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TEMA 1: RESPONSABILIDAD PATRIMONIAL DE LA ADMINISTRACIÓN.

1. Concepto y caracteres.

La responsabilidad como concepto pertenece a la Teoría General del Derecho, concretamente al ámbito del
Derecho Civil. Se trata del deber consistente en reparar las consecuencias lesivas que se ocasionan a un tercero
o terceros por la realización de determinadas actividades que dichos terceros no tienen la obligación de soportar
y que son imputables a otra persona, considerada responsable.
En relación con la Administración, la responsabilidad patrimonial hace referencia a las consecuencias
indemnizatorias que tiene cualquier actuación administrativa que produzca daños y perjuicios en los derechos e
intereses legítimos de los ciudadanos. Pero esta amplia definición ha de precisarse, por cuanto la causa de la que
resulta el deber de indemnizar no es la misma en todos los casos. Por de pronto, esta responsabilidad
patrimonial no está relacionada con la obligación de la Administración de indemnizar a aquellas personas con las
que mantiene una relación contractual, por incumplimiento del contrato o convenio o en virtud de resolución
del mismo. Aunque la legislación que establece el régimen de responsabilidad patrimonial de las
Administraciones Públicas no excluye expresamente la de origen contractual, bajo este concepto se alude
exclusivamente a la responsabilidad extracontractual.
Tampoco comprende el concepto de responsabilidad patrimonial los deberes indemnizatorios que surgen de la
expropiación forzosa. La diferencia entre una y otra figura jurídica, sin embargo, adquiere perfiles borrosos en
algunos casos. En términos generales, puede decirse que, cuando la Administración expropia, el deber de
indemnizar deriva de una privación de derechos patrimoniales o de un ataque a los mismos que se acuerda
como tal, intencionadamente, por considerarlo necesario para los intereses públicos, y el expropiado debe ser
compensado con el justo precio del bien o derecho del que se le priva. La responsabilidad patrimonial deriva, en
cambio, de actuaciones de la Administración, queridas o no, lícitas o ilícitas, que no tienen por finalidad la lesión
de derechos o intereses legítimos, aunque la producen. El daño es, en este caso, un mero resultado de la acción
administrativa o de la prestación de los servicios y no, a diferencia de la expropiación, el fin buscado con ella
para satisfacer el interés público. Por último, no cabe confundir la responsabilidad patrimonial con otras
prestaciones o compensaciones económicas decididas por la ley, voluntariamente, para reducir o amortiguar el
efecto de opciones legales lícitas (por ejemplo, la compensación legal a ciertos funcionarios por la reducción de
la edad legal de jubilación). Cabe señalar que en la actualidad existen varios presupuestos constitucionales de la
responsabilidad patrimonial:

Artículo 9.3: ​“La Constitución garantiza la responsabilidad y la interdicción de la arbitrariedad de los


poderes públicos.”
Artículo 106: 1. ​“Los Tribunales controlan la potestad reglamentaria y la legalidad de la actuación
administrativa, así como el sometimiento de ésta a los fines que la justifican.! 2. Los particulares, en los
términos establecidos por la Ley, tendrán derecho a ser indemnizados por toda lesión que sufran en
cualquiera de sus bienes y derechos, salvo en los casos de fuerza mayor, siempre que la lesión sea
consecuencia del funcionamiento de los servicios públicos.”

Este artículo reconoce de modo expreso la responsabilidad patrimonial de las Administraciones Públicas, no ya
de los poderes públicos en general.
-Artículo 149.1.18: “1. El Estado tiene competencia exclusiva sobre las siguientes materias: Las bases del régimen
jurídico de las Administraciones públicas y del régimen estatutario de sus funcionarios que, en todo caso, garantizarán
a los administrados un tratamiento común ante ellas; el procedimiento administrativo común, sin perjuicio de las
especialidades derivadas de la organización propia de las Comunidades Autónomas; legislación sobre expropiación
forzosa; legislación básica sobre contratos y concesiones administrativas y el sistema de responsabilidad de todas las
Administraciones públicas.”

