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EL CONCEPTO DE POLÍTICA EN LOS CUADERNOS DE LA CÁRCEL

Carlos Nelson Coutinho

Centralidad de la política
Entre los marxistas de su tiempo, Gramsci probablemente fue el único que utilizó
de forma positiva el término ciencias políticas o ciencias de la política. Mientras que
en los Cuadernos el término sociología siempre aparece con una connotación
marcadamente negativa (es conocida la aversión gramsciana a la “sociología
marxista” propuesta por Bujarin y su crítica al formalismo y al empirismo de la
“sociología“ burguesa), la expresión ciencia política, por el contrario, tiene en sus
apuntes una indiscutible acepción positiva. No es difícil notar que uno de los
objetivos de los Cuadernos, quizá el más comprometido, es precisamente la
elaboración de una “ciencia de la política” adecuada a la filosofía de la praxis, o sea
al marxismo. Una de las tareas de los intérpretes de Gramsci es, por tanto, tratar
de comprender los motivos y las consecuencias de dicho empleo positivo del
término ciencia política, más aún cuando se sabe que Gramsci —como marxista—
se coloca mas allá de la falsa división académica del trabajo intelectual que ya existía
en su época, por el contrario adoptando en sus investigaciones el “punto de vista de
la totalidad“, precisamente aquella apreciación metodológica que según el
joven Lukács distingue radicalmente al marxismo de la llamada “ciencia
burguesa”.1
Creo que esta valoración positiva del término ciencia política deriva sobre todo del
bien conocido y declarado antieconomicismo de Gramsci que lo lleva a repudiar
aquellas lecturas del marxismo propias no sólo de la época de la Segunda
Internacional, sino también, y quizá sobre todo, las del llamado “marxismo
soviético” que tan bien estuvo representado por Bujarin, uno de los principales
adversarios polémicos de los Cuadernos.
El compromiso de Gramsci por afirmar el papel creativo de la praxis humana en la
historia, su percepción de las “relaciones de fuerza” como momento constitutivo del
ser social lo llevan a privilegiar el estudio del fenómeno político en sus diversas
determinaciones. Por otro lado, la importancia atribuida por Lenin a la política fue
una de las principales razones de la fascinación permanente de Gramsci por la obra
teórica y práctica del gran revolucionario ruso, fascinación que inclusive lo orilló a
minimizar los indiscutibles puntos de ruptura entre su reflexión y la del autor de El
Estado y la Revolución. Y además, no hay que olvidar el hecho de que el análisis de
la política siempre ha sido una de las contribuciones más fecundas del pensamiento
italiano a la sociedad en un trayecto que va de (a través de muchas
diferencias) Maquiavelo y Vico a Mosca y a Croce; y es bien sabido lo mucho
que Gramsci estaba ligado, no obstante el irrefutable alcance universal de su
pensamiento, al “terreno nacional” constituido por la cultura de su país.
De todos modos, cualesquiera hayan sido los motivos que llevaron a Gramsci a
valorar positivamente la “ciencia política“, el hecho es que su obra —aunque enfrenta
argumentos variados, hoy clasificables desde el punto de vista académico como
filosóficos, antropológicos, sociológicos, estéticos, etc.— sustancialmente se
concentra en una reflexión sobre la acción y sobre las instituciones políticas
(hegemonía, voluntad colectiva, Estado, Sociedad civil, partidos, etc). En
efecto, Gramsci examina todas las esferas del ser social empezando por su relación
con la política. A lo largo de todos los Cuadernos son frecuentes las referencias al
hecho de que “todo es política”, sea la filosofía, la historia, la cultura, o hasta la praxis
en general. En este sentido me parece justa la afirmación del pensador católico
brasileño A. R. Buzzi: “La política forma el núcleo central del pensamiento de
Gramsci, es lo que le da sentido y articulación a todas sus investigaciones históricas
y reflexiones filosóficas”. 2
Además, precisamente la reflexión sobre la “ciencia política” viene a desmentir en la
forma más clara una de las más difundidas lecturas de la obra gramsciana, o sea
aquella que hace de Gramsci un pensador fragmentario a cuyo trabajo teórico,
según ésta, le falta (ya sea por una autónoma decisión metodológica, ya sea por la
coerción de las condiciones objetivas bajo las cuales trabajaba) estructura
sistemática. Uno de los más recientes y brillantes planteamientos de dicha tesis es la
que hace Giorgio Baratta, cuando afirma que en Gramsci el método de
investigación y el método de exposición (determinado por Marx en el prefacio
al Capital —”todavía no aparecen separados el uno del otro”. 3 No creo que sea así.
