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FANTASMAS

Ladrones de la noche
Dante Petroska
Copyright © <2013>
<DantePetroska>
All rights reserved.
ISBN:s/n
Los muertos no se quieren ir.
Le roban la energía a los
vivos…mientras duermen.
CONTENIDO:
CAPITULO 1
CAPITULO 2
CAPITULO 3
CAPITULO 4
CAPITULO 5
CAPITULO 6
CAPITULO 7
CAPITULO 8
CAPITULO 9
CAPITULO 10
CAPITULO 11
CAPITULO 12
CAPITULO 13
CAPITULO 1

En la madrugada del 2 de
noviembre del 99. El agente
Basulto realizaba su guardia en la
estación de policía de Colinas de
San Javier. La noche corría
tranquila y el calendario marcaba el
comienzo del día de muertos, una
tradición mexicana envuelta en
misticismo y tradiciones. El agente
Basulto era mexicano, pero hace
tiempo dejó de creer en aparecidos
y se trataba de una noche mas en la
estación de policía. Desde hace
años era un privilegio trabajar en
una de las zonas pudientes de
Guadalajara, por lo que no le
molestaba doblar turnos para
hacerse de puntos y seguir
conservando su puesto.
Se levantó de su escritorio para
prepararse un café en la cocina, la
manera más cómoda y agradable de
matar el tiempo. Aún faltaban
varias horas para su relevo y los
estragos del fin de semana seguían
apareciendo sobre sus párpados. Al
pasar por el refrigerador se detuvo
un instante y pensándolo dos veces,
prefirió sacar una lata de bebida
energizante Redbull. Desde que
salieron al mercado el café pasó a
segundo término y la esta estación
contaba con patrocinio de la
colonia para que nunca faltaban
durante las noches, una invitación
que el agente no podía dejar pasar.
Destapó la bebida y antes de dar
el primer trago fue interrumpido por
el teléfono que sonaba sobre su
escritorio. Solo podía significar
dos cosas, que alguien estaba en
problemas y que la bebida tendría
que esperar. Metió nuevamente la
lata burbujeante al refrigerador y
corrió a tomar la llamada.
––Agente Basulto ¿cuál es su
emergencia?.
No obtuvo respuesta. Pero percibía
del otro lado de la línea una voz
agitada de mujer que no se podía
distinguir con claridad. La llamada
provenía de un celular con baja
señal.
––Esta es la policía ¿cuál es
su problema? ––repitió.
––Por favo.. tiene que
ayudarm… Estoy escondida en u…
armario, esa mujer m… quiere
matar, estamos en la casa de la
montaña número siete, no encuentro
a … demás, deben venir cuanto…
––Espere, necesito que hable
mas fuerte, oiga...
La llamada fue cortada de golpe y
el Agente Basulto se apresuró a
tomar nota de la poca información
que pudo interpretar de las palabras
cortadas de la mujer.
A cuatro calles de donde provino
la llamada, dos patrulleros salían
de una tienda de abarrotes que
acostumbra abrir las 24 horas del
día. Es el sitio predilecto de los
agentes y de uno que otro
trasnochado que llega a recargar
alcohol antes de llegar a casa. Los
patrulleros caminaban hacia la
unidad estacionada a unos metros,
llevando una coca cola de dos litros
para compartir y dos lonches de
lomo que les serviría de cena.
––Estoy hasta la madre de no
poder dormir, no me importaría que
fueran cuatro horas seguidas, pero
sin interrupciones. Mi esposa cierra
los ojos y no se mueve hasta el día
siguiente, no sé como le hace.
¿Crees que se debe a nuestro
trabajo? ––Comentaba el mas alto
llevando la bolsa de plástico con
las compras. Mientras que su
compañero, que a penas alcanzaba
el 1.60 de estatura, encendía un
cigarrillo y negaba con la cabeza.
––Yo ya no le doy
importancia, antes de divorciarme
de mi ex vieja pensaba que la culpa
la tenía el purificador de aire que
encendía por las noches ––
Respondió el mas pequeño.
––¿Purificador de aire?, no
mames, ¿para qué?.
––Para que no roncara la vaca.
Desde que subió de peso no paraba
en toda la noche y el purificador
ayudaba a controlarla. Pero el
pinche aparato emitía un zumbido
que me taladraba la cabeza como
una gaita. Así que me jodía de todas
formas.
––Pues no conozco a nadie que
se escape de mal dormir. Tengo
amigos que se meten a la cama a las
10 de la noche y se levantan a las 6,
ocho horas de sueño por lo menos,
pero despiertan mas cansados que
antes de acostarse.
Continuaron hablando del tema.
Una situación de insomnio que a
nivel mundial era de lo mas común
en esos años. Nadie dormía lo
suficiente por las noches. La culpa
la endosaban a la televisión por
cable o el Internet. La gente pasa
horas viendo películas y series de
televisión que terminan después de
media noche y pretenden despertar
a las seis de la mañana frescos
como una lechuga, como si bastaran
un par de horas para reparar el
trabajo físico de todo el día. Este
problema no era solo de los
adultos, los adolescentes
comenzaban a presentar los mismos
síntomas de fatiga crónica y falta de
atención en la escuela. La solución
mas sencilla recaía en infusiones de
te y un par de pastillas Symplex.
Pastillas para dormir que se
pusieron de moda navegando con
bandera de ser medicina
homeopática que no causaba
adicción. Soluciones temporales, la
verdadera causa se descubriría
años después, aunque el terror de la
respuesta provocaría que nadie mas
quisiera cerrar los ojos en su vida.
La plática fue interrumpida por el
radio-patrulla que emitía la voz del
agente Basulto desde la estación,
solicitando la presencia de los
uniformados en la casa de la colina,
donde supuestamente había salido
la llamada de emergencia.
Al llegar los agentes encontraron
la puerta principal abierta, no
presentaba señales de haber sido
forzada y procedieron a ingresar a
la finca tratando de localizar a los
propietarios. La casa se encontraba
a cincuenta metros de la entrada,
los jardines estaban iluminados por
la farolas que marcaban una línea
recta hasta la entrada y la
temperatura en esta época del año
dejaba ver una ligera capa de
neblina, provocada en parte por una
pequeña laguna artificial ubicada en
un extremo del camino. A medida
que recorrían la senda, anunciaban
su presencia sin obtener respuesta
por parte de los propietarios. El
silencio del lugar provocaba cierto
grado de nerviosismo en los
agentes, sensación que se multiplicó
al descubrir la fachada de la casa al
final del camino.
Era una mansión de dos pisos al
borde de una cañada de unos veinte
metros de profundidad. La
oscuridad se apoderaba de ella y
hacía recordar a los agentes la
película de Psicosis que habían
pasado por cinecanal la semana
pasada. La versión original de los
años sesentas con Anthony Perkins
encarnando a Norman Bates, no el
bodrio de película del 98 que se ha
ganado el desprecio de miles de
fans alrededor del mundo. Llamaron
a la puerta un par de veces y
decidieron rodear la casa buscando
señales de violencia. Al llegar a la
parte de atrás descubrieron una
alberca vacía en forma circular, la
casa parecía construida para una
película de los setentas con
Mauricio Garcés en el papel
principal, pero la oscuridad les
hacía pensar en una película de
terror del Santo contra las momias y
no una comedia. La entrada
posterior de la casa estaba abierta,
nuevamente sin señales de
violencia. Entraron con precaución
y continuaron llamando a los
propietarios, anunciando que
estaban entrando. No hubo
necesidad de sacar las armas, el
lugar estaba solo y no parecía
existir peligro, sin embargo, una
sensación de miedo les recorría con
rapidez desde el cuello hasta la
espalda baja a medida que
ingresaban a la mansión.
Buscaron los apagadores en la
pared y encendieron la luz de la
habitación que servía de salón de
juegos, tenía una mesa de billar y
una barra para servir bebidas que
debió ser cede de varias fiestas
alucinantes al estilo a-gogó.
Cruzaron la habitación y abrieron
una puerta que daba al pasillo,
trataron de encender la luz sin
resultados, se miraron mutuamente y
sacando las lámparas de mano,
descubrieron un pasillo a su
izquierda que recorrieron
lentamente. El aire que se filtraba
por las ventanas les puso los pelos
de punta, en cualquier otro lugar
temerían encontrarse con algún
ladrón o un asesino serial en el
peor de los casos, pero este lugar
solo metía pensamientos de terror a
lo paranormal en lo mas profundo
de la mente. Al llegar al final del
pasillo se encontraron con una
escalera curva que se perdía a
mitad de camino. Decidieron
avanzar escalón por escalón,
regresando la mirada de vez en
cuando a la base de la escalera
tratando de evitar alguna sorpresa.
Al llegar a la mitad del camino
ascendente y comenzar a girar, se
escuchó un ruido grave en el
siguiente piso que los hizo brincar y
sacar sus armas en un segundo,
como si se tratara de un relámpago
sin luz. Se miraban mutuamente
esperando obtener alguna respuesta
de donde provino el ruido, pero el
silencio se apoderó nuevamente del
lugar. El mas alto miró a su
compañero que lo seguía un paso
atrás, preguntándole en voz baja si
tenía idea de que había provocado
el sonido. El mas pequeño se limitó
a negar con la cabeza y pasando
saliva continuaron subiendo. Dos
escalones adelante apuntaron su
lámpara al final de la escalera,
iluminando los pies descalzos de
una mujer justo en el momento en
que giraba hacia el interior del
segundo piso. El agente mas alto
subió el haz de luz de su lámpara,
descubriendo la silueta de una
mujer vestida de negro que se
perdía en la oscuridad del lugar.
Corrieron para alcanzarla mientras
le avisaban que eran agentes de la
policía sin obtener respuesta, pero
al llegar al segundo piso la mujer
había desaparecido. Se miraron
temblando por la imagen que
acababan de ver, los dos coincidían
en que no se trataba de la dueña de
la casa, algo dentro de su piel les
decía que esa mujer no estaba viva.
El miedo que sintieron los
acompañó por el resto de la noche,
mientras recorrían el lugar sin
encontraron a nadie, la casa estaba
vacía.
CAPITULO 2

