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NO IMPORTA SI…

Dios no existe

Magaly Calvo Ramos

1
INTRODUCCIÓN

“Vanidad de vanidades – dijo el Predicador-


Vanidad de vanidades, todo es vanidad”.
¿Qué provecho obtiene el hombre
De todo el trabajo con que se afana debajo del sol?
Generación va y generación viene,
Pero la tierra siempre permanece.
Sale el sol y se pone el sol,
Y se apresura a volver al lugar de donde se levanta.
El viento sopla hacia el sur, luego gira hacia el norte;
Y girando sin cesar, de nuevo vuelve el viento a sus giros.
Todos los ríos van al mar pero el mar no se llena.
Al lugar de donde los ríos vinieron,
Allí vuelven para correr de nuevo.
Todas las cosas son fatigosas,
Más de lo que el hombre puede expresar.
Nunca se sacia el ojo de ver ni el oído de oír.
¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será.
¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará,
Pues nada hay nuevo debajo del sol.
¿Acaso hay algo de que se pueda decir:
“He aquí esto es nuevo”?
Ya aconteció en los siglos que nos han precedido.
No queda memoria de lo que precedió
Ni tampoco de lo que ha de suceder quedará memoria
En los que vengan después.

Eclesiastés
¿Qué provecho obtiene el que trabaja de aquello en que se afana? He visto el
trabajo que Dios ha dado a los hijos de los hombres para que se ocupen en él.
Todo lo hizo hermoso en su tiempo, y ha puesto eternidad en el corazón del
hombre, sin que éste alcance a comprender la obra hecha por Dios desde el
principio hasta el fin.

Sé que no hay para el hombre cosa mejor que alegrarse y hacer bien en su vida, y
también que es don de Dios que todo hombre coma y beba, y goce de los beneficios
de toda su labor.

Este mal hay entre todo lo que se hace debajo del sol: que un mismo suceso
acontece a todos, y que el corazón de los hijos de los hombres está lleno de mal y
de insensatez durante toda su vida. Y que después de esto se van con los muertos.

Entonces dije en mi corazón: “Como sucederá al necio, me sucederá a mí. ¿Para


qué, pues, me he esforzado hasta ahora por hacerme más sabio?” Y dije en mi
corazón que también esto era vanidad. Porque ni del sabio ni del necio habrá
memoria para siempre; pues en los días venideros todo será olvidado, y lo mismo
morirá el sabio que el necio.

Por tanto, aborrecí la vida, pues la obra que se hace debajo del sol me era
fastidiosa, por cuanto todo es vanidad y aflicción de espíritu.

Asimismo aborrecí todo el trabajo que había hecho debajo del sol, y que habré de
dejar a otro que vendrá después de mí. Y ¿quién sabe si será sabio o necio el que
se adueñe de todo el trabajo en que me afané y en el que ocupé mi sabiduría
debajo del sol? Esto también es vanidad.

Eclesiastés
NO IMPORTA SI… DIOS NO EXISTE

Estoy obsesionada con Dios. En algún momento de cada día


pienso en Dios e inevitablemente me pregunto si Dios existe y si
es algo o alguien Omnipotente. El Budismo, especialmente en los
escritos atribuidos al mismo Buda, no menciona ningún Dios y el
Hinduismo, en los Vedas, hace parecer casi como estupidez o
ignorancia la creencia en un Dios Omnipotente. No obstante, si
Dios no es Omnipotente, y por consiguiente no es Omnisciente ni
Omnipresente, ¿cómo podría, sin estas perfecciones, ser Dios?

No me interesa ni me preocupa cómo es que Dios lo puede todo y


por eso lo sabe todo, entiende todos los idiomas del mundo y está
al mismo tiempo en todas partes. Me pregunto muchas veces qué
le puede importar a Dios lo que a mí me pasa y por qué tendría que
ayudarme a resolver mis problemas o concederme mis deseos. No
sé qué podría yo prometerle o darle a un Dios omnipotente, a
cambio de que me conceda algún deseo. ¿Qué podría necesitar de
mí un Dios omnipotente? ¿En qué le afectaría lo que yo haga o
deje de hacer?

Ilustración 2. Dios del Hinduismo


Ilustración 1. Dios Cristiano [1]
Ilustración 3. Dios del Islamismo [2] Ilustración 4. Dios del Judaismo [3]

Ilustración 5.Dios del Budismo [3]


Ilustración 6. Dios Hinduismo [5]

Ilustración
Estoy convencida de que no me concede todos mis deseos, porque
yo deseo ser omnipotente, se lo he pedido y no me lo ha
concedido. Será que no quiere que haya más Dioses. O yo no
califico para Dios. Si yo fuera omnipotente, obtendría al instante
todo lo que necesitara, sin esfuerzo ni trabajo, y no me importaría
en absoluto lo que otros pensaran de mí. Asimismo creo que a
Dios no le importa lo que pensamos de él.

No espero que Dios sea la personificación perfecta del amor y la


bondad, por la sencilla razón de que si infundió en el ser humano
todos los sentimientos posibles, sería muy raro que él mismo no
pudiera sentir o no pudiera comprender todo lo que un humano
siente. Sé que los humanos no sólo sentimos amor y bondad, sino
que también sentimos odio, ira, rencor, egoísmo, desprecio,
vanidad y muchas otras emociones, tanto buenas como malas, y
que muchísimas veces nos dejamos dominar por ellas, nos ciegan,
nos arrastran y nos impulsan a cometer toda clase de acciones,
desde las más puras, sublimes, heroicas y admirables hasta las más
bajas, mezquinas, abyectas y despreciables.

Así que este Dios que yo puedo imaginar tiene que comprender
mis pasiones y emociones como ser humano, y conocer mis
limitaciones y defectos, sobre todo si fue él quien me creó así
como soy, porque siendo omnipotente hubiera podido hacerme de
otra forma, pero no lo hizo. No tiene por qué estar esperando que
yo sea perfecta, pues no me hizo perfecta. Tengo toda clase de
limitaciones y defectos y no sé cómo evitar enfermarme, envejecer
y morir.

Soy humana precisamente porque puedo experimentar todas las


emociones y sentimientos que no tiene una máquina, por más
perfecta que sea. O quizás, por ser capaz de tener emociones y
sentimientos, sea yo la máquina perfecta. Podría ser que mis
deseos, emociones y sentimientos no me hagan imperfecta sino
perfecta. Una máquina de carne con alma.

Dicen que el Diablo y Dios se pelean precisamente por esa alma


mía que ambos quieren, aunque ignoro por qué mi alma les parece
algo tan valioso. No sé qué es mi alma, dónde se encuentra, para
dónde se irá cuando yo muera o si también se morirá conmigo.
Algunos dicen que mi cuerpo es mortal pero mi alma es inmortal.

La inmortalidad de mi alma me plantearía una dificultad al querer


vendérsela al Diablo, porque mi cuerpo mortal es quien disfrutaría
de la mayor parte de los deseos que le pediría al Diablo. Si este
cuerpo se muere, quedaría el alma inmortal gozando o sufriendo
por las consecuencias de mi pacto con el Diablo, por un periodo de
tiempo incalculable, teniendo en cuenta que mi alma nunca morirá.

Ilustración

He sabido que tanto con Dios como con el Diablo puedo hacer
pactos y que cuando les prometa algo debo cumplirles, porque
ambos son muy exigentes y me castigarían severamente si no les
cumplo. Sólo al Diablo puedo venderle mi alma; a Dios no, no sé
por qué.
Parece que puedo hacer dos clases de pactos con el Diablo: uno
para obtener determinado deseo, a cambio del cual le ofrezco
alguna promesa; y otro, la venta de mi alma, lo más valioso que
puedo negociar con el Diablo, el negocio definitivo, el último
negocio. Qué curioso es que en la mayor deuda adquirida no me
exijan fiador. Al momento de la muerte, el Diablo viene a reclamar
el alma que compró, pero he oído decir que casi siempre el
humano se arrepiente de haberla vendido y no quiere entregarla, a
pesar de que el Diablo ya ha cumplido su parte. ¿Será que Dios
puede rescatar estas almas que el Diablo ha comprado? ¿Cómo
hará el Diablo para arrebatarme mi alma? Ni siquiera sé si mi alma
está dentro o fuera de mi cuerpo, y si está dentro por dónde sale
cuando mi cuerpo muere.

En la Biblia, Mt 4, 1-11, el Diablo le mostró a Jesucristo todos los


reinos del mundo y la gloria de ellos, y se los ofreció a cambio de
que Jesucristo se arrodillara y lo adorara. Esto debe significar que
Satanás es el dueño de los reinos del mundo y la gloria de ellos,
porque no iba a ofrecerle a Jesucristo algo que no era suyo o que
no podía darle.

