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Rosaura Barrios Miranda Antropóloga Histórica Universidad Veracruzana

“A Dios le debo la vida y a Tepito la comida."

Una mirada a la vida cotidiana y los oficios del barrio de Tepito.

Las imágenes que posteriormente aparecerán ofrecen un testimonio valioso de los diversos trabajos que realizan mujeres y hombres en el barrio de Tepito, muchos de ellos en el marco de la economía informal, actividades que se desenvuelven en la vida callejera del barrio e implican la participación de los habitantes en una dinámica cotidiana 1 .

La ciudad de México, como Metrópoli, es muchas ciudades en una, es contraste y esconde a los barrios más antiguos de la ciudad. Tepito es uno de ellos, actualmente se ubica en la colonia Morelos y está dividido entre la delegación Cuauhtémoc y Venustiano Carranza, a no más de cuatro cuadras del centro Histórico. Generalmente los habitantes de la zona distinguen entre el corazón de Tepito que limita al norte con Rivero, al sur con el eje 1 Granaditas, al oriente con el Eje 1 oriente (Avenida del Trabajo), y al occidente con Jesús Carranza- y Tepito que incluye esta zona comercial y al conjunto de la colonia Morelos.

Las prácticas y ámbitos que sostienen la vida cotidiana de quienes habitan el barrio de Tepito, se ubican en diferentes tiempos, por ejemplo, antes del sismo que despertó la ciudad de México en 1985 y después de la reconstrucción. Exactamente antes de estos momentos la vida de los tepiteños estaba estrechamente ligada a la vivienda, el taller y en buena medida al comercio. A diferencia de otros barrios populares, Tepito no era solo el lugar donde se tenía vivienda y transcurría la vida familiar, es también el espacio en donde se trabaja y en el que se obtienen y consumen los bienes y servicios más necesarios.

En suma, la tradición comercial de la que goza Tepito en nuestros días tiene que ver con una serie de oficios marginales ligados a la compra-venta de desperdicios que tenían por destinatario al consumo popular. Estos oficios existen desde la década de los 30 del siglo XX. Las primeras organizaciones de comerciantes fueron fundadas por los ayateros, llamados así porque cargaban siempre con un costal hecho de ayate en el que guardaban artículos de segunda mano para comercializarlos. Los ayateros, llamados posteriormente "cambiadores", llevaban mercancías en pequeños carros metálicos y se dedicaban al trueque.

Sin embargo, no todo giro alrededor del comercio y el intercambio; en los albores de la revolución a principios del siglo XX, en la Ciudad de México se iniciaba la unificación de los gremios laborales más modestos en modalidades y ligas de resistencia que fueron conformándose en la simiente de la lucha por los derechos de los trabajadores. En el corazón

  • 1 Fotografías tomadas durante la realización del trabajo de campo realizado entre enero del 2015 y julio del

mismo, para la tesis de Licenciatura en Antropología Histórica: “A Dios le debo la vida y a Tepito la comida”.

Una mirada a la vida cotidiana de los comerciantes del barrio de Tepito. De la Universidad Veracruzana.

de Tepito se constituyó la Casa del Obrero Mundial, se integraron los batallones rojos formados por los sindicatos de albañiles, de canteros, de carpinteros, de cocheros, enfermeras, electricistas, hilanderos, metalúrgicos, panaderos, pintores, sastres, tipógrafos, tranviarios, zapateros, etc.

Otro aspecto localizado tiene que ver con la transformación de los oficios y las actividades callejeras a partir de la entrada de la fayuca en el barrio, lo cual provoco la sustitución de productos artesanales hechos en el país con la entrada de productos de origen extranjero. Durante todos esos años de los 70´s y 80´s del siglo XX los comerciantes se transformaron en la fuerza principal del barrio. De productores se convirtieron en distribuidores de productos venidos de fuera.

Al romperse el vínculo entre vivienda y trabajo debido a la reconstrucción de las vecindades y su cambio de infraestructura después del terremoto de 1985, y la apertura de la economía a las mercancías extranjeras a finales de los ochentas, los talleres domésticos no pudieron competir con las mercancías provenientes de otros países. De esta manera la entrada de la fayuca marcó profundamente al barrio, trajo el comercio al primer plano, se inundaron las calles de puestos, de dinero y se presentaron nuevas problemáticas. La valorización del uso del suelo se modificó y tuvo como consecuencia la baja del número de habitantes. Entraba tanta mercancía en Tepito que cada vez más espacios habitacionales fueron ocupados, rentados y comprados como bodegas.

En la actualidad diariamente miles de personas visitan el barrio, el tianguis trabaja todo el año y varias estaciones del metrobús la rodean. En las calles del tianguis uno puede encontrar una gama interminable de productos en un diverso rango de calidades, siempre todo con un precio inferior al del mercado “oficial”. Desde ropa, perfumes, licores, calzado, bisutería, antigüedades, pornografía, huevos de tortuga, electrodomésticos, electrónicos, música y droga son algunos de los artículos, entre otras categorías que uno puede encontrar, ya sean originales, de contrabando, piratas, defectuosos o de saldos.

Este breve recorrido histórico permite comprender el pasado y el presente de la gente que ha estado marginada de la historia, identificando de manera general las distintas formas de trabajo que se han gestado en el barrio desde sus calles vestidas de puestos y los sucesos que han dado pie a la persistencia y transformación de los modos de vivir y trabajar. Transformaciones políticas y económicas de la última década del siglo XX que fungieron como modificadores no solo de la estructura productiva, sino que trascendieron del mismo modo al ámbito social.

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