AÑOS DESPUES…
La mañana era la de un día
cualquiera, después de todo era
lunes y ya pasaban de las once. Sin
embargo, para el detective Aron
todo era distinto. Luego de dos
semanas de ausencia entendió que
ya era tiempo de regresar a su
trabajo, así que, aún con algo de
inseguridad, entró a su oficina,
instalada en el interior de un
edificio de cinco pisos en plena
Alameda Central.
La verdad es que no quería
quedarse en casa, el mismo lugar
donde su esposa se había quitado la
vida y donde habían compartido
seis años juntos. Todavía ahora no
lograba entenderlo. No tenían hijos
ni deudas, y aunque a los ojos de
los demás -de él mismo- era una
mujer feliz, por algún motivo que
sólo ella conocía la vida dejó de
serle interesante y una bala en la
cabeza fue la solución. El golpe fue
mucho más duro para él de lo que
pudo haber imaginado y desde
entonces, le fue prácticamente
imposible volver a dormir con
normalidad, hecho que se reflejó de
inmediato en sus ojos, que
comenzaron a mostrar signos de
agotamiento permanente.
Al salir del elevador avanzó un
par de pasos, pero en seguida se
detuvo un instante, aspiró
fuertemente, se acomodó el cabello
hacia atrás y soltó el aire, tratando
de relajarse un poco antes de abrir
la puerta de su oficina. Al
introducir la llave, su vista recorrió
la puerta, deteniéndose en el letrero
colocado en la parte superior, el
cual había perdido ya la letra “r”.
“Detective P ivado”, leyó
mentalmente. Algo molesto, negó
brevemente con la cabeza, giro la
llave y entró.
Sorprendida por su aparición, su
secretaria depositó rápidamente la
taza de café en la mesa, al lado del
plato que contenía una rebanada de
pastel de zanahoria con un tenedor
incrustado. Se puso de pie algo
nerviosa, no sin antes apagar el
monitor, evitando con ello exhibir
el contenido de su conversación en
el Chat.
––¡Detective!, siento mucho lo
de su esposa. Intenté darme una
vuelta pero… ––Él la interrumpió,
levantando su mano.
––Carmen, déjalo así.
Luego, sin dirigirle la mirada,
caminó a su privado al final del la
habitación.
––Necesito ponerme a trabajar
hoy mismo. Comunícame a la
estación de policía, quiero ver si
tienen algún caso para mí…
La chica lo interrumpió antes de
terminar la oración.
––Vino a buscarlo una mujer
––La frase lo hizo detenerse antes
de abrir la puerta de su privado ––
Quiere contratar sus servicios para
encontrar a una persona
desaparecida.
Sin voltear hacia Carmen, el
detective le contestó secamente.
––Carmen, necesito casos
reales, que dejen dinero, no esposas
histéricas que buscan a sus maridos
que siguen de borrachera.
––Pero, Detective, es que ella…
–– comenzó a decir, mientras Aron
cerraba la puerta.
El despacho estaba oscuro, por
lo que se dirigió hacia al ventanal
para halar el cordón de las
persianas de un solo tiro,
iluminando con ello la habitación.
––¿Esposa histérica?. Me han
llamado de muchas formas, pero
nunca histérica ––Se escuchó una
voz de mujer detrás de él.
Aron giró a sus espaldas, algo
sorprendido, pero suavizó su
reacción al ver que se trataba de
una hermosa mujer. Levantó la
mano derecha, señalándole que
necesitaba un segundo, caminó
hacia la puerta de su despacho y la
abrió de forma enérgica.
––¡Carmen! ––El grito hizo
que la chica derramara un poco del
café que estaba a punto de beber ––
¡Cuando dices: “vino una mujer a
buscarlo”, significa tiempo pasado,
es decir, que llegó y se fue, no que
todavía está aquí. ¡Por Dios!.
Cerró la puerta de un golpe,
cambiando su expresión de enojo
por una más alegre, saludando en
seguida a la mujer que lo miraba
con una sonrisa.
––¡Gris!, ¿cómo estás? –– le
dijo, y caminó hacia ella con los
brazos abiertos.
––Sigues siendo el mismo ––
comentó ella mientras se abrazaban.
––Y tú tienes la misma cara de
ángel desde la última vez que te vi.
¿Cinco años?, ¿Seis?.
––Hace ocho ya ––respondió
ella separándose de él pero sin
dejar de sonreír ––Y aún me debes
un baile. Me dejaste sentada en el
cumpleaños de mi hermana con las
ganas de bailar salsa, una mujer no
olvida con facilidad.
––¡Qué memoria! ¿Y cómo
está ella?,.¿Igual de guapa que su
hermana menor?.
Gris dejó de sonreír y su rostro
se tornó triste, al mismo tiempo que
bajaba la mirada.
––Sonia desapareció tres
meses después de que estuvimos en
su casa. Tengo años buscándola sin
llegar a nada. La policía dejó el
caso desde el verano pasado y
agoté todas mis esperanzas de
encontrarla.
Aron arrugó el entrecejo,
sinceramente extrañado por la
noticia.
––Lo siento mucho Gris, no
estaba enterado. Te fuiste a vivir a
México y les perdí la pista a ti y a
tu familia.
Aron la tomó de la mano y la
sentó en el sofá de su despacho,
junto a la ventana.
––Al contrario, discúlpame
por venir a verte después de tanto
tiempo sin llamar antes, pero es que
estoy desesperada. Sé que tu esposa
murió hace unos días, y si no
puedes aceptar el caso lo voy a
entender.
––No te preocupes, la verdad
es que me vendría bien ponerme a
trabajar nuevamente.
Gris le puso la mano en la rodilla
y le sonrió. Aron le correspondió y
asintió con la cabeza, recordando
mientras la miraba su época de
juventud, donde la vida parece ser
siempre mas fácil.
––Gracias. Quise retomar la
investigación ahora que
encontramos nuevas pistas en el
caso de mi hermana y quiero que
las veas ––comentó Gris mientras
sacaba su Laptop de su bolsa y la
encendía. ––Mi hermana tenía
un paciente llamado Pedro, tuvo su
última sesión como psicóloga con
él antes de su desaparición. Estaba
obsesionada en su caso. Al
principio pensó que se trataba de un
problema de fatiga crónica causada
por estrés, y es que el pobre tipo
llevaba dos meses sin poder
dormir. Su esposa y su hija habían
muerto en su casa de forma
accidental. El estaba de viaje por
cuestión de negocios y el calentador
de gas se apagó mientras ellas
dormían.
––Pobre hombre. No lo culpó
por tener insomnio ––Comentó el
Detective con un gesto de tristeza.
Gris confirmó movimiento su
cabeza en señal de comprender la
situación en estos casos.
––Mi hermana le recetó
algunas pastillas para dormir, pero
no sirvió de nada. Pedro seguía en
vela; juraba que su esposa le
robaba la energía en las noches
mientras dormía.
––¿La esposa muerta? ––
Preguntó intrigado el detective.
––Si. Según él, las personas al
morir no quieren irse de este
mundo, y al robar la energía de los
vivos por las noches, ganan más
tiempo para estar entre nosotros.
––¿Eso creía tu hermana? ––
preguntó Aron totalmente
extrañado.
––Al principio no, pero siguió
investigando y descubrió que ocho
de cada diez personas no pueden
dormir por las noches. Y no sólo en
México, la misma estadística aplica
a nivel mundial. Duermen entre
cuatro o cinco horas máximo y
pasan el resto del día cansados,
tratando de despertarse con café y
bebidas energéticas. ¿Te suena
familiar?.
––Claro. A mí me pasa todo el
tiempo. Me desvelo viendo
películas, no duermo por el calor,
o simplemente a un vecino se le
ocurrió acabar la fiesta a las cinco
de la mañana y me jodió la noche.
Nos pasa a todos, pero son cosas
naturales, no sobrenaturales.
––Ya lo sé, pero quiero que
veas este video. Pedro se lo dio a
mi hermana como prueba de que
algo pasaba en su casa, algo
sobrenatural. Fue después de verlo
que mi hermana decidió estudiar el
caso a detalle. Mira y dime qué
opinas.
Gris tecleó un par de veces sobre
la computadora y le mostró un
video al Detective. Era una toma
fija de lo que parecía ser un
dormitorio iluminado por una
pequeña luz. Dentro de la cama
estaba durmiendo Pedro boca
arriba acomodado entre las cobijas.
Unos segundo después aparece la
silueta de una mujer vestida de
negro subiendo por la base de la
cama con movimientos cortados.
Daba la impresión de moverse
como una araña mas que como una
persona, caminando lentamente
sobre el cuerpo de Pedro hasta
quedar en posición horizontal sobre
él sin tocarlo. Al detenerse, agachó
su boca a unos centímetros de los
labios de Pedro y sin tocarse,
comenzó a extraerle el aire a través
de su boca, provocando que la parte
superior del cuerpo de Pedro se
levantara como absorbido por una
aspiradora. La situación duró
alrededor de treinta segundos y
pese a la sacudida provocada,
Pedro no abrió los ojos ni despertó.
La mujer de negro cerró la boca y
Pedro regresó a su posición
original, mientras ella se arrastraba
de regreso al punto donde había
trepado por la cama, con los
mismos movimientos cortados con
los que había subido,
desapareciendo del rango ocular de
la cámara fija que Pedro había
colocado horas antes de irse a
dormir, con el fin de comprobar su
teoría.
Cuando terminó el video, el
Detective miró a Gris y sonrió de
una manera irónica.
––Gris, por favor, no pensarás
que este video es real.
––No importa lo que yo
piense, lo que importa es que
puedas ayudarme.
Gris cerró la computadora y se
puso de pie, camino a la ventana y
por unos segundos se quedó
mirando a través de ella, mientras
Aron la seguía con la mirada.
––La mujer del video es la
esposa de Pedro y fue grabado dos
meses después de quitarse la vida.
Ya lo hice analizar por expertos y
todo indica que es real. Si estaba
muerta… ¿cómo es que pudieron
grabarla después?.
El detective se puso de pie y
caminó hacia ella, cambiando su
actitud a una manera más
comprensiva.
––¿Tienes el video original?
Me gustaría analizarlo con mis
fuentes, si no te importa.
Gris giró hacia él y asintió con
tranquilidad. Acto seguido, camino
hacia su bolso y sacó una caja que
contenía más de una decena de
video cassettes que se utilizan en
las cámaras de video caseras de
aquellos años.
––El cassette de Pedro tiene
etiqueta ––aclaró Gris
entregándoselos.
El detective tomó la caja, sacó el
cassette con la etiqueta, lo observó
unos segundos y lo guardó
nuevamente.
––¿Qué contienen los
demás?––, preguntó intrigado el
Detective.
––Cuando Pedro le entregó el
video a mi hermana, ella pensó que
se trataba de un truco y decidió
cancelar las terapias. No quería que
el caso se convirtiera en un chiste.
Pero dos días después, Pedro se
quitó la vida y mi hermana se sintió
culpable.
––¿Culpable por qué?—
cuestionó el detective. ––Ella no
jaló el gatillo––, añadió intentando
hacer sentir mejor a Gris.
––No, es cierto. Pero sintió
que al cancelar la terapia le hizo
perder la esperanza y la depresión
lo condujo al suicidio. Luego de
eso mi hermana siguió investigando.
Incluso llevó a Iván, un amigo que
conoce de video cámaras a la casa
de Pedro, para instalar cámaras en
la casa y en la habitación principal
y comprobar de una vez por todas
lo que estaba sucediendo ahí.
Ambos pasaron la noche con la
esperanza de captar algún
movimiento paranormal o algo que
pudiera confirmar la versión de
Pedro.
––¿Dónde está esa casa?.
––Es la casa de la Colina, en
la colonia San Javier. La casa que
parece sacada de una película de
terror al borde de una cañada. ¿La
conoces?.
Aron negó con la cabeza y observó
con curiosidad el resto de los
cassettes.
––Pero están dañados, no creo
que sirvan. ¿Qué les pasó?.
––Nadie lo sabe. La policía
entró a la casa esa noche, al recibir
una llamada de auxilio, pero no
encontraron nada. Después de que
reportamos su desaparición
volvieron a ingresar una semana
después a buscarlos; no sabíamos
que habían pasado esa noche ahí.
Fue el último lugar donde la vieron
a ella y a Iván. Encontraron la casa
vacía y las cámaras dañadas
esparcidas por la casa. Yo me
enteré de los videos hace apenas
quince días.
––¿Pero cómo obtuviste los
cassettes?––, preguntó el detective
extrañado.
––Un amigo que trabaja en la
policía los encontró por accidente,
etiquetados en una caja como
archivo muerto. Hace años era
imposible reparar el material de los
videos, pero estoy segura que ahora
se puede rescatar algo que nos
pueda ayudar a entender lo que
pasó. Así que los tomó prestados y
me los entregó.
––¿Prestados?––, comentó el
Detective en forma irónica mientras
caminaba a su escritorio. Buscó en
el primer cajón y sacó un tarjetero,
lo hojeó durante unos segundos y
extrajo una tarjeta color verde que
destacaba entre las demás. Luego lo
cerró y caminó hacia Gris.
––Tengo a la persona perfecta.
Es una amiga experta en
computadoras, es hacker. Si hay
alguien que puede ayudarnos es
ella, ya lo verás. Vamos.
Gris recogió sus cosas
rápidamente, entusiasmada por el
interés del detective. Por primera
vez en muchos años sentía que
había una nueva esperanza para
encontrar a su hermana, viva o
muerta, pero encontrarla al fin.
CAPITULO 3

