispuestos en hojas tabuladas especiales)73 apunta a

la

adopción del principio de clasificación. En la medida en que avanzaba el

progreso científico y la precisión técnica, se expresaron pocas dudas. Por lo tanto, la cartografía de los Estados, en el siglo xvi, estaba en cam ino de convertirse en un discurso científico y tecnológico. Contenía la suposición no escrita de un mundo objetivo en el que las nuevas técnicas, repetibles y transmisibles, siempre podían lograr una medición y una descripción pre­ cisas.74 En la actualidad, m uchos historiadores todavía aceptan este mode­ lo de progreso científico como una interpretación estándar del surgimiento de la cartografía del Estado.75 De un interés sem ejante son los silencios de los productos supuestam ente “objetivos” del mapeo del Estado. Yo sosten­

y la clasificación pueden haber fomentado la

objetividad dentro de los térm inos de referencia de la epistem e cultural, en otros aspectos los mapas siguen siendo una perspectiva subjetiva del m un­ do de esa cultura. La estandarización, con énfasis euclidiano en el espacio

com o algo uniform e y continuo, genera silencios de uniform idad. Por ejemplo, en muchos atlas topográficos de principios de la Europa moderna, especialm ente los del siglo xvn, pero incluso en los de M ercator y en los de Saxton, está ausente gran parte del carácter y de la individualidad de los lugares concretos. Detrás de la apariencia de unos cuantos signos estánda­ res de estos atlas, la descripción general de una ciudad se parece m ucho a la de la siguiente; los poblados son casi idénticos y están dispuestos con un a clara jerarq u ía taxonóm ica;76 se agregan bosques en unos cuantos; incluso los ríos y las corrientes de agua se reducen a una simple m uestra de realidad; se excluye todo objeto fuera de la clasificación de la “realidad” del topógrafo. Más aún, la fuerza epistemológica de los procedimientos cien­ tíficos se intensificó por su m ayor estandarización en el proceso de im pre­ sión del m apa, innovación que vio el inicio de la “tecnologización del

m apa”, de m anera que las imágenes adquirieron una claridad y una con­

tundencia que no tenían en la etapa de los m anuscritos.77 El resultado fue

go que, m ientras la medición

que los paisajes cartográficos de Europa se volvieron más generalizados, más abstractos y m enos diferenciados en el modo de su representación. Sus silencios son los propios de lo único.

Es bien sabido que el mapeo es una actividad diseñada para promover

la eficiencia del Estado y que, con buenos mapas, la voz del poder centrali­

130

SILENCIOS V SECRETOS

zado puede difundirse más uniform em ente por todo un país. Sin embargo,

es necesario plantearse la pregunta: ¿por qué tenía el mapeo científico que

facilitar esta tarea? Si hacem os

que se han presentado en favor de los m apas (y es evidente que lograron una inversión considerable de los gobernantes de la Europa m oderna) que­ da entonces otro aspecto de esta explicación: los silencios de los m apas legitiman y neutralizan las acciones arbitrarias en la conciencia de quie­ nes las originaron. En otras palabras, la falta de diferenciaciones cualita­ tivas en los mapas estructurados por la epistem e científica sirve para des­

a un lado todos los argum entos logísticos

hum anizar el paisaje. Estos m apas transm iten un conocim iento que

m antiene al sujeto al m argen.78 El espacio adquiere una im portancia

mayor que la del lugar: si los lugares se ven parecidos, se les puede tratar de m anera parecida. Por lo tanto, con el progreso del m apeo científico el espacio se volvió m uy fácilm ente un producto socialm ente vacío, un pai­ saje geométrico de hechos fríos, no humanos.

Los discursos político y socicd de los mapas

Sin embargo, no todo se explica así.79 La paradoja es que los espacios socialmente vacíos del mapa no carecían de consecuencias sociales. Había otros hilos tejidos en las imágenes de los mapas. En especial los de la con­

ciencia política mediada por el mecenazgo,80 así como los de los valores re­ ligiosos o las actitudes sociales o étnicas. Con la ayuda de este conocim ien­

to epistemológico podemos escuchar otros silencios de nuestros mapas.

