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¿Por qué nos comparamos con los demás?

Los demás no nos dan ni nos quitan nada. Tan sólo son espejos que nos muestran lo que
tenemos y lo que nos falta”

Compararse con los demás se convierte casi en un hábito inconsciente en el que muchos caemos
prácticamente sin darnos cuenta.

¿Qué hay detrás de compararnos con otros? Realmente, si fuera para inspirarnos y mejorar como
personas, no sería ningún problema. Sin embargo, en general, la realidad es que cuando nos
comparamos, de alguna manera cambiamos el sentimiento de valía hacia nosotros mismos.

Es decir, si la comparación es descendente, es decir, la persona con la que me comparo tiene


menos éxito o logros, el sentimiento se vuelve favorable.

Sin embargo, cuando la persona con la que nos comparamos aparenta brillar más, se la ve más
feliz y realizada, recibe lo que percibimos como una mayor consideración y respeto por parte
de los demás… entonces la cosa cambia. Nuestro sentimiento de valía disminuye así como la
propia autoestima.

Es como si usáramos a los demás como indicadores de nuestro grado de valía. Y ahí está el craso
error. ¿Cómo podemos solucionarlo?

La clave está en comprender un sencillo pero profundo principio de la vida: Soy un ser único y
mi papel y mi contribución en este juego de la vida también son únicos.

De este modo, el foco dirigido hacia los demás como referentes sobre los que medir mi valía
cambia. El foco ahora se dirige hacia mi propio ser. Y ahora sí que está en mis manos aumentar
el sentimiento de valía.

Si mi papel y contribución son únicos, la base de mi sentimiento de valía se centra en cuánto


me conozco a mí mismo y cuánto desarrollo y aprovecho todos mis recursos y talentos
personales.

Entonces entendemos y experimentamos que no se trata de compararse con nadie, la clave


para sentirme bien conmigo mismo radica en conocerme mejor y verificar que mi contribución
al juego de la vida sea la óptima que puedo ofrecer, que esté realmente alineado con mis
valores más profundos y con mi propósito de vida.

Y, por tanto, es un tema a desarrollar y fortalecer en nuestro interior. Mirar a los demás y
compararnos con los demás no hace sino alejarnos de la verdadera satisfacción que viene de
alinearnos con nuestra verdadera esencia y vivir y actuar desde ahí.
Por qué nos comparamos con los demás?

Recientemente me he puesto a contemplar que a veces caigo en una mala costumbre, la de


compararme a mi mismo con otras personas y sopesar en dónde me encuentro en base a lo
que observo que los demás están haciendo. Y no importa si las personas cercanas a mí me
están dando ánimos o me ayudan a recordar quién soy y lo que he logrado, inconscientemente
caigo en la tentación de sentirme frustrado por esta comparación.
Pero me he puesto a pensar que esa es una batalla que nunca se puede ganar. Porque si te
pareces a mí, no muy seguido nos comparamos con alguien menos afortunado que nosotros
mismos y aunque inclusive a veces lo decimos, ¿Realmente nos consideramos bendecidos?
Más frecuentemente nos comparamos con quien percibimos siendo, teniendo o haciendo algo
más. Y esto solamente nos deja sintiéndonos en deuda con nosotros mismos.

Y es que la mente se acostumbra a seguir los mismos esquemas, y si queremos cambiar este
mal hábito mental creo que necesitamos darle a nuestra mente algo diferente que hacer.

Si en lugar de compararnos con los demás, redirigimos el pensamiento y mantenemos la


comparación dentro de nosotros mismos en relación con nuestro pasado.

Siempre nos estamos transformando en algo más. Quien somos hoy es el resultado de las
decisiones que tomamos ayer, siempre estamos en estado de creación, nosotros tomamos
decisiones todo el tiempo y la dirección de ellas normalmente es en el sentido y con la
intensión de progresar.

