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María como imagen y modelo de la Iglesia

1. Partamos del primer aspecto, María como modelo de fe ¿En qué sentido, María
es un modelo para la fe de la Iglesia? Pensemos quién fue la Virgen María: una
muchacha judía, que esperaba con todo su corazón la redención de su pueblo.
Pero en aquel corazón de joven hija de Israel, había un secreto que ella misma
aún no conocía: en el designio de amor de Dios estaba destinada a convertirse en
la Madre del Redentor. En la Anunciación, el Mensajero de Dios la llama "llena de
gracia" y le revela este proyecto. María responde "sí", y desde ese momento la fe
de María recibe una nueva luz: se concentra en Jesús, el Hijo de Dios que se hizo
carne en ella y en él que se cumplen las promesas de toda la historia de la
salvación. La fe de María es el cumplimiento de la fe de Israel, en ella realmente
se centró todo el camino de aquel pueblo que esperaba la redención, y en este
sentido es el modelo de la fe de la Iglesia, que tiene como centro Cristo, la
encarnación del amor infinito de Dios.

¿Cómo vivió María la fe? La vivió en la sencillez de las mil ocupaciones y


preocupaciones cotidianas de cada madre, en la forma de proveer a la comida, la
ropa, la atención en el hogar... Precisamente en esta existencia normal de la
Virgen, en este terreno, se desarrolló la relación única y el diálogo profundo entre
ella y Dios, entre ella y su Hijo. El "sí" de María, ya perfecto al principio, creció
hasta la hora de la Cruz. Allí, su maternidad se dilató abrazando a cada uno de
nosotros, nuestra vida, para guiarnos hacia su Hijo. María siempre ha vivido
inmersa en el misterio de Dios hecho hombre, como su primera y perfecta
discípula, meditando todo en su corazón a la luz del Espíritu Santo, para entender
y poner en práctica toda la voluntad de Dios.

Nos podemos preguntar: ¿nos dejamos iluminar por la fe de María, que es Madre
nuestra? ¿O pensamos que está alejada, porque es demasiado diferente a
nosotros? ¿En los momentos de dificultad, de prueba, de oscuridad, la miramos a
ella como modelo de confianza en Dios, que quiere siempre y solamente nuestro
bien? ¡Pensemos en esto, quizá nos hará bien rencontrar a María como modelo y
figura de la Iglesia en esta fe que ella tenía!

2. Lleguemos al segundo aspecto: María, modelo de caridad ¿Cómo María es


ejemplo viviente de amor para la Iglesia? Pensemos en su disposición hacia su
prima Isabel. Visitándola, la Virgen María no sólo trajo ayuda material, también
esto, pero llevó a Jesús, quien ya vivía en su vientre. Llevar a Jesús en aquella
casa significaba llevar alegría, la alegría completa. Isabel y Zacarías estaban
contentos por el embarazo que parecía imposible a su edad, pero es la joven
María la que les trae el gozo pleno, el que viene de Jesús y del Espíritu Santo, y
se expresa en la caridad de forma gratuita, en el compartir, en ayudarse, en la
comprensión.
La Virgen nos quiere traer también a nosotros, a todos nosotros, el gran don que
es Jesús; y con Él nos trae su amor, su paz, su alegría. Así, la Iglesia es como
María. La Iglesia no es una tienda, la Iglesia no es una organización humanitaria,
la Iglesia no es una ONG, la Iglesia es enviada para llevar a todos a Cristo y su
Evangelio. Ésta es la Iglesia: no se lleva a sí misma, si es pequeña, si es grande,
si es fuerte, si es débil, sino que la Iglesia lleva a Jesús. Y la Iglesia debe ser
como María, cuando fue - como hemos escuchado en el Evangelio - cuando fue a
hacer una visita a Isabel. ¿Qué lleva María? ¡Jesús! Y la Iglesia lleva a Jesús Y
este es el corazón de la Iglesia, ¿eh? Si sucediera -es una hipótesis- que la Iglesia
no llevara a Jesús, aquella sería una iglesia muerta. ¿Lo entienden? Debe llevar a
Jesús y debe llevar la caridad de Jesús, el amor de Jesús, la fuerza de Jesús.

¿Y nosotros -que hemos hablado de María, de la Iglesia- y nosotros que somos la


Iglesia, cada uno de nosotros, ¿qué amor llevamos a los demás? ¿Es el amor de
Jesús, que comparte, que perdona, que acompaña…o es un amor demasiado,
demasiado aguado, ¿no? como cuando el vino se diluye tanto que parece agua,
nuestro amor? ¿O es un amor que es fuerte, o tan débil que sigue las simpatías,
que busca las recompensas? Un amor interesado. Pero, una pregunta: ¿a Jesús
le gusta el amor interesado, o no le gusta? ¿Le gusta? Ah, no parecen estar muy
convencidos, ¿eh? ¿Le gusta o no? ¡No le gusta! El amor debe ser gratuito, como
era el amor de Él. ¿Cómo son las relaciones en nuestras parroquias, en nuestras
comunidades? ¿Nos tratamos unos a otros como hermanos y hermanas? ¿O
juzgamos y hablamos mal de los demás? Sin embargo, he oído decir que aquí, en
Roma, nadie habla mal de los demás, ¿eso es cierto? No sé. Yo lo digo ¿Nos
cuidamos cada uno del propio "huertecillo", o nos cuidamos unos a otros? Son
preguntas de caridad.

3. Y brevemente, un último aspecto: “María, modelo de la unión con Cristo”. La


vida de la Virgen Santa, ha sido la vida de una mujer de su pueblo: María rezaba,
trabajaba, iba a la sinagoga... Pero cada acción la realizaba siempre en perfecta
unión con Jesús. Esta unión alcanza su culmen en el Calvario: aquí María se une
al Hijo en el martirio del corazón y en la ofrenda de la vida al Padre para la
salvación de la humanidad. La Virgen abraza y hace suyo el dolor del Hijo y
acepta con Él la voluntad del Padre, en aquella obediencia que produce fruto, que
da la verdadera victoria sobre el mal y la muerte.

Es muy hermosa esta realidad que María nos enseña: estar siempre unidos a
Jesús. Podemos preguntarnos: ¿nos acordamos de Jesús sólo cuando algo va
mal y tenemos necesidad? ¿O tenemos una relación constante, una profunda
amistad, incluso cuando se trata de seguirlo en el camino de la cruz? Pidamos al
Señor que nos dé su gracia, su fuerza, para que en nuestra vida y en la vida de
cada comunidad eclesial se refleje el modelo de María, Madre de la Iglesia. Así
sea.