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P. Rafael Ballerini S. J.

LAS PRIMERAS PÁGINAS DEL PONTIFICADO DE PÍO IX

P. Rafael Ballerini S. J. LAS PRIMERAS PÁGINAS DEL PONTIFICADO DE PÍO IX

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Rafael Ballerlnl, S. J.

LAS

PRIMERAS PÁGINAS

DEL PONTIFICADO DE PlO IX

O b n pórtum *

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KtUNCISUO 8U Íl;E Z BHAflO

OuM UCDCU BE. OiDlSAttlO

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B A R C E L O N A

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HEREDEROS DEJCAN GILI

Editores --------

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C o r t e é ,

581

ADVERTENCIA IMPORTANTE

El m otivo porqae b

escribid esta obra

pronto

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v e ri

que ahora

explicado por la galana ploma de e'J autor. L o

sa

trata de manifestar es la causa por la eual se publica en

la

actualidad, después de haber estado archivada más de

m

area U años. El P. RsJáol Baüeriiii ae oeapó durante

algún tiempo con grau ahinco en componer ]a historia completa del pontificado de P ío IX , y tasto que, á 6 nee do L867, tenía compuesto el primer volumen, que dedicó

á San Pedro, en cuyo aflo ae celebró el décimo octavo cen­

tenario de su martirio. Pronto ae dió cuenta el celaBO au­ tor de las dificultades que rodeaban su empresa mientras viviesen las personas suyos hechas debían sor juzgados por

la bisuria. jQué de íntere® e y pasiones ee agitarían y

ouánta oposición había de enooobrar la verdad para ha­

cerse paso! ¿Debía publicarse en estas condiciones? L a respuesta más aoertada, la que la prudenoia sugería,

era negativa, no tanto por el volomen y a oompuesto, cuan­

to por los que bablan de seguirle. £ra completamente in­

útil principiar la publicación de aquello que no había de

oouLLnuarBt»; resultarla un cuerpo sin cabeza, y por tanto,

el libro, ya impreso y en disposición de ponerse á la ven­

ta, íué recogido en espera de que se presentasen circuns­

despaás

tancias mejores. L a gravedad de los suoesoa que,

do la roanión del Concilio Vaticano en 1860, se sucedie­

ron ouu la brecha abierta en la Paerta P ía el aflo de 1670,

explican fácilmente que no se pensase ya en oontinuar la obra, sobre todo porque el P. Ballerini, á causa de las

condiciones en que oolocó el nuevo gobierno á la Compa* ñía de Jesús oon la ley de 1973, se vió obligado á seguir

á sos hermanos de Oompaíiía en aquella inioua dispersióu,

pira dedicarse á otros estudios y ministerios.

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A»T**a«B7U re ro m F T i

Uua circunstancia especialísima víeae hoy á dar valor

á lo escrito en 1867. La memoria del gran Pontífice os ob

jeto de veneración en iodo el mundo católico; en todas

partease recogen testimonios y documentos para «aclare

cer loa hechos «le su vida y los ejemplos de sus virtudes,

y su sombre parece destinado á brillar con le* rfAplarvln

res de la lúe celestial. Para sccuudar celo movimiento,

en tí© los documentos quu puwluu iluslrai- la meuioiia do

Pió D i, ha de contribuir ele uu modo poco comiío el libra

que publioamos hoy, por tina condición muy apreciablo;

es la siguieute: Cuando el P . Ballerini escribió esta histo­

ria, al salir las pruebao do la imprenta las presentaba al flnmn PuuLíCct, quieu, por la benevolencia que dispensaba

al escritor y á sus oolegss de la revista la Civil:á Catioli-

oa, se dignaba leerlas y poner notas ó ccrreccioQ&a, según

el oa»9 lo requería. Coo este antecedente, es fácil compren-

cer el gran peso de autoridad que tiene todo lo que hay

compuesto, ce tal modo que las noticias que se dan refe­

rentes á la persona del Pontífice, pueden considerarse co­ mo su autobiografía, pues de él procede la icfbrtnación ó

la aprobación, y lambido lo escrito o. mano.

Además da las pruebas de imprenta origioaleB, y del tes­ timonio indudable de colegas contempordcoos, quo bacea

evidente la oeneara y revisión papal, tenemos la confirma­

ción auténtica de ello en una c a r » escrita por Monseñor Calixto G io r g i(1>, de la eual dames aquí oca reproducción folobípica, para mayor satisfacción de nuestros lectores.

En las pruebas, cuidadosamente consorvsdas, puoden verse clarfsímamenle los vestigios de la revisión papal. Ya

son rayas en el margen de lo impreso, para llamar la

atención hacia un comentario que luego se comunicaba de

(I) Moa*. C a lillo Giorgi le í » oooui ■ecral&rin d d Papa, qaa b hubta

ímola. Nombróle primerameate anpedor de T**

por 6) fuslAdo. Se reti­ aiiuM mi IM S. L a c a r­

|wí uM livus d e luJud i 1a siliJaü d« P.eve, JuD ile

ta aeU eacrila deepnáe de t u oorr«oowo« heobna esbre Im frlm m a prnsboo en Nov^mhre ri# 18W ; pero Im iuicm y rectiAcaciMiM de igual letra ge er>

ta G io v u o i, y luego Tice Reetcr del B e a iu rio P Ij,

tenido t * i a cabcU Is en

cae etn o tambíéa sa ) u ¿1 tunas pniebaa.

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<Mvy Reverando Pidra:

>Re coDuníotde ti Padre Sentó loe aentlmiantoa de la última aaita de V . R y do dado q a e leerá laa prwAa*, potqne b a ü a e s

ello m acho gusto

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glorioso pan

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¿ ¡atarée. C uuliude, |*uw, cuu aolivúlaú an

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letna y

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Sede.

M pw ciulm m te pan U

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>Tt veri V. & la pequefla variaste col n." 38, y per el oarioter de la letra, canoserá qm¿o la ha hocbo. >Ood todo aTocto me reitero (h V. B. tfeclíiimo servidor y amigo,

>Pi»ul. Bem. fío, 25 de Noviembre de 1805.

R, V. Rafaú Jiaüerini, S. J.

Calixto Gwryi>

8

ADV1HTMCU UnKt&BTS

viva vos, ya frasea borradas, para sustituirlas oon otras

m is adaptadas al pensamiento del Pontífice; ya adioionee

puestas por su maco, para que se insertasen eD el texto. Loe lectores las encontrarán, en número cooaid«r»ble, al final de este libro, y medíanlo ollas, podrán cotejar la re­

dacción actual con la primitiva.

Hemos dicho que la cualidad más relevante de cetas

páginas, era la de haber sido sometidas 4 la inapeocióa de

P ió TX y merecido ser rebocadas eo algunos puntos por

tac augusto «colaborador»; pero no por oso deo irnos que sea la úaica, paos, aunque ba perdido novedad la narración por el trascurso de más de medio siglo desde el origen de

aquel pontificado, estudiado concienaudamente eo la so

lualidad por amigos y adversarias, no por eso be perdido de cuanto atafle i la perspicacia de los juicios, i la

fuerza de loe razonamientos y á la majestad de «u eebiío.

L a Darradóu so lim ita á unos pocos meses <1(, los que me-

dian desde la elección del Papa hasta fines del mismo a fio

de 1846; pero téngase cuenta con que no era más que el priaoipio de la obra que meditaba el autor, el cual en el

prólogo expone el diseño, indioa loe motivos, citft las fuen­ tes y se defiende de la taoha de pardal; pero entiéndase bieo, de la parcialidad que disfraza loa hechos y falsea las

causas eon el fin de favorecer á alguno, no de la parciali­

dad que con la verdad mmhate la mentira y onn

cia la maldad. Bajo ceto liltim o aspecto era oomo el P. Ba llerini quería cutr el paladíu y apologista de la Saula Sede,

Cuyos derechos defendía denooadamente ensalzando sus

servicios, excusando las inevitables deficiencias y desea- mascaraado la » srtea infames oon que era atao*rU por las

eeotae, eogüo después ae ha visto que suoedió. Auoqao

es un periodo de historia uiuy reducido, uu fitlluii por aso

)a ju sti­

( 1>

E l aovoi. p » m d iM o t*r bi<n aa « b » ,

h«bU h w h o q ar U

picocdm e

en* lAigRÍnirailiiMÍÓa, oo U cca L «n r á t * dol «nado gip ad il d»

Italia dM-

troéí d-í la calda de Kapolecn ], dul p ontifisdo de Pío V il y del de Oreto­

ño X V I, mtadi&h*

|i*r>li.riui de la uierfc revolución. E ila introduceido w lii cituitido, ¡jonjon <ance do oportunidad para al unUolo que n perague a U preetuU édielóo

euidadoMmeoUt ,oe tearetna de los wuIm, pre-

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páginas uagútralm ante expuestas, «d laa que la palabra del escritor es el eco y la inspiración de un pensamiento miia alto, Sirva oomo de ejemplo el tan debatido referente

á la amnistía

oonoedida i loe rebeldes por P ío IX .

A l trabajo del P. Rafael Ballerini, hu^a hoy inédito,

hemra creído conveníante añadirle Un apándicn, congenien- do otra n&rnoión LU:órioa del prínoipio de aquel pontifi- aulo, «scriu por el P. Antonio Breeciani, y pablicada ya formando capítulo en so oelebrada novela E l Hebreo de Verana. Síd dada que nadie pensaría encontrar, inserto en una nota, un episodio estiictam oate histórian y tan veraz en todos sus detallas, como el qne allí preeeota el diatio- guído escritor, quien, para asegurar la fidelidad de su obra, estimó ser lo mejor de todo someterla á la corrección

del tantísim o Padre en persona.

E l ejemplar que se nos

entregó oomo preoioso recuerdo, tione en la portada la ai-

guiente

inscripción puesta por el referido P . Breeeiani:

 

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Laa eorreociones del Padre tiento, se reducen en gene­ ral á la supresión de circunstancias ó reflexiones que no co­ rrespondían con la verdad. A excepción de dos pasajes en

loe cuales Im do atonoión oom spoodon & la adi­ ción de cierU» anécdota, sugerida mauíGeslaiiiente por el Pontífioe, de la qae había sido principal protagonista, las

pocas palabras que hay en el margen parece que Aieron

estampadas par el P. Breadani para enmendar el texto

10

ADvnvnciA iiraBTijcra

oon arreglo í Ia s índieacioDea reóbidas. Sea oomo fuere, tambirfn aquí aparece autentificada 1a narración por la re- víomSo pontificia en bulo aquella cjua bluue pereotialmunUi al Padre Santo, k> oual no et pooo, p&reciéndonra que la importancia de la obra merecía la pena de que lo bicióee- moa notar. Hemos consignado oslas observaciones previne, para que

bh cuuuuat «1 valor »xao.t> de ohUi publioacióu. Cou ella do

se pretende reT elar Dada que do sea conocido ya por la

historia; pero « una página de ianeg&ble autoridad para esolarecer las oolioiaa qae tenemos de aquellos días difíci­ les de la vida de Pío IX , ofreciendo á su memoria eete ho­

menaje de reoouooúnieuto y de justicia. La CiviUC» Cottoiica.

MOTIVOS DE LA OBRA

Probablemente no se ha escrito t&oto de ninguno de les Soberanos Pontífices mientras vivió, oomo del Papa Pío IX . Loa volúmenes referentes ¿ su persona y hechos se han so- cedido ood inusitada frecuencia en loe veintiún afiaa que

han transcurrido desde su elevación al Poctidcado (:). Los diversos comentarios referentes ¿ su vida, las orónicas eo

aquellos días, laa

que los de uno y otro partido refieren

historias en que ae narra alguna de sus vicisitudes, eo fin

lae ccmpoeiciouee variadas ooo diferentes títulos j e n d i­ versas lenguas qae tratan de hechos ó asuntos referentes

á en doble reinado, son tan numerosas, que, de reunirías

todas, formaríau uca abundantísima biblioteca. Tamhión yo, sin obedecer á loa halagos ni tem er '.os v i­

tuperios, deeeo ofreoer á los contemporáneos en los prime­

ros días del vigésimo segundo año de su potiliGcado el bos­ quejo de su historia. Esta empresa ae encuentra justifica­

da por el ejemplo de otros escritores, lo» cuales, al prece­ derme, coa inteligenáa unos, con torcida intención otros, quién con sabiduría y valor, qu ilo con refinada malicia, ya defendiendo, ya atacando los actos de soberanía j la doc­

trina apostólica, los derechos sagrados y loa civiles, me

han facilitado grandemente el cárnico. N o dudo que tal

justificación ha da ser admitida por laa personas discretas, teniendo presente que los tiempos han variado, que cier­

tos hechos que en épocas de menee publicidad se conside­ raban una temeridad, hoy, por el cambio de oostumhres, ae estiman oportunos. Abrigo la firme persuasión de que,

p a n mi excuaa, do necesito argumentos más sutiles, como

ocurrió al P . Pallavian o cuando, en circunstancia* pareci-

 

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TWftt preent* «I lector

eeU tnb^o u ucribii «1 ido de 1S87.

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das,

aiin vivo.

escribió la historia del Papa Alejandro v i l , estando

Existen otras dos razones que me alientas para dar &

luz el principio de este trabajo. U na de días es que loe he

chos que voy 4 exponer hace bastante tiempo que bao ocu­

rrido. Por (dio la discreción uo pone Unloe obsláoulos pa­

ra quo so lanceo á la publicidad, con lo cual hay más ver­

dad su su uarración. Ea la segunda que aquellos sucesos,

por lo mismo que son poco conocidos, son juzgados con me-

dos exarhitnri Ha ln que ormviene, y de ahí que un cuida*

doeo relato de ellos ayudará, sin dcda alguna, á esclare­ cerlos y i que sean mejor apreciados.

Los fuectes á que be recurrido, y de las que me valdré, Dios mediante, en lo sucesivo para conocer los sucesos, sou variadísimas, y algunas muy recientes, según so v e ri por las frecuentes oítoa que pongo ec otsi todas las páginas. L i

bros y folletos grandes ó pequeños, con tal que sirviesen i

mi propósito, y aun diré más, cualquier escrito de impor­

tancia que fuera posible ver ea loe arohivos, aun en loe más reservados, de quo tuve notisia, nada quedó sin ser exa­ minado por mL Tampoco ba de ooultar que tengo á mano memorias manoscrítae, relasionee y oartae inéditas de gran precio, las que conservo originales, copiadas ó en resumen,

formando la colección más notable que desearee pueda, sobre asuntos concernientes á loe preparativos, progresos y fio de loe alborotos de Roma, desde 1646 á 1850.

Tal ooloooión es fruto de los paoiontísimos investigado

oes de mi distinguido amigo el comendador José Spada,

quien, dórenle ocho afioe continuos, ha llegado á reunir, entre periódioos, libros, opúsculos, aatógr&fbs, procesos políticos, bandos, manifcst/ts, poesfae y otrne dnenmentoe sumámoslo curiosos, unos mil volúmenos, loe cuales por

uo

mo;Ívu ó por uiru m ruGoreu el cuadrienio revoluciona­

rio;

y por si oo fuese bastante, ilustró esta colección, cuya

parte más selecta la obtuvo del Santo Padre Pío IX , con ana crónica minuciosa, varios fndioes, on dinonreo disnal-

pando á loe romanos, y otra poroián de trabajos eruditos,

■uniu* DI Lá SftU

13

que, cuando v&in la loe ptiblioa, le aaignaráo lugar muy distmguido entre los beueiuéritoa ciudadanos da Roma.

A pesar de esto, oomo he de tratar ds sucesos bastan-

te recientes, de los que está fresca la memoria eu muchos que los presenciaron ó tomaron parte en ellos, do quise pasar por alto el iuterrogar ¿cuantos estaban en oocdicio-

nos de poder informarme; 7 san cuando be de ocultar sus

cumbres, porque uo siempre es conveniente divulgar el me­ dio por el cusí se hsn adquirido las noticias que traían de sucesos ooutemporineoe, es licito valerse de su autoridad, si nr,rwt raigones no lo impiden, y asi suele hacerse al refe-

rir hechos quo son dol dominio de la historio.