El discurso político se basa en la suposición de legitimidad de un statu quo político y sus valores correspondientes. Sus declaraciones a través de

los m apas, así com o por otros m edios, tienen la intención, consciente o inconsciente, de prolongar, preservar y desarrollar las “verdades” y los logros iniciados por los fundadores de ese sistem a político o m odificados

por sus sucesores.

tura determ ina la naturaleza de la especificación técnica de los m apas y ofrece las reglas de lo que se incluye y de lo que excluye. También se puede decir que el discurso político es responsable de los énfasis diferenciales, a

Sin embargo, se puede argum entar que esta infraestruc­

131

SILENCIOS Y SECRETOS

través de la selección y la generalización, que privilegian algunos aspectos

de la “realidad” m ientras que acallan otros. Los cartógrafos individuales no habrían estado en posición de controlar o equilibrar estos m atices, aun cuando hubieran sido conscientes de ellos. Desde los mapas del prim er periodo m oderno se encuentran ejemplos de diversas clases de silencios políticos y sociales. Una categoría es el

un silencio a la

población m inoritaria o sometida a través de la manipulación de su toponi­

mia. Todo el estrato de identidad étnica es suprim ido del m apa en actos que equivalen a un genocidio cultural. Mientras que estas manipulaciones,

en cierto nivel, son resultado de censura deliberada o de políticas de acul- turación,81 en otro nivel, el epistemológico, tam bién se pueden ver como representantes del rechazo inconsciente de este “otro”82 pueblo por parte de los que pertenecen a los grupos políticam ente más poderosos. Se puede hacer una lectura similar de los silencios encontrados en las leyendas de los signos cartográficos incluidos en algunos mapas de princi­ pios de la Europa m oderna. En el m apa de M ercator de Europa, con fecha de 1554, por ejemplo, el dibujante decidió identificar cuatro rangos ecle­

Vaticano (Pontifex Rom anus), las sedes patriarcales (patriar-

siásticos: el

silencio toponímico. Los Estados

conquistadores im ponen

chales), las sedes arquiepiscopales (archiepiscopales) y los episcopados (episcopales), m ientras que perm aneció en silencio acerca de los cuatro o cinco rangos del statu quo seglar tam bién diferenciados y m ostrados en los

m apas.83 Queda claro que aquí el poder político que se reconoce es el ecle­

interior de la

jerarquía eclesiástica carecen de im portancia. Por lo tanto, el silencio se

convierte

statu quo político. En otro grupo de ejemplos podemos detectar que los mapas estaban in­ volucrados en un discurso de prom esas (sus silencios se correspondían con dimensiones escatológicas de los libros sagrados de sectas o religiones específicas). Por lo tanto, al describir la Tierra Sagrada inspirada por Lu- tero y Galvino, donde se com binaba una geografía sacra con un realismo geográfico (este últim o reflejaba el discurso científico de los m apas), se subrayan hechos del Antiguo Testam ento y el m ensaje p rotestante de la “historia de la salvación”, condensados en la ruta del Éxodo.84 En silencio