Me parece que los “Cuadernos especiales” son intentos (no siempre logrados, es
cierto) de pasar del método de investigación, propio de los “Cuadernos misceláneos“
al de exposición a través de la creación de una demarcación que va dialécticamente,
como en El Capital, de lo abstracto a lo concreto.
Los núcleos de exposición presentes en los Cuadernos (en este sentido marxista) son
muchos.
Quisiera presentar un solo ejemplo, tomado precisamente de la reflexión gramsciana
sobre política. Gramsci afirma que “el primer elemento de la ciencia y del arte de
la política es que hay gobernantes y gobernados-gobernados“. 4 Éste “primer
elemento” tiene en los Cuadernos la misma función metodológica que tiene la
mercancía en la exposición dialéctica presente en El Capital de Marx: se trata de
una figura abstracta (de una “célula“) que contiene potencialmente todas las
determinaciones más concretas de la totalidad. El concepto más concreto de la teoría
política de Gramsci, o sea el de Estado ampliado (sociedad política + sociedad civil
+ coerción + consenso + dictadura + hegemonía, etc), tiene todas sus
determinaciones —entre otras: cómo se gobierna, por qué se obedece, etc.— ya
contenidas en ese “primer elemento“ abstracto, o sea en la relación entre
gobernantes y gobernados. Y así como Marx lo hizo con la forma-
mercancía, Gramsci muestra la historicidad de este “primer elemento“: también la
relación entre gobernantes-gobernados tiene una génesis (en la sociedad de clases)
y por tanto una posibilidad de superación (en las “sociedades reguladas“, sin clases,
o sea en el comunismo). Si se quiere insistir en el parangón con Marx, se puede decir
que los Cuadernos contienen al mismo tiempo los Grundrisse (los “Cuadernos
misceláneos“) y los primeros esbozos de El Capital (los “Cuadernos especiales”).
Me parece que se cumple con esta centralidad de la política en las reflexiones
presentes en los Cuadernos; de hecho son muy pocos los analistas de Gramsci que
la rechazan explícitamente, aunque las interpretaciones pueden ser muy diversas
entre sí. Pero precisamente esa casi unanimidad puede motivar una posible objeción
de parte de aquellos adversarios de Gramsci llamados “marxistas”; ¿acaso la
elección de un “punto focal” político en oposición al unilateralismo economicista no
habría dañado la formulación teórica general de Gramsci, haciéndole abandonar el
“punto de vista de la totalidad” y así adaptar otra visión unilateral, justamente la
que se podría denominar “politicista”? El rechazo de esta objeción requiere una
elucidación, aunque sumaria, de la dimensión ontológica del concepto de política
contenido en los Cuadernos de la cárcel.