Ilustración
Dos enseñanzas puedo sacar de esta cita bíblica: primera,
desconozco el verdadero valor de mi alma, así que no debo
negociarla a la ligera con nadie, incluido el Diablo; segunda, Dios
no es el dueño de los reinos del mundo y la gloria de ellos. Sin
embargo, si Dios es omnipotente, debe poder darme los reinos del
mundo y la gloria de ellos, así que no comprendo esta aparente
contradicción. Además, en la Biblia Dios aparece regalando toda
clase de bienes y riquezas mundanas a personajes como David,
Salomón y Job.

Ilustración

Testimonios de personas que dicen haberle vendido el alma al


Diablo aseguran que, aparte de querer el alma de los humanos,
parece que el Diablo lo único que desea es que se arrodillen, se
inclinen, lo reverencien, lo adoren y lo acepten como Dios.

Dios quiere mi alma y también quiere que lo adore, así que Dios y
el Diablo, en eso, son muy parecidos.

Francamente, nunca he podido entender por qué se rebeló el


Diablo contra la autoridad de Dios, por qué se expuso a ser
arrojado del Cielo, cuando allí tenía todo lo que hubiera podido
desear, excepto quizás ser como Dios y recibir la misma
adoración. Si el Diablo era un ser perfecto creado por Dios, no
entiendo cómo podía sentir envidia de Dios. O definitivamente hay
algo que ignoramos en esta historia.

Sería muy divertido que Dios fuera un ser humano semejante a mí,
porque entonces tendría que empezar por averiguar si tiene sexo
masculino o femenino o es de un sexo desconocido para los
humanos. O quizá sea asexuado. Sentiría sed, hambre y sueño, se
enfermaría, envejecería y moriría. Pero así no sería Dios. Para mí
Dios no es un humano semejante a mí. Ni Dios me hizo a su
imagen y semejanza. Un ser semejante a mí no sería Dios, al
menos para mí.

Dios tiene que haber existido y seguir existiendo por siempre,


aunque yo no entienda cómo lo logra. Y tiene que estar siempre
disponible para mí, a la hora que yo lo necesite, no puede estar
cansado ni ocupado, no necesita dormir ni descansar. Porque si no
es así, ¿cuál sería la gracia de ser omnipotente? Tiene que ser
Dios las veinticuatro horas, en jornada continua, siempre.

Cuando tengo problemas difíciles de solucionar o deseos que sólo


Dios podría conceder, es cuando más me acuerdo de Dios.
Quisiera tener las respuestas a las viejas preguntas de siempre, las
que toda persona se hace en algún momento de su vida, pero
también deseo algunas otras cosas, que no son absolutamente
indispensables para mantenerme viva y saludable.

MIS DESEOS

1. Conocer a Dios y pedirle que responda todas las


preguntas que nadie ha podido resolverme.
2. Viajar por todo el Universo, sin limitaciones de
ninguna clase.
3. Cambiar mi forma física y adoptar la que yo quiera o
necesite en cualquier momento.
4. Tener siempre la respuesta verdadera y decir siempre la
verdad a todas las personas que me pregunten sobre
cualquier cosa.
5. Comunicarme con animales y plantas.
6. Dominar todos los idiomas del mundo.
7. Tocar todos los instrumentos musicales.
8. Conectarme con las mentes y emociones de personas que
me han interesado, vivas o muertas, pensar y sentir lo
mismo que ellas, para poder comprenderlas mejor.
9. Nunca sentir aburrimiento ni cansancio, físico o
mental.
10. Saber lo que otro piensa y siente.

Como el Dios que yo imagino es omnipotente, sería inmortal.


Imposible que muriera, pudiendo evitarlo. ¿Para qué querría Dios
morir? A los humanos no nos gusta morir. No tenemos a la muerte
en la lista de cosas deseables y si acaso deseamos morir es sólo
para escapar de nuestros problemas. Porque si los pudiéramos
resolver, no desearíamos morirnos. Así que lo que verdaderamente
deseamos no es morir, sino resolver nuestros problemas.
Realmente no puede importarnos qué pasa después de la muerte,
porque no lo sabemos, pero sí sabemos cuando estamos sufriendo,
por problemas de salud o económicos, por estar presos, o porque
se nos presentan dificultades que no somos capaces de resolver.

Cada uno tiene su propio dolor, pues a todos no nos duelen ni nos
preocupan las mismas cosas. Lo que es problema para unos, no
preocupa en absoluto a otros. Debemos tener esto muy presente
cuando juzgamos a otros, pues antes debemos mirar la viga en
nuestro ojo y no la paja en el ojo ajeno.

Un asunto que no he resuelto aún es cómo podré estar segura de


que Dios es Dios. Que tenga poderes que yo no tengo, no sería
prueba suficiente. Tampoco me convencería que sepa todo de mí.
Creo que me contentaría con un Dios que cumpla con todas mis
expectativas humanas. Supongo que a Dios no le importa si yo
creo que es o no es Dios. Soy yo quien no puedo darme el lujo de
equivocarme pero, dadas mis limitaciones, con toda seguridad me
equivocaré y será muy fácil engañarme. Cualquier ser que sea
capaz de hacer las cosas que yo como humana no puedo hacer,
podrá fácilmente convertirse en Dios para mí.

Sería más fácil si sólo existiera un Dios. Si ya con la posible


existencia de uno solo estoy en problemas, no me imagino cómo
sería si hay varios Dioses y no se ponen de acuerdo entre ellos para
darme lo que les pido o para decidir qué van a hacer conmigo,
cómo van a programar los días de mi existencia sobre el Planeta
Tierra.

No importa si Dios no existe. Por mi propia experiencia personal,


estoy segura de que uno puede jugar a que Dios existe. La misma
necesidad, el sufrimiento y la angustia, harán que quiera que Dios
exista y, casi sin darme cuenta, ya estaré pidiéndole a Dios. Sí,
pidiéndole, siempre pidiéndole cosas. Claro que tengo que pedir,
porque estoy necesitada de muchas cosas.

Lo triste es que tenga que pedir a Dios lo que mis padres, mis
hermanos, mis amigos, mi cónyuge, mis hijos, mis profesores y
mis gobernantes están obligados a brindarme. Los gobernantes
deben ser respetados, según la Religión Cristiana, porque son
nombrados de acuerdo con la voluntad de Dios, asunto bastante
discutible y que simplemente los ciudadanos desconocen cuando
los destituyen con protestas que pueden conducir hasta la muerte
de dichos gobernantes.

Ilustración

Nada veo yo de malo, pues, en pedirle a Dios lo que


humanamente, con mi propio esfuerzo, no logro conseguir.
Incluso en Mt 7:7,8, dice: “Pedid y se os dará; buscad y hallaréis;
llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que
busca halla; y al que llama, se le abrirá”. Pero es muy triste y
lamentable que tenga que pedirle a Dios amor de padres, comida,
abrigo y medicinas.

Creer que existe un ser superior que se preocupa por mí y me va a


ayudar a resolver todos mis problemas, porque me quiere y desea
lo mejor para mí, es una idea muy consoladora. Aunque sea falsa.
Realmente no importa mucho si Dios existe o no existe, siempre y
cuando yo consiga lo que quiero y crea que Dios está cumpliendo
mis deseos.
Otra cosa muy distinta es que yo invente a Dios para evadir la
obligación que tengo de responder por mis actos, buenos o malos;
que culpe a Dios o al Diablo por mis malas decisiones, errores o
pecados; que no agote todos los recursos a mi alcance para
conseguir lo que quiero, sin tener que molestar a Dios, a quien sólo
debería acudir cuando ya he hecho todo lo humanamente posible
para obtener lo que quiero.

Nunca debo olvidar que el solo hecho de pedirle a Dios, de hacerle


mil promesas y juramentos, no significa ni garantiza que Dios me
dará lo que quiero. Si no me da lo que le pido, quizá desee que
Dios no exista.

Estar en gracia de Dios parece muy fácil, pero no lo es. Para que
Dios esté satisfecho conmigo, yo sólo tengo que cumplir su
voluntad y acatar su palabra. Si quiero conocer la palabra o la
voluntad de Dios hay dos opciones: que me haga conocer su
voluntad directamente a mí o que me envíe un mensaje con un
ángel o con un profeta. El problema es que, al menos en la Biblia,
los ángeles tienen la apariencia de seres humanos y los profetas
siempre han sido humanos. ¿Cómo podría saber si el mensajero o
el profeta mienten? ¿Cómo podría no sospechar de ellos, sabiendo
que todos los humanos mentimos?