A Gu Jo uidiuar, duu«la sua prucisu, los íuudamentos de

mis asertos, ó hacer uso, si me parece más conveniente, del crédito cue se me dispense, me valdré, al aducir testimo­

nios, de un térm ico medio, para que no as me tache de exi­ g ir re excesiva i mis lectores, ó presuponer, por lo contra­

rio, que dan escaso crédito á mis afirmaciones. También procuraré huir del vicio moderno de historiar, que bien pu-

diera llamarse « t i l o mosaico, introduciendo eo

do género de alegatos de variada cualidad, loe cuales más pareoen Agbir pegAdos. que formaedo el tejido ds la narra­

ción. Tal BisteuM, d mi cntondor, ce mée propio de los reco­

piladores do ducuuiMitüs, que no de l a historiadores. D e aquéllos, que no son más que los elementos de la historia,

prefiero, por regla general, apropiarme su sustancia y tras­ ladarla al texto, para que haya uniformidad en el estilo y

brevedad eu 1a narracién, sin quo ésta dejo por ello de eer proporcionada á la variedad de los sucesos, ni quite o lv i­

dad al todo, é falte á su integridad. N o sslari demás advertir que la fecundidad de sucesos

que se nota en el pontificado de F ío I X tema de mi his­ toria, es efecto ds la variedad de los tiempos; rasén par 1a cual estimo ser conveniente, para mayor comodidad, d i­

vidir estos hechos en tras períodos de duraoión desigual,

pero más desiguales eo vicisitudes. KL primero se extiende

desde au exaltación á la Cátedra ds Sao Pedro, en Junio

la obra to­

14

tfnnviu n t i.» wmu

de 1646, hasta eu regreso i Boma, ea A bril de 1850. del deatierro de Gaeta y de Portici; período en extremo a Por- tunado. El segando llega haeta ol moe do Abril du 18(0,

en que faé derrotada Austria por las tropas del empera­

dor de loa tranceses Napoleón 111; periodo que d más de tranquilo, ae distingue por el esplendor de las obras pon­ tificias. El tercero 64 prolonga desde cota rtltima fenhn,

entretejido ooo una serie de bcohos dolorosos, ni par que

gloriosísimas para la Sauta StaJuy la Iglw ia católica, lau­

to que por sí solos bastan para hacer inmortal el reinado

de un Papa. Esto snpneafcn, «a evidente qne la amplitud de eni ex­ posición ha de sujetarse más bien á los hechos que al tiem ­ po, y, por ouuaiguieute, que, en la composición del libro y distribución de materias, he de atenerme más bien ni or­ den armónico de la historia, que no á la simetría cronoló­ gica. Oon esto se explica anticipadamente el por qué de

la desigualdad que ae ba de Dotar eo el eooteoído de cada

Tolurueo, ya que no es posible limitarlo í unos cuantos

meses, sino que abarca el transcurso de varioa añua.

N o conviene que omita otra advertencia, y es que loe suoesoe de este pontificado forman parte principalísima de loa que, por doa veoea en el espacio de doce añas, ban tras* tornado á Italia. En efecto, las doa venes han dirigido, los

autores de tantas perturbaciones, todas sus miras ¿ la po-

sesión de Rom a y

tificia. El constante conflicto de P ío EX con loe falsos po­ líticos de nuestros días, conflicto que llena todo su reinado, no tuvo, hiera de esto, motivo, pues bajo el pretexto de li­

bertad italiana, ae le quiso arrebatar el principado civil, que, para la Santa Sede, es poderosa garantía de libertad

eclesiástica. De ahí que la historia de eete Pontífice d o co- tta ¿ la par, aino íntimamente ligada non laamemnrablea

deediobas q je rcoientemente ban abromado á los Estados

y pueblos

íaculladea separarla de ellas, en obsequio á la bi evedad del

de la peuíueula italiana. N o está, pues, eu uiis

al aniquilamiento de la soberanía pon­

trabajo, pues si lo hiciese, serla deficiente.

Konvoa E l LA o m

1a continuidad de las luchas sostenidas por Pío I X eon

este motivo, j la cualidad do sus impugnadores, hombrea

en su mayoría sin fe, han originado una dificultad que, por

m ás que sea m íe aparente que real, conviene eeftaJar. H a­

blo

del cúmulo de acusaciones, calumnias y euormidadea

que

oon el fío de ditamar á eu gobierno, á sus m ililitros y

¿

sua actofl, se leen, juntos A dispersos, en uu •iuotimero da

libelos de todos estilos y formas. Refutarlos todos, seria obra superior & laa fliercas del más infatigable apologista; y si todcs se desprecian, engeudraría sospechas de presun­

tuosidad, cuando no falta de valor para haoerlee (rente. A.

fin

de evitar ambos esoolloi, me pareoe oonveniente some­

ter

únicamente á prueba los más notables en si mismos, 6

lus

procedentes de eeoritoree más acreditados como adver­

sarios de la Sede Apostólica. N o se me oculta la objeción que los contrarios han de oponer ¿ mi hiitoria: la de pariría) par» non el Pontifica, 4 quien indudablemente me ligan loa víneuloe de la fo oomo

católico, de la obediencia como súbdito, de la devociúu como

miembro de un Instituto que profesa al Vicario de Cristo obediencia muy singular. Pero la misma objeción puede

h&oerae á los del bando contrario, oon referencia ¿ las his* torias por ellos compiladas, toda v e i que, como enemigos

dol Pepa ó irreligiosos por afladidum, cuaodo no traido­

r a , eeláa altamente interesados en abatirlo. Pues

bieo, á

esta objeción contestaré diciendo que la fe, la obediencia y

la

devoción al euoesor de San Pedro, mi Pootlfice. mi B ey

y

mi Padre, me vedan aer parcial por rasón del afecto que

lo

profeso, ni faltar ¿ la verdad, según la oual le amo.

TCogase presente, en primer logar, que la fe de a tó lio o

me

obliga i preferir los preceptos divinos, anteponiéndo­

los

á cualquier respeto humano, por importante que sea, y

que uno de «ana p rw ipto* es el de contradecir la mentira.

otra parte, la reveroocia do súbdito o iig o que trato 4

mi Príncipe !l> oou liouor; y es indudable que lo ultrajaría

Por

( 1)

eribb as

B

Vtedr* (Uj'mI

U a to ú —N. dd E.

BkUccicJen orlando ds Im BobaAm, y cu Ron* er

MOTIVOS DI LA OUU

bí, por mostrarme obsequioso, escribiese de él con dobles y fiklwícUií. Diga usLo coa lauta mayor sinceridad, ouanto loe ooutemporáneoe, bId exoluir á loe impugnadores, uaánime- mente tributan á Píu IX las alabauzas du paraunaje iíu g u - ro, de máa amante soberano de la verdad que ciüe corona en nuestros días. Finalmeate, la devoción de hijo e*ige que sirva á su causa, no qaj la perjudique; y es á todas laces evidente quo lo acarrearla grave da&o, si presumiese ensal­ marlo con mentiras que serían fácilmente descubiertas, es­ tando tan fréceos en la memoria de los hombres '.os hechos deque se trata. Hasultaría, pues, que además de pasar por la vergüenza de que ee me llamase con razón embustero, habría perdido la fe, huta para lo que de cierto asegura­ se, porque como dice un adagio muy conocido, al mentiro­ so se le niega crédito, aun cuando dice verdad. lie ahí en breves palabras lo que be creído convenien­

te advertir á loe lectora» de la

y Dios

me es testigo da qne al poner manos an olla, no me mueve ningún estímulo ambicioso, oomo t&mpooo me moverá oin gúii lémur, si Dius me concede vida y fuerzas para oonti- noara y concluirla. Si la verdad espoeata oon valentía ha de proporcionarme odio é injurias, los recibirá oon alegría, teniendo nomo gran dicha a) partinijiar, por haberla escri­ to, de las gloriosas ignominias sufridas por Pío IX, prota­

gonista de los hechos en ella relatados.

presente historie,

CAPITULO PRIMERO

E i teda del B a s o Caleció á la m iarte de Qregerio X V L —Convocación del

Runa-

mu me-

Oóockve j

ftu y

ie m ú

p n a n r io m

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la traaqnilicad de lae U i n u , de

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el oapenden

de

A utU i* y el ro j da 1

f - iin ir n

P ii|-rw iifn de Aatau

de Jo» caído

atice ol entrar en o) Qtaelevo.

Cuando ol Papa Gregorio X V I, al entregar su alma 1

Dios, dejó v a m ile la Swlu Apostólica, el Sacro Colegio que, como custodio del principado civil, ee hizo cargo de

loe negocios públiooe, ee componía de sesenta y dos carde­ nales. Seis de ellos pertenecían al orden de lea obispa,

siendo so decano el obispo de Ostia y Velletri, Luis Ui*

cara; cuarenta y oebo al orden de loe presbíteros, y ocho al de loe diáconos. Unos treinta tenían cargo y residencia

en Roma, diecisiete ocupaban puestos en ios dominios pontificios, ocho eran metropolitanos en el resto ds Italia, tres en Francia, 1100 en el imperio de Austria, y otro en

oada uno do loe roinoe eatóüoae de España, Portugal y

Délgioa. Había atilre «llu i due craulus por P íj V I I, siete

por León X I I y lea cincuenta y tres restantes hablan re­

cibido la púrpura del Papa Gregorio X V L En la nmhe del primero de Janio de 1846 en que mu­ rió el Padre Santo, ol Cardonal Deoano, según costumbre, reunió loe cardenalea preíoctoe de loa órdeuee de presbíte­

ros y diáconos que se ancón traban presentes, y al camar*

lengo Tomás Riarío Sforsa, quien por casualidad era el pre­ fecto de los últimos, y jonto con ellos, en nombre del au­ gusto Senado de la Iglesia Romana, ordenó que se cale- tirasen exequias por espacio de nueve días en euíragk» del

difunto Pontífloe, y convocó la reunión del cónclave para

el día décimo cuarto del relerido mee. Desde aquel momen­ to, el Sacro Colegio dedicó todos sus cuidados i loe prepa­ rativos para elpgir un digno ruommw da Gregorio X V I y

18

p oim rv^ w

d i

Pío n

asegurar la tranquilidad de loe Estados, á fio de qne la elección tuviese lugar sin disturbios da ningún género. Para conseguirlo, lomó uo potos precaucionas, y entre Otras, nombró para el gnHiarnn Hr Im Romañfw, durante la

aoseDoia de loe aua:ro cardenales legados j de loa ouatro cardan&lea arzobispos que estaban para llegar 4 6 o de con­

currir al cdnclave, 4 Monseñor Domingo Sarelli, hombre de mucha experieaoia y entereza ce carácter, y paja ias ¿lar­ cas, o n amplios facultades, 4 MonaeBor Domingo Luociar*

di, eo cjitieues depositó toda su confianza. Scwcjuulcs proooucíoQoa no uran excesivas, d¡ producto

de vauas aparituiuias, porque instigadas por loe rtílwldw,

tanto interiores como del exterior, varias poblaciones del Pioeno y de la Em ilia estaban muy agitadas, y era vos

preparaban en

general qnn Im wwíU b ríe la

sus reuniones una revolacióu para el próximo cetío, muy

diferente de la de

B íu u ií eu el aQu auleriur. L a milico»

del fallecimiento del Papa Gregorio, esparoida por allí

cnando aúu vivía, produjo tal oonmooión, que obligó 4 re* forzar la guarnición y la artillería de Ancona, donde lea sdioiosoa llegaros 4 amenasar con el puftal desenvainado.

Austria, 4 oausa de gravísimas sospechas, se apresuró á

enviar algunos buques de guerra i sus inmediacíonas y

aumentar la dotación de municiones de los que estaban fondeados on aquel puerto; y no satisfecha aún oon esto, aumentó el número de tropas qne tenía de guarnición en

la oiudadela de Ferrara. Pero los hombree más moderados del partido liberal, se­

gún aouerdos tomados en las reuniones de Pisa y Turfn, procuraron disuadir á los más levantiscos, persuadiéndolos de qne, para triunfar en aquella* aironngtaneias, era precia»

no seguir el n m in o d el año de 1881, sino que e l asedio d e­ bía dirigirse oontra el trono de Bouia vacaute; pues era au­ guro, decían, que una prudente paciencia daría muebo me­

jor resultado que la sublevacióu, aunque se extendiese 4 Perusa y Bolonia, porque sería inmediatamente sofocada por los suizos adiotcB 4 la baedera de Sao Pedro, y por los

joven

Italia

UArtTUUi ru m iu

imperiales, que, d ía menor indicación ilcl Boero Colegio, on-

irarínu pur Liurn y por uutr. Ere p re c i» hacer la revolu­

ción, pero siguiendo las indicaciones de Máximo d’Azeglio en el folleto que trataba de las Komafias, y que acidaba ea

m&noQ Je todos. E a vez de abierta rebelióa y tumultos sangrientos, acudir eon peticiones fiunaamente reverente*,

implorando concesiones qoe, sise coucedias, aerlau recibi­

da» ooq aplausos pare pedir otras nuevas; y a: se negaban, darlas lugar á protestas, más nocivas al futuro Papa que cu&lquier sedición, sofosada a! día siguiente de estallar. Había cu» recordarla aalodabla impresión causada en En­

copa por la protesta con tra el gobierno papal, heoha por loa cuuipnñeros de Forli en el mes de Abril anterior, i los M on­ eefiores Jan ni y Rofñni, enviados por Gregorio i inspec­

cionar lae provincias, y hadan notar que, con igual venta- ja, se habla puesto en pricli<a en T n a A n a el ttwnrsn rta 1m

peticiones, P or su parte, la ciudad de Piso, mediante on pa­ pel que contenía anos centenares de firmas, muy pocas, ha­

bla obligado al gran duque á rasgar un deoreto autoríean-

do la apertura de un monasterio que resultaba odiosísimo 11*

para loe liberales, oon la pm ioularidad de que el ejemplo era ftr.il que tnviese imitadores en '.os Estados eclesiásti-

eos, dado lo propioio do los eirounakancias, oomo lo era el

estar vacante la Sauta Sede.

Agradó en general la tá cliA , y por lo meaos filé átil

país contener á los más exaltados, qoe querían lanzarse

sus v e o g a c a s en los

que, desde haoia tiempo, bonlan aotalados. Propagada la

consigna cou admirable preeLem, los caudillos de ceta tra­

ma se dedicaron á enriar direcLamenbesiiplicas al Cóncla­ ve, dándose el caso en los atudadee de Oaimo y de Arco- na, que las oonoejales de sus municipios las presentasen

S o g lis y Cadoli-

reverentemente áloe Cardenales-Obispos

ni, para qoe ellos foesen sus portadores á Rom a y las pre-

á los armas sin dilación, para saciar

( lj

J o ^

UodIídbIII,

vnl. T, rbjv

K V 1II.

/ntnvfiiKiAi d M r-

tos ayvntei huióri&l Kjfrre la rtvoiunón de /(alia, ptg. 9, TuiÜU 1641.

