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Obras de

SAN IGNACIO
DE LOYOLA
OBRAS DE SAN IGNACIO DE LOYOLA
BIBLIOTECA
DE

AUTORES CRISTIANOS
Declarada de interés nacional
86

ESTA COLECCIÓN SE PUBLICA B A J O LOS AUSPICIOS Y ALTA


DIRECCIÓN DE LA PONTIFICIA UNIVERSIDAD DE SALAMANCA

LA COMISIÓN DE DICHA PONTIFICIA UNI-


VERSIDAD ENCARGADA DE LA INMEDIA-
TA RELACIÓN CON LA BAC ESTÁ INTE-
GRADA EN EL AÑO 1991 POR LOS SEÑORES
SIGUIENTES:

PRESIDENTE:

Excmo. y R v d m o . Sr. D. FERNANDO SEBASTIÁN AGUILAR,


Arzobispo coadjutor de Granada y Gran Canciller de la
Universidad Pontificia.

VICEPRESIDENTE: EXCMO. SR. Dr. JOSÉ MANUEL SÁNCHEZ


CARO, Rector Magnífico.

VOCALES: Dr. JOSÉ ROMÁN FLECHA ANDRÉS, Vicerrector


Académico y Decano de la Facultad de Teología; Dr. JUAN
LUIS ACEBAL LUJAN, Decano de la Facultad de Derecho
Canónico; Dr. LUCIANO PEREÑA VICENTE, Decano de la
Facultad de Ciencias Políticas y Sociología; Dr. ALFONSO
PÉREZ DE LABORDA, Decano de la Facultad de Filosofía;
Dr. JOSÉ OROZ RETA, Decano dt ig Facultad de Filología
Bíblica Trilingüe; Dr. VICENTE FAUBELL ZAPATA, Decano
a
de la Facultad de Pedagogía; Dra. M . FRANCISCA MARTÍN
a
TABERNERO, Decana de la Facultad de Psicología; Dra. M.
TERESA AUBACH GUÍU, Decana de la Facultad de Ciencias
de la Información; Dr. MARCELIANO ARRANZ RODRIGO,
Secretario General de la Universidad Pontificia.

SECRETARIO: Director del Departamento de Publicaciones

MADRID • MCMXCI
SAN IGNACIO DE LOYOLA

O B R A S
EDICIÓN MANUAL

TRANSCRIPCIÓN, INTRODUCCIONES Y NOTAS DE

IGNACIO IPARRAGUIRRE, S.I.


CANDIDO D E DALMASES, S.I.

DEL INSTITUTO HISTÓRICO DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS (ROMA)

M A N U E L R U I Z J U R A D O , S.I.
PROFESOR DE HISTORIA DE LA ESPIRITUALIDAD EN
LA PONTIFICIA UNIVERSIDAD GREGORIANA (ROMA)

QUINTA EDICIÓN REVISADA Y CORREGIDA

B I B L I O T E C A DE A U T O R E S C R I S T I A N O S

MADRID • MCMXCI
© Biblioteca de Autores Cristianos,
Don Ramón de la Cruz, 57. Madrid 1991
Depósito legal: M. 17.072-1991
ISBN: 84-7914-034-8
Impreso en España. Printed in Spain
A San Ignacio de hoyóla, en el
quinto centenario de su
nacimiento, y a la Compañía de
Jesús, heredera de su espíritu, en
el 4 JO aniversario de su
fundación, con espíritu filial.
ÍNDICE GENERAL

Págs.

NOTA A ESTA QUINTA EDICIÓN XVII


Siglas principales XIX
INTRODUCCIÓN GENERAL
I. Historiografía ignaciana. La figura de San Ignacio a tra­
vés de los siglos 3
1. Fuentes y primeros intentos de biografía 3
2. Las primeras biografías impresas 5
3. Biografías con fuentes nuevas 10
4. Comienzo de una tendencia más histórica 14
5. Ampliación de fuentes y de perspectiva histórica . . . 19
6. Deformaciones de la figura de San Ignacio 32
7. San Ignacio en el posconcilio Vaticano II 39
II. Cronología de San Ignacio 45
III. Carácter de los escritos de San Ignacio 60
IV. Carácter de esta edición 63
BIBLIOGRAFÍA GENERAL 65

DOCUMENTOS

1. AUTOBIOGRAFÍA (por Cándido de Dalmases)


INTRODUCCIÓN 75

BIBLIOGRAFÍA 90

1. Ediciones 90
2. Estudios 93
Prólogo del P. Nadal 95
Prólogo del P. Luis Goncalves da Cámara 97
TEXTO DE LA «AUTOBIOGRAFÍA» 100

2. EJERCICIOS
INTRODUCCIÓN 181

1. Excepcional valor e influjo de los Ejercicios 181


2. Naturaleza y fin de los Ejercicios 187
3. Actitud de la Iglesia ante los Ejercicios 189
4. Fuentes de los Ejercicios 194
5. Génesis de la composición del libro 199
6. Textos de los Ejercicios 205
X Índice general

Págs.

BIBLIOGRAFÍA 210

1. Bibliografías de carácter general 210


2. Ediciones del texto 211
3. Génesis y fuentes del texto 212
4. Historia de los Ejercicios 213
5. Estudios sobre la teoría 213
6. Comentarios-Exposiciones 215
TEXTO 221

3. DIRECTORIOS DE EJERCICIOS
1. Directorio autógrafo 309
2. Notas dadas de palabra 315
4. FORMA DE LA COMPAÑÍA Y OBLACIÓN (1541)
INTRODUCCIÓN 323

TEXTO 325

5. DELIBERACIÓN SOBRE LA POBREZA (1544)


INTRODUCCIÓN 333

TEXTO 336
6. DIARIO ESPIRITUAL (1544-1545)
INTRODUCCIÓN 341

El Diario y el método ascético de San Ignacio 342


Realidad y características de la mística del Diario 345
Multiplicidad de dones místicos 347
La problemática del Diario 348
Etapas del proceso interno 349
Ritmo interno del Diario 350
Tiempos varios del ritmo 353
Conocimiento y ediciones del Diario 355
TEXTO 359

7. CONSTITUCIONES
INTRODUCCIÓN 433

Constituciones y Ejercicios 433


El germen manresano de la Fórmula del Instituto 436
Las deliberaciones de 1539 439
Aprobación pontificia de la Fórmula 440
Elaboración de las Constituciones 442
Contenido de las Constituciones 446
Fórmula del Instituto aprobada por Julio III 455
BIBLIOGRAFÍA 461
índice ¿enera! XI

Págs.

TEXTO . . . 465

Examen general 465


Proemio 494
a
P. 1. : del admitir a probación 497
a
P. 2 . : del despedir los que no approbasen bien de los admitti-
dos 508
a
P. 3. : del conservar y aprovechar los que quedan en proba-
ción 517
a
P. 4. : del instruir en letras y en otros medios de ayudar a los
próximos los que se retienen en la Compañía 530
a
P. 5. : de lo que toca al admitir o incorporar en la Compañía 570
a
P. 6. : de lo que toca a los ya admitidos o incorporados en la
Compañía quanto a sí mesmos 579
a
P. 7. : de lo que toca a los ya admitidos en el cuerpo de la
Compañía para con los próximos, repartiéndose en la
viña de Cristo Nuestro Señor 593
a
P. 8. : de lo que ayuda para unir los repartidos con su cabeza
y entre sí 606
a
P. 9 . : de lo que toca a la cabeza y gobierno que della descien-
de 623
a
P. 10. : de cómo se conservará y augmentará todo este cuerpo
en su buen ser 641

8. REGLAS DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS


INTRODUCCIÓN 649

BIBLIOGRAFÍA 655

TEXTO 657

1. Las reglas más antiguas 657


2. Primeras «ordenanzas» generales 665
3. Lo que han de observar los sacerdotes y el sacristán 668
4. Reglas de la casa de Roma (1549) 669
5. Del Maestro de novicios 680
6. Reglas de los estudiantes (1553) 687
7. Reglas de la modestia (1555) 692

9. CARTAS E INSTRUCCIONES
INTRODUCCIÓN 699

Valor del epistolario 699


Contenido de las cartas 703
Ediciones de las cartas 709
Carácter de esta edición 711
BIBLIOGRAFÍA 713
XII Índice general

Págs.
TEXTO:
1. A Inés Pascual, 6 diciembre 1524 717
!
2. A Martín García de Oñaz, junio 1532 718
3. A Isabel Roser, 10 noviembre 1532 721
4. A Jaime Cassador, 12 febrero 1536 724
5. A sor Teresa Rejadell, 18 junio 1536 728
6. A sor Teresa Rejadell, 11 septiembre 1536 734
7. Al P. Manuel Miona, 16 noviembre 1536 736
8. A mosén Juan de Verdolay, 24 julio 1537 737
9. A Pedro Contarini, agosto 1537 740
10. A Diego de Gouvea, 23 noviembre 1538 742
11. A los señores de Loyola, 2 febrero 1539 743
12. A Beltrán de Loyola, fin de septiembre 1539 744
13. A los habitantes de Azpeitia, agosto-septiembre de 1540 747
14. A Magdalena de Loyola, 24 mayo 1541 750
15. A los PP. Broet y Salmerón, principio de septiembre
1541 751
16. Al P. Simón Rodrigues, 18 marzo 1542 754
17. Al P. Simón Rodrigues, mediados de 1542 756
18. Al P. Juan Bautista Viola, agosto 1542 760
19. Al P. Simón Rodrigues, 1 noviembre 1542 762
20. Al P. Pedro Fabro, 10 diciembre 1542 762
21. A Juan III, rey de Portugal, 8 mar20 1543 765
22. Al P. Diego Laínez, 18 marzo 1543 768
23. A Ascanio Colonna, 15 abril 1543 769
24. A Teresa Rejadell, 15 noviembre 1543 770
25. Al P. Nicolás Bobadilla, Roma, 1543 772
26. A Juan III, rey de Portugal, 15 marzo 1545 777
27. A Francisco de Borja, duque de Gandía, fines de 1545 . 779
28. Al doctor Pedro Ortiz, principios de 1546 782
«29. A los Padres enviados a Trento, principios de 1546 . . . 783
30. Al P. Pedro Canisio, 2 junio 1546 786
31. A los Padres y Hermanos del colegio de Coimbra, 8
agosto 1546 787
32. Al Sr. Doimo Nascio, 10 agosto 1546 788
33. A Francisco de Borja, duque de Gandía, 9 octubre de
1546, fecha probable 789
34. A D. Fernando de Austria, rey de romanos 791
35. Al P. Miguel de Torres, 2 marzo 1547 794
36. A los Hermanos estudiantes de Coimbra («De la perfec-
ción»), 7 mayo 1547 795
37. A Manuel Sanches, obispo de Targa, 18 mayo de 1547 806
38. Al P. Diego Laínez, 21 mayo 1547 807
39. A los PP. y HH. de Gandía, 29 julio 1547 811
40. A los PP. y HH. de Padua, 7 agosto 1547 («De la
pobreza») 817
41. A sor Teresa Rejadell, octubre 1547 822
42. Al P. Daniel Paeybroeck, 24 diciembre 1547 823
índice general XIII

Págs.

43. Al P. Antonio de Araoz, 3 abril 1548 825


44. Al Sr. Talpino, 12 abril 1548 826
45. A Felipe, príncipe de España, mediados de 1548 828
46. A Francisco de Borja, duque de Gandía, 20 septiembre
1548 829
47. A San Juan de Avila, 24 enero 1549 832
48. A Felipe, príncipe de España, 18 febrero 1549 835
49. A Jerónima Oluja y Teresa Rejadell, 5 abril 1549 837
50. A Andrés Lippomani, 22 junio 1549 838
51. Al P. Juan Alvarez, 18 julio 1549 840
52. A Francisco de Borja, duque de Gandía, julio de 1549 . 842
53. A los Padres enviados a Alemania, 24 septiembre de 1549 861
54. Al P. Andrés Iseren (Sidéreo), 2 diciembre 1549 868
55. A Juan de Vega, virrey de Sicilia, 12 abril 1550 870
56. A Juan de Vega, virrey de Sicilia, 31 mayo 1550 871
57. Al P. Miguel Ochoa, 9 junio 1550 873
58. A Juan Bernal Díaz de Luco, obispo de Calahorra, 8
julio 1550 874
59. Al Ejército de África, 9 julio 1550 876
60. A los jesuítas de las casas de Roma, 24 agosto de 1550 877
61. A Juan de Vega, virrey de Sicilia, 27 septiembre de 1550 877
62. A Carlos de Borja, marqués de Lombay, 1 noviembre
1550 878
63. A Juan de Vega, virrey de Sicilia, 1 noviembre de 1550 879
64. A los de la Compañía de Jesús congregados en Roma, 30
enero 1551 880
65. A Isabel de Vega, 31 febrero 1551 881
66. A Fernando, rey de romanos, abril 1551 883
67. Al P. Antonio Brandao, 1 junio 1551 884
68. A P. Urbano Fernandes, 1 junio 1551 889
69. A P. Antonio Araoz, 2 junio 1551 894
70. Al P. Juan Pelletier, 13 junio 1551 895
71. Al P. Cludio Jayo, 8 agosto 1551 899
72. Al P. Elpidio Ugoletti, comienzos septiembre de 1551 . 903
73. Al P. Manuel Godinho, 31 enero 1552 905
74. Al P. Francisco Javier, 31 enero 1552 907
75. A Felipe, príncipe de España, 3 junio 1552 907
76. Al P. Francisco de Borja, 5 junio 1552 908
77. Al P. Jerónimo Nadal, 6 agosto 1552 910
78. Al P. Jerónimo Nadal, 6 agosto 1552 911
79. Al duque de Nájera, Juan Esteban Manrique de Lara, 26
agosto 1552 915
80. A los Padres que se envían a ministerios, 8 octubre 1552 917
81. A Juana de Aragón, duquesa de Paliano, fines de no-
viembre 1552 919
82. Al P. Diego Miró, 17 diciembre 1552 924
83. Al P. Diego Miró, 17 diciembre 1552 925
xiv India general

Págs.

84. A los de la Compañía en diversas partes de Europa, 24


diciembre 1552 927
85. A los rectores de los colegios en Italia, 21 enero de 1553 928
86. Al P. Diego Miró, 1 febrero 1553 929
87. A los PP. y HH. de Portugal («De la obediencia»), 26
marzo 1553 932
88. A Santo Tomás de Villanueva, 16 abril 1553 943
89. Al P. Francisco Javier, 28 junio 1553 944
90. Al P. Juan Viola, 2 julio 1553 946
91. Al P. Gaspar Gropillo, 22 julio 1553 947
92. A toda la Compañía, 25 julio 1553 949
93-94. Al H. Juan Bautista Ottilio, 5 agosto 1553-11 no-
viembre 1553 950
95. Al cardenal Reginaldo Pole, 7 agosto 1553 952
96-98. A Nicolás Pedro Cesari y a Héctor Pignatelli, 13, 27
agosto-10 diciembre 1553 954
99. A Juan Luis González de Villasimplez, 16 septiembre
1553 963
100. A Leonor de Médicis, duquesa de Florencia, 23 septiem-
bre 1553 964
101. A Margarita de Austria, 17 noviembre 1553 966
102. Al P. Nicolás Floris, 22 noviembre 1553 967
103. Al P. Andrés Galvanello, 16 diciembre 1553 968
104. Al infante don Luis de Portugal, 24 diciembre de 1553 970
105. Al P. Felipe Leemo, 30 diciembre 1553 971
106. A N. N., c.1553 972
107. Al P. Teutonio de Braganza, 1 enero 1554 975
108. A Magdalena Angélica Doménech, 12 enero 1554 976
109. * A 1 P. Jerónimo Doménech, 13 enero 1554 978
110-111. A María Frassona del Gesso, 10 enero-13 marzo
1554 979
112. Al P. Gaspar Berce (Barceo), 24 febrero 1554 984
113. Al emperador Carlos V, 3 marzo 1554 986
114. Al Sumo Pontífice Julio III, 1554 987
115. Al P. Juan Bta. Viola, 10 marzo 1554 988
116. Al P. Diego Miró, 15 marzo 1554 992
117. A Antonio Enríquez, 26 marzo 1554 993
118. Al P. Diego Miró, 5 abril 1554 994
119. A Juan III, rey de Portugal, 6 abril 1554 996
120. Al P. Francisco Mancini, 7 abril 1554 997
121. A Catalina de Córdoba, marquesa de Priego, 15 mayo
1554 999
122-124. A Enrique de la Cueva, 22 mayo 1554; 28 noviembre
1555; 9 marzo 1556 1000
125. Al P. Bartolomé Hernández, 21 julio 1554 1004
126. Al P. Juan Nuñes Barreto, 26 julio 1554 1006
índice general XV
Págs.

127. A Mons. Fernando Vasconcelhos, arzobispo de Lisboa,


26 julio 1554 1007
128. Al P. Pedro Canisio, 13 agosto 1554 1009
129. A la viuda de Juan Boquet, 16 agosto 1554 1016
130. Al P. Francisco de Borja, 20 agosto 1554 1017
131. A Miguel de Nóbrega, 25 agosto 1554 1019
132-133. Al P. Juan Francisco Araldo, 16 y 23 septiembre
1554 1020
134. Al P. Felipe Leerno, 22 septiembre 1554 1022
135. Al P. Cristóbal Mendoza, 17 noviembre 1554 1023
136. Instrucción sobre el modo de pedir limosna, noviembre
1554 1025
137. A Violante Casali Gozzadina, 22 diciembre 1554 1026
138. Al P. Antonio Araoz, 3 enero 1555 1027
139. Al cardenal Reginaldo Pole, 24 enero 1555 1028
140. A Bartolomé Romano, 26 enero 1555 1030
141. A San Juan de Avila, 7 febrero 1555 1031
142. Al P. Poncio Cogordán, 12 febrero 1555 1033
143. Al Negus Claudio de Etiopía, 23 febrero 1555 1035
144. Instrucción al P. Juan Nuñes, patriarca de Etiopía . . . . 1042
145. Al P. Melchor Nuñes Barreto, 24 febrero 1555 1050
146. Al P. Melchor Carneiro, 26 febrero 1555 1052
147. A Mons. Gaspar Jofre de Borja, obispo de Segorbe, 12
marzo 1555 1053
148. Al P. Roberto Claysson, 13 marzo 1555 1055
149. Al P. Gerardo Kalkbrenner, prior de la Cartuja de Colo-
nia, 22 marzo 1555 1056
150. Instrucción sobre el modo de tratar o negociar con cual-
quier superior, 29 mayo 1555 1058
151. Al P. Francisco de Borja, 13 junio 1555 1059
152. Al P. Manuel López, 17 junio 1555 1060
153. Al P. Alberto Azzolini, 29 junio 1555 1061
154. A Francisco Jiménez de Miranda, abad de Salas, 11 julio
1555 1063
155. A Pedro Camps, 29 agosto 1555 1067
156. Al P. Francisco de Borja, 17 septiembre 1555 1068
157. Al P. Simón Rodrigues, 12 octubre 1555 1070
158-161. Al señor Jerónimo Vignes, 17 y 24 noviembre de
1555; 18 enero 1556; 17 mayo 1556 1072
162. A Juan Luis González de Villasimplez, 26 noviembre
1555 1076
163-165. A Alejo Fontana, 7 diciembre 1555; 16 febrero 1556;
31 marzo 1556 1079
166. A Juan Pérez, 12 diciembre 1555 1081
167. A los Superiores de la Compañía, 1 enero 1556 1083
168. Al Dr. Alfonso Ramírez de Vergara, 30 marzo de 1556 1084
169. Al P. Antonio Soldevila, 19 abril 1556 1086
XVI índice general

Págs.

170. Al P. Adrián Adriaenssens, 1 2 mayo 1 5 5 6 1089


171. Al P. Lorenzo, 1 6 mayo 1 5 5 6 1091
172. Al H. Juan Bautista, 2 3 mayo 1 5 5 6 1092
173. Al P. Emerio de Bonis, 2 3 mayo 1 5 5 6 1093
174. Al P. Juan Bta. de Fermo, 6 junio 1 5 5 6 1094
175. Al P. Juan (?) Marín, 2 4 junio 1 5 5 6 1096
176. Al H. José, 4 julio 1 5 5 6 1097
177. Al P. Alfonso Román, 1 4 julio 1 5 5 6 1099
178. Al P. Fulvio Androzzi, 1 8 julio 1 5 5 6 1099
179. Al P. Esteban Casanova, 2 0 julio 1 5 5 6 1101
180. A Pedro, sacerdote de Bolonia, 2 3 julio 1 5 5 6 1102
ÍNDICE DE MATERIAS 1105
NOTA A ESTA QUINTA EDICIÓN
La presente publicación de las Obras de San Ignacio, patroci-
nada por la B A C , apareció felizmente en 1952 c o m o árbol de
buenas raíces y fecundas ramas. Se ha i d o desarrollando con
pujanza, mejorando la calidad de su contenido y la forma de su
presentación en sucesivas ediciones.
La segunda edición (1963) incorporó los resultados de los
estudios publicados con m o t i v o del centenario de la muerte de
San Ignacio (1956), especialmente p o r lo q u e se refiere al Diario
espiritual y a las Cartas.
La tercera ( 1 9 7 7 ) , ya bajo la responsabilidad singular del
P. Dalmases, tras la muerte del P. I p a r r a g u i r r e , acaecida en
1973, respetó la anterior, dada la favorable aceptación manifes-
tada p o r los lectores. Pero no dejó de introducir los adelantos
alcanzados en el estudio de la redacción de los Ejercicios y de las
Constituciones y u n a n u e v a traducción de la Fórmula del Instituto,
q u e sustituyera a la m á s libre y literaria del P. Ribadeneira.
La cuarta (1982), cuidada también por el P. Dalmases, se
limitó a las operaciones comunes a todas las anteriores: correc-
ción de erratas y añadidura de indicaciones bibliográficas, para
poner al día de a l g u n a manera las introducciones y notas.
La presente edición nace por necesidad, al haberse a g o t a d o
la cuarta. Pero se ha p r o c u r a d o q u e estuviese en manos de los
lectores, dada la u r g e n c i a y solemnidad del acontecimiento,
para el centenario del nacimiento de San I g n a c i o (1991). M e ha
sido encomendada por ser, quizá, quien m á s de cerca ha segui-
do la preparación de las ú l t i m a s ediciones, junto al q u e r i d o y a
difunto P. Dalmases. Creo q u e u n a de l a s mejores maneras de
poner ésta en sintonía con la solemnidad presente es el recono-
cimiento de los valores por los q u e han merecido tan favorable
aceptación las ediciones precedentes, respetando el trabajo de
mis predecesores.
Entre los elementos m á s apreciados h a y q u e contar el traba-
jo historiográfico q u e le sirve de «Introducción general», las
introducciones a cada obra en particular, sobre todo las del
Diario y las Cartas; y, m á s a ú n , su magnífico « í n d i c e de mate-
rias». Y habría q u e añadir q u e los criterios s e g u i d o s general-
mente en la transcripción de los textos (conservación de las
formas a n t i g u a s y adaptación de la ortografía), a pesar de sus
inconvenientes, han facilitado su lectura a u n g r a n público.
T o d o esto se ha conservado en la presente edición, de
acuerdo con la editorial. M i trabajo ha consistido, ante todo, en
completar la citada valiosa historiografía con la parte q u e le
XVIII Nota a esta quinta edición

faltaba, la correspondiente al posconcilio V a t i c a n o II. L u e g o ,


en llenar el vacío q u e había q u e d a d o , después de la primera
edición, restituyendo a su puesto las Reglas de San Ignacio. Si la
razón fue la economía del espacio, he creído q u e una cosa es
dejar de publicar a l g u n o s ejemplares de una categoría de obras
ignacianas y a bien representada, c o m o son las cartas, y otra
m u y diferente suprimir toda una categoría, c o m o son las reglas
ignacianas, q u e a l g u n a s de ellas se conservan autógrafas. Este
mismo criterio han seguido los editores de las obras, en las tra-
ducciones a otras l e n g u a s , q u e se están p r e p a r a n d o con m o t i v o
del actual centenario. M e limitaré a incluir las autógrafas y aque-
llas q u e , por su naturaleza y los datos históricos con q u e conta-
m o s , más directamente han de ser consideradas c o m o suyas.
En las Cartas, la n.16 de la precedente edición ha sido
sustituida por otra de la m i s m a época, garantizada por la co-
rrección autógrafa de San I g n a c i o y de g r a n v a l o r histórico,
particularmente hoy, con la importancia a d q u i r i d a por el estu-
dio de los inicios de toda O r d e n religiosa. Por semejantes
razones hemos introducido también la carta a mosén V e r d o l a y ,
en el l u g a r q u e le corresponde s e g ú n la fecha (24 de julio de
1537). Han sido añadidas otras dos cartas referentes a la perse-
cución sufrida por la C o m p a ñ í a en Zaragoza (del 26 de n o v i e m -
bre y 12 de diciembre de 1555). En ellas aparece la conducta de
I g n a c i o ante la situación: interés histórico y espiritual; pero
también se ha tenido en cuenta el particular v a l o r doctrinal de
la segunda.
Por lo q u e toca a las Constituciones, hemos preferido dar el
texto que dejó San Ignacio a su muerte (texto B ) , sin las adi-
ciones o modificaciones introducidas por la Congregación Gene-
ral I, q u e no son texto del Santo. Estas han q u e d a d o relega-
das a las notas con las explicaciones o citas correspondientes.
En esta edición, las Constituciones aparecerán y a d i v i d i d a s en
versículos, c o m o los Ejercicios.
Por lo d e m á s , el trabajo necesario de poner al día la biblio-
grafía, las notas y las citas; c o r r e g i r a l g u n o s errores inadverti-
dos hasta ahora, y las varias erratas de imprenta q u e siempre
escapan a la debilidad h u m a n a ; completar el « í n d i c e de mate-
rias». Esta ha sido mi labor, y es lo q u e m e permite a g r e g a r
mi n o m b r e al de mis venerados predecesores I. I p a r r a g u i r r e
y C. de Dalmases. Q u e el Señor se d i g n e bendecir con frutos
espirituales abundantes esta n u e v a edición de las Obras de San
Ignacio de Lojola en el centenario de su nacimiento.

M. R u i z JURADO, S. I.
SIGLAS PRINCIPALES

AHSI Archivum Historicum S. I. (revista semestral:


Roma).
AR Acta Romana S. I. (Curia General S. I.).
Arch Archivo (seguido de la denominación y ciudad).
ARSI Archivo Romano S. I.
BIHSI Bibliotheca Instituti Historici S. I. (colección pu­
blicada en el Instituto Histórico S. I.: Roma).
CahSpirlgn ... Cahiers de Spiritualité Ignatienne (revista trimes­
tral: Québec-Canadá).
CBE Collection de la Bibliotbéque des Exercices: Enghien-
Paris.
Chron Chronicon Polanci, 6 vols. (MHSI).
CIS (Revista del Centro Ignaciano de Espiritualidad:
Roma).
Const Constitutiones S. 1., 3 vols. (MHSI).
Constitutiones .. Constituciones S. I. (ed. modernas).
Ej Ejercicios.
Epp Epistolae Sti. Ignatii de hoyóla, 12 vols. (MHSI).
Epp. Mixt. ... Epistolae Mixtae (MHSI).
Font. doc Fontes documentales de S. Ignatio de hoyóla (MI).
Font. narr. ... Fontes narrativi de Sancto Ignatio de hoyóla (MI).
MANR Manresa (revista trimestral: Manresa-Lovola-
Madrid).
MHSI Monumenta Histórica S. I. (colección de docu­
mentos históricos S. I.).
MI Monumenta Ignatiana (4 series de MHSI).
Mon Monumenta.
P.U.G Pontificia Universitas Gregoriana (Roma).
RAM Revue d'Ascétique et de Mvstique: Toulouse.
RazFe Razón y Fe (revista: Madrid).
ZAM Zeitschrift für Aszese und Mystik.
OBRAS
DE

SAN IGNACIO DE LOYOLA


INTRODUCCIÓN GENERAL
7. HISTORIOGRAFÍA IGNACIANA
La figura de San Ignacio a través de los siglos

1. FUENTES Y PRIMEROS INTENTOS DE BIOGRAFÍAS

L o s colaboradores más íntimos del Santo se dieron cuenta


en seguida del v a l o r de la personalidad de San Ignacio y se
apresuraron a recoger toda clase de datos y sucesos q u e pudie-
ran servir para la posteridad.
Goncalves da Cámara aprovechó su puesto p r i v i l e g i a d o de
ministro de la Casa Profesa, que le o b l i g a b a a estar en contacto
continuo con el Santo, para observarle de cerca y anotar día por
día los dichos, las impresiones y anécdotas q u e pudieran ilumi-
nar de a l g u n a manera el m o d o de pensar u obrar del Santo,
y los PP. Pedro de Ribadeneira, J u a n Alfonso de Polanco y
2
J e r ó n i m o N a d a l anotaron i g u a l m e n t e g r a n n ú m e r o de datos.
Estos tres últimos no se contentaron con observar al Santo
y suministrar preciosos materiales para futuras biografías. Qui-
sieron dar forma más o menos perfecta a sus apuntes y legarnos
una narración de la v i d a del fundador.

Al primero a quien cupo semejante honra fue al P. PEDRO DE


RIBADENEIRA. Ya en el lejano 1546, estudiante todavía en la Universi-
dad de Padua, quiso comenzar con el primer requisito necesario para
escribir la vida de su Padre; recoger noticias seguras de los que más
íntimamente conocían al Santo. En este sentido escribió al confesor de
San Ignacio, P. Diego de Eguía. Con Ribadeneira se encontraba en la
misma Universidad JUAN ALFONSO DE POLANCO. NO es improbable
que la iniciativa hubiera partido de alguna conversación tenida entre
3
ambos . El hecho es que poco después presentaba Polanco dos esbo-
zos o «sumarios» de la vida de San Ignacio, uno en 1548 y otro

1
Puede verse RICARDO GARCÍA-VILLOSLADA, La figura histórica de San Ignacio de
Loyola a través de cuatro siglos: Ra2Ón y Fe 153 (1956) 45-70, que utilizó la primera edición
de esta Introducción; v San Ignacio de Loyola. Nueva biografía (BAC maior 28, Madrid 1986)
p.4.20.
2
El Memorial del P. Goncalves da Cámara ed. en Monumento Histórica S. I. (MHSI,
Fontes narr. I 508-753), De aclis P. N. Ignatii, Collectanea, Dichos y Hechos de N. P. San
Ignacio recogidos por el P. Ribadeneira; los Sumarios de la vida de San Ignacio, uno
español y dos italianos, más la biografía puesta al principio del Chronicon del P. Polanco;
numerosas exhortaciones del P. Nadal, junto con noticias insertas en los Diálogos en favor
de la Compañía del mismo padre, editados en MHSI, Font. narr. v.l y 2. También
aportan noticias varias los escritos del P. Nadal publicados por el P. Nicolau en MHSI,
Commentarii de Instituto S. I. (Roma 1962).
3
MHSI, Fontes narr. I 9-10 y 54-55. Véase la introducción a Fontes narr. II.
4 Introducción general

en 1 5 5 1 . Pero ambos escritos eran de carácter semioficial. Polanco no


podía realzar a su gusto las grandezas y virtudes de su querido Padre,
por cuyas manos tenían que pasar los sumarios antes de la divulgación
y quien, sin duda, cortaría despiadadamente lo que redundase en su
gloria. Por ello, el diligente secretario, paralelamente a estos informes
curiales, fue elaborando otro escrito más secreto en el que pudiera
explayarse a su gusto. Su trato continuo con el Santo le ponía en
condiciones excepcionales para captar toda clase de informaciones.
Parece que la idea de Polanco era comunicar no sólo con los jesuítas,
sino aun con los seglares, el resultado de sus indagaciones, apenas
falleciera el santo General. No pudo, con todo, por sus apremiantes
ocupaciones, llevar a cabo su proyecto. Tuvo que resignarse a dejar-
nos en borrador sus apuntes, que constituyen una mina preciosa para
los historiadores.
Entre las personas a quienes Polanco pidió noticias está el
P. DIEGO LAÍNEZ, quien ya en 1 5 4 7 respondió a sus requerimientos
con un escrito, llamado por su autor carta, pero que en realidad es una
breve biografía que, como se ha escrito acertadamente, constituye «la
célula inicial y aun en cierto sentido la base primera de toda la
4
literatura sobre San Ignacio» .

T a m b i é n el P. JERÓNIMO NADAL es benemérito en el campo


de la historiografía ignaciana. En sus visitas por casi todas las
naciones europeas donde había jesuítas, se encontraba con innu-
merables jóvenes q u e nunca habían visto a San Ignacio y que
apenas sabían nada cierto de él. Nadal, para satisfacer tan legíti-
ma curiosidad, planeó un esbozo de su vida y del o r i g e n de la
Compañía, q u e iba e x p o n i e n d o en las pláticas q u e dirigía a
todos reunidos. R e c o g i ó a la vez en sus escritos, sobre todo en
5
su Apología de los Ejercicios y en Diálogos, interesantes n o t i c i a s .
Pero su mérito principal en este campo no radica tanto en
los importantes datos q u e nos transmitió, sino en haber obteni-
do q u e San I g n a c i o narrara los sucesos principales de su vida.
El m i s m o fundador dejó constancia de las presiones q u e Nadal,
6
junto con otros padres, le hicieron en este s e n t i d o . A l P.
Goncalves da Cámara, q u e r e c o g i ó las preciosas confesiones
ignacianas con escrupulosa fidelidad, instó también el P. Nadal
a « q u e importunase al Padre, diciéndome — e s c r i b e C á m a r a —
muchas veces q u e en n i n g u n a cosa podía el Padre hacer más

4
LETURIA, Nuevos datos sobre San Ignacio (Bilbao 1 9 2 5 ) p.3. La edición de la carta del
P. LAÍNEZ en MHSI, Fontes narr. I 5 4 - 1 4 5 .
5
Las pláticas de Nadal en MHSI, Fontes narr. I 3 0 4 - 3 1 3 , y II 1 - 1 0 . 1 4 0 - 2 0 4 . 4 0 0 - 4 0 7 , y
en M. NICOLAU: Jerónimo Nadal. Sus obras y doctrinas espirituales (Madrid, CSIC, 1 9 4 9 ) , y
Pláticas espirituales del P. Jerónimo Nadal, S. I., en Coimbra (1561) (Granada, Facultad de
Teología S. I., 1 9 4 5 ) ; la apología en Epp. Nadal IV 8 2 0 - 8 2 6 , y Pol. Chronicon III 5 2 7 - 5 7 3 ;
los Diálogos en Fontes narr. II 2 1 9 - 2 8 0 . Edición íntegra de los Diálogos de Nadal, en MHSI,
Commentarii de Instituto S. 1.
6
Prefacio a la Autobiografía (MHSI, Fontes narr. I 3 5 6 ) .
I. Historiografía tgnaáana 5

bien a la Compañía q u e en hacer esto, y q u e esto era fundar


7
verdaderamente la C o m p a ñ í a » . A fuerza d e i m p o r t u n a r e insis-
tir, c o n s i g u i ó Nadal la principal fuente autobiográfica q u e exis-
te para la v i d a de San Ignacio.
En esta línea documental h a y q u e colocar también a l g u n a s
cartas sueltas del Santo, la relación sobre la elección de general
y la emisión de los votos en la Basílica de San Pablo, y sobre
todo el escrito q u e n o s permite penetrar m á s h o n d o en el alma
de San I g n a c i o , su famoso diario espiritual, o mejor unas cuarti-
llas de su diario, q u e se salvaron excepcionalmente del fuego al
8
q u e la h u m i l d a d del Santo las había d e s t i n a d o .

2. LAS PRIMERAS BIOGRAFÍAS IMPRESAS

En 1567, San Francisco de Borja comisionó oficialmente a


Ribadeneira el redactar la anhelada biografía. El e n c a r g o encon-
tró a Ribadeneira m u y preparado. Desde 1553 había i d o reco-
g i e n d o notas y t o m a n d o apuntes. A raíz de la muerte del
fundador intensificó su tarea. P u d o p o r ello ahora, en breve
lapso de tiempo, c u m p l i r su cometido. L a redacción estaba y a
acabada a principios de 1569. Con todo, la impresión se hizo
9
esperar, p o r diversas dificultades, hasta 1 5 7 2 .

La vida la escribió en latín. Lo exigía así el estar destinada a los


jesuitas de todo el mundo y aun el carácter oficial que se quiso dar a su
publicación. Sólo once años más tarde, en 1583, dio la traducción
castellana. La historia de las demás ediciones estuvo erizada de no
pocas dificultades. Su estudio no ofrece interés para el objeto de esta
introducción. Queremos solamente recalcar que esta protobiografía
marca una nueva época en la hagiografía universal. El P. Rey escribe:
«El libro de valor histórico más acendrado de nuestro siglo de oro. No
hay en ella anécdota, frase ni palabra que no lleve la garantía de un
10
documento escrito o de un testimonio ocular» . Con todo, es necesa-
rio reconocer que a veces simplifica demasiado los problemas y se
queda en la superficie externa del proceso espiritual o histórico de su
11
biografiado .

7
MHSI, Fontes narr. I 360.
8
Todavía pueden verse más fuentes en los volúmenes de Monumenta citados en las
notas anteriores: Fontes narrativi 1-IV.
9
Cf. Historias de la Contrarreforma por el P. RIBADENEIRA. Introducciones y notas del
P. E. REY (BAC, Madrid 1945) p.6-10. Una exposición histórica de la génesis de la Vida
de San Ignacio por Ribadeneira puede verse en MHSI, Fontes narrativi IV p.3-52.
1 0
E. REY en Historias de la Contrarreforma p.16.
11
Puede verse un caso de la simplificación problemática y aun desviación en algún
punto histórico de Ribadeneira en P. LETURIA, ¿HI\O San Ignacio en Montserrat o Manresa
vida solitaria': Hispania Sacra, 3 (1950) 251-218, sobre todo 289-396.
6 Introducción general

Pocos años después de Ribadeneira, en 1585, publicaba el


elegante latinista italiano JUAN PEDRO MAFFEI una n u e v a vida
de San Ignacio, también nacida por comisión oficial de un P. Ge-
neral, esta vez del P. Everardo Mercuriano. M á s retórica y académi-
ca, carecía del encanto q u e daba a Ribadeneira su manera peculiar
de narrar, y q u e comunicaba a toda la obra — p a r a decirlo con
palabras de un elegante escritor francés— «el aire de verdad
12
q u e hace se crea sin dificultad aun lo más m a r a v i l l o s o » . Faltá-
bale la cálida emoción q u e supo transmitir a sus p á g i n a s el
i n g e n u o Ribadeneira y, sobre todo, la autoridad que daba al
benjamín del fundador su contacto personal e intimidad con
el Santo. A pesar de esto, gracias a los relevantes méritos de la
n u e v a vida, a lo terso y fluido de su estilo, tan en consonancia
con los g u s t o s de la época; a su amplia y objetiva información,
en parte n u e v a , tomada principalmente del Chronicon de Polan-
co, t u v o resonancia, a u n q u e no llegase a la de Ribadeneira.
Reeditada decenas de veces, fue traducida a las principales
13
lenguas .
Ribadeneira y Maffei p u d i e r o n manejar todos los escritos
del Santo — s i se exceptúan su cartas, q u e en g r a n n ú m e r o se
encontraban en poder de múltiples d e s t i n a t a r i o s — , entre ellos
la Autobiografía y el Diario espiritual, celosamente g u a r d a d o s en
el archivo de R o m a . Después de la publicación de ambas vidas
quedaron los escritos ocultos. Se creyó mejor no permitir su
uso. El estado fragmentario, su estilo descuidado, podían — a s í
se o p i n a b a — desilusionar. Se creía además q u e lo que había en
ellos de interés general lo habían ya e x h u m a d o los dos biógra-
fos oficiales.
Debido a esta táctica, las biografías ignacianas posteriores
del siglo x v i i y aun del principio del x v m iban a g i r a r sobre el
eje de las dos vidas oficiales. Las demás fuentes estaban cerra-
das. Q u e d a r í a n ocultas en los archivos durante más de dos
siglos. La orientación dada sobre todo por R i b a d e n e i r a , el autor
q u e llevó las preferencias de la m a y o r í a , influyó en g r a n m e d i d a
en la historiografía posterior.
Fue providencial para la hagiografía i g n a c i a n a q u e el inicia-
dor hubiera trazado una silueta objetiva del biografiado y hu-
biera dado a la construcción un ensamblaje exacto y preciso.
Gracias a eso, a pesar de los adornos postizos y el ornato q u e se
adhirió a la figura del Santo, conforme al g u s t o de la época, en
las v i d a s posteriores, c o m o en seguida detallaremos, la figura de

1 2
D. BOUHOURS, La Vie de S. Ignace, fondateur de la Compagine de Je'sus (París 1 6 7 9 )
Avertissement.
1 3
Cf. SOMMERVOGEL, 5 , 2 9 6 - 2 9 7 .
I. Historiografía ignaciana 7

San Ignacio pasó de generación en generación, con a l g u n a s


adulteraciones, es v e r d a d , pero m u c h o más depurada que las
bibliografías similares.

Se puede decir que las únicas desviaciones consistieron en incrus-


tar algunas piadosas leyendas en la niñez y en desfigurar el carácter de
la juventud del Santo, y esto por el lamentable modo con que Maffei
doró aquellos aciagos años, separándose en esto, contra su costumbre,
de Polanco. Le debió de parecer que desdecía de un fundador y de un
santo una juventud desgarrada y vana. Para esfumar esta mala impre-
sión, la redujo a dos páginas de vaporosos párrafos latinos y, lo que es
peor aún, trazó una semblanza de un joven algo frío, pero incorrupto
y fiel en lo esencial. Los demás biógrafos, dada la autoridad de Maffei,
debieron de creer que su información era exacta en este punto, como
lo es en casi todo lo demás. Aparecida después de Ribadeneira, revisa-
da oficialmente, podía dar lugar a la sospecha de que se había querido
corregir a éste. El hecho es que hasta que no se airearon otras fuentes
más inmediatas, en que aparecía de modo inconcuso la verdadera
estampa de la juventud de San Ignacio, prefirieron los biógrafos la
interpretación más benigna.
Fuera de esto, los datos concretos que hay que rectificar en los
posteriores biógrafos son escasos y de valor secundario.
Para apreciar en su justo valor este hecho, basta comparar las
biografías de San Ignacio con las de su discípulo San Francisco Javier.
Las cartas del gran apóstol de las Indias —verdaderos retazos autobio-
gráficos— alcanzaron desde el principio una gran publicidad. Y, no
obstante esa base documental de primer orden, se entretejieron no
pocas leyendas referentes al número de conversiones, a milagros ope-
rados, a su ciencia políglota. Diminutos reinos se consideraron como
14
grandes naciones . Faltó a Javier un Ribadeneira que valorara los
documentos en su justo contenido, proyectara sobre el medio ambien-
te exacto los hechos grandiosos del Santo navarro, que no necesitaba
de estas exageraciones para ser auténticamente grande.

Iban a q u e d a r m u c h o tiempo Ribadeneira y Maffei las fuen-


tes casi únicas. El P. Lancicio hubiera podido haber e x h u m a d o
15
noticias n u e v a s si hubiera escrito la vida q u e p r o y e c t a b a , y a
q u e trabajó varios años en el archivo central de la Orden y
estuvo en contacto con a l g u n o s de los q u e conocieron al Santo.
Pero no llevó a cabo su obra. T a n sólo dejó diseminados en sus
escritos a l g u n o s hechos, casi siempre de carácter edificante, q u e
se traen a manera de ejemplos.
Es curioso el sistema s e g u i d o por el P. FAVARD, en vida aún

14
Cf. G . SCHURHAMMER, Die Bekebrung der Paraver (1535-1587): A H S I 4 (1935) 201-
233, sobre todo 225-233.
15
En la advertencia a la obra Gloria Sti. Ignatii escribe el mismo LANCICIO: «Reser-
vans caetera pro alio opúsculo quod... cupio scribere de vita Sti. Ignatii».
8 Introducción general

del P. Ribadeneira. Quiso presentar al p ú b l i c o francés la figura


de San Ignacio. N o se sentía capacitado para escribir n i n g u n a
obra nueva. Pero t a m p o c o quería traducir a l g u n a de las dos
existentes. Prefirió a p r o v e c h a r los datos de a m b a s . T o m ó c o m o
fundamento la v i d a del P. Ribadeneira, pero insertando de
cuando en c u a n d o , en los pasajes en que le parecía era más
completo el P. Maffei, párrafos tomados de este autor. Hizo
una especie de concordia ignaciana a base de los dos primeros
16
biógrafos .
Con ocasión de la beatificación y, sobre todo, de la canoni-
zación de San I g n a c i o h u b o necesidad de dar a conocer a los
fieles la figura del n u e v o Santo. En casi todas las naciones se
escribieron diversas v i d a s . Pero todas se redujeron a extractar
los datos fundamentales de Ribadeneira y Maffei y a c o m o d a r l o s
a la mentalidad del público a q u e cada u n o se d i r i g í a . A raíz de
su beatificación publicaron sendas vidas el italiano P. PEDRO
BOMBINO y el b o h e m o JORGE FERUS. En las demás partes se
contentaron con la reimpresión de las biografías anteriores.
En c a m b i o , en 1 6 2 2 , el año de la s u p r e m a glorificación,
a b u n d a r o n las n u e v a s publicaciones. A d e m á s de los PP. Bombi-
no y F e r u s , q u e reeditaron sus obras, aparecieron biografías en
casi todas las l e n g u a s . En castellano escribió el P. JUAN PABLO
FONS; en francés, el conocido escritor ESTEBAN BINET; en fla-
m e n c o , los PP. JUAN MARTINI y HERIBERTO ROSWEYDE; en
alemán, el P. SANTIAGO COLENS; en italiano, los PP. JUAN
JERÓNIMO SOPRANIS y NICOLÁS TEBALDINI. Se v o l v i e r o n a edi-
tar las vidas latinas de R i b a d e n e i r a y Maffei, más una n u e v a
traducción latina de la v i d a breve inserta por R i b a d e n e i r a en el
17
Flos Sanctorum hecha por J a c o b o B i d e r m a n n .
D e n t r o de la línea ornamental de homenaje y glorificación
q u e m o t i v ó estas biografías, es d i g n a de particular mención la
del P. JORGE MAYR, ilustrada con 1 0 0 i m á g e n e s , q u e en una
tirada llevaban la leyenda en latín y en otra en alemán, y sobre
t o d o las de LANCICIO ( R o m a 1 6 0 6 ) y RIBADENEIRA ( A m b e r e s
1 6 1 0 ) , también en i m á g e n e s . El m i s m o P. M a y r antes, en 1 6 1 6 ,
había traducido al g r i e g o el c o m p e n d i o de la v i d a del P. R i b a -
deneira, vertido al latín por el P. Gaspar Q u a r t e m o n t .
M e n c i ó n aparte merecen dos biografías: la del P. MORIN,
q u e q u i s o hacer una obra más seria y amplia, no precisamente

1 6
FR. FAVARD, La Vie dtt R. Pére Ignace de Layóla, fondateur de la Compagnk de Jésus.
Nouvellement traduicte du latin du R . P. Ribadeneira, de la dicte Compagnie, et enrubie de
plusieurs chases tirées de R. P. Pierre Maffeée (Avignon 1 5 9 9 ) .
17
Véase la lista de las obras escritas sobre San Ignacio en SOMMERVOGEL, 10, 1643-
1647.
7. Historiografía ignaciana 9

un resumen ocasional, y sobre todo la del iniciador de los


bolandos, Heriberto R o s w e y d e , q u i e n en su breve biografía da
ya prueba de un sano criterio d e p u r a d o r histórico, omitiendo
18
muchas de las adulteraciones i n t r o d u c i d a s .

* * *

¿ C ó m o han presentado las biografías de primera hora la


figura de San Ignacio? Y a hemos indicado q u e el boceto q u e
delinean es histórico en sus líneas fundamentales. Pero el boce-
to no es todo el trabajo. En la forma se i m p u s o el ambiente del
n u e v o p e r í o d o de exaltación católica. Nacía una n u e v a actitud
espiritual de concebir la vida, q u e iba transformando la activi-
dad h u m a n a en todas sus manifestaciones, lo m i s m o literarias,
ascéticas, sociales, q u e políticas, elevándolas a una altura tras-
cendente y católica desconocida hasta entonces. Semejante e v o -
lución t u v o necesariamente q u e repercutir en las v i d a s de u n o
de los santos más representativos de la restauración católica, y a
quien con derecho se le debía considerar c o m o u n o de los
adalides de ese n u e v o m o v i m i e n t o q u e se imponía. Por eso no
es extraño q u e en sus p á g i n a s se recogiera la vibración triunfal
del m o m e n t o y se usara una forma retórica, solemne; un estilo
i m b u i d o de cierto m a n i e r i s m o cortesano.
Enfocada de esta manera la vida, e m e r g e la figura señera de
San Ignacio fundador y organizador genial. Un halo de admiración
y entusiasmo rodea su i m a g e n . Se idealiza al h o m b r e , se busca
lo admirable y extraordinario.

Maffei —por fijarme en el que inició esta orientación—, con su


elegancia académica indiscutible, que seducía tanto en aquel período
de exaltación de la forma, va poniendo en boca de San Ignacio
discursos acabados. Retoca las expresiones sencillas del Santo, dándo-
les una ampulosidad de que carecían en el original. Ya hemos visto
cómo idealizó la juventud. En el último libro, en que traza una
pintura de conjunto, reduce a tres páginas la descripción de la vida
cotidiana y doméstica — y aun ahí nos da un San Ignacio deshumani-
zado—, y, en cambio, dedica el capítulo más largo a las «cosas admira-
bles de San Ignacio». Para ver el ambiente de entusiasmo que se había
formado en torno a San Ignacio, basta recordar la repercusión que
tuvo su personalidad en literatos y artistas de fama universal, como
Cervantes, Quevedo, Lope de Vega, Góngora, Argensola y, algo más
19
tarde, Calderón de la Barca .

18
La cita exacta, en la bibliografía general.
19
Cf. J . ISERN, San Ignacio y su obra en el siglo de oro de la literatura castellana f 1516-1700)
(Buenos Aires 1924).
10 Introducción general

San I g n a c i o , fundador providencial y extraordinario de una


a d m i r a b l e y nunca vista r e l i g i ó n , es la inscripción q u e se podría
poner debajo de la g r a n d i o s a i m a g e n forjada por las vidas de
este p r i m e r período, i m a g e n de proporciones casi ciclópeas,
recargada de ornamentación fastuosa.
San I g n a c i o era en v e r d a d ese providencial fundador y ese
héroe de la Iglesia. Pero también un hombre. Y el aspecto
h u m a n o q u e d a b a soterrado bajo la mole inmensa de las g r a n d e ­
zas a c u m u l a d a s . N o se podía percibir en esa figura hierática y
gigantesca el latido í n t i m o , las reacciones p s i c o l ó g i c a s , el proce­
so interno de su vida.

3. BIOGRAFÍAS CON FUENTES NUEVAS

Las v i d a s escritas en t o m o a la canonización eran, c o m o


hemos visto, un acto de ofrenda, un m o n u m e n t o l e v a n t a d o en
honor del n u e v o Santo, q u e no aportaba nada n u e v o desde el
punto de vista biográfico. Sin e m b a r g o , el acto s u p r e m o de la
glorificación iba a repercutir bien p r o n t o en la e v o l u c i ó n de
la hagiografía i g n a c i a n a . L o s procesos que se habían celebrado
por prescripción eclesiástica, c o m o requisito indispensable para
probar la heroicidad de las v i r t u d e s , a c u m u l a b a n preciosos da­
tos, i g n o r a d o s hasta entonces, de los testigos, en la m a y o r í a de
los casos demasiado mediatos. Se habían además r e c o g i d o escri­
tos, dichos, recuerdos del Santo. Era un tesoro desconocido
que iba a e n g r o s a r las n u e v a s biografías, a u n q u e no en la
medida suficiente, ya q u e con los procesos se dio un fenómeno
parecido a los escritos del Santo, que n o se i m p r i m i e r o n en su
integridad en aquella época. Pero a l g u n o s , c o m o los PP. JACO-
20
BO GRETSER y BARTOLOMÉ KASSICH , l o g r a r o n publicar varias
relaciones enriquecidas con datos n u e v o s entresacados de los
procesos.
Y a en 1 6 2 9 apareció una v i d a a n ó n i m a que acusa esta n u e v a
21
o r i e n t a c i ó n . Prescindiendo de este libro, q u e más q u e b i o g r a ­
fía es un informe, el primer autor q u e aporta n u e v o s materiales
t o m a d o s de estas relaciones e incluso el a r c h i v o central de la
Orden es el P. DANIEL BARTOLI en su v i d a editada en 1 6 5 0 .

2 0
GRETSER, Duae relationes de B. Ignacio et B. Francisco Xaverio factae in Consistorio secreto
coram Sanctissimo D. N. Gregorio XV a Francisco Mariae Episcopo Portuensi S. R. E.
Cardenali a Monte (Dilinga 1622), y KASSICH, Relatio Vitae, Miraculorum et Canoni^ationis
S. P. Ignatii (Roma 1623).
21
La vie, les miracies et la Canonización de 5. Ignace de Loyola, jondateur de la Compagnie de
Jésus, tirées des informations authentiques du Procés de sa Canoni^ation (Rouen 1629).
I. Historiografía ignaciana 11

Posee un fondo mucho más rico que las anteriores y, sobre todo,
más controlado. Los datos los toma —como él mismo tiene cuidado
de promulgarlo desde el principio—, «no de ningún autor moder-
no, sino de las primeras fuentes de donde se derivaron desde el
principio las otras publicaciones; digo, de los auténticos manuscritos
del mismo Santo y de los PP. Pedro Fabro, Diego Laínez, Simón
Rodrigues, Jerónimo Nadal, Oliverio Manare, Diego Mirón, Edmun-
do Auger, Aníbal du Coudret, Diego de Guzmán y de otros que
vivieron algún tiempo con él. Además de esto, de muchos y grandes
volúmenes de cartas y de todo lo que en los procesos de canonización
22
depusieron 75 testigos» .
Esta solemne declaración y protesta de autenticidad hay que tem-
plarla con otra confesión impresa también en el pórtico de su obra,
donde afirma que no escribe el libro tanto «por historia como por
23
apología» .

L a b r a la i m a g e n clásica de San I g n a c i o , g e n i a l fundador y


g e n e r a l , estratega sin i g u a l , debelador del protestantismo, ejem-
plar s u b l i m e de todas las virtudes. No se contempla a San
Ignacio en su p e q u e ñ o cuarto c o n v e r s a n d o con sus hijos, o en
el jardín c o n t e m p l a n d o las florecillas del c a m p o , sino hierático e
idealizado entre los resplandores de la g l o r i a de Bernini.
Casi lo m i s m o d e b í a m o s decir del francés BOUHOURS, clásico
escritor, a u n q u e n o en g r a d o tan eminente c o m o Bartoli, dema-
siado solemne y a c a d é m i c o , al q u e , salvadas las debidas distan-
cias, se le podía llamar el Bartoli francés. Bien informado,
estilista d e p u r a d o y elegante, su obra fue una de las más d i v u l -
g a d a s . L l e g ó a tener 25 ediciones y mereció el h o n o r de tradu-
24
cirse al alemán y f l a m e n c o .
En la m i s m a línea continuó JUAN EUSEBIO NIEREMBERG, del
q u e se puede repetir casi todo lo q u e se ha dicho de Bartoli y
B o u h o u r s , cuya biografía a d q u i r i ó también una g r a n difusión y
2 5
fue traducida a varias l e n g u a s .

Nieremberg quiso que constara en el mismo título la riqueza de


materiales con que contaba y el fondo histórico en que se basaba:
«Vida... resumida y añadida de las bulas y relaciones de su canoniza-
ción y de otros graves autores».
Estos «graves» autores no eran todos tan graves como él, demasia-
do crédulo, se imaginó, y por ello introdujo ya escenas y exageracio-
nes que no se encuentran en Bartoli. Y, sobre todo, dio demasiada
preferencia al aspecto maravilloso, a las profecías, sucesos extraor-

2 2
Opere del P. DANIELLO BARTOLI, v . 1 3 , De/ta Vita e deti'Instituto di S. Ignacio
(Florencia 1 8 3 1 ) p.25.
2 3
Opere del P. D . BARTOLI, p . 1 7 .
2 4
Cf. SOMMERVOGEL, 1 , 1 9 0 3 - 1 9 0 4 .
2 5
Cf. SOMMERVOGEL, 5 , 1 7 3 4 - 1 7 3 5 .
12 Introducción general

dinarios, dichos que se atribuían ai Santo con más o menos fundamen-


to, forjando una estampa que en algunos puntos más extravagantes
recordaba a las leyendas hagiográficas medievales, y que aun en sus
momentos más felices daba un Santo idealizado.

El P. FRANCISCO GARCÍA t u v o todavía fuentes más comple-


tas q u e estos padres.

Usó, dice él, «los papeles manuscritos» de los primeros jesuítas


junto con los procesos, «todos los cuales papeles originales y auténti-
cos hallé en el Archivo del Colegio Imperial de la Compañía de Jesús
26
de Madrid y los he tenido en mi poder» . De hecho se transcriben
algunos dichos y hechos narrados por el P. Goncalves da Cámara y
datos espigados de Nadal, resultando así su vida «la más copiosa y una
27
de las noticias más seguras» .
Con todo, se le impone el ambiente que exige en los historiadores
de una figura tan sobresaliente como la de San Ignacio: cosas extraor-
dinarias, sucesos maravillosos. Se muestra demasiado crédulo en no
pocas ocasiones. No faltan, en verdad, ocasiones en que rechaza suce-
sos narrados por otros autores o duda de ellos. Véase lo que dice del
nacimiento de San Ignacio, a propósito de una de las leyendas intro-
ducidas a principios del siglo xvu: «Escriben que San Ignacio nació en
un establo por devoción de su madre y providencia divina, para que
naciese como Jesús el que había de ser imitador de Jesús y alférez de
su Compañía; pero yo ni me atrevo a afirmarlo, porque no encuentro
fundamento de la solidez que yo quisiera para la verdad de mi historia,
28
y menos puedo negarlo por los muchos que lo afirman» .
Poco después sigue con ocasión de otra leyenda más inverosímil
aún: «Más fácilmente negara yo, aunque no tengo argumento que me
convenza, sólo porque no lo tengo para persuadirme, lo que dice
29
D. Virgilio Nolarci , citando no pocos autores en la Vida de San
Ignacio, ... que estando para bautizar al infante y discurriendo en el
nombre que le pondrían, queriendo umversalmente que se llamase
Beltrán, como su padre, el niño dijo: Mi nombre ha de ser Ignacio». Y
a continuación, para explicar esta crítica actitud, estampa un principio
de rara probidad histórica para aquella época tan crédula: «Veo que se
dicen de algunos santos con menos fundamento cosas no menos o más
maravillosas, pero yo no quiero decir lo dudoso, aunque probable, de
quien lo cierto, y sin duda, apenas cabe en el crédito de los que miden
30
las obras de Dios por otra mano que la del mismo Dios» .
Reconocemos gustosos que la vida del P. García es la vida del
siglo x v n que en su conjunto nos ha producido más sensación de
objetividad y verdad, a pesar de lo enfático, ampuloso y retórico
2 6
FRANCISCO GARCÍA, Vida, virtudes y milagros de San Ignacio de Loyota (Madrid, ed. de
1722), prólogo (sin paginación).
2 7
Juicio de FLUVIÁ en su Vida de San Ignacio, prólogo (sin paginación).
2 8
FR. GARCÍA, Vida, virtudes y milagros de San Ignacio 1.1 c.l p.23.
2 9
Seudónimo de Luis CARNOH.
3 0
FR. GARCÍA, Vida, virtudes y milagros de San Ignacio 1.1 c.l p.24.
I. Historiografía ignaciana 13

de sus párrafos cadenciosos con que desvirtúa la solidez de muchos de


los datos y sucesos. Van cabalgando metáforas sobre metáforas, imá­
genes sobre imágenes, en una continuidad falta de fondo. Abusa de
tópicos comunes y comparaciones manidas.

Al finalizar el siglo x v n eran prácticamente cuatro los auto­


res en los q u e directa o indirectamente se a p o y a b a n las biogra­
fías ignacianas: Ribadeneira, Maffei, Bartoli y García. La figura
resultante de esta suma de fuentes es una figura más desleída y
desdibujada q u e la trazada por Ribadeneira. L o s datos externos
a c u m u l a d o s no compensan la pérdida del primer arquetipo, de
menos riqueza documental, pero q u e reflejaba tan nítidamente
el alma del Santo. El juicio q u e merece a M a r i a n i la vida del
P. CARNOLI se puede hacer extensivo a la m a y o r í a de los demás
biógrafos de este período. Es un «trabajo de p l u m a menos
31
crítica que d e v o t a » .
M i e n t r a s continuaron ocultos los escritos del Santo no ha­
bía esperanza de poder penetrar en el alma del Santo y contem­
plar el íntimo d e s e n v o l v i m i e n t o de su santidad. En ú l t i m o
análisis, siempre encontramos la misma fuente fundamental de
la desviación histórica: el desconocimiento de los escritos de
San Ignacio. Permítasenos en esta introducción, q u e es intro­
ducción a u n a edición de sus escritos, subrayar una vez más este
hecho.
* * *

Del análisis sumario q u e hemos hecho de los principales


autores se ve que continuaba la reproducción de la estampa de
un San I g n a c i o fundador providencial, santo idealizado. Pero
paulatina e insensiblemente comenzó a ensalzarse un San Igna­
cio en el q u e el elemento de grandeza pasaba a s e g u n d o plano y,
en cambio, su silueta de ejemplaridad y santidad se pone de
relieve con tonalidades más acentuadas.
La canonización, los actos celebrados en torno a ella y,
sobre todo, los panegíricos pronunciados y las vidas publicadas
fueron insensiblemente forjando la figura de un modelo ejem­
plar de todas las v i r t u d e s , de un h o m b r e que descolló no sólo
por su clarividencia en el apostolado y en la organización, sino
también por su perfección heroica. Antes pasmaba más su obra;
ahora, la santidad personal. Antes se fijaban principalmente en
el adjetivo: « a d m i r a b l e » ; ahora, más bien en el sustantivo: «san­
tidad». No hubo, con todo, claras fronteras divisorias. Se trata-

31
A. MARIANI, Delta vita di S. Ignacio ed. de 1845 p.VII.
14 Introducción general

ba más bien de una tendencia q u e s i g u i ó una línea q u e b r a d a e


imprecisa y con z i g z a g s ondulantes.
N o q u e r e m o s fijarnos, para describir esta n u e v a estampa, en
la p l é y a d e de v i d a s de p r o p a g a n d a o de menos valor. V a m o s a
fijarnos en la q u e h e m o s dicho q u e nos ha p r o d u c i d o más
sensación de objetividad. En la del P . Francisco García, quien a
su v e z influyó en otras m u c h a s , sobre t o d o españolas.

En el mismo título expresó la nueva tendencia. Quiso añadir a la


tradicional palabra de «Vida» otras dos, cifra de su intento: «virtudes y
milagros». En la introducción explica así la finalidad que se ha pro-
puesto. Quiere «de este vaso escogido contar las piedras preciosas — y
en esto refleja la tendencia anterior de admiración—, referir las gra-
cias, declarar las perfecciones, celebrar las virtudes», donde claramente
32
se nota la nueva orientación . Antes de comenzar a narrar la vida
propiamente dicha, pone como argumento que ambiente su vida den-
tro del clima en que quiere colocarla un pórtico que titula «Profecías
que precedieron a San Ignacio y su religión». En el cuerpo de la obra
dedica tres capítulos enteros a la santidad de San Ignacio, y en el
tercero hace «un breve discurso de la grandeza de la santidad de
Ignacio», capítulo que es un auténtico panegírico. Y como corona
pone un libro entero, el sexto, que consta de 14 capítulos, sobre los
milagros del Santo. Casi cien páginas de toda clase de prodigios,
apariciones, profecías. Y todavía al final el último toque de atención,
donde paladinamente manifiesta la figura de San Ignacio que ha queri-
do trazar: «Acudamos a este prodigioso taumaturgo, de cuyos mila-
gros es teatro todo el mundo... Mas, para asegurar su patrocinio en la
vida y en la muerte, imitemos su virtudes, sigamos sus ejemplos y
33
alcanzaremos por su intercesión el fin de la bienaventuranza» .
Más que' el fin de una biografía, parece el de un sermón. Es que su
vida —que la hemos analizado como ejemplo típico—, como las
demás de esta época, son verdaderos panegíricos del «taumaturgo e
intercesor, en que se exaltan las virtudes y los milagros».

4. COMIENZO DE UNA TENDENCIA MÁS HISTÓRICA

H u b o y a al principio del siglo x v m un autor que> aurique


no l l e g ó a las fuentes más inmediatas, se acercó m u c h o a ellas y
purificó en sus a g u a s la hagiografía ignaciana de a l g u n a s de las
impurezas infiltradas en el siglo x v n . Es el bolandista JUAN
PÍEN. En su e r u d i t o estudio p r e l i m i n a r v a e x a m i n a n d o y criban-
do las afirmaciones de los diversos autores a la luz de la crítica
histórica. Después edita por primera vez la autobiografía de

3 2
FR. GARCÍA, Vida p.4-5.
3 3
FR. GARCÍA, Vida 1.6 c.14 p.652.
/. Historiografía ignaciana 15

San I g n a c i o , en la traducción del P. Du Coudret, y la v i d a latina


del P. R i b a d e n e i r a .
N o fue estéril su esfuerzo. El rico material a c u m u l a d o en el
g r u e s o v o l u m e n de las Actas de julio sirvió como cantera
insustituible a los futuros biógrafos, q u i e n e s , g r a c i a s a esas
fuentes de primera calidad, comenzaron p r o n t o a dar una ima-
gen del Santo más perfecta y, sobre t o d o , m á s real.
En la v i d a p u b l i c a d a en Bolonia por el P. MARIANI, sólo
diez años después de este v o l u m e n , se refleja y a la n u e v a
tendencia. M a r i a n i se p r o p u s o c o m o fin p r i m o r d i a l « c o m u n i c a r
a Italia en l e n g u a v u l g a r los frutos de u n estudio tan importan-
te» c o m o el del P. Pien, en el cual, «conforme al estilo de
aquella obra, se ha p o n d e r a d o cada cosa y d e m o s t r a d o el funda-
3 4
m e n t o de cada u n a » .

Señal también del nuevo ambiente que se respira, de anhelo de


objetividad, es la solemne protesta que hace en seguida al lector: «Te
prometo» que en todo me encontrarás fiel amante de la verdad y de la
histórica sencillez. Aunque escribo de mi Padre, pretendo hacerlo
35
como si él no me perteneciese» . Y a continuación comienza a enume-
rar y a describir las fuentes de su trabajo: la autobiografía —por
primera vez en la historiografía ignaciana después de Ribadeneira y
Maffei—, testimonios de contemporáneos, Ribadeneira, Maffei, Or-
landini y de los Bolandos. Pero no seguirá ciegamente a estos autores,
sino que por sí mismo compulsará, en cuanto pueda, la verdad de sus
36
afirmaciones e intentará hacer luz en los hechos dudosos . Nace un
nuevo estilo en el enfoque de las biografías de San Ignacio."*
Por desgracia, Mariani no siempre sigue las normas que se ha
propuesto, y se deja llevar algo de la autoridad de otros autores, sobre
todo de Maffei en la juventud de Iñigo. Usa un estilo demasiado
enfático y académico, pero no es poco el haber iniciado una nueva
corriente.
Pronto encontró Mariani imitadores con parecidas tendencias en el
depurador intento.

En España, un decenio más tarde, apareció una biografía


escrita por el P. FRANCISCO JAVIER FLUVIÁ, « e n r i q u e c i d a con
las copiosas sólidas noticias de los padres jesuítas de A m b e r e s » .
El q u e en el título se haya q u e r i d o poner la palabra «sólida» y
dejar constancia de la dependencia bolandiana es una prueba
más del n u e v o g i r o q u e iban t o m a n d o las biografías, de afán de
control y crítica, y a la vez también del descrédito o desconfian-

A . MARIANI, Della Vita p.VII.


A . MARIANI, Della Vita p.VIII.
A . MARIANI, Della Vita p.VlII-XH.
16 Introducción general

za de que se habían rodeado no pocas de las a n t i g u a s publica-


ciones.

Como los demás autores de este período, expone en el prólogo las


credenciales de su obra y da fe de crítica y veracidad. Sus fuentes son
«tan averiguadas y seguras, como sacadas o de los procesos o de otros
papeles auténticos del archivo de nuestra casa profesa de Roma, o de
instrumentos jurídicos...». Con todo, su criterio de selección no es tan
inflexible: «Si hubiera alguna no tan cierta o que fuere solamente
probable, sin llegar a tener la certidumbre histórica, la referiré aña-
diendo al mismo tiempo el fundamento que hubiere para ponerla y
dejando al arbitrio del que leyere esta historia que forme el juicio
37
según el peso de la razón en que estribare» .
La realidad es inferior a sus propósitos. Inserta muchas cosas no ya
probables, sino legendarias, como ciertas. Se nos hace en conjunto
inferior a la del P. García, a pesar de que en la introducción asegura
que la va a someter a un proceso de depuración «corrigiéndola en lo
poco en que no concuerda» con las nuevas fuentes. Los adjetivos
extraordinario, prodigioso, heroico, se repiten como una cantinela a lo
largo de todos los capítulos y dan como el tono a su obra.

* * *

M i e n t r a s no se pusiese remedio a la m i s m a raíz y no se


e x h u m a r a n los escritos del Santo y los recuerdos de sus más
íntimos, no se podía pensar en trazar la auténtica figura de San
Ignacio en su pureza y grandeza verdaderas.
Era o b v i o q u e en aquel siglo por esencia histórico y enciclo-
pédico, en el q u e comenzaron a editarse colecciones de fuentes
de toda clase, con un ritmo y en una proporción inusitada hasta
entonces, se pensara en la publicación íntegra de las fuentes
ignacianas.
De hecho, el g r a n historiador jesuíta ANDRÉS MARCO BU-
RRIEL formó en 1750 un g r a n d i o s o proyecto: establecer en
M a d r i d un c o l e g i o o « A c a d e m i a de historiadores jesuitas», q u e
editaran críticamente los documentos relacionados con la Or-
den, plan q u e a su vez era sólo parte de otro m u c h o más a m p l i o
de fuentes para la historia eclesiástica nacional. Estos padres
debían publicar, junto con otros m u c h o s documentos, una serie
38
dedicada a la vida y escritos de San I g n a c i o .
Pero la animosidad contra la C o m p a ñ í a , q u e iba creciendo
sin cesar en aquel p e r í o d o y q u e no paró hasta c u l m i n a r en la
expulsión de los jesuitas del suelo patrio, i m p i d i ó la realización

37
FLUVIÁ, Vida de San Ignacio, prólogo (sin paginación).
3 8
El plan de Burriel en FERNÁNDEZ ZAPICO Y LETURIA, Cincuentenario de Monumenta
Histórica S. 1. 1894-1944: AHSI 13 (1944) 2-3.
I. Historiografía ignaciana 17

de este m a g n o p r o g r a m a . T u v i e r o n q u e dejar sus proyectos y


salir desterrados hacia Italia. En el destierro n o p o d í a n pensar
en llevar a cabo obras q u e e x i g i e r a n u n g r a n d e dispendio. Pero
no cejaron del t o d o . C o m e n z a r o n a trabajar en a l g u n o s p u n t o s
particulares m á s viables. Entre éstos estaba la edición de las
cartas de San I g n a c i o , tanto m á s cuanto q u e los principales
manuscritos necesarios para preparar su publicación se encon-
traban en a r c h i v o s y bibliotecas de Italia.
C o m o i n d i c a m o s en la introducción a las cartas, v a r i o s
padres trabajaron con d e n u e d o en esta empresa. Pero sólo
el padre MENCHACA, con tesón i n i g u a l a d o , después de supe-
rar dificultades sin cuento, l o g r ó dar cima a la ansiada p u b l i c a -
39
ción .

La obra del P. Menchaca es mucho más que la edición escueta


de 97 cartas. En un largo prólogo de más de 200 páginas va iluminan-
do la vida de San Ignacio con luz que aportan las cartas que publica.
Respaldado en su texto, corrige inexactitudes de autores antiguos,
precisa fechas, incluye datos nuevos. Se puede considerar con razón
este prefacio como el primer trabajo en el que se asimilan las cartas
ignacianas como documentos para la biografía del Santo. No puede
extrañar que la obra de Menchaca gane en exactitud a todas las
precedentes.

Con la p u b l i c a c i ó n de este trabajo comenzó a alborear una


n u e v a era. Se tenían ahora fuentes s e g u r a s para revisar y con-
trolar m u l t i t u d de afirmaciones. F u e un lento d e s e n v o l v i m i e n -
to, q u e n o l l e g ó a su m a d u r e z hasta la p u b l i c a c i ó n de Monumenta
Histórica. Pero la orientación estaba ya marcada.
U n o de los p r i m e r o s en caminar por la senda trazada p o r el
jesuíta l l o d i a n o fue el a l e m á n P. GENELLI. Se p u s o en c o m u n i -
cación con u n o de los jesuítas españoles q u e más e m p e ñ o
habían mostrado en la publicación de las fuentes, el P. PUYAL,
q u i e n le p r o c u r ó un buen n ú m e r o de cartas inéditas de San
I g n a c i o , q u e n o sólo las a p r o v e c h ó en su v i d a del fundador de
la C o m p a ñ í a , sino q u e las p u b l i c ó c o m o apéndice documental.
La biografía quiere ser « u n a elaboración personal a base de las
40
f u e n t e s » . T i e n e m á s profundidad y cohesión q u e el p r ó l o g o
de M e n c h a c a , q u i e n al fin y al cabo n o pretendió escribir una

3 9
Epistolae S. Ignatii Loyolae, Societatis Iesu fundatoris, libris quatuor distributae, quibus
accedit liber sententiarum eiusdem, cum praevio Commentario, quo ex Epistolis, et Sanctissimi viri
et aiiorum gesta illustrantur, compluriumque, sen deperditarum, sive latentium argumenta et frag-
menta producuntur. Nonnulla demum eiusdem Sancti Ignatii, cum certa tum dubia Opuscula et
Documenta in Appendice et alibi sparsa e re nata producuntur adiectis quatuor indicibus. A . R. M.,
olim Societatis Iesu in Castellana provincia sacerdote (Bononiae 1 8 0 4 ) .
4 0
CR. GENELLI, Das Leben des Hl. Ignatius (Innsbruck 1 8 4 8 ) Vorrede p.VI.
18 Introducción general

biografía, sino hacer luz en el e n m a r a ñ a d o camino y señalar


rutas.

Genelli, en la introducción, se queja de que «las biografías anterio-


res se fijaban más bien en el aspecto exterior de los sucesos y demasia-
do poco en la ilación interna que nos introduce en los fundamentos de
41
su conducta y en el mundo de ideas en que se m u e v e » . El, en
cambio, quiere hacer oír al mismo San Ignacio, descubrir los resortes
internos de su acción, para lo cual —dice— es necesario usar de la
clave de sus cartas. Da también mucha cabida en su vida al Memorial
del P. Luis Goncalves da Cámara.

N o todos siguieron las sabias normas dejadas por los padres


M e n c h a c a y Genelli. C o n t i n u a r o n publicándose vidas menos
críticas y reeditándose biografías ya sobrepasadas, c o m o las del
padre Francisco García y N i e r e m b e r g , de la q u e en q u i n c e años
se hicieron hasta cinco ediciones. El público buscaba con prefe-
rencia un San I g n a c i o portentoso, a d m i r a b l e , idealizado.
A pesar de estas interferencias y aun retrocesos, se fue
lentamente a v a n z a n d o . M e r e c e citarse, c o m o u n o de los autores
q u e marcaron un i m p u l s o m á s fuerte, el francés P . MICHEL.
Quiso hacer constar, al i g u a l q u e los autores anteriores, en el
m i s m o título su orientación: « H i s t o r i a — n o v i d a , que podía
parecer a l g o m á s « d e v o t o » y menos s e r i o — de San I g n a c i o
42
s e g ú n los d o c u m e n t o s o r i g i n a l e s » .
O t r o francés, el P . CLAIR, influyó también en el m i s m o
sentido desde otro p u n t o de vista. Hizo q u e se v o l v i e r a n a fijar
los m o d e r n o s historiadores en Ribadeneira, que, sobre t o d o
fuera de España, había q u e d a d o como sepultado por la mole
inmensa de los autores del setecientos.

A la vez poniendo de manifiesto los fallos de autores más en


moda, como Bouhours y aun Bartoli, demasiado retóricos y apologis-
43
t a s . Sobre todo hace ver la verdad y objetividad de Ribadeneira,
quien «con ocasión del proceso de canonización, preguntado sobre la
verdad de las cosas contenidas en su libro..., respondió que tenía por
cierto que todo lo que había escrito en su libro era verdad, dada la
extrema solicitud y diligencia que había puesto, prescindiendo de todo
lo que incluía en el libro de lo que él mismo había visto u oído a San
Ignacio». En la Congregación general de 1573 controlaron los padres
44
congregados la exactitud de las afirmaciones de su biografía .
4 1
CR. GENELLI, Das Leben p.IIl.
4 2
L. MICHEL, Histoire de St. lgnace de Loyola d'apres les documents originaux, 2 v. (Brujas
1893).
4 3
CH. CLAIR, La Vie de S. lgnace de Layóla, d'apres Fierre Ribadeneira, son premier
historien (París 1891) p.I-II.
4 4
CLAIR, La Vie p.II-111. Clair da el texto del P. Ribadeneira todo seguido en cada
capítulo, y después aparte, como complemento, los datos que entresaca de otros autores.
/. Historiografía ignaciana 19

T e n e m o s y a perspectiva suficiente para poder apreciar la


evolución q u e ha experimentado la pintura de la i m a g e n de San
Ignacio durante los siglos x v n i y x i x . Quedan adheridos mu-
chos elementos de la estampa providencialista anterior. M á s
aún: se acentúa el a m a n e r a m i e n t o y a m p u l o s i d a d del estilo.
Pero se va g r a d u a l m e n t e liberando del artificio y recargado
a b i g a r r a m i e n t o culterano, la tradicional i m a g e n barroca forma-
da por las generaciones anteriores.
Comienza a interesar el San Ignacio h o m b r e , real, en la
intimidad con sus hijos; un San Ignacio menos estatua artística
de altar, más persona de carne y hueso. No se hace la transición
en unos decenios, ni se da una línea divisoria entre las dos
tendencias. Es más bien un p r o g r e s i v o intensificarse del San
I g n a c i o histórico, q u e va llevando c o n s i g o la g r a d u a l desapari-
ción del exceso d e c o r a t i v o , q u e la admiración de los historiado-
res anteriores había ido a c u m u l a n d o en su i m a g e n .
D e Pien a M e n c h a c a el c a m i n o es l a r g o . Se da más de una
desviación y aun en momentos se produce marcha atrás. T e n d r á
q u e pasar todavía m u c h o tiempo para llegar al ideal y a la
simplificación histórica anhelada. Pero la consigna, como una
sagrada llama, se transmite de generación en generación encen-
dida y ardiente. L o s n u e v o s h o m b r e s , con ella c o m o ideal, v a n
reduciendo a escoria lo q u e quedaba todavía de afectado y
artificial.

5. AMPLIACIÓN DE FUENTES Y DE PERSPECTIVA HISTÓRICA

L l e g a m o s así a fines del siglo x i x . Ha nacido el San Ignacio


«histórico». Pero todavía es demasiado endeble. Necesita crecer
y liberarse de m u c h a s ataduras. El único alimento q u e se adapta
a este estadio de su formación es el de n u e v o s datos y de nuevas
fuentes históricas. ¿Dónde buscarlos?
Hasta ahora se habían reducido los biógrafos a aprovechar
los materiales ya conocidos, que, casi sin excepción, provenían
de R o m a . Pero San Ignacio había recorrido otras muchas ciuda-
des y había estado en contacto con muchos personajes de las
más varias naciones. ¿ N o quedaría en otras partes v e s t i g i o de su
paso? Este pensamiento de aumentar el fondo m i s m o documen-
tal, no sólo el de e x h u m a r lo q u e se sabía que existía, m o v i ó a
a l g u n o s jesuitas a buscar en varias naciones de Europa el m a y o r
n ú m e r o de d o c u m e n t o s .

El P. ANTONIO CABRÉ encontró en 1 8 7 0 un precioso manuscrito,


el códice de Menchaca, anotado y corregido cuidadosamente por el
20 Introducción general

P. MARIANO PUYAL, jesuíta de principios del siglo xix, que con sus
búsquedas personales había logrado enriquecer el primitivo fondo de
Menchaca con 45 cartas más, casi todas inéditas. Enardecido el P.
Cabré por este providencial hallazgo, se dio a buscar nuevos docu-
mentos por diversos archivos de España, Portugal y Roma. Escribió
además a su antiguo discípulo MIGUEL MIR, quien encontró intere-
santes códices. Los dos padres consiguieron además copias de lotes
muy crecidos de cartas de San Ignacio que se encontraban en París y,
45
sobre todo, en R o m a .
Algunos años más tarde, el infatigable jesuíta francés LEONARDO
CROS emprendía un viaje de investigación científica por los archivos
de algunas ciudades relacionadas de modo particular con San Ignacio
o en las que se conservaban fondos de importancia, como Azpeitia,
Alcalá, Madrid. Los hallazgos fueron de importancia. Sus cartapacios,
conservados actualmente en Toulouse, explotados por los historiado-
res posteriores, sobre todo Dudon, han sido una mina riquísima de
noticias interesantes.

Se inició así una orientación q u e iba a dar frutos abundan-


tes. L o s esfuerzos de los PP. Cabré, M i r , unidos al P. JUAN JOSÉ
DE LA TORRE y m á s tarde al P. JOSÉ M . VÉLEZ, c u l m i n a r o n en
la edición de M a d r i d de las cartas de San I g n a c i o y prepararon
el nacimiento de la m a g n a colección Monumenta Histórica S ocie ta--
6
tis Iesu* .
Con esta labor de revisión de a r c h i v o s , continuada y amplia-
da notablemente por los padres de Monumenta, se ha e x h u m a d o
ya prácticamente t o d o el material concerniente al fundador de la
Compañía, material q u e se ha p u b l i c a d o o está a p u n t o de
47
publicarse de una manera completa y c i e n t í f i c a .
Paralelamente a este trabajo, se inició otro también de gran
importancia: estudiar el a m b i e n t e m i s m o de la época y de las
instituciones en relación con San I g n a c i o y r e c o g e r d o c u m e n t o s
relacionados sólo indirectamente con el S a n t o , pero q u e servían
para esclarecer el m u n d o en q u e se m o v i ó . Se pensó q u e , si n o
se conocían adecuadamente las instituciones políticas y cultura-
les de la época, n o se podía c o m p r e n d e r el alcance de la acción
de San I g n a c i o . Se pensó también estudiar la figura y a c t i v i d a d
del Santo a la luz de d o c u m e n t o s de personas ajenas a la
C o m p a ñ í a de J e s ú s .
Y a los jesuítas tenían en cuenta esta i d e o l o g í a en la recolec-
ción de d o c u m e n t o s q u e hacían. Pero n o elaboraron trabajos

4 5
Tomo los datos de FERNÁNDEZ ZAPICO Y LETURIA, Cincuentenario de Monumento
AHS1 13 (1944) 4-5.
4 0
FERNÁNDEZ ZAPICO Y LETURIA, Cincuentenario 5-7.
4 7
Se han editado los cuatro volúmenes de Fontes narr. de MHSI, y el de Fontes
documentales preparado por el P. C. de Dalmases (Roma 1977: MHSI 115).
I. Historiografía ignaciana 21

personales a base de esas fuentes. Fueron más bien eminentes


historiadores protestantes los que, m o v i d o s por el ejemplo de
R a n k e , comenzaron a estudiar la acción de la Compañía de
J e s ú s en la restauración católica del seiscientos.

MAURENBRECHER había llamado la atención sobre el carácter emi-


nentemente español de la «contraprotesta», orientando hacia nuestra
patria los trabajos de los investigadores. Dentro de este marco espa-
ñol, el influjo de San Ignacio y de la Compañía se hizo notar en
seguida. GOTHEIN, profesor de la Universidad de Bonn, guiado por
estas tendencias, llegó a considerar la que él llama contrarreforma
como reflejo y compendio de la restauración española, y a San Ignacio
y a la Compañía como su exponente más alto. Pronto Gothein quiso
de modo sistemático estudiar a fondo todo el problema a través de los
jesuitas, y lo hizo en el libro Ignacio y la contrarreforma, con el que se
comienza a estudiar a San Ignacio desde fuera conforme a los métodos
más rígidos de la moderna crítica histórica. La fundación de la Compa-
ñía —es su norma fundamental— «debe exponerse en relación con la
historia cultural de toda la época. Sólo en este cuadro puede apreciarse
suficientemente la figura de Loyola y comprenderse el significado de
48
la Compañía de J e s ú s » . Más objetivo y profundo todavía que Got-
hein es otro eminente profesor protestante, HEINRICH BÓHMER, quien,
junto con STOECKIUS, con documentos exhumados de archivos france-
ses, italianos y alemanes, fue iluminando, junto con la cultura ambien-
te, la técnica ignaciana usada en el desempeño de los negocios y la
49
táctica para infiltrarse en la sociedad y transformarla .

La seriedad científica de estos autores, sobre todo de Bóh-


mer, p u s o una base sólida y bien cimentada a la proyección
histórica de San Ignacio hacia el m u n d o externo. Pero n i n g u n o
de éstos podía comprender plenamente a San Ignacio. L o s
prejuicios religiosos y aun la ignorancia en a l g u n a s cuestiones
teológicas y eclesiásticas hicieron q u e sus resultados no pudie-
ran ser plenamente objetivos. Nos complacemos en repetirlo:
estos estudios supusieron un avance. Fue la primera vez q u e
desde campo a d v e r s o se reconocieron los aspectos positivos de
la acción antiprotestante de San Ignacio. El enfoque era acerta-
do. Su orientación se abrió c a m i n o y triunfó.

Bóhmer es, en frase del P. Rahner, «el padre de la imagen de


Ignacio, que, concebida en el campo liberal, reconoce la grandeza del
Santo en el terreno natural —concepto que procede de su incapacidad

4 5
E. GOTHEIN, Ignatius una die Gegenreformation (Halle 1895) p.III.
n
H. BÓHMER, Studien %ur Geschichte der Gesetlschaft Jesu. T.I.: Loyola (Bona 1914), y
H. STOECKTUS, Forschungen trur Lebtnsordnung der Gesetlschaft jesu im 16. Jahrhundert (Mün-
chen 1910).
22 Introducción general
50
de penetrar en la teología— y hace de él un genial psicólogo» . No
podían penetrar en la grandeza sobrenatural de la santidad de San
Ignacio, ni menos percibir la acción providencial divina. Para explicar
el fenómeno del influjo excepcional del fundador de la Compañía que
se les imponía, se volcaron sobre la personalidad externa —grande
ciertamente como pocas—, examinando sus resortes internos, su po-
tencialidad y vigor. Como sucede siempre que se reduce el campo de
acción y se excluyen otros factores, se exageró el factor natural y la
irradiación «humana», y se preparó el terreno para la estampa del
Ignacio político y fascinador, del «intrigante» diplomático, del domi-
nador de la Curia y maestro en recursos políticos, descrito por Fülóp-
Miller.

Esto no fue más q u e el desenfoque de una orientación


acertada. De hecho, s i g u i e n d o esta m i s m a línea, los historiado-
res m o d e r n o s de las asistencias jesuíticas hicieron mucha luz
y ampliaron considerablemente la perspectiva de la persona y
acción de San Ignacio.
Tacchi V e n t u r i i l u m i n ó el m u n d o espiritual de su época,
las prácticas de piedad en v i g o r . Así se p u d o apreciar en su
justo v a l o r la m a g n i t u d de la transformación operada por el
Santo. Astráin a q u i l a t ó los pasos s e g u i d o s por San Ignacio en la
fundación de la Compañía. F o u q u e r a y esclareció de m o d o parti-
cular la estancia del Santo en París. Lo m i s m o los autores
citados q u e el p o r t u g u é s R o d r i g u e s , el b e l g a Poncelet y el
alemán D u h r , al historiar la actividad de los jesuítas en las
respectivas naciones, trazan de rechazo el estudio de San Igna-
51
cio c o m o general de la C o m p a ñ í a . Sólo sobre ese fondo de
órdenes, disposiciones, consignas y realizaciones, se aprecia la
eficiencia de la labor oculta de Ignacio en su cuartito de R o m a ,
el influjo de su personalidad, su percepción de la idiosincrasia y
de los p r o b l e m a s p r o p i o s de cada región, el alcance de la
irradiación de su obra.
Esta ampliación de las dimensiones del c u a d r o de la histo-
riografía i g n a c i a n a o r i g i n ó un n u e v o m o d o de estudiar y pro-
yectar al Santo. Al verle ahora centro de irradiaciones, q u e a su

5 0
H. RAHNER, Umschau. Iñigo Lópe% de Loyola: «Stimmen der Zeit», 138 (1914) 96. A
este trabajo hay que añadir hoy el de R. GARCÍA-VILLOSLADA, en San Ignacio de Loyola.
Nueva biografía, cit. en la nota 1, como los más notables en el campo de la historiografía
ignaciana.
51
P. TACCHI VENTURI, Storia della Compagnia di Gesü in Italia narrata col sussidio di fon ti
a
inedite, 3 v. (2. ed., Roma 1950-1951); A . ASTRAÍN, Historia de la Compañía de Jesús en la
a
Asistencia de España v.l, 2 . ed. (Madrid 1902); H. FOUQUERAY, Histoíre de la Compagnie de
Jésus en France v.l (París 1910); FR. RODRIGUES, Historia da Companhia de Jesús na Assisten-
aa de Portugal v.1-2 (Porto 1931-1938); A . PONCELET, Histoire de la Compagnie de Jésus dans
les Anciens Pays-Bas (Bruselas 1927); D.DUHR, Geschichte der Jesuiten in den Lánder deutscher
Zunge v.l (Friburgo 1907).
I. Historiografía ignaciana 23

vez se ramificaban en otras de m a y o r extensión, se comprendió


la complejidad de su personalidad y la imposibilidad de com-
prenderlo con una visión general, como se había pretendido
hasta entonces. Era necesario d e s m e m b r a r el conjunto.
Se iniciaron así las monografías, q u e iban a contribuir tanto
a la comprensión verdadera de facetas olvidadas hasta entonces.
A h o r a comenzaba a profundizarse de veras en la personalidad
de San I g n a c i o .

En primer lugar se analizó con más atención su acción en determi-


nadas ciudades, como Azpeitia (Pérez Arregui), Arévalo (Fita, Gómez
Rodrigues), Pamplona (Leturia, Pérez Goyena, Ascunce), Montserrat
(Albareda, Leturia, March, Creixell), Manresa (Fita, Nonell, Puig,
Creixell), Barcelona (De Dalmases, Pablo Hernández, Creixell), Jeru-
salén (Leturia), Alcalá (Serrano y Sanz), Salamanca (Codina), etc., y
aun su paso rápido por Aránzazu (Lizarralde, Joaquín Iriarte), Brujas
(Rembry) y Valencia (Tárré). Se profundizaron etapas de su vida,
como la juventud, conversión, estudios (Astráin, Leturia). Se hizo ver
el influjo en su vida de años determinados (así en 1538 el P. Leturia) o
de acciones concretas, como la peregrinación a Jerusalén (Leturia), los
votos de Montmartre (Leturia), la profesión en San Pablo (Casteilani),
la primera misa (Domenici, Leturia), la visión de La Storta (Fonck,
Leturia, Rahner, Larrañaga, Baumann). Se parceló el campo de acción
para esclarecer cada uno de sus puntos. Se estudiaron sus directrices
en el campo misional (Huonder, Granero, Dahmen); entre los orienta-
les (Ayrout, Fenoyl, Ortiz de Urbina, Granero); su actividad social
entre el pueblo (Tacchi Venturi, Leturia); el fomento de la Eucaristía
(Cros, Beguiristáin, Sierp); su labor en pro del clero y de los semina-
rios (N. Díaz, Brasell); su dirección espiritual (De Guibert, Pinard de
la Boullaye, Claudio de Jesús Crucificado); el modo de formar espiri-
tualmente a sus hijos (De Guibert); el cuidado de la salud corporal
(Laburu); su amor (Lafarge); su labor catequística (Magni); sus ideas
pedagógicas (Ruiz Amado, Barbera, Hermán, Misson); el aprecio de la
gracia santificante (Steger, Truhlar); sus relaciones con otros persona-
jes, como con Paulo IV (Veny), Erasmo (García-Villoslada), Vives
(Bataillon, Dudon); con los dominicos (Constant); el franciscanismo
de su alma (Leturia); algunas de sus máximas (Kneller, Maldonado,
Pinard de la Boullaye); su relación con las ideas de su tiempo (Ney-
ron), del Kempis (V. Mercier) o con movimientos contemporáneos,
como el de la contrarreforma (García-Villoslada); se le comparó con
otros personajes, como Santa Teresa (Larrañaga), Lutero (González
Ruiz), San Francisco de Asís (Rohr), Santo Tomás de Aquino, Nietz-
sche (Przywara), Guicciardini (Rovella), y en plan más bien de carica-
tura y efectismo literario, con Lenin (Fülóp-Miller), Mussolini y Stalin
(Jirgal).
Sobre todo, se estudió de frente su temperamento y carácter
(M. Iriarte), y lo que interesaba más aún, y hasta los tiempos moder-
nos no se había intentado hacer de un modo sistemático, profundo, su
24 Introducción general

rica espiritualidad; su mística subidísima, su vida de presencia conti-


nua con Dios, sus ideas centrales y características de la espiritualidad
(De Guibert, Brou, Filograssi, Peeters, Leturia, Rahner, Larrañaga,
Richstátter, Przywara). A ello ha ayudado lo mucho que se ha profun-
dizado, desde los beneméritos PP. Roothaan y Watrigant, en la médu-
52
la de los ejercicios .
Trabajos beneméritos muchos de ellos, que han iluminado la
plurifacética personalidad de San Ignacio. Cada uno aportaba un rayo
de luz, una perspectiva nueva, y servía para conocer más a fondo la
53
figura poliédrica del fundador .