Gris y el detective subieron al


viejo automóvil Chevy color azul,
estacionado afuera del edificio. La
situación económica de Aron no
estaba en su mejor momento y su
auto era la prueba de ello. De
camino a la casa de la hacker,
aprovecharon el tiempo para
ponerse al día. Él trataba en todo
momento de evitar abordar el tema
de su esposa y dirigía la
conversación sobre la vida de su
acompañante, después de todo el
tiempo había pasado y los años la
habían convertido en una mujer
atractiva, algo fácil de percibir
para cualquier hombre, incluso para
él, sin importar que fuera un viudo
reciente.
Aron le preguntó si tenía en
donde hospedarse, y aunque la
respuesta fue afirmativa por parte
de Gris, él le ofreció su casa. Con
la idea de que con ello acelerarían
las investigaciones. Gris aceptó sin
pensarlo dos veces. Tenían un par
de meses desempleada, dedicada
totalmente a la búsqueda de su
hermana, y ahorrarse unos pesos
significaba mucho en este momento.
Finalmente llegaron a casa de
Dena, una experta en computación y
Hacker en sus ratos de ocio.
Cualquiera pensaría que una chica
dedicada a pasar su tiempo frente a
una computadora, significaba
ausencia de belleza física. No
podrían estar mas equivocados.
Dena vestía unos jeans ajustados
que delineaban sus caderas de una
forma angelical, que solo notabas
cuando dejabas de ver sus enormes
ojos azules, situación que no
sucedía a menudo, bastaba el
primer contacto visual para quedar
atrapado en el tiempo. La mayoría
de sus trabajos los hacía vía
Internet y a través de video chats, lo
que provocaba que su vida social
fuera limitada. ––¿De qué sirve la
belleza física si la guardas en estás
cuatro paredes? ––Le comentaba
todo el tiempo Aron, convirtiéndose
en uno de los pocos hombres que
tenía el placer de visitarla en
persona para hablar de negocios. La
realidad es que Dena se manejaba
con cuidado en el tema del amor. Su
atractivo le jugaba malas pasadas
atrayendo hombres que la querían
para un revolcón de media noche,
mientras ella soñaba con el amor de
cuentos de hadas que su madre le
leía desde pequeña. Después de
todo, los chicos que valían la pena
se alejaban de ella y nunca la
invitaban a salir por temor a ser
rechazados.
Tras una breve introducción de la
situación, Aron le entregó los
cassettes dañados. Dena tomó el
que parecía estar en mejor
condición, lo introdujo en su video
cámara y descargó la información
en su computadora. Unos minutos
después, luego de aplicar una serie
de comandos para corregir color y
utilizar un par de programas para
reparar videos, la chica finalmente
les mostró el contenido.
Desafortunadamente el audio estaba
dañado y se limitaron a observar.
El video mostraba la parte de
atrás de la Casa de la Montana
tomada con cámara en mano.
Parecía el atardecer, se veía la
alberca vacía llena de hojas secas y
el camarógrafo recorría la orilla de
la cañada mostrando la profundidad
de la caída. Al girar, la cámara
mostraba a una mujer que sostenía
otra videocámara en su mano y le
hacía señas para que siguiera el
recorrido al rededor del lugar. La
mujer lucía joven y atractiva. Vestía
jeans y ropa cómoda. La imagen
que veíamos dejaba a la mujer a un
lado y recorría la orilla de la
alberca grabando los ventanales de
las habitaciones que daban a ese
extremo de la casa. Eran ventanales
de tres metros de altura que
recorrían la casa de extremo a
extremo y dejaban ver a través de
las cortinas muebles en el interior
cubiertos por sábanas blancas. Las
habitaciones mas alejadas, en el
tercer piso, estaban ocultas tras las
cortinas cerradas. Antes de terminar
el recorrido, la persona que
manejaba la cámara giro
repentinamente hacia la mujer,
probablemente al ser llamado por
ella, permitiéndonos verla unos
segundos mas antes de que la
imagen se congelara y se detuviera
la grabación.
––¡Es mi hermana!––, exclamó
Gris angustiada, con una voz que no
podía esconder la tristeza que
sentía al verla después de tanto
tiempo.
Aron pasó una mano sobre su
hombro tratando de confortarla.
––La imagen es buena, pero no
podemos saber lo que están
diciendo––, comentó Dena,
mientras revisaba los otros
cassettes, intentando adivinar a
simple vista cuál de todos tenía el
menor daño físico.
––Gris, ¿conoces al tipo que
llevaba la otra cámara, el amigo de
tu hermana?––, preguntó Aron.
––Si, es Iván. Desapareció esa
misma noche. Él le prestó las
cámaras para monitorear la casa,
pero no sabemos si salió después
de colocarlas o si se quedó a
acompañarla. Pero todo indica que
la imagen que vimos provenía de la
cámara que el portaba por la hora,
se veía temprano todavía.
––Dena, ¿cuándo podremos
tener más información?. Si
logramos obtener más imágenes
podremos hacer lo que la policía no
pudo hacer en años.
––Es difícil saberlo. Sospecho
que las demás cintas están peor.
Pueden ser horas o días. Y me
preocupa el tema del audio, no creo
que te ayude mucho sin poder
escuchar lo que dicen entre si, con
la voz de la persona detrás de la
cámara podrían darse una idea de
quien es en realidad. Pero en cuanto
tenga más imágenes te lo haré
saber.
––Gracias, te debo una ––
agregó Aron sonriéndole, mientras
pasaba un brazo alrededor de Gris,
quien se limpiaba la cara con la
mano. No era el momento para
lágrimas, y aunque no sabía si
lloraba de tristeza o alegría, se
sintió reconfortada por haber visto
finalmente algo nuevo del caso,
luego de años y años de espera.
CAPITULO 4

Se dirigían a casa de Aron con un


semblante mas optimista cuando de
pronto sonó su celular. Sin importar
las reglas de tránsito y a falta de un
manos libres, tomó la llamada,
mientras Gris lo miraba con
desaprobación.
––¿Diga?.
Gris no podía escuchar la
conversación del otro lado de la
línea, sin embargo, las muecas y la
forma en que contestaba su
acompañante le dieron la impresión
de que no se trataba de una llamada
amigable.
El intercambio de palabras no
duró más de dos minutos, pero al
colgar, el detective metió el pie en
el acelerador y reflejó en el rostro
preocupación.
––¿Todo bien, Aron?.
––¡Mierda, no! La hermana de
mi esposa va caminó a mi casa.
Quiere algunas pertenencias y fotos
de su familia. Viene de Monterrey.
Si llego antes que ella puedo poner
pasador a la puerta y evitar que
entre. ¡Imbécil!, debí cambiar la
cerradura cuando pude.
––¿Tiene copia?.
––Sí, aunque no fue idea mía.
Si no llegamos a tiempo va a querer
quedarse sabrá Dios cuánto tiempo.
El Chevy dobló a la derecha por
la avenida principal y se encontró
con una marea de autos detenidos.
Diez cuadras adelante de ellos, una
pipa de agua había perdido el
control, terminando encima de un
pequeño taxi que esperaba la luz
verde. Por fortuna nadie había
salido herido, así que la única
consecuencia grave del choque
sería para Aron, quien no podría
llegar antes que su cuñada.
––¡Vamos! ¡Muévanse! ––,
gritaba Aron sin dejar de sonar la
bocina. Como si sus palabras
tuvieran el poder de Moisés y
pudieran dividir el mar rojo de
autos.
Treinta minutos después y tres
cigarros menos, finalmente
llegaron. Aron bajó del Chevy y
observó la calle de lado a lado,
esperando no encontrar signos de
que su cuñada estuviera ahí. Sin
embargo, un auto de alquiler estaba
estacionado a dos casas de la suya,
lo cual no era buena señal, así que
se preparó para lo peor.
La casa de Aron era una casa
vieja remodelada, lo demostraba el
vidrio estilo mediterráneo de las
ventanas, el cual combinaba a la
perfección con el color blanco de la
fachada. Del exterior, sobresalía,
además, un enorme portón eléctrico
que no permitía ver el interior de la
finca. Al abrir la puerta principal,
observó las ventanas de la planta
baja y vio que todo estaba en orden.
Subió la mirada a las ventanas del
segundo piso y sintió que el
estómago se pegaba a su espalda,
cuando observó a su cuñada
mirándolos a través de la cortina de
una de las habitaciones.
––Lo sabía ––le comentó a
Gris, mientras le daba la espalda a
la ventana para evitar que su
cuñada viera su mueca de asco.
––Tranquilo. Después de todo
era su hermana. Tienes que
comprender que está sufriendo igual
que tú. ¿Qué tan malo puede ser?.
Aron se limitó a hacer una
mueca, como diciendo: “Pronto lo
averiguaras por tu cuenta”.
Pensando todavía en eso, le ayudó a
llevar las maletas a la cochera y se
despidió.
––Listo, te quedas en tu casa.
––¿No me vas a presentar?––,
le preguntó Gris.
––Nop. Si quiere llevarse
cosas de su hermana, adelante, yo
prefiero no intercambiar palabras
con ella.
Le entregó las llaves de la casa y le
sonrió.
––Suerte. Quiero comenzar a
trabajar de inmediato al amigo de tu
hermana, Iván. Te llamó en cuanto
tenga algo.
––Espera, ¿Cómo le dices a tu
cuñada?––, se limitó a preguntar
Gris ya resignada.
––Le digo “Bésame el culo”.
Pero tú puedes decirle Emma,
agregó mientras se marchaba con
una sonrisa en los labios.
CAPITULO 5

En cuanto el detective llegó a su


oficina, tomó el teléfono y comenzó
a llamar a varios de sus contactos,
tratando de buscar información que
pudiera ayudarle a localizar a la
hermana de Gris. Por desgracia,
después de tantos años las
posibilidades de encontrarla con
vida eran escasas. Él lo sabía, pero
tendría que mantener viva las
esperanzas en Gris si quería
conservar el trabajo y su compañía.
La tarde transcurrió lenta y el
detective no había podido obtener
ningún resultado favorable. Tendría
que buscar la forma de llegar a casa
y manejarlo de una manera que Gris
lo tomara como un principio y no
como un fracaso. No serían buenas
noticias. En eso, inesperadamente,
su computadora timbró, anunciando
un nuevo mensaje en la bandeja de
entrada. Era Dena, quien le había
enviado otro fragmento de los
videos. El correo decía: “El audio
es pobre, ten paciencia, el video se
liga con otro que estoy terminando”.
Intrigado, abrió el archivo. La
descarga indicaba quince minutos
de espera aproximadamente.
––Malditas PC ––se quejó
mientras cruzaba los brazos detrás
de su cabeza para relajarse. En eso,
miró furtivamente hacia su derecha:
quince minutos de espera eran un
buen pretexto para un trago,
después de todo, el día había sido
muy pesado y merecía un premio
por su dedicación. Caminó a su
archivero, el lugar perfecto para
guardar el tequila. Se sirvió un
caballito hasta el tope y se sentó
cómodamente a esperar frente al
monitor, con la esperanza de
obtener nuevas pistas y llegar a
casa con buenas noticias. Tres
caballitos más tarde oprimió la
tecla enter y observó el video.
La imagen provenía de una
cámara fija ubicada en la esquina
de una habitación que parecía ser
un cuarto de juegos. Al centro de la
imagen estaba una mesa de billar y
al fondo dos sillones con mochilas
en el piso y equipo fotográfico. La
habitación estaba iluminada con dos
lámparas a los costados de los
sillones. Tres segundos después de
haber iniciado el video, entró en la
imagen la hermana de Gris, Sonia,
cargando un video cámara pequeña.
Vestía de la misma forma que en el
primer video, lo que suponía que se
había grabado mas tarde. Al fondo
de la habitación se podía observar
que ya era de noche, pero no había
de forma de averiguar la hora
exacta. Detrás de Sonia entró un
muchacho de un metro ochenta
aproximadamente, cargando otra
video cámara pequeña. Sin
conocerlo, Aron pudo intuir que se
trataba de Iván, la imagen dejaba
ver una conversación entre ellos
amigable.
––Maldición, sin audio es
como ver una película mexicana
doblada al mandarín. ¿Qué carajos
están diciendo? ––Pensaba el
detective mientras tomaba las
últimas gotas del caballito que
sostenía en la mano.
Sonia se arrodilló frente a las
mochilas y sacó dos linternas, las
encendió y le entregó una al
muchacho mientras continuaban la
conversación. De repente, algo los
hizo reaccionar y voltear hacia la
entrada de la habitación. Por la
forma en que lo hicieron debió
haber sido un ruido fuerte por la
manera en que los dos brincaron a
la par. Se miraron unos segundos y
llevando las video cámaras y las
linternas salieron, deteniéndose el
video un instante después.
Este fragmento no era de mucha
ayuda. Tendría que esperar la
continuación, como le había
indicado Dena. El video sólo
mostraba una cámara fija instalada
en lo que parecía ser un salón de
juegos, en donde un ruido los había
alterado. La única novedad era el
hecho de tener ubicado en cámara
al acompañante de Sonia, después
de todo el día no había sido tan
malo como parecía.
El detective tomó el teléfono y
llamó a su casa.
––¿Hola? ––contestó Gris.
––¡Qué bueno que eres tú! ––
se relajó Aron, aliviado de que
fuera ella quien contestara y no la
arpía que llegó a su casa esa
mañana.
––No te preocupes por tu
cuñada, está en un papel de
amargada y no me ha dirigido la
palabra en toda la tarde. Se la pasó
evitándome y ni siquiera me
permitió presentarme.
––Mejor así. Te estoy
mandando otra parte de los videos a
tu correo. No son buenas noticias,
nada que nos pueda ayudar, pero
entre más ojos lo vean es más
probable que podamos encontrar
alguna pista.
––Gracias. Lo reviso en
cuanto encienda mi Laptop.
En eso, la secretaria irrumpió en su
despacho, abriendo la puerta sin
tocar y llevando un sobre en las
manos.
––Detective, llegaron los
resultados de la autopsia de su
esposa.
––Perdón, tengo que colgar ––
le comentó a Gris mientras miraba a
su secretaría con no muy buenos
ojos.
––Pensé que le urgiría verlos
––añadió ella a manera de disculpa,
consciente de que había molestado
a su jefe y en mas de una ocasión
esa mirada penetrante era una
advertencia de que se estaba
metiendo en problemas.
––Te espero en casa ––se
despidió Gris por teléfono.
––Ponlos sobre mi escritorio y
déjame solo ––contestó el detective
colgando el teléfono a su vez.
Así lo hizo la secretaría y salió del
despacho sin volver a decir una
palabra para no meterse en mas
problemas, después de todo Aron
no se ganaba el premio al jefe del
año ni ella recibiría una medalla al
mérito por aguantarlo. Después de
varios segundos de observar el
sobre, finalmente se decidió y lo
abrió. Leyó detenidamente las dos
hojas que estaban dentro, mientras
se tomaba otro caballito de tequila.
Al terminarlas de leer, se detuvo un
instante con la mirada perdida hacia
la ventana y sonrió, como un
muchacho que acaba de recibir las
calificaciones más altas de la clase
y está a punto de entregarlas a sus
padres.
Se sirvió otro caballito y abrió la
ventana del despacho, dejando
entrar una corriente de aire que
refrescaba la habitación.
––A tu salud ––dijo con una
voz serena, elevando su pequeño
vaso hacia el cielo y vaciando su
contenido en la maceta que estaba
colgando de la cornisa.
Después de cerrarla y dejar el
caballito dentro de su archivero,
tomó los papeles y, arrugándolos,
los depósito en el cesto de basura.
Seguía sonriendo, triunfante.
CAPITULO 6

