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Concebida en buena hora como el representante de los propietarios de las sociedades comerciales
frente a los administradores para que vigilara en su nombre el buen hacer con el capital que se les había
entregado para su administración e incremento, su defensa y cuidado, fue el mismo Estado quien
entendió la gran connotación de esta figura, delegándole funciones que le son propias para seguridad de
la información que se le debe entregar; la seguridad en la rectitud de los cálculos impositivos y la
confianza que garantizaba para la comunidad en las afirmaciones emitidas a través de sus dictámenes,
atestaciones o certificaciones, por lo cual la hizo extensiva prácticamente a todas las personas jurídicas
de alguna importancia.

Baste situarnos en la responsabilidad que le es propia a toda organización social frente a la comunidad,
bajo las reconocidas denominaciones de sociedades o como entidades sin ánimo de lucro para
entender, de manera rápida el gran compromiso social que se le ha asignado por Ley al órgano
fiscalizador de dichas instituciones llamado Revisor Fiscal o mejor denominado en la actualidad:
Revisoría Fiscal.

"La revisoría fiscal ha sido concebida como la garantía del derecho de inspección y vigilancia
permanente de la actividad social, en cuanto es ejercida por personas especialmente calificadas facilita
un adecuado control, de suerte que esta actividad interesa no sólo a los asociados, sino también a los
terceros y a la comunidad en general. En tal sentido, podría afirmarse con propiedad que la revisoría
fiscal es una institución de interés público” De ahí que tanto ésta, como la empresa tengan una
responsabilidad social inherente a su quehacer permanente con base en el objeto social para la cual
fueron constituidas.

1. Responsabilidad social de la empresa

El conocido jurisconsulto de gran versatilidad jurídica doctor Enrique Low Murtra indicaba respeto de las
organizaciones sociales en 1983: "De otro lado la sociedad civil y la comercial constituye todo un
universo de gran importancia en la vida comunitaria. Por lo general la diferencia entre las asociaciones y
las sociedades se encuentra en su finalidad. Aquella tiene objetivos no económicos; son generalmente
objetivos culturales, científicos, deportivos, de simple esparcimiento o recreación, educativo, de
asistencia social, de investigación, gremiales o de aglutinación de una misma profesión, arte o afición,
propósitos altruistas, filantrópicos, de perfeccionamiento moral, aún de defensa de intereses comunes de
los asociados. Toda sociedad tiene siempre por objeto la producción, distribución, custodia,
administración o explotación de bienes o servicios, vale decir, se trata de una actividad económica
organizada. Aquellas, las asociaciones, excluyen el fin de lucro, en el sentido de que los asociados en
principio no perciben ganancia apreciable en dinero. Por el contrario toda sociedad requiere como
condición de existencia la participación de los socios en las utilidades que obtenga el ente social."

Las organizaciones indistintamente que se conformen como comerciales o civiles, o como asociaciones,
fundaciones o corporaciones generan acción trascendental entre la comunidad bien en la intermediación
financiera, la captación de ahorro privado, la comercialización, la producción de bienes y servicios, la
producción primaria de la economía como la agricultura, la defensa del medio ambiente, dinamicen la
economía mediante la creación de nuevos puestos de trabajo contribuyendo activamente en el mercado
laboral, dinamizando la economía y el mercado internacional mediante la importación de nuevos
productos, o la generación de divisas mediante la exportación de su productividad.
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Así cumple una misión social en la redistribución del ingreso nacional con incidencia directa sobre el
crecimiento del producto interno bruto (PIB) y la generación de recursos impositivos o el recaudo de los
mismos con destino al Gobierno Nacional y Territorial.

Toda empresa independientemente de su ubicación social y patrimonial lleva consigo un trasfondo


ideológico, ético y de responsabilidad social, el cual está ligado al objeto social como razón de ser de la
misma, de donde se deriva la importancia de entender claramente qué es o en qué consiste la
responsabilidad social de una empresa, como ente económico.

Responsabilidad connota obligación, y social se refiere a la sociedad entendida ésta como la comunidad
con la cual se interactúa directa o indirectamente; ente es todo ser animado o inanimado (objeto) pero
que se individualiza en esencia y reconocimiento; económicamente se define al ente como toda
"actividad económica organizada como una unidad, respecto de la cual se predica el control de los
recursos. El ente debe ser definido e identificado en forma tal que se distinga de otros entes".

La anterior definición parece haber sido extractada de los conceptos sobre la entidad contable
realizados por Moonitz Maurice en el Estudio de Investigación sobre la Contabilidad No. 1 y que retoma
Eldon S. Hendriksen en Teoría de la Contabilidad.

La Constitución Política de Colombia, ofrece un respaldo del más alto rango en tal sentido en varios de
sus artículos. Señalemos que el artículo 25 establece el derecho al trabajo como una obligación social y
goza de protección del Estado para que se realice en "condiciones dignas y justas". El artículo 26 se
refiere al ejercicio de las profesiones con vigilancia de las autoridades y anota que "las ocupaciones,
artes y oficios que no exijan formación académica son de libre ejercicio, salvo aquéllas que impliquen un
riesgo social". Por lo anterior y para el desarrollo de las distintas actividades el artículo 38 garantiza el
derecho a la libre asociación para el desarrollo de éstas, que "realizan las personas en sociedad".

El código de Comercio en su artículo 25 determina que "se entenderá por empresa toda actividad
económica organizada para la producción, la transformación, circulación, administración o custodia de
bienes, o para la prestación de servicios. " Indistintamente de su razón de ser u objeto para el cual se
constituye, conlleva la conformación de una empresa, su constitución y desarrollo una responsabilidad
moral y social para con quienes la crean, interactúan con ella, participan directa o indirectamente en su
que hacer. No se puede colegir una empresa legal, sino en función de bienestar, progreso, continuidad
en el tiempo y consolidación patrimonial para generar beneficios sociales o/y económicos.

Tal responsabilidad social de las empresas tiene su origen legal, para el caso Colombiano, en
la Constitución Política cuando en su artículo 333 establece que:

"La actividad económica y la iniciativa privada son libres, dentro de los límites del bien común. Para su ejercicio,
nadie podrá exigir permisos previos ni requisitos, sin autorización de la ley.

La libre competencia económica es un derecho de todos que supone responsabilidades.


La empresa, como base del desarrollo, tiene una función social que implica obligaciones. El Estado fortalecerá las
organizaciones solidarias y estimulará el desarrollo empresarial.
El Estado, por mandato de la ley, impedirá que se obstruya o se restrinja la libertad económica y evitará o
controlará cualquier abuso que personas o empresas hagan de su posición dominante en el mercado nacional.
La ley delimitará el alcance de la libertad económica cuando así lo exijan el interés social, el ambiente y el
patrimonio cultural de la Nación."

La responsabilidad social se ejerce mediante un pago correcto y justo de salarios, de tributos, de


prevención de lavado de activos, evitando actos inmorales y corruptos como el soborno a las personas
vinculadas a la empresa, al Estado, a la sociedad en la cual interactúan y con el correcto aporte
impositivo a la seguridad social. La producción con la calidad esperada por el consumidor es una gran
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responsabilidad empresarial que debe identificar al administrador. La calidad como su honestidad en la


oferta real del contenido del producto, hacen reconocer la decencia administrativa que distingue a las
empresas entre sí. Esta es una responsabilidad ética de la administración que debe identificar al
empresario. Conjugar el bienestar ofrecido con la demanda esperada, es una forma de ejercer la
moralidad pública que se espera de todo empresario, lo cual no siempre es cumplido especialmente en
cuanto a los derechos humanos del menor (vinculación laboral abusiva), de la mujer (subvalorada) y del
derecho a un ambiente sano donde se respete el uso de un buen medio ambiental.

Un informe, dado a conocer recientemente por el Centro de Investigación de Empresas Transnacionales


subordinado al Departamento de Investigación del Ministerio de Comercio de China, revela que al
menos 12 empresas transnacionales al instalarse en el país "descuidan su Responsabilidad Social
Empresarial, incluidos los casos de 'cocina sucia' de Häagen-Dazs y contenido transgénico de galletas
de Kraft".

Algunas han pasado por alto estas políticas al ingresar en China e incluso, según apunta, "han hecho
cosas contrarias a la idea de responsabilidad social de las empresas transnacionales en otros países y a
las normas más elementales de la moralidad".

Agrega además el informe que el personal de unas empresas transnacionales en China "comete
sobornos", que otras evaden el pago de impuestos y que otro grupo, aunque reducido, son objeto de
sospechas por estar involucradas en casos de monopolio.

Hoy además, se reconoce la capacitación del empleado como parte de os valores empresariales que
permiten una mejor oferta con calidad. El mismo código de valores no es más que la enumeración de los
principios éticos sobre los cuales descansa el desarrollo del objeto social de todo ente económico; pero
aquellos no son más que el terreno de las convicciones que se plasman en estilos de vida y de
actuación dentro del concepto nacional y de globalización, la demostración de la justicia y equidad en el
comportamiento administrativo y societario empezando por los funcionarios propios en la forma de
vinculación y remuneración. Toda empresa incide directa e indirectamente sobre las personas, el
enriquecimiento nacional y el comportamiento social. De ahí la gran responsabilidad solidaria e ilimitada
que asignó la Ley Colombiana a los administradores sin atenuante alguno, cuando no han sido
diligentes.

Indistintamente del tipo de asociación - Sociedad si persigue ánimo de lucro, asociación si no persigue
ánimo de lucro, como corporaciones, fundaciones- bien de carácter privado o público tienen
responsabilidad por su participación en la comunidad, por lo cual se reconoce la libertad de constitución
pero dentro de la moral y respeto institucional; el Gobierno tiene la obligación de ejercer sobre ellas una
vigilancia para el cumplimiento de los objetivos dentro del marco legal y la Ley desarrolla una vigilancia,
bien directamente por autoridades administrativas o bien mediante la constitución de un órgano de
fiscalización y de vigilancia privada que en el país se denomina Revisoría Fiscal, vigente en desarrollo
de la Constitución Nacional mandato que a partir de 1991, se encuentra respaldado en el artículo 334.

La responsabilidad social cada vez se reconoce como algo inherente a toda empresa dentro de la lucha
contra la corrupción. Por citar algunos ejemplos de cómo cada vez los países le dan más trascendencia:

En Colombia transparencia internacional adelanta una gran campaña y existe un Programa Presidencial
de Lucha Contra la Corrupción y por la transparencia a través de la rendición de cuentas publicas.

En Venezuela el Centro de Información para el Desarrollo "CIDES" ha convocado a cursos sobre


responsabilidad social empresarial y competitividad sostenible.