Por otro lado, la LRJPAC también hace algunas alusiones a la responsabilidad patrimonial, siendo la más
importante la siguiente:

Artículo 139: “Los particulares tendrán derecho a ser indemnizados por las Administraciones Públicas
correspondientes, de toda lesión que sufran en cualquiera de sus bienes y derechos, salvo en los casos de fuerza mayor,
siempre que la lesión sea consecuencia del funcionamiento normal o anormal de los servicios públicos.”
La importancia de este artículo es que este modelo viene siendo sometido a una fuerte crítica doctrinal en los
últimos años, pues, aunque la mayoría de los Jueces y Tribunales suelen hacer una interpretación prudente y
una aplicación moderada de la Ley, el principio de responsabilidad sin culpa ha dado lugar también a no pocas
decisiones judiciales realmente llamativas, que acuerdan indemnizaciones millonarias por daños causados
simplemente con ocasión de la prestación de un servicio público, aun en aquellos casos en que la Administración
y sus autoridades y agentes han desarrollado una actividad diligente y conforme a Derecho para evitar el daño.
Esta posición crítica, que es ya mayoritaria en la doctrina, está teniendo una influencia clara en la evolución de la
jurisprudencia. Lo más lógico parece ser realizar una revisión legislativa de la responsabilidad patrimonial de la
Administración en la actualidad.

2. La responsabilidad por actos legislativos y por el funcionamiento de la Administración de justicia.

a) Responsabilidad por actos legislativos.

Esta responsabilidad existe en el Derecho comunitario, vinculada a la anulación por el TJUE de actos legislativos
de la propia Unión Europea o de los Estados miembros.! Sin embargo, la responsabilidad por actos legislativos
también existe en el Derecho interno, esto es, no derivada de exigencias del Derecho comunitario. Se pueden
distinguir dos supuestos:

1) ​El primero, puede tener lugar cuando por el Tribunal Constitucional se declara la inconstitucionalidad de una
norma con rango de ley, de cuya aplicación hayan derivado perjuicios evaluables. Ahora bien, este efecto
indemnizatorio de la anulación de la ley tampoco es automático, pues aparte de que las sentencias declaratorias
de inconstitucionalidad no permiten revisar sentencias con fuerza de cosa juzgada (artículo 40 LOTC), el Tribunal
Constitucional puede y suele, a la vista de las consecuencias que dicha declaración puede tener y por razones de
seguridad jurídica, disponer que la anulación de la ley sólo tiene efectos pro futuro, lo que excluye cualquier
pretensión de responsabilidad fundada en su inconstitucionalidad. No obstante, no lo ha entendido así el
Tribunal Supremo en algunas sentencias, ya que afirmó que las reclamaciones de responsabilidad no vienen
excluidas por el efecto de cosa juzgada ni por la existencia de actos firmes y no recurridos de aplicación de la ley
anulada.
En cualquier caso, si el TC ha dejado claro que los efectos de su sentencia anulatoria no afectan al pasado, la
única vía que el TS ha establecido para reclamar la responsabilidad pasa necesariamente por la reclamación por
parte del particular, una vez que ha sido publicada la sentencia del TC que declara ilícita la ley, dirigida a la
Administración del Estado o de la Comunidad Autónoma, según quién sea autor de la ley declarada
inconstitucional.

2) ​Cosa distinta es si puede dar lugar a responsabilidad del Estado una ley no ilícita, por los daños singularizados
y evaluables que puede causar a determinadas personas. La jurisprudencia del TS ha venido entendiendo que
existe tal responsabilidad cuando la ley causa un daño anormal o imprevisible y singular a una persona o grupo
de personas, a pesar de la generalidad de sus mandatos, aunque no basta que trate de manera desigual a
determinados grupos. Es esencial determinar si la nueva ley infringe o no el principio de confianza legítima.

El artículo 139.3 LRJPAC contiene ahora una norma específica al respecto:​“Las Administraciones públicas
indemnizarán a los particulares por la aplicación de los actos legislativos de naturaleza no expropiatoria de derechos y
que éstos no tengan el deber jurídico de soportar, cuando así se establezca en los propios actos legislativos y en los
términos que especifiquen dichos actos”.
Por tanto, sólo se podrán exigir las indemnizaciones que el propio legislador prevea. De todas formas, si la ley no
prevé o excluye toda indemnización, puede presentarse frente a ella recurso de inconstitucionalidad o, en su
caso, plantearse cuestión de inconstitucionalidad por infracción del derecho reconocido en el artículo 33 de la
Constitución (Derecho a la propiedad privada).

b) Responsabilidad del Estado por el funcionamiento de la Administración de Justicia.