en un “com portam iento activo” que apoya afirm ativam ente al

siástico; los asentam ientos pequeños (poblados) de la parte

132

'ILENCIOS Y SECRETOS

quedan la historia y los sitios del Nuevo Testamento, m ientras que esta tra­ dición aparece de m anera m uy prom inente en los m a p p a em u n d i de la Edad Media católica.85 El contenido y la publicación de mapas pueden entonces estructurarse con base en los cismas religiosos y las batallas ideológicas de los principios Je la Europa m oderna. La publicación de libros de planos de la ciudad de Italia, por ejem plo, puede haber estado inhibida en algunas zonas por la aversión de los calvinistas a la representación de la Roma católica. De manera similar, puede resultar significativo que el rango, eclesiástico de los asentam ientos hum anos se indica con m ayor frecuencia en m apas de las regiones del sur de los Alpes (o en los mapas de cartógrafos de algunos paí­ ses en los que la Iglesia rom ana católica conservaba el poder, como Italia, España y Francia) que en las regiones protestantes del norte. Por el con­ trario, los m apas que contienen inform ación acerca de las diferentes sec­ tas y las adhesiones de los cristianos europeos eran de la parte m ás co­ mún del norte de los Alpes, donde se reflejaba la agitación religiosa de la Reforma, acerca de la cual los m apas de los centros católicos de Italia,

Francia y

ocasiones son discernibles en mapas cuyos autores eran ardientes partida­ rios de una doctrina, por ejem plo a través del silencio en los m apas con respecto a iglesias o asentam ientos de otra87 (figura m.4). En otros mapas más, incluidas las cartas portulanas, se m ostraban las tierras que los oto­ manos habían conquistado como si continuaran en m anos cristianas,

mientras que Jerusalén a m enudo se m ostraba como cristiana en algunos mapas de la Edad Media, incluso m ucho después de haber pasado a m a­ nos del Islam.88 El prim er problema que se encuentra al tratar de integrar los silencios de los m apas que pueden haber surgido de las percepciones contem porá­ neas de clase o raza, es la tendencia a suponer que estas percepciones habrían sido idénticas en tre todos los europeos durante los siglos xvi o xvii. Incluso entonces parece razonable sugerir que había una base con­ ceptual común a toda la sociedad europea de la época. Por ejemplo, el esta­ tus social y la naturaleza de la ocupación de los hom bres eran asuntos de gran interés tanto en la Europa feudal central como entre la naciente clase media o la grande bourgeoisie de otros Estados que habrían ejercido cierta

España perm anecían en silencio.86 Las divisiones sectarias en

133

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Figura hi.4. Parte de Surrey de John Norden, 1594. Se ha dicho que Norden, por ser anticatólico, omitió las vistas de los arzobispados de su mapa. El íntico mapa de éstos que los muestra, Middlesex, 1593, los señala con una estrella y no con una cruz papal. Aparecen las “capillas”(capillas subordinadas) reflejando la atención que Norden prestaba a los detalles eclesiásticos. Con permiso de la British Library (Mapas C2cc7).

134

SILENCIOS Y SECRETOS

sobre el conocim iento de los mapas. Es im portante observar la

cuidadosa categorización de los trajes de los personajes que con frecuen­ cia com ponen la decoración de los mapas de finales de los siglos xvi y xvn, por ejem plo los de Speed y Blaeu.89 M ientras que tales distinciones so­

ciales son fácilm ente identificadas, otras resultan m ás sublim inales. Sin

embargo, la m ism a suerte de taxonom ía social

te en los silencios de la cartografía europea en cuanto a la clase social de la mayoría. Para los dibujantes de mapas, sus m ecenas y sus lectores, la clase

baja no existía ni tenía geografía, m ucho menos estaba com puesta de indi­ viduos. En su lugar, lo que se destaca en estos m apas es la gente privile­ giada por su derecho a llevar una corona o una m itra, o a ostentar un escu­ do de arm as o un báculo. Ni los campesinos, ni los trabajadores del campo, ni los pobres urbanos tienen un lugar en la jerarquía social y, como grupo privado de sus derechos cartográficos, no estaban representados en los mapas. La identificación del estatus social, que otorgaba al individuo el derecho a tener una tierra, tam bién le daba el de apropiarse de los signos

más prom inentes del repertorio del dibujante del mapa.