Gramsci, crítico de la política
En los Cuadernos Gramsci emplea el concepto de política en dos principales
acepciones, las cuales podrían llamarse “amplia” y “estrecha”. En su acepción
amplia, política está identificada con libertad, con universalidad, o con mayor
precisión, con todas las formas de praxis que superan la simple recepción pasiva o la
manipulación de los datos inmediatos de la realidad (recepción y manipulación que
marcan gran parte de la praxis técnico-económica y de la praxis cotidiana en general,
dirigiéndose conscientemente, por el contrario, hacia la totalidad de las relaciones
subjetivas y objetivas. Según dicha acepción (es justo decirlo, de acuerdo con
Gramsci, ya que esto corresponde a la realidad ontológico-social), todas las esferas
del ser social han sido atravesadas por la política, o sea que todas ellas contienen a
la política como elemento real o potencial ineliminable. Se puede entender mejor
este planteamiento si se observa que, en dicha acepción de tipo amplio, “política”
para Gramsci es sinónimo de “catarsis” definida de la siguiente manera en
los Cuadernos:
se puede emplear el término “catarsis” para indicar la transición del momento
puramente económico (o egoísta-pasional) al momento ético-político, o sea la
elaboración superior en la conciencia de los hombres de la estructura en
superestructura. Eso también significa el paso de lo “objetivo a lo subjetivo” y de la
“necesidad a la libertad“. La estructura da fuerza exterior que aplastar al hombre,
lo asimila a sí, lo hace pasivo, se transforma en medio de libertad, en instrumento
para crear una nueva forma ético-política en origen de nuevas iniciativas. La
fijación del momento “catártico” se convierte de este modo, según me parece a mí,
en el punto de partida para toda la filosofía de la praxis: el proceso catártico
coincide con la cadena de síntesis que resultó del desarrollo dialéctico. 5
Aquí se indica con claridad el momento del pasaje del determinismo económico a la
libertad política. Una manifestación emblemática de “catarsis” sería, por ejemplo, el
proceso por medio del cual una clase supera sus intereses económico-corporativos
inmediatos y se alza hacia una dimensión universal, ético-política, que viene a
ocupar el lugar del origen de “nuevas iniciativas“. En otras palabras, se puede decir
que sería “catártico” el momento en el cual la clase, gracias a la elaboración de una
voluntad colectiva, deja de ser un simple fenómeno económico y se convierte en
sujeto consciente de la historia. He aquí el equivalente gramsciano del pasaje de
“clase en si” a “clase por si“ (Marx) o de aumento de la conciencia sindical a la
conciencia político-universal (Lenin). Según Gramsci, si una clase social no logra
realizar dicha “catarsis” no puede convertirse en clase nacional, o sea, no puede
representar los intereses universales de un bloque histórico, y por consiguiente, no
puede conquistar la hegemonía en la sociedad.
Pero la dialéctica de la conciencia de clase no es por nada la única acepción del
concepto gramsciano de “catarsis”, o sea de “política” en un sentido amplio. De
hecho, es ontológicamente justo decir que todas las formas de praxis, incluidas las
que no tienen relación directa con la formación de la conciencia y de la acción de las
clases sociales, implican ese potencial del “momento catártico“, o sea, el potencial
del pasaje de la esfera de la manipulación inmediata —de la recepción pasiva de la
realidad— a la dimensión de la totalidad, del cambio activo del mundo social. En
otras palabras, de un pasaje de la conciencia “egoísta-pasional” (puramente
particular) a la conciencia “ético-política” o universal (a la conciencia de nuestra
participación en el género humano). 6 En los Cuadernos Gramsci presenta
muchos ejemplos de este “momento catártico” en diversas esferas del ser social,
desde el terreno de las ideologías (pasaje del sentido común heteróclito a buen
sentido crítico y a un concepto del mundo orgánico, como en la “filosofía sistemática
de los filósofos”) hasta el del arte y de la literatura (elaboración estética de una
perspectiva “nacional-popular”, realmente universal-concreta, y ya no sólo
abstractamente “cosmopolita”, etcétera).
Sin embargo, lo que aquí más interesa es subrayar que Gramsci observa la
manifestación de este “momento catártico” incluso al interior de la misma praxis
política ya entendida en su sentido “estrecho”. Gramsci efectivamente hace una
importante distinción de categoría, por un lado, entre la “gran política” que
“comprende las cuestiones asociadas con la fundación de nuevos Estados, con la
lucha contra la destrucción, la defensa, la conservación de determinadas
estructuras orgánicas económico-sociales“; y por el otro la “pequeña política“ (la
política de cada día, la política parlamentaria, de corredor, de intriga), aquella que
incluye “las cuestiones parciales y cotidianas que se dan al interior de una
estructura ya establecida por la lucha de preeminencia entre las diversas
fracciones de una misma clase politica”. 7 La “pequeña política” podría ser
fácilmente identificada con la praxis manipulatoria, pasiva, que experimenta el
determinismo en vez de enfrentado, mientras que la “gran política” —que como
aquella propuesta por Maquiavelo “quiere crear nuevas relaciones de fuerza y por
ello no puede ocuparse del ‘debe ser‘, obviamente no entendido en el sentido
moralista“— 8 es el momento de la afirmación de la teleología, de la libertad. En este
sentido se puede decir que el supuesto “panpoliticismo” de Gramsci no es más que
percepción dialéctica y materialista de una característica ontológica esencial del ser
social: del hecho de que esta específica modalidad de seres el resultado de la
articulación entre determinismos y libertad, causalidad y teleología o “deber ser“. 9
Como se dijo, más allá de esta acepción amplia, Gramsci presenta en
los Cuadernos un concepto estrecho de política, la de la llamada ciencia política, uno
que involucra el conjunto de las prácticas y objetivaciones directamente ligadas a las
relaciones de poder entre gobernante y gobernados. Y bien, si en su acepción amplia,
es decir, en la de “catarsis” la política es un momento ineliminable y constitutivo de
la misma estructura ontológica del ser social, en la segunda la política es algo
históricamente pasajero. O sea, Gramsci no es un “politólogo” y menos uno con
desviaciones politicistas. sino un crítico de la política; en el mismo sentido en
que Marx no es un “economista” y menos economicista, sino un crítico de la
economía política.