MsnrtCiDo db rto n

santasen al Sacro Colegio. En Las ouatro Legaciones se prooediádem uy diferecte modo. Primero eo Bolonia, y des­ pués en Ferrara, Forli y Rávena, loa colectores de firmas

para las instancias redactadas y firmadas por loa liberales más prominentes, lo hacían con tal arrogancia, que Mouse-

flor Saveüi estuvo indeciso sobre si haría uso de 6u autori­ dad para impedirlo, y sur. para castigarlo. Refiérese que el memorial de Bolonia, esorito con exoesivo calor por Marcos

M ioghetli, Luía Tañara y Joaquto Pepoli, ibé acompañado

de mil setecientas firmas, en su mayoría recogidas entre los estudiantes de la Universidad y personas nobles ó adine­

ésta como las procedentes

de las otras ciudades, fueron enviadas secretamente á lio ­ rna, con copias para loe embajadores y m inistra de laa P o­

tencias acreditadas cerea la Sede Apostólica(1>. E l espirite de estos documentos, á loa que ae pretendía dar aires de manifestanión popular, co era menos artificio*

so que el usado para recabar adhesiones. Todos. después

de varias frasee tan humildes como ambiguas, exponían

las mismas pretensiones, tooabao iguales puntos, y los apoyaban oo loa miamos razonamientos. L o que oon más claridad se demandaba, era la petición fin&l para que se otorgase el perdón á los reos políticos preses 6 d«s terra­ dos, y el establecimiento de Diputaciones provinciales con

facultad de expresar al gobierno loa deseos del puebla P a ­

ra lo demás se remitían al memorial dictado en 1 $ 3 por la

radas. Sea como quiera, tanto

Conferencia diplomática de Boma, suplicando que el nue­ vo Pontífice lo tomase por norma de las reformas del orden civil qae era preciso baeer en su reino. Como la duración del Cónclave fUé muy breve, no bubú

tiempo para qae todas cetas peticiones» precursoras de mayores turbulencias, llegasen á poder del Cardenal Ca­ marlengo, i quien correspondía recibirlas antes de ser nombrado ol Papa. Algucos, sin embargo do ello, lo fue­ ron entregadas; perú síu necesidad de ellas, el Sacru Co-

(I) F. A. Qialteriv. Ultimas moliwioaít d» Italia, vil. í. |«rte II, ca­

pitulo LXLLL

CAírttno r u m o

legio estaba bieo informado de las paliaros que amonan*

bao.

Con todo, el peligro diaminnyó moobo ante las seguri*

dadas que le dieron las dos nacionee oatólicas,

Francia, de no permitir, por ningún motivo, que ae reno*

vaaon on ceta ooQsión loe doeórdoncs quo tuvieron logar d n g n cia lu u a u le i la uiueile de Píw VTTT, basta loa pri­

meras

En justicia merece aplauso, no eólo el emperador Fernán- do 1, quien m n Im itad prninalirt defender al Cónclave

oontra toda perturbación y revuelta, sino el Gobierno de

Luis Felipe, el cual, aunque cou titiras dirim ían de laa de Austria, se mostró resuelto á sofocar la menor revolución

que asomase la cabeza eo territorio poolifiaio ^ Aunque los procedimientos de este rey oon la Cátedra de San P e ­

dro y la cansa de la Iglesia católica fuesen dignos ds vi*

tuporio en más de una oosión , exige la equidad que se

n w D o a a que, eo esta ocasión, se mantuvo fiel á la promesa que había heoho á Gregorio X V I de que el fin único de la

política franceia en Italia, sería siempre el de oonservar el Poder Temporal y 'a integridad é independencia del Es*

lado Pontificio Y no oabo duda que, al haoorlo así, obra­

ba cuerdamente eu bsuoílmo prupio y del huuor de Fntu* cia, puee demasiado comprendía que hubiera desatendido

uno y otro, de permitir que fuera derrumbado el edifioio del Principado Papal, en <myn establecimiento oupo gloria imperecedera á la nación de Carlomagno. Así, pues, los

cardenales estaban tnuiquilua, en la peisuasión de que, si la necesidad ae presentaba, tacto el emperador de Austria

como el rey de loe franceses prestarían al Cónclave bu poderoso apoya Por esto, á pesar ds cuanto han escrito loe autores des­ afeotoe, pnode afirmarse, ún el menor asomo de duda, que

Austria y

del pontificado de Gregorio X V L

( 1) OnUot, Mmariatfi*h**i*i^irpemlahiMoria</« mt (úntpo,

tomo T i l.

cap.

X L i n , Earb,

US6.

(t) No4m del Cbodo da

fU al-A ulaíre «1 taixkeel 6w i«tariu de Sitada.

Rnrna l t

de B a m

j

16 c« Abril d» 1899.

tt

poaTOTQiPQ p i rto n

jamás, ante la inminencia de la elección de Papa, ee mos­ tró el Sacro Colegio en disposición mis tranquila y uni­ forme que en esta ocaeióo. Todoe aquellos príooipes de la IglaiA estaban animados de na mismo sentimiento: el bien de la cristiandad y del Estado, prescindiendo de to­ da mundana política, sin que se dejase ver el menor indi* cío de ambioión 6 contienda, á pesar de que eran mucaoe los que, por su fama y m¿r¡ tas relovantcs, oran doeignados como dignos de llevar la tiara. Pero ¿ata, á causa de las calamidades de loe tiempos, era considerada como carga de espinas, que sólo Dios sabe cuán áspera y penosa es, é incapaz, por tasto, dt# itfuudir deseos de llevarla, salvo al quo aspire ¿ la gloria del martirio. Por eco rooulta una gnui verdad que, s¡ bu loa últiuiue siglos hubo decuióu de Pontífice qae visiblemente íueso guiada por el espíritu de Jesucristo, feé sin género de duda la que tuvo lugar en )a tarde del 14 de Junio de 1840, en cuya fecha cinouenta cardenales, animado» ce uno* mismos sentimientos é ígoa« lee deseos, se encerraron en el palacio del Quirinal para efectuarla, labor que llevaron al oabo en el corto espacio de cuarenta y ooho horas, sin que mediasen ¡ 3 trigas ni debates de ninguna especie.

CAPITULO II

Verdulero* iuoI ítoí de I* brovm*<l d«) Otada**.— C b n lra d a» uiáa iudlct-

los [mra Popa».—Caojeloiae dal |úKíec. Opínioncg qoe jnmlenifcii «o «1 S»'*''« IVtlugv-i dfihfn Ua nQ*H<LMl«a 4«1 friten* PrioHdflep Udiremdn

ic »o ¿obiano.

No ha faltado quien, para bacer cdioea U brevedad del Oónolave, baya asegurado y hasta publicado en historias eompletnmence fabulosa*, quo el Saoro Colegio, dominado por el terror de la amenaeadora revolución, entró por fór­ mula en ol Quirioal, con el Pa|ia ya designado; ó que fuá inducido i precipitar la eleoción por las luchas que exis­ tían entra las Hr» íraooinnw» en que se hftbian d^vididosus

miembros. Que tan eontradiotorias causas uo tieuou más luudaineuto que la fatilaeia de bus luveulonse, bc dtsduct) de autorisadoB testimonios y del prooeeo de los escruti­ nios, en el oual aparece del modo más evidente que la re' solución d o se tomó fuera, sino dentro del Cónolave; pues en vez de dividirse en partidos los votantes, pooo 4 po­ co fueros estrechándose en un solo y admirable pensa* miento. Lo cierto ea que loe electores se encerraron oon el deli­ berado propósito de no emplear en la designaoión del Pe*

p* más

de

cumplir oon ra deber, y además para no prolongar, en es- tío tan caluroso, las incomodidades de la reclusión á mu­

chos de sus oompafteres enfermos ó ancianos. A

pesar de

tiempo qu e el necesario; pero d o ¡M r los peligros turbulencias, que no temían, aiuo por el deseo de

las

tado, ningnno de el loa pensaba que negocio de Unta im« portañola para la Iglesia y la pea dtJ Cristianismo, debió­ se llovuie uuu prvcipiüMaóo, y qua Luí prisas debíenui un- taponerse &los oonsejos de la prudencia; sólo que, habiendo

advertido en los tres primeros escrutinios que la mayoría de loa votos se inclinaban á uno solo de loe nrdenalea, aquellos que, estando indecisos, iban como tanteando al

S4

m im n a u o

d i

rio

i.\

terreció, d esperar más, juzgándolo digno y dando pruebas

de concordia y amor, ae aunaron, y eo el oaarto escrutinio

quedó elegido con eioeeo de votos. Esta es la verdad pora

y neba, y cualquiera otra neón qce se dé sobre la breve*

dad del OódoIavb, es errónea, cuando no falsa. El hecho resultó tanto más eorprundento cuanto ora general creencia que al Cóuclavu emplearía uiuctiu tíeuipu en Iob escrutinios, porqua la voz pública aeftalaba varios

cardenales con probabilidad deaer Papaa, aio que gozasen del mismo favor oo Boma que en proviooias. Los pueblos

de

las Legaciónee llevaban Ues de boca en boca; tales eran:

el

arsobispo de Imula, Juui María

M u lu i

Farroui;

el de

Rávena, Eoimo. Faloonierí Meliní, el legado apostólico de

Forli. Pascual Gizxi. Loe dos primeros eran designados por

todas las personas de recto sentir, á cansa ce laa virtudes evangélicas de que estaban dotados, y que lee hacíac bri­

llar cual dos piedras preciosas entre el epieoopado de la Romafia, y el tercero por los promovedores de las reformas

políticas y los liberales en general, no porque el animoso

ellos, siuo porque

Máximo de Azeglio le hizo el despreciable bouor de enco­

miarlo eu un folleto, publicado antBrionnon:e, ccnsurendo

al gobierno de la Santa Sede. Las Marcas adamaban por

Pontífice al arsobispo de F em ó, Felipa de Angelis, y al obispo de Osimo, Juan Soglia, como personas dotadas de

relevantes cualiúaden, mny ennvenieatea en candidatos á

la tiara; y Roma, por so parte, sin daeeonooer las proba­

bilidades que tenían de salir elegidos Falconieri, Soglia,

y más particularmente Mastai, indicaba oomo muy proba­

ble para la triple oorooa á Luis Lambruachioi, oriuódo de CrAnova, mcretario de Estado de Gregorio X V I, teólogo distinguido, m ay experto en asuntos eeleaiásticos y de vida

tan ejemplar, que era mirado coo respeto basta por sus más

eo carnead os enemigos. Sin embargo de ello, la gente del

pueblo daba la preferencia al cardenal decano, Luis Micara,

purpurado

estuviese

de acuerdo

oon

anoíaoo y venerable capuchino, de origen humilce y hom* bre que, bajo ruda oo rtea , parecía tenar na corazón á lo

cutItvlo in in p c

0’iíl o V ; UuU) quu, ftln T w u d o 1a p lu s Barbarína noo de

loa días del novenario, su coche filó rodeado por U muhitud, que, arrodillada, le adam ó papa. Q e de advertir que en el

Cónclave casi todos loe que ee designaban como elegibles obtuvieron votos al prineipío, pero bien pronto ee llevaron la mayoría los dos que resultaban ser los predilectos del Sacro Colegio: Mastai y I*m brasahini.

variedad de cardenales que parecían

ser indicados para ocupar el eslío pontificio,

de

extrañarlos presagia* que se hacían sobre la duración de

los O B cru tin i», más bien larga que corta, do sólo por parte dol vulgo, 91 oo por personas de alta categoría, y hasta de

las mismas potencias de Europa, qoe tenían puestos los ojos

en Roma. Peregrino Rossi, legado da Francia c e r o de la Santa Sede, al n o ú fio r á su Gohíerno la muer be de G re­

inoompetente p a n poder afirmar

gorio X V I, ee declaró

nada verosímil sobre el resultado dol Cónclave, á causa de ser muchos los Ardeosles que se indicaban como elegí*

bles ll*. üd cnanto á la oorte de Austria, es notorio que te*

nía por tan segara la tardanza en la resolueíón del Sacro Colegio, que no se apresuró á maodar bu exolusión. Dieen

algunoe que filó llevada por el cardenal Carlos Caysruck,

arzobispo de Milán, ouaodo ya era inútil por baber sido

elegido el nuevo Papa; y otros, que la oonducía un correo, el cual habiendo sabido ea Udina el resultado de la elec­ ción ee volvió deade allí para Viena á entregar el despa­

cho. D e lodo esto so desprende que eran puramente ima­

ginarios loe vaticinios q o e ae pretendían bacer sobre un acto que por su naturaleza ee secreto impenetrable. Por lo que pasó á ser del dominio púhlioo y lo que filcil-

la marcha de loa m irutm im , párese

mante se deduce de

que estaba en el ánimo de la mayoría de los aleotoree ele­

var al Poutiñoado una persona que, edemás de lea cualida­

des exigidas por las oonstitucioDeB apostólicas, reuniese

satas otras: que fuese joven y robusto, natural de los Esta-

Dada la m iltip le

do

bod

( 1)

Dwtaelio á Mr. Qoisrt, oúniatiu «la EaüuJu ai Ftríj.

Roma, 1.’ dt

Judo de leie.

p o r a n c u »

db

rio u

dos Pontificios, que no se hubiese ocupado hasta en tonees en

los destico! oiviles, y notoriamente querido del poehlo, es­ pecialmente ea las Maroas y la Emilia. El Sacro Colegio, qne oonocí» el estado de ítalw y de loe dominios oclesiáa- tiooe, presentía inmediatas oonmosioucs, quo habrían do

cm lieudiiJ, «acu lir el Lrouo

de San Pedro y perturbar hondamente á aquel de sus

hermanes que se aprestaban i nombrar para ocuparlo. Por eio aquellos purpurados vieron alarais necesidad de esco* garlo en la flor de ja edad y de complexión robusta, de modo que, humanamente hablando, el poso de loe uegooios do venoisBe la debilidad del ouerpo. Deseaban también que los facciosos de las provincias no te lamentasen de estar gobernados por un extranjero, confórme lo haolan en v i­ da de Gregorio, equivocada ó maliaosameate, porque,

afligir eu grau uiauent á la

aunque do era

había nacido en Italia, y de ahí et pensamiento de elegirlo

de entra los nacidos ea tierra pontificia. Por último, para

desooutento, creyeron oportuno

olegir uti Papa que fuese del agrado ds Isa personan pani­

ficas por sus excelentes dotes, y no desagradable á los re­

voltosos, par haberse mantenido apartado de los uegoeios políticos, por más que le hieran oonooidos. Con la mira de proveer i la Iglesia de uu pastor y al

Estado de un prlccipe, el más idóneo posible con arreglo i los tiempos, ninguno de los electores ocultaba á los demás

le opinión do quo ora preciso que el oardenal que eligiesen

se mostrase propicia á promulgar, en el orden civil, la ma­ yor suma de concesiones y libertades, que el Papa Grego­

rio, á pesar de toda su buena voluntad, ce había visto im­ posibilitado de conceder, tanto por la insolencia de los ene­

migos mboriores, como por la arrogancia de extrañas con­

sejeros. Ruam Uban también qne el difunto Pontífice, des­

de el principio de su reinado, se habla vu to en la necesi­ dad, bien amarga para él, de reprimir múltiples sediciones para salvar la coroua, y de resistirse á. sugestione* impe­ riosas, que desdeafan del honor de la Sede Apoetólioa; poro

quitar todo protexto de

nacional de los Estados de la Iglesia,

c a í[rulo

m o n o

n

qoe, ooroo las circunstancias variado, debían á su

ves modificarse loa prooedimíentoa Era de esperar que el

nuevo .Pontificado no ee inaugurarla con tumul toe ni robe* lionee, y qoe no habría neoeeidad de eobar mano de la fuer* ea para someter A los revoltosos Esto sentado, eran de pareoer que el nuevo Papa, al

ceñir la tiara, debía couquisUirse loe ácinjoa por modiu de

una amnistía qne le eoneiliasa el alecto do sos súbditoe, pues todos la deseaban, incluso aquellos á quienes ningún pmvBohn había de proporcionar. También optnnh&n que,

no estando ligado á ciertos respetos de oonvcnicncia,

oouiosu aoteoeeor, quedaría uiád eu libertad de iutruduoir en la administración pública aquellas mejoras que estima*

se convenientes para satisfacer los deseos de la opinión, porque eran mochas los que las solicitaban, y do todos sectarios, basca el punto de que nn respetable número de

los que en las provincias se habían proolamado liberales, erao seducidos y no seductores, y más fáciles do contentar, de lo que en un principio se había creído. Por tanto, el me*

de la cizalla y la gente de

buena fie de los ram itrara ínnorragíblen, pareóla ser éste:

jor medio de separar el

grano

atraerse las personas honradas par medio de la olomoncia y

de disposiciones sabias y prudentes, que obligaauu á loe

impíos y malvados á quitarse la máscara, y que el casti­ gado lo fuese con el aplauso de la ([ente buena. Los tiem ­

pos no cabe dada que eran calamilAMM; y m í como la Iglesia neoasibaba un Pontifica santo que, oon sus obras y

su ood5o|o, disipase la nube de odios que la oaluinuia y la

incredulidad habían amontonado sobre la Cátedra del

ticano, el Estado necesitaba un principe prudente

Digno, y al propio tiempo de ánimo resuelto, para resistir

el empujo de los que trabajasen en su dafio, donde quiera

que fiiosc. EÁUie sentimientos que, oon pequeñas diferencias, puede

decirse eran los de todo el Sacro Colegio, be creído oportu­ no consignarlos aquí, para que se vea oon claridad qoe el sucesor de Gregorio X V I, al dirigir el gobierno temporal

V a ­

y be'

0

p«nzriCADO m ?to n

da 1&Santa Sede por la senda que lo biso, no obró, aun­ que latía plena libertad para ello, por sólo inspiración propia, sino acomodándose i loa deseos de eos venerable* hermanos los cardenales da la Iglesia Romana, ana coadju­ tores en el doble ministerio de Pontífice y Rey; y así co­ mo «n lo sucesivo no tomó determinación alguna de im­ portas oía referente ¿ sus Estados sin antas pedir conse­ jo & la prudencia y á la experiencia, tampoco al prinoipio de su reinado tuvo otro modo de gobernar que el que unánimemente deseaban qae siguiese al poner sobre su oabeza la triple diadema de Sao Pedro.