Aron llegó a casa después de las


ocho. La mesa estaba servida. Lo
menos que podía hacer Gris para
agradecer la hospitalidad era
preparar la cena. Su cuñada estaba
sentada en un extremo de la mesa,
una mesa larga para ocho personas
que nunca llenaron en el tiempo en
que todavía vivía la esposa del
detective, la pareja nunca se
caracterizó por ser anfitriones entre
los pocos amigos que tenían en
común. El plato estaba lleno de un
delicioso fettuccini Alfredo con
camarones que Gris amablemente le
sirvió, pero ella lo miraba sin
emitir sonido alguno y sin ponerle
el tenedor encima.
––Espero que te guste la
comida italiana ––le dijo Gris,
observándola desde la cocina. Ella
ignoró la pregunta sin alzar la
mirada y Gris entendió la indirecta,
así que regresó a lo suyo sin darle
más importancia al asunto.
Aron entró al comedor, observó a
su cuñada por un segundo, puso una
cara de molestia que no pudo fingir
y caminó directo a la cocina sin
dirigirle la palabra. Gris terminaba
de servir la sopa para ellos.
––¿Alguna noticia?––,
preguntó Gris con curiosidad.
––Acabo de colgar con Dena.
Me mandó el complemento del
video. Quiero verlo antes de cenar,
pero no frente a ya sabes quién. En
cuanto terminó de pronunciar la
frase, su cuñada se levantó de la
mesa, los miró por un instante y se
marchó, dejando la comida intacta.
––Mejor así––, continúo Aron,
mientras sacaba la Laptop de su
mochila y la ponía sobre la barra de
la cocina.
––El video es la continuación
del anterior, a partir de que salieron
del área de juegos al cuarto
siguiente.
Aron preparó el video y
apretando el botón de enter lo
arrancó, mientras Gris dirigía una
mirada hacia el comedor para
confirmar que la cuñada no
estuviera cerca antes de observar el
video.
El video comenzó, las imágenes
tomadas provenían de la cámara
que portaba Iván, lo pudieron
deducir al ver a Sonia en primer
plano. Este video tenía algo de
audio, se podía escuchar el tono de
voz pero la estática no permitía
distinguir lo que decían. Era la
continuación del video anterior,
justo en el momento que escucharon
un ruido y salieron a investigar de
donde provenía. Se podía ver un
pasillo oscuro a la izquierda del
salón de juegos. Dirigieron la luz
de sus linternas tratando de
ubicarse y captaron la figura de
alguien entre las sombras. Por un
momento sostuvieron la luz contra
la silueta sin que se pudiera
distinguir que o quien era.
Súbitamente, la figura corrió hacia
ellos y se alcanzó a percibir el grito
de ambos asustados sin poder
reaccionar. A dos metros de
distancia se dieron cuenta que se
trataba de una mujer y no de un
fantasma. La mujer reía al ver que
había logrado su cometido,
asustarlos como pequeños niños.
Mientras Sonia se calmaba otra
mujer llegó a su encuentro
sonriendo por la broma que les
habían gastado. En el momento en
que comenzaron a platicar el video
se cortó nuevamente.
––¿Quiénes son esas
mujeres?––, preguntó Gris
preocupada.
––Son nuestra siguiente pista.
Si ellas estuvieron esa noche en la
casa, entonces deben estar
involucradas en lo que pasó. No
parecen una amenaza, pero por el
susto que se llevaron tu hermana y
su amigo, es claro que tampoco las
esperaban.
––¿Pero por qué estaban ahí?,
la policía nunca mencionó nada.
––Mañana mismo lo sabremos.
Sus rostros se ven claros y puedo
buscar en la base de datos de la
policía. Es lo mejor que tenemos
hasta ahora.
Gris se relajó, miró al Detective y
lo abrazó con entusiasmo.
Finalmente sentía que podían estar
acercándose a las respuestas de lo
que pasó esa noche en la mansión,
para bien o para mal, pero al final
respuestas.
––Gracias. No sabes lo que
significa para mí lo que estás
haciendo.
––Todavía no me agradezcas,
es sólo el comienzo. A medida que
podamos ver el contenido de todos
los videos podremos atar cabos.
Tenemos suerte de poder rescatar
las imágenes después de tanto
tiempo.
Gris le dio un beso en la mejilla y
lo miró a los ojos por un momento.
Luego, algo nerviosa, se separó de
él y tomó los platos para llevarlos a
la mesa. Aron la observó con una
sonrisa. Tenía que aceptar que se
sentía feliz de tenerla en casa y por
un momento olvidó que no estaban
solos en la casa.
CAPITULO 7

Después de cenar, Aron le


mostró a Gris la habitación donde
podía pasar la noche. El cuarto de
visitas ya estaba ocupado por su
cuñada, así que no le quedó más
remedió que aceptar un sofá-cama
en el cuarto de televisión. Después
de todo era más barato que pagar un
hotel. Gris se sentía muy cansada
por el viaje y no tardó mucho en
dormirse, mientras que Aron se
quedó investigando más del caso,
utilizando la Laptop en su
habitación.
Pasaba ya la media noche y la
casa estaba en silencio. De pronto,
el estallido de un vidrio en la planta
baja despertó de un sobresalto a
Gris. Aún inquieta por el ruido, se
puso los tenis como pudo y se
asomó por la escalera, tratando de
averiguar qué era aquello que lo
había provocado. La sala estaba
parcialmente iluminada por la luz
que entraba de la calle a través del
ventanal. De pronto, algo la hizo
quedarse inmóvil por unos
segundos, una figura había
atravesado la sala. No creía en
fantasmas, sin embargo, la visión la
había dejado paralizada. En eso, la
sombra se detuvo a mitad del
camino y giró lentamente hacia
Gris: era la cuñada de Aron, quien
la miró un instante, sin moverse.
Aún sabiendo de quién se trataba,
sintió todavía un escalofrío en la
espalda, el cual fue desapareciendo
a medida que la extraña mujer
seguía su camino hacia el cuarto de
visitas, ubicado en la planta baja
junto a la cocina.
Profundamente alterada, Gris
caminó lentamente hacia las
escaleras, luego de avanzar un
poco, observó desde ahí pedazos de
cristal en el suelo de la sala, a un
lado de la mesa central. Bajó la
escalera despacio sin quitar la
mirada de la puerta del cuarto de
invitados, esperando que saliera
nuevamente la mujer. Al llegar a la
planta baja, observó un porta
retratos en el piso y entendió la
situación: los vidrios provenían de
él. Se agachó a levantarlo y, al
observarlo con atención, advirtió
que en la fotografía había dos
adolescentes abrazadas.
Las miró cuidadosamente durante
unos segundos, sin duda le parecían
familiares. Al dejar el porta
retratos en la mesa sintió
inesperadamente que una mano la
tomaba del hombro. Asustada por el
contacto, giró rápidamente mientras
lanzaba un fuerte grito, sólo para
descubrir que se trataba de Aron.
––¡Por Dios! ¡Qué susto me
has dado, hombre! ––, le reclamó
Gris mientras recuperaba el aliento.
––¿Qué ha pasado?.
––Creo que tu cuñada dejó
caer el porta retratos al piso. No sé
si fue un accidente o a propósito,
pero no se molestó en levantarlo.
Aron, intrigado por lo que acababa
de escuchar, observó el cuarto de
visitas: la puerta estaba entreabierta
y la luz en su interior estaba
apagada.
––¿Quiénes son las chicas de
la foto?––, preguntó Gris con
curiosidad a medida que se
recuperaba del susto.
––Es mi esposa y su hermana
cuando tenían quince años ––
respondió tomando el porta retratos
y mirando la foto por un instante.
––Se parecían mucho, juraría
que tienen la misma edad. ¿Quién es
mayor?.
––Mi esposa, por unos minutos
nada mas, eran gemelas––, agregó
Aron, dejándolo nuevamente en la
mesa. ––Una razón más para no ver
a mi cuñada, sólo me recuerda que
perdí a mi mujer. No es fácil verla
a los ojos y saber que no volveré a
ver los de ella.
––Lo siento mucho.
La puerta del cuarto de visitas se
cerró de golpe, provocando un
nuevo sobresalto en Gris.
–––Ahora que estás despierta
quiero mostrarte el nuevo video que
me envió Dena, a menos que
quieras esperar hasta mañana.
––No podría. ¿Alguna
novedad?.
Las dos chicas que estaban en la
casa desaparecieron esa misma
noche. Incluso fueron reportadas
por sus familiares, pero no las
ligaron al caso porque nadie sabía
que habían pasado la noche ahí, con
tu hermana. Esto puedo ayudar a
encontrarlas a ellas también.
––¿Quiénes son?.
––La chica de negro es Kim, la
que llegó caminando tranquila ––,
le contestó Aron mientras subían la
escalera hacia su dormitorio.
––¿La darketa?––, interrumpió
Gris.
––Sí. Se dedicaba a estudiar
fenómenos paranormales. Estuve
investigando y al parecer fue
contratada para poner cámaras de
video en la casa esa misma noche.
Tu hermana no era la única que
comenzaba a creer que la mansión
resguarda fantasmas.
––¿Pero contratada por quién?.
––Por la otra chica que estaba
con ella en el video, la que corrió
frente a Sonia para asustarlos. Su
nombre es Sara, la hermana de
Pedro.
––¿Su hermana?––, preguntó
Gris, apenas digiriendo la
información que Aron había
conseguido en tan poco tiempo.
––Sí, Pedro le contó lo que
pasaba en su casa antes de morir.
Su hermana Sara sí creía que el
espíritu de su esposa le estaba
robando la energía por las noches,
así que la llevó esa noche con su
amiga para poner cámaras y grabar
por toda la casa. Lo mismo que hizo
tu hermana Sonia. Se juntaron esa
noche sin ponerse de acuerdo; en el
mismo lugar. Tu hermana, para
probar que los fantasmas no existen,
y Sara, para probar que sí.
––Entonces ellas son las
principales sospechosas ––, se
aventuró a decir Gris, mientras
entraban a la habitación de Aron.
La laptop estaba encendida encima
de un pequeño escritorio que tenía
frente a la ventana.
––Yo descartaría a Kim.
––¿Por qué motivo?.
––Observa tú misma––,
contestó Aron mientras le mostraba
el último video que Dena le había
enviado media hora antes.
La imagen nos muestra a Kim
sentada en un escritorio frente a una
computadora. La imagen es tomada
por una video cámara que reposa a
unos centímetros de ella, por lo que
vemos a Kim solamente del pecho
hacia arriba. El cuarto está oscuro y
la única luz que se percibe es la que
emite la computadora. Por algunos
segundos vemos a Kim tecleando y
hace una pausa para re acomodar la
video cámara que la graba, al
hacerlo, se inclina hacia adelante y
observamos una mujer vestida de
negro detrás de ella, no podemos
verle el rostro con claridad. La
mujer no se mueve, la acecha
pacientemente. Kim regresa a su
posición sin percatarse que la mujer
está justo detrás de ella, inmóvil.
Continúa su trabajo sobre las teclas
de la computadora y segundos
después se detiene en seco.
Podemos ver que el miedo le
recorre el cuerpo y se sacude,
siente la presencia detrás de ella
pero no se atreve a voltear. Pasa
saliva y armada de valor lentamente
gira su cabeza para descubrir a la
mujer de negro tras de si. La
observa y grita tratando de
levantarse La mujer de negro se
abalanza sobre ella y en el forcejeo
la cámara cae al piso. Nos
percatamos que el video si tiene
sonido al escucharla gritar fuera del
campo de visión de la cámara, el
grito retumba por toda la habitación
y es cortado de repente por un
sonido de ahogamiento que
proviene de Kim. Lentamente el
sonido se apaga al igual que su
respiración. El video termina.
––¿Qué diablos fue eso?––,
preguntó Gris asustada y sin poder
creer lo que había visto.
––No lo sé. Necesito verificar
la fecha en que fue grabado el
video. Fue encontrado en la casa,
pero no sabemos en realidad
cuándo fue tomado. Estuve
analizándolo a detalle y me di
cuenta de que Kim trae la misma
ropa que en el primer video donde
aparece. El primero fue tomado con
la cámara de Iván, así que tuvo que
ser esa misma noche, pero no esta
de mas corroborarlo.
––Pero si fue esa noche,
entonces es imposible.
Comprobaría que la mujer que
atacó a Kim es la esposa muerta de
Pedro, es la misma mujer que
aparece subiendo por su cama en la
grabación que le dio a mi hermana.
––No, no. Tiene que haber otra
explicación Gris. Yo no creó en
fantasmas.
––Yo tampoco, pero ahora
tengo mis dudas. Observa.
Gris se sentó frente a la Laptop y
comenzó a teclear, poniendo el
primer video que les había
mostrado Dena, el video donde Iván
graba la alberca, la cañada y que
recorre lentamente la parte de atrás
de la casona, mostrando los
ventanales y las cortinas cerradas.
Gris puso pausa al video,
deteniéndolo exactamente en el
momento en que una silueta aparece
en la ventana del último piso de la
casa, al otro extremo de donde
estaba Iván grabando. No lo vieron
la primera vez, pero esta la misma
mujer observándolos a través de las
cortinas, su silueta quieta y oscura
los acechaba desde ahí.
––Esa mujer no estaba antes en
esa ventana, no recuerdo haberla
visto la primera vez ––comentó
Aron, verdaderamente intrigado.
––Sí estaba, pero no lo
habíamos notado. Estuvo ahí todo el
tiempo. Lo descubrí en la tarde,
revisando los videos a detalle.
Quedó grabado en la cámara de
Iván, sólo que él no se dio cuenta
cuando la captó, de haberla visto la
historia podría haber sido distinta.
––No hay que adelantarnos.
Esto nos lleva a preguntarnos lo
siguiente ––comentó Aron. ––¿Es
esa mujer realmente la esposa
muerta de Pedro?, ¿o simplemente
Kim tratando de asustarlos?. No
debemos olvidar que se especializa
en lo paranormal y la mitad de las
personas que lo hacen resultan ser
un fraude. ¿No lo crees?.
Gris subió los hombres en señal
de no saber la respuesta, mientras
miraba la imagen congelada de la
mujer en el video, desde ahí, ahora
parecía que los observaba a ellos a
través de la pantalla de la
computadora.
CAPITULO 8

