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UNIVERSIDAD CATÓLICA ANDRÉS BELLO

Escuela de Letras
Introducción a los Estudios Literarios
Paola Alzuru

El papel de la desesperación en Casas muertas y en Patria o muerte

La desesperación. Más que un estado de ánimo, es una abstracción que conlleva disímiles
discusiones, cataliza acciones y por existir tan vívida en algún punto de lo cotidiano, se filtra en
la literatura de múltiples formas; ineluctable que salga a relucir en una narrativa realista, la cual
ambientada en una turbulencia política y social, es elemental en los impulsos de los personajes.
Se habla ahora del papel que ejerce la desesperación en un realismo como el de Casas muertas
para ir a otra realidad literaria como la de la novela Patria o muerte. Ambas se sitúan en
Venezuela; sin embargo el momento histórico de las novelas difiere por más de sesenta años, y
aun así, podemos hablar de elementos comunes en el ideario de los personajes. Se centra el
ensayo en la desesperación de Carmen Rosa, de Sebastián y en la de puntuales personajes de
Patria o muerte (El oncólogo Miguel Sanabria; Fredy Lecuna, el periodista; Andreína Mijares,
una emigrante que regresa y María, la niña huérfana). Pues cada uno expresa de cierta manera la
desesperación: esta los induce a cometer acciones que resultan cardinales y que al compararlos
entre sí, los actos terminan siendo muy parecidos y hasta clasificables en dos grupos que se
desarrollarán a lo largo de la investigación.
Pedro Díaz Seijas (1955) comenta e incluye a Miguel Otero Silva en la vanguardia de la
literatura venezolana, justo en el año de la publicación de Casas muertas. Lo incluye en un grupo
de autores que se atrevieron a alzar la pluma y escribir aquel símbolo de lo que significó para
ellos la dictadura gomecista, la lucha por la democracia y sus ideales marxistas. Orlando Araujo
(1972) más adelante vive y comenta la ampliación de la obra de Miguel Otero Silva, empareja
dos novelas: Casas muertas y Oficina Nº1; la primera simbolizaba al país agrario que fue
Venezuela y la otra al país petrolero en el que se estaba convirtiendo. Se puede evidenciar cuánto
influyó el periodismo en Miguel Otero Silva para traer a colación literaria la realidad política del
momento, así dejó una estela para autores como el que se filtra en este ensayo, Alberto Barrera
Tyzska, quien nace en una generación muy diferente a la de Otero Silva y por lo tanto vive el
resultado de cierto triunfo de la protesta social que la generación del 28 promulgó. Sin embargo,
vive lo suficiente para regresar a un detrimento de la nación, esta vez contemporáneo.
Concepto de desesperación

Para empezar a desarrollar con propiedad qué es lo que se entiende en este ensayo por
desesperación, recurrimos a Kierkegaard y a Lain Entralgo. Kierkegaard postula la noción de
desesperación como una situación de divergencia en el yo, en el espíritu del hombre; siendo el
espíritu una síntesis entre lo finito y lo infinito, es la desesperación una discordancia entre
ambos, la cual disuelve al yo y crea la sensación de deseo de regreso hacia al espíritu primigenio
de la relación armónica (Kierkegaard, 1835). La percepción de doble naturaleza en el hombre
viene dada por el cristianismo, por eso no es de sorprender que Kierkegaard comparta esta visión
y que la base en los presupuestos de los evangelios, precisamente en Juan 9:4, asumiendo que la
desesperación no es la enfermedad de muerte; en aquel contexto la desesperación sería lo que
Cristo quería ilustrar de forma gráfica en la muerte y resurrección de Lázaro, si bien realizó en el
plano físico, lo hizo para demostrar una realidad espiritual: sin la doble naturaleza (es decir, si
solo se posee la naturaleza humana) estamos muertos, pero si viene Cristo y nos resucita (adosa
la segunda naturaleza) estamos vivos en lo espiritual, sin embargo es inevitable que cuando estas
naturalezas se encuentran, hayan desacuerdos y estragos. Esa disonancia no es mortal, pues al
poseer esta suerte de binaturaleza está allí lo humano, pero también lo divino. Es pertinente
explicar esto por el peso que tiene la religión en el personaje de Carmen Rosa, su estado de
desesperación no empieza por la crisis social, sino por la divergencia entre su pasión carnal por
el sueño que tiene con el ángel, luego por Sebastián y sus principios cristianos de castidad física
y mental. Lain dosifica la cuestión cuando contrapone la desesperación con la esperanza y la
define como su contrario, queda así: «La desesperación es la pasión de las almas frente a un
porvenir real o aparentemente impenetrable e indominable». (Lain, 1953, p. 98). Lain habla de lo
inalcanzable, esto aplica para el plano espiritual y el físico, es esa rendición de esperar lo
deseado puesto a que se va deformando por la incertidumbre, se torna imposible, lejano y a veces
inmerecido. Kierkegaard habla de discordancia, Lain de lo inalcanzable. Se complementan los
conceptos. La disonancia origina desesperación pues separa al espíritu de su estado ideal de
unidad, de yo mismo y la vuelve distante, inaccesible. Resta pues que la desesperación es aquello
que surge en el ser cuando el ideal (cualquiera que sea) se vuelve imposible (según la percepción
del momento) de lograr o de mantener.
Paisaje espiritual desde los personajes Carmen Rosa, Miguel Sanabria y la niña María. Los
desesperados de lo inmaterial.

