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Fallo Blanco

FEBRERO 8 DE 1873
Habiendo sido una niña atropellada y herida por una vagoneta de la manufactura
de tabacos, el conflicto había sido elevado ante los tribunales judiciales,
incautados por el padre de la niña de una acción en perjuicios-intereses contra el
Estado como civilmente responsable de las faltas cometidas por los obreros de las
manufacturas.
El Tribunal de Conflictos debía así resolver la pregunta de saber, para retomar a
los términos de las conclusiones del comisario del Gobierno, David, "cuáles de las
dos autoridades, administrativa y judicial, la que tiene competencia general para
conocer de las acciones en perjuicios-intereses contra el Estado". El Fallo dado en
esta ocasión debía tener una suerte singular.
Se le consideró durante largo tiempo como el fallo de principio, la piedra angular
de todo el Derecho Administrativo; hoy algunos autores sostienen que ha
caducado (prescribe), suponiendo que nunca tuvo la importancia que se le dio. Sin
entrar en estas controversias, se debe buscar dentro de la evolución del derecho
positivo, el alcance exacto del Fallo Blanco.
El Fallo Blanco consagra primeramente el abandono definitivo del criterio de
delimitación de competencias fundado en los textos en virtud de los cuales sólo los
tribunales administrativos podrían declarar el Estado deudor
El Fallo Blanco afirma la autonomía del Derecho Administrativo de la
responsabilidad en relación con las reglas puestas en el Código Civil. A pesar del
acercamiento de las jurisprudencias administrativa y judicial sobre ciertos puntos,
ese principio continúa siendo válido, como lo atestiguan las recientes decisiones
del Consejo de Estado y de la Corte de Casación que retoman los términos del
Fallo Blanco.

Fallo Terrier
FEBRERO 6 DE 1903
Un Consejo general había tomado una decisión en cuyos términos, un premio
sería concedido a todo individuo que justificara haber matado una víbora; siéndole
denegado el pago del premio al Sr. Terrier por parte del Director de Policía,
demandó del Consejo de Estado censurar la violación del contrato que el
departamento había tenido con los cazadores de víboras.
El Consejo de Estado se reconoció competente, "pues de la denegación del
Director de Policía de admitir el reclamo nace entre las partes un litigio que al
Consejo de Estado le es propio conocer". De esta frase lacónica, la Alta Asamblea
ha tomado unas decisiones muy importantes del Derecho Administrativo: para
esclarecerla hace falta reportarse a las célebres conclusiones pronunciadas por el
comisario del Gobierno Romieu sobre este asunto.

Fallo Cadot
DICIEMBRE 13 DE 1889
La ciudad de Marsella suprimió el empleo de ingeniero-director de la inspección de
caminos y de los de la ciudad, al titular de este empleo quien reclama unos daños
y perjuicios; la municipalidad denegó el derecho a esta reclamación, lo acogió los
tribunales judiciales, que estimaron que el contrato que lo ligaba a la ciudad no
tenía el carácter de un contrato civil de arrendamiento de trabajo, por lo cual se
declararon incompetentes; enseguida se dirigió al Consejo de Prefectura, que se
declara incompetente a su vez, pues la demanda no había sido fundada sobre la
ruptura de un contrato relativo a la ejecución de trabajos públicos. El interesado se
dirige hacia el Ministro del Interior; quien le responde que el Consejo Municipal de
Marsella no habiendo acogido su demanda de indemnización, él no podría darle
otra salida. Esta denegación la conferirá el Sr. Cadot al Consejo de Estado. El
Consejo de Estado decidió que el ministro había tenido razón de haberse
abstenido de declarar sobre las pretensiones que en efecto no eran de su
competencia, y que pertenecía al Consejo de Estado conocer del litigio nacido
entre la ciudad de Marsella y el Sr. Cadot. De apariencia insignificante, desprovista
de grandes afirmaciones en principio, esta sentencia aclarada por las conclusiones
del comisario del Gobierno Jagerschmidt, ha marcado en realidad una gran etapa
en la evolución del Contencioso-administrativo y por tanto un golpe de gracia a la
teoría dicha por el ministro-juez y haciendo del Consejo de Estado el juez de
derecho común del Contencioso-administrativo.
Las Leyes 16 y 24 de octubre de 1790 y la 16 de fructidor del año III habían tenido
por objeto sustraer la Administración a todo juez. Pero poco a poco se estaba
desarrollando una verdadera jurisdicción administrativa. Dotada en principio,
únicamente de un poder consultativo, el Consejo de Estado, creado por la
Constitución del año VIII, que no había tardado en efecto, en ser un órgano
jurisdiccional.
Durante largo tiempo, no poseía sino poderes de justicia "retenida" y la decisión
pertenecía aún en principio al Jefe de Estado; este último había tomado el hábito
de seguir los dictámenes del Consejo de Estado, el cual recibió finalmente, por la
Ley del 24 de mayo de 1872 el poder de justicia "delegada", que le permitía tomar
decisiones contenciosas en nombre propio.
Por el Fallo Cadot el Consejo de Estado se reconoció el juez de derecho común
en primer lugar y en último es de su jurisdicción los recursos de anulación de los
actos administrativos y de los recursos de indemnización formulados contra las
colectividades públicas.