[ta llud o de lo«

CAPÍTULO III

lira primaros ncratinlw, y cáraaoatanau d«l coarto eo

q u fjéelefido al aüdeoal J a n M*rU U u U l Parre ti, que lañó «1 ton ­

t a d» Pío IX.

El día quince de Junio, reunidos loa cardenales en la capilla de Paulo Y , oyeron la misa del Espirita Santo, qae. ¿ las nueve de la mañana, y en sustitución del decano, que estaba enfermo, celebró el cardenal Vicente Maoohi, de cu­ yas manos recibieron el cuerpo de Jesús Sacramentada Tras una breve plátioa que pronunció el expresado car­ denal, se leyeron las bulas de Gregorio X, y el ceremonial da Gregorio X V en lo referant« i las regla* y forma de U elección, y al punto ee pasó á la votaoión. Comprende ¿ata, según antiquísima costumbre de loe cócolavee, dos partee:

una, que es el e9orutinio propiamente dicho, y otra, el ac­ ceso, que es una segunda emisión de sufragios, en la cual, quedando en libertad de variar su voto, eada uno de los eleotores puede darlo i persona distinta de aquella á fa­ vor de la cual lo había emitido primeramente. El resultado fué que Lunfanáchini obtuvo quince vo­ tos, nueve en el escrutinio y seis en el acceso; Mastai tre­ ce; ocho en el escrutinio y oinco en el acceso; y cinco Fal- ooníeri, cuatro en el escrutinio y uno en el aceeeo. Les de­ más obtuvieron menor proporción, habiéndose repartido entre varios, siendo das de los &voreoidos, Angelí» y 8o* glia. Es de notar que el total de las cédulas desde el pri­ mer escrutinio resultaba más favorable para los carde­ nales nacidos «n los fobidos Pontifíoios, mis jóvenes y empleados en el gobierno de las diócesis, que no para los de otras regiones de Italia, anotauos ya y ocupados en los nsgooios de Estado. Lo derto es que, ai ee exoepttia Lam- bruBobini, oriundo de Góoova, que á la sacón cootaba se­ tenta años. y babía servido á Gregorio en el cargo de prí-

80

pnNTmcuitt os fio n

mer ministro, los cuatro que después de ¿1 reoogieran más

votos, erao todos obispos

minios eclesiásticos. En cuanto 1 edad, Mastai y de Ange

lis oontaban cincueuta y cuatro afloe cada uno, cincuenta

y dos Faloonieri, y sesenta y siete Soglia.

nacidos y residentes en loa d o­

M uy poco se diferenció la votación en la tarde del mis­

qu&laudo ocia

trooo, de los cualtB oebo procedían del eBarutinio y oIdoo

dbl acoouu; MuhLuÍ gauó cuatro, ascendiendo por lo tanto

á dieoiaiete, doce eu el oacrutlnio y cinco en el acosso; y Faloonieri peidió un voto, quedando sólo oon cuatro, to*

dos ellos procedentes Hel escrutinio. Felipe Guoltorio, qoo oon tanto despropósito escribió so­ bre « l e uÓLclave eu bus libros, lrnfeta el punto de asignarle

m

cias muy divulgadas, da rienda suelta á au imaginación

mo día.

LAcobruechini

perdió dos vntm,

is días, demostrando con ello que ignoraba circunstan­

apasionada, y dioe que en la ñocha precedente ¿ la tercera eeaión hubo escenas violentas, las cuales describe con tal ri­

queza de detalles, qne do pareoe sino que ae le admitió en

el Cónclave y. conducido de celda ao celda, fuá escuchando

las menores oonveraacioues, hasta penetrar los pensamien­

tos más secretos de oada cardenal. L a verdad ea que aque­ lla noche se paeó en el Quirínal plácidamente, y, á excep­

ción de Cualterio, nadie ee dió cuenta de tales manejos y agitaciones, siendo privilegio exclusivamente sayo tal oo* nodraiento. A la mallana siguiente, al hacerse el recuento

del escrutinio, ae encontró que una de las cédulas estaba

abierta, y habiendo

Maria

Aaqaici que, i eu parecer, era uua falta grave, el Saoro Colegio resolvió anular la operación. Es preciso tener pre­

sente que, entre los partidarios más decididos por la

anulación, estaba Mastai, que en

aquel eeorutinio b&bía

recogido diecieóis votos. Renovado el escrutinio y practi­

cado ol aocoso, resultó quo Mastai tovo voinüsiute votos,

de la mitad de los electores, mientras Lambruddiiiii tenía onoe y 6iete Faloonieri. Este resultado impresionó

vivam ente i los cardenales, tanto más cuanto dee cartas

advertido

ol

cardenal

Fabio

de Bolonia reeibidaa par dos de ellos, pintabas eoo oolores

el estado de las provincias. Debe recordarte bam •

biéo qae Palooníeri, hombre de gran nn tidad e irrepro­ chables costumbres, ¿ quien se nombraba el ángel del O ód*

clave, suplicó i loa compañeros que le habían dado sus vo­ tos que los trasfiríesen A su am igo del alma el obispo de Imolo, do cuyas méritos y virtudes hiao el panegírico. Por La tarde, «1 reutiirae por cuarta ves, m observó que varios cardenales teulaa cierta expresión de alegría en el semblante, que so ere la ordinaria, oual si presagiaran que aquella iba á wir la élfcima votación. Como escrutadoras fueron designados los cardenales Hastai, Luis Vaonicelli Oasoni y Adriauo FieechL Loe auímgiua, que para Mas* tai habían subido en el escrutinio á veintisiete, princi* piaron eo el aoceeo á sucederás uno en pos de otro, tan rápidamente, que el prelado se turbó si llegar al número treinta, é hizo señas oon la mano á Fiesehi p a n que ss oa- llaso; pero inútilmente, pues oontinuó repitiendo el nom­ bre ds M m m í, cada ves con más Aiorca, hasta completar

sombríos

el niimero de treinta y seis, que era más que suficiente para elegir Papa canónicamente. Ectonoes todos los car­ denales, puRRtrm de pie. aclamaron á Juan María Mastai F errttti, araobíspo do Imolo, por logítim o Pontifico do la

Sonta Iglesia Rumana. £11 elegido, LmuimJu en lágrimas, pi*

dió permiso para volver á su asiento y no tomar parte en

el recuento de los votos; se retiró y postrado eo tierra hu­ mildemente, se puso A orar. Durante osla susión, suoodió quo por una de las venta­

nas del aula regia cjue oomunioa cou la Capilla Pauli* oa, entró una paloma, la cual, después de haber revolotea*

do unos instantes, filó á p o& n e en la cornisa de la pared que correspondía casualmente, por la parta interior, al si­ tio que ocupaba el asento del cardenal Mastai. El caso

ora extraño, y les conclavistas, que estaban esperando en la sala el resultado del escrutinio, hioieron de él alegre

presagio; pero su sorpresa fué macho mayor al oir sonar

la campanilla que llamaba ¿ loe maestros de oeremooias y

83

ro m n o A D o

mi pío

tx

al aecretario del Sacro Colegio, pan cumplir oon las for­

malidades prescritas para la eleccióo. Imposible describir la conmoción j alegría que reinaba en la capilla al entrar loa maestros de ceremonias para recoger, de labios d e l elegido, bu auténtica aceptación. Loa

cardenales @3tabeo ocupados en bajar el baldaquino 00- locado sobre el sitial de cada uno, an señal de soberanía,

y en rodear y abrasar sumamente complacidos al nuevo

Pape, e'j cual tan conmovido estaba, que apenas podía ba­

cer obre cosa que suspirar y llorar. Eli eubdecaco, acompa»

fiado de los maestros de ceremonias, se acercó á él

tándole ei aceptaba la elección canónica que para Pontífi­

ce había recaído en ¿1; entonoee, elevando loe ojos y las

manos al cielo, contestó díoíendo que se conformaba uun

pregun­

la

voluntad de Dios. Requerido luego para qae indicase

el

nombre que fuese de su agrado osar durante el Pon*

tificAiin, manifestó qiin, por reverencia á Pío V II. que ha*

bía sido twnbión obispo de Imola, ee llamaría Pío como ¿1. Iomedúlaiuente el Saoro Colegio lo saludó con elnom* bre de Pío IX , se le vistió oon los hábitos pontificales, y aoompafiado hasta el altar para que tomase asiento, todos

le prestaron la dehtda obediencia, é hicieron la correspon­

diente adoración. Conolulda óeta, cardenales y conolavis* tas acouipaflarou al Padre Santo ásue habitaciones, por* que como era ya tarde, debía diferirse la solemne promal* gwsóo hasta la maftaoa «guíente.

CAPITULO IV

Se difunde pcf Upobhoita u t notUfo eqtd*«OBd&—PrincnearU dclh- drvSanferL—8 «Uanannú mlaainmymbt j hendía* *1 f«*hln d««da *1 Qq¡.

U noticia de U alae-

Hiu L—Sa eMonseiile.—Del nodo «uno fn¿ tcogúlA cite da Pió IX oa lo» Brtadoi PcnÜJiogi 7 n todo

&1 mondo eristiico.

Doraste el Cónclave, Lo último que se hace en aada es* orntinio, es quemar las papeletas de la Totarión, y ni hu­ mo que sala por la [chimenea de la capilla, si tarda dema­ siado en aparecer, iodica ordicariamente que ee ha efeo* toado la eleoóán del Pootífioe. El pueblo, según costum­ bre, se había reooido en la placa del Quirinal en la tarde del dieciséis de Junio, y viendo que el humo tardaba eD aparecer más de lo ordinario, dedujo que la elección esta­

ba bocha, y todos, cual máa, cual menos, trataban de indi­

car qui«o era el nuevo Papa, pero nada ee traslució. Sola­

mente ae sapo que dentro del palacio, momectoe antee, ee busoaba por loe oostodios de loe ornamentos sagrados ud traje pontifical, propio para una personada corta «tature, traje que debía estar preparado 000 otros doe, ano de es­ tatura mediana y otro mayor, pero que no ee había encon­ trado. tiastó esto para que todas las conjeturas ee refiriesen al oardeual Giaii, por ser de pequeña estatura, y para que, como eueede ooo alguna freouenoia en neos semejantes, pasando el dicbo de boca en boca, tomase tales visos de verdad, que en poco tiempo era creencia geaeral en

Roma que Uizxi babla sido eleoto

prepararon fstejos y hubo quien trató de enviar un oo-

Papa, Has familiares

m

o ¿ Océano, patria del cardenal Gitti, para que llevase

la

noticia. L a de ideas liboralcs, quo do oreo pocoe, no le

reowiuclan mis mérito que el haber sido blugiado en el opúsculo de Máximo da Areglio, y Ileoos de asombro, ensalzaban hasta 1m nubes al Sacro Colegio, oual si éste, para nombrar un aooeeor á Pedro, hubiese jamás tomado

poKTinaü» m río n

cornejo, ni pudiera tomarlo, Ae nn novelista cftlnmnifulor,

Mientras la falsa noticia so extendía por la oiodod, dan

do lugar ú lúa

rnáu capricbuauti couieutarioe, el Padre Stui-

to, enoerrado eu su habitación, resolvió participar ¿ sus hermanos, que residían en Sinigallia, eu exaltación a] Pon ­ tificado, p T medio de nna «arta que vny á. tranfurrihir, ya

su natural humilde, aaí oomo las

sau'.iuiicutoe religiosos que eu aquel momento brotaban de su corazón. «E l Dios beedito, que lo mismo ensalza que humilla, ae ba dignado elevar mi pequenez á la más sublima dignidad

do osle mundo. (Hágase su saatísima voluntad! Oonazoo la iuiuéu&a gravedad del cargo, así oomo mi pobreza, por do dccir la verdadera nulidad de mi espíritu. Pedid ora­ ciones para mí, y rogad también vosotroa El Cónclave do*

alguna

demostración de regocijo, haeed de modo que la suma que

ba de gastarse ee emplee en cosas útilos á la ciudad, á juicio del Gonfaloniero y loe ancianos, pues eBe es mi deseo. En cuanto á vosotros, mis queridos bermaooe, oe abrazo de todo oora&in en Cristo Jesúe; y lejcs de alegraros, com­ padeceos de vuestro hermano, que ¿ todos os envía la Apostólica Bendición ’U *

Aanque el error divulgado aquella tarde íuó rectiácado la misma coche entre la gente culta y de posición, mer­

ced ¿ loe informes que ee obtuvieron del Cónclave, la ma yor parte de la población se acostó en la creencia de que el Papa era Giazi. A la mañana siguionto, mientras so do-

rribaba el muro que tapaba el hueoo que da paao al gran

balcón del Quirinal, para publicar el nombre del PonlíHoe,

eran muchas laa personas que discutían acaloradamente, porqne no rh avenían á oncfonnarae con la noticia de la oloeoión de Gíasi, noticia qoe d o tenía pies n i eabea, ni ee

sabía de doude había salido. Pero el error se deshin» por oompleto en el momento en que el primer diácono del Sa­

Carta ¿el Padre Santo Pío K i U» eoodea G»b*wl, Jaaó jOtytAman

quo rotm ta fielmente»

ró cuarenta horas. Si di municipio quisiera bacer

lí)

CAPtimO «VASTO

aro Colegio, Tomáa Riario Sfona, Camarlengo <1b la saeta

Iglesia, salió al balcón, y oca las formalidades de costum­ bre anunció que el Papa había aido elegido el cardenal Jcan María Mastai Kerretti, el cual tomaba el nombre de

P ío IX . A la fausta proclamación, siguieron los saludos de Im tropas, la* w lvae del castillo de Saot Aagelo, el re* pique de las campanee, y uo indescriptible murmullo de ia

multitud, que, «pifiada é iuiuávil, ptruntuatía ea la plaza 003 la vieta fija en el balcón, como ai eu silencio pidiese al Padre Santo que bb dignase bendecirla. E l deseo no tardó mucho en w r iu.t¡iiPtvhn> porque tan pronto oomo se demolió el maro, según convenía al dc-

ooro de la ceremonia, loe cardenales fuerou i suplicar al

Pontífice que tuviese la boodad de complacer á la multi­ tud oon 8Q presencia y bendieióu, según demostraba de­ searlo. E l Padre Banbo recibióla petición oon agrado, y en forma privada, esto es, aío m ásorrm nenU» que el traje ta ­ lar blanco, la rnuocta y la eetola, acompañado del sacro

Colegio salió ¿ la azotea y desde allí dió al pueblo bu pri­

mera Bendiuión Apostólica, que íué recibida con gran pie­ dad y muestras de júbilo, tan revereube oomo modesto. Creo conveniente advertir que Gualterio, harta en la oarracióo de este suaaeo tea público, da rienda suelta dsu

tautasfa, pues asegura que el Papa ee preaeutó eu el bal*

cón ponti ticalmeóte condocido ec la ¿ lia gestatoria y ro­ deado de la majestad de su oorte W H ago esta observa­

ción no tanto

por la importancia d e I r mentira, oomo para

que ee vea el arádíto qne puede daree á quien, atribuyén­

dose el conocimiento de loe asuotoe tuás secretee de la Santa Sede, y aun los pensamientos más íntimos de sus

ministros, hace de ellos las descripciones más petulantes,

se manifiesta lo más ignorante que darse puede en heabos que non del dominio póblieo por baba* ocurrido á la vista

de todos, y loe expone oon tal falsedad, que, si ee conde* nable eu uu poeta, lo es muohísimo más en un historiador

M rornnctDO os rio n

a m o él, que pretende

ser el primero entre loa italianos.