Suponiendo que el ángel y el profeta no mienten, y me transmiten


verdaderamente la voluntad de Dios, el asunto, entonces, es
bastante simple: cumplo la voluntad de Dios y él me da todo lo que
necesito. Pero ¿cuál es la voluntad de Dios? Es sumamente
importante conocerla, porque precisamente constituyen pecados
los pensamientos, acciones y omisiones que van en contra de la
voluntad de Dios.
Ilustración Ilustración

Ilustración

En la Biblia, Ex 20:1-17, dice: “Dios habló, y dijo todas estas


palabras: “Yo soy el Señor tu Dios, que te sacó de Egipto, donde
eras esclavo. No tengas otros dioses aparte de mí. No tengas
ningún ídolo ni figura de lo que hay arriba en el cielo, ni de lo que
hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en el mar debajo de la
tierra. No te inclines delante de ellos ni les rindas culto, porque yo
soy el Señor tu Dios, Dios celoso que castiga la maldad de los
padres que me odian, en sus hijos, nietos y bisnietos; pero que
trato con amor por mil generaciones a los que me aman y cumplen
mis mandamientos. No hagas mal uso del nombre del Señor tu
Dios, pues él no dejará sin castigo al que use mal su nombre.
Acuérdate del día de reposo, para consagrarlo al Señor. Trabaja
seis días y haz en ellos todo lo que tengas que hacer, pero el
séptimo día es de reposo consagrado al Señor tu Dios. No hagas
ningún trabajo en ese día, ni tampoco tu hijo, ni tu hija, ni tu
esclavo, ni tu esclava, ni tus animales, ni el extranjero que viva
contigo. Porque el Señor hizo en seis días el cielo, la tierra, el mar
y todo lo que hay en ellos, y descansó el día séptimo. Por eso el
Señor bendijo el día de reposo y lo declaró día sagrado. Honra a tu
padre y a tu madre, para que vivas una larga vida en la tierra que te
da el Señor tu Dios. No mates. No cometas adulterio. No robes. No
digas mentiras en perjuicio de tu prójimo. No codicies la casa de tu
prójimo: no codicies su mujer, ni su esclavo, ni su esclava, ni su
buey, ni su asno, ni nada que le pertenezca”.

De aquí surgen los diez mandamientos o preceptos que Dios


entregó a Moisés en el Monte Sinaí y que constituyen la base
moral de tres Religiones: Judía, Cristiana e Islámica. Si yo cumplo
ese decálogo, el premio que recibiré es heredar el Reino de los
Cielos. Encontré algunas pistas que aparecen en la Biblia y las
estoy analizando para ver si puedo ilusionarme con recibir esta
herencia.

San Pablo, en 1Corintios 6:9-11, dice: "¿O es que no sabéis que los
injustos no heredarán el reino de Dios? No os engañéis: ni los
fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni
los sodomitas, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni
los maldicientes, ni los salteadores heredarán el reino de Dios".

San Juan, en Ap 21:8, dice: " Pero los cobardes, los incrédulos,
los depravados, los homicidas, los fornicarios, los hechiceros, los
idólatras y todos los mentirosos tendrán su herencia en el estanque
ardiente de fuego y de azufre -ésta es la segunda muerte".
Es una lista excluyente, escueta y contundente, y nadie puede
alegar no entenderla.

No entrarán al Reino de los Cielos:


1. Adúlteros.
2. Avaros.
3. Borrachos.
4. Cobardes.
5. Chismosos.
6. Depravados.
7. Fornicarios.
8. Hechiceros.
9. Homicidas.
10. Homosexuales.
11. Idólatras.
12. Impuros.
13. Incrédulos.
14. Injustos.
15. Ladrones.
16. Maldicientes.
17. Malvados.
18. Mentirosos.
19. Salteadores.
20. Tramposos.

Al analizar minuciosamente esta lista, no puedo evitar imaginarme


el Cielo como un sitio vacío, desolado y triste, y ver a Dios
bastante pensativo y cabizbajo.

Jn 8:1-11 cuenta que Jesús se fue al monte del Olivar, y al


amanecer estaba de nuevo en el Templo. Todo el pueblo acudía y
él, sentado, les enseñaba. Le llevaron entonces los escribas y
fariseos una mujer sorprendida en adulterio, y, poniéndola en
medio, le dijeron: "Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en
flagrante adulterio. En la Ley, Moisés nos mandó apedrear a estas
mujeres. Tú, ¿qué dices? Decían ésto para probarlo y tener de qué
acusarlo. Pero Jesús, agachándose, se puso a escribir en la tierra,
con su dedo. Nunca hemos podido saber qué escribió Jesús en la
tierra con su propio dedo. Como insistieran en preguntarle, se alzó
y les dijo: "El que de vosotros no tenga pecado, tírele una piedra el
primero". En otras versiones de la Biblia dice: "El que esté libre de
pecado, que le tire la primera piedra".

Si yo hubiera estado entre la multitud, estoy completamente segura


de que no hubiera tirado la primera piedra; no me arriesgaría a que
Jesús descubriera públicamente mis pecados, pues ya circulaba el
rumor de que él podía leer mis pensamientos y ver toda mi vida.

Jesús, agachándose otra vez, continuó escribiendo en tierra. A


estas palabras, ellos se fueron uno tras otro, comenzando por los
más ancianos, y se quedó Jesús solo, con la mujer que estaba en
medio. Entonces se alzó Jesús, y le dijo: "Mujer, ¿Dónde están?
¿Ninguno te condenó? Y ella contestó: "Ninguno, Señor". Jesús le
dijo: "Tampoco yo te condeno. Vete, y no peques más".

Esta mujer aparece en la lista en el número uno (en orden


alfabético) de los que no entrarán en el Reino de los Cielos, por
adúltera. Finalmente no es condenada, pero Jesús al despedirla le
dice: "Vete, y no peques más".

El desenlace de esta historia me llena de esperanza, pues veo que


no todo está perdido para el pecador, de acuerdo con las
enseñanzas de la Religión Cristiana. A esta mujer adúltera, Jesús
no la sermoneó, no la amenazó, no la castigó. Sólo le dijo: "Vete, y
no peques más".
La Religión Cristiana ha clasificado los pecados en graves o
mortales y leves o veniales.

PECADOS GRAVES

1. Soberbia.
2. Avaricia.
3. Envidia.
4. Ira.
5. Lujuria.
6. Gula.
7. Pereza.

PECADOS LEVES

Los pecados leves son muchísimos, generalmente son pecados


cometidos por descuido y sin mala intención, y pueden ir
desde llegar tarde a misa hasta tener un mal pensamiento.

OTROS PECADOS

Aunque no están expresamente incluidos en los pecados


graves, algunos han elaborado otra lista de pecados, que
aumenta año tras año, a la misma velocidad en que aumentan
la ciencia y la maldad humana, y que también podrían
considerarse graves:

1. Blasfemia.
2. Escándalo.
3. Sacrilegio.
4. Suicidio.
5. Terrorismo.
6. Incesto.
7. Odio.
8. Asesinato.
9. Pornografía.
10. Prostitución.
11. Juegos de azar.
12. Matoneo.
13. Acoso sexual.

EL PECADO ORIGINAL

Según la Religión Cristiana, todos nacemos con este pecado


incorporado y lo heredamos de Adán y Eva, nuestros primeros
padres pecadores. Así que ninguno puede decir que está libre de
pecado, pues al menos tiene uno: el pecado original. Todavía no
hemos sabido, con absoluta certeza, en qué consistió este pecado,
pero sí tenemos que cargar con esta culpa. Como mujer que soy,
protesto enérgicamente por la responsabilidad que nos pretenden
imputar en la comisión del pecado original y me niego a aceptar
que Eva fuera la incitadora al pecado y Adán el pobre inocente que
se dejó engañar. No puedo admitir que el pecado original consista
en tener relaciones sexuales, puesto que todos los demás animales
existían y se reproducían sexualmente. Adán y Eva, por supuesto,
no eran ciegos y tuvieron que verlos en plena faena sexual, e intuir
lo que ellos mismos podrían hacer. Además, si los planes divinos
no contemplaban el acto sexual, para qué, entonces, los hizo
macho y hembra, sobre todo si, como algunos lo aseguran, Dios no
pretendía que los seres humanos nos reprodujéramos sexualmente.
Por último, si Dios es Omnisciente, tenía que saber que Adán y
Eva sucumbirían a la tentación y pecarían, así que no entiendo
para qué los expuso a la tentación, a no ser que tuviera planes
ocultos que desconocemos. Muchos dicen que era el Plan de la
Salvación, incluyendo la crucifixión del hijo unigénito de Dios.
Una película digna de todos los premios cinematográficos y que
yo, sin dudarlo, por sus méritos la clasificaría como fuera de
concurso.
Por este pecado original, esencialmente, más la montaña de
pecados graves y leves que cometemos durante todas nuestras
vidas, es que necesitamos ser salvados. De aquí surge la figura del
Salvador, que da incluso su propia vida por la salvación de
nuestras almas y en pago de nuestros pecados.

Entrar al Reino de los Cielos es algo posible, claro que sí, sólo
tengo que evitar pecar. Para no pecar, según la Religión Cristiana,
debo cumplir los diez mandamientos, practicar las catorce obras de
misericordia y no cometer pecados, ni graves ni leves. La figura
del Salvador introduce una variable extraña en la ecuación, pues
sólo bastaría creer en él, confiar en que pagó nuestras deudas y con
su muerte redimió nuestros pecados y consiguió nuestra salvación,
para que podamos entrar al Reino de los Cielos.