cos más grandes en los mapas (y los que llamaban más la atención) resul­ tan ser los que se asocian con el estatus feudal, militar, legal o eclesiástico. Un poblado de campesinos, sin un jefe suprem o absoluto o un patronazgo eclesiástico, quedaba en un estado m uy cercano al silencio, es decir, en un

punto o en un signo abstracto. Más aún, estos conceptos europeos de esta­ tus fueron llevados al Nuevo Mundo. Son discernibles, en particular, en los mapas de regiones en que la cultura europea se encontró con la cultura

india; por ejemplo, en los mapas que m uestran el prim er asentam iento in­ glés en Virginia. Aquí la diferencia entre los indios de un “m ejor tipo” y la gente india com ún, hecha con frecuencia por los escritores contem porá­ neos,90 era transm itida (com o en los m apas europeos) por rep resen ta­ ciones de individuos de la clase alta privilegiada de la sociedad india (un

influencia

parece haber estado presen­

Los signos pictóri­

jefe pow hata, pocahonta o susquehanna, por

ejem plo) m ientras que los

hombres y las m ujeres ordinarios se m uestran reunidos en una m asa anó­

nima a sus pies y —queda implícito— a sus órdenes. De m anera similar se encuentran las jerarquías europeas en los signos de asentam ientos de los

mapas del Nuevo Mundo.

Para los aproxim adam ente 200 asentam ientos

indios que se describen en el m apa de Virginia de John Sm ith (1612), se

135

SILENCIOS Y SECRETOS

hace una diferenciación cuidadosa entre las “casas de reyes” (dibujadas con un signo de im portancia visual), las “casas com unes” (m arcadas con un signo relativamente insignificante) y los asentam ientos del jefe powhata (con el signo más grande de todos).91 Otro tipo de silencio encontrado en los mapas del Nuevo Mundo surge de la tendencia a desaparecer la diversidad del paisaje americano en favor de un estereotipo, lo que resulta m ás difícil de explicar. Por supuesto que podría deberse sólo a la falta de información. Al enfrentarse con espacios vacíos en los bosquejos y dibujos que se les daba como modelos, los graba­ dores europeos los habrían llenado con las únicas convenciones paisajísti­

eran familiares. De m anera alternativa, el estereotipo del paisaje se puede ver como un acto deliberado de prom oción colonial,

cas que les am ericano

diseñado para hacer las nuevas tierras más atractivas para los colonizado­ res o para atraer a potenciales propietarios e inversionistas.92 Sin em bar­ go, tam bién podemos buscar explicaciones de estos silencios en otra direc­ ción, en el nivel estructural de las epistem es de Foucault. Entonces sería otro tipo de m anifestaciones en las que se reflejaban los valores científicos europeos en la cartografía ren acen tista, especialm ente a través de las m edidas y la clasificación simple del paisaje. Por lo tanto, estaríam os de nuevo ante la transposición inconsciente a la geografía am ericana de los valores y las preferencias europeos, esta vez en relación con el paisaje.

Mapas com o los de John Sm ith (M apa de Lord B altim ore, 1635) o de William Wood (The South Part o fN ew England, 1634)93 parecen m ostrar­ nos un salvajismo ya domesticado que se ha considerado más aceptable a

los ojos ingleses (figura III.5 ). Puede haber aquí un paralelism o

ma en que Theodore de Bry y sus ayudantes transform aron los dibujos de los indios de John W hite en la colonia Roanoke. Se nos ha dicho cómo Bry

de W hite respecto de los detalles en el

“conservó la atención m eticulosa

vestido, peinado y decoración del cuerpo; sin embargo, cambió las caras, las posturas y los cuerpos de los indios de m anera dram ática” y cómo sus “caras se dulcificaron, suavizaron y europeizaron” de tal m anera que con sus “nuevas frentes altas, bocas fruncidas y cabello ensortijado se asem e­

jan a las figuras clásicas de la tradición germ ana del grabado”.94 Parece haber sucedido lo m ismo con el paisaje en algunos de los prim eros y más im portantes m apas im presos de las regiones de Am érica del Norte. En

con la for­

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)