Este otro supuesto se regula, en desarrollo del artículo 121 de la Constitución (“Los daños causados por error
judicial, así como los que sean consecuencia del funcionamiento anormal de la Administración de Justicia, darán
derecho a una indemnización a cargo del Estado, conforme a la Ley.”) por la LOPJ. Las causas determinantes de
la responsabilidad son en este caso dos:
1. Responsabilidad por error judicial.

El error judicial, según la restrictiva interpretación que de este concepto realiza el TS, debe ser evidente, craso,
palmario, ya sea de hecho o incluso de derecho, en este último caso por manifiestas contradicciones en el texto
de una resolución judicial o con otras resoluciones sobre hechos idénticos o por otras causas semejantes. El
error, por otro lado, debe ser reconocido expresamente por una decisión judicial. Una vez declarado el error
judicial, el interesado debe dirigir una petición indemnizatoria ante el Ministerio de Justicia.
Un caso específico de error es el que afecta a quienes, después de haber sufrido prisión preventiva, sean
absueltos por inexistencia del hecho imputado, que no por falta de pruebas (en cuyo caso no habría
responsabilidad patrimonial).

2. Responsabilidad por funcionamiento anormal.

Por lo que se refiere al funcionamiento anormal de la Administración de Justicia, éste puede producirse por
causas diversas, ya sea en el marco del proceso (dilaciones excesivas que causen perjuicios irreparables) o no
(pérdida de objetos en depósito judicial). En tales casos, la reclamación de responsabilidad se dirige al
Ministerio de Justicia. En cualquier caso, no hay lugar a indemnización ni por error judicial ni por funcionamiento
anormal, si uno y otro tuvieran su causa en la conducta dolosa o culposa del perjudicado. Cabe señalar que se
reconoce igualmente la responsabilidad por funcionamiento anormal del TC, así como la responsabilidad por
dolo o culpa grave de Jueces o Magistrados determinados (aunque luego el Estado puede repetir contra ellos
para recuperar la indemnización pagada) y la responsabilidad del Defensor del Pueblo.

3. Principios de la Responsabilidad Patrimonial de la Administración.

1. Se trata de una responsabilidad directa​, de modo que no es posible exigir la responsabilidad a un funcionario
determinado, sino directamente a la Administración en su conjunto, y será la Administración la que, con
posterioridad, ejercite la acción de regreso contra el funcionario que actuó con dolo, culpa o negligencia grave.

2. Es una responsabilidad objetiva, es decir, no se basa en la culpa como fundamento único del deber de
indemnizar. La responsabilidad es objetiva, como hemos visto con anterioridad, porque puede derivarse de un
funcionamiento normal o anormal de la Administración. En este sentido, vamos a analizar unos supuestos que
pueden o no ser considerados títulos que fundamentan el deber de indemnizar objetivamente:

Prestaciones a favor del interés general que se exceden en su fecha. Este sería el caso, por ejemplo, de obras
realizadas en interés general (obra del metro de Málaga) que tienen una fecha límite que no se cumple. En este
caso, al tratarse de obras de interés general, el paso del plazo no implica necesariamente el deber de
indemnizar.

Riesgos asumidos por la Administración. S​ e trata de casos en los que la Administración asume riesgos en la
realización de determinadas actividades, como por ejemplo la preparación de fiestas como los San Fermines. En
principio, en este caso debe exigirse responsabilidad patrimonial a la Administración si algo de lo que ésta ha
preparado provoca un perjuicio, sin embargo siempre debe existir una relación de causalidad. Por ejemplo, si un
individuo bebido decide por sí mismo ponerse delante del toro y ser arrollado por éste, no existirá
responsabilidad patrimonial, pero sí existirá en caso de que determinadas tablillas de protección previamente
preparadas caigan y provoquen que un toro arrolle a una persona.