Según San Juan, el evangelista: "Porque tanto ha amado Dios al


mundo, que le ha dado a su Hijo Unigénito, para que quien crea en
Él no muera, sino que tenga vida eterna. Pues no envió Dios su
Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se
salve por Él. Quien cree en Él no es condenado; pero el que no
cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del
Unigénito Hijo de Dios. La causa de la condenación consiste en
que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a
la luz, porque sus obras eran malas. En efecto, quien obra mal odia
la luz, y no va a la luz, para que no se descubran sus obras. Pero el
que obra la verdad, va a la luz para que se vean sus obras que están
hechas en Dios".

Jamás he podido comprender por qué los pecados de seres tan


imperfectos como los humanos pueden ofender tanto a un Dios
omnipotente; y muchísimo menos entiendo que, para pagar las
deudas de nuestros pecados y lograr nuestra salvación, Dios
sacrifique a su único hijo. Es como cobrar una deuda pagándola
uno mismo de su propio bolsillo.
En la Religión Cristiana existen las llamadas Obras de
Misericordia, clasificadas en Corporales y Espirituales.

OBRAS DE MISERICORDIA CORPORALES

1. Visitar a los enfermos.


2. Dar de comer al hambriento.
3. Dar de beber al sediento.
4. Dar posada al peregrino.
5. Vestir al desnudo.
6. Visitar a los presos.
7. Enterrar a los difuntos.

OBRAS DE MISERICORDIA ESPIRITUALES

1. Enseñar al que no sabe.


2. Dar buen consejo al que lo necesite.
3. Corregir al que se equivoque.
4. Perdonar al que nos ofenda.
5. Consolar al triste.
6. Sufrir con paciencia los defectos del prójimo.
7. Rezar a Dios por los vivos y los muertos.

Deseo que alguien me explique por qué tengo que cargar con la
culpa de un pecado original desconocido, que yo no recuerdo
haber cometido, y de qué necesito ser salvada. ¿De actuar
como un ser humano? ¿De actuar conforme a mi naturaleza
imperfecta? Es una tragicomedia esta historia de nuestra
salvación. Lo peor de todo es que en vida es difícil conocer a
Dios y conocerlo después de muerta no me llama mucho la
atención. Suena raro que deba morirme para conocer a Dios.

Es difícil no pecar, ya que muchos de los considerados pecados no


me parecen tan malos, algunos son muy deseables y otros son
necesarios. Aunque no quiera pecar, la carne es débil y las
tentaciones son muchas, por lo que yo sigo cometiendo no uno
sino varios pecados y más son las veces en que no practico las
obras de misericordia, por diversos y muy justificados motivos.

No obstante, yo quiero entrar al Reino de los Cielos, pues me


dicen que es la máxima herencia que puedo recibir, mejor y mayor
que todos los reinos de este mundo. Tiene que haber una manera
de que Dios se conduela de mí, por compasión y amor perdone
mis pecados, y hagamos borrón y cuenta nueva.

En Is 1:28 dice: "Venid, pues, hagamos cuentas, dice Yavé. Y si


vuestros pecados son como la grana, blanquearán como la nieve; si
rojos cual la púrpura, se volverán como la lana". O sea que sí
podemos hacer cuentas con Dios o, al menos, implorar su
misericordia.

El Salmo 51 inicia con: "Tenme piedad, oh Dios, por tu clemencia,


por tu inmensa ternura borra mi iniquidad. ¡Oh, lávame más y más
de mi pecado, y de mi falta purifícame!... Rocíame con hisopo y
seré limpio, lávame y quedaré más blanco que la nieve..."

El asunto de quiénes heredarán el Reino de los Cielos se pone bien


difícil en el evangelio de San Juan, diálogo entre Nicodemo y
Jesús, porque Jesús le dice: "En verdad, en verdad te digo que el
que no nace de nuevo, no puede ver el Reino de Dios". Pero él no
entendió qué le quiso decir Jesús, y se supone que debía
entenderlo, pues era maestro de Israel y conocía bien las escrituras.
No he podido comprender esta manía de Jesucristo de decirnos
cosas que no entendemos, aunque él mismo explicó a los apóstoles
que hablaba así a propósito, para que sólo unos pocos le
entendieran. Nacer de nuevo podría significar bautizarse,
reencarnar, morir o quién sabe qué otra cosa.

Por supuesto, estas son las creencias cristianas. Otras religiones


profesan doctrinas diferentes, igualmente válidas y respetables, al
menos hasta cuando podamos estar plenamente seguros de cuál es
la religión verdadera: ¿Hinduismo, Budismo, Judaísmo,
Cristianismo, Islamismo? ¿Alguna otra?

También me parece que Yoga, Reiki, y cualquier otra filosofía o


práctica física, mental o espiritual, tienen derecho, en igualdad de
condiciones, a ocupar su lugar en la lista de creencias de los seres
humanos. Y hasta creo que debíamos estimular e impulsar la
aparición de nuevas Religiones, que se adapten a nuestros tiempos
y a los avances de la ciencia.

Yogananda, en su libro “Autobiografía de un yogui”, me hizo


desear que Dios exista. No puedo asegurar que todo cuanto él nos
narra en su autobiografía sea verdadero, en el sentido de que
corresponda totalmente a hechos reales, ni que el sistema de Kriya
Yoga que enseña nos ayude a lograr la iluminación espiritual y el
conocimiento de Dios, pero sí garantizo que es uno de los libros
más inspiradores que he leído y por eso recomiendo su lectura. Me
conmovió el amor de Yogananda por su gurú. Amaba a Dios, sin
duda, pero prefería tener un gurú a quien abrazar.

El panteón de Dioses y Semidioses griegos y romanos es


fascinante. Existe abundante literatura sobre la mitología greco-
romana, así que no me extenderé en los comentarios. Sólo quiero
decir que me encantan estos Dioses que parecen humanos, actúan
como humanos, sufren, pelean, se apasionan, son celosos,
vengativos, amorosos, coléricos, se reproducen como humanos y,
cosa sorprendente, a pesar de que pasan por inmortales, pueden ser
destruidos, o sea que en definitiva también mueren, como
nosotros. Debe ser porque precisamente nosotros los creamos, a
nuestra imagen y semejanza, pero con todas las cualidades que
siempre hemos anhelado tener, especialmente fuerza, inteligencia
y belleza.

Sólo para recordar sus nombres, haré una lista de los más
conocidos, con el nombre griego primero y el romano después.
DIOSES GRIEGOS Y ROMANOS

1. AFRODITA - VENUS
2. APOLO - FEBOS
3. ARES - MARTE
4. ARTEMISA - DIANA
5. ASCLEPIO - ESCULAPIO
6. ATENEA - MINERVA
7. CRONOS - SATURNO
8. DEMETER - CERES
9. DIONISO - BACO
10. EOS - AURORA
11. EROS - CUPIDO
12. GEA - TELLUS
13. HADES - PLUTON
14. HEFESTO - VULCANO
15. HELIOS - SOL
16. HERA - JUNO
17. HERACLES - HERCULES
18. HERMES - MERCURIO
19. HESTIA - VESTA
20. ODISEO - ULISES
21. PAN - FAUNO
22. PERSEFONE - PROSERPINA
23. POSEIDON - NEPTUNO
24. REA - OPS
25. SELENE - LUNA
26. URANO - CAELUS
27. ZEUS - JUPITER

Otros Dioses que acaparan mi atención son los Dioses de las


Religiones Africanas, especialmente los de la Religión Yoruba o
Santería, a quienes llaman Orishas. Quizás me atraen porque
también son extrañamente humanos, y hasta se corresponden con
santos católicos, que también fueron humanos.

DIOSES U ORISHAS YORUBAS

1. AGAYU – SAN CRISTOBAL.


2. BABALUAYE – SAN LAZARO.
3. ELEGGUA – SAN ANTONIO DE PADUA.
4. IBEJI – SAN COSME Y SAN DAMIAN.
5. INLE – SAN RAFAEL.
6. OBATALA – NUESTRA SEÑORA DE LAS MERCEDES.
7. OGUN – SAN PEDRO.
8. OLOKUN – NUESTRA SEÑORA DE LA REGLA.
9. ORULA – SAN FRANCISCO.
10. OSANYIN – SAN JOSE.
11. OSHOSI – SAN NORBERTO
12. OSHUN – NUESTRA SEÑORA DE LA CARIDAD
13. OYA – NUESTRA SEÑORA DE LA CANDELARIA
14. SHANGO – SANTA BARBARA
15. YEMAYA – NUESTRA SEÑORA DE LA REGLA

Los preceptos de cada Religión aparecen escritos en uno o varios


libros, que son considerados sagrados o santos para sus creyentes.
A veces estos libros son escritos por el mismo fundador o son
escritos por sus seguidores, algún tiempo después de fallecido el
fundador. Posteriormente, se siguen escribiendo libros sobre esta
Religión y algunos pasan a formar parte de la bibliografía
autorizada. Los textos escritos por el fundador sufren alteraciones
debidas a las traducciones a otros idiomas, porque a veces no es
posible traducir fielmente alguna idea; muchas veces el traductor
aporta sus puntos de vista personales y contribuye a cambiar el
sentido del texto original; a veces también ha sucedido que no se
ha conservado completo el texto original y los seguidores intentan
llenar los vacíos con sus propias interpretaciones.