Semojantce, por oo docir mayoros domostracioGue do júbilo recibió Su Santidad P (o K de 1» cíuiliu] du Ruma, al ser conducido con gran pompa al Vaticano para recibir la doble obediencia del Sacro Colegio. Estas manifostaoio- neese renovaron onat.tr> días Hespirán, el veintiuno He dioho

nos, ol sor coronado

dro, cou eee aparato y magnificencia que no Ueue igual eu si mundo. El Pontífice, por su porta, procuró aumentar la alegría popular, abriendo su mano con tal liberalidad,

territorio de loe

Estados de la Iglesia; ordenó que se redimiesen todos loe

préstamos bajo prenda, hecho* por los montee de piedad

áloa necesitados por valor de medio escodo; qoe ee distri­ buyesen de limosna seis mil escudos más; que se dotasen

cinouenta y tres muchachas uatnralea de

cuenta escudos cada una, y mil con diez escudos cada una en las provincias. D o modo que loe primeree on disfrutar

loe beneñeios de la exaltación de Pío I X á la Silla Apostó­

lica, fueron los pobreoibosdeJesuoristo,áqaiene6 amó des­ de joven, y socorrió como bijos siendo Obispo, pues cons­ tituían la porción más estimada de su rebaño. Loe ciudadanos, on general, foetqaroo tambíón el a¿vo- nimíento el truno dol Padru Santo, de modo que loe fac­

ciosos y los partidarios de las reformas, no teniendo m oti­

que s i sombre h é bendecido en todo el

en la Lcggiade la basílioa de Sao P e­

Bom a con cin­

vos para qaejaree, fingieron suspender toda conjura; pero no sio manifestar que prestarían su adhesión al Pontifico cuando (Seto conccdioeo el perdón ¿ los roos políticos quo estaban eu el destierro ó eucamsladus. 1 a alegría causada

en las provincias por tal elección, y la tranquilidad, al pa­

recer, de la mayoría de las personas torbulectas, serena­ ron los ánimos é hioíeron renacer la confianza en la gene­ ralidad de laa personas sensatas; pero debido á la perversión humana, tales esperáosle, en su mayor parta, resultaron

fallidas. N o fueron meoores las muestras de alegría que iba dan­ do la cristiandad entera, conforme se iba snterando de la

ckptin o ouaxto

17

rápida elección de Pío IX . El epieeopado y el olere la reci­ bieron oomo prenda visible da 1» protoocián de Jesucristo para bu Iglesia, anortando loa día* de su viudedad; 7 loe gobiernos, taoto de Europa como de América, se apre­ suraron & enviar afectuosas felicitaciones &1 Pontifico, por medio de m u legados y embajadores. Aunqae e l nuevo Pontífice do había dado maestría de ser hdbU cu ol auwc

jo de los negooioe oiviles, por haber taludo

pleado en el cuidado de las almas, con todo, au rápida ale* ración á la tiara, hiao formar sobra ¿1 loa más heüaglleElos preaagioa; au nombre llegó en poon tiempo á loa m ía Apar­ tados rincones del globo, y au retrato, así oomo las reseñas

de en vida, ae buscaban con tal avidea, oouio 110 Labia ejemplo de haber sucedido 00a ninguno de ana últimos predecesores. Indi(ños eran eatoa de que Dica nuestro SeBor había des­ tinado á Pío IX para elevar el Pontificado romano, en iiauetroe días, á bu primitiva grande» y granjearle tal napelo en el mondo, qae hiciwe laa veces de defensa en loa momentos de desleal abandono y en laa tremendas acometidas que tenia que sostener oon la violeooia y la perfidia.

aíetuprv em­

CAPITULO V

Dito* nrereola á U TidadeW. tí. Pío U mr alcgido Papa.

j mrgm qaodannpeaóaofca de

Exige el buen urden du la hialoria que, antes de entrar de lleno en los heohos pilblicos del Pontificado de Pío IX , hablemos algo de lo que se relaciona con so vida, y conloa cargos que desempeñó oon anterioridad ¿ su elevación i la m ié alta d'giiiuad apostólica. Creo yo que lo mejor que puedo b a te r en eucvrrar cu u l bolo capítulo las noticias priccipaias que, por lo mismo que son las más importantes, están mejor comprobadas, por habar sido lomadas de tes­ timonios auténticos. SioagaUía, antífona ciadad del ducado de UrbinO, en los costas del Adriático, fud su patria; allí nació el 13 do Maro de 1782, siendo su padre el conde Jerónimo, do la □oble casa de los JJastai Ferretti, oriundos de Crema, de donde emigraron á fiuee del aiglo X V I; y su madre la oon ■ desa Catalina flolazzi, fwfiora da Btniuoute piedad y ador­ nada de laa más herniosas virtudes. Llevado á jautis&r, el padre, por especial devoción al discípulo amado y & 1a Madre del Salvador, qui»3 que se llamase Juati María, (¿uizí por ser el último de los hijos varones, su madre le

tenía un carifio ungular, consagrándolo i Dioe desde

sin omitir el menor cuidado para que creciese on

su aatto temor.

ñifla*

la

En 20

de Octubre de 1809, salió de U casa paterna, pa­

ra ir al colegio de las Escuelas Pías de Voltern, en Tosca- Da, y allí, bajo la dirección de loa religiosos de Sao José de Cálaseos, se dedioó con aprovechamiento al estudio de las lotras y de todos los conocimientos i qao sudón dedi­ carse loa jóventn de la noblesa. Allí fué donde el &üo de LHüd, siendo de edad de dieciséis aflos, sofrió el primer ataque de epilep6Ía, qóe contristó sobremanera á sus oom-

O ir in u Qii5ii>

pañeros, y maoho más á ras maestros, que lo querían en­

trañablemente, por la

brea Este percance. b¡d embargo de ello, do 1a impidió

qae al nAo siguieute recibiese la tonsura de Monseñor lo-

cootri,

dre la coudeea Catalina, que uada deseaba cod más ardor

que v e r á na hijo Juan empleado ea

por el ministerio sacerdotal.

En el añn ríe 1 R0 -), dmpnéa da salir d*1 colegio, al qoe tuvo siempre g n n oariño por haber sido el asilo de su tier-

ua juveuúud, ee trasladó! Roma, y aquí, Unjo la dirección

del eaaerdo:* Oonti, estudió filosofía y las oieQoias físicas y naturales eu el Colegio Humauo, ocupando una habita­

ción en el palacio pontificio del Quinos!, al lado deeu tío Monseñor Paulino Mastai, hombre de gran probidad y re ­

levante ciencia, sustituto de la Secretaría do Memoriales,

y canónigo de 1&Basílica Vaticana. En aquella fecha había

teoido lugar ya el asallo oocloruo del palacio por lae tro­ pas de Napoleón I, para la captura y rapto sacrilego dol

Papa Pin VTT y desLitiifiión (1a) ftnhinrnn pontificio; y con

tal m otivo, Monseñor Paulino sufrió no

por pat'te de la autoridad usurpadora, la cual, por üii» oo

el otoño de 1810, le ordenó qoe abandonase á Roma, de

donde salió acompañado de so sobrino,

Este prelado era el segundo miembro de la familia Mas- tai qae participaba de loe sufrimientos del Sumo Pontifi­ co, pues ea hermano Monseñor Andrés, Obispo de Peearo,

autor de ima erudita y piadosa Conoordanoia de los cuatro

Evangelios, había sido antes qae él arrojado de sueede, y desterrado en pena de oo haber becho traición á la cansa de la Iglesia, para complacer á la tiranía dominadora En el año de 1812, mientras el joven oonde se dedicaba

privadamente al estudio, y estaba semetido al tralamieu*

to qoe demandaba la p e o r a enfermedad que le afligía

de

pooas molestias

servicio divino

bondad y dulzura de sua costuro-

Obispo de V ol Ierra, oon gran satisfacción de su ma­

el

(O Lo* Bvangtlioi uniáot, bwívidott/eeountadot, H>r Uooaoor Ajo

dría, de loa coadn m—«»i FarreHá, Obispo de Pm to, eta-, sudada publi-

ear a u T ia n to por B. B. Pío Q ,

1883.

40

poKTrmutio de pío n

ou&odo en cuando, recibió orden de pasar i Milán, para aer incorporado á la guardia do honor del virrey de Italia, á la

oual había sido destinado por lo esclarecido de bu alcurnia. Pero «1 Seftor diapuro que fuese declarado inútil para las

fatigas militare® por el gobernador de Sinígallia, quien, por estar alojado eo el palaoio de los Mas tai, sabía perfec­ tamente que la complexión del joveo era. delicada, oon lo oual se T¡¿ Bxeuto, uo sólo de laa fatigas militares, sino de loa peligro* de la vida de cuartal.

A mediadoe del año de 1914, deepaÓBde ofrecer eue r««-

polue al Papa P ío V il, á su ptuo por allí de vuelta del des­ tierro, le entraron tales deseos de presenciar su entrada triunfal en Boma, que inmediatamente ee paso en marcha,

y

llegó oon la debida autiápación para preaeLciar, desde

1a

placa del Popolo, la ovacióo que 4 su entrada se biso al

Padre Santo; espectáculo que le aiTancó ligrim as de ale­ gría, sin qne pasase por su imaginación que, treinta y seis

aflos después, se renovaría con él en la p la n de Letrán. siendo Papa y llevando también el nombre de Pío. deepoáe de on calamitoso destierro.

R eaaeltoá quodareoen la Ciudad Ecorna coo propósitos

de reoíbir las ónltmus sagradas, Ludes mu cu id a d » su iliri ■

gieroo 4 ecriqnecer sn inteligencia con sabia doctrina, y ¿

impetrar de Dios, oon una vida intachable, la gracia de po

dar llevar al cabo sus propósitos; paes aunque sentía loe im pulsos de la vocmeión eclesiástica, la epilepsia, que le mo

Viatióse, pues,

de clérigo, v frecuentó las lecciones del abate Graeioai, teólo­

go eminente y sacerdote irtegérrim o, qoien en poco tiem ­ po le cobró tal cariÉo, que m is bien le trataba oomo am i­ go que como discípulo. Por aquel mismo tiempo trabó es­ trecha amistad oon el canónigo César Storace, que entra Dablemente la quería, y oon Monaefior Pedro Capraoo; y

l«4taba eo g n n manera, parecía impedirlo.

pooo después, con dos hombres incomparables, cuya fami­ liaridad tuvo siempre eu gran estima, cual si se tratase de dos áegelea en cArue humann. Uno de ello* era Monseñor

Carlos, de los príncipes do Odcecalobi, oélebre eu el mundo

capítulo qcorro

-11

parque, eiocdo cardenal y vicario de Roma, solicitó permi- so del Papa Gregorio A V I para dejar la púrpura y entrar como humilde religioso en la Comp&üla de Jesús; y el otro, Monseñor Clarísimo Falcouieri, el mismo que, aieodo oar* denal y arzobispo de Hivena, favoreció ood jra o calor1 eu ni CónftlavftHe 1ftift, U elrivamón Hn Mattai al Pontificado.

E o Agosto de 1818, á cuatro aflos de sa

salida de Sini

gallia, el abate Mastai aoouipafiabtt al Veu. Viaeule Slraui-

eu una

u n ta misión de peoiteiieia, y aunque no ara másquo sim­ ple clérigo, dedicóse con ahinco á loa ejeroioias evangéli­ cos, tales como la visita de cároeles, enseñanza de la doctri­ na ¿ los níñoe, y otras prácticas de oslo que eran la admira­

ción de

mo plebeyos, lo elevado de sa alcurnia. Terminada esta ex* pedición apostólica, regresó ¿ Boma, y a m o , al parecer, bu sahid habla mejorado DotahlamBnta, en Diciembre Hn) mia- mo afio fuó admitido, oon gran goeo bujo, al orden de loa

subdiácoDos, qaedando coa ello ligado perpetuamente al servicio de la Iglesia de Jeeuoriaio. A pasar de todo, para secundar loe impulsos de su alma eo pro de laa obras de

oaridad y alternar á la vez coa ol oetudio, acostumbraba ir á U caca de huérfanos, situada cerca de Saota Ana de ios Carpinteras, complaciéndose on onao&ar loa rudimentos

de la fe, y formar en la virtad el cansón de los joven*

citos, que eo el afilo aprendían oficio. Hacía esto coo tal dulcura y eficacia, que se granjeó el amor de loa buerla-

oitoe. por lo que P ío VÜT, no tardó mucho en m oferirle la dirección del establecimiento. Ood codo, no estaba satiafeoho; puea deseando oon aneia

ser sacerdote p a n ofrecer cotidiauamBOM á Dios el sacri­

ficio de so H ijo, lo impedía definitivam ente la epilepeia, enfermedad que, aunque había disminuido mucho ec in­ terinidad y frueueneia, no acababa de desapareeer. E l P a ­ pa P ío V I I, que lo apreciaba en gran manera, y que le ba

bi, obispo de Macérate, y ¿ Mon&eüor Od«ca ich i

la gen cell), porque todos oonooíao, tanto Dobles co­

(1)

P. Antonio Anjnl ni ffúicria d*¡ P. CaHoi Odaeaíeki, dt la tu»-

dé Jttút; lib. 1, cap. &VLLL Kon», 1WKX

bía indicado qne acudiese al patrocinio de la Madre Hp Dina

para que librase de aquel impedimento, movido por sub instancias, se moecró propicio-á concederle la dispensa pa

ra que se ordenase de sacerdote, oon tal que, al oelebrar,

tuviera, por precaución, no saoerdote que le asistiese. I a

coodictóu era sumamente molesta para M u tai. por lo que, después de largas y fervorosas súplieas A la Bienaventura­

do VirgvD María, oidió aoa aadioocia al bondadoso Pon tí­

fice, y le auplioó, dtwpuús do exjioiierlesua rasones, que le levantase aquella carga. Tal efecto causaron sus pala­

de la

mano. Ir dijo: «Tmnrjniliwioe. voy A complaceros, porque abrigo la pereuoeíón do quo, do boy oa ndolantc, no pade­

ceréis luán cbi ctiíeniiedjuJ>. El vaticinio, ea afecto, se cumplió, pues á partir de aquel día, no volvió á sentir la meDor indisposición relacionada con dicha enfermedad, que

era j a habitual en él. Efecto de semejaote naturaleza filé logrado por mediación da la Virgen Santísima; pero no

por eso dejó de conocer, en el resto de ea vida, como un eerta'.ado beneficio de la Providencia divina, el beber pade*

oido basta la edad de veintiséis afios aquella euídrmedad, porque obligándole á vivir retirado del orando, había sus­ traído su juventud á 1<b luna de que aqnril está lleno. Ordeuado y a de sacerdote por Monseñor Caprano, Axeo-

bispo de Ieonio, el día solemne de Tasouade 1319, celebró

su primera mies en la iglesia de Santa Aoa, rodeado del oonde Jerónimo, eu padre, de Monseñor Paulino, eutoooos

lugarteniente del Auditor de Gántara, y de sus huerfnni- tos, loe cualee, así como habían formado todas sus delioias mientras se aparejaba para el ministerio del altar, consti­

tuyeron en este día feliz su mejor corona. E o este mismo día, tan señalado para ¿I, fué adscrito al capítulo de Saota

Monseñor Aníbal

María in ViaLate, oomo coadjutor de

bras en el ánimo de P ío V II, que éste, cogiéucole

(rrftgorio Schmid, comando posesión de su nuevo cargo el 2 B de Mareo dol mismo a¿»o. Desde aquel día, el canónigo Maetai fué uuj do los operarios evangélicos m is infatiga­

bles que ea Rom a trabajaban en pro de las almas, ya dan

c i f f m o Qnrpo

do ejercidos

suma gracia, por estar dotado de una eloooenoia fácil y per­

suasiva, á propósito para mover loe oorasonea. Lee trabajo* que en Roma la sugería sn oelo no fueron

de larga duración, porque necesitando el Papa P ío V I I un

bombee de prestigio que aoompañase como auditor á

MonseQor Juan Muzi, i q a ¡ 6D envió bq 1923oon el

talo de Legado y Vicario Apostólico, para el arreglo de

loe asuatoa eolomáatieos oo Cbile y obraa repúbliau de la América meridional, que acababan de mpararee dol domi&io

de EspaQa, fijó su visea eo Maatai, recomendado, oouio

apto para el cargo, por los cardenales G eoga y

aalvi. En una carta que ee hizo públioa, Moaaeflor Capta*

no, después de elogiar ¡a piedad, prudencia, afabilidad y

ciencia del canónigo Juan lia ría

ooa eficacia, como ol eujoto más idóneo que conocía, p a n acompañar i Mona. Muxi un au diUcil legaoióc (1).