En Chile la Fundación Prehumana ha convocado a congresos sobre la responsabilidad social


empresarial.
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En Argentina el Instituto Argentino de Responsabilidad Social Empresaria "IARSE" adelanta cursos


sobre responsabilidad social empresarial en convenio con Universidades.

En los Estados Unidos diferentes instituciones son conscientes de la importancia de la responsabilidad


social empresarial y propugnan recientemente por relevar la formación ética de los futuros empresarios y
administradores; en 2004, la Asociación de Fomento de Escuelas Empresariales Universitarias -
organismo internacional que acredita las escuelas de gestión empresarial - expidió "pautas" para integrar
la ética y la gobernabilidad en la educación gerencial en el mundo. Dichas pautas se concentran en
cuatro áreas: responsabilidad de la empresa en la sociedad, liderazgo ético, ética en la toma de
decisiones y gobernabilidad empresarial.

2. Responsabilidad social y anticorrupción

El comportamiento social ligado a la ética empresarial mediante los valores morales individuales y
grupales con códigos de buen gobierno corporativos explícitos o sin ellos está íntimamente ligado al
proceso anticorrupción. Se genera tal reconocimiento en el sector público, pero éste actúa en función del
sector privado. ¿Podría existir corrupción administrativa pública sin el concurso del sector privado?

Tan responsable son los funcionarios del sector público que se prestan para la realización de actos que
repugnan al ciudadano honesto cumplidor de sus deberes para con el Estado, como responsable es el
administrador no gubernamental que pretende favores indebidos de los empleados estatales o pretende
engañar con declaraciones fraudulentas su deber en la equidad impositiva. La empresa privada es parte
activa en la lucha contra la corrupción, no ofreciendo dádivas indebidas y no solicitando ventajas
competitivas indelicadas en los procesos licitatorios.

En Colombia el Estatuto Anticorrupción (Ley 190 de 1995) entiende al Revisor Fiscal como un aliado
más en la lucha contra el flagelo de la corrupción previendo la connivencia entre funcionarios del Estado
y del sector privado, por lo cual en su artículo 80 le estableció nuevas funciones en relación con la
contratación administrativa: "Los revisores Fiscales de las personas jurídicas que sean contratistas del
Estado colombiano, ejercerán las siguientes funciones, sin perjuicio de las demás que les señalen las
leyes o los estatutos:

1. Velar para que en la obtención o adjudicación de contratos por parte del Estado, las personas
jurídicas objeto de su fiscalización, no efectúen pagos, desembolsos o retribuciones de ningún tipo a
favor de funcionarios estatales.
2. Velar porque en los estados financieros de las personas jurídicas fiscalizadas, se reflejen
fidedignamente los ingresos y costos del respectivo contrato.

3. Colaborar con los funcionarios estatales que ejerzan funciones de interventoría, control o auditoría de
los contratos celebrados, entregándoles los informes que sean pertinentes o los que le sean solicitados.

4. Las demás que les señalen las disposiciones legales sobre la materia."

A nivel internacional, ya en 1999 la XI Conferencia Internacional Anti-corrupción celebrada en Durbán,


Sudáfrica, con la asistencia de más de cien (100) países unía esfuerzos en una declaración final que
involucraba al sector privado para el logro de sus objetivos; refiriéndose a la integridad del sector privado
se comprometía a desarrollar normas empresariales que promovieran la integridad y equipar al sector
privado con los instrumentos necesarios para poder demostrar, en forma independiente y verificable, los
compromisos respecto "de la integridad de sus prácticas empresariales". Refiriéndose a la ética de la
sociedad concluía: "Como una exitosa campaña contra la corrupción exige la plena participación de
todos los sectores de la sociedad, incluida la más importante que es la sociedad civil, y con ella, la
comunidad empresarial, trabajaremos para elevar las normas de conducta ética dentro de la comunidad
de ONGs, en el sector privado y en todos los servicios públicos y en nuestras sociedades".
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Lo lamentable es que todos perciben la corrupción, sus consecuencias, su responsabilidad pero las
acciones son apenas paliativos. La inversión de valores es ahora reconocida y por muchos aceptada
como normal; buen estudio al respecto el ofrecido por Napoleón Saltos Galarza en su libro Ética y
Corrupción-Estudio de Casos de obligatoria lectura para los interesados en estos temas latentes. Lo más
lastimoso es que esos valores tan preciados otrora, hoy tengan que buscar su restauración por
intermedio de normas legales y amenazas sancionatorias.

Otro error se puede concebir como proponerse el Estado combatir la corrupción con sus propios
funcionarios sin involucrar el sector privado en pleno a través de sus agremiaciones, los notarios y los
contadores públicos que examinan estados financieros y fiscalizan los actos administrativos, quedando
por tanto el cincuenta por ciento (50%) de los responsables en esta lucha, por fuera de compromisos
serios. Solamente la unión de Estado-Sociedad Civil facilitan una acción real dentro del proceso
detectivo, correctivo y preventivo. Así lo deja entrever el Libro Verde de Europa en sus compromisos
contra la corrupción mediante la responsabilidad social de las empresas en la rendición de cuentas que
le compete y de la sociedad civil en general.

La fiscalización estatal y privada ejercida con la debida responsabilidad es el mejor antídoto contra la
corrupción. No es admisible como lo promueven algunos autores, que se debe analizar el nivel de riesgo
aceptable en corrupción, porque equivale a apuntalar determinados niveles de violación voluntaria de la
ética y la aceptación tácita de la jerarquización en la corrupción, lo cual en el fondo es aceptarla, y por
tanto su responsabilidad y gravedad puede ser graduable dependiendo los montos, las personas o las
empresas. Es tanto como aceptar que la justicia puede tener grados de aplicación dependiendo de su
conveniencia o de a quien se le aplique.

3. Contaduría pública, transparencia y corrupción

La paradójica concepción del control y la corrupción como términos yuxtapuestos bien en la empresa
privada o pública, obliga a reflexionar que, ante todo, son términos antagónicos opuestos en su esencia
y en su de razón ser, lo cual los convierte en mortales enemigos cuando el primero es ejercido con la
majestad que lo caracteriza en bien de la comunidad y de quienes confían en su impertérrito juicio para
detener la segunda y buscar su aniquilamiento.

Obligatoriamente al identificar el término corrupción afloran deshilvanadamente a la mente también los


términos tan conocidos de: ética, valores, control, castigo, transparencia, honradez, honestidad, Estado,
Gobierno, soborno, cohecho y peculado, entre otros, con los cuales podríamos conformar un dodecálogo
para hablar de control y de corrupción, que de alguna manera se entrelazan y harán parte de nuestra
exposición.

Cuál es nuestro aporte como Contadores Públicos, como Revisores Fiscales en la lucha contra la
corrupción pública?

Cuál nuestro compromiso por la transparencia pública y privada, si somos los únicos profesionales con
capacidad legal de fedatarios públicos sobre información financiera para la comunidad y el Estado?

Es de obligatoria remembranza identificar en qué forma se deben entender, en mi concepto, algunas de


dichas palabras, para lo cual me apoyaré en definiciones preconcebidas y tratadas con enriquecida
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literatura filosófica y jurídica por eruditos en la materia.

Bien identifica la corrupción el diccionario de Sociología de Kart y Leinz Hullmann, traído a colación por
el diccionario jurídico Colombiano de los hermanos Bohórquez Botero como el: "Tipo de conducta que
viola los valores reconocidos, los principios morales básicos, las normas sociales, las leyes y los
deberes propios de un cargo por la pretensión de obtener ventajas personales en perjuicio de la
comunidad. Por consiguiente, se abre en la corrupción un abismo entre la orientación de las ganancias
en beneficio de la persona privada (cálculo de ganancias racional- individual) y la orientación al bien
público. La corrupción es un intercambio de servicios, ventajoso para los que participan del mismo, que
se efectúa de forma voluntaria y secreta con tolerancia de las normas oficiales, y en el que por lo menos
uno de los participantes abusa de su posición de poder o de confianza".

La corrupción no es un fenómeno nuevo, mas la expansión de una visión fundamentalista de la


economía de mercado la ha globalizado y generalizado, olvidándose que como nos lo recuerda el
teólogo y filósofo alemán Hans Küng "la globalización tiende en principio únicamente a una civilización
técnica que trata de ser una civilización mundial, pero que en sí misma ni forma una comunidad ni tiene
alma".

Entronizada con mayor fuerza desde la década del noventa cuando a regañadientes gobernantes y
gobernados a nivel mundial empezaron a comprender el avasallador empuje de esa hidra que es la
ambición y el deseo del enriquecimiento fácil que llevaba a la postración de los países, al incremento de
la pobreza y al vejamen de los valores con tanto ahínco sembrados en la conciencia humana por
nuestros padres y abuelos. Por ello entendemos que solamente en 1996 se constituya la Convención
Interamericana contra la Corrupción suscrita por países de América que pertenecen a la Organización
de los Estados Americanos -OEA- y ratificada por Colombia en 1997 mediante la Ley 412. Convención
que entre otras cosas, no es lo suficientemente enérgica como se esperaría.

Se habla en la Convención del soborno transnacional hacia los funcionarios públicos, pero permítanme
preguntar: ¿Acaso los porcentajes de deducciones tributarias que tienen algunos países, sin explicación
alguna, sobre contratos suscritos en el exterior, no son otra forma de apoyar el soborno transfronterizo?
Cuando ya estos males afectan no solo a los países en vía de desarrollo sino que empiezan a horadar la
economía de los países desarrollados y envuelven a las grandes empresas transnacionales, entienden
que se debe hacer algo mundialmente porque se reconoce que la corrupción es una enfermedad que
bien podríamos asimilar al cáncer económico y entonces proponen como sucedió en 1997, la creación
de una Convención Mundial contra el soborno, para combatir el soborno de funcionarios ‹PG10›públicos
extranjeros en transacciones comerciales internacionales, ya reconocido como otra forma de la
corrupción; convención signada por 34 países que intervienen en operaciones o negocios
internacionales, con vigencia a partir del 15 de febrero de 1999 buscando que sea catalogado como
crimen, el soborno a funcionarios de los países pequeños por las transnacionales.

Pero tal situación, como bien lo reconoce el estudio dirigido por Napoleón Saltos Galarza, es la punta del
iceberg y nos recuerda que de acuerdo a un estudio del Banco Mundial, "el total de sumas distribuidas
como "pagos por debajo" o "sobornos" son de 80 billones de dólares" Precisamente esta Convención
busca combatir las famosas deducciones tributarias a que me refería, procurando que se incluya como
"uno de los elementos esenciales la eliminación de los pagos de sobornos como deducibles de
impuestos, "facilidad" que muchos grandes países ofrecen a sus empresarios connacionales en los
negocios con otros países".
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Posteriormente el 31 de octubre de 2003 la Asamblea General de las Naciones Unidas aprueba también
la Convención contra la Corrupción.

