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PARO ESTUDIANTIL

UNIVERSITARIO

Presentado por:
EVA PAEZ PADILLA

DOCENTE:
CAMILO URIBE

LEGISLACION EN INFORMATICA

UNIVERSIDAD DE CORDOBA
SEDE LORICA
PARO ESTUDIANTIL NACIONAL

Desde una aproximación de lo que se podría denominar la matriz socio-educativa en


Colombia, se pueden discutir sobre algunas de las causas principales de la crisis de su
sistema universitario público y, especialmente, de su crisis de financiamiento.

Por matriz socio-educativa se entiende una particular combinación de los fundamentos que
distinguen al sistema educativo y que, necesariamente, son expresión de una matriz-
sociopolítica nacional definida a partir de la relación entre Estado, régimen político,
partidos políticos y sociedad civil o base social. Cada sociedad presenta una configuración
particular de sus sistemas educativos, que se realiza a través de la combinación de los
siguientes elementos: el papel de la educación en el proceso de conformación de la
“modernidad”; la articulación entre Estado-mercado-sociedad civil y educación
históricamente construida, y el modelo de selección social utilizado por el sistema
educativo.

En Colombia, la educación universitaria no se ha arraigado como una promesa de igualdad


para una sociedad democrática, sino que se presenta como una llave para la diferenciación
y jerarquización social; el acceso a la escuela y más aún, a la universidad, sigue remitiendo
a un privilegio más asociado a las posibilidades económicas e individuales. Esto marca la
enorme legitimidad de la educación privada en nuestro país y la indiferencia de las élites
gobernantes para con la universidad pública.

Precisamente, lo anterior define la articulación, ya mencionada, entre Estado-mercado-


sociedad civil y educación históricamente construida. La provisión de educación
universitaria pública ha sido limitada, el consenso social no se ha inclinado hacia la
exigencia de una educación universal en el nivel universitario y la política pública se ha
caracterizado por promover una expansión de matrícula fuertemente apoyada en el
crecimiento del sector privado2 que, para el 2011, fue del 46% (cifra que se ha mantenido
estable desde el 2006), aunque llegó a ser del 62% en el 20013. La Universidad
Nacional por su parte, representa menos del 4% de la matrícula universitaria total4.

Con relación al modelo de selección, los circuitos educativos están claramente


diferenciados y las trayectorias fragmentadas. Si se logra acceder a educación universitaria,
se accede a determinado tipo de institución según el origen social y el capital cultural de los
individuos, implicando diferenciación y desigualdad educativa y la homogenización del
fragmento8. La política pública ha estado ausente para revertir este proceso y esto solo
puede favorecer a minorías privilegiadas que tienen garantizadas sus aspiraciones
personales. Situación aún más problemática en un país con un complejo conflicto armado y
una juventud sitiada por la violencia.
“Las políticas públicas son un fértil campo para el estudio de las matrices nacionales,
revelan sistemáticamente los rasgos dominantes de las culturas políticas vigentes, al tiempo
que las reproducen y refuerzan”

En función de una lista extensa de peticiones, solicitaron una mesa de diálogo con el rector,
el vicerrector, los decanos, los cuerpos docentes, los no docentes y un representante de las
asambleas por cada facultad. A acudir a esta instancia con el reclamo por el aumento del
presupuesto universitario y para frenar lo que consideran un vaciamiento de los organismos
de ciencia, técnica y cultura (Conicet, Inta, Inti, SSAF, Incaa).

Sobre los fondos que podrían solventar la universidad pública, plantearon la importancia de
que “la plata sea para educación y no para especuladores financieros”, en alusión al acuerdo
del Gobierno de Macri con el FMI, y rechazaron la asignación presupuestaria destinada a la
Iglesia católica.

“Queremos tener clases, pero defender una educación pública y de calidad”, expresó una
representante de la Comisión de Comunicación, al explicar que las tomas de los recintos
continuarán y que fueron medidas democráticas adoptadas por las asambleas de cada
facultad.

En tanto, fuentes de la Federación Universitaria de Córdoba (FUC), que integra a los


estudiantes, señaló que acompañan los reclamos salariales, pero no el paro total de
actividades. Así, una revisión de las consecuencias de esa matriz socio-educativa da cuenta
de un hecho muy problemático: la universidad pública no está en el núcleo de las
prioridades sociales, pues ha imperado la mentalidad que si bien el Estado tiene
competencia, se trata fundamentalmente de un problema de los individuos y sus familias.

La no despreciable conquista de un presupuesto mínimo garantizado en la Ley 30 de 1992,


se ha comprobado insuficiente ante las crecientes exigencias presupuestales y el
incumplimiento frecuente del Estado en el reconocimiento de los recursos. Las
universidades no sólo están agobiadas por la imposibilidad de sufragar sus gastos de
inversión y de funcionamiento ligado a lo estrictamente académico, sino que algunas como
la Universidad Nacional también están rezagadas en la actualización salarial de sus
empleados administrativos, lo que motivó el paro.

Ciertamente, esta situación que aparece en cada coyuntura se hace cada vez más un
problema crónico. Así durante todo el mes de octubre de 2018 se desarrolló la discusión
sobre la imposibilidad de las universidades para financiar sus gastos de funcionamiento.

De forma inevitable, los temas fiscales se convirtieron en el núcleo expreso o tácito de


cualquier debate o decisión sobre la universidad. La predominancia del análisis fiscal y
financiero de la educación superior, hizo invisible cualquier otra apreciación sobre la
educación superior, instalando de paso, en el discurso académico y público, la idea de
educación como un servicio sujeto a transacción e identificando cualquier intervención del
Estado como una compensación a una particular situación de mercado natural y legítima.
La crisis de financiamiento de la universidad pública colombiana es una crisis de los
fundamentos en los que se sustenta el sistema educativo. En las últimas décadas
neoliberales se abandonó la promesa de la educación para las clases populares, se
profundizó la retirada del Estado que descargó su responsabilidad en la iniciativa privada y
permitió que la urgencia fiscal retrasara el avance cualitativo de la educación superior
pública, y se relegitimó la selección social del sistema educativo, especialmente en el nivel
superior, con exclusiva base en las oportunidades individuales.

El interrogante es entonces: ¿cuánto tiempo más soportarán estás instituciones en coma


inducido y cuanto rezago educativo y científico seguirá tolerando el país?