Marx estudia las leyes del capital no sólo para encontrar su nexo inmanente en su
estructura sincrónico-sistemática, sino también y sobre todo para demostrar que
esta estructura no es algo natural, eterno, sino una formación social con génesis
histórica propia, presupuestos no capitalistas que son momentos estructurales de la
reproducción del mismo capital y que contienen en su interior contradicciones que
tienden a su superación igualmente histórica. El empleo de la expresión “crítica de
la economía política” tiene un sentido preciso: recoge de la ciencia económica clásica
no pocos conceptos, los somete a una crítica ontológica y los pone en relación con la
totalidad social y con el devenir histórico. 10 Estos conceptos de ciencia económica
devienen parte de otro sistema teórico donde las leyes del capital pierden su carácter
natural fetichista y se convierten en momento de un proceso histórico, resultado de
la acción de los hombres y, por tanto, capaces de ser superados por esta misma
acción.
Siguiendo a Marx, Gramsci asume la misma posición frente a la ciencia de la
política. Si Marx reconoce los conceptos de mercancía y valor como los puntos de
partida de su propia reflexión, también Gramsci sabe que en la esfera de la praxis
y de las instituciones políticas —según Maquiavelo hasta Mosca— , el primer
elemento es que existen de veras gobernantes y gobernados, dirigentes y dirigidos.
Toda la ciencia y el arte políticos se basan sobre este hecho primordial, irreductible
en ciertas condiciones generales. 11Igualmente para Gramsci no es un hecho
natural y eterno (Q 17 52).
Esta visión historicista lo lleva a dialectizar su primer elemento y en consecuencia
formular estas preguntas de importancia metodológica crucial: “Se quiere que haya
siempre…” 12 Gramsci adopta, sin duda, la segunda alternativa y deviene evidente
que para él el primer elemento de la política, como para Marx la célula mercancía y
su forma valor, no es un hecho natural y eterno sino un proceso histórico. 13
Pues bien, la historicidad de la política, concebida como “organismo en desarrollo”
no se refiere únicamente a sus categorías estructurales-inmanentismo que es la
misma esfera política (en su sentido estrecho, o sea como relación entre gobernantes
y gobernados) la que tiene, según Gramsci, un carácter histórico. 14 Esta esfera
tiene una génesis histórica, ya que la política únicamente existe cuando hay
gobernantes y gobernados, dirigentes y dirigidos: y esta visión no resulta de la
“naturaleza humana” sino de relaciones sociales históricas concretas (o sea, “en
último análisis“, dice Gramsci, ésta se remonta “a una división de grupos sociales”,
o sea a la división de la sociedad en clases). 15 Para Gramsci tal división no siempre
fue ni será, ya que podrá desaparecer en la “sociedad regulada” (comunista), en la
cual será superada la división de la sociedad en clases antagónicas. Efectivamente,
en esa “sociedad regulada” Gramsci supone que “el elemento Estado-coerción (se
podría decir, también, la división entre gobernantes y gobernados) se puede
imaginar como algo extinguible a medida que se afirman elementos cada vez más
conspicuos de sociedad regulada (Estado-ético o sociedad civil)“. 16
Según Marx, en el comunismo la sociedad tendrá que absorber la esfera económica
en el sentido de someter sus leyes espontáneas y anárquicas al control consciente y
planificado de los productores asociados; para Gramsci, de manera análoga, el
comunismo se caracteriza por el hecho de que la sociedad civil (o Estado-ético)
deberá absorber al Estado-coerción (o Sociedad política), ya que las funciones de
este último se resolverán en las relaciones conscientes y consensuales de la sociedad
civil. En fin, si Marx no cree en el homo oecononicus de las teorías económicas
“clásicas” o “vulgares”, dotado de una innata lógica
“calculadora”, Gramsci igualmente rechaza la existencia “natural” de homo
politicus, el cual según la “ciencia política” burguesa de Hobbes a Weber, estaría
marcado por una innata “voluntad de poder” o de “prestigio”.