La doble moral de muchas empresas, empresarios, políticos y Gobiernos de los mismos países
signatarios, son aliciente permanente para la corrupción mediante el soborno. En el estudio dirigido por
el ya mencionado Saltos Galarza se lee textualmente: "Una de las más importantes prácticas sobre las
que debe tomarse especial atención es aquella que se refiere a la entrega de valores a futuro cantidades
que se ofrecen a políticos para que en el ejercicio del poder paguen estas donaciones. Cabe recordar
que la Convención, en su artículo XVII, "Naturaleza del acto", se refiere expresamente al destino que se
dé a bienes obtenidos o derivados de un acto de corrupción para fines políticos y actos de corrupción
cometidos por motivaciones o con finalidades políticas. . .

"La Convención Interamericana, se refiere únicamente a los funcionarios públicos de los Estados
extranjeros. Sin embargo, creemos de fundamental importancia considerar también el caso de soborno
de un funcionario internacional, es decir, un funcionario al servicio de una organización internacional
interestatal (por ejemplo, la Organización de los Estados Americanos, o el Fondo Monetario
Internacional, o el Banco Mundial, etc.), ya sea que tenga su sede dentro de su territorio o fuera de él.

"Habíamos señalado que la motivación esencial es el control de la competencia, dentro de "lo tolerable"
es así como la Convención Mundial de la OCDE solo se ‹PG11›preocupa de los sobornos efectuados
para la obtención de los negocios internacionales, pero no se preocupa del conocido "aceite" que
"facilita" los trámites o induce a "agilidad" de los funcionarios.

"Es semejante el criterio de la legislación de los Estados Unidos de América antes citada, la cual
también excluye de la tipificación de soborno transnacional a los pequeños pagos o favores otorgados
un funcionario público extranjero cuando estén destinados únicamente a facilitar o acelerar trámites
siempre que no estén destinados a influir en el contenido de la decisión que se persigue".

Colombia se ha mantenido, al menos, en el mismo lugar de clasificación internacional que ha


establecido Transparencia Internacional sobre los índices de corrupción, cuyo análisis sobre los difíciles
esfuerzos que viene haciendo el Gobierno deben ser objetivos y sin sesgos subjetivistas de fácil
enarbolamiento desde los escritorios, pero de difícil realización en la realidad.

En Colombia la Corte Constitucional se ha pronunciado sobre el delito de la corrupción, amparando la


Convención antes anotada con base en los artículos 34, 58 y 83 de la Constitución Política,
especialmente en lo tocante con el enriquecimiento ilícito. Ya en 1971 el código de Comercio para
quienes ejercen la actividad mercantil incorporó en el artículo 831 el enriquecimiento sin justa causa al
señalar que nadie podrá enriquecerse sin justa causa a expensas de otro, en el entendido que exista un
detrimento de un patrimonio sin razón jurídica válida, con perjuicio en ello para uno de los participantes.

4. El aporte de la universidad

En este aspecto también cabe culpa a la Universidad, como alma mater. Tres preguntas: ¿cuál ha sido y
es el aporte de la Universidad en la lucha contra la corrupción o la acción directa por la transparencia
que se traduzca en realidades?
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¿Cuál ha sido el compromiso del docente universitario que lleve aporte real en la formación de los
profesionales que dirigirán a su País?

¿Acaso ha sido la Universidad pública un expectante más, indiferente, en el compromiso contra la


corrupción y el mejoramiento del control, cuando sus recursos hacen parte del presupuesto nacional?

No quiero ser irreverente, pero me atrevería a afirmar que la Universidad y sus docentes hemos puesto
algún grano de arena en la construcción del edificio indestructible que nos corresponde levantar por la
moral y la justicia social, pero no el suficiente como para que nos podamos sentir satisfechos. Estoy
seguro que quienes tienen tan gran compromiso en la dirección y formación universitaria de los
Contadores, pueden aportarle mucho a Colombia con una acción motivante para que éstas que se
conviertan en adalides ejemplares en la lucha contra la corrupción, adelantando investigaciones,
proponiendo fórmulas que la ciudadanía exija cumplir a los Funcionarios públicos, convirtiéndose ojalá,
en los custodios y analistas incólumes de la rendición pública de cuentas y hagan parte de las diferentes
veedurías ciudadanas.

Las Universidades siempre deberán ser ejemplo de claridad, transparencia, identidad moral, pues tienen
mucho que dar a su Nación y los Contadores, estoy convencido que son los llamados a constituirse en el
faro que irradia la luz que esperamos todos los ciudadanos, para que cada día los menos favorecidos de
la fortuna miren con sincera esperanza el aporte que de su capacidad y honradez enaltecedora ofrecen
en la exigente labor de la información, del control interno, la fiscalización y la auditoría.

Quizá parezca una utopía, pero es precisamente la Universidad la llamada a investigar y proponer los
resultados de todo lo que constituya beneficio social; por ello se las conoce como el alma mater de la
educación formativa de manera integral.

Hasta ahora el aporte, no es reconocido lo cual significa que falta acción. Dos hechos notorios: Uno en
Colombia es la Cátedra de Transparencia encausada hacia la ética del estudiante para el ejercicio del
mañana. Ya es un buen paso; pero no lo es todo. Cuántas Universidades participan de ella? En Bogotá
solamente siete (7) y en el resto del país: cuatro (4). Existen algunos estudios aislados sobre corrupción,
pero no se le reconoce a la Universidad como la abanderada para apoyar a fondo el proceso contra la
corrupción. No esperemos a que sean consultores del exterior, que en buena hora apoyan el ejercicio
del control, quienes entren a reemplazar la apatía de la Universidad en este proceso. NO. Es una
obligación de la Universidad y más si lo es Pública liderar este proceso y los docentes son una
invaluable ayuda en esta concientización.

El otro hecho en España. En octubre de 2006 se esperaba la celebración en la Universidad Politécnica


de Madrid el segundo congreso sobre la corrupción. Llama poderosamente la atención los términos con
los cuales se invitaba a los Rectores a participar en él, que nos ayuda a comprender una cruda realidad
universitaria: "En septiembre de 2002 se reunía en Madrid, por primera vez en la historia de las
universidades españolas, un nutrido grupo de profesores para tratar el tema de la corrupción en la
universidad pública. Lo doloroso de los temas tratados, lo escandaloso de los casos puestos al
descubierto y las revelaciones sobre procedimientos judiciales relacionados con la corrupción
universitaria superaron de largo las expectativas de la organización.

A pesar de todo ello, ningún rector de ninguna universidad pública española solicitó las actas del
congreso. Sí lo hizo el Ministerio de Educación. Algunos de los organizadores, participantes y
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simpatizantes habían sido presionados para que no asistieran o no dieran apoyo a este nuevo foro de
discusión. La valentía de determinadas personas que ocupaban ciertos cargos permitió que el congreso
se celebrase, mientras que las indicaciones de otras autoridades se encaminaban a que la sala física
donde tendría lugar fuera cerrada.

Los organizadores del II CONGRESO SOBRE LA CORRUPCION Y EL ACOSO EN LA UNIVERSIDAD


ESPAÑOLA hacemos una llamada a participar en el Congreso a profesores, investigadores y personas
interesadas en acabar con la corrupción en la universidad y, de manera especial, a los rectores de las
universidades"

En el año 2000 una encuesta efectuada por la Cámara de Comercio de Bogotá entre sociedades
obligadas a tener Revisor Fiscal, con motivo de la discusión del proyecto de Ley que sobre la Revisoría
Fiscal se daba en el Congreso de la República (S229/2000, C009/99), se concluía que un 72% la
consideraba importante aunque no compartían la forma en que era ejercida por la mayoría de los
Revisores Fiscales.

Emulando a lo planteado por Luiz Fernando Coelho da Rocha, al referirse a los aportes sobre la doctrina
científica del neopatrimonialismo contable, teoría expuesta por el profesor Luis Lopes de Sá, en el caso
de la Revisoría Fiscal podríamos decir que la prosperidad del control y la fiscalización en la célula social
tiene como axioma la eficacia y la elasticidad patrimoniales constantes sobre las cuales su actuar
impliquen un apoyo a la prosperidad de las células sociales. Por tanto, también es posible concluir
entonces que si la doctrina contable tiene por objetivo ofrecer, modelos de eficacia, como lo señala dicho
autor agregando que es ella la que puede enseñar la promoción, la satisfacción y el bienestar de las
sociedades, es decir las naciones, también se puede señalar dentro de esta nueva ‹PG16›teoría, que la
fiscalización permanente sobre las actuaciones administrativas con función de empoderamiento y
asegurabilidad del logro del bienestar de esas sociedades (naciones), su necesidad de existencia es
incuestionable.

Importancia de la Revisoría Fiscal:

La razón de ser de su importancia podemos clasificarla bajo tres aspectos:

- Para la sociedad en general

- Para los dueños de la empresa

- Para el Estado

Para los dueños de la empresa

La importancia derivada de la función fiscalizadora que en nombre de los dueños o propietarios, cumple
el Revisor Fiscal frente a la administración en defensa de sus intereses y de la seguridad que les ofrece
con su revisión constante sobre los informes a las autoridades de inspección, vigilancia o control
(Superintendencias) y muy especialmente frente a la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales
(DIAN), son garantía de que la contabilidad, los informes que se derivan de ella y las declaraciones
están correctamente preparadas, y de que no habrá problemas con dichos organismos, e involucran
como primer aspecto una incidencia con repercusiones claramente definidas en el campo social por el
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interés público que de él se deriva.

También se deriva su importancia de la responsabilidad que de su ejercicio se concluye.


Responsabilidad es la "situación jurídica de quien debe asumir las consecuencias que puedan tener
ocurrencia por sus propias actividades o por el de las personas o cosas sujetas a su cuidado".
De ahí que la misma Ley (222/95) garantice el derecho de inspección a los Socios incluyendo para tal fin
al Revisor Fiscal quien debe pronunciarse en caso de que dicho derecho les sea vulnerado.

Para los socios mayoritarios es una garantía en la seguridad de que su inversión está bien manejada
conforme a la Ley y a su voluntad reflejada en los Estatutos y ‹PG17›decisiones tomadas en las
asambleas, además de que será un apoyo permanente en la previsión de la violación legal por los
administradores (voluntaria o involuntariamente), instruyendo de tales riesgos mediante la concomitancia
de su verificación, en relación con los actos y decisiones administrativas; tales instrucciones que son
recomendaciones, si bien no son obligatorias en su aceptación, sí obedecen al conocimiento y
experiencia autorizada lo cual se traduce en la práctica, por lo general, en acatamiento y corrección de
las deficiencias que se les advierten con la mejor voluntad.