Lugares que deben tener estándares medios de calidad. ​En determinadas ocasiones, resulta exigible que un lugar
posea unas características determinadas para no causar perjuicio a los ciudadanos, y en caso de que no se
cumplan los estándares medios de calidad de estos lugares, habrá responsabilidad patrimonial de la
Administración. Por ejemplo, cuando una mujer se cae porque una alcantarilla en la calzada está levantada y
rota.

Incumplimiento de deberes específicos por parte de la Administración. E​ n estos casos no hay duda de que la
Administración debe indemnizar, porque no ha cumplido con lo que debía. Por ejemplo cuando existe el deber
de resolver y la Administración no lo hace.
3. Comportamientos activos o inactivos de la Administración. ​La ley 30/1992 ha establecido que la
responsabilidad de la Administración por funcionamiento normal o anormal puede venir dada por la realización
de actos o la omisión de los mismos (por ejemplo responsabilidad de la Administración por dejar que se
concentre el ruido en los botellones).

4. Exclusión de la fuerza mayor. ​La ley establece que salvo casos de fuerza mayor habrá responsabilidad de la
Administración. Es importante determinar lo que se entiende por fuerza mayor, ya que al tratarse de un
concepto indeterminado, debe relacionárselo con el momento social, con los valores que imperan en ese
momento. En cualquier caso, no hay duda de que la fuerza mayor debe ser un hecho imprevisible y ajeno a lo
racional.

Los Tribunales suelen aplicar la fuerza mayor de modo bastante restrictivo, ya que no resulta favorable a los
ciudadanos. La ley 30/1992 incluye en su articulado una referencia a la fuerza mayor que exige que, para
determinarla, se ha de atender al estado de la ciencia en el momento en que se produce la lesión al ciudadano.
La inclusión de esta especificación se debe a las transfusiones de sangre que se llevaron a cabo en 1985 en las
que se transmitió el virus del sida a la población. En este caso, debido al estado de la ciencia en aquél momento
no era posible exigir responsabilidad patrimonial a la Administración.

4. Requisitos y presupuestos de la responsabilidad patrimonial de la Administración.

1. La lesión resarcible. No todo daño o perjuicio que los particulares sufran con ocasión de una actuación
administrativa es indemnizable. La lesión de sus derechos e intereses legítimos sólo es resarcible si concurren los
requisitos que establece la Ley. En concreto, debe tratarse de: a) una lesión antijurídica, b) efectiva, c)
evaluable económicamente, d) individualizada.

a) La antijuridicidad. El daño debe ser antijurídico, no ya porque la actuación administrativa de que derive sea
ilegal, sino porque se trate de una lesión que el particular perjudicado no tenga el deber jurídico de soportar de
acuerdo con la ley. Por consiguiente, la cuestión a determinar es cuándo existe o no ese deber de soportar el
daño o perjuicio. Desde luego existe ese deber cuando sea una consecuencia de cargas u obligaciones generales
impuestas por las leyes a los ciudadanos en general o a grupos y categorías determinadas (deberes tributarios).

También existe cuando el daño es consecuencia de una actuación discrecional de la Administración que se ejerce
en términos razonables y proporcionados (daños causados por la reacción proporcionada de los agentes de la
autoridad al disolver una manifestación ilegal o detener a un delincuente). Igualmente existe ese deber cuando
la lesión es producto del riesgo normal derivado de la relación con un servicio público (la asistencia hospitalaria).
En general, la jurisprudencia ha encontrado muchos problemas para resolver cuestiones relacionadas con este
último caso, el ámbito sanitario. No obstante, en los últimos años ha resuelto conforme a la lex artis, aunque la
jurisprudencia más reciente viene matizando la teoría de la lex artis mediante la aplicación de la teoría de la
pérdida de la oportunidad. En este sentido, existe responsabilidad cuando el resultado dañoso podría haberse
evitado con un tratamiento o una praxis conocidas y aplicada en ocasiones, aunque no sea generalizada ni
ineludible.
La multiplicación de reclamaciones de responsabilidad y de sentencias estimatorias en este ámbito ha obligado
al legislador a establecer una regla adicional en el artículo 141.1 LRJPAC: “no serán indemnizables los daños que
deriven de hechos o circunstancias que no se hubiesen podido prever o evitar según el estado de los
conocimientos de la ciencia o de la técnica existentes en el momento de la producción de aquéllos, todo sin
perjuicio de las prestaciones asistenciales o económicas que las leyes puedan establecer para estos casos”.