M u ta i ee riodió por completo á loe deseos del Papa, sin oponer la máa pequeña diaoultad, i pesar de que bieu pue­ de decirse que más bien estaba convalecen be que cura­

M u tai, lo recomendaba

Oon*

espirituales, j a predicando, lo que hacía oon

tí*

do de au terrible enfermedad, y do obstante '.os riesgos que ¡ba á correr en navegación can larga oomo penosa. Pero á

espaldas suyas, no dejó sa madre de dirigirse al cardenal

Consalvi, oon el interés que ea de Bupooer, para que pro*

curase disuadir al Padre Santo de una determinación que apenaba sobremanera uo corasón maternal, temerosa de

perder para siempre, por cualquier evonto, al bijoque más Pío V I I le participó personalmente lo que él igno­

en la siguiente lorma: 4L a condesa, vuestra madre,

raba,

se ha interpuesto para que ao vayáis á América, pero Nos

hemoe ordeaado que se

quila, pues volvereis sano y salvo do la misión); pronóstico

que se cumplió al pie du la leLn».

Apostólica, de la cual formaban parte el

Obispo Mons. M uzi, el Auditor, canónigo Mastai, y el Se-

le «c r ib a dictándole que esté fcran

L a

Legación

( 1)

ma, Él da Abril di ira .

C u U a] ibate <*»p«minl etoplaul» ou la Secrubula de BaioJu. Ro­

POSTUIGIDO DE Fio JS

cretario, abate José S&llueti, 4 los que acompañaban el ar­

cediano Cieníuegos. ministro plenipotenciario de Chile aerea (le la SantA Sede, 7 ni P. Raimundo Ha A m , ríe 1% Orden de Prcdioodoree, sarpó de Génova el 5 de Octubro

del mismo aQu. Después do varían peripecias, fuudearua

eo Montevideo, R ío de la Plata, el

i." de Enero de lb24,

y desde allí se dirigieron 4 Baeoo6 Aires, donde desembar­

caron, para SBguir su penosa expedición atravee&odo las Pampas, remontando la cordillera de loe Andes y llegan­

do A Santiago, capital de Ohile, el 17 del mee de Marzo siguiente. Kn el primer momento, loe enviados de la Santa Sede

tuvieron Qna acogida cariñosa y espléndida, tanto de par­

te del pueblo, eomo de las personas prominentes de la re­

pública; pero al oabo de poco tiempo,

g k r sus diferencias con la Sede Apostólica por parte do loe gobernantes, ae enfriaron de cal manera, que, 4 pesar

de tratarse de una población fiel, loe negocias eclesiásticas iban de mal en peor, enfriando Ion enviados pontifirlnn les

mayorce desprecios, viéndose redncádoB pooo menos qne 4 vivir de liuiuuia. Si eeloe ©julratieinpos afligían 4 Maatai,

celoso en sumo grado de la hoDra debida & la Silla de San

Pedro, no por eso fueron parte i impedirle que ee dedica­

oelo 4 la administración de los sacra-

menUM y 4 la exposición de la divina palabra á

blo tan 4vido de oiría, que le asediaba en la <ssa, en la

iglesia y aun en la calle, alentado por sus fíaos modales

y la galanura de eu dicción.

Monsefior M iui, después de haber echado mano de enautos recursos cabían dentro del correspondiente deco­ ro, convencido de qne era inútil continuar loe negociacio­

ra

loe deseos de a rre

con

incansable

tm

pue­

nes con un gobierno que tenía eo tan poca eaLiwa lus in­

tereses de Dios y la

terminó embarcarse para Europa; pero oomo el Papa le había autorizado para que, en cualquier caso, pudiera nombrar para substituirle i su auditor, y aun para con­

sagrarle obispo, ai le parecía conveniente, antee de romper

persona del V icario de Jesucristo, de­

CAPÍTVLO ( P o n

canónigo Maeüti ai

qiisria

íerirle el orden epUoopal. Pero habiendo reflexionado quo oí aun así cesarían las difiou.tadeí, coovmicido ndeimúi por

los razones qae el mismo Mae tai le expuso, ro o lv ió Partir coo sus dos compañeros, partida que se eíeotuó en medio del llanto de muumemblus perdonas, tomando 1a

ruta, de Valparaíso, para de allí dirigirse á Montevideo,

Febrero de

1825 se «ttnbararon á bordo de un cavío que se d irig í» á Géuova, atravesaros nuevamecte el Ooéano, y con la ayu­ da de Dios Mitraron felizmente en el Mediterráneo, lle­ gando al término de bu viaje e l día 5 de J o dio. Imposible es numiíeeiar la alegría que experimenté la condesa de al abrasar á su queridísimo hijo, quieu, de paso para Home, se detuvo algunos días eo Sinig&llia,

doudo pcrmsnoeioron tres meeea. E l 16 de

todas las negociaciones,

propaso t]

quedaras en rd lugar, para, en ramn afi*mati vo, ooc-

para consuelo de sus padres y satisfacción de loe amigos qae por él «espiraban. León X il, qae en este intermedio había sucedido á P ío V il, lo recibió oou eeflalee de amor

putoruul, y oomo demostración d d aprooio on que tenía sus Laleutue y virlu dt», lo prouuso eu ul acto p a n el go­

bierno del hospicio de San M iguel eo Hipa, y veinte meses

después, para la diócesis de Spoleto, diéoetis qae amaba entrañablemente por haber visto !a luz en ella. El Padre

*25 de M ayo de

Santo, al preconizarlo en el Consistorio de

1827, encomió en gran manera los méritos y virtudes del

nuevo prelado, reoordando que había predicado con mucho provecho, al par que oelebró la prudencia, sabiduría y

ejemplaridad de sus costumbres, la sagacidad en el manejo de loa negocios, a 4 eomo la práctica eo los distintos

ministerios do la Iglesia; oneomios quo fuoron reoonocidos oomo muy jub Ujb eu tuda Ruma.

Fué consagrado el nuevo anobispo el día de Pentecos­ tés, eo San Pedro ad Vincula, por el oardeoal Oasüglione,

nombre de

P ío VLLL Parece que

que más tarde ocapó el Solio Pontiüoio con el

fué determinación eapecial de la d ivi­

na Providencia que para elevar al futuro P ío I X á loe más

M pwm njAgo p s rio n

&1 toe

directamente doa Pontífices, los dos ood el nombre de Fío;

el «¿primo, qoe lo alentó para que entrase en el estado

clerical y le faaüitó au ascenso al sacerdocio, y el octavo, que lo consagró obispo. Unido esto ¿ otras circunstancias máa qoe casuales, diento lugar á que algunas peniouas de

la intimidad de Mastai abrigasen ciertos presentimientos,

concurriesen

puestos de

la

jerarqoía

eclesiástica,

que los hechos se encargaron c e demostrar ser ciertos, andando el tiempo, corroborando asi el Hir.hn <tann maestro

el abato Groaíoei, esto es, q ’je, ¿an juicio, en el pe*ho del

arzobispo de 8 púlelo latía el coraaón de uu Papa.

muy señaladas fueroo les obras de m ieericor

día, religión y celo que llevó á felia lórmiuo eu loe cinco

aflos qne gnnamó esta dióesris. Viaiui todaa las parroquias, aun laa tuSa solitarias y abruptas, y ec las apartadas aldeas del Apanino, oor.fioacon el Abniego, se conserva aún

fresca la memoria del que, haciéndose pequeño ccd los hu­ mildes, y todo para todos, catequizaba á los oídos, ponía

paz entre los enemistados, einoueetaha á los disolutos, re­ mediaba laa estrecheces de familia» enteras, sin desdeñar*

Machas y

ee

de entrar en loe tugurios más miscrablus, para acercar

se

d loe infelices enfermos y oonsularlus con tnie liiuusuua

y

beudioiooes. En todae las oomarow de aquella región al •

pioa, dejó buellas de su santa liberalidad. A la catedral la enriqueció oon preciosos ornsmentoe, mantuvo á eu6 ex-

peoeas varios jóvenes pobres en el Seminario arsobiepal, proveyó i la seguridad de muchas doncellas que peligra-

bao, y, á 6emejaoea de la que existe en Roma, eu Santa

Ana de los Carpinteros, fundó uoa casa de huérfanos, oo- mn perpetuo monumento de su paternal caridad. Cuando en el invierno de 1831, las revueltas pusieron

eu deeordeu loe Estedce Pontificios desde el Po Itaela el Tíber, la prndenoia y mansedumbre do Mastai ñieroo

puestas i prueba. Viendo que de cada servían 6ue públi­

cas exhortaciones para mantener á los íaooíoeos en laobe

creyó oportuno retirarse

dienoia al trono de San Pedro,

por algún tiempo á Leoneses, poquofia ciudad de su arso'

D lftlU U 4CBT6

47

HispaHo, 1a qne tn gm A t*n pronto ae le dijo que en

presencia eo la metrópoli era ó til

de la ouupacióu pur lus austríacas del territorio de laa Le

gaciouea y laa Marcas, replegáronse las bandas de insur­ gentes que siciahan á O ivit* Castellana, y ea su retirada,

se reooncentraron en Spoleto para p ro v ee r»

sano, y de allí dirigirse á la montaña, á fiu de ocultarse lo

mejor que pudiesen1 1 La reunión de aquella gente indis­

ciplinada y amante del saqueo, con laa armas en la mauo y en número que ae acareaba á cuatro mil, l.ei.ó Je terror

á loa habitante» de Spolett, porque lo meaos que podía ocurrir era el «¡boque Hpn trode «ne muro® entre est« turba

de aventu ren» y laa tropo» austrineac quo venia poní guiándola para sorprenderla y destruirla.

El arzobispo, que eu este intermedio había sido nom­ brado delegado extraordinario de Spoleto y Ptrosa por Gregorio X V I, oon inetruooiún de que tratase por caao- tos medios le fuesen posibles restablecer la tranquilidad;

folio, como ostaba, de auxilio m ilitar, ae Introdujo oon cuanta sagacidad y destres* supo entre los conjurados» para disuadirlos del saqueo y para que le entregasen laa

armas, á fio deque pudiesen en ol sileuoio dispersaras, antes de que las tropas imperial** ilegiwAn y los diesen cara. Tal mafia se dió oon bus ruegos y las prometías de ana subven

cióa eo metálico y el correspondiente salvoconducto, que inmediatamente entregaron laa armas, inolueo oicco pie*

tas de artillería, quo reunió en el palacio episcopal, de

donde

más tarde fueron trasladadas á Roma, oomo trofeo

y

deseada.

Cou m otivo

de lo ueCB

nobilísimo de la mansedumbre evangélica

bre la demencia faros de los revoltosos, El bondadoso ar­

zobispo, leal á su palabra, did á cada uno de los conjura­ dos su pasaporte y distribuyó eutre ellos cierta suma de

ditero, qae la mayor parte quisieron recibir de su propia mano, porque no aa fiaban ya poco ní mucho de sus jefas. Suceso tan natural y sencillo ba eido oomo la trama que

de Mastai

so

(1)

Fnaetao Giglieoci, Jimorvu dela rtmtución romana, *o1. H, U-

bré IT, 6 1LV1II, tinta, I8AS.

r o e r m e * »

pb fio

ix

ha servido á escritoras diversos para íorjar íantásticas nove*

las. Entre otras, citará solamente la en que ae manifiesta qneM oiw ñnr Maafai arrebató i un oficial del Gobierno pon- tífioio la lista de loa rebeldes y sospechosos de eu diócesis, Ueta que arrojó al fuego para librarlas de las molestias del

fisco. Beta fábula, inserta desconsideradamente por Gran-

docü e t su historia <’>, l'ué reproducida, oon otras muohas, por otros varice, entre ellos Mauricio Maroooo, quien agrega otra oo meuos caprichos*: la de que el areobiepo

filó llamado d Rom a par» 400 dicoo ououta de su proo&der

al Padre S*»uLow . Hugu eelu advertencia, no Uuvo par*

eomeudar el error, como para poner en guardia & los pre­

sentes y venideros sobre ciertas Lia Lorias de la vida de P ío

IX , qnft, Aitraftiñ flflrcritAR oor. ánimo aiacero, almml&n eo

erroies é invenoiones manifieazas. Habiendo desolado la Umbría, eo Enero de 1802, no

violento terremoto, llevando el espanto y la desolación á sus habitantes, M on ieíor Mastai ee set&ló, tanto por so celeridad, como por la grandeza de ánimo, acudiendo en persona á loa iug&rea más desastados con cuauto tenia,

para socorrer á loa prófiigoa, heridos y abandonados, quo, casi desnudos, se morían de frío, de hambre y de lurrur. A,

doode no podía trasladarse en seguida, envió sacerdotes,

religiosos, médicos, arquitectos y carros ron víveres, telas

y maderas; y mientras visitaba las aldeas más perjudica*

das, llevando L sus babátanles Ice socorros de su diligente caridad, hacia que se pidisaeo limosnas por todas partee,

y solicitaba él provisiones paxa que, á ser posible, do pe­

reciese oiogaca de sus ovejas por falta de alimento ni ves­ tido. Informado Gregorio A V I de las admirables empresas

del arzobispo de Spoleto en osla horrible catástrofe, le prodigó todo género de alabanzas, y vacante la sede de

(t) BtinaJo umpoml dt P íe

IX - histeria ampliada por D. Cnadam,

UUs prÍBCfo y «gundo, pág. 8, Boma, I&4S.