Habiendo aclarado el concepto de desesperación que se manejará para este análisis,


resulta pertinente plantear el desarrollo emocional y espiritual de los personajes, su posición
inicial y la forma en la que terminan. Esto se deviene en que el estado inicial de estos tres
personajes en cuestión es de una desesperación que tiene que ver con sus creencias, vivencias y
demás, resulta entonces un elemento catalítico la situación del país en la que los personajes, tanto
de Casas muertas como de Patria o muerte, se encuentran. Los tres personajes se hallan
desesperados por principios, sus ideales se ven contrariados por elementos externos que afectan
proporcionalmente su interior. Se enlista a continuación iniciando con la obra de Otero Silva:
Carmen Rosa: el escenario de la novela es un pueblo en el que las mujeres se dedican al
quehacer religioso. Carmen Rosa, como se ve en varios pasajes, es muy devota y se preocupa por
cumplir con lo que el precepto católico le demanda; sin embargo, sigue siendo humana, en ella
crecen pasiones, la pubertad la asfixia, anhela el amor de un hombre, además, en un sitio en el
que no se hallan muchas distracciones, es comprensible que se inclinara a esos pensamientos.
Fantasea con la escultura de un arcángel que se encuentra en la iglesia de Santa Rosa, donde pasa
la mayor parte del tiempo, una inquietud la lleva a confesarse con el padre Pernía: ¿Soñar es
pecado, padre?, preguntó ella pues sabía que lo que había sucedido en su sueño era algo
despreciable, cosa que luego acepta cuando el padre le da la calma ilusoria de expiarse con un
fugaz avemaría, pues un sueño para él no era de gran importancia, aún más cuando Carmen Rosa
admitió que ya fuera de lo onírico y en su racionalidad, el suceso le pareció detestable. Quedan
resquicios de ese recelo cuando el próximo contacto romántico sucede fuera de los sueños, en el
plano de la realidad; Sebastián llega a su vida, y le da una esperanza, la esperanza del primer
amor, de ese principio del enamoramiento, sutil y expectante. En un amor así, son varios los
puntos en los que la desesperación tiene lugar; el primero es cuando Carmen Rosa ya espera
(nótese la noción de esperanza) la venida de Sebastián cada domingo, se sorprende a sí misma
contando los días para el final de la semana, pero el desatino ocurre al Sebastián faltar un
domingo a su cita implícita. Es la incertidumbre el abono de la desesperación, las posibilidades
trágicas se acumulan, ¿será que está enfermo?, ¿le habrá sucedido algo malo? Estas preguntas se
hace Carmen Rosa por sí sola, piensa primero en el bienestar del ser amado, ese es uno de sus
ideales, mas le falta algo de malicia para llegar sin ayuda a la conclusión de que Sebastián puede
estar comprometido con otra mujer, si no es porque Martica la dirige a ese horizonte; un evento
que desalinea su otro ideal, el de ser la única mujer para Sebastián pues esto viene incluido en el
enamoramiento. Al finiquitar el desagravio viene otra clase de incertidumbre, dada por algo
todavía más externo, eso que a lo lejos es catálisis, no obstante empuja un cardinal más que
importante pues el inicio y final de la obra se encuentran en él: la lucha Sebastián contra la
dictadura gomecista. El amor de Sebastián hacia Carmen Rosa no se ve cuestionado, está
confirmado, la desesperación entonces nace de la merma del bienestar del ser amado, por el
peligro en el que se encuentra, luego por su pérdida en la muerte y finalmente el temor del
bienestar propio, no hay nada que ate a Carmen Rosa en Ortiz, su permanencia allí cultiva la