La noche transcurrió sin


novedades. Aron despertó una hora
más tarde de lo normal, no obstante,
se sentía totalmente apaleado. Tenía
los ojos hinchados. Bajo ellos se
podían notar las bolsas en
crecimiento que evidenciaban que
había pasado en vela toda la noche,
o que si había dormido, no lo había
hecho bien.
En la cocina estaba Gris,
preparando desayuno y café negro
bien cargado, el mismo tipo de café
que tomaría un pasante de medicina
para poder cumplir con su jornada
de 36 horas de servicio a la
comunidad. Aron entró todavía en
pijama.
––¿Cómo te fue con el
sofá?––, preguntó Aron sirviéndose
una taza del mencionado elixir.
––Mejor que a ti con tu cama,
por lo que veo ––le contestó Gris
mientras sonreía, sin dejar de mirar
las ojeras de su amigo que de la
noche a la mañana, le aumentaron
un año mas de edad a su rostro.
––¿Ya se levantó la bruja? ––
Preguntó Aron mientras señalaba
con la cabeza el cuarto de
huéspedes y daba un sorbo a su
café.
––Baja la voz. Su puerta sigue
cerrada pero puede escucharnos ––
comentó Gris bajando el tono de
voz.
––¡Que me oiga!. Yo desayuno
y me largo a la oficina, pero si no
se va hoy tendré que hablar con ella
––agregó el detective y se sentó a la
mesa.
El detective desayunó en menos
de diez minutos. Tomó una ducha
rápida y salieron ambos rumbo a la
oficina. Cumpliendo su palabra
para evitar encontrarse con su
cuñada.
––Ayer encontré a Dena en el
Chat después de que vimos los
videos––comentó Aron, mientras
conducía el Chevy por la avenida
central sobrepasando el límite de
velocidad.
––¿Qué te comentó de lo que
descubrimos?.
––Ella también piensa que
puede ser Kim la mujer en la
ventana. Si los videos se hubieran
tomado en alta definición tal vez se
podría ampliar la imagen. Pero a
esa distancia es difícil. Toma en
cuenta que Dena tampoco cree en
fantasmas. Continuó revisando los
cassettes por fragmentos y encontró
otra situación parecida. Quedó de
enviarla en cuanto la tuviera
reparada. Revisé mis correos hace
rato, pero aún no tenía nada.
Tenemos que esperar.
––Si Kim no tuvo que ver en la
desaparición de mi hermana. ¿Crees
que pudo ser Sara?, la hermana de
Pedro––, preguntó Gris, al mismo
tiempo que ponía su mano sobre el
tablero frente a ella, nerviosa por la
forma en que conducía el detective.
––También es posible, pero no
descartemos a Iván. Llegó con tu
hermana a la casa y nada indica que
no haya estado involucrado en lo
que sucedió… ¿No lo crees?.
––Todos son culpables hasta
que se compruebe su inocencia ––
respondió Gris con una sonrisa.
––Bendito México ––agregó
Aron irónicamente, mientras la
miraba con una sonrisa.
Llegaron a la oficina en la mitad
del tiempo que les tomaría
normalmente. Dejando atrás dos
luces en rojo y una mentada de
madre de un estudiante en bicicleta,
al cual por poco atropellan. El caso
estaba cada vez más confuso y Aron
comenzaba a dudar de que se tratara
de una simple desaparición.
Después de todo, había cuatro
personas en la misma casa, la
misma noche y buscando
exactamente lo mismo: fantasmas.
Al entrar a su despacho
encontraron a su secretaria fumando
un cigarrillo, quien viéndose
sorprendida, trató de dispersar el
humo con la otra mano.
––Perdón detective, nunca
llega a esta hora y pensé que no
vendría hoy después de…
––¿No es muy temprano para
estar fumando?––, la interrumpió
Aron mientras le quitaba el cigarro
de la mano, sin dejar de caminar
hacia su despacho. Gris lo seguía
dos pasos atrás.
––Lo siento ––se limitó a
decir ella, soltando la última
bocanada de humo que había tenido
que contener por unos instantes.
––Busca algo que hacer y no
nos molestes ––concluyó Aron
cerrando la puerta luego de que
entrara Gris, quien no dejaba de
sonreír por la situación.
Aron le dio una fumada muy larga
al cigarro antes de tirarlo en su bote
de basura, mientras Gris negaba con
la cabeza sonriendo. En ese
momento, el teléfono del escritorio
sonó. Era su secretaría.
––Detective, la señorita Dena
le dejó un recado hace un rato.
––¿Y por qué me lo das hasta
ahorita?.
––Perdón, pero su celular está
apagado. Ni ella ni yo pudimos
localizarlo.
––¿Y cuál fue el recado? ––
preguntó Aron, buscando su celular
en las bolsas de su saco sin poder
localizarlo.
––Que revise su correo en
cuanto pueda. Es urgente.
––Gracias, estoy en eso.
Aron colgó el teléfono y
encendió su computadora.
Enseguida, abrió su correo y
encontró un solo mensaje. Era de
Dena, quien le había enviado un
video más. Al final del correo
electrónico escribió: “Mira el
ventanal, arriba de Iván”.
El video comenzó y el audio
funcionaba, parecía el atardecer y
se podía apreciar el momento en
que Sonia colocaba una cámara en
una especie de jardín a un costado
de la mansión. La instaló sobre un
tripie apuntando hacia un gran
ventanal. En el primer piso se podía
ver a Iván con una cámara en mano,
mirando a Sonia a través del cristal.
Sonia pasó en frente de la cámara
que acababa de dejar y caminaba
hacia la casa seguida por los ojos
de su amigo, sin percatarse que en
el segundo piso, la silueta de la
mujer de negro se acercaba
lentamente al ventanal, justo encima
de Iván, sin que el pudiera darse
cuenta. Se detuvo la mujer por unos
segundos y agachó la cabeza, como
si pudiera ver desde ese ángulo el
piso bajo sus pies y a Iván a través
de él. Una imagen aterradora si se
miraba desde la cámara fija. Con
esa imagen congelada, el video se
detuvo.
––¡Aron mira!. ––Gritó Gris
señalando la ventana arriba de Iván.
––Se parece a la esposa de
Pedro, pero eso es imposible.
Necesito confirmar la muerte de esa
mujer. Comienzo a creer que fingió
su suicidio y está detrás de las
desapariciones.
––Aron, tú sabes que no creo
en fantasmas, pero no puedo dejar
pasar tanta evidencia. Esa mujer
está muerta, sin embargo todo
parece indicar que estuvo con ellos
esa noche.
––Gris por favor, los
fantasmas no existen. Dame unas
horas para confirmarlo. Te
garantizo que esa mujer está viva.
Es más fácil fingir una muerte que
creer que se puede regresar después
de ésta. Gris se limitó a confirmar
con su cabeza y cruzando los
brazos, se resignó. Después de
todo, la teoría de Aron era lo mejor
que tenían hasta ahora, pero ella ya
no estaba segura.
CAPITULO 9