Para los socios minoritarios, es la seguridad de que no se violarán sus derechos en la distribución de las
utilidades que les correspondan, así como al derecho de inspección que por expreso mandato de la Ley
pueden ejercerlo conforme a ésta y a los estatutos. La Ley 222 de 1995 ratifica este derecho al
determinar en su artículo 48:

"Derecho de Inspección. Los socios podrán ejercer el derecho de inspección sobre los libros y papeles
de la sociedad, en los términos establecidos en la ley, en las oficinas de la administración que funcionen
en el domicilio principal de la sociedad. En ningún caso, este derecho se extenderá a los documentos
que versen sobre secretos industriales o cuando se trate de datos que de ser divulgados, puedan ser
utilizados en detrimento de la sociedad.

Las controversias que se susciten en relación con el derecho de inspección serán resueltas por la
entidad que ejerza la inspección, vigilancia o control. En caso de que la autoridad considere que hay
lugar al suministro de información, impartirá la orden respectiva.

Los administradores que impidieren el ejercicio del derecho de inspección o el revisor fiscal que
conociendo de aquel incumplimiento se abstuviere de denunciarlo oportunamente, incurrirán en causal
de remoción. La medida deberá hacerse efectiva por la persona u órgano competente para ello o, en
subsidio, por la entidad gubernamental que ejerza la inspección, vigilancia o control del ente." (Resaltos
fuera del texto)

Como puede observarse, la norma defiende la reserva del secreto industrial, tanto frente a los socios y al
mismo Revisor Fiscal para evitar una posible competencia desleal y el mal uso que pudiera hacerse de
cualquier información obtenida de ella, en su contra. Frente a tal medida preventiva, también el Revisor
Fiscal debe estar atento para denunciar oportunamente ante la administración, ante la asamblea de
socios o ante los organismos de vigilancia, si fuere el caso, su violación en contra de los intereses del
ente económico. De ahí que el artículo 23 respecto de‹PG18› los deberes de los administradores les
señala expresamente a éstos en el numeral 4º la obligación de "guardar y proteger la reserva comercial
e industrial de la sociedad".
11

Connatural a la Revisoría Fiscal es su integralidad, permanencia y cobertura total, lo cual en la práctica


significa concomitancia con el desarrollo del objeto social del ente económico donde se ejerza; esto es,
su desarrollo constante dentro de la empresa en la cual se realiza, sin cerrarse al mundo circundante
que incide directa e indirectamente en la ejecución del objeto social. La oportunidad, es crucial para
cumplir su cometido, pues mientras los administradores deben cumplir el objeto social tomando
decisiones y realizando las actividades necesarias, la Revisoría Fiscal, coadyuva al cumplimiento de
dicho objeto social, evaluando, fiscalizando que las actividades desarrolladas en cumplimiento del
mismo estén acordes con su definición, recomendando lo que considere pertinente para su debido
cumplimiento, previendo que dichas actividades realizadas por los Administradores se ajusten en un
todo a él, pudiendo impartir, en el buen sentido, las instrucciones necesarias para ello.

Como se verá más adelante, tal responsabilidad no justifica en ningún momento la posibilidad de
coadministrar, pues el querer de la Ley es fundamentalmente la fiscalización de los actos de los
administradores sobre el cumplimiento de la normatividad y al querer de sus propietarios a quienes
representa en el juzgamiento del apego al objeto social por el cual se creó la sociedad. Para tal efecto
puede ejercer el control en sus diferentes etapas: previa, perceptiva y posterior pero obedeciendo a una
adecuada planeación de su labor en forma autónoma, consecuente con su autoorganización, pues
solamente debe informes a la Asamblea, siendo completamente independiente de quienes administran
la sociedad.

Tal trascendencia para los propietarios de las empresas, inicia por el mismo objeto social de ésta. Ya en
1962 el reconocido jurisconsulto José Gabino Pinzón refiriéndose a la vigilancia de la ejecución del
Contrato Social en las Sociedades Anónimas en cuanto a los Revisores Fiscales exponía: "El examen
periódico de las cuentas en sus propios libros no es suficiente como garantía completa de los derechos
de los accionistas. Hace falta una vigilancia permanente de la actividad social, no solamente para que se
cercioren de que el contrato social se cumple normalmente sino para que ellos mismos, desde el seno
de la asamblea general, colaboren en su cumplimiento. Pero en una forma de asociación abierta a la
vinculación de numerosos accionistas no es posible que esa vigilancia sea ejercida directamente por los
asociados, pues con ello se haría muy difícil el orden interno de la vida social. Por eso se ha
generalizado en el derecho comercial el sistema de una vigilancia ejercida por funcionarios designados
por los accionistas mismos, que, como personeros o voceros de éstos, velen por el cumplimiento del
contrato social. Éstos son los que en la legislación del país se llaman los revisores fiscales y que han
sido previstos en la ley desde antes de ser impuestos en la ley como obligatorios para las sociedades
anónimas".

Para el Estado

La Revisoría Fiscal es concomitante con los hechos económicos y su fuerza se funda en la fiscalización,
el control permanente y la capacidad legal para dictaminar con fuerza de fe pública sobre los Estados
Financieros, dando oportuna cuenta de las irregularidades que pudieren cometerse, para garantizar el
buen hacer y buen manejo de los bienes sociales de la empresa cuya fiscalización se le ha
encomendado. Bien lo ha sostenido la Corte Constitucional: "La revisoría fiscal representa también un
sello de garantía de la gestión eficiente y transparente del administrador; además participa en la
protección y estabilidad del sistema económico y en la generación de confianza en el manejo de los
recursos provenientes del ahorro privado".

Nada más oportuno comentar que la relación de la Contaduría Pública y el Estado en la concepción de
12

funciones públicas se ve reflejada suficientemente en la Revisoría Fiscal mediante la evaluación de la


información contable con todas sus implicaciones de objetivos, cualidades y revelaciones; en la fe
pública por delegación del estado, que presupone el apego a la veracidad de los actos o hechos que se
dictaminan y declaraciones que se certifiquen mediante el juicio profesional, crítico-constructivo y
proactivo; en la fiscalización de los actos de los administradores sobre el cumplimiento de las
disposiciones legales, estatutarias y decisiones de la Asamblea en relación con el cumplimiento del
objeto social del ente económico, que en últimas es lo que importa a quienes decidieron constituir la
sociedad.

En tal sentido, también se pronunció la Corte Constitucional al resolver una demanda contra el artículo
2 de la Ley 510 de 1999 en lo referente a los Revisores Fiscales. Expresa sobre la Revisoría Fiscal que:
"Esta institución constituye además el medio para ejercer la función pública de inspección y vigilancia de
la actividad económica a cargo del Estado y, en este caso particular, de las sociedades del sector
financiero. En nombre del Estado, el revisor fiscal tiene el encargo de velar por el cumplimiento de las
leyes y de los estatutos de las empresas. Su actividad gira esencialmente en torno a los dictámenes
sobre los estados financieros de las empresas y el resultado de las operaciones en cada período. Para
el cumplimiento eficiente de las funciones a su cargo está facultado para solicitar y obtener todos los
actos, libros, documentos y valores de las empresas, cuya información debe estar a su alcance,
circunstancia que le exige, a la vez que le permite, estar al tanto de la actividad empresarial".

Fácil concluir que para el Revisor Fiscal, entonces, no existe en materia de fiscalización nada vedado,
excepto el secreto industrial y que por el contrario obliga a los Administradores a "velar porque se le
facilite la adecuada realización de sus funciones" y que por el contrario el Estado ampara su debido
ejercicio frente a la Administración y la misma empresa.

La fuente de la cual se alimenta el ejercicio de la Revisoría Fiscal es la confianza pública. De ella emana
toda credibilidad y aceptación incuestionable a sus informes. De la confianza pública y sus implicaciones
se derivan todas sus actuaciones, funciones y realizaciones que dignifican al Contador Público
responsable cuando la ejerce con probidad. Está íntimamente ligado este principio con la
responsabilidad social implícita que conlleva; es decir, cuando la presencia ética es un constante
paradigma en su actuar.

El revisor fiscal es y debe ser ante todo un ejecutivo eficaz, que plasma su actuar en documentos
confidenciales amparados con reserva profesional exigente, además del código de ética, por el Código
de Comercio, solamente revelados por mandato legal o por acuerdo previo con el cliente en sus debidas
oportunidades; actuar que se hace público cuando dictamina o emite juicio profesional y este dictamen
es entregado a la Cámara de Comercio, para que quien lo desee pueda tener copia del mismo. Es tal el
grado de credibilidad que de él se recibe, que la misma Ley lo considera un ejecutivo de especial
confianza; de ahí que cuando su vinculación se da mediante acuerdo laboral (sin que mengüe su
independencia como se demostrará más adelante), se mantiene su libre remoción y no le es posible
ejercer la acción de reintegro, como equivocadamente se pretendía antes de la expedición de la Ley 222
de 1995, la cual en su artículo 232 preceptuó: "Improcedencia de la acción de reintegro. En el evento de
despido o remoción de administradores y revisor fiscal no procederá la acción de reintegro consagrada
en la legislación laboral".

Su trabajo es intelectual y como tal, no se mide cuantitativamente, ni por su costo. Este ejecutivo debe
13

poseer el criterio necesario para trabajar sobre lo realmente fundamental, o sea, sobre contribución,
medios y resultados y por tanto tiene la obligación de ser eficiente; basa y descansa su trabajo, sus
conclusiones, sobre la verdad que debe descartar toda posibilidad de duda o de cuestionamiento; su
juicio debe ser un trasunto del recto obrar. Como trabajador cerebral le es aplicable lo expuesto por
Peter Drucker cuando afirma refiriéndose al ejecutivo eficaz que "el trabajo cerebral es efectivo cuando
se aplica a lo verdadero y no puede ser medido según las normas vigentes para el trabajo manual. El
trabajador cerebral no puede ser supervisado de cerca, ni minuciosamente. Sólo cabe ayudarlo. Pero
debe autodirigirse y encaminarse por sí mismo hacia la ejecución y la contribución, es decir, hacia la
efectividad"

Debe tener la suficiente entereza para innovar en sus funciones procedimientos y técnicas que no lo
apeguen a reglas tradicionales que lo dejen relegado en el ostracismo inconveniente. No es solamente
ejerciendo una auditoría financiera como se hace la Revisoría Fiscal; es fiscalizando de manera
perceptiva, trabajando sobre causas reales y potenciales para aportar oportunamente a la defensa del
patrimonio económico, social y moral del ente, como se espera la acción de la Revisoría Fiscal; no sobre
efectos y resultados (auditoría) con cuyo análisis se puede tal vez aportar al futuro, pero no al presente.
Tal seguridad, como la han visto los usuarios de esta institución, es la que ha hecho que cada día el
Estado le encargue más funciones a nombre de la comunidad en general.

