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BOECIO (S.VI d.C.

División de la música
y su poder

Aquel que escribe de música debe saber exponer en primer lugar las par-

tes en que los estudiosos han subdividido tal materia. Estas son tres: la pri-

mera está formada por la música del universo (mundana);la segunda, por la

música humana (humana), y la tercera, por la música instrumental (in qui-

busdam constituta instrumentis),


como la de la cítara (cithara),de las flautas

(tibiae) y de los demás instrumentos con los que se puede obtener una

melodía.

La música del universo, que hay que estudiar sobre todo en los cielos, es

resultado de la unión de los elementos o de la variación de las estaciones.

¿Cómo podría moverse en carrera muda y silenciosa el mecanismo del cielo

(machina coeli),tan veloz? A pesar de que tal sonido no llegue a nuestro oído

-y ello sucede necesariamente por múltiples razones- el movimiento

rapidísimo de cuerpos tan enormes no puede darse sin sonido alguno,

especialmente porque los movimientos orbitales de los astros están vin-

culados en una relación (coaptio)tan perfecta que no se puede imaginar nada

más compacto y proporcionado. En efecto, algunos se mueven más arriba y

otros más abajo, girando todos ellos con un impulso tan bien combinado que

sus diferentes velocidades dan lugar a un orden racional en los movimientos.

Por ello no puede ser ajeno a este movimiento rotatorio de los cielos el

orden racional en la modulación de los sonidos.

Realmente, si una cierta armonía no uniese las diferentes y contrarias

potencias de los cuatro elementos, ¿cómo podrían formar unánimemente ca-

da cuerpo y organismo? Esta deformidad produce la alternancia de las es-

taciones y la variedad de los frutos, pero, al mismo tiempo, hace del año una

unidad. Por tanto, si se pudiese eliminar con una orden de la mente uno de
los elementos origen de tanta variedad, todo perecería y, por decirlo así, no

quedaría huella alguna de consonancia. Y al igual que en las cuerdas graves

hay un límite del sonido para que la excesiva profundidad no llegue al

silencio y en los sonidos agudos hay un límite a la tensión para que las cuer-

das demasiado tensas no se rompan por la excesiva altura del sonido, siendo

todo perfectamente consonante y adecuado, del mismo modo debemos

reconocer que en la música del universo no puede existir nada tan excesivo

capaz de ocultar las demás partes con su exceso. Y por el contrario, cada

componente, sea cual sea, da sus propios frutos o ayuda a los demás a dar-

los: lo que el invierno endurece, la primavera lo funde, el verano lo calienta y

el otoño lo madura. Las estaciones dan sus propios frutos o dan a las demás

su contribución para que los den. De esto trataremos más adelante con

mayor amplitud.

Todos pueden comprender lo que significa la música humana examinándose

a sí mismos. En efecto, ¿qué une al cuerpo la incorpórea vitalidad de la

mente sino una relación ordenada (coaptio),como si se tratase de una justa

combinación de sonidos graves y agudos para producir una única conso-

nancia? Además, ¿qué podría asociar entre sí las partes del alma, la cual

-según la doctrina de Aristóteles- es resultado de la fusión de lo irracional

con lo racional? Y también: ¿qué podría mezclar los elementos del cuerpo y

combinar sus partes con una relación ordenada (coaptio)? Pero de esto

también trataremos más adelante.

La tercera parte de la música es la que se considera propia de algunos

instrumentos. Es producida por la tensión, como en la cuerda; por el aire,

como en las flautas, o en otros instrumentos activados por el agua; por la

percusión, como en los instrumentos cuya concavidad es golpeada con una

maza de bronce, dando lugar a sonidos diversos ( ... ).


¿Q ué es un m úsico?

Hay que considerar que todo arte (ars), al igual que toda disciplina, tiene

por naturaleza propia mayor dignidad que cualquier otro oficio ( artíficium)

que se realiza con la actividad manual del ejecutante (artifex).En efecto, es

mucho más elevado y noble conocer lo que hace alguien que hacer nosotros

mismos lo que algún otro conoce, ya que la habilidad manual sirve como un

esclavo, mientras que la razón ordena como una señora, y si la mano no eje-

cutase lo que la razón decide, habría un inútil caos. ¡Cuánto más digna es, por

tanto, la ciencia de la música, entendida como conocimiento teórico, que el

hacer sólo con la obra y los gestos! Existe en ello una superioridad se-

mejante a la de la mente sobre el cuerpo que, si carece de razón, cae en la

servidumbre, mientras que la razón ordena y lo guía hacia lo justo, y si el

cuerpo no obedece al deseo de la mente, la acción misma, carente de razón,

puede ser derrotada. La contemplación racional no necesita de actividad

operativa alguna, mientras que no podría existir obra manual si las manos no

estuviesen guiadas por la razón. Se puede comprender la grandeza de la

gloria y el mérito de la razón por el hecho de que todos aquellos que realizan

una actividad física (corporales artífices)


toman su nombre no de la disciplina,

sino de los instrumentos utilizados. Por ejemplo, el citarista recibe su

nombre de la citara; el flautista, de la flauta, y los demás, del nombre de su

instrumento. Sin embargo, el músico es aquel que, meditada reflexión, se

dedica al conocimiento musical no con la esclavitud de la acción, sino con el

señorío de la especulación. Es lo que sucede en las obras arquitectónicas y

en las actividades bélicas, en las que el nombre se confiere de forma

contraria a la apariencia. En efecto, los edificios se denominan y los triunfos

se celebran en nombre de aquellos gracias a cuyos planos y órdenes fueron


llevados a cabo, no en nombre de aquellos por cuya ayuda y trabajo fueron

realizados.

En el arte musical se pueden distinguir tres tipos de actividad: la primera

concierne a los instrumentos, la segunda crea los cantos y la tercera dis-

cierne y juzga la obra de los instrumentos y el canto. Aquellos que se de-

dican a los instrumentos y que agotan su labor en ello, corno los citaristas y

cuantos demuestran su habilidad en el órgano o en los demás instrumentos

musicales, son ajenos a la inteligencia de la doctrina musical porque actúan

corno servidores -corno ya he dicho- y no aportan nada racional, por

carecer de toda especulación. El segundo grupo que tiene que ver con la

música es el de los poetas, los cuales son llevados al canto más por un ins-

tinto natural que por la razón y la especulación: por ello tampoco esta se-

gunda categoría debe considerarse partícipe' de la música. El tercer grupo

es el que alcanza una capacidad de juicio para valorar los ritmos, las melo-

días y su texto. Todo ello, si se produce en el ámbito especulativo de la

razón, será considerado muy pertinente a la música. Por ello, músico es

aquel que posee la capacidad de juzgar, según criterios racionales y espe-

culativos apropiados y convenientes a la música, todos los temas que expli-

caremos más adelante y los cantos de los poetas.