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Territorio, autoridad y derechos – Sassen (U3)

Estamos atravesando una transformación que marcará una época, que aún es incipiente pero ya está mostrando gran
fuerza. Con el tiempo, la hemos denominado "globalización". En efecto, las instituciones y los procesos globales
presentan un grado de desarrollo relativamente inferior al de las esferas privadas y públicas de cualquier país que
funcione con cierto nivel razonable de soberanía.

Esta transformación que llamamos globalización transcurre dentro del ámbito nacional en una medida mucho mayor de
lo que se suele admitir. Es allí donde se están constituyendo los significados más complejos de lo global. Con frecuencia,
el plano nacional funciona como uno de los principales espacios que posibilitan y materializan el orden global emergente.

La globalización consta en gran parte de una variedad enorme de micro procesos que comienzan a desnacionalizar
aquello que se ha constituido históricamente como nacional, ya sean las políticas de gobierno, los capitales, las
subjetividades políticas, los espacios urbanos, las estructuras temporales u otros dominios y dinámicas. En algunos
casos, tales procesos de desnacionalización permiten o propulsan la construcción de nuevos tipos de órdenes globales
para esas dinámicas e instituciones, pero otras veces, éstas se siguen inscribiendo en el dominio de aquello que aún es
nacional.

Aunque son parciales y a menudo presentan un alto grado de especialización y hermetismo, se trata de procesos con
una fuerte carga. Mediante ellos se desnacionaliza aquello que se había construido como nacional, pero no
necesariamente de forma visible.

Este ingreso tiene como condición necesaria la existencia de ciertas formas particulares de desnacionalización, que a su
vez se ven fortalecidas en el proceso. Así, el encuentro entre lo nacional y los procesos de desnacionalización no
constituye un hecho inocente, sino un acontecimiento con múltiples y variadas consecuencias.

Tanto las dinámicas (manifiestamente) globales como los procesos de desnacionalización desestabilizan los significados
de los sistemas existentes, A su vez, esto suscita ciertos interrogantes sobre el futuro de determinados marcos,
esenciales bajo los cuales han operado las sociedades, las economías y las entidades políticas modernas (bajo el
imperio de la ley) como lo son el contrato social en los estados liberales, la democracia social en su sentido actual, el
concepto moderno de ciudadanía y los mecanismos formales que determinan la legitimidad o ilegitimidad de las
reivindicaciones en las democracias liberales.

Una perspectiva histórica de los ensamblajes de territorio, autoridad y derechos

Existen dos conjuntos diferenciados de dinámicas que impulsan la globalización. Uno de ellos supone la formación de
procesos e instituciones manifiestamente globales, como la OIT (Organización Internacional del Trabajo), los mercados
financieros globales, el nuevo cosmopolitismo y los tribunales penales internacionales.

Sin embargo, existe un segundo conjunto de procesos que no necesariamente corresponden a la escala global en sí
misma, pero que de todas maneras forman parte de la globalización. Se trata de ciertos procesos que se dan en el seno
más profundo de los territorios y los dominios institucionales considerados parte de lo nacional en casi todo el mundo. Si
bien estos procesos, se encuentran localizados en ámbitos nacionales o incluso subnacionales, forman parte de la
globalización porque están orientados hacia sistemas y programas globales. Se trata de redes y configuraciones
multifacéticas y transfronterizas.

A fin de evitar la endogeneidad y ubicar históricamente lo nacional y lo global en tanto condiciones construidas, se han
tomado tres componentes transhistóricos presentes en casi todas las sociedades y se ha examinado cómo se
ensamblaron en estructuras históricas diferentes. Esos tres componentes son el territorio, la autoridad y los derechos,
tres elementos que asumen contenidos, formas e interdependencias de carácter específico en cada estructura histórica.

No son simples atributos sino institucionalizaciones complejas que se constituyen mediante procesos específicos y
surgen de luchas e intereses conflictivos. Son inter-dependientes y, al mismo tiempo, mantienen su especificidad, con lo
cual cada uno puede ser identificado. Esa especificidad está condicionada, en parte, por el nivel de formalización e
institucionalización.

Ahora bien, un tema que presenta ciertas dificultades analíticas específicas es el de la constitución de lo global que, se
lleva a cabo mediante el desplazamiento de capacidades nacionales. En este sentido, resulta fundamental el ensamblaje
histórico compuesto por el Estado-nación y por la interpretación estadocéntrica de la historia que predomina en las
ciencias sociales. En el Estado moderno, el territorio, la autoridad y los derechos evolucionan hacia lo que hoy
reconocemos como un orden centrípeto donde una dimensión fija de lo nacional absorbe en su mayor parte esos tres
componentes. Mientras que en el pasado la mayoría de los territorios se encontraban sujetos a múltiples sistemas de
gobierno, con el Estado nacional soberano surge la autoridad exclusiva sobre un territorio determinado, territorio que, a
su vez, se concibe como colindante con esa autoridad, lo que en principio asegura una dinámica semejante en otros
Estados-nación. De este modo, el Estado soberano adquiere la capacidad de funcionar como el otorgante exclusivo de
los derechos. Se puede afirmar entonces que la globalización actúa como un factor desestabilizador de este ensamblaje
en particular.

Actualmente determinados elementos del territorio, la autoridad y los derechos se están reensamblando en
configuraciones globales novedosas, Con este proceso, las interacciones e interdependencias que existen entre ellos se
ven alteradas, al igual que los marcos institucionales en los que se alojan. Estas alteraciones suponen un
desplazamiento que puede darse tanto del Estado-nación como hacia el plano internacional o global. Lo que antes se
aglutinaba y se experimentaba como condición unitaria hoy se muestra cada vez más como un conjunto de elementas
separados, con distintas capacidades de desnacionalizarse.

Las transformaciones fundacionales en el seno de los sistemas complejos

Las capacidades

Entendemos a las capacidades como producciones colectivas cuyo desarrollo requiere de tiempo, construcción y
conflicto, y cuyas utilidades son multivalentes, pues dependen del carácter de los sistemas de relaciones en los que
operan.

Con frecuencia, la confusión mencionada se pone de manifiesto en el debate sobre el papel del Estado-nación en la era
global. Primero, el Estado-nación, no atraviesa en su totalidad el proceso de desnacionalización, sino con algunos de sus
componentes. Segundo, la valencia de las capacidades específicas deriva de la lógica organizadora en la que se
encuentran insertas. En ese proceso, comienzan a neutralizar algunas características centrales del Estado-nación y del
sistema interestatal, pero no todas.

Las lógicas organizadoras

El. Estado-nación y la economía política mundial son dos componentes de la lógica organizadora surgida en Europa a
partir del siglo XVI. Así, cabe señalar que existen dos componentes fundamentales en la lógica organizadora de lo
nacional y en la de lo global: el Estado y el Imperio.