Toda empresa es sui generis y por tanto cada Revisoría Fiscal también es sui generis, sin
moldeamientos o encasillamientos en formatos congelados por la costumbre y la técnica que obnubilan
el pensamiento, encerrándose en inmutables cuestionarios de evaluación a posteriori.

Cuando es ejercida en entidades públicas como las Empresas Sociales del Estado o las Sociedades de
Economía Mixta y las Empresas Industriales y Comerciales del Estado, su cuidado debe ser aún mayor,
por la gran cantidad de normas que en materia pública deben cumplir los administradores, como por
ejemplo lo relacionado con la Ley de presupuesto público y lo atinente a las regalías donde las hubiere a
favor o a cargo.

La Ley 527 de 1999 sobre comercio electrónico le indica que debe estar atento al avance tecnológico,
porque es su función examinar, verificar, evaluar incluyendo el léxico informativo más apropiado,
acoplándose en lo pertinente al que se utilice en las Sociedades, aportando al futuro empresarial.
Igualmente en lo referente a los tratados internacionales, las reciprocidades o exenciones que
contemplan lo hacen mayormente responsable en su diligencia por el oportuno conocimiento y
verificación de que dichos acuerdos transnacionales una vez surtidos todos los requisitos
constitucionales para su vigencia, se cumplan, teniendo en cuenta la prevalencia de tales tratados
internacionales frente al derecho interno o nacional, siempre y cuando no vulneren la constitución
nacional, como bien lo ha ratificado la Corte en diferentes jurisprudencias. Dichos tratados, convenios o
acuerdos, como son de obligatorio cumplimento debe velar el Revisor por su acatamiento. Así sucede en
el caso de la Propiedad Intelectual (P. I.), pues Colombia suscribió los Tratados sobre Internet en 1996 y
los ratificó en el 2000. Las leyes 545 de 1999 y 565 de 2000 aprobaron los Tratados sobre Interpretación
o Ejecución de Fonogramas (TIEF), la primera y sobre Derechos de Autor (TDA) la segunda.

Así es como el Estado y la comunidad lo concibe y le reconoce su importancia, su credibilidad y


confianza.

El Consejo Técnico de la Contaduría Pública de Colombia como Órgano de dirección de la profesión, en


14

su pronunciamiento número tres (3) sobre Ética Profesional refiriéndose al compromiso y la


responsabilidad de la Ciencia Contable, de donde inicia su aporte el Revisor, ayuda a entender la
importancia del Contador Público-Revisor Fiscal, en función de su responsabilidad social, al recordar
que de dicha ciencia tiene como tal la de: ".... Inducir, fomentar y ser fuente de credibilidad y confianza,
de usuarios y terceros en sus funciones de medir, representar, interpretar, informar y comunicar sobre el
quehacer económico, utilizando como medios, lo adecuado y riguroso de sus procedimientos
profesionales técnicos y científicos, y contando con la conducta y comportamiento de sus miembros.

Se entiende porqué el Estado le ha asignado la obligación de suscribir determinada información que es


utilizada por el Gobierno Nacional y Territorial: declaraciones tributarias, certificaciones sobre ingresos,
costos y gastos, aportes a la Seguridad Social Integral, entre otras.

Para la Sociedad en general

Cuando se alude en este acápite a la Sociedad en general, se refiere a los ciudadanos como comunidad
organizada a nivel país, y no a un tipo de persona jurídica especial, en los términos que la concibe
la Constitución Nacional y a la cual se alude en su artículo 333 en relación con la economía.

Bajo tal concepción se entiende su participación social dentro del derecho privado concebido éste en su
integración como el Derecho civil, el Derecho comercial, el Derecho internacional privado, el Derecho del
trabajo. Participación que se traduce en el propósito sano de obtener y recibir información veraz para
sus decisiones, control de los recursos que pudieran afectar la convivencia pacífica, o el enriquecimiento
sin justa causa en desmedro del patrimonio particular o general.

La Ley concibe a la Revisoría Fiscal como una figura que garantiza dentro del "affectio societatis" el que
en ningún momento quienes manifiestan el deseo de asociarse con ánimo de lucro o sin él, una vez
asociados realicen actividades en contra de la voluntad de los dueños, enruten sus actos dentro de la
voluntad legal para la convivencia pacífica dentro de la comunidad en general y dentro de las relaciones
con quienes interactúan (Estado, personas jurídicas, personas naturales).

En otras palabras la Revisoría Fiscal tiene una connotación de interés público, concebido éste de
manera general como aquel ánimo o motivación que afecta a una persona dentro del contexto social y
universal. Ayuda a la mejor concepción de lo público, la alusión que hace la Universidad Central de
Bogotá en el Proyecto Académico de la Carrera de Contaduría Pública, tomando como referencia el
estudio que para América Latina hace Nora Rabotnikof: "habría tres maneras de entender lo público:

1. Lo público como instancia mediadora entre la sociedad y el Estado. En este sentido se puede afirmar
que lo público es concebido aquí como un espacio intermedio.

2. Lo público como "el campo de tensión entre la modernidad y los problemas de la modernización." La
primera entendida desde el aspecto técnico - formal de la transformación de los procesos económicos -
sociales y la segunda categoría que hace referencia a la dimensión cultural y normativa.

3. Por último, tenemos lo público como el “lugar de automediación de la sociedad civil con un Estado”,
en virtud de la instalación de la democracia como lugar de expresión de la sociedad civil plural."

Esa instancia mediadora, en Colombia la reconoce el Estado al delegarle a quien ejerce como Revisor
Fiscal, la Fe Pública para diferentes actos relacionados con información financiera o económica derivada
15

de la contabilidad y como garante de actos administrativos en cuanto a su apego normativo, para que la
comunidad en general sepa que está protegida de posibles informes contrarios a la realidad y a la
verdad que se merece.

Ese interés público es lo que ha llevado al Estado a reconocer su importancia, que como se anotó,
radica en la credibilidad que genera para el ciudadano usuario de la información que se le suministra
para uso público en general, así se recibe entre otras de las Sociedades emisoras de valores y del
sector financiero.

Noble la confianza otorgada y de responsabilidad a toda prueba a tal punto que su vulneración es
sancionada penalmente son similitud al servidor público.

Esa credibilidad que le es propia y que el ciudadano (inversionista o asociado) por voluntad o mandato
legal le confía convencido que el Revisor Fiscal no le dirá mentira ni permitirá el engaño en la
información que recibe, es lo que realza su importancia como contraposición a lo que plantea Jorge
Etkin: "Si ustedes observan un poco lo que ocurre en las organizaciones en un sistema de confrontación,
de enfrentamiento, de adversarios y rivales, verán que nadie dice la verdad. En este mundo pragmático
y tan duro, decir la verdad es peligroso; yo digo que quizás sea peligroso decirla, pero ser falso es
inmoral y de falsa ética. Trabajar en una empresa donde lo normal sea la mentira, que la gente no diga
lo que piensa, que se oculte la realidad en beneficio del que la oculta, es trabajar en un infierno. ¿Cómo
es posible dialogar con personas si hay que estar decodificando lo que querrán decir cuando dicen lo
que no dicen?".

Es de común aceptación que un documento suscrito por el Revisor Fiscal de una Entidad presta fe sobre
su contenido, a tal punto que entidades públicas y financieras exigen continuamente como aval de
seguridad sobre la información recibida de empresas, que estén atestadas o certificadas (en el sentido
de testimonio) por dicho funcionario para darle credibilidad, la cual se desprende de la Fe Pública con
que lo ha revestido la Ley, generando por tanto una capacidad innegable de influir con su dictamen u
opinión sobre las decisiones sociales. Es lo que Luis Recalde denomina poder social, entendido éste
según su propia definición como "la habilidad para influir en el comportamiento de los demás”.

Tres son las funciones públicas esenciales sobre las cuales se enmarca el actuar de la Revisoría Fiscal,
derivándose de la concepción misma de la relación Estado - Contaduría Pública, las cuales enunciamos
en el capítulo anterior y que se miden por:

La información contable La fe pública La fiscalización.

De ahí que sea necesario la clarificación de éstas al tenor de las disposiciones vigentes y la
responsabilidad que sobre las mismas encarna la figura del Revisor Fiscal, aclarando que su ejercicio
debe estar enmarcado dentro de la normatividad legal pues tanto su creación, como sus funciones,
responsabilidades, inhabilidades e incompatibilidades están concebidas en la Ley.

Quienes aluden a la figura como "obsoleta" por el apego que debe tener a la normatividad Colombiana,
confunden el fin con los procedimientos mediante los cuales se desarrolla, los cuales deben ir a la par de
las prácticas avanzadas de auditoría entendida de manera completa y máxima, sin menoscabar la
permanencia e integralidad en sus funciones. Al Revisor Fiscal se le juzgará conforme al cumplimiento
de sus funciones, claramente establecidas en la Ley.
16

La información contable

Bajo cualquier enfoque que se mire, la información contable es una consecuencia de la Contaduría
Pública, la cual podemos definir como el resultado final del proceso contable realizado con base en
principios, normas y procedimientos contables de general aceptación, el cual comprende todas las
operaciones de un período determinado, con incidencia en los bienes, derechos y obligaciones de un
ente económico, debidamente clasificados, evaluados e interpretados.

Civil y comercialmente existe el deber de informar en toda sociedad por parte de quienes administran
bienes ajenos, a sus propietarios y al Estado, sobre el manejo dado a los mismos, los productos
obtenidos de éstos, los derechos y obligaciones que se han generado de su uso. En el campo contable
es un deber profesional y legal hacerlo, por parte de los administradores, siendo varias las normas que
se refieren a dicha obligación y la manera como debe comunicarse dicha información.

El Decreto vigente 2649 de 1993, mediante el cual se "reglamenta la contabilidad en general y se


expiden los principios o normas de contabilidad generalmente aceptados en Colombia", refiriéndose a la
información contable define sus objetivos y cualidades, los cuales debe tener muy en cuenta en su
cumplimiento todo Revisor Fiscal para poder más adelante dictaminar sobre la aplicación uniforme con
base en tales objetivos y cualidades, que permitan una adecuada interpretación de la misma, con base
en la aplicación de los principios o normas de contabilidad generalmente aceptados en Colombia y el
acatamiento por parte de los administradores a las disposiciones legales. De ahí la pertinencia en la
Revisoría Fiscal para el conocimiento sobre la información contable, pues mal se podría evaluar y
conceptuar sobre lo que se desconoce.