Las cosas se complicaban más de


lo esperado. Por un lado, Gris
trataba de convencerse de que había
una explicación lógica para que la
esposa de Pedro apareciera en los
videos. Por el otro, su hermana
confirmaba su suicidio. Habían sido
muchas las sesiones de terapia con
Pedro, y en sus registros estaban
archivados fechas, actas y algunos
documentos legales, es decir, todo
lo necesario para poder recetar los
medicamentos que estaba tomando
Pedro justificando su situación.
El detective y Gris continuaron
con la investigación haciendo
llamadas desde la oficina, mientras
tanto, la cuñada recorría la casa del
Detective, caminando con un ritmo
macilento y con una evidente
tristeza reflejada en sus ojos.
Concentrada en su tarea, la mujer
entró el cuarto de Aron, y al
ocuparse del closet, descubrió una
caja escondida en un compartimento
secreto, detrás de algunas cobijas
amontonadas en la parte más alta.
Llena de curiosidad, abrió con
cuidado la caja, encontrando en el
interior fotografías que revisó
detenidamente una a una. Eran fotos
de una mujer que ella no conocía,
posando en distintos lugares: en un
parque, en la playa, en una cabaña
ubicada en el interior del bosque.
La mujer era muy hermosa y
aparentaba tener unos veinte años
de edad. Su cabello era lacio y de
color negro, además, en algunas
fotos se podía apreciar que sus ojos
eran de un color azul claro.
Instintivamente, revisó la parte de
atrás de cada una, buscando alguna
información adicional, pero nada,
todas estaban en blanco.
Guardó la caja en el mismo
lugar, tratando de acomodarla en la
misma posición para evitar
sospechas. Con mucha precaución,
la mujer se levantó y caminó hacia
la habitación donde el Detective
tenía una improvisada oficina,
conformada por un escritorio
pequeño y un librero lleno de libros
que parecían servir más de adorno
que de fuentes de consulta. Abrió
los cajones del escritorio de
izquierda a derecha, sin encontrar
nada irregular, sólo algunos
expedientes de casos antiguos. En
eso, cuando intentó abrir el último
cajón, descubrió, muy a su pesar
que estaba cerrado con llave.
Intrigada, se detuvo un momento a
pensar. En ese instante, el teléfono
que estaba sobre el escritorio sonó.
El volumen era sin duda bastante
alto, y sin embargo, ella no dio una
sola señal de sorpresa. Parecía
ignorarlo concentrada en lo que
estaba haciendo, dejándolo sonar en
más de diez ocasiones sin pestañear
una sola vez. Totalmente tranquila,
continúo su búsqueda hasta que el
timbre dejó de escucharse.
En el despacho del Detective,
Gris estaba trabajando en su
Laptop, mientras que Aron colgaba
el teléfono de su oficina muy
enojado.
––¡Joder! ¿Por qué no
contesta? Estoy seguro de que sigue
revisando la casa, no me siento
cómodo dejándola sola.
––Tranquilo, después de todo
es familia. ¿Qué te puede robar?.
––Para empezar mi teléfono
celular. Lo dejé esta mañana dentro
de este saco y debió sacarlo ––le
comentó Aron mostrándole la bolsa
interior derecha del saco que
llevaba puesto.
––¿Para qué lo necesitaría?
No tienes un modelo muy nuevo que
digamos ––dijo Gris.
––No por el celular, sino por
lo que pudiera buscar en mi agenda.
Hoy en día tu vida cabe en un
celular; triste, ¿no?.
Gris se limitó a confirmar con la
cabeza, esperando a que Aron se
volteara para fruncir el ceño. Se
sentía algo extrañada por la actitud
que el detective le había mostrado a
su cuñada desde el principio. Era
obvio que le incomodaba saber que
ella se encontrara dentro de la casa,
buscando algo, pero ya le estaba
comenzando a parecer exagerado.
Conocía al Detective desde hacía
años, pero nunca había notado en él
esta actitud, sin embargo, estaba
consciente de que al dejar de ver a
una persona por mucho tiempo, esta
puede cambiar hasta convertirse en
alguien extraño para ti.
El detective y Gris regresaron a
casa a la hora de comer. Al entrar,
lo primero que hizo Aron fue
dirigirse al cuarto de visitas y Gris,
intuyendo que habría problemas, lo
siguió silenciosamente unos pasos
atrás. Parecía molesto, y una vez
más se notó un cambio de actitud a
penas entró a la casa. Estaba a
punto de golpear la puerta de la
habitación donde dormía su cuñada,
cuando de pronto sonó su celular
detrás de él, descansando sobre la
mesa de la cocina. Sorprendido, el
hombre se detuvo bruscamente y se
quedó pensativo unos instantes.
Luego, al localizar el aparato, se
giró rápidamente para tomarlo con
su mano derecha y contestar. Era
Dena.
––Aron, estoy muy preocupada
por el contenido de los cassettes.
Recuérdame cuánto me estás
pagando porque necesito estar
motivada.
––Nada. Pero escuchar mi voz
y verme de vez en cuando, es
suficiente para motivarte, ¿no es
así? ––contestó el detective
sarcásticamente.
––Pues voy a necesitar
motivación extra entonces ––
respondió Dena, tratando de no
reírse.
Gris sacó su Laptop, la encendió
y la colocó sobre el escritorio,
mientras Aron hablaba por teléfono.
––Te estoy mandando un video
con audio reparado, espero que te
sirva. Hay mucho material dañado y
no estoy segura de poder encontrar
lo que necesitas, pero sigo
intentándolo.
––Gracias, Dena, sabes lo
mucho que aprecio esto.
Aron colgó el teléfono y después
de esperar varios minutos a que se
descargara el video, lo abrió.
El video mostraba la imagen
captada por una video cámara en
manos de Iván, se podía averiguar
por la voz que se escuchaba. Estaba
solo recorriendo lo que parecía ser
la cocina de la mansión. El haz de
luz de la lámpara era limitado, no
se podía ver mas allá de dos metros
al frente y uno a lo ancho.
Caminaba lento buscando,
recorriendo el lugar tratando de no
tropezar con los muebles. Su
respiración sonaba alterada y
demostraba que estaba nervioso.
Cada dos pasos llamaba a Sonia, la
estaba buscando. Al cruzar la
cocina se encontró con una puerta
que parecía ser una habitación que
se usaba como congelador, del tipo
que utilizan en los restaurantes para
guardar la carne. Al abrirlo se
detuvo un instante nervioso, desde
la puerta alumbró el lugar sin
localizar a Sonia. De repente, se
escuchó un sonido metálico que
provenía de un lugar lejano detrás
de él y asustado se giró y gritó el
nombre de Sonia nuevamente.
Gris detuvo el video, le dio la
espalda a su Laptop y se llevó una
mano a la frente, nerviosa. Mientras
el detective la veía intrigado por su
reacción.
––Aron, no estoy segura de
querer seguir viendo las
grabaciones. Tengo miedo de ver a
mi hermana en alguno de ellos,
atacada por alguien o… por algo.
Tengo miedo de verla muerta.
El detective la encaminó hacia el
sillón de la habitación, tratando de
confortarla.
––Tienes razón. Nunca
pensamos en la posibilidad de ver
una atrocidad en ellos, después de
todo nadie los había podido ver
antes. Siéntate ––le dijo.
Gris se sentó todavía nerviosa.
––Yo termino de ver la
grabación y puedo ser un filtro para
ti, así evitamos que pases por esto
sin necesidad.
Gris aceptó la propuesta, se quedó
en el sillón y Aron continuó con el
video.
Iván giro alumbrando
parcialmente el corredor por donde
había entrado, intentando localizar
la fuente del sonido metálico que
había escuchado. Caminó
lentamente, se notaba como el
nerviosismo aumentaba en su
respiración. Llegó a las escaleras
de servicio que conducían al cuarto
de lavado en la planta baja, volvió
a llamar a Sonia y al no obtener
respuesta, comenzó a bajar
lentamente, deteniéndose cada tres
pasos para ubicar con claridad el
lugar. Los nervios le provocaban la
sensación de que el haz de luz de su
linterna se hacía cada vez mas
pequeño con cada uno de sus pasos.
Al llegar a la planta baja se
encontró con la entrada al cuarto de
lavado, iluminó el lugar y descubrió
una barra de metal en el piso, que
muy probablemente había sido la
causa del ruido que había
escuchado, pero ¿quién o qué la
había derribado?. Estaba pensando
en eso cuando escuchó una
corriente de aire entrar por la venta
abierta al final del cuarto de
lavado, levantó la linterna e iluminó
a la mujer de negro que lo miraba
desde afuera. Un mosquitero cubría
la ventana y evitó que Iván pudiera
identificar la silueta con claridad,
porque en lugar de asustarse camino
hacia ella nombrando a Sonia,
confundido. Al llegar a la venta la
mujer había desaparecido y por mas
que intentó localizarla fue inútil.
Estaba en eso cuando se escuchó el
grito de una mujer que provenía de
la planta alta. Iván giró asustado y
el video se detuvo en ese momento.
Gris se levantó de un impulsó
asustada.
––¡Ese grito!, ¿Es mi
hermana?.
––No sé, el video se va a
negros cuando se escucha ––dijo
Aron, tratando de tranquilizarla.
Luego cerró la Laptop, caminó
hacia ella y la abrazó con fuerza. ––
En el video se ve la esposa de
Pedro nuevamente. Iván la
confundió con tu hermana Sonia,
pero era ella, estoy seguro.
––¿Lo ves?. Es el fantasma de
la esposa que mató a todos en esa
casa, incluyendo a mi hermana ––
apresuró a decir Gris nerviosa.
––Tranquila, Gris. Todavía
necesito verificar la fecha en que
fueron grabados los videos. Y
sobre todo, confirmar que la esposa
realmente está muerta. Si tratas de
unir los puntos te puedes dar cuenta
de que ella fingió su muerte, que
mató a su esposo y que después
encontró a tu hermana y al resto de
los chicos en la casa investigando
y… de alguna manera, tuvo que ver
con sus desapariciones.
Gris comenzó a llorar
inconsolable. Por primera vez en
muchos años estaba escuchando una
versión real de lo que pudo haberle
pasado a su hermana y eso…, la
asustaba.
CAPITULO 10

Aron y Gris comieron


nuevamente solos en la mesa. El
plato de Gris estaba casi intacto y
Aron no quiso comentar el tema de
su hermana, respetando un momento
personal y de cierto duelo por parte
de ella. Después de comer, Aron
dejó a Gris en la casa. Sabía que la
joven necesitaba descansar para
pensar en la posibilidad de que su
hermana hubiera sido asesinada por
la esposa de Pedro aquella
misteriosa noche. Pero… ¿quién
hubiera sospechado de una mujer
muerta?. La policía tal vez no, pero
el detective era muy astuto y
pensaba probarlo.
Aron subió a su auto y antes de
arrancar, pudo ver a su cuñada
asomándose por la ventana del
segundo piso.
––¡Vieja bruja! ––pensó en
voz baja ––ya lárgate de mi casa.
Arrancó el carro molesto y se
dirigió a casa de Dena, quien se
había comunicado para decir que
tenía más videos.
En casa, Gris se sentó un
momento en el sofá para intentar
descansar. Del otro lado de la
habitación, sin que ella se diera
cuenta, alguien se asomó
silenciosamente por la escalera y
comenzó a observarla,
manteniéndose así por más de un
minuto, sin decir nada. Gris, quien
para entonces ya había abandonado
sus deseos de dormitar un poco,
comenzó a sentirse observada y
sintió el impulso de abrir los ojos.
Al hacerlo, lo primero que vio fue
la mirada fija de la extraña mujer,
lo cual la hizo estremecerse.
––Emma, me asustaste. ¿Cómo
pasaste el día? ––Preguntó
amablemente Gris. Después de todo
recordó que tenían algo en común,
las dos habían perdido a sus
hermanas para siempre.
La cuñada se dio media vuelta y la
dejó hablando sola.
––Lo que me faltaba ––se dijo
Gris en voz baja, arrepintiéndose en
seguida de sus pensamientos
condescendientes hacia ella.
Se levantó de la sala y se dirigió a
la cocina. Preparar platillos se le
daba bien. Eso podía ayudarla a
sentirse mejor y olvidar el asunto
por un rato.
Mientras tanto, el detective llegó
a casa de Dena, entregándole
enseguida un sobre con dinero que
Gris le había mandado como parte
de su paga.
––Toma, tu motivación extra.
Dena tomó el sobre y se lo guardó
en la bolsa trasera del pantalón de
pana que llevaba puesto.
––Gracias Aron. Pero necesito
que me digas que no corro ningún
peligro con lo que estoy haciendo.
Las imágenes son muy extrañas y
comienzan a molestarme ––dijo
nerviosa.
––No te preocupes Dena, si
comprobamos que la esposa de
Pedro está viva y es la asesina,
jamás se va a enterar de que tú nos
ayudaste.
––No me preocupa que
compruebes que está viva, me
preocupa que compruebes que está
muerta y que es un fantasma.
––Por favor, tú no creerás que
su espíritu está penando en esa
casa… ¿o sí?.
––Aron perdóname, pero yo sí
creo en lo paranormal y es mejor no
jugar con esas cosas. Que tú no
creas no significa que no puedan
existir, y de ser así, nos estamos
metiendo en un asunto que no nos
corresponde.
––Tranquila. Yo me encargo
de que se le caiga el teatro a esa
mujer y me vas a deber una
disculpa cuando lo haga.
Aron se mostraba muy seguro de lo
que decía.
––Primero debes
comprobarlo. Si lo haces te puedes
burlar todo lo que quieras, pero no
antes.
––Dalo por hecho. ¿Qué tienes
para mí?.
––Sígueme.
Caminaron a la habitación donde
Dena tenía su equipo de trabajo. El
nuevo video estaba reparado y
listo.
––Es la cámara de Sara, la
hermana de Pedro, la misma que
llevó a Kim; es ella la que está
grabando.
El video mostraba a Sara
caminando escaleras a bajo
iluminando el lugar con una
linterna. Ella portaba la cámara y al
igual que en el video de Iván, a
penas se podía ver a unos metros de
distancia. Durante unos segundos
recorría lo que parecía ser una de
las habitaciones y , atraída por un
sonido a su derecho, se introdujo en
un enorme baño que daba la
impresión de ser una habitación
completa. Escuchó nuevamente el
sonido, esta vez a través de la
puerta de cristal que daba al
exterior del lugar. Preguntó en dos
ocasiones si alguien estaba ahí y sin
obtener respuesta, lentamente se
acercó a la puerta de cristal y en
momento de querer abrirla un
hombre brincó frente a ella
produciéndole un terrible susto.
Sara estaba muy enojada y llamó
Pedro al hombre. Mientras le
reclamaba la broma el hombre no
paraba de reír, al parecer se
conocían. El video se detuvo ahí.
El detective estaba sorprendido y
golpeó el escritorio de Dena con
una mano mientras se levantaba.
¡Bam!, se escuchó con fuerza
mientras Dena brincaba del susto.
––¡Eso es!, tenemos un nuevo
jugador. Ahora podemos sospechar
de la esposa de Pedro o de este otro
Pedro. ¿Así lo llamó no?.
––Sí ––contestó Dena con el
corazón acelerado del manotazo
que había dado el detective.
––¿Lo ves?, qué fantasmas ni
qué espíritus paranormales. Aquí
hay algo muy extraño con las
personas que estuvieron esa noche
en la casa, así que olvídate de tus
miedos y tus creencias raras.
Dena dejó qué se burlara y se
mantuvo callada, observándolo
pacientemente. Después de unos
segundos, Aron se sentó y
encendiendo un cigarrillo se relajó
un poco.
––¿Fantasmas?, por favor ––
concluyó con una risita mientras
miraba a Dena y le daba una calada
al cigarro.
––¿Terminaste? ––preguntó
ella tranquila.
Aron confirmó con la cabeza
sacando el humo por la boca sin
dejar de sonreírle. Mientras Dena
sin decir nada, señaló hacia el
monitor y presionó el botón de enter
de la computadora, iniciando un
nuevo video que tenía preparado
par Aron.
El video provenía de la cámara
de Sara, se podía deducir por la
voz nerviosa que se escuchaba.
Caminaba rápidamente por un
pasillo iluminando parcialmente el
lugar a su paso. Tenía la
respiración acelerada, parecía que
huía de algo, regresaba la mirada
girando la cámara y el haz de luz
tras de si para verificarlo. Al llegar
a la misma habitación momentos
atrás, se introdujo en el baño donde
se había encontrado con el hombre.
Se detuvo un instante y lo llamó,
nerviosa. Regresó la mirada
nuevamente asustada, esperando
que algo o alguien entrara en
cualquier momento. De repente se
detuvo al escuchar un sonido dentro
del enorme closet localizado en el
interior del baño. Caminó
lentamente hacia las puertas y a
medida que se acercaba percibía un
sonido de ahogamiento, como si
alguien se quedara sin aire.
Reconoció un lamento, era su amigo
Pedro en el interior. Abrió
lentamente las puertas, nerviosa,
temblando. Al hacerlo, el sonido de
ahogamiento se escuchó mas fuerte
y descubrió a su amigo postrado
boca arriba en el suelo, con la
mujer de negro encima de él,
absorbiéndole el aire y la poca
energía que le quedaba. La mujer
giró lentamente la cabeza hacia
Sara, quien al verla con claridad,
gritó. Aterrorizada por la escena
trató de huir, tropezando y cayendo
de espaldas, soltando la cámara. La
cual quedó funcionando grabando el
momento en que la mujer de negro
se levantó y atrapó a Sara,
subiéndose sobre ella como lo
había hecho con su amigo segundos
atrás.
Dena puso pausa al video y miró
fijamente al detective. Ya no
conservaba ningún rastro de la
sonrisa anterior, y el cigarro se
consumía en sus dedos sin que le
importara, estaba atónito.
––Es el mismo baño donde el
hombre asustó a Sara, ––comenzó a
decir Dena ––El que estaba tirado
en el piso era él, probablemente
muerto. La cámara se queda fija y
en diez segundos más aparece Sara
ya muerta. Si quieres verlo
llévatelo, yo ya no puedo seguir con
esto. Y no me digas que no
reconoces a la esposa de Pedro, ahí
está frente a la cámara, haciéndole
no sé que al tipo.
––Está bien, está bien ––dijo
Aron levantándose y llevándose una
mano a la nuca. Luego se quedó
pensativo unos segundos mientras
Dena lo observaba. Definitivamente
no era tan gracioso ahora.
––Descartamos a este tipo
entonces, pero sigo sin creer en
fantasmas. Sólo comprobamos que
la esposa es la asesina. Lo acabas
de ver. Está más que viva,
disfrazada para noche de brujas si
tú quieres, pero viva.
––Tú eres el experto ––se
limitó a responder ella con un tono
irónico.
El detective salió de casa de
Dena confundido. Aún tenía que
comprobar su teoría y tenía que
reconocer que poco a poco, estaba
perdiendo terreno en este asunto de
vivos y muertos.
CAPITULO 11