J u n t a m e n t e con estas monografías, se fueron publicando


otras series de trabajos con más estructura de conjunto, q u e
incluso aspiraban a recoger las conclusiones del avance realiza-
do en a l g u n o s puntos particulares, pero que no pretendían ser
una vida completa q u e a g o t a r a todas las facetas descubiertas.
D e b e m o s nombrar en primer l u g a r el Ignatius von Lqyo/a de
54
ANTONIO HUONDER . NO es una obra acabada. La muerte
sorprendió al jesuíta suizo antes de q u e p u d i e r a dar cima a su
propósito. Fue necesaria la caritativa intervención del P. W i l -
helm para q u e no q u e d a r a soterrado aquel precioso tesoro de
notas a c u m u l a d a s con tan í m p r o b o trabajo.

Huonder estudia a San Ignacio de un modo vertical. Bajo varios


epígrafes: pensamientos del Santo en torno a los diversos problemas,
actitud con novicios, monjas, mujeres...; prácticas de varias virtudes,
va trenzando la multitud de datos y testimonios reunidos en su pacien-
te y cuidadosa lectura de Monumenta. Pronto se echa de ver la ventaja
de este sistema para estudiar a fondo algún aspecto parcial y la utilidad
que ofrece para los que quieran profundizar en la mentalidad del
Santo, pero también el gran inconveniente de darnos un San Ignacio
seccionado, arrancado de la realidad, sin alma. Se puede considerar
esta meritoria obra como una antología de los tomos de Monumenta.
Como base para ulteriores trabajos, es de los estudios más útiles. Se
encuentra resumido y ordenado lo más genuino y personal que cono-
55
cemos de San Ignacio .
5 2
Una lista de los principales trabajos sobre ejercicios en los últimos decenios, en
I. IPARBACUIRRE, Orientaciones sobre la literatura de Ejercicios de San Ignacio en los tres últimos
decenios: MANR 21 (1949) 257-278 y T. ARELLANO: MANR 57 (1985) 117-147.
3 3
La cita completa de estos trabajos y de otros más recientes, en ia bibliografía
general.
5 4
A. HUONDER, Ignatius von Loyola. Beitrdge %u seinem Charakterbild. Herausgegeben von
Balthasar VC'Uhelm S. 1. (Colonia 1932). Traducción italiana por el P. CELESTINO TESTORE,
bajo el título: Ignacio di Loyola. Studio del carattere (Roma, La Civiltá Cattolica, 1953).
5 5
En la primera parte, con todo, en que intenta darnos la semblanza del Santo,
agudiza demasiado la nota militar, produciendo, con la yuxtaposición unilateral de
testimonios verdaderos, pero parciales, una impresión demasiado fría y seca y muv
distinta de la que dejaba el Santo entre sus contemporáneos. Cf. P. LETURIA, A propósito
del «Ignatius von Loyola» del P. Huonder: AHSI 2 (1933) 310-316.
/. Historiografía ignaciana 25

Por la a b u n d a n c i a de los datos r e c o g i d o s , se parece a H u o n -


der el primer t o m o de la obra del P. VICTORIANO LARRAÑAGA
titulada Obras completas de San Ignacio^. M u c h a s de la amplias
notas q u e orlan el texto son apartados, d o n d e se estudia con
g r a n a m p l i t u d a l g ú n p u n t o particular de la v i d a de San I g n a c i o .
El P. L a r r a ñ a g a recoge y sintetiza la m a y o r í a de las m o n o -
grafías q u e tienen más o menos relación con su objeto y aporta
cuantos datos puede para i l u m i n a r la i m a g e n del Santo. D e
m o d o particular, basándose en el P. De Guibert, i l u m i n a el
itinerario místico i g n a c i a n o , sobre t o d o al comentar el Diario
espiritual.
El P. C a s a n o v a s , l o contrario del P. L a r r a ñ a g a , extrae relati-
v a m e n t e pocos datos de la cantera de Monumento, pero con ellos
labra una figura a r m ó n i c a y perfecta en su g é n e r o . Con fina
percepción p s i c o l ó g i c a sabe calar h o n d o en los íntimos replie-
g u e s del a l m a de San I g n a c i o , pulsar sus vibraciones, describir
la trayectoria interna de su ascensión espiritual hacia Dios. L a
externa le interesa sólo en cuanto reflejo de los caminos del
57
espíritu .
D e parecidas cualidades a la obra de Casanovas es la del
jesuita alemán VÍCTOR KOLB, reeditada en 1931 por el P. Hathe-
5 8
y e r . L a v i d a es b r e v e , sin pretensiones científicas. Pero el
autor ha captado, c o m o pocos, el espíritu del Santo y ha sabido
dar a la exposición un tono de i n t i m i d a d y una cercanía psicoló-
gica q u e cautiva y penetra.
Cabe en esta línea espiritual un perfeccionamiento m a y o r ,
sobre t o d o en el itinerario místico — c o m o lo ha hecho ya el
padre L a r r a ñ a g a en otro estudio s u y o c o m p a r a t i v o de la espiri-
5 9
tualidad de San I g n a c i o con la de Santa T e r e s a — ; pero siem-
pre será mérito del P. Casanovas haber dado de m o d o certero
con los hitos de la ruta espiritual de San Ignacio.
Con la n u e v a aportación de materiales, la riqueza de los
descubrimientos realizados por importantes monografías y por
estos últimos trabajos q u e acabamos de c o n m e m o r a r , se ha
preparado el camino para q u e se p u e d a redactar, en tiempo n o
m u y lejano, la biografía completa q u e incorpore el avance con-
siderable c o n s e g u i d o en la historiografía hasta el día de hoy.
56
Obras de San Ignacio de Loyola. TA: Autobiografía y Diario espiritual. Introducciones y
notas del P. VICTORIANO LARRAÑAGA, S. I. (1947).
5 7
I. CASANOVAS, San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús. Versión del
catalán por el R. P. Manuel Quera (Barcelona 1944).
5 8
V. KOLB, Das Leben des Hl. lgnatius von Loyola. Unter Benút^ung der neuesten Quellen
von V. Kolb nach dessen Tode veroffentlicht von Fran% Hatheyer (Friburgo 1931).
5 9
V. LARRAÑAGA, La espiritualidad de San Ignacio de Loyola. Estudios sobre su vida, sus
obras, su espiritualidad (Zaragoza, Hechos y Dichos, 1956). Estudia sólo algunos puntos de
la vida del Santo. Analiza y estudia especialmente la mística del Santo.
26 Introducción general

Semejante propósito n o se ha realizado t o d a v í a plenamente.


Pero ha h a b i d o ya intentos afortunados. U n o de ellos ha sido la
v i d a del P. PAUL DUDON; sin disputa, la biografía mejor l o g r a d a
del conjunto de la v i d a de San Ignacio hasta el m o m e n t o en q u e
60
se e s c r i b i ó .

Preciso, metódico, diáfano en la exposición, buen conocedor de las


fuentes, deja en su obra un impresión de objetividad y selección que
tanto agrada al hombre moderno. Aprovecha por primera vez en una
vida global de San Ignacio, además del rico filón de Monumento, la
herencia del incansable P. Leonardo Cros. Encuadra al Santo en su
medio ambiente real, estudia los personajes que rodearon al Santo,
el radio de acción de su personalidad. En cambio, la perspectiva
espiritual, la profunda mística del Santo, queda muy difuminada. Se
debe esto a que la vida, a pesar de que vio la luz pública en 1934,
acabó de escribirse en 1921. Y en estos treinta últimos años se han
escrito las mejores monografías relativas al proceso interno espiritual
de San Ignacio y las más importantes en conjunto para la plena
inteligencia del Santo. Por esta razón queda ya anticuada la obra del
P. Dudon en no pocos puntos.

El P. PEDRO DE LETURIA, en su Gentilhombre Iñigo de Loyo-


61
la , encuadra con más detalle y relieve aún q u e el P. D u d o n a
su héroe en el ambiente de su época, sobre t o d o vasco en
Azpeitia y castellano en A r é v a l o . A la vez penetra en el a l m a de
su biografiado para pulsar sus más íntimas vibraciones y s e g u i r
la e v o l u c i ó n interna de su ideología y conducta. Es éste, sin
d u d a , el trabajo más acabado q u e existe de la p r i m e r a época de
la v i d a del Santo.

El P. Leturia ansia ser completo. No hay punto de enfoque,


relación de dependencia que no tenga en cuenta. Sabe aprovechar el
inmenso material desperdigado en las más variadas fuentes documen-
tales y en las múltiples monografías, encontrando el ensamblaje preci-
so para cada dato. Gracias a este ímprobo trabajo y a su penetración
honda de todas las dependencias que se dieron o pudieron darse con
mayor o menor probabilidad, precisa y completa mil aspectos particu-
lares y relaciona con la vida del fundador amplios factores ambien-
tales.
El P. Leturia sigue la trayectoria espiritual a lo Casanovas, dibuja
cada uno de los rasgos de la rica y profunda personalidad de San
Ignacio con una abundancia de detalles no inferior a Huonder, proyec-
ta cada acción en el medio ambiente, como lo hace Dudon. Creemos

6 0
PAUL DUDON, S. lgnace de Loyola (París 1934). Es también éste el juicio del P.
RAHNER, Dudons Werk ist ohne Übertreibung, die beste Ignatius biographie, die bis hente geschrie-
ben wurde: Stimmen der Zeit, 138 (1941) 98.
61
P. DE LETURIA, El gentilhombre Iñigo Lope? de Loyola (Barcelona 1949).
/. Historiografía ignaciana 27

que, siguiendo un sistema comprensivo, como lo hace Leturia, se


puede llegar pronto a la biografía de San Ignacio anhelada por el
hombre de hoy.
El último intento de cierta envergadura entre los escritores jesuitas
lo ha realizado casi impensadamente, como lo reconoce el autor en el
62
prólogo, el P. RICARDO GARCÍA-VILLOSLADA . Había trazado una
bella y sugestiva semblanza del Santo en su Manual de historia de la
Compañía de Jesús, y se creyó que su difusión ampliada resultaría útil en
el cuarto centenario de la muerte del fundador. La refundición resultó
una vida. El autor, conocedor como pocos del ambiente cultural y
espiritual del quinientos, ha encuadrado al Santo en el clima de la
época, principalmente español; ha evocado, a la luz directa de escritos
del mismo Ignacio o de sus contemporáneos, los rasgos fundamentales
y características principales; ha aprovechado los trabajos anteriores y
dado de este modo una ágil y evocadora silueta del fundador. Vida de
alta divulgación, escrita por un historiador de profesión que no ha
querido meterse en el laberinto de los problemas ignacianos más
profundos, sino sólo extraer la quintaesencia de las publicaciones más
acreditadas y dar el fruto de sus reflexiones sobre situaciones determi-
nadas. Pone muy de relieve, a veces demasiado, los aspectos españoles
del Santo y de la Compañía.

Otra d e l a s consecuencias d e considerar la figura de S a n


Ignacio c o m o centro d e un m o v i m i e n t o con hondas raices en la
historia eclesiástica en g e n e r a l , n o sólo c o m o padre y modelo d e
los jesuitas, h a sido el q u e eruditos seglares se hayan interesado
más directamente p o r su figura y h a y a n escrito su vida. Nunca,
hasta los tiempos m o d e r n o s , seglar a l g u n o había e m p u ñ a d o la
p l u m a para trazar la biografía de San I g n a c i o . H o y p o s e e m o s
a l g u n a s y d e mérito n o p e q u e ñ o , a u n q u e n o se p u e d a n compa-
rar con la última d e D u d o n y en su período p r i m e r o con el Iñigo
de Leturia.
Entre éstas q u e r e m o s señalar las mejor l o g r a d a s p o r escrito-
res ajenos a la Compañía. Son publicaciones d e alta v u l g a r i z a -
ción. N o pretenden e x h u m a r d o c u m e n t o s n u e v o s , sino trazar
una semblanza con los datos esparcidos en las fuentes y a exis-
tentes. S i n e m b a r g o , d a n perspectivas n u e v a s a la figura, u n
tono h u m a n o y u n a expansión universal, l o g r a n d o acercar la
personalidad d e I g n a c i o al m u n d o q u e no acaba d e sincronizar
con la mentalidad estrictamente religiosa q u e se refleja en otras
publicaciones.

6 2
GARCÍA-VILLOSLADA, S. I., Ignacio de Loyola. Un español al servicio del Pontificado
a
(Zaragoza, Hechos y Dichos, 1955; 3 . ed. ib. 1961). Posteriormente corrigió los defectos
aquí notados y dio a luz el monumento que deseaba dedicar c^n piedad filial a San
Ignacio en la obra antes citada, San Ignacio de Loyola. Nueva biografía.
28 Introducción general

La primera que debemos señalar es la de un paisano del Santo,


63
JOSÉ DE ARTECHE . Creemos que Arteche ha profundizado más en su
San Ignacio que en su San Francisco Javier, al que nunca le detiene en
su incesante viajar para estudiarle despacio y contemplar su espíritu,
como hace con San Ignacio, cuya alma y mentalidad están analizadas
con finura psicológica, en la que espejea el fondo mismo del modo de
ser del Santo.
64
Un segundo escritor que queremos mencionar es Igino Giordani .
Su San Ignacio es más brillante, movido, conquistador, algo así como
el Javier de Arteche. Pero es el Ignacio auténtico, no el adulterado con
trazos muy similares por Marcuse, aunque no sea todo San Ignacio. Es
la descripción movida y vibrante de su modo de luchar por Cristo y la
Iglesia, es la pintura de un general en acción y la descripción de su
táctica. A través de su estrategia y victorias se trasluce su temple de
alma y su vigor interno.
Mayor éxito editorial aún que las dos precedentes ha tenido la vida
65
escrita por el inglés HOLLIS . SU mérito principal consiste en haber
encuadrado dentro del marco de la historia general —de la que se
muestra profundo conocedor— los datos escuetos transmitidos por
los primeros biógrafos y en haber sabido dar con las facetas más
asequibles de San Ignacio a la mentalidad moderna, sobre todo ingle-
sa. Hollis ha sustituido la admiración y el providencialismo antiguos
por una absoluta libertad de juzgar la conducta del Santo. Hay ocasio-
nes en que incluso llega a mostrar su divergencia, pero en general sale
su biografiado vencedor en el juicio a que le somete. El mismo da la
razón de este sistema: no puede decir que nadie ha obrado bien,
mientras no sepa por qué ha hecho esa acción. Esto ha obligado al
autor a profundizar en los móviles mismos del Santo y le ha llevado a
descubrir su fuente interna de actividad, que para Hollis no es otra
sino el ser San Ignacio «el enamorado de Dios», que quiere dar a sentir
a los hombres ese amor y transforma a la sociedad con la potencia de
esa palanca divina.

N o sólo los católicos se h a n ocupado d e San Ignacio y h a n


pretendido descubrir el secreto d e su táctica. Protestantes d e
varias sectas h a n c o n s u m i d o años y años e n glorificar a u n o d e
los h o m b r e s q u e más trabajaron p o r la destrucción d e su reli-
g i ó n . El, q u e en su informe a S a n Pedro Canisio traza u n
completo p r o g r a m a d e acción para extirpar «esta pestilencia de
las almas q u e p o r las v a r i a s herejías estraga las provincias del
6 7
R e y » , nunca hubiera p o d i d o sospechar q u e descendientes d e
aquellos prosélitos iban a trabajar n o par?, d e n i g r a r su acción,

6 3
JOSÉ DE ARTECHE, San Ignacio de hoyóla. Biografía (Barcelona 1 9 4 1 ) .
4 4
IGINO GIORDANI, Ignacio di Loyola, Genérale di Cristo (Firenze 1 9 4 1 ) .
6 5
CHRISTOPHER HOLLIS, San Ignacio de Loyola, traducción del inglés por GINA H . DE
SALA, revisada por ANTONIO ENNIS, S. I. (Buenos Aires).
6 7
M H S I , Mon. ¡gn. Epp. 7,399. En esta edición, carta 1 2 8 .
/. Historiografía ignaciana 29

sino para comprenderla y aun alabarla con la objetividad posi-


ble a su educación teológica y religiosa antagónica.

Hay que reconocer que ha habido vidas de San Ignacio, bastante


aceptables, escritas por protestantes. Hemos hablado ya de Gothein y
Bóhmer. Queremos ahora señalar en primer lugar la biografía de
ROBERT HARVEY, ministro metodista al principio y luego de la Iglesia
Unida de Canadá, que es tal vez el intento más plausible de vida de
San Ignacio realizado por un no católico. Hace resaltar, es verdad,
demasiado el aspecto militarista; pero, con todo, como afirma el
jesuita José Husslein, que prologa la obra, con su lectura «nadie podrá
dejar de ver de qué modo era San Ignacio y dónde radicaba el secreto
68
de su fuerza» .
Otro protestante que ha escrito una biografía de San Ignacio
bastante buena, aunque de carácter más popular, es el norteamericano
69
HENRY DWIGHT SEDGWICK . Se nota en su obra, muy estimada por
algunos católicos, un esfuerzo serio por desposeerse de los prejuicios
religiosos y por comprender a San Ignacio de modo objetivo.
El profesor de historia de la Universidad norteamericana de Prin-
ceton, perteneciente a la secta presbiteriana, PAUL VAN DYKE, ha
escrito otra vida de San Ignacio muy asequible también al mundo
70
moderno . No ofrece la novedad de la de Hollis ni tiene las brillantes
cualidades de narrador de este insigne publicista. En cambio, posee un
conocimiento más exacto de las fuentes inmediatas ignacianas que
Hollis, quien hace la impresión no pocas veces de usar algunos datos
de segunda mano y con cierta imprecisión de detalle. Van Dyke
conoce también a fondo el medio ambiental en que se movió San
Ignacio —ha escrito otras obras históricamente estimadas sobre el
Renacimiento—, pero no entra en su intención encuadrar a su héroe
dentro del marco histórico con el relieve con que lo hace Hollis. El se
fija más en el mismo Ignacio, centro de su cuadro, pintado con
certeras pinceladas de carácter. No llega, con todo, a percibir el hálito
sobrenatural de la santidad de su biografiado. Se diría que su obra es
la vida de un gran personaje histórico, no un escrito hagiográfico de
un santo.
71
La vida de la anglicana ROSE STEWART ofrece perspectivas con-
trarias a la de Van Dyke. Estudia más al Santo que al hombre. La
elaboración personal a base de documentos es mucho más restringida.
Es una obra de corte más clásico, al estilo de la del católico THOMSON,
tan estimada entre el público inglés. Su criterio en general es recto,
logrando dar una figura de San Ignacio bastante exacta y penetrando
en el alma del Santo de modo no acostumbrado entre los escritores no
católicos. Por todo esto la ilustre escritora se ha hecho acreedora a que

6 8
ROBERT HARVEY, Ignatius Loyola. A General in the Church Militant (Milwaukee 1936)
introducción, p.IX.
6 9
HENRY DWIGHT SEDGWICK, Ignatius Loyola (New York 1923).
7 0
PAUL VAN DYKE, Ignatius Loyola, the Founder of the jesuits (New York 1927).
^' ROSE STEWART, St. Ignatius Loyola and the Early Jesuits (Londres 1891).
30 Introducción general

su vida haya alcanzado bastante difusión aun entre los católicos de


lengua inglesa.

* * *

Basta esta somera descripción de la historiografía i g n a c i a n a


del s i g l o x x para v e r el m o d o con que se ha proyectado a San
I g n a c i o en las últimas décadas. Ha prevalecido el afán de objeti-
v i d a d histórica, la depuración despiadada de toda leyenda en la
infancia o j u v e n t u d , en d o n d e , en vez de a m i n o r a r los deva-
neos, se los ha a u m e n t a d o o al menos se han puesto una
continuidad e intensidad q u e no constan en las fuentes q u e
poseemos. F ü l ó p - M i l l e r , por ejemplo, afirma q u e « c o m o todos
los caballeros jóvenes de su época andaban a cada paso en
72
escabrosas aventuras y a la caza de placeres c a r n a l e s » .
A q u e l San I g n a c i o «histórico» q u e nos transmitió el si-
g l o x i x , todavía m e d i o anémico, se ha desarrollado robusto en
las n u e v a s publicaciones y se ha impuesto netamente.
N o sólo se ha perfeccionado la i m a g e n l e g a d a por la genera-
ción decimonónica. Se ha iniciado una n u e v a perspectiva q u e ,
más q u e n i n g u n a de las facetas anteriormente estudiadas, a y u d a
a darnos el auténtico San I g n a c i o .

Se puede llamar «psicológica» a esta nueva orientación en el senti-


do más profundo de la palabra, que abraza no sólo el estudio de la
fisonomía, carácter y evolución interna de la naturaleza humana, sino
también el análisis sobrenatural de la acción divina en su alma y la
irradiación de la permanencia trinitaria, tan honda y palpablemente
sentida en nuestro caso, que llegaba a endiosar la vida y actividad toda
del Santo.
Mientras no se haga revivir el espíritu mismo de San Ignacio,
tendremos siempre un retrato frío, una imagen sin vida. Es a lo que
tienden los trabajos de Richstátter, De Guibert, Rahner y los demás
73
que han seguido esta ruta de perspectivas tan prometedoras .

El profundizar en el espíritu ilumina de rechazo su reacción


en la actividad externa, su carácter y fisonomía. Sólo cuando se
ha penetrado en el santuario m i s m o de su alma se ha comenza-
do a poseer la clave de su ser y a poder representar la silueta de
su exterior. El retrato que ha trazado el P . MAURICIO DE IRIAR-

7 2
R. FÜLOP-MILLER, Macht und Gebeimnis der Jesuiten (Leipzig 1 9 2 9 ) 3 7 . Parecidas
expresiones usa el mismo FÜLÓP-MILLER en Los santos que conmovieron el mundo (Buenos
Aires).
7 3
Véase la bibliografía general. Los resultados de estos trabajos en orden a la
fisonomía espiritual y mística de San Ignacio los indicamos en la introducción al Diario
espiritual. Por ello no añadimos más aquí sobre este punto tan importante.
/. Historiografía ignaciana 31

TE supera en profundidad y exactitud a los anteriormente dise-


ñados. Es la contraprueba de q u e a fuerza de eliminar adheren-
cias se ha l l e g a d o al fondo mismo de su personalidad.
Para trazar su fiel retrato usa el m é t o d o psicográfico y se
sirve de todo elemento que ofrezca fondo caracterológico, co-
74
m o hechos, impresiones, r e f l e j o s .

Es interesante la silueta que se forma con tan rico y nuevo mate-


rial.
Hay en Ignacio cierta acometividad expansiva y tenacidad en llevar
75
adelante los propósitos en que su afán personal se ha empeñado . Es
un temperamento abierto a estímulos externos. Del estudio de su
complexión corporal deduce que, en la tipología de Kretschmer, San
Ignacio encaja dentro del tipo pícnico con un componente no despre-
76
ciable del atlético . Los conocidos del Santo le describen «cálido de
complexión y muy colérico; brioso y de gran ánimo; osado y ardiente;
ambicioso de honras; amigo de galas; aficionado al juego y a mujeres;
muy susceptible en puntos de honor, fácil a la ira y a la pendencia y
77
fácil a la reconciliación» . Prevalecían en su ánimo las afecciones de
índole emocional. Era de temple valeroso e impávido y, sin embargo,
no estuvo inmune de la flaqueza afectiva del miedo, era fácil a la risa
78
espontánea , de jovialidad cordial y discreta, «alegremente grave y
79
gravemente alegre», como le pinta con rasgo feliz Ribadeneira . Po-
seía una gran reactividad afectiva a estímulos estéticos, como a la
música y aun a la poesía, que brotaban de una interior llama afectiva,
nutrida de pábulos de belleza, llama de que también se alimentaba su
80
honda sensación de naturaleza . Las formas que adopta su religiosi-
dad vienen a confirmar el papel predominante que la afectividad
81
desempeña en su vida psíquica .
Sus íntimas ondulaciones de alegría a tristeza, de confianza a
desesperación, muestran un visible paralelismo con las fases del ciclotí-
mico. Su diario espiritual revela un ánimo casi desbordante afectivo y
aun emocional. Los estados cenestésicos a los que era susceptible
82
reverberaban en su v i d a .
Pertenece a la clase de figuras geniales, cuya talla desborda toda
medida. Sobre todo porque su unidad, compacta y armónica, es a la
vez multiforme y compleja, aunque no complicada. Unidad de con-

7 4
MAURICIO DE IRIARTE, S. I., Figura y carácter de San Ignacio de Loyola: Razón y Fe,
129 (1944) 166. Del mismo IRIARTE, La personalidad de Ignacio vista en sus valoraciones:
Razón y Fe, 153 (1956) 23-44.
7 5
IRIARTE, 259-260.
7 6
IRIARTE, 264-272.
7 7
IRIARTE, 606-608.
7 8
IRIARTE, 608-609.
7 9
IRIARTE, 609, donde copia la cita de RIBADENEIRA que se encuentra en la Vida del
bienaventurado P. Ignacio de Loyola 1.4 c.l8.
8 0
IRIARTE, 609-610.
81
IRIARTE, 610-616.
2
» IRIARTE, Razón y Fe, 130 (1945) 87-89.
32 Introducción general

trastes. Reina en él la armonía y la buena adaptación de la persona, no


sólo en el propio interior, sino con el mundo ambiente. Le afectan el
hombre, la naturaleza, los sucesos, y se mueve a intervenir en ellos. Y
simultáneamente es de gran intimidad introspectiva. Le gusta encon­
trarse consigo mismo a través de las conmociones de su conciencia,
tanto que en las experiencias afectivas de su ánimo tendrá un índice
directivo para su proceder. Sus aptitudes intelectivas son, en orden a
la especulación, medianas, pero su inteligencia práctica es extraor­
dinaria. De ella procede la apenas inigualada comprensión del momen­
83
to histórico y su capacidad organizadora .
Posee un maravilloso conocimiento de los hombres. Está dotado
de una intuición nativa para percibir el valer esencial de un sujeto y las
84
particularidades de su carácter . Es el tipo realista, adaptable a tiem­
pos y circunstancias. Flexible en la aplicación, cuando tomaba una
decisión era literalmente inflexible en llevarla adelante. Tenía la visión
de las grandes ideas madres, la perspectiva psicológica y la sabia
85
adaptación de los medios a los fines . Es el hombre de la potente
iniciativa, que sabe conjugarla con la más perfecta obediencia. De fina
discreción y tacto diplomático, valíase en el trato de grandes artificios;
tantear los temperamentos, adaptarse a cada uno, ceder en los acciden­
86
tes, atisbar el momento oportuno, hacer confianza de los otros .
Hombre de una pieza, en cuanto que una finalidad dirige todas sus
acciones, había alcanzado un noble equilibrio y dorada madurez, sin
87
mengua de la sensibilidad .

6. DEFORMACIONES DE LA FIGURA DE SAN IGNACIO

N o t o d o ha sido beneficioso en esta irrupción de elementos


seglares y no católicos en la historiografía i g n a c i a n a . N o todas
sus biografías reflejan el auténtico y real San Ignacio.
Es v e r d a d , c o m o ha escrito el P. KOCH, « q u e la i m a g e n de
San I g n a c i o se ha falseado a través de la historia lo m i s m o por
la antihistórica exaltación gloriosa de los a m i g o s q u e por la
8 8
falsa crítica de los adversarios y e n e m i g o s » . Pero este juicio,
en lo q u e se refiere al c a m p o e n e m i g o , hay q u e aplicarlo espe­
cialmente a las obras actuales. L a s g r a n d e s falsificaciones son
modernas. Proceden del c a m p o protestante alemán. Comenza­
ron por la incomprensión de la teología y del factor sobrenatu­
ral y acabaron por pintar un San I g n a c i o politico, i n t r i g a n t e ,
dictador de almas. L a causa fundamental no ha sido la falta de
datos, sino el desenfoque inicial.

»5 IRIARTE, 89-92.
" IRIARTE, 93-95.
» IRIARTE, 96-98.
8 6
IRIARTE, 99-100.
«' IRIARTE, 102.
** Jesuiten Lexikon, Die Gesetlschaft jesu, einst und jet^t (Paderborn 1934) p.850.
I. Historiografía ignaciana 33

C o m e n z a m o s por u n o de los autores q u e más han deforma-


do el v e r d a d e r o perfil espiritual de San I g n a c i o , el brillante
orador y publicista EMILIO CASTELAR, q u i e n contempla a nues-
tro Santo a través del p r i s m a de su color político y del influjo
89
q u e ejercía en el m u n d o i d e o l ó g i c o .
Castelar, adalid de toda clase de libertades, portaestandarte
del p r o g r e s o , santo y seña de los intelectuales del s i g l o x i x , v i o
en San I g n a c i o al p r o p u l s o r de un m o v i m i e n t o q u e iba cerran-
do su camino en todas direcciones; al p r o t o t i p o de la reacción
« a p e r c i b i d o al combate, c o m o las fieras a la matanza». En él se
halla « r e d u c i d a y c o m p r e n d i d a la reacción de la h u m a n a historia
90
con todas sus fuerzas y todos sus e r r o r e s » .

Castelar no se cegó hasta el punto de no ver las grandes cualidades


naturales de San Ignacio. Más aún, con su fascinante estilo, henchido
de rotundas expresiones y brillantes metáforas, va tejiendo una corona
de alabanzas sin fin a su implacable adversario. Le pinta como «el más
grande genio organizador que han conocido los siglos», como «un
grande general... con todas las facultades propias del militar de primer
91
orden» .
Solemnes afirmaciones de marcada exageración, con las que Caste-
lar no pretendía aquilatar la verdad, sino marcar con rasgos bien
destacados la fisonomía militar del Santo. San Ignacio era a la vez para
él un hombre adusto, sombrío, misterioso, calculador, insensible a los
afectos, rígido y frío. Parecía que no entraba en su alma ningún afecto
92
humano .
Su misión esencial —quién lo dijera— fue el suicidar la libertad,
deshacer todo: conciencia, voluntad, carácter, personalidad, hasta lle-
gar al aniquilamiento completo y absoluto del ser humano, el suicidio
93
universal .
De aquí brotaba la enemistad de Castelar. San Ignacio con sus
ejercicios, su indiferencia, su obediencia ciega, acababa con la libertad
del espíritu. Formó una gran fuerza, la fuerza mecánica de un organis-
mo que funciona automáticamente, pero está privada del gran resorte
94
y agente: la libertad .
Mediante este «total aniquilamiento y desaparición de nuestro ser»
consiguió poner al servicio de la Iglesia una fuerza poderosa —la que
cerraba el camino a los propósitos de Castelar— donde había como
condensado la quintaesencia del obscurantismo pronto a luchar contra
todo «progreso» y libertad.

8 9
Habla Castelar sobre San Ignacio en el tomo 4 de La revolución religiosa 1.10-11
(Barcelona 1883). Véase San Ignacio de Loyola según Castelar. Genialidades por ] . M. y SAJ
(JULIO ALARCÓN, S. I.) (Bilbao 1892).
9 0
CASTELAR, La revolución p.451.453-454.
91
CASTELAR, La revolución 466-470.
9 2
CASTELAR, La revolución 129.
9 3
CASTELAR, La revolución 125-126.
9 4
CASTELAR, La revolución 131.
34 Introducción general

Este fue el gran crimen: «cuando la reacción estaba ya diluida,


como una especie de gas, en los aires, vistió tal reacción carne, sangre,
95
hueso, hízose hombre y se llamó Loyola» .
El suicidio de la personalidad era la condición para pertenecer al
ejército obscurantista de la reacción capitaneada por San Ignacio. Sus
soldados eran «cadáveres movientes, con tristes sombras por almas y
96
absurdas entelequias por ideas» .
Castelar, en sus poderosas síntesis históricas, más fulgurantes que
exactas, reconoce la fuerza de la renuncia del propio querer en aras del
ideal de la vida religiosa; pero en este libérrimo acto no veía la excelsa
sublimación que daba a los hombres la verdadera libertad, la de los
hijos de Dios.

Así v i o a Ignacio el adalid de la falsa libertad decimonónica.


Creía Castelar q u e la fuerza autómata creada p o r L o y o l a se
estrellaría ante la fuerza de la idea creada por él, q u e pararía y
anularía para siempre el mecanismo, apenas pudiera conocer los
resortes ciegos q u e lo d i r i g í a n .
Otra de las célebres falsificaciones p r o v i n o del campo libre
alemán, del publicista h ú n g a r o , de o r i g e n g e r m á n i c o , RENE
FÜLÓP-MILLER.
Vio también, c o m o Castelar, la potencia de la personalidad
de San Ignacio y la fuerza desplegada sobre todo en la lucha
antiprotestante p o r « e l poderoso o r g a n i s m o m u n d i a l » q u e es
para él la Compañía de J e s ú s , se puso a i n d a g a r la fuente de esta
fuerza q u e le avasallaba de m o d o e x a g e r a d o . N o se cansa de
exaltar el poder de los jesuitas, quienes — s e g ú n é l — han influi-
do de tal m o d o en t o d o el m u n d o católico, q u e « t o d o el
d e s e n v o l v i m i e n t o de nuestra cultura europea, en religión c o m o
en filosofía, en educación c o m o en arte, lleva la marca de ellos,
ya por influencia directa, y a indirectamente p o r el reto q u e
97
lanzan a la enérgica o p o s i c i ó n » .

El sistema empleado para dar con «el secreto del poder de los
jesuitas» tenía que llevarle a una deformación. Hemos hablado en la
historiografía de la progresiva valoración y ampliación de las fuentes.
Su descubrimiento e incorporación ha ido depurando y perfeccionan-
do las biografías. Pero siempre se suponía su pureza originaria.
Fülóp-Miller aprovecha como prueba documental el lodazal del
campo enemigo, que, según él, aunque esté ahora encharcado, se ha
formado con el agua de la fuente documental. Cree que, aislando el
fango, se puede recoger esa agua, perdida de otra manera para la
historia. Véase cómo él mismo da cuenta del método histórico que

9 5
CASTELAR, La revolución 4 5 8 .
9 6
CASTELAR, La revoimión 4 1 4 .
9 7
RENE FÜLÓP-MILLER, Macbt una Geheimnis der jesuiten p.30.
/. Historiografía ignaciana 35

dirige su investigación: «Quien en nuestros días busca la verdad acerca


del jesuitismo, hallará en los escritos polémicos parciales más preciosa
ayuda que en las aseveraciones contrastadas de los historiadores...
Incomparablemente es más profunda la visión que nos permite alcan-
zar, en cuanto a la naturaleza y la real significación del jesuitismo,
tanto enconado libelo, dislocada presentación, calumnia y tanta radian-
te apología, acicalado relato y glorificación de los hechos de la
98
Orden» .
No negaremos que entre el fango de las polémicas se encuentran
no raras veces perlas preciosas de datos olvidados por los historiado-
res que, por prurito de mantenerse imparciales, contemplan el panora-
ma desde una lejanía, desde la que no puede percibirse el calor vital de
la realidad, y que en los panegíricos se puede encontrar un fondo
histórico aprovechable. Pero la calumnia, el libelo denigratorio y el
panegírico exagerado nunca podrán ser en sí mismos fuente histórica,
y Fülóp-Miller toma la apología y la calumnia como documentos en sí
mismos. Este sistema ha hecho que en su obra se den, junto con
grandes verdades, grandes aberraciones.

F ü l ó p - M i l l e r , c o m o antes Bóhmer, busca la fuente de la


grandeza en lo m e r a m e n t e h u m a n o . Y pinta con esos datos
puramente h u m a n o s un San Ignacio maestro de la política,
d u e ñ o en el c a m p o internacional, v e r d a d e r o M a q u i a v e l o del
apostolado, q u e d i r i g e con estudiado refinamiento los tentácu-
los de la sociedad. Es el g r a n crimen de q u e F ü l ó p - M i l l e r acusa
a San Ignacio. Ha secularizado la Iglesia, ha introducido en ella
el sistema político, m u n d a n o . L a táctica q u e siguieron los Papas
del R e n a c i m i e n t o para su medro personal y de los Estados de la
Iglesia, San Ignacio la empleó en la conquista de las almas.

Esta errónea concepción la bebió en una de las fuentes corrompi-


das, que emplea como base de su trabajo, en El gran Inquisidor, de
DOSTOIEWSKI, escrito que para nuestro autor es de una «elevada obje-
tividad», tanto que «no se encontrará apenas en toda la apologética del
catolicismo una obra que exponga la idea del jesuitismo con tan
profunda inteligencia como la argumentación que pone Dostoiewski
99
en boca del gran Inquisidor .
Lo reconocemos gustosos. Junto a esta miopía fundamental, se
dan destellos fulgurantes, vislumbres geniales de la grandeza de San
Ignacio. Exceptuando siempre esa errada interpretación, es éste, sin
duda, uno de los monumentos protestantes más importantes levanta-
dos en honor de San Ignacio.

9 8
FÜLÓP-MILLER, Machí und Geheimnis, Zur Einführung, p. V I I .
9 9
FÜLÓP-MILLER, Mache and Geheimnis p.536-537. El gran inquisidor a que se refiere
a a
se encuentra en Los Hermanos Karama^pf, 2 . parte, libro V : Pro y contra, 5. El Gran
Inquisidor, en Obras de Dostoiewski (Madrid 1943, Aguilar), v.2, 980-992, sobre todo 990.
36 Introducción general

Más honda es la deformación que realiza el protestante


100
norteamericano L. MARCUSE . El m i s m o titulo: San Ignacio,
dictador de almas, está delatando el concepto militar, férreo, q u e
se ha formado de su figura, en la q u e ve una g r a n d e z a h u m a n a
nada común. A b u n d a n , c o m o en esta clase de libros, las afirma-
ciones solemnes, rotundas. En la m i s m a introducción, una bien
tajante: « E s él, y no Napoleón, el m a y o r o r g a n i z a d o r europeo
1 0 1
del m u n d o » .
P r o n t o se esboza la caricatura de un San I g n a c i o adusto,
austero, «monje reinante», hipócrita, q u e somete la ley del a m o r
a la de la obediencia ciega, sin consideración para con n i n g ú n
s u b o r d i n a d o , con tal de c o n s e g u i r el fin q u e se proponía; un
jefe a quien no importaba convertir a los suyos en carne de
cañón. El, i n m u n i z a d o contra t o d o afecto, impasible, ladino
refinado, c u m p l í a su deber estoicamente, absolutamente. Así
fue el g r a n triunfador.

Ignacio —escribe con increíble desconocimiento de la confianza


ambiente que creó el Santo en torno a sí— «no es un padre que se
regocije o entristezca con los suyos. La palabra padre en aquella casa
102
era una pura alegoría» .
Más adelante, una pintura más irreverente de su habilidad en los
negocios: «A la mañana, sus visiones le hacen pedir sus decisiones al
cielo. A la tarde, cuando da sus instrucciones a su secretario, se inspira
en las revelaciones de Satán. En verdad, penetra mejor el infierno que
el cielo. El hombre de Roma conoce la palanca que mueve los hom-
bres, les gobierna con un dominio que sólo Lucifer o Aretino pueden
poseer... Habituado a espionar el mundo infernal, ha sorprendido las
103
maniobras más eficaces del diablo...» .
Todavía un último toque sobre su política: «El brazo del general
es sin duda muy fuerte, pero tiene una gran debilidad: cede ante las
cabezas coronadas. Sin duda sabe por experiencia que toda obra espiri-
104
tual, detrás de la cual no se encuentran los fusiles, es impotente» .
Y es una pena esta adulteración en el modo de interpretar al Santo.
Porque Marcuse ha leído mucho. Aduce casi siempre datos exactos,
conoce como pocos las fuentes y se muestra conocedor no sólo de la
trama general, pero aún de insignificancias históricas.

Otra deformación m e n o s palpable en su forma externa ha


p r o c e d i d o de literatos de fama más o m e n o s c o n s a g r a d a , q u e

1 0 0
LUDWIG MARCUSE, Ignatius von hoyóla (Amsterdam 1935); nueva ed. abreviada
(Leck, Clausen und Bosse, 1956). Nosotros citamos la traducción francesa: L. MARCUSE,
lgnace de hoyóla, le dictateur des ames (París 1936).
, 0 1
MARCUSE, lgnace de hoyóla p.6.
1 0 2
MARCUSE, lgnace de hoyóla p.249.
103
MARCUSE, lgnace de hoyóla p.255.
1 0 4
MARCUSE, lgnace de hoyóla p.292.
/. Historiografía ignaciana 37

han ensayado trazar semblanzas de una figura q u e por el propio


v i g o r de su personalidad, los contrastes a g u d o s del m u n d o en
q u e se m o v i ó y por la a m p l i t u d de su irradiación, se prestaba a
descripciones brillantes.
Con un estudio general reducido, con una sumaria biblio-
grafía, se han i m a g i n a d o un San I g n a c i o dinámico, i m p u l s i v o ,
fascinador, y lo han v a c i a d o en moldes de relativo mérito
literario, pero de escaso valor histórico.
Hay siempre rasgos q u e coinciden con la auténtica figura;
pero se entremezclan tantas inexactitudes, q u e la figura total
resulta una falsificación, camuflada con formas seductoras, con
descripciones magnificas, pero, al fin y al cabo, una falsifica-
ción. Proyectan su San I g n a c i o , el q u e ellos han visto a través
de las irisaciones de su i m a g i n a c i ó n , no el q u e aflora de la tierra
más prosaica y dura de los documentos.
Estos son los defectos fundamentales q u e achaca el P. Letu-
ria a SALABERRÍA. « N O es el Ignacio de la R o m a de Paulo III y
de J u l i o III q u i e n revive y habla aquí...; es el literato subjetivo
y colorista del s i g l o x x quien proyecta siglos atrás sus propias
concepciones spenglerianas, e n v o l v i é n d o l a s , por añadidura, en
juicios tan poco católicos q u e en ocasiones ni a cristianos
0 5
l l e g a n » ' . L o q u e dice el m i s m o P. Leturia de la pintura q u e
hace Salaberría de la estancia de San Ignacio en R o m a se puede
aplicar a su i m a g e n g l o b a l : « F i l i g r a n a s subjetivas de artista tan
m o d e l a d o r plástico de la palabra c o m o iconoclasta dilapidador
106
de la Historia. La Historia no conoce a ese L o y o l a de 1 5 2 3 » .
O t r o literato m a y o r q u e Salaberría, MIGUEL DE UNAMUNO,
había proyectado escribir « u n a vida de San Ignacio, en quien
107
m e parece ver el alma del pueblo v a s c o n g a d o » . N o l l e g ó
U n a m u n o a escribir su soñado libro, pero vertió en la Vida de
Don Quijote y Sancho la esencia del San Ignacio q u e llevaba tan
dentro de sí. El se sentía íntimamente unido con él, sentía una
108
estrecha « h e r m a n d a d » con su c o m p a i s a n o . De hecho, en la
mencionada Vida de Don Quijote va e n h e b r a n d o las aventuras
del famoso h i d a l g o con las afinidades ignacianas q u e brotan
instintivamente de la yuxtaposición de los dos típicos persona-
jes. Porque, para U n a m u n o , San Ignacio es el Quijote de la
Iglesia, el h i d a l g o q u e se deja enloquecer por la m a y o r gloria de

1 0 5
LETURIA, Apuntes ¡¿nacíanos (Madrid 1930) p. 101. El libro de SALABERRÍA, Grandes
figuras históricas. Loyota (Madrid 1929) p.251.
1 0 6
LETURIA, Apuntes ignacianos p.116.
1 0 7
ADOLFO ALIAS, Epistolario a Clarín (Madrid 1941) p.64.
1 0 8
Citado por N. GONZÁLEZ CAMINERO, Unamuno. Tomo I: Trayectoria de su ideología y
de su crisis religiosa (Comillas 1948) p.369.
38 Introducción general

Dios. U n a m u n o v i b r a b a no con el objetivo de la pasión de San


I g n a c i o , sino con la fuerza volcánica del apasionamiento.
H a y en su paralelismo atisbos geniales, concepciones s u g e s -
tivas; pero la interpretación total es una interpretación c o m o las
de U n a m u n o : fulguraciones sentimentales, nacidas al calor de
una idea sentida con a v a s a l l a d o r a vivencia. L a « h e r m a n d a d » de
U n a m u n o , tan enraizada en él, se daba con ese su San I g n a c i o ,
no con el San I g n a c i o auténtico e histórico.
C o m o se expresa el P. González Caminero: « A buen s e g u r o
q u e no hemos perdido nada con q u e U n a m u n o dejara irrealiza-
da una biografía sobre San I g n a c i o . A p a r t e de las abiertas
falsedades y tergiversaciones q u e infaliblemente la hubieran
m a n c h a d o , sería toda una mera interpretación novelística, in-
1 0 9
consistente e i n ú t i l » .
Otros m u c h o s astros menores en el cielo de la historia y de
la literatura han q u e r i d o i l u m i n a r la figura de San Ignacio. Pero
con la proyección desenfocada de su visión no han hecho más
q u e ofuscarla.

RICARDO BLUNK, de ideología nazista, ha quedado fascinado por la


110
potencia de San I g n a c i o . Ha visto en él al hombre de la Iglesia, al
héroe entregado ciegamente a ella. En esto ha acertado. Pero Blunk no
podía comprender la Iglesia católica ni la fuerza íntima de ella: la
acción vivificadora del Espíritu Santo. Y ha pintado un San Ignacio
intrigante, artero, captador de voluntades con diabólico refinamiento;
en una palabra, como lo sintetizó él mismo en su título, entendido en
111
el sentido peyorativo: El Papa negro. Otros, como BAYER , se fijan
más en el aspecto misterioso y enigmático con que esos autores,
ignorantes de la clave íntima para penetrar en la personalidad de su
biografiado, rodean su figura
Siguiendo esta línea peligrosa de interpretaciones subjetivas y pro-
yección de prejuicios, se ha llegado a las más absurdas, a forjar un
Ignacio —quién lo dijera— histérico, espíritu judío, tipo ideal del
112
antigermanismo . Esta última faceta la había popularizado ya antes

109
GONZÁLEZ CAMINERO, Unamuno p.132.
1 1 0
BLUNK, «Der schwar\e Papst». Das Leben des Ignatius von L. (Berlín 1937).
111
K . BAYER, Losung des Rátsels der jesuitiscben Sphinx (Berlín).
1 1 2
Basta ver los títulos de las siguientes obras: E. KREBS, Jesuitischer und deutscher Geist
(Friburgo 1934); G . SCHULTZE-PFAELZER, Das Jesuitenbuch. Weltgeschichte eines falschen
Priestertums (Berlín 1936); G . LOMER, Ignatius von Loyola. Von Erotiker icum Heiligen
(Leipzig 1913); H. AHLWARDT, Mehr Licht. Der Orden Jesu in seiner wahren Gelstalt und in
seinem Verháltnis %um Freimaurer und Judentum (Dresden 1910).
Ha habido también otras falsificaciones célebres, pero se han hecho en obras en las
que no se trataba directamente de San Ignacio, sino de toda la Compañía. Han estudiado
al Santo en relación con algún punto de la actividad de la Orden. Su estudio trasciende el
ámbito de esta introducción, que quiere limitarse a las semblanzas directas de la persona
de San Ignacio. Las más famosas de estas deformaciones son las realizadas por M. MIR,
Historia interna documentada de la Compañía de Jesús (Madrid 1913) 2 v.; DE RECALDE, L.,
Notes documentaires sur la Compagnie de Jésus, sobre todo su estudio tercero: Les mensonges de
I. Historiografía ignaciana 39

un español, Castelar. Ya hemos presentado antes otras facetas del


retrato que traza del Santo. Hemos querido reservar para aquí este
aspecto.
La idea se basa en la concepción general que tiene Castelar de la
función que ha representado en la sociedad moderna la raza germáni-
ca. Ha sido la «que ha traído a la vida el sentimiento y la idea de la
113
individualidad, borrada en los antiguos estados» .
Las revoluciones de los alemanes han sido sublevaciones del espíri-
tu. Su objetivo: la restitución de la libertad. San Ignacio, el que con su
formidable acción cortó el avance de la libertad germánica y puso el
dique más fuerte de la reacción latina.
Los pueblos latinos, «que tan rápidos fueron siempre en la realiza-
114
ción de sus ideas, apenas han tenido libertad de pensamiento» .

Si no se i l u m i n a p r i m e r o el alma de I g n a c i o , nunca se le
comprenderá en su verdadera realidad. Dice m u y bien el p a d r e
Rahner: « S i n la inteligencia del t e ó l o g o , de la teología, de la
mística y del a m o r a la Iglesia del Santo q u e hizo se entregara
totalmente a ella, la exposición a u n históricamente m á s segura
de I g n a c i o es y permanecerá una e n i g m á t i c a y una fría
115
mascarilla» .

7. SAN IGNACIO EN EL POSCONCILIO VATICANO II

Esta historiografía ignaciana quedaría h o y incompleta si no


se añadiesen a l g u n o s párrafos sobre lo acaecido después del
Concilio Vaticano II. N o es q u e se hayan publicado entre tanto
importantes d o c u m e n t o s inéditos q u e p u e d a n cambiar notable-
mente la figura del Santo; pero sí se han multiplicado los
estudios, monografías y tesis doctorales sobre los diversos a s -
pectos de su personalidad y de su obra, y hasta han aparecido
ú l t i m a m e n t e a l g u n a s biografías q u e aprovechan mejor q u e las
hasta entonces conocidas los estudios y fuentes generales o
particulares y a existentes, c o m o d i r e m o s m á s adelante.
P o c o después de terminar el Concilio, q u e exhortó al retor-
no a l a s fuentes, se abre el Centro I g n a c i a n o de Espiritualidad
(CIS) en R o m a . E n continuidad con él han i d o s u r g i e n d o poco
a poco en diversas naciones y continentes, p r o m o v i d o s p o r las
mismas autoridades de la Compañía, otros centros semejantes

Ribadeneira. Des miracles et de la morí de S. lgnace (París 1929) p.298; y P. M. BAUMGARTEN,


Ordens^ucht und Ordensslrafrecbt. Bettrage %ur Geschichte der Gesetlschaft Jesu besonders in
Spanien 1 v. (Traunstein 1932).
1 1 3
CASTELAR, La revolución 1.11 c.8 p.367.
1 1 4
CASTELAR, La revolución 1.11 c.8 p.374.
, L S
H. RAHNER, Stimmen der Zeit, 138 (1941) 97.
40 Introducción general

q u e fomentan estudios y publicaciones sobre los más variados


aspectos de la espiritualidad, historia y a c t i v i d a d del Santo, en sí
m i s m o s o en su relación con la C o m p a ñ í a de J e s ú s hoy. Sobre
su p e r s o n a l i d a d , sus obras o su p r o y e c c i ó n en la Iglesia y en el
mundo.
En u n p r i m e r m o m e n t o quizá p r e d o m i n ó la visión de Igna-
cio c o m o r e n o v a d o r de la concepción y estructuras religiosas de
su t i e m p o . Se buscaron m á s bien los temas en q u e el Santo
pudiera aparecer a p o y a n d o las tendencias r e n o v a d o r a s de la
época, hasta forzar a veces su mentalidad para hacerle pensar lo
q u e de a n t e m a n o l l e v a b a en su mente el autor de turno. Fueron
esfuerzos con frecuencia unilaterales, pero q u e n o dejaron de
abrir espacio a a l g u n a s contribuciones valiosas, en lo q u e tienen
de objetividad histórica, c o m o la de JIMÉNEZ OÑATE sobre el
Origen de la Compañía de Jesús. Carisma fundacionalj génesis históri-
ca^, o la de M . COSTA sobre Legge religiosa e discernimento
nl
spirituale nelle Costitu^ioni della Compagnia di Gesü . También
h u b o a l g u n a s exageraciones — a mi p a r e c e r — , como las de
118
SCHWAGER sobre el sentido d r a m á t i c o de Iglesia q u e a t r i b u y e
al S a n t o de L o y o l a , la del o r i g e n de las Constituciones según
119
ROUSTANG , O la de la concepción i g n a c i a n a del m u n d o inter-
120
pretada por M A D U R G A . Y hasta a l g u n a deformación, c o m o la
m
de R. BARTHES, en Sade, Fourier, Lojola , o i n c o m p r e n s i ó n de
122
su figura, c o m o la de BARTOLINI , c u a n d o lo cree falto de
atención al sufrimiento h u m a n o y a sus causas sociales y políti-
cas.
C o n t e m p o r á n e a m e n t e se ha ido c o n t r i b u y e n d o con diversas
calas al conocimiento más a m p l i o y profundo de su personali-
123 124
dad con los estudios de GRANERO en España y GIULIANI
125
en Francia, en R o m a con los P P . A . DE A L D A M A , IPARRAGUI-
127
i 2 6 y DALMASES . M á s adelante hemos t o m a d o el relevo
R R E

1 , 6
Roma, IHSI, 1966: Bibliotheca Instituti Historici S. I., 25.
117
Brescia, Paideia, 1973.
118
Das dramastisebe Kirchenverstdndnis bei Ignatius von Loyola (Zürich-Einsiedeln-Kólñ,
Benziger Verlag, 1970).
1 , 9
Véase Introducción a une lecture, en Constituthns de la Compagnie de jésus II (París,
Desclée, 1967: Christus 24).
120
¿Conversión al mundo? (México, 1972: Renovación 3).
121
París, Seuil, 1971 (Col. Tel quel).
122
Ignacio di Loyola (Milano, Rusconi, 1986).
121
San Ignacio de Loyola. Panoramas de su vida (Madrid, Razón y Fe, 1967): II. La misión
de su vida (Madrid, Razón y Fe, 1984), y Espiritualidad ignaciana (Madrid 1987).
124
Priére et action. Etude de spiritualité ignatienne (París, Desclée, 1966: Christus 21).
125
S. Paolo e la vocatrione ignaciana: Rivista di ascética e mística 14 (1969) 331-344; Los
Ejercicios Espirituales, ¿son el alma de las Constituciones?: MANR 48 (1976) 129-140.
126
San Ignacio, hombre de la Iglesia: Ephemerides Carmeliticae 17 (1966) 284-304.
127
Con su edición de la Vita Ignatii Loyolae de Pedro de Ribadeneira (Roma, IHSI,
1965: MHSI 93), de Le esortasrioni del P. Laíne^ sull«Examen Constitutionum»: AHSI 35
/. Historiografía ignaciana 41
128 129
J . ITURRIOZ y el q u e aquí e s c r i b e , con otros q u e aún
trabajan cada vez m á s en el m i s m o c a m p o de estudios.
P o d r í a m o s afirmar q u e se ha señalado con m á s decisión al
discernimiento como p u n t o clave de su personalidad y de la
espiritualidad fomentada p o r él. Se h a tratado d e profundizar y
delimitar m á s específicamente los parámetros de su discerni-
130
miento espiritual con los trabajos de GRANERO , PENNING DE
1 3 1 122 133 134
VRIES , DUMEIGE , GOUVERNAIRE , DE JUANES y To-
135
NER . Se ha atendido, cada v e z con m á s interés, a su sentido
de Iglesia y d e la v i d a espiritual, con estudios notables como los
136 137 138 139
de FESSARD , GRANERO , LEDRUS , J . C . DHOTEL , MEN-
140 141
DIZÁBAL , MARTÍNEZ G A L D E A N O , etc. Hoy es visto San
I g n a c i o , sobre todo, c o m o el g r a n p r o m o t o r de experiencia
espiritual, el h o m b r e del discernimiento en su g o b i e r n o y en su
orientación espiritual.
Entre tanto, a l g u n a s tesis doctorales h a n ilustrado varia-
dos aspectos de su personalidad y de su actividad: la relación
1 4 2
con los r e y e s , el de sus instrucciones a los e n v i a d o s en mi-
1 4 3
s i ó n , el de la importancia de su concepto d e g l o r i a del
1 4 4
m u n d o y g l o r i a de D i o s , el de « b u s c a r y hallar a Dios en
145
todas las c o s a s » . E s de subrayar el h a l l a z g o y transcripción
1 6
de Colkctanea Po/anci * , q u e permite indicar con m á s precisión
(1966) 132-185; v el art. 77 processo sulla ortodossia di S. Ignacio e dri suoi compagni si'oltosi a
Roma nel 1538: ÁHSI 38 (1969) 431-453, en colaboración con M. DEL PIAZZO.
128
El peregrino de París a Roma y Primer año de San Ignacio en Roma: MANR 60 (1988)
21-43 y 343-366.
1 2 9
M. Ruiz JURADO, LOS potos de Montmartre. Historia y espiritualidad: CIS 16 (1985/2)
y Orígenes del noviciado en la Compañía de Jesús (Roma, IHSI, 1980: Bibliotheca Instituti
Historici S. I. 42).
3 0
' Los imperativos de la espiritualidad ignaciana: MANR 47 (1975) 195-212.
131
Discernimiento. Dinámica existencial de la doctrina y del espíritu de S. Ignacio de Loyola
(Bilbao, Mensajero, 1967: Espiritualidad ignaciana 7).
1 3 2
Le rote de l'Esprit et de la hiérarchie aans la vocation apostolique de S. lgnace de Loyola:
CIS 4 (1973) 97-123.
133
Quand Dieu entre a l'improviste (París, Desclée, 1980: Christus 50).
134
La elección ignaciana en el segundo y tercer tiempo (Roma, CIS, 1980).
135
A commentary on Saint Ignatius' Rutes for tbe Discernment of Spirits (St. Louis 1982).
136
La dialectique des Exercises Spirituels II (París, Aubier, 1966: Théologie 66).
137
Sentir con la Iglesia: MANR 47 (1975) 291-310.
138
Discernimento ed ele^ione (Roma, Curia delta Provincia d'Italia S. I., 1986).
139
Actualiser les Regles d'lgnace?: Christus 34 (1987) 355-368.
, 4 0
Reglas ignacianas sobre el sentido verdadero en la Iglesia (Madrid, CETE, 1982) p.193-
223.
141
Intento práctico de adaptación de las Reglas para sentir con la Iglesia: MANR 59 (1987)
99-102.
1 4 2
J . A . BORGES FLORES, Ignacio de Loyola y los Reyes, 2 vols. (Dissert. doctoral en la
PUG) (Roma 1973).
1 4 3
D. SPANU, Inviati in missione. Le istru^ioni date da S. Ignacio (Roma, CIS, 1979).
1 4 4
H. DIDIER, Gloire de Dieu el glorie du monde chez Saint lgnace de Loyola. Thése á ia
Faculté de Lettres de la Sorbonne, París 1970.
1 4 5
R. MEJÍA SALDARRIAGA, La dinámica de la integración espiritual (Roma, CIS, 1980).
1 4 0
ALOYSIUS HSU, Texts of Collectanea Potanci: «Regulae alíarum religionum» Polanco
Notae Autographae, 1973 Arch. PUG (Roma, PUG, 1970-1971) (dissert. doctor.).
42 Introducción general

el influjo de las R e g l a s y Constituciones de las Ordenes a n t i g u a s


en las Constituciones y en las Regías de San I g n a c i o : m u y p o c o en
las Constituciones, más en a l g u n a s Reglas.
Ha c o b r a d o particular relieve en estos a ñ o s el estudio en
profundidad y extensión de plurifacéticas relaciones de los Ejer-
cicios, y sobre todo el de las Constituciones.
El C o n g r e s o de Ejercicios, celebrado en L o y o l a a raíz de la
conclusión del Concilio, fue o r i g e n de un interés crecido y
constante, u n i v e r s a l i z a d o , p o r los Ejercicios en sí m i s m o s y por
su enlace con la cultura actual: en teología, p s i c o l o g í a , Biblia,
p e d a g o g í a , diversas formas de adaptación y posibilidades autén-
ticas de practicarlos, etc. S ó l i d a y d u r a b l e fue en este aspecto la
aportación de G. CUSSON, Pe'dagogie de la expérience spirituelle
141
personnelle. Bible et Exercices Spirituels , y más recientemente la
de M . VERHEECKE, Itine'raire du chrétien d'apres les Exercises Spiri-
u%
tuels d'Ignace de Loyola et ses pre'suppose's anthropologiques , como
149
también los trabajos de J . L E W I S y n u m e r o s o s artículos en las
revistas « C h r i s t u s » , « M a n r e s a » , « C a h i e r s de spiritualité ignatien-
ne» y « K o r r e s p o n d e n z zur Spiritualitát der Exerzitien».
En los estudios sobre las Constituciones, su composición y
o r i g e n , y en su i l u m i n a c i ó n desde el carisma p r o p i o de San
I g n a c i o , se han dado pasos importantísimos. Decisivos han sido
150
los trabajos de A . DE A L D A M A para conocer con minuciosi-
dad las etapas de su composición y la autoría v e r d a d e r a del
Santo en su relación con el secretario Polanco, la clave apostóli-
ca de su interpretación y la exégesis de cada una de sus partes.
V a l i o s a s también las aportaciones sobre la especificidad de la
151
pobreza i g n a c i a n a (tesis doctoral de S W I T E K ) , sobre la obe-
152 153 154
diencia (con PALMES , ITURRIOZ , MENDIZÁBAL , THO-

1 4 7
Brugues-Paris-Montréal, Desclée-Bellarmin, 1968: Essais pour notrc temps 4.
1 4 8
Tesis doctoral en la Universidad de Lovaina (Louvain-la-Neuve 1984).
1 4 5
he sens des Exercices spirituels: Lettres du Bas-Caitada 20 (Montréal Í966) 6-46;
Conocimiento de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio (Santander, Sal Terrae, 1987), trad.
del original Connaissance des Exercices Spirituels de Saint lgnace (Montréal, Bellarmin, 1981).
1 5 0
La composición de las Constituciones de la Compañía de jesús: AHS1 42 (1973) 201-245;
Iniciación al estudio de las Constituciones (Roma, CIS, 1979). Imagen ignaciana del jesuíta en los
escritos de Polanco (Roma, CIS, 1975: Subsidia 9). Notas para un estudio de ta Fórmula del
Instituto (Roma, CIS, 1981). Ea misión, centro focal de las Constituciones ignacianas, en
Ejercicios-Constituciones. Unidad vital (Bilbao, Mensajero, 1975). Sobre los comentarios a las
diversas partes, véase la bibliografía de las Constituciones en este mismo volumen.
151
In Armut predigen (Würzburg, Echter, 1972: Studien zur Theologie des geistlichen
Lebens 6).
1 5 2
Ea obediencia religiosa ignaciana (Barcelona, Subirana, 1963).
153
Dos lineas de obediencia en la Compañía de Jesús: MANR 43 (1971) 59-78.
354
El modo perfecto de obedecer según San Ignacio (Bérríz, Angeles de las Misiones, 1967:
col. Ruach 2).
/. Historiografía ignaciana 43

155 156 157


M A S ) y sobre el cuarto v o t o (GERHARTZ , CHAPELLE ,
158
SHEETS , etc.).
L a Autobiografía de San I g n a c i o ha sido objeto de n u m e r o -
sas traducciones a las más diversas l e n g u a s . Ha contribuido a
ello el sentido afinado e interés actual por la experiencia espiri-
tual, la atracción por poder captar a los santos en las circunstan-
cias reales de su vida. El Santo de L o y o l a , M a n r e s a , J e r u s a l é n ,
s i g u e siendo l l a m a d o «el p e r e g r i n o » aun en el resto de su v i d a ,
c o m o si fuera una característica típica del conjunto de su perso-
nalidad: el p e r e g r i n o constante hacia el encuentro con la v o l u n -
tad de D i o s .
Se comienza a estudiar con r e n o v a d a intensidad y n u e v a s
técnicas interpretativas el Diario espiritual™. Han atraído
la atención de los estudiosos los espacios m e n o s estudiados
de la v i d a del Santo de L o y o l a . Por una parte, el ambiente en
q u e se crió y se hizo h o m b r e : raíces familiares, educación,
p e r í o d o s de su j u v e n t u d antes de la conversión en la casa torre.
A ello han c o n t r i b u i d o v a r i o s descubrimientos de documenta-
160
ción de la época, realizados por el P. L. FERNÁNDEZ , y el
interés r e n o v a d o por la Vita Christi del Cartujano, cada día más
reconocido como la fuente literaria q u e ha dejado huella más
notable en los Ejercicios. Por otra parte, el interés por la concre-
ción del g o b i e r n o de San I g n a c i o en los años de su g e n e r a l a t o .
I ñ i g o n o se dedicó a las letras, pero t u v o una educación esmera-
da en un ambiente cortesano de nobles modales y buena biblio-
teca. H u b o en su j u v e n t u d m a d u r a quien le buscaba para acabar
con él, a pesar de su oferta de reconciliación. T u v o q u e solicitar
del rey un g u a r d a e s p a l d a s . Su casa de R o m a fue un crisol de
experiencias del n u e v o tipo de v i d a religiosa i n a u g u r a d o por la
161
C o m p a ñ í a de J e s ú s bajo su d i r e c c i ó n . Allí se m a d u r ó poco a
poco no sólo el n u e v o tipo de formación, sino la v i d a de

155
Un chemin vers Dieu. Les Constitutions de la Compagnie de jésus (Paris, Nouvelle Cité,
1989).
356
«Insuper promitto». Los fotos solemnes peculiares de ¡as Ordenes católicas (Roma, C1S,
1975). Trad. del original alemán publicado en Roma, 1966: Analecta Gregoriana 153.
157
Le quatriéme voeu de la Compagnie (Roma, C1S, 1978).
1 5 8
En To Believe is to Exist (Denville, N. Y., 1986) c.22.
1 5 9
JOHN C. FUTRELL, The mystical Vocabulary of Ignatius in the Diario, en Dossier
«Constitutiones» A (Roma, CIS, 1972) p.143-183; M . Ruiz JURADO, En torno a la gracia de
acatamiento amoroso: MANR 35 (1963) 145-154; J . MUNITIZ, en Iñigo: Discernment Log-
Book. The Spiritual Diary of Saint Ignatius Loyola (London, Iñigo Enterprises, 1988: Iñigo
Texts Series 2).
loo Varios de ellos recogidos en Los años juveniles de Iñigo de Loyola (Valladoíid, Caja de
Ahorros Popular, 1981); y la obra en colaboración, Ignacio de Loyola en Castilla. Juventud-
Formación-Espiritualidad (Valladoíid, Caja de Ahorros Popular, 1989). Otros se citarán
más adelante.
161
M. Ruiz JURADO, Noticias inéditas sobre la casa profesa de Roma en tiempos de San
Ignacio: AHSI 53 (1984) 283-311.
44 Introducción general

observancia r e g u l a r establecida por las Reglas i g n a c i a n a s en


correspondencia al carisma p r o p i o , la formación en el n u e v o
estilo de los futuros responsables en las diversas regiones de
E u r o p a , y se v i v i ó el continuo ir y v e n i r con c a m b i o s constan-
tes del personal, p r o p i o de una casa d o n d e se reciben y e n v í a n
sus m i e m b r o s , esencialmente misioneros, a todas las partes del
mundo.
T o d o s estos abundantes estudios y monografías hacen cada
vez más difícil una síntesis valiosa a quien pretende hoy escribir
una biografía q u e refleje las adquisiciones hechas.
N o obstante, se han p u b l i c a d o varias biografías notables
ú l t i m a m e n t e . L a titulada El Padre Ignacio, del P . C. DE DALMA-
162
SES , breve p e r o sustanciosa, austera en sus consideraciones y
p u n t o s de vista personales, pero rica en la incorporación objeti-
v a de los datos históricos. L a de TELLECHEA, Ignacio de Loyola,
163
solo j a pie , de g r a n atractivo por su concentración en la
experiencia personal del Santo y su a p r o v e c h a m i e n t o de lo
esencial. L a del P . GARCÍA-VILLOSLADA, San Ignacio de Loyola.
164
Nueva biografía , por su i n i g u a l a d a penetración en sus raíces
familiares, sus a m p l i a s y d o c u m e n t a d a s perspectivas históricas
sobre el Santo, sus a c t i v i d a d e s , su personalidad, la de sus com-
pañeros, la proyección de su obra en m e d i o de los hombres y la
época en q u e les tocó v i v i r .
T o d a s ellas se p u e d e n considerar limitadas. Se p o d r í a n
a p r o v e c h a r más y mejor las monografías existentes en futuras
biografías de conjunto. Con todo, se entrevé y a , c o m o esperaba
el P . I p a r r a g u i r r e , q u e esta figura polivalente y excepcional,
i l u m i n a d a desde el interior y situada en sus coordenadas históri-
cas, v a dejando de ser un e n i g m a indescifrable o una fría
mascarilla. El c o n v e r t i d o de L o y o l a n o fue un militar, sino un
caballero de nobles sentimientos y á n i m o g i g a n t e , dispuesto a
las más g r a n d e s hazañas, transformado en p e r e g r i n o pobre y
l u e g o en místico apóstol de la m a y o r g l o r i a de D i o s , servidor
con J e s ú s de todos sus h e r m a n o s para el m a y o r bien universal
de todos los h o m b r e s . I l u m i n a d o fundador, l l e g ó a ser gober-
nante i n s i g n e , de corazón extremadamente sensible a los toques
de Dios y a la d i v e r s i d a d de los h o m b r e s , abierto a la universali-
dad de los p r o b l e m a s de la Iglesia en su época y atento a la
concreción de la fidelidad a la observancia cotidiana, sin dejarse
aprisionar por el l e g a l i s m o o la m i n u c i o s i d a d . S u s contrastes lo

1 6 2
La tercera ed. corregida es de Madrid 1986 (BAC popular 22). Tiene ya traduccio-
nes en las lenguas más conocidas de Occidente, y aun en croato, esloveno, polaco.
1 6 3
Madrid, Cristiandad, 1986.
•« Madrid 1986 (BAC maior 28).
II. Cronología de San Ignacio 45

descubren cada vez más cercano a nuestra experiencia, y a la vez


más lejano, por su íntima y extraordinaria experiencia de Dios,
de q u i e n quiso ser siempre dócil instrumento para su m a y o r
servicio y gloria.

77. CRONOLOGÍA DE SAN IGNACIO


La cronología de San Ignacio es complemento de la historiografía
ignaciana, guía orientadora para la interpretación de los hechos aduci-
dos en los escritos del Santo, sobre todo en la Autobiografía y Epistola-
rio, y a la vez prueba fehaciente del valor que poseen estos escritos
para la fijación de su vida, ya que la fecha y circunstancias particulares
de muchos de los datos se han podido precisar gracias a ellos. Hasta su
publicación, o se ignoraban totalmente o sólo se conocían algunos
rasgos aislados.
No es nuestra la cronología que publicamos. Traducimos literal-
165
mente a veces, y otras resuminos, la que publicó el P. Leturia .
Solamente introducimos algunas modificaciones en los itinerarios an-
teriores a la conversión y en la estancia de San Ignacio en París, o
precisamos algún que otro detalle. En el estudio en que nos basamos
se puede ver la contraprueba documental de cada una de las fechas y a
la vez los datos referentes a muchos sucesos de la vida del Santo, sobre
todo en su época romana, o de otros que pueden iluminar su persona
e influjo.

1491

Nace en Loyola, probablemente antes del 23 de octubre.

1505

Octubre 23.—Azpeitia. Actúa como testigo en la venta de un caballo:


MI, Font. doc. n.32.

1506(?)

Va a Arévalo como paje de Juan Velázquez de Cuéllar, contador


mayor del rey Fernando el Católico. De Arévalo debió de hacer
frecuentes salidas a pueblos cercanos. Debió de visitar sobre todo
Valladoíid, Dueñas, Torquemada, Tordesillas, Medina del Campo,
Madrigal de las Altas Torres, Segovia, Avila, etc. Véase AHSI 26
(1957) 230-251.

Publicada en Estudios Ignacianos I 1 1 - 5 2 .


46 Introducción general

1515

Febrero 20.—En A^peitia comete un delito considerado como grave


en el proceso que incoa contra él el corregidor de Guipúzcoa
Hernández de la Gama. MI, Font. doc. n.48.

1517

Agosto 12.—Muere Juan Velázquez de Cuéllar. Hasta este tiempo


permanece habitualmente Iñigo en Arévalo.
Fin de año.—Comienza a servir como gentilhombre a Antonio Manri-
que de Lara, duque de Nájera, virrey de Navarra.

1518

Febrero.—Cortes de Castilla y León en Valladolid. Probablemente asis-


te Iñigo, acompañando al virrey de Navarra.
Diciembre 20.—Iñigo pide licencia al rey para llevar armas, pues le
amenaza de muerte Francisco de Oya. Véase AHSI 44 (1975) 136.

1520

Septiembre 18.—Participa en la ocupación de Nájera. No quiso tocar el


botín de guerra.

1521

Enero-abril.—Le envía el virrey Manrique a Guipúzcoa con misión de


entablar relaciones de paz entre las facciones disidentes, que re-
quieren el laudo arbitral del virrey.
Abril 12.—Sentencia arbitral del duque de Nájera en la discordia que
dividía a las villas de Guipúzcoa y en cuya pacificación intervino
Ignacio: Cf. Fontes narr. I 156.
Mayo 17-18.—Corre a Pamplona con tropas auxiliares de Guipúzcoa.
Entra en la ciudadela.
Mayo 19.—Impide la rendición de la fortaleza. Asiste a una entrevista
con los jefes franceses y rechaza la capitulación ofrecida.
Mayo 20.—En la defensa del castillo es herido en la pierna derecha.
Recibe las primeras curas de los franceses.
165
Mayo 23 ó 24.—Rendición del castillo de Pamplona *.

105
* Sobre la herida de San Ignacio v la rendición de Pamplona aporra nuevos datos
el articulo fundamental de Lu'is FERNÁNDEZ MARTÍN, Iñigo Lópe% de Loyola y el proceso
iontra Miguel de Herrera, alcalde de la fortaleza de Pamplona: Príncipe de Viana 140-141
(1975) 471-534.
II. Cronología de San Ignacio 47

Junio, entre el 2 y el 5.—Es llevado a hoyóla. Salió de Pamplona por la


xbb
Cendea de l^a, lrur^un, Zuasti, Dos Hermanas, Lecumberri .
Junio, entre el 16 y el 20.—Después de un breve descanso en la casa
Echeandía, de Anzuola, entra en Loyola. El camino iba por el
caserío de Chaverri, venta de Elosua; seguía por el monte el cauce
del río Urola, pasando por los caseríos de Olasagasti, Aldacharren,
el molino de Landarán, Corteta, desde donde el camino estaba ya
calzado. Después por Azcoitia a Loyola (RECONDO, RazFe 153
[1956] p.220).
Junio 24.—Recibe los últimos sacramentos.
Junio 28, medianoche.—Comienza a sentirse mejor por intercesión espe-
cial de San Pedro.
Agosto-septiembre.—Pide libros de caballería. Le entregan libros piado-
sos. Conversión. Visión de la Virgen Santísima.
Octubre-diciembre.—Concentración espiritual de lectura, transcripción y
oración del Vita Christi, de Ludolfo de Sajonia, y de Flos Sancto-
rum.

1522

Fin de febrero.—Viaje a Arán^a^u, Navarretey Montserrat. En el camino


hace voto de castidad.
Mar^p 21 (?).—Llega a Montserrat.
Mar^o 22-24.—Confesión general.
Mar^p 24-25.—Cambio de vestidos y vela de armas ante la imagen de
la Virgen.
Mar^o 25, al amanecer.—Baja a Manresa.
Abril-julio.—Vida de oración y penitencia en Manresa.
Agosto-septiembre (?).—Eximia Ilustración junto al Cardoner. Transfor-
mación interna. Comienza a escribir los Ejercicios.

1523

Febrero 17-18 (?).—Llega a Barcelona, camino de Jerusalén.


Mar^o.—Se embarca rumbo a Caeta hacia el 20-22. Llega a Gaeta.
Mar^p 29.—Entra en Roma.

166 Q
u e s a Ignacio fue por Zuasti y Larraun consta por el testimonio del mismo que
n

le llevó. Esteban de Zuasti (RECONDO, Principe de Viana 22 [1961] 5-10). No sabemos por
dónde continuó después. Arocena propone como más probable la continuación Betelu-
Lizarza (Boletín de la R.S. Vasc. de Amigos del País 17 [1961] 436-437). En este caso, lo
obvio es que hubiera continuado por Arribas, Atallo, Alzo, Vidania, Régil. Tiene la
dificultad de que no se ve cómo en este caso pudo pasar por Anzuola, punto en donde,
según declaró en el proceso de 1595 don Juan de Ozaeta, descansó unos días en este viaje
(LETURIA, Estadios ignacianos II 82). Pero ofrece tales dificultades el paso por Anzuola,
que creemos que hay una confusión del testigo sobre la ocasión de la visita y que la visita
la efectuó el Santo en otra circunstancia. Con todo, siempre queda la posibilidad de que,
por razón de seguridad, tomara algún camino más escondido y pasara por el de la sierra
de Aralar a Echegárate y Oñate.
48 Introducción general

Abril, hacia el 13-14.—Sale de Roma camino de Venecia.


Mayo, a mediados.—Llega a Venecia.
Julio 14.—Se embarca en la nave Negrona.
Agosto 19.—En Salinas (Lárnaca), Chipre, sube a la nave peregrina.
Agosto 31.—Baja de la nave en Ja/a.
Septiembre 4.—Entra en Jerusalén.
Septiembre 5.—Visita los Santos Lugares.
Septiembre 6.—Al amanecer comulga en el Santo Sepulcro. A la tarde,
Vía crucis.
Septiembre 7.—Visita Betania y el monte de los Olivos.
Septiembre 8-9.—Visita Belén.
Septiembre 10-13.—Al torrente Cedrón. Vuelve a Jerusalén.
Septiembre 14-15.—Al Jordán y al monte de las Tentaciones.
Septiembre 16-22.—Vuelta a Jerusalén. Visita el monte de los Olivos.
Septiembre 23.—Vuelta a Jajá.
Octubre 3.—En la isla de Chipre.
Octubre 14-28.—En la isla de Chipre.
Noviembre, a principios.—Zarpa rumbo a Venecia.

1524

Enero, a mediados.—Llega a Venecia.


Febrero, a comienzos.—Deja Venecia. Pasando por Genova, llega por mar
a Barcelona. Visita rápida a Manresa.

1525

Todo el año.—En Barcelona, estudiando gramática en el Estudio general


y trabajando en ayudar a las almas. Se le junta Calixto de Sa.

1526

Julio (?).—Deja Barcelona. Va a Alcalá a estudiar Artes.


Noviembre 21.—Sentencia en contra de Ignacio, dada no por la Inqui-
sición, sino por el vicario en Alcalá, Juan Rodríguez de Figueroa.
Diciembre, hacia el 10.—Se manda a Ignacio y a sus tres compañeros
cambiar el vestido y, poco después, usar zapatos.

1527

Mar^p 6.—Segundo proceso.


Abril 18 ó 19.—Es encerrado en la cárcel.
Mayo 2 al 21.—Tercer proceso.
Junio 1.—Sentencia de Figueroa. Sale el Santo de la cárcel hacia el 21.
Sale de Alcalá.
II. Cronología de San Ignacio 49

Julio, a principios (?).—Coloquio en Valladolid con el arzobispo de


Toledo, Fonseca, y llegada a Salamanca.
Julio, a fines (?).—Coloquio con los PP. Dominicos en San Esteban.
Después de tres días entra en la cárcel.
Agosto, hacia el 20-22.—Sentencia absolutoria, pero con prohibición de
enseñar materias teológicas antes de estudiar teología. Sale de la
cárcel.
Septiembre, a mediados.—Sale de Salamanca. Deja a sus compañeros, con
la intención de avisarles más tarde sobre cómo reunirse con él en
París. Por Barcelona se dirige solo a París.

1528

Febrero 2.—Entra en París. Se hospeda en el Hospital. Estudia latín en


el colegio de Monteagudo.
Abril, después del 12.—Por falta de dinero se traslada al hospital de
Santiago.

1529

Cuaresma.—Primer viaje a Flandes. Entrevista con Luis Vives en


Brujas.
Mayo-junio.—Da los ejercicios a Peralta, Castro y Amador.
Septiembre.—Va a Kouen. Se traslada, en París, al colegio de Santa
Bárbara.
Octubre 1.—Comienza a estudiar Artes. Trata con Fabro y Javier. Se
libra del castigo de la «sala».

1530

Continúa sus estudios en París.


Agosto-septiembre.—Segundo viaje a Flandes.

1531

Continúa sus estudios de Artes (Filosofía) en París, en el colegio


de Santa Bárbara.
Agosto-septiembre.—Tercer viaje a Flandes. Esta vez llega hasta Londres.

1532

Enero.—Consigue el grado de bachiller en Artes.


Octubre.—Comienza a intimar con Simón Rodrigues.
50 Introducción general

1533

Mar^o 13.—Exámenes de licencia en Artes (Font. doc. n.84).


Comienza sus estudios de Teología (quizás en octubre)

1534

Al principio.—Da el mes de ejercicios al beato Fabro.


Abril, después del 5.-—Obtiene el grado de maestro en Artes.
Primavera.—Da el mes de ejercicios a Laínez y Salmerón. Poco des-
pués a Rodrigues y Bobadilla.
Agosto 15.—Votos en Montmartre.
Septiembre.—Da el mes de ejercicios a San Francisco Javier.

1535

Mar^o 14.—Recibe el diploma de maestro en Artes bajo el rectorado


de F. Jacquart (Font. doc. n.86).
Mar^o, a fines.—Se defiende de la acusación de herejía ante el inquisi-
dor Valentín Liévin.
Abril, a principios.—Sale de París camino de Azpeitia.
Abril, a fines (?).—Llega a Aurpeitia. Vive en el hospital La Magdalena.
Mayo-julio.—En Azpeitia. Explica el catecismo, predica, establece pa-
ces, da ejercicios y establece provisiones en favor de los pobres.
Visita Loyola.
Agosto-septiembre.—Viaja por Obanos, Alma^án, Sigüent^a, Madrid (don-
de ve a Felipe II, niño de ocho años), Toledo, Valencia.
Octubre-noviembre.—Visita la cartuja de Valí de Cristo, cerca de Segorbe.
Diciembre 11-18 (?).—Enferma en Bolonia. Es socorrido en el colegio
de San Clemente.

1536

En Venecia, estudiando teología y dando ejercicios. En diciembre


tiene una entrevista con Juan Pedro Carafa.

1537

Enero 8.—Llegan los compañeros de París. Comienzan a asistir a los


enfermos en los hospitales.
Abril.—Obtienen los compañeros en Roma permiso de ir a Tierra
Santa. Comienza a correr el año de espera: mayo 1537-mayo 1538.
junio.—Se ordena, junto con varios de sus compañeros, el día 10, de
órdenes menores; el 15, de subdiácono; el 17, de diácono; el 24, de
presbítero.
//. Cronología de San Ignacio 51

Julio 25.—No pudiendo pasar a Palestina, Ignacio, con Fabro y Laínez,


se dirige a Vicenta. La segunda «Manresa», en San Pedro de
Vivarolo de esa ciudad.
Agosto, final (?).—Acude a Bassano para atender a Simón Rodrigues,
enfermo.
Septiembre.— Primeras misas de casi todos los compañeros en Vicenta
y deliberaciones con ellos sobre ministerios y nombre de Compa-
ñía de Jesús.
Octubre.—En Venecia recibe la declaración de inocencia del vicario
general (Font. doc. n.105). A fines de mes se dirige a Roma con
Fabro y Laínez.
Noviembre, a mediados.—Visión en L,a Storta. Entra en Roma.
Diciembre.—Habita en la villa de Quirino Garzoni, cerca de Trinita dei
Monti.

1538

Hasta Cuaresma.—En Roma dando ejercicios, predicando, ejercitando


la caridad. Durante la Cuaresma, en Montecasino (Albaneta), dando
ejercicios al Dr. Ortiz.
Mayo.—Pasado el año de espera para Palestina, los compañeros vienen
a Roma y habitan cerca del Ponte Sixto.
Junio-agosto.—Grave persecución en Roma. Proceso.
Agosto, a fines.—Va a Frascati, residencia estival de Paulo III, para
obtener sentencia en su causa.
Noviembre 18.—Sentencia absolutoria del proceso (MI, Font. doc.
n.108).
Noviembre (entre el 18y 23).—Se ofrecen al Papa en fuerza del voto de
Montmartre.
Dentro del mes.—Se trasladan a casa Antonio Frangipani, junto a la torre
«del Melangolo», donde habitarán durante año y medio.
Diciembre 25, a medianoche.—Celebra la primera misa en el altar del
Pesebre del Señor, en Santa María la Mayor.
Invierno 1538-1539.—Asistencia a hambrientos y pobres en la casa de
Antonio Frangipani.

1539

Mar^o, a mediados-junio.—Deliberaciones sobre la formación de una


orden religiosa.
Mayo 4.—Primeras determinaciones de la Compañía.
Junio-agosto.—Salen los primeros compañeros en varias direcciones. Se
prepara la fórmula del Instituto.
Septiembre 3.—Paulo III aprueba la fórmula del Instituto que le leyó
en Tívoli el cardenal Contarini, y manda que se c-^'da el b r ^ e
correspondiente.
Septiembre 28.—El cardenal Ghinucci propone diversas correcciones.
52 Introducción general

Diciembre.—Se propone el examen de la bula al cardenal Guidiccioni,


que se declara contrario.

1540

Mar^p 4.—Parte Simón Rodrigues camino de la India.


Marz» 16.—Sale Francisco Javier para la India.
Septiembre 27.—Confirmación de la Compañía de Jesús por medio
de la bula Regimini militantis Ecclesiae, con limitación del número
de profesos a 60.

1541

Febrero, a principios.—Pasan a la casa cerca de Santa María de la


Estrada.
Febrero 7.—Confirmación de la Confraternidad de niños huérfanos.
Marino 4.—Reunión de los primeros compañeros para hacer las Consti-
tuciones conforme a la bula.
Marino 10.—Ignacio y Coduri comienzan a redactar las Constituciones
de 1541. Se aprueban y suscriben.
Abril 8.—Elección por unanimidad de Ignacio para general. Renuncia
de Ignacio.
Abril 13.—Nueva elección de Ignacio, quien va a San Pedro in Monto-
rio, donde permanece durante tres días.
Abril 19.—Aceptación del cargo.
Abril 22.—Primera profesión solemne en la capilla de la Santísima
Virgen en la Basílica de San Pablo. Lágrimas de San Ignacio.
Junio 24.—Bula por la que Paulo III concede la iglesia de Santa María
de la Estrada a Codacio y por su medio a la Compañía.
Mes incierto.—Primeras Constituciones de los colegios.

1542

Mar^p 18.—Se esfuerza por arreglar el desacuerdo existente entre


Paulo III y Juan III, rey de Portugal.
Mar^p 21.—Obtiene un breve en favor de los judíos convertidos.
Diciembre 10.—Atestigua haber escrito durante los últimos días 250
cartas.

1543

Febrero 16.—Bula de erección de la Compañía en favor de las arrepen-


tidas.
Febrero 19.—Bula por la que se erige un colegio para catecúmenos
convertidos del judaismo.
II. Cronología de San Ignacio 53

Fin de año.—Comienza a levantar en la antigua área de la iglesia de San


Andrés la primera casa profesa, de la que quedan todavía algunos
cuartos, llamados «camerette» de San Ignacio.

1544

San Ignacio, enfermo durante cuatro meses. Nombra secretario


para la correspondencia al P. Jerónimo Doménech.
Uñero.—Se abre la casa de Santa Marta para mujeres arrepentidas y
comienza a componer las Constituciones, empezando por la parte
de la pobreza.
Febrero 2-mari(o 13.—Escribe la parte del Diario espiritual que trata de
la pobreza de las casas profesas. Casi continuas visiones e ilustra-
ciones, con otros fenómenos místicos que aún continuarán con
formas diversas en el resto del Diario.
Febrero 15.—Breve en favor de la Confraternidad de Catecúmenos.
Mar^p 14.—Bula Iniunctum nobis, en que se vuelve a confirmar la
Compañía. Se quita la limitación anterior hasta 60 profesos.
Mar\o 15.—Comienza a escribir las Constituciones sobre las misiones.
Septiembre.—Traslado a las «camerette» de la Casa Profesa.

1545

Febrero 17.—Cesa de escribir la parte del Diario espiritual que se nos ha


conservado. Sin duda, semejantes fenómenos se repitieron en otras
épocas de su vida.
Junio 3.—Breve pontificio concediendo gracias y facultades para la
Compañía.
Agosto 27.—Bautiza en forma privada en el palacio Madama al segun-
do hijo gemelo de Margarita de Austria, Alejandro Farnese, des-
pués célebre duque de Parma.
Septiembre.—Va a Montefiascone a tratar con Paulo III sobre introducir
la Inquisición en Portugal y la fundación del colegio de Padua.
Noviembre.—Bartolomé Ferráo, nuevo secretario. Se añaden nuevas
casas y huertas a la Casa Profesa.
Diciembre 12.—Escribe al P. Jayo sobre el intento de reducir a Bernar-
dino Ochino.
Diciembre 25.—Profesión de Isabel Roser y sus compañeras.

1546

Abril.—Instituye una obra pía en favor de las jóvenes en peligro.


Junio 5.—Breve por el que se acepta la admisión en la Compañía de
coadjutores espirituales y temporales.
Agosto 1.—Fallece en Roma el Beato Pedro Fabro.
54 Introducción general

Agosto 11.—Sentencia en favor de Ignacio contra las calumnias de


Matías delle Poste (Font. doc. n.139).
A mediados de año.—Determina los impedimentos para entrar en la
Compañía y los incluye en el Examen.
Octubre 1.—El Santo renuncia a tener bajo su obediencia a Isabel
Roser.
Octubre 9.—Admite en la Compañía a Francisco de Borja.
Octubre 25.—Se constituye la primera provincia de la Orden, la portu-
guesa, con provincial el P. Simón Rodrigues.
Octubre, final.—Promete a Julio III que él personalmente tomará la
misión de Etiopía, si no hubiera otro en la Compañía que pudiera
encargarse de ella.
Últimos meses.—Compone Constituciones de Estudiantes. Impide el
que Jayo sea nombrado obispo.

1547

Desde este año dedica mucho tiempo a escribir las Constituciones.


Mar^o 15.—Rehusa la unión con la Congregación de Somasca pro-
puesta por el P. Francisco de Medde.
Juan Alf. de Polanco, secretario y procurador general.
Mayo 7.—Escribe la célebre carta llamada de la perfección (Carta
n. 36).
Mayo 20.—Obtiene de Paulo III que ninguna mujer pueda vivir en
comunidad bajo la obediencia de la Compañía.
Junio 11.—Comunicación de bienes espirituales de la Cartuja.
Septiembre 1.—Araoz, primer provincial de España.
Septiembre 22.—Es aceptado en la casa de Roma, como «indiferente»,
San Pedro Canisio, después de haber pasado unos 20 días en la
casa de primera probación. Véase AHSI 53 (1984) 288-299.
Noviembre 4.—Bula de erección de la Universidad de Gandía.
Noviembre 13.—San Pedro Canisio, instruido en Roma por el Santo.
Noviembre 20.—Constituye los primeros coadjutores espirituales en la
India.

1548

Enero, final.—Algunas propuestas sobre el oficio de examinar a los


ordenandos en Roma.
Mar^p 18.—Salen de Roma, con Nadal como superior, los enviados a
fundar el colegio de Mesina.
Mayo 5.—Ignacio, enfermo hasta este día, sale de casa para visitar a los
cardenales Alvarez de Toledo y Mendoza Bobadilla.
Junio 6.—Se acaba la nueva Casa Profesa. Tiene 40 cuartos.
Julio 14.—A pesar de no encontrarse bien, Ignacio sigue escribiendo
las Constituciones.
Julio 31.—Aprobación y recomendación de los Ejercicios por Pau-
lo III.
77. Cronología de San Ignacio 55

Octubre 8.—Vuelve a Roma de su viaje a Tívoli, donde había permane-


cido algunos días para arreglar desavenencias entre esta ciudad y
Castel Madama.
Al fin de año.—Escribe las Declaraciones al Examen, el documento sobre
la renuncia de los bienes, y los Estatutos para el colegio de
Bolonia. Durante el año, el P. Polanco compone las Industrias.

1549

Enero.—Ignacio sigue enfermo. Interrumpe la correspondencia epis-


tolar.
Febrero 16.—Comienza a preparar la gran misión de los PP. Jayo,
Salmerón y San Pedro Canisio a Alemania.
Mar^o 25.—Audiencia con Paulo III en el Quirinal.
Junio 27.—Indica la primera idea de fundar el Colegio Romano y
edificar una nueva iglesia para la Compañía.
Septiembre 8.—Asiste en Tívoli a la solemne inauguración del colegio
de la Compañía.
Octubre 10.—Constituye la provincia de la India, con provincial San
Francisco Javier.
Diciembre 8.—Angustias económicas después de la muerte del procura-
dor P. Codacio.
Antes de fin de año.—Se escriben las Reglas comunes de la casa de
Roma.

1550

Enero 25.—A causa de la difícil situación económica se ven precisados


todos a mendigar.
Julio 21.—Bula del nuevo papa Julio III confirmando de modo más
amplio la Compañía y declarando algunos puntos.
Octubre 23.—El duque de Gandía, que había llegado a Roma con un sé-
quito de 20-25 personas a ganar el jubileo, se hospeda en una par-
te separada de la Casa Profesa. Coloquios de San Ignacio con él.
Al fin de año.—Enferma gravemente Ignacio.
Durante el año.—Compone Adiciones al Examen y El Cuidado que ha de
tener la Compañía del prepósito general.

1551

Al principio del año.—Reunión de los principales padres que examinan


las Constituciones ya preparadas y hacen diversas observaciones.
Enero 1-14.—Sigue Ignacio enfermo.
Enero 3.—Renuncia al generalato y se esfuerza por persuadir a sus
compañeros a que admitan la abdicación. Estos, exceptuando el P.
Oviedo, no la admiten.
56 Introducción general

Febrero 4.—Sale Borja para España.


Febrero 22.—Se inaugura el Colegio Romano.
Mayo 1.—Gran penuria económica, por haberse extendido el rumor de
que Borja había dejado mucho dinero a la Casa Profesa de Roma.
Agosto 1.—Primeros tanteos para la fundación del Colegio Germá-
nico.
Diciembre 1.—Se promueven colegios por todas partes.
Diciembre 5.—Crea la provincia de Italia, constituyendo primer pro-
vincial al P. Broet.
Diciembre 19.—Piensa encargar la promulgación de las Constituciones
al P. Nadal, a quien llama a Roma.
Durante el año.—Compone las primeras reglas del Colegio Romano.