desesperación, no sabe qué será de ella y decide irse al oriente del país en busca de esperanza,
seguía así el consejo de sus allegados.
Miguel Sanabria: «Hincar el diente y sentir saltar el jugo de la mandarina sobre su lengua
le devolvía una extraña calma. A veces, también, se despertaba con unas inexplicables
ganas de llorar». (Tyzska, 2015, p. 9). La cita anterior es un segmento de la introducción a la
situación del primer personaje que se presenta en Patria o muerte. No se da vueltas al respecto.
Sanabria está en desequilibrio con su yo, cosas vulgares, crisis de la mediana edad, la jubilación
de un trabajo de tanto esfuerzo, dedicación y tiempo; son elementos que convergen para llevarlo
a un estado de desesperación del cual solo una mandarina matutina le podía apaciguar de
momento. A diferencia de Carmen Rosa, esta desesperación no viene de un principio religioso
sino de uno práctico, de superación personal, de una sensación de nobleza que Sanabria quisiera
conservar, por eso se hace presidente de la junta de condominio, una distracción que parecía
ligera y por demás productiva, a posteriori verá que se equivocó ya que eso le conllevó a
presenciar muy de cerca el litigio entre Andreína Mijares y la familia Lecuna con el apartamento
que la primera le alquiló a ellos; aquel asunto tan delicado inunda de disonancia su espíritu. No
solo aquella situación le causa la divergencia espiritual, la ocurrencia de su sobrino al confiarle
los videos tan íntimos del presidente convaleciente le origina la duda, ¿qué es lo más
conveniente? O ¿Qué es lo más noble? Si uno se centra en esta dicotomía interna, que la sazona
la personalidad de su esposa, resulta como un deus ex machina el incidente de la pérdida de los
videos por estar en el bolso del niño Rodrigo y este escaparse con María, desaparecía así los
videos y la desesperación de Sanabria.
María: «Un muerto más y te saco de la escuela». (Tyszka, 2013, p. 20). Con estas
palabras la madre de María sentencia a la niña al encierro total y al escape por la hendija
cibernética. Resultan trágicos los vaivenes de la trama de la niña María, primero condenada al
enclaustro por el temor de su madre que la inseguridad urbana le ha causado, desesperación por
deseo y miedo a lo desconocido; segundo, la muerte de su madre por el mismo objeto de la
sobreprotección de la misma hacia ella. Implica algo más impactante el hecho de que se plantee
que una niña de nueve años vea a su madre morir y que ella solo vea factible huir a su casa y
volver al claustro, simular que su madre seguía con vida dejando todo como lo colocaba ella. La
desesperación en una niña de nueve años, de un momento a otro debe valerse por sí misma. Otra
vez sale a relucir el factor romántico que da esperanza y a la vez resulta un aliciente para la
desesperación cuando este romance se confunde, no se materializa, se aparta de lo ideal. María y
Rodrigo al conocerse por internet se dan apoyo mutuo, surge en ellos el deseo de huir, así como
Carmen Rosa, ellos no ven nada que los sujete al punto donde se encuentran, pueden ser libres.
Libertad, algo que María con su madre nunca llegó a conocer.
El común denominador entre estos tres personajes es que su desesperación surge de lo
inmaterial, de principios, de emociones, sean originadas desde su interno para germinar allí o
desde lo externo para el mismo propósito. Se genera entonces una clasificación muy propia de
este ensayo. Estos personajes son los desesperados de lo inmaterial.