b) La efectividad. ​Este requisito implica que sólo son indemnizables los daños ciertos y reales y no los
meramente hipotéticos, previsibles o futuros. Tampoco es indemnizable la pérdida o menoscabo de las meras
expectativas económicas o de derecho que se producen a consecuencia del hecho lesivo. Por ejemplo, no será
normalmente indemnizable la pérdida de beneficios esperados de un espectáculo que no se autoriza, en caso de
anulación del acto que lo impide, pero sí los gastos efectuados por los promotores.

c) La evaluabilidad​. Los perjuicios reclamados deben ser evaluables. Pero eso no significa que sólo sean
indemnizables los daños patrimoniales. Por el contrario, al igual que en el ámbito civil, se admite con naturalidad
la responsabilidad de la Administración por daños morales, ya sean los derivados de muerte, lesión o
enfermedad, o de otra causa. Cosa distinta es cómo se evalúan esos daños, para lo cual deben tenerse en cuenta
baremos o criterios objetivos de referencia, si existen. Así en caso de fallecimiento o lesiones, los baremos
existentes para los seguros de accidentes de circulación (aunque son meramente orientativos).

d) La individualización. Este último requisito viene a excluir la responsabilidad por daños y perjuicios generales
que derivan para los ciudadanos de la normal actuación administrativa (por ejemplo, los ruidos y molestias que
produce en el vecindario la ejecución de una obra urbana). Significa, por tanto, como criterio de interpretación,
que el perjuicio ha de consistir en un sacrificio excesivo o especial que recaiga sobre ciertas personas (por
ejemplo, en el mismo caso, la imposibilidad de acceder a un local comercial durante la obra), ya sea a título
individual o de grupo.

2. La imputación del daño. ​La lesión resarcible a que se refiere la Ley debe ser imputable a las Administraciones
Públicas y a título de funcionamiento normal o anormal de los servicios públicos. La imputación depende, pues,
tanto de elementos subjetivos como objetivos.

“​ELEMENTOS SUBJETIVOS”:

Entidades responsables. Está claro que el régimen de responsabilidad de la LRJPAC sólo se aplica cuando el daño
procede de la actuación de una Administración Pública, entendiendo por tal, estrictamente, aquellas entidades
que la propia Ley considera Administración. Entre ellas se encuentran, además de las territoriales, las entidades
de derecho público con personalidad jurídica propia dependientes o vinculadas a aquéllas. También se aplica a
las corporaciones de Derecho Público (Colegios Profesionales, Cámaras de Comercio...) cuando ejercen funciones
administrativas.

Responsabilidad de contratistas y concesionarios. ​Por el contrario, no es en principio imputable a la


Administración ni se rige por el Derecho Administrativo la responsabilidad que deriva de la actuación de
personas o entidades ajenas a su organización, aunque obren por orden, por cuenta o por mandato de aquélla.

Responsabilidad concurrente de varias Administraciones Públicas. También puede suceder que la lesión
resarcible sea el resultado de una actuación o hecho en cuya producción hayan intervenido varias
Administraciones públicas, situación que no es en absoluto insólita. En este caso, se distinguen dos supuestos.

1) El primero es aquel en que la responsabilidad dimana de fórmulas conjuntas de actuación entre varias
Administraciones Públicas (por ejemplo, un convenio de colaboración). En tal caso, y salvo que el
convenio regule otra cosa, las Administraciones intervinientes responden de forma solidaria.
2) El segundo abarca otros supuestos de concurrencia de varias Administraciones Públicas en la producción
del daño, es decir, supuestos de actuación no concertados previamente (por ejemplo, accidente
provocado por vehículo oficial en que concurre el mal estado de la carretera propia de una
Administración diferente a la titular del vehículo). En tal caso, la responsabilidad de cada Administración
se fija atendiendo a supuestos de competencia, interés público tutelado o intensidad de la intervención
y, si no es posible hacerlo así, será solidaria.