En resumidas cuentas, el presunto “politicismo” que tantos intérpretes atribuyen
a Gramsci no tiene verificación en los textos de los Cuadernos. Entendida en su
sentido amplio como “catarsis“, la política es una determinación ineliminable de la
praxis humana, y por consiguiente, cuando Gramsci dice y confirma que “todo es
política“ no ejerce violencia a lo real, sino que indica un aspecto esencial del ser
social, o sea el momento de la articulación entre subjetividad y objetividad, entre
libertad y causalidad, entre particularidad y universalidad. Y cuando la política se
entiende en su sentido “estrecho”, o sea, como relación de poder entre gobernantes
y gobernados, propio de la “ciencia política” incluso de su tiempo, Gramsci lo
muestra como algo que será dialécticamente superado, aufheben (conservado,
eliminado y elevado a un nivel superior) en la “sociedad regulada“, en el comunismo.
Por eso podemos decir que Gramsci no es un “científico político“, un politólogo,
sino, en el sentido estrechamente marxista de la expresión, un crítico no sólo de la
política como relación entre gobernantes y gobernados, sino más bien de la “ciencia
política” tal como fue construida en la modernidad.
Las relaciones entre política, economía y totalidad social
Si Gramsci somete la “ciencia política” a una crítica ontológica esto significa que
no solamente la historia sino que, en consecuencia, la relaciona con la totalidad
social. Esta adopción del “punto de vista de la totalidad” significa que no descuida
la cuestión decisiva para el marxismo de las relaciones entre política y economía, o
en otras palabras, entre superestructura y estructura. No me parece cierto, como
creen muchos intérpretes, sobre todo aquellos que se quieren alejar del marxismo,
que él plantee a la política sobre la economía, es decir, que invierta la prioridad
ontológica de la estructura frente a la superestructura, así como fue establecida por
Marx y Engels. 17
Sin embargo, para evitar malentendidos hay que definir con exactitud lo
que Gramsci, siguiendo a Marx, entiende por “economía”. Él entendió bien la
lección de Engels, quien en la reseña de un libro de Marx dijo: “La economía no
trata de cosas sino de relaciones entre personas y, en última instancia, entre clases,
si bien estas relaciones sean siempre ligadas a cosas y aparecen como
cosas“. 18 Gramsci rechaza de este modo con énfasis la reducción de la economía
a relaciones técnicas de producción hecha entre otros por Bujarin y Loria, que por
eso precisamente son criticados duramente en los Cuadernos. La estructura
económica no es la esfera de la pura producción de objetos materiales, de cosas, sino
el modo con el cual los hombres establecen su “metabolismo” con la naturaleza y
producen y reproducen no sólo estos objetos materiales sino sobre todo sus mismas
relaciones sociales. 19
Se puede ver así que Gramsci identifica la estructura económica con el “conjunto
de relaciones sociales”, o sea, con la totalidad. Pero al contrario de Hegel y otra vez
siguiendo a Marx, la dialéctica de Gramsci no es idealista sino materialista: él sabe
que la totalidad no se agota sólo en la acción reciproca de sus momentos, sino
contiene siempre además lo que Marx en la Introducción a
los Grundrisse llamó übergreifendes moment, o sea, “momento”. “La estructura y
las superestructuras —dice Gramsci— forman un bloque histórico, o sea el
conjunto complejo y discorde, contradictorio, de las superestructuras; son el reflejo
del conjunto de las relaciones sociales de producción”. 20Se ve así que “el momento
prevaleciente” en la totalidad histórica es precisamente “el conjunto de las
relaciones sociales de producción” del cual “el conjunto de las superestructuras
sería el reflejo”. (Gramsci sabe que éste no es un mero epifenómeno sino algo que
tiene espesor ontológico-social; hay muchos pasajes de los Cuadernos donde él
habla de la “solidez” de las ideologías). 21
Esta prioridad ontológica de la estructura aparece no sólo en muchos análisis
concretos de Gramsci sino también en un parágrafo que ofrece uno de los
principales cánones metodológicos de la “ciencia política” gramsciana, aquel
dedicado al análisis de las situaciones: “relaciones de fuerza“. De aquí empieza a fijar