1552

Enero 1.—Se crea la provincia de Aragón. Nombra provincial al


P. Simón Rodrigues.
Mar^p (?).—Ignacio termina el texto B (autógrafo) de las Constitucio-
nes.
Mayo, al final.—Impide, después de mucho luchar, que Borja sea
nombrado cardenal.
Agosto 31.—Bula de la fundación del Colegio Germánico.
Octubre 22.—Bula de Julio III por la que, entre otros privilegios, le
concede el otorgar grados académicos.
Octubre 28.—El primer acto solemne del Colegio Romano. Comienzan
a enseñarse artes (filosofía).
Noviembre 2-12.—Va, junto con Polanco, a Ahito (prov. de Frosino-
ne) a restablecer la concordia entre Juana de Aragón y su marido,
Ascanio Colonna. Vuelve el día 12. En el camino de vuelta se
detiene en Ceprano, donde visita al cardenal Mendoza.
Durante el año.—Compone las Constituciones «De solucionar la inopia
de los colegios» y «De la mesa del Prepósito».

1553

Mar%p 26.- Carta celebérrima sobre la obediencia (Carta n.87).


Abril 10.—Crea al P. Nadal comisario de España y Portugal y le
confiere la promulgación de las Constituciones.
Abril 15.—Polanco pide oraciones por San Ignacio, muy enfermo.
Junio 7.—Desde hace dos meses está Ignacio tan enfermo, que se le
considera cercano a la muerte.
Junio 28.—Llama a Javier a Portugal y a Roma.
Julio 9.—Instituye la provincia del Brasil. Nombra provincial al
P. Manuel de Nóbrega.
Julio 25.—A ruegos de San Pedro Canisio ordena misas y oraciones
por Inglaterra, Alemania y países septentrionales de Europa.
//. Cronología de San Ignacio 57

A fines de agosto.—Comienza a dictar al P. Goncalves da Cámara la


Autobiografía.
Octubre 3.—Compra nuevas casas junto al solar de la Casa Profesa para
edificar la iglesia.
Octubre 21.—En cama por mala salud.
Noviembre 6.—Después de solemnísimos actos académicos, se inaugu-
ran en el Colegio Romano los cursos completos de filosofía y
teología.

1554

Enero 1.—Promueve de nuevo de modo ardiente la misión de Etiopía.


Enero 7.—Forma tres provincias en España: Castilla, Aragón, Bética.
Enero 16.—Desea, si se lo permite la Compañía, ir personalmente a
África, a la antigua Afrodisio, hoy El-Kef, a comenzar personal-
mente la nueva misión.
Enero 17.—Desea tener en Roma durante algún tiempo a Bernardo, el
primer japonés venido a Roma.
Febrero 1.—Quiere completar las Constituciones, que de hecho va per-
feccionando durante el resto de su vida.
Febrero 2.—Desea fundar un colegio en el Perú.
Mar^p 8.—Se promulga solemnísimamente en Santa María supra Mi-
nervam, en presencia de 24 cardenales, la bula Pastoraiis Officii, por
la que se funda la Archicofraternidad del Santo Sepulcro y se
concede la fundación de colegios de la Compañía en Jerusalén,
Constantinopla y Chipre.
Abril.—Enferma Ignacio.
Mayo 1.—Se alegra de que Canisio escriba un catecismo. Espera que
Alemania vuelva a la Iglesia católica, como sucedía entonces con
Inglaterra. Se alegra de que pidan colegios en Transilvania y
Polonia.
Mayo 13.—Comienzan a admitirse ingleses en el Colegio Romano.
Junio 14.—Enferma gravemente. La enfermedad se alarga durante tres
meses, en los que apenas puede atender a los negocios.
Miguel Ángel Buonarroti se encarga de la construcción de la
nueva iglesia de Santa María de la Estrada.
Agosto 4.—Alaba el propósito del rey de romanos de fundar un
colegio húngaro en Roma.
Octubre 1.—Gravísimas angustias económicas.
Octubre 6.—Comienzan los trabajos de la construcción de la nueva
iglesia. Los trabajos se continúan sólo hasta 1555.
Octubre 26.—Admite en la Compañía de modo excepcional, y con
obligación de guardar rigurosísimo secreto, a doña Juana de
Austria, hija de Carlos V.
Noviembre 1.—Confirma la elección para vicario general del P. Nadal,
hecha por su orden por los jesuitas sacerdotes residentes en Roma.
Noviembre 11-17.—Enfermo permanece en cama.
Diciembre 1.—Se buscan limosnas mendigando por Roma.
58 Introducción general

Diciembre 30.—Desea que en cada provincia española haya un novicia-


do propio.
Al fin de año.—Se compra una finca al pie del monte Aventino, cerca
de las termas de Caracalla, para descanso de los estudiantes.

1555

Enero 2.—Ignacio goza de óptima salud.


Enero 5.—Proyecta ir a Loreto después de Pascua. Desiste de su viaje
por razón de la sede vacante.
Enero 15.—Vuelve Ignacio a sentirse mal.
Enero 26.—Comienza el P. Gongalves da Cámara a redactar su Memo-
rial. En Roma hay unos 150 jesuitas.
Febrero 6.—En el consistorio determina Julio III «fundar» el Colegio
Romano. Por la muerte del Pontífice se desvanece el proyecto.
Febrero 18.—Nadal es nombrado comisario general en Italia, Austria y
otras regiones de Europa central.
Mar^p 9.—Ignacio continúa la narración interrumpida de su vida al
padre Gongalves da Cámara.
Junio-julio.—Ignacio goza de bastante buena salud.
Agosto, al principio.—Se constituye la provincia de Francia.
Septiembre 1.—Ignacio goza de óptima salud. A causa de la escasez de
alimentos, más de cien jesuitas van fuera de Roma y se suprimen
algunos manjares para los que quedan en la ciudad.
Septiembre 22.—Vuelve otra vez Ignacio a seguir narrando su vida al
P. Gongalves da Cámara.
Octubre 3.—Laínez, comisario general para Italia.
Octubre 18.—Cámara escribe la última noticia de su Memorial.
Octubre 22.—La víspera de partir para Portugal el P. Goncalves da
Cámara, acaba San Ignacio de contarle su vida.
Octubre 23-31.—Crea asistentes generales a los PP. Madrid, Laínez y
Polanco.
Noviembre 13.—Confirma a Borja comisario general para España, Por-
tugal e India.
Noviembre-diciembre.—Bastante buena salud de Ignacio hasta el 21 de
diciembre, en que vuelve a sentirse mal.

1556

Enero 11.—Ignacio, en todo el resto del mes, se siente mal, con casi
continuos dolores de estómago y fiebre.
Febrero 8.—Desde hace varios meses no puede celebrar. Comulga cada
ocho días.
Febrero 12.—La iglesia de la Compañía ha quedado muy renovada.
Febrero 25.—Todavía no están del todo acabadas las Constituciones y
Reglas. Por eso no pueden ser enviadas.
Mayo 25.—Desde este día hasta su muerte anda solícito con la erección
II. Cronología de San Ignacio 59

de una imprenta en el Colegio Romano. Urge que envíen los tipos


desde Venecia.
Junio 7.—Erige la provincia de Germania Superior. Nombra provin-
cial a San Pedro Canisío. Unos días antes había constituido la de
Germania Inferior, con provincial el P. Bernardo Oliverio.
Junio 11-26.—Continúa enfermo.
Julio 2.—A causa de la enfermedad se traslada a la villa del Colegio
Romano, a los pies del Aventino. Al principio se siente mejor.
Encarga el gobierno a los PP. Polanco y Madrid.
Julio 28.—Se agrava. Vuelve de la villa a la Casa Profesa.
Julio 29.—Ruega al P. Polanco que el doctor Torres se encargue de su
salud, como hace con los demás enfermos.
Julio 30 (jueves), a la tarde.—Llama al P. Polanco y le encarga que pida
al Papa la bendición para él, que se siente próximo a la muer-
te. Polanco, no creyéndole tan grave, después de oír el parecer
del médico, deja el encargo para el día siguiente. A la noche el P.
Ignacio cena delante de los PP. Polanco y Madrid. No sospechan
éstos tan rápido desenlace.
Julio 31 (viernes), al amanecer.—Ven a Ignacio agonizante. Polanco va a
pedir la bendición al Papa. Muere Ignacio a eso de las cinco y
media en presencia de los PP. Madrid y Frusio. A la tarde, el
insigne quirurgo Realdo Colombo hace la autopsia del cadáver. Se
saca una mascarilla del rostro.
Agosto 1.—A la tarde se entierra su cadáver en la capilla mayor de la
iglesia de la Compañía, en la parte del evangelio.

1595
Se instituyen los procesos ordinarios por la beatificación.

1605-1606
Procesos remisoriales apostólicos.

1609
Diciembre 3.—Beatificación por Paulo V.

1622
Mar^p 12.—Solemne canonización por Gregorio XV.

1922

Julio 25.—Es declarado por Píe XI celeste patrono de los Ejercicios


Espirituales y de todas las obras y casas relacionadas con ellos.
III. CARÁCTER DE LOS ESCRITOS
DE SAN IGNACIO
San I g n a c i o no fue un literato. Ni siquiera un escritor q u e
se propusiera p r o d u c i r obras en el sentido pleno de la palabra.
Sus libros están en función de otra finalidad distinta. N o son
p r o p i a m e n t e libros de lectura, sino recordatorios de verdades
enseñadas de otra manera, síntesis de principios inoculados en
largos años de formación. Si no se les considera a esta luz,
desilusionan. R e s u l t a n d e m a s i a d o descarnados; tienen una fra-
seología d e m a s i a d o sucinta y a veces dura.
D e m o s ante todo la lista de las obras de San I g n a c i o , si es
q u e su producción escrita, de carácter tan s i n g u l a r , puede mere-
cer el p o m p o s o n o m b r e de obras.
1. A n t e s de su conversión c o m p u s o un p o e m a en h o n o r
167
de San Pedro. Este escrito se ha p e r d i d o .
2. En L o y o l a , c o m o testificó el m i s m o San I g n a c i o , «se
pone a escribir un libro con m u c h a inteligencia...; las palabras
de Cristo, en tinta colorada; las de Nuestra Señora, de tinta
azul, y el papel era b r u ñ i d o y r a y a d o y de buena letra, p o r q u e
168
era m u y buen e s c r i b a n o » .
En este cuaderno fue apuntando extractos de la Vida de
Cristo de Ludolfo el Cartujano y de la Vida de los Santos de
J a c o b o de Varazze ( V o r á g i n e ) . El cuaderno constaba de unas
trescientas p á g i n a s . Esta obra también se ha p e r d i d o .
3. T r a t a d o sobre la Santísima T r i n i d a d . A l menos comen-
zó a escribirlo. Así lo afirma el P. Laínez: « S e p u s o a escribir
1 6 9
della [la Santísima T r i n i d a d ] un l i b r o » . N o se sabe nada más
de este tratado, totalmente desconocido.
4. L o s Ejercicios espirituales en su redacción o r i g i n a l y m u y
p r o b a b l e m e n t e también una traducción latina de ellos hecha en
17
París ».
171
5. Relación del viaje a Palestina. D o c u m e n t o p e r d i d o .
6. Dos breves directorios de ejercicios.
1 6 7
Lo dice expresamente Polanco, MHSI, Font. narr, II 517. Sin embargo, el P.
Pinard de la Boullaye dice que «véritable auteur en est, ce semble, Ignace Areval» (St.
Ignace de L., Directetir Sames, p.LXVIII), y cita MHSI, Scripta I 39, por la cita se ve que el
eminente escritor ha sufrido una distracción. En el texto citado se lee: «probabilius
scripsit Ignatius Arevali cum prima stipendia in castris loannis Velazquez mereret», que
se traduce: Probablemente escribió Ignacio en Arévalo.
Recojamos también la noticia de Araoz: «Cuando se desafiaba, componía oración ante
Nuestra Señora» (Scripta I 726).
168
Autobiografía n.ll: MHSI, Fontes narr. I 376, en esta edición p.107.
<« Carta de LAÍNEZ, MHSI, Fontes narr. I 82.
1 7 0
Sobre el autor de esta primera versión de los Ejercicios, véase MHSI vol.100,
2
Exercitia spiritua/ia (1969) p.108.
, 7 1
Cf. Autobiografía n.43, nota 12.
III. Carácter de los escritos de San Ignacio 61

7. Relación sobre su elección a general y sobre la primera


profesión en San Pablo el 22 de abril de 1541.
8. Deliberación sobre la pobreza por el tercer m o d o de
elección.
9. El Diario espiritual. L o debió de redactar durante varias
épocas de su v i d a , pero sólo se conserva lo q u e escribió entre el
2 de febrero de 1544 y 27 de febrero de 1545.
10. Constituciones de la Compañía de Jesús. De 1541 los pri-
meros apuntes en torno al trabajo, al q u e se dedicó más de lleno
de 1547 a 1550. Este año estaba y a t e r m i n a d o un texto bastante
e l a b o r a d o , q u e sometió a sus compañeros. Durante el resto de
172
su vida fue p e r f e c c i o n á n d o l o .
A q u í se podían incluir diversas notas, q u e sin d u d a t o m ó en
orden a la composición de las Constituciones, y v a r i o s documen-
tos q u e t u v o q u e elaborar para fundar y dar a conocer la
C o m p a ñ í a , c o m o la Fórmula del Instituto, presentada por m e d i o
del cardenal Contarini a P a u l o III el 3 de septiembre de 1539, y
la Deliberación de los primeros padres o el acta de lo tratado en la
1 7 3
reunión en R o m a en 1 5 3 9 .
11. D i v e r s a s reglas.
12. U n a serie m u y extensa de cartas e instrucciones. Se
conservan alrededor de 7.000, pero ciertamente fueron muchas
más.
13. L a llamada Autobiografía, dictada al P. Golcalves da
C á m a r a en 1553 y 1555.
El escrito i g n a c i a n o q u e alcanza en sentido más pleno la
categoría de « l i b r o » son las Constituciones. Es el más redondeado
y en el q u e está todo más acabado. Pero en su redacción
i n t e r v i n o m u c h o Polanco.
Los Ejercicios, en c a m b i o , son la obra i g n a c i a n a q u e merece
menos llamarse un «libro». Encierra una serie de notas, instruc-
ciones sueltas. L o l l a m a r í a m o s mejor un cuaderno de apuntes,
un manual práctico. N o está hecho para ser leído, sino para
orientar en la práctica del método. Hay, es v e r d a d , en este
c u a d e r n o p á g i n a s más elaboradas; contiene párrafos de v i g o r y
fuerza impresionantes y m u y bien l o g r a d o s , c o m o el Principio
y F u n d a m e n t o y las dos banderas; pero son p á g i n a s sueltas, y
sobre todo no se p u e d e n entender en su v e r d a d e r o alcance sin
una conveniente iniciación en el conjunto.
H a y también un buen n ú m e r o de cartas redactadas perso-

1 7 2
Sobre los escritos que señaló con los nn.4, 6-10 y más abajo 11-13 véase la
introducción correspondiente a cada una de dichas obras.
1 7 3
La Deliberación de tos primeros padres, en MHSI, Const. I 1-7 y la Fórmala del
instituto, en MHSI, Const. I 14-21.
62 Introducción general

nalmente por el Santo. Entre éstas hay q u e contar todas las de


los p r i m e r o s años. Pero San I g n a c i o no pretende escribir piezas
literarias. L o revela su estilo duro, sus párrafos embrollados, el
encadenamiento de los g e r u n d i o s , la repetición de palabras.
Dice sólo lo necesario para despachar el asunto de q u e se trata.
El Diario espiritual es un autógrafo del Santo. Pero está
escrito a vuela p l u m a para su uso personal, bajo la cálida
e m o c i ó n de la gracia o ilustración tenida, mientras intenta apri-
sionar en el papel aquel m o m e n t o d i v i n o . Piensa más bien en
trasladar con toda la exactitud posible el fenómeno espiritual
experimentado. V a escribiendo conforme se le a g o l p a n las ideas
y emociones. N o se cuida, no d i g o de la belleza de la forma,
pero m u c h a s veces ni siquiera de la exactitud gramatical de la
frase. En la precisión con q u e descubre y describe sutilísimos
fenómenos anímicos se adelanta a su siglo y prenuncia al escri-
tor m o d e r n o , directo, ceñido, p s i c ó l o g o .
H e m o s dicho q u e San Ignacio no era un literato. Pero era
un profundo pensador. La idea lentamente elaborada en su
interior a d q u i r í a un relieve m u y m a r c a d o .
El n e r v i o de la personalidad de Ignacio se trasvasaba a la
expresión de esas ideas tan suyas. Ponía toda su alma al plas-
marlas en el papel. L a m i s m a dureza es a veces efecto de la
densidad del pensamiento. No tendrá dicción brillante, y a
veces, como hemos dicho, ni siquiera correcta, p o r q u e no do-
1 7 4
mina la g r a m á t i c a y el l e n g u a j e , pero dice lo q u e quiere con
fuerza y v i g o r . Da a la frase una honda sensación de verdad. Ni
faltan en a l g u n o s m o m e n t o s — r e c u é r d e n s e los rasgos de los
jefes en las dos b a n d e r a s — descripciones bellamente trazadas e
i m á g e n e s acertadas.
No hay q u e exagerar la desnudez literaria de la producción
ignaciana. P o r q u e , a u n q u e su forma e x t e m a no sea bella ni
perfecta, late en el fondo de sus escritos una e m o c i ó n honda,
vital, q u e embellece toda su obra.
Y a P e m á n habla de «la ternura musical de I g n a c i o » , q u e
«escapa tras su disciplinada v o l u n t a d de orden», y cree que su
dureza y austeridad «tenía m u c h o más de renunciación q u e de
175
nativa s e q u e d a d » .
No o l v i d e m o s q u e San Ignacio se extasiaba contemplando
las flores, se e l e v a b a y emocionaba m i r a n d o el cielo estrellado,
3 7 4
Sobre los vasquismos en el lenguaje de San Ignacio, véase PLÁCIDO MÚJICA, S. I.,
Reminiscencias de la lengua vasca en el «Diario» de San Ignacio: Revista Internacional de
Estudios Vascos, 2 7 ( 1 9 3 6 ) 5 3 . Aun el P. Sabino Sala, que presupone que el Santo tenía
un conocimiento mayor de la sintaxis castellana, no puede menos de conceder que no fue
«estilista ni literato adrede» (RazFe 1 5 3 [ 1 9 5 6 ] 2 4 3 ) .
175
Poesía nueva de jesuitas. Prólogo y selección de JOSÉ M. PEMÁN (Madrid 1 9 4 8 ) p.l 1.
IV. Carácter de esta edición 63

se a n e g a b a en l á g r i m a s rezando el Breviario y celebrando misa,


g u s t a b a hondamente del canto de la liturgia sagrada.
Un alma así poseía un fondo emocional artístico nada común.
Hay un latido íntimo h u m a n o , afectivo; una fina vibración
q u e se refleja en sus escritos más personales, inundándolos de
una especie de l u m i n o s i d a d interna.
Este fondo deja en s e g u n d o plano la tosquedad externa. En
nuestro escritor, las palabras tienen un oficio meramente instru-
mental. U n a vez q u e cumplen su oficio de hacer comprender
sus íntimos sentimientos, parece c o m o que desaparecen. No se
fija ya nadie en ellas, sino en la belleza y sublimidad del panora-
m a presentado.
San Ignacio se expresa de m o d o q u e el lector v a y a derecho
a la percepción de esa idea; pero una percepción fría y no
racional, sino cálida, profunda. Se siente el latido emocional de
su corazón. Se v i s l u m b r a el brillo fulgurante de su mente
iluminada.
Pero lo q u e han buscado siempre las almas en San Ignacio
no ha sido el arte del estilo ni frases bien m o l d e a d a s , sino su
enjundiosa espiritualidad, sus criterios luminosos y orientado-
res, su endiosamiento d i v i n o , su clarividencia de las almas.
Esto, y m u c h o más q u e esto, se da a raudales en sus escri-
tos, q u e l l a m a m o s obras, pero que más bien deberíamos llamar
proyección cálida de su a l m a ardiente, enamorada. Constituyen
la puerta por d o n d e p o d e m o s penetrar en el santuario de su
espíritu e internarnos por las reconditeces de su personalidad.

IV. CARÁCTER DE ESTA EDICIÓN


Para poder conseguir más plenamente el objetivo que se persi-
gue en esta edición, nos hemos esforzado por compaginar en lo
posible dos elementos: dar con la mayor fidelidad posible el texto,
tal como salió de la pluma de San Ignacio, sin ninguna mezcla, y el
hacer que su lectura no represente ninguna dificultad para el
lector. Modernizamos la ortografía, pero conservamos los arcaís-
mos, las formas extrañas y aun incorrectas que usó San Ignacio. Si
alguna vez ofrecen alguna dificultad para su inteligencia, explica-
mos su significado en notas.
No entra en nuestra finalidad el dar un comentario del texto. La
limitación de espacio además lo haría imposible. Creemos que la
falta de comentario queda compensada con la innegable ventaja de
poder encerrar en un solo volumen todas las obras de San Ignacio.
64 Introducción general

Tan sólo clamos unas pocas notas que nos han parecido necesarias
o muy convenientes para la inteligencia del mismo texto en algu­
nos pasajes de más dificultad.
No se han conservado todos los escritos con la misma pureza,
ni todos provienen de San Ignacio en el m i s m o g r a d o . Por ello
no se puede dar una m i s m a n o r m a de trascripción inflexible q u e
se aplique por i g u a l a todos. En las introducciones particulares
correspondientes explicamos el criterio que h e m o s adoptado en
cada m o m e n t o .
En general podemos decir que cuanto el escrito es más de San
Ignacio en su redacción externa y última y cuanto su conservación
actual es más pura, nuestra transcripción es más rigurosa.
El Diario espiritual, autógrafo del Santo, lo hemos reproducido
tal cual salió de sus manos. Hemos querido incluir en cuanto era
posible aun las mismas expresiones tachadas, pero de modo que se
aprecie que se trata de palabras o frases eliminadas por el Santo,
usando de los artificios tipográficos que indicamos en su lugar.
Las Constituciones y los Ejercicios se han publicado ya en edicio­
nes manuales con una transcripción que se puede considerar estabi­
lizada y que se ha hecho ordinaria. Nos ha parecido que debíamos
nosotros seguirla, tanto más cuanto que en sus líneas fundamenta­
les sigue nuestro criterio: conservar las formas típicas de San
Ignacio y dar una lectura fácil.
Las cartas son las peor conservadas. De no pocas de ellas hay
varias copias, que no sólo difieren en la ortografía, sino aun en las
construcciones sintácticas de las palabras y en otras menudencias
gramaticales. Es muy difícil, a través de esa pluralidad discordante
176
de códices rehacer el primitivo texto ortográfico . En general nos
atenemos al texto de Monumenta Ignatiana, pero a veces elegimos
otras formas que creemos tienen tanta probabilidad por lo menos
de haberlas usado San Ignacio y resultan mucho más claras.
Nunca cambiamos nada del texto primitivo. La única moderni­
zación que admitimos es la ortografía. Podrán de este modo los
lectores de la B. A. C. gustar los escritos de San Ignacio en su
límpida tersura lo más cercana posible al mismo original.
El R . P. C. de Dalmases, director del Instituto Histórico, no
sólo preparó la edición de la Autobiografía, sino q u e revisó el
resto de la obra. A él se deben no pocos datos bibliográficos.

IGNACIO IPARRAGUIRRE, S. I.
y MANUEL RUIZ JURADO, S. I.

1 7 6
Hablamos, se sobrentiende, del texto filológicamente considerado, no del tenor
del escrito, que se nos ha conservado, fuera de algún caso raro, con gran fijeza.
BIBLIOGRAFÍA GENERAL

Conforme a la índole de esta edición, d a m o s una b i b l i o g r a -


fía sólo de las obras q u e j u z g a m o s p u e d e n ofrecer m a y o r interés
bajo a l g ú n aspecto.
Para q u e resulte más útil la selección, la o r d e n a m o s sistemá-
ticamente.
En las bibliografías particulares de la Autobiografía, Ejerci-
cios, Constituciones, etc., i n c l u i m o s las obras referentes a dichas
materias. L a s q u e se refieren a p u n t o s particulares de la vida de
San I g n a c i o , c o m o estancia en una d e t e r m i n a d a ciudad, o a
p u n t o s especiales de ejercicios, se encontrarán en las notas de la
Autobiografía o Ejercicios correspondientes a esos pasajes. L a
bibliografía de las cartas, también en la nota 13 a la introduc-
ción al epistolario.

i. BIBLIOGRAFÍAS MODERNAS

FERNÁNDEZ ZAPICO, D . , y DE DALMASES, C , Fontes Narrativi de


S. Ignatio de Loyola et de Societatis Iesu initiis (Roma 1943) [Monumenta
Histórica S. I.] vol.l 91*-109*; vol.2 [DE DALMASES] (Roma 1951)
XII-XX; vol.3 [DE DALMASES] (Roma 1960) XXXIII-XXXVI.
PINARD DE LA BOULLAYE, HENRI, S. lgnace de Loyola Directeur d'ámes
(París 1947), LXXIV-LXXIX; La spiritualité ignatienne. Bibliogra-
phie sommaire: RAM 26 (1950) 238-288.
RAHNER, HUGO, Iñigo Lope!' de Loyola. Ein Überb/ick iiber die neueste
Ignatiusliteratur: Stimmen der Zeit, 138 (1941) 94-100.
GILMONT, JEAN FRANCOIS, S. I.; DAMAN, PAUL, S. I., Bibliographie
ignatienne (1894-1955) (Louvain 1956).
IPARRAGUIRRE, IGNACIO, S. I., Orientaciones bibliográficas sobre San Igna-
a
cio de Loyola (Roma, Inst. Hist. S. L, 1957; 2 . ed. 1965).
Ruiz JURADO, MANUEL, S. I., Orientaciones bibliográficas sobre San Ignacio
de Loyola, vol.II: 1965-1976 (Roma, Institutum Historicum S. I.,
1977: Subsidia ad historiam S. I., 8); vol. III: 1977-1989 (Roma,
Inst. Hist. S. I., 1990: Subsidia ad historiam S. I., 10).
POLGÁR, LÁSZLÓ, S. I., Bibliographie sur Thistoire de la Compagnie de Je'sus:
1901-1980. I Toute la Compagnie (Roma, Institutum Historicum S.
L, 1981). Amplia bibliografía de todas las publicaciones sobre San
Ignacio (vida, espiritualidad, Ejercicios, Constituciones S. I., etc.),
especialmente en las p.101-408.

II. BIOGRAFÍAS

Las vidas de los siglos pasados las ordenamos por años; las del
siglo actual, por orden alfabético de autores. En la introducción
66 Introducción general

general hablamos del carácter y valor de estas vidas. Por ello no


añadimos aquí ninguna indicación especial.

SIGLO XVI

RIBADENEIRA, PEDRO, Vita lgnatii Loio/ae, Societatis Iesu fundatoris,


libris quinqué comprehensa; in quibus initia ipsius Societatis ad annum
A
usque Domini 1556 explicantur (Ñapóles 1 5 7 2 ) ( 1 . ed. latina, a la
que siguieron otras en 1 5 8 6 , 1 5 8 7 , 1 5 9 0 , 1 5 9 5 , 1 6 0 2 . . . Los Bolan-
dos la reprodujeron tomando como base las ed. de 1 5 8 7 y 1 6 0 2 , en
Acta Sanctorum, Iulii, vol.7).
— Vida de Ignacio de Loyola, fundador de la Religión de la Compañía de
Jesús, traducida de latín en castellano por el P. Pedro de Ribadeneira
A
(Madrid 1 5 8 3 ) 1 . ed. castellana, a la que siguieron otras en 1 5 8 4 ,
A
1 5 8 6 , 1 5 9 4 , 1 6 0 5 . . . La 1 . ed. castellana reeditada en Obras escogidas
del P. Pedro de Ribadeneira... por D. VICENTE DE LA FUENTE
(Madrid, Ribadeneyra, 1 8 6 8 ) . La ed. de 1 6 0 5 la ha reproducido
E. REY, Historias de la Contrarreforma (Madrid, BAC, 1 9 4 5 ) . Edición
crítica bilingüe de los textos latino y castellano de la Vida de San
Ignacio por Ribadeneira, en MI, Font. narr. IV (Roma 1 9 6 5 ) .
MAFFEIUS, IOANNES PETRUS, De vita et moribus lgnatii Loiolae, qui Socie-
tatem Iesu fundavit, libri III (Roma 1 5 8 5 ) . Múltiples reediciones.
FAVARD, FR., La Vie du R. Pére Ignace de Loyola, fondateur de la Compa-
gnie de Jésus. Nouvellement tradulete du latin duR.P. Ribadeneira, de la dicte
Compagnie, et enrichie de plusieurs choses tirées du R. P. Pierre Maffée
(Avignon 1 5 9 9 ) .

SIGLO XVII

(De las vidas publicadas con ocasión de la canonización en 1 6 2 2


hablamos en la introducción. Casi todas son compendios ocasiona-
les de poco valor.) La vie, les miracles et la canonisation de S. Ignace de
Loyola, fondateur de la Compagnie de Jésus, tirées des informations
authentiques du procés de sa canonisation (Rouen 1 6 2 9 ) .
NIEREMBERG, EUSEBIO, Vida del patriarca San Ignacio de Loyola, fundador
de la Compañía de Jesús, resumida y añadida de la bula y relaciones de su
canonización y de otros graves autores, revisada y acrecentada por el mismo
autor (T^atugozn 1 6 3 1 ) . Muchas ediciones y traducciones.
LUCAS [DE ARCONES], ANDRÉS, Vida de San Ignacio de Loyola, patriarca y
fundador de la Compañía de Jesús (Granada 1 6 3 3 ) . Traducida al
flamenco.
BARTOLI, DANIEL, Della vita e dell'Istituto di S. Ignatio, fondatore della
Compagnia di Gesú libri cinque (Roma 1 6 5 0 ) . Frecuentes reediciones
y traducciones al latín, francés, alemán.
BUSSIÉRES, JUAN DE, La vie de S. Ignace de Loyola (Lyón 1 6 7 0 ) .
BOUHOURS, DOMINIQUE, La vie de S. Ignace (París 1 6 7 9 ) . Más de 2 5
ediciones. Traducciones al alemán y flamenco.
Bibliografía general 67

CORET, JACQUES, Le cinquiéme ange de l'Apocalypse, lgnace de Loyola


(Namur 1 6 7 9 ) .
NOLARCI, VIGILIO [seudónimo de CARNOLI, LUIS], Compendio delta
Vita di S. Ignatio di Loiola raccolto con fedeltá e con brevitá da quanto
n'hanno provatamente stampato in un secólo gravi autori (Venecia 1 6 8 0 ) .
Reeditada cinco veces.
GARCÍA, FRANCISCO, Vida, virtudes y milagros de San Ignacio de Loyola
(Madrid 1 6 8 5 ) . Varias ediciones.

SIGLO xvín

Acta Sanctorum lulii, vol.7; cf. PINIUS IOANNES.


MATTOS, FRANCISCO DE, Vida cbronologica de Santo Ignacio de Loyola,
Fundador de la Companhia de Jesús (Lisboa Occidental 1 7 1 8 ) .
PINIUS (PÍEN), IOANNES, Acta S. Ignatii Loyolae, fundatoris Clericorum
Regularium S. 1. e monumentis tum manuscr'tptis, tum typo editis collecta,
digesta et illustrata a Ioanne Pinio, eiusdem Societatis theologo. Primera
edición incluida en Acta Sanctorum lulii, vol.VII (Amberes 1 7 3 1 y
Venecia 1 7 4 9 ) .
MARIANI, ANTONIO FRANCISCO, De/la vita di S. Ignacio, jondatore della
Compagnia di Gesü libri cinque (Bolonia 1 7 4 1 ) .
LÓPEZ, JUAN FRANCISCO, Vida de San Ignacio de Loyola (México 1 7 4 9 ) .
FLUVIÁ, FRANCISCO JAVIER, Vida de San Ignacio de Loyola, fundador de la
Compañía de Jesús, enriquecida con las copiosas sólidas noticias de los
padres jesuitas de Amberes, ordenada nuevamente y dividida en ocho libros
(Barcelona 1 7 5 3 ) .

SIGLO XIX

DUNIGAN, EDWARD, S. Ignatius and his. first Companions (New York


1844).
— Geschichte des Hl. Ignatius von Loyola und der Gesellschaft Jesu. Zunáchst
nach Bartoli mit Beniit^ung der Schriften von Crétineau-Joly, Cahour,
Ravignan u.a. mit besond. Berücksichtigung des neuesten politischen und
literarischen Verfahrens in Betreff dieses Ordens (Würzburg 1 8 4 5 ) .
GENELLI, CRISTOPH, Das Leben des hl. Ignatius von Loyola Stifters der
Gesellschaft Jesu. Mit Benüt^ung der authentischen Akten, besonders
seiner eigenen Briefe (Innsbruck 1 8 4 8 ) . Neuer Bearbeitung herausge-
geben v. B. KOLB (Viena 1 8 9 4 ) . Junto con la vida se editan 6 9
cartas, en latín o castellano. Traducción al inglés y francés.
— The Life of St. Ignatius Loyola, founder of the Jesuits (Londres 1 8 4 9 ) , 2
vols.
DAURIGNAC, J . M. S., Histoire de S. lgnace de Loyola, fondateur de la
Compagnie de Je'sus (París 1 8 5 9 ) , 2 vols.
HILLEGEER, JOSÉ, Leven, oefeningen en spreuken van den Hl. Ignatius,
stichter van de Societeit Jesu en wonderbare vitwerk seels van het water
onder de aanroephing van %ynen naam gewijd (Bruselas 1 8 6 6 ) .
68 Introducción general

CLAIR, CHARLES, La vie de S. Ignace de Loyola d'aprés Pierre Ribadeneira,


son premier historien (París 1 8 9 1 ) . Traducción francesa de la Vida de
Ribadeneira, acompañada, en cada capítulo, de datos tomados de
otras fuentes. Bellos grabados.
STEWART, ROSE, St. Ignatius Loyola and the Early Jesuits (Londres 1 8 9 1 ) ;
VAN NIEWENHOFF, Ignatius van Loyola (Amsterdan 1 8 9 1 ) .
MICHEL, L., Histoire de St. Ignace de Loyola d'aprés les documents originaux
par le P. Daniel Barto/i de la C. de J. Traduction revue, complétée,
annotée et enrichie de documents inédits. Algo semejante a lo que
Clair hizo con la Vida de Ribadeneira, lo realizó Michel con la de
Bartoli (Brujas 1 8 9 3 ) , 2 vols.

SIGLO XX

(En las notas a la Introducción general damos la cita de las vidas


escritas por no católicos o que deforman notablemente la figura de
San Ignacio.)

En Castellano:

ARTECHE, JOSÉ DE, San Ignacio de Loyola. Biografía (Barcelona 1 9 4 1 ) .


ASTRÁIN, ANTONIO, Vida breve de San Ignacio de Loyola (Bilbao 1 9 2 1 ) .
Traducida al alemán por EIL WEBER ( 1 9 2 4 ) . Además, el primer
tomo de su Historia de la Compañía de Jesús en la Asistencia de
España, que es una verdadera vida crítica de San Ignacio hasta su
nombramiento de general.
CASANOVAS, IGNACIO, San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de
Jesús. Versión del R. P. MANUEL QUERA (Barcelona 1 9 4 4 ) . El
original catalán, Sant Ignasi de Loyola (Barcelona 1 9 3 0 ) .
DALMASES, CÁNDIDO DE, El Padre Maestro Ignacio. Breve biografía igna-
ciana (Madrid 1 9 8 6 : BAC popular 22). Ha tenido ya traducciones
al francés, italiano, alemán, portugués, inglés y esloveno.
FERRER MALUQUER, MANUEL, San Ignacio de Loyola, fundador (Barcelona
1944).
GARCÍA-VILLOSLADA, RICARDO, Ignacio de Loyola. Un español al servicio
A
del Pontificado, 3 . ed. (Zaragoza, Hechos y Dichos, 1 9 6 1 ) . —San
— Ignacio de Loyola. Nueva biografía (Madrid 1 9 8 6 : BAC maior 2 8 ) .
Una de las más completas y valiosas para relacionar al Santo con
sus compañeros, su obra y ambiente histórico.
GONZÁLEZ OLMEDO, FÉLIX, Introducción a la Vida de San Ignacio de
Loyola (Madrid 1 9 4 4 ) . Ambiente en que se crió, impresión que
debieron dejar en él las costumbres de su tiempo y, sobre todo,
espíritu caballeresco que predominaba en su alrededor.
GONZÁLEZ RUIZ, NICOLÁS, Dos hombres: el santo y el hereje. San Ignacio,
Lutero (Barcelona 1 9 4 5 ) .
GRANERO, JESÚS, M., San Ignacio de Loyola. Panoramas de su vida (Madrid,
Razón y Fe, 1 9 6 7 ) . Continuada en un segundo volumen: San
Ignacio de Loyola. La misión de su vida (Madrid, Razón y Fe, 1 9 8 4 ) .
Bibliografía general 69

LETURIA, PEDRO DE, El gentilhombre Iñigo López de Loyola (Barcelona,


a
3. ed., 1949). Traducción inglesa por Aloysius J . Owen (Syracu-
se, New York 1949).
TELLECHEA IDÍGORAS, J . IGNACIO, Ignacio de Loyola, solo y a pie (Ma-
drid, Cristiandad, 1986: Reestructuradores de la Iglesia 3). Centra-
a
da en la persona y evolución interior del Santo. 2 . ed. 1987.
VICUÑA, ALEJANDRO (Pbro.), Loyola (Santiago de Chile 1950).
En italiano:
DEL ZANNA, LORENZO, 77 capitana di fuoco (Roma, Stella Matutina,
1968). Popular.
GIORDANI, IGINO, Ignacio di Loiola, genérale di Cristo (Firenze, Salani,
1941).
MARTINI, ANGELO, Ignacio di Loyola (Genova, Stringa, 1956).
a
PAPASOGLI, GIORGIO, Sant'Ignazjo di Loyola 2 . ed. (Roma, Ed. Paoli-
ne, 1956). Tr. al español (Barcelona, Libr. Relig., 1956), inglés
(New York, Soc. of St. Paul, 1960), con fluidez y buena inter-
pretación.
SCHILIRÓ, VINCENZO, II Fondatore della Compagnia di Gesú (Torino,
S. E. I., 1940).
TACCHI VENTURI, PIETRO, Storia della Compagnia di Gesü in Italia
Vol.I/1,2; 11/1,2 (Roma, La Civiltá Catt., 1950-1951).

En portugués:
a
BRAUN, ALVINO, Santo Inácio de Loyola 3 . ed. (Petrópolis, Río de
Janeiro-Sao Paulo, Ed. Vozes, 1956).
MARIZ, Luis G., Inácio de Loyola (Río de Janeiro, Ed. Santa María
1955).

En alemán:
BOEHMER, HEINRICH, Studien £»r gerschichte der Gesellschaft Jesu, I Band,
Loyola (Bonn 1914). Reediciones en 1941 y 1951. En 1957 reedita-
do por Kurt Dietrich Schmidt el texto original íntegro, que en la
segunda edición se había acortado.
BÓMINGHAUS, E., Fiir Kirche und Papstum (Paderborn 1922).
VON DUNIN BORKOWSKI, Ignatius von Loyola (Hildesheim 1931).
HUONDER, ANTÓN, Ignatius von Loyola. Beitráge t(u seinem Charakterbild.
Herausgegeben von BALTHASAR WILHELM (Kóln 1932). Tr. italia-
a
na bajo el título: Ignacio di Loyola: Studio del carattere ( 2 . ed. La
Civiltá Catt. Roma 1953).
IMHOF, PAUL, Ignatius von Loyola, crónica histórico-biográfíca, con
ensayo de KARL RAHNER, 52 fotografías de HELMUTH NILS LOÓSE,
y 42 grabados de la Vita lgnatii de 1609 (Freiburg im Breisgau,
Herder, 1978). Ha sido traducido a diversas lenguas.
a
KIRCH, K., Ignatius von Loyola (Dusseldorf 1926). Tr. italiana ( 2 . ed.,
La Civiltá Catt., Roma 1953).
— bielden des Christentums. Ignatius von Loyola und Fran^ Xaver (Pader-
born 1931).
70 Introducción general

KOLB, VÍCTOR, Das Leben des hl. Ignatius von Loyola. Unter Benützung
der neuesten Quellen von VÍCTOR KOLB nach dessen Tod veroffen-
tlicht von Franz Hatheyer (Friburgo 1931). La edición hecha por
KOLB en Regensburg 1920. Tr. al inglés (St. Louis 1932).
WEBER, E., Der hl. Ignatius von Loyola (Wiesbaden 1924).

En francés:
AMOUDRU, BERNARD, lgnace de Loyola, maittre d'héroisme (Paris 1939).
BERNOVILLE, GAETAN, S. lgnace de Loyola (Marsella 1929). Incorporado
después como primer capítulo de su obra Les Jésuites (Paris 1934).
Traducción al español de JOSÉ G. DE ARTAMENDI (1935).
DHÓTEL, JEAN-CLAUDE, Qui es-tu lgnace de Loyola? (Toulouse 1973).
Breve semblanza histórica, muy traducida a las más diversas len-
guas.
a
DUDON, PAUL, S. lgnace de Loyola, 1 1 . ed. (Paris 1934). Traducción
a
castellana de la 3 . ed. francesa por el P. JOAQUÍN CARDOSO (MÉXI-
CO 1945).
a
JOLY, HENRI, S. lgnace de Loyola, 1 1 . ed. (Paris 1925) ( = Les Saints).
RAVIER, ANDRÉ, Les Chroniques saint lgnace de Loyola (Paris, Nouvelle
Librairie de France, 1973).
— lgnace de Loyola fonde la Compagnie de Jésus (Paris, Desclée de Brou-
wer, 1973. Collection Christus n.36).

En inglés:
BRODRICK, JAMES, Saint Ignatius Loyola. The Pilgrim Years (London,
Burns and Oates, 1956). Tr. francesa (Paris, Spes, 1956); española
(Madrid, Espasa-Calpe, 1956).
HARVEY, ROBERT, Ignatius Loyola. A general in the Church militant (Mil-
waukee 1936).
HOLLIS, CHRISTOPHER, Saint Ignatius (London 1933). Tr. española
(Buenos Aires 1946), italiana (Milano, Longanesi, 1948), holande-
sa (Haarlem, Antwerpen, J . H. Gottmer, 1949).
MARTINDALE, CYRYL, In Cod's Army: Commanders-in Chief (London
1921). Tr. francés (Paris, Lethielleux, 1930); italiano (Brescia,
Morcelliana, 1932).
PURCELL, MARYS, The First Jesuit. St. Ignatius Loyola (Dublín, M. H.
Gilí and Son, 1956). Nueva edición: Chicago, Loyola University
Press, 1981.
THOMPSON, FRANCIS, St. Ignatius Loyola (Londres 1910, Dublín-Lon-
dres 1951; edición a cargo de John H. Pollen, S. J . , Londres
1962). tr. al alemán (Kempten, J . Kósel, 1912); holandés (Leiden,
H. J . Dieben, 1915-1928).

N. B . — Existen otras biografías e innumerables estudios sobre


diversas facetas de San Ignacio. Puede verse la cita exacta de todos en
las bibliografías de GILMONT-DAMAN, IPARRAGUIRRE, RUIZ JURADO Y
POLGÁR, citadas al principio de la Bibliografía general.
Bibliografía general 71

III. OBRAS

Sw. IGNACY LOYOLA, Pisma wjbrane, Komentar^e [Selección de escritos.


Comentarios], 2 vols. (Krakow, Wydawnictwo Apostolstwa Mod-
litwy, 1 9 6 8 ) . Traducidos al polaco: la Autobiografía, el Diario y una
selección de cartas en el vol. I. En el vol. I I , los Ejercicios.
Colaboración de M. BEDNARZ, ST. FILIPOWICZA, R. SKÓRKI, A .
BOBERA.
Gli scritti di Ignacio de Loyola a cura di M. Gioía (Toríno, UTET, 1977
= Classici della Religione, I V . La religione cattolica). Nueva trad.
italiana de la Autobiografía, Ejercicios, Diario espiritual, Fórmula del
Instituto, Constituciones, y una selección de cartas.
1
A U T O B I O G R A F I A
INTRODUCCIÓN, TEXTO Y NOTAS POR EL

P. C A N D I D O D E D A L M A S E S , S. I.
INTRODUCCIÓN

Se da con t o d a justicia el n o m b r e de Autobiografía al relato


de su vida q u e San I g n a c i o hizo al P. L u i s Goncalves da
1
C á m a r a . N o es q u e el S a n t o escribiese de su propia m a n o sus
m e m o r i a s ; pero la r e p r o d u c c i ó n de sus palabras es tan fiel, que
es como si él m i s m o las h u b i e s e escrito. El P. C á m a r a y otros
2
a n t i g u o s h i s t o r i a d o r e s dicen q u e San I g n a c i o las d i c t ó y q u e su
3
confidente las t o m ó de sus l a b i o s , expresiones estas q u e nos
revelan q u e este relato, a u n q u e trazado por p l u m a ajena, con-
serva toda la e s p o n t a n e i d a d d e una v e r d a d e r a autobiografía. Se
verá esto más c l a r o c u a n d o e x p o n g a m o s la manera como se
escribió. L o s a u t o r e s q u e lo h a n editado en diferentes l e n g u a s le
4
han puesto o t r o s títulos, t o d o s ellos felices: Hechos (Acta) ,
5 6 7 8
t e s t a m e n t o , c o n f e s i o n e s , m e m o r i a s , relación del p e r e g r i n o ,

1
El P. Luis Goncalves da Cámara (nacido alrededor de 1519, muerto en 1575) entró
en la Compañía de Jesús, en Lisboa, el 27 de abril de 1545. Llegó a Roma el 23 de mayo
de 1553, donde recibió el cargo de Ministro de la casa, y permaneció hasta el 23 de
octubre de 1555, en que salió para Portugal. Después de la muerte de San Ignacio volvió
de nuevo a Roma en 1558 para asistir a la primera Congregación General, en la cual fue
elegido asistente de Portugal. En 1559 tuvo que regresar a su patria a instancias de la
Corte para encargarse de la formación del rey don Sebastián.
2
«Y dictaba paseando, como siempre había dictado antes». Cámara en su prólogo,
n.5*, véase p.99. La palabra dictar no tiene el sentido que ahora le damos, como puede
verse por lo que el mismo P. Cámara nos dice en su prólogo, n.3*, acerca del modo como
fue compuesta la Autobiografía. En otras ocasiones emplea otras palabras: «me empezó a
decir toda su vida» (n.2*), «el modo que el Padre tiene de narrar» (n.3*). Véase Fontes narr.
I 324.
3
Así, el P. Nadal en el título autógrafo que puso a su copia: Acta P. lgnatii ut primum
scripsit P. Ludovicus Condales excipiens ex ore tpsius Patris (Fontes narr. I 354); Ribadeneira:
«lo que se escribió casi por boca de nuestro Padre» (MHSI, Epp, Nadal III 540).
4
Los Bolandistas, siguiendo a Nadal, le pusieron el título Acta antiquissima. Sobre
esta y las demás ediciones que vamos a enumerar, véase al fin de esta introducción, donde
presentamos la lista de todas las que conocemos. El título de Acta Patris lgnatii, puesto
por Nadal, nos parece el más autorizado para citar la obra en latín, como se ha hecho en
las dos ediciones publicadas por Monumenta Histórica S. I.
5
The testament of Ignatius Loyola, edición inglesa por S. M. Rix.
6
Die Bekenntnisse des Ignatius von Loyola. Traducción alemana por H. Bóhmer.
7
Lebenserinnerungen des bl. Ignatius von Loyola. Traducción alemana por el P. Alfredo
Feder. Le dan también el nombre de Memorias (Pameti) el P. Jaroslav Ovecka en su
traducción en lengua checa, y el P. Andrés Gyenis en la traducción húngara (Visszaemlé-
kézesei). Con el nombre de Memorias es citada frecuentemente por el P. Pedro de Leturia,
2
por ejemplo, en El gentilhombre Iñigo Lópe% de Loyola p.306.
8
Le récit du pélerin. Traducción francesa por el P. Eugéne Thibaut, S.I., primera
edición de 1922. Véase, con todo, la nota siguiente. Lo ha conservado también el P. A.
Thiry en su tercera edición, enteramente refundida, de 1956. Der Bericht des Pilgers es el
título de la nueva traducción alemana del P. B. Schneider, también de 1956. Un título
parecido: Las aventuras del peregrino (De Lotgevallen van den Xwerver), lleva la traducción
holandesa por J . J . P. Creighton.
76 Autobiografía

p e r o sobre todos se i m p o n e , por lo menos en las l e n g u a s


m o d e r n a s y en el uso corriente, el n o m b r e de Autobiografía^.
San I g n a c i o , en sus últimos años, entre 1553 y 1555, acce-
diendo a las repetidas instancias de sus hijos, se m o v i ó final-
mente a referirles el curso de su vida; pero no la abarcó toda
entera. E m p e z ó , sí, por referir los deslices de su j u v e n t u d y los
pasos todos de su m a r a v i l l o s a conversión; p e r o no l l e g ó más
allá del año 1538, c u a n d o el g o b e r n a d o r de R o m a dio sentencia
10
favorable en su favor y de sus c o m p a ñ e r o s . Después de esto
siguen unas breves notas sobre las obras de celo fundadas o
p r o m o v i d a s por el Santo en R o m a y una breve indicación sobre
el m o d o c o m o escribió los Ejercicios y las Constituciones. ¿Por
q u é no pasó más adelante? Es posible q u e esto sea debido al
hecho de q u e lo restante de su v i d a , sobre todo a partir de la
aprobación de la C o m p a ñ í a por el S u m o Pontífice, era y a m u y
11
bien conocido por sus c o m p a ñ e r o s ; pero la principal razón
debe buscarse en la rápida partida de R o m a del confidente
Goncalves da Cámara el 23 de octubre de 1555. En el p r ó l o g o
q u e éste escribió v e m o s c ó m o quiso a p r o v e c h a r hasta las últi-
mas horas de su permanencia en R o m a ; pero la partida le
i m p i d i ó continuar. A u n q u e es de lamentar q u e el relato a u t o -
biográfico no se extienda hasta los últimos años del Santo, lo
q u e nos dejó es de capital importancia para conocer la evolu-
ción interna de San I g n a c i o y la génesis de la Compañía de
1 2
Jesús .
L a Autobiografía es fruto del natural deseo q u e sintieron los
más íntimos colaboradores de San I g n a c i o de conocer los deta-
lles de la v i d a de su padre en el espíritu. En otras ocasiones se
ha estudiado la trayectoria de esta aspiración por c o n s e g u i r q u e
13
se escribiese la Vida del S a n t o . Sabemos cómo y a en 1546 el
9
Así empezó a llamarse por lo menos a partir de 1900 en la edición inglesa de J . F.
X. O'Connor, S.I. Lo empleó también el P. J . M. March en 1920 en su edición española.
El P. E. Thibaut, en su segunda edición de 1924 (cf. nota 8), lo adoptó también como
título principal. Luego han seguido la edición italiana de 1928, prologada por Papini, y la
de F. Guerello de 1959, la castellana del P. V. Larrañaga, S.L, en su edición de las Obras
completas de San Ignacio t.l y los autores que la han estudiado, entre ellos Susta y Fueter.
1(1
Véase el n.98.
11
Otro punto importantísimo, el de la elección de San Ignacio al generalato y
profesión religiosa del Santo y de sus primeros compañeros, lo había escrito él mismo en
el documento titulado: 1541. Forma de la Compañía y oblación, publicado en este volumen,
doc. n.4. La persecución de 1538 la refirió ampliamente en carta a Isabel Roser de 19 de
diciembre del mismo año, publicada en MHSI, S. Ignatii epp. I 137-144, y en Fontes narr. I
4-14. Las otras persecuciones las escribió a Juan III de Portugal en 1545 (S. Ignatii epp. 1
296-298; Fontes narr. I 50-54).
1 2
Esto era lo que más ansiaban conocer los compañeros del Santo: «cómo Dios le
había dirigido desde el principio de su conversión...», «cómo el Señor os fue llevando
desde el principio de la conversión...» (palabras de Nadal en su prólogo, véase p.95).
1 3
Véanse principalmente LETURIA, Nuevos datos sobre San Ignacio de Loyoia p.2ss; Fontes
narr. I p.9*-14*; II 17*.
Introducción del P. Dalmases 11

joven R i b a d e n e i r a muestra deseos de obtenerla. Un año más


tarde, el P. J u a n de Polanco se d i r i g e a D i e g o Laínez para q u e ,
c o m o í n t i m o conocedor de los hechos de San I g n a c i o , se los
descubra, d a n d o con ello ocasión a la célebre carta q u e Laínez
le escribió desde T r e n t o el 16 de junio de 1547, carta que bien
14
puede considerarse c o m o la primera v i d a de San I g n a c i o .
B a s a d o en ella, el m i s m o Polanco esboza entre 1547 y 1548 una
historia del o r i g e n y p r i m e r o s p r o g r e s o s de la Compañía, en
q u e nos da a conocer interesantes rasgos de la vida del Funda-
1 5
d o r , y más adelante hace otro e n s a y o histórico sobre el m i s m o
1 6
a r g u m e n t o , p r o l o n g a n d o la narración hasta 1 5 5 1 .
Pero, entre todos los q u e desearon conocer la v i d a de San
I g n a c i o , se d i s t i n g u e el P. J e r ó n i m o Nadal, q u e t u v o v a l o r para
acudir directamente al F u n d a d o r pidiéndole que refiriese su
vida. P u e d e a s e g u r a r s e q u e , si tenemos la Autobiografía, el méri-
to se debe al P. Nadal. C ó m o lo o b t u v o , nos lo refiere él m i s m o
en su p r ó l o g o . Por él sabemos q u e , por lo m e n o s desde 1552,
insistió en su petición. En Nadal n o era éste un m e r o deseo de
conocer la v i d a del Padre; m o v í a l e otro i m p u l s o , q u e era dar a
la C o m p a ñ í a un m o d e l o , según el principio que desde entonces
había de ser característico en él, q u e la v i d a de San I g n a c i o era
el fundamento de la Compañía y que contarla era verdadera-
17
mente fundar la C o m p a ñ í a . L a n u e v a orden n o tenía que
18
hacer sino s e g u i r las huellas del F u n d a d o r .
J u n t o con Nadal muestra v i v o s deseos de conocer a I g n a c i o
el P. L u i s G o n c a l v e s da C á m a r a , q u i e n , s e g ú n nos cuenta en su
Memorial, desde q u e entró en la C o m p a ñ í a en 1545 sintió esta

1 4
Editada por primera vez, y según dos antiguas copias, en MHSI, Scripta de S.
Ignatio I 98-129.129-152, ha sido nuevamente publicada en Fontes narr. I 54-145, tomando
por base un manuscrito más autorizado descubierto por los editores. Además del texto
castellano, se presenta una traducción latina antigua inédita.
15
Sumario de las cosas más notables que a la institución y progreso de la Compañía de Jesús
tocan. Primera edición en Fontes narr. I 146-256. Este Sumario tiene por objeto dar a
conocer el origen y primer desarrollo de la Compañía hasta 1542; de San Ignacio
pretende decir el autor «no todas, sino algunas de las cosas más necesarias al propuesto
diseño» {Fontes narr. I 153). A pesar de esto, este Sumario es la narración antigua que nos
da más noticias acerca de la familia y la juventud de Iñigo.
16
Breve sommario dell' origine et progresso de la Compagnia di Gesu sin altanno 1548. Otra
redacción posterior varía las últimas palabras del título: insino alt anno 1551. Lo publica-
mos por vez primera según esta doble redacción en Fontes narr. I 256-298.
1 7
«... me mandó [el P. Nadal] que importunase al Padre, diciéndome muchas veces
que en ninguna cosa podía el Padre hacer más bien a la Compañía que en hacer esto, y
que esto era fundar verdaderamente la Compañía» (prólogo del P. Cámara, n.4* p.98). En
su Diario espiritual escribirá más tarde: «Scribat Ignatius vitam suam, qua re nihil potest
' nunc utilius nobis et Societati faceré. Eius aliquam partem postea scripsit per P. Lodovi-
cum Goncalves» (MHSI, Epp. Nadal IV 692; Fontes narr. II 7*).
1 8
Es ésta una idea en la que insiste repetidamente el P. Nadal. Véanse, por ejemplo,
las pláticas tenidas en el Colegio Romano en 1557 {Fontes narr. II 3-10). Sobre este tema,
v. ib. p.6*-7*, 2, 163, 178, 179, 203, 250, 260, 279, 423, 428; NICOLAU, Jerónimo Nadal. Sus
obras y doctrinas espirituales p.148-151, Pláticas espirituales... en Coimbra, p.46-84.
78 Autobiografía

ansia, pensando que, «si el fruto (la C o m p a ñ í a ) era el q u e era,


cuál debía ser el árbol y el artífice». Pero el P. Cámara no tanto
q u e r í a tener un conocimiento « c o m ú n de las cosas generales del
P. I g n a c i o » , porque sabía q u e éstas se habían de escribir, sino
q u e deseaba observar al Santo en los pequeños incidentes de la
19
v i d a c o t i d i a n a . De aquí es q u e , cuando fue l l a m a d o a R o m a ,
20
satisfaciendo su deseo, p u d o escribir el Memorial . El P. Cáma-
ra había de ser el escogido por San Ignacio para confidente
s u y o . Era entonces ministro de la casa de R o m a , y, c o m o tal,
í n t i m o colaborador de San Ignacio. Esto explica ya la elección
q u e el Santo hizo; pero sin d u d a contribuyó su felicísima me-
21
m o r i a y su facilidad de r e c e p c i ó n . San Ignacio podía estar
s e g u r o de que, hablando con él, sus palabras habían de q u e d a r
p u n t u a l m e n t e consignadas por escrito.
L o s p r ó l o g o s q u e el P. N a d a l y el P. Cámara antepusieron a
22
la obra nos dan a conocer el m o d o como fue e s c r i t a . Nadal
nos dice que, temiendo se acercase para Ignacio el fin de su
v i d a , decidió insistir para obtener lo que tanto deseaba. Ignacio
p i d i ó q u e Polanco, P o n d o C o g o r d á n y Nadal celebrasen tres
misas para esta intención, y después de ellas le refiriesen lo que
pensaban. El resultado fue el q u e podía preverse, y entonces el
Santo p r o m e t i ó que haría lo q u e se le pedia. Desde entonces
N a d a l no cejó en su empeño. El P. Cámara refiere q u e San
Ignacio se decidió a narrar su vida m o v i d o por interior impul-
so, « h a b l a n d o de manera q u e mostraba haberle dado Dios gran-
23
de claridad en deber h a c e l l o » y q u e había d e t e r m i n a d o q u e
fuese él a quien descubriese estas cosas. Desde entonces Cámara
le fue recordando cada día su c o m p r o m i s o , hasta q u e en agosto
de 1553 el Santo dio comienzo a su relación.
San Ignacio no refirió su vida al P. Cámara de una sola vez,
sino en tres ocasiones, separadas entre sí por un l a r g o p e r í o d o
de tiempo. L a primera, en agosto-septiembre de 1553; la segun-
da, en marzo de 1555; la tercera, en septiembre-octubre del
2 4
mismo a ñ o .

" Memorial n.4, Fontes narr. I 528-529.


2 0
El título del llamado Memorial es el siguiente: Algunas cousas que o Padre Luis
Gonfalves notou na vida de nosso Padre Ignacio. Escrito en castellano a raíz de los hechos, tiene
un comentario en portugués compuesto por el autor al fin de su vida (entre 1573 y 1574).
El Memorial anota las cosas observadas en San Ignacio por el P. Cámara mientras
desempeñó el cargo de ministro de la casa de Roma. Abarca desde el 26 de enero hasta el
18 de octubre de 1555. Este Memorial, fuente indispensable para conocer el carácter de
San Ignacio y su modo de gobernar, fue publicado por primera vez en MHSI, Scripta de
S. Ignatio I 153-336; nuevamente en Fontes narr. I 508-752.
21
«...ille Pater [Cámara], ut est excellenti memoria...» Nadal en su prólogo, n.4* p.96.
2 2
Estos dos prólogos los publicamos anteponiéndolos al texto de la Autobiografía.
2 3
Prólogo del p. Cámara, n.l* p.95.
2 4
Véanse los números 4*-5* del mismo prólogo, p.99-100.
Introducción del P. Dalmases 79

De estas interrupciones, la más importante es la primera, porque


de ella depende la edad que, según el testimonio del mismo Santo,
tenía San Ignacio al morir. En efecto, San Ignacio, en el n.30 (5.°) de
la Autobiografía, al referir la eximia ilustración tenida en Manresa el
año 1522, dice «que en todo el decurso de su vida, hasta pasados
sesenta y dos años, coligiendo todas cuantas ayudas haya tenido de
Dios, y todas cuantas cosas ha sabido, aunque las ayunte todas en uno,
25
no le parece haber alcanzado tanto como de aquella vez sola» . Ahora
bien, ¿cuándo refirió San Ignacio la eximia ilustración: en 1553 o en
1555? De donde se sigue esta otra pregunta: ¿cuándo dijo San Ignacio
que habían pasado sesenta y dos años de su vida: en 1553 o en 1555? Si
tuviésemos el original del relato autobiográfico, la cuestión quedaría
zanjada: bastaría observar dónde empezaba el cambio de letra en el
manuscrito, ya que el P. Cámara nos da ésta como señal de la interrup-
ción. No poseyendo dicho original, hemos de acudir forzosamente a
otros indicios, y éstos nos demuestran con suficiente claridad que la
narración de la eximia ilustración de Manresa tuvo lugar en 1555, o, lo
que es lo mismo, que en aquella fecha se atribuía San Ignacio a sí
a
mismo sesenta y dos años de edad. Las razones principales son dos: 1.
Dice el P. Cámara en el mismo pasaje que comentamos que San
Ignacio, antes de su primera interrupción, llegó a referir su vida «hasta
estar en Manresa algunos días»; pues bien: la eximia ilustración no
tuvo lugar sino pasados algunos meses después de la llegada de San
26 a
Ignacio a Manresa . 2 . El P. Nadal, por lo menos en dos ocasiones,
se atiene a esta misma interpretación. En sus pláticas de Coimbra de
1561 lo dice taxativamente: «especialmente, tuvo una ilustración tan
grande y extraordinaria hum día cabe un río, que él solía dizir que
desde entonces, que era el año de 22, hasta el 55 que di^ia esto, le avía
Dios dado mucha claridad; mas que aquello solo excedía a todas las
27
otras juntas» . En la Apología de la Compañía contra la Facultad
teológica de París, el P. Nadal insiste en lo mismo: «multa se recepisse
spiritus privilegia post suam conversionem, 33 annis, omnia vero, etsi
simul in unum componantur, illa sola superari illustratione et gratia».
Habiendo tenido lugar la eximia ilustración en 1522, si después de ella
habían pasado treinta y tres años, sigúese que, según el P. Nadal,
28
Ignacio la refirió a su confidente en 1555 . Según esto, San Ignacio
en 1555 calculaba que tenía sesenta y dos años, de donde se seguiría
que tenía sesenta y tres al morir. Sin embargo, son tales los argumen-
tos en favor del nacimiento del Santo en 1491, y por consiguiente de
su muerte a los sesenta y cinco años, que resulta preferible pensar que
San Ignacio tuvo un desliz en este punto. Esto mismo sirve para

2 5
Véase más adelante, p.119-120.
2 6
En el n.23 la Autobiografía dice: «siendo pasados muchos meses que le atormenta-
ban» [los escrúpulos], los cuales precedieron a la ilustración. De la carta del P. Laínez,
n.10, y del Sumario del P. Polanco, n.18, se deduce que habían pasado por lo menos
cuatro meses antes de la eximia ilustración. Véase Fontes narr. I 80.160.
27
Fontes narr. II 152 n.Jll].
2 8
Véase lo que sobre esto expusimos en Fontes narr. II p.66 nota 14, y p.152 nota 22;
Fontes narr. I 328-329.
80 Autobiografía

explicar cómo se pudo atribuir veintiséis años cuando fue herido en


Pamplona, siendo así que, habiendo nacido en 1491, como parece más
probable, tenía ya treinta años en aquella ocasión. Véase lo que deci-
mos más adelante, al comentar en n.l de la Autobiografía (p.100). A falta
de otros indicios, no nos atrevemos a fijar un punto de división entre
la primera y la segunda etapa de la relación autobiográfica. Queda,
con todo, probado que la primera interrupción se hizo antes del n.30.
Probablemente tuvo ésta lugar en el n.27, después de las palabras «mas
él, examinándolo bien, nunca pudo dudar dello». Lo que sigue a
continuación, con la enumeración de las gracias extraordinarias recibi-
das en Manresa, parece iniciar una nueva etapa en la vida del Santo.

La ú l t i m a conversación con San Ignacio t u v o l u g a r entre el


2 0 y el 22 de octubre de 1555, víspera de la partida del padre
Cámara. N o t u v o éste, con las prisas, tiempo suficiente para
redactar en R o m a sus notas, y t u v o que diferirlo hasta Genova.
Por no disponer allí de un amanuense español, se v i o o b l i g a d o
a dictarlas en italiano, y ésta es la razón del paso brusco a esta
lengua a partir del n.79.
Podrá p r e g u n t a r s e en q u é tiempo fueron escritos los prólo-
g o s del P. C á m a r a y del P. Nadal. C u a n t o al del P. Cámara, él
2 9
m i s m o nos dice q u e lo escribió en R o m a ; por tanto, t u v o q u e
ser o antes del 23 de octubre de 1555 o en los años 1558-1559,
en su s e g u n d a permanencia en dicha ciudad. T e n e m o s por
m u c h o más probable la p r i m e r a solución. No se v e por q u é
razón se deba retrasar tres o cuatro años la composición de un
p r ó l o g o tan í n t i m a m e n t e u n i d o con el texto de la Autobiografía,
y, lo q u e aún tiene más fuerza, en él emplea su autor el tiempo
presente en frases c o m o ésta: «el m o d o q u e el Padre tiene de
narrar» (n.3 * ) , « y así ordenólo ahora para los 22» [de septiembre
de 1553] ( n . 4 * ) . L o m á s probable es que lo redactase la m i s m a
30
víspera de partir para España y P o r t u g a l .
M á s difícil es precisar c u á n d o fue compuesto el p r ó l o g o del
P. Nadal. En una plática tenida en Alcalá hacia fines de octubre
de 1561 resume los conceptos expresados en dicho p r ó l o g o , lo
cual nos hace tener por probable q u e para aquellas fechas el
31
p r ó l o g o estuviese ya c o m p u e s t o . Ni ofrece dificultad para ello
el hecho de q u e en él se menciona al P. Cámara c o m o preceptor
del rey D. Sebastián, porque este c a r g o empezó a ejercitarlo
32
desde 1 5 5 9 . A pesar de esto, tenemos también por probable la
opinión de los q u e piensan q u e este p r ó l o g o fue escrito hacia
2 9
Memorial n.110, Fontes narr. I 591.
3 0
Acerca de este punto véase ib., p.329-330.
31
Fontes narr. II 182-184.
3 2
Cf. LETURIA, Luis González de Cámara, maestro del rey Don Sebastián: Archivum
Historicum S.I., 6 (1937) 97-106.
Introducción del P. Dalmases 81

1567, y precisamente c u a n d o Nadal, por orden de San Francis-


co de Borja, t u v o q u e e n v i a r a R o m a el ejemplar q u e poseía de
la Autobiografía^.
El relato i g n a c i a n o tiene todas las garantías de fidelidad y
v e r a c i d a d . N o s consta el m o d o de contar las cosas empleado
por el Santo, « q u e es con tanta claridad, q u e parece que hace
34
al h o m b r e presente todo lo q u e es p a s a d o » . Por su parte, el P.
C á m a r a , c u y a buena m e m o r i a ya h e m o s notado, una vez oído el
relato de I g n a c i o , « v e n í a inmediatamente a escrebillo..., p r i m e -
ro en puntos de mi mano y después más l a r g o , c o m o está
35
e s c r i t o » . La fidelidad llega hasta las palabras: « H e trabajado
de n i n g u n a palabra poner sino las q u e he oído del Padre», y si
a l g u n a falta h u b o fue que, « p o r no d e s v i a r m e de las palabras del
36
Padre, no he p o d i d o explicar bien la fuerza de a l g u n a s d e l l a s » .
Por eso decíamos q u e nos h a l l á b a m o s ante una verdadera Auto-
biografía. A u n q u e no lo supiésemos por la confesión de Cámara,
el m i s m o desaliño en el estilo nos persuade de q u e no sólo las
cosas, sino aun las mismas palabras, son de I g n a c i o .
T e s t i m o n i o s e g u r o de la v e r a c i d a d de este d o c u m e n t o es la
solemne declaración con q u e I g n a c i o pone fin a sus palabras:
«El m i s m o día, antes de cenar, me l l a m ó con un aspecto de
persona q u e estaba más r e c o g i d a de lo ordinario, y me hizo una
especie de protestación, la cual en sustancia consistía en mostrar
la intención y simplicidad con q u e había narrado estas cosas,
3 7
diciendo q u e estaba bien cierto q u e no contaba nada de m á s » .
El P. Nadal comenta así estas palabras: « P u e s cierto es q u e no
decía él más de lo q u e era, c o m o al cabo de lo del P. L u i s
38
Goncalves c o n c l u y ó » .
¿Poseemos í n t e g r o el relato ignaciano? N o hay indicios para
d u d a r de ello. En el cuerpo de la narración no hay n i n g u n a
señal de omisión o corte, y el final revela a las claras el apresu-
ramiento con q u e I g n a c i o t u v o q u e dictar sus m e m o r i a s ante la
inminente partida de Cámara. Sólo podemos conjeturar
q u e falta a l g o al principio, ya que San Ignacio contó a su

3 3
Fontes narr. I 345.
3 4
Prólogo del P. Cámara, n.3*. Sobre el modo de narrar propio de San Ignacio
véanse las palabras del mismo P. Cámara en el Memorial n.99: «Acordarme he...; 2.°, que
las cosas no las orna con palabras, sino con las mismas cosas, con contar tantas circuns-
tancias y tan eficaces que cuasi por la fuerza persuaden; 3.°, que su narración es simple,
clara y distinta; y tiene tanta memoria de las cosas y aun de las palabras importantes, que
cuenta una cosa que pasó diez, quince y más años, omnino como pasó, que la pone
delante de los ojos. Y plática larga sobre cosas de importancia la cuenta palabra por
palabra» {Fontes narr. I 586; véase el aparato crítico).
3 5
Prólogo, n.3* p.98.
3
' Ib.
3 7
N.99.
3 8
Pláticas de Coimbra, n.[37j. Fontes narr. II 158.
82 Autobiografía

confidente « t o d a su v i d a y las travesuras de mancebo, clara y


39
distintamente con todas sus c i r c u n s t a n c i a s » , y Cámara encie-
rra t o d o este período de la j u v e n t u d de I ñ i g o en la afirmación
general con q u e da comienzo a su escrito: « H a s t a los veintiséis
años de su edad fue h o m b r e d a d o a las v a n i d a d e s del m u n d o , y
principalmente se deleitaba en exercicio de a r m a s , con un gran-
de y v a n o deseo de ganar honra». ¿Por q u é no puso por escrito
el P. C á m a r a los pormenores de la j u v e n t u d de Iñigo? No cabe
otra explicación sino q u e el respeto y piedad filial le detuvieron
de dar p u b l i c i d a d a lo q u e el Santo con tanta sencillez no había
tenido i n c o v e n i e a t e en manifestarle.
Por lo q u e se refiere a los hechos q u e tienen cabida en la
Autobiografía, se nota u n a g r a n diversidad, la cual creemos q u e
garantiza la espontaneidad del relato. E n c o n t r a m o s tanto he-
chos externos de la v i d a de I g n a c i o c o m o fenómenos internos
de su v i d a mística de unión con Dios. H a y episodios secunda-
rios referidos con abundantes detalles, y en c a m b i o llama la
atención el silencio sobre hechos de m a y o r importancia. Así,
entre los m u c h o s datos q u e encontramos sobre la v i d a de San
I g n a c i o en M a n r e s a falta toda indicación sobre la composición
de los Ejercicios, de la cual sólo se da una fugaz insinuación al
fin del libro, tras una p r e g u n t a del P. Cámara, cuando se había
40
cortado y a la relación cronológica de los h e c h o s . V e m o s a
Ignacio dando los Ejercicios en Alcalá (n.57) y e n t r e g a n d o el
libro a sus jueces en Salamanca (n.67), c u a n d o nada ha dicho
sobre el tiempo y m o d o de su composición. A pesar de esto — y
citamos este ejemplo p o r q u e nos parece s i g n i f i c a t i v o — , la
Autobiografía se nos presenta como una V i d a completa dentro
de los límites q u e abarca, y nos suministra datos suficientes para
conocer el desarrollo de los hechos i g n a c i a n o s y el m a r a v i l l o s o
proceso de su transformación interior.
El v a l o r histórico de la Autobiografía no p u e d e ponerse en
duda. En ella tenemos el más fidedigno testimonio de la v i d a
4 1
del Santo, q u e aventaja a todos los d e m á s . Sería e x a g e r a d o
limitar la fe histórica a esta principalísima narración ignaciana;
también otras tienen garantías de s e g u r i d a d , y en no pocos
casos sirven para completar o aclarar lo q u e en ella se contiene.
3 5
Prólogo, n.2* p.98.
4 0
N.99.
4 1
Véase lo que escribe un testigo imparcial, Eduardo Fueter: «En la Autobiografía
(escrita por un discípulo bajo su dictado) ha producido San Ignacio un modelo de
pintura de alma, intuitiva y realística. Su relación es maravillosa, tal como no puede
hacerse sino como resultado de una introspección prolongada por varios años. Cada
matiz está claramente expresado y reproducido de una manera intacta. La exposición no
se presenta nunca sobrecargada o ampulosa con fines edificativos» (Geschkhte der neueren
1
Historíograpbie [1936] 282).
Introducción del P. Dalmases 83

Pero sería i n d u d a b l e m e n t e m a y o r error apartarse de las declara-


ciones del m i s m o San I g n a c i o , para atenerse a las de otros
testigos más o menos inmediatos y d i g n o s de crédito. Es evi-
dente q u e en caso de contraste o de dificultad es necesario
atenerse a ella con preferencia a los demás testimonios. No
p u e d e caber n i n g u n a d u d a tanto sobre la sinceridad de San
Ignacio c o m o sobre la fidelidad del P. C á m a r a en reproducir
sus palabras. Su confidente nos ha dicho y a con q u é c u i d a d o
r e c o g i ó su relato; y por otra parte, entre el dictado de Ignacio y
la p r i m e r a redacción «a m o d o de puntos», apenas pasó tiempo,
pues sabemos q u e « i n m e d i a t a m e n t e » pasó Cámara del u n o a la
otra. En la s e g u n d a redacción más extensa cabe y a a l g u n a
imperfección o descuido; pero aun de esto no nos consta, pues
sabemos el c u i d a d o de P. C á m a r a en reproducir las mismas
palabras q u e o y ó .
Cabe p r e g u n t a r si no incurrió i n v o l u n t a r i a m e n t e Ignacio en
a l g ú n error por fallarle la m e m o r i a . A esto responde Ribadenei-
ra en carta al P. Nadal de 24 de octubre de 1567: «el qual
[ I g n a c i o ] , a u n q u e en la sustancia fue fidelísimo, en los particu-
lares de a l g u n a s cosas es corto y en la relación de los tiempos,
42
ya a la postre de su vejez, le faltaba la m e m o r i a » . Creemos q u e
el examen de la Autobiografía confirma este aserto de Ribadenei-
ra. Si a l g ú n defecto h a y , éste puede hallarse en la fijación
c r o n o l ó g i c a de los hechos. El más notable es el probable error
o descuido de I g n a c i o al contar los años de su edad. En dos
ocasiones nos habla de ella: en la primera línea de la Autobiogra-
fía y en el n.30, c u a n d o refiere la eximia ilustración. En u n o u
o t r o l u g a r tiene q u e haber error, p o r q u e si al tiempo de su
herida en Pamplona, esto es, en 1521, tenía veintiséis años,
c o m o leemos en el n . l , se sigue q u e nació en 1495; y si en 1555
tenía sesenta y dos (véase el n.30), t u v o q u e nacer en 1493.
Acerca del n.30 h a b l a m o s y a anteriormente al examinar las
tres etapas de la relación autobiográfica. Sobre el n . l , en q u e
San Ignacio habla de sus veintiséis años de edad, creemos se
puede decir lo q u e sigue:

Las palabras con que empieza la Autobiografía han sido el tormento


de los biógrafos de San Ignacio, ya desde los contemporáneos, que tan
perplejos estuvieron, precisamente por este texto, al querer determinar
la edad del Santo. Constituyen estas palabras una seria dificultad para
fijar el año de su nacimiento, el cual, por un cúmulo de indicios, que
no es del caso recordar aquí, tiene que ponerse con la mayor probabili-
dad en 1491, mientras que, de contar el Santo veintiséis años de edad

4 2
MHSI, Epp. Nadal III 540.
84 Autobiografía

en el momento de su providencial herida en Pamplona, es decir, en la


única fecha incontrovertible de 1521, su nacimiento debería colocarse
en 1495. Esto es lo que movió al P. Polanco, después de varios
43
tanteos, a escoger éste como el año del nacimiento de San Ignacio .
Algunos autores, partidarios del año 1491 como año del nacimien-
to de San Ignacio, dando como inverosímil que pueda haber error en
la edad de veintiséis años que a sí mismo se atribuye el Santo, han
defendido que esta edad no debe referirse al tiempo de la herida de
Pamplona, sino a otro anterior. Según estos autores, habría que poner
en San Ignacio dos conversiones: una, de vida mundana a vida seria,
ocurrida hacia el año 1517, cuando el Santo tendría veintiséis años de
edad, coincidiría con su salida de Arévalo para pasar al servicio del
duque de Nájera, virrey de Navarra. A esta conversión se referirían las
primeras palabras de la Autobiografía. La segunda conversión a vida
perfecta sería la que siguió a la herida de Pamplona. Esta hipótesis de
una doble conversión nos parece poco fundada por faltarle sólido
apoyo documental. No es éste el lugar de refutarla. Bastará decir que
el contexto de la Autobiografía: «Y así, estando en una fortaleza...»,
obliga a unir los veintiséis años con la guerra de Pamplona en 1521, y
que de este modo entendieron este pasaje de la Autobiografía creemos
que todos los antiguos biógrafos ignacianos, como puede verlo el que
examine las más antiguas narraciones publicadas en Fontes narrativi.
Algunos de ellos, como el P. Nadal, lo hace de una manera expresa en
sus Diálogos: «Magna igitur usque ad annum aetatis suae 26, boc est
um 44
1521 - fuit ambitione...» .
Siendo esto así, si queremos mantener el año 1491 como fecha del
nacimiento de San Ignacio, no queda más recurso que interpretar
como un simple error o descuido éste de San Ignacio, al atribuirse
45
veintiséis años al tiempo de la guerra de Navarra .

L o q u e aquí a p u n t a m o s sobre la exactitud y fidelidad de la


Autobiografía, no debe extenderse por igual a las a ñ a d i d u r a s mar-
ginales q u e p u s o al texto en tiempos posteriores el P. Cámara.
T r a t a n d o de la verdad histórica de este d o c u m e n t o p u e d e

4 3
Pueden verse expuestas las diferentes opiniones por las que pasó Polanco en Fontes
narr. II p.512 nota 5. También Ribadeneira mudó varias veces de parecer, como puede
2
verse en Fontes narr. I 20*: IV 78 .
4 4
Fontes narr. II 231.
4 5
Otras supuestas equivocaciones tienen aún más fácil explicación. Si en el n.95 se
pone Venecia en lugar de Vicenza, es por un manifiesto error de uno de los copistas. A
nadie extrañará que en el n.73 dude San Ignacio si se dirigió a París en 1527 o en 1528. El
P. Beltrán de Heredia, O.P., niega que en 1526 pudiese San Ignacio estudiar las Súmulas
de Domingo Soto, que no fueron publicadas hasta 1529 (véase n.57); pero San Ignacio
pudo utilizar los apuntes copiados a mano de dicha obra, ya que Soto empezó a enseñar
a
Súmulas en Alcalá desde 1520. El P. Anselmo M. Albareda, en su obra Sant Ignasi a
Montserrat, ha encontrado dificultad en el n.18 sobre la partida del Santo de Montserrat y
bajada a Manresa. Le contestó, entre otros, el P. Arturo Codina, Sant Ignasi a Montserrat:
Archivum Historicum Societatis Iesu, 7 (1938) 105-117.257-267. Sobre los supuestos
errores de la Autobiografía véase Fontes narr. I 325-327; V. LARRAÑAGA, Obras completas de
San Ignacio vol.l p. 44-62.
Introducción del P. Dalmases 85

p r e g u n t a r s e si fue sometido a la revisión de San Ignacio. C o m o


es natural, esta p r e g u n t a tiene l u g a r solamente acerca de la parte
escrita en castellano, la única q u e el P. Cámara redactó en
R o m a . H a y unas palabras en el p r ó l o g o del P. Cámara c o m o
para inducir a pensar q u e San I g n a c i o no supo siquiera q u e su
confidente ponía por escrito lo q u e él le contaba. Afirma que,
después de oír al Santo, « v e n í a l u e g o inmediatamente a escrebi-
46
11o, sin que dijese al Padre nada, primero en puntos de mi mano...» .
Sabemos, con t o d o , por el testimonio del P. Ribadeneira en el
proceso compulsorial de M a d r i d de 1606, q u e se hicieron copias
de la Autobiografía antes de q u e el P. C á m a r a saliese de R o m a el
23 de octubre de 1555, y q u e San Ignacio m a n d ó se diese una
47
de ellas al m i s m o P. R i b a d e n e i r a . Siendo esto así, no parece
i m p r o b a b l e q u e San Ignacio viese el escrito del P. Cámara. N o
aparecen, con todo, indicios de q u e l o c o r r i g i e s e o revisase.

* * *

La Autobiografía i g n a c i a n a ha l l e g a d o hasta nosotros en


varias copias manuscritas. Ni los p u n t o s breves tomados por
C á m a r a inmediatamente después de oír a I g n a c i o , ni la redac-
ción más extensa hecha después, se han conservado. Con todo
esto, las copias q u e poseemos son a n t i g u a s y de g r a n valor.
E n t r e todas merece la preferencia la q u e poseyó el P. J e r ó n i m o
Nadal (la l l a m a m o s texto N), llevándola c o n s i g o aun en sus
viajes fuera de Italia. No tiene el p r ó l o g o del P. Cámara, pero,
en c a m b i o , nos ofrece í n t e g r o el texto autobiográfico en sus dos
partes: española e italiana. Nadal le p u s o de su propia mano este
título: Acta P. Ignatii ut primum scripsit P. Ludovicus Gon^ales
48
excipiens ex ore ipsius Patris . En este manuscrito hallamos 13
adiciones m a r g i n a l e s puestas por el P. C á m a r a en tiempos pos-
teriores. Constituyen, por así decirlo, una tercera redacción del
49
t e x t o . D a d a su a u t o r i d a d , es natural q u e este texto N h a y a
servido de base para las dos ediciones que de él se han hecho en
Monumenta: la primera el a ñ o 1904, en el v o l u m e n I de Scripta de
Ignatio, y la s e g u n d a en 1943, en el v o l u m e n I de Fontes narrativi
de S. Ignatio. N o hace falta q u e nos d e t e n g a m o s en la descrip-
ción de los demás manuscritos. El q u e quiera tener datos sobre
ellos podrá encontrarlos en la introducción a la última edición
de Monumental.

4 6
Prólogo, n.3*.
47
Fontes narr. I 343-344.
« Ib., p.331-332.
4 9
Un estudio minucioso de estas añadiduras puede verse ib., p.336-341.
5 0
La descripción completa de todas ellas puede verse ib-, p.331-337.
86 Autobiografía

A d e m á s del texto o r i g i n a l español-italiano, poseemos copias


51
de la traducción latina hecha por el P. Aníbal du C o u d r e t y de
la insertada en el proceso compulsorial de M a d r i d de 1606 en
orden a la canonización de San I g n a c i o , hecha, c o m o la de todo
52
aquel proceso, por J u a n V i s e t o , sacerdote, de L i e j a . La tra-
ducción del P. D u Coudret fue hecha, con toda p r o b a b i l i d a d ,
entre los años 1559-1561, durante los cuales el traductor, proce-
5 3
dente de Sicilia, habitó en el C o l e g i o R o m a n o . Le añade v a l o r
el hecho de haber sido c o r r e g i d a por el P. Nadal.

* * *
Hoy puede p a r e c e m o s inexplicable el hecho de q u e la Auto-
biografía no haya sido publicada hasta el siglo x v n i , y aun
entonces según la traducción del P. Du Coudret, y q u e en su
texto o r i g i n a l no haya visto la luz hasta q u e en 1904 la dieron a
conocer los editores de Monumenta Histórica Societatis Iesu. En
los principios de la C o m p a ñ í a h u b o a l g u n a dificultad en que se
difundiese el mismo texto de la Autobiografía. C u a n d o San
Francisco de Borja en 1566 e n c a r g ó oficialmente al P. R i b a d e -
neira q u e escribiese la Vida de San Ignacio, m a n d ó que se reco-
giesen todos los ejemplares existentes del relato ignaciano, y
54
aun prohibió q u e se leyese y p r o p a g a s e . L a razón q u e daba
R i b a d e n e i r a de esta prohibición era que, « s i e n d o cosa imperfec-
ta [en el sentido latino de inacabada o f r a g m e n t a r i a ] , no convie-
55
ne q u e estorbe la fe de lo q u e más c u m p l i d a m e n t e se e s c r i b e » .
No fue fácil persuadir a todos del fundamento de esta orden,
q u e a l g u n o s a t r i b u y e r o n a Ribadeneira, el cual necesitó excusar-
se de esta sospecha. En realidad, el g r a n interés demostrado por
R i b a d e n e i r a en q u e se cumpliese la orden del P. General nos
persuade de q u e la intención de San Francisco de Borja era
favorecer al primer biógrafo oficial por él escogido, d a n d o a su
obra la m a y o r autoridad. En ella se contenía toda la sustancia

51
Su nombre se escribe de varias maneras: du Coudrey, du Codret, du Coudray, du
Coudret; en latín, Codretus; en italiano, Codreto o Coudreto. Nosotros, en tanta diversi-
dad, escogemos la forma du Coudret, adoptada por el historiador de la Asistencia de
2
Francia, P. Fouqueray, Histoire de la Compagnie de Jésus en France vol.l p.103 . Nacido en
1525 en Sallanches, pueblo de Alta Saboya, entró en la Compañía en 1546. Enviado a
Sicilia en 1548, volvió a Roma en 1558. En 1561 regresó a Francia. Murió en Avignon en
1599. Sobre él puede verse J . M. PRAT. Wecherches historiques et critiques sur la Compagnie de
Jésus en France vol.l p.436-442; FOUQUERAY, l.c.
5 2
Sobre estos procesos puede verse C. DE DALMASES, Una copia auténtica desconocida de
los procesos remisoriales para la canonización de San Ignacio hechos en España: Analecta Sacra
Tarraconense, 15 (1942) 129-170.
53
Fontes narr. I 335.
54
MHSI, Epp. Nadal III 402, 518.
5 5
Ib., p.490; cf. Font. narr. IV 7-8.
Introducción del P. Dalmases 87

del relato autobiográfico y a u n se completaba, llenando las


l a g u n a s que se encontraban en él; ¿qué falta hacía, pues, acudir
a las fuentes de la Vida? Así creemos q u e se razonó entonces, y
es cierto q u e para el c o m ú n de los lectores la obra escrita por el
P. Ribadeneira bastaba; en g r a n parte la Vida por el P. Ribade-
neira no es más q u e la Autobiografía puesta en estilo clásico
castellano.
L a conducta de San Francisco de Borja fue s e g u i d a por su
sucesor el P. C l a u d i o A q u a v i v a . La Provincia de Castilla, en la
C o n g r e g a c i ó n provincial de 1584, pidió q u e se difundiesen las
cartas y d o c u m e n t o s i g n a c i a n o s q u e se conservaban en Italia y
España, sin mencionar expresamente n i n g ú n documento, ni en
particular la Autobiografía. A esta petición respondió el general
alabando la d e v o c i ó n de la Provincia a San Ignacio, pero di-
ciendo al m i s m o tiempo que, por lo q u e a él se refería, bastaba
la Vida — e n t i é n d a s e la escrita por el P. R i b a d e n e i r a — , en la
cual se contenían las cosas q u e parecían d i g n a s de comunicarse.
56
Respuesta suficiente para aquellos t i e m p o s .
C o m o anteriormente decíamos, es mérito de los Bolandistas
el haber sacado del o l v i d o el principal d o c u m e n t o narrativo
sobre la v i d a de San Ignacio. A u t o r del e r u d i t í s i m o Commenta-
rius praevius q u e enriquece el t o m o séptimo de los Acta Sancto-
rum lulii fue el P. J u a n Píen, el cual se sirvió de su hermano en
la sangre y en r e l i g i ó n P. Ignacio Pien para realizar investiga-
ciones en R o m a . Este padre permaneció en la Ciudad Eterna
por los años 1730 y 1 7 3 1 , en los cuales p u d o tener en sus manos
los d o c u m e n t o s del A r c h i v o R o m a n o de la Compañía. H e m o s
5 7
de lamentar q u e a l g u n o de los q u e él v i o no se conserva y a .
Por lo q u e a la Autobiografía se refiere, el P. Pien v i o el
manuscrito del P. Nadal (N) y ejemplares de las traducciones
latinas de D u Coudret y de J u a n Viseto. N o sólo esto; t u v o
también en sus m a n o s un ejemplar q u e contenía í n t e g r o en
58
castellano el p r ó l o g o del P. C á m a r a . Con esta riqueza de
materiales, los Bolandistas hubieran p o d i d o darnos el texto
castellano-italiano, pero prefirieron publicar la traducción latina
del P. Du Coudret, anteponiendo a ella el p r ó l o g o del
P. Cámara, traducido por ellos al latín, g r a c i a s a lo cual lo
poseemos ahora í n t e g r o , a u n q u e no en su l e n g u a original. Es
de lamentar q u e no hiciesen resaltar las a ñ a d i d u r a s m a r g i n a l e s
q u e tiene el texto de Nadal. A pesar de estos inconvenientes, su
edición p u e d e llamarse crítica para su tiempo, en cuanto la

56
Fontes narr. I 346-347.
57
Ib., I p.348; III 821-823.
s 8
Fontes narr. I 348.
88 Autobiografía

hicieron teniendo presentes los varios textos originales y lati-


nos, d a n d o a d e m á s en las notas a l g u n a s variantes del texto
castellano y de la versión latina de V i s e t o .
La publicación de la Autobiografía señaló el comienzo de
n u e v a s i n v e s t i g a c i o n e s sobre la v i d a de San I g n a c i o . N o sola-
mente los biógrafos se sirvieron de ella, sino que otros se
sintieron e s t i m u l a d o s a editarla de n u e v o , ya reproduciendo la
edición latina, c o m o lo hizo en 1873 el P. Elesbán de Guil-
h e r m y , ya traduciéndola a las l e n g u a s modernas. De ella se han
hecho hasta hoy las ediciones q u e e n u m e r a m o s al fin de esta
introducción.
C o m o y a h e m o s i n d i c a d o , la p r i m e r a edición del texto en
sus l e n g u a s o r i g i n a l e s es la de Monumento hecha en 1904. No
creyeron conveniente los editores p u b l i c a r simultáneamente la
traducción latina. En c a m b i o , en la n u e v a edición hecha por
Monumenta en 1943, ha parecido útil publicar los dos textos, u n o
enfrente de otro, con las correspondientes variantes críticas de
todos los manuscritos q u e se conocen. L a p r i m e r a edición de
1904 fue y a , en general, m u y correcta. A a l g u n a q u e otra
lección menos afortunada hay q u e añadir la colocación imper-
fecta de las a ñ a d i d u r a s m a r g i n a l e s , que a l g u n a s veces son rele-
g a d a s al aparato crítico y otras son insertadas en el texto sin
avisar al lector.
La edición presentada en el v o l u m e n Fontes narrativi de
S. Ignatio es fruto de un m i n u c i o s o estudio de los manuscritos,
revisados n u e v a m e n t e con la m a y o r diligencia posible. Se adop-
tan c o m o textos básicos el códice N y el códice Co (latino de
D u C o u d r e t ) . L a s añadiduras m a r g i n a l e s del códice N, t o m a d o
c o m o base, se dejan en su l u g a r para q u e mejor p u e d a verse el
papel q u e desempeñan. En esta edición podrá criticarse el siste-
ma e m p l e a d o para la transcripción ortográfica, quizá d e m a s i a d o
m o d e r n i z a d a y no siempre constante; p e r o es m é r i t o del difunto
padre Dionisio Fernández Zapico, q u e a su preparación dedicó
largas fatigas y desvelos, el q u e el texto q u e d e r e p r o d u c i d o con
la m a y o r fidelidad. Por eso no hemos creído conveniente sepa-
5 9
rarnos de é l .
Nuestra edición reproduce la del t o m o Fontes narrativi, de
Monumenta. M o d e r n i z a m o s la ortografía, pero dejamos intactas
las formas arcaicas, q u e no ofrecen dificultad n i n g u n a para los

5 9
El P. Larrañaga en su edición de la Autobiografía, publicada en Obras completas de
San Ignacio vol.l, nos dice que reproduce también la edición de Fontes narr., pero
permitiéndose introducir algunos cambios (p.98). Acaso el más notable sea el del núme-
ro 87, en que vuelve a la lectura «preti» o clérigos, en lugar de la lectura «predetti»
introducida en Fontes narr. En nuestro artículo Notas ignacianas: I. Una lectura controvertida
de la Autobiografía: <(preti» o «predetti».(F.studios Eclesiásticos, 24 [1950] 91-97) creemos
Introducción del P. Dalmases 89

lectores y mantienen en el texto el sabor de lo a n t i g u o . L a s


adiciones m a r g i n a l e s las p o n e m o s en su l u g a r para q u e aparezca
más claramente q u e son a l g o añadido por el P. Cámara. La
parte italiana la p u b l i c a m o s en esta l e n g u a , en que fue dictada
por Cámara, y a d e m á s en una traducción nuestra, a fin de q u e
su lectura sea más fácil para todos los lectores. M a n t e n e m o s la
división en capítulos y la n u m e r a c i ó n de párrafos de las anterio-
res ediciones de Monumenta. Anteponemos al texto los dos
p r ó l o g o s , p r i m e r o el del P. Nadal y a continuación el del
P. Cámara. Cuanto a las notas, hemos p r o c u r a d o atender a la
claridad y a la b r e v e d a d , declarando tan sólo los puntos q u e
ofrecen a l g u n a d u d a . Solamente en a l g u n o s casos especialmente
difíciles o recientemente estudiados hemos sido más extensos.
D a d o q u e esta edición refleja nuestra edición precedente de
Monumenta, a nadie extrañará q u e remitamos con frecuencia
únicamente a ella, p r o c u r a n d o eliminar las citas menos necesa-
rias, q u e p o d r á n encontrarse en dicha edición.

haber defendido la lectura «predetti» contra las dificultades que le opone el erudito
editor. Aceptamos el cambio del P. Larrañaga en la puntuación de un pasaje difícil del
n.89. El método adoptado en la transcripción de las notas marginales de Cámara,
incorporando unas en el texto entre asteriscos y relegando otras a las notas, nos parece
menos conforme con el carácter de estas añadiduras.
BIBLIOGRAFÍA
EDICIONES DE LA «AUTOBIOGRAFÍA»

Texto original español-italiano:


Las ediciones de MHSI: en 1904, Scripta de S. Ignatio vol.l, y 1043,
Fontes narrativi de S. Ignatio vol.l.