¿Cuáles son dichos objetivos y cualidades? A la luz del decreto mencionado, el cual internacionalmente
se identifica con los mismos, se enuncian éstos como:

"Artículo 3º Objetivos Básicos. La información contable debe servir fundamentalmente para:

Conocer y demostrar los recursos controlados por un ente económico, las obligaciones que tenga de
transferir recursos a otros entes, los cambios que hubieren experimentado tales recursos y el resultado
obtenido en el período.

Predecir flujos de efectivo.

Apoyar a los administradores en la planeación, organización y dirección de los negocios.

Tomar decisiones en materia de inversiones y crédito. Evaluar la gestión de los administradores del ente
económico. Ejercer control sobre las operaciones del ente económico. Fundamentar la determinación de
cargas tributarias, precios y tarifas. Ayudar a la conformación de la información estadística nacional, y
Contribuir a la evaluación del beneficio o impacto social que la actividad económica de un ente
represente para la comunidad.

Artículo 4º Cualidades de la información contable. Para poder satisfacer adecuadamente sus objetivos,
la información contable debe ser comprensible y útil. En ciertos casos se requiere, además, que la
información sea comparable.
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La información es comprensible cuando es clara y fácil de entender. La información es útil cuando es


pertinente y confiable. La información es pertinente cuando posee valor de realimentación, valor de
predicción y es oportuna. La información es confiable cuando es neutral, verificable y en la medida en la
cual represente fielmente los hechos económicos. La información es comparable cuando ha sido
preparada sobre bases uniformes".

1. Naturaleza y definición

Si bien algunos observan que la Revisoría Fiscal debe estudiarse de la óptica del poder, la Revisoría
Fiscal como actividad propia de la ciencia contable por expreso mandato de la Ley, está regulada
normativamente; su ejercicio en todo el alcance que de ella se deriva, es sui generis en Colombia, y
como parte de esta ciencia, pertenece a dicha disciplina a la cual los órganos reguladores le han
establecido las normas sobre las cuales debe hacer y no hacer. Esto significa que pertenece a aquellas
disciplinas de las que los tratadistas del derecho denominan disciplinas nomotéticas.

Tiene una relación y acción directa con la sociedad, pues se desarrolla necesariamente en una sociedad
o persona jurídica en general bien sea con ánimo de lucro o sin ánimo de lucro, y por lo tanto su
conducta está para quien la ejerce jurídicamente regulada en cuanto a lo que le es permitido, lo que le
es obligatorio y lo que le está prohibido.

Como ya se expuso, deriva su causa en la necesidad y conveniencia de la vigilancia privada ante la


imposibilidad de hacerlo de manera física, continua e integral los directamente interesados en la persona
jurídica y el buen manejo de su patrimonio. El comportamiento social y económico interesa y afecta a la
comunidad en general, lo cual hace que esté regulado por la Ley. Su naturaleza es por tanto de carácter
legal. En el campo societario hace parte del orden social pues implícitamente tiende a provocar una
conducta adecuada de los administradores y empleados de la organización ya que tal orden como lo ha
definido Kelsen, busca que los seres humanos "se abstengan de determinados actos que por alguna
razón se consideran perjudiciales a la sociedad, y que realicen otros que por alguna razón considéranse
útiles a la misma."

Tradicionalmente han sido dos las corrientes teóricas esbozadas para su definición: La teoría
Organicista que la considera como un órgano del ente económico en el cual se debe ejercer, por la
dependencia del mismo aunque al máximo nivel (Asamblea) y por recibir remuneración de éste. Es
decir, por hacer parte de él; dicha teoría que se remonta a la época de Platón, pero la desarrollan los
Alemanes asimila el ente económico a los seres vivos por su composición e interdependencia. De ahí
que sociológicamente exista la doctrina del organicismo, la cual considera a las sociedades como
entidades semejantes a los seres vivos; la teoría Institucionalista la justifican sus defensores por su
creación e independencia legal frente a la administración. Sin embargo es definida como: "Cada uno de
los órganos fundamentales de un estado o sociedad"

La teoría del órgano se apoya en que éste hace parte directa de la organización y es inherente a la
misma, necesitando toda persona jurídica de éstos para su acción y desarrollo, existiendo mientras
aquella subsista. Es así como "la teoría orgánica permite explicar la permanencia de las organizaciones
pese a los cambios de las personas físicas. Entre la organización y sus agentes o funcionarios, personas
físicas, se inserta el concepto/categoría "órgano", que actúa como nexo de unión y relación entre el
individuo y la organización"
18

Bajo la primera teoría ha sido definida por el Consejo Técnico de la Contaduría Pública en su
pronunciamiento número 7, numeral 600.1, como: "un órgano de fiscalización que, en interés de la
comunidad, bajo la dirección y responsabilidad del revisor fiscal y con sujeción a las normas de auditoría
generalmente aceptadas, le corresponde dictaminar los estados financieros y revisar y evaluar
sistemáticamente los componentes y elementos que integran el control interno, en forma oportuna e
independiente en los términos que le señala la ley, los estatutos y los pronunciamientos profesionales."

Algunos estudiosos consideran que no es viable la definición como órgano, por cuanto lo identifican con
la administración de la organización y no con la organización en sí, de quien depende tanto los órganos
de la administración, como el de fiscalización si lo hubiere, y esta organización como tal, hay que
ubicarla en su esencia de la reunión o asociación de personas que se unen e identifican con un
propósito para crear la organización social, o persona jurídica.

El reconocido tratadista José Ignacio Narváez, sobre los órganos societarios manifiesta: "Los órganos
son de carácter legal puesto que están implícitos en la organización de todo ente asociativo.

Surgen en el mismo instante en que se constituye la persona jurídica.

Las funciones de cada órgano son poderes propios de éste, ya que no los recibe por delegación, sino en
su carácter de órgano”

Considerada así, se podría hacer un parangón respecto de los cuatro órganos que conforman toda
sociedad:

1) Un órgano de dirección, el cual fija el objeto para el cual se crean las políticas y derroteros por las
cuales se debe encausar la sociedad o empresa, denominado Asamblea;

2) Un órgano de administración, encargado de cumplir con las políticas trazadas por la Asamblea,
estableciendo las estrategias y la organización más adecuada para ello, denominado Junta Directiva o
Consejo Directivo o Consejo de Administración;

3) Un órgano de representación legal, a quien corresponde por expreso mandato de la Ley y delegación
de la Junta Directiva, ejecutar, dirigir y llevar a cabo las decisiones de los otros dos órganos anteriores,
representando en todos los aspectos legales y estatutarios al ente económico respecto del desarrollo del
objeto social, denominado Representante Legal.

4) Un órgano de fiscalización y evaluación independiente, a quien le corresponde la vigilancia de la


administración en general, de las actuaciones de los administradores en relación con el apego al
cumplimiento de las normas legales y estatutarias que conciernen al actuar y convivencia pacífica de la
entidad, asegurando que toda información que de él se derive sea veraz, exacta y oportuna, dando fe
pública en los diferentes hechos que la Ley le ha delegado y certificando con carácter de atestación los
informes y declaraciones fiscales que le han sido señaladas, denominado Revisoría Fiscal.

La definición anterior, según algunos Contadores, encaja a la Revisoría Fiscal dentro de unos
parámetros limitantes a sus funciones, pues le reconoce su fiscalización pero dentro de las normas de
auditoría generalmente aceptadas, las cuales se refieren como examen y evaluación al aspecto
19

financiero indicando las cualidades que los Contadores-auditores deben identificar para su trabajo:
personales, relativas a la ejecución del trabajo, relativas a la rendición de los informes (dictamen).

Estas normas emitidas internacionalmente, fueron acogidas para los Contadores que ejercen en
Colombia cuando hacen auditoría externa, en el artículo 7º de la Ley 43 de 1990 y por tanto de
obligatorio cumplimiento. La segunda limitación que se le señala a la definición, es la indicación que se
le hace respecto de dictaminar los estados financieros como consecuencia de aplicar las normas de
auditoría generalmente aceptadas. Es de aceptación mundial que toda auditoría debe culminar con un
informe sobre lo examinado; es decir, sobre lo auditado, existiendo técnicas impuestas por la costumbre
y los procedimientos utilizados en la forma de realizar el trabajo para emitir el dictamen sobre estados
financieros; tales técnicas y procedimientos, han anquilosado un mejor hacer de estas actividades, en
aras de mantener un statu quo que cada vez se torna más obsoleto. El tercer señalamiento se refiere a
revisar y evaluar sistemáticamente los componentes y elementos que integran el control interno, si bien
lo indica en forma oportuna e independiente. El que dicha evaluación se defina como sistemática,
oportuna e independiente no le da la relevancia de la concomitancia con los hechos económicos que
deben caracterizar la revisión permanente, en el verdadero sentir de lo que debe ser la Revisoría Fiscal.