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esencia, estos m apas describen un paisaje europeo al estilo del grabado europeo, pero quedan lejos de ser descripciones reales de América; en rea­ lidad m uestran los paisajes que Europa anhelaba y se quedan callados acer­ ca de la verdadera América. Este tipo de silencio cartográfico se convierte en un acto ideológico afirmativo. Sirve para preparar el camino de las colo­ nizaciones europeas. Los colonizadores potenciales ven en el mapa pocos

Figura iu.5. Mapa de Virginia del capitán John Smith. El grabado de William Hale construye un paisaje con montes, ríos, bosques y asentamientos reconocibles para la mirada de quienes están familiarizados con los mapas ingleses de con­ dado del periodo. En el escudo de armas real inserto como emblema de posesión colonial debajo del pergamino del título vemos el inicio de un discurso cartográ­ fico que termina con el silencio de los mapas acerca de los derechos de los indios a su territorio. Se muestra la edición de 1625. Con permiso de la British Library (Mapas 75005 [9]).

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obstáculos insuperables. Lo que m enos hace el mapa es reflejar

cia de pueblos indígenas y su huella sobre la tierra: “Es como si América fuera una escenografía fija y el telón se levantara con la llegada de los euro­ peos y ahí com enzara la acción”.95 En resum en, estos mapas son imágenes etnocéntricas y parten de la estru ctu ra del colonialism o cultural. No es sólo que ofrezcan la prom esa de una tierra libre y aparentem ente virgen, un espacio vacío para que los europeos lo dividan y llenen; se ofrece más bien la imagen de un paisaje en que los indios están callados96 o son rele­ gados, a través de la decoración de los m árgenes del mapa, al nivel de un caníbal desnudo.97 Mediante estos silencios, el mapa se vuelve un permiso para apropiarse del territorio descrito. Es otro medio más por el cual insis­ tir sobre la in h eren te superioridad de las tecnologías y form as de vida

europeas.

la presen­

Conclusiones

Este ensayo fue diseñado para ilustrar la posibilidad de una historia carto­ gráfica surgida a partir de ideas concebidas por otras disciplinas. Ha sido principalm ente una exploración teórica. No obstante, debo aclarar que ningún concepto, como el de poder-conocim iento, o el de episteme, ofrece generalizaciones “com probables” que puedan relacionarse absolutamente con los “hechos” de esta u otra cultura cartográfica. Mi argum ento surge de un punto de vista hum anístico: el del papel que desem peña la teoría para revelar la complejidad del mundo, más que para reducirla a los mode­ los más simples del científico social. Por lo tanto, nuestra prim era conclu­ sión es que m ientras inicialm ente los conceptos de poder-conocim iento y de cartografía resultan simples y familiares como un discurso de poder con efectos sociales, una vez que empezamos a relacionarlos con contextos históricos específicos adquieren una enorm e complejidad. Frente a un mapa en particular, a m enudo es difícil decir, a partir del contexto históri­ co, si sus silencios se deben a actos deliberados de censura, a un silencio epistemológico no intencional, a una mezcla de ambos, o quizá se trate de una simple manifestación de la lentitud con que los cartógrafos revisaban sus

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r

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mapas de acuerdo con las realidades del mundo. Las relaciones entre los ma­ pas y el poder, y entre los mapas y otras formas de conocim iento, cam bia­

ban constantem ente. La aportación de la cartografía

la autoridad durante los siglos XVI y xvii nunca fue un factor constante. Las complejidades fueron reconocidas por Helgerson, quien señaló que los mapas nunca podían ser ideológicamente neutrales, cualquiera que fuera el uso o las consecuencias de su uso, y que nunca serían “simples h erra­ mientas”, ya fuera del centralism o monárquico o de alguna otra organiza­ ción de poder. Según él, inevitablem ente entraban “en sistemas de relacio­ nes con otras prácticas de representación y, al hacerlo, alteraban el significado y la autoridad de todas las dem ás”.98 Este terreno constante­ mente cam biante entre los m apas y otras formas de poder-conocim iento aún tiene que ser registrado dentro de la historia de la cartografía. Una segunda conclusión es que nos encontram os en un terreno mucho más seguro cuando se trata de la im portancia de los silencios. Suponiendo que el mundo sea un lugar donde se ejerce la elección hum ana, la ausencia de algo debe verse tan digna de investigación histórica como su p resen­