Aseguradoras de la responsabilidad patrimonial​. Durante un tiempo se ha discutido en sede doctrinal si la


responsabilidad patrimonial de la Administración podía ser o no cubierta por una póliza de seguro. La evolución
económica y social ha determinado que poco a poco esta práctica se haya ido difundiendo y ha tenido acogida
en la legislación vigente. Obvio es que el contrato de seguro no modifica la imputación de la responsabilidad y
tampoco el régimen jurídico por el que se rige, sino que tan sólo desvía la obligación de reparar el daño a una
entidad privada.

“ELEMENTOS OBJETIVOS”:

Actuación causante del daño.


- La responsabilidad puede deducirse de cualquier tipo de actuación administrativa.
- Puede ser causada por un reglamento o disposición de carácter general,
- puede derivar también de un acto administrativo (tanto de actos nulos como válidos)
- y puede tener su causa en la inactividad u omisión de la Administración.
- Por último, la responsabilidad puede encontrar su causa en una actuación material. Título de imputación: el
funcionamiento normal o anormal de los servicios

El título de imputación de la responsabilidad es, como se viene diciendo, tanto el funcionamiento anormal como
normal de la Administración.
Por funcionamiento anormal hay que entender no sólo una actividad o conducta ilícita o contraria a la Ley, sino
también cualquier actuación que no sea la adecuada o exigible de la Administración y que derive de la culpa o
negligencia de uno de sus agentes o se derive de una deficiente organización de los servicios. Sin embargo, para
determinar cuándo el funcionamiento es anormal no existe un único criterio. La doctrina suele referirse a los
estándares o niveles de prestación de los servicios que se entiendan aceptables en cada momento. Pero esos
estándares no están determinados por ninguna norma jurídica. Sólo recientemente se han comenzado a difundir
las llamadas cartas de servicios, que imponen objetivos o compromisos de calidad. En algunos ámbitos, como el
sanitario, han de tenerse en cuenta determinados protocolos o los avances científicos, pero en cualquier caso, la
argumentación de las partes, las pruebas que se aporten y el propio criterio subjetivo del Juez son realmente los
elementos decisivos.

Los casos en que se reconoce la responsabilidad por ​funcionamiento normal son, en la práctica, mucho menos
numerosos. Pero cierto es que a veces se reconoce una responsabilidad administrativa derivada del simple
riesgo que supone la existencia de algunos servicios públicos. Sobre todo en supuestos en que la víctima ha
sufrido un daño desproporcionado o grave. Po ejemplo, la ejecución de obras públicas y los daños económicos
especiales que pueden padecer algunos colindantes.
La responsabilidad objetiva procede incluso si el daño se ha ocasionado por caso fortuito, es decir, por un evento
imprevisible aunque intrínseco a la actividad que deriva del daño (por ejemplo, la chispa que se produce en la vía
del tren y quema un monte). En cambio, la propia Constitución, excluye la responsabilidad cuando el daño se
deba a la fuerza mayor, es decir, a un acontecimiento imprevisible y extraño al ámbito de actuación de la
Administración.

3. La relación de causalidad. Finalmente, para que la lesión resarcible sea indemnizable, debe existir una
relación de causa a efecto entre la actuación u omisión administrativa a la que se imputa el daño y aquélla. Este
requisito no plantearía mayores problemas si no fuera porque, en la práctica, el resultado dañoso se produce
con harta frecuencia por la concurrencia de un conjunto de causas, que tienen su origen en la conducta de
sujetos distintos, o a veces, como se ha dicho, en hechos imprevisibles. Se suscita entonces la cuestión del
concurso de causas, que debe ser resuelta satisfactoriamente para determinar a quién o quiénes corresponde
indemnizar. La doctrina jurídica distingue al respecto entre:

A) La teoría de la causalidad exclusiva​, la responsabilidad de la Administración sólo surge si el daño se anuda


exclusivamente al funcionamiento de los servicios públicos.

B) La equivalencia de las condiciones​, todas las causas que concurren a la producción del daño y son necesarias
para ello tienen, en principio, igual entidad y permiten atribuir la responsabilidad, de manera solidaria, a
cualquiera de los sujetos causantes

C) Teoría causalidad adecuada. Esta teoría distingue cuál es la causa idónea o cualificada entre las concurrentes,
la que concurre en mayor medida al daño. La jurisprudencia se inclina mayoritariamente por esta última teoría.