Latín:
Acta antiquíssima a P. Ludovico Consalvo, S.I., ex ore Sancti excepta et a
P. Hannibale Codretto, eiusdem S.I., in Latinum conversa: Acta Sancto-
rum Iulii, t.7 p.634-654.
Acta quaedam P. N. lgnatii de Loyola primarii secundum Deum institutoris
Societatis Iesu a Ludovico Consalvo ex eiusdem ore Sancti excepta. Pari-
siis typis Julii Le Clerc et S o c , 1873 [ = Selecta Bibliotheca
Ignatiana. I].—Cuidó de esta edición el P. Elesbán de Guilhermy
(cf. SOMMERVOGEL, Bibliothéque t.2 col. 1264).

Español:
San Ignacio de Loyola. Autobiografía y Constitución canónica de la Compañía
de Jesús. Edición y traducción en parte del latín y del italiano, con
a
introducciones y notas de JOSÉ M . MARCH, sacerdote de la misma
Compañía (Barcelona 1929) [ = Biblioteca Manual sobre la Com-
pañía de Jesús. Serie primera: Textos, I].
Autobiografía. Transcripción del P. Luís GONZÁLEZ DE CÁMARA (Bue-
nos Aires, Ed. Cultural, 1943).
Obras completas de San Ignacio de Loyola. Tomo I, Autobiografía-Diario
espiritual. Introducción y comentarios del R. P. VICTORIANO LA-
RRAÑAGA, S.I. (Madrid, BAC, 1947).
Autobiografía de Ignacio de Loyola. Presentación de JOSÉ CORREA (Santia-
go de Chile, Centro de espiritualidad ignaciana, 1987).

Alemán:
Die Bekenntnisse des Ignatius von Loyola, übersetz von HEINRICH BOEH-
MER (Leipzig 1902).
Lebenserinnerungen des hl. Ignatius von Loyola. Nach dem spanisch-italie-
nischen Urtext übertragen, eingeleitet und mit Anmerkungen ver-
sehen von ALFRED FEDER, S.I. Mit einem Titelbild (Regensburg
1922).
Der Bericht des Pilgers. Übersetzt und erláutert von BURKHART SCHNEI-
DER, S.I. (Verlag Herder, Freiburg [1956]. Segunda ed. 1963).
Tercera ed. 1977.
Árabe:
Yaumiyat-al-sa'ih <ala turuq-al-rabb (Minia, Egipto 1980) por el
P. JEAN FAURE.
Introducción del P. Dalmases 91

Catalán:
El Pelegrí. Autobiografía de San Ignasi de Loyola. Traducció i comentan
de JOSEP RAMBLA (Barcelona, Claret, 1983, col. Horitzons 9).

Croata:
Autobiografija, en Nácela Je^uita. Sveti Ignacije i Dru^ba Isusova (Beo-
grad, Mladost, 1987).
Checo:
Pameti svatého lgnace ^ Lqyoly %akladatele tovarysstva je^ísova prelo^il,
úvodem a po^námkami opatril. JAROSLAV OVECKA, S.J. V (Praze
1929).
Eslovaco:
Zápisky %o %ivota pútnica - Zivotopis sv. Ignáca £ Loyoli. STEFAN SENCIK
(Roma 1961).
Finlandés:
Ignatius de Loyola. Pyhiinvaeltajan kertomus. Johdanto suomennos, selity-
kset SEPPO A. TEINONEN (Helsinki 1979 = Hengen Tic, 2).
Francés:
Le Récit du Pélerin. Saint lgnace raconté par lui-méme au Pére L.
Gonzalés de Cámara. Premiére traduction fracaise. EUGÉNE THI-
BAUT, S.I. (Louvain 1922).—Segunda edición en 1924: Museum
Lesianum, Section Ascétique et Mystique, n . l 5 .
Le Récit du Pélerin, autobiographie de Saint lgnace de Loyola, troisié-
me édition entiérement refondue par A. THIRY, S.I. (Louvain,
Desclée de Brouwer, 1956). Ed. reciente (Namur 1989) suprime la
introd. y reduce las notas.
Autobiographie. Trad., introd. et notes par ALAIN GUILLERMOU (París,
Seuil, 1982). Reimpresión de la ed. de 1962.
lgnace de Loyola. Récit écrit par le Pére Louis Goncalves aussitót qu'il l'eut
recueilli de la bouche méme du Pére lgnace... Trad. par ANTOINE LAU-
RAS, Introd., notes et index par J.-C. DHÓTEL (Paris, Desclée,
1988. Christus 65).
Holandés:
De Lotgevallen van den Zwerver door P. Louis GONZALES, S.I. Neder-
landsche vertailing uit het latijn van JAN J . P. CREYGHTON met
een voorwoord van Dr. L. DE JONGE, S.I. 's-Hertogenbosch.
(Imprimatur, 1937.)
Het verhaal van de pelgrim. Ignatius van Loyola. Autobiografie (Nijmegen,
B. Gottmer, y Brugge, Emmaüs, 1977), por CHRISTOF VAN BUIJ-
TENEN.

Húngaro:
Loyolai S^ent Ignác viss^aemléke\esi. Fordidotta: ANDRÁS GYENIS, S.I.
(Budapest 1934).
92 Autobiografía

Inglés:
The Autobiography of St. Ignatius. Edited by j . F. X . O'CONNOR, S.I.
(New York, Benziger Brothers, 1 9 0 0 ) .
The Testament of Ignatius Layóla. Translated by E. M. Rix. With Prefa-
ce by GEORGE TYRRELL, S.I. (London 1 9 0 0 ) .
St Ignatius' own story as told to Luis González de Cámara. Tr. WILLIAM J .
YOUNG, S.I. (Chicago, Regnery, 1 9 5 6 ; nueva edición «With a
sampling of his Letters». Chicago, Loyola University Press, 1 9 6 8 ) .
The Autobiography of St. Ignatius Loyola with Kelated Documents. Tr. de
J . F. O'CALLAGHAN, introducción y notas de J . C. COLÍN (New
York, Harper and Row, 1 9 7 4 ) .
A Pilgrim's Testament. The Memoirs of Ignatius of Loyola. Transí, by
PARMANANDARI DIVARKAR (Roma, P.U.G., 1 9 8 3 ) .
A Pilgrim's Journey. The Autobiography of Ignatius of Loyola. Introd.,
Translat. and Comment. by JOSEPH N. TYLENDA (Wilmington
Delaware, M. Glazier, 1 9 8 5 ) .
Iñigo: Original Testament. The Autobiography of St. Ignatius Loyola. Trans-
lated by WILLIAM YEOMANS. With introd. by WILLIAM HEWETT
(London, Iñigo Enterprises, 1 9 8 5 . Iñigo Text Series 1 ) .
Italiano:
SantTgna\io di Loyola. Esera\i Spiritua/i, preceduti dalla sua Autobiogra-
fía. Prefazione di Giovanni Papini. Cronología e bibliografía (Fi-
renze 1 9 2 8 ) . Librería Editrice Fiorentina [ = I libri della fede,
vol.35].
Autobiografía e Diario spiritua/e. Traducción de F. GUERELLO, introduc-
ción y notas de G. RAMBALDI (Firenze, Librería Editrice Fiorenti-
na, 1 9 5 9 ) .
// racconto del pellegrino. Autobiografía di sant 'Ignacio di Loyola. A cura di
ROBERTO CALASSO (Milano, Adelphi, 1 9 6 7 ) .
Autobiografía. Storia di una voca^ione e di una missione. Trad. e note di
G. BISOL-G. CASOLARI (Milano, San Fedele, 1 9 8 6 , Gesuiti: Biogra-
fíe e documenti 1 ) .
Ignacio di Loyola. Racconto di un pellegrino. Introduzione, trad. e note a
cura di GIUSEPPE DE GENNARO (Roma, Cittá Nuova, 1 9 8 8 . Spiri-
tualitá nei secoli 3 5 ) .
Polaco:
Opowiesc pielgr^yma cvryli Autobiografía. En Sw. Ignacy Loyola. Pisma
nybrane. Komentar^e vol.l p. 1 6 3 - 2 6 5 (Kraków, Wydawnictwo
Apostolstwa Modlitwy, 1 9 6 8 ) .
Sueco:
Ignatius av Loyola. Pilgrimens beráttelse (Uppsala, Katolska Bokfórlaget,
1 9 8 1 ) , por JARL EKMAN y HERMÁN SEILER.

Tailandés:
Pravat kong Nang Boon Inasio (lao doi tan Nan Boon aeng) (Krung Thap
[ = Bangkok], Chab Ras Kan Pim, 2 5 2 3 [ = 1 9 8 0 ] ) .
Introducción del P. Dalmases 93

E S T U D I O S

Además de las introducciones a las ediciones en las diferentes lenguas,


entre las cuales merecen citarse la del tomo de MHSI, Fontes
narrativi vol.l p.323-352, y la del P. VICTORIANO LARRAÑAGA,
Obras completas de San Ignacio t.l p.11-99, pueden verse los siguien-
tes estudios:
HEINRICH BOEHMER, Studien %ur Geschichte der Gesellschaft Jesu (Bonn
1914) I Band, Loyola. Die Quellen %ur Geschichte Loyolas. 3. Die
Acta antiquissima p.310-318. En la segunda edición de la obra de
Boehmer, cuidada por HANS LEUBE (Leipzig [1941] p.235-242). En
la tercera edición (1951), por el mismo Hans Leube, se omite
totalmente el estudio sobre las fuentes de la Vida de San Ignacio.
JOSEF SUSTA, Ignatius von Lqyola's Selbstbiographie. Eine Quellenges-
chichtliche Studie von J . S.: Mitteilungen des Instituís für Oester-
reichische Geschichtsforschung, 26 (Innsbruck 1905) 45-106, 1
Heft.
PIETRO TACCHI VENTURI, Storia de lia Compagnia di Gesú in Italia vol.2
a
p.l.a 2. ed. (Roma 1950) p.XVI-XX.
JEAN FRANCOIS GILMONT, Les e'crits spirituels des premiers Je'suites (Ro-
ma, Institutum Historicum S.I., 1961) p.28-29.
MAURIZIO COSTA, Aspetti dello stile di ele^ione di S. Ignacio nell'Auto-
biografía (Roma, Centrum Ignatianum Spiritualitatis, 1974) = Sub-
sidia 6.

NUEVAS TRADUCCIONES DE LA «AUTOBIOGRAFÍA»

Árabe:
Yaumiyat-al-sa' ih <ala turuq-al-rabb (Minia, Egipto 1980), por el P.
JEAN FAURE.

Chino:
Sheng I-na-chüe Lao-yao-la t^u-shu hsiao-chuan (Taichung, Kuangchi Press,
1976), por JOSEPH T. Hou.

Finlandés:
Pyhiinvaeltajan kertomus (Helsinki, Kirjanelió, 1979). Traducción y no-
tas por SEPPO A. TEINONEN.
AUTOBIOGRAFÍA

1
PROLOGO DEL P. NADAL

Pide a San Ignacio que exponga a sus hijos la manera con que Dios le
rigió desde el principio de su conversión. Después de mucho rogarle,
lo consigue.

1 *. H a b í a m o s oído decir otros Padres y y o a nuestro


Padre I g n a c i o q u e había deseado que Dios le concediese tres
beneficios antes de morir: el p r i m e r o , q u e el instituto de la
C o m p a ñ í a fuese confirmado por la Sede Apostólica; el s e g u n d o ,
q u e lo fuesen i g u a l m e n t e los Ejercicios espirituales; el tercero,
q u e pudiese escribir las Constituciones.
2*. R e c o r d a n d o y o esto, y v i e n d o que lo había consegui-
2
do t o d o , temía no fuera ya l l a m a d o de entre nosotros a mejor
vida; y, sabiendo q u e los santos padres fundadores de a l g ú n
instituto monástico habían dejado a sus descendientes, a m o d o
de testamento, aquellos avisos q u e habían de a y u d a r l e s para la
perfección, buscaba la oportunidad para pedir lo m i s m o al
P. I g n a c i o . Sucedió, pues, que, estando juntos un día del año
3
1 5 5 1 , me dijo el P. Ignacio: — A h o r a estaba yo más alto q u e el
c i e l o — ; dando a entender, s e g ú n creo, q u e acababa de experi-
mentar a l g ú n éxtasis o rapto, como con frecuencia le acaecía.
Con toda veneración le p r e g u n t é : — ¿ Q u é quiere decir,
P a d r e ? — El desvió la conversación. Pensando que aquél era el
m o m e n t o o p o r t u n o , le pedí instantemente que quisiese expo-
nernos el m o d o c o m o Dios le había d i r i g i d o desde el principio
de su conversión, a fin de q u e aquella relación pudiese servir-
nos a nosotros de testamento y enseñanza paterna. — P o r q u e , le
dije y o , habiéndoos concedido Dios aquellas tres cosas q u e
deseabais ver antes de vuestra muerte, tememos no seáis llama-
do ya a la g l o r i a .

1
Traducimos del latín este prólogo que Nadal escribió en fecha incierta, entre 1561 y
1567. El original latino puede verse en Fontes narr. I 354-363, al pie de las páginas.
2
La Compañía de Jesús fue confirmada oficialmente por Paulo III el 27 de septiem-
bre de 1540: el libro de los Ejercicios espirituales fue aprobado por el mismo Papa el 31 de
julio de 1548; del 1547 al 1550 escribió San Ignacio las Constituciones de la Compañía.
3
Parece que debió decir 1552, porque durante todo el año 1551 permaneció Nadal en
Sicilia, de donde no volvió a Roma hasta el 5 de enero de 1552.
96 Autobiografía

3*. El Padre se excusaba con sus ocupaciones, diciendo


que no podía dedicar su atención y su tiempo a esto. Con todo,
añadió: — C e l e b r a d tres misas a esta intención, v o s , Polanco y
4
P o n d o , y después de la oración referidme lo q u e p e n s á i s — .
— P a d r e , pensaremos lo m i s m o que pensamos a h o r a — . Y él
añadió con g r a n suavidad: — H a c e d lo q u e os d i g o — . Celebra-
mos las misas, y después de referirle lo que pensábamos, pro-
5
metió que haría lo que p e d í a m o s . Al año s i g u i e n t e , a mi
regreso de Sicilia y estando a p u n t o de ser e n v i a d o a España,
p r e g u n t é al Padre si había hecho a l g o . — N a d a — m e dijo.
C u a n d o v o l v í de España el año 1554, v o l v í a p r e g u n t a r l e de
6
n u e v o : no había hecho n a d a . Pero entonces, m o v i d o de no sé
q u é i m p u l s o , insistí de n u e v o : — H a c e ya casi cuatro años desde
que os v e n g o p i d i e n d o , Padre, no sólo en mi n o m b r e , sino en el
de los demás, q u e nos e x p o n g á i s el m o d o c o m o el Señor os fue
llevando desde el principio de vuestra conversión; p o r q u e con-
fiamos q u e saber esto será sumamente útil para nosotros y para
la Compañía; pero, c o m o veo q u e no lo hacéis, os q u i e r o
a s e g u r a r una cosa: si nos concedéis lo q u e tanto deseamos,
nosotros nos aprovecharemos m u c h o de esta gracia; si no lo
hacéis, no por eso decaeremos de á n i m o , sino que tendremos
tanta confianza en el Señor como si lo hubieseis escrito todo.
4*. El Padre no respondió nada, pero, creo que el m i s m o
7
día, l l a m ó al P. L u i s G o n z á l e z y empezó a contarle las cosas
que después éste, con la excelente m e m o r i a q u e tiene, ponía por
escrito. Estos son los Hechos del P. Ignacio q u e corren de m a n o
en mano. El P. Luis fue elector en la primera C o n g r e g a c i ó n
8
g e n e r a l , y en la misma fue e l e g i d o asistente del general,
P. L a í n e z . M á s tarde fue preceptor y director del rey de Portu-
gal D. Sebastián, padre de insigne virtud. El P. González
escribió parte en español y parte en italiano, s e g ú n los a m a -
nuenses de q u e podía disponer. Hizo la traducción el P. A n í b a l
9
de C o d r e t t o , hombre m u y docto y piadoso. L o s dos v i v e n
aún, el escritor y el traductor.

4
Poncio Cogordan, francés, procurador de la casa.
5
Año 1553. Véase la nota 2. Después de hacer la profesión en Roma el 25 de marzo
de 1552, volvió Nadal a ser enviado a Sicilia. En enero de 1553 fue llamado otra vez a
Roma, desde donde, en abril, salió para España y Portugal para promulgar las Constitu-
ciones y visitar aquellas provincias de la Compañía.
6
En este punto se equivoca Nadal, puesto que en 1553 comenzó San Ignacio a dictar
sus memorias. Véase el Prólogo del P. Cámara, n.l*, 3*.
7
Sobre el P. Luis Goncalves da Cámara véase la introducción a la Autobiografía p.75
nota 1.
8
Tuvo ésta lugar en 1558.
' Sobre el P. Aníbal du Coudret véase la misma introducción, p.86 nota 51.
PROLOGO DEL P. L U I S GONCALVES
D A C Á M A R A

1*-2*. San Ignacio se determina a referir su vida.—i*-5*. Cómo y


en qué tiempo fue escrita la Autobiografía.

1 *. El año de 53, un viernes a la mañana, 4 de a g o s t o ,


víspera de Nuestra Señora de las N i e v e s , estando el Padre en el
1
huerto, junto a la casa o aposento q u e se dice del D u q u e , y o le
empecé a dar cuenta de a l g u n a s particularidades de mi alma, y
entre las otras le dije de la v a n a g l o r i a . El Padre me dio por
remedio que muchas veces refiriese a Dios todas mis cosas,
trabajando de ofrecerle todo lo bueno que en mí hallase, reco-
nociéndolo por s u y o y dándole g r a c i a s dello; y en esto me
habló de manera q u e me consoló m u c h o , de manera que no
p u d e detener las l á g r i m a s . Y así me contó el Padre c ó m o dos
años había sido trabajado deste vicio, en tanto q u e , cuando se
embarcaba en Barcelona para J e r u s a l é n , no osaba decir a nadie
2
que iba a J e r u s a l é n , y asi en otras particulares semejantes; y
añadió más, cuánta paz acerca desto había sentido después en su
alma. De ahí a una hora o dos nos fuimos a comer, y estando
3
c o m i e n d o con el M a e s t r o P o l a n c o y y o , nuestro Padre dijo q u e
muchas veces le habían pedido una cosa M a e s t r o Nadal y otros
de la C o m p a ñ í a , y q u e nunca había determinado en ello; y q u e ,
después de haber hablado c o n m i g o , habiéndose r e c o g i d o en su
cámara, había tenido tanta devoción e inclinación a hacello; y
— h a b l a n d o de manera q u e mostraba haberle dado Dios g r a n d e
claridad en deber h a c e l l o — q u e se había del todo determinado;
y la cosa era declarar cuanto por su á n i m a hasta a g o r a había
pasado; y q u e tenía también determinado q u e fuese y o a quien
descubriese estas cosas.

1
Esta parte de la antigua casa de Roma parece que se llamaba del Duque por haberla
habitado el duque de Gandía, San Francisco de Borja, cuando en 1550-1551 estuvo en
Roma con ocasión del jubileo del Año Santo. Aunque el Santo había hecho ya la solemne
profesión religiosa el 1 de febrero de 1548, todavía no había hecho pública su entrada en
la Compañía.
2
Véase más abajo, p . l l l n.36.
3
El P. Juan Alfonso de Polanco, natural de Burgos, entró en la Compañía en 1541.
A principios de 1547 fue nombrado secretario de la Compañía, cargo que desempeñó
durante los generalatos de San Ignacio, del P. Diego Laínez y de San Francisco de Borja,
hasta 1573. Murió en Roma en 1576.
98 Autobiografía

2*. El Padre estaba entonces m u y malo, y nunca acostum-


brado a prometerse un día de vida; antes cuando a l g u n o dice:
— Y o haré esto de aquí a quince días, o de aquí a ocho d í a s — ,
el Padre siempre, c o m o espantado, dice: — ¡ C ó m o ! ; ¿y tanto
pensáis v i v i r ? — Y , todavía, aquella vez dijo q u e esperaba v i v i r
tres o cuatro meses para acabar esta cosa. El otro día y o le hablé
p r e g u n t a n d o cuándo quería comenzásemos; y él me respondió
q u e se lo acordase cada día (no me acuerdo cuántos días) hasta
que tuviese disposición para ello; y así, no la teniendo presente
por ocupaciones, v i n o después en q u e se le acordase cada
4
d o m i n g o ; y así, en el s e t i e m b r e (no me a c u e r d o cuántos días)
el Padre me l l a m ó , y me empezó a decir toda su vida y las
travesuras de mancebo clara y distintamente con todas sus
circunstancias; y después me l l a m ó en el m i s m o mes tres o
cuatro veces, y llegó con la historia hasta estar en Manresa
5
a l g u n o s días, c o m o se ve escrito de letra diferente .
3*. El m o d o q u e el Padre tiene de narrar es el que suele
en todas las cosas, q u e es con tanta claridad, q u e parece que
hace al h o m b r e presente todo lo q u e es pasado; y con esto no
era menester demandalle nada, p o r q u e todo lo q u e importaba
para hacer al hombre capaz, el Padre se acordaba de decillo. Y o
venía l u e g o inmediatamente a escrebillo, sin q u e dijese al Padre
nada, p r i m e r o en puntos de mi m a n o , y después más l a r g o ,
como está escrito. He trabajado de n i n g u n a palabra poner sino
las q u e he oído del Padre; y en cuanto a las cosas que temo
haber faltado, es que, por no d e s v i a r m e de las palabras del
Padre, no he podido explicar bien la fuerza de a l g u n a s dellas. Y
ansí esto escribí, c o m o arriba es dicho, hasta en setiembre de
53; y desde entonces hasta q u e v i n o el P. Nadal, a 18 de octubre
de 54, el Padre se fue siempre excusando con a l g u n a s enferme-
dades y con negocios diferentes que ocurrían, diciéndome:
— C o m o se acabare tal n e g o c i o , a c o r d á d m e l o — . Y , acabado
aquél, se lo acordaba, y él decía: — A g o r a estamos en este otro;
c o m o se acabare, a c o r d á d m e l o .
4*. M a s , v e n i d o el P. Nadal, h o l g á n d o s e m u c h o de lo q u e
estaba comenzado, me m a n d ó que importunase al Padre, di-
ciéndome muchas veces q u e en n i n g u n a cosa podía el Padre

4
En el texto, n.10, se dice que algunas cosas fueron escritas en agosto. Probable-
15
mente la narración empezó a fines de este mes. Cf. Fontes narr. I 328 374.
5
Dónde se hizo esta primera interrupción, no consta con certeza. Puede asegurarse,
con todo, que tuvo que ser antes del n.30. Véase lo que sobre este punto dijimos en la
introducción a la Autobiografía p.71.
Prólogo del P. Cámara 99

hacer más bien a la C o m p a ñ í a q u e en hacer esto, y q u e esto era


6
fundar v e r d a d e r a m e n t e la C o m p a ñ í a ; y ansí él m i s m o habló al
Padre m u c h a s veces, y el Padre me dijo que y o se lo acordase
7
c o m o se acabase el n e g o c i o de la dotación del c o l e g i o ; y
8
después de acabado, como se acabase lo del P r e s t e y se partiese
el correo. E m p e z a m o s a seguir la historia a 9 de marzo. L u e g o
comenzó a p e l i g r a r el papa J u l i o III, y se m u r i ó a los 2 3 , y el
Padre fue difiriendo la cosa hasta q u e hubiese Papa, el cual,
c o m o le hubo, l u e g o también enfermó y m u r i ó (que fue
9
M a r c e l o ) . El Padre dilató hasta la creación del papa Pau-
1 0
lo I V , y después, con los m u c h o s calores y las muchas ocupa-
ciones, siempre se ha detenido hasta 21 de septiembre, que se
c o m e n z ó a tratar de m a n d a r m e a España, por lo cual y o apreté
m u c h o al Padre q u e cumpliese lo que me había prometido; y así
1 1
ordenólo ahora para los 22 a la mañana en la T o r r e R o j a ; y
1 2
ansí, acabando y o de decir M i s a , me presenté a él para pre-
g u n t a r l e si era hora.
5*. M e respondió q u e fuese a esperarle en la T o r r e Roja
para q u e , c u a n d o él llegase, estuviese y o allí. Comprendí que
tendría q u e a g u a r d a r l e l a r g o rato en aquel sitio, y, mientras
me entretuve en un pórtico hablando con un H e r m a n o que me
había p r e g u n t a d o una cosa, l l e g ó el Padre y m e reprendió
p o r q u e , faltando a la obediencia, no le había esperado en la

6
La insistencia de Nadal en pedir a San Ignacio la relación de los hechos de su vida
proviene de un principio por él repetidas veces inculcado, y es que la Compañía tiene a
San Ignacio no sólo como autor escogido por Dios, sino como modelo al cual tiene que
imitar. Este principio lo repite, entre otros pasajes, en las pláticas pronunciadas ante los
padres y hermanos del Colegio Romano el año 1557, publicadas en Fontes narr. II 1-10.
Véanse también los otros pasajes citados en la nota 18 de la introducción a la Autobiogra-
fía p.77.
7
Se trata de la fundación del Colegio Romano con rentas fijas, deseada por Julio III
y frustrada con la muerte de este Papa (23 de marzo de 1555). Cf. MI, Epp. VIII 664;
Chron. V 12ss; Fontes narr. I 58* 606-661; RIBADENEIRA, De Actis n.37; Fontes narr. II 341-
343; Vida 1.5 c.9.
8
Trata de la misión de Etiopía, a la que fueron enviados los primeros misioneros a
fines de 1554 o principios de 1555. Véase Fontes narr. 1 361 nota 11.
9
Marcelo II (Marcelo Cervini) fue elegido el 9 de abril de 1555 y murió el 30 de
aquel mismo mes.
1 0
Paulo IV (Juan Pedro Carafa), cuya elevación al sumo pontificado tuvo lugar el 23
de mayo de 1555.
11
La llamada Forre Rossa, que se anexionó a la casa de la Compañía, fue comprada el
5 de diciembre de 1553. Cf. Fontes narr. II 484 y los pasajes allí citados; Fontes narr. III
179.767.768.
12
Los manuscritos castellanos que actualmente se conservan terminan todos en este
punto, dejando cortada la frase. El P. Ignacio Pien, que por los años 1730 y 1731 estuvo
en Roma recogiendo documentos sobre San Ignacio para su hermano Juan, bolandista,
tuvo en sus manos un manuscrito castellano, hoy día perdido, que contenía íntegro en
dicha lengua el prólogo del P. Cámara. Cf. Fontes narr. I 348. A falta del texto original,
traducimos del latín lo que queda hasta el fin del prólogo.
100 Autobiografía

Torre Roja; y no q u i s o hacer nada en todo a q u e l día. Después


v o l v i m o s a insistirle m u c h o . Y así v o l v i ó a la T o r r e Roja, y
dictaba paseando, c o m o siempre había dictado antes. Y o , para
o b s e r v a r su rostro, m e acercaba siempre un poco a él, y el
1 3
Padre me decía: — O b s e r v a d la r e g l a — . Y a l g u n a vez q u e ,
o l v i d á n d o m e de su aviso, me acerqué a él — y recaí en esto dos
o tres v e c e s — , el Padre me repitió el m i s m o aviso y se marchó.
A l fin v o l v i ó después para acabar de dictarme en la misma
T o r r e lo q u e queda escrito. Pero, como y o estaba desde hacía
tiempo a p u n t o de e m p r e n d e r mi viaje (puesto q u e la víspera de
mi partida fue el ú l t i m o día en q u e el Padre habló c o n m i g o de
14
esta m a t e r i a ) , no p u d e redactar todo por extenso en R o m a . Y ,
no teniendo en G e n o v a un a m a n u e n s e español, dicté en italiano
lo q u e de R o m a traía escrito en resumen, y terminé la redacción
15
en diciembre de 1555, en G e n o v a .

C A P I T U L O I

/. Juventud de San Ignacio. La herida de Pamplona.—2. Es trasla-


dado a Loyola, donde se somete con gran fortaleza a una dolorosísi-
ma operación.—3. Recibe ¿os Sacramentos. En la víspera de los
Santos Pedro y Pablo empieza a experimentar una mejoría.—
4-5. Quiere que se le corte un hueso deforme. En su convalecencia
lee libros piadosos.—6. Es agitado por diversos espíritus.

1
1. Hasta los veintiséis años de su e d a d fue h o m b r e d a d o a
las v a n i d a d e s del m u n d o , y principalmente se deleitaba en ejer-

13 a
La regla 2. de la modestia, tal como estaba redactada en tiempo de San Ignacio,
decía así: «Los ojos se tengan commúnmente baxos, sin alearlos mucho, ni girarlos
mucho a una parte y otra; y hablando con alguno, special si es persona de respecto, no se
ternán fixos en su rostro, antes baxos, commúnmente» (MI, Kegulae Societatis lesa [1540-
1556] p.518). Aunque las reglas de la modestia no fueron promulgadas solemnemente
hasta el año 1555, puede decirse que ya antes estaban en vigor. Véase ib., p.514.
14
Del n.99 se desprende que el último coloquio de San Ignacio con el P. Cámara
tuvo lugar el 20 de octubre.
15
La parte de la Autobiografía que el P. Cámara dictó en italiano se extiende desde
empezado el n.79 hasta el final de la obra. Dicho padre y el P. Nadal salieron de Roma el
23 de octubre de 1555, el primero enviado a Portugal y el segundo a España. Aquel
mismo día salía para Flandes el joven Pedro de Ribadeneira para agenciar la admisión
de la Compañía en aquel país. Véase fontes narr. I, Chronoiogia p.59*: MI, Epp. X 38. El
P. Cámara volvió a Roma, ya muerto San Ignacio, en 1558, para asistir a la Congregación
general primera, en la que salió elegido asistente de Portugal. Véase el prólogo del P.
Nadal, n.4*.
1
Sobre la dificultad que crea este pasaje para fijar el año en que nació San Ignacio,
\ éase lo que dijimos en la Introducción (p.82-83).
Capitulo 1 101

cicio de a r m a s , con un g r a n d e y v a n o deseo de g a n a r honra.


Y así, estando en una fortaleza q u e los franceses combatían, y
siendo todos de parecer q u e se diesen, salvas las v i d a s , por ver
claramente q u e no se podían defender, él dio tantas razones al
2
a l c a i d e , que t o d a v í a lo persuadió a defenderse, a u n q u e contra
parecer de todos los caballeros, los cuales se conhortaban con
su á n i m o y esfuerzo. Y v e n i d o el día q u e se esperaba la batería,
él se confesó con u n o de aquellos sus compañeros en las ar-
3
m a s ; y después de durar un buen rato la batería, le acertó a él
una b o m b a r d a en una pierna, quebrándosela toda, y p o r q u e la
pelota pasó por entrambas las piernas, también la otra fue mal
herida.
2. Y así, c a y e n d o él, los de la fortaleza se rindieron l u e g o
a los franceses, los cuales después de se haber apoderado della,
trataron m u y bien al herido, tratándolo cortés y a m i g a b l e m e n t e .
Y después de haber estado doce o quince días en Pamplona, lo
llevaron en una litera a su tierra; en la cual, hallándose m u y
mal, y l l a m a n d o todos los médicos y cirujanos de m u c h a s
partes, juzgaron q u e la pierna se debía otra vez desconcertar y
ponerse otra vez los huesos en sus l u g a r e s , diciendo q u e por
haber sido mal puestos la otra vez, o p o r se haber desconcerta-
d o en el c a m i n o , estaban fuera de sus l u g a r e s , y así no podía
sanar. Y hízose de n u e v o esta carnecería; en la cual, así c o m o en
todas las otras q u e antes había pasado y después pasó, nunca
h a b l ó palabra, ni mostró otra señal de dolor q u e apretar m u c h o
los p u ñ o s .
3. Y iba todavía e m p e o r a n d o , sin poder comer, y con los
demás accidentes q u e suelen ser señal de muerte. Y l l e g a n d o el
día de San J u a n , por los médicos tener m u y poca confianza de
su salud, fue aconsejado q u e se confesase; y así, recibiendo los
Sacramentos, la víspera de San Pedro y San Pablo, dijeron los
médicos q u e , si hasta la media noche no sentía mejoría, se podía
2
Miguel de Herrera. Los franceses, una vez ocupada la ciudad de Pamplona, propu-
sieron la rendición del castillo. Herrera pidió conferenciar con el jefe de las tropas
enemigas, Andrés de Foix, señor de Asparros, y llevó consigo a dicha conferencia a tres
de los defensores, uno de los cuales era Iñigo. Según el P. Polanco, Ignacio fue el que
«disuadió también el acuerdo por parecerle vergonzoso, y así fue causa de que se pusiesen
en armas y se combatiese el castillo, resistiendo hasta que los muros fueron con la
artillería rotos y su pierna quebrada» (Sumario de las cosas más flotables que a la institución j
progreso de ta Compañía de jesús tocan, en Fontes narr. I 155).
3
Confesar los pecados a un seglar, a falta de sacerdote, fue uso de la Edad Media
recomendado por Santo Tomás de Aquino (In IV Sent. XVII q.3 a.3 q.2 sol.2). En el
Manual de confesiones de Fr. Hernando de Talavera, publicado en 1482, se recomienda con
estas palabras: «Peca el que lo ministra, sin sacerdote [la confesión], salvo en caso de
necesidad, cuando alguno, puesto en peligro de muerte, no podiendo aver sacerdote, se
quiere confesar al que no lo es; aunque esto no es de necesidad, ca si no puede haber
sacerdote, la contrición sola le basta» (Nueva Biblioteca de Autores Españoles t.16 [Madrid
1917] p.32).
102 Autobiografía

contar por m u e r t o . Solía ser el dicho infermo d e v o t o de San


Pedro, y así q u i s o nuestro Señor q u e aquella m i s m a media
noche se comenzase a hallar mejor; y fue tanto creciendo la
mejoría, q u e de ahí a a l g u n o s d í a s se j u z g ó q u e estaba fuera de
p e l i g r o de muerte.
4. Y v i n i e n d o ya los huesos a soldarse unos con otros, le
q u e d ó abajo de la rodilla un hueso e n c a b a l g a d o sobre otro, por
lo cual la pierna quedaba más corta; y quedaba allí el hueso tan
l e v a n t a d o , q u e era cosa fea; lo cual él no p u d i e n d o sufrir,
p o r q u e determinaba s e g u i r el m u n d o , y juzgaba que aquello le
afearía, se informó de los cirujanos si se podía a q u e l l o cortar; y
ellos dijeron q u e bien se podía cortar, mas q u e los dolores
serían m a y o r e s q u e todos los q u e había pasado, por estar a q u e -
llo ya sano, y ser menester espacio para cortarlo. Y todavía él se
determinó martirizarse por su propio g u s t o , a u n q u e su herma-
4
no más v i e j o se espantaba y decía q u e tal dolor él no se
atrevería a sofrir; lo cual el herido sufrió con la sólita paciencia.
5. Y cortada la carne y el hueso q u e allí sobraba, se
atendió a usar de remedios para q u e la pierna no quedase tan
corta, dándole m u c h a s unturas, y extendiéndola con instrumen-
tos continuamente, que muchos días le martirizaban. M a s nues-
tro Señor le fue dando salud; y se fue hallando tan bueno, q u e
en todo lo demás estaba sano, sino q u e no podía tenerse bien
sobre la pierna, y así le era forzado estar en el lecho. Y porque
era m u y d a d o a leer libros m u n d a n o s y falsos, que suelen llamar
de caballerías, sintiéndose bueno, pidió q u e le diesen a l g u n o s
dellos para pasar el tiempo; mas en aquella casa no se halló
n i n g u n o de los q u e él solía leer, y así le dieron un Vita Christi y
5
un libro de la vida de los Santos en r o m a n c e .
6. P o r los cuales l e y e n d o muchas veces, a l g ú n tanto se
aficionaba a lo q u e allí hallaba escrito. M a s , dejándolos de leer,
a l g u n a s veces se paraba a pensar en las cosas q u e había leído;
otras veces en las cosas del m u n d o q u e antes solía pensar. Y de
muchas cosas vanas q u e se le ofrecían, una tenía tanto poseído
su corazón, que estaba l u e g o e m b e b i d o en pensar en ella dos y
4
Llamábase Martín García de Loyola, hermano mayor de San Ignacio después de la
muerte del primogénito, Juan Pérez de Loyola, fallecido en Ñapóles el año 1496.
5
Los libros que leyó San Ignacio durante su convalecencia fueron la Vida de Cristo
escrita por el cartujo Ludolfo de Sajonia (| 1377), vulgarmente llamado «El Cartujano», y
traducida por Ambrosio Montesino. Cf. A. CODINA, LOS orígenes de los ejercicios espirituales
p.220ss. Creemos fue el P. Nadal el primero que dijo que la Vita Cbrisli era la del
Cartujano. Así lo dijo por lo menos desde la Apología de la Compañía contra los doctores
de París (1557). Véase Fontes narr. II p.64 y p. 186.234.404. Cf. p.429. El libro de vidas de
santos que leyó San Ignacio fue una tradución de la Legenda áurea del dominico Jacobo de
Vorágine (Varazze), muerto en 1298 en Genova, de donde fue arzobispo. San Ignacio
utilizó una edición castellana prologada por Fr. Gauberto M. Vagad. Cf. LETURIA, El
2 2
'íttitillwmbre Iñigo Lópe^ de Loyola p. 15óss¡ MHSI, Exeraíia spiritualia p. 38-46.
Capítulo 1 103

tres y cuatro horas sin sentirlo, i m a g i n a n d o lo q u e había de


hacer en servicio de una señora, los medios q u e tomaría para
6
poder ir a la tierra donde ella estaba, los m o t e s , las palabras
q u e le diría, los hechos de a r m a s q u e haría en su servicio. Y
estaba con esto tan envanecido, que no miraba cuan imposible
era poderlo alcanzar; p o r q u e la señora no era de v u l g a r nobleza:
no condesa, ni duquesa, mas era su estado más alto q u e n i n g u -
7
no d é s t a s .
7. T o d a v í a nuestro Señor le socorría, haciendo que suce-
diesen a estos pensamientos otros, que nacían de las cosas que
leía. P o r q u e , l e y e n d o la vida de nuestro Señor y de los santos,
se paraba a pensar, razonando consigo: — ¿ Q u é sería, si y o
hiciese esto que hizo San Francisco, y esto q u e hizo Santo
D o m i n g o ? — Y así discurría por muchas cosas q u e hallaba
buenas, proponiéndose siempre a sí m i s m o cosas dificultosas y
g r a v e s , las cuales cuando proponía, le parecía hallar en sí facili-
dad de ponerlas en obra. M a s todo su discurso era decir consi-
go: — S a n t o D o m i n g o hizo esto; pues y o lo t e n g o de hacer. San
Francisco hizo esto; pues yo lo tengo de hacer.— Duraban
8
también estos pensamientos buen v a d o , y después de inter-
puestas otras cosas, sucedían los del m u n d o arriba dichos, y en
ellos también se paraba g r a n d e espacio; y esta sucesión de
pensamientos tan diversos le duró harto tiempo, deteniéndose
siempre en el pensamiento que tornaba: o fuese de aquellas
hazañas m u n d a n a s q u e deseaba hacer, o destas otras de Dios
que se le ofrecían a la fantasía, hasta tanto q u e de cansado lo
dejaba, y atendía a otras cosas.
8. Había t o d a v í a esta diferencia: q u e cuando pensaba en
aquello del m u n d o , se deleitaba mucho; mas cuando después
de cansado lo dejaba, hallábase seco y descontento; y cuando

6
El sentido que tiene aquí esta palabra parece ser el primero que da Covarrubias en
su Tesoro de la lengua castellana o española (ed. de Madrid 1611): «Mote vale tanto como
sentencia dicha con gracia y pocas palabras. El griego le llama ánótpOeyítOt, el francés,
mot; de donde nosotros decimos mote. Algunas veces significa dicho agudo y malicioso,
que en latín llamamos dicterium, v de aquí se formó el verbo motejar, que es poner falta en
alguno.»
7
Cuál fue la dama de los pensamientos de Iñigo convaleciente, no se ha podido
descubrir con certeza. Las hipótesis hasta hoy propuestas se reducen a estas tres principa-
a a
les: 1 . , D. Germana de Foix, sobrina de Luis XII de Francia y segunda esposa de
a
Fernando el Católico, muerto en 1516; 2. , Catalina, hermana de Carlos V, nacida en
a
1507, que en 1525 casó con D. Juan III, rey de Portugal; 3. , Leonor, hermana mayor del
emperador y de Catalina, esposa que fue sucesivamente de Manuel, rey de Portugal, y de
Francisco I de Francia. Las tres hipótesis presentan serias dificultades. Germana de Foix
V Leonor de Habsburgo estaban casadas en el tiempo de los ensueños de Iñigo; Catalina
no pasaba por entonces de los catorce o quince años. Como San Ignacio guardó en este
punto absoluta reserva, será difícil dilucidarlo.
8
«Término desusado para significar tregua, espacio» (Diccionario de la lengua española,
por la Real Academia Española, ed. 1970).
106 Autobiografía

en ir a J e r u s a l é n descalzo, y en no comer sino hierbas, y en


hacer todos los demás rigores que veía haber hecho los santos,
no solamente se consolaba cuando estaba en los tales pensa-
mientos, mas, aun después de dejado, quedaba contento y alegre.
M a s no miraba en ello, ni se paraba
Este fue el primero dis- a p o n d e r a r esta diferencia, hasta en
curso que hizo en las tanto q u e una vez se le abrieron un
cosas de Dios; y des- poco los ojos, y empezó a maravillarse
pues, cuando hizo los d e diversidad, y a hacer reflexión
s t a

ejercicios, e aquí co- S Oella, c o g i e n d o por experiencia que


D r e
r r
menzo a tomar lumbre , ° . , . ^
e u n o s
para lo de la diversidad ^ pensamientos quedaba triste y
9 e o t T O S
de espíritus . ° alegre, y poco a poco v i n i e n d o
a conocer la diversidad de los espíritus
q u e se agitaban, el u n o del demonio y el otro de Dios.
9. Y cobrada no poca l u m b r e de aquesta lección, comenzó
a pensar más de veras en su vida pasada, y en cuánta necesidad
tenía de hacer penitencia della. Y aquí se le ofrecían los deseos
de imitar los santos, no m i r a n d o más circunstancias q u e prome-
terse así con la gracia de Dios de hacerlo c o m o ellos lo habían
hecho. M a s todo lo q u e deseaba de hacer, l u e g o c o m o sanase,
era la ida de J e r u s a l é n , como arriba es dicho, con tantas disci-
plinas y tantas abstinencias, cuantas un á n i m o generoso, encen-
dido de Dios, suele desear hacer.
10. Y ya se le iban o l v i d a n d o los pensamientos pasados
con estos santos deseos q u e tenía, los cuales se le confirmaron
con una visitación, desta manera. Estando una noche despierto,
v i d o claramente una i m a g e n de nuestra Señora con el santo
N i ñ o J e s ú s , con cuya vista por espacio notable recibió consola-
ción m u y excesiva, y q u e d ó con tanto asco de toda la vida
pasada, y especialmente de cosas de carne, q u e le parecían
habérsele q u i t a d o del ánima todas las especies q u e antes tenía en
1 0
ella pintadas. Así, desde aquella hora hasta el agosto de 5 3 ,
q u e esto se escribe, nunca más t u v o ni un m í n i m o consenso en
cosas de carne; y por este efeto se puede j u z g a r haber sido la
cosa de Dios, a u n q u e él no osaba determinarlo, ni decía más
q u e afirmar lo susodicho. M a s así su h e r m a n o c o m o todos los

9
Las experiencias de Loyola le sirvieron para cuando más adelante escribió en los
Ejercidos las Reglas de discreción de espíritus, la primera de las cuales, n.[314], dice así:
«La primera regla: en las personas que van de peccado mortal en peccado mortal, acostum-
bra comúnmente el enemigo proponerles placeres aparentes, haciendo imaginar delecta-
ciones y placeres sensuales, por más los conservar y aumentar en sus vicios y peccados, en
las quales personas el buen spíritu usa contrario modo, punzándoles las consciencias por
el sindérese de la razón.»
1 0
De este pasaje se desprende que San Ignacio empezó a dictar su Autobiografía en
agosto y no en septiembre, como por equivocación escribió el P. Cámara en su prólogo.
Véase p.98 nota 4.
Capítulo 1 107

demás de casa fueron conociendo por lo exterior la mudanza


q u e se había hecho en su á n i m o interiormente.
11. El, no se c u r a n d o de nada, perseveraba en su lección
y en sus buenos propósitos; y el tiempo q u e con los de casa
conversaba, todo lo gastaba en cosas de Dios, con lo cual hacía
p r o v e c h o a sus ánimas. Y g u s t a n d o m u c h o de aquellos libros, le
v i n o al pensamiento de sacar a l g u n a s cosas en breve más esen-
ciales de la vida de Cristo y de los san-
tos; y así se pone a escrebir un libro El cual tuvo quasi 3 0 0
con mucha diligencia — p o r q u e ya co- hojas todas escritas de
menzaba a levantarse un poco por ca- cuarto.
sa—: las palabras de Cristo, de tinta
colorada; las de Nuestra Señora, de tinta azul; y el papel era
bruñido y r a y a d o , y de buena letra, p o r q u e era m u y buen
11
e s c r i b a n o . Parte del tiempo gastaba en escrebir, parte en
oración. Y la m a y o r consolación q u e recebía era mirar el cielo y
las estrellas, lo cual hacía m u c h a s veces y por m u c h o espacio,
p o r q u e con aquello sentía en sí un m u y g r a n d e esfuerzo para
12
servir a nuestro S e ñ o r . Pensaba muchas veces en su propósi-
to, deseando y a ser sano del todo para se poner en camino.
12. Y echando sus cuentas, q u é es lo q u e haría después
q u e viniese de J e r u s a l é n para q u e siempre viviese en penitencia,
13
ofrecíasele meterse en la Cartuja de S e v i l l a , sin decir quién
era para q u e en menos le tuviesen, y allí nunca comer sino hier-
bas. M a s , cuando otra v e z tornaba a pensar en las penitencias
q u e a n d a n d o por el m u n d o deseaba hacer, resfriábasele el deseo
de la Cartuja, temiendo q u e no pudiese ejercitar el odio q u e
contra sí tenía concebido. T o d a v í a , a un criado de casa, q u e
iba a B u r g o s , m a n d ó q u e se informase de la regla de la Car-
14
t u j a , y la información q u e della t u v o le pareció bien. M a s ,
por la razón arriba dicha, y porque todo estaba e m b e b i d o en la
ida q u e pensaba presto hacer, y aquello no se había de tratar
sino después de la vuelta, no miraba tanto en ello; antes, ha-
llándose ya con a l g u n a s fuerzas, le pareció que era tiempo de

11
Entre otros autógrafos de San Ignacio, como son algunas cartas y su voto para la
elección de general en 1541, nos quedan de su mano algunas enmiendas puestas en el
manuscrito de los Ejercicios, que por eso se llama autógrafo, aun cuando esté escrito por un
copista, y en un ejemplar manuscrito de las Constituciones de la Compañía, en el que
también existen correcciones de mano del Santo.
12
Semejantes luces y consolaciones siguió experimentando hasta el fin de su vida, y
aún hoy se muestra en las «camerette di S. Ignacio», o aposentos que ocupó en Roma, un
balcón desde el cual contemplaba el cielo y prorrumpía en aquella exclamación que
comúnmente se le atribuye: «Cuan vil y baja me parece la tierra cuando miro al cielo».
13
Trátase de la cartuja de Santa María de las Cuevas, situada en las afueras de Sevilla,
hoy día desaparecida.
14
Era ésta la cartuja de Miraflores.
108 Autobiografía

15
partirse, y dijo a su hermano: — S e ñ o r , el d u q u e de N á j e r a ,
como sabéis, ya sabe q u e estoy bueno. Será bueno q u e v a y a a
16
N a v a r r e t e (estaba entonces allí el du-
Sospechaba el hermano q ) . El h e r m a n o le llevó a una camera
u e

y algunos de casa que después a otra, y con m u c h a s a d m i -


el quena hacer alguna k e • m a n o $ £
r
eran mutación. , , . ° 7
eche a perder; y q u e m i r e cuanta espe-
ranza tiene del la gente, y cuánto p u e d e valer, y otras palabras
semejantes, todas a intento de apartarle del buen deseo q u e
tenía. M a s la respuesta fue de manera que, sin apartarse de la
v e r d a d , p o r q u e dello tenía y a g r a n d e escrúpulo, se descabulló
17
del h e r m a n o .

C A P I T U L O I I

13. Sale de Loyola; visita el santuario de Nuestra Señora de Arán-


%a%u; se dirige a Navarrete; despide a los criados que le habían
acompañado.—14-15. Se encuentra con un moro, con el cual
disputa sobre la virginidad de María Santísima.—16. Compra un
traje de peregrino.—17-18. En Montserrat hace confesión general
y vela las armas en el altar de Nuestra Señora. Se dirige a
Manresa.

1
13. Y así, c a b a l g a n d o en una m u í a , otro h e r m a n o s u y o
q u i s o ir con él hasta Oñate, al cual persuadió en el c a m i n o q u e
2
quisiesen tener una v i g i l i a en nuestra Señora de A r á n z a z u ;

1 5
Antonio Manrique de Lara, duque de Nájera desde 1515 y virrey de Navarra desde
1516 hasta 1521, en cuyo servicio había estado San Ignacio hasta su herida en Pamplona.
Murió el 13 de diciembre de 1535. Sobre él puede verse L. SALAZAR Y CASTRO, Historia
genealógica de la Casa de Lara II p.170 y 175.
1 6
Navarrete es un pueblo situado cerca de Logroño, entre esta ciudad y Nájera.
1 7
No consta con certeza cuándo salió Ignacio de su casa paterna, pero puede
conjeturarse que fue a finales de febrero de 1522. Cf. Fontes narr. I. Chronohgia p.28*.

1
Era, según parece, Pero López de Loyola, sacerdote, quien en 1515 había sido
procesado con San Ignacio, y a partir de 1518, aproximadamente, fue rector de la iglesia
1
de San Sebastián de Soreasu, en Azpeitia. Cf. LETURIA, El gentilhombre p.238.
2
Los manuscritos de la Autobiografía leen Arancuz. Es Aránzazu un santuario dedica-
do a la Santísima Virgen cerca de Oñate. Sobre este santuario puede verse principalmente
JOSÉ ADRIÁN DE LIZARRALDE, O.F.M., Historia de la Virgen j del santuario de Arán^a^u
(Editorial «Aránzazu», Oñate 1950). Acerca de la vigilia de San Ignacio en este santuario
merecen recordarse las palabras del mismo Santo en carta a San Francisco de Borja a 20
de agosto de 1554: «Y de mí os puedo decir que tengo particular causa para la desear;
porque cuando Dios N. S. me hizo merced para que yo hiciese alguna mutación de mi
vida, me acuerdo haber recibido algún provecho en mi ánima velando en el cuerpo de
aquella iglesia de noche» (MI, Epp. VII 422; Fontes narr. I p.380 nota 2). Es probable que
Capítulo 2 109

en la cual haciendo oración aquella noche para cobrar nuevas


fuerzas para su camino, dejó el h e r m a n o en Oñate en casa de
3
una hermana q u e iba a v i s i t a r , y él se
Desde el día que se fue a Navarrete. Y , viniéndole a la me-
partió de su tierra moria de unos pocos de ducados q u e le
6 d Í s d p l Í M b a d e b í a n e n c a s a d e l d u c u e l e
ÍdTn h l > pareció
ca a noc e. q u e s e r ¡ a C O D r a rlos, p a r a \ Q l
c u a

escribió una cédula al tesorero; y diciendo el tesorero que no


tenía dineros, y sabiéndolo el d u q u e , dijo que para todo podía
faltar, mas q u e para L o y o l a no faltase, al cual deseaba dar una
4
buena t e n e n c i a , si la quisiese aceptar, por el crédito que había
g a n a d o en lo pasado. Y cobró los dineros, mandándolos repar-
tir en ciertas personas a quienes se sentía o b l i g a d o , y parte a
una i m a g e n de Nuestra Señora q u e estaba mal concertada, para
q u e se concertase y ornase m u y bien. Y así, despidiendo los dos
5
criados q u e iban con é l , se partió solo en su muía de Navarrete
para Monserrate.
14. Y en este c a m i n o le acaeció una cosa q u e será bueno
escribirse, para q u e se entienda cómo nuestro Señor se había
con esta á n i m a q u e aún estaba ciega, a u n q u e con g r a n d e s deseos
de servirle en todo lo q u e conociese; y
así determinaba de hacer g r a n d e s peni- Tenía tanto aborreci-
tencias, no teniendo ya tanto ojo a sa- miento a los pecados
tisfacer por sus pecados, sino a g r a d a r pasados, y el deseo tan
y aplacer a Dios. Y así, cuando se acor- vivo de hacer cosas
daba de hacer a l g u n a penitencia q u e grandes por amor de
Dios, que, sin hacer
hicieron los Santos, proponía de hacer
juicios que sus pecados
la m i s m a y aún más. Y en estos pen-
eran perdonados, toda-
samientos tenía toda su consolación, no vía en las penitencias
m i r a n d o a cosa n i n g u n a interior, ni sa- que emprendía a hacer
biendo q u é cosa era h u m i l d a d , ni cari- no se acordaba mucho
dad, ni paciencia, ni discreción para re- delios.
g l a r ni medir estas virtudes, sino toda
en esta ocasión hiciera San Ignacio el voto de castidad, aun cuando las fuentes dicen
solamente que hizo este voto «en el camino», de Loyola a Montserrat. Así Laínez en su
carta sobre San Ignacio (v. Fontes narr. I 76; RIBADENEIRA, Vida 1.1 c.3; J . IRIARTE,
Fijando el sitio del voto de castidad: Manresa, 3 [1927] 156-164).
3
San Ignacio no tenía ninguna hermana que viviese en Oñate. Hay que suponer que
se refería a Magdalena, residente en la casa Echeandía, en Anzuola. Hacia esta hermana
suya sentía Ignacio un particular afecto, como lo demuestra la carta que dirigió en 1541
(véase en este volumen, Cartas n. 14). Por Anzuola había pasado Ignacio herido, camino
de Loyola.
4
«Cargo u oficio de teniente» (Diccionario de la lengua española, por la Real Academia
Española). Véase L. FERNÁNDEZ MARTÍN, Iñigo de Loyola, ¿«tenente» del castilla de Fermose-
llef: Hispania Sacra 35 (1983) 143-159.
5
Por el testimonio de! sacerdote Miguel de Ipinza, testigo en los procesos hechos en
Pamplona el año 1607 en orden a la canonización de San Ignacio, sabemos que estos dos
criados fueron Andrés de Narbaiz y Juan de Landeta (MI, Scripta de S. Ignatio II 821).
110 Autobiografía

su i n t e n c i ó n era hacer destas obras g r a n d e s exteriores, p o r q u e


así las habían hecho los santos para g l o r i a de Dios, sin mirar
o t r a n i n g u n a más particular circunstancia.
15. Pues, y e n d o por su camino, le alcanzó un m o r o , caba-
l l e r o en un m u l o ; y y e n d o hablando los dos, vinieron a hablar
e n N u e s t r a Señora; y el m o r o decía q u e bien le parecía a él la
V i r g e n haber concebido sin hombre; mas el parir q u e d a n d o
v i r g e n no lo podía creer, dando para esto las causas naturales
q u e a él se le ofrecían. La cual opinión, por m u c h a s razones q u e
le d i o el p e r e g r i n o , n o p u d o deshacer. Y así el m o r o se adelantó
c o n tanta priesa, q u e le perdió de vista, q u e d a n d o pensando en
lo q u e había pasado con el moro. Y en esto le vinieron unas
m o c i o n e s q u e hacían en su ánima descontentamiento, parecién-
d o l e q u e n o había hecho su deber, y también le causan i n d i g n a -
c i ó n contra el m o r o , pareciéndole que había hecho mal en
c o n s e n t i r q u e un m o r o dijese tales cosas de Nuestra Señora, y
q u e era obligado volver por su honra. Y así le venían deseos de ir
a b u s c a r el m o r o y darle de puñaladas por lo q u e había dicho; y
p e r s e v e r a n d o m u c h o en el combate destos deseos, a la fin
q u e d ó d u b i o , sin saber lo q u e era o b l i g a d o hacer. El m o r o , q u e
se h a b í a adelantado, le había dicho q u e se iba a un l u g a r q u e
estaba un poco adelante en su mismo camino, m u y junto del
c a m i n o real, mas no q u e pasase el camino real por el l u g a r .

16. Y así, después de cansado de examinar lo que sería


b u e n o hacer, no hallando cosa cierta a q u e se determinase, se
d e t e r m i n ó en esto, scilicet, de dejar ir a la m u í a con la rienda
suelta hasta el l u g a r donde se d i v i d í a n los caminos; y que si la
m u í a fuese por el c a m i n o de la villa, él buscaría el m o r o y le
d a r í a d e
Y compró también P e a l a d a s ; y si no fuese hacia
l a v l l l a s l n o o r e l
unas esparteñas, de las > P c a m i n o real, dejarlo
cuales no llevó más de quedar. Y haciéndolo así como pensó,
una; y esto no por ceri- q u i s o Nuestro Señor q u e , a u n q u e la
monia, sino porque la villa estaba poco más de treinta o cua-
una pierna llevaba toda renta pasos, y el c a m i n o q u e a ella iba
ligada con una venda y e r ah o y m u y bueno, la muía
m u y a n c

algo maltratada; tanto t o m ó j d c a m i n o r e a l ) y d e ó e l d e l a

que, aunque iba acaba- ^ y u d o a u n b k > d e


r
lio, cada noche la halla- , , ,° , .
a n t e s e
ba hinchada; este pie le ¿ M o n s e r r a t e ' , quiso allí com-
r a r e l
pareció era necesario P vestido que determinaba de
llevar calzado. traer, con que había de ir a J e r u s a l é n ;
ó
Según el P. Araoz, se trata de Lérida. Así lo dice en unas observaciones a la Vida de
San Ignacio escrita por el P. Ribadeneira: «Compró en Lérida el saco y la alpargata (MI,
Scripta I 725; Font. narr. IV 936). El P. Creixell, San Ignacio de Loyola I (Barcelona 1922)
2
48-51, a quien sigue el P. Leturia, El gentilhombre p.253, cree más bien que este «pueblo
grande» era Igualada.
Capítulo 2 111

y así compró tela, de la q u e suelen hacer sacos, de una q u e no


es m u y tejida y tiene m u c h a s p ú a s , y m a n d ó l u e g o de aquélla
hacer veste l a r g a hasta los pies, c o m p r a n d o un bordón y una
calabacita, y p ú s o l o todo delante el arzón de la muía.
17. Y fuese su c a m i n o de Monserrate, pensando, como
siempre solía, en las hazañas q u e había de hacer por amor de
Dios. Y c o m o tenía todo el entendimiento lleno de aquellas
7
cosas, Amadís de Gaula y de semejantes l i b r o s , veníanle a l g u n a s
cosas al pensamiento semejantes a aquéllas; y así se determinó
de velar sus a r m a s toda una noche, sin sentarse ni acostarse,
mas a ratos en pie y a ratos de rodillas, delante el altar de
Nuestra Señora de Monserrate, adonde tenía desterminado de-
jar sus vestidos y vestirse las a r m a s de Cristo. Pues, partido
deste l u g a r , fuese, s e g ú n su costumbre, pensando en sus propó-
sitos; y l l e g a d o a M o n s e r r a t e , después de hecha oración y
8
concertado con el confesor , se confesó por escrito general-
mente, y d u r ó la confesión tres días; y concertó con el confesor
q u e mandase recoger la muía, y q u e la espada y el puñal colgase
9
en la iglesia en el altar de Nuestra S e ñ o r a . Y éste fue el p r i m e r
h o m b r e a quien descubrió su determinación, p o r q u e hasta en-
tonces a n i n g ú n confesor lo había descubierto.
18. L a víspera de Nuestra Señora de marzo, en la noche,
el año de 22, se fue lo más secretamente q u e p u d o a un pobre, y
despojándose de todos sus vestidos, los dio a un pobre, y se
vestió de su deseado vestido, y se fue a hincar de rodillas
delante el altar de Nuestra Señora; y unas veces desta manera, y
otras en pie, con su bordón en la m a n o , pasó toda la noche. Y

7
Probablemente recordó San Ignacio el acto de armar caballero del primogénito de
Amadis de Gaula y de Oriana, tal como se describe en el libro de Amadís de Gaula p.4
c.52: véase la edición de Pascual de Gayangos en la Biblioteca de Autores Españoles,
1
vol.40 p.400. Cf. LETURIA, El gentilhombre p.256-259.
8
Era D . Juan Chanon, francés, confesor de los peregrinos que acudían a Montserrat.
Véase un elogio de él en MI, Scripta II 439-488; consúltese también ALBAREDA, Sant
Ignati a Montserrat (Montserrat 1935) 27, 56-59.
9
La muía sirvió durante mucho tiempo en el monasterio. Así lo atestigua el P. Araoz
en su juicio sobre la Vida de San Ignacio compuesta por Ribadeneira: «La muía duró
muchos años en Montserrat» (MI, Scripta de S. Ignatio I 725). La espada y el puñal fueron
suspendidos de la reja del altar de la Virgen. Cf. MI, Scripta II 385. Después de algún
tiempo fueron retirados de allí, de modo que a principios del siglo XVII, cuando se
hicieron los procesos remisoriales en orden a la canonización de San Ignacio, se ignoraba
su paradero, como consta por una carta del P. Pedro Gil, postulador de la causa, escrita
hacia 1607 al P. Gabriel Alvarez: «La espada y daga y cinta y talabarte no se sabe, ni
jamás se ha sabido, dónde están» (MI, Scripta de S. Ignatio II 835 nota 1). El mismo P.
Gabriel Alvarez, en su Historia de ta Provincia de Aragón (inédita), cuyo prólogo está
firmado en 12 de marzo de 1607, y en el capítulo 2, confirma la desaparición de la espada.
Véase la nota antes citada de MI, Scripta II. Poco antes de 1674 fue entregada al colegio
de la Compañía en Barcelona una espada que se decía ser la de San Ignacio. Véase A A.
SS. lulii VII p.791 n.90; Fontes narr. III 603-604; JUAN CREIXELL, S.I., La espada de San
Ignacio de Loyola ofrendada a la Virgen de Montserrat (25 de mar%o de 1522) (Barcelona 1931);
F. SOLA, La reliquia de la espada de San Ignacio: Espíritu (Barcelona 1956) 96-99.
112 Autobiografía

en amaneciendo se partió por no ser conocido, y se fue, no el


camino derecho de Barcelona, donde hallaría muchos q u e le
conociesen y le honrasen, m a s desvióse a un p u e b l o , q u e se dice
10
M a n r e s a , donde determinaba estar en un hospital a l g u n o s
días, y también notar a l g u n a s cosas en su libro, q u e llevaba él
11
muy g u a r d a d o , y con que iba m u y c o n s o l a d o . Y y e n d o ya una
l e g u a de M o n s e r r a t e , le alcanzó un hombre, que venía con
mucha priesa en pos del, y le p r e g u n t ó si había él dado unos
vestidos a un pobre, c o m o el pobre decía; y respondiendo q u e
sí, le saltaron las lágrimas de los ojos, de compasión del pobre a
quien había d a d o los vestidos; de compasión, p o r q u e entendió
que lo vejaban, pensando q u e los había hurtado. M a s , por
10
Estas palabras de la Autobiografía dan como cierto por lo menos un hecho: que,
en amaneciendo el 25 de marzo, San Ignacio bajó de Montserrat y se dirigió a Manresa.
Con ellas queda excluida la supuesta permanencia del Santo en una cueva de Montserrat,
en favor de la cual, por otra parte, creemos no podrá sacarse ningún argumento sólido en
las narraciones más antiguas y más autorizadas sobre la vida de San Ignacio escritas hasta
el año 1574, todas las cuales hemos publicado en los dos primeros volúmenes de MHSI,
Fontes narr. de S. Ignatio. Ni es esto sólo; estos documentos no sólo pasan en absoluto
silencio la supuesta permanencia de San Ignacio en Montserrat, sino que además afirman
o suponen su partida inmediata después de la vela de armas, y describen con tales detalles
los hechos del Santo en Manresa —donde nos dicen que vivió cerca de un año—, que no
parecen dejar lugar a la permanencia por algún tiempo en Montserrat (Fontes narr. I
29.80.159.162.166.388; II 523.530.533...). Ante esta realidad, aparece fácilmente el peso
que pueden tener algunos escasos y tardíos testimonios, el principal de los cuales es uno
atribuido al P. Antonio de Araoz, que ya Ribadeneira calificó de «cuento sin autoridad que
dicen del P. Araoz». Fue publicado en MI, Scripta de S. Ignatio I 749 y después en Fontes
narr. III 198-208. No nos toca discutir aquí largamente este punto; bástenos indicar que
es muy significativo el silencio de todos los testigos del proceso de San Ignacio en
Montserrat, donde más viva había de conservarse la tradición: ninguno había de la vida
solitaria de San Ignacio en Montserrat, mientras que, por el contrario, dos de ellos
atestiguan que se retiró a la cueva de Manresa (MI, Scripta II 861). El proceso de
Montserrat lo publicamos íntegro, tomándolo de la versión latina auténtica, en Analecta
Sacra Tarraconensia, 15 (1942) 129-170. Lo mismo se confirma después de hallado el
original del proceso, del que dio cuenta posteriormente el P. Francisco de P. Sola en El
original del proceso para la canonización de San Ignacio de Loyola celebrado en Barcelona, Manresa j
Montserrat, en Estudios históricos y documentos publicados por el Colegio Notarial de Barcelona
(1948). A pesar de todo, no creemos pueda negarse que San Ignacio, durante su larga
permanencia en Manresa, subió más de una vez a Montserrat; esto se lo debió de sugerir
su filial devoción a María y nos lo confirman los procesos; véase, por ejemplo, MI,
Scripta II 385 y 388.
11
La permanencia en Manresa, que, según los planes de San Ignacio, había de durar
sólo «algunos días», se prolongó hasta más de diez meses: desde el 25 de marzo de 1522
hasta febrero de 1523. Quizás, sin otro motivo externo, se sintió interiormente movido,
una vez en Manresa, a permanecer allí. Quizás influyeron dificultades exteriores para que
no pudiese salir de la ciudad del Cardoner. Creemos que una causa muy probable fue la
prohibición de entrar en Barcelona a causa de la peste. En el Registre de crides e ordinacions,
años 1519-1530, manuscrito conservado en el Archivo Histórico de la Ciudad, de Barcelona,
aparecen registrados algunos bandos por los que se prohibía la entrada en la ciudad.
Encontramos en los ff.53-54 uno de 2 de mayo de 1522 en que se dice que «statuiren y
ordenaren los dits Consellers y prohomens que d'ací avant no sia permés a algú o alguns
pobres mendicants, romeus y romies, acaptadors o acaptadores de qualsevol lengue o
nació sien y de qualsevol parts o terres vinguen, entrar en la dita ciutat ni en los suburbis
d'aquella sots pena o han de ser acotats per la dita ciutat a quiscun e per quiscuna vegada
que serán trobats en aquella o en los suburbis seus». Pudieron también retener a Ignacio
las enfermedades que le aquejaron en Manresa y la tardanza del papa Adriano VI en
dirigirse a Roma.
Capítulo 3 113

m u c h o que él huía la estimación, no p u d o estar m u c h o en


M a n r e s a sin q u e las gentes dijesen g r a n d e s cosas, naciendo la
opinión de lo de M o n s e r r a t e ; y l u e g o creció la fama a decir más
de lo q u e era: q u e había dejado tanta renta, etc.

C A P I T U L O I I I

19. Vida penitente de Ignacio en Manresa. Se le aparece en el aire


una extraña visión.—20-21. Empieza a ser agitado por diversos
espíritus.—22-25. Padece una grave tempestad de escrú-
pulos.—26-33. Recobra la calma interior; es enseñado por Dios;
recibe frecuentes ilustraciones divinas y favores celestiales. L,a exi-
mia ilustración.—34. Padece una grave enfermedad: mitiga los
rigores de su penitencia.—35-37. Se dirige a Barcelona, donde
prepara el viaje a Italia.

19. Y él d e m a n d a b a en M a n r e s a limosna cada día. No


comía carne, ni bebía v i n o , a u n q u e se lo diesen. L o s d o m i n g o s
no a y u n a b a , y, si le daban un poco de v i n o , lo bebía. Y porque
había sido m u y c u r i o s o de curar el cabello, q u e en aquel t i e m p o
se acostumbraba, y él lo tenía bueno, se determinó dejarlo
andar así, según su naturaleza, sin peinarlo ni cortarlo, ni cu-
brirlo con a l g u n a cosa, de noche ni de día. Y por la m i s m a
causa dejaba crecer las uñas de los pies y de las manos, p o r q u e
también en esto había sido curioso. Estando en este hospital le
acaeció m u c h a s veces en día claro ver una cosa en el aire junto
de sí, la cual le daba m u c h a consolación, p o r q u e era m u y
hermosa en g r a n d e manera. N o divisaba bien la especie de q u é
cosa era, mas en a l g u n a manera le parecía q u e tenía forma de
serpiente, y tenía m u c h a s cosas que resplandecían c o m o ojos,
a u n q u e no lo eran. El se deleitaba m u c h o y consolaba en ver
esta cosa; y cuanto más veces la veía, tanto más crecía la
consolación; y cuando aquella cosa le desaparecía, le desplacía
dello'.

1
Esta misma aparición tuvo, entre otras ocasiones, después de la eximía ilustración,
cuando se dirigió a la cruz del Tort; véase más abajo, n.31. El P. Polanco nos la explica
con más detalles y hace notar que al fin se dio cuenta Ignacio de que todo aquello
provenía del demonio: «En este mismo tiempo se le solía aparecer una serpiente de
mucho resplandor con 7 ó 8 ojos, y esto cada día sin faltar ninguno, dos, tres, cinco, seis
veces, y consolábase con su presencia, y desconsolábase cuando se le iba; y esta aparición
le duró hasta el tiempo que estuvo en París y aun en Roma, aunque él no explica el
secreto della» (Sumario; Fontes narr. I p.160). Y después de expuesta la eximia ilustración
añade Polanco en el mismo Sumario: «Vio encima della [de la cruz del Ton] la sierpe que
ordinariamente solía mostrársele, y fue certificado que era el demonio» (ib., p.161).
114 Autobiografía

20. Hasta este tiempo siempre había perseverado cuasi en


un m e s m o estado interior, con una i g u a l d a d g r a n d e de alegría,
2
sin tener n i n g ú n conocimiento de cosas interiores e s p i r i t u a l e s .
Aquestos días q u e duraba aquella visión, o a l g ú n poco antes
q u e comenzase (porque ella d u r ó muchos días), le v i n o un
pensamiento recio que le molestó, representándosele la dificul-
tad de su v i d a , como q u e si le dijeran dentro del ánima: — ¿ Y
c ó m o podrás t a sufrir esta vida setenta años q u e has de v i v i r ? —
M a s a esto le respondió también interiormente con g r a n d e
fuerza (sintiendo que era del e n e m i g o ) : — ¡ O h miserable! ¿Pué-
desme tú prometer una hora de v i d a ? — Y ansí v e n c i ó la tenta-
ción y q u e d ó quieto. Y ésta fue la primera tentación q u e le v i n o
3
después de lo arriba dicho. Y fue esto entrando en una i g l e s i a ,
en la cual oía cada día la Misa m a y o r y las V í s p e r a s y C o m p l e -
tas, todo cantado, sintiendo en ello g r a n d e consolación; y ordi-
nariamente leía a la misa la Pasión, procediendo siempre en su
igualdad.
2 1 . M a s l u e g o después de la susodicha tentación empezó a
tener g r a n d e s variedades en su alma, hallándose unas veces tan
desabrido, q u e ni hallaba g u s t o en el rezar, ni en el oír la misa,
ni en otra oración n i n g u n a que hiciese; y otras veces viniéndole
tanto al contrario desto, y tan súbitamente, q u e parecía habérse-
le quitado la tristeza y desolación, c o m o q u i e n quita una capa
de los h o m b r o s a u n o . Y aquí se empezó a espantar destas
variedades q u e nunca antes había probado, y a decir consigo:
— ¿ Q u é n u e v a vida es esta que a g o r a c o m e n z a m o s ? — En este
tiempo conversaba todavía a l g u n a s veces con personas espiri-
tuales, las cuales le tenían crédito y deseaban conversarle; por-
que, a u n q u e no tenía conocimiento de cosas espirituales, toda-
vía en su hablar mostraba m u c h o hervor y m u c h a v o l u n t a d de
ir adelante en el servicio de Dios. Había en M a n r e s a en aquel
tiempo una mujer de muchos días, y m u y a n t i g u a también en
ser sierva de Dios, y conocida por tal en m u c h a s partes de
España; tanto, que el R e y Católico la había l l a m a d o una vez
4
para comunicalle a l g u n a s cosas. Esta m u j e r , tratando un día
con el n u e v o soldado de Cristo, le dijo: — ¡ O h ! P l e g a a mi
Señor J e s u c r i s t o q u e os quiera aparecer un d í a — . M a s él espan-
tóse desto, t o m a n d o la cosa ansí a la grosa. — ¿ C ó m o me ha a

2
Los diez meses largos de permanencia de San Ignacio en Manresa se pueden dividir
en tres períodos: el primero, de paz, viviendo «en un mesmo estado interior con una
grande igualdad y alegría»; el segundo, de escrúpulos y luchas; el tercero, de grandes
ilustraciones y dones interiores.
3
Parece tratarse de la iglesia de los dominicos o de la Seo.
4
No nos ha sido posible identificar a esta piadosa mujer, la cual es mencionada otra
vez en el n.37.
Capítulo 3 115

mí de aparecer J e s u c r i s t o ? — Perseveraba siempre en sus sólitas


5
confesiones y comuniones cada d o m i n g o .
22. . M a s en esto vino a tener muchos trabajos de escrúpu-
los. Porque, a u n q u e la confesión general q u e había hecho en
Monserrate había sido con asaz diligencia y toda por escrito,
c o m o está dicho, todavía le parescía a las veces que a l g u n a s
cosas no había confesado, y esto le daba m u c h a aflicción; por-
que, a u n q u e confesaba aquello, no quedaba satisfecho. Y así
empiezo a buscar a l g u n o s hombres espirituales que le remedia-
sen destos escrúpulos; mas n i n g u n a cosa le ayudaba. Y , en fin,
un doctor de la Seo, h o m b r e m u y espiritual q u e allí predicaba,
le dijo un día en la confesión q u e escribiese todo lo q u e se
podía acordar. Hízolo así; y después de confesado, todavía le
tornaban los escrúpulos, adelgazándose cada vez las cosas, de
m o d o q u e él se hallaba m u y atribulado; y a u n q u e casi conocía
q u e aquellos escrúpulos le hacían m u c h o daño, q u e sería bueno
quitarse dellos, mas no lo podía acabar consigo. Pensaba a l g u -
nas veces que le sería remedio mandarle su confesor en nombre
de J e s u c r i s t o q u e no confesase n i n g u n a de las cosas pasadas, y
así deseaba que el confesor se lo mandase, mas no tenía osadía
6
para decírselo al confesor .
23. M a s , sin q u e él se lo dijese, el confesor v i n o a mandar-
le q u e no confesase n i n g u n a cosa de las pasadas, si no fuese
a l g u n a cosa tan clara. M a s , c o m o él tenía todas aquellas cosas
por m u y claras, no aprovechaba nada este mandamiento, y así
siempre quedaba con trabajo. A este tiempo estaba el dicho en
una camarilla que le habían dado los dominicanos en su monas-
terio, y perseveraba en sus siete horas de oración de rodillas,
levantándose a media noche continuamente, y en todos los más
ejercicios y a dichos; mas en todos ellos no hallaba n i n g ú n
remedio para sus escrúpulos, siendo pasados muchos meses q u e
le atormentaban; y una v e z , de m u y atribulado dellos, se puso
en oración, con el fervor de la cual comenzó a dar gritos a Dios
vocalmente, diciendo: — S o c ó r r e m e , Señor, q u e no hallo nin-
g ú n remedio en los h o m b r e s , ni en n i n g u n a criatura; que, sí yo
pensase de poderlo hallar, n i n g ú n trabajo me sería g r a n d e .

5
Es la primera vez que aparece el uso de la confesión y comunión frecuente, de la
cual se hará en adelante San Ignacio ferviente promotor. Véase el índice de materias de
los tomos de Fontes narr., en los que se señalan muchos pasajes sobre esta materia.
6
El «doctor de la Seo» con quien el Santo se confesó fue probablemente un confesor
ocasional a quien el Santo acudió en aquel período de oscuridad y lucha. Por entonces se
hospedaba en el convento de los dominicos, uno de los cuales, el P. Gal<-"rán Perelló, era
a
el confesor del Santo. Véase J . M. COLL, San Ignacio de Loyola y el coi.....' ... janto
Domingo, de Manresa; Analecta Sacra Tarraconensia, 29 (1956) 313-343; Fontes narr. III
198.
116 Autobiografía

M u é s t r a m e tú, Señor, dónde lo halle; q u e a u n q u e sea menester


ir en pos de un perrillo para q u e me dé el remedio, y o lo haré.
24. Estando en estos pensamientos, le venían muchas ve-
ces tentaciones, con g r a n d e ímpetu, para echarse de un agujero
g r a n d e que aquella su cámara tenía y estaba junto del l u g a r
donde hacía oración. M a s , conociendo q u e era pecado matarse,
tornaba a gritar: — S e ñ o r , no haré cosa q u e te ofenda—, repli-
cando estas palabras, así c o m o las primeras m u c h a s veces. Y así
le v i n o al pensamiento la historia de un santo, el cual, para
alcanzar de Dios una cosa que m u c h o deseaba, e s t u v o sin
7
comer muchos días hasta q u e la a l c a n z ó . Y estando pensando
en esto un buen rato, al fin se determinó de hacello, diciendo
c o n s i g o m i s m o que ni comería ni bebería hasta que Dios le
p r o v e y e s e , o q u e se viese ya del todo cercana la muerte; porque,
si le acaeciese verse in extremis, de m o d o que, si no comiese, se
hubiese de m o r i r l u e g o , entonces determinaba de pedir pan y
8
comer (como s i lo pudiera él en aquel extremo pedir, ni
comer).
25. Esto acaeció un d o m i n g o después de haberse comul-
g a d o ; y toda la semana perseveró sin meter en la boca n i n g u n a
9
cosa, no dejando de hacer los sólitos ejercicios, a u n de ir a los
oficios d i v i n o s , y de hacer su oración de rodillas, aun a media
noche, etc. M a s , v e n i d o el otro d o m i n g o , q u e era menester ir a
confesarse, c o m o a su confesor solía decir lo q u e hacía m u y
m e n u d a m e n t e , le dijo también c ó m o en aquella semana no
había c o m i d o nada. El confesor le m a n d ó q u e rompiese aquella
abstinencia; y a u n q u e él se hallaba con fuerzas todavía, obedes-
ció al confesor, y se halló aquel día y el otro libre de los
escrúpulos; mas el tercero día, q u e era el martes, estando en
oración, se comenzó acordar de los pecados; y así, c o m o una
cosa que se iba enhilando, iba pensando de pecado en pecado
del t i e m p o p a s a d o , pareciéndole que era o b l i g a d o otra vez a
confesallos. M a s en la fin destos pensamientos le vinieron unos
desgustos de la vida q u e hacía, con a l g u n o s ímpetus de dejalla;
y con esto q u i s o el Señor q u e despertó c o m o de sueño. Y c o m o
ya tenía a l g u n a experiencia de la diversidad de espíritus con las
liciones q u e Dios le había dado, empezó a m i r a r por los medios
con q u e aquel espíritu era v e n i d o , y así se determinó con
g r a n d e claridad de no confesar más n i n g u n a cosa de las pasadas;

7
Puede referirse al ejemplo que trae el Tíos Sanctorum leído por San Ignacio en
Loyola: San Andrés apóstol ayunó cinco días para conseguir de Dios el perdón para un
viejo llamado Nicolás, que había vivido en pecado sesenta años. Véase Fontes narr. I 397
nota 12, y II p.115.238; III 359.
a
El original dice en latín: «quasi vero».
0
Aquí, y poco más adelante, el original emplea el latino etiam.
Capítulo í 117

y así de aquel día adelante q u e d ó libre de aquellos escrúpulos,


teniendo por cierto q u e nuestro Señor le había q u e r i d o librar
por su misericordia.
26. Ultra de sus siete horas de oración, se ocupaba en
a y u d a r a l g u n a s a l m a s q u e allí le venían a buscar, en cosas
espirituales, y t o d o lo más del día q u e le vacaba daba a pensar
en cosas de Dios, de lo q u e había aquel día meditado o leído.
M a s , c u a n d o se iba acostar, m u c h a s veces le venían g r a n d e s
noticias, g r a n d e s consolaciones espirituales, de m o d o q u e le
hacían perder m u c h o del t i e m p o q u e él tenía destinado para
dormir, que no era m u c h o ; y m i r a n d o él a l g u n a s veces por esto,
v i n o a pensar c o n s i g o q u e tenia tanto tiempo d e t e r m i n a d o para
tratar con Dios, y después todo el resto del día; y por aquí
e m p e z ó a d u b d a r si venían de buen espíritu aquellas noticias, y
v i n o a concluir c o n s i g o q u e era mejor dejallas y dormir el
tiempo destinado, y lo hizo así.
27. Y p e r s e v e r a n d o en la abstinencia de no comer carne, y
estando firme en ella, q u e por n i n g ú n m o d o pensaba mudarse,
un día a la m a ñ a n a , cuando fue l e v a n t a d o , se le representó
delante carne para comer, c o m o q u e la viese con ojos corpora-
les, sin haber precedido n i n g ú n deseo della; y le v i n o también
juntamente un g r a n d e asenso de la voluntad para que de allí
adelante la comiese; y a u n q u e se acordaba de su propósito de
antes, no podía d u d a r en ello, sino determinarse q u e debía
comer carne. Y contándolo después a su confesor, el confesor le
decía q u e mirase por ventura si era a q u e l l o tentación; mas él,
10
e x a m i n á n d o l o bien, nunca p u d o d u d a r d e l l o .
En este t i e m p o le trataba Dios de la m i s m a manera que trata
un maestro de escuela a un niño, enseñándole; y, ora esto fuese
por su rudeza y g r u e s o i n g e n i o , o p o r q u e no tenía quien le
enseñase, o por la firme v o l u n t a d que el m i s m o Dios le había
d a d o para servirle, claramente él j u z g a b a y siempre ha j u z g a d o
q u e Dios le trataba desta manera; antes si dudase en esto,
pensaría ofender a su Divina Majestad; y a l g o desto se puede
ver por los cinco puntos siguientes:
28. P r i m e r o . Tenía mucha devoción a la Santísima Tri-
nidad, y así hacía cada día oración a las tres Personas distinta-
11
m e n t e . Y haciendo también a la Santísima T r i n i d a d , le venía
un pensamiento, q u e c ó m o hacía 4 oraciones a la T r i n i d a d . M a s

"* Como hemos indicado en la introducción, p.79, probablemente tuvo lugar aquí la
primera interrupción en el relato autobiográfico.
11
El P. Laínez dice que, «con ser hombre simple y no saber sino leer y escrebir en
romance, se puso a escrebir della [la Santísima Trinidad] un libro» (MI, Fontes narr. I 82).
El mejor testimonio de la devoción de San Ignacio a la Santísima Trinidad es su Diario
espiritual, que publicamos en este mismo volumen.
118 Autobiografía

este pensamiento le daba poco o n i n g ú n trabajo, como cosa de


poca importancia. Y estando un día rezando en las g r a d a s del
m e s m o monasterio las Horas de Nuestra Señora, se le empezó a
elevar el entendimiento, c o m o q u e v í a la Santísima T r i n i d a d en
figura de tres teclas, y esto con tantas l á g r i m a s y tantos sollo-
zos, q u e n o se p o d í a valer. Y y e n d o aquella m a ñ a n a en una
procesión q u e de allí salía, nunca pudo retener las l á g r i m a s
hasta el comer, ni después de comer podía dejar de hablar sino
en la Santísima T r i n i d a d ; y esto con m u c h a s comparaciones y
m u y diversas, y con m u c h o g o z o y consolación; de m o d o q u e
toda su vida le ha q u e d a d o esta impresión de sentir g r a n d e
d e v o c i ó n haciendo oración a la Santísima Trinidad.
29. S e g u n d o . Una vez se le representó en el entendi-
miento con g r a n d e alegría espiritual el m o d o con q u e Dios
había criado el m u n d o , q u e le parecía ver una cosa blanca, de la
cual salían a l g u n o s r a y o s , y q u e della hacía Dios l u m b r e . M a s
estas cosas, ni las sabía explicar, ni se acordaba del todo bien de
aquellas noticias espirituales q u e en aquellos tiempos le impri-
mía Dios en el alma.
Tercero. En la misma Manresa, adonde e s t u v o cuasi un
1 2
a ñ o , después q u e empezó a ser consolado de D i o s y vio el
fructo q u e hacía en las almas tratándolas, dejó aquellos extre-
mos q u e de antes tenía; ya se cortaba las uñas y cabellos. Así
que, estando en este p u e b l o en la iglesia del dicho monasterio
o y e n d o misa un día, y alzándose el Corpus Domini, vio con los
ojos interiores unos c o m o rayos blancos q u e venían de arriba; y
a u n q u e esto, después de tanto tiempo, no lo puede bien expli-
car, todavía lo q u e él v i o con el entendimiento claramente fue
ver c ó m o estaba en aquel Santísimo Sacramento Jesucristo
nuestro Señor.
Cuarto. M u c h a s veces y por m u c h o tiempo, estando en
oración, veía con los ojos interiores la h u m a n i d a d de Cristo, y
la figura, q u e le parecía era c o m o un cuerpo blanco, no m u y
g r a n d e ni m u y p e q u e ñ o , mas no veía n i n g u n a distinción de
m i e m b r o s . Esto v i o en M a n r e s a m u c h a s veces: si dijese veinte o
cuarenta, no se atrevería a j u z g a r q u e era mentira. Otra vez lo
ha visto estando en J e r u s a l é n , y otra vez c a m i n a n d o junto a
13
P a d u a . A Nuestra Señora también ha visto en símil forma, sin
d i s t i n g u i r las partes. Estas cosas q u e ha visto le confirmaron
entonces y le dieron tanta confirmación siempre de la fe, que
1 2
Como ya dijimos anteriormente, Ignacio permaneció en Manresa desde el 25 de
marzo de 1522 hasta mediados (hacia el 17 ó 18) de febrero de 1523. Véase Fontes narr. I
16
81 .
13
En la misma Autobiografía quedan consignadas otras frecuentes apariciones de
Jesucristo a San Ignacio en diferentes épocas de su vida; véanse los n.41.44.48.96.99.
Capítulo 3 119

m u c h a s veces ha pensado c o n s i g o : Si no huviese Escriptura que


nos enseñase estas cosas de la fe, él se determinaría a morir por
ellas, solamente por lo q u e ha visto.
30. Quinto. U n a vez iba por su devoción a una iglesia
q u e estaba poco más de una milla de Manresa, que creo y o q u e
1 4
se llama San P a b l o , y el c a m i n o va junto al río; y y e n d o así
en sus d e v o c i o n e s , se sentó u n poco con la cara hacia el río, el
15
cual iba h o n d o . Y estando allí sentado, se le empezaron a
abrir los ojos del entendimiento; y no
e s t o u e e n t a n t a m a
que viese a l g u n a visión, sino entendien- ^ ^ -
n e r a c u e d a r n e i
do y conociendo m u c h a s cosas, tanto de <\ S c°
• •. i i j i entendimiento ilustra-
cosas espirituales como de cosas de la , ,
r , \ ., do, que le parecía co-
fe y de letras; y esto con una ilustra- ¡} m /o „ f u e s o t r o h o m

cion tan g r a n d e , que le parecían todas t> tuviese otro inte-


re y

las cosas n u e v a s . Y no se puede decía- lecto que tenía antes,


rar los particulares q u e entendió en-
tonces, a u n q u e fueron m u c h o s , sino que recibió una g r a n d e
claridad en el entendimiento; de manera q u e en todo el discurso
1 6
de su v i d a , hasta pasados sesenta y dos a ñ o s , coligiendo todas
cuantas a y u d a s haya tenido de Dios, y todas cuantas cosas ha
sabido, a u n q u e las ayunte todas en uno, no le parece haber
alcanzado tanto c o m o de aquella vez sola.
31. Y después q u e esto d u r ó un buen rato, se fue a hincar
de rodillas a una cruz q u e estaba allí cerca, a dar gracias a Dios;
y allí le apareció aquella visión q u e m u c h a s veces le aparecía y
nunca la había conocido, es a saber, aquella cosa q u e arriba se
17
dijo q u e le parecía m u y hermosa, con m u c h o s o j o s . M a s bien
vio, estando delante de la cruz, que no tenía aquella cosa tan
14
El antiquísimo monasterio de San Pablo y Valldaura, situado al otro lado de la
Colina de Santa Clara y sobre el río Cardoner, a unos 400 metros deí «Puente viejo», en
1472 pasó a depender del abad cisterciense de Poblet. Los documentos que se conservan
no pasan más allá de 1520, por lo cual no podemos saber con certeza el nombre del prior
en 1522, cuando San Ignacio visitaba el monasterio. Suelen decir tos historiadores que
era Alfonso de Agurreta. En 1700 el abad de Poblet vendió el monasterio a los Padres de
la Compañía de Jesús, los cuales reedificaron la casa y restauraron la capilla. En 1767
perdieron esta propiedad por efecto del decreto de expulsión dictado por Carlos III. El
monasterio pasó a manos de particulares, y en esta situación se encuentra el día de hoy.
SARRET I ARBÓS, Historia religiosa de Manresa 208-217; I. PUIG, Álbum de Manresa ignaciana
(Barcelona 1950) lámina 69.
15
El sentido de esta palabra, claro para el que conoce la topografía del lugar, es que
San Ignacio se sentó en un sitio elevado, con el rostro vuelto hacía el río que corría más
abajo.
16
Sobre la edad que se atribuye a sí mismo San Ignacio en este pasaje véase lo que
apuntamos en la Introducción p.75. Este pasaje dio lugar a una de las opiniones por las que
pasó Polanco, la de atribuir a San Ignacio sesenta y tres años al tiempo de su muerte (cf.
5
MI, Fontes narr. II 512 ). Ya dijimos que se retractó y que al fin optó por el nacimiento de
San Ignacio en 1495. La opinión intermedia de Polanco, nacimiento en 1493 y edad de
sesenta y tres años a su muerte, es la sostenida por DUDON, Saint lgnace p.614. Ya
observamos que esta opinión es poco probable.
17
Véase el n.19. La cruz a que se refiere es la llamada Cruz del Tort.
120 Autobiografía

hermosa color c o m o solía; y t u v o un m u y claro conoscimiento,


con g r a n d e asenso de la voluntad, q u e aquél era el demonio;
y así después muchas veces por m u c h o tiempo le solía aparecer,
y él, a m o d o de menosprecio, lo desechaba con un bordón q u e
solía traer en la m a n o .
32. Estando enfermo una vez en M a n r e s a , l l e g ó de una
fiebre muy recia a punto de muerte, que claramente juzgaba q u e
el á n i m a se le había de salir l u e g o . Y en esto le venía un
pensamiento q u e le decía q u e era justo, con el cual tomaba
tanto trabajo, q u e no hacía sino r e p u g n a r l e y poner sus pecados
delante; y con este pensamiento tenía más trabajo q u e con la
misma fiebre; mas no podía vencer el tal pensamiento por
m u c h o q u e trabajaba por vencerle. M a s , a l i v i a d o un poco de la
fiebre, ya no estaba en aquel extremo de expirar, y empezó a dar
g r a n d e s g r i t o s a unas señoras q u e eran allí venidas por visitalle,
q u e por a m o r de Dios, cuando otra vez le viesen en punto de
muerte, q u e le gritasen a g r a n d e s voces diciéndole pecador, y
que se acordase de las ofensas q u e había hecho a Dios.
33. Otra vez, v e n i e n d o de Valencia para Italia por m a r
con mucha tempestad, se le q u e b r ó el timón a la nave, y la cosa
v i n o a términos que, a su juicio y de muchos que venían en la
18
nave, naturalmente no se podría huir de la m u e r t e . En este
tiempo, examinándose bien y preparándose para morir, no po-
día tener temor de sus pecados, ni de ser condenado; mas tenía
g r a n d e confusión y dolor, por j u z g a r q u e no había empleado
bien los dones y gracias que Dios Nuestro Señor le había
comunicado.
Otra vez, el año de 50, estuvo m u y malo de una m u y recia
enfermedad, que, a juicio s u y o y aun de m u c h o s , se tenía por la
19
ú l t i m a . En este tiempo, pensando en la muerte, tenía tanta
alegría y tanta consolación espiritual en haber de morir, q u e se
derritía todo en l á g r i m a s ; y esto v i n o a ser tan continuo, q u e
muchas veces dejaba de pensar en la muerte, por no tener tanto
de aquella consolación.
34. V e n i e n d o el invierno, se infermó de una enfermedad
muy recia, y para curarle le ha puesto la cibdad en una casa del
20
padre de un F e r r e r a , q u e después ha sido criado de Baltasar
18
En el año 1535. Véase el n.91.
1 9
Trátase de una enfermedad «que padeció San Ignacio a fines de 1550 y siguió
aquejándole hasta principios de 1551. Véase más arriba la Cronología p.55.
2 0
# Según el P. Nonell (Manresa ignaciana p.76 nota 1), San Ignacio se refiere probable-
mente a un hijo de Antonio Benito Ferrer y de su esposa Juana. Más adelante fue criado
de Baltasar de Faria, encargado de negocios del rev de Portugal en Roma en 1543-1551.
Juana Ferrer (o Ferrera, como entonces se acostumbraba a decir) es contada en los
procesos de San Ignacio entre las bienhechoras del Santo. Véase MI, Scripta II
367.370.379.738.748.
Capitulo 3 121

21
de F a r i a ; y allí era curado con mucha diligencia; y por la
devoción q u e ya tenían con él m u c h a s señoras principales, le
22
venían a velar de n o c h e . Y rehaciéndose desta enfermedad,
q u e d ó todavía m u y debilitado y con frecuente dolor de estóma-
g o . Y así por estas causas, c o m o por ser el i n v i e r n o m u y frío,
le hicieron q u e se vistiese y calzase y cubriese la cabeza; y así le
hicieron tomar dos ropillas pardillas de paño m u y g r u e s o y un
bonete de lo m i s m o , c o m o media g o r r a . Y a este tiempo había
muchos días q u e él era m u y á v i d o de platicar de cosas espiritua-
les, y de hallar personas q u e fuesen capaces dellas. Ibase alle-
g a n d o el t i e m p o q u e él tenía pensado para partirse para J e r u s a -
2 3
lén .
35. Y así, al principio del año de 23, se partió para Barce-
24
lona para e m b a r c a r s e . Y a u n q u e se le ofrecían a l g u n a s compa-
ñías, no q u i s o ir sino solo; q u e toda su cosa era tener a solo
Dios por refugio. Y así un día a unos q u e le m u c h o instaban,
p o r q u e no sabía l e n g u a italiana ni latina, para que tomase una
compañía, diciéndole cuánto le a y u d a r í a , y loándosela m u c h o ,
él dijo q u e , a u n q u e fuese hijo o h e r m a n o del d u q u e de Cardo-
2 5
n a , no iría en su compañía; p o r q u e él deseaba tener tres
virtudes: caridad y fe y esperanza; y l l e v a n d o un c o m p a ñ e r o ,
cuando tuviese h a m b r e esperaría a y u d a de él; y c u a n d o cayese,
le a y u d a r í a a levantar; y así también se confiara del y le t e m í a
afición por estos respectos; y q u e esta confianza y afición y
esperanza la q u e r í a tener en solo Dios. Y esto q u e decía desta
manera, lo sentía así en su corazón. Y con estos pensamientos él
tenía deseos de embarcarse, no solamente solo, mas sin n i n g u n a
provisión. Y e m p e z a n d o a n e g o c i a r la embarcación, alcanzó del
maestro de la nave q u e le llevase de balde, pues q u e no tenía
dineros, mas con tal condición, q u e había de meter en la n a v e
a l g ú n biscocho para mantenerse, y q u e de otra manera de
n i n g ú n m o d o del m u n d o le recibirían.
36. El cual biscocho queriendo negociar, le vinieron g r a n -
des escrúpulos: — ¿ E s t a es la esperanza y la fe q u e tú tenías en

21
Véase la nota anterior.
2 2
Las piadosas señoras que más favorecieron a San Ignacio en Manresa fueron Inés
Pascual, Angela Amigant, Micaela Canyelles, Inés Clavera, Brianda Paguera.
2 5
Es curioso que San ignacio no habla de la composición de Jos Ejercicios en esta su
narración de lo que le sucedió en Manresa. Esta omisión la suplió al final de su relato
autobiográfico (véase n.99) respondiendo rápidamente a una pregunta del P. Cámara.
2 4
Como ya anotamos anteriormente (nota 11), parece que salió de Manresa el 17 ó 18
16
de febrero de 1523. Cf. Fontes narr. I 8 1 .
2 5
Todos los textos castellanos, con manifiesto error, leen Carmona. La familia de
Cardona pertenecía a la más ilustre nobleza de Cataluña. Una hermana del duque de
Cardona estaba casada con Antonio Manrique de Lara, a quien había servido San
Ignacio. Cf. SALAZAR Y CASTRO, Historia genealógica de la casa de Lara II p.176.
122 Autobiografía

Dios, que no te faltaría?—, etc. Y esto con tanta eficacia, q u e le


daba g r a n trabajo. Y al fin, no sabiendo q u é hacerse, p o r q u e de
entrambas partes veía razones probables, se determinó de po-
nerse en m a n o s de su confesor; y así le declaró cuánto deseaba
seguir la perfección y lo q u e más fuese g l o r i a de Dios, y las
causas que le hacían d u b d a r si debría llevar mantenimiento. El
confesor se resolvió q u e pidiese lo necesario y que lo llevase
consigo. Y p i d i é n d o l o a una señora, ella le d e m a n d ó para
dónde se quería embarcar. El e s t u v o d u d a n d o un poco si se lo
diría; y a la fin no se atrevió a decirle más, sino q u e venía a
Italia y a R o m a . Y ella, c o m o espantada, dijo: — ¿ A R o m a
queréis ir? Pues los que van allá, no sé c ó m o v i e n e n — (querien-
do decir q u e se aprovechaban en R o m a poco de cosas de
espíritu). Y la causa por que él n o osó decir que iba a Jerusalén
fue por temor de la v a n a g l o r i a ; el cual temor tanto le afligía,
2 6
q u e nunca osaba decir de q u é tierra ni de qué casa e r a . A l fin,
habido el biscocho, se embarcó; mas, hallándose en la p l a y a con
cinco o seis blancas de las q u e le habían dado pidiendo por las
puertas (porque desta manera solía v i v i r ) , las dejó en un banco
q u e halló allí junto a la playa.
37. Y se embarcó, habiendo estado en Barcelona poco más
de veinte días. Estando todavía aún en Barcelona antes q u e se
embarcase, s e g ú n su costumbre buscaba todas las personas espi-
rituales, a u n q u e estuviesen en ermitas de la cibdad, para tratar
con ellas. M a s , ni en Barcelona ni en Manresa, por todo el
tiempo q u e allí estuvo, p u d o hallar personas q u e tanto le a y u d a -
sen c o m o él deseaba; solamente en M a n r e s a aquella mujer, de
2 7
que arriba está d i c h o , q u e le dijera q u e rogaba a Dios le
aparesciese J e s u c r i s t o : esta sola le parescia que entraba más en
las cosas espirituales. Y así, después de partido de Barcelona,
perdió totalmente esta ansia de buscar personas espirituales.