al momento objetivo de esta relación, el que se manifiesta en el ámbito de las
condiciones económicas “estrechamente ligado a la estructura, objetivo,
independiente de la voluntad de los hombres que puede ser medido con los sistemas
de las ciencias exactas o físicas”. 22 Solamente después se puede analizar la relación
específicamente política de las fuerzas sociales donde los factores subjetivos tienen
un papel determinante; a este nivel en efecto lo que cuenta es el “grado de
homogeneidad, autoconciencia y organización alcanzado por los varios grupos
sociales… momento que puede ser a su vez “ubicado y analizado en varios grados
que corresponden a los diversos momentos de la conciencia política colectiva que
van de la fase económ¡co-corporativa a la estrictamente política“. 23
En la conclusión de la nota sobre “catarsis” se puede ver cómo la acción política se
desenvuelve para Gramsci en el ámbito de las determinaciones impuestas por la
estructura: “El proceso catártico…”. 24 En otras palabras, el momento catártico, el
de la libertad, de la teleologia, del deber ser, de la iniciativa del sujeto, en fin, de la
política. No es creación absoluta, no obra en el vacío sino al interior de las
determinaciones económico-objetivas que limitan sin cancelar los márgenes de
actuación de la libertad. Como en los clásicos, también en Gramsci la economia
determina a la política no por la imposición mecánica de resultados unívocos, fatales,
sino delimitando el ámbito de las alternativas que se plantean de vez en vez a la
acción del sujeto.
Esta prioridad ontológica de la estructura, por una parte, es confirmada frente a la
politica en sentido amplio, o sea, por la catarsis que se presenta como una posición
teleológica que sale de la causalidad para efectuar el “paso de lo objetivo a lo
subjetivo y de la necesidad a la libertad”. 25 Y por otra, dicha prioridad se confirma
por la política en sentido estrecho: no sólo en el análisis de las relaciones de fuerza
—quizás el centro de la ciencia política gramsciana— empieza la consolidación de las
condiciones económicas, sino hasta se puede decir que toda la esfera de la política
cuyo primer elemento es la división entre gobernantes y gobernados, depende en
última instancia de determinaciones estructurales, económicas. De hecho, la génesis
de este primer elemento llega a la división de la sociedad en clases antagónicas, una
división producida por la economía entendida como “el conjunto de relaciones
sociales“, o sea como una esfera que comprende no sólo a las “fuerzas productivas“,
sino también “las relaciones sociales de producción“, esto es, para usar la
terminología de Habermas, no sólo el “trabajo” sino también “la interacción“. 26
Me parece que en este terreno se puede encontrar otra importante contribución
de Gramsci a la antología del ser social, y más especialmente a la ciencia política
del marxismo. Como se sabe, Marx insistió sobre el hecho de que el proceso de
socialización de la producción en la generación de una disminución del tiempo de
trabajo socialmente necesario comporta al mismo tiempo un “retraso de las
barreras naturales“, o sea, una ampliación del ámbito de la libertad humana frente
a las ineliminables determinaciones naturales. 27 Hasta se puede decir que la
socialización de la producción reduciendo la jornada de trabajo y agrupando grandes
conglomerados humanos está en la base de los procesos de socialización de la
participación política, de la creación de un gran número de sujetos políticos
colectivos; es decir, está en la base de lo que Gramsci llamó la “sociedad civil“. 28
Esto significa que si al proceso de socialización de la producción corresponde un
“tendencial retraso de las barreras naturales“, una más grande autonomía de la
praxis humana frente a la coerción de las leyes naturales, resulta a su vez de la
socialización de la política lo que se podría llamar “atraso de las barreras
económicas”, o sea, ampliación de la autonomía y de la influencia de la política sobre
la totalidad de la vida social, Cuanto raras se amplía la socialización dela politica y
con ello la sociedad civil, tanto más los procesos sociales serán determinados por la