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No creo que la mayoría de la gente sienta ese temor de Dios que


evitaría incurrir en todos los pecados que me niegan el acceso al
Reino de los Cielos. Si yo verdaderamente creyera que Dios sabe y
ve todo lo que hago, sería extremadamente cuidadosa, para no
provocar el castigo divino, la ira de Dios. No haría nada malo que
pudiera decepcionar a un Dios tan bueno, porque entonces no va a
querer ayudarme cuando lo necesite. Aunque eso es lo que todos
queremos, que Dios nos perdone siempre y no tenga en cuenta
nuestros errores o pecados.

Es una aspiración legítima, diría yo, puesto que se supone que


Dios me conoce mejor que nadie, no porque sea íntimo mío, sino
porque siendo Dios debe tener el poder de leer mis pensamientos y
anticipar mis acciones. Dios tiene que saber por qué soy como soy
y hago lo que hago. A él no tengo que darle explicaciones ni
justificaciones. Ya sería problema de Dios cómo va a equilibrar su
bondad con su justicia.
Ilustración

Yo creo que puedo usar a Dios como uso todos los aparatos
eléctricos. Los conecto a la energía eléctrica y listo. Funcionan
moviendo unos cuantos botones, aunque realmente no comprendo
cómo funcionan.

Si no puedo entender cómo funcionan todos los aparatos


eléctricos, muchísimo menos podría entender cómo funciona Dios,
pero igual puedo usarlos a ambos. Obtengo resultados
sorprendentes y vale la pena intentarlo. Sólo tengo que conectarme
a Dios, así como conecto los aparatos a la energía eléctrica.

Mi método para conectarme con Dios es muy simple: actúo como


si creyera que Dios existe, le pido, le ruego, le prometo, le
agradezco y espero a ver qué pasa. Esta actitud hace que algo
cambie dentro de mí y parece que ese algo pusiera en movimiento
los botones que pueden conducir a que obtenga lo que quiero.

Todo marcha muy bien y estoy confiada en Dios y alegre, cuando


las cosas que deseo suceden. El conflicto aparece cuando no se
cumplen mis deseos, porque le hablo a Dios, pero no me escucha,
es sordo; quiero que conteste mis oraciones y peticiones, pero Dios
calla, es mudo; le muestro una y otra vez todo lo malo que me está
pasando, pero Dios no lo ve, es ciego. Me pregunto si este es el
mismo Dios que me concedió otros muchos deseos. La decepción
es menor cuando en el fondo de mi ser sé que nunca he creído
verdaderamente que Dios existe, pero se agiganta cuando he
pasado toda mi vida creyendo, por fe, que Dios existe. La hora de
la prueba ha llegado. Tengo que estar preparada para aceptar que
Dios es omnipotente pero que a veces no hace algo, no porque no
pueda, sino porque no quiere. ¿Y cómo voy a obligar a Dios a que
haga lo que yo deseo?

Bien sé que no puedo obligarlo, así que tengo que racionalizar


todo el asunto y pensar que Dios no hace las cosas conforme a mi
voluntad sino de acuerdo con su voluntad soberana; que no se
mueve la hoja de un árbol sin la voluntad de Dios, así que el
incendio, el naufragio, el terremoto, el tsunami, la muerte, el
asesinato, el secuestro, la enfermedad y muchas otras cosas que yo
no deseo que me sucedan, pueden acontecerme, porque los
designios divinos son incomprensibles para el ser humano; Dios no
hace lo malo, sino que permite que suceda lo malo, pero no porque
Dios sea malo, sino porque a través del sufrimiento Dios me va a
purificar y a sanar.

Si no tengo preparado un espacio en mi mente y en mis


sentimientos para este tipo de racionalizaciones, entonces es más
conveniente que no acuda a Dios cuando esté en graves aprietos,
porque quizás Dios crea que lo mejor es que mi madre muera, que
mi hijo fallezca en un accidente aéreo, que mi esposo sea infiel o
que me anuncien un cáncer terminal.
Ilustración

Es terrible, doloroso y lamentable cuando muere un niño, recién


nacido o hasta unos doce años de edad. El consuelo de muchas
madres es que Dios se lleva este niño al cielo y lo convierte en
angelito. Sin embargo, no quedamos conformes con esta decisión
divina, porque nos parece que la vida de este niño se ha cortado
inesperadamente y no se le ha permitido vivir su vida completa. Es
posible que todos tengamos una fecha de vencimiento, que
ignoramos, y vivamos exactamente las horas, días, meses o años
que nos toca vivir, aunque no sepamos por qué unos viven hasta
los noventa años y otros no completan ni el primer año de vida.
Realmente no sabemos nada sobre estos asuntos, salvo lo que
dicen los creyentes en la reencarnación.

Si yo fuera la madre de un niño pequeño que muere de forma


imprevista, me rebelaría contra Dios y, naturalmente, me
preguntaría para qué quiere Dios tanto angelito. Si él tiene
millones de angelitos sirviéndole y adorándole ¿por qué tendría
que quitarme a mi hijo?
Ilustración

Espero que nunca, en ninguna circunstancia, se me dé por pensar


que merezco todo lo malo que me pasa, porque quién sabe qué
habré hecho para merecer el castigo divino. Claro que sé
perfectamente todo lo bueno y lo malo que he hecho y también sé
qué castigo sería proporcionado y adecuado para purgar mis faltas.

No diré que sea inútil rezarle a Dios. Sólo hablaré de lo que he


podido observar en mí misma. Cuando intento orar o pedirle algo a
Dios, e incluso agradecer por algo bueno que me ha sucedido, no
puedo evitar darme cuenta de que sólo estoy hablando conmigo
misma. Dios nunca contesta, o al menos yo nunca he tenido una
evidencia de que Dios me ha oído y me ha contestado. Siempre
termino apoyándome en mí misma, saco nuevas fuerzas y continúo
mi camino lo mejor que puedo. Se me dificulta mucho pedirle a
un desconocido; lo he intentado, pero creo que he fracasado
totalmente. Ni siquiera puedo hacerme una imagen de Dios.

Un Dios antropomórfico no me atrae, aunque Arjuna le imploró a


Krishna que volviera a tomar forma humana, ya que la verdadera
forma universal de Krishna lo había aterrorizado. El Dios del
Antiguo Testamento también aterrorizaba a los israelitas, debido a
los truenos y relámpagos, al sonido de la trompeta y al humo de la
montaña.

Ilustración

De la mentes prodigiosas de los seres humanos han salido toda


clase de teorías, suposiciones y especulaciones para explicar lo por
ahora inexplicable o incomprensible.

Si me consuelan o encuentro apoyo espiritual en algunas de estas


especulaciones, si acaso creo que podrían ser ciertas, que no
pretenden engañarme ni obnubilarme, realmente no veo qué mal
podría hacerme creer en ellas. Pero debo conservar sentido común
suficiente para no convertirme en una fanática tonta, no permitir
que me estafen mi tiempo y mi dinero, ni se aprovechen de mi
vulnerabilidad y de mi soledad. Si no puedo cuidarme yo misma,
debo pedirle a alguien que me cuide y no permita que caiga en
prácticas absurdas y descabelladas, que crea en supersticiones
peligrosas, que ponga en peligro mi dinero, mi salud y mi bienestar
por andar con personas que no me convienen, haciendo lo que yo
misma criticaría en otros, si estuviera en mi sano juicio y pudiera
juzgar sobre mi propia conducta.
Evito ponerme en situaciones difíciles o de grave peligro, porque
quizás Dios aproveche para intentar purificarme y sanarme,
haciéndome pasar por todas las tribulaciones en las que yo misma,
en mi inconsciencia, me he metido. No le sirvo en bandeja a Dios
la posibilidad de hacerme sufrir, porque sin duda me hará sufrir,
pero sólo porque me ama y desea la salvación de mi alma.

¿Qué pensarías tú de mí si yo te propusiera presentarte a alguien,


para que lo conozcas, te vuelvas su amigo y confíes tanto en él que
le descubras tus más íntimos secretos y creas en su amistad
sincera, pero yo no conozco al amigo que quiero presentarte, no sé
cómo es físicamente, no conozco la dirección donde vive, no sé
sus teléfonos, nadie lo conoce ni puedo localizarlo de ningún
modo?