2 6
Véase el prólogo del P. Luis Goncalves da Cámara, n.l* p.97.
2 7
N.21.
Capítulo 4 123

C A P I T U L O I V

38-39. Desembarca en Gaeta y emprende el camino hacia


Roma.—40-41. Recibida la bendición del papa Adriano VI,
parte para Venecia.—42-43. Es acogido con benevolencia por un
español. Obtiene pasaje gratuito para Tierra Santa; sale para
Chipre; corrige los abusos que se cometían en la nave.—44-48.
Llega a jerusalén y visita con gran devoción los Santos Lugares. No
consigue permiso para quedarse, y se ve obligado a regresar a
Europa.

38. T u v i e r o n v i e n t o tan recio en popa, que l l e g a r o n desde


Barcelona hasta Gaeta en cinco días con sus noches, a u n q u e con
harto temor de todos por la m u c h a tempestad. Y por toda
aquella tierra se temían de pestilencia; mas él, como desembar-
có, comenzó a c a m i n a r para R o m a . D e aquellos q u e venían en
la n a v e se le juntaron en compañía una madre, con una hija q u e
traía en hábitos de m u c h a c h o , y un otro mozo. Estos le se-
g u í a n , p o r q u e también mendicaban. L l e g a d o s a una casería,
hallaron un g r a n d e fuego y muchos soldados a él, los cuales les
dieron de comer, y les daban m u c h o v i n o , i n v i t á n d o l o s , de
m a n e r a q u e parecía q u e tuviesen intento de escallen talles. Des-
pués los apartaron, p o n i e n d o la madre y la hija arriba en una
cámara, y el p e l e g r i n o con el mozo en un establo. M a s c u a n d o
v i n o la media noche, o y ó q u e allá arriba se daban g r a n d e s
gritos; y, levantándose para ver lo q u e era, halló la madre y la
hija abajo en el patio m u y llorosas, lamentándose que las que-
rían forzar. A él le v i n o con esto un ímpetu tan g r a n d e , q u e
e m p e z ó a g r i t a r , diciendo: — ¿ E s t o se ha de s u f r i r ? — y seme-
jantes quejas; las cuales decía con tanta eficacia, que q u e d a r o n
espantados todos los de la casa, sin q u e n i n g u n o le hiciese mal
n i n g u n o . El mozo había y a h u i d o , y todos tres empezaron a
caminar así de noche.
39. Y l l e g a d o s a una cibdad q u e estaba cerca, la hallaron
cerrada; y no p u d i e n d o entrar, pasaron todos tres aquella noche
en una iglesia q u e allí estaba, llovida. A la mañana no les
quisieron abrir la cibdad; y por de fuera no hallaban limosna,
a u n q u e fueron a un castillo q u e parecía cerca de allí, en el cual
el p e l e g r i n o se halló flaco, así del trabajo de la mar, como de lo
d e m á s , etc. Y no p u d i e n d o más caminar, se q u e d ó allí; y la
madre y la hija se fueron hacia R o m a . A q u e l día salieron de
la cibdad mucha gente; y sabiendo que venía allí la señora de la
124 Autobiografía
1
t i e r r a , se le puso delante, diciéndole que de sola flaqueza
estaba enfermo; que le pedía le dejase entrar en la cibdad para
buscar a l g ú n remedio. Ella lo concedió fácilmente. Y empezan-
2
do a m e n d i c a r por la cibdad, halló muchos c u a t r i n e s , y reha-
ciéndose allí dos días, t o r n ó a p r o s e g u i r su camino, y l l e g ó a
3
R o m a el D o m i n g o de R a m o s .
40. D o n d e todos los q u e le hablaban, sabiendo q u e no
llevaba dineros para J e r u s a l é n , le empezaron a disuadir la ida,
afirmándole con m u c h a s razones que era imposible hallar pasaje
sin dineros; mas él tenía una g r a n d e certidumbre en su alma,
q u e no podía d u b d a r sino q u e habla de hallar m o d o para ir a
J e r u s a l é n . Y habiendo tomado la bendición del papa A d r i a -
no V I , después se partió para Venecia, ocho días o n u e v e
4
después de Pascua de R e s u r r e c c i ó n . L l e v a b a todavía seis o
siete d u c a d o s , los cuales le habían dado para el pasaje de Vene-
cia a J e r u s a l é n , y él los había t o m a d o , vencido a l g o de los
temores q u e le ponían de no pasar de otra manera. M a s , dos
días después de ser salido de R o m a , empezó a conocer q u e
aquello había sido la desconfianza que había tenido, y le pesó
m u c h o de haber tomado los ducados, y pensaba si sería bueno
dejarlos. M a s al fin se determinó de gastarlos l a r g a m e n t e en los
q u e se ofrescían, q u e ordinariamente eran pobres. Y hízolo de
manera q u e , c u a n d o después l l e g ó a Venecia, no llevaba más
q u e a l g u n o s cuatrines, q u e aquella noche le fueron necesarios.
41. T o d a v í a , por este camino hasta Venecia, por las g u a r -
das q u e eran de pestilencia, dormía por los pórticos; y a l g u n a
vez le acaeció, en levantándose a la mañana, topar con un hom-
bre, el cual, en v i e n d o q u e le v i o , con g r a n d e espanto se puso a
huir, p o r q u e paresce q u e le debía de ver m u y descolorido.
5
C a m i n a n d o ansí llegó a C h o z a , y, con a l g u n o s compañeros
q u e se le habían ajuntado, supo que no les dejarían entrar en
Venecia; y los compañeros determinaron ir a Padua para tomar

1
El P. Tacchi Venturi sostiene con fundamento que se trata de la condesa Beatriz
Appiani, esposa de Vespasiano Colonna, señora de Fondi, Según esto, fue Fondi la
ciudad a la que llegó San Ignacio. Storia della Compagnia di Gesú in Italia II parte prima
(2.» ed., 1950) p.40.
2
Moneda antigua de poco valor; la palabra se usa aún hoy día en Italia para
significar, en lenguaje familiar, dinero.
3
En 1523, el Domingo de Ramos fue el día 29 de marzo.
4
Recayó aquel año la Pascua en el día 5 de abril, de donde se deduce que Ignacio
salió de Roma para Venecia el 13 ó 14 de dicho mes. El permiso para ir a Jerusalén,
otorgado por Adriano VI a San Ignacio, se conserva en el Archivo Vaticano y lleva por
fecha el 31 de marzo de 1523, es decir, dos días después de la llegada del Santo a Roma.
En él es llamado: «Enecus de Loyola, clericus pampilonensis diócesis». El texto ha sido
publicado por los PP. Leturia y Batllori en Arebivum Historicum Soc. Iesu 25 (1956) 26.
También en MI, Fontes documentales n.64.
5
Chioggia en italiano, ciudad distante 30 km. de Venecia, en la extremidad sur de la
laguna.
I
Capítulo 4 125

allí cédula de sanidad, y ansí partió él con ellos; mas no p u d o


caminar tanto, p o r q u e caminaban m u y recio, dejándole, cuasi
noche, en un g r a n d e campo; en el cual estando, le aparesció
Cristo de la manera q u e le solía aparescer, como arriba hemos
6
d i c h o , y lo confortó m u c h o . Y con esta consolación, el otro
día a la mañana, sin contrahacer cédula, c o m o (creo) habían
hecho sus c o m p a ñ e r o s , llega a la puerta de Padua, y entra sin
que las guardas le demanden nada; y lo mismo le acaeció a la sa-
lida; de lo cual se espantaron m u c h o sus compañeros q u e ve-
nían de tomar cédula para ir a Venecia, de la cual él no se curó.
42. Y l l e g a d o s a Venecia, venieron las g u a r d a s a la barca
para examinar a todos, uno por u n o , cuantos había en ella; y a
él solo dejaron. Manteníase en Venecia m e n d i c a n d o , y dormía
7
en la plaza de San M a r c o s ; mas nunca q u i s o ir a casa del
8
embajador del e m p e r a d o r , ni hacía diligencia especial para
buscar con q u e pudiese pasar; y tenía una g r a n certidumbre en
su alma, q u e Dios le había de dar m o d o para ir a Jerusalén; y
ésta le confirmaba tanto, q u e n i n g u n a s razones y miedos q u e le
ponían le podían hacer dubdar.
9
Un día le topó un h o m b r e rico e s p a ñ o l y le p r e g u n t ó lo
q u e hacía y dónde quería ir; y sabiendo su intención, lo l l e v ó a
comer a su casa, y después lo t u v o a l g u n o s días hasta que se
aparejó la partida. Tenía el p e r e g r i n o esta costumbre ya desde
M a n r e s a , que, c u a n d o comía con a l g u n o s , nunca hablaba en la
tabla, si no fuese responder brevemente; mas estaba escuchando
lo q u e se decía, y c o g i e n d o a l g u n a s cosas, de las cuales tomase
ocasión para hablar de Dios; y, acabada la comida, lo hacía.
43. Y ésta fue la causa por q u e el h o m b r e de bien con toda
su casa tanto se aficionaron a él, que le quisieron tener, y
esforzaron a estar en ella; y el mismo huésped lo llevó al d u q u e
1 0 1 1
de V e n e c i a para q u e le hablase, esto e s , le hizo dar entrada y

« N.29,4».
7
Dormía San Ignacio en la plaza de San Marcos bajo los pórticos que reciben el
nombre de Procurarte vecchie. No lejos de allí estaba el palacio del senador Marco Antonio
Trevisán (hoy palacio «Blanco Cappello»), el cual, según afirma una antiquísima tradi-
ción, no pudo descansar hasta que, saliendo a la plaza, encontró a San Ignacio y le invitó
a dormir en su casa. Véase Fontes narr. II 433 y 536; III 374; RIBADENEIRA, Vida 1.1 c.10;
Font. narr. IV 152.
8
Era éste Alonso Sánchez.
9
No hemos podido descubrir hasta ahora el nombre de este español que caritativa-
mente atendió a San Ignacio en Venecia. Más adelante, n.50, nos dirá San Ignacio que a
la vuelta de Jerusalén «le halló uno de aquellos dos que le habían acogido en su casa antes
que partiese para Jerusalén». Ya sabemos (v. nota 7) que uno de los dos fue el senador
Marco Antonio Trevisán.
1 0
Era dux de Venecia Andrea Gritti (1455-1538). Había sido elegido para aquella
dignidad el 10 de mayo de 1523, es decir, unos cuatro días antes de la llegada de San
Ignacio a Venecia. Véase Fontes narr. I p.29* nota 43.
11
El texto dice en latín: «id est».
126 Autobiografía

audiencia. El d u q u e , c o m o o y ó al p e r e g r i n o , m a n d ó q u e le
diesen embarcación en la n a v e de los g o b e r n a d o r e s q u e iban a
12
Cipro .
A u n q u e aquel año eran venidos m u c h o s p e r e g r i n o s a J e r u -
salén, los más dellos eran vueltos a sus tierras por el n u e v o caso
1 3
q u e había acaescido de la tomada de R o d a s . T o d a v í a había
14
trece en la n a v e p e l e g r i n a , q u e partió p r i m e r o , y ocho o n u e v e
15
q u e d a b a n para la de los g o b e r n a d o r e s ; la cual estando para
partirse, le viene al nuestro p e r e g r i n o una g r a v e enfermedad de
calenturas; y después de haberle tratado mal a l g u n o s días, le
dejaron, y la n a v e se partía el día q u e él había t o m a d o una
p u r g a . P r e g u n t a r o n los de casa al médico si podría embarcarse
para J e r u s a l é n , y el médico dijo q u e , para allá ser sepultado,
bien se podría embarcar; mas él se e m b a r c ó y partió aquel día; y
v o m i t ó tanto, que se h a l l ó m u y ligero y fue del todo comenzan-
do a sanar. En esta n a v e se hacían a l g u n a s suciedades y torpezas
manifiestas, las cuales él reprehendía con severidad.
44. L o s españoles q u e allí iban le avisaban n o lo hiciese,
p o r q u e trataban los de la n a v e de dejarlo en a l g u n a ínsula. M a s
quiso nuestro Señor q u e l l e g a r o n presto a C i p r o , adonde, deja-
da aquella n a v e , se fueron por tierra a otro puerto q u e se dice
16
Las S a l i n a s , q u e estaba diez leguas de allí, y entraron en la
n a v e p e l e g r i n a , en la cual tampoco n o metió más para su
m a n t e n i m i e n t o q u e la esperanza q u e llevaba en Dios, c o m o

1 2
Sobre el viaje de San Ignacio desde Venecia a Palestina nos suministran abundan-
tes datos dos diarios escritos por otros tantos compañeros de San Ignacio en aquella
peregrinación. Uno fue Peter Füssli, ciudadano de Zurich, de oficio fundidor de campa-
nas, por el cual sabemos los nombres de otros tres compañeros; el capitán Hünegg, de
Mellingen; el conciudadano de Füssli, Heinri Ziegler, y el tirolés Conrado Bernhard. La
relación de Füssli, escrita en alemán antiguo, ha sido publicada, aparte de otras ediciones,
por Bóhmer, en su obra Studien %ur Gesellschaft jesu, 1 Band: Loyola (edición de 1914). En
las dos posteriores ediciones de la obra de Bóhmer, cuidadas por Hans Leube, en 1941 y
1951, el interesante texto de Füssli ha sido omitido. El mismo Bóhmer, p.4 de sus Texten,
en la mencionada obra, nos da cuenta del otro diario compuesto por el estrasburgués
Felipe Hagen, publicado por LUDWIG CONRADY, Vier rheinische Palaestina-Pilgerschriften
(Wiesbaden 1882). Los datos más importantes que se encuentran en el diario de Füssli
pueden verse resumidos en Fontes narr. I 420-422.428-429. El mismo San Ignacio escribió
desde Jerusalén a sus amigos de Barcelona una relación de su viaje a Palestina, la cual vio
el P. Ribadeneira, como él mismo nos lo atestigua. Desgraciadamente, este documento
precioso se ha perdido. Véase Fontes narr. I 1-4.
1 5
Rodas había sido tomada por los turcos el año anterior, el 12 de diciembre de 1522.
14
Esta era la nave más pequeña, en la cual se embarcaron 13 peregrinos, entre ellos
Felipe Hagen. Zarpó de Venecia el 29 de junio.
16
Era más grande y se llamaba Negrona. Pertenecía a Benedetto Ragazzoni. En ella
hizo su viaje San Ignacio con otros peregrinos, ocho en total, entre ellos Peter Füssli,
autor del diario de que hemos hablado en la nota 12. Los españoles eran cuatro: San
Ignacio, un sacerdote cuyo nombre nos es desconocido, el comendador de la Orden de
San Juan, Diego Manes, y un criado suyo. Iba también en ella el nuevo gobernador de
Chipre, Niccoló Dolfin. En Chipre, como nos dice poco después San Ignacio, dejada la
nave Negrona, los peregrinos se juntaron con los de la nave «peregrina».
l ú
Hoy Lárnaca.
Capítulo 4 127

había hecho en la otra. En todo este tiempo le aparescía muchas


veces nuestro Señor, el cual le daba mucha consolación y es-
fuerzo; mas parescíale q u e vía una cosa redonda y g r a n d e , c o m o
si fuere de oro, y esto se le representaba después de partidos de
1 7
Cipro l l e g a r o n a J a f a , y c a m i n a n d o para J e r u s a l é n en sus
asnillos, c o m o se acostumbra, antes de llegar a J e r u s a l é n dos
millas, dijo un español, noble, según parescía, l l a m a d o por
n o m b r e D i e g o M a n e s , con mucha devoción a todos los pelegri-
nos que, pues de ahí a p o c o habían de llegar al l u g a r de donde
se podría ver la santa cibdad, que sería bueno todos se apareja-
sen en sus consciencias, y q u e fuesen en silencio.
45. Y paresciendo bien a todos, se empezó cada u n o a
recoger; y un poco antes de llegar al l u g a r donde se veía, se
apearon, p o r q u e vieron los frailes con la cruz q u e los estaban
esperando. Y v i e n d o la cibdad, t u v o el p e l e g r i n o g r a n d e conso-
lación; y, según los otros decían, fue universal en todos, con
una alegría q u e no parescía natural; y la m i s m a devoción sintió
siempre en las visitaciones de los l u g a r e s santos.
Su firme propósito era quedarse en J e r u s a l é n , visitando
siempre aquellos l u g a r e s santos; y también tenía propósito,
ultra desta devoción, de a y u d a r las á n i m a s ; y para este efecto
18
traía cartas de e n c o m i e n d a para el g u a r d i á n , las cuales le d i o ,
y le dijo su intención de q u e d a r allí por su devoción, mas no la
s e g u n d a parte, de querer aprovechar las á n i m a s , p o r q u e esto a
n i n g u n o lo decía, y la primera había m u c h a s veces publicado.
El g u a r d i á n le respondió que no veía c ó m o su q u e d a d a pudiese
ser, p o r q u e la casa estaba en tanta necesidad, q u e no podía
mantener los frailes, y por esa causa estaba determinado de
mandar con los p e l e g r i n o s a l g u n o s a estas partes. Y el p e l e g r i n o

1 7
La puntuación de este pasaje no es la misma en todos los códices. Ninguna carece
de dificultades. Seguimos la del texto N, que se debe considerar, en general, como el
mejor de los manuscritos, y por eso se ha tomado como básico en la edición crítica de la
Autobiografía en Fontes narrativi I. Este texto, como en general los otros, dan a entender
que estas apariciones de Jesús a San Ignacio tuvieron lugar después de la partida de
Chipre. El texto Ve (Roma, Biblioteca Vittorio Emanuele, mss. gesuit. 1372) pone punto
después de «se le representaba», con lo cual no se fija el tiempo y lugar de estas
apariciones. El P. Larrañaga ha escogido esta lectura y puntuación (Obras completas de San
Ignacio I p.218). A nuestro modo de ver, la puntuación del texto Ve presenta una gran
dificultad, y es que, según ella, la frase «y esto se le representaba» parece estar de más.
1 8
No consta quién era por entonces el guardián del convento de Montesión. Este
cargo duraba un trienio y daba al que lo tenía jurisdicción sobre los demás conventos
franciscanos de Tierra Santa. El 23 de mayo de 1523, durante el Capítulo general
celebrado en Burgos, fue nombrado para aquel cargo Ángel Tassi de Ferrara, de la
provincia observante de Bolonia: pero es cierto que no se puso en camino hasta mayo de
1524. Zenobio Masi de Florencia, de la provincia observante de Toscana, elegido en 1517
v confirmado en 1518, duró en el cargo hasta 1520. De 1520 a 1523 tuvo que haber otro,
cuyo nombre ignoramos, elegido seguramente en el Capítulo general de 1521. Tomamos
estos datos de A . ARCE, O.F.M., Iñigo de Loyola en Jerusalén {1523). Nuevos datos: Tierra
Santa, 32 (Jerusalén 1957) 197-209.
128 Autobiografía

respondió q u e no quería n i n g u n a cosa de la casa, sino sola-


mente que, c u a n d o a l g u n a s veces él viniese a confesar, le oyesen
de confesión. Y con esto el g u a r d i á n le dijo que de aquella
manera se p o d r í a hacer; mas q u e esperase hasta q u e viniese el
provincial (creo que era el supremo de la orden en aquella
19
tierra), el cual estaba en B e l é n .
46. Con esta promesa se a s e g u r ó el p e l e g r i n o , y empezó a
escribir cartas para Barcelona para personas espirituales. Te-
2 0
niendo ya escrita u n a y estando escribiendo la otra, víspera de
la partida de los p e l e g r i n o s , le vienen a l l a m a r de parte del
provincial y del g u a r d i á n , porque había l l e g a d o ; y el provincial
le dice con buenas palabras c ó m o había sabido su buena inten-
ción de q u e d a r en aquellos l u g a r e s santos; y que había bien
pensado en la cosa; y que, por la experiencia q u e tenía de otros,
juzgaba q u e no convenía. Porque muchos habían tenido aquel
deseo, y q u i é n había sido preso, quién muerto; y q u e después la
religión q u e d a b a o b l i g a d a a rescatar los presos; y por tanto él se
aparejase de ir el otro día con los pelegrinos. El respondió a
esto q u e él tenía este propósito m u y firme, y q u e juzgaba por
n i n g u n a cosa dejarlo de poner en obra; dando honestamente a
entender que, a u n q u e al provincial no le paresciese, si no fuese
cosa q u e le o b l i g a s e a pecado, q u e él no dejaría su propósito
por n i n g ú n temor. A esto dijo el provincial q u e ellos tenían
autoridad de la Sede Apostólica para hacer ir de allí, o q u e d a r
allí, quien les paresciese, y para poder d e s c o m u l g a r a quien no
les quisiese obedescer, y q u e en este caso ellos juzgaban q u e él
no debía de quedar, etc.
47. Y queriéndole demostrar las bulas, por las cuales le
podían d e s c o m u l g a r , él dijo q u e no era menester verlas; q u e él
creía a sus reverencias; y pues que ansí juzgaban con la autori-
dad q u e tenían, q u e él les obedescería. Y acabado esto, volvien-
do donde antes estaba, le vino g r a n d e deseo de tornar a visitar
el monte Olivete antes q u e se partiese, y a que no era voluntad
de nuestro Señor q u e él quedase en aquellos santos lugares. En
el monte Olivete está una piedra, de la cual subió nuestro Señor
a los cielos, y se ven aún a g o r a las pisadas impresas; y esto era
lo q u e él quería tornar a ver. Y así, sin decir n i n g u n a cosa ni
tomar g u í a (porque los q u e van sin turco p o r g u í a corren
g r a n d e p e l i g r o ) , se descabulló de los otros, y se fue solo al
19
El provincial, que en tal ocasión estaba visitando el territorio de su jurisdicción,
era entonces el P. Marcos de Salodio. Véase Arce, citado en la nota anterior. Sobre el
viaje de San Ignacio a Tierra Santa, véase también S. BARTINA, S.I., Tierra Santa en la
vida y en la obra de San Ignacio de Loyola: Razón y Fe, 158 (1958) 55-74.
2 0
Era ésta probablemente la narración del viaje desde Venecia a Jerusalén, hoy dia
perdida, de la que hicimos mención en la nota 12.
Capitulo 5 129

monte Olívete. Y no lo querían dejar entrar las g u a r d a s . Les


dio un cuchillo de las escribanías q u e llevaba; y después de
haber hecho su oración con harta consolación, le v i n o deseo de
ir a Betfage; y estando allá, se tornó a acordar q u e no había bien
m i r a d o en el monte Olívete a q u é parte estaba el pie derecho, o
a q u é parte el esquierdo; y t o r n a n d o allá, creo q u e dio las tijeras
a las g u a r d a s para q u e le dejasen entrar.
48. C u a n d o en el m o n a s t e r i o se supo q u e él era p a r t i d o así
sin g u í a , los frailes hicieron diligencias para buscarle; y así,
descendiendo él del monte Olívete, topó con un cristiano de la
21
c i n t u r a , q u e servía en el monasterio, el cual, con un g r a n d e
bastón y con muestra de g r a n d e enojo, hacía señas de darle. Y
l l e g a n d o a él, trabóle reciamente del brazo, y él se dejó fácil-
mente llevar. M a s el buen h o m b r e nunca le desasió. Y e n d o por
este c a m i n o así asido del cristiano de la cintura, t u v o de nuestro
Señor g r a n d e consolación, que le parescía q u e v í a Cristo sobre
él siempre. Y esto hasta q u e a l l e g ó al monasterio d u r ó siempre
en g r a n d e abundancia.

C A P I T U L O V

49. Regresando de Palestina pasa por Chipre, y después de superar


una fuerte tempestad, desembarca en Venecia.—50-53. Decide ir
a Barcelona para estudiar. Camino de Genova pasa por Ferrara y
atraviesa los campamentos de tropas imperiales y francesas. Preso
como espía, es injuriado y se le representa Jesucristo. Se embarca
para Barcelona.

1
49. Partieron el otro d í a y l l e g a d o s a Cipro, los pelegri-
nos se apartaron en diversas n a v e s . Había en el puerto tres o
cuatro naves para Venecia. Una de turcos, y otra era un n a v i o
muy p e q u e ñ o , y la tercera era una nave m u y rica y poderosa de
2
un h o m b r e rico v e n e c i a n o . Al patrón desta pidieron a l g u n o s
pelegrinos quisiese llevar el p e l e g r i n o ; mas él, como supo q u e
2 1
Así eran llamados los cristianos sirios que servían en el convento de Montesión,
sin duda por el ceñidor con que sujetaban su hábito a la cintura.

1 El 23 de septiembre de 1523.
2
Jerónimo Contarini. Por el diario de Füssli conocemos los nombres de otras dos
naves grandes, una llamada Malipiera y otra Maran. En la Malipiera lograron embarcarse
Peter Füssíi y sus compañeros, no así San Ignacio, totalmente desprovisto de recursos
con que pagar el pasaje. No sabemos qué nombre tenía ni quién era el patrón del «navio
muy pequeño» en el que logró ser admitido. Cf. Fontes narr. I 428 nota 1.
130 Autobiografía

no tenía dineros, no quiso, a u n q u e muchos se lo rogaron,


alabándole, etc. Y el patrón respondió q u e , si era santo, q u e
pasase como pasó S a n t i a g o , o una cosa símile. Estos m i s m o s
r o g a d o r e s lo alcanzaron m u y fácilmente del patrón del p e q u e ñ o
n a v i o . Partieron un día con próspero viento por la mañana, y a
la tarde les v i n o una tempestad, con q u e se despartieron unas de
otras, y la g r a n d e se fue a perder junto a las mismas islas de
Cipro, y sólo la gente salvó; y la n a v e de los turcos se p e r d i ó , y
toda la gente con ella, con la misma tormenta. El n a v i o peque-
ño pasó m u c h o trabajo, y al fin vinieron a tomar una tierra de
la Pulla; y esto en la fuerza del invierno; y hacía g r a n d e s fríos y
nevaba; y el p e l e g r i n o no llevaba más ropa q u e unos zaragüelles
de tela g r u e s a hasta la rodilla, y las piernas n u d a s , con zapatos,
y un jubón de tela n e g r a , abierto con m u c h a s cuchilladas por las
espaldas, y una ropilla corta de poco pelo.
50. L l e g ó a Venecia m e d i a d o enero del año 24, habiendo
estado en el m a r desde Cipro todo el mes de n o v i e m b r e y
deciembre, y lo q u e era pasado de enero. En Venecia le halló
uno de aquellos dos q u e le habían a c o g i d o en su casa antes q u e
3 4
partiese para J e r u s a l é n , y le dio de limosna 15 ó 16 j u l i o s y un
pedazo de paño, del cual hizo muchos dobleces, y le puso sobre
el e s t ó m a g o por el g r a n frío q u e hacía.
Después q u e el dicho p e l e g r i n o entendió q u e era v o l u n t a d
de Dios q u e no estuviese en J e r u s a l é n , siempre v i n o c o n s i g o
5
pensando q u é h a r í a , y al final se inclinaba más a estudiar a l g ú n
tiempo para poder a y u d a r a las ánimas, y se determinaba ir a
Barcelona; y así se partió de Venecia para Genova. Y estando
un día en Ferrara en la iglesia principal c u m p l i e n d o con sus
devociones, un pobre le p i d i ó limosna, y él le dio un m a r q u e -
6
t e , q u e es moneda de 5 ó 6 cuatrines. Y después de aquél v i n o
otro, y le dio otra monedilla q u e tenía, a l g o m a y o r . Y al 3.°, no
teniendo sino julios, le dio un julio. Y c o m o los pobres veían
q u e daba limosna, no hacían sino venir, y así se acabó todo lo
q u e traía. Y al fin vinieron m u c h o s pobres juntos a pedir
limosna. El respondió q u e le perdonasen, q u e no tenía más
nada.
5 1 . Y así se partió de Ferrara para Genova. Halló en el
c a m i n o unos soldados españoles, q u e aquella noche le hicieron
buen tratamiento; y se espantaron m u c h o cómo hacía aquel
3
Véase n.42 notas 7 y 9.
4
Moneda equivalente a la décima parte de un ducado. Recibió su nombre del papa
Julio II. E. MARTINORI, LM moneta. Vocabulario genérale (Roma 1917) p.184.
5
El texto dice en latín: «quid agendum».
6
Del italiano marchetto, moneda que valía un sueldo (soldó} y equivalía a la vigésima
parte de una lira veneciana. MARTINORI, O.C, p.270.
Capítulo S 131

c a m i n o , p o r q u e era menester pasar cuasi por m e d i o de entram-


7
bos los ejércitos, franceses e i m p e r i a l e s , y le r o g a b a n q u e
dejase la v í a real, y que tomase otra segura que le enseñaban.
M a s él no t o m ó su consejo; sino, c a m i n a n d o su c a m i n o dere-
cho, topó con un p u e b l o q u e m a d o y destruido, y así hasta la
noche no halló q u i e n le diese nada para comer. M a s cuando fue
a puesta de sol, l l e g ó a un pueblo cercado, y las g u a r d a s le
c o g i e r o n l u e g o , pensando q u e fuese espía; y metiéndole en una
casilla junto a la puerta, le empezaron a examinar, c o m o se suele
hacer c u a n d o hay sospecha; y respondiendo a todas las p r e g u n -
tas q u e no sabía nada. Y le desnudaron, y hasta los zapatos le
escudriñaron, y todas las partes del cuerpo, para ver si llevaba
a l g u n a letra. Y no p u d i e n d o saber nada por n i n g u n a vía, traba-
ron del para q u e viniese al capitán; q u e él le haría decir. Y
-diciendo él q u e le llevasen cubierto con su ropilla, no quisieron
dársela, y l l e v á r o n l e así con los zaragüelles y jubón arriba
dichos.
52. En esta ida t u v o el p e l e g r i n o c o m o una representación
de c u a n d o l l e v a b a n a Cristo, a u n q u e no fue visión c o m o las
otras. Y fue l l e v a d o p o r tres g r a n d e s calles; y él iba sin n i n g u -
na tristeza, antes con alegría y contentamiento. El tenía por
costumbre de hablar, a cualquiera persona que fuese, por v o s ,
teniendo esta devoción, q u e así hablaba Cristo y los apósto-
les, etc. Y e n d o ansí por estas calles, le pasó por la fantasía q u e se-
ría bueno dejar aquella costumbre en aquel trance y hablar por
señoría al capitán, y esto con a l g u n o s temores de tormentos que
le podían dar, etc. M a s como conosció q u e era tentación:
— P u e s así es, dice, y o no le hablaré por señoría, ni le haré
reverencia, ni le quitaré caperuza.
53. L l e g a n al palacio del capitán, y déjanle en una sala
baja, y de allí a un rato le habla el capitán. Y él sin hacer n i n g ú n
m o d o de cortesía, responde pocas palabras, y con notable espa-
cio entre u n a y otra. Y el capitán le t u v o por loco, y ansí lo dijo
a los q u e lo trajeron: — E s t e h o m b r e no tiene seso; dalde lo
s u y o y echaldo fuera—. Salido de palacio, l u e g o halló un espa-
ñol q u e allí v i v í a , el cual lo l l e v ó así a su casa, y le dio con q u e
se desayunase y todo lo necesario para aquella noche. Y partido
a la m a ñ a n a , c a m i n ó hasta la tarde, q u e le vieron dos soldados
q u e estaban en una torre, y bajaron a prendelle. Y l l e v á n d o l o al
capitán, que era francés, el capitán le p r e g u n t ó , entre las otras

7
Estaban en guerra el emperador Carlos V y el rey de Francia Francisco I, que se
disputaban el ducado de Milán. San Ignacio hizo este viaje en febrero de 1524. Un año
más tarde se decidió aquella guerra en la batalla de Pavía, en la cual Francisco I fue hecho
prisionero y trasladado a Madrid.
132 Autobiografía

cosas, de q u é tierra era; y entendiendo q u e era de Guipusca, le


dijo: — Y o soy de allí de c e r c a — , paresce ser junto a B a y o n a ;
y l u e g o dijo: — L l e v a l d e , y dalde de cenar, y hacelde buen tra-
t a m i e n t o — . En este c a m i n o de F e r r a r a para G e n o v a pasó
otras cosas m u c h a s m e n u d a s , y a la fin l l e g o a G e n o v a ,
8
adonde le conosció un viscaíno q u e se llamaba P o r t u n d o , q u e
otras veces le había hablado c u a n d o él servía en la corte del R e y
9
C a t ó l i c o . Este le hizo e m b a r c a r en una nave q u e iba a Barcelo-
na, en la cual corrió m u c h o p e l i g r o de ser t o m a d o de A n d r e a
10
Doria, q u e le dio caza, el cual entonces era f r a n c é s .

C A P I T U L O V I

54-55. En Barcelona comienza sus estudios j tiene que vencer algunas


dificultades que se le presentan.—56-57. Se dirige a Alcalá para
estudiar filosofía y teología.—58-59. Se ocupa en dar los ejercicios
y en declarar la doctrina cristiana. Es sometido a proceso.—60-62.
Es encarcelado y después dejado en libertad.—63. Sale de Alcalá
en dirección de Val lado lid y Salamanca.

1
54. L l e g a d o a B a r c e l o n a c o m u n i c ó su inclinación de estu-
2 3
diar con Guisabel R o s c e r , y con un maestro A r d é v o l , q u e

8
Su verdadero nombre era Rodrigo Portuondo, «general de las galeras de España»
(Ribadeneira). En 1524 protegió la vuelta de la escuadra imperial desde Marsella a
Genova. Murió en 1529, en lucha contra los corsarios, junto a la isla de Formentera.
Cf. Fontes narr. II 435*.
9
San Ignacio sirvió en la casa de Juan Velázquez de Cuéllar, contador mayor (o
ministro de Hacienda) del Rey Católico. En un sentido lato se podía decir, según esto,
que estuvo al servicio del Rey Católico. Como escribe el P. Fidel Fita: «el Contador
Mayor, en razón a su oficio, solía estar al lado de los Reyes, y dondequiera que éstos
iban, tenía señalada casa o alojamiento» (Boletín de la Real Academia de la Historia 17
[1890] 498 nota 4).
10
Andrea Doria (1466-1560), genovés, en 1522 siguió a Francisco I; después de la
derrota de éste en Pavía el año 1525, pasó al servicio del papa Clemente VII; finalmente,
en 1528 se pasó definitivamente a la parte de Carlos V y de España.

1
Poco más abajo, en el n.57, nos dirá San Ignacio que llegó a Barcelona «el año 24,
en la cuaresma» (9 febrero-27 marzo). Habiendo llegado a Venecia «mediado enero del
año 24» (cf. n.50), y habiendo recorrido a pie el largo trayecto de Venecia a Genova, y
después por mar la travesía hasta Barcelona, podemos conjeturar que llegó a esta última
ciudad en la segunda quincena de febrero o a principios de marzo.
2
Léase Roser. Su nombre se escribe también Roses y Rosell. Nosotros nos atenemos
a la forma empleada por el mismo San Ignacio —Roser— en carta autógrafa a Jaime
Cassador, 12 de febrero de 1536, publicada en MI, Epp. 1 93-99. Conoció a San Ignacio
ya en 1523, durante la primera permanencia de San Ignacio en Barcelona. En esta ciudad
fue su gran bienhechora durante todo el tiempo de sus estudios y siguió siéndolo cuando
el Santo se trasladó a París. En 1543 fue a Roma con otras dos compañeras y en 1545
logró su deseo de hacer la profesión solemne en la Compañía; pero, por varias dificulta-
Capítulo 6 133

enseñaba g r a m á t i c a . A entrambos paresció m u y bien, y él se


ofresció enseñarle de balde, y ella de dar lo que fuese menester
para sustentarse. Tenía el p e l e g r i n o en M a n r e s a un fraile, creo
que de sant B e r n a r d o , h o m b r e m u y espiritual, y con éste desea-
ba estar para aprender, y para poderse dar más c ó m o d a m e n t e al
espíritu, y aun aprovechar a las ánimas. Y así respondió q u e
aceptaba la oferta, si no hallase en M a n r e s a la comodidad que
4
esperaba. M a s , ido allá, halló que el fraile era m u e r t o ; y así,
v u e l t o a Barcelona, comenzó a estudiar con harta diligencia.
M a s empedíale m u c h o una cosa, y era que, cuando comenzaba a
decorar, c o m o es necesario en los principios de gramática, le
venían n u e v a s inteligencias de cosas espirituales y n u e v o s g u s -
tos; y esto con tanta manera, que no podía decorar, ni por
m u c h o q u e r e p u g n a s e las podía echar.
55. Y ansí, pensando m u c h a s veces sobre esto, decía con-
s i g o : — N i c u a n d o y o m e p o n g o en oración y estoy en la misa
no me vienen estas inteligencias tan v i v a s — ; y así poco a poco
v i n o a conoscer q u e a q u e l l o era tentación. Y después de hecha
5
oración se fue a Santa M a r í a de la M a r , junto a la casa del
maestro, habiéndole r o g a d o q u e le quisiese en aquella iglesia oír
un poco. Y así sentados, le declara todo lo q u e pasaba por su
alma fielmente, y cuan poco p r o v e c h o hasta entonces por a q u e -
lla causa había hecho; mas que él hacía promesa al dicho maes-
tro, diciendo: — Y o os p r o m e t o de nunca faltar de oíros estos
dos años, en cuanto en Barcelona hallare pan y a g u a con que
me pueda mantener—. Y c o m o hizo esta promesa con harta
eficacia, nunca más t u v o aquellas tentaciones. El dolor de estó-
m a g o q u e le t o m ó en M a n r e s a , por causa del cual t o m ó zapatos,

des que después surgieron, consiguió San Ignacio que fuera dispensada de ella y que la
Compañía quedase en adelante libre del cargo de mujeres sujetas a su obediencia. Isabel
Roser regresó en 1547 a Barcelona, donde profesó como franciscana en el convento de
Santa María de Jerusalén, en el que piadosamente murió.
3
Jerónimo Ardévol (y no Ardébalo, como escribe el P. Ribadeneira. Vida 1.1 c.13),
siendo bachiller, regentó la cátedra de gramática en el Estudio General de Barcelona
durante el curso 1525-1526, cuando San Ignacio fue alumno de aquel Estudio, como
creemos haber probado en nuestro artículo Eos estudios de San Ignacio en Barcelona (1524-
1526): Archivum Historicum Societatis Iesu, 10 (1941) 283-293. Dijimos en aquel lugar
que antes del curso 1525-1526, probablemente el maestro Ardévol fue repetidor o
profesor especial de San Ignacio, cargo que existía en dicho Estudio conforme a los
estatutos de 1508. Según esto, pudo Ardévol ayudar al Santo en sus estudios ya en
seguida después de la llegada de éste a Barcelona. Véase también M. BATLLORI, Vuit segles
de cultura catalana a Europa p.85-100; J . M. MADURELL-C. DALMASES, Jeroni Ardévol,
maestro de San Ignacio y la enseñanza de las Humanidades en Barcelona de 1508 a 1544: AHSI 37
(1968) 370-407.
4
Tratábase sin duda de un monje cisterciense del monasterio de San Pablo, monaste-
8
rio sobre el cual hicimos alguna indicación en una nota al n.30. Véase JOSÉ M. MARCH,
¿Quién j de dónde era el monje manresano amigo de San Ignacio?: Estudios Eclesiásticos, 4
(1925) 185-193.
s
Santa María del Mar, el gran templo gótico de Barcelona, situado en las cercanías
del puerto, cuya construcción fue terminada el año 1383.
134 Autobiografía

le dejó, y se halló bien del e s t ó m a g o desde q u e partió para


Jerusalén. Y por esta causa, estando en Barcelona e s t u d i a n d o , le
v i n o deseo de tornar a las penitencias pasadas; y así empezó
hacer un a g u j e r o en las suelas de los zapatos. Ibalos ensanchan-
do poco a poco, de m o d o que, c u a n d o llegó el frío del i n v i e r n o ,
ya no traía sino la pieza de arriba.
56. A c a b a d o s dos años de estudiar, en los cuales, s e g ú n le
decían, había harto a p r o v e c h a d o , le decía su maestro q u e ya
podía oír A r t e s , y q u e se fuese a Alcalá. M a s t o d a v í a él se hizo
e x a m i n a r de un doctor en teología, el cual le aconsejó lo mis-
m o ; y ansí se partió solo para Alcalá, a u n q u e y a tenía a l g u n o s
0
compañeros, según c r e o . L l e g a d o a Alcalá empezó a mendicar
y vivir de limosnas. Y después, de allí a diez o doce días q u e
v i v í a desta manera, un día un c l é r i g o , y otros q u e estaban con
él viéndole pedir limosna, se empezaron a reír del, y decirle
a l g u n a s injurias, c o m o se suele hacer a estos que, siendo sanos,
mendican. Y pasando a este tiempo el que tenía c a r g o del
7
hospital n u e v o de A n t e z a n a , mostrando pesar de a q u e l l o , le
l l a m ó , y le l l e v ó para el hospital, en el cual le dio una cámara y
todo el necesario.
8
57. Estudió en Alcalá cuasi año y m e d i o ; y p o r q u e el
año del 24 en la cuaresma l l e g ó a Barcelona, en la cual estudió

6
Ya en Barcelona se juntaron a San Ignacio Calixto de Sa, Lope de Cáceres y Juan de
Arteaga. Véase POLANCO, Sumario de las cosas más notables, en Fontes narr. I 170 notas
8.9.10. Sobre Calixto de Sa añádase lo que decimos en la nota 16 al capítulo 8 de la
Autobiografía. De allí se deduce que nació en 1506 ó 1507.
7
Llamábase este nuevo hospital de Nuestra Señora de la Misericordia, o también por el
nombre de su fundador, de Anteyana. No consta con certeza quién era, en tiempo de San
Ignacio, el director de este hospital. Los antiguos biógrafos no mencionan su nombre. El
P. Cristóbal de Castro, en la hiscoria manuscrita del Colegio de la Compañía de Jesús en
Alcalá, dice que era Lope de Deza. En cambio, el P. Fita dice haber visto un manuscrito
dei hospital titulado Cuenta de los priostes del cabildo de este hospital de Nuestra Señora de la
Misericordia desde el 23 de enero de 1516 hasta febrero de 1533... y que en él consta como
«prioste» en 1526 un tal Juan Vázquez. Puede verse la cita del P. Fita en Boletín de la Real
Academia de la Historia (Madrid), 33 (1898) 529.
8
No consta con toda seguridad cuánto tiempo duró la estancia de San Ignacio en
Alcalá. Si estuvo dos años en Barcelona (cf. n.56), parece debió de llegar a Alcalá hacia
fines de marzo de 1526. Por otra parte, como la sentencia del último proceso que allí se
hizo sobre su conducta le fue comunicada el día 1.° de junio de 1527, y a los veinte días
de su salida de la cárcel partió de Alcalá (POLANCO, Sumario n.40, Fontes narr. I 175),
resulta que su estancia en esta ciudad se prolongaría desde fines de marzo de 1526 hasta
alrededor del 20 de junio de 1527; de modo que no llegaría al año y medio. Por otra
parte, la esposa del hospitalero del hospital de Antezana, interrogada en proceso el 19 de
noviembre de 1526, «dijo que el Iñigo y Calixto podrá haber cuatro meses que están
aquí» (MI, Scripta I p.604); según lo cual habría que colocar la llegada de Ignacio en el
mes de julio, y entonces su estancia en Alcalá no pasaría mucho de los onces meses. La
declaración de la testigo del proceso de Alcalá podría confirmarse con el hecho de que en
Barcelona los cursos del Estudio General, donde creemos que San Ignacio estudió, termi-
naban en julio (cf. C. DALMASES, Arch'wum Historicum S.I., 10 [1941] 289), y parece raro
que San Ignacio interrumpiese el curso, saliendo de Barcelona en marzo.
Capítulo 6 135
9
dos años, el a ñ o de 26 l l e g ó Alcalá, y estudió términos de S o t o ,
] 0 11
y física de A l b e r t o , y el M a e s t r o de las S e n t e n c i a s . Y estan-
do en Alcalá se ejercitaba en dar ejercicios espirituales y en
declarar la doctrina cristiana; y con esto se hacía fruto, a gloria
de Dios. Y muchas personas h u b o que vinieron en harta noticia
y g u s t o de cosas espirituales; y otras tenían varias tentacio-
nes: c o m o era una q u e queriéndose disciplinar, n o lo podía ha-
cer, c o m o que le tuviesen la m a n o , y
otras cosas símiles q u e hacían rumores Acordarme he del te-
en el p u e b l o , m á x i m e por el m u c h o con- mor que él mismo pasó
12
curso q u e se hacía adondequiera q u e él una noche ,
declaraba la doctrina. L u e g o c o m o alle-
1 3
g ó a Alcalá, t o m ó conoscimiento con D. D i e g o de G u í a , el
14
cual estaba en casa de su h e r m a n o , q u e hacía e m p r e m p t a en
Alcalá, y tenía bien el necesario. Y así le a y u d a b a n con limosnas
para mantener pobres, y tenía los tres c o m p a ñ e r o s del p e l e g r i n o
15
en su c a s a . U n a v e z , viniéndole a pedir limosna para a l g u n a s
necesidades, dijo D . D i e g o que no tenía dineros; mas abrióle
una arca en q u e tenía diversas cosas, y así le dio paramentos de
lechos de diversos colores y ciertos candeleros y otras cosas
semejantes, las cuales todas, envueltas en u n a sábana, el pelegri-
no se puso sobre las espaldas y fue a remediar los pobres.

9
Términos, es decir, Súmulas o Lógica. Las Summulae de Domingo Soto fueron
impresas por primera vez en Burgos ei año 1529, lo cual no impide que tres años antes
corrieran entre sus alumnos algunos apuntes manuscritos.
1 0
San Alberto Magno escribió, entre otras obras, Physicorum libri VIH.
11
Pedro Lombardo, llamado también el Maestro de las Sentencias, escribió su obra
Sententiarum libri quatuor, exposición sistemática de toda la teología escolástica.
1 2
A esto parece aludir el P. Polanco en su vida de San Ignacio cuando escribió de su
mano lo siguiente: «In parte tamen eius domus, quae a lemuribus infestabatur, cum
habitationem haberet, et nocturno quodam terrore concuteretur, quem vanum esse nec ei
cedendum existimabat, Deo se commendans, animo et voce daemones provocare coepit,
ut si potestatem a Deo contra ipsum aliquam accepissent, eam exercerent; se quidem
libenter quicquid placeret passurum esse; amplius quam Deus concederet ipsos nihil
posse. Et ea firmitas animi et constans fides ac confidentia ín Deo, non solutn ab omm
daemonis terrore tune eum liberavit, sed in posterum ab huiusmodi nocturnis terroribus
ímmunem, Deo adiuvante, reddidit» (Fontes narr. II p.545).
1 3
Diego de Eguia, sacerdote natural de Estella, en Navarra. En 1540 entró en la
Compañía y fue durante algún tiempo el confesor de San Ignacio. Murió en Roma el 16
3
de junio de 1556. Sobre él véase Fontes narr. I 1 1 0 . Como él, entró en la Compañía un
hermano suyo llamado Esteban.
1 4
El conocido impresor Miguel de Eguía, el cual, entre otras obras, imprimió en
1525, y de nuevo en 1526, el Enchiridion militis ebristiani, de Erasmo. Sobre él puede verse
JUAN CATALINA GARCÍA, Ensayo de una tipografía complutense (Madrid 1889) p.613; DÁMASO
ALONSO, Erasmo. El Enquir'idion o manual del caballero cristiano (Madrid 1932) p.17-18; JOSÉ
GOÑI, El impresor Miguel de Eguía, en Hispania Sacra, 1 (1948) 35-88. El hecho de que en
1526 imprimiese dos veces el Contemptus mundi o Imitación de Cristo induce a pensar que
obró movido por San Ignacio (GOÑI, p.55).
1 5
Los tres compañeros que se juntaron a San Ignacio en Barcelona eran, como ya
dijimos anteriormente (n.56 noca 6), Arteaga, Calixto de Sa y Lope Cáceres. A ellos se
añadió en Alcalá Juan Reynalde (¿Reynauld?), jovencito francés.
136 Autobiografía

58. C o m o arriba está dicho, había g r a n d e rumor por toda


aquella tierra de las cosas que se hacían en Alcalá, y quién decía
de una manera y quién de otra. Y llegó la cosa hasta T o l e d o a
los inquisidores; los cuales venidos Alcalá, fue a v i s a d o el pele-
g r i n o por el huésped dellos, diciéndole q u e les llamaban los
ensayalados, y creo q u e a l u m b r a d o s , y q u e habían de hacer
16
carnicería en e l l o s . Y ansí empezaron l u e g o hacer pesquisa y
proceso de su v i d a , y al fin se v o l v i e r o n a T o l e d o sin llamarles,
habiendo v e n i d o por aquel solo efecto; y dejaron el proceso al
17
vicario F i g u e r o a , q u e a g o r a está con el e m p e r a d o r . El cual de
ahí a l g u n o s días les l l a m ó y les dijo c ó m o se había hecho
pesquisa y proceso de su vida por los inquisidores, y q u e no se
hallaba n i n g ú n error en su doctrina ni en su v i d a , y q u e por
tanto podían hacer lo m i s m o q u e hacían sin n i n g ú n i m p e d i m e n -
to. M a s , no siendo ellos religiosos, no páresela bien a n d a r todos
de un hábito; q u e sería bien, y se lo mandaba, q u e los dos,
mostrando el pelegrino y A r t i a g a , tiñesen sus ropas de n e g r o ,
y los otros dos, Calisto y Cáceres, las tiñesen de leonado; y
18
J u a n i c o , q u e era mancebo francés, podría q u e d a r a s í .
59. El p e l e g r i n o dice q u e harán lo q u e les es m a n d a d o .
— M a s no sé, dice, q u é provecho hacen estas inquisiciones: q u e
a u n o tal no le quiso dar un sacerdote el otro día el sacramento
p o r q u e se c o m u l g a cada ocho días, y a mí me hacían dificul-
19
t a d . Nosotros q u e r í a m o s saber si nos han hallado a l g u n a

1 6
Recuérdese que San Ignacio llegó a Alcalá en 1526 y que en septiembre del año
anterior la Inquisición de Toledo había alcanzado un edicto en el que se condenaban 48
proposiciones de los alumbrados. Una copia del original se conserva en el Archivo
Histórico Nacional de Madrid (Inquisición 1.1.299 ff.551r-556v). El P. Beltrán de Heredia
lo publicó, según otro ejemplar, en Revista española de teología, 10 (1950) 105-130. Véase un
análisis de este edicto hecho por Angela Selke de Sánchez en Buttetin Hispanique, 54 (1952)
125-152. A. MÁRQUEZ, LOS alumbrados. Orígenes y filosofía. 1525-1559 ([Madrid], Taurus
[1972] = Ensayistas 88), estudia en particular ese edicto de 1525. De todos modos,
Ignacio pudo escribir con toda verdad al rey de Portugal Juan III, en 1545, que «nunca
fui reprobado de una sola proposición, ni de sílaba alguna» (FN I 53). Sobre la inocencia
de San Ignacio véase JOHN E. LONGHURST, Sant Ignatius at Alcalá: AHSI 26 (1957) 252-
257.
1 7
Por eso pudo decir con toda verdad el P. Nadal en su apología de los Ejercicios
contra Fr. Tomás de Pedroche: «Aperte de persecutionibus dícendum, quod nunquam ab
inquisitoribus notatus ac ne vocatus quidem, sed ab provisonbus episcoporum». Véase
Fontes narr. I 317. En realidad, los inquisidores toledanos Miguel Carrasco y Alonso
Mejía fueron a Alcalá para examinar el caso de San Ignacio y de sus compañeros, pero sin
haberlo llamado, encomendaron todo el asunto al vicario general en Alcalá del arzobispo
de Toledo, Juan Rodríguez de Figueroa. Cómo se portó éste en el caso de San Ignacio,
lo explica el mismo Santo en lo que sigue. Más adelante, en 1538, hallándose en Roma,
tuvo ocasión de salir en defensa de Ignacio. Entre 1563 y 1566 fue presidente del Consejo
de Castilla. Murió en Madrid el 23 de marzo de 1565 (A. BALLESTEROS, Historia de España
a
t.4 2. parte p.15).
18
Juan Reynalde, a quien por ser todavía muchacho solían llamar Juanico. El
proceso se encuentra en Font. docum. p.322-331.
1 9
Parece referirse al Dr. Alfonso Sánchez, de quien refiere el P. Cristóbal de Castro
en la historia manuscrita del Colegio de Alcalá (1.1 f.3v) que, mientras se preparaba un
Capítulo 6 137

h e r e s í a — . — N o , dice F i g u e r o a , q u e si la hallaran, os q u e m a -
r a n — . — T a m b i é n os q u e m a r a n a v o s , dice el p e l e g r i n o , si os
hallaran h e r e s í a — . T i ñ e n sus vestes, c o m o les es m a n d a d o , y de
ahí a q u i n c e o veinte días le m a n d a el F i g u e r o a al p e r e g r i n o q u e
no ande descalzo, mas q u e se calce; y él hace así quietamente,
c o m o en todas las cosas de esa c u a l i d a d q u e le m a n d a b a n .
De ahí a cuatro meses, el m i s m o F i g u e r o a tornó a hacer pes-
quisas sobre ellos y, ultra de las sólitas causas, creo q u e fuese
también a l g u n a ocasión, q u e una mujer
casada y de cualidad tenía especial de- [A.] de lo que me con-
20
voción al p e r e g r i n o ; y, por no ser vis- tó Bustamante .
ta, venía cubierta, c o m o suelen en A l -
calá de Henares, entre dos luces, a la mañana, al hospital; y
e n t r a n d o se descubría, y iba a la cámara del p e r e g r i n o . M a s , ni
desta vez les hicieron nada; ni aun después de hecho el proceso
2 1
les llamaron, ni dijeron cosa a l g u n a .
60. De ahí a otros cuatro meses q u e él estaba y a en una
casilla, fuera del hospital, viene un día un alguacil a su puerta,
y le llama y dice: — V e n i o s un p o c o c o n m i g o — . Y dejándole
en la cárcel, les dice: — N o salgáis de a q u í hasta q u e os sea
2 2
ordenada otra c o s a — . Esto era en tiempo de v e r a n o , y él no
estaba estrecho, y así venían m u c h o s a visitalle; y hacía lo mis-
m o q u e libre, de hacer doctrina y dar
a
ejercicios. N o quiso n u n c a tomar a d v o - m . uno, y. era confes-
23
g a d o ni p r o c u r a d o r , a u n q u e m u c h o s se sor ,
ofrescían. A c u é r d a s e especialmente de
día para celebrar, se le acercó San Ignacio para pedirle que consagrara algunas formas. Al
principio el doctor Sánchez se resistió, pero después accedió a su petición, y no sólo esto,
sino que invitó a los compañeros a comer en su casa y en adelante los trató con
benevolencia. Cf. Fontes narr. I 173 nota 19.
2 0
Parece que debe leerse: «Acordarme he de lo que me dijo el P. Bustamante». No
sabemos a qué puede referirse. El P. Bartolomé de Bustamante fue secretario de San
Francisco de Borja cuando éste ejerció el cargo de comisario en España. Sobre él puede
verse el estudio Bartolomé de Bustamante, selección y estudio de MANUEL PEREDA DE LA
REGUERA (Santander 1950) y la semblanza biográfica por A. R. GUTIÉRREZ DE CEBALLOS
en Arcbivum hist. S.I. 32 (1963) 3-102.
21
El segundo proceso fue hecho el 6 de marzo de 1527 (véase MI, Scripta I p.608),
cerca de cuatro meses después de la sentencia dada el 21 de noviembre de 1526. Figueroa
tomó declaración a Mencía de Benavente, mujer que fue de Juan de Benavente; a su hija
Ana y a Leonor, hija de Ana de Mena, mujer de Andrés López. El proceso, en Font.
docum., p.331-333.
2 2
Poco más abajo, n.62, dice que permaneció en la cárcel cuarenta y dos días; y como
fue liberado de ella el 1 de junio, sigúese que el encarcelamiento debió de tener lugar el
18 ó 19 de abril (jueves o viernes santo de aquel año). Esto parece claro. No lo es tanto el
punto de partida a que aluden las palabras con que comienza este párrafo: «De ahí a otros
cuatro meses». Según Fontes narr. I p.446 nota 23, se señalan aquí cuatro meses transcu-
rridos desde que, hacia el 10 de diciembre, Figueroa impuso a San Ignacio la obligación
de no ir descalzo (v. n.59).
2 3
La nota marginal parece significar: «Miona era uno, y era confesor». De Manuel
Miona, portugués, sabemos, en efecto, que fue confesor de San Ignacio en Alcalá, como
138 Autobiografía
a 24
D . Teresa de C á r d e n a s , la cual le e n v i ó a visitar y le hizo
m u c h a s veces ofertas de sacarle de allí; mas no aceptó nada,
diciendo siempre: — A q u e l por c u y o a m o r aquí entré, me saca-
rá, si fuere servido dello.
6 1 . Diecisiete días e s t u v o en la prisión sin q u e le examina-
2 5
sen ni él supiese la causa d e l l o ; al fin de los cuales v i n o
F i g u e r o a a la cárcel y le e x a m i n ó de m u c h a s cosas, hasta pre-
g u n t a r l e si hacía g u a r d a r el sábado. Y si conoscía dos ciertas
mujeres, q u e eran madre y hija; y desto dijo q u e sí. Y si había
sabido de su partida antes q u e se partiesen; y dijo q u e no, por el
26
juramento q u e había r e c e b i d o . Y el vicario entonces, ponién-
dole la mano en el h o m b r o con muestra de alegría, le dijo:
— E s t a era la causa p o r q u e sois aquí v e n i d o — . Entre las mu-
chas personas q u e seguían al p e r e g r i n o había una m a d r e y una
hija, entrambas v i u d a s , y la hija m u y moza y m u y vistosa, las
cuales habían entrado m u c h o en espíritu, m á x i m e la hija; y en
tanto que, siendo nobles, eran idas a la V e r ó n i c a de J a é n a pie,
y no sé si m e n d i c a n d o , y solas; y esto hizo g r a n d e r u m o r en
27
Alcalá, y el doctor C i r u e l o , que tenía a l g u n a protección
dellas, pensó que el preso las había i n d u c i d o , y por eso le hizo
prender. Pues, como el preso vio lo que había dicho el v i c a r i o ,
le dijo: — ¿ Q u e r é i s q u e hable un poco más l a r g o sobre esta
m a t e r i a ? — Dice. — S í . — P u e s habéis de saber, dice el preso,
q u e estas dos mujeres m u c h a s veces me han instado para q u e
querían ir por todo el m u n d o servir a los pobres por unos
hospitales y por otros; y y o las he siempre desviado deste
propósito, por ser la hija tan moza y tan vistosa, etc.; y les he
dicho que, c u a n d o quisiesen visitar a pobres, lo podían hacer en
Alcalá, y ir acompañar el Santísimo S a c r a m e n t o — . Y acabadas
estas pláticas, el F i g u e r o a se fue con su notario, l l e v a n d o escrito
todo.

también más tarde en París. En 1545 dio su nombre a la Compañía, en la cual murió en
1567. Véase el Memorial del P. G. da Cámara, n.98, en Fontes narr. I p.585. A él dirigió
San Ignacio su célebre carta sobre la utilidad de los Ejercicios, 16 de noviembre de 1536
(MI, Epp. I 111-113).
2 4
Doña Teresa Enríquez (f 1529), esposa de Gutierre de Cárdenas, llamada «la loca
del Sacramento».
2 5
En las actas del proceso se dice que Figueroa fue a la cárcel para examinar a San
Ignacio el 18 de mayo de 1527 (MI, Scripta I 618-619), pero entonces ya habían pasado
treinta días desde el encarcelamiento. Suponemos que otro interrogatorio precedió al
mencionado en el proceso.
2 6
Se refiere a María del Vado y a su hija Luisa Velázquez, las cuales, contra el
parecer de San Ignacio, hicieron una peregrinación a la Verónica de Jaén, como se cuenta
más abajo. Pueden verse sus declaraciones en MI, Scripta I 620-621.
2 7
Era el doctor Pedro Ciruelo, natural de Daroca, célebre profesor de la Llniversi-
dad. Sobre él ha versado el discurso de ingreso del cardenal A. Suquía en la Real
Academia de la Historia, Un maestro y un alumno de Alcalá: Pedro Sanche^ Ciruelo e Iñigo de
Eoyola (Madrid, Real Academia de la Historia, 1988).
Capítulo 6 139

2 8
62. En aquel tiempo estaba Calixto en S e g o v i a , y sabien-
do de su prisión, se v i n o l u e g o , a u n q u e recién convalescido de
una g r a n d e enfermedad, y se metió con él en la cárcel. M a s él le
dijo q u e sería mejor irse presentar al vicario; el cual le hizo
buen tratamiento, y le dijo q u e le m a n d a r í a ir a la cárcel, p o r q u e
era menester q u e estuviese en ella hasta q u e viniesen aquellas
mujeres, para v e r si confirmaban con su dicho. Estuvo Calixto
en la cárcel a l g u n o s días; mas, v i e n d o el p e r e g r i n o que le hacía
mal a la salud corporal, por estar aún no del todo sano, le hizo
sacar por medio de un doctor, a m i g o m u c h o s u y o .
Desde el día q u e entró en la cárcel el p e r e g r i n o hasta que le
sacaron, se pasaron cuarenta y dos días; al fin de los cuales,
siendo y a venidas las dos devotas, fue el notario a la cárcel a
leerle la sentencia: q u e fuese libre, y q u e se vistiesen como los
otros estudiantes, y q u e no hablasen de cosas de la fee dentro de
cuatro años q u e hoviesen más estudiado, pues que no sabían
29
l e t r a s . P o r q u e , a la v e r d a d , el p e r e g r i n o era el que sabía más,
y ellas eran con p o c o fundamento; y ésta era la p r i m e r a cosa
q u e él solía decir c u a n d o le examinaban.
63. Con esta sentencia e s t u v o un poco dubdoso lo que
haría, p o r q u e parece q u e le tapaban la puerta para aprovechar a
las á n i m a s , no le dando causa n i n g u n a , sino porque no había
estudiado. Y en fin él se d e t e r m i n ó de ir al arzobispo de
30
T o l e d o , F o n s e c a , y poner la cosa en sus manos.
31
Partióse de A l c a l á , y halló el arzobispo en V a l l a d o í i d ; y
contándole la cosa q u e pasaba fielmente, le dijo q u e , a u n q u e no
estaba y a en su jurisdicción ni era o b l i g a d o a g u a r d a r la senten-
cia, t o d a v í a haría en ello lo q u e ordenase (hablándole de v o s ,
c o m o solía a todos). El arzobispo le recibió m u y bien, y [enten-
3 2
diendo q u e deseaba pasar a Salamanca, d i j o ] que también en
3 3
Salamanca tenía a m i g o s y un c o l e g i o , todo le ofreciendo; y le
m a n d ó l u e g o en se saliendo cuatro escudos.

2 8
Según el P. Polanco en el Sumario, n.38 (Fontes narr. I p.174), y en la Vida latina
(Fontes narr. II p.547), San Ignacio se hallaba en Segovia cuando aquellas buenas mujeres
hicieron su peregrinación.
2 9
La sentencia fue dictada el 1 de junio de 1527 (MI, Scripta I 618; Font doc. 342).
3 0
Alonso de Fonseca y Acebedo fue arzobispo de Toledo desde 1523 hasta su muerte
en 1534. Son conocidas sus amistosas relaciones con Erasmo y el apoyo que prestó a los
erasmistas españoles.
3 1
Como después de la sentencia «no estuvo en Alcalá más de veinte días» (Polanco
en el Sumario, n.40, Fontes narr. I p.175), podemos deducir que partió el 20 ó 21 de junio
de 1527.
3 2
Lo que va entre [ ] lo añadimos nosotros por parecer necesario y hallarse en la
versión latina.
3 3
Fonseca había fundado en Salamanca el Colegio Mayor de Santiago o del Arzobis-
po, para estudiantes pobres.
140 Autobiografía

C A P I T U L O V I I

64-66. Llega a Salamanca y poco después es interrogado por los PP.


Dominicos.—67-70. Le encarcelan hasta que, reconocida su ino-
cencia, le dejan en libertad, pero poniendo algunas condiciones a su
trabajo en bien de las almas.—71-72. Decide ir a París.

64. L l e g a d o a Salamanca, estando haciendo oración en


una iglesia, le conoció una devota que era de la compañía,
porque los cuatro compañeros ya había días q u e allí estaban, y
le p r e g u n t ó por su n o m b r e , y así lo llevó a la posada de los
c o m p a ñ e r o s . C u a n d o en Alcalá dieron sentencia q u e se vistiesen
c o m o estudiantes, dijo el p e r e g r i n o : — C u a n d o nos mandastes
teñir las vestes, lo habernos hecho; mas a g o r a esto no lo pode-
mos hacer, p o r q u e no tenemos con q u é c o m p r a r l a s — . Y así el
m i s m o v i c a r i o les ha p r o v e í d o de vestiduras y bonetes, y t o d o
lo demás de estudiantes; y desta manera vestidos habían partido
de Alcalá.
Confesábase en Salamanca con un fraile de Santo D o m i n g o
en sant Esteban; y h u b i e n d o diez o doce días q u e era a l l e g a d o ,
le dijo un día el confesor: — L o s Padres de la casa os querían
h a b l a r — ; y él dijo: — E n n o m b r e de D i o s — . — P u e s , dijo el
confesor, será bueno q u e os v e n g á i s acá a comer el d o m i n g o ;
mas de una cosa os a v i s o , q u e ellos querrán saber de vos
m u c h a s c o s a s — . Y así el d o m i n g o v i n o con Calixto; y después
1
de comer, el soprior, en absencia del p r i o r , con el confesor y
creo y o q u e con otro fraile, se fueron con ellos en una capilla, y
el soprior con buena afabilidad empezó a decir cuan buenas
nuevas tenían de su vida y costumbres, q u e andaban predicando
a la apostólica; y q u e h o l g a r í a n de saber destas cosas más
particularmente. Y así comenzó a p r e g u n t a r q u é es lo q u e
habían estudiado. Y el p e r e g r i n o respondió: — E n t r e todos
nosotros, el q u e más ha estudiado soy y o — ; y le dio claramente
cuenta de lo poco q u e había estudiado, y con cuan poco funda-
mento.
65. — P u e s , l u e g o , ¿qué es lo q u e predicáis? — N o s o t r o s ,
dice el p e r e g r i n o , no p r e d i c a m o s , sino con a l g u n o s familiar-
mente h a b l a m o s cosas de Dios, c o m o después de comer con
a l g u n a s personas q u e nos llaman. — M a s , dice el fraile, ¿de q u é
cosas de Dios habláis?, q u e eso es lo q u e q u e r í a m o s saber.
— H a b l a m o s , dice el p e r e g r i n o , cuándo de una v i r t u d , c u á n d o

1
En 1527 era prior del convento de San Esteban Fr. Diego de San Pedro, y soprior,
Fr. Nicolás de Santo Tomás.
Capítulo 7 141

de otra, y esto alabando; cuándo de un v i c i o , c u á n d o de otro, y


reprehendiendo. — V o s o t r o s no sois letrados, dice el fraile, y
habláis de virtudes y de vicios; y desto n i n g u n o puede hablar
sino en una de dos maneras: o por letras, o por Espíritu Santo.
No por letras; l u e g o por Espíritu S a n t o — . A q u í estuvo el
p e r e g r i n o un poco sobre sí, no le pare-
ciendo bien aquella manera de a r g u - Y esto que es del Espí-
mentar; y después de haber callado un ritu Santo, es lo que
poco, dijo q u e n o era menester hablar queríamos saber,
más destas materias. Instando el fraile:
— P u e s a g o r a q u e hay tantos errores de E r a s m o y de tantos
otros que han e n g a ñ a d o al m u n d o , ¿no queréis declarar lo q u e
2
decís?
66. El p e r e g r i n o dijo: — P a d r e , y o no diré más de lo que
he dicho, si no fuese delante de mis superiores q u e me pueden
o b l i g a r a e l l o — . Antes desto había d e m a n d a d o por q u é venía
Calixto así vestido, el cual traía un sayo corto y un g r a n d e
sombrero en la cabeza, y un b o r d ó n en la m a n o , y unos botines
cuasi hasta media pierna; y por ser m u y g r a n d e , parescía más
deforme. El p e r e g r i n o le contó c ó m o habían sido presos en
Alcalá y les habían m a n d a d o vestir de estudiantes, y aquel su
3
c o m p a ñ e r o , por las g r a n d e s calores, había d a d o su l o b a a un
pobre c l é r i g o . A q u í el fraile como entre dientes, dando señas
4
q u e no le placía: — L a caridad empieza por sí m i s m o .
Pues, tornando a la historia, no p u d i e n d o el soprior sacar
otra palabra del p e r e g r i n o sino aquélla, dice: — P u e s quedaos
aquí, que bien h a r e m o s con q u e lo digáis t o d o — . Y así se van
todos los frailes con a l g u n a priesa. P r e g u n t a n d o p r i m e r o el
p e r e g r i n o si querrían q u e quedasen en aquella capilla, o adonde
querrían q u e quedase [n], respondió el soprior q u e quedasen en
la capilla. L u e g o los frailes hicieron cerrar todas las puertas y
n e g o c i a r o n , según paresce, con los jueces. T o d a v í a los dos
estuvieron en el monasterio tres días sin q u e nada se les hablase
de parte de la justicia, c o m i e n d o en el refitorio con los frailes. Y
cuasi siempre estaba llena su cámara de frailes q u e venían a
velles, y el p e r e g r i n o siempre hablaba de lo q u e solía; de m o d o

2
Precisamente por aquellos días —sucedía esto en la segunda mitad de julio—, es
decir, desde el 27 de junio hasta el 13 de agosto de 1527, se estaba celebrando la conocida
conferencia teológica de Valladoíid, convocada por el inquisidor general don Alonso
Manrique, arzobispo de Sevilla, para discutir sobre 21 proposiciones sacadas de las obras
de Erasmo. En estas juntas, dominicos y franciscanos fueron los más acérrimos adversa-
rios de Erasmo.
3
«Manta o sotana de paño negro que usaban los colegiales y otras personas autoriza-
das para ello» (Diccionario de la lengua española).
4
El texto lee en latín: «Charitas íncipit a seipsa» [sic\.
142 Autobiografía

q u e entre ellos había y a como división, habiendo muchos q u e


se mostraban afectados.
67. A l cabo de los tres días v i n o un notario y llevóles a la
cárcel. Y no los pusieron con los malhechores en bajo, mas en
un aposento alto, adonde, por ser casa vieja y deshabitada,
había m u c h a suciedad. Y pusiéronlos entrambos en una misma
cadena, cada uno por su pie; y la cadena estaba a p e g a d a a un
poste q u e estaba en m e d i o de la casa, y sería l a r g a de 10 ó 13
palmos; y cada vez q u e uno quería hacer a l g u n a cosa, era
menester que el otro le acompañase. Y toda aquella noche es-
tuvieron en v i g i l i a . A l otro día, c o m o se supo en la cibdad de su
prisión, les m a n d a r o n a la cárcel en q u é durmiesen, y todo el ne-
cesario abundantemente; y siempre venían muchos a visitalles,
y el p e r e g r i n o continuaba sus ejercicios de hablar de Dios, etc.
5
El bachiller F r í a s les v i n o a examinar a cada uno por sí, y
el p e r e g r i n o le dio todos sus papeles, q u e eran los Ejercicios,
para q u e los examinasen. Y p r e g u n t á n d o l o s si tenían compañe-
ros, dijeron q u e sí y adonde estaban, y l u e g o fueron allí por
m a n d a d o del bachiller, y trajeron a la cárcel Cáceres y A r t i a g a y
6
dejaron a J u a n i c o , el cual después se hizo fraile . M a s no los
pusieron arriba con los dos, sino abajo adonde estaban los
presos c o m u n e s . A q u í también menos q u i s o tomar a d v o g a d o ni
procurador.
68. Y a l g u n o s días después fue l l a m a d o delante de cuatro
7
jueces, los tres doctores, Sanctisidoro, Paravinhas y F r í a s , y el
cuarto el bachiller Frías, q u e ya todos habían visto los Ejerci-
cios. Y aquí le p r e g u n t a r o n muchas cosas, no sólo de los
Ejercicios, mas de teología, verbi gratia, de la T r i n i d a d y del
Sacramento, c ó m o entendía estos artículos. Y él hizo su prefa-
ción primero. Y todavía, m a n d a d o por los jueces, dijo de tal
manera, q u e no tuvieron q u é reprehendelle. El bachiller Frías,
q u e en estas cosas se había mostrado siempre más q u e los otros,
le p r e g u n t ó también un caso de cánones; y a todo fue o b l i g a d o
a responder, diciendo siempre primero q u e él no sabía lo que
decían los doctores sobre aquellas cosas. Después le m a n d a r o n
q u e declarase el p r i m e r o m a n d a m i e n t o de la manera q u e solía
declarar. El se puso a hacello, y detúvose tanto y dijo tantas
cosas sobre el p r i m e r o m a n d a m i e n t o , que no t u v i e r o n g a n a de
5
San Ignacio no dio el nombre propio de este bachiller, ni dijo qué cargo ocupaban
los otros tres doctores que le juzgaron (v. n.68).
6
El P. Nadal, en su Apología de la Compañía, dice que se hizo franciscano (Fontes narr,
II 75).
7
Fernando Rodríguez de San Isidoro, Alonso Gómez de Paradinas (licenciado en
derecho y vicario general de Salamanca en aquel verano y otoño de 1527), Francisco de
Frías y el bachiller Sancho de Frías. Véase el art. de B. HERNÁNDEZ, Identidad de tos
personajes que juagaron a San Ignacio en Salamanca: AHSI 52 (1983) 3-51.
Capítulo 7 143

demandalle más. Antes desto, c u a n d o hablaban de los Ejerci-


cios, insistieron m u c h o en un solo p u n t o , q u e estaba en ellos al
principio: de c u á n d o un pensamiento es pecado venial, y de
8
c u á n d o es m o r t a l . Y la cosa era, p o r q u e , sin [ser] él letrado,
determinaba a q u e l l o . El respondía: — S i esto es v e r d a d o n o ,
allá lo determinará; y si no es v e r d a d , c o n d e n a l d o — ; y al fin
ellos, sin condenar nada, se partieron.
69. Entre m u c h o s q u e v e n í a n hablalle a la cárcel v i n o una
vez D. Francisco de M e n d o z a , q u e a g o r a se dice cardenal de
9
B u r g o s , y v i n o con el bachiller Frías. P r e g u n t á n d o l e familiar-
mente c ó m o se hallaba en la prisión y si le pesaba de estar
preso, le respondió: — Y o responderé lo que respondí hoy a
una señora q u e decía palabras de compasión por v e r m e pre-
so—. Y o le dije: — E n esto mostráis q u e no deseáis de estar
presa por a m o r de Dios. ¿Pues tanto mal os paresce q u e es la
prisión? Pues y o os d i g o q u e no hay tantos grillos ni cadenas en
Salamanca, q u e y o no deseo más por a m o r de Dios.
Acaesció en este tiempo q u e los presos de la cárcel h u y e r o n
todos, y los dos c o m p a ñ e r o s , q u e estaban con ellos, no h u y e -
ron. Y c u a n d o en la m a ñ a n a fueron hallados con las puertas
abiertas, y ellos solos sin n i n g u n o , dio esto m u c h a edificación a
todos, y hizo m u c h o r u m o r por la cibdad; y así l u e g o les dieron
todo un palacio, q u e estaba allí junto, por prisión.
70. Y a los veintidós días q u e estaban presos les llamaron
10
a oír la s e n t e n c i a , la cual era q u e no se hallaba n i n g ú n error,
ni en v i d a ni en doctrina; y q u e así podrían hacer c o m o antes
hacían, enseñando la doctrina y hablando de cosas de Dios, con
tanto q u e nunca definiesen: esto es pecado mortal, o esto v e -
nial, si no fuese pasados cuatro años que hubiesen más estudia-
do. L e í d a esta sentencia, los jueces mostraron m u c h o amor,
c o m o q u e q u e r í a n q u e fuese aceptada. El p e r e g r i n o dijo q u e él
haría todo lo q u e la sentencia m a n d a b a , mas q u e no la aceptaría;
pues, sin condenalle en n i n g u n a cosa, le cerraban la boca para
q u e no a y u d a s e los p r ó x i m o s en lo q u e pudiese. Y por m u c h o
q u e instó el doctor Frías, q u e se demostraba m u y afectado, el
p e r e g r i n o no dijo m á s , sino q u e en cuanto estuviese en la
jurisdicción de Salamanca haría lo que se le mandaba. L u e g o
fueron sacados de la cárcel, y él empezó a encomendar a Dios y
a pensar lo q u e debía de hacer. Y hallaba dificultad g r a n d e de

8
De eso trata en los Ejercicios, al declarar el examen de conciencia (Ejercicios nn.33-
37).
9
Francisco de Mendoza y Bobadilla (1508-1566) regentó la diócesis de Burgos desde
1550 a 1566. Había recibido el capelo cardenalicio siendo obispo de Coria, en 1545.
10
Habiéndola buscado con sumo interés, no hemos podido dar con el texto de la
sentencia.
144 Autobiografía

estar en Salamanca; p o r q u e para aprovechar las ánimas le pares-


cía tener cerrada la puerta con esta prohibición de no definir de
pecado mortal y de venial.
7 1 . Y ansí se determinó de ir a París a estudiar.
C u a n d o el p e r e g r i n o en Barcelona consultaba si estudiaría y
cuánto, toda su cosa era si, después q u e hubiese estudiado, si
entraría en religión o si andaría ansí por el m u n d o . Y cuando le
venían pensamientos de entrar en religión, l u e g o le venía deseo
de entrar en una estragada y poco reformada, habiendo de
11
entrar en r e l i g i ó n , para poder más padescer en e l l a , y también
pensando q u e quizá Dios les a y u d a r í a a ellos; y dábale Dios una
g r a n d e confianza que sufriría bien todas las afrentas y injurias
q u e le hiciesen.
Pues, c o m o a este tiempo de la prisión de Salamanca a él no
le faltasen los mismos deseos q u e tenía de aprovechar a las
ánimas, y para el efecto estudiar primero y ajuntar a l g u n o s del
m i s m o propósito y conservar los q u e tenía; determinado de ir
para París, concertóse con ellos que ellos esperasen por allí, y
q u e él iría para poder ver si podría hallar m o d o para que ellos
pudiesen estudiar.
72. M u c h a s personas principales le hicieron g r a n d e s ins-
tancias q u e no se fuese, mas nunca lo pudieron acabar con él;
antes quince o veinte días después de haber salido de la prisión,
12
se partió solo, l l e v a n d o a l g u n o s libros en un a s n i l l o ; y l l e g a d o
a Barcelona, todos los q u e le conoscían le desuadieron la pasada
a Francia por las grandes g u e r r a s q u e había, contándole ejem-
plos m u y particulares, hasta decirle q u e en asadores metían los
españoles; m a s nunca t u v o n i n g ú n m o d o de temor.

11
Es curioso y poco conocido, respecto a las dudas que tuvo San Ignacio sobre
abrazar el estado religioso, el dicho del P. Laínez en sus pláticas sobre el libro del Examen
de la Compañía: «Ma, vedendo poi che egli era chiamato all'aiuto degli altri, diceva che
piú presto havrebbe poi voluto essere conventuale che osservante, per potere piü aiutare
gli altri» (Fontes narr. II 137-138).
1 2
La permanencia de San Ignacio en Salamanca duró unos dos meses, desde media-
dos de julio a mediados de septiembre de 1527. Cf. Fontes narr. I p.31* y 462 nota 13.
Capitulo 8 145

C A P I T U L O V I I I

73-75. En Parts repite el estudio de las Humanidades.—76. Se


dirige a Flandesj a Inglaterra para buscar limosnas.—77-78. De la
suerte de algunos discípulos espirituales de Ignacio.—79. Se
dirige a Kuán para ayudar a un español.—80. Fin que tuvieron
algunos primeros compañeros de Ignacio.—81. Es denunciado a la
Inquisición.—82-84. Se dedica a los estudios superiores. Adquiere
compañeros. Padece en su salud. Le recomiendan que vaya a su
tierra para reponerse.—85. El voto de Montmartre.—86. Poco
antes de partir se presenta espontáneamente al inquisidor, y a
petición de éste, le entrega una copia del libro de los Ejercicios.

73. Y así se partió para París solo y a pie, y l l e g ó a París


1
por el mes de febrero, poco más o menos; y según m e c u e n t a ,
2
esto fue el año de 1528 o de 2 7 . Pú-
sose en una casa con a l g u n o s españo- Cuando estaba preso
e n
les, y iba a estudiar h u m a n i d a d a M o n - Alcalá, nasció el
r í n c l e d e E s a a 3
reagudo*. Y la causa fue p o r q u e , P P , P ñ ¿ y
i i i_. i_ i í i por aquí se puede ha-
r r
c o m o le hablan hecho pasar adelante en
r
, ^ ^ , ,
. ,. . . cer la cuenta de todo,
los estudios con tanta priesa, hallaba- a u, n d e Q p a s a d o

se m u y falto de fundamentos; y estu-


diaba con los niños, pasando por la orden y manera de París.
Por una cédula de Barcelona le dio un mercader, l u e g o que
l l e g ó a París, veinticinco escudos, y éstos dio a g u a r d a r a u n o
de los españoles de aquella posada, el cual en poco tiempo lo
5
g a s t ó , y no tenía con q u é pagalle. Así que, pasada la c u a r e s m a ,
ya el p e r e g r i n o no tenía nada dellos, así por haber él gastado
c o m o por la causa arriba dicha; y fue costreñido a mendicar, y
aun a dejar la casa en q u e estaba.
74. Y fue r e c o g i d o en el hospital de Sant J a q u e s , ultra los

1
El P. March, en su edición de la Autobiografía, lee «según mi cuenta»; pero los
manuscritos dan la lección «me cuenta», la cual es confirmada también por la traducción
latina de Du Coudret, que dice; «ut ipse computat» (v. Fontes narr. I 465). No vemos
razón suficiente para apartarnos del texto, y más en un punto que hace variar el sentido
de la frase. No negamos, con todo, que pudo haber error en el P. Cámara o en los
copistas. Véase la nota siguiente.
2
En carta a Inés Pascual dice San Ignacio que llegó a París el 2 de febrero de 1528
(MI, Epp. I 74).
3
Felipe 11 nació en Valladoíid el 21 de mayo de 1527.
4
El Colegio de Monteagudo (Montaigu), fundado a mediados del siglo xiv por el
arzobispo de Ruán, Gilíes Aycelin de Montaigu, adquirió nuevo impulso a fines del siglo
xv por obra de Juan Standonck. En tiempo de San Ignacio se regía según el plan de
estudios que puede verse en DÜDON, Saint Ignace p.633-634. En este colegio repitió San
Ignacio el estudio de las Humanidades durante los años 1528-1529.
5
La Pascua cayó aquel año en el día 12 de abril.
146 Autobiografía
6
I n o c e n t e s . Tenía g r a n d e i n c o m o d i d a d para el estudio, p o r q u e
el hospital estaba del colesio de M o n t e a g u d o un buen trecho, y
era menester, para hallar la puerta abierta, venir al toque del
A v e m a r i a , y salir de día; y así no podía tan bien atender a sus
lecciones. Era también otro i m p e d i m e n t o el pedir limosna para
se mantener. Y a había cuasi cinco años que no le tomaba dolor
de e s t ó m a g o , y así él empezó a darse a m a y o r e s penitencias y
abstinencias. Pasando a l g ú n tiempo en esta vida del hospital
y de mendicar, y v i e n d o q u e aprovechaba poco en las letras,
empezó a pensar q u é haría; y v i e n d o q u e había a l g u n o s q u e
servían en los colegios a a l g u n o s regentes, y tenían tiempo de
estudiar, se determinó de buscar un a m o .
75. Y hacía esta consideración consigo y propósito, en el
cual hallaba consolación, i m a g i n a n d o q u e el maestro sería Cris-
to, y a u n o de los escolares pornía n o m b r e San Pedro, y a otro
San J u a n , y así a cada u n o de los apóstoles; y cuando me
m a n d a r e el maestro, pensaré q u e me m a n d a Cristo; y c u a n d o
me mandare otro, pensaré q u e me manda San Pedro. P u s o
hartas diligencias por hallar a m o : habló por una parte al bachi-
7
ller C a s t r o , y a un fraile de los Cartujos q u e conoscía m u c h o s
maestros, y a otros, y nunca fue posible q u e le hallasen un a m o .
76. Y al fin, no hallando remedio, un fraile español le dijo
un día q u e sería mejor irse cada año a Flandes y perder dos
meses, y aun m e n o s , para traer con q u é pudiese estudiar todo el
año; y este m e d i o , después de encomendarle a Dios, le paresció
bueno. Y usando de este consejo, traía cada año de Flandes con
q u e en a l g u n a manera pasaba; y una vez pasó también a Inglate-
8
rra, y trujo más limosna de la q u e solía los otros a ñ o s .