teleologia de la voluntad colectiva y tanto menos será coercitiva la causalidad
automática de la economia. 29
Gramsci entendió muy bien este hecho histórico-ontológico que está hasta en la
base de uno de los puntos mas altos de su ciencia política, o sea, la formación de una
estrategia especial de transición al socialismo en las sociedades más complejas,
occidentales. Ya en 1926, poco antes de su arresto, observaba: “En los países de
capitalismo avanzado la clase dominante posee reservas políticas y organizativas que
no poseía, por ejemplo, en Rusia. Esto significa que también las crisis económicas
gravísimas no tienen repercusiones inmediatas en el. terreno politico”. 30 En
los Cuadernos, cuando el concepto de sociedad civil apenas elaborado le permite dar
una concreción más grande a la formulación del 1.926 polemiza contra el
economicismo de Luxemburg observando que en los “Estados avanzados… la
sociedad civil devino una estructura muy compleja y resistente a las irrupciones
catastróficas del elemento económico inmediato (crisis, depresiones, etc); las
superestructuras de la sociedad civil son como el sistema de las trincheras en la
guerra moderna“. 31
Por tanto, al contrario de lo que supone el marxismo economicista, el modo en que
se relacionan economía y política no está dado una vez por siempre: el modo de
articulación entre las dos esferas, su papel de momento relevante que ejerce sobre la
otra en el seno de la totalidad del ser social, depende de las características concretas
de la formación social en cuestión, por lo que nos encontramos delante de una
relación históricamente cambiante. Si los hombres de una sociedad primitiva son
enteramente impotentes frente a las consecuencias de una catástrofe natural, lo
mismo no sucede en una sociedad más evolucionada donde el desarrollo de las
fuerzas productivas y de la técnica hace posible una lucha eficaz contra ello, o sea,
produce un “retraimiento de las barreras naturales”. Lo mismo no es el papel de la
economía en las formaciones donde la sociedad civil es primordial y gelatinosa. en
Oriente, y aquellas donde “entre el Estado y la sociedad civil hay una relación
justa“, es decir, en Occidente. 32 Mientras en las primeras los hombres son más
atomizados y se orientan según una espontaneidad “egoísta-pasional”, lo que los
hace más vulnerables a la acción de los hechos económicos, en las segundas la
presencia de una sociedad civil desarrollada que es mediación consciente entre el
mundo de la economía y las instituciones del Estado en sentido estrecho, crea una
serie de trincheras y fortalezas entre lo económico y lo político, o en otras palabras,
promueve un “retraimiento de las barreras económicas“.
Esta justa relación ontológica entre economía y política establecida por Gramsci,
no sólo le permite fundar de modo metodológicamente adecuado sus varios análisis
concretos de la totalidad social, sino que representa también un desarrollo de los
principios generales del materialismo histórico. Es verdad que los “fundadores de la
filosofía de la praxis“, al contrario de tantos de sus epígonos, indicaron casi siempre
las mediaciones entre economía y política rechazando las lecturas mecanicistas de la
primacía de la economía; pero es igualmente verdad que ellos no desarrollaron de
forma sistemática el modo con el cual estas mediaciones se determinan
históricamente, o sea sufren cambios en función de rasgos concretos de la formación
social correspondiente, en función del grado de socialización de la política y de
autonomía y complejidad de la sociedad civil. 33
Nos encontramos frente a un nuevo e importante descubrimiento
ontológico de Gramscique es parte de tantas contribuciones suyas a la ciencia
política de la filosofía de la praxis. Podemos además decir que en los Cuadernos está
la más lúcida elaboración de una ontología marxista de la praxis política.
NOTAS
1. G. Lukács, Storia e conscienza di classe, Milán, 1973, p. 35.
2. A. R. Buzzi, La théorie politique d’Antonio Gramsci, Louvaina-Paris, 1967, p. 187.
3. G. Baratta, Le rose e i quaderni, Roma, 2000, p. 108. Sobre la diferencia entre
método de investigación y método de exposición, cfr. Marx, El Capital, varias
ediciones.