5. La reclamación administrativa de responsabilidad.

La reclamación de responsabilidad patrimonial de las Administraciones públicas o acción de responsabilidad,


como suele llamarse, puede llevarse a cabo de diferentes formas. No obstante, antes de analizar cada uno de
esos modos, debe apuntarse que el derecho a reclamar la responsabilidad de la Administración prescribe al año
de producido el hecho o acto que motive la indemnización o de manifestarse su efecto lesivo. Esta fórmula
parece sencilla, pero no siempre está claro el dies a quo para el cómputo de ese plazo.
La propia Ley pretende aclararlo en algunos supuestos. Por eso dispone que, en caso de daños, de carácter físico
o psíquico, a las personas, el plazo empezará a computarse desde la curación o la determinación del alcance de
las secuelas. Aun así, caben dudas en casos concretos, que la jurisprudencia debería resolver aplicando el
principio pro actione, esto es, la interpretación más favorable para el ejercicio de la acción, aunque no siempre
lo hace.
Una segunda regla aclaratoria se refiere a los casos de responsabilidad derivada de la nulidad de un acto o
disposición. En tales casos, el derecho a reclamar prescribe al año de haberse dictado la sentencia definitiva. Un
último caso específico es aquel en que la responsabilidad civil de la Administración se ha demandado como
subsidiaria en un procedimiento penal. En estos casos el plazo de prescripción del derecho a reclamar se
interrumpe y será reiniciado desde la notificación de la resolución judicial que, en su caso, archive las diligencias
penales.

a) Procedimiento general de responsabilidad patrimonial: procedimiento independiente común.

El inicio de este procedimiento puede ser de oficio o a instancia de parte.


Si se inicia de oficio están legitimados el perjudicado, herederos así como asociaciones y agrupaciones de
consumidores. Debe darse un plazo de siete días para alegaciones a los particulares presuntamente lesionados,
pero aunque no se personen, el procedimiento debe instruirse. Sin embargo, si tampoco se personan en el
trámite de audiencia, se acuerda el archivo provisional de las actuaciones, que se convierte en definitivo si
transcurre el plazo de prescripción y el o los interesados siguen sin personarse.
Si, como es habitual, el procedimiento se inicia mediante reclamación, ésta debe concretar: informes, prueba y
dictamen órgano consultivo, en definitiva es:

a) las lesiones producidas,


b) la presunta relación de causalidad,
c) la evaluación económica de la responsabilidad
d) y el momento en que la lesión efectivamente se produjo, así como deberá ir acompañada de la
aportación de pruebas.

ORGANOS COMPETENTES PARA RESOLVER: (ART. 92, ley 39/2015).

AGE: Ministro/Consejo de Ministros.


CC.AA: Consejerías.
ADMON. LOCAL: Presidente Corporación.
ENTIDADES DE DERECHO PÚBLICO: normas reguladoras, subsidiariamente normativa general.