En realidad Dios es esa persona que acepto en mi vida, sin saber


cómo se llama, donde vive, a qué se dedica, quién más la conoce,
qué clase de persona es. Sólo supongo que Dios es bueno y
amoroso, que no me hará ningún daño y, por el contrario, me hará
todo el bien posible. Porque eso es lo que me conviene creer, así
de simple.

Cuando necesito a Dios, quiero que esté muy cerca de mí, pero
cuando estoy haciendo lo malo, lo quiero bien lejos, en el Cielo.
Yo misma me engaño ya que, estando cerca o lejos, Dios debe
saber lo que hago, porque de lo contrario no sería Omnisciente; y
no hay la menor posibilidad de que esté lejos, porque entonces no
sería Omnipresente.
Las relaciones que podemos establecer los humanos entre nosotros
mismos son sexuales, fraternales, familiares, amistosas o una
mezcla al gusto de cada uno.

De manera semejante, yo decido si voy a tratar a Dios como


esposo, padre, hermano o amigo, o a veces lo trato de una forma y
luego de otra. O puedo tratarlo como a un extraño. Es un asunto
complicado, porque a Dios eso no debe importarle y soy yo quien
me complico. Además, no sé si hay Dios y Diosa. Quizás hasta
existan Diositos.

También decido si para mí Dios es una persona como yo. Si yo


puedo poner preso a Dios, darle latigazos, escupirlo y robarlo, ese
no sería Dios para mí.

Como no quiero pasar toda mi vida enredada con este asunto de


Dios, es mejor que no me lo tome muy en serio, porque voy a
sufrir muchas decepciones, especialmente cuando Dios, a quien
supongo omnipotente, no evita todo lo malo que sucede en este
mundo. De todos modos pasaré por días en que quiero que exista
y días en que no creo que exista. Pero no puedo evitar pensar en
Dios, porque hay cientos de personas a mi alrededor mencionando
a Dios, a cualquier Dios, de cualquier Religión. Para mí todos son
igualmente válidos y verdaderos, hasta que se demuestre lo
contrario, pues nadie ha logrado siquiera probar que Dios existe.
Cuando digo probar, no me refiero a complejos experimentos
científicos, sino a que Dios existe y yo puedo verlo, oírlo y hablar
con él, como lo hago con cualquier persona. Lo llamo él por pura
costumbre, únicamente. Pienso en Dios como si fuera de género
masculino, porque la mayoría de personas que me rodean
pertenece a una Religión que considera que Dios es hombre, no
mujer. En esa tradición crecí y fue lo que me inculcaron desde
niña. Si hubiera nacido en India, tendría otra perspectiva, pues allí
creen en Dioses y Diosas.

¿Por qué creo que sería bueno que Dios exista?

1. Si es el Creador, para que cuide su creación, ya que los


humanos hemos demostrado que somos pésimos
administradores.
2. Si es omnisciente, para que responda todas mis preguntas,
pues nadie más ha podido hacerlo.
3. Si es omnipotente, para que me defienda del Diablo, venza
el mal y cumpla mis deseos.

A mí nunca me han ocurrido estas cosas, pero he sabido de


personas que tienen problemas con el Diablo. Parece que el Diablo
se dedica a fastidiarlas y les envía demonios para que posean sus
cuerpos y sus mentes. Algunos creen que así como existen Dios y
sus ángeles, también existen el Diablo y sus demonios.

Las personas a quienes el Diablo atormenta, no sólo tienen que


lidiar con los problemas cotidianos, sino que también tienen que
enfrentarse a fuerzas malignas totalmente desconocidas. No sé si
los tales demonios pueden entrar y salir a su antojo de quien
quieran, incluso de animales como el cerdo, pero el Diablo y sus
demonios podrían infundirme tanto miedo que me impedirían
investigar científicamente los fenómenos de la naturaleza e
intentar comprender, por todos los medios posibles, el mundo que
me rodea.

El miedo a los demonios puede hacerme condenar las sesiones


espiritistas y la tabla ouija; evitar que intente comunicarme con los
muertos y averiguar qué pasa después de la muerte; impedir que
investigue el mundo de los llamados espíritus; darme una excusa
para perseguir y quemar brujos, hechiceros y ocultistas;
impulsarme a criticar la santería y el vudú; hacer que sienta temor
por una invasión extraterrestre y que no quiera saber nada de
experimentos genéticos.

Ilustración

En cambio, el miedo a los demonios no aparece cuando quiero


experimentar con sustancias alucinógenas, cuando consumo
alcohol y cigarrillo o cuando cometo incesto o violación sexual.
Los demonios de la pobreza, el hambre, la discriminación, la
violencia intrafamiliar, la contaminación, y la injusticia social
parecen vivir en todas las regiones de la tierra, sin que me causen
tanto espanto. También miento descaradamente todos los días,
estafo, robo y calumnio, sin acordarme para nada del Diablo y sus
demonios.

Es un asunto demasiado complejo esta vieja batalla entre el Bien y


el Mal. Leyendo sobre las vidas de grandes santos y místicos de
todas las Religiones, puedo darme cuenta de que casi todos fueron
tentados por el Diablo y Dios permitió que el Diablo los
atormentara con sus tentaciones y los empujara a cometer muchas
malas acciones, de las cuales después se arrepintieron, claro, y por
eso llegaron a ser santos y a estar en los altares.

No tengo que explicar el negociazo en que se convierten


finalmente todas las Religiones: misas, matrimonios, bautizos,
consagraciones, estampitas, oraciones, rosarios, retratos, crucifijos,
medallas, velas, cristales, aceites, agua bendita, libros, asambleas,
congregaciones, conferencias, seminarios y retiros espirituales.
Todos se venden y producen grandes ganancias. Muchas personas
están ansiosas de gastar su dinero en este tipo de cosas y se sienten
felices y reconfortadas cuando pueden tenerlas.

Si conozco a alguien que se cree o que pasa por Dios, santo, gurú,
maestro, profeta, místico o avatar; empieza a pedirme dinero y a
coartar mi libertad de pensamiento y acción; me doy cuenta de
que comete los mismos errores que yo y tiene las mismas pasiones
fuera de control, de ningún modo puedo creer que sea Dios ni que
sea representante de Dios. El sello característico de los hombres
que han llegado a las cumbres de la espiritualidad es que siempre
están dispuestos a dar, no a pedir. Precisamente, lo que menos les
interesa es el dinero, y muchísimo menos pretenden quedarse con
mi dinero. Así que es supremamente fácil reconocerlos a ambos.

No creo que el sufrimiento, la necesidad, la angustia, la carencia,


la opresión y la incertidumbre, vuelvan mejor a ningún ser
humano. El hambre, el frío, la pérdida de la libertad, la falta de
amor y la soledad son cosas terribles y no entiendo cómo tener que
soportarlas me convertirá en un mejor ser humano. Por el
contrario, pienso que si carezco de lo más indispensable, muy
seguramente me llenaré de resentimiento y rencor y querré
vengarme de todo el mundo. Pero entonces, para completar mi
desgracia, tendré que enfrentarme al dilema de mi supuesto libre
albedrío: ¿Perdonaré o me vengaré?

Si no puedo entender lo que me pasa y siento que se comete


conmigo una injusticia, quizás caiga en la tentación de creer en la
reencarnación, en la metempsicosis, en universos paralelos, en la
mente universal. El ser humano siempre ha intentado comprender
lo que le sucede y explicarse a sí mismo por qué no logra entender
su propia vida y por eso surgen todas estas creencias.

Los muy pobres ayunan bastante y yo espero, de veras, que eso los
acerque a Dios. Aunque debe ser difícil rezar con hambre y creer
en un Dios que permite que sufras tanto. Quizás con tanta sed,
hambre y frío que pasan los pobres, en lo último que piensan es en
la salvación de sus almas.

Siempre me he preguntado por qué sólo los ricos y famosos se


declaran ateos con tanta facilidad. Actores famosos del cine y la
televisión, premios Nobel, filósofos, magnates y muchos otros
ricos y famosos se declaran ateos. Lo hacen abiertamente, hasta
jactándose de ello, y haciendo parecer a los creyentes como gente
ignorante y rara, que cree en cosas absurdas. Qué curioso es que
los pobres, aún cuando el sufrimiento los agobia y han perdido
toda esperanza, no niegan las existencia de Dios, y sólo dicen que
Dios los ha abandonado o se ha olvidado de ellos.

Para colmo de males, encima de que los pobres no tienen dinero,


pasan hambre, frío y sed, no tienen vivienda digna y no reciben la
educación y el servicio médico que merecen, estos ateos ricos y
famosos también los quieren dejar sin Dios, sin darles nada a
cambio.