6
Es decir, más allá de la iglesia y cementerio llamados de los Inocentes. El hospital
de Saint Jacques había sido fundado por la cofradía de los peregrinos de Santiago de
Compostela. Se encontraba en la actual calle de Saint Denis. Para ir a Montaigu necesita-
ba Ignacio atravesar el Sena y recorrer un largo camino. Por la razón que alega San
Ignacio, se veía obligado a perder algunas clases. El horario de las lecciones puede verse
en DUDON, Saint lgnace p.633.
7
Juan Castro (1485-1556), burgalés, movióse a mejorar su vida por intervención de
San Ignacio. Años más tarde volvió a España, donde entró en la cartuja de Valí de
Cristo, situada cerca de Segorbe, en el término de Altura. San Ignacio fue a visitarle en
1535, como se dice más abajo, n.90. En 1542 fue nombrado prior de la cartuja de Porta
Coeli, en Valencia, donde murió en 1556.
8
Las idas a Flandes tuvieron lugar los años 1529, 1530, 1531. En este último año fue
también a Londres. Sobre estos viajes nos ha dejado más noticias el P. Polanco en la Vida
latina (Fontes narr. II 556-558). El primer año fue a Flandes durante la cuaresma (ib., 557),
y entonces tuvo lugar el encuentro con Luis Vives en Bruges; los otros dos años durante
los meses de agosto-septiembre. Puede verse I. RODRÍGUEZ-GRAHIT, lgnace de hoyóla et le
College de Montaigu; l'influence de Standonck sur lgnace: Bibliothéque d'Humanisme et Renais-
sance, 20 (1958) 388-401. Sobre los estudios de San Ignacio en París merece leerse cuanto
dice el P. SCHURHAMMER, en Frane^ Xaver, zweites Buch: Auf der Hohen Scbule von París,
donde, con ocasión de los estudios de San Francisco Javier en la Universidad de París,
trata de todas las cuestiones que interesan también para la vida de San Ignacio y sus
Capítulo 8 147

77. V e n i d o de Flandes la p r i m e r a v e z , empezó más inten-


samente que solía a darse a conversaciones espirituales, y daba
cuasi en un m i s m o tiempo ejercicios a tres, es a saber: a Peralta,
y al bachiller Castro, q u e estaba en Sorbona, y a un viscaíno
9
q u e estaba en Santa Bárbara, por n o m b r e A m a d o r . Estos
hicieron g r a n d e s mutaciones, y l u e g o dieron todo lo q u e tenían
a pobres, aun los libros, y empezaron a pedir limosna por París,
y fuéronse a posar en el hospital de Sant J a q u e s , adonde de
antes estaba el p e r e g r i n o , y de donde y a era salido por las
causas arriba dichas. Hizo esto g r a n d e alboroto en la universi-
dad, por ser los dos p r i m e r o s personas señaladas y m u y conos-
cidas. Y l u e g o los españoles comenzaron a dar batalla a los dos
maestros; y no los p o d i e n d o vencer con m u c h a s razones y
persuasiones a q u e viniesen a la u n i v e r s i d a d , se fueron un día
muchos con m a n o a r m a d a y los sacaron del hospital.
78. Y trayéndolos a la u n i v e r s i d a d , se vinieron a concertar
en esto: q u e después q u e huviesen acabado sus estudios, enton-
ces llevasen adelante sus propósitos. El bachiller Castro después
v i n o a España, y predicó en B u r g o s a l g ú n tiempo, y se p u s o
fraile cartujo en Valencia. Peralta se partió para J e r u s a l é n a pie
y p e r e g r i n a n d o . Desta m a n e r a fue t o m a d o en Italia por un
capitán, su pariente, el cual t u v o medios con q u e le l l e v ó al
Papa, y hizo q u e le mandase q u e se tornase para España. Estas
cosas no pasaron l u e g o , sino a l g u n o s años después.
L e v a n t á r o n s e en París g r a n d e s m u r m u r a c i o n e s , m á x i m e en-
tre españoles, contra el p e r e g r i n o ; y nuestro maestro de Go-
1 0
v e a , deciendo q u e había hecho loco a A m a d o r , q u e estaba en
su colesio, se determinó y lo dijo, la primera vez q u e viniese a
Santa Bárbara, le haría dar un sala por seductor de los esco-
11
lares .

primeros compañeros. Traducción española: Francisco Javier. Su vida y su tiempo (bilbao


1969). Libro segundo: En la Universidad de París (1525-1536).
9
Debió de ser entre mayo y junio de 1529. Polanco en el Sumario castellano (Fontes
narr. I 179) dice que la tempestad contra Ignacio se levantó «quince meses después de
llegado a París». Creemos que tuvo su momento culminante en julio y agosto. Del
bachiller Castro dijimos algo en la nota 7. Pedro de Peralta era de la diócesis de Toledo,
en la cual fue después canónigo y célebre predicador. Permaneció siempre muy adicto a la
Compañía y a San Ignacio, de cuya santidad dio testimonio (véase MI, Scripta II p.166).
Amador de Elduayen era de la diócesis de Pamplona. Estudiaba en el colegio de Santa
Bárbara, cuyo rector era Diego de Gouveia, el cual llevó muy a mal el cambio que se
había obrado en este subdito suyo. Véase el n.78. Cf. Fontes narr. II 252.309.383.560.562.
1 0
Diego de Gouveia (c.1471-1557), llamado «Doutor Velho» para distinguirle de su
sobrino homónimo, alquiló en 1520 el colegio de Santa Bárbara y lo gobernó hasta 1548.
Sobre él puede consultarse MARIO BRANDAO, A Inquisicdo e os professores do Colegio das
Artes (Coímbra 1948) c.l, Diego de Gouveia Sénior e os estudantes e professores portugueses ñas
escolas de Paris p. 1-253. Es conocida su intervención, años más adelante, en el asunto de la
misión de los primeros jesuítas a la India, sobre la cual puede verse RIBADENEIRA, De
actis Patris nostri Ignatii n.88, Fontes narr. II 379-382.
11
Diego de Gouveia estuvo ausente de París, por asuntos encomendados por su rey.
148 Autobiografía

79. El español en cuya c o m p a ñ í a había estado al principio


y le había g a s t a d o los dineros, sin se los p a g a r se partió para
España por vía de R u á n ; y estando esperando pasaje en R u á n ,
1 2
cayó m a l o . Y estando así enfermo, lo supo el p e r e g r i n o p o r
una carta suya, y viniéronle deseos de irle a visitar y a y u d a r ;
pensando también que en aquella conjunción le podría g a n a r
para q u e , dejando el m u n d o , se e n t r e g a s e del todo al servicio de
1 3
Dios .

desde principios de 1526 hasta agosto de 1527; otra vez desde septiembre de 1528 hasta
alrededor de junio de 1529; nuevamente desde noviembre de 1529 hasta septiembre de
1531. Debemos estos datos a la amabilidad del P. Jorge Schurhammer. La amenaza de la
sala de que habla la Autobiografía ocurrió en el verano (agosto-septiembre) de 1529,
cuando San Ignacio aún no había empezado a oír las Artes. La Autobiografía no nos habla
más que de la amenaza de Gouveia, pero por otras fuentes sabemos que éste, después de
inaugurado el curso el 1 de octubre, estuvo a punto de ponerla por obra, y lo hubiese
hecho de no haber mostrado San Ignacio la actitud de que nos hablan Laínez en las
pláticas de 1559 (Fontes narr. II 139), RIBADENEIRA, De actis n.90 (ib., p.382-384), Vida
Anónima (ib., p.437-438). Por los datos antes indicados, esto tuvo que ocurrir en octubre
de 1529. En noviembre Gouveia salía de París. El castigo de la sala (salle) consistía en
azotar a los alumnos que habían transgredido gravemente los estatutos del colegio. El
castigo se aplicaba en una sala (de donde le venía el nombre) en presencia de los
profesores y alumnos.
1 2
Véase más arriba, n.73. La ida de San Ignacio a Ruán ocurrió en agosto o
septiembre de 1529.
13
Hasta aquí llega el texto castellano. Lo que sigue hasta el fin se vio precisado el
P. Cámara a dictarlo en italiano, por no disponer en Genova de ningún amanuense de
lengua española. El mismo nos informa de esto en su prólogo; véase p.97.
Voto autógrafo de San Ignacio para la elección de general de la Compañía de Jesús, 5 de
abril de 1541 (Roma, Archivo de la Compañía de jesús).
150 Autobiografía

Texto original italiano

Et per poter c o n s e g u i r questo, gli v e n i v a desiderio di anda-


re quelle 28 l e g u e , che sonó da P a r i g i a R u a n o , a piedi, scalzo,
senza m a n g i a r e né bere; et facendo sopra di questo ratione, si
t r o v a v a m o l t o p a u r o s o . Alia fine a n d o a Santo D o m e n i c o , et la
si risolse di andaré al m o d o predetto, et h a v e n d o g i á passata
quella paura g r a n d e che havea di tentar Dio.
L ' a l t r o g i o r n o , la matina che si dovea partiré, si l e v ó di
buon'hora; et cominciandosi a vestiré, gli venne un tanto timo-
re, che quasi g l i parea non poter vestirsi. P u r con quella repu-
gnantia usci di casa et anche della cittá p r i m a che fosse ben
g i o r n o . P u r é la paura gli d u r a v a sempre, et perseveró seco
i n s i n o ad A r g e n t a , che é un castello tre l e g u e l o n t a n o da
Parigi verso R u a n o , d o v e si dice essere la veste di nostro
S i g n o r e . Passando quel castello con quel t r a v a g l i o spirituale,
m o n t a n d o in un alto, g l i incominció a passare quella cosa, et g l i
venne una g r a n d e consolatione et sforzo spirituale con tanta
allegrezza, che cominció a g r i d a r e per quei campi et parlare con
Dio, etc. Et a l b e r g ó quella sera con un p o v e r o mendico a un
hospitale, h a v e n d o caminato quel g i o r n o 14 l e g u e ; l'altro gior-
no a n d o ad a l b e r g a r e ad un p a g l i a r o ; il terzo di a n d o a R u a n o :
tutto questo tempo senza m a n g i a r , né bere, et scalzo, come
h a v e v a ordinato. In R u a n o consoló lo infermo et lo aiutó a
metterlo in n a v e per andaré in S p a g n a ; et gli dette lettere,
indrizzandolo alli c o m p a g n i che erano in Salamanca, cioé Calis-
1 4
te) et Caceres et A r t i a g a .
80. Et per non parlare p i ú di questi c o m p a g n i , il loro
successo fu questo.
Stando il p e l e g r i n o in P a r i g i , li scriveva spesso, secondo
h a v e v a n o fatto accordo, della poca c o m m o d i t á che h a v e v a di
farlo venire a studiare in P a r i g i . Puré s'é i n g e g n a t o di scrivere a
15
donna L e o n o r de M a z c h a r e g n a s , che agiutasse Calisto con
lettere per la corte del re di P o r t u g a l l o , acció potesse h a v e r '
una bursa di quelle che il re di P o r t u g a l l o d a v a in P a r i g i .
D o n n a L e o n o r dette le lettere a Calisto, et una m u l l a su la q u a l e
andasse, et quatrini per le spese. Calisto se n ' a n d ó in la corte del
re di P o r t u g a l l o ; m a alia fine non venne a P a r i g i ; anci, t o r n a n d o
in S p a g n a , se n ' a n d ó all'India dello imperatore con una certa

14
Refieren también este caso RIBADENEIRA, De actis n.24, Fontes narr. II 334; ID.,
Vida 1.5 c.2; POLANCO, Vida latina, Fontes narr. II 555-556.
1 5
Doña Leonor Mascarenhas (1503-1584), noble portuguesa, había venido a España
con la infanta Isabel cuando ésta se casó con el emperador Carlos V. Fue aya de Felipe II
y del príncipe don Carlos. Siempre se mostró gran bienhechora de la Compañía. San
Capítulo 8 151

Traducción castellana

Y para poder conseguirlo, le venía deseo de andar aquellas 28 leguas


que hay de París a Rudn a pie, descalco, sin comer ni beber;y haciendo
oración sobre esto, se sentía muy temeroso. Al fin fue a Santo Domingo,
y allí se resolvió a andar al modo dicho, habiendo ya pasado aquel grande
temor que sentía de tentar a Dios.

Al día siguiente por la mañana, en que debía partir, se levantó de


madrugada, y al comentar a vestirse le vino un temor tan grande, que
casi le parecía que no podía vestirse. A pesar de aquella repugnancia
salió de casa, y aun de la ciudad, antes que entrase el día. Con todo, el
temor le duraba siempre y le siguió hasta Argenteuil, que es un pueblo
distante tres leguas de París en dirección de Ruán, donde se dice que se
conserva la vestidura de Nuestro Señor. Pasado aquel pueblo con este
apuro espiritual, subiendo a un altozano, le comentó a dejar aquella cosa
y le vino una gran consolación y esfuerzo espiritual, con tanta alegría,
que empegó a gritar por aquellos campos y hablar con Dios, etc. Y se
albergó aquella noche con un pobre mendigo en un hospital, habiendo
caminado aquel día 14 leguas. Al día siguiente fue a recogerse en un
pajar, y al tercer día llego a Ruán. En todo este tiempo permaneció sin
comer ni beber,y descalco, como había determinado. En Ruán consoló al
enfermo y ayudó a ponerlo en una nave para ir a España; y le dio cartas,
dirigiéndole a los compañeros que estaban en Salamanca, esto es, Calix-
u
to, Cáceresy Arteaga .

80. Y para no hablar más de éstos, su fin fue el que sigue:


Mientras el peregrino estaba en París, les escribía con frecuencia, según
el acuerdo que habían tomado, mostrándoles las pocas facilidades que
había para hacerles venir a estudiar en París. A pesar de esto, se ingenió
a 15
para escribir a D. Leonor Mascarenhas que ayudase a Calixto con
cartas para la corte del Rey de Portugal, a fin de que pudiese tener una
beca de las que el rey de Portugal daba en París. Doña Leonor dio las
cartas a Calixto y una muía para el viaje, y dinero para los gastos.
Calixto se fue a la corte de Portugal, pero al fin no fue a París; antes,
volviendo a España, se fue a la India del emperador con una cierta mujer

Ignacio le dirigió varias cartas. Véase sobre ella JOSÉ M. MARCH, El aya del rey don Felipe
y del príncipe don Carlos, doña Leonor Mascareñas. Sa vida y obras virtuosas. Relación de una
religiosa su contemporánea. Extracto del Boletín de la Sociedad Española de Excursionistas t.46
(Madrid 1942).
152 Autobiografía
16
donna s p i r i t u a l e . Et dipoi, tornato in S p a g n a , a n d o un'altra
volta alia m e d e s i m a India, et all'hora tornó in S p a g n a ricco, et
fece in Salamanca m a r a v i g l i a r tutti quelli che lo conoscevano
prima.
Caceres ritornó in S e g o v i a , che era sua patria, et la incomin-
ció a v i v e r e di tal m o d o , che pareva h a v e r smenticato del p r i m o
17
proposito .
A r t i a g a fu fatto commendatore. Dipoi, essendo g i á la C o m -
p a g n i a in R o m a , g l i hanno dato un v e s c o v a d o dell'India. E g l i
scrisse al p e l e g r i n o che lo desse ad -uno della C o m p a g n i a ; et
r i s p o n d e n d o g l i la n e g a t i v a , se n ' a n d ó in India dello i m p e r a t o -
re, fatto v e s c o v o , et la mori per un caso stranno, cioé: che
stando a m m a l a t o , et essendo dui fíaschi d ' a c q u a a rinfrescarsi,
uno d'acqua, ch'el medico le ordinava, l'altro di acqua di soli-
m a n o , venenosa, g l i fu dato per error il secondo, che lo am-
1 8
mazó .
81. II p e l e g r i n o si tornó di R u a n o a P a r i g i , et t r o v ó che
per le cose passate di Castro et di Peralta si era fatto g r a n r u m o r
sopra di lui; et che lo inquisitore lo h a v e v a fatto domandar. M a
lui non volse aspettar' piú, et se n'andó all'inquisitore, dicendo-
li che h a v e v a inteso che lo ricercava; che egli era apparecchiato
per tutto quello che esso volesse (si c h i a m a v a questo inquisitore
19
m a g i s t e r noster Ori, frate di Santo D o m e n i c o ) ; ma che lo
p r e g a v a che lo spedisse presto, perché h a v e v a a n i m o di entrar
2 0
quel Santo R e m i g i o nel corso delle A r t i ; che v o r e b b e che
queste cose fossero p r i m a passate, per poter m e g l i o attendere
alli suoi studii. M a lo inquisitore non lo c h i a m ó p i ú ; senonché
gli disse che era v e r o che g l i h a v e a n o parlato de fatti suoi, etc.
82. Di li a poco t e m p o venne Sto. R e m i g i o , che é il
principio di ottobre, et entró a sentir il corso delle arti sotto un

1 6
El nombre de esta «mujer espiritual» ha sido descubierto por M. Bataillon en su
artículo L'iñiguiste et la Beata. Premier voyage de Calixto á México: Revista de Historia de
América n.31 (México, junio de 1951) p.59-75. Se trataba de Catalina Hernández, natural
de Salamanca, «amiga y vezina de Francisca Hernández, questá presa en esos Reynos por
los de la Inquisición, muger flaca y de muy buen espíritu y vida». Así se dice en una
Carta del Abdyencia de México a Su Magestad sobre varios asuntos de gobierno, de 14 de agosto
de 1531, publicada en Colección de documentos inéditos... de América y Oceanía t.41 (Madrid
1884) p.114. En esta carta se refiere la ida a México de Catalina Hernández y otras beatas
y Calixto de Sa con ellas. De Calixto se dice que al embarcarse (en 1531) tenía veinticua-
tro o veinticinco años de edad. Más adelante, infundiendo alguna sospecha su trato con
Catalina Hernández, fue separado de ella y le fue impuesto que se internara en el país «a
servir a Dios en la conversión de los naturales». El se resistió y prefirió volver a España.
De este asunto se trata en la citada carta, p.125-130.
17
Este solo testimonio de San Ignacio bastaría para probar que este Cáceres llamado
Lope era diferente de Diego Cáceres, que se juntó con San Ignacio en París (Fontes narr.
2
II 180 .544.567).
1 8
El agua de solimán es el sublimado corrosivo. La noticia de la ida a Indias de
Calixto de Sa (en su segundo viaje) y Arteaga tiene una confirmación en la carta que el
Capitulo 8 153

espiritual™. Y después, vuelto a España, marchó otra ve% a la misma


India,y entonces regresó a España rico, e hi%o maravillar en Salamanca
a todos los que antes le habían conocido.

Cáceres volvió a Segovia, que era su patria, y allí comentó a vivir de


1
tal modo, que parecía haberse olvidado del primer propósito^ .

Arteaga fue hecho comendador. Después, estando ya la Compañía


en Roma, le dieron un obispado de Indias. El escribió al peregrino que
lo diese a uno de la Compañía, y habiéndosele respondido negativamente,
se fue a la India del emperador, hecho obispo, y allí murió por un acci-
dente extraño, esto es, que, estando él enfermo, y habiendo dos frascos de
agua para refrescarse, uno del agua que el médico le prescribía, y el
otro de agua de solimán venenosa, le dieron por error el segundo, que lo
lB
mató .

81. El peregrino volvió de Ruán a París, y encontró que, por lo


que había pasado con Castro y Peralta, se habían levantado grandes
rumores acerca de él, y que el inquisidor le había hecho llamar. Mas él no
quiso esperar, y se fue al inquisidor, diciéndole que había oído que lo
buscaba; que estaba dispuesto a todo lo que quisiese (este inquisidor se
19
llamaba nuestro maestro Ori, fraile de Santo Domingo) , pero que le
rogaba que lo despachase pronto porque tenía intención de entrar por San
20
Remigio de aquel año en el curso de Artes ; que deseaba que esto pasase
antes, para poder mejor atender a sus estudios. Pero el inquisidor no le
volvió a llamar, sino sólo le dijo que era verdad que le habían hablado de
sus cosas, etc.

82. Poco después vino San Remigio, que cae al principio de


octubre, y entró a oír el curso de Artes bajo un maestro llamado Mr o.

obispo de Popayán, Fr. Agustín de La Coruña, escribió desde Madrid a San Francisco de
Borja el 8 de abril de 1565: «Cerca de donde yo residía estaba el señor Calixto de Sa; y
también murió allá, viniendo de acá, el señor Arteaga, que iba obispo de Chiapa. Los
cuales, en compañía del bendito P. Iñigo, juntos conversaban mucho en nuestro P. San
Agustín de Salamanca, siendo yo novicio en ella» (Archivo Romano de la Compañía de
Jesús, Hisp. 102 fol.168).
l q
El título de magister noster se daba a los profesores de teología de la Universidad de
París. «Magistrum nostrum si dicas, theologum intelligunt, praesertim Lutetiae et Lova-
nii». Así Erasmo en De conscribendis epistolis (Amsterdam 1682) p.107. El mismo Erasmo,
mofándose de los tales, escribía a Ana de Borselen: «Nunc témpora sunt, ita morem
geras, non dicam vulgo, sed etiam iis qui doctrinae principatum tenent, nemo doctus
videri potest, nisi Magister noster appelletur, etiam vetante Christo, theologorum principe»
(ALLEN, Opas epistolarum I p.345). Mateo Ory, O.P., prior del convento de Saint Jacques,
era entonces inquisidor en París.
2 0
El curso de artes o filosofía empezaba el 1 de octubre, fiesta de San Remigio.
San Ignacio iba a empezarlo en el colegio de Santa Bárbara aquel año, 1529, y de aquí
la prisa que tuvo para que se resolviese su asunto ante la Inquisición. Véase lo dicho en
la nota 11.
154 Autobiografía
2 1
maestro, chiamato M r o . Gioan P e g n a , et entró con proposito
di conservar quelli, che h a v e v a n o p r o p o s t o di s e r v i r ' al S i g n o -
re; ma non andaré piú inanzi a cercare altro, acció potesse piú
c o m m o d a m e n t e studiare.
C o m i n c i a n d o a sentiré le lettioni del corso, g l i incomincior-
no a venir le m e d e s i m e tentationi, che g l i erano venute q u a n d o
22
in Barcelona studiava g r a m m a t i c a ; et ogni volta che sentiva la
lettione non poteva stare attento con le molte cose spirituali che
g l i occorrevano. Et v e d e n d o che in quel m o d o faceva p o c o
profitto in le lettere, s'andó al suo maestro et gli fece promessa
di non mancar mai di sentir tutto il corso, mentre che potesse
t r o v a r ' pane et acqua per poter sostentarsi. Et fatta questa
promessa, tutte quelle devotioni che g l i v e n i v a n o fuor di tem-
po, lo lasciarono, et a n d o con li suoi studi avanti quietamente.
In questo tempo c o n v e r s a v a con M r o . Pietro Fabro et con
M r o . Francesco X a v i e r , li quali poi g u a d a g n ó a servitio di D i o
per mezzo degli Exercitii.
In quel tempo del corso non lo p e r s e g u i t a v a n o c o m o p r i m a ,
2 3
et a questo proposito una volta gli disse il dottor F r a g o , che
si m a r a v i g l i a v a come a n d a v a q u i e t o , senza nissuno g l i desse
fastidio; et lui gli rispóse: — L a causa é perché io non parlo a
nissuno delle cose de Dio; ma, finito il corso, tornaremo al
sólito.
83. Et p a r l a n d o insieme tutti doi, venne un frate a p r e g a r
al dottor F r a g o , che gli volesse t r o v a r una casa, perché in quella
d o v e lui h a v e v a la stanza, erano morti molti, quali pensava che
di peste, perché all'hora c o m i n c i a v a la peste in P a r i g i . II dottor
F r a g o col p e l e g r i n o volsero andaré a vedere la casa, et m e n o r n o
una donna, che se n ' i n t e n d e v a molto, la q u a l e , entrata dentro,
affermó esser peste. II p e l e g r i n o volse anche entrare; et trovan-
do un a m m a l a t o , lo consoló, toccandogli con la m a n o la p i a g a ;
et poi che l'hebbe consolato et animato un poco, se n ' a n d ó
solo; et la m a n o g l i incominció a doleré, che g l i p a r e v a haver la
peste; et questa i m a g i n a t i o n e era tanto v e h e m e n t e , che non la
poteva vincere, finché con g r a n d e i m p e t o si pose la m a n o
in boca, r i v o l t a n d o v e l a m o l t o dentro, et dicendo: — S e tu hai
la peste alia m a n o , l'haverai anche alia b o c a — . Et q u a n d o
hebbe fatto questo, se g l i l e v ó la i m a g i n a t i o n e , et la d o g l i a della
mano.

21
Juan Peña pertenecía a la diócesis de Sigüenza. Se graduó de maestro en artes en
1525 y comenzó a enseñar filosofía en 1526.
2 2
Véase más arriba, n.54-55.
2 3
El doctor Jerónimo Frago y Garcés, de la diócesis de Tarazona, natural de
Capítulo 8 155

21
Juan Peña , y entró con propósito de conservar aquellos que habían
propuesto servir al Señor, pero no seguir buscando otros, a fin de poder
estudiar más cómodamente.

Empegando a oír las lecciones del curso, comentaron a venirle las


mismas tentaciones que le habían venido cuando en Barcelona estudiaba
22
gramática ;y cada ve% que oía la lección, no podía estar atento, con las
muchas cosas espirituales que le ocurrían. Y viendo que de este modo
hacía poco provecho en las letras, se fue a su maestro y le prometió que
no faltaría nunca de seguir todo el curso, mientras pudiese encontrar pan
y agua para poder sustentarse. Y hecha esta promesa, todas aquellas
devociones que le venían fuera de tiempo le dejaron, y prosiguió sus
estudios tranquilamente. En este tiempo conversaba con Mro. Pedro
Fabro y con Mro. Francisco Javier, los cuales después ganó para el
servicio de Dios por medio de los Ejercicios.

En aquel tiempo del curso no le perseguían como antes. Y a este


2i
propósito, una ve^ le dijo el doctor Frago que se maravillaba de que
anduviese tan tranquilo, sin que nadie le molestase. Y él le respondió:
—La causa es porque yo no hablo con nadie de las cosas de Dios; pero,
terminado el curso, volveremos a lo de siempre.

83. Y mientras los dos hablaban, se acercó un fraile para pedir al


doctor Frago que le buscase una casa, porque en aquella donde él se
hospedaba habían muerto muchos, y creía que de peste, porque entonces
comentaba la peste en París. El doctor Frago y el peregrino quisieron ir
a ver la casa, y llevaron a una mujer que entendía mucho en esto, la cual,
entrando en la casa, afirmó que era peste. El peregrino quiso entrar
también, y encontrando un enfermo, lo consoló, tocándole en la mano la
llaga; y después de haberle consolado y animado un poco, se fue solo; y la
mano le empegó a doler, de modo que le pareció que tenía la peste. Y
esta imaginación era tan vehemente, que no la podía vencer, hasta que con
gran ímpetu se metió la mano en la boca, dándole muchas vueltas dentro,
y diciendo: —Si tú tienes la peste en la mano, la tendrás también en la
boca—. Y habiendo hecho esto, se le quitó la imaginación y el dolor en la
mano.

Uncastillo, en Aragón. Fue profesor de Sagrada Escritura en la Sorbona. Murió en 1537.


ere
Sobre él ofrece datos CROS, Saint Francois de Xavier, Doeuments nouveaux, l . serie (Tou-
louse 1894) p.322-323.
156 Autobiografía

84. M a q u a n d o t o m ó al c o l l e g i o di Santa Barbara, d o v e


all'hora h a v e v a la stanza et sentiva il corso, quelli del c o l l e g i o ,
che sapevano che egli era entrato nella casa della peste, fugiva-
no da l u i , et non volsero lasciarlo entrare; et cosi fu costretto
star alcuni g i o r n i fuori.
S'usa a P a r i g i , quelli che studian le A r t i , il terzo anno, per
farsi bacalaureo, p i g l i a n o una pietra, che loro dicono; et perché
in q u e l l o si spende u n scudo, alcuni molto p o v e r i non lo
possono fare. II p e l e g r i n o cominció a dubitare seria buono che
la pigliasse. Et trovandosi molto d u b b i o et senza rissolutione, si
deliberó metter la cosa in m a n o del suo maestro, il q u a l e
consigliandoli che la pigliasse, la piglió. Nientedimeno non man­
24
cornó m u r m u r a t o r i ; a l m e n o un s p a g n u o l o che lo n o t ó .
In P a r i g i si t r o v a v a g i á a questo tempo molto m a l o dello
stomaco, di m o d o che ogni 15 g i o r n i h a v e v a una d o g l i a
di stomaco, che g l i d u r a v a una hora g r a n d e et g l i faceva v e n i r '
la febre; et una v o l t a g l i d u r ó la d o g l i a del stomaco 16 ó 17
hore. Et h a v e n d o g i á a questo t e m p o passato il corso delle arti
et studiafo alcuni anni in theologia et g u a d a g n a t o li c o m p a g ­
2 5
n i , la malatia anda va sempre molto inanzi, senza poter trovare
alcun r i m e d i o , q u a n t u n q u e se ne p r o v a s s e r o molti.
85. Solamente li medici dicevano che non restava altro che
l'aere n a t i v o che g l i potesse g i o v a r e . Li c o m p a g n i anchora lo
c o n s i g l i a v a n o il m e d e s i m o et g l i fecero g r a n d e instantia. Et g i á
a questo t e m p o erano tutti deliberati di q u e l l o che h a v e v a n o da
fare, cioé: di andaré a Venetia et a Hierusalem et spender la vita
sua in utile delle anime; et se non g l i fosse data licentia di
restare in Hierusalem, ritornarsene a R o m a et presentarsi al
Vicario di Cristo, acció g l i adoperasse d o v e g i u d i c a s s e esser piú
a g l o r i a di D i o et utile delle anime. H a v e v a n o anchora proposto
di aspettare un anno la imbarcatione in Venetia; et non essendo

2 4
El sentido de la expresión «pigliare una pietra» no aparece claro, y el mismo
Quicherat, en su Historia de Saint Barbe I 196-197, dice no haber hallado nada sobre esta
costumbre universitaria. Creemos que se trataba del examen para conseguir el grado de
bachiller, el cual probablemente se daba estando el examinando sentado en una piedra, al
modo como refiere que se hacía en la Universidad de Coimbra. BLUTEAU en el Vocabulario
portugués et latino (Lisboa 1720), en la palabra Petra: «Na Universidade de Coimbra,
quando algum estudante se ha de examinar, depois de admitido, se vay assentar por
humildade em huma pedra, deputada para esta funcáo, com a cabeca descuberta, e o
primeyro Examinador faz ao examinando as perguntas costp^nadas: como se chama, e de
que Bispado e lugar he, etc. e finalmente propoem o problema dos Physicos, e depois os
outros dous Examinadores fazem seus argumentos, etc. Acabado o primeyro exame,
toma a pedra o segundo examinando, etc.». Según esto, la duda de San Ignacio debió de
consistir en sí tomaría el grado de bachiller o si seguiría sus estudios sin títulos académi­
cos. Resuelta esta dificultad al pasar el bachillerato, después siguió adelante, consiguien­
do el grado de maestro en Artes. Véase Fontes narr. I 478 nota 20. El grado de bachi­
ller en artes lo sacó a principios de 1532 y no en diciembre, como se dice en Fontes
narr. I 32*.
Capítulo 8 157

84. Pero, cuando volvió al colegio de Santa Bárbara, donde enton-


ces vivía y seguía el curso, los del colegio, que sabían que había estado en
la casa apestada, huían de él, y no quisieron dejarle entrar; y así se vio
obligado a vivir fuera algunos días.

Es costumbre en París que los que estudian Artes, al tercer año,


para hacerse bachilleres, tomen una piedra, como ellos dicen; y como en
esto se gasta un escudo, algunos estudiantes muy pobres no lo pueden
hacer. El peregrino empegó a dudar si sería bueno que la tomase; y
encontrándose muy dudoso y sin resolverse, deliberó poner el asunto en
manos de su maestro; y aconsejándole éste que la tomase, la tomó. A
pesar de lo cual no faltaron murmuradores, a lo menos un español, que lo
24
notó .
En París se encontraba ya a este tiempo muy mal del estómago, de
modo que cada quince días tenía dolor de estómago, que le duraba una
hora larga y le hacía venir fiebre. Y una ve% le duró el dolor de estómago
dieciséis o diecisiete horas. Y habiendo ya en este tiempo pasado el curso
2
de las Artes,y habiendo estudiado algunos años teología '*,y ganando a
los compañeros, la enfermedad iba siempre muy adelante, sin poder
encontrar ningún remedio, aun cuando se probasen muchos.

85. Eos médicos decían que no quedaba otro remedio que el aire
natal. Además, los compañeros le aconsejaban lo mismo y le hicieron
grandes instancias. Ya por este tiempo habían decidido todos lo que
tenían que hacer, esto es: ir a Venecia y a jerusalén, y gastar su vida en
provecho de las almas; y si no consiguiesen permiso para quedarse en
jerusalén, volver a Roma y presentarse al Vicario de Cristo, para que
los emplease en lo que juagase ser de más gloria de Dios y utilidad de las
almas. Habían propuesto también esperar un año la embarcación en

25
El tiempo que San Ignacio dedicó a los estudios en Paris se divide de la siguiente
forma: gramática y humanidades, desde febrero de 1528 hasta la cuaresma de 1529; artes
o filosofía, cursos de 1529-1530, 1530-1531, 1531-1532. Desde octubre de 1532 hasta la
Pascua de 1533 tuvo que ocuparse en los ejercicios literarios requeridos para la consecu-
ción del grado de maestro en artes. En 1533, y hasta el mes de abril de 1535, estudió
teología. El 14 de marzo de 1535 consiguió el grado de maestro en artes bajo el rector
F. Jacquart, que tuvo este cargo desde el 15 de diciembre de 1534 hasta el 24 de marzo de
1535. El título de maestro en artes puede verse publicado en Scripta de S. Ignatio II 1-2, y
en Fontes doc., doc. n.86. La Facultad de Teología certificó que había estudiado en ella
por espacio de un año y medio (MI, Scripta II 2 y Fontes doc, doc. n.98). Haber estudiado
teología «per unum annum cum dimidio» era una fórmula empleada en la Universidad de
París para declarar que se había logrado la suficiencia en dichos estudios. La misma se
empleaba con todos los estudiantes, por ejemplo, con el beato Fabro, el cual estudió
teología durante más de cinco años (MHSI, Fabri Monumenta p.6).
158 Autobiografía

quelPanno imbarcatione per L e v a n t e , che fossero liberati dal


2 6
v o t o di H i e r u s a l e m et andassero al Papa e t c .
Alia fine il p e l e g r i n o si lasció persuadere dalli c o m p a g n i ,
perché anchora quelli che erano s p a g n u o l i h a v e v a n o a far alcuni
27
negotii, li quali lui poteva e x p e d i r é . Et lo accordo fu che,
dapoi che lui si trovasse bene, andasse a fare li negotii loro,
et poi passasse a V e n e t i a , et la aspettasse li c o m p a g n i .
86. Q u e s t o era l'anno del 35, et li c o m p a g n i erano
per partirsi, secondo il patto, l'anno del 37, il g i o r n o della
28
conversione di San P a o l o , benché poi sin partirono, per le
29
g u e r r e che v e n n e r o , l'anno del 36, il n o v e m b r e . Et stando il
p e l e g r i n o per partirse, intese che lo h a v e v a n o accusato alio
inquisitore, et fatto processo contro di lui. Intendendo questo
et vedendo che non lo c h i a m a v a n o , se n ' a n d ó a l l ' i n q u i s i t o r e et
g l i disse q u e l l o che h a v e v a inteso, et che lui era per partirsi in
S p a g n a , et che a v e v a c o m p a g n i ; che lo p r e g a v a volesse daré
la sentenza. L ' i n q u i s i t o r e disse che era vero in q u a n t o
dell'accusatione; ma che non v e d e v a esservi cosa d'importanza.
Solamente v o l e v a v e d e r li suoi scritti degli Essercitii; et veden-
d o g l i , gli lodo molto, et p r e g ó il p e l e g r i n o g l i e n e lasciasse la
copia; et cosí lo fece. Nientedimeno tornó ad instar volesse
andaré col processo inanci, sino alia sentenza. Et scusandosi lo
inquisitore, lui venne con un notaro publico et con testimonii a
30
casa sua, et p i g l i ó di tutto questo la f e d e .

87. Et fatto questo, m o n t ó in un piccolo cavallo, che li


c o m p a g n i g l i h a v e v a n o comperato, et se n ' a n d ó solo verso il
2 6
Esta es la sustancia del célebre voto de Montmartre, que hizo San Ignacio el 15 de
agosto de 1534, junto con sus seis primeros compañeros: Francisco Javier, Pedro Fabro,
Alfonso Bobadilla, Diego Laínez, Alfonso Salmerón, Simón Rodríguez. Al renovarlo
todos ellos al año siguiente y en la misma fecha, se les añadieron otros tres compañeros,
adquiridos en aquel año: Claudio Jayo, Juan Coduri y Pascasio Broét. Sobre cada uno de
ellos se da un resumen biográfico en Fontes narr. I 37-39 notas 21-31.
2 7
El P. Polanco, en la Vida latina, añade otro motivo muy probable de la ida de San
Ignacio a España: el deseo de reparar en su tierra natal el mal ejemplo que en ella había
dado durante su juventud (Fontes narr. II 568). Lo mismo indica el P. Araoz en su juicio
sobre la Vida de San Ignacio, por el P. Ribadeneira (MI, Scripta I 730; Fontes narr. IV 940).
Capítulo 9 159

Venecia,y si no hubiese aquel año embarcación para Levante, quedarían


26
libres del voto de Jerusalén y acudirían al Papa, etc.
Al fin, el peregrino se dejó persuadir por los compañeros, y también
porque los españoles de entre ellos tenían algunos asuntos que él podía
21
despachar . Y lo que se acordó fue que, después que él se encontrase
bien, fuese a despachar los asuntos de los compañeros, y después se
dirigiese a Venecia y esperase allí a los compañeros.
86. Esto era el año 35, y los compañeros estaban para partir,
2 S
según el pacto, el año 37, el día de la conversión de San Pablo , aun
cuando después, por las guerras que vinieron, partieron el año 36, en
23
noviembre . Y estando el peregrino para partir, oyó que le habían
acusado al inquisidor, y que se había hecho proceso contra él. Oyendo esto
y viendo que no le llamaban, se fue al inquisidor y le dijo lo que había
oído, y que estaba para marcharse a España, y que tenía compañeros;
que le rogaba que diese sentencia. El inquisidor dijo que era verdad lo de
la acusación, pero que no veía que hubiese cosa de importancia. Solamente
quería ver sus escritos de los Ejercicios; y habiéndolos visto, los alabó
mucho y pidió al peregrino que le dejase la copia de ellos; y así lo hi^p.
Con todo esto, volvió a instar para que quisiese seguir adelante en el
proceso hasta dictar la sentencia. Y excusándose el inquisidor, fue él con
30
un notario público y con testigos a su casa y tomó fe de todo ello .

C A P I T U L O I X

87. Parte para su t i e r r a . — 8 8 - 8 9 . Se aloja en el hospital. Ejer-


cita obras de celo en A z p e i t i a . — 9 0 . Visita P a m p l o n a , A l -
mazán, S i g ü e n z a , T o l e d o , Valencia. Visita al doctor
Castro.—91. Se embarca para G e n o v a , a d o n d e llega des-
pués de u n a g r a n tempestad. Después de g r a n d e s penalida-
des llega a Bolonia. De allí v a a Venecia.

87. Y hecho esto, montó en un caballo pequeño que los compañeros


le habían comprado, y se fue solo hacia su tierra. En el camino se

2 8
25 de enero.
2 9
En realidad, los compañeros de San Ignacio salieron de París el 15 de noviembre
de 1536.
3 0
Este documento no ha llegado hasta nosotros, como tampoco la copia de los
Ejercicios que dio Ignacio al inquisidor. En aquella ocasión no era ya inquisidor Fr.
Mateo Ory, como desde el P. Polanco (Sumario n.50, Fontes narr. I 180) han venido
repitiendo algunos biógrafos del Santo, sino Fr. Valentín Liévin. Véase Fontes narr. I 180
nota 32; II 561 nota 153.
160 Autobiografía

paese, trovandosi per la strada molto m e g l i o . Et a r r i v a n d o alia


1
P r o v i n c i a , lasció la strada c o m m u n e et p i g l i ó quella del monte,
che era piú solitaria, per la q u a l e caminando un poco, t r u o v ó
dui homini armati, che gli v e n i v a n o incontro (et é quella strada
a l q u a n t o infame d'assassini), li quali, dipoi che l'ebbero passato
un pezzo, tornorno indietro, seguitandolo con g r a n fretta, et
hebbe un poco di paura. P u r é gli parló, et intese che erano
,a
servitori del suo f r a t e l l o , il quale lo m a n d a v a a ritruovare.
Perché, secondo pare, di Baiona di Francia, d o v e il p e l e g r i n o fu
conosciuto, h a v e v a havuto n o v a della sua venuta, et cosi loro
a n d o r n o inanti, et lui a n d o per la medesima. Et un poco p r i m a
2
che arrivasse alia térra, t r u o v ó li p r e d e t t i , che gli a n d a v a n o
incontro, li quali gli fecero g r a n d e instantia per menarlo a casa
del fratello, ma non lo potero sforzare. Cosi se n ' a n d ó
3
a l l ' h o s p i t a l e , et poi a hora c o m m o d a ando a cercare elemosina
por la térra.
88. Et in questo hospitale cominció a parlar con molti,
che lo a n d o r n o a visitare, delle cose di Dio, per la cui g r a t i a si
fece assai frutto. Súbito al principio che a r r i v ó si deliberó di
i n s e g n a r ' la dottrina cristiana o g n i d i alli putti; m a suo fratello
lo r e p u g n ó g r a n d e m e n t e , affirmando che nessuno venirebbe.
L u i rispóse che basteria u n o . M a dipoi che lo cominció a fare
v e n i v a n o molti continuamente a sentirlo, et etiam suo fratello.
Oltre la dottrina cristiana, predicava anche le domeniche et
feste, con utile ec aiuto delle anime, che di molte milia lo
v e n i v a n o a sentiré. Ha fatto anche sforzo di scacciare alcuni
abusi; et con l'aiuto di Dio si é posto ordine in alcuno; verbi
gratia, nel g i u o c o fece che fosse vetato con executione, persua-
dendolo a q u e l l o che g o v e r n a v a la giustizia. Era anche la un
altro abuso, in questo m o d o : le citelle in quel paese vanno
sempre col capo scoperto, et non lo coprono se non q u a n d o si
maritano. M a sonó molte che si fanno concubine de preti et
d'altri h u o m i n i et g u a r d a n g l i fede, come se fossero loro donne.
Et questo é tanto c o m m u n e , che le concubine non hanno p u n t o
di v e r g o g n a di diré che si hanno coperto il capo per un tale; et
per tali sonó conosciute essere.

1
Así se llamaba a Guipúzcoa. Cf. Fontes narr. II 511.
I a
Martín García de Oñaz, hermano mayor de Ignacio y señor de Loyola.
2
Mantenemos la lectura «predetti» en castellano susodichos, adoptada en nuestra
edición de Fontes narr. I 482, sustituyéndola a (a lectura preti, por las razones que
adujimos en Notas ignacianas: 1. Una lectura controvertida de la Autobiografía: «preti» o
«predttti»: Estudios Eclesiásticos 24 (1950) 91-97. Según esto, rechazamos la tradición de
que San Ignacio fue recibido con solemnidad por los sacerdotes (preti) de Azpeitia,
tradición basada en una lectura equivocada.
3
Era el hospital llamado «de la Magdalena».'Véase lo que sobre la permanencia del
Capítulo 9 161
1
encontró mucho mejor. Y llegando a la Provincia dejó el camino común
y tomó el del monte, que era más solitario; por el cual caminando un
poco, encontró dos hombres armados que venían a su encuentro (y tiene
aquel camino alguna mala jama por los asesinos), los cuales, después de
haberle adelantado un poco, volvieron atrás, siguiéndole con mucha prisa,
y tuvo un poco de miedo. Con todo, habló con ellos, y supo que eran
criados de su hermano^, el cual los mandaba para buscarle. Porque,
según parece, de Bayona de Francia, donde el peregrino fue reconocido,
había tenido noticia de su venida; y así ellos anduvieron delante, y él
siguió por el mismo camino. Y un poco antes de llegar a la tierra,
1
encontró a los susodichos que le salían al encuentro, los cuales le hicieron
muchas instancias para conducirlo a casa del hermano, pero no le
1
pudieron forjar. Así se fue al hospital , y después, a hora conveniente,
fue a buscar limosna en el pueblo.

88. Y en este hospital comentó a hablar con muchos que fueron a


visitarle de las cosas de Dios, por cuya gracia se hi%o mucho fruto. Tan
pronto como llegó, determinó enseñar la doctrina cristiana cada día a los
niños; pero su hermano se opuso mucho a ello, asegurando que nadie
acudiría. El respondió que le bastaría con uno. Pero después que comen-
tó a hacerlo, iban continuamente muchos a oírle, y aun su mismo
hermano.
Además de la doctrina cristiana, predicaba también los domingos y
fiestas, con utilidad y provecho de las almas, que de muchas millas venían
a oírle. Se esforzó también para suprimir algunos abusos, y con la ayuda
de Dios se puso orden en alguno, verbi gratia: en el juego, hi%o que con
ejecución se prohibiese, persuadiéndolo al que tenía el cargo de la justicia.
Había también allí un abuso, y era éste: en aquel país las muchachas van
siempre con la cabera descubierta,y no se cubren hasta que se casan; pero
hay muchas que se hacen concubinas de sacerdotes y otros hombres y les
guardan fidelidad, como si fuesen sus mujeres. Y esto es tan común, que
las concubinas no tienen ninguna vergüenza en decir que se ha cubierto la
cabera por alguno, y por tales son conocidas.

Santo en él y sobre el caballo que allí dejó escribía al mismo Ignacio el P. Miguel Ochoa
[Navarro], compañero de San Francisco de Borja, el 8 de enero de 1552, desde Loyola:
«... y de allí nos fuimos al hospital de la Magdalena, donde V. P. quiso posar cuando vino
a esta tierra, y especialmente el P. Francisco, que quiso comer en la mesma mesilla donde
V. P. solía comer, y en la mesma cámara donde solía dormir. Hallamos también el mesmo
cuartago que V. P. dejó al hospital agora diez y seis años, y está muy gordo y muy
bueno, y sirve hoy en día muy bien a la casa: es privilegiado en Azpeitia, que aunque
entre en los panes, disimulan con él. El P. Francisco dice sobre él: respexit Dominas ad
Abel et ad muñera eius...» (MHSI, L.itterae Quadrimestres I 494).
162 Autobiografía

89. Per la qual usanza nasce molto male. II p e l e g r i n o


persuase al g o v e r n a t o r e che facesse una l e g g e , che tutte quelle
che si coprissero il capo per alcuno, non essendo loro donne,
fussero g a s t i g a t e con giustitia; et a questo m o d o s'incominció a
l e v a r ' q u e s t o abuso. Allí poveri ha fatto dar ordine come se
4
fosse p r o v e d u t o publico et o r d i n a r i a m e n t e . Et che si toccase
tre volte a l P A v e m a r i a , cioé; la matina, il mezzo g i o r n o , et la
5
sera, acció il populo facesse oratione, come in R o m a . M a
q u a n t u n q u e si t r o v a v a bene al principio, venne poi ad infermar-
si g r a v e m e n t e . Et poi che fu sano, deliberó di partirsi a far le
facende che gli erano state imposte dalli c o m p a g n i , et partirsi
senza quatrini; della qual cosa si scorroció molto il suo fratello,
6
v e r g o g n a n d o s i che volesse andaré a p i e d i . Et alia sera il pele-
g r i n o ha v o l u t o condescenderé in questo, di andaré insino alia
fine della Provincia a cavallo col suo fratello et con li suoi
paren ti.
90. M a q u a n d o fu uscito dalla Provincia, scese a piede,
senza p i g l i a r niente, et se ne a n d o verso Pamplona; et ivi ad
7
A l m a z z a n o , paese del P. L a y n e z ; et dipoi a S i g ü e n z a et T o l e t o ;
et di Toleto a Valenza. Et in tutti questi paesi delli c o m p a g n i
non volse p i g l i a r e niente, q u a n t u n q u e gli facessero grandi of-
ferte con molta instantia.
8
In Valenza parló con C a s t r o che era m o n a c h o certosino; et
volendosi imbarcar per venire a Genova, li devoti di Valenza lo
han p r e g a t o non lo facesse, perché dicevano che era Barba
9
R o s s a in mare con molte galere, etc. Et q u a n t u n q u e molte
cose g l i dicessero, bastanti a fargli paura, nientedimeno nissuna
cosa lo fece dubitare.
91. Et imbarcato in una n a v e g r a n d e , passó la tempesta,
10
della qual si é fatta mentione di s o p r a , q u a n d o si é detto che
fu tre volte a p u n t o di morte.
A r r i v a t o a Genova, p i g l i ó la strada verso B o l o g n a , nella

4
Las ordenaciones para socorrer a los pobres y evitar la mendicidad han sido
publicadas en MI, Scripta I 539-543 y en Fontes documentales n.88.
5
En carta a los ciudadanos de Azpeitia, escrita en agosto o septiembre de 1540, les
recordaba Ignacio las cosas que había dejado establecidas en Azpeitia a su paso por ella:
«de hacer tocar las campanas por los que en pecado mortal se hallasen; que no hubiese
pobres mendicantes, mas que todos fuesen subvenidos; que no hubiesen juegos de cartas,
ni vendedores ni compradores de ellas; y que de poner tocados las mujeres sobre mal
fundamento y ofensa a Dios N. S., que fuese extirpado tal abuso» (MI, Epp. I 163).
6
Cambiamos la puntuación de la edición de Fontes narr. I 486, manteniendo la
adoptada por el manuscrito N y desechando la de Post. Según esto, ponemos punto
después de «a piedi» y no después de «alia sera».
7
En Toledo debió de visitar a los parientes de Alfonso Salmerón y a su antiguo
compañero en la Universidad de París el doctor Pedro de Peralta (cf. n.77), pues Polanco
nos dice que «era también en su intención tornar a cobrar, si Dios fuese servido los
compañeros que había primero dejado en España, o de París eran tornados a ella, como
Capítulo 9 163

89. Del cual uso nace mucho mal. El peregrino persuadió al


gobernador que hiciese una ley, según la cual todas aquellas que se
cubriesen la cabera por alguno, no siendo sus mujeres, fuesen castigadas
por la justicia; y de este modo empegó a quitarse este abuso. Hi^o que se
diese orden para que a los pobres se les socorriese pública y ordinaria-
mente'', y que se tocase tres veces al «Ave María», esto es, por la
mañana, al mediodía y a la tarde, para que el pueblo hiciese oración,
5
como en Roma . Mas, aunque al principio se encontraba bien, después se
enfermó gravemente. Y después que se curó, decidió partirse para despa-
char los asuntos que le habían confiado sus compañeros; y partirse sin
dinero; de lo cual se enojó mucho su hermano, avergonzándose de que
6
quisiese ir a pie . Y por la tarde el peregrino quiso condescender en esto
de ir hasta el fin de la Provincia a caballo con su hermano y con sus
parientes.

90. Pero, cuando hubo salido de la Provincia, dejó el caballo, sin


tomar nada, y se fue en dirección de Pamplona, y de allí a Alma^án,
1
pueblo del P. Laíne^y después a Sigüen^ay Toledo ^ de Toledo a
Valencia. Y en todas estas tierras de los compañeros no quiso tomar
nada, aun cuando le hiciesen grandes ofrecimientos con mucha insistencia.

En Valencia habló con Castro, que era monje cartujo*;y queriéndo-


se embarcar para venir a Genova, los devotos de Valencia le rogaron que
9
no lo hiciese, porque decían que estaba en el mar Barbarroja con muchas
galeras, etc. Y por muchas cosas que le dijeron, suficientes para ponerle
miedo, con todo, nada bastó para hacerle dudar.

91. Y embarcando en una nave grande, pasó la tempestad, de la


10
cual se ha hecho mención más arriba , cuando se dijo que estuvo tres
veces a punto de muerte.
Llegado a Genova, emprendió el camino hacia Bolonia,y en él sufrió

son Arteaga, Calixto, Peralta, Castro; pero ninguno de todos elíos se dispuso a seguirle»
(Fontes narr. I 187-188). En este viaje se detuvo también en Madrid, seguramente con el
deseo de ver a Arteaga, que por entonces era preceptor de Luis de Requeséns, hijo del
comendador mayor de Castilla, don Juan de Zúñiga (cf. MARCH, Nine^y juventud de Fe-
lipe II t.2 p.96-97.222-223). Con esta ocasión vio Felipe II, niño entonces de ocho años, a
San Ignacio, como el mismo rey recordaba cincuenta años más tarde, al serle mostrado el
retrato del Santo pintado por Alonso Sánchez Coello. Fontes narr. III 245. Era aya del
príncipe doña Leonor Mascarenhas, que ya de antes conocía y admiraba a San Ignacio.
Véase n.80.
8
Véase el n.78.
9
Chaireddin, célebre pirata, jefe de la escuadra de Solimán II.
10
Cf. n.33. Creemos que probablemente la nave no hizo viaje directo de Valencia a
Genova, sino que hizo escala en Barcelona. Así se conciliaria con el relato autobiográfico
14
la narración de Polanco en el Sumario n.60 v en la Vida latina (Fontes narr. I 187-488 ;
II 571).
164 Autobiografía

quale ha patito molto, m á x i m e una volta che smari la v i a , et


cominció a caminare presso un fiume, il quale era basso, et la
strada alta, la quale, q u a n t o piú c a m i n a v a per essa, tanto piü si
faceva stretta; et in tal m o d o si venne a far stretta, che non
poteva piú né andaré inanzi né tornare indietro. Et cosi comin-
ció a caminare carpone; et cosi c a m i n ó un g r a n pezzo con g r a n
paura; perché, o g n i volta che si m o v e v a , credeva di cascare in
fiume. Et questa fu la p i ú g r a n fatica et t r a v a g l i o corporale che
mai havesse, ma alia fine c a m p ó . Et v o l e n d o entrare in B o l o -
gna, h a v e n d o a passar un ponticello di l e g n o cade g i ú del
ponte; et cosi, levandosi careo di fango et di acqua, fece ridere
molti, che si t r o v o r n o presentí.
Et entrando in B o l o g n a , cominció a d o m a n d a r elemosina,
et non t r o v ó puré un solo quatrino, q u a n t u n q u e la cercasse
11
tutta .
Stette alcun tempo in B o l o g n a a m m a l a t o , dipoi se ne ando a
Venetia, al medesimo m o d o sempre.

92. In V e n e t i a in q u e l l o tempo s'exercitava in daré gli


exercitii et in altre conversationi spirituali. L e persone piú
1
segnalate, a cui gli dette, sonó M r o . Pietro C o n t a r e n o , et M r o .
2
Gasparro de D o c t i s , et un s p a g n u o l o , chiamato per nome

11
Después de tan mal viaje hacía Bolonia y de la poco benévola acogida que tuvo en
esta ciudad, recibió algún alivio en el Colegio Mayor de San Clemente de los españoles
(cf. Fontes narr. I 188; II 572). En Bolonia comenzó San Ignacio a reanudar sus estudios
de teología, pero, no probándole el clima de la ciudad, se dirigió a Venecia para esperar a
sus compañeros. Allí se propuso completar sus estudios teológicos desde principios de
1536 hasta la cuaresma de 1537. Véase su carta a Jaime Cassador, escrita el 12 de febrero
de 1536 (MI, Epp. 1 95-96).
Capitulo 10 165

mucho, máxime una ve% que perdió el camino y empegó a andar junto a
un río, el cual estaba abajo y el camino en alto, y este camino, cuanto
más andaba, se iba haciendo más estrecho;y llegó a estrecharse tanto, que
no podía seguir adelante, ni volver atrás; de modo que empegó a andar a
gatas, y así caminó un gran trecho con gran miedo, porque cada ve% que
se movía creía que caía en el río. Y ésta fue la más grande fatiga y
penalidad corporal que jamás tuvo; pero al fin salió del apuro. Y
queriendo entrar en Bolonia, teniendo que atravesar un puentecillo de
madera, cayó abajo del puente; y así, levantándose cargado de barro y de
agua, hi\o reír a muchos que se hallaron presentes.

Y entrando en Bolonia, empegó a pedir limosna, y no encontró ni


11
siquiera un cuatrín, aunque la recorrió toda .

Estuvo en Bolonia algún tiempo enfermo; después se fue a Venecia,


siempre de la misma manera.

C A P I T U L O X

92. En Venecia da los ejercicios.—93. Es p e r s e g u i d o , pero al


fin es reconocida su inocencia. Se juntan con él los compa-
ñeros venidos de París. Después de esperar a l g u n o s meses,
parten para R o m a con intención de pedir permiso para
emprender la peregrinación a Palestina. A la vuelta de R o -
ma se ordenan los q u e no eran sacerdotes.—94-95. M i e n -
tras esperan una ocasión para embarcarse se distribuyen
entre varias ciudades del d o m i n i o veneciano. San Ignacio
visita a S i m ó n R o d r i g u e s , enfermo en Bassano.—96-97.
N u e v a distribución de los compañeros por diversas ciuda-
des de Italia. V a n a R o m a . En el camino tiene San Ignacio
la célebre visión.

En Venecia por aquel tiempo se ejercitaba en dar los ejercicios y en


otras conversaciones espirituales. Eas personas más señaladas a quienes
x 2
los dio son Mro. Pedro Contarini y Mro. Gaspar de Doctis , y un

1
Pedro Contarini, noble clérigo veneciano, procurador del hospital de los Incura-
bles. Procedía de una rama diferente de la del cardenal Gaspar Contarini, que tanto había
de ayudar después a la Compañía en Roma. En 1557 fue trasladado a la diócesis de Pafos,
en Chipre. En 1562 renunció a su diócesis. Murió en Padua en 1563.
2
Gaspar de Doctis era entonces vicario del nuncio pontificio en Venecia, Jerónimo
Verallo. Fue desde 1551 gobernador de Loreto, y allí, en 1556, hizo los votos simples de
la Compañía, conservando, con todo, su traje seglar y regentando el santuario.
166 Autobiografía

3
R o c a s . Et era anchora la un altro s p a g n u o l o , che si diceva il
4
bacigliere H o z e s il quale praticava m o l t o col p e l e g r i n o , et
5
anche col v e s c o v o di C e t t e . Et q u a n t u n q u e havesse un poco
affettione di fare gli exercitii, n o n d i m e n o non gli meteva in
executione. Alia fine si rissolse di entrare a fargli; et dipoi che
gli hebbe fatto, 3 o 4 g i o r n i , disse l ' a n i m o suo al p e l e g r i n o ,
dicendogli che h a v e v a paura non gli insegnasse n e g l i exercitii
qualche dottrina cativa, per le cose che gli h a v e v a detto un tale.
Et per questa causa h a v e v a portato seco certi libri, a ció ricor-
resse a quelli, se per sorte lo volesse i n g a n n a r e . Questo si aiutó
molto notabilmente n e g l i exercitii, et alia fine si rissolse di
seguitare la vita del p e l e g r i n o . Questo fu anche il p r i m o che
mori.
93. In Venetia hebbe anche il pelegrino altra persecutione,
essendo molti che d i c e v a n o che gli era stata abbrusciata la
statua in S p a g n a et in P a r i g i . Et questa cosa ando tanto inanzi,
che si é fatto processo, et fu data la sentenza in favore del
6
pelegrino .
Li 9 c o m p a g n i vennero a Venetia il principio del 37. La si
divisero a serviré per diversi hospitali. D o p o 2 o 3 mesi se
n ' a n d o r o n o tutti a R o m a a p i g l i a r la benedittione per passare in
Hierusalem. II p e l e g r i n o non ando per causa del Dottor Ortiz,
7
et anche del n u o v o cardinale T h e a t i n o . Li c o m p a g n i vennero
da R o m a con pólice di 200 o 300 scudi, li quali gli furono dati
per elemosina per passare in Hierusalem; et loro non gli volsero
pigliare senon in pólice; li quali dipoi, non potendo andaré in
8
Hierusalem, gli rendettero a quelli che gli h a v e v a n o d a t i .
Li c o m p a g n i t o r n o r n o a Venetia del m o d o che erano andati,
cioé a piedi et m e n d i c a n d o , ma divisi in tre parti, et in tal
m o d o , che sempre erano di diverse nationi. La in Venetia si
ordinorono da messa quelli che non erano ordinati, et gli dette
licentia il nuntio che all'hora era in Venetia, che poi si chiamó il

3
Nótese el apellido Rozas o Rosas (Rocas en los mss.), que no hay que confundir
3
con Rojas. No consta con claridad de quién se trata. Cf. Fontes narr. I 490 . Parece
tratarse de un tal Rodrigo Rozas.
4
El bachiller Diego de Hoces, natural de Málaga, se juntó muy pronto con San
Ignacio y sus compañeros. Murió en 1538 en Padua mientras ejercía la predicación en
compañía del P. Juan Coduri. San Ignacio, que estaba entonces en Montecasino, vio su
alma en el cielo. Véase Polanco, en el Sumario n.74 y en la Vida latina, n.91, Fontes narr. I
195; II 583.
5
Una diócesis con semejante nombre no existe. Viseto en su traducción latina (Fontes
narr. I 491, aparato crítico) lo interpretó septensis (de Septa, forma latina de Ceuta). Según
esto, se trataría del obispo de Ceuta, que por aquel entonces era Diego de Silva. Con
todo, las circunstancias hacen que sea menos probable esta interpretación, y aconsejan
inclinarse por aquélla, según la cual Cette está puesto por Chieti. Obispo de esta diócesis,
cuyo nombre adjetivo es theatinus, de donde les vino el nombre a los Teatinos, era Juan
Pedro Carafa, cofundador de aquella Orden religiosa y futuro papa Paulo IV, que desde
Capítulo 10 167
3
español llamado por nombre Ro%as . Y estaba también allí otro espa-
4
ñol, que se llamaba el bachiller Hoces , el cual trataba mucho con el
5
peregrino y también con el obispo de Ce ite , y aunque tenía algún deseo
de hacer los ejercicios, con todo no lo ponía en ejecución. Al fin resolvió
hacerlos; y después que los hi^o, a los tres o cuatro días, expuso su
intención al peregrino, diciéndole que tenía miedo no fuese que le enseñase
en los ejercicios alguna doctrina mala, por las cosas que le había dicho un
tal. Y por eso había llevado consigo ciertos libros para recurrir a ellos en
el caso de que quisiese engañarle. Este se. ayudó muy notablemente en los
ejercicios, y al fin se resolvió a seguir el camino del peregrino. Fue
también el primero que murió.

93. En Venecia tuvo también el peregrino otra persecución, pues


había muchos que decían que había sido quemada su estatua en España y
en París. Y pasó eso tan adelante, que se hi^o proceso, y fue dada
6
sentencia en favor del peregrino .

Los nueve compañeros llegaron a Venecia a principio del 37. Allí


se dividieron para servir en diversos hospitales. Después de dos o tres
meses se fueron todos a Roma para tomar la bendición para pasar a
jerusalén. El peregrino no fue por causa del doctor Orti^,y también del
7
nuevo cardenal Teatino . Los compañeros volvieron de Roma con pólizas
de 200 ó 300 escudos^, los cuales le fueron dados de limosna para pasar
a jerusalén, y ellos no los quisieron tomar más que en pólizas. Estos
escudos, después, no pudiendo ir a Jerusalén, los devolvieron a aquellos
que se los habían dado.
Los compañeros volvieron a Venecia del mismo modo que habían
ido, es decir, a pie y mendigando, pero divididos en tres grupos, y de tal
modo que siempre eran de diferentes naciones. En Venecia se ordenaron
de misa los que no estaban ordenados, y les dio licencia el nuncio que
estaba entonces en Venecia, el cual después se llamó el cardenal Ver alio.

1527 vivía en Venecia. Sobre sus dificultades con San Ignacio véase la nota 7 de este
capítulo.
6
La sentencia fue dictada por Gaspar de Doctis el 13 de octubre de 1537. Ha sido
publicada en MI Scripta I 624-627 y en Fontes documentales n.105.
7
El doctor Ortiz se había molestado en París con San Ignacio por el cambio de
conducta que se había obrado en Juan Castro y Pedro Peralta (véase más arriba, n.77).
Entre San Ignacio y Juan Pedro Carafa, creado cardenal el 22 de diciembre de 1536, no
existían buenas relaciones desde el incidente, no bien aclarado, ocurrido entre ellos en
Venecia. Cf. Fontes narr. II 575, e ib., I 582 nota 14. Véase la carta que con toda seguridad
puede decirse destinada a Juan Pedro Carafa (MI, Epp. I 114-118). Edición crítica de esta
carta en AHSI 44 (1975) 139-151.
8
Entre 60 ducados que recibieron del Papa y otros de otras personas, «traieron aquí
en zédulas 260 ducados». No pudiendo hacer la peregrinación, devolvieron este dinero.
Así lo escribía San Ignacio desde Venecia a Juan Verdolay el 24 de julio de 1537 (MI,
Epp. I 120-121). Sobre esta limosna, cf. Fontes narr. 1 116 nota 10.
168 Autobiografía

cardinale V e r a l l o . Si ordinorno ad titulum paupertatis, facendo


9
tutti voti di castitá et p o v e r t á .
94. In q u e l l o anno non passavano navi in L e v a n t e , perché
li venetiani h a v e v a n o rotto con turchi. Et cosi loro, vedendo
che si a l l o n g a v a la speranza del passare, si compartirno per lo
venetiano con intentíone di aspettare l'anno che h a v e v a n o deli-
berato; et poi che fosse fornito et non fosse p a s s a g g i o , se ne
andariano a R o m a .
Al p e l e g r i n o toccó andaré con Fabro et L a y n e z a Vicenza.
La t r o v o r n o una certa casa fuori della térra, che non h a v e v a né
porte, né fenestre, nella quale stavano d o r m e n d o sopra un poco
10
di pagua che h a v e v a n o p o r t a t a . Dui di loro a n d a v a n o sempre
a cercare elemosina alia térra due volte il di, et p o r t a v a n o tanto
poco, che quasi non si potevano sostentare. Ordinariamente
m a n g i a v a n o un poco di pan cotto, q u a n d o l ' h a v e v a n o , il quale
attendeva a cuocere q u e l l o che restava in casa. In questo m o d o
passorno 40 di, non attendendo ad altro che ad orationi.
95. Passati li 40 di venne M r o . Gioanne Coduri, et tutti
quatro si deliberorono di incominciare a predicare; et andando
tutti 4 in diverse piazze, il medesimo di et la medesima hora co-
minciorno la sua predica, g r i d a n d o p r i m a forte, et chiamando la
gente con la berretta. Con queste prediche si fece molto rumo­
re nella cittá, et molte persone si mossero con devotione, et ha­
v e v a n o le commoditá corporali necessarie con piú abundantia.
In quel tempo che fu a Vicenza hebbe molte visioni spiri-
tuali, et molte quasi ordinarie consolationi; et per il contrario
q u a n d o fu in Parigi; massime q u a n d o si incominció a preparare
per esser sacerdote in Venetia, et q u a n d o si preparava per diré
la messa, per tutti quelli v i a g g i hebbe g r a n d i visitationi sopra-
naturali, di quelle che soleva havere stando in Manressa. Stando
anche in Vicenza seppe che uno delli c o m p a g n i , che stava a
11
B a s s a n o , stava a m m a l a t o a p u n t o di morte, et lui si trovava
etiam all'hora a m m a l a t o di febre. Nientedimeno si messe in
v i a g g i o ; et caminava tanto forte, che Fabro, suo c o m p a g n o ,
non lo poteva seguitare. Et in quello v i a g g i o hebbe certitudine
da Dio, et lo disse a Fabro, che il c o m p a g n o non morirebbe di
quella infirmitá. Et a r r i v a n d o a Bassano, lo a m m a l a t o si conso­
12
ló molto, et sanó p r e s t o .
Poi tornorno tutti a Vicenza, et la sonó stati alcuno tempo
tutti dieci; e a n d a v a n o alcuni a cercare elemosina per le ville
intorno a Vicenza.

9
La ordenación tuvo lugar el 24 de junio de 1537. El título de las órdenes puede
verse en MI, Scripta I 543-546 y en Tontee documentales n.103. El obispo de Arbe (Rab. en
Dalmacia), Vicente Nigusanti, fue el que los ordenó.
Capítulo 10 169

Se ordenaron a título de pobrera, haciendo todos votos de castidad y


9
pobrera .
94. Aquel año no había naves que fuesen a llevante, porque los
venecianos habían roto con los turcos. Y así ellos, viendo que se alejaba la
esperanza de pasar a jerusalén, se dividieron por el Véneto con intención
de esperar el año que habían determinado, y si después de cumplido no
hubiese pasaje, se irían a Roma.

Al peregrino tocó ir con Fabro y Laíne% a Vicenta. Allí encontra-


ron una cierta casa fuera de la ciudad, que no tenía ni puertas ni
10
ventanas, en la cual dormían sobre un poco de paja que habían llevado .
Dos de ellos iban siempre a pedir limosna en la ciudad dos veces al día, y
era tan poco lo que traían, que casi no podían sustentarse. Ordinaria-
mente comían un poco de pan cocido, cuando lo tenían, y cuidaba de
cocerlo el que quedaba en casa. De este modo pasaron cuarenta días, no
atendiendo más que a la oración.

95. Pasados los cuarenta días, llegó el Mro. Juan Coduri, y los
cuatro decidieron empegar a predicar;y dirigiéndose los cuatro a diversas
placas, en el mismo día y a la misma hora comentaron su sermón,
gritando primero fuerte y llamando a la gente con el bonete. Con estos
sermones se hi^p mucho ruido en la ciudad, y muchas personas se
movieron a devoción, y ellos tenían con más abundancia las cosas necesa-
rias para la vida.
En el tiempo que estuvo en Vicenta tuvo muchas visiones espiritua-
les^ muchas, casi ordinarias, consolaciones; y lo contrario le sucedió en
París. Principalmente, cuando comentó a prepararse para ser sacerdote
en Venecia, y cuando se preparaba para decir la misa, durante todos
aquellos viajes tuvo grandes visitaciones sobrenaturales, de aquellas que
solía tener cuando estaba en Manresa. También estando en Vicenta supo
11
que uno de los compañeros, que estaba en Bassano , se encontraba
enfermo y a punto de morir, y él se hallaba también en aquel mismo
tiempo enfermo de fiebre. Con todo, se puso en camino, y andaba tan
fuerte, que Fabro, su compañero, no le podía seguir. Y en este viaje tuvo
certidumbre de Dios, y lo dijo a Fabro, que el compañero no moriría de
aquella enfermedad. Y llegando a Bassano, el enfermo se consoló mucho y
12
sanó pronto .
Después volvieron todos a Vicenta, y estuvieron allí por algún
tiempo los die%,y algunos iban a pedir limosna por ¿os pueblos cercanos.

10 215
Se trata del monasterio titulado S. Pietro in Vivarolo (Fontes narr. 11 580 ).
11
Era éste Simón Rodrigues.
12
Refieren lo mismo con más detalles el P. Ribadeneira en De actis n.23, Fontes narr.
II 333-334, y el P. Polanco en la Vida latina, ib., p.581. Véase también Fontes narr. III
84.86.424.
170 Autobiografía

13
96. Poi, finito l ' a n n o , et non si trovando p a s s a g g i o , si
deliberorno di andaré a R o m a ; et anche il p e l e g r i n o , perché
l'altra volta che li c o m p a g n i erano andati, quelli dui, delli quali
lui dubitava, si erano mostrati molto benevoli.
A n d o r o n o a R o m a divisi in tre o quatro parti, et il pelegri-
1 4
no con Fabro et L a y n e z , et in questo v i a g g i o fu m o l t o spe-
cialmente visitato da Iddio.
H a v e v a deliberato, dipoi che fosse sacerdote, di stare un
15
anno senza diré m e s s a , preparandosi et p r e g a n d o la M a d o n n a
16
lo volesse metiere col suo F i g l i u o l o . Et essendo un g i o r n o ,
alcune m i g l i a prima che arrivasse a R o m a , in una chiesa, et
facendo oratione, ha sentita tal mutatione n e l l ' a n i m a sua, et ha
visto tanto chiaramente che Iddio Padre lo metteva con Cristo,
suo F i g l i u o l o , che non gli basterebbe l ' a n i m o di dubitare di
questo, senonché Iddio Padre lo metteva col suo F i g l i u o l o .
97. Poi, v e n e n d o a R o m a , disse alli
Et io, che scrivo queste c o m p a g n i che v e d e v a le fenestre serra-
cose, dissi al pelegrino, te, v o l e n d o diré che li h a v e v a n o di ha-
quando questo mi nar- ver molte contradittioni. Et disse an-
rava, che Laynez rac- che: — B i s o g n a che stiamo molto sopra
contava questo con al-
di noi, et non p i g l i a m o conversatione
tre particularitá, secon-
do havevo inteso. Et con donne, se non fossero i l l u s t r i — .
lui mi disse che tutto Dipoi in R o m a , per parlare di questo
18
quello dicea Laynez proposito, M. F r a n c e s c o confessava
stava il vero, perché lui una donna, et la visitava alcuna volta
non si ricordava tanto per praticare le cose spirituali, la q u a l e
particolarmente; ma che dipoi fu trovata g r á v i d a ; ma volse il
all'hora quando lo na- S i g n o r e che si scoperse colui che have-
rrava sa certo che non va fatto il maleficio. II simile accade a
ha detto senon la veritá. Gioan Coduri con una sua figliuola spi-
Questo medesimo mi
17 rituale, deprehensa con u n ' h o m o .
disse in altre cose .

13
Enriéndese el año durante el cual, según habían prometido en el voto de Montmar-
tre, tenían que esperar la navegación para Jerusalén. Cómo tenía que computarse este
año, no aparece del todo claro. En la duda parece prudente atenerse a la explícita
declaración del P. Polanco, según el cual el año tenía que empezar a contarse desde la
llegada de los compañeros de San Ignacio a Venecia, es decir, desde el 8 de enero de
1537. «Expectandus tamen erat annus, ab eo tempore, quo Venetias venerant, computan-
dus, iuxta praedicti voti tenorem» (Fontes narr. II 579-582). Otra es la opinión defendida
por el P. LETURIA, Importancia del año 1538 en el cumplimiento del «Voto de Montmartre»:
Archivum Historicum S.I., 9 (1940) 188-207. Véase la nota 14.
14
Aunque no estuviesen estrictamente obligados por el voto, retrasaron todavía
algunos meses la ida a Roma, a excepción de San Ignacio y de los PP. Fabro y Laínez, los
cuales se dirigieron a la Ciudad Eterna a fines de octubre de 1537. Les siguieron los
demás inmediatamente después de la Pascua de 1538 (21 de abril). La presentación al
Papa, en virtud del voto de Montmartre, para ofrecerse a lo que quisiese disponer de
ellos, tuvo lugar entre el 18 y el 23 de noviembre. Véase Fontes narr. I 36*.
En realidad, San Ignacio difirió un año y medio exacto la celebración de su
Capítulo 10 171
13
96. Después, acabado el año , y no encontrándose pasaje, deci-
dieron ir a Roma, y también quiso ir el peregrino, porque la otra vet^,
cuando fueron a Roma los compañeros, aquellos dos de los cuales él
dudaba, se mostraron muy benévolos.
Se dirigieron a Roma, divididos en tres o cuatro grupos, y el
H
peregrino con V abro y L,aínet ; y en este viaje fue muy especialmente
visitado del Señor.
Había determinado, después que fuese sacerdote, estar un año sin
15
decir misa , preparándose y rogando a la Virgen que le quisiese poner
16
con su Hijo . Y estando un día, algunas millas antes de llegar a Roma,
en una iglesia, y haciendo oración, sintió tal mutación en su alma y vio
tan claramente que Dios Padre le ponía con Cristo, su Hijo, que no
tendría ánimo para dudar de esto, sino que Dios Padre le ponía con su
Hijo.

97. Después, viniendo a Roma, dijo a


los compañeros que veía las ventanas cerra- Y yo, que escribo estas
das, queriendo decir que habían de tener allí cosas, dije al peregrino,
muchas contradicciones. Y dijo también: cuando me narraba es-
to, que Laínez lo con-
—Debemos estar muy sobre nosotros mismos
taba con otros porme-
y no entablar conversación con mujeres, si no nores, según había yo
fuesen ilustres—. Y a este propósito, des- oído. Y él me dijo que
18
pués en Roma Mro. Francisco confesaba a todo lo que decía Laí-
una mujer y la visitaba alguna ve% para nez era verdad, porque
tratar de cosas espirituales, y esta mujer fue él no se acordaba tan
encontrada después encinta; pero quiso el Se- detalladamente; pero
ñor que se descubriese el que había hecho el que entonces, cuando
mal. Algo semejante sucedió a Juan Coduri lo narraba, sabe cierto
con una hija espiritual suya, que fue encon- que no había dicho
más que la verdad. Es-
trada con un hombre.
to mismo me dijo en
17
otras cosas .

primera misa, desde el 24 de junio de 1537, en que fue ordenado sacerdote, hasta la noche
de Navidad de 1538. Véase D. FERNÁNDEZ ZAPICO, ha carta de San Ignacio sobre su primera
misa: Archivum Historicum Societatis Iesu, 1 (1932) 100-104.
16
Esta experiencia significa la gracia que San Ignacio recibió en la célebre visión de
La Storta, a pocos kilómetros de Roma, de la cual se hace mención inmediatamente.
Recurre alguna otra vez en los escritos del Santo, como en su Diario espiritual; véase más
abajo, al día 23 de febrero de 1544.
17
Conservamos una relación del P. Laínez sobre esta visión de La Storta. Se halla en
una plática que hizo en Roma el año 1559 y ha sido nuevamente publicada en Fontes narr.
II 133. La identificación del lugar donde recibió San Ignacio tan extraordinaria visión,
que una antigua tradición colocaba en La Storta junto a la vía Cassia, a 16,5 kilómetros
de Roma, ha sido recientemente confirmada con el hallazgo de un documento que la hace
remontar por lo menos a 1631 (Fontes narr. II 133 nota 19), con lo cual debe completarse
lo expuesto en Fontes narr. I 498 nota 23.
18
Francisco Javier.
172 Autobiografía

98. Di R o m a a n d o il p e l e g r i n o a M o n t e Cassino a dar gli


1
exercitii al dottor Ortiz, et vi fu 40 g i o r n i , nelli quali vide una
2
volta il baciglier Hozes che intrava nel c i e l o , et in questo
hebbe g r a n d i l a g r i m e et g r a n consolatione spirituale; et questo
vide tanto chiaramente, che se dicesse il contrario g l i pareria di
diré la b u g g i a . Et di M o n t e Cassino m e n ó seco Francesco de
3
Strada .
T o r n a n d o a R o m a , si exercitava in aiutare le anime; et
4
stavano anchora alia v i g n a , et d a v a exercitii spirituali a diversi
in un medesimo tempo; delli quali uno stava a santa M a r i a
M a g g i o r e , il altro a Ponte Sixto.
5
C o m i n c i o r n o poi le persecutioni, et cominció M i c h e l e a
dar fastidio, et dir m a l e del p e l e g r i n o , il quale lo fecce chiamare
6
davanti al g o v e r n a t o r , mostrando p r i m a al g o v e r n a t o r e una
lettera di M i c h e l e , nella quale l o d a v a molto il p e l e g r i n o . II
g o v e r n a t o r e e x a m i n ó M i c h e l e , et la conclusione fu b a n d i d o di
Roma.
7
Poi cominciorno a perseguitare M u d a r r a et B a r r e d a dicen-
do che il p e l e g r i n o et li suoi c o m p a g n i erano fuggitivi di

1
Sobre el doctor Pedro Ortiz, a los datos que se dan en Fontes narr., añádase:
C. ABAD, Unas «anotaciones» del doctor Pedro Orti% y su hermano fray Francisco sobre los
ejercicios espirituales de San Ignacio: AHSI 25 (1956) 437-454; BERNARD-MAITRE, Les «Anno-
tations» des deux freres Ortiz sur k traite de l'élection des Exercices spirituels (vers 154U1546):
2
Revue d'Ascétique et de Mystique, 34 (1958) 393-434. MI, Exercitia spiritualia (Roma
1969) 627-645.
2
Véase el n.92.
3
Este joven español, que acababa de ser despedido de la casa y servicio del cardenal
Juan Pedro Carafa, se dirigía a Ñapóles cuando lo encontró San Ignacio. Entró en la
Compañía, donde fue célebre predicador y ocupó cargos importantes.
4
En la casa de Quirino Garzoni, situada en una viña en las laderas del monte Pincio,
cerca de la iglesia llamada Trinita dei Monti.
5
Parece tratarse de Miguel Landívar, llamado corrientemente Navarro. Llevando a
mal la conversión de San Francisco Javier, tuvo en París intención de matar a San
Ignacio. Después volvió sobre sí y llegó a querer entrar en la Compañía, pero o no lo
consiguió o estuvo en ella por poco tiempo (RIBADENEIRA, De actis n.19. Fontes narr. II
332 y pasajes citados en la nota 22. Ib., p.170; I 202).
Capítulo 10 173

C A P I T U L O X I

98. San I g n a c i o v a a M o n t e c a s i n o para dar los ejercicios al


doctor Ortiz. V e en el cielo el alma del bachiller Hoces. Se
junta a I g n a c i o Francisco Estrada. En R o m a se ejercita
I g n a c i o en dar los ejercicios. Persecución suscitada contra él
y sus c o m p a ñ e r o s . V a I g n a c i o a Frasead para hablar con
P a u l o III. Sentencia favorable. Pías obras fundadas o pro-
m o v i d a s en R o m a . D e v o c i ó n de I g n a c i o y gracias extraor-
dinarias de o r a c i ó n . — 9 9 - 1 0 1 . Del m o d o c o m o escribió los
Ejercicios y las Constituciones.

98. Desde Roma fue el peregrino a Montecasino para dar los


1
ejercicios al doctor Orti%,y permaneció allí cuarenta días , en los cuales
1
vio una ve% al bachiller Hoces que entraba en el cielo , y en esto tuvo
grandes lágrimas y gran consolación espiritual; y esto lo vio tan clara-
mente, que si dijese lo contrario le parecería que decía mentira. Y de
1,
Montecasino trajo consigo a Francisco Estrada .

Volviendo a Roma, se ejercitaba en ayuda de las almas, y estaban


todavía en la viña"',y daba los ejercicios espirituales a un mismo tiempo
a varios; de los cuales uno estaba en Santa María la Mayor y el otro
junto al Puente Sixto.
5
Comentaron después las persecuciones, y comentó Miguel a moles-
tar y hablar mal del peregrino, el cual le hi^o llamar en presencia del
6
gobernador , mostrando antes a éste una carta de Miguel en la que
alababa mucho al peregrino. El gobernador examinó a Miguel y la
conclusión fue expulsarlo de Roma.

1
Después empegaron a perseguir Mudarra y Barreda , diciendo que
el peregrino y los compañeros eran fugitivos de España, de París y

6
Era Benedetto Conversini, obispo electo de Bertinoro, trasladado en 1540 a Jesi. El
21 de mayo de 1538 había sido nombrado gobernador de Roma.
7
Otros escriben Barrera. Estos dos españoles y otro paisano de ellos, Pedro de
Castilla, fueron los principales fautores de una verdadera persecución que se levantó en
Roma, el año 1538, contra San Ignacio y sus compañeros. Dio ocasión a ella la predica-
ción de un fraile agustino piamontés, llamado Agustín Mainardi, en la cual encontraron
aquéllos algunos errores y empezaron a combatirlos. Aquel grupo de españoles favoreció
ai predicador, y lo hizo suscitando una campaña contra San Ignacio y los compañeros,
que terminó con un decreto de absolución de éstos y con graves penas a los calumniado-
res. Esta persecución es referida por todos los biógrafos de San Ignacio y por el mismo
Santo en carta a Isabel Roser de 19 de diciembre de 1538. Puede verse en Fontes narr. I 6-
14. Respecto al proceso sobre la ortodoxia de San Ignacio y sus compañeros, terminado
con una sentencia plenamente absolutoria el 18 de noviembre de 1538, véase: M. DEL
PIAZZO-C. DALMASES, / / processo stttl'ortodossia di sant'Ignacio e dei suoi compagni, svoltosi a
Roma nel 1538: AHSI 38 (1969) 431-453: Fontes doc, n.108.
174 Autobiografía

Spagna, di Parigi et di Venetia. Alia fine, in presentía del


8
g o v e r n a t o r et del l e g a t o che all'hora era di R o m a , tutti doi
h a n n o confessato che non h a v e v a n o niente di diré male di loro,
né delli costumi, né della dotrina. II legato c o m m a n d a che si
p o n g a silentio in tutta questa causa, ma il p e l e g r i n o non lo
acetta, dicendo che volea sentenza finale. Questo non piacque al
legato, né al g o v e r n a t o r e , né anche a quelli che prima favoriva-
no al p e l e g r i n o ; m a alia fine, dipoi di alcune mesi, venne il Papa
a R o m a . II p e l e g r i n o gli va a parlare a Frascata, et gli rappre-
senta alcune r a g g i o n i , et il Papa si fa capace, et c o m m a n d a si dia
9
sentenza, la quale si da in favore, e t c .
Si fecero in R o m a con l'aiuto del p e l e g r i n o et delli compa-
gni alcune opere pie, come sonó li Catechumeni, santa M a r t a ,
gli Orfanelli, etc.
Le altre cose potra narrare M r o . Nádale.
99. l o , dipoi queste cose nárrate, alli 20 di ottobre doman-
dai al p e l e g r i n o degli Exercitii et delle Costitutioni, v o l e n d o
intendere come l'havea fatte. L u i mi disse che g l i Essercitii non
gli havea fatti tutti in una volta, senonché alcune cose che lui
osservava n e l l ' a n i m a sua et le t r o v a v a utili, gli pareva che
potrebbero anche essere utili ad altri, et cosi le metteva in
scritto, verbi gratia, dello examinar la coscientia con quel m o d o
1 0
delle l i n e e , etc. L e electioni spetialmente mi disse che le
h a v e v a cávate da quella varietá di spirito et pensieri, che h a v e v a
q u a n d o era in L o y o l a , q u a n d o stava anchora malo della g a m ­
1 1
b a . Et mi disse che delle Costitutioni mi parlerebbe l a ' s e r a .
II m e d e s i m o g i o r n o , p r i m a che cenasse, mi c h i a m ó con un
aspetto di persona che stava piú raccolta d e l l ' o r d i n a r i o , et mi ha
fatto un m o d o de protestatione, la somma della quale era in
mostrare la intentione et simplicitá con che havea nárrate queste
cose, dicendo che era ben certo che non n a r r a v a niente di piú;
et che h a v e a fatte molte offese a nostro S i g n o r e dipoi che lo
havea cominciato a serviré, ma che mai non h a v e v a h a v u t o
consenso di peccato mortale; anzi sempre crescendo in devotio-
ne, id est, in facilita di trovare Iddio; et adesso piú che mai in
tutta la vita sua. Et ogni volta et hora che v o l e v a trovare Dio,
lo t r o v a v a . Et che anche adesso havea molte volte visioni,
m á x i m e quelle, della quali di sopra si é detto, di veder Cristo
12
come s o l é . Et questo gli accadeva spesso a n d a n d o parlando di
cose di importanza, et q u e l l o gli faceva venire in confirmatione.

8
El cardenal Vicente Carafa, llamado el cardenal napolitano.
9
La sentencia fue dictada el 18 de noviembre de 1538 y puede verse en MI, Scripta I
627-629 y en Fontes documentales doc. n. 108.
10
Ejercicios n.30.
Capítulo 11 175

Venecia. A.I fin, en presencia del gobernador y del que entonces era
s
legado de Roma , los dos confesaron que no tenían nada malo que decir
contra ellos, ni en las costumbres ni en la doctrina. Hl legado mandó que
se impusiese silencio en toda aquella causa, pero el peregrino no lo aceptó,
diciendo que quería la sentencia final. No gustó esto al legado ni al
gobernador, ni siquiera a aquellos que favorecían antes al peregrino; pero
al fin, después de algunos meses, vino el Papa a Roma. El peregrino
fue a Frascati para hablar con él, y le representó algunas rabones, y el
Papa se hi^p cargo y mandó se diese sentencia, la cual se dio a su fa-
9
vor , etc.

Fliciéronse en Roma con ayuda del peregrino y de los compañeros


algunas obras pías, como son los catecúmenos, Santa Marta, los Huérfa-
nos, etc.
Fas otras cosas podrá contarlas el Mro. Nadal.
99. Yo, después de contadas estas cosas, a 20 de octubre pregunté
al peregrino sobre los Ejercicios y las Constituciones, deseando saber
cómo las había hecho. El me dijo que los Ejercicios no los había hecho
todos de una sola ve%, sino que algunas cosas que observaba en su alma y
las encontraba útiles, le parecía que podrían ser útiles también a otros,
y así las ponía por escrito, verbi gratia, del examinar la conciencia con
10
aquel modo de las líneas , etc. Fas elecciones especialmente me dijo que
las había sacado de aquella variedad de espíritu y pensamientos que tenía
11
cuando estaba en hoyóla, estando todavía enfermo de una pierna . Y me
dijo que de las Constituciones me hablaría por la tarde.

El mismo día, antes de cenar, me llamó con un aspecto de persona


que estaba más recogida de lo ordinario, y me hi%o una especie de
protestación, la cual en substancia consistía en mostrar la intención y
simplicidad con que había narrado estas cosas, diciendo que estaba bien
cierto que no contaba nada de más; y que había cometido muchas ofensas
contra Nuestro Señor después que había empegado a servirle, pero que
nunca había tenido consentimiento de pecado mortal, más aún, siempre
creciendo en devoción, esto es, en facilidad de encontrar a Dios, y ahora
más que en toda su vida. Y siempre y a cualquier hora que quería
encontrar a Dios, lo encontraba. Y que aun ahora tenía muchas veces
visiones, máxime aquellas, de las que arriba se dijo, de ver a Cristo
12
como sol , etc. Y esto le sucedía frecuentemente cuando estaba tratando
de cosas de importancia, y aquello le hacía venir en confirmación, etc.

11
Véanse los n.7-9.
12
Véase el n.29,3.°-4.° Un texto castellano (ms. Varia Historia f.29) y la traducción
latina de Viseto leen de diferente manera: «como solía» y «ut solet».
176 Autobiografía

100. Q u a n d o dice va messa h a v e v a anche molte visioni, er


che q u a n d o faceva le Costitutioni le h a v e v a anche molto spesso;
et che adesso lo pó questo affirmare piú fácilmente, perché ogni
di scriveva q u e l l o che passava per l'anima sua, et lo trovava
adesso scritto. Et cosi mi mostró un fasce assai g r a n d e di
scritture, delle quali me ne lesse buona parte. II piú erano
visioni, che lui v e d e v a inconfirmatione di alcuna delle Costi­
tutioni, et v e d e n d o alie volte Dio Padre, alie volte tutte le tre
persone della Trinitá, alie volte la M a d o n n a che intercedeva,
alie volte che confirmava.
In particular mi disse in le determinationi, delle quali stette
40 di dicendo ogni di messa, et ogni di con molte l a g r i m e , et la
cosa era se la chiesa haverebbe alcuna entrata, et se la Compa­
13
g n i a si potrebbe aiutare di q u e l l a .
101. II m o d o che o b s e r v a v a q u a n d o faceva le Costitutioni
era diré o g n i di messa et rappresentare il punto che trattava a
Dio et far oratione sopra q u e l l o ; et sempre faceva l'oratione et
messa con l a g r i m e .
l o desiderava vedere quelle carte delle Costitutioni tutte, et
lo p r e g a i me le lasciasse un poco; lui non volse.

13
Del Diario espiritual de San Ignacio se conserva una parte, que es lo escrito en trece
meses, desde el 2 de febrero de 1544 hasta el 27 de febrero de 1545. Este Diario se publica
en el presente volumen, doc. n.ó.
Capítulo 11 MI

100. Cuando decía misa tenía también muchas visiones, y cuando


hacía las Constituciones las tenía también con mucha frecuencia; y, que
ahora lo puede afirmar más fácilmente, porque cada día escribía lo que
pasaba por su alma, y lo encontraba ahora escrito.
Y así me mostró un fajo muy grande de escritos, de los cuales me
leyó una parte. Lo más eran visiones que él veía en confirmación de
alguna de las Constituciones, y viendo unas veces a Dios Padre, otras las
tres personas de la Trinidad, otras a la Virgen que intercedía, otras que
confirmaba.
En particular me habló sobre las determinaciones, en las cuales
estuvo cuarenta días diciendo misa cada día, y cada día con muchas
lágrimas, y lo que se trataba era si la iglesia tendría alguna renta, y si la
13
Compañía se podría ayudar de ella .

101. El modo que el Padre guardaba cuando hacía las Constitu-


ciones era decir misa cada día y representar el punto que trataba a Dios
y hacer oración sobre aquello; y siempre hacía la oración y decía la misa
con lágrimas.
Yo deseaba ver todos aquellos papeles de las Constituciones y le
rogué me los dejase un poco; pero él no quiso.
2
INTRODUCCIÓN

1. EXCEPCIONAL VALOR E INFLUJO DE LOS «EJERCICIOS»

1
« L a s p á g i n a s inefablemente s i m p l e s » de los Ejercidos Espi-
rituales de San I g n a c i o de L o y o l a pertenecen a la categoría de
los pocos libros q u e , c o m o la Imitación de Cristo y las Visitas
de San Alfonso de L i g o r i o , han trascendido a toda clase de
fíeles y s i g u e n influyendo continuamente en la espiritualidad de
millones de a l m a s .
L o dijo bellamente De Causette: « L o s Ejercicios son uno de
los libros más venerables salidos de m a n o s de hombres, p o r q u e
si la Imitación de Cristo ha e n j u g a d o más l á g r i m a s , los Ejercicios
2
han p r o d u c i d o más conversiones y más s a n t o s » .
El libro de los Ejercicios ha a d q u i r i d o una difusión q u e
apenas se da en otra obra ascética. Solo o a c o m p a ñ a d o de
comentarios o explanaciones, se ha publicado más de 4.500
veces y se ha traducido a 19 l e n g u a s , entre ellas al azteca, danés,
m a l g a c h e , tamil, vasco. Se puede calcular el n ú m e r o de ejem-
plares en un m í n i m o de cuatro millones, y una media de edición
por mes a lo l a r g o de los cuatro siglos l a r g o s de existencia del
3
libro .
Estas cifras v e r d a d e r a m e n t e g i g a n t e s c a s no tocan al aspecto
más fecundo del libro i g n a c i a n o : a la práctica continuada, ya
q u e lo que le ha d a d o renombre universal y como carta de
ciudadanía d e n t r o de la Iglesia no ha sido tanto el v o l u m e n
escrito cuanto la práctica continuada del m é t o d o descrito en sus
páginas.
Para contar todos los q u e se han beneficiado de este m é t o d o
sería necesario multiplicar las cifras anteriores por g u a r i s -
m o s m u y altos. El n ú m e r o de los q u e practican actualmente los
ejercicios cerrados cada año se puede calcular, a base de datos
a p r o x i m a t i v o s , en más de dos millones. Y si se añaden los
ejercicios abiertos y las misiones, en las que, a u n q u e de m o d o
m u c h o más imperfecto y d i l u i d o , siempre queda no poco de la
esencia ignaciana, el porcentaje es todavía m u c h í s i m o m a y o r .
S e g ú n u n a estadística de la C o n g r e g a c i ó n de R e l i g i o s o s , los q u e
en 1949 practicaron a l g u n a clase de ejercitaciones o misiones
bajo la dirección de religiosos fueron 7.030.141. Y se sabe que
los sacerdotes seculares dirigen g r a n cantidad de tandas.
1
DE CAUSETTE, Mélanges oratoires (París 1876) I p.225 en el Panegírico de San
Ignacio.
2
DE CAUSETTE, Mélanges I p.455 en el Panegírico del Beato Fabro.
> Cf. HechD 23 (1948) 567-569.
182 Ejercicios espirituales

Y todavía la irradiación de los ejercicios se extiende más


lejos a través de muchas de sus prácticas y elementos de su
espiritualidad asimilados por instituciones y o r g a n i s m o s de la
Iglesia.
Estos someros y necesariamente imperfectos datos dan sólo
una idea de la extensión q u e ha a d q u i r i d o el influjo de ese
p e q u e ñ o librito. Pero es necesario hacer notar q u e su verdadera
acción se realiza más bien en sentido de profundidad. Es una
revolución interna la q u e obra en cada alma. Su repercusión
más íntima escapa a la historia, al control de los datos. La rica
vena pletórica de vida q u e penetra en el alma q u e se deja llenar
de su espíritu será siempre una vibración íntima, que quedará
oculta en el santuario de la conciencia.
Si San Francisco de Sales, muerto en 1622, decía que el
libro ignaciano había ya operado más conversiones que letras
4
c o n t i e n e , ¿qué se debería decir el día de hoy, al cabo de cuatro
siglos, en los q u e no ha cesado de producir « g r a n d e s frutos de
5
s a n t i d a d » ? A la luz de estas cifras y consideraciones sobre el
excepcional influjo ejercido por los ejercicios, no parecerán
exagerados los testimonios, verdaderamente extraordinarios,
que han ido dejando personas de las más variadas condiciones y
tiempos.
Tal vez el más importante y significativo de todos, por el
r a n g o de quien procede y por lo trascendental de su contenido,
sea el estampado por León XIII y repetido y refrendado por
Pío X I , q u e «en esta palestra habían a d q u i r i d o o amplificado
sus virtudes todos los q u e han florecido m u c h o en doctrina
6
ascética o en santidad de vida en los últimos cuatro s i g l o s » .
N i n g ú n e l o g i o mejor se puede tributar a obra a l g u n a q u e el
de su eficiencia suma y real en el campo de la santidad, porque
— c o n t i n u a m o s con el P. C a s a n o v a s — « n o hay perfección
superior a la santidad, ni en los hombres, ni en los ángeles, ni
aun en el m i s m o Dios. Es la cosa de más valor de cuantas
existen en el m u n d o , y aun, en cierto sentido, es el fin adonde
endereza Dios todas las demás cosas». Y San Ignacio nos dio en
los ejercicios « u n método práctico para saber v i v i r la santidad
en su g r a d o más perfecto, enseña la santidad p u r a y total,
4
Sobre la autenticidad de esa expresión, cf. A. DE BECDELIÉVRE: Études 130 ( 1 9 1 2 )
p.825 nota 2 . El testimonio más auténtico se apoya en el P. Francisco Renault, que afirma
haber leído esa frase en una carta autógrafa inédita del Santo que le mostró monseñor
Rey, obispo de Annecy. La carta en cuestión no se ha podido encontrar. Juan Pedro
Camus, muy relacionado con San Francisco de Sales, usó en un sermón una expresión
idéntica (RevAscMyst 9 [ 1 9 2 8 J 384).
5
Palabras de Pío X I en la encíclica Mens riostra, 2 0 diciembre 1929. C. H. MARÍN,
Enchiridion p.461.
b
«Mens Nostra», MARÍN, Enchiridion p.463.
Introducción 183

sacándola de la doctrina y de los ejemplos de Nuestro Señor


Jesucristo»...; «llega a compendiar la ascética evangélica cabal y
eficazmente, asentándola en las leyes eternas del m u n d o moral
y elevándola hasta la unión vital con J e s u c r i s t o y aún con la
7
divinidad misma» .
El propio San I g n a c i o , tan e n e m i g o de hueras ponderacio-
nes, hizo, con epítetos excepcionalmente significativos, el pane-
gírico más excelso de su método. Escribe a su confesor de
París, el Dr. M i o n a , y le dice:

«Mucho deseo tengo de saber cómo os ha sucedido, y no es


maravilla, como tanto os deba en las cosas espirituales, como hijo a
padre espiritual. Y porque es razón responder a tanto amor y voluntad
como siempre me habéis tenido y en obras mostrado, y como yo hoy
en esta vida no sepa en qué alguna centella os pueda satisfacer que
poneros por un mes en ejercicios espirituales con la persona que os
nombren y aun me ofrecistes de lo hacer, por servicio de Dios Nues-
tro Señor os pido, si lo habéis probado y gustado, me lo escribáis; y si
no, por su amor y acerbísima muerte que pasó por nosotros, os pido
os pongáis en ellos, y si os arrepintiéredes de ello, demás de la pena
que me quisiéredes dar, a la cual yo me pongo, tenedme por burlador
de las personas espirituales a quien debo todo... Dos y tres y otras
cuantas veces puedo os pido por servicio de Dios Nuestro Señor lo que
hasta aquí os tengo dicho, porque a la postre no nos diga su divina
majestad por qué no os lo pido con todas mis fuerzas, siendo todo lo
mejor que yo en esta vida puedo pensar, sentir y entender, así para el
hombre poderse aprovechar a sí mismo como para poder fructificar,
8
ayudar y aprovechar a otros muchos» .