Si se admite la reclamación, el procedimiento se impulsa de oficio, realizándose por el órgano competente los
actos de instrucción y de comprobación necesarios. Instruido el procedimiento y antes de dictar la propuesta de
resolución, se abre un trámite de audiencia al interesado, por plazo entre 10 y 15 días. Concluido ese trámite y
elaborada la propuesta de resolución, se recabará el dictamen del Consejo de Estado u órgano consultivo
autonómico, cuando sea preceptivo (normalmente en reclamaciones a partir de 6000 euros). Este dictamen
debe emitirse en el plazo de 2 meses, pronunciándose sobre la existencia o no de relación de causalidad y, en su
caso, sobre la valoración del daño y la cuantía y modo de la indemnización. Aunque no es vinculante, se trata de
la garantía más importante del procedimiento.
Finalmente se adopta resolución motivada por el órgano competente, que es uno de los superiores de la
Administración responsable (Ministro o, si una ley lo dispone, Consejo de Ministros, órganos equivalentes de las
Comunidades Autónomas y de las entidades locales, y órganos superiores de otras entidades de Derecho Público
en su caso.
Pero el procedimiento puede concluir también mediante un acuerdo de terminación convencional, que puede
proponer el órgano competente para resolver, a propuesta del instructor del expediente o del interesado. Si hay
acuerdo, la propuesta debe someterse también al Dictamen del Consejo de Estado u órgano consultivo
autonómico antes de ser aprobada.
El plazo para resolver es de 6 meses. Transcurrido el mismo o el que resulte de añadirle un periodo
extraordinario de prueba, si se acuerda, la reclamación puede entenderse desestimada por silencio, a efectos de
interponer el recurso procedente, que será el contencioso administrativo en todo caso.
b) Procedimiento abreviado. ​Está previsto para aquellos casos en que, iniciado el procedimiento general, sean
inequívocos la relación de causalidad entre el funcionamiento del servicio público y la lesión, así como la
valoración del daño y el cálculo de la cuantía de indemnización. Pero seguirlo o no es una facultad del órgano
competente, que podrá acordar la continuidad del procedimiento general. Lo que caracteriza a este
procedimiento es la brevedad de los plazos. El procedimiento debe resolverse en un máximo de 30 días. Por ello,
el trámite de audiencia se abre por cinco días y el dictamen preceptivo del Consejo de Estado u órgano
consultivo autonómico debe ser emitido en el plazo de 10 días. Si este dictamen discrepa de la propuesta de
resolución o de terminación convencional, se ha de acordar la reapertura del procedimiento general. A falta de
acuerdo o de resolución convencional, la reclamación puede entenderse desestimada transcurridos 30 días
desde el inicio del procedimiento abreviado.

c) La acción sucesiva. Son actuaciones recurridas en las que inicialmente no se reclama la responsabilidad
patrimonial, ya que en un principio únicamente se impugna el acto o el hecho, y una vez resuelto el recurso
administrativo o contencioso administrativo, se exige la responsabilidad patrimonial. Existe un plazo para
interponer la acción sucesiva de 1 año desde que la sentencia definitiva (ante la que no cabe recurso) fue
notificada, o desde la anulación del acto o reglamento. Al igual que ocurre en el resto de casos, es necesaria la
justificación de que concurren los presupuestos de la responsabilidad patrimonial.

d) Procedimiento acumulado. ​El procedimiento acumulado no se contempla expresamente en la ley de


procedimiento administrativo, pero tiene lugar en la práctica, ya que la acumulación de actos es posible. Se trata
de los casos en los que se impugna un acto o disposición y, en pleno procedimiento, se acumula la reclamación
de responsabilidad de la Administración. El plazo para que tenga lugar la acumulación de actos tiene lugar desde
el inicio de la impugnación del acto o disposición.

6. Determinación de la cuantía de la indemnización.

La finalidad de una reclamación siempre es la reparación del daño. Los criterios para determinar la cuantía que
cabe indemnizar serían los que aparecen en la Ley de Expropiación Forzosa, aunque habrá que tener en cuenta
también las normas de carácter fiscal y demás legislación aplicable al caso concreto. Este tipo de legislaciones
siguen un criterio de ponderación del daño en relación con el valor de mercado. No obstante, para determinar la
cuantía, el juez habrá de tener en cuenta, entre otras circunstancias, el daño emergente y el lucro cesante.! El
cálculo de la cuantía se establecerá desde el día en que se produjo la lesión, pero debe actualizarse con arreglo
al IPC. Además, debe incrementarse con los intereses de demora establecidos en la LGP. La indemnización puede
ser sustituida por una compensación en especie o abonarse mediante pagos periódicos, pero sólo si existe
acuerdo con el interesado.

7. La responsabilidad de las autoridades y del personal al servicio de las Administraciones Públicas.

La responsabilidad es directa, de modo que no se va a exigir responsabilidad al funcionario individual en sí


mismo considerado, sino al órgano que causó el daño. No obstante, con posterioridad, la Administración podrá
exigir responsabilidad a estos sujetos cuando exista culpa, dolo o negligencia. No obstante, es una cuestión
bastante discutida por la doctrina que sea extraño el caso en que se exige responsabilidad disciplinaria al
funcionario, que en lo que se refiere a la continuidad en el ejercicio de su cargo, quedaría indemne. La única
excepción a la imposibilidad de exigir directa y personalmente la responsabilidad de las autoridades y empleados
públicos reside en aquellos supuestos en que incurren en responsabilidad penal.