(I) Vida, pmjijiotda y niñato <U 3, S. Pió /X, por el Ptota Mauricio

CÍPÍ7U1D <)DOm

Imola por renuncia del cardenal Júm e Oinstiní&ni, lo

trasladó á dicha sede en el Consistorio de 17 de Diciem­

bre de aquel afio, como indicio seguro de qne tenía e) pro­ pósito de agregarlo al Sacro Colegio, porque aquella cá­ tedra es costumbre que la desempeñe nn obispo investido ya con 1a púrpura, ó próximo ¿ vestirla. En efecto, Mas-

tai, cardena'. tn pentore desde el Consistorio de 23 de D i­

ciembre de 1638, foé nombrado de manera solemne on el

de 14 de Diciembre de 1840. cod gran regocijo de loe imo» lesee, ó mejor disho, de lodos loe pueblas de la R o mafia, quo lo tocian en grao astimación.

afiue que gobernó esta diócesis, no pasó

uno eo que dejase de recibir de él algún señalado benefi­

En lúe a to n w

cio, Tales fueron la restauraddn de varios templo*,

la del

palaoio episcopal

y

hasta de 1a

catedral, posa y a

elegido

Pontífice, terminó la fachada, que basta eotonoee había

permanecido sin ooacluir. Abrió tambión ana u aa ce ejer­

cicios espirituales para el clero, en la coa] puso mano oon tanta solicitud, que á este tin la estableció, de una mane­

lado del santuario de la M edre de Dios

ra definitiva, el

del Piratello, & donde ee retiraba ¿I todoe loe afloe, ense­

ñando i loe demds oou ol ejemplo, y procurando llamar,

para e&pouer la« verdades eterna», á liumbrra euusumadas

en el arte de guiar laa almaa, entre los m ales tnvo el gran­

dísimo placer de

ver á O desalehi, que de príteioe

de la

Iglesia, ee había

convergido en espejo de religiosas

virtu ­

Obras suyas fueron la

institución de un colegio para ol¿rigoe, ¿ quienes la pe­

caaes no perm itía ingresar en el Seminario,

des en la Orden de

San

Ignacio.

nuria de sus

y

el oratorio de San Pedro Crisólogo, que tiene por obje­

to

porporcionar eduoaoión cristiana, alimento é instruorión

en laa artes menánim* i loa hnórfanna HenvalídnA.

Al cuidado de laa Hermanas de la Caridad euoomendó nn colegio de liuwrfiiumj y due mouelaH de uifiad, una para

lae pobres y otra para las de familias acomodadas, eLtre- g&cdoles también el gobierno del hospital público y un

tnaaicomio de mujeres erigido por él.

KUATinLAlM DI fiOIX

Por último, á costa do muoboe trabajoe y nopoooa dispen­ dios, instituyó, batiaíacieudo bu» uiás vehementes deeeoe, una casa de refugio para las pecadoras públicas arrepentí* das, haoieado venir de Andera (Fraacia) laa Hermanan del B osq Pastor para dirigirla. Gomo al llegar estas religiosas á Imola oo estaba todo dispuesto para albergarlas, las hos­ pedó eo uo departamento de eu palacio, acogióodolas coo grao veneración, ocal ei fuesen ángelts enviados por el oce­

lo para la salvación de su diócesis. La carta que el csrdtsoal Mastai dirigió oon tal motivo á 1a Madre gertfiral de la Oougregaeión del Buen Paator do Aogerg, el 11 de Septiembre de 1615, ba fisto la lus pública; y yo no quiero dejar de insertarla aquí, purgue

coa claridad meridiana da á conocer su innata piedad y la

delicadeza de su alma. «Vuestra Reverencia deba haber mrihidn ya noticias, por sus queridas hijas, de su feliz arribo d Imola; peri> creo ser oonvenieute que también yo

exprese la grao

le ¡úfen m e de este suceso, y

i

satisfacción que experimentó al verme euriqjeoido coa

eete pequeño rebaño de sancas vlrgeues, que deulxo de

pocos días emprenderá la misión de salvar á tantas

grsnia He

doras extrAviadus.

Diofl, los volverán el rodil dei Principo de Ice pastoree,

Crialv Jeeútt iDeudito osa el Dioe de lae mieerioordieel Ruego á Vuestra Reverencia reciba el testimonio de mí

más profundo agradecimiento. Tengo el consuelo ¿e que

estén alojadas en mi palacio, y

Dios

que, teniendo como tiene en sus maoos el corazón de los

hombree, el de vuestras hijas creo yo que lo ha colocado,

no eu la mano, sino sobre eu propio coraeón. Tened la segu­ ridad de que acudiré al socorro do todas sus necesidades.)

En aquella diócesis no existe villorrio ni aldea que uo ha* ya visitado varias veces pastorilmente. Todos loe años se trasladaba á Lugo, ciudad por muchos «onoeptoe casi tan

importante como Imola, cq donde permanecía algún tiem­ po ocupado en laa tarea» de su sagrado ministerio, que lle­ vaba á cabo en la iglesia Clase darmelitaa.

la

ves

le

peca­

Seguro ft»tny

qiií*,

prm la

debo dar gracias á

CAPÍTULO (|DUnO

Por último, ya que la brevedad que me impuse veda que

me extienda eo mayores detalles de cardoter individaa],

sólo añadiré, corno cosa digna de que se grabe en la me* moría, que el cardenal Mast&i filé el primar obispo que eu Italia «e hizo celador de la admirable obra de la Propaga* cióo do la Fo, ostublooida ba Lión, la cual inatibuyó ólca-

uóukaiuieiile eu eu diócesis.

episcopal

ac las regiones de la Romana fuá para ¿l semillero de amarguras, motivadas por el odio qae laa sectas habían sembrado, dividiendo ¿ sue habitantes ea bancos que ce

aborrecían tnorlalmenle. Aunque procuró tetar en buena aunou'a coa todos los paridos, á ¿u de ganarlos para Dios, y ee valió do cuan Loe medios le sugirió su gran ca­ ridad, para poner paz entre ellcs, no consiguió extirpar de raíz el germen itn las dímrtrdiaA, porque lo alimentaban las

seriedades nefandas desde sus antros md» tenebrosos. Son- tía en el alma loe estragos que las sociedades olaudtsLuas causaban en la jarentad, á la que insidiosamente cogían

entre sus mallas, así como loe disguatos y sinsabores que proporcionaban i los infelices padree, quieues á, menudo ee acerc«bau á di, aunque no fuese más que para desaho­ gar el dclor qae les causaba la perversión ó el eucaroela-

mientu de sus bijob Tan ardientes eran sus deseos de bus­ car remedio i semejan t a desgracias, las cuales enluta­

ban á familias muy honorables, que fueron la primordial cansa de qoe, en los comienzos de su PoutificaHo, prevale­ ciese la demencia sobre la juBtiaia, concediendoan perdón amplío, el oual desgraciadamente no prodigo los saluda­

A pesar de todo esto, el desempeño del cargo

bles efectos que eran de esperar.

N o le desconsolaban neoos los motines y sublevaciones

qae i cada paso promovían en aquel país los oonjurados de las sociedades secretas, en perjuicio del principado apostólico. En Sopticmbrode 1843,oetuvo4puoto de caer eu inauos de uua de «L a s facciones, «mpilaneada por al

piamontés Ribotti, quien, para asegurarse mejor la impa*

nielad de sa sublevación, oonoibió el designio de apoderar-

PD5TITOAJ» OB rto IX

ee del cardenal Mastai ea una eaaa de campo donde resi­

día temporalmente con el &reobispo Faloonieri y A m atde Sao Felipe, legado de Rávena, loe dos cardenales también, para llevárselos consigo en rehenes. Afortunadamente el

intento «alió fnintradn, por haber sido descubierto á tiem­ po por la políela gubernamental M. L e apesadumbraron

otoño

de 1845, ¿canea de qae h&ola sujos loe dolores y ultrajes

con que veía amargar la vida del Ponlítioe y ofender i la

Santa Sede. Debido i

mundo malvado, para no pensar m4s que en la eterna

biooaventuranza, como se desprendo de lo quo on el seno de la amistad mauifestó A Monseñor Adriano Qiampedi,

Obispo de Alatri, contestando & una carta de

tándole con m otivo de las Pascuas de Navidad. (S i algu­ na ves— escribí» el veintisiete He Dioiamhre— fiieron enn* ▼onionic* loe presagios de futura felicidad, y oiertamente que lo uuti siempre, uunca fué rnáa necesario que hoy ha­ cer votos por la felicidad eterna, ya que eo la tierra no

encontramos más que abrojos y espina». Con

doy gracias á Su Sefioría Ilustrísima y Reverendísima por

loa votos que en este sentido se

ha dignado dirigirme, y

quiera el Seflor, oomo lo esporo do su misericordia, quo

pedamos ir al paraíso, en compañía de loa Santos Strambi

esto, procuraba desasirse de este

iuuo Iio

las

«ediciones producidas en R ím ÍD ¡ por el

éste felici­

este motivo,

y Odescalcbi. Bendito sea Dios qae, al propio tiempo qae una parte de los hombres se aparta de sus caminos, hace qne ntra gran porción del género humano vuelva la vista y se dirija haoia El con más vivos deeeoe que ñusca. |Ger-

lúa sentí'

mientes que manifestaba, seis meses antes de ascender al

Solio Pontificio, sin sospechar que estaba por Dios pre­ destinado á llevar por largos afios ana corona semhrada de Mpioaa, muy diferentes de las que aentía crecer en la mitra episcopal de Imola.

mosa y suave disposición la soy al)

Tales

eran

Por el mes de Febrero de IB46, presenció un eucaso Lre-

(I)

A

Ojppi, Anaiti ó* Ita lia

to n o

V III, añe de IM 3, § 4.

CAFtTUlO <JCL3TU

meodo, que bieo estremecer au corazón, un asesinato con­

sumado por venganza en las inmediaciones de la ca­ tedral, donife él ha ñnmntrfiha orando anta ni tabernáculo

al fiaer da la tarde. A l oír la gritería, ee levantó, entran­

do al panto en la saoristía, an donde vio un joven que, he­

rido eo la ingle ood una bayoneta, había ido ¿ refugiarae

eo aquel santo logar, y medio muriéndose, sa tiró sobre un

banco; pero a) propio tiempo se encontró ean que tres sicarios, que habían entrado siguiendo á aquel desdichado,

so

arrojaban eobro ¿1 para rematarlo. Entonóos el Cardenal

bb

dirigió á ellos ooo valentía, echando mano de la cruz que

peodía de su pecho, y tal faé el efeoto de su palabra y la

su mirada, que aquellas fieras se amansaron

y abandonaron el local.

Tres meses después de este desagradable suceso, se re­ tiró al B o b u n o de la Santísima V irgen dol Piratello pa­

ra hacer ejercicio espirituales; pero en medio de la satis­

facción qoe experimentaba su alma en tan duloe soledad,

recibió la noticia del fallecimiento del Papa Gregorio X V I y el despacho del Cardenal Decano del Saoro Colegio para

quo

ve. Iutarruaipidiie laa piadueae wedílaciouM, el día 8 de Junio se puso en camino, aoompaAsdo de los vaticinios de muchísimas personas, que do se ocultaban para mani­

festarle que no le volverían A ver más vestido oon la púr­ pura cardenalicia.

Se ba asegurado, tanto de palabra oomo por la pren­ sa, que la previsión de su elevación al Pontificado, previ-

sión de la que participaban muchos, se apoyaba en los va­

ticinios de personas privilegiadas por el amor de Dios, ouyoe testos encontramos en varios libros cor minncinocM de­ talles. Si ee me permite hablar do cato oomo asunto pu

liiatóricv, s&lvaudo loe m érito» de cada uno, me

atrevo á asegurar, sin ambajes ni rodeos, que ninguna de laa predicciones alegadas tiene tantos títulos de credibili­ dad humana, oomo los que se encufentrau eu los proeesos

de la cauaa de beatificación y canoticación de la venara-

rtutouUí

majestad de

so trasladóte 1 Rosna, á 6 n do celebrar ol Oóoola

n ’NnnoAJKi va plv ix

ble Aoa María Taigi. No solamente apareoe en elloe qae

la bendita aiueva Je Diue proleliaó ooeas muy «peoiale» referentes á la persona y Pontificado de Pío IX , mientras éete ee encontraba en Ohüe.sino que filis predicciones fue- ron cornunifíAHfiA i munhas personas, bastante tiempo an­

tee do que euoedieeen

receu de tal pwo, que no ee posible segarles la fe ño vio­ lentar la r&són. Gregorio X V I, que tenía notida de es­ tas predicciones y en gran aprecio la santidad de la vene* rabie Ana María, sin duda se refirió á ellas cuando, en los últimoa instantes de su vida, aseguró repetidas vecas qae su sucesor eerfa un hombre eecogido por Dioe aueelro Se- flor para beobos mayores qae los sayos, en beneficio de la Iglesia y del Estado. w

asestados ooe pa-

Laa pruebas j

(I )

S u n e n n w

tupir datío, a * ti» wig*ntd* Conmittio tnirodveiio-

W

a u a i, in caátt et od yfirtttni i t fue api Air. V ám-17, §§ 06-90-1(8.

(I)

Fítncun Fsbi Maoteoi, Ifoiieiat

di Qrrforio XVI. P.

J/. da «nUa n m r M , pig. 10. Roma, IMfl

CAPITULO VI

E) Pidre Stotj #e grujaa el amor d«t puebla—Oicigregaafa ooiuu]'jvi par* I'» «nfpci'M do Ufinioua» snbie el perdkE pollUo». -

Projrria

to. —l'lo LX otorga premie* ¿ loa defoonrM de lñ Suata Seca «a .os cn> W8M de Ríroioi. —Procaacíoau ccbm laa abusos de k uiñ itía.

promulgando li amalnU. - Coniidcviuian* rafereciea á ral* te­

Miuulras eo osparaía por ol mundo oatólioo la notioii» do la eKaliacióu, c o d d o pequeña sorpresa por la prontitud eon que se habla efectuado, y mientras las principales ciudades de la Emilia, do) Piceno, de la Umbría y du la Oampania enviaban ana emhajaHafi á Roma, para prmt&r rii homenaje al d d o v u Pontifico, ¿ete iba dando taiee muestras de modo racióuy rectitud de propósitos, que ee granjeaba aula vcu

mis el afecto del pu«blo, el cual deseaba por momea Un po

dénelo demostrar públicamente. Por lo pronto decíase, oomo Rnromío auyn, qnñ ln primera que habla heoho era m orgboiaar su oorte, de modo que, salvado el deooro debido,

se hatiíau suprimido loe gastos superfiuoa ó mecos d tile» en beneficio de los pobres. Se refería también, oomo ejemplo de especial desinterés, que se había abstenido de promo­ ver A oficial á un sobrino suyo, que militaba oomo <mdebe

•n el ejército pontificio, hasta que

perjudioaba el aaoenan á ninguno de sus oompafieroa. En la maftana del 2 de Julio, dls en que la Iglesia oonmemo- ra la Vieitaoíón de la Virgen María, determinó el Padre Santo ir á celebrar la misa 1 la iglesia de Santa María de la Humildad, aituada en la falda occidental de la oolina, en la cual celebraban fiúBta las monjas aalceianaa, Salió oon modesto Ocrbejo del Quiriual, yendo £ pía; y nparolila la ▼os, de prootose congregó una porción de gente que ora* paba todo al oamino, y i su regreso, lo aplaudió frenética­ mente hasla el atrio del palacio. I<aa personan de ilustra* oión, tanto buenos oomo malas, permaneoían tranquilas, confiada* en lae pmuoaa lieoh»» por Monseñor Juan Cor-

no se c b reío r ó da que d o

M

postiwoado as rio l i

boli Búas, Prosecretario de Est&do, en sa notificación de

20 de Junio, de que Su Santidad deseaba llevar pronto á la práctica medida* que beneficiasen i sus súbditos |l). Con este objeto, el Papa, deseando valeres de loa cono­

cimientos de aquellos cardenales que Aiesen máa aptos eu el manejo de loa negocios públicos, creó, en 90 de) mismo mee, una Congregación de seis de elloa, que eran VicocLe Macchi, Subdearm del Sacro Colegio, Tomás Rernetti,

L o is Lambrueobini y Mario M attei, los aualeB habían si­

do ya ministros cad Gregorio X V I, raeoual Q iiti y Lnie

Amat. Para Secretario designó á Moneeñor Oorboli, orde­

nando además que las Secretarías de Estado para los asuntos interiores y exterioras, estuviesen i cargo de loa prelados Vicente Santucci y Juan B. Oannella.