Pasaban las nueve de la noche.


Aron llegó a su casa después de
mandar docenas de correos a sus
contactos, con la idea de comprobar
que la esposa de Pedro estaba viva.
No era fácil, se necesitaba de un
buen amigo dentro del ayuntamiento
para entrar al cementerio y exhumar
el cuerpo, o por lo menos una
muestra de ADN. La medida le
pereció radical, pero no existía otra
forma. En cuestión de papeleo todo
indicaba que estaba muerta.
Además, con el paso de los años,
las posibles pistas habían
desaparecido.
Cuando entró, lo hizo abriendo la
puerta despacio, tratando de ubicar
a su cuñada metido en su papel de
no querer verla.
––Aron, tengo que hablar
contigo ––lo sorprendió Gris
saliendo de la cocina.
––¿Dónde está la bruja de mi
cuñada? ––preguntó con sequedad
sin importar que pudiera
escucharlo.
––Tranquilo, por suerte para
mí hace una hora que se encerró en
el cuarto de visitas.
––Ajá. Ya la conociste mejor,
¿eh? ––le comentó sonriendo
irónicamente.
––Al contrario, se la pasó
ignorándome. Me la tope varias
veces por la casa y traté de sacarle
plática, pero la muy zorra se daba
la vuelta y volvía a lo suyo.
––¿Y qué es lo suyo? ––
interrogó Aron algo preocupado.
––Abrir closets, investigar en
tus cajones, leer los papeles en tu
escritorio, nada que una cuñada
metiche no hiciera ––comentó Gris
en tono sarcástico.
El detective se molestó y caminó
con rapidez al cuarto de visitas.
Luego, con una actitud severa en el
rostro, comenzó a golpear la puerta
en varias ocasiones para que le
abriera.
––¡Mañana quiero que te
largues de mi casa!, ¿entendiste? ––
le gritaba pateando la puerta por
última vez y regresando a la sala al
no recibir respuesta.
Gris tenía la cena lista. Una
botella de vino tinto y una arrachera
de res sirvieron para calmar el
estado de ánimo del detective.
Devoraba cada porción de carne
casi sin masticarla, mientras le
platicaba lo que había sucedido en
casa de Dena. Al principio, la idea
de obtener una prueba de ADN del
cadáver enterrado le pareció a Gris
una pésima opción, pero al final
aceptó que era la única forma de
probar la teoría de Aron. Si él tenía
razón, entonces podrían acudir a la
policía, reabrir el caso y buscar a
la presunta responsable de la
desaparición de su hermana.
Después de lavar los platos se
retiraron a dormir. Pasaban las
once y Gris no tardó en caer
rendida, mientras que Aron estuvo
media hora más revisando su
computadora. Dena le había
mandado otro video perturbador,
por lo que le pareció buena idea
que Gris decidiera no verlos hasta
que él los analizara primero.
El video mostraba un pasillo
angosto a penas iluminado por la
lámpara de Sonia, se podía
escuchar que ella llevaba la cámara
por su voz nerviosa y agitada.
Caminaba deprisa dirigiendo la luz
de un lado a otro, al llegar al final
del pasillo se encontró con la
escalera curva que se perdía dando
vuelta a la izquierda a la mitad del
camino. Dudo por un instante y
regresando la luz y la visión de la
cámara detrás de ella, gritó al
comprobar que la mujer de negro
venía detrás de ella, caminando
despacio , acechándola. Motivada
por la perturbadora imagen subió
las escaleras corriendo, al llegar a
la mitad volvió a girar y observó
que la mujer estaba más cerca de la
última vez, a pesar de que Sonia
corría mientras la mujer de negro
caminaba.
Terminó de subir a toda prisa, el
pasillo mostraba dos habitaciones a
su izquierda. Intentó abrir la primer
puerta pero estaba cerrada, corrió a
la segunda puerta y al segundo
empujón logró abrirla. Entró y la
cerró con nerviosismo. Se recargó
de espaldas a la puerta y sintió el
golpe del otro lado cuando la mujer
la alcanzó. Alumbró el interior de
la recámara y reconoció el lugar,
era el cuarto de Pedro que había
visto en el video que le entregó en
su última sesión, el mismo lugar
donde la mujer trepó por la cama
para robarle la energía mientras
dormía. Iluminó al otro extremo de
la habitación una puerta de cristal y
sin pensarlo dos veces, corrió hacia
ella para continuar su escapatoria.
Al llegar, intentó abrirla y al
hacerlo, se encontró de frente con la
mujer de negro que estaba por fuera
de la habitación. Gritó asustada y
dio unos pasos hacia atrás sin dejar
de mirar a la mujer, quien entraba
por la puerta de cristal mirándola
con unos ojos inyectados de sangre.
Sonia tropezó y cayó de espaldas
mirando a la mujer. Al caer la
cámara golpeó el suelo y el video
se detuvo en la Laptop.
Aron se quedó un instante
recapacitando lo que había visto.
Sonia trataba de escapar de la
esposa de Pedro, quien aparecía y
desaparecía como un espectro.
Aron estaba nuevamente
confundido.
––Trucos de cámara o de
edición ––se dijo en voz alta
intentando desesperadamente de
ignorar sus pensamientos, los
cuales se empeñaban en hacerlo
dudar de su teoría.
Finalmente, luego de reflexionar
un poco, apagó su Laptop y se fue a
dormir, tratando de olvidar lo que
había visto. Esa misma noche, el
contacto de Aron tomaría varias
muestras de ADN del cementerio, y
confiaba que de esta manera, pronto
podría resolver el misterio al
comprobar que la mujer enterrada
no era la esposa de Pedro. Mientras
tanto, no era conveniente darle
vueltas a una simple suposición.
Con la tecnología de hoy en día la
frase “ver para creer” ya no
funcionaba. Era mejor no creerle a
los ojos y esperar a que la ciencia
hiciera el trabajo.
CAPITULO 12

