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El Orgullo Destruye y la Humildad Edifica

Proverbios 16:18
18
Al orgullo le sigue la destrucción; a la altanería, el fracaso.

En mi vida profesional varias veces escuché, y hasta llegué a pronunciar las


siguientes frases:
 “Sube como palma y cae como coco”
 “Es más fácil destruir que construir”
 “Lo más fácil es criticar”
 “Yo critico constructivamente”
 “Nadie sabe con la sed que otro vive”
Seguramente sobre el tema haya más frases, y se asegura que son basadas
en la sabiduría popular.

Y al estudiar la Palabra de Dios para preparar esta prédica encontré que la


base principal es la Palabra de Dios, pero también encontré que en la Palabra
se hallan las causas de la destrucción y de la edificación.
Y el título de la prédica nos da el súper-resumen.
En el versículo leído hallamos la primera parte:

Después del orgullo viene la destrucción, es decir que la consecuencia


principal del orgullo es la destrucción. Como sabemos que uno de los
principales propósitos de Dios es que nos relacionemos con ÉL, con los
demás y con nosotros mismos.
El cristianismo es relacionismo.
Y como el orgullo aparece en el trato con los demás, podríamos afirmar que
cuando somos orgullosos se destruyen, se desquebrajan, se debilitan, se
rompen nuestras relaciones.

De igual manera en la segunda parte del versículo hallamos otra Verdad: a la


altanería le sigue el fracaso.
Recordemos que la altanería es una manifestación del orgullo, y si somos
altaneros con los demás, nuestras relaciones con ellos van camino al fracaso.
Si en mis relaciones soy orgulloso a todas ellas las destrozo.

Al revisar la Palabra de Dios me encontré con una de las causas del orgullo
en nuestras vidas.
Salmos 10:4
4
El malvado levanta insolente la nariz,
y no da lugar a Dios en sus pensamientos.

El orgulloso es quien mira a los demás por encima del hombro, y para ello se
eleva él mismo o baja a los demás.

Pero además de levantar insolente la nariz no permite que Dios esté en sus
pensamientos.

Y una lista no exhaustiva de no dar lugar a Dios en nuestra mente, en


nuestros pensamientos, es la siguiente:

 Tener, contemplar y ceder al deseo fuerte de llevar a cabo nuestra


voluntad y no la Voluntad de Dios.
 No buscamos comunicarnos con Dios a través de la Oración y de Su
Palabra
 Confiamos en nuestras propias fuerzas y en nuestros propios recursos,
pues hemos decidido no depender del poder del Espíritu Santo.
 Interesarnos más en controlar a las personas que nos rodean en cambio
de desarrollar el dominio propio.
 Colocar el sello falso de importancia a las actividades egoístas para no
buscar a Dios y conocer y hacer Su Voluntad.
 Preocuparnos excesivamente en lograr el reconocimiento que creemos
debemos recibir porque nos lo merecemos.
 Pensar y creernos más humildes, más espirituales, más dedicados que
otras personas.
 Manifestar sentimientos de inferioridad frente a los demás, pero bajo el
propósito de mostrarnos humildes sin serlo.
 Darnos el crédito a nosotros mismos por algo que Dios ha hecho.
 Arrebatar la gloria que solo le corresponde a Dios y para dárnosla a
nosotros mismos.

El orgullo en esencia es una auto-adoración, colocar el YO como el número


uno en nuestra vida.

Pero debemos recordar que cualquier cosa que hagamos en este mundo, no
habría sido posible si Dios no nos hubiera permitido realizarla. Y por esto es
le damos la gloria a Dios – porque solo Él la merece.

Lo que se opone al orgullo, a la soberbia, a la pedantería, a la altanería, es la


humildad.
Y además de tener en nuestro modelo, el Señor Jesucristo, el ejemplo vivo
de humildad en Su Palabra encontramos las indicaciones para que recibamos
de ÉL la humildad, como parte del Fruto del Espíritu Santo, y la cultivemos
para mantener relaciones que edifiquen.

Proverbios 18:12
12
Al fracaso lo precede la soberbia humana; a los honores los precede la
humildad.

Este versículo nos sirve para la transición del orgullo, o la soberbia, a la


humildad.

Nuestra soberbia humana nos conduce al fracaso, mientras que la humildad


precede a los honores.

Los honores de ser discípulos de Jesús, los honores de ser obedientes y


practicantes de Su Palabra, los honores por pertenecer a la familia de Dios y
dejar que los demás vean la Obra transformadora de Dios en nuestro sr
integral.

No somos humildes para buscar los honores, pues ahí mismo aparece la
soberbia, recordemos que Dios escudriña nuestros corazones.

Ahora revisemos algunas de las consecuencias adicionales de ser humildes.

1 Pedro 3:8
8
En fin, vivan en armonía los unos con los otros; compartan penas y
alegrías, practiquen el amor fraternal, sean compasivos y humildes.
No hay mucho por añadir, sino más bien repasemos las consecuencias de ser
compasivos y humildes.
 Vivir en armonía los unos con los otros. Los “otros y los unos” incluyen
los nietos, los bisnietos, las nueras, los yernos, los vecinos, los amigos,
los conocidos, los que no son tan amigos ni tan conocidos, ….
 Compartir penas. El Espíritu Santo es nuestro consolador, pero
nosotros recibimos consuelo para poder ser instrumentos de Dios y
llevar Su consuelo, incluso con solo nuestra presencia, a quienes
conocemos y tienen alguna pena.
 Compartir alegrías. Cuando hemos recibido de Dios no es para que
acumulemos sino para que la asimilemos y la compartamos con los que
nos rodean en ese momento. Y como Dios dice que en todo momento
debemos estar alegres, debemos compartir de esa alegría, dándole el
crédito a Dios.
 Practicar el amor fraternal. Nuestro Padre Celestial nos ama y de ese
amor, en el gran Mandamiento nos instruye de como nuestras
relaciones con ÉL y con los demás deben ser.

Efesios 4:23-24 23
ser renovados en la actitud de su mente; 24 y
ponerse el ropaje de la nueva naturaleza, creada a imagen de Dios,
en verdadera justicia y santidad.
El ropaje de la nueva naturaleza, entre muchas otras, contiene la humildad,
y por eso el apóstol Pablo nos exhorta a que renovemos nuestra actitud
mental y asimilemos que la humildad es para relacionarnos con Dios y
permitir que ÉL siga obrando en nuestra vida, que nos sometamos a ÉL, nos
pongamos en paz con ÉL, para que sigamos creciendo en nuestra relación
con ÉL.

Todos nosotros como hijos de Dios, como miembros del cuerpo de Cristo
hemos sido justificados por ÉL, y estamos en el proceso de santificación.

Y con humildad verdadera podemos ser instrumentos de Dios para que


nuestros familiares y vecinos y amigos no creyentes, lleguen a los pies de
Cristo.

Para terminar revisemos algunas de la recompensa que Dios nos promete


para cuando seamos humildes.

Proverbios 22:4
4
Recompensa de la humildad y del temor del Señor
son las riquezas, la honra y la vida.
En principio, vemos que la humildad está asociada con el temor del Señor, y
promete riquezas, honra y vida.

El Señor es el Señor, nosotros somos mayordomos y para ser hallados fieles


debemos ser humildes.

Y el título podemos cambiarlo para que lo recordemos con mayor precisión. Y


nos permita Dios al poner en práctica la humildad, y Su Palabra, construir
puentes y no muros para que tengamos relaciones bendecidas por Dios.

El orgullo destruye, la humildad construye.