Así que he intentado aplicar esta estrategia a mis pensamientos porque pienso que es posible
modificar nuestros estados de ánimo y nuestras emociones, creo firmemente que nuestra
mente es la llave que controla toda nuestra realidad.

He encontrado más útil y lógico al hacer una evaluación de mi persona y de mi entorno, dejar
de compararme con otras personas y hacerme a mi mismo otro tipo de cuestionamientos.

¿Qué estoy haciendo hoy que no podría haber hecho hace diez o cinco o inclusive un año
atrás?

¿Qué nuevas decisiones he tomado que han resultado en un cambio positivo en mi vida?

¿Cuáles son las ganancias de este año en comparación con las ganancias del año pasado en el
mismo momento? ¿Cómo he mejorado personalmente? ¿Qué nuevas habilidades y
conocimientos tengo? ¿Cómo está mi relación con las personas a quienes más estimo?

¿Qué comportamiento negativo he detenido? ¿Qué nuevo hábito positivo he adquirido?

En otras palabras, ¿Cómo he progresado en convertirme en una versión mejorada de mi


mismo?
Creo que eso es lo que realmente importa. Compararnos con alguien mas es una forma
inadecuada e irrelevante de evaluarse, es una lógica fallida, todos somos diferentes y partimos
de diferentes puntos de acuerdo a nuestros propios antecedentes e intensiones, pero qué tan
bien lo estamos logrando es nuestro asunto personal, así que al hacer el análisis, no
deberíamos dejar de lado, nuestra propia objetividad, honestidad y estima.

La comparación no es mala, lo malo es


la degradación en la comparación”
Así que, después de lo anterior, es muy difícil que alguien no haga comparaciones de sí
mismo con los demás. Yo NO creo que el problema esté en compararse, sino que, el problema
está en degradarse en la comparación. Si veo que mi vecino adquirió un automóvil y lo comparo
con el mío para ver cuál es mejor, no creo que sea malo. Incluso, podría ser bueno, porque
yo podría motivarme a conseguir otro coche. Lo malo es que tenga la necesidad de
comparar el coche de mi vecino con el mío, para saber si el mío sigue siendo mejor
que el de él y no sentirme inferior. Lo malo es hacer comparaciones para saber si soy
“inferior” al comparado. El problema es que tendemos a compararnos con los
demás, porque tenemos la idea errónea de que si los demás son más bellos, son más
ricos, o son más inteligentes que nosotros, entonces nosotros somos inferiores. Eso
no es así.
Específicamente, el problema reside en creer que nuestro valor personal depende de
lo que tenemos, de quien somos o de lo que podemos hacer. Y peor aún, es creer que
nuestro valor personal depende de la posición que tienen los demás. En las monedas
existen paridades. Por ejemplo, peso mexicano-dólar americano. En el mercado de las
divisas, sucede que si el peso sube, el dólar baja, o si el dólar baja, el peso sube. Nunca
sucederá en esta paridad que el peso mexicano suba y el dólar también, o que ambos bajen.
Porque el tipo de cambio de una moneda depende del valor de la otra, pero esto no aplica
con los seres humanos.

El hecho de que una persona sea más rica que yo, no quiere decir que yo sea más pobre
que ella, simplemente soy menos rico que ella. El hecho de que una persona sea más bella
que yo, no quiere decir que yo sea más feo que ella, simplemente soy menos bello que ella.
Pero, independientemente de esto, cuando hablamos de valor personal, esencialmente
somos todos iguales. No hay superiores, no hay inferiores. Hay ricos y menos ricos, cierto,
pero ambos, como personas, en esencia, son iguales. ¿Por qué se comparan las
personas? Porque NO creen que en esencia todos somos iguales, si no que creen que
el rico es superior al pobre, y que el bello es superior al feo (menos bello), entonces se
comparan, y cuando son pobres, o “feos”, se sienten mal, porque creen que el otro vale más.
Esto no es así.