En mi sentir, con el mejor ánimo de aporte fue emitida esta definición en 1993 que ayuda a su
comprensión, pero se quedó corta en cuanto a la diferencia sustancial existente entre el ejercicio de una
Auditoría externa y el de la Revisoría Fiscal, pues el fin de una Revisoría Fiscal no es solamente
dictaminar; ésta es una de sus funciones como consecuencia de su trabajo permanente de fiscalización
y evaluación sobre las operaciones, los actos de los administradores, la inspección asidua de los bienes
sociales, su representatividad, señalándose su atención e intervención sobre todos los hechos
económicos. De ahí que su ejercicio sobre tales hechos económicos es una verdadera interventoría de
cuentas, antes que un simple muestreo propio de la acción y revisión temporal. Tal acción concomitante
con las decisiones administrativas por voluntad de la Ley y en representación de los dueños, del Estado
y de la comunidad en general, lo llevan por mandato legal a dar fe pública de cualquier estado financiero
que se prepare y se requiera su atestación o dictamen. Para ayudar a entender esta diferencia es
pertinente transcribir el concepto No. 161 emitido por el Consejo Técnico de la Contaduría Pública como
órgano orientador técnico-científico de la profesión contable, en febrero 27 de 1997:

"a) Origen: El origen de las dos instituciones es diferente, mientras que la Revisoría Fiscal tiene origen
legal, la auditoría externa es meramente contractual.

b) Funciones: Por su origen diferente, sus funciones también son diferentes; es decir, las del revisor
fiscal son las determinadas en la ley y los estatutos, mientras que las del auditor externo son
determinadas en el contrato respectivo.

c) Nominadores : Al revisor fiscal lo designa la Asamblea General de Accionistas o la Junta General de


Socios en cumplimiento de una de sus funciones propias e indelegables, mientras que al auditor externo
lo designa directamente la Administración de la Sociedad.

d) Subordinación : El revisor fiscal no tiene ninguna subordinación con la Sociedad, es un vocero de los
asociados, es de libre nombramiento y remoción del máximo órgano social, pero como lo dice la Circular
Conjunta S.S. - 005 - S.B. 076- C.N.V. - 015 de septiembre 19 de 1989, hoy Circular Básica
Jurídica para la Superintendencia Bancaria, "... pero una vez acepte el cargo y se efectúe su registro en
la Cámara de Comercio del domicilio social, dicho cargo no se extingue por convención contractual ...".
20

(Subrayado fuera de texto). En cambio el auditor externo depende directamente de la Administración de


la Sociedad.

e) Informes: el revisor fiscal dictamina los estados financieros y rinde sus informes a la máxima autoridad
societaria y en algunos casos a los organismos de control del Estado; mientras que el auditor externo,
presenta sus informes a la Administración de la Sociedad y no tiene ninguna posibilidad de presentarlos
a la Asamblea o a la Junta de Socios.

f) Obligatoriedad: El revisor fiscal es obligatorio para las Sociedades en que la ley exija este cargo,
especialmente para las Sociedades Civiles y Comerciales por acciones (Código de Comercio artículo
203 y Ley 222 de 1995) y según los activos sociales (Artículo 13 Ley 43 de 1990); en cambio la auditoría
externa es opcional.

g) Independencia: La circular citada dispone que el revisor fiscal "... debe cumplir con las
responsabilidades que le asigna la ley y su criterio debe ser personal, basada en las normas legales, en
su conciencia social y en su capacidad profesional... en todo caso su gestión debe ser libre de todo
conflicto de interés que le reste independencia y ajeno a cualquier tipo de subordinación respecto de los
administrados que son, precisamente, los sujetos pasivos de su control (Artículo 210 del Código de
Comercio.) ...". Adicionalmente, el dictamen del revisor fiscal y su trabajo ha sido objeto de los
pronunciamientos No. 1, 2, ,5 y 7 del Consejo Técnico de la Contaduría Pública. Esa independencia en
el caso del revisor fiscal no admite ninguna excepción, no es tan evidente en el caso del auditor externo
que depende, como se dijo, de la administración; le presenta su informe sin tener que cumplir
normatividad legal alguna especial y puede ejercer la labor en forma temporal u ocasional de acuerdo
con el trabajo contratado.

h) Dictamen: El revisor fiscal por disposición legal emite su dictamen con todas las consecuencias
legales de acuerdo con lo que se dijo anteriormente, sobre los estados financieros, haciendo una
auditoría integral (financiera, de cumplimiento, de gestión, de control interno, en los términos de la
Circular Externa No. 14 de 1997 de la Superintendencia de Sociedades), entre tanto, el auditor externo
no.

i) Responsabilidad: la del revisor fiscal es civil derivada del ejercicio de su profesión; administrativa como
quiera que está sujeto en caso de incumplimiento a las sanciones impuestas por las autoridades según
el ordenamiento legal (Arts 216 C. de Co., 23 del Decreto 2920 de 1982 y 12 ordinal 6o de la Ley 32 de
1979); disciplinarias que pueden ser impuestas por la Junta Central de Contadores
(artículos 23,24,25, 26 y 27 de la Ley 43 de 1990); y penal (Ley 190 de 1995 y artículos 42,43 y 45 de
la Ley 222 de 1995), en cambio la del auditor externo será civil por incumplimiento de un contrato y
eventualmente, por ser Contador Público, disciplinario a través de la Junta Central de Contadores."

El Comité convocado en 1994 por la Superintendencia de Sociedades presidida por la doctora Olga
Forero de Silva, para preparar un proyecto de Ley que se convirtiera en el Estatuto de la Revisoría
Fiscal, estudió esta figura durante cuatro años (Febrero de 1995 a Febrero de 1999) concluyendo en que
antes que órgano era institución, definiéndola como: "una institución de origen legal, de carácter
profesional, de naturaleza privada, a la cual corresponde por ministerio de la ley y bajo la dirección de un
contador público, con sujeción a las normas que le son propias, con el propósito de crear confianza
pública, fiscalizar el ente económico y rendir informes, dando fe pública en los casos previstos en la ley.
21

. . . sin perjuicio de las obligaciones y responsabilidades que incumben a otras personas, órganos e
instituciones, la Revisoría Fiscal procurará que sus acciones otorguen seguridad a quienes interactúen
con el ente económico, con relación a la eficacia y eficiencia de las operaciones, la integridad, certeza,
confiabilidad y pertinencia de la información, el cumplimiento de las disposiciones y la diligencia de sus
administradores".Definición que se presentó en el proyecto de Ley C009/99 y al cual se le suprimió luego
la frase y la diligencia de los administradores. Hoy en el nuevo proyecto presentado al Senado de la
República, radicado bajo el número 051 de 2002, nuevamente es incluida igual.

Dicha definición involucra de manera más amplia la razón de ser de la Revisoría Fiscal en función de la
normatividad total y no solo sobre las normas de auditoría generalmente aceptadas, sino sobre la
confianza pública, la fiscalización, el control permanente para poder informar sobre la eficacia y
eficiencia de las operaciones, la rendición de informes y el dictamen a que haya lugar.

El propósito insertado es, en el sentido expresado, sinónimo de intención, objetivo, finalidad, el cual está
encausado hacia la generación de confianza pública, a la cual se hizo referencia en capítulo anterior y
que constituye la razón de ser de la Revisoría Fiscal como el medio más idóneo de la vigilancia privada
societaria, tanto por parte del Estado como por parte de los inversionistas, correspondiéndole una acción
preventiva en defensa de los intereses patrimoniales de propios y terceros. Así lo han señalado las
Superintendencias de sociedades, Bancarias y de Valores al referirse a la "Función preventiva. El
ejercicio de la auditoría y fiscalización del cumplimiento de las normas legales y estatutarias le imponen
el deber de prever el cumplimiento y la preservación de los bienes patrimoniales o de terceros."

En mi concepto, indistintamente que se considere como órgano o institución las funciones y propósitos a
cumplir apoyadas por el mandato legal, son lo verdaderamente importante; su cumplimiento es lo que le
genera el valor agregado; de ahí que le asista toda la razón de ser, a quien hace 22 años escribía en el
periódico Colombiano El Espectador:

"Uno de los Órganos más importantes de una sociedad es la Revisoría Fiscal. Equivale al Contralor en la
Nación, en los departamentos y municipios. Cuando ejerce las funciones adecuadamente, el resultado
será benéfico a la compañía, a los socios y a terceros. Si ejecuta su cometido en forma negligente,
superficial, ligera, deshonesta los daños serán incalculables.

De allí la grave responsabilidad que asume una persona cuando acepta el cargo de revisor fiscal.
Infortunadamente hay un sin número de éstos para quienes la función es una "corbata" de la que derivan
pingües ganancias por firmar al final de cada mes un balance y testificar unos hechos y cifras que no se
han tomado el trabajo de confrontar. Al concluir el ejercicio rendirán un informe de cajón, y misión
cumplida. Revisores como éstos desacreditan el cargo y la profesión; engañan a quienes confiaron a
ellos sus intereses, en la creencia de que se hallaban debidamente y bien protegidos por la diligencia y
pericia de un funcionario que cumpliría a cabalidad con una serie de obligaciones lo suficientemente
explícitas y serias para garantizarles la veracidad de sus certificaciones.

Los revisores que cumplen con sus deberes son poquísimos; de allí que sea necesario aplicar
ejemplarizantes sanciones a los que con su ineptitud y negligencia desacreditan el oficio. Esos
funcionarios traicionan la Fe pública depositada en ellos por la ley, por quienes los designan, por
quienes tratan con el ente jurídico al cual se han comprometido a controlar y, por el propio Estado.
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Los controles que está obligado a ejercer un revisor fiscal son, además del contable, el jurídico. El
control será más eficiente si tiene el carácter de preventivo; si trata de evitar errores o los fraudes; es
mejor prevenir unos y otros, que denunciarlos cuando ya se han producido. Ejercer el control preventivo
requiere conocer la organización de la Empresa en sus varios aspectos; y para lograr su eficacia es
menester enterarse de las aptitudes y calidades de quienes manejan las cuentas, definir claramente sus
responsabilidades como sus funciones y tareas; de los sistemas que se emplean en comprobar los
gastos y la forma de asentar las operaciones; de cómo se llevan los libros, los archivos, etc.

En el empeño de lograr la eficacia en los controles, conviene establecer variados cruces entre dos o más
personas a fin de evitar errores y dificultar los ilícitos; desde luego, tal propósito no se consigue si
posteriormente no se verifican esos cruces, que no han de ser ocasionales sino permanentes.

Para obtener el control preventivo se requieren que se asienten las operaciones a medida que se
realicen. De allí que las contabilidades atrasadas son campo abonado al delito......

Desde luego, si se quieren evitar los ilícitos en las empresas, lo más importante es seleccionar el
personal. La honradez es indispensable en quien maneja fondos y cuentas. Colaboradores inmejorables
del hombre honrado son su preparación técnica y la forma ordenada como trabaje. Y aún así, contando
con un personal honesto, técnicamente preparado y cuidadoso, no serán ni mucho menos superfluas las
medidas de vigilancia que por todos los medios implante el Revisor. El Revisor Fiscal no debe descuidar
sus funciones con el pretexto de que las personas bajo su control son viejos servidores de la empresa, y
que a través de los años han demostrado su eficiencia y pulcritud. El hombre es honrado hasta el día en
que llevado por cualquier circunstancia o tentación, deja de serlo.

Existe un sabio proverbio según el cual no hay ningún medicamento contra el fraude, proverbio que no
deben olvidar los Revisores Fiscales en ningún momento"‹FN›48‹/FN›.

La revisoría fiscal es entonces una institución adscrita económicamente a la empresa, que por ley,
estatutos o en forma voluntaria debe tenerla, para que represente a los propietarios frente a la
administración, a la comunidad frente al ente económico en el cual actúa, vele por el cumplimiento de las
disposiciones legales, estatutarias y de la asamblea de accionistas, socios o asociados, dictamine los
Estados Financieros que prepare el ente económico, ateste hechos contables y financieros, determine lo
adecuado del control interno (organizacional) promoviendo su mejoramiento para salvaguardar sus
bienes, e imparta instrucciones si fuere necesario, para mejorar el sistema de dicho Control Interno, los
comprobantes contables y el archivo de la correspondencia.