cia. Así sucede con la cartografía. Hace poco se sugirió que “el m apa que

no se hace

rismo se puede extender tanto a la historia de la producción de los mapas como a la de los silencios en la representación. Hemos podido mostrar, en mapas específicos, que actos deliberados de censura y secretos en el pasa­ do han tenido consecuencias cartográficas e históricas. Sin embargo, se puede decir lo m ismo acerca de los silencios epistemológicos, elem entos “no pensados” del discurso.100 Son tam bién declaraciones afirm ativas y tienen consecuencias ideológicas en las sociedades en cuestión. Estos si­ lencios tam bién contribuyen a la reproducción, el reforzam iento y la legi­ timación de valores culturales y políticos. Encontrarlos expresados geográ­ ficamente en los mapas refleja su universalidad. No existe un espacio vacío como tal en un mapa. Revelada por un estudio cuidadoso del inconsciente cartográfico y sus bases sociales, esta agenda oculta tiene m ucho que ofre­ cer a los historiadores de la cartografía para llegar a entender de qué m a­ nera, a través de la historia, los m apas han sido —y siguen siendo— una fuerza de la sociedad. La tercera y últim a conclusión está relacionada con la naturaleza de la

a la conservación de

[

]

m erece tanta atención como el que se hace”.99 Este afo­

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propia cartografía como forma de conocim iento. Los cartógrafos pueden seguir disfrazando sus productos en térm inos de la aplicación de ciertas especificaciones técnicas (instrum entos topográficos, medidas, generaliza­ ciones, diseño, im presión, etc.); sin embargo, tam bién se debe exigir un lugar integral en la interpretación histórica de los mapas para las decisio­ nes culturales que se dieron por sentadas en sociedades específicas. De hecho, un creciente núm ero de estudiosos lee los m apas como textos li­ terarios101 más que como una réplica m ecánica de procesos técnicos. Es una práctica aconsejable, m ucho más respecto de los mapas de principios de la era m oderna.102 Es m ejor ver los mapas, según la adecuada frase de un cartógrafo, como “una ficción controlada”.103 Este punto de vista tex­ tual, leer un m apa como retórica, tiene im plicaciones im portantes para sugerir formas alternativas en el uso de los mapas con el objeto de enten­

M ientras m ás pensem os en la universalidad de los

secretos, la censura y el silencio en los mapas, y m ientras sigamos reflexio­

der m ejor el pasado.

nando sobre los códigos epistemológicos del conocim iento de los mapas, m enos estarem os convencidos de que el conocim iento de los m apas se

puede considerar “objetivo” o “im parcial”. Los m apas se volvieron

parte

de un “creciente repertorio

de técnicas de p o d er”104 y es un gran

error

fusionar la historia de los m apas con la historia de las m ediciones. Se ha

perdido la paradoja esencial. En la medida en que la cartografía se volvió más “objetiva” con el apoyo financiero del Estado, se vio presa de una sub­ jetividad diferente: la inherente a su representación de la ideología domi­ nante del Estado. La antigua pregunta de si un mapa en particular es cier­

to o falso no ha sido el centro de interés de este capítulo. Por el contrario, se debe quitar im portancia a esta pregunta si se acepta, como he tratado

de fundam entar, que los mapas son perspectivas del m undo en

to en que fueron hechos. Mi objetivo ha sido em pezar a interrogar a los m apas como acciones más" que como descripciones impasibles~y~coffyen- cer a los historiadores cartográficos de que se planteen esta pregunta fun­ damental: ¿cuáles son los “efectos reales” del conocim iento que portan los m apas,105 tanto de sus pronunciam ientos más enfáticos como de sus igual­ m ente enfáticos silencios?

el m omen­

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