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Después de haber utilizado parte de sus fortunas y de su influencia


en instituciones para ayudar a los pobres, tales como restaurantes,
albergues, asilos, hospitales y escuelas, estos ateos ricos y famosos
podrían hacer sus campañas ateas más o menos así:

OYE, HUMANO POBRE:

1. No hay Dios, pero hay agua.


2. No hay Dios, pero hay amistad.
3. No hay Dios, pero hay amor.
4. No hay Dios, pero hay comida.
5. No hay Dios, pero hay dinero.
6. No hay Dios, pero hay diversión.
7. No hay Dios, pero hay educación.
8. No hay Dios, pero hay justicia.
9. No hay Dios, pero hay medicina.
10. No hay Dios, pero hay vivienda.
Podría convertirse en el DECÁLOGO DE LOS ATEOS, siempre y
cuando los declarados ateos se preocupen por ayudar a los pobres a
recibir estas diez cosas, absolutamente necesarias para tener una
calidad de vida satisfactoria y digna.

Si yo tuviera cubiertas estas diez necesidades, creo que no


necesitaría de Dios. Por lo menos no lo molestaría con tantas
peticiones y sólo tendría que darle gracias por los beneficios
recibidos. El problema es que millones de pobres no gozan de
estas diez cosas y por eso necesitan a Dios.

Muy seguramente estos ateos ricos y famosos se retractarían de su


falta de fe si se vieran perseguidos, si los sometieran a dolorosos
tormentos para hacerlos cambiar de opinión y estuvieran en peligro
su dinero, su posición social y sus vidas a causa de su falta de fe en
determinada Religión. Por mi parte, yo también aceptaría que creo
en cualquier Dios si me torturaran física y mentalmente o me
amenazaran de muerte. Bajo tortura, en el potro de los tormentos,
hasta confesaría pecados que no he cometido.

Aunque nadie me persiga por mis creencias religiosas, afronto


diariamente muchos dilemas. A veces, por ejemplo, compro la
lotería porque quiero ganármela. Pero no debo querer ganarla,
porque eso me alejará de Dios. Sólo por comprarla, ya estoy
contrariando los mandatos del Dios cristiano.

El dinero, según algunos, me volverá vanidosa y egoísta, se


convertirá en un ídolo para mí y cuidar mi riqueza llegará a
parecerme más importante que cuidar mi relación con Dios. Pero
quiero ser millonaria, a pesar de todo. Creo que con mucho dinero
se puede hacer mucho bien. Y siempre es mejor ser rico que pobre.
Si Dios finalmente vencerá al Diablo y lo destruirá, pues claro que
yo quiero estar del lado de Dios, si es la suma de todo lo
verdadero, bueno y bello. Sería un problema difícil para mí si el
Diablo gana, porque no me gustan los perdedores. La única forma
de que uno permanezca tranquilo, es confiar en que Dios tiene el
control absoluto y que el Diablo no puede hacer nada sin su
permiso, lo que significa que el Diablo siempre está en desventaja
frente a Dios, a no ser que sean igualmente omnipotentes y el
Diablo rompa su voto de obediencia.

Ilustración

No puedo evitar preguntarme para qué creó Dios al Diablo, pero


podría ser que ni Dios ni el Diablo existan y sean sólo inventos,
espejismos y alucinaciones de nuestras mentes, una especie de
esquizofrenia colectiva. Aunque no desconozco el gran valor que
tienen las figuras de Dios y del Diablo para mantener cierto orden
moral en la sociedad.

No está demás decir que no todo lo legal es moral y los


sentimientos de remordimiento y culpa son individuales, un asunto
muy personal en el que nadie se debe meter. Aunque en el país
donde yo viva no vayan a multarme ni a encarcelarme por abortar,
yo puedo negarme a abortar, debido a mis principios morales. O
puedo alegar objeción de conciencia para que no me obliguen a
realizar un aborto.

La primera razón por la que quiero que Dios exista es para que
responda todas las preguntas que nadie ha podido responderme
hasta ahora, aunque no sé si querrá responderme ni cómo podría
obligarlo. Parece que la opción de preguntarle al Diablo no es
recomendable, dada su reputación de mentiroso. Sin embargo,
todos sabemos que un mentiroso no siempre está mintiendo, ni le
miente a todo el mundo, así que en algún momento puede decir la
verdad.

La segunda razón es para tener a algo o a alguien que


verdaderamente pueda comprenderme, que no me malinterprete,
que sepa exactamente lo que pienso y lo que siento, que no me
atribuya segundas intenciones, que confíe en mí, que conozca mis
motivaciones más íntimas y que no tenga que darle tantas
explicaciones ni justificaciones.

Sufro de angustia existencial y no le encuentro sentido a mi vida.


Tanto trabajo, preocupaciones, sufrimientos y angustias, para
siempre morirme. Sé que todo lo que acumule, riqueza, prestigio,
fama y posición social, no se irá conmigo cuando muera, así que
no me he preocupado por ellas. Ni siquiera estoy segura de
llevarme todo lo que he aprendido. Quizás la muerte acabe hasta
con mis recuerdos y todo se borre de mi memoria, como si no
hubiera vivido.
Vivo cada día consciente de que estoy irremediablemente
sentenciada a morir y que el día de mi muerte puede ser hoy. Me
rebelo contra el hecho de no poder saber en qué fecha exacta
moriré. No puedo aceptar la incertidumbre en la que debo vivir, no
sólo en cuanto a la fecha de mi muerte sino a todo lo que pasa,
dentro y fuera de mí. No deseo vivir así.

No es que quiera ser inmortal. Al menos no en las condiciones


actuales. La muerte es un gran consuelo cuando las enfermedades
y las penas morales nos agobian. Por lo menos sabemos que algún
día moriremos y será como esperar el final de una mala película.

Me cansa, me aburre y me deprime no poder saber con certeza lo


que otras personas piensan y sienten. Creo sinceramente que no
poder vernos tal como somos es la fuente de todos nuestros
problemas. Sé que otros no pueden conocer mis verdaderos
pensamientos y sentimientos, y eso me permite fingir, mentir,
engañar y manipular.

Los humanos nunca hemos estado faltos de Dioses. Casi cada cosa
de la naturaleza ha sido considerada un Dios: el sol, la luna, las
estrellas, otros planetas, las tormentas, el aire, el agua, el fuego, la
tierra, las estaciones, los eclipses; muchos procesos naturales que
afectan directamente la vida humana también se han simbolizado
con Dioses: la fecundación, el nacimiento, la reproducción, la
muerte; a lo desconocido también el hombre le ha dedicado
Dioses: la muerte, el más allá.

Pero el hombre ha sido muy sabio. No reverencia al sol, por


ejemplo, sino al Dios que pone en acción al sol. El sol es el
símbolo del Dios.
Tampoco hemos estado faltos de Religiones, hay para todos los
gustos. Si uno busca con paciencia, encontrará una de su talla, que
le acomode lo mejor posible. Aunque tal vez no exista una
Religión exactamente a mi medida, a no ser que yo misma la
funde, establezca sus preceptos a mi gusto, y consiga seguidores.
En la Religión que otro funde, siempre habrá algo que me disguste
o que no se acomode a mi manera de pensar.

Actualmente, las religiones más conocidas son:

1. Bahaísmo
2. Budismo.

3. Confucionismo.
4. Cristianismo.
5. Hinduismo.
6. Islamismo.
7. Jainismo.
8. Judaísmo.
9. Satanismo.
10. Shintoísmo.
11. Sikhismo.
12. Taoísmo
13. Zoroastrismo.
Ilustración Ilustración

No creo que podamos determinar cuál es la Religión con el mayor


número de seguidores. Habría que definir claramente qué sello,
signo o comportamiento indica claramente que perteneces y eres
practicante de cierta Religión. Por ejemplo, muchas personas han
sido bautizadas por el rito católico y aparecen como católicos en
los libros donde se registran las partidas de bautismo, pero
realmente todos no siguen siendo católicos, y estos que se han
cambiado a otras Religiones no son dados de baja en el
catolicismo.

Los sistemas de gobierno modernos consagran el derecho de los


seres humanos a tener cualquier ideología religiosa, e incluso a no
profesar ninguna, sin ser cuestionado ni castigado por eso. Espero
que esta libertad religiosa se mantenga, aunque sea sólo en el
papel, en las leyes de los países llamados democráticos, porque si
este principio se viola, surgirá nuevamente la persecución religiosa
y ya sabemos a dónde conduce.
Debemos combatir el prejuicio que impulsa a muchas personas a
condenar a los ateos. Declararme atea no necesariamente significa
que soy diabólica, aunque nadie debe negarme el derecho de creer
en el Diablo, si así lo decido. Creo firmemente que una persona
puede ser un excelente ser humano, un buen hijo, un magnífico
esposo, un ciudadano responsable y un buen gobernante, aunque
no crea ni en Dios ni en el Diablo. Todos podemos ser buenos y
portarnos bien, aunque sólo sea para preservar la convivencia
pacífica y armoniosa con otros seres humanos, con los animales y
las plantas. Por nuestra propia conveniencia también deberíamos
cuidar el Planeta Tierra, lugar donde pasamos los cortos y sufridos
años de nuestra existencia.