8 e sabía generalmente quo uno de loa pontos sobre que habla de ser consultada esta Congregación, era el per­

dón i los reas de delitos de Estado que estaban presos ó

desterrados; porque el Padre Saato estaba muy indinado

á concederlo, si bien de una manera convenieute, á fin de

quo ol orden público do sufrióse dotrimonto. Eu oíocto, la deteruiuuioióu ee prupueu y la Cougre^acióu la uau iiu ó oou el debido detenimiento. Todos tos cardenales fueron

de parecer que se concediese la amnistía, sin que mediaee

la m is ligera discusión. El ejemplo dado por Gregorio ha­

d a poco tiempo, concediendo la amoistía despule de dos

rebeliones, ¡a necesidad de atraer hacia el trono á loe súb­

ditos indecisos, la coaveniencia de inaugurar el nuevo Pou-

tifia d o oon an acto de clemencia, la neoeeidad de devolver

la

armar i los oaJnmniaderes de la Santa Sede, que la califica­

ban de Teros, la ventaja de matar con la clemencia laa cons­ piraciones que se estaban tramaudo eu los Est&doe Ponti ficios, y la oportunidad de tomar una medida del agrado de

las cortes de Fraocia y Austria, las cuales, con frecuencia, habían aconsejado á sn predecesor que concediere lin a ter­

cera amnistía, oran neones de tal peso, quo deede el pri-

paa i

familias desoladas ó inocentes, la otilídad de des­

CArtTÜLO ibxto

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mar inat&nte indinaran bd « t e sentido 4 loa Consultores.

En lo que hubo alguua divergen as de pareoqres. fné so­ bre la forma eo que había de lievaree á vías de hecho;

pues mientras udos se iooliuabaD al indulto geoeral é in mediato, otro* ¿ataban por un perdón gradual, presentan­

do todos eu* argumentos, loa cuulve ao dojabaa do sor muy

aleudiblee. DwapuÓB de cu pu w tj el pru y «1 cuubra de

opinión, no faltaba más aico quo ul Padre Santo manifea- tu e ouál de ellas era máa de su agredo y estaba más en armonía nnn la marnha iift Irw triempon. £1 Papa, i pesar de en inclinación decidida por la mi

serioordia, quiso, en aeouto de (au vital ¡uiporlauuia, re­

girse por los dictados de la saoa prudencia, y suspeudió au resolucióo durante varios días, eo qoe iba á postrar») muy

á menudoá los pies del altar, pidiendo á Dios que se dig* nase ¡laminarle. A l fin dictó uo 3fotu propno. que examinó detenidamente varias Teces; hico despudaqueseleyeseá 1*

Congregación, y en vista de que ésta no encontró nada que

añadir ni quitar, lo firmó el 16 de Julio, ood orden de que

se promulgase al día siguiente. Pocas disposinirmas soberanas habrán tenido lar ha raao-

nanoia oomo este Motv proprio de Pío IX . Aunque ee muy

oonocido, do puedo reeietir á la teulaoióu de tntueoribir li­ teralmente el pralmbulo y la oonclusión, porque eo loados

es destaca la mente del Pontífice que perdona, y la natu-

ra len dol perdón concedido. <E d los días en qae máa conmovido estaba nuestro oo-

raxón por el pública regooijo, ¿ causa de nuestra elevación

al Pontificado, uo sentimiento de dolor embargaba nues­

tra alma, a) considerar que mucha* familias de -nuestros súbditos ss veían imposibilitadas de participar de la oomúo alegría, debido á las penas que algunas de sus familiares estaban sufriendo por ofensas hecbaa al orden público y á

lúa inviolables derechos del legítimo Soberana Hemos di-

rígido uaa mirada de oompasión sobre la inexperta juven­ tud qae, arrastrada por falsas promesas, se laucó á los dis­ turbios uolítioos, y nos ba parecido que, más bien que se*

cada

M ro.iTtnc» do na rio rx

duolora, era sududda; y ouu ubLu peuaaiiiíauU» fijo, uuu re­

solvimos á extender la mano, oíredenrio cou toda ul alma el

perdón á loe extraviado» que estuviesen sinceramente arre* peotidos. Como el pueblo nos ha dado muestras de induda­

ble oariüo y de veneración i

aona, abrigamos el intimo convencimiento d e que podem os otorgar el perdón, etu menoscabo del ordeD público.»

la Santa Sede en nuestra per*

Tal ee el proemio.

Seguían varías disposiciones para que se pusiese en li­

promana ríe nnndnnirsB

oomo oíududaooe paoíGooe; para que loe desterrados vol­ viesen al territorio patrio, si eu el léruiiuo de uu año lo solieitabau; para que á loa acusados se lea dejase eo li­

bertad; para que 4 las inhabilitadas para el desempeño ds nargns ptíhlittM da les rehabilitase, y para que aa sobrsss- yeenn los procesamientos. De tan indulgente benefioio s

exoepiuabau los reos de delitos comunes, llespecto de los clérigos y de los oficiales, tauto militares como civiles, m reservaba el Pontífice tomar otras determinaciones01. fN o s oon liamos— terminaba el Padre Sauto— que los que se aaojan ¿ n o s tra olemeooia, sabrfLn respetar siena*

honor. Oocfiamos oq

pre nuestros deraohos, así com o sa

que, aplacados los ánimas oon nuestro perdón, su depou* dráo toda clase de odios, causa ó efeotode las pasiones po­

bertad A los encarcelados, previa

líticas; y que se reanudará ul viooulo de paz oon que Dios nuestro Seílor quiere juntar á ¡os hijos de uu mismo pe* dre. Pero si despiadadamente nuestras eeperaosas reeul* tasen fallidas, oon dolor de nuestro corasón recordaremos

siempre que, aunque la demencia ee el atributo más dul*

es de la soberanía, la justicia es el primer deber de ella.> Los comentarios que sobre eete memorable documeoto del PonLifioado de P ío I X ee nao beoho, favorables uuoe y adversos otros, serán impotentes para quo la posteridad

deje de oonooer la significación que de so contexto se de* duce. Asi como uo es posible descubrir eD éi lo que no hay,

(1)

Aátaá dét £it*u

P«M||lsJ,l« / 2 l I , c . ^

l ' a

(uriruLú u n o

tampoco puede dejaras de ver lo que bus términos expresan

de ana manera otarísima. Es indudable que en el

prio ae declaran co lp a b l», y castigados como

aquellos A qu ien s se absuelve graciosamente de las panas;

por oonsiguionto, Ató gran necedad, por no decir inteDOÍón

perversa, la inlerpretaeióu del aoto pontifioio en el senti­

do de que justifinha A los reos y les declaraba inocentes.

Fuere de duda e e ti que el Padre Santo, al íadicar loe mo*

ti vos que le inducían A otorgar el perdón,

lágrimas que deseaba enjugar en maahas familias, y la compasión que sentía por tantos jóvenes engañados, más bien que traidores, agregó otro, los testimonios de fideli­

dad que había recibido de loe pueblos en el primer mes de

su reinado, por lo que le parecía que el perdón no eería

perjudicial al Estado. Por consiguiente, no hay motivo

alguDO para calificar osto indulto como propio de Pontífice niiserioonliusu, porv uu do Prlu dpe avisado, como efecto más bien de amor del bien privado, que de celo por el pú­

blico sosiego; pues si bienes verdad que Pío IX , eo el exor­

dio del dooumento, usó un lenguaje más propio de padre qne de rej, en la ooneluaión manifestó paladinamsnts que

quería ee respetasen sus derechos, se guardase el orden

civil y se borrasen loe odios políticos y de bandería, en lo cual no cabe equivooMÍóo posible, oomo oo sea en quien

lo baga de intento, para cohonestar crímenes. Fuera de esto, el Padre Santo, para que en todo tiempo

resultase más ovidonto cuál había sido au propósito, al mis­ ino lieinpu que aluolvía á los reos de sus deudas oon la

justicia, premiaba oon largueza A loe ofioíales del ejército

y á los adictos al gobierno que por su valor y bu fe ee ha­

bían distinguido al reprimir la sedición de Rím im en Septiembre d «l aflo precedente, y dos días dsspuáe de con­ cedida la amnistía, hacía publicar la lista de los premiados,

había

concedido W Para impedir que los amnistiados m oreyesen en pose»

Motu pro

mereaían,

ariemú da laa

especificando las gracias que A a d a uno de ellos

(1)

Iharto ¿0

di 1S

Jolio de IBML

poFTtnoiso d* pío nt

sido de un salvoconducto He impunidad para lo fiifcnrn, m (x>mpuBO la fórmula de una promesa, que hablan de sube- oribir antes <le ^tizar del pei-dóu, eo la cual empellaban eu palabra de honor de que do abusarían de la gracia que reoibfan de P(o IX , sino que le prestarían real vasallaje. Con «1 fin Ha bu'tlil’.Ar la fijenunión del Mottt prnpric, el Sus- titato de la Secretaria de Estado expidió, en 14 de Julio, un* circular á loe gobernadores de provincia, notificándoles el decreto que iba ¿ promúlgame, é indicándoles que 8 o Santidad deseaba, no sólo que se observasen las condiciones impuestas á los agraciados, siuo que se tomasen las medidss oondaoentee, 4 fin de impedir que el indulto sirviese para dar alien toe á loa provocadores do disturbios. Con bal motivo, ordenaba á las gobernadores qae procurasen majo* rar en lo posible los cuerpos de policía y de la milicia, limpiándolo® de gente maleante, y queoonferenoiasen con loe alcaldes de sus municipios, animándolos para qne no economizaron proaucionce, i fin de sofocar en ol aoto el máa puqueiiu fucu de relmliúu. De todo ello ee deduoe que, aunque ee sabia que la am­ nistía entrañaba peligros, no ae omitieron las precauciones para evitarlos. Pero Ahora vamm á ver quién tuvo la milpa do que no so llorasen d oabo estas últimas, dando por resul­ tado que, por uut felouía siu ejemplo, se reoonipeusaee oou crímenes eü beneficio otorgado par Pío IX, cubriendo de vergüenza á los ingratos.

CAPITULO VII

AUgrís es Roma par kunaialia; U rvfftaa eJ Paira Huta.— Muorde

olro tocto «o ta lu Im provincial —Quién-» k> (onMOtaroe j coa qué

f u

iel

Ik la i* Im n tititu , j » altitjulj,—O lio

ccotn Im emple*dcs fleta ti Gobicfto. )tu> m «e por « U tama daUli-

■ iiu , —A u Im í i de lo* ím c ís k ii

P i| a,-E l a id n tl d*

■ opotn i Im pnicrípciiM

fetda—L u mcm1b¿« K cn tu m eittandra

por toda lulú .

El edicto del Padre Santo «a fijó en los sitio» más pú- blioae de Rama en la tarde del 17 de Julio, de* boros aatus

de la puesta del sol, é iiunedLalMiMule, eu lúe sitios más

frecuentados, se oyeron inaóliua aclamaciones, y se vieron adíalos de alegría extraordinaria. En donde primeramente

as oyeron, fuá en el cruce de laa Ouatro Foentoa, ea cuyo pasto ae habla reunido mucha gente; pero la algasara se suspendió de pronto por obra de unos cuantos qae, al propio

tiempo que aplaudían al Pontífloe, instaban i loa asistentes

pare que ee trasladasen á la inmediata plae&del Quirinal. Una vez allí, aa leyó el Motu proprw entre aolamaoionea de jlibilo, que no om ron hasta que el Pnnfclfine se presentó

eo la azotea del palacio y bendijo á la multitud que, moli­ nada de rodillas, le saludaba afeotUMaiimtittL AJolnm este clamoreo en la parte baja de la ciudad, y saberse que al

Padre Santo había dado la bendición, unas ouantasperao- naa da earáster bnllangonm, n g n id a i de gentes de todas

otases, odd haobaa encendidas y una orquesta, ae encami­

naron á lo alto de la colina aplaudiendo ato cesar, hasta qae el Pontífice se presentó en el baloón y bendijo nuevamente

aquella muchedumbre. A l cobo de una borm volvió la muí-

titad i la plana, renovando so gritería, qne se aplacó oon la tercera bendición apostólica.

A l

día

siguiente, Rom a tenía un aspecto completa­

mente distintió del ordinario. Unos se congratulaban del gran amor qae se demostraba al Sumo Pontífice, otroa

«ataban llenoa de admiración, y no dejaba de haber quien

pom nciDO cc rto rx

abrigase serias sospechas. Lo cierto es, que ec las casas, en las callee y eu las tertulias, do eo hablaba de otra oosa

qae de lo ocurrido la coche anterior. A l oscurecer, mien­

tra* qae por on sentimiento, al parecer oninirae, ae ilumi­ naba la ciudad enn guato evr|iiÍAÍU>a la pUnir.in Honda ae

asioota el Quirtual principió 4 llenante de ourioaoa, atraídos pur mi grupo de déBUOujadoB que, oon bajideras wiarbola­ das y hachas encendidas, acompañados de laoorreepoQdien-

te música, prorrumpíau eo estrepitosos gritas de aclama­

ción á Pío ES, pidiendo qoe ae dignase presentarse uu el balcón para bendecir de nuevo aquella maaa de fieles. Eli

Papa, A quien 6etas manifestaoiones destempladas do amor desagradaban sobremanera, ee negó & presentaran en la

azotea, sosteniendo esta actilud por espacio de tree horas,

mientras loa cautos, el murmullo y la música iban eo au­ mento de un modo bastante ruidoso. Por fin, cedieudo i las súplicasde sus domésticos, y máa biso con objeto de evitar

molestias qoe por otra cosa, se asomó al balcón, hendiju la

inmensidad de gente qae allí bullía, y se retiró; pero dando A entender que le disgustaba semejante tumulto. Igualan, por no decir mayores, fueron las muestras de júbilo dadas en la ma&ana de) 20 , que e n domingo, al d a - oender el Padre Santo A la ciudad con aa noble acompaña­ miento, para visitar la iglesia de la Misión, siboada en

Honteeitorio, en la que se oelebraba la festividad de San Vicente de PaúL En todo el trayecto se colgaron cortinas, 4 iaaron banderolas; A su paso, caín las flores A granel, y loe vivas al Pontifico eo sucodiau A cada paso, dados por personas convenientemente apostadas. Pero cuando el en­

tusiasmo llegó al colmo, faé &l regreso, ai desembocar al

cortejo papal en la placa de Colones, en donde unos cuan­ tos jó v « n « distinguido*, alumnos de la Universidad y del

Colegio Romano, sugestionados por personas desconocidos, se arrojaron sobre lúa caballos de la uarroisa eu que ¡Im Su Santidad, y loa desengancharon para llevarlo en triunfo hasta la altura del Quirinal. En vano trató deopounree el

Papa, porqan aqaeilos jóvenes, eo un abrir y oerrar de

04PÍruU> «¿RIMO

ojos, quitados las arreos, ae agarraron á las ruedas y á la

coche basta el patio

palacio, á pesar de la luetaa del sol. Y uo paró esto pues loe más entusiastas se Hirigierou A la turba que seguí*, para que pidiueu ooq iusistoDoia la bondición dol

laniia, y trasportaron oon

del

lig ere a el

loe

Poulífioe, el ouai, Uiu u> para que uo le a^uiaseu multe Lan­

do, como para que aquella muchedumbre no aguantase

por más tiempo el sol salival, creyó coa recuente aocedsri

la demauda, y se presentó al punto en la a totea. U na ves retirado i sos habitaciones, dió orden al Secre­

tario de Estado para qu<* em demora notifícase al priblioo,

por medio de oq bando, qae cesasen aquellas inmoderadas

manifestaciones de gratitud. Á las pocas horas quedaba fi­ jado el bando en distintos parajes de la qiodad, y aunque

estaba redactado

do de loe que tenían Ínteres en provocar tumultos, por lo

que procuraron