El paisaje físico de los personajes Sebastián, Fredy Lecuna y Andreína Mijares. Los
desesperados de lo material.

Como se puede ver, ahora se postula una contraparte, los personajes que se clasifican de
materiales. Sus ideales van en provecho del bienestar físico, los bienes, el dinero; sin embargo en
detrimento de ciertos principios morales que vienen por defecto, se evidencia un proceso de
degradación cuando se buscaba el mejoramiento material. Esto se ve marcado en el caso de
Fredy Lecuna y Andreína Mijares, Sebastián parece no tener cabida en esta clasificación, pero ya
se argumentará el porqué de su posición a continuación:
Sebastián: Otero Silva busca personificar al joven del llano en este personaje, es el
ímpetu, es el valor y el honor, elementos que se hacen notar en situaciones como la de la crisis en
la que se encontraban Ortiz y Parapara. También al momento de conquistar una joven tan
especial como Carmen Rosa, si bien Sebastián es descrito como buen mozo, el bagaje de Carmen
Rosa la hace dibujarse inalcanzable a ratos para él. Es una desesperación que comparte con
Carmen Rosa. La otra desesperación que es única entre todos los personajes (aunque puede
relacionársele con la de Sanabria) es la que nace cuando Sebastián se encuentra con los
estudiantes que protestaban en contra de la dictadura gomecista. Esto le abre los ojos a Sebastián,
se da cuenta de que debe hacer algo por la madre patria y asegurarle el proceso un futuro a Ortiz,
específicamente a Carmen Rosa, pues un futuro a Carmen Rosa era un futuro los dos juntos, ese
era su deseo más grande, tenerla como esposa, formar una familia con ella y mantenerla. ¿Por
qué entonces se encuentra en esta clasificación? Pues justo por aquello que le hace parecer
bueno, esa valentía tan impetuosa que resulta hasta imprudente. Se fió demasiado en sí mismo,
su intención terminó siendo la de su propia figuración, que él fuese uno de esos que libertó al
país de la dictadura. Un impulso sin raciocinio, sin sopesar que perdería eso por lo que estaba
luchando durante la batalla.
Fredy Lecuna: Este personaje puede llegar a ser un símbolo de todo aquel periodista que
sufrió censuras y tentaciones en el medio de la comunicación venezolana. Está rodeado de
circunstancias adversas: lo van a desalojar junto con su esposa e hijo de nueve años, está
desempleado, la situación del país le excita la vena de la verdad en la pluma y todas las puertas
se les cierran. Hasta que se le presenta una solución que parecía magnífica, escribir un libro
sobre la mayor atracción del país, el presidente y su enfermedad tan misteriosa. El desespero por
sacar adelante a su familia lo lleva a peripecias en Cuba en busca de información, se mete por
recovecos éticos difíciles de transcurrir. Le ocurre algo parecido a Sebastián, en la lucha por
mantener a su familia, la pierde. Fredy Lecuna termina escribiendo propaganda que no se vea
como propaganda, por una amenaza (el intento de descubrir la verdad en un entorno en el que no
le era permitido) y una seducción (el pago de una cuantiosa cantidad de dólares) mientras que su
esposa se separa de él y su hijo desaparece.
Andreína Mijares: La emigrante que vuelve. Está intrínsecamente relacionada con Fredy
Lecuna, puesto a que ella es la dueña del apartamento donde este y su familia vivían. Desespero
por el regreso no deseado a una situación tan errática como la de Venezuela y por encontrarse
con que no tiene lugar donde quedarse cuando ella es poseedora de una buena vivienda. Esta
desesperación le hace recurrir a esta clase social de la cual ella siempre se vio alejada. Contrata a
tres mujeres, seguidoras por no decir devotas, del presidente, que se dedican a invadir
habitaciones, edificios, etc. Por una módica suma, estas mujeres les harían la vida imposible a la
esposa y al hijo de Fredy Lecuna para que se terminaran yendo del lugar. Esa desesperación que
sonaba a catalítico desencadena un cardinal que afecta no solo a Andreína, sino a la familia
Lecuna y a estas tres mujeres de profesión innovadora.

Acciones ante la desesperación

Se presenta a continuación un esquema de las acciones cardinales que tomaron los


personajes antes mencionados que la desesperación desencadenó.

Desesperación inmaterial

Carmen Rosa Huida activa (ellas se alejaron de la fuente externa de


María su desesperación)
Miguel Sanabria Huida pasiva (las circunstancias alejaron de él la
fuente externa de la desesperación).

Desesperación material

Enfrentamiento directo con el objeto de su desesperación


Sebastián
(proceso de mejoramiento épico y de degradación afectiva)
Fredy Lecuna
Enfrentamiento directo con el objeto de su desesperación
Andreína Mijares
(proceso de degradación)

Teniendo sobre la mesa todos estos datos y sus respectivos análisis, se tiene por
conclusión, pues, que la desesperación trasciende a lo catalítico, impulsa acciones nodulares,
transfigura a cardinal en cierto sentido si se habla en lo pragmático. En estas dos narrativas surge
la desesperación de esta manera y se comporta como tal, probablemente porque su ambiente y
contexto, aunque basadas en verdades distantes en el tiempo, es una sola en el fondo.
Lista de referencias

Araujo, Orlando. (1972) Narrativa Venezolana Contemporánea. Caracas, Venezuela: Tiempo


Nuevo
Barrera, Alberto. (2015) Patria o muerte. Recuperado de www.lectulandia.com
Kierkegaard, Sören. (1835) Tratado de la desesperación. Recuperado de
https://files.bereniceblanco1.webnode.es
Lain Entralgo, Pedro. (1958) La espera y la esperanza. Madrid: Revista de Occidente.
Díaz Seijas, Pedro. (1955) Historia y antología de la literatura venezolana. Madrid-Caracas:
Casa editora Jaime Villegas.