4. Q 15 (4).
5. Q 10 (6).
6. El concepto de catarsis con la misma acepción de particularidad a la universalidad,
pero referida a las esferas de la ética y de la estética, ocupa un lugar decisivo en G.
Lukács, Estética, Einaudi, 1970, vol. I, pp. 762-795.
7. Q 13 (6).
8. Q 13 (15).
9. G. Lukács, Per l’ontologia dell’essere sociale, Roma 2 vol., 1976-1981.
10. Sobre el concepto de crítica ontológica, cfr., ibid., vol. 2 pp. 283-319.
11. Q 15 (4).
12. Q 13 (19).
13. Q 15 (4). Esta afirmación no deja dudas sobre el hecho de que Gramsci se alejaba
de la “ciencia política” de su tiempo como de la de Mosca con la misma radicalidad
con la que Marx se alejaba de la economiza política de Smith y Ricado. Me parece
absolutamente injustificable por ello la posición de un estudioso que
queriendo defender la hipótesis insostenible de que la ”la teoria política gramsciana
sea en gran parte una critica constructiva a un desarrollo critico de la de Mosca”
pretende justamente que “Mosca parece teorizar la eternidad e inmutabilidad de este
hecho -la división entre gobernantes y gobernados mientras Gramsci parece
presuponer lo opuesto”, pero concluye rápidamente
que “esta diversidad es quizás sólo aparente” (Maurice A. Finocchiaro. “Gramsci e
G. Mosca“, en Gramsci e l’Italia. R. Giacomini. D. Losurdo y M. Martelli, Nápoles.
1994. pp. 114 y 120.
14. Como vimos, Gramsci no reduce la politica a su dimensión estrecha sino que la
concibe como catarsis. Se podría decir que en esta dimensión “amplia” la politica es
también momento privilegiado de la interacción intersubjetiva de consenso entre los
hombres y, por tanto, parte ineliminable de la ontologia del ser social. Cfr C. N.
Coutinho. “Volontá generale e demociazia in Rousseau, Hegel e Gramsci“,
en Gramsci e il Novencento. G. Vacca, Roma. 1999. vol. 2, pp. 291-312.
15. Q 15 (4).
16. Q 6 (88).
17. Sobre “prioridad ontológica” cfr. Lukács, Per l’ontologia dell’essere sociale, op.
cit, vol. I, pp. 261-320.
18. Engels, A contribuçao a critica da economia politica. Obras escolhidas, op.
cit. vol. I, p. 361.
19. Q 11 (29).
20. Q 8 (182). Sobre el momento “prevaleciente”, cfr. Marx, Einleitung zur Kritik
der politischen Ökonomie, Paris, Editions Sociales, 1974, p. 140; y G. Lukács, Per
l’ontologia dell’essere sociale, op. cit., vol. I, p. 314 y ss.
21. Entre otros, Q 11 (29).
22. Q 13 (17). Gramsci alude evidentemente al Prefacio de La crítica de la economía
política de Marx, donde este habla del “sacudimiento material de las condiciones
económicas que puede ser constatado con la precisión de las ciencias naturales”.
23. Q 13 (17).
24. Q 10-11 (6).
25. Esta relación ente objetividad y subjetividad se manifiesta con evidencia en uno
de los principales conceptos de Gramsci, el de voluntad . Cfr, Q 11 (59).
26. Entre los textos del filósofo alemán cfr. Jürgen Habermas, Travail et
interaction, Paris 1973, , pp. 163-211. Aquí no se pueden ver las diferencias entre
Gramsci y Habermas.
27. G. Lukács, Per l’ontologia…, op. cit., vol. I, p. 335
28. C. N. Coutinho, “La societá civile in Gramsci e il Brassile di oggi“, en Critica
marxista, nums. 3-4, 2000, pp. 67-73.
29. Para Lukács, y ciertamente para Gramsci, también este desarrollo tiene su
máxima expresión en el comunismo. G. Lukács, L’uomo e la democracia, Roma
1987, pp. 62-63.
30. A. Gramsci, Un esame della situazione italiana, en La costruzione del Partito
Comunista 1923-1926. Einaudi, 1971, p.121.
31. Q 13 (24).
32. Q 7 (16).
33. Digo de forma sistemática porque creo que al menos Marx intuyó el problema.
Cfr. Il Capitale, op. cit., p. 99.