Después de cuanto l l e v a m o s dicho, no parecerá e x a g e r a d o


el que un t e ó l o g o e historiador protestante, Heinrich Bóhmer,
haya l l e g a d o a decir que este p e q u e ñ o y sencillo libro pertenece
9
a los libros que han m a r c a d o el destino de la h u m a n i d a d , y q u e
un escritor h ú n g a r o tan poco católico c o m o F ü l ó p - M i l l e r escri-
ba q u e « n i n g u n a otra obra de la literatura católica se le puede
comparar en cuanto a la influencia histórica ejercida. L a fuerza
conquistadora de los ejercicios trascendió p r o n t o a toda la
10
Iglesia c a t ó l i c a » .
Por su parte, el eminente historiador alemán J a n s s e n afirma:
«Este p e q u e ñ o libro, considerado por los m i s m o s protestantes
como una obra maestra de psicología de p r i m e r orden, ha sido

7
CASANOVAS, Comentario y explanación de los Ejercicios vol.l p.23.29.
8
MHSI, Epist. S. Ign. 1 112.
9
«Zu den Schicksalsbüchern der Menscheit», H. BÓHMER, Die Jesuiten (Leipzig 1907)
p.18.
10
R. FÜLÓP-MILLER, Macht und Geheimnis der jesuiten (Berlín, 1929) p.31.
184 Ejercicios espirituales

para el p u e b l o alemán, para la historia de su fe y de su civiliza-


ción, uno de los escritos más importantes de los tiempos m o -
dernos... Ha ejercido una influencia tan extraordinaria sobre las
11
almas, q u e n i n g ú n otro libro se le puede c o m p a r a r » .
La irradiación social y externa captada por estos eminentes
historiadores no es más q u e el reflejo de la transformación
interna y renovación espiritual obrada en el alma de los q u e
aplicaron en sí el método. Esta acción íntima, decíamos, escapa-
rá siempre a la historia. Para v i s l u m b r a r a l g o de su profundi-
dad, transcribamos a l g u n o s sentimientos personales de los ejer-
citantes, d e r r a m a d o s sobre el papel en efusión íntima y secreta.
El Dr. Bartolomé T o r r e s , famoso catedrático de la U n i v e r -
sidad de S i g ü e n z a en el siglo x v i , y después obispo de Canarias,
escribía:

«Hago a Dios testigo de esta verdad, que, con haber treinta años
que estudio y muchos que leo teología, en todo este tiempo no he
sabido tanto para mi aprovechamiento, si de ello me quisiere aprove-
char, cuanto me enseñaron en la dicha casa de la Compañía [de
12
Alcalá], haciendo los ejercicios por espacio de pocos días» .

Un sacerdote de Gerona, el Dr. Gestí, escribe al propio San


Ignacio:

«Muchas mercedes tengo recibidas de la mano de Nuestro Señor


por su infinita bondad, pero una de las que yo más siento y agradezco,
después de haberme hecho hombre y redimido con su sacratísima
muerte y alimpiado con la agua del bautismo, es haberme manifestado
los ejercicios que por medio del Venerable Padre ha enviado a su
esposa la Iglesia santa y haberme querido dar a sentir parte de aquel
espíritu que en ellos está encerrado. Esta merced tengo en tanto, que
no pasa día que por ella no le dé gracias y cuasi parece que la siento
más que las otras, viendo que, por medio de ésta, las otras son
provechosas, y que, sin ésta, todas las otras serían dañosas o a lo
13
menos infructuosas» .

El prior de la Cartuja de Colonia, Gerardo Kalkbrenner,


atestiguaba q u e iría, si fuera preciso, a las Indias para dar con
semejante tesoro, pues todo sacrificio se le hacía p e q u e ñ o en
14
comparación de las riquezas que e n c e r r a b a , y el cisterciense
P. L u i s de Estrada escribía:

11
JANSSEN, U Allemagne et la reforme (Paris 1895) t.4 p.402 y 405.
12
Texto en M H S I , Exerc. 667. Cf. I. IPARRAGUIRRE, Historia de los Ejercicios I. p.l 14-
115.
u M H S I , Epp. Mixt. II p.233-234.
14
M H S I , Mor*. Fabri p.448.
Introducción 185

«Los efectos grandes que esta medicina de los santos ejercicios ha


hecho y hace en personas de diversos estados no se pueden encarecer,
ni los creerán los que no han visto, como yo, muchas ánimas recupera-
das a la vida espiritual y rescatadas de los muladares de pecados viejos
y enfermedades al parecer incurables. ¿Qué otra cosa es esto, salvo
haber Nuestro Señor en el fin de los siglos descubierto atajo para
alcanzar la salvación con más socorro a los cristianos y plantado árbol
15
donde vengan a anidar todas las aves del cielo?»

Ni tan sólo en el s i g l o x v i . L o s ejercitantes de hoy se


expresan con parecido entusiasmo. E s p i g u e m o s a l g u n o s testi-
m o n i o s . Por tratarse de personas que en su m a y o r í a v i v e n
todavía, no p o d e m o s dar el nombre. L a m a y o r í a están tomados
de notas manuscritas o de encuestas. T o d o lo q u e ponemos
16
entre comillas son palabras textuales de e j e r c i t a n t e s .
Una persona de treinta años, con emoción q u e se nota en
los irregulares trazos de su p l u m a , escribía: « H e hallado la
fórmula divina de g u i a r mis actos hacia la perfección». Un
chófer de veintisiete años: « H e encontrado fuerzas para llevar
con a l e g r í a la cruz de mi vida». Un obrero de veintitrés años
c o n c l u y e con estas expresivas frases sus impresiones: « A l llegar
a mi casa y abrazar a mi m a d r e , le diré: A q u e l l a felicidad de q u e
os hablaba, y a la he hallado. S o y feliz. L o d i g o con v o z fuerte.
L o q u e el m u n d o no m e podía dar, en la casa de ejercicios me lo
han dado en cinco días. Soy feliz». U n perito mecánico escribe:
«Es la quinta vez q u e practico los ejercicios. Constituyen el
mejor alimento del alma. L o c o m p r u e b o en el c a m b i o radical de
mi vida h u m a n a , por la q u e practico desde hace seis años, lo
m i s m o q u e por la paz y t r a n q u i l i d a d q u e se respira en mi
h o g a r » . Un estudiante de veinticuatro años: « J a m á s pensé en el
resultado m a r a v i l l o s o q u e pudieran reportarme. T a n t o erré des-
consolado. T a n t o buscar la paz y no encontrarla... Sólo me
p r e g u n t o constantemente: ¿Por q u é no haberlos hecho antes?»
U n caballero: « S ó l o esperaba un mejoramiento con poca dura-
ción. N o la revolución q u e están causando en mi interior». Un
universitario, y c o m o él otros muchos con diversas palabras
expresa la m i s m a idea: « H e pasado las horas más felices de
mi v i d a » . Otro: « H e tenido las impresiones más fuertes de mi
v i d a » . « H a n obrado un cambio notable en mis criterios».

15
MHSI, Fontes narr. II p.21-22.
16
Pueden verse otros testimonios de ejercitantes en T. ARELLANO, Defensa de las
tandas de cinco días: MANR 26 (1954) 187-206: HÉCTOR ANTOÑANA, Cuando los chicos dicen
la verdad (Bilbao, Mensajero del Cor. de J . , 1962). Además, varias revistas de ejercicios,
sobre todo Avanzar (Pozuelo de Alarcón), Más allá (Montevideo), Perseverancia (Barcelo-
na). En ésta pueden verse las impresiones de los futbolistas del Club Deportivo Español.
Véase también Christus 3 (1956) p.255-265: Rivista di ascética e mística 1 (1956) 535-564.
186 Ejercicios espirituales

He aquí lo q u e escribieron altos jefes militares, tenientes


coroneles casi todos: « E n t u s i a s m a d o y pesaroso de no haberlos
conocido antes». «Capaces de ablandar las piedras». « N u n c a me
encontré tan cerca de Dios». «Cada m i n u t o e q u i v a l e a un año
v i v i d o de otra m a n e r a » . Un m a r i n o los describe con rara intui-
ción: « U n cursillo preparatorio para introducirse en la vida». El
conocido p s i c ó l o g o P. Gemelli llamó a una casa de ejercicios
«oasis providencial del espíritu», y considera los ejercicios «co-
m o la primera entre todas las iniciativas para la tutela y forma-
17
ción de las a l m a s » .
Otro llamó a las casas de ejercicios « u n a fragua y un sanato-
rio». « C o m o la fragua, encienden en nosotros un fuego, el del
amor hacia J e s u c r i s t o , y nos da su forma; c o m o sanatorio, nos
cura, nos sana». Un médico se expresó de un m o d o similar:
« D a n descanso espiritual de tónico p s í q u i c o » y « u n a puesta a
p u n t o en la v i d a » .
Un e m p l e a d o ha visto en los ejercicios « u n sondaje profun-
do del alma, c o m o un bautismo que le habilita para una n u e v a
vida».
Una serie de personas de varios oficios se expresan con
i m á g e n e s tomadas de su profesión. Un marino: « P a s a r por esta
casa es ser náufrago y ser salvado. Los ejercicios son una
perfecta brújula». Un mecánico: « H e reajustado el motor y
obtenido la fuerza necesaria para alcanzar la felicidad». Un
electricista: «Después de andar en las tinieblas hallé la luz».
Un comerciante: « S o n un extraordinario n e g o c i o q u e deja g r a n -
des ganancias espirituales». Un profesor: «Esta santa casa es
escuela de los testigos de Cristo. Los ejercicios, el magisterio
del testimonio v i v o del E v a n g e l i o » .
Entusiasmados los ejercitantes, p r o r r u m p e n frecuentemente
en alabanzas para el método q u e les ha transformado tan pro-
fundamente: « S o n un g r a n acierto de un santo q u e conoce bien
el m u n d o » . « E l mejor m e d i o de g a n a r almas para Dios». « N o
hay nada comparable». « M a g n í f i c o s por el enfoque psicológico
g e n e r a l » . «Inmejorables e imprescindibles para todos y para
cualquier época trascendental de la v i d a » . « N o me cansaré de
p r o p a g a r la efectividad y alegría q u e se obtiene en los ejerci-
cios». « N o p u d o i m a g i n a r San Ignacio la g r a n obra de bien q u e
hacía a la h u m a n i d a d » . « N o se pueden decir buenos o m u y
buenos; d i g o imprescindibles». « S o n una clínica del espíritu».

17
Cf. A. STRADELLI, Per la pace individúale e sociale (Turín 1936).
Introducción 187

2. NATURALEZA Y FIN DE LOS EJERCICIOS

Estas definiciones espontáneas de los ejercicios, y sobre


todo estos sentimientos, reflejo instintivo de la vibración inter-
na experimentada al contacto de ellos, nos dicen, más que
m u c h a s explicaciones, la trascendencia y eficacia del pequeño
librito q u e presentamos a los lectores de la B A C .
Era necesario adelantar estos testimonios para los que abran
sus p á g i n a s sin haber practicado antes los ejercicios. No los
comprenderán. Quedarán desilusionados. Les parecerá un libro
á r i d o y descarnado. Es que no está hecho para una simple
lectura. Es más bien un manual de táctica espiritual, un indica-
dor del m é t o d o q u e hay q u e seguir, del sistema que se debe
desarrollar. Fácilmente se ve que un libro de esta índole — c o -
m o sucede con los de aprendizaje de natación, ajedrez, e t c . —
no se puede c o m p r e n d e r en su verdadero significado mientras
no se practique lo encerrado en sus reglas y ordenaciones.
L o i n t u y ó certeramente el g e n i o de Papini:

«San Ignacio... no se industria por proponer conceptos nuevos en


forma bella. Se propone sólo llevar por la mano, hora por hora y día
por día, al alma ciega a la luz, al alma fría al fuego... Es un prontuario
pedagógico que se va llenando con las lecciones del maestro y las
composiciones del discípulo. El texto sólo se asemeja a la práctica
integral como un mapa de geografía a la riqueza efectiva y concreta
del país representado. El que lo tomase como libro de lectura comete-
ría el mismo error que el que quisiera juzgar de la belleza y vida de un
18
hombre a través de la contemplación de su esqueleto» .

T e n g a n en cuenta estas consideraciones esta clase de lecto-


res, crean al testimonio sincero y c o n m o v e d o r de los ejercitan-
tes, q u e se podrían multiplicar por millares y aun millones, y
sepan q u e mientras no se ejerciten en ellos no los comprende-
rán. Por esta razón no p e r m i t i ó San I g n a c i o la edición pública
del libro. Se i m p r i m i ó , pero más bien para uso de los futuros
directores. El m i s m o Santo controlaba personalmente su difu-
sión y sólo concedía su uso a los q u e ya habían practicado el
mes.
L o s ejercicios de San I g n a c i o están en función de un indivi-
duo. Incluyen normas generales, principios universales. Pero la
aplicación en cada caso queda reservada al director, que, en
contacto inmediato con el ejercitante, podrá apreciar los aspec-
tos y m o d a l i d a d e s q u e convienen a cada situación concreta.

18
hserci^i spirttuali, Prefaaione de Giov. Papini (Turín 1928) p.2l.
188 Ejercicios espirituales

San I g n a c i o quiere la perfección de esa alma, su « s a l u d »


( n . l ) . Q u e pueda desarrollarse la semilla de la gracia mediante el
recto y normal d e s e n v o l v i m i e n t o de sus funciones espirituales,
de m o d o q u e el alma pueda « e n todo amar y servir a su D i v i n a
Majestad» (n.233).
Imposible la consecución de este e q u i l i b r i o s u m o si no se
encuentra centrada en el p u n t o exacto; imposible llegar a dar
con la fisonomía q u e Dios quiere de cada uno si no se acerca a
El, e imposible acercarse si no se avanza por el recto c a m i n o .
De ahí q u e el primero y fundamental trabajo ha de ser ponerse
en el c a m i n o v e r d a d e r o , es decir, «hallar la v o l u n t a d d i v i n a en
la disposición de su v i d a » ( n . l ) , lo q u e , dada la lucha interna de
la concupiscencia y los h a l a g o s de las criaturas, supone « q u i t a r
de sí todas las afecciones desordenadas» ( n . l ) .
Este trabajo supone una orientación recta inicial: « p r e p a r a r
y disponer el á n i m a » ( n . l ) para q u e pueda ordenarse recta-
mente. Pero c o m o ordenarse no es otra cosa q u e r e g u l a r las
acciones conforme a un patrón determinado, lo p r i m e r o q u e
hace San I g n a c i o es señalar esa norma base de orden. L o hace
presentando en el « p r i n c i p i o y fundamento» (n.23) el criterio
conforme el cual debe r e g u l a r el alma sus acciones, de m o d o
q u e a través de todas las cosas pueda ir a v a n z a n d o hacia Dios.
San I g n a c i o , eminentemente práctico, traza desde el princi-
pio un plan táctico para r e m o v e r los obstáculos, los «desórde-
nes», q u e imposibilitan el avance. Hace q u e el ejercitante se
percate a fondo de la malicia q u e encierran, contemplando el
m o d o con q u e Dios, justísimo juez, ha c a s t i g a d o a los q u e se
han dejado seducir p o r su encanto, y sobre todo d i r i g e los
resortes más íntimos de la v o l u n t a d y del corazón para producir
un h o n d o y radical aborrecimiento a todo lo q u e le desvíe del
fin, u n a especie de instinto de repugnancia para q u e el alma se
aparte de m o d o casi automático de todo desorden.
Realizado este necesario trabajo preliminar, trata de llenar el
vacío q u e ha p r o d u c i d o el a r r a n q u e de lo desordenado y de
encauzar las energías q u e han b r o t a d o al contacto de tan fecun-
das v e r d a d e s . J e s u c r i s t o , profundamente conocido, apasionada-
mente a m a d o , llenará el corazón del ejercitante y constituirá la
realización concreta de la n o r m a dada en el principio y funda-
mento, la cifra de toda la perfección, el camino q u e le llevará a
Dios; más aún, será la v e r d a d y la vida, c o m o Dios, que es el
m i s m o J e s u c r i s t o . V e r á en s e g u i d a q u e ese Señor le llama a
participar en sus empresas. San I g n a c i o va disponiendo simultá-
neamente al alma para q u e a su imitación ordene todas sus
potencias y aun su propia vida. No la deja hasta q u e acabe de
Introducción 189

hacerse copia v i v a de Cristo. Insensible y delicadamente va


e x i g i e n d o cada vez cosas más arduas y con intensidad de afecto
más h o n d o .
Práctico San I g n a c i o como siempre, va apartando al alma de
los escollos q u e más fácilmente podía encontrar en esta ardua
n a v e g a c i ó n hacia la meta de su ideal: de los escollos del entendi-
miento, mediante la meditación de las dos banderas; de los de la
v o l u n t a d , mediante los tres binarios, y de los del corazón, con
las tres maneras de h u m i l d a d .
Así c o m o en la primera semana trató de crear un c o m o
instinto de r e p u g n a n c i a hacia el pecado, aquí trata de crear un
instinto sobrenatural de atracción hacia J e s u c r i s t o y sus e x i g e n -
cias de perfección en cada uno.
En la tercera y cuarta semanas intenta una más íntima
compenetración y transformación del alma con el Señor, me-
diante una interna crucifixión y c o m o identificación de criterios
y sentimientos con J e s u c r i s t o . L a ordenación plena del p r o p i o
amor, querer e intereses se realizará sólo cuando se consiga una
u n i d a d total de intereses entre El y el alma. Sólo así conseguirá
excluir toda propiedad de su propia excelencia y establecer la
amistad formal con Dios mediante la m u t u a entrega de t o d o ,
aun de lo más íntimo y personal, la libertad (n.234); paso q u e se
realiza en la contemplación para alcanzar amor, en la q u e San
I g n a c i o , lanzando y a un puente hacia el m u n d o real en q u e se
ha de m o v e r el ejercitante, especifica el m o d o con q u e se p u e d e
en la vida realizar este ideal de servir y a m a r a Dios del m o d o
más perfecto posible, a El en todas las cosas y a todas las cosas
en El. Así podrá subir el ejercitante por todas las criaturas al
Criador, sin detenerse en n i n g u n a , cerrándose el ciclo iniciado
en el principio y fundamento y acabando la ascensión en la
c u m b r e más alta reservada por Dios para cada alma.

3. ACTITUD DE LA IGLESIA ANTE LOS EJERCICIOS

La m i s m a Iglesia ha q u e r i d o refrendar solemnemente los


testimonios de sus hijos. No p o d í a q u e d a r al m a r g e n de un
m o v i m i e n t o tan universal y de un m e d i o tan afanosamente
e m p l e a d o por los mejores de sus hijos en los m o m e n t o s más
decisivos de su v i d a .
La p r i m e r a v e z q u e el S u m o Pontífice i n t e r v i n o oficial-
mente en esta causa fue en v i d a de San I g n a c i o , como juez
supremo en causa contradictoria.
En no pocos sectores eclesiásticos iban encontrando los
190 Ejercicios espirituales

ejercicios una oposición bastante v i v a , oposición que, como lo


estudiamos en otro sitio y q u e r e m o s subrayarlo aquí, no era un
ataque directo contra el n u e v o método, sino más bien conse­
cuencia de la actitud general q u e aquel sector había t o m a d o en
el problema de la reforma católica.
Pululaban entonces en el campo de la renovación católica
m u y variadas tendencias. T o d o s estaban conformes en la necesi­
dad de una restauración a fondo, pero m u y pocos coincidían en
el m é t o d o q u e se debía seguir. Carafa tremolaba la bandera del
más p u r o r i g o r i s m o . Contarini, en cambio, patrocinaba una
política de condescendencias m u t u a s . M e l c h o r Cano se agarraba
con todas sus fuerzas a la maciza e i n c o n m o v i b l e roca de la
tradición. Otros, los patrocinadores de los m o v i m i e n t o s del
D i v i n o A m o r e , de las C o n g r e g a c i o n e s benedictinas, de los clé­
rigos r e g u l a r e s , los escritores de libros piadosos a lo Maestro
A v i l a , buscaban la renovación p r i v a d a del i n d i v i d u o como base
de la renovación de la sociedad. En ese ejército de tan diversas
tendencias intelectuales o prácticas de tipo r i g u r o s o o de con­
descendencias diplomáticas sentó plaza San Ignacio con sus
Ejercicios espirituales. Necesariamente tenía q u e atraer el recelo y
aun el odio de los q u e creían q u e había a d o p t a d o una posición
q u e no sólo no se avenía con la elegida por ellos, pero q u e aun
la destruía. Fue u n a batalla interna de tácticas con el encono
propio de una lid entre hermanos.
Y comenzaron los ataques de los q u e j u z g a b a n q u e la nueva
técnica se enfrentaba con el sistema s e g u i d o por ellos. En
Alcalá, T o l e d o o Salamanca, doctísimos catedráticos o jerarcas
espirituales, no con palabras mordaces pronunciadas en mo­
mentos de pasión, sino con fríos y oficiales documentos, redac­
tados con todas las formalidades de rigor, i m p u g n a n el sistema
c o m o m a q u i n a c i ó n de los a l u m b r a d o s , j u z g a n d o que, si no
clara y explícitamente, al menos entre sus repliegues se escondía
19
el g e r m e n venenoso de la funesta s e c t a .
A l g u n o s , c o m o el P. Araoz, no daban m a y o r importancia a
tales i m p u g n a c i o n e s . Creían q u e con el tiempo se posaría el
fango de las falsas acusaciones y correría sólo la límpida doctri­
na verdadera.
San I g n a c i o no opinaba así. V i o claro desde el principio
que, mientras en el c a m p o católico no hubiera confianza plena
en su m é t o d o , no podía lanzarlo con suficientes garantías de
éxito. Decidióse a j u g a r el todo por el todo. Para acertar en tan
crucial m o m e n t o le bastaba aplicar las normas q u e él mismo

19
Detalles y pruebas en la Historia de los Ejercicios t.l p.83-87.
Introducción 191

daba en las R e g l a s para sentir con la Iglesia, es decir, acudir al


S u m o Pontífice. Era el único q u e certeramente podía dar el
veredicto definitivo a la causa.
El manuscrito con las dos traducciones latinas del texto, una
2 0
hecha probablemente por el m i s m o San I g n a c i o en P a r í s , y
otra, más literaria, realizada para esta ocasión por el jesuita
humanista P. Frusio (des F r e u x ) , se presentó al Santo Padre por
m e d i o del influyente patrono, el d u q u e de Gandía, futuro San
Francisco de Borja, a quien, por el eficaz v a l i m i e n t o desarrolla-
do en esta decisiva ocasión, se le puede llamar con razón el
a b o g a d o de los ejercicios.
El examen del texto fue serio, diría casi mejor severo. El
censor nato, en virtud de su oficio, de todo lo tocante a la fe,
era el M a e s t r o del Sacro Palacio, a la sazón el ilustre dominico
E g i d i o Foscarari. R e c i b i d o el e n c a r g o pontificio, analizó con-
cienzudamente — « a t t e n t i s s i m e » dice N a d a l — las dos traduccio-
nes presentadas. Su respuesta oficial fue netamente favorable.
N o sólo no puso la menor tacha a frase a l g u n a del texto, sino
que l l e g ó a afirmar que los presentes Ejercicios son los más
21
o p o r t u n o s entre todos los que c o n o c e .
Paulo III, no satisfecho con juicio tan laudatorio, buscó
todavía dos jueces entre sus más prestigiosos consejeros. Desig-
nó al i n q u i s i d o r m a y o r , cardenal J u a n A l v a r e z de T o l e d o ,
d o m i n i c o , como Foscarari, y al v i c a r i o de R o m a , obispo Felipe
A r c h i n t o . El fallo de estos jueces complementarios fue, si cabe,
más favorable aún q u e el del Maestro del Sacro Palacio. Archin-
to j u z g ó la obra « d i g n a de todo encomio y m u y beneficiosa
para la profesión cristiana». El cardenal A l v a r e z de T o l e d o
firmó la siguiente declaración:

«Hemos leído todo lo que contiene este libro y nos ha agradado


mucho, pareciéndonos muy conducente para la salud de las almas».

Y en la segunda copia añadió:

«Lo juzgamos digno de que lo reciban y tengan en gran estima todos


22
los fieles» .
Sólo después de juicios tan encomiásticos se dispuso Pau-

2 0
Polanco le dio los retoques y preparación convenientes para la presentación en
1547. Las dos versiones (antes y después de la intervención de Polanco) = Pl y P2, han
sido publicadas en paralelo con la de Frusio = Vulgata, y el Autógrafo en M I , Exercitia
Spirilualia (Roma 1969) p.140-415.
2 1
El texto publicado en M H S I , Exerc. p.562-563; segunda edición (1969) p.416-417 y
Tabulas 5 y 6; MARÍN, Encbiridion p.12.
2 2
MARÍN, Encbiridion p.12.
192 Ejercicios espirituales

lo III a redactar el solemne d o c u m e n t o , el breve Pastora/is


Officii, q u e firmó el 31 de julio de 1548, en el histórico Palacio
Venecia, casi calle por m e d i o de la h u m i l d e casa en q u e v i v í a a
la sazón el Santo.
Pasan de seiscientas las sucesivas aprobaciones, exhortacio­
nes o recomendaciones de los Ejercicios que a lo l a r g o de cuatro
siglos ha ido dando la Iglesia con su solicitud amorosa y ma­
2 1
ternal .
Q u e r e m o s aquí detenernos sólo un m o m e n t o en el alcance
de una de las más decisivas, la constitución apostólica en forma
de bula solemne Summorum Pontificum, del 25 de julio de 1922,
por la que declara a San I g n a c i o patrono de todos los ejercicios
espirituales, de las casas y obras dedicadas a ellos.
Pío X I , con tal acto, había accedido no sólo a sus más
fervientes anhelos, sino a las apremiantes peticiones de 29 car­
denales, 122 arzobispos, 497 obispos y 20 prefectos apostólicos;
en total, 668 jerarcas de la Iglesia, cifra excepcional en esta clase
de actos.
Con este p a t r o n a z g o concedía Pío X I una clara primacía a
San I g n a c i o en una parcela tan importante de la espiritualidad.
El cardenal Pía y Deniel cree ver un paralelismo i n n e g a b l e entre
esta preferencia dada al autor del libro de los Ejercicios y la
o t o r g a d a por L e ó n XIII a Santo T o m á s en el c a m p o de la
teología y la filosofía. C o m o Santo T o m á s ejerce un « d o c t o r a d o
universal» sobre la ciencia eclesiástica, así San I g n a c i o debe ser,
según el m i s m o Pontífice, el faro l u m i n o s o que g u í e a las almas
en el sendero de la perfección. L o s principios generales del
Doctor A n g é l i c o son los g o z n e s sobre los q u e g i r a la teología
católica. Las leyes r e g u l a d o r a s del penitente de M a n r e s a han de
formular también «el c ó d i g o sapientísimo y u n i v e r s a l » de las
2 4
n o r m a s de la dirección de las a l m a s .

2 3
Textos hasta 1940 en MARÍN, Enchiridion. De 1940 a 1951, ÍDEM, LOS ej. Documentos
pontificios (Zaragoza 1952). El breve Pastoralis Officii en n.753 p.406-409; MI, Exercitia
2
spiritualia p.74-78. Sobre su valor cf. I. IPARRAGUIRRE, San Ignacio de Loyola, patrono de los
E.: HechD 22 (1947) 691-<595. De las recomendaciones y aprobaciones posteriores a 1940
queremos indicar dos de singular importancia, la primera por encontrarse en una encícli­
ca sobre la liturgia cristiana (encícl. Mediator Del, 20 noviembre 1947, texto en AAS 39
[1947] 586), es decir, sobre una espiritualidad que, según algunos, se oponía a la de los
ejercicios, y la otra por los términos tan laudatorios en que se expresa. Este segundo
testimonio se encuentra en el discurso pronunciado en castellano por S. S. Pío X I I el 24
de octubre de 1948, donde, entre otras cosas, dijo: «Los Ejercicios de San Ignacio serán
siempre uno de los medios más eficaces para la regeneración espiritual del mundo y para
su recta ordenación, pero con la condición de que sigan siendo auténticamente ignacia-
nos». Texto íntegro del discurso en HechD 23 (1948) 758-760. Cf. también HechD (1948)
470-481, y ENRIQUE BASASE, Expansión de los ejercicios en la Iglesia: Miscelánea Comillas, 25
(1956) 327-382.
2J
Ideas de la carta pastoral sobre ejercicios publicada por el cardenal Pía y Deniel
cuando era obispo de Salamanca. Cf. nuestro artículo en HechD (1948) 462.
Introducción 193

Se puede, pues, con toda justicia, escribíamos en otro l u g a r ,


hablar de « u n a especie de implícito doctorado». « P o r q u e los
Ejercicios gozan ya de p r e r r o g a t i v a s afines a las q u e poseen los
doctores de la Iglesia, en cuanto las atribuciones de una persona
25
se pueden aplicar a un libro y a una p r á c t i c a » .
La primera p r e r r o g a t i v a , «santidad eximia reconocida por la
Iglesia». ¿Quién podrá e n u m e r a r las muestras q u e han d a d o los
Pontífices de la santidad encerrada en unos Ejercicios que no han
cesado de llamar « p i a d o s o s » , « s u m a m e n t e saludables», «instru-
mento m u y p r o v e c h o s o de santidad», «pletóricos de vida cris-
tiana», «precioso don d i v i n o » ?
El s e g u n d o elemento, « l a ortodoxia en la doctrina». Esta es
tal q u e , c o m o intentamos probar en el escrito q u e v a m o s
extractando, «en v i r t u d de un c ú m u l o tal de fehacientes y
reiteradas aprobaciones y recomendaciones, el i m p r o b a r l a mere-
cería la censura teológica de los q u e i m p u g n a n una doctrina
tenida por los teólogos c o m o católica».
Más aún: « C r e e m o s q u e no es a v e n t u r a d o el afirmar que nos
encontramos delante de un caso en q u e en el magisterio ejerci-
do por la Iglesia se i n c l u y e también la suprema nota en la
función docente de la Iglesia: la de la infalibilidad. Porque es
sabido q u e el S u m o Pontífice puede ejercer la p r e r r o g a t i v a de la
infalibilidad no sólo por medio de actos extraordinarios, sino
también a través de su magisterio ordinario. A h o r a bien, c o m o
se p u e d e ver en el Encbiridion del P. M a r í n , tal v e z en m u y
pocos casos c o m o en el nuestro se p o d r í a apreciar de m o d o tan
claro el ejercicio de este m a g i s t e r i o . Pasan de seiscientas las
recomendaciones, exhortaciones, aprobaciones pontificias de
los Ejercicios i g n a c i a n o s , m u c h a s de ellas hechas en términos
extraordinariamente laudatorios. A l g u n a s se encuentran en en-
cíclicas o bulas destinadas a toda la jerarquía católica y a todos
los fieles del m u n d o . Otras, en d o c u m e n t o s diseminados por
cuatro siglos d i r i g i d o s a cardenales, obispos, órdenes religiosas
enteras. Si ante esta masa de pruebas provenientes de más de
treinta Papas no nos a t r e v e m o s a reconocer una doctrina c o m o
declarada infalible, difícilmente se concibe q u e doctrina a l g u n a
p u e d a ser considerada c o m o tal en v i r t u d de este procedimien-
to, de menos solemnidad si se quiere, pero no de menos valer,
26
q u e el e x t r a o r d i n a r i o » .

2 5
HechD 2 3 ( 1 9 4 8 ) 4 6 2 - 4 6 3 . Los párrafos que siguen entre comillas están tomados
de este artículo donde tratamos el tema más despacio. Véase también VENANCIO DE H.
ARAQUIL, O.F.M. Cap., ¿San Ignacio de hoyóla, doctor de la Igtesia?: Surge 6 ( 1 9 4 8 ) 2 4 8 - 2 5 3 ,
copiado en Perseverancia (Barcelona 1 9 4 9 ) 1 0 - 1 2 .
2 6
HechD 2 3 ( 1 9 4 8 ) 4 6 1 - 4 6 2 .
194 Ejercicios espirituales

La tercera nota requerida para el doctorado es q u e su cien-


cia h a y a sido eminente, y su influjo, considerable. Bastante
hemos hablado de este p u n t o en las p á g i n a s que preceden. N o
hay q u e v o l v e r sobre el tema. A d e m á s q u e existe una v i g o r o s a
frase de Pío X I en q u e se sintetiza el caudal de ciencia que
contiene el método i g n a c i a n o : « S o n los Ejercicios de San I g n a c i o
— d i c e el inmortal Pontífice— el más sabio y universal c ó d i g o
espiritual para d i r i g i r las almas por el camino de la salvación y
de la perfección, fuente inexhausta de piedad a la vez eximia
27
y muy sólida» .
No se podía pedir prueba más explícita y contundente de la
ciencia espiritual contenida en el manual i g n a c i a n o .

4. FUENTES DE LOS «EJERCICIOS»

Obra de tal eficiencia supera la posibilidad de un hombre.


La vista de los extraordinarios frutos que han ido obrando los
Ejercicios, el papel excepcional q u e dentro de la misma Iglesia
han i d o y s i g u e n desempeñando, junto con la i g n o r a n c i a literaria
de San I g n a c i o y su escasísima formación intelectual en el
m o m e n t o en q u e c o m p u s o este libro, llamado « a d m i r a b l e » por
28
la misma I g l e s i a , unido a los testimonios de contemporáneos
del Santo, c o m o Polanco y Nadal, han hecho q u e siempre se
h a y a n m i r a d o en la C o m p a ñ í a los Ejercicios — p a r a expresarnos
con el P. A s t r á i n — « c o m o un don s i n g u l a r í s i m o y enteramente
29
sobrenatural hecho por Dios a nuestro Santo P a d r e » .
Polanco dice q u e en M a n r e s a Dios « e n s e ñ ó » a I g n a c i o los
30
e j e r c i c i o s . San I g n a c i o m i s m o en su Autobiografía, hablando
en general de las g r a n d e s consolaciones e ilustraciones sobrena-
turales tenidas en Manresa, escribe que «en este tiempo le
trataba Dios de la m i s m a manera que trata un maestro de
escuela a un n i ñ o , enseñándole..., y siempre ha j u z g a d o que Dios
le trataba desta manera; antes si dudase en esto, pensaría ofen-
31
der a su d i v i n a m a j e s t a d » .
En vez de andar a c u m u l a n d o testimonios, que son de sobra
32
c o n o c i d o s , preferimos copiar la conclusión de un m o d e r n o
2 7
Encíclica Mens riostra. MARÍN, Enchiridion p.462.
2 8 a
Antiguo Oficio litúrgico del 31 de ¡ulio, lección 4 .
2 9
A. ASTRÁIN, Historia de la Compañía de jesús en la Asistencia de España t.l (Madrid
1912) 2.» ed. p.160.
3 0
Sumario n.23, MHSI, Fontes narr. I p.163. Las mismas palabras «haber enseñado
Dios» usó Ribadeneira en Madrid en 1595 (MHSI, Script. I 159).
31
Autobiografía n.27; MHSI, Fontes narr. I 400.
3 2
Más testimonios de contemporáneos, Polanco en Chron. I 21. Nadal en pláticas de
Alcalá de 1554, Arch. Rom. S. 1. lnst. 98 104v, y Scholla in Const. (Granada 1976) p.187.
Introducción 195

historiador, nada fácil en admitir cosas extraordinarias, el padre


Dudon:

«Sin duda, sin particular asistencia de Dios, no hubiera podido


escribir este libro. Es una observación de la bula de canonización. Es
también algo evidente. Esta asistencia de Dios se prolongó después de
Manresa para las adiciones y retoques hechos a las hojas primitivas...
El favor singular que hizo Dios en Manresa al peregrino fue el de
realzar de golpe su facultad natural de comprender, de darle una
inteligencia superior de la vida espiritual, que le permitió el discerni-
miento de espíritus y también el ordenar sintéticamente un cierto
número de verdades; verdades generadoras de la más generosa con-
ducta cristiana. De ahí el acento de seguridad y fuerza que impresiona
33
en los Ejercicios» .

El p u n t o culminante de esta «enseñanza» divina, el momen-


to preciso q u e separa su vida de discípulo y de maestro, del
desorientado q u e busca luz y g u í a en h o m b r e s y del q u e se
siente s e g u r o de la luz d i v i n a , es el de la eximia ilustración del
Cardoner, q u e — e n frase del P. L e t u r i a — « e q u i v a l i ó para él a
34
u n a completa regeneración e s p i r i t u a l » .

A su luz «le parecían todas las cosas nuevas..., como si fuese otro
hombre y tuviese otro intelecto... De manera que en todo el discurso
de su vida, hasta pasados sesenta y dos años, coligiendo todas cuantas
ayudas haya tenido de Dios; y todas cuantas cosas ha sabido, aunque
las ayunte todas en uno, no le parece haber alcanzado tanto como de
35
aquella vez sola» .

He aquí expresado por el p r o p i o San Ignacio en forma


autobiográfica el a r r a n q u e y el o r i g e n de esa «substancia» de los
3 6
Ejercicios de q u e nos habla L a í n e z , de lo q u e hay en ellos de
v e r d a d e r a m e n t e vital y característico. R e c o r d a n d o q u e en M a n -
resa fue San I g n a c i o a g r a c i a d o repetidas veces con la vista de la
Santísima V i r g e n , y q u e , mientras redactaba las Constituciones, le
asistió también la V i r g e n con su reiterada presencia, no parece
temerario suponer una amorosa y p r o v i d e n c i a l asistencia de la
M a d r e de Dios en el o r i g e n de los Ejercicios.
Esta afirmación se puede considerar c o m o una dulce conse-
cuencia del m o d o s i n g u l a r q u e t u v o la V i r g e n de portarse con
San Ignacio a lo l a r g o de su vida. Pero a la vez es necesario
desechar la piadosa hipérbole y auténtica leyenda de q u e la

3 3
DUDON, S. lgnace apéndice 11 p.627.
3 4
P. DE LETURIA, Estudios ignacianos II 14.
3 5
ID., Autobiografía n.30; Fontes narr. I 404.
3<1
Carta del P. Laínez, n.12: M H S I , Fontes narr. I 82.
196 Ejercicios espirituales

V i r g e n hubiera dictado textualmente los Ejercicios a San I g n a c i o .


Escribe certeramente u n o de los m a y o r e s defensores de la
intervención especial de la V i r g e n en la obra de San Ignacio, el
P. Quera:

«Esta interpretación, tomada así, como si la Virgen Santísima


hubiese dictado el libro de los Ejercicios a Ignacio, a la manera que un
profesor dicta sus tesis o sus explicaciones a sus discípulos, estaría en
contradicción con lo que dijo e hizo el mismo San Ignacio... Basta
observar los manuscritos que nos quedan para ver cuántas correccio-
nes fue haciendo él mismo sobre el texto, hasta su definitiva aproba-
ción por la Sede Apostólica, y es claro que no se hubiese atrevido a
37
corregirlo si se lo hubiera dictado la Virgen Santísima» .

De la asistencia d i v i n a sobre San Ignacio no se puede


dudar.

«Lo verdaderamente esencial que hay en él —escribe un conocedor


tan profundo de la espiritualidad de San Ignacio como fue el llorado
P. De Guibert—, su orientación característica, el principio profundo
de su solidez y fecundidad, brotaron de los dones infusos, concedidos
38
tan abundosamente al Santo por la munificencia de Dios» .

Creemos q u e el m o d o con q u e Dios se valió de San Pablo


de la Cruz en la composición de la regla de los Pasionistas
puede a y u d a r n o poco para c o m p r e n d e r c ó m o se escriben los
libros en los q u e media una inspiración especial. S e g ú n escribe
el m i s m o San Pablo de la Cruz, después de haberle inspirado el
Señor la fundación de la O r d e n y a u n de haberle revestido del
hábito el verano de 1720, « D i o s i m p r i m i ó en mi espíritu la
forma de la santa regla». L l e g a d o el i n v i e r n o , se retiró a un
cuartucho h ú m e d o y estrecho de la p a r r o q u i a de San Carlos.
Allí, continúa el m i s m o Santo,

«comencé a escribir esta santa regla el año 1720, el 2 de diciembre, y la


he acabado el día 7 del mismo mes. Antes de escribir rezaba maitines y
hacía oración mental; después me levantaba lleno de ánimo e iba a
escribir. El enemigo infernal no dejaba de asaltarme, inspirándome
repugnancia y aun dificultad en hacerlo; pero, como hacía ya mucho
tiempo que estaba inspirado de Dios y además me había sido ordena-
do, yo me puse sin más, con la gracia de Dios, al trabajo, y que se sepa
que, cuando yo escribía, escribía tan de prisa como si hubiera alguno
3 7
QUERA, Influjo de la Santísima Virgen en la composición del libro de los Ejercicios:
MANR 15 (1943) 3. Véase sobre esta cuestión A. CODINA, LOS orígenes de los Ejercicios
p.61-72; P. DUDON, S. Ignace (París) apéndice 11 p.626; J . SOLA: MANR 7 (1931) 40-
56.145-163.
3 8
J . DE GUIBERT, La Spiritualité de la Compagnie de jésus (Roma 1952) p.l56.
Introducción 197

en la cátedra dictándome, y sentía que las palabras venían del corazón.


Yo he escrito esto para que se sepa que todo esto es de particular
inspiración de Dios, porque, por lo que a mí toca, no hay m á s que
39
iniquidad e ignorancia» .

Pero, c o m o sucede aun en las obras más sublimes, j u n t o con


esta intervención sobrenatural se mezclaron otra serie d e facto-
res naturales en la composición del libro, sobre t o d o e n s u s

partes más secundarias: experiencias personales a n t e r i o r e s , con-


tacto con hombres, reminiscencias de lecturas. Dios l l e v ó a San
I g n a c i o , sin d u d a por una especial providencia, a un p o t e n t e
centro de difusión de la devotio moderna, Montserrat, e n don-
de podía, gracias al estilo práctico, sintético del m o v i m i e n t o ,
ponerse en contacto con lo más selecto de la literatura e c l e s i á s t i -
4
ca antigua, r e c o g i d o en sus autores más característicos o.
El Ejercitatorio de Cisneros es el ejemplo más claro d e l a rica
herencia espiritual de que g o z ó Ignacio. En él « n o h a y tres
41
líneas seguidas originales del abad de M o n t s e r r a t » . El l i b r o no
es otra cosa más q u e un zurcido de retales de d i v e r s a s obras
clásicas en el m e d i o ambiente de la devotio m o d e r n a : San
Buenaventura, San Efrén, M o m b a e r , Pedro L o m b a r d o , Ger-
són, T o m á s de K e m p i s , Gerardo de Zutphen, H u g o de B a l m a ,
R i c a r d o de San Víctor, Kemf, Nider, Ubertino de C á s a l e , Lu-
42
dolfo C a r t u j a n o . De un golpe San Ignacio, con la sola lectura
de esta obra, podía ponerse en contacto con la flor d e la
literatura piadosa medieval.
Con todo, la dependencia literal del Ejercitatorio en los Ejer-
cicios es prácticamente nula. El P. W a t r i g a n t , más bien fácil en
admitir influjos literarios, reconoce que las semejanzas sólo se
dan «en puntos secundarios». Y continúa:

«Por numerosas que puedan ser estas semejanzas, dejarán entera la


originalidad de Ignacio y su independencia con respecto a Cisneros en
todas las partes esenciales de los Ejercicios. De hecho, las coincidencias
se reducen a un pequeñísimo número, y ellas solas difícilmente basta-
rían para establecer que el Santo haya conocido y utilizado el libro de
43
Cisneros» .
3 9
STANISLAO DELL'ADDOLARATA, C P . , Diario di S. Paoio della Croce (Turín 1926)
p.113-114.
4 0
C . P. DE LETURIA, ha «Devotio moderna» en el Montserrat de San Ignacio: Estudios
Ignacianos, II 73-88, y A. HYMA, The Original Versión of «De imitatione Christi» Q ¿ erar

Zerbolt of Zutphen: Archief voor de geschíedenis van het aartsbisdom Utrecht, 19 (1950)
8-12.
41
ALBAREDA, S. Ignasi a Montserrat p.106.
4 2
Las fuentes del Ejercitatorio detalladas con toda precisión en WATRIGANT, Quelques
promoteurs de la méditation méthodique: CBE 59 (1919) 69-77, y en Dict. Spir. 2,915-917.
4 3
WATRIGANT, ha ge'nese des exercises p.36. Se puede completar con A. CODINA, hos
orígenes de los Ejercicios Espirituales (Barcelona, Balmes, 1926) c.16 y Apéndice Ili; H.
198 Ejercicios espirituales

El influjo del Ejercitatorio consistió más bien en haber dado


a conocer al Santo los Ejercicios y septenarios del siglo x v , en
haberle introducido en la oración metódica y práctica de la
devotio moderna.
Otros libros pudieron influir más o menos en Ignacio. En
L o y o l a , la Vita Christi del Cartujano, traducida por Fr. A m b r o -
sio M o n t e s i n o , y la Vida de los Santos de J a c o b o de Varazze.
T e n e m o s que decir aquí lo m i s m o que decíamos del Ejercitatorio
de Cisneros. El influjo, más que literario y directo, es interno y
de irradiación. Fue I g n a c i o compenetrándose suavemente con
el ambiente descrito tan al v i v o en las dos obras y transportan-
do paulatinamente, al contacto de aquella realidad, sus ideales
caballerescos al m u n d o de la santidad. Allí comenzó a desper-
tarse su entusiasmo por J e s u c r i s t o , Rey eterno y Señor univer-
sal; su h i d a l g o deseo de señalarse en tal servicio por encima aun
de los santos, servicio q u e v i o claro debía verificarse entre el
contacto de los dos espíritus, cuyas primeras reacciones exami-
nó en el m i s m o L o y o l a . De este m o d o casi inconsciente fueron
formando estas lecturas y experiencias el subsuelo p s i c o l ó g i c o y
el presupuesto literario del libro de los Ejercicios^\
O t r o libro q u e leía con g u s t o San Ignacio y que necesaria-
mente t u v o que influir en la gestación de los Ejercicios fue la
Imitación de Cristo. El P. Codina va e x a m i n a n d o con su caracte-
rística diligencia las expresiones en que parece existe m a y o r
paralelismo. Pero creemos q u e fue a l g o m u c h o más íntimo el
reverbero de la Imitación en Ignacio. Fue un compenetrarse con
los criterios del K e m p i s , un encontrarse a sí m i s m o retratado en
aquella « a l m a » que por boca del autor de la Imitación va vacian-
do sus más íntimos sentimientos delante de Dios, un ir descu-
briendo en los pasos de esa « a l m a » el c a m i n o q u e debía s e g u i r
4 5
en su ascensión a D i o s .
Se ha hablado de paralelismo, parentesco, dependencias de
otros v a r i o s libros. T e n e m o s que dejar a obras de m a y o r espe-

RAHNER, Ignatius von Loyola und das geschichtliche Werden seiner Frómmigkeit (Graz, Pustet,
1949); M. Ruiz JURADO, ¿Influyó en S. Ignacio el «Ejercitatorio» de Cisneros?: MANR 51
(1979 65-75.
4 4
El P. Leturia es el que con más detención ha estudiado el proceso de San Ignacio
en Loyola. Resume sus trabajos anteriores en su libro El gentilhombre Iñigo Lópe% de Loyola
a
(Barcelona 1949) 2 . ed. c.4 sobre todo, p.160-176. Sobre el influjo de la lectura de la
Vita Christi: R. GARCÍA MATEO, La gran mutación de Iñigo a la lu^_ del Vita Christi cartujano:
MANR 61 (1989) 31-44; y A. FALKNER, Was las Iñigo de Loyola auf seinem Krankenlager:
Geist und Leben 61 (1988) 259-264.
4 5
Transcribimos de nuestro trabajo Orientaciones sobre la literatura de ejercicios: MANR
21 (1949) 261. El análisis de CODINA en Los orígenes de los ejercicios c.15 p.155-166.
Introducción 199

cialización el m i n u c i o s o análisis y complicado estudio de la


46
larga serie de textos extraídos de m u y diversos a u t o r e s .
L o único q u e es necesario indicar es q u e su parentesco, la
m a y o r í a de las veces m u y dudoso, aun en el caso de darse, no
pasa casi nunca de la superficie del libro de los Ejercicios.
Después de haberlos asimilado San Ignacio, se siente desorien-
4 7
tado, s i g u e con su «rudeza y g r u e s o i n g e n i o » . A pesar de
todos los libros y de la labor del confesor benedictino de
Montserrat P. Chanones, q u e le introdujo en los métodos del
Ejercitatorio, confiesa el Santo q u e « n o tenía quien le ense-
48
ñ a s e » . Es q u e son elementos m u y accesorios incrustados o, a
lo más, fundidos en una pieza que sin ellos hubiese continuado
siendo la m i s m a en sus líneas esenciales.
Darán más fuerza a fragmentos accesorios, perfeccionarán
engranajes determinados. Pero sin ellos seguirían siendo los
Ejercicios la potente m á q u i n a espiritual.
Esta ha sido la razón por q u e h a y a m o s pasado tan rápida-
mente la revista a esta serie casi interminable de posibles depen-
dencias. Nunca nos i l u m i n a r á n el fondo i g n a c i a n o . El m a y o r
p r o v e c h o q u e se ha sacado ha sido el llegar por ese camino, casi
sin darse cuenta, a la reconstrucción de la génesis interna de los
m i s m o s Ejercicios, el penetrar más profundamente en el sentido
de frases y palabras q u e antes habían pasado inadvertidas y q u e
ahora, ante la necesidad de confrontarlas con textos similares,
ha sido necesario estudiarlas de lleno.

5. GÉNESIS DE LA COMPOSICIÓN DE LOS «EJERCICIOS»

R e s u m i m o s en un breve compendio los resultados de las


más recientes investigaciones sobre el proceso de la composi-
49
ción del libro de los Ejercicios .
4 0
Un resumen de las principales dependencias notadas con los autores que las
propugnan, en Orientaciones sobre la literatura de ejercicios p.261-262. La cita de los principa-
les libros, en nuestra Orientaciones bibliográficas sobre San Ignacio n.373-378. Una lista
1
bibliográfica puede verse en MI, Exercitia spiritualia (1969) p.XXV-XXXVI: Degenesi et
fontibus Exercitiorum. En el mismo volumen, p.34-40, se trata del tema de las fuentes
literarias de los Ejercicios, limitado a los libros que, según las fuentes, consta que fueron
leídos por San Ignacio: La Vita Christi de Ludolfo Cartujano, el Flos Sanctorum de
Jacobo de Varazze, la Imitación de Cristo, el Ejercitatorio de Jiménez de Cisneros, los libros
de Horas, los Manuales de confesores, los Evangelios, Erasmo. En las p.60-64 se trata del
origen sobrenatural de los Ejercicios.
47
Autobiografía n.27: MHSI, Fontes narr. I 400.
48
Autobiografía n.27: MHSI, Fontes narr. 1 400.
4 9 2
Sobre las génesis de los Ejercicios véase sobre todo: MHSI, Exercitia spirituatia
(1969) p.4-35; bibliografía sobre el tema, ibid. p.XXV-XXXVI; DALMASES, Los estudios
del P. ¿a/veras sobre el texto de los Ejercicios: MANR 37 (1965) 385-406. En este artículo se
citan y comentan los artículos dedicados por el P. CALVERAS al texto de los Ejercicios;
200 Ejercicios espirituales

R e c o j a m o s , ante t o d o , la declaración hecha por el m i s m o


San Ignacio:

«Me dijo —narra el P. Goncalves da Cámara— que los ejercicios


no los había hecho todos de una sola vez, sino que algunas cosas que
observaba en su alma y las encontraba útiles, le parecía que podrían
ser útiles también a otros, y así las ponía por escrito, verbi gratia, del
examinar la conciencia con aquel modo de las líneas, etc. Las eleccio-
nes especialmente, me dijo que las había sacado de aquella variedad de
espíritu y pensamientos que tenía cuando estaba en Loyola, estando
50
todavía enfermo de una pierna» .

Estas palabras nos revelan un dato fundamental: San Igna-


cio no c o m p u s o los Ejercicios «todos de una sola vez». Son,
según esto, fruto de un proceso e v o l u t i v o . A ñ a d e el Santo q u e
aquellas cosas « q u e observaba en su alma y las encontraba
útiles», las ponía por escrito, pensando q u e podrían servir a
otros. Esto e q u i v a l e a decir q u e hizo los ejercicios antes de
escribirlos. El P. Polanco repite el m i s m o concepto: « . . . como
m u c h o labraron en su misma ánima, así él deseaba con ellas [ l a s
51
meditaciones de los E j e r c i c i o s ] a y u d a r a otras p e r s o n a s » . Na-
dal dice q u e I g n a c i o primero se dio a la contemplación y
después al ministerio con los prójimos, enseñando y predicando
5 2
a los otros lo q u e había experimentado en sí m i s m o » .
Las primeras experiencias tuvieron l u g a r en L o y o l a . En el
pasaje anteriormente citado refiere San I g n a c i o q u e «las eleccio-
nes especialmente me dijo q u e las había sacado de aquella
variedad de espíritu y pensamientos que tenía cuando estaba en
L o y o l a » . Un d o c u m e n t o , pues, tan esencial c o m o es el de las
elecciones t u v o su origen en las experiencias de L o y o l a . Sabe-
m o s q u e la agitación de varios espíritus fue o r i g i n a d a por la
lectura de la V i d a de Cristo y de los Santos. D e allí « l e v i n o
el pensamiento de sacar a l g u n a s cosas en breve más esenciales
53
de la vida de Cristo y de los S a n t o s » . Si esto es así, fuerza es
concluir que el núcleo cristológico de los Ejercicios se originó en

J . JIMÉNEZ, Formación progresiva de ¡os Ejercicios ignacianos: Anales de la Facultad de


Teología (Santiago de Chile) 20 (1968-1969) 23-116; 21 (1970) 23-116; H. PINARD DE LA
a
BOULLAYE, Les étapes de rédaction des Exercises de Saint Ignace, 7 . ed. (París, Beauchesne,
1950); LETURIA, Génesis de los Ejercicios de San Ignacio j su influjo en la fundación de la
Compañía de jesús: Estudios ignacianos II 3-55. El trabajo más reciente es el de C. DE
DALMASES en Ejercicios Espirituales (Santander, Sal Terrae, 1987) p. 11-31; en él corrige
algo sus páginas del libro Texte autographe des Exercises Spirituels et documente contemporains
(1526-1615) (Paris, Desclée, 1986 = Christus 60) p.11-35.
» Autobiografía n.99: MHSI, Fontes narr. I 504.
51
Sumario castellano: Ibid. 163.
52
Pláticas de 1554: Ibid. 306, al margen.
53
Autobiografía n.ll: Ibid. 376.
Introducción 201

las experiencias de L o y o l a . Allí concibió el Santo el proyecto de


realizar una p e r e g r i n a c i ó n a J e r u s a l é n . M e d i t a c i o n e s tan funda-
mentales c o m o las del « R e i n o de Cristo» y « D o s banderas»
tienen allí su o r i g e n , por lo menos remoto. M á s aún, Nadal
coloca en L o y o l a el ideal i g n a c i a n o de dedicarse a p r o m o v e r la
5 4
g l o r i a de D i o s .
D e L o y o l a pasó a M a n r e s a . L o s contemporáneos afirman
55
u n á n i m e m e n t e q u e los Ejercicios fueron escritos en M a n r e s a .
M a t i z a n d o más esta aserción, Laínez dice q u e allí « v i n o , cuanto
56
a la substancia, en estas meditaciones que decimos e j e r c i c i o s » ,
a lo q u e Polanco añade q u e «después el uso y experiencia de
57
m u c h a s cosas le hizo más perfeccionar su primera i n v e n c i ó n » .
Esto supuesto, s u r g e una doble cuestión: dado q u e la per-
manencia del Santo en M a n r e s a d u r ó cerca de un año, ¿en qué
t i e m p o concretamente se escribieron los Ejercicios? En s e g u n d o
l u g a r : ¿qué elementos contenían los Ejercicios cuando el Santo
salió de la ciudad del Cardoner? Las fuentes dan pie para
a s e g u r a r que la estancia de Ignacio en M a n r e s a se d i v i d i ó en
tres partes. L a p r i m e r a fue un p e r í o d o de serenidad y fervor,
q u e se p r o l o n g ó por espacio de unos cuatro meses; la segunda
fue caracterizada por las agitaciones y los escrúpulos; la tercera
58
fue la de las g r a n d e s ilustraciones d i v i n a s . Pues bien: pode-
mos a s e g u r a r q u e los Ejercicios son obra de este tercer período,
pero encerrando experiencias v i v i d a s en los otros dos. Puntuali-
zando todavía más, cabe afirmar q u e los Ejercicios siguieron a la
eximia ilustración. Polanco lo dice expresamente, y lo insinúa
59
también con claridad N a d a l . Después de la eximia ilustración
«le páresela c o m o si fuese otro h o m b r e y tuviese otro intelecto
60
q u e tenía a n t e s » . Allí concibió el fin apostólico que había de
dar a su vida, « q u e es el q u e tiene ahora la C o m p a ñ í a »
60
(Nadal) *.
¿Qué contenían los «Ejercicios» de Manresa? Polanco nos dice
q u e el Señor en M a n r e s a le enseñó «las meditaciones que llama-
61
mos Ejercicios y el m o d o d e l l a s » . En su Vida latina de San
Ignacio, escrita en 1574, el m i s m o P o l a n c o tiene un párrafo en
el q u e se resume lo que, según él, contenían los Ejercicios en
Manresa:
54
Pláticas de 1554: Ibid. 305.
5 5 2
MHSI, Exercitia 28.
56
MHSI, Fontes narr. I 82.
57
Sumario castellano: Ibid. 163.
58 1
MHSI, Exercitia 14.
5 0 2
MHSI, Fontes narr. II 527; Exercitia 15, 30.
M
Autobiografía n.30: MHSI, Fontes narr. I 405-406.
2
'<>* MHSI, Exercitia 15.
6 1
Sumario castellano: Ibid. I 163.
202 Ejercicios espirituales

«Después de dicha ilustración y la observación de los Ejercicios


espirituales comenzó a dedicarse a procurar el bien de los prójimos,
proponiéndoles el método de purificarse mediante la contrición y la
confesión de los pecados, y de aprovecharse con las meditaciones de la
vida de Cristo y con las elecciones sobre el estado de vida y otras
cosas, y, finalmente, con cuanto ayuda para inflamarse en el amor de
Dios y ejercitarse con varios modos de orar; aun cuando con el andar
62
del tiempo todas estas cosas se fueron perfeccionando» .

S e g ú n estos testimonios de Polanco, se han de situar en


M a n r e s a , entre otros elementos, las « m e d i t a c i o n e s » , es decir, la
parte central de los Ejercicios. Concretando más, Nadal pone en
M a n r e s a meditaciones tan fundamentales c o m o las del « R e i n o
63
de Cristo» y « D o s b a n d e r a s » .
Basándose en las fuentes, p o d e m o s asignar a Manresa, por
lo menos con m u c h a probabilidad: las meditaciones y contem­
placiones de las cuatro semanas [ 2 1 - 2 3 7 ] , y «el m o d o dellas»
(Polanco), es decir, los m o d o s de orar [ 2 3 8 - 2 6 0 ] . En particular,
las meditaciones del R e i n o y de las Banderas [ 9 1 - 1 0 0 ; 1 3 6 - 1 4 8 ] .
El examen particular, que ya desde los principios recomendaba
Ignacio a sus s e g u i d o r e s [ 2 4 - 3 1 ] . El examen general, junto con
las normas morales para d i s t i n g u i r entre pecado mortal y venial
[ 3 2 - 3 4 ] . L a s reglas para discernir espíritus más propias de la
primera semana [ 3 1 3 - 3 2 7 ] , por lo menos de una manera rudi­
mentaria. A l g u n a s de las reglas para hacer una buena elección.
Faltaban las primeras veinte anotaciones, las reglas esparcidas a
lo l a r g o de los Ejercicios, sobre todo las puestas al final del libro.
N o t e m o s q u e todo lo escrito en Manresa fue puliéndose y
perfeccionándose constantemente a través de las sucesivas expe­
riencias.
Respecto al principio y fundamento [ 2 3 ] hay discrepancia
entre los críticos. A l g u n o s creen que una síntesis formulada con
tanta precisión de a l g u n a s verdades capitales de la fe t u v o q u e
ser fruto de los estudios y de las lecturas hechas por Ignacio a
lo l a r g o de su formación. Con todo, a p o y á n d o n o s en la autori­
dad de especialistas, a l g u n o de ellos dotado de tan fino sentido
crítico como el P. C a l v e r a s , podemos afirmar q u e por lo menos
un esbozo del Principio y fundamento t u v o que ser compuesto
ya en Manresa. Este d o c u m e n t o encierra en sí el núcleo de los
ejercicios y de la labor que se ha de realizar durante los mismos;
no podía, pues, faltar en esta etapa inicial de la redacción. Lo
confirma el hecho de q u e este d o c u m e n t o pasó por un proceso

« M H S I , Fontes narr. II 527.


6 3
M H S I , Fontes narr. I 307; M H S I , NADAL, Commentarii de Instituto S. 1. 40; Exerci-
2
tia 15.
Introducción 203

e v o l u t i v o , como lo demuestra la redacción q u e de él tenemos


en el texto más a n t i g u o de los Ejercicios que se nos ha conserva-
do, q u e es el escrito en París, hacia 1535, por el sacerdote i n g l é s
64
J u a n H e l y a r . Allí el « P r i n c i p i o y fundamento» se presenta en
una redacción más sencilla q u e en el texto definitivo, y se pone
como una especie de anotación inicial, al m i s m o nivel que la
a
q u e será después la anotación 5 . y el « p r e s u p u e s t o » inicial [ n . 5
y 22].
En España después de Manresa (1523-1527). Sabemos q u e
Ignacio en Barcelona y Alcalá dio a l g u n o s ejercicios, por lo
menos « l e v e s » , a los q u e él llamaba «el servicio de Dios».
Sabemos también q u e en Salamanca sometió «todos sus papeles,
65
q u e eran los E j e r c i c i o s » , por m e d i o del bachiller Frías, a los
t e ó l o g o s para q u e los examinasen. Probablemente estos Ejerci-
cios n o contenían más q u e lo escrito en M a n r e s a o poco más.
En París (1528-1535). A q u í Ignacio dio unos ejercicios
m u c h o más completos q u e en Barcelona y Alcalá, en cuanto
eran personas más formadas — e s t u d i a n t e s u n i v e r s i t a r i o s —
aquellos a quienes iban d i r i g i d o s . Estos Ejercicios r e v o l v i e r o n
el ambiente estudiantil, hasta el punto de crear dificultades al
Santo de parte de las autoridades académicas. Con los Ejercicios
atrajo a sus planes a aquel g r u p o de n u e v e estudiantes de varias
nacionalidades q u e fueron los p r i m e r o s compañeros con los q u e
fundó la Compañía. T a m b i é n aquí se habla de «escritos de los
Ejercicios», de los cuales dio una copia al inquisidor Valentín
6 6
L i é v i n . Si esta copia se nos hubiese conservado, quedaría
disipada toda d u d a acerca del contenido de los Ejercicios en
París. Suple a esta falta, por lo menos en parte, el texto conser-
vado entre los apuntes del sacerdote inglés J u a n Helyar, q u e
practicó los Ejercicios bajo la dirección del m i s m o I g n a c i o o del
67
Beato Fabro, en 1 5 3 5 . A lo q u e contenían en M a n r e s a hay q u e
a a a a a
añadir probablemente las Anotaciones 3 . , 5 . , 1 1 . , 1 2 . , 1 3 . ,
a a
1 6 . , 2 0 . , es decir, aquellas q u e tratan de las disposiciones
requeridas en el ejercitante. Incluirían también el « p r e s u p u e s t o »
inicial [ n . 2 2 ] y el Principio y fundamento [ n . 2 3 ] , si es q u e éste
no es y a de M a n r e s a , c o m o dijimos antes. A ñ a d a m o s la medita-
ción de los Binarios [ 1 4 9 - 1 5 7 ] , que parece reflejar el ambiente
escolar, los tres modos de h u m i l d a d [ 1 6 4 - 1 6 8 ] , la contempla-

6 4 2
MHSI, Exercitia 429. Sobre la génesis del «Principio y fundamento»: M. Ruiz
JURADO, Hacia las fuentes del principio y fundamento de los Ejercicios: Gregorianum 58 (1977)
727-756.
(l5
Autobiografía n.67: MHSI, Fontes narr. 1 458.
<* Autobiografía n.86; Ibid. 480.
7 2
» MHSI, Exercitia 418-454.
204 Ejercicios espirituales

ción para alcanzar a m o r [ 2 3 0 - 2 3 7 ] , a no ser q u e ésta sea de


M a n r e s a en lo esencial, c o m o parece s u g e r i r Polanco. Pondría-
a
m o s también en París la anotación 5 . [ 5 ] , las adiciones [73-81],
a a a a a
excepto la 4 . y la 1 0 . , y las reglas 3 . , 4 . y 5 . para discreción
de espíritus, más propias para la primera semana [316-318].
En Italia (1537 hasta mediados de 1539). Es el tiempo en el
cual, según Nadal, I g n a c i o , « t e r m i n a d o s los estudios, r e c o g i ó
sus primeras notas (delibationes), añadió m u c h a s cosas, o r d e n ó
(digessit) todos sus materiales y los e n t r e g ó a la Santa Sede para
68
q u e los examinase y j u z g a s e » . De este tiempo parecen ser las
anotaciones destinadas al director de los ejercicios, es decir, las
q u e llevan los números 1, 2, 4, 6 a 10, 14, 15, 17, 18, 19; la
redacción definitiva del Principio y fundamento [ 2 3 ] ; los miste-
rios de la V i d a de Cristo, puestos al final del libro [261-312]; las
a a
reglas para ordenarse en el comer [ 2 1 0 - 2 1 7 ] ; las reglas 1 . y 2 .
de discreción de espíritus para la primera semana [ 3 1 4 - 3 1 5 ] .
En Roma (1539-1541). Una revisión total del libro de los
Ejercicios la llevó a cabo San Ignacio en R o m a . Allí se compu-
sieron a l g u n o s complementos a las reglas de discreción de
espíritus y se añadieron las q u e son más propias para la s e g u n d a
semana [ 3 2 8 - 3 3 6 ] ; las reglas sobre los escrúpulos [ 3 4 5 - 3 5 1 ] y
las reglas para sentir con la Iglesia [ 3 5 2 - 3 7 0 ] . Estas ú l t i m a s
podrían parecer del tiempo de París, sobre todo si se las consi-
dera en clave antiprotestante; pero, teniendo en cuenta q u e
faltan en los Ejercicios de H e l y a r , parece deben retrasarse al
p e r í o d o romano, sobre todo teniendo en cuenta que, si hubie-
sen existido en París, difícilmente hubiesen dejado de proponer-
se a aquel sacerdote q u e se había refugiado en la capital fran-
cesa h u y e n d o de la persecución de E n r i q u e VIII. De todos
m o d o s , q u e hay a l g o perteneciente al período r o m a n o lo p r u e -
ban dos cartas de este tiempo. U n a es del P. Francisco Estrada,
el cual, en 1539, escribiendo a R o m a desde M o n t e p u l c i a n o ,
pedía q u e le mandasen «sin faltar las reglas de discretione spiri-
tuum y de tentaciones, con esotras reglas de Exercicios, y esto
69
sin f a l t a r » . El m i s m o año, desde Sena, pedía Estrada «las
a a a
reglas de la 1 . , 2 . y 3 . semana de los Exercicios, y otras cosas
70
nuevas, si se han a d j u n t o » . Por su parte, San Francisco J a v i e r
escribía desde Lisboa, en 1540, q u e le mandasen « u n traslado de
los [ E x e r c i c i o s ] coreptos» para poder mostrarlos al rey J u a n III
71
de P o r t u g a l . Sabía J a v i e r q u e en R o m a , t o d a v í a hacia 1540, se

6 8
MHSI, Fontes narr. I 319.
M 2
MHSI, Epp. Mixlae I 22; Exercitia 33».
7 0
MHSI, Epp. Mixtae I 29; Exercitia, ibid.
7 1 2 15
MHSI, Epistolae sancti Francisci Xaverii I 47; Exercitia 33 .
Introducción 205

estaban c o r r i g i e n d o los Ejercicios. De 1541 es la primera redac-


ción de la « V e r s i o p r i m a latina», q u e es ya un texto completo y
definitivo de los Ejercicios.

6. TEXTOS DE LOS «EJERCICIOS»

No poseemos ni «los papeles» de los Ejercicios q u e San


Ignacio e n t r e g ó en Salamanca al bachiller Frías para q u e los
examinase, ni « l o s escritos» q u e , en P a r í s , p u s o en manos del
i n q u i s i d o r V a l e n t í n L i é v i n . T e n e m o s , en c a m b i o , textos suma-
mente autorizados, latinos y castellanos, el más importante de
los cuales es el l l a m a d o « a u t ó g r a f o » castellano, por llevar un
considerable n ú m e r o de correcciones hechas de m a n o de San
72
Ignacio .
Para la clasificación de los textos es m u y orientadora la
distinción i n t r o d u c i d a por el P. J o s é Calveras, y adoptada en la
n u e v a edición crítica de Monumenta Histórica S. I. (1969), entre
textos arquetipos y textos acomodados. L o s p r i m e r o s nos ofrecen
el texto completo, sin g l o s a s , tal c o m o p u d o darse a la imprenta
y constituye «el l i b r o » de los Ejercicios propiamente dicho.
T e x t o s a c o m o d a d o s son aquellos q u e sirvieron para dar los
ejercicios a un d e t e r m i n a d o ejercitante o g r u p o s de ejercitantes,
con las a c o m o d a c i o n e s propias de cada caso. A l g u n o s de éstos
son incompletos, otros tienen g l o s a s o comentarios. Difieren
unos de otros y todos ellos se apartan, en cuanto a la letra, del
texto arquetipo. Por otra parte, son d i g n o s de atención por su
antigüedad, y por la persona que los empleó, q u e en a l g ú n caso
fue el m i s m o San Ignacio, el Beato Fabro o a l g u n o de los
p r i m e r o s compañeros.
Son arquetipos: el texto « a u t ó g r a f o » castellano y a l g u n o s
otros escritos en esta m i s m a l e n g u a , conservados en varias
bibliotecas y q u e sólo difieren del « a u t ó g r a f o » por a l g u n a s
variantes. Son también textos arquetipos las dos versiones lati-
nas a n t i g u a s q u e c o n s e r v a m o s , una llamada « V e r s i o p r i m a » y
otra a la q u e se suele dar el n o m b r e de « V u l g a t a » . Son acomo-
dados los textos: H e l y a r , Coloniense, el del « M a g i s t e r Ioannes»
[ C o d u r i ] , M a r t i n e n s e , V a l l i s o l e t a n o . De cada u n o de ellos dare-
mos una b r e v e noticia, remitiendo al lector, para más detalles,
al análisis q u e de ellos hicimos en la n u e v a edición de Monumen-
ta Histórica.
El texto español « a u t ó g r a f o » , del q u e existe u n a edición
7 2
Sobre los textos de los Ejercicios véanse los trabajos citados arriba, nota 49, en
2
particular la Bibliografía de MHSI. Exercitia p.XXV-XXXVI.
206 Ejercicios espirituales

fototípica, realizada en 1908 por los establecimientos Danesi, en


R o m a , fue copiado con toda probabilidad por el p o r t u g u é s
Bartolomé Ferráo (f 1548), el cual desempeñó por los años
1545-1547 el c a r g o de secretario de la Compañía. En 1544 había
regresado a R o m a desde París, terminados sus estudios. Proba-
blemente fue en este año c u a n d o , por e n c a r g o de San I g n a c i o ,
copió el texto definitivo de los Ejercicios. A pesar de q u e el
texto estaba del todo t e r m i n a d o , San Ignacio s i g u i ó corrigién-
dolo, y así el « a u t ó g r a f o » conserva unas 32 enmiendas o añadi-
duras de m a n o del Santo. Por estar compuesto en la l e n g u a en
q u e fue escrita la obra y por el hecho de tener correcciones de
su autor, es claro q u e el « a u t ó g r a f o » es el texto de m a y o r
a u t o r i d a d y el q u e debe servir c o m o base para las traducciones
en otras l e n g u a s .
La « V e r s i o p r i m a » o « a n t i q u a » es una traducción latina,
cuya primera copia fue realizada en 1541 por el joven parmense
J u a n Bautista V i o l a , recién entrado en la Compañía. A esta
copia trasladó el P. Broét a l g u n a s de las correcciones del « a u t ó -
grafo». L l e v a también en a l g u n o s p u n t o s la mano del P. S a l m e -
rón. Otra copia es de 1547, y en ella introdujo a l g u n a s enmien-
das el P. Polanco. L a necesidad de tener a mano una versión
latina se dejó sentir y a en París, cuando entre los ejercitantes
empezaron a contarse, a d e m á s de jóvenes españoles, a l g u n o s de
otras nacionalidades. P o d e m o s , pues, suponer q u e una primera
versión latina se realizó por los años 1528-1535. Su autor fue
probablemente el m i s m o San Ignacio, ciertamente uno que no
era m u y experto en la l e n g u a del Lacio. La « V e r s i o p r i m a » no
solamente es « r u d i s atque i m p o l i t a » , como escribió el P. Codi-
na, q u e la editó p o r primera vez en 1919, sino que además tiene
un sabor m a r c a d a m e n t e español. H a y , con t o d o , pasajes q u e
denotan la m a n o de a l g ú n colaborador, q u e m u y bien p u d o ser
el Beato Fabro. Si tuviésemos q u e señalar un año para su
composición definitiva, p o d r í a m o s optar por el año 1539, es
decir, por aquel tiempo en q u e la elaboración de los Ejercicios
llegó a su término. Esta « V e r s i o p r i m a » , junto con la « V u l -
g a t a » , mereció la aprobación de los examinadores n o m b r a d o s
por la Santa Sede, es decir, el cardenal J u a n A l v a r e z de T o l e -
do, O. P.; Gil Foscarari, « M a e s t r o del Sacro Palacio», y el Vica-
rio del Papa en R o m a , Felipe A r c h i n t o .
« V u l g a t a » latina. L a necesidad de disponer de una buena
versión latina apareció bien p r o n t o , cuando San Francisco de
Borja t u v o la idea de p r o p o n e r al Papa q u e concediese indul-
gencias a aquellos q u e practicasen los ejercicios. No podía
presentarse al S u m o Pontífice u n a traducción tan tosca c o m o la
Introducción 207

« V e r s i o p r i m a » . El incremento q u e iba t o m a n d o la práctica de


los ejercicios hizo imprescindible la tarea de realizar una ver-
sión bien hecha. El e n c a r g o fue confiado al humanista francés
P. A n d r é s des F r e u x ( F r u s i o ) , el cual llevó a término su empre-
sa por los años 1546-1547. A mediados de este ú l t i m o año la
versión había obtenido y a , junto con la « V e r s i o p r i m a » , la
aprobación de los e x a m i n a d o r e s pontificios. Fue entonces cuan-
do San Francisco de Borja interpuso sus buenos oficios para
c o n s e g u i r una aprobación de los Ejercicios de parte del Papa. La
concedió P a u l o III mediante el b r e v e «Pastoralis officii cura»
del 31 de julio de 1548. R a r o p r i v i l e g i o , como notará más
adelante el P. Nadal, q u e un libro obtenga una aprobación tan
solemne. En septiembre de aquel m i s m o año salía en R o m a , de
los talleres de A n t o n i o B l a d o , la primera edición del texto
latino de los Ejercicios.
La « V u l g a t a » reproduce fielmente el pensamiento de San
I g n a c i o , y si a l g u n a vez se distancia del o r i g i n a l español, es para
dar una m a y o r elegancia al estilo. Un atento lector echa de
menos en la « V u l g a t a » la viveza y el v i g o r de a l g u n o s tecnicis-
mos del o r i g i n a l castellano. Con todo, la « V u l g a t a » fue conside-
rada, aun por el m i s m o San I g n a c i o , c o m o el texto auténtico
por el hecho de q u e llevaba la aprobación pontificia. Era el
destinado a la publicación y al manejo de toda clase de directo-
res. A ellos más q u e a los ejercitantes iba e n c a m i n a d o el libro.
Para la m a y o r í a de los ejercitadores era suficiente el texto latino.
Por esto y por la dificultad q u e encontraba en aquellos tiempos
la impresión de libros espirituales en l e n g u a s vernáculas se
explica que la primera edición del texto castellano de los Ejerci-
cios se retrasase hasta 1615.
N o faltaron observaciones de quienes creían q u e el texto de
la « V u l g a t a » se apartaba demasiado del original. Por eso la
C o n g r e g a c i ó n General V de la Compañía de J e s ú s (1593-1594)
dispuso que, antes q u e la « V u l g a t a » se reimprimiese, fuese
confrontada con el español « a u t ó g r a f o » . La comisión encargada
de este trabajo de revisión notó q u e la versión latina difería
poco del español, pero dispuso al m i s m o tiempo que se anota-
ran a l g u n o s pasajes en los q u e el sentido q u e d a b a a l g o oscuro y
que, una vez c o r r e g i d o s , se apuntaran al fin del libro en las
sucesivas ediciones. En la n u e v a edición crítica de Monumenta
Histórica S. I. se han puesto al pie de p á g i n a las correcciones
s u g e r i d a s por la C o n g r e g a c i ó n General.
El P. J u a n Felipe R o o t h a a n , v i g é s i m o p r i m e r General de la
Compañía (1829-1853), en su intento de p r o m o v e r el más exac-
to conocimiento del texto i g n a c i a n o , se p r o p u s o realizar una
208 Ejercicios espirituales

traducción latina literal, q u e se acercase lo más posible al m o d e -


lo, y se dio para ello al estudio de la l e n g u a castellana. Su
traducción v i o la luz por p r i m e r a vez en 1835 y , reproducida en
varias ediciones, ha sido manejada por cuantos, no d o m i n a n d o
el español, han q u e r i d o acercarse lo más posible al texto ori-
ginal.
D e los textos acomodados d i r e m o s solamente lo más esencial,
remitiendo a los lectores a las introducciones q u e preceden a la
edición de cada u n o de ellos en el v o l u m e n de Monumenta
Histórica S. I., Exercitia, Nova editio (1969). El texto de H e l y a r
es el m a n u s c r i t o de los Ejercicios más a n t i g u o q u e poseemos,
h a b i e n d o sido escrito en París hacia el año 1535. Refleja los
Ejercicios tal c o m o fueron propuestos a aquel sacerdote i n g l é s
por el m i s m o San I g n a c i o o por el Beato Pedro Fabro. El
Coloniense contiene el texto de los Ejercicios d a d o s por el Beato
Pedro Fabro a los cartujos de Colonia en 1543 ó 1544. El códice
Martinense, conservado en la Biblioteca del Centro « L e s Fontai-
nes» de Chantilly (Francia), recibe este n o m b r e por proceder del
convento de los Cartujos de St. M a r t e n s b o s , cerca de G r a m -
mont, en el Flandes oriental. El texto de los Ejercicios q u e en él
se contiene procede también del Beato Pedro Fabro. Son los
ejercicios q u e dio el Beato en Colonia a varias personas durante
el año 1543. L o s Exercitia Magistri Ioannis son una explanación
de los Ejercicios debida al P. J u a n Coduri, u n o de los p r i m e r o s
c o m p a ñ e r o s de San I g n a c i o , q u e q u e d ó sin terminar a causa de
la muerte de su autor en 1541. Es un texto p u b l i c a d o por
p r i m e r a vez en la n u e v a edición de Monumenta Histórica, y que
merece ser estudiado c o m o ejemplo de una explanación a c o m o -
dada de los Ejercicios, destinada a un ejercitante desconocido y
realizada bajo la m i r a d a de San I g n a c i o , q u e la consideró como
no del todo c o r r e g i d a («non ita c o r r e p t a » ) . El texto Vallisoletano
recibe este n o m b r e por conservarse en un manuscrito conserva-
do en el c o l e g i o de Ingleses de V a l l a d o l i d . Es un texto castella-
no q u e reproduce g e n e r a l m e n t e el texto a r q u e t i p o , pero intro-
d u c i e n d o a l g u n a s variaciones q u e hacen q u e deba ser considera-
do c o m o un texto a c o m o d a d o .
En la presente edición r e p r o d u c i m o s el texto l l a m a d o autó-
grafo con la ortografía l i g e r a m e n t e modernizada, conforme lo
p u b l i c ó el P. Codina en T u r í n en 1928.
Las breves notas q u e a ñ a d i m o s pretenden ser no una expla-
nación o comentario del texto, sino solamente una simple acla-
ración de a l g u n o s puntos q u e por el arcaísmo de la frase, la
técnica particular de la palabra, lo denso del pensamiento o por
a l g u n a otra razón, presentan dificultad especial. T a n sólo indi-
Introducción 209

camos b r e v í s i m a m e n t e la razón de ser de a l g u n a s piezas más


fundamentales p o r q u e nos ha parecido q u e , si no se tiene a la
vista su finalidad, es imposible comprender ni siquiera el senti-
do de sus frases.
Precisamente p o r q u e prescindimos de todo ulterior comen-
tario, hemos tenido s i n g u l a r empeño en indicar la bibliografía
existente en cada materia. Creemos q u e hacemos con ello un
servicio útil sobre todo en este c a m p o , en q u e , por tratarse
muchas veces de p u n t o s m u y particulares y de naturaleza m u y
distinta, se encuentran los mejores comentarios desparramados
en trabajos aparecidos en las más variadas publicaciones. De
este m o d o , el lector q u e quiera profundizar en a l g ú n aspecto
particular podrá inmediatamente orientarse en su búsqueda.
Señalamos solamente los trabajos especiales de cada u n o de
los puntos. N o i n d i c a m o s los comentarios q u e se hacen de ellos
en los estudios g e n e r a l e s , a no ser en a l g ú n caso verdadera-
mente excepcional por el s i n g u l a r í s i m o v a l o r de la exposición.
La lista de estas obras se puede v e r en la bibliografía general.
BIBLIOGRAFÍA

D a d o el carácter de esta publicación, preferimos, para una


m a y o r utilidad de los lectores, dar una bibliografía sistemática
solamente de las obras principales o de las que j u z g a m o s intere-
san más al público español.
L o s comentarios de a l g u n a de las partes del texto los inclui-
mos en las notas del m i s m o pasaje. A q u í damos sólo los estu-
dios de todo el libro o de aspectos de conjunto de él que no han
sido aprovechados a lo l a r g o de la edición del texto.
Para hacer todavía más útil esta bibliografía i n d i c a m o s ,
c u a n d o creemos oportuno, el valor u orientación de la obra
citada.

1. BIBLIOGRAFÍAS DE CARÁCTER GENERAL

Señalamos las principales:

1. Catalogue de la Bibliothéque des Exercises: CBE 92-99 (1925-1926)


525 p. Es, con mucho, la lista más completa de publicaciones de
Ejercicios que existe. Reproduce la lista de las obras de la Biblio-
teca de Ejercicios de Enghien, actualmente en Chantilly.
2. E. RAITZ v. FRENTZ, Exer^itien-Bibliographie (Friburgo 1940).
a
Aparte y en la 9 . edición de la traducción de Ejercicios hecha
por el P. Feder (Friburgo 1940), Ausgabe B, apéndice, p.48*-
88*. Mucho más útil que la anterior por dar seleccionados
sistemáticamente los trabajos principales de cada uno.
3. C. SOMMERVOGEL, Bibliothéque de la Compagnie de jésus t.14 p.460-
463 y 475-489. índice ordenado sistemáticamente de las obras de
Ejercicios publicadas por los jesuitas.
4. Traen bibliografía muy abundante y útil las obras de A. ORAA,
a
Ejercicios espirituales 6. ed. (Madrid 1960) p.1252-1273; H. Pi-
NARD DE LA BOULLAYE, Exercises t.l (París 1950) p.XII-XXIII, y
el catálogo de la Biblioteca de Ejercicios de Loyola hecho por el
P. Oraa (Oña 1948); ORSINI, Miniera ignaciana 5.° (1353-1369).
Más recientes y completas las del IHSI: L. PÓLGÁR, Bibliogra-
phie... 1901-1980. I; en el apartado referente a Ejercicios: p.265-
374 y 405-408. Y los vols. de I. IPARRAGUIRRE y M. Ruiz
JURADO, Orientaciones bibliográficas... I-II-III, sección IV, A-B.
5. La revista «Manresa», de Barcelona, publicó en su vol.20 (1948)
343-357, la bibliografía de los Ejercicios de 1936-1947, y desde
1949 hasta 1963 ha dado el elenco de todas las publicaciones
referentes a Ejercicios. Puede también verse como guía el trabajo
publicado en la misma revista «Manresa», 21 (1949), Orientaciones
sobre la literatura de los Ejercicios de San Ignacio en los tres últimos
Bibliografía 211

decenios, y T. ARELLANO, Los Ejercicios Espirituales de San Ignacio


de Loyola, estudiados en la revista «Manresa» (1925-1985): M A N R
57 (1985) 117-147; para los artículos de «Christus», Articles sur
les Exercises Spirituels parus dans «Christus» depuis sa fondation en
1954: Christus, hors de serie (1984) 229-232.
6. Bibliografía de las ediciones del autógrafo, de la vulgata y de la
traducción de Roothaan hasta 1915 en Mon. Hist. S. I., Exerc.
p.700-742. En la nueva edición de 1969 p.721-732.

2. EDICIONES DEL TEXTO

La edición crítica del texto en Mon. Hist. S. I., Exercitia spir. et eorum
Directoría (Madrid 1919) p.1282. Preparada con diligencia v
exactitud admirables por el P. Codina. Se editan a cuatro colum-
nas el autógrafo, la traducción primera de hacia 1534, la versión
vulgata y la traducción del P. Roothaan. Segunda edición, a
cargo de los PP. Calveras y Dalmases: Exercitia spiritualia: Tex-
tuum antiquisimorum nova editio (Roma 1969). Mon. Hist. S. I.
vol. 100.

Ediciones manuales más útiles:


1. Autógrafo y versión del P. Roothaan en latín (ed. preparada por
el P. Codina a base de la de Monumenta, Turín 1928) p.354.
Edición muy nítida y manejable.
a
2. Ejercicios espirituales. Directorio y documentos de San Ignacio 2 . ed.
(Barcelona, Balmes, 1958) p.519. Edición preparada por el
P. Calveras con paráfrasis literaria de algunos términos más densos u
oscuros, indicación de variantes de otros manuscritos y traduc-
ciones. Además, añade documentos de San Ignacio que pueden
iluminar el sentido de los Ejercicios, formando con ellos una
especie de directorio ignaciano, más un vocabulario muy amplio
y útil de los Ejercicios.
3. Los Ejercicios espirituales de San Ignacio, anotados por el P. JUAN
ROOTHAAN. Introducción y traducción de las notas por el P. T.
a
TONI, 3 . ed. (Zaragoza, Hechos y Dichos, 1959) p.504. Publica
el autógrafo con las notas del P. Roothaan en castellano, más
nueve apéndices muy útiles, como el que señala los pasos en que
el P. La Palma explica cada número, las citas de los trabajos de
la revista «Manresa», las concordancias con el comentario a las
Constituciones del P. Aicardo, el Directorio y el Kempis.
4. Ejercicios espirituales (Santander, Sal Terrae, 1987) p.216. Introduc-
ción, texto, notas y vocabulario del P. C. DE DALMASES. Dedica-
do a divulgar el auténtico pensamiento del santo autor. Pone al
servicio de los directores, o traductores, los últimos resultados
de la crítica textual.
5. Ejercicios Espirituales de San Ignacio (Madrid, Apostolado de la
Prensa). Edición de bolsillo.
212 Ejercicios espirituales

6. Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Eoyola (Madrid, Secretariado


de Ejercicios, 1976), p.63. Tamaño de cuaderno.
7. Ejercicios Espirituales (Madrid, Edapor, 1982) p.95. Con el texto en
castellano actualizado.

3. GÉNESIS Y FUENTES DEL TEXTO

H. WATRIGANT, Ea génése des Exercises spir.: Études 71 (1897) 506-592;


72, 195-216; 73, 199-229, y con notas complementarias en Amiens
1897 p . l l l . Watrigant sacó la cuestión de las dependencias del
punto muerto en que la habían metido el tono defensivo y pasio-
nal de los trabajos anteriores.
A. CODINA, EOS orígenes de los Ejercicios espirituales (Barcelona 1926)
p.XVI + 309. El más detallado análisis de los textos en los que se
ha visto alguna probabilidad de haber influido en San Ignacio. Se
fija tan sólo en la dependencia puramente literaria y verbal.
A. ALBAREDA, S. Ignasi a Montserrat (Monestir de Montserrat 1935).
P. DE LETURIA, Génesis de los Ejercicios de San Ignacio y su influjo en la
fundación de la Compañía de jesús (1521-1540): Estudios ignacianos
(Roma, Inst. Hist. S. I., Via dei Penitenzieri, 20, 1957) vol.2 p.3-
a
55; y El gentilhombre Iñigo de Eoyola (Barcelona 1950) 3 . ed. c.4
(Dependencias loyoleas). Además de analizar las dependencias lite-
rarias, examina las más internas del medio ambiente y de reaccio-
nes psicológicas.
H. PINARD DE LA BOULLAYE, Ees étapes de rédaction des Exercises (París
a
1950) 7. ed. p.76. Estudio completo de la gestación interna del
libro. De particular valor el estudio de las variantes desde 1534.
H. RAHNER, I., Ignatius von Eoyola und das geschichtliche Werden seiner
Frommigkeit (Viena 1947) 6.125 (tr. franc. de G . DE VAUX, puesta
al día, Ea génése des Exercises [París 1989 = Christus 69]). Libro de
conjunto en que se penetra profundamente en la misma alma de
San Ignacio.
2
Mon. Hist. S. I. Exercitia spiritualia (Roma 1969). Trata de la génesis y
de las fuentes del libro de los Ejercicios en las p.4-64.
J . JIMÉNEZ, Formación progresiva de los Ejercicios ignacianos. Primera parte:
Eoyola y Montserrat (Universidad Católica de Chile, Santiago 1969).
Anales de la Facultad de Teología 20 (1968-1969) 23-116. Segunda
parte: Manresa (Temasgenerales). Anales de la Facultad de Teología
21 (1970) 39-112.
C. DE DALMASES, Ejercicios Espirituales (Santander, Sal Terrae, 1987)
p.11-31.
Cita de los estudios principales de dependencias aisladas en I. IPARRA-
GUIRRE, Orientaciones sobre la literatura de Ejercicios: MANR 21
(1949) 259-263, y en las notas de la presente introducción.

4. HISTORIA DE LOS «EJERCICIOS»


I. DIERTINS, Historia exercitiorum spiritualium, ed. H. WATRIGANT (Lille
1887) p.323. En forma de anales sólo hasta la muerte de San
Ignacio.
Bibliografía 213

H. BERNARD, Essai historique sur les Exercises spir. de S. lgnace (1521-


1599) (Louvain 1926) p.VIl + 262. Sugestivo, aunque no siempre
fundado. Toca sólo unos pocos puntos.
I. IPARRAGUIRRE, Historia de los Ejercicios (Instituto Hist. S. I., Mensa-
jero del C. de J . , Roma-Bilbao) I (1946) 52*-320; II 37*-587; III
32*-592.