La ley la ha concebido completamente independiente de quienes ejercen la administración. Conlleva su


actuar una responsabilidad civil, penal, administrativa, disciplinaria y social.

Revisoría Fiscal en otros países

Figuras similares aunque con menos fuerza legal en el alcance de sus funciones existen en otros
países, por lo cual según manifestaciones de Contadores en las reuniones que a nivel Interamericano
se realizan periódicamente, desean poder copiar el modelo en ellos.

A manera de ejemplo citamos:


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En Italia existe el Síndico empresarial es designado por la Asamblea de propietarios siendo


normalmente entre tres (3) y cinco (5) personas con dos (2) suplentes; pueden ser socios de la
empresa y tienen como objetivo la vigilancia de las operaciones sociales y la revisión del balance
anual.

En Uruguay existe el Síndico, obligatorio para las Sociedades de Responsabilidad Limitada con 20 o
más socios y en las Sociedades Anónimas abiertas, siendo voluntaria su designación en las demás
sociedades. Es designado por la Asamblea con sus correspondientes suplentes; su renuncia puede
ser presentada ante el Órganos de administración, pero en el caso de la Comisión de Fiscalización,
sus componentes la presentan directamente a este Órgano.

En Bolivia el Síndico es designado por la Junta General (Asamblea) convocada para tal fin, siendo
éste el órgano fiscalizador interno y permanente de la Sociedad Anónima, en forma obligatoria, quien
elige para tal fin una o más personas con sus suplentes y le corresponde también su remoción. Se
destaca que cuando son elegidos dos (2) síndicos, uno de ellos es elegido por los accionistas
minoritarios. Si se eligen varios síndicos se conforma con ellos la figura de Comisión Fiscalizadora.

En Argentina se le denomina Síndico o Consejo de Vigilancia siendo obligatorio cuando en las


sociedades comerciales su capital es superior a US $2.100.000 y potestativo en las demás
sociedades. Para ser síndico se requiere ser abogado o contador público, y tener domicilio real en el
país. Es elegido con su respectivo suplente por la Asamblea y tiene como fin la vigilancia del
cumplimiento normativo legal y estatutario.

Entre algunas características de la sindicatura encontramos que cuando la sindicatura fuere plural,
actuará como cuerpo colegiado y se denominará "Comisión Fiscalizadora". El estatuto reglamentará
su constitución y funcionamiento.

A continuación enunciamos la denominación de figuras similares en algunos países a manera de


ejemplo:

Alemania: Wirtschaftsprüfer (Censores de Cuentas)


Argentina: Síndico
Bélgica: Réviseur D'Entreprises
Bolivia: Síndico
Brasil: Consejo Fical
Dinamarca: Statsautoriserer Revisorer
España: Auditor Censor; Jurado de Cuentas
Francia: Commissaire aux Comptes
Grecia: Orkotos Electos
Italia: Revisore Contabile
Luxemburgo: Réviseur D'Entreprises
Paraguay: Síndico
Portugal: Revisor Oficiais de de Contas
Uruguay: Síndico o Comisión Fiscal
Venezuela: Comisario en las Sociedades Mercantiles
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El Poder en la Revisoría Fiscal

Para entender si realmente la Revisoría Fiscal tiene el poder que algunos le atribuyen o se le puede
atribuir, debemos entender qué es en sí el poder bajo diferentes puntos de vista, para poder concluir
desde nuestra perspectiva la viabilidad de entender a esta figura con dicha investidura.

"Poder como representación. El poder es una declaración unilateral de voluntad por la que una
persona autoriza a otra para que concluya en su nombre uno o varios negocios jurídicos de surtir
efecto como si la primera los hubiera realizado por sí misma."

El poder real se manifiesta:

Como autoridad legal


Como modelo moral
Como poseedor de recursos
Como poseedor de mecanismos coercitivos

Las definiciones anteriores nos indican que en el buen sentido se puede colegir que el Revisor Fiscal
sí tiene un poder que se deriva de su autoridad moral y legal por voluntad manifiesta del Legislador,
encausado a la fiscalización permanente sobre las operaciones y actos de la administración, pero
tendiente a prevenir y denunciar el no cumplimiento de sus obligaciones o la extralimitación en el
cumplimiento de las mismas. Sería un poder que nace del reconocimiento a su idoneidad e integridad
moral, como a su capacidad profesional generadora de la confianza.

No es el poder basado en la capacidad de mandar y castigar, sino en la capacidad de denunciar (lo


cual es un deber) oportunamente las desviaciones administrativas en el cumplimiento de su misión
para el desarrollo debido del objeto social del ente económico.

Solamente así es concebible un poder en la Revisoría Fiscal acorde con el mandato legal de donde
emana su fuerza supervisora en representación de los dueños como primeros interesados en que el
desarrollo empresaria esté acorde con la licitud de sus actos, el logro del objeto social y la seguridad
que cualquier desviación será corregida a tiempo o dada a conocer a ellos para tomar la acción
respectiva. Vista la naturaleza de la Revisoría, su misión y objetivos es fácil entender si realmente
‹PG56› un Revisor tiene poder y qué clase de éste es. Siendo una actividad propia de quienes
ejercen la Contaduría Pública y concebida ésta como una ciencia social aplicada para ser fuente de
credibilidad y confianza de usuarios y terceros, es fácil entender que su actuar está en función del
servicio público a la sociedad desde el campo empresarial.

Misión, visión y objetivos

Las funciones legalmente asignadas al Revisor Fiscal se centran en la revisión y fiscalización de los
actos administrativos los cuales inciden directa e indirectamente sobre el patrimonio a través de los
ingresos, egresos de toda índole y en el de terceros vinculados; la inspección asidua de los bienes en
su poder; la evaluación y recomendación oportuna para establecer o mejorar el sistema de control
organizacional y de los registros contables, pudiendo impartir instrucciones sobre tales aspectos; la
colaboración con las entidades del Estado; la información a la asamblea sobre la fidedignidad
(¿razonabilidad?) de los estados financieros (dictaminación) y demás hechos que considere
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relevantes para la sociedad, en concordancia con las determinaciones ordenadas por la Ley y
tipificadas hoy por el Código de comercio.

Desarrolla todas las auditorías, caracterizándose como la auditoría integral por excelencia, realizada
interna y externamente. Así se logra el propósito de su misión y razón de ser de la Revisoría Fiscal.
En otras palabras, la integralidad no solo se refiere al todo, sino a la simultaneidad evaluativa con la
acción ejecutiva. El uno actúa y el otro examina y evalúa dando un valor agregado con sus
conclusiones y recomendaciones. Esta integralidad se entiende dentro del concepto de
interdisciplinariedad y de la comprensión global; por tanto no se puede circunscribir a cuatro tipos de
auditorías (financiera, cumplimiento, gestión y control) sino a todas las que ya se han enunciado
dentro del proceso de la auditoría integral; es así como el Revisor no examina solo el pasado y el
presente, sino las perspectivas del futuro, justificándose esta responsabilidad en su concepto sobre la
continuidad económica y social del Ente.

Es la Revisoría Fiscal por tanto, la máxima expresión de la contaduría pública en Colombia,


descansando su actuar en la confianza y credibilidad que inspira al dar fe pública. De ahí que el
principio esencial para su ejercicio se pueda resumir en la confianza pública. Pero si ejecuta su
cometido en forma negligente, ligera, deshonesta los daños serán incalculables para la empresa, el
país, la comunidad y la profesión.

El Código de Comercio y demás normas relativas, se refieren al Revisor Fiscal. La Ley 43 de 1990se
refiere tanto al Revisor Fiscal como a la figura de la Revisoría Fiscal, pero ninguna define qué es;
solamente le señalan funciones, deberes, derechos, período, inhabilidades, incompatibilidades,
sanciones, dependencia, designación y remoción. La única definición conocida con fuerza profesional
ha sido la expuesta por el Consejo Técnico de la Contaduría Pública, órgano de dirección de esta
profesión y orientador técnico - científico de la misma y la incorporada al proyecto de Ley entregado
en 1999 a la Superintendencia de Sociedades por el Comité, tal como se indicó antes.

Es la revisoría fiscal el mejor control de controles de una entidad; comprende el contable,


administrativo, jurídico, económico, operacional, financiero, ecológico, informático, del medio
ambiente y social, efectuados de manera permanente, constante, concomitante en lo posible con las
decisiones administrativas, las cuales deben estar enfocadas al cumplimiento del objeto social.

De aquí se puede colegir no solo la responsabilidad que conlleva tal tarea, sino la obligación
mayormente exigente para quienes actúan como Revisores Fiscales de permanecer constantemente
ACTUALIZADOS, así con mayúsculas, como lo ordena el código de ética de los Contadores
Colombianos cuando en su artículo 37 numeral 6 les impone tal obligación, mientras éstos ejerzan la
profesión.

Se puede señalar la MISIÓN de la Revisoría Fiscal como la de:

Fiscalizar permanente y concomitantemente a la persona jurídica para la cual actúa, previniendo el


detrimento de los bienes sociales mediante una acción instructiva oportuna sobre el control
organizacional, asegurando el cumplimiento normativo y dando fe pública sobre la situación
económica financiera del ente vigilado.

Bien puede concluirse la VISIÓN de esta importante figura legal, como:


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Ser el mejor vigilante ético en representación de la sociedad, el estado y los inversionistas sobre las
actuaciones administrativas de las personas jurídicas, constituyéndose en el garante de la
anticorrupción empresarial e inspirador de la confianza pública del sector privado.

Como OBJETIVOS de la Revisoría Fiscal pueden señalarse:

 Fiscalización permanente sobre las operaciones del ente económico.


 Evaluación continúa del sistema de control organizacional.
 Denuncia oportuna de las irregularidades empresariales.
 Soportar mediante la colaboración, la vigilancia y el control a los organismos del estado.
 Inspección asidua del patrimonio económico de sus vigilados. Instrucción para el mejoramiento de los
procesos administrativos.
 Prevención del detrimento de los bienes propios y ajenos.
 Atestación de la información que expida el ente económico.
 Dictamen de los estados financieros.
 Rendición de informes sobre su labor y la gestión de los administradores.

La comprensión de la misión, visión y objetivos que se identifican, conllevan como acción inmediata una
reingeniería al ejercicio actual de la Revisoría Fiscal, por quienes han visto en ella solamente un espacio
de la auditoría financiera y operacional.