Tal vez si todos los seres humanos tuviéramos satisfechas las


necesidades de agua, amistad, amor, comida, dinero, diversión,
educación, justicia, medicinas y vivienda, no necesitaríamos a
Dios. Si desde que nacemos se nos inculcaran nuestros deberes y
derechos, se fomentaran el respeto, la responsabilidad, la
tolerancia y la solidaridad y hubiera justicia social, en cuanto a
educación, salud y vivienda, todos podríamos vivir en paz, sin
Dios y sin Diablo.

Actualmente todos los países tienen sus propias leyes y son


autónomos y soberanos. De aquí surgen varios problemas, sobre
todo con el auge de Internet y telefonía celular, porque los
individuos empiezan a cuestionar las leyes de sus propios países,
ya que tienen la posibilidad de compararlas con otros y apreciar las
diferencias.

Lo que sí tenemos en común todos los países es la impunidad de


los delincuentes, que va cada año en aumento, sobre todo la
impunidad de cuello blanco, especialmente la corrupción de los
gobernantes, los políticos y los funcionarios públicos, que son los
primeros en burlarse de las leyes. Luego sigue la impunidad de los
violadores de niños y mujeres y la de todos los que cometen
crímenes de guerra y de lesa humanidad.

Vemos a estos delincuentes burlarse de las leyes humanas y


empezamos a desear que haya leyes divinas, de las cuales no
puedan escapar, y por eso queremos que Dios exista.

El inconveniente con el castigo divino es que no es inmediato, sino


que el juicio y el castigo los recibiré después de muerta. Hasta
ahora nadie ha demostrado que los más grandes delincuentes de la
historia, los que han cometido crímenes atroces, hayan recibido
algún castigo divino en el más allá, porque en el más acá han
hecho lo que les ha dado la gana, sin que Dios se los impida.

La Biblia narra cómo Dios castigó en vida los pecados de grandes


reyes que desobedecieron sus mandatos, pero esta interpretación es
subjetiva y depende de la ideología religiosa de cada quien y de
sus valores morales.

Algunos autores famosos han tocado en sus libros el tema del


castigo divino. En “La Divina Comedia”, Dante Alighieri,
describe el Limbo, el Purgatorio, el Infierno y el Cielo, y sitúa
arbitrariamente a grandes personajes de la historia, según sus
pecados, en uno de estos lugares. Por cada tres lugares de
expiación y sufrimiento, sólo hay uno de premio, lo que podría
indicar que son más los vicios que las virtudes de los seres
humanos.
“Crimen y Castigo”, de Fiódor Dostoyevski, narra la historia de
un joven estudiante que no encuentra otra salida para aliviar su
pobreza que asesinar y robar a una anciana prestamista usurera y a
su hermana. Por este doble crimen debe pagar cárcel, ocho años de
trabajos forzados en Siberia. El autor plantea el viejo dilema de si
el fin justifica los medios y el joven asesino es sometido al suplicio
psicológico de analizar y volver a analizar su delito, desde todos
los ángulos posibles.

En su obra “Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en


los pueblos”, Miguel de Unamuno expone sus ideas sobre Dios, la
inmortalidad del alma, la conciencia y las contradicciones entre la
fe y la razón.

Víctor Hugo, en “Los Miserables”, vuelve a tocar temas tan


sensibles como la religión, las leyes humanas, las penas de los
pobres y los oprimidos y la injusticia social.

No he decidido suicidarme, porque me dicen que el remedio es


peor que la enfermedad y que permaneceré en el Limbo por los
siglos de los siglos, así que mientras espero a que llegue la hora de
mi muerte, intentaré pasar el tiempo y distraerme. Ojalá que la
reencarnación sea un hecho cierto y en mi próxima vida pueda
estar en condiciones diferentes, aunque no sea en el Planeta Tierra,
ni con seres humanos. Quizás también pueda conocer otros Dioses
y otras Religiones. Pero viviría mejor sin Dioses, sin Diablos y sin
Religiones.

Todos los grandes pensadores se han ocupado del tema Dios, por
la sencilla razón de que esta creencia en la existencia de Dios
afecta la vida de todos los humanos en el Planeta Tierra.
Veamos lo que han dicho sobre Dios algunas personalidades
notables:
PETICIÓN A MIS LECTORES

No me considero atea ni agnóstica. Sólo espero que algún día, si


verdaderamente Dios existe, los humanos lo podamos conocer y
creer en él, no por fe, sino por evidencias claras y concretas de su
existencia, porque Dios se muestre a los hombres y cualquiera
pueda verlo, oírlo y hablar con él.

Cuando ese día llegue, confío en que ya Dios nunca más se


ocultará de los ojos de los hombres ni permanecerá mudo, sino que
todos sabremos dónde y cómo encontrarlo, sin necesidad de las
Religiones como intermediarias.

Pero si acaso tú, mi desconocido lector, has tenido ya la buena


fortuna de conocer a Dios, lo has visto, has hablado con él y sabes
dónde está, te agradeceré que me lo presentes, pues conocer a Dios
ha sido mi mayor anhelo.

Háblale de mí y dile que lo ando buscando.

Mi correo electrónico es:

magalycalvoramos@gmail.com
SINOPSIS

Estoy obsesionada con Dios. En algún momento de cada día


pienso en Dios e inevitablemente me pregunto si Dios existe y si
es algo o alguien Omnipotente. El Budismo, especialmente en los
escritos atribuidos al mismo Buda, no menciona ningún Dios y el
Hinduismo, en los Vedas, hace parecer casi como estupidez o
ignorancia la creencia en un Dios Omnipotente. No obstante, si
Dios no es Omnipotente, y por consiguiente no es Omnisciente ni
Omnipresente, ¿cómo podría, sin estas perfecciones, ser Dios?

Creer que existe un ser superior que se preocupa por mí y va a


ayudarme a resolver mis problemas, porque me quiere y desea lo
mejor para mí, es una idea muy consoladora. Aunque sea falsa.
Realmente no importa mucho si Dios existe o no existe, siempre y
cuando yo consiga lo que quiero y crea que Dios está cumpliendo
mis deseos.

Otra cosa muy distinta es que yo invente a Dios para evadir la


obligación que tengo de responder por mis actos, buenos o malos;
que culpe a Dios o al Diablo por mis malas decisiones, errores o
pecados; que no agote todos los recursos a mi alcance para
conseguir lo que quiero, sin tener que molestar a Dios, a quien sólo
debería acudir cuando ya he hecho todo lo humanamente posible
para obtener lo que quiero.

Nunca debo olvidar que el solo hecho de pedirle a Dios, de hacerle


mil promesas y juramentos, no significa ni garantiza que Dios me
dará lo que quiero. Si no me da lo que le pido, quizá desee que
Dios no exista.
Cuando necesito a Dios, quiero que esté muy cerca de mí, pero
cuando estoy haciendo lo malo, lo quiero bien lejos, en el Cielo.
Yo misma me engaño ya que, estando cerca o lejos, Dios debe
saber lo que hago, porque de lo contrario no sería Omnisciente; y
no hay la menor posibilidad de que esté lejos, porque entonces no
sería Omnipresente.

Todo marcha muy bien y estoy confiada en Dios y alegre, cuando


las cosas que deseo suceden. El conflicto aparece cuando no se
cumplen mis deseos, porque le hablo a Dios, pero no me escucha,
es sordo; quiero que conteste mis oraciones y peticiones, pero Dios
calla, es mudo; le muestro una y otra vez todo lo malo que me está
pasando, pero Dios no lo ve, es ciego. Me pregunto si éste es el
mismo Dios que me concedió otros muchos deseos. La decepción
es menor cuando en el fondo de mi ser sé que nunca he creído
verdaderamente que Dios existe, pero se agiganta cuando he
pasado toda mi vida creyendo, por fe, que Dios existe.

La hora de la prueba ha llegado. Tengo que estar preparada para


aceptar que Dios es omnipotente pero que a veces no hace algo, no
porque no pueda, sino porque no quiere. ¿Y cómo voy a obligar a
Dios a que haga lo que yo deseo?

Si no tengo preparado un espacio en mi mente y en mis


sentimientos para este tipo de racionalizaciones, entonces es más
conveniente que no acuda a Dios cuando esté en graves aprietos,
porque quizás Dios crea que lo mejor es que mi madre muera, que
mi hijo fallezca en un accidente aéreo, que mi esposo sea infiel o
que me anuncien un cáncer terminal.
No he decidido suicidarme, porque me dicen que el remedio es
peor que la enfermedad y que permaneceré en el Limbo por los
siglos de los siglos, así que mientras espero que llegue la hora de
mi muerte, intentaré pasar el tiempo y distraerme. Ojalá que la
reencarnación sea un hecho cierto y en mi próxima vida pueda
estar en condiciones diferentes, aunque no sea en el Planeta Tierra,
ni con seres humanos. Quizás también pueda conocer otros Dioses
y otras Religiones. Pero viviría mejor sin Dioses, sin Diablos y sin
Religiones.