5. ESTUDIOS SOBRE LA TEORÍA

A. GAGLIARDI (1535-1607), Commentarii sen explanationes in Ex. (Bru-


ges 1882) VIII + 200. Lo mejor de la obra, la parte «de discretio-
ne spirituum».
L. DE LA PALMA (1556-1641), Camino espiritual de la manera que lo enseña
el B. P. S. Ignacio en su libro de los Ejercicios (Madrid, Apostolado de
la Prensa, 1944). Comentario clásico por excelencia. Por desgracia,
se publicó sólo la primera parte del proyecto total. Con todo, se
encuentra lo esencial de todos los Ejercicios. Nueva edición: Obras
del Padre Ea Palma. Historia de la Sagrada Pasión. Camino espiritual,
por Francisco X. RODRÍGUEZ MOLERO (Madrid, BAC, n.261).
F. SUÁREZ, De religione S. I. 1.9. c.5-7: ed. Vives, t.16 p.1017-1045.
I. DIERTINS (1626-1700), Sensus Exercitiorum explanatus (Torino 1838).
P. FERRUSOLA (1705-1771), Ejercicios espirituales (Manresa 1886).
A. DENIS (1818-1892), Commentarii in Exercitia spiritualia S. P. N. Ign.
4 tomos (Malinas 1891-1893). Se inspira en el P. Roothaan. Co-
mentario amplio y profundo de las palabras del texto.
[V. MERCIER (1838-1905)], Manuel des Exercises de S. lgnace (Poitiers
1896) p.573. Resumen magnífico de los principales comentadores.
Se le suele citar frecuentemente bajo las letras A.M.D.G. que
encabezan la edición anónima.
J . NONELL, Ejercicios. Estudios sobre el texto (1916) p.214. Conocimiento
muy profundo del texto, a veces demasiado sutil. En conjunto,
uno de los mejores comentarios literales.
a
J . GUTIÉRREZ, Manual de los Ejercicios espirituales 3. ed. (Bilbao 1929).
Inspirado en Mercier, amplía los extractos de los mejores comen-
tadores.
Fr. CALCAGNO, Ascética ignaciana p. I. «Documenta» (Turín 1936) 478.
Trad. española del P. Evangelista de Novelda, O.F.M. Cap. (Va-
lencia 1947).
L. AMBRUZZI, SantTgnasjo. Gli eserci^i spirituali. Traduzione e com-
mento (Firenze 1943).
0 . MARCHETTI, Gli eserci^i. I. «II pensiero ignaziano» (Roma 1945).
Traducción española: El pensamiento ignaciano (Bilbao, Mensajero,
1965).
1. CASANOVAS, Comentario j explanación de los Ejercicios espirituales. Tra-
ducción del catalán por el P. Isla, t.l, «Teoría-Directorio-Prepara-
ción» (Barcelona 1945) 354. Uno de los comentarios más psicoló-
gicos del espíritu de los Ejercicios y a la vez más fieles a la letra del
texto.
J . CALVERAS, Qué fruto se ha de sacar de los Ejercicios espirituales de San
214 Ejercicios espirituales

a
Ignacio 2 . ed. (Barcelona 1950) p.430. Estudio profundo de la
armazón interna del proceso ignaciano. Un resumen vulgarizador
del libro es el folleto del P. J . ROIG GIRONELLA Teoría de los
a
Ejercicios espirituales. Estudio sintético 2 . ed. (Barcelona 1955) p.57,
y MANR 15 (1943) 341-357.
I. IPARRAGUTRRE, Eíneas directivas de los Ejercicios ignacianas (Bilbao
1949) y la edición italiana aumentada: Introdu^ione alio studio degli
Eserci\i (Roma, Pont. Universitá Gregoriana, 1951).
a
Dirección de una tanda de ejercicios 2 . ed. (Bilbao, Mensajero del Cor.
de J . , 1962) p.202; tr. italiana (Selecta, Milano 1961) p.201; tr. in-
a
glesa, 2 . ed. (The Newman Press, Westminster 1961) p.188;
tr. portuguesa (Braga, Mensageiro, 1961) p.190.
L. GONZÁLEZ-I. IPARRAGUIRRE, Ejercicios espirituales. Comentario pasto-
ral (Madrid 1965 = BAC 245). La primera parte: Comentario
histórico pastoral, por el P. Iparraguirre, presenta en una breve
síntesis las opiniones de los vatios comentaristas acerca de cada
uno de los puntos de los Ejercicios. La segunda parte: Comentario
práctico-pastoral, por el P. L. González, contiene gran cantidad de
esquemas para el desarrollo de las meditaciones y documentos de
los Ejercicios.
H. COATHALEM, Commentaire du livre des Exercises (París, Desclée
1965 = Christus 18).
Los ejercicios de San Ignacio a la lus- del Vaticano II. Edición elaborada
por CLEMENTE ESPINOSA, S. I. (Madrid, BAC 280). Reúne los
trabajos presentados por varios especialistas en el Congreso inter-
nacional de Ejercicios espirituales celebrado en Loyola, del 16 al
27 de agosto de 1966.
G. CUSSON, Pédagogie de l'expérience spirituelle personnelle. Bible et Exerci-
ces spirituels (Bruges-Paris, Desclée, 1968 = Essais pour notre
temps 4). Un estudio serio sobre la dinámica interna del proceso
espiritual que suscitan los Ejercicios en relación con sus bases
bíblicas.
W . PETERS, The Spiritual Exercises of St. Ignatius. Exposition and Inter-
pretation (Jersey City 1968). Traducción italiana: Gli Esercisj Spiri-
tuali di S. Ignacio. Esposi^ione et interpreta^ione (Padova, Ed. Grego-
riana 1971).
G. CUSSON, Conduis-moi sur le chemin d'éternité. Les Exercises dans la vie
courante (Montréal-Rome, Bellarmin-PUG, 1973). Trad. española:
Los Ejercicios en la vida corriente (Santander, Sal Terrae, 1976).
CH. A. BERNARD, Pour mieux donner les Exercices ignatiens (Roma, CIS,
1979). Trad. italiana: Per daré meglio gli Exerci^i igna^iani (Roma,
CIS 1986).
J . LEWIS, Connaissance des Exercices Spirituels de saint lgnace (Montréal,
Bellarmin 1981). Los temas claves para entender los Ejercicios,
bien explicados. Trad. española: Conocimiento de los Ejercicios Espiri-
tuales de San Ignacio (Santander, Sal Terrae, 1987).
M. VERHEECKE, L'itinéraire du chrétien d'apres les Exercises Spirituels
d'lgnace de Loyola et ses présupposés anthropologiques (Louvain la Neu-
ve 1984). Tesis doctoral en la Universidad Católica de Lovaina.
Bibliografía 215

Comenta muy bien el itinerario cristiano contenido en los Ejerci-


cios.
A. CHAPELLE, La pratique littérale des Exercises... individuellement guide's
(Roma, CIS, 1 9 8 6 ) .
Puede verse la lista de otros estudios alemanes sobre el engranaje del
texto en Orientaciones sobre la literatura de ejercicios: MANR 2 1
(1949) 268.

6. COMENTARIOS-EXPOSICIONES

I. IPARRAGUIRRE, Comentarios de los Ejercicios ignacianos (Siglos XVI-


XVII). Repertorio crítico (Roma, Instituto Histórico de la Compa-
ñía de Jesús, 1 9 6 1 . Subsidia ad bistoriam Societatis Iesu 6 ) . Es un
repertorio bibliográfico de los comentarios a los Ejercicios de San
Ignacio escritos en varias lenguas en los siglos xvi y x v n .
La mayoría de los libros publicados sobre ejercicios van entrelazando
la explicación de la teoría con la explanación de las meditaciones y
de los documentos. No debe de andar lejos del millar el número
de esta clase de libros. Daremos la lista sólo de los comentadores
más señalados y de los expositores que han alcanzado mayor
aceptación. Algunos tienen ya traducciones a diversas lenguas.

En latín:
A. LE GAUDIER ( 1 5 7 2 - 1 6 2 2 ) , Introductio adsolidam perfectionem per manu-
ductionem ad S.P.N. Ex. Spir. (París 1 6 4 3 , Turín 1 9 0 4 ) . Obra de
singular mérito. El Bto. La Colombiére siguió este texto en el mes
de ejercicios.
D. PAWLOWSKI ( 1 6 2 6 - 1 6 7 3 ) , Reco/lectiones decem dierum (Cracovia 1 6 7 2 ) .
Varias traducciones españolas en el siglo x i x , época en que fue
muy usado.
F. NEUMAYR, Via compendil ad perfectionem statui religioso competentem...
Pars prima. Meditationes (Augustae-Monachii-Ingolstadii, Crátz-
Summer, 1 7 5 7 ) . Para ocho días de Ejercicios.
FR. VON HUMMELAUER ( 1 8 4 2 - 1 9 1 4 ) , Meditationum et contemplationum
A
S. Ign. puncta (Friburgo 1 9 0 9 ) 2 . ed. Uno de los comentarios que
presentan mejor el enlace de las meditaciones.

En castellano:
S. IZQUIERDO ( 1 6 0 1 - 1 6 8 1 ) , Práctica de los Ejercicios (Sevilla 1 7 4 4 ) ; cf.
MANR 3 ( 1 9 2 7 ) 1 4 7 - 1 5 5 .
B. DE MONCADA ( 1 6 8 3 - 1 7 6 8 ) , Arte de la santidad explicada (Poyanne
1877).
I. BELLECIUS (polaco) ( 1 7 0 4 - 1 7 5 7 ) , Madrid (múltiples ediciones, la
última en el Apostolado de la Prensa, 1 9 4 5 ) . Obra clásica traduci-
da a las principales lenguas.
M. MESCHLER (suizo) ( 1 8 3 0 - 1 9 1 2 ) , Explanación de las meditaciones del
A
libro de los Ejercicios 6 . ed. esp. (Madrid, FAX, 1 9 5 7 ) . Obra
magnífica principalmente en las contemplaciones sobre Jesucristo.
216 Ejercicios espirituales

J . NONELL, Ejercicios espirituales (Manresa 1896).


a
G . UBILLOS, EOS Ejercicios de San Ignacio 3 . ed. (Bilbao 1942).
I. CASANOVAS, Comentario y explanación de los Ejercicios. Trad. del catalán
de los PP. Isla y Quera (Barcelona 1945-48) vol.6. Obra de valor
excepcional en su conjunto.
A. ENCINAS, Los Ejercicios de San Ignacio. Explanación y comentario
manual para formar directores de Ejercicios y para ¡a oración mental
a
diaria 2 . ed. (Santander, Sal Terrae, 1954). Desentraña el valor de
los principios ignacianos básicos de los Ejercicios.
A. ORAA, Ejercicios espirituales de San Ignacio. Explanación de las medita-
a
ciones y documentos 6 . ed. (Madrid 1960). Obra muy copiosa y
erudita que ha tenido gran aceptación.
a
J . CALVERAS, Práctica de los Ejercicios de San Ignacio 4 . ed. (Barcelona,
Balmes, 1962).
E. HERNÁNDEZ, Ejercicios ignacianos completos, t.l: Meditaciones y contem-
a
placiones 3 . ed. (Pontificia Universidad Comillas, 1963).
a
M. M. ESPINOSA POLIT, LOS Ejercicios de San Ignacio. Meditaciones y
comentario. Tomo I: Principio y Fundamento. Primera semana.
Tomo II: Reino de Cristo. Segunda semana. Elección. Reglas de
discreción de espíritus (Quito 1960, 1966).
A. TORRES, Obras completas. Ejercicios. Ttes tomos de las Obras comple-
tas (Madrid 1969-1971), distribuidos por la BAC.
M. RUIZ JURADO, Práctica abreviada de los Ejercicios Espirituales de
S. Ignacio (Barcelona, Balmes, 1978). Con introducciones y ayudas
prácticas a la actuación personal del método. Trad. portuguesa
(Sao Paulo 1989); italiana: Per una sperien^a nello Spirito (Roma
1990).
M. PLAZA-M. BOISVERT, LOS Ejercicios personalizados en la vida corriente
(Santander, Sal Terrae, 1981). Orientaciones pedagógicas y fichas
de trabajo.
Mons. D. LÓPEZ RUYALES, Manual de los Ejercicios Espirituales según San
Ignacio, metódicamente ordenado (Burgos, Impr. Monte Carmelo,
1984) p.770.
R. GUTIÉRREZ ESCALANTE, Ejercicios Espirituales. Hojas prácticas para la
rejorma de vida (Cuernavaca-México, Casa de Ejercicios, 1985).
J . A. GOYOAGA, Una experiencia de Ejercicios (Roma, CIS, 1986). Con
abundante materia.
M. A. FIORITO, Buscar y hallar la voluntad de Dios (San Miguel-Buenos
Aires, Ed. Diego de Torres, 1989) 2 vols. Uno de los más comple-
tos para la práctica pastoral.
En portugués:
A. CARNEIRO (1662-1737), Exercicios (Coimbra 1710).
L. SANTINI, Lembranca do santo retiro (Petrópolis 1937).
A. MONTEIRO, Exercicios (Petrópolis 1950).
Exercicios na vida cotidiana (EVC): I. Livro de orientador. II. Fichas do
Exercitante (Sao Paulo, Loyola, 1987).
J . LAPLACE, Exercicios Espirituais de trinta dias (Sao Paulo, Loyola,
1981).
Bibliografía 217

En francés:
A. LE GAUDIER ( 1 5 7 2 - 1 6 2 2 ) , Introductio ad solidam perfectionem per manu-
dictionem ad S.P.N. Exercitia Spiritualia integro mense obeunda (Paris
1 6 4 3 ) . Buena explicación del método. Aplicación particular a jesui-
A
tas en 3 . probación.
J . NOUET ( 1 6 0 5 - 1 6 8 0 ) , E'homme d'oraison (Paris 1 8 7 8 ) . También en
latín y castellano.
F. NEPVEU ( 1 6 3 9 - 1 7 0 8 ) , Retraite seion l'esprit et la méthode de S. lgnace
(Dijon 1 8 5 5 ) . Trad. española editada en Valladolid, 1 8 9 5 .
A. DE PONLEVOY, Retraite (Lille 1 8 6 3 ) . Análisis muy sugerentes.
G. LONGHAYE ( 1 8 3 9 - 1 9 2 0 ) , Retraite annuelle de huit jours (Paris 1 9 2 5 )
A
3 . ed. Meditaciones de pensamientos excepcionalmente bellos y
profundos. Tr. italiana (Roma, La Civiltá Catt., 1 9 5 5 ) ; tr. abrevia-
da española (México, Buena Prensa, 1 9 5 2 ) .
A
H. PINARD DE LA BOULLAYE, Exercises spirituelles 8 . ed. (Paris 1 9 5 1 -
54) 4 vols. Gran variedad y riqueza de planes y meditaciones.
Trata con gran erudición toda clase de cuestiones.
A. VALENSIN, AUX sources de la vie intérieure. Une grande retraite (Bey-
routh 1 9 4 0 - 4 1 ) 4 vols.; tr. española (Santander, Sal Terrae, 1 9 5 2 ) .
F. MOLLAT, Maitre, oú habite^ vous? Une retraite avec S. lgnace de Loyola
(Paris, Aubier, 1 9 5 8 ) . Sabe encontrar el fondo evangélico de mu-
chas meditaciones y aplica los principios ignacianos a los proble-
mas de hoy.
A. RAVIER, En retraite che^ soi (Paris, Guy Víctor, 1 9 6 7 ) .
M. LEDRUS, Thémes pour les Exercicies Spirituels de la troisiéme probation
(Roma, CIS, 1972). Tiene traducciones al español, inglés e italiano.
E. POUSSET, La vie dans la foi et la liberté. Essai sur les Exercises
spirituels de S. lgnace de Loyola (Paris, Centre d'Études et de
recherches philosophiques, 1 9 7 2 ) .
J . LAPLACE, Une expérience de vie dans l'Esprit. Dix jours dans la
A
tradition des Exercises spirituels (Lyón, Chalet, 1 9 7 3 ) ; 2 . ed. rev.,
Paris 1 9 8 6 ) . Trad. española (Santander 1 9 8 7 ) , inglesa (Chicago
1977).
B. DE MARGERIE, Retraite théologique avec des Exercices de Saint lgnace de
Loyola (Montsürs, Résiac, 1 9 8 1 ) .
A. DUCHARME, Cheminer dans famour de Dieu (Longueuil-Senegal, Villa
A
S. Rene Goupil, 1 9 8 4 ) . 3 . ed. En fascículos de hojas para distri-
buir al ejercitante, a juicio del director.
Cbercher et trouver Dieu (Paris, Assas, 1 9 8 4 ) . Comentario logrado re-
uniendo los artículos sobre Ejercicios aparecidos en la revista
Christus: n . l 2 4 de Christus, hors de serie.
H. SANSÓN, Liberté spirituelle. Retraite en terre d'ls/am (Roma, CIS,
1988).

En alemán:
J. PERGMAYR ( 1 7 1 3 - 1 7 6 5 ) , Gründliche Erwdgungen ewiger Wahrheiten
(Graz 1 9 3 4 ) .
F. LÓFFLER ( 1 8 3 4 - 1 9 1 1 ) , Exer^itien fiir Ordensleute (Innsbruck 1 9 3 0 ) .
218 Ejercicios espirituales

H. SCHILGEN, Itt der Schule hoyólas (Friburg 1935).


W. SIERP, Hochschule der Gottesliebe (Warendorf 1940) 4 vols. Una de las
más completas explanaciones.
La obra de Meschler la damos en su traducción castellana.
P. LIPPERT, Der Mensch %u Gott. Exer^itienvortrdge (München, Ars
Sacra, 1954). Ej. de cinco días a educadoras.
G . MÜHLENBROCK, Aktion nach innen. Exerzitien und Einkehrtage für
die Jugend. Uberlegungen und Vorschláge (Dusseldorf, Alten-
berg, 1960). Observaciones, sugerencias, esquemas, problemas de
ejercicios a jóvenes.
K. RAHNER, Betrachtungen %um ignatianischen Exercitienbuch (München,
Kósel Verlag, 1965). Traducción española por J . BLAJOT, Medita-
ciones sobre ¡os Ejercicios de San Ignacio (Barcelona, Herder, 1971).
Existen traducciones en francés por H. ROCHÁIS, en inglés por K.
BAKER y en italiano por A . BELARDINELLI.
B. HAPIG, Die einsame Strasse. Entjaltung des Gnadenlebens der Seele und des
hbheren Gebetes nach den Exercitien des heiligen Ignatius (Berlín 1966).

En italiano:
C. ETTORI (1700), Ritiramento spirituale (Venezia 1686).
J . P. PINAMONTI (1632-1703), Exercisj spirituali (Novara 1844).
G . BUCCERONI (1841-1918), Eserci^i spirituali proposti agli ecclesiastici
(Roma 1908). Trad. española en Barcelona, 1918.
P. DELL'OLIO, Esercisj spirituali (Isola dei Liri 1934).
O. MARCHETTI, Gli eserci^i spirituali. II. Ee meditasjoni (Roma 1941).
Trad. española en Bilbao, Mens. del C. de J .
P. ORSINI, Miniera ignaciana 4 vols. (Torino 1942-1950). Material
copiosísimo con abundancia de esquemas, ejemplos y material
para predicación.
G . PORTA, Ducam in solitudinem (Roma 1939-1940) 2 vols. No faltan
observaciones de gran valor para la interpretación del texto.
L. ROSA, Mese degli Esercisj spirituali (Bassano 1948). Interpreta el
pensamiento ignaciano con mucha fidelidad.
Los ejercicios de Calcagno, indicados en su traducción española.
G . GAMBONI, Gli esercisj spirituali. Testo e commento in otto giorni
(Napoli 1956).
L. AMBRUZZI, Alia scuola di S. Ignacio. II completo manuale dei santi
Esercizi (Vicenza, Favero, 1961). Ha volcado su gran experiencia
y conocimiento de los ejercicios. De sus anteriores citamos su
libro traducido al castellano Esercizi sacerdotali secando S. Ignacio y
el Vademécum del sacerdote negli esercizi.
I. IPARRAGUIRRE, Alia luce del tuo volto (Torino-Leumann, ELLE DI
CI, 1969). Ejercicios de ocho días a religiosas.
W.-H. LONGRIDGE-A. TULUMELLO, Gli Esercizi Spirituali presentati da
un anglicano (Napoli, Dehoniane, 1970). Condensación de otros
volúmenes traducidos del inglés por TULUMELLO.
A. DIONISI, SantTgna^io di Eoyola. Esercizi spirituali. Ea spiritualita del
servicio (Roma, Cittá Nuova Editrice, 1972).
Bibliografía 219

P. SCHIAVONE, / / p r o g e t t o del Padre. Eserci^i igna^iani e voca^ione (Roma,


Rogate-CIS, 1 9 8 1 ) . Comentario amplio sin seguir del todo el texto
ignaciano.

En inglés:

A. CHRISTIE, The spiritual Exercises (London 1 8 8 6 ) .


A. GALGIEL, An eight day's retreat (St. Louis 1 9 1 4 ) .
J . RICKABY ( 1 8 4 5 - 1 9 3 2 ) , The spiritual Exercises (London 1 9 2 3 ) .
C. BLOUNT, Leading Meditations of the Spir. Exerc. (New York y Lon­
don 1928).
F. ZULUETA, Guide for Retreat (London 1 9 3 1 ) .
G. NBLISS, Retreat with S. Ignatius (London 1 9 3 6 ) .
A
H. GABRIEL, An eight day's retreat for Religious (New York 1 9 3 4 ) 4 . ed.
Traducida al italiano.
ED. LEEN, C.S.Sp., Retreat Notes for Religious (New York, P. J . Ke-
nedy and Sons, 1 9 5 9 ) . Numerosas aplicaciones prácticas.
J . MCQUADE, HOW to give the Sp. Exercises of St. Ignatius to Lay Apostles
(Chicago, Loyola University Press, 1 9 6 2 ) .
F. HUMMELAUER, The plan of the Spiritual Exercises of Saint Ignatius of
Eoyola, from the «Puncta meditationum et contemplationum S. P. lgna­
tii» (Manila 1 9 6 7 ) . Notas esquemáticas por el P. James P. Moran,
basadas en la obra del P. Hummelauer (cf. Ejercicios en latín).
D. M. STANLEY, A Modern Scriptural Approach to the Spiritual Exercises
(Chicago, Institute of the Jesuit Sources, 1 9 6 7 ) .
W . PETERS, The Spiritual Exercises of St. Ignatius. Exposition and inter-
pretation (Jersey City 1 9 6 8 ) . Traducción italiana por G. MELLINA-
TO y G. DISSEGNA (Padova, Editrice Gregoriana, 1 9 7 1 ) .
D. L. FLEMING, A contemporary reading of the Spiritual Exercises. A
companion to St. Ignatius text (Saint Louis, Institute of the Jesuit
Sources, 1 9 7 6 ) .
J . A. GOYOAGA, An Experience of the Spiritual Exercises (Manila 1 9 8 4 ) .
Place Me withyour Son. The Spiritual Exercises in Everyday Eife (Baltimo-
re, Maryland Province S. I., 1 9 8 5 ) . Para jesuitas en la vida ordina­
ria.
J . NEUNER, Walking with Him (Gujarat-Roma, 1 9 8 5 ) . Dirigido a ejerci­
tantes de una cierta cultura.
H. GREEN, A Vacation with the Lord. A personal directed retreat (Notre-
Dame-Ind., Ave María, 1 9 8 6 ) . Con particular énfasis en la discre­
ción de espíritus.
Para otros comentarios, véanse tomos I-II de Orientaciones bibliográficas
sobre San Ignacio de Loyola del IHSI.
INDULGENCIAS
Se concede indulgencia plenaria a los fieles que practiquen los
ejercicios espirituales a lo menos por tres días enteros. Encbiridion
3
indulgentiarum ( 1986) n.25 p.56.

ORACIÓN «ALMA DE CRISTO»

Alma de Cristo, santifícame.


Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
¡Oh mi buen Jesús, óyeme!
Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de Ti.
Del maligno enemigo, defiéndeme.
En la hora de mi muerte, llámame.
Y mándame ir a Ti
Para que con tus santos te alabe
1
Por los siglos de los siglos. Amén .

1
Esta conocida oración, prescrita por San Ignacio en el segundo y tercer modo de
orar y todas las veces que manda hacer los tres coloquios, se encuentra ya en varios
códices del siglo xiv. Varias veces se dice en ellos que Juan XXII (1316-1334) la había
enriquecido con tres mil días de indulgencia y otras extraordinarias. En el siglo xv se
solía incluir en los libros de Horas y en muchos manuales de devoción.
T. Natalini, estudiando manuscritos, ha llegado hasta la primera mitad del s. xv con
la redacción larga, y al s. xiv con la breve, que parece ser la primitiva: Divinitas 8 (1964)
285-295. Sobre su posible relación con una forma latina de la oración a Jesús crucificado
de Juan de Dalyatha, cf. J . MUNITIZ: Easter Churches Review 6 (1974) 170-180.
En las últimas invocaciones hay variantes muy importantes. Aun en las usadas en
España hay varios tipos. Por ello no es fácil precisar el texto exacto que usó San Ignacio,
ya que no se incluyó la letra de la oración ni en el autógrafo ni en las ediciones hechas
hasta 1576. P. DE LETURIA, Estudios lgn. 2 p.133-148; V. BAESTEN, CBE 43 (1913);
Z . GARCÍA VILLADA, Est. Eccles. 1 (1922) 376-379; H. TH-RSTON, Dict. de spirit. I 670-
672. Véase la explanación de la oración hecha por E. PÉREZ y B. MARTIN, Seele Christi,
betlige micb: Geist und Leben, 25 (1952) 137-146; STRACKE, Ziele Christi, belig mig (Tielt
1953); J . CARRASCAL, Alma de Cristo (Santander 1953). A los que rezan la oración
«Anima Christi» se les concede indulgencia parcial. Cf. Encbiridion indulgentiarum. Normas et
concesiones (Roma 1968) n.10 p.48-49; RICARDO GARCÍA-VILLOSLADA, «Anima Christi».
Origen y evolución de esta plegaria medieval: Manresa 51 (1979) 119-144; A. WALZ, Ea plegaria
«Anima Christi»: Teología espiritual 8 (1964) 125-134. Una lista de las nuevas traduccio-
nes de los Ejercicios puede verse en la p.305.
EJERCICIOS ESPIRITUALES

[1] i ANNOTACIONES PARA TOMAR ALGUNA INTELIGENCIA EN


LOS EXERCICIOS SPIRITUALES QUE SE SIGUEN, Y PARA
AYUDARSE, ASÍ EL QUE LOS HA DE DAR COMO EL QUE LOS
2
HA DE RESCIBIR .
a
1 . anotación. 2 La primera annotación es q u e , por este
n o m b r e , exercicios spirituales, se entiende todo m o d o de exami-
nar la consciencia, de meditar, de contemplar, de orar vocal y
mental, y de otras spirituales operaciones, según q u e adelante se
dirá. 3 P o r q u e así c o m o el pasear, caminar y correr son exerci-
cios corporales, por la m e s m a manera todo m o d o de preparar y
3
disponer el ánima, para quitar de sí todas las affecciones desor-
4
d e n a d a s , 4 y después de quitadas para buscar y hallar la volun-
5
tad d i v i n a en la disposición de su v i d a para la salud del á n i m a ,
se l l a m a n exercicios spirituales.
a
[2] 2. 1 L a s e g u n d a es q u e la persona que da a otro
5
m o d o y o r d e n * para meditar o contemplar, debe narrar fiel-
mente la historia de la tal contemplación o meditación, discu-
rriendo solamente por los punctos con breve o sumaria declara-
ción; 2 p o r q u e la persona q u e contempla, t o m a n d o el funda-
mento v e r d a d e r o de la historia y discurriendo y raciocinando
por sí m i s m o y hallando a l g u n a cosa que haga un poco más
2
Estas anotaciones son como un prólogo a los ejercicios. San Ignacio condensó en
ellas los criterios más fundamentales que ha de tener en cuenta el director. Son como un
esquema de un directorio. Tienen, según indica claramente el título, una doble finalidad:
teórica: «inteligencia», y práctica: «para ayudarse». Dada la densidad de doctrina encerra-
da en ellas y los múltiples aspectos que se consideran, se pueden hacer muy distintas
divisiones, según el diverso punto de vista desde donde se consideren. Prescindiendo de
esquemas más o menos arbitrarios, digamos que en ellas se explica la naturaleza y fin de
los ejercicios (1); el modo general de proceder (2-3); las partes y la duración (4); la
disposición fundamental requerida en el ejercitante (5); conducta del director con el
dirigido en los puntos más vitales y en los obstáculos principales que pueden sobrevenir
al ejercitante (6-17); modo de adaptar los ejercicios a las diversas clases de ejercitantes
(18-20). LA PALMA, Camino espiritual 1.4 c.31; P. WAMY, CBE 29-30 (1910); E. BASABE,
S.I., MANR 19 (1947) 275-339; A. CHAPELLE, CahSpir Ign 8 (1985) 47-160.
3
«amor, poco o mucho..., del que a veces no nos damos cuenta, pero que en la hora
de las deliberaciones nos inclina..., despertando en nosotros deseos o repugnancias
inspiradas por él, desde lo más oculto del corazón donde se asienta» (CASANOVAS,
Ejercicios I 304). Cf. J . CALVERAS, Quitar de sí todas las afecciones desordenadas: MANR 1
(1925) 27-33.118-128.
4
Desordenado se entiende lo que no es conforme a la norma de orden del principio y
fundamento. Es «el amor a personas y cosas y a sí mismo que no se funda en motivos
espirituales». El quitarlas todas exige ordenar todos los amores naturales, espiritualizándo-
los, si de ello son capaces». CALVERAS, MANR 28 (1956) 155; ID., Práctica de los Ejercicios
de San Ignacio (Barcelona, Edit. Balmes, 1964) p.37; F. MEURES, Korrespondez zur
Spiritualitát der Exerzitien 35 (1985) 2-69.
5
Sobre esta búsqueda y encuentro de la voluntad divina: J . CALVERAS, ¡ES lícito
querer saber la voluntad de Dios por vía directa?: MANR 14 (1942) 247-269; Cf. ESPINOSA,
ñuscar y hallar la voluntad divina según San Pablo j según San Ignacio: MANR 44 (1972) 25-52.
5
* Estudian el sentido de la frase «dar a otro modo y orden»: C. GRAVADO, en
MANR 56 (1984) 33-43, e I. IGLESIAS, ibid., 61 (1989) 355-366.
222 Ejercicios espirituales

declarar o sentir la historia, 3 q u i e r por la raciocinación propia,


q u i e r sea en q u a n t o el entendimiento 4 es ilucidado por la
virtud d i v i n a , es de más g u s t o y fructo spiritual q u e si el q u e da
los exercicios hubiese m u c h o declarado y a m p l i a d o el sentido
de la historia; 5 p o r q u e no el m u c h o saber harta y satisface al
6
ánima, mas el sentir y g u s t a r de las cosas i n t e r n a m e n t e .
a
[3] 3. 1 L a tercera: c o m o en todos los exercicios si-
g u i e n t e s spirituales u s a m o s de los actos del entendimiento dis-
curriendo y de los de la v o l u n t a d affectando; 2 a d v e r t a m o s q u e
en los actos de la v o l u n t a d , q u a n d o h a b l a m o s v o c a l m e n t e o
mentalmente con Dios nuestro Señor o con sus santos, 3 se
requiere de nuestra parte m a y o r reverencia q u e q u a n d o u s a m o s
del entendimiento entendiendo.
a
[4] 4. 1 L a quarta: d a d o q u e para los exercicios siguien-
tes se toman q u a t r o semanas, por corresponder a quatro partes
en q u e se d i v i d e n los exercicios; 2 es a saber, a la primera, q u e
a
es la consideración y contemplación de los pecados; la 2 . es la
v i d a de Christo nuestro Señor hasta el día de ramos inclusive;
a a
3 la 3 . , la pasión de Christo nuestro Señor; la 4 . , la resurrec-
ción y ascensión, p o n i e n d o tres m o d o s de orar; 4 tamen no se
entienda q u e cada semana tenga de necesidad siete u ocho días
en sí. 5 P o r q u e c o m o acaesce q u e en la primera semana unos
son más tardos para hallar lo q u e buscan, es a saber, contrición,
dolor, l á g r i m a s por sus pecados; 6 a s i m i s m o c o m o unos sean
más diligentes q u e otros, y más agitados o probados de diver-
sos spíritus, 7 requiérese a l g u n a s veces acortar la semana, y
otras veces alargarla, y así en todas las otras semanas siguientes,
buscando las cosas s e g ú n la materia subiecta; 8 pero poco más o
menos se acabarán en treinta días.
a
[5] 5. 1 La quinta: al q u e rescibe los exercicios, m u c h o
aprovecha entrar en ellos con g r a n d e á n i m o y liberalidad con su
7
Criador y Señor, ofreciéndole todo su querer y libertad, 2 para
q u e su d i v i n a majestad, así de su persona c o m o de todo lo q u e
8 9
tiene, se sirva c o n f o r m e a su sancti sima v o l u n t a d .
a
[6] 6. 1 La sexta: el q u e da los exercicios, q u a n d o siente
q u e al que se exercita no le vienen a l g u n a s mociones spirituales
6
Sobre esta última frase, síntesis de todo un método trascendental y principio
fundamental en la dirección del ejercitante, cf. A . CAYUELA, S.I., Trascendencia de algunas
máximas de los Ejercicios: MANR 6 ( 1 9 3 0 ) 1 3 7 - 1 5 0 ; 7 ( 1 9 3 1 ) 1 3 3 - 1 4 4 . Por su parte, el
P. Codina, en M A N R 1 ( 1 9 2 5 ) 2 9 Í - 2 9 2 , compendia la enseñanza de los numerosos
directorios que recomiendan brevedad en los puntos.
7
Palabra escrita al margen por San Ignacio después de haber tachado la palabra
«dexándole».
8
Las últimas tres palabras, escritas al margen por San Ignacio. En el texto tachado
por el Santo se leía la palabra «ordene».
' Cf. FL. OGARA, S.I., M A N R 9 ( 1 9 3 4 ) 3 3 6 - 3 4 4 ; F. SEGARRA, S.I., MANR 5 (1929)
142-148.
Anotaciones 223

en su ánima, assí c o m o consolaciones o dessolaciones, ni es


a g i t a d o de varios spíritus, 2 m u c h o le debe interrogar cerca los
exercicios, si los hace, a sus tiempos destinados, y cómo; 3 asi-
10
m i s m o de las a d d i c i o n e s , si con diligencia las hace, pidiendo
1 1
particularmente de cada cosa destas. 4 H a b l a de consolación y
desolación, n.316 y 317, de addiciones, n.73-90.
a
[7] 7. 1 La séptima: el q u e da los exercicios, si vee al
q u e los recibe, q u e está desolado y tentado, no se haya con él
d u r o ni desabrido, mas blando y suave, 2 dándole á n i m o y
fuerzas para adelante; y descubriéndole las astucias del e n e m i g o
de natura h u m a n a , y haciéndole preparar y disponer para la
consolación ventura.
a
[8] 8. 1 La octava: el q u e da los exercicios, según la
necesidad q u e sintiere en el q u e los rescibe, cerca de las dessola-
ciones y astucias del e n e m i g o , y así de las consolaciones; 2 po-
a a
drá platicarle las reglas de la 1 . y 2 . semana, q u e son para
conoscer varios spíritus, n.316-324.328-336.
a
[9] 9. 1 L a nona es de advertir, q u a n d o el que se exerci-
ta anda en los exercicios de la primera semana, si es persona q u e
en cosas spirituales no haya sido versado, y si es tentado g r o s e -
ra y abiertamente, 2 así c o m o m o s t r a n d o impedimentos para ir
adelante en servicio de Dios nuestro Señor, como son trabajos,
v e r g ü e n z a y temor por la honra del m u n d o , etc.; 3 el q u e da los
a
exercicios, no le platique las reglas de varios spíritus de la 2 .
a
semana; 4 p o r q u e q u a n t o le aprovecharán las de la 1 . semana,
a
le dañarán las de la 2 . , por ser materia más subtil y más subida
q u e podrá entender.
a
[10] 10. 1 La décima: q u a n d o el q u e da los exercicios
siente al q u e los rescibe, q u e es batido y tentado debaxo de
especie de bien, entonces es p r o p i o de platicarle sobre las reglas
a
de la 2 . semana y a dicha. 2 Porque c o m ú n m e n t e el e n e m i g o de
natura h u m a n a tienta más debaxo de especie de bien, q u a n d o la
persona se exercita en la v i d a i l l u m i n a t i v a , q u e corresponde a
a
los exercicios de la 2 . semana, 3 y no tanto en la vida p u r g a t i v a ,
a 11
q u e corresponde a los exercicios de la 1 . s e m a n a * .

1 0
Respecto a las adiciones que se encuentran al ftn de la primera semana (73-90), San
Ignacio va anotando cuidadosamente en las semanas siguientes (130-131, 206, 229) los
cambios que hay que ir haciendo.
11
Hoy diríamos: «Se habla». Cf. CALVERAS, MANR 24 (1952) 367-373.
n
* La única vez que se habla explícitamente en los Ejercicios de la clásica concepción
de las tres vías. Y aun aquí San Ignacio no dice propiamente vía, sino «vida». Con todo,
existen ya directorios antiguos, como el anónimo B3, el de González Dávila y el
directorio oficial, que encuadran la doctrina de los Ejercicios dentro de esa doctrina. El
P. LA PALMA, en su Camino espiritual, es el principal y más autorizado expositor dentro de
a
esta tendencia. Véase, con todo, el P. LE GAUDIER, Introducta ad solidam perfectionem p.6.
c.31 p.332-333.
224 Ejercicios espirituales

a a
[11] 11. 1 La undécima: al que toma exercicios en la 1 .
semana aprovecha q u e no sepa cosa a l g u n a de lo q u e ha de
a a
hacer en la 2 . semana; 2 mas q u e ansí trabaje en la 1 . , para
a
alcanzar la cosa que busca, c o m o si en la 2 . n i n g u n a buena
sperase hallar.
a
[12] 12. 1 La duodécima: el q u e da los exercicios, al
q u e los rescibe ha de advertir m u c h o , q u e c o m o en cada u n o de
los cinco exercicios o contemplaciones q u e se harán cada día, ha
de estar por una hora, 2 así procure siempre q u e el á n i m o quede
harto en pensar q u e ha estado una entera hora en el exercicio, y
antes más q u e menos. 3 P o r q u e el e n e m i g o no poco suele pro-
curar de hacer acortar la hora de la tal contemplación, medita-
ción o oración.
a
[13] 13. 1 L a terdécima: a s i m i s m o es de arvertir q u e ,
como en el t i e m p o de la consolación es fácil y l e v e estar en la
contemplación la hora entera, assí en el t i e m p o de la dessola-
ción es m u y difícil complirla; 2 por tanto, la persona q u e se
exercita, por hacer contra la desolación y vencer las tentaciones,
debe siempre estar a l g u n a cosa más de la hora complida; p o r q u e
no sólo se avece a resistir al adversario, mas aun a derrocalle.
a
[14] 14. 1 La q u a t u o r d é c i m a : el q u e los da, si vee al q u e
los rescibe q u e anda consolado y con m u c h o hervor, debe
prevenir q u e no h a g a promessa ni v o t o a l g u n o inconsiderado y
precipitado; 2 y q u a n t o más le conosciere de ligera condición,
tanto más le debe p r e v e n i r y admonir. 3 Porque, dado q u e
justamente p u e d e m o v e r uno a otro a tomar religión, en la qual
se entiende hacer v o t o de obediencia, pobreza y castidad; 4 y
dado q u e la buena obra q u e se hace con v o t o es más meritoria
q u e la q u e se hace sin él, 5 m u c h o debe de m i r a r la propia
condición y subiecto, q u á n t a a y u d a o estorbo podrá hallar en
c u m p l i r la cosa q u e quisiese prometer.
a
[15] 15. 1 L a decimaquinta: el q u e da los exercicios, no
debe m o v e r al q u e los rescibe más a pobreza ni a promesas q u e
a sus contrarios, ni a un estado o m o d o de v i v i r q u e a otro.
2 Porque, d a d o q u e fuera de los exercicios lícita y meritoria-
mente p o d e m o s m o v e r a todas personas, q u e probabiliter ten-
g a n subiecto, para elegir continencia, v i r g i n i d a d , religión y
toda manera de perfección e v a n g é l i c a , 3 tamen en los tales exer-
cicios spirituales más conveniente y m u c h o mejor e s , buscando
la d i v i n a v o l u n t a d , q u e el m i s m o Criador y Señor se c o m u n i q u e
12
a la su á n i m a devota 4 a b r a z á n d o l a en su a m o r y alabanza y

1 2
Así lee el P. Codina. Véase MHSI, Exerc. p.238 nota a. La misma lectura
2
«abracándola» se adopta en MHSI, Exerc. p.154. Con todo, el P. Fernández Zapico, tan
profundo conocedor y seguro lector de documentos ignacianos, defendía \a lectura
Anotaciones 225

disponiéndola por la v í a que mejor podrá servirle adelante. 5 De


manera q u e el q u e los da no se decante ni se incline a la una
parte ni a la otra; mas estando en medio c o m o un peso, 6 d e x e
inmediate obrar al Criador con la criatura, y a la criatura con su
Criador y Señor.
a
[16] 16. 1 L a decimasexta: para lo cual, es a saber, para
q u e el Criador y Señor obre más ciertamente en la su criatura,
2 si por ventura la tal ánima está affectada y inclinada a una cosa
desordenadamente, m u y conveniente es moverse, poniendo to-
das sus fuerzas, para venir al contrario de lo que está mal
affectada; 3 así c o m o si está affectada para buscar y haber un
officio o beneficio, no por el honor y g l o r i a de Dios nuestro
Señor ni por la salud espiritual de las á n i m a s , mas por sus
propios p r o v e c h o s y intereses temporales, 4 debe affectarse al
contrario, instando en oraciones y otros exercicios espirituales,
y pidiendo a Dios nuestro Señor el contrario, 5 es a saber, q u e
13
ni q u i e r e el tal officio o b e n e f i c i o ni otra cosa a l g u n a , si su
divina majestad, o r d e n a n d o sus deseos, no le m u d a r e su affec-
ción primera. 6 D e manera q u e la causa de desear o tener una
cosa o otra, sea sólo servicio, honra y gloria de la su divina
majestad.
a
[17] 17. 1 La decimaséptima: m u c h o aprovecha, el que
da los exercicios, no queriendo pedir ni saber los propios pensa-
mientos ni pecados del q u e los recibe, 2 ser informado fielmente
de las varias agitaciones y pensamientos q u e los varios spíritus
le traen; 3 p o r q u e s e g ú n el m a y o r o m e n o r p r o v e c h o le puede
dar a l g u n o s spirituales exercicios convenientes y conformes a la
necessidad de la tal ánima así agitada.
a 14
[18] 18. l L a d e c i m a o c t a v a : según la disposición de
las personas q u e q u i e r e n tomar exercicios spirituales, es a saber,
s e g ú n q u e tienen edad, letras o i n g e n i o , se han de aplicar los
tales exercicios; 2 p o r q u e no se den a quien es r u d o o de poca
complisión cosas q u e no pueda descansadamente llevar y apro-
vecharse con ellas. 3 A s s i m i s m o , según q u e se quisieren dispo-
«abrasándola». Le oí repetidas veces que la letra en litigio no era c con cedilla, como
interpretó el P. Codina, sino / en la que el rasgo inferior se extiende por debajo del nivel
de la línea, cosa frecuente en este manuscrito cuando la letra s está en medio de palabra.
En las primitivas copias y traducciones existen las dos lecturas.
13
Beneficio. Dignidad eclesiástica con rentas anejas.
14
Estas tres últimas anotaciones (18-20) son de gran importancia. En ellas se dan los
principios básicos del modo con que se deben adaptar los ejercicios cuando no se pueden
dar en su forma más completa y pura —cerrados y durante un mes— por falta de
disposición o capacidad o tiempo en el ejercitante. Se ve aquí prevista por San Ignacio
una variedad grande de formas de ejercicios: leves, abiertos, diluidos. Aquí indica la
materia, fin y modalidades propias de cada una de esas formas. Cf. A. CODINA, Un
comentario de San Ignacio a ¡a anotación 18: MANR 6 (1930) 314-319; M. NICOLAU, A quiénes
se deben dar todos los ejercicios y a quiénes sato atgunos: MANR 26 (1954) 23-29. Cf. la revista
CIS (Roma 1980): The 18th Annotation.
226 Ejercicios espirituales

ner, se debe de dar a cada uno, porque más se pueda a y u d a r y


aprovechar. 4 Por tanto, al q u e se quiere a y u d a r para se instruir
y para llegar hasta cierto g r a d o de contentar a su ánima, se
puede dar el e x a m e n particular, n.24, y después el examen
general, n.32; 5 juntamente por media hora a la mañana el m o d o
de orar sobre los m a n d a m i e n t o s , peccados mortales, etc., n.238,
6 c o m e n d á n d o l e también la confesión de sus peccados de ocho
en ocho días, y si puede tomar el sacramento, de quince en
quince, y si se afecta mejor, de ocho en ocho. 7 Esta manera es
más propria para personas más rudas o sin letras, declarándoles
cada m a n d a m i e n t o , y así de los peccados mortales, preceptos de
la Iglesia, cinco sentidos y obras de misericordia. 8 A n s í m e s m o ,
si el q u e da los exercicios viere al q u e los recibe ser de poco
subiecto o de poca capacidad natural, de q u i e n no se espera
m u c h o fructo, 9 más conveniente es darle a l g u n o s destos exerci-
cios leves hasta q u e se confiese de sus peccados, 10 y después
dándole a l g u n o s examines de conciencia, y orden de confesar
más a m e n u d o q u e solía, para se conservar en lo q u e ha g a n a d o ,
11 no proceder adelante en materias de elección, ni en otros
a l g u n o s exercicios, que están fuera de la primera semana; 12 ma-
y o r m e n t e q u a n d o en otros se puede hacer m a y o r p r o v e c h o ,
faltando t i e m p o para todo.
a 14
[19] 19. 1 La d i e c i n u e v e * : al q u e estuviere embaraza-
do en cosas públicas o negocios convenientes, 2 quier letrado, o
i n g e n i o s o , t o m a n d o una hora y media para se exercitar, plati-
cándole para q u é es el h o m b r e criado, 3 se le puede dar asimis-
m o por spacio de m e d i a hora el examen particular, y después el
m i s m o general, y m o d o de confesar y tomar el sacramento,
4 haciendo tres días cada mañana, por spacio de una hora, la
meditación del 1.°, 2.° y 3.° peccado, n.45; 5 después otros tres
días a la m i s m a hora la meditación del processo de los pecados,
n.55; 6 después por otros tres días a la misma hora h a g a n de las
penas q u e corresponden a los peccados, n.65, 7 dándole en
todas tres meditaciones las diez addiciones, n.73, 8 llevando el
m i s m o discurso por los misterios de Christo nuestro Señor, q u e
adelante y a la larga de los m i s m o s Exercicios se declara.
a 15
[20] 20. 1 La v i g é s s i m a : al q u e es más desembarazado
y q u e en todo lo possible desea aprovechar, dénsele todos los

»* J . CUSSON, Conduis-moi sur le cbemin d'éternité (Montreal-Roma 1973), ofrece un


directorio, fruto de su experiencia, para practicar los Ejercicios según la anotación 19;
M . PLAZA-M. BOISVERT, LOS Ejercicios personalizados en la vida corriente (Santander, Sal
Terrae, 1981).
15
A . ORAÁ, Ea anotación vigésima: M A N R 11 (1935) 46-60; «Retraites (spiritu-UesV
en Dictionnaire de Spirituatité, t.13, col. 423-426.
Anotaciones 227

16
exercicios spirituales por la m i s m a orden q u e p r o c e d e n , 2 en
17
los quales por vía o r d e n a d a tanto más se aprovechará q u a n t o
más se apartare de todos a m i g o s y conoscidos y de toda solici-
tud terrena; 3 assí c o m o m u d á n d o s e de la casa donde moraba y
t o m a n d o otra casa o camera para habitar en ella, q u a n t o más
secretamente pudiere; 4 de manera q u e en su m a n o sea ir cada
1 8
día a m i s s a y a vísperas, sin temor q u e sus conoscidos le
h a g a n i m p e d i m e n t o . 5 Del qual apartamiento se siguen tres
provechos principales, entre otros muchos: 6 el p r i m e r o es q u e
en apartarse h o m b r e de m u c h o s a m i g o s y conoscidos, y asimis-
m o de m u c h o s negocios no bien ordenados, por servir y alabar
a Dios nuestro Señor, no poco meresce delante su d i v i n a majes-
tad; 7 el s e g u n d o , estando ansí apartado, no teniendo el entendi-
miento partido en m u c h a s cosas, mas p o n i e n d o todo el cuidado
en sola una, es a saber, en servir a su Criador y aprovechar a su
propia ánima, 8 usa de sus potencias naturales más libremente,
para buscar con diligencia lo q u e tanto desea; 9 el tercero,
q u a n t o más nuestra á n i m a se halla sola y apartada, se hace más
apta para se acercar y l l e g a r a su Criador y Señor, 10 y q u a n t o
más así se allega, más se dispone para rescibir gracias y dones
de la su d i v i n a y s u m m a bondad.

19
[21] EXERCICIOS ESPIRITUALES PARA VENCER A SÍ MISMO Y
2 0
ORDENAR SU VIDA SIN DETERMINARSE P O R AFFECCIÓN
2 1
ALGUNA QUE DESORDENADA S E A .

2 2
[PRESUPUESTO]
[ 2 2 ] 1 Para q u e así el q u e da los exercicios spirituales como
el q u e los rescibe, más se a y u d e n y se aprovechen, 2 se ha de

16
La vulgata inserta aquí: «y conviene escribir una recapitulación de las cosas, para
que no se vayan de la memoria».
17
vía ordenada, es decir: medio apropiado.
18
Hay que tener en cuenta que en tiempo de San Ignacio la misa era generalmente
cantada en los numerosísimos sitios en que había un capítulo, monasterio o convento.
19
Sobre el sentido del término «espiritual» con sus raíces patrísticas y monásticas, cf.
H. BACHT en Ignatius von hoyóla. Seine geistlicbe Gestalt 231-239.
2 0
En el texto se leía «sin afección alguna». San Ignacio tachó el «sin» y añadió al
margen «sin determinarse por».
21
Aquí se da como el título y la definición sintética de los ejercicios. J . L. JIMÉNEZ,
ha definición de tos ejercicios: MANR 23 (1951) 243-246. Otros números en que San Ignacio
habla del fin de los ejercicios o que sirven para iluminarlo son los n.l, 87, 1894-6, 233. En
el n.87 explica qué entiende por «vencer a sí mismo».
Sobre el fin de los ejercicios cf. J . ROVIRA, MANR 9 (1933) 23-29.107.112.209-
217.311-317; R. ORLANDIS, MANR 12 (1936) 3-35 (sobre todo p.33-34) y 97-125;
L. PEETERS, MANR 2 (1926) 306-321 (en la p.319 resumen de su posición), junto con el
juicio sobre esta obra del P. D E GUIBERT en RAM 6 (1925) 185-194; J . CALVERAS,
MANR 12 (1936) 224-245; 13 (1940) 26-37; L. PUIGGRÓS, MANR 3 (1927) 3-11; J . M.»
228 Ejercicios espirituales

p r e s u p o n e r q u e todo buen christiano ha de ser m á s p r o m p t o a


salvar la proposición del p r ó x i m o q u e a condenarla; 3 y si n o la
p u e d e salvar, i n q u i r a c ó m o la entiende, y si mal la entiende,
corríjale con a m o r , 4 y si n o basta, b u s q u e todos los m e d i o s
23
convenientes para q u e , bien entendiéndola, se s a l v e .

[PRIMERA SEMANA]
24
[23] i PRINCIPIO Y FUNDAMENTO .

25
2 El h o m b r e es criado para alabar, hacer r e v e r e n c i a y
26
servir a Dios nuestro S e ñ o r , y mediante esto salvar su áni-

FERNÁNDEZ, MANR 20 (1948) 25-46.111-124; 21 (1949) 225-256; R. DEBAUCHE, NRT 70


(1948) 898-917; GRANDMAISON, Rech. des Scienc. Relig., 11 (1920) 398-408, y sobre todo
S. GÓMEZ NOGALES, Cristocentrismo en la teleología de los Ejercicios: MANR 24 (1952) 33-52,
quien da una visión clara, sintética, acertada a nuestro juicio, de todo el problema. Más
recientemente afirma la complementariedad de las dos tendencias Ch. BERNARD, Significa-
tion des Exercises de saint lgnace: RAM 45 (1969) 241-261, y ha actualizado la problemática
fundamental J . SUDBRACK, Geist und Leben 43 (1970) 206-226. Han acentuado los
aspectos de experiencia de Dios y encuentro con Cristo: M. COSTA, en Ea preghiera negli
Esercizi (Como 1970) p.42-61, y M. IGLESIAS, MANR 39 (1967) 113-124, respectiva-
mente.
En la exposición del fin de los ejercicios se nota una triple dirección. Unos prefieren
ver en los ejercicios el sistema de preparar y disponer el alma para que rectamente
ordenada pueda en todo amar y servir a su Divina Majestad (Casanovas, Calveras). Otros
más bien los consideran como una escuela de oración, un medio de íntima unión con
Dios (Peeters). Un tercer grupo, en fin, cree que los ejercicios giran en torno a la elección
(Hummelauer, Iglesias, Grandmaison). Entre éstos, Orlandis da a la palabra «elección»
un sentido amplio, que abarca toda la vida. Su modo de ver se reduce prácticamente al de
los del primer grupo.
2 2
En el siglo xvl, cuando todavía los ejercicios no eran conocidos, era natural que
muchos se acercaran a ellos en actitud de crítica. Cierta nube de misterio que desde el
principio los circundó los hacía todavía más sospechosos en una época que vio nacer
tantos movimientos heréticos y semiheréticos. El fin de este documento es prevenir los
daños que podían brotar de esta actitud. La base del éxito radica en que desde el
principio se establezca entre director y dirigido un ambiente de plena confianza, de
mutua comprensión. Cf. E. D., El «Presupuesto»: MANR 11 (1935) 327-342; M. NICOLAO,
MANR 52 (1980) 87-90.
2 3
Esta expresión «se salve» ha recibido una doble interpretación. Para unos, el sujeto
de la expresión «se salve» es «el prójimo», y entonces significa se ponga en estado de
salvación, entendiendo bien y aceptando la verdadera doctrina; para otros, el sujeto es la
«proposición del prójimo», y entonces significaría sencillamente quede así en salvo la
2
proposición. Cf. MHSI, Exerc. p.164-165.
2 4
Trabajos generales sobre el Principio y Fundamento: J . A. SEGARRA, MANR 9
(1933) 3-11.193-208.289-300; P. DEFRENNES, RAM 20 (1939) 113-135; E. IGLESIAS,
MANR 6 (1930) 289-302; W. SIERP, ZAM 2 (1927) 279-294; A. TORRES, MANR 16
(1944) 58-65; J . M. GRANERO, Sal Terrae, 40 (1962) 629-636, y, sobre todo, P. BOUVIER,
L'interpre'tation authéntique de la méd. fond. (Bourges 1922) (tr. de L. PUIGGRÓS, Barcelona
1923). De nuevo J . M. GRANERO, MANR 40 (1968) 327-336. Reclama su presentación
teológica y no puramente filosófica J . HARRIOT, The Mood of the Principie and Foundation:
The Way, Supplement 16 (172) 17-27; 1. LEWIS, Le p . et f. des Exerc: CahSpIgn 6 (1982)
187-203.
Aspectos particulares: J . M. BOVER, El Pr.y F. a la tu% de las epístolas de San Pablo:
RazFe 54 (1919) 343-355; J . LÉVIE, Ea méd. fond. a la lumiere de s. Paul: Nouv. Rev.
Théol., 75 (1953) 815-827; J . CALVERAS, Cómo se ha de proponer el Pr.y F.: MANR 7
(1931) 97-106; J . M. BOVER, El Pr.y F., ¿por ra^ón o por fe?: MANR 1 (1925) 321-326; G.
Primera semana 229

2 7 28
m a ; 3 y las otras cosas sobre la haz de la t i e r r a son criadas
para el h o m b r e y para q u e le a y u d e n en la prosecución del fin
para q u e es criado. 4 D e d o n d e se sigue q u e el h o m b r e tanto ha
de usar dellas, q u a n t o le a y u d a n para su fin, y tanto debe
29
quitarse dellas, q u a n t o para ello le i m p i d e n . 5 Por lo qual es
30
menester hacernos i n d i f e r e n t e s a todas las cosas criadas, en
todo lo q u e es concedido a la libertad de nuestro libre albedrío
y no le está p r o h i b i d o ; 6 en tal manera q u e n o q u e r a m o s de
nuestra parte m á s salud que enfermedad, riqueza q u e pobreza,
honor q u e deshonor, vida larga q u e corta, y por consiguiente
en todo lo demás; 7 solamente deseando y eligiendo lo q u e m á s
31
nos conduce p a r a el fin q u e somos c r i a d o s .

DIRK, RevAscMvst 25 (1949) 370-374; J . TEIXIDOR, La ley de la caridad en el Pr. y ¥.;


MANR 1 (1925) 193-203; J . CALVERAS, ¿Por qué no se habla de amor en el Pr.j F.i: MANR
5 (1929) 225-237; J . ROVIRA, El fin del hombre, la gloria de Dios: MANR 7 (1931) 107-115;
L. BRUNET, ¿Qué relación guardan entre si el Pr.y F.y los Ejercicios?: MANR 9 (1933) 301-
310; H. PINARD DE LA BOULLAYE, NOS fréres et mus dans le méditation fundamental:
RevAscMvst 24 (1948) 209-219. Más recientemente ofrece la posibilidad de una presenta-
ción bíblica de las ideas del Principio y Fundamento St. LYONNET, Ignis, Special issue 6
(1973) 24-32. Propugnan una interpretación cristocéntrica: E. ROYON, MANR 39 (1967)
349-354, y T . DÍAS, MANR 44 (1972) 53-68.
Sobre las fuentes del Pr. y F. cf. H. WATRIGANT, Ea «Méditation fundaméntale» avant S.
lgnace: CBE 9 (1907); M. Ruiz JURADO, Hacia ¿as fuentes del Principio y Fundamento de tos
Ejercicios: Gregorianum 58 (1977) 727-756. Se ha visto principalmente una dependencia
de San Ignacio respecto de unos textos de Erasmo y de Pedro Lombardo. Cf. R. GARCÍA-
VILLOSLADA, Est. Eccl. 16 (1942) 244-248. El texto de Lombardo, transcrito en H.
PINARD DE LA BOULLAYE, Exercises I 48. Sobre la posible dependencia de los escritos de
2
Erasmo, v. MI, Exercitia (1969) p.56-57. El tema general de Ignacio y Erasmo ha sido
tratado por TERENCE O'REILLY, Saint Ignatius and Spanish Erasmianism: AHSI 43 (1974)
301-32.
2 5
Sobre este aspecto del fin, PUIGGRÓS, MANR 3 (1927) 3-11.
2 6
San Ignacio usa en otros sitios expresiones diversas para indicar el fin del hombre:
«para lo que soy criado, es a saber, para alabanza de Dios nuestro Señor y salvación de mi
ánima» (Ej. n.169); «para alabar a Dios nuestro Señor y salvar mi ánima» (n.179); «para
gloria y alabanza de Dios n.s. y salvación de su propia ánima» (n.l89); «para servirle y
glorificar y conseguir en ello nuestro último y sumo bien» (Epp. 9,708). Sobre los
elementos de amor y gloria de Dios como fin del hombre en San Ignacio, cf. CALVERAS,
MANR 5 (1929) 226-228; J . ROVIRA, El fin del hombre, la gloria de Dios: MANR 7 (1931)
107-115; Cl. VIARD, Créés pour lover: Christus 26 (1979) 213-223. Sobre el fin del hombre
en general, cf. SANTO TOMÁS, 1-2 q.69 a.l.
2 7
Por los pasajes paralelos se ve que San Ignacio entiende no sólo la mera salvación
del alma, sino su perfección, su salud espiritual. J . ROVIRA, El fin del hombre, la salvación
del alma: MANR 8 (1932) 236-244; J . CALVERAS, MANR 5 (1930) 226.
2 8
J . ROVIRA, De las otras cosas sobre ¡a ha\ de ¡a tierra: MANR 8 (1932) 236-244.
2 9
J . CALVERAS, Alcance de la regla del «tanto cuanto» en el uso de las criaturas: MANR 7
(1931) 193-205.
3 0
J . ROVIRA, Ea indiferencia: MANR 8 (1932) 327-332; J . CALVERAS, MANR 6 (1930)
195-201.303-313; J . MARCH, MANR 6 (1930) 254-258 y 12 (1936) 82-83; L. BRUNET,
MANR 11 (1935) 31-45, y sobre todo el trabajo que recoge la concepción ignaciana
explicada por los autores antiguos mejores y analizada muy acertadamente: R. CANTIN,
Sciences ecclésiastiques 3 (Montréal 1950) 114-115. Cf. también G. DIRK, Nouv. Rev.
Théol., 75 (1951) 740-743. I. RIBAS y H. WALDENFELS, Shingaku Kenkyú 11 (1961) 34-44
y 45-62; G. BOTTEREAU, Le role de «l'indifféreme» dans la spiritualité ignatienne: RAM 45
(1969) 395-408; G. NADEAU, en CahSpIgn 10 (1986) 171-177.
31
Cf. J . SOLA, ¿Hay conclusión lógica en la última cláusula del Pr.y F.?: MANR 9 (1933)
113-127; E. VÁzQUEZ,"en MANR 56 (1984) 77-81.
230 Ejercicios espirituales

[24] t EXAMEN PARTICULAR Y COTIDIANO; CONTIENE EN SÍ


32
TRES TIEMPOS Y DOS VECES EXAMINARSE .

2 El p r i m e r t i e m p o es q u e a la m a ñ a n a l u e g o e n l e v a n t á n d o -
se debe el h o m b r e proponer d e g u a r d a r s e c o n diligencia d e
aquel pecado particular o defecto q u e se quiere c o r r e g i r y
enmendar.
33
[25] 1 El s e g u n d o , después d e c o m e r , pedir a Dios nues-
tro Señor l o q u e h o m b r e quiere, es a saber, gracia para acordar-
se quántas veces ha caído en aquel pecado particular o defecto y
para se e m e n d a r adelante, 2 y consequenter h a g a el p r i m e r exa-
men d e m a n d a n d o cuenta a su ánima de aquella cosa proposita y
particular d e la q u a l se quiere c o r r e g i r y emendar, 3 discurrien-
do de hora en hora o d e tiempo en tiempo, comenzando desde
la hora q u e se levantó hasta la hora y puncto d e l e x a m e n
3 4
presente; 4 y h a g a en la p r i m e r a línea d e la g = tantos
punctos quantos ha i n c u r r i d o en aquel pecado particular o
defecto; S y después p r o p o n g a d e n u e v o d e emendarse hasta el
s e g u n d o examen q u e hará.
[26] 1 El tercero tiempo, después d e cenar se hará el 2.°
examen a s i m i s m o de hora e n hora, comenzando desde el p r i m e r
a
examen hasta el 2.° presente, 2 y h a g a en la 2 . línea d e la m i s m a
g = tantos punctos quantas veces ha incurrido e n aquel particu-
lar pecado o defecto.

3 2
La regulación del examen particular se ha considerado siempre como una de las
piezas más características y originales de San Ignacio. En forma precisa, concreta y
práctica ha sabido sintetizar este movimiento de control y análisis, tan necesario en todo
proceso, lo mismo material que espiritual, y usado siempre en la Iglesia, sobre todo entre
los Padres del desierto. Aun filósofos paganos, como los pitagóricos y estoicos, lo
recomendaban. Es una práctica que tiene su función dentro del sistema, y que el
individuo ha de emplear cooforme a sus necesidades y modo de ser. Por haber considera-
do estas normas aisladas de! conjunto y haber olvidado que San Ignacio las da al director
para que él las vaya aplicando conforme a su prudencia y la necesidad del dirigido, las
han juzgado absurdamente algunos como perniciosa contabilidad espiritual o egocéntrica
reconcentración de todo el ser. Cf. la evolución histórica del examen en H. WATRIGANT,
CBE 2 3 ( 1 9 0 9 ) y el comentario del P. LA PALMA, Tratado del examen de conciencia
(Barcelona 1 9 0 3 ) . Además, A. MÉNDEZ, EI educación de la voluntad j el examen particular
(México 1 9 4 9 ) ; L. PUJADAS, MANR 1 0 ( 1 9 3 4 ) 3 2 - 3 9 ; P. ZAHNEN, ZAM 5 ( 1 9 3 0 ) 5 5 - 6 3 ;
A. CODINA, MANR 1 3 ( 1 9 4 0 ) 3 8 - 4 9 , y sobre todo el trabajo más completo y sugestivo,
M. M. ESPINOSA, MANR 1 7 ( 1 9 4 5 ) 1 1 6 - 1 2 4 ; 1 8 ( 1 9 4 6 ) 2 6 9 - 2 8 2 . Un nuevo y profundo
tratamiento del tema ofrece M. LEDRUS, RivAscMist. 4 ( 1 9 5 9 ) 4 3 5 - 4 5 7 ; W . SOTO, MANR
57 (1985) 3 - 1 6 .
3 3
En tiempo de San Ignacio, la comida se tenía ordinariamente a media mañana. Por
ello hoy diríamos más bien antes de comer.
3 4
Según unos, y es la opinión más común, la letra g es la primera letra de la palabra
italiana «giorno», que significa día. Otros, basándose en Polanco, que puso al principio
del esquema el nombre de un vicio: gula, avaricia, ambición, etc., creen que es la primera
letra de la palabra gula o de otro vicio. Últimamente se ha propuesto otra interpretación,
que se nos hace todavía menos fundada. Sería el comienzo de la palabra vasca «gaur»
(hoy). San Ignacio querría decir: Faltas cometidas hoy domingo, hoy lunes, etc. Cf. C A.,
Boletín de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País, 4 ( 1 9 4 8 ) 1 1 1 - 1 2 0 .
Primera semana 231

[27] 1 SÍGUENSE CUATRO ADDICIONES PARA MÁS PRESTO QUITAR


AQUEL PECADO O DEFECTO PARTICULAR.

1.a addición. 2 L a p r i m e r a adición es q u e cada vez q u e el


h o m b r e cae en a q u e l pecado o defecto particular, p o n g a la
mano en el pecho, doliéndole de haber caído; 3 lo q u e se puede
hacer aun delante m u c h o s , sin q u e sientan lo q u e hace.
a a
[28] 2. La 2 . c o m o la primera línea de la g = significa
a
el p r i m e r examen, y la 2 . línea el 2.° examen, mire a la noche si
a
hay enmienda de la primera línea a la 2 . , es a saber, del p r i m e r
examen al 2.°
a a
[29] 3. La 3 . : conferir el s e g u n d o día con el p r i m e r o ,
es a saber, los dos e x a m i n e s del día presente con los otros dos
examines del día passado y mirar si de un día para otro se ha
enmendado.
a a
[30] 4. L a 4 . addición: conferir una semana con otra,
y mirar si se ha e n m e n d a d o en la semana presente de la primera
passada.
[31] Nota. Es de notar que la primera g = g r a n d e q u e
se sigue significa el d o m i n g o ; la secunda, más pequeña, el lunes;
35
la tercera, el martes, y ansí c o n s e q u e n t e r .

3 5
La vulgata añade que las líneas cada día son más pequeñas, porque es natural que
el número de faltas disminuya de día en día. En el autógrafo las líneas son, como las
reproducimos, todas iguales; en la vulgata, en cambio, van disminuyendo de longitud
2
por días. Lo mismo se observa en la segunda redacción de la Versio prima. Cf. Exercitia
p.171.
232 Ejercicios espirituales

[32] i EXAMEN GENERAL DE CONSCIENCIA PARA LIMPIARSE Y


36
PARA MEJOR SE CONFESSAR .

2 P r e s u p o n g o ser tres pensamientos en m í , es a saber, u n o


p r o p r i o m í o , el qual sale de m i mera libertad y q u e r e r , 3 y otros
dos q u e v i e n e n de fuera, el u n o q u e v i e n e del buen espíritu y el
o t r o del m a l o .

37
[33] i D E L PENSAMIENTO .

2 H a y dos m a n e r a s de merescer en el mal pensamiento q u e


a
viene de fuera: 3 1 . v e r b i g r a c i a , viene un pensamiento de co-
38
meter u n pecado m o r t a l , al q u a l pensamiento resisto i m -
promptu y queda vencido.
a
[34] 2. 1 L a s e g u n d a manera de merescer es q u a n d o m e
viene aquel m i s m o mal p e n s a m i e n t o y y o le resisto, y tórname a
v e n i r otra y otra vez, y y o siempre resisto, hasta q u e el pensa-
miento v a v e n c i d o ; 2 y esta s e g u n d a manera es de m á s merescer
que la primera.
[35] 1 V e n i a l m e n t e se peca cuando el m i s m o pensamiento
de pecar m o r t a l m e n t e v i e n e , y el h o m b r e le da o í d o haciendo
a l g u n a m ó r u l a 2 o rescibiendo a l g u n a delectación sensual, o
39
d o n d e h a y a a l g u n a n e g l i g e n c i a en lanzar al tal p e n s a m i e n t o .

36
La manera de confesarse en tiempo de San Ignacio tenía algunas modalidades muy
distintas de las actuales. Era anual o a lo más trimestral para el común de los fieles, pero
revestía una extraordinaria seriedad. La acusación de los pecados constituía un verdadero
repaso del catecismo, ya que se hacía recorriendo las oraciones, síntesis de la fe cristiana y
aun de la moral, y pasando revista a catálogos larguísimos de toda clase de pecados,
omisiones e imperfecciones. Se insistía además en la declaración de las circunstancias, no
sólo de las que mudan la especie del pecado, sino de todas las que pudieran ocurrir. Para
preparación de confesión tan detenida se señalaban uno o dos días. La acusación se
alargaba desmedidamente, si es que no se hacía por etapas. San Ignacio trata de sintetizar
la exposición doctrinal de los pecados para formar la conciencia del ejercitante. A la vez
resume la serie larguísima de los pecados descritos eh los confesionales en un esquema
central y metódico. Cf. CALVERAS, LOS confesionales: AHSI 17 (1948) 57-61.65-66. Otras
normas similares sobre la confesión que solía explicar San Ignacio se encuentran en MON.
IGN., Epp. XII 666-673.
37
San Ignacio trata en este apartado del modo cómo se puede merecer o pecar
cuando el enemigo incita al mal.
38
Es decir, de un pensamiento que se ordena a la obra externa, según la clasificación,
clásica entonces, de Ciruelo y no de la delectación morosa interna. Por tanto, no se puede
aplicar esta doctrina a la delectación morosa, de la que nada dice San Ignacio aquí. Cf.
CALVERAS, LOS confesionales: AHSI 17 (1948) 66.
3 9
Conforme a lo indicado en la nota anterior, esta negligencia se entiende respecto a
la flojedad que haya podido haber en lanzar el pensamiento de obrar mal exteriormente,
no en rechazar la delectación mala. Algunos, por haber entendido en tal sentido esta
frase, dándola un alcance que nunca tuvo en tiempo de San Ignacio, han creído que
encerraba doctrina laxa. Cf. S. MANTILLA, La doctrina del examen general sobre los pecados de
pensamiento: MANR 9 (1933) 244-257.
Primera semana 233
a
[36] 1. H a y dos maneras de pecar mortalmente: la pri-
mera es q u a n d o el h o m b r e da consentimiento al mal pensamien-
to, para obrar l u e g o así c o m o ha consentido, o para poner en
obra si pudiese.
a
[37] 2. 1 L a s e g u n d a manera de pecar mortalmente es
q u a n d o se p o n e en acto aquel pecado, y es m a y o r por tres
razones: 2 la primera, por m a y o r tiempo; la s e g u n d a , por m a y o r
intensión; la tercera, por m a y o r d a ñ o de las dos personas.

40
[38] i D E LA P A L A B R A .

2 N o jurar ni por Criador ni por criatura, si no fuere con


verdad, 3 n e c e s s i d a d y reverencia; necessidad entiendo, no
q u a n d o se affirma con juramento cualquiera verdad, mas quan-
do es de a l g ú n m o m e n t o cerca el p r o v e c h o del á n i m a o del
cuerpo o de bienes temporales. 4 E n t i e n d o reverencia, q u a n d o
en el n o m b r a r de su Criador y Señor, considerando acata aquel
h o n o r y reverencia debida.
[39] 1 Es de advertir q u e , dado q u e en el v a n o juramento
peccamos más jurando por el Criador q u e por la criatura, 2 es
más difícil jurar debidamente con v e r d a d , necessidad y reveren-
cia por la criatura q u e por el Criador, por las razones siguientes:
a
1 . razón. 3 La primera: q u a n d o nosotros q u e r e m o s jurar
por a l g u n a criatura, en aquel querer n o m b r a r la criatura no nos
hace ser tan atentos ni a d v e r t i d o s para decir la verdad o para
afirmarla con necesidad, c o m o en el querer n o m b r a r al Señor y
Criador de todas las cosas.
a
2. 4 L a s e g u n d a es q u e en el jurar por la criatura no tan
fácil es de hacer reverencia y acatamiento al Criador como
j u r a n d o y n o m b r a n d o el m i s m o Criador y Señor; p o r q u e el
q u e r e r n o m b r a r a Dios nuestro Señor trae c o n s i g o más acata-
miento y reverencia q u e el querer n o m b r a r la cosa criada; 5 por
tanto, es más concedido a los perfectos jurar por la criatura q u e
a los imperfectos; 6 p o r q u e los perfectos, por la assidua contem-
plación y i l u m i n a c i ó n del entendimiento consideran, meditan y
contemplan más ser D i o s nuestro Señor en cada criatura s e g ú n
su propia essencia, presencia y potencia; 7 y así en jurar por la
criatura son más aptos y dispuestos para hacer acatamiento y
reverencia a su Criador y Señor q u e los imperfectos.

4 0
La vulgata latina antepone las siguientes frases: «De palabra se ofende también a
Dios de muchas maneras, como por medio de la blasfemia y el juramento. Porque no se
ha de...» (sigue el texto del autógrafo).
234 Ejercicios espirituales
a
3. 8 La tercera es q u e en el assiduo jurar por la criatura se
ha de temer más la idolatría en los imperfectos q u e en los
perfectos.
41
[40] 1 N o decir palabra o c i o s a , la qual entiendo q u a n d o
ni a mí ni a otro aprovecha, ni a tal intención se ordena. 2 De
suerte q u e en hablar para todo lo q u e es p r o v e c h o , o es inten-
ción de aprovechar al á n i m a propia o a g e n a , al cuerpo o a
bienes temporales, nunca es ocioso; 3 ni p o r hablar a l g u n o en
cosas q u e son fuera de su estado, así c o m o si un religioso habla
de g u e r r a s o mercancías. 4 M a s en todo lo q u e está dicho hay
mérito en bien ordenar, y peccado en el mal enderezar o en
v a n a m e n t e hablar.
4 2
[41] 1 N o decir c o s a de infamar o m u r m u r a r ; p o r q u e si
descubro peccado mortal q u e no sea público, peco mortalmen-
4 3
t e ; si v e n i a l , venialmente; y si defecto, muestro defecto pro-
p r i o ; 2 y siendo la intención sana, de dos maneras se puede
hablar del pecado o falta de otro.
a
1. m a n e r a . 3 La primera: q u a n d o el pecado es público,
así c o m o de una meretriz pública, y de una sentencia dada en
juicio o de un público error q u e inficiona las ánimas q u e
conversa.
a
2. 4 S e g u n d o : q u a n d o el pecado cubierto se descubre a
a l g u n a persona para q u e a y u d e al q u e está en pecado a levantar-
le, teniendo tamen a l g u n a s coniecturas o razones probables q u e
4 4
le podrá a y u d a r .

[42] i D E LA OBRA.

2 T o m a n d o por obiecto los diez mandamientos y los precep-


tos de la Iglesia y comendaciones de los superiores, todo lo q u e
se p o n e en obra contra a l g u n a destas tres partes, según m a y o r o
m e n o r calidad, es m a y o r o m e n o r pecado. 3 E n t i e n d o comenda-
ciones de superiores, así c o m o bulas de cruzadas y otras indul-
gencias, c o m o por paces, confessando y t o m a n d o el sanctíssimo
sacramento; 4 p o r q u e no poco se peca entonces, en ser causa o
en hacer contra tan pías exhortaciones y comendaciones de
nuestros m a y o r e s .
41
La vulgata se expresa de este modo: «Entre otros pecados de la lengua se ha de
evitar además la palabra ociosa»...
4 2
La vulgata antepone: «Son también pecados de la lengua la mentira, el falso
testimonio, la detracción, porque no se ha de decir cosa»...
43
La vulgata precisa aquí: «con mala intención o con grave daño del prójimo».
44
Añade la vulgata: «Podrían contarse entre los pecados de la lengua las irrisiones,
las contumelias y otros pecados del mismo género, que podrá exponer el que da los
ejercicios, conforme juzgare ser necesario».
Primera semana 235

[43] i M O D O DE HACER EL EXAMEN GENERAL, Y CONTIENE EN


44
SÍ CINCO P U N C T O S * .

l . ° puncto. 2 El primer puncto es dar gracias a Dios nues-


tro Señor por los beneficios rescibidos.
2.° 3 El 2.°: pedir gracia para conoscer los pecados y lan-
zallos.
3.° 4 El 3.°: d e m a n d a r cuenta al á n i m a desde la hora que se
levantó hasta el examen presente de hora en hora, o de tiempo
en tiempo; 5 y p r i m e r o del pensamiento, y después de la pala-
bra, y después de la obra, p o r la misma orden q u e se dixo en el
examen particular.
4.° 6 El 4.°: pedir perdón a Dios nuestro Señor de las
faltas.
5.° 7 El q u i n t o : proponer enmienda con su gracia. Pater
noster.

45
[44] 1 CONFESSIÓN GENERAL CON LA COMUNIÓN .

2 En la general confessión, para q u i e n voluntarie la quisiere


hacer, entre otros m u c h o s , se hallarán tres provechos para aquí.
l . ° 3 El p r i m e r o : dado q u e q u i e n cada un año se confiesa,
no sea o b l i g a d o de hacer confesión general, 4 haciéndola hay
m a y o r p r o v e c h o y mérito, por el m a y o r dolor actual de todos
pecados y malicias de toda su v i d a .
2.° 5 El s e g u n d o : c o m o en los tales exercicios spirituales se
conoscen más interiormente los pecados y la malicia dellos q u e
en el t i e m p o q u e el h o m b r e no se daba ansí a las cosas internas,
6 alcanzando a g o r a más conoscimiento y dolor dellos, habrá
m a y o r provecho y mérito q u e antes hubiera.
3.° 7 El 3.° es consequenter q u e , estando más bien confes-
sado y dispuesto, se halla más apto y más aparejado para resci-
bir el sanctíssimo sacramento, 8 cuya recepción no solamente
a y u d a para q u e no caya en peccado, mas aun para conservar en
a u g m e n t o de gracia; 9 la qual confessión general se hará mejor
inmediate después de los exercicios de la primera semana.

44
* Interesante revalorización del examen en G. A. ASCHENBRENNER: Revue for
Religious 31 (1972) 14-21; y en D . K . TOWNSEND, The examen re-examined CIS 18 (1987/2)
11-64.
4 5
Cf. L. PUJADAS, La «Confesión general con la comunión»: MANR 9 (1933) 45-53;
J. CALVERAS, Obligación y materia de la confesión general: MANR 23 (1951) 211-217.
236 Ejercicios espirituales

46
[45] i PRIMER EXERCICIO ES MEDITACIÓN C O N LAS TRES PO-
TENCIAS SOBRE EL 1 . ° , 2 . ° Y 3 . ° PECADO; 2 CONTIENE
EN SÍ, DESPUÉS DE UNA ORACIÓN PREPARATORIA Y DOS
PREÁMBULOS, TRES PUNTOS PRINCIPALES Y UN COLO-
47
QUIO .

[46] Oración. La oración preparatoria es pedir gracia a


Dios nuestro Señor para q u e todas mis intenciones, acciones y
operaciones sean p u r a m e n t e ordenadas en servicio y alabanza
48
de su d i v i n a m a j e s t a d .
[47] 1.° p r e á m b u l o . 1 El p r i m e r p r e á m b u l o es compo-
4 9
sición v i e n d o el l u g a r . 2 A q u í es de notar q u e en la contem-
plación o meditación visible, así como contemplar a Cristo
nuestro Señor, el qual es visible, 3 la composición será ver con
la vista de la i m a g i n a c i ó n el l u g a r corpóreo donde se halla la
cosa q u e q u i e r o contemplar. 4 D i g o el l u g a r corpóreo, así como
un templo o monte, donde se halla J e s u Cristo o Nuestra
Señora, según lo q u e q u i e r o contemplar. 5 En la invisible, c o m o
es aquí de los pecados, la composición será v e r con la vista
i m a g i n a t i v a y considerar mi ánima ser encarcerada en este cuer-
po corruptible 6 y todo el compósito en este valle, c o m o deste-
rrado entre brutos animales; d i g o todo el compósito de ánima y
cuerpo.
[48] 2.° p r e á m b u l o . 1 El s e g u n d o es d e m a n d a r a Dios
50
nuestro Señor lo q u e q u i e r o y d e s e o . 2 L a d e m a n d a ha de ser
según subiecta materia, es a saber, si la contemplación es de
resurrección, d e m a n d a r g o z o con Cristo gozoso; 3 si es de pas-
sión, d e m a n d a r pena, l á g r i m a s y tormento con Cristo atormen-
tado. 4 A q u í será d e m a n d a r v e r g ü e n z a y confussión de mí mis-
4 6
Añadido por San Ignacio al margen después de haber tachado el «de» que se leía
antes.
4 7
Cf. A. PÉREZ, El primer ejercicio: MANR 9 (1933) 30-44; L. TEIXIDOR, Fuerza de las
rabones en el primer ejercicio: MANR 4 (1928) 3-21; M. PEYPOCH, DOS explicaciones tradi-
cionales del primer ejercicio ajenas a la mente de San Ignacio: MANR 7 (1931) 314-325; O .
DANEFFEL en HARRASER, Studien I 98-108. Hace un paralelo entre la visión del hombre en
la economía de la salvación, como aparece en la carta de San Pablo a los Romanos, y la
primera semana de Ejercicios, M. FIORITO, Boletín de espiritualidad (Buenos Aires 1972)
21-32; sobre cómo darlo hoy, E. LEPERS: Christus 26 (1979) 117-128.
4 8
La oración preparatoria no es otra cosa que la aplicación del principio y fundamen-
to al tiempo de la meditación. Pedir que todo lo que se haga en aquella hora se enderece a
Dios. Es la única pieza que se repite idénticamente en todos los ejercicios, porque el
principio y fundamento es la norma de orden para todos y cada uno de los actos de la
vida. Cf. W . SIERP, ZAM 6 (1931) 266-275.
4 9
Cf. T . BARREIRA, Ea composición de lugar. Explicación de la misma según la doctrina de
Santo Tomás: MANR 11 (1935) 158-168; C. HEREDIA, Composición de lugar (México 1941);
a
A. BROU, S. lgnace, maitre ¡Toraison p.2. c.4 p.113-129. Propone los efectos psicológicos,
E. LEPPERS, Christus 26 (1979) 117-128.
5 0
Cf. L. TEIXIDOR, Sentido teológico de las peticiones: MANR 5 (1929) 101-123; 6 (1930)
25-45.202-217; 7 (1931) 116-132.211-228.326-339; A. CODINA, Oración de petición: MANR
3 (1927) 103-111; W. SIERP, Petere id quod valo: ZAM 6 (1931) 173-174; M. GIULIANI:
MANR 61 (1989) 131-136.
Primera semana 237

m o , v i e n d o quántos han sido dañados por un solo pecado


mortal, 5 y quántas veces y o merescía ser condenado para siem-
pre por mis tantos peccados.
[49] Nota. Ante todas contemplaciones o meditaciones,
se deben hacer siempre la oración preparatoria sin mudarse y
los dos p r e á m b u l o s ya dichos, a l g u n a s veces m u d á n d o s e , según
subiecta materia.
[50] 1.° puncto. 1 El primer puncto será traer la m e m o -
ria sobre el primer pecado, q u e fue de los ángeles, y l u e g o sobre
51
el m i s m o el entendimiento discurriendo, 2 l u e g o la v o l u n t a d ,
queriendo todo esto m e m o r a r y entender por más m e enver-
g o n z a r y confundir, 3 trayendo en comparación de un pecado
de los ángeles tantos pecados míos; y donde ellos por un
pecado fueron al infierno, quántas veces y o le he merescido por
tantos. 4 D i g o traer en m e m o r i a el pecado de los ángeles: c ó m o
siendo ellos criados en gracia, no se queriendo a y u d a r con su
libertad para hacer reverencia y obediencia a su Criador y
Señor, 5 v e n i e n d o en superbia, fueron convertidos de gracia en
malicia, y lanzados del cielo al infierno; 6 y así consequenter
discurrir más en particular con el entendimiento, y consequen-
ter m o v i e n d o más los afectos con la v o l u n t a d .
[51] 2 . ° puncto. 1 El s e g u n d o : hacer o t r o tanto, es a
saber, traer las tres potencias sobre el pecado de A d á n y Eva,
2 trayendo a la m e m o r i a cómo por el tal pecado hicieron tanto
t i e m p o penitencia, y quánta corrupción v i n o en el g é n e r o hu-
m a n o , andando tantas gentes para el infierno. 3 D i g o traer a la
m e m o r i a el 2.° pecado de nuestro padres; cómo después q u e
A d á n fue criado en el campo damaceno y puesto en el paraíso
terrenal y E v a ser criada de su costilla, 4 siendo v e d a d o s q u e no
comiesen del árbol de la sciencia y ellos comiendo y asimismo
pecando, 5 y después vestidos de túnicas pellíceas y lanzados del
paraíso v i v i e r o n sin la justicia o r i g i n a l , q u e habían perdido,
toda su vida en m u c h o s trabajos y m u c h a penitencia, 6 y conse-

51
Así como San Ignacio en los n.48 y 49, con ocasión de la primera composición de
lugar y petición que presentaba, explicó la naturaleza de esos dos preámbulos, así aquí
explica el mecanismo de su famoso método de la meditación con las tres potencias, que
no es otra cosa que la aplicación sucesiva de la memoria, entendimiento y voluntad a la
consideración de una verdad con objeto de dar al entendimiento la convicción y a
la voluntad la fuerza necesaria para que puedan realizar lo que ven y deben ejecutar. Cf.
J . ROOTHAAN, Método para la meditación. Edición moderna en Los Ejercicios anotados por el
P. Rootbaanj traducidos por el P. Toni (Bilbao 1946) p.425-487; R. DE MAUMIGNY, Práctica
a a
de la oración mental tr.l p.6. c.l p.251-255; R. BROU, S. Ignace, maitre d'oraison p.3. c.1-2
p.131-157; J . B, LOTZ, ZAM 10 (1935) 1-16.112-113; G. LERCARO, Métodos de oración
mental (Madrid, Studium, 1961) p.56-79; y el profundo y sereno trabajo, lo mejor en la
materia, de CLASSEN en Ignatius von Loyola. Seine geistliche Gestalt, berausgegeben von Fr.
WULF (Würzburg 1956) p.263-300.
238 Ejercicios espirituales

quenter discurrir con el entendimiento más particularmente,


usando de la v o l u n t a d c o m o está dicho.
[52] 3.° p u n c t o . 1 El tercero: a s i m i s m o hacer otro tanto
sobre el tercero pecado particular de cada u n o q u e por un
pecado mortal es ido al infierno, y otros m u c h o s sin cuento por
menos pecados q u e y o he hecho. 2 D i g o hacer otro tanto sobre
el 3.° pecado particular, t r a y e n d o a la m e m o r i a la g r a v e d a d y
malicia del pecado contra su Criador y Señor, 3 discurrir con el
entendimiento, c ó m o en el pecar y hacer contra la b o n d a d
infinita justamente ha sido condenado para siempre, y acabar
con la v o l u n t a d c o m o está dicho.
52
[53] 1 Coloquio . I m a g i n a n d o a Cristo nuestro Señor
delante y puesto en cruz, hacer un coloquio, c ó m o de Criador
es v e n i d o a hacerse h o m b r e , y de v i d a eterna a m u e r t e tempo-
ral, y así a m o r i r por mis pecados. 2 Otro tanto m i r a n d o a mí
m i s m o lo q u e he hecho por Cristo, lo q u e h a g o por Cristo, lo
q u e debo hacer por Cristo, 3 y así viéndole tal, y así c o l g a d o en
la cruz, discurrir por lo q u e se offresciere.
[54] 1 El c o l o q u i o se hace propriamente hablando, así
como un a m i g o habla a otro o un siervo a su señor, 2 q u a n d o
p i d i e n d o a l g u n a gracia, q u a n d o culpándose por a l g ú n mal he-
cho, q u a n d o c o m u n i c a n d o sus cosas y q u e r i e n d o consejo en
ellas; y decir un Pater noster.

[55] i SEGUNDO EXERCICIO ES MEDITACIÓN DE LOS PECADOS, Y


CONTIENE EN SÍ, DESPUÉS DE LA ORACIÓN PREPARATO-
RIA Y DOS PREÁMBULOS, CINCO PUNCTOS Y UN COLO-
QUIO.

Oración. 2 Oración preparatoria sea la misma.


1.° p r e á m b u l o . 3 El p r i m e r p r e á m b u l o será la m i s m a
composición.
2.° p r e á m b u l o . 4 El s e g u n d o es d e m a n d a r lo q u e q u i e r o ;
5 3
será aquí pedir crescido y intenso dolor y l á g r i m a s de mis
pecados.
[56] 1.° puncto. 1 El p r i m e r puncto es el processo de

5 2
Sobre el coloquio, pieza fundamental en todo método de oración ignaciana, y que,
aunque se ponga al fin, se puede hacer dentro del mismo cuerpo de la meditación, como
expresamente lo dicen varios directorios, entre ellos el Dir. oficial c.15 n.5, véase A .
a
BROU, S. lgnace, maitre doraison p.3. c.l p.144-147; L. AMBRUZZI, Gli esercisy, apéndice
p.323-333; G. REMMERT, Diálogo de misericordia. Para una cristologia de los cinco ejercicios de la
primera semana: MANR 48 (1976) 291-307 y 49 (1977) 39-53.
53
Cf. J . J . NAVATEL, La de'votion sensible, les tarmes et les exercises de S. lgnace: CBE 64
(1920); da una hermenéutica del 2.» ejercicio E. ROYÓN: MANR 54 (1982) 313-328.
Primera semana 239

los pecados, a saber: traer a la m e m o r i a todos los pecados de la


v i d a , m i r a n d o de año en año o de tiempo en tiempo; para lo
cual aprovechan tres cosas: 2 la primera, mirar el l u g a r y la casa
a d o n d e he habitado; la s e g u n d a , la conversación q u e he tenido
con otros; la tercera, el officio en q u e he v i v i d o .
[57] 2.° puncto. El s e g u n d o : ponderar los pecados mi-
54
rando la fealdad y la malicia q u e cada pecado m o r t a l cometido
5 5
tiene en sí, dado q u e no fuese v e d a d o .
[58] 3.° puncto. 1 El tercero: mirar q u i é n soy y o dimi-
n u y é n d o m e p o r exemplos: 1.°, q u i n t o soy y o en comparación
de todos los hombres; 2 2.°, q u é cosa son los hombres en
c o m p a r a c i ó n de todos los ángeles y sanctos del paraíso; 3 3.°,
m i r a r q u é cosa es todo lo criado en comparación de Dios: pues
yo solo ¿qué p u e d o ser?; 4 4.° m i r a r toda mi corrupción y
fealdad corpórea; 5 5.°, m i r a r m e c o m o una llaga y postema de
donde han salido tantos pecados y tantas maldades y ponzoña
tan turpíssima.
[59] 4.° puncto. 1 El quarto: considerar quién es Dios,
contra q u i e n he pecado, s e g ú n sus atributos, comparándolos a
sus contrarios en mí: 2 su sapiencia a mi inorancia, su omnipo-
tencia a mi flaqueza, su justicia a mi iniquidad, su bondad a mi
malicia.
[60] 5.° puncto. 1 El quinto: esclamación a d m i r a t i v e
con crescido afecto, discurriendo por todas las criaturas, cómo
me han d e x a d o en vida y conservado en ella; 2 los ángeles c ó m o
sean cuchillo de la justicia divina, c ó m o m e han suffrido y
g u a r d a d o y r o g a d o por mí; 3 los santos c ó m o han sido en
interceder y r o g a r por mí, y los cielos, sol, luna, estrellas y
elementos, fructos, aves, peces y animales; 4 y la tierra c ó m o no
se a abierto para sorberme, criando n u e v o s infiernos para siem-
pre penar en ellos.
[61] Coloquio. Acabar con un c o l o q u i o de misericor-
dia, razonando y d a n d o gracias a Dios nuestro Señor, porque
m e ha d a d o v i d a hasta a g o r a , proponiendo enmienda con su
gracia para adelante. Pater noster.
5 4
Mortal según la terminología de los confesionales. Hoy más bien diríamos pecado
capital, sea mortal o venial. Cf. J . CALVERAS, LOS confesionales: AHSI 17 (1948) p.69 y
MANR 24 (1952) 177-181.
5 5
L. TEIXIDOR, El punto segundo del segundo ejercicio: MANR 11 (1935) 317-326. Véase
el bello texto de San Ignacio: «ninguno se puede decir [pecado] pequeño, en cuanto el
objeto es infinito y más, sumo Bien». Interesantes las consideraciones de L. BEIRNAERT,
Sens de Dieu et sens du peché: RAM 26 (1950) 18-30.
240 Ejercicios espirituales

[62] i TERCERO EXERCICIO ES REPETICIÓN DEL 1.° Y 2 . ° EXER-


56
CICIO HACIENDO TRES COLOQUIOS .

2 Después de la oración preparatoria y dos p r