Aron se levantó poco después de


las ocho de la mañana y tomó una
rápida ducha de agua helada,
esperando que con eso su mente se
pusiera en orden. Luego de eso,
bajó las escaleras y llegó a la
cocina, necesitaba un café doble si
quería despertar.
Gris le tenía el desayuno listo y
la cafetera estaba llena. Era un
sueño hecho realidad, se sentía
nuevamente atendido, como cuando
se esposa estaba viva.
Durante el desayuno, Aron le
confirmó que los resultados de la
prueba de ADN estarían listos por
la noche, comprobando una vez más
que sus influencias eran de mucha
ayuda en casos como éste. También
le habló del video que vio antes de
dormir, donde su hermana era
perseguida por la esposa de Pedro.
Gris comenzó a llorar; sabía que las
posibilidades de encontrar a su
hermana con vida eran pocas, pero
en el fondo sentía un alivio al saber
que finalmente podría cerrar ese
episodio de su pasado y seguir
adelante. Pero antes, debían atrapar
a esa mujer.
Aron tomó su laptop y se
despidió, sintiéndose afortunado
por no haber tenido que
intercambiar una sola palabra con
su cuñada, quien al parecer
permanecía encerrada en el cuarto
de visitas. Nadie la había visto
salir desde anoche.
Momentos después llegó a su
despacho con la idea de resolver el
caso de una buena vez. Este asunto
de los fantasmas se estaba pasando
de la raya y le estaban dando más
importancia de la debida. Pensando
en esto, llamó a Dena para
preguntarle cuánto material podría
obtener de los videos que
quedaban. Estaban muy cerca de
descubrir lo que le había ocurrido a
Sonia en el último que habían visto.
La respuesta estaba ahí, sólo faltaba
que la tecnología hiciera el trabajo
pesado.
Dos horas después recibió un
nuevo video con el siguiente
mensaje: “Estoy por terminar el
último, pero éste es el que
buscabas. No se lo enseñes a Gris,
no le gustaría ver lo que le pasó a
su hermana. Lo edité lo mejor que
pude, pero el audio no es de lo
mejor”.
El detective no pudo evitar que
en sus labios se dibujara una
pequeña sonrisa de emoción, misma
que se fue borrando a medida que el
video corría.
La cámara que grabó las
imágenes era la de Iván, iba
corriendo por el mismo pasillo que
Sonia había recorrido hasta las
escaleras en el video anterior,
iluminado escasamente con su
linterna. Subió las escaleras,
doblando a su izquierda en la mitad
del trayecto, en los últimos
escalones se detuvo al escuchar el
gemido de una mujer al final del
pasillo. Iluminó desde ahí el piso
recorriendo lentamente el piso hasta
encontrar a Sonia en el piso
arrastrándose hacia él, agonizante,
llamándolo, suplicando su ayuda.
Iván escuchó un ruido detrás de
Sonia y subió el haz de luz,
encontrando a la mujer de negro de
pie, mirándolo desafiante. Iván
gritó y giró tras de si para escapar
bajando las escaleras que acababa
de subir. El video se cortaba en
este punto.
No se podía ver lo que le había
ocurrido realmente a Sonia, pero se
veía seca, carente de energía en el
piso, arrastrándose y suplicando. La
esposa de Pedro estaba ahí, de pie,
comprobando con esto que era la
culpable de todo lo que había
pasado. Tenía el aspecto de un
muerto viviente, pero se veía más
real que nunca. De alguna forma eso
tranquilizó al detective, pero los
videos no permitían aún dar un
veredicto final; habría que esperar
el último que estaba editando Dena
en esos momentos, además de los
resultados del ADN.
Aron llamó a casa. Gris tenía que
saber lo que había pasado. Ella
escuchó todo calladamente, y luego
de llorar un rato agradeció al
detective por todo lo que había
hecho. Le pidió que le enviara el
video a su computadora; no tenía
intenciones de mirarlo en ese
momento, pero quería guardarlo por
si alguna vez tenía el valor de
hacerlo. Aron lo entendió y le envió
el archivo sin pensarlo dos veces,
después de todo eran suyos.
La secretaría entró de improviso
al despacho de Aron, informándole
que tenía una llamada en la otra
línea; era su contacto, por lo que
tuvo que terminar la llamada de
Gris, no sin antes quedar con ella
de llegar a casa para comer juntos.
El detective jaló aire, intentando
relajarse. Estaba a punto de obtener
respuestas.
––Carlos, me sorprendes,
pensé que llamarías hasta en la
noche.
––No llamo por los resultados
de la prueba, todavía no me han
llegado ––comentó su contacto
terminando con la momentánea
ilusión de Aron ––lo hago para
advertirte que alguien está
investigándote por la muerte de tu
esposa.
––¿Cómo?, ¿de qué estás
hablando?.
––Una mujer pidió a la policía
abrir una investigación por
asesinato, y te marcaron como
principal sospechoso.
––¿Una mujer…? ––Aron se
detuvo por un instante y alzó la voz.
––¡Maldita vieja!, ¡voy a matar a la
estúpida de mi cuñada cuando
llegue a casa, entonces me pueden
investigar por asesinato!. ¡El de
ella!.
En cuanto terminó la oración,
colgó, salió del despacho sin decir
nada a su secretaria y se dirigió a
su casa. Nuevamente el Chevy
cruzaba la avenida central a toda
velocidad, estaba a punto de poner
en su lugar a esa mujer y nadie
podría detenerlo.
Aron entró a su casa azotando la
puerta, y de forma violenta arrojó
sus llaves a hacia la mesa que
estaba en la entrada, lo hizo con
tanta fuerza que éstas no se
detuvieron y fueron a parar hasta al
suelo. Gris, quien había escuchado
el ruido, salió de la cocina
perturbada, asustándose un poco al
ver que él detective gritaba furioso.
––¡¿Dónde estás,
desgraciada?! ¡Quiero hablar
contigo!.
––No está aquí, debió
marcharse ayer por la noche, la he
buscado por todos lados ––le
comentó Gris, tratando de calmarlo.
––¡Más le vale!, porque si se
me cruza en frente la mato con mis
propias manos ––amenazó mientras
golpeaba la mesa de la entrada con
la palma abierta de las manos.
Tratando de liberar así la ira que
despertó en él la noticia de ser
investigado por asesinato.
––¿Qué ha pasado? ––preguntó
Gris mientras lo tomaba de la mano
y lo llevaba a la sala para
tranquilizarlo.
––Esa bruja abrió una
investigación en mi contra por la
muerte de mi esposa ––dijo furioso
Aron. Mientras sacaba el paquete
de cigarrillos para encender uno.
––¿Qué?, eso confirma que
está loca. Desde que la conocí
sabía que algo estaba mal con ella
––comentó Gris.
––Ahora entiendo por qué
revisaba la casa de esa forma. No
quería recuperar recuerdos de su
hermana, estaba tramando hacer
algo contra mí.
––Tranquilízate, Aron. Sabes
que si puedo ayudarte en algo
cuentas conmigo. Después de lo que
has hecho por mí y mi hermana
estoy en deuda contigo. Hoy por la
tarde me voy a Monterrey, pero si
tú quieres la próxima semana
regreso para apoyarte con este
asunto.
Gris se acercó a él y lo abrazó
con fuerza. En el fondo se sentía
culpable por tener que salir ese
mismo día, pero la verdad era que
tenía asuntos que había dejado
pendientes desde hacía tiempo,
entre ellos, informarle a su madre
lo que habían descubierto sobre
Sonia. No eran buenas noticias,
pero al final de cuentas eran
noticias.
––Gracias Gris, pero no te
preocupes por mi, voy a estar bien
––dijo Aron soltándola y
sonriéndole para tranquilizarla.
Gris confirmó con la cabeza, le
sonrió y se dirigió a la cocina para
tener lista la comida, mientras que
Aron subió a su recámara a lavarse,
después de todo Gris no tenía la
culpa y no podía desquitar su enojo
con ella.
Estaba terminando de secarse las
manos, cuando recibió una llamada
de Dena, la cual le dijo que por fin
había reparado el último video, la
última evidencia de lo que había
pasado esa noche. El detective
corrió a su computadora,
agradeciéndole a la chica toda su
aportación al caso. Ansioso por
descubrir el desenlace, Aron se
despidió de ella mientras
comenzaba a descargar el video y
prometiéndole celebrar en la
semana con una cena en el mejor
restaurante de la ciudad.
Después de unos minutos de
espera Aron puso iniciar al video,
la imagen era la continuación del
último video, en el momento en el
que Iván escapaba de la mujer de
negro después de haber visto a
Sonia agonizante en el piso. Iván
resbaló a mitad de la escalera y la
cámara y la linterna llegaron
primero a la planta baja, grabando
el pasillo segundos antes de que
cayera Iván frente a ellas. Se podía
ver el dolor en el rostro de Iván, se
había roto la rodilla al caer por los
escalones. Escuchó los pasos de la
mujer de negro bajando lentamente
por las escaleras hacia él. Comenzó
a arrastrarse por el pasillo dejando
atrás la linterna y la cámara en el
suelo. No había recorrido ni tres
metros cuando al pasar por una de
las puertas del pasillo, salió la
mujer de negro, y arrastrándolo de
los pies, lo metió a la habitación.
La puerta se cerró de golpe y lo
último que se escuchó fue el grito
de Iván de terror, seguido de una
respiración que se ahogaba
lentamente dentro de la habitación.
Era el último video que les quedaba
por analizar.
El Detective tenía finalmente la
última prueba que faltaba. La
esposa de Pedro había matado a
esos chicos esa noche, tratando de
evitar que encontraran algo que
pudiera descubrir su falso suicidio,
no le quedaba duda sobre eso.
La teoría de fantasmas que roban
la energía de los vivos mientras
duermen se estaba yendo al caño
para él. La gente no duerme bien
por las noches porque está cansada,
por el calor, o tal vez por el estrés,
pero no existe otra razón. Él mismo
era la prueba de ello: tenía días
despertando cansado. El suicidio de
su esposa lo tenía tenso y nada mas.
Y ahora que lo pensaba, otra razón
para no dormir bien sería la noticia
de que estaba siendo investigado
por su cuñada, nada mal para
rematar la semana.
CAPITULO 13

Finalmente llegó la noche. Gris


había regresado a Monterrey,
dejando a Aron solo en la casa otra
vez . De pronto, el detective tuvo
que aceptar que la situación no le
agradaba para nada, y es que la
compañía y las atenciones de la
chica lo habían hecho sentir vivo de
nuevo.
Sumido en estas reflexiones,
subió a su recámara a ponerse
cómodo, mientras esperaba la
llamada de Carlos, su contacto. Se
sentía algo tenso, así que sirvió un
caballito de tequila de su reserva
personal que guardaba en el
armario, y prendió un cigarro
mentolado, no había mejor forma de
meditar y relajar el cuerpo. Levantó
el caballito a manera de brindis y
antes de que pudiera darle un trago,
sonó su celular. Dejó el caballito
sobre la mesita de noche y apagó el
cigarro sobre el cenicero que
estaba sobre su cama, contestando
ansioso.
––Carlos, dame buenas
noticias ––dijo mientras se sentaba
en la cama.
––Lo siento, Aron, pero el
ADN de la mujer enterrada sí
corresponde al de la esposa de
Pedro. Si necesitas algo mas no
dudes en…
El detective se quedó callado sin
prestar atención a lo que agregaba
Carlos, mientras un escalofrío le
recorría la nuca y la espalda,
sensación que lo hizo estremecerse.
En eso, un impulso lo hizo voltear
hacia su Laptop, la cual estaba
encendida y en pausa, mostrando
justamente la imagen de la esposa
de Pedro. Estaba tratando de
ampliar su rostro para meterlo a la
base de datos unos minutos antes de
la llamada. La imagen le causó
miedo. Con un rostro inexpresivo,
se levantó, cerró la tapa y colgó su
celular. Ya no tenía nada que
decirle a Carlos.
Luego de unos minutos, Aron
caminó hacia el baño y se lavó los
dientes, sumido en sus
pensamientos. Se sentía preocupado
y sin la más remota idea de lo que
debía hacer a continuación. Luego
de unos momentos, apagó la luz del
baño y se dirigió a su cama.
Extrañamente, comenzó a notar que
el sueño lo estaba venciendo por
primera vez en mucho tiempo. Se
sentía realmente agotado, así que,
dejándose llevar por esta
sensación, se metió a las sábanas
convencido de que la noche
ayudaría a despejar su mente.
Pasaban apenas las doce de la
noche y Aron ya dormía
profundamente. Una oscuridad
densa y un silencio total reinaban en
la habitación. De pronto, el sonido
del teléfono a un lado de su cama
se dejó escuchar inesperadamente,
despertándolo con un sobresalto.
Apenas consciente, Aron estiró una
mano y como pudo, contestó sin
levantarse de la cama.
––¿Diga? ––se limitó a decir,
más dormido que despierto.
––Eres un hijo de puta. ¿Cómo
pudiste matar a mi hermana?. ¡Ella
te amaba! ––Le gritó su cuñada
llorando a través del teléfono.
––Déjame en paz. Si tienes
pruebas, haz lo que tengas que
hacer, pero puedo asegurarte que no
las tienes ––contestó el detective
con sequedad.
––Te equivocas, las tengo.
Pruebas suficientes para refundirte
en la cárcel por lo que te queda de
vida ¡Idiota!.
––¡Estás loca!, de nada sirvió
que buscaras en mi casa. ¿Piensas
que sería tan estúpido como para
dejar cabos sueltos?, ¿De verdad
crees que soy tan idiota?. Lo siento
cuñada, pero perdiste tu tiempo
estos días buscando pistas en toda
la casa como una tonta…
––¿De qué estás hablando
imbécil?. Yo estoy en Monterrey ––
lo interrumpió su cuñada sin dejar
de llorar ––Hace un año que no voy
a Guadalajara, pero mañana salgo
para allá. Ya puse una denuncia, y
te juro que cuando te vea voy a…
En eso, la voz de la cuñada le fue
pareciendo cada vez más distante,
como un susurro de palabras que no
se preocupaba por entender. Porque
Aron estaba sintiendo un escalofrío
de terror nuevamente en el cuello,
mismo que comenzó a correr por su
cuerpo, sólo que esta vez con mayor
intensidad. Estaba de espaldas a la
ventana, acostado, con el teléfono
en la mano, mientras una silueta
comenzó a emerger lentamente
detrás de él. No se atrevía a
voltear, pero a pesar del terror que
sentía, consiguió girar poco a poco,
con la esperanza de despertar, de
descubrir que todo era una terrible
pesadilla.
Pero esto no ocurrió, y el
detective no pudo evitar que sus
ojos se abrieran de manera
descomunal al descubrir frente a él
a su esposa muerta. Totalmente
paralizado, Aron la vio acercarse
cada vez más, hasta colocarse
frente a él. El miedo lo obligó a
recostarse lentamente en la cama
sin dejar de mirarla, mientras el
espectro abría la boca lentamente y
comenzaba a robarle la energía a su
asesino, tal y como lo hacía cada
noche, después de su muerte…
mientras dormía.
FIN.
Una última cosa…
Cuando des vuelta a la página,
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Sinceramente,
Dante Petroska.
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